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CD Vol.30 (2022-23) Zuber

La tesis de Piotr Żuber analiza la influencia de la mentalidad divorcista en la nulidad del matrimonio según la jurisprudencia de la Rota Romana entre 1983 y 2013. Se abordan las dificultades de probar la simulación y el error determinante de voluntad, así como los criterios utilizados por el tribunal para evaluar la validez del consentimiento matrimonial. El trabajo busca establecer un marco para entender cómo esta mentalidad puede afectar la percepción y la validez de los matrimonios en el contexto canónico.

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La tesis de Piotr Żuber analiza la influencia de la mentalidad divorcista en la nulidad del matrimonio según la jurisprudencia de la Rota Romana entre 1983 y 2013. Se abordan las dificultades de probar la simulación y el error determinante de voluntad, así como los criterios utilizados por el tribunal para evaluar la validez del consentimiento matrimonial. El trabajo busca establecer un marco para entender cómo esta mentalidad puede afectar la percepción y la validez de los matrimonios en el contexto canónico.

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ISSN: 0214-3100

EXCERPTA E DISSERTATIONIBUS IN IURE CANONICO

CUADERNOS
DOCTORALES
DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO

PUBLICACIÓN PERIÓDICA DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO


UNIVERSIDAD DE NAVARRA / PAMPLONA / ESPAÑA

PIOTR ŻUBER
La prueba de la nulidad del Centro, unidad o servicio de

matrimonio en las causas


matrimoniales sobre la Centro, unidad o servicio de
Centro, unidad o servicio de se

influencia de la mentalidad
divorcista, en la jurisprudencia
de la Rota Romana
(1983-2013)
VOLUMEN 30 / 2022-23

SEPARATA
Universidad de Navarra
Facultad Derecho Canónico

Piotr Żuber

La prueba de la nulidad del matrimonio


en las causas matrimoniales sobre la
influencia de la mentalidad divorcista,
en la jurisprudencia de la Rota Romana
(1983-2013)

Extracto de la Tesis Doctoral presentada en la


Facultad Derecho Canónico de la Universidad de Navarra

Pamplona
2022
Ad normam Statutorum Facultatis Iuris Canonici Universitatis Navarrensis,
perlegimus et adprobavimus

Pampilonae, die 31 mensis augusti anno 2022

Dr. Ioanes Ignatius Bañares Dr. Alvarus González Alonso

Coram tribunali, die 26 mensis februarii anno 2021, hanc


dissertationem ad Lauream Candidatus palam defendit

Secretarius Facultatis
D. nus Eduardus Flandes

Cuadernos Doctorales de la Facultad de Derecho Canónico


Vol. 30
La prueba de la nulidad del matrimonio en las causas
matrimoniales sobre la influencia de la mentalidad
divorcista, en la jurisprudencia de la Rota Romana
(1983-2013)*
Piotr Żuber**

Sumario: Introducción. I. Consideraciones generales sobre la prueba del acto positivo de voluntad simulatoria. I.1. Las dificultades
de la prueba de la simulación. I.2. Certeza moral. I.3. Presunciones y prejuicios en el proceso canónico. I.3.1. Presunciones a fa-
vor del matrimonio. I.3.2. Presunciones aforismos – presunciones en sentido amplio. I.3.3. Presunción «divorcista». I.3.4. «Ver-
bis facta sunt eloquentoria». I.4. Concordancia entre los códigos del 1917 y del 1983. II. La instrucción de la causa y los elementos
de la prueba. II.1. La confesión. II.1.1. La confesión judicial. II.1.2. La confesión extrajudicial. II.1.3. El contenido de la confesión.
II.1.3.1. La voluntad del divorcio. II.1.3.2. La voluntad matrimonial incorrecta. II.1.3.3. La confesión de mentalidad divorcista.
II.2. «Las causas». II.2.1. La causa de la simulación. II.2.1.1. Causa simulandi remota. II.2.1.2 Causa simulandi próxima. II.2.2. La
causa de la celebración. II.2.3. La causa de la separación. II.3. Circunstancias. II.3.1. Antecedentes. II.3.1.1 Participación en el
referéndum de Italia de 1974. II.3.1.2. Tranquilidad en la exclusión. II.3.1.3 Intervención de terceros. II.3.1.4. El amor como
circunstancia ambivalente. II.3.2. Concomitantes. II.3.3. Subsiguientes. III. Las sentencias y los decretos de la Rota Romana en los
casos de los afectados por la mentalidad divorcista. III.1. Las decisiones confirmatorias. III.1.1. Los decretos que confirman la sen-
tencia afirmativa. III.1.2. Los decretos que admiten la causa al examen ordinario. III.1.3. Las sentencias confirmatorias. III.2. Las
sentencias que rectifican las anteriores. III.2.1. Los vicios de las sentencias rectificadas. III.2.1.1. Errores en la instrucción y valo-
ración de la prueba. III.2.1.2. La insuficiencia de la prueba o la falta de alguno de sus elementos. III.2.2. Rectificación gracias a la
instrucción supletoria. III.2.2.1. Las observaciones periciales. III.2.2.2. Las observaciones del defensor del vínculo. III.2.3. Otras
situaciones que pueden confundir al juez. El lenguaje de los que declaran en el juicio. III.2.3.1. El examen de la credibilidad.
III.2.3.2. La congruencia interna. III.2.3.3 La congruencia externa. III.2.3.4. La congruencia entre palabras y hechos – el peligro
de maquinación. III.2.3.5. El valor de la firmeza de la exclusión. III.2.3.6. La complejidad del conjunto de la prueba. III.2.3.7. Pre-
valencia de la «ratio contrahendi» sobre «la causa simulandi» (valoración del contexto). III.2.3.8. La estimación de la fe del
simulante. III.2.3.9. La importancia de la causa próxima. III.2.3.10. El cambio a «negative». III.2.4. Sentencias concatenadas de
la Rota Romana. III.2.4.1. Sent. c. Ragni, 16.XII.1986, RRD 78 (1986) 714-726 (negative) y sent. c. Stankiewicz, 29.V.1992,
RRD 84 (1992) 306-321 (affirmative). III.2.4.2. Sent. c. Corso, 30.V.1990, RRD 82 (1990) 407-430 (negative) y sent. c. Ja-
rawan, 16.X.1991, RRD 83 (1991) 546-553 (affirmative; simulación total en 1. inst.). III.2.4.3. Sent. c. Civili, 23.X.1991, RRD
83 (1991) 583-598 (negative) y sent. c. Huber, 15.XII.1994, RRD 86 (1994) 734-746 (affirmative). III.2.4.4. Sent. c. Monier,
4.VI.1998, RRD 90 (1998) 455-466 (affirmative) y sent. c. Huber, 12.II.2004, RRD 96 (2004) 115-126 (negative). IV. Los
criterios de la valoración de la prueba en casos de mentalidad divorcista. IV.1. El cambio a negative. IV.1.1. Falta del tránsito del
intelecto a voluntad, del interno a la realización. IV.1.2. Divorcio como mera posibilidad. IV.1.3. La manipulación evidente. IV.2. El
cambio a affirmative. Conclusiones. Bibliografía. ÍNdice de la Tesis doctoral.

* Excerptum de la Tesis Doctoral dirigida por el prof. Juan Ignacio Bañares. Título: La influencia de la mentalidad divorcista
en la validez del matrimonio a la luz de la jurisprudencia de la Rota Romana (1983-2013). Fecha de defensa: 26 de febrero
de 2021.
** Tabla de siglas y abreviaturas:
AAS Acta Apostolicae Sedis
AA.VV. Autores varios
ASS Acta Sanctae Sedis
c. coram
can. canon
CIC/CIC83 Código de derecho canónico del año 1983
CIC17 Codex Iuris Canonici del año 1917
cit. obra citada
decr. Decretum
GU Gazzetta Ufficiale
GS Gaudium et spes
RRD Apostolicum Rotae Romanae Tribunal decisiones seu sententiae
sent. sententia

EXCERPTA E DISSERTATIONIBUS IN IURE CANONICO


CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-23 / 00-00 13
ISSN: 0214-3100
PIOTR ŻUBER

Introducción

D
esde la entrada en vigor del CIC83 nadie ha realizado ninguna mono-
grafía sobre la mentalidad divorcista, aunque algunos autores mencio-
naban que se podría elaborar1. La noción «mentalidad divorcista» se
puede entender de maneras diversas. En el diccionario de la Real Academia
Española encontramos una definición de «mentalidad»: «1. f. Modo de pen-
sar o configuración mental de una persona. 2. f. Conjunto de opiniones y
representaciones mentales propio de una colectividad»2. El fenómeno que nos
interesa en este trabajo es principalmente la mentalidad divorcista según la
primera de las dos acepciones: o sea, la mentalidad del contrayente del matri-
monio. La clave de la mentalidad divorcista es la divergencia entre el concepto
del matrimonio del nupturiente y la realidad del matrimonio. En estos casos
los nupturientes con frecuencia tienen una visión del matrimonio como una
unión disoluble, lo que puede provocar la nulidad, pero no siempre lo hace y
en el proceso de nulidad es muy difícil de probar.
El objetivo del trabajo es extraer de las sentencias del Tribunal de la Rota
Romana emitidas entre los años 1983-2013 todos los datos que permitan esti-
mar correctamente los casos de nulidad por la exclusión de la indisolubilidad
(can. 1101 § 2) o por el error determinante de la voluntad (can. 1099), siempre

1 Cf. J. I. Bañares, Mentalidad divorcista e indisolubilidad del matrimonio, Revista Española de De-
recho Canónico 64 (2007) 281-307. La obra más extensa sobre el tema es una tesis doctoral del
año 1980 (publicada en el año 1982) de Aldanondo Salaverría: Mentalidad divorcista y consenti-
miento matrimonial. En este trabajo, la autora presenta en cinco capítulos el tema de la ideología
en general, el del acto humano, analiza los procesos psicológicos que forman el comportamiento
de la persona para presentar, finalmente, cómo la mentalidad divorcista fue tratada por la ju-
risprudencia y por la doctrina hasta el año 1980. Las conclusiones del trabajo se centran en la
mentalidad divorcista como un fenómeno relacionado con el intelecto y la voluntad y sobre los
posibles efectos de estas relaciones. Cf. M. I. Aldanondo Salaverría, Mentalidad divorcista y
consentimiento matrimonial, Madrid 1980, 416. El segundo trabajo más importante es un artí-
culo de Del Amo donde encontramos una investigación más procesal. El autor se centra en la
mentalidad divorcista tal como viene presentada en las sentencias. Explica la base jurídica de
una buena sentencia donde aparece el argumento de la mentalidad divorcista e introduce varios
criterios para una buena clasificación de los casos, según la característica de la persona que se
casa con dicha mentalidad y según el arraigo de dicha mentalidad. Distingue con claridad: vo-
luntad absoluta de divorciarse, voluntad positiva condicionada o hipotética de divorcio vincular,
actitudes divorcistas, voluntad habitual o virtual de divorcio, caso del matrimonio de acatólico
con católico, simple reserva de divorcio, opiniones y conversaciones de divorcio, el pensamiento
de poder divorciarse. Cf. L. Del Amo Pachón, Mentalidad divorcista y nulidad del matrimonio,
Ius Canonicum 20 (1980) 255.
2 https://dle.rae.es/?w=mentalidad; acceso 12/12/2019.

14 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

y cuando la causa de la simulación o del error determinante sea la mentalidad


divorcista3. Queremos presentar los criterios utilizados por el Tribunal de la
Rota Romana, que permiten –años después de la boda– juzgar rectamente si
de hecho la voluntad a la hora de casarse fue suficiente o no.
El primer epígrafe contiene las consideraciones generales sobre la prueba
del acto positivo simulatorio. El segundo se dirige a los elementos particulares
de la prueba y a la relevancia de cada uno en la instrucción de la causa. En el
tercer apartado realizamos un análisis de los casos particulares en los que ha
habido confirmación o rectificación de la sentencia, indicando las razones que
exponen los ponentes; explicamos los errores cometidos en instancias inferio-
res, y presentamos las herramientas que sirvieron para realizar esa rectifica-
ción. En el último apartado resumimos los criterios más importantes para una
decisión correcta en los casos de mentalidad divorcista.

I. Consideraciones generales sobre la prueba del acto positivo


de voluntad simulatoria

I.1. Las dificultades de la prueba de la simulación

La prueba de la simulación es muy difícil, porque el consentimiento es un


acto interno que sólo Dios conoce en su integridad4. La dificultad viene tam-
bién del hecho de que es necesario alcanzar la certeza moral sobre la nulidad del
matrimonio en virtud de las declaraciones judiciales, las cuales: primero, tienen
que prevalecer sobre la presunción de validez del matrimonio (can. 1101 § 1;
can. 1060); y segundo, como es obvio, con el transcurso del tiempo puede haber
discrepancias entre estas declaraciones (qué recuerdan las partes y los testigos
sobre la voluntad de los nupturientes en el momento de la boda) y la voluntad
matrimonial real (expresada de hecho por los nupturientes en aquel momento).
La dificultad en la instrucción de las causas de simulación tiene su origen
también en la debilidad humana y en la disposición para obtener la nulidad

3 La jurisprudencia encuentra tres vías por las cuales la mentalidad divorcista puede afectar a la
persona: como causa de simulación, como error determinante de voluntad, o como un conjunto
de ideas sin influencia en el consentimiento matrimonial. Cf. sent. c. Stankiewicz, 26.VI.1987,
RRD 79 (1987) 5/456.
4 Sent. c. Funghini, 22.II.1989, RRD 81 (1989) 130-132; sent. c. Funghini, 14.XII.1994, RRD 86
(1994) 659-672. La prueba del error determinante es difícil por la misma razón: la necesidad de
descubrir la verdad sobre el acto interno en el momento de contraer el matrimonio.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 15


PIOTR ŻUBER

incluso con el intento del engaño. En la jurisprudencia encontramos refe-


rencia al tema de la veracidad de las partes y podemos indicar dos posturas al
respecto. Según la regla «simul mendax, semper mendax»5 existe el peligro de
que una persona que estaba mintiendo durante la boda (ha expresado el con-
sentimiento matrimonial a pesar de la falta de la voluntad interior de casarse),
puede mentir una vez más en el juicio. Aunque tiene cierta lógica, este princi-
pio no es seguro en todos los casos y encuentra un contrapeso en aportaciones
de algunos ponentes. Faltin matiza esta regla con otra que viene de la Regula
iuris in VIº Decretalium Bonifacii VIII y dice: «Nemo mendax, nisi probetur». Pa-
rece más razonable presumir la veracidad de las partes, pero el juez no puede
ser ingenuo6.
La dificultad de la prueba viene también del hecho de que la nulidad, en
los casos analizados, está precedida a menudo por el divorcio civil. Las partes
que buscan la posibilidad de poder casarse con otra persona por la Iglesia
vienen al tribunal diciendo que este divorcio estaba planificado ya antes de la
boda y, de hecho, habían excluido la indisolubilidad del matrimonio. A conti-
nuación, hablaremos aún de la relación entre las palabras y los hechos en los
casos de mentalidad divorcista, pero aquí queremos señalar que la sentencia
de nulidad no puede convertirse en una manera de certificar la ruptura de
hecho del matrimonio. Hay que buscar siempre la verdad. El Papa S. Juan
Pablo II decía a los auditores de la Rota Romana que las partes tienen dere-
cho a descubrir la verdad, a no ser engañadas con una sentencia de nulidad
que contrastara con la existencia de un matrimonio verdadero. No se puede
declarar la nulidad según el deseo de las partes, que a veces vienen después de
haber empezado la convivencia de hecho con otras personas. Fieles a la verdad
sobre el matrimonio los jueces deben esforzarse en encontrarla y no quedarse
solamente con las apariencias, o con la aparente necesidad pastoral7.
La última dificultad en la prueba de la nulidad del matrimonio contraído
con mentalidad divorcista consiste en que las ideas erróneas no siempre pro-
ducen la nulidad. Pueden, de hecho, coexistir con una voluntad matrimonial
correcta. El reconocimiento procesal de esta mentalidad en una persona a tra-
vés de las declaraciones recogidas no puede ser identificado con la certeza sobre

5 Cf. sent. c. Stankiewicz, 22.II.1996, RRD 88 (1996) 35/136. Si alguien ha mentido una vez si-
mulando el matrimonio, es posible que vaya a mentir otra vez en el juicio intentando conseguir
una sentencia según su propio interés.
6 Cf. sent. c. Faltin, 9.IV.1997, RRD 89 (1997) 17/256.
7 Cf. Juan Pablo II, Alocución al Tribunal de la Rota Romana, 18.I.1990, n. 5, AAS 82 (1990) 875.

16 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

la nulidad del matrimonio. La jurisprudencia reconoce la simulación como un


problema muy extendido. Encontramos incluso la expresión de «enfermedad
de simulación», que se extiende en nuestros tiempos como una enfermedad
contagiosa y mortal para algunos matrimonios8. A causa de la facilidad con la
que algunos acceden al matrimonio, es muy necesario una valoración correcta
del conjunto de ideas de las partes.

I.2. Certeza moral

Según el can. 1608 § 1 «para dictar cualquier sentencia, se requiere en


el ánimo del juez certeza moral sobre el asunto que debe dirimir». El tema
de la certeza está muy presente en las sentencias analizadas, a causa de la gran
dificultad de probar esa simulación. Parece que algunos ponentes de instancias
inferiores se dejan llevar por el temor a equivocarse en favor de la nulidad. En
ocasiones, el temor a la falta de certeza aleja a los jueces de la decisión sobre la
nulidad del matrimonio y facilita la emisión de una sentencia negativa, cedien-
do así la responsabilidad a la instancia superior. Los jueces de la Rota Romana
recuerdan que «haría mal el juez que, por el temor de emitir mala sentencia,
acudiera con facilidad al can. 1060 para huir de la responsabilidad»9. Explican
a la vez dos discursos muy importantes de Pío XII. El Papa recuerda que no
hace falta la certeza absoluta o matemática de la nulidad. Sólo es necesaria la
certeza moral, que a su vez se distingue de una simple probabilidad, ya que no
admite la duda positiva y prudente, pero no excluye un miedo prudente de
errar10.
Como siempre puede haber dos extremos, además del temor de emi-
tir una sentencia de nulidad, puede haber jueces que consideran la probabili-
dad alta como una garantía suficiente para declarar la nulidad, sin alcanzar la
verdadera certeza moral. Esto pone en riesgo la verdad sobre el matrimonio

8 Cf. sent. c. Ragni, 3.IV.1984, RRD 76 (1984) 4/228.


9 Sent. c. Bruno, 30.V.1986, RRD 78 (1986) 9/356; en sent. c. Defilippi, 5.XII.2012, RRD 104
(2012) 8/362.
10 Cf. Pío XII, Alocución al Tribunal de la Rota Romana, 3.10.1941, n. 2, AAS 33 (1941) 421; idem,
10.10.1942, n. 3, AAS 34 (1942) 338; para que sea probada la voluntad prevalente del actor
contra la indisolubilidad del vínculo para declarar la nulidad del matrimonio, según el magiste-
rio de la Iglesia es suficiente si se excluye la duda razonable sobre el error; en sent. c. Palestro,
19.II.1992, RRD 84 (1992) 5/66; también: sent. c. Bruno, 30.V.1986, RRD 78 (1986) 9/356; en
sent. c. Defilippi, 5.XII.2012, RRD 104 (2012) 8/362.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 17


PIOTR ŻUBER

y abre el camino a nulidades fáciles. Por eso, algunos ponentes advierten del
riesgo de convertir el proceso de nulidad en un modo de divorciar a la gente.
Benedicto XVI criticaba una postura que se observaba:
«De hecho, también en ciertos ambientes eclesiales, se ha generaliza-
do la convicción según la cual el bien pastoral de las personas en situación
matrimonial irregular exigiría una especie de regularización canónica, in-
dependientemente de la validez o nulidad de su matrimonio, es decir, in-
dependientemente de la ‘verdad’ sobre su condición personal. El camino
de la declaración de nulidad matrimonial se considera, de hecho, como un
instrumento jurídico para alcanzar ese objetivo, según una lógica en la que
el derecho se convierte en la formalización de las pretensiones subjetivas»11.

Sin embargo no podemos perder de vista que el proceso de la nulidad ma-


trimonial será para algunos nupturientes el único modo para proveer la reali-
zación del ius connubii, que aunque no es un derecho «arbitrario e ilimitado»12,
la Iglesia debería garantizar que después de una boda con una persona con
mentalidad divorcista tan arraigada que hasta causase la nulidad, el nupturien-
te inocente pudiese –después de haber obtenido la sentencia afirmativa– con-
traer libremente un nuevo matrimonio.

I.3. Presunciones y prejuicios en el proceso canónico

En la jurisprudencia encontramos una observación importante: que el


juez no debe proceder en la causa según un esquema fijo o predeterminado.
No se pueden resolver causas por meros principios generales, ya que cada una
tiene su propia historia, dialéctica, personas y circunstancias singulares13. Con
esta afirmación el ponente destaca que no se puede tener prejuicios y no se
puede decidir la sentencia desde las apariencias o las impresiones para, luego,
buscar una prueba que justifique la decisión tomada a priori. Sin embargo,
hay una serie de presunciones que sí que hay que tener en cuenta a la hora de

11 Benedicto XVI, Alocución al Tribunal de la Rota Romana, 27.I.2007, AAS 99 (2007) 87-88; en
sent. c. Defilippi, 22.III.2007, RRD 99 (2007) 11/111.
12 F. H. Franceschi, El contenido y la determinación del «ius connubii» y sus manifestaciones en el siste-
ma matrimonial canónico vigente, Ius Canonicum 47 (2007) 73-97.
13 Cf. sent. c. Fiore, 23.VII.1981, RRD 73 (1981) 4/372; en sent. c. Funghini, 17.IV.1991, RRD
83 (1991) 4/248; sent. c. De Lanversin, 5.X.1994, RRD 86 (1994) 8/440; cf. sent. c. Davino,
21.VI.1988, no publicada; en sent. c. Colagiovanni, 9.IV.1991, RRD 83 (1991) 6/229.

18 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

juzgar el matrimonio. Algunas están explícitamente presentes en el Código.


Otras son presunciones en sentido amplio, pero pueden servir en el proceso
de valoración judicial.

I.3.1. Presunciones a favor del matrimonio


En el proceso de nulidad del matrimonio por simulación el conjunto de
la prueba tiene que contrarrestar tres presunciones judiciales iuris tantum: la
presunción de validez del acto jurídico realizado, si fue realizado debidamente
en cuanto a sus elementos externos (can. 124 § 2); la presunción de validez
del matrimonio, en la duda-consecuencia del «favor iuris» (can. 1060); y la
presunción de la congruencia entre el acto interno del consentimiento y la
manifestación externa de este acto en el signo nupcial (can. 1101 § 1).
Teniendo en cuenta un cierto pesimismo hacia la concepción del matrimo-
nio en la cultura contemporánea occidental, a veces se corre el riesgo de presumir
la nulidad en vez de la validez del matrimonio (según can. 1060), por admitir
cualquier idea divorcista como expresión segura de la exclusión de la indisolubili-
dad. Si se afirmase esa identificación, la nulidad podría ser declarada casi automá-
ticamente después de haber determinado que las partes eran favorables al divor-
cio (por ejemplo por su voto a favor en el referéndum italiano)14. Sin embargo, de
esta manera no se puede probar el acto positivo de voluntad. En caso contrario,
por la inversión de la carga de prueba, habría que presumir la nulidad de casi to-
dos los matrimonios, a no ser que pudieran probar la «no-exclusión»15. Burke, en

14 El referéndum abrogativo sobre la ley n. 898 (Disciplina dei casi di scioglimento del matrimonio del 1
de diciembre de 1970) tuvo lugar el 12 y 13 de mayo de 1974 convocado a través del Decreto del
Presidente della Repubblica de 2 de marzo 1974, n. 31: Nuova indizione del referendum popolare
per l’abrogazione della legge 1 dicembre 1970, n. 898, dal titolo Disciplina dei casi di scioglimento del
matrimonio e convocazione dei comizi (GU n. 59 del 4 de marzo 1974). El resultado del referéndum
fue el siguiente: con una participación del 87,72%, el 40,74% (13.157.558 votos) querían la
abrogación de la ley que permitía el divorcio y el 59,26% (19.138.300 votos) decidieron que se
mantuviera en el sistema legislativo.
15 Majer desarrolla el tema de la debilitación de la presunción general de que todos que acuden al
matrimonio quieren casarse según la institución de la Iglesia. Cf. P. Majer, El error que determina
la voluntad. Can. 1099 del CIC de 1983, Mutilva Baja (Navarra) 1997, 63-71. La postura llega en
algunos autores a un pesimismo radical, cuando consideran la mentalidad divorcista como un
fenómeno mayoritario o por lo menos común y concluyen que habría que «considerar como
inválidos la gran mayoría de matrimonios que se celebran actualmente». Cf. N. Bernat Salas,
Mentalidad divorcista: ¿Indisolubilidad del matrimonio?, en J. Bosch (ed.), Matrimonio, religión y
derecho en una sociedad en cambio: actas de las XXXV Jornadas de Actualidad Canónica, Madrid 2016,
127-133. No creo que dicha mentalidad llegue a causar tantas nulidades y es una intuición que
encuentra la confirmación sólida en la jurisprudencia.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 19


PIOTR ŻUBER

una de sus sentencias, explica que los jueces de la segunda instancia precisamente
invirtieron la carga de prueba y sentenciaron la nulidad por falta de prueba de
validez de matrimonio y no por la existencia de prueba de nulidad16. La Iglesia
presume la conformidad entre la manifestación externa y la voluntad interna de
casarse. Si alguien demanda la declaración de la disconformidad, es él quien debe
presentar pruebas a favor de su tesis y no quien manifiesta correctamente su vo-
luntad. Burke concluye que esta disconformidad tiene que ser expresada en un
acto positivo, deliberado y consciente17.

I.3.2. Presunciones aforismos – presunciones en sentido amplio


La sentencia de nulidad puede ser dictada sólo y cuando el juez alcanza la
certeza moral sobre el asunto. En las causas que analizamos en este trabajo la
prueba es difícil, porque se trata de investigar un acto interno; en efecto, para
alcanzar la certeza moral, hay que tener en cuenta el conjunto de conjeturas
probables que en su contexto propio podrán ser estimadas prueba plena18.
En las sentencias analizadas encontramos a veces presunciones aforismos
que sirven a los ponentes para valorar bien los hechos19.

16 «Non emerge la prova che la convenuta nell’accostarsi alle nozze con l’attore abbia mutato
la sua volontà divorzista, conformandola a quella richiesta dall’ordinamento canonico»; sent.
c. Burke, 18.III.1995, RRD 87 (1995) 8/295.
17 Cf. sent. c. Burke, 18.III.1995, RRD 87 (1995) 8/295.
18 Cf. M. Pompedda, Studi di diritto procesuale canonico, Milano 1995, 182.
19 En una sentencia c. Funghini encontramos algunas de ellas: 1. Cuanto más radicado el error, tan-
to más débil la presunción general de que los nupturientes contraen el matrimonio como Dios lo
ha instituido. 2. Cuanto más tenaz es la inclinación hacia el consumo de bienes, tanto más fácil
es el paso a la recusación de la doctrina católica del matrimonio. 3. Cuanto menos religioso es el
contrayente o es depravado de tal manera que tiene el juicio deformado sobre la vida, la familia,
la religión y la moral, tanto más fácil es la presunción a favor del rechazo de la propiedad esen-
cial del matrimonio. 4. Cuanto más fuerte el nupturiente presenta la aversión hacia cualquier
obligación, tanto más admisible es el rechazo del vínculo matrimonial perpetuo. 5. Cuanto más
ligero e inconstante el ánimo, tanto más difícil una determinación de la voluntad firme y positi-
va. 6. Cuanto más oscuro y complicado el modo de hablar de una o de ambas partes, tanto más
incierto el valor de la demanda. 7. Cuanto más frecuentes palabras dudosas y ambiguas, tanto
más flexible e indeterminado el objeto de la voluntad. En sent. c. Funghini, 22.II.1989, RRD 81
(1989) 3/131-132. En otra sentencia, el mismo autor indica una regla más, o sea, que tanto más
fácilmente se puede admitir la simulación cuanto el simulante está más imbuido de la mentalidad
liberal y favorable a las teorías del amor libre, donde falta en consecuencia la fidelidad. Cf. sent.
c. Funghini, 14.XII.1994, RRD 86 (1994) 5/662. Otra regla que puede ayudar en la valoración de
la simulación es la que señala que, cuanto más rápida es la ruptura de la convivencia matrimonial
después de la boda, tanto más creíble es la falta de voluntad de un vínculo perpetuo en la buena
y mala suerte. Cf. P. Bianchi, L’esclusione della indissolubità quale capo di nullità del matrimonio.
Profili critici, Ius Ecclesiae 13 (2001) 646; en sent. c. Caberletti, 12.I.2006, RRD 98 (2006) 4/17.

20 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

Observaciones de este género pueden ser útiles en todo el itinerario pro-


cesal, incluso desde la preparación de la demanda. Todas las ideas que proponen
pueden hacer ver que la parte que las tenía podía llegar a un acto de simulación
del consentimiento. Son las presunciones en sentido amplio20 que pueden ayu-
dar a determinar la presencia del fumus boni iuris y, finalmente, con su ayuda po-
demos dar peso adecuado a las declaraciones dentro del proceso. En este sentido
la presunción será un ejercicio mental basado en unos ciertos principios21.

I.3.3. Presunción «divorcista»


Aunque el divorcio civil no puede afectar de ninguna manera al víncu-
lo, algunos ponentes ven en la voluntad de divorciarse, simultánea al consen-
timiento, un indicio de que un nupturiente desea excluir la indisolubilidad.
Stankiewicz afirma que, en el foro canónico, se suele equiparar la voluntad de
recurrir al divorcio civil con la voluntad de excluir la indisolubilidad. Enumera
varias sentencias que fundaron una presunción de la voluntad firme de romper
todo el vínculo, civil y religioso, y de recuperar la plena libertad sobre la base
del propósito de la parte de recurrir al divorcio civil22. Indica también otras
sentencias que asignan al propósito de recuperar la libertad la fuerza plena de
exclusión de la indisolubilidad, incluso si no se trata de divorcio expresamen-
te23. La naturaleza del matrimonio no admite la interrupción en la entrega
indisoluble. En cuanto se prueba la firme decisión de reserva de divorcio de
su propio matrimonio en el futuro –la jurisprudencia lo admite con bastante
unanimidad–, el matrimonio tiene que ser declarado nulo.

20 Del Amo habla sobre la coherencia del indicio con el hecho de la simulación para explicar que
en caso de este tipo de aforismos no tenemos que ver con la presunción propiamente dicha. En
la presunción la relación entre la cosa significada y el signo puede ser o natural (el humo es la
señal del fuego) o arbitraria (el lenguaje expresa las ideas) pero en ambos casos la coherencia es
segura. En caso de nuestras presunciones aforismos hay que examinar esta coherencia en cada
caso. Del Amo indica como elementos de este examen, primero, la naturaleza intrínseca de este
nexo, para saber si un hecho depende del otro y con qué dependencia y luego la indefectibilidad
experimental o sea si los dos hechos (el indiciario y el discutido) coinciden constantemente. Cf.
L. Del Amo Pachón, La clave probatoria..., cit., 249-250.
21 Del Amo indica el fundamento indiciario en la experiencia, la verosimilitud, la razonabilidad, la
credibilidad, la probabilidad. Cf. ibidem, 250 ss.
22 Cf. sent. c. Fiore, 26.II.1976, RRD 65 (1976) 4/149; sent. c. Colagiovanni, 17.I.1984, RRD 76
(1984) 5/19.
23 Cf. sent. c. Di Felice, 13.XI.1982, RRD 74 (1982) 2/530; sent. c. Bruno, 8.V.1987, RRD 79
(1987) 4/287; sent. c. Palestro, 25.I.1989, RRD 81 (1989) 7/44; sent. c. Faltin, 19.II.1992, RRD
84 (1992) 10/74; sent. c. Stankiewicz, 27.V.1994, RRD 86 (1994) 14/247.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 21


PIOTR ŻUBER

La presencia de la voluntad de divorcio expresada en los planes prema-


trimoniales ha encontrado su lugar en una afirmación que podríamos llamar
la presunción divorcista invertida. En una sentencia c. Bruno leemos que no
se puede declarar el error pertinaz y la voluntad de divorcio en el caso donde
una persona antes del matrimonio nunca había manifestado su voluntad de
divorcio ni tampoco el intento de excluir la indisolubilidad del matrimonio24.

I.3.4. «Verbis facta sunt eloquentiora»


Con esta frase, que encontramos en múltiples sentencias25, los ponentes
quieren recordar que los hechos tienen más valor probatorio que las palabras.
A pesar de las apariencias de credibilidad y la cantidad de testimonios que
puedan manifestar la mentalidad divorcista de las partes, si no se encuentran
hechos seguros que confirmen que tuvo lugar la simulación, no se puede de-
clarar la nulidad del matrimonio.

I.4. Concordancia entre los códigos de 1917 y de 1983

Para terminar este primer epígrafe, hacemos una importante observa-


ción, aunque es un poco tangencial al problema principal. En general, en este
trabajo analizamos las sentencias emitidas a partir del año 1983. Por eso, mu-
chas de ellas, y prácticamente todas las de los primeros años del periodo inves-
tigado, resuelven casos de matrimonios contraídos bajo el régimen del CIC17.
Por eso, muchos ponentes hacen un comentario respecto a la legitimidad del
uso de la normativa vigente en el momento del proceso y no de la vigente en el
momento de la boda. Los ponentes explican que estos matrimonios deberían
ser juzgados según el CIC17, pero añaden también que, en los casos de exclu-
sión de la indisolubilidad, el recurso al Código vigente es legítimo, porque no
hay diferencia sustancial entre los dos códigos26.

24 Cf. sent. c. Bruno, 19.XII.1984, RRD 76 (1984) 6/649.


25 P. ej. sent. c. Stankiewicz, 28.V.1991, RRD 83 (1991) 28/356 cit. por decr. c. Monier, 28.V.1999,
Decreta 17 (1999) 3/157; sent. c. Giannecchini, 25.VII.1997, RRD 89 (1997) 3/659; sent. c. Sal-
vatori, 6.VII.2012, RRD 104 (2012) 6/212; también «facta sunt verbis validiora» et «animus plus
factis quam verbis declaratur» cf. sent. c. Stankiewicz, 27.XI.2003, RRD 95 (2003) 31/707.
26 Pompedda recuerda la regla tempus regit actum y leges respiciunt futura, non praeterita, nisi nominatim
in eis de praeteritis caveatur (can. 10 CIC17, can. 9 CIC83) y subraya la identidad entre el antiguo
can. 1086 § 2 del CIC17 sobre la exclusión de la indisolubilidad o sea del bonum sacramenti y el nue-
vo can. 1101 § 2 del CIC sobre la exclusión de alguna propiedad matrimonial. Por este motivo, los

22 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

II. La instrucción de la causa y los elementos de la prueba

Para declarar nulidad en el caso provocado por la mentalidad divorcista


hay que descubrir el acto positivo de la voluntad simulatoria. La jurispruden-
cia suele ir por el camino de la exclusión parcial27. En este segundo apartado
presentamos los elementos de la prueba y el papel que tiene cada uno de ellos
para declarar la nulidad del matrimonio en los casos de mentalidad divorcista.
La verdad sobre el matrimonio contraído depende de la composición de
la voluntad del nupturiente en el momento de la boda28. En caso de simulación
parcial, buscamos en las declaraciones procesales de las partes y de los testi-
gos manifestaciones sobre las ideas y la voluntad del contrayente contrarias a
la indisolubilidad. Para obtener un alto valor probatorio, las manifestaciones
deben cumplir cuatro requisitos: tener origen extrajudicial; venir de un tiempo
no sospechoso; ser aportadas por testigos fidedignos; ser confirmadas delante
del juez bajo juramento29.
La instrucción de la causa es el momento procesal donde la demanda de
las partes encuentra su confirmación en la realidad, en la historia reconstruida y
probada. En la práctica del Tribunal de la Rota Romana consiste principalmente
en la búsqueda y estimación de tres clases de hechos: la confesión del simulante;
la causa de la simulación; y las circunstancias que corroboran la confesión30.
En las sentencias analizadas los ponentes se refieren a estos tres elemen-
tos de manera diferente. La mención teórica de la importancia de cada uno de

matrimonios contraídos antes de 1983 pueden ser juzgados por este capítulo de nulidad según el
trámite vigente con referencia a los cánones equivalentes del nuevo Código. Cf. sent. c. Pompedda,
13.III.1995, RRD 87 (1995) 3/201. También: sent. c. Defilippi, 13.X.2010, RRD 102 (2010) 3/354.
27 Se puede consultar: J. Fornés, «Exclusiones parciales en el consentimiento», en Otaduy, J.;
Viana, A. y Sedano, J. (eds.), Diccionario General de derecho canónico, III, Cizur Menor (Navarra)
2012, 827-835.
28 Cf. sent. c. Stankiewicz, 27.XI.1986, RRD 78 (1986) 7/677. Un ejemplo de sentencia de simu-
lación con el mismo esquema muy resumido: sent. c. Salvatori, 6.VII.2012, RRD 104 (2012)
210-217.
29 Cf. sent. c. Stankiewicz, 27.XI.1986, RRD 78 (1986) 7/677. Tenemos que darnos cuenta de que
la prueba de la simulación es siempre conjetural por la misma naturaleza de la cosa. Del Amo
recuerda una sentencia c. Fiore, quien explicaba que esta prueba «ha de hacerse indirecta, crítica,
indiciariamente, es decir, por el examen de otras entidades: palabras, acciones, costumbres, educa-
ción e índole del contrayente, las cuales revelen y persuadan que fue ilícito el acto realizado»: L.
Del Amo Pachón, La clave probatoria en los procesos matrimoniales, Barañain-Pamplona 1978, 253.
30 Todos estos elementos son muy importantes y la presencia de todos hace más viable alcanzar la
certeza moral respecto a la nulidad. Los ponentes indican, sin embargo, que la falta de alguno de
esos elementos puede hacer más difícil la prueba, pero no la hace imposible. Cf. sent. c. Sable,
23.V.1997, A 60/97 (no publicada), 7; en sent. c. Sable, 3.V.2007, RRD 99 (2007) 149-159.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 23


PIOTR ŻUBER

esos elementos está a veces muy reducida, porque el ponente se dirige direc-
tamente al in facto de la sentencia, pero en las sentencias más elaboradas en-
contramos explicaciones sobre el papel de estos elementos en el proceso para
alcanzar la certeza moral sobre la nulidad del matrimonio.
El primer elemento importante a la hora de buscar si hubo o no la simu-
lación es la confesión de la parte que simulaba el consentimiento a la hora de
casarse. Ya que el consentimiento es un acto interno, sea verdadero, sea fingido,
sólo el contrayente conoce este acto directamente. Por eso tendrán una gran
importancia todas las manifestaciones externas que revelen el intento verdade-
ro de la parte. La confesión es una afirmación de la parte que confirma haber
fingido el consentimiento. Si tiene lugar en el juicio delante del juez es judicial,
si viene testificada por terceros es extrajudicial. Una vez recogida la confesión
del simulante habrá que averiguar bien las circunstancias en las que tuvo lugar.
El segundo elemento es la causa de simulación. La Iglesia presume que
el signo nupcial expresa la verdadera voluntad conyugal. No se sospecha que
durante la boda un nupturiente manifieste exteriormente una voluntad distin-
ta de la verdadera. Por eso, para la simulación tiene que haber una causa grave
por la que alguien rechaza el carácter indisoluble del matrimonio. En el error
acerca de la indisolubilidad tiene que haber algún motivo por el cual el error
pasa de la esfera intelectual a la volitiva y determina la voluntad.
El último elemento que muchas veces abre el camino para alcanzar la cer-
teza moral sobre la nulidad del matrimonio, son las circunstancias. Distingui-
mos entre ellas las antecedentes, concomitantes y subsiguientes. Las circuns-
tancias son hechos concretos que pueden confirmar la voluntad simulatoria o
negar su presencia. Ayudan a descubrir si la voluntad matrimonial fue absolu-
tamente correcta y la crisis vino sólo durante la convivencia matrimonial, o si
es otro caso distinto.
El buen esquema de la prueba tiene su importancia. A veces, leyendo la
sentencia, es difícil imaginarse por qué la instancia inferior tomó otra decisión,
ya que la prueba parece evidente. Eso pasa particularmente en las sentencias muy
bien estructuradas, como en una c. Ciani donde el ponente divide la parte in facto
indicando por separado lo que se refiere a la causa contrahendi, a la causa simulandi
remota y a la causa simulandi proxima. Resulta que un buen orden permite estable-
cer bien los límites de los conceptos y realizar una valoración correcta31.

31 Cf. sent. c. Ciani, 18.II.2009, RRD 101 (2009) 1-10. Respecto a la primera instancia que no llegó
a declarar la nulidad, el ponente no hace ningún comentario. Respecto a las declaraciones en el

24 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

II.1. La confesión

La confesión consiste en la afirmación del hecho de la exclusión en el


momento del consentimiento32. En las causas de simulación del bonum sacra-
menti es el medio de prueba más fuerte, ya que intentamos averiguar cuál fue
el acto interno del acusado en el momento del consentimiento matrimonial.

II.1.1. La confesión judicial


La jurisprudencia analizada en este trabajo ha surgido bajo el régimen
del código antes de la entrada en vigor de Mitis Iudex. La carta apostólica
«motu proprio» Mitis Iudex Dominus Iesus del Papa Francisco introdujo un
cambio muy importante respecto al valor probatorio de la confesión judicial.
La confesión judicial desde la entrada en vigor del Mitis Iudex puede tener
una fuerza de prueba plena. Todos los casos que analizamos han sido juzgados
bajo el régimen del can. 1536 § 2: «Sin embargo, en las causas que afectan al
bien público, la confesión judicial y las declaraciones de las partes que no sean
confesiones pueden tener fuerza probatoria, que habrá de valorar el juez jun-
tamente con las demás circunstancias de la causa, pero no se les puede atribuir
fuerza de prueba plena, a no ser que otros elementos las corroboren totalmente». La
reforma de Mitis Iudex ha introducido un cambio en la fuerza de la confesión
judicial con el nuevo can. 1678 § 1: «En las causas de nulidad de matrimonio
la confesión judicial y las declaraciones de las partes, sostenidas por eventuales
testigos sobre la credibilidad de las mismas, pueden tener valor de prueba plena,
que debe valorar el juez considerando todos los indicios y adminículos, si no
hay otros elementos que las refuten». Como efecto de este cambio, la confesión
judicial, que necesitaba confirmación de otros elementos para alcanzar fuerza
probatoria, ahora puede gozar de fuerza probatoria ipso iure (en virtud del
can. 1678 § 1) si no hay elementos que la refuten. Este cambio puede suponer
una más fácil concesión de nulidades en caso de falta de «los otros elementos».

tribunal de segundo grado, indica que el actor se explicó mejor que en la primera instancia y que,
gracias a otros testimonios que confirmaron la confesión del actor, se pudo declarar la nulidad
(9/6).
32 Entendemos la palabra «confesión» en su contexto estricto y propio, como «la aseveración que
acerca de un hecho hace ante el juez una de las partes contra sí y a favor del adversario, por escri-
to o de palabra, espontáneamente o respondiendo a preguntas del juez». Sobre el tema se puede
consultar: L. Del Amo Pachón, Interrogatorio y confesión en los juicios matrimoniales, Pamplona
1973, 65-69; S. Panizo Orallo, Temas procesales y nulidad matrimonial, Madrid 1999, 463-465.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 25


PIOTR ŻUBER

Anteriormente se los necesitaba para que la confesión fuera aceptada, ahora


se las necesita para rechazarla. Dependerá también de cómo se interprete y
aplique la condición de que las declaraciones de las partes sean «sostenidas por
eventuales testigos sobre la credibilidad de las mismas».
Por eso parece aún más importante lo que ha observado Del Amo que
cuando el contrayente haya confesado que simuló el consentimiento, importa
mucho averiguar las circunstancias del tiempo, del lugar, de la ocasión, de las
personas ante quienes manifestó la simulación33.

II.1.2. La confesión extrajudicial


La confesión extrajudicial es más deseada que la judicial. Si los testigos
o la otra parte (confirmada su credibilidad) relatan la voluntad de exclusión
del acusado, confesado por él en un tiempo no sospechoso, la posibilidad de
simulación gana credibilidad.
La confesión extrajudicial es también el primer elemento que puede po-
ner al descubierto la controversia en la causa. Si la otra parte y los testigos
empiezan a declarar cosas opuestas a lo que ha dicho el presunto simulante,
o incluso sus declaraciones son contrarias entre ellas, significa que alguien se
está equivocando o miente en el proceso. Eso se hace especialmente difícil
cuando hay cantidad de testimonios a favor de la nulidad y sólo unos pocos a
favor del vínculo. Una de las preguntas importantes en el tema de confesión
extrajudicial es ¿cuántos testigos deben declarar en la causa para que se pruebe
la nulidad, en contra de la confesión de la parte? La respuesta la encontramos
en una c. Funghini. Hay que tener en cuenta, que no es la cantidad de los testi-
gos lo que tiene fuerza en el proceso, sino el peso de sus declaraciones. A veces
sólo dos, e incluso un solo testigo, puede dar a la causa el peso prevalente para
la decisión final34.
La falta de confesión extrajudicial puede parecer un grave argumento en
contra de la nulidad. En una c. Faltin el ponente se refiere al dictamen de pri-

33 Cf. L. Del Amo Pachón, La clave probatoria..., cit., 260.


34 El ponente expone algunas sentencias del derecho romano que tratan de esta materia: «Non
enim ad multitudinem respici oportet –aiebat Arcadius– sed ad sinceram testimoniorum fidem
et testimonia, quibus potius lux veritatis adsistit» (1. 21, 53 D, 22, 5). (...) Ubi numerus testium
non adicitur, etiam duo sufficient: pluralis enim locutio duorum numero contenta est. (Ulpia-
nus, 1. 37 ad edictum, D., 22, 12)»: sent. c. Funghini, 28.III.1990, RRD 82 (1990) 4/241-242. A
continuación, el ponente añade ejemplos de 17 sentencias antiguas que restauran este principio
y de 10 sentencias sobre un caso excepcional de un único testigo.

26 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

mera instancia, donde se afirmó erróneamente que la confesión extrajudicial


es un elemento esencial de la prueba. La mentalidad divorcista patente, testifi-
cada por los padres, y el hecho de que el error radicado en la mente influyera
en las elecciones concretas, permiten emitir la decisión afirmativa35.
La confesión extrajudicial puede servir para descubrir el engaño. Eso
ocurre en las causas matrimoniales en las que sólo a una parte le interesa la
verdad sobre el vínculo, y la otra parte intenta hacer todo lo posible para evitar
la sentencia de nulidad. El demandado puede por ejemplo declarar que casán-
dose asumía todas las obligaciones y derechos matrimoniales sin reserva algu-
na. Sin embargo, al mismo tiempo, puede haber muchos testigos que aportan
declaraciones, por las que podemos reconstruir las ideas del demandado sobre
el matrimonio, hasta el punto de alcanzar la certeza moral sobre la exclusión;
lo que permite emitir una sentencia de nulidad36.
Puede darse tal confesión extrajudicial que no sólo confirma el intento de
simulación de la otra parte, sino que revela un acto de simulación de quien de-
clara. En una sentencia, la mujer demandada presenta una clara mentalidad di-
vorcista. Declara en el juicio que, el día de la boda, entrando a la iglesia, estaba
más que determinada a divorciarse si no fuera feliz con el actor. Su reserva de
divorcio está confirmada en múltiples declaraciones de los testigos37. En este
caso, es especialmente interesante otra confesión que hace también el actor.
Dice que ha aceptado el pacto propuesto por la mujer de que el vínculo entre
ellos será disoluble ad libitum. Él mismo dice que lo ha aceptado sólo porque

35 Cf. sent. c. Faltin, 16.IV.1997, RRD 89 (1997) 11/307. Puede pasar que el demandado por la ex-
clusión de la indisolubilidad no aparezca en el juicio. Entonces la confesión extrajudicial puede
ser el único medio para descubrir la verdad y dictaminar una sentencia justa. En una sentencia
c. Pompedda se declara la nulidad del matrimonio sin presencia del demandado ni de ninguno
de los testigos. La confesión de la voluntad de excluir el bonum sacramenti está formada por va-
rias declaraciones. Podemos leer que una vez el demandado dijo abiertamente a alguien que era
favorable al divorcio. En base a las declaraciones, el ponente se refiere a la falta del acto positivo
de voluntad, señalada en la segunda instancia que no ha declarado la nulidad del matrimonio.
Afirma, sin embargo, que en este caso tenemos que ver con el error determinante de la voluntad,
que ha llevado a la exclusión de la indisolubilidad. Cf. sent. c. Pompedda, 27.XI.1989, RRD 81
(1989) 15-16/721-722.
36 En este caso, el actor se casaba con un propósito firme de recuperar la libertad cuando lo desea-
ra. Aparecía incluso el tema del precio del divorcio. Un abogado, al que conocía el padre de la
actora, podía ayudar con la causa del divorcio con «un millón». Una testigo oyó al actor decir:
«Casémonos, sí, pero con un millón obtendremos el divorcio. Me caso con ella solo con el pacto
de que Hedvigis (la actora) acepte el divorcio y ya lo sabe». Sent. c. Palestro, 25.I.1989, RRD 81
(1989) 10/49.
37 Cf. sent. c. Ragni, 18.XII.1984, RRD 76 (1984) 11/628-629.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 27


PIOTR ŻUBER

estaba seguro de que no habría nunca ocasión de tener que separarse. El actor
no aceptaba el matrimonio a prueba, ni se adhirió al programa divorcístico de
la mujer38. La nulidad fue declarada, en este caso, por exclusión del bonum sa-
cramenti por parte de la mujer, pero el actor, en cuanto consintió la posibilidad
de ruptura, también ha realizado la reserva y, por eso, la simulación parcial.
La confesión extrajudicial puede confirmar la mentalidad de la parte que
simuló el consentimiento. En una sentencia, el actor se daba cuenta de la men-
talidad liberal de su futura mujer. Antes de la boda le hizo prometer que deja-
ría sus ideas divorcistas. En los discursos entre ellos y con los demás, aparecía
el tema de la libertad también en este sentido. En cuanto la mujer le prometió
abandonar sus ideas divorcistas, el tema estuvo ya agotado para el varón y
decidió casarse39. Resulta, sin embargo, que la mujer no renunció a sus planes
divorcistas. Los jueces, basándose en las otras pruebas, declaran la nulidad del
matrimonio, por lo que confirman la sentencia apelada.
La confesión extrajudicial puede confirmar la versión de la historia, ya
que la confesión judicial tiene que ser corroborada por otros elementos de
la prueba. Para admitir algún hecho –incluso muy probable, el juez necesita
confirmarlo a través de otras pruebas–. En una sentencia, el actor declara en
el juicio que entre él y su (entonces) novia, hubo un periodo de ruptura pre-
nupcial que acabó, sin embargo, con la reconciliación. Desde este momento
estaba ya decidido a casarse. Tenía, sin embargo, la voluntad de llegar incluso
al divorcio, si el comportamiento de la mujer no cambiaba. El hecho de la
reconciliación, junto con la decisión de casarse, ponen en duda el intento de
excluir la indisolubilidad. Sin embargo, en otro testimonio una testigo relata
que, después de la reconciliación, en su casa el actor dijo textualmente a su no-
via: «recuerda que, si no cambias después de la boda, te dejaré para siempre»40.
Esta declaración ayuda a alcanzar la certeza moral, y los jueces emiten la sen-
tencia de nulidad.
Ya que en una causa hay muchas declaraciones que valorar, puede ocurrir
que alguna confesión sea de alguna manera contraria a otra. Puede resultar
difícil admitir la confesión confirmada por declaraciones contradictorias o du-
dosas, especialmente si provienen de testigos presentados por la parte que si-
mula. Pero, sorprendentemente, encontramos en la jurisprudencia a ponentes

38 Cf. sent. c. Ragni, 18.XII.1984, RRD 76 (1984) 10/626-627.


39 Cf. sent. c. Funghini, 14.XII.1994, RRD 86 (1994) 6/664.
40 Sent. c. Jarawan, 29.IV.1992, RRD 84 (1992) 10/219.

28 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

que reconocen que la falta de coherencia perfecta entre las declaraciones de


los testigos confirma incluso la tesis del actor sobre la exclusión. La falta de
identidad en el testimonio parece excluir un intento doloso de fabricación de
la prueba41.

II.1.3. El contenido de la confesión


En los casos de mentalidad divorcista la confesión suele expresarse de
tres modos: «quería el divorcio»; «me reservaba el derecho a recuperar la
libertad»; «quería casarme, pero...». Repasemos los motivos más presentes
relacionados con la mentalidad divorcista.

II.1.3.1. La voluntad de divorcio


La importancia de la confesión en la instrucción viene de la necesidad de
conocer la voluntad del que simuló. En las causas donde, como argumento a
favor de la simulación, aparece la voluntad prematrimonial de divorciarse, es
muy importante definir qué pretendía exactamente el simulante al hablar de
divorcio. Huber enumera tres posibilidades.
La primera consiste en romper la vida conyugal y mantener el vínculo.
Se trata de una separación de hecho. Aunque no es nada natural en el caso del
futuro nupturiente, la previsión de la separación de hecho, sin decidir sobre el
vínculo, confesada por el simulante, no es de ninguna manera prueba del acto
de voluntad de excluir la indisolubilidad.
Huber encuentra otra opción de querer el divorcio en historias de perso-
nas que apoyaban la ley de divorcio para garantizar la libertad en general. Por
ejemplo, para todos los que quieren tener la posibilidad de romper el vínculo
matrimonial. La declaración de participación en el referéndum de 1974, que
es un supuesto frecuente en las causas procedentes de Italia, no dice nada so-
bre la voluntad interna en el momento de casarse, pues no puede ser tomada
como confesión de la simulación –eventualmente como indicio para corrobo-
rar otras pruebas–.
Finalmente, la tercera posibilidad en la actitud divorcista del simulante
consiste en que uno quiere el divorcio para poder rescindir el vínculo matri-
monial y contraer un matrimonio nuevo. La confesión de este tipo, si se con-

41 Cf. sent. c. Caberletti, 12.I.2006, RRD 98 (2006) 10-24. En la opinión del defensor del vínculo
en este caso, no se ha probado la simulación. No obstante, el ponente dio fe a la confesión del
actor corroborada por las declaraciones de los testigos y se declaró la nulidad del matrimonio.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 29


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firma a través de otros indicios, significa la presencia de un verdadero acto de


exclusión y, por tanto, puede llevar a alcanzar la certeza moral sobre la nulidad
del matrimonio42. Esta voluntad de romper el vínculo no tiene que expresarse
necesariamente a través de una mención expresa del divorcio. Es suficiente
que haya la reserva del derecho a disolver el vínculo.

II.1.3.2. La voluntad matrimonial incorrecta


El simulante puede asegurar que quería casarse, pero esta declaración
no descarta totalmente la posibilidad de exclusión. Si a la intención de casarse
le acompaña la intención de no entregar el derecho-deber matrimonial de
modo indisoluble, el pacto conyugal no sería válido. En una sentencia c. Stan-
kiewicz se declara la nulidad del matrimonio porque la voluntad de contraer
el matrimonio fue sólo «a prueba», pues el elemento de la estabilidad había
sido excluido. Parece que los jueces de primera instancia se fijaron solamente
en que el actor «aceptaba el matrimonio» y, por eso, la primera sentencia fue
negativa43.
Siempre hay que recordar que la declaración de una voluntad incorrec-
ta es precisamente sólo una declaración. En una causa, el actor declaró que
tuvo problemas prematrimoniales, quería romper la relación, pero, como no
se atrevía a hacerlo, optó por casarse, porque, como decía: «Una vez casado
podría dejarla [la novia – PZ] finalmente». Si fuera así, sería una simulación
total, pero además de la confesión del actor hay que tener en cuenta otros
indicios. En este caso, el comportamiento del actor en el juicio confirmó su
capacidad de mentir y la falta de credibilidad. Finalmente, no se declaró la
nulidad del matrimonio44.
Es muy importante saber discernir si el capítulo de nulidad por la exclu-
sión de la indisolubilidad tiene fundamento. El actor, en una sentencia, dijo
que se casaba para cumplir la promesa hecha a su padre, moribundo. Dijo que
la había guardado en su corazón, no la compartía con nadie, pero de hecho no

42 Cf. sent. c. Huber, 16.VI.1994, RRD 86 (1994) 5/326; sent. c. Defilippi, 28.VII.1997, RRD 89
(1997) 9/676.
43 Cf. sent. c. Stankiewicz, 22.I.2004, RRD 96 (2004) 25/63. En el in facto leemos sobre el actor: «in
primo vadimonio locutum esse de acceptatione matrimonii solummodo quoad “suo impegno
di condivisione di vita, di fedeltà e di apertura ai figli”, minime vero quoad perpetuitatem seu
indissolubilitatem: “non mi sentii di accettare di vincolarmi per tutta la vita in una struttura che
mi avrebbe decisamente condizionato”».
44 Cf. sent. c. Salvatori, 6.VII.2012, RRD 104 (2012) 210-217.

30 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

quería casarse. Uno de los testigos declara que el actor le contó esta promesa
después de la muerte de su padre. El juez juzga falta de credibilidad y falta del
acto de exclusión. Toda la historia parece ser un intento de simular la simula-
ción. El matrimonio en la causa es un matrimonio motivado por la promesa
hecha un par de años antes, pero que en el momento de contraer afectaba
poco, o sea, había una intención matrimonial correcta45.

II.1.3.3. La confesión de mentalidad divorcista


La confesión del acusado de simulación puede reflejar su mentalidad di-
vorcista, pero si no se refiere al acto del consentimiento, no dice nada sobre
la validez o nulidad del matrimonio. En una sentencia el actor dice que él no
es divorcista en el sentido de que se aburre con una mujer y toma otra. No
es un divorcista radical, pero, en el momento en el cual estuviera convencido
de que el matrimonio no tiene sentido, en este punto considera justo acudir
al divorcio46. Los jueces declaran nulidad del matrimonio. La mentalidad, en
este caso, puede ser tenida en cuenta, porque la credibilidad del actor está
corroborada por muchas declaraciones de los testigos.

II.2. «Las causas»

La jurisprudencia reconoce que, para que alguien simule el consenti-


miento matrimonial, debe tener presente la discrepancia entre el matrimonio
verdadero con todas sus propiedades47 y su propia versión del pacto, y debe
haber una causa por la cual se elige la versión errónea48, pues nadie pretende
contraer el matrimonio «modificado» sino por una causa grave y proporcio-
nal49. Además de la causa por la cual se excluye la correcta voluntad matri-
monial interna – causa simulandi, y la causa por la cual se decide manifestar

45 Cf. sent. c. Ferreira Pena, 10.VII.2009, RRD 101 (2009) 197-209.


46 Cf. sent. c. Faltin, 9.IV.1997, RRD 89 (1997) 20/259.
47 Cf. P. J. Viladrich, El consentimiento matrimonial. Técnicas de calificación y exégesis de las causas
canónicas de nulidad (cc. 1095 a 1107 CIC), Pamplona 1998, 192-201.
48 Masala recoge en este tema un principio de Inocencio III según el cual: «En el proceso de nuli-
dad del matrimonio la confesión sola es ordinarie insuficiens» Innocentius III, in cap. Per Tuas,
10 de probationibus; en sent. c. Masala, 29.IV.1986, RRD 78 (1986) 4/320.
49 Cf. sent. c. Agustoni, RRD 70 (1978) 10/334, sent. c. Davino 1.XII.1976, 8.VI.1978; en sent.
c. Davino, 21.IV.1988, RRD 80 (1988) 5/270. También: sent. c. Ewers, 19.VII.1980, RRD 72
(1980) 8/513; en sent. c. Sable, 26.V.2010, RRD 102 (2010) 5/181.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 31


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el signo externo – causa celebrandi o contrahendi, en la jurisprudencia podemos


encontrar aún la causa separationis. En las sentencias negativas, donde no se
declara la nulidad, los jueces presentan la causa que provocó la ruptura de la
convivencia matrimonial (distinta de la exclusión de la indisolubilidad) para
corroborar la falta de simulación.
Había un modo de proceder de la Rota Romana según el cual la preva-
lencia de las causas de simulación (remota y próxima) sobre la causa del pacto,
permitía llegar a la conclusión de una positiva exclusión de la indisolubilidad50.
La práctica ha evolucionado por haber sido juzgada demasiado simplificada
y errónea en el aspecto psicológico. Requería pues dos voluntades contra-
rias y simultáneas en un sujeto. «Consequenter, problema causae simulandi
consistere videtur non tam in comparatione inter duas causas, aliam scilicet
contrahendi et aliam simulandi, quam potius in exsistentia et subsistentia at-
que gravitate, nedum obiectiva, sed etiam subiectiva unius causae, ob quam
contrahens vult hoc matrimonium, in concreto et non in abstracto considera-
to, v. gr., matrimonium solubile, praesertim in casu hypotheticae exclusionis
indissolubilitatis vinculi matrimonialis»51.

II.2.1. La causa de la simulación


La causa simulandi no puede ser genérica ni abstracta, porque el acto de
consentimiento tampoco es algo abstracto. Una persona contrae matrimonio
con otra persona concreta y en circunstancias peculiares. Para poder declarar
que hubo simulación, la causa simulandi tiene que ser suficientemente fuerte
para prevalecer sobre la causa por la que se quiere contraer el matrimonio
(causa contrahendi)52.
La jurisprudencia explica la importancia de la transición de las ideas erró-
neas al campo de la voluntad para que haya una simulación53. Bruno hace una
observación interesante respecto al papel de la causa de simulación en el paso

50 Cf. sent. c. Ferraro, 13.X.1981, RRD 73 (1981) 8/480.


51 Sent. c. Faltin, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 17/77.
52 Cf. sent. c. Ewers, 19.VII.1980, RRD 72 (1980) 8/513; en sent. c. Stankiewicz, 27.XI.1986, RRD
78 (1986) 7/677.
53 Buscando la palabra «transitus» podemos encontrar en la jurisprudencia múltiples resultados
donde aparece la constatación sobre la necesidad de esta transición. Por ej.: sent. c. Ewers,
22.VII.1981, RRD 73 (1981) 7/364, citado en sent. c. Caberletti, 25.VI.1999, RRD 91 (1999)
8/498; sent. c. Boccafola, 20.V.1999, RRD 91 (1999) 4/386; sent. c. Sable, 26.V.2010, RRD 102
(2010) 8/184.

32 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

de las ideas genéricas a la voluntad actual. Indica que la causa de la simulación


es la fuerza que hace transitar las ideas al campo de la voluntad, para que pue-
dan transformarse en un acto positivo de voluntad54. Colagiovanni añade que,
desde el punto de vista filosófico, psicológico y legal, las causas motivas son
necesarias para que el acto sea un acto de voluntad, consciente y libre55.
La búsqueda de la causa en el proceso puede no ser fácil. Una considera-
ción de Felici, citada por Jarawan, recuerda que la causa puede ser encontrada
en el mismo contrayente, en su naturaleza o en su índole singular o anormal56.
Por eso, a veces, puede ser aconsejable un examen del simulante análogo a
las causas de incapacidad57. En todos los casos, la causa de simulación ha de
ser concreta y definida, porque quien contrae el matrimonio lo hace de una
manera determinada y singular, a saber, con una persona concreta y en deter-
minadas circunstancias del tiempo y lugar58.
Investigando las causas de simulación, pronto descubrimos que es una
realidad muy compleja. Tiene dos componentes: la causa remota y la causa
próxima.

II.2.1.1. Causa simulandi remota


La causa remota de la simulación no suscita muchas dudas, ya que se
reduce a las opiniones o a la disposición del ánimo que nace, como efecto, de
múltiples factores que actúan en la biografía del sujeto59. La mentalidad di-
vorcista puede ser precisamente una causa remota de simulación60. Es como la
base, el fundamento sobre el que se puede realizar el propio acto simulatorio.
Anima o facilita la exclusión de la indisolubilidad matrimonial, actúa como un

54 Cf. sent. c. Bruno, 19.XII.1984, RRD 76 (1984) 3/648.


55 Cf. P. Ricoeur, Philosophie de la volonté: Le volontaire et l’involontaire, Aubier Montane, 163; G.
W. Allport, Pattern and Growth in Personality, New York 1965, pp. 90 et ss; en sent. c. Colagio-
vanni, 12.XI.1985, RRD 77 (1985) 6/479.
56 Cf. sent. c. Felici, 17.III.1959, RRD 51 (1959) 3/167; en sent. c. Jarawan, 11.V.1985, RRD 77
(1985) 237-242. Cf. también: sent. c. Palestro, 26.V.1993, RRD 85 (1993) 4a/415.
57 No existe esta práctica de pericias en casos de la simulación, pero algunos casos singulares como
el de la sent. c. Palestro, 26.VII.1989, RRD 81 (1989) 547-565 (cf. subapartado 3.2.2.1) indican
que la pericia puede ser útil a la hora de juzgar la capacidad de simular de la persona. Aunque no
aparece con frecuencia, esta pericia no está prohibida (cf. can. 1678 §3 MIDI y can. 1574 «Se ha
de acudir al auxilio de peritos siempre que, por prescripción del derecho o del juez, se requiera
su estudio y dictamen, basado en las reglas de una técnica o ciencia, para comprobar un hecho o
determinar la verdadera naturaleza de una cosa»).
58 Cf. sent. c. Sable, 26.V.2010, RRD 102 (2010) 178-187.
59 Cf. sent. c. Doran, 22.II.1990, RRD 82 (1990) 13/131.
60 Cf. sent. c. Stankiewicz, 26.VI.1987, RRD 79 (1987) 5/456.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 33


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«permiso general para divorciarse». Abre ante los contrayentes una «salida de
emergencia» del matrimonio en caso de dificultades futuras. Por motivo de
dudas y temores prematrimoniales puede llevar a una exclusión hipotética de
la indisolubilidad, que haría al matrimonio inválido.
La causa simulandi remota es muchas veces un resultado de la influencia
de varios factores que se cruzan entre ellos y, en efecto, constituyen un fun-
damento para la simulación. Hay sentencias donde una fuerte causa simulandi
remota puede ser la clave para alcanzar la certeza moral. En una sentencia, las
declaraciones de la demandada y de los testigos aseguran la voluntad firme de
acudir al divorcio si las cosas fuesen mal. El ponente pregunta en la sentencia
por qué, entonces, la demandada no pidió el divorcio, cuando después de la
boda empezaron los problemas, sino después de 17 años de vida matrimonial
y con 4 hijos. La respuesta es que, precisamente por la venida de los hijos y
la potencial crítica por parte de la familia del marido, demoró la decisión del
divorcio. El ponente, para explicar el motivo de la decisión afirmativa, explica
que la simulación tuvo una causa grave y proporcionada fácilmente reconoci-
ble61.
Buscando la causa remota de simulación, el juez puede encontrarla fá-
cilmente en la mentalidad divorcista de la parte. Puede ser, sin embargo, ne-
cesaria la investigación de la biografía, para determinar en qué momento y
por qué razón esta mentalidad empezó a influir en las decisiones de la parte62.
Esa mentalidad no siempre es, sin embargo, suficiente para alcanzar fuerza
de prueba. En las sentencias negativas analizadas encontramos con frecuencia
ideas divorcistas que, según los ponentes, no llegan a influir en la voluntad
de las partes. Una testigo en la causa declaraba sobre su hermano actor que,

61 El ponente indica cinco hechos: 1. según la pericia del psicólogo, era una chica que no toleraba
los vínculos y la coacción; 2. fue despedida del colegio por ser «indisciplinada»; 3. tuvo una
razón suficiente para abstenerse de la realización de su intento de ruptura del matrimonio de-
bido al temor de la deshonra; 4. su madre vivía en concubinato muchos años antes de la boda
de la mujer; 5. la hermana mayor de la demandada hasta el año 1976 (la primera demanda en
esta causa fue presentada en el año 1975) se había divorciado ya tres veces. Todos estos hechos,
en opinión del ponente, no sólo indican lo verosímil de la voluntad de la demandada contra la
perpetuidad del vínculo, sino incluso la prueban. Cf. sent. c. Jarawan, 26.X.1984, RRD 76 (1984)
9/563-564.
62 El ponente descubre la buena educación católica del actor, corroborada por varios testimonios.
Luego, sin embargo, admite la confesión del actor, quien declara que en el periodo universitario
adquirió una mentalidad, según la cual el divorcio sería el modo adecuado para terminar la unión
matrimonial si todos los demás modos fallasen. Sent. c. Pinto, 11.VII.2008, RRD 100 (2008)
8/242.

34 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

aunque no era favorable a la división de la familia, siempre pensaba que, si


algo acababa mal y el matrimonio fracasaba, ya «no era lo que antes»63. Esta
declaración presenta las ideas del actor de modo demasiado genérico para que
puedan constituir prueba de la prevalente voluntad contra la indisolubilidad
del matrimonio.

II.2.1.2. Causa simulandi próxima


La causa próxima de simulación, según como afecte al sujeto, puede
–pero no siempre tiene que– afectar a la voluntad matrimonial.
Puede ocurrir que el contrayente acceda a las nupcias libremente, pero
con mal ánimo, porque sea consciente de los motivos que urgen la celebración
del matrimonio y de los contrarios que desaconsejan casarse64. La voluntad
matrimonial, en tal situación, se podría expresar en estas palabras: «aunque
por muchas razones no me hace ilusión, me caso». Sería una voluntad sufi-
ciente para casarse.
El mencionado mal ánimo puede sin embargo evolucionar hacia un ver-
dadero temor a que el matrimonio acabe mal. Entonces puede nacer la volun-
tad de simulación. La perplejidad, las incertidumbres, las dudas graves u otras
causas producen la limitación del consentimiento y, en consecuencia, la nuli-
dad65. En este caso la voluntad matrimonial se expresa: «me caso, pero, como
tengo miedo, restrinjo mi consentimiento y quiero un matrimonio disoluble,
en caso de que se cumplan mis miedos». Hay que subrayar, en este lugar, que
no todo miedo provoca la simulación. El miedo es un fenómeno natural de
la vida humana, como lo observa en una sentencia Turnaturi: «Si vultis nihil
timere, cogitate omnia esse timenda (Seneca, Nat. quaest., 6, 2, 3)»66.
Para que la simulación sea realizada se necesita un impulso que, en la
base de la aceptación general del divorcio –originada por la causa remota–,
producirá la aceptación del divorcio en el caso del matrimonio concreto. Este
impulso lo suelen provocar las dudas sobre el futuro, el miedo al fracaso, los
problemas de convivencia ya antes del matrimonio, el peligro de que el amor

63 «Non è mai stato favorevole alla disgregazione della famiglia, ma ha sempre pensato che, quan-
do una cosa finisce ed il matrimonio fallisce, non è più tale»: sent. c. Palestro, 15.VII.1992, RRD
84 (1992) 6/412.
64 Cf. sent. c. Doran, 22.II.1990, RRD 82 (1990) 13/131.
65 Ibidem.
66 Seneca, Nat. quaest., 6, 2, 3, en sent. c. Turnaturi, 16.V.2002, RRD 94 (2002) 17/342. Cf. http://
www.thelatinlibrary.com/sen/sen.qn6.shtml (acceso: 26.08.2021).

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 35


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desaparezca, otras perplejidades, el deseo de no perder la posibilidad de libre


elección de la pareja en cualquier momento. Muchas veces la falta de este im-
pulso provoca que no se pueda declarar la nulidad.

II.2.2. La causa de celebración


La causa contrahendi es la causa por la cual uno decide manifestar el signo
nupcial a pesar de la falta de voluntad correcta. En muchos casos, la mentali-
dad divorcista facilita el matrimonio en situación de perplejidad. Si hay posibi-
lidad de divorcio, a los nupturientes no les importa «arriesgar» el matrimonio
(«siempre pueden divorciarse»). La causa contrahendi es algo que conduce a la
boda, algo que con la boda se quiere mantener u obtener.
La causa de contraer el matrimonio por excelencia es el amor que atrae a
los amantes –incluso a pesar de las dudas, perplejidades y una voluntad interna
contraria al vínculo permanente–. Luego, la concupiscencia, o sea, la voluntad
de mantener relaciones íntimas, mientras que los padres de alguna de las par-
tes no permiten este tipo de unión si los hijos no se casan. Puede ser una razón
de utilidad, necesidad moral, o también odio, venganza, etc. En las causas de
simulación analizadas podemos observar el papel de la mentalidad divorcista,
con la cual las partes superaron el miedo teniendo en cuenta que, en caso de
fracaso, existe el divorcio. Definir bien la causa contrahendi es muy importante
para poder contrastarla con la causa de simulación y ver cuál de los dos preva-
leció en el acto de contraer.

II.2.3. La causa de separación


La causa de separación suele aparecer en las sentencias negativas para
explicar la separación de hecho, que las partes atribuyen a la presunta simu-
lación y los ponentes, después de la indagación procesal, relacionan con otra
causa. Entre las causas de separación podemos encontrar el amor del marido
hacia otra mujer (o de la mujer hacia otro hombre); las dificultades en la coha-
bitación con los padres de la otra parte; las dificultades económicas; aventuras
amorosas; la traición; el embarazo fuera del matrimonio; o simplemente algu-
na razón que no tenía nada que ver con el contrato matrimonial67.

67 Cf. sent. c. Masala, 29.IV.1986, RRD 78 (1986) 8/323; sent. c. Palestro, 15.VII.1992, RRD
84 (1992) 6/412; sent. c. Stankiewicz, 27.V.1994, RRD 86 (1994) 35/258; sent. c. Faltin,
23.VII.1997, RRD 89 (1997) 7/634; sent. c. Funghini, 19.I.2001, RRD 93 (2001) 29/74; sent.
c. Sable, 12.X.2006, RRD 98 (2006) 14/292.

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LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

II.3. Circunstancias

Las circunstancias de la simulación son el tercer elemento de la prueba,


que tiene que ser investigado detalladamente. Tienen enorme importancia para
alcanzar la certeza moral sobre la nulidad del matrimonio. Las circunstancias
ayudan a descubrir el fondo de las motivaciones de la parte que simula68. A pe-
sar del papel importante de la confesión, las circunstancias antecedentes, sub-
siguientes y concomitantes califican las acciones y las reacciones de las partes69.
Al igual que los elementos anteriores, las circunstancias no tienen fuerza
probatoria independiente. Puede haber circunstancias favorables al vínculo
y que, a pesar de eso, se declare la nulidad70. También puede haber circuns-
tancias pro nullitate y, sin embargo, el juez no declara la nulidad. De hecho, la
controversia sobre las circunstancias es una de las razones que más sentencias
negativas produce.
Como la vida siempre supera lo que nos podemos imaginar, es imposible
realizar un elenco exhaustivo de las posibles circunstancias en las que puede
ocurrir la simulación. Sin embargo, querría presentar algunas circunstancias
determinadas que, con frecuencia, confirman la simulación y están vinculadas
con la mentalidad divorcista.

II.3.1. Antecedentes

II.3.1.1. Participación en el referéndum de Italia de 1974


Un evento muy singular pero que ha tenido un gran impacto social en
el tema del matrimonio y divorcio en Italia y por eso con mucha frecuencia
aparece en las sentencias analizadas de la Rota es el referéndum del año 1974
(véase la nota 19). Ya que la mayoría de las sentencias analizadas proviene de
los tribunales italianos esta circunstancia aparece como argumento reiterado
del origen de la mentalidad divorcista de los simulantes. La participación en
el referéndum sobre la derogación de la ley de divorcio, sea como votante,
sea como voluntario que animaba a los demás a votar sirve para justificar y
probar que alguien se casaba con la voluntad de divorciarse 71. Por supuesto

68 Cf. sent. c. Heredia, 30.X.2012, RRD 104 (2012) 11/328.


69 Cf. sent. c. Verginelli, 18.III.2011, RRD 103 (2011) 10/97.
70 Cf. sent. c. Corso, 25.I.1989, RRD 81 (1989) 55-76.
71 Cf. sent. c. Davino, 18.V.1989, RRD 81 (1989) 9/375-376; sent. c. Vaccarotto, 28.IV.2011, RRD
103 (2011) 193-208.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 37


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es una cosa que en Italia ha tenido un impacto singular ya que este país ha
recibido el divorcio como uno de los últimos en Europa. Pero el caso puede
servir para darnos cuenta de los efectos de las reformas de instituciones tan
fundamentales como es el matrimonio. Una operación social de este tama-
ño llega a tener consecuencias en la vida de las personas concretas. Habrá
que tener en cuenta que en cualquier país puede haber reformas grandes
y hay que contar con la posible influencia en la voluntad matrimonial de
los fenómenos sociales de gran impacto si están relacionados con el matri­
monio.
En un caso concreto los testigos explican la participación de la parte en
el referéndum y gracias a estas declaraciones la causa remota de simulación
resulta confirmada y el matrimonio declarado nulo72.

II.3.1.2. Tranquilidad en la exclusión


Las personas que toman la decisión de casarse con la clara voluntad de
divorciarse, cuando sus familiares les procuran disuadir de su intento, suelen
repetir, como la demandada en una c. Ferraro: «Mamá, no te preocupes, si no
va bien, yo me divorcio»73. Podríamos decir que la tranquilidad del simulante
podría ser una circunstancia que corrobora la intención de excluir la indisolu-
bilidad del matrimonio.

II.3.1.3. Intervención de terceros


Una circunstancia de alta fuerza probatoria es la intervención prematri-
monial de terceros para prevenir el intento de simulación. Pueden ser los pa-
dres del simulante, que escriben una carta al Vicario judicial poniendo en duda
la capacidad del hijo para contraer el matrimonio74; puede ser el testigo quien,

72 «Beniamino, durante il referendum sul divorzio, ha votato a suo favore perché era un divorzista
e credeva in questa istituzione» (Eva); «Beniamino era divorzista sia in genere che con riferi-
mento al suo matrimonio [...]. All’epoca della discussione sul divorzio Beniamino si dichiarava
favorevole, tanto che quando fu indetto il referéndum abrogativo nel 1974, Beniamino e io con
lui, votammo a favore della persistenza della legge» (Orlandus); «Nelle discussioni inerenti al
divorzio Beniamino si dimostrava favorevole» (Caesar): Sent. c. Pinto, 27.III.2009, RRD 101
(2009) 10/41.
73 Sent. c. Ferraro, 5.III.1985, RRD 77 (1985) 8/140.
74 Desgraciadamente la carta no tuvo ningún efecto. El matrimonio fue contraído en el año
1977, las partes se separaron en 1980 y se declaró la nulidad en 2001. Sent. c. Serrano Ruiz,
3.VIII.2001, RRD 93 (2001) 8/602-603.

38 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

conociendo la intención simulatoria antes de la celebración de la boda, pide


consejo al párroco75; puede ser también el mismo párroco, que se da cuenta de
que las partes pretenden simular e intenta disuadirlas76.

II.3.1.4. El amor como circunstancia ambivalente


El tema que recibe un trato más desarrollado en las sentencias, y también
se refiere a las circunstancias, es el tema del amor entre los nupturientes. La
duda que surge, en el contexto de la mentalidad divorcista, es si la intención
del divorcio puede ir en paralelo con un sincero amor que atestiguan los testi-
monios. ¿Sería plausible admitir la exclusión de la indisolubilidad entre unos
nupturientes que se quieren de verdad?
Para responder a la pregunta tenemos que recordar primero la regla fun-
damental: «el consentimiento produce el matrimonio (can. 1057)». El verda-
dero consentimiento matrimonial, aunque expresa y es provocado por el acto
del amor, es un acto de voluntad de los contrayentes libres y conscientes77.
El amor y el consentimiento, aunque suelen estar relacionados, son indepen-
dientes entre sí. Aunque el matrimonio por sí mismo presupone el amor, la
esperanza y el intento de conservarlo78, el amor como vivencia afectiva no es
imprescindible en el consentimiento79. Por eso, el amor no garantiza la falta de
exclusión, ni la falta de amor tampoco prueba la simulación. En las sentencias
encontramos, sin embargo, criterios que atribuyen al amor un valor proba-
torio de indicio, en virtud de la calidad que presenta. En principio, viendo la
fuerza y eficacia del amor, el consentimiento debe ser presumido válido a no
ser que se pruebe lo contrario80.

75 El párroco no verificó las ideas de las partes sobre el matrimonio a prueba, probablemente
porque se trataba de un matrimonio que se fue de la parroquia hace mucho y no pertenecía ya
a la parroquia. El matrimonio contraído en 1990 fue declarado nulo en 2003 (la sentencia fue
apelada). Sent. c. Huber, 30.IV.2003, RRD 95 (2003) 12/246-247.
76 Antes de la boda veía el peligro para la validez del matrimonio por la voluntad del actor para ha-
cerlo «a prueba». De hecho, aconsejó a las partes que contrajeran solo matrimonio civil. Cuando el
sacerdote explicaba las razones por las que no acudió al párroco correspondiente ni al Ordinario de
lugar, dijo que quedaba poco tiempo y además consideraba lo dicho por el actor en confianza como
secreto, casi como continuación de la confesión. Sent. c. Caberletti, 12.I.2006, RRD 98 (2006)
6/21-22.
77 Cf. sent. c. Ragni, 16.XII.1986, RRD 78 (1986) 8/717.
78 Cf. sent. c. Fiore, 18.X.1965, RRD 57 (1965) 6/679; en sent. c. Jarawan, 1.II.1986, RRD 78
(1986) 2/91.
79 Cf. sent. c. Corso, 30.V.1990, RRD 82 (1990) 19/419.
80 Cf. sent. c. Davino, 3.V.1990, RRD 82 (1990) 11/354.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 39


PIOTR ŻUBER

La noción de «amor verdadero», en nuestra materia, quiere expresar el


rechazo absoluto de cualquier limitación del consentimiento. Pero en reali-
dad, muchas veces, hablando del amor, nos quedamos en la esfera del amor
«solamente humano». Este amor no está libre de componente egoísta, y pue-
de admitir la limitación del consentimiento81. Por eso, concluye Fiore que el
amor, a no ser que sea nutrido por la gracia superior, por muy celoso y diligen-
te que fuera, psicológicamente no obsta contra la exclusión de la indisolubili-
dad y especialmente contra la hipotética (si se diera el caso)82.
El amor no hace imposible la exclusión, pero tampoco es un factor que la
haga más probable83. Aún más, la jurisprudencia evidencia que el amor, por su
naturaleza, aspira a la unión perfecta y contradice a la simulación84, pues quien
vive de un amor grande no piensa sobre la futura disolución del vínculo85.
Aunque no garantiza la falta de exclusión, el amor hace más difícil la prueba de
la exclusión, y tanto más cuanto más verdadero sea86.
En una sentencia c. Turnaturi encontramos un pequeño tratado sobre el
amor como circunstancia matrimonial. El ponente cita, entre otros, a Colagio-
vanni que indica dos elementos importantes respecto al amor. Puede ocurrir
que los novios se casen guiados por el amor, pero a la vez puedan identificar el
elemento psicológico –el amor– con el jurídico –el vínculo matrimonial–87. En
efecto, de esta concepción errónea se deriva que la desaparición del amor sig-
nifica para ellos la desaparición del matrimonio. El error sobre la concepción
del matrimonio puede hacer que el amor, por muy sincero que sea, no preva-
lezca sobre la intención contraria a la indisolubilidad o el error determinante
que también puede darse.
La segunda observación del ponente se refiere a la firmeza del amor.
Indica que el amor tiende a la perpetuidad de la unión por su naturaleza, pero
eso no siempre se lleva a cabo. La razón es que el amor no es una realidad on-

81 Cf. sent. c. Davino, 3.V.1990, RRD 82 (1990) 11/355.


82 Cf. sent. c. Fiore, 18.X.1965, RRD 57 (1965) 2/675; en sent. c. Davino, 3.V.1990, RRD 82 (1990)
11/355.
83 El deseo inicial de conservar el matrimonio puede ir junto con la exclusión hipotética e incluir
el amor. Aunque hipotéticamente excluyo el vínculo, espero que tendrá buen fin, por lo menos
en principio. Sent. c. Davino, 15.I.1990, RRD 82 (1990) 11/7-8.
84 Cf. sent. c. Massimi, 30.XII.1927, RRD 19 (1927) 8/553.
85 Cf. sent. c. Felici, 14.VII.1959, RRD 51 (1959) 5/373.
86 Cf. sent. c. Pinta, 27.XI.1969, Baren, A. 226169, n. 11.
87 Cf. sent. c. Colagiovanni, 10.III.1992, Romana, A. 22192, n. 11; en sent. c. Turnaturi, 16.V.2002,
RRD 94 (2002) 19/343.

40 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

tológica, un elemento de la estructura de la persona, sino un elemento psicoló-


gico y, por eso, dinámico, susceptible a cambios88. En el noviazgo se manifiesta
muchas veces espontánea y exteriormente, mientras que en el matrimonio se
verifica a través de la aceptación o rechazo de la persona y de las cualidades
del otro cónyuge89.
La jurisprudencia distingue varios tipos de amor, a saber: sexualis, eroticus,
amicalis, perversus, coniugalis, etc. Por eso hay que investigar bien cada caso, y
no llegar a conclusiones según los axiomas preconcebidos90. Si descubrimos un
amor verdaderamente conyugal, ello puede ser un indicio prevalente contra la
supuesta simulación91. Por otro lado, el amor demasiado sexual no sirve como
argumento contra la simulación, ya que raramente es verdadero y duradero92.
«Cuando alguien tiene como objeto del propio amor solamente el cuerpo de
la persona, y cuando lo único que desea es el placer físico, no se puede hablar
de amor en sentido propio»93.
En resumen, el amor no se opone a la exclusión de la indisolubilidad.
Pero el amor libidinoso no hace presumir el correcto consenso conyugal. La
jurisprudencia indica como puntos de referencia en este tema el magisterio
del Concilio Vaticano II (GS 48) y del Papa S. Juan Pablo II (FC 20). La
conclusión final es que, por la compleja configuración del amor, su presencia
no garantiza que en el momento del consentimiento no hubiera intención de
excluir la indisolubilidad94. Como circunstancia solo puede corroborar otros
elementos de la prueba.

II.3.2. Concomitantes
Las circunstancias concomitantes son las que tienen lugar en la celebra-
ción de la boda. Las más típicas son la falta de ánimo por parte de alguno de

88 Ibidem.
89 Ibidem.
90 Cf. sent. c. Fiore, 25.II.1984, RRD 76 (1984) 6/116; en sent. c. Turnaturi, 16.V.2002, RRD 94
(2002) 21/344.
91 Cf. sent. c. Fiore, 30.IV.1983, RRD 75 (1983) 19/262. Ferraro decía que solamente el amor
«germanus» no se puede componer con la simulación. Sent. c. Ferraro, 16.X.1984, RRD 76
(1984) 14/525-526; en sent. c. Turnaturi, 16.V.2002, RRD 94 (2002) 20/344.
92 Cf. R. von Krafft-Ebing, Psychopathia Sexualis, Milano 1931, 13; en sent. c. Turnaturi,
16.V.2002, RRD 94 (2002) 20/344.
93 Ibidem.
94 Cf. sent. c. Monier, 26.I.2001, RRD 93 (2001) 13/113; en sent. c. Turnaturi, 16.V.2002, RRD 94
(2002) 19-21/341-344.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 41


PIOTR ŻUBER

los contrayentes o la falta de disposición a contraer la alianza conyugal, que se


expresa en un comportamiento inadecuado. La mentalidad divorcista puede
provocar unos acontecimientos muy singulares95.

II.3.3. Subsiguientes
Las circunstancias de la vida después de la boda pueden tener su impor-
tancia en el proceso canónico, aunque no influyan de ninguna manera en el
consentimiento. Pueden, sin embargo, poner de manifiesto cómo las declara-
ciones prematrimoniales han sido realizadas después de la boda.
En una causa, el juez afirmó que el demandado no tanto aceptaba el
divorcio, sino que quería que su matrimonio fuera disoluble 96. La mujer ac-
tora afirma que el intento de recuperación de la libertad fue verdadero, hasta
tal punto que el demandado pidió el divorcio 15 días después de la boda 97.
En este caso la circunstancia subsiguiente confirma el intento antecedente.
Muchas veces ocurre lo contrario, es decir, el presunto simulante testifica
su intención antecedente de romper el vínculo en cuanto surjan problemas,
pero en el trascurso de la vida matrimonial hay muchos intentos de reconci-
liación confirmados por los testigos, que ponen de manifiesto un intento de
«simular la simulación» 98.
Para terminar este epígrafe, mencionamos un ejemplo de una senten-
cia c. Davino. Vemos allí la importancia de la reconstrucción de todos los
hechos y circunstancias, con una especial atención a la cronología de los
sucesos. El actor confiesa que era partidario del divorcio y habló sobre eso

95 En la primera sentencia después de la entrada en vigor del código de 1983 donde aparecen
las partes afectadas por la mentalidad divorcista, nos encontramos con un hecho muy sin-
gular. Se trata de un matrimonio de acatólicos, que fue declarado nulo por la exclusión por
ambas partes del bonum sacramenti. El actor aseguraba en el juicio que, junto con la mujer,
hicieron un pacto. La reserva de que, si por cualquier causa el amor se desvaneciera, se
divorciarían. Como prueba de esa reserva, el ponente presenta el texto del consentimiento
que fue usado en la ceremonia: «Yo, Patsy, tomo a Donald para que sea mi marido, por el
amor y confianza, desde este día en adelante y para crecer en nuestro amor apoyándonos.
Te voy a escuchar y te voy a decir la verdad. Viviremos cada día en el don de Dios mientras
dure el amor». El ministro protestante se dio cuenta del contenido del juramento antes de
empezar la ceremonia e intentó convencer al actor de que cambiase la parte sobre el tér-
mino del matrimonio, pero el novio se negó. Cf. sent. c. Fiore, 31.I.1984, RRD 76 (1984)
8-10/81-82.
96 Cf. sent. c. Stankiewicz, 26.VI.1987, RRD 79 (1987) 8/460.
97 Ibidem.
98 Cf. sent. c. Huber, 27.X.1994, RRD 86 (1994) 532-543.

42 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

libremente con todos (también con la demandada). Para él, el matrimonio


no sería una institución, sino una cosa que se puede superar. Esta ideología
la descubrió el párroco durante la preparación al matrimonio. El sacerdote
envió al actor al obispo para que pidiera permiso para casarse 99. Hasta aquí
parece que las declaraciones unánimemente atestiguan la exclusión firme.
Sin embargo, el actor, después de la conversación con el obispo, conce-
dió declarar por escrito que aceptaría el matrimonio católico con sus notas
distintivas: de la unidad, indisolubilidad y de la prole, y que consentiría en
la educación cristiana de los hijos 100. Esta circunstancia sería una prueba
suficiente para afirmar la existencia de una voluntad matrimonial correcta,
pero solo y cuando no hubiera otra circunstancia. El hecho que prueba la
simulación en este caso es una carta que el actor se envió a sí mismo dos
días antes de la boda (después de firmar el acuerdo ante el obispo). El so-
bre llevaba la fecha de expedición de 7 de mayo de 1981 y el 8 de mayo las
partes se casaron. En esta carta, el actor escribió que se casaba solamente
porque la demandada esperaba un hijo. Él no reconocía el derecho ni de
la Iglesia ni del Estado para codificar los sentimientos de los demás, y se
reservaba el revelar esta declaración escrita cuando lo estimase oportuno.
Pensaba declarar la nulidad de su matrimonio incluso aunque la convivencia
fuera muy buena y, por último, escribió que los hijos no serían bautizados 101.
Una vez comprobada la autenticidad de las cartas y su congruencia con el
comportamiento subsiguiente, no hubo duda de que el matrimonio en este
caso fue nulo.

III. Las sentencias y los decretos de la Rota Romana


en los casos de los afectados por la mentalidad
divorcista

En este epígrafe presentamos las sentencias analizadas en dos grupos. El


primer grupo contiene las decisiones que confirmaron la sentencia de instan-
cia inferior, fuera negativa o afirmativa; el segundo grupo contiene las senten-
cias que rectificaron las decisiones anteriores.

99 Cf. sent. c. Davino, 25.VI.1993, RRD 85 (1993) 9-12/491-492.


100 Ibidem, 17/493.
101 Ibidem.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 43


PIOTR ŻUBER

III.1. Las decisiones confirmatorias

Entre las 196 causas analizadas, en 37 casos no hay sentencia negativa en


ninguna de las instancias judiciales de la causa102.
Son sentencias en las que la prueba no suele suscitar problemas grandes
para el instructor. Se puede reconstruir fiablemente la voluntad de los contra-
yentes, se ven las causas de simulación y de celebración. Si hay controversia
entre las partes, se puede indicar quién goza de mayor credibilidad. Las cir-
cunstancias confirman la voluntad de la simulación. Por estas razones, algunos
ponentes redactan estas sentencias en no más de un par de páginas.
Hay también 26 sentencias en las que la segunda instancia confirma la
decisión anterior de que no consta la nulidad del matrimonio103. En éstas, los

102 Cf. Sent. c. De Lanversin, 18.II.1984, RRD 76 (1984) 99-107; sent. c. Jarawan, 26.X.1984, RRD
76 (1984) 555-564; sent. c. Giannecchini, 11.XII.1984, RRD 76 (1984) 611-619; sent. c. Serrano,
22.II.1985, RRD 77 (1985) 122-141; sent. c. Ferraro, 5.III.1985, RRD 77 (1985) 138-141; sent.
c. Funghini, 30.X.1985, RRD 77 (1985) 461-467; sent. c. Jarawan, 1.II.1986, RRD 78 (1986) 90-93;
sent. c. Jarawan, 16.IV.1986, RRD 78 (1986) 282-286; sent. c. Serrano, 24.X.1986, RRD 78 (1986)
557-568; sent. c. Di Felice, 15.XI.1986, RRD 78 (1986) 634-641; sent. c. Bruno, 26.VI.1987, RRD
79 (1987) 445-453; sent. c. Stankiewicz, 26.VI.1987, RRD 79 (1987) 454-463; sent. c. Pompedda,
11.IV.1988, RRD 80 (1988) 193-197; sent. c. Boccafola, 16.I.1989, RRD 81 (1989) 9-15; sent.
c. Funghini, 22.II.1989, RRD 81 (1989) 129-141; sent. c. Davino, 18.V.1989, RRD 81 (1989) 372-
378; sent. c. Civili, 20.VI.1989, RRD 81 (1989) 436-443; sent. c. Pompedda, 17.VII.1989, RRD
81 (1989) 507-513; sent. c. Davino, 15.I.1990, RRD 82 (1990) 1-8; sent. c. Civili, 21.II.1990, RRD
82 (1990) 120-125; sent. c. Doran, 22.II.1990, RRD 82 (1990) 126-137; sent. c. Civili, 26.VI.1990,
RRD 82 (1990) 565-571; sent. c. Stankiewicz, 25.IV.1991, RRD 83 (1991) 280-291; sent. c. Pale-
stro, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 63-71; sent. c. De Lanversin, 15.VI.1992, RRD 84 (1992) 349-
362; sent. c. Davino, 25.VI.1993, RRD 85 (1993) 486-494; sent. c. Bottone, 8.VI.2000, RRD 92
(2000) 451-459; sent. c. Monier, 26.I.2001, RRD 93 (2001) 105-113; sent. c. Monier, 16.II.2001,
RRD 93 (2001) 154-162; sent. c. Serrano Ruiz, 3.VIII.2001, RRD 93 (2001) 599-607; sent. c. Tur-
naturi, 16.V.2002, RRD 94 (2002) 334-366; sent. c. Monier, 27.VI.2003, RRD 95 (2003) 439-447;
sent. c. Ciani, 14.VII.2004, RRD 96 (2004) 485-499; sent. c. Caberletti, 12.I.2006, RRD 98 (2006)
10-24; sent. c. Stankiewicz, 18.VI.2008, RRD 100 (2008) 193-205; sent. c. Monier, 29.XII.2010,
RRD 102 (2010) 370-381; sent. c. Monier, 20.II.2013, RRD 105 (2013) 42-47.
103 Cf. Sent. c. Serrano, 13.I.1984, RRD 76 (1984) 10-16; sent. c. Masala, 26.VI.1985, RRD 77

(1985), 334-342; sent. c. Masala, 29.IV.1986, RRD 78 (1986) 318-327; sent. c. Jarawan, 1.IV.1987,
RRD 79 (1987) 206-210; sent. c. Bruno, 18.XII.1987, RRD 79 (1987) 762-773; sent. c. Masala,
24.I.1989, RRD 81 (1989) 33-41; sent. c. Jarawan, 8.I.1992, RRD 84 (1992) 1-10; sent. c. Davino,
26.XI.1992, RRD 84 (1992) 588-592; sent. c. Giannecchini, 19.XI.1993, RRD 85 (1993) 683-694;
sent. c. Giannecchini, 26.IV.1994, RRD 86 (1994) 195-205; sent. c. Stankiewicz, 27.V.1994, RRD
86 (1994) 241-259; sent. c. Huber, 16.VI.1994, RRD 86 (1994) 324-336; sent. c. Giannecchini,
13.X.1995, RRD 87 (1995) 546-556; sent. c. Pompedda, 23.X.1998, RRD 90 (1998) 622-635; sent.
c. Ferreira Pena, 15.XII.2000, RRD 92 (2000) 722-729; sent. c. Boccafola, 28.VI.2001, RRD 93
(2001) 440-447; sent. c. Stankiewicz, 25.X.2001, RRD 93 (2001) 691-714; sent. c. Ferreira Pena,
3.XII.2004, RRD 96 (2004) 832-842; sent. c. Sable, 26.IV.2007, RRD 99 (2007) 130-141; sent.

44 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

jueces encuentran motivos suficientes para descartar la posibilidad de declarar


la nulidad, porque aparecen evidencias del buen comienzo del matrimonio,
causas de la ruptura de la convivencia venida después de la boda y, a veces,
indicios de maquinación con el fin de obtener la nulidad.
En este punto cabe recordar que la jurisprudencia de la Rota Romana no
consiste únicamente en las sentencias. Una muestra muy importante de la ac-
tividad de este Tribunal Apostólico la encontramos en la revista «Decreta», que
recoge los decretos rotales. La admisión de la sentencia al trámite ordinario
se realiza precisamente por decreto (DC art. 265 §1)104. Como son decisiones
motivadas, en la admisión de las causas de simulación o del error determinante
muchas veces tratan el tema del error sobre la indisolubilidad. Antes de entrar
en las sentencias que confirman la decisión de la instancia anterior, repasamos
el contenido de los decretos que confirmaron las sentencias afirmativas de
la primera instancia sin enviarlas al trámite ordinario, y los demás decretos
donde el tema de la reserva de divorcio u otro relacionado con la simulación
provocó la falta de certeza moral y el envío de la sentencia al trámite ordinario.
Tenemos que señalar que las siguientes observaciones se refieren al pe-
riodo cuando la confirmación de la sentencia afirmativa por el tribunal de
la instancia superior era obligatoria. Se entiende que había gran cantidad de
sentencias y muchos decretos por los que se confirmaba estas sentencias o se
las enviaba al examen ordinario.

III.1.1. Los decretos que confirman la sentencia afirmativa


Entre los decretos publicados que tratan de alguna manera el tema de la
mentalidad divorcista de las partes, hemos encontrado seis que confirman la
sentencia afirmativa de la instancia anterior 105. Se pudo tomar estas decisio-
nes porque lo alegado y probado denotaba una fuerte voluntad prematrimo-

c. Sable, 3.V.2007, RRD 99 (2007) 149-159; sent. c. Turnaturi, 31.V.2007, RRD 99 (2007) 178-
187; sent. c. Sable, 26.V.2010, RRD 102 (2010) 178-187; sent. c. Verginelli, 18.III.2011, RRD 103
(2011) 94-100; sent. c. Yaacoub, 25.V.2011, RRD 103 (2011) 251-266; sent. c. McKay, 25.X.2011,
RRD 103 (2011) 403-411; sent. c. Salvatori, 6.VII.2012, RRD 104 (2012) 210-217.
104 Como el periodo investigado acaba antes de la entrada en vigor del MIDI nos referimos a la ley

que era vigente en este tiempo.


105 Cf. decr. c. Stankiewicz, 20.I.1998, Decreta 16 (1998) 7-13; decr. c. Defilippi, 15.X.1998, Decre-

ta 16 (1998) 299-305; decr. c. Monier, 28.V.1999, Decreta 17 (1999) 155-162; decr. c. Caberletti,
21.X.1999, Decreta 17 (1999) 258-267; decr. c. Stankiewicz, 15.XII.1999, Decreta 17 (1999)
347-352; decr. c. Defilippi, 14.XII.2000, Decreta 18 (2000) 314-320.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 45


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nial de divorcio. Los decretos tienen buena estructura y dejan claro que los
matrimonios no han sido contraídos válidamente por la exclusión del bonum
sacramenti.

III.1.2. Los decretos que admiten la causa al examen ordinario


Las razones por las que los jueces envían las causas al examen ordinario
son muy diversas. Una de las primeras es la falta del acto positivo de voluntad,
cuando consta la mentalidad contraria a la indisolubilidad, pero no consta acto
positivo de voluntad simulatoria106. Otro motivo son las declaraciones de los
testigos contrarios a la voluntad de simulación107. También la ausencia de causa
de simulación lleva a que no se confirme la sentencia de la instancia anterior108.
En un decreto, los jueces tienen la impresión de una gran deficiencia de la
prueba, casi como si la sentencia hubiera sido emitida sin certeza moral109. La
insuficiencia de la prueba, como también las lagunas en su valoración, causan,
con frecuencia, el envío de la causa al examen ordinario110.

106 Cf. decr. c. Ferraro, 13.XI.1984, Decreta 2 (1984) 5/126.


107 Cf. decr. c. Ferraro, 13.XI.1984, Decreta 2 (1984) 8/127. En este caso, en el momento de la
boda no parecía que hubiera alguna duda o perplejidad respecto al éxito del matrimonio. Un
año después de la boda un testigo –el hermano del actor– se enteró de que la demandada había
traicionado a su marido. El hermano excluye la idea de que pudiera haber propósito prenupcial
contra la indisolubilidad.
108 Cf. decr. c. Di Felice, 19.I.1985, Decreta 3 (1985) 4-6/7. Las circunstancias subsiguientes tes-

tifican el consentimiento realizado correctamente. La sentencia anterior presentaba un error


del actor acerca de la indisolubilidad. Según el ponente del decreto, la gravedad del error haría
posible la exclusión de esa propiedad. Sin embargo, su voluntad de casarse por la Iglesia y la im-
portancia de la preparación prematrimonial de la celebración confirmada por los testigos hacen
dudar de la verdadera voluntad de exclusión. Cf. decr. c. Jarawan, 27.XI.1985, Decreta 3 (1985)
4/258. Según el ponente no hay causa remota ni próxima de simulación. Indica que la presentada
no es ni segura ni grave, o sea, que nada supera «vehementissimum sponsae amorem de se perpetuum
duraturum» que por naturaleza lleva al matrimonio válido.
109 Cf. decr. c. Jarawan, 27.XI.1985, Decreta 3 (1985) 7/259. La sentencia anterior contiene una

afirmación sobre la falta de una certeza palmaria: «Quindi, complessivamente, la prova diretta
–et adicere Nobis liceat etiam indirecta– della esclusione dell’indissolubilità da parte della Con-
venuta risulta un po’ scarsa. (...) non siamo in grado, in base al materiale istruttorio, di avere la
palmare certezza che Gemma ha escluso l’indissolubilità...». A pesar de eso, el tribunal inferior
emite sentencia afirmativa.
110 Cf. decr. c. Masala, 23.II.1988, Decreta 6 (1988) 46-50. La mujer actora manifestó sus ideas

favorables al divorcio (4/47-48), pero también se pronunció sobre su educación religiosa y co-
nocimiento de la doctrina en esta materia (4/47-48). El ponente resume que, de estas decla-
raciones, de ningún modo se puede demostrar la positiva intención de la mujer de excluir la
indisolubilidad. Tampoco se ven motivos para simular más fuertes que los que hay para contraer
matrimonio. El decreto recoge unas declaraciones en las que la mujer actora quiso hacer una

46 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

Las dudas para no confirmar la sentencia pueden ser originadas también


por circunstancias contrarias a la exclusión de la indisolubilidad111. En uno de
los decretos encontramos un análisis que llega a la conclusión de que, en la
causa, se ha probado sólo una voluntad simulatoria interpretativa, y el tema de
divorcio surgió de hecho mucho después de la boda112.
En el momento de la aceptación de la demanda podemos descubrir algunos
errores que cometieron los jueces de la instancia inferior. Son errores que sus-
citan una duda razonable, por lo que no se puede confirmar la sentencia por de-
creto. El primer error es una indiferencia respecto a la confesión creíble contra-
ria a la simulación aducida en la instancia inferior. Según el ponente, la primera
instancia no presentó ninguna razón para denegar la confesión de la demandada,
por lo que la sentencia ha sido enviada al trámite ordinario113. Algunos decretos
estiman que la valoración de los hechos de la primera instancia fue equivocada.
Pinto indica que la sentencia anterior admitió como causa de la simulación un
error pertinaz que no determinaba la voluntad. Según los ponentes de aquel tri-
bunal, el error evidenciaba la existencia de simulación. Pinto protesta diciendo
que eso no está de acuerdo con la doctrina114. Explica que, en este caso, el error
solo podría ser la causa remota de la simulación, pero falta la causa próxima. El

prueba o incluso recuperar su voluntad en caso de fracaso, pero son todas muy generales y no
bastan para la certeza de la exclusión (5/49); Decr. c. Funghini, 20.IV.1988, Decreta 6 (1988)
2/90. Al ponente le faltan causas de separación. La impresión del testigo de que la parte simu-
lante se habría divorciado en caso de necesidad, no dice nada sobre el acto de exclusión.
111 Cf. decr. c. Giannecchini, 17.I.1986, Decreta 4 (1986) 3/2-3. El actor afirmaba en la primera

instancia, con toda firmeza, que se había reservado el derecho al divorcio si las cosas fueran mal.
El ponente indica dos circunstancias en contra. Primero: en la familia del actor todos recibían
la enseñanza de que el matrimonio valía para toda la vida, y los amigos ignoraban su mentalidad
contraria al matrimonio. Segundo: entre las declaraciones prevalecen afirmaciones de una incli-
nación hipotética al divorcio. Los testigos tienen más bien impresiones de que el actor se habría
divorciado, que conocimiento de sus ideas respecto al divorcio y la indisolubilidad.
112 Cf. decr. c. Corso, 8.X.1986, Decreta 4 (1986) 7/131. Los ponentes indican la causa contrahendi

en la voluntad de tener hijos y la falta de causa simulandi. Solo parece ser una voluntad inter-
pretativa. El actor no habló nunca de consentimiento condicionado ni de divorcio, ni siquiera
después de los primeros 3 abortos. Solo después del cuarto y cuando empezó el proceso surgió
el tema de exclusión.
113 Cf. decr. c. Masala, 14.X.1986, Decreta 4 (1986) 10/141. Tenemos, en este caso, una controversia

entre las partes donde el argumento central es la prole. El actor afirma que hacía depender el
futuro matrimonio de la prole que iba a nacer. Se divorciaría si no nacieran hijos. La demandada
afirma que, antes del matrimonio, confesó a su futuro marido que por razones de salud podía te-
ner problemas para concebir y dar a luz, pero el actor aseguraba que los hijos no eran necesarios
para su futura felicidad.
114 Cf. E. Graziani, Mentalità divorzistica ed esclusione della indissolubilità del matrimonio, in «Ephe-

merides iuris canonici» 34 (1978) 18 ss; en decr. c. Pinto, 27.III.1987, Decreta 5 (1987) 4/58.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 47


PIOTR ŻUBER

ponente estima que, en el caso, falta la prueba directa e indirecta de la simula-


ción. Se envía la causa al examen ordinario.
También Boccafola hace una explicación respecto al error115. Recuerda que
el error acerca de la propiedad esencial que permanece en la esfera del intelecto
no pasa automáticamente a la zona del juicio práctico. En opinión del ponente
del decreto, el juez de primera instancia, aunque mencionó este mecanismo,
finalmente dictó sentencia afirmativa, cometiendo un error procesal116.
En otra causa, los jueces de la primera instancia concedieron la nulidad a
pesar de que las ideas del actor sobre el divorcio eran muy hipotéticas, él no se
consideraba divorcista y quería casarse a toda costa. A pesar de todo esto, los
jueces optan por la nulidad con base en otra confesión del actor: de la aparente
admisión del divorcio como «una alternativa» en su situación «lamentable».
Las discrepancias concluyen con una frase: «Ma chi potrà pretendere di trova-
re sempre logico l’atteggiamento dell’uomo»117.
A veces, la crítica por parte de los ponentes rotales es muy contundente.
Monier, en un decreto, resume el razonamiento de la instancia inferior. Según
aquellos jueces, la fragilidad de la vida en común y el defecto de la unidad
prueban la exclusión de la indisolubilidad. Según Monier, este modo de razo-
nar carece de lógica jurídica y no prueba nada118.
Un error más en la valoración de la prueba ocurre cuando se ignoran cir-
cunstancias importantes recogidas durante la instrucción. Un decreto c. Stan-
kiewicz envía al examen ordinario la causa de un matrimonio declarado nulo
por error determinante de voluntad del actor. Es muy importante la obser-
vación del defensor del vínculo de la primera instancia. Dice que, aunque se
reconoce que el actor vivía en un ambiente donde había varios divorcios, no
hay evidencias para determinar la exclusión de la indisolubilidad u otras evi-
dencias que permitieran conocer sus sentimientos respecto al matrimonio. El
actor mismo se divorció, pero no por eso aceptaba esta institución como un
medio común para resolver dificultades matrimoniales119. El ponente indica

115 Cf. decr. c. Boccafola, 23.X.1996, Decreta 15 (1997) 3/225.


116 El problema que indica el autor del decreto es que el tribunal de la primera instancia cambió
el capítulo de nulidad de exclusión parcial (can. 1101 §2) a error determinante (can. 1099) sin
petición de las partes. Según el can. 1514 del CIC este cambio solo se puede efectuar por una
causa grave, a instancia de partes y a través del decreto.
117 Decr. c. Funghini, 14.VI.1989, Decreta 7 (1988) 2-4/132-133.
118 Cf. decr. c. Monier, 17.III.1998, Decreta 16 (1998) 9/189-190.
119 Cf. decr. c. Stankiewicz, 27.XI.1997, Decreta 15 (1997) 10/256.

48 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

los defectos de la instrucción: los testigos han declarado por escrito, o sea, sin
presencia de juez o notario; las preguntas dirigidas no fueron preparadas con-
cretamente para la instrucción de la causa por el capítulo del error determi-
nante. Según el ponente rotal, el juez único de la primera instancia sucumbió
más a sus presunciones que al contenido de las declaraciones de los testigos y,
por eso, deprisa, emitió una sentencia afirmativa120.
El último error que hemos encontrado es de naturaleza muy técnica. Se
trata de la calificación del propósito de divorcio civil como exclusión de la in-
disolubilidad. Stankiewicz menciona que el propósito de usar el divorcio civil
(expresado por la reserva del actor a recurrir en el futuro al divorcio civil) no
excluye automáticamente la voluntad de vincularse perpetuamente121. Por eso,
en base a este argumento, no puede constatar la nulidad con toda certeza y la
causa exige un examen ordinario.

III.1.3. Las sentencias confirmatorias


Una vez analizados los decretos pasamos a las sentencias, donde tenemos
27 que confirman la anterior sentencia negativa122 y 33 que confirman la ante-
rior sentencia afirmativa123.

120 Ibidem, 10/257.


121 Cf. sent. c. Stankiewicz, 27.V.1994, RRD 86 (1994) 15/248-249; en decr. c. Stankiewicz,
26.XI.1998, Decreta 16 (1998) 14/355. El mismo Stankiewicz explica que directamente excluye
la indisolubilidad una persona que se reserva radicalmente el derecho a disolver el vínculo matri-
monial, o sea, la facultad de recurrir al divorcio Sent. c. Stankiewicz, 26.XI.1998, RRD 90 (1998)
10/761 (cf. FC 82).
122 Cf. Sent. c. Serrano, 13.I.1984, RRD 76 (1984) 10-16; sent. c. Masala, 26.VI.1985, RRD 77 (1985)

334-342; sent. c. Masala, 29.IV.1986, RRD 78 (1986) 318-327; sent. c. Jarawan, 1.IV.1987, RRD 79
(1987) 206-210; sent. c. Bruno, 18.XII.1987, RRD 79 (1987) 762-773; sent. c. Masala, 24.I.1989, RRD
81 (1989) 33-41; sent. c. Jarawan, 8.I.1992, RRD 84 (1992) 1-10; sent. c. Davino, 26.XI.1992, RRD
84 (1992) 588-592; sent. c. Giannecchini, 19.XI.1993, RRD 85 (1993) 683-694; sent. c. Giannecchini,
26.IV.1994, RRD 86 (1994) 195-205; sent. c. Stankiewicz, 27.V.1994, RRD 86 (1994) 241-259; sent.
c. Huber, 16.VI.1994, RRD 86 (1994) 324-336; sent. c. Giannecchini, 13.X.1995, RRD 87 (1995)
546-556; sent. c. Pompedda, 23.X.1998, RRD 90 (1998) 622-635; sent. c. Ferreira Pena, 15.XII.2000,
RRD 92 (2000) 722-729; sent. c. Boccafola, 28.VI.2001, RRD 93 (2001) 440-447; sent. c. Stankie-
wicz, 25.X.2001, RRD 93 (2001) 691-714; sent. c. Caberletti, 12.VI.2003, RRD 95 (2003) 359-383;
sent. c. Ferreira Pena, 3.XII.2004, RRD 96 (2004) 832-842; sent. c. Sable, 26.IV.2007, RRD 99 (2007)
130-141; sent. c. Sable, 3.V.2007, RRD 99 (2007) 149-159; sent. c. Turnaturi, 31.V.2007, RRD 99
(2007) 178-187; sent. c. Sable, 26.V.2010, RRD 102 (2010) 178-187; sent. c. Verginelli, 18.III.2011,
RRD 103 (2011) 94-100; sent. c. Yaacoub, 25.V.2011, RRD 103 (2011) 251-266; sent. c. McKay,
25.X.2011, RRD 103 (2011) 403-411; sent. c. Salvatori, 6.VII.2012, RRD 104 (2012) 210-217.
123 Cf. Sent. c. De Lanversin, 18.II.1984, RRD 76 (1984) 99-107; sent. c. Giannecchini,

11.XII.1984, RRD 76 (1984) 611-619; sent. c. Serrano, 22.II.1985, RRD 77 (1985) 122-141;

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 49


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La necesidad de un nuevo examen de la causa significa que, a la hora de la


admisión, el juez no podía confirmarla con certeza moral a través del decreto.
A veces, los ponentes rotales aprovechan el nuevo examen para explicar mejor
algunos temas. Podemos verlo en un ejemplo de las tres sentencias del mismo
Tribunal de la Rota Romana donde el ponente de la segunda sentencia –la
definitiva– advierte que no hay razón para repetir toda la argumentación de la
causa, pero él quiere explicar un asunto para que se pueda entender con más
claridad de qué manera se ha realizado la simulación124.
Dos sentencias afirmativas (sent. c. Pompedda, 6.XII.1990, RRD 82
(1990) 834-846; sent. c. Faltin, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 72-84) declaran
en la primera y en la segunda instancia la nulidad del matrimonio que otra
sentencia rotal (sent. c. Jarawan, 23.II.1987, RRD 79 (1987) 55-60) no había
juzgado nulo. Después de la doble negativa la actora pide la nueva proposi-
ción de causa. La petición es rechazada por la Rota, pero luego, después de la
apelación, se admite al nuevo examen. Pompedda, como razón de recepción
de la causa, indica que había un prejuicio injusto de que la mujer solo quería la
nulidad por su condición postnupcial y no por un propósito prenupcial contra
la indisolubilidad. Los ponentes indican que había habido una calificación in-
correcta de las declaraciones de algunos testigos. Se les asignó fuerza de prue-
ba plena según el can. 1573, pero sus declaraciones de ninguna manera eran

sent. c. Ferraro, 5.III.1985, RRD 77 (1985) 138-141; sent. c. Funghini, 30.X.1985, RRD 77
(1985) 461-467; sent. c. Jarawan, 1.II.1986, RRD 78 (1986) 90-93; sent. c. Jarawan, 16.IV.1986,
RRD 78 (1986) 282-286; sent. c. Serrano, 24.X.1986, RRD 78 (1986) 557-568; sent. c. Di
Felice, 15.XI.1986, RRD 78 (1986) 634-641; sent. c. Bruno, 26.VI.1987, RRD 79 (1987) 445-
453; sent. c. Stankiewicz, 26.VI.1987, RRD 79 (1987) 454-463; sent. c. Pompedda, 11.IV.1988,
RRD 80 (1988) 193-197; sent. c. Boccafola, 16.I.1989, RRD 81 (1989) 9-15; sent. c. Funghini,
22.II.1989, RRD 81 (1989) 129-141; sent. c. Davino, 18.V.1989, RRD 81 (1989) 372-378;
sent. c. Civili, 20.VI.1989, RRD 81 (1989) 436-443; sent. c. Pompedda, 17.VII.1989, RRD
81 (1989) 507-513; sent. c. Davino, 15.I.1990, RRD 82 (1990) 1-8; sent. c. Civili, 21.II.1990,
RRD 82 (1990) 120-125; sent. c. Doran, 22.II.1990, RRD 82 (1990) 126-137; sent. c. Civili,
26.VI.1990, RRD 82 (1990) 565-571; sent. c. Stankiewicz, 25.IV.1991, RRD 83 (1991) 280-
291; sent. c. Palestro, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 63-71; sent. c. De Lanversin, 15.VI.1992,
RRD 84 (1992) 349-362; sent. c. Bottone, 8.VI.2000, RRD 92 (2000) 451-459; sent. c. Monier,
26.I.2001, RRD 93 (2001) 105-113; sent. c. Monier, 16.II.2001, RRD 93 (2001) 154-162;
sent. c. Serrano Ruiz, 3.VIII.2001, RRD 93 (2001) 599-607; sent. c. Turnaturi, 16.V.2002,
RRD 94 (2002) 334-366; sent. c. Monier, 27.VI.2003, RRD 95 (2003) 439-447; sent. c. Ciani,
14.VII.2004, RRD 96 (2004) 485-499; sent. c. Caberletti, 12.I.2006, RRD 98 (2006) 10-24;
sent. c. Monier, 20.II.2013, RRD 105 (2013) 42-47.
124 Sent. c. Faltin, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 17/77: «Nec ratio est ut eadem hinc repetamus, brevi-

tatis quidem causa, nisi ad maiorem adhuc claritatem adhibendam atque veritatem adipiscendam
id necessarium ac opportunum videbitur».

50 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

conocimientos vinculados con el oficio125. Fueron solamente las impresiones


de sacerdotes que tuvieron algún papel en la preparación al matrimonio de
la pareja. La sentencia c. Faltin dice, además, que la sentencia de Jarawan no
se ha fijado en la índole psicológica del simulante, y por eso ha emitido una
sentencia errónea126.

III.2. Las sentencias que rectifican las anteriores

La mayor parte de las sentencias no son tan evidentes y necesitan una


investigación más detallada. De las 196 sentencias, 127 contienen una decisión
distinta respecto a aquella del tribunal inferior. Por eso, en el siguiente aparta-
do, indagamos cuáles son las razones por las que el tribunal de Rota Romana
decide en el mismo caso otra cosa que el tribunal inferior.
En este apartado, presentamos primero los errores que los ponentes in-
dican como fuentes de la decisión equivocada de la instancia inferior. Luego,
los medios que sirven a los ponentes en la instrucción supletoria para reformar
la sentencia. Después, intentaremos repasar las sentencias donde hubo los cri-
terios de la valoración de la prueba, que tuvieron el papel fundamental en la
rectificación.
La sentencia afirmativa en el proceso canónico puede ser emitida si se
consigue certeza moral respecto a la nulidad del matrimonio. Para eso es nece-
sario excluir la duda razonable, o sea, fundada sobre una razón positiva. No se
puede exigir la certeza absoluta que excluyera incluso la mera probabilidad de
lo contrario127. Si el juez no alcanza la certeza moral, tiene que declarar que no
se ha probado la nulidad del matrimonio. Hay que subrayar que la sentencia
negativa no es una sentencia que declara la probada validez del matrimonio,
sino que es una sentencia donde no se llega a declarar la nulidad. En un pro-
ceso se puede entender la coexistencia de las sentencias afirmativas y negativas
porque, en función de «lo alegado y probado» (can. 1608 §2), las pruebas
aportadas en instancias diversas pueden tanto llevar a excluir cualquier duda
razonable como también a suscitar más dudas y, en consecuencia, provocar un

125 Cf. sent. c. Pompedda, 6.XII.1990, RRD 82 (1990) 8/837.


126 Cf. sent. c. Faltin, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 18/78.
127 Es una regla bastante asentada en la jurisprudencia que aparece en la jurisprudencia citada de

las alocuciones al Tribunal de la Rota Romana del Pío XII (véase nota 367); cf. sent. c. Defilippi,
22.XI.1996, RRD 88 (1996) 9/751.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 51


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cambio de sentencia. Hay que admitir, sin embargo, que el juez puede también
cometer un error valorando las pruebas y, por este motivo, emitir una senten-
cia incorrecta128.
La instrucción supletoria y la nueva verificación de los hechos pueden
proporcionar argumentos suficientes para cambiar la decisión de la instancia
anterior. Quiero recoger aquí cómo los jueces en las causas analizadas han
conseguido alcanzar la certeza moral, mientras que los de la primera o segun-
da instancia no lo consiguieron.

III.2.1. Los vicios de las sentencias rectificadas

Cuando la sentencia corrige la del tribunal o del turno inferior, el ponen-


te debe referirse de alguna manera a los argumentos principales de la sentencia
infirmada. Estas explicaciones tienen un valor muy alto, porque indican faltas
de la instrucción o errores del razonamiento, y aportan mucho material para
los procesos futuros. Entre otras cosas, los ponentes del Tribunal de la Rota
Romana expresan sus quejas contra la instrucción129 y problemas con la valo-
ración de la prueba recogida.

III.2.1.1. Errores en la instrucción y valoración de la prueba


Los errores de los tribunales inferiores indicados por los ponentes de la
Rota son muy variados: una deducción incorrecta130, que hubiera «difficultates,
ambiguitates, obscuritates, argumentorum defectus rem probantium»131, valoración
equivocada de las declaraciones o los hechos132, un formalismo exagerado133,
errores causados por ignorar la cronología del caso y por una cierta parcialidad
a favor de una de las partes134 y, a veces, el modo inadmisible de preguntar en

128 Para proteger a los fieles de un error y de una sentencia injusta, las causas sobre el estado de la
persona nunca pasan a ser cosa juzgada (can. 1643 CIC), por lo que siempre, además de la apela-
ción, existe posibilidad de conseguir una sentencia justa a través de una nueva proposición de la
causa si aparecen nuevas pruebas en el caso.
129 Cf. sent. c. Funghini, 5.VI.1996, RRD 88 (1996) 6/438 (En la primera instancia (neg) había 6

capítulos de nulidad y la instrucción no ha sido bien hecha); sent. c. Defilippi, 22.XI.1996, RRD
88 (1996) 11/752-753 (imperfecciones); sent. c. Jarawan, 11.V.1985, RRD 77 (1985) 6/241 (la-
gunas en la instrucción).
130 Cf. sent. c. Palestro, 26.V.1993, RRD 85 (1993) 4c/416.
131 Sent. c. Sciacca, 17.XII.2004, RRD 96 (2004) 14/915.
132 Cf. sent. c. Jarawan, 29.IV.1992, RRD 84 (1992) 8/219.
133 Cf. sent. c. Pinto, 14.I.2000, RRD 92 (2000) 15/16.
134 Cf. sent. c. Stankiewicz, 13.XII.2001, RRD 93 (2001) 46-60/806-813.

52 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

la instrucción135. A ello se pueden sumar los errores señalados en los decretos


(apartado 3.1.2.). Todos los errores producidos por estos fallos pueden ser
reparados para que la sentencia refleje la verdad sobre el matrimonio en cada
caso. Es esa reparación lo que lleva al final a una decisión contraria respecto a
la de instancia inferior.

III.2.1.2. La insuficiencia de la prueba o la falta de alguno de sus elementos


Cada causa matrimonial tiene su contexto propio, y no se puede esperar
que en todos los casos la instrucción permita recoger todos los elementos de
la prueba. La falta de la prueba, muchas veces, es lo que provoca dificultades
en la valoración de la voluntad matrimonial de los nupturientes. En ocasiones,
durante la instrucción, se descubre que no hay prácticamente ningún argu-
mento contra la validez del matrimonio136, pero puede ser también la ausencia
de algún elemento particular.
Primero, podemos mencionar la confesión del simulante137. La jurispruden-
cia acepta que la confesión judicial no es un elemento absolutamente imprescin-
dible en la prueba, porque no se puede descubrir la verdad solo en función de un
elemento, sino en base a la totalidad de la prueba138. Tenemos que admitir, sin
embargo, que la falta de confesión tiene su peso, y puede provocar dudas respec-
to a la exclusión, si no encuentra fuerte confirmación en los demás elementos.
Algunos jueces indican como vicio de la prueba también la falta de confesion
extrajudicial139. La sola circunstancia que parece indicar la actitud favorable res-
pecto al divorcio, como la participación en el referéndum del divorcio, no tiene
fuerza probatoria si no sabemos nada sobre la intención de contraer de la parte.
Otro elemento de prueba que, frecuentemente, falta en las sentencias
analizadas es la causa de simulación140. Incluso si alguien tiene tendencias di-

135 Cf. sent. c. Stankiewicz, 18.VI.2008, RRD 100 (2008) 193-205. La sentencia recoge el momento
de la instrucción, cuando el actor estaba declarando en juicio. El auditor preguntó: «You have
said you preferred this marriage to succeed, but that you married with the thought that it was
dissoluble, that is, that either of you could dissolve it and get out of it if it was not satisfactory?
Is it correct?». El actor respondió: «Yes, absolutely».
136 Eso caracteriza algunas de las sentencias doble negativas. Cf. sent. c. Serrano, 13.I.1989, RRD

81 (1989) 1-8; sent. c. Turnaturi, 31.V.2007, RRD 99 (2007) 178-187.


137 Cf. sent. c. Giannecchini, 16.XII.1983, RRD 75 (1983) 727-736; sent. c. Serrano, 13.I.1984,

RRD 76 (1984) 10-16.


138 Cf. sent. c. Rogers, 19.XII.1964, RRD 56 (1964) 6/956.
139 Cf. sent. c. Sable, 26.V.2010, RRD 102 (2010) 178-187.
140 Cf. sent. c. Davino, 21.IV.1988, RRD 80 (1988) 268-274.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 53


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vorcistas, pero no hay razón que hubiera dado impulso a la simulación, no se


puede hablar sobre una exclusión implícita141.
Como en el proceso esperamos recoger la confesión judicial y la extrajudi-
cial, puede pasar que en algún caso sean contradictorias entre sí142. Esto puede
pasar en las sentencias más fáciles (doble negativas)143, pero también allí donde
se declaró incluso la nulidad144. Puede haber una controversia entre la parte
actora y la demandada que ha sido acusada de simulación. En este caso, la firme
negación de la simulación y la presentación de circunstancias a favor de la vo-
luntad matrimonial para toda la vida pueden prevalecer en el proceso, especial-
mente si se prueba gran interés por parte del actor para conseguir la nulidad145.
El elemento que destaca en la negación definitiva de la exclusión son
las circunstancias. A veces faltan circunstancias que confirmen la exclusión146,
otras veces hay circunstancias contrarias a la exclusión, que expresan la inten-
ción matrimonial correcta147. Los ponentes enumeran con mucha frecuencia
todos los elementos, que –como hechos– confirman que, con mucha probabi-
lidad, no hubo exclusión, o por lo menos fundamentan una duda razonable, y
por eso no permiten tomar la decisión afirmativa.

III.2.2. Rectificación gracias a la instrucción supletoria


El medio utilizado en prácticamente todas las sentencias rotales es la ins-
trucción supletoria148. Es aquí donde, gracias a la investigación de la credibi-

141 Cf. sent. c. Stankiewicz, 15.XII.1999, RRD 91 (1999) 789-799 (en este caso falta también confesión).
142 Cf. sent. c. Huber, 12.II.2004, RRD 96 (2004) 115-126.
143 Cf. sent. c. Jarawan, 1.IV.1987, RRD 79 (1987) 206-210; sent. c. Ferreira Pena, 15.XII.2000,

RRD 92 (2000) 722-729 (en este caso los testigos niegan la mentalidad divorcista del actor).
144 Cf. sent. c. Pompedda, 13.III.1995, RRD 87 (1995) 200-209 (la falta de certeza moral se debe

también a las circunstancias contrarias; la exclusión es solo teórica).


145 Cf. sent. c. Funghini, 21.III.1986, RRD 78 (1986) 184-192; sent. c. Palestro, 15.VII.1992, RRD

84 (1992) 407-416; sent. c. Bottone, 11.III.2004, RRD 96 (2004) 198-205; sent. c. Verginelli,
18.III.2011, RRD 103 (2011) 94-100.
146 Cf. sent. c. Bruno, 19.XII.1984, RRD 76 (1984) 647-654.
147 Cf. sent. c. Funghini, 19.XI.1985, RRD 77 (1985) 504-514; sent. c. Davino, 26.XI.1992, RRD

84 (1992) 588-592; sent. c. Davino, 2.VIII.1993, RRD 85 (1993) 615-620; sent. c. Giannecchini,
26.IV.1994, RRD 86 (1994) 195-205; sent. c. Pinto, 17.I.1997, RRD 89 (1997) 30-39; sent.
c. Giannecchini, 25.VII.1997, RRD 89 (1997) 657-671; sent. c. Defilippi, 28.VII.1997, RRD
89 (1997) 672-687; sent. c. Erlebach, 9.VII.1999, RRD 91 (1999) 533-540; sent. c. Huber,
27.I.2000, RRD 92 (2000) 115-126; sent. c. Yaacoub, 25.V.2011, RRD 103 (2011) 251-266.
148 Cf. DC 265 §5. La instrucción supletoria sirve para resolver dificultades (cf. sent. c. Ragni,

18.XII.1984, RRD 76 (1984) 620-630; sent. c. Serrano, 22.II.1985, RRD 77 (1985) 122-141),
las instrucciones supletivas superan los problemas de la instancia anterior (cf. sent. c. Huber,

54 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

lidad y buscando pruebas nuevas, los jueces tienen la posibilidad de descu-


brir mejor la verdad y alcanzar la certeza moral. Mirando, pues, atentamente
las sentencias sobre la mentalidad divorcista, presentamos dónde pusieron el
acento los jueces del Tribunal de la Rota Romana en sus sentencias para de-
ducir los criterios útiles para la valoración correcta de la prueba, que servirá
también a otros tribunales.

III.2.2.1. Las observaciones periciales


Un medio importante para descubrir la verdad sobre el matrimonio es
la pericia judicial. Aunque en las causas de simulación no se exige la pericia
judicial149, esta investigación no tiene por qué ser descartada siempre. En una
sentencia encontramos un ejemplo que ilustra cómo la pericia ayudó en la
declaración de nulidad de un matrimonio por exclusión de la indisolubilidad
matrimonial150. En la segunda instancia, el dubium fue ampliado por el capítu-
lo de incapacidad del can. 1095. Por esta introducción se realizó la pericia de
oficio que ayudó a definir la inmadurez del actor y su carácter muy inestable
a la hora de contraer matrimonio. Esta pericia ayudó a valorar correctamente
el intento del actor de conseguir una prueba de «no-simulación». En la carta
que siete días después de la boda el actor escribió a la mujer, el varón garanti-
zaba su gran amor y afecto. El actor quería que la carta fuera una prueba para
suscitar una duda razonable sobre el intento de exclusión de la indisolubilidad.
En consecuencia, pensaba conseguir que la declaración de nulidad fuera im-
posible. Pero, gracias a la pericia y las demás pruebas, el juez alcanza la certeza
moral y dicta la nulidad por la exclusión del bonum sacramenti (el dubium por el
capítulo de la incapacidad non proponi).
El valor de la pericia en las causas de simulación lo descubrimos también
en una c. Pompedda. Los jueces, resolviendo el dubium de la aceptación de la
nueva proposición de la causa, indican que los jueces de las instancias inferio-
res hicieron un prejuicio respecto a la actora, afirmando que su declaración no

15.XII.1994, RRD 86 (1994) 734-746), también sirven para resolver dudas (cf. sent. c. Ciani,
14.VII.2004, RRD 96 (2004) 485-499; sent. c. Defilippi, 18.XII.1996, RRD 88 (1996) 818-834).
La buena instrucción que cubre las lagunas de las instancias inferiores puede iluminar el caso
de manera que no cabe duda que la sentencia debe ser infirmada (cf. sent. c. Pinto, 27.III.2009,
RRD 101 (2009) 34-44).
149 El antiguo can. 1680 y el nuevo can. 1678 §3 MIDI (cf. DC 203 §1) hablan sobre la necesidad

de pericia en las causas sobre impotencia o falta de consentimiento por enfermedad mental o por
anomalía de naturaleza psíquica.
150 Cf. sent. c. Palestro, 26.VII.1989, RRD 81 (1989) 547-565.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 55


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responde a la verdad del tiempo prematrimonial, sino al deseo de conseguir la


nulidad ahora. Dan más crédito al demandado. Los ponentes de esta causa lo
consideran imprudente, porque, según la pericia hecha en la instancia ante-
rior, el demandado tenía la personalidad anormalmente inmadura con reduci-
da capacidad de entender y querer151.

III.2.2.2. Las observaciones del defensor del vínculo


Otro medio procesal que puede servir en la instrucción supletoria son las
observaciones del defensor del vínculo. Tiene una tarea muy importante en
la apelación de la causa (DC 265 §§1-2,4) y sus observaciones pueden tener
mucha influencia en la sentencia definitiva.
Es curioso que la mayoría de las sentencias que mencionan las observa-
ciones del defensor, declaran finalmente la nulidad del matrimonio. El juez
suele exponer estas observaciones para, con base en ellas, probar razones con-
trarias, o sea, justificar la propia valoración de la prueba que, en estos casos,
prevalece sobre las dudas suscitadas por el defensor.
Una de las posibles actuaciones del defensor del vínculo es indicar la falta
de prevalencia de la causa simulandi sobre la causa contrahendi152. Puede también
indicar que, a pesar de que hubo una mención de divorcio, no tuvo rasgos
del acto positivo de voluntad153. El defensor debe fijarse en si la voluntad de
divorcio surgió ya antes de la boda o fue un propósito posterior. También,
en si esa voluntad se refería solo a efectos civiles o a la ruptura de cualquier
vinculación154.
Una duda razonable que el defensor debería indicar es la falta de cre-
dibilidad155. El defensor puede encontrar argumentos en favor de la falta de
credibilidad de las partes y de los testigos (p. ej. por discrepancias entre las
declaraciones) pero debe indicar las diferencias sustanciales. La falta de identi-
dad completa de las declaraciones puede ser incluso un indicio de la veracidad,
porque descarta la preparación de las declaraciones previa a la instrucción. En

151 Cf. sent. c. Pompedda, 6.XII.1990, RRD 82 (1990) 6/836.


152 Los jueces pueden sin embargo hacer la propia valoración y a pesar de la intervención del de-
fensor declarar la nulidad del matrimonio. Cf. sent. c. Monier, 27.VI.2003, RRD 95 (2003)
14-15/445-446.
153 Cf. sent. c. Pompedda, 6.XII.1990, RRD 82 (1990) 16/842.
154 Cf. sent. c. Stankiewicz, 27.XI.1986, RRD 78 (1986) 9-10/678.
155 Cf. sent. c. Salvatori, 6.VII.2012, RRD 104 (2012) 19/217. En este caso se dictamina la segunda

sentencia negativa.

56 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

la jurisprudencia encontramos afirmaciones como que, si las declaraciones no


son contradictorias en lo sustancial, es más probable que se completen mutua-
mente156.
Otra actuación del defensor puede constar al indicar la mens divortio fa-
vente alegada en el escrito de demanda. El defensor tiene que recordar, sin
embargo, que el escrito solo resume los hechos de la causa. Luego, durante la
instrucción, hay que buscar los hechos a favor de la simulación que confirman
la mens mencionada157.
El defensor puede intentar cuestionar la existencia de la causa simulandi
próxima. Las dudas y perplejidades que llevan a la exclusión según la menta-
lidad divorcista, pueden haber sido inventadas después del matrimonio. Sin
embargo, en una causa bien instruida, el juez puede cuestionar también esta
observación del defensor158.
La investigación del defensor del vínculo puede centrarse también en
la causa remota de la simulación. Sin embargo, a pesar de que incluso el juez
afirme que la causa ideológica no ha sido probada, puede haber otras causas
por las cuales el matrimonio quede declarado nulo159.
Entre los casos analizados hay una sentencia muy peculiar. Es un caso
juzgado por la condición apuesta por el actor. En primera instancia la senten-
cia es negativa. En la segunda (sin instrucción supletoria, pero con observa-
ción del defensor del vínculo) tampoco se declara la nulidad del matrimonio. A
pesar de una serie de condiciones que el hombre declara haber puesto (que la
mujer renuncie a la mentalidad divorcista, que garantice la solidaridad religio-
sa y no solo laica en el matrimonio, que garantice dar a luz la prole y educarla
religiosamente, que la mujer no acuda a la separación ni siquiera de hecho),
los hechos excluyen la posibilidad de una condición verdadera. El defensor
de la primera instancia indicó que, en las cartas escritas por las partes durante
el noviazgo, no había ningún rasgo de cualquier condición, y lo único que se
podía percibir era un amor mutuo160.
Puede ocurrir que las observaciones del defensor tengan solamente la
función de movilizar a los ponentes a realizar más esfuerzo por investigar la
causa de nulidad. No se puede decir que sea un trabajo inútil. En una causa,

156 Cf. sent. c. Davino, 15.X.1987, RRD 79 (1987) 14/537.


157 Cf. sent. c. Davino, 18.V.1989, RRD 81 (1989) 12-14/376-377.
158 Cf. sent. c. Monier, 26.I.2001, RRD 93 (2001) 12/111-112.
159 Cf. sent. c. Caberletti, 12.I.2006, RRD 98 (2006) 7/22.
160 Cf. sent. c. Sable, 3.V.2007, RRD 99 (2007) 149-159.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 57


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el defensor del vínculo indicó en sus observaciones los siguientes argumentos


contra la nulidad: las partes estuvieron casadas 10 años; en la tercera instancia
no se realizó el interrogatorio de la demandada; la parte demandada no tenía
una postura firme en el proceso, era parcialmente contraria a la nulidad del
vínculo; el acto positivo de voluntad solo fue relatado por unos pocos tes-
tigos; había incongruencia en las declaraciones del testigo cualificado161. En
otra causa, el defensor del vínculo indicó que los testigos no decían cuándo y
de qué modo la actora afirmaba la exclusión. Los autos de la primera instancia
tenían faltas de redacción. Se afirmaba la confusión de la actora, que podría
hacer imposible la exclusión, pero las tres dudas se han superado con la ins-
trucción supletoria162.

III.2.3. Otras situaciones que pueden confundir al juez. El lenguaje


de los que declaran en el juicio
En las causas analizadas hemos podido observar unas pautas para los ins-
tructores que reciben las declaraciones de las partes. Uno de los ponentes su-
brayaba que la valoración de la prueba consiste en buscar el sentido «normal»
de las palabras aportadas en el juicio. Puesto que los que declaran en el juicio
no tienen una formación canónica, no se deben esperar expresiones técnicas,
como, por ejemplo, una confesión directa de alguien que dijera «ha excluido la
indisolubilidad» del matrimonio. Esta exclusión se realiza a través de palabras
equivalentes163: expresan la firmeza de abstenerse de cualquier vínculo dura-
dero y perpetuo, o de conservar la libertad de elección del camino de la vida,
por si hubiera ocasión para contraer nuevas nupcias. Esta reserva tiene efecto
irritante, y, en los casos de mentalidad divorcista, habrá que determinar si ha
tenido lugar.
Otra observación se refiere a que las declaraciones tienen que ser verifi-
cadas profundamente, y no se puede aceptar únicamente aquellas deposiciones
que vienen de las personas que tienen interés en la disolución del vínculo ma-
trimonial. Hay que atender con mucho cuidado la congruencia entre lo dicho
y lo que ha pasado. Encontramos una gran ayuda en esta determinación en las

161 Cf. sent. c. Monier, 8.XI.2002, RRD 94 (2002) 8/620.


162 Cf. sent. c. Sable, 24.II.1995, RRD 87 (1995) 165-173.
163 Stankiewicz explica que las partes prevén la exclusión cuando hablan sobre la liberación del

vínculo. En su opinión, la gente no sabe que lo que pretende es la exclusión de una propiedad
esencial del vínculo. Cf. sent. c. Stankiewicz, 25.X.2001, RRD 93 (2001) 13/697.

58 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

circunstancias de la simulación, o sea, en los hechos que explican las palabras,


prueban las causas aportadas y les añaden veracidad164.
Para algunos jueces la falta de mención expresa de la voluntad de divorcio
excluye la posibilidad de declarar la exclusión de la indisolubilidad. En una de
las sentencias encontramos el caso de una sentencia afirmativa de la primera
instancia enviada al examen ordinario, porque los testigos, durante la instruc-
ción, hablaban solamente sobre la separación, alejamiento de las partes y no
sobre el divorcio. Sin embargo, hay cinco testigos que declaran que las partes,
en tiempo no sospechoso, excluyeron la indisolubilidad porque hablaban so-
bre «la recuperación de la libertad». El actor, en la nueva instrucción, intenta
explicar por qué algunos de los testigos no utilizaban palabra «divorcio» re-
firiéndose a su estado de ánimo y su voluntad a la hora de casarse. Indica que
los testigos, por ser personas de una cultura modesta, ignoraban la diferencia
jurídica entre las tres palabras: el divorcio, la separación y la nulidad165. Para el
juez, esta explicación es suficiente para corroborar las declaraciones que tra-
taban sobre la posibilidad de «retomar su propio camino» como afirmaciones
de la voluntad de exclusión de la inseparabilidad del vínculo166. Eso es solo un
ejemplo que muestra que los testigos no suelen ser peritos, y su lenguaje no
es jurídicamente preciso167. Últimamente encontramos la tendencia de valorar
con cuidado las palabras sobre la voluntad de separación o de divorcio. El juez
debe preguntar qué entiende el actor por separación. No hablar de «divorcio»
no es un motivo para excluir la exclusión168.
Puede suceder que las declaraciones proporcionen una abundancia de
hechos y argumentos a favor de la nulidad matrimonial. Aunque de las pala-
bras resulte la intención de poner fin al matrimonio, no se concluye necesa-
riamente, que haya exclusión del bonum sacramenti y que conste la nulidad del
matrimonio. Las palabras que utilizan los testigos para explicar la interrupción
de la vida conyugal, de manera que se sugiere la exclusión, tienen que ser va-
loradas con precaución. Por falta de conocimiento del significado técnico de
las palabras como «exclusión», «simulación» por parte de los testigos, siempre

164 Cf. sent. c. Pompedda, diei 13 iulii 1987, Romana, A. 125/87, n. 4 (coram Defilippi, sent. diei 10
novembris 1999, RRDec., vol. XCI, 651, n. 10); sent. c. Monier, 29.XII.2010, RRD 102 (2010)
6/373.
165 Cf. sent. c. Palestro, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 5c/68.
166 Cf. sent. c. Palestro, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 5c/68.
167 Cf. sent. c. Palestro, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 5-6/67-69.
168 Cf. sent. c. Defilippi, 5.XII.2012, RRD 104 (2012) 14/368.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 59


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hay que buscar indicios que corroboren la declaración. Tampoco es imposible


que la persona disponga de conocimiento jurídico muy preciso. Puede resul-
tar, en principio, sospechoso, pero tengamos también en cuenta que el actor
en la causa en segunda o en tercera instancia tiene ya bastante experiencia
procesal y sus declaraciones pueden ser más precisas que las del testigo en
la primera instancia que aparece en un juicio por primera vez en su vida. La
actora en una sentencia c. Davino confiesa con palabras muy jurídicas que
«ejecutaba conscientemente su concepción del matrimonio disoluble y posi-
tivamente excluyó la perpetuidad del vínculo, reservándose la posibilidad de
recuperar totalmente su libertad si la convivencia con Gabriel tuviera un final
infeliz, como lo preveía. Entonces la institución del divorcio la consideraba
como posibilidad concreta»169. Es la sentencia afirmativa en la segunda instan-
cia. La declaración fuera del contexto podría resultar sospechosa, pero en este
caso no había indicios de maquinación, y se confirmó la nulidad declarada en
primera instancia.

III.2.3.1. El examen de la credibilidad


El examen de la credibilidad puede producir un cambio de sentencia. Si
se descarta la credibilidad de la parte que aportaba el único argumento a favor
de la nulidad, la sentencia tiene que cambiar. En un ejemplo, el problema de
la credibilidad del actor en la segunda instancia llevó a emitir una senten-
cia negativa. Los jueces juzgaron que, ya que era un oficial, le interesaba la
nulidad, y declaraba los hechos de manera que pudiera obtener la sentencia
afirmativa. No estimaron muy creíbles sus declaraciones sobre la simulación.
Los ponentes rotales, con tres argumentos, indican que es la mujer quien tiene
menos credibilidad: la prematrimonial frivolidad de costumbres, su adicción al
alcohol, y la oposición frente a la comparecencia en el tribunal170.
Para poder determinar la nulidad, «el juez debe valorar las pruebas se-
gún su conciencia, respetando las normas sobre la eficacia de ciertas pruebas»
(can. 1608 §3). Uno de los criterios de la veracidad de las declaraciones es su
congruencia externa e interna171. La falta de congruencia lleva a cuestionar las
declaraciones en el proceso.

169 Sent. c. Davino, 18.V.1989, RRD 81 (1989) 9/375-376.


170 Cf. sent. c. Pompedda, 20.XI.1989, RRD 81 (1989) 686-694.
171 Cf. sent. c. Bruno, 30.VI.1989, RRD 81 (1989) 6/465; sent. c. Monier, 26.I.2001, RRD 93 (2001)

8/109.

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LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

III.2.3.2. La congruencia interna


La congruencia interna se refiere a las declaraciones de la misma persona
(can. 1573 §3). En una declaración hay, pues, muchos hechos que se testifican,
y todos en conjunto deben representar la verdad del caso. No pueden excluirse
mutuamente172. Muy importante es también la congruencia entre las declara-
ciones en la instancia inferior y superior173.
El cambio radical del contenido de la alegación por parte del actor, de la
demandada o de algún testigo puede suponer un intento de maquinación en
la causa. Entre las sentencias encontramos un caso interesante que refleja falta
de congruencia interna entre la declaración de la parte en el proceso canónico
de nulidad y el proceso civil de divorcio. La demandada intentaba convencer
a los jueces de que el actor había querido el matrimonio y tenía ilusión de ser
padre. Cuestionaba su mentalidad divorcista y pensaba obtener, gracias a esta
declaración, la sentencia negativa. Sin embargo, confrontando esta declara-
ción con las del anterior juicio del divorcio civil, los ponentes descubren que
allí la mujer afirmaba: «il rapporto coniugale (...) è risultato del tutto negativo.
Mio marito ha tenuto una condotta diametralmente contraria agli obblighi
fondamentali derivanti dal matrimonio»174. Sin determinar la culpa de una u
otra parte, o el hecho de la simulación, esta falta de congruencia pone en duda
la credibilidad de la mujer, por lo que los ponentes dan más razón al actor y,
en consecuencia, declaran la nulidad del matrimonio.
Puede ocurrir que entre las declaraciones de la misma persona haya una con-
tradicción patente. Eso sucede cuando se hace rectificación de algún elemento
de la declaración. Hay que distinguir entonces la rectificación y la corrección175.

172 Cf. sent. c. Ciani, 8.X.2008, RRD 100 (2008) 245-253. El actor declara sobre su gran amor y voluntad
de contraer el matrimonio, y también sobre su educación religiosa, por lo que el vínculo sacramental
tuvo una importancia fundamental para él. Al mismo tiempo, asegura que se acercaba al matrimo-
nio con una reserva mental contra la indisolubilidad. Para los jueces esta declaración resulta inco-
herente. No encajan la adhesión firme al vínculo sacramental con la exclusión del bonum sacramenti.
173 En una sentencia c. Fiore la actora tenía un gran interés por obtener la nulidad y acusó la credi-

bilidad del demandado diciendo que era un hombre falso. Los ponentes, intentando encontrar
las pruebas de la falsedad, indicaron solamente congruencia en las declaraciones del demandado
en segunda y en tercera instancia y finalmente concluyeron sobre la validez del matrimonio. Cf.
sent. c. Fiore, 16.XII.1985, RRD 77 (1985) 4/594.
174 Cf. sent. c. Civili, 26.VI.1990, RRD 82 (1990) 18/570.
175 Sent. c. Huber, 15.XII.1994, RRD 86 (1994) 7/737: «Insuper, adnotandum est, quod haud raro

accidit, ut pars vel testis depositionem retractet vel corrigat. Attamen, retractatio «distinguenda
est a correctione depositionis: illa revocat uti mendacem pristinam narrationem; haec tendit ad
emendanda ea quae minus recte dicta vel scripta fuerunt» (coram Pinna, decisio diei 29 octobris
1963, ibid., vol. LV, 691, n. 3)».

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 61


PIOTR ŻUBER

Eso también puede influir en la sentencia176. A veces, la confesión que aparece


no ayuda en la declaración de nulidad. Al contrario, por presentar una voluntad
interpretativa de exclusión, puede ayudar a tomar una decisión negativa177.

III.2.3.3. La congruencia externa


La congruencia externa se refiere a los testimonios de las personas distin-
tas que declaran en la misma causa. En principio, todos deben dar testimonio
de la verdad, y presentar los mismos hechos; por ello, la semejanza entre las
declaraciones no debería sorprender a nadie. Sin embargo, en caso de declara-
ciones demasiado parecidas, hay que valorarlas a fondo, para excluir la conspi-
ración entre las partes y los testigos178.
La incongruencia más frecuente se da entre la parte actora y la deman-
dada. Para saber quién es más creíble, hay que contrastar las declaraciones
de las partes con las de otros testigos. En una c. Monier los jueces dan más
credibilidad al actor, porque su confesión está corroborada con detalles por
los testigos, mientras que la versión de la demandada encuentra solamente una
confirmación general179.
Puede haber también incongruencia entre dos versiones de la mentalidad
de las partes. En una sentencia los testigos declaran que las partes consideraban
su matrimonio como «la prueba de fuego», o como matrimonio «ad experimen-
tum», y afirman que tal consideración respecto al matrimonio era un hecho
conocido. Sin embargo, los familiares presentan otro matiz. El hermano de la
demandada declara que, en los discursos de las partes que podía oír, no ha perci-
bido nunca nada sobre una mentalidad que pudiera ser contraria a la indisolubi-
lidad. El padre del actor declara que la posibilidad de rehacer la vida en caso de
fracaso fue una consideración general, «mentalità di base», pero los novios no la
referían a su propio matrimonio. Entre estas dos series de testimonios resultan,
finalmente, más creíbles los que se oponen a la simulación. Las partes ni siquie-
ra mencionan el intento de «casarse a prueba»; así que las declaraciones de los
amigos pierden coherencia por no reflejar la verdad. No se declara la nulidad en
este caso (la sentencia de la primera instancia fue afirmativa)180.

176 Cf. sent. c. Ferraro, 25.VI.1985, RRD 77 (1985) 318-323.


177 Cf. sent. c. Boccafola, 21.XI.2002, RRD 94 (2002) 18/677-678.
178 Testimonios no tienen que ser unánimes. Cf. sent. c. Palestro, 26.V.1993, RRD 85 (1993)

4b/415-416.
179 Cf. sent. c. Monier, 29.XII.2010, RRD 102 (2010) 370-381.
180 Cf. sent. c. Colagiovanni, 12.XI.1985, RRD 77 (1985) 477-484.

62 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

El problema de coherencia en las declaraciones puede hacer que se cam-


bie la sentencia definitiva, especialmente cuando la misma persona en la causa
declara cosas aparentemente contrarias. Pero no es siempre así. Por ejemplo,
en un caso el demandado dice que no recuerda haber hablado con la actora
sobre el matrimonio y sus propiedades. Luego dice que la mujer le había dicho
que se casaba con la reserva de recuperar la libertad. Eso no tienen que ser las
declaraciones internamente excluyentes, pero puede ocurrir que, la presencia
de afirmaciones de simulación y de otras que admiten el divorcio en general, no
permitan alcanzar certeza moral acerca de la exclusión. En este caso, es necesa-
rio mirar si hay algunas afirmaciones que destaquen por su firmeza y cercanía a
la boda, para poder asignar prevalencia a las ideas hacia la exclusión o en su con-
tra y, en caso de exclusión, poder declarar la nulidad con una certeza moral181.

III.2.3.4. La congruencia entre palabras y hechos – el peligro de maquinación


El último tipo de congruencia, que puede ayudar a la hora de valorar la
prueba, es la congruencia entre las declaraciones procesales y los hechos. Es
una consecuencia del principio «facta eloquentiora sunt verbis». Si nos limita-
mos a recibir solamente las declaraciones de las partes, que no tienen con-
firmación en los hechos, o cuestionan los hechos, es muy difícil alcanzar una
certeza sobre la nulidad.
Masala, en una sentencia, explica cómo hay que recibir las declaraciones
de las partes. Las afirmaciones de las partes, aunque depositadas bajo jura-
mento, tienen que ser profundamente verificadas. No pueden ser recibidas
según el punto de vista de los interesados en recuperar la libertad, después de
una convivencia infeliz, sino más bien según el criterio de congruencia con los
hechos, de los cuales hay que sacar la valoración de las palabras182.

181 Cf. sent. c. Funghini, 28.III.1990, RRD 82 (1990) 14-15/250-251.


182 Cf. sent. c. Masala, 26.VI.1985, RRD 77 (1985) 334-342. En esta sentencia tenemos una in-
congruencia alrededor de la declaración de la actora sobre el pacto prematrimonial. La mujer
asegura que quiso tener casa propia después de la boda, para no vivir junto con los suegros.
Si no se cumpliera su deseo, para ella el matrimonio no existiría y recurriría al divorcio. Pero
resulta que en realidad la mujer tenía muy buena relación con los suegros, y antes de la boda
venía con mucho entusiasmo para estar con ellos. Según la primera deposición, la mujer reveló
su pacto secreto a sus familiares, que resulta improbable, porque a la vez la actora explica que el
conflicto entre ella y sus familiares era tan grande, que les ocultó la fecha de la boda, y se casó
en la iglesia a puerta cerrada. La actora confirma, en una deposición, que el demandado conocía
esta intención del pacto, pero en la última deposición la mujer finalmente confiesa que no lo ha
compartido ni siquiera con sus padres y hermanas. El ponente denota una gran posibilidad de
maquinación en el caso.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 63


PIOTR ŻUBER

III.2.3.5. El valor de la firmeza de la exclusión


En una sentencia c. Fiore las partes cambiaron las palabras empleadas
para emitir consentimiento, de tal manera que en vez de decir «hasta la muer-
te nos separe» dijeron «hasta que muera el amor». Una de las dos instancias
inferiores hizo una valoración que ha subestimado esa declaración. El ponente
considera injustificable la valoración de esta expresión como un error simple,
tal como lo realizó el tribunal de la primera instancia. Se recuerda el criterio
de sentencia apelada (la afirmativa en segunda instancia), donde los jueces in-
dicaron que, aunque la expresión «hasta que el amor no muera» no significa
necesariamente una exclusión categórica de la perpetuidad, pero sí significa
directamente la exclusión hipotética de esa propiedad183.

III.2.3.6. Complejidad del conjunto de la prueba


En una sentencia los jueces mencionan la valoración del turno inferior
respecto a la apresurada decisión sobre el matrimonio. En segunda instancia
los jueces no consideran precipitada la fecha de la boda dentro de tres meses
desde la decisión sobre el matrimonio. Sin embargo, tomando en cuenta el
tema de inmadurez, las ideas divorcistas y también las reacciones y asombro
de los testigos respecto a la fecha de la boda tan temprana, los jueces en ter-
cera instancia asignan a esta circunstancia un valor que corrobora el resto de
la prueba184.

III.2.3.7. Prevalencia de la «ratio contrahendi» sobre «la causa simulandi»


(valoración del contexto)
Puede ocurrir que el tribunal de una instancia inferior conozca mejor
las circunstancias peculiares del matrimonio concreto. En un caso en Sicilia,
los jueces de primera instancia valoran mejor que los de la segunda instancia
la idea que el actor tiene sobre el matrimonio. Se trataba de un marido que
se reservaba totalmente el derecho de poder decidir sobre la perpetuidad del
vínculo en función del comportamiento de la mujer, ya que en el ambiente de
la pareja la mujer estaba totalmente sometida a la voluntad del marido185. En
la apelación, los auditores no dan a este contexto más valor, y se centran en
las incoherencias entre el intento de reconciliación y la potencial voluntad si-

183 Cf. sent. c. Fiore, 31.I.1984, RRD 76 (1984) 14/83.


184 Cf. sent. c. Funghini, 25.IV.1990, RRD 82 (1990) 12/305-306.
185 Cf. sent. c. Turnaturi, 10.IV.2003, RRD 95 (2003) 25/205.

64 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

mulatoria. En la tercera instancia los ponentes rotales explican que el hombre


buscaba la relación en la dimensión física y no la vinculación estable, que de
hecho excluyó. Se dictamina la nulidad del matrimonio186.

III.2.3.8. La estimación de la fe del simulante


Un factor importante en la buena valoración de una causa con mentali-
dad divorcista es la estimación correcta de la fe de las partes. En una causa el
patrono de la demandada insiste en que el actor (el que simuló) estaba sola-
mente errando y no tenía voluntad firme de excluir. En su opinión, no hubo
una voluntad positiva. Los ponentes, en contra, indican que el actor era cre-
yente «en exceso», y conocía bien la doctrina sobre el matrimonio187.

III.2.3.9. La importancia de la causa próxima


La valoración de la causa próxima de simulación puede provocar difi-
cultades. En una sentencia rotal se explica que los auditores de primera ins-
tancia declararon que no constaba la nulidad del matrimonio, porque faltaba
la causa de simulación remota y próxima, como también manifestaciones de
una voluntad del demandado contraria al matrimonio. Los jueces rotales ex-
plican que, en su opinión, no faltan argumentos para declarar la nulidad del
matrimonio, porque se puede probar la voluntad de contraer un matrimonio
distinto del matrimonio que anuncia la Iglesia188.

III.2.3.10. El cambio a «negative»


Una investigación minuciosa de la causa puede llevar también a descubrir
argumentos contrarios a la nulidad. Puede haber problemas en la valoración
de las circunstancias. Habrá casos donde el valor de las circunstancias ante-
cedentes estará a favor del matrimonio, pero no el de las concomitantes y
subsiguientes. En un caso, parecía, en un primer momento, que tuvo lugar
la exclusión, pero, tras una revisión atenta de los acontecimientos durante y
después de la boda, la mentalidad contraria al matrimonio se descartó, a pesar
de que estaba fuertemente arraigada e influyente189.

186 Cf. sent. c. Turnaturi, 10.IV.2003, RRD 95 (2003) 194-212; otra sentencia donde la valoración
del contexto ayuda a estimar correctamente la causa celebrandi: sent. c. Graulich, 11.IV.2013,
RRD 105 (2013) 11/150.
187 Cf. sent. c. Faltin, 9.IV.1997, RRD 89 (1997) 23/263.
188 Cf. sent. c. Sable, 18.V.2006, RRD 98 (2006) 115-122.
189 Cf. sent. c. Pompedda, 23.X.1998, RRD 90 (1998) 622-635.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 65


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III.2.4. Sentencias concatenadas de la Rota Romana


Entre las sentencias analizadas encontramos varias que corrigen las emi-
tidas por otros ponentes de la Rota. Algunas de las sentencias infirmadas están
también publicadas. Es muy interesante observar por qué razones la decisión
ha sido cambiada y comparar las dos sentencias y los criterios aplicados por los
ponentes para juzgar la nulidad del matrimonio.

III.2.4.1. Sent. c. Ragni, 16.XII.1986, RRD 78 (1986) 714-726 (negative)


y sent. c. Stankiewicz, 29.V.1992, RRD 84 (1992) 306-321
(affirmative)
En estas dos sentencias tenemos un intercambio de argumentos muy im-
portante. Ragni presenta 12 argumentos contra la exclusión de la indisolubi-
lidad, y no alcanza la certeza moral. Stankiewicz realiza en su sentencia una
valoración muy particular. No se centra en el esquema clásico de la prueba.
No presenta declaraciones para reconstruir una causa simulandi proxima, la causa
contrahendi y circunstancias. El ponente se centra totalmente en la personalidad
del demandado y en su mentalidad divorcista. El juez sugiere que, quizás, el
hombre, por su total desacuerdo con la indisolubilidad, fue incapaz de asumir
las obligaciones esenciales, y prueba que las intenciones del demandado eran
conocidas y estuvieron presentes en el momento de contraer el matrimonio.

III.2.4.2. S
 ent. c. Corso, 30.V.1990, RRD 82 (1990) 407-430 (negative)
y sent. c. Jarawan, 16.X.1991, RRD 83 (1991) 546-553
(affirmative; simulación total en 1. inst.)
La demandada en la causa declara que, aunque sin fe, se casaba con toda
seriedad. Como ni el actor ni los testigos pueden probar la falsedad de esta
confesión, y está vigente el principio «nemo malus nisi probetur», los jueces no
alcanzan la certeza moral, y la primera sentencia no ha juzgado la nulidad.
Jarawan fundamenta una sentencia afirmativa por la simulación total de
la manera siguiente: La sentencia c. Corso presenta cantidad de argumentos a
favor de la nulidad, y toma como argumento clave que la demandada dijo que
contraía el matrimonio en la Iglesia porque era importante para su marido y
para su familia, pero, para ella misma, sólo el matrimonio contraído civilmente
era lo que seguía vigente. La boda fue, más bien, un acontecimiento tradicio-
nal, religioso. Aunque no se puede indicar ningún acto de reserva o limitación
de consentimiento, su mentalidad laicista, racionalista, que rechazaba cual-
quier derecho de la Iglesia a regular la vida de las personas en conjunto, dio

66 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

causa para explicar la voluntad de no contraer el matrimonio de modo adecua-


do. Fue una causa suficiente para constatar que no había voluntad matrimonial
en el momento de contraer en la iglesia. Esta voluntad había estado presente
en la celebración del matrimonio civil.

II.2.4.3. S
 ent. c. Civili, 23.X.1991, RRD 83 (1991) 583-598 (negative)
y sent. c. Huber, 15.XII.1994, RRD 86 (1994) 734-746
(affirmative)
En estas dos sentencias vemos qué importancia tiene una buena instrucción
de la causa. Civili no encuentra fundamento de certeza moral en la instancia an-
terior190. Parece que no hay motivo para declarar la nulidad. La única persona
que afirma una mentalidad contraria a la indisolubilidad es la actora. Sin embar-
go, sus declaraciones son contrarias y confusas, y no pueden prevalecer sobre la
voluntad matrimonial correcta. En tercera instancia ocurre, sin embargo, que el
demandado rectifica su oposición inicial a la declaración de la exclusión. Gracias
a las declaraciones contundentes del demandado a favor de la simulación, el po-
nente consigue recoger la prueba que permite declarar la nulidad.

III.2.4.4. Sent. c. Monier, 4.VI.1998, RRD 90 (1998) 455-466 (affirmative)


y sent. c. Huber, 12.II.2004, RRD 96 (2004) 115-126 (negative)
Es el único caso, entre los publicados que analizamos, donde una senten-
cia afirmativa es rectificada por otra negativa. Monier explica en su dictamen
la exclusión de la indisolubilidad. Existen indicios de que el autor estaba per-
plejo respecto al futuro de la unión, pero hay también indicios de que se daba
cuenta de que en ciertas circunstancias (después del nacimiento de los hijos)
no se puede dejar a la mujer, por muchos problemas que hubiera en la con-
vivencia. Los testigos afirman su comportamiento sorprendente, afirmando
momentos de violencia, pero sobre sus ideas divorcistas se sabe muy poco y
son sólo afirmaciones generalizadas. Huber indica que, además de sinceridad
subjetiva, hay también una realidad objetiva191 y, en este caso, los hechos ale-
gados no están de acuerdo con la verdad objetiva. La voluntad del actor parece
ser indefinida, y por eso no puede ser simulatoria. Falta la causa simulandi,
porque el actor recibió una educación religiosa básica, aunque era «bautizado
no creyente». La causa contrahendi es fuerte, porque se afirma el amor mutuo

190 Cf. sent. c. Civili, 23.X.1991, RRD 83 (1991) 12/587.


191 Cf. sent. c. Huber, 12.II.2004, RRD 96 (2004) 6/118-120

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 67


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entre las partes. Existe también una causa de ruptura de la convivencia distinta
de la exclusión. El amor e intimidad, que se podían observar, son, en opinión
del ponente, difíciles de compaginar con la exclusión de la indisolubilidad.
Además de todo eso, el actor se contradice a sí mismo en varias instancias, por
lo que su afirmación de la simulación pierde aún más credibilidad.

IV. Los criterios de la valoración de la prueba en casos


de mentalidad divorcista

Analizando las sentencias donde aparecía la mentalidad divorcista, ob-


servamos que la causa de simulación es solamente uno de esos factores. La
nulidad puede ser declarada en caso de una mentalidad no muy arraigada, y
puede no haber certeza moral en casos de divorcistas convencidos. A modo de
resumen presentamos tres criterios, cuya presencia en el caso prácticamente
excluye la posibilidad de declaración de la nulidad del matrimonio por la si-
mulación.
Espero que los criterios puedan servir para valorar acertadamente la
prueba, ya en la primera instancia, pues desde el 8 de diciembre del año 2015
el can. 1679 dice: «La sentencia que por primera vez ha declarado la nulidad
del matrimonio, cumplidos los términos establecidos en los cánones 1630-
1633, se hace ejecutiva»192; por eso la nulidad dictaminada equivocadamente
(como ha ocurrido en 49 casos analizados) podría no ser verificada, y las partes
quedarían privadas de la verdad sobre su matrimonio.

IV.1. El cambio a negative

IV.1.1. Falta del tránsito del intelecto a voluntad, del intento a la realización

El primer argumento es la falta de conexión entre el intelecto y la volun-


tad193. En las sentencias donde todos los elementos de la prueba indican que la

192 Cf. Franciscus, Litterae Apostolicae Motu Proprio datae «Mitis Iudex Dominus Iesus» quibus
canones Codicis Iuris Canonici de causis ad matrimonii nullitatem declarandam reformatur,
Romae 2015, art. 4, can. 1679.
193 Cf. sent. c. Sable, 3.V.2007, RRD 99 (2007) 14/156.

68 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

adhesión al divorcio es solamente un error simple194, o la confesion de simula-


ción resulta mentirosa195, no se puede afirmar la presencia de un acto positivo
de voluntad simulatoria196. Como hemos explicado este acto es imprescindible
para declarar la nulidad por simulación, y por su importancia tiene que ser bien
definido197. Para que exista simulación, este acto tiene que ser puntual, formal y
determinado, y ni siquiera la mentalidad marxista y divorcista puede sustituir-
lo198. Para que haya un error determinante, el consentimiento simulado debe ser
determinado inconscientemente, pero en este caso tiene que haber evidencia
de que la parte que erraba, de verdad, no sabía cuáles eran las propiedades del
matrimonio. La afirmación del rechazo de la doctrina de la Iglesia parece con-
tradecir la posibilidad del capítulo de un error determinante199.
Si las partes mencionan algo sobre la libertad y el amor sin obligacio-
nes, eso puede ser un indicio de la voluntad simulatoria. Pero, incluso si el
simulante menciona su actitud favorable al divorcio, si no hay acto positivo de
voluntad definido, no se puede declarar la nulidad200.

IV.1.2. Divorcio como mera posibilidad


La mentalidad divorcista, para que obtenga su efecto, no puede reducirse
únicamente a la admisión general del divorcio cómo institución. Lo que, al fin
y al cabo, produce la nulidad es la relación entre la voluntad y la propiedad
esencial del matrimonio que se contrae, y no el divorcio en sí mismo. O sea, es
necesario probar «mens intus contra matrimonii indisolubilitatem»201, y no sólo
expresiones sobre la opción de divorcio. De hecho, la exclusión hipotética e

194 Cf. sent. c. Palestro, 19.V.1993, RRD 85 (1993) 380-401.


195 Cf. sent. c. Masala, 24.I.1989, RRD 81 (1989) 33-41.
196 Ibidem, 7/38. La reserva del divorcio parece carecer de positividad en este caso. El juez estima

que los relatos no determinados no demuestran si la mentalidad afectó a la voluntad de casarse


de la actora.
197 Cf. sent. c. Defilippi, 13.X.2010, RRD 102 (2010) 352-369. Si p.ej. a una de las partes le parece

que la convivencia matrimonial era siempre fría, eso no es argumento suficiente para declarar la
presencia del acto positivo de simulación total.
198 Cf. sent. c. Burke, 2.V.1991, RRD 83 (1991) 291-302; sent. c. Erlebach, 3.II.2011, RRD 103

(2011) 39-45.
199 Cf. sent. c. Erlebach, 3.II.2011, RRD 103 (2011) 39-45. En este caso, el actor, primero decía que

rechazaba la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad. Luego cambió de opinión y afirmaba


que no la conocía. Como durante el proceso resultó que no hubo prueba del acto positivo de
voluntad, probablemente buscaba el camino por el capítulo del error determinante.
200 Cf. sent. c. Ragni, 3.IV.1984, RRD 76 (1984) 227-237.
201 Sent. c. Pompedda, 29.I.1985, RRD 77 (1985) 52-64.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 69


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implícita requiere una «reserva del derecho», y no sólo «admisión de la posi-


bilidad» del divorcio. La posibilidad, que no es ni siquiera probabilidad del uso
del divorcio, no es suficiente para desconfigurar la voluntad matrimonial202.

IV.1.3. La manipulación evidente


Si la persona que afirma la voluntad simulatoria carece de credibilidad,
no se puede tomar una decisión afirmativa en la causa por este título. Normal-
mente, la falta de credibilidad se deduce comparando declaraciones de varias
personas o su conformidad con los hechos. En la mayor parte de los casos se
necesita una indagación minuciosa para decidir a quién darle la razón203. Pero en
la jurisprudencia encontramos también causas donde el abuso es evidente, y no
queda la menor duda de que tiene que ver con la maquinación204. Además de la
manipulación, a través de la declaración falsa, puede haber una búsqueda forzosa
de nulidad a cualquier precio205. La jurisprudencia indica que hay que juzgar
atentamente si la demanda introduce muchos capítulos de nulidad, o si los abo-
gados intentan cambiar el dubium, sin presentar hechos que lo justifiquen.

IV.2. El cambio a affirmative

Como ya hemos mencionado en el apartado sobre las presunciones, la


declaración de nulidad requiere la totalidad de la prueba –el conjunto de mu-

202 Cf. sent. c. Sable, 26.V.2010, RRD 102 (2010) 178-187.


203 Cf. sent. c. Stankiewicz, 22.II.1996, RRD 88 (1996) 116-140; sent. c. Sciacca, 9.V.2003, RRD 95
(2003) 284-296.
204 Cf. sent. c. Jarawan, 8.I.1992, RRD 84 (1992) 1-10. En la sentencia la demandada cambia total-

mente su confesión explicando que, en la primera instancia, afirmaba haber aplicado el concepto
divorcista a su matrimonio. La causa de la afirmación falsa fue el consejo del abogado, además,
para conseguir a cambio la separación consensual, o sea, el actor estaba metido en el pacto. Se-
gún la demandada el abogado buscaba la manera de conseguir la nulidad. Además de esta decla-
ración contundente, la credibilidad del actor no es fiable porque él insiste en que, por su timidez,
no contaba fácilmente su vida a los demás, y sus testigos (en la segunda instancia más que en la
primera) hablan como si fuera muy extendido el conocimiento de su voluntad de divorcio.
205 En una sentencia negativa el ponente indica que los tres abogados del actor presentaron tres

capítulos diversos para obtener la nulidad. El primero, al comenzar, introdujo el error in qua-
litate personae (can. 1097 §2); el segundo buscaba ampliar el dubium con la exclusión del bonum
sacramenti; el tercero intentó conseguir la nulidad por la incapacidad de asumir las obligaciones
esenciales por ambas partes, pero renunció a este capítulo al concluir la causa. El ponente estima
que estas circunstancias contribuyen a afirmar que el actor intentaba obtener la nulidad a toda
costa. Cf. sent. c. Sable, 3.V.2007, RRD 99 (2007) 13/155.

70 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

chos elementos–. Sin embargo, la nulidad dictada en los casos de mentalidad


divorcista tiene algunos puntos comunes para casi todas las sentencias.
Para que la voluntad de divorcio obtenga el efecto irritante, tiene que
ser inequívoca y estar dirigida a un matrimonio concreto. Las sentencias de
la Rota Romana siguen este principio y, en casos de divorcistas, dictaminan la
nulidad sólo cuando se prueba la reserva firme del derecho al divorcio. Esta
reserva puede ser expresada de maneras muy distintas: explícitamente, como
el pacto de matrimonio ad experimentum, o implícitamente, incluyendo la po-
sibilidad del divorcio al matrimonio que se quiere contraer: permanente y no
perpetuo. Lo importante es determinar siempre «qué querían los nupturientes
en el momento de la boda».

Conclusiones

La mentalidad divorcista es un fenómeno bien conocido en la jurispru-


dencia del Tribunal de la Rota Romana. Sin embargo, no es, ni pretende ser
un capítulo autónomo de nulidad del matrimonio. La gran cantidad de casos
permite no obstante sacar algunas conclusiones que pueden ayudar a los jueces
a emitir sentencias justas en estos casos complejos, que como hemos presenta-
do suscitan dificultades incluso para los ponentes rotales.
El análisis de las sentencias lleva a la conclusión de que el problema
principal de la mentalidad divorcista es la ignorancia de dos hechos: de la
verdadera estructura del matrimonio y de la imposibilidad de modificación
del objeto del consentimiento. El derecho no exige un conocimiento técnico
del consentimiento ni de su objeto. Tampoco requiere que los nupturientes
sean capaces de describir todas las propiedades del vínculo matrimonial. Es
suficiente «casarse tal como lo quiere la Iglesia» o por lo menos «casarse de
verdad», según el modelo natural de matrimonio. El problema surge cuando
a la mencionada ignorancia de las propiedades del matrimonio una persona
añade ideas que son radicalmente contrarias a las verdaderas propiedades del
matrimonio. Pretenden ajustar el matrimonio a su medida.
El modus operandi de la Rota Romana en los casos de mentalidad divorcista
El tema de la mentalidad divorcista aparece en la jurisprudencia de la Rota
Romana con bastante frecuencia. En el periodo analizado, o sea, en los 30 años
desde la entrada en vigor del CIC, las sentencias donde aparecen personas con
mentalidad divorcista llegan hasta el 46% (196/427) de todas las sentencias de
exclusión de la indisolubilidad, de simulación total y de condición de futuro,

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PIOTR ŻUBER

emitidas y publicadas en este tiempo. La cantidad de sentencias permite sacar


conclusiones de dos maneras. Por una parte, de las prácticas comunes se puede
descubrir un modus operandi de la Rota en este tipo de causas. Por otra parte,
de las aportaciones particulares de cada uno de los ponentes se pueden obtener
también precisiones interesantes.
El modus operandi de la Rota Romana es muy parecido en todas las causas
que hemos investigado. Los ponentes siguen el esquema clásico de prueba
para las causas de simulación parcial. La confesión, las causas y las circunstan-
cias son los tres elementos básicos de la prueba. En presencia de la mentalidad
divorcista, como en todas las causas donde hay duda acerca de la validez del
consentimiento, los jueces investigan cuál fue la intención real de las partes
cuando se casaron.
Algunos de los ponentes destacan por el carácter específico de sus senten-
cias. Los ponentes que destacan por la cantidad de sentencias de este tipo son
los siguientes: Funghini (13 sentencias [9 aff., 4 neg.]), Stankiewicz (13 senten-
cias [8 aff., 5 neg.]), Serrano (12 sentencias [8 aff., 4 neg.]), Davino (9 sentencias
[6 aff., 3 neg.]), Sable (9 sentencias [4 aff., 5 neg.]), Defilippi (8 sentencias [5
aff., 3 neg.]), Huber (8 sentencias [4 aff., 4 neg.]), Jarawan (8 sentencias [6 aff.,
2 neg.]), Monier (8 sentencias [8 aff.]), Pompedda (8 sentencias [5 aff., 3 neg.]).
La cantidad de sentencias por sí misma no asegura ni la mayor aportación ni
tampoco su importancia dentro del conjunto, pero puede servir al lector si
quisiera observar el desarrollo de ciertas ideas dentro de las sentencias de cada
auditor.
La aportación más interesante a lo largo de todo este periodo tal vez se
encuentre en las sentencias de Stankiewicz. Mencionamos antes su clasifica-
ción de las ideas divorcistas en tres áreas: como un error simple, como error
determinante y como causa de simulación. La jurisprudencia de la Rota Ro-
mana subraya unánimemente que la simulación parcial del matrimonio y la
nulidad causada por el error determinante (los dos capítulos relacionados con
la mentalidad divorcista) deben tener su raíz en el acto de voluntad matrimo-
nial mal formado en su objeto o contenido, consciente o inconscientemente.
Si no se da el paso de las ideas hacia la voluntad, expresado en un acto positivo
de exclusión, cualquier idea divorcista no tendría ningún efecto sobre la vali-
dez del matrimonio. Esto parece obvio, pero la presencia de este argumento
en prácticamente todas las sentencias analizadas permite indicarlo como un
elemento de la jurisprudencia asentada y firme.
Cada una de las sentencias que hemos analizado en este trabajo forma
parte de esa «luz», específica de la jurisprudencia, que hemos intentado expo-

72 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

ner. Cada ponente, según su propio estilo, realiza la investigación de acuerdo


con el esquema adecuado: bien para la simulación, bien para el error determi-
nante de la voluntad. Los temas particulares son desarrollados especialmente
allí donde falta claridad y se necesita descubrir qué argumentos prevalecen
sobre otros, para emitir una sentencia correcta. Si los jueces no llegan a la
certeza moral se abstienen de la declaración de nulidad. En casos más compli-
cados donde hay algún argumento singular que podría prevalecer en la causa,
desarrollan respectivamente algún tema para justificar la decisión que final-
mente toman.
Los errores en las instancias inferiores pueden tener origen muy variado.
Hemos presentado sentencias donde la culpa fue de las partes, que querían
abusar de la justicia declarando que excluían la indisolubilidad mientras que
las circunstancias indicaban un desarrollo natural de la voluntad matrimonial.
Otras veces los errores nacen de una estimación errada de la prueba por parte
del juez, o también por la insuficiencia de la prueba.
Nos preguntamos en este trabajo si no existía peligro de que alguien fin-
giese la simulación y la mentalidad divorcista para obtener la nulidad, ya que el
consentimiento matrimonial es un acto que solo Dios y el nupturiente cono-
cen en su totalidad. Así que hemos observado cómo trataban los ponentes las
declaraciones de las partes y de los testigos y estas observaciones permitieron
constatar la enorme importancia de las circunstancias en este tipo de causas.
Hay causas donde al verificar las circunstancias se pudo rechazar el intento de
obtener la nulidad, ya que todas indicaban claramente una voluntad matrimo-
nial correcta.
Espero que estas aportaciones puedan servir para una mejor formación
de los nupturientes –para prevenir matrimonios nulos por exclusión de la in-
disolubilidad– y también para una mejor aplicación del derecho, logrando una
valoración cada vez más justa en las causas de nulidad, de modo que los fieles
puedan encontrar la verdad sobre su estado y gozar de la plenitud de los me-
dios para la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la
Iglesia.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 73


BIBLOGRAFÍA

1. Fuentes magisteriales

Acta Apostolicae Sedis, Commentarium officiale, Romae 1903-2015; Benedicto XVI, Alo-
cución al Tribunal de la Rota Romana, 27.I.2007, AAS 99 (2007) 86-91; Codex Iuris Canoni-
ci, auctoritate Ioannis Pauli Papae II promulgatus, en AAS 75 (1983) pars II; – Pii X Pontificis
Maximus, iussu digestus, Benedicti Papae XV auctoritate promulgatus, en AAS 9 (1917) pars II;
Francisco, Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus, 15.VIII.2015, AAS 107 (2015) 958-970;
Innocentius III, in cap. Per Tuas, 10 de probationibus; S. Juan Pablo II, Alocución al Tribunal
de la Rota Romana, 18.I.1990, AAS 82 (1990) 872-877; Pontificio consejo para los textos
legislativos, Instrucción Dignitas connubii, 25.I.2005, https://www.vatican.va/roman_curia/
pontifical_councils/intrptxt/documents/rc_pc_intrptxt_doc_20050125_dignitas-connubii_
sp.html (acceso 14.IX.2020).

2. Fuentes jurisprudenciales (sentencias de la Rota Romana)

Sent. c. Giannecchini, 16.XII.1983, RRD 75 (1983) 727-736; sent. c. Serrano, 13.I.1984,


RRD 76 (1984) 10-16; sent. c. Fiore, 31.I.1984, RRD 76 (1984) 79-83; sent. c. De Lanversin,
18.II.1984, RRD 76 (1984) 99-107; sent. c. Ragni, 3.IV.1984, RRD 76 (1984) 227-237; sent.
c. Colagiovanni, 26.VI.1984, RRD 76 (1984) 419-431; sent. c. Davino, 26.VII.1984, RRD 76
(1984) 512-518; sent. c. Jarawan, 26.X.1984, RRD 76 (1984) 555-564; sent. c. Giannecchini,
11.XII.1984, RRD 76 (1984) 611-619; sent. c. Ragni, 18.XII.1984, RRD 76 (1984) 620-630;
sent. c. Bruno, 19.XII.1984, RRD 76 (1984) 647-654; sent. c. Pompedda, 29.I.1985, RRD 77
(1985) 52-64; sent. c. Serrano, 22.II.1985, RRD 77 (1985) 122-141; sent. c. Ferraro,
5.III.1985, RRD 77 (1985) 138-141; sent. c. Serrano, 15.III.1985, RRD 77 (1985) 150-157;
sent. c. Jarawan, 11.V.1985, RRD 77 (1985) 237-242; sent. c. Ferraro, 25.VI.1985, RRD 77
(1985) 318-323; sent. c. Masala, 26.VI.1985, RRD 77 (1985) 334-342; sent. c. Funghini,
30.X.1985, RRD 77 (1985) 461-467; sent. c. Colagiovanni, 12.XI.1985, RRD 77 (1985) 477-
484; sent. c. Funghini, 19.XI.1985, RRD 77 (1985) 504-514; sent. c. Fiore, 16.XII.1985,
RRD 77 (1985) 591-598; sent. c. Jarawan, 1.II.1986, RRD 78 (1986) 90-93; sent. c. Funghini,
21.III.1986, RRD 78 (1986) 184-192; sent. c. Jarawan, 16.IV.1986, RRD 78 (1986) 282-286;
sent. c. Masala, 29.IV.1986, RRD 78 (1986) 318-327; sent. c. Serrano, 24.X.1986, RRD 78
(1986) 557-568; sent. c. Di Felice, 15.XI.1986, RRD 78 (1986) 634-641; sent. c. Stankiewicz,
27.XI.1986, RRD 78 (1986) 673-680; sent. c. Serrano, 28.XI.1986, RRD 78 (1986) 688-697;
sent. c. Ragni, 16.XII.1986, RRD 78 (1986) 714-726; sent. c. Colagiovanni, 15.I.1987, RRD
79 (1987) 1-9; sent. c. Boccafola, 5.III.1987, RRD 79 (1987) 84-91; sent. c. Pinto (I.M.),
27.III.1987, RRD 79 (1987) 169-185; sent. c. Jarawan, 1.IV.1987, RRD 79 (1987) 206-210;
sent. c. Serrano, 6.V.1987, RRD 79 (1987) 268-284; sent. c. Bruno, 26.VI.1987, RRD 79
(1987) 445-453; sent. c. Stankiewicz, 26.VI.1987, RRD 79 (1987) 454-463; sent. c. Davino,
15.X.1987, RRD 79 (1987) 531-537; sent. c. Masala, 10.XI.1987, RRD 79 (1987) 632-638;
sent. c. Bruno, 18.XII.1987, RRD 79 (1987) 762-773; sent. c. Pompedda, 11.IV.1988, RRD

74 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

80 (1988) 193-197; sent. c. Davino, 21.IV.1988, RRD 80 (1988) 268-274; sent. c. Serrano,
13.I.1989, RRD 81 (1989) 1-8; sent. c. Boccafola, 16.I.1989, RRD 81 (1989) 9-15; sent.
c. Masala, 24.I.1989, RRD 81 (1989) 33-41; sent. c. Palestro, 25.I.1989, RRD 81 (1989) 42-
54; sent. c. Corso, 25.I.1989, RRD 81 (1989) 55-76; sent. c. Funghini, 22.II.1989, RRD 81
(1989) 129-141; sent. c. Davino, 18.V.1989, RRD 81 (1989) 372-378; sent. c. Civili,
20.VI.1989, RRD 81 (1989) 436-443; sent. c. Pompedda, 17.VII.1989, RRD 81 (1989) 507-
513; sent. c. Palestro, 26.VII.1989, RRD 81 (1989) 547-565; sent. c. Pompedda, 20.XI.1989,
RRD 81 (1989) 686-694; sent. c. Pompedda, 27.XI.1989, RRD 81 (1989) 717-723; sent.
c. Davino, 15.I.1990, RRD 82 (1990) 1-8; sent. c. Civili, 21.II.1990, RRD 82 (1990) 120-125;
sent. c. Doran, 22.II.1990, RRD 82 (1990) 126-137; sent. c. Funghini, 28.III.1990, RRD 82
(1990) 239-251; sent. c. Funghini, 25.IV.1990, RRD 82 (1990) 295-307; sent. c. Davino,
3.V.1990, RRD 82 (1990) 347-355; sent. c. Corso, 30.V.1990, RRD 82 (1990) 407-430; sent.
c. Civili, 26.VI.1990, RRD 82 (1990) 565-571; sent. c. Fiore, 19.X.1990, RRD 82 (1990) 692-
701; sent. c. Colagiovanni, 20.XI.1990, RRD 82 (1990) 803-812; sent. c. Pompedda,
6.XII.1990, RRD 82 (1990) 834-846; sent. c. Serrano, 8.III.1991, RRD 83 (1991) 161-171;
sent. c. Colagiovanni, 9.IV.1991, RRD 83 (1991) 227-238; sent. c. Funghini, 17.IV.1991,
RRD 83 (1991) 245-262; sent. c. Stankiewicz, 25.IV.1991, RRD 83 (1991) 280-291; sent.
c. Burke, 2.V.1991, RRD 83 (1991) 291-302; sent. c. Giannecchini, 12.VII.1991, RRD 83
(1991) 439-448; sent. c. Jarawan, 16.X.1991, RRD 83 (1991) 546-553; sent. c. Civili,
23.X.1991, RRD 83 (1991) 583-598; sent. c. Faltin, 30.X.1991, RRD 83 (1991) 691-705;
sent. c. Funghini, 18.XII.1991, RRD 83 (1991) 844-859; sent. c. Jarawan, 8.I.1992, RRD 84
(1992) 1-10; sent. c. Palestro, 19.II.1992, RRD 84 (1992) 63-71; sent. c. Faltin, 19.II.1992,
RRD 84 (1992) 72-84; sent. c. Jarawan, 29.IV.1992, RRD 84 (1992) 215-220; sent. c. Stan-
kiewicz, 29.V.1992, RRD 84 (1992) 306-321; sent. c. De Lanversin, 15.VI.1992, RRD 84
(1992) 349-362; sent. c. Palestro, 15.VII.1992, RRD 84 (1992) 407-416; sent. c. Funghini,
14.X.1992, RRD 84 (1992) 461-482; sent. c. Davino, 26.XI.1992, RRD 84 (1992) 588-592;
sent. c. Serrano, 15.I.1993, RRD 85 (1993) 14-21; sent. c. Palestro, 24.III.1993, RRD 85
(1993) 212-226; sent. c. Funghini, 28.IV.1993, RRD 85 (1993) 314-328; sent. c. Palestro,
19.V.1993, RRD 85 (1993) 380-401; sent. c. Palestro, 26.V.1993, RRD 85 (1993) 413-424;
sent. c. Davino, 25.VI.1993, RRD 85 (1993) 486-494; sent. c. Davino, 2.VIII.1993, RRD 85
(1993) 615-620; sent. c. Giannecchini, 19.XI.1993, RRD 85 (1993) 683-694; sent. c. Gian-
necchini, 26.IV.1994, RRD 86 (1994) 195-205; sent. c. Stankiewicz, 27.V.1994, RRD 86
(1994) 241-259; sent. c. Huber, 16.VI.1994, RRD 86 (1994) 324-336; sent. c. De Lanversin,
5.X.1994, RRD 86 (1994) 436-445; sent. c. Huber, 27.X.1994, RRD 86 (1994) 532-543; sent.
c. Funghini, 14.XII.1994, RRD 86 (1994) 659-672; sent. c. Huber, 15.XII.1994, RRD 86
(1994) 734-746; sent. c. Sable, 24.II.1995, RRD 87 (1995) 165-173; sent. c. Pompedda,
13.III.1995, RRD 87 (1995) 200-209; sent. c. Burke, 18.III.1995, RRD 87 (1995) 292-303;
sent. c. Serrano Ruiz, 23.VI.1995, RRD 87 (1995) 428-432; sent. c. Huber, 28.IX.1995, RRD
87 (1995) 525-533; sent. c. Giannecchini, 13.X.1995, RRD 87 (1995) 546-556; sent. c. Stan-
kiewicz, 22.II.1996, RRD 88 (1996) 116-140; sent. c. Funghini, 5.VI.1996, RRD 88 (1996)
434-444; sent. c. Huber, 29.X.1996, RRD 88 (1996) 657-670; sent. c. Defilippi, 22.XI.1996,
RRD 88 (1996) 745-759; sent. c. Defilippi, 18.XII.1996, RRD 88 (1996) 818-834; sent.
c. Pinto, 17.I.1997, RRD 89 (1997) 30-39; sent. c. Faltin, 9.IV.1997, RRD 89 (1997) 246-266;
sent. c. Faltin, 16.IV.1997, RRD 89 (1997) 303-311; sent. c. Faltin, 23.VII.1997, RRD 89
(1997) 630-635; sent. c. Giannecchini, 25.VII.1997, RRD 89 (1997) 657-671; sent.

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 75


PIOTR ŻUBER

c. Defilippi, 28.VII.1997, RRD 89 (1997) 672-687; sent. c. Caberletti, 28.V.1998, RRD 90


(1998) 421-432; sent. c. Monier, 4.VI.1998, RRD 90 (1998) 455-466; sent. c. Pompedda,
23.X.1998, RRD 90 (1998) 622-635; sent. c. Stankiewicz, 26.XI.1998, RRD 90 (1998) 756-
771; sent. c. Caberletti, 27.XI.1998, RRD 90 (1998) 808-823; sent. c. López-Illana,
24.III.1999, RRD 91 (1999) 177-212; sent. c. Erlebach, 9.VII.1999, RRD 91 (1999) 533-540;
sent. c. Sable, 18.XI.1999, RRD 91 (1999) 677-684; sent. c. Stankiewicz, 15.XII.1999, RRD
91 (1999) 789-799; sent. c. Pinto, 14.I.2000, RRD 92 (2000) 12-17; sent. c. Huber, 27.I.2000,
RRD 92 (2000) 115-126; sent. c. Defilippi, 9.II.2000, RRD 92 (2000) 138-153; sent. c. Sable,
13.IV.2000, RRD 92 (2000) 339-346; sent. c. Bottone, 8.VI.2000, RRD 92 (2000) 451-459;
sent. c. Ferreira Pena, 15.XII.2000, RRD 92 (2000) 722-729; sent. c. Sciacca, 18.XII.2000,
RRD 92 (2000) 741-748; sent. c. Funghini, 19.I.2001, RRD 93 (2001) 60-75; sent. c. Monier,
26.I.2001, RRD 93 (2001) 105-113; sent. c. Monier, 16.II.2001, RRD 93 (2001) 154-162;
sent. c. Boccafola, 28.VI.2001, RRD 93 (2001) 440-447; sent. c. Serrano Ruiz, 3.VIII.2001,
RRD 93 (2001) 599-607; sent. c. Stankiewicz, 25.X.2001, RRD 93 (2001) 691-714; sent.
c. Stankiewicz, 13.XII.2001, RRD 93 (2001) 783-813; sent. c. Turnaturi, 16.V.2002, RRD 94
(2002) 334-366; sent. c. Monier, 8.XI.2002, RRD 94 (2002) 617-627; sent. c. Boccafola,
21.XI.2002, RRD 94 (2002) 668-678; sent. c. Turnaturi, 10.IV.2003, RRD 95 (2003) 194-
212; sent. c. Huber, 30.IV.2003, RRD 95 (2003) 239-251; sent. c. Sciacca, 9.V.2003, RRD 95
(2003) 284-296; sent. c. Caberletti, 12.VI.2003, RRD 95 (2003) 359-383; sent. c. Monier,
27.VI.2003, RRD 95 (2003) 439-447; sent. c. Stankiewicz, 27.XI.2003, RRD 95 (2003) 692-
708; sent. c. Stankiewicz, 22.I.2004, RRD 96 (2004) 49-65; sent. c. Huber, 12.II.2004, RRD
96 (2004) 115-126; sent. c. Bottone, 11.III.2004, RRD 96 (2004) 198-205; sent. c. Sable,
19.V.2004, RRD 96 (2004) 327-336; sent. c. Ciani, 14.VII.2004, RRD 96 (2004) 485-499;
sent. c. Defilippi, 2.XII.2004, RRD 96 (2004) 802-821; sent. c. Ferreira Pena, 3.XII.2004,
RRD 96 (2004) 832-842; sent. c. Caberletti, 17.XII.2004, RRD 96 (2004) 891-908; sent.
c. Sciacca, 17.XII.2004, RRD 96 (2004) 909-923; sent. c. McKay, 4.II.2005, RRD 97 (2005)
70-81; sent. c. Serrano, 27.V.2005, RRD 97 (2005) 260-264; sent. c. Caberletti, 12.I.2006,
RRD 98 (2006) 10-24; sent. c. Sable, 18.V.2006, RRD 98 (2006) 115-122; sent. c. Boccafola,
8.VI.2006, RRD 98 (2006) 158-167; sent. c. Sable, 12.X.2006, RRD 98 (2006) 286-292; sent.
c. Ciani, 8.XI.2006, RRD 98 (2006) 334-342; sent. c. Defilippi, 22.III.2007, RRD 99 (2007)
102-119; sent. c. Sable, 26.IV.2007, RRD 99 (2007) 130-141; sent. c. Sable, 3.V.2007, RRD
99 (2007) 149-159; sent. c. Turnaturi, 31.V.2007, RRD 99 (2007) 178-187; sent. c. Sciacca,
1.VI.2007, RRD 99 (2007) 188-200; sent. c. Turnaturi, 13.III.2008, RRD 100 (2008) 92-107;
sent. c. Stankiewicz, 18.VI.2008, RRD 100 (2008) 193-205; sent. c. Pinto, 11.VII.2008, RRD
100 (2008) 236-244; sent. c. Ciani, 8.X.2008, RRD 100 (2008) 245-253; sent. c. Ciani,
18.II.2009, RRD 101 (2009) 1-10; sent. c. Pinto, 27.III.2009, RRD 101 (2009) 34-44; sent.
c. Ferreira Pena, 10.VII.2009, RRD 101 (2009) 197-209; sent. c. Caberletti, 3.XII.2009,
RRD 101 (2009) 321-335; sent. c. Pinto, 22.I.2010, RRD 102 (2010) 19-28; sent. c. Sable,
26.V.2010, RRD 102 (2010) 178-187; sent. c. Defilippi, 13.X.2010, RRD 102 (2010) 352-
369; sent. c. Monier, 29.XII.2010, RRD 102 (2010) 370-381; sent. c. Erlebach, 3.II.2011,
RRD 103 (2011) 39-45; sent. c. Verginelli, 18.III.2011, RRD 103 (2011) 94-100; sent. c. Va-
ccarotto, 28.IV.2011, RRD 103 (2011) 193-208; sent. c. Yaacoub, 25.V.2011, RRD 103 (2011)
251-266; sent. c. Alwan, 28.VI.2011, RRD 103 (2011) 328-339; sent. c. McKay, 25.X.2011,
RRD 103 (2011) 403-411; sent. c. Vaccarotto, 14.VI.2012, RRD 104 (2012) 186-200; sent.
c. Salvatori, 6.VII.2012, RRD 104 (2012) 210-217; sent. c. Heredia, 30.X.2012, RRD 104

76 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


LA PRUEBA DE LA NULIDAD DEL MATRIMONIO EN LAS CAUSAS MATRIMONIALES...

(2012) 318-330; sent. c. Monier, 23.XI.2012, RRD 104 (2012) 342-349; sent. c. Defilippi,
5.XII.2012, RRD 104 (2012) 354-369; sent. c. Monier, 20.II.2013, RRD 105 (2013) 42-47;
sent. c. Graulich, 11.IV.2013, RRD 105 (2013) 145-151; sent. c. Heredia, 13.XII.2013, RRD
105 (2013) 319-329.

3. Fuentes jurisprudenciales (decretos de la Rota Romana)

Decr. c. Stankiewicz, 26.X.1984, Decreta 2 (1984) 122-124; decr. c. Ferraro, 13.XI.1984, De-
creta 2 (1984) 125-127; decr. c. Di Felice, 19.I.1985, Decreta 3 (1985) 6-7; decr. c. Masala,
5.III.1985, Decreta 3 (1985) 78-82; decr. c. Jarawan, 27.XI.1985, Decreta 3 (1985) 257-259;
decr. c. Giannecchini, 17.I.1986, Decreta 4 (1986) 1-3; decr. c. Corso, 8.X.1986, Decre-
ta 4 (1986) 129-132; decr. c. Masala, 14.X.1986, Decreta 4 (1986) 138-142; decr. c. Pinto,
27.III.1987, Decreta 5 (1987) 57-59. decr. c. Pinto, 30.III.1987, Decreta 5 (1987) 60-62; decr.
c. Masala, 23.II.1988, Decreta 6 (1988) 46-50; decr. c. Giannecchini, 11.III.1988, Decreta
6 (1988) 70-74; decr. c. Funghini, 20.IV.1988, Decreta 6 (1988) 89-91; decr. c. Funghini,
14.VI.1989, Decreta 7 (1988) 131-133; decr. c. Defilippi, 13.XI.1996, Decreta 14 (1996) 230-
234; decr. c. Stankiewicz, 28.II.1997, Decreta 15 (1997) 56-59; decr. c. Defilippi, 23.X.1997,
Decreta 15 (1997) 220-223; decr. c. Boccafola, 23.X.1996, Decreta 15 (1997) 224-226; decr.
c. Stankiewicz, 27.XI.1997, Decreta 15 (1997) 252-257; decr. c. Stankiewicz, 20.I.1998, De-
creta 16 (1998) 7-13; decr. c. Defilippi, 14.III.1998, Decreta 16 (1998) 142-147; decr. c. Mo-
nier, 17.III.1998, Decreta 16 (1998) 187-190; decr. c. Caberletti, 26.VI.1998, Decreta 16
(1998) 226-235; decr. c. Defilippi, 15.X.1998, Decreta 16 (1998) 299-305; decr. c. Pompedda,
19.XI.1998, Decreta 16 (1998) 338-340; decr. c. Stankiewicz, 26.XI.1998, Decreta 16 (1998)
351-355; decr. c. Monier, 28.V.1999, Decreta 17 (1999) 155-162; decr. c. Huber, 30.VI.1999,
Decreta 17 (1999) 180-182; decr. c. Defilippi, 7.X.1999, Decreta 17 (1999) 219-226; decr.
c. Caberletti, 21.X.1999, Decreta 17 (1999) 258-267; decr. c. Stankiewicz, 15.XII.1999, De-
creta 17 (1999) 347-352; decr. c. Defilippi, 14.XII.2000, Decreta 18 (2000) 314-320; decr.
c. Erlebach, 14.XII.2006, Decreta 26 (2006) 134-140.

4. Obras de referencia

Aldanondo Salaverría, M. I., Mentalidad divorcista y consentimiento matrimonial, Madrid


1980; Allport, G. W., Pattern and Growth in Personality, New York 1965; Arcadius, 1.
21, 53 D, 22, 5; Bañares, J. I., Mentalidad divorcista e indisolubilidad del matrimonio, Revista
Española de Derecho Canónico 64 (2007) 281-307; Bernat Salas, N., Mentalidad divor-
cista ¿Indisolubilidad del matrimonio?, en J. Bosch (ed.), Matrimonio, religión y derecho en una
sociedad en cambio: actas de las XXXV Jornadas de Actualidad Canónica, Madrid 2016, 127-133;
Bianchi, P., L’esclusione della indissolubilita quale capo di nullita del matrimonio. Profili criti-
ci, Ius Ecclesiae 13 (2001) 629-651; Del Amo Pachón, L., Interrogatorio y confesión en los
juicios matrimoniales, Pamplona 1973; Idem, La clave probatoria en los procesos matrimoniales,
Barañain-Pamplona 1978; Idem, Mentalidad divorcista y nulidad del matrimonio, Ius Cano-
nicum 20 (1980) 255-272; Fornés, J., «Exclusiones parciales en el consentimiento», en

CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023 77


PIOTR ŻUBER

Otaduy, J.; Viana, A. y Sedano, J. (eds.), Diccionario General de derecho canónico, III, Cizur
Menor (Navarra) 2012, 827-835; Franceschi, F. H., El contenido y la determinación del «ius
connubii» y sus manifestaciones en el sistema matrimonial canónico vigente, en Ius Canonicum 47
(2007) 73-97; Graziani, E., Mentalitá divorzistica ed esclusione della indissolubilità del matrimo-
nio, en Ephemerides iuris canonici 34 (1978) 18ss; Krafft-Ebing, R. Von, Psychopathia Se-
xualis, Milano 1931; Majer, P., El error que determina la voluntad. Can. 1099 del CIC de 1983,
Mutilva Baja (Navarra) 1997; Panizo Orallo, S., Temas procesales y nulidad matrimonial,
Madrid 1999; Pompedda, M., Studi di diritto procesuale canonico, Milano 1995; Ricoeur,
P., Philosophie de la volonté: Le volontaire et l’involontaire, Aubier, 1949; Seneca, Quaestiones
Naturales, 6, 2, 3; Ulpianus, 1. 37 ad edictum, D., 22, 12; Viladrich, P. J., El consentimiento
matrimonial. Técnicas de calificación y exégesis de las causas canónicas de nulidad (cc. 1095 a 1107
CIC), Pamplona 1998.

78 CUADERNOS DOCTORALES DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO / VOL. 30 / 2022-2023


ÍNDICE DE LA TESIS DOCTORAL

Abreviaturas. Introducción. Capítulo 1. La percepción de la mentalidad divorcis-


ta de los nupturientes en la jurisprudencia de la Rota Romana. 1. Significado diverso
del concepto «mentalidad divorcista». 1.1. La mentalidad divorcista como conjunto de ideas
erróneas de la sociedad. 1.2. La mentalidad divorcista como convicción privada. 2. Las ideas
que forman la mentalidad divorcista contemporánea según los ponentes de la Rota Romana.
2.1. Los equívocos respecto al matrimonio. 2.1.1. Las observaciones de los ponentes. 2.1.2
Las declaraciones de las partes y de los testigos. 2.1.3. Conclusión. La indisolubilidad desco-
nocida. 2.2. Ideas sobre el divorcio. 2.3. Hacia un concepto unitario de mentalidad divorcista.
2.3.1. Protección de la libertad. 2.3.2. Protección del amor. 2.3.3. Protección de la felicidad.
2.3.4. El gran error divorcista – la reversibilidad del pacto conyugal. 2.3.5. Los elementos
característicos de «la mentalidad divorcista». 3. La mentalidad divorcista en la biografía de
las partes. 3.1. Las causas de la mentalidad divorcista. 3.1.1. Influencia de la religión, filoso-
fía, ideología y política. 3.1.2. Influencia de terceros. 3.2. La mentalidad divorcista. De un
conjunto de ideas a un modo determinado de proceder. 3.2.1. Mentalidad divorcista como
remedio para los problemas del futuro. 3.2.2. Mentalidad divorcista como remedio para
los problemas del presente. 3.2.3. Mentalidad divorcista como remedio para los problemas
del pasado. 3.2.4. La mentalidad divorcista al servicio de otros intereses. 4. Conclusiones.
La mentalidad divorcista – una expresión muy ambigua. Capítulo 2 La influencia de la
mentalidad divorcista en la validez del matrimonio. 1. La validez del matrimonio. 1.1.
El consentimiento matrimonial. 1.2. El matrimonio – una realidad predeterminada. 1.3. La
indisolubilidad del matrimonio – problema para los divorcistas. 1.3.1. La indisolubilidad ma-
trimonial desde una perspectiva normativa. 1.3.2. La indisolubilidad matrimonial desde una
perspectiva esencial. 1.3.3. La indisolubilidad del matrimonio «secundum se». 1.3.4. La sacra-
mentalidad como fundamento último de la indisolubilidad – perspectiva eclesiológica. 1.3.5.
El aspecto espiritual de la indisolubilidad. 1.3.6. La disolubilidad imposible. 2. La mentalidad
divorcista en la formación del acto de voluntad matrimonial. 2.1. El acto positivo de voluntad.
2.1.1. Un breve repaso histórico. 2.1.2. Propiedades del acto positivo de voluntad. 2.1.3. El
carácter necesario de la positividad del acto. 2.1.4. Ausencia del acto positivo y presunción
de validez del matrimonio. 2.2. La influencia del error determinante en el consentimiento.
2.2.1. La esencia del error determinante. 2.2.2. Error determinante y otros errores. 2.2.3. La
voluntad matrimonial prevalente. 2.3. La mentalidad divorcista como causa de simulación.
2.3.1. La esencia de la simulación. 2.3.2. Las causas de simulación. 2.3.3. El objeto de la ex-
clusión en la simulación del matrimonio. 2.3.4. Propiedades del acto de exclusión. 2.3.5. La
exclusión implícita como un supuesto típico de los divorcistas. 2.3.6. La exclusión hipotética
y condición de futuro. 2.3.7. La exclusión obtiene efecto incluso si hay apariencias de validez.
2.4. La voluntad matrimonial suficiente para emitir el consentimiento válido a pesar de la
influencia de las ideas divorcistas. 2.4.1. La voluntad simulatoria insuficiente (voluntad habi-
tual, interpretativa, circunstancias contrarias al matrimonio). 2.4.2. Los errores irrelevantes
para la validez del matrimonio. 2.4.3. Exigencia de una indagación precisa. 3. Conclusión.
La mentalidad divorcista – «querer matrimonio y divorcio a la vez». Capítulo 3 La prueba
de la nulidad del matrimonio en casos de mentalidad divorcista en la práctica
del Tribunal de la Rota Romana. 1. Consideraciones generales sobre la prueba del acto

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PIOTR ŻUBER

positivo de voluntad simulatoria. 1.1. Las dificultades de la prueba de la simulación. 1.2. El


esquema básico de la prueba. 1.3. Certeza moral. 1.4. Presunciones y prejuicios en el proceso
canónico. 1.4.1. Presunciones a favor del matrimonio. 1.4.2. Presunciones que corroboran la
simulación. 1.4.3. Presunción «divorcista». 1.4.4. «Verbis facta sunt eloquentiora». 1.5. Concor-
dancia entre los códigos del 1917 y del 1983. 2. La instrucción de la causa y los elementos de la
prueba. 2.1. La confesión. 2.1.1. La confesión judicial. 2.1.2. La confesión extrajudicial. 2.1.3.
El contenido de la confesión. 2.2. «Las causas». 2.2.1. La causa de la simulación. 2.2.2. La
causa de celebración. 2.2.3. La causa de separación. 2.3. Circunstancias. 3. Las sentencias y los
decretos de la Rota Romana en los casos de los afectados por la mentalidad divorcista. 3.1. Las
decisiones confirmatorias. 3.1.1. Los decretos que confirman la sentencia afirmativa. 3.1.2.
Los decretos que admiten la causa al examen ordinario. 3.1.3. Las sentencias confirmatorias.
3.2. Las sentencias que rectifican las anteriores. 3.2.1. Los vicios de las sentencias rectificadas.
3.2.2. Rectificación gracias a la instrucción supletoria. 3.2.3. Otras situaciones que pueden
confundir al juez. El lenguaje de los que declaran en el juicio. 3.2.4. Sentencias concadenadas
de la Rota Romana. 4. Los criterios de la valoración de la prueba en casos de mentalidad di-
vorcista. 4.1. El cambio a negative. 4.1.1. Falta del tránsito del intelecto a voluntad, del intento
a la realización. 4.1.2. Divorcio como mera posibilidad. 4.1.3. La manipulación evidente. 4.2.
El cambio ad affirmative. Conclusiones. Bibliografía. Anexo – Sentencias analizadas.

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