0% encontró este documento útil (0 votos)
8 vistas497 páginas

Maracaibo Historia

El documento es el Tomo IV de la obra 'La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo', escrita por Luis Alberto Ramírez Méndez, que explora la historia y desarrollo de los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures entre los siglos XVI y XIX. Se centra en la propiedad del suelo, la nobleza propietaria, las haciendas y la influencia de las condiciones socioeconómicas y ambientales en la región. Esta publicación es parte de la Colección Rafael María Baralt, destinada a conmemorar la cultura venezolana y promover investigaciones en ciencias sociales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
8 vistas497 páginas

Maracaibo Historia

El documento es el Tomo IV de la obra 'La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo', escrita por Luis Alberto Ramírez Méndez, que explora la historia y desarrollo de los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures entre los siglos XVI y XIX. Se centra en la propiedad del suelo, la nobleza propietaria, las haciendas y la influencia de las condiciones socioeconómicas y ambientales en la región. Esta publicación es parte de la Colección Rafael María Baralt, destinada a conmemorar la cultura venezolana y promover investigaciones en ciencias sociales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La tierra prometida del

sur del lago de Maracaibo.


Los valles de Tucaní, Castro o
San Pedro, Mojaján, San Antonio,
Santa María y Bobures
Siglos XVI-XIX
Tomo IV

Luis Alberto
Ramírez
Méndez

Colección Rafael María Baralt


Luis Alberto Ramírez Méndez

La tierra prometida del sur del Lago de


Maracaibo.
Los valles de Tucaní, Castro o San Pedro,
Mojaján, San Antonio, Santa María y
Bobures
Siglos XVI-XIX
Tomo IV

Fondo Editorial UNERMB

Colección Rafael María Baralt


Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt” (UNERMB), 2018
Centro de Estudios Geohistóricos y Socioulturales (CESCH)
Coordinador: Rafael Lárez Puche

La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. Los valles de Tucaní, Castro o San Pedro,
Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures. Siglos XVI-XIX . Tomo IV

©2018, Luis Alberto Ramírez Méndez


1ra Edición: febrero de 2018

Hecho el depósito de ley:


ISBN: 978-980-427-058-1
Depósito legal: ZU2018000028
Fondo Editorial UNERMB
Coordinador: Jorge Vidovic

Colección Rafael María Baralt.


Coordinador: Jorge Vidovic

Portada, diseño y diagramación: Julio García Delgado


Cabimas, estado Zulia, Venezuela
Colección Rafael María Baralt

La colección Rafael María Baralt tiene como propósito conmemorar


la vida, obra y pensamiento de este insigne venezolano, mediante la publi-
cación de investigaciones en el área de la cultura venezolana. La colección
nace como un proyecto destinado a rescatar, editar y difundir los trabajos
de investigación en el área de las ciencias sociales. Colección que, con esta
obra, ya llega al número siete, que indica la continuidad en un trabajo aca-
démico que representa el esfuerzo de la comunidad intelectual de nuestra
universidad.
Esta publicación forma parte del trabajo La tierra prometida del sur
del Lago de Maracaibo. Los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Moja-
ján, San Antonio, Santa María y Bobures. Siglos XVI-XIX . Tomo IV, del
profesor Luis Alberto Ramírez Méndez, de la Universidad de Los Andes y
activo colaborador en el desarrollo de la investigación histórica en la Uni-
versidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt”, específicamente
en la sede de Bobures. Esta publicación es producto de un arduo trabajo
del autor en los distintos archivos del occidente venezolano y algunos de
Colombia, en los cuales se registrarn y retratan el entramado de relaciones
entre los ostentadores del poder ecónomico de los valles surlaguenses, así
como las tramas y procesos que se dieron para mantener dicho poder fren-
te a sis rivales de los valles de Mérida y de las costas de Maracaibo.
A la memoria de
Pragedis del Carmen Chourio Pereira
CONTENIDO

Índice de tablas.......................................................................................................16

Índice de mapas.......................................................................................................19

Del autor....................................................................................................................21

Abreviaciones..................................................................................................23

Introducción.......................................................................................................25
Capítulo 1: La propiedad privada del suelo en los valles de Tucaní, Cas-
tro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures.............45
1.1. La política hispánica para la asignación de la propiedad privada
del suelo en Hispanoamérica........................................................................45
1.2. Las características de la concesión de la propiedad privada
del suelo en la Nueva Granada.................................................................57
1.3. Las características de la concesión de la propiedad del sue-
lo en la provincia del Espíritu Santo de la Grita de Mérida y ciu-
dad de Maracaibo .........................................................................................63
1.4. Medidas de superficie y extensiones de suelo cedidas en pro-
piedad en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San
Antonio, Santa María y Bobures. Siglos XVI-XIX..................................69
1.5. Las características del proceso de asignación de la propiedad
del suelo en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján,
San Antonio, Santa María y Bobures...................................................73
Capítulo 2: La nobleza propietaria en los valles de Tucaní, Castro o
San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures..........................81
2.1. Los “principales y los de más nobleza” en los valles de Tucaní,
Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures.......81
2.2. La evolución y características la nobleza propietaria del suelo en
los valles Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, San-
ta María y Bobures ..................................................................................107
2.3. Propietarios y propiedades en el valle de Tucaní o Mucutem.....110
2.3.1. El valle de Chimomó o San Francisco del Pino.......................................110
2.3.2. El valle de Tucaní o Mucutem ..........................................111
2.3.3. El valle de Santa María la Coronada................................................112
2.4. El valle de San Antonio........................................................................116
2.5 Propietarios y propiedades en el valle de Mojaján......................124
2.6 Propietarios y propiedades en el valle de Castro o San Pedro...126
2.7 Propietarios y propiedades en el valle de Bobures......................137
Capítulo 3: Las haciendas en los valles de Tucaní, Castro o San Pe-
dro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures................................151
3.1. Las haciendas.........................................................................................151
3.2. Las haciendas cacaoteras......................................................................160
3.3. Las arboledas de cacao..........................................................................166
3.4. Siembra, recolección y cosechas.........................................................168
3.5. Las haciendas cañameleras..................................................................174
3.6. Sistemas de trabajo en las haciendas de los valles de Tucaní, Castro
o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures................188
3.7. El trabajo calificado en las haciendas de los valles de Tucaní, Cas-
tro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures.........200
3.8. La crisis en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Moja-
ján, San Antonio, Santa María y Bobures a finales del siglo XVII
y primera mitad del XVIII.........................................................................203
3.9. La recuperación de las haciendas en los valles de Tucaní, Cas-
tro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures
durante el siglo XVIII................................................................................212
Capítulo 4: El desafío de las aguas: el sismo de 1674, las inundacio-
nes y los sistemas de canalización en los valles de Tucaní, Castro o San
Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures............................217
4.1. Las características morfológicas, climáticas e hidrográficas en los
valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa
María y Bobures............................................................................................217
4.2. Los percusores y el sismo de 1674......................................................230
4.3. Los efectos de los percusores, el sismo de 1674 en los valles de
Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María
y Bobures.......................................................................................................232
4.4. El deslave de 1674 y sus efectos...........................................................233
4.5. Los intentos para canalizar las aguas del río Castro o San Pedro..241
4.6. El conflicto por los sistemas de canalización de las aguas.............252
Capítulo 5: Las querellas por los diezmos prediales de los valles de
San Pedro, Santa María y Bobures....................................................................261
5.1. El diezmo, sistemas de recolección y distribución.....................261
5.2. La querella por los diezmos prediales entre Mérida y Gibraltar..........268
5.3 La querella por los diezmos prediales de los valles de San
Pedro, Santa María y Bobures entre el Arzobispado de San-
ta Fe y el Obispado de Caracas .......................................................278
Capítulo 6: Los curatos de San Pedro, Río Seco y la construcción
del templo de San Pedro....................................................................................289
6.1. El puerto de San Pedro.....................................................................289
6.2. El curato de San Pedro......................................................................293
6.3. El curato de Río Seco........................................................................299
6.4. Las cuentas de San Pedro...................................................................301
6.5. La edificación del templo de San Pedro.....................................313
Capítulo 7: La conformación de una nueva sociedad. Los africa-
nos y sus descendientes en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro,
Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures.......................................331
7.1. La sociedad afrodescendiente en los valles Tucaní, Castro o
San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures...................331
7.2. El origen de los afrodescendientes en los valles Tucaní, Castro
o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures...........337
7.3. El largo “aprendizaje” de los afrodescendientes en los valles de
Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María
y Bobures......................................................................................................350
7.4. La formación de la identidad de los afrodescendientes en los
valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa
María y Bobures............................................................................................371
7.5. La conformación de los sistemas de autoridad en la sociedad
de afrodescendientes en los en los valles de Tucaní, Castro o San
Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures.......................384
7.6. La lucha de los “morenos libres” por el poder local......................402

Conclusiones. ...................................................................................427

Fuentes..............................................................................................433
1. Documentales inéditas....................................................................433
1.1. [Link].(Caracas-Venezuela)..........433
1.2. Archivo Arquidiocesano de Mérida. AAM. (Mérida-Venezuela).......433
1.3. Archivo de la Academia Nacional de la Historia. AANH.
(Caracas-Venezuela).............................................................................434
1.4. Archivo General de la Nación. AGN. (Caracas-Venezuela)............434
1.5. Archivo General de la Nación Colombiana. AGNC.
(Bogotá-Colombia)........................................................................................435
1.6. Archivo General del Estado Mérida. AGEM. (Mé-
rida-Venezuela)........................................................................................438
1.7. Archivo General de Indias. AGI. (Sevilla-España) ..........................439
1. 8. Archivo Histórico Nacional de Madrid. AHNM. (Madrid-Es-
paña)................................................................................................................................442
1.9. Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes. AHU-
LA. (Mérida-Venezuela) ................................................................................................442
1.10. Archivo de la Universidad Católica Andrés Bello. AUCAB.
(Caracas-Venezuela)................................................................................................442
1.11. Biblioteca Nacional Biblioteca Febres Cordero. BNBFC.
(Mérida-Venezuela).....................................................................................................442
1.12. Registro Principal del Estado Táchira. RPET. (San
Cristóbal-Venezuela)..............................................................................................443
1.13. Registro Principal del Estado Zulia. RPEZ. (Maracai-
bo-Venezuela)................................................................................................................443
2. Documentales publicadas..............................................................444
3. Libros.........................................................................................447
4. Revistas. .......................................................................471
5. Referencia..............................................................................486
6. Tesis y trabajos inéditos .................................................................486
7. Digitales. ..........................................................................487
ÍNDICE DE TABLAS

Tabla 1: Conversión de las medidas de superficie de tierra a hectáreas


1592-1700.............................................................................................................71
Tabla 2: Denominaciones, de la propiedad del suelo, extensión y ubi-
cación en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Anto-
nio, Santa María y Bobures. Siglos XVI-XIX........................................................72
Tabla 3: Instrumentos jurídicos para la transferencia de la propiedad del
suelo en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Anto-
nio, Santa María y Bobures. Siglos XVI-XIX.....................................................75
Tabla 4: Instrumentos jurídicos para la transferencia y ubicación de la
propiedad del suelo en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Moja-
ján, San Antonio, Santa María y Bobures................................................................78
Tabla 5: Origen y condición nobiliaria de los propietarios de los valles
de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y
Bobures. Siglos XVI-XVII-XVIII.............................................................................90
Tabla 6: Origen y vecindad de los propietarios del suelo en los valles de
Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobu-
res. Siglos XVI al XIX.................................................................................................109
Tabla 7: Distribución de los propietarios de los valles de Tucaní, Castro o
San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures. Siglos XVI al
XIX................................................................................................................................110
Tabla 8 :Herramientas utilizadas en las haciendas en los valles de Tuca-
ní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures.
1558-1800............................................................................................................169
Tabla 9: Distribución de la población esclava por sexo en los valles de
Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bo-
bures. Siglos XVII-XVIII............................................................................................191
Tabla 10: Propietarios, casas, haciendas, familiares, libres, esclavos, árboles de ca-
cao, trapiches y tierras yermas en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján,
San Antonio, Santa María y Bobures Siglos XVII-XVIII.......................................195
Tabla 11: Relación entre el número de haciendas y la condición de sus tra-
bajadores en los valles de San Pedro, Santa Isabel y San Antonio 1771........198
Tabla 12: Propietarios, familiares, libres, agregados y árboles de cacao culti-
vados en los valles de San Pedro y Santa María 1771............................................201
Tabla 13: Propietarios de haciendas y sus solicitudes de esclavos en los
valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa Ma-
ría y Bobures 1750.......................................................................................................210
Tabla 14: Distribución de esclavos solicitados en los valles de Santa María,
Bobures y San Pedro 1750....................................................................................211
Tabla 15: Cantidad de árboles de cacao por bancos o suertes en los va-
lles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y
Bobures Siglos XVII-XIX.........................................................................................215
Tabla 16: Distribución de la población del valle de San Pedro, sus agre-
gados y las haciendas de Santa Isabel y San Antonio 1771.............................295
Tabla 17: Casas y pobladores de San Pedro 1771....................................................298
Tabla 18: Rentas del curato de San Pedro 1774.......................................................304
Tabla 19: Cuadro costos de la construcción del templo de San Pedro..................305
Tabla20:Contribuyentesycontribucionesenmetálicoparalafábricadeltem-
plo de San Pedro 1770...............................................................................................307
Tabla 21: Contribuyentes y contribuciones en millares de cacao para la fábri-
ca del templo de San Pedro 1770................................................................................309
Tabla 22: Contribuyentes y contribuciones en materiales para la construc-
ción del templo de San Pedro 1771.....................................................................310
Tabla 23: Contribuyentes y contribuciones en materiales y trabajo para la
fábrica del templo de San Pedro 1770..................................................................312
Tabla 24: Origen de los africanos en los valles de Tucaní, Castro o San Pe-
dro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures 1600-1800.......................346
Tabla 25: La población de origen congo en los valles de Tucaní, Castro o
San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures 1600-1800..........347
Tabla 26: Población africana procedente de Guinea en los valles de Tu-
caní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures
1600-1800.............................................................................................................348
Tabla 27: Población afrodescendiente los valles de Tucaní, Castro o San
Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures 1600-1800....................350
Tabla 28: Estratificación social en los valles de Tucaní, Castro o San Pe-
dro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures 1771................................376
Tabla 29: Distribución de la población libre y esclava en los valles de Tucaní,
Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures 1771........378
ÍNDICE DE MAPAS

Mapa 1: Los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio,
Santa María y Bobures....................................................................................................30
Mapa 2: El Corregimiento y Provincia del Espíritu Santo de la Grita de
Mérida. 1607-1674.........................................................................................................62
Mapa 3: Propietarios y propiedades en el valle de Santa María 1656-1760......113
Mapa 4: Propiedades en el valle de San Antonio 1657-1760..........................119
Mapa 5: Propietarios y propiedades en el valle de Bobures 1657-1780...........145
Mapa 6 :Recorrido de los ríos Torondoy, Castro o San Pedro y Mojaján
1620-1680.............................................................................................................228
Mapa 7: Cursos de los ríos Torondoy, Muyapá, Castro, Mojaján y Tucaní
1682-1720.................................................................................................................243
Mapa 8: Cursos de los ríos Torondoy, Muyapá, Castro, Mojaján y los caños
San Juan de Los Ríos y Simón 1720-1762..................................................................251
DEL AUTOR

E n esta ocasión quiero expresar mi mayor agradecimiento a las per-


sonas que han hecho posible la realización del presente trabajo; en
primer lugar, a la geógrafa Reina Aranguren Becerra por sus atentas obser-
vaciones que notablemente enriquecieron la realización del presente estu-
dio, al igual por el diseño y la elaboración de los mapas que se presentan en
el mismo. Igualmente, deseo reconocer a Ricardo Cassart Quintero por
su disposición a atender mis consultas y a participar con su conocimiento
en el proceso de investigación realizado. Asimismo, mi eterna gratitud a
los genealogistas Crisanto Bello y Nelson Sanguinetti, cuya información
ha sido invaluable en la realización del capítulo relativo a la nobleza pro-
pietaria.
Deseo también expresar mi reconocimiento al personal del Archivo
General del Estado Mérida, y de la Biblioteca Nacional Biblioteca Febres
Cordero, por su constante atención y paciencia en facilitarme el acceso a
las fuentes. De la misma forma, quiero expresar mi más perdurable gra-
titud al abogado Jairo Ramírez, quien se desempeñaba como Registra-
dor Principal del Estado Zulia (Maracaibo-Venezuela) por su innegable
disposición en facilitarme copias de la documentación que requerí para
realizar el presente estudio. Además, mis infinitas gracias a la amabilidad
y deferencia con que me atendió el señor Jesús Lares, encargado la colec-
ción de documentos del expresado Registro Principal, por su disposición
en digitalizar las copias de los registros que con tanta urgencia le solicité.
Asimismo, quiero comunicar mi más profunda amistad a Jesús Barreto
Leal por su disposición a corregir el texto y por sus oportunas observacio-
nes. Por último, deseo indicar que la presente investigación se desarrolló
dentro del Grupo de Investigación de Historia de las Regiones America-
nas (GIHRA), de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y
Educación de la Universidad de Los Andes. De la misma forma, al Fondo
Editorial UNERMB y su Unidad de Difusión, Negociación y Formación
de Investigadores del programa de investigación y al Centro de Estudios
Socio Históricos y Culturales de la Universidad Nacional Experimental
Rafael María Baralt, en especial al profesor Julio García por su disposición
para realizar la publicación del presente trabajo, como a los demás docen-
tes que integran el Núcleo de Bobures de la misma universidad en el área
de Ciencias Sociales por su apoyo incondicional, para todos mi eterno
agradecimiento.

Mérida, julio 2017.


ABREVIACIONES

Archivo Arquidiocesano de Caracas. AAC. (Caracas-Venezuela)


Archivo Arquidiocesano de Mérida. AAM. (Mérida-Venezuela)
Archivo de la Academia Nacional de la Historia. AANH. (Caracas-Ve-
nezuela)
Archivo General de la Nación Caracas. AGN. (Caracas-Venezuela)
Archivo General de la Nación Colombiana. AGNC. (Bogotá-Colombia)
Archivo General del Estado Mérida. AGEM. (Mérida-Venezuela)
Archivo General de Indias. AGI. (Sevilla-España)
Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes. AHULA. (Méri-
da-Venezuela)
Archivo de la Universidad Católica Andrés Bello. AUCAB. (Caracas-Ve-
nezuela)
Archivo Histórico Nacional de Madrid. AHNM. (Madrid-España)
Biblioteca Nacional Biblioteca Febres Cordero. BNBFC. (Mérida-Vene-
zuela)
Registro Principal del Estado Táchira. RPET. (San Cristóbal-Venezuela)
Registro Principal del Estado Zulia. RPEZ. (Maracaibo-Venezuela)
INTRODUCCIÓN

D urante la segunda mitad del siglo XVI y primera del XVII, se desa-
rrolló la primigenia expansión de Mérida, cuyo objetivo fundamen-
tal fue vincular a la ciudad de las cumbres nevadas con extensos espacios
regionales tanto de poder como comerciales, debido a que las capitales
hispánicas en las Indias1, fueron pluridimensionales y, por tanto, expan-
sivas como resultado del incremento de su producción y demanda. Ese
crecimiento también estuvo impulsado por el despliegue de las funciones
inherentes a los procesos político-administrativos, los que a su vez, de-
terminaron la evolución de esos centros urbanos, al asumir la función de
ejes ordenadores, con el propósito esencial de articular extensas regiones
americanas y conectarlas con las europeas2.
De ese modo, el crecimiento inicial de la ciudad de las cinco águilas
blancas, al igual que otras capitales americanas, produjo la conforma-
ción de sus regiones geo-históricas3, las que se consolidaron durante las
décadas iniciales del siglo XVII, en especial en lo referente al diseño y la
estructuración de sus funciones institucionales, sus relaciones comercia-
les y además en la convergencia de actores sociales, aunque su crecimien-

1 “El espacio urbano funcionó como una fuerza centrífuga hacia el aprovechamiento de los
beneficios producidos por sus inmediaciones, al igual que desempeñó la primordial función
político-administrativa en el ámbito comercial de una provincia de frontera”. Kubler George,
“Ciudades y cultura en el periodo colonial de América Latina”. En, Boletín del Centro de Inves-
tigaciones Históricas y Estéticas. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Universidad Central
de Venezuela. Nº 1, enero 1964. pp. 85-86.
2 Sempat Assadourian, Carlos, El sistema de la economía colonial. El mercado interior. Re-
giones y espacio económico. Lima. Instituto de Estudios Peruanos, 1982; Braudel Fernand,
Civilización material, economía y capitalismo S. XV-XVIII. Los juegos del intercambio. Méxi-
co. Fondo de Cultura Ecónómica, 1984. Vol. II.
3 Samudio A. Edda O. “Historia y región en Venezuela: El caso de Mérida 1558-1810”. En, Ac-
tual. III Etapa, Nº 57, agosto-diciembre 2004. pp. 127-154.
26 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

to demográfico4 y urbano5 no fuera tan apreciable.


Esa situación se debió a que la ocupación hispánica del continente
americano y por consiguiente del espacio geo-histórico emeritense fue re-
sultado de la formación de redes sociales y culturales, a las que se añadie-
ron interrelaciones económicas y sobre las mismas se estableció el diseño
y consolidación de las entidades político-administrativas6. Por esa razón,
es posible afirmar que la ordenación territorial del espacio geo-histórico
emeritense no solo se fundamentó en su relación con la metrópoli y en
sus interrelaciones con los territorios limítrofes y dependientes, sino que
también fue producto del influjo de las instituciones generales de la mo-
narquía y de otros factores locales que dinamizaron su crecimiento7.
Entre esos factores locales que fueron decisivos para el desarrollo ini-
cial de la economía merideña estuvo el proyecto de integrar su espacio
geográfico y establecer su comunicación con el Caribe, a través de la ruta
natural que constituía el Lago de Maracaibo, como una vía expedita de

4 En 1607, Mérida, era la ciudad más poblada de las que entonces existían en el actual territorio Re-
pública de Venezuela, según lo refiere Diego de Villanueva y Gibaja, pues contaba con 160 vecinos
o cabezas de familia, mientras Caracas tenía para la misma fecha 100, Barquisimeto 60, El Tocuyo
50, Coro 60, Valencia 20, Trujillo 100 y la Nueva Zamora 60. “Relación geográfica hecha por Diego
de Villanueva y Gibaja de la Gobernación de Venezuela, Los Corregimientos de La Grita y de Tunja y
la Gobernación de los Mussos. Año de (1607)”. En, Relaciones Geográficas de Venezuela. Recop-
ilación estudio preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno. Caracas. (Colección Fuentes para
la Historia Colonial de Venezuela 70) Academia Nacional de la Historia, 1964. pp. 285-301.
5 En 1620, el ámbito urbano de Mérida estaba mayoritariamente conformado por construcciones
pajizas, como lo refiere Alonso Vázquez de Cisneros, quien la describió de la siguiente forma: “…en
la plaça pública desta ciudad de Mérida y otras partes principales de ella ay muchos bujíos de paja
y gran falta en los edificios públicos y en el ornato de la ciudad… y que se an dejado de labrar los
conventos de las relixiones y muchas casas de los vecinos y las labores de los texares de texa y la-
drillo y otros materiales…”. Ordenanza 56 de Alonso Vázquez de Cisneros. Mérida, 16 de agosto de
1620. En, Fuero Indígena Venezolano. Periodo de la Colonia 1552-1783. Compilación y prologo
de Dr. Joaquín Gabaldón Márquez. Caracas. Universidad Católica Andrés Bello, 1977. T. I. p. 103.
6 Sobre la organización de los espacios históricos en las colonias hispánicas se remite a la investi-
gación de Carmanagni Marcello, “La organización de los espacios americanos en la monarquía
española en los siglos XVI-XVIII”. En, Mazín Oscar y Ruiz Ibáñez José Javier (editores), Las
Indias Occidentales. Procesos de incorporación territorial a las monarquías ibéricas. México.
El Colegio de México, 2003. p. 342. Del mismo modo se puede apreciar la organización y desa-
rrollo del espacio histórico en la Provincia de Venezuela en el estudio de Briceño Irragorry Mario,
Tapices de historia patria. Ensayo de una morfología de la cultura colonial. Caracas. Talleres
Litográficos de Impresos La Urbina, 1982. pp. 47-79.
7 Carmanagni Marcello, “La organización de los espacios americanos en la monarquía española
en los siglos XVI-XVIII”... p. 340.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 27

intercambio que permitiera comercializar su creciente producción de


cereales con los centros consumidores, en particular con los puertos de
Cartagena Indias y Panamá; al igual que adquirir los productos europeos
y por supuesto la posibilidad de introducir africanos8.
Por esas razones, es necesario señalar que durante las dos primeras dé-
cadas inmediatas a la fundación de Mérida (1558), el desarrollo agrario
del sur del Lago de Maracaibo, no fue considerado primordial para los
emeritenses, debido a que ese espacio geográfico sólo se estimó como una
zona vital para el tránsito comercial de los productos cultivados en los
fértiles valles inter-montanos de la cordillera merideña y de los proceden-
tes del nororiente del Nuevo Reino de Granada, con destino los puertos
caribeños9 y Europa, cuya salida natural la constituye el Lago de Maracai-
bo. En consecuencia, a través de esa vía fluvio-lacustre se desplegó un im-
portante intercambio10, con cuya finalidad se emplazaron sucesivamente
varios fondeaderos hasta que se estableció de forma definitiva el puerto de
San Antonio de Gibraltar en 159211, situado próximo a la frontera que no
solo deslindaba a dos jurisdicciones provinciales, sino también a las que
correspondían a dos Reales Audiencias: las de Santa Fe de Bogotá y Santo
Domingo en La Española12.
8 Ramírez Méndez Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. La villa de
San Antonio de Gibraltar. Caracas. Ediciones Macpecri, 2014. T. I-II. Disponible desde: www.
[Link]/9494127/La_tierra_prometida_del_sur_del_Lago_de_Maracaibo_y_la_villa_y_puerto_de_San_
Antonio_de_Gibraltar_Siglos_XVI-XVII_Tomo_I-II
9 Ramírez Méndez Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. La villa de
San Antonio de Gibraltar… T. I. pp. 40-52; Vidal Ortega, Antonino, Cartagena de Indias y la
región histórica del Caribe, 1580-1640. Sevilla. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 2002. pp. 20-24.
10 Vidal Ortega Antonino, Cartagena de Indias y la región histórica del Caribe, 1580-1640… p. 20;
Vila Vilar, Enriqueta, “Las ferias de Portobello, apariencia y realidad del comercio con Indias”. En,
Vila Vilar, Enriqueta, Aspectos sociales en América colonial. De extranjeros, contrabando y escla-
vos. Bogotá. (Colección “Fabio Lozano y Lozano”) Imprenta patriótica del Instituto Caro y Cuervo,
2001. pp. 41-104; Haring, Clarence, El comercio y la navegación entre España y las Indias en la
época de los Habsburgos. París –Brujas. Academia Nacional de la Historia. (Caracas-Venezuela,
bajo los auspicios del Gobierno del General Eleazar López Contreras), 1939; Lockhart, James, El
mundo hispanoperuano. 1532-1560. México. Fondo de Cultura Económica, 1982. pp. 101-124.
11 Ramírez Méndez Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. La villa de
San Antonio de Gibraltar. Caracas. Ediciones Macpecri, 2014. T. –II. pp. 199-246.
12 La organización político administrativa de Mérida como cabecera de corregimiento y luego como
capital de Gobernación ocurrió entre 1607 y 1623. Al respecto revísese los trabajos de: Donís
Ríos, Manuel Alberto, Historia territorial de la Provincia de Mérida de Maracaibo. Caracas.
28 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Esas perspectivas iniciales de los emeritenses sobre el aprovechamiento


del sur del Lago de Maracaibo, tuvieron una drástica modificación duran-
te las décadas finiseculares del siglo XVI, debido al descenso de la produc-
ción y por consiguiente de la oferta que experimentó el cacao en la Nueva
España, ocasionada por el declive de los cacahuales en Soconusco13. En
respuesta a las menguadas existencias del “delicioso fruto”, los mercaderes
novohispanos iniciaron una afanosa búsqueda con el fin de abastecerse
del “alimento de los dioses” destinado a satisfacer esa inusitada carencia, lo
cual coincidió con el hallazgo de las esplendidas arboledas del Teobroma,
autóctono de la planicie lacustre14.
La conjunción de esos eventos, decididamente impulsó la expansión
emeritense en el sur del Lago de Maracaibo, debido a que el cultivo del
cacao experimentó un excepcional desarrollo, estimulado por la exporta-
ción de sus nueces, en especial con destino a Veracruz, en donde se las
cancelaba con la codiciada plata amonedada. Además, también se cultiva-
ron cereales como el maíz; junto a éstos, la caña de azúcar para su procesa-
miento con la finalidad de producir sus derivados entre los que se incluían
la miel, melote, papelones, azúcar y otros comestibles que eran embarca-
dos con diferentes destinos como la Nueva Zamora, Cartagena de Indias
y Panamá conformando en esa planicie una pujante sociedad agraria que
impulsó el desarrollo de una dinámica economía15.
Esa realidad histórica, determinó el redimensionamiento en las rela-
ciones de poder e intercambio, cuyo propósito inmediato fue establecer
(Colección Libro Breve 237) Academia Nacional de la Historia, 2006; Samudio A. Edda O., La
villa de San Cristóbal en la provincia de Mérida durante el dominio hispánico. San Cristóbal.
(Colección Táchira Siglo XXI, Nº 23). Universidad Católica del Táchira, 2002. p. 8.
13 Miño Grijalva Manuel, El cacao Guayaquil en la Nueva España, 1774-1812. (Política imperi-
al, mercado y consumo). México. El Colegio de México, 2013. pp. 82-83.
14 Ramírez Méndez Luis Alberto, “El cultivo del cacao venezolano a partir de Maruma”.
En, Historia Caribe Vol. X, N° 27, julio-diciembre 2015. pp. 69-101; Reyes Humberto
y Capriles de Reyes Lilian, El cacao en Venezuela. Moderna tecnología para su culti-
vo. Caracas. Editado por Chocolates del Rey, 2000. pp. 56-58.
15 Sobre la definición y caracterización de la sociedad agraria, revísese los trabajos de García de Cortá-
zar José Ángel y Martínez Sopena Pascual, “Los estudios sobre historia rural de la sociedad hispa-
nocristiana”. En, Historia Agraria. Nº 31, diciembre, 2003. pp. 57-83; Klein Herbert S., “Peasant
response to the market in the land question in the 18th and 19th century Bolivia”. Nova Americana.
Torino (V), 1983. pp. 103-133; Brunel Ghulain et Moriceau Jean –Marrc, La terre et les Paysans
aux XVIIe et XVIIIe siècles. Rennes. Association d’Histoire des Sociétés Rurales, 1999.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 29

una red de conexiones con distintos alcances que interrelacionaron a dis-


tantes puertos y centros americanos, asimismo se conectaron con la pe-
nínsula ibérica y a través de los mismos se accedió, de manera informal,
con otros espacios europeos. En particular, el sur del Lago de Maracaibo
se incluyó en la articulación comercial que se conformó entre Mérida-Ve-
racruz, y desde ésta con los circuitos mercantiles que interactuaban con la
ciudad de México16.
De ese modo, se avanzó en la vertiginosa ocupación emeritense en el
sur del Lago de Maracaibo, en cuyo proceso y de forma progresiva se fue
fraccionando ese espacio en secciones, las cuales fueron delimitadas por
los acuíferos que escurren en esa planicie, a las que se les reconoció con
distintas denominaciones. Por esa razón, es preciso explicar que el pre-
sente estudio sólo comprende parte de esa llanura, en particular los valles
de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bo-
bures, los que se ubicaban en una franja territorial que confina al norte
con la ribera del Lago de Maracaibo; por el sur, con el pie de monte de
la sierra de la Culata; por el este, siguiendo el curso original del río de
Muyapá hasta su confluencia con el río Torondoy, y luego se continúa por
el curso original de éste o su “madre vieja” hasta su desembocadura en el
Lago de Maracaibo. Aunque esta demarcación es imprecisa, debido a que
los linderos de esos valles durante los siglos XVI y XVII, se modificaron
de aquellos que se enunciaban en el transcurso del siglo XVIII. (Véase
Mapa 1)

16 “El eje Veracruz-México surgió de una adaptación a una realidad escasamente institucionalizada
e informal, producto de la interacción entre el dominio de la Corona y de la voluntad de los comer-
ciantes novohispanos que dominan no sólo la vida económica, sino también la vida política local
y territorial. De ahí que se pueda afirmar que el nacimiento del eje neohistórico es el resultado de
un pacto informal entre la Corona y los “beneméritos”, según el cual la primera cede a los notables
una parte de sus poderes en la esfera local y regional, mientras que los beneméritos aceptaron que
la Monarquía a través de sus funcionarios, controlaba el gobierno central organizado en la ciudad
de México. Gracias a este pacto, la participación de la Nueva España en la monarquía se configura
como una organización estatal mínima, lo cual obliga a la Corona a renunciar a su progresiva cen-
tralización. Por su parte, los comerciantes mexicanos lograron beneficios al controlar el mercado,
obtener mejores precios y descuentos sustanciosos, adicionalmente, introducían al Virreinato los
productos que se demandaban en el interior del mismo, estableciendo vinculaciones comerciales
con otras colonias”. Carmanagni Marcello, “La organización de los espacios americanos en la mo-
narquía española en los siglos XVI-XVIII”… p. 344.
30 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Mapa 1: Los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María
y Bobures

Fuente. AGI. Escribanía de cámara. Legajos 835-c y 836-c. AGEM. Protocolos T. I-XC. Mortuo-
rias T. I-LXX. AGNC. Mapoteca 4. Nº 386-A y Nº 388-A.

En el caso específico del valle de Bobures, se extendía al oeste, hasta el caño


Victorita, límite entre Bobures bajos y la hacienda de Trapichito; hacia el este,
con la desembocadura del río Mojaján o San Pedro, que entonces se denomi-
naba Bobures altos; al sur, el valle de la Sabana del Espíritu Santo (El Batey).
Al norte, el Lago de Maracaibo. La diferenciación anotada en las fuentes car-
tográficas en las denominaciones de “altos” y “bajos” tal vez se deba a presencia
de áreas expuestas o no a periódicas inundaciones. (Véase Mapa 1)
Durante los siglos XVI y XVII, el valle de Tucaní o Mucutem se ex-
pandía por el oeste, hasta donde escurre el río de Chimomó; por el este,
aproximadamente por donde fluye el río Mojaján o Culebra; por el norte,
la ribera del Lago de Maracaibo; y por el sur, el pie de la sierra de la Culata.
Ese valle se seccionó durante el siglo XVIII, bajo cuatro denominaciones
distintas. Por una parte, se mantuvo el nombre de valle de Mucutem o
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 31

Tucaní para designar la llanura inmediata al pie de monte, pero se frag-


mentaron al noreste en los territorios inmediatos a la costanera corres-
pondientes a los valles de Chimomó o San Francisco del Pino y el valle de
Santa María, y hacia el oeste, el valle de San Antonio, que en la actualidad
forman parte de las jurisdicciones de las parroquias Arturo Celestino Ál-
varez del Municipio Sucre del estado Zulia, y del Municipio Caracciolo
Parra y Olmedo, en el estado Mérida. (Véase Mapa 1)
En el caso del valle de Mojaján, limitaba al oeste, con el valle de Tu-
caní; por el este, con el valle de Castro; por el norte, con la ribera de la
Laguna; y por el sur, la serranía. Al presente, ese valle está dividido políti-
camente entre las parroquias Heras, en el estado Zulia e Independencia,
en el estado Mérida, El valle de Castro o San Pedro estaba circunscrito, al
oeste, por el río de Muyapá; al este, lindaba con el río Mojaján o Culebra;
al sur, con el pie de la serranía; y al norte, con el Lago de Maracaibo, y allí
actualmente se ubica la población de Palmarito, parte de lo que son las
parroquias Independencia y Nueva Bolivia del Municipio Tulio Febres
Cordero, incluidos en las jurisdicciones de los municipios Sucre del esta-
do Zulia, y Tulio Febres Cordero del estado Mérida. (Véase Mapa 1)
Durante las primeras centurias coloniales, la ocupación de los valles de Tu-
caní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures estu-
vo impulsada por las favorables perspectivas para el desarrollo agrícola que los
hispano-criollos apreciaron en aquel territorio, lo que motivó una intensa fase
de adjudicación de la propiedad del suelo, en cuya cesión se benefició a emeri-
tenses y a gibraltareños. Ese proceso de transferencia de la propiedad del suelo,
fue cumplido ante los cabildos de Mérida y Gibraltar, cuyos ayuntamientos
concedieron las mercedes originales a los “beneméritos” que constituyeron
el núcleo original de propietarios, quienes vislumbraron el éxito económico
en ese espacio. La apropiación del suelo se continuó durante todo el periodo
colonial, bajo la dirección de los jueces de composición de tierras, cuya fun-
ción fue legitimar las sucesivas apropiaciones en concordancia con las dispo-
siciones reales destinadas a regularizar la propiedad del suelo. De esa forma, se
redujo de manera acelerada el desequilibrio preexistente entre espacios ocupa-
dos y los de frontera, es decir, espacios carentes de actividad con un significado
no sólo social sino también económico.
32 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Asimismo, durante ese periodo de ocupación hispánica, en los valles


de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bo-
bures, se desarrolló una sociedad agraria creada sobre criterio de empresa
introducido por los europeos, quienes dinamizaron el crecimiento eco-
nómico en esa planicie. En ese sentido, el término “empresario”, es utiliza-
do por Kicza para analizar las “grandes familias” mexicanas, a finales del
período borbónico para describir el desempeño de esas estirpes en una
extensa y multifactorial variedad de actividades, en las que se incluyen la
producción agrícola, minera, el comercio, las manufacturas entre otras17,
lo que por obvias razones impide particularizarlo a una sociedad agraria y
sólo puede emplearse en ciertas actividades comprendidas en el presente
estudio. En atención a esa limitación, se acude al criterio sostenido por
Germán Colmenares, quien sitúa al empresario agrario colonial en:
“… los umbrales de la economía moderna. No comparte por
entero la noción medioeval de un orden equivalente para el orbe
social y el mundo de la naturaleza en el que la economía está sujeta
a restricciones de carácter moral para garantizar la salud individual
y social, pero tampoco ha llegado a concebir un principio intrín-
seco al hecho económico una formulación racional que le confiera
autonomía frente al orden de la naturaleza o las necesidades de su
propia salvación”18.
En consideración con las expresadas limitaciones inherentes a los em-
presarios agrarios coloniales, en las que se manifestaron los cambios en
los patrones de comportamiento y la conformación de las mentalidades
de los hispano-criollos durante el período hispánico, las que se deben ser
razonadas para definir a sus pares en los valles de Tucaní, Castro o San
Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures, a quienes, por esas
evidentes razones se les tipifica como los propietarios de haciendas que
lograron establecer redes interpersonales, en diferentes ámbitos de actua-
ción, apreciables en sus relaciones familiares, sociales, de patronazgo y/o
de clientela; además en su red económica evidente en los vínculos intra-
rregionales y extraregionales; en la conformación de nexos políticos con
17 Kicza John, Empresarios coloniales. familias y negocios en la ciudad de México durante los
Borbones. México. Fondo de Cultura Económica, 1986.
18 Colmenares Germán, Las haciendas jesuitas en el Nuevo Reino de Granada. Bogotá. Univer-
sidad Nacional de Colombia, 1969. p. 23.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 33

los cabildos de Mérida19, Gibraltar y la Nueva Zamora; e incluso en su


notoria raigambre, al identificarse con su lugar de nacimiento y residen-
cia, conformando un grupo endogámico reconocido como una “nobleza
propietaria” y una élite que sustentaba sobre sus rentas agrarias, que les po-
sibilitaron el despliegue de sus funciones sociales políticas y comerciales.
De acuerdo con esas premisas, se considera que los hispano-criollos
propietarios del suelo en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Moja-
ján, San Antonio, Santa María y Bobures establecieron una sociedad agra-
ria desarrollada sobre la hacienda. Precisamente, es Germán Colmenares
quien sostiene el criterio de empresa agraria para caracterizar a las hacien-
das jesuíticas en la Nueva Granada, criterio que también es apoyado por
Richard B. Lindley20 cuya categorización puede ser aplicada a las unida-
des de producción que se desarrollaron en los expresados valles debido a
que las haciendas funcionaron como una actividad económica privada,
organizada con el propósito de concentrar recursos y manejarlos de una
manera racional, cuya finalidad fue generar riqueza21.
De esa forma, la hacienda, como la unidad de producción básica en
una economía agraria fue concebida con el carácter de una empresa pri-
vada en donde prevaleció el trabajo de un grupo familiar para su explota-
ción22, con criterios de inversión y reinversión destinados a adquirir los
insumos tecnológicos y mano de obra, cuyos beneficios lograron forta-
lecer la producción agrícola, usufructuando la mano de obra indígena y,
también, mediante la importación de africanos y su trabajo, gracias a los
cuales constituyeron la estructura demográfica y económica del sur del
Lago de Maracaibo, durante el período hispánico, cuyos propietarios ejer-
cieron los roles alternativos de productor y comercializador en los distin-
tos niveles de la cadena de intercambio.
De acuerdo con lo expuesto es importante enfocar el estudio de las
haciendas del sur del Lago de Maracaibo, en sus dos tipos fundamentales:
19 González Sierralta Hancer, El ayuntamiento en los orígenes y consolidación de la sociedad
merideña (1558-1622). Mérida. Instituto Municipal de Cultura, 2010.
20 Lindley Richard, Las haciendas y el desarrollo económico. Guadalajara, México, en la época
de la Independencia. México. Fondo de Cultura Económica, 1987. p. 15.
21 Colmenares Germán, Las haciendas jesuitas en el Nuevo Reino de Granada… p. 21.
22 García de Cortázar José Ángel y Martínez Sopena Pascual, “Los estudios sobre historia rural de
la sociedad hispanocristiana”... pp. 61-62.
34 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

las de cacao y las de caña de azúcar, con tecnologías diferenciadas, que


en el caso del cacao, fueron resultado de los aportes autóctonos indíge-
nas, mientras los avances del cultivo y procesamiento de la caña de azúcar,
fueron logrados en el Caribe, cuya difusión en los valles en estudio fue
resultado de la interconexión establecida entre Mérida con los ejes inter-
culturales y comerciales establecidos con Cartagena de Indias y Veracruz.
De ese modo, el área expresada se originó un complejo espacio económico
que comerció con diversos centros consumidores, con una marcada espe-
cialización en los productos tanto ofertados como demandados.
Esa creciente producción enriqueció a los empresarios agrarios, quienes
a pesar de su bonanza, tuvieron que enfrentar los adversos efectos ocasiona-
dos por los percusores en 1673, el terremoto en 1674, el posterior deslave y
la destrucción de las haciendas. Esos infaustos sucesos determinan la nece-
sidad de estudiar la conformación geográfica e hidrográfica de los valles en
estudio, cuyas especiales características ocasionan periódicas inundaciones,
las que asociadas con la ocurrencia de ese sismo produjeron un desastre23.
Por esas razones, al estudiar los desastres desde el punto de vista histó-
rico, es preciso explicar que los mismos no se limitan a aquellos que son
recordados por sus indescriptibles daños, sino también a las calamidades su-
cedidas a lo largo de determinados períodos históricos por un grupo o socie-
dad, enmarcados en una localidad, una región o un país, en una jurisdicción,
un área geográfica o política. La especificidad de los mismos, representa la
reconstrucción fidedigna de complejos procesos sociales y económicos. En
consecuencia, aunque el evento natural que ocasiona el desastre constituye
punto inicial para la descripción, también conforma el eje central sobre el
que gira el análisis de procesos más complejos que revelan las diversas vul-
nerabilidades acumuladas a lo largo del tiempo. Sin embargo, es importante
resaltar que las amenazas naturales, en sí mismas, con cierta frecuencia in-
fluyen de manera decisiva en la forma en que se manifiestan esos procesos.
De acuerdo con las anteriores premisas, la investigación se dirige a
identificar, caracterizar con precisión los diversos eventos cíclicos y el mo-
mento coyuntural del desastre, lo que permite lograr entender y aprehen-
23 García Acosta Virginia, “El estudio histórico de los desastres”. En, García Acosta Virginia (coord.),
Historia y desastres en América Latina. Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres
en América Latina. Vol. I. p. 7. Disponible desde: [Link]
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 35

der los procesos cíclicos recurrentes que pueden reproducirse en tiempos


venideros. Las variables del análisis están determinadas por los factores
de amenaza, riesgo, vulnerabilidad y resiliencia. Con la finalidad de exa-
minar los cambios experimentados por las expresadas variables son de
fundamental interés para el presente estudio: la red hidrográfica, los pa-
trones climáticos y la conformación del relieve en los valles enunciados,
que determinaron el comportamiento de las corrientes fluviales, el cual
pudo ser apreciado desde principios del siglo XVII, y cuyas consecuencias
inmediatas fueron las constantes inundaciones, el deslave sucedido en la
segunda mitad de esa centuria y las continuadas riadas ocurridas durante
la primera mitad del siglo XVIII, que se incrementaron durante el perío-
do comprendido entre 1748 y 1758 y, causaron la anegación del valle de
Río Seco, por tanto, constituyen eventos de impacto lento.
Con el fin de conocer y describir tanto el proceso de apropiación como
el comportamiento de las corrientes fluviales, se acude a fuentes cartográfi-
cas de los siglos XVII y XVIII, en específico a los mapas tanto de la Laguna
de Maracaibo como de los valles de Bobures, Castro, Cuéllar de la Isla y la
Sabana del Espíritu Santo24. A través de los mismos, se elabora el análisis
cartográfico-histórico mediante el cual se estudian los predios adjudicados,
los cambios en la red hidrográfica y sus consecuencias, apoyada sobre una
rigurosa revisión documental. De ese modo, se superan inexactitudes técni-
cas de los registros cartográficos del período colonial, tales como carencia en
precisión astronómica, escala, modificaciones en la toponimia y deficiencias
relativas al nivel de detalle del mapa. En su lugar, se acude al examen de la
información registral que permite establecer la compresión de los cambios
fisiográficos apreciables en el espacio estudiado25.
24 El análisis se realiza comparativamente sobre los siguientes mapas: “Laguna de Maracaybo. 1642-
2-5”. En, AGI. Mapas y planos de Venezuela 3B; “Carta Corográfica de la Laguna de Maracaibo
1682”, publicada en Nectario María (hno.) Mapas y Planos de Maracaibo y su región 1499-1820.
Madrid. Embajada de Venezuela, 1973. p. 57; “Carta Corográfica de la Laguna de Maracaibo, donde
se demuestran laz entradas de loz, sitios y fuerzas de las ciudades, lugares y puertos de lagunillas
demostrado por escala de a, b y c”. En, AGI, Mapas y Planos Venezuela 57, 1682, 22,2; “Descripción
de la Laguna de Maracaibo, sacada por escala plana y petipie de leguas castellanas, con las ciudades,
pueblos, balles, puertos y castillos que encierran en si por ABC”. En, AGI. Mapas y Planos Venezuela
286; “Mapa elaborado por Pedro Josep Antúnez Pacheco” 1760. En, AGNC. Mapoteca 4. Nº 386-A,
y el “Mapa elaborado de por Fray Fernando Mayorga en 1761”. En, AGNC. Mapoteca 4 Nº 388-A.
25 Roa José Gregorio, “El sistema fluvial de la planicie Motatán-Lago de Maracaibo. Una introducción a
su análisis cartográfico histórico”. En, Revista Geográfica Venezolana. Vol. 45, Nº 1, 2004. pp. 67-90.
36 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Como consecuencia de los efectos de esos eventos devastadores -antes


mencionados- ocurridos en aquella planicie se produjo la ruina de los ha-
cendados emeritenses, quienes fueron sustituidos de manera progresiva por
los neozamoranos, quienes obligados por la necesidad de cultivar y comer-
cializar los alimentos vitales para la población de la Nueva Zamora, que casi
en su totalidad eran producidos en el sur del Lago de Maracaibo, acudieron
a los valles en estudio y adquirieron esas propiedades. La conjunción de esas
circunstancias determinó la redefinición de los espacios geo-historicos en
esa planicie, lo cual es de especial importancia en los valles de Tucaní, Castro
o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures, debido a que
como resultado de las motivaciones expuestas, el propósito sistemático de
los neozamoranos fue apropiarse del suelo y desplegaron un sostenido re-
chazo al dominio político-administrativo de Gibraltar y por ende al espacio
jurisdiccional e histórico correspondiente a Mérida.
Como resultado de las situaciones descritas, durante el último tercio del
siglo XVII, hubo notables cambios en las funciones político-administrati-
vas desempeñadas por las ciudades de blancos, en especial las de autoridad
y control, ejercidas por Mérida, Gibraltar y Maracaibo, las que fueron re-
sultado de su interacción y dominio sobre sus ámbitos locales y regionales,
debido a que la lucha que se entabló entre las elites citadinas para mantener
la preservación el disfrute de sus beneficios, por cuyas razones debieron
competir con la finalidad de sostener sus jerarquías dentro de esas regiones
geo- históricas, las que habían sido delineadas hasta ese periodo.
Esa pugnacidad se agudizó debido a la competencia comercial que
enfrentó Mérida y Gibraltar por parte de la Nueva Zamora lo que mo-
tivó una incesante lucha para beneficiarse de los ingresos que generaba
la actividad comercial, desarrollada por los emeritenses, utilizando para
la misma, la ruta natural de las aguas del lago, lo que produjo numerosos
conflictos. Pero, a consecuencia del sismo de 1674, el subsiguiente deslave
y los ataques de los piratas, ese orden político administrativo fue drásti-
camente modificado con la anexión de la Nueva Zamora a la provincia
del Espíritu Santo de la Grita de Mérida y el posterior traslado de la sede
del gobierno provincial a la misma. Por esas razones, el núcleo de domi-
nio hegemónico en los valles en estudio se trasladó desde la ciudad de las
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 37

nieves eternas a la Nueva Zamora. A partir de entonces el conflicto fue


planteado en otros ámbitos de poder como lo fue el religioso.
Una de las manifestaciones de ese conflicto fue la querella suscitada a
raíz de la recaudación y distribución de los diezmos prediales colectados
en los valles de San Pedro, Santa María y Bobures, por los jueces ecle-
siásticos de Gibraltar y que, por ende, se remitían a la sede del arzobis-
pado bogotano. A partir de los años sucesivos a 1680, los propietarios
neozamoranos rehusaron tributar a esa jurisdicción religiosa, y en su lugar
manifestaron su voluntad de contribuir a la vicaría de la Nueva Zamora,
y por ende al obispado caraqueño. A partir de entonces, se generó un en-
conado litigio entre las sedes episcopales de Santa Fe de Bogotá y Caracas
para beneficiarse de los diezmos prediales de los expresados valles.
El análisis del conflicto se centra en la evaluación y confrontación tan-
to entre sí, como con otros documentos que ratifican o rechazan las afir-
maciones expresadas en las pruebas aportadas en las testimoniales de los
cabildos de la Nueva Zamora y Gibraltar, en las que se acudió a la demos-
tración de los linderos del espacio jurisdiccional, la ocupación primigenia
del mismo y la prevalencia de los derechos de propiedad y pertenencia. En
ese conflicto los neozamoranos inclusive recurrieron a sus redes de clien-
tela para obtener los beneficios del poder y la influencia de los gobernado-
res provinciales con la finalidad de hacer valer sus supuestos derechos; en
cuyo litigio, la Corona se abstuvo de dirimir. Aunque la controversia fue
circunscrita al ámbito eclesiástico, la misma, en cierta forma, dio inicio al
desconocimiento de la jurisdicción de Gibraltar y por lo tanto al despojo
territorial de Mérida, cuyo estudio se aborda desde dos ópticas: la lucha
sistemática de los neozamoranos por desposeer de su espacio jurisdiccio-
nal e histórico de Mérida y su apetencia por apropiarse de las rentas agra-
rias, las que deberían beneficiar a los gibraltareños.
Una de las especiales motivaciones del presente estudio es examinar la
evolución y características de la sociedad agraria, representada por los ha-
cendados y pobladores del valle de San Pedro, en cuyas costas se fundó el
puerto que le dio su nombre en 1582, por Pedro de Maldonado, siguiendo
las órdenes emanadas del cabildo de Mérida. El desarrollo agrario de ese
valle muestra un interesante y significativo crecimiento tanto demográfi-
38 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

co como de sus unidades de producción, la especial conformación de su


estratificación social; en la que paulatinamente se constituyeron diversos
sectores, los que son identificados mediante el estudio de las tipificaciones
representativas de los mismos, descritos en los registros de la época, a los
efectos de revelar la formación de una nueva colectividad con especiales
características.
Además, uno de los hitos fundamentales en la historia de los valles de
San Pedro, Santa María y San Antonio, fue la edificación del templo de-
dicado a San Pedro Apóstol, lo cual fue el resultado del empeño de sus
pobladores para proporcionarse una casa de oración. El estudio sobre la
construcción del templo de San Pedro, se enmarca dentro de la arquitec-
tura religiosa como patrimonio, cuyo enfoque no está limitado a la fábrica
en sí misma, o solo a los términos de su diseño y construcción. En conjun-
to, se concibe al templo como un hecho cultural, que en este caso especí-
fico responde a la afirmación de su papel como ente integrador colectivo
a finales del siglo XVIII, pues con ello se logró consolidar un “comple-
jo encuentro cultural” entre esa sociedad agraria, en la cual participaron
hispano-criollos, hacendados, trabajadores libres, esclavizados, y también
comerciantes, la mayoría de ellos afrodescendientes26.
La investigación del proceso de construcción del templo de San Pedro
se centra en detallar los hilos conductores del proyecto, los orígenes for-
males del mismo y la identificación de sus artífices, que como suele suce-
der en tantas otras obras de diferentes tipos durante el periodo colonial,
son desconocidos, porque los estudiosos se centran en esos personajes
sólo cuando sus obras alcanzan renombre, pero la mayoría son relegados
al olvido.
La ocupación de los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján,
San Antonio, Santa María y Bobures no sólo fue lograda por los hispa-
no-criollos, sino también por los africanos, quienes fueron forzosamente
trasladados al sur del Lago de Maracaibo y de sus descendientes, quienes
a su llegada se establecieron en la planicie como trabajadores agrarios en
condición de esclavitud, pero con el transcurrir del tiempo conformaron
26 Rueda Cáceres Liliana; Figueroa Hernando Helwar; Plata William Elvis, “Las investigaciones
sobre la arquitectura religiosa en Colombia. El predominio católico, 1960-2008”. En, Anuario
Colombiano de Historia y Ciencias Sociales. Vol. 44, Nº 1, enero-junio 2017. p. 325.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 39

una sociedad particular, en cuyo estudio se propone analizar variados fac-


tores, como sus orígenes, la adaptación a un nuevo hábitat, el aprendizaje
de nuevas costumbres, idioma y de otra cultura; al mismo tiempo, su lu-
cha por mantener la pervivencia de su herencia ancestral, resguardada en
sus memorias, las sinuosas vías para alcanzar su libertad, su esfuerzo por
lograr la condición de propietarios y hacendados-empresarios agrarios,
acceder y dominar los espacios de poder y prestigio, los que posibilitaron
la consolidación de una nueva sociedad, que aún permanece en ese espacio
geográfico con características propias.
Con la finalidad de lograr los objetivos expuestos, la investigación
se inscribe en la corriente de la Geografía Histórica, y se asienta en las
fuentes documentales inéditas existentes en los archivos extranjeros y
venezolanos. En primer término, se halla el Archivo General de Indias
(AGI) sobre el fondo Escribanía de Cámara, legajos 835-c y 836-c, donde
se resguardan los títulos de composición de tierras, efectuados durante la
visita de los oidores Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor,
delegada en el comisionado Juan Fernández de Rojas durante 1656-1657.
En el mismo fondo 77, 6B, se halla el proceso levantado por la querella de
los diezmos prediales de los valles de San Pedro, Santa María y Bobures.
En el Archivo General de la Nación Colombiana (AGNC), se custo-
dian importantes expedientes que se refieren al sur del Lago de Maracaibo,
en particular en el fondo Tierras de Venezuela, tomos 1 al 12, en los que
se localizan las primeras mensuras de suelo realizadas por el juez medidor
de tierras Juan Gómez Garzón, al igual que diferentes litigios sostenidos
por vecinos y propietarios en aquella planicie lacustre, su posterior movi-
lización, cuyo resultado inmediato fue el fraccionamiento de los predios.
De igual forma, se custodia en ese repositorio el valioso expediente para
la construcción del templo de San Pedro, en el cual se inserta un padrón
de los pobladores del valle con sus haciendas, cultivos en árboles de cacao,
cañaverales y trapiches, inserto en el fondo Fábrica de Iglesias; al igual
que los legajos relativos a las disputas sostenidas entre los jesuitas con los
propietarios del valle de Río Seco, que permiten conocer en detalle la evo-
lución histórica de los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San
Antonio, Santa María y Bobures.
40 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

En cuanto los archivos venezolanos, en orden de importancia se encuen-


tra la Biblioteca Nacional Biblioteca Febres Cordero (BNBFC), que con-
tiene fondos de insospechada significación para el estudio del sur del Lago
de Maracaibo. El primero de ellos, las Actas del Cabildo, en particular los
pliegos contentivos del proceso fundacional de San Antonio de Gibraltar y
la fijación de límites entre Mérida y el expresado puerto, entre 1600 y 1636.
Asimismo, en el fondo Cabildo Mercedes de Tierras se atesoran los títulos
que cedieron la primigenia propiedad del suelo en la planicie lacustre. En
el Archivo General del Estado Mérida (AGEM), se custodia el valiosísimo
fondo documental Escribanías Españolas, en cuyas series Protocolos y Mor-
tuorias, se incluyen las enajenaciones de propiedad, a través de ventas, do-
naciones, testamentos, fundación de capellanías, otorgamiento de censos,
cartas de dotes, inventarios de bienes raíces, su origen, valuación, peritajes y
cartas de poder, que permitieron conocer el proceso de movilización de la
propiedad, similar información también se halla en el Archivo Arquidioce-
sano de Mérida (AAM). En el Registro Principal del Estado Zulia (RPEZ)
existen legajos sobre diversos aspectos históricos de los valles en estudio, en
especial en lo referente al mayorazgo de los Antúnez Pacheco-Losada, la
movilización de propiedades de suelo, esclavos y otros tópicos, así como la
documentación relativa a las actuaciones de los morenos libres en búsqueda
del poder local sucedidas en Gibraltar y San Pedro.
Los comprobantes obtenidos han permitido contrastar las variables
en estudio. La primera de ellas la distribución de propiedades por los ca-
bildos de Mérida y San Antonio de Gibraltar, al igual que por las autori-
dades de la Gobernación de Mérida y los presidentes de la Real Audiencia
de Bogotá. Esos invaluables manuscritos han posibilitado comprender el
proceso de ocupación y apropiación del territorio, cuyos datos han sido
completados con los obtenidos en las composiciones realizadas en 1656-
1657 ante Juan Fernández de Rojas, durante la visita de Modesto de Me-
ller y Diego de Baños y Sotomayor. Del mismo modo, se ha cuantificado
el proceso de movilización de la propiedad a través de la información re-
cabada en las cartas de compra-venta, testamentos, donaciones y dotes, los
que se han tabulado y comparado para precisar las extensiones aproxima-
das de territorio apropiado.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 41

Otras fuentes documentales han sido utilizadas para determinar la je-


rarquía social de los propietarios, al igual que su importancia social en
las ciudades de Mérida y Maracaibo. Con ese propósito se han indagado
diferentes correspondencias, con los virreyes de la Nueva Granada, go-
bernadores de la Provincia de Mérida, La Grita y ciudad de Maracaibo, y
otros funcionarios coloniales e independentistas. Es importante destacar
que el rango directriz de la “nobleza propietaria” estuvo sustentado en su
notoria capacidad económica y su talento como empresarios coloniales.
Los restantes apartados están respaldados sobre fuentes documentales he-
terogéneas que reposan en los Archivos: Histórico de Madrid (AHM),
Histórico de la Universidad de Los Andes (AHULA), de la Academia
Nacional de la Historia (AANH), General de la Nación de Venezuela
(AGN), de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas (AUCAB),
Registro Principal del Estado Táchira (RPET) y sobre bibliografía espe-
cializada, la que es referida en cada uno de los capítulos.
El análisis del devenir histórico colonial en los valles de Tucaní, Castro
o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures, como un es-
pacio geográfico e histórico definido no ha sido abordado en ningún un
estudio específico, lo que justifica de una manera fehaciente el presente
estudio. En particular sobre la edificación del templo de San Pedro, existe
el trabajo pionero de Ileana Parra Grazzina, que carece de información
sobre el proceso de su construcción, aunque se centra en su permanencia
durante el siglo XIX, su inundación y ruina a mediados de esa centuria27.
Sobre el mismo tópico y con importante utilidad para la presente inves-
tigación, debido a las indagaciones arqueológicas y precisiones sobre las
dimensiones efectuadas sobre las ruinas del templo de San Pedro y so-
bre sus características arquitectónicas existen los trabajos realizados por
Francisco Civitillo, en especial el publicado en conjunto con Ann Hen-
neberg28. Por último, es necesario mencionar los estudios de Luis Alberto
27 Parra Grazzina Ileana, San Pedro en la costa negra de la laguna de Maracaibo. Maracaibo.
Servicio Autónomo de la Imprenta del Estado Zulia, 2016; Parra Grazzina Ileana, Urdaneta
Quintero Arlene, “Solo quedan los muros de la iglesia de San Pedro, Historia de un desastre”.
En, Revista de la Universidad del Zulia. Ciencias Sociales y Arte. Año 3, Nº 7, septiembre-di-
ciembre 2012. pp. 130-153.
28 Civitillo Francisco y Henneberg Andrea, “Estudio técnico constructivo para el rescate de las ruinas de San
Pedro”. En, Portafolio 13, Año 7, Vol. 1, Nº 13, enero junio, 2006. pp. 14-23; Civitillo Francisco, “Las ruinas
de San Pedro y su puesta en valor para el uso turístico”. En, Portafolio 10, Vol. 2, Nº 10, 2004. pp. 2-4.
42 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Ramírez Méndez, sobre el sur del Lago de Maracaibo, que preceden a este
volumen, y que también pesquisan los mencionados valles, aunque no con
la particularidad con que se abordan en la presente investigación29, asimis-
mo sobre la formación y desarrollo de la propiedad privada del suelo30, las
haciendas tanto cacaoteras como de caña de azúcar31.
Por otra parte, los eventos sísmicos de 1673-1674, acaecidos en Mérida
y Gibraltar, han sido objeto de diversas publicaciones, como las realizadas
por Palme y Altez, quienes se centran en evaluar el riesgo y el impacto de
los temblores32; mientras Edda Samudio describe los efectos inmediatos
y a largo plazo de los terremotos en los contextos urbano y rural de Mé-
rida y Gibraltar33. Por su parte, Ileana Parra Grazzina, Arlene Urdaneta
y Rogelio Altez, sostienen que San Antonio de Gibraltar fue una región
definida, sin precisar las bases sobre las que asientan tal aseveración, ase-
gurando que en el sur del Lago de Maracaibo se aprovechó el espacio para
desarrollar una intensa ocupación agraria en lo fundamental destinada al
cultivo del cacao, lo que ocasionó substanciales modificaciones ecológicas
determinando una extrema vulnerabilidad en su ecosistema34, la cual, a su
29 Ramírez Méndez Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. La villa de
San Antonio de Gibraltar…. T. I-II
30 Ramírez Méndez Luis Alberto, “La evolución de la propiedad privada del suelo en el sur del
Lago de Maracaibo- Venezuela. (Siglos XVI-XVII)”. En, Anuario de Historia Regional y de las
Fronteras. Vol. 19-2, julio-diciembre 2014. pp. 279-314.
31 Ramírez Méndez Luis Alberto, “Las haciendas en el sur del Lago de Maracaibo. (Siglos XVI-
XVII)”. En, Boletín de la Academia Nacional de la Historia. T. XCII, Nº 366, abril-junio 2009.
pp. 121-164; Ramírez Méndez Luis Alberto, “Las haciendas cañeras en el sur del lago de
Maracaibo”. En, Revista de Indias. Vol. LXXIV, Nº 260, abril 2014. pp. 9-34.
32 Palme, Christl. “Los terremotos de los años 1674 y1775 en Trujillo”. En, Acta Científica Ve-
nezolana. Vol. 41, No. 4, (Caracas) 1990. pp. 260-268; Palme Christl y Altez Rogelio, “Los
terremotos de 1673 y 1674 en los andes venezolanos”. En: Revista INCI. Vol. 27. Nº 5. Ca-
racas, mayo 2002. Disponible en: [Link]
d=S0378-18442002000500002.
33 Samudio A. Edda O., “Conmoción en Mérida andina, “Los sismos de 1673-74”. En, Fermentun.
Año 9, Nº 25, 2011. pp. 261-264.
34 Altez Rogelio Parra Grazzina, Ileana y Urdaneta Quintero Arlene, “Contexto y vulnerabilidad de
San Antonio de Gibraltar en el siglo XVII. Una coyuntura desastrosa”. En, Boletín de la Acade-
mia Nacional de la Historia. T. LXXXVIII, Nº 352, octubre-diciembre, 2005. pp. 181-209. Con
respecto a lo sostenido por ambos autores en este trabajo, es de relevante importancia atender
la opinión de Susana Aldana Rivero quien afirma al respecto que: “… los desastres causados
por el impacto de un fenómeno natural no son meras abstracciones, pues suceden en socie-
dades reales moldeadas en el tiempo. Por eso, en el estudio histórico debe tenerse siempre
presente que el impacto del fenómeno y la percepción de los desastres por la gente que lo vivió
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 43

vez, fue causa básica de la severa crisis experimentada en aquella planicie


durante la segunda mitad del siglo XVII, cuyas afirmaciones son inciertas.
Finalmente, Luis Ramírez y Reina Aranguren determinan los efectos del
sismo y sus consecuencias en una sociedad agraria35.
En la indagación sobre la evolución histórica y cultural de los afro-
descendientes en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San
Antonio, Santa María y Bobures, se refieren los estudios de Luis Alberto
Ramírez específicamente sobre el origen y los sistemas de trabajo a los que
fueron sometidos los esclavizados durante los siglos XVI y XVII36, asi-
mismo es necesario destacar la investigación realizada por Alminda Ro-
sales sobre el comportamiento de los morenos libres en Gibraltar durante
el siglo XIX37, aunque en la misma no se estudia el período colonial, es
de reveladora importancia porque explora y describe la actuación de ese
sector social después de la independencia, debido a que la identificación
y comportamiento de los morenos libres se originó durante el período
hispánico cuyo tópico es fundamental en el desarrollo de la presente in-
vestigación. Del mismo modo sobre el proceso de sincretismo religioso
y el origen del chimbánguele han sido de primordial significación para
el desarrollo del presente estudio los trabajos de Ernesto Mora Queipo,
Carlos Suárez, Luis Trujillo y Jesús Chucho García38.

en su época, no debe ser analizado con nuestro prisma actual. Un desastre, tal como nosotros
lo percibimos hoy en día, no supone necesariamente que en otra época se sintiera y se viviera
en igual manera: las fuentes requieren siempre de un cuidadoso análisis heurístico y hermenéu-
tico”. Aldana Rivero Susana, “¿Ocurrencias del tiempo? Fenómenos naturales y sociedad en el
Perú colonial”. En, García Acosta Virginia (Coord.), Historia y desastres en América Latina...
pp. 124-125.
35 Ramírez Méndez Luis Alberto y Aranguren Reina, “Los efectos de los sismos de 1673 y 1674 en
el sur del Lago de Maracaibo”. En, Nuestro Sur. Año 7, Nº 9, enero-abril de 2016. pp. 95-126.
36 Ramírez Méndez Luis Alberto, “Los esclavos en el sur del Lago de Maracaibo. (Siglos XVI-XVII)”.
En Boletín de la Academia Nacional de la Historia. T. XCIV, Nº 373, enero de 2011. pp. 83-106.
37 Rosales Alminda, Resistencia de morenos libres en la jurisdicción de Gibraltar. 1820-1840.
Maracaibo. Universidad del Zulia (tesis), 2010.
38 Mora Queipo Ernesto, (el. al.), “Música y veneración de antepasados en el ritual de los chim-
bángueles”. Disponible desde [Link]
sa/[Link]; Trujillo Luis, “Ajé Benito Ajé”. En, Revista Electrónica
Conocimiento Libre y Licenciamiento (CLIC) Mérida – Venezuela. disponible desde: http://
[Link]/publicaciones/; Suárez Carlos, Los Chimbángueles de San Beni-
to. Caracas. Fundación de Etnomusicología y Flolklor, 2010; García Jesús Chucho, Caribeñidad.
Caracas. Fundación Editorial el Perro y La Rana, 2007. pp. 108-109.
44 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Es importante acotar que aun existe documentación relativa a los va-


lles en estudio que aun no ha podido ser consultada, y que algunos de los
planteamientos que se exponen en la investigación tienen el carácter de
probabilidad por la carencia de información que permitan comprobar su
certidumbre, debido a que el registro civil y criminal de las escribanías de
Gibraltar está totalmente desparecido, en lo correspondiente al periodo
colonial, al igual que el eclesiástico que se guardaba en Bogotá, el que fue
quemado en 1948, cuando asesinaron a Jorge Eliecer Gaitán. Asimismo,
se ratifica que tanto las imágenes recreadas utilizando como base los ma-
pas elaborados durante el período colonial y también las descripciones re-
lativas a los mismos, en las que se incluyen linderos, cursos de aguas y otros
indicadores al igual que las cifras ofrecidas tienen el carácter de aproxima-
ciones y por tanto carecen de carácter absoluto.
CAPÍTULO 1

LA PROPIEDAD PRIVADA DEL SUELO EN LOS


VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO,
MOJAJÁN, SAN ANTONIO, SANTA MARÍA Y
BOBURES

1.1. LA POLÍTICA HISPÁNICA PARA LA ASIGNACIÓN DE LA PROPIEDAD PRIVA-


DA DEL SUELO EN HISPANOAMÉRICA
La concepción de la propiedad privada del suelo39 fue introducida en
Indias por los hispánicos, quienes implantaron la noción del uso, goce,
posesión y dominio personal del suelo, con serias limitaciones, originadas
en las concepciones arábigas, que prevalecieron en los códigos peninsula-
res, debido a la dilatada ocupación musulmana de la península ibérica, en
39 La propiedad privada se define como, “...la facultad de disponer de una cosa ejerciendo sobre
ella, con exclusión de los demás, toda clase de derechos, sin más limitaciones que las estable-
cidas en las leyes. La acumulación de bienes en la antigua Grecia fue un factor de hegemonía
social, pero sólo fue en el Imperio Romano cuando se legalizó como un derecho individual.
En la Edad Media la idea de propiedad con fundamento de derecho divino determinó la casi
inmovilidad social. En aquellas sociedades, rígidamente estratificadas en las que las clases de
propietarios era el estamento de la nobleza, entre cuyos bienes figuraba el de las personas físi-
cas Con el advenimiento de la Reforma Protestante y específicamente las doctrinas calvinistas
se modificaron substancialmente el concepto de propiedad, acorde a las necesidades socio-
lógicas de la nueva burguesía comercial, vinculando así la propiedad al trabajo. Aunque en la
etapa de la monarquía absoluta el soberano se convirtió en el gran propietario de la nación y ya
para el siglo XVIII, en el marco de la Ilustración se consolidó la noción burguesa de propiedad,
señalándose...que el ideal humano era la búsqueda de la felicidad, y que ésta solo podía ser
el resultado de la acumulación de bienes adscritas al fundo, es decir los siervos”. Diccionario
Enciclopédico Éxito. Barcelona (España). Editorial Océano, 1988. Vol. 4. p. 1.629. Mariluz
Urquijo José María, El régimen de la tierra en el derecho indiano… pp. 1-55. Disponible en,
http,//[Link]/i18n/catalogo_imagenes/[Link]?path=1000280
46 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

las que se privilegió la posesión y el uso inmediato del suelo sobre su do-
minio, al determinar que al cesar el usufructo también se extingue la pro-
piedad40. Entre esas limitaciones, también se incluyó la distinción entre el
suelo y el subsuelo, considerando al segundo como patrimonio inaliena-
ble del Estado41, al igual que la preservación de aguas, bosques y prados42
para uso comunal y la prohibición de cercar los predios privados, a cuyos
impedimentos se enfrentaron los indianos logrando apenas su derogación
parcial43.
De acuerdo con los principios legales castellanos, el dominio privado
sobre el suelo se originaba en la persona del soberano, debido a que los
monarcas hispanos cimentaron sus prerrogativas sobre las bulas otorga-
das por el papado44, que les confirieron la condición de propietarios del
Nuevo Mundo.
A partir de esos principios, se desarrolló la doctrina jurídica patrimo-
nial hispánica, en la que se estableció como privilegio real en América “la
propiedad de la tierra, aguas, montes y pastos”45, considerada como rega-
lía de la Corona. En ese aspecto, la intención explícita de los soberanos fue
conceder “graciosamente” las regalías, en especial la propiedad del suelo,
con el propósito específico de recompensar los esfuerzos tanto humanos
como los aportes de capital y trabajo invertidos por los conquistadores en
la ocupación de las Indias46; y al mismo tiempo afianzar el dominio ibé-
rico, exigiendo a los beneficiarios de aquellos bienes su radicación en los
40 Arcila Farías Eduardo, “El régimen de la propiedad territorial en Hispanoamérica”. En, Arcila
Farías Eduardo, Maza Zavala D. F.; Brito Figueroa Federico y Tovar Ramón A., La obra pía de
Chuao. 1568-1825. Caracas. Ediciones de la Universidad Central de Venezuela. Comisión de
Historia de la Propiedad Territorial y Agraria de Venezuela. Instituto de Estudios Hispanoameri-
canos, 1968. T. 1. pp. 12-13.
41 Arcila Farías Eduardo, “El régimen de la propiedad territorial en Hispanoamérica”… pp. 12-13.
42 Vilar Pierre, Iniciación al vocabulario histórico. Barcelona-España. Grupo Editorial Grijalbo,
1980. pp. 214-216.
43 Arcila Farías Eduardo, “El régimen de la propiedad territorial en Hispanoamérica”… p. 16.
44 Bruno Cayetano, El derecho público de la Iglesia en Indias. Salamanca. Instituto Raymundo
Peñafort, 1967. p. 96.
45 Ots Capdequí José María, Historia del derecho español en América y del derecho Indiano.
Madrid. (Biblioteca Jurídica Aguilar) Editorial Aguilar, 1968. p. 230.
46 Solano, E., “La tenencia de tierra en Hispanoamérica proceso de larga duración. El tiempo virreinal”.
En, Revista de Indias. Vol. XLIII, Nº 171. p. 13; De la Torre Ruiz Rosa Alicia de la, “Composiciones
de tierras en la Alcaldía Mayor de Sayula, 1692.1754. Un estudio de caso sobre el funcionamiento
del Juzgado Privativo de Tierras”. En, Letras Históricas. Nº 6, primavera verano 2012. p. 48.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 47

espacios donde habían sido favorecidos con la entrega de predios, privile-


giando las condiciones tanto de uso y tenencia como las de propiedad47.
Con esos objetivos, la Corona española se desarrolló el proceso de pri-
vatización del suelo en las tierras cálidas y húmedas ubicadas en el sur del
Lago de Maracaibo, en particular de los valles de Tucaní, Castro o San
Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures, que tuvieron favo-
rables incentivos para ser ocupados, debido a sus especiales características
edáficas, topográficas, hidrográficas y climáticas propicias para desarrollar
numerosos cultivos, pero en particular la del cacao, fruto autóctono de
aquellas sabanas48.
El proceso de apropiación del suelo en Hispanoamérica colonial ha
suscitado el interés de numerosos investigadores, cuyos estudios se han
centrado básicamente en la revisión de los instrumentos legales que po-
sibilitaron la entrega de los predios a los indianos, como premio a los es-
fuerzos de los colonos y como apoyo a los conquistadores para alcanzar el
preciado objetivo de radicar la población, y afianzar el dominio ibérico en
el Nuevo Mundo49.
A diferencia de esa perspectiva, otros especialistas han revisado los cor-
pus legales que fueron proveídos por la Corona hispánica, destinados a
reglamentar las figuras jurídicas que posibilitaron la apropiación del sue-
lo, como se detalla en el Cedulario de Tierras publicado por Francisco de
Solano, que incluye las disposiciones y su aplicación para la adjudicación
del suelo en la Nueva España, además el mismo autor realiza un análisis
puntual sobre la actuación de los jueces de tierras50. De igual forma, otros
autores se han propuesto explicar el funcionamiento de las composiciones
47 Mariluz Urquijo José María, El régimen de la tierra en el derecho indiano… pp. 38-39; Samu-
dio A. Edda O., Las haciendas del Colegio San Francisco Javier de la Compañía de Jesús en
Mérida. 1628 -1767. Caracas. Universidad de Los Andes. Editorial Arte, 1985. p. 9.
48 Ramírez Méndez, Luis Alberto, “El cultivo del cacao venezolano a partir de Maruma”... pp. 69-
101; Reyes Humberto y Capriles de Reyes Lilian, El cacao en Venezuela. Moderna tecnología
para su cultivo... pp. 56.-58.
49 Al respecto se pueden revisar los trabajos de Mariluz Urquijo José María, El régimen de la tierra
en el derecho indiano… pp. 1-55; Ots Capdequí José María, Historia del derecho español en
América y del derecho Indiano... pp. 230-254.
50 De Solano, Francisco, Cedulario de tierras. Compilación de legislación agraria colonial (1497-
1820). México. Universidad Nacional Autónoma de México, 1991. De Solano, Francisco, El
juez de tierras y la Superintendencia del beneficio y composición de Tierras. Anuario histórico
jurídico ecuatoriano. Quito, Separata del volumen 6. 1980.
48 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

en México circunscritos en las jurisdicciones provinciales como son los ca-


sos de María Cristina Torales Pacheco en Cholula51; Ramón Alonso Pérez
Escutia, en Michoacán52; Roberto Vélez Pliego, en Tehuacán53; Gilberto
López Castillo, en Culiacán y Chiametla54; Brian R. Hamnett sobre Tlax-
cala55; y Rosa Alicia de la Torre Ruiz, en la Alcaldía Mayor de Sayula56.
Otros historiadores han centrado sus investigaciones en determinar las
relaciones entre la apropiación del suelo, la expansión, crecimiento de la
población y de las fronteras tanto humanas como agrarias. Esta ha sido la
óptica predominante en los análisis realizados sobre las provincias argen-
tinas, como la desarrollada por Shaller, quien examina la expansión del
asentamiento humano en Corrientes57; de la misma forma lo hace Carlos
Luque Colombres sobre Tucumán58 y Judith Farberman sobre los llanos
de La Rioja59. A diferencia de los anteriores estudiosos, en Venezuela se
halla el trabajo pionero de Eduardo Arcila Farías sobre la evolución de la
tipología de la propiedad territorial en Hispanoamérica60, mientras Fe-
51 Torales Pacheco, Cristina. “A Note of the composiciones de tierra in the jurisdiction of Cholula, Pue-
bla (1591-1757)”. En, The Indian Community of Colonial Mexico, Fifteen Essays on Land Tenure,
Corporate Organizations, Ideology and Village Politics, Amsterdam, Editado por Arij Ouweneel y
Simón Miller, Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario, 1991. pp. 87-102.
52 Pérez Escutia, Ramón Alonso. “Composiciones de tierras en la Provincia de Michoacán en los
siglos XVII y XVIII”. En, Tzintzun. Vol. 12, 1990. pp. 5-22.
53 Vélez Pliego, Roberto, “Las composiciones de tierra y agua en la ciudad de Tehuacán y su pro-
vincia en 1643”. En, Origen y evolución de la hacienda en México, siglos XVI al XX. Memorias
del simposio realizado del 27 al 30 de septiembre de 1989. Toluca. Editado por María Teresa
Jarquín. El Colegio Mexiquense-Universidad Iberoamericana - INAH, 1990. pp. 70-80.
54 López Castillo Gilberto, “Composiciones de tierra en un ‘país lejano’, Culiacán y Chiametla,
1691-1790. Actores sociales y mecanismos institucionales”. En, Región y Sociedad. Vol. XXI,
Nº 48, 2010. pp. 243-282.
55 Hamnett Brian R., Obstáculos a la política agraria del despotismo ilustrado. Disponible en,
[Link]
[Link]
56 De la Torre Ruiz Rosa Alicia, “Composiciones de tierras en la alcaldía mayor de Sayula,
1692.1754… p. 45-69.
57 Shaller Enrique César, “El proceso de distribución de la tierra en la provincia de Corrientes
(1558-1895)”. En, Anuario de CENH. Nº 1, Año 1, 2001. pp. 129-186.
58 Luque Colombres, Carlos, La real instrucción de 1754 su aplicación en Córdoba del
Tucumán. Disponible desde: [Link]
viewFile/25001/26352
59 Farberman, Judith, “El “país indiviso”. Derechos de propiedad y relaciones sociales en los llanos
de La Rioja. Siglos XVIII y XIX”. En, Anuario de Estudios Americanos. Vol. 70, Nº 2, julio diciem-
bre, 2013. pp. 607-640.
60 Arcila Farías Eduardo, “El régimen de la propiedad territorial en Hispanoamérica”… T. 1. pp. 10-49.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 49

derico Brito Figueroa61 y José G. Madriz62 determinan la relación entre el


número de esclavos y su incidencia en la apropiación de los predios y de
Luis Ramírez Méndez sobre la propiedad privada del suelo en el sur de
Lago de Maracaibo, durante los siglos XVI-XVII63 que analiza el proceso
de apropiación y movilización del mismo.
Sin embargo, las tesis expuestas han obviado aspectos fundamentales,
como la mesura, distribución y ubicación de los terrazgos, y además algu-
nos autores han considerado de manera errónea que la mayoría de las po-
sesiones asignadas se convirtieron en latifundios, lo cual demuestra en al-
gunos casos la carencia de investigaciones sistemáticas sobre la evolución
del proceso de apropiación del suelo en algunas regiones de Hispanoamé-
rica colonial. En vista de esas consideraciones, en el presente capítulo se
analiza el proceso de apropiación del suelo en los valles de Tucaní, Castro
o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures durante los
siglos XVI al XVIII, en particular sobre la cuantía de propiedades asig-
nadas, su ubicación y extensión, en concreto desde dos perspectivas: las
dimensiones de las concesiones cedidas, su localización y posterior movi-
lización, evaluando su concentración y fraccionamiento.
En ese sentido, es necesario puntualizar las profundas diferencias que
determinaron los procesos de apropiación del suelo en Hispanoamérica,
en particular lo ocurrido en las Antillas, Nueva España64 y el Perú65, cuyos
espacios estaban densamente poblados y cultivados66. Por esas razones, la
61 Brito Figueroa, Federico, El problema tierra y esclavos en la historia de Venezuela. Caracas.
Talleres Gráficos Mersifrica. Asamblea Legislativa del Estado Aragua, 1973.
62 Madriz B. José G., “Propiedad territorial agraria y mano de obra esclavizada en la jurisdicción
de Coro, último tercio del siglo XVI- Siglo XVIII”. En, Revista Mañongo. Nº 35, Vol. XVIII, julio-di-
ciembre 2010. pp. 81-113.
63 Ramírez Méndez Luis Alberto, “La evolución de la propiedad privada del suelo en el sur del Lago
de Maracaibo- Venezuela. (Siglos XVI-XVII)”... pp. 279-314.
64 Taylor, William B., Landlord and Peasant in Colonial Oaxaca. Stanford, California. Stanford Uni-
versity Press, 1972; Castro Gutiérrez, Felipe, Los tarascos y el imperio español 1600-1740.
México. Universidad Nacional Autónoma de México-Universidad Michoacana de San Nicolás
de Hidalgo, 2004.
65 Glave Luis Manuel, “Propiedad de la tierra, agricultura y comercio 1570-1700. El gran despojo”.
En, Contreras Carlos (eds.), Compendio de historia económica del Perú. Economía del período
colonial temprano. Lima. Banco Central del Perú - Instituto de Estudios Peruanos, 2009. Vol. 2.
pp. 313-446. Schjellerup, Inge R., Incas y españoles en la conquista de los chachapoya. Lima.
Institut Français d’Études Andines-Pontificia Universidad Católica del Perú. 2005.
66 Riley C. Michel, “El prototipo de la hacienda en el centro de México. Un caso del siglo XVI”.
50 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

instauración del nuevo orden hispánico ocasionó serios conflictos entre


los invasores ibéricos con las poblaciones autóctonas, a diferencia de esas
traumáticas experiencias, en la Nueva Granada67 y en especial en los valles
de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bo-
bures, en cuyas áreas la ocupación territorial se definió por el avance de los
hispanos sobre extensas zonas deshabitadas, con escasos núcleos de pobla-
dos y aborígenes trashumantes. Por esas razones, los naturales fueron en
progresivamente desplazados, y en algunos lugares fueron exterminados,
dejando desocupadas y disponibles grandes extensiones de suelo que fue-
ron adjudicadas a los peninsulares68.
De acuerdo con las disposiciones reales, el primigenio reparto de tie-
rras fue realizado por los adelantados, fundadores y primeros pobladores.
Después de conformadas las primeras urbes hispanas, esa prerrogativa fue
asumida por los cabildos, en su mayoría integrados por encomenderos.
En tal virtud, las concesiones fueron concedidas en conformidad con las
respectivas ordenanzas, las cuales preceptuaron la entrega de tierras en
proporción al caudal aportado por cada expedicionario en la empresa de
conquista, tanto en solares como tierras de pasto y labor.
El procedimiento para obtener una merced hasta su definitiva lega-
lización comprendió diferentes etapas. El primero, fue la ocupación y
usufructo del suelo; luego, el ocupante comparecía ante el cabildo o el
gobernador, alegando entre otras razones, su permanencia en la parcela,
sus méritos o los de sus familiares69, su condición de vecino70, se detalla-
En, Florescano Enrique (Comp.), Haciendas, latifundios y plantaciones en América Latina.
México. SIAP-CLAPSO. Siglo XXI Editores, 1979. pp. 49-69.
67 Colmenares, Germán, Historia económica y social de Colombia. 1537-1719. Medellín. Edito-
rial Lealón, 1978. pp. 191-192. Herrera Ángel, Martha, Poder local, población y ordenamiento
territorial en la Nueva Granada. Siglo XVIII. Bogotá. Ediciones del Archivo General de la Na-
ción, 1996. p. 38.
68 Ramírez Méndez Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su mis-
ma sangre. La frontera indígena. Maracaibo. Universidad Nacional Experimental Rafael María
Baralt, 2015. Disponible en [Link]/profile/Luis_Alberto_Ramirez_Méndez
69 En una petición elevada por el capitán Juan Pérez Cerrada, alegó: “... ser los dichos mys hijos
beneméritos, así por lo que el capitán Fernando Cerrada, mi padre sirvió a su majestad e yo
por mi parte...”. BNBFC. Cabildo Mercedes de Tierra. Caja 11, Doc. 1. Merced otorgada por
el Cabildo, Justicia y Regimiento de San Antonio de Gibraltar a Agustín, Mariana y Juan Pérez
Cerrada. San Antonio de Gibraltar, 15 de junio de 1618. f. 32r-v.
70 La condición de vecino, se usa como sinónimo de encomendero, pero la legislación declara
terminantemente en la cédula de 21- IV –1554, dada para Chile que son vecinos todos los que
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 51

ban los linderos que delimitaban el dominio que se aspiraba a apropiar y


se suplicaba la emisión del título.
A continuación, los ediles revisaban la petición, evaluando si los terraz-
gos solicitados estaban ocupados o apropiados por un tercero. En el caso de
la ausencia de objeciones se procedía a la aprobación de la solicitud, y luego
se emitían los documentos respectivos, registrados en el libro de mercedes
de la jurisdicción. Después, los beneficiarios de las cesiones, se comprome-
tían a mantener sus casas y haciendas, consolidando de esa forma los cimien-
tos para el desarrollo económico del vecindario, mediante la continuidad en
la labranza de los campos, la expansión de los cultivos y la cría de animales71.
Al mismo tiempo que la Corona autorizó el repartimiento de tierras,
estableció los mecanismos necesarios para impedir la conformación de
extensos latifundios en América, reafirmando su función contralora en la
asignación de la propiedad72. Con tal fin, los soberanos diferenciaron la
adjudicación del uso u ocupación del suelo, reservándose para sí la entrega
definitiva de los títulos de propiedad. Por ello, se instruyó a los adelanta-
dos que tenían la potestad de “repartir” tierras a sus acompañantes; pero
la cesión del pleno dominio sólo se alcanzaría cuando se comprobara la
permanencia efectiva de los beneficiarios en los predios asignados, y que el
suelo estuviera cultivado. Después de cumplidos esos requisitos, el sobera-
no concedería los títulos de “gracia o merced”73, que acreditaban en forma
definitiva, la propiedad privada sobre el suelo.
tienen casa poblada en las ciudades. Dentro del vecindario se distinguen inicialmente los enco-
menderos, el resto son denominados moradores. Los primeros tienen un conjunto de privilegios
y deberes, son una clase económica dotada de servicios y rentas a cambio de ciertas funciones,
doctrina y defensa. Góngora Mario, El Estado en el derecho Indiano. Época de la fundación
1492-1570. Santiago de Chile. Universidad de Santiago de Chile, 1951. pp. 180-181.
71 Mayorga Fernando, “La propiedad de la tierra en la colonia. Mercedes composición de títu-
los y resguardos indígenas”. En, Revista Credencial Histórica. Edición 149, mayo de 2002,
p. 1. Disponible desde, http,//[Link]/blaavirtual/revistas/credencial/
mayo2002/[Link]
72 Konetzke Richard, América Latina. La época colonial I. México, Siglo XXI editores, 1977. pp. 43-44.
73 La merced fue el título originario de adquisición de la tierra en Hispanoamérica, facultad que
ostentó el Cabildo hasta que cautelosamente la Corona, concedió esa atribución a sus repre-
sentantes en los territorios de ultramar, Virreyes, Audiencias y Gobernadores. A pesar de esta
disposición, las ciudades no sólo tuvieron la atribución de acceder a mercedes de tierras urba-
nas y sub-urbanas, sino que muchos cabildos continuaron mercedando tierras en el área rural
del distrito, hasta entrado el siglo XVIII.” Samudio A. Edda O., Las haciendas del Colegio San
Francisco Javier... pp. 9-10; Konetzke Richard, América Latina. La época colonial II…. p. 40.
52 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

De acuerdo con las ordenanzas de 1572, se estableció la “merced” como


documento esencial para la adquisición del dominio privado de las tierras.
A partir de esa fecha, las “mercedes” acreditaron jurídicamente la propie-
dad privada de los “repartimientos” otorgados por los jefes expediciona-
rios a sus seguidores74. Al mismo tiempo que se cumplió con el proceso de
entrega de las primeras concesiones por los adelantados, conquistadores y
primeros pobladores, también se confirieron las reales cédulas de “gracia
o merced” con carácter individual, que junto con las “capitulaciones y re-
partimientos” fueron los títulos originarios para la adquisición del domi-
nio privado de las tierras en América75.
Durante las primeras décadas del siglo XVI, las “mercedes” fueron asigna-
das de forma excesiva por el soberano, debido al desconocimiento de la exacta
extensión territorial en el Nuevo Mundo. Por ello, cuando se tuvo un conoci-
miento más preciso de las dimensiones del suelo americano, las cesiones se hi-
cieron más discretas y menos frecuentes76. En tal virtud, se restringieron las ex-
tensiones susceptibles de ser adjudicadas a los nuevos pobladores, limitándolas
al máximo de cinco peonías o tres caballerías, que entonces eran las unidades
de mesura para la superficie. Durante la etapa insular, la peonía77 se ajustó al “...
espacio de tierra donde se podían plantar mil pequeños montones para el culti-
vo… que sirviera de base para la alimentación tanto de los aborígenes como de
los españoles... mientras que una caballería equivalía a dos peonías...”78.
Con el avance de los peninsulares en el interior del continente, se mo-
dificaron aquellas mesuras. Tales reformas se debieron, por una parte a la
74 “Los repartimientos de tierras se refieren a la posesión de la tierra; pero no a la jurisdicción sobre
ellas. Es decir, sobre los indios vecinos los propietarios de tierras no tienen absolutamente ningún
derecho, ninguna jurisdicción; la jurisdicción o derechos sobre los indios se obtienen mediante
otras instituciones, que es la encomienda. Fueron los cabildos a quienes se les concedió la facul-
tad de repartir tierras, para hacer mercedes de tierras, y se les prohibió conceder encomiendas
de indios. Por el contrario a los virreyes, presidentes, gobernadores y audiencias que tenían la
facultad para encomendar indios y se les prohibió hacer repartos de tierras, el repartimiento era
a perpetuidad mientras que la encomienda podía estar sometida a muchas variables”. Mieres
Antonio, Historia de Venezuela. Documentos adjuntos. Caracas. s/e, 1988. pp. 98-99.
75 Ots Capdequí José María, Historia del derecho español en América y del derecho Indiano…
p. 234. Konetzke Richard, América Latina. La época colonial II…. p. 41.
76 Samudio A. Edda O., Las haciendas del Colegio San Francisco Javier... p. 11.
77 La peonía era la extensión de tierra que “… en las guerras de la Reconquista española se ad-
judicaba a los infantes o peones que querían asentarse en la tierra conquistada…”. Konetzke
Richard, América Latina. La época colonial II…. p. 40.
78 Ots Capdequí José María, Historia del derecho español en América y del derecho Indiano… p. 232.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 53

necesidad de superficies, cada vez mayores, destinadas a la producción de co-


mestibles para alimentar a la creciente población blanca que arribaba al Nue-
vo Mundo, circunstancia que coincidió con el sometimiento de las culturas
mesoamericanas prehispánicas, productoras extensivas de maíz. Por otro
lado, también se precisó repartir mayores extensiones para respaldar a nuevos
pobladores hispánicos destinados a sus viviendas y a los nuevos sembradíos
debido a la incorporación y expansión de los cultivos introducidos por los
españoles. Por esas razones, se redimensionaron las peonías y caballerías asig-
nándoles un sentido económico-patrimonial79, honrando la calidad social80 y
las posibilidades económicas correspondientes a cada agraciado.
Debido a esas consideraciones, se determinó el ensanchamiento del
área de una peonía en: “...un solar de cincuenta pies de ancho y ciento
de largo; cien hanegadas de tierras de labor, de trigo o cebada; diez de
maíz, dos huebras de tierra para huerta y ocho para plantar otros árboles
de secadal; tierra de pasto para diez puercas de vientre, veinte vacas, cin-
co yeguas, cien ovejas y veinte cabras”81. Asimismo, se redimensionó la
caballería equivaliéndola a: “...un solar para casa de cien pies de ancho y
doscientos de largo, y de todo lo demás como cinco peonías...”82.
Es necesario precisar que esas superficies no tuvieron una aplicación
uniforme en el Nuevo Mundo. Por el contrario, las medidas se diferen-

79 A pesar de las rígidas prohibiciones de la Corona los colonizadores españoles en México “...
adquirieron propiedades pueblos y territorios de modo muy poco legales y a veces por apro-
piaciones violentas de todo tipo. Con frecuencia “persuadían” los encomenderos a sus indios
de que les dieran tierras en lugar de tributos y que les vendieran (en realidad intercambiaran)
parcelas por mercancías que podrían emplearse en el pago de tributos. En algunos casos los
encomenderos ocuparon propiedades privadas o “del cargo” de los dirigentes indios depuestos,
incapacitados o rebeldes. La mayor parte de las tierras tomadas en ese apoderamiento ilegal
fueron reconocidas como propiedad legal de sus poseedores españoles...”. Riley C. Michel, El
prototipo de la hacienda en el centro de México. Un caso en el siglo XVI. En, Florescano En-
rique (Comp.), Haciendas, plantaciones y latifundios en América Latina. México. SIAP-CLAP-
SO. Siglo XXI Editores, 1979. p. 56.
80 La calidad social de un habitante de Indias se definió en: “... términos raciales y en muchas
ocasiones ésta fue el reflejo de la reputación en su totalidad. En ella intervinieron elementos
étnicos y sociales, como color, ocupación y riqueza, la pureza de sangre, honor e integridad y
en algunos casos el sitio de origen...”. McCaa, Robert, “Calidad, Class and Marriage in Colonial
Mexico, The Case of the Parral 1788-902”. En, Hispanic American Historical Review. Vol. 64,
Nº 3, august 1984. p. 477
81 Ots Capdequí José María, Historia del derecho español en América y del derecho Indiano… p. 233.
82 Ots Capdequí José María, Historia del derecho español en América y del derecho Indiano… p. 233.
54 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

ciaron así como las unidades de superficie instituidas en cada provincia,


que variaron lícitamente, debido a la tradición jurídica local y a las dis-
posiciones reales emitidas al respecto desde la metrópoli83. Esas varian-
tes también fueron motivadas por la diversidad topográfica y climática
de los nuevos territorios. Debido a esas circunstancias, se modificaron las
magnitudes de las extensiones del suelo mercedado. Entre otros casos, el
cabildo de Caracas adjudicaba títulos en fanegadas, mientras los ayunta-
mientos de las ciudades de México, Santa Fe de Bogotá, Tunja y Mérida
fueron comunes las concesiones en caballerías y estancias84.
Otra significativa característica de las concesiones sobre tierras baldías
o realengas en la sociedad colonial temprana fue su carácter gratuito y no
oneroso, debido a que éstas se percibieron como parte de la recompensa
a los participantes en las empresas de conquista, privilegiando el pobla-
miento y cultivo de los extensos dominios; por tanto, la Corona no perci-
bía ningún rendimiento fiscal por sus regalías sobre las tierras adjudicadas
a los colonos en las Indias. Aquella percepción se modificó trascenden-
talmente a finales del siglo XVI, motivado por el progresivo avance del
proceso de conquista y colonización. El asentamiento de grupos ibéricos
motivó el mejoramiento de las tierras con la dotación de infraestructura,
ocasionando la apreciación del suelo e incentivando las expectativas en el
incremento de su valor de cambio, expresado en transacciones comercia-
les como ventas, trueques, hipotecas y transferencias, en particular para
aquellas fincas adyacentes a los caminos y situadas en las inmediaciones
de ciudades o villas.
Ese incremento en el valor del suelo, motivó a que las autoridades
imperiales revisaran la política hispánica para la adjudicación de la pro-
piedad del suelo, cerciorándose que a través de su transferencia se podía
obtener elevados rendimientos fiscales y recursos monetarios, siempre re-
queridos por las arcas imperiales85. En respuesta a esa situación, a partir de
1591, la Corona española tomó la trascendental decisión de prohibir la
concesión gratuita de nuevas mercedes, y estableció la venta de tierras bal-
83 Mariluz Urquijo José María, El régimen de la tierra en el derecho indiano… pp. 40-47; Amodio
Emanuele, La tierra de los caribes. Caracas. FACES. UCV, 2005. pp. 24-25.
84 Samudio A. Edda O., Las haciendas del Colegio San Francisco Javier... p. 11.
85 Vicens Vives J., Historia social y económica de España y América. Volumen III. Los Austrias. Imperio
español en América. Barcelona-España. (Libros Vicens Bolsillo, 3) Editorial Vicens Vives, 1977. p. 465.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 55

días y realengas en subasta pública al mejor postor86, lo que determinó la


enajenación de extensas propiedades ejecutadas a través de las autoridades
reales en Hispanoamérica.
A partir de ese año, la asignación de dominios debió realizarse con la
aprobación de los cabildos, en presencia del procurador de los núcleos
urbanos y con equidad. La validez de los títulos fue convenida bajo tres
condiciones: cuando no perjudicaran el derecho real, o fueran tierras
pertenecientes a los indígenas, o de terceras personas que pudiesen de-
mostrar su propiedad y legítimo derecho y, primordialmente, acudir a
su composición cancelando los respectivos impuestos87. Con esas pro-
videncias, el dominio de la tierra transformó su tradicional concepción
gratuita, no onerosa, para convertirse en un objeto de especulación in-
mobiliaria88.
Como resultado de tan significativas disposiciones se instruyó a las
autoridades para iniciar la revisión de los títulos de propiedad, hasta en-
tonces entregados, comprobando su legitimidad y verificando que los
linderos de los predios, contenidos en las escrituras se ajustasen a los usu-
fructuados por los poseedores. En aquellos casos que se detectaran irregu-
laridades, se preceptuó la restitución de las tierras al Estado español, para
que sus funcionarios, virreyes, audiencias y gobernadores, procediesen a
su legítima enajenación.
A esos trámites se les denominó “composición de tierras”89, cuya pro-
86 Vicens Vives J., Historia social y económica de España y América. Volumen III… p. 466. y
Solano E., “La tenencia de tierra en Hispanoamérica proceso de larga duración. El tiempo virrei-
nal”… pp. 17-18; Konetzke Richard, América Latina. La época colonial II…. pp. 41-42.
87 Recopilación de Leyes de Indias. Lib. IV Ley VII. Tit. XII; Domínguez Company, Francisco “Partici-
pación activa de los cabildos hispanoamericanos en el reparto de tierras y solares”. En, Memoria del
Primer Congreso Venezolano de Historia. Caracas. Academia Nacional de la Historia, 1970. T. I. p.
227. Brito Figueroa Federico, El problema de la tierra y los esclavos en la Historia de Venezuela...
pp. 30-31; Villamarín Juan A., “Haciendas en la sabana de Bogotá Colombia en la época colonial.
1539-1810”. En, Florescano Enrique (coord.), (Comp.), Haciendas, latifundios y plantaciones en
América Latina. México. SIAP-CLAPSO. Siglo XXI Editores, 1979. pp. 330-333.
88 Konetzke Richard, América Latina. La época colonial II…. p. 41; Samudio A. Edda O., Las
haciendas del Colegio San Francisco Javier… p. 11; De la Torre Ruiz Rosa Alicia, “Composi-
ciones de tierras en la alcaldía mayor de Sayula, 1692.1754… pp. 51-52.
89 Para Ots y Capdequí la “composición” de las tierras baldías o realengas tanto en el derecho
histórico español como en el derecho propiamente indiano fue “…una figura jurídica por la cual
en determinadas circunstancias, una situación de hecho producida al margen o en contra del
derecho podía convertirse en una situación de derecho mediante el pago al fisco de una cierta
56 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

cedimiento se aplicó con exigencia a los terratenientes para presentar los


despachos que les acreditasen como tales. Cuando fue imposible corro-
borar la propiedad, se procedió a resolver la trasgresión mediante dos
formalismos sucesivos: primero, se reincorporaban las tierras que esta-
ban bajo ocupación ilegal de particulares al patrimonio de la Corona
y segundo, se otorgaba el título de propiedad mediante el pago de una
cantidad de dinero, proporcional a la extensión de las tierras someti-
das a composición. Precisamente, la figura jurídica de la “composición”
constituyó una venta del Estado español de Indias y la legalización de las
tierras ocupadas.
Esas actuaciones, ocasionaron incertidumbre entre los dueños y usu-
fructuarios de tierras, motivada por la incapacidad de presentar sus títu-
los debido a diferentes razones, entre otras, el extravío de los registros, la
inexistencia de los mismos o bien por haberse excedido ocupando exten-
siones más allá de los linderos asignados. Esas circunstancias, motivaron el
surgimiento de los “reales amparos”, como una exigencia de los poseedores
ilegítimos debido a su necesidad de demostrar la ocupación de los suelos.
En estricto sentido, el Real Amparo no fue un título de propiedad, sólo
cubría el hecho de uso, mas no el dominio, ya que esto solo podía con-
cederse cuando la posesión era cultivada o poblada durante un lapso no
menor tres meses90, lo que constituyó el primer paso para la composición
y la obtención del certificado de propiedad.
Otra de las formas jurídicas admitidas por la Corona para la adjudi-
cación de tierras realengas fue la concesión a título de “censo al quitar”,
pues se estableció en la Recopilación de las Leyes de los Reinos de Indias,
promulgada en 1680, que todas las tierras que estuviesen en composición
se otorgaran al mejor postor a título de “censo al quitar”. A pesar de esto,
Ots y Capdequí afirma que lo usual fue efectuar los remates de tierras, y
cantidad”. Este sistema fue aplicado en Hispanoamérica por diferentes situaciones, por una
especie de multa como por ejemplo cuando un extranjero entraba a los dominios de España
sin su autorización y prefería componerse antes de ser expulsado, cuando los Cabildos hicieron
uso de tierras baldías o realengas sin justo título, o cuando otros que con título ocuparon más de
lo que les correspondía. Así, la composición no fue un nuevo título, pero sí fue un acto jurídico
en el cual una posesión podía convertirse en dominio, pues mediante ella se obtenía el título
correspondiente. Ots Capdequí José María, Historia del derecho español en América y del
derecho Indiano… p. 236.
90 Ots Capdequí José María, Historia del derecho español en América y del derecho Indiano… p. 237.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 57

cuando se cumplían con todas las exigencias, las autoridades adjudicaron


esos terrazgos con “títulos de dueños” y no como simple “censuarios”, aun-
que el mismo autor expone que también se hicieron remates de baldíos al
“censo al quitar”91.

1.2. LAS CARACTERÍSTICAS DE LA CONCESIÓN DE LA PROPIEDAD PRIVADA


DEL SUELO EN LA NUEVA GRANADA
Durante los dos primeros siglos coloniales, en el territorio neogranadi-
no, el proceso de ocupación fue lento debido a que el objetivo fundamen-
tal de la ciudad colonial hispanoamericana fue establecer la “república de
españoles” y proseguir con la explotación de su contexto rural, relegando
su integración con los nativos. De ese modo, los asentamientos urbanos
estuvieron basados en relaciones de dominio y sujeción, que descansaban
sobre la función militar, cuya incidencia más acentuada se evidenció en
aquellas regiones fronterizas como lo fue Mérida, y en especial la planicie
sur del Lago de Maracaibo92, en cuyas comarcas se careció de una firme
dominación política, cumpliendo de manera inicial el exclusivo rol de
avanzadas militares93.
La ocupación de esos extensos espacios neogranadinos estuvo en di-
recta relación con el proceso de la asignación de la propiedad del suelo.
Como ya se expuso anteriormente, la Corona solo autorizó durante el
proceso de conquista y colonización el repartimiento de tierras como
un premio a los colonos y para garantizar la permanencia de las pobla-
ciones, en especial en aquellas zonas de difícil acceso y asediadas por
indígenas belicosos.
Esas disposiciones reales para el reparto de la propiedad del suelo fue-
ron aplicadas en la Nueva Granada, cuyos primeros repartimientos fueron
realizados por los adelantados a los fundadores y primeros pobladores;

91 El censo puede definirse, en términos generales “…como un derecho real limitativo del dominio,
o sea un derecho que graba un bien de naturaleza inmueble y que limitaba las facultades domini-
cales del dueño de la cosa gravada con diversas obligaciones, según su naturaleza la de pagar un
canon o pensión anual”. Los tipos de censos fueron, enfitéuticos, reservativos y consignativos. Ots
Capdequí José María, Historia del derecho español en América y del derecho Indiano… p. 237.
92 Ramírez Méndez Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su mis-
ma sangre. La frontera indígena… pp. 25-63.
93 Colmenares, Germán, Historia económica y social... pp. 191-192.
58 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

luego esta prerrogativa fue asumida de hecho por los cabildos, en su ma-
yoría integrados por encomenderos. De esa forma, el Cabildo de Santa
Fe de Bogotá, organizado por Gonzalo Jiménez de Quesada, fue la auto-
ridad que transfirió tierras, y continuó haciéndolo hasta finales del siglo
XVI94. Esa manifestación de dominio sobre el territorio conquistado por
los blancos determinó la inmediata intervención de la Real Audiencia de
la Nueva Granada, en protección del derecho real sobre la adjudicación
del suelo, inhibiendo a los capitulares para efectuar tales concesiones a
partir del 30 de septiembre de 155795.
A pesar de ello, los cabildos neogranadinos formados por los podero-
sos encomenderos continuaron asignando tierras, en contravención con
lo dispuesto por los magistrados de la Audiencia. De la misma forma, tan-
to los dueños como los ocupantes ratificaron su dominio absoluto sobre
la tierra, adquirido sin ningún tipo de limitación, sancionándolo como
soberano y autónomo, derivado no sólo como beneficiarios de un acto
jurídico o partícipes de un movimiento mercantil, sino por medio del uso
de las armas e, incluso, exponiendo la vida para lograr la consolidación de
la propiedad sobre un territorio96.
A partir de entonces y hasta 1584, se enfrentaron los ayuntamientos y
la audiencia, en cuyos conflictos se controvertía sobre la prerrogativa del
cabildo para la adjudicación de títulos de propiedad, en los cuales los edi-
les reiteraron su derecho a repartir propiedades, en especial los capitulares
de Tunja (jurisdicción a la que estaba adscrita Mérida) quienes, en 1585,
promulgaron ordenanzas reafirmando el privilegio de otorgar y rehusar
los títulos de tierras en su jurisdicción. En esos mandatos, también se dis-
puso como mesuras válidas las estancias, huertas, solares y cuadras para
conferir tierras en el corregimiento97.
Esa resistencia de los capitulares neogranadinos a la intervención de
los magistrados de la Audiencia destinada a controlar el reparto de tie-
rras, intentaba ocultar la liberalidad con la que se habían repartido los
94 Villamarín Juan A., “Haciendas en la sabana de Bogotá Colombia en la época colonial. 1539-
1810”… p. 330.
95 Arcila Farías Eduardo, “El régimen de la propiedad territorial en Hispanoamérica…p. 14.
96 Arcila Farías Eduardo, “El régimen de la propiedad territorial en Hispanoamérica…p. 14.
97 Villamarín Juan A., “Haciendas en la sabana de Bogotá Colombia en la época colonial. 1539-
1810”…. p. 329.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 59

terrazgos en la Nueva Granada, lo cual era conocido por las autoridades


peninsulares, en lo primordial producto de la adjudicación de tierras
óptimas para labor y cría, concentradas en manos de los privilegiados
encomenderos neogranadinos, quienes habían expandido de forma os-
tensible sus posesiones, más allá de los linderos asignados legalmente.
Asimismo, se había consumado el desalojo de los aborígenes, quienes
fueron desplazados de sus espacios tradicionales por los nuevos propie-
tarios98.
Esa álgida situación determinó la modificación de las políticas hispá-
nicas con respecto a la concesión de propiedades en la Nueva Granada, a
lo que se agregó la sempiterna necesidad de recursos que tenía la Corona
española, para cubrir sus constantes déficits fiscales. Entonces, y al igual
que para el resto de Hispanoamérica, fue recibida la Real Cédula fechada
en 1° de noviembre de 1591, dirigida a don Antonio González, mediante
la cual se exigía a los habitantes de la Nueva Granada presentar sus docu-
mentos de propiedad de “tierras, estancias chacras y caballerías”, y validar
los que con “buenos títulos” las hubiesen obtenido. A diferencia de ello,
en los casos que las tierras hubiesen sido ocupadas de forma ilícita, se res-
tituirían al Estado español99.
De ese modo, se inició en la jurisdicción de aquella presidencia, el sis-
tema de composiciones, mediante el cual se autorizaba a los funcionarios
para revisar los instrumentos de propiedad, y cuando se determinara la
ocupación ilícita de posesiones se procediera a su composición. Esa medi-
da coincidió con la aplicación del impuesto de la alcabala. El acatamiento
a ambas disposiciones fue motivo de fuertes enfrentamientos, en especial
el motín de los encomenderos en contra de las medidas fiscales del Estado
español de Indias100.
Esos conflictos, detuvieron durante esos años la obediencia de aquellas
reales cédulas, y sólo fue a partir de 1594, cuando las autoridades reales
procedieron a la revisión de títulos. Sin embargo, en la aplicación de aque-
98 Liévano Aguirre Indalecio, Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia.
Bogotá. Editorial Tercer Mundo, 1980. Vol. I. pp. 194-195.
99 Liévano Aguirre Indalecio, Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia… p. 195.
100 Liévano Aguirre Indalecio, Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia…
pp. 199-221
60 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

llas medidas se advirtió a las autoridades que procedieran a legitimar el


dominio, sin molestar a sus ocupantes, para que éstos pudieran contribuir
con “un regalo razonable” a las arcas imperiales101. Por tanto, la ejecución
de esas medidas enfrentó heterogéneas situaciones, debido a que la mayo-
ría de las tierras ocupadas carecían de títulos legales. En numerosos casos,
sólo se presentaron las cartas de adjudicación emitidas por los cabildos y
los gobernadores, que estaban sujetas a saneamiento. En otras ocasiones,
sólo existía la ocupación de usufructuarios de facto102.
Ese proceso fue simultáneo con la asignación de tierras de resguardo
a los indígenas en la Nueva Granada, lo que ocasionó otros y más enco-
nados enfrentamientos entre los ocupantes de la tierra y los magistrados
de la Audiencia, básicamente derivados de los peritajes a que fueron so-
metidas las propiedades para avaluarlas y determinar los montos a pagar
por concepto de composiciones. Como resultado de esas diferencias, muy
pocas tierras fueron legalizadas y se obtuvieron irrisorios rendimientos
fiscales por ese concepto103. Después de esos eventos, el presidente Sande
suspendió de manera transitoria el proceso de composiciones en la Nueva
Granada104.
Pero a partir de 1633, la Corona reinició la legalización de títulos de
propiedad, y esta vez no halló oposición. Los cabildos neogranadinos, en
concordancia con la Real Audiencia, asumieron la obligación de pagar
una suma fija por el concepto de composiciones de la totalidad de las tie-
rras comprendidas en los términos jurisdiccionales de cada ayuntamiento.
A ese acuerdo se denominó el “encabezonamiento”, y consistió en el pro-
rrateo entre los propietarios a razón del 2,5% sobre el avalúo de la propie-
dad. Como la composición era extensiva a todo el territorio de su jurisdic-
ción, la municipalidad se reservó el derecho de repartir todos los títulos
de dominio sobre las tierras baldías. A pesar de ello, a partir de esa fecha
los presidentes de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá continuaron

101 Colmenares Germán, Historia económica y social de Colombia 1537-1719. Bogotá. Editorial
La Carreta, 1978. p. 204; Villamarín Juan A., “Haciendas en la sabana de Bogotá Colombia en
la época colonial. 1539-1810”… pp. 330-331.
102 Colmenares Germán, Historia económica y social de Colombia… p. 204.
103 Colmenares Germán, Historia económica y social de Colombia… p. 207.
104 Colmenares Germán, Historia económica y social de Colombia… p. 209.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 61

otorgando títulos de propiedad, sobre los territorios encabezonados105.


Desde entonces, las composiciones se hicieron rutinarias ante las auto-
ridades enviadas por la Real Audiencia, en particular por los visitadores,
quienes con cierta frecuencia eran oidores de las mismas. Concomitante
con esa situación, también se efectuaron remates de tierras al mejor pos-
tor, situación que benefició a aquellos pobladores de otras etnias, como
mulatos, pardos, mestizos, y asimismo, hispanos que no habían logrado
obtener propiedades. Desde aquella época, y durante el todo el período
colonial, las subastas se hicieron habituales, y en ellas se reflejó la inten-
ción arancelaria de la Corona.
Durante las primeras centurias coloniales, los primeros repartimien-
tos de tierras se otorgaron hasta los “términos” o límites fijados por los
capitulares de las ciudades neogranadinas. En esas circunscripciones los
vecinos recibieron solares para edificar sus casas, asimismo huertas, es-
tancias y caballerías para ser cultivadas, para de esa forma alimentar a la
población. Sin duda, el avance sostenido y creciente de los vecindarios y
la ambición de los poderosos encomenderos por apropiarse de mayores
extensiones de suelo determinó que en pocos años fuera rebasado el espa-
cio disponible en las jurisdicciones citadinas, lo que originó la formación
y salida de nuevas expediciones en la búsqueda y conquista de desconoci-
dos territorios. En particular, esa situación fue evidente a partir de 1544,
cuando la ocupación hispánica desde Santa Fe y Tunja106, debió avanzar
hacia el nororiente, cristalizando en las sucesivas fundaciones de Pamplo-
na (1549)107, Mérida (1558), la villa de San Cristóbal108 (1561) y el puerto
de San Antonio de Gibraltar (1592)109; éstas tres últimas conformaron el
Corregimiento y Provincia de Mérida110. (Véase Mapa 2)

105 Colmenares Germán, Historia económica y social de Colombia… pp. 209-210.


106 Pavón Villamizar Silvano, Historia del poblamiento y construcción del espacio hispánico en
Pamplona. Pamplona. Publicación de la Cámara de Comercio de Cúcuta, 1999. pp. 20-24.
107 Acosta Mohalen, José de Jesús (Mr.), Historia de la Iglesia en Pamplona siglos XVI, XVII y XVIII.
Pamplona. Editorial Ideas Litográficas. Universidad de Pamplona, Norte de Santander, 1999.
108 Ferrero Tamayo Aurelio, Juan de Maldonado y Ordóñez. Fundador de San Cristóbal. Buenos
Aires. Imprenta de López Perú, 1960.
109 Ramírez Méndez, Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo y la villa y
puerto de San Antonio de Gibraltar... T. I. pp. 50-65.
110 Donís Ríos, Manuel Alberto, Historia territorial de la Provincia de Mérida de Maracaibo… pp. 38-39.
Mapa 2: El Corregimiento y Provincia del Espíritu Santo de la Grita de Mérida. 1607-1674. 62
LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Fuente: Ramírez Méndez Luis Alberto, La artesanía colonial en Mérida. (1623-1678). p. 3.


LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 63

1.3. LAS CARACTERÍSTICAS DE LA CONCESIÓN DE LA PROPIEDAD DEL SUELO


EN LA PROVINCIA DEL ESPÍRITU SANTO DE LA GRITA DE MÉRIDA Y CIUDAD DE
MARACAIBO
En Mérida, a diferencia de lo ocurrido en otras regiones de la Nueva
Granada, la asignación de la propiedad asumió un comportamiento irre-
gular debido a que Juan Rodríguez Suárez, solo contaba con autorización
para explorar el territorio y “descubrir” las supuestas minas de oro que
existían en las sierras nevadas. En contravención con lo dispuesto, Rodrí-
guez Suárez consumó la ilegal fundación de la ciudad el 9 de octubre de
1558, nombró su primer cabildo, procedió a repartir solares y realizó las
primeras concesiones prediales, las que en lo sucesivo fueron declaradas
írritas, como todo lo actuado por el capitán de la capa roja. Después de
aquellos incidentes, la ocupación hispánica en aquel espacio fue continua-
da por Juan de Maldonado, quien asentó la ciudad de manera definitiva
en la meseta Tatey, y de nuevo procedió a la reasignación de solares y al
reparto de las posesiones rurales111.
En Mérida, a diferencia de la actitud de rebeldía asumida por los cabil-
dos en otras regiones de la Nueva Granada, el proceso de composiciones
fue iniciado en 1594, cuando se comisionó al juez repartidor Juan Gómez
Garzón, quien cumplió con su cometido hasta 1595, con la formal acep-
tación de los propietarios merideños. En la ciudad de los picos nevados, se
logró consolidar las juntas agrimensoras con miembros del ayuntamien-
to quienes midieron y tasaron el valor de las propiedades, ante cuya ins-
tancia se presentaran los títulos. Esos documentos, en su mayoría, habían
sido emitidos por el mismo cabildo y otros por los presidentes de la Real
Audiencia, pero carecían de “confirmación” real. En aquel momento, y
después de haber sometido a peritaje se estimó el valor de las propieda-
des, se cancelaron los impuestos y se procedió a la emisión de los títulos
respectivos.
El proceso de composiciones de la propiedad del suelo no se detuvo
allí. En las sucesivas visitas de los jueces de la Real Audiencia de Santa
Fe al distrito del Corregimiento y sucesiva Provincia del Espíritu Santo
de La Grita de Mérida, se efectuaron las legalizaciones de títulos, como
111 Ramírez Méndez Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. La villa de
San Antonio de Gibraltar… T. I. pp. 40-52.
64 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

ocurrió con las de Antonio Beltrán de Guevara (1600-1602), Alonso


Vázquez de Cisneros (1619-1620) de Modesto de Meller y Diego de
Baños y Sotomayor (1656-1657)112. En particular, durante las de los dos
últimos, se efectuaron composiciones de extensos territorios y realizó el
“encabezonamiento” de las jurisdicciones del Espíritu Santo de La Gri-
ta113, Nuestra Señora de Pedraza114 y Barinas115. De ese modo, la asig-
nación de la propiedad privada evolucionó en dos formas, mientras en
la jurisdicción de Mérida y San Antonio de Gibraltar, las concesiones y
composiciones se hicieron de manera individual, en las jurisdicciones de
La Grita, Barinas y Pedraza, se hicieron de manera colectiva a través del
“encabezonamiento”.

112 “... que lo ha sido el primero Juan Gómez Garzón [1586] por comisión del señor licenciado
Alonso Vásquez de Cisneros oidor y alcalde de corthe de este nuevo reino por los años de mil
seiscientos veinte y el tercero el señor licenciado Don Juan Modesto de Meller asimismo oidor y
alcalde de corthe de este nuevo reino que falleció antes de finalizar dicha comisión y le dio fin
el señor licenciado Diego de Baños y Sotomayor asimismo oidor de la dicha real audiencia...”.
AGEM. Protocolos T. XLV. Exposición de don Francisco Uzcátegui Salido, Procurador General de
Mérida por ante el Ilustre Cabildo de Mérida para ante la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá.
Mérida, 8 de abril de 1722. ff. 150-151.
113 Un caso particular del encabezonamiento ocurrió en la ciudad del Espíritu Santo de La Grita,
cuyo cabildo adquirió las tierras de su jurisdicción en 1657 ante el visitador Diego de Baños y
Sotomayor por 500 pesos. Al respecto véase a: Rojas Moreno Fanny Zulay y Sandoval Macario,
La propiedad territorial en la antigua jurisdicción de La Grita. San Cristóbal. (Colección Albri-
cias Nº 1). Alcaldía del Municipio Jáuregui del Estado Táchira, 2000.
114 Igualmente sucedió en la jurisdicción de Nuestra Señora de Pedraza, en donde el cabildo de aque-
lla ciudad ofreció en 1657, al mismo visitador “ ... servir con dos mil patacones, pagados en tres
años por terçias partes, en que se an de comprender las tierras de la jurisdizión de Pedraza, que
las de labor son pocas, y aunque pareçen dilatadas son ynutiles [...] cuya cantidad asegurará con
la obligación que hará dicho Cavildo, y se a de çeder a éste derecho de composiciones, para que
pueda prorratear entre los interesados poseedores, la dicha cantidad por sus terçios; y junto con lo
referido, a de quedar dicho Cavildo con el derecho de todas las tierras bacas, para poderlas dar a
las personas que quisieren, acudiendo a la composición que se les rateare para el entero de este
serviçio o para propios de esta ciudad, por no tener como no los tiene ninguno...”. AGI. Santa Fe.
Visita del oidor Diego de Baños y Sotomayor a Pedraza. Pedraza, 23 de enero de 1657. ff. 154r.
115 La composición general de las tierras de Barinas fue pactada con el cabildo de la ciudad, con
el aval del gobernador de Mérida, don Tomás Torres de Ayala en 4.000 pesos pagados en dos
partes, una de 2.000 de manera inmediata y los otros 2.000 al año siguiente; los pagos fueron
efectivos como consta en el expediente instruido a petición de Rosa María Garrido, quien solicitó
las tierras de Pagüey alegando una merced de 1662, lo cual fue declarado malicioso por la Real
Audiencia de Santa Fe, determinado como írrito el reclamo porque todas las tierras habían sido
pagadas por el cabildo de esa ciudad llanera. AGNC. Tierras de Venezuela T. I. Litigio de Rosa
María Garrido con el cabildo de la ciudad de Barinas, por las tierras llamadas “Pagüey” en la
parroquia de los Obispos de la Jurisdicción de Barinas. Año de 1769. ff. 697r-738v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 65

A pesar de las cuantiosas rentas obtenidas por la Corona española du-


rante los siglos XVI y XVII con la finalidad de legalizar los títulos de pro-
piedad del suelo, las sempiternas necesidades fiscales del Estado Español
de Indias determinaron la emisión de sucesivas y reiteradas normativas
destinadas a obtener mayores recursos derivados de los impuestos apli-
cados a los vecinos, quienes requerían obtener sus anhelados títulos de
propiedad.
De ese modo, a finales del siglo XVII, y con la finalidad de incrementar
las menguadas rentas reales, la Corona aplicó importantes reformas para
regularizar el régimen de propiedad del suelo, las que en teoría fomen-
taban los cultivos y favorecían la justa distribución de los suelos en sus
dominios, pero en realidad lo que perseguía era lograr mayores ingresos
a la Real Hacienda. Con tales objetivos prevaleció con mayor vigencia la
aplicación de composiciones; sin embargo, el manejo de esa figura quedó
confiada en la administración de personeros especialmente capacitados
para su gestión116. Con ese objetivo, en 1692, durante el reinado de Carlos
II, se creó la Superintendencia del Beneficio y Composición de Tierras,
dependiente del Consejo de Indias, autónoma y desligada de la autori-
dad de virreyes, audiencias y gobernadores, con los expresos propósitos
que procediera a la enajenación de las tierras realengas, la revisión de los
títulos de propiedad del suelo y el fortalecimiento de los ingresos a Real
Hacienda117.
La concesión de esas atribuciones a la superintendencia redujo las fun-
ciones de los virreyes, audiencias y gobernaciones en lo relativo al otorga-
miento de las reales confirmaciones, y sólo se las mantuvo en las decisiones
atinentes sobre pleitos entre las partes por causales de invasión, despojos y
fijación de linderos, siempre que no estuvieran presentes tierras realengas.
De ese modo, el control sobre la apropiación del suelo quedó solo en ma-
nos de la superintendencia, bajo la dirección directa de la Corona y con
fines eminentemente impositivos118.
116 De la Torre Ruz Rosa Alicia, “Composiciones de tierras en la alcaldía mayor de Sayula,
1692.1754… p. 52.
117 De la Torre Ruz Rosa Alicia, “Composiciones de tierras en la alcaldía mayor de Sayula,
1692.1754… p. 53.
118 De la Torre Ruz Rosa Alicia, “Composiciones de tierras en la alcaldía mayor de Sayula,
1692.1754… p. 54.
66 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

En consecuencia y como resultado de esas disposiciones, se ordenó


proceder a la fiscalización del proceso de tenencia del suelo, mediante la
autorización a jueces comisionados con el objetivo de proceder a la vali-
dación de los títulos existentes. Ello se aplicó en toda Hispanoamérica a
principios del siglo XVIII y aunque en la jurisdicción de Mérida, la mayor
parte del suelo, ya había sido entregado en propiedad privada, en espe-
cial de aquellos óptimos terrazgos ubicados en los valles aluviales de la
cordillera y en el sur del lago del Maracaibo, La Grita, Barinas y Pedraza
también se notificó al Ayuntamiento emeritense del envío de los jueces
de comisión con las la finalidad de regularizar la propiedad de terrenos
realengos. Esos intentos fueron rechazados por los procuradores del Ca-
bildo de Mérida en 1688119 y en 1711120. Al igual que en 1722, cuando
Francisco Uzcátegui Salido, también procurador general del Cabildo de
Mérida, dirigió un informe ante el cabildo de la ciudad, para ser elevado
ante la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, con la finalidad de notificar
las condiciones de la propiedad del suelo en la jurisdicción emeritense, e
impedir los inminentes procesos de fiscalización y control ordenados por
la autoridades hispánicas, en cuya comunicación señaló que debía:
“... representar a Vuestra Señoría el no haber en toda esta juris-
dicción tierras algunas realengas pues caso negado que esta juris-
dicción gozase de una lata y útil extensión de tierras ha habido
en los años pasados en distintos tiempos tres visitas y tres jueces
generales despachados por su majestad [...]de cuias repetidas vi-
sitas ha resultado hallarse varios y encontrados títulos y diversos
dueños que alegan derechos sobre una misma posesión de donde
continuamente se ofrecen varios litigios entre los vecinos de esta
dicha ciudad...”121.

119 AGI. Santa Fe, Legajo 202. Información de José García de Ambas procurador general de Méri-
da, Fechas a pedimento de los Procuradores Generales de la ciudad de Mérida en razón de la
pobreza y miserable estado en que se halla toda la provincia con los trabajos y accidentes que
ha padecido. 1688.
120 AGEM. Documentos históricos de la Gobernación. Años 1704, 1705. 1711. Expediente pro-
movido por el procurador don Cristóbal de Gámez y Costilla ante el cabildo de esta ciudad
solicitando se inhibiese de satisfacer los salarios impuestos. Testimonios de las autoridades ecle-
siásticas. 1711.
121 AGEM. Protocolos T. XLV. Exposición de don Francisco Uzcátegui Salido procurador general de
Mérida ante el Ilustre Cabildo de Mérida para ante la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá.
Mérida, 8 de abril de 1722. ff. 150-151.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 67

A pesar de los intentos del cabildo emeritense para impedir la llegada


de los jueces de comisión y proceder a realizar los procesos de fiscaliza-
ción, éstos de forma progresiva continuaron con sus actuaciones durante
el siglo XVIII, desplegando una constante inspección sobre la titularidad
del suelo, en las que en ciertas ocasiones desconocían los derechos de los
propietarios y sus alegaciones, aunque presentaran las composiciones e,
inclusive, se mostraran las papeletas donde demostraban la cancelación de
los derechos reales pagados por los vecinos a otros delegados para obtener
sus derechos de propiedad.
Para los funcionarios reales que actuaban en los territorios en Indias,
la mayor parte del suelo era considerado baldío y, por tanto, se debería
proceder a su debida legalización. Con esa finalidad, fueron acreditados
inspectores que tenían como principal función verificar la autenticidad de
las cartas de propiedad y legalizar las situaciones detectadas como irregu-
lares. Por esas razones, en 1716 se comisionó, a Diego Manuel de Eguiazá-
bal como juez de tierras para toda la provincia, y ante su persona compare-
cieron los propietarios del sur del Lago de Maracaibo para regularizar de
nuevo los títulos de propiedad del suelo, no obstante que en la mayoría de
los casos ya habían sido legalizados y en consecuencia se habían recaudado
los derechos reales122.
Esa inspección fue seguida por la efectuada por don Pedro Antonio
Martínez, juez visitador de tierras para la provincia del Espíritu Santo de
La Grita y ciudad de Maracaibo por delegación de don Josefh de Quin-
tana y Acevedo, juez privativo de tierras del Nuevo Reino de Granada123,
ante cuyo magistrado los propietarios expresaron que aunque habían apo-
derado a don Andrés Machado, Alcalde Ordinario del Cabildo de Ma-
racaibo, a los efectos de presentar sus títulos de propiedad, y debido a la
imprudencia del chasqui que transportaba los pliegos, quien había abierto
el correo y sustraído la documentación que portaba, había sido imposible
lograr las confirmaciones solicitadas124.
122 AGI. Santa Fe, 372. Expediente sobre la aprobación de los procedimientos de Diego Manuel de
Eguizábal, juez compositor de tierras en la provincia de Maracaibo, visto en el Consejo.
123 AGNC. Visitas de Venezuela. SC. 62, 8. Doc. 10. Maracaibo Testimonio de acuerdo sobre tierras
de Gibraltar. Maracaibo, 1 de marzo de 1725. ff. 998r-1001r.
124 AGNC. Visitas de Venezuela. SC. 62, 8. Doc. 10. Maracaibo Testimonio de acuerdo sobre tierras
de Gibraltar. Maracaibo, 1 de marzo de 1725. ff. 998r-1001r.
68 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Debido a la pérdida de esos legajos, los propietarios recurrieron ante el


juez de tierras y aceptaron pagar los respectivos impuestos para obtener las
confirmaciones respectivas. Del mismo modo, los propietarios hacían énfa-
sis en la pobreza que experimentaban producto de las frecuentes crecientes
de los ríos en especial en el valle de Bobures y de los incesantes ataques de los
motilones sobre todo en los valles de Santa María y San Pedro; además de la
distancia que los separaba de Santa Fe de Bogotá, por lo cual estaban impo-
sibilitados de concurrir hasta la misma para cancelar los derechos reales por
las composiciones realizadas, requiriendo que el juez tuviera en cuenta tales
circunstancias para considerar sus respectivos pagos125.
Aunque, en la segunda década del siglo XVIII, se habían cumplido
con las formalidades de la titularidad del suelo en la planicie lacustre ante
varios jueces y visitadores, una nueva disposición real, fechada en 4 de no-
viembre de 1735, ordenó de forma reiterada el saneamiento de los dere-
chos reales, que deberían ser cancelados por la cesión de los terrenos “rea-
lengos” destinados a obtener nuevas exacciones, los cuales tendrían que
ser sufragados por aquellos “ocupantes” que no pudiesen acreditar con
la debida forma la titularidad del suelo que “ocupaban”126. De ese modo,
durante la primera mitad del mencionado siglo, se mantuvo la prerrogati-
va para designar los jueces, bajo cuya discrecionalidad se mensuraban los
predios y se establecían las tasas que deberían ser canceladas.
Esa situación fue modificada en 1754, mediante la emisión de una real
instrucción que modificó aquellas condiciones, al centrar la facultad de la
composición del suelo en los virreyes127. Esa normativa se mantuvo vigen-
te hasta el nuevo mandato emitido el 4 de diciembre de 1786, mediante el
cual se facultaba a los Intendentes de Hacienda, a quienes se les concedió
la autoridad para revisar los títulos de tierras y hacer las concesiones de
tierras desocupadas128. Como resultado de la actuación de la Intendencia
125 AGNC. Visitas de Venezuela. SC. 62, 8. Doc. 10. Maracaibo Testimonio de acuerdo sobre tierras
de Gibraltar. Maracaibo, 1 de marzo de 1725. ff. 998r-1001r.
126 Orozco Wistano Luis, Legislación y jurisprudencia sobre terrenos baldíos. México. Imprenta
Leandro Valle, 1895. T. I. pp. 277-278.
127 Orozco Wistano Luis, Legislación y jurisprudencia sobre terrenos baldíos… pp. 269-276.
128 Orozco Wistano Luis, Legislación y jurisprudencia sobre terrenos baldíos… pp. 277-278;
Hamnett Brian R., Obstáculos a la política agraria del despotismo ilustrad. pp. 56-74. Dispo-
nible desde: [Link]
[Link].
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 69

de Ejército y Real Hacienda de Venezuela, se procedió a cumplir con sus


funciones, y se determinó, entre otras situaciones, que ante la desapari-
ción del recibo de pago del impuesto cancelado por el encabezonamiento
de las tierras en la jurisdicción de La Grita, realizado en 1657, por el cual
se había tasado en 500 pesos, se ordenara a los vecinos de esa ciudad pro-
ceder de inmediato a saldar el impuesto en 1793129.
Por último, y debido a la extensión temporal de la presente investiga-
ción hay que agregar el decreto emitido el 13 de octubre de 1821, por el
Congreso Constituyente de Cúcuta, sobre la enajenación de tierras bal-
días, y la creación de oficinas de agrimesur, por la cual se ordenaba el ena-
jenamiento de cualquier extensión de tierras baldías de la nación, tanto
en las provincias marítimas como en las del interior, exceptuando aquellas
ya asignadas a persona alguna, y las comprendidas en las comunidades in-
dígenas y de los pastos y ejidos130, mediante cuya disposición también se
procedió a legitimar ciertas extensiones en el espacio estudiado.

1.4. MEDIDAS DE SUPERFICIE Y EXTENSIONES DE SUELO CEDIDAS EN PRO-


PIEDAD EN LOS VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO, MOJAJÁN, SAN
ANTONIO, SANTA MARÍA Y BOBURES. SIGLOS XVI-XIX
La propiedad del suelo se concedió en superficies que fueron mesu-
radas aplicando las medidas aprobadas en las regulaciones que validaron
las mismas y que se utilizaron para realizar las transferencias. En ese sen-
tido, las dimensiones empleadas para la entrega de propiedades tuvieron
dos variantes debido al espacio jurisdiccional donde se ubicaran los suelos
concedidos. En el valle de Chimomó y parte de Tucaní o Mucutem, com-
prendido en la jurisdicción de Mérida, las mesuras aplicadas correspon-
dieron a las pautadas por los capitulares de la ciudad, las cuales utilizaron
como unidad métrica a “la cabuya” que tenía una longitud de cien pasos131,

129 Lugo Marmignon Yariesa, El becerro de La Grita. Joya de la memoria. Estudio preliminar y
transcripción documental. San Cristóbal (Venezuela). Editorial Lito-Lila, 1997. pp. 74-75.
130 Ley de 13 de octubre de 1821 sobre tierras baldías y oficinas de agrimesur.
131 “... con la cabuya de a sien pasos...”. AAM. Sección 54 Religiosas. Caja 1. Doc. 54-0004. So-
licitud de la Abadesa Isabel María del Carmen de la adjudicación de bienes que quedaron por
fin y muerte del Capitán Juan de Bohórquez, que fueron asignados al Convento de Santa Clara
en su causa mortuoria. (Contiene copia la asignación de las tierras de resguardo de Acequias
otorgadas por Juan Gómez Garzón en 1594.) Mérida, 12 de marzo 1707. f. 4v.
70 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

equivalentes a setenta metros y cincuenta centímetros132.


En ese sentido, una caballería de tierra se correspondía con una super-
ficie de setenta cabuyas de frente133 por ciento veinte cabuyas de fondo134,
lo que se ajusta a 4.935 metros de frente y 8.460 metros de fondo, equiva-
lentes a 4.175 hectáreas y mil metros. Entre tanto, la estancia de ganado
mayor, se correspondía con una superficie de 30 cabuyas de frente por 50
cabuyas de fondo135, lo que se ajustaba a 2.215 metros de frente por 3.525
metros de fondo, con una extensión de 745 hectáreas. En lo referido a la
estancia de ganado menor, se igualaba a un cuadrilátero de 25 cabuyas por
25 cabuyas136, comprensivos de 1.761,50 metros de frente e igual de fondo
ciñendo una superficie de 310 hectáreas con 6.406 mt2. Por otra parte, la
estancia de pan alcanzaba 7 cabuyas de frente por 13 de fondo137 igual a
un paralelogramo de 493,50 metros de frente por 916,50 metros de fondo
equivalente a 2.293 mts.2 o 45 hectáreas con 2.293 mts2. (Véase tabla 1)
Específicamente, en la jurisdicción de San Antonio de Gibraltar, de la
que dependían parte de los valles de Castro, Tucaní, Mojaján y San An-
tonio la totalidad de los valles de Bobures, San Pedro y Santa María se
validaron las medidas instituidas en Mérida, con excepción de la estancia
132 Febres Cordero Tulio, “Concesiones de tierra en la antigua Gobernación de Mérida”. En, Febres
Cordero Tulio, Obras Completas. Bogotá. Editorial Antares, 1960. T. I. p. 172; Samudio A. Edda
O., Las haciendas del Colegio San Francisco Javier…p. 11.
133 “...Y debe haberse en cuenta que, en la práctica de estas medidas, el frente es tomado por
ancho... por lo tanto el largo es el fondo”. Samudio A. Edda O., Las haciendas del Colegio San
Francisco Javier... p. 12.
134 Samudio A. Edda O., Las haciendas del Colegio San Francisco Javier... p. 12.
135 “... de ganado mayor conforme a la ordenansa de dicha ciudad de Mérida a de tener tres mil
pasos de ancho y sinco mil de largo”. AAM. Sección 54 Religiosas. Caja 1. Doc. 54-0004. So-
licitud de la abadesa Isabel María del Carmen de la adjudicación de bienes que quedaron por
fin y muerte del capitán Juan de Bohórquez, que fueron asignados al Convento de Santa Clara
en su causa mortuoria. (Contiene copia la asignación de las tierras de resguardo de Acequias
otorgadas por Juan Gómez Garzón en 1594.) Mérida, 12 de marzo 1707. f. 4r; Febres Cordero
Tulio, Concesiones de Tierra en la Antigua Gobernación... p. 117.
136 Febres Cordero Tulio, “Concesiones de Tierra en la Antigua Gobernación”… p. 117; Samudio A.
Edda O, Las haciendas del Colegio San Francisco Javier… p. 11.
137 “... estancia y media de pan conforme a la ordenansa de dicha ciudad de Mérida que cada estancia
a de tener setecientos pasos de ancho y mil y trescientos de largo...”. AAM. Sección 54 Religio-
sas. Caja 1. Doc. 54-0004. Solicitud de la abadesa Isabel María del Carmen de la adjudicación
de bienes que quedaron por fin y muerte del capitán Juan de Bohórquez, que fueron asignados
al Convento de Santa Clara en su causa mortuoria. (Contiene copia la asignación de las tierras de
resguardo de Acequias otorgadas por Juan Gómez Garzón en 1594.) Mérida, 12 de marzo 1707. f.
4r; Febres Cordero Tulio, “Concesiones de tierra en la antigua Gobernación... p. 117.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 71

de ganado menor, que en aquella jurisdicción se ajustó a un cuadrilátero


de 30 cabuyas de frente por 30 de fondo, a diferencia de las 25 por 25 que
se habían aplicado en Mérida138. De esa forma, una estancia de ganado
menor en el distrito de San Antonio de Gibraltar comprendía 2.115 me-
tros de frente por 2.115 de fondo, igual a 447 hectáreas con 3.225 mts2.
Asimismo, se precisó que si las medidas no concordaban debido a la to-
pografía del terreno, se ajustaran al mismo, por cuya razón se orientó a
las autoridades portuarias para que las adaptaran a los accidentes de la
topografía.

Tabla 1: Conversión de las medidas de superficie de tierra a hectáreas 1592-1700


Medidas de superficie Hts. +Mts2
Caballerías 4175 +1000
Estancia de ganado mayor 745
Estancia de ganado menor 447 +3.225
Estancia de pan 45 +2.293
Fuente: Febres Cordero Tulio, “Concesiones de tierra en la Antigua Gobernación de Mérida”.
p. 172. BNBFC. Cabildo y Fundación de San Antonio de Gibraltar Caja 9 Doc. 1

En ese sentido, y utilizando las enunciadas medidas de superficie se


procedió al reparto y progresiva adjudicación de los predios rurales. Du-
rante las décadas inmediatas a la fundación de Mérida, los conquistadores,
primeros moradores y pobladores que se avecindaron en la ciudad, reci-
bieron mayores extensiones, en cuanto más destacados fueron sus méritos.
Por esa razón, las concesiones iniciales se realizaron en caballerías, de las
cuales se cedieron 6 en el valle de San Pedro, mientras en Castro se con-
cedieron 7 y en Mojaján; se asignaron 3; para un total de 16 caballerías.
Asimismo, es preciso expresar que hubo adjudicaciones de estancias
138 “ ... Ítem que los solares tengan las medidas y traza que les puso el capitán Piña y las estancias
de pan por la misma orden que el mismo capitán les puso y las estancias de ganado mayor y
menor tengan las de ganado mayor cinco mil pasos de largo y tres mil de ancho como en las de
Mérida y la de ganado menor tres mil pasos en cuadro y si la tierra no diere lugar a tanto en lo
que es páramos se les da comisión al dicho cabildo para que puedan acomodar todo acertando
y abreviando los quales pareciere...”. BNBFC. Documentos Históricos. Sección Manuscritos.
Cabildo, Justicia y Regimiento de la Ciudad de Mérida. Caja 9. Doc. 1. Fundación de San Anto-
nio de Gibraltar. El Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad de Mérida, nombra como justicia
mayor de la villa al capitán Gonzalo de Avendaño y emite las ordenanzas para la población y
organización de la villa. San Antonio de Mérida, 30 de noviembre de 1592. ff. 140v-143v.
72 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

que no expresan su tipología, por tanto es imposible determinar su di-


mensión. De ese tipo, se agraciaron 14 en San Antonio; otras 4 en Santa
María; en el valle de Tucaní, 1; a las que se deben agregar otras 40 en Bo-
bures; mientras en Castro se repartieron 19 y finalmente 18 en Mojaján
para un total de 96 estancias sin expresar su tipo. (Véase tabla 2)

Tabla 2: Denominaciones, de la propiedad del suelo, extensión y ubicación en los valles de


Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures. Siglos XVI-XIX
San Santa
Valle Tucaní Bobures Castro Mojaján Total
Antonio María

Caballería 6 7 3 16

Estancia 14 4 1 40 19 18 96
Estancia de
30 10 6 46
Ganado mayor
Estancia de
5 70 26 8 109
pan
Estancia de
15 15 3 13 63 109
pan coger
Cuadras 1 1

Huertas 1 5 6

Tierras 5 18 11 5 39

sin específicar 2 26 9 57 94

Total 48 20 4 197 150 97 516

Fuente. AGEM Protocolos. T. I- C. Mortuorias. T. I-XX. AGNC. Tierras de Venezuela. T.


I-X. BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. AGNC. Tierras de Venezuela. RPEZ. B-01-
23; AGI. Escribanía 77,6B; AGI. Escribanía de Cámara Legajo 836-c. Visita de Modesto de
Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657.

Del mismo modo, se concedieron 30 estancias de ganado mayor en


Bobures; 10 en Castro; 6 en Mojaján para un total de 46. En la asignación
de la propiedad de suelo mensurado en estancias de pan se transfirieron
5 en San Antonio; 70 en Bobures; 26 en Castro y 8 en Mojaján; para un
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 73

total de 109. En una situación similar, se hallan las estancias de pan coger
de las cuales se cedieron 15 en San Antonio; 15 en Santa María; 3 en
Tucaní; 13 en Bobures y 63 en Castro; para un total de 109. Las denomi-
naciones de huertas y cuadras apenas se mencionan en 6 casos. Por otra
parte, la denominación “tierras” no alude a ninguna medida de superficie
en específico, y sólo conlleva a la existencia de una propiedad, y con la
misma se identifican 39 posesiones. Finalmente, se hallan aquellas de las
se desconoce su extensión o tipología que son referidas en 94 ocasiones.
(Véase tabla 2)

1.5. LAS CARACTERÍSTICAS DEL PROCESO DE ASIGNACIÓN DE LA PROPIEDAD


DEL SUELO EN LOS VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO, MOJAJÁN,
SAN ANTONIO, SANTA MARÍA Y BOBURES
El cabildo emeritense desde 1559, procedió a la concesión de la pro-
piedad del suelo en el sur del Lago de Maracaibo, tierra que para entonces
“... no tenía ninguna estimación, ni balor como son las demás que están
junto a ellas, por ser muchas y no aver quien las quiera, por su maleza y
riesgo...”139. Esas primigenias mercedes fueron efectuadas por el Ayunta-
miento, y posteriormente legitimadas por los presidentes de la Real Au-
diencia de Santa Fe de Bogotá. Las primeras asignaciones se situaron en
las márgenes del río Chama, expandiéndose el radio de las cesiones hasta
el río Capaz, que continuaron en las décadas subsiguientes hasta finalizar
la primera mitad del siglo XVII.
Así se inició la progresiva y creciente trasferencia de propiedad del sue-
lo en la planicie lacustre. Esa situación se modificó en 1592, cuando el
Cabildo de Mérida, autorizó a Gonzalo de Piña Liudueña para la funda-
ción de Gibraltar, y le concedió la potestad de repartir solares y predios
en aquella zona. Al año siguiente, con su deposición, se confió aquella
función en Gonzalo de Avendaño, quien como teniente de justicia mayor
procedió a realizar los respectivos repartimientos. De esa forma, ambos
cabildos distribuyeron el suelo desde 1559, pero los registros datan de
1589140 y 1590, siendo teniente de corregidor y justicia mayor Juan Tru-
139 AGEM. Protocolos. T. VIII. Poder de Juan Pérez Cerrada para solicitar composición de tierras.
Mérida, 23 de enero de 1623. ff. 13v-15v.
140 En la portada reza textualmente: “... Años desde 1569 hasta 1590. Quaderno de barias mer-
74 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

jillo de Sarría. Las adjudicaciones emitidas a partir de 1611 fueron reali-


zadas por los corregidores de Mérida don Juan de Aguilar y Juan Pacheco
de Velazco, y las comprendidas entre 1625 y 1634, por el Gobernador y
Capitán General Juan Pacheco Maldonado. A partir de la última fecha,
por sus sucesores141.
Por ende, la apropiación de tierras en el sur del Lago de Maracaibo,
se cumplió en dos períodos, el primero comprendido entre 1559 y 1592,
previo a la fundación de Gibraltar, y desde 1592 hasta 1700, con el esta-
blecimiento del puerto en la costa sur del Lago de Maracaibo, determi-
nando la instauración de su cabildo; a partir de esa fecha se modificaron
sustancialmente los patrones en la transferencia de propiedad privada, de-
bido a que se mantuvo el dominio de Mérida sobre la totalidad del sur del
lago, pero se admitió la potestad del Ayuntamiento de la villa de Gibraltar
para conceder los títulos de adjudicación del suelo. Por esa razón, la tota-
lidad de la superficie de los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján,
San Antonio, Santa María y Bobures estuvieron desde 1558 y hasta 1592,
regidos por el Cabildo de Mérida, y después de 1592 parte de Castro, Tu-
caní, Mojaján y la totalidad de los valles de San Pedro, San Antonio, Santa
María y Bobures estuvieron bajo la jurisdicción del cabildo de San Anto-
nio de Gibraltar, aunque también hubo algunas concesiones que fueron
emitidas por los capitulares de la Nueva Zamora de Maracaibo, que ulte-
riormente fueron validadas por el Cabildo de Gibraltar. (Véase tabla 3)
De ese modo, durante los siglos XVI y XVII, fueron concedidas 63
mercedes por los cabildos de Mérida o Gibraltar a los emeritenses que
las solicitaron y luego fueron sucesivamente ratificadas por las autorida-
des neogranadinas que procedieron a la adjudicación de la propiedad del
suelo en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio,
Santa María y Bobures. La mayoría de ellas se agraciaron durante la prime-
ra mitad del siglo XVII con 45 mercedes, y durante la segunda mitad de
esa centuria sólo se registraron 15. Luego en el siglo XIX, hubo una cesión
cedes de tierras hechas en esta jurisdicción por el Ylustre Cavildo contuvo según la última
numeración 421 foxas, pero le faltan al principio 272 pues comienza por la 273, faltándole ade-
más la 274...”. BNBFC. Documentos Históricos Sección Manuscritos. Caja 12. Documento 1.
Cabildo. Mercedes de Tierra 1569.
141 BNBFC. Documentos Históricos Sección Manuscritos. Caja 12. Doc. 1. Cabildo. Mercedes de
Tierra 1569 y 1611.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 75

de tierras baldías de acuerdo con la Ley de Baldíos y Agrimesur, aprobado


por el Congreso Constituyente de Cúcuta de 1821. En total hubo 66 títu-
los de propiedad cedidos en el área en estudio. (Véase tabla 3)

Tabla 3: Instrumentos jurídicos para la transferencia de la propiedad del suelo en los


valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures.
Siglos XVI-XIX
Fecha 1 5 5 8 - 1 6 0 0 - 1 6 5 0 - 1 7 0 0 - 1 7 5 0 - 1 8 0 0 - Total
1599 1649 1699 1749 1799 1830

Merced 5 45 15 1 66
Composición 1 9 15 2 27
Compra-venta 12 11 4 27
Traspaso 2 3 5
Dote 5 3 2 1 11
Herencia 1 11 13 2 2 29
Trueque 4 1 5
Donación 6 3 1 10
Se 37 3 40
Total 7 90 67 11 37 8 220

Fuente. AGEM. Protocolos T. I- C. Mortuorias T. I-XX; AGNC. Tierras de Venezuela. T.


I-X; RPEZ. Doc. B-01-23; AGI. Escribanía 77,6B. AGI. Escribanía de Cámara Legajo 836-c.
Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657.

Como resultado del constante proceso de fiscalización y control a que


fueron sometidos los propietarios de los dominios españoles, y en especial
los del sur del Lago de Maracaibo, a través de las sucesivas visitas de los oi-
dores de la Audiencia de Bogotá, como lo fueron Antonio Beltrán de Gue-
vara, Alonso Vásquez de Cisneros y sobre todo Modesto de Meller y Baños
y Sotomayor, y Diego Manuel de Eguizábal, durante el siglo XVIII, se pro-
cedió a la composición de 27 propiedades siendo cancelados los respectivos
impuestos y extendidos los correspondientes certificados. (Véase tabla 3)
En cuanto a los marabinos que obtuvieron propiedades en el área estu-
diada, es preciso indicar que durante la primera mitad del siglo XVI hubo
15 propietarios, de los cuales al menos tres, lograron adquirir los títulos
de propiedad de suelo, mediante adjudicaciones del cabildo neozamora-
76 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

no a través de la otorgación de mercedes de tierra en aquellos territorios


considerados de forma indebida como parte de su jurisdicción, lo cual era
evidentemente errado; pero la ambigüedad de esos hechos, y el desconoci-
miento de las autoridades metropolitanas tanto sobre el territorio asigna-
do, como en el espacio que se dilataba la jurisdicción de la Nueva Zamora,
determinó la persistencia y posterior validación de algunos de esos títulos.
De ese modo, en particular sobre las costas del valle de Santa María, el
Cabildo de la Nueva Zamora concedió propiedades a don Simón Fernán-
dez Carrasquero, autorizadas por el gobernador de Venezuela don Diego
de Osorio, en 1594, situación, que en aquella fecha, era anómala debido
a que todo el territorio, ya había sido declarado como parte de la jurisdic-
ción de Mérida, en atención a las actuaciones que se expondrán en otra
parte del presente estudio142.
De igual forma, también ocurrió en el litoral del valle de Bobures, donde
el Cabildo de la Nueva Zamora, adjudicó en 1626, una merced de tierras a
doña Leonor de Argüelles, extendida a lo largo de dos fanegadas de la costa
y media legua en el fondo143. En ese documento, se expresaba que el predio
cedido lindaba con la propiedad de su hermano Sebastián de Argüelles en la
misma ribera, la cual, tal vez también tuvo las mismas dimensiones. Ahora
bien, los expresados títulos no fueron discutidos o invalidados por las auto-
ridades de Gibraltar y Mérida, aunque en uno de ellos se explicita que era
jurisdicción de la Nueva Zamora. La explicación a esa anormal e ilegal si-
tuación se pudo deber a que el teniente de justicia mayor de Gibraltar desde
1598 y hasta 1600, era don Rodrigo de Argüelles, padre de los agraciados,
quien al parecer con sus actuaciones validó esos títulos, y quien fuera desalo-
142 Véase capítulo 5.
143 RPEZ. B-01-23. 1834. Testimonio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr.
Dn. Juan Francisco Cuvillán y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y
Bobures. Merced de tierra a Leonor de Argüelles. Nueva Zamora de Maracaibo, 26 de febrero
de 1626. ff. 1v-3v; En un interrogatorio realizado en 1761, en la 6ª pregunta se indagaba sobre
las haciendas de Río Seco, de la siguiente forma: “…6 ¿Sí saben que el MYC concedió aquellas
tierra de Río Seco á Doña Leonor de Argüelles, y estando esta ciudad subordinada al gobierno
de Caracas, siendo su gobernador el Señor Capitán Don Luis Fernández de Fuenmayor, en la vi-
sita que hizo de toda la provincia con real facultad, que para ello tubo de su magestad en su real
nombre la compuso?”. Todos los testigos examinados dijeron: “…no sabe y no responde…”.
Interrogatorio que se han de seguir los testigos de esta ciudad por los desmanes causados por
los jesuitas. AGNC. Curas y Obispos. SC21, 2, Doc. 14. Valle de Río Seco, pleito de jesuita por
servidumbre de aguas 1761-1763. Maracaibo, 2 de julio de 1761. f. 348v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 77

jado de su cargo por los desafortunados hechos ocurridos en 1600, a raíz del
sangriento ataque de los quiriquires, en el cual fue secuestrada doña Leonor
y mantenida en cautiverio por 17 años, hasta el que capitán García Varela la
rescató en 1617. Esa infeliz situación podría explicar las razones de la tardía
concesión a doña Leonor, y también el silencio guardado por los ediles de
los cabildos de Mérida y Gibraltar ante tales cesiones.
Aparte de esos excepcionales casos, se ha podido constatar, que la mayo-
ría de los neozamoranos que obtuvieron sus predios, lo hicieron durante la
segunda mitad del siglo XVII, con 40 poseyentes, después que ese territorio
enfrentara las serias crisis motivadas por los sostenidos ataques piratas, los
terremotos de 1673 y 1674, el subsiguiente deslave y los continuados ataques
indígenas, los que sumieron a la planicie lacustre en un estado de postración
económica y social. Ese proceso de transferencia de la propiedad del suelo se
realizó a través de compra-ventas de las haciendas. Mediante ese instrumento,
durante el siglo XVIII, los neozamoranos pudieron adquirir 14 importantes
propiedades en el área estudiada, y l5 durante las primeras décadas del siglo
XIX, en total se movilizaron mediante esa figura jurídica 27 propiedades,
mientras que por traspasos sólo se enajenaron 5. (Véase tabla 4)
En tanto, se entregaron 11 lotes por medio de las dotes, lo que significó
la trasferencia de bienes comprendidos en el patrimonio de la novia. Esas
enajenaciones, se llevaron a cabo al otorgarse las cartas de promisión de
dote, que posibilitaron la cesión de dinero y bienes patrimoniales a la pro-
metida por personas allegadas a ella, en general por los padres, parientes o
amigos. En ese sentido, la dote permitió reforzar la endogamia fomentan-
do una estrategia colectiva a mediano y largo plazo para la concertación y
celebración de matrimonios entre un grupo de familias emparentadas por
lazos de consanguinidad y afinidad, reforzando la pertenencia, exclusivi-
dad y distinción en un sector social144. (Véase tabla 4)
Otra figura jurídica que permitió la adquisición de la propiedad del
suelo fue la herencia, cuya transferencia ocurría cuando el titular de la
posesión fallecía, por tanto le sucedían sus herederos, quienes eran los
144 Ferreiro Juan Pablo, Entre el reclutamiento de afinales y la manipulación patrimonial. Dotes y
arras como articuladores entre parentesco y poder en el Jujuy colonial. En, Siegrist Nora y Mallo
Silvia C. (Compiladoras), Dote matrimonial femenina en territorios de la actual Argentina desde el
sistema de encomiendas hasta el siglo XIX. Buenos Aires. Editorial Dunken, 2008. pp. 133-134.
78 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

causahabientes de sus bienes patrimoniales. Mediante esa figura se traspa-


saron 29 propiedades. En ocasiones se recurrió al trueque de las fincas, los
cuales ocurrieron en cinco oportunidades, mientras que por donación, se
traspasaron 10 propiedades, beneficiando mayoritariamente a congrega-
ciones religiosas, en especial al Colegio San Francisco Xavier de Mérida y
la Residencia de Maracaibo pertenecientes a la Compañía de Jesús y a los
Conventos de San Agustín de Mérida y Gibraltar. Finalmente, aquellas
propiedades de las que se carece de información sobre la forma de adqui-
sición alcanzan la cifra de 40 fincas. En total, se tiene conocimiento 220
enajenaciones que permitieron la movilización de la propiedad del suelo
en los valles Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa
María y Bobures durante los siglos XVI al XIX. (Véase tabla 4)

Tabla 4: Instrumentos jurídicos para la transferencia y ubicación de la propiedad del


suelo en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y
Bobures. Siglos XVI-XIX
San Santa
Fecha Bobures Castro Mojaján Tucaní total
Antonio María
Merced 21 22 10 8 2 3 66
Composición 4 15 4 1 1 2 27
Compra- venta 11 6 4 5 1 27
Traspaso 4 1 5
Dote 5 4 1 1 11
Herencia 2 10 4 5 8 29
Trueque 4 1 5
Donación 3 3 3 1 10
Sin específicar 2 3 35 40
Total 56 64 61 22 12 5 220
Fuente. AGEM. Protocolos T. I- C. Mortuorias T. I-XX; AGNC. Tierras de Venezuela. T. I-X;
RPEZ. Doc. B-01-23; AGI. Escribanía 77,6B. AGI. Escribanía de Cámara Legajo 836-c. Visita
de Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657.

En cuanto a la ubicación de los lotes y su relación con los instrumentos


de propiedad se ha podido determinar la concesión por medio de las mer-
cedes: en Bobures 21 propiedades, en Castro 22, en Mojaján 10, en San
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 79

Antonio 8, en Santa María 2 y en Tucaní 3, para un total de 66 terrazgos,


que constituyeron las propiedades primigenias durante el período estu-
diado. Mientras, por composición se legitimaron 4 propiedades en Bobu-
res, 15 en Castro, 4 en Mojaján, 1 en San Antonio, 1 en Santa María y 2 en
Tucaní, para un total de 27 legalizaciones efectuadas durante el período
colonial. (Véase tabla 4)
A diferencia de los anteriores instrumentos jurídicos de apropiación,
mediante las compra-ventas se posibilitó la cesión de 11 predios en Bobu-
res, 6 en Castro, 4 en Mojaján, 1 en San Antonio, 1 en Santa María y 2 en
Tucaní, para un total de 27 compra-ventas efectuadas en los valles en estu-
dio. Por traspaso de bienes se realizaron 4 enajenaciones en Bobures y 1 en
San Antonio. Por dotes se entregaron 5 predios en Bobures, 4 en Castro,
1 en Mojaján y 1 en San Antonio. Por vía de herencia se transfirieron 2
posesiones en Bobures, 10 en Castro, 4 en Mojaján, 5 en San Antonio, 8
en Santa María, para un total de 29 transferencias. (Véase tabla 4)
Por trueque solo se movilizaron 5 posesiones, de ellas 4 en Bobures y 1
en Castro. Se donaron 10 propiedades, de éstas 3 en Bobures, 3 en Castro,
3 en Mojaján y 1 en San Antonio. Por último hay que expresar, que se ca-
rece de información sobre la transferencia de 2 propiedades en Bobures, 3
en Castro y 35 en Mojaján, para un total de 40 transacciones. (Véase tabla
4) De esa forma, se originó y movilizó la propiedad privada del suelo en
los valles de Tucaní, San Pedro, Castro y Bobures, conformando la base
para establecer las empresas agrícolas que constituyeron las haciendas,
cuya producción proporcionó inusitada riqueza a sus propietarios enalte-
ciendo un sector social constituido en una nobleza propietaria.
CAPÍTULO 2

LA NOBLEZA PROPIETARIA EN LOS VALLES DE


TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO, MOJAJÁN, SAN
ANTONIO, SANTA MARÍA Y BOBURES

2.1. LOS “PRINCIPALES Y LOS DE MÁS NOBLEZA” EN LOS VALLES DE TUCANÍ,


CASTRO O SAN PEDRO, MOJAJÁN, SAN ANTONIO, SANTA MARÍA Y BOBURES
Los propietarios del suelo en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro,
Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures conformaron un sector so-
cial con características propias, debido a que su riqueza provenía de sus
haciendas productoras de cacao de óptima calidad, cuyo elevado precio en
el mercado mexicano, les proporcionó crecientes ingresos en plata amo-
nedada145, y esa fortuna les permitió elevar su status social, alcanzar gran
prestigio, y además les posibilitó ocupar los sitiales más prominentes y
145 Entre otros casos, los caudales de los propietarios fueron de tal magnitud, como los de don Pedro
Basave, cuyos bienes se valuaron en: “… quarenta y siete mil doscientos sinquenta y seis pesos,
un real y quince maravedíes en esclavos, haciendas de cacao, plata labrada, y algunas joias; siete
mil ochocientos pesos en plata y doblones, de los que se sacaron dos mil quatrocientos pesos para
una capellanía que mandó imponer de misas y limosna de pobres y dos mil pesos en que dotó a
sus tercera mujer y lo líquido se gastó entre sus cuatro herederos…” . AGNC. Negros y esclavos
Venezuela SC. 43. 1. Doc. 2. Don Juan Francisco Basave con don Baltazar Guillén por el valor
de dos esclavos jornaleros Testimonio de Pedro Gaite Carrillo. Maracaibo, 17 de febrero de 1728.
f. 187r. La dote de doña Isabel Ana de Rivas, fue tasada en 60.000 pesos. AGEM. Protocolos T.
XXXVI. Testamento de doña Isabel Ana de Rivas. Mérida 27 de diciembre de 1684. f. 118. En el
informe levantado por don Cristóbal de Gámez y Costilla, procurador de Mérida, afirma que sólo
por la exportación de cacao ingresaban a los ricos propietarios de las haciendas más de cien mil
pesos anuales en plata amonedada desde la Nueva España. AGEM. Documentos históricos de
la Gobernación. Años 1704, 1705. 1711. Expediente promovido por el procurador don Cristóbal
de Gámez y Costilla ante el cabildo de esta ciudad solicitando se inhibiese de satisfacer los salarios
impuestos. Testimonios de las autoridades eclesiásticas. Mérida, 24 de febrero de 1711. f. 12v.
82 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

encumbrados de la jerarquía social. Por esas razones, fueron sumamente


respetados y reconocidos como los “principales y de más nobleza”. Lo más
interesante es que sus ámbitos de dominio y sus redes se extendieron en
el espacio comprendido en las jurisdicciones de Mérida y la Nueva Zamo-
ra, y por supuesto en el de la villa y puerto de San Antonio de Gibraltar.
De ese modo, los hacendados en aquellos valles estuvieron entre los más
connotados personeros de aquella sociedad, y constituyeron parte impor-
tante de los sectores dominantes en sus espacios citadinos en una sociedad
profundamente jerarquizada, estratificada y desigual146.
El estudio de los grupos dominantes en la sociedad colonial hispano-
americana ha tenido la atención relevante de numerosos autores, quienes
han publicado variados análisis en los que se muestran una gran variedad
de ópticas, especialmente durante las últimas décadas del siglo XX y pri-
meras del XXI. La diversidad en los enfoques aplicados al estudio de los
sectores privilegiados de la jerarquía colonial y grupos de poder es notoria
en la multiplicidad de las denominaciones asignadas a los mismos, que
comprenden desde: “… élites, oligarquías, capas altas, estratos superiores,
notables, aristocracia147, nobleza, privilegiados, patriarcas, clases domi-
nantes, minorías selectas, ente otras…”148.
En ese sentido, existe consenso entre los estudiosos de la temática al
considerar que el término “nobleza” es el calificativo original empleado
en aquella sociedad para designar los sectores pudientes, y también es la
denominación habitual en las fuentes y en los estudios tradicionales sobre

146 Vanegas Useche Isidro, “El vínculo social en la Nueva Granada 1780-1816”. En, Historia Cari-
be, Vol. XI, Nº 28, enero-junio 2016. pp. 17-49.
147 “…Ciertamente en el lenguaje diario «aristocracia» y «nobleza» se entienden y se sienten como
sinónimos, aun cuando también se hable o se escriba de la aristocracia del dinero, del em-
presariado o de la política. Los diccionarios académicos se refieren a la «aristocracia» como
una clase social integrada por nobles, sin perjuicio de su significado etimológico como poder o
fuerza (cratos) de los selectos o de los mejores (aristos) y de su sentido como una tipología de
gobierno según señalaba la Política de Aristóteles. En cuanto a la «nobleza» o a los «nobles»
son definidos como «las personas que por su ilustre nacimiento o por gracia del Príncipe usan
un título del reino y por extensión sus parientes»; lo que sin duda resulta también impreciso y
limitante…”. Fuertes de Gilbert Rojo, Manuel, “Bases sociales de la emblemática aristocracia y
nobleza, pasado y presente”. En, Emblemática 16, 2010. p. 183.
148 Ponce Leiva Pilar y Amadori Arrigo; “Historiografía sobre elites en la América Hispana”. En,
Crónica Nova, 32, 2006. p. 44.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 83

la temática149. A pesar de ello, el más aplicado y utilizado por los analistas


de los sectores sociales dominantes es el de élite150, atendiendo a diferentes
consideraciones que se atribuyen a los que detentan el poder, entre otras
su capacidad económica, su status, su influencia en el ámbito político y
las funciones que pueden desempeñar, las que dirigen a un conglomerado
ubicado en un espacio geográfico y durante un período determinado151.
Ahora bien, se debe puntualizar que de forma tradicional el término
“noble”, según la definición española, designa a: “… un hombre con ri-
queza y mujer irreprochables cuyos antepasados habían sido cristianos
limpios sin la mancha de inclinaciones moras, paganas, judaicas y heré-

149 Ladd Doris, La nobleza mexicana en la época de la independencia. México. Fondo de Cultura
Económica, 1984. p. 20.
150 El estudio de las élites ha motivado numerosos trabajos, Cfr. Pareto Vilfredo, The Mind and Socie-
ty. Eds. for Arthur Livingston, 1935; Mosca Gaetano, The Ruling Class. New York. McGraw Hill,
1939; Mills Wright, The Power Elite. New York. Oxford University Press, 1956; Landswel Harold
D., Learner Daniel and Rotwell C. E., The Comparative Study of the Élites. Stanford California.
Hover Institute Series, 1952; Keller Suzanne, Más allá de la clase dirigente. Madrid. Editorial Tec-
nos, 1971; Magged Amos, “Acommodation and Resistance of Élites in Transition. The Case of the
Chiapas in Early Colonial Mesoamerica”. En, Hispanic Historical American Review. Vol. 71, Nº 3,
august 1991. pp. 478-500; Valencia Llano Alonso, “Élites, burocracia, clero y sectores populares
en la independencia quiteña”. En, Revista Procesos. Nº 3, segundo semestre, 1992. pp. 55-101;
Langue Frédèrique, “Orígenes y desarrollo de una élite regional. Autocracia y cacao en la Provincia
de Caracas”. En, Tierra Firme. Nº 34, 1991, pp. 143-161; Langue Frédèrique, Aristócratas, honor
y subversión en la Venezuela del Siglo XVIII. Caracas. (Colección, Fuentes para la Historia Colonial
de Venezuela 252) Academia Nacional de la Historia, 2000; Urdaneta Quintero Arlene, “Élite po-
lítica de Maracaibo 1858-1870”. En, Tierra Firme. Vol. 12, Nº 46. pp. 147-172; Samudio A. Edda
O., La élite merideña en la primera mitad del siglo XVII, ponencia presentada en el III Congreso
Nacional de Historia Regional y Local, Caracas, 1994; Samudio A. Edda O. “La élite capitular de
Mérida”. En, Amodio Emanuele (Comp.), La vida cotidiana en Venezuela durante el siglo XVIII.
Maracaibo. Gobernación del Estado Zulia, Universidad del Zulia, 1999. pp. 147-170; Garaviglia
Juan Carlos and Grosso Juan Carlos, “Mexican Élites of a Provincial Town, The Landowners of
Tepeaca. (1700-1970)”. En, Hispanic American Historical Review. Vol. 50, Nº 1, 1990. pp. 256-
293; Kicza John, Empresarios coloniales. familias y negocios en la ciudad de México durante los
Borbones…; García Bernal Manuela Cristina, “La élites capitulares indianas y sus mecanismos de
poder en el siglo XVII”. En, Anuario de Estudios Americanos. T. LVII, Nº 1, 2000. pp. 89-110. Klein
Herbert S. “La clase de los hacendados en el siglo XVIII tardío”. En, Klein Herbert S. Haciendas y
Aylus en Bolivia. SS. XVIII y XIX. Lima. Instituto de Estudios Peruanos, 1995. pp. 23-54; Berbesí de
Salazar Ligia, “Poder y redes sociales en el gobierno provincial de Maracaibo, 1787-1812. En, Re-
vista Historia. pp. 153-171. Disponible en: [Link]/[Link]/historia/article/
download/.../14029. Valenzuela Márquez Jaime, “Los Erazo itinerarios estratégicos para la construc-
ción de un linaje colonial de la periferia imperial (Chile 1592-1692)”. En, Palimpsesto (Número
especial) enero-junio 2017. pp. 36-69.
151 Ponce Leiva Pilar y Amadori Arrigo; “Historiografía sobre elites en la América Hispana… p. 45.
84 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

ticas…”152. Adicionalmente, el concepto “nobleza” comprende un sector


social cuyas conductas muestran ciertas actuaciones en las que sintetizan
su herencia hispánica, mediante la transferencia de un sistema de valores
nobiliarios desde la península Ibérica al Nuevo Mundo, caracterizado por
la imitación de los códigos de comportamiento y de las normas institucio-
nales que les están asociadas, mediante su adaptación y transformación a
determinadas circunstancias locales, lo cual dio origen a una formación de
un estrato social, cuyas conductas tuvieron vigencia hasta el siglo XIX153.
Entre esas conductas y valores que son permanentes y comunes a la
nobleza peninsular e hispanoamericana, se mencionan entre otras, la pre-
valencia de la herencia, cuyo criterio es de fundamental importancia, por-
que ésta es la base que soporta la legitimidad de la condición nobiliaria.
Por esa razón, la nobleza fue un sector social endogámico154, derivado de
enlaces formados entre familias, forjado sólidamente sobre alianzas matri-
moniales155 y resguardados con estrechas relaciones parentales que ceñían
152 Ladd Doris, La nobleza mexicana en la época de la independencia... p. 12.
153 Langue Frédérique, Aristocracia, honor y subversión en la Venezuela del siglo XVIII… pp. 27-
28; Sánchiz Javier, “La nobleza y sus vínculos familiares”. En, Rubial García Antonio, La ciudad
barroca. México. Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México, 2005. T. II. p. 336.
154 La endogamia, entendida “…como el matrimonio entre personas pertenecientes a una misma
clase social o grupo étnico, especialmente entre miembros de un mismo clan familiar”. Arango
Estrada Vicente Fernán, La endogamia en las concesiones antioqueñas. Manizales. Hoyo Edi-
tores, 2003. pp. 24 y 46-49; Langue Fredèrique, Silencio, honor y desgarramiento. Familias
mantuanas del siglo XVIII. En, Dávila Mendoza Dora (Coordinadora), Historia, género y familia
en Iberoamérica (siglos XVI al XX). Caracas. Fundación Karl Adenauer. Universidad Católica
Andrés Bello. Instituto de Investigaciones históricas, 2004. pp. 103-126; Berbesí de Salazar Li-
gia, “Poder y redes sociales en el gobierno provincial de Maracaibo, 1787-1812… pp. 162-167;
Sánchiz Javier, “La nobleza y sus vínculos familiares”... T. II. p. 338.
155 Ladd Doris, La nobleza mexicana en la época de la independencia… p. 13; Donald Ramos, seña-
la que Brasil “…la élite local no requería de presión real para contraer matrimonio, puesto que éste
llegó a ser símbolo del status, como indicación de la diferenciación social…”. Ramos Donald, “Ma-
rriage and Family in Colonial Vila Rica”. En: The Hispanic American Historical Review. Vol. 55, Nº 2,
1975, p. 208; López Beltrán Clara, Alianzas familiares, élite, género y negocios en La Paz, siglo 17.
Lima, (Estudios históricos 23) Instituto de Estudios Peruanos, 1998; Ponce Marianela, De la soltería
a la viudez. La condición jurídica de la mujer en la provincia de Venezuela en razón de su estado
civil. Caracas. (Colección fuentes para la Historia Colonial de Venezuela 246) Academia Nacional
de la Historia, 1999; Socolow Susan, “The Merchants of Buenos Aires 1788-1810” En, Family and
Commerce. Cambridge University Press, 1978; Troconis de Veracoechea Ermila, Indias, esclavas,
mantuanas y primeras damas. Caracas (Colección Trópicos 25) Academia Nacional de la Historia.
Ediciones Alfadil, 1987; Socolow Susan, “Cónyuges aceptables: La elección de un consorte en la
Argentina colonial. 1778-18102”. En, Lavrin, Asunción (coordinadora), Sexualidad y matrimonio
en la América hispana. México. Editorial Grijalbo, 1991. pp. 234-235; Sánchiz Javier, “La nobleza
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 85

los lazos de solidaridad, mediante los cuales se acrecentaban los patrimo-


nios, en especial los entregados a las doncellas casaderas por medio de las
dotes156, cuyos vínculos interfamiliares han sido tipificados por algunos
investigadores como redes de poder157. Además, sobre los legados tam-
bién se cimentó otro de los criterios que con mayor fortaleza identificó
a ese sector social, como lo fue el honor158 de sus miembros o de quienes
aspiraban a integrarla, recalcando que la pervivencia del modelo estaba en
función de la inclusión de los pares159 y, por ende, la exclusión de aquellos
que carecían de ambos requisitos, lo cual dio origen a una sociedad esta-
mental y jerarquizada160.
Por su parte, Frédèrique Langue demuestra que la nobleza hispano-
americana exhibió rasgos distintivos, que si bien reivindican ese legado
hispánico también establecieron sus diferencias161. Por esa razón, la autora
precisa que la nobleza criolla debe analizarse considerando sus caracterís-
y sus vínculos familiares”... p. 338.; Morales Luz Marina, “Redes y negocios en Puebla. Fortuna y
mentalidad nobiliaria”. En, Historia Caribe. Nº 11, 2006. pp. 87-109.
156 La dote era el patrimonio de la mujer, administrado por el marido y destinado a sostener las car-
gas del matrimonio. Lavrin Asunción and Cotorier Edith, “Dowries and Wills. A View of Women’s
socio economic role in colonial Guadalajara and Puebla, 1640-1790”. En, Hispanic American
Historical Review. Vol. 39, Nº 2, 1979. pp. 280-304; López Lucila, “Dotación de las donce-
llas en el siglo XIX”. En, Historia Mexicana. Vol. XXXIV, Nº 3, 1985, p. 525. Siegrist Nora, y
Samudio A. Edda O., Dote matrimonial y redes de poder en el antiguo régimen en España e
Hispanoamérica. Mérida. Talleres Gráficos Universitarios, 2006. Siegrist Nora y Mallo Silvia C.
(Coordinadoras), Dote matrimonial femenina en el territorio de la actual Argentina desde el
sistema de encomiendas hasta el siglo XIX. Buenos Aires. Editorial Dunken, 2008.
157 Berbesí de Salazar Ligia, “Poder y redes sociales en el gobierno provincial de Maracaibo, 1787-
1812. En, Revista Historia… pp. 156-157.
158 Büschges Christian, “Honor y estratificación social en el distrito de la audiencia de Quito”. En,
Revista de Indias. Vol. LVII, Nº 209, 1997. p. 62; Twinam Ann: “Honor, sexualidad e ilegiti-
midad en Hispanoamérica colonial”. En: Lavrin Asunción (coordinadora): Sexualidad y ma-
trimonio en la América Hispana. México. Editorial Grijalbo, 1991. p. 131; Garrido Margarita,
“Honor, reconocimiento, libertad y desacato: sociedad e individuo desde un pasado cercano”.
En, Arango Luz Gabriela et. al. (eds.), Cultura, política y modernidad, Bogotá, Universidad
Nacional de Colombia, 1999. pp. 11-121. Ramírez Méndez Luis Alberto (coord.), Honor se-
xualidad y transgresión en Mérida. Siglos XVIII-XIX. Cabimas. Fondo editorial Universidad
Nacional Experimental Rafael María Baralt, 2016. Disponible desde: [Link]
net/publication/295901910_Honor_sexualidad_y_transgresion_en_Merida_Siglos_XVIII-XIX;
Twinan Ann, Vidas públicas, secretos privados. Género, honor, sexualidad e ilegitimidad en la
Hispanoamérica colonial. México. Fondo de Cultura Económica, 2009.
159 Ponce Leiva Pilar y Amadori Arrigo, “Historiografía sobre elites en la América Hispana”… p. 29.
160 Vanegas Useche Isidro, “El vínculo social en la Nueva Granada 1780-1816”... pp. 17-49.
161 Langue Frédérique, Aristocracia, honor y subversión en la Venezuela del siglo XVIII... p. 13.
86 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

ticas específicas de acuerdo con sus peculiaridades en cada región históri-


ca. En primer lugar, la aristocracia de hacendados en América tiene rasgos
similares a la nobleza de la Castilla medieval, pero sus contrastes son más
profundos162. La principal discrepancia radica que en Hispanoamérica el
honor de la nobleza no provenía del tradicional reconocimiento social y
sobre el de sus extensas propiedades y rentas como ocurrió en España, sino
que se asentaba en la riqueza recién adquirida, fundamento de los ideales
aristocráticos criollos. Asimismo, la expresada autora, puntualiza que en
el caso venezolano se evidencian otras marcadas diferencias derivadas del
antagonismo establecido entre la aristocracia mantuana inflexiblemente
opuesta a la “multitud promiscual” conformada por el mundo de los mes-
tizos o la “pardocracia”163.
Por tanto, es primordial explicar que la incorporación de nuevos inte-
grantes a la nobleza, tanto en España como en el Nuevo Mundo, se ini-
ciaba con el ingreso al status de la misma. En la sociedad colonial de His-
panoamérica el “sector nobiliario” estaba constituido de manera formal
por las “hidalguías”. Por esa razón se estableció la exigencia de obtener la
condición de “hidalgo”, cuyo término refería a un simple militar que, a
cambio de sus servicios a la Corona, recibía ciertos privilegios y la posi-
bilidad de ser acreedor de títulos honoríficos164. Asimismo, la hidalguía
era una condición social transmitida por vía hereditaria al descender de
un linaje familiar reconocido como de hidalgo, por lo cual se le eximía de
pagar impuestos a los que estaban obligados los plebeyos o “pecheros” en
España. En el Nuevo Mundo, la ausencia de este tipo de impuestos motivó
que a los inmigrantes españoles les fuera posible reclamar y probar que
eran hidalgos, aunque básicamente carecieran de esa condición165.
162 Reglá Juan y Céspedes del Castillo Guillermo, Historia de España y América. Social y Económica. Los
Asturias y el Imperio español de América. Barcelona. Editorial Vicens Vives, 1977. T. III, pp. 469 y 473.
163 Langue Frédérique, Aristocracia, honor y subversión en la Venezuela del siglo XVIII... p. 13;
Langue Frédérique, “La culpa o la vida. El miedo al esclavo a finales del siglo XVIII venezolano”.
En, Procesos Históricos. Nº 22, julio-diciembre 2012. pp. 19-41.
164 Ladd Doris, La nobleza mexicana en la época de la independencia… p. 12; Dueñas Gaitán
Feliz Fernando, “Desvinculación e inclusión histórica: inmigrantes y mentalidades: los sefarditas
o judíos españoles en la América española”. En, Inclusión y desarrollo. Nº 3, 20015. p. 32.
165 Dueñas Gaitán Feliz Fernando, “Desvinculación e inclusión histórica: inmigrantes y mentalida-
des: los sefarditas o judíos españoles en la América española”… p. 32; Bronner, Fred, “Peru-
vian Encomenderos in 1630: Elite Circulation and Consolidation”, Hispanic American Historical
Review, Vol. 57, No. 4, 1977, p.14.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 87

Durante el periodo del contacto hispánico, los hidalgos sirvieron a la


Corona, al dirigir o participar en las expediciones de conquista como ca-
pitanes, adelantados o simples soldados, y con ello lograron obtener pri-
mer requisito para elevar su status e incluirse en el de la nobleza166. En
ese sentido, durante las primeras décadas del siglo XVI, la emigración de
peninsulares hacia América tuvo diferentes y complejas razones. Sin em-
bargo, se considera que su principal motivación fue su afán de riquezas.
En ese aspecto, es posible descubrir los modestos orígenes de los “be-
neméritos” de la primigenia sociedad colonial; entre esos hidalgos, cuya
humilde condición social les impulsó a cruzar el Atlántico y ocupar los
valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa Ma-
ría y Bobures, se destacan los merideños Hernando Cerrada, Miguel de
Trejo, Alonso Pérez de Hinestroza, Diego García de Carvajal, Domingo
de Gaviola, Domingo Estévez, Diego Cuervo de Valdez, entre otros. Con
similar condición social se reconocen a los gibraltareños Pedro de Miran-
da, Amaro de Cintra, Cristóbal Muñoz y los neozamoranos Miguel Ge-
rónimo de Bustos, Casilda de Archete, José Antonio Torres y otros más.
Además, es necesario puntualizar que los “hidalgos” llegados a Améri-
ca, durante la conquista tuvieron como motivación fundamental mejorar
sus condiciones económicas, pero se reconoce que anhelaban por sobre
todas las cosas elevar su status social167. Esa situación se debió a que la so-
ciedad española carecía de oportunidades para lograr el anhelado ascenso
social168, debido al control establecido por el sector nobiliario con el pro-
pósito de mantener su estructura tradicional. De ese modo, los sectores
sociales privilegiados surgidos en la primigenia sociedad colonial, estable-
cida inmediatamente después del contacto indo-hispánico, a imitación
del sector nobiliario peninsular, se instituyeron ciertas restricciones al
determinar que su estrato estaba integrado por los conquistadores, pri-
166 Vanegas Useche Isidro, “El vínculo social en la Nueva Granada 1780-1816”... pp. 17-49.
167 Skidmore Thomas y Smith Peter, “The Colonial Foundations, 1492-1880’s”. En, Modern Latin
America, 5th ed., Oxford, 2001, p.14; Morse Richard, “The Heritage of Latin America”. En, Hartz
Louis (ed.), The Founding of New Societies, New York, Brace & World, Inc., 1964, p.127.
168 Camacho Cristian “El origen social del conquistador español y sus objetivos económicos “ disponible
en, /[Link]/publication/28092195_El_origen_social_del_conquistador_espanol_y_
sus_objetivos_economicos_y_sociopoliticos_en_Venezuela; Ida Altman, “Emigrants and Society: Ex-
tremadura and America in the Sixteenth Century”, The Library of Iberian Resources Online. p. 281;
88 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

meros pobladores y sus descendientes, quienes obtuvieron su riqueza del


aprovechamiento de la propiedad del suelo y de la mano de obra indígena
otorgada mediante la asignación de encomiendas169.
Por esas razones, es necesario puntualizar que la condición de en-
comenderos tuvo relevancia durante el siglo XVI y gran parte del siglo
XVII, pero a finales de ésta centuria y durante el XVIII, a pesar de que las
encomiendas habían perdido su fortaleza económica, debido a la acen-
tuada disminución de la población indígena, la condición de encomen-
dero continuó siendo un símbolo de prestigio social170. En ese sentido,
los propietarios de los valles de Castro, San Pedro, Santa María, Tucaní y
Bobures, que tuvieron la condición de encomenderos alcanzan el número
de 24; de ellos 20, estaban avecindados en Mérida, 1 radicado en Gibraltar
y 3 en Maracaibo (Véase tabla 5).
Entre los emeritenses que disfrutaron de la asignación de encomien-
das se encuentran Juan Cerrada, Pedro de Gaviria Navarro, Francisco de
Monsalve, Francisco de Castro, Juan García de Rivas, Juan Dávila y Rojas,
Juan de Heredia, Diego de Luna, Miguel, Juan y Luis de Trejo, Fernando
Dávila y Arriete, Diego Prieto Dávila y Antonio Arias Maldonado171. El
gibraltareño fue Francisco Ortiz Maldonado y los neozamoranos fueron
Simón Fernández de las Islas, Rodrigo García de Hevia172 y Sebastián de
Argüelles Cienfuegos173.
Después que los “hidalgos” lograron convertirse en los “principales”
de las nuevas ciudades americanas, sus patrones de encumbramiento so-
cial se perfilaron bajo influencia la normativa impuesta por la aristocracia
ibérica para distinguirse como “los más nobles” o “beneméritos”. Por esa
169 González Hancer, El ayuntamiento en los orígenes y la consolidación de la sociedad colonial
merideña (1558-1622)... pp. 124-136.
170 Bronner, “Peruvian Encomenderos in 1630: Elite Circulation and Consolidation”… pp. 657 y 658.
171 Picón Parra Roberto, Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida. Ca-
racas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela) Academia Nacional de la
Historia, 1988. T. III. pp. 481-602.
172 El Capitán Rodrigo García de Hevia, nació en 1605, como se desprende de varias declaraciones
que hace como testigo en las encomiendas donde refería su edad. AGN. Encomiendas, Tomo
XLII. f. 41. Caracas, 4 de abril de 1662, hay una declaración del Alguacil Mayor de Maracaibo
don Rodrigo García de Hevia de los títulos de la encomienda de su hijo mayor Martín.
173 AGI. Santo Domingo, 42, N 79, Expediente de confirmación de encomienda de Maracaibo a
Jacinto de Argüelles Cienfuegos. Maracaibo, 16 de septiembre de 1644.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 89

razón, la nobleza criolla se constituyó como el rasgo distintivo del éxito


adquirido en las empresas de conquista174. De esa forma, durante los dos
primeros siglos hispánicos, en América se estructuró la sociedad asentada
sobre los valores aristocráticos, debido a que los “hidalgos” los asumieron
como propios con el objetivo de preservar su recién adquirido poder en el
Nuevo Mundo y elevar su status social.
De ese modo, los signos visibles de su condición nobiliaria se repre-
sentaron en el asiento de sus residencias de los “beneméritos” en las inme-
diaciones de la plaza mayor, la utilización de diversas prendas de vestir175,
como el quitasol176, las pelucas, los bastones, el sombrero, la seda, las alha-
jas de oro y perlas y el título distintivo de don, el que en opinión de Jaime
Jaramillo Uribe: “… reforzó el carácter diferenciador del blanco frente a la
población indígena dominada, y dio cauce al afán de honra y nobleza que
se apoderó de los españoles que vinieron a Indias, constituyó el primer
título nobiliario que se concedió o se apropiaron los conquistadores espa-
ñoles…”177. En ese aspecto tan importante, 168 propietarios de los valles
de Castro, San Pedro, Santa María y Bobures, equivalente a un 54,1%, se
auto titulaban como Don, lo que muestra la relevancia de los hacendados,
porque con ello probaban su pertenencia al sector distinguido de la socie-
dad colonial. (Véase tabla 5)

174 add Doris, La nobleza mexicana en la época de la independencia… p. 17; Büschges Christian,
“Linaje, patrimonio y prestigio. La nobleza titulada de la ciudad de Quito en el siglo XVIII”, Anuario
de Estudios Americanos. Vol. 56, No. 1, 1999. pp. 138-140; Bronner, Fred “Elite Formation in
Seventeenth – Century Peru”… p. 11; Reglá Juan y Céspedes del Castillo Guillermo, Historia de
España y América. Social y Económica. Los Asturias y el Imperio español de América… p. 489.
175 “…En el Distrito de la Audiencia de Quito fue símbolo del honor los atuendos, al traje de señora ó bien
decente se oponía el traje de plebeya ó despreciable…”. Büschges Christian, “Honor y estratificación
social en el distrito de la Audiencia de Quito” En, Revista de Indias. Vol. LVII, Nº 209, 1997. p. 71.
176 González Sierralta, Hancer, “José Cornelio de la Cueva el mestizo merideño que quiso ser lo que
no era”. En, Ramírez Méndez Luis Alberto (coord.), Honor sexualidad y transgresión en Mérida.
Siglos XVIII-XIX. Cabimas. Fondo Editorial Universidad Nacional Experimental Rafael María Ba-
ralt, 2016. pp. 27-58. Disponible desde: [Link]
Honor_sexualidad_y_transgresion_en_Merida_Siglos_XVIII-XIX.
177 Jaramillo Uribe Jaime, Ensayos de historia social. La sociedad neogranadina. Santa Fe de
Bogotá. Tercer Mundo Editores y Universidad de Los Andes, 1989. T. I. p. 192. Roberto Picón
Parra afirma que en los padrones coloniales merideños existían siete calidades de las cuales
la primera correspondía a los blancos nobles y caballeros, la segunda a los blancos llanos y las
restantes a indios, mestizos, zambos y esclavos. Picón Parra Roberto, Fundadores, primeros
pobladores y familias coloniales de Mérida (1558-1810)… T. I. pp. 67-68.
Tabla 5: Origen y condición nobiliaria de los propietarios de los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María 90
y Bobures. Siglos XVI-XVII-XVII

Ciudad don cabildo Encomendero órdenes militar eclesiástico Comerciante sin inf

53 26 20 5 25 5 13 16
Mérida

29 7 1 9 4 2 15
Gibraltar

87 26 3 3 32 9 4 25
Maracaibo

2 1
Otros

Total 168 60 24 8 66 18 19 56

% 54,1 19,3 7,7 2, 5 21,2 5,8 6,1 18,

Fuente. AGEM. Protocolos. T. I- C. Mortuorias. T. I-XX; AGNC. Tierras de Venezuela. T. I-X; RPEZ. Doc. B-01-23; AGI. Escribanía 77,6B. AGI.
Escribanía de Cámara Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657. Picón Parra Roberto, Fundadores,
primeros moradores y familias coloniales de Mérida…. T. I-II-III-IV; Martínez Allegretti, Oscar, Dos familias en el Maracaibo del
Siglo XVII… pp. 83- 84-85; 92; 131; 159-160.
LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 91

Ese sector social de la sociedad colonial temprana debió enfrentar se-


veras restricciones impuestas por el centralismo monárquico, que les im-
pidió conformar un sector nobiliario autóctono, por lo cual la “hidalguía”
americana tuvo que contentarse solo con ser solo un apéndice de la no-
bleza de Castilla178. Esas limitaciones permitieron a la Corona mantener
subordinada a la nobleza criolla179. En virtud de esas limitaciones, la aris-
tocracia territorial americana debió aceptar negociar su poder local con
los representantes del Rey, los mercaderes y las dignidades eclesiásticas
con la finalidad consolidar sus aspiraciones de ascenso nobiliario. Con ese
objetivo, los hidalgos radicados en Indias debieron alcanzar los títulos con
el rango y prestigio que sólo podían conseguir en la península
Entre estos requisitos, se encontraban los “hábitos” para conseguir la
condición de caballeros en las órdenes militares, mediante los cuales se
les ratificaba su hidalguía y también su “pureza de sangre”180. Por esa ra-
zón, los hidalgos manifestaron su deseo de obtener el hábito de alguna
de las tres órdenes militares, la de Santiago, Calatrava y Alcántara181. En
ese aspecto, los propietarios de los valles de Tucaní, Castro o San Pedro,
Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures, que poseyeron la distin-
guida condición de caballeros de esas órdenes totalizan ocho, entre los
que se incluyen a los emeritenses don Bartolomé Ximeno de Bohórquez,
don Bartolomé de Alarcón Ocón, don Juan Dávila y Rojas, caballeros de
la Orden de Calatrava, y don Diego de Luna y Castillejo, caballero de la
Orden de Santiago182 y los neozamoranos Luis Guerrero de Luza y Anto-
nio de Arráez de Mendoza, también caballeros de la Orden de Santiago183.
(Véase tabla 5)
178 Reglá Juan y Céspedes del Castillo Guillermo, Historia de España y América. Social y Econó-
mica. Los Austrias y el Imperio español de América… p. 477.
179 Ladd Doris, La nobleza mexicana en la época de la independencia… pp. 13-14; Bronner Fred,
“Elite Formation in Seventeenth – Century Perú”. Boletín de Estudios Latinoamericanos y del
Caribe, No. 24, 1978. p. 477.
180 Ladd Doris, La nobleza mexicana en la época de la independencia… p. 15; Bronner Fred, “Eli-
te Formation in Seventeenth – Century Perú”… p.11; Bronner Fred, “Peruvian Encomenderos
in 1630: Elite Circulation and Consolidation”… p. 638.
181 Reglá Juan y Céspedes del Castillo Guillermo, Historia de España y América. Social y Econó-
mica. Los Asturias y el Imperio español de América… p. 473.
182 Picón Parra Roberto, Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida…. T. I. p. 67
183 AGI. Escribanía de Cámara. 835-c 1656 Quaderno 16. Visita del repartimiento de Tucaní fecha por
el capitán Juan Fernández de Rojas. Escribano Rodrigo Zapata de Lobera. Tomo 16. ff .150 -151.
92 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Otras expresiones perceptibles del status de la nobleza en la colonia,


se pueden apreciar en su participación protagónica en instituciones re-
presentativas de la ciudad, como el cabildo, debido a que los hacendados
en Hispanoamérica, además de velar por sus negocios asumieron su rol de
“vecinos”184 de la jurisdicción administrativa colonial, teniendo la opor-
tunidad de ejercer los relevantes cargos municipales (regidor-alcalde) o
provinciales (gobernador, corregidor, alcalde mayor), con los cuales acre-
centaron su poder, prestigio y esfera de acción185.
Esa práctica legal favoreció la ocupación de los criollos en la adminis-
tración colonial, pues la ausencia de una auténtica burocracia, permitió
disminuir la oposición de los americanos a las políticas de la Corona. En
suma, la venalidad en la obtención de los oficios facilitó la formación y la
expansión de los grupos de poder de los notables iberoamericanos y favo-
reció su vinculación con los funcionarios del Rey. Por esa razón, se puede
afirmar que, si bien, la monarquía logró incrementar el flujo de ingresos
provenientes de América, perdió parte de su autoridad en los centros de
poder citadino186. De ese modo, la práctica del poder atendía a intereses
colectivos enmarcados en la consecución de objetivos propios de una es-
tirpe y de sus redes de clientela, en las que se incluían ventajas y privilegios
que posibilitaban alcanzar beneficios a través de las redes de poder, el tráfi-
co de influencias y la prevalencia de las decisiones de los “beneméritos”187.
184 La condición de vecino, se usa como sinónimo de encomendero, pero la legislación declara
terminantemente en la cédula de 21- IV –1554, dada para Chile que son vecinos todos los
que tienen casa poblada en las ciudades. Dentro del vecindario se distinguen inicialmente los
encomenderos, el resto son denominados “moradores”. Los primeros tienen un conjunto de
privilegios y deberes, son una clase económica dotadas de servicios y rentas a cambio de ciertas
funciones, doctrina y defensa. Góngora Mario, El Estado en el derecho Indiano. Época de la
fundación 1492-1570. Santiago de Chile. Universidad de Santiago de Chile, 1951 pp. 180-181.
185 Ladd Doris, La nobleza mexicana en la época de la independencia… p. 35; Bronner Fred,
“Peruvian Encomenderos in 1630: Elite Circulation and Consolidation”… p. 472; Casasola Var-
gas Silvia Priscila, “La elite urbana en Santiago de Guatemala”. En, Revista de Historia de la Univer-
sidad de Costa Rica. Nº 38, julio diciembre, 1998. pp. 63-86; Santos Pérez J. Manuel, Las elites de
Santiago de Guatemala y el cabildo colonial, 1700-1770”. En Revista de Historia de la Universidad
de Costa Rica. Nº 38, julio diciembre, 1998, pp. 88-111; González Hancer, El ayuntamiento en los
orígenes y la consolidación de la sociedad colonial merideña (1558-1622)... pp. 124-136.
186 Carmanagni Marcello, “La organización de los espacios americanos en la monarquía española
en los siglos XVI-XVIII”... p. 340.
187 Blank Stefanie, “Patrons, clients an kin in the seventeen century Caracas. A methodological essay
in colonial Spanish American social history”. En, Hispanic American Historical Review. Vol. 54, Nº
2, 1974. pp. 260-283; Bronner Fred, “Elite Formation in Seventeenth – Century Peru”… pp. 19-22.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 93

En consecuencia, el ejercicio de la dirección política se centraba en la


imposición del ascendiente de personeros reconocidos a través de sus la-
zos interparentales para obtener providencias favorables o para obstacu-
lizar las adversas188. Por esa razón, ese preeminente estrato social propició
el establecimiento de interrelaciones personales, basadas en la lealtad y
dependencia, sobre la que se cimentaron afinidades y alianzas destinadas a
instituir la protección mutua, obediencia, subordinación y sujeción sobre
las que se ejerció y controló el ejercicio del poder.
Esas relaciones, de tipo clientelar, fortalecieron la dependencia sobre la
que se asentó el funcionamiento de redes de poder en la sociedad colonial.
Ello conllevó al establecimiento de acuerdos, en ocasiones sin presentar
algún nivel de conflictividad, con el propósito de ejercer la autoridad lo-
cal y provincial, y así limitar o expandir las facultades para intervenir en
la vida local. De esa forma, la autoridad basada en el consenso y en los
reconocimientos interpersonales, acreditaban públicamente a los gober-
nadores y sus gobernados189.
En atención a esas consideraciones, el objetivo fundamental de la no-
bleza hispano-criolla fue dominar esos espacios de poder y representación
urbana, con cuyo designio se procedía a la compra de los cargos públi-
cos190, pero el acceso a ciertos oficios administrativos tenía límites. El ejer-
cicio de la mayor parte de los empleos y cargos públicos en la administra-
ción colonial se realizaba ad honorem, ya que sólo los altos cargos tenían
remuneración191.
La posibilidad de comprar los cargos edilicios posibilitó que los des-
cendientes de los conquistadores (hispano-criollos) controlasen los cabil-
dos y formaran oligarquías municipales192. Ese sector social tuvo destaca-
188 Berbesí de Salazar Ligia, “Poder y redes sociales en el gobierno provincial de Maracaibo, 1787-
1812... p. 157.
189 Berbesí de Salazar Ligia y Vázquez de Ferrer Belín, “Relaciones de poder y agentes sociales en
el gobierno local y provincial de Maracaibo 1787-1812”. En, Mañongo. Nº 18, 2002, pp. 47.48.
190 Ots Capdequí José María, Historia del derecho español en América y del derecho Indiano... p.
145; García Bernal Manuela Cristina, “La élites capitulares indianas y sus mecanismos de poder
en el siglo XVII”… pp. 90-91.
191 Valencia Llano Alonso, “Élites, burocracia, clero y sectores populares en la independencia qui-
teña”… pp. 58-62; Büschges Christian, “Linaje, patrimonio y prestigio. La nobleza titulada de la
ciudad de Quito en el siglo XVIII”… p.135.
192 Reglá Juan y Céspedes del Castillo Guillermo, Historia de España y América. Social y Econó-
94 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

da y significativa participación política en los ayuntamientos de Mérida,


Gibraltar y la Nueva Zamora, en especial en esta última ciudad, donde
su ubicación social fue favorecida durante el siglo XVIII, por el estable-
cimiento de alianzas interparentales que consumaron con los comercian-
tes vascos y catalanes quienes controlaban las operaciones comerciales a
través de la Compañía Guipuzcoana, logrando unirse al sector nobiliario
terrateniente y, mediante esas asociaciones, ocupar los sitiales preponde-
rantes en el cabildo local. En su propósito por extender y dilatar los es-
pacios de poder utilizaron diversos mecanismos de dominio e influencia
construidos sólidamente sobre sus círculos de amistades, negocios y pa-
rentescos apoyados en sus crecientes peculios personales193. De ese modo,
el poder que ejercieron esas estirpes en las colectividades citadinas, tanto
andinas como porteñas, se soportó sobre la opulencia económica que les
proporcionaron sus haciendas cacaoteras ubicadas en esos valles. De allí
que muestren cierto paralelismo con la aristocracia que se formó en la
Provincia de Venezuela, denominada los “grandes cacaos”194.
En la conformación de esas redes de poder y afinidad, se destacaron
los importantes propietarios que poseyeron las unidades de producción
ubicadas en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Anto-
nio, Santa María y Bobures. Entre otros casos, se pueden referir los de don
Manuel de la Torre, vizcaíno quien contrajo nupcias con doña Catalina de
Vicuña Ladrón de Guevara, descendiente de las familias ilustres y funda-
doras de la Nueva Zamora195; el de la hija de ambos doña Damiana de la
Torre, casada con don Pedro Juan Vidal y Aris, catalán, natural de Urgel
del Obispado de Sende, propietarios de la hacienda de San Antonio, y de
su otra hija doña Juana Catalina de la Torre, casada con don Josep Anto-

mica. Los Asturias y el Imperio español de América… pp. 487-492.


193 Berbesí de Salazar Ligia, “Poder y redes sociales en el gobierno provincial de Maracaibo, 1787-
1812... p. 160.
194 Langue Frédérique, Aristocracia, honor y subversión en la Venezuela del siglo XVIII…pp. 46-63.
195 Nº 441, acta de matrimonio de don Juan Vidal y de doña Damiana Antonia de la Torre, hija de
don Manuel de la Torre. Maracaibo, 11 de febrero de 1765. f. 103r. En, Nagel Kurt, Registro
Civil de la Catedral de Maracaibo. 1723-1775. Maracaibo. Concejo Municipal de Maracaibo,
1980. p. 278. Don Juan Vidal era natural de Cataluña de la villa de Livia, hijo de don Pedro Juan
Vidal y doña Rosa de Aris, emigró a Maracaibo, donde estableció su familia y se casó con doña
Damiana de la Torre Vicuña, hija legítima de don Manuel de la Torre y doña Catalina Vicuña, hija
a su vez de don Felipe de Vicuña y García de Hevia y de doña Juana de Arrieta La Madriz.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 95

nio Antúnez196, hijo de Nicolás José Antúnez Pacheco, propietario de la


hacienda de Río Seco, y sobrino del vicario don Pedro Joseph Antúnez Pa-
checo, dueño de la hacienda y trapiche del Ancón de Bobures, fundador
del mayorazgo de los Antúnez Lossada. De la misma forma, una de las hi-
jas de Antón Suarez de Acero contrajo nupcias con don Pedro Basave197,
probablemente hijo del depositario don José Antonio Basave y de doña
Rufina de Ávila198. Asimismo, la emeritense Catalina de Zurbarán Buena-
vida, casada en primeras nupcias con el vasco don Francisco de Urdaneta
Barrenechea199, antecesor del prócer zuliano Rafael Urdaneta.
Por las razones expuestas, 60 de los 310 propietarios de los valles de
Castro, San Pedro, Santa María, Tucaní y Bobures, equivalente al 19,3%
de los hacendados ocuparon los cargos estelares en los ayuntamientos.
(Véase tabla 5) En el caso de Mérida se refieren a personajes tan relevantes
como: Pedro de Gaviria Navarro, Diego García de Carvajal, Fernando de
Uzcátegui Reolid, Juan García de Rivas, Juan de Heredia, Miguel, Juan,
Esteban y Luis de Trejo, Sebastián de Rosales, Domingo de Plaza, Barto-
lomé Ximeno de Bohórquez y Capracio Trejo de la Parra entre otros200.
En el caso de Gibraltar se destacan los ediles Cristóbal Marín Cerrada,
Tomás García de Aguiar201, Miguel Sánchez Pachón, Alonso Torniel del

196 Nº 337, acta de matrimonio de don Josep Antonio Antúnez y Juana Catalina de la Torre y de
doña Damiana Antonia de la Torre, hija de don Manuel de la Torre. Maracaibo, 29 de marzo de
1761. f. 80r. En, Nagel Kurt, Registro Civil de la Catedral de Maracaibo. 1723-1775. Maracai-
bo. Concejo Municipal de Maracaibo, 1980. p. 260.
197 “… que hace más de treinta y tres años a esta parte que conoció al capitán don Pedro Vasave que
tenía el caudal que por vía de dote le dio el capitán don Antón Suárez difunto su suegro cuando se
casó con su hija y que tiene por cierto benía alguno propio y que con uno y otro sabe que fue el mayor
adelantamiento en las haciendas que manejó…”. AGNC. Negros y esclavos Venezuela. SC. 43. 1.
Doc. 2. Don Juan Francisco Basave con don Baltazar Guillén por el valor de dos esclavos jornaleros.
Testimonio de don Thimoteo Pérez de Pineda. Maracaibo, 12 de febrero de 1728. f. 178r.
198 Nº 239, acta de bautismo de Ana María Basave, hija legítima de don José Basave y de doña
Rufina de Ávila. Maracaibo, 20 de febrero de 1725. f. 103r. En, Nagel Kurt, Registro Civil de la
Catedral de Maracaibo. 1723-1775. Maracaibo. Concejo Municipal de Maracaibo, 1980. p. 48.
199 Picón Parra Roberto, Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida… T. I. p. 364.
200 Picón Parra Roberto, Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida…. T.
I-II-III-IV. González Sierralta Hancer, El ayuntamiento en los orígenes y consolidación de la
sociedad colonial merideña (1658-1622)... pp. 153-164.
201 Don Thomás García de Aguiar, alcalde ordinario de primer voto en San Antonio de Gibraltar.
AGNC. Misceláneas. SC. 39, 8, Doc. 23. Maracaibo pleito de la Compañía de Jesús por hacien-
das. Marañones, 28 de mayo de 1758. f. 942v.
96 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Palacio202, Blas de Solís203, Gabriel Guerra, Matheo de Argüelles Cienfue-


gos, Ignacio y Juan Pérez Cerrada204.
Entre los más destacados capitulares de la Nueva Zamora se mencio-
nan a Simón Fernández de las Islas “el viejo”205, Pedro de Velazco, Antón
Suárez de Acero206, Manuel García de la Peña, José García de la Oliva207,
Andrés de Almansa o Almarza208, Pedro Esteban Pirela Suárez de Acero,
Miguel Suárez209, Thibursio Lorenzo de Campos210, Pedro Manuel Mo-
reno de Santisteban211, José Antonio Basave212, Sebastián de Argüelles,
Rodrigo García de Hevia213, Juan de Andrada, José Lorenzo de Arrie-
202 AGI. Santa Fe, 151, N. 4, Confirmación del oficio de alguacil mayor de San Antonio de Gibraltar
a Alonso Torniel del Palacio. San Antonio de Gibraltar, 28 de julio de 1628. ff. 7.
203 Picón Parra Roberto, Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida…. T. I-II-III-IV.
204 Picón Parra Roberto, Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida…. T. I-II-III-IV.
205 Simón Fernández de las Islas también conocido como “el viejo”, llegó a Venezuela en 1574 y participó
en la fundación de la Nueva Zamora de la Laguna de Maracaibo con don Pedro de Maldonado, fue en
varias oportunidades alcalde ordinario, alférez mayor, teniente de contador de la Real Hacienda, enco-
mendero de Misoa. Oscar Martínez Allegretti, Dos familias en el Maracaibo del siglo XVII... p. 48.
206 Don Antón Suárez de Acero, Alcalde ordinario en 1606-07; 1618-20; 1622-24. Dos familias en
el Maracaibo del siglo XVII... pp. 83-84.
207 En la partida Nº 733, f. 134, fechada a 16 de agosto de 1728, se hace constar el acta de bautismo
de Mariano de Almarza y Tejada, hijo legítimo del sargento mayor don Andrés de Almarza y Tejado
y de doña María Nicolasa Quintero Príncipe. Nagel Kurt Von Hess, Registro Civil de la Catedral de
Maracaibo. 1723-1775. Maracaibo. Concejo Municipal de Maracaibo, 1980. p. 113.
208 En la partida Nº 518, f. 124, fechada a 24 de abril de 1767, se hace constar el matrimonio ce-
lebrado entre don José García de la Oliva, natural de la villa de Cabra, España con doña Encar-
nación González de Acevedo de Maracaibo. Nagel Kurt Von Hess, Registro Civil de la Catedral
de Maracaibo. 1723-1775. Maracaibo. Concejo Municipal de Maracaibo, 1980. p. 281.
209 “… a Don Miguel Suárez, alcalde ordinario entonces [1758] de esta ciudad de Maracaibo, y
asendado en aquellos valles de Santa María…”. AGNC. Curas y Obispos. SC. 21, 2 Doc. 14.
Valle de Río Seco: pleito de jesuita por servidumbre de aguas. Alegatos del Padre Pedro Millán
de la Compañía de Jesús. Maracaibo, 13 de junio de 1762. f. 568v.
210 En la partida Nº 155, libro 1723-1730, f. 27, fechada a 17 de agosto de 1724, se hace constar el
acta de bautismo de Thiburcio Lorenzo de Campos, nacido el 11 de agosto de 1724, hijo legitimo
de don Ignacio de Campos y de doña Isabel María de Antúnez. Nagel Kurt, Registro Civil de la
Catedral de Maracaibo. 1723-1775. Maracaibo. Concejo Municipal de Maracaibo, 1980. p. 37.
211 En la partida Nº 180, f. 43, fechada a 18 de noviembre de 1754, se hace constar el matrimo-
nio celebrado entre don Pedro Antonio Moreno de Santisteban y Antonia Josefa Sambrano de
Maracaibo. Nagel Kurt, Registro Civil de la Catedral de Maracaibo. 1723-1775. Maracaibo.
Concejo Municipal de Maracaibo, 1980. pp. 232-233.
212 Juan Antonio Basave, depositario general de la ciudad de Maracaibo. AGI. Santa Fe. 163, Nº
14. Confirmación de oficio de Juan Antonio Basave. Maracaibo. 1696. 38 ff.
213 El capitán Rodrigo García de Hevia, fue alférez en los presidios de Santo Domingo y de Puerto
Rico. Después pasó a Venezuela y fue Capitán Miliciano de Maracaibo y su Alguacil Mayor, vivió
un tiempo en Gibraltar. En el AGNV, Encomiendas, Tomo XLII, Caracas, 4 de abril de 1662. f. 41.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 97

ta, Pedro de Alaña Salazar214, Francisco de Lizaurzábal y Anzola215, José


Fernández Sendrea216, Nicolás Joseph de Arrieta La Madris, Manuel de
Velazco217, Thimoteo Pérez de Pineda218, Tomás Cubillán, Felipe Vicuña,
Nicolás Joseph de Antúnez Pacheco219 y Cristóbal Guillén Saavedra220,
entre otros221.
La riqueza que se producían en las haciendas cacaoteras en los valles
de Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bo-
bures, no sólo se destinó a conseguir los propósitos de sus propietarios
en el espacio político propiamente dicho222; otros hacendados también
ocuparon los ámbitos “profesionales”. El interés de los blancos-criollos
por el funcionariado provenía de manera esencial del prestigio social que
214 Don Pedro de Alaña Salazar fue contador nombrado de las cajas reales de Maracaibo por el
Gobernador Antonio de Vergara y Azcárate en 1682. AGI. Santo Domingo, 196, R. 5, Nº 121,
Cartas de Gobernadores. Maracaibo, 29 de agosto de 1682. f. 5.
215 Don Francisco de Lizaurzabal y Anzola, nacido el 5 de febrero de 1673, en El Giobar, en Calaho-
rra y La Calzada de Vizcaya, debió llegar a Maracaibo hacia 1690, propietario del hato de San
Francisco. Actual Municipio de San Francisco del Estado Zulia.
216 José Fernández Sendrea, escribano público en Maracaibo. AGI. Santa Fe, 163, Nº 14. Compro-
bación de oficio de Juan Antonio Basave. Maracaibo, 19 de septiembre de 1696. f. 2r.
217 En “1616 a los 28 años de edad, Manuel es ya encomendero, alférez de las milicias de a caballo,
teniente de contador de la Real Hacienda en reemplazo de Simón Fernández “El viejo” y alcalde
ordinario de Maracaibo, corto tiempo después es designado Alguacil Mayor del Santo Oficio de la
Inquisición”. Oscar Martínez Allegretti, Dos familias en el Maracaibo del siglo XVII... p. 74.
218 Don Thimoteo Pérez de Pineda, fue contador y alcalde ordinario de la ciudad de Maracaibo en 1716. AGI.
Escribanía. 77, 6B. Testimonio de autos obrados por el bachiller Juan Feliz de Herrera, sacristán mayor que
fue de la ciudad de San Antonio de Gibraltar y juez de diezmos en ella, y el Dr. Dn. Andrés Antonio de Mon-
tenegro, presbítero juez de diezmos actual de dicha ciudad en orden al diezmo de los Bobures que pretende
la provincia de Maracaibo adjudicarse, perteneciendo a la dicha ciudad de Gibraltar como consta de estos
autos según sus límites y linderos que van en 158 hojas numeradas. 1690. Carta de poder del Cabildo de
Maracaibo. Maracaibo, 2 de junio de 1716. f. 171r; A parecer el oficio lo ejercía desde finales del siglo XVII,
pues se refiere que estuvo entre los que estuvieron con el Gobernador don Gaspar Mateo de Acosta. Oscar
Martínez Allegretti, Dos familias en el Maracaibo del siglo XVII... p. 184.
219 “…que oy es en esta ciudad capitán de corazas y regidor perpetuo…”. AGNC. Curas y Obispos.
SC. 21, 2, Doc. 14. Valle de Río Seco, pleito de jesuita por servidumbre de aguas 1761-1763.
Testimonio de don Luis Nicolás Corona. Maracaibo, 8 de mayo de 1761. f. 447v.
220 Don Cristóbal Guillen Saavedra, vecino regidor perpetuo de Maracaibo, hijo legitimo de Juan
Guillén Saavedra y de María de Boscán. AGNC. Negros y esclavos Venezuela SC. 43. 1. Doc.
2. Don Juan Francisco Basave con don Baltazar Guillén por el valor de dos esclavos jornaleros.
Testamento de don Cristóbal Guillén Saavedra. Maracaibo, 20 de junio de 1720. f. 122r-124r.
221 Martínez Allegretti, Oscar, Dos familias en el Maracaibo del Siglo XVII… pp.83- 84-85; 92;
131; 159-160.
222 Gil-Bermejo García Juana, “La casa de Alba y América”. En, Anuario de Estudios Americanos,
Vol. 45, 1988.
98 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

les brindaba, y de las conexiones que se establecían a través de ellos. Estos


factores redundaban en beneficios generales y comerciales para quienes
ocupaban los cargos y sus redes de clientela. Entre otros dueños de los
valles en estudio, que desplegaron la función profesional se halla don José
García de la Oliva223, abogado en los reales consejos y reales audiencias224.
Además, existieron otras instituciones que requirieron de esos profe-
sionales, que también les proporcionaron los ansiados símbolos de presti-
gio, entre ellos las milicias225, en las que también se aplicaba la “ausencia de
remuneración”, pero los rangos en el ejército gozaban de elevada influen-
cia, y los altos mandos eran ejercidos por nobles titulados226.
Entre los hacendados de los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Mo-
jaján, San Antonio, Santa María y Bobures que ostentaron rangos milita-
res con títulos como capitán, sargento mayor y alférez se identificaron a
66 dueños, de los cuales 25 eran merideños, 9 gibraltareños y 32 neoza-
moranos (Véase tabla 5). Entre los emeritenses que ejercieron esos cargos
militares se hallan Xacinto Pérez de Hinestroza, Pedro de Silva, Juan Pé-
rez Cerrada hijo, Domingo de Gaviola, Juan García de Rivas, Juan Dávila
y Rojas, Juan de Heredia, Diego de Luna, Miguel de Trejo, Juan Sánchez
Castro, Sebastián de Rosales, Domingo de Plaza, Nicolás de Arriete y Jo-
seph Dávila y Rojas.
Los gibraltareños que tuvieron la condición castrense fueron Miguel
Ramos de Valladolid, Cristóbal Marín Cerrada, Luis Manuel Solano,
Miguel Sánchez Pachón y Antonio de Orduña. Asimismo, entre los ma-
rabinos que ostentaron el rango marcial se reseñan a Antonio Suárez de
Acero, Juan Lozano, Diego Pirela, Pedro Velazco, Pedro Esteban Pirela
Suárez de Acero, Pedro Manuel Pirela227, Domingo Lee de Montenegro,
223 En el padrón de 1770, se hace referencia al Licenciado don José García de la Oliva. AGNC.
Fábrica de Iglesias. SC. 26, 20. Doc. 65. Santa María y San Pedro reconstrucción de la Iglesia.
1771. f. 753v.
224 Berbesí de Salazar Ligia, “Poder y redes sociales en el gobierno provincial de Maracaibo, 1787-
1812... p. 164.
225 Reglá Juan y Céspedes del Castillo Guillermo, Historia de España y América. Social y Eco-
nómica. Los Asturias y el Imperio español de América… pp. 479; Bronner, Fred, “Peruvian
Encomenderos in 1630: Elite Circulation and Consolidation”… p. 640.
226 Büschges Christian, “Linaje, patrimonio y prestigio. La nobleza titulada de la ciudad de Quito en
el siglo XVIII”… p.137.
227 Don Pedro Manuel Pirela, Capitán de Caballos. AGNC. Poblaciones Varias, SC, 46, 5, D. 91.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 99

Juan de la Vega y Palacio228, Francisco de Arrieta, Francisco de Lizaurzabal


y Anzola229 y el vizcaíno don Manuel de la Torre230, entre otros.
Asimismo, otro ámbito para el desempeño de profesionales fueron los
cargos de jerarquía eclesiástica, similares a los de la administración civil.
Por esa razón, algunos descendientes de “beneméritos” dispusieron de sus
cuantiosas rentas para ocupar destacadas posiciones en instituciones re-
ligiosas231, debido a que al disfrutar de la condición sacerdote o monja
fue un privilegio para la sociedad de la época, y uno de los méritos que
orgullosamente se exhibía, cuando se consideraba necesario demostrar la
limpieza de sangre e hidalguía232.
Con esa motivación, los hidalgos indianos ambicionaron el ejercicio
de los cargos en los más encumbrados rangos eclesiásticos, los que se al-
canzaban mediante la disposición de una renta y “congrua”, segura y cons-
tante. Por esa razón, la mayoría de los clérigos de las familias nobles eran
curas o clérigos y presbíteros que carecían de un curato propio, pero ser-
vían a capellanías, instituidas por algún miembro de una estirpe.
En la mayoría de los casos, los ingresos de los sacerdotes eran en cier-
ta medida reducidos, por tal motivo algunos eclesiásticos disponían de
emolumentos propios para su sustento. Sin embargo, contrario a lo que
ocurría en la administración civil, para acceder a las congregaciones reli-
giosas el criterio del origen social, en algunos casos, tuvo menor relevancia
debido a los fundamentales requisitos de la cualificación y formación per-

Maracaibo estado en que se encuentra su jurisdicción. Maracaibo, 10 de julio de 1750, f. 425v.


228 Josefa de Vega Palacio Calatayud y Toledo profesó en el Convento de Santa Clara de Mérida, con el
nombre de Josefa del Sacramento, hija del capitán Juan de la Vega Palacio y doña Ana Calatayud To-
ledo, en 1706. AGNC. Miscelánea. 39, 40. Doc. 1 Solicitud de licencia de licencias para el ingreso de
monjas en Santa Clara de Mérida. Mérida, 28 de abril de 1703 f. 8r; AAM. Sección 45B Libros Varios.
Nº 142. Libro de la fundación del Convento de Santa Clara (1651-1837). ff. 80r-82v; Morales Mazur
Juan Carlos, El por qué y para qué de la investigación genealógica: Algunas alusiones a Venezuela
y a Zulia. p. 12. Disponible en,[Link]
229 El capitán don Francisco de Lazaurzabal Anzola. AGNC. Poblaciones Varias, SC, 46, 5, D. 91.
Maracaibo, estado en que se encuentra su jurisdicción. Maracaibo, 17 de julio de 1750, f. 422r.
230 AHULA. Conventos y Congregaciones Religiosas. Vol. LXXIV. Expediente de los bienes del ex-
tinguido Convento de San Agustín de Gibraltar. Remate de la Hacienda de San Antonio. Mara-
caibo, 7 de agosto de 1780. ff. 106r-108v.
231 Sánchiz Javier, “La nobleza y sus vínculos familiares”… p. 648.
232 Samudio A. Edda O., Virtud, letras y política en la Mérida colonial. Mérida. Universidad Cató-
lica del Táchira, 1996. T. I. pp. 86-87.
100 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

sonal233. En tal virtud, fue restringido el ingreso a conventos y asistencia a


los colegios seminarios y universidades, donde se formaba el clero secular
y regular, en especial de los posibles aspirantes que tenían las mayores po-
sibilidades de ocupar las dignidades eclesiásticas234.
Entre los acaudalados propietarios de los valles de Castro, San Pedro,
Santa María y Bobures que fueron miembros de las instituciones eclesiás-
ticas, se revelan 18 hacendados (Véase tabla 5), entre los que se incluyen
las mismas congregaciones que dispusieron de haciendas como se revelan
en los casos de la Compañía de Jesús tanto el Colegio de San Francisco
Xavier de Mérida235, como la Residencia de Maracaibo236, el Convento de
Nuestra Señora de Altagracia de Gibraltar237 y el Convento de San Fran-
cisco de Trujillo238.
Entre los dueños de haciendas en aquellos valles que fueron religiosos,
se distribuyen en 5 vecinos de Mérida y 6 de la Nueva Zamora (Véase
233 Büschges Christian, “Linaje, patrimonio y prestigio. La nobleza titulada de la ciudad de Quito en
el siglo XVIII”… pp. 136-137; Ramírez Méndez Luis Alberto. “La formación de la elite en el Real
Colegio Seminario de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros 1782-1810”. En, Procesos
Históricos. Nº 21, enero junio 2012.
234 Lavrin Asunción, El umbral de la vida religiosa: el noviciado de los frailes mendicantes. Disponible
en: [Link]/publicaciones/publicadigital/libros/.../04_10_umbral.pdf; pp. 3-6; Ramírez Mén-
dez Luis Alberto, De la piedad a la riqueza. El Convento de Santa Clara de Mérida. 1651-1874.
Cabimas (Venezuela) Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt, 2016. T. I. pp. 139-
199. Disponible en [Link]
queza_El_convento_de_Santa_Clara_de_Merida_1651-1874_T_I
235 Sobre los jesuitas en Mérida, existe una extensa bibliografía. Cfr. Leal Ildefonso, El Colegio de los
jesuitas en Mérida. Caracas. Instituto de Estudios Hispanoamericanos, Facultad de Humanidades
y Educación, Universidad Central de Venezuela, 1966; Aguirre Elorriaga Manuel, La Compañía de
Jesús en Venezuela. Caracas. Editorial Cóndor, 1941; Chacón Juan Bosco F.S.C., La expulsión de
los jesuitas y la administración de temporalidades en Mérida 1767-1805. Mérida. Universidad
de Los Andes (tesis) 1980; Samudio A. Edda O., Las haciendas del Colegio San Francisco Xavier
de la Compañía de Jesús en Mérida. 1628-1767... Samudio A. Edda O., “La fundación del Co-
legio de la Compañía de Jesús en la Provincia de Venezuela. Dotación de un patrimonio”. En, La
pedagogía jesuítica en Venezuela. San Cristóbal. Universidad Católica del Táchira, 1991. T. II. pp.
530-536; Del Rey Fajardo José, Samudio A. Edda O., y Briceño Jáuregui Manuel, Virtud, letras y
política en Mérida colonial. Mérida. Universidad Católica del Táchira, 1996. Vols. I, II y III.
236 Del Rey Fajardo José, Virtud, letras en el Maracaibo hispánico. Caracas. Universidad Católica
Andrés Bello- Alcaldía de Maracaibo, 2003.
237 Campo del Pozo Fernando, Historia documentada de los agustinos en Venezuela durante la
época colonial. Caracas. (Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela 91) Academia Nacio-
nal de la Historia, 1968. pp. 23 y ss.
238 Villalba de Pinto María Luisa, Los conventos de Trujillo. Con apéndice documental. Caracas.
Ediciones de la Fundación Boulton, 1973.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 101

tabla 5). Entre los emeritenses se hallan Juan Cerrada, Alonso Matías de
Hinestroza, Juan y Juana de Bedoya. Los neozamoranos fueron Joseph
Antonio Sedeño de Cisneros239, Juan Francisco Cubillán240, Pedro Joseph
de Antúnez Pacheco241, Simón Montaño de las Pedrajas, Celedonio Pire-
la, Juan Timoteo Peti242 y Marcos Fernández Calderón, entre otros. Ade-
más, se deben incluir las niñas que profesaron243 en el Convento de Santa
Clara en Mérida entre las que se incluyen a doña Pascuala de Jesús Parral
oriunda de Bobures, quien fue depositada en el monasterio por su padre
don Pedro Alfonso Parral en 1654, propietario de la hacienda del Parral,
al quedar huérfana de madre, quien profesó en 1669244, y la neozamorana
doña Josefa de la Vega y Palacio Calatayud245.

239 AGNC. Poblaciones Varias, SC, 46, 5, D. 91. Maracaibo estado en que se encuentra su jurisdic-
ción. Maracaibo, 19 de julio de 1750, f. 419v.
240 Juan Francisco Cubillán, vecino de Maracaibo, examinador sinodal del obispado de Venezuela.
AGNC. Poblaciones Varias, SC, 46, 5, D. 91. Maracaibo estado en que se encuentra su juris-
dicción. Maracaibo, 10 de julio de 1750, f. 425v.
241 Pedro José de Antúnez Pacheco, vicario foráneo y juez eclesiástico de Maracaibo. AGNC. Po-
blaciones Varias. SC, 46, 5, D. 91. Maracaibo estado en que se encuentra su jurisdicción.
Maracaibo, 10 de julio de 1750, f. 424r
242 Presbítero domiciliario del Obispado de Venezuela, propietario de tierras en Santa María. AGNC.
Poblaciones Varias. SC, 46, 5, D. 91. Maracaibo, estado en que se encuentra su jurisdicción.
Maracaibo, 17 de julio de 1750, f. 429v.
243 Sánchiz Javier, “La nobleza y sus vínculos familiares”… pp. 352-353.
244 En la capitulación del padre Bedoya se establece expresamente, que se reserva el derecho de una
dote de 2.000 pesos, que fue destinada a Pascuala Parral, hija del donante, quien fue depositada
en el monasterio siendo niña y profesó en 1669. AGNC. Reales Cédulas. T. 4. Capitulaciones del
padre Bedoya. El Pardo, 26 de febrero de 1650. ff. 339r-342r. En los descargos del síndico Andrés
Alarcón Ocón se hace constar el ingreso de la dote de Pascuala Parral en los siguientes términos:
“... ítem se descarga de la dote de Pascuala de Jesús María que son dos mil pesos y quinientos
que hubo de ajuar, en esta manera, los mil pesos estaban en poder del fundador en la estancia de
Gibraltar en negros...”. AGEM. Conventos y Congregaciones Religiosas. Convento de Santa Clara.
T. I. Exp. Nº 4. Cuentas del síndico mayordomo del Convento de Santa Clara de la ciudad de Mérida,
para que se ajuste de estas cuentas de 14 de agosto de 1667 a principios de octubre de 1668.
Descargos del maestre de campo Andrés Alarcón Ocón. Mérida (documento incompleto sin fecha)
s f.
245 Josefa de Vega Palacio Calatayud y Toledo quien profesó en el Convento de Santa Clara de
Mérida, hija del capitán Juan de la Vega Palacio y doña Ana Calatayud Toledo, quien profesó
con el nombre de Josefa del Sacramento, cuya toma de hábitos se realizó en 1706. AGNC.
Miscelánea. 39, 40. Doc. 1 Solicitud de licencia de licencias para el ingreso de monjas en Santa
Clara de Mérida. Mérida, 28 de abril de 1703 f. 8r; AAM. Sección 45B Libros Varios. Nº 142. Li-
bro de la fundación del Convento de Santa Clara (1651-1837). ff. 80r-82v. Morales Mazur Juan
Carlos, El por qué y para qué de la investigación genealógica: Algunas alusiones a Venezuela
y a Zulia. p. 12. Disponible desde: [Link]
102 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

En esa sociedad colonial, donde la riqueza descansaba sobre la produc-


ción de las haciendas, constituidas en el fundamento esencial de la pros-
peridad y del prestigio de una estirpe, resultaba indispensable preservar el
patrimonio íntegro, debido a que el fraccionamiento del mismo amena-
zaba la riqueza concentrada en manos de un linaje, y por ello a partir de la
primera mitad del siglo XVII, se adoptó el “mayorazgo” como método de
evitar la división de la propiedad territorial246. Esta institución de origen
peninsular, permitía legar una parte fija del patrimonio a los hijos primo-
génitos de una estirpe247, y constituyó un requisito esencial para solicitar
un título de nobleza.
Por esas consideraciones, en el valle de Bobures, se estableció un mayo-
razgo hacia 1762, por el presbítero Pedro Joseph Antúnez Pacheco y Mo-
rales Chacín, en particular sobre sus bienes, constituidos por la hacienda
en Río Seco, el trapiche del Ancón y la casa del clérigo, situada en la parte
posterior de la iglesia mayor de Maracaibo, con escudo heráldico labrado
en piedra sobre el frontispicio de la misma248, con una extensión de 26 y
media varas de frente y 58 de fondo; en su interior había sala, corredores,
cuatro habitaciones rodeadas por paredes de mampostería con cimientos
de piedra que tenían la altura de 6 y media varas y su cocina. La residencia
fue avaluada en 1822, en 4.402 pesos y 4 reales249.
El mayorazgo pasó de su fundador por línea hereditaria a su hermana
María Josefa Antúnez Pacheco y Morales Chacín, y de ésta a su sobrino el
246 Ladd Doris, La nobleza mexicana en la época de la independencia… pp. 103-129.
247 “Considerando que los bienes que se dividen tienden a desaparecer, el mayorazgo era
establecido para mantener indiviso el patrimonio familiar con el objeto de conservarlo,
engrandecer así el linaje del fundador y hacer posible que su titulara se hallara en
condiciones de socorrer a sus deudos”. Reglá Juan y Céspedes del Castillo Guillermo,
Historia de España y América. Social y Económica. Los Asturias y el Imperio es-
pañol de América… p. 409; Büschges Christian, “Linaje, patrimonio y prestigio. La
nobleza titulada de la ciudad de Quito en el siglo XVIII”… pp. 129-131.
248 “Allí, en aquel solar, estaba la casa mal denominada del “Vínculo de los Lossada” constituido no
por ellos, sino por los Antúnez-Pacheco y que era el único mayorazgo existente en esta ciudad,
por privilegios otorgados según Real Cédula por Carlos III a Don Nicolás Antúnez Pacheco y de
la Cruz, Capitán y Encomendero, fundador el 23 de marzo de 1778 de San Carlos de Zulia…”.
Von Jess, Kurt Nagel, La familia Lossada de Maracaibo. (Personajes lugares y anécdotas) Dis-
ponible en: [Link]
249 RPEZ. C-11-03. Sobre la quiebra del mayorazgo de los Antúnez y Lossada 1832-1834- 118
folios. . Avalúo de la casa de los Antúnez Pacheco. Maracaibo, 13 de Marzo de 1824. ff. 33r-35r.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 103

capitán de corazas Nicolás Joseph de Antúnez Pacheco, cofundador de la


villa de blancos de San Carlos del Zulia; de éste a su hija Josefa Nicolasa
Antúnez Campos casada con don Fernando de Lossada y Noboa, alcalde
ordinario de Maracaibo; de éste a José Antonio Lossada Antúnez casado
con María Luisa González de Celis, y finalmente a su hijo José Demetrio
Lossada y Celis250.
Es importante precisar que en las relaciones entre padres e hijos de los
sectores de la nobleza, con relativa frecuencia se presentaron fuertes ten-
siones y enfrentamientos. Ello se debió a que hasta su emancipación, los
hijos primogénitos dependían de la autoridad paterna y su sujeción era casi
total; sólo después de la muerte del padre obtenían la libertad plena. Esas
limitaciones se extendían a todos los ámbitos de su vida personal, pero en
especial a lo económico, debido a que los padres disponían de los bienes
de sus hijos que fueran menores de edad, y también retenían las legítimas
maternas de sus proles, por el tiempo que desearan. En otras ocasiones, la
autoridad paterna se excedió hasta la apropiación de las heredades de sus
descendientes, aunque éstos hubiesen alcanzado la emancipación. Por esas
razones, esas relaciones entre padres e hijos beneficiarios de un mayorazgo
experimentaron conflictos y fuertes litigios, en los que se enfrentaron por
alimentos y por los bienes vinculados. Ello ocurrió debido a que era poco
frecuente que los padres hicieran cesión formal de las rentas antes de su
muerte; con frecuencia preferían reservarse la administración directa de
los mismos y entregar a sus hijos una pensión por alimentos251.
250 “… famoso por haber sido el primer maracaibero que sufrió prisión en aras de la libertad de prensa,
fundador y redactor del periódico maracaibero “El Correo Nacional” (v. Faría de Hands, Augusta, Los
tres primeros periódicos de Maracaibo), en una carta fechada en Caracas el 2.3.1828, aparece como
uno de sus signatarios, dirigida a S.E. El Libertador Presidente Simón Bolívar, por los padres de familia
y propietarios de Caracas, en la que tratan de la crítica situación de Venezuela, manifestando que El
Libertador era la única persona en que el pueblo depositaba su confianza y que consideraba la única
autoridad capaz de dirigir los destinos y defender su independencia (v. Colección de documentos
relativos a la vida pública del Libertador, Tomo XIII, Caracas, Imp. de G. F. Devisme, Calle de la Frater-
nidad, u. 57,1818-), otorgó testamento el 12.5.1835 en Caracas, o el 13.7.1819 en la Iglesia de San
Pablo (hoy de Santa Teresa) de Caracas, casado con Josefa Dolores García del Castillo y García de
Noda, h.l de D. José Prudencio García del Castillo y de Da. Teresa García de Noda”. Von Jess, Kurt
Nagel, La familia Lossada de Maracaibo. (Personajes lugares y anécdotas) Disponible en: [Link]
[Link]/index_archivos/trabajos_pag1/[Link]; Colina Adeyro y García Julio, “Relaciones
de parentesco en la elite maracaibera del siglo XIX y principios del XX: La familia Lossada”. En, Revista
de Artes y Humanidades UNICA. Vol. 10, Nº 1, enero abril 2009. pp. 152-153.
251 Sánchiz Javier, “La nobleza y sus vínculos familiares”… p. 357.
104 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Esas tensiones fueron evidentes en el mayorazgo de los Antúnez Pa-


checo- Lossada en 1818, cuando se suscitó un fuerte y enconado litigio
entre los sucesores del mismo, en que se enfrentaron don José Demetrio
Lossada y Celis en contra de sus padres don José Antonio Evangelista
Lossada y doña María Luisa González de Celis, en el cual José Demetrio
reclamó a su padre “seis mil y pico” de pesos, además la pensión anual de
200 pesos que le correspondía por ser heredero del mayorazgo de los An-
túnez Pacheco. El estrepitoso pleito fue elevado al tribunal superior de la
parte norte de la Republica de Colombia, cuyos jueces determinaron que
José Antonio debía pagar a su hijo José Demetrio lo correspondiente a
las rentas del vínculo que le pertenecían. En consecuencia, José Demetrio
exigió a los tribunales ordinarios de Maracaibo que se hiciera efectiva la
cancelación de sus haberes. En las actuaciones tanto don José Antonio
como doña María Luisa Celis, quien fungió como su apoderada, ambos
hicieron valer sus influencias en los juzgados para retardar el pago de los
mismos, mientras José Demetrio exigió el embargo de los bienes vincula-
dos y su subasta.
En contra de las intenciones de los demandados, el demandante solo
consiguió se avaluara la casa del vínculo, mientras don José Antonio se
justificó por el retraso en la entrega de aquellas rentas, al alegar la pérdida
“inculpable” de las fincas principales y únicas rentales del mayorazgo de
los Antúnez, limitadas a la hacienda del Ancón, sembrada de caña, y la de
Río Seco, debido a su detrimento perentorio252, ocasionado por el socorro
que él había prestado a los expatriados y presos patriotas que habían huido
o sido prendidos por Morillo, cuando éste ocupó Maracaibo, lo que según
la declaración de don José Antonio, se describía con la triste interrogante
con la que cuestionaba las actuaciones del general realista al decir: “¿qué
se podía esperar de unos enemigos ciegos de venganza?”.
Del mismo modo, don José Antonio Lossada arguyó que los títulos
de distinción habían sido abolidos por el gobierno republicano; además
expresó que Demetrio se había casado sin su consentimiento, lo cual le
hacía perder el derecho a disfrutar de las rentas del mayorazgo en favor
de su segundo hijo. Asimismo, se incluyó en el expediente una carta de
252 RPEZ. C-11-03. Sobre la quiebra del mayorazgo de los Antúnez y Lossada 1832-1834- 118
folios. . Declaración de Juan Antonio Lossada. Maracaibo, 15 de Marzo de 1824. ff. 39-49.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 105

José Demetrio, dirigida a una dama de nombre Conchita, en la que le


confesaba su amor y le prometió que pronto esperaba verla para hacerle
algunos “cariñitos”, lo cual fue considerado un insulto al honor de la fa-
milia. Finalmente, el pleito culminó con la liquidación con los bienes del
mayorazgo253.
El nivel superior de la nobleza fue ocupado por aquellos que ostenta-
ban “títulos” y constituían los “grandes” del reino. Entre la nobleza titula-
da que se asentó en Mérida, y que fueron propietarios en los los valles de
Tucaní, Castro o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures
estaban los Bohórquez, los Dávila y Rojas y los López de Arriete. Los Bo-
hórquez eran descendientes de don Pedro Ximeno de Bohórquez, quien
obtuvo ejecutoria de nobleza en 1519, fue el primer alcalde de Utrera por
el Estado de los hijosdalgo y Caballero de la Banda. Los Dávila y Rojas te-
nían su mayorazgo fundado en Ciudad Real en 1551, mientras los López
de Arriete habían establecido un mayorazgo en Valladolid en 1592254. Por
su parte, don Pedro García de Gaviria, antecesor de don Pedro de Gaviria
Navarro, fue hijosdalgo de los principales de Mondragón en el Reino de
Vizcaya, quien 1584, levantó probanzas para solicitar al rey de España
una renta de 2.000 pesos anuales, un hábito de la orden de Santiago y un
escudo de armas que llevaba en emblema o divisa la bandera negra que él
le había ganado al tirano Lope de Aguirre que era: “la de las dos espadas
sangrientadas”, pero sólo se le concedió la renta anual, mediante una real
cédula fechada en San Lorenzo en 1588255.
Entre los neozamoranos que fueron descendientes de nobles peninsu-
lares256 se hallan a don Simón Fernández de las Islas, conocido como “el
viejo”, natural de la ciudad de Silves, capital de la Provincia de Algarve en
el Reino de Portugal, quien fue fundador y alférez real en la Nueva Zamo-
ra junto a don Pedro Maldonado257. Con similar distinción se presenta
don Pedro de Velazco emparentado con la casa del duque del Infantado
253 RPEZ. C-11-03. Sobre la quiebra del mayorazgo de los Antúnez y Lossada 1832-1834- 118
folios. Declaración de Juan Antonio Lossada. Maracaibo, 15 de Marzo de 1824. ff. 39-49.
254 Picón Parra Roberto, Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida…. T. I. p. 67
255 Picón Parra Roberto, Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida… T. I.
pp. 181-186.
256 Martínez Allegretti, Oscar, Dos familias en el Maracaibo del Siglo XVII… pp. 48-90.
257 Martínez Allegretti, Oscar, Dos familias en el Maracaibo del Siglo XVII… pp.48-49.
106 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

de los Mendoza258, al igual que don Fernando Pérez de Guzmán, quien era
parte de la primera nobleza sevillana. Asimismo don Pedro Esteban Pirela
Suárez de Acero259, don Josep Antonio Cedeño260, don Joseph Nicolás
Antúnez Pacheco261, doña Ana María de Campos262, don Juan Chourio263
y, finalmente, el heredero de don Juan Chourio: don Manuel García de la
Peña, nativo de Cádiz, el primer marqués de Perijá y su hija María Josefa
García de la Peña, segunda marquesa de Perijá264.
258 Origen de la ylustrisma casa de Velazco por don Pedro de Velazco. Biblioteca Nacional de
España. Mss 3238. Disponible en: [Link] Don Pedro
de Velazco estaba emparentado con don Manuel de Velazco, casado con doña María de Men-
doza, cuya abuela doña Catalina de Mendoza procedía de la nobilísima casa del Infantado. La
madre de doña María, doña Catalina Rodríguez de Porras, perteneciente a la misma familia del
mismo nombre, de Zamora y de Cuéllar, emparentada con la casa de Alba”. En, Oscar Martínez
Allegretti, Dos familias en el Maracaibo del siglo XVII... p. 75.
259 Don Pedro Esteban Pirela, teniente de capitán. AGNC. Poblaciones varias. SC, 46, 5, D. 91.
Maracaibo, estado en que se encuentra su jurisdicción. Maracaibo, 17 de julio de 1750, f. 419r.
260 Don Joseph Cedeño, sobrino carnal de don Pedro Joseph Antúnez Pacheco y concuñado de Nicolás
Antúnez Pacheco. AGNC. Curas y Obispos. SC. 21, 2, Doc. 2. Maracaibo jesuita defiende a religioso
por imputaciones. Alegatos del padre Pedro Millán de la Compañía de Jesús. AGNC. Curas y Obispos.
SC21, 2, Doc. 14. Valle de Río Seco, pleito de jesuita por servidumbre de aguas 1761-1763. f. 224v.
261 “Los Antúnez Pacheco eran de las primeras familias corianas-maracaiberas, por cuanto este
apellido figura en sus respectivas remotas fundaciones. El Antúnez, de origen portugués que
pasó luego a España, es patronímico de Antón o Antonio. El Pacheco, igualmente de origen por-
tugués, aun cuando se reputa castellano, tiene su primitivo asiento americano en la venezolana
ciudad de Trujillo. Allí poseyeron el Condado de San Javier y no se sabe si vinieron a Maracaibo
directamente con el fundador Alonso Pacheco o a través de Coro donde formarían posiblemente
un apellido doble”. Von Jess, Kurt Nagel, San Carlos de Zulia y su fundador. Disponible desde:
[Link]
262 “Da. Ana María de Campos y Antúnez Pacheco, tía de la heroína zuliana, su homónima, en cuyo
honor fue bautizada ésta; hija legítima aquélla del Capitán D. Juan Ignacio de Campos y Pineda,
español y de Da. Isabel María Antúnez Pacheco y Morales Chacín o Marín, hija del D. Antonio
ya mencionado”. Von Jess, Kurt Nagel, San Carlos de Zulia y su fundador. Disponible en, http://
[Link]/index_archivos/trabajos_pag1/[Link]
263 Don Juan Chourio declaró en su testamento ser hijo de: “… don Juan Chourio y de doña
Estephanía de Iturvide, vecinos que fueron de la villa de Vera, una de las cinco nobles de la
montaña del Reyno de Navarra y natural del lugar de Azcaín, y dueño de la casa noble de
Chourio…”. AGNC. Conventos y congregaciones religiosas. T. LXXII. Testamento de don Juan
Chourio. Maracaibo, 10 de septiembre de 1757. f. 217v.
264 La villa de Perija fue fundada por don Juan Chourio, después de su muerte, ésta fue continuada por
Manuel García de la Peña, yerno, sucesor y heredero de Juan de Chourio, como premio a sus ser-
vicios, la Corona Española le concedió entre otras gracias, mercedes y honores por la continuación
en la pacificación de los indios macuaes y aratomos, otorgándole el título de Marqués de Perijá. El
marquesado de Perijá es: “…un título de Castilla concedido por el rey Carlos III en Real Decreto del
08 de agosto (28 de octubre) de1776, con el Vizcondado previo del Palmar, al Sargento Mayor del
Regimiento de Caballería de España en la villa de Perijá de Maracaibo, en la Provincia de Venezue-
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 107

2.2. LA EVOLUCIÓN Y CARACTERÍSTICAS LA NOBLEZA PROPIETARIA DEL SUE-


LO EN LOS VALLES TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO, MOJAJÁN, SAN ANTONIO,
SANTA MARÍA Y BOBURES
En la apropiación del suelo en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro,
Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures por la nobleza propietaria,
presenta ciertas particularidades, las cuales deben ser expuestas para acla-
rar certeramente las dudas que se han suscitado en la discusión el ámbi-
to jurisdiccional del sur del Lago de Maracaibo. Aunque la totalidad del
espacio geográfico comprensivo en los linderos fijados desde 1549 por el
Cabildo de Pamplona, que ubicaban sus hitos al norte, en los brazos de
Herina o Río Palmar265, y que a partir de 1559 fueron reclamados por Mé-
rida, al igual que los que en ese año se establecieron con Trujillo situados
en el río Pocó, determinando de esa forma que todo el territorio ubicado
al sur de ambos cauces era jurisdicción de la Nueva Granada y los que se
ubicaba al norte pertenecían a la Gobernación de Venezuela266.
la, José García de la Peña, su hija María Josefa García de la Peña y Torres (nacida en Perijá) fue la II
Marquesa a partir del 30 de marzo (20 de marzo) de 1790. Ésta se casó el 06 de mayo de1793 con
el II Marqués de Sotomayor, Marqués de Gelo y de Villamagna, y además fue camarista de la Reina
María Luisa. Su primera hija, Carlota, fue la III Marquesa, y al morir ésta, el título pasó a su herma-
na, María Luisa Sánchez Pleités y García de la Peña de Tabalosos como IV Marquesa de Perijá, se
casó en el Real Palacio de Madrid el 03 de diciembre de 1817 con el Conde de Nieulant. El primer
hijo de estos aristócratas, Fernando de Nieulant y Sánchez Pleités, fue Marqués de Sotomayor, de
Gelo, V de Perijá. Al morir este último, el título pasó a su sobrina, María Isabel de Nieulant y Villanue-
va, VI Marquesa de Perijá. Ésta casó con el XIII Conde de Atarés, con Grandeza de España, de cuya
unión procrearon a José Federico López Gaviria y Nieulant, quien en 21 de junio de 1906 sucedería
como XIV Conde de Atarés y VII Marqués de Perijá, quien en vida fue Secretario de la Diputación
Permanente y Consejo de la Grandeza de España. A partir del 30 de diciembre de 1964, su hijo
José Miguel López y Díaz de Tuesta fue el XV Conde de Atarés y VIII Marqués de Perijá. A éste le
sucedió el 08 de noviembre de 2012 su sobrino-nieto Fernando González de Castejón y Jordán de
Urríes, como XVI Conde de Atarés y IX Marqués de Perijá, según BOE de fecha 22 de octubre de
ese mismo año” en: Carvallo Sayago Miguel, La Venezuela de sangre azul… pp. 30-31. Disponible
en: /[Link]/13958998/La_Venezuela_de_sangre_azul.
265 El 17 de julio de 1549 fue creada la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá y se le asignó la mayor
parte del territorio de la Tierra Firme, deslindando el correspondiente a Santo Domingo y a Lima.
Los límites entre las dos primeras se fijaron en “una línea recta que se ha de imaginar desde la
ciudad del Río de El Hacha, cortando por la mitad de la laguna de Maracaibo, valle de los Timo-
tes, río Masparro, río Apure hasta su desembocadura en el Orinoco hasta el curso de este río
hasta su desembocadura en la Boca de Drago”. En, Lares Gabaldón Martín, Problema limítrofe
entre los Andes y el Zulia. Estudio Histórico Político. Caracas. Tipografía Vargas, 1968. p. 3.
266 Ramírez Méndez Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. La villa de San
Antonio de Gibraltar… T. I. pp. 111-131. Disponible desde, [Link]/9494127/La_tierra_prome-
tida_del_sur_del_Lago_de_Maracaibo_y_la_villa_y_puerto_de_San_Antonio_de_Gibraltar_Siglos_XVI-XVII_Tomo_I.
108 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

De acuerdo con esas circunscripciones todo el espacio sur del Lago


de Maracaibo, le correspondió a la jurisdicción de Mérida, pero a partir
1571, se originó por los vecinos de la refundada ciudad de la Nueva Za-
mora de Maracaibo el sistemático desconcimiento de la jurisdicción eme-
ritense sobre ese territorio, quienes siempre mantuvieron su divergencia
sobre esta delimitación y de hecho la desconocieron en 1592, al fundarse
San Antonio de Gibraltar y del mismo modo concedieron algunas mer-
cedes del suelo expresando que este era jurisdicción de la Nueva Zamora.
A pesar de esos hechos aislados, la ocupación del sur del Lago de Mara-
caibo fue acometida por los emeritenses, razón por la que casi la totalidad de
los propietarios del suelo en los valles de Tucaní, Castro o San Pedro, Moja-
ján, San Antonio, Santa María y Bobures durante los dos primeros siglos co-
loniales fueron vecinos de la ciudad de las nieves eternas; ello se confirma al
evidenciar que 121 de ellos reconocen ser vecinos de Mérida. (Véase tabla 6)
Los propietarios de los valles estudiados que afirman ser oriundos o veci-
nos de Gibraltar, alcanzan la cifra de 148, lo cual demuestra el preciso cumpli-
miento de la asentamiento demográfico de los porteños en su área jurisdiccio-
nal y la vinculación con su ocupación al ser propietarios de aquel espacio que
les era privativo por considerarse como los términos de la villa. (Véase tabla 6)
En tercer lugar se hallan los procedentes de Maracaibo, con 84 dueños,
lo que indica el interés de los neozamoranos en participar en el proceso pro-
ductivo del sur del Lago de Maracaibo. En el área estudiada, hubo otros
propietarios con una reducida presencia, procedentes de La Grita, Caracas,
Barinas y Trujillo. En total se han contabilizado 359 poseyentes, de los cua-
les 118 tenían propiedades en Bobures; 87 en Castro; 80 en Mojaján; 46 en
San Antonio; 24 en Santa María y 4 en Tucaní o Mucutem. (Véase tabla 6)
En cuanto a la distribución temporal de los propietarios, durante la
primera mitad del siglo XVII, se hallan 65 propietarios procedentes de
Mérida y en la segunda 56 poseyentes, para un total de 121. Esa cifra, sin
lugar a dudas está en relación con la ocupación y colonización del territo-
rio, además con el proceso de expansión de la frontera agrícola, concreta-
da con la difusión del cultivo del cacao y la caña de azúcar y, además, con
la conformación de las estancias y haciendas, lo cual fue realizado por los
emeritenses. (Véase tabla 6)
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 109

Tabla 6: Origen y vecindad de los propietarios del suelo en los valles de Tucaní, Castro
o San Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures. Siglos XVI al XIX
Valles Mérida Caracas Barinas Maracaibo Gibraltar Trujillo La Grita total
San 24 3 19 46
Antonio
Santa 5 13 6 24
María
Tucaní 2 2 4
Mucutem
Mojaján 29 50 1 80
Castro 25 1 19 39 2 1 87
Bobures 36 1 49 32 118
121 1 1 84 148 3 1 359
Fuente. AGEM. Protocolos T. I- C. Mortuorias T. I-XX; AGNC. Tierras de Venezuela. T.
I-X; RPEZ. Doc. B-01-23; AGI. Escribanía 77,6B. AGI. Escribanía de Cámara Legajo 836-c.
Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657.

De la misma forma ocurrió con los porteños, quienes suman entre


1600 y 1649 la cantidad de 40, y luego entre 1650 y 1699, alcanzan 48,
lo cual indica la radicación de la población en la villa y puerto durante ese
período, en directa relación con el proceso de prosperidad tanto producti-
va como comercial de Gibraltar, cuyas cifras se mantienen durante el siglo
XVIII y el XIX. En ese sentido, es importante considerar a 39 propieta-
rios, cuya gran mayoría estuvieron representados por los morenos libres
en los valles de San Pedro, San Antonio y Santa María. (Véase tabla 7)
En el caso de los neozamoranos que fueron dueños en área estudia-
da, se ha podido constatar que en su mayoría obtuvieron sus propiedades
durante la segunda mitad del siglo XVII, con 40 poseyentes, después que
ese territorio enfrentara las serias crisis motivadas por los continuados ata-
ques piratas, los terremotos de 1673 y 1674, el subsiguiente deslave y los
prolongados asaltos indígenas, que sumieron a la planicie lacustre en un
estado de postración económica y social. Aunque, es preciso indicar que
durante la primera mitad del siglo XVI también hubo 15 propietarios, de
los cuales al menos tres obtuvieron sus propiedades mediante actuacio-
nes del cabildo neozamorano con la otorgación de mercedes de tierra en
110 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

aquellos territorios al considerarlos de forma indebida como parte de su


jurisdicción, lo cual era evidentemente errado, pero la ambigüedad de esos
hechos y el desconocimiento de las autoridades reales, tanto sobre el terri-
torio asignado como de la legalidad en su adscripción, determinó la per-
sistencia y posterior validación de algunos de esos títulos. (Véase tabla 7)

Tabla 7: Distribución de los propietarios de los valles de Tucaní, Castro o San Pedro,
Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures. Siglos XVI al XIX
Fecha Mérida Caracas Barinas Maracaibo Gibraltar Trujillo La Grita total
1600-1649 65 1 1 15 40 2 1 125
1650-1699 56 40 48 144
1700-1749 12 6 1 19
1750-1799 2 39 41
1800-1830 15 15 30
total 121 1 1 84 148 3 1 359
Fuente. AGEM. Protocolos T. I- C. Mortuorias T. I-XX; AGNC. Tierras de Venezuela. T. I-X;
RPEZ. Doc. B-01-23; AGI. Escribanía 77,6B. AGI. Escribanía de Cámara Legajo 836-c. Visita
de Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657.

2.3. PROPIETARIOS Y PROPIEDADES EN EL VALLE DE TUCANÍ O MUCUTEM


El extenso territorio por el que discurren los ríos de Chimomó, Tucaní
o Mucutem se dividió, a finales del siglo XVII, en tres valles con las deno-
minaciones de Santa María la Coronada, aunque el puerto existía desde la
segunda mitad del siglo XVI, el valle de San Antonio (San Antonio de He-
ras) y el valle de Chimomó o San Francisco del Pino, y se mantuvo el valle de
Tucaní o Mucutem. En la actualidad, ese territorio está jurisdiccionalmente
comprendido en los Municipios Caracciolo Parra y Olmedo del Estado Mé-
rida y parroquia Heras del Municipio Sucre del estado Zulia.
2.3.1. El valle de Chimomó o San Francisco del Pino
En el valle del río Chimomó, se situaron las propiedades de Juan Cerrada,
declaradas en su testamento267 como limítrofes con “... la quebrada de Chimo-
mó...”, y las estancias de Alonso y Diego Xacinto Pérez de Hinestroza268. Ce-
267 AGEM. Protocolos T. XVI. Testamento de Juan Cerrada. Mérida, 7 de noviembre de 1639. ff. 2r-5r.
268 AGEM. Protocolos T. XX. Carta de venta. Mérida, 6 de febrero de 1648. ff. 20v-22v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 111

rrada transfirió sus propiedades al Convento de Nuestra Señora de Altagracia


de San Agustín de San Antonio de Gibraltar. Posteriormente, los agustinos las
vendieron a Micaela Osorio, viuda de don Alonso de Toro en 1648.
En tanto, a los Hinestroza se les otorgó una merced de tierra, la cual
fue medida por el juez repartidor Juan Gómez Garzón en 1594, desde
Iricuy (Palo Negro de Jají) en la quebrada La Sucia, hasta Chimomó, una
estancia de ganado mayor que fue compuesta por ochenta pesos ante Mar-
tín Serrato269, ubicadas en “... un alto que a modo de galera llaman San
Francisco...” (El Pinar), donde donó una estancia a Lucía Ana de Palacios,
mujer de Esteban Palacios270. Por otra parte, doña Isabel Godoy de Luna
declaró entre sus bienes “... una estancia de cacao en el balle de Chimo-
mó...”271.
2.3.2. El valle de Tucaní o Mucutem
En el área del valle de Tucaní o Mucutem, se entregaron tres estancias
a Capracio Trejo de la Parra, en 1633, agraciadas por el gobernador Juan
Pacheco Maldonado “... junto al río de Tucaní que alinda con Juan Pérez
Cerrada y sus herederos...” 272, que tocaba en serranía y un pedazo de vega,
que fueron compuestas por el propietario en 1656273. En el lindero del
valle del Mucutem, se concedió tierras al Convento de San Agustín de San
Antonio de Gibraltar, que confinaban con la estancia de Pedro de Silva y
Juan Pérez Cerrada. A pesar de que los religiosos solicitaron dos estancias,
sólo se les confirió una porque, al medirlas, abarcaban la propiedad de
Juan Pérez Cerrada; además, se les dio otra estancia en la montaña, que
debía medirse después de la casa de Pedro de Silva274.
269 AGNC. Tierras de Venezuela. T. 4. Medición y composición de las tierras de Alonso Pérez de
Hinestroza. Mérida, 20 de noviembre de 1594. ff. 257r- 259r.
270 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de los menores hijos Esteban Palacios.
San Antonio de Gibraltar, 17 de abril de 1657. f. 202r.
271 AGEM. Protocolos T. XXI. Testamento de Isabel Godoy de Luna. Mérida, 23 de julio 1651. ff. 83v-86v.
272 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Capracio Trejo de la Parra.
Mérida, 27 de enero de 1633. f. 277r-.v.
273 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Capracio Trejo de la Parra. Mérida, 15
de noviembre de 1656. ff. 215r-v.
274 AGI. Escribanía de Cámara Legajo 836-c. Visita de los oidores Modesto de Meller y Diego de Baños
y Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de las tierras del Convento de San Agustín
de la ciudad de San Antonio de Gibraltar. San Antonio de Gibraltar, 4 de abril de 1657. f. 171r-v.
112 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

2.3.3. El valle de Santa María la Coronada


El capitán Simón Fernández, solicitó y obtuvo del gobernador don
Diego Osorio, una merced para él y sus herederos en la costa de Santa
María. Después de su fallecimiento, el 20 de octubre de 1594, las tierras
fueron heredadas por su viuda doña María Álvarez de Abuy o Daboín,
quien se las vendió al capitán Antón Suárez de Acero, también vecino de
Maracaibo. Éste acudió ante la Corona para obtener la confirmación de
esa propiedad, lo cual se llevó a efecto en Madrid, el 8 de marzo de 1621.
Antón Suárez tuvo esa posesión hasta su fallecimiento, cuando su sobrino
y homónimo, el capitán Antón Suárez, la adquirió en almoneda pública.
En el año de 1682, la propiedad fue invadida por algunas personas por
cuya razón, Antón Suárez se presentó ante el gobernador don Antonio de
Vergara Azcarate y Dávila, exigiendo un juicio para desalojar a los inva-
sores de su propiedad, presentando los correspondientes documentos275.
Después de ese incidente, Suárez decidió repartirla entre sus 9 hijos y ven-
der parte de sus posesiones a otros vecinos de Maracaibo. A consecuencia de
esas transferencias, esa posesión inicial se dividió entre varios propietarios,
y dio origen a las haciendas de Juan Lozano; otra de un Lucas, de quien se
desconoce su apellido y el nombre la hacienda; la designada “San Felipe” que
pertenecía a Diego Suárez; otra, probablemente heredada por un hijo de An-
tonio Suárez nombrada “Santo Cristo”; otra perteneciente a Antón, Suárez
denominada “San Pedro”, donde se ubicaba el puerto la misma designación;
colindante con otra que heredó una de la hijas de Antón Suárez, de la quien
desconocemos su nombre, pero que la llevó como parte de sus bienes dotales
cuando contrajo nupcias con don José Antonio Basave276, por cuya razón fue
parte del peculio del depositario general de la ciudad de Maracaibo277, a la que
275 AGI. Escribanía 77, 6B. Testimonio de autos obrados por el bachiller Juan Feliz de Herrera,
sacristán mayor que fue de la ciudad de San Antonio de Gibraltar y juez de diezmos en ella.
Testimonios. Maracaibo, 10 de octubre de 1691. f. 2r.
276 “… que hace más de treinta y tres años a esta parte que conoció al capitán don Pedro Vasave que
tenía el caudal que por vía de dote le dio el capitán don Antón Suárez difunto su suegro cuando se
casó con su hija y que tiene por cierto benía alguno propio y que con uno y otro sabe que fue el mayor
adelantamiento en las haciendas que manejó… AGNC. Negros y esclavos Venezuela. SC. 43. 1.
Doc. 2. Don Juan Francisco Basave con don Baltazar Guillén por el valor de dos esclavos jornaleros.
Testimonio de don Thimoteo Pérez de Pineda. Maracaibo, 12 de febrero de 1728. f. 178r.
277 “… al primer punto dijo que le consta al que declara que hubo caudal suficientísimo el capitán
don Pedro Vasave, difunto, siendo uno de los que se señalaban en esta ciudad y que le consta
por saber la porción de esclavos y arboledas de cacao que tenía en el valle de Santa María…”
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 113

se denominó “Basavito” con cuyo nombre se les reconoció durante el siglo


XVIII y el XIX, con su respetivo puerto, denominado Santa María. Lindante
con la anterior se hallaba la propiedad denominada San Isidro perteneciente a
don Diego, don Carlos Pírela y doña Bernarda, (Véase mapa 3)

Mapa 3: Propietarios y propiedades en el valle de Santa María 1656-1760

Fuente. AGEM. Protocolos T. I- C. Mortuorias T. I-XX; AGNC. Tierras de Venezuela. T. I-X;


RPEZ. Doc. B-01-23; AGI. Escribanía 77,6B. AGI. Escribanía de Cámara Legajo 836-c. Visita de
Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657. AGNC. Mapoteca 4 Nº 398.
BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1.

Otras propiedades cuyos dueños se desconocen fueron la estancia de


San Juan y Santa Catalina. Colindante con estas propiedades se hallaba la
posesión de Cristóbal Guillén Saavedra, regidor de Maracaibo que se de-
nominaba San Joseph y las Ánimas en 1713278, actual puerto de San José.
Maracaibo, 12 de febrero de 1728. Testimonio de Juan de Alaña Salazar. AGNC. Negros y es-
clavos Venezuela. SC. 43. 1. Doc. 2. Don Juan Francisco Basave con don Baltazar Guillén por
el valor de dos esclavos jornaleros. f. 180r.
278 Cristóbal Guillen Saavedra, propietario de la hacienda de San Joseph en el valle de San Pedro,
regidor perpetuo del cabildo de Maracaibo. AGNC. Negros y esclavos Venezuela. SC. 43. 1.
114 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Otra área, en las tierras de Santa María, fueron entregados predios en


propiedad a don Pedro de Gaviria Navarro, y de éste las heredó su viuda
doña Francisca de Ospina, quien probablemente las entregó a su hija María
Navarro y a su esposo don Nicolás Rangel de Cuellar, porque en 1676 éste
último, su esposa y su suegra, suscribieron una carta de censo a favor de las
monjas clarisas de Mérida, hipotecando las tierras “… en el sitio de Santa
María con las casa edificios y herramientas de su administración que lindan
con tierras del sargento Pedro de Silva…” 279. Aunque en ese documento, se
afirma que las tierras eran propiedad de don Nicolás, en 1691, se debe pun-
tualizar que la estancia era de doña Francisca de Ospina, vecina de Mérida,
y que para esa fecha el predio había sido adquirido por don Andrés Alman-
sa y lindaba con el de Pedro de Silva y la hacienda de Baltasar Martínez de
Mora, todas colindantes en la línea de la costa280, probablemente la misma
que pertenecía a don Cristóbal de la Vega y Palacio. (Véase mapa 3)
Por su parte, Pedro de Silva recibió una concesión del gobernador
Francisco Martínez de Espinosa contiguo al cauce del río de Tucaní. En
esa ocasión, pidió y se le concedieron doce estancias de pan, pero no fue
posible adjudicarle sino cuatro porque tropezó con las propiedades de
Juan Pérez Cerrada. La sabana de Silva se dilataba desde “... el caño de
Tucaní, por el camino que va al puerto de Santa María, en que hubo veinte
y tres cabuyas de allí cojiendo al caño abajo hasta los anegadizos en que
hubo diez cabuyas y lo demás se enteró en anegadizos por no haber tierra
útil...”281. Esa propiedad fue vendida al capitán Juan de la Vega y Palacio, el
mozo, vecino de Maracaibo, en 1683282.
Doc. 2. Don Juan Francisco Basave con don Baltazar Guillén por el valor de dos esclavos jor-
naleros. Carta de obligación. En la hacienda de San Josep, valle de San Pedro, 12 de junio de
1713. f. 126v-127v...
279 AGEM. Protocolos T. XXX. Carta de censo tierras de Santa María. Mérida, 8 de febrero de 1676.
ff. 252v 255v.
280 AGI. Escribanía 77,6B. Testimonio de autos obrados por el bachiller Juan Feliz de Herrera, sacristán
mayor que fue de la ciudad de San Antonio de Gibraltar y juez de diezmos en ella, y el Dr. D. Andrés
Antonio de Montenegro, presbítero juez de diezmos actual de dicha ciudad en orden al diezmo de los
Bobures que pretende la provincia de Maracaibo adjudicarse, perteneciendo a la dicha ciudad de Gi-
braltar como consta de estos autos según sus límites y linderos que van en 158 hojas numeradas. 1690.
Testimonios de las autoridades de la Nueva Granada. Gibraltar, 10 de octubre de 1691. ff. 31v y ss.
281 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Diego de Modesto de Meller y Diego de
Baños y Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Pedro de Silva. San Antonio
de Gibraltar, 5 de abril de 1657. f. 174r-v.
282 AGI. Escribanía 77,6B. Testimonio de autos obrados por el bachiller Juan Feliz de Herrera, sa-
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 115

Esas haciendas fueron abandonadas a raíz de los incesantes ataques de


los motilones, ocurridos durante las primeras dos décadas del siglo XVI-
II, cuyas acciones causaron la muerte de los esclavos y el temor de sus due-
ños. Por esas razones, don Juan Chourio adquirió once haciendas que se
hallaban despobladas y abandonadas, con la finalidad de establecer un po-
blado de indígenas, de nación alíles en 1717. Las propiedades adquiridas
por Chourio le pertenecían a los herederos del capitán Antón Suárez, y en
ese año, no habían sido compuestas por sus poseedores. En tal virtud, Juan
Chourio procedió a realizar la composición de las tierras que había adquiri-
do, que se extendían por “… todas las savanas de Santa María que se hallan
realengas hasta competir con savana chiquita y que sus linderos por lo que
toca asia la Laguna sea y se entienda la orilla de la montaña que circumbala
las dichas savanas y de savana Chiquita tirando para arriba hasta la Zerranía
inclusive en ella la mesa de San Nicolás…”283. Esta propiedad, junto con las
restantes de Juan Chourio, estaban hipotecadas al Convento de Santa Clara
de Mérida por la cantidad de 4000 pesos, y según el testamento del mismo
se destinaron al pago de sus deudas y fueron legadas a don Manuel García
de la Peña, en 1758284; todavía en 1804, el censo no se había redimido, y los
réditos eran cancelados por don José García de la Oliva285.

cristán mayor que fue de la ciudad de San Antonio de Gibraltar y juez de diezmos en ella, y el Dr.
D. Andrés Antonio de Montenegro, presbítero juez de diezmos actual de dicha ciudad en orden
al diezmo de los Bobures que pretende la provincia de Maracaibo adjudicarse, perteneciendo
a la dicha ciudad de Gibraltar como consta de estos autos según sus límites y linderos que van
en 158 hojas numeradas. 1690. Testimonios de las autoridades de la Nueva Granada. Gibraltar,
10 de octubre de 1691. ff. 31v y ss.
283 AGI. Santo Domingo. Legajo 668. Testimonio de la composición de las tierras de Santa María de
don Juan Chourio. Maracaibo, 17 de abril de 1717. ff. 10r- 15v.
284 AGI. Santo Domingo. Legajo 671. Testimonios de los autos entierro, funeral e inventarios por fin
y muerte de don Juan Chourio. Año de 1758.
285 En 1797, en una relación de cuentas del síndico del Monasterio de Santa Clara de Mérida, en
Maracaibo hizo constar que entre los censos correspondientes a la madres que había uno de: “…
4000 pesos por Juan Chourio paga el rédito el Licenciado Don José de la Oliva, e ignoro si debe algo
pues mi antecesor igualmente lo ignora y obtendré de dicho Oliva esta noticia luego que regrese de
su hato, en donde se halla…” AAM. Sección 54, Religiosos. Caja 6. Doc. 54-0124. Relación de
cuentas del síndico de clarisas de Mérida en Maracaibo. Maracaibo 5 de julio de 1796. 1 f. Años
más tarde en 1804, en la relación de rentas de las monjas del síndico Felipe Quintana se hizo cons-
tar: “… Por 1400 pesos que en respectivos plazos he recibido de Don José de la Oliva por réditos
de 7 años hasta el 21 de abril del presente por el principal 40 pesos que reconozen las haciendas
de Don Juan Chourio”. AAM. Sección 54 Religiosos. Caja 15. Doc. 54-317. Relación de cuentas
del síndico de clarisas en Maracaibo. Maracaibo, 16 de julio de 1804. f. 3r.
116 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

2.4. EL VALLE DE SAN ANTONIO


Las tierras del valle de Tucaní o Mucutem denominadas San Antonio,
fueron originariamente apropiadas por Juan Pérez Cerrada, hijo natural
del capitán Hernando Cerrada, en las inmediaciones del río Mucutem.
Allí inició sus labranzas hacia finales del siglo XVI, como consta en mer-
ced concedida mediante una petición elevada ante al Cabildo de San An-
tonio de Gibraltar en 1618, solicitando la concesión de dos caballerías de-
limitadas por “... la quebrada de Mucotem y labor que hoy tengo de cacaos
hacia la sabana del Santo Xto [Cristo], sucesiva una de la otra, dando lo
ancho y frente a la quebrada dicha arriba y abajo y lo largo hazia la sabana
de San Pedro, con todos los montes y sabanas que cayeren en la dicha
medida, sin entrar en anegadizos pues no me son de ymportancia ...” 286.
Aquellas propiedades comprendían “...las sabanas de San Antonio con las
tierras del dicho puerto...”287. Asimismo, Pérez Cerrada, pidió tres caba-
llerías para sus hijos Agustín, Mariana y Juan, una para cada uno “...dando
lo ancho y frente por la mar y lo largo hazia la estancia que yo tengo en
Mucutem, entrando en ellas las sabanas que hay en lo mejor de allí...”288.
Años después, en 1623, Juan Pérez Cerrada, que entonces se desempe-
ñaba como teniente de corregidor en San Antonio de Gibraltar, apoderó a
Pedro de León, Santos de Riega y Alonso de Aranda, procuradores de cau-
sas en la Real Audiencia de Santa Fe, para que solicitaran la composición
de sus tierras, situadas en los llanos y vertientes de la laguna de Maracaibo,
que poseía hacía muchos años, en el sitio y comarca que llaman Mocotem,
“...lo largo la quebrada del dicho Mocotem abajo, por el camino viejo que
sale de ella para el puerto de San Antonio de la dicha Laguna de Maracai-
bo...”289. Aquellas peticiones fueron aprobadas por el Cabildo, Justicia y
Regimiento de San Antonio de Gibraltar, y luego ratificadas por el gober-
nador Juan Pacheco y Maldonado en 1626290. De la misma forma, a Juan
286 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Juan Pérez Cerrada. San
Antonio de Gibraltar, 15 de junio de 1618. f. 37r-v.
287 AGEM. Mortuorias. T. IV. Mortuoria de Francisco Monsalve. Carta de censo. Mérida, 28 de
noviembre de 1643. f 30r-v.
288 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Margarita Agustín y Mariana
Cerrada. San Antonio de Gibraltar, 15 de junio de 1618. f. 32r-v.
289 AGEM. Protocolos. T. VIII. Carta de poder. Mérida, 23 de enero de 1623. ff. 13v -15v.
290 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced concedida a Juan Pérez Cerra-
da y sus hijos. Mérida, 6 de enero de 1626. ff. 31r-v. y 36r-v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 117

Pérez Cerrada se le concedió una caballería de tierra por arriba del puer-
to291, que comprendían las actuales sabanas de Santa Isabel y Santa Inés.
Las tierras cedidas a Juan Pérez Cerrada tenían una extensión de 20.875
hectáreas y cinco mil metros cuadrados.
Esas dilatadas propiedades, se dividieron después de la muerte de don
Juan Pérez Cerrada entre sus herederos. Por esa razón en 1636, doña Ana
de Serpa, viuda de Juan Pérez Cerrada, entregó como parte de los bienes
dotales de su hija Mariana, cuando contrajo matrimonio con el regidor
perpetuo de Mérida don Francisco Monsalve “...mil árboles de cacao fru-
tales en el sitio de Mucutem en la labranza grande... y una estancia de pan
coger...”292. En virtud de esa concesión, don Francisco Monsalve declaró
haber recibido esa hacienda cuando extendió el recibo de dote en 1638293.
Al fallecimiento de Monsalve, fueron subastadas y adquiridas en una puja
ganada por Juan Rabasco en 1644294, quien emitió un poder para vender
el cacao de sus cosechas en 1645295.
Asimismo, en 1643, Juan Cerrada, hijo de Juan Pérez, hipotecó una
caballería de tierra en “... las sabanas de San Antonio, con tierras del dicho
puerto...”296. Años después, en 1657, Ignacio Pérez Cerrada, también hijo
de Juan Pérez Cerrada y presbítero de San Antonio de Gibraltar, compuso
sus propiedades confinantes “... con estancia del capitán y sargento mayor
Juan Pérez Cerrada, por un parte y del camino real para arriba, sobre la
quebrada de Mucotem, lo que faltare se ha de enterar de la otra banda de
la dicha quebrada, lindando con las tierras que allí tiene dicho sargento
mayor Juan Pérez Cerrada...”297.
291 La hipotecó en 1643, al declarar que ofrecía en “... las sabanas de San Pedro que están arriba
del puerto...”. AGEM. Mortuorias. T. IV. Mortuoria de Francisco Monsalve 1643. Carta de solici-
tud de censo. Mérida, 28 de noviembre de 1643- ff. 30r-v.
292 AGEM. Protocolos. T. XIV. Carta de dote de doña Mariana Cerrada. Mérida, 26 de agosto de
1636. ff. 34r-37r. y AGEM. Mortuorias. T. IV. Mortuoria de Francisco Monsalve. Carta de dote de
doña Mariana Cerrada. Mérida, 26 de agosto de 1636. ff. 71r-73r.
293 AGEM. Protocolos. T. XIV. Recibo de la dote de doña Mariana Cerrada. Mérida, 20 de febrero
de 1638. ff. 248r-250v.
294 AGEM. Mortuorias. T. IV. Mortuoria de Francisco Monsalve. Subasta de la estancia de Mocu-
tem. Mérida, 28 de febrero de 1644. f. 42r.
295 AGEM. Protocolos. T. XVIII. Carta de poder. Mérida, 16 de octubre de 1645. ff. 249r-250v.
296 AGEM. Mortuorias. T. IV. Mortuoria de Francisco Monsalve. Carta de censo. Mérida, 28 de
noviembre de 1643. f 30r-v.
297 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de los Diego de Modesto de Meller y Diego de
118 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Las tierras de Ignacio Pérez Cerrada se hallaban inmediatas a las hacien-


das de su padre don Juan Pérez Cerrada, y comprendían ocho estancias298,
según la solicitud de su padre, quien había obtenido esas concesiones en
1618, que se demarcaban con Juan Granados corriendo el río Mojaján, y
se expandían hasta la costa, en el ancón de los Cerrada. La propiedad fue
vinculada a una capellanía porque Ignacio Pérez fue vicario de Gibraltar, y
por esa razón los agustinos de Santa Fe entablaron un pleito por los réditos
atrasados. Esa propiedad en 1699299, estaba en manos de los herederos de
Pérez Cerrada, y lindaba con las ocho estancias de pan concedidas a don
Antonio Biloria. Inmediata a éstas y lindantes hasta la costanera estaban las
de Juan Granados; por esa razón se les denominó el Ancón de Granados300.
Es probable que los herederos de Ignacio Pérez Cerrada, mantuvieran en
su propiedad la hacienda de Santa Isabel, y enajenaron parte de las mencio-
nadas propiedades a Miguel Ramos de Valladolid y su segunda esposa Isabel
Fernández Calderón, quienes eran propietarios de Santa Inés en 1699301,
madre y padrastro de Mateo de Argüelles Cienfuegos, quien también ad-
quirió la denominada Santa Isabel, sembrada con cañaverales, cacao e in-
genio de trapiche y veinte esclavos para su beneficio. Después del falleci-
miento de don Mateo de Argüelles Cienfuegos, ocurrida en 1702, fueron
subastados sus bienes, y los adquirió por remate su albacea don Cristóbal
Marín Cerrada por el precio 7.577 pesos, excepto una parte de esa propie-
dad, con casa en el puerto de San Antonio y con una extensión de estancia
y media, la cual fue vendida a Luis Manuel Solano en 1689, por el precio de
cien pesos. Esa hacienda nombrada Santa Rosa, confinaba “... por la parte
Baños y Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Ignacio Pérez Cerrada. San
Antonio de Gibraltar, 12 de abril de 1656. ff. 192v-193r.
298 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición Ignacio Pérez Cerrada y Antonio Biloria.
San Antonio de Gibraltar, 12 de abril de 1657. f.192r-v.
299 AGNC. Misceláneas. SC 39, 122, Doc. 47. Capellanía de Ignacio Pérez Zerrada. Santa fe, 21
de enero de 1692. ff. 336r-227v.
300 AGI. Escribanía. 77, 6B. Testimonio de autos obrados por el bachiller Juan Feliz de Herrera, sacristán mayor
que fue de la ciudad de San Antonio de Gibraltar y juez de diezmos en ella, y el Dr. D. Andrés Antonio de
Montenegro, presbítero juez de diezmos actual de dicha ciudad en orden al diezmo de los Bobures que
pretende la provincia de Maracaibo adjudicarse, perteneciendo a la dicha ciudad de Gibraltar como consta
de estos autos según sus límites y linderos que van en 158 hojas numeradas. 1690. f. 50r.
301 AGI. Escribanía. 77. 6B. Testimonio de autos obrados por el bachiller Juan Feliz de Herrera,
sacristán mayor que fue de la ciudad de San Antonio de Gibraltar y juez de diezmos en ella.
Testimonios. Maracaibo, 10 de octubre de 1691. f. 2r.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 119

de abajo con el río de Tucaní en la parte que tengo al presente un platanar


puesto para sembrar cacao y por la otra parte hasta donde alcanzare yendo
al sitio de Santa Inés y al fondo corriendo a la serranía...”302. (Véase mapa 4)

Mapa 4 Propiedades en el valle de San Antonio 1657-1760

Fuente. AGEM. Protocolos T. I- C. Mortuorias T. I-XX; AGNC. Tierras de Venezuela. T. I-X;


RPEZ. Doc. B-01-23; AGI. Escribanía 77,6B. AGI. Escribanía de Cámara Legajo 836-c. Visita de
Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657. AGNC. Mapoteca 4 Nº 398. BNBFC.
Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. AGNC. Fábrica de Iglesias. SC 26, 20. Doc. 65.
RPEZ. A-09-268, A-24-41. A-24-63. B-01-18. B-02-28. BNBFC. Cabildo. Mercedes de
Tierra. Caja 11. Doc. 1. AHULA. Conventos y Congregaciones Religiosas. Vol. LXXIV.

Otra porción de esa propiedad fue vendida a don Matías de la Vega


y Morales; se denominaba Santa Inés, y se extendía: “…por la frente un
brazo del río Tucaní que al presente corre por el dicho sitio y por el cos-
tado de abajo con el capitán Luis Manuel Solano y su herederos y por la
de arriba con tierras del capitán Sebastián López de la Torre y sitio de san
Ylario mirando a la serranía…”303. (Véase mapa 4)
302 AGNC. Milicias y Marina. T. 1. Expediente 137. Litigio por los bienes del presbítero Mateo de Ar-
güelles Cienfuegos. Carta de venta. San Antonio de Gibraltar, 21 de julio de 1689. ff. 128r-130v.
303 AGNC. Milicias y Marina. T. 1. Expediente 137. Litigio por los bienes del presbítero Mateo de Ar-
120 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Las haciendas de Santa Isabel y Santa Inés fueron adquiridas por don
Juan Chourio, quien las declaró como suyas en su testamento en 1758304.
Estas fincas junto con las restantes de Chourio, estaban hipotecadas al Con-
vento de Santa Clara de Mérida por la cantidad de 4.000 pesos, y según el
testamento del mismo, se destinaron al pago de sus deudas, ambas propie-
dades según la voluntad del testador fueron legadas a don Manuel García de
la Peña, quien era su propietario en 1771305. Es probable que parte de esta
propiedad haya pasado a don Joseph García de la Oliva, porque en el censo
de 1770 figura como propietario de una hacienda con 9.000 árboles de ca-
cao y un esclavo306; además, se señala en 1804 como responsable de un censo
a favor del Convento de Santa Clara de Mérida, que no se había redimido y
cuyos réditos fueron cancelados por el mismo307.
Entre los linderos de las posesiones de San Antonio se dilataron unas
extensiones que confinaban con la hacienda de San Antonio, propiedad
de Mateo de Arguelles Cienfuegos, cuyo frente daba a la laguna y su fondo
con la serranía308, las que también fueron adquiridas por don José Anto-
güelles Cienfuegos. Carta de venta. San Antonio de Gibraltar, 16 de enero de 1696. ff. 179vr-181v.
304 AGI. Santo Domingo. Legajo 671. Testimonios de los autos entierro, funeral e inventarios por fin
y muerte de don Juan Chourio. Año de 1758.
305 AGI. Santo Domingo. Legajo 671. Testimonios de los autos entierro, funeral e inventarios por fin
y muerte de don Juan Chourio. Año de 1758.
306 AGNC. Fábrica de Iglesias. SC 26, 20. Doc. 65. Santa María y San Pedro reconstrucción de la
Iglesia. 1771. f. 753v.
307 En 1797, en una relación de cuentas del síndico del Monasterio de Santa Clara de Mérida, en Ma-
racaibo hizo constar que entre los censos correspondientes a la madres que había uno de “… 4000
pesos por Juan Chourio paga el rédito el Licenciado Don / José de la Oliva, e ignoro si debe algo
pues mi antecesor igualmente lo ignora y obtendré de dicho Oliva esta noticia/ luego que regrese de
su hato, en donde se halla…”. AAM. Sección 54, Religiosos Caja 6. Doc. 54-0124. Relación de
cuentas del síndico de clarisas de Mérida en Maracaibo. Maracaibo 5 de julio de 1796. 1 f. Años
más tarde en 1804, en la relación de rentas de las monjas del síndico Felipe Quintana se hizo cons-
tar, “… Por 1400 pesos que en respectivos plazos he recibido de Don José de la Oliva por réditos
de 7 años hasta el 21 de abril del presente por el principal 40 pesos que reconozen las haciendas
de Don Juan Chourio”. AAM. Sección 54 Religiosos. Caja 15. Doc. 54-317. Relación de cuentas
del síndico de clarisas en Maracaibo. Maracaibo, 16 de julio de 1804. f. 3r.
308 “ …sobre la propiedad de dichas tierras todos a una voz dijeron que eran pertenecientes a Don
Lorenzo Constanti, por tener poder general de María de Jesús Torres, y que no de otra persona
bajo de este fundamento tender la cuerda con sus brasas y medidas y con conocimiento de los
peritos y demás concurrentes, línea recta por la margen de la laguna, tomando por principio el
primer lindero que dice la misma escritura la boca del río Boconó en donde termina las tierras de
Basabe, y de donde comienzan las de Mojaján, de María de Jesús Torres, se midieron las once
estancias, hasta lindar con las tierras de Congos, que fueron del comisario Don Mateo de Argüe-
lles Cienfuegos, que es el lindero de las citadas tierras de Mojaján, según los instrumentos por
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 121

nio Basave309, denominadas “Las Culebras” quien es probable que fuera


hermano o padre del capitán don Pedro Basave, casado con doña Ana de
Arrieta la Madrid, porque aparece firmando en el testamento de don José
Antonio, quien a su vez, fue padre de Juan Francisco Basave310, propieta-
rio de esas tierras en 1750, que en esa fecha estaban abandonadas debido
a los ataques de los motilones311.
Las tierras de Basave, se dividieron a lo largo de la segunda mitad del
siglo XVIII. Parte de esas fincas fueron enajenadas en José Antonio To-
rres, de quien las heredó su hija Rosa Torres, y de está pasaron a María de
Jesús Torres, quien se las donó a Teresa Salinas denominada “San Lucas”;
ésta a su vez, se las vendió Benito Boyer, integradas por diez y media es-
tancias de tierra en 1830312. En este último año, Benito Boyer solicitó ante
el Gobierno Superior del Estado Zulia, de acuerdo con la Ley de Tierras
Baldías de 1821, la concesión de 420 fanegas de tierra en el sitio de Basave,
comprendidas entre los ríos Palmarito y Boconó, que le fueron medidas y
asignadas. Durante el proceso de medición y peritaje se presentó Miguel
Meléndez, y reclamó la concesión de 120 fanegas que le correspondían;
sin embargo, las renunció luego y al final, la totalidad de las extensiones
medidas fueron proveidas a Benito Boyer313.
Otro de los propietarios de las tierras que se denominaron “Basave”
fue Lorenzo Constanti, quien ya en 1725314, poseía una hacienda planta-
el [roto] estancias auditadas y aprobada de todos los concurrentes figuran las dichas estancias
medidas de que recibió y an de dar al conuco de Don Pedro Corrales desde la parte de las tierras
de Mojaján a aquella parte de don Lorenzo Constanti…”. RPEZ. B-02-28- Pleito por las tierras de
Mojaján. Petición de José Miguel García. Maracaibo, 11 de mayo de 1816. f. 72v-73r.
309 José Antonio Basave, natural de la villa de Avilaso en el reino de Vizcaya, hijo legítimo de don An-
tonio Basave y de doña Magdalena de Urrieta. Testamento de José Antonio Basave. Maracaibo,
18 de septiembre de 1727. AGNC. Negros y esclavos Venezuela SC. 43. 1. Doc. 2. Don Juan
Francisco Basave con don Baltazar Guillén por el valor de dos esclavos jornaleros. f. 124r.
310 AGNC. Negros y esclavos Venezuela. SC. 43. 1. Doc. 2. Don Juan Francisco Basave con don Bal-
tazar Guillén por el valor de dos esclavos jornaleros. Maracaibo, 16 de diciembre de 1727. f. 121r.
311 AGNC. Poblaciones varias. SC. 46, 5, D. 91. Testimonio de los hacendados de San Pedro. San
Pedro, 8 de julio de 1750. f. 444r.
312 RPEZ. A-24-63. Carta de venta a Benito Boyer de las tierras de Las Culebra. Maracaibo, 21 de
agosto de 1830.
313 RPEZ. B-01-18. Pedimento de tierras en Basave, costa de Gibraltar, declaradas del Sr. Benito
Boyer en 32 folios. 1830.
314 RPEZ. B-02-28. Nº 25. 1815. Expediente aunque fallido del pleyto entre don Lorenzo Constan-
te y María de Jesús Torres, reclamando por suyas las tierras de Mojaján. 48 folios.
122 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

da con árboles de cacao y otros frutales, ubicada en el lugar que nombran


“Las Culebras”, además de los platanales que se hallan en el monte de Ba-
save, la casa de habitación con las matas de coco y platanal, y toda la playa
sud-oeste del río de Basave (Culebras), frente a la laguna, todo heredado
por sus sucesores Concepción y José Antonio Constanti, quienes vendie-
ron a Benito Boyer en 1830315. Pedro Corrales quien vendió parte de su
propiedad a José Trinidad Alarza, María y Felipe González, compuesta
por tres caballerías de tierra frente a la laguna y en una legua de fondo,
que fueron deslindadas de las propiedades de Constanti y María de Jesús
Torres quienes sostuvieron un enconado pleito por linderos entre los tres;
propietarios316 sembradas con maíz, platanales y otros frutos317.
Inmediata a esos predios se situaba la finca de Diego García de Car-
vajal, cuya merced original fue emitida en 1626, ubicada en “... Mucutem
hazia el puerto de San Antonio, tres leguas de allí, que linda por una parte
con estancia de Amaro de Cintra y por la otra el camino real que va al di-
cho puerto de San Antonio...” 318. La propiedad fue heredada por su viuda
Francisca Ana Vergara, quien la compuso en 1657319, lo más probable es
que esta propiedad pasara a manos de Juan de Bustos, y de éste a su hijo

315 RPEZ. A-24-41. Carta de venta de las tierras de La Culebra a Benito Boyer. Maracaibo, 11 de
junio de 1830.
316 “El veinte por la mañana cite a los peritos Marcos Sánchez y Eugenio Arrieta, los personeros
Felipe Tapias y Juan Calixto Pirela y demás vecinos de Mojaján y conformes ambos personeros
con los linderos de San Antonio que dieron por fijo y antiguo los dos peritos; tiré la liensa desde
allí y mensuré las once estancias de la Torres, que hace mil y cien brasas de tierra desde el
viento Sudeste al Nordeste que componen el frente de la laguna; y clavadas allí las mojonerías
necesarias saqué un pica de cuatro varas de ancho por el Aguijón marcándome al viento Su-
reste fondo a la serranía como lo resan las escrituras y habiendo seguido este rumbo salió la
pica aun conuco de plátano montuoso de Dn. Lorenzo Constanti, y no tan solamente no tiene
quitado tierras Dn. Pedro Corrales a Dn. Lorenzo Constanti, sino que la hacienda de cacao, casa
y demás platanales están plantados toda en las tierras de Basabe, por lo que no he tenido que
hacer en las tierras de Corrales…”. RPEZ. B-02-28. Expediente aunque fallido del pleyto entre
don Lorenzo Constante y María de Jesús Torres, reclamando por suyas las tierras de Mojaján. 48
folios. Acta de mensura de las tierras de Basabe. Basave, 23 de febrero de 1815. ff. 31v-32r.
317 RPEZ. A-09-268. Carta de venta de la posesión de La Culebra en la costa de San Pedro en
Gibraltar. Maracaibo, 25 de julio de 1813.
318 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Diego García de Carvajal.
Mérida, 31 de octubre de 1626. f. 166r-v.
319 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y So-
tomayor. 1655-1656. Composiciones. Composición de Francisca Ana Vergara, viuda de Diego
García de Carvajal. San Antonio de Gibraltar, 26 de abril de 1657. p. 82r-v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 123

Gerónimo de Bustos. También, contiguas a la propiedades de Bustos, se


hallaban las propiedades donadas por don Juan de Tiedra320 al Convento
de San Agustín de Gibraltar en el sitio del Palmar, constituidas en su pa-
trimonio fundacional, por cuya razón se comprometió a entregar dos ha-
ciendas el 14 de mayo de 1637, según consta en un informe presentado al
Rey321, que se expandían sobre trece estancias que los religiosos vendieron
a censo a don Juan Nicolás de Andrada[e] 322.
Años más tarde, el 14 de abril de 1757, tanto don Juan Nicolás de An-
drada como don Miguel Gerónimo de Bustos, vendieron sus propiedades
a don Manuel de la Torre, cuya hacienda comprendía veinte estancias de
tierra, 13 que eran de Adrada y 7 de Bustos respectivamente. Un día des-
pués, fueron hipotecadas a favor del Convento de San Nicolás de Toletino
de San Agustín de San Antonio de Gibraltar, por la cantidad de 3.800
pesos. Los herederos de don Manuel de la Torre las enajenaron a don Juan
Vidal, catalán, natural de Libia, Obispado de Urgel323, casado con doña
Damiana de la Torre, hija de don Manuel de la Torre y, a su vez, heredera
de la posesión324. Esa hacienda, después del fallecimiento de don Juan Vi-
dal, fue valorada en 5.800 pesos en 1780, y en ese año fue rematada en don
Francisco Bernardino de León, con la finalidad de cancelar ese censo325.
Conocida con el nombre de San Antonio326, lindaba con la hacienda de
320 Don Juan de Tiedra fue regidor perpetuo de San Antonio de Gibraltar. AGI. Santa Fe, 51, R2,
N. 4. Acuerdo del Cabildo, Justicia y Regimiento de San Antonio de Gibraltar. San Antonio de
Gibraltar, 30 de mayo de 1624. f. 1r.
321 Campo del Pozo Fernando, Historia documentada de los agustinos en Venezuela durante la
época colonial…. p. 168.
322 AHULA. Conventos y Congregaciones Religiosas. Vol. LXXIV. Expediente de los bienes del ex-
tinguido Convento de San Agustín de Gibraltar. Remate de la Hacienda de San Antonio. Mara-
caibo, 7 de agosto de 1780. ff. 106r-108v.
323 Martí Mariano (Obispo), Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas
1771-1784. Libro Personal. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezue-
la 95) Academia Nacional de la Historia, 1989. T I, p. 132.
324 Nº 441, acta de matrimonio de don Juan Vidal y de doña Damiana Antonia de la Torre, hija de don
Manuel de la Torre. Maracaibo, 11 de febrero de 1765. f. 103r. En, Nagel Kurt, Registro Civil de la
Catedral de Maracaibo. 1723-1775. Maracaibo. Concejo Municipal de Maracaibo, 1980. p. 278.
325 AHULA. Conventos y Congregaciones Religiosas. Vol. LXXIV. Expediente de los bienes del ex-
tinguido Convento de San Agustín de Gibraltar. Remate de la Hacienda de San Antonio. Mara-
caibo, 7 de agosto de 1780. ff. 106r-108v.
326 El Obispo Martí lo describió de la siguiente forma: “El sitio de San Antonio (donde tiene su ha-
cienda y trapiche don Juan Vidal, catalán natural de Libia, Obispado de Urgel) del cual se habla
en el título de teniente de cura dado por el visitador de Gibraltar, en 5 de diciembre de 1772,
124 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Río Seco, propiedad de don José Antonio Antúnez Pacheco, casado con
doña Juana Catharina de la Torre, también hija de don Manuel y hermana
de doña Damiana. (Véase Mapa 4)
Igualmente, a Tamayo de Alcántara se le concedió una propiedad entre
los ríos Mucutiri y Mucutem, camino del puerto de San Antonio en 1626.
También en el valle de Mucutem, fue concedida una estancia de pan a
Amaro de Sintra, soldado que expresó su deseo de avecindarse en aquellos
llanos, por cuya razón el cabildo de Mérida le otorgó las tierras compren-
didas entre “... el río Mucupurí y Mocotem, yendo por la laguna al puerto
de San Antonio, sobre mano derecha, yendo al dicho puerto...”327.

2.5. PROPIETARIOS Y PROPIEDADES EN EL VALLE DE MOJAJÁN


Don Juan de Borja, presidente de la Audiencia de Santa Fe, concedió
a don Pedro de Gaviria Navarro una estancia de ganado mayor y otra de
ganando menor en los llanos y vertientes de San Pedro328. En aquella ex-
planada y lindando con Gaviria, recibió tierras Tomás García Rico, cuya
propiedad se ubicaba sobre la ribera del río de Mojaján y las Potenzuelas,
frontera con una estancia de Francisco Bernal.
En tanto, a Bernal le fue emitido un título por el gobernador Alonso
Fernández Valentín en 1636, cediendo dos estancias de tierras de pan y
se demarcaban con “... casas de Tomás García, río abajo y la otra linda
con estancia de Espinosa, río arriba y la frente dicho río arriba hasta dar
con casas de Ramírez y lo largo el monte adentro...”329. Esa propiedad fue
heredada por Juana Baldez, nieta de Bernal. Es probable que Francisco
Bernal estuviera emparentado con Roque Jacinto Bernal, y éste haya he-
redado parte de sus propiedades, ya que su hacienda estaba adyacente a la
no está como se dice en las notas de la misma parroquia arriba (San Pedro y Santa María),
siguiendo la laguna a lo interior de esta laguna a oriente sino que está dicho sitio de San Antonio
a la orilla de dicha laguna, a una legua de distancia del valle de San Pedro y el valle de Rioseco”.
Martí Mariano (Obispo), Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas
1771-1784. Libro Personal… T I, pp. 132-133.
327 AGEM. Protocolos. T. VI. Merced a Amaro de Sintra. Mérida, 7 de junio de 1618. f 6r-v.
328 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y So-
tomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Pedro de Gaviria Navarro. San Antonio
de Gibraltar, 14 de abril de 1657. ff. 130r-132r.
329 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y So-
tomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Juana Baldez. San Antonio de Gibraltar,
5 de abril de 1657. ff. 130r-132v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 125

de Pedro Núñez Rendón, comprensiva de una estancia de pan, la que fue


compuesta por su viuda y heredera Adriana de Casanova, lindante “... con
Roque Jacinto Bernal, el largo río abajo a espaldas de la casa de Juan babu-
re, y la frente desde la misma estancia de Roque Jacinto Bernal, corriendo
la quebrada que llaman de Las Piedras...”330.
Asimismo, se adjudicaron cinco estancias de pan a don Juan de He-
redia en las sabanas de Mojaján331, las que fueron heredadas por su viuda
doña Jacinta Vergara. De igual manera, en el sitio de San Pedro, recibieron
tierras el capitán Diego de Luna y su esposa doña Francisca de Valecillos,
quienes las donaron a Juan Gómez de Lara, posesiones ubicadas al pie de
la cuesta, sobre el camino de Mocupun, al puerto de San Pedro en 1629332.
En 1628, Pedro Ángel recibió una estancia abajo del Palmar. En 1636,
se otorgó otra merced de una huerta a Juan Cuello Correa, entre Bobures
y el río de Castro, y por el otro lado lindaba con Alonso Ortiz333, por el
frente la laguna y por la espalda la montaña334, que posteriormente fueron
compradas por Alarcón Ocón335; además también existió otro propietario
en Bobures llamado Ignacio Velarde.
La propiedad en el valle de Mojaján se había fragmentado de forma
notoria durante la primera mitad del siglo XVIII. Para 1750, se refleja el
seccionamiento de la propiedad del suelo, debido a que se refieren entre
los propietarios de aquel valle a: Juan Francisco Lozano, Joseph Sedeño,
Pedro Pirela, Miguel Gerónimo de Bustos, Manuel Varona, Thibursio,
Andrés y Ana María de Campos, los herederos de Pedro de Campos, Ca-
talina González, Casilda de Archete, y Fernando Moreno situadas en el
valle de San Pedro336.
330 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y So-
tomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Doña Adriana Casanova, viuda de Pedro
Núñez Rendón. San Antonio de Gibraltar, 9 de abril de 1657. f. 130r-132v.
331 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor.
1655-1657. Composiciones. Composición de don Juan de Heredia. Jají, 10 de julio 1655. ff. 79r-80r.
332 AGEM. Protocolos. T. XII. Carta de donación. Mérida, 4 de enero de 1629. ff. 337r-338v.
333 Véase el valle de Bobures.
334 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Juan Coello Correa. San
Antonio de Gibraltar, 13 de octubre de 1636. f. 313r-v.
335 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Juan Coello Correa. San
Antonio de Gibraltar, 13 de octubre de 1636. f. 313r-v.
336 AGNC. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de los hacendados de San Pedro. San
Pedro, 8 de julio de 1750. f. 444r.
126 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Para finales de esa centuria, se aprecia ostensiblemente la presencia de


numerosos propietarios con pequeñas haciendas, de las que se desconocen
sus linderos y ubicación precisa. A pesar de esa dificultad es necesario expre-
sar sus propietarios, entre los se hallan: Celedonio Pirela, María de Rosario
Suárez, Beatriz Suárez, los herederos de Cristóval Ortega, Antonio Athana-
sio Pirela, Juan de la Cruz Chourio, Pedro Sacramento Pirela, Pablo Pirela,
Francisco Chourio, Bernardo Quintero, Francisco Africano, Juan Pascual
Pirela, José Antonio Antúnez, José Antonio Chourio, Juan Lucas Pirela,
María del Carmen Chuorio, Antonio José Chourio, Juan Francisco Chuo-
rio, José Siriaco Chacharía, Magdalena Chourio, María Inocencia Basave,
Jacinta Chourio, Petronila Chourio, Juan Ignacio Chuorio, Custodio Gu-
tiérrez, los herederos de Juan Antonio Pirela, María Josef Araujo, Juan José
y Javier Condado, los enunciados eran propietarios de pequeños lotes en los
que tenían plantados entre 800 y 5000 árboles de cacao337.
Entre tanto, Pedro Miguel Moreno de Santisteban, Thibursio Lorenzo
de Campos, José Antonio Cedeño338, Manuel Varona, los herederos de
Joseph Sánchez Mosquera, María Hernáz o Hernández de Cuecas, Juan
de la Cruz Chuorio, José Antonio Ylarraza, Nicolás Chuorio, Tomás de
la Guerra, Nicolasa Alaña, tenían extensiones en las que habían plantado
desde 5000 hasta 34000 árboles de cacao339.

2.6. PROPIETARIOS Y PROPIEDADES EN EL VALLE DE CASTRO O SAN PEDRO


La ocupación de la planicie que los indígenas llamaban Mamuca y los
hispanos denominaron el valle de río Castro o el actual San Pedro, se inició
al parecer con la primera concesión que se tiene noticia en aquel espacio,
otorgada a Miguel de Trejo, a quien se le asignaron estancias y construyó
un puerto para la exportación de sus productos, antes de la fundación de
San Antonio de Gibraltar en 1592, como hace mención cuando airada-
mente protestó en contra de la ilegal actuación del capitán Gonzalo de Piña
337 AGNC. Fabrica de Iglesias. SC. 26, 20, Doc. 35 Santa María y San Pedro reconstrucción de
iglesias. Padrón de los pobladores del valle de San Pedro. 1771. ff. 754r-762r.
338 Don Joseph Cedeño, sobrino carnal de don Pedro Joseph Antúnez Pacheco y concuñado de Nicolás
Antúnez Pacheco. AGNC. Curas y Obispos. SC. 21, 2, Doc. 2. Maracaibo jesuita defiende a religioso
por imputaciones. Alegatos del padre Pedro Millán de la Compañía de Jesús. AGNC. Curas y Obispos.
SC. 21, 2, Doc. 14. Valle de Río Seco, pleito de jesuita por servidumbre de aguas 1761-1763. f. 224v.
339 AGNC. Fabrica de Iglesias. SC. 26, 20, Doc. 35 Santa María y San Pedro reconstrucción de
iglesias. Padrón de los pobladores del valle de San Pedro. 1771. ff. 754r-762r.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 127

Liudueña340, al fundar el puerto en la desembocadura del río Torondoy. En


1590, se confirieron a sus hijos Juan y Luis de Trejo dos caballerías, una para
cada uno341. Conjuntamente y lindante con Miguel de Trejo, se adjudicaron
a Pedro Rangel seis estancias de pan entre: “... el río de Castro, por bajo del
Palmar, frontero a unas estancias que vuestra merced proveyó en el capitán
Miguel de Trejo de la parte del río hacia San Pedro...” 342.
La ocupación del territorio se continuó con la concesión otorgada a
Francisco de Castro, con cuyo apellido se nominaría aquel territorio. La
merced original fue una estancia de pan concedida en la última década del
siglo XVI, ubicada en la sabana que llaman de Castro. Asimismo, a su hijo
y homónimo, se le adjudicó otra estancia de pan contigua, que lindaba con
“... doña Inés de Ulloa, frente al dicho río de Castro, lo largo monte adentro,
mirando a Moxaxán...”343. De esa forma, en 1657, su hijo Juan Sánchez Cas-
tro compuso una estancia en la sabana que llaman de Castro, cuya sabana
era suya por haberla heredado de los bienes de su padre Francisco de Castro:
“... quien ha mas tiempo de sesenta años que la posee…” Al igual que otra
propiedad que se había de medir contigua a la referida, lindante…”344.
Lindante con la hacienda de García Carvajal se encontraba otra hacien-
da que pertenecía a Francisco de Castro, quien la enajenó al padre Pedro de
Miranda. La posesión se deslindaba con “... estancia de Joan Pérez Cerrada,
por una parte y por la otra con estancia de Diego García de Carvajal...” 345, y
por el otro con Francisco de Castro, Inmediata a la anterior, se concedieron
a Gaspar Méndez de Canso, dos estancias de pan, limitando “... por una par-
te con estancias de Francisco de Castro y por la otra banda de abajo con un
340 Millares Carlo, Agustín, Protocolos del siglo XVI. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia
Colonial de Venezuela 80) Academia Nacional de la Historia, 1966. pp. 86-87.
341 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Capracio Trejo de la Parra. Mérida, 15
de noviembre de 1656. f. 215r-v.
342 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Pedro Rangel. Mérida, 6 de
septiembre de 1630. f. 210r-.v.
343 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Francisco de Castro hijo. San Antonio
de Gibraltar, 7 de abril de 1657. ff. 183v-14v.
344 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Soto-
mayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Juan Sánchez de Castro hijo. San Antonio
de Gibraltar, 7 de abril de 1657. ff- 183v-184v.
345 AGEM. Protocolos, T. XV. Carta de venta. Mérida, 18 de marzo de 1639. ff. 199v-201v.
128 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

caño de agua que bacía en el río Moxaxán y por el un costado el río Moxaxán
y por el otro las pontensuelas del Mocutem...” 346.
Otro de los importantes propietarios en el valle de Castro fue el capitán
Sebastián de Rosales, quien en 1618, le fue dispensada una cesión que com-
prendía diez estancias entre la sabana de Mamuca, y la que va a la iglesia de
los negros y el río de Torondoy, al igual que diez estancias de pan en tierras
que llaman la quebrada de Las Piedras, las que se “... han de medir de una
roza que hizo el padre Bedoya corriendo el río de Torondoy abajo...”347. Asi-
mismo, se concedieron a Rosales otras diez estancias de pan, en las tierras
que llaman la quebrada de Las Piedras, “... las cuales se han de medir desde
una roza que hizo el padre Bedoya corriendo el río Torondoy y abajo...”348.
La propiedad de Rosales fue repartida mediante donaciones en par-
tes iguales a Domingo de Plaza, Esteban de Trejo, Luis Trejo y una cuar-
ta parte a su hijo Jerónimo Alonso de Rosales. De ese modo, en Castro,
obtuvieron propiedades, provenientes de las donaciones de Sebastián de
Rosales: Esteban de Trejo y su esposa Isabel Zambrano, cuyas posesiones
fueron heredadas por el capitán Diego Cuervo de Valdez. Éste compuso
cuatro estancias de pan en la sabana de Mamuca, que lindaban desde “...
el río de Torondoy, mirando a los aposentos y labor de caña y cacaos que
hoy tiene el dicho Esteban de Trejo, es de sus bienes y de allí caminando
bía recta por la sabana a dar con la rinconada donde tiene sus aposentos
Antonio Arias Maldonado y de allí al camino que entra a la estancia de
Pedro Esteban y de allí a la mata redonda...”349.
Asimismo, otro donatario de Sebastián de Rosales, el capitán Domin-
go de Plaza compuso dos estancias de ganado mayor, que son por “...el
río de Castro arriva, por encima de la estancia de Domingo Estévez asia
346 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Gaspar Méndez de Canso.
Valle de Torondoy, 13 de julio de 1626. f. 154r-v.
347 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Sebastián de Rosales. San Antonio de
Gibraltar, 4 de marzo de 1657. 187v-188v
348 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Sebastián de Rosales. San Antonio de
Gibraltar, 4 de marzo de 1657. 187v-188v.
349 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición del capitán Diego Cuervo de Valdez. San
Antonio de Gibraltar, 27 de marzo de 1657. ff. 170-171v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 129

la sierra lo largo de las dichas dos estancias de ganado mayor y lo ancho


desde el dicho río asia la savana grande, incluyendo la quebrada Mocaui-
za, midiéndose primero dos estancias de pan coger desde el paso de los
Marañones hacia la laguna donde es el pedimento...”350. Contiguo con el
capitán Domingo de Plaza, se hallaban las tierras de Domingo Estévez,
tres estancias de pan en el río que llaman de Castro, obtenidas por remate
jurídico de Pedro Hernández Bulagao, colindante “... con el dicho río de
Castro y la quebrada de Muyapá, quedando en medio ella y dicho río...”351.
Después del fallecimiento de Sebastián de Rosales, su hijo Jerónimo
Alonso de Rosales, heredó “... un pedazo de tierra que está entre la sabana de
Mamuca, que va hacia la iglesia de la dicha sabana entre el río de Torondoy
y la sabana que contendrá diez estancias de pan en lo que está montuoso y
desembarazado de terceros...”352. De esos extensos predios, Jerónimo Alon-
so Rosales donó a doña Isabel de Rivas y Toledo tres estancias de ganado
mayor montaña y tierra brava, lindando con “... el capitán Diego Cuervo de
Valdez, que hoy tiene plantada y dicho río de Castro abajo la una estancia
y la otra corriendo hacia la sabana de Mamuca y más otra estancia de tierra
baldía y montuosa que es la que corre por en medio de estas tres estancias de
ganado mayor, cargando sobre la que corre hacia dicha sabana de Mamuca
y dicho río de Castro...”353. La otra parte de esos predios serían enajenados
al Colegio de la Compañía de Jesús de Mérida en 1664354, que luego el Co-
legio de Mérida vendió a la residencia de Maracaibo en 1756 o 1757 por
2.829 pesos355, con la denominación de La Trinidad.
350 AGEM. Mortuorias. T. XI. Mortuoria del capitán Domingo de Plaza. Composición de las tierras
en río de Castro. Mérida, 21 de abril de 1657. f. 25r-v.
351 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Domingo Estévez. San Antonio de
Gibraltar, 4 de abril de 1657. ff. 171v-172r.
352 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Sebastián de Rosales. San Antonio de
Gibraltar, 4 de marzo de 1657. 187v-188v.
353 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Juan Granados Pernía. San Antonio
de Gibraltar, 12 de abril de 1657. f. 193r-v.
354 “…otros instrumentos de posesión dada al Colegio de las tierras de la hacienda de Gibraltar que
era de Gerónimo Alonso de Rosales en la sabaneta de Quiriquires…”. AAM. Seminario. Caja 1.
Inventario 1 de octubre de 1772. Año de 1664. f. 26v.
355 AAM. Seminario. Caja 1. Libro de Recibo de la Compañía de Jesús, Visita del padre Nicolás
Candela. Estado de las haciendas. Mérida, 17 de marzo de 1756. f. 31r-v.
130 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

En aquellas planicies, en 1628, se le haría entrega a Alonso Pacheco y


Maldonado, dos estancias de pan situadas “... abajo del Palmar y caño que
viene del capitán Sebastián de Rosales [quebrada de Muyapá], caño que
sale del río de Torondoy, lindando con estancias de él y Sebastián Rangel,
corriendo hacia el río de Castro y los Bobures...” 356. Esos inmuebles serían
donados a los padres de la Compañía de Jesús. De la misma forma, a los
ignacianos se les concedería una merced de cuatro estancias de pan coger,
lindando con Alonso Torniel, por los costados a derecha e izquierda los
ríos Torondoy y Castro y por la otra parte la Laguna357. De igual modo
en 1668, el capitán Nicolás de Arriete canceló una deuda que tenía con
los padres de la Compañía de Jesús por 85 pesos, por cuya acreencia pagó
con un escritorio y “…unas tierras en la jurisdizión de Gibraltar y sitio de
Castro…”358. Esos predios constituyeron parte de la hacienda La Trinidad.
Colindantes con las anteriores y las riberas del lago se ubicaban las
tierras mercedadas por el gobernador Francisco Martínez de Espinosa a
Juan Granados Pernía, compresivas de siete estancias de pan, en dos tí-
tulos emitidos el primero en 1649 y el segundo en 1650, dispuestas las
primeras tres estancias en tierra de montaña, anegadizos y en un ancón
de la laguna y en la costa de ella hacia San Pedro, ubicadas “... pasando el
río de Castro, entre él y el Moxaxán, que está adelante del ancón referido
y entre dos anegadizos, el uno a la diestra y el otro a la siniestra y la frente
a la laguna y de ella mirando el monte adentro hacia la serranía, orillando
por los dos anegadizos hasta dar en un caño seco que las divide...”359.
Las otras dos estancias lindaban con “... las referidas corriendo por la
mano derecha el anegadizo y a la mano izquierda, lindando con tierras del
capitán Esteban de Trejo inclusas entre los dos ríos de Castro y el de Mo-
coconoy....”.360 Las otras dos estancias de pan en “... la montaña del río de
356 AGEM. Protocolos. T. XI. Carta de donación. Mérida, 13 de septiembre de 1628. f. 320r-v.
357 BNBFC. Cabildo Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced de tierra otorgada por Juan
Pacheco y Maldonado, Gobernador y Capitán General de Mérida al padre Juan de Arcos de la
Compañía de Jesús de Mérida. Mérida, 10 de mayo de 1630. f. 237r-v.
358 AAM. Seminario. Caja 1. Inventario de los papeles del Archivo del Colegio San Francisco Xavier,
de Mérida, finalizado a 22 de octubre de 1773. f. 6r.
359 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Isabel de Rivas y Toledo. San Antonio
de Gibraltar, 24 de marzo de 1657. f. 167r-v.
360 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 131

Moxaxán, un cuarto de legua de [costa] la laguna hacia la sierra, pasados


dos brazos que salen de este río y dende sale un caño pequeño, quedando
a un lado antes de llegar un caño dos árboles de caimitos, de la una banda y
de la otra banda del dicho caño…”361. En lo sucesivo, a ese espacio de costa
se le denominó el Ancón de Granados, y esa propiedad fue fraccionada y
transferida en 1691, al sargento mayor Domingo Dionisio Lee Montene-
gro, don Juan Calderón, padre del presbítero don Marcos Calderón, y a
los licenciados Juan Romero y Juan Calderón de Costa362.
Asimismo, a Granados se le asignó otra estancia de pan que perteneció
a su difunto padre Pedro Fernández Pernía, en cuyo derecho le sucedió, la
cual se ubicaba: “... por encima de esta ciudad [San Antonio de Gibraltar]
hacia la serranía en el camino que se andaba antiguamente para la sabana
orillando lo largo para el río Torondoy y frente con el dicho camino real
orillando con el anegadizo...”363. La mitad de esa estancia fue entregada a
Feliciana Rodríguez por María Granados, la cual lindaba “... por la parte
de abajo con tierras del padre Alonso Matías de Hinestroza y por la parte
de arriba con el río de Castro y por delante el camino real, quedando la di-
cha estancia a mano derecha...”364. A Alonso Matías de Hinestrosa le fueron
proveídos dos estancias de pan en “... montaña bravía en el sitio que llaman
de río de Castro que lindan por la parte de abajo con estancias y tierras de
María Granados...”365. La propiedad fue donada a Pedro de Hinestroza.
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Isabel de Rivas y Toledo. San Antonio
de Gibraltar, 24 de marzo de 1657. f. 167r-v.
361 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Juan Granados Pernía. Mérida, 2 de
abril de 1657. f. 204r.
362 AGI. Escribanía. 77, 6B. Testimonio de autos obrados por el bachiller Juan Feliz de Herrera, sacristán
mayor que fue de la ciudad de San Antonio de Gibraltar y juez de diezmos en ella, y el Dr. D. Andrés Antonio
de Montenegro, presbítero juez de diezmos actual de dicha ciudad en orden al diezmo de los Bobures que
pretende la provincia de Maracaibo adjudicarse, perteneciendo a la dicha ciudad de Gibraltar como consta
de estos autos según sus límites y linderos que van en 158 hojas numeradas. 1690. f. 50r.
363 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Isabel de Rivas y Toledo. San Antonio
de Gibraltar, 24 de marzo de 1657. f. 167r-v.
364 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Juan Granados Pernía. San Antonio
de Gibraltar, 12 de abril de 1657. f. 193r-v.
365 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Pedro de Ynestroza. San Antonio de
Gibraltar, 17 de abril de 1657. f. 200v.
132 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

De la misma forma, en aquellas explanadas en el sitio de El Palmar


(Palmarito) hasta la montaña “bravía” se agració con una estancia de pan
al capitán y sargento mayor Juan Dávila y Rojas366. Dávila, es probable que
obtuviera mayores extensiones, mediante la asignación de otras mercedes
o bien por compras, de las que no se tiene noticia, porque según el inven-
tario practicado al fallecimiento del propietario en 1667, la posesión se
expandía a una caballería. Aquella extensa hacienda, estaba integrada por
cuatro bancos denominados Santa Lucía, El Pepeo, Babures, Santa Cruz
y San Isidro, con excelentes condiciones para la siembra del cacao367. Des-
pués del deceso de don Juan, la propiedad se dividió entre sus hijos don
Joseph y doña Juana. En los años siguientes, don Joseph profesó como
religioso, y por ello donó su herencia constituida por el banco de Santa
Lucía al monasterio de San Agustín de la ciudad de Mérida, cuyos reli-
giosos lo vendieron a don Bartolomé Ximeno de Bohórquez en 1670368.
La otra parte de la hacienda de los Bohórquez, que fue heredada por
doña Juana, luego fue enajenada en don Diego Pirela y luego fue traspasa-
da a Dionisio Pirela, quien la vendió a don Lucas García Cueto369, vecino
de Trujillo, quien, a su vez, la donó a los padres de la Compañía de Jesús,
como aporte para la fundación del Colegio de Maracaibo370, siendo una
366 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Juan Dávila y Rojas. San Antonio de
Gibraltar, 18 de abril de 1657. ff. 51v-52v. y 54v-57r.
367 AGEM. Mortuorias. T. X. Mortuoria del Capitán y Sargento Mayor Juan Dávila y Rojas. Inventa-
rios de las estancias de Mojaján. Mojaján, 29 de septiembre de 1667. ff. 390r-391v.
368 AGEM. Protocolos. T. XVIII. Carta de venta. Mérida, 5 de noviembre de 1670. ff. 296v-305v.
369 Don Lucas García Cueto era un próspero mercante, propietario de una fragata nombrada Santa Rosa,
en la que comerciaba entre Maracaibo y Nueva España, en 1688, después de atracar en Veracruz, se
hallaron mercaderías ilícitas en su fragata, por cuya razón fue condenado al exilio en las Filipinas, para
el cumplimiento de esa disposición se le notificó al Gobernador de Mérida y La Grita, a los efectos de
aprenderlo y trasladarlo a Veracruz. AGI. Santo Domingo, 198, R. 2, N. 60. Cuentas de Gobernado-
res. Carta del Gobernador José Cerdeño Monzón. Maracaibo, 10 de abril de 1690. 4 ff.
370 “Yten un pedimento del Padre Andrés de Salas presentando el poder de su provincial con el
ynstrumento de donación que hizo para la fundación del Colegio de la Compañía de Jesús Don
Lucas Queto, que concluye haberse copiado dichos instrumentos en el Archivo del Cabildo de
Maracaibo en diez de Mayo de mil setecientos veinte y tres”. Del Rey Fajardo, José, “El archivo
y biblioteca del Colegio Jesuítico de Maracaibo. Inventarios en la expulsión de 1767”. En, Bo-
letín de la Academia Nacional de la Historia. T. LXII, Nº 247, 1979. p. 592; Del Rey Fajardo
José, Virtud y letras en el Maracaibo hispánico. Caracas. Universidad Católica Andrés Bello y
Alcaldía de Maracaibo, 2003. p. 73; Aguirre Elorriaga Manuel. S. J., La Compañía de Jesús en
Venezuela… p. 143-144.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 133

porción de la hacienda de los Marañones371; además, se incluyó en esta


hacienda media estancia de tierra en el sitio del Ancón, a pedimento del
Padre Manuel Zapata, con certificación del padre Villasmil372.
Contigua con esa posesión, se le concedió una estancia al presbítero
Pedro Mariño de Lobera, vecino de La Grita, la cual fue compuesta por
Ana Quintero quien declaró que la había heredado de su hermano el
presbítero Mariño de Lobera, ubicada en: “... en el sitio y tierra de río
de Castro que llaman los Marañones, que esta estancia linda con otra
media de su hermano difunto y la otra media se le ha de enterar después
de medido Cristóbal González...”373. Colindante con la anterior, se ha-
llaba el predio de Cristóbal Muñoz, quien compuso otra media estancia,
que también había heredado del mismo padre Pedro Mariño de Lobera,
en el sitio que llama el río de Castro y Marañones, limítrofe con Ana
Quintero, Alonso García Morillo y Cristóbal González374. Esta propie-
dad fue transferida a don Thimoteo Pérez de Pineda375, quien la enajenó
a los padres jesuitas, explicando que estaba situada “… contigua al que la
dicha residencia tiene en el sitio de Marañones”, gravada por 700 pesos
en un censo a favor de los agustinos de Gibraltar, cancelados por los ig-
nacianos al entregarlos a José de Umiérrez visitador general eclesiástico
371 “Yten un papel y dentro otro igual en que se declara por el Capitán Juan Manuel González ser
de don Lucas Cueto una hacienda que compró en los Marañones don Dionisio Pirela y lo de-
más que comprende, en dos foxas”. Del Rey Fajardo, José, “El archivo y biblioteca del Colegio
Jesuítico de Maracaibo. Inventarios en la expulsión de 1767”… p. 597.
372 Del Rey Fajardo, José, “El archivo y biblioteca del Colegio Jesuítico de Maracaibo. Inventarios en
la expulsión de 1767”... p. 598.
373 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y So-
tomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Ana Quintero. San Antonio de Gibraltar,
8 de abril de 1657. f. 185r.
374 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor.
1655-1657. Composiciones. Composición de Ana Quintero. San Antonio de Gibraltar, 8 de abril de
1657. f. 185r. Composición de Cristóbal Muñoz. San Antonio de Gibraltar, 8 de abril de 1657. f. 185r-v.
375 Don Thimoteo Pérez de Pineda, fue contador y alcalde ordinario de la ciudad de Maracaibo en 1716. AGI.
Escribanía. 77, 6B. Testimonio de autos obrados por el bachiller Juan Feliz de Herrera, sacristán mayor que
fue de la ciudad de San Antonio de Gibraltar y juez de diezmos en ella, y el Dr. D. Andrés Antonio de Monte-
negro, presbítero juez de diezmos actual de dicha ciudad en orden al diezmo de los Bobures que pretende
la provincia de Maracaibo adjudicarse, perteneciendo a la dicha ciudad de Gibraltar como consta de estos
autos según sus límites y linderos que van en 158 hojas numeradas. 1690. Carta de poder del Cabildo de
Maracaibo. Maracaibo, 2 de junio de 1716. f. 171r; A parecer el oficio lo ejercía desde finales del siglo XVII,
pues se refiere que estuvo entre los que estuvieron con el Gobernador don Gaspar Mateo de Acosta. Oscar
Martínez Allegretti, Dos familias en el Maracaibo del siglo XVII... p. 184.
134 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

de Mérida en 1750, quien le hizo llegar esa suma a los agustinos, y se


extendió el recibo de la cancelación376 .
La estancia de Alonso García Morillo se hallaba en el valle de río de
Castro; contaba con 6.000 árboles de cacao y 5 esclavos. A la muerte de su
propietario, en 1641, se destinó para la fundación de una capellanía; los
restantes bienes fueron heredados por sus hermanos, quienes residían en
la villa de Fuente Arco, en el reino de Galicia377.
Por otra parte, se otorgó una merced a Blas de Solís en 1626, que com-
prendía desde la “... otra banda del río de Castro, por debajo del camino
real que viene de la sabana de San Pedro a esa ciudad viniendo de allá para
acá por el dicho camino largando a la dicha quebrada el río en una vega que
al dicho río hacia esta ciudad el río en medio de un pedazo y del otro que
lo tengo poblado con arboleda a mas tiempo de diez años...”378. En 1657,
Bernabé Mexía, en nombre de su esposa doña Paula de Solís, hija y heredera
de Blas de Solís compuso unas tierras ubicadas en el río de Castro “... por de-
bajo del camino real que viene de la Sabana de San Pedro hacia esta ciudad,
llegando a la dicha quebrada el río abajo en una vega que hace dicho río...”379.
Asimismo a Blas de Solís, le fueron conferidas otras dos estancias ubicadas
en “... donde solía echar mi ganado por baxo de ella el un lindero y por el otro
la quebrada de Mococonoy y por la banda de arriba la sabana de Doña Juana,
corriendo de dicha sabana hazia la laguna a un lado de la quebrada de Mo-
coconoy agua debajo de la dicha sabana donde tuve yo mi ato...”380. Algunos
años después, en 1657, Bernabé Mexía, en nombre de su esposa doña Paula de
Solís, hija y heredera de Blas de Solís, procedió a legalizar la propiedad de dos
estancias “... en la sabana grande donde el dicho Blas de Solís tenía su hato, por
376 AGEM. Protocolos. T. LIII. Carta de cancelación de censo. Mérida, 28 de febrero de 1750. ff. 41r-42v.
377 Alonso García Morillo, estableció en una disposición testamentaria los bienes que sostendrían “… una
capellanía que mandó fundar en una estancia en el río de Castro, con casas y aposentos en que hubo
seis mil árboles de cacao y nueve piezas de esclavos…”. AGI. Contratación. 5581, N. 113. Bienes de
difuntos. Testamento de Alonso García Murillo. La Sabana, 12 de marzo de 1641. 8 ff.
378 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Blas de Solís San Antonio de
Gibraltar, 6 de julio de 1626. f. 151r-v.
379 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y So-
tomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Paula de Solís. San Antonio de Gibraltar,
9 de abril de 1657. f. 186v.
380 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Blas de Solís. San Antonio de
Gibraltar, 6 de julio de 1626. f. 151r-v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 135

debajo de ella, el un lindero y por el otro lado la quebrada de Mococonoy y


por la banda de arriba con la sabana de doña Juana, corriendo hacia la laguna a
un lado de la dicha quebrada de Mococonoy, agua abajo…”381.
Inmediato a Solís, se adjudicaron tierras a Pedro Fernández Gallegos,
quien las vendió a Diego García Collantes, ubicada en el río de Castro,
y del trapiche, lindaba con “... un hato que en aquella parte tuvo Blas de
Solís y de allí caminando derecho al río por una cuesta que va al sitio del
dicho trapiche y río arriba hasta donde está un naranjo y aposentos que
tuvo Juan Gómez de Lara, lindando con tierras de Francisco Ortiz, dere-
cho los cacaos de Garzón y camino real hasta la estancia de Francisco de
Castro, bajando por la quebrada hasta dar en el camino de Moxaxán...”382.
Por otra parte, las tierras de Francisco Ortiz383, se ubicaban en tierra
montuosa, sobre el río de Castro, las que trocó con el capitán Esteban de
Trejo, quien las hubo de Juan Lorenzo, a quien las cambió Juan Ramírez y
es en río que llaman el trapiche, lindante “... con estancia de los herederos
de Diego García Collantes y por otra parte con tierras de don Fernando
de Arriete...” 384. Ese predio fue heredado por su viuda Inés Mexía. Por
su parte, al capitán Fernando de Arriete, se le concedió una estancia de
ganado mayor, en las montañas, fuera de unas sabanas que también le per-
tenecían en 1637385. El capitán Fernando Dávila Arriete Lesea, hijo del
capitán Fernando Dávila y de doña Bárbara de Arriete y Bohórquez, de-
claró como bienes suyos una hacienda de árboles de cacao en el valle de la
sabana y un negro esclavo en su beneficio, la cual se hallaba hipotecada al
convento de San Agustín, y estaba en litigio con los religiosos386.
381 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y So-
tomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Paula de Solís. San Antonio de Gibraltar,
9 de abril de 165. f. 186v.
382 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Feliciana Rodríguez. San Antonio de
Gibraltar, 10 de abril de 1657. ff. 186v-187v.
383 Descendiente de Juan de Maldonado fundador de San Cristóbal. Picón Parra Roberto, Funda-
dores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida... T. II. pp. 42-44.
384 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Inés Mexía. San Antonio de Gibraltar,
12 de abril de 1657. f. 192r-v.
385 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Fernando de Arriete. Mérida,
6 de julio de 1637. f. 311r-v.
386 AGEM. Protocolos. T. XLIII. Testamento de Fernando de Arriete y Lezea. Mérida, 13 de julio de
136 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Contiguo a las tierras de Ortiz, estaban las cuatro estancias de pan,


que le fueron adjudicadas a de doña Juana Bedoya, situadas “... por vajo
de la savana en que está poblado el capitán Francisco Ortiz, de un lado y
de otro del caño que va por allí que es el que sale de Torondoy y entra en
el río de Castro...” 387, entregada a su hermano el padre Juan de Bedoya, y
se expandía “...desde la quebrada de Muyapá hasta el río de Castro…”388.
De igual manera, se concedieron tierras a Juan Rodríguez Casanova
lindando con las estancias de su cuñado Pedro Núñez Rendón “... por la
cabecera y por la otra por encima del camino que ba a la sabana y estancia
del capitán Miguel de Trejo y en frente el río de Torondoy... y por ensi-
ma con labranza de Agustín Motocho indio...”389. También inmediato a
Núñez Rondón, se le asignaron propiedades a Rafael López de Contreras,
limítrofe “... con estancia de Pedro Núñez Rondón, por una parte y por
la otra el río de Torondoy, que estará poco más ó menos a una legua de
la laguna...” 390. Asimismo, en aquellas planicies se concedió a Bartolomé
Franco dos estancias de pan, después de las de Juan Rodríguez Casano-
va391. Detrás de la estancia de Núñez Rendón se le dieron cuatro estancias
de pan a Diego Prieto Dávila, situadas “... a espaldas de Pedro Núñez Ren-
dón y por la parte de abajo con estancia de Bartolomé Franco, corriendo a
los Bobures...” 392. Esas fincas fueron heredadas por doña María Vedoya393.
Entretanto, la estancia de Francisco Uzcátegui Reolid y doña Andrea
Salido Pacheco, confinaba con la de Dávila y Rojas, ubicada en el sitio

1715. ff. 59r-64v.


387 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Juana Bedoya. Mérida, 26
de abril de 1627. f. 181r-v.
388 AGEM. Protocolos. T. IX. Testamento de Fernando Cerrada. Mérida, 25 de diciembre de 1624.
ff. 76r-82v.
389 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced concedida a Juan Rodríguez
Casanova. Mérida, 19 de diciembre de 1626. f. 169r-v.
390 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced concedida a Rafael López de
Contreras. Mérida, 6 de noviembre de 1625. ff. 19r-20r.
391 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Bartolomé Franco. Mérida, 3
de noviembre de 1627. f. 187r-v.
392 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced concedida a Diego Prieto Dávila.
Mérida, 6 de noviembre de 1625. ff. 203r-v.
393 En 1648, doña María de Vedoya extendió un poder a su hermano don Juan para que vendiera las
tierras “... en los llanos de la savana que llaman de San Pedro, que fueron del capitán Diego Prieto
de quien las heredé...”. AGEM. Protocolos. T. XX. Carta de poder. Mérida, 1 de enero de 1648. f. 1r.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 137

de las Piedras394, cuyos títulos fueron proveídos por el gobernador Félix


Fernández de Guzmán, en el “... sitio que llaman de Las Piedras, linda con
sabana de Franco y río de Torondoy...”395. Asimismo, contiguas a las an-
teriores se hallaban cuatro estancias de pan que se adjudicaron al capitán
Domingo de Gaviola en 1637, cuyos linderos eran “... por la parte de abajo
la estancia bieja que tiene Francisco Uzcátegui, que llaman las Piedras,
sirbiéndome por lindero la dicha estancia yerma el río Torondoy...” 396.
Del mismo modo, Juan García de Rivas compró a Francisco Uzcátegui
Reolid, una estancia en el sitio las Piedras, cuya propiedad fue entregada
a su hija doña Petronila de Rivas y Jarana, como bienes dotales cuando
contrajo matrimonio con don Juan Dávila y Rojas, quien reconoció haber
recibido “... cuatro mil árboles de cacao en los llanos de San Antonio de
Gibraltar en el río de Torondoy...”397, para alcanzar dos estancias de pan en
la sabana que llaman de las Piedras398.

2.7. PROPIETARIOS Y PROPIEDADES EN EL VALLE DE BOBURES


La apropiación del valle de Bobures, también conocido con el nom-
bre de la sabana de Laynes, fue iniciada con la merced otorgada por don
Juan de Borja, presidente del Nuevo Reino de Granada a Pedro Fernández
Gallegos el 6 de mayo de 1615, por cuatro estancias de ganando mayor
aproximadamente 2.980 hectáreas, de las cuales donó dos a Juan Yánez de
Contreras, el 5 de abril de 1622, que fueron heredadas por su hijo Dioni-
sio Luzardo399, y éste las vendió a José de Cepeda y Santa Cruz400
394 AGEM. Protocolos. T. XXXVIII. Carta de subrogación de hipotecas. Mérida, 12 de febrero de
1669. ff. 7r-8v.
395 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Francisco Uzcátegui Reolid. Mérida,
22 de abril de 1657. f. 217r-v.
396 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Domingo de Gaviola. Mérida,
2 de julio de 1637. f. 310r-v.
397 AGEM. Protocolos. T. XIX. Testamento de Juan Dávila y Rojas. Mérida, 30 de abril de 1646. ff. 44r-46v.
398 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Juan Dávila y Rojas. San Antonio de
Gibraltar, 18 de abril de 1657. ff. 55v. y 56v.
399 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y So-
tomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de la capellanía fundada por Dionisio Izarra
de la Peña. San Antonio de Gibraltar, 6 de julio de 1657. ff. 181v-182r.
400 AGNC. Residencias de Bolívar y Venezuela. SC. 50,1, Doc. 1. Inventario de los bienes de José
de Cepeda y Santa Cruz. Gibraltar, 19 de agosto de 1665. f. 31r.
138 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Del mismo modo, en 1618 Sebastián de Rosales, recibió otra merced


de don Juan de Borja en la que se le agraciaba con una estancia de pan co-
ger y tierra en los Bobures, que lindaba con la estancia de la capellanía de
Pedro de Gaviria Navarro, por la parte de arriba, y por abajo con estancia
de doña Isabel Cerrada. Asimismo, Jerónimo Alonso de Rosales, compu-
so en la sabana de Laynes o de los kirikires seis estancias de pan401.
Colindante con Rosales se le adjudicó a doña Isabel Cerrada cuatro
estancias de pan en tierra yerma y despoblada desde el “... río de Castro al
caño que baja de las estancias del capitán Esteban de Trejo y Sebastián de
Rosales sobre dicho caño, que iba primero, que pasa debajo del palmar,
camino de los Bobures...” 402. Esas cuatro estancias de pan se dividieron
de la siguiente forma: una para su hija doña María de Cuéllar, quien se
casó con Juan de Nava y Pedraza, otra para su nieta doña Isabel de Nava y
Pedraza, a quien se la donó en 1650, lindante por la parte de arriba con “...
tierras del capitán Domingo de Plaza y por la parte de abajo con estancia
de doña Isabel de Rivas y Toledo y por la otra con estancia del capitán
Juan de Nava y Pedraza, caño en medio, que es el que baxa de la savana del
capitán Estevan de Trejo ... en las tierras que llaman de los Bobures y de las
medidas y linderos que se han hecho y se han dado con comisión del señor
gobernador y capitán general de esta provincia...”403.
Doña María de Cuéllar, también lindaba con Diego Cuervo de Val-
dez404. Por su parte, Brígida de Rivas y Toledo, también heredera de doña
Isabel Cerrada, poseía una estancia de pan coger en los Bobures que limi-
taba con “... la capellanía de Pedro Gaviria Navarro por la parte de arriba,
y por la de bajo con estancia que fue de la difunta Isabel Cerrada...”405. Asi-

401 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Soto-
mayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Jerónimo Alonso de Rosales. San Antonio
de Gibraltar, 24 de marzo de 1657. ff. 187r-188r.
402 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Isabel Cerrada. Arapuey, 20
de marzo de 1628. f. 204r-v.
403 AGEM. Protocolos. T. XX. Carta de donación. Mérida, 9 de junio de 1650. ff. 192r-194v.
404 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Soto-
mayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de María de Cuéllar. San Antonio de Gibraltar,
30 de abril de 1657. f. 220r-v.
405 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Jerónimo Alonso de Rosales, esposo
de Brígida de Rivas y Toledo. San Antonio de Gibraltar, 4 de marzo de 1657. ff. 187r-188r.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 139

mismo, se concedió una estancia a Llorente Roa en la sabana de Laines,


pasando el caño que va al río de Torondoy406.
En tanto que a Miguel Sánchez Pachón, vecino de San Antonio de
Gibraltar, se le otorgó merced de una estancia de pan, lindante con Rodri-
go de Argüelles, vecino de Maracaibo, dando frente al río de Torondoy,
corriendo “... lo largo hacia los Babures y la frente al río de Torondoy des-
echando lo que anega el río... “407.
La tierras de doña Juana Pacheco, hija del gobernador Juan Pacheco y
Maldonado, fueron adquiridas al padre Juan de Bedoya, quien a su vez la
obtuvo mediante donación de su tío Fernando Cerrada, limítrofe por la
parte de arriba “... con estancia de Diego de la Peña y por la parte de abajo
con estancias de Juana Pacheco...”408. Parte de esas tierras fueron vendidas
a doña Juana Pacheco y Maldonado, quien las compuso junto a otras dos
estancias que le habían sido agraciadas por su padre, totalizando cuatro409.
Inmediata a esa hacienda, se hallaba la de don Juan de Bohórquez y su
esposa doña Luisa Dávila, que fue entregada como dote a su hija doña
Magdalena, cuando contrajo nupcias con don Andrés Cortés de Mesa,
vecino de Santa Fe en 1651, cuyos linderos eran “...por un lado con la
estancia del capitán Francisco Dávila y Rojas y por el otro con el capitán
Diego de la Peña...”410.
Además, en Bobures se concedieron tierras a Lorenzo Cerrada, con
otras cuatro estancias de pan, lindando “... con una rosita que tiene labrada
Alonso de Párraga, lo ancho y frente de ellas a un desecho, que hizo ago-
ra nuevamente el capitán Diego Cuervo de Valdez, teniente de la dicha
ciudad de San Antonio de Gibraltar al río de Torondoy y lo largo asia los
406 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Llorente Roa. San Antonio de
Gibraltar, 27 de junio de 1627. f. 145r-.146r.
407 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Miguel Sánchez Pachón. San
Antonio de Gibraltar, 18 de septiembre de 1620. f. 133r-v.
408 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Soto-
mayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Juana Pacheco. San Antonio de Gibraltar,
24 de marzo de 1657. ff. 188v-189r.
409 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Juana Pacheco y Maldonado. San
Antonio de Gibraltar, 27 de marzo de 1657 170r-171v.
410 AGEM. Protocolos. T. XXI. Carta de dote de doña Magdalena de Bohórquez. Mérida, 3 de marzo
de 1651. ff. 44r-47r.
140 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Bobures...” 411. Contiguo con Cerrada se asignaron a Diego Prieto Dávila


cuatro estancias de pan “...en el río de Torondoy, en el desecho que hizo
su teniente de vos, de pocos días a esta parte, después de medidas las es-
tancias que vuestra merced hizo merced al capitán Lorenzo Cerrada...”
412
. Colindante con la propiedad de Lorenzo Cerrada, se hallaban las tie-
rras que pertenecían al Convento de San Agustín, las cuales habían sido
donadas a los religiosos por Mateo de Herrera Osorio, escribano de San
Antonio de Gibraltar, a quien se las había proveído el cabildo de la villa,
cuyo frente daba a la laguna, lindando con Lorenzo Cerrada. Aquellos
predios habían sido inundados por las riadas del Torondoy, y sólo quedó
media estancia de ganado mayor, “montuosa e inútil”; pero ante derecho
que sostenían los religiosos se opuso el padre Pedro Marín Cerrada, quien
las requirió como suyas, mediante la compra que había hecho a don Mi-
guel de Trejo, y fue preferido por la justicia ordinaria413.
Por su parte, al capitán Diego Cuervo de Valdez se le proveyó una es-
tancia de pan coger en el sitio de los Bobures que lindaba por “... parte de
abajo con estancia de cacao de Doña María Palomares y por la de arriba
con estancia de María de Cuéllar, frente al caño seco que por tiempos trae
agua del río de Torondoy y baja por las labores de dicha doña María de
Cuéllar y Doña Isabel Cerrada y lo largo de la dicha estancia hacia el río de
Castro y continuando a esta dicha estancia entre su labor de cacao y dicha
doña María de Cuéllar compone otra estancia...”414.
En 1626, Francisco Ortiz Maldonado, descendiente ilegítimo del fun-
dador de la villa de San Cristóbal, Juan de Maldonado415 recibió una es-
tancia de ganado mayor ubicada en “... la sabaneta de los Bobures hasta el

411 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Lorenzo Cerrada. Mérida, 30
de enero de 1630. f. 233r-v.
412 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Diego Prieto Dávila. Mérida,
31 de enero de 1630. f. 234r-v.
413 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Soto-
mayor. 1655-1657. Composiciones. Composición del Convento de San Agustín de San Antonio
de Gibraltar. San Antonio de Gibraltar, 4 de abril de 1657. 172r-173r.
414 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Diego Cuervo de Valdez. San Antonio
de Gibraltar, 27 de marzo de 1657. f. 170r-171v.
415 Roberto Picón Parra, Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida... T. II.
pp. 42-44.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 141

río de Torondoy...”416. Estas tierras fueron vendidas al maestre de campo


don Bartolomé Alarcón Ocón, y en lo sucesivo fueron entregadas como
dote a doña Feliciana Alarcón Ocón, cuando contrajo matrimonio con
don Álvaro de Mesa y Lugo; los predios se ubicaban en “... las tierras que
llaman del río de Solís, que son del maestre de campo Bartolomé Alarcón
Ocón, en que tiene una estancia de ganado mayor, que compró de los he-
rederos del capitán Francisco Ortiz...”417.
Entre tanto, en 1627, a Antonio de Orduña se le otorgaron dos estancias
de pan desde “... la sabaneta de Bobures hasta la sabaneta de Esteban de Tre-
jo...”418. Años después, en 1657, sólo compuso media estancia de tierra419. Asi-
mismo en 1626, Alonso Torniel Palacio recibió una estancia de pan en medio
de los dos palmares, en el camino que abrió Francisco Ortiz Maldonado420. En
ese mismo año, se confirió una estancia de ganado mayor en la sabaneta de los
Bobures a Bartolomé Franco. Un año más tarde, recibió unas tierras don An-
tonio de Barrios y su esposa Juana Monsalve en el valle de los Bobures y Diego
Prieto Dávila recibió otra estancia de ganado mayor “... lindero abaxo de Ortiz
yendo hazia los Bobures al lado de Francisco Sanz Graterol...”421.
Entre tanto, Lorenzo Ramos Gavilán obtuvo dos mercedes concedi-
das por el gobernador Juan Pacheco y Maldonado: una en 1629 y otra en
1635, que le asignaron una estancia de pan coger, colindante con “...la otra
banda del desecho que hizo el capitán Diego Guerrero [sic], por bajo de la
estancia de Miguel Sánchez Pachón, corriendo lo largo a los Bobures...”422.

416 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Francisco Ortiz Maldonado
San Antonio de Gibraltar, 5 de enero de 1626. f. 28r-v.
417 AGEM. Protocolos. T. XIV. Carta de dote de doña Feliciana Alarcón Ocón. Mérida, 9 de diciem-
bre de 1638. ff. 240r-243v.
418 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Llorente Roa. San Antonio de
Gibraltar, 27 de junio de 1627. f. 145r-.146r.
419 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y Soto-
mayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Antonio Orduña. San Antonio de Gibraltar,
24 de marzo de 165. f. 169r-v.
420 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Alonso Torniel Palacio. San
Antonio de Gibraltar, 12 de junio de1626. f. 129r-v.
421 BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced a Diego Prieto Dávila. Mérida,
11 de mayo de 1628. f. 205r-v.
422 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Lorenzo Ramos Gavilán. San Antonio
de Gibraltar, 26 de marzo de 1657. ff. 169v-170r.
142 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

En 1658, el alférez Antonio Arias Maldonado, declaró poseer “... dos


estancias de cacao la una en el sitio de Bobures que es estancia nueva...”423.
En 1669, Isabel Maldonado, otorgó como parte de los bienes dotales de
su sobrina Juana Sologuren las cosechas de cacao de una estancia que tenía
en el sitio que llaman de los Bobures424 .
Por otra parte, es necesario precisar el caso de los Argüelles, debido a
su particularidad, basada en que estas mercedes fueron otorgadas por el
cabildo de Maracaibo, la primera concedida a don Sebastián de Argüelles,
de la cual se desconoce su fecha. Es probable que se realizara hacia 1600,
cuya propiedad se ubicaba lindante con la que años después se le conce-
dería a doña Leonor de Argüelles, y mencionada tanto en el documento
de merced de la misma, como en el de venta a don Vicente Viana, matriz
de las propiedades que corresponden al actual pueblo de Bobures, y que
con el transcurso de los siglos, se seccionó y dio origen a otras posesiones,
como lo indican tanto su ubicación como los linderos de los predios.
Esa propiedad se extendía desde el actual sitio de Trapichito hasta el Pa-
rral, y ya para 1657 se había dividido entre varios propietarios, siguiendo la
línea de la costa, en pequeñas propiedades que medían aproximadamente
220 brasas de frente a la costa y media legua de fondo. Esas posesiones, en
ubicación sucesiva, correspondían entre 1656-57, a los siguientes propieta-
rios: Juan de Soto, Diego Cuervo de Valdez, Luis Guerrero de Luza, Pedro
Hernández Galarza, Manuel Fernández, Antonio Arráez de Mendoza, Ana
Velazco, Rodrigo García de Hevia, Amaro Ximénez y Pedro Alfonso Parral.
Esta última fue merced concedida por el cabildo de Gibraltar, ya que Parral
y Ximénez se declaran vecinos de la misma. (Véase Mapa 5)
En 1699, algunas de esas propiedades se habían enajenado y, subse-
cuentemente, se habían subdivido en lotes de menor extensión; otras
permanecían aún en manos de los mismos dueños, que han servido de
referencia para establecer su ubicación, y otras habían sido transferidas
a nuevos propietarios. De ese modo, las propiedades de Juan de Soto y
Diego Cuervo de Baldez, en 1699 se habían dividido y transferido a Juan
de Adrada, Juan de Acevedo Moronta, los herederos de Juan de Matos,
423 AGEM. Protocolos. T. XXIV. Testamento del alférez Antonio Arias Maldonado. Mérida, 11 de
mayo de 1658. ff. 37r-40r.
424 AGEM. Protocolos. T. XXXVII. Carta de donación. Mérida, 8 de mayo de 1669. ff. 61r-62r.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 143

Juan de Arrieta y María de Fuentes. Del mismo modo, la hacienda de don


Luis Guerrero de Luza, había sido enajenada en su hija Isabel Guerrero
de Luza y tal vez de su esposo el capitán Pedro de Oroño. La de Pedro
Hernández Galarza se dividió entre sus dos hijos Pedro y Gabriel. Años
después, el predio asignado a Pedro hijo, fue donado por éste a la Com-
pañía de Jesús, y los religiosos se la devolvieron en 1718, por el valor de
estimado de 2.500 pesos, debido a las constantes inundaciones que habían
ocasionado las pérdidas de más de 3.000 árboles de cacao, pues al recibir la
hacienda esta contaba con 11.000 y de forma progresiva las riadas del rio
Torondoy la habían reducido a sólo 8.000425. (Véase Mapa 5) La hacienda
inmediata llamada San Juan de Dios, perteneciente a Manuel Fernández
había sido enajenada a José Lorenzo de Arrieta; todavía en 1712 era suya.
La finca colindante, en 1657 pertenecía a Antonio Arráez de Mendoza,
caballero del hábito de Santiago, cuya propiedad deseaba comprar Rodri-
go Rey de Guzmán y Castroverde, vecino de Cartagena en 1647, por cuya
razón apoderó al capitán Francisco Martínez Rubio Dávila para realizar
la transacción de compra426. Sin embargo, la negociación no fue realizada
en esa ocasión, y después del fallecimiento de Arráez, aproximadamente
hacia 1674, la posesión fue heredada por su viuda y su hijastro don José
Cano de Ávila y Alvarado427, quien por último adquirió la totalidad de la
propiedad. Luego, esa hacienda fue traspasada a Bartolomé de Pablos, y en
1699 era propiedad de Pedro de Alaña Salazar; en 1712 todavía era suya.
(Véase Mapa 5)
La propiedad que en 1657 era de Ana de Velazco428, fue transferida en
1676 a don Diego Corsso, probablemente su hijo; en 1699, había sido
enajenada a Antonio Félix de Ojeda y luego en 1712, a Pedro de Fuen-
tes. Inmediata a ésta, en 1657 se ubicaba la finca de Rodrigo García de
425 Consulta de los P.P. Jesuitas del Colegio de Mérida sobre la venta de la hacienda de Bobures,
Mérida, 20 de agosto de 1718. Publicada por Febres Cordero Tulio, “Documentos para la histo-
ria del Zulia en la época colonial”. En, Febres Cordero Tulio, Obras Completas. Bogotá. Editorial
Antares, 1960. T. IV. pp. 128-130.
426 AGEM. Protocolos. T. XIX. Carta de poder. Mérida, 9 de mayo de 1647. ff. 262v-263r.
427 AAC. Matrimoniales, Carpeta 7. 1674. Demanda de divorcio de doña Casilda de Velazco contra
don José Cano de Ávila y Alvarado. Maracaibo, 9 de mayo de 1671. f. 1v.
428 Doña Ana de Velasco, fue hija del Maestre de Campo y Capitán Manuel de Velasco y de su
primera mujer Clara López Negrete. AGI. Santo Domingo, 42, N. 37, casada con el Capitán
Domingo Antonio Corzo.
144 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Hevia, que en 1699 pertenecía a Gabriel Guerra; en los años sucesivos


fue enajenada a Pedro de Vargas, y en 1702 fue rematada a don Francisco
de Lizaurzabal429. Una década después, en 1717, fueron inventariados sus
bienes, y, a principios del siglo XIX, pertenecía a Nicolás de Angulo, que
“… se compone de cien brasas de tierra; siendo de advertir que veinticinco
brasas que se hallan en la medianía de la dicha hacienda, sembradas de
cacao, pertenecientes a José Tubiñes se formó litis sobre ella y habiéndose
hecho declaratoria de ser pertenecientes a mí…”430.(Véase Mapa 5)
Contigua con la anterior propiedad, estaba la que en 1656 pertene-
cía a Amaro Ximenez. Años más tarde en 1699, correspondía a Gabriel
Guerra y en 1712 a Antonio García Sarmiento. Esta hacienda denomi-
nada Manzanillo, tenía ciento veinte y cinco brasas de frente a la laguna y
correspondiente fondo; en 1750 es probable que ésta fuera la propiedad
de Francisco Ximénez431. En 1777, había sido de don Juan de Escobar, y
estaba hipotecada al Convento de San Francisco de Trujillo, pero debido
al retraso en el pago de los réditos y la eventual pérdida del capital, los
religiosos procedieron a ejecutar la propiedad, y fue entregada a Simón
Frías, mediante una carta de censo suscrita ese año, pero igualmente este
censatario tampoco canceló los réditos; por eso de nuevo se ejecutó la fin-
ca, pero tampoco hubo un postor en los remates. (Véase Mapa 5)
En vista de esa situación, los franciscanos procedieron a suscribir un
censo con el subteniente de milicias de pardos Pedro Moreno Guerrero
quien se obligó en la cantidad de 1240 pesos a favor del monasterio en
429 Don Francisco de Lizaurzabal compró la hacienda de cacao en el valle de Los Bobures a Francisco de
Vargas. Al morir este señor se hizo un remate de la hacienda por 8.742 esos. Don Francisco dio poder
al Alférez Antonio Esteban Manzanillo, vecino de San Antonio de Gibraltar para que en su nombre
pudiera otorgar una escritura de obligación a favor del Capitán Pascual Carballo, residente en dicha
ciudad, que era su albacea y tutor de Doña María Antonia de la Torre, menor heredera de Francisco
de Vargas fechado a 14 de diciembre de 1702. Ese año Don Francisco pagó la mitad del dinero, y se
comprometió a pagar el resto en dos partes, uno en 1704 y otro en 1705. Actuaron como fiadores:
Doña Bernarda de Velasco, el sargento mayor Don Manuel de Velasco y el capitán Don Juan Antonio
de Basabe. AGI. Santo Domingo. Legajo 663. El 24 de mayo de 1717 el Gobernador Francisco de
la Rocha Ferrer nombró a Don Juan de Isea, Juan José de Bequillo y a Nicolás de Arrieta para que
fueran al valle de Los Bobures a hacer un inventario de los bienes de Don Francisco, entre los que
inventariaron una casa con: “... seis negros, una negra, un tablón 8.685 árboles de cacao de más de
22 años, más otro tablón de 4.520 árboles de un año, 4 burros…”. AGI. Santo Domingo, Legajo 653.
430 RPEZ. Documento A-17-226. Testamento de Nicolás Angulo. Maracaibo, 16 de julio de 1806. 3 ff.
431 AGNC. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Salvador Montaño de Pedrajas. San
Antonio de Gibraltar, 11 de julio de 1750. f. 448v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 145

1800432; pero varios años después, Guerrero también se retrasó en su pago,


y la propiedad volvió a ser ejecutada junto con la de Parral y la de Santa
Cruz que tenían en total doscientos sesenta y cinco brasas de costa, se tras-
pasó a José Tubiñes Bocanegra y su esposa Nicolasa Mendoza, en 1819433.
(Véase Mapa 5)

Mapa 5 Propietarios y propiedades en el valle de Bobures 1657-1780

Fuente. AGEM. Protocolos T. I- C. Mortuorias T. I-XX; AGNC. Tierras de Venezuela. T. I-X;


Mapoteca 4 Nº 398. AGI. Escribanía 77,6B, Escribanía de Cámara Legajo 836-c. Visita de
Modesto de Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657; Mapas y Planos Venezue-
la 57, 1682, 22,2. BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra. Caja 11. Doc 1. RPEZ. A-17-
226, B-01-23, B-02-07, C-03-12.

Inmediata a Manzanillo, estaba la hacienda de don Pedro Alfonso Parral,


ubicada en el Palmar de Bobures, en el actual sitio del Parral, que en 1712 era
de sus herederos, y en 1750 era propiedad de don José Fernández de Sendrea,

432 RPEZ. C-03-12. Civiles Don Francisco Miguel Gallardo, síndico del Convento Ceráfico de Trujillo
pide la aseguración de un censo. 1807. Carta de censo. Maracaibo, 23 de mayo de 1800. ff. 2r-4v.
433 RPEZ. A-12-501. Carta de censo. Maracaibo, 4 octubre de 1819. 5 ff.
146 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

vecino de Maracaibo434. Parte de esa hacienda a finales del siglo XVIII, era
propiedad de Simón Frías con el nombre de San Miguel; luego fue ejecutada
por el convento de Trujillo, como parte de las hipotecas que afianzaban un
censo sobre su vecina Manzanillo, y fue enajenada a José Tubiñes435.
Colindante con el Parral se hallaban las tierras concedidas a doña Leonor
de Argüelles por el cabildo de la Nueva Zamora de Maracaibo, una merced
de unas tierras donde se ubicaban los indios Quiriquires cuya encomienda
había sido transferida a su yerno, Antonio Benito Soriano; los linderos de la
propiedad se comprendían desde “… la boca de un estero que está en el re-
mate de las sierras de los bobures y sus naturales encomendados de Sevastian
de Argüelles mi hermano y tiene un longitud desde la boca de dicho estero
hasta la boca de la laguna de dos fanegadas y así a la tierra adentro de media
legua..”436. Doña Leonor vendió 6 fanegas de las 12 que poseía a don Vicen-
te Viana, también vecino de Maracaibo comprensivas de: “… seis fanegadas
de tierra de dose que tengo en las tierras y sitios de Babures de sembradura
de mays yucatán […] con más media legua tierra adentro…”437.
Las restantes seis fanegas y la otra media legua fueron vendidas al tenien-
te Pedro Gomes y doña Inés Mateos, yerno e hija de doña Leonor de Ar-
güelles, cuyos linderos comprendían: “…por una parte en capitán Sebastián
de Argüello y por la otra el río de Castro…”438, quienes, a su vez, también
las enajenaron a don Vicente Viana en 1639439. Parte de esas tierras fueron
vendidas a doña Ana de Quiroz, quien compuso una cabuya de tierra en el
sitio de los Bobures, la que había adquirido del capitán Vicente de Viana,
434 AGNC. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Juan Antonio de Andrade. San
Antonio de Gibraltar, 11 de julio de 1750. f. 448r.
435 RPEZ. A-12-501. Carta de censo. Maracaibo, 4 octubre de 1819. 5 ff.
436 RPEZ. B-01-23. 1834. Testimonio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr. Dn. Juan
Francisco Cuvillán y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y Bobures. Merced
de tierra a Leonor de Argüelles. Nueva Zamora de Maracaibo, 26 de febrero de 1626. ff. 1v-3v.
437 RPEZ. B-01-23. 1834. Testimonio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr.
Dn. Juan Francisco Cuvillán y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y
Bobures. Carta de venta. Nueva Zamora de Maracaibo, 26 de octubre de 1638. ff. 15r-16v.
438 RPEZ. B-01-23. 1834. Testimonio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr.
Dn. Juan Francisco Cuvillán y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y
Bobures. Carta de venta. Nueva Zamora de Maracaibo, 7 de febrero de 1642. ff. 21r-22v.
439 RPEZ. B-01-23. 1834. Testimonio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr.
Dn. Juan Francisco Cuvillán y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y
Bobures. Carta de venta. Nueva Zamora de Maracaibo, 23 de agosto de 1639. ff. 15r-18v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 147

vecino de Maracaibo la, “... que linda con estancia del capitán Juan de Soto
por un lado y por el otro un río que llaman del Hobo...”440. (Véase Mapa 5)
En los años sucesivos, los herederos de Vicente Viana vendieron parte de
las restantes propiedades a Juan Fernández Calderón y su esposa doña Isabel
de Bustos, quienes, a su vez, las entregaron como dotes a sus hijas, María
Fernández Calderón, quien se casó con el alférez José Gabriel Beguilla, cuya
pareja recibió una estancia de tierra en los Bobures441, que habían adquirido
de don Vicente Viana y al capitán Nicolás Josep de Arrieta la Madrid quien
se casó con Ana Hernández Calderón, quien recibió en dote 240 brasas de
tierra de montaña eriasa en el sitio de los Bobures altos, lindando “… por la
parte de arriba con río Seco, tierras del regidor don Antonio de Andrada[e]
y por la parte de abajo tierras del alférez José Gabriel de Beguilla, frente a la
serranía y fondo a la laguna…”442. (Véase Mapa 5)
La propiedad de José Nicolás de Arrieta la Madris y su esposa fue
vendida a Juan Nicolás de Andrade; éste la enajenó a don Juan Antonio
Troconis443, y éste a don Juan Francisco Cubillán, cura rector de la iglesia
parroquial de Maracaibo, en el sitio de Bobures, “… con puerto a la laguna
donde está el frente y camino; lindando por la parte de arriba con el san-
jón del río Seco, tierras y labores de don Pedro Joseph Antúnez Pacheco,
cura coadjutor de la dicha santa iglesia parroquial de Maracaibo; y por la
de abajo con tierras y lavor de doña María Fernández Calderón, viuda y
vecina de esta ciudad…”444. Esta propiedad terminó denominándose San
José del Banco. Al fallecimiento de don Juan Francisco Cubillán, la pose-
440 AGI. Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de Modesto de Meller y Diego de Baños y
Sotomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de Ana Quiroz. San Antonio de Gibraltar,
19 de abril de 1657. f. 203r-v.
441 RPEZ. B-01-23. 1834. Testimonio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr.
Dn. Juan Francisco Cuvillán y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y
Bobures. Carta de dote. Gibraltar, 3 de septiembre de 1716. f. 22r-v.
442 RPEZ. B-01-23. 1834. Testimonio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr.
Dn. Juan Francisco Cuvillán y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y
Bobures. Carta de dote. Gibraltar, 3 de septiembre de 1716. f. 23r-v.
443 “…que oy es en esta ciudad capitán de corazas y regidor perpetuo…”. AGNC. Curas y Obispos.
SC21, 2, Doc. 14. Valle de Río Seco, pleito de jesuita por servidumbre de aguas 1761-1763.
Testimonio de don Luis Nicolás Corona. Maracaibo, 8 de mayo de 1761. f. 447v.
444 RPEZ. B-01-23. 1834. Testimonio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr.
Dn. Juan Francisco Cuvillán y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y
Bobures. Carta de venta. Gibraltar, 1 de febrero de 1733. ff. 43r-46v.
148 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

sión fue cedida por donación testamentaria a sus sobrinos Rosalía, Fran-
cisca Sebastiana, María445, Tomás, Joaquín, Lorenzo, Joseph Judas y Ma-
nuel Francisco Cubillán; por dejación de los herederos a favor de Rosalía,
la hacienda pasó a ser íntegramente de la misma, quien a su fallecimiento
la dejó en herencia a sus legítimos hijos don Felipe, Tomás, María Ignacia
y Emenenciana Quintana, quienes de igual forma trasmitieron sus dere-
chos y acciones a don Felipe, quien era único propietario de la hacienda
en 1833446.(Véase Mapa 5)
La propiedad asignada a Gabriel de Beguilla, fue enajenada a favor del
vicario de Maracaibo, Pedro Joseph de Antúnez Pacheco. La otra parte de
la propiedad fue transferida al capitán Juan de Isea de Loyola, de quien las
heredó su hijo y homónimo447. Don Juan de Isea Loyola (hijo), quien ven-
dió parte de esa propiedad al alférez Juan Hernández Calderón, vecino
de Maracaibo, correspondiente a una encrucijada de tierras en el sitio de
Bobures, que “… dicho pedazo o encrucijada de tierras está sobre las cave-
seras del dicho alférez don Juan de Calderón, lindando al frente con tie-
rras del susodicho y con tierras del capitán José Gabriel de Beguilla y por
el fondo corriendo a la serranía con tierras de doña Juana Pacheco y por
el costado de arriba con río Seco y por el costado de abajo con tierras del
dicho vendedor…”448. Inmediata a Isea se hallaba la propiedad de Andrés
445 María Cubillán declara en su testamento ser heredera en: “… parte de mi tío el Dr. Juan Fran-
cisco Cubillán en la citada hacienda de El Banco…” y declara por sus universales herederos
a: “… Dn. Tomás, Don Felipe, doña María Ignacia y doña Emenenciana Quintana…”. RPEZ.
A-15-12. Testamento de María Cubillán. Maracaibo, 14 de julio de 1801.
446 En el testimonio de don Joseph Manuel Duran, emitido en 1761, se refieren como propietarios
del valle de Río Seco a: “…Don Nicolás de Arrieta en la hacienda que hoy es de don Thomás
Cubillán y en la que se le sigue a don Antonio Antúnez, hermano del señor vicario, y en la tercer
al Licenciado Antonio Nicolás de Andrade y en la cuarta a don Francisco Corona, y en la quinta
a don Ambrosio de Andrade, y en la sexta a don Pedro González, y en la séptima que llaman
Marañones a don Thomás Cubillán y en la octava que es el yngenio y trapiche de don Juan
Nicolás de Andrade…”. AGNC. Curas y Obispos. SC. 21, 2 Doc. 14. Valle de Río Seco, pleito
de jesuita por servidumbre de aguas. Testimonio de don Joseph Manuel Duran. Gibraltar, 19 de
junio de 1761. f. 407r. Véase el mapa de 1761. AGNC. Mapoteca 4 Nº 388-A
447 Con carta de venta fechada en Maracaibo, 27 de enero de 1707. RPEZ. B-01-23. 1834. Testi-
monio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr. Dn. Juan Francisco Cuvillán
y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y Bobures. Carta de solicitud.
Gibraltar, 3 de septiembre de 1716. f. 28v.
448 RPEZ. B-01-23. 1834. Testimonio de los títulos y posesión de las tierras de poseídas por el Dr.
Dn. Juan Francisco Cuvillán y sus herederos de la hacienda del señor San Joseph del Banco y
Bobures. Carta de venta. Gibraltar, 7 de septiembre de 1707. ff. 29vr-33r.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 149

Gil, que se “perdió en la ribera de la laguna”449. Asimismo, colindando


con Isea se hallaba la propiedad de don Francisco de Lazaurzabal Anzola,
quien la compró a Francisco Vargas, en 1702, por 8.742 pesos, de los cua-
les canceló solo la mitad, y se comprometió a pagar los restante entre 1704
y 1705, pero al parecer Francisco, no canceló lo restante y le fue rematada
la propiedad en 1717450.
Pero, la mayor parte del predio fue cedido a favor del vicario de Ma-
racaibo Pedro Joseph de Antúnez Pacheco, correspondiendo a los deno-
minados Bobures altos, y por otro nombre el valle de Río Seco451, sobre
cuyas propiedades se fundó el mayorazgo los Ancones452 ,y también es
muy probable que Nicolás José Antúnez Pacheco comprara la propie-
dad de Isea Loyola, para obtener la totalidad del sector, porque en 1774,
se refería que su hacienda contaba con 100.000 árboles de cacao453 y un
oratorio en alabanza a la virgen de los Dolores. Además hay que señalar
que en 1750, se refieren como propietarios en el valle de Bobures de ha-
ciendas de cacao don Antonio de Andrade y don Salvador Montaño de
Pedrajas454. (Véase Mapa 5)

449 AGI. Escribanía. 77, 6B. Testimonio de autos obrados por el bachiller Juan Feliz de Herrera, sa-
cristán mayor que fue de la ciudad de San Antonio de Gibraltar y juez de diezmos en ella, y el Dr.
D. Andrés Antonio de Montenegro, presbítero juez de diezmos actual de dicha ciudad en orden
al diezmo de los Bobures que pretende la provincia de Maracaibo adjudicarse, perteneciendo
a la dicha ciudad de Gibraltar como consta de estos autos según sus límites y linderos que van
en 158 hojas numeradas. 1690. f. 50r.
450 AGI. Santo Domingo, Legajo 653. Información de don Francisco Lizaurzabal, 1702-1717.
451 RPEZ. B-02-07. Expediente de deslinde de la Hacienda de El Banco promovido por el ciuda-
dano Tomás Vegas, 1833.
452 En el testimonio de don Francisco Corona, emitido en 1761, se hace constar que: “… la ha-
cienda de Marañones que oy es del señor doctor [Pedro Joseph] Antúnez, le consta haber sido
después que la vendió Juan Nicolás de Andrade a don Juan Antonio Troconis, después a don
Thomás Cubillán…”. AGNC. Curas y Obispos. SC. 21, 2 Doc. 14. Valle de Río Seco, pleito de
jesuita por servidumbre de aguas. Testimonio de don Francisco Corona. Gibraltar, 19 de junio
de 1761. f. 447r-448v. Véase el mapa de 1761. AGNC. Mapoteca 4 Nº 388-A
453 Martí Mariano (Obispo), Documentos relativos a la vista pastoral de la Diócesis de Caracas
1771-1784. Libro personal... T. I. p. 134.
454 AGNC. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonios de Antonio Andrade y Salvador Mon-
taño de Pedrajas. San Antonio de Gibraltar, 11 de julio de 1750. f. 448v.
CAPÍTULO 3

LAS HACIENDAS EN LOS VALLES DE TUCANÍ,


CASTRO O SAN PEDRO, MOJAJÁN, SAN
ANTONIO, SANTA MARÍA Y BOBURES

3.1. LAS HACIENDAS


El estudio de las haciendas en Hispanoamérica, ha sido un tópico de rele-
vante importancia para numerosos analistas a partir de la década de 1950455.
Desde esa fecha, han variado sustancialmente los enfoques aplicados en la in-
vestigación de esta significativa temática durante el período colonial y postco-
lonial. Los análisis se han centrado en diversos factores que comprenden desde
su origen, evolución y conformación de la propiedad del suelo, los propieta-
rios, sus familias, sus relaciones endogámicas, los medios y útiles de produc-
ción, capital, mano de obra, trabajo, tecnología, comercialización, productos,
sociabilidad, administración, productividad, valor, infraestructura, viabilidad,
costos y precios, tanto de los inmuebles como de los beneficios, desarrollados
en y sobre diversas regiones del Nuevo Mundo, demostrando mediante esa
multiplicidad las numerosas variaciones de esas unidades de producción en
cada espacio geográfico, en especial las desarrolladas en la Nueva España456
455 Borah Woodrow, New Spain century of depression. Berkeley. Los Ángeles, 1951; Chevalier François,
La formation des grands domaines en Mexique. Terre et société aux XVI e XVII siècles. París, 1962.
456 La extensa bibliografía que analiza las haciendas mexicanas comprende numerosos tópicos. Entre otros
estudios se pueden mencionar a: Riley C. Michael, “El prototipo de la hacienda en el centro de México.
Un caso del siglo XVI”. En, Florescano Enrique (comp.), Haciendas, plantaciones y latifundios en Amé-
rica Latina… pp. 49-69; Taylor William B., “Haciendas coloniales en el valle de Oaxaca”. Florescano
Enrique (Comp.), Haciendas, plantaciones y latifundios en América Latina… pp. 71-102; Brading
David, “Estructura de la producción agrícola en el Bajío. 1700-1850”. En, Florescano Enrique (comp.),
Haciendas, plantaciones y latifundios en América Latina… pp. 106-130; Tovar Pinzón Hermes, “Ele-
152 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

y el Perú457, donde se realizaron los estudios pioneros, subsiguientemente en


Bolivia458, Argentina459 y la Nueva Granada460.
En el ámbito venezolano, se han realizado interesantes aportes sobre
este tema, iniciados por el trabajo pionero de la Comisión para el Estudio
de la Propiedad Territorial, encabezada por Eduardo Arcila Farías, que
aportó un notable avance hacia el conocimiento y tipificación de la ha-
mentos constitutivos de la empresa agraria jesuita en la segunda mitad del siglo XVIII en México”. En,
Florescano Enrique (Comp.), Haciendas, plantaciones y latifundios en América Latina… pp. 132-
241; Riley James Denson, “Santa Lucía. Desarrollo y administración de una hacienda jesuita en el siglo
XVIII”. En, Florescano Enrique (comp.), Haciendas, plantaciones y latifundios en América Latina…
pp. 242-272; Bazant Jan, Cinco haciendas mexicanas. Tres siglos de vida rural en San Luis Potosí.
1600-1910. México. El Colegio de México, 1975; Lindley Richard B., Las haciendas y el desarrollo
económico. México. Fondo de Cultura Económica, 1987; Lavrin Asunción, “El Convento de Santa Clara
de Querétaro. La Administración de sus propiedades en el siglo XVII”. En, Revista Historia Mexicana
Vol. XXV, Nº 97, julio-noviembre, 1975. pp. 75-116; González Sánchez Isabel, Haciendas y ranchos
en Tlaxcala en 1712. México. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1969. Von Wobeser Gise-
la, La hacienda azucarera en la época colonial. México. Secretaría de Educación pública- Universidad
Nacional Autónoma de México, 1988; Del Río Ignacio, “Endeudamiento de propiedades rústicas en la
Gobernación de Sonora y Sinaloa”. En, Clío. Nueva Época. Vol. 3, Nº 34, 2004. pp. 67-79.
457 Mörner Magnus, “En torno a las haciendas en la región del Cuzco desde el siglo XVIII”. En, Florescano
Enrique (comp.), Haciendas, plantaciones y latifundios en América Latina… pp. 316-396; Macera
Pablo, “Feudalismo colonial americano. El caso de las haciendas peruanas”. En, Studia Latinoame-
ricana IV Acta Historica. T. XXV, Szeccd Hungría, 1971. pp. 3-49; Macera Pablo, Instrucciones para
el manejo de las haciendas jesuíticas del Perú. (SS. XVII-XVIII). Lima. Nueva Crónica. Vol. 2. Fasc.
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1966; Klaren Peter F., Formación de las haciendas azu-
careras y origen del APRA. Lima. Instituto de Estudios Peruanos, 1976; Matos Mar, José (compilador),
Hacienda, comunidad y campesinado en el Perú. Lima. Instituto de Estudios Peruanos, 1976.
458 Klein Herbert S., “Peasant response to the market in the land question in the 18th and 19th century Bo-
livia”. .. pp. 103-133; Klein Herbert S., Haciendas y ayllus en Bolivia, siglos XVIII y XIX. Lima. Instituto de
Estudios Peruanos, 1995; Jackson Robert H. y Gordillo Claure José, “Formación, crisis y transformación
de la estructura agraria de Cochabamba. El caso de la hacienda de Paucarpata y de la comunidad del
Passo. 1538-1645 y 1872-1929”. En, Revista de Indias. Vol. LIII, Nº 199, 1993. pp. 723-759.
459 Birocco Carlos María, “Historia de un latifundio rioplatense, las estancias de Riblos en Areco. 1713-1813”.
En, Anuario de Estudios Americanos. T. LIII, Nº 1, 1996. pp. 1-26; Franklin Raúl (Comp.), La historia agraria
en el Río de la Plata colonial. Los establecimientos productivos Buenos Aires. 1992. s/e. T. I. II.
460 Villamarín Juan A., Haciendas en la sabana de Bogotá. Colombia en la época colonial. 1539-1810. En,
Florescano Enrique (comp.), Haciendas, plantaciones y latifundios en América Latina… pp. 145-160;
Colmenares Germán, Las haciendas jesuitas en el Nuevo Reino de Granada…; Tovar Pinzón Hermes,
Colombia imágenes de su diversidad (1492 a Hoy). Bogotá. Grupo Editorial Educar. 2007. pp. 101-114;
Escorcia José, “Haciendas y estructura agraria en el valle del Cauca”. En, Anuario Colombiano de Historia
Social y de la Cultura. Nº 10, 1982. pp. 119-137; Bonnett Vélez Diana, Tierra y comunidad, un problema
irresuelto. El caso del altiplano Cundiboyacence (Virreinato de la Nueva Granada), 1750-1800. Bogotá.
Instituto Colombiano de Antropología e Historia- Universidad de Los Andes, 2002; Sánchez Mejía Hugues,
“Haciendas de trapiches, hatos, hatillos y “rozas”: el mundo rural en la gobernación de Santa Marta (1700-
1810)”. En, Historia Caribe, Vol. XI, Nº 28, enero-julio, 2016. pp. 241-274. Kalmanovitz Salomón, La eco-
nomía de la Nueva Granada, Bogotá, Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2008. pp. 47-55.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 153

cienda cacaotera en los valles centrales en la Provincia de Venezuela461;


aunque es necesario puntualizar que el enfoque aplicado en esa investi-
gación está apegado a la visión marxista de la historia, similar al utilizado
por Pablo Macera en su análisis sobre las haciendas peruanas; en ambos
estudios se parte del supuesto que las haciendas se formaron y desarro-
llaron a partir del traslado y funcionamiento de las estructuras feudales
europeas al Nuevo Mundo, lo que revela notables incoherencias entre el
planteamiento teórico y la realidad estudiada.
Otros autores han centrado sus estudios sobre el origen, evolución
y desarrollo de haciendas azucareras en la región central venezolana462.
Por su parte, Edda Samudio ha realizado indagaciones sobre las hacien-
das llaneras jesuíticas inmediatas a los ríos Casanare, Meta y Orinoco463,
diferenciando las actividades económicas que se cumplen en las mismas,
al describir la especialización del trabajo en los hatos ganaderos como
una variable significativa en la tipificación de esas unidades de produc-
ción464.
Del mismo modo, en el contexto de la región histórica merideña, se
destacan también los estudios pioneros de la mencionada investigadora
Edda Samudio sobre las haciendas azucareras de los jesuitas, tanto en
los valles altos inter-montanos de la serranía como de las cacaoteras del
sur del Lago de Maracaibo465. Entre tanto, otros investigadores inda-
461 Arcila Farías Eduardo Maza Zavala D. F. Brito Figueroa. Federico Tovar. Ramón A., La obra pía
de Chuao. 1569-1825…
462 Tavera Marcano Carlos Julio, Historia de la propiedad territorial en el valle de Aragua. Maracay (Ve-
nezuela) Gobernación del Estado Aragua y Academia Nacional de la Historia, 1995; Banko Catalina,
“La industria azucarera en Venezuela y México. Un estudio comparativo”. En, Boletín de la Academia
Nacional de la Historia. T. LXXXVIII, Nº 352. Octubre Diciembre 2005. pp. 157-179; Molina Luis
E. Historia y arqueología de un antiguo ingenio azucarero en el valle de Caracas-Venezuela”. En,
Anales del Museo de América. 13, 2005, pp. 199-224; Bacci María Eugenia, “Chuao: una hacien-
da de cacao en Venezuela”. disponible en:://[Link]/unesco/Cap%2009%20Bacci%20
Chuao%[Link]; Bacci María Eugenia, “Chuao: una hacienda de cacao en Venezuela”.
Disponible desde: [Link]/unesco/Cap%2009%20Bacci%20Chuao%[Link].
463 Samudio A. Edda O., Las haciendas jesuíticas de las misiones de los llanos del Casanare,
Meta y Orinoco. Separata del Libro de las Misiones Jesuíticas de la Orinoquia T. I. San Cristóbal.
Universidad Católica del Táchira, 1993.
464 Pérez Ángel Héctor Publio, “La hacienda y el hato en la estructura económica y social y política de los llanos
colombo-venezolanos durante el período colonial”. En, Procesos Históricos. Nº 11, enero 2007. pp. 1-20.
465 Samudio A. Edda O., Las haciendas del Colegio San Francisco Xavier…; Samudio A. Edda O., El Colegio
San Francisco Javier en la Mérida colonial. Germen histórico de la Universidad de Los Andes…T. I.
154 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

gan sobre las haciendas ubicadas en el curso del río Chama medio466, y
las de tabaco en Barinas467. Por su parte, Luis Alberto Ramírez Méndez
aborda el proceso de formación y desarrollo de las haciendas de cacao y
de caña de azúcar en el sur del Lago de Maracaibo durante los primeros
siglos coloniales468 y Peter Linder analiza las relaciones de producción
en las haciendas del sur del Lago de Maracaibo a finales del siglo XIX y
principios del XX469.
En torno a la definición de hacienda existe consenso entre diversos au-
tores, al aceptar la proposición de Eric Wolf y Sydney W. Mintz, quienes
la han conceptuado como “...una propiedad agrícola operada por un te-
rrateniente, quien dirige una fuerza de trabajo subordinado, organizada
para aprovisionar a un mercado reducido, con la ayuda de un pequeño
capital...”470. Además, se ha admitido que el concepto expresado es tan
sólo un polo en un continuum de variaciones del mismo fenómeno471. En
ese sentido, Herbert J. Nickel explica que una hacienda se debe entender
como “…institución social y económica cuya actividad se desarrolla en el
sector agrario y reúne ciertas condiciones: dominio de recursos natura-
les: tierra, agua, pastos; administración de recursos humanos: fuerza de
trabajo, control de los mercados regionales y locales”472, a lo que hay que
466 Tallaferro D. Julio César., La hacienda Estanques 1721-1877. Apuntes para su historia. Mérida.
Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Educación. Universidad de Los Andes (Ascenso),
1979; Gelamby de Montilla Darcy, La hacienda los Curos. Mérida. Universidad de Los Andes (tesis),
1979; Espinoza Andrés Benito, La hacienda Chichuy 1558-1800. Mérida. Universidad de Los Andes
(tesis), 1980; Suárez de Paredes Niria, Apuntes para el estudio de la hacienda andina del siglo
XIX, el caso de la hacienda de la Santísima Trinidad de Los Curos, 1880-1884. Mérida. Escuela de
Historia. Facultad de Humanidades y Educación. Universidad de Los Andes (Ascenso), 1984.
467 Ruiz Tirado Mercedes, Tabaco y sociedad en Barinas siglo XVII…
468 Ramírez Méndez Luis Alberto, “Las haciendas en el sur del Lago de Maracaibo. (Siglos XVI-
XVII)”. En, Boletín de la Academia Nacional de la Historia. T. XCII, Nº 366, abril-junio 2009.
pp. 121-164; Ramírez Méndez Luis Alberto, “las haciendas cañeras en el sur del lago de Mara-
caibo”. En, Revista de Indias. Vol. LXXIV, Nº 260, abril 2014. pp. 9-34.
469 Linder Peter S., “Relaciones de producción en las haciendas del sur del lago zuliano, 1880-
1936. Algunas conclusiones preliminares”. En, Tierra Firme. Vol. 5, Año V, Nº 19 julio-septiem-
bre, 1987. pp. 283-291.
470 Wolf Erick R. y Mintz Sydney W., Haciendas y plantaciones en Mesoamérica y las Antillas. En, Flo-
rescano Enrique (comp.), Haciendas, plantaciones y latifundios en América Latina… pp. 493-591.
471 Wolf Erick R. y Mintz Sydney W., Haciendas y plantaciones en Mesoamérica y las Antillas. En, Flo-
rescano Enrique (comp.), Haciendas, plantaciones y latifundios en América Latina… pp. 493-591.
472 Nickel, Herbert J., Morfología social de la hacienda mexicana. México. Fondo de Cultura Eco-
nómica, 1988. p. 19.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 155

agregar la concepción expuesta por Germán Colmenares, quien la tipifica


como una empresa de explotación agrícola473.
Asimismo, es necesario puntualizar la reflexión realizada por Favre, so-
bre la caracterización de la hacienda colonial, quien desestima la concep-
ción tradicional relativa a las grandes extensiones de propiedad de suelo
de las haciendas, al precisar la inexistencia de una continuidad: “…entre
la grande y pequeña propiedad; entre el latifundio y el minifundio se si-
túa un conjunto de propiedades particulares de mediana extensión…”474,
y además asevera que la hacienda debe concebirse como institución que
va más allá de la superficie sobre la que se extiende, conceptuándola como
un sistema de producción. Además, es necesario precisar que en el sur
del Lago de Maracaibo, la hacienda constituyó un factor importante en
la ocupación del espacio y la expansión de la frontera tanto étnica como
político-administrativa475.
Con respecto al proceso formativo de las haciendas, se ha reconocido
que sus núcleos iniciales fueron las estancias, cuyas unidades de produc-
ción han atraído la atención de pocos investigadores. Inicialmente, las
estancias representaron una medida en la asignación de la propiedad del
suelo, y constituyeron solo el derecho para la utilización de los pastos; lue-
go se transformaron además del título en la forma definitiva de obtener la
propiedad absoluta de la tierra. De ese modo, con el nombre genérico de
“estancias” se designaron a las caballerías y las estancias ganaderas, las que
acrecentaron las dimensiones de suelo cedidas por la Corona hasta con-
vertirse en extensas fincas rústicas, aunque las denominaciones caballería
y estancia se mantuvieron como simples medidas de superficie476.
Con respecto a la evolución de las estancias en la Nueva Granada exis-
te el trabajo de Edgar A. Torres Castro, quien analiza su surgimiento a
finales del siglo XVI, definiéndolas como centros de producción agrícola
y ganadera, explotadas bajo el modelo de “tierras de labor” característico
473 Colmenares Germán, Las haciendas jesuitas en el Nuevo Reino de Granada… p. 21.
474 Favre Henri, “Evolución y situación de la hacienda tradicional en Huancavelica”. En, Matos
Mar, José (compilador), Hacienda, comunidad y campesinado en el Perú. Lima. Instituto de
Estudios Peruanos, 1976. p. 105.
475 Ramírez Méndez Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su mis-
ma sangre. La frontera indígena…T. III. pp. 99-187.
476 Konetzke Richard, América Latina II. La época colonial... p. 44.
156 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

de la meseta castellana477. El citado autor considera que fueron solo pro-


piedades entregadas a los primigenios encomenderos, quienes utilizaron
los beneficios obtenidos del tributo indígena para invertirlo en sistemas
de siembra478. Asimismo, reconoce que fueron unidades productivas im-
pulsadas con el trabajo familiar, previas a la aparición de las haciendas479
y las clasifica como estancias de ganado mayor, estancias de pan hacer y
estancias de pan.
En Mérida, a diferencia de lo ocurrido en Susa, se aprovechó el trabajo
aborigen mediante la prestación de servicios personales para establecer las
roturaciones y los cultivos iniciales. Las técnicas de cultivo en las estancias
reprodujeron en esencia una agricultura extensiva de cereales y el pastoreo
de ganado, cuya producción se destinó a mercados internos y suministra-
ron excedentes necesarios para abastecer la demanda urbana y de áreas
foráneas. En particular, en el caso del sur del Lago de Maracaibo se las
denominó como estancias de ganado mayor, estancias de ganado menor,
estancias de pan sembrar o estancias de pan coger, precisando con ello el
uso dado a la tierra y denominaba, no sólo la mera unidad de superficie,
sino la propia hacienda, en una situación similar a lo ocurrido en el Río de
la Plata y Chile hasta finales del período colonial480.
Por su parte, William Taylor explica que en el valle de Oaxaca en la
Nueva España, no fue sino a principios del siglo XVII, cuando comen-
zaron a desarrollarse unidades de producción denominadas “haciendas”,
para designar una unidad de producción más compleja que la “estancia”,
entendida como “... una nueva entidad económica dedicada a abastecer
mercados locales tanto de productos animales como de granos...”481. Simi-
lar situación, sucedió en el ande peruano como lo exponen Klein, Matos
Mar, Pablo Macera y Elvia Montes de Oca Navas, al explicar que la forma-
477 Torres Castro Edgar A., “Participación de las estancias en las economías locales y regionales, El
caso de Susa en el Nuevo Reino de Granada. Siglo XVII”. En, Nueva Granada colonial. Selec-
ción de textos históricos. (Compiladores Diana Bonett Vélez, Michael de la Rosa, Germán R.
Mejía Pavony y Mauricio Nieto Olarte). Bogotá. Universidad de Los Andes, 2003. pp. 227-228.
478 Torres Castro Edgar A., “Participación de las estancias en las economías locales y regionales, El
caso de Susa en el Nuevo Reino de Granada. Siglo XVII”… pp. 227-228.
479 Torres Castro Edgar A., “Participación de las estancias en las economías locales y regionales, El
caso de Susa en el Nuevo Reino de Granada. Siglo XVII”… pp. 227-228.
480 Konetzke Richard, América Latina II. La época colonial... p. 44.
481 Taylor William B., “Haciendas coloniales en el valle de Oaxaca”… p. 77.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 157

ción de las primeras haciendas se iniciaron con la enajenación de fanega-


das de tierra por parte de los indígenas a los blancos482.
En la Nueva Granada, Hermes Tovar Pinzón afirma que las haciendas
se desarrollaron lentamente a lo largo de dos centurias a partir del el siglo
XVI, en la medida que se incorporaban tierras y se expandía la frontera
agrícola483, afirmación que también es compartida por Kalmanovits484. El
desarrollo de las mismas estuvo orientado a atender la demanda de sec-
tores urbanos y mineros, lo cual no significó la ausencia de una demanda
rural, debido a la diversificación de la producción en el ámbito interno
posibilitando satisfacer el consumo de variados productos485 en distintos
circuitos y desiguales mercados.
Del mismo modo, la conformación de las haciendas hispanoamericanas,
trajo aparejado el establecimiento de una compleja red de relaciones dirigi-
das a la vinculación y control de los mercados donde se comercializaban sus
productos486. Esos enlaces se basaban en la expresa intención de los propie-
tarios, vinculados mediante parentesco o bien por las instituciones eclesiás-
ticas en realizar adquisiciones simultáneas de diferentes haciendas ubicadas
en distintos pisos altitudinales y nichos ecológicos, lo que les facilitaba rea-
lizar diferentes cultivos en desiguales condiciones climáticas y edáficas. La
diversidad de producción obtenida en esos predios fue complementaria en-
tre sí, conformándose una red subsidiara de abastecimiento y consumo487.
Además, se crearon conexiones comerciales entre los centros de acopio y
distribución, donde se embarcaban, remitían, recibían, fletaban, disponían
de medios de transporte y se mantenían agentes autorizados y apoderados
para ejercer la función mercantil. De esa forma, los hacendados cumplían,
482 Klein Herbert S., Haciendas y ayllus en Bolivia, siglos XVIII y XIX…. pp. 20-30; Matos Mar, José (com-
pilador), Hacienda, comunidad y campesinado en el Perú… pp. 9-53; Macera Pablo, Feudalismo
colonial americano. El caso de las haciendas peruanas… p. 5; Montes de Oca Navas Elvia, Apuntes
sobre la cuestión agraria en México y el Estado de México. México. El Colegio Mexiquense, 2003.
483 Tovar Pinzón Hermes, Colombia. Imágenes de su diversidad… p. 103.
484 Kalmanovitz Salomón, La economía de la Nueva Granada. Bogotá. Universidad Jorge Tadeo
Lozano, 2008. p. 48.
485 Tovar Pinzón Hermes, Colombia. Imágenes de su diversidad… p. 105.
486 Tovar Pinzón Hermes, Colombia. Imágenes de su diversidad… p. 105.
487 Tovar Pinzón Hermes, Colombia. Imágenes de su diversidad… p. 103; Véase también a: Samudio A.
Edda O., Las haciendas del Colegio San Francisco Xavier… pp. 33-41; Ramírez Méndez Luis Alberto,
De la piedad a la riqueza. El Convento de Santa Clara de Mérida. 1651-1874… T. I. pp. 353-374.
158 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

alternativa y simultáneamente, las funciones de cosecheros y comerciantes,


remitiendo productos agrícolas e importando mercaderías manufactura-
das de los centros de producción a los de consumo subsidiario488.
En cuanto a la mano de obra, existe consenso en los autores sobre la
diversidad de grupos étnicos empleados en las haciendas. Mientras en la
Nueva España489 y el Perú490, fueron de forma mayoritaria indígenas, mien-
tras en la Nueva Granada coexistieron tanto amerindios con mestizos491.
Por el contrario, en Venezuela, fueron fundamentalmente de origen africa-
no492, aunque es preciso señalar que no existió una absoluta diferenciación
entre los diversos grupos étnicos que laboraban en las haciendas, donde
coexistieron trabajadores indígenas, negros y mestizos, pero se insiste en
que la distribución étnica de la mano de obra se concretó de la manera
expuesta. Por otro lado, en lo referido a los sistemas de trabajo a los que se
sometieron los trabajadores, también fueron diversos como la encomien-
da493, la mita, el cuatequil494, el concertaje agrario495 y la esclavitud.
En relación al capital empleado en las haciendas, éste tuvo un origen
disímil. En algunas ocasiones, fue producto de las actividades mineras, en
aquellas áreas donde las haciendas surgieron como centros de abasteci-
488 Kicza John E., Empresarios coloniales. Familias y negocios en la ciudad de México durante
los Borbones... pp. 163-202; Tovar Pinzón Hermes, Colombia. Imágenes de su diversidad…
p. 105; Stanley J. y Stein Bárbara H., La herencia colonial de América Latina. 8ª ed. México.
Siglo XXI editores, 1975. p. 151; Samudio A. Edda O., El Colegio San Francisco Javier en la
Mérida colonial germen histórico de la Universidad de Los Andes… T. I. pp. 145-233.
489 Taylor William B., “Haciendas coloniales en el valle de Oaxaca”… pp. 90-91; Riley C. Michel, El
prototipo de la hacienda en el centro de México. Un caso del siglo XVI”… pp. 60-64.
490 Lockhart James, El mundo hispanoperuano. 1532-1560… pp. 278 ss.
491 Tovar Pinzón Hermes, Colombia. Imágenes de su diversidad… pp. 105-106; Colmenares Ger-
mán, Historia económica y social de Colombia. (Popayán, una sociedad esclavista. 1680-
1800) Bogotá. Editorial La Carreta, 1979.
492 Maza Zavala Domingo F., “La estructura económica de una plantación colonial en Venezuela”…
p. 104; Samudio A. Edda O. Los esclavos de las haciendas del Colegio San Francisco Javier
de Mérida. /Separata de la revista Paramillo/ 17. 1998; Konetzke Richard, América Latina II.
La época colonial... p. 72.
493 Riley C. Michel, “El prototipo de la hacienda en el centro de México. Un caso del siglo XVI”…
pp. 51-60; Konetzke Richard, América Latina II. La época colonial... pp. 160-181; Colmenares
Germán, Historia económica y social de Colombia. 1537-1719… pp. 161-187 y 156-167.
494 Konetzke Richard, América Latina II. La época colonial... pp. 181-189.
495 Konetzke Richard, América Latina II. La época colonial... pp. 181-189; Samudio A. Edda O.,
El trabajo y los trabajadores en Mérida colonial. Fuentes para su estudio. San Cristóbal. Uni-
versidad Católica del Táchira, 1988.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 159

miento a economías basadas en la explotación de los metales. En otros ca-


sos, representaron las crecientes inversiones de estirpes unidas a través de
la política de enlaces matrimoniales496, entregados mediante las dotes497,
y trasmitidas por herencias y donaciones en sociedades donde prevalecen
las relaciones endogámicas498.
En general, el capital necesario para desarrollar las actividades agríco-
las y la adquisición de esclavos y semovientes se obtuvo recurriendo al sis-
tema financiero eclesiástico, el cual disponía de crecientes cantidades de
numerario, entregado para ser administrado por los eficientes y celosos
religiosos mediante la suscripción de censos499. Asimismo, hubo propie-
496 Kicza John E., Empresarios coloniales. Familias y negocios en la ciudad de México durante
los Borbones…pp. 177-202; Socolow Susan, “Cónyuges aceptables. La elección del consorte
en Argentina colonial. 1778-1810”. En, Lavrin Asunción (coord.), Sexualidad y matrimonio en
la América hispana. México. Grijalbo, 1991. pp. 229-270; Ladd Doris M., La nobleza mexicana
en la época de la Independencia, 1780-1826… pp. 39-40; Langüe Frédérique, Aristócratas,
honor y subversión en la Venezuela del siglo XVIII… pp. 69-81.
497 Siegrist Nora y Samudio A. Edda O., Dote matrimonial y redes de poder en el Antiguo Régimen
en España e Hispanoamérica…
498 Arango Estrada Vicente Fernán, La endogamia en las concesiones antioqueñas… pp. 24 y 46-49.
499 Sobre la función financiera de la Iglesia en la época colonial y el período republicano se han realizado
numerosos trabajos, Cfr. Lavrin Asunción, “The role of the nunneries in the economy of the New Spain
in the eighteenth century”. En, The Hispanic American Historical Review Vol. XLVI, Nº 4, November
1966, pp. 372-393; “The execution of the Law of Consolidación in New Spain Economic Aims and
Results”. En, Hispanic American Historical Review. Vol. 53, Nº 1, February 1993. pp. 27-49; Bauer
Arnold, “The church in the economy of Hispanic American. Censos and depositos in eighteenth and
nineteenth centuries”. En, Hispanic American Historical Review. Vol. 63, Nº 4, November 1983.
pp. 711-740; Bauer Arnold (Comp.), La Iglesia en la economía de América Latina siglos XVI al
XIX. México. INAH, 1986; Jiménez Pelayo Águeda “El impacto del crédito en la economía rural de
Nueva Galicia”. En, The Hispanic American Historical Review. Vol. 71, Nº 3 august 1991. pp. 501-
529; Martínez Calvo María del Pilar (coord.), Iglesia, Estado y economía. Siglos XVI al XIX. México.
Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1995; Von
Wobeser G, El crédito en Nueva España. México. UNAM. 1994; Ferreira Esparza Carmen Adriana,
“Capellanías y censos. Una conceptualización necesaria para el estudio del crédito colonial”. En, En-
sayos de historia regional de Santander. Bucaramanga. Universidad Tecnológica Experimental de
Santander, 1995. pp. 38-78; Langer Eric D., Hames Gina, “Commerce and credit on the periphery,
Tarija merchants. 1830-1841”. En, Hispanic American Historical Review. Vol. 74, Nº 2, may 1994,
pp. 285; Andrein Kenneth J., “The sale of juros and the politics of reforms in the Viceroyalty of Peru”.
En, Journal of Latin American Studies. Vol. 13, Nº 1, may, 1981. pp. 1-19; Troconis de Veracoechea
Ermila, Los censos en la Iglesia Colonial Venezolana (Sistema de préstamos a interés) Caracas.
(Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela 153) Academia Nacional de la Historia,
1982. T. I; Terán Najas Rosemarie, “Censos, capellanías y élites”. En, Procesos. Revista Ecuatoriana
de Historia. Nº 1, II Semestre, 1991. pp. 22-48; Troconis de Veracoechea Ermila, La obras pías en la
Iglesia colonial venezolana. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela 105)
Academia Nacional de la Historia, 1971; Quiroz Alfonso W., “Reassessing. The role of credit in the
160 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

tarios privilegiados que contaron con elevadas sumas de efectivo, como


lo fueron las órdenes eclesiásticas, en particular los jesuitas500 y las men-
dicantes femeninas, que dispusieron de ingentes cantidades de circulante
para ser invertidas en el sistema productivo de sus haciendas501.
Por último, en cuanto a la rentabilidad de las mismas, hay heterogenei-
dad de opiniones en los autores. Algunos investigadores han aceptado un
promedio de un 5% en el retorno en las grandes haciendas502, pero se ha
demostrado que en 20 ó 40 años los índices de riqueza se multiplicaban
por 5 y 10 veces503. En el caso de las haciendas cacaoteras del centro de
Venezuela, su rentabilidad estuvo relacionado con la producción y comer-
cialización del fruto504.

3.2. LAS HACIENDAS CACAOTERAS


A diferencia de lo ocurrido en la Nueva España, el Perú y la Nueva Gra-
nada, en cuyos espacios las haciendas surgieron para satisfacer la necesidad
del abastecimiento a las explotaciones mineras505, convirtiéndose en redes
económicas suplementarias, en el sur del Lago de Maracaibo, las haciendas
se conformaron tempranamente como una inmediata consecuencia de la
creciente demanda de productos agrícolas, en particular de comestibles que
requerían las áreas foráneas506, ubicadas en las islas y zonas ribereñas del mar
Caribe y el norte costero del Nuevo Reino de Granada, en una situación

late colonial Peru, Censos, escrituras, and imposiciones”. En, Hispanic American Historical Review.
1994, 1, 50. pp. 194-229; Marmolejo Salazar Beatriz y Tablante Blanca, El censo fuente generadora
de crédito, su evolución histórica y la participación de la Iglesia como agente crediticio, particula-
ridades en Mérida. 1785-1800. Mérida, Universidad de Los Andes (tesis), 1984.
500 Samudio A. Edda O., El Colegio San Francisco Javier en la Mérida colonial. Germen históri-
co... T. I. pp. 195-201; Tovar Pinzón Hermes, Colombia. Imágenes de su diversidad... p. 104.
501 Ramírez Méndez Luis Alberto, De la piedad a la riqueza... pp. 397-442.
502 Ruiz Tirado Mercedes, Tabaco y sociedad en Barinas siglo XVII. Mérida Ediciones de la Univer-
sidad de Los Andes, 2000. pp. 270-272.
503 Tovar Pinzón Hermes, Colombia. Imágenes de su diversidad… p. 106.
504 1138
Maza Zavala D. F., “La estructura económica de una plantación colonial en Venezuela”… p. 105.
505 Macera Pablo, “Feudalismo colonial americano. El caso de las haciendas peruanas”… p. 15;
Taylor William B., “Haciendas coloniales en el valle de Oaxaca”… p. 92; Tovar Pinzón Hermes,
“Haciendas coloniales en el valle de Oaxaca”. En, Florescano Enrique (comp.), Haciendas la-
tifundios y plantaciones en América Latina. México. Siglo XXI editores, 1975. p. 103; Mörner
Magnus, “En torno a las haciendas en la región del Cuzco desde el siglo XVIII”… p. 20; Konet-
zke Richard, América Latina II. La época colonial... p. 288.
506 Stanley J. y Stein Bárbara H., La herencia colonial de América Latina… p. 42.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 161

similar a la formación de los ingenios azucareros brasileños, que representa-


ron una actividad totalmente independiente de la minería.
En el inicio de la ocupación de las tierras cálidas y húmedas del sur del
Lago de Maracaibo, y en particular las de los valles de Castro, Bobures,
Tucaní, y Mojaján los ibéricos las percibieron como aptas para la siembra
del maíz, la yuca y otras raíces, destinadas al consumo alimentario de los
indígenas y del algodón para la elaboración del hilo de pita y los lienzos.
Asimismo, el espacio fue utilizado para el tránsito de la producción agríco-
la y artesanal de los valles altos hacia sus embarcaderos, lo cual se debió al
desconocimiento que tenían los hispano-criollos de la extraordinaria po-
tencialidad del cacao como producto para la exportación. Por esas razones,
el proceso productivo en el sur del Lago de Maracaibo, se inició de forma
tardía en relación al de los valles altos inter-montanos. Aquella situación,
se debió de manera fundamental a que las actividades agrícolas desplegadas
por los peninsulares asentados en Mérida, estuvieron determinadas por sus
hábitos dietéticos, lo que definió la producción en especial de los cereales
destinados a satisfacer la demanda alimentaria de los europeos.
En ese sentido, es primordial expresar que el menú de los españoles
estaba basado en el consumo del pan de trigo, las hortalizas, berzas y ver-
duras, cuyos cultivos fueron exitosos en los pisos altitudinales superiores a
los 1.500 mts., donde el suelo, la humedad y el clima eran óptimos para la
producción de esas cosechas, destinadas a satisfacer al creciente mercado,
tanto citadino como foráneo507, lo que estuvo en detrimento del aprove-
chamiento inicial de la planicie lacustre. Aquella percepción fue modificada
debido a inesperados hechos ocurridos en la Nueva España, que incentiva-
ron el excepcional crecimiento de las haciendas cacaoteras en las planicies
lacustres. Con certeza, el cacao era conocido508 y consumido por las culturas
indígenas prehispánicas, en particular en las de Mesoamérica509. Después
507 Ramírez Méndez Luis Alberto, De la piedad a la riqueza... pp. 284-299.
508 La economía del Estado de Morelos en tiempo de los aztecas era esencialmente agraria “... Los que
trabajaban la tierra cultivaban maíz, frijoles, chile, tomate, pimientos, calabazas, algunos frutales,
hierbas escogidas como la chía y el huatli o amaranto, el algodón y tal vez el cacao...”. Riley C.
Michael, “El prototipo de la hacienda en el centro de México. Un caso del siglo XVI”… p. 51.
509 “Un grupo de investigadores mexicanos acaba de dar a conocer un descubrimiento interesante en el que
se han encontrado restos de cacao con 3.750 años de antigüedad en una vasija hallada en una excavación
arqueológica en la ciudad de Veracruz. Este nuevo descubrimiento aumenta la datación de la utilización del
cacao que se estableció el año pasado en unos 3.100 años. En el año 2007 los expertos descubrían que
162 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

del contacto con los peninsulares, los blancos también se aficionaron al con-
sumo de tan deliciosa bebida.
Durante el siglo XVI, en especial a partir de 1525, las plantaciones
cacaoteras que se expandían desde Soconusco a Nicaragua, compuestas
por arboledas con cultivos extensivos, se habían transformado en espacios
agrícolas con baja productividad a punto de arruinarse, mantenidas a du-
ras penas por la demanda de cacao de alta calidad entre las clases elevadas
mejicanas510. Los cacaotales de Soconusco, viejos y descuidados fueron
sensibles a los efectos de los desastres naturales como los huracanes de
1612 y 1659; además, fueron abandonados al suplantar las actividades
agrícolas por las ganaderas, más rentables. En particular en la provincia
de Soconusco nunca se pudo solventar el problema de la mano de obra.
Todavía a principios del siglo XVIII se le refería como “… tierra de muy
poca gente… también calidísima y enferma…”511.
Al mismo tiempo que aquello ocurría, la cohabitación de los invaso-
res con los aborígenes ocasionó el contagio y la trasmisión de temibles
enfermedades procedentes de Asia, África y Europa, para las cuales los
nativos americanos carecían de inmunidad. La inmediata consecuencia de
la expansión y contaminación con tan terribles enemigos biológicos fue la
dramática disminución de la población amerindia512, que entre otras acti-
la bebida de cacao era más antigua de lo que hasta el momento se había estipulado, gracias a los restos
arqueológicos de unos recipientes de cerámica hallados en el valle Ulúa (Honduras), se databa la antigüedad
del uso del cacao en unos 3.100 años. En los recipientes de cerámica se encontraron restos de teobromina,
una sustancia alcaloide que sólo se encuentra en el cacao y principalmente en sus semillas”. ,//[Link]-
[Link]/2008/07/31/cacao-con-3750-anos-de-antiguedad/. Por su parte, Febres Cordero Tulio expresa que:
“… El chocolate, tal como ahora le usamos, no era conocido de los indios, lo que ellos tomaban venía á ser lo
que hoy llamamos «cacao frío» ó «espuma de cacao,» y que aun se vende en los tianguis ó mercados de los
pueblos. Mezclaban con el cacao varias yerbas, especias, chile, miel, agua rosada, granos del pochotl ó ceiba,
y especialmente maíz. Conocían varios métodos para preparar la bebida; pero siempre en frío, y así se tomaba.
Lo general era moler el cacao y demás semillas, desleír la pasta en agua, separar una parte y ponerla en mayor
cantidad de agua, batir el líquido y pasarle varias veces de un vaso á otro, dejándole caer desde alto para que
formase espuma. Los Mejicanos hacían una preparación del cacao en frío y en Nicaragua se preparaba una
bebida de cacao cocida...”. Febres Cordero Tulio, “El chocolate y el chorote. Estudio Histórico”. En, Febres
Cordero Tulio, Archivo de Historia y Variedades. Caracas. Parra León Hermanos. 1930. T. I. pp. 65-66.
510 Miño Grijalva Manuel, El cacao Guayaquil en la Nueva España, 1774-1812.... pp. 82-83.
511 Miño Grijalva Manuel, El cacao Guayaquil en la Nueva España, 1774-1812… p. 83.
512 “Entre 1492, y alrededor de 1550, lo que podemos denominar el complejo de la conquista literalmente ani-
quiló las poblaciones indígenas de las primeras regiones de contacto cultural europeo y amerindio, el Caribe.
Diezmó a los habitantes de México central donde la población recientemente calculada de cerca de 25 millo-
nes en 1523, descendió hasta poco más de un millón en 1605”. Stanley J. y Stein Bárbara H., La herencia
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 163

vidades, cultivaba las tierras en México, determinando una substancial re-


ducción en la producción alimentaria en aquel virreinato513, en particular
del cacao, lo que ocasionó la escasez de aquel fruto y motivó el aumento
sostenido de su precio514. Esa situación ocurrió durante las décadas finise-
culares del XVI y las iniciales del XVII; por esta razón, el Ayuntamiento
mejicano solicitó al virrey instituir “... una bolsa de cacao para estabilizar
el mercado y combatir el acaparamiento de ese producto básico…”515.
Durante ese periodo, los mercaderes mexicanos, con la finalidad de satisfa-
cer la inusitada demanda de las nueces en México y estimulados por los altos
precios del cacao que les prometía elevadas ganancias, iniciaron la búsqueda
del fruto en otras latitudes516. Esas circunstancias coincidieron con el hallazgo
de bosques silvestres de cacao517 en el sur del Lago de Maracaibo518, donde el
fruto era cultivado y producido desde el período prehispánico por los indíge-
nas519, quienes lo denominaban con los nombres de espití, chiré y tiboo520, y
colonial de América Latina… p. 40. En el mismo aspecto, Jonathan D. Israel afirma que: “... al presentarse
de 1545 a 1548 la catástrofe de la aterradora peste que los indios llamaron cocoliztli, la cual fue causa de uno
de los terribles desastres conocidos por la historia. ya se ha señalado que los indios de México carecían de
defensas biológicas contra los virus del viejo Mundo, pero tuvieron que pasar diez y seis años de contacto de
los americanos con los europeos antes que se presentara la epidemia general y fuertemente devastadora. ...
Según cálculos hechos por los frailes el tributo cobrado por la muerte en el periodo de 1545 a 1548 fue tan
alto que perecieron aproximadamente tres cuartos y quizá hasta cinco sextos de la población indígena de la
actual república Mexicana”. Israel Jonathan D., Razas, clases sociales y vida política en el México Colonial
1610-1670. México. Fondo de Cultura Ecónomica, 1980. p. 22; Konetzke Richard, América Latina II. La
época colonial... p. 95.
513 Borah Woodrow, New Spain century of depression... p. 44.
514 Israel Jonathan D., Razas, clases sociales y vida política en el México Colonial 1610-1670...p. 194.
515 Israel Jonathan D., Razas, clases sociales y vida política en el México Colonial 1610-1670... p. 198.
516 Israel Jonathan D., Razas, clases sociales y vida política en el México Colonial 1610-1670... p. 35.
517 Ramírez Méndez Luis Alberto, “El cultivo de cacao criollo a partir de Maruma”… pp. 69-101.
518 “Existen tres especies de cacao (sterculiáceas), una originaria de Nicaragua (Teobroma leiocarpa) que se
trasladó a Trinidad, la que se conoce como calabacillo; de allí se introdujo a Venezuela. La segunda, el cacao
criollo o chuao (Theobroma Cacao L Sp.) es el originario del sur del Lago de Maracaibo, es un fruto alargado
y fusiforme, más grueso y redondo en la base, verrugoso con cinco surcos hondos y cinco más intermedios
alternantes y menos marcados por una sección blanco amarillenta o rosado pálido de sus semillas ovoideas y
grandes, es el cacao por excelencia, el verdadero alimento de los dioses, teniendo todos sus elementos com-
binados en proporción ideal...”. Pittier Henry, Manual de las plantas usuales de Venezuela y su suplemento.
Caracas. Fundación Eugenio Mendoza, 1971. pp. 147-149.
519 “… perteneciendo a mi real hacienda respecto de no tener dueño porque hera de los naturales
que allí avitaban y agora no los ay…”. AGI. Santo Domingo, 860, L. 6. Real cédula para inves-
tigar sobre los árboles de cacao en Maruma. San Lorenzo, 5 de agosto de 1612, f. 152r-v.
520 Picón Febres Gonzalo, Libro Raro. Mérida. (Colección de Autores y Temas Merideños) Talleres
Gráficos Universitarios, 1964. pp. 70-71.
164 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

preparaban una bebida cocida llamada “chorote”, a cuya infusión también se


aficionaron los ibéricos agregándole leche y especies, creando el chocolate521.
En las décadas inmediatas a la fundación de Mérida, se hace referencia
al cacao como producto común en la zona. Así lo señala el cronista cos-
mógrafo Juan López de Velazco, quien describe cómo en las áreas inme-
diatas a la ciudad de las sierras nevadas los peninsulares habían hallado
“…todo género de comida y cacao como el de la Nueva España…”522. Ese
exquisito fruto fue encontrado en el sur del Lago de Maracaibo, donde
los asombrados hispanos observaron el desarrollo inculto de los árboles
que fructificaban el cacao de excelente calidad523, entre los que se hallaba
el denominado a partir de entonces porcelana524. De cada mil flores de un
árbol de esta variedad, sólo una se convierte en mazorca, que contiene 25
nueces del delicioso grano que se destinaba a la exportación, navegándolo
en buques que ya zarpaban desde los puertos emeritenses del sur del Lago
de Maracaibo antes de 1579525.
Aquello motivó la inmediata ruptura de las tierras526 para expandir los
521 Picón Febres Gonzalo, Libro Raro… pp. 70-71.
522 “Corografía de la Gobernación de Venezuela y Nueva Andalucía, 1571-1574, por Juan López
de Velazco”. En, Relaciones Geográficas de Venezuela. Caracas. (Colección Fuentes para la
Historia Colonial de Venezuela.70) Recopilación, estudio preliminar y notas de Antonio Arellano
Moreno. Academia Nacional de la Historia, 1964. p. 108.
523 En el testimonio de 1627, emitido por el procurador de Mérida don Diego Prieto de Ávila, éste
afirmaba “...porque según hasta agora se ha experimentado de más de cincuenta años siempre
va en aumento...”. AGI. Santa Fe. Legajo 133. Expediente para que se funde un convento de
monjas en Mérida. Testimonio de Diego Prieto de Ávila. Mérida, 29 de marzo de 1627. ff. 32v-33r.
524 Porcelana es un tipo de cacao de extraordinaria calidad definido como “… insólito, mágico, sutil
y delicadísimo… conocida por expertos mundiales por su excepcional poder aromático, de mil
flores de porcelana, sólo una se convertirá en mazorca y produce a su vez, 25 almendras de un
blanco nacarado de pureza incomparable que dará origen a un chocolate sin amargo alguno.
Actualmente se cultiva en el sur del Lago de Maracaibo, pero especialmente en la estación del
Pedregal, en las inmediaciones de El Vigía, donde se hallaron arbustos silvestres, sin conta-
minación con otras especies de cacaos para la compañía francesa Varlhona ubicada en Tain
Hermitage”. Cfr. http,//[Link]/va/arte/actualidad/[Link]
525 En 1579, se hace referencia a la salida de “...harinas, bizcochos, jamones, y tocinos y mucha
ropa de algodón, y corambre y azucares y cacao...”. “Descripción de la ciudad de la Nueva Za-
mora, su término y Laguna de Maracaibo, hecha por Rodrigo de Argüelles y Gaspar de Párraga
de orden del Gobernador don Juan de Pimentel”. En, Relaciones geográficas de Venezuela.
Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela.70) Recopilación, estudio
preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno. Academia Nacional de la Historia, 1964. p. 207.
526 La expansión de la frontera agrícola en la región histórica merideña se continuó en la zona sur
del lago, fundamentalmente dirigida a la ampliación de los cultivos de cacao desde la séptima
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 165

sorprendentes vergeles, que rendían cacao de óptima calidad, impulsando


la conformación de haciendas en el sur del Lago de Maracaibo; al mismo
tiempo se estimuló el proceso de apropiación de la tierra, la expansión de
los sembradíos y el desarrollo de las estancias.
Esas especiales circunstancias motivaron a que durante las décadas fi-
nales del XVI, los emeritenses avanzaran rápida y decididamente en la co-
lonización de los espacios favorables al cultivo del cacao, abriendo labran-
zas en las zonas inmediatas a los acuíferos, que de forma periódica eran
inundadas por las corrientes fluviales, que arrastraban abundante material
orgánico desde sus torrenteras depositándolo en aquellas planicies, con-
virtiendo los suelos con elevada fertilidad. Esas favorables condiciones
produjeron abundantes cosechas incidiendo en el ensanchamiento de los
cultivos y la expansión de la frontera agrícola.
De manera simultánea al crecimiento sostenido de las haciendas, los veci-
nos emeritenses y gibraltareños avanzaron en el proceso de apropiación de la
tierra, debido a que las posibilidades de obtener lucrativas ganancias depen-
dían de la relación entre el área labrada en una hacienda con la tecnología apli-
cada en el cultivo de la misma. En ese sentido, la incipiente técnica determinó
el carácter extensivo de los cultivos, como acertadamente lo afirma Hermes
Tovar Pinzón al explicar que “...la tierra era un factor fundamental en la or-
ganización de la hacienda pero no era en sí misma un fin. Era el medio que
permitía acumular bienes para acceder con su explotación a otras actividades
económicas que le permitieran articularse a diferentes mercados…”527.
La apropiación de la tierra no implicó que todas las extensiones cedi-
das fueran aprovechadas en los cultivos. Por el contrario, coexistieron te-
rrenos labrados con aquellos que permanecieron incultos o subutilizados.
Los criterios para la ampliación de los cultivos estuvieron fundamentados
en las posibilidades de mano de obra y transporte de los productos a los
embarcaderos. Por ende, aquellos espacios que se situaban adyacentes a
las vías de comunicación o a las dársenas fueron aprovechados de forma
extensiva, mientras los más distantes permanecieron sin labrar.
década del siglo XVI, y al mismo tiempo se dilató en el pie de monte andino llanero especial-
mente en las mesas del Moromoy y del Curay, donde se cultivó el tabaco destinado al comercio
internacional a partir de las primeras décadas del siglo XVII.
527 Tovar Pinzón Hermes, Colombia. Imágenes de su diversidad... p. 102.
166 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

3.3. LAS ARBOLEDAS DE CACAO


La formación de las arboledas de cacao fue gradual y paulatina, debido
a que la siembra de los árboles fue haciéndose en diferentes etapas. Las
primeras roturaciones fueron consecutivas, y se iniciaron con la creciente
deforestación de la selva tropical, en especial de aquellos árboles gigantes-
cos que poblaban las llanuras para ser sustituidas por los sotos de cacao.
Las primeras plantaciones fueron modestas; oscilaban entre menos de
mil y tres mil pies de cacao, pero los propietarios preveían que podrían
conformar sembradíos que alcanzaban entre diez mil y quince mil árbo-
les528. Ello determinó que en las haciendas existieran locaciones de árboles
con diferentes datas y edades. A esos espacios se les denominó “bancos o
suertes”529, y a cada uno se les designó con un nombre específico determi-
nado por la cantidad de años que los árboles tenían sembrados, los que de
forma evidente se avaluaban en forma distinta de acuerdo a su producti-
vidad, atendiendo a que se requerían entre seis y ocho años de cultivo y
cuidados para que las arboledas fructificaran su primera cosecha.
De esa forma, se separaban los labrantíos recién sembrados o menores
de seis años530 que aún no habían producido su primera cosecha, de aque-
llos que superaban esa edad y eran “frutales”531, y los que eran mayores de
528 “...Item declaro por bienes míos los dichos quinientos árboles de cacao los quales están en
tierras mías en el valle de la Savana del Espíritu Santo, términos de la ciudad de Xibraltar... de
tierras para poder sembrar seis mil árboles de cacao...”. AGEM. Protocolos. T. XIX. Testamento
de doña Juana de Monsalve. Mérida, 13 de marzo de 1647. ff. 206r-208v. En 1638, don Fer-
nando de Alarcón entregó como dote a su hija doña Petronila “... Iten más mil quinientos árboles
de cacao de dos años en el mismo sitio de La Arenosa... más un pedazo de tierra pegados y
contiguos a los dichos árboles de cacao y en dichas tierras de La Arenosa, en que se puedan
sembrar hasta en cantidad de diez mil árboles de cacao...”. AGEM. Protocolos. T. XV. Carta de
dote de doña Petronila de Alarcón. Mérida, 16 de abril de 1638. ff. 16v-18r.
529 Doña Constanza Varela declaraba en 1645 que poseía en el valle de Chama “... una estancia
en los llanos de los Guaroríes que tengo dos suertes de cacao la una de mil árboles y la otra de
seiscientos...”. AGEM. Protocolos. T. XVIII. Testamento de doña Constanza Varela. Mérida, 8 de
diciembre de 1645. ff. 267v-271v.
530 “Item cuatro mil árboles de cacao de edad de dos años, que están puestos y plantados en las tierras
que llaman de la Arenosa y Arapuey, términos de esta ciudad en mil patacones...”. AGEM. Proto-
colos. T. XV. Carta de dote de doña María de Valecillos. Mérida, 12 de abril de 1638. ff. 10v-14r.
531 En 1638, el bachiller don Alonso de Cabrera y Roxas, hizo constar en el recibo de dote de su
esposa doña Juana de Arismendi Montalvo, “... tres mil árboles de cacao frutales de seis o siete
años, los quales se apreciaron a cinco reales cada árbol importan mil ochocientos setenta y cin-
co pesos de plata...”. AGEM. Protocolos. T. XV. Recibo de la dote de doña Juana de Arismendi.
Mérida, 20 de junio de 1639. ff. 264v-269v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 167

diez años considerados en su máxima producción532, de los que se recolec-


taban frutos en dos, tres y hasta cuatro oportunidades durante el año533.
Finalmente, se hallaban los que por ser “... muy viejos ya no daban fruto”.
En ese sentido, las arboledas de cacao se sembraban en suertes de al-
rededor de mil árboles, que requerían aproximadamente de tres a cuatro
hectáreas de extensión, porque los plantíos no se hacían en hileras o dame-
ros, por el contrario, se atendían a los accidentes del suelo y se mantenían
los árboles altos de amplias copas destinados a proporcionar sombra, que
requerían de mayor espacio para sus raíces.
Además, en aquellas zonas de elevada fertilidad, las plantaciones se desarro-
llaban con mayor rapidez dando como resultado árboles de cacao con esplén-
didos ramajes que requerían de mayores superficies, ocasionando que los arbus-
tos se plantasen con una extensión intermedia, entre cada uno, de catorce534 a
diez y ocho535 pies, equivalentes, a una extensión aproximada, entre 5,46 y 7,20
metros. Después de cumplido el ciclo de roza y la reproducción mediante los
almácigos, se trasplantaban a las suertes o bancos comprensivos hasta de mil ár-
boles; luego se aguardaba que las plantas crecieran lo suficiente para emprender
la deforestación selectiva en otras cinco hectáreas y formar otro banco o suerte.
532 En 1627, en un testimonio del vicario de Mérida Francisco Yzarra de la Peña afirmaba que: “...
por las experiencias que hay en esta tierra el árbol de cacao mientras más viejo da más fruto y
aunque hay algunos de más de sesenta años siempre están buenos y fructíferos...”. AGI. Santa
Fe. Legajo 133. Expediente para que se funde un convento de monjas en Mérida. Testimonio
de Francisco Yzarra de la Peña. Mérida, 30 de marzo de 1627. f. 44v.
533 Entre otros ejemplos, en la hacienda de Isabel Duran, ubicada en la Sabana del Espíritu Santo de San
Antonio de Gibraltar, se inventariaron en 1649, entre otros bienes: “ ... siete mil trescientos árboles de
cacao frutales ... Item mas se contaron dos mil árboles de cacao nuevos de edad de dos años poco
más o menos...”. AGEM. Mortuorias. T. IV. Mortuoria de Isabel Duran. Inventario de la hacienda del
Espíritu Santo. Valle de la Sabana del Espíritu Santo de San Antonio de Gibraltar, 23 de junio de 1649.
f. 348r-v. Entre los bienes de Antonio Arias Maldonado en el valle de Bobures se hizo constar que
habían: “... dos mil árboles de cacao frutales de ocho años poco más o menos según parece. Item
más setecientos cincuenta y cuatro árboles de cacao de seis años poco más o menos. Iten más mil
árboles de cacao frutales de edad de cuatro años poco más o menos. Item más dos mil trescientos
árboles de cacao de dos años poco más o menos...”. AGEM. Mortuorias. T. VI. Mortuoria de Antonio
Arias Maldonado. Declaración de bienes. El Valle de Bobures, 11 de noviembre de 1658. f. 183r.
534 En 1639, Francisco de Castro vendió al padre Pedro de Miranda una estancia con seiscientos árboles
de cacao, haciendo constar que: “... se comprende en ellos divididos cada un árbol del otro catorce
pies…”. AGEM. Protocolos. T. XV Carta de venta. Mérida, 18 de marzo de 1639. ff. 199v-201v.
535 En 1627, Miguel de Trejo vendió al padre Pedro Marín Cerrada una estancia con cuatro mil árboles
por “... la orden que en aquella tierra se siembra que es a diez y ocho pies de lo que un árbol y otro
de cacao...”. AGEM. Protocolos. T. X. Carta de venta. Mérida, 8 de marzo de 1627. ff. 171r-172v.
168 LA TIERRA PROMETIDA DEL SUR DEL LAGO DE [Link] VALLES DE TUCANÍ, CASTRO O SAN PEDRO...

Desde Maruma, el espacio primigenio donde se hallaron los sembra-


díos de cacao cultivados por los naturales, fueron ensanchándose las rotu-
raciones en especial en los predios inmediatos a los cursos fluviales de los
ríos Castro o Pionío, Mojaján o Culebra, Mucutem, Tucaní y Muyapá. A
principios del siglo XVII, Juan Pérez Cerrada declaró que hacía más de
16 años estaba sembrando cacao en Mucutem, en las tierras que él había
descubierto, y allí ya había establecido el puerto de San Antonio536. Otro
tanto lo hacían Hernando Cerrada, Francisco de Castro, Buenaventura de
la Peña, Juan de Bedoya y Alonso Ximeno de Bohórquez. En el valle de
Bobures se refiere que la hacienda de don Antonio Arráez de Mendoza “…
era la mayor y más grande de todas las del dicho valle…”537 .
Durante la primera mitad del siglo XVII, fue creciente el auge del cultivo
del cacao en la zona sur del lago. La propagación de los cacahuales fue sosteni-
da en aquella llanura, incentivada por el incremento de la demanda en el mer-
cado mexicano y por la excepcional calidad del fruto cultivado y producido en
la planicie lacustre. Por cierto, las extraordinarias condiciones de la demanda
del cacao impulsaron a los emeritenses y gibraltareños al cultivo y desarrollo
de las arboledas, que rápidamente se concretaron en las haciendas. En general,
el proceso de siembra y expansión de la frontera agrícola fueron realizados
durante la primera mitad del siglo XVII, y ya durante la segunda mitad de ese
siglo se habían consolidado las haciendas productoras de cacao.

3.4. SIEMBRA, RECOLECCIÓN Y COSECHAS


La fase inicial para sembrar el cacao fue la roza538, que consistía en des-
herbar el terreno talando la floresta tropical, eliminando los arbustos y
matorrales539, para lo cual se utilizaban diferentes herramientas empleadas
536 BNBFC. Cabildo. Mercedes de tierra. Caja 11. Doc. 1. Merced de tierra a Juan Pérez Cerrada.
Mérida, 6 de enero de 1626. F. 36r-v.
537 AAC. Matrimoniales, Carpeta 7. 1674. Demanda de divorcio de doña Casilda de Velazco contra
don José Cano de Ávila y Alvarado. Maracaibo, 9 de mayo de 1671. f 2v.
538 “Item declaro que en años pasados con consentimiento del capitán Miguel de Trejo, mi padre rozé
una rosa para sembrar cacaos en los llanos de Xibraltar, en el sitio de la Sabana, tierras del dicho mi
padre y teniendo rosado una roza grande y parte de ella sembrada de cacao...”. AGEM. Protocolos.
T. XVIII. Testamento de Fernando de Trejo Paniagua. Mérida, 20 de abril de 1643. ff. 28r- 30v.
539 “Item tengo una estancia en los llanos de San Antonio de Gibraltar en que están plantados qua-
tro mil árboles de cacao... y me bendió la dicha tierra hecho monte y heriassa, sin fruto ninguno,
y la planté y beneficié con esclavos myos...”. AGEM. Protocolos. T. XL. Testamento de Diego
García Collantes. Mérida, 14 de noviembre de 1627. ff. 10v-14v.
LUIS ALBERTO RAMÍREZ MÉNDEZ 169

en despejar el terreno de malezas, preservando los altos árboles destina-


dos a proporcionar sombra a los nuevos labrantíos. Luego, se quemaban
los desechos vegetales, convertidos en suficiente materia orgánica para el
abono de los cultivos. En ese sentido, en la planicie del sur del lago, la ro-
turación no desencadenó las nefastas consecuencias ocasionadas en otros
espacios geográficos por la intensiva deforestación debido a que el cultivo
de cacao no requiere de resiembras periódicas, sino que las arboledas son
estables, manteniendo así la selva tropical. En la práctica, el sotobosque se
conservaba pero extendiendo los cacahuales.

Tabla 8: Herramientas utilizadas en las haciendas en los valles de Tucaní, Castro o San
Pedro, Mojaján, San Antonio, Santa María y Bobures. 1558-1800
Herramientas Nº
Hachas 40
Tasíses 107
Machetes 47
Palas o palitas 80
Hachuelas 30
Gubia 3
Martillo 2
Barrena 3
Escoplo 9
Rejas 3
Compas 1
Romana 1
Picos 2

Fuente: AGEM. Mortuorias T. I –X.

El proceso de siembra se iniciaba con la preparación de los almácigos540,


para lo cual se utilizaban tierras humíferas, adecuada luz solar y suficiente
regadío destinados a favorecer la germinación de las semillas. Luego se

540 En 1656, se inventariaron en la hacienda de la Sabana, propiedad de don Pedro Gaviria Navarro
“... cinco palas medianas con que se hacen los almácigos...”. AGEM. Mortuorias