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No Solo Los Hijos Se Obsesionan Con Sus Madres

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No solo los hijos se obsesionan con sus madres

Me llamo Rosa , tengo 46, casada y con un hijo de 27 años.

Mi historia aunque hoy pueda parecer extraña, no lo era en la España profunda


cuando vivía Franco.

Cuando solo tenía 19 años fui violada por un medio primo mío. Me dejó
embarazada y la cosa se arregló como se arreglaban entonces, y más entre
familias de terratenientes, nada de denuncias, nada de escándalos, las familias se
pusieron de acuerdo y bajo la presión de mi padre nos casamos.

Cuando digo violada no exagero, mi primo entró en mi habitación borracho y me


forzó. Fue una experiencia espantosa que me ha marcado toda mi vida.

Mi marido desde el mismo día de la boda ha sido un ser despreciable, el típico


señorito del campo, inútil , violento, borracho y con un sentido muy claro de
posesión sobre su esposa.

Por posesión me refiero a, hago lo que me da la gana en todo momento, no doy


cuenta a nadie, no respeto nada y cuando quiero me follo a mi mujer que para eso
es mía.

Es verdad que sus necesidades o su capacidad no era mucha pero eso no impedía
que yo pasara el día aterrorizada de que el canalla de mi marido llegara con ganas
de mi.

Nunca en toda mi vida he disfrutado del sexo, le tengo pánico a los hombres y
puedo decir sin exagerar que el sexo me repugna. Valga como ejemplo que
aunque al principio de mi matrimonio intenté satisfacerme a mi misma nunca
conseguí darme placer por lo que no me he hecho una paja placentera en mi vida.
Hace más de veinte años que dejé de intentarlo.

Mi único refugio ante tanta maldad ha sido estos años mi hijo, Augusto, al que me
he dedicado en cuerpo y alma.

Cuando Augusto cumplió doce años nos trasladamos a Madrid para que el niño
pudiera estudiar en un buen colegio. Nunca nos ha faltado el dinero, la familia de
mi marido tiene muchas tierras y la mía, más y soy hija única.

La crueldad de mi marido también alcanzaba a mi hijo, yo pienso que le odiaba


porque fue la causa de su matrimonio.

El insulto más repetido contra el era maricón, el niño resultó ser una persona
sensible a la que le gustaba más el ajedrez que el futbol y la ecología que la caza,
a la que mi marido era muy aficionado.

Así las cosas pasaron 8 años. Un día mi marido Pedro y yo tuvimos que ir al pueblo
a firmar unos papeles. El plan era volver el miércoles por la noche, pero yo
adelanté mi vuelta, y llegué a Madrid a primera hora de la tarde, en realidad hacía
cuanto podía para no estar con él.
Cuando llegué a mi casa entré con toda normalidad y nada más entrar oí unos
ruidos que me extrañaron, recorrí el pasillo en silencio hasta llegar a la habitación
de mi hijo y lo que vi cambió mi vida para siempre.

Mi hijo, al que su padre daba por maricón estaba follando con una mujer que al
principio no reconocí, pero que era la encargada de un bar muy cercano a nuestra
casa. Una mujer entrada en años, mayor que yo pensé, y que en ese momento ,
tendida en la cama, recibía los envites de Pedro y a tenor de lo que decía
disfrutaba de ello.

Desde mi posición podía ver la escena con todo detalle. Lo primero que me llamó
la atención fue el tamaño de la polla de mi hijo, verdad es que era la segunda que
veía en mi vida, y lo siguiente que cada vez que la hundía en su pareja ella lanzaba
gemidos y gritos de placer. Tengo esa certeza por las cosas porque María cada vez
que notaba las embestidas de mi hijo gritaba y le decía:

Que gusto, que gusto me estás dando, que rico mi vida, que bien me follas, ay
sigue , sigue por dios que me estás matando de placer. Me vas a hacer correrme.

Viendo la escena sentí una ola de calor recorrer mi cuerpo y mi mano como si
tuviera vida propia se dirigió a mi entrepierna en donde yo sentía tener una volcán.
Metí mi mano por debajo de mis bragas y primero lentamente pero a continuación
con velocidad, empecé a acariciar mi coño.

Recibí una primera oleada de placer que hizo que las piernas se me aflojaran,
seguí, seguí acariciándome viendo como mi hijo follaba como un animal. Una
segunda oleada y después una explosión de placer me llevaron al primer orgasmo
de mi vida.

Aunque ellos no habían acabado yo, avergonzada de que mi hijo notara mi


presencia, me fui a la calle.

Con toda intención elegí un punto de observación, en una pequeña tienda frente
al bar de María para saber cuando acababan y porque no decirlo para fijarme en
ella.

Un buen rato después María salió de mi portal. Era lo que se puede llamar una
señora resultona, hermosa, pero que le sacaba a mi niño más de veinte años.

Sentí celos de que aquella loba se acostara con mi hijo, unos celos que me hicieron
odiarla con todas mis fuerzas.

Supuse que mi hijo aprovechaba mis ausencias para llevar a sus parejas a casa de
forma rutinaria y me dediqué a espiarle. Me facilitaba la tarea que mi marido no
viniera a casa nunca antes de las diez de la noche.

Le tendí trampas:

Augusto, esta tarde voy de compras con mi prima, no volveré hasta bien tarde.
No serían las cuatro cuando vi llegar a mi casa a mi hijo llevando las bolsas de la
vecina del cuarto. En otras condiciones habría sido una imagen normal pero por las
risitas que se dedicaban supe que era otra conquista de mi hijo.

Esperé un buen rato con el corazón saliéndoseme del pecho hasta que decidí ir a
la casa. Ya desde la puerta los oí. Recorrí con cautela el pasillo y los pude ver, los
dos de espaldas a la puerta que estaba entornada, mi vecina espatarrada y a
cuatro patas y mi hijo embistiéndola por detrás.

La vecina resultó más deslenguada que la anterior, mientras yo observaba a mi


hijo embistiéndola y sus carnes iban y venían al compás de los envites de mi hijo la
oí gritar:

Dame mas duro, hijo puta, méteme todo ese pollón que me vuelve loca, vicioso
que eres un vicioso, cómo te gusta follarme, ay que rico, te voy a hacer un regalo,
si quieres te dejo que me la metas por el culo que hace mucho que no te follas mi
culo y yo se lo que te gusta.

Me hice una paja que me produjo una oleada de placer devastadora, es más, sentí
que al correrme se me escapaban unas gotitas de pis y en esta ocasión tuve que
esperar un rato, sabiendo que les quedaba mucha tarea por hacer, antes de tener
fuerzas para abandonar mi posición.

Si me dio tiempo a oír a mi vecina decir:

Yo lo sabía , sabía que en cuanto te lo dijera ibas a cambiar de hueco, la siento


muy gorda, me tienes el culo lleno, pero no pares, dame bien duro que quiero
sentir tu leche.

En esta ocasión no tuve que repetir mi maniobra a mi vecina la conocía


perfectamente, una mujer casada sin niños, con el marido trabajando en una
tienda. A mi juicio en algo parecida a la anterior aunque esta más agraciada.
Cuarenta y tantos, buenas carnes, un buen par de tetas y algo más alta que yo.

Una cosa aprendí de los encuentros de mi hijo y de mi vigilancia. Augusto solo


llevaba a casa a mujeres maduras y en cuanto a mi, si pensaba en mi hijo me
podía hacer unas pajas que me mataban de placer. Ya no necesitaba tenerle
delante, su solo recuerdo me excitaba.

Mi cuerpo , aletargado durante muchos años sufrió una especie de transformación,


la excitación sexual que yo desconocía me inundó como si fuera una adolescente.
De no sentir nunca la sensación de estar cachonda pasé a estarlo las 24 horas del
día. Mis bragas se empapaban constantemente y la única manera de aliviarme era
masturbándome.

Cuando todo esto estaba cambiando en mi vida noté también pequeños cambios
en el comportamiento de mi hijo, besos que ahora eran en la comisura de mis
labios, abrazos en los que sus brazos se apoyaban en el costado de mis tetas,
azotes cariñosos en mis nalgas y mucho halago verbal:

Que bonita eres, la mujer más preciosa del mundo, que bonitas piernas.
Cada cosa que me decía , algunas parecidas a las que le había oído decir a sus
parejas de cama producía en mi una conmoción, la duda que me empezó a asaltar
fue: ¿me lo dice para alagarme o me lo dice porque me desea? ¿ le excito como el
me excita a mi?

Yo había llegado a la conclusión de que aunque los hombres y el sexo me seguían


repugnando por mi hijo sentía una atracción irresistible, más aún, mi hijo se había
convertido en una obsesión.

Quería sentir con el lo que había visto que sentían sus parejas, quería ocupar su
lugar, deseaba tenerlo entre mis muslos, sabía que era el único hombre en el
mundo al que quería entregarme.

Tan era así que más de una noche soñé con Augusto repitiendo escenas que yo
había visto, pero cambiando de protagonista, era yo la que estaba en la postura
del misionero recibiendo los empujones de mi hijo y chillando pidiéndole más, o
era yo la que, a cuatro patas, le pedía que metiera su polla en mi culo.

En esa atmosfera de calentura constante en la que yo vivía, recibimos la noticia.

Mi marido había sufrido un ictus mientras visitaba una conocida casa de putas en
la carretera de Burgos. Yo misma pagué la factura de la ambulancia que le trasladó
al Hospital.

Pasé unos días haciendo noche en el Hospital, hasta que me dijeron que mi
presencia era absolutamente inútil ya que le tenían en una unidad de vigilancia
intensiva.

Para decir la verdad cada una de las noches que pasé en el Hospital le dediqué mi
recuerdo a Augusto y sentada en la cama de mi esposo me masturbé y no hice el
menor esfuerzo porque el no lo notara. Me dio morbo tocarme junto al canalla que
había arruinado mi vida. Y en esa misma habitación tomé la decisión firme de
hacer todo lo que fuera necesario para que mi hijo me llevara a su cama. Ese pasó
a ser mi pensamiento único, que mi hijo me hiciera suya y yo gozara de ello.

A mi vuelta a la vida normal durmiendo en mi casa hice cuanto estuvo en mi mano


por calentar a Augusto.

A la hora del desayuno le recibía con un camisón corto, uno que nunca me ponía
para mi marido, sin nada debajo y con mis muslos al aire. Al servirle el café
aprovechaba para inclinarme sabiendo que al hacerlo me iba a ver la tetas a
placer.

En alguna ocasión salí del baño cubierta con una toalla que por arriba apenas me
tapaba las tetas y por debajo casi dejaba mi coño al aire y me preocupé de pasar
por donde mi hijo pudiera verme.

Cuando nos sentábamos por la noche a ver un rato la televisión yo me ponía una
bata corta que dejaba mis piernas y hasta mis muslos al aire y sentada frente a el
aprovechaba para de vez en cuando cruzarlas para que me viera las bragas.
En una ocasión fui más osada, me fui a duchar, volví con mi bata puesta pero no
me puse las bragas, esa noche crucé las piernas más de lo habitual y vi con toda
claridad como Augusto se quedaba embobado viendo lo que yo fugazmente le
enseñaba.

Fui tan buena actriz como para que Augusto no sospechara que lo hacía a
propósito, y mientras llevaba a cabo mi tarea sentí que la humedad inundaba mi
sexo y empapaba mi entrepierna.

Augusto por su parte no tuvo manera de ocultar la erección hinchaba sus


pantalones del pijama.

Con las ganas irrefrenables de tocarme que la escena sin bragas me había
producido, me levanté y me incliné sobre mi hijo para darle la buenas noches. En
ese último movimiento puse mis tetas a su vista y pude yo ver como Augusto
llevaba su mano a su sexo, no supe si para taparse o porque ya no resistía más sin
tocar su verga.

Que duermas bien, mi amor ( lo mismo que le decía a sus amantes). Eres la mujer
más preciosa del mundo.

Me fui a mi cama y con urgencia me empecé a acariciar el chocho hasta conseguir


correrme.

Al día siguiente Augusto llegó muy tarde a la casa. Era un día de tormenta y llegó
empapado. Cenamos mientras los truenos y los relámpagos alumbraban la
habitación. Las tormentas me dan miedo, le pasa a casi todas las personas que
han vivido en el campo. Cada vez que un trueno estallaba yo no podía evitar mi
sobresalto. Con el miedo en el cuerpo tuve una inspiración:

Augusto, sabes el miedo que me dan las tormentas, con estos truenos no voy a
poder dormir, te importaría dormir esta noche conmigo.

Tan pronto me dijo que si sentí tal calentura como para antes de irme a la cama,
pasar por el baño a aliviar el volcán que ardía entre mis piernas.

La historia de Augusto

Me llamo Augusto y tengo 26 años, se puede decir que aunque soy joven he vivido
dos vidas completamente distintas, la primera fue una tortura constante,
dominado por un padre déspota que no solo se ensañaba conmigo, sino que
también torturaba a la persona que más quiero en el mundo, mi madre.

Su crueldad y sus insultos eran algo constante, y la brutalidad estaba en su


naturaleza. Un solo ejemplo vale para demostrarlo.

Cuando cumplí 18 años mi padre me dijo que me tenía preparado un regalo que
iba a recordar toda la vida, pensé que me iba a regalar un coche y en eso estuve
pensando todo el día.

Sobre las 7 de la tarde mi padre me dijo:


Augusto vamos a por tu regalo.

Cogimos la carretera de Burgos y no paró hasta que llegamos a un local llamado


Tu hobby, entramos , yo pensaba que había quedado allí con alguien.

Nada más atravesar la puerta me encontré con no menos de veinte mujeres todas
en ropa interior, la que no iba en bragas y sujetador iba con las tetas al aire.
Saludaron a mi padre como solo se saluda a un cliente habitual y mi padre con
tono triunfal dijo:

Os he traído a mi hijo para que hagáis de él un hombre, quiero que a la que él elija
le trate como me tratáis a mi. Venga hijo elije a la que quieras.

Me quedé tan cortado que no sabía que contestar y mi padre en tono de experto
encontró la explicación

Claro, estáis todas tan buenas que no sabe por cual decidirse. Yo te recomiendo a
Sarita, es brasileña y muy cariñosa.

Con un hilo de voz le dije:

Papá me quiero ir de aquí, me quiero ir ahora mismo.

Y salí andando camino del parking.

Mi padre me alcanzó por el camino para decirme:

Que te pasa, ¿eres maricón? Has cumplido 18 años y estoy haciendo lo que mi
padre hizo conmigo, llevarte a putas para que aprendas. Para que sepas lo que
hace un hombre con una mujer. Yo lo sospechaba , ahora lo se, tengo un hijo
maricón.

Ese es mi padre, el ser más despreciable de la tierra, el más bárbaro, el más cruel,
el más egoísta. El que dedicaba su vida a hacer sufrir a mi madre.

Se que ella lleva sufriendo con el desde el día en el que se casaron. Conozco la
historia y creo que mi abuelo hizo una barbaridad imponiendo la boda.

Mi iniciación a la vida sexual no fue como mi padre había previsto, fue bien
distinta, empecé a fijarme en la profesora de francés de mi colegio, una mujer ya
entrada en años, ella tenía más de 40 cuando yo tenía 18, y las cosas rodaron de
tal manera que un día me pidió que fuera a su casa para la revisión de mi nota.

Verónica que así se llamaba me recibió con una camiseta de tirantes y un


pantaloncito corto, era primavera, nos sentamos los dos en el mismo sofá y unos
minutos después no estábamos besando como dos enfermos.

No me hizo falta proceder a quitarle nada, Verónica se sacó la camiseta y me


ofreció sus tetas para que me las comiera. No solo eso, a la vista de mi
inexperiencia me fue guiando en cada movimiento.
No me muerdas muy fuerte, cómeme las tetas despacito, espera un momento,
desnúdate.

Nos quedamos en pelota los dos y mientras yo me comías sus tetas ella me cogió
la polla y empezó a meneármela.

Huy mi niño, que gorda se te ha puesto, dime la verdad es la primera vez que
estás con una mujer.

Si señorita es la primera vez.

No me llames señorita llámame Vero y vente conmigo a la cama que te voy a


guiar en como dar placer a una mujer.

Con Verónica echada en la cama me pude recrear contemplando el cuerpo de una


mujer desnuda. Mi profesora no era ninguna miss, ni poseía un cuerpo de
escandalo, era una mujer normal de 40 años de edad, unas tetas que a mi me
parecieron los dos caramelos más ricos del mundo, algo de barriguita, una
hermosa mata de pelo en sus ingles y por encima de todo dispuesta a follar
conmigo.

Lo primero que hice fue lanzarme sobre las tetas de Vero, yo que había tomado el
pecho de mi madre hasta bien tarde recordé al comerme los pezones de la
profesora, los deliciosos momentos en los que estaba enganchado a los pechos de
mi madre. Sentí literalmente que volvía a mamar de ellos.

Las siguientes semanas Verónica me enseñó a estar con una mujer, a acariciar, a
besar, a comerle el coño, y sobre todo a follar. Y para mi sorpresa me descubrió
que el penetrar el culo de una mujer es una experiencia maravillosa para ambos.

La historia duró lo que duró el curso. Al llegar el verano Verónica me dijo que se
volvía a Paris, ella había venido a perfeccionar su español y esa etapa ya estaba
cubierta.

Había pasado casi tres meses disfrutando de Verónica y desde el primer día que
estuve con ella supe que lo que a mi me gustaba eran las señoras maduras.

Después vinieron algunas más, le gusto mucho a las mujeres de ese rango de
edad y pocas se me escapan.

Cada vez que una madura se venía a mi cama yo no podía quitarme de la cabeza
a mi madre. Lo cierto es que tenía una extraña obsesión por ella y por encima de
todo, odiaba a mi padre por ser el hombre que cada noche disfrutaba de su
compañía en la cama, más aún sabiendo que mi madre le odiaba tanto como yo.
Le hubiera matado si hubiera podido.

Cuando le dio el ictus pensé con alegría que íbamos a estar mucho tiempo sin
sufrir con su presencia. A mi, aunque deseaba de una manera enfermiza a mi
madre, no se me pasaba por la cabeza que mis fantasías pudieran llegar a hacerse
realidad, pero solo con su compañía y la ausencia de mi padre ya me sentía feliz.
Mi madre estuvo unos días acompañando a su marido en el Hospital, pero esa
etapa terminó y mi madre volvió a dormir a casa.

Verla moverse por la casa muchas veces con poca ropa me excitaba hasta el
paroxismo. Mi madre parecía que había sufrido un cambio, paseaba medio en
pelota por la casa, salía de la ducha envuelta en una toalla que dejaba sus carnes
al aire. Esa poca ropa hacía que cuando me servía el café del desayuno y se
inclinaba, yo le viera las tetas. Esa suma de pequeños detalles me tenía cardiaco.

Una noche en la que nos quedamos viendo la televisión mi madre parecía


nerviosa, no paraba de cruzar y descruzar las piernas y cada vez que lo hacía yo le
veía las braguitas negras resaltando entre sus blancos muslos.

Pero lo que ya me sacó de mis casillas fue cuando mi madre otra noche, se duchó
antes de ir a ver la tele, en esta ocasión volvió a cruzar y a descruzar las piernas, y
no solo eso, estuvo un momento con las piernas abiertas y yo, al fondo de sus
muslos pude ver con toda claridad su sexo, una mata de pelo dividida en el centro
por una grieta de color rosado que parecía húmeda por como brillaba.

Mi calentura esa noche me llevó a meneármela pensando en mi madre, soñando


que la tenía junto a mi en mi cama.

A pesar de la verriondez que me atormentaba nunca me atreví a tomar ninguna


iniciativa, me conformaba con soñar lo que suponía que no iba a pasar nunca,
aunque era lo que más deseaba en mi vida. Me atormentaba pensando si lo que yo
sentía me estaba haciendo ver lo que deseaba en lugar de la realidad.

Así las cosas una noche llegué a casa tarde. Una tormenta eléctrica de las que
solo he visto en Madrid descargaba sobre la ciudad y los truenos retumbaban
sobre nosotros. Mi madre le tiene pánico a las tormentas y esa fue la razón para
que me pidiera que esa noche durmiera en su cama para no pasar miedo.

Para mi madre pudo ser una petición normal pedir a su hijo que le acompañara
para no pasar miedo, para mi fue como que me tocara la Lotería. Iba a dormir con
mi madre, iba a ocupar el lugar de mi padre.

Me puse mi pijama y me fui al dormitorio de mi madre y me metí en la cama, ella


estaba en el cuarto de baño.

Cuando por fin abrió la puerta tuve una visión celestial, antes de que apagara la
luz del baño pude ver a mi madre, la luz detrás de ella hacía que su silueta se
trasparentaba, y cuando se giró para apagar le vi las tetas al trasluz.

Cuando ella entró en la cama yo tenía una erección bestial y mi corazón me


parecía que iba a explotar.

Estando ya los dos estábamos en la cama mi madre se me acercó, sus pechos se


apoyaron en mi, lo noté con toda precisión, me dio un beso mientras me decía:

Augusto te quiero mucho, me haces muy feliz y te agradezco que estés aquí
conmigo para que no pase miedo.
Antes de dormirnos charlamos un rato:

¿Que va a pasar con tu padre? No sabemos si se va a recuperar.

Si por mi fuera me gustaría que se muriera, es una bestia que nos ha hecho a los
dos muy desgraciados. A ti más que a mi.

No digas eso hijo mío.

Mamá yo te adoro y ver como te trata me hace sufrir, es un malnacido.

¿Sufres por mi, mi amor?

Si, sufro, en alguna ocasión he pensado en matarle.

No digas barbaridades. Déjame abrazarme a ti que estoy destemplada.

Y mi madre con toda la naturalidad del mundo me abrazó y no solo eso, pasó su
muslo por encima mía. Mi polla quedó presa debajo de su pierna y estuve tentado
de empezar a acariciarla pero no me atreví. Me hice el dormido.

Al cabo de un rato noté que mi madre se movía, me quedé quieto como un


muerto. Mi madre con su muslo encima de mi polla empezó a tocarse, notaba su
mano apenas rozando mi costado, su respiración se fue agitando y sentí como su
cuerpo se convulsionaba cuando le llegó el orgasmo. Según se vino bajó la pierna
que tenía sobre mi.

Fue una suerte porque si no hubiera sido inevitable que ella sintiera que yo
también me corría y encharcaba mis pantalones.

Dormí inquieto, con la tentación constante de acariciar a mi madre, solo en una


ocasión y durante un momento me atreví a llevar mi mano a sus nalgas. Fue tan
solo un instante pero tocar aquella carne suave y caliente me pareció lo mejor del
mundo. Hubiera dejado allí mi mano el resto de mi vida pero no me atreví, me
aterrorizaba la idea de que se despertara y se enfadara conmigo.

A la mañana siguiente cuando me desperté mi madre ya no estaba en la cama.


Cuando llegué a la cocina la encontré haciendo el desayuno, estaba en camisón y
me pareció preciosa, la mujer más deseable del mundo.

La primera noche juntos , la versión de Rosa

Tan pronto como Augusto me dijo si a mi propuesta sentí que las fuerzas me
abandonaban. Iba a tener a mi hijo en mi cama. A la alegría y el deseo le sucedió
una sensación extraña: el miedo de asustarle con mis actos, si por mi fuera, una
vez en la cama me lo comería a besos, le ofrecería mis tetas como preludio a
abrirme de piernas para que me hiciera lo que ya le había visto hacer.
Mientras el iba a ponerse su pijama elegí el más pequeño de todos mis camisones,
el que nunca me había puesto con mi marido, una prenda de tela liviana con
tirantes finos, gran escote y que dejaba mis muslos al descubierto.

Esperé a oír que el se metía en la cama para hacer mi entrada triunfal, la reacción
de mi hijo fue decirme:

Estás preciosa, mamá.

Me metí en la cama y acerqué mi cuerpo al suyo, quería sentirle junto a mi, el


estaba acostado boca arriba. La tentación que tuve que reprimir era meter mi
mano por la cinturilla del pantalón y coger su polla para dejar las cosas claras
entre los dos, pero me dio miedo, me dio miedo asustarle, o peor que me dijera:
¿Que estás haciendo?

Me hubiera muerto y mis expectativas se habrían esfumado para siempre.

A lo que no puede resistirme fue a pasar mi pierna por encima de él, apoyarla
contra su sexo. En mi muslo sentí la verga de mi hijo, gorda y dura como una
piedra. Sentí que mi coño se aguaba, sentí mi flujo choreando por mis muslos,
sentí un placer inmenso y una calentura que no podía soportar.

Con mucho cuidado metí mi mano entre su cuerpo y el mío teniendo cuidado de
no tocarle y me saqué la fiebre masturbándome. Me hice la paja más deliciosa de
mi vida sintiendo el calor del cuerpo de Augusto junto al mío.

Me dormí pensando en lo bonito que sería que era él tomara la iniciativa, en el


fondo que él me deseara como yo le deseaba a él.

Me desperté antes que Augusto y aproveché para levantar las cobijas y


contemplar el cuerpo de mi hijo. El estaba boca arriba y no me cupo la menor duda
de que estaba empalmado, un bulto tremendo se le marcaba en el pantalón del
pijama y junto a el una gran mancha seca. Me dio una alegría tremenda el
comprobar que mi hijo, esa noche conmigo al lado se había corrido. Mi duda fue si
se había corrido porque se había tocado o se trataba de una polución nocturna.

Cuando estaba preparando el desayuno Augusto se me acercó por detrás, me


abrazó y sentí como su polla, que ya no estaba en el grado de excitación que yo
había visto, se apoyaba en mi culo. Aún así un calambrazo recorrió mi cuerpo.

Has dormido bien, mi amor.

Yo muy bien, y tu.

He dormido tan rico que esta noche aunque no haya tormenta voy a volver a
dormir en tu cama.

No me preguntó, no me pidió permiso, simplemente decidió que iba a dormir


conmigo.Me pude callar pero no lo hice:
Me encanta que hayas tomado esa decisión, yo también quiero que duermas
conmigo, se siento protegida y me gusta cuando me despierto por la noche echar
mi mano y sentir que estás a mi lado.

Ten cuidado cuando eches tu mano no vayas a encontrarte con una sorpresa.

Eres un travieso. Si hoy no tienes nada que hacer te propongo un plan, voy a ir a
renovar un poco mi vestuario, si quieres me acompañas y hasta me aconsejas.

Me parece muy bien, usas una ropa que te favorece muy poco, te hace parecer
mayor, vamos que te hace vieja.

¿Tu me ves vieja? ¿Estos muslos son de vieja? ¿Este cuerpo es de vieja?

No hablaba de ti , hablaba de tu ropa. Tu eres una mujer preciosa y joven,


cualquier hombre se volvería loco por ti. Y tus muslos y tu cuerpo, y tus tetas, que
se te habían olvidado, son perfectas.

Tu crees.

El primero yo, si no fueras mi madre yo por ti perdería el sentido.

El lenguaje con doble sentido era constante entre nosotros, disfrutábamos con el
equivoco.

¿Me quieres decir que soy la mujer más guapa con la que te has acostado?

Sentí que el miembro que mi hijo tenía apoyado en mi culo empezaba a


despertarse.

Eres mil veces más guapa y mil veces más atractiva y mil veces mas deseable que
ninguna mujer con la que yo me haya metido en la cama.

Bueno vamos arreglarnos que hay mucho que hacer.

De camino al Corte Inglés Augusto me preguntó:

¿Qué piensas comprar?

Pues había pensado en unos vestidos de verano más alegres que los que uso, que
no me hagan parecer vieja y quizás un camisón ligerito que ya está haciendo
mucho calor.

Y ropa interior, ¿vas a comprar ropa interior?

Que pasa que piensas que también llevo ropa interior de vieja.

No lo pienso, estoy seguro.

Como lo sabes si nunca me la has visto. Esta bien, compraré ropa interior nueva.
Llegamos al Corte Inglés y Augusto sugirió que empezáramos por los vestidos.

A mi que había vestido casi siempre de negro todo lo que veía me parecía
precioso, fue mi hijo quien eligió tres o cuatro prendas y me pidió que fuera a
probármelas.

Todas eran de mi talla, la que más me gustó fue un vestido de tela ligera y un
estampado de florecitas, escotado y con la falda más corta que yo había usado en
mi vida. Como el sujetador que llevaba me pareció horrible me lo quité y me miré
al espejo, felizmente no se me transparentaban los pezones aunque si se
marcaban en la tela.

Llamé a Augusto para que me diera su opinión.

Nada más entrar me cogió por la caderas igual que hacen en las películas antes
de dar un beso a la protagonista, sentí que se me aflojaban las piernas, pero mi
hijo se limitó a hacerme girar mientras me decía:

Perfecto, estás guapísima, y pareces veinte años más joven. Y los otros, qué tal.

Son de mi talla pero este es el que más me gusta.

Vale , nos llevamos los cuatro. Este déjatelo puesto.

¿No te parece descarado?

Me parece precioso y te hace un pecho muy bonito.

La siguiente parada fue en la sección de ropa interior. En esa sección tuve que
necesitar ayuda profesional, comprar un sujetador es más difícil de lo que parece,
una vez que la dependienta me dijo que yo era una 95 D, Augusto fue el encargado
de elegir.

Me propuso tres conjuntos y me pidió que cuando tuviera puesto el de color negro
que le llamara.

Viendo lo que Augusto sugería tuve la casi certeza de que el estaba tan caliente
como yo, me puse las braguitas y el sujetador y llamé a mi hijo, antes me puse mis
tacones para estar más atractiva.

Cuando entró en el probador se me quedó mirando fijamente, sentí que su mirada


me taladraba, no dejó ni un milímetro de mi cuerpo sin examinar.

Perfecto. Te hace un pecho muy bonito, es tu talla. Pruébate estas braguitas que
no siempre vas a ir con las bragas y el sujetador a juego.

Y me entregó una docena de bragas que todas juntas me cabían en una mano.

Me volví a poner el vestido que acababa de comprar sintiendo que todo lo que
estaba pasando me tenía cachonda perdida, tanto que me dio miedo mojar las
prendas que me iba a probar. En mi cabeza seguía la idea de que si la situación me
había excitado a mi, yo me iba a encargar de excitar a mi hijo. Si hubiera sido por
mi le hubiera pedido que me follara en el probador.

Ni en sueños podía yo pensar que existieran bragas con tan poca tela, las que
Augusto me propuso eran pequeñas por delante pero la mayoría de ellas eran
inexistentes por detrás. Tan solo una fina tira de tela que cuando las tenía puestas
se quedaba enterrada entre los carillos de mi culo.

Con unas puestas que tenían una mariposa por delante llamé a mi hijo.

Según entró me dijo:

¿No te las vas a probar?

Si cariño, ya me he probado algunas, mira estas a ver que te parecen.

Y delante de él me levanté las faldas , para ser más exacta me subí el vestido
hasta casi las tetas. Yo sabía de antemano que eso le iba a encender.

La única reacción que pude observar en Augusto fue el bulto que se le marcaba en
el pantalón, yo sabía que lo que estaba haciendo era una provocación pero me
encantaba hacerla.

Son muy bonitas, a ver, date la vuelta.

El modelo que llevaba no era de los más escasos por detrás, aún así dejaba casi al
aire mis nalgas.

Precioso. ( No dijo preciosas refiriéndose a las bragas , dijo precioso refiriéndose a


mi culo )

Espera que hay otra que te quiero enseñar.

Y delante de el metí la mano por debajo del vestido, me saqué las bragas que
llevaba puestas, cogí otras y me las puse siguiendo el mismo juego.

Vi la mirada de Augusto embelesada en mi maniobra, ver como una mujer se quita


las bragas pone cachondo al más frío de los hombres.

Una vez las tuve puestas me volví a levantar el vestido, eran más pequeñas que
las anteriores, tanto es así que al fijarse Augusto me dijo

Me encantan pero tienes que hacer una cosa, nadie lleva ya esa pelambrera,
tienes que ir a que te hagan las ingles. Date la vuelta.

Me la di y mi hijo tuvo la oportunidad de ver mi culo al aire, exactamente igual


que si fuera desnuda.
Antes de hacer ningún comentario me colocó bien la tira que estaba metida entre
mis nalgas, fue un toque sutil pero que a mi me hizo temblar.

Tienes el culo más bonito del mundo, ya no me enseñes más o se me va a olvidar


que eres mi madre. Déjatelas puestas.

Mientras hablaba me dio un azote en una nalga pero su mano después de chocar
con mis carnes no se retiró, se quedó un momento amasando mi culo.

Está tan cachondo como yo, no ha podido resistir las ganas de tocarme.

En unos colgadores cercanos estaban los camisones, en esta ocasión yo elegí uno
que me pareció atrevidísimo y que la dependienta me dijo que se llamaba
picardías , Augusto me trajo dos que le habían gustado, ninguno de ellos tan
pequeño como el que había elegido yo .

Una vez en el probador examiné el picardías, era como una especie de camiseta
corta que apenas me tapaba las tetas, tanto es así que se me veían por la parte de
abajo, y unas braguitas mínimas. El tejido era de color rosa casi blanco y tan sutil
como para ser absolutamente transparente.

Me lo puse y me miré al espejo. Para ser justa he de decir que estaba estupenda,
mis tetas con los pezones parados apuntando al techo, mi vientre al aire, plano
como una tabla, y por debajo de el unas braguitas que no podían contener mi mata
de pelo. Con mis tacones puestos las piernas y los muslos lucían hermosos.

Llamé una vez más a mi hijo.

Este es el que más me gusta, ¿que te parece a ti?.

Que pena no haberlo elegido yo, es lo más bonito que he visto en mi vida, estás
guapísima.

Y mientras hablaba se acercó a mi y me abrazó, sentí la dureza de su sexo en mi


vientre porque Augusto es mucho más alto que yo, sus manos , esta vez si bajaron
hasta coger mi culo mientras me decía:

Eres la mujer más guapa del mundo, te quiero mi amor, te quiero más que a nada
en el mundo y me voy a encargar de que seas feliz, la mujer más feliz del mundo.

Me dejé hacer , es más yo también le cogí a la altura de su culo y apreté su


cuerpo contra el mío.

Al hacerlo tuve la sensación de que la verga de mi hijo cabeceaba como si tuviera


vida propia. La sentí moverse.

Yo también quiero hacerte a ti feliz, mi niño, hemos sufrido mucho juntos y ahora
quiero que gocemos , puedes pedirme lo que quieras que yo te lo voy a dar, es
más estoy deseando que me lo pidas.
Se que el hijo puta de tu marido te ha hecho sufrir toda tu vida, eso se ha
acabado, tanto si se recupera como si no. Yo no se lo voy a permitir.

Hijo, me gusta mucho lo que me dices. Quiero que tu cuides de mi eres el único
hombre en el mundo que puede hacerlo, el único al que no le tengo miedo.

Vámonos o no respondo de mis actos, me dijo

Fuimos a la caja y cuando ya iba a pagar las últimas compras Augusto llegó con
otra prenda en la mano.

Llévatelo, son unos ligueros.

Yo ni sabía de que me hablaba pero los compré.

Cuando yo creía que no iba a pasar nada más mi hijo me propuso ir a visitar a su
padre al Hospital.

Con mi marido en un estado en el que ni los médicos sabían si estaba consciente o


medio vegetal, Augusto y yo solos junto a él, mi hijo se puso detrás de mi como
había hecho por la mañana, volví a sentir toda su hombría apoyada en mis nalgas
mientras sus brazos abrazaban mi cintura y se dirigió a su padre:

No me das ninguna pena, hijo de puta, tienes lo que te mereces, y aquí estamos
tus dos victimas para decirte que nunca más nos vas a torturar, que nunca más le
vas a poner la mano encima a mi madre, que si nos vuelves a maltratar te reviento
la cabeza y que sepas, óyeme bien, que sepas que el que duerme en la cama de
esta mujer soy yo y tu nunca volverás a hacerlo.

Cuando Augusto dijo lo de quien duerme en la cama de esta mujer, mi marido


tuvo una reacción, en sus ojos brilló el odio, la cólera, la soberbia. Una mirada que
los dos conocíamos muy bien y que unos días antes nos hubiera aterrorizado.

Crecido ante la reacción Augusto se vino arriba.

Mira estas tetas, míralas, eran tuyas pero ya no lo son ni lo serán nunca más.
Ahora son mías, ella entera es mía, porque yo soy quien la quiere y quien la
respeta.

Y mientras le hablaba a su padre su mano primero acarició mis tetas por encima
del vestido pero no contento con eso y aprovechando que el vestido lo permitía me
sacó las tetas al aire.

Mira hijo de puta, mira como las acaricio delante de ti.

Mi padre con los ojos saltones de odio hizo un pequeño ademán de incorporar la
cabeza pero no lo consiguió.

Quédate ahí mal nacido, a ver si esta noche te mueres o te pudres, ya no eres
nadie ni nada. Ni lo vas a volver a ser nunca.
Y mientras hablaba sus manos no dejaban de amasar mis senos.

Sentí la calentura del deseo invadiéndome y aunque parezca inoportuno lo cierto


es que frente al hombre que había hecho de mi vida un infierno y acariciada por el
que adoraba, sentí que el placer me inundaba y me corrí.

Me corrí oyendo lo que mi hijo decía y sintiendo sus manos en mis tetas y su polla
apretada contra mi culo.

De vuelta a casa pensé en decirle algo a Augusto pero no supe qué.

Tenía dos caminos ante mi: o decirle que lo que había hecho me había encantado,
que me había corrido con sus caricias, o echarle en cara que me hubiera sacado
las tetas y me las hubiera acariciado. No dije nada.

Cuando llegamos a casa mi hijo que cargaba con todas las bolsas las dejó a un
lado y me dijo:

Siéntate mamá que has andado mucho y tienes que tener los pies cansados, deja
que te de un masaje.

Me tendí en el sillón del salón y me saqué los zapatos.

Augusto se sentó en el otro extremo y puso mis pies sobre sus piernas.

Era la primera vez que me daban un masaje en los pies. Sería por eso o porque
quien me lo estaba dando era mi hijo, lo cierto es que me pareció delicioso. Me
abandoné a sus caricias y sentí como mi cuerpo flotaba por los aires, estaba en
una nube de felicidad.

Augusto siguió con su trabajo y en un momento dado levantó uno de mis pies y se
metió mi dedo gordo en la boca, me lo estuvo chupando un rato y ese simple gesto
provocó mi calentura otra vez.

Pensé en que si me seguía chupando me iba a correr otra vez, pero Augusto dejó
esa tarea y le dedicó toda su atención a mi otro pie. Yo cachonda perdida quise
recompensar su delicadeza y con lentitud, poco a poco fue abriendo mis piernas
para que mi hijo pudiera disfrutar viéndome abierta de piernas para el.

De repente Augusto paró su tarea y me dijo:

Perdona pero me estoy haciendo pis.

Se levantó a toda prisa y se fue.

Tardó en volver menos de lo que yo suponía que tardaba en hacerse una paja, y a
la vuelta me acarició suavemente las piernas, pensé que iba a subir por mis
muslos pero no lo hizo, dio por terminado el masaje.
No pasó nada digno de mención hasta que nos fuimos a la cama salvo que
Augusto me pidió que me pusiera el picardías que había comprado. Me encantó
que me lo pidiera.

O sea que yo voy a dormir con ese camisón y tu vas a seguir con ese pijama que
parece un traje.

Yo duermo con una camiseta cuando duermo solo

Pues si esa es tu costumbre, duerme con una camiseta.

Cuando acabé de ponerme mi camisón y entré en el cuarto Augusto ya estaba


metido en la cama. Caminé con calma recreándome en el recorrido para que mi
hijo me pudiera ver, sentía que mis pezones me iban a explotar y que las braguitas
ya estaban húmedas mientras me paseaba por delante de el con un único
propósito, calentarle, ponerle tan caliente como yo me sentía.

Me metí en la cama.

Eres un abusador, tu me has visto a mi con mi camisón nuevo que es lo mismo


que verme desnuda y yo todo lo que veo es que llevas camiseta, no es justo.

Y mientras se lo decía levanté de golpe la ropa de la cama. Cuando Augusto me


dijo que dormía con camiseta yo no entendí lo que de verdad decía, al levantar la
ropa lo supe, mi hijo llevaba una camiseta y nada más. Boca arriba como estaba
pude ver su polla que vista más de cerca me pareció aún más grande.

Iba taparle de inmediato pero no lo hice, me quedé un momento viendo el aparato


que Augusto lucía entre sus piernas, estaba tan excitado que me dio la sensación
de que tenía la polla barnizada, y tuve la tentación de llevármela a la boca, pero
me contuve. Le tapé.

Mi hijo avergonzado me dijo:

Perdona.

No hay nada que perdonar, el día ha sido muy especial y el que te excites es algo
normal a tu edad.

¿Tu te has excitado?

Yo ya no soy joven.

No has contestado a mi pregunta.

Si, mi vida, me he excitado, no una sino varias veces.

¿Cuándo?
Enseñándote la ropa y sobre todo en el Hospital. Has sido un abusón pero me has
excitado mucho.

Todo lo que dije es verdad.

Cambiando de tema echados los dos mirándonos a la cara le pregunté:

¿Tu me quieres?

Te quiero más que a nada en el mundo y lo que más deseo es tu felicidad.

¿Me quieres hacer feliz ahora mismo?

Si , pídeme lo que quieras.

Bésame mi amor bésame como si estuvieras loco por mi.

No tengo que fingir nada, estoy loco por ti.

Y nuestras bocas se juntaron. Su lengua penetró en mi boca y la mía en la suya y


en ese juego delicioso gastamos tiempo y placer.

La mano de Augusto no tuvo que hacer el menor esfuerzo para alcanzar mis tetas
y sus dedos empezaron a jugar con mis pezones. Decidí entonces no tomar yo la
iniciativa preferí sentir como Augusto iba avanzando mientras yo me limitaba a
dejarme hacer.

Los besos y las caricias me parecieron deliciosos pero estaba deseando que me
acariciara el coño, lo sentía gordo y caliente y necesitaba dárselo.

Augusto pareció adivinar mi pensamiento. Su mano dejó de acariciarme las tetas,


descendió por mi vientre y se introdujo por debajo de las braguitas, yo facilité la
labor abriendo para el mis muslos.

Sin dejar de besarme empezó a acariciar mis coño , al principio abarcándolo todo
con su mano para después abrir mis labios y con sus dedos empezar a tocar mi
clítoris y la entrada de mi tesoro.

Yo ya estaba en el séptimo cielo con lo que no pude reprimir lo que estaba


sintiendo:

Tócame mi amor, tócame que me estás dando mucho gusto, dale placer a tu
mamá, sigue por dios sigue, que rico me vida, que rico lo que me haces y que
cachonda me has tenido todo el día.

Augusto paró de besarme para preguntar:

¿ Has estado cachonda todo el día?


Cachonda no, muy cachonda mi vida, hirviendo de deseo de que me hicieras lo
que me estás haciendo. En el Hospital cuando me has cogido las tetas me he
corrido, me he corrido como una colegiala. Puede parecer cruel pero el que me
tocaras las tetas delante de tu padre me ha dado un subidón.

Pues yo acariciándote los pies he tenido que parar porque me iba a correr.

Te has ido al baño y te has tocado.

No ha hecho casi falta, según he llegado al baño me he corrido como una bestia.

Mi niño se ha corrido acariciando los pies de esta vieja.

Mientras nos hacíamos estas confesiones mi hijo no había dejado de acariciar mi


chocho y yo ya había sentido que me iba a venir, que iba a explotar, que me iba a
correr como una perra y se lo quise decir:

Mi amor, me estoy viniendo, quisiera esperar pero no puedo, me voy a correr,


sigue que es muy rico lo que me haces, pero me voy a correr ya, me corro mi vida
me corro, me estoy corriendo, por dios para de tocarme o me matarás, ya me he
corrido mi amor, me he corrido delicioso.

Fue un orgasmo explosivo, sentí la dicha de que mi hijo se hubiera dedicado a


darme placer sin que yo hiciera nada por dárselo a el.

En ese momento todos los fantasmas de mi cerebro desaparecieron, mi tabús


sobre si lo que estaba haciendo era bueno o malo se decantaron porque me sentí
mujer, deseada, feliz y deseando darle placer al hombre que tenía a mi lado, sin
reserva de ninguna clase.

Tan pronto me recuperé del orgasmo, sin necesidad de pronunciar una palabra
cogí la polla de Augusto. Me encontré con una barra de carne dura y palpitante.
Mientras sujetaba el tallo con una mano, con la otra empecé a acariciar la cabeza,
el prepucio. Me lo encontré mojado y eso me llevó a hacer algo que no había hecho
nunca, llevé mi mano a mi boca para saborear el fluido de mi hijo. Lo encontré
delicioso.

Volví a mi tarea, empecé a menear la polla con la que tanto había soñado. Al
principio con más lentitud para poco a poco ir aumentando la cadencia guiándome
por los gemidos del hombre que estaba conmigo.

Era feliz dándole placer, llevándole al orgasmo, gozando de su cuerpo.

Mientras tanto Augusto volvió a engancharse a mis tetas, ahora en vez de con su
mano con su boca. Empezó a chupetear mis pezones, luego a absorberlos, a darles
suaves mordiscos, mientras sus manos seguían acariciando mis tetas.

Sentí que de nuevo me ponía cachonda, a pesar de acabar de tener un orgasmo


de nuevo mi cuerpo se volvió a encender.
Que gusto me das, mamá, que placer tan grande, sigue, sigue, me vas a hacer
correrme.

Quieres correrte, mi niño, quieres que tu madre te la siga meneando. Yo quiero


ver como te corres, como me das tu leche, mi vida.

Si mamá sigue meneándomela que ya me viene. Quiero que me saques toda mi


leche, quiero dártela.

Al saber que Augusto se iba a venir retiré la ropa porque quería verlo quería ver la
leche brotando de su verga.

Y Augusto se vino, primero fue un chorreón para a continuación lanzar otro y otro
y otro. Vi su leche volar por los aires y me eché en cara no haberla recogido en mi
cuerpo, en mis tetas o en mi boca. Algo que no se me había ocurrido en toda mi
vida.

Mi hijo se quedó quieto.

¿Te ha gustado?

Me ha gustado tanto que ya no voy a poder prescindir de ello en mi vida. Estoy


loco por ti y lo que ha pasado hoy lo llevo soñando desde hace años. Quiero que
además de ser mi madre seas mi mujer.

Ya lo soy, mi amor, me tienes presa, yo también soñaba con esto y con muchas
cosas más, soy tu madre pero tambien soy ya tu mujer.Y lo quiero seguir siendo
toda mi vida.

Desde aquel día hasta hoy han pasado casi seis años y muchas cosas. Al final mi
marido salió del Hospital y vive en casa con nosotros. Lleva seis años de
sufrimiento y le queda mucho tormento por recibir, hasta compensar los años en lo
que nos hizo desgraciados a mi hombre y a mi.

Esa noche no recuerdo que pasara digno de mención, sí se que dormí abrazada a
mi hijo y feliz por lo que había pasado. Sólo un pensamiento me preocupó antes de
dormirme y era que al día siguiente nos diera vergüenza por lo sucedido y no nos
atreviéramos a seguir adelante. Y yo quería continuar, para mi lo que había
sucedido era solo un pequeño adelanto de lo deseaba que pasara.Estaba loca por
sentir la polla de mi hijo dentro de mi, quería que me follara como le había visto
hacer con sus amantes.

Me desperté cuando la luz ya entraba por la ventana y lo primero que hice fue
levantar las cobijas para contemplar a mi hijo desnudo.

Augusto era un muchacho flaco , fibroso, nada que ver con un musculitos de
gimnasio pero con un cuerpo que a mi me pareció el más bonito del mundo en el
que sin duda había influido su afición a nadar casi a diario.
Con detalle y desde cerca pude ver sus atributos, una polla no muy larga aunque
bastante más larga que la de mi marido, y desde luego mucho más gorda, y unos
testículos que me parecieron dos kiwis maduros, llenos.

Un rinconcito de mi cerebro luchaba conmigo misma. El ser penetrada era algo


que me producía terror, que para mi significaba humillación, dolor y asco, pero a
pesar de esas experiencias estaba loca por tener la polla de mi hijo dentro de mi.
Mi deseo era mil veces mayor que mis miedos.

Una cosa había cambiado, sospechar siquiera que mi marido tenía intención de
follarme me secaba, notaba mi coño cerrado y seco y ahora lo sentía húmedo,
jugoso, deseando ser penetrado.

La preocupación con la que me dormí la noche anterior me llevó a tomar la


iniciativa, con Augusto echado boca arriba tenía libre acceso a acariciar la joya que
mi hijo lucía entre sus piernas de manera que eché mano de ella y empecé a
acariciarla.

A pesar de que mi hijo estaba dormido mis caricias surtieron efecto y la verga que
unos minutos antes me había parecido de buen tamaño empezó a crecer hasta que
se le marcaron la venas y su capullo se volvió de color casi morado.

Sintiendo que de mi sexo brotaba un manantial estuve tentada de montarme en él


y penetrarme yo sola pero no me pareció que siendo la primera vez fuera eso lo
que lo debía hacer.

Acerqué mi boca a su oído mientras seguía con su polla agarrada y le dije:

Augusto, quiero que me folles, quiero que me la metas, tengo un poco de miedo
pero quiero que me la metas. Fóllame mi amor. Fóllate a tu madre.

Augusto se despertó y lo primero que me dijo fue:

Estoy loco por metértela, quiero follarte y hacerte feliz, no tengas miedo, mi amor,
que voy a ir muy despacito y si te sientes incomoda no tienes más que decirlo y yo
pararé. Déjame que antes te prepare un poco.

Me separó los muslos y se metió entre ellos, yo pensé que ya me iba a dar la
estocada pero no lo hizo, puso su cara entre mis piernas y lanzó su lengua contra
mi chocho. Nunca había yo sentido ese estímulo tan delicioso.

Con lentitud su lengua recorrió mi coño de arriba abajo con lengüetadas anchas y
profundas para de ahí bajar hasta mi culo al que también le dedicó lengua.

Sentir la lengua de Augusto primero en mi chocho y luego en mi culo me llevó


directamente al cielo. No sabría decir qué me producía más placer, si se que el
notar como la lengua de mi hijo se recreaba en mi ano me puso más cachonda si
es que eso era posible.

Oleadas de placer recorrieron mi cuerpo y supe que me iba a correr, sentí que el
orgasmo me llegaba , lento pero inevitable, mis pezones estaban erectos y la
cabeza se me iba a cada lengüetazo. Ya no necesitaba que me la metiera, todo lo
que quería es que siguiera dándome lengua para correrme. Se lo dije:

Mi amor me voy a correr, ya no puedo esperar más, me estoy viniendo muy rico,
mi vida, me vas a matar de placer. Ya me vengo mi vida, me estoy corriendo, me
corro , me corro toda.

Cuando yo estaba aún disfrutando de bestial orgasmo sintiendo la lengua de mi


hijo penetrando en la puertas de mi culo, Augusto, con una pericia impropia de su
edad se subió hasta colocarse de rodillas entre mis muslos. Enfiló su verga a mi
chocho y sentí como el cabezón que hacía unos momentos había visto, se abría
paso entre mis labios, los adecuaba a su tamaño para a continuación meterse
completamente en mi.

En contra de mis miedos no sentí el menor dolor, sería una blasfemia llamar dolor
a lo que sentí, la polla de mi hijo tomo posesión de mi chocho, me lo llenó por
completo y yo me sentí la mujer mas feliz del mundo. Solo alcancé a decir:

Augusto todavía me estoy corriendo con lo que me has hecho y ya me tienes llena
con tu polla. Eres una abusador.

Siguiendo mi broma mi hijo me dijo:

¿Quieres que te la saque?.

Si me la sacas te mato, lo que quiero es que me folles, que me folles como te has
follado a otras mujeres que yo te he visto, que me folles como una bestia.

Así que me has visto follando. Y que te ha pasado.

Si te he visto, y me ha dado envidia y me he puesto muy cachonda.

Y te has tocado.

Si me he tocado, me he hecho muchas pajitas pensando que me gustaría que la


que estuviera debajo de ti fuera yo en vez de ellas.

Eres una mamá muy viciosa y vas a recibir tu castigo.

Augusto me cogió cada nalga con una mano, levantó ligeramente mi culo y
empezó, ahora si a entrar y salir de mi cada vez con más fuerza y con más
profundidad. Yo sentía las paredes de mi coño llenas y la punta de su polla
chocando con el fondo de mi cueva.

Sin todavía estar recuperada de mi primer orgasmo sentí que me venía el


siguiente, una descarga de placer recorrió mi cuerpo desde las uñas de mis pies
hasta lo más profundo de mi cerebro, sentí que la cabeza se me iba.
Por un momento pensé que me iba a desmayar mientras Augusto seguía
embistiéndome cada vez con más violencia. Mi hijo sacaba su polla de mi hasta
casi tenerla fuera para desde ahí percutir contra mi con todas sus fuerzas.

Cada pollazo me producía una descarga de placer cada vez mayor, tanto como
para saber que me iba a correr de nuevo:

Hijo me estás matando de placer, me voy a correr otra vez, no te voy a esperar,
siento que me voy a correr, me están llorando los ojos y se me va la cabeza, pero
por dios no pares, sigue follándote a tu mamá. Fóllame como a una perra que me
quiero correr.

Mis palabras actuaron de acicate en Augusto quien aumentó sus embestidas.

Me estoy corriendo mi amor, me estoy corriendo y soy la mujer más dichosa del
mundo. Me está follando mi hijo y me está matando de gusto. Me corro mi amor,
me corro, me corro.

Sin hacer caso de mis palabras Augusto siguió entrando y saliendo de mi.

Yo, loca de placer, le pedí lo único que no me había dado:

Quiero tu leche, mi vida, quiero sentir como me llenas con tu leche, necesito sentir
como te corres dentro de mi, dámela, dámela toda.

En medio de aquel torbellino de placer mi hijo me dijo:

Me voy a correr mamá, me voy a correr dentro de ti , te lo voy a dar todo pero
antes te tengo que hacer una petición.

Pídeme lo que quieras que te lo voy a dar.

Quiero seguir follando contigo cada vez que uno de los dos tenga ganas, cada vez
que uno de los dos quiera follar.

Te juro Augusto que tantas veces como tengas ganas vas a tener este chocho a tu
disposición, pero dame ya tu leche que no puedo esperar más.

Ya te la doy, mi amor, ya te la doy toda, me estoy corriendo mi vida me estoy


corriendo y te lo estoy dando todo.

El canalla de mi hijo todavía tuvo tiempo de pensar otra travesura, cuando sintió
que se venía uno de sus dedos sin respetar a nada ni a nadie se dirigió a mi culo y
se metió en él.

Mientras notaba la leche de mi hijo entrando en mi cuerpo ese último gesto de


Augusto me produjo otra descarga de placer y sentí que otra vez me corría, menos
intensamente que las veces anteriores, pero me corría.
Nos quedamos los dos exhaustos , Augusto desplomado encima de mi y yo en un
estado de felicidad para mi desconocida. Hubiera querido pasar lo que quedaba de
mi vida en esa situación, con la polla de mi hijo clavada en mi carne.

Después de un buen rato Augusto se descabalgó de mi y se echó a mi costado.

¿Te ha gustado como te he follado?

Me has vuelto loca mi amor. Nunca había sentido tanto placer. Me he corrido tres
veces, eres un animal que no respeta ni a su madre.

Yo no había sentido hasta ahora lo que he sentido metido dentro de ti, todo lo que
quiero es pasar mi vida disfrutando de ti, he pasado tanto tiempo deseando que
fueras mía que aún no me lo creo.

Pues si, soy tuya, completamente tuya, y también quiero seguir siéndolo.

Aunque tu marido (nunca decía mi padre) se recupere no va a volver a ponerte la


mano encima, aunque tenga que matarle.

Te lo juro mi amor, nunca más voy a consentir que me toque y no va a hacer falta
que le mates. No digas barbaridades.

Aunque era bien de mañana caímos en un estado de somnolencia, disfrutando de


esa flojera que solo se produce después de un polvo.

Aquel se puede decir que fue el primer día de los seis años que han venido a
continuación. Seis años de sexo y placer diario.

Fue ese mismo día cuando después de ducharnos Augusto decidió que tenía
demasiado pelo en mis ingles y decidió recortármelo.

Me tendió en la cama y se trajo sus útiles de afeitado. Antes de proceder me


indicó con su dedo de donde me iba a quitar.

Te voy a dejar tu monte de Venus intacto, y te voy a quitar el pelo de tus labios
para que cuando te meta la lengua no tenga nada que me lo dificulte.

Me dio espuma y se afanó con la maquinilla. A mi la escena, espatarrada frente a


Augusto y con sus narices a una cuarta de mi coño me tenía encantada, es más
estaba segura de que no resistiría la tentación de darme lengua.

Cuando pensé que había acabado y estaba esperando el primer lengüetazo me


mandó ponerme en cuatro.

¿Que me vas a hacer ahora?

Quiero ver si tienes algún pelillo rebelde en tu culo. No tienes casi ninguno pero
conviene quitarlos.
Sentí la espuma de afeitar y los dedos de Augusto extendiéndola.

Cuando me pasó la toalla supe que había terminado y fue entonces cuando mi hijo
llevó a cabo su ataque.

Conmigo a cuatro patas, mis muslos abiertos, y recién afeitada, su lengua se


dirigió directamente a mi ano.

Sentir su lengua en lo más escondido de mi cuerpo me puso a mil.

Augusto paró un momento para decirme:

Quiero que te toques mientras me como tu culo. Tócate.

Con la cara de Augusto empotrada entre mis nalgas, su lengua taladrando mi culo
y yo acariciando mi chocho no tarde en alcanzar el orgasmo y en el momento que
me venía tuve la tentación de pedirle que en vez de su lengua me metiera su polla,
que profanara el único hueco que yo tenía tan virgen como cuando vine al mundo,
pero la oleada de placer me impidió decir lo que pensaba.

La sensación que sentí me produjo tanto placer que ni pude ni quise reprimir mis
deseos de berrear, de chillar como si me estuvieran matando y hasta de insultar a
mi hijo.

Esa misma tarde y a petición de Augusto me puse un vestido ligero y siguiendo


sus instrucciones prescindí de la ropa interior. Fuimos al hospital a ver como seguía
mi marido.

Antes de visitarlo hablamos con el médico.

Su vida de momento no corre peligro a no ser que sufra otro ictus, pero si no hay
una recuperación en los próximos días es seguro que se va a quedar en un estado
precario. Sabemos que ve, sabemos que oye incluso que entiende lo que se le
dice, sabemos que tiene sensibilidad es su cuerpo , si se le pincha con una aguja
reacciona pero ni habla ni casi con seguridad va a volver a hablar. En cuanto a su
movilidad tendrá que estar en una silla de ruedas. Su cerebro está dañado y eso es
irreversible.

Cuando entramos en su habitación cerramos por dentro y Augusto se dirigió


directamente a él

Se que me oyes y que entiendes lo que te digo, quiero que sepas que yo pensaba
que lo mejor era que te murieras para que nos dejaras en paz para ser felices, pero
ahora quiero que vivas, que vivas para que sufras todo lo que nos has hecho sufrir.

Mi marido ante estas palabras movía los ojos en todas direcciones como buscando
que alguien entrara en la habitación. Su mirada era de odio, pero también de
miedo. Toda la soberbia que había demostrado durante años había desaparecido.

Mamá hazme un favor , levántate las faldas para que este hijo de puta vea lo que
llevas debajo.
De pie junto a su cama me levanté las faldas y dejé mi chocho desnudo delante de
él.

Pedro dirigió su mirada a mi desnudez y su mirada reflejó el odio que sentía por
nosotros.

Mira bien ese chocho porque nunca más vas a tocarlo.

Metió la mano por debajo de las sabanas y me dijo:

Sabe lo que está viendo, se está empalmando. Por cierto tienes una mierda de
polla.

Augusto se puso junto a mi y con parsimonia me empezó a acariciar, sus manos


recorrieron mi culo y desde ahí pasaron a mis ingles.

Mejor que levantarte la falda quítate el vestido.

Conmigo ya en pelota y mientras con su mano acariciaba mis tetas me preguntó:

¿Has estado follando hoy?

Si , dos veces

¿Y has disfrutado?

He disfrutado como una perra.

¿Cuantas veces te has corrido?

Me he corrido seis veces

¿Follando con este hijo de puta te habías corrido alguna vez?

Nunca

¿En toda su vida no te había echado un polvo que te hiciera correrte?

En toda su vida, lo que me producía era repugnancia.

En ese momento Augusto ya me estaba acariciando toda, una de sus manos


estaba enterrada entre mis muslos.

¿Y quien ha sido el que te ha follado tan rico hoy?

Has sido tu mi amor, y esta noche me vas a volver a follar.

Enséñale a este monstruo lo que te ha metido el maricón de tu hijo.


Desabroché el cinturón de Augusto, le bajé los pantalones y le dejé la polla al aire.

Esto es lo que me mete mi hijo y lo que hace que me corra como una perra. Y
cuando estés en casa, caso de que estés, te vamos a dejar ver como se folla de
verdad. Vámonos hijo que esta escena me ha puesto cachonda y tengo ganas de
comerte la polla.

Yo no te voy a negar nunca algo que te de placer. ¿Tienes ganas de comerme la


polla?

Si, mi amor, tengo muchas ganas

Pues cómemela.

Me senté en la cama del enfermo y Augusto se quedó de pie frente a mi.

No exagero si digo que le hice la mejor mamada de su vida y cuando Augusto me


dijo que se iba a correr dejé mi tarea y le pedí que le echara su leche a mi marido.

Augusto lanzó una descarga directamente a la cara de su padre y después otra y


otra más.

Lo que nos había dicho el médico era verdad, entendía lo que pasaba y la
demostración eran sus ojos inyectados en sangre y el rictus de su boca. Vimos que
hacía como intención de hablar pero no pudo.

Augusto volvió a meter la mano bajo las sabanas y me dijo:

Sigue empalmado se ve que le pone cachondo ver como su mujer hace una
mamada a su hijo. Eres una mierda de persona y te queda mucho por sufrir.

Nos vestimos y nos fuimos a casa.

Desde ese día han pasado seis años, mi marido fue al fin dado de alta y le
trasladamos a nuestra casa, y allí pagó con creces el sufrimiento que me había
hecho padecer.

Ya habían pasado unos meses desde que mi hijo y yo follamos por primera vez y
desde entonces nuestra vida se puede decir que había sido monótona, ya que los
dos seguíamos poseídos de una fiebre que nos llevaba a estar todo el día calientes
y como consecuencia a follar como dos conejos.

A mi que tanto había padecido en mi vida marital el que Augusto necesitara tanto
la cama como yo, me hacía feliz. Me había propuesto recuperar los años perdidos y
mi plan iba por buen camino.

Un buen día Augusto me pidió en matrimonio y yo le dije que si. Tanto la


propuesta como mi contestación eran absurdas pero a los dos nos gustó y tan
pronto yo le di mi contestación me pidió que nos fuéramos a la habitación porque
quería consumar el matrimonio.
Cualquier escusa, cualquier comentario, cualquier gesto nos valían tanto al uno
como al otro para gozarnos. No precisábamos irnos al la cama, bastaba que yo me
abriera de piernas frente a él mientras plácidamente veíamos la tele para que
Augusto se lanzara sobre mi y como yo cumplía estrictamente su orden de no
llevar nunca bragas no le requería ningún esfuerzo bajarse los pantalones y en el
mismo sillón en el que estábamos follarme sin piedad. He de reconocer que a mi
me pone muy cachonda que mi hijo me asalte y me penetre por sorpresa. Me
excita lo imprevisto y Augusto lo sabía.

En muchas ocasiones cuando yo estaba preparando el desayuno me atacaba por


detrás, me subía lo que llevara puesto y sin mediar palabra me penetraba, yo me
inclinaba sobre la mesa y no parábamos hasta satisfacernos.

Siguiendo la broma de viaje de novios nos fuimos a Ibiza, yo pensaba que lo


mismo nos habría dado ir a Torrelodones o a un sótano porque todo lo que
necesitábamos era estar juntos y tener intimidad para que Augusto se metiera en
mí.

Al segundo día de estar en Ibiza decidimos ir a una playa nudista más


concretamente a Els caballers.

A mi que me habían tenido sometida a una vida de mojigatería la idea de ir a una


playa en la que me iba a quedar desnuda, con mi mata de pelo al aire delante de
un montón de gente me ponía caliente. Solo me preocupaba una cosa y era que
con toda seguridad me iba apetecer que Augusto me follara y sabía que eso no iba
a ser posible.

Llevábamos ya un buen rato tomando el sol y como yo había previsto el estar


desnuda, con mis muslos bien separados, viendo como muchos hombres me
miraban con detenimiento y con deseo, me puso caliente como una perra. Si por
mi fuera me habría hecho una pajita o mejor le hubiera pedido a Augusto que me
montara pero la playa estaba demasiado concurrida.

En cuanto a Augusto debía estar sintiendo algo parecido porque en un par de


ocasiones vi como su polla empezaba a crecer y necesitó ponerse boca abajo.

Así las cosas se me acercó una señora madura muy bien parecida y que en línea
con donde estábamos venía en pelota. En contra de la moda imperante ella como
yo íbamos con nuestro vello púbico. Y en su caso bien poblado.

Señora puedo hablar un momento con usted

Si , dígame.

Mi marido es Claudio Restrepo, por si usted no sigue el mundo del arte le diré que
es un pintor mundialmente conocido.

El nombre me suena , contesté aunque no me sonaba de nada.

Pues bien, mi marido me ha pedido que me dirigiera a usted para preguntarle si


sería usted tan amable como para posar para él. Me ha dicho que hace mucho
tiempo que no había visto una belleza como la suya, es usted una madona del
Renacimiento y mi marido sería muy feliz si usted aceptara que la retrate. Ha
preferido que viniera yo para que no pensara usted que su oferta escondía otros
propósitos.

Señora me deja un poco confundida. No se que contestar.

Si le parece traigo a mi marido y lo charlamos los cuatro.

No esperó mi contestación se dio la vuelta y se fue.Un par de minutos después


llegó acompañada con un hombre maduro, cercano a los sesenta pensé. También
venía desnudo.

A pesar de la edad tenía un cuerpo muy cuidado, delgado y hasta musculoso, el


cabello blanco y unos ojos azules que me perforaron con su primera mirada.
Mentiría si no dijera que al verle llegar le eché una mirada a su entrepierna y
comprobé que poseía una buena pieza.

En cuanto a su acompañante calculé que debía andar por la cincuentena pero


conservaba un cuerpo bonito, flaca, con un buen par de tetas seguramente
operadas, las caderas anchas a pesar de su delgadez, una cara de rasgos exóticos
y una boca grande y sonriente.

Al verlos venir tanto Augusto como yo nos pusimos de pie.

Ya junto a nosotros se presentó:

Soy Claudio Restrepo y ella es Claudia mi mujer.

Yo me llamo Rosa y este es mi hijo Augusto.

Había pensado que era su pareja.

Yo recibí su comentario como el halago de un hombre educado.

Paso por alto la conversación que mantuvimos, la verdad es que ni la recuerdo, si


se que Claudio al que le saqué un parecido con Giorgio Armani, me escaneó el
cuerpo al completo , con respeto pero con detalle, y según su mirada fue
recorriendo mi cuerpo sentí una oleada de calor. Frente a mi un hombre maduro,
educado, guapo, con un cuerpo cuidadísimo, con una piel tostada y una sonrisa
irresistible.

Nos invitó a ir a su casa el día siguiente y yo acepté.

Cojan un taxi y dígale que van a mi casa, me conocen todos los taxistas de la isla.

Según entramos en la habitación del hotel mi hijo me dijo:

Ese tío te ha achicharrado con la mirada.


No me he dado cuenta, mentí. Si te he visto a ti fijarte en su mujer.

Es una mujer muy guapa y simplemente la he mirado.

Es una mujer preciosa y además está en la edad en la que a ti te gustan, te saca


treinta años.

Supe que Augusto me estaba mintiendo y sospeché que el también supo que yo le
había mentido.

Me duché para quitarme el salitre y a continuación lo hizo mi hijo. Cuando salió de


la ducha yo estaba tendida en la cama esperándole y Augusto sin mediar palabra
me abrió los muslos y me penetró. En ese momento supe que mis sospechas eran
ciertas, la mujer de Claudio había excitado a mi hijo.

Follamos muy rico, como siempre, pero en este caso con un punto más de fragor
por ambas partes. Augusto se empotró en mi y yo le abrí mi gruta al máximo
porque necesitaba sentirme follada.

A la mañana siguiente nos fuimos a casa de Claudio. Un casa típica ibicenca,


enfrente de una cala y sin nadie a su alrededor.

Nos recibió la pareja, ambos con chilabas, nos ofrecieron un café y cuando
acabamos de tomarlo Claudio nos pidió que pasáramos a su estudio.

Voy a ser claro y directo te quiero pintar desnuda, yo me paso la vida observando
a las mujeres y hacía mucho tiempo que no veía una mujer tan perfecta. El
encontrarte en la playa ha sido un regalo que me permitió verte desnuda.

Con descaro le contesté:

¿Y a todas la mujeres que ves bonitas las quieres pintar desnudas?

No, solo pinto a aquellas que me parecen extraordinarias. De hecho no he pintado


un desnudo en los últimos cinco años , bueno salvo a Claudia. Para encajar el
cuadro uso fotos. Si te da vergüenza o te sientes incomoda lo dejamos.

En ese momento pensé una cosa: estoy loca por quedarme en pelota delante de
ti, pero dije otra: ya nos hemos visto desnudos así que porque había de darme
vergüenza. ¿dónde me cambio?

Bueno la verdad es que ya hemos estado todos desnudos y nos hemos visto.
¿Dónde me cambio?

Aquí mismo, como yo, para que no te sientas incomoda yo también me voy a
quedar desnudo.

Y dicho y hecho, se sacó la chilaba por la cabeza y se quedó en pelota.

Yo a mi vez me desabroché el vestido que llevaba y lo dejé caer a mi pies.


¿Pensabas que te quería pintar desnuda y has venido preparada?

No, no te figures historias, es más sencillo, nunca uso ropa interior.

Me encanta que sea así. A mi mujer se lo tengo prohibido. ¿Tu tienes alguien que
te lo prohíba?

A mi nadie me puede prohibir nada, yo voy sin bragas y sin sujetador porque no
me gusta llevarlos.

Mi hijo y Claudia para no ser menos, se quitaron la ropa.

Si queréis tomar el sol podéis hacerlo en la terraza, abajo.

Claudia tomó de la mano a Augusto y se lo llevó. Les vi marchar y pensé que


Claudia tenía un culo precioso.

Y el pintor empezó una sesión fotográfica completa, con una Nikon enorme
disparó y disparó y volvió a disparar,

Sin saber cual iba a ser el encuadre de la pintura Claudio me hizo fotos en todas
las posturas muchas de ellas innecesarias y con toda seguridad hechas para su
propio placer. Fotos claramente pornográficas que no iban a ser motivo de ningún
cuadro. Claudio aprovechándose de la situación me hizo cambiar cien veces de
postura prestando especial atención a mi chocho y a mi culo.

El que Claudio fuera tan guarro me puso a cien, sentí el deseo correr por mi
cuerpo y una calentura que hasta ese momento solo me había producido mi hijo.

Ponte de espaldas, inclínate hacia delante, separa bien tus muslos y mira hacia un
lado, sin mirar a la cámara.

Me espatarré cuanto pude le puse mi culo en pompa y le hice caso, no miré a la


cámara, si me fijé en su polla que siguiendo sus propias reglas estaba ya a media
asta.

Con tu mano ábrete un poquito la nalga.

Ahora tiéndete boca arriba y abre bien tus piernas, me provoca hacerte un retrato
parcial como el Origen del mundo de Courbet. ¿ lo conoces? Bueno ahora te lo
enseño.

Dejó la cámara y buscó en un libro.

El cuadro del que me hablaba era sencillo, y según supe después famoso, un
plano cerrado de una mujer reclinada, una sabana le tapaba parcialmente los
pechos, solo se el veía un pezón y el resto era un primer plano de la ingles de la
modelo con los muslos abiertos. Entre una gran mata de pelo eran visibles los
labios y el clítoris. Ni se le veía la cara ni las rodillas.
Claudio tu además de pintor eres un guarro.

No querida, yo soy un admirador, un fanático de la belleza femenina y tu eres una


maravilla de mujer.

Ya se que eres casado pero ¿te sueles enamorar de tus modelos?

Absolutamente, ya estoy enamorado de ti. Si no lo estuviera no podría pintarte y


cuando te haya pintado me desenamoro. A ti no te pido que te enamores pero
concédeme que cuanto menos esta situación te excita.

Sinceridad por sinceridad, me has excitado, pero no pienses que eso significa
nada. A ti no te pregunto porque a la vista está.

No he podido evitarlo tienes un cuerpo precioso y tentador. Bueno déjame que


haga unas fotos en plan Origen del mundo y hemos acabado.

Me puso boca arriba con los muslos abiertos imitando la postura de la pintura y se
acercó con la cámara hasta estar casi encima de mi.

Cuando ya había disparado una serie con todo descaro y mientras yo no podía ver
lo que hacía, cogió uno de los labios de mi chocho y lo abrió para a continuación
con toda lentitud abrirme el otro.

Sentí un calambrazo recorriéndome el cuerpo. La situación tenía para mi una


carga erótica masiva, notaba mi chocho encharcado. Y él también lo notó.

No me has mentido, estás mojada. Estás excitada, mejor, yo diría caliente.

Eres un descarado y yo no miento nunca.

Querida Rosa todos mentimos en algún momento, yo ya se una mentira tuya.

¿Cual es?

Cuando llegue la ocasión te lo diré, estoy seguro de que me has mentido.

Si me demuestras que te he mentido me puedes pedir lo que quieras

Te lo demostraré y en cuanto a lo que te voy a pedir ya lo tengo pensado.

Acabamos la sesión fotográfica y Claudio me dirigió a la terraza en la cual mi hijo


y Claudia tomaban el sol. Mi hijo estaba boca abajo lo que me hizo pensar que no
estaba presentable.

Quedamos en volver al día siguiente, Claudio pensaba trabajar lo que quedaba del
día en el encaje del cuadro.

Volvimos a nuestro hotel, comimos algo ligero y nos fuimos a nuestra habitación.
Tan pronto entramos tuve que sincerarme con mi hijo:

Augusto quiero ser sincera contigo, en la sesión de fotos con Claudio me ha


pasado algo que solo me había pasado contigo.

¿Que ha sido?

Que me puesto cachonda, cachonda como una perra, cachonda como hasta hoy
solo me habías puesto tu. Si me lo hubiera pedido no se si me hubiera podido
resistir.

Mi amor mi felicidad es la tuya y si sientes un deseo fuerte de hacer algo no creo


yo que egoístamente te lo deba impedir. Por cierto a mi su mujer me ha puesto
cardiaco, me ha pedido que le diera crema solar pero en todo el cuerpo, hasta
donde ella podía dársela, incluyo las tetas y el coño. Yo creo que lo tenían
planeado.

Que quieres decirme, que si me vuelvo a poner caliente que le deje, porque estoy
seguro que me lo va a pedir.

Si, mi amor, si te vienes ganas de que te folle, fóllatelo. Y si a mi su mujer me


vuelve a tentar me la tiro igual. ¿Tu a quien amas?

A ti mi vida, por el no siento nada, solo deseo de que me folle.Bueno Augusto, yo


ya venía caliente y esta conversación y la idea de que mañana vamos a cambiar
de pareja los dos me ha puesto más, y cuando me pongo así ya sabes lo que
necesito.

Follamos muy rico y cuando acabamos le pregunté:

Dime la verdad ¿has estado pensando en ella cuando me follabas?

No mamá tan pronto me meto dentro de ti no puedo pensar en otra cosa.

Esa noche salimos a cenar a un restaurante junto a la muralla. Para la ocasión me


puse un vestido ibicenco de tela casi transparente y con muchos encajes y que
sobre todo, al ser tan liviano, iba proclamando a voces que debajo iba desnuda
cosa de la que en Ibiza nadie se escandaliza. Me miré en el espejo y tengo que
reconocer que me encontré estupenda.

La ida y la vuelta fue una sucesión de paradas para comernos a besos que
Augusto aprovechaba para echar mano de mi culo por el que tiene una fijación. Ya
cerca de nuestro hotel nos cruzamos con un grupito de chicos, algunos se me
quedaron mirando y cuando ya nos habían rebasado me levanté las faldas para
que vieran desnudo el culo que les había llamado la atención. Me lo agradecieron
con silbidos y gritos.

Como no podía ser de otra forma cuando regresamos a la habitación nos volvieron
a entrar las ganas, en esta ocasión me asomé a nuestra terraza a ver la ciudad de
noche y mi hijo hizo lo que tanto me gusta, me atacó a traición desde mi
retaguardia, me levantó las faldas a lo que correspondí abriendo mis muslos y se
metió en mi, yo agarrada a la baranda de la terraza sentí la verga de mi hijo
penetrándome hasta el fondo. Augusto siempre luce unas erecciones tremendas
pero en esta ocasión sentí que la verga de mi amante estaba más en guardia que
de costumbre.

Sentirme penetrada y la violencia que mi hijo empleó en follarme me hicieron


gritar como una perra. Echamos un polvo muy rico , pienso yo que con nuestra
cabeza puesta en lo que iba a pasar al día siguiente.

Aunque pueda parecer exagerado mi relato lo cierto es que de media follábamos


dos veces cada día aunque mentiría si no dijera que hubo días en los que tuvimos
sexo tres veces pero fueron los menos.

A la mañana siguiente volvimos a la casa del pintor. Los prolegómenos fueron


iguales al día anterior. Cuando llegamos al estudio vi con asombro que Claudio
había encajado completamente el cuadro lo que me obligó a poner la postura
exacta a la que el había elegido para el cuadro.

Yo aparecía tendida en un diván con una mano recostada sobre mi vientre, las
piernas abiertas y de una forma clara y explicita mi chocho al aire. Casi como el
cuadro que me había enseñado pero de cuerpo entero.

Estuve en la postura indicada hasta la hora de comer. Claudio me hizo a lo largo


de la sesión pequeñas correcciones, la mayoría de ellas para que abriera más los
muslos.

Mi mujer y tu hijo ya habrán comido, a mi es que pintando se me van las horas sin
darme cuenta. No están en la terraza.

Según me lo dijo yo supe lo que estaba pasando, Augusto se estaba follando a


Claudia.

Nos bebimos casi una botella de vino blanco helado y cuando acabamos de comer
yo me sentí cansada.

Si estás cansada te sugiero que te eches un rato en el diván, yo con media hora
suelo tener suficiente. Yo te despierto.

Lo siguiente que recuerdo fue la mano de Claudio acariciándome las tetas


mientras me decía:

Rosa, Rosa.

Me desperté y sentado a mi lado estaba él, a pesar de que vio que me había
despertado no retiró su mano de mis tetas.

¿Estás preparada para que te demuestre que me has mentido? Augusto no es tu


hijo, es tu amante.

Que te hace pensar eso.


Su lenguaje corporal lo grita, es el macho alfa de tu casa. Es tu dueño.

Pues te has equivocado es mi hijo.

Bueno las dos cosas pueden ser verdad pero tengo otra mentira. Tu me dijiste que
no llevabas ropa interior por tu gusto pero estoy seguro de que te lo ha pedido
Augusto.

Pude mentirle pero no quise porque sabía lo que me iba a pedir y yo quería que
me lo pidiera. Pues en eso llevas razón pero es una mentira pequeña.

Un trato es un trato.

Y yo lo voy a cumplir pero como yo también soy observadora te voy a decir lo que
tu me vas a pedir, si acierto ya no te debo nada.

De acuerdo

Tu lo que quieres es follarme.

A mi me gusta más decir cogerte. Has ganado ya no me debes nada.

Aunque ya no te deba nada, franqueza por franqueza yo también estoy deseando


que me cojas, lo deseo desde ayer. Yo ya no estoy para perder el tiempo, lo que
me gusta lo cojo y punto.

Te tengo que hacer otra pregunta: me he equivocado y Augusto no es tu amante.

No, Augusto es mi hijo pero además es mi hombre, mi marido, mi amante, el que


me vuelve loca cada noche en la cama.

Que encantador, tu hijo y a la vez tu hombre. Eres una mujer llena de sorpresas.

Se tendió junto a mi, desnudos ya estábamos los dos y lo primero que hizo fue
acariciarme primero las tetas y a continuación mi coño.Sus dedos se deslizaron
entre mis labios vaginales mientras nos comíamos a besos. Yo estaba caliente
como una plancha deseando que Claudio me penetrara ya. Si tuve tiempo para
agarrarle la polla y al tacto me pareció más gorda de lo que yo pensaba.

El canalla se tomó su tiempo, me acarició y me comió las tetas antes de bajarse a


mis pies para comerme el coño.

Me puso incandescente y se lo dije:

Por dios fóllame ya o haz que me corra con tu lengua. Sigue por favor, sigue

Tan pronto oyó mi petición subió de las profundidades y me penetró, lo hizo con
una embestida y su polla entró en mi de ese único envite.

Así que te gusta que te coja tu hijo


Me vuelve loca, llevamos seis meses follando y me tiene más que satisfecha.

Entonces porque estás cogiendo conmigo.

Porque me gustas mucho, me has puesto muy cachonda y me han dado unas
ganas enormes de que me echaras un polvo. No me había pasado nunca. Tu sabes
que eres un hombre muy atractivo.

¿Vas a disfrutar conmigo? ¿ Te vas a entregar a todo el placer que yo pueda


darte?

Ya estoy disfrutando como una perra, me tienes hirviendo y siento tu polla muy
rica. Dame polla, mi vida, dame polla hasta matarme y haz conmigo lo que se te
antoje.

Claudio resultó ser un amante excepcional, me echó un polvo antológico,


manejando los tiempos, llevándome hasta el umbral del orgasmo para entonces
aminorar el ritmo y volver a subirme al cielo. Me corrí tres o cuatro veces y no digo
el número exacto porque enlazaba un orgasmo con otro.

Cuando Claudio me dijo que se iba a correr, cuando sentí su semen entrando en
mi cuerpo me volví a venir, estuve en el paraíso un momento, me sentí morir y
disfruté de un orgasmo bestial.

Una vez nos repusimos Claudio me dijo:

Eres una mujer celosa

¿Por qué me lo preguntas?

Porque Claudia se ha cogido a tu hijo seguro.

Anoche lo hablamos yo le dije que estaba loca por echar un polvo contigo y el me
confesó que tu mujer le había puesto muy caliente, quedamos de acuerdo en que
hoy los dos íbamos a cambiar de pareja. ¿Ella es tu esposa?

Es mi amante, y te tengo que decir que es una amante extraordinaria. ¿ Has


cogido rico?

Si muy rico, me has echado un polvo divino. Cuanto vas a tardar en pintar el
cuadro.

Unos diez días, ¿por qué?

Porque quiero saber los días que vamos a follar tu y yo.

Vamos a coger todos los días que tu quieras, yo creo que cada día que vengas,
porque creo que tu, que eres una mujer muy caliente, además te hace feliz dar
placer a los demás. Y no precisas estar enamorada para coger, Claudia en eso es
igual que tu. Sigue así toda tu vida. Y no se te ocurra depilarte el coño, así como lo
tienes está perfecto.

En esa sesión estuvimos hasta tarde, cuando llegamos al hotel Augusto empezó la
conversación:

Me he follado a Claudia aunque sería más exacto decir que me ha follado ella a
mi. Es una virtuosa del sexo, se ve que le gusta follar tanto como a nosotros y sabe
como hacer feliz a un hombre. Seguro que a Claudio lo tiene satisfecho.

¿Ha sido un polvo bueno?

Más que un polvo ha sido una sesión muy buena, me ha dejado exhausto. Y a ti
¿como te ha ido?

Claudio me ha cogido, como el dice, y te tengo que decir que es un amante


magnifico. Va a tardar diez días en acabar el cuadro y si es por mi yo follaría con él
los diez días. Ha sido distinto a follar contigo, no digo mejor, digo diferente, pero
me ha dado mucho placer.

Pues yo haré lo mismo con su mujer los diez días, lo único que me puede
preocupar es que cuando vengamos al hotel no tengas ganas de que echemos un
polvo tu y yo.

¿Tienes miedo mi amor? Pues quítatelo de la cabeza, por mucho placer que me
haya dado Claudio yo siempre querré que tu me montes, todos los días, sin
excepción, incluido hoy.

Y Augusto cumplió conmigo esa noche como todas las demás. Y fue mientras me
follaba cuando pensé lo diferente que era estar con uno u otro. Por Augusto sentía
un amor infinito y desde ese sentimiento tenía la necesidad de que fuera mío y yo
suya. El caso de Claudio era totalmente distinto, por el no sentía nada salvo deseo,
deseo carnal, calentura, verriondez, ganas de follar.

El saber que yo ya no necesitaba sentimientos para tener sexo me pareció un


descubrimiento maravilloso que estaba en contra de todo lo que me habían
enseñado.

El día siguiente el guión cambió algo, desde el primer momento Claudio llevó al
conversación al terreno que le interesaba.

Hoy estoy más tranquilo, ayer tenía la angustia de si ibas a querer coger conmigo,
es lo que nos pasa a los hombres cuando deseamos a una mujer y ya durante la
sesión estaba preocupado de tener erecciones y que te sintieras incomoda.

Yo estaba igual, por un lado deseaba que tomaras la iniciativa para decirte que si,
para dártelo todo, pero no sabía seguro si me lo ibas a pedir. En cuanto a tus
erecciones te vi en alguna ocasión y me gustó porque pensé que mi cuerpo te
atraía, acabarías por pedírmelo.

Me tendí y cogí la postura. Claudio vino a corregir mi posición.


Lo primero que hizo fue deslizar sus dedos por mi chocho mientras me besaba.

Me encanta comprobar que estás mojada, yo también estoy excitado.

No me hace falta que me lo digas, mira como está tu soldadito.

Podría ponerme a pintar ahora mismo pero los dos íbamos a tener nuestra mente
en otra cosa, si te parece nos vamos a la cama y nos sacamos los nervios.

Yo no preciso ir a ninguna cama, fóllame aquí mismo.

Dicho y hecho, el diván era cómodo y amplio. En esta ocasión como si los dos
sufriéramos de urgencias ni Claudio ni yo gastamos tiempo en preparativos, me
abrió los muslos y me penetró.

¿Quiero que me concedas un deseo?

¿Qué me vas a pedir ahora?

Quiero tu culo, quiero cogérmelo, me va a encantar ponerte en cuatro y con todo


tu culo en pompa profanarlo.

Pues no voy a dártelo, no se lo he dado a nadie, ni siquiera a mi hijo.

Lo entiendo tu hijo tiene una verga que te debe asustar, la mía es más asequible,
si tu me dejas yo te inauguro y te dejo tu culito preparado para que se lo ofrezcas
a tu hijo. Puedes estar seguro de que te lo va a pedir. Claudia ya le habrá dado el
suyo y ahora va a querer el de su madre.

Me da miedo pero no hablemos ahora, te tengo dentro y lo que quiero es que me


folles como si fuera una puta a la que estás pagando.

¿Te gusta hacer de putita?

No lo he hecho nunca pero sintiéndote dentro me ha dado ganas de que me


insultes, de que me trates de puta.

Todo lo que te de placer yo lo hago.

Y ahí empezaron sus embestidas.

Te gusta cogerte a tu putita mi amor, te gusta pagarme por follar, vicioso que eres
un vicioso y un degenerado. Aún no te he dicho el precio.

A las putas yo no les consiento que me insulten, solo las uso para mi placer como
hago contigo. Te gusta sentir toda mi verga dentro de ti o eres una puta remilgada.

No soy nada remilgada soy puta de vocación, me gusta mucho sentir esa verga
gorda metida en mi chocho de puta, y ser bien puta cuando me follas. Fóllame,
perro, fóllate a tu puta.
Mis propias palabras contribuían a mi calentura, me di cuenta que estaba
hablando con Claudio de una manera que no me atrevía a hablar con Augusto y
eso me encendía.

Cuando me estaba dando más duro, cuando ya me había venido un par de veces,
el sátiro me dijo:

A una puta reputa como tu me gusta follarle el culo así que me lo vas a tener que
dar si o sí.

Si te lo diera me tendría que pagar más. Pero no te lo voy a dar.

Tu pon la cifra y yo la pago. Me están entrando ganas de verterme en ti, mi vida,


me voy a correr, te lo voy a dar todo.

Y yo sentí una avalancha de semen entrando en mi cuerpo y al sentirlo me volví a


venir mientras Claudio se desplomaba sobre mi cuerpo.

Después de desahogarnos dedicamos el día entero al cuadro, solo en una ocasión


en la que me levanté a beber tomé yo la iniciativa y me acerqué a Claudio para
cogerle la polla y decirle:

Cuando te vi por primera vez en la playa pensé lo rico que debía ser tenerla
dentro de mi.

Somos almas gemelas, (echó mano a mi chocho mientras me hablaba), cuando te


vi en la playa pensé que me acababa cogiendo este cuerpo o lo lamentaría toda mi
vida.

Cuando Claudio dio por finalizada la sesión se acercó al diván para llevarme una
copa de champán, aproveché la ocasión para pedirle:

Me gustaría darle una lametada a esa polla que tanto placer me ha dado.

Me parece una idea estupenda.

Di un trago a la copa y acto seguido me metí su polla hasta el fondo de mi


garganta mientras acariciaba sus testículos.

Claudio no perdió la ocasión para volver a pedirme:

Mañana quiero tu culo, tu culo entero aunque tu hijo te lo pida esta noche no se lo
des, mañana yo te enseñaré como hacerlo. Me tiene loco el pensar que te voy a
poner a cuatro patas, con tus nalgas bien abiertas y que te voy a profanar ese
huequito virgen.

Yo, con la boca llena no contesté.

Cuando me avisó de que se iba a correr mi mano pasó de acariciar los testículos a
meterle un dedo en su culo, Claudio solo acertó a decirme:
Que puta eres y que bien la mamas. Y se vino.

Le hice una mamada que a mi me encantó y a juzgar por el regalo que le hizo a mi
garganta a él también.

Ya en nuestra habitación tan pronto nos tendimos en la cama Augusto hizo


exactamente lo que Claudio había pronosticado:

Esta noche mi amor me gustaría que me dieras tu culo

Eso me hace pensar que esa loba hoy te ha dado el suyo, ¿se lo has pedido tu?

No, ha sido ella la que me lo ha ofrecido y ha sido una experiencia maravillosa, me


ha llevado al cielo. Esa mujer sabe excitarme y me da mucho placer. Tiene un culo
divino.

¿Ha sido tu primera experiencia o ya habías probado el culo de una mujer?

Ha sido la primera y me ha encantado.

En ese mismo momento supe que como Augusto no se había estrenado conmigo
yo le iba a dar a Claudio mi culo para que lo estrenara él.

Le pedí que lo dejáramos para otro día y esa noche en vez de follar nos hicimos un
69 cosa a la que Augusto era muy aficionado y que a mi me encantaba.

Claudio no ha sido en estos seis años mi único amante, Augusto y yo hemos


comprobado que aunque nos queremos y nos deseamos a diario eso no quita que
follemos con otras personas

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