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Consideraciones muy básicas sobre la ecuación

de Schrödinger
Fernando Chamizo Lorente

R∞
Notación: La normalización de la transformada de Fourier es fb(ξ) = −∞
f (x)e(−xξ) dx con
e(t) = e2πit , que es la habitual en matemáticas pero no tanto en fı́sica.

Antes de comenzar, vamos a repasar o introducir alguna de la terminologı́a habitual sobre las
ondas en Fı́sica [FLS63, §29.3]. Supongamos una onda sinusoidal en una dimensión:

u(x, t) = A sen 2π(kx − νt) con k, ν > 0.

Esta función es solución de la ecuación de ondas utt = vp2 uxx con vp = ν/k. Al argumento de la
onda, esto es, a 2π(kx − νt), se le llama fase y al coeficiente A, amplitud . Además de ello se tienen
las siguientes cantidades básicas:
Not. Significado Unid.
ν Frecuencia: el número de oscilaciones por segundo T−1
T Periodo: lo que tarda en repetirse un ciclo, coincide con ν −1 T
k Número de ondas: las oscilaciones que hay para un tiempo fijado L−1
por unidad de espacio
λ Longitud de onda: separación entre dos oscilaciones para tiempo L
fijado (periodo espacial), coincide con k −1
vp Velocidad de fase: lo que avanzan las crestas de la onda por unidad LT−1
de tiempo, coincide con ν/k
Se han indicado las unidades de la manera habitual, L significa longitud y T tiempo. Hay que aclarar
que la mayorı́a de las veces en Fı́sica el número de ondas se define como 2πk y para abreviar del todo
la fórmula se define la frecuencia angular ω = 2πν. En tres dimensiones la situación es similar salvo
que k y x son vectores porque hay que señalar una dirección, de hecho ya en el caso unidimensional
hay dos posibilidades para el signo k, correspondientes a las dos direcciones que hay en R. La ecuación
de ondas en tres dimensiones es utt = vp2 ∆u.

La historia de la fı́sica cuántica en sus inicios fue bastante azarosa [SR01]. En un primer periodo,
del que deriva su nombre, no era un procedimiento demasiado sistemático, se resolvı́an problemas
clásicamente y se imponı́a que ciertas cantidades fı́sicas tomasen valores enteros, es decir, que es-
tuvieran cuantizadas (cuantificadas serı́a quizá más correcto pero apenas se ha usado este término
[GP90]).

1
El gran triunfo de este periodo fue el modelo atómico propuesto por N. Bohr. Imaginemos un
átomo de hidrógeno como una bolita pequeña de carga negativa, el electrón, girando alrededor de
una grande de carga positiva, el protón. La electrodinámica afirma que una carga en movimiento
circular debe radiar energı́a y esa pérdida de energı́a se traduce en que el radio de su órbita se
reducirá paulatinamente. Haciendo los cálculos, cualquier átomo deberı́a colapsar en un tiempo
infinitesimal. Entonces ¿por qué no nos desintegramos? El modelo atómico de Bohr postula que el
momento angular (masa por velocidad por radio) está cuantizado de forma que al multiplicarlo por
2π/h da un entero. Aquı́ y en toda esta sección h es la constante de Planck , una cantidad fundamental
en fı́sica cuántica que en el sistema internacional tiene el valor aproximado:

h = 6.62606 · 10−34 Js.

Sólo cambios en la energı́a tan grandes como para permitir pasar de un entero a otro provocan cambios
en la órbita. Planteado ası́, parece que podrı́amos haber hecho innumerables hipótesis alocadas para
justificar la estabilidad del átomo. Lo bueno de ésta es que entraba dentro de cierta mı́nima teorı́a
y que explicaba con notable precisión el espectro de emisión de los átomos [Fon05], es decir, las
frecuencias emitidas por un átomo cuando se le comunica energı́a (por cierto, el método usado en
astrofı́sica para saber la composición y velocidad de estrellas y galaxias es analizar estas frecuencias).
Hay varios experimentos que motivaron la fı́sica cuántica porque contradecı́an resultados clásicos.
Uno de los más representativos es el efecto fotoeléctrico, descubierto por H. Hertz en el siglo XIX.
Consiste en que la luz puede hacer que se emitan electrones (corriente eléctrica) al incidir sobre
ciertos metales (por este principio funcionan muchos de nuestros mandos a distancia). Lo curioso
es que el efecto no depende tanto de la intensidad de la luz como de su frecuencia (en el espectro
visible, de su color). Más concretamente, hasta que no se llega a cierta frecuencia no hay ninguna
emisión por grande que sea la intensidad y cuando hay emisión, la energı́a cinética máxima de cada
electrón emitido depende linealmente de la frecuencia pero no depende de la intensidad. La solución
propuesta por A. Einstein fue que la luz está compuesta por cuantos, partı́culas sin masa llamadas
posteriormente fotones , cada uno de los cuales tiene energı́a

(1) E = hν

donde, como antes, ν es la frecuencia. Según este modelo, la luz se comporta como un chorro de
partı́culas y cada una de ellas puede comunicar a lo más la energı́a hν al chocar con un electrón.
Cuando la intensidad es grande, hay muchos fotones pero si cada uno es poco energético, no arran-
carán ningún electrón.
Otro experimento importante, el efecto Compton [GP90], mostraba que después de que la luz
choca con un electrón libre, cambia su frecuencia de una manera que es compatible con la conservación
del momento lineal relativista y (1).
Sin embargo, la difracción y la interferencia y, en suma, las ecuaciones de Maxwell [Max98],
entran en conflicto con que concibamos la luz como un haz de partı́culas. Aunque suene paradójico,
la idea que triunfó es la hipótesis de L. de Broglie de que la materia era de naturaleza ondulatoria.

2
Además esta idea surgı́a a partir de la fı́sica clásica, cuando se comparaban ecuaciones de mecánica
y de la óptica geométrica (la que considera la luz formada por rayos), algo que tiene sus antecedentes
en W.R. Hamilton. De Broglie asociaba a una partı́cula en movimiento con momento lineal p (masa
por velocidad) la “onda de materia” con longitud de onda

h
(2) λ= .
p
Con esto, si pensamos en la onda asociada al electrón al girar alrededor del núcleo describiendo
una circunferencia de longitud L, la condición de cuantización de Bohr es equivalente a pedir que
su frecuencia sea la de uno de los armónicos (de Fourier) de las funciones L-periódicas. Es decir,
que podamos dibujar la onda sobre la trayectoria sin que entre en conflicto con ella misma, que sea
estacionaria.

- -

+ +

Para radiaciones electromágneticas (por ejemplo, la luz), la electrodinámica clásica afirma p =


E/c donde p es el momento lineal (que ya no se define como masa por velocidad), E la energı́a
y c la velocidad de fase (la velocidad de la luz). Como para cada fotón se cumple (1), se tiene
p = hν/vp = hk = h/λ. Entonces (2) está en concordancia con la electrodinámica clásica. Otra
concordancia notable, es que la mecánica clásica se basa en el principio de mı́nima acción, un
principio variacional que afirma que las partı́culas se mueven de forma que la integral del momento
lineal en función del espacio es estacionaria (localmente mı́nima). Por otro lado, el principio de
Fermat de la óptica geométrica [FLS63, §26], [BW65, §3] afirma algo similar para λ−1 , lo cual
sugiere que p y λ−1 son proporcionales [GP90].
La fórmula (2) abrió un nuevo periodo en la fı́sica cuántica y propició la contribución fundamen-
tal de E. Schrödinger quien, en estos comienzos de la mecánica cuántica ondulatoria, introdujo la
ecuación básica que rige la evolución de la onda asociada a una partı́cula.
Esta ecuación no se deriva de principios fundamentales anteriores, es un principio en sı́ misma.
Por ello, todo lo que se puede hacer es mostrar algunos cálculos a modo de motivación (seguimos una
versión simplificada de [GP90] y [Fon05]). Es sorprendente, y exasperante para los matemáticos más
puros, que muchos textos de Fı́sica presenten “deducciones” de ésta y otras ecuaciones que hacen
creer al lector que son naturales y las únicas posibles, contradiciendo la propia historia de la Fı́sica.

3
A la onda asociada a una partı́cula se le llama función de ondas y se suele denotar mediante Ψ. En
el caso de una dimensión espacial, Ψ = Ψ(x, t) donde x es el espacio y t el tiempo. Supongamos que
la onda es monocromática (en frecuencia), es decir, Ψ(x, t) = φ(x)e(−νt) (por razones tipográficas
escribimos φ en lugar de la ψ habitual), el signo de ν es indiferente y se ha escogido negativo por
coherencia con el comienzo de la sección. Esta hipótesis sobre Ψ no es tan arbitraria si pensamos
que analizamos por Fourier o que en la ecuación final hacemos separación de variables. Schrödinger
supuso que Ψ satisfacı́a la ecuación de ondas. Recordando vp = ν/k y λ = k −1 , se tiene
2π 2
Ψtt = vp2 Ψxx =⇒ φ00 + φ = 0.
λ
En ningún momento se está diciendo que vp o λ sean constantes, es decir la ecuación de ondas es
más complicada que la que se resuelve en los cursos de ecuaciones. La fórmula básica de la mecánica
E = p2 /2m + V (x) (la energı́a total es la energı́a cinética más la energı́a potencial ) [FLS63] junto
con (2), lleva a

8π 2
φ00 +

(3) 2
m E − V (x) φ = 0.
h
Fijada la masa y la energı́a total y dada la energı́a potencial, podrı́amos resolver esta ecuación a
partir de condiciones iniciales sobre φ y φ0 . Si, en analogı́a con lo que ocurre con el efecto fotoeléctrico,
suponemos que E = hν, esto determinará Ψ. Por otra parte, de Ψt = −2πiEh−1 Ψ podemos eliminar
E de (3) y, suponiendo la linealidad, descartar la hipótesis inicial de que la onda sea monocromática.
En otras palabras, analizamos Ψ en ondas monocromáticas de diferentes energı́as y sumamos o
integramos los resultados. Lo que se obtiene eliminando la energı́a es:

ih h2
Ψt = − 2 Ψxx + V Ψ.
2π 8π m
El caso con tres coordenadas espaciales es formalmente similar y con esto hemos llegado a la ecuación
de Schrödinger

ih h2
(4) Ψt = − 2 ∆Ψ + V Ψ.
2π 8π m

Schrödinger supuso que era válida incluso si la energı́a potencial V depende de t. Si no es el caso,
nótese que por separación de variables, es decir, suponiendo Ψ(~x, t) = X(~x)T (t), se obtiene el análogo
tridimensional de (3)

h2
(5) − ∆φ + V φ = Eφ
8π 2 m
Esto sugiere por qué en algunas situaciones la energı́a está cuantizada. Los valores que toma E son
autovalores de un operador del tipo −α∆ + V y bajo ciertas condiciones de contorno, formarán

4
un conjunto discreto. Schrödinger, dio con ello una explicación matemática al modelo atómico de
Bohr. El hecho de que el momento angular multiplicado por 2π/h sea entero, se presentaba como
consecuencia de que hubiera unos autovalores estrechamente relacionados con los enteros.
Hay varios ejemplos tı́picos donde se muestra la cuantización de la energı́a (pozos de potencial
[SS90]) pero aquı́ nos limitaremos a estudiar el caso ridı́culamente sencillo V = 0 en una dimensión,
que corresponde a una partı́cula libre (no afectada por la energı́a potencial de ningún campo). Es
decir, consideramos la ecuación
h
(6) iΨt = − Ψxx con Ψ(x, 0) = f (x)
4πm
Proposición 1. Si x ∈ R y f es de decaimiento rápido, la única solución de (6) con decaimiento
rápido en x para cada t, es
Z ∞
hξ 2 
(7) Ψ(x, t) = fb(ξ)e − t + xξ dξ.
−∞ 2m

Por otro lado, si x ∈ T y f ∈ C ∞ (T), la única solución C ∞ de (6) es



X hn2 
(8) Ψ(x, t) = an e − t + nx
n=−∞
2m

donde an son los coeficientes de Fourier de f .

En el caso de T, teniendo en cuenta (5), vemos que la energı́a está cuantizada y toma los valores
h2 n2 /2m, lo cual es coherente con la fórmula (1). Sin entrar en detalles, uno de los postulados de
la llamada interpretación de Copenhague de la fı́sica cuántica es que las observaciones producen un
colapso de la función de onda y sólo se pueden detectar “energı́as propias”, las de una de las ondas
elementales (los armónicos) que constituyen la función de ondas.
Aplicando la propiedad de la convolución (f ∗ g)b = fb gb ypusando “a ciegas” la fórmula que
2 2 2
dice que la transformada de Fourier de f (x) = e−ax es fb(ξ) = πa e−π ξ /a para a imaginario puro
(en principio sólo válida para a > 0), se obtiene la solución en R como una integral oscilatoria que
degenera cuando t → 0.
Z ∞
my 2 
r
m
(9) Ψ(x, t) = (1 − i) f (x − y)e dy para t > 0.
2ht −∞ 2ht

Siguiendo la prueba, está claro que la regularidad requerida se puede relajar bastante. Carleson
probó esencialmente que basta con que f tenga un cuarto de derivada en L2 , concretamente que
esté en el espacio de Sobolev H 1/4 (véase [Tay96] para la definición) y ésta es la mı́nima regularidad
exigible [DK82]. Curiosamente, para T todavı́a está abierto el problema de saber la regularidad
mı́nima.

5
Demostración. Más que comprobar la solución, vamos a deducirla y ası́ la unicidad no requerirá nue-
vos argumentos. Sea Φ tal que Φ b = Ψ donde se entiende que la transformada es en la primera
variable. Por fb(ξ) = (2πiξ)−k fd
(k) (ξ), la ecuación (6) equivale, tomando antitransformadas, a

πh 2
iΦt = x Φ con Φ(x, 0) = fb(−x)
b m
donde se ha usado que f (x) = fb(−x).
En la variable t esto es una sencilla ecuación diferencial ordinaria, cuya solución es

hx2 
Φ(x, t) = fb(−x)e − t .
2m
Tomando transformadas de Fourier y haciendo el cambio x 7→ −x, se tiene el resultado.
El caso de T es similar, de hecho más sencillo, cambiando transformadas de Fourier por series de
Fourier uniformemente convergentes.

A pesar de que Schrödinger consiguió matematizar la incipiente fı́sica cuántica evitando el miste-
rioso “postulado de números enteros” de Bohr [SR01, p.464], no dio con la interpretación adecuada
de la función de ondas. El hecho es que las partı́culas a nivel atómico se detectaban de una en una y
esto chocaba con la interpretación ondulatoria. Basándose en trabajos anteriores, M. Born propuso
que Ψ era una amplitud de probabilidad , en el sentido de que su intensidad |Ψ|2 , define una den-
sidad de probabilidad de detectar la partı́cula que representa [SR01, §12]. Esto significa que si en
un instante fijado |Ψ|2 es doble en las cercanı́as de un punto que en las cercanı́as de otro, también
será doble la probabilidad de detectar allı́ la partı́cula. Dicho burdamente, podemos seguir pensan-
do en las partı́culas como esferitas infinitesimales pero a cambio debemos sacrificar las trayectorias
definidas y pensar sólo en términos probabilı́sticos. Éste es un cambio drástico en la interpretación
de los fenómenos fı́sicos que está alejado de nuestra experiencia habitual porque en ella las funciones
de ondas decaen más rápido de lo que podamos observar.
Con la interpretación probabilista de Ψ es natural imponer Ψ(·, t) ∈ L2 (R) (nos limitamos al
caso unidimensional aunque el tridimensional es análogo) y que además su norma en este espacio
sea 1. De esta forma |Ψ(x, t)|2 dx define una medida de probabilidad para cada tiempo fijado y la
probabilidad de que detectemos una partı́cula p en un conjunto C ⊂ R es
Z
(10) Probt (p ∈ C) = |Ψ(x, t)|2 dx.
C

Para ver que todo esto tiene sentido, vamos a comprobar que la normalización es coherente con la
solución hallada en el resultado anterior.

Proposición 2. Si en las soluciones (7) y (8) se tiene kf k2 = 1, entonces kΨ(·, t)k2 = 1 para todo t.

6
Demostración. Según (7) y (8), Ψ es, respectivamente, la antitransformada de Fourier de la función
fb(x)e(−hx2 t/2m) o la serie de Fourier con coeficientes an e(−hn2 t/2m). En el primer caso, por la
1/2
|an |2
P
identidad de Parseval kΨ(·, t)k2 = kfbk2 = kf k2 = 1, y el segundo es idéntico escribiendo
en vez de kfbk2 .

Esta propiedad de “conservación de la energı́a” en la ecuación de Schrödinger, es general, no se


restringe al caso sencillo unidimensional y con V = 0 que hemos resuelto, aunque no lo veremos
aquı́ [Fon05, §2.8].

Comprobamos a continuación que para el caso analizado de una partı́cula libre, lo que nos dice
(7) es coherente con la mecánica clásica.
Una partı́cula en el origen debe tener una función de ondas tal que la medida de probabilidad
|Ψ|2 dx en el instante inicial, esto es, |f |2 dx, tenga casi toda su masa cerca del origen. Para facilitar
2 2
los cálculos, tomemos |f (x)| = Ce−x /a con a > 0 y C una constante que asegure kf k2 = 1, ası́ se
tiene decaimiento rápido y “anchura” comparable a a. De acuerdo con (2), si la velocidad inicial es
v0 , el número de ondas deberı́a ser mv0 /h, por tanto un modelo natural para una partı́cula de masa
m inicialmente en el origen con velocidad v0 es
2 1/4 −x2 /a2 mv0 
(11) f (x) = Ψ(x, 0) = e e x .
πa2 h
Para a pequeño |f |2 es como una aproximación de la identidad y f tiene una oscilación muy rápida
que no afecta a la probabilidad de detectar la partı́cula en el instante inicial según (10).
1.4e32
1e16
1.2e32
1e32 5e15
8e31
6e31 -3e-32 -2e-32 -1e-32 1e-32 2e-32 3e-32
4e31 -5e15
2e31
-1e16
-3e-32-2e-32-1e-32 1e-32 2e-32 3e-32
|f(x)|2 para a = 15h y = f(x) para a = 15h, m = v = 1
Ahora tenemos que aplicar la fórmula (7) para hallar la función de ondas. Para abreviar escribimos
α = mv0 /h y β = ht/2m. El cambio ξ 7→ ξ + α con (7) para nuestra f , conduce a
Z ∞
2 2 2
2 1/4
e−π a ξ e − β(ξ + α)2 + x(ξ + α) dξ,

Ψ(x, t) = (2πa )
−∞

que operando un poco se escribe como


Z ∞
2 a2 +2πiβ)ξ 2
Ψ(x, t) = (2πa2 )1/4 e(αx − βα2 ) e−(π

e ξ(x − 2αβ) dξ
−∞

7
y con la fórmula para la transformada de Fourier de una gaussiana llegamos a
r
a 2 2
1/4
Ψ(x, t) = (2π) e(αx − βα )2
2
e−π(x−2αβ) /(πa +2iβ) .
πa + 2iβ

Sustituyendo α y β, vemos que la densidad de probabilidad de encontrar la partı́cula en un punto x


en el instante t, viene dada por

a 2π π 2 a2
(12) 2
|Ψ(x, t)| = √ e−2g(x,t) con g(x, t) = 2 4 2 t2 m−2
(x − v0 t)2 .
2 4 2
π a +h t m2 −2 π a + h
El valor de h es tan pequeño, que para tiempos razonables y a que no esté en el rango subatómico,
se cumple
(2/π)1/2 −2(x−v0 t)2 /a2
|Ψ(x, t)|2 ≈ e .
a
Entonces se concentrará en una bandita de anchura comparable a a alrededor de x = v0 t, con ello
recuperamos en el lı́mite la ley de inercia, que afirma que para una partı́cula libre (V = 0) las
trayectorias son rectilı́neas. Quizá parezca un poco paradójico que la velocidad no tenga que ver con
la velocidad de fase de Ψ. Cuando una onda no es sinusoidal, puede haber paquetes de ondas que se
muevan a una velocidad de grupo que no esté relacionada con la velocidad interna de las ondas en el
interior del paquete [FLS63, §48-4].
Fuera de las escalas clásicas, la función de ondas se dispersará y entonces tendremos una amplia
nube de probabilidad donde podrı́amos detectar la partı́cula.

6e-28 6e-33
5e-28 5e-33
4e-28 4e-33
3e-28 3e-33
2e-28 2e-33
1e-28 1e-33
x x
m = v0 =1 6.62e-28 m = v0 =1 6.62e-33
a = 103 h con x, t < 106 h a = h con x, t < 10h
Si intentamos que la partı́cula tienda a ser clásica con una posición en el origen totalmente
determinada, deberı́amos tomar a → 0+ en (11) pero entonces (12) implica que según avanza el
tiempo, las posiciones x con a2 h−2 t−2 m2 (x − v0 t)2  1 tienen probabilidad más o menos parecida,
esta desigualdad se puede escribir como |p − p0 |  ha−1 con p = mx/t el momento lineal (clásico)
y p0 = mv0 el momento lineal inicial. Fı́sicamente esto indica que hay una holgura en el momento
lineal p de orden ha−1 . Matemáticamente, ello depende de que no es posible localizar una función y
su transformada de Fourier.

8
Según hemos visto, en la fı́sica cuántica no hay posiciones de partı́culas sino una distribución de
probabilidad. Los resultados pueden ser bien diferentes para un mismo experimento. Si hemos de
elegir un valor para llamarle espacio o posición, lo más lógico es tomar la esperanza
Z Z
2
x = x|Ψ(x, t)| dx. = Ψ(x, t)xΨ(x, t) dx.

El momento tampoco existe como un número. Pensemos por ejemplo en (8). Si tomamos como
cierto (2), esta función de ondas tiene muchos momentos, dados por p = hk = hn. La cantidad
|a 2
R n | deberı́a
2
interpretarse como la probabilidad de que detectemos la onda de momento hn, ya que
|an |2 = 1 (de nuevo, esto es parte de la interpretación de Copenhague, por la cual
P
T |Ψ| dx =
sólo se detectan armónicos individuales con probabilidad proporcional al cuadrado del módulo de su
amplitud). Entonces la esperanza del momento es
∞ Z
X
2h
p= nh|an | = Ψ(x, t)Ψx (x, t) dx.
n=−∞
2πi

Si posición y momento no son números, ¿cómo deberı́amos considerarlos matemáticamente? La


última expresión muestra que el momento está relacionado con una operación sobre la función de
ondas. J. von Neumann desarrolló la idea de considerar cantidades fı́sicas como operadores y con ello
acercó la mecánica cuántica al análisis funcional. De esta forma la dotó de un extenso formalismo
matemático que, junto con la contribución de Dirac, ha perdurado hasta nuestros dı́as. En los tex-
tos actuales se incluyen muchas veces unos postulados o axiomas de la mecánica cuántica escritos
con lenguaje matemático (véase enunciados precisos en [GP90] y algunas ideas básicas en [SS90]).
Aquı́ simplemente señalaremos que el estado de un sistema fı́sico viene representado por una función
de ondas Ψ, que es un elemento unitario de un espacio de Hilbert complejo separable, mientras que
los observables son operadores lineales autoadjuntos.
Si definimos los operadores posición xe y momento pe (siempre en el caso unidimensional) actuando
sobre las funciones de ondas de la siguiente manera:
h ∂Ψ
(13) x
e(Ψ) = xΨ y pe(Ψ) = ,
2πi ∂x
entonces los valores medios (las esperanzas) de posición y momento deberı́an definirse como
Z Z
2 h ∂Ψ
x = hΨ, xe(Ψ)i = x|Ψ(x, t)| dx y p = hΨ, pe(Ψ)i = Ψ(x, t) (x, t) dx,
2πi ∂x
lo cual es coherente con el ejemplo anterior. Aquı́ hemos evitado la notación habitual x b y pb para
evitar confusiones. Es conveniente advertir que en la fı́sica cuántica utiliza muchas convenciones
notacionales introducidas Dirac (véanse los rudimentos en [SS90]), que difieren de las utilizadas en

9
análisis
P funcional y en análisis en general, por ejemplo, el desarrollo en serie de Fourier P
clasico f (x) =
an e(nx) se escribirı́a con la notación cuántica de forma tan pintoresca como |f i = |nihn|f i.
Para reconciliar esta extraña visión de cantidades fı́sicas como operadores con la mecánica ondu-
latoria, podemos pensar que cada función de ondas es superposición de muchas ondas elementales
(armónicos) de la forma e(px/h − Et/h), para ser coherentes con (1) y (2). Para “bajar” el momento
de la exponencial y que pase a ser una amplitud, hay que hacer la operación h(2πi)−1 ∂/∂x, mientras
que si queremos hacer lo mismo con la energı́a, la operación serı́a −h(2πi)−1 ∂/∂t, lo cual sugiere que
éste es el operador Ee que le corresponde.
Si añadimos que las funciones actúan por multiplicación, como ya habı́amos hecho con x, entonces
a la fórmula clásica de conservación de la energı́a p2 /2m + V = E le corresponde la relación de
operadores pe2 /2m + Ve = E, e que aplicado a una función de ondas Ψ da lugar a

1 h ∂  h ∂Ψ  h ∂Ψ
+VΨ=− ,
2m 2πi ∂x 2πi ∂x 2πi ∂t
y operando ¡se obtiene la ecuación de Schrödinger! Es decir, la conservación de la energı́a clásica
permite “deducir” la ecuación de Schrödinger cuando las cantidades fı́sicas, los observables, se sus-
tituyen por sus operadores. Este proceso para obtener fórmulas cuánticas a partir de las clásicas se
llama (primera) cuantización.
Con todo este lenguaje, el principio de incertidumbre adquiere una formulación matemática
bastante general. Dada una función de ondas Ψ, parece2 natural definir la varianza de un operador
autoadjunto A como
2
V (A) = A − A Id donde A = hΨ, AΨi
 
y el cuadrado se entiende en sentido de operadores, es decir A − A Id A − A Id .
Proposición 3. Sean A y B operadores autoadjuntos, entonces
1 2
V (A)V (B) ≥ AB − BA .
4
Demostración. Redefiniendo A como A − A Id y lo mismo con B, nos podemos restringir al caso
A = B = 0. En este caso, por la desigualdad de Cauchy-Schwarz,
2
V (A)V (B) = kAΨk2 kBΨk2 ≥ hAΨ, BΨi .

Por otro lado,


1 1
hAΨ, BΨi = hΨ, ABΨi = hΨ, (AB − BA)Ψi + hΨ, (AB + BA)Ψi.
2 2
El operador AB −BA es antiautoadjunto mientras que AB +BA es autoadjunto, por tanto AB − BA
es imaginario puro y AB + BA es real (basta escribir la definición y ver que el conjugado complejo
es igual a su negativo o a él mismo). Despreciando la parte real al tomar módulos, se concluye la
demostración.

10
Una consecuencia fı́sica interesante es que en cuanto dos operadores no conmuten, habrá funciones
de onda para las cuales no es posible conseguir varianzas arbitrariamente pequeñas. En el caso de x e
y pe,
h ∂Ψ h ∂(xΨ) h hi
epe − pex
x e=x − =− Ψ =⇒ epe − pex
x e=
2πi ∂x 2πi ∂x 2πi 2π
Por tanto, h2 /(16π 2 ) impone siempre una cota inferior para el producto de las varianzas de x e y pe.
Éste es el principio de incertidumbre de Heisenberg, que está más cercano a lo que realmente hizo
Heisenberg, aunque él trabajó inicialmente con series de Fourier [SR01].
Si escribimos explı́citamente V (ex) y V (ep), limitándonos al caso x
e = pe = 0, para simplificar, se
tiene
h2 ∂2Ψ h2
Z Z Z Z
2 2 2b 2
x) = x |Ψ| y V (e
V (e p) = − 2 Ψ 2 = − 2 Ψ(2πiξ) Ψ = h b ξ 2 |Ψ|
b 2.
4π ∂x 4π

Entonces la cota inferior h2 /(16π 2 ) para V (e x)V (ep) se deduce de la desigualdad de Heisenberg del
análisis armónico [DM72] que afirma que para a, b ∈ R
Z ∞ Z ∞
16π 2 (x − a)2 |f (x)|2 dx · (ξ − b)2 |fb(ξ)|2 dξ ≥ kf k42
−∞ −∞

siempre que las integrales existan. Más allá de la importante interpretación fı́sica, matemáticamente
es bello que la falta de localización de una función y su transformada se relacione con la falta de
conmutatividad de dos operadores.

Referencias
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