APRÈS COUP, NUBOSIDAD VARIABLE Y PANDEMIA
María de Castro Oller
“Pensar es ir saltando de una habitación en otra sin ilación aparente, estancias del presente y del
pasado, algunas accesibles, otras cerradas para siempre o derruidas, nuestras o no, tan pronto morada
estable como refugio eventual del que solamente quedó un olor o una sombra movediza…”
Carmen Martín Gaite, Nubosidad Variable (1)
Escribe Pérez Reverte en su columna Patente de Corso, hablando del Tenorio,
que “no hay nada más estúpido que mirar el pasado sólo con los exclusivos ojos del
presente (2). Pues bien, parece que de tal juicio intrapsíquico presente no va a ser posible
escapar con tanta facilidad. Me parece de gran interés en la obra freudiana que hemos
revisado en nuestro seminario el concepto de après coup o retroactividad
(Nachträglich). Particularmente me empezó a ocupar más a partir de la idea generada
en el servicio público de psiquiatría infanto-juvenil donde trabajo de que un mismo
terapeuta debe hacerse cargo de todos los hermanos atendidos en el centro, ya que
“conoce a la familia y su historia”. La historia no es lineal, es también el presente
actuando sobre el pasado y resignificándolo; ni la historia es la misma para todos, no
debemos olvidar la singularidad en psicoanálisis o en cualquier otra intervención que
pretendamos sea terapéutica. Me ha sido también muy revelador el concepto de
realidad psíquica, y que los recuerdos muestran los hechos como nos parecieron, al
evocarlos luego en épocas posteriores. No podemos obviar ese trabajo secundario que
enmascara, que le da figurabilidad.
En mi consulta infantojuvenil la demanda, sobre todo en los niños más pequeños,
es de los padres. Muchos niños ni siquiera han tenido acceso al proceso secundario, ya
que el sujeto no tiene lenguaje estructurante (por su edad o porque consultan por
sospechas de autismo), o a la represión primaria, pues se trata de niños preedípicos que
no han accedido a la representación de la interdicción (si pensamos como Freud que la
represión primaria es mediada en parte por la educación, por la entrada en la cultura).
A veces la prohibición no parte de los padres, o lo hace de forma incompleta, ya que que
traen a su hijo a consulta porque su hijo es demasiado dependiente (de las pantallas,
que ellos les dejan usar; de ellos mismos, que les dejan compartir lecho, o que no les
llevan al colegio). Lo que es placer para un sistema es displacer para otro (como el deseo
cumplido a través de un hijo). Buscan que el psiquiatra ponga la ley, cuando el
cumplimiento de deseo amenaza con realizarse (de ellos como padres de esos hijos). Me
recuerda al après coup pero por poderes (by proxy), el efecto de la mirada interdictora
del analista sobre el deseo incestuoso de los padres, pero proyectado en el hijo, como
la risa de los dependientes por los vestidos de Emma, que les evoca su propia
prohibición; la mirada de los padres a su hijo como la de Emma a uno de los tenderos,
con deseo. La experiencia de la parentalidad reaviva deseos incestuosos orales. Como
en el caso Emma (3), la escena I (preedípica incluso, si eso es posible, aunque pensamos
que cierta interdicción debe estar ya presente, desde el destete) nunca podría ser
traumática en el niño, sólo podría serlo su recuerdo una vez instaurada la interdicción
resignificada a través de la escena II. Pero, y ¿qué ocurre cuando la escena I es
resignificada en los padres al tomar conciencia de su propio deseo en la escena II con su
hijo? El niño desconoce su deseo incestuoso, que sí es señalado y proyectado en él por
los padres, que con él se identifican. La mirada del terapeuta parece desencadenar la
retroactividad en los padres.
La retroactividad o après coup abre varias puertas importantes en el desarrollo
del pensamiento psicoanalítico freudiano:
La realidad psíquica frente a la realidad material. Se discutía, como mencionaba
antes, en nuestro servicio de psiquiatría infanto juvenil, la conveniencia de atender un
mismo profesional a todos los hermanos de una familia, ya que conoce “la realidad de
esa familia”. Pues bien, parece más bien al contrario, que habrá tantas realidades como
sujetos, y que esas “realidades” se modifican momento a momento, de atrás adelante y
de adelante atrás (bidireccionalmente).
Eso nos lleva a otro concepto importante en la obra freudiana, que es el de la
temporalidad. Va dejando de lado Freud su teoría de la seducción, por la cual bastaba
con hacer emerger lo reprimido venciendo la resistencia para lograr la curación. Parece
que el trauma no es cronológicamente lineal, sino que se desarrolla en dos tiempos: un
primer tiempo que da lugar a un recuerdo que permanecía reprimido (el pellizco del
pastelero en el caso Emma, que vuelve en dos ocasiones), que es reavivado en un
segundo tiempo por otro recuerdo (que puede ser encubridor, no tiene por qué tratarse
de algo real, la risa de los dependientes de sus vestidos de mujer y su atracción por uno
de ellos); y lo más importante, lo traumático no es el hecho, sino la resignificación, dar
sentido a algo que hasta entonces no lo tenía. Me recuerda al caso Emma una
adolescente a la que he atendido recientemente en tres consultas. Aunque sin poder
profundizar en este caso porque no se trata de un encuadre analítico (sino de consultas
de frecuencia aproximadamente mensual), y la intervención se va a dar por finalizada
con el traslado de la familia (su padre barbero se ha trasladado a otra ciudad, el resto
de la familia lo hará al terminar los colegios), creo que nuestro seminario me ha hecho
posible tener otra mirada sobre la paciente en cuestión. Durante una clase de educación
física cuenta al profesor varón un contacto sexual sucedido unos meses antes con un
chico algo mayor, que tuvo lugar en dos ocasiones, y cuenta que este chico le amenazó
con que si ella contaba algo de lo sucedido se volvería a repetir. Dice que no le gusta el
contacto físico de la clase y que lo ha contado sólo para no tener que hacer gimnasia, la
llevan a urgencias y ya no quiere hablar, insiste únicamente en que no quiere hacer
deporte nunca más. Surge en este segundo tiempo el fracaso de la represión y con su
fracaso el síntoma, la fobia. Parece existir desde la urgencia la fantasía de solución
catártica, aunque contrarios al psicoanálisis todos se esfuerzan en que cuente en detalle
lo sucedido, le llegan a plantear ingreso, supongo que para extraerle el cuerpo extraño.
La madre dice que espera que a mí me lo cuente todo; la paciente dice que prefiere
hablarlo con el policía. Me recuerda al cumplimiento de deseo del que también hablaba
Freud en el caso Katharina (4) mediante el relato a ambos varones, aunque como digo se
trata sólo de hipótesis.
En su etapa inicial en Freud habla de sucesos traumáticos como eventos
conscientes que acabaron reprimidos, casi voluntariamente, aunque más adelante
contempla la posibilidad de que se trate de sucesos que nunca han llegado a la
conciencia, huellas mnémicas anteriores a la palabra. Me surge entonces la cuestión de
la psicopatología que ha aflorado en estos tiempos de pandemia en los adolescentes. Se
han incrementado notablemente las visitas a urgencias, aumentando enormemente las
consultas por autolesiones, tentativas de suicidio, trastornos de la alimentación, fobia y
absentismo escolar, adicción a pantallas, y de forma general sintomatología ansiosa,
depresiva o postraumática (entendiendo aquí trauma en términos médicos) (5). Pienso
si no habrá algo de este fenómeno de retroactividad en esta expresión sintomática
actual, emerge el síntoma a partir de un encierro, una situación extraña en la que la
escena primaria se revive, nunca antes estuvieron encerrados tanto tiempo padre,
madre e hijo, como en etapas muy tempranas del desarrollo.
Parece que hay una relación bidireccional entre ambos sucesos. El segundo
tiempo (la pandemia, amenaza de muerte) resignifica el primero (la fantasía incestuosa),
le otorga un sentido, teniendo en cuenta que el inconsciente es atemporal. Sufre el
efecto de un golpe (coup), que rompe con lo anterior en la manera de conceptuarlo. El
padre es además el sujeto débil (neumonías más graves en varones de mediana edad,
padres de adolescentes), percibidos con fragilidad por sus hijos, que podrían acabar con
ellos como portadores del virus.
Pero también el primer suceso (la fantasía incestuosa y el temor) es un primer
ladrillo que soporta al segundo, ya que están conectados asociativamente, y éste
segundo hace emerger el síntoma al haber reactivado las representaciones y haber
fracasado la represión. El síntoma como cumplimiento de deseo, el encierro
inicialmente impuesto y posteriormente condicionado por la clínica reaviva la fantasía.
Pensando en après coup he recordado en estos tiempos un libro que leí en plena
adolescencia, Nubosidad Variable (1), y que he podido ahora resignificar. Se trata de una
novela epistolar, dos amigas de infancia que se encuentran en una fiesta después de 30
años, a partir de ahí se reaviva su deseo de escribir cartas, y quizá otro deseo también.
Sofía Montalvo es madre de tres hijos, eclipsada por un marido de éxito pero
ausente, y es animada a escribir por su amiga; escribe frases como “El alma humana se
parece a las nubes. No hay quien la coja quieta en la misma postura”. Empieza el libro
contando en una carta un sueño con su amiga, “tumbadas en el campo mirando las
nubes; antes habían pasado otras muchas cosas no tan placenteras, creo que me
perseguían porque estaba implicada en un atentado, y es posible que allí encima de la
hierba se lo estuviese contando a Mariana, aunque no estoy segura, ni tampoco de que
ella viniera conmigo cuando lo de la persecución. De los sueños aterriza una con la
cabeza tonta y siempre se han perdido cosas fundamentales” (6). Conoce bien la censura;
también la condensación (la hierba), desplazamiento y representabilidad.
Mariana León, es una psiquiatra supuestamente de éxito, pero que parece
perdida, desamparada, con fragilidad en sus vínculos amorosos, que escribe cartas sin
intención de ser leídas mientras se fuga en lo que parece un rapto melancólico.
En ambas ese reencuentro genera algo, una relectura de su relación infantil: un
sueño en Sofía (que más adelante dice es construido sobre el paisaje de los pantanos de
Gimmerton de Cumbres Borrascosas, novela de amor pasional) (7), y un síntoma en
Mariana, la melancolía. Mariana inicialmente dice que es mejor no encontrarse con su
amiga, pues “aún puede ser quebradizo el suelo que pisamos”, luego manifiesta que
quiere quitarle a ésta la culpa, al tiempo que afirma necesitar tumbarse en un diván con
su amiga en la cabecera. En ambas intuyo resurgir una escena que parecía dormida
sobre un vínculo entre ambas de apariencia homosexual infantil, quizá amarse en la otra
que es digna de amor y que es igual a mí. Sofía pregunta a Mariana en su carta “¿te
encontré en persona o en personaje?”, me parece que evoca esa resignificación, ese
recuerdo en segundo tiempo, que bien pudiera ser encubridor, quizá de otro amor
imposible, el de la madre. En palabras de Freud “nos encontramos aquí ante el caso de
que un recuerdo despierte un afecto que no pudo suscitar cuando ocurrió en calidad de
vivencia, porque en el interín las modificaciones de la pubertad tomaron posible una
nueva comprensión de lo recordado” (8).
Quiero por último expresar mi agradecimiento porque este seminario me ha
servido enormemente para continuar un camino de cambio de escucha, ya iniciado con
el análisis. Se me ocurre una metáfora que surge de una película, “The Sound of Metal”.
Un batería de profesión se queda sordo, supone eso una ruptura en su vida y en su
identidad. Un día en el parque conecta con un otro niño sordo, siente lo que pulsa
golpeando a través de un tobogán, que me recuerda un diván. Tratar de buscar no las
palabras manifiestas, sino lo que late debajo (9).
BIBLIOGRAFÍA
1. Martín Gaite, C. Nubosidad variable. Barcelona: Ed Anagrama; 1992. p 195.
2. [Link]
machista/
3. Freud, S. Proyecto de una psicología para neurólogos (1895). Obras completas
de Freud. Madrid: Biblioteca Nueva; 2017. p 252-254.
4. Freud, S. Obras completas de Freud. Estudios sobre la histeria (1905). Madrid:
Biblioteca Nueva; 2017. p 101-107.
5. Pedreira Massa, JL. "Salud mental y COVID-19 en infancia y adolescencia: visión
desde la psicopatología y la Salud Pública." Rev Esp Salud Pública 94.16 (2020):
17
6. Martín Gaite, C. Nubosidad variable. Barcelona: Ed Anagrama; 1992. p 11.
7. Martín Gaite, C. Nubosidad variable. Barcelona: Ed Anagrama; 1992. p 17.
8. Freud, S. Proyecto de una psicología para neurólogos (1895). Obras completas
de Freud. Madrid: Biblioteca Nueva; 2017. p 254.
9. [Link]