INTRODUCCIÓN.
PENSAMIENTO FILOSÓFICO
Y
HUMANIDADES.
PROGRESIÓN 8.
ÍNDICE.
ÍNDICE.
Propósito formativo 8 (progresión).
Contenidos específicos del propósito formativo 8.
8. La experiencia del ser vivo en lo colectivo.
8.1. Vida buena.
8.2. Kant y los imperativos en relación a lo colectivo.
8.3 Judith Butler: puede uno llevar una vida buena en
una vida mala.
Descripción del propósito formativo 8.
En esta progresión se pretende que el estudiante ejercite la
concepción que tiene de sí, que evalúe su vida, por medio
de un ejercicio escrito de lo que es, lo que desea ser, lo que
no quiere ser para los otros y lo que puede ser con los
otros.
Enuncia lo que conoce de sí misma/o para saber quién es
en relación con los acontecimientos, discursos,
instituciones, imágenes, objetos y prácticas, para expresar
cómo se sitúa a sí mismo en la colectividad.
LECTURA Y ACTIVIDAD.
ACTIVIDAD 1:
1.- ¿Es buena tu vida? ¿Por qué?
Si Pues considero que tengo una buena vida, no me hace falta nada tengo
una vida buena, pues cuento con el apoyo de mi familia, cuento con que
siempre me van a apoyar en todas mis desiciones, y siempre me estarán
apoyando
2.- ¿Qué debe de incluir una “vida buena”?
Honestidad,_proposito,_bienestar_físico_y_mental_aprendizaje,______
crecimiento,_contribución_a_la_sociedad,_justicia,_equidad,_gratitud,_
aprecio,_libertad_y_autonomia.__________________________________
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3.- ¿Se puede tener una vida buena rodeada de mal?
Si_se_puede_tener_una_vida_buena_rodeada_de_maldad,_es_complej-
a_y_depende_de_varios_factores_________________________________
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4.- ¿Cuál crees que es el origen del mal (lo malo) en la vida?
Por_la_naturaleza_humana,_sociedad,_cultura_y_la_falta_de_________
conocimiento_o_comprensión,_conplejidad_y_la_incertidumbre.______
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LECTURA 1:
KANT Y LOS IMPERATIVOS CATEGÓRICOS.
Para poder reconocernos como seres individuales, primero debemos de
reconocer que el ser humano es un ser social, nace para vivir en sociedad,
sin ella no podría sobrevivir. En ella se relaciona e interactúa con otros,
convirtiéndose así en sujeto de derechos, pero a la vez también de
obligaciones. La vida en sociedad permite a los hombres y mujeres alcanzar
sus objetivos individuales y colectivos, por lo cual se hace indispensable
llegar a un acuerdo mediante el desarrollo de valores éticos y normas
morales que los ayuden a encontrar los puntos en común y poder desarrollar
una sociedad donde prevalezca la paz y armonía y de este modo lograr una
sana convivencia.
La existencia de las normas siempre ha afectado a las personas, ya que
desde pequeños captamos por diversos medios la existencia de dichas
normas y, de hecho, siempre somos afectados por ellas en forma de consejo,
de orden o en otros casos como una obligación o prohibición, pero siempre
con el fin de tratar de orientar e incluso determinar cómo debemos de
comportarnos.
Para ello han surgido diferentes escuelas de carácter ético para designar lo
que podría generar una “vida buena” algunas de ellas son el intelectualismo
desarrollado por Sócrates que ya revisaste en la progresión 3, otra es el
eudemonismo de Aristóteles que revisaste en la progresión 4; ahora
revisaremos la propuesta de Kant con el formalismo.
Dicha teoría considera que la moral no debe ofrecer normas concretas de
conducta, sino limitarse a establecer cuál es la forma característica de toda
norma moral.
El principal representante de esta corriente filosófica es Immanuel Kant, para
quien: “La capacidad humana de distinguir entre el bien y el mal es tan innata
como las demás cualidades de la razón” (Gaarder, 2011, p. 351). Es decir,
que todos los seres humanos tienen idénticas formas de razonar y tienen
también acceso a la misma ley moral universal.
Por tanto: “Cuando los humanos se preguntan qué debo hacer para actuar
correctamente, la respuesta kantiana es: no debo seguir nunca mis
inclinaciones particulares, y debo comportarme de manera tal que mi
conducta pueda ser generalizada bajo la forma de una ley universal”
(D Auria, 2013, p. 17). A esto se le conoce como una “moral del deber” o
“formalismo ético”, en el sentido de que actuar conforme a la ley moral
universal que todos los humanos llevan en su conciencia se convierte en un
deber obligatorio.
La ley o norma moral no puede venir impuesta desde fuera (ni por la
naturaleza ni por la autoridad civil), sino que debe ser la razón humana la que
debe darse a sí misma la ley. Si la razón legisla sobre ella misma, la ley será
universal, pues será válida para todo ser racional. Esta ley que establece
cómo debemos actuar correctamente, sólo es expresable mediante
imperativos (mandatos) categóricos (incondicionados).
Por lo tanto, toda acción es buena sólo si su máxima obedece a la ley moral.
En otras palabras, para este filósofo moderno la ley moral funciona como un
imperativo categórico que actúa sobre todos los individuos, sin tener en
cuenta sus deseos e intereses.
RESUMEN/SÍNTESIS.
El ser humano es un ser social que necesita vivir en sociedad para
poder alcanzar sus objetivos individuales y colectivos. Para lograr
una sana convivencia, es NECESARIO desarrollar valores éticos y
normas morales que ayuden a encontrar puntos en común, nos
ayuden a vivir en paz y armonía como sociedad.
La teoría del formalismo de Kant enfatiza la importancia de la razón
y la moral universal en la toma de decisiones éticas. Según Kant, la
moral es un deber obligatorio que se basa en la ley moral universal
y se expresa mediante imperativos categóricos.
Los imperativos categóricos.
Tienen la forma general “debes hacer X”, o en su versión prohibitiva, “no
debes hacer X”; “debes ser veraz”, “no debes robar”, son ejemplos de
imperativos categóricos. Pero para determinar si el imperativo que ha guiado
nuestra conducta es hipotético o categórico es preciso referirse a lo que ha
movido nuestra voluntad: si no hemos robado, nuestra conducta es conforme
al deber (conforme al imperativo “no debes robar”), pero si no hemos robado
por miedo a la policía, el imperativo que hemos seguido es hipotético (“no
debes robar si no quieres tener problemas con la policía”); sin embargo, si no
hemos robado porque la acción de robar es mala en sí misma,
independientemente de si nos pueda detener o no la policía, entonces
nuestro imperativo es categórico.
Kant da también unas fórmulas generales del imperativo categórico, fórmulas
que resumen todos los mandatos morales:
● Fórmula de la ley universal.
“Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo
que se torne ley universal”.
● Fórmula de la ley de la naturaleza.
“Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad,
ley universal de la naturaleza”.
● Fórmula del fin en sí mismo:
“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como
en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y
nunca solamente como un medio”.
● Fórmula de la autonomía.
“Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro
legislador en un reino universal de fines”.
Pero el seguimiento a estos imperativos ¿es suficiente para designar una
“vida buena”? y de seguirlos, como podremos identificarnos del resto del
colectivo (personas, instituciones y/o animales), para ello también es
recomendable revisar qué es lo que Kant identifica como estar vivo – vida.
Kant aborda el concepto de vida en su obra la Crítica de la facultad de juzgar
a partir de tres niveles: en el primero, mira la vida en su nivel biológico, que
no implica necesariamente autoconciencia pero que la hace posible (para
Kant “La vida es la condición de toda nuestra experiencia posible”); segundo,
la vida en sentido estético, en un nivel a la vez animal y racional, que sí
conlleva un grado elemental de autoconciencia como conciencia de la propia
vida, de las fuerzas vitales o de la vitalidad del cuerpo; finalmente, la vida en
sentido práctico, en un nivel racional, que implica la conciencia de nosotros
mismos como sujetos capaces de autodeterminación; esto implica el ser
capaces de reconocernos a nosotros mismos dentro del colectivo.
Hay continuidad entre estos tres niveles porque la conciencia de la propia
vida, el sentimiento de la vida requiere que haya vida orgánica. La
autoconciencia práctica, por su parte, en la medida que está ligada al
sentimiento de respeto (por especial que sea éste), requiere que el sujeto
sienta, y ya se ha visto que el sentimiento implica un tipo de autoconciencia
estética, relacionado con el sentimiento espiritual que experimentamos ante
lo sublime, se trata de un sentimiento de salud o bienestar muy propio del ser
humano.
RESUMEN/SÍNTESIS.
Kant sostiene que los imperativos categóricos son mandatos
morales universales que se basan en la razón y no en deseos o
intereses personales. Un ejemplo de imperativos categóricos es
"No debes robar".
Sin embargo, para determinar si un imperativo es categórico o
hipotético, debemos considerar la motivación detrás de la acción.
Kant sostiene que la vida buena se basa en la moralidad y la razón
y que los imperativos categóricos son fundamentales para guiar
nuestras acciones.
La vida se entiende en diferentes niveles, desde la biología hasta
la autoconciencia racional y la capacidad de autodeterminación.
La pregunta sigue siendo si el seguimiento de estos imperativos es
suficiente para designar una "vida buena" y cómo podemos
identificarnos como individuos dentro del colectivo.
LECTURA 2:
¿Se puede llevar una buena vida en
medio de una vida mala? (paráfrasis).
En compañía de tu profesor realicen una lectura reflexiva, de manera grupal,
de la paráfrasis del ensayo “¿SE PUEDE UNO LLEVAR UNA VIDA BUENA
EN UNA VIDA MALA?” realizado por Judith Butler.
¿Se puede llevar una buena vida en medio de una vida mala? (paráfrasis).
¿Cómo uno puede llevar una vida buena en una vida mala? Adorno,
subrayó la dificultad de encontrar una manera de buscar una vida buena para sí
mismo, como sí mismo, en el contexto de un amplio mundo que es estructurado
por la desigualdad, explotación y formas de aniquilación.
Tenemos dos problemas: el primero es cómo vivir nuestra propia vida bien, de
tal manera que podríamos decir que estamos viviendo una vida buena dentro
de un mundo en el cuál la vida buena es estructural o sistemáticamente
adjudicada a muchos otros. El segundo problema es, ¿de qué forma esta
pregunta se adjudica a nosotros ahora? O, ¿cómo el contexto histórico en el
cuál vivimos condiciona y permea la forma de la pregunta en sí?
“La vida buena” es una frase controversial, ya que hay tan diversos puntos de
vista sobre lo que ‘la vida buena’ pudiera ser. Muchos han identificado la vida
buena en una economía saludable, prosperidad, o inclusive seguridad, pero
sabemos que tanto una economía saludable y seguridad pueden ser logrados
por aquellos que no están viviendo una vida buena. Y esto es más claro cuando
aquellos que afirman el vivir la vida buena lo hacen aprovechándose del trabajo
de otros, o apoyándose en el sistema económico que afianza la desigualdad.
Entonces ‘la vida buena’ tiene que ser definida más ampliamente para que no
pre suponga o implique desigualdad, o ‘la vida buena’ tiene que reconciliarse
con otros valores normativos.
Cuando Adorno cuestiona si es posible llevar una vida buena en una vida mala,
él está preguntando sobre la relación que hay entre la conducta moral en las
condiciones sociales, pero más ampliamente sobre la relación de la moralidad
en la teoría social; en efecto, él está también preguntando cómo las amplias
operaciones de poder y dominación entrelazan, o interrumpen, nuestras
reflexiones individuales sobre cómo vivir mejor. En estas lecturas Problemas de
la Filosofía Moral, él escribe:
“la conducta ética o moral y la conducta inmoral es siempre un fenómeno social
- en otras palabras, no tiene absolutamente ningún sentido el hablar sobre
conductas éticas y morales separada de las relaciones de las personas entre
ellas, y el individuo que existe puramente para sí mismo es una vacía
abstracción”. (*)
RESUMEN/SÍNTESIS.
El filósofo Adorno plantea una pregunta fundamental: ¿es posible
vivir una vida buena en un mundo que es injusto y desigual? Esta
pregunta nos lleva a reflexionar sobre la relación que hay entre la
moralidad individual y las condiciones sociales. Adorno nos invita a
reflexionar sobre la complejidad de vivir una vida buena en un
mundo que es injusto. La moralidad individual no puede ser
separada de las condiciones sociales y es importante considerar
cómo las estructuras de poder y dominación influyen en nuestras
decisiones y acciones. La pregunta sobre cómo vivir una vida
buena sigue siendo relevante y requiere una reflexión profunda y
crítica.
Adorno plantea la pregunta sobre si es posible vivir una vida buena
en un mundo que es estructuralmente injusto y desigual.
La respuesta a esta pregunta es compleja y depende de cómo se
defina "la vida buena". Algunos pueden considerar que la vida
buena se logra a través de la prosperidad económica o la
seguridad, pero Adorno argumenta que estas definiciones pueden
ser problemáticas si se basan en la explotación o la desigualdad.
Adorno plantea la pregunta sobre si es posible vivir una vida buena
en un mundo malo y destaca la importancia de considerar la
relación entre la moralidad individual y las condiciones sociales. La
definición de "la vida buena" es compleja y controvertida, y requiere
una consideración cuidadosa de los valores y principios que guían
nuestras acciones.
Y entonces toma sentido el preguntar: ¿cuál configuración social de ‘vida’
entra dentro de la pregunta, cómo vivir mejor? Si pregunto cómo vivir
mejor, o cómo llevar una vida buena, pareciera que trazo sobre, no sólo
ideas de qué es bueno, sino también sobre qué es vivir, y qué es vida. Debo
tener un sentido en mi vida a manera de preguntar qué tipo de vida hay que
llevar, y mi vida debe parecerse a algo que yo quisiera llevar, algo que no
sólo me dirija. ¿Cómo debo llevar mi vida? ¿Cómo debe uno llevar una
vida cuando no todos los procesos que engloban una vida pueden ser
dirigidos, o cuándo sólo algunos aspectos de la vida pueden ser dirigidos o
formados de manera deliberada o reflexiva, y otros claramente no?
Entonces si la pregunta, “¿cómo debo de llevar una vida buena?”, es una
de las preguntas elementales de la moralidad, en efecto tal vez la pregunta
que la define, entonces se vería que la moralidad desde su concepción está
entrelazada con biopolíticas (aquellos poderes que organizan la vida,
inclusive los poderes que disponen diferenciar las vidas a una precariedad
como parte de una vasta organización de la población mediante acciones
gubernamentales y no gubernamentales, y que establece las medidas para
la diferenciación de la vida misma). Al preguntarme cómo llevar mi vida,
estoy al mismo tiempo negociando dichas formas de poder. La pregunta más
individual de la moralidad – ¿cómo vivo esta vida que es mía? – está
entrelazada con cuestiones biopolíticas destiladas en formas como las
siguientes:
¿Cuáles vidas importan? ¿Cuáles vidas no importan como vidas, no
son reconocidas como vivientes, o cuentan sólo ambiguamente como
con vida?
Aquellas preguntas presumen que no podemos tomar por hecho que todos
los seres humanos cuentan con el estatus de un sujeto quien es merecedor
de derechos y protecciones, con libertad en el sentido de pertenencia
política; al contrario, dicho estatus debe ser asegurado por medios políticos,
y donde es negado aquella privación debe de ser manifestada. Ha sido mi
sugerencia que el entender las diferentes maneras en el que se localiza
dicho estatus, debemos preguntar: ¿cuáles vidas están acongojadas, y
cuáles no? La organización biopolítica de la descongoja es una prueba
crucial en lo referido a la pregunta, ¿cómo llevo esta vida? Y ¿cómo vivo
esta vida dentro de la vida, las condiciones de vivir, que nos
estructuran ahora? ¿Cuáles vidas se consideran ya no vidas, o sólo
parcialmente vivas, o ya muertas o pasadas, antes de una destrucción
explícita o abandono?
Si soy yo el que deliberará en cómo vivir la mejor vida, entonces tengo que
presuponer que la vida que busco alcanzar pueda ser afirmada como vida,
que pueda yo afirmarla, aún y cuando no sea afirmada más generalmente, o
bajo aquellas circunstancias cuando no es siempre fácil de discernir si hay
una afirmación social y económica en mi vida. Después de todo, esta vida
que es mía es reflejada de vuelta hacia mí desde el mundo que está
dispuesto a asignar el valor de la vida diferencialmente, un mundo dentro el
cuál mi propia vida es valorada más o menos que las otras. En otras
palabras, esta vida que es mía me refleja un problema de igualdad y poder y,
más ampliamente, de justicia o injusticia de la designación de valor.
Entonces si este tipo de mundo – lo que pudiéramos obligar a llamar ‘la vida
mala’ – falla en reflejar de regreso mi valor como ser humano, entonces debo
convertirme en crítico de esas categorías y estructuras que producen aquella
forma de olvido y desigualdad.
Además, está implicado en el poder de las diferencias que deciden qué vida
importa más, y qué vida importa menos, qué vida se convierte en el
paradigma para todas las criaturas vivientes, y qué vida es una no-vida
dentro de los términos contemporáneos que gobiernan el valor de los seres
vivos. Adorno hace la observación que:
“necesitamos aferrarnos a las normas morales, de autocrítica, de
cuestionarnos qué está bien y qué está mal, y al mismo tiempo a un sentido
de la falibilidad de la autoridad que tiene la confianza para emprender esa
autocrítica”.
Entonces pienso y debo de preguntar, ¿cómo debo yo de vivir una vida
buena?, que es también una amplia vida social, que está conectada con
otros seres vivos de maneras que me comprometen en una relación crítica a
las discursivas órdenes de vida y valor en las que yo vivo, o, más bien, en
cuáles me esfuerzo a vivir. La pregunta de cómo vivir una buena vida,
entonces, ya se encuentra, desde el principio, enlazada con esta
ambigüedad, es mi vida, pero también es una vida social que pertenece a
una comunidad.
El imperativo moral para llevar una vida buena y las preguntas reflexivas que
engendra puede algunas veces parecer muy cruel y sin pensar en aquellos
que viven en condiciones de desesperación, y podemos tal vez entender
fácilmente el cinismo que a veces envuelve la misma práctica de la
moralidad: ¿por qué debo de actuar moralmente, o inclusive preguntarse de
cuál es la mejor vida para vivir (de tal manera que yo podría entonces llevar
una vida buena), si mi vida ya no está considerada de ser una vida, si mi vida
ya es tratada como una forma de muerte, o si yo pertenezco a lo que
Orlando Patterson ha llamado el campo de la ‘muerte social’ – un término
que él ha usado para describir la condición de vivir bajo la esclavitud?
Dentro de las condiciones temporales de migración forzosa, vastas
poblaciones ahora viven sin el sentido de un futuro seguro, sin el sentido de
una continuidad de pertenencia política, viviendo con el sentido de una vida
dañada como parte de las experiencias diarias.
No quiero decir que la lucha para la sobrevivencia precede el dominio de la
moralidad o la obligación moral en sí, ya que sabemos que inclusive bajo
condiciones de amenaza extrema, la gente ofrece cualquier acto de apoyo
que sea posible. Sabemos esto de algunos de los reportes extraordinarios de
los campos de concentración. En el trabajo de Robert Antelme, por ejemplo,
puede ser el intercambio de un cigarrillo entre aquellos que no comparten un
lenguaje en común, pero se encuentran a sí mismos en las mismas
condiciones de encarcelamiento y peligro en el KZ.
O en el trabajo de Charlotte Delbo, el repentino ofrecimiento a otro del último
pedazo de pan que uno necesita desesperadamente para uno mismo. Y, sin
embargo, en estos mismos relatos, hay entre ellos aquellos quienes no
extenderán la mano, quienes tomarán el pan para sí mismos, acumularán los
cigarrillos, y algunas veces sufrieron la angustia de privar a otro bajo las
condiciones de destitución radical. En otras palabras, bajo condiciones de
extrema angustia y de elevada precariedad, el dilema moral no se hace a un
lado; éste persiste precisamente en la tensión entre el querer vivir y querer
vivir de cierta manera con otros.
Hannah Arendt insistió en la crucial distinción entre el deseo de vivir y el
deseo de vivir bien, o, más bien, el deseo de vivir la vida buena. Para Arendt,
la supervivencia no fue, y no debe de ser, una meta en sí misma, debido a
que la vida en sí no es un bien intrínseco. Sólo la vida buena hace la vida
digna de ser vivida.
Acciones que son performativas son irreducibles a aplicaciones técnicas, y
son diferenciadas de las pasivas y transitorias formas de la experiencia.
Entonces, cuándo y dónde hay sufrimiento o transitoriedad, está ahí para ser
transformada en una vida de acción y pensamiento.
En efecto, no podríamos empezar a entender por qué es tan difícil vivir una
vida buena, una vida mala, si fuéramos invulnerables a aquellas formas de
poder que explotan o manipulan nuestro deseo de vivir. Nosotros deseamos
vivir, inclusive vivir bien, dentro de la organización social de la vida,
regímenes biopolíticos, que a veces establecen nuestras propias vidas como
desechables o despreciables o, peor aún, buscan negar nuestras vidas. Si
no podemos persistir sin las formas sociales de vida, y si la única disponible
es aquella que funciona contra el prospecto de nuestra vida, nos
encontramos en una difícil atadura, si no es que en una imposible.
Poniéndolo en otras palabras, somos, como cuerpos, vulnerables a otros y a
instituciones, y esta vulnerabilidad constituye un aspecto de la modalidad
social mediante el cual los cuerpos persisten. El asunto de mi o tu
vulnerabilidad nos implica un amplio problema político de igualdad y
desigualdad, debido a que vulnerabilidad puede ser proyectada y negada
(categorías psicológicas), pero también explotada y manipulada (categorías
sociales y económicas) en el curso para producir y naturalizar formas de
desigualdad social. Esto es lo que yo quiero decir por distribución desigual
de vulnerabilidad.
Si regresamos, entonces, a nuestra pregunta original, cómo es que yo pueda
llevar una vida buena en una vida mala, podemos repensar esta pregunta
moral a la luz de las condiciones sociales y políticas sin tener que erradicar
la importancia moral de la pregunta. Pudiera ser que la pregunta de cómo
vivir una vida buena depende del tener el poder de vivir una vida como
también con el sentido de tener una vida, vivir una vida o, en efecto, el sentir
estar vivo.
Uno pudiera desear simplemente de vivir una vida buena en medio de una
vida mala, encontrándose su propio camino como el mejor que uno puede
llevar y descartar las amplias desigualdades económicas y sociales que son
producidas mediante organizaciones específicas de vida, pero no es tan
sencillo, después de todo, la vida que yo vivo, aún y cuando claramente es
esta vida y no otra, está ya conectada con una amplia red de vidas, y si no
estuviera conectada con dichas redes yo no podría en efecto vivir.
RESUMEN/SÍNTESIS.
En “Los Problemas de la Filosofía Moral de Adorno”, lo que empieza como
una cuestión moral sobre como el perseguir la vida buena en una vida mala
culmina en la declaración que debe de haber resistencia a la vida mala a
manera de perseguir la vida buena. Esto es lo que escribe:
“la vida en sí se encuentra tan deformada y distorsionada que nadie es capaz
de vivir la vida buena en ella o de alcanzar su destino como ser humano. En
efecto, yo iría tan lejos para decir que, dadas las circunstancias en que el
mundo está organizado, inclusive la más simple demanda por la integridad y
la decencia deben necesariamente llevar casi a todos a la protesta.”
“La única cosa que posiblemente pueda ser dicha es que la vida buena de
hoy en día pudiera consistir en resistir las formas de vida mala (falsas) que
han sido vistas a través de y críticamente disecadas por las mentes más
progresivas.”
El perseguir la vida buena pudiera ser una vida verdadera. Adorno continua:
“Esta resistencia a lo que el mundo nos ha hecho no implica en lo absoluto
solamente una oposición al mundo exterior con la base que seríamos
completamente intitulados de resistir ... En suma, debemos también movilizar
nuestros propios poderes de resistencia a manera de resistir aquellas partes
de nosotros que se encuentran tentadas a unirse a ellas”.
Lo que Adorno quizá habrá dicho para regular en aquellos momentos es la
idea de la resistencia popular, de formas de crítica que toman forma como
cuerpos amasados en las calles para articular su oposición a regímenes
contemporáneos en el poder. Pero también resistencia es entendida como un
expreso ‘no’ por parte del yo que quiere ir a lo largo del status quo. Hay tanto
la idea de resistencia como una forma de crítica que sólo los pocos selectos
pueden llevar a cabo y la idea de resistencia como la resistencia a una parte
del yo que busca unirse a lo que está mal, una cuenta interna en contra de la
complicidad.
RESUMEN/SÍNTESIS.
Lo que empieza como una cuestión moral sobre cómo perseguir la
vida buena en una vida mala acaba en la declaración que debe de
haber resistencia a la vida mala a manera de perseguir la vida
buena.
Según Adorno, la vida en el mundo actual está tan deformada y
distorsionada que es imposible vivir una vida buena sin resistir las
formas de vida mala que la rodean. La resistencia es necesaria
para perseguir la vida buena y consiste en oponerse a las
estructuras y sistemas que perpetúan la injusticia y la
desigualdad.
Adorno argumenta que la vida buena sólo puede ser alcanzada a
través de la resistencia a la vida mala y que esta resistencia
requiere una forma de crítica y autoconciencia que nos permite
oponernos a las estructuras injustas y a nuestras propias
tendencias a la complicidad. La resistencia es una forma de vida
que puede ser llevada a cabo por individuos y colectivos que
buscan crear un mundo más justo y equitativo.
ACTIVIDAD DE EVALUACIÓN:
Como actividad de retroalimentación, desarrolla un texto autobiográfico en el
que escribas ¿Quién eres? (incluyendo tu historia de vida y el entorno en que
te desarrollas). ¿Qué es lo que deseas ser? ¿Qué no quieres ser para los
otros?, (familia, comunidad). ¿Qué quieres ser para los otros?
Mi nombre es Benny Bucio Garcia y actualmente soy estudiante de
enfermería. Desde muy joven me ha interesado el cuidado de la salud y la
atención a las personas, lo que me motivó a estudiar esta carrera que me
permite aprender cada día sobre el valor de la vida, la empatía y la
responsabilidad. Mi historia de vida ha estado marcada por el esfuerzo y el
deseo constante de superarme. Vengo de una familia que me ha enseñado
que los sueños se logran con trabajo, disciplina y humildad. Gracias a su
apoyo he comprendido que cada paso, por pequeño que parezca, es
importante en el camino hacia mis metas.
Durante mi formación, he aprendido que el entorno en el que nos
desarrollamos influye mucho en lo que somos. Mi familia, mis amigos y mi
comunidad han sido pilares fundamentales en mi crecimiento personal. He
vivido en un ambiente donde el respeto, la solidaridad y la unión son valores
esenciales. Esto me ha motivado a seguir adelante incluso cuando las cosas
no son fáciles. Las experiencias que he enfrentado me han enseñado que
cada obstáculo puede convertirse en una oportunidad para aprender y crecer
como persona.
Ser estudiante de enfermería ha sido una experiencia que me ha permitido
descubrir mi verdadera vocación: ayudar a los demás. Sin embargo, mi
mayor sueño es convertirme en médico. Quiero seguir preparándome,
continuar estudiando y alcanzar ese objetivo que desde niño he tenido en
mente. No solo deseo obtener un título, sino también desarrollar las
habilidades y los conocimientos necesarios para atender a las personas con
profesionalismo, respeto y humanidad. Ser médico representa una forma de
contribuir al bienestar de la sociedad, de devolver un poco de lo que la vida
me ha dado y de ser una herramienta de cambio positivo en la vida de los
demás.
En cuanto a lo que no quiero ser, tengo claro que no deseo convertirme en
una persona indiferente, egoísta o conformista. No quiero que mi familia ni mi
comunidad me recuerden como alguien que no luchó por sus metas o que
perdió su rumbo. No deseo vivir sin propósito ni dejar que la rutina apague
mis aspiraciones. Quiero mantener siempre la humildad, la empatía y la
sensibilidad humana que caracterizan a quienes trabajan por el bienestar de
otros.
Por otro lado, lo que sí quiero ser para los demás es alguien en quien
puedan confiar. Deseo ser una persona que inspire y motive a quienes me
rodean, especialmente a los jóvenes que, como yo, sueñan con un futuro
mejor. Quiero ser un apoyo para mi familia, un ejemplo de esfuerzo y
superación, y una ayuda real para mi comunidad. Me gustaría que, a través
de mi trabajo en el área de la salud, pueda contribuir a mejorar la calidad de
vida de las personas y brindar esperanza en los momentos más difíciles.