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Fallo Derecho Societario DERECHO Y CAUSAS JUDICIALES

La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial falló a favor de un acreedor que solicitó la inoponibilidad de la personalidad jurídica de una sociedad en concurso preventivo, argumentando que la infracapitalización de la misma justificaba la extensión de la responsabilidad a sus socios. El tribunal consideró que la falta de activos y registros contables indicaba un posible fraude en perjuicio de los acreedores, y que los socios debían responder por las obligaciones sociales. La decisión se fundamentó en la normativa que permite la inoponibilidad de la personalidad jurídica cuando se utilizan las sociedades para fines ilícitos o para frustrar derechos de terceros.
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Fallo Derecho Societario DERECHO Y CAUSAS JUDICIALES

La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial falló a favor de un acreedor que solicitó la inoponibilidad de la personalidad jurídica de una sociedad en concurso preventivo, argumentando que la infracapitalización de la misma justificaba la extensión de la responsabilidad a sus socios. El tribunal consideró que la falta de activos y registros contables indicaba un posible fraude en perjuicio de los acreedores, y que los socios debían responder por las obligaciones sociales. La decisión se fundamentó en la normativa que permite la inoponibilidad de la personalidad jurídica cuando se utilizan las sociedades para fines ilícitos o para frustrar derechos de terceros.
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Ejercicio de realización individual - Análisis de Caso – archivo de base

En el siguiente caso judicial relacionado con la desestimación de la personalidad jurídica, la Sala


F de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial hizo lugar a la pretensión de
inoponibilidad de la personalidad jurídica deducida por un acreedor en el marco del concurso
preventivo de una sociedad. El fundamento central invocado por el actor radicaba en la
infracapitalización de la sociedad concursada.

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, sala F(CNCom)(SalaF)


Fecha: 13/05/2014
Partes: VICTOR CARBALLUDE SRL S/QUIEBRA S/ INCIDENTE (DE INOPONIBILIDAD DE PERSONA
JURIDICA)

Expediente N.º 001044/2011 EV


Juzgado N.º 13 - Secretaría N.º 26
Buenos Aires, 13 de mayo de 2014.-

1. Viene apelada por el incidentista a fs. 196, la resolución obrante a fs. 193/195 mediante la cual
el sentenciante desestimó la pretendida declaración de inoponibilidad de la persona jurídica
fallida.
Los fundamentos de su recurso obran a fs. 200/201 y fueron respondidos únicamente por la
sindicatura a fs. 208/209.
2. Para decidir como lo hizo, el magistrado sustancialmente consideró que la aplicación de la vía
establecida en el LSC 54, tercer párrafo, era de carácter restrictivo y que en el caso no se habían
detallado cuales eran las razones que la habilitarían. Asimismo, estimó que el asunto relativo a la
infracapitalización debía canalizarse en los términos del LCQ 150. Sostuvo finalmente que el
fracaso comercial de la sociedad no importaba per se la existencia de una actuación en fraude a la
ley o terceros.
3. El apelante se agravió de dicha decisión. Insistió en la procedencia de la acción de inoponibilidad
de la persona jurídica pues, a su modo de ver, se configuraron numerosas irregularidades que
autorizan la extensión de la responsabilidad asumida por el ente, a sus socios. Adujo que tal es la
solución que brindan los artículos 54, 59, 157 y 274 de la ley 19 550 para el caso de que la persona
jurídica sea empleada como un mero recurso para violar la ley, el orden público o la buena fe o
para frustrar derechos de terceros.
Agregó que es deber de los socios mantener una relación razonable entre el giro real de la
sociedad y el capital social.
Destacó que no tiene que recurrir de modo indispensable a la acción prevista en el LCQ 150.
4. La sindicatura se expidió en fs. 208/209. Ninguna objeción formuló a la pretensión del
agraviado. Dijo el funcionario concursal que la ausencia de registros contables y de todo activo,

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conducen a presumir un fraude en perjuicio de los acreedores. Señaló, también, la insuficiencia del
capital social apuntada por el perito contador.
5. La Sra. fiscal general ante esta Cámara Comercial dictaminó a fs. 217/220. Primeramente,
abundó en consideraciones teóricas acerca del artículo 54 de la ley de sociedades. También se
explayó respecto a la función que cumple el capital social y puntualmente al supuesto de
infracapitalización.
De seguido, ponderó que en el sub-lite había quedado demostrado que la fallida actuó con
recursos insuficientes ya desde su constitución como así también a lo largo del desarrollo de sus
negocios.
Consideró, como prueba de ello, el informe general de la sindicatura obrante a fs. 274/278, la
pericia contable practicada en autos, la carencia de libros contables y la ausencia de prueba sobre
la integración total del capital suscripto. Puso de relieve, a su vez, las infructuosas citaciones al
socio gerente, Sr. Roberto Víctor Carballude, para que brinde explicaciones. Agregó que la fallida
contrató con terceros sin activos de respaldo y que sus socios nada hicieron al respecto.
Concluyó, entonces, que debían responder los socios por las obligaciones sociales, en tanto la
persona jurídica quebrada había actuado infracapitalizada sin que sus administradores aplicaran
los remedios legales correspondientes.
6. Pues bien, la cuestión recursiva sometida al conocimiento de este Tribunal consiste en
determinar si resulta procedente o no la declaración de inoponibilidad de la persona jurídica
fallida pretendida por el incidentista y ahora agraviado. De allí que resulte conveniente principiar
el estudio de la cuestión delineando algunas consideraciones conceptuales sobre la materia
apelada.
(a) Es sabido que la personalidad que el sistema legal atribuye a las sociedades comerciales se
estructura sobre la base de la diferenciación del sujeto de derecho y las personas físicas —o
jurídicas, dato irrelevante en el caso— que la integran en carácter de socios. Tal lo previsto
expresamente por el CCiv. 33, 39, 41 y LSC 2 y 56.
La personalidad atribuida a entes distintos de las personas de existencia visible, como técnica
jurídica (o medio técnico, tal como se expresó en la exposición de motivos de la LSC), resulta útil
para asumir la compleja normativa que concierne a una disciplina de relaciones entre una
pluralidad de personas y determinados patrimonios (Anaya, Jaime L., “Sociedad en formación y
personalidad jurídica”, ED 129:327).
Este particular modo de reglar los efectos jurídicos de las relaciones entabladas entre distintos
sujetos y referidas a determinados patrimonios conduce a la diferenciación, que tiene expreso
reconocimiento en el ordenamiento legal nacional, en la imputación de la responsabilidad que la
actuación de la sociedad en el medio económico genere. Ello, por cuanto la sociedad tiene un
patrimonio propio distinto del de los socios singulares respecto de los acreedores de la sociedad,
pero esa personalidad se manifiesta no solamente en las relaciones externas, sino también en las
relaciones internas, en lo que se refiere a los socios (Ascarelli, Tullio, “Sociedades y Asociaciones
Comerciales”, p. 64 y 66, Ediar, Bs. As., 1947).
En esta misma línea interpretativa, se ha juzgado que la persona jurídica es un “recurso técnico”
que permite establecer una organización autónoma con patrimonio propio y capacidad de gestión
que se distingue de sus instituyentes, estructurando un esquema de simplificación de relaciones y

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de impermeabilidad patrimonial (en igual sentido cfr. Junyent Bas, Francisco, “Reflexiones sobre el
abuso de la personalidad jurídica”, en RDCO, Ed. Lexis Nexis, 2005-A, año 38, p. 256). No obstante
—bueno es destacarlo—, la equivocidad del término “persona jurídica” ha traído aparejado en el
ámbito del derecho un largodebate que hoy se mantiene, tal como lo explican Horacio Fargosi
(“Notas sobre sociedades comerciales y personalidad jurídica”, LL, 1988-E, 796), Juan Dobson (“El
abuso de la personalidad jurídica”, Ed. Civitas, Madrid, 1994, p. 138/141), Gervasio Colombres
(“Curso de derecho societario”, Ed. Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1972, p. 53) y Carlos Molina
Sandoval (“La desestimación de la persona jurídica societaria”, Ed. Ábaco, Buenos Aires, 2003, ps.
21 y ss.), entre muchos otros (CNCom, Sala A, 9.10.08, “Trialmet S.A. c/ Destéfano y Feuer
Constructora S.R.L. s/ ordinario”, voto de la Dra. Míguez, [Link], ref. n.º 13 668).
Ahora, la distinción patrimonial que reconoce la LSC 56 no es absoluta. La LSC 2 expresamente
dispone que la sociedad comercial es sujeto de derecho con el alcance fijado en la ley, lo que ha
llevado a afirmar a uno de sus redactores que la razón de ser de la personalidad está en dar al
grupo de personas el medio técnico para el logro de los fines lícitos que sus miembros persiguen
en común (Halperín, Isaac, “El concepto de sociedad en el proyecto de ley de sociedades
comerciales”, RDCO, Año 2, 1969, p. 272, Ed. Depalma).
Explica al respecto Enrique Manuel Butty que la incorporación de esa delimitación “con el alcance
establecido en la ley”, mediante la reforma del año 1972, se debió a la necesidad de reafirmar el
principio de la personalidad diferenciada ante un emergente fenómeno de sociología jurídica: la
desmedida aplicación de la doctrina del “disregard of legal entity” surgida luego del resonante
fallo “Swift” de la CSJN (del 4/9/73), (conforme Halperín-Butty, Curso de Derecho Comercial,
Depalma, 2000, CABA, pág. 338).
Al hilo de lo expresado continua ese último autor precisando que la reforma del año 1983, que
añadió la denominada “inoponibilidad de la personalidad jurídica”, no implicó una modificación,
cambio, reemplazo o alteración alguna, sino una explanación o desarrollo discursivo del significado
de la originaria frase “con el alcance fijado en esta ley”, con el sentido de precisar y completar el
alcance y límites del sistema societario mercantil y, consecuentemente, de la atribución a las
variantes asociativas acuñadas por la ley 19 550, de personalidad corporativa diferenciada
respecto de sus miembros (op. cit., págs. 338/339).
De modo que el instituto se presenta como un remedio con el que se cuenta para descorrer la
personalidad de los entes asociativos, con el objeto de imputar cierta obligación o derecho a un
sujeto distinto —tales como sus controlantes o socios—, si se reúnen las especiales circunstancias
que enumera el párrafo tercero del artículo 54 LSC.
Establece la norma: “La actuación de la sociedad que encubra la consecución de fines
extrasocietarios, constituya un mero recurso para violar la ley, el orden público o la buena fe o
para frustrar derechos de terceros, se imputará directamente a los socios o a los controlantes que
la hicieron posible, quienes responderán solidaria e ilimitadamente por los perjuicios causados”.
Sabido es que, como ya fue señalado, la personalidad diferenciada de la sociedad y sus integrantes
y administradores constituye el eje sobre el que se asienta la normativa societaria, y configura un
régimen especial que se explica porque los entes ideales constituyen una herramienta que el
orden jurídico provee al comercio (cfr. C.S.J.N., in re “Palomeque, Aldo c/ Benemeth S.A. y otro”
del dictamen del Procurador General, del 03.04.03). Como fue juzgado por la colega Sala A

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(CNCom, Sala A, 09.10.08, “Trialmet S.A. c/ Destéfano y Feuer Constructora S.R.L. s/ ordinario”,
voto de la Sra. Jueza de esta Cámara de Apelaciones, Dra. Isabel Miguez, antes citado,
[Link], ref. N.º 13 668), aunque parte de la doctrina autoral y jurisprudencial
entiende que la aludida reforma significó introducir en nuestro sistema jurídico el instituto del
disregard of legal entity del derecho norteamericano, otros autores argumentaron que la
modificación del artículo 53 no tuvo por consecuencia la incorporación lisa y llana de esa teoría, ni
tampoco el establecimiento de un sistema de desestimación de la personalidad como estructura
legal, sino que atacó del modo más indirecto y suave posible el tema que se inició con la
formulación del art. 2º LSC, al lograr desmitificar con la introducción de aquella norma lo relativo
al alcance de la personalidad jurídica (cfr. Fargosi, Horacio ob. cit., p. 808; Etcheverry, Raúl, “La
personalidad societaria y el conflicto de intereses” en Anomalías Societarias, Ed. Advocatus,
Buenos Aires, 1996, p. 30; Junyent Bas, Francisco, “Reflexiones…” antes citado), posición que, de
todas maneras, presenta aristas que no han tenido pacífica recepción. No obstante, la
introducción en la LSC:54 parece haber establecido, en el ordenamiento societario, la regulación
específica del fraude, la simulación ilícita o el ejercicio abusivo de derechos, añadiendo el fin
extrasocietario como defecto propio derivado de la utilización anómala de la estructura societaria,
que apareja la inoponibilidad de la personalidad del ente frente a los perjudicados, imputando
responsabilidad directa, solidaria e ilimitada a los socios o controlantes que la hicieron posible. Es
que, conforme opinaba Halperín —mucho antes de la introducción de la LSC:54, párrafo 3°— en
materia de personalidad jurídica “el derecho aplica este remedio técnico mientras se mantenga
dentro de los fines lícitos perseguidos y previstos por la ley”, toda vez que “cuando se aparta, la
ley y el juez deben prescindir de tal personalidad, porque no puede emplearse con fines ilícitos, de
engaño o de fraude” (Halperín, Isaac, “Sociedades comerciales. Parte General”, Ed. Depalma,
Buenos Aires, 1964, p. 90); y ello supone tener especialmente en cuenta que la LSC exige que la
actuación societaria —y la de sus órganos, socios y controlantes que guarden vinculación con la
gestión patrimonial— se acomode al principio general de la buena fe (cciv 1198) y al ejercicio
regular de los derechos (doctrina cciv 1071).
El acierto de la inclusión de dicho instituto también ha sido destacado por Rafael M. Manóvil, en
tanto la aplicación de la solución tradicional para un caso de abuso de derecho —nulidad, por
tratarse de un hecho ilícito— aparecería excesivamente rígida en el marco de la regulación
societaria. Concordantemente con lo señalado por Butty párrafos atrás, es posible sostener que la
norma abrió un campo de aplicación mucho más amplio que el que permite la noción de abuso del
Derecho… Entre otros efectos, permite objetivar soluciones que, si debieran examinarse a la luz
del instituto del abuso del Derecho, no podrían predicarse sin la presencia del elemento subjetivo
(conf., Grupos de Sociedades, Abeledo Perrot, Bs. As., 1998, pág. 1005).
La técnica de la personalidad jurídica diferenciada y de la limitación de la responsabilidad son
técnicas que funcionan cuando se configuran sus presupuestos que, en materia de sociedades
mercantiles, no constituyen sino la causa final contractual o de actuación que consiste en la
ordenación a la titularidad de una hacienda empresaria verdadera; de no ser así habrá
inoponibilidad que surge aun antes de los supuestos de fraudes a la ley o derechos de terceros.
Esta no se traduce ni en la caída del sujeto de derecho ni en el impedimento a su funcionamiento
sucesivo, simplemente se dan las dos alternativas que como efecto práctico de la inoponibilidad
prevé el art. 54 que son la imputación directa del obrar —responsabilidad por ende ilimitada—, y
además una responsabilidad por daños y perjuicios, título distinto que está establecido por el

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mismo art. 54 y también la habrá cuando por vía de la desviación de la causa contractual, o como
efecto empírico de la actuación posterior, se produzca el desbaratamiento del derecho de terceros
(Enrique M. Butty, La inoponibilidad de la persona jurídica por violación de la legítima en “Las
sociedades comerciales y la transmisión hereditaria”, Ad-Hoc, Buenos Aires, 1993, pág. 49/57).
Agréguese que mediante esta normativa se analiza la inoponibilidad de la personalidad jurídica
bajo el presupuesto de suponer la desaparición de los límites formales impuestos por la sociedad a
la cual afecta. La desaparición de esos límites tiene como consecuencia jurídica la imputación de la
actuación a quien resulte ser el socio o controlante que haya hecho posible la utilización desviada
de la sociedad (Manóvil, op. cit., pág. 1033).
La naturaleza de la acción de inoponibilidad presenta algunas peculiaridades: (i) Es societaria, pues
se trata de una medida que tiene por objeto declarar irrelevante la diferenciación entre la
personalidad del ente social y la de sus componentes (socios); (ii) Es accesoria desde que tiene
sentido en tanto y en cuanto existe una actuación social encubridora, violatoria o frustratoria; y
(iii) Es una acción declarativa toda vez que su finalidad se agota en la declaración. La sentencia que
se obtenga será, dentro de la clásica división procesal, una sentencia declarativa o de mera
declaración, cuyo objeto es la pura declaración de que ha acaecido el efecto desestimatorio de la
personalidad societaria. Una declaración al solo efecto de imputar determinados actos. No puede
ejecutarse. Lo ejecutable será la acción principal que da pábulo a la accesoria de inoponibilidad, no
la declaración misma. En síntesis, puede decirse que la finalidad que propende esta acción será la
de hacer cesar el estado de incertidumbre sobre la distinción entre ambas personalidades (conf.
Carlos Molina Sandoval, Aspectos prácticos de la desestimación de la personalidad societaria, El
Derecho, 17/12/2001).
Es preciso puntualizar que para que sea aplicable la LSC 54 deben existir pruebas concluyentes
respecto de las situaciones excepcionales que dicha disposición contempla a fin de prescindir de la
personalidad jurídica (CNCom, Sala C, 10.05.95 “Ferrari Vasco c/ Arlinton S.A.”; id., Sala E,
23.04.09, “Iglesias Lorenzo Jorge c/ Textil Iglesias S.A.I.C. y otros s/ ordinario”, voto del Dr.
Bargalló) porque ello solo resulta procedente cuando se trata de resguardar intereses de orden
superior (CNCom, Sala C, 26.02.08, “M.J.R. c/ M.R.J.P. y otros s/ ordinario”, voto del Dr. Ojea
Quintana).
La desestimación de la personalidad societaria debe ser utilizada cuidadosamente, pues su
aplicación irrestricta llevaría a consagrar la excepción como regla: circunstancia que no fue la que
inspiró el nacimiento de tal remedio jurídico (CNCom, Sala B, “Corralón Patagónico de los Andes
S.A. c/ Oscar A. Construcciones S.A. y otros s/ medidas precautorias” del 05.06.02; Sala E, “London
Supply” del 05.03.08), claro que ello no puede conducir a la introducción de restricciones
irrazonables, que conviertan al dispositivo de la LSC 54, párrafo tercero, en letra muerta y que,
además, carecen de expresa previsión legal. No se admite, por vía de principio, la ponderación
restrictiva de la solución legal.
Cabe señalar como premisa de interpretación que, como fue decidido, la teoría de la distinta
personalidad de las sociedades y los propios componentes que la integran, no puede convertirse
en una valla artificial e insalvable que, con apoyo en una deducción meramente maquinal que, en
la doctrina de la Corte Suprema (CSJN, Fallos 307:1046), es impropia de la función judicial, impida

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en la práctica la adecuada aplicación de esa doctrina y prescindiendo de la realidad, único campo
en el que debe indagar el juez, conduzca a un fin no querido por el propio ordenamiento jurídico,
dejándose de lado el adecuado servicio de justicia que constituye la función que los jueces deben
tener como deber primario (CNCiv. y Com. Fed., Sala II, “Appel & Frenzel GmbH c/ García, Claudia
Viviana y otro s/ cese de oposición al registro de marca”, del 11/3/2003).
(b) Ahora bien, la precedente introducción sobre el instituto de la inoponibilidad societaria da
cuenta del amplio espectro de circunstancias que pueden quedar aprehendidas por la norma. De
allí que quepa ceñirse al motivo que particularmente es invocado para justificar la inoponibilidad
requerida: la infracapitalización del ente social. Y ello conduce a formular algunas consideraciones
teóricas más acerca de esta última situación.
Se ha definido a la subcapitalización societaria desde dos aristas: (i) una material que se presenta
cuando su capital propio no es suficiente para satisfacer, de acuerdo al tipo y dimensión de la
actividad económica efectiva o propuesta, las necesidades financieras de mediano y largo plazo no
susceptibles de ser normalmente cubiertas por créditos de terceros (Leandro Javier Caputo,
Inoponibilidad de la personalidad jurídica societaria, Ed. Astrea, 2006, pág. 258; con cita al pie de
Ulmer, citado por Manóvil en Grupos de Sociedades, p. 558); y (ii) una nominal que es aludida en
los casos en que se presenta una cuestión vinculada con la sinceridad de la expresión del monto
del capital e incluye, por ejemplo, la cuestión de los préstamos sustitutivos de aportes —esto es,
cuando la sociedad resulta dotada de los medios financieros necesarios para el desarrollo de su
objeto social, pero las necesidades de fondos propios se financian con créditos provenientes de los
mismos socios— (conf., ibídem, con cita al pie de Boldó Roda, El levantamiento del velo y persona
jurídica en el derecho privado español, pág. 426).
Es decir que habrá infracapitalización material en el supuesto de que la sociedad carezca
totalmente de medios adecuados para cumplir su objeto social. Y será meramente formal cuando
exista un capital social inadecuado, pero los socios o accionistas lo “maquillen” proveyendo de
recursos financieros a la sociedad, tales como préstamos o constitución de reservas distintas a las
legales.
Otro aspecto de esta temática, de difícil conceptualización, está constituido por el grado de
subcapitalización capaz de generar responsabilidad. Se relaciona con él la determinación del
objeto a analizar para concluir si la sociedad está o no subcapitalizada. Se entiende que debe
evaluarse no sobre la base del capital social nominal, sino en función de la prelación entre
obligaciones y recursos propios o entre patrimonio neto y pasivo exigible por terceros (Ibíd., con
cita de Cabanellas de las Cuevas, Derecho Societario, Parte General, La personalidad jurídica
societaria, p. 364).
Sostiene el profesor Manóvil que es imposible que los ordenamientos legales puedan establecer
pautas precisas para vincular de antemano, en los tipos societarios en los que se excluye la
responsabilidad de los socios, el capital necesario para desarrollar la actividad que se propone
realizar la sociedad. Cualquier pretensión de relacionar el capital social con el objeto social, o aun
con una función de productividad, está destinada al fracaso, porque el objeto social no es más que
un listado de actividades posibles, que no indica, en realidad, cuáles han de ser las actividades
reales. Además, nada hace posible predecir, en términos generales, la envergadura que habrá de

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asumir la actividad que, enunciada en el objeto social, habrá de realizarse (op. cit., pág. 1077). Ello
impone, entonces, un análisis posterior y con especial consideración de las particularidades que
pueda presentar cada caso.
Pues bien, a nuestro modo de ver, como línea de principio, el daño producido por una
malformación de la estructura patrimonial societaria o por decisiones impuestas por socios o
controlantes que la fuerzan a emprender actividades que exceden de sus posibilidades, no debe
quedar excluido del ámbito de la norma, aunque debe subrayarse la necesidad de extrema cautela
en el juzgamiento del caso concreto. Por lo demás, es preciso rechazar la confusión de los dos
efectos diferenciados que trata el art. 54 tercer párr. de la LS, es decir, la inoponibilidad en sí
misma y la extensión o traslado de la imputación, que es su efecto, por una parte, y, por la otra, la
responsabilidad por los perjuicios causados por quienes hicieron posible la actuación. Es cierto que
en la mayoría de los supuestos existirá intencionalidad. Pero en otros puede que solamente haya
mediado negligencia o que, simplemente, la concatenación de los acontecimientos haya tenido
por resultado una de las situaciones que la LS habilita para declarar la inoponibilidad (Manóvil, op.
cit., pág. 1031).
(c) Desde la perspectiva conceptual precedente, estima esta Sala que los elementos de juicio
colectados acreditan con claridad las distintas circunstancias que justifican la admisión del recurso
del Incidentista.
De la revisión del expediente de la quiebra y de la causa laboral se desprende que:
(i) No se arrimaron libros contables (sin que se haya brindado siquiera una mínima razón que
pudiera hipotéticamente justificar tal ausencia), lo cual permite inferir el desarraigo institucional.
(ii) A lo largo del desarrollo del proceso se ha observado una notoria falta de cooperación de los
socios de la fallida. Agréguese que resultaron inanes las gestiones realizadas en orden a que el
socio gerente Roberto Víctor Carballude brindara las explicaciones esperadas por el aquí
peticionante en la quiebra (v. expediente principal, fs. 188, 249, 283, 285/286, 299, 319, 322, 330 y
333).
(iii) Al cursar el mandamiento de constatación y eventual clausura al domicilio legal de la sociedad
(LS 11-2) con fecha 2/7/2008, el oficial de justicia informó que “una persona que dijo ser Miriam
Bruno, propietaria del inmueble, me manifiesta no saber dar razón del requerido” (v. fs. 179). Ello
demuestra la ausencia de la persona jurídica fallida en el propio domicilio legal constituido ante la
Inspección General de Justicia (v. informe agregado a fs. 110/124 de la quiebra; puntualmente,
cláusula undécima, fs. 119).
(iv) La valuación del activo arroja cero y el sujeto societario no cuenta con ningún bien registrable
a su nombre, no obstante que la empresa se habría dedicado al transporte de carga (v. pericia
contable obrante a fs. 99/102, punto II, y lo informado por el síndico en oportunidad de la LCQ 39
a fs. 274/278 del proceso falimentario).
(v) Únicamente se integró un 25 % del capital social suscripto al momento de la constitución de la
sociedad el 19/7/1991, que ascendía a australes 2 800 000 —hoy $ 280— (v. pericia contable,
punto III, fs. 100 vta./101 y fs. 117 de la quiebra). No hay elemento de juicio que permita
corroborar que a lo largo de la vida social se hubiera saldado el 75 % restante.

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Tales circunstancias ponen en evidencia una relevante desprolijidad en la administración societaria
(ausencia de registro contables, falta de colaboración del socio gerente, etc.) y no dejan resquicio
de duda en cuanto a que el ente societario se constituyó y funcionó sin integrar, al menos, el
capital suscripto y con notoria carencia de cualquier activo que pudiera respaldar las obligaciones
asumidas frente a terceros (trabajadores en relación de dependencia, acreedores, etc.). Ello
autoriza, consecuentemente, a la aplicación en el caso del instituto previsto en el artículo 54,
párrafo tercero; es decir, a la declaración de la inoponibilidad de la persona jurídica de la fallida.
Es dable sostener que la disponibilidad del capital social es esencial para el cumplimiento del
objeto, único y preciso, de la sociedad, por lo que, ligados ambos conceptos, si esta presenta una
ruptura manifiesta entre el capital y la actividad que lleva a cabo, estamos hablando entonces que
la sociedad se encuentra infracapitalizada (Méndez Juan José, Responsabilidades Emergentes de la
Infracapitalización Societaria en “Derecho Comercial y de las Obligaciones. Revista de Doctrina,
Jurisprudencia, Legislación y Práctica”, 2005-A, año XXXVIII, p. 651 y ss.).
El capital social, como está planteado en la LSC, es una cifra de retención y ello es lo que
realmente constituye la garantía de terceros, por lo que, si los socios o los accionistas vulneran
esta garantía, su responsabilidad ya no será limitada y responderán más allá del capital aportado.
Como consecuencia de esta máxima, se han elaborado algunas teorías que justifican dichas
medidas. Una de ellas es la sostenida por Manóvil, quien afirma que la sociedad comercial, centro
de imputación de normas diferenciado de las personas que lo integran, es tal en virtud de ciertos
presupuestos o condicionamientos que se deben cumplimentar para excluir de responsabilidad a
los sujetos que la forman. Como consecuencia, de no cumplirse aquellos presupuestos, no habrá
tal limitación a la responsabilidad. La infracapitalización, en este sentido, no hace otra cosa más
que trasladar los riesgos propios de la empresa hacia terceros y, por lo tanto, no se estaría
llenando el presupuesto de dotación de capitales propios a la sociedad, resintiéndose el
patrimonio social y la función de garantía frente a los acreedores.
Otra corriente sostiene que la responsabilidad de los socios “… por los casos de infracapitalización
es de carácter excepcional… requiriendo el análisis de cada caso particular por el juez que conozca
la causa, debiendo determinar, de acuerdo con el caso, no solamente la existencia del estado de
infracapitalización, sino también la extensión de la responsabilidad según el grado de
responsabilidad que les sea imputable”.
Es decir, pareciera ser que esta postura arguye la extensión de la responsabilidad por el daño
producido en virtud del ordenamiento civil, debiendo probarse, como corolario, la intencionalidad
y el grado de contribución de los socios o accionistas al estado de infracapitalización.
Por otro lado, autores como Nissen y Paz-Ares argumentan que en los casos de infracapitalización
resultaría jurídicamente viable correr el velo societario para así poder exigir la responsabilidad de
los socios o accionistas por sus obligaciones que “ocultan” tras la estructura normativa de la
persona jurídica, constituyendo, de esta forma, una clara sanción por no haber relación entre el
capital y el objeto social (Proietti Diego, La infracapitalización y la teoría del corrimiento del velo
societario a los socios o accionistas, La Ley Online AR/DOC/3024/2011; y numerosas citas allí
efectuadas).
A juicio de este Tribunal, más allá de la delgada línea que es posible trazar ante los diversos
supuestos de infracapitalización societaria que puedan presentarse y sin que sea menester un

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emplazamiento preciso en algunas de las hipótesis precedentemente señaladas, es evidente que
en el caso medió una infracapitalización agravada susceptible de quedar aprehendida como causal
de declaración de inoponibilidad de la persona jurídica —aun cuando la cuestión pudiese ser
analizada desde su perspectiva más restrictiva—. Nótese que ni siquiera cabe ingresar en el
delicado estudio de la suficiencia del capital suscripto en relación con el objeto social pues solo se
ha probado la integración de un 25 % del capital. Aquella omisión subsistente a lo largo de todo el
desarrollo de la empresa constituyó una evidente afectación de derechos de terceros, que quedó
perfeccionada con la impotencia patrimonial para asumir las deudas contraídas y la devenida
declaración de la quiebra de la sociedad.
La frustración de los derechos de los terceros —en este caso: acreedores sociales— encuentra su
fundamento en la violación de una premisa tan sencilla como elemental: el patrimonio es la
prenda común de los acreedores. Y aquí, como se vio, jamás fue constituido ese capital social
diferenciado que actuaría como garantía por las obligaciones asumidas por el ente. Ello pone en
evidencia, además, una deficiencia en el cumplimiento de los requisitos esenciales que fluyen del
artículo 1 de la ley de sociedades, con la consecuente externalización de los riesgos empresarios.
La insuficiente capitalización de la sociedad puede constituir un medio para hacerla actuar como
recurso para violar la buena fe negocial, así como para frustrar derechos de terceros, lo que hace
aplicable el instituto de la inoponibilidad de la personalidad jurídica conforme al art. 54, tercer
párrafo de la LS. Justifica así que la actuación de la sociedad o las consecuencias de la misma, en
este caso el pasivo insoluto de la sociedad caída en insolvencia, y la misma situación jurídica
falencial, se imputen a los socios o controlantes que la hicieron posible. Es importante insistir en
que la elección de esta vía puede resultar más apropiada que la extensión de la quiebra fundada
en la LCQ 161, cuyos presupuestos pueden no estar configurados por el solo hecho de una
deliberada subcapitalización de la sociedad (Manóvil, op. cit. pág. 1087).
Resulta adecuado traer aquí algunas consideraciones recogidas de una jurista española —en
consonancia con la cita de Paz Ares que luce en el dictamen de la fiscalía general—: se considera
que la limitación de la responsabilidad de los socios se fundamenta en una dotación adecuada de
capital social. Si esa dotación no se produce, los socios estarían abusando de la institución del
capital social, razón por la cual quedaría sin fundamento la limitación de responsabilidad. Como
consecuencia de esto, los socios deberían responder ilimitada y solidariamente frente a los
acreedores. Para llegar a esa responsabilidad, se recurre a la doctrina del levantamiento del velo.
Su aplicación tiene carácter restrictivo, cuando se observa que la infracapitalización es
manifiestamente, y sin asomo de duda, desproporcionada al nivel de riesgo de la empresa
programada para la explotación del objeto social (Caputo, op. cit., refiriéndose a Boldó Roda).
Bien puede agregarse a todo ello lo explicitado por el Ministerio Público en orden a que se
configuró un desplazamiento del riesgo empresario hacia los acreedores, en tanto ellos están
soportando las consecuencias de la insolvencia de la sociedad. Es decir, la sociedad fue utilizada
como un recurso para vulnerar los derechos de terceros al actuar en el mercado sin un capital
acorde a su actividad (v. anteúltimo y último párrafo, fs. 220).
Es interesante también destacar lo postulado a continuación en el dictamen referido, con relación
a que no todos los acreedores de la sociedad se encuentran en iguales condiciones para averiguar
cuál es la solvencia de su deudor, piénsese por ejemplo en los acreedores laborales que pueden

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carecer de información al respecto al decidir si trabajan o no para determinado empleador (v.
último párrafo, fs. 220).
Por lo demás, la solución aquí propuesta, en definitiva, acompaña la tendencia mayoritaria de la
doctrina nacional y extranjera que se inclina a que los remedios para combatir la
infracapitalización sustancial se busquen mediante la utilización de la doctrina de la inoponibilidad
de la persona jurídica, descorrimiento del velo societario o disregard of the legal entity (Daniel
Roque Vítolo, Responsabilidad de los directores al ingresar la sociedad en la zona de insolvencia,
La Ley, 22/12/2004).
Finalmente, esta Sala estima necesaria aclarar, por tratarse de un instituto calificado como de
orden excepcional (verbigracia, conforme el Dictamen de la Procuración General en la conocida
causa “Palomeque”), que la decisión ha sido asumida como fruto de una profunda y prudente
reflexión sobre el tema y con especial consideración de las circunstancias particulares del caso.
7. Consecuentemente, por los fundamentos expresados de modo precedente, se resuelve: (i)
admitir el recurso bajo examen; (ii) revocar la decisión de fs. 193/195; y (iii) en los términos del
artículo 54,3 LSC, declarar la inoponibilidad frente al incidentista de la persona jurídica de Víctor
Carballude SRL y, por ende, extender a Roberto Víctor Carballude y Norma Beatriz Quiroga la
condena al pago del crédito del acreedor admitido en la quiebra. Con costas de ambas instancias a
los perdidosos (Cpr. 279 y 68).
Notifíquese a las partes y a la Sra. fiscal general ante esta Cámara en su público despacho.
Cumplido, requiérese a la Mesa General de Entradas devolver los autos a esta Sala para hacer
saber la presente decisión a la Dirección de Comunicación Pública de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación (cfr. Ley n.º 26.856, art. 4 Ac. n.º 15/13 y Ac. n.º 24/13). Verificada la publicación
pertinente, remítanse a la instancia de grado.
La doctora Alejandra N. Tevez no interviene en la presente decisión por encontrarse excusada en
fs. 29 (art. 109 del Reglamento para la Justicia Nacional).
Rafael F. Barreiro, Juan Manuel Ojea Quintana. Ante mí:
Silvina D.M. Vanoli. Es copia del original que corre a fs. 222/229 de los autos de la materia.
Silvina D.M. Vanoli
Prosecretaria de Cámara

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