Efectividad del ejercicio aeróbico sobre la sintomatología del trastorno de
ansiedad relacionado al Síndrome Post-COVID-19.
Planteamiento del problema
La ansiedad es una respuesta natural ante situaciones estresantes o de peligro,
por ello es de esperarse que aparezca en las personas tras una hospitalización o
un resultado positivo por COVID-19. Cuando ésta perdura en tiempo y magnitud,
sin tener relación con una situación específica o de amenaza, resulta en
alteraciones conductuales incapacitantes, derivándose a un trastorno de ansiedad.
Aunado a esto, han sido reportadas otras alteraciones como depresión y
trastornos del sueño meses posteriores a la infección.
El trastorno de ansiedad afecta el bienestar de los individuos, asociándose a un
deterioro de la salud cardiovascular y mortalidad prematura. Debido a la
naturaleza multiorgánica de la COVID-19, esta forma parte de los factores de
riesgo biológicos para el trastorno de ansiedad, junto con la capacidad de
respuesta del sistema inmune, edad, genética, sexo femenino, antecedentes
psiquiátricos y médicos (síndrome de distrés respiratorio agudo y necrosis
avascular); por su parte, los factores de riesgo psicosociales son el aislamiento
social, inaccesibilidad a servicios médicos, permanencias en UCI y ser profesional
de la salud (Uzunova, Pallanti, & Hollander, 2021; de Sousa Moreira, y otros,
2021). Como resultado del descenso en la respuesta inmunitaria por factores
como la disminución de la función física y el aumento del estrés y la ansiedad, el
riesgo de reinfección continua latente en los pacientes afectados por la COVID-19.
Existe evidencia acerca de programas de ejercicios aeróbicos que indican efectos
positivos sobre las manifestaciones clínicas y el pronóstico sobre el síndrome Post
COVID- 19 y la probabilidad de sufrir trastorno de ansiedad. Sin embargo, no
existe un consenso sobre qué dosificación del ejercicio aeróbico tiene mayor
efectividad en el trastorno de ansiedad relacionado al Síndrome Post-COVID-19.
Por ello surge la siguiente pregunta de investigación: ¿Cuál es la efectividad del
ejercicio aeróbico sobre la sintomatología del trastorno de ansiedad
relacionado al Síndrome post-COVID-19?
Justificación
El presente protocolo de investigación se enfocará en un estudio comparativo
entre las distintas dosificaciones del ejercicio aeróbico y sus efectos sobre la
sintomatología del trastorno de ansiedad relacionado al Síndrome Post-COVID-19,
ya que debido a la ambigüedad de la evidencia científica se desconoce la
dosificación del ejercicio que mayor beneficio aporta a dicho trastorno. Este trabajo
pretende conocer las diferencias de los efectos que las distintas dosificaciones
producen sobre la sintomatología del trastorno, además nuestra intención es
proponer una dosificación del ejercicio con la intención de coadyuvar en el
abordaje fisioterapéutico en pacientes con esta alteración neuropsiquiátrica.
Antecedentes generales
En diciembre de 2019 en Wuhan, China, se identificaron una serie de
enfermedades respiratorias atípicas agudas. La causa de estas se atribuyó a un
nuevo coronavirus, llamado Síndrome Respiratorio Agudo Severo Coronavirus-2
(SARS-CoV-2), y posteriormente se denominó Enfermedad por Coronavirus 2019
(COVID-19). Como resultado, la COVID-19 se convirtió rápidamente en una
pandemia, según lo declarado por la Organización Mundial de la Salud el 11 de
marzo de 2020. Desde su descubrimiento, ha habido casi 25 millones de casos
confirmados y 800 000 muertes en más de 200 países. (8)
La detección primaria de COVID-19 generalmente implica la investigación del
historial de viajes del individuo desde las regiones afectadas y el examen de su
sintomatología, seguido de algunos exámenes de apoyo. Además, las radiografías
de tórax que muestran la presencia de líquido adicional en la pleura y las sombras
infiltrantes podrían considerarse un parámetro esencial para la detección de la
infección por SARS-CoV-2. Estos hallazgos radiográficos pueden respaldarse
posteriormente con tomografías computarizadas (TC) de tórax, ya que
proporcionan imágenes más claras de las lesiones pulmonares. 16
De acuerdo con las investigaciones, entre el 10 y el 20% de los pacientes con
COVID-19 en fase aguda evolucionan a síntomas residuales que persisten desde
entonces como consecuencia de un fallo orgánico establecido. Este fenómeno fue
denominado desde junio de 2020 con el término “long COVID” (COVID
prolongado) para definir a aquellos pacientes que presentan síntomas una vez
finalizada la fase aguda de la enfermedad. También es conocido habitualmente
como Síndrome de COVID-19 Crónico (SCC), Síndrome post-COVID-19 o
Secuelas Post-Agudas de la Infección por SARS-CoV-2 (PASC). El Servicio
Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido definió el Síndrome post-COVID-19
como signos o síntomas persistentes e inexplicables durante 12 semanas,
desarrollados durante o después de la infección por COVID-19. Es importante
señalar que esta definición no implica que la enfermedad haya terminado o que las
personas se hayan recuperado, sino que la fase aguda de la enfermedad ha
terminado. (10)
Teniendo en cuenta la naturaleza multiorgánica del síndrome, cabe señalar que
puede producir casi cualquier manifestación clínica. De ahí que, diversos estudios
han informado de una lista de más de 200 síntomas diferentes en la evolución del
síndrome post-COVID-19, entre las que destacan: la disnea, la persistencia de las
alteraciones del olfato y del gusto, la fatiga, alteraciones musculoesqueléticas
(mialgias), conjuntivitis, ruidos respiratorios debilitados, síntomas
gastrointestinales (diarrea, náuseas y vómitos), neumonía, anomalías
cardiovasculares, sepsis, Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda, falla
multiorgánica y shock.También fueron frecuentes los síntomas neuropsicológicos
(cefalea, pérdida de memoria, lentitud de pensamiento, ansiedad, depresión,
trastornos del sueño, estrés, irritabilidad y trastorno de estrés postraumático) y
neurocognitivos (confusión mental e incapacidad para realizar tareas físicas
diarias, niebla cerebral, perturbaciones de la memoria, falta de atención o
concentración, dificultad en el funcionamiento ejecutivo, alteraciones de la
memoria a corto y largo plazo, problemas de problemas del habla y el lenguaje). A
su vez, se ha encontrado que las mujeres son más susceptibles que los hombres,
con una fuerte asociación entre la fatiga, las mialgias y la ansiedad. De igual
manera, es más probable que los síntomas persistentes se presenten con el
aumento de la edad y con la gravedad de la enfermedad. Cabe destacar que los
síntomas son de naturaleza fluctuante y su aparición varía con el tiempo. 10,1
Los datos sugieren que el síndrome post-COVID-19 puede estar causado por
mecanismos múltiples y/o sinérgicos. Pueden estar implicados factores genéticos
del huésped, lesiones preexistentes de los órganos diana de la COVID-19 debidas
a comorbilidades y el propio fallo agudo. Pueden añadirse modificaciones en la
respuesta inmunitaria al virus y mecanismos virales, como el establecimiento de
reservorios, estados de latencia o incluso la posible integración viral en el genoma
del huésped. Además, factores biopsicosociales pueden influir en la aparición de
síntomas prolongados.
Por lo que se refiere a las alteraciones neuropsicológicas como la ansiedad, se
plantea que su etiología está relacionada con las propiedades neurotrópicas del
SARS-Cov2 que le permiten infectar regiones del cerebro. Para ello se propone
que con la invasión retrógrada neuronal a través del bulbo olfatorio y/o del nervio
trigémino es posible que el receptor ACE-2 permite la acción del SARS-CoV-2 en
las células neuronales, que entonces activan la serina proteasa TMPRSS2,
permitiendo la entrada del virus. Este mecanismo puede ser potenciado por la
infección de las células endoteliales, lo que podría causar daños en la barrera
hematoencefálica y aumentar su permeabilidad y vulnerabilidad al virus, siendo el
flujo sanguíneo lento en los capilares un factor agravante de la interacción entre el
virus y las células endoteliales de los vasos del Sistema Nervioso Central (SNC),
las consecuencias de esta interacción son el edema cerebral, la hipertensión
intracraneal y la muerte neuronal. (11)(10)
El trastorno de ansiedad tiene una naturaleza multifactorial, varios estudios
destacan que la hospitalización en unidades de cuidados intensivos (UCI) y el uso
de ventilación mecánica son factores de riesgo para desarrollarlo debido a la falta
de contacto con familiares y seres queridos durante la cuarentena o la
hospitalización. Es probable que los síntomas psiquiátricos en pacientes
diagnosticados con COVID-19 no se evalúen ni se traten adecuadamente, ya que
los profesionales priorizan las alteraciones físicas. Sin embargo, la salud
psicológica juega un papel crucial en la aceleración de la recuperación del
paciente. (8)
El Trastorno de Ansiedad es un grupo de diversas alteraciones de salud mental
caracterizadas por hiperactividad, miedo excesivo y preocupación. Existen
subtipos de trastornos de ansiedad entre los cuales se incluye el Trastorno de
Ansiedad Generalizada (TAG), fobia social, trastorno de pánico y fobias
específicas. (12) Es considerado la sexta causa de discapacidad a nivel mundial
que impacta negativamente la calidad de vida, las relaciones interpersonales, la
ocupación y la productividad, ya que tiene una alta prevalencia que oscila entre el
3.8 y el 25% (13); además tiene una alta tasa de comorbilidad con otros trastornos
psiquiátricos como la depresión, abuso de sustancias y una mayor incidencia de
enfermedades cardiovasculares y mortalidad temprana. En el caso de los
pacientes con COVID-19, la prevalencia general es del 47 %. (12)(15)(8) Se
estima que la edad media de la primera aparición del TAG es a los 30 años, así
como individuos que presentan síntomas subclínicos experimentan mayor
probabilidad de desarrollar psicopatología clínicamente significativa. (13) Se ha
reportado que entre un 12 y 32% de la población coexiste con sintomatología
grave, y son las mujeres quienes tienen mayor probabilidad de padecer depresión
o ansiedad.(15) Para el diagnóstico de este, principalmente se requiere realizar un
historial clínico completo del paciente, en la medida de lo posible, dada la
gravedad de la enfermedad de COVID-19, lo que incluye tomar el historial médico
y psiquiátrico, y administrar escalas de calificación psiquiátrica para ansiedad,
depresión y trastorno de estrés postraumático (1), ejemplos de ellos son: el BAI
(Beck Anxiety Inventory) que ha mostrado ser un instrumento válido para
discriminar y detectar pacientes con patología ansiosa; está constituido por 21
ítems, cada uno de los cuales presenta un signo o síntoma y el evaluado debe
señalar entre cuatro opciones (nada, ligeramente, moderadamente y
severamente) la presencia del mismo la última semana, incluyendo el día de la
evaluación. El puntaje se obtiene con la sumatoria de los 21 ítems (todos directos),
cada ítem se evalúa en una escala de 4 puntos (de 0 a 3), la puntuación global
puede oscilar entre 0 y 63 puntos. (17) Por su parte, el GAD-7 (Escala de 7 ítems
del Trastorno de Ansiedad General) es una herramienta de cribado autoevaluado
para la detección rápida de posibles trastornos de ansiedad. Consta de siete
preguntas y se califica en una escala de Likert de 4 puntos. Se ha administrado a
pacientes de China, Irán y Ecuador en chino, persa/farsi y español,
respectivamente, había sido validado en estos idiomas. (8) El Inventario de
Ansiedad Rasgo-Estado (IDARE), versión en español del STAI (State-Trait Anxiety
Inventory), consta de dos escalas de autoevaluación que se utilizan para medir
dos dimensiones distintas de la ansiedad: la Ansiedad-rasgo, en la que se pide a
los sujetos describir cómo se sienten generalmente y la Ansiedad-estado, en las
que los sujetos responden cómo se sienten en un momento determinado; y consta
de 40 aseveraciones: 20 evalúan la ansiedad-rasgo y 20, la ansiedad-estado. El
sujeto debe responder a una de cuatro opciones: casi nunca, algunas veces,
frecuentemente y casi siempre para la escala de ansiedad-rasgo; y no, poco,
regular y mucho para la escala de ansiedad-estado. Las respuestas se califican
con 1, 2, 3 y 4 en los reactivos positivos (a mayor puntuación, mayor ansiedad) y
4, 3, 2 y 1 en los reactivos negativos (a mayor puntuación, menor ansiedad). (18)
Hasta la fecha, no existe un tratamiento específico para el manejo de los pacientes
con el síndrome post-COVID-19, debido a que el mayor esfuerzo de investigación
se ha centrado en la prevención y el tratamiento de la fase aguda de la
enfermedad. Sin embargo, han sido publicadas algunas guías de recomendación
con una visión completa del paciente, en las cuales se han abordado aspectos de
carácter físico, psicológico y social. Una vez descartada la presencia de
complicaciones sistémicas y la necesidad de derivación a determinados
especialistas, la atención debe centrarse en el manejo sintomático y la
rehabilitación física y mental (incluyendo el manejo de la fatiga, la reeducación
respiratoria o el apoyo psicológico o psiquiátrico). Las percepciones y la
autonomía del paciente deben estar en el centro de la toma de decisiones sobre la
programación de su estado de salud y cuidados. (10)(4)
Los esfuerzos deben centrarse en infundir un sentido de esperanza y fortalecer la
resiliencia. El enfoque general en el manejo de pacientes con ansiedad suele
consistir en agentes farmacológicos como: los Inhibidores Selectivos de la
Recaptación de Serotonina (ISRS), los Inhibidores de la Recaptación de
Serotonina-Norepinefrina (IRSN), las benzodiacepinas y la terapia cognitivo-
conductual (TCC). (12) Estas medidas pueden ser eficaces para reducir sus
síntomas, sin embargo, diversos estudios han observado que cerca del 60% de
pacientes con este trastorno no responden de manera positiva y muchos persisten
con síntomas residuales posterior al tratamiento (13), lo que resulta en el
abandono del mismo y un empeoramiento de los resultados. Por ello se sugiere
que los hospitales deberían implementar programas remotos de detección de
salud mental, evaluar el riesgo de suicidio y consultas psiquiátricas utilizando
tecnologías, como la telemedicina y las intervenciones de salud mental basadas
en Internet, además de establecer un sistema que permita una comunicación
adecuada entre los pacientes hospitalizados/en cuarentena y sus familias con el
fin de mejorar la alfabetización en salud y frenar la información falsa para ambos.
Los pacientes con COVID-19 y el público en general también pueden ayudar a
reducir el estigma social que rodea a los pacientes con COVID-19 y mejorar la
salud mental de los pacientes con un enfoque compasivo. (8)(1) Cabe destacar
que recientemente la integración de la actividad física y el ejercicio han sido
coadyuvantes para mejorar los síntomas y el trastorno de ansiedad 90 días
después. (12)(13)(9)(3)
Finalmente, esta condición definida como Síndrome post-COVID-19, afecta cada
vez más a un alto número de personas a medida que evoluciona la pandemia y es
evidente que tales secuelas tendrán graves consecuencias personales y
socioeconómicas. (9) (10)
Antecedentes específicos
Por definición, la actividad física es cualquier movimiento corporal producido por
los músculos esqueléticos que da lugar a un gasto energético; a diferencia de
éste, el ejercicio físico es un subconjunto de la actividad física que es planificada,
estructurada y repetitiva, con el propósito de mejorar o mantener uno o más
componentes de la aptitud física. (13)
Existe evidencia de que el ejercicio físico brinda beneficios para la salud a corto,
mediano y largo plazo que previenen, retrasan y aminoran una gran cantidad de
enfermedades metabólicas, pulmonares, cardiovasculares, neurocognitivas,
inflamatorias, reumáticas y musculoesqueléticas. Por su parte, la inactividad física
se ha asociado con un mayor riesgo de resultados graves de COVID-19 y de
desarrollar el trastorno de ansiedad o depresión (12)(10). Del mismo modo, se
muestra que los altos niveles de aptitud cardiorrespiratoria mitigan la probabilidad
de hospitalización debido a COVID-19. Por lo tanto, se podría plantear la hipótesis
de que una prescripción óptima de ejercicio físico en función de los síntomas
beneficiaría a las personas con Síndrome post-COVID-19 para recuperarse más
rápidamente y a aumentar su autonomía, funcionalidad y calidad de vida. (10)(13)
El ejercicio tiene efectos bien establecidos sobre la ansiedad entre adultos sanos,
con enfermedades crónicas y pacientes con trastorno de ansiedad. Sin embargo,
las personas con Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) tienen menos
probabilidades de cumplir con los niveles mínimos recomendados de actividad
física que las personas sin TAG. (13) Por lo general, las intervenciones basadas
en el ejercicio son eficaces como terapias independientes o complementarias para
reducir los síntomas de ansiedad. (12)
El ejercicio aeróbico junto con la terapia cognitivo-conductual mejoró los síntomas
en personas con trastorno de pánico y agorafobia, posiblemente actuando a través
de las "hipótesis de la respiración". (12) Los estudios analizados han demostrado
que la realización de ejercicios de resistencia y aeróbicos tras el alta hospitalaria
puede mejorar la capacidad funcional y mental. Las directrices para la prescripción
de ejercicios destinados a la promoción de la salud y la rehabilitación recomiendan
realizar tanto ejercicios de resistencia como aeróbicos, ya que puede inducir
mayores efectos en condiciones de salud, como la prevención y/o el tratamiento
de la sarcopenia y el mantenimiento de la función física (13). Por su parte, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda participar en programas de
fortalecimiento muscular que involucren los principales grupos musculares dos o
más días a la semana; el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM)
recomienda el entrenamiento de fuerza progresivo un mínimo de dos días no
consecutivos cada semana, con 1 a 3 series de 8 a 12 repeticiones para
beneficios de la fuerza muscular en los principiantes. (14)
Otro beneficio descrito por investigaciones anteriores es que el ejercicio estimula
la plasticidad del cerebro y aumenta el bienestar psicológico (controlando el
estado de ánimo y sus enfermedades, como depresión y ansiedad, reducir el
estrés psicológico y modular la percepción del dolor), modula la estructura y la
función del cerebro para estimular un fenotipo neurológico más saludable. Estas
modulaciones se inducen a través de cambios neuroquímicos y estructurales,
principalmente a través de la liberación de mioquinas inducidas por la contracción
y del Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF), provocando la
neurogénesis y la sinaptogénesis, especialmente en el giro dentado del
hipocampo, lo que promueve la plasticidad cerebral y previene la disfunción
cognitiva. De hecho, el ejercicio ha demostrado su eficacia en la disautonomía y el
POTS, bastante frecuentes entre las personas con síndrome post-COVID-19, al
restaurar la hemodinámica vertical, normalizar la capacidad de respuesta renal-
adrenal y mejorar la calidad de vida. Además, recientes estudios transversales
apoyan la necesidad de realizar ejercicio moderado con regularidad como factor
de resiliencia para reducir la sobrecarga alostática relacionada con la COVID,
mejorando el bienestar mental y físico. (10)
El mecanismo preciso por el que el ejercicio aeróbico reduce la ansiedad podría
incluir el papel que desempeña en la regulación de las respuestas al estrés a
través del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA) o la circulación de
glucocorticoides. También estimula una amplia gama de procesos neurogénicos
importantes para el correcto funcionamiento del cerebro, como la regulación al
alza de factores de crecimiento como BDNF, y la estimulación de la neurogénesis
y la angiogénesis. Al promover el funcionamiento de las regiones cerebrales que
tienen especial relevancia para la ansiedad o los trastornos relacionados con el
estrés, el ejercicio aeróbico ayuda a reducir los síntomas de ansiedad. Otro
posible mecanismo por el que el ejercicio aeróbico puede mejorar los síntomas es
el potencial para influir en el sistema inflamatorio, que se ha implicado en la
etiología y la gravedad de los síntomas del trastorno de ansiedad, pues se asocia
a niveles elevados de la citoquina proinflamatoria Proteína C Reactiva (PCR), que
puede causar inflamación crónica y contribuir al desarrollo del trastorno. La
disfunción prolongada de la HPA también puede perjudicar las respuestas
antiinflamatorias a los glucocorticoides, provocando una mayor inflamación. Otras
pruebas recientes sugieren que también puede actuar a través del sistema
endocannabinoide. Varios estudios han descubierto que el ejercicio aeróbico
reduce la sensibilidad a la ansiedad produciendo de forma fiable respuestas
fisiológicas similares a las experimentadas con estados de ansiedad elevados,
como el aumento de la frecuencia cardíaca, pero sin los sentimientos negativos y
ansiosos que las personas con el trastorno han llegado a asociar con dicha
excitación fisiológica. Al animar a las personas a asociar estas experiencias
fisiológicas con experiencias agradables o no amenazantes, puede ayudar a
reducir el temor anticipado de estos síntomas somáticos y aumentar la tolerancia y
el manejo de los mismos. Así mismo, puede promover la autoeficacia y autoestima
para afrontar la ansiedad mediante la producción de experiencias de logro y
dominio, mejorando con ello las creencias positivas y a amortiguar las
preocupaciones negativas de la autopercepción. (12)
Protocolos de ejercicio aeróbico
Las nuevas tendencias en los métodos de entrenamiento cardiopulmonar apelan a
regímenes más individualizados con una variedad de ejercicios, estímulos e
intensidades, que se controlan incorporando nuevas tecnologías y herramientas
de monitorización. Los métodos de entrenamiento actuales se basan en nuevos
enfoques para monitorizar la intensidad del ejercicio (por ejemplo, la tasa de
desarrollo de la fuerza, la velocidad del movimiento), la ejecución técnica (por
ejemplo, la biomecánica, la electromiografía), la preparación (por ejemplo, la
variabilidad de la frecuencia cardíaca) y las respuestas fisiológicas (por ejemplo, la
ventilación, el lactato, la temperatura central, la frecuencia cardíaca, la saturación
de oxígeno muscular), a la vez que proporcionan biorretroalimentación en tiempo
real, garantizando la consecución de los resultados previstos.
Numerosos estudios demostraron que el entrenamiento aeróbico de alta
intensidad o las sesiones de ejercicio largas (1,5 h) pueden provocar una
supresión temporal del sistema inmunitario. Debido a la naturaleza de la
enfermedad COVID-19, en la que está implicado el sistema inmunitario, se
recomienda evitar la inmunosupresión inducida por el ejercicio. Se ha encontrado
un mayor aumento de la fuerza de agarre de la mano, el crecimiento muscular y la
calidad de vida con el ejercicio aeróbico de baja intensidad. Por su parte, el de
intensidad moderada de 5 a 30 minutos parece ser factible para la rehabilitación
de los pacientes después de la COVID-19. (13)
(Conclusión) Asimismo, están surgiendo una serie de dispositivos portátiles,
herramientas vestibles y aplicaciones para la actividad física y el fitness que hacen
posible el control remoto de la evolución de los pacientes. Además de ayudar a los
profesionales a ofrecer programas de ejercicio dirigidos, estos avances pueden
representar un valor añadido para la pandemia para llevar a cabo entrenamientos
domiciliarios supervisados de alta calidad durante situaciones restrictivas
concretas (como los periodos de encierro) o en personas con graves limitaciones
de movilidad.
Objetivo general
Evaluar la efectividad del ejercicio aeróbico sobre la sintomatología de los
pacientes con trastorno de ansiedad relacionado al Síndrome Post-COVID-19.
Objetivos específicos
Categorizar la intensidad de la sintomatología del trastorno de ansiedad en la
muestra de pacientes.
Diseñar programa de ejercicio aeróbico.
Implementar el programa de ejercicio aeróbico.
Comparar la intensidad de la sintomatología del trastorno de ansiedad en la
muestra de pacientes después de la intervención.
Hipótesis
El ejercicio aeróbico tiene efectos sobre la sintomatología del trastorno de
ansiedad relacionado al Síndrome Post-COVID-19
Variables
Independiente: Ejercicio aeróbico
Dependiente: Sintomatología del trastorno de ansiedad relacionado al Síndrome
post-COVID19
Materiales y métodos
Diseño del estudio:
El diseño de esta investigación corresponde a un estudio longitudinal,
experimental, prospectivo y analítico.
Universo y muestra:
Inclusión Exclusión Eliminación
Pacientes diagnosticados con Pacientes diagnosticados Desertan durante la
ansiedad posterior a infección por con ansiedad sin relación intervención.
COVID-19. con infección por COVID-
19.
Pacientes que firmen el Pacientes sin No se presenten a la
consentimiento informado consentimiento informado. valoración.
Mujeres de 30 a 40 años de Mujeres que están fuera del Con patología o
enfermedad que
edad. rango de edad de 30 a 40
interfiera con las
años. variables.
Derechohabientes de las No derechohabientes de las
Unidades de Medicina Familiar Unidades de Medicina
del IMSS en la ciudad de Puebla Familiar del IMSS en la
ciudad de Puebla.
Que se encuentren en Sin tratamiento psiquiátrico
tratamiento psiquiátrico y ni psicológico.
psicológico.
Estrategia:
El equipo de trabajo conformado por estudiantes de la Licenciatura en Fisioterapia
de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (García Santiago Laura
Escarlet y González Rodríguez Carolina) se presentarán en los distintos
departamentos de atención psiquiátrica y psicológica de la Unidades de Medicina
Familiar(UMF) del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de la ciudad de
Puebla, con un oficio de carácter oficial por parte de la universidad, posteriormente
se expondrá el protocolo de investigación a directivos y población participante con
la finalidad de obtener los consentimientos informados correspondientes.
Estudio de la población
Tras obtener los permisos de los departamentos de atención psicológica de las
UMF del IMSS, se realizará la categorización de los pacientes de acuerdo con los
criterios de inclusión: Mujeres entre 30 a 40 años de edad que residan en la
ciudad de Puebla afiliadas al IMSS, con ansiedad diagnosticada y controlada
relacionada a la infección COVID-19, con consentimiento informado autorizado.
Organización y planificación
El presente estudio tendrá una duración de 10 meses comenzando el mes de
agosto de 2022, con la búsqueda de artículos y el diseño del protocolo de
investigación, en septiembre se realizará la solicitud del permiso a las UMFs del
IMSS en la ciudad de Puebla, en la dos primeras semanas de octubre se llevarán
a cabo las visitas a las UMFs para la selección de la población y presentación del
protocolo; el ensayo de prueba de campo se llevará a cabo en las dos últimas
semanas de octubre. En la primera mitad de noviembre se valorará a la población
con las pruebas específicas. La intervención del programa comenzará a partir de
la segunda mitad de noviembre y concluirá en la primera mitad de febrero de
2023. En las últimas semanas de febrero se realizará la revaloración de la
muestra. Tres meses posteriores a la intervención se hará una última valoración
para comprobar la persistencia de los efectos.
Procedimiento
Normativas y consideraciones bioéticas
El siguiente estudio que lleva por título “Efectividad del ejercicio aeróbico sobre la
sintomatología del trastorno de ansiedad relacionado al Síndrome Post-COVID-19”
se fundamenta y sigue la normatividad de la Ley General de Salud en materia de
Investigación para la Salud de acuerdo con el Título 2 De los aspectos éticos de la
investigación en seres humanos, Capítulo 1 “Disposiciones comunes”, Artículos
14, 15, 16, 20, 21 y 22.
Análisis de resultados
La captura de los datos de esta investigación incluye los resultados obtenidos en
el pre y post tratamiento de la variable estudiada a través de una tabla de “Excel o
programa a elección”, se realizan las gráficas y la tabulación de los resultados y se
realiza el análisis estadístico mediante SPSS.