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Ljuijl 5

El juego es esencial en la infancia, ya que permite a los niños explorar el mundo, desarrollar habilidades cognitivas y aprender a resolver problemas. A través del juego, se estimulan la creatividad, el pensamiento lógico y la interacción social, además de fomentar la expresión emocional y la resiliencia. Por lo tanto, el juego debe ser considerado un componente central en la educación infantil, integrándose con actividades académicas para promover aprendizajes significativos.
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El juego es esencial en la infancia, ya que permite a los niños explorar el mundo, desarrollar habilidades cognitivas y aprender a resolver problemas. A través del juego, se estimulan la creatividad, el pensamiento lógico y la interacción social, además de fomentar la expresión emocional y la resiliencia. Por lo tanto, el juego debe ser considerado un componente central en la educación infantil, integrándose con actividades académicas para promover aprendizajes significativos.
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5.

Ensayo: El papel del juego en el desarrollo cognitivo y social

El juego es una actividad fundamental en la infancia, pero su importancia se extiende


mucho más allá del entretenimiento. A través del juego, los niños exploran el mundo,
experimentan reglas, desarrollan habilidades cognitivas y aprenden a resolver problemas.
Autores como Huizinga y Sutton-Smith han destacado que la lúdica no es un simple
pasatiempo, sino un espacio simbólico donde se ensayan roles, emociones y formas de
interacción social.

En términos cognitivos, el juego estimula la creatividad, el pensamiento lógico y la


capacidad de toma de decisiones. Los juegos de construcción, por ejemplo, fortalecen la
noción espacial; los juegos de roles impulsan la imaginación; los juegos reglados enseñan
normas y autocontrol. Además, jugar con otros fomenta cooperar, negociar y comunicarse
adecuadamente.

En el plano emocional, el juego permite expresar sentimientos, manejar frustraciones y


desarrollar resiliencia. Los niños aprenden a ganar y perder, a esperar turnos y a enfrentar
desafíos de forma progresiva. Por estas razones, el juego debe considerarse un eje central
de la educación, especialmente en los primeros años. No se trata de reemplazar
actividades académicas, sino de integrarlas con experiencias lúdicas que promuevan
aprendizajes más significativos.

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