Tema 3.
Fuentes para la investigación y citación
1. Fuentes de investigación
El trabajo de generaciones sucesivas de investigadores, pertenecientes a diversas
disciplinas que se han ido desarrollando paralelamente, nos proporciona unos
fundamentos científicamente validados por la comunidad académica sobre los que
podemos seguir construyendo nuestra área de interés. Por ello, en los textos y discursos
producidos por estos pensadores es donde encontramos la gran base de referencia para
el desarrollo de cualquier disciplina académica.
Sin embargo, las fuentes de investigación no se centran solo en aquellos documentos
escritos por científicos y conocedores de un campo de estudio. De hecho, las fuentes
como tales no se basan ni tan solo sobre textos escritos: una fuente de investigación
puede ser cualquier documento, imagen, sonido o testimonio –incluyendo el propio–
que nos sirva como base al desarrollo de nuestro campo de investigación.
Así, definiremos las fuentes de investigación como cualquier recurso que contenga
datos formales o informales que pueda apoyar nuestra investigación y servir de base a
nuestro discurso científico.
Habitualmente, las fuentes de investigación se dividen en distintas categorías que nos
permiten definir el contexto de obtención de la información y su relación con la fuente
originaria a la que queremos referirnos. Es decir, según su formato y su procedencia,
podremos establecer diferentes clasificaciones para las fuentes que incluiremos en los
trabajos de carácter científico.
La primera de estas clasificaciones hace referencia a la distinción entre fuentes
obtenidas desde la investigación documental y fuentes obtenidas a través del trabajo de
campo (Bueno Sánchez, 2003). Esta división propone dos formas de obtener
información según su soporte de procedencia u origen:
- Las fuentes documentales son aquellas que podemos encontrar mediante la
selección, registro, análisis y crítica de documentos, ya sea en formato impreso o
digital. Incluimos en esta categoría todas aquellas fuentes registradas en forma
multimedia, ya sean grabaciones en audio, en vídeo o documentos audiovisuales.
- Las fuentes obtenidas a partir del trabajo de campo incluyen, en cambio,
todas aquellas informaciones no escritas registradas para su análisis, incluyendo
prácticas musicales de diferente índole (conciertos, formas de expresión
tradicionales, interpretaciones privadas…) y testimonios que nos dirijan a la
información contenida en estas prácticas (entrevistas, cuestionarios, observación
participante…).
Las fuentes documentales obtenidas en el campo seguirían incluidas en la primera
categoría, puesto que proporcionan un soporte de información objetivo, plasmado en un
documento invariable. Una fuente obtenida a partir del trabajo de campo y procesada a
través de un documento para la investigación se convertirá, de esta forma, en una fuente
documental (que podrá ser consultada por otros investigadores al ser publicada o
difundida).
Otra forma de clasificar las fuentes de investigación la encontramos en la división de la
información en relación con la proximidad de la fuente respecto a nuestro testimonio
directo (Alderman, 2014). Esta división se establece en:
- Fuentes primarias. Son aquellas fuentes a través de las que el investigador
obtiene información de forma directa, sin filtrar o interpretar. Podemos incluir en
esta categoría tanto fuentes documentales como de campo, en tanto que
supongan un puente directo entre la información original y el investigador.
Algunos ejemplos de fuentes primarias son: tesis, cartas, autobiografías,
noticias, fotografías… y cualquier otro documento original. Las fuentes
primarias son las únicas que presentarán una conexión directa entre
investigación y campo por lo que hace a referencias no escritas.
- Fuentes secundarias. Son las que contienen datos que han sido sintetizados o
reelaborados, en los que se analizan y debaten fuentes primarias. Este tipo de
trato de la información no es menos fiable ni útil que el de las fuentes primarias,
ya que en gran parte de obras o documentos originales encontramos referencias a
fuentes secundarias que sustentan nuevas aportaciones. Es el caso, por ejemplo,
de Trabajos de Fin de Estudios en los que se apunta a una aportación en un
campo determinado, haciendo una lectura e interpretación de trabajos
precedentes. Otros ejemplos de fuentes secundarias son: enciclopedias,
bibliografías, críticas literarias o comentarios.
- Fuentes terciarias. En general se refieren a guías que contienen información
sobre fuentes secundarias y facilitan el acceso a referencias. Incluyen, por
ejemplo: guías de obras de referencia, recopilaciones en forma de listados o
bibliografías. Pueden ser igualmente útiles para la elaboración de fuentes
secundarias e incluso primarias en las que se tomen los datos de estos
documentos para producir nuevos conocimientos.
Vemos, por tanto, distintos niveles en los que
las fuentes que accedemos se interrelacionan,
pudiendo contener elementos pertenecientes a
varias categorías. Un ejemplo de los distintos
niveles de estas fuentes y su posible aplicación
sobre un trabajo de investigación musical sería
el que sigue:
Es igualmente relevante la necesidad de contrastar cualquier información que
encontremos o nos sea proporcionada con otros datos similares o coincidentes en
nuestro campo de estudio (siempre que sea procedente o posible).
Tradicionalmente, para discriminar y seleccionar las fuentes que queremos referenciar
en nuestro estudio, se deben tener en cuenta varios parámetros (López Gil, 2017):
- Autoría. La autoría se refiere a la relevancia o papel del autor en el campo de
estudio, o bien de la figura que haya producido el documento que estamos
estudiando. Poder referenciar el autor de una fuente es esencial para evaluar la
veracidad de la información con la que nos encontramos, por lo que fuentes
anónimas o en las que no aparezca una justificación de la experiencia del autor
pueden ser puestas en duda.
- Contenido. El contenido de la fuente, así como su presentación (redacción del
texto, edición, maquetación, etc.), pueden ser indicadores de lo apropiado del
recurso para ser referenciado en nuestro trabajo de investigación. La relevancia
dentro de nuestro estudio puede ser igualmente una forma de discriminar el uso
del recurso en cuestión si no corresponde a nuestras necesidades investigadoras,
aunque esté presentado de forma adecuada para su verificación y utilidad.
- Referencias. La inclusión de referencias a trabajos previos (si tratamos con
fuentes documentales), a testimonios o productos artísticos específicos (si
hablamos en términos de trabajo de campo), pueden ser buenos indicadores de la
veracidad y utilidad de los datos que nos proponemos introducir en nuestra
investigación.
Algunos de estos parámetros, sin embargo, pueden no ser aplicables en casos como los
englobados dentro de trabajos etnomusicológicos en los que se incluyan datos de
observación, memoria u opinión de los participantes (Myers, 1992). Por ejemplo, si
estamos estudiando el efecto de la música punk sobre la generación de estados de ánimo
específicos en adolescentes, los testimonios personales y de reporte emocional
individualizado no podrán ser contrastados con fuentes alternativas o precedentes
(aunque sí podrán ser enmarcadas dentro de unos parámetros científicamente
informados).
Cualquiera de estas fuentes, independientemente de su clasificación, puede ser útil para
la investigación científica si se respeta su forma de trabajo e inserción dentro de nuestro
proyecto, especialmente en lo referente a nuestra producción escrita. Veamos, pues
dónde encontrar y cómo tratar las fuentes aquí introducidas dependiendo del contexto de
donde sean extraídas o recuperadas.
2. Fuentes bibliográficas
Las fuentes bibliográficas son una parte fundamental del trabajo científico, en tanto que
nos proporcionan unas bases académicamente validadas sobre las que seguir edificando
el campo de estudio al que nos estemos acercando. Estas fuentes engloban, en gran
medida, los recursos a los que podamos acceder para realizar el estado de la cuestión de
un proyecto y sobre los que se fundamentará la creación de nuestro marco teórico.
Aunque no todas las fuentes bibliográficas tienen que hacer referencia a estudios
científicos u otras formas de proyectos de investigación, el conocimiento producido
dentro del marco académico en que se sitúe nuestro proyecto nos servirá para establecer
qué puntos han sido ya trabajados y qué áreas necesitan profundización o carecen de
datos para nuestra referencia.
Aquí nos centraremos específicamente en la realización de búsquedas de fuentes
bibliográficas tanto por lo que hace a las fuentes físicas como a las digitales a nuestro
alcance, a las que podemos acceder independientemente de nuestro campo de interés
dentro de la investigación musical.
En el manual de Jaume Sureda et al. (2010), disponible para consulta en el apartado «A
fondo», se proponen tres preguntas a seguir para obtener los recursos necesarios para
la elaboración trabajo científico:
- ¿Qué buscar? Para empezar a buscar debemos delimitar nuestro objeto de
estudio, que vendrá dado por nuestra pregunta de investigación y los objetivos
establecidos. Con estos elementos definidos claramente podremos identificar
qué conceptos y aspectos necesitamos abordar.
- ¿Dónde buscar? A partir del establecimiento de unos conceptos específicos
podremos encontrar varias fuentes de información bibliográfica entre las que
seleccionar. Dependiendo de nuestro tema de estudio, podremos definir cuáles
son los lugares óptimos a los que acercarnos para encontrar nuestra información,
ya sean físicos o virtuales. Algunas de las sugerencias de los autores de este
manual son: bases de datos bibliográficos, bases de datos de bibliotecas, índices
de revistas o catálogos, bases de datos sobre universidades, repositorios
institucionales o bibliografías.
- ¿Cómo buscar? Para ello, los autores proponen diferentes etapas:
o Aprender a gestionar los documentos que vamos localizando.
o Localizar tesis.
o Localizar libros, artículos y literatura gris (referente a asociaciones,
instituciones, repositorios…).
o Localizar artículos.
o Localizar otros documentos de literatura gris.
o Localizar documentos en los catálogos de bibliotecas y librerías.
o Mantenerse al día a través de los sistemas de aviso de actualización.
Las formas de localización de cada una de estas fuentes dependerán del formato en que
se encuentren, a pesar de que hoy en día la mayor parte de las fuentes documentales a
nuestra disposición han sido catalogadas tanto en formato físico como electrónico una
vez depositadas en un centro de
investigación o biblioteca.
Dentro del manual citado, los autores
ofrecen una descripción y listado
exhaustivo de posibles fuentes de
información en línea a los que podemos
referirnos para la búsqueda de diferentes
materiales, entre los que encontramos:
Para hacer una búsqueda más transversal entre posibles bases de datos, una herramienta
fácil de usar, que a partir de aquí tomaremos como ejemplo, es el metabuscador de
Google: Google Scholar o Google Académico.
Este buscador, a diferencia de otros específicos pertenecientes a repositorios o
catálogos, nos ofrece un panorama amplio de búsqueda a través de un algoritmo que
incorpora y escrudiña cientos de bases de datos secundarias. Otros buscadores que
funcionan de forma similar son Jstor o Dialnet, aunque su campo se ve reducido a unos
títulos concretos y solicita acceso institucional o de pago.
Más allá de las especificidades de cada uno de estos buscadores y bases de datos, en la
mayoría de las plataformas de búsqueda bibliográfica hay una serie de elementos que
pueden servirnos de guía para hacer nuestra investigación más eficiente. Es el caso del
uso de palabras clave y conectores booleanos.
Las palabras clave son aquellas que definen de forma específica nuestra investigación y
a partir de las cuales podemos reducir el campo de búsqueda a unos resultados que se
aproximen a nuestros intereses (Navarro Asencio et al., 2017). Podemos formular las
palabras clave de nuestra investigación a partir de las preguntas formuladas al inicio de
nuestro proyecto, en relación con nuestros objetivos o al área temática general en la que
se insiera nuestro trabajo.
Una vez designadas las palabras clave, nuestra búsqueda de bibliografía en cualquier
base de datos se verá acotada a la temática que designen esos conceptos.
Debemos tener en cuenta que, para la búsqueda de palabras compuestas o expresiones,
como serían «Festival de Jazz» o «Black Pink», deberemos usar comillas para abrir y
cerrar la frase. Si no usamos comillas, el buscador que usemos recuperará de forma
predeterminada todos aquellos documentos que contengan las palabras introducidas,
independientemente de su posición.
Aún así, muchas veces esta herramienta no será suficiente para desgranar los artículos o
documentos a los que queremos acceder, de entre el conjunto que se nos presenta. Por
ejemplo, bajo un concepto como «Corea» podemos encontrar artículos de K-pop, pero
también cualquier otro tipo de investigación o suceso que haya tenido lugar en el país.
Por ello, es interesante usar conectores booleanos para refinar nuestra búsqueda
(NeoScientia, 2014).
Los conectores booleanos hacen referencia a una técnica del campo de las matemáticas
dedicada a operaciones de conjunto, es decir, dedicada a la búsqueda de varios
elementos de forma simultánea sobre una base de datos. Estos conectores suelen estar
presentes en la ecuación de búsqueda de todas las bases institucionales o catálogos
bibliotecarios.
Los conectores más comunes que podemos usar para refinar nuestra búsqueda en
cualquier base de datos que use este sistema son tres:
- AND (también: Y o ·): Al inserir este conector en mayúsculas entre dos palabras
de interés, se recuperan documentos que únicamente contienen las palabras de
los dos conjuntos. Por ejemplo: jazz AND transición; jazz AND 1975; «Festival
de Jazz» AND transición…
- OR (también: O o +): El uso de este conector en mayúsculas entre dos palabras
de interés recupera los documentos que contengan palabras de los dos conjuntos
y los que solo contienen una de ellas. Por ejemplo: transición OR 1975; jazz OR
«Festival de Jazz»; jazz OR «movida madrileña» …
- NOT (también: NO o -): Al inserir este conector en mayúsculas entre dos
palabras, se recuperan solamente las palabras del conjunto que no han sido
excluidas. En este caso, no recupera los documentos que contienen ambas. Por
ejemplo: transición NOT dictadura; jazz NOT rock; «Festival de Jazz» NOT
«Jazz Festival» …
Igualmente, estos conectores pueden ser combinados en una búsqueda para refinar los
resultados. En este caso, será útil usar paréntesis para indicar al buscador si (o dónde)
queremos establecer la separación, como si se tratara de una ecuación matemática. Por
ejemplo: (jazz OR «movida madrileña») AND (transición NOT dictadura).
La mayoría de los buscadores incorporan estos conectores de forma automática en su
apartado de «búsqueda avanzada», en forma de pestañas que el investigador puede
seleccionar.
Otros comandos para el refinamiento de resultados que cabe tener en cuenta son dos
truncadores de resultados:
- El asterisco (*): Al colocar un asterisco al final de una palabra o conjunto de
letras, el buscador recupera todas las palabras con la raíz indicada. Por ejemplo,
si buscamos jazz*, recuperaremos: jazz, jazzístico, jazzista…
- La interrogación (?): El signo de interrogación sirve para substituir un carácter
por una palabra, de tal forma que el buscador pueda recuperar varias
coincidencias que comprendan sus posibles variables. Por ejemplo, si buscamos
Mé?xico, recuperaremos: México, Méjico. También podemos usar el signo de
interrogación para sustituir letras acentuadas o con caracteres que pueden no ser
identificados por igual en todas las bases de datos. Por ejemplo, si buscamos
transici?n, recuperaremos tanto transición como transicion, sin acentuar – como
puede estar presente en bases de datos extranjeras.
A pesar de la creciente digitalización a la que se ven sometidos los archivos y fondos
que van recibiendo las instituciones que los conservan y catalogan, podemos
encontrarnos con casos en los que no exista un material específico en línea o en que no
gocemos de conexión a internet.
Por ello, y por lo que hace a la consulta física de volúmenes, es especialmente
interesante hacer referencia a tres fuentes de información enciclopédicas dedicadas
exclusivamente a la música que se encuentran en gran parte de bibliotecas universitarias
y especializadas:
- The New Grove: Es el diccionario de música y músicos que ha representado,
desde su primera edición en 1878, la fuente de referencia principal en lengua
inglesa para musicólogos y estudiosos de la música. En su versión de 2001, la
enciclopedia contiene casi 30000 entradas y más de 20000 biografías de
compositores.
- RISM (Repertorio Internacional de las Fuentes Musicales): Fundada en
1952, la organización RISM registra fuentes musicales de música, tanto
manuscrita como impresa, sobre toda la música y libretos existentes en diversos
archivos y bibliotecas. A diferencia de The New Grove, esta herramienta no
contiene las entradas a las que hace referencia, sino que informa de la existencia
de aquello que existe y su localización.
- RILM (Répertoire International de Littérature Musicale): Es una colección
en formato enciclopédico y en línea para la investigación que funciona de una
forma similar a la anteriormente mencionada. RILM ofrece un mapeo de las
colecciones y documentos, tanto digitales como impresos, de posibles
investigaciones sobre temas relacionados con la música.
Estas colecciones enciclopédicas se encuentran hoy en formato digital, pero su consulta
requiere acceso institucional o de pago, por lo que su consulta física puede resultarnos
útil a pesar de tener conexión a internet. El formato impreso se ve reducido a las
posibilidades de reedición ofrecidas por el tiempo y los recursos invertidos en la
reelaboración de enciclopedias de tamañas dimensiones, que no se ofrecen con la misma
rapidez que en el formato digitalizado. Sin embargo, puede resultar un recurso de
interés para la consulta de gran variedad de campos y el inicio de nuestro proyecto
investigador.
Finalmente, para la búsqueda bibliográfica debemos tener cuenta la misma Biblioteca
Virtual de UNIR, a la que se puede acceder a partir del siguiente enlace: Portada |
Biblioteca Virtual | UNIR
Al entrar en la página, nos encontramos con un navegador, a partir del que podremos
efectuar una búsqueda básica con palabras clave y booleanos. También podremos
acceder a la opción de búsqueda avanzada, a partir de la que podremos refinar nuestra
búsqueda a partir de los parámetros que nos aparecerán.
A partir de esta opción, podremos especificar desde los campos que queremos incluir o
excluir de nuestra búsqueda hasta la disciplina, el tipo de documento o el idioma en que
queramos efectuar la consulta.
Una vez introducidos los campos que creamos necesarios, los resultados nos aparecerán
por defecto por orden de relevancia. Sin embargo, tanto este elemento como los que
aparecen en la barra lateral izquierda pueden ser modificados desde este paso para
seguir definiendo o expandiendo los resultados.
El buscador nos indicará también la disponibilidad en línea de los documentos y el
tipo de fuente que se encuentra en la base de datos (libro, artículo, recurso audiovisual,
grabación, etc.), presentado a través de diferentes iconos.
3. Fuentes orales y participantes
Las fuentes orales incluyen toda aquella información que no podamos encontrar en
forma de fuente secundaria o terciaria y a las que tengamos que dirigirnos
personalmente, en primera persona. Como bien indica su nombre, son fuentes obtenidas
a partir de experiencias individuales, memorias u opiniones de participantes, que puedan
servirnos para la elaboración de investigaciones para las que no existan precedentes
escritos o que dependan de variables personales específicas (Sanz Hernández, 1995).
La obtención de fuentes orales
depende en su mayor parte de la
introducción de métodos
cualitativos (Tema 6), como son las
entrevistas en distintos niveles de
profundidad. Tradicionalmente, estas
fuentes se dividen en dos grupos:
testimoniales y tradicionales.
Dentro de cada uno de estos grupos
encontramos igualmente
subdivisiones que se refieren a la naturaleza de las fuentes obtenidas y la forma en que
han sido trabajadas, como se muestra en la figura 12.
Por lo que hace a las fuentes testimoniales, podemos clasificarlas en directas o
indirectas dependiendo de la participación directa en la historia o de su narración a
través de la experiencia de otro participante.
Algunas de las formas más significativas de fuentes orales testimoniales son las
obtenidas en forma de:
- Entrevistas. A partir de la entrevista a testimonios tanto directos como
indirectos podemos obtener informaciones relativas a diversos sucesos,
experiencias u opiniones que no se encuentran registradas por ningún método (ni
escrito ni multimedia). En la mayoría de las investigaciones etnográficas o con
un componente cualitativo mayoritario en su desarrollo, las entrevistas
acontecerán fundamentales para obtener informaciones precisas de elementos
necesarios para alcanzar los objetivos definidos en nuestro trabajo (Cropley,
2019).
- Historias de vida. Una historia de vida consiste en un relato completo de la vida
de una persona, no centrado en un solo elemento específico de su conocimiento
y obtenido a través de métodos de entrevistas en su mayoría. Su elaboración se
realiza a partir de la compilación y estructuración de tantos datos biográficos y
vivencias del participante en nuestra investigación como sea posible, a partir de
un testimonio que nosotros mismos registramos en forma textual o audiovisual.
Normalmente, las historias de vida aparecen en el contexto del interés por la
experiencia o rol de una persona en un acontecimiento cultural o histórico.
- Autoetnografía. Esta forma de estudio es especialmente relevante dentro de la
investigación artística (López-Cano y San Cristóbal, 2014), en tanto que nos
ofrece la posibilidad de analizar nuestra propia experiencia como intérpretes o
investigadores en el campo en el que estamos desarrollando nuestro trabajo. Al
igual que la etnografía (que entraría este campo a partir de metodologías como la
observación en diferentes grados), nos ofrece un testimonio directo sobre nuestra
propia experiencia.
Similarmente a la categoría anterior, los diarios personales y los diarios de campo
elaborados durante una investigación de tipo etnográfico podrían encajarse en la
categoría de fuentes orales testimoniales, en tanto que nos permiten obtener datos
directos no basados en ningún tipo de testimonio preexistente sobre el tópico en
cuestión (Myers, 1992). Sin embargo, cabe tener en cuenta que la obtención de datos
escritos, reflejados en un formato recuperable más allá de la palabra hablada, se
insieren principalmente dentro de la categoría de fuentes bibliográficas o literarias.
Las fuentes tradicionales, por otra parte, se transmiten de forma mayormente
hablada, pero pueden encontrarse en la misma encrucijada que los diarios personales
y de campo. Si se transmiten en formato escrito o audiovisual, pasarían a formar
parte del grueso literario y bibliográfico al que podemos referirnos en una
investigación. Algunas fuentes tradicionales relevantes para el estudio de la
música y otros aspectos de la vida sociocultural de las personas son:
- Leyendas y mitos. Dentro de las leyendas y mitos pasados a través de las
generaciones encontramos datos no solamente literarios o de entretenimiento,
sino también formas de relacionarse con el mundo y de entender determinados
sucesos, de otra forma inexplicables. Se incluyen dentro de esta categoría,
igualmente, los cuentos para niños que contienen una moraleja y que se han ido
transmitiendo mayormente de forma no escrita.
- Canciones. Las canciones son especialmente interesantes para nuestro campo
por el complemento sonoro que ofrecen al contenido textual. Igual que las
leyendas y los mitos, las canciones de origen tradicional o popular suelen
referirse a sucesos sociales y culturales que se han considerado suficientemente
relevantes para ser preservados a través de la historia en formato entonado.
Dentro de esta misma categoría podríamos mencionar todas aquellas formas de
transmisión de la música que no se encuentren de forma escrita o que no hayan
sido registradas de una forma sistemática que permita cierta estandarización.
Este último caso ha sido objeto de estudio, especialmente, por parte de
musicólogos con un interés específico sobre determinadas prácticas
interpretativas desarrolladas históricamente (Cámara de Landa, 2016).
- Refranes. Los refranes y dichos ofrecen conocimientos que podrían
considerarse pertenecientes a la «sabiduría popular» o al «conocimiento
colectivo». Igual que los elementos anteriores, nos hablan de moralejas y
acontecimientos sociales o históricos relevantes para una comunidad, que los
mantiene a través de formulaciones verbales.
La forma de acceso a ambas categorías orales – testimoniales y tradicionales – no puede
referirse a un sistema específico o un algoritmo como el presentado para las referencias
bibliográficas.
Por ello, es fundamental entender cuáles son los procedimientos ideales para la
realización de la investigación cualitativa que los facilitará, sobre todo a partir del
trabajo de campo, en la forma en que se desarrolla en temas posteriores. El
acercamiento y la creación de conexiones dentro de nuestro campo de estudio serán los
que nos permitirán reunir determinadas informaciones, de otra forma inaccesibles. Sin
embargo, éstas variarán dependiendo de nuestro estudio y de la naturaleza de la
información a la que queramos acceder.
4. Citación bibliográfica
La información que recolectamos durante nuestro proceso investigador,
independientemente de las fuentes bibliográficas u orales a los que nos refiramos, debe
seguir una serie de pautas para ser adecuadamente inserida en textos científicos. La
correcta referenciación y citación de las fuentes consultadas propiciará la validación
académica de nuestro trabajo propio (López Gil, 2017), así como del recuperado de
fuentes ajenas para la edificación de nuestro caso.
El uso tanto de referencias bibliográficas como de citaciones tiene unos objetivos
específicos:
- Apoyar y aportar credibilidad a uno o varios argumentos.
- Hacer referencia a obras que han precedido el texto producido.
- Dar ejemplos sobre un punto de vista.
- Subrayar un argumento con el que se está a favor o en contra.
- Introducir frases o pasajes especialmente relevantes, que ayuden a apoyar una
idea.
- Poner distancia dentro de una temática utilizando las palabras de otros autores.
- Expandir la profundidad y el alcance de un texto.
Partiendo de estas premisas, tenemos tres formas de referenciar nuestro trabajo,
dependiendo del punto del texto en el que nos encontremos, que se encuentran bajo
nombres diferentes:
- Citas: Son la transcripción de una idea que procede de otro trabajo. Se indican
dentro del texto y pueden ser textuales – exactamente lo que dice el texto – o
parafraseadas – lo que dice el texto a través de nuestras propias palabras.
- Referencias: Son un listado de todas las fuentes que se encuentran citadas en el
texto, situado al final de un documento.
- Bibliografía: Es una lista de todas las fuentes consultadas para realizar un
trabajo, independientemente de si han sido citadas en el texto o no. Igual que en
el caso de las referencias, este listado se encuentra al final de un documento.
El tipo de referencia más complejo de insertar durante los primeros estadios de la
carrera investigadora de cualquier persona son las citas: por ello, «cuándo» y «qué
citar» son preguntas habituales en entornos universitarios (de grado y de posgrado).
Para solventarlo, la página web NeoScientia (2015) ofrece una guía gráfica de gran
utilidad para esta labor, que aparece resumida en la tabla 6.
Además de estos pasos, existen una serie de reglas que podemos seguir y que nos
ayudarán a contextualizar nuestro trabajo de la mejor forma posible:
- Las citas deben hacer referencia solo a fuentes que hemos consultado. Si no
encontramos la fuente original que queremos citar, deberemos indicar la fuente
secundaria en la que la hemos encontrado referida.
- Si no estamos seguros de que la mención que hemos hecho sea oportuna, es
mejor citar al autor al que queremos referirnos para prevenir acusaciones de
plagio u otras formas de mala praxis científica.
- Las fuentes que citemos deben ser prioritariamente académicas. Es decir, las
fuentes a las que hagamos referencias deben encontrarse en un marco científico
siempre que sea posible.
Una vez solucionadas las dudas sobre el uso adecuado de citas y referencias dentro del
texto, deberemos referirnos al estilo de citación requerido por quienes van a recibir el
texto (ya nuestra universidad, una revista o una editorial).
Existen diferentes estilos de citación y referenciación correspondientes a diferentes
propuestas, cada una con sus normas propias para diferentes formatos (libros, artículos,
grabaciones, documentos online, etc.) y con matices determinados. La información
incluida en cada caso será la misma, pero variará su orden de aparición y formato.
Tres de los estilos más comunes de citación en investigación musical son:
- APA (American Psychological Association).
- DeNora, T. (2000). Music in Everyday Life. Londres: Cambridge University
Press.
- MLA (Modern Language Association of America)DeNora, Tia. Music in
Everyday Life. Londres: Cambridge University Press, 2000.
- The Chicago Manual of StyleDeNora, Tia. 2000. Music in Everyday Life.
Londres: Cambridge University Press.
Independientemente de estos estilos, contamos con dos formas principales de
introducir las citas dentro del texto:
- Dentro del texto, con el formato (Apellido, Año) o (Apellido, Año: Página). Este
es el formato que deberá seguirse según la normativa de UNIR.
- Por ejemplo: (DeNora, 2000); (Kassabian, 2013: 24); (Aldridge, 2006: 231-232).
- A pie de página, introduciendo la referencia completa de nuestra cita.
- Por ejemplo: Tia DeNora (2000), Music in Everyday Life. Londres: Cambridge
University Press, p. 23.
Si decidimos usar la citación dentro del texto, los pies de página también pueden
incluirse en el texto para expandir o esclarecer elementos de nuestro discurso.
En UNIR, el formato de citación seguido es APA (6ª edición). El documento completo
de cómo citar con este estilo se encuentra referenciado en el apartado «A fondo». Es
fundamental familiarizarse con este documento para trabajar de acuerdo con los
parámetros establecidos por la Universidad.
5. Manejo y gestión bibliográfica
Una forma sencilla y eficiente de recopilar y manejar las referencias bibliográficas que
vamos incorporando a nuestro trabajo es a partir del uso de gestores bibliográficos.
Los gestores bibliográficos son programas informáticos que nos permiten almacenar las
referencias y documentos bibliográficos que vamos consultando durante nuestra
investigación documental. A través de estos programas podemos ordenar las referencias,
mantenerlas actualizadas y extraer las citaciones con un estilo preseleccionado (Sureda
et al., 2010).
Existen varios programas dedicados a este tipo de gestión de referencias, como son
Refworks, Zotero o Mendeley. En esta ocasión, nos centraremos en los elementos
necesarios para iniciarnos en el uso de Mendeley, insertando ejemplos en torno a sus
características.
A pesar de poder instalarlo en nuestro equipo, una de las funcionalidades más
interesantes de Mendeley es la sincronización con la nube, de forma que entrando en
nuestra cuenta a través de un navegador podemos acceder a nuestras referencias desde
cualquier otro dispositivo, modificar información o introducir nuevos datos.
Otras funciones del programa, más allá de la propia gestión de referencias, son:
- La creación de carpetas compartidas con otros investigadores. De esta forma, si
trabajamos en un proyecto en común con otras personas, podemos compartir las
referencias consultadas por cada uno a partir de una única fuente.
- Apelando a la faceta de red social del programa, podemos seguir el trabajo de
otros investigadores a partir de su incorporación de referencias en la plataforma
y acceder a artículos compartidos por los mismos.
- Igualmente, por lo que hace a su función como metabase de datos, ofrece un
buscador bibliográfico que refiere a plataformas específicas.
- Ofrece también un buscador/publicador de ofertas de trabajo académicas y un
buscador de fondos de investigación, que nos puede ser útil para encontrar
empleo o para consultar las universidades en activo dentro del mercado laboral.
Para empezar a trabajar con el gestor, deberemos entrar a nuestra cuenta (ya sea desde la
aplicación de escritorio o desde la web). A partir de esta pantalla principal, podremos
empezar a insertar referencias de dos formas diferentes: arrastrando un documento hasta
la aplicación o seleccionando la opción Añadir > Añadir entrada manualmente. Con esta
opción se nos abrirá una ventana en la que podremos introducir los datos de la fuente
que hemos consultado de forma manual.
Una de las posibilidades que nos ofrece este paso es el de añadir un documento Word
o PDF al que tendremos acceso a partir de la aplicación. Desde el mismo gestor,
podremos editar los documentos adjuntos, añadir notas e incluir etiquetas que nos
permitan rastrear los cambios que vamos efectuando o los puntos que queremos
subrayar, para volver a ellos de forma posterior. Una vez completada la inserción de los
datos, éstos se guardarán en la página principal, desde donde serán accesible.
Cuando queramos exportar la lista que hemos creado, ya sea al final de nuestro
trabajo o en cualquier punto intermedio, podremos especificar el estilo de citación con
el que queremos que se genere. Esto lo podremos hacer seleccionando las opciones Ver
> Estilo de citación > American Psychological Association 6th edition.
Una vez inseridas las referencias necesarias, podremos proceder a exportarlas. Si
queremos seleccionarlas todas, deberemos seleccionar Editar > Seleccionar todo, sino
bastará que la cita esté seleccionada en nuestro listado de entradas.
Si queremos cambiar el idioma en el que se copiarán las referencias, por lo que hace a
los conectores, por ejemplo –, podremos seleccionarlo en el apartado siguiente:
Desde ahí, se nos abrirá una ventana en la que encontraremos el desplegable Idioma de
citación y bibliografía, donde podremos escoger nuestro idioma de preferencia antes de
Aceptar los cambios.
Una vez seleccionado el estilo de citación y el idioma con que queramos copiar nuestras
referencias, podremos clicar en Editar > Copiar. De esta forma, todas las referencias
seleccionadas quedaran guardadas en nuestro portapapeles.
Lo único que nos quedará por hacer será pegar la información sobre el documento en
que queramos inserir las referencias, como pegaríamos normalmente un elemento
copiado.
Otra opción que nos ofrece el programa es la de instalar un plugin en Microsoft Word
para poder introducir citaciones en cualquier documento en este formato mientras
vayamos escribiendo. Para poder usar esta opción, deberemos seleccionar la opción
Herramientas > Instalar MS Word Plugin.
Acto seguido se nos abrirá una pestaña requiriendo reiniciar la aplicación Word, tras lo
que ya nos aparecerá instalada la opción en nuestro procesador de texto.
De esta forma, podremos insertar tanto citaciones específicas como el listado completo
de la bibliografía que conformen el total de entradas en nuestro gestor.
Con estas herramientas, el uso y manejo de las fuentes con las que trabajamos se vuelve
más fácil y ameno. Igualmente, las posibilidades ofrecidas por este tipo de gestores se
extienden progresivamente para convertirse en grandes bases de datos que contribuyen
al conocimiento científico común, por lo que incorporarlos a nuestra investigación
científica será de ayuda tanto en cuanto a la creación de textos como para su posterior
difusión.
6. El trabajo con referencias bibliográficas
Con nuestras referencias en orden y nuestro gestor bibliográfico actualizado, el trabajo
con las referencias será mucho más fácil, sobre todo por lo que hace a la elaboración de
textos.
Sin embargo, contamos con diferentes formas con las que las citaciones pueden ser
presentadas dentro el texto, de forma independiente a las referencias a las que estén
referidas. De esta forma, nuestro uso de la citación dependerá del uso que hagamos del
texto específico que vayamos a referenciar, de si se trata de un texto literal o no, o de la
longitud del texto que queremos plasmar en nuestro documento.
Las opciones con las que nos encontramos para citar pasajes más o menos concretos
son:
- La citación textual. Como indica su nombre, este tipo de citación hace
referencia a los fragmentos que son introducidos en nuestro texto de forma
literal, usando las mismas palabras que el autor original. Normalmente esta
opción responde a lo adecuado de la expresión usada por el autor y a nuestra
evaluación de lo ejemplificativo del fragmento en cuestión. Al usar la citación
textual, deberemos indicar la página (p.) o páginas (pp.) en la que aparece la
frase exacta.
Las citas textuales son introducidas de forma diferente dependiendo de su longitud. En
este caso, deberemos remitirnos a la guía de estilo APA usada por la Universidad, para
localizar las indicaciones específicas de uso que se nos propone.
o Si es una cita breve, de menos de 40 palabras, se transcribe el fragmento
en cuestión y se coloca entre comillas.
o Si es una cita larga, de más de 40 palabras, se separa el texto del
fragmento del texto normal, con sangría en todo el párrafo de 5
espacios en el margen izquierdo. En este caso, la cita se introduce sin
comillas y con un interlineado menor.
- La paráfrasis. Cuando formulamos una idea perteneciente a otro autor, sin usar
sus palabras textuales, estamos parafraseando. En este caso, deberemos
introducir la referencia al final de la idea expuesta con nuestras propias palabras,
para referir la originalidad de lo expuesto a la fuente de la que hemos tomado la
información. En este caso, no será necesario introducir la página exacta en la
que aparece la información recogida.
Dentro de esta misma categoría encontramos también el resumen, que puede referirse,
por ejemplo, a la tesis de un artículo o libro. Al resumir un texto más extenso en una
fórmula más breve que lo ejemplifique, en tanto que estamos parafraseando un
contenido específico, deberemos introducir la referencia del mismo modo que en el
ejemplo anterior.
Esta forma de trabajar tiene un sentido dentro del mundo científico y académico, que
apunta a la corroboración de las ideas expuestas y a la atribución de autorías respecto a
ideas concretas para sustentar la validez de nuestras afirmaciones. Con ello, deberemos
referirnos inevitablemente a los problemas del plagio.
*El plagio es la apropiación de una idea o un fragmento de texto de otro autor sin
hacerle referencia y que se presenta como propia.
La detección de cualquier plagio dentro de una publicación científica puede conllevar su
total desacreditación, independientemente del trabajo realizado alrededor de la cita
omitida. Por ello, siempre es recomendable introducir referencias si nos surge una duda
de la originalidad de la idea que exponemos.
7. El trabajo con fuentes orales
El trabajo con fuentes orales difiere un poco del trabajo llevado a cabo a partir del
trabajo bibliográfico y de referencias importadas a partir de gestores, ya que depende de
un trabajo de transcripción y análisis en torno a las grabaciones realizadas a partir
diversas formas de investigación cualitativa (Hernández, Fernández y Baptista, 2010).
Como veremos en el Tema 6, al trabajar con grabaciones de entrevistas y otras formas
de información verbal es relevante seleccionar aquellos fragmentos que puedan apoyar
nuestro discurso o ilustrar una parte de nuestro texto, de la misma forma que lo haría
una referencia bibliográfica. Para ello, nuestra principal herramienta será transcripción.
La transcripción es la forma en que pasamos del formato auditivo al formato escrito
(Monje Álvarez, 2011), ya sea en términos musicales o hablados. Al transcribir,
deberemos tener en cuenta tanto las formas del lenguaje propias de la persona como los
conectores que usa la persona interpelada en su discurso.
Una transcripción literal puede ser útil en
algunos casos, pero, en la mayoría de las
ocasiones, podremos obviar algunos elementos
o expresiones del habla en una transcripción
adaptada:
Por otra parte, al igual que en el trabajo con referencias bibliográficas, deberemos
especificar la fuente a la que hace alusión el fragmento que estemos introduciendo en el
texto, según la normativa específica a que nos acojamos.
- Si es una cita de una entrevista realizada por nosotros mismos, podremos utilizar
la fórmula (Participante, comunicación personal, fecha). Por ejemplo: «Cuando
era pequeña, los fines de semana iba a ver a mi abuela ahí, en la calle de atrás,
donde estaba la charcutería. Iba a su casa y siempre la encontraba cantando en el
patio, o donde fuera, porque le gustaba mucho la música» (M. Pérez Gómez,
comunicación personal, 20 abril 2018).
- Si se trata de una cita de una entrevista ajena, leída o escuchada en otro lugar
como una revista o un blog, deberemos seguir el formato específico que
corresponda al origen de la información. Por ejemplo: Barnes, E. (1996,
septiembre 4). Interview with Eva Barnes – Part 1 [multimedia]. Recuperado de
[Link]
El trato de las citas será paralelo al apuntado en el apartado anterior: las citas
breves se verán inseridas en el texto entre comillas, las largas en un párrafo aparte con
sangría y las paráfrasis con la referencia tras la reformulación de la idea expuesta.
Diferirán, sin embargo, por lo que hace a su introducción en la lista de referencias o de
bibliografía: mientras que los recursos recuperados de internet deberán aparecer entre
las referencias al final del documento (y podrán ser gestionadas a través de plataformas
de trabajo bibliográfico como Mendeley), las citas que hagan alusión a entrevistas
realizadas por nosotros mismos y no encuentren una fuente primaria a la que anclarse
deberán aparecer en forma de anexo (ya sea elaboradas en una tabla o transcritas).
De esta forma, toda la información que aparezca en el documento que elaboremos podrá
ser trazada a una fuente original o primaria y podremos dar validez científica a los
argumentos desarrollados en nuestro trabajo.