Parvovirus Canino, Dirofilaria Immitis Ehrlichia Canis: Dr. Eduardo Gutiérrez Blanco
Parvovirus Canino, Dirofilaria Immitis Ehrlichia Canis: Dr. Eduardo Gutiérrez Blanco
Quinto semestre
Equipo:
Alamilla Mendoza Víctor Uriel
Arzapalo Venegas Javier Emilio
Por otro lado, la parvovirosis canina es una enfermedad con alta morbimortalidad en
cachorros no vacunados o con interferencia por anticuerpos maternos, clínicamente
mostrando cuadros de gastroenteritis hemorrágica, sepsis secundaria y deshidratación severa.
Se ha demostrado una rápida diseminación, y en ausencia de un tratamiento adecuado la
mortalidad en cachorros es extremadamente alta (76%), con un tratamiento de soporte
intensivo las tasas de supervivencia mejoran significativamente entre 20% al 35% pero el
impacto clínico y económico sigue siendo elevado, aun másen poblaciones con baja cobertura
vacunal.
En Yucatán, por parte del ámbito local se refleja una situación preocupante para las dos
enfermedades, documentándose un aumento de alrededor del 40% en los casos de Parvovirus
canino en 2024 en comparación de años previos con más de 50 casos atendidos en solo dos
semanas en clínicas del estado especialmente en cachorros de dos semanas en adelante. Por
otra parte, estudios en perros callejeros en Mérida han evidenciado la presencia de D. immitis
lo que indica que la filariosis ya tiene presencia endémica en la zona urbana. Localidades
costeras como Celestún reportaron prevalencias elevadas de alrededor 59.8% en perros
asintomáticos lo que sugiere que ciertos ambientes como costeros o húmedos en Yucatán
pueden constituir ser focos importantes de transmisión.
MARCO DE REFERENCIA
Descripción de la unidad de estudio
Los casos clínicos ocurrieron en la ciudad de Mérida, Yucatán. Mérida se localiza en la región
norte de la península de Yucatán, con un clima cálido subhúmedo y lluvias estivales (mayo a
noviembre). De acuerdo con reportes climáticos regionales, la temperatura media anual es de
aproximadamente 26 °C, con máximas promedio de 34–36 °C en los meses más cálidos y
mínimas de ~ 17 °C en la temporada fresca (Weatherspark, 2024). La precipitación presenta
un comportamiento estacional, con registros cercanos a 200 mm mensuales en septiembre y
valores tan bajos como 9–30 mm en los meses secos de enero a marzo (INEGI &
CONAGUA, 2016). En cuanto a precipitación anual, el municipio de Mérida presenta un
rango variable: en la zona centro y sur se reportan entre 1,000 y 1,100 mm/año, mientras que
en el noroeste los valores pueden descender a 500–600 mm/año. Estas condiciones que se
caracterizan por altas temperaturas, así como humedad elevada y las lluvias estacionales
favorecen la proliferación de vectores como mosquitos y garrapatas, que son responsables de
la transmisión de enfermedades en caninos como la dirofilariosis, la ehrlichiosis y la
anaplasmosis.
En cuanto a los principales diagnósticos emitidos se tiene una cierta variación. En la clínica
como unidad de estudio, las principales enfermedades diagnosticadas fueron por parte de los
hemoparásitos que son organismos que invaden y afectan los componentes celulares de la
sangre, Ehrlichia canis y Dirofilaria immitis los que más se encontraron, para su tratamiento
se empleó oxitetraciclina (10 mg/kg) por vía intravenosa una vez al día, como antibiótico de
elección frente a Ehrlichiosis. Además, se administra metronidazol, eficaz contra infecciones
bacterianas y protozoarias secundarias que pueden complicar el cuadro, sulfametoxazol–
trimetoprim (30-45 mg/kg) por vía oral dos veces al día para prevenir infecciones bacterianas
secundarias; también suplementos vitamínicos y aminoacídicos que favorecen el
metabolismo, el apetito y la regeneración tisular. También se aplicaron inmunoestimulantes
por vía subcutánea cada 48 horas, con el objetivo de reforzar las defensas del paciente.
Tramadol (2.2 mg/kg) por vía subcutánea una vez al día, junto con meloxicam (0.2 mg/kg)
por vía intravenosa una vez al día y prifinial (0.75 mg/kg) por vía intravenosa una vez al día,
fueron utilizados para el manejo del dolor, la fiebre y la inflamación. De igual manera, se
aplicó ondansetrón (0.15 mg/kg) por vía intravenosa dos veces al día para controlar los
vómitos, y vitamina k (1 ml/kg) por vía intramuscular para mejorar la coagulación en casos
con trombocitopenia. Finalmente, se administraron omeprazol junto con ranitidina (0.5
mg/kg) por vía subcutánea dos veces al día como protectores gástricos para evitar daños en
la mucosa intestinal, y probióticos que mantiene el equilibrio intestinal durante el tratamiento
antibiótico.
Por otra parte, para el conocido “gusano del corazón” o la dirofilariosis, entre los fármacos
utilizados para este tipo de casos fueron desparasitantes a una dosis dependiente al kilaje del
paciente, compuestos de afoxolaner (2.27 mg/kg) y de milbemicina oxima (0.46 mg/kg) en
comprimidos masticables administrados mensualmente, omeprazol en dosis de 0.5 mg/kg
una vez al día por vía oral durante 5 días, que es un inhibidor de la bomba de protones, la
prednisolona (0.5-1 mg/kg) cada 12 horas por 5 a 7 días vía oral, el cual es un corticoesteroide
para la inflamación, la doxiciclina (12 mg/kg) cada 12 horas por 28 días vía oral que es una
tetraciclina perteneciente a los antimicrobianos, multivitamínicos en volumen administrado
de 7 ml/kg cada 24 horas por 10 días que es un suplemento nutricional que contiene vitaminas
de complejo B, cobre y hierro, la melarsomina (2.5 mg/kg) por vía intramuscular con
protocolo de tres dosis (una inicial y dos con intervalos de 24 horas) como antihelmíntico a
base de arsénico específico para la dirofilariosis con su preciso reconstituyente.
Por el caso de los parásitos intestinales presentes en la unidad son un problema significativo
y común debido a su impacto en el crecimiento de los animales, respuesta inmune y salud en
general. Toxocara canis es un nematodo ascáride e igual se describió a la Isospora spp. como
protozoarios coccidios que afectan el intestino delgado en perros, especialmente cachorros;
entre los fármacos utilizados se relató a los desparasitantes internos que contienen
fenbendazol (50 mg/kg), prazicuantel (5 mg/kg) y toltrazuril (20 mg/kg) con una dosis de 1
tableta por cada 10 kilogramos de peso repitiéndose a los 15 días.
Por las enfermedades virales más comunes que se ven en la clínica, el parvovirus canino y el
distemper canino son los que más problemas causan, sobre todo en perros jóvenes durante
los últimos seis meses de registro. Estos virus son complicados porque muchas veces los
síntomas se confunden con otras enfermedades y el paciente puede llegar ya en estado
delicado, lo que hace importante detectarlos rápido para dar el tratamiento correcto.
Como no existe un medicamento que elimine directamente estos virus, el tratamiento se basa
en dar soporte y controlar los síntomas. En estos casos se usaron fármacos como
inmunoestimulantes (1 mL/5kg) por vía oral cada 24 horas por 7 días, que ayuda a promover
las defensas; el suero Hartmann para rehidratar y corregir los electrolitos perdidos; omeprazol
(0.5 mg/kg) para proteger el estómago y ondansetrón (0.15 mg/kg) cada ocho horas por tres
días que sirve para controlar los vómitos. Para evitar infecciones secundarias se aplicó
ampicilina sódica (20 mg/kg) cada 8 horas vía intravenosa y metronidazol (15 mg/kg) cada
12 horas por 7 días vía oral, que son antibióticos de amplio uso en estos pacientes.
Exploración a distancia
Paciente decaído, con evidente dolor abdominal generalizado, cólicos, escala del dolor de
10/24 y condición corporal 2/5.
Peso: 5.100 kg
Valores porcentuales
Neutrófilos 79 % 62 - 86
Bandas 0 % 0-2
Metamielocitos 0 % 0-0
Mielocitos 0 % 0-0
Blastos 0 % 0-0
Eosinófilos 0 % 0-5
Basófilos 0 % 0-1
Monocitos 3 % 0-8
linfocitos 18 % 11 - 29
Valores absolutos
Serie plaquetaria
Plaquetas 380.000 /mm3 150,000 – 490. 000
Estudio coproparasitoscópico:
No se observó presencia de huevos o parásitos
.
LISTA DE PROBLEMAS
• Melena.
• Anemia macrocítica leve.
• Linfopenia leve.
• Deshidratación.
• Dolor abdominal.
• Diarrea.
• Fiebre leve.
• Espasmos.
LISTA MAESTRA
1. Deshidratación.
2. Diarrea.
3. Melena.
4. Fiebre leve
5. Anemia macrocítica leve.
6. Linfopenia leve.
7. Dolor abdominal.
PLAN INICIAL
1. Plan diagnóstico
Diagnósticos presuntivos:
Pruebas complementarias:
2. Plan terapéutico
El paciente fue hospitalizado tras confirmarse un resultado positivo para Parvovirus canino,
presentando diarrea profusa con melena y 7 % de deshidratación. Se indicó al propietario la
necesidad de hospitalización, y éste aceptó dicha recomendación. Todas las dosis
administradas se calcularon con base en el peso del paciente (5.100 kg), ajustando el
tratamiento según su condición clínica. A continuación, se muestra en secuencia, las fechas
en las que fueron administrados cada medicamento con su información al respecto.
Día 21/07/2025
• Fármaco: Metronidazol.
• Concentración: 5 mg.
• Dosis: 10 mg/kg.
• Vía de administración: IV lento.
• Indicación: BID durante 4 días.
• Fin del tratamiento: 25/07/2025.
• Fármaco: Ondansetrón.
• Dosis: 0.15 mg/Kg.
• Concentración: 20 mg.
• Vía de administración: IV.
• Indicación: BID durante 3 días.
• Fin del tratamiento: 24/07/2025.
• Fármaco: Meloxicam.
• Dosis: 0.2 mg/Kg.
• Concentración: 30 mg.
• Vía de administración: IV.
• Indicación: SID durante 4 días.
• Fin del tratamiento: 25/07/2025.
• Fármaco: Vitamina K.
• Dosis: 2.5 - 5 mg/Kg.
• Vía de administración: IM.
• Indicación: SID.
• Fin del tratamiento: 22/07/2025.
• Fármaco: Solución Electrolítica (NaCl, KCl, CaCl₂).
• Dosis: 70.83 gotas por minuto.
• Vía de administración: IV
• Indicación: cada 2 horas hasta nueva indicación.
-23/07/25 se revaluó el paciente con 6% de deshidratación: 25.5 gotas por minuto cada 4 horas.
-25/07/25 se revaluó a un 5% de deshidratación: 25.5 gotas por minuto cada 4 horas.
Día 23/07/25
• Fármaco: Oxitetraciclina
• Dosis: 10 mg/kg.
• Concentración: 100mg/ml
• Vía de administración: IV lento.
• Indicación: SID durante 3 días.
• Fin del tratamiento: 26/07/2025.
Día 24/07/25
• Ranitidina.
• Dosis: 2 mg/Kg.
• Concentración: 40mg/ml
• Vía de administración: SC.
• Indicación: BID durante 2 días.
• Fin del tratamiento: 26/07/2025.
• Fármaco: Probióticos.
• Concentración: Lactobacillus acidophilus 10 mg, Enterococcus faeclum 10 mg e inulina
+ fructooligosacáridos 5.00 mg.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: SID durante 3 días.
• Fin del tratamiento: 27/07/2025
Día 25/07/25
• Fármaco: Vitamínicos y minerales
• Volumen administrado: 7 ml/ 2 kg.
• Vía de administración: PO
• Indicación: BID durante 2 días.
• Fin del tratamiento: 27/07/2025.
Indicaciones y monitoreo
La ingesta de agua fue controlada, ya que cuando se ofrecía en exceso, el paciente presentaba
episodios de vómito.
Día 28/07/25
El paciente fue dado de alta, con indicaciones de monitorización y terapéutica en el hogar.
• Fármaco: Doxiciclina.
• Dosis: 10 mg/kg (administrar ½ tableta cada SID durante 15 días).
• Concentración: cada pastilla contiene 100 mg de doxiciclina.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: comenzar desde el 28/07/2025.
• Fin del tratamiento: 12/08/2025.
• Fármaco: Omeprazol.
• Dosis: 0.5 mg/kg (Administrar ¼ de tableta, cada SID durante 15 días.)
• Concentración: cada tableta contiene 5 mg de omeprazol.
• Vía de administración: PO.
• Indicación: comenzar desde el 28/07/2025.
• Fin del tratamiento: 12/08/2025.
NOTAS DE PROGRESO
S (subjetivas):
• El tutor refiere que el paciente muestra apetito, las heces son uniformes y los vómitos
han disminuido.
• Paciente responde a actividad al juego.
O (objetivos):
• Hemograma realizado el 16/08/2025 para revaluación: parámetros en el rango indicado.
• Parámetros fisiológicos en orden.
I (interpretación):
• Sin signos secundarios a parvovirosis canina y resultados de laboratorio que indican
parámetros normales, por lo que el tratamiento en hospitalización y en casa fue el
adecuado.
P (Plan):
DATOS BÁSICOS
Anamnesis
Paciente canino mestizo, macho entero de 4 años. Fue rescatado con antecedente de enfermedad
por Ehrlichia spp., la cual cursó con trombocitopenia y epistaxis; no se le administro tratamiento.
Historia clínica
El propietario refiere que el paciente presenta estornudos con presencia de gotas de sangre.
Examen físico general
Fecha de aplicación: 19/03/2025
Metamielocitos 0 0 x10-9/L
Basófilos 0 0 x10-9/L
LISTA DE PROBLEMAS
• Epistaxis.
• Presencia de placa dental, sarro y gingivitis.
• Asimetría en ambos testículos, testículo izquierdo con aumento de tamaño y derecho
atrofiado.
• Leucocitosis por neutrofilia y monocitosis
LISTA MAESTRA
Epistaxis
Asimetría en ambos testículos, testículo izquierdo con aumento de tamaño y derecho atrofiado.
PLAN INICIAL
1. Plan diagnóstico Diagnósticos
presuntivos
- Erlichia spp.
- Anaplasma spp.
- Dirofilaria immitis
Pruebas complementarias
CANIV-4
Positivo a: Dirofilaria immitis. (Ag),
Ehrlichia Canis. (Ac) Negativo a:
Anaplasma phagocytophilum/Anaplasma
platys. (Ac) y Borrrelia burgdorferi. (Ac)
Electrocardiograma
El paciente se posicionó en decúbito lateral
derecho, se emplearon las derivadas
unipolares, bipolares y precordiales. El eje
eléctrico medio se determinó a través de las
tablas de Tilley
Interpretación electrocardiográfica:
Arritmia sinusal con conducción auricular,
auriculoventricular y ventricular presente,
normo eje.
Ecocardiograma
Día 26.05.2025
Fármaco: Prednisona.
• Dosis: 0.5 mg/kg.
• Concentración: 12.5 mg
• Vía de administración: PO
• Indicación: ½ tableta BID, durante 7 días. Posteriormente administrar ½ tableta SID,
durante 7 días. Finalmente administrar ½ tableta cada 48 horas, durante 7 días.
• Fin del tratamiento: 16/06/2025.
Día 27.05.2025
Fármaco: Omeprazol.
• Dosis: 0.5-1 mg/kg.
• Concentración: 20 mg.
• Indicación: administrar 1 tableta SID (15 minutos antes de la primera comida) durante
15 días.
Fármaco: Doxiciclina.
• Dosis: 10 mg/kg.
• Concentración: 250 mg.
• Vía de administración: PO.
Día 27.06.2025
Día 27.07.2025
• Fármaco: Melarsomina.
• Vía de administración: IM
• Indicación: Administrar 2.5 mg/kg cada 30 días durante 2 meses y una tercera dosis
al día siguiente de cumplido el segundo mes.
Fin del tratamiento: 28.08.2025
• Fármaco: Prednisona.
• Dosis: 0.5 mg/kg.
• Concentración: 12.5 mg
Día 27.08.2025
Día 28.08.2025
• Fármaco: Melarsomina.
Día 28.09.2025
• Prueba de microfilarias (Knott).
• En caso de ser positivo se requiere microfilaricida cada cuatro semanas.
Día 28.03.2026
*Prueba de detección de antígeno seis meses después de finalizar el tratamiento y de nuevo
valorar contra microfilarias (Knott). *
NOTAS DE PROGRESO
S (Subjetivo):
O (Objetivo):
I (Interpretación):
La ausencia de signos clínicos y los resultados negativos en las pruebas diagnósticas sugieren
que el tratamiento para la dirofilariosis fue efectivo y el paciente está clínicamente libre de
infección activa.
P (Plan):
Continuar con vigilancia preiódica y realizar pruebas de antígeno y microfilarias 6 meses
después finalizado el tratamiento, con el objetivo principal de confirmar la efectividad y
descartar la persistencia de Dirofilaria Immitis o Ehrlichia canis.
MARCO TEÓRICO
Parvovirus Canino
Etiología
El parvovirus canino es un virus ADN pequeño que se caracteriza por ser isométrico, no
envuelto y pertenece a la familia Parvoviridae del género Protoparvovirus, peso aproximado
molecular de 1.5 a 2.2 x10 a la 6 Daltons, resistentes al éter, cloroformo, calor y los ácidos
(Flores – Castro, 1987). Entre sus variantes más importantes para la enfermedad clínica en
perros es CPV-2 y sus derivados que pueden ser CPV-2a, 2b, 2c que se clasificaron como
mutaciones en una proteína de su estructura que siguen circulando y afectando la eficacia
relativa de inmunidad y diagnóstico molecular (Zhou et al., 2024).
Epidemiologia
Este virus se transmite principalmente por vía fecal-oral desde heces, superficies o áreas
contaminadas siendo altamente resistente al ambiente, por lo que requiere de agentes
adecuados para su eliminación como el hipoclorito diluido o peróxidos/aldehídos
(Mazzaferro, 2020).
La edad para los grupos de riesgo suele afectar a cachorros de entre 6 semanas y 6 meses de
edad son los más susceptibles siendo clave la disminución de los anticuerpos maternales.
Existen factores predisponentes como pacientes no vacunados o esquemas no terminados,
estrés, desnutrición, parasitosis intestinal, condiciones de hacinamiento o alta densidad entre
poblaciones de perros. Un dato importante para mencionar es que puede permanecer viable
en heces secas hasta un año dependiendo los factores como temperatura, humedad y otras
condiciones climáticas (Gallagher, 2025).
Los picos de incidencia suelen coincidir con temporadas donde el calor es importante o la
humedad prevalece, como la época de primavera-verano. En regiones tropicales como en
ciertos estados de México, los casos se pueden reportar de forma endémica durante todo el
año, pero con picos importantes entre las épocas de lluvia (Gallagher, 2025).
Signos clínicos
Los signos clínicos son claros como vómito frecuente profuso, diarrea hemorrágica mal
oliente con moco o sangre, letargo, anorexia, dolor abdominal a la palpación, fiebre o
hipotermia en caso de sepsis, deshidratación y en casos severos choque séptico, palidez en
las mucosas, tiempo de llenado capilar prolongado, de igual forma, en neonatos infectados
en etapas muy tempranas puede observarse miocarditis aguda, glositis ulcerosa. Se menciona
que signos neurológicos pueden ser poco frecuentes pero probables tales como temblores y
convulsiones (Sykes, 2023).
Diagnóstico
Entre sus pruebas de diagnóstico se pueden utilizar pruebas rápidas de antígeno en heces
(inmunocromatográficas/SNAP) por rapidez y buena utilidad clínica, son sensibles según la
fase de la enfermedad y carga viral. Otra opción puede ser el PCR molecular que tiene mayor
sensibilidad que las pruebas rápidas y detecta genomas virales incluso cuando la prueba de
antígeno es negativa, este puede detectar ADN vacunal o material remanente excretado tras
vacunación complicando su interpretación en perros recientemente vacunados. Las pruebas
hematológicas infieren a resultados como leucopenias marcadas, hipoprotrombinemia
variable por perdida proteica, alteraciones electrolíticas, biomarcadores inflamatorios y
recuento de neutrófilos que aportan un pronóstico. En cuanto a los cultivos son poco usados
para diagnostico agudo siendo la serología puede reflejar vacunación previa y no distingue
entre infección activa en muchos casos (Schiró et al., 2023).
Hallazgos macroscópicos que se pueden encontrar es por ejemplo intestino delgado dilatados
con contenido hemorrágico, mucosa congestionada y erosiones o ulceraciones, el íleo o
empeoramiento de su pared intestinal, ganglios mesentéricos aumentados, corazón agrandado
o puntos de necrosis generalizados. Por otro lado, entre los hallazgos microscópicos pueden
resaltar necrosis de criptas intestinales, atrofia o fusión de vellosidades, citólisis de epitelio
criptal; en cuanto a la medula ósea puede haber hipoplasia/agotamiento mieloide, presencia
de inclusiones intranucleares virales pueden observarse con técnicas específicas y por
inmunohistoquímica.
Terapéutica
La terapéutica de la enteritis parvoviral es de soporte, hasta que se remitan los signos clínicos
de vómitos y diarreas, y realizar tratamiento de infecciones bacterianas secundarias con
fármacos antimicrobianos. La mejoría de los signos clínicos corresponde con un rebote en el
recuento de leucocitos; sin embargo, el desarrollo de secuelas adversas como neumonía por
aspiración, hipoglucemia persistente, hipoalbuminemia con edema o invaginación intestinal
pueden resultar en una mayor morbilidad y una duración mayor de hospitalización. En
animales con hipoalbuminemia severa o choque refractario, se recomienda el uso de plasma
fresco congelado, albúmina o coloides sintéticos. Estos productos ayudan a mantener la
presión oncótica, restaurar proteínas plasmáticas y mejorar la estabilidad hemodinámica
(Penelo y Fragío, 2022). Su administración intravenosa debe realizarse con precaución,
vigilando posibles reacciones transfusionales o sobrecarga de volumen. Este tipo de soporte
se reserva para pacientes críticos en los que las pérdidas proteicas intestinales son
significativas.
El paciente debe ser hospitalizado siempre y cuando sea posible, este debe de permanecer en
aislamiento, ya que puede estar propagando altos niveles de virus (Sykes, 2023). En caso de
que el cliente no proceda con la hospitalización, aunque generalmente no se recomiende para
cachorros que vomitan o están deshidratados, la administración de líquidos subcutáneos y
medicamentos antimicrobianos en el hogar (ambulatorios) puede resultar en su recuperación.
Las concentraciones de glucosa deben controlarse al menos dos veces al día, pudiendo
indicarse una monitorización más frecuente si hay hipoglucemia (Sykes, 2023). El volumen
inicial y la velocidad de administración dependerán del grado de deshidratación e
hipovolemia. Si existen signos hipovolémicos (taquicardia/bradicardia, hipotermia, aumento
del tiempo de llenado capilar, hipotensión, etc.), se administrarán volúmenes de cristaloide
isotónico de 150–20 ml/kg en 10–15 minutos (máximo 80–90 ml/kg), monitoreando los
parámetros de perfusión hasta que se normalicen. Al restaurar los volúmenes intravasculares,
se repondrán las pérdidas de fluido intersticial. Para calcular el volumen de fluidos y
reponerlo en las siguientes 12–24 horas hay que tener presente el grado de deshidratación, el
volumen de mantenimiento y las pérdidas de líquidos (vómitos y diarreas).
Se puede pesar al paciente 2–3 veces al día o los empapadores sobre los que ha vomitado o
defecado para llevar una cuenta de la pérdida de fluidos, ya que 1 gramo equivale
aproximadamente a 1 ml de fluido perdido (Penelo y Fragío, 2022). Debido a la pérdida
constante de líquidos, los animales suelen desarrollar hipopotasemia e hipoglucemia, por lo
que debe suplementarse potasio con los fluidos según las concentraciones sanguíneas. De
igual manera se necesita monitorear la glucemia y suplementar la glucosa en caso de
hipoglucemia. Cuando la glucemia es menor de 6 mg/dl, se administra un bolo intravenoso o
intraóseo de glucosa 0.5 g/kg (glucosa 50%, 1 ml/kg diluido 1:4 con CINa 0,9%) y después
se añade del 2.5 al 5% de glucosa en fluidos (Penelo y Fragío, 2022).
Los líquidos administrados por vía subcutánea nunca deben complementarse con dextrosa,
porque la dextrosa es hiperosmótica y puede causar mayor deshidratación, así como
reacciones en el lugar de la inyección (Sykes, 2023). Las intervenciones básicas en pacientes
ambulatorios (medicación administrada en el hospital) incluyeron la administración de
líquidos subcutáneos (30 ml/kg cada 6 horas), la administración de maropitant (1 mg/kg SC
cada 24 horas) y cefovecina (8 mg/kg SC una vez). Evaluando la evolución diaria de
electrolitos y glucosa, se implementó suplementación con dextrosa y potasio por vía oral
según lo indicado por Venn et al. (2017).
Se lleva a cabo una terapia de soporte oncótico, ya que la pérdida de líquidos, la falta de
ingesta y la producción de proteínas de fase aguda en lugar de la síntesis de albúmina puede
provocar hiponatremia. Este soporte terapéutico depende de la preferencia del médico, la
disponibilidad del producto y el tamaño y necesidad del paciente. Cuando las concentraciones
de la albúmina disminuyen menos de 2.0 g/dl la morbilidad y la mortalidad del paciente se
ve en aumento. Pacientes con hipoalbuminemia severa, donde las concentraciones séricas de
albumina son menores de 2 g/dl, re recomienda la administración del plasma fresco congelado
o albúmina concentrada para restaurar la presión oncótica y mejorar la profusión tisular; se
administra 20 ml/kg de plasma para aumentar concentraciones séricas de albúmina en 0.5
g/dl. La administración de plasma congelado (6.6 - 11 ml/kg IV o intraperitoneal, 3 dosis
administradas con 12 horas de diferencia) puede ser profiláctico para prevenir una infección
grave a perros expuestos. Si se requiere mayor soporte oncótico, se pude administrar
hidroxietil almidón (20 – 30 kg/d) (Mazzaferro, 2020).
En los casos graves, donde se presenta neutropenia y daño intestinal, el riesgo de infecciones
bacterianas secundarias es alto, por lo que se recomienda la administración de antibióticos de
amplio espectro. Entre las opciones más utilizadas se encuentra la gentamicina, que se aplica
a una dosis de 10 a 14 mg/kg por vía intravenosa (IV), subcutánea (SC) o intramuscular (IM)
cada 24 horas. Este fármaco requiere monitoreo constante de la función renal debido a su
potencial nefrotóxico (Merced, 2025). En casos más graves, pueden emplearse
fluoroquinolonas como la enrofloxacina (Penelo y Fragío, 2022), que se administra a una
dosis de 2.5 mg/kg IV o SC cada 12 horas, pudiendo aumentar hasta 5 mg/kg cada 24 horas
según la gravedad del cuadro. Es un antibiótico eficaz frente a bacterias gramnegativas,
aunque debe emplearse con precaución en animales jóvenes (John Martin, 2025). Tambien,
Penelo y Fragio (2022) mencionan el uso de ampicilina (22 mg/kg) cada 8 horas o la
combinación de ácido clavulánico (20 mg/kg), las fluoroquinolonas con cuidado en animales
en crecimiento como la enrofloxacina (5 mg/kg/12-24 h) o marbofloxacino (24 mg/kg/día),
el metronidazol (10 mg/kg/12 h); todos estos debidos a la translocación bacteriana que puede
llegar a ocurrir en el caso por enteritis del parvovirus, el uso de antimicrobianos de amplio
especto puede ser variado sin un consenso de utilización a nivel mundial; la combinación de
los betalactámicos con las fluoroquinolonas proporcionara una cobertura adecuada frente a
bacterias asociadas a las anormalidades de translocación y por el metronidazol para aumentar
la cobertura anaerobia. Y las tetraciclinas como la doxiciclina u oxitetraciclina, que inhiben
la síntesis proteica bacteriana y se reservan para coinfecciones o infecciones mixtas (Penelo
y Fragío, 2022). La elección del antibiótico debe basarse en la gravedad del cuadro, la
susceptibilidad bacteriana y la edad del paciente, evitando el uso indiscriminado para reducir
el riesgo de resistencia antimicrobiana (Zhou et al., 2025).
Para el control de vómitos se emplean antieméticos de acción central y periférica. El
maropitant, un antagonista de los receptores de neuroquinina-1 (NK1) que bloquea la acción
de la sustancia “P” en el centro del vómito, se administra a 1 mg/kg SC o IV una vez al día
durante cinco días consecutivos (Penelo y Fragio, 2022). Otra opción es la metoclopramida,
antagonista dopaminérgico D2 con efecto procinético, útil para estimular el tránsito
gastrointestinal (Penelo y Fragío, 2022), a 0.2–0.5 mg/kg IV o SC cada 8 horas (Santos et al.,
2023). En casos donde los vómitos sean persistentes o refractarios, se puede usar ondansetrón
0.1 mg/kg IV cada 8–12 horas (Dowling, 2025; Price, 2023). Estos fármacos se administran
por vía subcutánea, intravenosa u oral, dependiendo del estado del paciente y de la tolerancia
digestiva. Entre los efectos adversos más comunes se encuentran dolor en el sitio de inyección
con maropitant, sedación leve con metoclopramida y, en casos raros, alteraciones
extrapiramidales. El uso combinado de antieméticos puede ser beneficioso en cuadros graves,
siempre bajo control clínico (Zhou et al., 2025).
En algunos casos, se puede ver empleado el uso de protectores gástricos como sucralfato (40
mg/kg) u omeprazol, (1 mg/kg), el cual inhibe la bomba de protones, este fármaco disminuye
la secreción ácida gástrica, reduce el riesgo de úlceras y favorece la recuperación de la mucosa
digestiva. Puede administrarse por vía oral o intravenosa y debe utilizarse con precaución en
pacientes con disfunción hepática o que reciben fármacos cuya absorción depende del pH
gástrico (Penelo y Fragio, 2022).
Dirofilaria Immitis
Etiología
La dirofilariosis, también llamada enfermedad del gusano del corazón es una parasitosis causada
por Dirofilaria immitis, transmitida por la picadura de mosquitos infectados (Orejuela- Vásquez,
2017). Aunque los perros son los principales hospedadores, otros animales como gatos, zorros
y hurones también pueden verse afectados, e incluso los humanos pueden infectarse de forma
accidental.
El mosquito actúa como huésped intermediario: al alimentarse, ingiere microfilarias que
evolucionan a larvas L3, migran a la probóscide y se transmiten en la siguiente picadura
(HayParker et al., 2025). En el hospedador definitivo, las larvas viajan por el tejido subcutáneo
hasta las arterias pulmonares, donde maduran. Los gusanos adultos pueden vivir varios años en
el sistema pulmonar y el ventrículo derecho, provocando síntomas cuya gravedad depende del
número de parásitos presentes (Orejuela-Vásquez, 2017; Geary, 2023).
Epidemiología
La dirofilariosis cardiopulmonar se distribuye a nivel mundial, predominando en regiones
cálidas y húmedas de tipo tropical y subtropical. En México, la mayor prevalencia se observa
en las zonas costeras debido a las condiciones favorables para el desarrollo de los mosquitos
vectores (Hay-Parker et al., 2025). Diversas investigaciones recientes han documentado su
expansión hacia zonas antes consideradas de baja prevalencia (Bedoya et al., 2022;
RodríguezVivas et al., 2025), registrándose casos en 22 de los 32 estados del país. Entre las
entidades con mayores porcentajes se encuentran Tabasco (8.73%), Quintana Roo (12.25%),
Guanajuato y Coahuila (2–3%), con valores particularmente altos en Ciudad del Carmen,
Campeche (48.3%), Tampico, Tamaulipas (48.3%) y Puerto Morelos, Quintana Roo (64.0%),
de acuerdo con resultados obtenidos mediante la prueba ELISA (Hay-Parker et al., 2025).
Los principales vectores identificados son Culex quinquefasciatus en Tabasco y Aedes
taeniorhynchus en Yucatán (Manrique-Saide et al., 2008; Torres-Chablé et al., 2018). En esta
última región, el clima tropical húmedo favorece la reproducción constante de mosquitos,
aumentando la posibilidad de transmisión (Hay-Parker et al., 2025). El desarrollo de D. immitis
dentro del mosquito depende de la temperatura ambiental, requiriendo al menos 130 días con
valores superiores a 14 °C. Cuando las temperaturas oscilan entre 28 y 30 °C, las larvas alcanzan
su estado infeccioso en un lapso de 8 a 10 días, lo que explica la alta incidencia en zonas cálidas
(Hay-Parker et al., 2025).
A nivel global, el cambio climático ha modificado la distribución de los vectores, ampliando su
presencia a regiones donde antes no existían. Factores como la escasa aplicación de medidas
preventivas, la gran cantidad de perros sin control sanitario y las limitaciones económicas para
acceder a servicios veterinarios contribuyen a la persistencia del parásito en México y otras áreas
tropicales (Pietrzak, Łuczak, y Wiśniewski, 2024).
Patogenia
El daño causado por Dirofilaria immitis se debe principalmente a los gusanos adultos que se
alojan en las arterias pulmonares, donde provocan inflamación y obstrucción del flujo
sanguíneo, lo que eleva la presión arterial en esa zona (Geary, 2023). Aunque las microfilarias
(L1) no suelen generar síntomas, las larvas maduras (L5) desencadenan una respuesta
inflamatoria que puede llevar a fibrosis y alteraciones vasculares (Orejuela-Vásquez, 2017). En
infecciones graves, los parásitos pueden migrar al ventrículo derecho o a la vena cava, causando
insuficiencia cardíaca. Además, los antígenos liberados por los gusanos intensifican el daño
pulmonar y renal. Los signos clínicos incluyen tos, dificultad respiratoria, fatiga y, en etapas
avanzadas, fallo cardíaco derecho. En humanos, aunque el ciclo del parásito no se completa,
puede provocar nódulos pulmonares o inflamación localizada (Pietrzak, Łuczak, y Wiśniewski,
2024).
Signos clínicos
Puede presentar signos clínicos de graves a ausentes. Si son sintomáticos los signos clínicos son
cardiorrespiratorios e inespecíficos, lo que puede ser engañoso. La mayoría de los perros
presentan tos (65,4%) y ruidos pulmonares anormales (81%). El soplo en el foco tricúspide
estuvo presente en el 26,9% de los perros. La queja más frecuente de los propietarios es por tos
y hallazgo más común del hemograma fue la eosinofilia (29,4%), seguido de trombocitopenia
(26,5%) y neutrofilia (14,7%). Puede presentar anemia no regenerativa intensa o de bajo grado
(Monobe, et al., 2017; Bendas, et al., 2022; Lemos, et al., 2022; Perles., et al., 2024).
En un estudio, un canino de 17 años presento signos clínicos agudos de hematuria y disuria, en
su examen físico general, presento soplos cardiacos del lado derecho e izquierdo con marcada
disnea y membranas mucosas cianóticas después del manejo (Perles et al., 2024).
En el análisis bioquímico sérico puede revelar un aumento del valor de la proteína C reactiva y
ferritina; una azotemia leve y aumento de la alanina aminotransferasa, fosfatasa alcalina y
[Link] transferasa, hipoalbunemia (Perles., et al., 2024; Monobe, et al., 2017).
Los signos clínicos de una D. immitis en caninos se pueden clasificar de acuerdo con su
gravedad, el cuales son leve donde suele ser asintomático o presencia de tos, moderado con tos,
intolerancia a la actividad, ruidos pulmonares anormales y muy fuerte con tos, intolerancia a la
actividad, disnea, ruidos cardiacos y pulmonares anormales, hepatomegalia, sincope, ascitis y
muerte (Pietrzar, et al., 2024).
Diagnóstico
El calentamiento del suero (ICD) previo al ELISA reduce falsos negativos (Brown et al., 2025).
La confirmación con pruebas de microfilaremia (preferentemente Knott modificado) es
recomendable, aunque hasta el 30% de los perros pueden ser amicrofilaremicos (Pietrzak et al.,
2024; Smith et al., 2024; Brown et al., 2025).
La ecocardiografía y radiografía torácica contribuyen al diagnóstico integral y a la planificación
terapéutica, y en casos específicos el diagnóstico puede confirmarse por visualización directa
del parásito o mediante PCR, esta última útil para diferenciación molecular, aunque de mayor
costo y acceso limitado (Murillo et al., 2024; Smith et al., 2024).
Terapéutica
La terapéutica contra Dirofilaria immitis es un punto que discutir, ya que primero es necesario
establecer en qué etapa de la enfermedad de las cuatro que existen se encuentra el paciente; esto
es relevante dado que en cada etapa habrá distintos posibles riesgos. Esto ocurrirá conforme a
su sintomatología y los resultados que se obtuvieron en las pruebas diagnosticadas. De igual
manera, no existe ningún fármaco simultáneamente eficaz. frente a los adultos y estadios
larvarios, por lo que es necesario un tratamiento secuencial con diferentes fármacos (Atkins, et
al., 2020).
• Terapéutica microfilaricida
La melarsomina no tiene efecto sobre las microfilarias que aún no alcanzan los 4 meses de
edad, por lo que es necesario eliminar las fases larvarias jóvenes antes de aplicar el
tratamiento adulticida (Wolstenholme, et al., 2016).
Lo que se espera con estas lactonas es eliminar las larvas menores de dos meses. No se
aconseja el uso de milbemicina oxima, ya que tiene un efecto muy rápido, pudiendo ocasionar
en el paciente efectos adversos graves como shock anafiláctico o neumonitis y aún más si el
perro tiene una alta carga parasitaria (American Heartworm Society, 2018).
El tratamiento óptimo para esta bacteria es la doxiciclina en una dosis de 10mg/kg BID
durante 4 semanas. Esta terapéutica elimina un 90% de las Wolbachia, ocasionará un
debilitamiento y una disminución de la fertilidad de las filarias. El paciente que se la haya
administrado doxiciclina podría tener la posibilidad de tener menos efectos secundarios
pulmonares relacionados con la muerte de las filarias al momento de administrarle la terapia
adulticida (Carretón y Montoya, 2019).
• Terapéutica adulticida
De igual manera, se menciona que la tiacetarsemida sódica se utilizó desde la década de 1940
pero en la década de 1990 llegó la melasomina para suplementar a este fármaco como
adulticida por su mayor seguridad y eficacia (Noack, et al., 2021).
Por otro lado, existe un protocolo de tres inyecciones de melarsomina en perros sintomáticos
y asintomáticos. Aquí la primera inyección es de 2.5 mg/kg IM, la segunda inyección sería al
mes, igual de 2.5 mg/kg IM; y la tercera y última inyección sería a las 24 horas posterior a la
inyección anterior; la dosis de esta última igualmente sería de 2.5 mg/kg IM. Este protocolo
elimina un 98% de las filarias adultas (Jacobson, et al., 2023).
• Terapéutica complementaria
Una manera importante de prevenir esta enfermedad es el uso de insecticidas para atacar a
los mosquitos; el compuesto activo que tendrán serán los Piretroides. Esto es muy útil en
zonas donde hay más riesgo de contagio (Capelli, et al., 2018).
• Slow kill
Es un método busca matar gradualmente los gusanos del corazón sin usar el medicamento de
primera línea que sería melarsomina. Se puede dar la terapia únicamente con ivermectina en
pacientes de clase 1. Se daría mensualmente y no va a matar a los gusanos adultos, pero acorta
su vida útil, los esteriliza, elimina microfilarias y mata las larvas L3 y L4; más, sin embargo,
el perro puede permanecer positivo durante dos años y la enfermedad puede progresar
lentamente (Brooks, 2023).
Por otro lado, en esta misma terapéutica de “slow kill”, existe la otra opción de utilizar
ivermectina con doxiciclina dos veces al día durante un mes para eliminar la bacteria
Wolbachia, permitiendo una muerte, pero eficaz, la eliminación de microfilarias en tres
semanas y gusanos adultos en tres a doce meses. La ivermectina o moxidectina se administra
como preventivo mensual, mediante productos tópicos o inyectables de acción prolongada
cada seis meses. (Brooks, 2023).
• Terapéutica no farmacológica
Para mencionar, primero tenemos la limitación de la actividad física, ya que el ejercicio
incrementa el riesgo de tromboembolismo pulmonar durante y después del tratamiento, por
lo que se es recomendable mantener al paciente en reposo (VCA Animal Hospitals, 2024).
Se recomienda limitar la actividad física del perro desde el momento en que se diagnostica la
enfermedad hasta unas 6-8 semanas después de completar el tercer tratamiento con
melarsomina, aproximadamente 5 meses en total (DiGangi y Jacobson, 2021).
Erliquiosis canina
Etiología
Epidemiologia
Patogenia
Después de la comida de sangre, las hembras hinchadas caen y ponen huevos en el medio
ambiente, normalmente en lugares protegidos con acceso a un huésped. Las larvas no
alimentadas eclosionan de estos huevos, se adhieren a un huésped para alimentarse durante 4
días, se caen y mudan a adultos. Los adultos no alimentados también se adhieren y se
alimentan de un huésped, durante aproximadamente una semana, se aparean, se dejan caer y
ponen huevos para reiniciar el ciclo de vida. Todo el ciclo se puede completar en 2 meses
(Ferrolho et al., 2025).
Signos clínicos
Diagnóstico
En casos agudos la citología puede proporcionar un diagnóstico más temprano incluso antes de
la serología. La citología de la medula ósea se puede usar para diferenciar la E. canina
mielosupresora y no mielosupresora (Aziz, et al., 2022).
La PCR puede detectar una cantidad diminuta de ADN con alta precisión, además, proporciona
evidencia sólida y clara sobre la enfermedad activa en curso. Detecta infecciones
tempranas, permitiendo la evaluación cuantitativa de patógenos rickettsios. La PCR multiplex
tiene la capacidad de descubrir coinfecciones (Aziz, et al., 2022).
En los casos de ehrlichiosis canina monocítica, las alteraciones macroscópicas suelen ser
inespecíficas e incluyen esplenomegalia, linfadenopatía generalizada y hemorragias petequiales
o equimóticas asociadas a trombocitopenia. También puede observarse hepatomegalia y palidez
de mucosas en animales con anemia moderada a severa.
Terapéutica
Uno de los patógenos comunes en las zonas donde predomina el clima tropical y subtropical
corresponde a la bacteria intracelular obligada E. canis, de carácter zoonótico, que afecta
principalmente a perros domésticos. En la actualidad, no existe una vacuna comercial contra
este agente, lo que resalta la importancia de prevenir la infección y considerar alternativas
terapéuticas para su manejo, pues se ha estimado que entre 2050 y 2070 podría presentarse un
brote significativo y preocupante del vector principal R. sanguineus, debido al aumento de los
cambios climáticos (Alves-Riveiro et al., 2024).
Sin embargo, Mylonakis, Harrus y Breitschwerdt (2019) mencionan que solo la doxiciclina ha
sido evaluada críticamente in vitro con asociaciones en infecciones por E. canis, inducidas de
manera natural o experimental. En un estudio realizado por Villaescusa et al. (2015), donde se
administró este medicamento, se demostró que la aplicación en pacientes positivos a E. canis
produjo mejorías, con aumentos en los recuentos de plaquetas y eritrocitos, sugiriendo un efecto
específico en la proliferación plaquetaria y en la concentración de hemoglobina corpuscular de
las células eritroides, no descrito previamente. Asimismo, se confirmó una disminución
progresiva de los niveles de creatinina, lo que sugiere efectos positivos de la doxiciclina en las
nefronas. También se ha demostrado que posee efectos protectores frente a lesiones por isquemia
renal, destacando su potencial para reducir el daño oxidativo e influir en la reparación renal al
disminuir los niveles de citocinas proinflamatorias (Villaescusa et al., 2015).
Los estudios in vitro han demostrado que la doxiciclina presenta una alta eficacia frente a las
especies monocitotrópicas del género Ehrlichia, como E. canis y E. chaffeensis. Esta eficacia
se refleja en una concentración mínima inhibitoria (CMI) muy baja, cercana a 0.03 mg/ml, lo
que indica que se requiere una cantidad mínima del fármaco para inhibir el crecimiento
bacteriano en condiciones de laboratorio. Sin embargo, es fundamental tener en cuenta que los
resultados obtenidos in vitro no siempre se correlacionan con la respuesta clínica observada en
el paciente, ya que Ehrlichia canis es un patógeno intracelular. Esto implica que su
comportamiento y sensibilidad pueden variar dentro del organismo vivo, especialmente por su
distribución a través del sistema vascular y su capacidad para refugiarse en células del
hospedador, dificultando la acción del antibiótico (Mylonakis et al., 2019). Por otro lado, Alves-
Riveiro et al. (2024) mencionan que su uso indiscriminado ha tenido repercusiones en la
resistencia a los antimicrobianos y destacan la importancia de considerar los efectos adversos,
que incluyen vómitos, diarrea y anorexia, por lo que se recomienda administrar el medicamento
con alimentos para reducir estos efectos (Budde y McCluskey, 2023).
Se han realizado diversos análisis para determinar la dosis y el periodo adecuados para la
administración de esta tetraciclina. Villaescusa et al. (2015) describen en su estudio que el uso
de doxiciclina a 10 mg/kg cada 24 horas por vía oral durante 28 días tuvo una respuesta clínica
positiva al eliminar la infección, asociando este efecto a la modulación inmunitaria y a la
disminución del recuento de CTL. Esto concuerda con lo analizado por Gutiérrez, Pérez y
Agrela (2016), quienes demostraron resultados positivos en fases subclínicas, logrando la
eliminación del agente en todos los perros infectados experimental o naturalmente. Sin embargo,
en otras investigaciones, la doxiciclina administrada en la misma dosis y por el mismo lapso no
eliminó la infección en pacientes con fase aguda, pues permanecieron positivos a la prueba de
PCR, a pesar de lograr consistentemente la recuperación clínica y hematológica (Fourie et al.,
2015). Shropshire et al. (2018) mencionan que en perros con infección aguda se recomienda
administrar doxiciclina por vía oral a una dosis de 5 mg/kg dos veces al día durante 2 a 4
semanas, lo cual coincide con el tratamiento mencionado por Aziz et al. (2022), quienes
describen este mismo intervalo de tiempo como un protocolo que garantiza una respuesta
satisfactoria en la mayoría de los casos.
Se ha reportado que periodos cortos con doxiciclina, menores a 4 semanas, no son beneficiosos
para erradicar la enfermedad (Mylonakis et al., 2019), ya que los perros pueden volverse
portadores sin manifestar signos clínicos (Aziz et al., 2022).
La minociclina y la oxitetraciclina también actúan contra estas bacterias y se han utilizado como
alternativa en ausencia de la doxiciclina. En un estudio retrospectivo realizado en Cuba, se
observó que la administración de oxitetraciclina de acción prolongada a dosis de 20 mg/kg por
vía intramuscular resultó efectiva en la mayoría de los perros tratados con ehrlichiosis canina,
logrando mejoría clínica entre las 24 y 72 horas posteriores a la primera aplicación (Peña et al.,
2018). De igual manera, Jenkins et al. (2018) utilizaron la oxitetraciclina para tratar pacientes
con encefalomielitis quística, reportando mejorías en la eliminación de la infección,
comprobando así una eficacia similar al tratamiento con doxiciclina. Sin embargo, se consideran
escasos los estudios realizados para evaluar su eficacia en el tratamiento de encefalomielitis
quística causada por EMC (Mylonakis et al., 2019).
Históricamente, se han probado otros medicamentos para tratar la CME, entre ellos la
rifampicina, que actúa inhibiendo la subunidad β de la ARN polimerasa dependiente de ADN
(Mylonakis et al., 2019). Este antibiótico, junto con otros como la levofloxacina, ha mostrado
buenos resultados in vitro; sin embargo, en infecciones experimentales, aunque la rifampicina
mejoró algunos parámetros de laboratorio, no logró eliminar por completo la infección (Sainz
et al., 2015). Actualmente se recomienda no exceder una dosis diaria total de 10 mg/kg en perros,
ya que, aunque suele tolerarse bien, puede causar efectos secundarios como coloración
amarillenta o marrón en la orina, lágrimas o saliva, malestar gastrointestinal y aumento en las
enzimas hepáticas, especialmente con dosis más altas (De Lucia et al., 2017).
Los glucocorticoides se han propuesto junto con los antimicrobianos como parte de la
terapéutica de apoyo para tratar esta enfermedad, específicamente la prednisolona en dosis de
0.5 a 2 mg/kg una vez al día, variando el tratamiento según el cuadro clínico. Sin embargo, se
debe tener cuidado con su uso, ya que solo deben considerarse cuando no se observa una
respuesta satisfactoria o cuando surgen complicaciones inmunomediadas. Asimismo, debe
considerarse que la administración de dosis a perros infectados subclínicamente puede provocar
la reaparición de bacteriemia, incluso sin mostrar signos (Insuasty, 2017).
El tratamiento de pacientes en fase crónica de la enfermedad, donde la médula ósea muestra baja
producción de granulocitos, aún se encuentra en evaluación. No obstante, en un estudio
realizado por Palacios, Arteaga y Calvo (2017), se propone el uso de filgrastim, un factor
estimulante de colonias de granulocitos (G-CSF) obtenido por tecnología de ADN
recombinante, que mostró resultados positivos al aumentar los recuentos de neutrófilos y
plaquetas, mejorando el estado clínico general de los pacientes. Aun así, se han reportado efectos
secundarios como dolor óseo, hematomas en el sitio de aplicación, adinamia, hiporexia y, en
algunos casos, un empeoramiento temporal de la trombocitopenia con mayor riesgo de
hemorragia, por lo que se requieren más estudios para confirmar su seguridad y eficacia.
Posteriormente, Rosário et al. (2023) realizaron otro estudio donde evaluaron el efecto de una
fracción acuosa extraída de Ageratum conyzoides combinada con dosis bajas de doxiciclina. Los
resultados in vitro fueron prometedores, ya que esta mezcla logró reducir notablemente el
crecimiento de E. canis. Sin embargo, también se observó que algunas cepas bacterianas pueden
desarrollar resistencia o mostrar recrudescencia tras el tratamiento, lo que implica una posible
reaparición o empeoramiento de la infección.
DISCUSION
Parvovirus canino
Los fármacos para el control del vómitos y diarreas utilizados en la clínica fueron efectivos,
como es el uso del prifinial como antiespasmódico y antisecretor el cual está indicado para tratar
afecciones que causan cólicos y espasmos. Otro medicamento utilizado fue el ondansetrón el
cual es un antiemético, principalmente utilizado para que el paciente pueda ingerir porciones de
alimento lo más antes posible. Los fármacos como el maropitant, además de antiemético, brinda
analgesia visceral y mejora el apetito, por lo que su uso sería recomendable en el manejo del
dolor abdominal por enteritis viral. Metoclopramida u ondansetrón recomendados Penelo y
Fragío, 2022, ayudan a reducir las náuseas, evitar la pérdida continua de líquidos y facilitar la
recuperación del apetito. Se utilizaron protectores gástricos como la ranitidina como antiácido
y antiulcerosa el cual fue de igual manera efectivo ante esas posibles afecciones. Penelo y
Fragío, 2022 recomiendan el uso de protectores gástricos como el omeprazol o el sucralfato
protege la mucosa intestinal y disminuye el riesgo de úlceras.
En pacientes con parvovirosis canina, el tratamiento analgésico debe controlar el dolor visceral
sin afectar la motilidad gastrointestinal ni la perfusión esplácnica, debido a que suelen presentar
vómito, íleo, enteritis hemorrágica y deshidratación. Los opioides agonistas parciales o
agonistas-antagonistas, como buprenorfina o butorfanol, son preferidos por causar menos
depresión gastrointestinal y vómito, mientras que los AINEs deben evitarse durante la fase
aguda por el riesgo de daño renal y gastrointestinal. En la unidad de estudio se usó meloxicam
(0.2 mg/kg IV por 4 días), aunque no se recomienda en estos pacientes por riesgo de
hipoperfusión y daño renal; su uso solo sería justificable con adecuada rehidratación y
monitoreo, siendo preferibles analgésicos como buprenorfina, butorfanol o maropitant. El
tramadol (2 mg/kg IV TID) representa una opción más racional, pues ofrece analgesia moderada
sin causar íleo severo, aunque su eficacia es variable en perros por su rápida metabolización.
Otro aspecto importante es la alimentación temprana se llevó a cabo en el área laboral descrita
pero alrededor de dos días posteriores al ingreso del paciente. Se recomienda iniciar la nutrición
enteral dentro de las primeras 12 horas, incluso si el paciente presenta vómitos leves, ya que
esto mantiene la salud del intestino y disminuye la posibilidad de infecciones. Si el perro no
puede comer por sí mismo, se pueden usar sondas para administrar dietas blandas y fácilmente
digestibles (Zhou et al., 2025).
Por último, el monitoreo constante del estado hematológico, especialmente del recuento de
leucocitos, permite evaluar la respuesta al tratamiento. Un aumento de glóbulos blancos suele
indicar mejoría, mientras que su disminución persistente se asocia con un pronóstico más
reservado (Ulas et al., 2023).
Dirofilaria Immitis
En este caso la terapéutica aplicada fue ejecutada de manera integral y secuencial, haciendo
énfasis en el contraste existente con las recomendaciones más actualizadas para el manejo de la
dirofilariosis canina. La medicación aplicada se orientó a eliminar distintas fases del parásito,
pero siempre priorizando el enfoque racional para prevenir reacciones adversas de los fármacos,
así como controlar las respuestas inflamatorias durante o después del tratamiento.
El tratamiento comenzó con la administración de ivermectina con pirantel por su acción sobre
las larvas L3 y L4 lo cual fue una decisión acertada para obtener un efecto preventivo frente a
reinfecciones; previo a la aplicación de la melarsomina que fue el medicamento principal se optó
por reducir la carga de las microfilarias con estos fármacos, permitiendo que el tratamiento
adulticida sea más seguro y eficaz. El uso de ivermectina a 6 mcg/kg fue apropiado por su acción
rápida y segura al no provocar reacciones anafilácticas, como es el caso de la milbemicina
oxima, las cuales son graves en animales con alta carga de microfilarias (American Heartworm
Society, 2018). Pudo haberse realizado una prueba de concentración modificada (Knott) antes
de la administración de la ivermectina para confirmar si existían microfilarias circulantes y
teniendo más precisión en el tratamiento.
Cabe mencionar que, tras contrastar la terapéutica, no existe evidencia científica que describa
interacciones farmacológicas relevantes entre estos medicamentos. Tanto la combinación de
ivermectina con pamoato de pirantel es segura y muy aplicada actuando sobre diferentes
receptores neuromusculares sin generar competencia en el parásito, así como la aplicación de
doxiciclina de manera concomitante con los dos anteriores y la melarsomina no ha mostrado
reacciones adversas documentadas, incluso su administración paralela pudiera considerarse
beneficiosa para el tratamiento de esta patología en particular. La prednisona no genera
problemas en la farmacodinamia de nuestro tratamiento central y se resalta el efecto de
mitigación de efectos adversos como fue la inflamación pulmonar por la muerte de las
microfilarias. Se describió el uso del omeprazol como protector gástrico el cual fue adecuado
para prevenir posibles efectos tanto del corticoesteroide como posiblemente de la doxiciclina.
La terapéutica se considera segura, compatible y coherente con las guías actuales para el manejo
de la dirofilariosis (Moorheard et al., 2023).
La restricción de actividad física durante todo el proceso terapéutico fue importante, aunque es
una idea subestimada es altamente crucial, ya que el ejercicio puede desencadenar problemas de
tromboembolismo pulmonar por la demanda de oxígeno y la movilización de restos parasitarios
hacia la circulación pulmonar como lo menciona el VCA Animal Hospitals (2024) y DiGangi y
Jacobson (2021). Todo el manejo adecuado influyó positivamente en la recuperación del
paciente.
Por el caso del manejo quirúrgico para la resolución de la Dirofilariosis como menciona Pennisi,
et al., (2020) no se realizó debido a ciertas puntualizaciones. La condición primordial para
someter a un paciente a resolución quirúrgica afectado por Dirofilaria es el síndrome caval, que
es cuando una gran masa de gusanos adultos se aloja en la aurícula derecha provocando
obstrucción del flujo sanguíneo, para entonces este procedimiento sea la única opción que pueda
salvar la vida inmediatamente, antes de desencadenar problemas como hemolisis, shock,
insuficiencia cardiaca congestiva derecha o colapso. En este caso, la ausencia del síndrome de
vena cava y el no presentar signos como hemoglobinuria, colapso, hipotensión, ni signos de
insuficiencia cardiaca derecha fueron suficientes para no optar por este manejo, de igual forma,
la respuesta positiva al tratamiento médico tras la secuencia terapéutica de doxiciclina, lactonas
macrocíclicas, melarsomina y coadyuvantes provocaron la mejoría del paciente, determinando
que el tratamiento médico estándar al cual fue sometido está progresando bien, por lo que se
continúa con el mismo. Conforme al procedimiento quirúrgico se invalida debido a que habría
implicado riesgos innecesarios, relacionados de igual forma con la patología de la Ehrlichiosis
que pudieron provocar problemas durante el proceso quirúrgico. El paciente no cumplía con las
consideraciones principales que justificaban el proceso para resolver su problema de manera
operatoria.
De acuerdo con Villaescusa et al. (2015) y Gutierrez, Perez y Agrela (2016) mencionan que, si
se administra la doxiciclina a 10mg/kg cada 24 horas por vía oral durante 28 días, se puede
eliminar la infección en fases subclínicas. En caso de que sea una enfermedad aguda se
recomienda mejor usar una dosis de 5mg/kg cada 12 horas hasta por 4 semanas por vía oral
(Shropshire et al., 2018; Aziz et al., 2022). Se ha comprobado que si se administra en periodos
menores a 4 semanas no se elimina la infección y los animales son portadores de la enfermedad
sin manifestar signos aparentes (Mylonakis et al., 2019; Aziz et al., 2022).
Al comparar estos hallazgos con el tratamiento aplicado en el caso clínico, se puede deducir que
el protocolo terapéutico fue adecuado y se ajustó a las recomendaciones reportadas en la
literatura, dado que se trató de un cuadro en fase subclínica, debido a que no presentaba signos
clínicos graves. Esto sugiere que la elección de la doxiciclina, así como la dosificación y
duración del tratamiento, fueron apropiadas para lograr la resolución de la infección.
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