Juan Castaingts
Simbolismo del dinero. Antropología y economía: una encrucijada
Castaingts propone una articulación teórica que busca superar el reduccionismo utilitarista de la
economía neoclásica mediante la integración de la antropología simbólica. La tesis central del texto
postula que el dinero no es una variable instrumental neutral o un velo sobre los intercambios reales,
sino un "hecho social total" y, sobre todo, un sistema simbólico complejo que estructura las relaciones
sociales contemporáneas. Castaingts critica la limitación de la ciencia económica, que al enfocarse
exclusivamente en modelos matemáticos, ignora el comportamiento humano, el cual está gobernado
por significados culturales profundos. La "encrucijada" refiere a la necesidad urgente de hibridar la
metodología formal económica con la profundidad interpretativa de la antropología para comprender la
esencia de la moneda.
Una idea fuerza crucial es la aplicación de la semiótica de Charles Sanders Peirce. El autor descompone el
dinero en una tríada donde opera como cualidad (sentimiento), como hecho bruto (transacción) y como
ley o convención social (símbolo). Bajo esta perspectiva, la economía es concebida como un vasto
sistema de comunicación: los precios actúan como mensajes sobre la escasez y el deseo, mientras que la
moneda es el código lingüístico que permite la inteligibilidad de los intercambios. Este código, sin
embargo, no es aséptico; está cargado de mitos y jerarquías. El texto explora la tensión dialéctica entre el
"ser" y el "tener", argumentando que en la modernidad el dinero se ha transformado en el principal
otorgador de identidad ontológica y estatus social, suplantando sistemas tradicionales.
El autor analiza patologías como la inflación y las crisis financieras no como simples fallos técnicos, sino
como crisis semánticas y de legitimidad. La inflación destruye la capacidad del dinero para significar,
rompiendo el vínculo entre el signo y su referencia, lo que inevitablemente genera anomia,
incertidumbre radical y la desintegración del lazo social. La estabilidad monetaria, por lo tanto, depende
intrínsecamente de la fides (fe pública y confianza). El dinero es una promesa institucionalizada; si la
sociedad deja de creer en el símbolo, el valor económico se evapora, demostrando que la economía es
una subestructura dependiente de la cultura y la psicología colectiva.
Las conclusiones de la obra son contundentes: cualquier política económica que ignore la dimensión
simbólica y la primacía de la confianza social está condenada al fracaso o a generar costos sociales
insostenibles. Castaingts concluye que el dinero es el tótem de las sociedades modernas, un mecanismo
ritual que gestiona la angustia ante la incertidumbre del futuro y asegura la cohesión grupal. La
resolución de la encrucijada implica reconocer que las finanzas son, en esencia, una gramática de
relaciones humanas y que cada transacción económica es un intercambio de significados vitales que
define nuestra posición social, reafirmando la primacía de lo cultural sobre lo meramente instrumental.