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El artículo detalla la creciente amenaza militar de Estados Unidos contra Venezuela, resaltando el despliegue de fuerzas bélicas en la región y las operaciones encubiertas autorizadas por el presidente Trump. A pesar de la tensión internacional, el autor observa que la vida cotidiana en Caracas sigue con normalidad y que el presidente Maduro se muestra confiado y comprometido con el diálogo y la paz. Maduro critica la narrativa estadounidense sobre el 'narcoterrorismo' como un pretexto para desestabilizar su gobierno, afirmando que Venezuela está preparada para defender su soberanía.

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El artículo detalla la creciente amenaza militar de Estados Unidos contra Venezuela, resaltando el despliegue de fuerzas bélicas en la región y las operaciones encubiertas autorizadas por el presidente Trump. A pesar de la tensión internacional, el autor observa que la vida cotidiana en Caracas sigue con normalidad y que el presidente Maduro se muestra confiado y comprometido con el diálogo y la paz. Maduro critica la narrativa estadounidense sobre el 'narcoterrorismo' como un pretexto para desestabilizar su gobierno, afirmando que Venezuela está preparada para defender su soberanía.

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MIENTRAS CRECE LA AMENAZA

MILITAR CONTRA VENEZUELA


Nicolás Maduro : "Siempre hemos apostado por el diálogo y la paz"
Por IGNACIO RAMONET

Estoy en Venezuela para presentar, en la Feria del libro de Caracas, mi


nueva obra : "La conversación infinita" (ed. Acirema), una compilación
de entrevistas con diez genios. Llego aquí en un momento particular
porque este país podría ser atacado de un momento a otro. En efecto,
desde agosto pasado, Washington ha ido acumulando, en la orilla de las
aguas territoriales venezolanas, una colosal fuerza bélica que vino a
completar estos días el portaaviones USS Gerald R. Ford, el mayor y
más moderno de su Armada. Este supernavío y su grupo de ataque se
suma a una flotilla de destructores, cruceros, submarinos, aeronaves de
guerra, drones militares, unidades de operaciones especiales y cuerpos de
marines ya desplegados en la zona, incluyendo El Salvador, Panamá y
Puerto Rico. El número total de efectivos listos para atacar supera ya los
15 000 combatientes en el mayor despliegue militar de Estados Unidos
desde la primera guerra del Golfo pérsico en 1990.

Además, el presidente Donald Trump admitió, el 14 de octubre pasado,


haber autorizado "operaciones encubiertas" de la CIA en territorio
venezolano. El mandatario republicano justifica esa inusual
concentración de fuerzas pretendiendo que se trata de una "misión para
combatir los cárteles de droga" cuyo tráfico causa un número elevado de
muertes por sobredosis en su país. Pero la propia comunidad de
inteligencia estadounidense ha reiterado que esas muertes son
esencialmente causadas por el fentanilo, un opioide que procede de
México, y no de Venezuela. En lo que concierne a las rutas de la cocaína,
todos los estudios elaborados por las agencias más serias de
investigación, insisten igualmente en que el 90% de esa droga que va
hacia EEUU pasa por el Pacífico, y no por el Caribe ni por Venezuela.
Estas evidencias no impidieron que el gobierno norteamericano iniciase,
a partir del 2 de septiembre pasado, una serie de asesinatos contra civiles
viajando a bordo de embarcaciones calificadas sin pruebas de
"narcolanchas", destruidas por las fuerzas armadas estadounidenses.

Donald Trump repite que sus militares pueden matar legalmente a


personas sospechosas de narcotráfico porque son "soldados enemigos".
Pero esto es falso. Desde el punto de vista del derecho interno
estadounidense, el Congreso no ha autorizado ningún conflicto armado y
ni siquiera ha confirmado que se puede calificar de "terrorista" a un
cártel de traficantes de droga. Organizaciones internacionales como las
Naciones Unidas han calificado esas acciones ilegales de "ejecuciones
extrajudiciales" y han denunciado "violaciones al derecho internacional",
llamando a detener esos bombardeos y a garantizar que se respeten los
derechos humanos.

Todo ello sin éxito. Hasta el momento, los militares norteamericanos ya


han destruido una veintena de embarcaciones y han asesinado a unas
ochenta personas sin proporcionar pruebas de delito, sin que se haya
llevado a cabo cualquier procedimiento judicial, y sin ninguna
declaración de guerra del Congreso de Estados Unidos.

En ese contexto de fuerte presión y peligrosas amenazas, aterrizo en


Caracas. Para mi sorpresa, desde la plaza de Altamira hasta los mercados
populares de La Hoyada o del Cementerio, todo está tranquilo, sereno,
normal. La ciudad está limpia, hermosa como nunca, ajardinada,
iluminada, decorada de fiestas para el fin de año. Visito algunos centros
comerciales -el Sambil, el Tolón, el San Ignacio- y aprecio un ambiente
festivo de consumo, con terrazas de cafeterías a rebosar. No constato
ninguna fiebre de "compras de precaución". Ni observo, en la afluencia,
ninguna angustia, o nerviosismo, o temor.
Recorro en auto la maraña de las autopistas urbanas y no percibo
militarización alguna, o atmósfera de ciudad sitiada a la espera de un
bombardeo... No hay, en las vías, fortificaciones tipo New Jersey, por
ejemplo, ni barreras Hesco, ni retenes, ni soldados visibles... No veo
tanquetas, vehículos blindados o carros de combate. Se circula por toda
la capital con absoluta normalidad. En suma, si la intención de las
autoridades estadounidenses era infundir pánico en el ánimo de los
caraqueños, la operación es un fracaso rotundo.

Converso con diversos amigos, incluidos empresarios y diplomáticos


extranjeros. Todos coinciden en que es un momento de fuertes tensiones
pero que los ciudadanos siguen llevando una vida perfectamente
habitual. También subrayan que las autoridades cuentan con el apoyo
entusiasta de sus partidarios bolivarianos pero se esfuerzan por infundir
calma y no alarmar inutilmente a la población.

Una mañana, me anuncian que el presidente Nicolás Maduro me va a


recibir y que me invita a acompañarlo a la visita de una comuna. Salgo
de inmediato para allá. Es en Cagua, en el estado Aragua, a hora y media
de Caracas por autopista. Llegamos al barrio La Segundera, en las
afueras ; una bonita urbanización con casas de una sola planta rodeadas
de jardines llenos de alhelies en flor. Me impresiona la belleza y el
esplendor de los árboles : samanes, caobos, ceibas, cedros... Esta comuna
se llama "General Rafael Urdaneta" y es la número cuatro mil.

Desde 2010, con el célebre grito "¡Comuna o nada!", Hugo Chávez


imaginó el proyecto político del nuevo "Estado comunal". O sea, el
Estado democrático del poder popular... A partir de entonces se han ido
multiplicando las creaciones de comunas que son "una forma de
organización y participación ciudadana donde las comunidades se
autogestionan y toman decisiones sobre su desarrollo local a través de
órganos como el Parlamento Comunal y el Consejo de Economía
Comunal".
Las comunas son autónomas, se autogobiernan y, como lo ha reiterado el
presidente Maduro : "Ningún gobernador, ningún alcalde, ningún ministro
puede pretender colonizar las comunas. Las comunas tienen que ser
autónomas, propias, autogobierno, poderosas, libres, soberanas y rebeldes.
No se pueden dejar colonizar por nadie."

Es una tarde soleada y muy calurosa. Hace 33 grados a la sombra. Al


llegar, me sorprende el sosiego y el vacío de las calles. De costumbre,
cuando va a venir el presidente a cualquier sitio, las vías se llenan de
bulliciosa multitud y desde muy lejos se oyen los griteríos y la algazara de
los militantes enardecidos. Aquí reina el silencio. La seguridad es
minimalista. Por lo menos en apariencia. Un hombre, vestido de civil,
discretamente armado, por aquí. Otro por allá. Un tercero en una esquina...
Nada que llame la atención. Me imagino que está pensado para que, desde
los satelites militares de observación estadounidenses, no se pueda percibir
ningún aflujo inusual de gente...

De pronto, llega el presidente. No sé dónde ha dejado su vehículo... Viene


caminando, sin escoltas de proximidad, apenas acompañado por cuatro o
cinco asistentes y colaboradores. No se le ve para nada preocupado o
intranquilo. Exhibe una forma física espectacular. Se muestra ágil,
dinámico, activo. Lo reciben la jovencísima gobernadora del estado, Joana
Sánchez, y el ministro de Comunas, Ángel Prado. Los miembros de la
comuna -casi todas mujeres- se precipitan a acogerlo con entusiasmo y
afecto. Lo rodean, lo abrazan, lo vitorean.

Durante las largas semanas de esta agobiante crisis, el presidente se ha


esforzado, con agallas y arrojo, por seguir cumpliendo su programa de
actividades presidenciales. A pesar de las nuevas y estrictas precauciones
de seguridad que debe tomar ahora que su vida ha sido puesta al precio de
cincuenta millones de dólares para quien favorezca su captura o su
asesinato. Como un desafío lanzado a sus poderosísimos enemigos y a sus
considerables capacidades tecnológicas. Nadie olvida aquí cómo, hace
cinco años, cerca del aeropuerto de Bagdad, en Irak, estos mismos
adversarios, en una ataque relámpago de precisión, asesinaron al general
iraní Qasen Soleimani.

Por eso contemplo con mayor admiración si cabe el temple de Nicolás


Maduro que ahora camina impertérrito, entre risas, bajo un sol de justicia,
e intercambia con todos los comuneros con la mayor naturalidad. El
presidente inaugura un pequeño Centro médico de diágnostico integral,
entrega equipos nuevos para la Maternidad, recorre un rehabilitado super
Mercal, ofrece una Planta Potabilizadora de Agua, un Salón de estética y
saluda con cariño a un grupo de niñas y niños deportistas en un remozado
campo de beisbol. Luego, a la sombra de unos frondosos mangos, inicia
una larga y apasionante reunión con los comuneros de unas dos horas,
retransmitida en vivo por la télévisión pública.

Al final de ese encuentro de proximidad, muy íntimo, muy cercano, el


presidente, cristiano creyente, hace entrega a la comuna de un bonito
cuadro que representa a los dos nuevos santos venezolanos recien
canonizados por el papa León XIV : San José Gregorio Hernández, el
"médico de los pobres", y Santa Cármen Rendiles, "sierva de Jesús". Para
terminar, en nombre de la República, el mandatario ofrece por sorpresa a
toda la población de La Segundera una radiante ambulancia recibida por la
concurrencia con gritos de entusiasmo y clamores de júbilo.

Al acto ha terminado. Cercado y abrazado por los comuneros que desean


sacarse una foto con él, el presidente me hace una señal discreta
indicándome que me acerque a su vehículo estacionado a unos cinco
metros. Consigue por fin liberarse del efusivo acoso popular y se sube al
coche en el puesto de conductor. Me subo a su lado por la puerta opuesta.
Ningún guardaespalda viene con nosotros. El presidente arranca y durante
una hora y media vamos a poder conversar tranquilos sobre este momento
crucial que está viviendo Venezuela.
Conozco a Nicolás Maduro desde hace unos veinte años, cuando él era el
brillante canciller de la Revolución Bolivariana. Siempre he apreciado en
él su modestia, su asombrosa inteligencia, su gran cultura política, su
apego al diálogo y a la negociación, su firme lealtad a los valores y
principios progresistas, su fino sentido del humor, su concepción austera
de la vida enraizada en sus orígenes populares, y su inalterable fidelidad al
comandante Hugo Chávez.

Le pregunto cómo interpreta el contexto actual de presiones, calumnias y


amenazas contra Venezuela. Mientras conduce con cuidado en el suave
crepúsculo aragüeño, me dice :

- Ellos se han esforzado mucho en elaborar una narrativa nueva -la del
"narcoterrorismo"- pero que, en el fondo, es lo mismo que han hecho
siempre : elaborar un pretexto para asesinar una esperanza. Recuerda
que, por ejemplo, en 1954, acusaron a Jacobo Árbenz, presidente
democrático de Guatemala, de ser un "comunista" porque había realizado
una modesta reforma agraria. Provocaron un golpe de Estado, una
intervención militar, y lo derrocaron. Varios decenios después, se
disculparon reconociendo que Árbenz no era comunista y que cometieron
un error...

Diez años más tarde, en 1964, en Brasil, hicieron lo mismo con el


presidente Joao Goulart... Y también volvieron a excusarse unos decenios
después... Y en 1965, hicieron otra vez lo mismo en República Dominicana
con el presidente Juan Bosch. Lo acusaron de "comunista", invadieron el
país con unos veinte mil marines y fuerzas de la OEA. Y muchos años más
tarde, de nuevo reconocieron que Juan Bosch era un auténtico demócrata
y que aquella invasión fué un error. Y en 1973, mismo guión en Chile,
contra el presidente Salvador Allende. Y mismas disculpas tardías.
Fuera de América Latina han aplicado la misma fórmula criminal. Por
ejemplo, en Irán, en 1953, derrocaron a Mohammed Mossadegh porque
nacionalizó el petróleo. Lo acusaron de "comunista" y era un demócrata,
como todos los historiadores lo reconocen hoy. Pero aquel crimen
desestabilizó Irán y el Medio Oriente hasta el día de hoy. ¿Cuántas
guerras ? ¿Cuántos millones de muertos desde entonces ?

Como, desde 1989, ya no hay "guerra fría", inventan otros pretextos.


Todo el mundo recuerda, por ejemplo, las mentiras sobre Irak en 2003
con las pretendidas "armas de destrucción masiva" que nunca existieron.
Ellos mismos han acabado por reconocerlo.

Hoy, han imaginado una narrativa nueva, la del "narcoterrorismo", tan


mentirosa como las precedentes. Por eso yo digo : nos esperemos varios
decenios para admitir una falsedad. Reconózcanlo ya. Y evitemos
enfrentamientos, devastaciones y desgracias inútiles. Nosotros confíamos
en Dios, y siempre vamos a apostar por el diálogo, la negociación y la
paz."

- ¿Y si ellos pasan al acto ?

- Que Dios no lo quiera. Nosotros estamos listos para dialogar y defender


la paz. Pero también nos hemos ejercitado para cualquier contingencia.
Hemos exhortado a todas nuestras fuerzas populares, sociales, políticas,
militares y policiales a no caer en provocaciones en ningún momento,
pero si ellos quieren venir a matar a un pueblo cristiano aquí en América
del Sur, nosotros llamamos a nuestros ciudadanos a movilizarse con
fervor patriótico, lo cual es nuestro derecho legítimo y soberano.

Ya he dicho que si ellos llegaran a pasar al acto en un intento de


desestabilización contra Venezuela, desde ese mismo instante se
decretaría la orden de operaciones de movilización y combate de todo el
pueblo, y la clase obrera venezolana iniciaría una huelga general
insurreccional.

Y te añado lo siguiente : nosotros estamos decididos a ser libres. Ninguna


potencia extranjera impondrá su voluntad sobre nuestra patria soberana.
Pero si ellos rompen la paz y persisten en su intención neocolonial se van
a llevan una enorme sorpresa. Rezo para que eso no ocurra, porque -
repito- se van a llevar una sorpresa mayúscula. Nosotros queremos paz,
pero estamos preparados. Muy bien preparados, para cualquier
eventualidad. Están avisados.

- Sus enemigos cuentan con una poderosa Quinta Columna en el


interior de Venezuela. La extrema derecha e incluso una parte de la
derecha no vacilarán, probablemente, en aliarse a los invasores si
estos se decidieran finalmente a franquear el Rubicón. ¿No cree
usted?

- No es tan poderosa... Sus aliados en el exterior sí lo son. Pero aquí


tienen muy poco apoyo. No hay que creer lo que repiten algunos medios
internacionales. Esa "derecha maltrecha", como yo la llamo, es sobre
todo muy desleal, muy vendepatria. Porque hay que tener el alma muy
arrastrada y ser muy infame para desear y reclamar que una potencia
extranjera invada tu patria y le arrebate a la población, a tus
compatriotas, las riquezas que son de todos. Es lo más vil que, en política,
se pueda imaginar. Son unas sabandijas. Y es cierto que algunos están
maniobrando para ayudar al enemigo.

A principios de octubre, por ejemplo, descubrimos que sectores


extremistas de esta derecha local estaban preparando un ataque de "falsa
bandera" con explosivos letales contra la embajada de EEUU en Caracas
para culpar luego, mediante los medios de masas, a nuestro gobierno de
ese atentado y provocar una escalada militar.
Gracias a nuestros servicios de inteligencia pudimos descubrir la
maniobra y avisar, a través de intermediarios diplomáticos, a las
autoridades estadounidenses. Les transmitimos todos los datos, los
nombres de los individuos implicados, sus apellidos, las horas de las
reuniones, el tipo de explosivo, todo... Se consiguió evitar lo peor.

Unas semanas más tarde, el 26 de octubre, capturamos a un grupo de tres


mercenarios vinculados a la CIA que también se disponían a realizar una
operación de "falsa bandera" en aguas de Trinidad y Tobago perpetrando
un ataque contra ese país con el objetivo de provocar una respuesta
armada contra Venezuela y reclamar la ayuda de la Armada
estadounidense. Ahí también se pudo evitar la escalada y desmantelar la
conspiración.

No siempre ha sido así, por desgracia. Recordemos que el golpe de


Estado del 11 de abril de 2002 contra Chávez fue provocado por un
ataque de "falsa bandera" en Puente Llaguno, Caracas, cuando unos
pistoleros contratados por la oposición dispararon contra manifestantes
de la propia derecha y causaron diecinueve muertos y ciento veintisiete
heridos...

Otro ejemplo es el del 6 de diciembre de 2002, en Caracas, cuando la


derecha organizó una gran concentración antichavista en la Plaza de
Altamira y de pronto surgió un hombre armado con una pistola y se puso
a disparar contra la multitud. Mató a tres personas y hirió a otras
veintinueve. Todo parecía indicar que se trataba de un "chavista" que
atentaba contra los opositores a Chávez. Pero el hombre fue detenido. Se
trataba de un ciudadano portugués, José de Gouveia, llegado a Caracas
la víspera procedente de Lisboa. Contratado por agentes de la propia
oposición para cometer ese atentado de "falsa bandera" con la intención
de provocar una insurrección popular contra el gobierno.
Gracias a Dios, pudimos desmantelar este criminal complot a tiempo.
Pero sí, ese es infelizmente el modus operandi habitual de esta oposición
que lleva la traición tatuada en el alma.

Ha caído la noche. Y empieza a lloviznar. El tráfico es ahora bastante


denso en dirección de la capital. No vamos en caravana presidencial.
Tampoco hay motoristas para abrir la ruta. Apenas un vehículo
desprovisto de cualquier distintivo nos precede con algunos escoltas
vestidos de civil. Nos hallamos inmersos y disimulados en medio de la
circulación habitual. Nicolás Maduro maneja tranquilo. No da muestras de
inquietud ni de cansancio aunque me confiesa que no ha almorzado y ya es
noche cerrada... Lo noto muy centrado, muestra una impresionante calma.
A pesar de que las amenazas son cada vez más groseras.

¿Qué es lo que explica, según usted, esta repentina y brutal


agresividad del enemigo ?

- En realidad, lo que estamos viendo es un intento de reposicionar el


hegemón Estados Unidos en el marco de un contexto geopolítico que ha
cambiado mucho desde la impresionante afirmación de potencia de China
y el surgimiento del polo de decisión global que constituyen los BRICS. La
hegemonía global que ejercía Washington se ve cada día más cuestionada
por esas potencias emergentes. En este nuevo contexto, la decisión de la
Casa Blanca y del Pentágono es de reforzar primero el teatro de
seguridad más próximo al territorio estadounidense, o sea, América
Latina y el Caribe, su antiguo "patio trasero"... Se trata de reafirmar su
dominio sobre una zona que, desde hace ciento cincuenta años y la
Doctrina Monroe [1823], Washington ha considerado como una suerte de
"protectorado exclusivo", con "soberanía limitada" para los países de esa
área, entre ellos Venezuela. Una zona que el Departamento de Estado
también consideró, desde 1945 y el fin de la Segunda guerra mundial,
como una suerte de "retaguardia estratégica".
Lo que esta nueva Administración quiere, al presionar y amenazar a
Venezuela, es enviar un mensaje político de fuerza y dominio a todos los
Estados del continente. Están diciendo : "¡Hemos regresado!", "¡El
Imperio ha regresado y vamos a reocupar nuestra posición central y
dominante en este continente!" Pero el tiempo ha pasado y, como dije
antes, el contexto geopolítico ya no es el mismo. La época de la
diplomacia de las cañoneras ya pasó. La del golpismo y de las
intervenciones militares también. Los tiempos de William McKinley y de
Theodore Roosevelt no volverán. Por mucha nostalgia de ello que tenga la
Casa Blanca...

El nuevo orden internacional es cada vez más multipolar y multicéntrico.


Se han multiplicado los polos de poder y ahora hay algo que no existía
antes y que se llama el Sur Global. Venezuela forma parte de ese Sur
Global y cuenta con numerosos y poderosos aliados. Y la consolidación
de estos nuevos centros de poder disuelve, inevitablemente, la influencia
geopolítica de Estados Unidos.

Por eso ellos quisieran hacer una suerte de ejemplo con el caso de
Venezuela. Para disuadir las alianzas alternativas y contener la expansión
de otras potencias-BRICS -China, Rusia, India- en esta región. Los
neoimperialistas de Washington desean restablecer el mando político y
militar exclusivo sobre este continente para recuperar el control sobre los
grandes recursos estratégicos de Latinoamérica, como el petróleo, el gas,
el cobre, el litio, las tierras raras y el agua. No lo conseguirán. El tiempo
de la historia no da marcha atrás. Y por fuerte que sea la nostalgia
imperial de ellos, más fuerte es el ansia de libertad y de soberanía de
nuestros pueblos.

Ya estamos en Caracas. Bajo una llovizna intermitente, circulamos ahora


por las interminables autopistas urbanas de esta capital caótica y
curiosamente entrañable. Sorteando atascos dantescos. Cualquier otro
chofer perdería los estribos. Pero no el presidente que parece hallarse en su
ecosistema natural. ¿No fue acaso, durante tantos años, conductor de
autobús en medio de estos tapones apocalípticos ? Conduce tranquilo,
flemático, mientras expone con claridad su análisis geopolítico. Manejar lo
distiende.
De pronto, al doblar una esquina, se mete por un portón en el patio de una
casa sencilla. Hemos llegado. Nos bajamos. Hay unos amplios canapés al
aire libre. Nos sentamos a tomar un vaso de agua. Acuden varios asesores
con el teléfono en la mano. Nos despedimos, pero no sin antes sacar con él
algunas fotos par este reportaje. Acepta como siempre con amabilidad y
sonrisas. Nos alejamos con un pellizco en el corazón. Viendo a nuestro
amigo Nicolás Maduro, serio y concentrado, quedarse ahí, sólo en la
hermosa noche caraqueña, enfrentando con un descomunal coraje la
mayor y más peligrosa crisis mundial de nuestro tiempo.

IGNACIO RAMONET

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