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Parvovirus Canino, Dirofilaria Immitis Ehrlichia Canis: Dr. Eduardo Gutiérrez Blanco

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Universidad Autónoma De Yucatán

Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia

Quinto semestre

Terapéutica farmacológica en medicina veterinaria

Abordaje terapéutico de Parvovirus canino, Dirofilaria immitis y


Ehrlichia canis en pacientes diferentes.

Equipo:
Alamilla Mendoza Víctor Uriel
Arzapalo Venegas Javier Emilio

Chay Pérez Guillermo David

Lagunas Sánchez Julissa Belén


Velázquez López Roselena
Ek Sarabia Nahary

Asesor: Dr. Eduardo Gutiérrez Blanco


INTRODUCCIÓN

Las infecciones parasitarias y virales en los animales domésticos representan un reto


constante para la medicina veterinaria debido a su impacto en la salud, bienestar y en algunos
casos la productividad. Estos patógenos no solo ocasionan alta morbilidad y mortalidad, sino
que también generan un gasto económico significativo en cuanto a los costos por un
tratamiento, una hospitalización y la prevención de los mismo, además de afectar
directamente la calidad de vida de los animales afectados. Estas enfermedades tienen una
amplia distribución geográfica siendo muy comunes en la vida cotidiana, mostrando
variaciones en su incidencia y prevalencia que esto depende de factores ambientales,
sanitarios o sociales lo que hace importante el estudio de su epidemiología y el diseño de
estrategias terapéuticas y preventivas eficaces. La dirofilariosis canina causada por
Dirofilaria immitis y la parvovirosis canina causada por CPV-2, son dos enfermedades
infecciosas de mucha relevancia clínica y epidemiológica en el perro.

Dirofilaria immitis es un nemátodo transmitido por mosquitos que produce manifestaciones


respiratorias inespecíficas hasta insuficiencia cardiaca derecha en infecciones avanzadas. Su
distribución abarca zonas templadas y tropicales, aunque en la actualidad se ha documentado
incidencia y reemergencia en regiones donde era poco frecuente obligando a considerar el
riesgo en toma de decisiones clínicas y los esquemas de prevención. En México, en áreas
rurales o urbanas ha sido demostrada en estudios con prevalencias variables según la zona
ecológica y el clima, como por ejemplo en Puebla de alrededor de un 2% y en localidades de
clima tropical de alrededor del 8-25%, siendo este un factor importante para tener en cuenta
subrayando la importancia de estrategias de vigilancia localizadas.

Por otro lado, la parvovirosis canina es una enfermedad con alta morbimortalidad en
cachorros no vacunados o con interferencia por anticuerpos maternos, clínicamente
mostrando cuadros de gastroenteritis hemorrágica, sepsis secundaria y deshidratación severa.
Se ha demostrado una rápida diseminación, y en ausencia de un tratamiento adecuado la
mortalidad en cachorros es extremadamente alta (76%), con un tratamiento de soporte
intensivo las tasas de supervivencia mejoran significativamente entre 20% al 35% pero el
impacto clínico y económico sigue siendo elevado, aun másen poblaciones con baja cobertura
vacunal.

La Ehrlichiosis canina por su parte es una enfermedad bacteriana infecciosa intracelular


obligada que es transmitida por la picadura de la garrapata Rhipicephalus sanguineus,
afectando directamente células del sistema inmunológico y a las sanguíneas. Es una patología
de suma importancia para la medicina veterinaria debido a su alta incidencia en zonas
tropicales, subtropicales o donde las condiciones favorecen el aumento de las garrapatas.
Puede ser variable su manifestación clínica, pero entre los principales signos y síntomas se
tiene la fiebre, letargo, pérdida del apetito hasta trastornos hemorrágicos y complicaciones
graves si no se trata a tiempo como la trombocitopenia.

En Yucatán, por parte del ámbito local se refleja una situación preocupante para las dos
enfermedades, documentándose un aumento de alrededor del 40% en los casos de Parvovirus
canino en 2024 en comparación de años previos con más de 50 casos atendidos en solo dos
semanas en clínicas del estado especialmente en cachorros de dos semanas en adelante. Por
otra parte, estudios en perros callejeros en Mérida han evidenciado la presencia de D. immitis
lo que indica que la filariosis ya tiene presencia endémica en la zona urbana. Localidades
costeras como Celestún reportaron prevalencias elevadas de alrededor 59.8% en perros
asintomáticos lo que sugiere que ciertos ambientes como costeros o húmedos en Yucatán
pueden constituir ser focos importantes de transmisión.

Estas enfermedades comparten elementos críticos desde la perspectiva sanitaria, como la


prevención es más costo-efectiva en comparación al tratamiento y que la vigilancia
epidemiológica local es una herramienta esencial para reducir mortalidad, morbilidad y
costos asociados a tratamientos prolongados y pérdidas económicas en propietarios y
refugios. El tratamiento intrahospitalario, así como terapéuticas prolongadas aumentan el
gasto económico referente a estas problemáticas.
OBJETIVO
Diseñar y aplicar un esquema terapéutico fundamentado en el diagnóstico clínico presentado
en una especie especifica con la finalidad de garantizar su efectividad para promover la
recuperación de la salud del paciente, dentro de un marco de responsabilidad, ética
profesional, legalidad y respeto en el bienestar animal logrando alcanzar un impacto positivo
en la calidad de vida asegurando que la práctica terapéutica se realice de manera integral,
segura y sostenible.

MARCO DE REFERENCIA
Descripción de la unidad de estudio

Los casos clínicos ocurrieron en la ciudad de Mérida, Yucatán. Mérida se localiza en la región
norte de la península de Yucatán, con un clima cálido subhúmedo y lluvias estivales (mayo a
noviembre). De acuerdo con reportes climáticos regionales, la temperatura media anual es de
aproximadamente 26 °C, con máximas promedio de 34–36 °C en los meses más cálidos y
mínimas de ~ 17 °C en la temporada fresca (Weatherspark, 2024). La precipitación presenta
un comportamiento estacional, con registros cercanos a 200 mm mensuales en septiembre y
valores tan bajos como 9–30 mm en los meses secos de enero a marzo (INEGI &
CONAGUA, 2016). En cuanto a precipitación anual, el municipio de Mérida presenta un
rango variable: en la zona centro y sur se reportan entre 1,000 y 1,100 mm/año, mientras que
en el noroeste los valores pueden descender a 500–600 mm/año. Estas condiciones que se
caracterizan por altas temperaturas, así como humedad elevada y las lluvias estacionales
favorecen la proliferación de vectores como mosquitos y garrapatas, que son responsables de
la transmisión de enfermedades en caninos como la dirofilariosis, la ehrlichiosis y la
anaplasmosis.

En cuanto a los principales diagnósticos emitidos se tiene una cierta variación. En la clínica
como unidad de estudio, las principales enfermedades diagnosticadas fueron por parte de los
hemoparásitos que son organismos que invaden y afectan los componentes celulares de la
sangre, Ehrlichia canis y Dirofilaria immitis los que más se encontraron, para su tratamiento
se empleó oxitetraciclina (10 mg/kg) por vía intravenosa una vez al día, como antibiótico de
elección frente a Ehrlichiosis. Además, se administra metronidazol, eficaz contra infecciones
bacterianas y protozoarias secundarias que pueden complicar el cuadro, sulfametoxazol–
trimetoprim (30-45 mg/kg) por vía oral dos veces al día para prevenir infecciones bacterianas
secundarias; también suplementos vitamínicos y aminoacídicos que favorecen el
metabolismo, el apetito y la regeneración tisular. También se aplicaron inmunoestimulantes
por vía subcutánea cada 48 horas, con el objetivo de reforzar las defensas del paciente.

Tramadol (2.2 mg/kg) por vía subcutánea una vez al día, junto con meloxicam (0.2 mg/kg)
por vía intravenosa una vez al día y prifinial (0.75 mg/kg) por vía intravenosa una vez al día,
fueron utilizados para el manejo del dolor, la fiebre y la inflamación. De igual manera, se
aplicó ondansetrón (0.15 mg/kg) por vía intravenosa dos veces al día para controlar los
vómitos, y vitamina k (1 ml/kg) por vía intramuscular para mejorar la coagulación en casos
con trombocitopenia. Finalmente, se administraron omeprazol junto con ranitidina (0.5
mg/kg) por vía subcutánea dos veces al día como protectores gástricos para evitar daños en
la mucosa intestinal, y probióticos que mantiene el equilibrio intestinal durante el tratamiento
antibiótico.

Por otra parte, para el conocido “gusano del corazón” o la dirofilariosis, entre los fármacos
utilizados para este tipo de casos fueron desparasitantes a una dosis dependiente al kilaje del
paciente, compuestos de afoxolaner (2.27 mg/kg) y de milbemicina oxima (0.46 mg/kg) en
comprimidos masticables administrados mensualmente, omeprazol en dosis de 0.5 mg/kg
una vez al día por vía oral durante 5 días, que es un inhibidor de la bomba de protones, la
prednisolona (0.5-1 mg/kg) cada 12 horas por 5 a 7 días vía oral, el cual es un corticoesteroide
para la inflamación, la doxiciclina (12 mg/kg) cada 12 horas por 28 días vía oral que es una
tetraciclina perteneciente a los antimicrobianos, multivitamínicos en volumen administrado
de 7 ml/kg cada 24 horas por 10 días que es un suplemento nutricional que contiene vitaminas
de complejo B, cobre y hierro, la melarsomina (2.5 mg/kg) por vía intramuscular con
protocolo de tres dosis (una inicial y dos con intervalos de 24 horas) como antihelmíntico a
base de arsénico específico para la dirofilariosis con su preciso reconstituyente.
Por el caso de los parásitos intestinales presentes en la unidad son un problema significativo
y común debido a su impacto en el crecimiento de los animales, respuesta inmune y salud en
general. Toxocara canis es un nematodo ascáride e igual se describió a la Isospora spp. como
protozoarios coccidios que afectan el intestino delgado en perros, especialmente cachorros;
entre los fármacos utilizados se relató a los desparasitantes internos que contienen
fenbendazol (50 mg/kg), prazicuantel (5 mg/kg) y toltrazuril (20 mg/kg) con una dosis de 1
tableta por cada 10 kilogramos de peso repitiéndose a los 15 días.

Por las enfermedades virales más comunes que se ven en la clínica, el parvovirus canino y el
distemper canino son los que más problemas causan, sobre todo en perros jóvenes durante
los últimos seis meses de registro. Estos virus son complicados porque muchas veces los
síntomas se confunden con otras enfermedades y el paciente puede llegar ya en estado
delicado, lo que hace importante detectarlos rápido para dar el tratamiento correcto.

Como no existe un medicamento que elimine directamente estos virus, el tratamiento se basa
en dar soporte y controlar los síntomas. En estos casos se usaron fármacos como
inmunoestimulantes (1 mL/5kg) por vía oral cada 24 horas por 7 días, que ayuda a promover
las defensas; el suero Hartmann para rehidratar y corregir los electrolitos perdidos; omeprazol
(0.5 mg/kg) para proteger el estómago y ondansetrón (0.15 mg/kg) cada ocho horas por tres
días que sirve para controlar los vómitos. Para evitar infecciones secundarias se aplicó
ampicilina sódica (20 mg/kg) cada 8 horas vía intravenosa y metronidazol (15 mg/kg) cada
12 horas por 7 días vía oral, que son antibióticos de amplio uso en estos pacientes.

Además, se dieron suplementos (1 ml/5kg) cada 24 horas por 5 días y vitamínicos


(1mL/10kg) cada 48 horas vía intramuscular que ayudan a recuperar energía y mejorar el
estado general del perro. Para el dolor y la incomodidad se usaron tramadol (2.2 mg/kg) vía
oral y buprenorfina (0.02 mg/kg) vía intramuscular, y en los casos con problemas
neurológicos se incluyó gabapentina (5 mg/kg) vía oral, que ayuda a controlar la irritación
del sistema nervioso.
El acceso a la información proporcionada por la unidad de estudio fue muy limitada y poco
suficiente para el detalle de este apartado.

Descripción del caso clínico: “Parvovirosis canina”


DATOS BÁSICOS
Anamnesis e historia clínica
Acudió el 21/07/25 a la clínica el paciente canino hembra, de raza mestiza de 3 meses de
edad, rescatada de la calle aproximadamente hace un mes según comunica el propietario,
esquema de vacunación (solo vacuna puppy) y desparasitación desactualizados. Tiene acceso
al exterior, convive con otro perro raza pitbull con esquema de vacunación y desparasitación
actualizados, el propietario comenta que tiene comunicación con gatos ajenos al hogar. El
15/07/2025 tuvo acceso a un cable eléctrico, no se sabe con certeza si este fue ingerido. El
19/07/25 presentó vómitos amarillentos sin contenido alimenticio, decaimiento, pérdida de
apetito, dolor abdominal. En la consulta el paciente presentó diarreas fétidas con melena. En
la palpación abdominal se pudieron sentir espasmos.

EXAMEN FÍSICO GENERAL


Fecha de aplicación 21/07/25

Exploración a distancia
Paciente decaído, con evidente dolor abdominal generalizado, cólicos, escala del dolor de
10/24 y condición corporal 2/5.

FC: 168 lpm Reflejo tusígeno: negativo

FR: 28 rpm TLLC: 1.8 segundos

Reflejo deglutorio: positivo. Mucosas: pálidas – rosas

Campos pulmonares: sin anormalidades. Temperatura rectal: 39°C

Estado mental: estuporosa Palpación abdominal: Dolor,


hipermotilidad, distención.
Piel: claro retorno de pliegue cutáneo de 3 – Poplíteo I: reactivo
4 segundos.

Pelo: Normal Ojo D: sin anormalidades.

Ojo D: sin anormalidades. Ojo I: sin anormalidades.

CC: 2/5 %Dh: 7%

Peso: 5.100 kg

PRUEBAS BÁSICAS DE LABORATORIO


Hemograma
La muestra se tomó el día 21/07/25 - Los resultados salieron el 22/07/25

Estudio Resultado Unidad Límite de referencia

Eritrocito *4.89 Millones/mm3 5.50 - 8.00

Hemoglobina 12.60 g/dl 12.0 - 18.0

Hematocrito 38.20 % 37.0 - 52.0

Volumen corpuscular *78.00 fl 60.0 - 77.0


medio (VCM)

Hemoglobina 25.80 pg 17.0 - 30.0


corpuscular Media
(HCM)
Concentración de 33.10 g/dl 31.0 - 37.0
hemoglobina
corpuscular
media (CHCM)
Amplitud de 14.70 % 12.0 - 16.0
distribución
eritrocitaria (RDW)
Serie blanca

Leucocitos totales 3.800 /ul 6.600 - 17.800

Valores porcentuales

Neutrófilos 79 % 62 - 86

Bandas 0 % 0-2

Metamielocitos 0 % 0-0

Mielocitos 0 % 0-0

Blastos 0 % 0-0

Eosinófilos 0 % 0-5

Basófilos 0 % 0-1

Monocitos 3 % 0-8

linfocitos 18 % 11 - 29

Valores absolutos

Neutrófilos 3.002 /uL 2.500 - 12.500

Bandas 0 /uL 0 - 231

Metamielocitos 0 /uL 0-0

Mielocitos 0 /uL 0-0

Blastos 0 /uL 0-0

Eosinófilos 0 /uL 0 – 1.200

Basófilos 0 /uL < 115

Monocitos *114 /uL 150 – 1.350

Linfocitos *684 /uL 1.00 - 4. 800

Serie plaquetaria
Plaquetas 380.000 /mm3 150,000 – 490. 000

Volumen plaquetario 11.80 fl 6.5 - 12.5


medio (VPM)
Interpretación: Eritropenia, macrocitosis, leucopenia.

Estudio coproparasitoscópico:
No se observó presencia de huevos o parásitos

.
LISTA DE PROBLEMAS

• Melena.
• Anemia macrocítica leve.
• Linfopenia leve.
• Deshidratación.
• Dolor abdominal.
• Diarrea.
• Fiebre leve.
• Espasmos.

LISTA MAESTRA

1. Deshidratación.
2. Diarrea.
3. Melena.
4. Fiebre leve
5. Anemia macrocítica leve.
6. Linfopenia leve.
7. Dolor abdominal.

PLAN INICIAL
1. Plan diagnóstico

Diagnósticos presuntivos:

• Parasitosis por Toxocara canis, Ancylostoma caninum, Dipylidium caninum.


• Desgarro por objeto punzo cortante.
• Enteritis bacteriana: Samonella sp, Campylobacter jejuni, Yerinia enterocolitica,
Escherichia coli, Clostridium perfringes.
• Enteritis viral: Parvovirosis canina, Coronavirus entérico canino.

Pruebas complementarias:

Prueba serológica - antígenos (CPV/CCV/Giardia ag test kit).


CPV/CCV/Giardia Ag test Kit Positivo: Parvovirus canino.
Negativo: Coronavirus canino y Giardia.

Esta prueba de ELISA detecta anticuerpos de Coronavirus y Parvovirus canino, y


antígenos de Giardia.

2. Plan terapéutico
El paciente fue hospitalizado tras confirmarse un resultado positivo para Parvovirus canino,
presentando diarrea profusa con melena y 7 % de deshidratación. Se indicó al propietario la
necesidad de hospitalización, y éste aceptó dicha recomendación. Todas las dosis
administradas se calcularon con base en el peso del paciente (5.100 kg), ajustando el
tratamiento según su condición clínica. A continuación, se muestra en secuencia, las fechas
en las que fueron administrados cada medicamento con su información al respecto.
Día 21/07/2025

• Fármaco: Metronidazol.
• Concentración: 5 mg.
• Dosis: 10 mg/kg.
• Vía de administración: IV lento.
• Indicación: BID durante 4 días.
• Fin del tratamiento: 25/07/2025.

• Fármaco: Vitaminas del complejo B.


• Concentración: tiamina clorhidrato 500 mg, niacinamida 7.5 g, piridoxina clorhidrato500
mg, d-pantenol 250 mg, vitamina B2 (riboflavina 5 Fosfato Sódico) 200 mg y vitamina
B12 (cianocobalamina) 2500 mcg.
• Volumen administrado: 1 ml/kg.
• Vía de administración: IV lento.
• Indicación: SID durante 6 días.
• Fin del tratamiento: 26/07/2025.

• Fármaco: Tramadol (uso humano 100 mg/2mL).


• Concentración: 100 mg/2 ml
• Dosis: 2 mg/Kg.
• Vía de administración: IV.
• Indicación: TID durante 4 días.
• Fin del tratamiento: 25/07/2025.

• Fármaco: Prifinial (bromuro de prifinio).


• Dosis: 0.75 mg/Kg.
• Concentración: 7.5 mg de bromuro de prifinio por ml.
• Vía de administración: IV.
• Indicación: BID durante 3 días.
• Fin del tratamiento: 24/07/2025.

• Fármaco: Aminoácidos, vitaminas y electrolitos.


• Volumen administrado: 10 ml/Kg.
• Vía de administración: IV lento.
• Indicación: BID durante 4 días.
• Fin del tratamiento: 25/07/2025.

• Fármaco: Ondansetrón.
• Dosis: 0.15 mg/Kg.
• Concentración: 20 mg.
• Vía de administración: IV.
• Indicación: BID durante 3 días.
• Fin del tratamiento: 24/07/2025.

• Fármaco: Meloxicam.
• Dosis: 0.2 mg/Kg.
• Concentración: 30 mg.
• Vía de administración: IV.
• Indicación: SID durante 4 días.
• Fin del tratamiento: 25/07/2025.

• Fármaco: Vitamina K.
• Dosis: 2.5 - 5 mg/Kg.
• Vía de administración: IM.
• Indicación: SID.
• Fin del tratamiento: 22/07/2025.
• Fármaco: Solución Electrolítica (NaCl, KCl, CaCl₂).
• Dosis: 70.83 gotas por minuto.
• Vía de administración: IV
• Indicación: cada 2 horas hasta nueva indicación.

-23/07/25 se revaluó el paciente con 6% de deshidratación: 25.5 gotas por minuto cada 4 horas.
-25/07/25 se revaluó a un 5% de deshidratación: 25.5 gotas por minuto cada 4 horas.

Fin del tratamiento: 27/07/2025.

Día 23/07/25
• Fármaco: Oxitetraciclina
• Dosis: 10 mg/kg.
• Concentración: 100mg/ml
• Vía de administración: IV lento.
• Indicación: SID durante 3 días.
• Fin del tratamiento: 26/07/2025.

Día 24/07/25
• Ranitidina.
• Dosis: 2 mg/Kg.
• Concentración: 40mg/ml
• Vía de administración: SC.
• Indicación: BID durante 2 días.
• Fin del tratamiento: 26/07/2025.
• Fármaco: Probióticos.
• Concentración: Lactobacillus acidophilus 10 mg, Enterococcus faeclum 10 mg e inulina
+ fructooligosacáridos 5.00 mg.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: SID durante 3 días.
• Fin del tratamiento: 27/07/2025
Día 25/07/25
• Fármaco: Vitamínicos y minerales
• Volumen administrado: 7 ml/ 2 kg.
• Vía de administración: PO
• Indicación: BID durante 2 días.
• Fin del tratamiento: 27/07/2025.

• Fármaco: Inmunoestimulante (extracto de leucocitos dializada).


• Volumen administrad: 2ml por cada 10 kg de peso.
• Concentración: 2ml de extracto de leucocitos dializada.
• Vía de administración: SC
• Indicación: 1ml cada 48 horas durante 2 días.
• Fin del tratamiento: 27/07/2025.

Indicaciones y monitoreo

El paciente permaneció en aislamiento dentro del área de hospitalización durante todo el


tratamiento, con el fin de evitar la exposición de otros pacientes a la enfermedad viral que
presentaba.

Se realizó un monitoreo constante de la evolución de las heces, y la administración de alimento


se inició de forma gradual a partir del día 24, independientemente de la presencia o ausencia de
apetito.

La ingesta de agua fue controlada, ya que cuando se ofrecía en exceso, el paciente presentaba
episodios de vómito.

Se indicó la realización de un hemograma al finalizar el tratamiento con inmunoestimulantes,


con el propósito de evaluar el estado de la serie blanca y monitorear la respuesta inmunológica
del paciente.

Día 28/07/25
El paciente fue dado de alta, con indicaciones de monitorización y terapéutica en el hogar.

• Fármaco: Doxiciclina.
• Dosis: 10 mg/kg (administrar ½ tableta cada SID durante 15 días).
• Concentración: cada pastilla contiene 100 mg de doxiciclina.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: comenzar desde el 28/07/2025.
• Fin del tratamiento: 12/08/2025.

• Fármaco: Omeprazol.
• Dosis: 0.5 mg/kg (Administrar ¼ de tableta, cada SID durante 15 días.)
• Concentración: cada tableta contiene 5 mg de omeprazol.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: comenzar desde el 28/07/2025.
• Fin del tratamiento: 12/08/2025.

• Fármaco: Vitaminas y minerales.


• Volumen administrar: 3 ml cada BID durante 35 días.
• Concentración: cada 100 ml contiene sulfatos ferrosos 2.40 g, sulfato de cobre 18.30 mg,
vitamina B1 41.00 mg, vitamina B2 16.00 mg, vitamina B6 25.00 mg, vitamina B12
• 44.00 mg, niacinamina 1.42 g, extracto de hígado 5.300 g.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: Comenzar desde el 29/07/25.
• Fin del tratamiento: 03/09/2025.

• Fármaco: Prebióticos y probióticos.


• Cantidad administrada: 1 cápsula por 45 días.
• Concentración: Cada cápsula contiene: Lactobacillus acidophilus 10 mg (1x10^9 UFC),
Enterococcus faecium 10 mg (1 x 10^9 UFC), inulina fructooligosacáridos 5.00 mg.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: Comenzar desde el día 29/07/2025.
• Fin del tratamiento: 5/09/2025.

• Fármaco: Ácidos grasos.


• Cantidad administrada: administrar ½ tableta cada 24 horas.
• Concentración: 1.5 mg de ácidos grasos.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: comenzar el 28/07/25.
• Fin del tratamiento: 4/09/2025.

NOTAS DE PROGRESO
S (subjetivas):
• El tutor refiere que el paciente muestra apetito, las heces son uniformes y los vómitos
han disminuido.
• Paciente responde a actividad al juego.

O (objetivos):
• Hemograma realizado el 16/08/2025 para revaluación: parámetros en el rango indicado.
• Parámetros fisiológicos en orden.

I (interpretación):
• Sin signos secundarios a parvovirosis canina y resultados de laboratorio que indican
parámetros normales, por lo que el tratamiento en hospitalización y en casa fue el
adecuado.

P (Plan):

• Evaluar estado de salud a posteriores citas.


• Esquematizar un plan de vacunación y desparasitación adecuado.
• Mantener en reposo y con diversas fuentes de hidratación en casa.
• Mantener separada de otros animales en casa durante 10 días.
DESCRIPCIÓN DEL CASO “DIROFILARIA IMMITIS Y EHRLICHIA CANIS”

DATOS BÁSICOS
Anamnesis
Paciente canino mestizo, macho entero de 4 años. Fue rescatado con antecedente de enfermedad
por Ehrlichia spp., la cual cursó con trombocitopenia y epistaxis; no se le administro tratamiento.
Historia clínica
El propietario refiere que el paciente presenta estornudos con presencia de gotas de sangre.
Examen físico general
Fecha de aplicación: 19/03/2025

MM: Rosas TLLC: 1 seg.

FC: 140 lpm FR: Jadeo

LN: No reactivos Ruidos digestivos: +

Estado Mental: Alerta y responsivo a su Temperatura Rectal: 38.8 grados C.


entorno.

Piel: Cicatriz en región dorsal. Condición corporal: 3/5

Boca: Presencia de placa dental, sarro y Observaciones: Asimetría en ambos


gingivitis. testículos, testículo izquierdo con aumento
de tamaño y derecho atrofiado

Pruebas básicas de laboratorio


Hemograma
Analito Resultado Valor de referencia Unidades

Hematocrito 0.46 0.37-0.55 L/L

Hemoglobina 157 120-180 g/L

Eritrocitos 6 5.5-8.5 x10-9/L


VGM 75 60-77 fL

CGMH 327 320-360 g/L

Reticulocitos - <6-0 x10-9/L

VPM 9.3 3.9-11.1 fL

ADE 12.1 11.8-15.5 %

Plaquetas 316 200-600 x10-9/L

Sólidos totales 94 60-75 g/L

Leucocitos 19.3 6-17 x10-9/L

Neutrófilos 12.8 3.0-11.5 x10-9/L

Bandas 0 <0.3 x10-9/L

Metamielocitos 0 0 x10-9/L

Linfocitos 4.0 1.0-4.8 x10-9/L

Monocitos 1.9 0.1-1.4 x10-9/L

Eosinófilos 0.6 0-0.9 x10-9/L

Basófilos 0 0 x10-9/L

Artefactos Lipemia 2+/ Hemolisis 1+

Morfología Equinocitos 1+/ Rouleaux 1+


eritrocitaria
Otros hallazgos Agregados plaquetarios 2+

Aglutinación Microfilarias Negativo

Eritrocitos nucleados 0/100 leucocitos

Interpretación: Incremento de solidos totales por interferencia analítica con lipemia de la


muestra. Parte del incremento de solidos totales, leucocitosis por neutrofilia y monocitosis
por inflamación crónica.

Estudio coproparasitoscópico método directo:

Resultado: negativo a huevos de endoparásitos

LISTA DE PROBLEMAS

• Epistaxis.
• Presencia de placa dental, sarro y gingivitis.
• Asimetría en ambos testículos, testículo izquierdo con aumento de tamaño y derecho
atrofiado.
• Leucocitosis por neutrofilia y monocitosis

LISTA MAESTRA

Leucocitosis por neutrofilia y monocitosis.

Epistaxis

Asimetría en ambos testículos, testículo izquierdo con aumento de tamaño y derecho atrofiado.

Presencia de placa dental, sarro y gingivitis

PLAN INICIAL
1. Plan diagnóstico Diagnósticos

presuntivos

- Erlichia spp.
- Anaplasma spp.
- Dirofilaria immitis

Pruebas complementarias

Se realizó una prueba serológica (Caniv-4), electrocardiograma y ecocardiograma.

CANIV-4
Positivo a: Dirofilaria immitis. (Ag),
Ehrlichia Canis. (Ac) Negativo a:
Anaplasma phagocytophilum/Anaplasma
platys. (Ac) y Borrrelia burgdorferi. (Ac)

Electrocardiograma
El paciente se posicionó en decúbito lateral
derecho, se emplearon las derivadas
unipolares, bipolares y precordiales. El eje
eléctrico medio se determinó a través de las
tablas de Tilley

Interpretación electrocardiográfica:
Arritmia sinusal con conducción auricular,
auriculoventricular y ventricular presente,
normo eje.
Ecocardiograma

Informe ecocardiográfico (Modo B):

El pericardio se observa como una línea


hiperecogénica que rodea al corazón, sin
espacio evidente entre ellos. Se aprecia una
adecuada relación del tamaño del ventrículo
izquierdo (VI) y atrio izquierdo (AI) con
respecto al ventrículo derecho (VD) y atrio
derecho (AD), siendo el VI y el AI de mayor
tamaño que el VD y el AD, respectivamente.
El septo interventricular (SIV) e
interauricular (SIA) se encuentran íntegros.

Las válvulas mitral, tricúspide, aórtica y sus


componentes, así como los tractos de salida
de ambos ventrículos, se observan sin
cambios aparentes. Sin embargo, se
identifican estructuras hiperecogénicas en la
rama derecha de la arteria pulmonar.

No se visualizan alteraciones en las


estructuras cardíacas ni extra-cardíacas
adicionales, aunque se observa una
alteración en el ritmo cardíaco.

Los hallazgos ecocardiográficos son


compatibles con estructuras asociadas a
Dirofilaria immitis, con probabilidad de
hipertensión pulmonar.
PLAN TERAPÉUTICO

Día 26.05.2025

Fármaco: Prednisona.
• Dosis: 0.5 mg/kg.
• Concentración: 12.5 mg

• Vía de administración: PO
• Indicación: ½ tableta BID, durante 7 días. Posteriormente administrar ½ tableta SID,
durante 7 días. Finalmente administrar ½ tableta cada 48 horas, durante 7 días.
• Fin del tratamiento: 16/06/2025.

Día 27.05.2025

Fármaco: Omeprazol.
• Dosis: 0.5-1 mg/kg.

• Concentración: 20 mg.

• Vía de administración: PO.

• Indicación: administrar 1 tableta SID (15 minutos antes de la primera comida) durante
15 días.

• Fin del tratamiento: 11/06/2025.

Fármaco: Doxiciclina.
• Dosis: 10 mg/kg.
• Concentración: 250 mg.
• Vía de administración: PO.

• Indicación: administrar ½ tableta SID, durante 28 días.


• Fin del tratamiento: 24/06/2025.
Fármaco: Ivermectina con pirantel.
• Dosis: Ivermectina a 6 mcg/kg y pirantel a 5 mg/kg.
• Concentración: ivermectina 136 mcg y pirantel 114 mg.
• Vía de administración: PO.

• Indicación: administrar 1 tableta mensualmente.


• Fin del tratamiento: hasta nueva indicación.

Día 27.06.2025

Fármaco: Ivermectina con pirantel.


• Dosis: Ivermectina a 6 mcg/kg y pirantel a 5 mg/kg.
• Concentración: ivermectina 136 mcg y pirantel 114 mg.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: administrar 1 tableta mensualmente.

• Fin del tratamiento: hasta nueva indicación.

Día 27.07.2025

Fármaco: Ivermectina con pirantel.


• Dosis: ivermectina a 6 mcg/kg y pirantel a 5 mg/kg.
• Concentración: ivermectina 136 mcg y pirantel 114 mg.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: administrar 1 tableta mensualmente.

• Fin del tratamiento: hasta nueva indicación.

• Fármaco: Melarsomina.

• Dosis: 2.5 mg/kg IM.


• Concentración: 50 mg.

• Vía de administración: IM
• Indicación: Administrar 2.5 mg/kg cada 30 días durante 2 meses y una tercera dosis
al día siguiente de cumplido el segundo mes.
Fin del tratamiento: 28.08.2025

• Fármaco: Prednisona.
• Dosis: 0.5 mg/kg.
• Concentración: 12.5 mg

• Vía de administración: PO.


• Indicación: administrar ½ tableta BID, durante 7 días. Posteriormente administrar ½
tableta SID, durante 7 días. Finalmente administrar ½ tableta cada 48 horas durante
7 días.
• Fin del tratamiento: 17.08.2025

Día 27.08.2025

• Fármaco: Ivermectina con pirantel.


• Dosis: Ivermectina a 6 mcg/kg y pirantel a 5 mg/kg.
• Concentración: ivermectina 136 mcg y pirantel 114 mg.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: administrar 1 tableta mensualmente.

• Fin del tratamiento: 27.08.2025.

• Fármaco: Melarsomina dihidrocloruro.

• Dosis: 2.5 mg/kg IM.


• Continuación de la terapéutica: administrar la segunda dosis de melarsomina a 2.5
mg/kg IM.
• Fin del tratamiento: 28.08.2025

Día 28.08.2025
• Fármaco: Melarsomina.

• Dosis: 2.5 mg/kg.


• Concentración: 50 mg.
Vía de administración: IM.
• Continuación de la terapéutica: administrar la última dosis de melarsomina a 2.5
mg/kg.
• Fin del tratamiento: 28.08.2025.

Día 28.09.2025
• Prueba de microfilarias (Knott).
• En caso de ser positivo se requiere microfilaricida cada cuatro semanas.

Día 28.03.2026
*Prueba de detección de antígeno seis meses después de finalizar el tratamiento y de nuevo
valorar contra microfilarias (Knott). *

*Durante todo el tratamiento suspender actividad física moderada y severa*


*Se recomienda hospitalizar al paciente durante cada aplicación de Melarsomina para
monitoreo y manejo de posibles reacciones adversas. *

NOTAS DE PROGRESO

S (Subjetivo):

• Tutor refiere que el paciente ya no presenta epistaxis ni otros síntomas respiratorios.


• El perro juega y mantiene un ánimo alegre y normal.

O (Objetivo):

• Prueba de microfilarias (Knott): negativa


• Examen físico general dentro de rangos fisiológicos normales.

I (Interpretación):
La ausencia de signos clínicos y los resultados negativos en las pruebas diagnósticas sugieren
que el tratamiento para la dirofilariosis fue efectivo y el paciente está clínicamente libre de
infección activa.

P (Plan):
Continuar con vigilancia preiódica y realizar pruebas de antígeno y microfilarias 6 meses
después finalizado el tratamiento, con el objetivo principal de confirmar la efectividad y
descartar la persistencia de Dirofilaria Immitis o Ehrlichia canis.

MARCO TEÓRICO
Parvovirus Canino

Etiología

El parvovirus canino es un virus ADN pequeño que se caracteriza por ser isométrico, no
envuelto y pertenece a la familia Parvoviridae del género Protoparvovirus, peso aproximado
molecular de 1.5 a 2.2 x10 a la 6 Daltons, resistentes al éter, cloroformo, calor y los ácidos
(Flores – Castro, 1987). Entre sus variantes más importantes para la enfermedad clínica en
perros es CPV-2 y sus derivados que pueden ser CPV-2a, 2b, 2c que se clasificaron como
mutaciones en una proteína de su estructura que siguen circulando y afectando la eficacia
relativa de inmunidad y diagnóstico molecular (Zhou et al., 2024).

Surgió de la evolución significante del parvovirus felino teniendo mutaciones genéticas en la


proteína VP2 para que tuviera la capacidad de reconocer el receptor celular canino o
transferrina canina tipo-1 para ser agente causal en esta especie. Su tipo de genoma es de
ADN monocatenario con un tamaño aproximado de 5,200 nucleótidos y con una cápside
icosaédrica formada por la proteína VP2 que constituye alrededor del 90% del virión. Su
replicación ocurre en el núcleo de las células y se denomina virus autónomo por lograr su
ciclo de replicación sin ayuda de virus auxiliares. (Rodríguez - Mulet, s.f.).

Epidemiologia

Este virus se transmite principalmente por vía fecal-oral desde heces, superficies o áreas
contaminadas siendo altamente resistente al ambiente, por lo que requiere de agentes
adecuados para su eliminación como el hipoclorito diluido o peróxidos/aldehídos
(Mazzaferro, 2020).

Es un problema global que causa alta morbilidad y mortalidad en cachorros no vacunados. Se


distribuye mundialmente siendo considerada incluso como una de las enteropatías virales más
importantes en perros domésticos y silvestres. Afecta desde su aparición en 1970 a
poblaciones caninas tanto rurales como urbanas. Tiene una alta morbilidad de hasta 91% en
perros no vacunados, en el estudio de Pedroza – Roldan et al. (2015) el 67% de los perros
diagnosticados no tiene más de 6 meses e indica una incidencia del 95%. con la mortalidad
puede variar entre 10% al 50% dependiendo del tratamiento, edad o estado inmunológico del
animal. De igual forma, la enfermedad aparece de forma endémica o esporádica pudiera
decirse en perros jóvenes o criaderos donde la inmunidad es deficiente (Gallagher, 2025).

La edad para los grupos de riesgo suele afectar a cachorros de entre 6 semanas y 6 meses de
edad son los más susceptibles siendo clave la disminución de los anticuerpos maternales.
Existen factores predisponentes como pacientes no vacunados o esquemas no terminados,
estrés, desnutrición, parasitosis intestinal, condiciones de hacinamiento o alta densidad entre
poblaciones de perros. Un dato importante para mencionar es que puede permanecer viable
en heces secas hasta un año dependiendo los factores como temperatura, humedad y otras
condiciones climáticas (Gallagher, 2025).

Los picos de incidencia suelen coincidir con temporadas donde el calor es importante o la
humedad prevalece, como la época de primavera-verano. En regiones tropicales como en
ciertos estados de México, los casos se pueden reportar de forma endémica durante todo el
año, pero con picos importantes entre las épocas de lluvia (Gallagher, 2025).

Estudios moleculares recientes que se realizaron en México confirmaron la circulación tanto


del CPV-2 como de sus variantes (De los Santos-Acuña et al., 2024). En Mérida y municipios
cercanos se reportó un aumento marcado de casos en el periodo de julio-agosto de 2024,
clínicas veterinarias y medios locales informaron incrementos de más del 40% respecto al
2023 en consultas con diagnóstico de parvovirosis y saturación de hospitales veterinarios.
(Novelo-Sanguino et al., 2025).
Patogenia

La patogenia menciona que el virus infecta células de rápida división especialmente


epiteliales intestinales y linfocitos causando un daño intestinal severo, de igual forma puede
provocar afecciones en el miocardio produciendo miocarditis y también su replicación en
medula ósea o tejidos linfoides genera leucopenia y depresión inmunitaria. A nivel molecular,
la proteína estructural NS1 manipula los mecanismos celulares del hospedador para la
replicación y transcripción de su genoma viral y bloquea la traducción celular inhibiendo vías
para alterar la respuesta inmunitaria (Flores – Castro, 1987).
El CPV-2 se une al receptor de transferrina de las células ingresando por endocitosis mediada
por la clatrina hasta llegar al núcleo, la interacción con el receptor del factor de crecimiento
epidérmico causa detención del ciclo celular lo que favorece la replicación viral. También,
este virus induce la apoptosis celular mediante vías intrínsecas y extrínsecas activando
enzimas caspasas y reduciendo el potencial de las mitocondrias, la sobreexpresión de la
proteína NS1 provoca estrés oxidativo, liberación del citocromo C y muerte celular
independiente de p53. Su infección puede causar necrosis criptal provocando una atrofia
vellositaria para desencadenar diarreas hemorrágicas, mala absorción y perdida de la barrera
intestinal con riesgo de translocación bacteriana para una sepsis o endotoxemia (Zhou et al.,
2024).

Signos clínicos

Los signos clínicos son claros como vómito frecuente profuso, diarrea hemorrágica mal
oliente con moco o sangre, letargo, anorexia, dolor abdominal a la palpación, fiebre o
hipotermia en caso de sepsis, deshidratación y en casos severos choque séptico, palidez en
las mucosas, tiempo de llenado capilar prolongado, de igual forma, en neonatos infectados
en etapas muy tempranas puede observarse miocarditis aguda, glositis ulcerosa. Se menciona
que signos neurológicos pueden ser poco frecuentes pero probables tales como temblores y
convulsiones (Sykes, 2023).

Diagnóstico

Entre sus pruebas de diagnóstico se pueden utilizar pruebas rápidas de antígeno en heces
(inmunocromatográficas/SNAP) por rapidez y buena utilidad clínica, son sensibles según la
fase de la enfermedad y carga viral. Otra opción puede ser el PCR molecular que tiene mayor
sensibilidad que las pruebas rápidas y detecta genomas virales incluso cuando la prueba de
antígeno es negativa, este puede detectar ADN vacunal o material remanente excretado tras
vacunación complicando su interpretación en perros recientemente vacunados. Las pruebas
hematológicas infieren a resultados como leucopenias marcadas, hipoprotrombinemia
variable por perdida proteica, alteraciones electrolíticas, biomarcadores inflamatorios y
recuento de neutrófilos que aportan un pronóstico. En cuanto a los cultivos son poco usados
para diagnostico agudo siendo la serología puede reflejar vacunación previa y no distingue
entre infección activa en muchos casos (Schiró et al., 2023).

Hallazgos macroscópicos y microscópicos

Hallazgos macroscópicos que se pueden encontrar es por ejemplo intestino delgado dilatados
con contenido hemorrágico, mucosa congestionada y erosiones o ulceraciones, el íleo o
empeoramiento de su pared intestinal, ganglios mesentéricos aumentados, corazón agrandado
o puntos de necrosis generalizados. Por otro lado, entre los hallazgos microscópicos pueden
resaltar necrosis de criptas intestinales, atrofia o fusión de vellosidades, citólisis de epitelio
criptal; en cuanto a la medula ósea puede haber hipoplasia/agotamiento mieloide, presencia
de inclusiones intranucleares virales pueden observarse con técnicas específicas y por
inmunohistoquímica.

Terapéutica
La terapéutica de la enteritis parvoviral es de soporte, hasta que se remitan los signos clínicos
de vómitos y diarreas, y realizar tratamiento de infecciones bacterianas secundarias con
fármacos antimicrobianos. La mejoría de los signos clínicos corresponde con un rebote en el
recuento de leucocitos; sin embargo, el desarrollo de secuelas adversas como neumonía por
aspiración, hipoglucemia persistente, hipoalbuminemia con edema o invaginación intestinal
pueden resultar en una mayor morbilidad y una duración mayor de hospitalización. En
animales con hipoalbuminemia severa o choque refractario, se recomienda el uso de plasma
fresco congelado, albúmina o coloides sintéticos. Estos productos ayudan a mantener la
presión oncótica, restaurar proteínas plasmáticas y mejorar la estabilidad hemodinámica
(Penelo y Fragío, 2022). Su administración intravenosa debe realizarse con precaución,
vigilando posibles reacciones transfusionales o sobrecarga de volumen. Este tipo de soporte
se reserva para pacientes críticos en los que las pérdidas proteicas intestinales son
significativas.

El paciente debe ser hospitalizado siempre y cuando sea posible, este debe de permanecer en
aislamiento, ya que puede estar propagando altos niveles de virus (Sykes, 2023). En caso de
que el cliente no proceda con la hospitalización, aunque generalmente no se recomiende para
cachorros que vomitan o están deshidratados, la administración de líquidos subcutáneos y
medicamentos antimicrobianos en el hogar (ambulatorios) puede resultar en su recuperación.

La fluidoterapia adecuada y el mantenimiento de concentraciones adecuadas de glucosa en


sangre son los aspectos más críticos del tratamiento, con el objetivo de restablecer los
volúmenes intravasculares, responder las pérdidas de líquido intersticial y mantener la
hidratación, siendo el tratamiento de referencia para VPC. Siempre y cuando el paciente lo
permita, los líquidos como son el cloruro de potasio y la dextrosa, como lo recomienda Sykes
(2023), generalmente el fluido de elección es un cristaloide isotónico balanceado (Ringer
Lactato) o equivalente (Penelo y Fragío, 2022), los cuales deben administrarse por vía
intravenosa y complementarse con antieméticos y gastroprotectores para minimizar la
pérdida de líquidos, proporcionando analgesia y nutrición, además de prevenir infecciones
bacterianas secundarias con antibióticos (Mazzaferro, 2020). En casos con desequilibrios
electrolíticos, se añade cloruro de potasio (KCl) a los fluidos intravenosos, con monitoreo
constante para evitar hiperkalemia o arritmias. Este manejo permite restablecer el equilibrio
ácido-base y mejora la perfusión tisular, favoreciendo la recuperación clínica (Penelo y
Fragío, 2022).

Las concentraciones de glucosa deben controlarse al menos dos veces al día, pudiendo
indicarse una monitorización más frecuente si hay hipoglucemia (Sykes, 2023). El volumen
inicial y la velocidad de administración dependerán del grado de deshidratación e
hipovolemia. Si existen signos hipovolémicos (taquicardia/bradicardia, hipotermia, aumento
del tiempo de llenado capilar, hipotensión, etc.), se administrarán volúmenes de cristaloide
isotónico de 150–20 ml/kg en 10–15 minutos (máximo 80–90 ml/kg), monitoreando los
parámetros de perfusión hasta que se normalicen. Al restaurar los volúmenes intravasculares,
se repondrán las pérdidas de fluido intersticial. Para calcular el volumen de fluidos y
reponerlo en las siguientes 12–24 horas hay que tener presente el grado de deshidratación, el
volumen de mantenimiento y las pérdidas de líquidos (vómitos y diarreas).

Se puede pesar al paciente 2–3 veces al día o los empapadores sobre los que ha vomitado o
defecado para llevar una cuenta de la pérdida de fluidos, ya que 1 gramo equivale
aproximadamente a 1 ml de fluido perdido (Penelo y Fragío, 2022). Debido a la pérdida
constante de líquidos, los animales suelen desarrollar hipopotasemia e hipoglucemia, por lo
que debe suplementarse potasio con los fluidos según las concentraciones sanguíneas. De
igual manera se necesita monitorear la glucemia y suplementar la glucosa en caso de
hipoglucemia. Cuando la glucemia es menor de 6 mg/dl, se administra un bolo intravenoso o
intraóseo de glucosa 0.5 g/kg (glucosa 50%, 1 ml/kg diluido 1:4 con CINa 0,9%) y después
se añade del 2.5 al 5% de glucosa en fluidos (Penelo y Fragío, 2022).

Los líquidos administrados por vía subcutánea nunca deben complementarse con dextrosa,
porque la dextrosa es hiperosmótica y puede causar mayor deshidratación, así como
reacciones en el lugar de la inyección (Sykes, 2023). Las intervenciones básicas en pacientes
ambulatorios (medicación administrada en el hospital) incluyeron la administración de
líquidos subcutáneos (30 ml/kg cada 6 horas), la administración de maropitant (1 mg/kg SC
cada 24 horas) y cefovecina (8 mg/kg SC una vez). Evaluando la evolución diaria de
electrolitos y glucosa, se implementó suplementación con dextrosa y potasio por vía oral
según lo indicado por Venn et al. (2017).

Se lleva a cabo una terapia de soporte oncótico, ya que la pérdida de líquidos, la falta de
ingesta y la producción de proteínas de fase aguda en lugar de la síntesis de albúmina puede
provocar hiponatremia. Este soporte terapéutico depende de la preferencia del médico, la
disponibilidad del producto y el tamaño y necesidad del paciente. Cuando las concentraciones
de la albúmina disminuyen menos de 2.0 g/dl la morbilidad y la mortalidad del paciente se
ve en aumento. Pacientes con hipoalbuminemia severa, donde las concentraciones séricas de
albumina son menores de 2 g/dl, re recomienda la administración del plasma fresco congelado
o albúmina concentrada para restaurar la presión oncótica y mejorar la profusión tisular; se
administra 20 ml/kg de plasma para aumentar concentraciones séricas de albúmina en 0.5
g/dl. La administración de plasma congelado (6.6 - 11 ml/kg IV o intraperitoneal, 3 dosis
administradas con 12 horas de diferencia) puede ser profiláctico para prevenir una infección
grave a perros expuestos. Si se requiere mayor soporte oncótico, se pude administrar
hidroxietil almidón (20 – 30 kg/d) (Mazzaferro, 2020).

En los casos graves, donde se presenta neutropenia y daño intestinal, el riesgo de infecciones
bacterianas secundarias es alto, por lo que se recomienda la administración de antibióticos de
amplio espectro. Entre las opciones más utilizadas se encuentra la gentamicina, que se aplica
a una dosis de 10 a 14 mg/kg por vía intravenosa (IV), subcutánea (SC) o intramuscular (IM)
cada 24 horas. Este fármaco requiere monitoreo constante de la función renal debido a su
potencial nefrotóxico (Merced, 2025). En casos más graves, pueden emplearse
fluoroquinolonas como la enrofloxacina (Penelo y Fragío, 2022), que se administra a una
dosis de 2.5 mg/kg IV o SC cada 12 horas, pudiendo aumentar hasta 5 mg/kg cada 24 horas
según la gravedad del cuadro. Es un antibiótico eficaz frente a bacterias gramnegativas,
aunque debe emplearse con precaución en animales jóvenes (John Martin, 2025). Tambien,
Penelo y Fragio (2022) mencionan el uso de ampicilina (22 mg/kg) cada 8 horas o la
combinación de ácido clavulánico (20 mg/kg), las fluoroquinolonas con cuidado en animales
en crecimiento como la enrofloxacina (5 mg/kg/12-24 h) o marbofloxacino (24 mg/kg/día),
el metronidazol (10 mg/kg/12 h); todos estos debidos a la translocación bacteriana que puede
llegar a ocurrir en el caso por enteritis del parvovirus, el uso de antimicrobianos de amplio
especto puede ser variado sin un consenso de utilización a nivel mundial; la combinación de
los betalactámicos con las fluoroquinolonas proporcionara una cobertura adecuada frente a
bacterias asociadas a las anormalidades de translocación y por el metronidazol para aumentar
la cobertura anaerobia. Y las tetraciclinas como la doxiciclina u oxitetraciclina, que inhiben
la síntesis proteica bacteriana y se reservan para coinfecciones o infecciones mixtas (Penelo
y Fragío, 2022). La elección del antibiótico debe basarse en la gravedad del cuadro, la
susceptibilidad bacteriana y la edad del paciente, evitando el uso indiscriminado para reducir
el riesgo de resistencia antimicrobiana (Zhou et al., 2025).
Para el control de vómitos se emplean antieméticos de acción central y periférica. El
maropitant, un antagonista de los receptores de neuroquinina-1 (NK1) que bloquea la acción
de la sustancia “P” en el centro del vómito, se administra a 1 mg/kg SC o IV una vez al día
durante cinco días consecutivos (Penelo y Fragio, 2022). Otra opción es la metoclopramida,
antagonista dopaminérgico D2 con efecto procinético, útil para estimular el tránsito
gastrointestinal (Penelo y Fragío, 2022), a 0.2–0.5 mg/kg IV o SC cada 8 horas (Santos et al.,
2023). En casos donde los vómitos sean persistentes o refractarios, se puede usar ondansetrón
0.1 mg/kg IV cada 8–12 horas (Dowling, 2025; Price, 2023). Estos fármacos se administran
por vía subcutánea, intravenosa u oral, dependiendo del estado del paciente y de la tolerancia
digestiva. Entre los efectos adversos más comunes se encuentran dolor en el sitio de inyección
con maropitant, sedación leve con metoclopramida y, en casos raros, alteraciones
extrapiramidales. El uso combinado de antieméticos puede ser beneficioso en cuadros graves,
siempre bajo control clínico (Zhou et al., 2025).

En algunos casos, se puede ver empleado el uso de protectores gástricos como sucralfato (40
mg/kg) u omeprazol, (1 mg/kg), el cual inhibe la bomba de protones, este fármaco disminuye
la secreción ácida gástrica, reduce el riesgo de úlceras y favorece la recuperación de la mucosa
digestiva. Puede administrarse por vía oral o intravenosa y debe utilizarse con precaución en
pacientes con disfunción hepática o que reciben fármacos cuya absorción depende del pH
gástrico (Penelo y Fragio, 2022).

La alimentación enteral debe iniciarse dentro de las primeras 12 horas de hospitalización,


incluso si el paciente aún no ha dejado de vomitar, ya que esto contribuye a mantener la
integridad de la mucosa intestinal y reduce el riesgo de translocación bacteriana. En aquellos
perros que no puedan ingerir alimento de manera voluntaria, se puede recurrir al uso de
sondas nasogástricas o naso-enterales para suministrar fórmulas enterales hidrolizadas y de
alta digestibilidad. Asimismo, se recomienda el uso de dietas blandas y fácilmente digestibles,
como las formuladas para trastornos gastrointestinales, evitando la alimentación forzada, ya
que puede generar estrés y empeorar la condición clínica del paciente.
Según Zhou et al. (2025) la alimentación enteral se puede suspender temporalmente de 1 a 2
días en algunos casos mientras existe el tratamiento con medicamentos antieméticos o
antibióticos.

El tratamiento debe acompañarse de una vigilancia continua del estado hematológico, en


especial del conteo de glóbulos blancos y de la relación entre neutrófilos y linfocitos, ya que
estos valores ayudan a evaluar la evolución del paciente. Cuando se observa una disminución
marcada de leucocitos o una relación neutrófilo/linfocito alto, el pronóstico suele ser más
desfavorable. En estos casos, es necesario reforzar las medidas de soporte y usar los
antibióticos o vasopresores con precaución y bajo estricta supervisión veterinaria (Ulas et al.,
2023).

Dirofilaria Immitis
Etiología
La dirofilariosis, también llamada enfermedad del gusano del corazón es una parasitosis causada
por Dirofilaria immitis, transmitida por la picadura de mosquitos infectados (Orejuela- Vásquez,
2017). Aunque los perros son los principales hospedadores, otros animales como gatos, zorros
y hurones también pueden verse afectados, e incluso los humanos pueden infectarse de forma
accidental.
El mosquito actúa como huésped intermediario: al alimentarse, ingiere microfilarias que
evolucionan a larvas L3, migran a la probóscide y se transmiten en la siguiente picadura
(HayParker et al., 2025). En el hospedador definitivo, las larvas viajan por el tejido subcutáneo
hasta las arterias pulmonares, donde maduran. Los gusanos adultos pueden vivir varios años en
el sistema pulmonar y el ventrículo derecho, provocando síntomas cuya gravedad depende del
número de parásitos presentes (Orejuela-Vásquez, 2017; Geary, 2023).

Epidemiología
La dirofilariosis cardiopulmonar se distribuye a nivel mundial, predominando en regiones
cálidas y húmedas de tipo tropical y subtropical. En México, la mayor prevalencia se observa
en las zonas costeras debido a las condiciones favorables para el desarrollo de los mosquitos
vectores (Hay-Parker et al., 2025). Diversas investigaciones recientes han documentado su
expansión hacia zonas antes consideradas de baja prevalencia (Bedoya et al., 2022;
RodríguezVivas et al., 2025), registrándose casos en 22 de los 32 estados del país. Entre las
entidades con mayores porcentajes se encuentran Tabasco (8.73%), Quintana Roo (12.25%),
Guanajuato y Coahuila (2–3%), con valores particularmente altos en Ciudad del Carmen,
Campeche (48.3%), Tampico, Tamaulipas (48.3%) y Puerto Morelos, Quintana Roo (64.0%),
de acuerdo con resultados obtenidos mediante la prueba ELISA (Hay-Parker et al., 2025).
Los principales vectores identificados son Culex quinquefasciatus en Tabasco y Aedes
taeniorhynchus en Yucatán (Manrique-Saide et al., 2008; Torres-Chablé et al., 2018). En esta
última región, el clima tropical húmedo favorece la reproducción constante de mosquitos,
aumentando la posibilidad de transmisión (Hay-Parker et al., 2025). El desarrollo de D. immitis
dentro del mosquito depende de la temperatura ambiental, requiriendo al menos 130 días con
valores superiores a 14 °C. Cuando las temperaturas oscilan entre 28 y 30 °C, las larvas alcanzan
su estado infeccioso en un lapso de 8 a 10 días, lo que explica la alta incidencia en zonas cálidas
(Hay-Parker et al., 2025).
A nivel global, el cambio climático ha modificado la distribución de los vectores, ampliando su
presencia a regiones donde antes no existían. Factores como la escasa aplicación de medidas
preventivas, la gran cantidad de perros sin control sanitario y las limitaciones económicas para
acceder a servicios veterinarios contribuyen a la persistencia del parásito en México y otras áreas
tropicales (Pietrzak, Łuczak, y Wiśniewski, 2024).

Patogenia
El daño causado por Dirofilaria immitis se debe principalmente a los gusanos adultos que se
alojan en las arterias pulmonares, donde provocan inflamación y obstrucción del flujo
sanguíneo, lo que eleva la presión arterial en esa zona (Geary, 2023). Aunque las microfilarias
(L1) no suelen generar síntomas, las larvas maduras (L5) desencadenan una respuesta
inflamatoria que puede llevar a fibrosis y alteraciones vasculares (Orejuela-Vásquez, 2017). En
infecciones graves, los parásitos pueden migrar al ventrículo derecho o a la vena cava, causando
insuficiencia cardíaca. Además, los antígenos liberados por los gusanos intensifican el daño
pulmonar y renal. Los signos clínicos incluyen tos, dificultad respiratoria, fatiga y, en etapas
avanzadas, fallo cardíaco derecho. En humanos, aunque el ciclo del parásito no se completa,
puede provocar nódulos pulmonares o inflamación localizada (Pietrzak, Łuczak, y Wiśniewski,
2024).
Signos clínicos
Puede presentar signos clínicos de graves a ausentes. Si son sintomáticos los signos clínicos son
cardiorrespiratorios e inespecíficos, lo que puede ser engañoso. La mayoría de los perros
presentan tos (65,4%) y ruidos pulmonares anormales (81%). El soplo en el foco tricúspide
estuvo presente en el 26,9% de los perros. La queja más frecuente de los propietarios es por tos
y hallazgo más común del hemograma fue la eosinofilia (29,4%), seguido de trombocitopenia
(26,5%) y neutrofilia (14,7%). Puede presentar anemia no regenerativa intensa o de bajo grado
(Monobe, et al., 2017; Bendas, et al., 2022; Lemos, et al., 2022; Perles., et al., 2024).
En un estudio, un canino de 17 años presento signos clínicos agudos de hematuria y disuria, en
su examen físico general, presento soplos cardiacos del lado derecho e izquierdo con marcada
disnea y membranas mucosas cianóticas después del manejo (Perles et al., 2024).

En el análisis bioquímico sérico puede revelar un aumento del valor de la proteína C reactiva y
ferritina; una azotemia leve y aumento de la alanina aminotransferasa, fosfatasa alcalina y
[Link] transferasa, hipoalbunemia (Perles., et al., 2024; Monobe, et al., 2017).

Siempre deben someterse a pruebas de detección y auscultación pulmonar, el aumento de los


sonidos espiratorios, incluso en ausencia de tos, puede considerarse un signo de la enfermedad.
Los signos clínicos se desarrollan gradual y generalmente comienzan con una disminución de
la tolerancia al ejercicio, una tos crónica que progresa a disnea moderada a grave, postración,
ascitis, caquexia y síncope o excitación posterior al ejercicio. La muerte de los animales
generalmente ocurre debido a insuficiencia cardíaca del lado derecho (Bendas et al., 2022).

Los signos clínicos de una D. immitis en caninos se pueden clasificar de acuerdo con su
gravedad, el cuales son leve donde suele ser asintomático o presencia de tos, moderado con tos,
intolerancia a la actividad, ruidos pulmonares anormales y muy fuerte con tos, intolerancia a la
actividad, disnea, ruidos cardiacos y pulmonares anormales, hepatomegalia, sincope, ascitis y
muerte (Pietrzar, et al., 2024).

Diagnóstico

El diagnóstico temprano es fundamental, aunque desafiante por la inespecificidad de los signos


(Pietrzak et al., 2024). Las pruebas de antígeno mediante ELISA o inmunocromatografía son el
pilar diagnóstico, con alta sensibilidad y especificidad, aunque pueden verse afectadas por baja
carga, infecciones de un solo sexo o formación de complejos inmunes (Bendas et al., 2022;
Pietrzak et al., 2024; Murillo et al., 2024).

El calentamiento del suero (ICD) previo al ELISA reduce falsos negativos (Brown et al., 2025).
La confirmación con pruebas de microfilaremia (preferentemente Knott modificado) es
recomendable, aunque hasta el 30% de los perros pueden ser amicrofilaremicos (Pietrzak et al.,
2024; Smith et al., 2024; Brown et al., 2025).
La ecocardiografía y radiografía torácica contribuyen al diagnóstico integral y a la planificación
terapéutica, y en casos específicos el diagnóstico puede confirmarse por visualización directa
del parásito o mediante PCR, esta última útil para diferenciación molecular, aunque de mayor
costo y acceso limitado (Murillo et al., 2024; Smith et al., 2024).

Hallazgos microscópicos en el laboratorio


Con la sangre fresca húmeda utilizando 40 μl de cada muestra de EDTA, se pueden observar
con tinción Giemsa presencia de microfilarias indirectamente a través del movimiento de
eritrocitos causado por los movimientos serpentinos característicos de estas microfilarias
(Trancoso, et al., 2020).

En ecocardiografía se puede revelar agrandamiento de las cavidades cardiacas derechas y de la


arteria pulmonar, grosor de la pared septal y del ventrículo derecho e insuficiencia tricúspidea;
puede estar presente la insuficiencia pulmonar (Perles., et al., 2024).

En la radiografía se puede observar ascitis cardiogénica, derrame pleural y agrandamiento


cardiaco como la dilatación del ventrículo derecho. En un estudio el patrón bronquial estaba
presente en el 45,5% de los perros infectados, el patrón intersticial estuvo presente en el 18,2%
(Monobe, et al., 2017; Lemos, et al., 2022).

Terapéutica
La terapéutica contra Dirofilaria immitis es un punto que discutir, ya que primero es necesario
establecer en qué etapa de la enfermedad de las cuatro que existen se encuentra el paciente; esto
es relevante dado que en cada etapa habrá distintos posibles riesgos. Esto ocurrirá conforme a
su sintomatología y los resultados que se obtuvieron en las pruebas diagnosticadas. De igual
manera, no existe ningún fármaco simultáneamente eficaz. frente a los adultos y estadios
larvarios, por lo que es necesario un tratamiento secuencial con diferentes fármacos (Atkins, et
al., 2020).

• Terapéutica microfilaricida
La melarsomina no tiene efecto sobre las microfilarias que aún no alcanzan los 4 meses de
edad, por lo que es necesario eliminar las fases larvarias jóvenes antes de aplicar el
tratamiento adulticida (Wolstenholme, et al., 2016).

Se recomienda la administración de un preventivo de lactonas macrocíclicas como


ivermectina, moxidectina o selamectina en dosis preventivas durante un periodo de uno a dos
meses previos al tratamiento; esto para reducir nuevas infecciones y eliminar las larvas
susceptibles existentes (American Heartworm Society, 2024).

Lo que se espera con estas lactonas es eliminar las larvas menores de dos meses. No se
aconseja el uso de milbemicina oxima, ya que tiene un efecto muy rápido, pudiendo ocasionar
en el paciente efectos adversos graves como shock anafiláctico o neumonitis y aún más si el
perro tiene una alta carga parasitaria (American Heartworm Society, 2018).

• Terapéutica para las Bacterias Wolbachia

La terapéutica contra las bacterias Wolbachias debe comenzar simultáneamente con la


terapéutica para la eliminación de las microfilarias porque disminuye la cantidad y viabilidad
de las microfilarias haciendo el tratamiento más seguro y eficaz (Carretón y Morcón, 2015).

Antes de iniciar con el tratamiento adulticida, se debe erradicar a la bacteria Wolbachia , ya


que es una bacteria endosimbionte, es decir, es una bacteria que vive dentro del parásito. Si
esta bacteria no se llegara a tratar, habría una liberación de las bacterias Wolbachias en el
organismo y podrían causar múltiples efectos como una reacción inflamatoria agrave, mayor
riesgo de embolia pulmonar y posibles complicaciones sistémicas (Kaminsky y Geary, 2022).

El tratamiento óptimo para esta bacteria es la doxiciclina en una dosis de 10mg/kg BID
durante 4 semanas. Esta terapéutica elimina un 90% de las Wolbachia, ocasionará un
debilitamiento y una disminución de la fertilidad de las filarias. El paciente que se la haya
administrado doxiciclina podría tener la posibilidad de tener menos efectos secundarios
pulmonares relacionados con la muerte de las filarias al momento de administrarle la terapia
adulticida (Carretón y Montoya, 2019).
• Terapéutica adulticida

La melarsomina sería el tratamiento adulticida de primera línea recomendado para la


dirofilariosis y el único fármaco adulticida aprobado por la FDA. La dosis por utilizar
depende de la clase de la enfermedad a la que pertenece el paciente. En pacientes con clase I
y II de la enfermedad, se puede administrar dos dosis de 2.5 mg/kg IM en los músculos
epiaxiales de la región lumbar entre L3 y L5 cada 24 horas (Rodríguez y Rosado, 2023).

Otra opción para pacientes en clase I y II de la enfermedad, es utilizar tiacetarsemida sódica,


más, sin embargo, el mecanismo exacto del efecto adulticida no ha sido determinado. La dosis
es de 2.2 mg/kg IV cada 6 u 8 horas durante 2 días. Este fármaco puede provocar
perivasculitis, necrosis tisular y una gran escarificación. A las dos horas de la administración
se observa una tumefacción. Cabe mencionar que este fármaco es perteneciente al grupo de
los fenilarsenoidales, que tiene una curva dosis respuesta con una pendiente muy acusada y
un índice terapéutico estrecho, lo que produce efectos variables, toxicidad frecuente y efectos
colaterales potencialmente graves (Díaz y Bermudez 2021).

De igual manera, se menciona que la tiacetarsemida sódica se utilizó desde la década de 1940
pero en la década de 1990 llegó la melasomina para suplementar a este fármaco como
adulticida por su mayor seguridad y eficacia (Noack, et al., 2021).

Por otro lado, existe un protocolo de tres inyecciones de melarsomina en perros sintomáticos
y asintomáticos. Aquí la primera inyección es de 2.5 mg/kg IM, la segunda inyección sería al
mes, igual de 2.5 mg/kg IM; y la tercera y última inyección sería a las 24 horas posterior a la
inyección anterior; la dosis de esta última igualmente sería de 2.5 mg/kg IM. Este protocolo
elimina un 98% de las filarias adultas (Jacobson, et al., 2023).

• Terapéutica complementaria

Se recomienda un tratamiento con prednisona al momento de las inyecciones de melarsomina


para reducir la inflamación pulmonar asociada con la muerte del gusano. Se deben
administrar únicamente si se considera necesario debido a los efectos adversos que puede
provocar, como reducción del flujo pulmonar, endoarteritis y efectos procoagulantes
(American Heartworm Society, 2024).
La vía de administración es PO y se inicia con 0.5 mg/kg cada 12 horas durante una semana,
luego 0.5 mg/kg una vez al día por otra semana y para terminar 0.5 mg/kg cada 48 horas por
una semana más. Por lo que se aclara que el tratamiento dura tres semanas, pudiéndose ajustar
según el estado en el que se encuentre el paciente. Hay que mencionar que la primera dosis
de prednisona se administra al aplicar la primera dosis de melarsomina; esto con el fin de
disminuir la inflamación pulmonar y los signos respiratorios causados por la muerte de los
parásitos (Nelson y Couto 2019).

Una manera importante de prevenir esta enfermedad es el uso de insecticidas para atacar a
los mosquitos; el compuesto activo que tendrán serán los Piretroides. Esto es muy útil en
zonas donde hay más riesgo de contagio (Capelli, et al., 2018).

• Slow kill

Es un método busca matar gradualmente los gusanos del corazón sin usar el medicamento de
primera línea que sería melarsomina. Se puede dar la terapia únicamente con ivermectina en
pacientes de clase 1. Se daría mensualmente y no va a matar a los gusanos adultos, pero acorta
su vida útil, los esteriliza, elimina microfilarias y mata las larvas L3 y L4; más, sin embargo,
el perro puede permanecer positivo durante dos años y la enfermedad puede progresar
lentamente (Brooks, 2023).

Por otro lado, en esta misma terapéutica de “slow kill”, existe la otra opción de utilizar
ivermectina con doxiciclina dos veces al día durante un mes para eliminar la bacteria
Wolbachia, permitiendo una muerte, pero eficaz, la eliminación de microfilarias en tres
semanas y gusanos adultos en tres a doce meses. La ivermectina o moxidectina se administra
como preventivo mensual, mediante productos tópicos o inyectables de acción prolongada
cada seis meses. (Brooks, 2023).

• Terapéutica no farmacológica
Para mencionar, primero tenemos la limitación de la actividad física, ya que el ejercicio
incrementa el riesgo de tromboembolismo pulmonar durante y después del tratamiento, por
lo que se es recomendable mantener al paciente en reposo (VCA Animal Hospitals, 2024).
Se recomienda limitar la actividad física del perro desde el momento en que se diagnostica la
enfermedad hasta unas 6-8 semanas después de completar el tercer tratamiento con
melarsomina, aproximadamente 5 meses en total (DiGangi y Jacobson, 2021).

Otro punto en la terapia no farmacológica es la terapéutica quirúrgica, en la cual se extraen


los gusanos adultos; está indicada para pacientes en donde es su única solución por
consecuencia de encontrase en una infección masiva donde haya signos clínicos de síndrome
de la vena cava, dado que los gusanos del corazón adultos moribundos o muertos obstruyen
el flujo sanguíneo y los gusanos degradantes causan reacciones inflamatorias (Pennisi, et al.,
2020).

Erliquiosis canina

Etiología

La ehrlichiosis es causada por tres especies: Ehrlichia canis, E. ewingii y E. chaffeensis. A


nivel mundial, Rhipicephalus sanguineus es el vector de las especies de Ehrlichia y los perros
actúan como reservorio. También se reconoce como rickettsiosis canina, tifus canino. Fiebre
hemorrágica canina, pancitopenia canina tropical y enfermedad del perro rastreador (Aziz, et
al., 2022).

Epidemiologia

Actualmente, existe una escasez de información sobre la propagación de enfermedades


zoonóticas en el continente Americano, lo cual es un desafío importante, dado que estas
patologías representan una seria amenaza para la región. En México, la investigación sobre
enfermedades zoonóticas, particularmente ehrlichiosis, es extremadamente limitada y no se
informa. En un estudio realizado en el estado de Coahuila de 249 muestras, el 63.9%
resultaron positivos. En Yucatán existe una prevalencia del 44%. La distribución del agente
en el país está relacionada con la gran adaptación y presencia del vector que transmite el
agente a los perros cuando se alimenta de sangre (Rodríguez-Vivas, et al., 2025;
CárdenasArias et al., 2025).

Patogenia

Después de la comida de sangre, las hembras hinchadas caen y ponen huevos en el medio
ambiente, normalmente en lugares protegidos con acceso a un huésped. Las larvas no
alimentadas eclosionan de estos huevos, se adhieren a un huésped para alimentarse durante 4
días, se caen y mudan a adultos. Los adultos no alimentados también se adhieren y se
alimentan de un huésped, durante aproximadamente una semana, se aparean, se dejan caer y
ponen huevos para reiniciar el ciclo de vida. Todo el ciclo se puede completar en 2 meses
(Ferrolho et al., 2025).

Signos clínicos

La presentación clínica de la ehrlichiosis canina puede dividirse en fases aguda, subclínica o


crónica. La fase aguda persiste durante 2–4 semanas y cursa con fiebre, pérdida de peso,
anorexia, depresión, linfadenomegalia, esplenomegalia y vasculitis; en laboratorio destaca
trombocitopenia. En la fase subclínica, los perros suelen carecer de signos clínicos evidentes,
aunque presentan trombocitopenia leve persistente y leucopenia; su duración puede extenderse
de meses a años y el microorganismo deja de circular en sangre, alojándose en órganos diana
como bazo, médula ósea o hígado. En contraste, la fase crónica se caracteriza por pancitopenia
severa, diátesis hemorrágica y debilitamiento general (Rodriguez-Alarcón et al., 2020). De
manera consistente con estas fases, las manifestaciones clínicas naturales más habituales
incluyen fiebre, depresión o letargo, anorexia, linfadenomegalia generalizada, esplenomegalia,
palidez de mucosas, tendencia al sangrado y alteraciones oculares; en fases crónicas pueden
observarse además estomatitis ulcerativa, glositis necrótica, edema de extremidades posteriores
y/o escroto, así como signos neurológicos (convulsiones, ataxia, disfunción vestibular, dolor
cervical). La diátesis hemorrágica puede presentarse tanto en la fase aguda como en la crónica,
aunque es más frecuente y grave en esta última, manifestándose como petequias y equimosis
cutáneas y mucosas, epistaxis, hematuria, melena y sangrado prolongado en sitios de punción
venosa (Mylonakis et al., 2019).

Diagnóstico

En casos agudos la citología puede proporcionar un diagnóstico más temprano incluso antes de
la serología. La citología de la medula ósea se puede usar para diferenciar la E. canina
mielosupresora y no mielosupresora (Aziz, et al., 2022).

La prueba de anticuerpos de inmunofluorescencia (FIAT) y el ensayo de inmunoadsorción


enzimática (ELISA) se usa para el diagnóstico. Cuantifican el título de anticuerpos y las
variaciones a lo largo del tiempo; da una idea sobre la etapa y la intensidad de la infección. Son
de alta sensibilidad y especificidad en comparación con las pruebas de diagnóstico rápido. Tanto
el Elisa o FIAT, los resultados positivos denota una infección pasada o presente, no indican la
condición actual de la enfermedad (Aziz, et al., 2022).

La PCR puede detectar una cantidad diminuta de ADN con alta precisión, además, proporciona
evidencia sólida y clara sobre la enfermedad activa en curso. Detecta infecciones
tempranas, permitiendo la evaluación cuantitativa de patógenos rickettsios. La PCR multiplex
tiene la capacidad de descubrir coinfecciones (Aziz, et al., 2022).

Hallazgos microscópicos y macroscópicos

En los casos de ehrlichiosis canina monocítica, las alteraciones macroscópicas suelen ser
inespecíficas e incluyen esplenomegalia, linfadenopatía generalizada y hemorragias petequiales
o equimóticas asociadas a trombocitopenia. También puede observarse hepatomegalia y palidez
de mucosas en animales con anemia moderada a severa.

A nivel microscópico, Ehrlichia canis se caracteriza por su localización intracelular dentro de


monocitos y linfocitos, donde forma agregados denominados mórulas. Estas estructuras
corresponden a micro colonias bacterianas que se multiplican por fisión binaria en el interior de
vacuolas citoplasmáticas, observables con tinciones tipo Romanowsky (Diff-Quik o
Hemacolor) como inclusiones basófilas granulares de 4 a 6 µm de diámetro. Aunque la detección
directa en frotis sanguíneos es poco frecuente, reportada solo en un 4 a 6 % de los casos clínicos,
la probabilidad de observar mórulas aumenta al examinar frotis de capa leucocitaria o aspirados
de ganglios linfáticos evaluados por citólogos experimentados, donde las tasas de detección
pueden alcanzar hasta un 50 % (Allison y Little, 2013; Allen et al., 2014; Kaewmongkol et al.,
2016).

Terapéutica

Uno de los patógenos comunes en las zonas donde predomina el clima tropical y subtropical
corresponde a la bacteria intracelular obligada E. canis, de carácter zoonótico, que afecta
principalmente a perros domésticos. En la actualidad, no existe una vacuna comercial contra
este agente, lo que resalta la importancia de prevenir la infección y considerar alternativas
terapéuticas para su manejo, pues se ha estimado que entre 2050 y 2070 podría presentarse un
brote significativo y preocupante del vector principal R. sanguineus, debido al aumento de los
cambios climáticos (Alves-Riveiro et al., 2024).

Es de vital importancia considerar diversos factores al momento de seleccionar la terapéutica.


Siempre se debe procurar que el propietario comprenda claramente el manejo, los costos, los
cuidados a largo plazo y las diferencias entre las diversas fases en las que esta bacteria puede
permanecer en el organismo. Esto se debe a que, a pesar del avance farmacológico en los cuadros
agudos y subclínicos, aún no se tiene clara la efectividad de los tratamientos para las fases
crónicas, ni los signos que los animales manifiestan, como en los casos de pacientes con
encefalomielitis quística mielosupresora (Mylonakis, Harrus y Breitschwerdt, 2019).

Las tetraciclinas siguen siendo el grupo de antimicrobianos de elección para el tratamiento de la


ehrlichiosis en animales pequeños, pues son dependientes del tiempo y actúan inhibiendo la
síntesis de proteínas al unirse de manera reversible a las subunidades ribosómicas 30S y 50S de
los organismos susceptibles, evitando la unión al ADN de transferencia del aminoacilo (Budde
y McCluskey, 2023).

Sin embargo, Mylonakis, Harrus y Breitschwerdt (2019) mencionan que solo la doxiciclina ha
sido evaluada críticamente in vitro con asociaciones en infecciones por E. canis, inducidas de
manera natural o experimental. En un estudio realizado por Villaescusa et al. (2015), donde se
administró este medicamento, se demostró que la aplicación en pacientes positivos a E. canis
produjo mejorías, con aumentos en los recuentos de plaquetas y eritrocitos, sugiriendo un efecto
específico en la proliferación plaquetaria y en la concentración de hemoglobina corpuscular de
las células eritroides, no descrito previamente. Asimismo, se confirmó una disminución
progresiva de los niveles de creatinina, lo que sugiere efectos positivos de la doxiciclina en las
nefronas. También se ha demostrado que posee efectos protectores frente a lesiones por isquemia
renal, destacando su potencial para reducir el daño oxidativo e influir en la reparación renal al
disminuir los niveles de citocinas proinflamatorias (Villaescusa et al., 2015).

Los estudios in vitro han demostrado que la doxiciclina presenta una alta eficacia frente a las
especies monocitotrópicas del género Ehrlichia, como E. canis y E. chaffeensis. Esta eficacia
se refleja en una concentración mínima inhibitoria (CMI) muy baja, cercana a 0.03 mg/ml, lo
que indica que se requiere una cantidad mínima del fármaco para inhibir el crecimiento
bacteriano en condiciones de laboratorio. Sin embargo, es fundamental tener en cuenta que los
resultados obtenidos in vitro no siempre se correlacionan con la respuesta clínica observada en
el paciente, ya que Ehrlichia canis es un patógeno intracelular. Esto implica que su
comportamiento y sensibilidad pueden variar dentro del organismo vivo, especialmente por su
distribución a través del sistema vascular y su capacidad para refugiarse en células del
hospedador, dificultando la acción del antibiótico (Mylonakis et al., 2019). Por otro lado, Alves-
Riveiro et al. (2024) mencionan que su uso indiscriminado ha tenido repercusiones en la
resistencia a los antimicrobianos y destacan la importancia de considerar los efectos adversos,
que incluyen vómitos, diarrea y anorexia, por lo que se recomienda administrar el medicamento
con alimentos para reducir estos efectos (Budde y McCluskey, 2023).

Se han realizado diversos análisis para determinar la dosis y el periodo adecuados para la
administración de esta tetraciclina. Villaescusa et al. (2015) describen en su estudio que el uso
de doxiciclina a 10 mg/kg cada 24 horas por vía oral durante 28 días tuvo una respuesta clínica
positiva al eliminar la infección, asociando este efecto a la modulación inmunitaria y a la
disminución del recuento de CTL. Esto concuerda con lo analizado por Gutiérrez, Pérez y
Agrela (2016), quienes demostraron resultados positivos en fases subclínicas, logrando la
eliminación del agente en todos los perros infectados experimental o naturalmente. Sin embargo,
en otras investigaciones, la doxiciclina administrada en la misma dosis y por el mismo lapso no
eliminó la infección en pacientes con fase aguda, pues permanecieron positivos a la prueba de
PCR, a pesar de lograr consistentemente la recuperación clínica y hematológica (Fourie et al.,
2015). Shropshire et al. (2018) mencionan que en perros con infección aguda se recomienda
administrar doxiciclina por vía oral a una dosis de 5 mg/kg dos veces al día durante 2 a 4
semanas, lo cual coincide con el tratamiento mencionado por Aziz et al. (2022), quienes
describen este mismo intervalo de tiempo como un protocolo que garantiza una respuesta
satisfactoria en la mayoría de los casos.

Se ha reportado que periodos cortos con doxiciclina, menores a 4 semanas, no son beneficiosos
para erradicar la enfermedad (Mylonakis et al., 2019), ya que los perros pueden volverse
portadores sin manifestar signos clínicos (Aziz et al., 2022).

La minociclina y la oxitetraciclina también actúan contra estas bacterias y se han utilizado como
alternativa en ausencia de la doxiciclina. En un estudio retrospectivo realizado en Cuba, se
observó que la administración de oxitetraciclina de acción prolongada a dosis de 20 mg/kg por
vía intramuscular resultó efectiva en la mayoría de los perros tratados con ehrlichiosis canina,
logrando mejoría clínica entre las 24 y 72 horas posteriores a la primera aplicación (Peña et al.,
2018). De igual manera, Jenkins et al. (2018) utilizaron la oxitetraciclina para tratar pacientes
con encefalomielitis quística, reportando mejorías en la eliminación de la infección,
comprobando así una eficacia similar al tratamiento con doxiciclina. Sin embargo, se consideran
escasos los estudios realizados para evaluar su eficacia en el tratamiento de encefalomielitis
quística causada por EMC (Mylonakis et al., 2019).

La información disponible sobre la eficacia de la minociclina para el tratamiento de E. canis es


muy limitada. Sin embargo, en un estudio realizado por Jenkins et al. (2018), se sugiere que este
medicamento puede ser efectivo cuando se administra a una dosis de 10 mg/kg por vía oral cada
12 horas durante 28 días, ya que los perros tratados dieron resultado negativo en las pruebas de
PCR postratamiento. No obstante, aún hacen falta más estudios experimentales que confirmen
su eficacia en casos graves y evalúen su impacto en la eliminación completa del organismo.

Históricamente, se han probado otros medicamentos para tratar la CME, entre ellos la
rifampicina, que actúa inhibiendo la subunidad β de la ARN polimerasa dependiente de ADN
(Mylonakis et al., 2019). Este antibiótico, junto con otros como la levofloxacina, ha mostrado
buenos resultados in vitro; sin embargo, en infecciones experimentales, aunque la rifampicina
mejoró algunos parámetros de laboratorio, no logró eliminar por completo la infección (Sainz
et al., 2015). Actualmente se recomienda no exceder una dosis diaria total de 10 mg/kg en perros,
ya que, aunque suele tolerarse bien, puede causar efectos secundarios como coloración
amarillenta o marrón en la orina, lágrimas o saliva, malestar gastrointestinal y aumento en las
enzimas hepáticas, especialmente con dosis más altas (De Lucia et al., 2017).

La enrofloxacina, un inhibidor de la ADN girasa llegó a proponerse como una alternativa


prometedora en el tratamiento de esta bacteria; sin embargo, la evidencia actual ha demostrado
su poca eficacia bajo pruebas in vitro, pues, según lo mencionado por Mylonakis et al. (2019),
no se logró la recuperación hematológica ni la eliminación de la infección experimental aguda,
lo que sugiere resistencia del agente a las fluoroquinolonas.

Se han propuesto diversos fármacos antibacterianos como la azitromicina o el cloranfenicol,


pero no se han obtenido resultados favorables y, por ende, no existe justificación basada en
evidencia para su uso (Rudoler et al., 2015). Además, el uso del cloranfenicol se ha restringido
por su toxicidad hematológica y hepatocelular (Harrus, 2015).

El dipropionato de imidocarb es otra opción terapéutica considerada para el tratamiento. Según


Carrión-Herrera (2017), se administra a una dosis de 5–7 mg/kg por vía subcutánea o
intramuscular, repitiendo la aplicación a los 15 días. Este fármaco, de naturaleza ácida, puede
causar dolor en el sitio de inyección y efectos secundarios como salivación, disnea, taquicardia,
temblores o diarrea. Se ha visto que es eficaz en casos agudos o crónicos leves; sin embargo, la
normalización del recuento plaquetario y del proteinograma suele ser más lenta en comparación
con pacientes tratados con doxiciclina o con la combinación de doxiciclina e imidocarb. Por su
parte, Sainz et al. (2015) destacan que su uso se recomienda especialmente en casos con
coinfección por Babesia canis o Hepatozoon canis.

Los glucocorticoides se han propuesto junto con los antimicrobianos como parte de la
terapéutica de apoyo para tratar esta enfermedad, específicamente la prednisolona en dosis de
0.5 a 2 mg/kg una vez al día, variando el tratamiento según el cuadro clínico. Sin embargo, se
debe tener cuidado con su uso, ya que solo deben considerarse cuando no se observa una
respuesta satisfactoria o cuando surgen complicaciones inmunomediadas. Asimismo, debe
considerarse que la administración de dosis a perros infectados subclínicamente puede provocar
la reaparición de bacteriemia, incluso sin mostrar signos (Insuasty, 2017).

El tratamiento de pacientes en fase crónica de la enfermedad, donde la médula ósea muestra baja
producción de granulocitos, aún se encuentra en evaluación. No obstante, en un estudio
realizado por Palacios, Arteaga y Calvo (2017), se propone el uso de filgrastim, un factor
estimulante de colonias de granulocitos (G-CSF) obtenido por tecnología de ADN
recombinante, que mostró resultados positivos al aumentar los recuentos de neutrófilos y
plaquetas, mejorando el estado clínico general de los pacientes. Aun así, se han reportado efectos
secundarios como dolor óseo, hematomas en el sitio de aplicación, adinamia, hiporexia y, en
algunos casos, un empeoramiento temporal de la trombocitopenia con mayor riesgo de
hemorragia, por lo que se requieren más estudios para confirmar su seguridad y eficacia.

Actualmente, se están explorando nuevas estrategias terapéuticas que combinan medicamentos


alopáticos con compuestos naturales derivados de plantas para potenciar la eficacia
antimicrobiana mediante efectos sinérgicos. En este sentido, Rosário et al. (2019) propusieron
el uso del aceite esencial de Ageratum conyzoides como una alternativa en el tratamiento de E.
canis, sugiriendo que su acción podría deberse a mecanismos bioquímicos similares a los de la
doxiciclina, cuyo principal efecto consiste en inhibir la síntesis de proteínas, impidiendo el
crecimiento bacteriano. Según los autores, los compuestos terpenoides presentes en el aceite
esencial son los responsables de su efecto bacteriostático o bactericida, y cuando se combinan
entre sí pueden potenciar su acción gracias a un efecto sinérgico (Feitosa-Alcantara et al., 2017).

Posteriormente, Rosário et al. (2023) realizaron otro estudio donde evaluaron el efecto de una
fracción acuosa extraída de Ageratum conyzoides combinada con dosis bajas de doxiciclina. Los
resultados in vitro fueron prometedores, ya que esta mezcla logró reducir notablemente el
crecimiento de E. canis. Sin embargo, también se observó que algunas cepas bacterianas pueden
desarrollar resistencia o mostrar recrudescencia tras el tratamiento, lo que implica una posible
reaparición o empeoramiento de la infección.

La eliminación sistémica de la infección es difícil de lograr; por lo tanto, en lugar de buscar


seronegatividad posterior al tratamiento, lo que se debe perseguir con el uso de la terapéutica es
un resultado negativo en las pruebas de PCR, siendo esta la “prueba de oro” para evaluar la
prevalencia o no de la enfermedad en el paciente (Aziz et al., 2022).

DISCUSION

Parvovirus canino

La fluidoterapia intravenosa es la medida más importante, pues ayuda a corregir la


deshidratación, recuperar el volumen sanguíneo y mantener la función de los órganos. En cuanto
a esta terapia, se emplearon soluciones electrolíticas (NaCl, KCl, CaCl₂) con ajustes progresivos
según el grado de deshidratación, lo que demuestra un manejo individualizado y correcto del
equilibrio hídrico. La reevaluación constante (del 6% al 5% de deshidratación) permitió adecuar
la velocidad de infusión, tal como recomiendan las guías de fluidoterapia veterinaria. Los
líquidos recomendados son los cristaloides isotónicos, como el Ringer Lactato, a los cuales se
puede añadir glucosa y potasio según las necesidades del paciente, con el fin de evitar
hipoglucemia o desequilibrios electrolíticos (Penelo y Fragío, 2022; Sykes, 2023).
No se realizó una terapia oncótica, se recomienda en pacientes con pérdida severa de proteínas
o choque refractario, el uso de plasma fresco congelado, albúmina o coloides sintéticos ayuda a
mantener la presión oncótica y mejorar la circulación y esta terapia depende de cada médico y
si se cuentan con los recursos correspondientes, su aplicación debe hacerse con cuidado,
vigilando posibles reacciones adversas o sobrecarga de líquidos (Penelo y Fragío, 2022).

Con respecto a la terapéutica antimicrobiana aplicada, se efectuó de manera efectiva, sin


embargo, no fue la más precisa; se utilizaron fármacos como son el metronidazol el cual está
indicado para el tratamiento de diarreas agudas y diarreas hemorrágica, por tener alta
distribución por todo el organismo, efectivo contra infecciones bacterianas anaerobias y
protozoarias por lo que es utilizado para cubrir la parte anaerobia (Zhou et al., 2025), esto quiere
decir que la terapéutica antimicrobiana no depende solo este fármaco, si no que su funcionalidad
es de soporte, este debe de estar acompañado de fluoroquinolonas o algunos betalactámicos para
tener un mejor recubrimiento antibacteriano, sin embargo, el uso del metronidazol es puramente
empírico para tartar cuadros diarreicos, ya que este no cuenta con respaldo o evidencia sólida
que su uso es el más eficiente según Mazzaferro et al., 2020. El uso de oxitetraciclina se reserva
para coinfecciones o infecciones mixtas (viral – bacteriana) (Penelo y Fragío, 2022), como
puede ser perfectamente el caso de parvovirus, no obstante, hay antibióticos de primera línea
para tratar la infección secundaria causada por este agente. De acuerdo con Penelo y Fragio,
2022, las fluoroquinolonas como enrofloxacina se debe de administrar a una dosis de 2.5 mg/kg
IV o SC cada 12 horas, pudiendo aumentar hasta 5 mg/kg cada 24 horas o marbofloxacino (24
mg/kg/día) según la gravedad del cuadro. Se sabe que el uso de las fluoroquinolonas puede
causar daño cartilaginoso pacientes jóvenes, ahora bien, este problema no se debe presentar, ya
que el tratamiento no debe indicarse a más de 5 días y se deben utilizar dosis controladas como
las ya antes mencionadas (Mylonakis et al., 2016). La gentamicina es uno de los fármacos a
utilizar, Merced, 2025 menciona que la gentamicina, que se aplica a una dosis de 10 a 14 mg/kg
por vía intravenosa (IV), subcutánea (SC) o intramuscular (IM) cada 24 horas, cabe mencionar
que el paciente debe de estar bien hidratado antes administrar aminoglucósidos por efectos
nefrotóxicos a animales en porcentajes graves de deshidratación. Penelo y Fragio, 2022 indican
el uso de ampicilina (22 mg/kg) cada 8 horas o la combinación de ácido clavulánico (20 mg/kg)
por vía parenteral, por si solas pueden ser suficientes para muchos perros, pero con cachorros
con diarreas hemorrágicas o síndrome de respuesta inflamatoria sistémica probablemente deban
tratarse con una combinación de penicilina y fluoroquinolonas o combinación de una penicilina
y un aminoglucósido (Sykes, 2023). Las características antimicrobianas de los fármacos
mencionados son de amplio espectro y bactericidas debido al alto riesgo de septicemia asociada
a la alteración de la barrera mucosa y la neutropenia.

Los fármacos para el control del vómitos y diarreas utilizados en la clínica fueron efectivos,
como es el uso del prifinial como antiespasmódico y antisecretor el cual está indicado para tratar
afecciones que causan cólicos y espasmos. Otro medicamento utilizado fue el ondansetrón el
cual es un antiemético, principalmente utilizado para que el paciente pueda ingerir porciones de
alimento lo más antes posible. Los fármacos como el maropitant, además de antiemético, brinda
analgesia visceral y mejora el apetito, por lo que su uso sería recomendable en el manejo del
dolor abdominal por enteritis viral. Metoclopramida u ondansetrón recomendados Penelo y
Fragío, 2022, ayudan a reducir las náuseas, evitar la pérdida continua de líquidos y facilitar la
recuperación del apetito. Se utilizaron protectores gástricos como la ranitidina como antiácido
y antiulcerosa el cual fue de igual manera efectivo ante esas posibles afecciones. Penelo y
Fragío, 2022 recomiendan el uso de protectores gástricos como el omeprazol o el sucralfato
protege la mucosa intestinal y disminuye el riesgo de úlceras.

En pacientes con parvovirosis canina, el tratamiento analgésico debe controlar el dolor visceral
sin afectar la motilidad gastrointestinal ni la perfusión esplácnica, debido a que suelen presentar
vómito, íleo, enteritis hemorrágica y deshidratación. Los opioides agonistas parciales o
agonistas-antagonistas, como buprenorfina o butorfanol, son preferidos por causar menos
depresión gastrointestinal y vómito, mientras que los AINEs deben evitarse durante la fase
aguda por el riesgo de daño renal y gastrointestinal. En la unidad de estudio se usó meloxicam
(0.2 mg/kg IV por 4 días), aunque no se recomienda en estos pacientes por riesgo de
hipoperfusión y daño renal; su uso solo sería justificable con adecuada rehidratación y
monitoreo, siendo preferibles analgésicos como buprenorfina, butorfanol o maropitant. El
tramadol (2 mg/kg IV TID) representa una opción más racional, pues ofrece analgesia moderada
sin causar íleo severo, aunque su eficacia es variable en perros por su rápida metabolización.

Otro aspecto importante es la alimentación temprana se llevó a cabo en el área laboral descrita
pero alrededor de dos días posteriores al ingreso del paciente. Se recomienda iniciar la nutrición
enteral dentro de las primeras 12 horas, incluso si el paciente presenta vómitos leves, ya que
esto mantiene la salud del intestino y disminuye la posibilidad de infecciones. Si el perro no
puede comer por sí mismo, se pueden usar sondas para administrar dietas blandas y fácilmente
digestibles (Zhou et al., 2025).

Por último, el monitoreo constante del estado hematológico, especialmente del recuento de
leucocitos, permite evaluar la respuesta al tratamiento. Un aumento de glóbulos blancos suele
indicar mejoría, mientras que su disminución persistente se asocia con un pronóstico más
reservado (Ulas et al., 2023).
Dirofilaria Immitis

En este caso la terapéutica aplicada fue ejecutada de manera integral y secuencial, haciendo
énfasis en el contraste existente con las recomendaciones más actualizadas para el manejo de la
dirofilariosis canina. La medicación aplicada se orientó a eliminar distintas fases del parásito,
pero siempre priorizando el enfoque racional para prevenir reacciones adversas de los fármacos,
así como controlar las respuestas inflamatorias durante o después del tratamiento.

El tratamiento comenzó con la administración de ivermectina con pirantel por su acción sobre
las larvas L3 y L4 lo cual fue una decisión acertada para obtener un efecto preventivo frente a
reinfecciones; previo a la aplicación de la melarsomina que fue el medicamento principal se optó
por reducir la carga de las microfilarias con estos fármacos, permitiendo que el tratamiento
adulticida sea más seguro y eficaz. El uso de ivermectina a 6 mcg/kg fue apropiado por su acción
rápida y segura al no provocar reacciones anafilácticas, como es el caso de la milbemicina
oxima, las cuales son graves en animales con alta carga de microfilarias (American Heartworm
Society, 2018). Pudo haberse realizado una prueba de concentración modificada (Knott) antes
de la administración de la ivermectina para confirmar si existían microfilarias circulantes y
teniendo más precisión en el tratamiento.

La doxiciclina a 10 mg/kg fue un componente esencial cumpliendo una doble función


terapéutica ante las patologías presentadas. Para la Wolbachia, tiene efecto directo sobre la
fisiología en la reproducción y el metabolismo del parasito inhibiendo la síntesis proteica
bacteriana uniéndose a la subunidad 30S del ribosoma bacteriano, de la misma manera que
provoca la esterilización del gusano por un mecanismo que interrumpe la embriogénesis,
logrando de esta forma una eliminación parcial y debilitando la carga parasitaria del mismo
agente y además reduciendo la inflamación pulmonar que se produce al morir estos parásitos.
Según Carretón y Montoya (2019) demostraron que la doxiciclina reduce aproximadamente más
del 90% de la población total de Wolbachia para entonces disminuir las complicaciones
respiratorias o tromboembólicas que pueda generar esta misma. La forma en la que se incluyó
el uso de protectores gástricos fue adecuada, debido a que puede generar efectos
gastrointestinales leves como vómito o anorexia que deben ser monitoreados.
Posteriormente, el protocolo adulticida, constó de tres inyecciones de melarsomina que fueron
administradas en intervalos mensuales culminando con una dosis final al día siguiente de la
segunda de 2.5 mg/kg vía IM cada una, lo cual representó una elección adecuada, respaldada
por la literatura científica de Jacobson et al., (2023), donde menciona que esta terapéutica tiene
hasta el 98% de eficacia en la eliminación de adultos logrando así, una mejor tolerancia en
comparación a los tratamientos de dos dosis con la tiacetarsemida sódica que es más relacionada
a efectos adversos como toxicidad o riesgo de necrosis tisular en el sitio de administración (Díaz
y Bermúdez, 2021). De igual forma, se hizo énfasis en las recomendaciones terapéuticas y el
monitoreo clínico llevado correctamente, considerando que la melarsomina implica riesgo de
reacciones locales como inflamación, dolor o reacciones sistémicas como fiebre y letargo tras el
proceso de muerte de los parásitos.

La American Heartworm Society (2018) recomienda un tratamiento coadyuvante con


prednisona lo cual estuvo correctamente aplicado en el caso con la finalidad de disminuir el
riesgo de problemas secundarios, como signos respiratorios o inflamación pulmonar, derivados
del tratamiento con melarsomina. Nelson y Couto (2019) mencionan que el tratamiento puede
iniciarse desde la primera administración de la melarsomina a dosis considerables (0.5 mg/kg)
siguiendo el periodo de administración de la primer semana cada 12 horas, la segunda semana
cada 24 horas y, por último, una semana más con intervalos de 48 horas. Se debe tener presente
que el uso prolongado de corticoesteroides a dosis inmunosupresoras puede ver afectado la
relación del paciente con la patología, de igual forma, problemas como úlceras gástricas
pudieron manifestarse por lo que la aplicación de omeprazol como gastro protector fue puntual
para manejar de buena forma las complicaciones secundarias.

Cabe mencionar que, tras contrastar la terapéutica, no existe evidencia científica que describa
interacciones farmacológicas relevantes entre estos medicamentos. Tanto la combinación de
ivermectina con pamoato de pirantel es segura y muy aplicada actuando sobre diferentes
receptores neuromusculares sin generar competencia en el parásito, así como la aplicación de
doxiciclina de manera concomitante con los dos anteriores y la melarsomina no ha mostrado
reacciones adversas documentadas, incluso su administración paralela pudiera considerarse
beneficiosa para el tratamiento de esta patología en particular. La prednisona no genera
problemas en la farmacodinamia de nuestro tratamiento central y se resalta el efecto de
mitigación de efectos adversos como fue la inflamación pulmonar por la muerte de las
microfilarias. Se describió el uso del omeprazol como protector gástrico el cual fue adecuado
para prevenir posibles efectos tanto del corticoesteroide como posiblemente de la doxiciclina.
La terapéutica se considera segura, compatible y coherente con las guías actuales para el manejo
de la dirofilariosis (Moorheard et al., 2023).

La restricción de actividad física durante todo el proceso terapéutico fue importante, aunque es
una idea subestimada es altamente crucial, ya que el ejercicio puede desencadenar problemas de
tromboembolismo pulmonar por la demanda de oxígeno y la movilización de restos parasitarios
hacia la circulación pulmonar como lo menciona el VCA Animal Hospitals (2024) y DiGangi y
Jacobson (2021). Todo el manejo adecuado influyó positivamente en la recuperación del
paciente.

Por el caso del manejo quirúrgico para la resolución de la Dirofilariosis como menciona Pennisi,
et al., (2020) no se realizó debido a ciertas puntualizaciones. La condición primordial para
someter a un paciente a resolución quirúrgica afectado por Dirofilaria es el síndrome caval, que
es cuando una gran masa de gusanos adultos se aloja en la aurícula derecha provocando
obstrucción del flujo sanguíneo, para entonces este procedimiento sea la única opción que pueda
salvar la vida inmediatamente, antes de desencadenar problemas como hemolisis, shock,
insuficiencia cardiaca congestiva derecha o colapso. En este caso, la ausencia del síndrome de
vena cava y el no presentar signos como hemoglobinuria, colapso, hipotensión, ni signos de
insuficiencia cardiaca derecha fueron suficientes para no optar por este manejo, de igual forma,
la respuesta positiva al tratamiento médico tras la secuencia terapéutica de doxiciclina, lactonas
macrocíclicas, melarsomina y coadyuvantes provocaron la mejoría del paciente, determinando
que el tratamiento médico estándar al cual fue sometido está progresando bien, por lo que se
continúa con el mismo. Conforme al procedimiento quirúrgico se invalida debido a que habría
implicado riesgos innecesarios, relacionados de igual forma con la patología de la Ehrlichiosis
que pudieron provocar problemas durante el proceso quirúrgico. El paciente no cumplía con las
consideraciones principales que justificaban el proceso para resolver su problema de manera
operatoria.

El abordaje clínico y terapéutico se clasificaría como integral, óptimo y responsable en


concordancia con la evidencia científica, manteniendo un margen de error muy cerrado por la
correcta administración de los fármacos, terapéuticas de apoyo, monitoreo clínico y seguimiento
que se aplicó al paciente. La fase microfilaricida tratada previamente a la resolución de los
gusanos adultos, así como el control de los efectos secundarios tales como inflamación y las
recomendaciones de los médicos lograron reflejar un resultado benéfico al paciente.
E. canis

De acuerdo con la literatura consultada, el único medicamento evaluado correctamente para


tratar la ehrlichiosis canina ha sido la doxiciclina (Mylonakis, Harrus y Breitschwerdt, 2019),
además se ha demostrado que los pacientes tratados con dicho fármaco tiene una recuperación
clínica favorable, ya que aumenta el número de plaquetas y eritrocitos, así como ayuda a reducir
el daño oxidativo e influye en la reparación renal, disminuyendo los niveles de creatinina en las
nefronas (Villaescusa et al., 2015). Uno de los beneficios que tiene este medicamento es que
alcanza su eficacia con una mínima cantidad de dosis (0.03mh/ml) para inhibir el crecimiento
bacteriano. Además, este medicamento tiene pocos efectos adversos como vómitos, diarrea y
anorexia, pero se puede evitar o reducir los efectos administrando el medicamento con alimento
(Budde y McCluskey, 2023).

De acuerdo con Villaescusa et al. (2015) y Gutierrez, Perez y Agrela (2016) mencionan que, si
se administra la doxiciclina a 10mg/kg cada 24 horas por vía oral durante 28 días, se puede
eliminar la infección en fases subclínicas. En caso de que sea una enfermedad aguda se
recomienda mejor usar una dosis de 5mg/kg cada 12 horas hasta por 4 semanas por vía oral
(Shropshire et al., 2018; Aziz et al., 2022). Se ha comprobado que si se administra en periodos
menores a 4 semanas no se elimina la infección y los animales son portadores de la enfermedad
sin manifestar signos aparentes (Mylonakis et al., 2019; Aziz et al., 2022).

Al comparar estos hallazgos con el tratamiento aplicado en el caso clínico, se puede deducir que
el protocolo terapéutico fue adecuado y se ajustó a las recomendaciones reportadas en la
literatura, dado que se trató de un cuadro en fase subclínica, debido a que no presentaba signos
clínicos graves. Esto sugiere que la elección de la doxiciclina, así como la dosificación y
duración del tratamiento, fueron apropiadas para lograr la resolución de la infección.
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