Lo inconsciente abarca, por un lado, actos q son apenas latentes, inconscientes por algún tiempo,
pero en lo demás en nada se diferencian de lo consciente; y, por otro lado, procesos como los
reprimidos, que, si devinieran consientes, contrastarían de la manera más llamativa con los otros
procesos conscientes
Ahora bien, por diversas razones esto es impracticable, y así no podemos escapar a esta
ambigüedad: usamos las palabras “consciente” e “inconsciente” ora en el sentido descriptivo, ora
en el sistemático, cuyo caso significan pertenencia a sistemas determinados y dotación con ciertas
propiedades.
Quizá pueda depararnos algún remedio la siguiente propuesta: sustituir, al menos en la escritura,
“consciente” por el símbolo Cc, e “inconsciente” por la Icc.
Dentro de una exposición positiva enunciamos ahora, como resultado del psicoanálisis: un acto
psíquico en general atraviesa por dos fases del estado, entre las cuales opera como selector una
suerte de examen (censura). En la primera fase él es inconsciente y pertenece al sistema Icc; si la
raíz del examen es rechazado por la censura, se le deniega el paso a la segunda fase; entonces se
llama “reprimido” y tiene que permanecer inconsciente. Pero si sale airoso de este examen entra
en la segunda fase y pasa a pertenecer al segundo sistema, que llamaremos el sistema Cc. Empero,
su relación con la conciencia no es determinada todavía unívocamente por esta pertenencia. No es
aun consciente sino susceptible de conciencia, vale decir, ahora puede ser objeto de ella sin una
particular resistencia toda vez que se reúnan ciertas condiciones. En atención a esta
susceptibilidad de conciencia llamamos al sistema Cc también “preconsciente”. Si se llegara a
averiguar que su vez el devenir-consciente de lo preconsciente es codeterminado por cierta
censura, deberíamos aislar entre sí con rigor los sistemas Prcc y Cc (ósea que entre el Prcc y Cc hay
una censura, un pequeño filtro). Provisionalmente baste con establecer que el sistema Prcc
participa de las propiedades del sistema Cc, y que la censura rigurosa está en funciones en el paso
del Icc al Prcc.
3. Sentimientos inconscientes
¿Existen también mociones pulsionales, sentimientos, sensaciones inconscientes, o esta vez es
disparatado formar esos compuestos?
Una pulsión nunca puede pasar a ser objeto de la conciencia solo puede serlo la representación
que es su representante. Ahora bien, tampoco en el interior de lo inconsciente puede estar
representada si no es por la representación. Si la pulsión no se adhiriera a una representación ni
saliera a la luz como un estado afectivo, nada podríamos saber de ella. Entonces, cada vez que
pese a eso hablaremos de una moción pulsional inconsciente o de una moción pulsional reprimida,
no es sino por un inofensivo descuido de la expresión.
Es que el hecho de que un sentimiento sea sentido, y por lo tanto, que la conciencia tenga noticia
de él, es inherente a su esencia. La posibilidad de una condición inconsciente faltaría entonces por
entero a sentimientos, sensaciones, afectos.
El uso de las expresiones “afecto inconsciente” y “sentimiento inconsciente” remite en general a
los destinos del factor cuantitativo de la moción pulsional, que son consecuencia de la represión.
Sabemos que esos destinos pueden ser tres: el afecto persiste en un todo o parte como tal, o es
mudado en un monto de afecto cualitativamente diverso (en particular, en angustia), o es
sofocado, es decir, se estorba por completo su desarrollo.
5. Las propiedades particulares del sistema Icc
El núcleo del Icc consiste en agencias representantes de pulsión que quieren descargar su
investidura; por tanto, en mociones de deseo. Estas mociones pulsionales están coordinadas entre
sí, subsisten unas junto a las otras sin influirse y no se contradicen entre ellas. Cuando son
activadas al mismo tiempo dos mociones de deseo cuyas metas no podrían menos que parecernos
inconciliables, ellas no se quitan nada ni se cancelan recíprocamente, sino que confluyen en la
formación de una meta intermedia, de un compromiso.
Dentro de este sistema no existen negación, no existen duda ni grado alguno de certeza. Todo esto
es introducido solo por el trabajo de la censura entre Icc y Prcc. La negación es un sustituto de la
represión, de nivel más alto.
Dentro del Icc no hay sino contenidos investidos con mayor o menor intensidad.
Prevalece (en el Icc) una movilidad mucho mayor de las intensidades de investidura. Por el proceso
del desplazamiento, una representación puede entregar a otra todo el monto de su investidura; y
por el de la condensación, puede tomar sobre si la investidura integra de muchas otras. He
propuesto ver estos dos procesos como indicios del llamado proceso psíquico primario. Dentro del
sistema Prcc rige el proceso secundario.
Los procesos del sistema Icc son atemporales, es decir, no están ordenados con arreglo al tiempo,
no se modifican por el transcurso de este ni, en general, tienen relación alguna con él.
6. El comercio entre los dos sistemas
Sería erróneo imaginarse que el Icc permanece en reposo mientras todo el trabajo psíquico es
efectuado por el Prcc, que el Icc es algo periclitado, un órgano rudimentario, un residuo del
desarrollo. O suponer que el comercio de los dos sistemas se limita al acto de la represión, en que
el Prcc atrojaría el abismo del Icc todo lo que le pareciese perturbador.
El Icc es más bien algo vivo, susceptible de desarrollo, y mantiene con el Prcc toda una serie de
relaciones; entre otras, la de la cooperación.
El Icc se continua en los llamados retoños, es asequible a las vicisitudes de la vida, influye de
continuo sobre el Prcc y a su vez está sometido a influencias de parte de este.
El estudio de los retoños del Icc depara un radical desengaño a nuestras expectativas de obtener
una separación límpida entre los dos sistemas psíquicos. Ello aparejara sin duda insatisfacción con
nuestros resultados, y es probable que se lo utilice para poner en duda el valor de nuestro modo
de dividir los procesos psíquicos.
Entre los retoños de las mociones pulsionales Icc del carácter descrito, los hay que reúnen dentro
de sí notas contrapuestas. Por una parte presentan una alta organización, están exentos de
contradicción, han aprovechado todas las adquisiciones del sistema Cc y nuestro juicio los
distinguiría apenas de las formaciones de este sistema. Por otra parte, son inconscientes e
insusceptibles de devenir conscientes. Por tanto, cualitativamente pertenecen al sistema Prcc,
pero, de hecho al Icc. Su origen sigue siendo decisivo para su destino.
De esa clase son las formaciones de la fantasía tanto de los normales cuanto de los neuróticos, que
hemos individualizado como etapas previas en la formación del sueño y en la del síntoma, y que, a
pesar de su alta organización, permanecen reprimidas y como tales no pueden devenir
conscientes. Se aproximan a la consciencia y allí se quedan imperturbadas mientras tienen una
investidura poco intensa, pero son rechazadas tan pronto sobrepasan cierto nivel de investidura.
Otros tantos retoños del Icc de alta organización son las formaciones sustitutivas, que, no
obstante, logran irrumpir en la consciencia merced a una relación favorable, por ejemplo, en
virtud de su coincidencia con una contrainvestidura del Prcc.
Cuando investiguemos más a fondo las condiciones del devenir-consciente, podremos solucionar
una parte de las dificultades que han surgido. Parece ventajoso contraponer a nuestro abordaje
anterior, en que nos remontábamos desde el Icc, uno que parta de la consciencia.
A esta, toda la suma de los procesos psíquicos se le presenta como el reino de lo preconsciente.
Un sector muy grande de esto preconsciente proviene de lo inconsciente, tiene el carácter de sus
retoños y sucumbe a una censura antes que pueda devenir consciente. Otro sector del Prcc es
susceptible de conciencia sin censura. Esto nos lleva a contradecir un supuesto anterior. Cuando
consideramos la represión nos vimos precisados a situar entre los sistemas Icc y Prcc la censura
decisiva para el devenir-consciente. Ahora nos es sugerida una censura entre el Prcc y Cc. Pero
haremos bien en no ver en esta complicación una dificultad, sino en suponer que en una nueva
censura corresponde a todo paso de un sistema al que le sigue, más alto; hacia una etapa más alta
de organización psíquica.
Prescindiendo de que lo consciente no lo es siempre, sino que temporariamente es también
latente, la observación nos ha enseñado que mucho de lo que participa de las propiedades del
sistema Prcc no deviene consciente; y todavía llegaremos a saber que ciertas orientaciones de la
atención de este sistema son restrictivas del devenir-consciente. Por tanto, ni con los sistemas ni
con la represión mantiene la consciencia un vínculo simple. La verdad es que no solo lo reprimido
psíquicamente permanece ajeno a la consciencia; también, una parte de las mociones que
gobiernan nuestro yo, del más fuerte opuesto funcional a lo reprimido. (Que el Yo tenga partes Icc
es el clivaje que va a llevar de la 1era tópica a la 2da tópica).
Notamos que retoños del Icc devienen conscientes como formaciones sustitutivas y como
síntomas.
Hallamos que permanecen inconscientes muchas formaciones preconscientes que, por su
naturaleza, creeríamos plenamente autorizadas a devenir conscientes. Es probable que en ellas se
haga valer la atracción más fuerte del Icc (la fuerza de represión y atracción es comercio entre los
sistemas, hay un sistema que rechaza y otro que atrae) El consciente (Cc) y preconsciente (Prcc)
rechazan los contenidos del inconsciente (Icc) mediante la censura. El inconsciente (Icc), por su
parte, atrae esos contenidos reprimidos hacia la conciencia para expresarlos. Eso nos lleva a buscar
la diferencia más importante, no entre los consciente y lo preconsciente, sino entre lo
preconsciente y lo inconsciente. Lo Icc es rechazado por la censura en la frontera de lo Prcc; sus
retoños pueden sortear esa censura, organizarse en un nivel alto, crecer dentro del Prcc hasta una
cierta intensidad de investidura, pero después, cuando la han rebasado y quieren imponerse a la
consciencia, pueden ser individualizados como retoños del Icc y reprimidos otra vez en la nueva
frontera de censura situada entre Prcc y Cc. Así, la primera censura funciona contra el Icc mismo;
la segunda, contra los retoños Prcc de él. Se diría que la censura fue empujada un tramo hacia
adelante en el curso del desarrollo individual.
El contenido del sistema Prcc (o Cc) proviene, en una parte, de la vida pulsional (por mediación del
Icc) y, en la otra, de la percepción.
El contenido del Icc puede ser comparado con una población psíquica primitiva.