No Solo Los Hijos Se Obsesionan Con Sus Madres
No Solo Los Hijos Se Obsesionan Con Sus Madres
Cuando solo tenía 19 años fui violada por un medio primo mío. Me dejó
embarazada y la cosa se arregló como se arreglaban entonces, y más entre
familias de terratenientes, nada de denuncias, nada de escándalos, las familias se
pusieron de acuerdo y bajo la presión de mi padre nos casamos.
Es verdad que sus necesidades o su capacidad no era mucha pero eso no impedía
que yo pasara el día aterrorizada de que el canalla de mi marido llegara con ganas
de mi.
Nunca en toda mi vida he disfrutado del sexo, le tengo pánico a los hombres y
puedo decir sin exagerar que el sexo me repugna. Valga como ejemplo que
aunque al principio de mi matrimonio intenté satisfacerme a mi misma nunca
conseguí darme placer por lo que no me he hecho una paja placentera en mi vida.
Hace más de veinte años que dejé de intentarlo.
Mi único refugio ante tanta maldad ha sido estos años mi hijo, Augusto, al que me
he dedicado en cuerpo y alma.
Cuando Augusto cumplió doce años nos trasladamos a Madrid para que el niño
pudiera estudiar en un buen colegio. Nunca nos ha faltado el dinero, la familia de
mi marido tiene muchas tierras y la mía, más y soy hija única.
El insulto más repetido contra el era maricón, el niño resultó ser una persona
sensible a la que le gustaba más el ajedrez que el futbol y la ecología que la caza,
a la que mi marido era muy aficionado.
Así las cosas pasaron 8 años. Un día mi marido Pedro y yo tuvimos que ir al pueblo
a firmar unos papeles. El plan era volver el miércoles por la noche, pero yo
adelanté mi vuelta, y llegué a Madrid a primera hora de la tarde, en realidad hacía
cuanto podía para no estar con él.
Cuando llegué a mi casa entré con toda normalidad y nada más entrar oí unos
ruidos que me extrañaron, recorrí el pasillo en silencio hasta llegar a la habitación
de mi hijo y lo que vi cambió mi vida para siempre.
Mi hijo, al que su padre daba por maricón estaba follando con una mujer que al
principio no reconocí, pero que era la encargada de un bar muy cercano a nuestra
casa. Una mujer entrada en años, mayor que yo pensé, y que en ese momento ,
tendida en la cama, recibía los envites de Pedro y a tenor de lo que decía
disfrutaba de ello.
Desde mi posición podía ver la escena con todo detalle. Lo primero que me llamó
la atención fue el tamaño de la polla de mi hijo, verdad es que era la segunda que
veía en mi vida, y lo siguiente que cada vez que la hundía en su pareja ella lanzaba
gemidos y gritos de placer. Tengo esa certeza por las cosas porque María cada vez
que notaba las embestidas de mi hijo gritaba y le decía:
Que gusto, que gusto me estás dando, que rico mi vida, que bien me follas, ay
sigue , sigue por dios que me estás matando de placer. Me vas a hacer correrme.
Viendo la escena sentí una ola de calor recorrer mi cuerpo y mi mano como si
tuviera vida propia se dirigió a mi entrepierna en donde yo sentía tener una volcán.
Metí mi mano por debajo de mis bragas y primero lentamente pero a continuación
con velocidad, empecé a acariciar mi coño.
Recibí una primera oleada de placer que hizo que las piernas se me aflojaran,
seguí, seguí acariciándome viendo como mi hijo follaba como un animal. Una
segunda oleada y después una explosión de placer me llevaron al primer orgasmo
de mi vida.
Con toda intención elegí un punto de observación, en una pequeña tienda frente
al bar de María para saber cuando acababan y porque no decirlo para fijarme en
ella.
Un buen rato después María salió de mi portal. Era lo que se puede llamar una
señora resultona, hermosa, pero que le sacaba a mi niño más de veinte años.
Sentí celos de que aquella loba se acostara con mi hijo, unos celos que me hicieron
odiarla con todas mis fuerzas.
Supuse que mi hijo aprovechaba mis ausencias para llevar a sus parejas a casa de
forma rutinaria y me dediqué a espiarle. Me facilitaba la tarea que mi marido no
viniera a casa nunca antes de las diez de la noche.
Le tendí trampas:
Augusto, esta tarde voy de compras con mi prima, no volveré hasta bien tarde.
No serían las cuatro cuando vi llegar a mi casa a mi hijo llevando las bolsas de la
vecina del cuarto. En otras condiciones habría sido una imagen normal pero por las
risitas que se dedicaban supe que era otra conquista de mi hijo.
Esperé un buen rato con el corazón saliéndoseme del pecho hasta que decidí ir a
la casa. Ya desde la puerta los oí. Recorrí con cautela el pasillo y los pude ver, los
dos de espaldas a la puerta que estaba entornada, mi vecina espatarrada y a
cuatro patas y mi hijo embistiéndola por detrás.
Dame mas duro, hijo puta, méteme todo ese pollón que me vuelve loca, vicioso
que eres un vicioso, cómo te gusta follarme, ay que rico, te voy a hacer un regalo,
si quieres te dejo que me la metas por el culo que hace mucho que no te follas mi
culo y yo se lo que te gusta.
Me hice una paja que me produjo una oleada de placer devastadora, es más, sentí
que al correrme se me escapaban unas gotitas de pis y en esta ocasión tuve que
esperar un rato, sabiendo que les quedaba mucha tarea por hacer, antes de tener
fuerzas para abandonar mi posición.
Cuando todo esto estaba cambiando en mi vida noté también pequeños cambios
en el comportamiento de mi hijo, besos que ahora eran en la comisura de mis
labios, abrazos en los que sus brazos se apoyaban en el costado de mis tetas,
azotes cariñosos en mis nalgas y mucho halago verbal:
Que bonita eres, la mujer más preciosa del mundo, que bonitas piernas.
Cada cosa que me decía , algunas parecidas a las que le había oído decir a sus
parejas de cama producía en mi una conmoción, la duda que me empezó a asaltar
fue: ¿me lo dice para alagarme o me lo dice porque me desea? ¿ le excito como el
me excita a mi?
Quería sentir con el lo que había visto que sentían sus parejas, quería ocupar su
lugar, deseaba tenerlo entre mis muslos, sabía que era el único hombre en el
mundo al que quería entregarme.
Tan era así que más de una noche soñé con Augusto repitiendo escenas que yo
había visto, pero cambiando de protagonista, era yo la que estaba en la postura
del misionero recibiendo los empujones de mi hijo y chillando pidiéndole más, o
era yo la que, a cuatro patas, le pedía que metiera su polla en mi culo.
Mi marido había sufrido un ictus mientras visitaba una conocida casa de putas en
la carretera de Burgos. Yo misma pagué la factura de la ambulancia que le trasladó
al Hospital.
Pasé unos días haciendo noche en el Hospital, hasta que me dijeron que mi
presencia era absolutamente inútil ya que le tenían en una unidad de vigilancia
intensiva.
Para decir la verdad cada una de las noches que pasé en el Hospital le dediqué mi
recuerdo a Augusto y sentada en la cama de mi esposo me masturbé y no hice el
menor esfuerzo porque el no lo notara. Me dio morbo tocarme junto al canalla que
había arruinado mi vida. Y en esa misma habitación tomé la decisión firme de
hacer todo lo que fuera necesario para que mi hijo me llevara a su cama. Ese pasó
a ser mi pensamiento único, que mi hijo me hiciera suya y yo gozara de ello.
A la hora del desayuno le recibía con un camisón corto, uno que nunca me ponía
para mi marido, sin nada debajo y con mis muslos al aire. Al servirle el café
aprovechaba para inclinarme sabiendo que al hacerlo me iba a ver la tetas a
placer.
En alguna ocasión salí del baño cubierta con una toalla que por arriba apenas me
tapaba las tetas y por debajo casi dejaba mi coño al aire y me preocupé de pasar
por donde mi hijo pudiera verme.
Cuando nos sentábamos por la noche a ver un rato la televisión yo me ponía una
bata corta que dejaba mis piernas y hasta mis muslos al aire y sentada frente a el
aprovechaba para de vez en cuando cruzarlas para que me viera las bragas.
En una ocasión fui más osada, me fui a duchar, volví con mi bata puesta pero no
me puse las bragas, esa noche crucé las piernas más de lo habitual y vi con toda
claridad como Augusto se quedaba embobado viendo lo que yo fugazmente le
enseñaba.
Fui tan buena actriz como para que Augusto no sospechara que lo hacía a
propósito, y mientras llevaba a cabo mi tarea sentí que la humedad inundaba mi
sexo y empapaba mi entrepierna.
Con las ganas irrefrenables de tocarme que la escena sin bragas me había
producido, me levanté y me incliné sobre mi hijo para darle la buenas noches. En
ese último movimiento puse mis tetas a su vista y pude yo ver como Augusto
llevaba su mano a su sexo, no supe si para taparse o porque ya no resistía más sin
tocar su verga.
Que duermas bien, mi amor ( lo mismo que le decía a sus amantes). Eres la mujer
más preciosa del mundo.
Al día siguiente Augusto llegó muy tarde a la casa. Era un día de tormenta y llegó
empapado. Cenamos mientras los truenos y los relámpagos alumbraban la
habitación. Las tormentas me dan miedo, le pasa a casi todas las personas que
han vivido en el campo. Cada vez que un trueno estallaba yo no podía evitar mi
sobresalto. Con el miedo en el cuerpo tuve una inspiración:
Augusto, sabes el miedo que me dan las tormentas, con estos truenos no voy a
poder dormir, te importaría dormir esta noche conmigo.
Tan pronto me dijo que si sentí tal calentura como para antes de irme a la cama,
pasar por el baño a aliviar el volcán que ardía entre mis piernas.
La historia de Augusto
Me llamo Augusto y tengo 26 años, se puede decir que aunque soy joven he vivido
dos vidas completamente distintas, la primera fue una tortura constante,
dominado por un padre déspota que no solo se ensañaba conmigo, sino que
también torturaba a la persona que más quiero en el mundo, mi madre.
Cuando cumplí 18 años mi padre me dijo que me tenía preparado un regalo que
iba a recordar toda la vida, pensé que me iba a regalar un coche y en eso estuve
pensando todo el día.
Nada más atravesar la puerta me encontré con no menos de veinte mujeres todas
en ropa interior, la que no iba en bragas y sujetador iba con las tetas al aire.
Saludaron a mi padre como solo se saluda a un cliente habitual y mi padre con
tono triunfal dijo:
Os he traído a mi hijo para que hagáis de él un hombre, quiero que a la que él elija
le trate como me tratáis a mi. Venga hijo elije a la que quieras.
Me quedé tan cortado que no sabía que contestar y mi padre en tono de experto
encontró la explicación
Claro, estáis todas tan buenas que no sabe por cual decidirse. Yo te recomiendo a
Sarita, es brasileña y muy cariñosa.
Que te pasa, ¿eres maricón? Has cumplido 18 años y estoy haciendo lo que mi
padre hizo conmigo, llevarte a putas para que aprendas. Para que sepas lo que
hace un hombre con una mujer. Yo lo sospechaba , ahora lo se, tengo un hijo
maricón.
Ese es mi padre, el ser más despreciable de la tierra, el más bárbaro, el más cruel,
el más egoísta. El que dedicaba su vida a hacer sufrir a mi madre.
Se que ella lleva sufriendo con el desde el día en el que se casaron. Conozco la
historia y creo que mi abuelo hizo una barbaridad imponiendo la boda.
Mi iniciación a la vida sexual no fue como mi padre había previsto, fue bien
distinta, empecé a fijarme en la profesora de francés de mi colegio, una mujer ya
entrada en años, ella tenía más de 40 cuando yo tenía 18, y las cosas rodaron de
tal manera que un día me pidió que fuera a su casa para la revisión de mi nota.
Nos quedamos en pelota los dos y mientras yo me comías sus tetas ella me cogió
la polla y empezó a meneármela.
Huy mi niño, que gorda se te ha puesto, dime la verdad es la primera vez que
estás con una mujer.
Lo primero que hice fue lanzarme sobre las tetas de Vero, yo que había tomado el
pecho de mi madre hasta bien tarde recordé al comerme los pezones de la
profesora, los deliciosos momentos en los que estaba enganchado a los pechos de
mi madre. Sentí literalmente que volvía a mamar de ellos.
Las siguientes semanas Verónica me enseñó a estar con una mujer, a acariciar, a
besar, a comerle el coño, y sobre todo a follar. Y para mi sorpresa me descubrió
que el penetrar el culo de una mujer es una experiencia maravillosa para ambos.
La historia duró lo que duró el curso. Al llegar el verano Verónica me dijo que se
volvía a Paris, ella había venido a perfeccionar su español y esa etapa ya estaba
cubierta.
Había pasado casi tres meses disfrutando de Verónica y desde el primer día que
estuve con ella supe que lo que a mi me gustaba eran las señoras maduras.
Después vinieron algunas más, le gusto mucho a las mujeres de ese rango de
edad y pocas se me escapan.
Cada vez que una madura se venía a mi cama yo no podía quitarme de la cabeza
a mi madre. Lo cierto es que tenía una extraña obsesión por ella y por encima de
todo, odiaba a mi padre por ser el hombre que cada noche disfrutaba de su
compañía en la cama, más aún sabiendo que mi madre le odiaba tanto como yo.
Le hubiera matado si hubiera podido.
Cuando le dio el ictus pensé con alegría que íbamos a estar mucho tiempo sin
sufrir con su presencia. A mi, aunque deseaba de una manera enfermiza a mi
madre, no se me pasaba por la cabeza que mis fantasías pudieran llegar a hacerse
realidad, pero solo con su compañía y la ausencia de mi padre ya me sentía feliz.
Mi madre estuvo unos días acompañando a su marido en el Hospital, pero esa
etapa terminó y mi madre volvió a dormir a casa.
Verla moverse por la casa muchas veces con poca ropa me excitaba hasta el
paroxismo. Mi madre parecía que había sufrido un cambio, paseaba medio en
pelota por la casa, salía de la ducha envuelta en una toalla que dejaba sus carnes
al aire. Esa poca ropa hacía que cuando me servía el café del desayuno y se
inclinaba, yo le viera las tetas. Esa suma de pequeños detalles me tenía cardiaco.
Pero lo que ya me sacó de mis casillas fue cuando mi madre otra noche, se duchó
antes de ir a ver la tele, en esta ocasión volvió a cruzar y a descruzar las piernas, y
no solo eso, estuvo un momento con las piernas abiertas y yo, al fondo de sus
muslos pude ver con toda claridad su sexo, una mata de pelo dividida en el centro
por una grieta de color rosado que parecía húmeda por como brillaba.
Así las cosas una noche llegué a casa tarde. Una tormenta eléctrica de las que
solo he visto en Madrid descargaba sobre la ciudad y los truenos retumbaban
sobre nosotros. Mi madre le tiene pánico a las tormentas y esa fue la razón para
que me pidiera que esa noche durmiera en su cama para no pasar miedo.
Para mi madre pudo ser una petición normal pedir a su hijo que le acompañara
para no pasar miedo, para mi fue como que me tocara la Lotería. Iba a dormir con
mi madre, iba a ocupar el lugar de mi padre.
Cuando por fin abrió la puerta tuve una visión celestial, antes de que apagara la
luz del baño pude ver a mi madre, la luz detrás de ella hacía que su silueta se
trasparentaba, y cuando se giró para apagar le vi las tetas al trasluz.
Augusto te quiero mucho, me haces muy feliz y te agradezco que estés aquí
conmigo para que no pase miedo.
Antes de dormirnos charlamos un rato:
Si por mi fuera me gustaría que se muriera, es una bestia que nos ha hecho a los
dos muy desgraciados. A ti más que a mi.
Y mi madre con toda la naturalidad del mundo me abrazó y no solo eso, pasó su
muslo por encima mía. Mi polla quedó presa debajo de su pierna y estuve tentado
de empezar a acariciarla pero no me atreví. Me hice el dormido.
Fue una suerte porque si no hubiera sido inevitable que ella sintiera que yo
también me corría y encharcaba mis pantalones.
Tan pronto como Augusto me dijo si a mi propuesta sentí que las fuerzas me
abandonaban. Iba a tener a mi hijo en mi cama. A la alegría y el deseo le sucedió
una sensación extraña: el miedo de asustarle con mis actos, si por mi fuera, una
vez en la cama me lo comería a besos, le ofrecería mis tetas como preludio a
abrirme de piernas para que me hiciera lo que ya le había visto hacer.
Mientras el iba a ponerse su pijama elegí el más pequeño de todos mis camisones,
el que nunca me había puesto con mi marido, una prenda de tela liviana con
tirantes finos, gran escote y que dejaba mis muslos al descubierto.
Esperé a oír que el se metía en la cama para hacer mi entrada triunfal, la reacción
de mi hijo fue decirme:
A lo que no puede resistirme fue a pasar mi pierna por encima de él, apoyarla
contra su sexo. En mi muslo sentí la verga de mi hijo, gorda y dura como una
piedra. Sentí que mi coño se aguaba, sentí mi flujo choreando por mis muslos,
sentí un placer inmenso y una calentura que no podía soportar.
Con mucho cuidado metí mi mano entre su cuerpo y el mío teniendo cuidado de
no tocarle y me saqué la fiebre masturbándome. Me hice la paja más deliciosa de
mi vida sintiendo el calor del cuerpo de Augusto junto al mío.
He dormido tan rico que esta noche aunque no haya tormenta voy a volver a
dormir en tu cama.
Ten cuidado cuando eches tu mano no vayas a encontrarte con una sorpresa.
Eres un travieso. Si hoy no tienes nada que hacer te propongo un plan, voy a ir a
renovar un poco mi vestuario, si quieres me acompañas y hasta me aconsejas.
Me parece muy bien, usas una ropa que te favorece muy poco, te hace parecer
mayor, vamos que te hace vieja.
¿Tu me ves vieja? ¿Estos muslos son de vieja? ¿Este cuerpo es de vieja?
Tu crees.
El lenguaje con doble sentido era constante entre nosotros, disfrutábamos con el
equivoco.
¿Me quieres decir que soy la mujer más guapa con la que te has acostado?
Eres mil veces más guapa y mil veces más atractiva y mil veces mas deseable que
ninguna mujer con la que yo me haya metido en la cama.
Pues había pensado en unos vestidos de verano más alegres que los que uso, que
no me hagan parecer vieja y quizás un camisón ligerito que ya está haciendo
mucho calor.
Que pasa que piensas que también llevo ropa interior de vieja.
Como lo sabes si nunca me la has visto. Esta bien, compraré ropa interior nueva.
Llegamos al Corte Inglés y Augusto sugirió que empezáramos por los vestidos.
A mi que había vestido casi siempre de negro todo lo que veía me parecía
precioso, fue mi hijo quien eligió tres o cuatro prendas y me pidió que fuera a
probármelas.
Todas eran de mi talla, la que más me gustó fue un vestido de tela ligera y un
estampado de florecitas, escotado y con la falda más corta que yo había usado en
mi vida. Como el sujetador que llevaba me pareció horrible me lo quité y me miré
al espejo, felizmente no se me transparentaban los pezones aunque si se
marcaban en la tela.
Nada más entrar me cogió por la caderas igual que hacen en las películas antes
de dar un beso a la protagonista, sentí que se me aflojaban las piernas, pero mi
hijo se limitó a hacerme girar mientras me decía:
Perfecto, estás guapísima, y pareces veinte años más joven. Y los otros, qué tal.
La siguiente parada fue en la sección de ropa interior. En esa sección tuve que
necesitar ayuda profesional, comprar un sujetador es más difícil de lo que parece,
una vez que la dependienta me dijo que yo era una 95 D, Augusto fue el encargado
de elegir.
Me propuso tres conjuntos y me pidió que cuando tuviera puesto el de color negro
que le llamara.
Viendo lo que Augusto sugería tuve la casi certeza de que el estaba tan caliente
como yo, me puse las braguitas y el sujetador y llamé a mi hijo, antes me puse mis
tacones para estar más atractiva.
Perfecto. Te hace un pecho muy bonito, es tu talla. Pruébate estas braguitas que
no siempre vas a ir con las bragas y el sujetador a juego.
Y me entregó una docena de bragas que todas juntas me cabían en una mano.
Me volví a poner el vestido que acababa de comprar sintiendo que todo lo que
estaba pasando me tenía cachonda perdida, tanto que me dio miedo mojar las
prendas que me iba a probar. En mi cabeza seguía la idea de que si la situación me
había excitado a mi, yo me iba a encargar de excitar a mi hijo. Si hubiera sido por
mi le hubiera pedido que me follara en el probador.
Ni en sueños podía yo pensar que existieran bragas con tan poca tela, las que
Augusto me propuso eran pequeñas por delante pero la mayoría de ellas eran
inexistentes por detrás. Tan solo una fina tira de tela que cuando las tenía puestas
se quedaba enterrada entre los carillos de mi culo.
Con unas puestas que tenían una mariposa por delante llamé a mi hijo.
Y delante de él me levanté las faldas , para ser más exacta me subí el vestido
hasta casi las tetas. Yo sabía de antemano que eso le iba a encender.
La única reacción que pude observar en Augusto fue el bulto que se le marcaba en
el pantalón, yo sabía que lo que estaba haciendo era una provocación pero me
encantaba hacerla.
El modelo que llevaba no era de los más escasos por detrás, aún así dejaba casi al
aire mis nalgas.
Y delante de el metí la mano por debajo del vestido, me saqué las bragas que
llevaba puestas, cogí otras y me las puse siguiendo el mismo juego.
Una vez las tuve puestas me volví a levantar el vestido, eran más pequeñas que
las anteriores, tanto es así que al fijarse Augusto me dijo
Me encantan pero tienes que hacer una cosa, nadie lleva ya esa pelambrera,
tienes que ir a que te hagan las ingles. Date la vuelta.
Mientras hablaba me dio un azote en una nalga pero su mano después de chocar
con mis carnes no se retiró, se quedó un momento amasando mi culo.
Está tan cachondo como yo, no ha podido resistir las ganas de tocarme.
En unos colgadores cercanos estaban los camisones, en esta ocasión yo elegí uno
que me pareció atrevidísimo y que la dependienta me dijo que se llamaba
picardías , Augusto me trajo dos que le habían gustado, ninguno de ellos tan
pequeño como el que había elegido yo .
Una vez en el probador examiné el picardías, era como una especie de camiseta
corta que apenas me tapaba las tetas, tanto es así que se me veían por la parte de
abajo, y unas braguitas mínimas. El tejido era de color rosa casi blanco y tan sutil
como para ser absolutamente transparente.
Me lo puse y me miré al espejo. Para ser justa he de decir que estaba estupenda,
mis tetas con los pezones parados apuntando al techo, mi vientre al aire, plano
como una tabla, y por debajo de el unas braguitas que no podían contener mi mata
de pelo. Con mis tacones puestos las piernas y los muslos lucían hermosos.
Que pena no haberlo elegido yo, es lo más bonito que he visto en mi vida, estás
guapísima.
Eres la mujer más guapa del mundo, te quiero mi amor, te quiero más que a nada
en el mundo y me voy a encargar de que seas feliz, la mujer más feliz del mundo.
Yo también quiero hacerte a ti feliz, mi niño, hemos sufrido mucho juntos y ahora
quiero que gocemos , puedes pedirme lo que quieras que yo te lo voy a dar, es
más estoy deseando que me lo pidas.
Se que el hijo puta de tu marido te ha hecho sufrir toda tu vida, eso se ha
acabado, tanto si se recupera como si no. Yo no se lo voy a permitir.
Hijo, me gusta mucho lo que me dices. Quiero que tu cuides de mi eres el único
hombre en el mundo que puede hacerlo, el único al que no le tengo miedo.
Fuimos a la caja y cuando ya iba a pagar las últimas compras Augusto llegó con
otra prenda en la mano.
Cuando yo creía que no iba a pasar nada más mi hijo me propuso ir a visitar a su
padre al Hospital.
No me das ninguna pena, hijo de puta, tienes lo que te mereces, y aquí estamos
tus dos victimas para decirte que nunca más nos vas a torturar, que nunca más le
vas a poner la mano encima a mi madre, que si nos vuelves a maltratar te reviento
la cabeza y que sepas, óyeme bien, que sepas que el que duerme en la cama de
esta mujer soy yo y tu nunca volverás a hacerlo.
Mira estas tetas, míralas, eran tuyas pero ya no lo son ni lo serán nunca más.
Ahora son mías, ella entera es mía, porque yo soy quien la quiere y quien la
respeta.
Y mientras le hablaba a su padre su mano primero acarició mis tetas por encima
del vestido pero no contento con eso y aprovechando que el vestido lo permitía me
sacó las tetas al aire.
Mi padre con los ojos saltones de odio hizo un pequeño ademán de incorporar la
cabeza pero no lo consiguió.
Quédate ahí mal nacido, a ver si esta noche te mueres o te pudres, ya no eres
nadie ni nada. Ni lo vas a volver a ser nunca.
Y mientras hablaba sus manos no dejaban de amasar mis senos.
Me corrí oyendo lo que mi hijo decía y sintiendo sus manos en mis tetas y su polla
apretada contra mi culo.
Tenía dos caminos ante mi: o decirle que lo que había hecho me había encantado,
que me había corrido con sus caricias, o echarle en cara que me hubiera sacado
las tetas y me las hubiera acariciado. No dije nada.
Cuando llegamos a casa mi hijo que cargaba con todas las bolsas las dejó a un
lado y me dijo:
Siéntate mamá que has andado mucho y tienes que tener los pies cansados, deja
que te de un masaje.
Augusto se sentó en el otro extremo y puso mis pies sobre sus piernas.
Era la primera vez que me daban un masaje en los pies. Sería por eso o porque
quien me lo estaba dando era mi hijo, lo cierto es que me pareció delicioso. Me
abandoné a sus caricias y sentí como mi cuerpo flotaba por los aires, estaba en
una nube de felicidad.
Augusto siguió con su trabajo y en un momento dado levantó uno de mis pies y se
metió mi dedo gordo en la boca, me lo estuvo chupando un rato y ese simple gesto
provocó mi calentura otra vez.
Pensé en que si me seguía chupando me iba a correr otra vez, pero Augusto dejó
esa tarea y le dedicó toda su atención a mi otro pie. Yo cachonda perdida quise
recompensar su delicadeza y con lentitud, poco a poco fue abriendo mis piernas
para que mi hijo pudiera disfrutar viéndome abierta de piernas para el.
Tardó en volver menos de lo que yo suponía que tardaba en hacerse una paja, y a
la vuelta me acarició suavemente las piernas, pensé que iba a subir por mis
muslos pero no lo hizo, dio por terminado el masaje.
No pasó nada digno de mención hasta que nos fuimos a la cama salvo que
Augusto me pidió que me pusiera el picardías que había comprado. Me encantó
que me lo pidiera.
O sea que yo voy a dormir con ese camisón y tu vas a seguir con ese pijama que
parece un traje.
Me metí en la cama.
Perdona.
No hay nada que perdonar, el día ha sido muy especial y el que te excites es algo
normal a tu edad.
Yo ya no soy joven.
¿Cuándo?
Enseñándote la ropa y sobre todo en el Hospital. Has sido un abusón pero me has
excitado mucho.
¿Tu me quieres?
La mano de Augusto no tuvo que hacer el menor esfuerzo para alcanzar mis tetas
y sus dedos empezaron a jugar con mis pezones. Decidí entonces no tomar yo la
iniciativa preferí sentir como Augusto iba avanzando mientras yo me limitaba a
dejarme hacer.
Los besos y las caricias me parecieron deliciosos pero estaba deseando que me
acariciara el coño, lo sentía gordo y caliente y necesitaba dárselo.
Sin dejar de besarme empezó a acariciar mis coño , al principio abarcándolo todo
con su mano para después abrir mis labios y con sus dedos empezar a tocar mi
clítoris y la entrada de mi tesoro.
Tócame mi amor, tócame que me estás dando mucho gusto, dale placer a tu
mamá, sigue por dios sigue, que rico me vida, que rico lo que me haces y que
cachonda me has tenido todo el día.
Pues yo acariciándote los pies he tenido que parar porque me iba a correr.
No ha hecho casi falta, según he llegado al baño me he corrido como una bestia.
Tan pronto me recuperé del orgasmo, sin necesidad de pronunciar una palabra
cogí la polla de Augusto. Me encontré con una barra de carne dura y palpitante.
Mientras sujetaba el tallo con una mano, con la otra empecé a acariciar la cabeza,
el prepucio. Me lo encontré mojado y eso me llevó a hacer algo que no había hecho
nunca, llevé mi mano a mi boca para saborear el fluido de mi hijo. Lo encontré
delicioso.
Volví a mi tarea, empecé a menear la polla con la que tanto había soñado. Al
principio con más lentitud para poco a poco ir aumentando la cadencia guiándome
por los gemidos del hombre que estaba conmigo.
Mientras tanto Augusto volvió a engancharse a mis tetas, ahora en vez de con su
mano con su boca. Empezó a chupetear mis pezones, luego a absorberlos, a darles
suaves mordiscos, mientras sus manos seguían acariciando mis tetas.
Al saber que Augusto se iba a venir retiré la ropa porque quería verlo quería ver la
leche brotando de su verga.
Y Augusto se vino, primero fue un chorreón para a continuación lanzar otro y otro
y otro. Vi su leche volar por los aires y me eché en cara no haberla recogido en mi
cuerpo, en mis tetas o en mi boca. Algo que no se me había ocurrido en toda mi
vida.
¿Te ha gustado?
Ya lo soy, mi amor, me tienes presa, yo también soñaba con esto y con muchas
cosas más, soy tu madre pero tambien soy ya tu mujer.Y lo quiero seguir siendo
toda mi vida.
Desde aquel día hasta hoy han pasado casi seis años y muchas cosas. Al final mi
marido salió del Hospital y vive en casa con nosotros. Lleva seis años de
sufrimiento y le queda mucho tormento por recibir, hasta compensar los años en lo
que nos hizo desgraciados a mi hombre y a mi.
Esa noche no recuerdo que pasara digno de mención, sí se que dormí abrazada a
mi hijo y feliz por lo que había pasado. Sólo un pensamiento me preocupó antes de
dormirme y era que al día siguiente nos diera vergüenza por lo sucedido y no nos
atreviéramos a seguir adelante. Y yo quería continuar, para mi lo que había
sucedido era solo un pequeño adelanto de lo deseaba que pasara.Estaba loca por
sentir la polla de mi hijo dentro de mi, quería que me follara como le había visto
hacer con sus amantes.
Me desperté cuando la luz ya entraba por la ventana y lo primero que hice fue
levantar las cobijas para contemplar a mi hijo desnudo.
Augusto era un muchacho flaco , fibroso, nada que ver con un musculitos de
gimnasio pero con un cuerpo que a mi me pareció el más bonito del mundo en el
que sin duda había influido su afición a nadar casi a diario.
Con detalle y desde cerca pude ver sus atributos, una polla no muy larga aunque
bastante más larga que la de mi marido, y desde luego mucho más gorda, y unos
testículos que me parecieron dos kiwis maduros, llenos.
Una cosa había cambiado, sospechar siquiera que mi marido tenía intención de
follarme me secaba, notaba mi coño cerrado y seco y ahora lo sentía húmedo,
jugoso, deseando ser penetrado.
A pesar de que mi hijo estaba dormido mis caricias surtieron efecto y la verga que
unos minutos antes me había parecido de buen tamaño empezó a crecer hasta que
se le marcaron la venas y su capullo se volvió de color casi morado.
Augusto, quiero que me folles, quiero que me la metas, tengo un poco de miedo
pero quiero que me la metas. Fóllame mi amor. Fóllate a tu madre.
Estoy loco por metértela, quiero follarte y hacerte feliz, no tengas miedo, mi amor,
que voy a ir muy despacito y si te sientes incomoda no tienes más que decirlo y yo
pararé. Déjame que antes te prepare un poco.
Me separó los muslos y se metió entre ellos, yo pensé que ya me iba a dar la
estocada pero no lo hizo, puso su cara entre mis piernas y lanzó su lengua contra
mi chocho. Nunca había yo sentido ese estímulo tan delicioso.
Con lentitud su lengua recorrió mi coño de arriba abajo con lengüetadas anchas y
profundas para de ahí bajar hasta mi culo al que también le dedicó lengua.
Oleadas de placer recorrieron mi cuerpo y supe que me iba a correr, sentí que el
orgasmo me llegaba , lento pero inevitable, mis pezones estaban erectos y la
cabeza se me iba a cada lengüetazo. Ya no necesitaba que me la metiera, todo lo
que quería es que siguiera dándome lengua para correrme. Se lo dije:
Mi amor me voy a correr, ya no puedo esperar más, me estoy viniendo muy rico,
mi vida, me vas a matar de placer. Ya me vengo mi vida, me estoy corriendo, me
corro , me corro toda.
En contra de mis miedos no sentí el menor dolor, sería una blasfemia llamar dolor
a lo que sentí, la polla de mi hijo tomo posesión de mi chocho, me lo llenó por
completo y yo me sentí la mujer mas feliz del mundo. Solo alcancé a decir:
Augusto todavía me estoy corriendo con lo que me has hecho y ya me tienes llena
con tu polla. Eres una abusador.
Si me la sacas te mato, lo que quiero es que me folles, que me folles como te has
follado a otras mujeres que yo te he visto, que me folles como una bestia.
Y te has tocado.
Augusto me cogió cada nalga con una mano, levantó ligeramente mi culo y
empezó, ahora si a entrar y salir de mi cada vez con más fuerza y con más
profundidad. Yo sentía las paredes de mi coño llenas y la punta de su polla
chocando con el fondo de mi cueva.
Cada pollazo me producía una descarga de placer cada vez mayor, tanto como
para saber que me iba a correr de nuevo:
Hijo me estás matando de placer, me voy a correr otra vez, no te voy a esperar,
siento que me voy a correr, me están llorando los ojos y se me va la cabeza, pero
por dios no pares, sigue follándote a tu mamá. Fóllame como a una perra que me
quiero correr.
Me estoy corriendo mi amor, me estoy corriendo y soy la mujer más dichosa del
mundo. Me está follando mi hijo y me está matando de gusto. Me corro mi amor,
me corro, me corro.
Sin hacer caso de mis palabras Augusto siguió entrando y saliendo de mi.
Quiero tu leche, mi vida, quiero sentir como me llenas con tu leche, necesito sentir
como te corres dentro de mi, dámela, dámela toda.
Me voy a correr mamá, me voy a correr dentro de ti , te lo voy a dar todo pero
antes te tengo que hacer una petición.
Quiero seguir follando contigo cada vez que uno de los dos tenga ganas, cada vez
que uno de los dos quiera follar.
Te juro Augusto que tantas veces como tengas ganas vas a tener este chocho a tu
disposición, pero dame ya tu leche que no puedo esperar más.
El canalla de mi hijo todavía tuvo tiempo de pensar otra travesura, cuando sintió
que se venía uno de sus dedos sin respetar a nada ni a nadie se dirigió a mi culo y
se metió en él.
Me has vuelto loca mi amor. Nunca había sentido tanto placer. Me he corrido tres
veces, eres un animal que no respeta ni a su madre.
Yo no había sentido hasta ahora lo que he sentido metido dentro de ti, todo lo que
quiero es pasar mi vida disfrutando de ti, he pasado tanto tiempo deseando que
fueras mía que aún no me lo creo.
Pues si, soy tuya, completamente tuya, y también quiero seguir siéndolo.
Te lo juro mi amor, nunca más voy a consentir que me toque y no va a hacer falta
que le mates. No digas barbaridades.
Aquel se puede decir que fue el primer día de los seis años que han venido a
continuación. Seis años de sexo y placer diario.
Fue ese mismo día cuando después de ducharnos Augusto decidió que tenía
demasiado pelo en mis ingles y decidió recortármelo.
Te voy a dejar tu monte de Venus intacto, y te voy a quitar el pelo de tus labios
para que cuando te meta la lengua no tenga nada que me lo dificulte.
Quiero ver si tienes algún pelillo rebelde en tu culo. No tienes casi ninguno pero
conviene quitarlos.
Sentí la espuma de afeitar y los dedos de Augusto extendiéndola.
Cuando me pasó la toalla supe que había terminado y fue entonces cuando mi hijo
llevó a cabo su ataque.
Con la cara de Augusto empotrada entre mis nalgas, su lengua taladrando mi culo
y yo acariciando mi chocho no tarde en alcanzar el orgasmo y en el momento que
me venía tuve la tentación de pedirle que en vez de su lengua me metiera su polla,
que profanara el único hueco que yo tenía tan virgen como cuando vine al mundo,
pero la oleada de placer me impidió decir lo que pensaba.
La sensación que sentí me produjo tanto placer que ni pude ni quise reprimir mis
deseos de berrear, de chillar como si me estuvieran matando y hasta de insultar a
mi hijo.
Su vida de momento no corre peligro a no ser que sufra otro ictus, pero si no hay
una recuperación en los próximos días es seguro que se va a quedar en un estado
precario. Sabemos que ve, sabemos que oye incluso que entiende lo que se le
dice, sabemos que tiene sensibilidad es su cuerpo , si se le pincha con una aguja
reacciona pero ni habla ni casi con seguridad va a volver a hablar. En cuanto a su
movilidad tendrá que estar en una silla de ruedas. Su cerebro está dañado y eso es
irreversible.
Se que me oyes y que entiendes lo que te digo, quiero que sepas que yo pensaba
que lo mejor era que te murieras para que nos dejaras en paz para ser felices, pero
ahora quiero que vivas, que vivas para que sufras todo lo que nos has hecho sufrir.
Mi marido ante estas palabras movía los ojos en todas direcciones como buscando
que alguien entrara en la habitación. Su mirada era de odio, pero también de
miedo. Toda la soberbia que había demostrado durante años había desaparecido.
Mamá hazme un favor , levántate las faldas para que este hijo de puta vea lo que
llevas debajo.
De pie junto a su cama me levanté las faldas y dejé mi chocho desnudo delante de
él.
Pedro dirigió su mirada a mi desnudez y su mirada reflejó el odio que sentía por
nosotros.
Sabe lo que está viendo, se está empalmando. Por cierto tienes una mierda de
polla.
Si , dos veces
¿Y has disfrutado?
Nunca
Esto es lo que me mete mi hijo y lo que hace que me corra como una perra. Y
cuando estés en casa, caso de que estés, te vamos a dejar ver como se folla de
verdad. Vámonos hijo que esta escena me ha puesto cachonda y tengo ganas de
comerte la polla.
Pues cómemela.
Lo que nos había dicho el médico era verdad, entendía lo que pasaba y la
demostración eran sus ojos inyectados en sangre y el rictus de su boca. Vimos que
hacía como intención de hablar pero no pudo.
Sigue empalmado se ve que le pone cachondo ver como su mujer hace una
mamada a su hijo. Eres una mierda de persona y te queda mucho por sufrir.
Desde ese día han pasado seis años, mi marido fue al fin dado de alta y le
trasladamos a nuestra casa, y allí pagó con creces el sufrimiento que me había
hecho padecer.
Ya habían pasado unos meses desde que mi hijo y yo follamos por primera vez y
desde entonces nuestra vida se puede decir que había sido monótona, ya que los
dos seguíamos poseídos de una fiebre que nos llevaba a estar todo el día calientes
y como consecuencia a follar como dos conejos.
A mi que tanto había padecido en mi vida marital el que Augusto necesitara tanto
la cama como yo, me hacía feliz. Me había propuesto recuperar los años perdidos y
mi plan iba por buen camino.
Así las cosas se me acercó una señora madura muy bien parecida y que en línea
con donde estábamos venía en pelota. En contra de la moda imperante ella como
yo íbamos con nuestro vello púbico. Y en su caso bien poblado.
Si , dígame.
Mi marido es Claudio Restrepo, por si usted no sigue el mundo del arte le diré que
es un pintor mundialmente conocido.
Cojan un taxi y dígale que van a mi casa, me conocen todos los taxistas de la isla.
Supe que Augusto me estaba mintiendo y sospeché que el también supo que yo le
había mentido.
Follamos muy rico, como siempre, pero en este caso con un punto más de fragor
por ambas partes. Augusto se empotró en mi y yo le abrí mi gruta al máximo
porque necesitaba sentirme follada.
Nos recibió la pareja, ambos con chilabas, nos ofrecieron un café y cuando
acabamos de tomarlo Claudio nos pidió que pasáramos a su estudio.
Voy a ser claro y directo te quiero pintar desnuda, yo me paso la vida observando
a las mujeres y hacía mucho tiempo que no veía una mujer tan perfecta. El
encontrarte en la playa ha sido un regalo que me permitió verte desnuda.
En ese momento pensé una cosa: estoy loca por quedarme en pelota delante de
ti, pero dije otra: ya nos hemos visto desnudos así que porque había de darme
vergüenza. ¿dónde me cambio?
Bueno la verdad es que ya hemos estado todos desnudos y nos hemos visto.
¿Dónde me cambio?
Aquí mismo, como yo, para que no te sientas incomoda yo también me voy a
quedar desnudo.
Me encanta que sea así. A mi mujer se lo tengo prohibido. ¿Tu tienes alguien que
te lo prohíba?
A mi nadie me puede prohibir nada, yo voy sin bragas y sin sujetador porque no
me gusta llevarlos.
Y el pintor empezó una sesión fotográfica completa, con una Nikon enorme
disparó y disparó y volvió a disparar,
Sin saber cual iba a ser el encuadre de la pintura Claudio me hizo fotos en todas
las posturas muchas de ellas innecesarias y con toda seguridad hechas para su
propio placer. Fotos claramente pornográficas que no iban a ser motivo de ningún
cuadro. Claudio aprovechándose de la situación me hizo cambiar cien veces de
postura prestando especial atención a mi chocho y a mi culo.
El que Claudio fuera tan guarro me puso a cien, sentí el deseo correr por mi
cuerpo y una calentura que hasta ese momento solo me había producido mi hijo.
Ponte de espaldas, inclínate hacia delante, separa bien tus muslos y mira hacia un
lado, sin mirar a la cámara.
Ahora tiéndete boca arriba y abre bien tus piernas, me provoca hacerte un retrato
parcial como el Origen del mundo de Courbet. ¿ lo conoces? Bueno ahora te lo
enseño.
El cuadro del que me hablaba era sencillo, y según supe después famoso, un
plano cerrado de una mujer reclinada, una sabana le tapaba parcialmente los
pechos, solo se el veía un pezón y el resto era un primer plano de la ingles de la
modelo con los muslos abiertos. Entre una gran mata de pelo eran visibles los
labios y el clítoris. Ni se le veía la cara ni las rodillas.
Claudio tu además de pintor eres un guarro.
Sinceridad por sinceridad, me has excitado, pero no pienses que eso significa
nada. A ti no te pregunto porque a la vista está.
Me puso boca arriba con los muslos abiertos imitando la postura de la pintura y se
acercó con la cámara hasta estar casi encima de mi.
Cuando ya había disparado una serie con todo descaro y mientras yo no podía ver
lo que hacía, cogió uno de los labios de mi chocho y lo abrió para a continuación
con toda lentitud abrirme el otro.
¿Cual es?
Quedamos en volver al día siguiente, Claudio pensaba trabajar lo que quedaba del
día en el encaje del cuadro.
Volvimos a nuestro hotel, comimos algo ligero y nos fuimos a nuestra habitación.
Tan pronto entramos tuve que sincerarme con mi hijo:
¿Que ha sido?
Que me puesto cachonda, cachonda como una perra, cachonda como hasta hoy
solo me habías puesto tu. Si me lo hubiera pedido no se si me hubiera podido
resistir.
Que quieres decirme, que si me vuelvo a poner caliente que le deje, porque estoy
seguro que me lo va a pedir.
La ida y la vuelta fue una sucesión de paradas para comernos a besos que
Augusto aprovechaba para echar mano de mi culo por el que tiene una fijación. Ya
cerca de nuestro hotel nos cruzamos con un grupito de chicos, algunos se me
quedaron mirando y cuando ya nos habían rebasado me levanté las faldas para
que vieran desnudo el culo que les había llamado la atención. Me lo agradecieron
con silbidos y gritos.
Como no podía ser de otra forma cuando regresamos a la habitación nos volvieron
a entrar las ganas, en esta ocasión me asomé a nuestra terraza a ver la ciudad de
noche y mi hijo hizo lo que tanto me gusta, me atacó a traición desde mi
retaguardia, me levantó las faldas a lo que correspondí abriendo mis muslos y se
metió en mi, yo agarrada a la baranda de la terraza sentí la verga de mi hijo
penetrándome hasta el fondo. Augusto siempre luce unas erecciones tremendas
pero en esta ocasión sentí que la verga de mi amante estaba más en guardia que
de costumbre.
Yo aparecía tendida en un diván con una mano recostada sobre mi vientre, las
piernas abiertas y de una forma clara y explicita mi chocho al aire. Casi como el
cuadro que me había enseñado pero de cuerpo entero.
Mi mujer y tu hijo ya habrán comido, a mi es que pintando se me van las horas sin
darme cuenta. No están en la terraza.
Nos bebimos casi una botella de vino blanco helado y cuando acabamos de comer
yo me sentí cansada.
Si estás cansada te sugiero que te eches un rato en el diván, yo con media hora
suelo tener suficiente. Yo te despierto.
Rosa, Rosa.
Me desperté y sentado a mi lado estaba él, a pesar de que vio que me había
despertado no retiró su mano de mis tetas.
Bueno las dos cosas pueden ser verdad pero tengo otra mentira. Tu me dijiste que
no llevabas ropa interior por tu gusto pero estoy seguro de que te lo ha pedido
Augusto.
Pude mentirle pero no quise porque sabía lo que me iba a pedir y yo quería que
me lo pidiera. Pues en eso llevas razón pero es una mentira pequeña.
Un trato es un trato.
Y yo lo voy a cumplir pero como yo también soy observadora te voy a decir lo que
tu me vas a pedir, si acierto ya no te debo nada.
De acuerdo
Que encantador, tu hijo y a la vez tu hombre. Eres una mujer llena de sorpresas.
Se tendió junto a mi, desnudos ya estábamos los dos y lo primero que hizo fue
acariciarme primero las tetas y a continuación mi coño.Sus dedos se deslizaron
entre mis labios vaginales mientras nos comíamos a besos. Yo estaba caliente
como una plancha deseando que Claudio me penetrara ya. Si tuve tiempo para
agarrarle la polla y al tacto me pareció más gorda de lo que yo pensaba.
Por dios fóllame ya o haz que me corra con tu lengua. Sigue por favor, sigue
Tan pronto oyó mi petición subió de las profundidades y me penetró, lo hizo con
una embestida y su polla entró en mi de ese único envite.
Porque me gustas mucho, me has puesto muy cachonda y me han dado unas
ganas enormes de que me echaras un polvo. No me había pasado nunca. Tu sabes
que eres un hombre muy atractivo.
Ya estoy disfrutando como una perra, me tienes hirviendo y siento tu polla muy
rica. Dame polla, mi vida, dame polla hasta matarme y haz conmigo lo que se te
antoje.
Cuando Claudio me dijo que se iba a correr, cuando sentí su semen entrando en
mi cuerpo me volví a venir, estuve en el paraíso un momento, me sentí morir y
disfruté de un orgasmo bestial.
Anoche lo hablamos yo le dije que estaba loca por echar un polvo contigo y el me
confesó que tu mujer le había puesto muy caliente, quedamos de acuerdo en que
hoy los dos íbamos a cambiar de pareja. ¿Ella es tu esposa?
Si muy rico, me has echado un polvo divino. Cuanto vas a tardar en pintar el
cuadro.
Vamos a coger todos los días que tu quieras, yo creo que cada día que vengas,
porque creo que tu, que eres una mujer muy caliente, además te hace feliz dar
placer a los demás. Y no precisas estar enamorada para coger, Claudia en eso es
igual que tu. Sigue así toda tu vida. Y no se te ocurra depilarte el coño, así como lo
tienes está perfecto.
En esa sesión estuvimos hasta tarde, cuando llegamos al hotel Augusto empezó la
conversación:
Me he follado a Claudia aunque sería más exacto decir que me ha follado ella a
mi. Es una virtuosa del sexo, se ve que le gusta follar tanto como a nosotros y sabe
como hacer feliz a un hombre. Seguro que a Claudio lo tiene satisfecho.
Más que un polvo ha sido una sesión muy buena, me ha dejado exhausto. Y a ti
¿como te ha ido?
Pues yo haré lo mismo con su mujer los diez días, lo único que me puede
preocupar es que cuando vengamos al hotel no tengas ganas de que echemos un
polvo tu y yo.
¿Tienes miedo mi amor? Pues quítatelo de la cabeza, por mucho placer que me
haya dado Claudio yo siempre querré que tu me montes, todos los días, sin
excepción, incluido hoy.
Y Augusto cumplió conmigo esa noche como todas las demás. Y fue mientras me
follaba cuando pensé lo diferente que era estar con uno u otro. Por Augusto sentía
un amor infinito y desde ese sentimiento tenía la necesidad de que fuera mío y yo
suya. El caso de Claudio era totalmente distinto, por el no sentía nada salvo deseo,
deseo carnal, calentura, verriondez, ganas de follar.
El día siguiente el guión cambió algo, desde el primer momento Claudio llevó al
conversación al terreno que le interesaba.
Hoy estoy más tranquilo, ayer tenía la angustia de si ibas a querer coger conmigo,
es lo que nos pasa a los hombres cuando deseamos a una mujer y ya durante la
sesión estaba preocupado de tener erecciones y que te sintieras incomoda.
Yo estaba igual, por un lado deseaba que tomaras la iniciativa para decirte que si,
para dártelo todo, pero no sabía seguro si me lo ibas a pedir. En cuanto a tus
erecciones te vi en alguna ocasión y me gustó porque pensé que mi cuerpo te
atraía, acabarías por pedírmelo.
Podría ponerme a pintar ahora mismo pero los dos íbamos a tener nuestra mente
en otra cosa, si te parece nos vamos a la cama y nos sacamos los nervios.
Dicho y hecho, el diván era cómodo y amplio. En esta ocasión como si los dos
sufriéramos de urgencias ni Claudio ni yo gastamos tiempo en preparativos, me
abrió los muslos y me penetró.
Lo entiendo tu hijo tiene una verga que te debe asustar, la mía es más asequible,
si tu me dejas yo te inauguro y te dejo tu culito preparado para que se lo ofrezcas
a tu hijo. Puedes estar seguro de que te lo va a pedir. Claudia ya le habrá dado el
suyo y ahora va a querer el de su madre.
Te gusta cogerte a tu putita mi amor, te gusta pagarme por follar, vicioso que eres
un vicioso y un degenerado. Aún no te he dicho el precio.
A las putas yo no les consiento que me insulten, solo las uso para mi placer como
hago contigo. Te gusta sentir toda mi verga dentro de ti o eres una puta remilgada.
No soy nada remilgada soy puta de vocación, me gusta mucho sentir esa verga
gorda metida en mi chocho de puta, y ser bien puta cuando me follas. Fóllame,
perro, fóllate a tu puta.
Mis propias palabras contribuían a mi calentura, me di cuenta que estaba
hablando con Claudio de una manera que no me atrevía a hablar con Augusto y
eso me encendía.
Cuando me estaba dando más duro, cuando ya me había venido un par de veces,
el sátiro me dijo:
A una puta reputa como tu me gusta follarle el culo así que me lo vas a tener que
dar si o sí.
Cuando te vi por primera vez en la playa pensé lo rico que debía ser tenerla
dentro de mi.
Cuando Claudio dio por finalizada la sesión se acercó al diván para llevarme una
copa de champán, aproveché la ocasión para pedirle:
Me gustaría darle una lametada a esa polla que tanto placer me ha dado.
Mañana quiero tu culo, tu culo entero aunque tu hijo te lo pida esta noche no se lo
des, mañana yo te enseñaré como hacerlo. Me tiene loco el pensar que te voy a
poner a cuatro patas, con tus nalgas bien abiertas y que te voy a profanar ese
huequito virgen.
Cuando me avisó de que se iba a correr mi mano pasó de acariciar los testículos a
meterle un dedo en su culo, Claudio solo acertó a decirme:
Que puta eres y que bien la mamas. Y se vino.
Le hice una mamada que a mi me encantó y a juzgar por el regalo que le hizo a mi
garganta a él también.
Eso me hace pensar que esa loba hoy te ha dado el suyo, ¿se lo has pedido tu?
En ese mismo momento supe que como Augusto no se había estrenado conmigo
yo le iba a dar a Claudio mi culo para que lo estrenara él.
Le pedí que lo dejáramos para otro día y esa noche en vez de follar nos hicimos un
69 cosa a la que Augusto era muy aficionado y que a mi me encantaba.