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Tema 10 Creo Creemos

El documento aborda la culminación de la revelación divina en Jesucristo, quien es presentado como la Palabra única y perfecta del Padre, superando las etapas anteriores de revelación. Se enfatiza que en Cristo se encuentra la plenitud de lo que Dios desea comunicar a la humanidad, y se invita a los creyentes a depositar su confianza y compromiso de fe en Él. Además, se reflexiona sobre la importancia de vivir esta enseñanza a través de acciones concretas que reflejen la enseñanza de Jesús en la vida diaria.

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Tema 10 Creo Creemos

El documento aborda la culminación de la revelación divina en Jesucristo, quien es presentado como la Palabra única y perfecta del Padre, superando las etapas anteriores de revelación. Se enfatiza que en Cristo se encuentra la plenitud de lo que Dios desea comunicar a la humanidad, y se invita a los creyentes a depositar su confianza y compromiso de fe en Él. Además, se reflexiona sobre la importancia de vivir esta enseñanza a través de acciones concretas que reflejen la enseñanza de Jesús en la vida diaria.

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10. DIOS HA DICHO TODO EN SU VERBO.

“Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del
Padre".

UBICACIÓN DEL TEMA

 Llegamos a la última etapa de la revelación, la "etapa de la plenitud que se realiza


en Cristo" después de las cuatro grandes etapas anteriores.
Recordémoslas:
(1) Revelación a nuestros primeros padres;
(2) Revelación a Noé;
(3) Revelación a Abraham;
(4) Revelación a Israel, como pueblo.

 A nuestros primeros padres (Creación/Promesa):


“Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la
cabeza, y tú le acecharás el calcañar.” (Génesis 3,15)
 Noé (Alianza universal):
“Mi arco pongo en las nubes, y será señal de la alianza entre mí y la tierra.”
(Génesis 9,13)
 Abrahán (Fe y alianza):
“Y creyó Abrahán al Señor, y se le contó por justicia.” (Génesis 15,6)
 Israel como pueblo (Elección y liberación):
“Os tomaré por mi pueblo, y seré vuestro Dios; y conoceréis que yo soy el Señor,
vuestro Dios, que os saco de la dura servidumbre.” (Éxodo 6,7)
 Plenitud en Cristo:
“Habiendo Dios hablado muchas veces y de muchos modos en otro tiempo a los
padres por los profetas, últimamente, en estos días, nos ha hablado por su Hijo.”
(Hebreos 1,1-2)

De la revelación a los primeros padres (creación y promesa de salvación), pasando por Noé
(alianza universal tras el diluvio), Abraham (alianza y promesa de descendencia y tierra) e Israel
como pueblo (Éxodo, Ley y Profetas), todo culmina en la plenitud en Jesucristo: Encarnación,
Pascua y envío del Espíritu.

1) Encarnación
2) Pascua de Cristo
Conjunto de Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión de Jesús.
3) Resurrección vence al pecado y a la muerte; con la Ascensión es exaltado junto al
Padre.
Para qué importa: abre para nosotros la vida nueva y la esperanza de resucitar
con Él.
 Examinemos primero cómo cumplimos el compromiso de la vez pasada, es decir,
¿qué hicimos para vivir el anuncio de la redención radical
hechoxccffgtr55 por los profetas al pueblo de Israel?

Respuesta:
Lo vivimos cada vez que acogimos la llamada a la conversión, cuando dejamos que la
Palabra de Dios moviera nuestro corazón a la esperanza, la justicia y la misericordia.
Siempre que respondimos con fe a las promesas de Dios, cuando buscamos reconciliarnos,
perdonar, servir y orar con mayor fidelidad, hicimos vida ese anuncio de redención. Y allí
donde no respondimos bien, es momento de reconocerlo con humildad y pedir al Señor que
complete en nosotros lo que falta.

OBJETIVO

Considerar a Cristo como culminación de la revelación divina para depositar en Él


nuestra total confianza y nuestro total "compromiso" de fe. (Considerar a Cristo como
culminación de la revelación divina significa reconocer que en Él el Padre nos ha dicho todo (cf.
Heb 1,1-2) y que, por eso, nuestra confianza total y nuestro compromiso íntegro de fe se orientan
a su Persona: creerle, escucharle y seguirle. En Jesús, Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6))

ITINERARIO METODOLÓGICO

Partiendo de la experiencia humana de la CULMINACIÓN, comprender mejor cómo y


por qué Cristo Jesús es la culminación de la revelación y vivir en consecuencia.


 1. EVOQUEMOS NUESTRA VIVENCIA
Casi siempre las cosas y los acontecimientos importantes no acontecen ni se comprenden a
la primera, necesitamos de todo un proceso de realización y de comprensión; pero llega un
momento en que el proceso culmina. Por ejemplo, la conclusión de una época de estudios,
de una carrera profesional o la culminación de una etapa en la historia de un país. Pensemos
en uno de esos momentos y compartamos su vivencia.

1. ¿Qué significado tiene ese momento?


Respuesta:
Ese momento significa plenitud y madurez. Es el punto en el que se ve con claridad que
todo el esfuerzo, las pruebas, los tropiezos y las luchas tenían un sentido. Es un
“cumplimiento” que nos permite reconocer que Dios ha ido guiando el proceso paso a
paso y que ahora, en esa culminación, se revela la fidelidad del Señor.

2. ¿Qué representa el momento final respecto a las etapas anteriores?


Respuesta:
El momento final es como una corona que se coloca sobre todo lo vivido antes. No borra
las etapas anteriores, sino que las integra y les da sentido. Lo que antes eran pasos
dispersos, ahora se ve como un camino unitario. En la historia de la salvación, Cristo es
precisamente eso: la culminación que ilumina y da pleno significado a todo lo que Dios
realizó antes.

3. ¿Qué sentimientos experimentamos en ese momento?


Respuesta:
Suele aparecer una mezcla de alegría profunda, gratitud, paz interior y, muchas veces, un
sano cansancio. También hay humildad al reconocer que no llegamos solos, que Dios
estuvo presente y que otras personas fueron instrumentos de su gracia. A veces hay hasta
lágrimas, no de tristeza, sino de emoción por la obra que Dios ha permitido realizar.

4. ¿Cómo consideramos a las personas que hicieron posible ese momento?


Respuesta:
Las vemos como un regalo de Dios. Reconocemos que fueron sus manos, su voz, su
cercanía en nuestro camino: padres, maestros, amigos, acompañantes espirituales,
comunidad. Descubrimos que la obra de Dios casi siempre se realiza a través de rostros
concretos, y eso nos lleva a la gratitud y a la oración por ellos.

2. ILUMINEMOS NUESTRA VIVENCIA


ILUMINACIÓN BÍBLICA

Meditemos Heb 1,1-4.

La grandeza del Hijo de Dios Encarnado

1Hb1En diversos momentos y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros


padres por medio de los profetas. 2En estos últimos días nos ha hablado por medio de
su Hijo, a quien instituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el
universo. 3Él, que es resplandor de su gloria e impronta de su sustancia y que sustenta
todas las cosas con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los
pecados, se sentó en los cielos a la diestra de la Majestad, 4y ha sido hecho tanto más
excelente que los ángeles cuanto más les aventaja por el nombre que ha heredado.

1. Compartamos respecto al libro que hemos leído: nombre, autor, fecha de redacción,
importancia, etc.
Respuesta:
El libro es la Carta a los Hebreos. Su autor es anónimo (la tradición antigua la relacionó
con san Pablo, pero hoy se reconoce que no podemos atribuirla con certeza a él).
Probablemente fue escrita hacia finales del siglo I, dirigida a cristianos de origen judío. Es
muy importante porque muestra cómo Jesucristo es superior a los ángeles, a Moisés, a los
sacerdotes del Antiguo Testamento, y lo presenta como el Sumo Sacerdote perfecto y
mediador definitivo entre Dios y los hombres.

2. ¿Qué título le podemos dar a este pasaje? (leer otra vez)


Respuesta:
Podríamos titularlo, por ejemplo: “Dios nos ha hablado definitivamente en su Hijo”, o
“Jesucristo, plenitud de la revelación”. Ambos títulos subrayan que ya no se trata de
palabras fragmentadas, sino de la Palabra plena del Padre en Cristo.

3. ¿Con quién culmina la revelación?


Respuesta:
La revelación culmina con Jesucristo, el Hijo de Dios. En Él, Dios ya no habla por medio
de signos o figuras, sino que se nos entrega personalmente. Él es la plenitud de lo que Dios
quería decirnos y darnos.

4. Hagamos un listado de todos los títulos y honores que se dan aquí a Cristo.
Comentemos su significado.
Respuesta:
En Heb 1,1-4 se atribuyen a Cristo títulos y honores muy profundos:

 Hijo: revela su relación única con el Padre.


 Heredero de todo: todo le pertenece, todo le ha sido entregado.
 Por quien Dios hizo el universo: Participa en la creación; no es sólo un enviado,
sino que está en el origen de todo.
 Reflejo de la gloria del Padre: en Él vemos el resplandor de Dios.
 Impronta (marca o huella en el orden moral, deja una cosa en otra) de su ser: es
imagen perfecta, comparte la misma naturaleza divina.
 Sostiene todo con su palabra poderosa: el mundo no se mantiene solo; es sostenido
por Cristo.
 Realizó la purificación de los pecados: su sacrificio nos limpia y reconcilia con
Dios.
 Se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas: participa de la autoridad y
gloria del Padre.

Todos estos títulos subrayan que Cristo no es un profeta más; es el Hijo eterno de Dios,
plenamente divino y plenamente humano, centro y culmen del plan de salvación.
5. ¿En qué se parece nuestra vida, con sus etapas y diferentes momentos, al proceso de
revelación de Dios que hemos visto a lo largo de estas semanas?
Respuesta:
Nuestra vida también se desarrolla por etapas: infancia, juventud, madurez, momentos de
luz y de oscuridad, de búsqueda y de encuentro. Igualmente, en la historia de la salvación,
Dios fue revelándose poco a poco, adaptándose a la capacidad de su pueblo. Así como
Dios educó a Israel gradualmente, también nos educa a cada uno con paciencia, por
procesos, hasta que podamos acoger más plenamente a Cristo.

6. ¿Sirve nuestra propia experiencia para entender el camino que Dios ha seguido
para revelársenos?
Respuesta:
Sí, nuestra experiencia ayuda mucho. Al ver cómo necesitamos tiempo para entender,
crecer y madurar, comprendemos que Dios también ha tenido una “pedagogía” con la
humanidad. No se impone, no obliga, sino que acompaña. Nuestra historia personal, con
sus procesos, nos permite valorar mejor los procesos de la historia de la salvación y
agradecer la paciencia de Dios.

 ILUMINACIÓN DOCTRINAL

65. “De una manera fragmentaria y de muchos modos, habló Dios en el pasado a nuestros
Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su
Hijo” (Heb 1, 1-2). Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la Palabra única, perfecta
e insuperable del Padre. En Él lo dice todo, no habrá otra palabra más que ésta. San
Juan de la Cruz, después de otros muchos, lo expresa de manera
luminosa, comentando Heb 1, 1-2:

“Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo
nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra... porque lo que hablaba antes en partes
a los profetas ya lo ha hablado todo en Él dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el
que ahora quisiere preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una
necedad, sino haría un agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer
otra cosa o novedad”.

REFLEXIONEMOS EL CATECISMO

1. El Catecismo, recordando la carta a los Hebreos, nos dice que “Muchas veces y de
muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres”. Recordemos, entre todos,
algunas de esas veces y algunos de esos modos a través de los cuales habló Dios.
Respuesta:
Dios habló a través de la creación, mostrando su poder y sabiduría; habló por medio de la
conciencia, donde resuena su ley escrita en el corazón; habló en la historia de Israel,
mediante las promesas hechas a los patriarcas, por la Ley dada a Moisés, por los salmos y
la sabiduría, y muy especialmente por los profetas que llamaban a la conversión y
anunciaban la esperanza de un Mesías. Cada una de esas intervenciones preparaba la
plenitud que llegaría en Cristo.

2. Listemos aquí también todos los títulos y honores que (en el numeral 65) se dan a
Cristo. Comparémoslos con los de la Carta a los Hebreos y comentemos su significado
respecto a este tema.
Respuesta:
El Catecismo lo llama: “Hijo de Dios hecho hombre”, “Palabra única”, “perfecta e
insuperable” del Padre. Estos títulos coinciden con la visión de Hebreos: Cristo es el Hijo,
el Heredero, reflejo de la gloria, impronta del ser de Dios. Todo subraya que en Él no falta
nada: en Cristo, Dios lo ha dicho todo. Por eso, no esperamos otra revelación pública;
más bien, se nos invita a entrar cada vez más en el misterio de Jesús para comprender y
vivir lo que ya se nos ha dado en Él.

3. ¿Qué comentario nos merece el pensamiento de San Juan de la Cruz?


Respuesta:
San Juan de la Cruz nos recuerda con fuerza que buscar “otra palabra” fuera de Cristo,
como si Él no bastara, es falta de sabiduría espiritual e incluso una falta de respeto hacia
Dios. No niega que Dios pueda seguir actuando, consolando, inspirando, pero insiste en
que todo debe ser discernido a la luz de Cristo. Él es suficiente; no necesitamos
curiosidades espirituales ni novedades que nos desvíen del Evangelio. La madurez de la fe
consiste en fijar la mirada en Jesús, acogerlo y seguirlo con fidelidad.

4. ¿Cómo iluminan estos textos la vivencia y la reflexión bíblica realizada por nosotros
en el desarrollo de este tema?
Respuesta:
Nos ayudan a ver que todo lo reflexionado sobre las etapas de la revelación encuentra su
sentido pleno en Cristo. Nuestra propia experiencia de procesos y culminaciones se
ilumina al descubrir que Jesús es la meta hacia la que Dios orientaba toda la historia.
Estos textos nos invitan a pasar de una fe apoyada sólo en experiencias parciales, a una fe
centrada en la Persona de Jesús, que es la Palabra definitiva del Padre.

3. HAGAMOS VIDA LA ENSEÑANZA


– ¿Hemos cumplido el objetivo que nos habíamos propuesto para este tema? ¿Por
qué?
Respuesta:
Lo vamos cumpliendo en la medida en que reconocemos con más claridad que Jesús es la
culminación de la revelación y tratamos de confiar más plenamente en Él. Si al terminar
este tema sentimos un deseo más profundo de escuchar el Evangelio, de orar mirando a
Cristo, de orientar nuestras decisiones según su enseñanza, entonces el objetivo se está
cumpliendo. Estamos siempre en camino, pero cada paso que nos centra más en Jesús es
un verdadero avance.

– ¿Qué podemos hacer, durante la próxima semana, para aceptar a Jesús como
Palabra única, perfecta e insuperable del Padre?
Respuesta:
Algunas acciones concretas pueden ayudarnos:

 Leer cada día un pequeño texto del Evangelio, pidiendo al Señor: “Que esta
Palabra transforme mi vida”.
 Antes de tomar una decisión importante, preguntarnos: “¿Es coherente esto con el
modo de pensar y amar de Jesús?”.
 Participar con más atención y fe en la Eucaristía, sabiendo que allí escuchamos la
Palabra y recibimos al mismo Cristo vivo.
 Hacer un gesto concreto de caridad en su nombre, viendo en cada hermano un
lugar donde la Palabra de Dios quiere hacerse vida.

Así, poco a poco, no sólo diremos que Jesús es la Palabra única del Padre, sino que lo
experimentaremos como tal en nuestra historia concreta.

“De una manera fragmentaria y de muchos modos, habló Dios en el pasado a nuestros
Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo”
(Heb 1, 1-2).

Que esta certeza nos lleve a confiar más en Cristo y a escucharlo con un corazón sencillo y
disponible.

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