0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas204 páginas

Libro de Casos

El documento es un compilado de casos clínicos de psicoanálisis centrado en las estructuras de neurosis, psicosis y perversión, elaborado por estudiantes y docentes de la Universidad Privada Domingo Savio. Incluye un ensayo introductorio que proporciona herramientas para el diagnóstico diferencial en psicoanálisis, así como una selección de casos que ilustran conceptos psicoanalíticos. Su objetivo es facilitar la conexión entre teoría y práctica en la formación de estudiantes y profesionales interesados en el psicoanálisis lacaniano.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas204 páginas

Libro de Casos

El documento es un compilado de casos clínicos de psicoanálisis centrado en las estructuras de neurosis, psicosis y perversión, elaborado por estudiantes y docentes de la Universidad Privada Domingo Savio. Incluye un ensayo introductorio que proporciona herramientas para el diagnóstico diferencial en psicoanálisis, así como una selección de casos que ilustran conceptos psicoanalíticos. Su objetivo es facilitar la conexión entre teoría y práctica en la formación de estudiantes y profesionales interesados en el psicoanálisis lacaniano.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CASOS CLÍNICOS DE

PSICOANÁLISIS

(Neurosis-Psicosis-Perversión)

COMPILADORES:

Gustavo A. Navarro O.
Kevin Soria A.
Patricia Herrera J.
Diego Cardona B.
Kimberly Limpias K.
Heydi Carol Zurita M.

SANTA CRUZ-BOLIVIA
2
Casos Clínicos de Psicoanálisis
(Neurosis-Psicosis-Perversión)

3
Casos Clínicos de Psicoanálisis
(Neurosis-Psicosis-Perversión)

COMPILADORES
Gustavo Adolfo Navarro Occhiuzzo
Kevin Soria Angola
Patricia Herrera Justiniano
Diego Cardona Baure
Kimberly Limpias Katuve
Heydi Carol Zurita Moirenda

Editorial Universidad Privada Domingo Savio

4
Todos los derechos reservados:

2017 Universidad Privada Domingo Savio

.-Coordinador:
Gustavo Adolfo Navarro Occhiuzzo
.-Compiladores:
Kevin Soria Angola
Patricia Herrera Justiniano
Diego Cardona Baure
Kimberly Limpias Katuve
Heydi Carol Zurita Moirenda

Este libro y su conteniendo son el resultado de un proyecto académico de docentes y estudiant-


es en el aula. Su uso está destinado única y exclusivamente al proceso de enseñanza aprendi-
zaje de las materias afines. Su propósito “bona fide”, no tiene afán lucrativo ni comercial, por lo
que su distribución está restringida a los canales de uso pedagógico. La editorial, los docentes
y estudiantes agradecen profundamente a los editores y a los autores que han sido debida-
mente citados, por su contribución al desarrollo de científico en los ámbitos universitarios.

D.L. No:
ISBN:

Editorial: Universidad Privada Domingo Savio


Dirección: Av. Beni, Tercer Anillo Externo.

Arte de la portada: David Dalla Venezia. Galería Locchio(2003) olio su tela, cm 27x22.

http://www.daviddallavenezia.com/galleria-occhio-frameset-01.html

Ninguna parte, ni la publicación completa puede ser reproducida, archivada ni trasmitida por
medio mecánico, electrónico ni digital, ni fotocopiado en todo o en parte sin la autorización es-
crita de la editorial. Su uso para fines exclusivamente educativos está permitido en el porcen-
taje que señala la Ley 1322 de Derechos de Autor. Se autoriza su uso restringido y de ninguna
manera comercial, siempre y cuando respete su integridad y cite la fuente.

5
INTRODUCCIÓN
El presente compilado de casos clínicos, es el producto de un trabajo conjunto realizado entre
estudiantes y docentes de la Carrera de Psicología de la Universidad Privada Domingo Savio,
obedeciendo su elaboración, a fines estrictamente académicos.

En lo que respecta a su estructura, el compilado reúne una selección de interesantísimos casos


que podríamos considerar clásicos y actuales, clasificados en torno a las tres grandes estruc-
turas clínicas del psicoanálisis: neurosis, psicosis y perversión. También contiene un ensayo in-
troductorio en el cual se le brindan al joven practicante del psicoanálisis, algunos elementos
clínicos básicos para realizar un diagnóstico diferencial.

Con respecto a su funcionalidad, el compilado de casos fue diseñado para estudiantes y do-
centes de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Privada “Domingo Savio”, así como
también para estudiantes y profesionales de otras universidades o instituciones que estén in-
teresados en la práctica del psicoanálisis lacaniano. Por otra parte, el objetivo principal de este
trabajo, está centrado en favorecer la articulación entre la teoría y la práctica, ofreciéndole al
lector herramientas que favorezcan una mejor comprensión de los conceptos psicoanalíticos,
en su relación con el diagnóstico diferencial y la dirección de la cura. Esperamos que lo dis-
fruten y se sigan acercando a la práctica del psicoanálisis lacaniano.

Kevin Roger Soria Angola


Compilador y Estudiante de la UPDS

6
INDICE
PÁG.
1.- Introducción 6
2.- El Diagnóstico en el Psicoanálisis
Por Gustavo Adolfo Navarro O. 10
3.- Casos Clínicos:
Histeria:
.- El amor al padre como síntoma.
Por Alejandra Lubel. 31
.- El Goce de la Histérica, un Caso de Relación Simbiótica
Por Javier Torres Torija. 34
.- Marcos o el amor del padre
Por Serge André. 38
.- Un caso breve en el CPCT
Por Antoni Vicens. 44
.- “Un auto hecho bolsa”
Autores Varios. 46
.- ¿Una neurosis demoníaca?
Por Jorge Básico. 48
.- El estrago en la elección de pareja
Por Carmen Cuñar. 55
.- Nueve lunas: un caso de histeria masculina
Por Laura Rivera. 59
.- De la feminidad como síntoma al inconsciente real
Por Nieves Soria Dafunchi0. 66
.- La clínica y el discurso de la sesión de una paciente que
presenta cortes autoinflingidos.
Por Delia Scilletta. 70
Neurosis Obsesiva:
.- Un intento de cura voluntaria del amor obsesivo
Por Ernesto Sinatra. 73
.- La propina, un caso de neurosis obsesiva
Por Julieta Ravard. 77
.- La acción sintomática. “La búsqueda de una mirada”
Por Marcela Piaggi. 80
.- “Olvidé bajar el tren de aterrizaje…”
Por Juan Criscaut, Juan Carlos Indart y Ana Nemaric. 85
.- Los negocios de la señorita “X”
Por Fabián Schejman. 91
.- Jugarse lo que sobra. Acerca de un caso clínico.
Mariela Coletti. 97

7
.- El diagnóstico diferencial en psicoanálisis
Por Gabriela Urriolagoitia y María Elena Lora. 101
.- Efectos y límites de la interpretación
Por Vicente Palomera. 106
.- Estallidos de la Neurosis
Por Inés Sotelo. 113
.- El caso Miguel
Por Juan Luis Borda Elejabarrieta. 116
Psicosis:
.- “De una holofrase a un sinthome , el espía de la corona inglesa”
Por Rubén Gerardo Manzur. 122
.- “Un Padre Fujilado”
Por Gustavo A. Navarro Occhiuzzo. 127
.- ¿Cómo puede un delirio desencadenarse a partir de un duelo?
Por Vicente Palomera. 131
.- De cuándo la adicción se cruza con la esquizofrenia
Por Laura Boiero. 133
.- El hombre de los pulgares que crujen
Por Bernard Porcheret. 138
.- Un amor posible
Por Néstor Yellati. 140
.- Un caso de “masoquismo” con prácticas de automutilación
Por Roberto P. Neuburger. 144
.- Un caso de paranoia desencadenado por una excitación
en la zona anal
Por Sandor Ferenczi. 149
.- Encrucijadas de la práctica institucional
Por Diana Campolongo. 152
Perversión:
.- Caso Esteban
Por Enrique López. 158
.-Exhibicionismo y masturbación
(Dos viñetas clínicas)
Por Joel Door. 160
.-Trazos de trama perversa: propuestos para no decir
(Sobre un caso de incesto/abuso sexual infantil)
Por Marissa Fátima Gasep. 163
.- El hombre del bolígrafo
Por Paul Lemoine. 167
.- Masoquismo y sadismo (caso 89)
Por Richard Kraft Ebing. 171

8
.- “La ambigüedad parental inductora del proceso perverso
y el horror de la castración”
Por Joel Dor. 178
.- Dahmer El Caníbal
Por Silvia Tendlarz y Carlos Dante García. 184
.- Dani o la elección del masoquismo
Por Serge André. 191
4.- Bibliografía. 198

9
El Diagnóstico en el Psicoanálisis

Gustavo Adolfo Navarro Occhiuzzo


I.- De la vestidura sintomática a la estructura clínica

El conjunto de síntomas y signos con el cual se presentan los pacientes en la consulta clínica, tam-
bién conocidos como vestiduras sintomáticas, son entidades que tienden a ir transformándose
según los cambios socio-políticos y económicos que caracterizan a cada época y cultura. Por ende,
si los cambios de época transforman las instituciones sociales y los sujetos que las conforman,
también se observaran cambios en la forma bajo la cual se presentan los síntomas.

Por ejemplo en la era victoriana, donde Freud forjó la teoría y práctica del psicoanálisis, tanto
la histeria como la neurastenia eran los más notorios cuadros epidémicos del mundo occidental.
Por el contrario hoy en día, ocupan ese lugar la depresión, la híper-obesidad o las adicciones. En
aquella época caracterizada por una moral de hierro, se consideraban como perversiones, una
serie de prácticas sexuales que en la actualidad son perfectamente comunes o aceptables, y ni
que decir de la homosexualidad, que recién dejó de considerarse una patología hace solo unas
décadas atrás. ¡Imagínense a esas histéricas victorianas, cuyos cuerpos sintomatizaban amores
imposibles, entrar actualmente a un sex-shop para comprarse un consolador! Con todo esto que-
remos dar cuenta, de que si cambian las sociedades, cambian las personas y por ende también sus
síntomas.

Hace mucho tiempo atrás, el mismo Sigmund Freud señalaba: “No nos asombre que las neurosis de
esas épocas tempranas se presentaran con una vestidura demonológica, puesto que las de nuestra
época apsicológica aparecen con vestidura hipocondríaca, disfrazadas de enfermedades orgánicas”
¿Pero qué quiere decir esto? Que por un lado tenemos la consistencia y dureza de la estructura 1
clínica sea esta neurosis, psicosis o perversión, estructura que ha perdurado durante siglos, como
el caso de la histeria que es un cuadro clínico milenario con reportes de su presencia en la antigua
Grecia y Egipto, y por otro, la plasticidad de la vestidura sintomática bajo la cual se presenta esa
histeria en cada época.

Por ende si a lo largo de la historia de la humanidad, la histeria a adoptado vestiduras demonológi-


cas, epileptoides , hipocondríacas o conversivas, ¿Por qué no pensar que algunas histerias puedan
presentarse actualmente bajo las vestiduras sintomáticas de la depresión o la bulimia?

De todas formas, el psicoanálisis no considera que la depresión, el ataque de pánico, las adic-
ciones o los trastornos de alimentación entre otras formas de nominar el malestar contemporáneo,

1. Freud. S. 1922. “Una neurosis demoniaca en el siglo XVII” citado por Sinatra Ernesto.
2009. “La Neurosis” Ediciones del Instituto Clínico de Buenos Aires. Argentina. P.p 11

10
sean estructuras clínicas, sino más bien vestiduras sintomáticas o fenómenos clínicos trans-es-
tructurales que se pueden presentar en cualquiera de las grandes estructuras.

La diferenciación entre la estructura clínica y la vestidura sintomática, como así también la rela-
ción que éstas guardan en cada caso, son elementos clínicos fundamentales para la dirección de
la cura o el tratamiento posible a elegir con cada paciente. Por ejemplo, debemos discernir si la
presentación depresiva de un paciente tiene una estructura neurótica o psicótica de base, lo mis-
mo para el sujeto que ha cometido un delito de abuso sexual, es decir, más allá de lo moralmente
condenable ¿Cuál es la estructura subjetiva qué subyace a aquel acto criminal? Existen casos de
estructuras psicóticas que pueden presentarse estabilizadas bajo la forma de un trastorno obsesi-
vo compulsivo, pacientes neuróticos que han tenido un episodio psicótico momentáneo inducido
por el consumo de sustancias o sujetos perversos que aparentan ser socialmente ejemplares.

Cabe preguntarse entonces: ¿Qué es una estructura clínica para el psicoanálisis?

El término estructura clínica, provine de la influencia que el Dr. Jaques Lacan recibió de la lingüísti-
ca estructural de Ferdinand de Saussure, más precisamente, a partir de las enseñanzas de amigos
y maestros como Román Jacobson, Emilio Benveniste y Claude Levi-Strauss. Lingüística que La-
can amalgamó con la filosofía, la lógica matemática y el arte surrealista, para realizar un retorno
a la obra de Freud, cuya fecundidad había sido esterilizada por los psicoanalistas postfreudianos o

11
ego-psicólogos estadounidenses. Todas estas articulaciones teóricas y discursivas fueron aplica-
das por Lacan al campo clínico, generando una verdadera subversión del psicoanálisis, cuya po-
tencia innovadora no se ha agotado hasta hoy.

Para el psicoanálisis lacaniano, una estructura clínica es la articulación entre un ser pulsional y un
conjunto de significantes provenientes de la cultura al que éste pertenece, siendo capitales para
dicha estructuración, la inscripción psíquica de los significantes del Deseo Materno y el Nombre
del Padre. Entonces primeramente tenemos, un significante que representa al deseo, a la libidi-
nización materna del niño y en un segundo momento, un significante como el Nombre del Padre
que representa la ley y el acceso a lo simbólico. Según como se inscriban o no estos significantes
primordiales en la infancia, las primeras modalidades de satisfacción pulsional y la singular histo-
ria de vida que le toca vivir a cada ser parlante, obtendremos como resultado un sujeto articulado
a una estructura neurótica, psicótica o perversa.

Lejos de ser una integración idealizada y totalizadora como la noción de personalidad que nos
presenta la psicología o la psiquiatría, la estructura lacaniana es más bien una estructura en déficit
2
o falta, donde el sujeto siempre padece la ausencia o límites impuestos por algunos significantes
amo sobre los cuales se organiza su subjetividad. En mayor o menor medida, la estructura siempre
tendrá alguna falla, que un segundo momento retornará en forma de síntoma, es decir, no existe
sujeto totalmente normal o mejor dicho sujeto sin síntoma. Por eso con mucha ironía en su semi-
nario sobre la identificación, Lacan señalaba que la neurosis, la psicosis y la perversión eran las
estructuras de la normalidad.

II.- El arte del diagnóstico diferencial

Al igual que la psiquiatría, el psicoanálisis tiene sus propias categorías clínicas diagnósticas,
aunque en la actualidad, las diferencias clínicas y éticas entre ambas prácticas se hayan tornado
abismales, sobre todo a partir de la obscena biologización patológista promovida por el Manual
Estadístico de los Trastornos Mentales DSM V.

Contrariamente a lo que comúnmente se piensa, el psicoanálisis no es ninguna especie de práctica


anti-psiquiátrica, todo lo contrario, tiene una herencia muy arraigada con los grandes maestros de
la psiquiatría clásica francesa y alemana como Richard Krafft-Ebing, Jules Séglas, Emil Kraepelin
o Gaetan de Clérambualt-el maestro en psiquiatría de Lacan- pero es una herencia con la cual,
en determinado punto el psicoanálisis también debe cortar. Esto no quita que en la actualidad,
algunos psicoanalistas y psiquiatras, cada uno desde la especificidad de sus prácticas, trabajen de
manera interdisciplinaria con un paciente, como decía Freud, no es la psiquiatría la que se opone
al psicoanálisis si no el psiquiatra.3

2. “la estructura de los estructuralistas es una estructura coherente y completa (por principio la estructu-
ra es diacrítica, es completa), mientras que la estructura lacaniana es fundamentalmente antinómica y
descompletada.” Jacques Alain Miller. 1986. Recorrido de Lacan. Ed. Manantial Buenos Aires-P.p 21
3.Freud. S .1917. Lecciones Introductorias al psicoanálisis. Tomo xv. Editorial Amorrortu. Buenos Aires-Ar-
gentina

12
ejemplo en materia del estudio de la sexualidad humana, Freud tomó algunos aportes clínicos
de Richard Von Krafft-Ebing, lo mismo sucedió aunque de manera implícita con algunos cuadros
propuestos por el maestro vienes Emil Kraepelin, lo cual no le impidió polemizar con este último
y Breuler, rechazando tanto el término de demencia precoz y esquizofrenia, por el de la parafre-
nia al cual Freud creía más apropiado. En contraparte, uno de los principales aportes de Freud a
la psiquiatría de su época en tanto psicoanalista- la etiología psíquica de la histeria la descubrió
como neurólogo- fue la oposición clínica entre neurosis y psicosis, es decir, que un sujeto no podía
ser neurótico y psicótico a la vez. También ubicó a la neurosis obsesiva, antes llamada locura razo-
nante, en el campo de la neurosis, caracterizándola con una maestría hasta la fecha insuperable,
al igual que otros cuadros como la neurosis traumática, la neurosis de angustia o el duelo.

El psicoanálisis fue también muy influyente en la creación de lo que el historiador psiquiátrico


George Lanteri-Laura, considera como el último paradigma de la psiquiatría, el de las “Grandes
Estructuras Psicopatológicas u Órgano-dinámico” vigente hasta la muerte de su principal precursor
4
Henry Ey en 1977 y la exitosa masificación de los manuales DSM.

A partir de entonces, la psiquiatría norteamericana fracturó su relación con los psicoanalistas nor-
teamericanos u ego-psicólogos, adoptado una posición ahistórica, que rechaza toda nosología,
como también toda construcción teórica y etiológica en relación al sistema de clasificación de las
enfermedades mentales o trastornos. Como señala Roberto Mazzuca: “quieren hacer una des-
cripción de los síntomas, de los síndromes, y una caracterización de las distintas entidades con
términos ateóricos, con términos de lenguaje común que no agreguen nada a lo estrictamente
observable. ¡Como si el lenguaje común no implicara una sedimentación de saber, de teorías e
5
ideologías!”

La reciente publicación del DSM V, que según los mismos psiquiatras: “Ha suscitado una serie de
críticas, que van desde la falta de rigor científico en la conceptualización de los trastornos mentales,
hasta la patologización de conductas normales y el secretismo y los sesgos de los grupos de trabajo que
6
lo elaboraron.” No ha hecho otra cosa que profundizar la biologización patologista y el profundo
empobrecimiento de la clínica psiquiátrica, totalmente subyugada al servicio de las neurociencias y
la bioquímica. Lejos de la laboriosa escucha de los psiquiatras clásicos, en nombre de una supuesta
objetividad, el DSM ha promovido la cada vez más superficial observación de los fenómenos psico-
patológicos, en detrimento del discurso del paciente y sus motivaciones.

Según la lógica clasificatoria del DSM, la identificación de un trastorno, debe realizarse en torno a
los “criterios diagnósticos”, una agrupación estadística de síntomas y signos establecidos en base
a la frecuencia, temporalidad e intensidad con la cual se presentan dichos fenómenos. Esto quiere
decir, que en la psiquiatría actual y buena parte de muchas corrientes psicológicas, el diagnóstico

4. Sotelo.I. 2010. Psicopatología y Psicoanálisis. JCE Ediciones.


Buenos Aires-P.p 31
5.Mazzuca. R. 1987. Curso de Psicopatología V: La Neurosis
Obsesiva. Editorial Tekne. Buenos Aires. P.p 12
6.Nueva Clasificación de los Trastornos Mentales (DSM –V).2014.
Revista Chilena de Neuropsiquiatría. Vol.52. Chile. P.p 8
13
se realiza principalmente en torno a los fenómenos “anormales” observables, a los que al comien-
zo de este artículo llamamos “vestiduras sintomáticas.”

Pero a diferencia de la manera automática, universalizada y veloz con la cual se hace el diagnós-
tico en la psiquiatría o algunas prácticas psicológicas, podríamos decir que en el psicoanálisis nos
tomamos un tiempo prudencial, tanto así que el diagnóstico se ha convertido en un arte, el arte
del detalle clínico. Evidentemente esta diferencia responde a particularidades de práctica, ética
y discurso, no es un capricho de los psicoanalistas, ni tampoco una suerte de amor nostálgico por
el pasado como señalan los detractores del psicoanálisis, sin percatarse-probablemente por igno-
rantes- que el paradigma que sustenta la ”modernidad” de su práctica es aún más antiguo que la
creación freudiana.

Etimológicamente la palabra detalle deriva del latín de-taliare, “cortar”, detalle que no debe
confundirse con el minimalismo o algún tipo de facilismo arbitrario. Las obras de Freud y Lacan
son pródigas en detalles verdaderamente preciosos, pero hay que entender que lo importante
en el diagnóstico, no es la acumulación de hechos, sino el recorte de un sólo detalle con todas
sus correlaciones, lo que Lacan llama también las pequeñas particularidades del caso. Como
sostiene Claudio Godoy: “Es el acto analítico el que produce el detalle de un caso, un recorte que
hace escritura. La clínica psicoanalítica se distingue del relato biográfico, de la acumulación de
datos, de la novela o la anécdota; ubica al sujeto en la hiancia que el detalle delimita entre la
estructura y la especificidad de la historia. No hay detalle sin corte. Esta es la diferencia entre
el detalle clínico y el detalle obsesivo. El minucioso detallismo del obsesivo se pierde en la acu-
mulación metonímica que intenta suturar toda falta, borrando el efecto del corte en provecho de
una continuidad secuencial. Suma un detalle más otro, volviéndolos a todos homogéneos, equiva-
lentes. En la clínica psicoanalítica un detalle vale a partir de un recorte. Son dos lógicas distintas:
7
acumulación o recorte”

Para realizar un buen “corte”, el psicoanalista debe transformarse en un artesano de la escucha y


el uso incisivo de la palabra en sus intervenciones, ya sean preguntas que no dan nada por sentado
o interpretaciones en forma de citas o enigmas, teniendo presente además, que cada paciente
tiene un núcleo real que lo hace único y diferente a los otros, por eso la clínica psicoanalítica es una
clínica del caso por caso o si se prefiere, del uno por uno. Por eso Lacan decía: “Deshagámonos del
hombre promedio, que no existe. No es más que una ficción estadística. Existen individuos, es todo.
Cuando escucho hablar del hombre de la calle, de encuestas, de fenómenos de masa y de este género
de cosas, pienso en todos los pacientes que vi pasar por el diván durante cuarenta años. Ninguno se
parece en ninguna medida a otro, ninguno tiene las mismas fobias, las mismas angustias, la misma
manera de contar, el mismo miedo de no entender.” 8

El diagnóstico en psicoanálisis es también una cuestión fundamentalmente ética, lo cual puede

7.Mazzuca.R. 2011. La Psicosis. Ed Berggasse. Buenos Aires- Argentina. P.p 129


8.Lacan. J. 1966. Escritos 1.Editorial Siglo XXI. Argentina. Contratapa del libro.

14
pensarse a partir de varias perspectivas. El diagnóstico no busca convertirse en un instrumento
de control biopolítico, para facilitar el accionar de los mecanismos represivos del sistema sobre la
singularidad de los sujetos. Tampoco busca hacer del diagnóstico una etiqueta pre-juzgadora que
marque el destino del paciente y lo convierta en una simple estadística.

Advertido de la ganancia secundaria del síntoma, el diagnóstico en el psicoanálisis no fomenta la


identificación del paciente con un determinado trastorno, ni permite que éste se convierta en la
excusa o muletilla para que no se haga cargo de su malestar. El psicoanalista no utiliza el diagnós-
tico para taponar su propia ansiedad diagnóstica, ni para imponer su posición de Amo tratando
de ideologizar o moralizar al paciente, y menos aún para beneficiarse con viajes al exterior en
hoteles de lujo o las dádivas que las farmacéuticas entregan a los profesionales de la salud que se
destacan por su medicalización compulsiva.

De todas formas, y aunque esto sea algo que no les guste decir a los psicoanalistas, por cuestiones
legales en el ámbito institucional, en ocasiones se debe utilizar el manual DSM, pero más que un
uso instrumental o clínico, se lo utiliza para llenar un requerimiento legal o incluso para facilitar el
diálogo con profesionales de otras áreas, pero en la praxis, se sigue sosteniendo la especificidad
del psicoanálisis y sus categorías diagnósticas, parafraseando el título de un Congreso de la Aso-
ciación Mundial de Psicoanálisis: “Salud mental sí, pero no sin la locura de cada uno” Tampoco se
trata de un absurdo rechazo al empleo de los psicofármacos que en muchos casos son muy útiles,
lo que se debe cuestionar más bien, es su uso compulsivo e irresponsable.

Dentro de la praxis del psicoanálisis lacaniano el diagnóstico clínico se realiza dentro de un peri-
odo de prueba conocido con el nombre de “Entrevistas Preliminares”, siendo éstas algunas de sus
principales funciones:

a) No taponar la producción subjetiva del paciente con ningún tipo de saber pre-fabricado o sis-
tema descriptivo clasificatorio que se base en estadísticas generalizadoras sesgadas, menos aún
con las suposiciones o creencias personales del clínico.

b) Determinar la estructura del paciente y su subtipo clínico, teniendo en cuenta que existen psico-
sis estructuradas que pueden llegar a desencadenarse durante el mismo tratamiento y casos de
neurosis desbordadas que erróneamente pueden ser tomadas como psicosis.

c) Determinar si el paciente tiene los recursos subjetivos para iniciar un análisis propiamente
dicho o si más bien, se debe implementar con él un tratamiento diferencial, como sucede con los
casos de estructuras psicóticas.

d) Promover la posibilidad de que el paciente se involucre y se haga responsable de su padecimiento,

15
constatando la presencia del sujeto del inconciente, cuyo saber puede producir un cambio de po-
sición subjetiva con respecto a la sintomatología que el paciente presenta en las entrevistas pre-
liminares.

III.- ¿Cómo y qué diagnosticar?

A la hora de realizar un diagnóstico diferencial, Freud tomaba en cuenta tres elementos clínicos
fundamentales. En primer lugar la manifestación fenomenológica del cuadro clínico presentado
por el paciente, luego su presunta hipótesis etiológica y tercero, la relación transferencial estable-
cida con el clínico durante el tratamiento. Son criterios de una enorme actualidad para la práctica
del psicoanálisis, especialmente si la contrastamos con una gran cantidad de prácticas “Psi” con-
temporáneas, centradas en la exclusividad del campo fenoménico y la ilusión de la mirada “pura”
del clínico.

La clínica freudiana fue potenciada por la obra de Lacan, quien inicia su enseñanza en 1953 con
“Función y campo de la palabra y el lenguaje en el psicoanálisis”. A partir de este hito, se empieza
a utilizar la noción de estructuras clínicas en el psicoanálisis, por eso hablamos de neurosis, psi-
cosis y perversión, cada una de ellas con su respectivo mecanismo etiológico. Es especialmente
notorio el trabajo clínico que Lacan realiza en el campo de la psicosis, y por otra parte, la precisión
con que delimita la subjetividad perversa que estructuralmente, no era del todo clara en la obra
de Freud.

Entonces según corresponda, podemos diagnosticar a un paciente como neurótico, psicótico


o perverso, algo fácil de decir pero complejo de concretizar en la práctica como bien señala
Jacques Alain-Miller. En las entrevistas preliminares, periodo clave del diagnóstico diferencial,
no sólo se debe poder determinar la estructura del paciente, sino también, el subtipo que la
misma presenta. Por ejemplo, si hablamos de un paciente con una estructura psicótica ¿De
qué tipo de psicosis estamos hablando? ¿Una psicosis no desencadenada, una esquizofrenia o
quizás una paranoia? Hay casos donde la cuestión diagnóstica se puede resolver de manera rela-
tivamente sencilla, aunque también existen otros muy complejos, en los cuales el practicante
del psicoanálisis, debe supervisar el caso con un psicoanalista de mayor experiencia que pueda
orientarlo en la dirección de la cura.

En base a algunas malas experiencias clínicas, Freud recomendaba que al recibir un paciente, se
inicie con él un periodo de prueba: “La iniciación del tratamiento con un periodo de prueba así, fija-
do en algunas semanas, tiene además una motivación diagnóstica. Artas veces, cuando se enfrenta
a una neurosis con síntomas histéricos u obsesivos, pero no acusados en exceso y de duración breve,
vale decir, justamente las formas que se considerarían favorables para el tratamiento,debe dar cabi-
da a la duda sobre si el caso no corresponde a un estadio previo de la llamada “dementia praecox”... y,
pasado más o menos tiempo, mostrará un cuadro declarado de esta afección. Pongo en tela de juicio

16
que resulte siempre muy fácil tratar el distingo.”…En un tratamiento de prueba de algunas semanas
9
percibirá a menudo signos sospechosos que podrán conminarlo a no continuar con el intento.” Por
su parte Lacan en 1956, elabora un famoso texto llamado “Sobre una cuestión preliminar a todo
tratamiento posible de la Psicosis” donde retoma y perfecciona el periodo de prueba sugerido por
Freud, instaurando las antes mencionadas entrevistas preliminares, periodo previo a la entrada
en análisis que para el practicante del psicoanálisis tiene un valor instrumental, ya que en él se
precisa el diagnóstico diferencial del paciente y el tratamiento posible a seguir.

Ya habíamos señalado que una estructura clínica, era la articulación entre un ser pulsional y un
conjunto de significantes provenientes de la cultura que se trasmiten a partir del lenguaje, una es-
tructura siempre en algo fallada, cuya constitución, se remonta a la infancia del sujeto (con cierto
nivel de reedición en la adolescencia) más precisamente, a su tránsito o detenimiento por los tres
tiempos del Complejo de Edipo, donde confluirán junto al niño o niña, tres elementos capitales,
el Deseo Materno, el Falo y el Nombre del Padre. Será la castración simbólica la que centre la
estructura, y los mecanismos propios en cada una de ellas, represión, renegación y forclusión, la
forma que tiene el sujeto para arreglárselas ante su presencia.

Cuando el significante del Nombre-del-Padre se inscribe en el psiquismo del niño, impone un or-
den, una jerarquía que determina las coordenadas simbólicas de su realidad y la forma de relacio-
narse con el mundo. Para que los elementos significantes sean consistentes y le den sentido a las
experiencias del sujeto, se necesita de un primer significante que ordene una lógica de funciona-
miento a la serie de significantes que vienen después, ese es el efecto de ordenamiento generado
por la metáfora paterna tras su inscripción psíquica.

Como producto del Complejo de Edipo, se obtendrá un sujeto estructurado bajo la determinación
de la significación fálica que divide al sujeto, lo castra simbólicamente y da lugar al nacimiento del
inconsciente. Junto al narcisismo secundario, también emerge el Ideal del Yo como un faro que
guiará al sujeto en la búsqueda del objeto a ubicado en el campo de lo social, como así también
una posición sexuada, que más allá del sexo del sujeto, puede ser masculina o femenina. ¿Pero
qué sucede cuando la Metáfora Paterna queda desdibujada, cuando no opera el mecanismo de la
represión en el niño?

La Verdrängung según Freud, es el mecanismo de la represión, la represión propiamente dicha

9.Freud.S 1913. Sobre la Iniciación del Tratamiento. Nuevos Consejos


sobre la Técnica del Psicoanálisis. Obras Completas Tomo XII.
Amorrortu Editores. Buenos Aires-Argentina. P.p 126

17
mediante la cual el resto de significantes de la cadena (S2) son atraídos al inconsciente a partir de
la represión primordial ejercida sobre el S1 constitutiva del aparato psíquico en la neurosis. Para
que los significantes puedan ser reprimidos es necesario que hayan sido inscriptos en lo simbólico
a partir de la afirmación primordial. “Lo que cae bajo la acción de la represión retorna, pues la re-
presión y el retorno de lo reprimido no son sino el derecho y el revés de una misma cosa. Lo reprimido
siempre está ahí y se expresa de modo perfectamente articulado en los síntomas y en multitud de
10
otros fenómenos”

En este sentido Lacan explica que la represión es una operación que se da en el campo de lo sim-
bólico y el retorno de lo reprimido, que se expresa de modo articulado en lo simbólico, insiste
en la cadena significante. La Verwerfung es la forclusión y haciendo una lectura de Freud, Lacan
retoma el término para explicar cómo Freud teorizaba el mecanismo de la psicosis como rechazo
para oponerlo al mecanismo neurótico de la represión en la neurosis. Entonces la primera dife-
rencia que establece Lacan, es que mientras la represión opera en el registro de lo simbólico, la
forclusión, se trata de un rechazo del significante del Nombre del Padre, quedando un agujero
en su lugar. No es un rechazo que se da en el orden de lo simbólico sino en lo real, y esto que no
se inscribe en lo simbólico, retorna en lo real como goce del Otro. En la neurosis los síntomas en
tanto formaciones del inconsciente, retornan o si se quiere, irrumpen en el registro simbólico, en
cambio en la psicosis aparecen o retornan en el registro de lo real en forma de alucinaciones o
delirios que para el sujeto son verdades indiscutibles.

Por su parte la Verleugnun o renegación, termino inicialmente utilizado por Freud para referirse
a un mecanismo de defensa en el cual el sujeto se rehúsa a reconocer una percepción traumática.
Es emplazado por Lacan como el mecanismo estructurador de la perversión, en la cual el sujeto
reniega de la castración, es decir del poder limitante y organizador de la metáfora paterna. El per-
verso percibe que la madre carece del falo, que no es completa, pero simultáneamente se niega a
aceptarlo, en la adultez, su montaje reiterativo reproduce la situación traumática efectivamente
vivenciada en la infancia, que debe ser revivida y también “corregida” en acto, en los detalles de
la escena perversa.

No obstante, esta renegación no podría sostenerse sin que el perverso reconociera, por otro lado,
este deseo de la madre por el padre, aunque no fuera sino para hacerlo el objeto de su renegación.
En cierto sentido, sabe algo sobre la diferencia de los sexos y sin embargo emplea lo esencial de
su energía en recusar la implicación principal que instituye precisamente esta diferencia como la
causa significante del deseo. Al esforzarse por mantener continuamente la apuesta de una posibi-
lidad de goce que se liberaría de esta causa significante, el perverso no tiene otra salida que la de
suscribir al desafío de la ley y a su transgresión.

Finalmente luego de estas breves observaciones estructurales, estableceremos algunos elementos


clínicos, que si están bien relacionados entre sí, pueden ayudar al novel practicante del psicoanálisis,

10.Lacan, J. Seminario 3. 1955 – 1966, “Las Psicosis”, P.p 24

18
a realizar un diagnóstico de estructura.

.- La posición subjetiva en torno al Gran Otro

.- La historización del Sujeto

.- El lugar de la inscripción de los síntomas y la presencia de fenómenos elementales.

IV.- La posición subjetiva en torno al Gran Otro

Nos referimos a la producción verbal del paciente, a la forma bajo la cual relata, vive e integra su
historia y la posición discursiva que adopta en los enunciados que hacen referencia a la realidad
que lo rodea, especialmente en sus relaciones sociales.

.- Neurosis (Una clínica de la pregunta)

Histeria: En la histeria, el Otro está siempre en falta, hay una queja, decepción o reproche perma-
nente que le es dirigida sin una verdadera implicación subjetiva, es decir cierta posición victimista,
al cual Lacan llamó posición de “Bella Alma”. Se le demanda al Otro, se lo pone a trabajar, para
luego decepcionarse ante su repuesta insuficiente. A esta falta constitutiva en el Otro general-
mente se encuentra anudado el deseo histérico insatisfecho.La Pregunta Histérica según Lacan
es: ¿Qué es ser una mujer?

Neurosis Obsesiva: El sujeto obsesivo, nos demuestra que más allá de un instrumento de comunicación,
el lenguaje es una fuente de goce, el goce de la lengua. El obsesivo se encuentra sumergido en un fluido
diálogo consigo mismo , donde solo en apariencia el interlocutor es el otro, cuando en realidad es el Otro
de su pensamiento, al que siempre trata de hacer consistir sin fisuras.La pregunta obsesiva según Lacan
es: ¿Estoy vivo o muerto?

.- Psicosis (Una Clínica de la certeza)

Paranoia: El Otro se presenta como un ente devorador o persecutor que quiere perjudicar al psi-
cótico, arruinarlo, sacarle sus bienes, quitarle la vida, etc. Con respecto a esta intencionalidad ma-
ligna por parte del Otro, existe una certeza irreductible, a partir de la cual se construye el delirio
paranoico que puede adoptar formas celotípicas, erotómanas, persecutorias o hipocondriacas en
otras. Para el paranoico la iniciativa siempre viene del campo Otro malvado.

Esquizofrenia: El Otro que no tiene la consistencia y rigidez de la paranoia, se torna invasivo,


haciendo estallar el cuerpo del sujeto esquizofrénico en pedazos, acompañando este proceso
desintegrador de las más variadas alucinaciones corporales y fenómenos psicóticos del cuerpo,

19
como despedazamientos, putrefacción de miembros, desplazamientos de órganos, etc.

Melancolía: El Otro aparece en forma de un superyó sádico que castiga al yo del sujeto hasta re-
ducirlo a un objeto de desecho. Es lo que Freud llamó delirio de culpa u auto-observación.

.- Perversión (Una Clínica de la demostración)

El perverso: Se convierte en el instrumento puro y simple del goce del Otro, un cruzado de la supra-
ley del goce, que siempre tiene un pequeño otro-víctima como testigo de su acto transgresivo.

V.- La Historización del Sujeto

Una diferencia fundamental entre la neurosis y la psicosis, radica en la historización o no que el


sujeto construye sobre su vida en el espacio clínico. La presencia de la novela familiar del neu-
rótico o si se quiere, el relato novelado de su vida, elaborado en torno al eje a la neurosis infantil.
La neurosis infantil vendría a ser lo que el paciente refiere de su tránsito por el complejo de Edipo,
el lugar que tuvo para el deseo materno, si dentro de su historia familiar fue la oveja negra, el
sobre-protegido o la abandonada, su encuentro con la relación sexual que no existe y sus primeros
síntomas, inhibiciones o angustias.

Con respecto a este elemento diferencial, Lacan señala que el psicótico es un sujeto ahistóri-
co, no tiene prehistoria, aunque como señalan Urriolagoitia y Lora: “Si bien las coordenadas del
desencadenamiento pueden ser ubicadas biográfica y cronológicamente en la historia del sujeto,
sin embargo, existe una paradoja en el sentido de que la psicosis sí tiene un comienzo y un desarrollo,
los cuales no podrían ser concebidos de todos modos, bajo la forma de una historización del sujeto.
Así para la psicosis existe un momento de desencadenamiento que constituiría su inicio el cual es
precedido por un momento denominado prepsicosis. La prepsicosis no podría sin embargo, ser con-
siderada en el sentido de un momento primero o anterior cronológicamente y la prueba de ello es la
psicosis no desencadenada la cual se mantendría por decirlo
11
de algún modo en un estado prepsicó-
tico que transcurre por fuera de un desencadenamiento.” A esto se puede agregar muchas veces
un relato chato de contenido y expresividad, desafectivizado o aplanado emocionalmente en
lo que respecta vivencias traumáticas, sexuales o experiencias que para un neurótico podrían ser
difíciles de expresar por el efecto de la represión o la vergüenza.

VI.- Síntomas y Fenómenos Elementales

En ocasiones, aquellos signos del paciente, que la familia o el Otro Social perciben como algo
anormal y patológico, no resultan percibidos de la misma manera por el sujeto que ha sido aca-
rreado al espacio clínico de manera prácticamente forzada o condicionada. Por eso desde el psi-
coanálisis no definimos al síntoma analítico como lo que no funciona para el Otro Social o el saber

11.Lora M.E y Urriolagoitia. 2006 .El Diagnóstico Diferencial en


el Psicoanálisis. Revista Ajayu, Vol. IV No. 2 . La Paz-Bolivia.

20
psiquiátrico, sino como lo que no funciona para cada sujeto en singular, como aquel sufrimiento
que interroga y muchas veces lo hace buscar ayuda, lo cual no quiere decir que el síntoma para el
Otro no tenga importancia.

En muchos casos el síntoma no se presenta como un sufrimiento que interroga, sino más bien,
velado por una ego-sintonía con el yo del sujeto, con una complacencia narcisística que genera
que este no lo reconozca como algo problemático y que incluso lo defina como parte de su ser, por
ejemplo, “soy un depresivo , siempre he sido un borracho, en mi familia todos somos locos”. La
ego-sintonía del síntoma en absoluto significa homeostasis, o ausencia de padecimiento; en todo
caso, se trata de un padecimiento no advertido que demanda un gasto psíquico, sostenido en la
función de desconocimiento constitutiva del yo. En todo caso, en este momento, el síntoma pue-
de llegar a producir malestar, pero no posee el empuje necesario como para que el ser hablante
quiera desembarazarse de él. Como sostiene Luterau: “Es por eso que resulta un tanto problemático
llamar síntoma en sentido estricto a estas coordenadas del sufrimiento, a que no implican la división
subjetiva. No son del todo un problema, no son un enigma, sino más bien algo que lo que el consul-
12
tante apenas puede reconocerse.”

El franqueamiento de la ego-sintonía del síntoma, es decir cuando éste demuestra su vertiente de


sufrimiento, es lo que tenemos que tratar de lograr con estos pacientes, como condición exclu-
yente para el comienzo de una cura analítica. Es a esto lo que denominamos realmente síntoma
analítico. El síntoma analítico es la muestra viva de la división subjetiva o la castración, y el mismo
tiene dos caras, por un lado su cara pulsional o de goce, que siempre insta a la repetición y por
otro lado la cara simbólica, puesto que el síntoma como retorno de lo reprimido en el inconscien-
te, tiene una estructura metafórica que metonímicamente, se encuentra articulado a una cadena
de significantes S1-S2. Este síntoma es el reflejo de un conflicto, de una historia no resuelta, que
busca manifestar su verdad, para lo cual se debe realizar un trabajo de desciframiento, ya que el
síntoma es también el portador de una historia velada.

El síntoma analítico puede tener diferentes superficies de inscripción según cada cuadro clínico:

12.Boxaca . L y Lueterau.L. 2013. Introducción a la Clíni-


ca Psicoanalítica. Editorial Letra Viva. Argentina. P.p 71

21
Ahora bien, otro elemento que podremos considerar esencial en el diagnóstico diferencial de la
neurosis, además del síntoma analítico, es la presencia de las llamadas formaciones del incons-
ciente: sueños, lapsus linguae, olvidos y actos fallidos. Recordemos que Freud señalaba que los
sueños eran la vía regia de acceso al inconsciente y es gracias al análisis de los procesos psíquicos
en él implicados, que pudo postular los mecanismos de condensación y desplazamiento, concep-
tos base que luego la lingüística estructural reformuló como metonimia y metáfora. En un análisis
del sueño de una paciente que Freud presenta en el cuarto capítulo de la Interpretación de los
Sueños, popularmente conocida como la “Bella Carnicera”, Lacan determina el diagnóstico de
histeria a partir de un detalle clínico precioso, la insatisfacción de su deseo que la paciente procura
en dicho sueño.

Por otra parte, es importante ser tajantes con algo, sobre todo a partir de cierta generalización
salvaje y pseudocientífica que se ha hecho del psicoanálisis, no todos los sueños, lapsus linguae,
olvidos o actos fallidos son formaciones del inconsciente. Entonces si verdaderamente se trata de
formaciones del inconsciente, debe existir el efecto de represión que cae sobre el significante que
se olvida o metafóricamente es sustituido por otro, debe existir también un efecto enigmático,
una falta de saber a veces acompañada de malestar, que genere una pregunta en el sujeto, ante
el surgimiento imprevisto de esa incógnita x, es decir ¿Por qué me soñé haciendo eso con esta
persona? ¿Qué me sucedió que en vez de decir a dije b? Finalmente a partir del trabajo asociativo
y la aparición de los restos metonímicos, es posible verificar la existencia o no de la sustitución
significante y el efecto de metáfora que allí a tenido lugar. El olvido de Signorelli magistralmente
analizado por Freud, es en este sentido paradigmático. Como sostiene Juan Carlos Indaart: “La
clave, para las formaciones del inconciente, es la operatoria del trabajo significante. Son interpre-
taciones y permiten la interpretación por parte del analista. Aquí el desciframiento y el trabajo aso-
ciativo adquieren todo su valor, sacando a la luz la serie de nexos significantes que convergen en
13
dirección a la x.”

.- En lo que respecta a la psicosis, en vez de hablar de síntoma analítico, tomaremos una categoría
clínica de la psiquiatría clásica francesa llamada fenómeno elemental, la cual más precisamente,
Lacan recupera del automatismo mental de su maestro Clérambault. A diferencia de este, Lacan
no le atribuye un mecanismo orgánico causal, resaltando que los fenómenos elementales mues-
tran los efectos del significante “al desnudo”, en lo real, sin el velo edípico de la metáfora paterna.
El significante funcionando solo, desenganchado del significado.

Clérambault señala que los fenómenos elementales, se pueden presentar a nivel sensitivo, motor
y mental, caracterizándose por su tenor esencialmente neutro, no sensoriales y atemáticos o ani-
déicos. Es decir, carecen de tonalidad afectiva, no llegan a ser alucinaciones y el paciente todavía
no puede elaborar alguna interpretación ideativa en torno a los mismos, es incapaz de atribuirles
una significación o sentido, lo cual recién aparecerá en un momento posterior con el delirio.

13 Indaart J.C y Col. 1997. Vigencia de las Formaciones del


Inconciente. Ed. Vigencia. Buenos Aires-Argentina P.p 58

22
Lacan señala que la irrupción de los fenómenos elementales luego del desencadenamiento, de-
jan al paciente en un estado de perplejidad, un periodo que denominaremos como pre-psicosis.
Al contrario de lo que generalmente se mal entiende, la pre-psicosis surge después de la deses-
tructuración del desencadenamiento y no antes. Esto se acompaña de otro fenómeno estructural
llamado significación de significación, el psicótico sabe que los fenómenos elementales significan
algo, son S1 que están dirigidos exclusivamente a él, pero todavía no sabe qué significan, no ha
podido elaborar una respuesta, ante lo cual queda perplejo. La significación (S2) y las posibles
interpretaciones, recién aparecen con la construcción delirante que se manifiesta en un tercer
momento, que llamaremos psicosis propiamente dicha.

Seguidamente analizaremos algunos fenómenos elementales:

.- El delirio

Para la psiquiatría clásica, el deliro psicótico, es un fenómeno psicopatológico que irrumpe a nivel
del pensamiento, luego de que la estructura psicótica se ha desencadenado. Al respecto Gatian de
Clérambault señalaba: “En el momento en que el delirio aparece, la psicosis es vieja.“ Para el maes-
tro de Lacan, el delirio no es más que una superestructura, una ideación de orden psicológico, que
se construye sobre una estructura psicótica de etiología orgánica.

Henry Ey que además de ser discípulo de Clérambault , fue compañero de residencia de Lacan, se-
ñala que el delirio es una idea generalmente falsa que choca con la realidad, dotado de una fuerza
y una convicción irreductible, que se conoce con el nombre de certeza delirante. La condición fun-
damental para que una idea sea considerada delirante, es detectar una falla judicativa, es decir en
el juicio, aunque sin dejar de tomar en cuenta las condiciones y situaciones en las que la persona
sustenta dicho juicio. Según el tipo de psicosis, el delirio utilizará diferentes tipos de materiales
psíquicos para su elaboración, pudiendo ser estos alucinatorios, imaginativos o interpretativos
14
según corresponda.

14.Langer A. 2003. “Un recorrido de Cleranbault a Lacan.” http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=3826


Amalia B. 2000. Lecciones introductorias de Psicopatología .Editorial Eudeba-Argentina. P.p 98
Lacan J. 196. “De una Cuestión Preliminar Para Todo Tratamiento Posible de la Psicosis”. Escritos. Libros-web. Buenos
Aires- Argentina. P.p 310

23
Por su parte Lacan, ya desde su tesis doctoral en psiquiatría, rompe con la tradición de la etio-
logía órgano-mecanicista de sus maestros, propugnando una causalidad psíquica para algunas
psicosis. Siguiendo la herencia freudiana, opone la noción de realidad psíquica a la realidad uní-
voca y objetivable de los positivistas, además de concebir al delirio como un intento de sutura, de
reconstrucción de la realidad del psicótico, desbaratada a partir del estallido subjetivo del des-
encadenamiento. El delirio es una formación restitutiva simbólica: “un campo de significación que
ha organizado un cierto significante por esta razón todos los fenómenos delirantes se califican con
referencia a las funciones y la estructura de la palabra”. De todas formas, podemos homologar la
“vejez” de la psicosis destacada por Clérambault, con la estructuración psíquica del sujeto psicó-
tico, que se mantiene más o menos estabilizado como una mesa de tres patas, hasta el momento
del desencadenamiento.

Lacan no diferencia la estructura del fenómeno delirante, todo lo contrario, señala que si se lo
sabe ubicar con precisión, en el mismo fenómeno elemental o delirio encontramos a la estructura,
para lo cual se basa en la metáfora de la planta. Podemos notar que muchas plantas, hasta en la
forma en la cual están constituidas las nervaduras del limbo de sus hojas, conservan la forma de la
estructura general de la planta. Por otra parte y no sin relación a este último punto, se debe dife-
renciar el automatismo mental, el momento en el que irrumpen los significantes S1, imponiéndo-
se al sujeto sin ninguna posibilidad de construcción ideativa, con el trabajo de delirio que viene en
un segundo momento. Para Lacan existe una progresión que puede articular o hilar los fenómenos
elementales más pequeños con la construcción delirante más florida, como por ejemplo ocurre
con el caso del presidente Schereber, cuya sintomatología evoluciona de la hipocondría, pasando
por los más variados fenómenos corporales y alucinatorios, hasta la completa feminización de su
cuerpo, que lo lleva a convertirse en la mujer de Dios.

Esto quiere decir que el delirio no es de una vez y para siempre, sino una construcción que en de-
terminados momentos se impone y en otros, obedece a una implicación subjetiva del psicótico,
el delirio evoluciona, sufre transformaciones en su curso. El psicoanalista Jean Claude Maleval,
nos invita a estudiar la evolución del delirio, en cuatro momentos importantes: “se trata de una
evolución de la relación del sujeto con el goce... Se puede dar nombre a cada uno de estos periodos,
refiriéndolos a lo que en cada uno de ellos es específico: el primero, deslocalización del goce y perpleji-
dad angustiada; el segundo, tentativa de significación del goce del Otro; el tercero, identificación del
15
goce del Otro; el último, consentimiento al goce del Otro.” A estos momentos Maleval los clasifica
llamándolos “la escala del delirio”, representando a cada uno con la letra P: “No cabe duda de que
estos diversos fenómenos se interpretan más o menos, por lo que las letras P0, P1, P2, P3 parecen
más adecuadas para subrayar que se trata de una sucesión ordenada, la cual tiene una única fuente,
escrita de forma precisa por Lacan P0 en el esquema I, o sea, la forclusión del Nombre del Padre. Es-
tas notaciones designan sintomatologías psicóticas que se traducen en posiciones subjetivas que en
su mayoría son poco estables”.

15.Maleval J.C. 2001. “La Forclusión del Nombre del Pa-


dre” Editorial Paidos. Buenos Aires-Argentina. P.p 28

24
Esta evolución sistemática del delirio, se caracteriza por poseer posicionamientos subjetivos del
psicótico que pueden variar con facilidad, además de recalcar, que dicha evolución no siempre
sigue un orden cronológico estable: “No sólo el desarrollo del delirio llega raramente a P3; además
se producen movimientos retrógrados de P2 a P1, de P1 a P0, incluso de P3 a P0. La letra P resulta
pues estar, pues, abierta a diversas lecturas, aunque principalmente designe cuatro posiciones sub-
jetivas propias del psicótico.” 16

Finalmente recalcar que no existe un solo tipo de delirio, sino que el mismo, puede estar determi-
nado por el subtipo de psicosis que posee el sujeto. La paranoia, se caracteriza por presentar de-
lirios muy sistematizados, lógicos, de lenta evolución que no cambian fácilmente de temática, con
un buen nivel de conservación de la actividad psíquica, tanto así que Kraepelin decía que los para-
noicos generalmente se los encontraba en los estrados judiciales demando a la gente que según
su delirio, los quiere perjudicar de alguna u otra manera. En la parafrenia el delirio puede adquirir
dimensiones muy imaginativas e irreales, como sucede con los delirios fantásticos o de grandeza.
En cambio en la esquizofrenia, el delirio no suele tener un buen nivel de sistematización, tiende a
fragmentarse, a yuxtaponer temáticas y la temporalidad, además del acompañamiento de otras
manifestaciones psicopatológicas como las alucinaciones o el comportamiento desorganizado.

.- Trastornos del Lenguaje

Tanto en su práctica del psicoanálisis como en la de la psiquiatría, el Dr. Lacan le daba un enorme
valor clínico a los trastornos del lenguaje psicóticos, a esos efectos lenguajeros de cadena rota que
se imponen en lo real desconectándose de los otros significantes, considerando su sola presencia
- si está bien extraída y relacionada- como un detalle fundamental para realizar el diagnóstico de
psicosis.

Podemos enumerar los trastornos del lenguaje gracias al análisis atento y detallado de fenómenos
en la función de la palabra y el campo del lenguaje en las psicosis, que Lacan pudo ordenar alrede-
dor de dos ejes -los fenómenos de código y los fenómenos de mensaje- retomando el análisis de
la metáfora y de la metonimia hecho por el lingüista Roman Jakobson. Entre los trastornos del
lenguaje psicóticos más comunes tenemos al neologismo, la holofrase y el estribillo.

El neologismo: Las diversas definiciones de neologismo indican que estos son invenciones,
palabras nuevas que se incorporan e integran a una lengua establecida para hacer frente a nuevas
necesidades expresivas o de denominación. También puede tratarse de un giro, acepción nueva
o la inclusión de un significado nuevo en una palabra ya existente o en una palabra procedente
de otra lengua. Existen distintas clasificaciones de neologismos, pero se pueden abarcar en dos
grupos mayores: neologismos semánticos o de forma.

Dentro del campo de la lengua, el neologismo tiene una funcionalidad social, como ocurre con las

16.Idem , 286

25
palabras que por ejemplo se inventan los miembros de una pandilla o los jóvenes de determinado
contexto socio-cultural. En cambio dentro del campo de la psicosis, su estatuto es más bien dife-
rente y responde a un elemento muy singular de la estructura, pudiéndose presentar de manera
pasiva o activa. Según el mismo Lacan, el neologismo es una significación que fundamentalmente
no remite más que a sí misma, que permanece irreductible. El enfermo subraya que la palabra en
si misma pesa. Antes de poder ser reducida a otra significación, significa en si misma algo inefa-
ble, es una significación que remite ante todo a la significación en cuanto tal. Por ende podemos
decir que el neologismo no es un trastorno de la sintaxis, sino más bien un término que no puede
ser sustituido por ningún otro en el mismo lugar de la cadena, pero que sin embargo toma la pro-
piedad de algunos significantes de la misma. “El neologismo es un término tal, que no se puede sus-
tituir por ningún otro. Esta es la definición más precisa que encontré de neologismo. Denota entonces
17
un déficit en el polo metafórico del lenguaje.” Por ende se hace imposible de definir en relación a
otros significantes, como sucede con los neologismos utilizados en los diversos grupos sociales.

La Holofrase : El término Holofrase proviene de la palabra “holo”, que significa todo, es decir una
palabra sin división. Es un término que Jaques Lacan toma prestado de la lingüística, para intro-
ducirlo en el estudio de las psicosis, dándole una connotación distinta. La holofrase es una frase
total, es decir, es una frase “toda”, unida en las palabras que la componen, sin la división “obliga-
toria” de las partes gramaticales de la misma, esto es, sin sujeto, verbo y predicado separados.

Pasando de esta manera al campo psicopatológico podríamos decir que en la holofrase, lo sim-
bólico, el léxico en sí, queda excluido, aunado en un sólo sintagma, que similarmente al neolo-
gismo, no puede hacer referencia a otro significante, pero sin embargo para el sujeto tiene un
valor de significación, ya que representa algo de su historia, de su padecimiento, de lo que quiere
decirle al Otro.

Un clásico ejemplo de la holofrase psicótica, nos lo brinda el maestro Ruben Gerardo Manzur a
partir de su paciente Juan Enrique, que en vez de decir “El espía de la corona inglesa” pronunciaba
la holofrase “Espiacorin”.

Los Estribillos: Son significantes que irrumpen en lo real, presentándose de manera repetitiva y
mecánica dentro del discurso del paciente, como por ejemplo una paciente psicótica que señalaba
se me vienen las palabras: “casa, casada, caserón, casarrosa”.

En su seminario sobre la psicosis Lacan señala: “Es la fórmula que se repite, se reitera, se machaca
con insistencia estereotipada. Podemos llamarla, en oposición a la palabra, el estribillo. Ambas for-
mas, la más plena y la más vacía, detienen la significación, son una especie de plomada en la red del
18
discurso del sujeto”.

.- Ya cerrando la cuestión del diagnóstico diferencial de la psicosis, debemos destacar que a veces

17. Lombardi. G. La psicosis .2001. Editorial Atuel. Bue-


nos Aires-Argentina. P.p 63
18. Lacan. J. “La psicosis”. Seminario 3. P. 52

26
lo particularmente dificultoso, es el diagnóstico de una psicosis estructurada, es decir una psicosis
que como no se ha desencadenado, que no presenta síntomas llamativos o extraordinarios, para
lo cual más que nunca, debemos valernos de los detalles clínicos, establecidos por Jacques Alain-
Miller en su Introducción al método psicoanalítico:19

.- Fenómenos de Automatismo Mental: Son la irrupción de voces del discurso de otros, en la


más íntima esfera psíquica. Los fenómenos de automatismo mental son, sin duda, muy evidentes
cuando la psicosis ya se desencadenó, pero un automatismo mental puede estar presente, silen-
ciosamente, durante años con apenas una o dos irrupciones en la infancia o en la adolescencia,
quedando más tarde encubierto. De ahí que sea necesario centrarse en esa irrupción.

.- Fenómenos que conciernen al cuerpo: De lo mental a lo corporal. Aparecen entonces fenó-


menos de descomposición, de despedazamiento, de separación, de extrañeza, con relación al
propio cuerpo. Y también, distorsión temporal, distorsión de la percepción del tiempo o de dis-
locación espacial.

.- Fenómenos que conciernen al sentido y a la verdad: No son abstracciones, sino cosas efecti-
vas de la experiencia analítica. El testimonio por ejemplo, de parte del paciente, de experiencias
inefables, inexpresables, o experiencias de certeza absoluta, y más aún, con respecto a la identi-
dad, la hostilidad de un extraño o, lo que se llama en la clínica francesa, expresiones de sentido o
significación personal. En otras palabras, es cuando el paciente dice, que puede leer en el mundo,
signos que le están destinados , y que contienen , una significación que él no puede precisar, pero
que le están dirigidos exclusivamente a él.

.- En lo que respecta a la perversión, tanto las generalizaciones clínicas, como el entreverado de


discursos y la influencia de la industria del entretenimiento, han generado un estado de banali-
zación diagnóstica propicio para todo tipo de confusiones.

Recordemos que Freud sacudía los cimientos de la moral victoriana, al señalar que la sexualidad
humana era perversa, en tanto que fuera de los genitales, existían otras regiones del cuerpo, prác-
ticas y objetos, que podían cumplir o suplir una función sexual y que además, la sexualidad no se
limitaba a la vida adulta. También señalaba que en la neurosis, se presentaban sueños y fantasías
de tipo perversas que por efectos de la represión no se llevaban al acto, como hacían los verda-
deros perversos.

Podemos decir que existen sujetos psicóticos que pueden realizar prácticas perversas para es-
capar de su angustia desestructurarte, o aquellos que desarrollan conductas sádicas o masoquis-
tas motivados por un trasfondo delirante. Es común que se asocie la perversidad a la maldad o cru-
eldad, que los seres humanos pueden infligir a los otros de manera deliberada sin sentimientos de
culpabilidad. Pero lo cierto es que hay neuróticos o psicóticos que también pueden llegar a hacer

19.Jaques Alain-Miller. 1997. Introducción al Método


Psicoanalítico. Editorial Paidos . P.p 23

27
tanto daño como un perverso, pensemos por ejemplo, en el entorno político que se roba millones
de dólares dejando a la gente en la miseria sin el más mínimo remordimiento, el obsesivo que se
venga del daño que le hicieron en el pasado, los soldados que comenten violaciones sexuales gru-
pales en las guerras o al sujeto que en pleno desencadenamiento psicótico abre fuego y masacra
a sus compañeros de clase.

¿Cuál es entonces la especificidad de la estructura perversa?

La dimensión que se juega en el acto perverso es entre otras, la transgresión de las normas esta-
blecidas, de manera que esto es lo que frecuentemente altera la moral dominante. Si se trata de
identificar conductas específicas en el proceso perverso, es la finalidad de gozar antes que la de
dañar, salvo otra vez en el sadismo, (aunque también aquí lo que importa es el goce y no única-
mente el sufrimiento infligido a la víctima), lo que lo puede identificar mejor.

Aunque es cierto, sin embargo, que algunas veces el perverso no mide hasta qué punto puede su
goce dañar a otros o a sí mismo. Si recordamos que el goce es la manifestación más directa de la
pulsión de muerte, es muy frecuente que de los actos perversos se desborde un efecto destructivo
y dañino, no sólo para el propio perverso, sino también para sus parejas o entorno cercano. Este
goce buscado por el perverso, pone como precio la transgresión.

Desde un punto de vista edípico, podemos decir que el perverso no tolera que la madre (y a partir
de allí, todas las mujeres) esté castrada pues eso significaría aceptar su propia disolución como
sujeto, es decir significa dejar de ser el falo de la madre, con el que está identificado. El perverso se
defiende de esta angustia de castración a través de su puesta en acto del escenario perverso que
casi siempre requiere de un fetiche para demostrar que no hay diferencia entre los sexos y por lo
mismo no hay castración. A partir de este mecanismo de defensa, la renegación contra la angustia
de castración, se configura la perversión como estructura.20

Podríamos considerar como su principal entidad sintomática al acto perverso, que se encuentra
enmarcado dentro del montaje de una escena, que se inicia con la cristalización del fantasma per-
verso. El fantasma perverso es en extremo repetitivo y se caracteriza por la necesidad de un enc-
uadre fijo y pautado, que destierre por completo la posibilidad de lo inesperado o la contingencia.
Este ordenamiento obedece también, a disponer los cuerpos de tal manera, que se pueda extraer
lo máximo posible de goce en ese acto. En la perversión no hablamos de deseo, sino más bien de
la voluntad de goce, rasgo fundamental de su posición subjetiva, que Lacan caracteriza como un
21
cruzado dispuesto a recuperar el goce perdido en el Otro.

Si tomamos como paradigma al sadismo, podríamos decir que el perverso sólo se satisface cu-
ando tiene alguna señal de que el otro, testigo o acompañante de su acto, ha sido alcanzado por
su accionar, por ejemplo un grito, llanto, su angustia o desesperación. El perverso apunta al deseo

20.López Enrique. 2013. Perversión y Psicoanálisis. Plaza y Valdez Edi-


tores-México. P.p 213
21.Mazzuca Roberto. 2003. De la Psicopathía Sexualis a la Subjetividad
Perversa. Ed Berggasse. Buenos Aires-Argentina. P.p 178

28
y al goce del otro, aun en contra del principio de placer de ese otro. Pero lo que el sádico no sabe
es que de ese modo, se convierte en el instrumento del goce del Otro.

Finalmente podríamos decir que si con sus actos el perverso suele transgredir la prohibición pater-
na, lejos de estar libre, se encuentra determinado por la Supra Ley del Goce, que se le presentifica
en forma de superyó exigente, aquella voz de la naturaleza de la que hablaba Sade, que siempre
lo insta a gozar, muy a pesar del costo social que esto pueda tener.

29
Histeria

“El amor al padre es el eje alrededor del cual gira la


organización del síntoma histérico.”
Eric Laurent –El Reverso del Síntoma Histérico.
Arte: El Borracho de Laermans. 30
El amor al padre como síntoma.* al baile. Con respecto a esto, dice que en-
contró su vocación, que cuando canta se
Por Alejandra Lubel olvida del mundo. Recuerda que comenzó
a cantar junto al padre mientras él tocaba
I.- La crisis por vocación. la guitarra. Le preocupa lo económico, el
futuro. Cree que su padre, aunque no se lo
Cuenta que su padre es ginecólogo y obste- diga, no está de acuerdo con su elección,
tra. “Para mi papá la profesión es todo. No ya que siempre le sugiere hacer una carre-
sé para qué tuvo cuatro hijos. Siempre que ra universitaria y seguir cantando como un
uno le pregunta qué está haciendo con- hobby. L. dice que su ideal es su profeso-
testa: salvando vidas”. L. dice que siempre ra de canto, que es psicóloga (ejerce como
quiso estudiar medicina porque lo veía tan tal) y canta.
fascinado al padre con su carrera, pero que
ahora tiene dudas. Busca tests vocaciona- Dice: “Ella hace todo y disfruta de todo”.
les por internet, habla con familiares y ami-
gos para que le sugieran alguna carrera y II.- El miedo a la noche.
me pide un test de orientación vocacional.
. Dice que desde chica le tiene miedo a la os-
Me abstengo y señalo su posición de de- curidad, aunque en el último año le cuesta
manda hacia los otros. Dice: “Nunca quiero dormirse con más frecuencia. Se ríe y dice
elegir nada por si acaso. Quiero estar se- “Tal vez es por mi nombre: Luz.” Recuerda
gura de lo que elijo, tener garantías, tener que siempre le dejaban la luz prendida para
certezas del futuro. Me gusta tener todo dormir. Con respecto al nombre, dice que
bajo control”. Señalo la coincidencia en el lo eligió su padre. “No es cualquier nombre.
tiempo entre su decisión de dejar medicina Siento que era importante para él”.
y la decisión del padre de separarse.
En relación a los miedos, dice que teme que
A la sesión siguiente se muestra angustiada entre alguien por el patio, que se violente
por su noviazgo con Hernán y se pregunta con ella o con sus hermanos, que les pegue
cómo sería estar con otra persona. Tiene un tiro. “Nunca me pasó nada de eso. No sé
dudas, sueños en los que su novio está con de dónde saque estos miedos”. Trae el si-
otra mujer. De él dice: “Siempre depende guiente recuerdo infantil: “Íbamos a tenis
de otros que le digan qué hacer. Yo lo ayudé con mi mamá y mis hermanos. El colecti-
a buscar trabajo, a rendir las materias. Yo vo quedó detenido por el tráfico en las vías
le cambié la vida. No estoy enamorada de del tren. Venía el tren. Mi mamá se puso a
Hernán pero él me da seguridad. Es como gritar como loca que bajemos. Bajamos. Yo
tener el cariño asegurado”. sentí tanto miedo y no podía parar de llo-
Comienza a estudiar psicología, ya que rar. Nunca más quise ir a tenis.”.
dice que ella suele escuchar los problemas
de los demás. Al poco tiempo deja porque
no le va bien y decide dedicarse al canto y

* Extraído del libro: Nieves Soria Dafunchio .2009. In-


hibición, síntoma y angustia.-Ediciones del Bucle-Ar-
gentina- P.p 210

31
Cree que se puso tan mal porque no podía key. Dice que él tiene problemas matrimo-
controlar la situación y dependía de la de- niales y por eso no se puede concentrar en
cisión del chofer de esperar o avanzar. Pre- su carrera. Refiere: “Siempre busco chicos
gunto por los demás pasajeros. Se sorpren- con problemas como para solucionárselos”.
de y dice: “Nada. Se quedaron arriba y el
colectivo avanzó antes de que llegue el tren. Se pregunta por la esposa de este hombre.
¿Mi mamá exageró?” Cuenta que ella no trabaja y que no le gusta
el deporte. “No entiendo qué hace con ella.
Habla de la madre. Dice que es temerosa, Es re-vaga y depende de él para todo”. Al
que siempre cuando sale le dice “Cuidate”. poco tiempo, termina su relación con Her-
“Es muy miedosa. Es una mujer totalmente nán, su novio. Dice que cuando hablaron no
dependiente de mi papá”. Luego de sepa- podía pronunciar la palabra “separación”
rarse, hablando con sus hijas les dijo que y que lo terminó definiendo él. La familia y
no sabe mucho de sexo, que su primera vez los amigos se mostraron sorprendidos “…sin
fue a los veinticinco años con el padre, que comprender”. Intervengo diciendo: “Otra
fue su único hombre, que no sabe cómo separación que sorprende a todos”. Habla
desenvolverse en el amor, que tal vez se de la posibilidad de que su padre esté con
quede para siempre sola con sus hijos. Un otra mujer. Se la imagina profesional (no
día se queda a dormir una amiga de la ma- ama de casa), linda, elegante, exitosa. “No
dre porque la madre se va de viaje y L. no soportaría ver a mi papá con otra mujer.
siente miedo por la noche. Dice “Emilia es ¿Qué tendrá ella que ahora él se toma tan-
una mujer independiente, a diferencia de tos francos?”
mi mamá. Mi mamá no me transmite se-
guridad, es débil. Es muy madre”. “Es loco Pasado un tiempo su padre le comenta que
pero me siento descuidada por mi mamá. está en pareja y se la presenta. Refiere al
Siempre está montando escenas de vícti- respecto: “no es tan refinada como yo la
ma de mi papá. Siempre sentí de ella una imaginaba”. Se entera por su madre que su
sobreprotección rara, como un doble men- padre le fue infiel con esta mujer. Dice: “Yo
saje. Lo hacía y después se quejaba de que no puedo ser feliz si mi mamá es infeliz”. Al
había dejado todo por nosotros”. poco tiempo decide terminar su relación con
el hombre casado y dirá: “No quiero estar en
Con respecto a los miedos, dice que está el lugar de la que destruye un hogar”.
siempre en un estado de alerta, que su pro-
fesora de canto le dice que no cierra los ojos Sobreviene un período de varias peleas en
al cantar. “Es como estar siempre a la espera su casa: reproches de la madre hacia sus
de que entre alguien, de no relajarme nun- hijos porque ven al padre, mensajes que le
ca”. envía el padre a la madre, etc. L. se mues-
tra angustiada. Dice: “Se tienen que poner
III. En el análisis. de acuerdo”, Se tienen que sentar a hablar
de plata, definir el tema de la casa”, etc. En
Comienza a tener una relación clandestina más de una oportunidad, intercede entre
con un hombre casado que tiene una hija. ambos solucionando situaciones en rela-
Lo conoce en el club en el que juega al hoc- ciónal dinero o a la organización de la casa.

32
Irónicamente se refiere a sí misma como la que quiere estar con alguien, pero “bien”,
“solucionadora de problemas”. Trae el si- ya no quiere estar con hombres comprome-
guiente sueño de angustia: “Estaba con Juan tidos. “No quiero estar con cualquiera con
(el hermano menor) por cruzar la calle. Yo lo tal de no estar sola”. “Igual –aclara–, a pe-
agarraba y él se me iba. Nos pisa un camión. sar de estar sola no soy una sufrida como mi
Me desperté cuando vi cómo se nos venía la mamá”.
rueda encima. Me sentí culpable. Fue la mis-
ma sensación de cuando falleció mi abuelo,
como de vacío, de descontrol, de no poder
evitar que sufra. La situación en mi casa se
me vuelve inmanejable”. Señalo su posición.
Llora diciendo: “Me quiero separar de todo
esto. Siempre me metí en todo. De chica me
decían Mary Sánchez. Me ponía feminista
porque siempre defendía a mi mamá. Ella
renunció a su cargo cuando nació mi herma-
nito Juan porque mi papá no la quería ayu-
dar con las cosas de la casa”.

Relata también una pelea que tiene con los


hermanos. Al respecto, dice: “no sólo tengo
que separarme de mis padres sino también
de mis hermanos. Nos criaron en bloque”.
Con el tiempo, ceden las peleas en su casa.
“Como yo no me metí más, ahora lo mane-
jan con abogados y todo está más tranqui-
lo”. Paralelamente también van cediendo
los miedos a la noche. Tiene varias relacio-
nes con hombres comprometidos. Cada vez
que termina una, “por casualidad” conoce a
otro en las mismas condiciones. Refiere: “No
lo puedo manejar. Una amiga me dijo:”Estás
en el mismo lugar que la mujer de tu viejo”.
Yo sé que es así pero no me puedo separar.
Con los hombres me estoy metiendo en qui-
lombo tras quilombo. Tengo un imán para
los pibes que tienen problemas. Siempre es-
toy expuesta a situaciones de mierda”. Con
ellos dice que “se siente menos”. “No puedo
creer que me den bola. Están acostumbra-
dos a salir con otro tipo de mujeres más lin-
das que yo, más sexys”.
Actualmente, se encuentra sin pareja. Dice

33
El Goce de la Histérica, un Caso de ésta para que salieran juntos los cuatro. Al
Relación Simbiótica* principio la hermana le comentó a Lourdes
que “no le agradaba ese muchacho para
Por Javier Torres Torija ella” De hecho trataba a Oscar con indife-
rencia e incluso mostraba hacia él cierto re-
Ahora quisiera referirme a un caso que con- celo. Oscar sin embargo empezó a mostrar
sidero podrá servir para ilustrar ciertos as- interés por complacer y agradar a la herma-
pectos característicos de dicha estructura na. Al principio esta actitud le pareció bien
clínica. Se trata de una mujer joven, de 21 a Lourdes. Sin embargo, al poco tiempo
años de edad que acude a una clínica psi- empezó a notar que la hermana pregunta-
quiátrica en busca de ayuda para tratar su ba por Oscar y propiciaba encuentros con
“depresión”. .De ahí es referida al Servicio él y salidas conjuntas de las parejas. Lue-
de Psicoterapia porque el médico conside- go sucedieron varios incidentes que le hi-
ra que “el problema de la paciente es de na- cieron pensar que Oscar y su hermana “se
turaleza emocional”. gustaban”. Ante la pregunta expresa de
Lourdes, ambos negaron cualquier interés
Lourdes es una estudiante de la carrera de y atribuyeron todo a “su imaginación”. Sin
psicología que acude a consulta después embargo, al poco tiempo confirmó sus sos-
de sufrir la “decepción” de que su herma- pechas al sorprender a su novio en un abra-
na mayor empezara a salir con el novio con zo con su hermana.
quién ella había tenido su primera relación
sexual. Con actitud de evidente tristeza ini- Lourdes reaccionó con furia ante la situa-
cia su relato narrando el viaje que durante ción, pero tanto su novio como la herma-
las vacaciones hizo junto con su hermana na restaron importancia a lo sucedido. Ella
y un amigo de ambas, a las playas de Gue- sin embargo, se mostró incapaz de romper
rrero. Ahí conoció a un joven que mostró la relación y continuó saliendo con Oscar
interés en ella y de inmediato la invitó a a pesar de su enfado con él. Poco tiempo
salir. Ella accedió y le propuso a Oscar que después empieza a padecer una intensa
también acudieran su hermana y el amigo. angustia, sentimientos de rabia e impoten-
Después de dos días de pasear juntos Oscar cia, dificultad para conciliar el sueño y falta
le propone a Lourdes que se quede con él de apetito. Decide entonces buscar “ayuda
“a dormir” a lo cual ella accede de buena profesional” y acude a una institución psi-
gana. Nunca antes había tenido contacto quiátrica del Sector Salud.
sexual pero de repente decidió que “había
llegado la hora”. En los días que siguieron Resumo ahora los antecedentes recabados
continuaron saliendo juntos los cuatro y en las primeras entrevistas. Lourdes pro-
luego la pareja decidió encontrarse en el viene de una familia desintegrada cuando
DF. sus padres se divorciaron al tener ella cerca
de 14 años. La familia original estaba com-
El noviazgo continuó, y ya en la ciudad puesta por la hermana dos años mayor,
Lourdes invitó a su hermana y al novio de Lourdes y un hermano año y medio menor.

* Extraído de la Revista electrónica de Psicología de


Iztacala-Vol 2 –Febrero de 1999. México

34
De su infancia recuerda que en ocasiones El padre siguió aportando económicamen-
pensó que le hubiera gustado ser hombre. te para el sostenimiento familiar y visitaba
a los hijos una vez por semana. Ocasional-
La madre mostraba preferencia por la her- mente se quedaba “a dormir” en la casa.
mana mayor, pero se preocupaba por aten-
der a los tres hijos. Lourdes con frecuencia A los 16 años de edad empieza un tratamien-
le reprochaba abiertamente esa preferen- to psicológico a sugerencia de la orientadora
cia, ante lo cual la madre respondía con escolar. En ese entonces se tornó retraída,
evasivas o bien negaba la situación. El pa- perdió interés en sus actividades cotidianas
dre mostraba abierta preferencia por la hija y se sentía muy angustiada. Pero lo que más
mayor, a quién incluso llamaba su “consen- le preocupaba es que se sentía “gorda” aun-
tida”. Lourdes nunca se atrevió a reclamar- que sus compañeros y familiares le decían
le por esto al padre. Sin embargo, buscaba que estaba “demasiado delgada”. A pesar
la manera de atraer su atención hacia ella, de ello empezó a llevar dietas estrictas e
para lo cual se esmeraba en obtener buenas incluso a dejar de comer alimentos sólidos
calificaciones y comportarse como “buena durante dos o tres días. Le “obsesionaba”
hija”. En la escuela primaria y secundaria su peso y evitaba ingerir cualquier alimento
fue alumna destacada, y participó en equi- que considerara como “engordador”. Llegó
pos deportivos y en el coro musical. a pesar cerca de 40 kilos con una estatura de
cerca de 1.60 mts. Según Lourdes la terapia
En esa época ella observaba la relación en- le sirvió para “quitarse esas ideas” y le ayu-
tre sus padres fría y distante y presencia- dó a sentirse “más tranquila”. El tratamien-
ba frecuentes pleitos entre ellos. Al poco to duró cerca de dos años, con sesiones una
tiempo los hijos fueron informados por vez a la semana.
ambos padres que se divorciarían. Fue en-
tonces cuando la madre les hizo saber que En la situación actual nuevamente se em-
el padre “tenía otra mujer y otros hijos” y pezó a preocupar por el peso, aunque ofre-
que por esa razón “los abandonaba”. En cía una serie de justificaciones para comer
varias ocasiones inquirió al padre acerca muy poco. En repetidas ocasiones mencio-
de lo revelado por la madre, pero éste res- nó que “no se estaba volviendo anoréxica”.
pondía con evasivas. Sin embargo, tiempo Durante el tratamiento actual Lourdes na-
después aceptó que sí tenía “otra familia” rró otros acontecimientos importantes los
pero rehusó dar mayores explicaciones. Ya cuales resumo a continuación:
consumado el divorcio, un día le propuso a
Lourdes llevarla a conocer a “sus otros her- Oscar y la hermana iniciaron una relación
manos”. Ella reaccionó con enojo y se negó abierta de noviazgo a pesar de la oposición
a acompañarlo. Sin embargo, la hermana de Lourdes. Antes de ello la hermana termi-
mayor ante la misma propuesta sí aceptó y nó su relación anterior informando al novio
le comentaba a Lourdes acerca de “la otra que “había encontrado otro mejor”. A Lour-
mujer” y “los otros hermanos”. El hermano des le propuso “compartir a Oscar” y éste
tampoco accedió a esa invitación del padre. también le hizo propuestas en el mismo sen-

35
tido. Ante esta situación rompió abrupta- como si adivinara mis pensamientos ‘no te
mente con él y dejó de hablarle a la herma- hagas tú sabes cómo se usa’. Yo me siento
na, aunque siguió compartiendo con ella un poco avergonzada y no sé qué respon-
la misma casa. Lourdes empezó entonces der. Luego despierto sintiéndome muy an-
a pensar insistentemente en si habría y en gustiada.
su caso cómo serían las relaciones sexuales
entre su hermana y Oscar. Esta pregunta Con el propósito de “olvidar a Oscar” tra-
llegó a “obsesionarla”. Muchas veces lle- tó de entablar relación con otros hombres.
gaba de improviso a la casa con el propó- Propició entonces relaciones con individuos
sito de sorprenderlos, y buscaba huellas e más jóvenes que ella a los que incluso deno-
indicios de los encuentros amorosos. En minaba “niños”. Curiosamente estos “niños”
realidad no sé qué es lo que quiero averi- que le atraían por una razón u otra resulta-
guar, decía, si yo sé cómo son las relaciones ban poco accesibles. Uno por vivir fuera de
sexuales. Era evidente que le intrigaba algo la ciudad, el otro por estar comprometido
acerca de la sexualidad de esa pareja. con otra mujer, uno más se mostraba muy
evasivo ante las “señales” de Lourdes. En
Varias veces mencionó que le gustaría sa- esta época la relación más estrecha fue con
ber que tenía la hermana que ella no poseía un joven, amigo de la hermana, quién solo
y que supuestamente sería lo que motivó la visitaba de noche e invariablemente la
que Oscar “la dejara”. Se comparaba con invitaba a “dormir” en un hotel. Lourdes
ella en términos de figura, talla etc. y no aceptaba sin objetar, pero en las sesiones se
encontraba respuesta. Luego adoptó el quejaba de sentirse como objeto de uso se-
mismo corte de pelo y el arreglo general xual. En varias ocasiones mencionó tener la
de su hermana. Llegó a decir que a veces fantasía de ser una prostituta.
se sentía “tan confundida” que no sabía si
era ella misma o la hermana Pensaba en Súbitamente advirtió una actitud “miste-
ella en todo momento y sintió que la nece- riosa” en su hermana. Esta se volvió reser-
sitaba tanto que decidió volver a hablarle. vada, triste y distraída. Oscar dejó de visi-
Con frecuencia la llamaba por teléfono con tarla por un tiempo y Lourdes pensó que la
cualquier pretexto. relación había terminado. Esto le produjo
gusto, pero al poco tiempo la hermana le
Durante esta época de “obsesión” por la mencionó, como de paso, que “tal vez es-
hermana me narró el siguiente sueño: Es- taba embarazada”. De nuevo se intensifi-
toy en cuarto que parece un baño y de caron su rabia y su angustia Después de un
pronto veo entre las cosas de mi hermana breve período de incertidumbre la hermana
un condón que tomo entre mis manos. Lo confirmó sus sospechas. Entonces empe-
saco de su envoltura y me pregunto ¿cómo zó a tener fantasías muy vívidas de daño y
se usará? En ese momento me doy cuenta destrucción de la hermana. Estos impulsos
que alguien me observa desde atrás de la agresivos también aparecían en los sueños.
puerta. Inmediatamente sé que se trata de Soñaba con ataques armados sobre una
mi hermana y en ese momento ella me dice multitud inerme, accidentes automovilísti-

36
cos, caídas desde grandes alturas, y mutila- ciones para estar lejos en el momento del
ciones de cuerpos. Estos sueños se acompa- alumbramiento. Sin embargo, regresó an-
ñaban de intensa angustia. tes del acontecimiento. Pasados tres días se
enteró por conducto del hermano, quién se
Ante la situación del embarazo el padre se lo hizo saber de una manera “brusca”. Pare-
mostró solidario y comprensivo con la her- cía que ella era culpable de algo. Lourdes se
mana. Habló con la pareja y les manifestó su sentía implícitamente acusada por la familia
apoyo. Los ayudó incluso a rentar un depar- sin saber bien de qué. A los pocos días sintió
tamento. Lourdes sintió esa actitud “como la necesidad imperiosa de conocer al niño y
una traición”. Cuando le reclamó por ello, el aprovechó una llamada de la hermana para
padre le insinuó que “estaba trastornada”. La acudir a “visitarlos”. En esa ocasión pidió ex-
madre manifestó su desaprobación pero en presamente que no estuviera Oscar.
los hechos también apoyó a la pareja. El úni-
co que manifestó una abierta reprobación de Poco a poco las visitas a casa de la hermana
lo sucedido fue el hermano. Lourdes notó que se hicieron más frecuentes; en una ocasión
con excepción de él, los demás miembros de esta le pidió que se quedara hasta más tarde
la familia evitaban hablar del tema con ella y para acompañarla, puesto que Oscar debía
la miraban con una especie de conmiseración. trabajar hasta la madrugada. Sin embargo
Oscar llegó antes de lo previsto sin causarle
Durante el embarazo Lourdes no podía de- sorpresa a la hermana. Después del encuen-
jar de pensar en la hermana y en el hijo que tro, se reanudó el trato entre ambos. Lourdes
estaba por nacer. Se preguntaba insisten- se sorprendió cuando la pareja le propuso ser
temente si ella alguna vez llegaría a ser ma- madrina de bautizo. Inicialmente se rehusó
dre. Reconoció sentimientos de odio hacia y lo sintió como una burla. Sin embargo, al
la hermana, Oscar y el futuro bebé. Al mis- paso del tiempo, a pesar de lo que llegaba a
mo tiempo experimentaba angustia y culpa advertir en la terapia, pensó que “el bebé no
por “permitirse” esos sentimientos. En las tenía la culpa” y finalmente accedió.
sesiones invariablemente hablaba acerca
de este tema. De nueva cuenta disminuyó Otra vez apareció el tema de su posible ma-
drásticamente la cantidad de comida que ternidad y se preguntaba si no estaría ella
ingería. Con pretexto del intenso trabajo destinada a ser “una tía solterona”. Después
o de la “depresión” a veces su alimento en del bautizo comentó que se había sentido
todo el día consistía solo en varias tazas de “ridícula” durante la ceremonia y dijo estar
café y unas galletas. Ocasionalmente se arrepentida de haber aceptado la invitación.
daba “atracones” de papas fritas, pan de
caja o frituras. Habló de su deseo de morir En el momento actual del tratamiento ha
“para ya no seguir pensando”. Repetía que empezado a cuestionar seriamente su acti-
sentía que “iba a enloquecer”. tud ante la hermana. Parece aceptar al niño,
pero le enfurece saberse “tan dependiente”
Cuando nació el niño nadie le informó. Poco de su hermana. Hacia Oscar guarda “un pro-
antes, calculando la fecha, salió de vaca- fundo resentimiento” y sigue preguntando-

37
se porque sus relaciones con los hombres “la amante”. El padre por su parte hace un
“siempre fracasan”. Por otro lado, ha vuel- planteamiento perverso al pretender tener
to a comer con más regularidad. abiertamente dos mujeres. Ese mismo plan-
teamiento lo hace Oscar y la hermana pare-
Dejo aquí el relato del caso para hacer algu- ce aceptarlo. Considero entonces que Oscar
nas consideraciones teóricas. Serán desde y la hermana entablan una relación perver-
luego de índole muy general y sólo preten- sa, semejante a la de los padres de esta, a
den ofrecer una visión esquemática y por la que invitan a Lourdes y que a pesar de no
tanto limitada del tema que nos ocupa. aceptar tampoco ha podido rehusar. En este
Señalo de manera inicial que la caracteri- sentido parece atrapada en el goce perver-
zación de Lourdes como histérica obedece so. Pero la estructura de Lourdes apunta
a varias consideraciones. Primero a su gran más bien a la histeria. Aunque al servicio del
dificultad para establecer una relación es- goce del Otro, es este caso la hermana, re-
table con algún hombre. Las posibles pa- conoce la falta en el Otro y acepta la castra-
rejas que elige parecen de antemano poco ción. Me parece que el sueño del condón así
accesibles a una relación amorosa. Parafra- lo sugiere. Mientras la hermana goza con el
seando un viejo adagio diremos que “bus- saber acerca de la sexualidad, ella se plantea
ca novio rogando a Dios no encontrar”. Su interrogantes que la ubican como sujeto en
deseo y su actitud parecen ir en sentidos falta, es decir castrada. Sin embargo esta hi-
opuestos. Las relaciones sexuales las vive pótesis de la estructura histérica de Lourdes
como algo ajeno y fuera de su vida cotidia- solo podrá ser confirmada conforme avance
na. De ellas deriva escaso placer y muchas el tratamiento.
veces culpa. Se siente usada y maltratada
por los hombres. Por otro lado mantiene Bibliografía
una relación ambivalente con la madre, a
la cuál mira como cómplice del padre. En Braunstein, N. (1990): Goce. México. S XXI,
lo inconsciente parece fijada a la figura del México.
padre, de quién desearía ser “la consenti-
da”. De ahí proviene la relación de rivalidad Freud, S. (1976) “La etiología de la histeria”,
con la hermana, la cual considero de tipo en Obras Completas, T III, Amorrortu, Bue-
simbiótica. Lourdes no ha logrado separar- nos Aires.
se de la hermana, como quizá tampoco de
la madre. Esta última, como nota curiosa, Freud, S (1976) Más allá del principio del pla-
vive desde hace varios años con su propia cer. En Obras Completas, T XVIII , Buenos Ai-
hermana. En fecha reciente esta tía “le con- res. Amorrortu.
fesó” a Lourdes que durante su juventud
ella y su madre fueron novias de un mismo Lacan, J. (1981) Seminario 20. Barcelona.
muchacho en diferentes momentos. Paidos. Vol. 2 No. 1 Febrero de 1999

Lourdes parece identificada con la ma-


dre, quién de ser “la esposa” pasó a ser

38
Marcos o el amor del padre* se orientó nuevamente en esa dirección,
y durante algunos años llevó una vida po-
Por Serge André blada exclusivamente de aventuras ho-
mosexuales. Cuando habla de ellas y re-
Marcos es un joven inteligente y sensible, lata sus relaciones con los hombres que
incluso delicado, que empezó con buen ha conocido, no destaca el aspecto sexual
pie en su vida profesional y no tiene sín- de la relación. Por otra parte, su sexua-
tomas demasiado molestos. Viene a con- lidad parece bastante pobre: se limita a
sultarme porque, dice, «si esto sigue como algunas caricias o mas- turbaciones recí-
hasta ahora, tendré que confesarme que procas. Dice que la sodomía le horroriza,
soy homosexual». Pero no tiene ganas de que nunca la practicó, ni activa ni pasi-
convertirse en un homosexual, en un «ma- vamente. Lo que aprecia en sus amores
rica», y todavía menos de ser considerado homosexuales es más bien la ternura, la
como tal en la sociedad. seguridad afectiva, la efusión amistosa.
Pero no se siente verdaderamente satis-
De momento se considera «bisexual», y al fecho. Con el pasar de los años le pesa
mismo tiempo se plan- tea qué implica este la nostalgia de una verdadera pareja con
término. En realidad le encantaría tener una mujer y, sobre todo, piensa en los hi-
una relación feliz con una mujer, casarse y jos que desearía tener y educar. Además,
tener hijos, pero se siente absolutamente cada vez le resulta más difícil soportar la
aterrorizado cuando se trata de tener al- clandestinidad que para él constituye una
gún contacto sexual con alguien del otro condición de su homosexualidad.
sexo. Al inicio de la edad adulta tuvo una
relación duradera con una chica de quien La primera explicación de su problema que
se sentía muy enamorado —sentimiento, encuentra en el análisis es la siguiente.
por otra parte, correspondido— pero en Marcos nació con un solo testículo. Curio-
el plano sexual se había revelado del todo samente sus padres no se preocuparon, ni
impotente, con algunas excepciones. Tras siquiera se lo menciona- ron. Y lo que toda-
dos años de una felicidad cada vez más vía es más curioso, al parecer Marcos no se
ensombrecida llegó la ruptura, cuando su dio cuenta hasta los doce años, cuando em-
compañera le manifestó explícita- mente pezó a compararse con sus compañeros.
su sospecha: ¿no sería homosexual?
Fue, dice él, un choque terrible. Este de-
Esta pregunta se le quedó grabada como fecto le pareció un menoscabo irrepara-
una marca al fuego, y desde entonces no ble en su imagen viril. Vivió toda su ado-
dejó de atormentarle. En efecto, había lescencia con esta causa secreta de su
tenido algunas experiencias homosexua- vergüenza, y la prótesis que se hizo poner
les en la escuela, y ya entonces se había más tarde, cuando empezó a ganarse la
preguntado por su orientación sexual, vida, no pudo borrar esa herida: aunque
pero sin darle demasiada importancia. ésta es en la actualidad objetivamente in-
Tras ser abandonado por su compañera, visible, él la acusa subjetivamente.

* Extraído del libro: Serge André. 1995. –La Impostura


Perversa-Campo Freudiano Ed. Paidos- P.p 139

39
Con todo, el análisis puso de manifiesto pero no parece haberlo entendido como el
motivos mucho más sólidos para su homo- imperativo de no hacerse un hombre. Lo
sexualidad que esta imperfección en su ima- que Marcos discierne es más bien un deseo
gen corporal masculina. secreto: el de un hombre de otra clase, más
dulce en el trato, más sentímental, capaz de
La configuración edípica en la que tuvo que manifestarle a una mujer la consideración
hacerse un lugar es característica, y supone que merece. Por otra parte esta interpre-
por sí misma una invitación a la homose- tación le convenía, porque era una solución
xualidad. Al parecer, el padre de Marcos era que al mismo tiempo le permitía complacer
una especie de padre primitivo freudiano, a su madre, consolarla y ponerse a salvo de
como salido de Tótem y tabú. Dictatorial, las cóleras del padre, pues así no se enfren-
violento, celoso, amante de las mujeres, taba con él directamente. De esta forma,
sin embargo golpea a la suya a menudo y Marcos se convierte en una especie de hijo
aterroriza a su familia con sus crisis de có- modélico, dulce y soñador, servicial y conci-
lera. En cuanto a sus hijos, sólo los quiere liador, que al mismo tiempo adora a su ma-
cuando son pequeños, y se muestra cada dre y, aparentemente, se somete a su padre.
vez más severo a medida que van crecien-
do. Luego, con la llegada de la pubertad, se Sin embargo, el análisis no tardó en reve-
los quita de encima y los manda a un inter- lar que ese temor pánico frente al padre
nado. Marcos se distingue muy pronto de ocultaba un amor no menos intenso por
sus hermanos: si éstos parecen ir tras los él. En efecto, la dulzura nostálgica y efusi-
pasos del padre y son pendencieros, bruta- va que Marcos comparte con la madre en
les y groseros con su madre, Marcos se alía esos largos momentos a solas con ella, en
con ella, se convierte en su preferido y muy ausencia del tirano, le hace acceder a sus
pronto es su más íntimo confidente. Es a más antiguos recuerdos. En estos recuer-
él a quien le confía el temor y la repugnan- dos de su más tierna infancia, el padre de
cia que le inspiran las primitivas mane- ras Marcos no muestra la faz terrible y amena-
de su marido, el dolor de los golpes recibi- zadora que más tarde revistió, sino la de un
dos y la herida de las humillaciones. Pero padre «todo amor», que adoraba a sus hijos
el temor visceral que Marcos siente ante el y gustaba de llevarse a Marcos a solas con
padre le impide defender a su madre abier- él, lejos de las asfixiantes faldas de su ma-
tamente; por eso alienta un terrible deseo dre. En uno de esos recuerdos, Marcos se
de venganza que a veces expresa durante ve instalado en una mesa, en la oficina de
el análisis. su padre, ayudándole a preparar pomadas.
Al parecer pues, el complejo de Edipo de
A pesar de su intimidad cómplice, no pue- Marcos es de una estructura muy clásica:
de decirse que Marcos se identifique con su desea a su madre (gracias a que primero ha
madre, ni que adopte una posición feme- sido separado de ella por intervención del
nina. Sin duda descifra en lo que le dice su padre) y en consecuencia se ve llevado a
madre, y en lo que no le dice, un mensaje enfrentarse con su padre como con un ri-
de advertencia: «¡No seas como tu padre!», val. Pero el propio padre, que sufre de celos

40
patológicos, se conduce como un rival de activa veinte años más tarde, cuando vino a
Marcos. pedirme un análisis.

En el interior de esta competencia entre Su miedo a las mujeres —que en realidad es


hombres se produce la interferencia del un miedo a competir con el padre, en cuan-
complejo de castración, y hace surgir la figu- to se aventura más allá de una relación pu-
ra, puesta de relieve por Freud, de una femi- ramente platónica— se sostiene en y se ve
nización del hijo por temor al padre rival y al incrementado por un intenso asco ante el
mismo tiempo por su amor. La complicidad genital femenino. Este asco es lo que le deja
que le propone su madre le ofrece el espe- impotente y le impide penetrar a una mujer.
jismo seductor de una reconciliación (con Es un hecho a destacar que siente exacta-
el sacrificio que ésta siempre implica): Mar- mente la misma repulsión, aunque menos
cos encuentra ahí a la vez el eco del antiguo vio- lenta, por el esperma masculino, que-
amor del padre y la realización del deseo dando así igualmente limitada su sexualidad
por la madre, evitando de paso tener que en la vertiente homosexual. La esencia de
enfrentarse con la rivalidad paterna. Sobre esta repugnancia, frente al sexo femenino o
este fondo edípico se inscribirá un trauma el esperma, es el tacto de la pomada viscosa y
cuyo efecto es confirmar tanto la orienta- fría. Es como si Marcos se sintiera condenado
ción viril de Marcos como su estructura neu- a tropezar ineludiblemente con las huellas de
rótica. A la edad de cinco años, Marcos es- su padre en todo sexo de mujer, o a repetirlas
taba enamorado de una niña del vecindario él mismo con su propio semen. Confirma así
con quien solía jugar. la expresión radical de su complejo de castra-
ción: todas las mujeres pertenecen al padre
Por otra parte, recuerda haberse dicho que terrible con quien no osa competir.
«algún día se casaría con ella». Como es na-
tural, sus juegos adquirían a veces un cariz La experiencia primaria de repugnancia que
francamente erótico. Así, un día, cuando marca el propio descubrimiento del sexo
estaban entregados, con más audacia de la femenino por parte del sujeto es la señal
habitual, a sus mutuas exploraciones corpo- inequívoca de una estructura histérica. El
rales, Marcos quiso tocar el sexo de su ami- análisis consiguió desenmascarar el fan-
guita. Para su gran sorpresa, palpó «algo tasma subyacente a este síntoma: un fan-
vis- coso, pegajoso y grasiento al tacto»: la tasma anal típico, que explica igualmente
niña, que tenía una irritación, estaba untada porque Marcos tenía un deseo tan firme de
de pomada. (A esa edad, Marcos considera- <<hacer niños>>. Es notable la forma en que
ba la fabricación de pomadas como una de este fantasma se puso de manifiesto en su
las principales ocupaciones de su padre.) La discurso. En su análisis, Marcos pasó por un
explicación material del fenómeno no ate- periodo bastante largo en el que abandonó
nuó sin embargo la sensación de sorpresa toda práctica, incluso toda apetencia homo-
y desagrado que Marcos había experimen- sexual. Durante esta fase volvió a ponerse
tado en aquel momento: una irresistible en contacto con la joven con quien había vi-
repugnancia por el sexo femenino, todavía vido unos años antes.

41
Tuvo una decepción, pero de esta forma sus hermanos tenían que introducir en ellas
pudo poner punto final a aquella relación, una gruesa viga y sacudirla violentamente.
hizo el duelo por ella y dejó de sentirse nos- Marcos recordaba que aquella viga estaba
tálgico. Algún tiempo más tarde encontró «muy fría y sucia», y concluyó así su relato:
una nueva cristalización para sus deseos: se «Lo que obstruía los desagües era lo que
enamoró perdidamente de una mujer que le otros habían tirado en ellos; recuerdo que
parecía encarnar el ideal femenino en perso- encontramos preservativos».
na, y se empeñó —el término no es exagera-
do— en conquistarla. La cuestión era si cabe A la siguiente sesión contó un sueño en el
más difícil porque ella conocía sus inclinacio- que tenía que arropar a un niño «que esta-
nes homosexuales, y en consecuencia des- ba muy, muy sucio». Así, más allá de la sen-
confiaba. Pero Marcos logró llevar a cabo su sación de pomada pegajosa, las asociacio-
empresa, llegando incluso a triunfar sobre nes de Marcos conducían al fantasma de
un competidor, y obtuvo de la joven las con- cloaca anal, que une en una sola entidad al
fesiones más tiernas y prometedoras. Con sexo femenino con el niño y el excremento
todo, en cuanto empezaron a considerar la —añadiendo una precisión suplementaria:
posibilidad de una vida en pareja, Marcos se trataba de «lo que otros habían tirado»,
se encontró de nuevo completamente im- o sea, una vez más, las huellas del padre.
potente para tener con su amiga relaciones Esta imagen sexual no supone ninguna di-
sexuales, salvo algunos con- tactos super- ferenciación entre masculino y femenino,
ficiales. Una vez más, el sexo de esa mujer, en el fondo es bisexual. Indica igualmente
a quien sin embargo amaba sin reservas, le en qué marco es fantaseada la escena pri-
inspiraba aquella repulsión que tan bien co- mitiva: la relación sexual entre el hombre
nocía. Lo percibía como «algo frío, blando, y la mujer es concebida como el desatas-
pegajoso, desagradable al tacto». Y añadía, co de un desagüe. Por otra parte, su sue-
tras unos instantes de silencio: «Hay algo ño muestra hasta qué punto está próxima
desconocido, una parte que no se ve, un tú- la relación ideal en la que encontraba su
nel negro». expresión más acabada el amor del padre
por su hijo: el adulto arropando a un niño
En la primera serie de asociaciones, lo que muy sucio representa una figura maternal
me parecía extraño y como un signo de del padre, que concluye con el hijo una es-
«otra realidad» era la idea de «frío»; en la pecie de pacto amoroso en torno al excre-
segunda, el «túnel negro». Le repetí uno a mento.
uno los términos que acababa de pronun-
ciar y le pregunté qué evocaban. Me res- En conclusión, la homosexualidad de Mar-
pondió: «Un desagüe». Un recuerdo acudió cos parece resultar de un complejo de cas-
entonces a su memoria. En alguna ocasión, tración «demasiado logrado», que intervie-
de niño, en su casa hubo problemas con ne sobre un fondo de estructura histérica,
los desagües. Fue preciso levantar todo el con predominio de la repugnancia ante el
suelo del patio para acceder a las canali- sexo femenino y temor a un contacto sexual
zaciones y desobstruirlas. Con tal fin, él y con el padre.

42
La repugnancia y el temor dejan adivinar sus mujer, sino más bien la puesta en suspen-
contrarios: la fijación al excremento y a la so de su identificación viril, al menos en el
cloaca, así como la nostalgia por el amor del plano sexual. Si Marcos parece dispuesto a
padre. Marcos ilustra en cierto modo la tesis pagar este precio para poder realizar al mis-
desarrollada por Freud en su artículo sobre mo tiempo su deseo por la madre y su amor
«La disolución del complejo de Edipo».7 En al padre, es porque en un nivel todavía más
este texto, Freud planteaba que la amena- primordial, el correspondiente al objeto del
za de castración tenía en el niño el efecto de fantasma y el goce, está identificado con el
una supresión literal del complejo de Edipo. objeto excrementicio, esa «pomada pegajo-
Ello significa que, cuando se realiza la «si- sa» que el padre, en su recuerdo, tanto gus-
tuación ideal», el niño, lejos de ver asegura- taba de manipular.
da su identidad viril, abandona el deseo por
la madre y se encuentra feminizado frente al
padre. En el caso de Marcos, la amenaza de
castración había sido experimentada con tal
intensidad, que prefirió abandonar a la mu-
jer (salvo en lo que se refiere a una relación
puramente platónica), redoblándose así su
repugnancia por el temor al padre, etc.
El síntoma homosexual es un testimonio del
compromiso «bisexual» que indica su fan-
tasma, pero también del desdoblamiento
típico de la identificación histérica. Al diri-
girse hacia los hombres, Marcos realiza dos
finalidades contradictorias. Por una parte,
encuentra con el partenenaire masculino la
ternura característica de su relación con la
madre, y además encarna el hombre ideal
que ésta esperaba, pero sin convertirse en
rival declarado del padre. Desde este punto
de vista, podemos decir que Marcos encuen-
tra una solución que le permite cierta iden-
tificación viril. Por otra parte, parece que la
efusiva amistad compartida con su compa-
ñero, con independencia de todo acto se-
xual, realiza la relación padre-hijo por la que
siente una profunda nostalgia. Detrás del
hombre ideal que ha de ser para su madre,
está el niño ideal que hubiera querido seguir
siendo para su padre. Cada uno de estos dos
polos implica, no que se identifique con una

43
Un caso breve en el CPCT * con un hombre que le recuerda a cada paso
que él la sacó del arroyo, que ella no sirve
Por Antoni Vicens para nada, que es una mierda, etc. Quiere
separase, pero ahí está sola: no trabaja, y el
Marta acude al CPTC en busca de una salida marido le dice que todo va bien y que está
a un punto de angustia que la bloquea. Tiene loca queriendo separase.
30 años, está casada, y tiene tres hijas de 8,
6 y 2 años. Ella, su marido y sus hijas llega- Este marido está domado por su madre, una
ron a España desde la Argentina, cuando la mujer que se hace omnipresente. Viaja a me-
pequeña había acabado de nacer. Su marido nudo desde la Argentina para estar durante
había estado hacía tiempo en España, cuan- meses con ellos. Él no hace nada sin consul-
do estaba soltero; había vuelto a la Argenti- tar a su madre y sin que ella sepa todo; y la
na y esta vez había regresado a España con madre le dice todo lo que tiene que hacer.
su familia en busca de trabajo. Cuando están lejos, madre e hijo se llaman
constantemente. El despertar del que habla
Al terminar sus estudios secundarios, Marta Marta se refiere al momento en el que le ha
empezó estudios universitarios pero en se- aparecido de manera clara lo inaceptable
guida los dejó. No trabajaba, se fue aficio- de la coacción constante que esa presencia
nado a las drogas y su vida se fue acercando ejerce con respecto al deseo, y lo intolerable
a una situación de marginalidad. Entonces del papel del tercero que esa mujer desem-
conoció a su actual marido; se caso y, has- peña en la pareja.
ta hace unos meses, ha vivido en función
a su marido, de sus hijas y de un personaje Sin embargo, entre líneas de este relato en
inquietante: la madre del marido. Partimos el que el marido es el torturador y ella la
pues de estas tres escansiones de la vida de víctima, corre un hilo en sentido contrario:
Marta: mientras que el marido no se ha ocupado
de regularizar su situación legal en España,
1) Momento del abandono de los estudios y o sea que está sin papeles, ella tiene muy
de la entrada de la drogadicción; 2) matri- avanzada la concesión de nacionalidad. Ha
monio e inicio de su dependencia respecto hecho valer que es nieta de españoles, por
del marido; y 3) un cambio de posición re- ambas ramas. De este modo, a este respec-
ciente, que exige una razón. to, es el marido quien parece en falta.
Voy a referirme a las tres sesiones que tuve
con ella. La angustia se muestra muy pura, como un
nudo que atasca y que, a la vez, señala el ca-
En la primera me cuenta, angustiada y entre mino del deseo.
lágrimas, la coyuntura n la que se encuentra.
Hace unos meses “despertó” y se dio cuen- Para dar un eco a esa actualidad que bloquea
ta que estaba viviendo algo insoportable. El su discurso, le pregunto a Marta si alguna
marido la maltrata sin cesar; no físicamen- otra vez en su vida le había ocurrido algo se-
te, sino de palabra. No pude seguir viviendo mejante. Entonces me cuenta que cuando

* Extraído del libro: Efectos Terapéuticos Rápidos-Con-


versaciones clínicas con Jaques Alain-Miller en Barce-
lona. 2005. Paidos Argentina. P.p 25-29.

44
ella tenía 21 años murió su abuela materna, dieran de este modo.
gallega, que le había criado y que había sido
siempre un pilar para ella. En esa ocasión se Sabe que ha de tomar una determinación;
sintió muy mal; inicio una terapia, se separo solo le falta sentirse más fuerte; y también dar
de un compañero, empezó a tomar cocaína, algún paso hacia la independencia económica.
dejó los estudios y fue entonces cuando en- Sabe también que esa determinación implica
contró a su actual marido. a su familia. De su lado, las niñas hacen pre-
guntas, y ella teme marcarlas con una separa-
Le señalo la repetición: en esta ocasión se ción. Se da cuenta que se halla ante una elec-
ha reencontrado con su mayoría de edad (en ción forzada, y que para las niñas habría algo
la época, en la Argentina, esta condición se pero que la separación de sus padres.
adquiría a los 21 años), y le toca actuar por
su propia cuenta. La asunción de la mayoría En la tercera sesión, Marta me cuenta algo más
de edad había quedado en suspenso por la sobre la abuela Pilar: cuando murió, ella fue la
muerte de su abuela, y ahora resurge de al- única de la familia que cuidó de su tumba. Hace
gún modo en esa nueva situación. un par de días, cuando le contó a una amiga
que había está llorando, ella le replico que nun-
También le señalo que esa angustia de la ca hasta entonces la había visto llorar. Marta no
que da testimonio es su dignidad. se había dado cuenta de esto; y recuerda que,
seguramente, cuando murió la abuela, no lloró,
A la segunda sesión acude vestid de una ca- y no volvió a hacerlo nunca hasta ahora. Parece
miseta en la que se lee: No stress, y trae el que es un duelo no hecho, dejando en suspenso
relato de una segunda repetición. A la edad durante todo ese período.
exacta que Marta tiene ahora, aquella abue-
la gallega-llamémosla Pilar- se había queda- También me dice que es posible que le ofrez-
do viuda con tres hijos. Y pilar era entonces, can un trabajo.
en la Argentina, lo mismo que ella es ahora
en España, inmigrante. Lo último que me cuenta es una pequeña his-
toria que contiene una engina sobre el padre. El
Me habla entonces de sus tres hijas. La pri- verano paso sus padres vinieron a España para
mera fue deseada; la segunda y la tercera, estar con su hija, y también para visitar sus lu-
no. Me cuenta sus sentimientos de culpa por gares de orígenes. Primero fueron a Galicia para
los nacimientos de las dos pequeñas, sobre- conocer la familia materna; vieron el pueblo, co-
todo la mediana. Los médicos habían anun- nocieron la casa, encontraron varios parientes –
ciado complicaciones en el parto; a punto de sin problemas–. Siguieron luego su camino hacia
producirse, el marido estaba en otro lugar, un pueblo andaluz del cual es oriundo su padre.
y además le era infiel. Y Marta esperaba ese Pero en el camino, poco antes de llegar, al padre
nacimiento, problemático en varios senti- le dio un ataque, súbitamente se puso furioso y
dos, estando al cuidado de la madre del ma- empezó a insultar a Marta. Ella no lo había visto
rido. Su sentimiento de culpa proviene del nunca así; creyó que se había vuelto loco. El re-
hecho de haber dejado que las cosas suce- sultado fue que el viaje se estropeó, ya que vol-

45
vieron sin haber llegado al pueblo del que “Un auto hecho Bolsa” *
procede su padre.
Autores Varios
Antes de la cuarta sesión, Mata llamó al
Centro para decir que, en efecto, le habían Ana es una mujer joven, casada, con hijos.
ofrecido ese trabajo, y que le había acepta- Llega a la consulta angustiada y preguntán-
do; y que por ello no podía venir a su hora. dose “¿quién soy?”. Es hija única de un ma-
Se le ofreció volver, y dijo que se arreglaría trimonio mal avenido, que se separa cuando
para vivir alguna vez. Ha anunciado que al- ella tiene veinte años.
guna vez vendrá pero hasta ahora algo lo ha
impedido. Recuerda que antes del primer viaje que rea-
lizara con su novio (en ocasión de un periodo
de vacaciones), su madre dice estar segura
de que les ocurriría una desgracia. Al retor-
nar encuentra que sus padres han tenido
una fuerte discusión que produjo la expul-
sión del padre del lecho conyugal. Es a raíz
de este incidente que Ana empieza a ocupar
el lugar de su padre en la cama matrimonial,
convirtiéndose en el centro de los reclamos
de su madre.

Tiempo más tarde, se produce la separaci6n.


El padre forma una nueva pareja, no así su
madre, quien comienza a resultar una car-
ga para la paciente. Quejándose de su sole-
dad, exige mayor tiempo y atención de Ana,
a causa de sus constantes enfermedades.
Todas las respuestas de la paciente a estos
reclamos resultan insuficientes, y en más de
una oportunidad se planteara la disyuntiva
expresada con estas palabras: “mi madre o
mi felicidad, mi madre o mi pareja”.

Durante este periodo secas a con su novio y,


al momento de la consulta, tiene ya un hijo
y un segundo embarazo en curso.

* Extraído del libro: Un estrago: La relación madre-


hija-Autores Varios. 1997. Editorial Vigencia-Argentina.
P.p 74

46
La paciente se quejaba continuamente de el transcurso de su análisis recuerda risueña-
padecer insatisfacción sexual, de la que res- mente: “Con mi madre hicimos bolsa un auto
ponsabilizaba a su marido, por “carecer este que mi padre nos regaló”. Esta anécdota es
de experiencia”, según sus palabras. Es por un punto de referencia de la historia para ve-
esto que, en más de una ocasión, le sugie- rificar un viraje producido en el análisis, pues-
re a su esposo que mantenga relaciones con to de manifiesto en dos sueños:
otras mujeres.
El primer sueño:
Al volver él, de su salida experimental, ella
lo recibe muy amablemente y a partir de ese “Soñé el otro día que mi mama estaba escle-
momento siente que su relación cambia, em- rótica, y yo me podía acercar a ella y besarla
pieza a “respetarlo más”, sintiendo que “ahora porque en su cabeza no estaba más mi his-
el tiene más autoridad”. Tiempo más tarde, y toria.”
después de nacida su hija, Ana se entera que
su marido tiene una amante, y que su hija lleva Segundo sueño:
el nombre de esta, nombre elegido por él.
“Estábamos con mi marido en una playa,
A raíz de este acontecimiento se separa tem- parados en un acantilado... Yo estaba con mi
poralmente de su marido. Su madre le ofrece, hija en brazos y se me caía. Yo sabía que si se
en varias ocasiones, irse a vivir con ella para me caía se iba a matar, y entonces... pero mi
“darle el afecto y la seguridad que el esposo esposo fue, la buscó y la trajo.”
no le puede brindar”. AI mismo tiempo se in-
tensifican las críticas y los comentarios des- Retomando ahora desde una perspectiva teó-
preciativos de su madre respecto del yerno, rica, vemos que la desvalorización del signifi-
unidas a las eternas quejas referidas al padre cante fálico se hace notoria en este caso; nos
de Ana, y a todos los hombres en general. encontramos ante un padre devaluado y criti-
cado que no alcanzó a cumplir su función se-
De su marido decía que era un estúpido, que paradora. Su madre adquirirá por momentos
nunca iba a llegar a nada. Cuando nace su la forma de alguien completo, oracular, due-
primer nieto, al ver que era varón, exclama: ño de toda sabiduría y en cuya cabeza estaba
“! Te cortaría las bolas!”. Ana recuerda que contenida toda la historia de la paciente. Es, a
ya de pequeña le decía que todos los hom- su vez, una madre que rechaza toda forma de
bres eran sucios, porque tenían pito. falo legitimado. Madre con la cual es posible
destruir ese representante fálico que su padre,
Volver a vivir juntas es una propuesta que Ana suponemos, intentó hacer circular entre am-
vacila en aceptar por temor a que se repita bas, como lo demuestra la anécdota del auto.
aquella situación de dependencia mutua. Du-
rante el período de separación se encuentra Imaginar una relación exclusiva con esta
con su marido en un hotel y, ante su propia madre es lo que hace decir a Ana que “siente
sorpresa, logra gozar sexualmente por pri- horror” cuando, angustiada, se plan tea “mi
mera vez, imaginando ser ella Ia amante. En madre o mi felicidad, mi madre o mi pareja”.

47
Es precisamente en el momento del intento
materno de volver a instalarse en su casa, ¿Una neurosis demoníaca?*
en relación directa con ella, eliminada la in-
termediación fálica, cuando se produce un Por Jorge Básico
cambio en la posición subjetiva. La evoca-
ción angustiosa de lo ya vivido había llevado I.- Introducción
a Ana a provocar al marido, para lograr esta-
blecer la triangulación histérica que permiti- Cuando la locura se presenta no claramen-
ría dar curso a su deseo y situar su pregunta te certificada del lado de la psicosis, sino
en relación a la otra. en los casos de neurosis y perversión (a),
producen por lo general en quien lee esta
Intentaba así la separación de esa madre manifestación un efecto de confusión,
oracular, dueña de toda su historia. Inten- provocando muchas veces una suerte de
to que se efectiviza en el primer sueño, en embrollo en los diferentes discursos que
el que fabrica una falta de saber en aquella, abordan tal cuestión.
pudiendo así articular su propia falta. Esta
operación posibilita la apertura de la pre- La psiquiatría actual ha resuelto el proble-
gunta por el lugar de una mujer como causa ma haciendo desaparecer, en el caso de la
del deseo de un hombre. neurosis, a la histeria y la obsesión como
entidades nosográficas autónomas por un
En la puesta en escena del segundo sueño conjunto de síntomas unificados bajo la
esta pregunta se encarna en la hija, resca- nominación de trastornos somatomorfos
tada por el padre de la caída como puro ob- en el caso de la histeria y trastornos de
jeto. ansiedad en el caso de la neurosis obsesi-
va. Algunas corrientes psicoanalíticas han
tomado también una posición al respecto,
abordando el objeto desde una clínica de
lo imaginario, quedando atrapados en la
“psicotización” del paciente.

Hoy, exceptuando la enseñanza de La-


can, nos encontramos con una cantidad
de términos que quieren dar cuenta de tal
confusión: borderlines, fronterizos, esqui-
zofrenia pseudo neurótica, trastornos de
personalidad, etc. Esta lectura basada en la
noción post-freudiana de núcleo psicótico
hace que la cuestión del diagnóstico pase
a un lugar secundario ya que un neurótico
puede convertirse en psicótico y viceversa,
implicando una serie continua de psicosis

* Extraído de: http://www.acheronta.org/pdf/acher-


onta9.pdf . Revista N° 9 (Julio 1999) www.acheronta.
org Acheronta –Revista de psicoanálisis y cultura P.p 197

48
a neurosis sin ninguna clase de frontera. dos meses, las apariciones tomaron fuer-
za, la silueta que desaparecía con la luz ya
II.- El caso… no necesitaba de la oscuridad. Permanecía
aún con la luz encendida. La figura comen-
Laura, en ese tiempo una adolescente de zaba a resultarle familiar, al punto de trans-
dieciocho años, me llama una mañana para formarse de silueta informe en el contorno
pedir una consulta, mi nombre le había sido exacto de un hombre con capucha y no sólo
dado por un colega que le manifestó que yo visual: el hombre hablaba... le decía que ella
me podría hacer cargo de lo que le pasaba le pertenecía, que había matado a su abuela
(este “hacerse cargo” no quedará por fuera y que podía matar a otros integrantes de su
de la posibilidad de tratamiento y será abor- familia en la medida que ella no se sometie-
dado más adelante). Luego de algunos for- ra a sus pretensiones. Primer tiempo de ex-
malismos me comunica por teléfono que tie- plicación de la muerte de su abuela, este ser
ne “visiones” que la persiguen desde hace ya la habría matado y ya planteaba quien era...
cinco años, de las cuales no puede escapar. Lucifer. Laura me cuenta que al cabo de dos
Laura había tenido varias internaciones psi- años de esta relación, (¿por qué no llamarla
quiátricas y había estado medicada durante relación?), el “hombre encapuchado”, Luci-
años con diferentes antipsicóticos: neuro- fer, comenzó a violarla. Todas y cada una de
lépticos muy potentes como el haloperidol las noches él llegaba y abusaba de ella. Las
y antipsicóticos atípicos como la clozapina, violaciones siempre se producen de la mis-
los cuales no habían tenido aparentemente ma manera, él la ataca cuando ella está dur-
ningún efecto, además de hipnóticos para miendo y la obliga bajo la amenaza de que
conciliar el sueño, ya que había períodos en si no accede matará a su padre, hombre ya
los que casi no dormía, pero al igual que los bastante mayor, el cual sufre de problemas
antes mencionados tampoco tuvieron los cardíacos bastantes serios (fue operado del
resultados esperados. corazón en dos oportunidades).

Nerviosa y preocupada, Laura llega al con- Laura piensa que Lucifer puede matar a su
sultorio para su primera entrevista. Cuenta padre, por lo que ella siempre accede a sus
que sus problemas comenzaron en el tiempo demandas, no solamente de carácter se-
de la muerte de su abuela, en ese entonces xual, sino que tienen que ver con diversos
contaba ya con trece años, a partir de esa pedidos como por ejemplo: que no saliera
época comenzó a experimentar situaciones de la casa, que no escuchara música, etc. A
extrañas que ya no pudo controlar. Cuando medida que va historiando su dolor, es que
llegaba la noche y apagaba la luz, empe- le pregunto qué posibilidades hay de que yo
zaba el terror: una silueta se dibujaba en la pueda hablar con “ Lucifer”. Laura, entre lá-
penumbra sin que ella pudiera reconocerla, grimas, me dice que eso no es posible, que
cuando encendía la luz la figura se desvane- él siempre aparece cuando está ella sola, y
cía por completo. En ese lapso ella atribuye sabe por lo que los demás le han dicho, que
esta cuestión al producto de su imaginación. cuando llora, él se apropia de su cuerpo y
Después de un tiempo, aproximadamente que incluso pierde la noción de lo que está

49
ocurriendo. Después de esta intervención se vido que pensado y hablado, la ausencia de
produce un silencio, se tapa la cara y su llan- desorientación témporo espacial, las trans-
to se vuelve más potente, incluso cambia. Es formaciones, la teatralidad de la escena,
difícil determinar en qué sentido, pero varía. me hacen pensar en un primer momento,
Cuando saca las manos de su cara su expre- y sin poder fundamentarlo demasiado, en
sión es otra. Me mira y me dice que es el Dia- una histeria delirante. El diagnóstico dife-
blo y que deje ir a Laura. Se levanta y camina rencial que plantamos como una histeria y
por todo el consultorio, como poseída. Los no una psicosis gira en torno a tres grandes
minutos pasan y comienza a tranquilizarse ejes que son características singulares de
hasta salir de ese estado y no recordar lo un tipo específico de histeria que algunos
ocurrido. Se sienta y continúa hablando... psicoanalistas llaman Locura Histérica o
Después de un tiempo rompe otra vez a histeria crepuscular, la culpabilidad masi-
llorar. Nuevamente aparece la transforma- va, el drama de lo imaginario y la importan-
ción, se pone en pie y camina como buscan- cia de la novela familiar.
do algo. Está nerviosa, fuera de sí. Entonces
ve un paraguas en la biblioteca. Me mira de IV.- La culpa masiva en la locura histérica
una forma penetrante. Va hasta el paraguas
y lo oprime con todas sus fuerzas. Con las Como planteamos anteriormente las crisis
mismas fuerzas con las que arremete contra de Laura comienzan en el tiempo posterior a
mí... la muerte de su abuela, la única solución que
encontró su familia para abordar esta cues-
III.- Algunas cuestiones diagnósticas... tión era llevarla a ser “exorcizada”, dirían
a “sacar sus malos espíritus”. Esta práctica
Son varias las interrogantes que surgen tenía un doble efecto: por un lado producía
con respecto al abordaje terapéutico, y por inmediatamente al ingresar al lugar la trans-
lo tanto a la dirección de la cura a seguir, formación de Laura: gritos, insultos, con-
¿Podemos hablar en este caso de una es- versiones, llegando incluso en una ocasión
tructura psicótica o neurótica? De acuer- a salir corriendo, arrojándose debajo de un
do a una lectura psiquiátrica son varias las vehículo. Por otra parte estas crisis remitían
manifestaciones clínicas que harían pensar rápidamente, cuando el ejecutor del “exor-
en una psicosis alucinatoria crónica con la cismo” terminaba el mismo la transforma-
posibilidad de una evolución esquizofréni- ción desaparecía. Llama la atención la bre-
ca. Es clara la importancia de los fenóme- vedad en la duración del delirio, pudiendo
nos psicosensoriales: triple automatismo entrar y salir tan prontamente del mismo sin
mental en los registros ideo-verbal, motor, tener registro. A medida que los exorcismos
sensitivo y sensorial, alucinaciones, ade- continúan la autonomía de Lucifer como
más de fenómenos de despersonalización, personalidad independiente aumenta.
dificultad de conciliar el sueño, etc. Sin em-
bargo podemos hacer una lectura diferen- Freud plantea que cuando el doble es pro-
te, las alucinaciones psicosensoriales y no yectado fuera del yo, produciendo un grado
exclusivamente auditivas, el delirio más vi- extraordinario de extrañamiento inquietan-

50
te (b), surgiendo temáticas que se repiten en posibilitaba la desaparición de Lucifer du-
este tipo particular de delirio: El diablo, los rante un tiempo. El mecanismo siempre es
espectros, los espíritus, los extraterrestres. el mismo: confesión que desemboca en un
Laura a partir de las siguientes entrevistas castigo y supresión de los síntomas, este
ya no delira, reserva sus crisis exclusivamen- ritual tiene la posibilidad para Laura de
te al ámbito familiar, la derivación: “se pue- articular dialécticamente el deseo del su-
de hacer cargo de lo que te pasa” tuvo como jeto con el del Otro. Laura se encuentra al
primer efecto que ella realizara lo mismo acecho de manifestaciones del deseo del
que hacía en los templos, su cuerpo se pone Otro que pudiera filtrarse como demandas
al servicio del Otro, explota y se fragmenta. y lista para satisfacer tales demandas, para
El modelo que me propone Laura es el ya ex- sacrificarse incluso hasta la expiación, esta
plorado por ella: la eficacia de la sugestión, es una característica singular de la histeria.
durante un buen tiempo convive con esta Maleval plantea que la culpabilidad masiva
explicación de estar poseída, los diferentes (d) que se observa en este tipo de histeria,
exorcismos habían contribuido a enrique- que él denomina histeria crepuscular (2)
cer el delirio, le habían dado vida y cuerpo a surge cuando el juego de la dialéctica del
Lucifer. La relación que se establecía entre deseo está trabado, constituyendo uno de
Laura y quien ejecutaba los exorcismos no los efectos de la vacilación de la castración
era muy diferente a cualquier relación donde simbólica. Otto Rank fue el primero en es-
se establece un sujeto supuesto al saber (c), bozar el tema, descubriendo un fuerte sen-
J.J. Krees describe a la eficacia de la técnica timiento de culpabilidad en el origen de la
de la hipnosis en los casos que ninguna otra enfermedad, “ impulsando al héroe a no
terapia funcionaba, como un “despliegue al- asumir la responsabilidad de ciertas accio-
rededor del cuerpo del histérico una palabra nes de su Yo, sino a cargárselas a otro Yo, un
que lo rodea, lo guía, lo sostiene integrando doble.” (3) Jaques Lacan también se inte-
los términos que designan indirectamente rroga en este punto “ El hombre encuentra
su trastorno” (1) su hogar en un punto situado sobre el Otro,
más allá de la imagen de la que estamos
Indudablemente la eficacia terapéutica hechos y ese lugar representa la ausencia
de este ritual del exorcismo es innegable, en la que somos. Suponiendo que ella se re-
como ya dijimos la madre era quien la lle- vela por lo que es, ella es entonces la reina
vaba, así frente a un público ávido de tal del juego. Se apodera de la imagen que la
espectáculo la poseída desplegaba siem- soporta y la imagen especular se convierte
pre el mismo acto: catarsis, insultos, bai- en la imagen del doble, con lo que esta im-
les y una confrontación con quien dirige plica de extrañamiento radical.” (4)
el exorcismo, llegando a la confesión fi-
nal de los pecados cometidos. El ejecutor v.- El drama de lo imaginario
del exorcismo, una vez que la mojaba con
“agua bendita”, lograba dirigir su palabra Partiendo de la hipótesis que el delirio his-
al demonio, liberando a Laura de éste. Con térico está conformado por la proyección en
la confesión y el posterior castigo moral la realidad de elementos reprimidos y por lo

51
tanto en relación al ideal del yo y no forclui- cosis. El discurso de nuestra paciente a di-
dos o precluídos (e) como en el caso de las ferencia del discurso del psicótico, y es en
psicosis, nos pone en el centro de la cuestión ese punto donde planteamos la neurosis, se
la aparente doble personalidad de Laura. Es inscribe como ya dijimos anteriormente en
muy claro que no recuerda lo que sucede la diacronía, algo de la fantasmática de esta
cuando Lucifer aparece en escena. “En la paciente se pone en juego en relación a la
histeria se trata de un trastorno de la pri- generación anterior. Laura plantea a partir
mera identificación; la imagen especular no de las primeras entrevistas una infancia vivi-
pudo funcionar como Yo Ideal, que va a ser da como miserable, “mi madre me usó toda
la base del significante del Yo. Trastorno que la vida”, nos presenta a su madre como La-
consiste en la dificultad para el histérico, de can llama “El capricho del Otro y su pisoteo
asumir su propia imagen.” (5) de elefante”, relación marcada por la híper
exigencia, el menosprecio y el abandono
Maleval plantea que a diferencia del discur- real. Por otro lado su padre aparece como
so psicótico, el discurso histérico se inscribe un “inválido” incapaz de oponerse a la pa-
en la diacronía, por lo tanto algo de la o las labra materna. Su familia, especialmente su
generaciones anteriores vuelve a ponerse madre, tiene un lazo religioso muy fuerte,
en juego en la sintomatología de estos pa- pertenecen a una secta religiosa dedicada a
cientes. “En el delirio del psicótico, el déficit “liberar a las almas del poder de Satanás”.
de la dimensión simbólica se revela en una “El infans al volverse hacia la madre, ese pri-
desestructuración de la cadena significante mer otro, marcado por el orden simbólico –
que puede manifestarse en palabras corta- que es quien le enseña el espejo- para recibir
das, asociaciones por asonancias, términos de ella su aprobación. Allí hay una defección
que faltan en la frase, giros o ritmos semán- de la madre, que es lo que va a tornar para el
ticos particulares, etc.” (6) En cambio en sujeto, imposible asumir su imagen.” (7)
el delirio de Laura que planteamos como
histérico se asiste a una exuberancia de lo VI.- Historias de duelo y locura... ¿Un deli-
imaginario que no atenta contra los fun- rio compartido?
damentos simbólicos del ser hablante. Las
sintaxis se encuentra en lo central respeta- En todos los trabajos que hemos leído sobre
da y las palabras no se disgregan. El delirio, locuras histéricas de diferentes psicoanalis-
que planteamos como histérico, en Laura tas (Víctor Tausk, Otto Rank, Karl Abraham,
no tiene el mismo entramado que el de las Ernest Jones, el mismo Sigmund Freud,
psicosis, al no ser el significante el que ha- Jean Claude Maleval), es llamativa la poca
bla sino una entidad construida con signifi- importancia que se le da al entorno familiar
cantes de la novela familiar. En el delirio de de estos pacientes (f). “La sola posibilidad
Laura se reconocen los mecanismos propios de una transmisión de la locura suscita lo
del sueño, el desplazamiento (la metonimia) que bien podemos llamar horror” (8), ya
y sobre todo la condensación (la metáfora), que implica la eventualidad de que el “loco”
estando presente el significante fálico, que no se baste a sí mismo y por lo tanto su de-
justamente es lo que no ocurre en las psi- lirio no solamente tenga que ver con él, sino

52
fundamentalmente con su entorno. El naci- real que fue la muerte de su abuela, muerte
miento de Laura está marcado por el recha- que es subjetivada para la nieta como un
zo explícito de su madre que plantea no po- crimen en el que Lucifer se convierte en el
der hacerse cargo de la niña, el padre (en ese asesino. En cambio María está convencida
tiempo ya enfermo) entrega a la pequeña en que Dios le predijo de la muerte de su
beba a su madre, siendo ésta la que empren- madre. Este hecho inicia la serie de contac-
de tal tarea. La madre de Laura, a quien lla- tos con Dios, a partir de los mismos María
maremos María, tendrá varias internaciones cree poder predecir el futuro de la gente,
psiquiátricas durante el primer año del na- convirtiendo esta experiencia en el centro
cimiento, sobre las cuales reina un profun- de su vida, dedicándose a diferentes prác-
do secreto familiar. La primera internación ticas parapsicológicas, las cuales rápida-
había sido después del nacimiento de Laura mente se transforman en el principal in-
en donde María decía que ese bebe era hija greso de dinero a la familia. En el tiempo
del...diablo. Luego del nacimiento María inmediatamente posterior a la muerte de la
pasa cerca de cuatro meses sin ver a su hija, abuela, María hizo “una cantidad de traba-
siendo su madre como ya dijimos quien se jos” a Laura para que los malos espíritus no
hace cargo del cuidado de la misma. le hicieran nada malo, estaba convencida
que Laura era poseída por un demonio, es
Las ideas delirantes de María fueron pau- allí donde comienza el peregrinaje de am-
latinamente disminuyendo hasta la muer- bas por diferentes templos. En este primer
te de la abuela de Laura, que se produce tiempo de la muerte de la abuela aparece-
cuando Laura tiene trece años, muerte que rían dos delirios, no es un co-delirio en el
afectó de una forma muy profunda a estas sentido de un delirio simultáneo entre ma-
dos mujeres. Laura vivirá sola con su abue- dre e hija (Folie à deux), sino que se presen-
la los cuatro primeros años de vida. En ese tan como dos delirios engarzados, en una
tiempo se mudan a la casa de sus padres, suerte de contrapunto:
pasando a vivir todos juntos. Es importante
señalar que el hecho de que Laura y María
vivieran por primera vez juntas no fue por Laura:
Laura: María:
María:
un pedido de esta última, sino a raíz de pro-
blemas económicos; la abuela siguió sien- .- Se comunica con el .- Se comunica con
do quien se ocupaba de la nieta y además Diablo Dios.
quien organiza las cuestiones domésticas.
Los recuerdos de Laura en esa época con .- A través de él sabe .- Dios le comunica
su madre son muy pocos, plantea que cual- lo que va a suceder lo que va a ocurrir.
quier cosa que hiciera mal, su madre le de- en el futuro
cía que su padre iba a morir, lo cual condi-
cionaba a la niña a hacer algunas cosas sí y .- Ella es la elegida .- Ella es la única
otras no, esto será retomado más adelante por él para ser su capaz de interpretar
en su delirio.. Las ideas delirantes de Lau- mujer. su mensaje.
ra se sitúan a partir de ese acontecimiento

53
El nacimiento de Laura desata el delirio de (c) Esto planteado no es incompatible con la
María, “Cuando una locura maternal atra- forma de abordaje de algunas prácticas psi-
viesa a una mujer, ésta se ve amenazada no coterapéuticas.
en ella sino en su hijo” (9). María es perse-
guida en su hija, justamente porque no ha (d) El tema de la culpabilidad masiva apare-
tramitado como plantea Lacan el estrago de ce en todos los casos de Locura Histérica co-
la relación con su propia madre, si una hija nocidos, para el que quiera ampliar el tema:
está retenida como hija no puede ocupar Sybil, F: R. Schreiber, ED, Albin Michel, 1974.
el lugar de madre, produciéndose allí esta Una pasión de transferencia, Marion Milner
locura maternal. Marta Olivera de Mattoni- y el caso Susana, Ed. Manantial, 1991. El de-
plantea que hay por lo menos dos referen- lirio histérico no es un delirio disociado, J.C.
cias de Lacan a este estrago, una en 1973: Maleval, Ed. Paidós, 1991. Para una rehabi-
“… el estrago que es para la mujer, para la litación de la locura histérica, J.C. Maleval,
mayoría, la relación con su madre, de donde Ed. Paidós, 1991.Escritos psicoanalíticos,
ella parece esperar más subsistencia que de Víctor Tausk, Ed. Gedisa, 1994. Un viaje a
su padre, lo que no va con él al ser segundo través de la Locura, Mary Barnes, Ed. Martí-
en ese estrago” (10) La otra de 1975: “Ten- nez Roca, 1985.
go bastante experiencia analítica para saber
hasta qué punto la relación madre-hija pue- (e) Es Ricardo Landeira quien ha marcado
de ser devastadora. Si Freud eligió acentuar esta diferencia ya que plantea que el termi-
esto, edificar toda una construcción alrede- no forclusión es tomado de la Jurisprudencia
dor de esto, es por algo.” (11) Francesa correspondiendo para la nuestra el
término Preclusión que es su equivalente en
Para María no hay tratamiento de ese estra- la Jurisprudencia Uruguaya
go en la relación con su madre. El delirio se
desata con el nacimiento pero se exacerba (f) Para muestra un botón, leer el trabajo “El
con la muerte de su madre, poniendo la no- delirio histérico no es un delirio disociado”
minación de madre nuevamente en primer de J.C. Maleval, Locuras histéricas y psicosis
lugar y poniendo en su lugar la locura, quizás disociativas, Ed. Paidos, Buenos Aires, 1991
la única forma de cercar lo imposible de la
maternidad. Notas

Notas a pie de página 1. J.J. Kress, Hypmose et hystèrie, Perspecti-


vespsychiatriques, Internet.
(a) Lacan llama a la neurosis, la psicosis y la
perversión “en el Seminario sobre la IDEN- 2. Jean Claude Maleval, Las histerias crepus-
TIFICACION los “tres modelos de la norma- culares, publicado en “Vicisitudes de la His-
lidad teria”, Ed. Manantial, Bs. As. 1989, pág. 20.

(b) Esto es lo que define como la sensación 3. Otto Rank, El doble, Ed. Agalma. Bs. As,
de lo siniestro (Unheimliche). 1995.

54
4. Jaques Lacan, Seminario La Angustia, in- El estrago en la elección de pareja*
édito, sesión del 23 de enero de 1963.
Por Carmen Cuñar
5. Edgar Cabral y Lía Quijano, Reflexiones
sobre la diferenciación entre locura histéri- Hace unos meses recibo en consulta a una
ca y psicosis disociativa, publicado en Histe- mujer de unos cuarenta años. Viene acom-
ria y Obsesión, Ed. Manantial, Bs. As. 1990, pañada por su marido. Me comunica que ha
pág. 125. decidido irse de casa después de una discu-
sión con él. No es la primera vez que ocurre,
6. Jean Claude Maleval, Locuras histéricas últimamente esas discusiones son cada vez
y psicosis disociativas, Ed. Paidós Bs. As. más frecuentes y violentas. Es ella la que
1991, pág. 94 ha decidido dejar la casa e ir a vivir con una
amiga. “Mi marido -dice- no me soporta más
7. Edgar Cabral y Lía Quijano, Reflexiones y tiene razón pues tengo muy mal carácter
sobre la diferenciación entre locura histéri- como toda mi familia, siempre lo estropeo
ca y psicosis disociativa, publicado en Histe- todo” “él sólo quiere que seamos felices y yo
ria y Obsesión, Ed. Manantial, Bs. As. 1990, siempre le fastidio.”
pág. 125.
Mientras que esta mujer habla no para de
8. Jean Allouch, Littoral 9, Tres faciuntin- llorar y de autorreprocharse su conducta;
saniam, Las psicosis, Ed. La torre abolida, es tal el estado de desasosiego en el que se
Córdoba 1993, pág. 141. muestra, que temo estar ante un proceso
melancólico. Es la primera vez que consulta.
9. Marta Olivera de Mattoni, Objeción a una
locura maternal, Litoral 15, El saber de la Lo- Hago pasar al marido para conocer su opi-
cura, Ed. Edelp, córdoba, 1993, pág. 45 nión sobre la decisión de ella y expresa que,
en efecto, la convivencia es insostenible,
10.Jacques Lacan, L´étourdit, Scilicet 4, Pa- que es mejor que ella se vaya de casa pues
rís, Seuil, 1973, pag. 104. 11.Jacques Lacan, él no tiene dónde ir y ella puede vivir con
Conférences et entretients, su amiga o con su familiar. Su familia está
al tanto de los problemas pues él ha tenido
que pedirles ayuda en los momentos de cri-
sis. Sólo se calma cuando el hermano mayor
le habla. Me advierte que él no ha tomado
la decisión de separarse, sólo quiere que
su mujer se trate y vuelva con él cuando se
cure, él la esperará durante un año…

* Extraído del libro: “La Pareja y el Amor”2003. Con-


versaciones Clínicas con Jacques Alain Miller. Editorial
Paidos-Buenos Aires-Barcelona. P.p29 .

55
Es ella, sin embargo, quien ha decidido con- Pocos días después de morir el padre, ella
sultar, expresando que quiere cambiar de decide irse a vivir con este hombre, amigo
modo de ser y, también, dejar de llorar, so- de la infancia de su hermano mayor, con
bre todo delante de su marido, algo que se el cual había empezado una relación hacía
siente incapaz de evitar. En las siguientes unos meses. No llora la muerte del padre
sesiones el llanto y la autocrítica no cesarán. porque “ya lo había llorado antes”, durante
Repite con insistencia que es mala y parece la enfermedad. Para ella su padre era al-
sentirse muy culpable por ello. guien muy querido, que nunca la reprendió,
que siempre mostró sus preferencias hacia
Frente a la decisión de ir a vivir con la amiga ella frente a sus hermanos. Para él ella era,
en vez de pedir ayuda a la familia, la invito a “la niña”, y así le dicen sus familiares y ami-
hablar de su familia. La paciente pertenece a gos. Su marido también la llamaba “niña”
una familia de cinco hermanos, dos varones hasta que decidió dejar de hacerlo. Las
con los que se lleva pocos años y dos varo- discusiones en la pareja empezaron muy
nes mucho más jóvenes de los que tuvo que pronto y él la acusaba de ser una niña mal
hacerse cargo. Su padre se enfermó cuan- educada y caprichosa. Un día decidió dejar
do ella tenía diez años, de una enfermedad de llamarla “niña”, pero tampoco la volverá
degenerativa. Murió diez años después. Re- a llamar de ningún modo, tampoco por su
cuerda entonces que ella lo acompañaba el nombre de pila.
día de su muerte. Fue una de las pocas oca-
siones en las que su madre no estaba pre- Poco a poco, la paciente empieza a hablar de
sente. Cuando la madre vuelve, le dice que su vida conyugal, de su marido, aunque an-
nunca le perdonará este hecho, haber sido teponiendo siempre su culpa en el asunto.
ella y no la madre quien estuviera al lado del La presencia del sentimiento de culpabili-
padre a la hora de la muerte. dad hace francamente difícil el advenimien-
to de la responsabilidad del sujeto y, sobre
Es así como habla por primera vez de su todo, parece estar expresamente destinada
madre, ello para explicarme por qué le re- a velar la falta en el Otro. Así, al marido lo
sulta tan difícil pedirle ayuda. Describe en- presenta como una persona muy ordenada
tonces a una mujer rencorosa, de mal ca- y minuciosa, ella, en cambio, “es bastante
rácter, que “dice todo lo que le pasa por la despistada”: si, por ejemplo, ella deja un
cabeza sin pensar que puede hacer daño”. mechero encima de la mesa, eso es motivo
Siempre ha temido parecerse a ella, y aña- de discusión porque la mesa se puede rayar;
de que quizá su marido tiene razón cuando cada vez que salen a la calle hay que asegu-
se lo señala. Más tarde la madre le pedirá rarse de que el gas y la luz estén cortados
perdón por lo ocurrido. Es eso lo que ella y ella se olvida; a él le gusta que los flecos
hace cuando discute con su marido, “pedir- de la alfombra estén bien peinados y ella los
le perdón cuando ya las cosas no tienen re- pisa sin darse cuenta. Él prefiere comer ver-
medio”. Aunque es así como lo expresa, no duras todas las noches, a ella le gusta variar,
queda claro que el sujeto lo presente como pero finalmente cocina lo que él propone;
una repetición. ella prefiere una casa bien aireada, él cierra

56
las puertas y ventanas en invierno y verano. acurrucada en un sillón frente al televisor
comiéndose las uñas, esperando a que el
Poco a poco, entonces, la paciente empieza marido se levantara de la siesta para tomar
a describir a un hombre con síntomas obse- el té, cosa que no han dejado de hacer des-
sivos evidentes, que padece también impor- de que se casaron, siempre a la misma hora.
tantes crisis de angustia; uno de los mayo- Confiesa también que hace mucho que no
res placeres de la pareja era viajar; pero ella reciben amigos en casa, ni a sus familiares,
cada vez se pone de peor humor ante la po- sobre todo si tienen niños.
sibilidad de un viaje y el gran enfado del ma-
rido. Luego relata que él insiste en conducir Al principio del matrimonio vivían en su
pero antes deben estudiar los recorridos con ciudad natal. Su mayor ilusión era vivir en
minuciosidad; pues él padece de vértigo, lo Madrid. Cuando lo consiguieron, pusieron
cual hace que tengan que sortear cualquier todo su empeño en decorar la casa. Señala
carretera de altura. Él no va nunca sólo a una entonces que lo mejor de Madrid es “poder
tienda, tampoco al médico. Es ella quien conservar el anonimato”, y “poder ir lloran-
lo acompaña. Ella se ocupa también de la do por la calle sin temor a encontrarse con
economía familiar. A él le gusta vestir bien, alguien que pregunte”.
la buena música, los libros, gasta el dinero
en completar colecciones. A ella también le Ella nunca ha querido tener niños, y el mari-
gustan los libros, es una buena aficionada a do tampoco; “quizás ella quiso seguir siendo
la lectura, pero es más ahorrativa, no le gus- la niña”; él tuvo una infancia triste en un in-
ta comprarse cosas para ella y se preocupa ternado, no se sentían capaces de ser padres
más por las compras esenciales de la casa. ninguno de los dos. Por este motivo nunca
Él la acusa de exagerar con el ahorro, siendo discutieron.
que ella gana más dinero que él, y de amar-
garle esos pequeños placeres. Este querer seguir siendo la niña la hace
adentrarse en la neurosis infantil, donde
A medida que el sujeto va localizando esos aparece un sujeto inmerso en la rivalidad
síntomas del marido, y no sin el asombro con los hermanos. “Ella siempre tuvo que
del analista, la culpa parece pacificarse. Al asumir ciertas tareas porque era una chi-
mismo tiempo se pregunta si no será todo ca”; en la venganza: cuando el padre vol-
ello lo que le produce tanto malestar. Reco- vía a casa de trabajar, ella lloraba hasta
noce entonces que ella nunca se ha atrevi- que conseguía que alguno de sus herma-
do a contradecirlo, sólo salta a destiempo nos fuera reprendido “por lo que le habían
y de mala manera. Nunca tuvo argumentos hecho” y, también, “por lo que ella había
para hacer oír sus razones, pues le parecían hecho”. Este recuerdo le hace reconocer el
inmotivadas; de todas maneras, él siempre llanto como una repetición, y añade que es
las califica de inoportunas y de mal inten- ella también la que ha hecho que, para su
cionadas. familia, “el marido sea el malo de la pelí-
cula”. Todo ello parece permitirle cesar de
Confiesa, entonces, que pasaba las tardes llorar en las sesiones.

57
Mientras tanto, el marido la llama a casa bajo como profesora de idiomas. Confiesa
de la amiga y le pide que vuelva con él. Ella que es un trabajo que nunca le ha entusias-
acepta pasar los fines de semana con el ma- mado demasiado y que ha sido causa de su
rido y se propone hacer las cosas bien: le malestar, sobre todo a principios de curso,
dirá lo que disgusta a tiempo y de la mejor pero últimamente se ha sentido más anima-
manera para no fastidiarle, además, inten- da para organizar algunas actividades ex-
tará no llorar. traescolares con los alumnos.

En las siguientes sesiones se plantearán si Poco tiempo después la pareja discute de


no será que ella tiende a compararse todo nuevo, el fragor de la discusión, él le dice:
el tiempo con él, hasta el punto de sentirse “todo este tiempo he estado pensando en
superior. Ella le ve mucho más “razonable” la manera de matarme”; frente a ese decir
y “templado” que ella, pero “quizás a veces del marido, ella se encierra en el lavado, y
él se angustia demasiado”. Últimamente él se toma un frasco de pastillas. A la salida del
tuvo problemas con los dientes, malestar hospital, la paciente confesará que frente a
que padece desde la infancia. Este proble- la amenaza de matarse de su marido, ella
ma hizo que tuvieran que ponerle algunos eligió quitarse del medio.
dientes postizos. Y cuando un diente se le
mueve, él entra en pánico. A raíz de ello, la El marido propone entonces la separación
paciente sueña que es ella a la que se le caen definitiva. Ella lo acepta pero sin quererlo.
los dientes y “los escupe como si fueran pi- La pena y la culpa vuelven al primer plano.
pas”. Él nunca ha cedido a tratarse esa an- Lo que no aceptará es a vivir con la madre
gustia. como él le propone. Eso sería para ella como
“enterrarse viva”. Se busca una casa en su
Más adelante reconoce que quizás también ciudad natal, ayudada por sus hermanos y
lo compare con el padre, pues “el padre nun- amigos que la conminan a poner fin a esa
ca se quejó de su enfermedad”. Este descu- historia.
brimiento la pacifica también. Poco tiempo
después vuelven a vivir juntos. Él le aconseja Aunque se siente “absolutamente fracasa-
entonces que quizás debería dejar de fumar da”, ella se siente capaz de vivir sola, pero
“porros”. Es la primera vez que la paciente expresa que él le da pena. A pesar de los
habla de ello en sesión y confiesa que, en reproches que ella le pueda hacer, confie-
efecto, “quizás últimamente fumaba dema- sa “que no se veía ahogada”. Asocia con un
siado”. Pero es algo que ella ha hecho siem- sueño de repetición en el que una ola se le
pre. Al caer la tarde, se fumaba uno a dos venía encima pero no la alcanzaba. Pone en
porros y eso le permitía “quedarse tranquila oposición este sueño con otro sueño de re-
escuchando a su marido o escuchando mú- petición que tiene desde la infancia: ella se
sica con él”. Esta vez reconoce que quizá eso acerca a su pueblo y en el centro de la pla-
la ha ausentado demasiado. za hay un toro negro; ella intenta zafarse de
ese toro pero se lo encuentra en todos los
Por primera vez empieza a hablar de su tra- sitios donde va.

58
Lo que parece estar más manifiestamente Nueve lunas: un caso de histeria
en juego en su rechazo a la separación es masculina*
volver al lugar donde este hombre la sacó;
al lugar donde vive la madre. Eso no la im- Por Laura Rivera
pide hablar de una infancia feliz al lado de
sus padres y de sus hermanos. Sólo frente a La histeria masculina es un tema que ha sido
la posibilidad de volver al lado de su madre, poco abordado. En términos generales, la
habla de ella como de una mujer rencoro- histeria está ligada a la pregunta por la fe-
sa e inoportuna, además descuidada, poco minidad. La solución neurótica más clásica
aseada…. a esta pregunta es no existir más que como
madre. Un elemento que también es propio
Hasta ahí el caso. de la definición misma de la histeria es el
que enuncia Freud al hablar del caso Dora,
en tanto, independientemente de los sínto-
mas somáticos, “una ocasión sexual provoca
[…] sentimientos de displacer”. Ahora bien,
en el hombre la estructura no es simétrica a
la mujer. ¿Qué especificidad podríamos en-
contrar en la histeria masculina? La autora
se acerca a esta cuestión a partir del trabajo
con un recorte clínico que hace oportunas
estas consideraciones.

I.- Presentación del paciente

Les presento a S., un hombre de más de 40


años, que dos años antes del comienzo del
tratamiento tuvo un “ataque de pánico”,
del que destaca “un calambre en la panza”
y disnea. “Hacía mucho ejercicio. El cuerpo
se me descontroló”, comenta. Le preocupa
que vuelva a pasar, y siente temor de que
se le hinche y acalambre “la panza”. Dice:
“la panza se me infla”. Por esto, consulta
finalmente al Equipo de Psicología [1]. La
primera vez que nos vemos, S. agrega que
lo que espera es “hablar de lo que tengo con
alguien, no tomar más la pastilla [2] , orde-
narme mi vida y controlar un poco las cosas.
[...] Sin pastillas siento que estoy hinchado,
me pongo nervioso y me inflamo, me levan-

* Extraído de: Laura Rivera.2007.El Sigma-Sector


Hospitales. http://www.elsigma.com/hospitales/nueve-
lunas-un-caso-de-histeria-masculina/11557

59
to con un vacío estomacal”. Hecha la pre- B. le cuentan que, cansada de esperarlo,
sentación, ya es hora de conocer a S. comenzó otra relación. Está más pendien-
te de ella pero no duda en quedarse con su
II.- ¿Historia de un amor? familia. Mantiene en vilo a ambas, aunque
por momentos le gustaría estar solo. Des-
“Hablar de lo que tengo con alguien”. de entonces la relación con B. sólo se basa
Frase equívoca: si bien se refería a hablar en una continua seducción y celos que no
conmigo de los síntomas que lo aqueja- conducen a nada, ya que quiere “tomar dis-
ban, vino varios meses a hablar(me) de la tancia” de ella: “somos solamente amigos”,
relación que tiene y tuvo con B., una com- dice. Sin embargo, sólo habla del tema, ha-
pañera de la empresa en la que trabajan ciendo obstáculo a la aparición de alguna
ambos. S. está casado con R. y tiene va- otra cuestión.
rios hijos. En el momento en el que hizo
su aparición el “pánico”, las cosas con su III.- Mujeres fatal
mujer no funcionaban, período en el cual
se la pasaba discutiendo también con su S. habla de “la pastilla”, como llama al al-
compañera de trabajo acerca de su futuro prazolam: “Me di cuenta de que yo manejo
juntos. la situación para tomarla. Voy bien, y cuan-
do me acuerdo de que no la tomé, me da
A principios del siguiente año, su esposa desconfianza. Es como un bastón. Me da
decide separarse, y al tiempo S. intenta seguridad para salir de mi casa, si no tengo
una corta convivencia con B., a espaldas de ansiedad. Quizás porque estoy pensando
aquélla. S. cuenta que discutían, “pensaba adónde tengo que ir después. Quiero todo
en los chicos y me costaba respirar”. Pre- ya. También me pone nervioso viajar fuera
viamente, dos de los chicos comenzaron de la ciudad. No puedo tomar distancia”.
con crisis de asma[3] . S. se sentía culpa- Menciono que eso es lo que le pasa con B.,
ble por esto, ya que pensaba que sus hijos y R. es más de lo mismo. S. sentencia: “El
“tendrían problemas emocionales por la re- tema es alejarme de los lugares donde me
volución que había”. No quería que les falte siento seguro, tengo miedo a estar lejos de
“la imagen del padre”. “A mí me interesa- un lugar de asistencia”.
ba que los chicos no sufran. Yo me hacía el
hombre.” Entonces B. queda abrochada a un lugar
seguro, de asistencia. También R., y sobre
Paulatinamente, vuelve a quedarse a dor- todo los chicos, se convierten en su bastón:
mir en lo de sus hijos, sin involucrarse con “Me di cuenta de que soy dependiente, ne-
R. Es el período donde plantea la duda en cesito que me cuiden, un amparo. Pienso
términos de “o B. o mis hijos”, y no B. o R. en mis hijos: tengo un amparo con ellos.
No se trata de dos mujeres, en términos Y con B. y R. Pero no quiero estar atado a
de desdoblamiento del objeto amoroso. nadie. Quiero y no quiero. Necesito tener
Recién a mitad de 2004 vuelve a convivir otras amistades fuera de casa, necesito mi
con su familia y a intimar con R., cuando libertad”.

60
Su seducción hacia las mujeres es particu- acerca de ser buena mujer para un hombre.
lar: a él le gustaría estar con todas, pero
—aclara— “no acostado, sino amistad”. Se De su madre sólo dice que era muy traba-
describe como muy cariñoso con todas (y jadora, y que tanto ella como su padre eran
todos también, jugando con la ambigüe- de cuidarlo, de que nada le falte. Retoma
dad), actitud que, según S., confunde a el tema de su separación. “Lamento haber-
las mujeres. Él busca otra cosa: “Me gusta me separado para una situación que nunca
cuando me tienen como al nene mimado”. llegó, con una persona que no era, y aho-
Le digo que parece que buscara mamás (de ra yo estoy con pánico, angustia, pastillas.
hecho, a veces las llamaba así). Cuando ¿Para qué? La gente opinaba boludeces:
vuelve dice que las cosas van cambiando, «la vida es corta, a los chicos los ves igual».
que vino sin tomar la pastilla (que empieza Uno dijo algo que me dejó marcado: «no
a poder postergar), que está más tranqui- te arrepientas de no ver crecer a tus hijos,
lo, que pudo tomar algunas distancias. Re- cuidalos». Yo siempre los cuidé, quiero que
toma el tema de la seducción y se nombra no les falte nada [4]. Ellos me abrazaban y
de una manera particular: “soy un payaso”. me partían al medio…”. Se interrumpe, visi-
Forma que toma su ser en relación a un sa- blemente angustiado por primera vez, y no
ber-hacer con las clientas y con las mujeres puede continuar el relato.
en general. Implica ser simpático, agrada-
ble, saber tratarlas. Es una “forma de ven- El tema de los hijos era una cuestión im-
derme”. Le encanta que luego comenten lo portante: “Cuando B. quería vivir conmi-
lindo y simpático que él es, según cuenta. go, yo sentía culpa también con ella. Dijo
El “payaso”, que nunca despertó ninguna que quería tener un hijo conmigo. Yo no,
asociación por parte de S., parece ser la porque ya los tenía. En ese momento pen-
mascarada que usa de señuelo frente a las sé que quería estar conmigo sólo para te-
mujeres. Pero, ¿qué son ellas para él. ner un hijo. Encima ella negó habérmelo
pedido. Después de tres o cuatro meses,
IV.- De madres, hijos y separaciones: un R. quedó embarazada [5]. Fue lo peor que
síntoma embarazoso le pasó a B. Yo no lo busqué”. Pregunto
sobre su “no tener nada que ver en esto”.
S. relata con culpa los momentos vividos Cuenta que no se cuidaba con ninguna de
antes y durante la separación con R. Cuan- las dos y que confiaba en los métodos an-
do volvía de estar con B., miraba a sus hijos ticonceptivos utilizados por R. Aduce que
y sentía que los traicionaba, y le molestaba B, le llenó la cabeza con que R., su mujer,
que R. lo tratara bien. “Yo volvía tarde y R. se había quedado embarazada para engan-
levantaba a cocinarme. Eso me marcó mu- charlo, ya que sospechaba de su infideli-
cho. Yo valoré siempre lo que hizo R. Ella era dad. Concluye: “Pensé en abortar”. Esto le
una buena madre: «¡Cómo me cuida!», pen- dejó un saldo de culpa que se incrementó
saba, «¡Cómo nos cuida!»”, dice, agregán- por no haber estado en el parto de su hija.
dose como uno más en la lista de hijos de R. Explica: “Yo fui a hacer unos trámites, por
Le aclaro que ser buena madre no dice nada si R. lo tenía ese día, y cuando volví ya la

61
había tenido. Para ella fue como que no la le hice perder tiempo. Quiso formar una fa-
quise ver, tener. ¡Yo ya la tenía y la quería! milia, tener hijos y no quise por miedo a mis
Ahora es la más mimada. Por eso tuve el pá- hijos. Ahí empezó mi miedo a tener relacio-
nico, ¡quería verlos! Si me separaba no iba a nes y a que quedara embarazada”.
poder verlos todos los días. Ellos me llenan
más que cualquier chica”. Ver el nacimiento La entrevista que sigue se desarrolla en un
de una hija queda en el mismo lugar que te- clima distinto, entre conmovido y preocupa-
nerla, parirla, aunque me tomo un tiempo do, a diferencia de los chistes e ironías que
para hacer ese tipo de intervenciones. Por lo caracterizaban. Me sorprende diciendo
cierto, S. menciona rápidamente la fecha de que se había quedado con el tema de los
cumpleaños de sus hijos, salvo la de su hija embarazos, el estómago, los calores, la rela-
menor, que ni siquiera puede recordar con ción de todo eso con él… Dice que se ve gor-
exactitud. Algo de ese nacimiento parece no do [7], pero que nunca se vio embarazado
inscribirse del todo. ni compartió síntomas con su mujer emba-
razada. Dice: “Yo tuve cuatro embarazos”,
S. solía quejarse: “los calores me molestan, en lugar de cuatro hijos, frase que califica de
sobre todo en el estado en el que estoy”. S. acto fallido pero agrega que no es importan-
cuenta acerca de su miedo a la llegada del te. Señalo que lo que dijo tiene efectos en su
verano luego de su pánico. Asocia dicho sus- cuerpo y en sus actos. Continúa: “el parto de
to a la disnea y al miedo al encierro. “Los E. yo lo quise ver. Es hermoso eso, sabés que
calores me ponen nervioso”, insiste. Luego es tuyo, que vos lo hiciste”.
de repetidas apariciones, me arriesgo a in-
tervenir deslizando una asociación con los De los embarazos dice que es lindo pensar
calores de las mujeres: la menopausia. Dice cómo va evolucionando un bebé dentro de
que no entiende. Hago un corte allí y esto la panza, y agradece la existencia de los
tiene efectos: desde entonces S. deja de to- nueve meses previos a tener al bebé. “Per-
mar la medicación. Comienza a hablar del mite nueve meses de proceso psicológico;
síntoma en su panza. Le pido que asocie, por ejemplo, si una chica se lo quiere sacar
y habla de las panzas de las embarazadas. al principio, luego de nueve meses ya lo
Dice que le gustan, que están infladas y que quiere y es como una mamá. Si el tiempo
eso lo ve como algo maternal y hermoso. fuera corto, sería deshecho en el momen-
Por otro lado, cuando le dieron calambres to”. Le digo que parece que algo así le pasó
en su panza, no quiso comer por “miedo a a él con C. Señala que con ese embarazo se
que se llenara, se inflara y se pusiera dura”. le derrumbó todo y no le dio bola a R. en los
Remarco la relación de su síntoma con la nueve meses. “No sabía si sucedió, no sabía
panza inflada de una embarazada. Bromea si lo de R. fue un error o no”.
con la posibilidad de ser como el filipino [6].
En la siguiente entrevista habla de sus rela- Empieza a historizar los embarazos. Hubo
ciones sexuales: se aceleraba, no quería que uno que no llegó a término antes de su pri-
lo tocaran. “Tenía miedo de que se me que- mer hijo. Lo describe así: “R. tenía panza y
dara dura la panza. Me siento culpable, a B. no tenía nada. No lo ves, pero sabés que hay

62
un bebé. En la ecografía del tercer mes apa- narse su relación con R., con B. y con la su-
rece que no tenía bebé, que tenía una carne puesta confusión de las mujeres, en general,
crecida que llama «mole». Pensábamos ¿por debido a lo “cariñoso” que es él. Empieza
qué nos pasaba eso? En el segundo intento a armar una pregunta por el deseo de esas
salió [su primer hijo]. Yo lo quería ver nacer, otras: “¿por qué les pasa algo conmigo?
por todo lo que pasé.” Habla de las contrac- ¿Qué ven en mí? ¿Por qué me pego a las mu-
ciones y dice que durante el embarazo él jeres o al revés?”. Intenta respuestas acerca
ocupa “el lugar de padre”, que sería según de su método de seducción, vía la mirada, o
él, lidiar con el dolor del otro, sufrir con el desde el lugar de ser payaso. Con el tiempo
que está al lado. Sin embargo recuerda que se suma: “¿Para qué busco eso?” Sostiene:
con su última hija fue distinto. “Sentí culpa “Sólo las mujeres saben lo que pasa”.
por haber quedado embarazado”. Le vuelvo
a marcar que el embarazo parece quedar de VI.- Sobre los interrogantes
su lado y, antes de que vuelva a dar explica-
ciones, corto la entrevista. El tema único del fantasma de embarazo
domina, pero ¿en tanto qué? En tanto que
V.- ¡Grande, Pa! significante—el contexto lo muestra—de
la pregunta de su integración a la función
Empieza hablando de su padre: grandote, viril, a la función de padre. En términos
dominante, antes solía juntarse en el bar — generales, la histeria está ligada a la pre-
vestido de traje— con amigos, inspirar res- gunta por la feminidad, y sobre la respues-
peto y pelear con cuchillo. Un “macho”, mo- ta Pierre Bruno dice: “Podemos atribuir
delo para su hijo, que a la vez es un hombre como rasgo común a los histéricos, hom-
sumiso, que lucha para que su mujer no le bres o mujeres, la suposición de la mujer
imponga cosas. Si bien S. siempre habla con como sujeto supuesto saber” [8] .Según
amor acerca de su padre, le despierta odio S.: “Sólo las mujeres saben…”. ¿Pero en-
cuando aparece coartándole su goce, tanto tonces qué es una mujer, al menos para
en su infancia como en su adolescencia. este paciente? La solución neurótica más
clásica a esta pregunta, y a la que S. se
Imagen del padre: amado, odiado. Se suma a aferra, es no existir más que como madre.
esto el padre impotente. Para S. que “mamá Respuesta fantasmática que le servía para
lo atiende bien a su marido” significa que ubicarse como hombre frente a una mujer
le prepara la comida y la mesa. Yo cuestio- y como padre frente a un hijo. Hasta que
no que eso sea “atender bien a un hombre”. en un momento se ve conmovida: si R.
Responde que hace varios años que no duer- quedó embarazada no fue por desear una
men en la misma habitación y que “eso le hija sino como modo caprichoso de rete-
jode más a la mujer porque el hombre come, ner a un hombre, a él, lo que se resignifi-
se acuesta y ya está”. ¿Así que ahora es al ca cuando se separa de sus hijos y cuando
hombre al que le duele la cabeza? planea convivir con B, que tampoco le deja
claro “qué lo quiere”. Ahí se desencadena
A partir de entonces comienza a cuestio- el síntoma de la panza inflada, en el con-

63
texto del pánico, entendiendo que los sínto- En la obra de Freud contamos con el análisis
mas articulan una pregunta: encarnando él de la historia del pintor Haizmann y del es-
mismo el embarazo, muestra de lo que está critor Dostoievsky. Del primero destaca una
“embarazado”[9]. Esto último si tomamos posible fantasía de embarazo y la “vestidura
la definición de embarazo que da Lacan en demonológica” [13] de las manifestaciones
el Seminario 10, como la experiencia misma histéricas en la época medieval; respecto del
de la barra por parte del sujeto, en relación segundo caso pone el acento en el carácter
con el no saber qué hacer. histérico de sus ataques pseudoepilépticos y
su sentimiento súbito de muerte [14].
Un elemento que también es propio de la
definición misma de la histeria es el que En la enseñanza de Lacan también encon-
enuncia Freud al hablar del caso Dora, en tramos trabajos sobre histéricos célebres
tanto, independientemente de los síntomas [15] . El carácter feminizado del discurso de
somáticos, “una ocasión sexual provoca […] S., sumado a la fantasía de embarazo, me
sentimientos de displacer” [10]. Para S., la llevó al Seminario 3. Allí aparece la pregun-
sexualidad no sólo es algo de lo que se pue- ta que un histérico con sus síntomas parece
de prescindir sino más bien evitar en lo posi- intentar responderse: “Un ¿Quién soy? ¿un
ble. Él seduce para después retirarse. Con la hombre o una mujer? y ¿Soy capaz de en-
amistad es suficiente, sobre todo si el lugar gendrar?” [16]. La paternidad, como la ma-
de la mujer como partenaire sexual no que- ternidad, son términos que no se explican
da claro. Incluso es la versión que tiene acer- a nivel de la experiencia. La forma en que
ca de su padre, que le alcanza con juntarse esta pregunta es respondida en S. recuer-
con amigos, comer y dormir. da a la experiencia de la couvade, donde
la procreación masculina se representa a
Respecto de este último, otra similitud en través de la procreación femenina. Dice O.
histéricas e histéricos es, según refiere Bru- Masotta que la couvade es la cuarta de las
no, “la imaginarización del padre, escindi- teorías sexuales infantiles, y la explica así:
do en las dos figuras del impotente y del “Rito que encontramos en algunos pueblos,
implacable, a las que el histérico se identifi- en el que, mientras la mujer está en el mo-
ca por turno” [11]. Padre del segundo tiem- mento del parto, el hombre mira con gesto
po del Edipo, que recorté anteriormente de dolor: participa en el parto. Por exten-
en los dichos de S. Padre que no dona los sión figura que el hombre también puede
atributos fálicos. El autor recorta un rasgo parir.” [17]. En relación a esto último, aclara
diferencial de la histeria masculina en los que nada en el orden natural explica la pro-
trabajos de Freud: “la intensidad sobrede- creación, y menos la función de ser padre.
terminada del odio por el padre en el com- Sabemos que, a diferencia de la madre, el
plejo de Edipo”.[12] padre siempre es incierto.

Ahora bien, en el hombre la estructura no es Tomaré una vía más, en relación al falo. La
simétrica a la mujer. ¿Qué especificidad po- histérica, en tanto no tiene el falo, elige el
dríamos encontrar en la histeria masculina? camino de serlo y ostentarlo. Mónica Torres

64
señala que, para el caso del histérico, “exhi- mento del “pánico”, el cual abandonó a los
bir los atributos masculinos como una mujer cuatro meses.
exhibe el cuerpo no hace más que feminizar [3] Yo lo relaciono con su disnea, que apare-
al hombre”. Y agrega: “Él teniéndolo, tam- ció poco después.
poco lo tiene. Se produce un desfallecimien- [4] Aparece así identificado a su madre, en
to del tener, que hace que busque refugiarse relación a los hijos.
en el serlo, […] pero como tiene el pene, no [5] En realidad tanto el deseo de B. como
podrá mantenerse sino en una cierta ambi- el embarazo de R. sucedieron cuatro años
güedad entre el serlo y el tenerlo” [18]. No antes de la aparición del “pánico”, pero sin
sabemos mucho del desempeño sexual de embargo quedan asociados a la época de la
S., pero no parece ser “un hombre de re- aparición de aquél.
cursos” sino más bien escamotear lo que [6] Hombre que hace unos años decía estar
de sexual pueda tener el encuentro con una embarazado.
mujer. Quizás, retomando su frase, de eso [7] Suelen llamarlo así cariñosamente, inclu-
se trate al final: de empezar a “hablar de lo so alguno lo llama “gorda”.
que tengo”. [8] Bruno, P: 1886-1996 La histeria mascu-
lina, en Histeria y Obsesión, Ed. Manantial,
El trabajo analítico fue llevando a S. a co- Bs. As., 1994, p 110
menzar el despliegue de algunas preguntas. [9] Tomando la acepción en francés de em-
En mi caso, muchas cuestiones quedan por barras, que alude a una posición incómoda,
pensar respecto de este material clínico y de o a “una incertidumbre del espíritu”. Tam-
las teorizaciones acerca de la histeria mas- bién proviene de imbarricare, que alude a la
culina. Me llevo yo esos interrogantes. barra (bara).
[10] Freud, S. Fragmento de análisis de un
Nota: Trabajo presentado en las XIII Jorna- caso de histeria, en Obras Completas, A.E.,
das de Residentes en Salud Mental del Área T VII, p 27.
Metropolitana, Buenos Aires, noviembre de [11] Bruno: opcit, p 110.
2006, con mención en el área Clínica Psico- [12] Ibíd., p 107 y 108.
lógica de Adultos. Laura Rivera es residen- [13] Freud, S., “Una neurosis demoníaca en
te de 4º año en Psicología Clínica en el HGA el siglo XVII”. En: Obras Completas, A.E., T
“Cosme Argerich”, Ciudad de Buenos Aires, XIX, p 73.
y docente de la cátedra II de Psicopatología, [14] Vamos notando ciertas similitudes con
UBA. Correspondencia a: el caso clínico descrito, en términos de fan-
tasía y síntomas en el cuerpo.
VII.- Referencias [15] Pertenecientes a la ficción, como Ha-
mlet de Shakespeare, y pertenecientes a la
[1] Equipo en el cual trabajo, y por medio del historia, como Sócrates o Hegel.
cual recibo la derivación. [16] Lacan, J.: El seminario. Libro 3, Ed. Pai-
[2] Se refiere al ¼ de alprazolam 0,50/día dós, Bs. As., p 418. Torres, M.: La histeria en
que tomaba por su cuenta, luego del trata- laescucha , Ed. Paidós, Bs. As., 1984, cap 7
miento psiquiátrico comenzado en el mo- p 243.

65
[17] Masotta, O.: Lecturas de psicoanálisis. De la feminidad como síntoma al
Freud, Lacan., Ed. Paidós, Bs. As., 1995, p. inconsciente real *
106.
[18] Torres, M.: opcit, p 124 y 127 Por Nieves Soria Dafunchio
VIII.- Bibliografía I.- Una mirada vigilante

BRUNO, P. 1886-1996. La histeria masculi- Elena es una madura mujer católica que trae
na, en Histeria y Obsesión, Manantial, Bue- como síntoma su persistente frigidez, que
nos Aires. 1994 la acompaña desde sus primeros escarceos
FREUD, S. “Fragmento de análisis de un sexuales llenos de culpa en la adolescencia
caso de histeria”. En: Obras Completas, vol. hasta su actual matrimonio, que lleva ya
VII, Amorrortu Editores, Buenos Aires. 1996 bastantes años.
FREUD, S. “Una neurosis demoníaca en el
siglo XVII”. En: Obras Completas, vol. XIX, Ella me hace saber de su disconformidad
Amorrortu, Buenos Aires. 1996 con su vida de pareja en general, a la que
GODOY, C. “Freud y el pensar obsesivo”. siente falta de poesía, y con su vida sexual
En: Cizalla del cuerpo y del alma: la neuro- en particular, de la que nunca ha podido
sis de Freud a Lacan, Berggasse 19, Buenos disfrutar. Elena dedica el primer tiempo
Aires.2005 de su análisis a la reconstrucción del ca-
MASOTTA, O. Lecturas de psicoanálisis. mino que la llevó hasta su actual posición,
Freud, Lacan, Paidós, Buenos Aires. 1995 cuando no se deja invadir por la mirada de
TORRES, M. “La histeria”. En: La escucha, la su adorada madre muerta, bajo la forma
histeria, Paidós, Buenos Aires. 1984 de recuerdos que la llenan de angustia y
LACAN, J. El Seminario, Libro 3. Las psico- desolación.
sis, Paidós, Buenos Aires. 2000.
Es la única mujer entre varios hermanos va-
rones, y declara haber sufrido intensamente
la “discriminación sexual” que ejerció sobre
ella su madre, quien a su vez la había recibi-
do de la suya propia: en resumidas cuentas,
ella siempre debió sacrificarse y estar al ser-
vicio de sus hermanos, bajo la supervisión
materna, limitándosele considerablemente
las oportunidades de salida y estudio. Por
esta vía Elena llega a advertir que esta po-
sición se reproduce en la familia que formó,
en la que también es la única mujer, ya que
tiene sólo hijos varones, y a partir del primer
nacimiento ella abandonó una incipiente y
prometedora carrera profesional en el cam-

* Extraído del libro: Nieves Soria Dafunchio. Nudos del


Análisis.2011-Ed del Bucle-Buenos Aires-P.p 261

66
po de la abogacía. Pero esta posición se jer. Elena queda un rato en silencio. Llora
le vuelve especialmente dolorosa cuando angustiada. Con sorpresa recuerda en ese
está en la cama con su marido, y se encuen- momento escenas con el padre que se re-
tra con que para su propia mirada vigilante petían en su infancia, y que tenía olvidadas.
sólo cuenta el goce de él. Se trataba de aquellas ocasiones en las que
al atardecer, vuelto el padre del trabajo a la
Ella es muy sensible a las diferencias entre casa, la invitaba a sentarse con él en su es-
los sexos, las que siempre vive como prejui- critorio, en el que compartían charlas, mú-
cios. Lo que desconoce es el goce que ob- sica y lecturas. Se trataba de momentos de
tiene en esa posición, ya que se ha atrinche- calma, de disfrute y de entusiasmo con el
rado en el lugar del Otro materno que, a la saber y con el arte. A partir de este momen-
manera de un panóptico, controla todos los to las sesiones se suceden entre recuerdos
movimientos de la escena familiar, a costa a borbotones de aquellos momentos con el
de su feminidad. padre.

II.- Hacia el padre III.- Perdiendo la mirada

En una sesión Elena habla de asuntos de sus Es en ese momento que trae un sueño cru-
hijos adolescentes de los que, como siem- cial: ella se encuentra al pie de la escalera
pre, ella se ocupaba sin ninguna participa- de la casa familiar, mira hacia arriba, algo
ción del marido. Le digo que me parece que cae por el hueco de la escalera, revisa el
es el padre quien debiera ocuparse de esas suelo: no hay nada. Dice: “algo cayó, final-
cosas, cortando la sesión. mente no era nada”. Asocia con la mirada
de la madre, controlando la vida familiar
Viene a la sesión siguiente indignada, plan- desde arriba. Le digo: “algo cayó, esa mira-
teando que no va a continuar su análisis da finalmente era nada”.
conmigo, que lo que le había dicho al fina-
lizar la sesión anterior había sido demasia- A partir de ese momento, Elena recuerda
do: “Mire que yo no soy el modelo del pro- raramente a su madre, pero ahora la an-
gresismo, pero la verdad que usted... ¿de gustia da lugar a cierta lástima. Deja de
qué época es? ¿Qué es eso del padre? Esas ocuparse de todo, en la casa y en la cama.
concepciones que plantean diferencias en- Comienza a dar lugar en su vida a la calma y
tre el padre y la madre son retrógradas y el disfrute. Recupera el interés por el saber
autoritarias. Yo creo en la igualdad de los y el arte que había perdido junto con los re-
sexos”. cuerdos de su padre. Acepta una propuesta
laboral en la que pone en juego esta rela-
Le respondo que lo lamento mucho por sus ción con el saber.
ideales, pero que mi experiencia como ana-
lizante y como analista me habían demos- En este momento comienza una época de
trado que un padre no es igual a una madre, enfrentamiento con el marido. Es justa-
así como un hombre no es igual a una mu- mente en este momento de crisis, marcado

67
por intensos celos de ambos, que Elena asunto. Veía claro. En ese momento en el
tiene sus primeras experiencias de goce se- lugar de X se hacía presente mi marido, de
xual, tanto en la vía del orgasmo como del un modo luminoso. The end.
encuentro con cierto espacio íntimo en el
que puede descansar de su mirada en el en- Es evidente que este sueño ya es una inter-
cuentro entre los cuerpos. pretación. Lo que estaba oscuro ahora es
transparente. Veo. Me llaman la atención
A medida que Elena comienza a ocuparse dos cosas: que quien realiza esta operación
de su deseo su marido pasa a ocupar otro que me lleva a la solución sea un hombre
lugar en la familia. Es una época en la que y no vos, una mujer. Y también que ese
debe llevar a cabo un verdadero duelo del hombre primero sea ese profesor y luego
falo que eran sus hijos para ella hasta ese mi marido. De lo primero no sé qué pensar.
momento. Deja de ser la confidente de sus Le digo: “cuando se elige ser mujer, no es
hijos, de a poco acepta quedar excluida de sin la intervención de un hombre.” Eso me
la complicidad que comienza a construirse aclara mi otro interrogante. Porque X es
entre ellos y su marido. alguien que sabe, y es un padre. A través
de él se hace presente mi viejo, en quien
IV.- La última sesión siempre encontré sabiduría, con sus limi-
taciones, por supuesto. Y luego en su lugar
“De la sesión pasada me quedó dando vuel- vino mi marido. Ahora me doy cuenta de
tas algo que dijiste, por la riqueza de lo que que un hombre puede estar, de modo más
se abrió. Hay que elegir. Pensé que hay algo o menos opaco. Pero todavía hay que verlo.
en lo que quiero elegir, donde hay que to- Lo importante es que ahora lo veo. Y de un
mar posición, es el sexo. Pero también pen- modo luminoso. Como aquella vez que me
sé que en todo lo que no es el sexo, estoy fue a buscar al trabajo. Ahí estaba, brillan-
dispuesta a hacer lindas mezclas. te, buenmozo. Qué alegría poder tomar su
mano.
Anoche tuve un sueño: Estaba en una ha-
bitación. Estaba Nieves. Me decía que Nieves, me parece que no voy a venir más”.
íbamos a hacer un experimento, pero que Le digo que efectivamente, no me parece
como se lo había enseñado su marido, en necesario. Me agradece emocionada y nos
esta oportunidad él iba a estar presente. despedimos.
Se hace presente el marido, que es pareci-
do a X, que fue profesor mío en la facultad. V.- De la feminidad como síntoma…
Sabía mucho, además era el padre de un
compañero mío. Este hombre me muestra La frigidez es la manera en que Elena
una cajita. Me dice que debo mirar en su sintomatiza su feminidad, anestesiándo-
interior, que voy a ver algo oscuro. Miro y la. Se trata de un síntoma correlativo de
veo agua muy transparente. Había un poco su posición maternal, fálica, que la deja
de moho pegado en los bordes de la caja, atrapada en el plano de la mirada vigilan-
pero no me importaba, formaba parte del te materna.

68
En “Ideas directivas para un congreso so- se requiere la intervención de un hombre.
bre sexualidad femenina”, Lacan planteaba A ese lugar abierto por la posición del ana-
justamente que la identificación imaginaria lista vendrán, en primer lugar un padre (el
de la mujer con el patrón fálico constituye profesor X) y luego otro hombre: el marido
un obstáculo para la posible“sensibilidad de Elena.
de funda sobre el pene”(1), dejándola en
espejo con el semejante materno, sosteni- Es desde la lógica edípica, fálica, en la cual
da en el narcicismo del ego. En ese texto se elabora el saber inconsciente, que este
Lacan indica que sólo el análisis moviliza padre-profesor le propone a Elena el abor-
incidentalmente la frigidez, y que cuando daje de lo femenino, anticipándole que verá
esto ocurre, siempre es porque se ha pues- oscuro. Efectivamente, lo femenino escapa
to en juego la castración simbólica en la a esa lógica, verificándose como dark con-
transferencia. tinent. Pero ella, que ha abierto el espacio a
otra mirada, lo abordará desde la posición
Es lo que ocurre en esta cura con esa inter- femenina que ha obtenido en la cura, vien-
vención de la analista que, al introducir la do claro, no sin mancha. Ella puede ver lo
función paterna, castra al sujeto, desalo- femenino como algo transparente, sin que
jándolo de su posición de madre fálica. Se consista en ningún saber. ¿No nos muestra
trata de un movimiento que, al abrir la vía así esa otra orilla del inconsciente, esa ori-
del padre habilita el espacio de otra mira- lla real, que bordea lo femenino, a la que
da, haciendo deconsistir la mirada mater- hacía referencia Lacan en su seminario El
na, cuya caída se verifica en el sueño de la Otro falta cuando decía: “la mujer, si me
escalera. atrevo a decirlo, ya que ella no existe, no
está privada del goce fálico (…) Por poco
VI.-…al inconsciente real provista que esté ella (…) no deja por ello
de obtener el efecto de lo que limita la otra
Es esta vía del padre la que volverá posible, orilla de este goce, a saber el inconsciente
siguiendo el camino descripto por Freud, irreductible”(3)
que esa otra mirada se dirija al hombre
que hay en su marido. Y es por su interme- Bibliografía
dio que Elena podrá encontrar su posición 1. J. Lacan. Ideas directivas para un congre-
femenina, operación a la que también se so sobre sexualidad femenina.
refiere Lacan en el texto mencionado: “El En Escritos 2, Siglo veintiuno ed. Buenos
hombre sirve de relevo para que la mu- Aires, 1985. Pág. 712.
jer se convierta en ese Otro para sí misma 2. Ibid. Págs. 710/711.
como lo es para él”(2). Es a partir de esta 3. J. Lacan. Un Otro falta. En Escansión -
estructura de mediación que opera en la Nueva Serie N°1. Ed. Manantial.
acción analítica que se construye el sueño Buenos Aires, 1989. Pág. 21
conclusivo, producción que enseña acerca
de la naturaleza del inconsciente. La ana-
lista propone una experiencia para la cual

69
La clínica y el discurso de la sesión de nó el habérselo dicho cuando estaba lejos ya
una paciente que presenta cortes que no podía ayudarla y ella respondió que
autoinflingidos.* no podía ocultarle nada. Relata también que
su novio le dijo que lo de la Gillette lo hacía
Por Delia Scilletta para mostrarle a su madre que era una nena
buena pero ella rechaza esta opinión y agre-
Presentación del caso
ga que ese día se hubiera matado. La tera-
(síntesis de una sesión) peuta señala que más que un reencuentro
fue un desencuentro y Marisa dice que ella
Marisa es una paciente de 18 años de edad
esperaba que cuando llegara la abrazara y
que consulta debido a que se autoinflinge
besara, que en realidad lo hizo pero que no
cortes en piel. La paciente comienza la se-
le gustó que Tomás dijera que por su actitud
sión diciendo que ese día se despertó más
parecía que no se habían visto por años.
o menos pero que fue el primer día que se
sintió bien. Relata que su novio Tomás ha-
Marisa no lo soportaba, empezó a sentir
bía estado de viaje y el día que volvió se fue
bronca y deseos de que se fuera. La tera-
a un recital, ella pensó que al otro día iría a
peuta le preguntó por qué debía soportarlo
verla a la tarde pero fue a la noche.
y ella respondió que porque pensó que era
ella la que estaba mal. La terapeuta señala
Empezó a pensar entonces que no la que-
que ella puede estar mal pero también pue-
ría ver y cuando Tomás fue a visitarla ella
de enojarse con el novio y extrañarlo a lo
lo notaba raro. Estaba empezando con la
que la paciente responde que ella suele “co-
crisis. Trató de distraerse pero no pudo sos-
merse” el enojo. Añade que luego su novio le
tenerlo por mucho tiempo.
dijo que también la había extrañado y que le
pareció que esto contradecía la actitud de su
La terapeuta pregunta cómo es eso de la
llegada a pesar de lo cual empezó a sentirse
crisis y la paciente explica que se pone ner-
bien y disfrutar de estar con él. Refiere que
viosa, quiere llorar, no sabe a dónde irse.
estuvo todo el sábado llorando y el domingo
Además no quería que le pasara justo en ese
se sintió mejor, más tranquila, comió sola
momento porque hacía mucho que no veía a
pero pasó la tarde con su hermana. Aunque
su novio. También relata que le contó a To-
Tomás tardó en llegar más de lo común ella
más que había intentado cortarse con una
no se preocupó y estuvo bien con él.
Gillette, ella esperaba que él la consolara o
que no se hablara de ese tema pero él co-
La paciente no recuerda qué sucedió el día
menzó a retarla. Marisa le manifestó disgus-
viernes, y la terapeuta le dice que estuvo
to por su respuesta porque ella pensaba que
con ella entonces cuenta que ese día al sa-
no le correspondía a él hacer eso ya que era
lir de la sesión y mientras volvía a su casa
más una tarea de un psicólogo o de los pa-
comenzó a sentir tristeza. Empezó a llorar,
dres. La terapeuta señala que el tema lo ha-
a gritar y a rasguñarse. Primero llegó su pa-
bía mencionado ella y la paciente rectifica y
dre y luego su hermana y su madre. Ante
aclara que ella se lo había contado por Chat
la pregunta de la terapeuta cuenta que su
cuando él estaba de viaje y que él le recrimi-
padre le estaba contando que había visto a

* Extraído de la Revista Actualidad “Psi”. 2013 Temáti-


ca: “Adolescentes en Riesgo” Buenos Aires Argentina.

70
una bruja y que le había llevado ropa suya. psicólogo, y que prefiere contarle las cosas a
La bruja le había dicho que una amiga suya él más que a su madre. La terapeuta señala
y la mamá le habían hecho un mal, y que que son tres lugares diferentes, el del psicó-
ella había absorbido la enfermedad de su ex logo, el del novio, el de la madre. Marisa re-
novio. Este comentario del padre le causó fiere que él la hace sentir bien, pero que ese
gracia pero a la vez hizo que se sienta peor. día la estaba molestando y sólo se lo podía
Comenzó a llorar, a rasguñarse los brazos manifestar con sus caras. Entonces la tera-
y a sentirse mareada, tuvo que pedirle a su peuta señala que con su enojo no va a matar
padre que le sujete las manos. Luego llegó al novio y que a veces puede decir “basta”.
su madre, echó al padre diciendo que siem- Marisa responde diciendo que logró decirle
pre que le hablaba la ponía peor y su padre al novio que parecía su papá y que no le gus-
decidió ir a buscar a la hermana de Marisa taba cómo le estaba hablando, y luego pro-
al colegio. Su madre le propuso llevarla a pone a su terapeuta que se cambie de tema.
una guardia pero Marisa se negó. Cuando
llegó la hermana del colegio Marisa le pidió La terapeuta le pregunta entonces a qué
ayuda, su hermana la abrazó y le preguntó se refería cuando dijo que ese día se ha-
por qué estaba tan mal, pero ella no le pudo bía levantado más o menos, y la paciente
contar porque su padre le había dicho que responde que suele sentir algo en el pecho
no hablara con nadie sobre ese tema. que le dice si va a estar bien o mal. Ese día
sintió que iba a estar mal y programó ac-
La terapeuta señala que hay muchas cosas tividades para evitar sentirse peor. Piensa
que no puede decir, y ejemplifica retoman- que cada vez logra controlar más su ma-
do el tema del enojo con su novio. Marisa lestar y tiene esperanzas de mejorar, la
responde que siempre termina echándose la terapeuta valida sus dichos y propone dar
culpa y que le cuesta decir las cosas. La tera- por terminada la sesión. Sin embargo, Ma-
peuta agrega que siempre se guarda las co- risa continúa con un nuevo relato diciendo
sas y que eso es lo que la termina dañando. que ese mismo día de la sesión le comentó
La paciente dice que no se puede defender y al psiquiatra, con vergüenza, que de no-
la terapeuta le pregunta de qué cosas siente che veía gente deambulando por la casa.
que no puede defenderse. Marisa dice que Estaba segura que el psiquiatra iba a to-
cuando Tomás la estaba retando ella sentía mar este relato como alucinaciones y que
que la atacaba, y entonces, sin poder decirle le iba a dar una pastilla más, él le dio una
que estaba enojada, se alejaba y hacía como más, pero para dormir.
si no pasara nada. La terapeuta dramatiza la
manera en que Marisa podría decirle a To- La terapeuta le dice que ahora entiende
más que algunas cosas que hace la enojan y que lo que le había pasado a la mañana
señala que de hecho él sí pudo decirle que le debía ser angustia ya que dudaba entre
había molestado que le cuente lo de la Gillet- contarle y no contarle al psiquiatra este
te cuando él estaba lejos. La paciente luego episodio. Coordinan el próximo encuentro
explica, mediante dramatizaciones, que se y finaliza la sesión.
lo contó porque es parte de su vida, le hace
bien hablar con él, confía en él, es como un

71
Histeria
Neurosis Obsesiva

“La gente que pone en práctica acciones obsesivas o un


ceremonial pertenece, junto a quienes padecen de un pensar,
un representar, impulsos, etc., obsesivos, a una particular
unidad clínica, para cuya afección es usual la designación de
«neurosis obsesiva.”
Sigmund Freud-Acciones obsesivas y prácticas religiosas 72
Un intento de cura voluntaria del había reparado en ello!
amor obsesivo * Procedí a cortar en ese punto la entrevista,
frente a su notable satisfacción por haber
Por Ernesto Sinatra alcanzado un saber nuevo que le permitía
entender lo que era su tormento a partir
Crisis de llanto, frecuentemente inmoti- de establecer una nueva conexión: llanto-
vadas, aquejaban al entrevistado, un hom- casamiento.
bre joven que consultaba por primera vez
al analista. En los lugares más inesperados En la siguiente entrevista su expresión
rompía en llanto, sin tener ni la menor idea cambio por completo. Ya aliviado y sin an-
de la causa de tales desarreglos; él, una gustia comenzó a exhibir en su relato una
persona circunspecta, seria y atilda, no en- certeza de saber sobre sí mismo a través de
tendía ese exceso, totalmente extraño en dichos precisos y bien articulados que no
él. Suficiente motivo, como se comproba- sólo contrastaban de un modo más que evi-
rá, para consultar al analista un hombre dente con su presentación de la primer en-
que siempre decía hacer lo que “correspon- trevista, sino que amenazaban con tornar
día, según las circunstancias”. innecesario cualquier recurso a un saber
que viniera del lado del analista; es decir,
Y para evidenciar la coherencia de su pro- que una sospechosa huida en salud amena-
ceder, mientras narraba su desdicha –y zaba en el ambiente.
sin poder evitarlo- prorrumpió en llanto,
ahora, frente al analista, haciéndome sa- De un modo curioso, ahora que él ya sa-
ber que eso era, exactamente, lo que le bía de la conexión que había causado su
pasaba: no sabía qué lo hacía llorar. Ha- angustia, podía hablar primero del llanto
bían pasado pocos minutos d ese primer y luego de su casamiento pero sin inter-
encuentro. conectar ambos significantes. El aisla-
miento obsesivo jugaba ahora entre ellos
En ese punto, ante su congoja eché mano su partida.
de lo que se me ocurrió, a decir verdad, un
recurso obvio, ya que se trata del instru- La localización subjetiva –que parecía ha-
mento más habitual de las entrevistas: le ber sido lograda tan pronto- amenazaba
pregunté cuándo habían comenzado sus con ser anulada muy precisamente a partir
crisis de llanto. Si bien su primera reacción de un mecanismo de aislamiento. La eva-
fue menear la cabeza negativamente ha- luación clínica parecía resolverse pero –al
ciendo saber que no lo sabía, frente a mi in- mismo tiempo- ese modo de defensa ob-
sistencia volvió a considerar la pregunta y – sesivo amenazaba en este caso con anular
de pronto- se le ilumino el rostro, sonrió y, la temprana localización subjetiva y sacarlo
emocionado encontró la respuesta: recor- del análisis no bien arribado.
dó que el inicio del llanto había coincidido
con la decisión de su casamiento llevada a Por ello, sin saber que hacer –y echando
cabo un tiempo atrás. Pero a pesar de tener mano a un semblante de sorpresa- lo inte-
ese recuerdo casi a su disposición, ¡nunca rrumpí en su exhaustivo relato diciéndole

* Extraído del libro: Ernesto Sinatra. “Clínica de la Neu-


rosis”. 2009. Ediciones del ICBA –Buenos Aires. P.p 130

73
que todo lo que decía estaba muy bien pero taban a su niñez. Finalmente reconoció que
que había una paradoja: no fue todo lo que aun en la actualidad no podía sustraerse de
él sabía de sí lo que había logrado reducir realizarlos, rituales que abarcaban las más
sus crisis de llanto. Como verán, se trataba variadas prácticas conjuratorias.
de un desesperado recurso para recordarle
que –aunque más no fuera para sostener la Vinculó estos rituales son el padre, especial-
pregunta- él había requerido del analista. mente por el cambio que este había sufrido
en su modo de tratar a nuestro entrevista-
Esta “paradoja” permite situar el callejón do en el pasaje de la niñez a la adolescen-
sin salida que produce con su pensamiento: cia: de un padre amado y cariñoso se había
la totalización de un conjunto que el “yo del transformado en un padre odiado que sólo
discurso” pretende exhaustivo, pleno de sa- exigía de él rendimientos escolares.
ber, pero al que le faltaba un elemento-ca-
samiento-obvio para todos menos para él En un principio, cuando niño, los rituales
–que era la articulación llanto-casamiento habían comenzado como rezos para evitar
(producida, además, por la intervención de que a aquél le sucediera algo, para luego
“Otro Otro” que el clon de sus pensamien- transformarse en una compleja secuencia
tos: el analista). de oraciones que debían ser pronunciadas
siempre de la misma manera y en el mismo
Pareció conmoverse, acepto a regañadien- orden, secuencia a la que cada vez debía
tes lo que decía mientras intenso explicar la agregarle nuevos elementos, pues de lo
causa –según él la entendía- de tal paradoja contrario lo temido se realizaría.
que le señalaba. En ese punto y ante su des-
agrado porque –según manifestaba- tenía Manifestó entonces, imprevistamente, un
mucho más para decirme corte la entrevista. temor que presento en tono de queja: lle-
gar a depender del psicoanálisis, y de mí.
En la siguiente, con una sonrisa confesó En ese punto confeso que jamás creyó en
que últimamente había comprobado cier- el psicoanálisis, que solo acudió para con-
tos artilugios sobre ellas (cuando previa- formar a su esposa y que tal vez ya fuera
mente había afirmado ser una víctima del suficiente con lo andado, la sombra de una
maltrato de su padre, a quien acusaba de reacción terapéutica negativa caía sobre el
crueldad). En ese punto lloró, angustiado, cielo de las entrevistas preliminares.
al confrontarse con este sintagma produci-
do: dominio sobre el otro-crueldad. Sin decirle nada y cortando la entrevista des-
baraté su nuevo intento explicativo, mientras
En ese momento, nuevamente asomaba un que –sonriente y dándole una cariñosa pal-
indicio de localización subjetiva. mada en la espalda- me despedí de él, en lo
que fue una arriesgada intervención en nom-
En la siguiente entrevista volvió a angus- bre de un semblante paterno rectificado.
tiarse –casi en el estilo de la confesión- al
relatar, con muchas dificultades, una por- En la siguiente entrevista –con vergüenza
menorizada serie de rituales que se remon- y muchas dificultades- confesó sus “malos

74
hábitos” auto-eróticos, los que dijo haber de las entrevistas preliminares había sido
adquirido desde niño y que aún en la actua- atravesado.
lidad mantenía.
Quizás sea conveniente efectuar en este
Fue entonces que sus preocupaciones se si- punto ciertas precisiones sobre la pertinen-
tuaron en torno de lo que denomino “el pro- cia del momento elegido para tomar esta
blemático amor que siento por mi esposa”, decisión, las que nos permitirán enfatizar
mujer a la que ya no sabía si de verdad que- un rasgo que define a la práctica analítica:
ría. Al desplegar esta dificultad surgió que su carácter ético.
no era el amor por ella realmente afectado
de la relación, sino que lo eran las relaciones Hemos podido comprobar que sus crisis
sexuales con ella, siempre insatisfactorias. de llanto habían disminuido al poco tiempo
En este punto de las entrevistas, el síntoma de iniciadas entrevistas; podría pensarse
de entrada comenzó a precipitarse. que tal vez fuera esta l oportunidad para
proceder a su entrada. Sin embargo, no
A continuación, y por mi interrogación co- juzgue pertinente hacerlo; por el contrario,
mentó –casi como al pasar- que obtuvo a su es evidente que si hubiera considerado que
mujer” arrancándola de lo brazos” de otro el síntoma consistía en el llanto inmotiva-
hambre, para proseguir confesando un tor- do –tal el modo de su presentación- tam-
mento: el carácter impulsivos de sus prác- bién es cierto que debería haber finalizado
ticas masturbatorias no armonizaban con las entrevistas no bien iniciadas –ya que al
su relación conyugal. Avergonzado firmó poco tiempo esta persona pudo aliviar ese
haberse siempre burlado del psicoanálisis y sufrimiento por la conexión que estableció
sobre todo de las personas que no podían entre el llanto y su casamiento.
solucionar por sí mismas sus problemas y
que se daba cuenta recién entonces de lo De hecho estamos ante el caso de alguien
equivocado que estaba. que llega a consulta con un sufrimiento que
rápidamente se alivia (remite casi íntegra-
Nos confrontamos aquí con el relevamiento mente): se ha restituido un estado de salud
de un rasgo del obsesivo: él cree que puede anterior o lo- que es equivalente- hubo el
prescindir del Otro, que puede arreglárselas efecto terapéutico esperado. Entonces
“solo”: el autoerotismo muestra así otra faz ¿Con qué derecho continuar? , ¿En nombre
que da la del goce masturbatorio localizada, de qué hacerlo?
ahora, en el carácter. Se verifica que para lle-
gar verdaderamente al analista, algo debe Tampoco considere conveniente ese mo-
ser horadado de esta compacidad. mento para darle entra en análisis, pues po-
dría haber inducido una huida en salud ante
Una serie de sueños rubricó ese momento el “alivio sintomático” que se había produci-
de cesión de goce narcisista, en el que situó do –sobre todo tomando en consideración el
la localización subjetiva. procesamiento vertiginoso que dicho sujeto
Fue en estas circunstancias en las que pro- realizaba con el saber intentando resolver el
cedí a darle entrada en análisis: el umbral sufrimiento que lo aquejaba.

75
Este proceso logoterápico (tal la deno- cuentro sexual. Sin solución de continuidad
minación del mismo entrevistado) era el –anticipando mi interrogación al respecto-
rédito que extraía siempre de los fracasos continuo diciendo que había pensado todo
padecidos en su vida –rédito que, precisa- ese día en su mujer, que había sentido no sólo
mente, lo había alejado del psicoanálisis, que la amaba sino que (tal vez por primera
y que al mismo tiempo lo había conducido vez) la deseó con intensidad. Su conclusión:
a mantener sus “rituales” y “elecciones de repente, su amor por ella al fin le parecía
irracionales” (todos éstos fueron sus térmi- posible aunado con el goce sexual.
nos), consistían en sus verdaderos padeci-
mientos, de los cuales el llanto no era sino Por mi parte dejé transcurrir ese momen-
un indicador. to de exaltación, hasta que, a partir de una
ambigüedad en sus dichos interrumpí su
Solo a partir de este desprendimiento de relato con una interrogación. Fue en ese
términos, pudo construirse el síntoma bajo momento cuando manifestó, un “detalle”
transferencia: verificamos el diferente es- que había ocultado de encuentro: en reali-
tatuto que puede tener un angustiado llan- dad, él había finalizado su proceso de exci-
to aparentemente inmotivado confrontado tación “demasiado pronto”. Una vez más,
con la compleja e “irracional elección” de la exaltación denota la existencia de un
una mujer como la esposa de un hombre. nuevo conjunto cerrado que se pretende
Si bien es cierto que podríamos considerar exhaustivo (feliz) al que le falta un elemen-
al primero la respuesta segunda, no es me- to (“demasiado pronto”).
nos cierto que destacar la segunda vía, abre
una interrogación sobre el deseo y acerca A través de las respuestas a varias pregun-
de sus elecciones de goce. Era precisamen- tas que le formule pudo deducirse una serie
te tal interrogación la que había sido obtu- de acontecimientos encadenados en una
rada con el llanto como falso síntoma. secuencia:
1. estaba trabajando y se excitó;
Ya en análisis, surgió otro intento de huida 2. luego pensó en satisfacerse por la vía au-
en salud y que posibilitó, retroactivamente, toerótica;
poner en forma el síntoma. 3. sólo entonces recordó a su esposa, a
quien imaginó esperándolo, a su disposi-
Las primeras sesiones, durante varios meses, ción;
se centraron en el síntoma establecido amo 4. se produjo el encuentro sexual;
por su mujer mientras realizaba sus prácticas 5. y su rédito, la eyaculación precoz.
masturbatorias cada vez con más culpa.
En el relato inicial parecía sostenerse la
Hasta que en una sesión, llego en un estado “felicidad” lograda en el deseo del sujeto
de hiperexcitación y diciendo que ya estaba hacia su esposa –deseo que se habría mos-
todo solucionado, que ya podía irse, que ha- trado en el recuerdo de su presencia, de
bía finalizado su análisis. Sin dar tiempo a in- sus atributos. Pero en el despliegue que
tervención alguna por mi parte relató haber realizó, se deduce que es sólo en un mo-
sido plenamente feliz con su mujer en un en- mento posterior (3º) que su esposa entra

76
en su cadena de pensamientos habiendo La propina, un caso de neurosis
sido precedido por una excitación repen- obsesiva*
tina (1º) y por una intención masturbato-
ria (2º). Es por dicha razón, que al llegar al Por Julieta Ravard
esperado acto sexual (4º) se manifiesta un
cortocircuito de goce autoerótico (5º) en el Voy a referirme a un inicio de análisis en el
preciso lugar del goce sexual pretendido. que la pregunta por el diagnóstico de es-
tructura no era clara en principio, dada la
Esta secuencia denuncia una desmentida gravedad de los síntomas persecutorios y
a su de clamada “felicidad conyugal”: la delirantes, en cualquier otro contexto clí-
eyaculación precoz devuelve rápidamente nico hubiesen justificado un diagnóstico
al órgano el goce que había condescendido de psicosis.
(tan sólo por unos momentos) a pasar por
el cuerpo de un mujer. Asistimos, de este La sintomatología que trae el analizante ,
modo, a la puesta en forma del síntoma en para la cual espera una repuesta, -no duda
la entrada en análisis luego del trabajo pro- que el Otro logre salvarlo- y el tema del
ducido en las entrevistas preliminares, he- pago me permitieron orientarme y movili-
mos visto fracasar el intento voluntario de zar la dirección de la cura, aun ante su cons-
un hombre por curarse de la imposibilidad tante amenaza de un pasaje al acto.
de su amor, mediante la puesta en juego de
un goce que lo condujo a confrontarse, fi- Esta búsqueda de salvación aparece como
nalmente, con un síntoma a su medida. una demanda de significación. Hay inscrip-
ción de la metáfora materna y del Otro de
la ley, pero de una ley que lo abandona y lo
deja a merced del goce mortífero del Otro.
La ley es, precisamente, ley in absentia.

Opté por un diagnóstico de neurosis ob-


sesiva, aunque no sin preguntarme que lo
hace un caso tan grave, en el que apare-
ce el significante invadido por el goce: lo
real, qué lo clava-que lo significa- y a la par,
hace que se deslice hacia ideas paranoides
y unas terribles ganas de morir.

Comienza queriendo olvidarse del dinero:


intenta pagar dos meses por adelantado,
cosa que no acepto y, en consecuencia, du-
rante un tiempo no me paga.

* Extraído del libro: La envoltura formal del sín-


toma-1989.Autores Varios. Que hacer del analista. Ed
Manantial. P.p 95

77
Viene al análisis para que le ayude a salvar tirle del despojo y la invalidez a la que se
algo, empezando por su matrimonio; lue- somete. No vacilo en intervenir para impe-
go aparecen el trabajo, los estudios, etc.., dirle firmar un documento perjudicial, pro-
ante los cuales se declara como un inválido, ducto de una maniobra que le haría perder
despojado e impotente. Es su posición ante la patria potestad sobre sus hijos; y para
el Otro. que recupere su sueldo, retenido desde
que comenzó el análisis. Estas interven-
Su mujer quiere la separación pero él no la ciones arrojan sorpresivamente un resto.
acepta a pesar de no amarla, y dice que de Al recuperar su sueldo, me paga con un
quien quiere divorciarse es su suegro que, cheque cuyo monto incluye un excedente
después de haber sido padre amoroso, se enigmático. A pesar de su insistencia. No
le presenta ahora como una figura persecu- acepto el dinero de más y esto lo descon-
toria muy odiada y temida. Tanto que pasa cierta: se trataba de una propina por mis
las noches armado de un palo, esperándo- buenos servicios. De nuevo vuelve a dejar
lo. En el análisis oscila entre el amor y el te- de pagarme.
mor a mis intenciones: constantemente se
da vuelta a mirarme. Ha recobrado lo que podía salvar, y la se-
paración está consumada. Su angustia y
Sufre de una serie de síntomas que lo ago- su dolor aumentan; me reclama, y se re-
bian: lleno de rituales y prohibiciones, clama, no haber podido salvar su matri-
paralizado en su trabajo, padece una an- monio. No quiere a su mujer, pero debe
gustia muy fuerte que le impide comer y unirse de nuevo a ella porque supone que
dormir. Surgen en él con frecuencia conju- ése es el deseo de su padre muerto, quien
ras y maldiciones que luego le hacen sen- le manda un mensaje a través de un sue-
tirse muy culpable. Duda de las intencio- ño de su hermana: que no se divorcie. Este
nes de todos. mensaje del padre se presenta como una
clave para comprender lo que él llama su
En las primeras entrevistas comienza a ha- salvación, pues Ie impide separarse de
cer crisis el asma de Ia infancia, junto a una algo que lo mantiene al capricho del goce
larga lista de enfermedades que demandan del Otro. Quiere salvarse de la muerte, y
mi respuesta: una serie de trastornos físi- ello sólo Io logra manteniéndose impoten-
cos de cierta gravedad que, siendo joven, te. Con frecuencia, se aleja durante varias
le hacen aparecer rengo y achacoso como semanas del análisis y se va a descansar
su madre hipocondriaca. Ella insiste siem- a su pueblo y, como dice, a conseguir un
pre en que no olvide su asma. Nudo de modo de pagar sus deudas. Se desplaza
síntomas y repetición de su neurosis infan- entre el análisis, medicamentos, brujería
til: siempre ha estado sometido y lleno de y religión.
odio.
Me informa que, después de los trámites ci-
Hay un llamado de auxilio en su demanda viles’ se ha dirigido al tribunal eclesiástico
angustiosa: pareciera no tener salida ante para obtener la disolución del vínculo matri-
acciones limite en las cuales hay que adver- monial: como no puede mantenerlo, intenta

78
disolverlo. Busca un Otro divino que le di- la idea fija: “ojala se mueran estos viejos
suelva el vinculo que supone transgresor. Y malditos.” Esta idea de muerte’ la del otro
si es culpable de transgresión: vive inmerso o la le atormenta desde su infancia. En
en el goce. Confiesa entonces su gran cul- este recuerdo repetido surge brutalmente
pa: quitarle a Ia iglesia una novia de Dios. el goce del Otro personificado en ambos
Su mujer se disponía a pronunciar sus votos padres: acepta someterse, se deja amarrar
cuando él la conoció. Y ella, a pesar de des- para ser golpeado hasta el cansancio. Ama-
preciarlo, es para él, una virgen al servicio rrado a ese goce, el cómo resto, es un error
de Dios. Las demás son ninfómanas y pros- de cálculo.
titutas. No hay alternativa en su relación
con las mujeres. Desde mi negativa a aceptar sus propinas
había dejado de pagarme. Además de ha-
Algunos datos de su historia parecen re- cerle pagar por sesión, le recuerdo su deu-
velar esta particular relación indisoluble, da, no dejo que la olvide. Esto lo descon-
entre el significante y el goce. Aparece un cierta’ pues en su cálculo errado’ su ilusión
punto de real insalvable, modo de repeti- era mantener conmigo una relación no in-
ción aceptada por el; vivir una condena, teresada’ esto es’ en su caso, escapar de la
es la orden superyoica. Es nieto e hijo de violencia.
hacendados, caciques de pueblo que impo-
nen a sus hacendados una ley violenta. A Me supone un goce de espectador de su
sido marcado -como se marca una res- con parálisis: con Ia propina-lo único que puede
el menosprecio. dar-intenta esclavizar el otro a su angustia,
encegueciéndolo para que lo compadezca,
Objeto de burlas y apodos por parte del pa- a él, un inválido que tiraniza al otro con sus
dre, todo hombre se le presenta siempre demandas. No encuentra otra salida.
como un perseguidor violento. Esa violen-
cia, no es empero, caprichosa como la de Mis intervenciones le provocan cortocircui-
las mujeres. Su madre es violenta también, tos, tiene que mantener suturados S1 y S2,
acostumbrada a mandar, y él se ha someti- no escucha, trastabilla, pierde el hilo. El,
do: es su esclavo. Se mata haciéndole fa- que habla en un lenguaje depurado y retó-
vores que ella recompensa con propinas y rico, que acude al diccionario en busca de
quejas sobre su ineficacia. Lo tiene a su ser- palabras nuevas, ante mi pregunta acerca
vicio como uno más de los niños que recoge de por qué no trabaja, adopta un lenguaje
para criar y poder golpear. Identificado con plagado de modismos del campo, para ex-
la madre, tan solo puede manifestar su me- presar su molestia por mi incomprensión.
nosprecio, dar propinas o propinar golpes.
Hay una escena de su infancia que recuer- En su discurso, y en relación transferencial,
da insistentemente en la cual la madre lo empiezan a anudarse más claramente sus
amarra a un árbol para darle sus lecciones identificaciones y persecuciones deliran-
de aritmética. A cada error de cálculo se le tes. Se pregunta si existe alguien no inte-
propinaba un latigazo. Al cansarse la madre resado, al menos uno que funcione como
esta hacía que el padre continuase. Tiene padre apaciguante y que no se transforme

79
en una figura persecutoria que le propina La acción sintomática. “La búsqueda
golpes hasta el cansancio. Ya que alguien de una mirada”*
espera su muerte con interés.
Por Marcela Piaggi
Aparece entonces, en el curso del análisis,
una escena fantasmática que pareciera or- El tratamiento consta de dos tiempos: el
ganizar los meses de tratamiento. Comien- primero, que dura un año y medio; con un
za entonces que comenzado a frecuentar año de interrupción retoma a comienzos de
iglesias donde, extasiado, contempla al 2006 hasta la actualidad.
Cristo agonizante en la cruz, mirando al
cielo y diciendo: Padre, por qué me has Es interesante el modo de urgencia con que
abandonado? En tus manos encomiendo se inician ambos momentos de la consulta.
mi espíritu…. Más allá del doble imagina- Aparece en esos dos tiempos, aunque de
rio y de la identificación al ideal, percibo modos diferentes, la irrupción de un sínto-
en ello una clave fantasmática, clave cuyo ma; llamémoslo goce homosexual. Lo lleva
desanudamiento y desciframiento supo- a preguntarse compulsivamente por si es o
nen una larga travesía. no gay; llega a situaciones donde la duda
compulsiva lo lleva al acto y a un acrecen-
Pareciera que este padre-Dios, S1, falla, lo tamiento de angustia consecuente. Podría-
abandona y el acepta la condena en esta mos entenderlo como un modo de respon-
elección forzada que toma la figura del in- der sintomáticamente a la pregunta por el
válido en silla de ruedas o muerto. ¿De qué ser, con los signos característicos de una
quiere salvarse? ¿De la condena a muerte y neurosis obsesiva: duda, comportamiento
vivir inválido? ¿O de esta condena terrenal compulsivo, sentimiento de culpabilidad. O
ilusoria para llegar a la verdadera vida? En bien, tratarse de una interrogación por su
todo caso, la opción lo convierte en héroe, identidad sexual, más allá de la modalidad
un héroe sin deseo que elige el del Otro obsesiva con que se presenta.
materno.
Trataré de ubicar algunos datos sin ninguna
elaboración teórica con el fin de facilitar la
discusión del caso.

I. Primer período
a. La urgencia subjetiva

El paciente consulta, según su decir, “por


ataques de pánico”. Está en tratamiento
psiquiátrico, medicado desde hace unos
meses. Manifiesta que el primer episodio
se presenta en un asado con amigos, del
que tuvo que retirarse para estar solo: el
baño se le presentaba un lugar seguro.

* Extraído del libro: Nieves Soria Dafunchio. In-


hibición, síntoma y angustia. 2009 Serie del Bucle .
Buenos Aires-Argentina. P.p 255

80
Siente un “descontrol” en el cuerpo, teme pibe de mendigo a millonario, salí de la
lo que digan de él. Dice que se va a volver tumba en la que estaba, para mí es im-
loco y que ese descontrol lo va a llevar a portante la limpieza.”
hacer algo malo, en relación a la muerte,
repite: “¿Y si pierdo el control?”. Se queja b. De marica a puto
también de síntomas corporales de opre-
sión en el pecho, agitación y palpitacio- De chico se nombra como un marica sobre-
nes. protegido por su madre, era débil, se sentía
encerrado en el barrio de monoblock. “Mi
Al momento de consulta se estaba mu- mamá me hacía dormir la siesta con ella.
dando de la casa paterna. Está de novio Los chicos del barrio se reían de mí. Ellos
hace unos años con una compañera de afuera divirtiéndose y yo sufriendo; todo
trabajo, dice: “doy gracias por haberla vestidito de verde iba a los Boys Scout”.
encontrado, me salvó de no ser cien por De adolescente empezó a fumar marihua-
ciento puto, en ella encontré algo que no na, dice: “me descontrolé”. Explica que le
buscaba”. Quiere vivir solo para no dar cuesta vivir solo, que tiene mucho tiempo
explicaciones, no rendirle cuentas a na- para pensar: “Necesito una especie de es-
die de sus cosas. tructura que me sostenga”.

Alejandro, de veintiséis, años es el me- Depende de lo que digan de él, se siente


nor de cuatro hermanos; las otras tres influido por la palabra del otro, y afirma
son mujeres, la menor le lleva once años. que tiene que darles explicaciones por
Vivían en un barrio muy humilde. Cuan- cada decisión que toma. Intervengo pre-
do él tiene dieciséis años la hermana me- guntando por que tendría que estar dando
nor, última en casarse, abandona la casa explicaciones todo el tiempo. Se ríe y dice
paterna. El padre se jubila y él queda a en chiste: “Bueno, la doble vida del pibe”
cargo de ambos progenitores. Del padre Al pedirle que hable de la doble vida, se ríe
comenta que “siempre estuvo distraído nuevamente y explica que no se siente a
con el alcohol y había que ir a buscarlo al gusto con los valores que tiene, pero que
bar. Me daba vergüenza en el barrio. No el dinero es lo fundamental, que con eso
se ocupaba de mí”. pudo arreglar todo lo que lo avergonzó es-
tos años.
A los dieciséis años deja la escuela se-
cundaria y comienza a trabajar pese al Le subrayo, “avergonzado” y en la asocia-
desacuerdo de su madre: “un laburo muy ción habla de una oportunidad en que en-
físico como ganado. Comencé a ganar gañó a su novia, aclarando que solo con
mucho dinero. De no tener nada pasé a ella tuvo relaciones sexuales a los veintidós
ganar más que papá”. Dice haber com- años. Siempre se sintió inseguro de enca-
prado todo nuevo para la casa, ya que se rar una mujer; “no sabía cómo resolver la
avergonzaba del descontrol, la pobreza y situación, qué hacer. Tenía miedo a fallar.
desprolijidad de su hogar; lo que le impe- No sé cómo llegué a contarte todo esto, el
día llevar amigos del barrio. Expresa: “el show debe seguir”.

81
Al destacar lo dicho, dice que el show es sos- tenía que ponerme a prueba, me quedó una
tener una estructura que no existe, y que si duda, una cierta excitación, dominar la si-
esto cae teme abrir una puerta y después tuación, que el puto sea el otro. Después
muchas más. Comienza a hablar de dudas me dio $10, me sentí un muñeco.” Parecie-
sobre algo que lo cuestiona y mortifica cada ra ir más allá del síntoma obsesivo clásico,
vez más, pero lo hace para sentirse más ya que avanza sobre la duda y la lleva al
hombre. Se refiere a experiencias sexuales acto. Alejandro dice buscar a los hombres
con hombres. Recuerda una traumática de para ponerlos en la situación en la que él
sus siete años. Destaca:” fui visto por los estuvo en esa escena de la infancia, domi-
chicos más grandes. Ahí se me vio de una narlos, así prueba ser el hombre. Pero pa-
manera, más adelante me quise mostrar de ralelamente piensa que quizás éste sea un
otra. Tenía los pantalones bajos, yo estaba modo de engañarse y que lo repite porque
en posición de mujer, el que parecía una mu- le gustan los hombres. Sin embargo, dice
jer era yo. Al otro no le decían puto, a mí me que después del episodio sexual queda va-
decían: el puto no juega a la pelota”. Esta cío, no se siente de carne y hueso, sino una
escena se solidariza con una pregunta que le especie de muñeco con reacciones sexua-
hace un chico del barrio: “a vos, ¿con quién les. Lo compara con las relaciones sexuales
te gusta estar?, ¿con las mujeres o con los con su novia, donde dice sentirse a gusto,
hombres?”Yo decía con los hombres y me y emocionalmente bien. Pensamientos que
cargaban más, no entendía, creía que si de- se oponen y lo torturan constantemente.
cía con la mujer era puto. Pensaba ¿qué les
tengo que decir para jugar con ellos?” Piensa en términos cuantitativos: “tan-
tos hombres, tantas mujeres, entonces sos
Descubre entonces que es esta pregunta puto.” Le señalo la contradicción en su decir,
que le hace el joven lo que lo martiriza. en el intento de dominar al otro, como con-
Estos pensamientos se hacen constantes secuencia queda como un muñeco, más bien
en su actividad mental durante muchas reeditando lo padecido. Comienza a asociar
horas al día, y reeditan la pregunta de la en relación a “ser el muñeco”, se pregunta
infancia. Cuantifica permanentemente por sus relaciones familiares, particularmen-
las relaciones que tuvo con hombres y te con su madre. Queda probado su lugar de
con mujeres. Va por la calle tratando de “muñeco”, no solo en la relación con los hom-
descubrir qué siente frente a un hombre o bres, sino también para sus hermanas y su
mujer con los que se cruza. Los compara madre, por diversos recuerdos y en particular
y entra en la duda: ¿soy o no soy gay? por la escucha de una conversación manteni-
da entre una hermana y la madre, donde se
Buscaba situaciones que lo enfrentaran enteró que lo tuvieron “sin querer”, que fue
a esa pregunta que lo llevaba a mantener “una experiencia de padres ya mayores”.
siempre la duda abierta. Cuenta sobre un
encuentro casual con un hombre a los die- Luego de un período de tratamiento, cede
ciocho años, donde la persona se baja de un la pregunta por ser puto y los síntomas cor-
taxi, lo mira, le pregunta la edad, y le deja porales. Al tiempo seguidamente de las va-
la dirección de su local. Cuenta: “sentía que caciones no retoma el tratamiento, decide

82
dejarlo, ya que decía sentirse bien. Había ir a buscar la situación dolorosa, no la puedo
comenzado a estudiar una carrera y planifi- controlar”. Cuenta esta vez la manera com-
caba ir a vivir con su novia. Consiento la de- pulsiva en que sale a buscar encuentros con
cisión alertándolo que aún había mucho por los hombres, empieza a inquietarse y va con
trabajar en su análisis. la bicicleta a parques o va a baños públicos
donde sabe que puede hallar encuentros
II. Segundo período sexuales, dice:” me excita que me miren al
El show que ya no se sostiene masturbarme”. Describe y compara las re-
laciones con hombres. Ahora se centra en
Al año y medio aproximadamente llama la mirada: “no sé si es la mirada o lo que se
con mucha urgencia para retomar el trata- me arma en la cabeza, lo que el otro piensa
miento. Comenta que todo se “desbordó” a de mí. Es la mirada del juez que me juzga.
partir de un almuerzo de trabajo donde se Me cuesta sentirme hombre en la mirada
comentó que a un compañero lo dejó la no- de la mujer. Yo busco esa mirada en la mu-
via por ser gay. Explica que necesita seguir jer y no la encuentro, pienso: no sirvo como
adelante el trabajo analítico, ya que se dio hombre. En el hombre no es algo que busco,
cuenta que había cosas que él omitía en el lo encuentro.” Lo relaciona con una mirada
tratamiento anterior y que ahora va a tener que no tuvo: la de su padre.
que hablar a pesar de los temores. Estos
pasan por darse cuenta de que no quiere Pasa un largo periodo del análisis hablan-
a la novia, o admitir algo que no es. Dice: do todo el tiempo de su duda por ser puto
“me da miedo pensar que se me nota.” Le y su pensamiento compulsivo. Las inter-
digo: “¿Cuál es el problema?” venciones apuntan a conmover esa fijeza,
por ejemplo diciéndole: “De eso ya habló”
La sesión siguiente dice que se sintió muy o “Qué gusto tiene en volver a escenas del
angustiado, pero que pudo parar de pensar pasado”. Comienza a hablar de la “Corte Su-
y empezó a respirar, “me voy a poner de un prema de Justicia”, esto es a su decir, quedar
lado que siento que no estoy, esa identifica- expuesto a un juicio permanente por si sus
ción me viene de afuera”, ya que emocio- pensamientos son malos o buenos. Esto lo
nalmente señala estar bien con las mujeres atormenta y lo deja en un callejón sin salida.
y sexualmente mejor con los hombres; pero
en este último caso se siente vacío, sin con- El significante “ser puto” va quedando aso-
sistencia luego del acto sexual. Lo descri- ciado a otros significados y se despega de
be como una masturbación, no le interesa homosexual: débil, sensible, frágil, sentirse
involucrarse afectivamente. Explica: “Es expuesto frente a la mirada del otro. Co-
como un juego fetiche. El muñequito que no mienza a hablar de qué es un hombre para
quería mirar fue mirando, pero no me ter- él, lo nombra “macho”. Tiene un sueño con
mino de sentir bien. Lo que comenzó como la analista: “Soñaba que estaba acá y que en
un juego, siendo niño, continuó, no lo pude el papel ponía: droga si-no, sexo si-no. Des-
parar, pero ya soy adulto y el juego sigue. pués me daba un librito, un souvenir. Tenía
Nunca me conformo, siempre vuelvo a po- nombres con los pacientes que tiene. Había
nerme en la situación de chico, siempre es la foto de un hombre rasgada, una cara de

83
mujer, y al final el nombre de todos y el mío, Cambió de trabajo, después de muchas
Ale”. quejas en donde se sentía sometido, en una
posición infantil, sobre todo ante la mirada
Deja de buscar el encuentro real con hom- enjuiciante del jefe. A la vez trabaja en for-
bres. Pero cuando su novia, se rehúsa a te- ma independiente diseñando páginas web.
ner relaciones sexuales, busca un encuen-
tro virtual con ellos. Sucede algunas veces
hasta que uno le pregunta si él es realmente
gay, expresa: “Cuando me vio hombre cerré
la página y no me masturbé, me hizo bien.
Luego volví a chatear como una charla entre
amigos, no en el sentido sexual”. Se repite
un pensamiento: la necesidad de ponerse a
prueba ahora con una mujer; esta ideación
cae con el trabajo analítico. Toma en cambio
el camino de historizar la relación con muje-
res en su adolescencia.

Al tiempo compra un departamento con


su novia casi por decisión de ella y parale-
lamente comienza a plantear dificultades
sexuales con ella, ya que le da indicaciones
de cómo seducirla, lo que le impide sentirse
hombre. Se pregunta por su modo de abor-
dar la mujer sexualmente. Aparece la falta
de palabras en los encuentros. A partir de
un comentario de un amigo sobre la infide-
lidad a su mujer dice: “Me hubiera gustado
ser amigo de él antes de los veinte, él sabe
de técnicas de estar con mujeres”. Esta últi-
ma parte del análisis está centrada en estas
dificultades ya no sobre su identidad sexual
sino en relación a otro y la posibilidad de
construir diferentes modos de relación con
las mujeres.

Retoma un trato diferente con su familia,


considera conversaciones que nunca había
tenido con su hermana menor, aconseján-
dola por su fracaso matrimonial. Descubre
que la versión materna del padre no coin-
cide con la propia que está construyendo.

84
“Olvidé bajar el tren de aterrizaje…”* dos llegan en hileras antes del crepúsculo
ya que la mayoría no tiene autorización
Por Juan Criscaut, Juan Carlos Indart y para aterrizar sin luz. Yo sí, pero le cuento
Ana Nemaric que antes había ido al aeroparque de Za-
rate…ya estaba en el final…a 500 metros,
Aníbal es un hombre de 55 años que se bajo los flaps y el tren…En ese momento
presenta a una única entrevista, por reco- uno siente que se “ensucia” el avión-así
mendación de un psiquiatra que le sugiere se dice en el lenguaje nuestro-baja la ve-
consultar a un psicoanalista. Ese psiquiatra locidad…se frena…en ese instante veo
pertenece a un organismo oficial que otorga que hay otro avión que está haciendo el
y controla las habilitaciones para volar. circuito-circuito lo llamamos a la vuelta
ya reglamentada que hay que hacer antes
Comienza diciendo…” Vine por el Institu- de aterrizar-bueno… ¡ese avión estaba ha-
to, soy yo piloto civil. Lo hago por placer ciendo el circuito al revés! Y entonces tuve
desde hace mas de 15 años en forma regu- que hace el “escape”-como se dice cuan-
lar…La habilitación se vence una vez por do se está por aterrizar y hay que volver a
año y culmina con un examen psicológico. remontar por algún inconveniente-bueno,
Según eso uno pasa a la entrevista, en la yo lo hice. Si no lo veía podría haber ocu-
que me indicaron venir a verlo. El motivo rrido algo grave…cuando hay visibilidad
es que este año cometí una omisión gra- de día, uno tiene la posibilidad de ver y
ve…olvidé bajar el tren de aterrizaje…fue debe guiarse por la visión.
hace cuatro meses. Cuando me hicieron el
estudio me pidieron el test del arbolito… Pero ése no se formó en un buen curso; hay
ese de las manchas…y también un elec- algunos que se hacen aviadores y aeroclu-
troencefalograma. Me preguntaron si me bes y vuelan a la criolla. Bueno…volví a Don
hago tratar. Les dije: “¿De qué me tengo Torcuato. Indique que iba a aterrizar y me
que tratar si ustedes no me han dicho por- dieron el segundo turno, o sea que delante
que tendría que tratarme?”…Yo…salvo el mío había otro avión por aterrizar. Debía
no bajar el tren de aterrizaje…porque yo prestar atención visual al que estaba delan-
me siento bien. te a los otros que tenía detrás. Le aclaro
que todos los que estamos sobrevolando
“No he tenido nada últimamente. Hace dos en los últimos momentos de claridad, te-
años me separe de un socio, luego de trein- nemos el mismo circuito de radio; o sea,
ta años de sociedad. Para mí esto es una recibimos los mismos mensajes del con-
novedad…nunca tuve que hacerme atender trolador que está en la torre…escucho que
por psicólogos. Ahora si me siento mal…me le dicen al de adelante que achique el cir-
siento bombardeado. Según el cuerpo psi- cuito, que apure el descenso. Solicita que
quiátrico, yo tengo un impedimento…pero enciendan las luces porque hay bruma y les
lo del tren fue un olvido…”. recomienda…recomienda a todos que ten-
gan cuidado porque además hay helicopte-
“Ud. Me dirá: ¿Por qué me olvide? Fue pro- ristas en las proximidades maniobrando en
pio de la secuencia de ese memento. To- un helipuerto cercano…”.

* Extraído del libro: Vigencia de las Formaciones del In-


conciente. Juan Carlos Indart y Col. 1997. Ed. Vigencia-
Buenos Aires. P.p 86

85
Se detiene como esperando que el psicoa- crítico en que usted tenía que ubicarse entre
nalista anote, este le dice: “Si me está espe- varios para descender, mientras el controla-
rando, no lo haga, no me está dictando, esto dor les daba indicaciones, usted hablo como
no es una entrevista en el Instituto”. si no fuesen también para usted, como si
fueses para los otros. Usted dijo: “Solicito
Se ríe. “Tiene razón…sigo. Bueno, veo que que enciendan las luces…les recomendó…
aun el de adelante esta lento…entonces yo recomendó a todos”. O sea que usted pare-
acciono las bombas eléctricas que se po- cía estar en otro circuito.”
nen antes de aterrizar, y si bien tendría ahí
que haber bajado el tren de aterrizaje, no lo El paciente responde reflexionando: “Aho-
hago. Yo no lo puedo comprobar visualmen- ra que me dice eso, lo relaciono con que, un
te por medio del espejo instalado en las alas rato antes del accidente, había pensado que
que permite ver el tren…Yo siempre pienso el controlador era de los nuevos, y que po-
que no debe dejarse librado a la memoria el día no tener mucha experiencia… o sea que
chequeo del aterrizaje porque uno puede ol- yo estaba como colocado desde el lugar de
vidarse por la ansiedad o el simple error; y él y no atento a lo mío…Incluso… eso de no
por esa razón tengo al lado una cartilla con salir corriendo del avión accidentado y que-
los pasos a seguir, la rutina… Pero en ese darme pensando en los demás, no en mi…
momento de poca luz no se puede leer. La es que en especial, desde que deje de tener
bruma, el tema de los helicopteristas…sien- socio, pienso que soy yo solo el responsable
do varios hay que seguir las indicaciones del de todo… En mi casa igual. Que si yo no tra-
controlador…lo cierto es que yo aterrice… bajo…ni mi señora ni mis hijos, que son chi-
y…fue el desastre. Omití algo…me di cuenta cos, trabajan…”
cuando empezó a chocar la hélice con la pis-
ta. Pude igual llegar y el avión se detuvo… Comentario
cuando se paró me agarre la cabeza…sentí
vergüenza, amor propio…me desespere El testimonio clínico presentado, ofrece,
pensando en los otros que por esto tuvieron como olvido, aristas particulares, y permite
que ir a aeroparque o a Ezeiza-pues cuando abordar el estudio de ciertos problemas de
hay un accidente se cierra inmediatamente la modernidad, que enriquecen la psicopa-
la pista-. Sentí una gran vergüenza porque tología de la vida cotidiana.
nunca pude aceptar como la gente puede
olvidar bajar el tren de aterrizaje. Es igual Plantea en su seno una controversia: La tec-
que disparar un arma por accidente y herir nología producida por la ciencia se rige por
a alguien…Creo que lo justificó, pero no me principios que exigen como condición defi-
lo explicó. Quizá fue por falta de poder de nitoria, exactitud y eficacia; el sujeto está
concentración..., En el Instituto me dijeron regido por su falta esencial constituyente y
que tengo angustia y algo de agresividad.” los semblantes con los que la vela. ¿Cómo
conciliar esta antinomia?
Llegado este punto el analista señala lo si-
guiente: “En su modo de relatar, me llamo la La ciencia inicia su camino en Occidente hace
atención que cuando describió el momento ya casi cuatro siglos. La razón constituye su

86
brújula y su mayor aspiración es dar cuenta su sentido.
de los acontecimientos bajo leyes univer-
sales, despejando al máximo la pregnan- Estos lenguajes cerrados y codificados de-
cia imaginaria y pretendiendo subsumir finen con exactitud los imposibles en la
lo real bajo lo simbólico. El psicoanálisis medida en que la ciencia, en la elaboración
ha requerido para su advenimiento el na- de su saber, establece para los mismos una
cimiento de la ciencia y sus postulados. coherencia lógica a la que el operador debe
Freud y Lacan no han sido ajenos a esta atenerse eficaz y estrictamente. De esta
aspiración legítima de fundamentar cien- manera, quedan excluidas de las reglas de
tíficamente al psicoanálisis. Lacan llevo al manejo tanto la posibilidad de implicacio-
cuasi matema sus postulaciones esencia- nes imaginarias, como la alternativa de
les sin pretender, sin embargo, universa- adosar ingredientes de la singularidad del
lizar al sujeto; por el contrario, afirmo la sujeto. En su operatoria, el ordenador tie-
singularidad del uno por uno, logrando ne una secuencia preestablecida en las que
“conectar algo de lógica en el dispositivo la omisión de un paso puede acarrear serias
creado por el psicoanálisis”. consecuencias.

De la ciencia se han derivado aportes tec- El sujeto queda forcluido y funciona en


nológicos que han revolucionado la vida relación a los mismos como un engranaje
cotidiana del sujeto; uno de ellos, la auto- que complementa al sistema con su acción
matización de los comandos de las maqui- exacta, quedando en posición de objeto,
nas. Lacan en su escrito “La agresividad esclavo del ordenador. ¿Tienen alguna sin-
en psicoanálisis”, del año 1948, brinda una gularidad los errores producidos en el mar-
reflexión crítica y premonitoria acerca del co de los lenguajes artificiales de la infor-
lugar en el que quedaría confinado el suje- mática? ¿Serán propiamente formaciones
to en un mundo signado “por esas máqui- del inconsciente?
nas modernas de pensar”. En su tesis V, al
referirse a los fenómenos modernos, des- El interés de abordar la discusión sobre
taca la promoción del yo acorde a la po- este testimonio clínico reside en principio,
sición utilitarista del hombre que lo lleva en deslindar de qué tipo de olvido se trata.
a realizarse cada vez más como individuo. Si de aquellos devengados por la operato-
Asimismo, se pregunta si la problemática ria de la represión, tal como los propone
del amo y el esclavo encontraran solución Freud, o si se trata de otro tipo de olvido
en el servicio de la maquina “para que una producido por el nuevo malestar que intro-
psicotécnica (…) se dedicara a proporcio- duce la tecnología en la cultura, al asignarle
nar conductores de bólidos y vigilantes de al sujeto un lugar particular en sus medios
centrales reguladoras”. Señala crudamen- de producción.
te, que el hombre de la sociedad moderna
es una víctima conmovedora, sentenciado La observación indica que un operador, lue-
a la formidable galera en su calidad de su go de muchas horas de trabajar articulado a
ser de nonada, para quien el psicoanálisis un sistema cibernético, produce errores aun
tendrá como tarea abrir de nuevo la vía de cuando tenga una vasta experiencia.

87
Retomando el relato del paciente, este de la máquina, pudiendo reemplazar tem-
designa su traspié como un olvido. To- porariamente al conductor, pero requiere
mándolo puntualmente, nos retornan las para su operatoria al individuo como com-
preguntas más arriba enunciadas y algu- plemento indispensable.
nas consideraciones. Por un lado, como
se ha visto en capítulos precedentes, no Abordaremos el estudio del testimonio
todo olvido es la resultante de un saber clínico paso a paso. Dividiremos el mis-
inconsciente que ha sido reprimido, re- mo en tres tiempos. Uno sin división sub-
tornando vía la sustitución, creando una jetiva y dos tiempos en los que el sujeto
nueva significación. produce divisiones subjetivas que deno-
tan cualidades diferentes. La primera en
El borramiento de un significante puede relación al objeto y al lazo social que pau-
producir efecto sujeto, pero homologar ta su trabajo, y la segunda en relación al
automáticamente olvido a represión seria significante y al lazo social que oferta el
desconocer una de las propiedades del sig- psicoanálisis.
nificante que Lacan enuncio así: “Oblivium
,es lo que borra. ¿Qué borra? El significan- Tiempo 1): El Olvido
te como tal. Aquí volvemos a encontrar la
estructura basal que hace posible, de ma- El piloto se presenta a su entrevista sin
nera operativa, que algo se encargue de la muestras de angustia, expresando el pla-
función de tachar, de rayar, otra cosa. Ni- cer que le produce volar. Relata no haber
vel este mas primordial, estructuralmente, tenido problemas a lo largo de su trayec-
que la represión (…) a este elemento ope- toria hasta que se produce este episodio
ratorio del borramiento, Freud, desde el (olvidar bajar el tren de aterrizaje), que
comienzo, lo designa con la función de la constituye para él una “omisión grave”.
censura. “Entonces, pensar a todo olvido De este primer tiempo consideraremos
como formación del inconsciente nos indu- tres secuencias:
ciría al error de considerar que todo termi-
no olvidado seria recuperable por vía del le- a) El primer descenso: a plena luz del día el
vantamiento de la represión. U justamente piloto efectúa eficazmente los pasos pre-
cuando el significante ha devenido signo o vistos para el mismo y ante la emergencia
letra, en los lenguajes artificiales, es cuan- de una situación inesperada- un avión ate-
do su borradura no implica representación rriza a contramano- recurre correctamente
ninguna del sujeto. a su saber realizando el escape, que era lo
indicado para esa circunstancia. Observa-
El caso presentado se refiere a una perso- mos, en esta secuencia, que los obstáculos
na que conduce aviones, sistemas automá- presentados fueron sorteados con acierto y
ticos que se sofistican y complejizan día a exactitud.
día, perteneciendo a la zona de los dispo-
sitivos de signos a lo Dedekind. Son di- b) El segundo aterrizaje: se ubica al anoche-
versos. Uno de ellos, el piloto automático, cer, donde los requerimientos son otros. El
mantiene el rumbo, la altura y la velocidad piloto atiende a las múltiples indicaciones

88
del controlador de la torre tratando de las serias consecuencias que un error en
hacer todas las previsiones del caso, pero la operatoria de estos sistemas automáti-
olvida un paso, no baja el tren de aterri- cos puede producir.
zaje, cuestión de la que se percata en la
solitaria pista por el ruido que la hélice Concluimos que este primer tiempo es un
produce al golpear contra el cemento: el tiempo sin sujeto. El aviador opero como
desastre. complemento del ordenador, desde su
posición de objeto. En su relato enuncio
Tomando en consideración estas dos se- claramente las exigencias a las que debió
cuencias, se verifica que el sujeto está ope- someterse en su tarea y reconoció que
rando articulado al lenguaje artificial, ob- su omisión fue perjudicial para él, ya que
servando puntualmente los pasos a tener perdió su brevet de aviador, arriesgando
en cuenta, hasta que olvida uno. El mis- incluso su vida, y para el resto de los pilo-
mo paciente dijo: “¿Usted me dirá, porque tos que esperaban su turno para aterrizar
me olvide?”, agregando afirmativamente: y debieron dirigirse a otros aeropuertos.
“Fue propio de la secuencia de ese momen-
to.” Con sus palabras el piloto da cuenta Sin embargo, y a pesar de las consecuen-
de una verdad de los lenguajes artificiales: cias que provoca el olvido, no le adjudico
estos, como tales, no están inscriptos en el ningún sentido ni se interesó en indagar
inconsciente. De manera que las preguntas si en el mismo habría algún saber incons-
que nos vuelven una y otra vez, cobran más ciente o algún efecto de represión que
fuerzas: ¿podría tratarse de una formación pudiera haberlo suscitado. No paree tra-
del inconsciente que el sujeto, por resisten- tarse de un hallazgo que promueva la pro-
cia, se negara a reconocer y valdría la pena ducción significante, lo que nos permite
señalárselo? ¿Cómo hablar de formación pensar que este olvido no es del orden de
del inconsciente en un lenguaje donde el una formación del inconsciente. A nues-
significante no representa a un sujeto para tro criterio, el olvido en cuestión pareciera
otro significante? tener el estatuto de un borramiento del
significante, tal como dijo el paciente: “ol-
c) Para evitar posibles olvidos teniendo vidarse por ansiedad o por simple error.”
en cuenta las exigencias de su trabajo,
nuestro aviador había diseñado el recurso Tiempo 2): Advenimiento del Sujeto
de tener a su lado una cartilla detallada
con todos los pasos a seguir, a la mane- Tras el relato minucioso de la secuencia
ra de una operación matemática, donde de los sucesivos aterrizajes, el paciente se
ningún paso (instancia) puede ser obvia- extiende en relatar el sentimiento que lo
do en la deducción, tratando de prever y embargo después de su desafortunado ac-
eliminar el factor humano en tanto error. cidente, producto de su olvido. Ese olvido
La cartilla elaborada por Aníbal conlleva- que cree justificar, pero que no se explica,
ba, evidentemente. La intención de evi- le produjo una gran vergüenza y desespe-
tar el posible afloramiento de la división ración. Ambos sentimientos estaban en re-
subjetiva, ya que el mismo sujeto conocía lación al Otro.

89
El olvido no es lo mismo que su evidente dicaciones del controlador, recordándoles
división subjetiva ante la mirada del Otro. sus propias palabras: “les recomendó…, les
En esas circunstancias y respecto de ese solicito…, recomendó a todos…”
Otro, se toma la cabeza entre las manos y
no sale corriendo de su avión tal como lo El paciente toma esta puntuación en su
indican las reglas de seguridad; presa de dimensión interpretativa, y relanza su dis-
una gran vergüenza, recordó en su relato curso desde otro sesgo. A partir del lazo
la severidad con que juzgaba a sus pares, social que ofrece el psicoanálisis, el sujeto
al decir: “¡nunca pude aceptar como la produce una nueva división subjetiva, que
gente puede olvidar bajar el tres de ate- nada tiene que ver con su olvido, y si con
rrizaje!”. su posición subjetiva. Su discurso adquie-
re un tono reflexivo y la pregunta gana la
Este episodio confronta al aviador con la escena cristalizando una serie de cuestio-
novedad de ser sujeto de su inconsciente. nes atinentes a su condición de sujeto, ad-
Su actitud lo sorprende y lo confronta con quiriendo el valor de algo nuevo para él.
el advenimiento del Otro como falla y ha- Comienza a pensar y a preguntarse sobre
llazgo, cuestión que lo rebasa, introducien- su dependencia en relación a la demanda
do la problemática del sujeto. del Otro, sobre su posición de garante del
Otro.
La vergüenza no parece haber sido produ-
cida por el olvido mismo, sino porque su Retoma algunos aspectos de su acciden-
falta se puso en evidencia ante los ojos de tado aterrizaje, recordando una notable
los espectadores casuales de ese momento distracción durante la segunda secuencia,
En este sentido, la respuesta avergonzada en la que se reconoce identificado al con-
de Aníbal nos permite pensar que nos en- trolador de la torre, posición esópica en la
contramos ante un sujeto sorprendido de que se ubica y que lo sustrajo momentá-
que sus semblantes caigan desaprensiva- neamente de su tarea. Recordó, asimis-
mente ante la mirada del Otro, quedando mo, haber pensado en los demás y no en
al desnudo su falta. él; olvidando no solo lo establecido por
los reglamentos, sino arriesgando su pro-
Tiempo 3): La Pregunta pia vida en un posible incendio del avión.
Se preguntó entonces: “¿Por qué siempre
Llegando al final de la entrevista, el ana- pienso en los otros?”, línea en la que se
lista, que hasta ese momento dedicaba inscribe la vergüenza, que lo lleva a descu-
su escucha al detallado relato del pacien- brir como depende del Otro en su sujeción
te, introduce una acertada puntuación a la imagen que pueda brindarle.
sobre un detalle que implicara un nuevo
sentido-sin sentido para el paciente. Esta pregunta, que toma consistencia, lo
lleva a indagar también por el peso que
Le señala que él, en su narración del acci- le significa responsabilizarse por todas
dente, al describir el momento crítico, no las demandas, tanto familiares como la-
se implicaba como destinatario de las in- borales.

90
En este tercer momento, ante la posibili- Los negocios de la señorita “X” *
dad de la puesta en juego del dispositivo
analítico, surge la pregunta y el despliegue Por Fabián Schejman
de una problemática de tono obsesivo que,
tal vez, puede precipitar oportunamente Se trata, en lo que sigue, de situar las
una entrada en análisis. coordenadas de la entrada al dispositivo
analítico de una analizante, recortando la
operación de interpretación que ocasiona
ese paso y sus efectos, ya que no hay fran-
queamiento del umbral del análisis que
nos e sancione por la interpretación del
psicoanalista… la verdadera, queremos
decir, la que no se distingue de su acto.

Se verá, además, que esa misma opera-


ción funciona de bisagra entre una trans-
ferencia previa a la entrada, que asegura
la estabilidad de las significaciones en las
que la sujeto se adormece, y el despliegue
ya en el dispositivo, del trabajo de transfe-
rencia, del trabajo analizante, con sus con-
secuencias en el plano sintomático. Pasaje
no sin angustia que señala la apertura a lo
insondable del deseo del Otro. Finalmen-
te indicaremos algunos derroteros por los
que se deslizaron en el desarrollo de la
cura, ciertos significantes producidos en
ese inicio, y su relación con determinada
formación fantasmática.

I.- Una mujer de negocios

Hace unos años llega a mi consultorio una


empresaria.

¿A qué viene esta mujer de treinta y pico,


esta mujer de negocios, soletera, envuelta
ese día de lluvia con ese piloto un tanto mas-
culino, y casi sin poder soltar su maletín?

A contarme sus dificultades con los hom-


bres.

* Extraído del libro: Fabián Schejman. “La Trama del


Inconsciente” 2006. Serie del Bucle. Buenos Aires- P.p
103

91
Vacilando en un comienzo, aunque más Ahora bien, en estos primeros meses en
decidida luego, me relata en sus primeras que la queja y cierta resignación por la
entrevistas, en qué consisten esos percan- desdichada situación se pasea por sus en-
ces. X.- así voy a llamarla- se mueve en un trevistas ¿Qué de su relación con ese otro
mundo de varones. Su ambiente, su hábitat joven que es su analista? Porque conviene
natural, son las oficinas y allí por lo gene- destacar que este rasgo de juventud no
ral los conoce. Los hombres con los que se fue descuidado por X, en la elección de su
relaciona son siempre jóvenes. Hombres psicoanalista, al contrario. Como se pue-
de negocios o profesionales, artistas o des- de adivinar, ni corta, ni perezosa, la sujeto
ocupados, a veces extranjeros otras pro- inserta a su analista, en la serie de estos
vincianos, pero constantemente jóvenes. “jóvenes saca-billetes”, por medio de un
Esto es, más jóvenes que ella. procedimiento tan sencillo como bien dis-
puesto.
Y algo más. Esos jóvenes invariablemente
cuentan con recursos económicos menores Habíamos acordado por entonces que X pa-
a los de X. Y eso la conduce, inevitable- garía sus sesiones mensualmente. Por cier-
mente según dice, a tener que mantener- to, que para ella estos no sería una dificul-
los. “Soy -me asegura con tristeza- una tad, ¡tan desbordante de dinero que decía
vieja-mantiene-pendex”. estar! Sin embargo, llegado el día en que
debía realizar su pago, muy acongojada y
Su desazón consiste en volver a toparse ex- esgrimiendo en cada oportunidad la justifi-
trañamente tras cada encuentro amoroso, cación del caso, X. abonaba todas las sesio-
con esa única intención en su partenaire: nes del correspondiente mes… menos una
sacarle algo de dinero. Está claro para ella, o dos, que terminaban acumulándose a las
que solo la quieren por su dinero. Y que va del siguiente. Y así, mes a mes, se repetía
a hacer… X. que es una mujer de negocios, la misma circunstancia.
acepta esta situación a cambio de amor.
¿Quieren su dinero?, Pues bien, ella quiere Poco a poco, y por su conexión con cues-
que la amen, que satisfagan sus necesida- tiones que le ocurrían con su partenaire de
des. Sexuales, se entiende. turno, se fue volviendo claro que, con esas
sesiones impagas, X. garantizaba la ubi-
Así se presenta esta mujer de negocios cación de su analista entre estos jóvenes
relatando en los comienzos de su análisis interesados en su billetera. De este modo
sus desventuras amorosas. Quejándose daba consistencia aun Otro acreedor, que
de la desgracia de no encontrar más que no quisiese otra cosa, más que los billetes
jovencitos interesados en sus billetes, que ella misma retenía.
pero aceptando la situación a cambio del
trueque expuesto. Por qué no lo iba a ha- Mientras la dimensión anal de este proce-
cer, si en estos tiempos todo se compra y der iba poblando sus relatos, se tornaba
se vende. evidente que esa posposición indefinida
del pago de una o dos sesiones a lo largo de
II.- Los negocios con su analista los meses, era el cebo para que el deseo del

92
Otro se degrade en demanda. Ella permitía niobra, es la irrupción de un discurso en el
que le metieran el dedo en el… ¡pero que ni que X. no solo reivindica su derecho a pa-
una brizna del deseo del Otro se introduje- gar cada una de sus sesiones sin excepción,
ra en sus negociados! Efectivamente, ésta sino en el que despliega su preocupación
era una mujer de negocios. por las repercusiones que ocasionaría se-
mejante intervención en el nivel económi-
Así se sucedían las entrevistas y con el rui- co de su analista, en sus gastos, y hasta en
do de fondo de esa transferencia a la situa- su alimentación, de generalizarse con otros
ción analítica de su “desgracia del ser”, las pacientes estos “métodos”.
puntuaciones del analista tendían a ensan-
char los resquicios por donde se filtraban Pero su perorata que había comenzado
-pese a sus esfuerzos- las señales de un casi con un tono de cuidado por la econo-
deseo que, proveniente de estos jóvenes mía de su analista, fue transformándose
que la rodeaban, escapaba a su “empresa” hasta alcanzar un nivel de enfado y pro-
entrópica de la degradación del deseo del testa furiosa, que solo se detiene por la
Otro en demanda. Era notorio su afán por súbita aparición de un lapsus que rubrica
desconocer las ocasiones en que era desea- los efectos de la intervención, en la trans-
da más allá de su billetera. ferencia. Es que la paciente entre sollozos
y no sin sorpresa, puede oírse exclamar.
Pero esta vía casi siempre se demostraba “¡¿Pero por qué no te puedo pegar esa se-
inútil. Rápidamente la hiancia abierta por sión?!”. “Pegar…?”, le pregunto. Y doy por
la intervención del analista era cerrada por finalizada la sesión.
un cumulo de explicaciones razonadas y
concienzudas, que resolvían así la angustia III.- De la angustia, al síntoma, a los nego-
apenas esbozada por el surgimiento del de- cios con su hermano
seo del Otro, devolviendo la cuestión a su
ya trillado: “si… pero solo me quiere por mi La sesión que sigue, tal vez la primera en
dinero”. sentido estricto, X. trae a su análisis dos
elementos que ella misma sitúa conecta-
Fue por entonces, luego de transitar a nivel dos con lo ocurrido la anterior.
de la táctica otros senderos, en una de esas
oportunidades en que X. debía realizar su Comenta en primer lugar un sueño, en el
pago mensual, y reiterándose aquel expe- que se encuentra en su cama, desnuda y a
diente de pagar todas las sesiones en cues- oscuras, cuando repentinamente la asalta
tión menos una, que se le hace saber a la el sentimiento muy vivido de cierta presen-
paciente que la sesión que dejaba impaga cia, angustiante, que se le aproxima, junto
en esa ocasión no iba a tener que abonarla. a una sensación común en ella -que no he-
Se le arrebataba de este modo, por primera mos mencionado hasta aquí de unos esca-
vez en sus casi siete meses de entrevistas, lofríos que se dan en situaciones bien preci-
su codiciado saldo deudor. sas, pero ahora en el sueño. Se levanta de
la cama, y choca con un hombre, que dice
El efecto inmediato que provoca esta ma- no poder reconocer.

93
Despierta angustiada y con el mismo esca- nando el despliegue de la pregunta anali-
lofrío. zante por la causa. Pero a la vez se presen-
ta ya como una respuesta ante la angustia
Ante mi inquisición, agrega que aquel hom- desencadenada, ahí donde la significación
bre bien podría haber sido su analista, y cristalizada, se resquebraja.
que está sintiendo en ese preciso momen-
to, aquel escalofrío. En segundo lugar, X. afirma que el lapsus al fi-
nal de la sesión anterior –“pegar” en lugar de
Digamos por ahora, que el sueño sanciona “pagar” – le evoco, inmediatamente al salir
con angustia el encuentro con el deseo del del consultorio, ciertas escenas infantiles en
Otro, allí donde la intervención analítica no que ella le propinaba verdaderas palizas a su
convalida la significación rutinaria, y crista- hermano, dos años menor. Hermano que de
liza en la transferencia, en que ésta sujeto este modo aparece como aquel al que susti-
se preserva adormecida, su “me quieren tuyen todos estos “jovencitos” con los que se
por mi dinero”. relaciona. Se entiende “cobran” en su lugar.

Pareciera producirse así, un viraje: “Si no me Pero, como veremos, ese “pegar” no ha
quiere por mi dinero, entonces… ¡¿Qué me agotado aun toda su significación.
quiere?!”. Surgimiento de angustia… bajo
transferencia. Que expande sus efectos, im- IV.- La “inversión” del fantasma: La hija
poniendo la pregunta por el deseo del Otro, golpeada
aun por fuera del consultorio del analista,
trastomando sus relaciones con los hom- Aproximadamente un año después, algunos
bres, dominadas por sus “negociados”. de los significantes producidos en esos pri-
meros meses de su análisis, se deslizan por
Agreguemos aquí que el “escalofrío” (pre- senderos impensados hasta entonces, condu-
sente por triplicado: en el sueño, al des- ciendo a X. a la revelación de un fantasma muy
pertar, y no menos importante, durante el preciso, lo que nos permite ceñir mejor, por
relato del sueño, desde el diván -ejemplo sus efectos menos inmediatos y retroactiva-
escheriano por el que el relator se introduce mente, la entrada en análisis que suponemos.
en el cuadro que describe-) forma parte de
una serie de síntomas que se van precipitan- X. llega cierta sesión lamentándose por
do y poniéndose en forma en la transferen- dos sucesos que le acontecieron durante
cia al analista. Serie de la que se destaca, la esa semana.
entrada en escena de una “frigidez”, un cier-
to “sentirse fría”, que comienza a perturbar Primero, un problema odontológico, ligado
sus relaciones amorosas. Algo que nunca le a su proverbial mala dentadura: “Siempre
había ocurrido con anterioridad, que la in- tuve problemas con los dientes -comenta-,
terroga como un enigma, y que no tarda en es lo que más sufrí de mi salud. Ahora tengo
asociar con aquel escalofrío. dos fundas que se mueven… pero se ve que
no me pudieron pegar bien la pieza proviso-
Esta expansión sintomática va condicio- ria. Me vuelve loca eso…”.

94
“Que no me pudieron pegar bien…”, se le Se anudan pues, retroactivamente, el choque
subraya. con el hombre desconocido del sueño, un “bes-
tia” que la atropella violentamente y le pega
Y refiere a continuación, que el otro hecho tal golpe que la “da vuelta”, con esta imagen
que pensaba detallar, seguramente se vin- masturbatoria de “la hija golpeada” enlazada
cula con lo señalado. con los ya conocidos escalofríos, revelando su
posición masoquista en el fantasma.
Relata entonces el accidente automovilís-
tico que sufrió en la semana, por el que se Por otro lado, este fantasma aclara otro
pequeño 133 “quedo todo golpeado”: “Me rasgo que X. destacaba en los hombres con
chocaron -dice-, un Torino. Un bestia, me los que se vinculaba. Además de “jóvenes
atropello. Iba al cumpleaños de mi ahijado con escasos recursos económicos” debían
-el hijo de su hermano- y al otro se le resba- ser “arremetedores”, más aún “atropella-
lo el auto… le fallaron los frenos. Yo venía dores” en lo que al sexo se refiere.
despacio, pero me pego tal golpe… que me
da vuelta el auto…”. Posición invertida, entonces, respecto de
aquella de la que se queja, en el fantasma
Una vez mas de le puntúa: “Me pego tal es ella quien “cobra”: Tal su “inversión”.
golpe… que me da vuelta”.
V.- Las carabelas de Colón: la Pinta, la Niña y…
Luego de un prolongado silencio, la pacien-
te termina esa sesión narrando lo que dice Nos referimos ahora a un recuerdo ulterior
habérsele ocurrido en ocasiones anteriores, que X. evoca de modo peculiar, y que pre-
pero que por vergüenza callo. Una serie de cisa mejor el fantasma de la hija golpeada.
fantasías que, comenzando por la de una
mujer siendo golpeada, o sometida por la En cierta oportunidad en que habla, como
fuerza y violada, culmina en la prevalencia de costumbre, de los hombres que la sedu-
de una imagen muy particular que acom- cen, X. destaca la importancia de “la pinta”
paña su masturbación desde la infancia: la en aquella atracción… Deberían ser “tipos
fantasía de una niña -aunque no ella- en una cancheros, tener pinta…”.
bañera, siendo golpeada por su padre. “Un
padre pegándole a una chica -relata- y la hija Ahora bien, a partir del insistente “la pin-
toda desnuda, en un baño, en una bañera. ta”, la asociación libre la conduce al olvido
Un padre pegándole a una criatura y la chi- de un nombre: “la pinta… la pinta y la Niña.
ca se escita cuando el padre la toca. Es un Las tres carabelas de Colon… ¿Cuál es la
cretino, si lo tengo cerca mío lo reviento… otra de las tres carabelas?” -se pregunta.
Con el tiempo llegue a pensar que era un pa-
dre y yo, tal vez era yo, pero yo no estaba Y de este modo, el trabajo analizante viene
en la imagen. Algo en mi quiere un poco de a desembocar por fin en una escena, en don-
violencia… y después pienso si soy sádica o de efectivamente se encuentran “la niña y la
masoquista. Es terrible, me da como escalo- pinta”… aunque “la pinta” termine siendo allí
fríos. Siempre me asuste con esta imagen”. “la punta”. Se trata de un recuerdo de muy

95
“niña”, del tiempo en que vivían en una úni- su pago, se despliega, como se ha visto, en
ca pieza. Ella afirma haber visto a su padre, el marco de una transferencia ya instala-
“bajarse de la cama, en la oscuridad, en da. Transferencia de la condición de goce
calzoncillos… en slips”, y aproximarse a la sobre la relación con el analista, que ase-
suya: “No recuerdo haberlo visto de cuer- gura el adormecimiento de la analizante
po entero -dice… porque de golpe, estaba al amparo de esa significación coagulada,
mirándole el sexo… No se si no le vi la pun- rutinaria y universal, que aporta en último
ta… el bulto”. Agrega que nunca volvió a término su fantasma.
encontrar a su padre “tan atractivo” – “con
tanta pinta”- como aquella vez, aunque Interpretación entonces, bajo transferencia
desde ahí no pudo dejar de sentir un gran -y no de transferencia- pero que, orientada
temor por él. en este caso en el sentido de la puesta en
cuestión del goce fantasmático allí transfe-
Ese “de golpe estaba mirándole el sexo”, rido -aunque soportado por meses-, no con-
incorpora nuevos elementos al fantasma siente la firme “desgracia de ser” de la sujeto,
de la hija golpeada, ya que ahora X. puede ni avala la “resistencia del alma” al deseo del
añadir, que muchas veces era el pene –“la Otro, revelando de éste su sin sentido, no sin
punta”- el instrumento del que se servía el efecto de angustia que le es correlativo.
ese padre para golpear a “la niña”.
De este modo, la apertura de la dimensión
En cuanto a la tercera carabela señalemos, sintomática en relación con el par “Frigi-
por fin, que X. recuerda, en el fondo de esa dez-escalofríos” testimonia el punto en
escena, a su madre. Quien, según sus di- que el goce del fantasma -ese que soporta
chos, paree desentenderse de lo que ocu- desde su infancia la sexualidad de la suje-
rre, ya que abandonada en la oscuridad por to- es “tocado” por la operación analítica.
su esposo cuando este deja la cama, cual En tanto que la producción del significan-
“Santa María” aparenta no tener ninguna te “pegar” en el lapsus, sancionado por la
apetencia sexual. Pero los negocios a los puntuación interrogativa subsiguiente y
que esa madre se dedica entre tanto, no se- por el corte mismo de la sesión, anticipa la
rán parte de este trabajo. ulterior revelación del fantasma.

VI.- Interpretación, síntoma e histeriza- Finalmente, si se entiende que es aquella


ción del discurso dupla: “frigidez-escalofríos”, lo que ubica-
mos aquí al nivel del síntoma que se abre
Si la interpretación no es de la transferen- en análisis, podríamos preguntarnos si no
cia, puesto que la presencia del analista, es a partir de ahí que podemos hablar en
que la soporta, constituye precisamente lo este caso de la tan mentada “histerización
“ininterpretable”, está claro que su eficacia del discurso en la entrada al análisis”. Y si
propiamente analítica se apoya en ella. no debiéramos suponer que esta conlleva-
ría la localización del goce en su “hábitat
Así, la maniobra por la cual no se le cobra a original”: el cuerpo. Ya que el goce lo es, en
X. esa sesión de la que pretendía posponer sentido estricto, del cuerpo.

96
Paso necesario sobre todo en la neurosis Jugarse lo que sobra. Acerca de un caso
obsesiva, donde el sujeto parece transitar clínico. *
por un mundo de puros significantes, des-
entendido del goce del cuerpo, protegido Por Mariela Coletti
por su armadura palabrera -al modo del ca-
ballero inexistente de la novela de Calvino-, Se trata de un hombre de 45 años que acu-
y preocupado tan solo por la contabilidad de diciendo “Vengo por un problema que
de sus negocios. tengo, que hay que ver por dónde viene.
Provengo de una familia de jugadores. Hice
otras terapias y nunca asistí más de 2 me-
ses. Nunca pude dejar de jugar por más de
15 días.

No juego descontroladamente: yo juego lo


que me sobra”

Hace casi 30 años que juega sistemática-


mente entre 3 y 4 veces por semana, siem-
pre a escondidas de su pareja o familiar
cercano. Si bien no acumulo deudas impa-
gables, nunca pudo comprarse nada. Tiene
un buen trabajo y no tiene casa, ni auto, no
viaja, casi no se compra ropa, no hace rega-
los, nunca paga una cena.

El dinero que no usa para subsistir, lo gasta


en el casino. Es un hombre alto, robusto y
atlético, con un sobrepeso de 20 kilos. Está
en pareja desde hace 10 años con una mujer
que tiene dos hijos, el vive en la casa de ella.

El nunca quiso tener hijos, pero actualmen-


te quiere, y su mujer no tanto.

¿Porque consulta en ese momento?

La reciente muerte de su madre, que era


jugadora de cartas, lo precipita a una re-
flexión: “Ahora no tengo nada propio” y eso
se articula a un creciente deseo de tener un
hijo, para poder sentir que tiene algo pro-
pio. También dice: ¿Para qué juntar dinero,

* Caso cedido por la autora a quien agradecemos.

97
comprarme cosas, si no tengo heredero? faltar a dos sesiones, cuestión que me lleva
Además, lo que califica como su locura de a llamarlo para que vuelva, y por primera
juego, empieza a incomodarle. Con su mu- vez dice: “Quiero seguir con la terapia”.
jer hacen intentos de embarazo por fertili-
zación, que son fallidos. Podemos decir que algo de ese momento
inauguró la transferencia, no sólo en el sen-
Podemos advertir cómo se organiza la co- tido de entender su padecimiento sino de
yuntura de su consulta: el duelo por la muer- mostrarle su actividad en ese padecer.
te de su madre, el juego y la paternidad.
II.- Un padre que no se priva
I.- Desbocado
El padre de R. fue un comerciante bastante
Las preguntas que más lo inquietan no tienen exitoso, que jugaba póker en su casa cada
tanto que ver con el juego, sino con la inhibi- fin de semana. R. entre el humo del tabaco
ción. Dice querer arrancar con algo y no po- y las cartas, miraba la escena extasiado.
der, no animarse a buscar lo que quiere. En
el ámbito del casino ocurre exactamente lo Fumaba sin parar, y fallece cuando R. tenía
inverso: se desinhibe tanto que descontrola, 8 años.
juega a lo loco. El llama a eso “desbocarse”,
lo cual se articulara a otra cuestión: el comer. “Mi padre me amaba con locura pero nun-
Come en forma voraz, a escondidas. Tam- ca se privó de nada, su muerte no fue por
bién lo articula al hablar, se siente inhibido de azar” dice.
decirle cosas a los otros, cosas que piensa que
pueden molestar, o diferir. Prefiere entonces Entonces ¿qué lugar tenia R para ese pa-
mirar para otro lado y darle el gusto al otro. dre?
Intervine diciendo que R ocupó (en su fan-
Así, siente que fue renunciando cada vez tasía) el lugar de la sobra del padre, lugar
más a sus gustos, que fueron quedando en- que reactiva, cada vez que juega “lo que
capsulados en estas prácticas solitarias y le sobra”, modo de alcanzar algo de ese
desbocadas, de carácter autoerótico. amor-odio al padre.

Mientras “cumple” con todo, se guarda lo Esa intervención lo sacude, no había pensa-
que piensa, o quiere, siente que no puede, do en ese aspecto egoísta del padre.
con los otros; paralelamente “hace todo lo Su recuerdo de los 8 años es: “Yo miraba TV
que quiere” a solas, pero con culpa. y cuando me avisaron de su muerte, seguí
mirando como si nada”
En la cura, mientras se desplegaban las condicio- Expresión paradigmática: frente a las cuestiones
nes subjetivas de R., en determinado momento dolorosas o de fracaso, él mira para otro lado,
hago una intervención de corte diciéndole: -Ju- negándolas. “Me hago el bobo” dice. A partir de
gar y comer así parece una masturbación- su muerte todo cambió, los acreedores venían a
cobrar, tuvieron que ajustar mucho su nivel de
Intervención que lo deja helado, lo lleva a vida, y él tuvo que “calzarse el traje del padre”.

98
III.- Una mujer-madre R. comienza a conocer otras mujeres, cuando
Durante el tiempo de entrevistas, su fasti- advierte que siempre le gustan las mujeres que
dio con la mujer fue creciendo, el hijo que son madres, y lo relaciona con su pubertad.
no lograban concebir, la revisión de su his-
toria, lo precipitaron más al juego. Se sen- Recuerda que las chicas lo atemorizaban, él
tía más ansioso, más culposo, ya que ella era muy gordo y “las veía pasar”, y siempre
ignoraba su actividad. se quedaba con la mamá.
Dice: “Mi mamá era para mí, intocable”
Mantenían cuentas separadas y ninguno Intervengo remarcando que las intocables
preguntaba al otro. Estaba claro que tam- son las mujeres, como su madre. Las respe-
poco R sentía por esa mujer una atracción ta demasiado. Esa intervención abre el ca-
sexual, sino que sentía que ella lo cuidaba, mino para que R se anime a salir y a disfru-
como una madre. R se negaba rotunda- tar de lo que hasta ese momento no podía:
mente a tener entrevistas vinculares, por lo el cuerpo de una mujer.
que opté por seguir individualmente.
“El gordo y la madre”, goce sumamente au-
Al poco tiempo toma la decisión de sepa- toerótico, se conmueve y arrastra también
rarse, creyendo que así también dejaría el algo del goce del juego. Se van desanudan-
juego. do las palabras de la actividad pulsional. La
reafirmación de su virilidad lo entusiasma
Califica a esta decisión como la primera de su y lo aleja del casino, ya no siente lo mismo,
vida. Se alivia de separarse y comprueba que pierde cada vez más fuerza.
sólo puede sostenerse, eso lo fortalece. Pero
también comprueba, que ahora juega sin es- La adrenalina se desplaza, hasta que se
conderse, entonces se pregunta: “¿Qué otra encarna en una mujer, que lo excita pero
cosa hago que me guste, además de jugar? No a la vez lo enloquece, como el juego. Ante
encuentro respuesta. Me siento un muerto en cualquier conflicto, se precipita otra vez a
vida. Jugar es algo demasiado familiar para mi” jugar y a comer. Son raptos de locura, que
responden a su dificultad en la relación con
¿Puede ese goce auto erótico encontrar la mujer. Se enoja con todo eso.
una vía menos mortificante? ¿Es posible Mantiene una relación de algunos meses y
para el que haya otras formas, menos inhi- en una crisis se separa nuevamente dicien-
bitorias de vivir, para darle lugar al placer? do: ella me domina y no quiero.

El juego empieza a perder intensidad de Corta a la vez con una rutina antigua: en el vera-
goce para él y frecuencia, ya no siente lo no, se preparaba unas vacaciones en “libertad”
mismo, lo piensa dos veces antes de ir, pasa con playa, soledad y juego a diario. En esa oca-
semanas sin jugar. sión se termina ese plan que incluía un contrato
laboral, porque renuncia, y se queda, sin la mu-
Paralelamente va perdiendo peso, sin hacer jer y sin el verano libre. Muy angustiado, pide
una dieta se ordena algo en su manera de co- sesiones extras y sorpresivamente para él, no
mer y adelgaza, en unos meses como 15 kilos. siente ganas de ir a jugar, y ni siquiera piensa en

99
eso. Esto se mantiene durante largos me- mirar a las mujeres, no les habla, solo mira.
ses, mientras la ansiedad fue cediendo,
pero también la adrenalina. Esa mirada, que tuvo lugar en variadas es-
cenas, en el póker del padre, en el anuncio
IV.- Vivir sin tanta adrenalina de la muerte, en las chicas que veía pasar,
R. empieza a preguntarse porque necesita en el juego de miradas del póker, etc.
vivir así, siempre excitado por algo, entre la
euforia y la abulia. El trabajo con este paciente en entrevistas
semanales llevó un año hasta su separación
Comienza poco a poco a hacer lo que antes conyugal, otro año hasta que corta con la
no se atrevía, una actividad artística, visi- rutina de juego (no definitiva) y otro año
tar lugares, conocer otras personas, usa el donde lo va dejando del todo. Lleva más de
dinero para comprarse cosas. El dinero co- 3 años de terapia.
mienza a tener un significado diferente.
Considero que este caso nos enseña que el
El vacío, el silencio, los desencuentros con goce autista (jugar, comer, mirar) puede ser
el partenaire, los dolores, comienzan a ser tratado para que el sujeto haga una apues-
aceptados por R, lo mismo que sus deseos, ta por el deseo, que es incierto, no siempre
que cada vez cobran más materialidad. satisfactorio, pero que hace su vida mucho
más vivible, y lo enlaza al Otro.
Finalmente conoce a una mujer que acepta
su propuesta, ella lo desea y quisiera tener Ese goce, si bien no desaparece, se acepta,
un hijo, convivir con él. se incorpora, se canaliza y reduce su accio-
nar mortificante.
R. siente mucha ansiedad, pero está muy
contento, puede acercarse a lo que tanto
quería. El juego deja de ser un lugar único
y privilegiado, ahora R está muy ocupado,
el dinero tiene un destino preciso, más allá
de su bolsillo escondido. Su proyecto, su
deseo por una mujer lo mueven hacia otro
lado.

El exceso se dosifica, pero no desaparece.


Si bien R. asegura que el juego es algo que
no retomará nunca, hace un año que no
juega y sabe que de esas historias familia-
res quiere diferenciarse.

Sin embargo lo escondido se mantiene, no


le cuenta a su nueva mujer de su “vicio” y a
veces, de vez en cuando, va a un boliche a

100
El diagnóstico diferencial en nombrarla. Cuando Juan tenía 10 años la
psicoanálisis madre sale deesta casa, deja a Juan un
tiempo con una tía y posteriormente va a
Por Gabriela Urriolagoitia y María vivir con la madre y elportero de un cole-
Elena Lora gio, al cual asistía él. Para el sujeto “todo
comienza” el momento enque aparece
I.- Motivo de consulta. Juan llega a la con- este hombre en la vida de su madre, dice
sulta aquejado por un tormento que vive que empieza a sentir vergüenza de que sus
con relación a su apellido, dice temer que amigos piensen que es el portero (porque
un abogado le quite el apellido, el cual no vive ahí).
es el de su padre biológico, sino el de su pa-
drastro quien lo reconoce a la edad de 17 Concretamente la vergüenza por el apelli-
anos. do surge cuando le empieza a gustar una
chica a los 13 años y el piensa que a ella
El sujeto acude al abogado ya que pensaba no le va a gustar. En los entrenamientos
que había algo en sus papeles, con relación deportivos le dicen “Molle” (abreviación
al apellido, que no estaba en orden, por lo del apellido), no le gusta cómo suena y
cual ante la insistencia de sus familiares, deja de entrenar. En este momento usa
decide consultar. el apellido de los padrinos. A los 16 anos
la vergüenza se intensifica y piensa que al
A partir de este momento la idea de que el ser un apellido “aimara y no español” iba a
abogado le quite su apellido se torna per- ser un obstáculo para conseguir cosas en
secutoria y cargada de una gran ansiedad y su vida, a raíz de esto a los 17 anos, su pa-
tormento. Piensa que el abogado escucha drastro decide darle su apellido, momento
conversaciones que tiene con personas, o en el cual se desencadena el tormento de
que está en lugares a los que el frecuenta, las ideas para Juan.
etc.
III.- Sobre el padre.En un inicio Juan pen-
Esta idea persecutoria aparece sobre todo saba que solo había salido de su madre, no
frente a situaciones de culpa que vive el se imaginaba que tenia papa y dice que se
sujeto relacionadas con la sexualidad. Por sentía raro porque solo tenía mamá, se pre-
haber hecho cosas malas, como castigo, guntaba por qué los niños tenían dos ape-
puede perder el apellido. llidos y dos papas. Hasta sus 10 años que
vive en casa de sus padrinos, la que va al
II.- Vergüenza del apellido materno.Juan colegio es la madrina. A los 16 anos pregun-
es hijo natural, por lo cual lleva el ape- ta por primera vez por su padre y la madre
llidomaterno. La madre trabajaba en una le cuenta que el tenia una tienda, que han
casa como mujer de servicio. Los dueños estado juntos, que él (Juan) ha salido de
de casason los padrinos de Juan y el cre- ahí (de ese encuentro), y que el padre se
ce diciéndoles papa y mama, a la madre le ha negado. Juan se rehúsa a hablar del pa-
dice por elapodo que todos usaban para dre porque no se ha acordado de él y lo ha
abandonado.

* Extraído de: Revista Ajayu, 2006 Vol. IV No. 2.Uni-


versidad Católica Boliviana. P. p 244

101
Para el sujeto el padre viene del cielo, De esta manera Juan descubre que es así
como el no tenia padre le decía padre a como vienen los niños al mundo, cosa in-
Dios y se sentía protegido. De hecho Dios aceptable e incomprensible para él; ya que
es una figura muy importante en la vida antes de esto pensaba que los niños venían
del sujeto. A inicios de este ano la madre por la bendición del cura en el matrimonio,
lo lleva al pueblo donde vive el padre, no a tantas gotas de agua tantos hijos. El sos-
quiere conocerlo porque teme que quiera tiene que la raíz de todo es la vergüenza
recuperarlo y que le quite su apellido. No (que se inicia ante el encuentro de la mama
sabe como nombrar a este padre. Se ve con este hombre) y el haber descubierto
que es un punto no resuelto en la historia que los niños vienen cuando se juntan un
de este sujeto hombre con una mujer. A partir de esta es-
cena, la sexualidad cobra también un tinte
A lo largo de su vida va haciendo diferen- de curiosidad para Juan, empieza a ver fo-
tes intentos de nombrarlo y de construir un tos con mujeres desnudas que le muestran
padre: padrino, gordo (al que no puede de- chicos mayores y a los 13 años se masturba
cirle padre), papa verdadero (el que le da su por primera vez, al respecto comenta “no
apellido), papa biológico. Papa verdadero pensaba que se me iba a salir” “era un pla-
es porque él lo ha llamado hijo, pero de el cer bien único”.
también teme que le quite el apellido.
A esto prosigue una actividad sexual ca-
IV.- Su infancia.Para Juan en su infancia racterizada por la medición del pene entre
todo era lindo, podía responder en sus es- los chicos del colegio, para Juan todos lo
tudios, tenía su lugar (un banquito en el tenían más grande, eran chicos más gran-
que se sentaba), dormía con su mama. Sus des. Comenta que de los más chicos, se ha-
hermanas lo bañaban, lo alzaban. Comenta cían la burla, los agarraban y los escupían.
que no sabía por quien decidirse, la mama Un chico le dice “Con esta cosita no vas a
o la madrina. hacer nada”. Otra vez la portera lo agarra
“justo de aquí” y le dice “no había tenido,
V.- La sexualidad.La aparición de un hom- que barbaridad”. A los dieciséis años escu-
bre en la vida de la madre, presentifica para cha “el que se masturba no crece, las chicas
Juan el primer encuentro con la sexualidad, prefieren a los altos” y deja de masturbarse
para él es “empezar a abrir los ojos”. Hasta porque “quería crecer”.
entonces pensaba que “solo existía el hom-
bre” las niñas hacían pis de paradas (por- En torno a esto me pregunto: será que es-
que tienen pene)” “las relaciones sexuales tos dichos alrededor del falo cobran para el
eran por el trasero”. sujeto un estatuto de oráculo que determi-
nan su relación al tener? Juan esta siempre
A los 11 anos ve a la madre teniendo relacio- del lado del menos: poco dinero, baja posi-
nes sexuales con este hombre, sobre lo cual ción social, desventaja frente a los demás
dice que no puede aceptar porque actúan profesionales de su carrera, un apellido que
como animales. Además cree que la mama no le alcanza para poder conseguir una mu-
está sufriendo y que la están lastimando. jer, tener hijos y tener éxito en la vida.

102
VI.-Las prostitutas y las otras mujeres. VII.- Sus ideas y persecuciones.Concre-
Juan tiene su primera relación sexual con tamente la vergüenza por el apellido ma-
una prostituta a insistencia del cuñado terno surge a los 16 años cuando pregunta
quien le sugiere que es lo que necesita para por su padre. A raíz de esta vergüenza es
dejar de pensar en el abogado. Comenta reconocido a los 17 años que es cuando
que la primera vez sentía miedo, estaba empieza la persecución de perder el ape-
forzado y acepta para “salir de esto”. Antes llido. El tormento se intensifica y aparece
de esta primera relación, Juan iba a cines sobre todo cuando tiene que cumplir con
de películas pornográficas y se masturba- alguna presión: estudiar, dar un examen,
ba, lo cual le generaba una culpa enorme y trabajar. Se deprime y dice no servir para
la posibilidad del castigo de Dios o del abo- nada porque no pude rendir con todo su
gado porque considera que es algo malo. potencial. Atribuye a las ideas la causa de
sus fracasos.
Hasta la actualidad el sujeto mantiene
solo relaciones sexuales con prostitutas Las ideas para Juan son un tormento del
de las cuales dice que es diferente porque cual el refiere que se le vienen a la cabeza,
se les paga. Por ellas siente un gran deseo sin embargo en otras oportunidades ma-
pero a la vez surge el castigo que es perder nifiesta que juega con las ideas y hace una
el apellido o contagiarse de sida. Nunca ha sustitución de una por otra para que se le
sostenido una relación con una mujer, ni quite la anterior. Es decir que la manera de
siquiera ha establecido lazos de amistad. combatir estas ideas es con otra. Además
El acercamiento a una chica le presentifica va planteando situaciones de verificación
la pérdida del apellido. y de premisas para asegurarse que no va
a pasar nada. De todos modos esto no le
Para Juan el matrimonio es un compromi- alcanza, busca siempre la garantía de una
so y a la vez una especie de permiso para persona, necesita escuchar de labios de
poder estar con una mujer. Tener relacio- alguien que no le va a pasar nada aunque
nes sexuales antes del matrimonio es pe- como él dice, ya sabe cuál es la respuesta,
cado, dice que no quiere hacer eso con una esta no es suficiente si no se la confirma
chica, las cosas que ese hombre hacia con otra persona. Su mama, su hermana, el sa-
su madre “no la tocaría, como voy a tocar cerdote, yo.
a una mujer que yo quiero… lo hacemos
cuando estemos casados, así no me voy a A lo largo del tratamiento se ha ido redu-
sentir culpable”. ciendo este buscar garantías al espacio del
consultorio. Sus ideas de persecución se
Al parecer el matrimonio le permite al suje- inician en un trabajo que tenía en el cual
to hacer una inscripción en lo simbólico de pensaba que las personas podían hacerle
la sexualidad en contraposición a ese real daño y quitarle el apellido. Deja este tra-
que ha quedado por fuera en la escena con bajo.
la madre, la cual a su vez esta por fuera del
matrimonio. Una madre borracha, golpea- Posteriormente aparece la idea del abogado
da que aparece en la vía de las prostitutas. que es la que tiene más fuerza y la más difícil

103
de aplacar, acude donde el abogado varias una psicosis paranoica.
veces para preguntarle y que le asegure
que no va a hacerle nada. Muchas veces 2. Frente a la no presentificada por el su-
piensa que el abogado está en la iglesia es- jeto por la aparición un hombre en la vida
cuchando sus confesiones, o que estaba en de su madre, la respuesta para el sujeto es
el prostíbulo viendo o escuchando cuando por la vía sintomática con el surgimiento de
él hablaba con las mujeres o tenía relacio- la vergüenza: Vergüenza de que crean que
nes con ellas. el es el portero y vergüenza por el apelli-
do materno que surge cuando le empieza a
Parte de este tormento de ideas es pensar gustar una chica. A los 16 años el surgimien-
si va o no donde el abogado, que la va a de- to del síntoma obsesivo con el tormento de
cir, o recordar que le ha dicho, si lo que le las ideas concretamente por haber sentido
ha dicho tiene algo de malo (contarle que vergüenza del apellido materno.
es reconocido, o que tenia vergüenza de
su madre, etc.). Si bien hay una fijeza en Las ideas obsesivas sobre la vergüenza
su pensamiento, una especie de certeza como síntoma constituyen el retorno de
de que le van a hacer daño, de que lo han lo reprimido; hay un desplazamiento de
escuchado; su pensamiento se manifiesta la vergüenza como tal frente al encuentro
muchas veces bajo la forma de una duda y con la sexualidad, a las ideas obsesivas. Si
es esa duda la que lo desespera. hay este desplazamiento es porque ha ope-
rado la represión.
VIII.- Algunas precisiones sobre el caso.
3. El encuentro con lo real en la escena del
El desarrollo teórico así como la construcción acto sexual con la madre conlleva para el
y el despliegue del caso permiten concluir el sujeto por un lado el surgimiento del sín-
diagnostico diferencial en torno a la neurosis toma como se explico anteriormente, pero
obsesiva. A continuación se hará un recuento también permite verificar la entrada del su-
de los puntos teóricos que permitieron llegar jeto a la lógica fálica bajo la forma de teo-
a esta conclusión, siendo estos ilustrados a su rías sexuales infantiles, teorías que ante le
vez, con el material aportado por el caso. presencia de esta escena son resignificadas
retroactivamente sobre lo cual el sujeto se
1. Ausencia de fenómenos elementales y de refiere como el “empezar a abrir los ojos.
perplejidad, por lo tanto ausencia de des-
encadenamiento. En oposición, presencia Estas teorías sexuales muestran la travesía
de formaciones del inconsciente en el sín- del sujeto por la Neurosis Infantil y junto con
toma como retorno de lo reprimido bajo el la escena del coito de la madre, el atravesa-
síntoma obsesivo del tormento del pensa- miento del sujeto por los complejos de Edipo
miento. Son estas ideas obsesivas las que y castración, por lo tanto no se puede hablar
causan gran confusión respecto del diag- de forclusión del nombre del padre, sino más
nostico ya que en el inicio de las entrevistas bien de un acceso del sujeto a los efectos de
preliminares hace pensar en un delirio de la metáfora paterna, de la cual solo se sabe a
persecución y por lo tanto la posibilidad de partir de sus consecuencias.

104
Las teorías sexuales infantiles se pueden pero un tener en “menos”. Esto se eviden-
encontrar en el caso de la siguiente mane- cia en las primeras actividades masturba-
ra: doras del sujeto relacionadas a juegos de
medición del órgano con otros niños fren-
• Primacía universal del falo al pensar que te a lo cual el sujeto se vive como poco
todas las niñas hacen pis de paradas por- dotado; a partir de esto el sujeto vive la
que no tienen pene. relación fálica al tener como un tener que
no le alcanza: un órgano genital pequeño,
• Frente a la pregunta por los orígenes, la un apellido que no le permitirá acceder a
teoría de que los niños vienen por la bendi- una mujer, hijos y éxito en la vida (econó-
ción del cura: a tantas gotas, tantos niños. mico y social). Y cuando aparece el padre
donador del falo bajo la forma del padras-
• Atribución sádica al coito al pensar que la tro que le da el apellido que si alcanzaría,
medre es forzada por el hombre y que ade- las ideas obsesivas sobre la vergüenza del
más es lastimada por ser más pequeña y apellido materno se desplazan a la idea
débil en oposición a este hombre tan gran- obsesiva de perder el apellido paterno,
de y fuerte. con lo cual el sujeto da cuenta de una di-
ficultad de poder sostener y saber hacer
El presenciar la escena del coito entre la con el tener fálico.
madre y el hombre implica para el suje-
to resignificar la pregunta por su origen y La degradación del objeto amoroso entre
preguntarse por primera vez por su padre, la dama y la prostituta: Para el sujeto la
implica también el evidenciar la castración dama estaría del lado de una mujer con la
femenina dejando de lado la primacía fá- cual casarse y tener hijos, aquí es donde
lica, e implica además la presentificación aparece el matrimonio como el recurso
del deseo y el goce sexual frente a lo cual que permitiría inscribir el goce sexual en lo
concluirá que la sexualidad es algo sucio y simbólico y que le permitiría a su vez go-
brutal que requiere pasar por la aprobación zar de una mujer. Las prostitutas son las
de un orden simbólico representado para que permiten al sujeto acceder a algo de
el en el matrimonio. Otra consecuencia de la vía del deseo bajo la premisa del castigo
esta escena para el sujeto está en la impo- de Dios con la idea de perder el apellido lo
sibilidad de su deseo que se manifiesta por cual imposibilita a su vez, el encuentro con
la vía de quedarse sin recursos y paralizado una mujer.
cada vez que tendría que acudir al encuen-
tro con una mujer (es el encuentro mismo Con esto queda verificada la categoría del
que se ve imposibilitado ya que ni siquiera deseo como imposible en la obsesión que
existe para el sujeto, la posibilidad de dicho en el caso podría manifestarse en una ló-
encuentro). gica de: a mayor deseo (manifestado en la
vía de las prostitutas), mayor imposibili-
La organización de la sexualidad en torno dad a través del síntoma de las ideas ob-
al significante fálico frente al cual el suje- sesivas (que le impiden el encuentro con
to asume una posición masculina de tener, una mujer).

105
Si bien estos puntos muestran la lógica de Efectos y límites de la interpretación
hacer el diagnostico en función a la estruc-
tura de la neurosis, tanto la presentación Por Vicente Palomera
del sujeto en la consulta así como la ma-
nera de manifestar sus síntomas implica- Afirmar que el inconsciente está estructu-
ron una gran confusión la cual derivo en la rado como un lenguaje, tiene consecuen-
necesidad de realizar esta investigación. cias prácticas para la dirección de la cura.
El psicoanalista en vez de tener que inte-
resarse por lo vivido pasa a ocuparse de lo
estructurado. Para Freud, en el análisis
no se trata tanto de “reparar” lo vivido de
determinadas experiencias penosas como
de apuntar a las lagunas de la historia. La
curación -dirá Lacan- viene por añadidura,
nuestra búsqueda incide sobre la recons-
trucción de la neurosis infantil.

Si tomamos lo que cuenta el Hombre de las


Ratas acerca de sus primeras experiencias
sexuales vemos que le dice a Freud: “Así fue
como comenzó mi neurosis”. Por su parte.
Freud precisa que ese no fue el comienzo,
que hubo una neurosis infantil, es decir, “el
núcleo y el modelo del padecer posterior,
por así decir el organismo elemental cuyo
estudio -y solo el- proporcionara la escala
para medir la organización compleja de la
enfermedad actual”.

I.- Estudios sobre el síntoma

Esta organización es lo que, desde Lacan,


llamamos estructura. Para Freud se tra-
ta de reconstruir la estructura elemental.
La reducción de la estructura compleja a
la elemental es justamente lo que Lacan
señalo como meta de la cura: reducir el
número de significantes para que el ana-
lizante se ubique, es decir, reducir lo co-
pioso de lo imaginario a la “pobreza sim-
bólica”.

* Extraído del libro: Silvia Tendlarz .Estudios sobre el


síntoma.2000. Ediciones del Signo-Buenos Aires. P.p 69

106
Quiero mostrar, a partir de un caso, como fracaso matrimonial y haber empezado una
se consiguió esa reducción, como el aná- relación con otra mujer. El padre le acuso de
lisis de su síntoma infantil fue la llave que huir de sus responsabilidades, hizo alusio-
abrió para el sujeto un considerable alivio nes sobre la honestidad de su amante y de
de su sintomatología adulta, sintomatolo- que en toda su vida no hacía otra cosa que
gía que revelaba hasta qué punto estaba orientarse según sus caprichos. R. respon-
en juego la transgresión de su fantasma. dió a estas acusaciones con una carta muy
extensa al padre, acusándole de no haberle
Después de cinco años, el análisis ha finali- comprendido nunca y atribuyéndole ser el
zado con un saldo terapéutico. Alcanzado culpable de sus dificultades en la vida. Las
ese punto, nuestro analizante, aun sabien- quejas dirigidas al padre se remontaban
do del resto que quedaba por analizar se también a la infancia, a la época de sus te-
sentía satisfecho por lo logrado en su aná- rrores a la obscuridad y al hecho de que, a
lisis, lo que, a decir verdad, no era poco. sabiendas de ello, el padre le imponía una
Por mi parte, me plantee también, por la serie de órdenes para desafiar sus miedos.
particularidad del caso, la conveniencia de En la carta que R. me trae al comienzo del
dar o no mi consentimiento a este no que- tratamiento, el padre está puesto en po-
rer saber sobre el resto. sición de amo que tiene el poder sobre su
vida. Como remos, R. llego incluso a atribuir
II.- La causa de la neurosis sus terrores infantiles a una casualidad “ge-
R. se había presentado al análisis con una nética”, esto es, “herencia del padre”.
sintomatología obsesiva clásica y una hi-
pótesis sobre la misma también Clásica El padre falleció pocos días después de
porque se centraba en la pregunta “¿padre haberle mandado la carta R. fantasea que
por qué me has hecho tan mal?”, lo que, su muerte acaeció mientras leía su carta.
en sí misma, ya era una respuesta: poner Pocos días después de su muerte, R. se di-
al padre, como causa de sus problemas. R. rige al despacho del padre para recuperar
pedía cuentas al padre por las desgracias la carta y, después de llevársela, tuvo la
de su vida y en el análisis se ocupó mucho sospecha de que su madre se había dado
de hablar de la trasmisión de lo que no iba cuenta de su acto, aunque nunca le dije-
entre él y su padre. ra nada. Vivir bajo la culpa y la sospecha
lo dejo tan intranquilo que surgía en su
Nosotros partíamos, respecto a R. con la interior la idea de ir a hablar con ella del
ventaja de no hacer nuestra su hipótesis. asunto. La actualización, bajo transferen-
Ciertamente, R. pedía cuenta a su padre cia, de este breve drama, le llevo, todavía,
por sus desgracias, pero ¿pedía cuentas de diez años después, a encontrarse sin saber
su castración? cómo, merodeando, en varias ocasiones,
por los alrededores de la casa de su madre.
¿Cuál era el peso del padre sobre R? Diez
años antes de encontrarnos, R. había tenido III.- El mito individual
una fuerte discusión con él. El motivo había Cuando R. vino a consultarme me aclaro que
sido el abandono de su hogar, a raíz de un ya había hecho un análisis tras la muerte de

107
padre. Ante mi pregunta sobre los resul- y autodominio que quiso transmitir a sus
tados de dicho análisis, respondió que no hijos una moralidad caracterizada por el
había tenido ningún efecto sobre él, aun- autocontrol y el dominio, entre otras co-
que supo extraer de modo muy pertinente sas, de la sexualidad.
que él era un obsesivo. Tras esa experien-
cia paso luego por todo tipo de experiencias Las condiciones en las que R. fue concebi-
“psi”, desde las más conocidas hasta las más do son ciertamente dignas de resaltar. El
extravagantes. El resultado fue una acen- padre, prisionero en plena Guerra Civil Es-
tuación de su agresividad, síntoma muy mo- pañola, y condenado a muerte, logro es-
lesto, por alcanzar niveles verdaderamente caparse de la vigilancia de sus carceleros,
intolerables en su vida cotidiana, y de su tor- quienes le habrían dejado entender clara-
mento obsesivo, unos insoportables dolores mente de qué modo lo iban a ejecutar. Re-
de cabeza que nunca le habían abandonado. cordare también que lo que R. llamaba sus
“terrores genéticos” lo llevaban a remon-
R. tenía pues poderosas razones para con- tarse a esa época en la que su padre estaba
sultar, aunque de todas ellas se podrían condenado a muerte. Tras la fuga. Y con el
aislar como particularmente interesantes consiguiente nesgo de perder su vida, este
dos. La primera, que el saber que deten- padre consigue, varias veces ver a su mujer
taba a partir de las diversas terapias no le y sus otros hijos. Fue una de estas incursio-
bastaba. La segunda, y más importante, nes que R, fue concebido. Digamos breve-
porque la mujer con la que vivía ahora era mente que el deseo ardiente de este padre
el acicate más importante para dirigirse al por encontrarse con su esposa se anudaba
análisis de nuevo. de un modo peculiar con la muerte.

Si bien R. demanda un análisis en nombre de Finalizada la guerra, el padre destinado en


sus síntomas obsesivos, tan pronto se insta- la capital, curso estudios superiores y en-
ló la trasferencia surgió un síntoma nuevo tablo una relación amorosa con una mujer
para él, la caída de su deseo hacia su aman- de la que se separó “por su deber moral y
te. El que siempre se ha tenido a si mismo conyugal”, ideal sospechoso que pesara
por un buen “comunicador sexual”, descu- en el conflicto de R. En efecto, este padre
bría síntomas de impotencia. Separado de ambiguo transmitió una orden la de elegir
su esposa hacia pocos años, había anudado el deber contra el deseo.
una relación con otra mujer con la que todo
iba bien hasta que empezó a venir a verme. En el horizonte de la transferencia, R. tuvo
Se instalóasí un clivaje entre las dos figuras pues que ir al encuentro de ese padre con
del objeto y el síntoma de la duda. el que mantuvo tantas conversaciones y
discusiones, tanto sobre la sexualidad, so-
En esta coyuntura, R. vino al encuentro de bre las mujeres, etc…, donde R. siempre
lo más peculiar de la historia de su padre. callaba mientras el padre hablaba.
¿Qué era lo más peculiar del padre? R.
describió a este padre como un verdadero De su madre, R. nos presenta una figura ex-
self-mademan, hombre de gran voluntad tremadamente religiosa y “recalcitrante a

108
denunciar el deseo ardiente del padre cuya de un embarazo oral.
imagen le ha legado el padre” -para utilizar
los términos de Lacan en “La dirección de la En efecto, preocupado por sus dificultades
cura”-. Ella era famosa en la familia por una para sostener un deseo frente a su amante.
anécdota “nunca se sabe si algo le gusta o no, R se refiere en una sesión a diversas lecturas
nunca dice a algo sí o no, hasta el punto de que había hecho sobre la naturaleza de la
que, al ir a casarse, en el momento en que te- sexualidad ante lo que yo intervine diciendo
nía que decir “si quiero”, fue un hermano suyo que no había nada natural en la sexualidad.
quien tuvo que apremiarla a que respondiera”. Al finalizar la sesión, ya estábamos en el um-
Digamos, por otro lado, que R evoca repetida- bral de la puerta, R me pidió si podríamos
mente su recuerdo a partir de “una foto suya mantener una conversación sobre el tema
de joven, vestida de blanco”, imagen de una de sexualidad fuera de las sesiones. Por mi
madre inscripta para siempre sobre el fondo parte remití dichas reflexiones al interior del
de los riesgos de un padre que anhelaba verla análisis. A la siguiente sesión trajo un sue-
en medio de los horrores de la guerra. ño: “Los dos estábamos en una mesa pre-
parada para comer, R se acerca y ve un ser
Sabemos que la carta al padre siempre dice extraño, informe y de color blanco, como un
la misma cosa. R tuvo que ir soltando los animal vivo, animal que pasas de mi hombro
significantes que se habían organizado en al suyo. Ese ser informe y repugnante deja
torno a dicha carta, bajo el régimen de la re- un hijo en R”.
petición y en la perspectiva de cómo escribir
ahora él una carta cada vez distinta a la mu- Las asociaciones de R lo llevaron una vez
jer que había elegido amar. Si la carta al pa- más a las conversaciones de índole sexual
dre estaba extendida sobre la superficie de con su padre. El padre hablaba y el escucha-
la tierra y organizaba las idas y venidas que ba, sintiéndose siempre como un “pelele”,
escandieron su vida, idas y venidas marca- aunque con un horizonte de rebeldía frente
das por el sello de la nostalgia del padre (Va- a él. El ser informe lo interpretó a partir de
tersehensucht). Los efectos de ese padre la palabra “espasmo”, término que su pa-
fuero hacer de R un personaje extravagante, dre solía utilizar para referirse al acto sexual
tanto para amigos como para extraños. junto a una frase: “el hombre, post coitum,
animal triste”.
IV.- El analista en la mesa
V.- La “Mesa Camilla”
Un sueño de transferencia puso algo innom-
brable en juego en la transmisión paterna. A lo largo del tratamiento, R trajo una se-
Como en los sueños no hay una fijación del rie de pesadillas caracterizadas por encon-
sentido, ese objeto innombrable no era sino trarse en el sueño siempre en situaciones
una figuración de lo real, evocación en lo en las que una presencia indefinida y ame-
imaginario de lo que se podía nombrar en lo nazante estaba detrás suyo. R se desper-
simbólico. Se trataba de un objeto informe taba sudando, presa de pánico y gritando.
que pasaba del padre al hijo, imaginariza- Estas pesadillas, cuando se producían,
ción de la transmisión paterna bajo la forma eran asociadas, por un lado, a sus terribles

109
dolores de cabeza y, por otro lado, aunque sin R después de un instante de vacilación, pudo
demasiada convicción de que tuviera algo que restablecer la articulación entre:
ver, a sus terrores infantiles. Más allá de esto,
no había nada que se prestara a la elaboración. - “Mirar debajo de la cama” y “mirar debajo de
la mesa”.
Estuve de acuerdo en que era importante re-
ferirlas a los terrores infantiles. De ellos solo - “Dejar la puerta entreabierta” y “las piernas
recordaba el horror que sentía por la obscuri- entreabiertas” (bajo el impacto del descubri-
dad y un ritual muy particular al que debía so- miento, en ese momento R se incorporó súbi-
meterse antes de irse a acostar. tamente del diván para dirigirse a la puerta y
mostrarme con un gesto cómo la dejaba en-
El ritual era el siguiente: Entraba a su cuarto y, treabierta).
en primer lugar, tenía que mirar debajo de su
cama. A continuación, tocaba con un crucifijo - “Blanco de la almohada” y “blanco de la ropa
el centro de la almohada, ritual que duraba un íntima”.
tiempo. Finalmente, se dirigía hacia la puerta
de su cuarto y la dejaba entreabierta. - Tocar con el crucifijo la almohada” y “tocar
los genitales”.
Este acto obsesivo pudo ser analizado el día en
que R evoco la escena de seducción. Era sufi- El acto obsesivo es, tal como señala Freud en
cientemente interesante el hecho de que tu- “Tótem y tabú”- “aparentemente una protec-
viera lugar justo bajo una mesa, para ser más ción contra el acto prohibido, pero podemos
exactos, debajo de una “mesa camilla”, lugar decir que no es en realidad sino la reproduc-
donde R, a la edad de cinco o seis años, se es- ción de lo prohibido”. Es decir, en este acto
condió para no ser visto y poder espiar. obsesivo encontramos, por un lado, un suje-
to desaparecido ($) y, por otro lado, el objeto
Mesa peculiar, la “mesa camilla” está provista ausente (a). El pincon -que no es sino la inte-
de una tarima con un agujero en el centro don- rrogación que lo liga a ese objeto- puede ser
de se encaja el brasero. Allí, en ese agujero, situado en el modo en que el sujeto se vincula
se encontraba encajado ese día, no el brasero, al objeto: el palpar, el deseo de ver ese obje-
sino el deseo ardiente de R, agazapado y ocul- to blanco que se imagina que palpa. Pero, en
to a cualquier mirada gracias a la falda camilla verdad, tanto el sujeto como el objeto están
que caía alrededor de la mesa. Fue allí cuando del miso lado, debajo de la mesa camilla. Allí
entrevió el color blanco de la ropa íntima de R está oculto a toda mirada.
una de las jóvenes sentada y sintió el impulso
de tocar. Poco recuerda R después de palpar, Es muy importante remarcar que todo este
solo un gran alboroto, no sabe si su padre lo escenario fantasmático está íntimamente
castigó severamente o no. relacionado con su elección profesional. R
tiene una profesión que permite y hace im-
Llegados a ese punto, aproveché para señalar- prescindible la exploración razonada del
le que su ritual para acostarse era el perfecto cuerpo femenino se quedó detenido en su
y lógico pasaje desde la mesa a la “camilla”. curiosa exploración que se traducía en una

110
pasión por palpar. Su actividad profesional su- no a un festín totémico.
ponía la transgresión de su fantasma.
Meses más tarde, R llegará a sesión para ha-
El análisis produjo junto a la desaparición de blarme de su deseo de concluir no sin antes
su tormento obsesivo, un paulatino desenves- hacerme saber varias cosas. Respecto a su
timiento de su interés profesional, lo que, a la trabajo, se siente máscómodo y sin tanta
vez, se tradujo en una actividad más prudente agresividad con respecto a su jefe; que va a
y eficaz. Sin embargo, al tiempo que su deseo casarse y ya ha fijado una fecha para su boda;
por su compañera se vivifica y que -en sus pro- y, por último, sobre la muerte, que si bien no
pias palabras- “ya no está más en guerra con siente deseos de morir -como había sido du-
los hombres del mundo”, empieza a surgir en rante muchos años- tampoco siente un deseo
él el anhelo por su descanso, empezando a ha- entusiasta por la vida. Respecto a “aquellos”
blar de pedir “un año sabático” en su trabajo, terribles dolores de cabeza, tiene la sensación
o bien fantaseando con la jubilación, de la que de que fueran algo que quedara muy lejos.
aún le separan años para poder disfrutarla. Por último, quiere que sepa que él sabe que yo
estoy aquí y que si lo necesitara él cuenta con
R se referirá a su padre como alguien que poder volver.
“murió con las botas puestas”, y en ese pun-
to, quiere mostrarse a sí mismo que él es di- En definitiva, vemos que la resolución tera-
ferente a su padre también en esto. Acaricia, péutica estuvo marcada por un vuelco libidi-
por ejemplo, la idea de mudarse a una casa nal netamente freudiano. Se vio, en efecto,
de campo, cerca de su ciudad, para dedicar- como esos atributos femeninos que a lo largo
se a descansar, cocinar la comida y aguardar de toda su vida se había dedicado a explorar
que su compañera -bastante más joven que él. y contemplar hasta la transgresión, recayeron
Vuelva del trabajo. sobre él aliviándolo del peso de sus identifica-
ciones más fundamentales.
El -afirma- no quiere “morir con las botas
puestas”. VI.- Discusión:

Contemporáneamente a estas reflexiones, Dos cosas respecto a la pregunta de Silvia


unos amigos suyos le proponen la idea de Tendlarz. El ritual obsesivo que esta nítida-
abrir un restaurante. Piensa que se podría unir mente articulado al tormento obsesivo de
a este proyecto invirtiendo algo de su capital. este sujeto, nos recuerda fácilmente el caso
del Hombre de las Ratas. En una sesión, el
R se encuentra feliz y empieza a hablarme Hombre de las Ratas relata un recuerdo de
de concluir el tratamiento, aunque yo no cuando tenía cuatro o cinco años. Tenían
dejé de interpretar el peso mortificante de en la caja una joven institutriz muy bonita,
esa serie que iba desde “no morir con las bo- la Sra. Robert. Una tarde está echada so-
tas puestas” -la jubilación- dedicarse a vivir bre un diván vestida con poca ropa, leyen-
cultivando un huerto y cocinar esperando la do. El niño a su lado. Le pide permiso para
llegada de su compañera- contribuir a abrir meterse debajo de sus faldas, no tenía casi
un restaurante, serie articulada pues en tor- nada puesto y el Hombre de las Ratas palpa

111
sus genitales. Pues bien, esta historieta sos- nía para él inconscientemente, esto no signifi-
tiene el deseo del Hombre de las Ratas desde ca que haya cedido completamente su punto
hace veinte años. Hay también un sujeto des- de goce. Pero conozco bien en este caso las
aparecido debajo de los faldones -no son los consecuencias que ha tenido el análisis, que
faldones de la mesa camilla- y el objeto des- han sido notables, en su trabajo, en su modo
aparecido del otro lado. Hubo otro recuerdo de vivir en general. Ha habido una cierta me-
-a partir de “algo amarillo” que relata el hom- tamorfosis. Ahora bien, el goce liberado de su
bre de las Ratas- dos meses y medio después forma anterior se ha mudado hacia otro sitio,
de esa escena con la institutriz. Esta vez está situándose en ese retorno de la libido bajo esa
con la madre: recuerda a su madre recostada forma tan precisa.
y, luego, incorporándose extrae de debajo de
sus faldas algo amarillo que coloca en un si-
llón. De inmediato el niño “quiso toarlo, pero
sintió gran horror”. Vemos la impresionante
semejanza de los dos recuerdos: posición de
las mujeres y la importancia de lo que sucede
debajo bajo las faldas… o bajo la mesa cami-
lla como en nuestro sujeto. Se ve muy bien la
función del objeto (a) de ese “algo amarillo” en
el caso del Hombre de las Ratas, como lo es el
blanco en la serie de nuestro sujeto “cara blan-
ca del analista -el blanco- Blanca (la madre)” y
la envoltura significante que está presente en
el ritual. Sabemos que, en el caso del Hombre
de las Ratas, hay una identificación del niño
con ese objeto de horror, la rata, y ¿cómo no
ver la conexión entre la rata que roe las extra-
ñas de la madre y el padre muerto?

En el caso de este analizante la cuestión es


que ese núcleo de goce al que da forma la
metáfora del síntoma ha cambiado mediante
el efecto terapéutico. Aquí está el problema
¿qué supuso analizar el síntoma? La operación
de desciframiento que consistió en desarmar
la arquitectura significante y que supuso un
efecto de transformación, de alivio terapéu-
tico considerable plantea la cuestión de ¿qué
pasó con el goce que estaba en el síntoma? Al
final vemos que, si bien el síntoma cede en su
aspecto formal, si bien el sujeto desenviste su
práctica profesional del valor de goce que te-

112
Estallidos de la Neurosis* “…Miedo a morirme…” “…Mucho miedo a en-
fermar, me tomo el pulso todo el tiempo…”
Por Inés Sotelo
“…Empiezo a pensar que algo terrible va a
Marcio de 39 años se presenta en consultorios pasar, me doy manija, me parece que todo
externos del hospital acompañado por su ami- se desmorona, que todo lo que tengo lo voy
go Pedro, quien trabaja en esa institución. a perder, mi casa, mi trabajo, mi familia, y que
será mi culpa…”
Está casado y tiene dos hijos: una niña de 12
años y un varón de 7. “…Me tomo la presión hasta cinco veces por
día…”
“Estoy abatido, angustiado, muy ansioso e
irritable. Ernesto Sinatra sostiene que:

“Hace 7 años tuve un problema en el trabajo “Los laberintos del pensamiento en la obse-
y cambie de actividad. Tengo mucho miedo sión sorprender por sus formas delirantes; en
de dejar de producir. Todo muy centrado en la el Nombre del Padre, el obsesivo construye
preocupación económica. un delirio con su pensamiento –el que no está
dispuesto a ceder fácilmente -; y, en muchos
“Tengo momentos de mucho miedo u angus- casos ni siquiera a comunicarlo.”
tia, opresión en el pecho, se me aceleran los
pensamientos, me parece que voy a explotar”. Como primera intervención la analista señala
que su miedo es a morir, establecimiento una
El padre de Marcio murió hace 6 años, al poco diferencia radical con el riesgo suicida.
tiempo de perder su trabajo. Falleció luego de
una breve internación por haber padecido de En la sesión siguiente dirá que en la anterior
un accidente cerebrovascular. Su madre mue- primero se enojó porque le pareció que se po-
re un año después por causa de un infarto. nía en duda su palabra y luego se alivió.

La consulta actual se produce porque estando En las entrevistas siguientes refiere:


en lacas d su amigo Pedro, comienza a sentir
opresión en el pecho, un fuerte dolor de cabe- ”…Por la mañana, elijo bien mi ropa interior,
za y el “miedo loco” de querer suicidarse. por si me pasa algo…”.

Este miedo es claramente a la ideación “…Un día estaba charlando con una amiga y
suicida. empecé a descomponerme y no pude resistir
la tent… no, la situación y me tuve que ir…”.
“…Me preocupa que me pase algo…” “…Miedo
por la sensación de que si me tiro, me mato…”

“…Voy en el colectivo y tengo pánico de ti-


rarme…”

* Extraído del libro: Inés Sotelo. 2009. Psicopatología y


Psicoanálisis. Ed. JCV. Buenos Aires. P.p 207

113
Lacan dirá que le obsesivo tiene necesidad ro ese momento, me parece que no le gusta
de un deseo imposible, y que se lo procu- cómo trabajo…Aunque está todo bien…”.
ra mediante la prohibición del mismo. “El “…Soy muy reservado, hermético, siempre
obsesivo resuelve la cuestión de la evanes- quiero guardarme algo…”.
cencia de su deseo produciendo un deseo
prohibido. Se lo hace sostener al Otro, “…Con mi padre tuve una relación muy dura,
precisamente mediante la prohibición del nunca le dije que lo quería, Se murió sin darme
Otro”. tiempo a abrazarlo…”.

Pero aclara que eso es ambiguo, porque un de- “…Mi padre internado, tan mal, pasaba los
seo prohibido no quiere decir un deseo extin- días y no fallecía. Yo tenía la necesidad de que
guido. Por el contrario, es ésta la manera que muriera… “
el obsesivo encuentra para sostener su deseo.
Este se articula también con la agresividad. “…Miedo a los desconocido, miedo de que
“Toda emergencia de su deseo seria para él pase algo. Necesito programar las cosas,
ocasión de aquella proyección, o aquel temor paso a paso, hora por hora y si no o cumplo,
de vergüenza, que inhibiría todas sus manifes- aparecen los temores de que algo terrible
taciones”. pasará…”.

El obsesivo intenta reducir a una deman- “…La muerte de mis padres fue un corte…”.
da: “Si el deseo es efectivamente lo que he
articulado aquí, es decir, lo que se produce “…También tuve miedo con el nacimiento de
en la hiancia que la palabra abre en la de- mis hijos, especialmente el nacimiento del
manda, y por lo tanto está más allá de toda varón me conmocionó…”.
demanda concreta, queda claro que toda
tentativa de reducir el deseo a algo cuya “…El nacimiento de un hijo te llena de res-
satisfacción se demanda tropieza con una ponsabilidad, creo que con el segundo tomé
contradicción interna”. más conciencia de mis actos. ¿Por qué habrá
sido distinto cuando nació el varón?”.
“…Cuando estoy preocupado no puedo dis-
frutar, empiezo a darme máquina y me con- “…Estos pensamientos son una barrera que se
vierto en un máquina de pesar, lo único que interpone en mi vida de relación…”.
me alivia es contar. Cuento los lados de pa-
redes, techo, puertas, cuadros, así hasta que “…Siento culpa por estar mal con los chicos,
me tranquilizo…”. no me ocupo de ellos porque estoy como au-
sente, me falta una relación, abrazarlos, decir-
“…Siempre le escapé al tema de la muerte. Al les que los quiero…”.
primer velorio que fue al de mi padre, antes
ponía excusas y no iba…” El discurso de Marcio está plagado de te-
mores hipocondriacos, angustia, miedo a la
“...Mi jefe me intimida, si me llama, voy segu- muerte o a que algo terrible ocurra.
ro de que es para echarme. Es como que espe-

114
También aparece ante hechos triviales, la otro camino posible de la taquicardia, agi-
seguridad de que será penalizado por esto. tación, aceleración más cercano a la vida
que a la muerte, al deseo que a la obliga-
“…Dejé el auto estacionado y cuando estaba ción, a lo que no puede calcularse que a lo
en el trabajo me sobrevino la idea “loca” de “ordenado”.
que lo había dejado en la puerta de un esta-
blecimiento y que alguien queriendo salir Del miedo a que le pase se dirige al miedo
lo abollaría arruinando su coche y el mío, y de que en realidad “no me pase nada cuan-
que debería pagar los dos arreglos…”. do estoy con una mujer”.

Por supuesto, al salir comprobó que es- Aparecen dos sueños:


taba bien.
“…Me citaban para pagar una deuda. Sa-
“…Llegaron a casa unas tarjetas navide- bía que había algo más y tenía pánico de
ñas de promoción, pidiendo que fueron de- ser descubierto y me carcomía una duda:
vueltas en caso de no comprarlas. Las tiré ¿pago o no pago?
y luego me desesperé pensando que me
demandarían, y quería pagarlas pero ya “…Estaba en la ventanilla del banco, debía
no podía porque había tirado la dirección. pagar dos pesos (el valor del bono del Hos-
Pensé que podría ir preso o perder mi casa y pital), la boleta a nombre mío pero era la
mi auto…”.“…Soy muy ordenado…”. dirección de la casa de mi padre. Yo no sa-
bía quién debía pagar, si mi padre o yo…”.
Un día se presenta muy agitado y preocu-
pado: Marcio comienza a trabajar la relación con su
padre, inmigrante gallego que viene a “hacer
M: “… - Me duele el corazón…”. la América” dejando en España sus sueños y
“su prometida”, a quien no volvió a ver ni a
A.: -¿Le duele el corazón? ¿Dolores del co- escribir a pesar de las promesas. Aquí se casa,
razón? tiene cuatro hijos. Marcio es el mayor y úni-
co varón.El padre funde el negocio, contrae
M.: (Se ríe) “-No tengo mucho tiempo para deudas importantes y siempre soñó que con
pensar n los “dolores del corazón”, el mie- Marcio, su hijo varón, continuara el oficio y lo
do al infarto lo ocupa todo…”. reflotara como negocio familiar.

A.: -Exacto. Marcio se dedicaba a otra cosa, “aleja-


Algo comienza a conmoverse y deslizarse do” de los negocios y de los números. Sin
de la rigidez de su decir. embargo, el nacimiento del hijo varón, la
muerte del padre, la pérdida del empleo y
El miedo a que “algo le pese en la calle” el encuentro con una mujer, reaviva en el
se desliza hacia lo que le pasa frente a una “sin sentido” de los síntomas lo impagable
compañera de trabajo que le gusta pero él de una deuda, que como el sueño, no se a
no se decide a hablarle. También reconoce quien le corresponde.

115
El caso Miguel * que ninguno de sus dos hijos —hacían refe-
rencia también a una hija que por entonces
Por Juan Luis Borda Elejabarrieta tenía 13—, sabían nada de ello, pues nunca
se lo habían comentado, ni ellos se lo ha-
I.- Introducción bían preguntado, a pesar de estar deposi-
tado en lugares comunes un extenso arse-
Transcurría el mes de diciembre del 99 nal farmacológico Retroviral.
cuando recibía una demanda de consulta
por parte de los padres de un varón que por En esta primera entrevista, aportaban
entonces tenía 17 años y que llamaremos también dos hechos relevantes para la
Miguel. historia clínica del paciente: una enure-
sis nocturna que desapareció sobre los 12
Fueron ellos los que acudieron a esta pri- años y un accidente que tuvo lugar cuando
mera cita para hablarme del motivo de su tenía 7, al ser golpeado en la cabeza por un
petición: los habían orientado desde su autobús que iniciaba su recorrido, siendo
Centro Escolar por su bajo rendimiento ingresado en un hospital durante 15 días
intelectual y sus frecuentes ausencias a la y dado de alta con un diagnóstico de Trau-
clase. Pero no sólo estaban preocupados matismo Craneoencefálico sin permanen-
por ello, pues además le habían encontra- cia de secuelas.
do en alguna ocasión sustancias adictivas
y veían en él un comportamiento que de- II.- Las primeras entrevistas
finían como de “manías de orden” y “con-
tacto”, que no cesaban a pesar del tiempo A los pocos días de esta entrevista con
transcurrido desde su aparición. Relataban sus padres recibía a Miguel. Mi primera
así la inquietud que presentaba Miguel por impresión visual me hizo recordar a los
la posición de los cuadros, el mobiliario, la jóvenes pacientes psicóticos que pueden
limpieza de los enseres y cubiertos de la observarse en las salas de los Hospitales
cocina y la petición particularizada en su Psiquiátricos, pues daba la sensación de
padre, de que no entrara en su habitación que su yo no controlaba la motilidad. Le
con calzado. pregunté cómo estaba y en qué le podía
ayudar, pues contaba por lo menos con su
Con cierta angustia, la madre describi- beneplácito para acudir a mi consulta. Al
rá como su marido se infectó por el V.I.H. comenzar a hablar esa imagen inicial se
durante su período de trabajo en la mar, disipó, pues su discurso no estaba deses-
“a través de relaciones sexuales con pros- tructurado ni era discordante.
titutas”, descubriendo el contagio tras una
enfermedad de las denominadas oportu- “No estoy bien”, me dijo, “el curso es de-
nistas, cuando Miguel tenía unos 14 años. masiado complicado para mí, no llego, los
“Fueron unos meses muy duros, los dos nos suspensos son frecuentes,.. Me siento mal
pusimos muy mal, discutíamos continua- también porque no quiero gastar inútil-
mente,… Al final decidimos seguir juntos”, mente el dinero de mis padres. .En ocasio-
relataba la mujer. Junto a esto afirmaban nes pienso que pueden ser secuelas de un

* Extraído de : Revista Norte de Salud Mental N#26.


2006. Guernica-España. P.p 69

116
accidente que tuve en mi infancia. Cru- blemente el no de la suspensión del saber,
zaba la calzada mirando para otro lado y de la inhibición del comprender.
un autobús me golpeó la cabeza, estuve
ingresado y me dijeron que no había se- III.- El relato de su historia
cuelas, pero a veces lo dudo, aunque es
verdad que durante algunos años pude es- Poco a poco, la queja y la descripción de
tudiar. Me he dado más golpes en la cabe- su angustia pudo irse combinando con la
za; la bici, jugando al fútbol,… no sé, qui- construcción de su historia. Así, irá contan-
siera empezar a trabajar pues tampoco me do como transcurrió su primera infancia
gusta estudiar,… además, hay algo que me en un caserío próximo a la costa vizcaína,
preocupa mucho y que intento mantenerlo propiedad de la familia materna. En sus pa-
oculto, pues si los otros se enteran me va- labras, fue criado por sus abuelos, pues su
cilan,… es el temor al contagio,… al conta- padre trabajaba en la pesca de altura y su
gio de microbios,… no sé por qué pero me madre regentaba un negocio familiar que
pone muy mal,… si alguien me toca con la le mantenía fuera de la vivienda la mayor
suela del zapato o me echa tierra del suelo parte del día. Sus padres contrajeron matri-
me lleno de inquietud, me enfado, me voy monio cuando su madre estaba embaraza-
a casa y allí también me preocupan los cu- da de él. Las llegadas de su padre a casa las
biertos, el inodoro,… es absurdo pero no recuerda como momentos de alborozo y
puedo evitar que me produzca un mal rollo bienestar inicialmente, para tornarse pos-
terrible”, “también me preocupan ciertos teriormente en lo contrario, pues su posi-
dolores, en la cabeza y en distintas partes ción y origen le hacían sentirse inferior en
del cuerpo, aunque mi madre no quiere relación a sus pares.
llevarme al médico”.
Su padre, formaba parte de una de las po-
Se iniciaban así una serie de sesiones don- cas familias extremeñas que habían emi-
de el sujeto iba a poder situar el precipi- grado al pueblo a mediados de los 60. Era
tante de sus ideas de contagio. “Estaba en el decir de Miguel, una familia conside-
haciendo auto–stop, me paró un hombre rada como marginal, por su lengua, sus for-
pálido, delgado, demacrado. Pensé que te- mas de vestir o los trabajos poco cualifica-
nía S.I.D.A., poco después, cuando llegué a dos que desarrollaban.
casa empecé a pensar que me podía haber
contagiado, me cambié de ropa, empecé a Recuerda su deseo, ya en los primeros años
sentirme mal”. Mi pregunta, en relación a de escolarización de estar entre los niños
porqué S.I.D.A., obtuvo una respuesta del considerados como la elite de su Centro es-
lado de no querer saber:“no sé por qué, no colar, y también su sensación de ser mar-
tengo ninguna relación con ello, consumo ginado, de no corresponderle estar entre
hachís, pastillas y cocaína algunos fines de ellos. En el caserío, entre su familia mater-
semana, pero evito siempre cualquier rela- na, su sentimiento era de felicidad, aunque
ción con las jeringuillas, además desgracia- también recuerda que hacia los 10 años
damente no tengo relaciones sexuales”. Su mantuvo varios encuentros de contenido
respuesta era el no de la denegación y posi- sexual con un primo menor que él, y que le

117
atormentarán posteriormente desde el rreproches, —esa clínica que Freud deno-
lado de la culpa y el autorreproche al si- minó como la manifestación de la pulsión
tuarse en una posición activa de seducción. de muerte a través del Sadismo del Súper–
yo—,que se formulaba como el ser “una
Sin poder significar la razón, describirá mierda”, “un cobarde”, “un traidor”.
cómo hacía los 14 años las cosas empeo-
raron de forma radical para él. No se en- La clínica del contagio se agudizo de for-
contraba bien en ninguna parte, deseaba ma tan preocupante que en algunos mo-
morirse, recordando cómo hizo un inten- mentos me hizo temer por la aparición de
to de ahorcamiento que fue abortado por un estadio de las denominados finales. Su
su abuelo materno. Escribía poemas a la decaimiento, los trastornos del sueño, las
muerte, donde reclamaba que le fuera a interpretaciones referenciales, aunque sin
buscar. Se iniciaba también el declive es- certeza evidente, su ideación autolítica que
colar y el peregrinar por distintos Centros no materializaba “por cobardía”, los tóxi-
escolares, donde encontró un lugar entre cos le ubicaban en una posición de goce
los otros que también “fracasaban”. mortífero que aparecía como realmente
difícil de atemperar. Fue un momento en
IV.- Mitigación y reagudización clínica el que el sujeto aceptó el medicarse, lo que
sin duda produjo un cierto restablecimien-
Estaba claro que no era el deseo de saber lo to de funciones y un recorte de su malestar.
que movía a Miguel a acudir al tratamiento
sino el recorte de su malestar. A pesar de V.- La caída de la denegación
mis prudentes intentos de avanzar por la vía
asociativa, el sujeto seguía ceñido a la queja Al cabo de un tiempo el sujeto iniciaba el
y la explicación en ocasiones meticulosa de proceso de sintomatización del difícil mo-
su malestar. La transferencia se hacía pre- mento por el que había pasado, sintomati-
sente a través de la verbalización del lugar zación en el sentido de aceptar el síntoma
en el que me ubicaba; alguien con el que se como propio, como de su responsabilidad.
podía hablar de lo que le pasaba, en contra- —“¿No sé cómo puedo llegar a tratarme así?,
posición a unos padres que describía como a considerarme una mierda…, el otro día en
insuficientes, incultos o acomplejados. una concentración me vino un recuerdo de
la infancia, una duda, donde no sabía si era
Comenzaba el siguiente curso escolar y de aquí o extremeño.., son cosas que tienen
Miguel experimentaba una considerable algo que ver con mi padre, con el odio que
mejoría en cuanto a su clínica de contacto he sentido tantas veces hacia él…”
y su rendimiento escolar pero esto no duró
mucho, pues un incidente con la policía en Un acontecimiento familiar precipitó el
relación al grupo independentista con el que los padres me preguntaran sobre la
que simpatizaba le haría ubicarse subje- oportunidad de comunicar al sujeto la
tivamente en el “lugar del traidor que ha- verdad sobre la enfermedad paterna. Les
bló por cobardía”, iniciándose un proceso dije que me parecía adecuado y que el mo-
mortificador a través de continuos auto- mento era de cierta estabilidad.

118
“Déjame que te cuente” me dijo en la si- siento más tranquilo cuando hay tóxicos de
guiente sesión”, “mi padre está infectado por medio,…,es que pienso que no les gus-
por el S.I.D.A.,… cuando me lo dijeron me to, que soy una mierda para ellas, entonces
dio rabia, pero era como si de alguna forma cuando estoy así me atrevo a hablarles,
ya lo sabría,…, no sé cómo,… pobre hom- pero es verdad, hay un momento en que
bre… mi madre no está infectada, …oscilo el placer inicial se convierte en sufrimien-
entre la pena y el odio, aunque cuando él se to, en malestar,… es al pasarme, pero no lo
contagió no se sabía nada, …los marinos es puedo controlar, .. el otro día es como si hu-
habitual que vayan con prostitutas…, pero biera estado pidiendo que me dieran hos-
ahora puedo entender cosas,” …sí, le seña- tias a gritos,… le eché un escupitajo a una
lé, “aquél tiempo en que mi madre lloraba, tía al vaso, …quizá era envidia,… era una
discutían, que cambió el ambiente fami- tía buena, maja…, jamás me haría caso…
liar,… yo me sentía triste,… quizá por ahí el de todas formas quizá haga esas cosas para
intento de ahorcamiento,… trajo la muerte degradarme, para ser el peor del pueblo,…
a casa,… le odio”. a veces me vienen ideas de ser chapero, de
ser el marginal, …pero, ¿por qué?… yo no
Progresivamente la clínica de contagio fue quiero estar así, quisiera estar bien”.
cediendo hasta los niveles insignificantes
en que se encuentra en la actualidad y para- Escandí la sesión en este punto señalándole
lelamente las quejas corporales, las algias, que marginal era la palabra que había utili-
lo que nos permite pensar en su conexión. zado en ocasiones para referirse a su padre.

Curiosamente comenzó a tener más éxito El aislamiento impedía el enlace de lo es-


en su federación de ajedrecistas, dejando candido con la siguiente sesión. Seguía
de tener tanto peso su duda sobre si debía pues la alternancia entre el goce pulsional
insistir más en la estrategia o en la táctica. y la expiación, con un fuerte autoreproche
También comenzó a trabajar de forma más por los actos que designaba con el signifi-
continuada y a expresar un mayor senti- cante “pasarse”, y que cedían tras varios
miento de placer por las actividades coti- días de anulación a través del cuidado cor-
dianas; su batería, su cuadrilla, su actividad poral, la privación y el deporte, configurán-
deportiva,… si bien estos momentos se es- dose una especie de religión privada.
cenificaban entre intervalos más o menos
amplios, entre los que el sujeto se tras- Comenzaba una nueva sesión refiriendo
formaba en una especie de pelota que va que se encontraba muy mal, pues había
y viene entre los contradictorios impulsos vuelto a pasarse con los tóxicos y había
del Ello y el Súper–yo, entre el descontrol mantenido un comportamiento desafiante
de los tóxicos y su expiación. ante personas que consideraba sus amigos.
Pero algo fue rompiendo la repetición del
VI.- Del lado del fantasma discurso de la sesión y comenzó a situarse
del lado del fantasma: “venía en el autobús
“Salgo, comienzo a consumir alcohol, al- y me imaginaba a mí mismo caído, herido,
guna raya,… es el tema de las chicas, me derrotado,.. y lo veía como en otras ocasio-

119
nes, con romanticismo,… era el hombre muerte Sin duda podríamos plantearnos el
derrotado, …no sé”,“¿qué piensa el psicoa- diagnóstico del caso. Yo lo haría desde el
nálisis de esto?”, me preguntaba, a lo que lado de una Neurosis Obsesiva muy grave,
le contestaba que no sabía muy bien lo que siendo evidentes también los aspectos clí-
quería decir, pero que para el psicoanálisis nicos depresivos. Hay elementos sobrantes
lo que relataba era muy importante. para poderlo precisar así, a saber; la pre-
sencia tajante de la muerte, como decía La-
Se situaban con ello dos modos de goce por can, la cuestión paterna y su identificación,
parte del sujeto, el del síntoma que apare- la organización de la Neurosis allá donde el
ce como displacentero y el Fantasma como padre se ha mostrado fallido, como nos de-
goce acomodado a un cierto placer. Miguel cía Freud en el hombre de las ratas, su iden-
pedía una nueva sesión, y en ella la rueda, tificación a los excrementos, que podemos
acto–anulación–expiación volvía repetirse verificar en la transferencia cuando trata
implacablemente. de confirmar que es una mierda y no puede
soportar que le traten como a una persona,
VII.- Algunas consideraciones sobre la el sadismo de su Súper–yo,…etc.
transferencia
Es algo, su diagnostico, que se puede de-
En el sentido clásico Freudiano podríamos batir, pero me parece que lo particular del
decir que Miguel mantiene una transfe- caso, lo que parece más importante, es el
rencia positiva a lo largo del tratamiento, carácter de fijeza del goce, de su repetición
colocándome me en un lugar de excepcio- mortífera, en distintos escenarios y bajo
nalidad, donde él puede hablar. ¿Pero qué distintos disfraces, con esa contundente
decir de la Transferencia como amor dirigi- inmovilidad que emerge, como decía Freud
do al saber inconsciente?. Pues quizá, que en el malestar en la cultura, cuando el Sú-
hay una cierta apertura a él, tórpida, am- per–yo queda sólidamente conectado con
bivalente, pero existente. La cuestión, es la pulsión de muerte.
si se mantendrá en la transferencia, si se
repetirá indefinidamente, eso del lado de En el caso, esa gran subversión Freudiana
lo no logrado, de lo que empuja con inten- que fue el descubrimiento de la pulsión de
sidad a un punto de inercia. muerte queda radicalmente escenificada.
Su movilización es siempre el mayor reto
Hubo un momento, en que Miguel me hizo para la clínica del psicoanálisis.
saber que inicialmente se encontraba mal en Guernica, 12 de Septiembre de 2006.
las sesiones pues se sentía tratado como un
ser humano en vez de cómo “una mierda”,
que es lo que él se sentía. Finalmente, señala-
ría que he evitado escrupulosamente, situar-
me en ese lugar del amo donde en ocasiones
parecía que Miguel me quería encontrar.

Reflexiones sobre el caso y la pulsión de

120
Histeria
Psicosis

“La paranoia, quiero decir las psicosis, es para con Freud


absolutamente fundamental. Las psicosis es aquello delante de
lo cual un analista no debe retroceder en ningún caso”
Jacques Lacan-Obertura de la Sección Clínica.
121
Arte: Artista Ascor.
“De una holofrase a un sinthome , el que no había llovido) y con un diario en la
espía de la corona inglesa”* mano me interroga a modo de interpela-
ción : “…Espiacorín , es Ud. el del Diario ,
Por Rubén Gerardo Manzur el profesor Manzur sentado pero mencio-
nado por un trabajo de psicología enviado
I.- Referencia Preliminar: a Inglaterra? Espiacorín, Espiacorín. Sor-
prendido respondo: ¿Que desea usted? Es-
Es esta presentación clínica un intento de piacorín una consulta con usted. Respondo:
repensar la dirección de la cura en un tra- “Lo espero el miércoles a las 18:00 Hrs.”
tamiento realizado con un sujeto psicótico Contesta: Espiacorín bien gracias mucho
entre los años 1975 y 1981; en tiempos en gusto.” (Me da la mano y se retira inmedia-
los que no se contaba con los desarrollos tamente abriendo y cerrando detrás de sí la
teóricos del Dr. Lacan sobre Joyce el sín- puerta de salida)
toma, ni con la publicación del Seminario III
en castellano sobre la psicosis. Se contaba En el convulsionado año 1975, en Argenti-
sí, con las indicaciones de sus escritos, de na, con grupos para-policiales, secuestros,
una “cuestión preliminar a todo tratamien- allanamiento y guerrilla de por medio, la
to posible de la psicosis” y si no había que actividad psicoanalítica erróneamente sos-
retroceder ante la psicosis porque no inten- pechada de adoctrinamiento y subversión,
tarlo entonces. debo confesar que dicha presentación no
provocó en mi tranquilidad alguna sino mas
Intente escribir por aquellos tiempos, sin bien sostenida preocupación causando fal-
lograr rigorizar que había ocurrido en di- ta y ubicándome como sujeto dividido.
cho tratamiento, si no a medias. Quedó así
añejándose un historial clínico hasta mejor El miércoles a las 18:00. Juan Enrique es-
oportunidad, o quizás hasta nunca. Y aún tuvo presente puntualmente para la en-
hoy con los recortes clínicos, que pongo a trevista y de allí en más (excepto una in-
consideración de vuestra escucha, con al- teracción) lo haría durante 5 años y medio
guna que otra reflexión teórica, me interro- con una frecuencia de 3 y hasta 7 sesiones
go si no debió seguir añejándose entre las semanales.
carpetas de la biblioteca.
III.- Entrevistas Preliminares
II.- Una introducción a modo de interpre-
tación En las primeras entrevistas , Juan Enrique,
de 35 años de edad, destacado y reconoci-
En plena semana de inactividad universita- do investigador full time, en laboratorios
ria; 20 de mayo de 1975, 21:00 Hrs, finali- dependientes de una universidad, no refie-
zando la tarea en el consultorio me dirijo a re como motivo de consulta su profunda
la sala de espera, y un hombre de alrede- preocupación por las cosas raras y locas que
dor de 35 años, corpulento y de un metro le ocurren, ajena a su control voluntario;
noventa de estatura, con gruesos anteojos, como pensar que está en Cambridge, Ingla-
sobretodo, sombrero y paraguas (en un día terra y circular con su auto por la izquierda,

* Extraído de los casos del Campo Freudiano de Cór-


doba, dirigido por Rubén Gerardo Manzur.

122
o escuchar voces “que me hablan y me re- prenatal; sostiene que en el momento de
tumban en la cabeza y resuenan en mis oí- su gestación su madre sufría de ataques
dos “ y “comienzo también con ese tic ner- de nervios, fue internada y no se alimen-
vioso de decir una palabra que no entiendo taba bien, coincide con el avance alemán
y que no quiero decir, pero como usted en Europa, “pienso que por el trauma de
escucha lo reitero constantemente. Espia- guerra sufrido por mi mamá, yo nací con
corín, y no sé qué mierda significa” “Y esto la cabeza alongada, y algo del mecanismo
me aparece en épocas que estoy al pedo y de la física y química de mi cerebro se al-
hay receso universitario.” teró y recibí por vía genética delirios semi-
inconcientes.”
“Un psiquiatra amigo me medica y ha in-
sistido en que visite a un psicoanalista, yo IV.- Acerca de una interacción reveladora
me he negado siempre, hasta que lo vi a us-
ted en el diario y me dije, este es el que yo Reiniciadas las tareas universitarias, des-
ando buscando; porque si usted tiene rela- de el 28 de mayo al 10 de julio de 1975,
ción con Inglaterra me tiene que entender. Juan Enrique asiste a su tratamiento ma-
Evidentemente, el ocupa el lugar del que nifestando que las voces internas habían
sabe, el analista tiene que aprender nuevas desaparecido como así también su tic ner-
cosas. vioso, de repetir “Espiacorín.”, estaba en
Córdoba y circulaba las calles por la mano
Interrogado al respecto, nos informa, entre derecha con su automóvil. Hasta el 16 de
otras cosas: “mis abuelos paternos y mis Julio, pleno receso universitario, me co-
padres son ingleses: oriundos de Cambrid- munica su psiquiatra amigo que había sido
ge, donde ha nacido mi abuelo Juan (por arrestado por desacato a la autoridad po-
el cual llevo mi primer nombre, el que más licial y posteriormente internado en una
me gusta) era investigador privado de pro- clínica psiquiátrica. En Boulevard San Juan
fesión. Mi padre Enrique, conoce a mamá, de doble mano, había circulado por la iz-
profesora de alemán en España en 1934 y quierda y hablado en inglés, había agre-
se casan a los seis meses a pesar de la opo- dido a un policía al que insulta en caste-
sición de mis abuelos maternos, y fueron llano, reprimido duramente e insultado le
a vivir a Inglaterra, mi abuelo materno era habrían dicho: “ya te vamos a escarmentar
alemán y mi abuela materna era italiana.” a palos, para que aprendas a respetar a los
“En 1946 mi abuelo alemán y mi abuela representantes de la ley.”
materna, vienen a vivir con mis padres en
1969 fallecen mi madre y mi padre en un De ahí en más constantemente y a los gri-
accidente, Viví con mi abuela italiana hasta tos: “Espiacorín”. Lo internan y así lo en-
1972 año en el que fallece.” contró al segundo día, repitiendo frente a
un espejo “Espiacorín” aún con altas dosis
“Mi padre periodista, siempre está meti- de medicación. Al tercer día a las diez de
do en sus cosas, como mi abuelo Juan.” la mañana, estalla una bomba cercana a la
Juan Enrique dice saber el porqué de su zona de la clínica, Juan Enrique sale de su
enfermedad, lo define como el trauma habitación agarra del cuello a un enfermero

123
y le dice: “que mierda me tenés que andar lo relaciona con el trabajo realizado por su
espiando alemán asesino, Espiacorín.” abuelo inglés, el investigador privado, que
acreditado como periodista durante la gue-
Reflexionemos. Desde su presentación en rra había aprovechado dicha situación para
la que me ubica como sujeto barrado, sus ponerlo en práctica.
alucinaciones auditivas como fenómeno
elemental, construcción delirante acerca .- “Espiacorín”, holofrase a modo de con-
de su trauma pre-natal y una holofrase: densación del Mito Familiar del Pasado del
“Espiacorín.” Veamos: Psicótico, viene impuesto desde el Otro.
Dado que si bien para Lacan el psicótico no
.- Sin con la enseñanza del Dr Lacan y es- tiene historia significante discursiva, esta
pecialmente en la psicosis, hay que tomar tomado en el lenguaje, fuera de discurso,
en cuenta la holofrase, donde el símbolo de un pasado cuyos significantes ideales le
queda suspendido, coagulado en una uni- posibilitan estabilizaciones transitorias. Ho-
dad gramatical, sin sintaxis ni reticencias, lofrase que le permite quedar asido a un fe-
en un significante “plano” aunque no haya nómeno elemental de la palabra, intento de
referencias más matemático hay el Uno. acortar el goce silencioso personal y escapar
de la alucinación amordazante. Es casi una
.- Si la holofrase está en relación con si- alucinación, es una porción de una enuncia-
tuaciones límites, en la que el sujeto está ción que habla, es una palabra que impacta,
suspendido en una relación especular con automática, para meterse en el lenguaje.
el otro, haciéndose Uno, uniano y aferrán- Manifestándose una paranoia al estilo de la
dose a dicha unidad gramatical sin sintaxis, “parafrenia”, en el sentido freudiano, aplica-
intento de apresamiento del ser en la dis- da diagnósticamente a Schreber.
persión del ser en la psicosis.
Al decir Lacan: “La paranoia es una voz que
.- Si en la psicosis no habiendo operado la sonoriza la mirada; en el punto que no se
represión y la forcluido el significante pa- mira surge la voz.”
terno, el desencadenamiento, momento
de descompensación o desestabilización V.- De la Holofrase a un Delirio
se produce por un encuentro de Un Padre
en lo real, presencia de la policía, encarce- Luego de 5 meses de internación y ante rei-
lamiento e internación. terados episodios agresivos, donde solicita
volver a su trabajo nos decía:
.- Y si, por lo fortuito de otro hecho real, el es-
tallido de una bomba lo arroja al lenguaje con “Yo no puedo ser ni vivir sin mi laboratorio” tras
renitencias delirantes pero fuera de discurso. duras controversias con los psiquiatras de la clí-
nica, se indicó su vuelta al laboratorio, sus asis-
.- Fue posible seguir escuchando a Juan tencias a las sesiones del consultorio, su conti-
Enrique de ahí en más, sesión tras sesión nuo control farmacológico y su vuelta al hogar
y desentrañar el enigma de la frase: “Es- en compañía de una tía y una enfermera de 32
piacorín”. Espía de la corona inglesa, que años, Juana Enriqueta, quien lo acompaña du-

124
rante un tiempo y con la que luego, con el po relativo vamos a viajar al tiempo abso-
tiempo, contraería matrimonio. La reali- luto por otros mundos, y llegaremos a una
dad es que se atempera, se tranquiliza, su galaxia donde impere la paz y el orden ab-
funcionamiento en la universidad pasa a soluto equilibrio. Dado que por él, con él y
ser excelente. Se casa con Juana Enriqueta en el gran Dios San Juan, produciremos la
(oriunda de la provincia de San Juan) , “Por- fecunda humanidad de un nuevo mundo y
que lleva mi nombre en femenino” , quien me entregaré definitivamente a él, para lo
queda embarazada. que el mande.

En las sesiones, comienza a referirse a la Reflexionemos: En la psicosis, la forma de la


construcción de un nuevo delirio. Vatici- estabilización delirante, con el empuje a La
na que el 6 de agosto de 1985 (Fecha de la Mujer, es un intento de ser La Mujer, ser el
muerte de su abuela y aniversario del ho- objeto causa de deseo de Dios, en el orden
locausto de Iroshima) se va a producir el de lo indecible y de la imposibilidad, excluido
estallido de la tercera guerra mundial, por del campo del deseo y de la ética, del deseo y
el empleo de armas nucleares, va a suce- su ley; adviene el sujeto de goce y es apresa-
der un cambio en la oscilación geomag- do por la ética del goce, en una infinitación
nética del globo terráqueo. A las rápidas de sentido en la metáfora delirante, a modo
multiplicaciones genéticas suceden esteri- de intentar una modalidad de repuesta de-
lidades completas. Nuevas enfermedades lirante a la dispersión de su ser. Indudable-
arrasarán la población mundial. La ciencia mente era el intento de Juan Enrique en esos
y la técnica desaparecen. El mundo ya está tiempos, dado que el delirio aparece después
muriendo rápidamente. La vida en la tierra de su casamiento y luna de miel, cuando es
vuelve al año cero. Es el fin del mundo. confrontado a la asignación fálica y deman-
dado en el lugar de hombre de la vida coti-
“Otro nuevo mundo con mayúscula se ave- diana. Como respuesta al embarazo de su
cina. Lo que Dios creó en millones de años esposa y frente al hijo por nacer, inventó un
el hombre lo destruye en pocos días. El ver- Nombre del Padre, San Juan y un nuevo or-
dadero Dios que gobierna en el nuevo mun- denamiento en el mundo, construyendo su
do será: “Santo Giovanni” (como decía mi delirio vuelve al año cero en su problemática
abuela italiana) San Juan.” central de la esterilidad y de la vida, crean-
do una lengua fundamental, el idioma de los
Yo soy un elegido de San Juan, con el hijo cometas, que el analista debe aprender ga-
que vendrá y mi esposa, iré a vivir a ese rantizando la “veracidad” de su delirio, San
nuevo mundo, soy uno de los jinetes del Juan sustituye a “Espiacorín” produciendo
apocalipsis, he sido mandado a crear un una paranoia por construcción y no por dé-
nuevo idioma que usted debe aprender ficit. Tratando de sostener una nueva ley y
para salvarse conmigo, el idioma de los orden del mundo. Cada uno es adoptado y
cometas, que emplearemos los de la aso- se comprueba como el psicótico instala al
ciación Júpiter, y consiste en que en todos analista en esa posición de testimonio, y
los idiomas las vocales se remplacen con el “ambos” deben garantizar un nuevo orden
diptongo ia, palabra por palabra. Del tiem- (fuera del discurso), dado que la exigencia

125
psicótica se apoya sobre la lengua y un len- En 1981 me comunica que se va a vivir a
guaje. Erotomanía y forclusión en la estruc- otra provincia, donde ha conseguido un
tura de la psicosis. trabajo como profesional de laboratorios
de una empresa importante, con muy bue-
VI.- Del Delirio a un Sinthome na remuneración, a la que también irá su
mujer con un muy buen puesto. Pero se re-
Otra sorpresa le depararía lo real, Juan Enri- serva el nombre de la provincia. Hace viajes
queta da a luz a mellizos, una niña y un niño. Y a dicha provincia, alquila una casa, donde
cuadruplica su propio nombre, nominando a construye y equipa también un laboratorio
su hijo Juan Enrique y a su hija Juana Enrique- “para los fines de semana.”
ta, y lo explica: “porque en el nuevo mundo,
en la nueva galaxia donde gobierna el verda- A final de 1981, sigue asistiendo a las sesio-
dero Dios Santo Giovanni, San Juan, solo po- nes y ya no hace más referencia a su delirio.
drán vivir seres que tengan mi nombre.” Dice encontrarse bien con su mujer y sus
hijos, comienza a preparar una mudanza
Sostiene que es necesario prepararme para para lo que el definía como: “emprender
los acontecimientos que se aproximan. una nueva vida”.

Es de destacar que para Juan Enrique, no Se despide la última sesión y me comuni-


hay otra clases de seres que los Juan En- ca que me escribirá una carta, era el 27 de
riques, es la multiplicación imaginaria de Septiembre de 1981. A los diez días efecti-
los seres. Es desplegar el “Juego” no solo vamente, recibo una carta escueta que de-
en cifras, ya que solo se puede incluir con cía textualmente:
la duplicación de su cadena de padre, que
en vez de duplicación simbólica, le produce Ciudad de San Juan, 6 de Agosto de 1981
como duplicación imaginaria de su propio
nombre. “Le agradezco la ayuda recibida, he encontra-
do una ciudad para vivir hasta el final. Y se sos-
Un año atrás y tras construir un laboratorio tiene, dad al César lo que es del César y a Dios
de investigación en su domicilio, había pe- lo que es de Dios. Corresponde decir y con-
dido su año sabático de licencia en la uni- cluir: Dad a Juan lo que es de Juan, San Juan.”
versidad, y por intermedio de su psiquiatra
amigo comienza los trámites de jubilación Desde entonces he recibido la visita de
extraordinaria por reducción de la capaci- Juan Enrique en cuatro oportunidades:
dad laboral. Nos dice: “el laboratorio es mi 1982, 1984, 1986 y 1988. Donde su esposa
vida y sin él, no se ser”. Se construye tam- y el mismo, dieron testimonio de su estabi-
bién un laboratorio en una casilla rodante lización, viajaba en una camioneta con una
para las épocas de vacaciones y “no moles- gran casa rodante con un pequeño labora-
tar con rarezas a mi mujer y mis hijos, por- torio. Pareciera ser una evidente estabiliza-
que si yo trabajo todos los días 7 horas en el ción en un sinthome.
laboratorio, como usted sabe ando perfec-
to doctor.” Lo confirma su mujer. A modo de conclusión:

126
.- Si desde la enseñanza de Lacan en las psi- “Un Padre Fujilado” *
cosis, las formas de estabilización implican
una versión del padre, produciendo una es- Por Gustavo A. Navarro Occhiuzzo
tructura sintomática a modo de suplencia
del lugar vacante. Descripción del Caso

.- Y si el sinthome se produce como una X es un paciente varón de 26 años, el pri-


modalidad de respuesta del sujeto psicó- mero de 3 hermanos, pero el único hijo de
tico, desabonado al inconsciente, fuera de un padre que no lo reconoció como tal, pro-
discurso, pero alojado en el lenguaje. ducto de una aventura extramatrimonial vi-
vida con su madre. Antes de llegar de visita
.-Y si el sinthome es un apresamiento del a Bolivia, X estuvo trabajando de pescador
ser, evitando la dispersión del ser, al menos en el País Vasco (España) lugar donde esta-
temporalmente, logrando en el sujeto psi- ba asentado legalmente, conviviendo con
cótico el acotamiento de la infinitización su segunda esposa desde hace dos años.
del ser, en una elección de un ropaje para Con su primera mujer tuvo un hijo, que en
gozar, identificando su ser en un hacer. ese entonces tenía 4 años, del cual se hacía
cargo la madre de X que vive en Santa Cruz
.- Se puede sostener la efectivización de de la Sierra.
la dirección de una cura de un tratamiento
posible de la psicosis y por lo tanto pare- Con respecto a su problemática actual, X
ciera que no es aventurado sostener, que había sido internado de manera forzosa
ahí está Juan Enrique para probarlo en los en una institución psiquiátrica local, con
caminos de la vida. el diagnóstico de Trastorno Bipolar, epi-
sodio maníaco único con síntomas psicó-
ticos. Siendo su primera internación en
Bolivia y la tercera de su historia, puesto
que las anteriores dos se llevaron a cabo
en España.

I.- Desarrollo

En el transcurso de los primeros días de su


internación, de manera insistente y a veces
desesperada, X demandaba poder hablar
con alguien. Su tono de voz grave, y singular
acento español, contrastaban con la peque-
ña constitución de su cuerpo tatuado con fi-
guras polimorfas, denotándose puñales, gra-
nadas, nombres propios y el rostro de Jesús
entre otros símbolos. A medida de tranqui-
lizarlo lo invito a dialogar en el consultorio,

* Caso Clínico en el Hospital Psiquiátrico “San Benito


Menni” 2010. Santa Cruz-Bolivia

127
donde empezó a expresarse con un lengua- tranquilito haciendo lo que ella me diga,
je verborreico, entrecortado por la labilidad es padre y madre para mí”.
emocional que lo invadía, lloraba desconso-
lado con una expresión de profunda triste- Poco antes de cumplir los 18 años y gracias
za, mientras relataba los acontecimientos a las sugerencias de su madre, las cuales X
previos a su internación. X, había regresado toma casi como mandatos, es que decide
al país luego de trabajar unos años en Espa- emigrar a España en busca de mejores días,
ña, al día siguiente de su regreso, tomó la para lo cual, solicitan la colaboración de su
decisión de encontrarse con su padre en la padre, que al ser oriundo de aquel país, lo
ciudad de La Paz, encuentro que solo duró reconocerá legalmente como hijo, consi-
unas horas y tras el cual se desencadenó guiendo X de esta manera la ciudadanía
el tercer episodio maníaco de su historia, española y el apellido paterno. Respecto
situación que se hizo evidente al retornar a este reconocimiento, el paciente relata
este a Santa Cruz. Aún megalómano y con que su padre le dice: “usted hijo ahora es
el ánimo exacerbado, trataba de encontrar español, usted es dueño de todo” a lo que
algún sentido al descalabro imaginario del X le contesta: “yo no quiero nada papá”,
cual era testigo: “!Yo soy español y tengo recalcando que eso era un secreto que no
mis derechos, los doctores de aquí no sa- podía contarme porque la gente no podía
ben nada, en España yo soy capitán de bar- entenderlo. A partir de este reconocimien-
co y gano la puta plata, podría comprar a to legal por parte de su padre, adviene el
cualquiera de aquí!.” desencadenamiento de la psicosis, los fe-
nómenos elementales no se hacen esperar,
X era el producto de una aventura ex- X empieza a sentir que alguien lo persigue
tramarital de su padre, quien legalmente para hacerle daño: “Ese hombre era el dia-
no lo reconoce como hijo y se encuentra blo y me quería llevar al infierno, hasta en
totalmente desvalorizado por el discur- mis sueños me buscaba”.
so materno, a pesar de tener algunos en-
cuentros personales con X en el transcur- Mas que un reconocimiento, este hecho
so de la adolescencia. Respecto a su padre se constituyó en una imposición desde lo
sostenía: “era un militar muy poderoso y real, como nos señala Lombardi parafra-
rico, amigo del presidente de hace mu- seando a Lacan: “La presencia de un pa-
chos años, era un capo de Bolivia, por eso dre real, un padre que viene a terciar, pero
andaba ocupado y no tenía tiempo para que es rechazado a lo real (ya que no figura
mi, ahora el no es nada, es un fujilado” Un como mediador en lo simbólico, falta como
fujilado le pregunto?: “Si un fujilado , al- principio de la separación)” (Lombardi;
guien que se retira, que ya no sirve para 2001:112) Un padre que no queda regis-
nada” Y como veremos más adelante al- trado en lo simbólico solo tiene para el pa-
guien que tampoco sirve como padre. Res- ciente un estatuto de impostor. A pesar de
pecto a la alienante relación con su madre, todo X, se las arreglará para viajar a España
en reiteradas oportunidades señalaba: donde lo esperaba una prima que lo ayuda-
“ella es todo para mi, ella maneja todo en rá a instalarse y encontrar un trabajo como
mi”, también decía: “yo siempre a su lado vendedor que sostendrá por unas semanas

128
hasta que se presentó su primer episodio concretar para X, ya que estos títulos que su
maniaco. Al profundizar sobre este último padre le viene a traspasar caen en el agujero
aspecto, me respondió: “Es eso que no po- horadado por la forclusión de su estructura,
día contarle de mi padre, si yo le cuento us- como él decía “un militar retirado que ya no
ted promete no decirle a nadie?, yo asentí sirve”, que solo puede traspasar un signifi-
y gracias: “a una sumisión completa a las cante muerto, “S1 Padre que no sirve –S2
posiciones propiamente subjetivas del en- Padre muerto”, se coagularan y solidificaran
fermo” como nos recomienda el Dr, Lacan, en la holofrase “fujilado”, que X testifica-
X confiesa: “Tal vez piense que estoy loco ra ante el Otro, para dar un sentido ante lo
doctor pero aquello que no le conté de mi abrumador de la dispersión de su ser.
padre, era que él quería que yo presente un
acta allá en España, para que yo sea el rey de Cuando X relataba historias respecto a sus
España, porque el rey Juan Carlos de Borbón vivencias en España, con mucho orgullo y
ya se retiró, mi abuelo era Alfonso XIII rey de entusiasmo mencionaba que su oficio era
España, mi padre es su hijo”. Psi: Como que- el de marinero pescante, trabajo al cual ac-
ría que se presente? X: La gente de España, cede a partir de una identificación monolíti-
me querían dar un título, pero yo no quie- ca: “Yo me hice marinero porque en el país
ro nada de reyes doctor, y no fui a la misión Vasco todos son marineros”, también decía:
de mi padre fui a la misión de mi madre ella “Allá trabajo de marinero y pesco de todo,
esta primero, yo no quiero reconocer la co- gano en Euros, le mando plata a mi madre y
rona, yo ni quiero reconocer esos títulos, no a mi hijo, así no les falta nada a ellos”. Tam-
quiero esos problemas”. bién había realizado un curso a nivel técnico
en marinería, del cual estaba muy orgulloso,
Además agrega: “Cuando yo me presen- ya que era el “único título que tenia”, puesto
té, mi padre se fujiló, para ver si yo hacia que tampoco había terminado el bachille-
algo” Psi: Que era lo que usted tenía que ha- rato y el traspasado por su padre tampoco
cer? X: El esperaba que yo sea el rey, pero servía, siendo el oficio de marinero “su pro-
me dijeron primero está tu padre, pero era fesión”, así como la mía era la psicología me
mentira, pero si es cierto, por eso yo me decía. Entonces en el espacio analítico se
hice marinero, tengo mi carrera así como apuntó a tratar de consolidar su identifica-
tú tienes la tuya.” Lacan nos decía un poco ción con el “ser” marinero, llevando artícu-
parafraseando a Freud: “si lo que Freud arti- los, imágenes, lecturas relacionadas con la
culó, tiene sentido, el niño tiene en reserva pesca y la marinería, mientras X me expli-
todos los títulos para usarlos en el futuro… caba a partir de representaciones mímicas
El niño tiene todos los títulos para ser un y un gran entusiasmo en qué consistía este
hombre”(Lacan;1954:114) Esta es la función “hacer” que no lo dejaba de fascinar.
fálica que el significante paterno dejará ins-
crita en el niño a partir del Ideal del Yo, de Posteriormente , un día en el cual tenía que
esta manera, cuando algún día se convierta entrevistarme con la madre de X, lo encontré
en hombre, podrá construir algo con res- de rodillas frente esta suplicándole perdón, al
pecto a su masculinidad a partir de estos verme la señora me dice: “Doctor no es cierto
títulos. Esta operación resulta imposible de que si él se salta la barda del hospital, abajito

129
de la barda, está lleno de policías con perros rá a enfrentarse con la responsabilidad, de
malísimos , que le van a arrancar las pier- hacerse cargo de estos títulos que su padre-
nas?”. En ese mismo momento y frente al impostor le dejó.
paciente, desacredité está “paranoización”
promovida por el discurso materno ponién- Bibliografía
dole un límite, además se le aclaró a X cuales
serian las reales consecuencias de una fuga Lacan J. 1957-58. “De una Cuestión Prelimi-
hospitalaria. También se trabajó un par de nar Para Todo Tratamiento Posible de la Psi-
sesiones con su familia, concientizándola cosis”. Escritos. Libros-web. Buenos Aires-
con respecto a no utilizar este tipo de recur- Argentina.
sos discursivos para atemorizar a X, puesto
que solo contribuían a aumentar su descon- Lacan, J. Seminario 3. 1955 – 1966, “Las Psi-
fianza ante el Otro y desestabilizarlo. En una cosis”. Editorial Paidos. Argentina
de esas sesiones su madre con intenso llanto
refería: “dígame lo que es mejor para él, yo Lombardi. G. 2001. La Psicosis. Editorial
si fuera por mí y para que no le pase nada, lo Atuel. Buenos Aires- Argentina
tendría todo el día amarrado ahí en mi casa,
para que así yo lo pueda cuidar.” No dude en
la literalidad de estos dichos, así que traté
de inducirla para que sea el mismo X quien
decida qué hacer con su vida cuando se en-
cuentre más estable. Además no tenía du-
das que gracias al sistema sanitario español,
el apoyo de su esposa y la posibilidad de vol-
ver a trabajar, el paciente tendría mejores
oportunidades de vida en el País Vasco.

Finalmente el paciente tubo la potestad de


decidir con respecto al futuro de su vida,
eligiendo volver a España para seguir tra-
bajando de eso que tanto le gustaba, ade-
más que en aquel país recibía una pensión
del gobierno, y convivía con una chica de la
cual decía estar enamorado, además que le
ayudaba con la administración de su trata-
miento farmacológico. El día que nos vimos
por última vez, antes de despedirse, formula
una pregunta final: “Si mi padre aparece con
eso de los títulos de los reyes, dígame que
hago?, “vos ya tienes un título” le dije. X par-
tió, no con una duda que lo dividía, sino más
bien con la certeza de que en el futuro volve-

130
¿Cómo puede un delirio desencadenar- etc. Lo más extraño –señala- Deutsch- era
se a partir de un duelo?* que la muerte del marido, más que interve-
nir como un acontecimiento traumático de
Por Vicente Palomera ruptura, no hacía sino acrecentar y reforzar
las autoacusaciones.
Al abordar la psicosis partiendo del com-
plejo paterno, Freud se encontró con el La explicación de esto la encontramos en el
hecho de que en la psicosis el ideal apa- mismo diario. En sus anotaciones aparece
rece en el lugar del padre pero sin la fun- la idea delirante de que el marido no estaba
ción protectora que tiene en la neurosis. muerto y que unas personas malvadas in-
La irrupción de la psicosis pone en juego tentaban separarlo de ella porque sabían lo
esta dinámica. HeleneDeutsch quiso mos- mucho que él la amaba y la respetaba.
trarlo a partir de un interesante caso de su
propia clínica. A través de algunos signos enigmáticos,
el marido le hacía saber que aún estaba
Se trata del caso de una mujer que sufría de vivo y debía esconderse por temor de sus
crisis depresiva periódicas de tal envergadu- enemigos:
ra que requerían su hospitalización por te-
mor a un pasaje al acto suicida. Éste era, en verdad, el motivo por el que la
había hecho creer que estaba muerto. La
Este cuadro clínico, que se caracteriza por paciente desarrolló así un sistema deliran-
una sintomatología melancólica grave, dio te paranoico, donde misteriosamente vi-
un viaje hacia la paranoia. Se trataba pues vía complejas experiencias junto al marido
de explicar este cambio en el que el humor muerto que ella consideraba vivo.
depresivo de la paciente giró hacia un delirio
de persecución. Ocurrió luego una interesante transforma-
ción. Las ideas paranoides seguirán refirién-
El factor precipitante de este viraje se acla- dose al marido, pero con la diferencia de que
ró tarde cuando, de modo casual, Deutsch el amado protector se ha transformado en
encontró, en el diario de la paciente, un ma- un perseguidor cada vez más cruel. El mun-
terial altamente significativo. Durante una do presentaba signos misteriosos que indi-
de las fases melancólicas de la paciente, el caban la presencia del marido, cuya obra,
marido fallece de un mal incurable. Aparen- ahora con una creciente actitud implacable
temente, este acontecimiento no parecía del marido-perseguidor.
haber producido ninguna impresión sobre la
paciente. En este caso, vemos que el desencadena-
miento psicótico se manifestó a partir de
En la fase más aguda de la depresión, las un duelo. Este dato tiene su importancia si
anotaciones el diario se interrumpían y, lo tomamos en la perspectiva de lo que La-
cuando volvía a retomar el diario, escribía can observó años después. En efecto, Lacan
las típicas autoacusaciones melancólicas: toma el duelo como el reverso de la forclu-
no amaba bastante al marido, no lo merecía, sión de la metáfora paterna que determina

* Extraído de la Revista freudiana N. 30-2000 Paidos


ELP

131
la estructura psicótica: “La dimensión in- ne del llamado a lo simbólico al que se le
tolerable que se plantea a la experiencia pide suplir la carencia real.
humana no es la experiencia de la propia
muerte, que nadie tendrá, sino la muer- La idealización vacía el significante de la
te de otro. El agujero de esta pérdida, existencia concreta al que está ligado para
que provoca el duelo en el sujeto, ¿dón- hacerlo disponible para un nuevo vínculo.
de está?, está en lo real. Entra así en una Si tenemos presente la equivalencia entre
relación inversa con lo que sucede en la existencia y goce –como realización de la
Verwerfung. posibilidad pulsional- vemos que tanto el
duelo como la forclusión, partiendo de po-
Al igual que lo rechazado en lo simbólico los opuestos, obtienen el mismo resultado
reaparece en lo real, el agujero de la pérdida de separar el goce del ideal.
en lo real moviliza el significante. Este aguje-
ro deja un sitio donde se proyecta el signifi- No parecerá extraño entonces que el duelo,
cante que falta, esencial en la estructura del al invocar el ideal como compensación sim-
Otro. Se trata del significante que unos sólo bólica de la pérdida, pueda, en una estruc-
puede pagar con su carne y con su sangre, tura psicótica, funcionar como factor desen-
de aquel significante que esencialmente es cadenante.
el falo cubierto por el velo. Este significan-
te tiene su sitio ahí. Y al mismo tiempo no En el caso presentado por Deutsch la es-
puede hallarlo, porque no puede articularse tructura psicótica de la paciente estaba
en el Otro. Es entonces cuando, al igual que compensada mientras el marido, que era
en la psicosis –y por eso el duelo está empa- al mismo tiempo paladín y objeto de amor,
rentado con la psicosis- en su lugar pululan mantenía juntas, a través de la propia exis-
las imágenes que componen los fenómenos tencia, la función proyectiva del ideal y la li-
del duelo”. bidinal del goce. El marido encarnaba pues
la función de compromiso que, en la neuro-
A la muerte de una persona amada se abre sis, está articulada en el síntoma y suplía,
un agujero en lo real producido por la des- de este modo, la carencia metafórica del
aparición del objeto de amor; estamos en Nombre-del-Padre.Con la muerte del mari-
un plano distinto de aquel en que se abre do esa función de suplencia que, como sín-
el agujero en lo simbólico determinado por toma viviente, el esposo realizaba para su
la forclusión. Del mismo modo en que la mujer, se ve afectada, desarticulándose así
forclusión, aquello que no tiene acceso a lo la dimensión pulsional del goce y la función
simbólico se presenta en lo real, el agujero simbólica del ideal. Pero ¿de qué modo el
en lo real provocado por el duelo repercute agujero en lo real dejado por el duelo pone
sobre lo simbólico. El rito fúnebre a través al descubierto la falla en lo simbólico de-
del cual se honra la memoria del difunto bida a la forclusión? El ideal, en su función
ejemplifica la movilización significante que protectora y compensadora respecto a la
retorna para afrontar la ausencia creada carencia del Nombre-del-Padre, no era re-
por el agujero en la existencia. El efecto de presentado por el marido, sino encarnado
idealización que acompaña el duelo provie- por él.

132
Si el trabajo normal de duelo hace un lla- De cuando la adicción se cruza con la
mado al ideal para compensar la carencia esquizofrenia*
en lo real, en el caso de HeleneDeutsch,
con la muerte del marido, la paciente se Por Laura Boiero
encuentra frente a una ulterior carencia: el
agujero en lo real y el agujero en lo simbó- G., de 36 años, muestra su certificado de
lico coinciden, no dejando al sujeto nada a discapacidad en el colectivo. De esa ma-
lo que llamar, abriendo así la vía al desen- nera puede viajar gratis para concurrir dos
cadenamiento de la psicosis. veces por semana, por convención institu-
cional, a su tratamiento ambulatorio en un
Este caso nos permite entender cómo el centro de rehabilitación para las adiccio-
nexo entre la disgregación narcisista y la nes. Consume cerveza, marihuana y “co-
manifestación directa de la instancia críti- caína solo cuando cobro el subsidio” que le
ca del ideal del yo está la razón que llevó a fue asignado por una “esquizofrenia para-
Freud a tomar el delirio de ser observado noide”. Concurre solo, no hay contención
como paradigma de la génesis del superyó. familiar ni afectiva. La madre, luego de
un tiempo y tras ciertas preguntas que no
Las manifestaciones de ese delirio de ob- pudo asimilar, y menos aún responder, dejó
servación consisten en una impresión de de asistir a terapia familiar “porque estaba
hipertransparencia de la consciencia, en cansada”.
la que todos los pensamientos pueden ser
leídos, las acciones observadas y las inten- La historia de G. es la de alguien que tiene
ciones previstas. El paranoico puede ser in- certeza. A los 16 años tuvo sus primeras
formado sobre las acciones de la instancia visiones: “Caminaba por Cabildo y vi un
observante, por ejemplo, de las voces que ángel blanco y un ángel negro”. Luego
se manifiestan. Una fuerza de este género de cierto trabajo de historización resultó
que observa, descubre y critica todas las in- que esa no había sido su primera vez: “A
tenciones del sujeto existe efectivamente – los 5 años me desperté de madrugada, vi
escribe Freud- en la vida de cada uno, pero a un niño ángel y, para comprobar si era
en el delirio aparece sin máscara. verdadero, lo toqué con el dedo y el dedo
se hundió”. A los 16 también debutó en el
En otras palabras, en la psicosis el sujeto circuito de las internaciones en varias clí-
se encuentra en relación directa con tal nicas de patologías duales, porque la ma-
instancia que actúa sobre él mismo desde dre descubrió que su hijo “fumaba porro
el exterior, mientras en la neurosis se ve- y, encima, inventaba cosas”, y porque se
rifica una inversión a través de la cual el le iba la mano mezclando todo lo que en-
sujeto la interioriza, por medio del ideal, contraba, desde cocaína hasta las pastillas
haciéndola propia: sólo la interposición que ella usaba para dormir. G. temblaba,
del ideal produce el efecto de autocrítica lanzaba puñetazos, escupía espuma, los
y de auto-observación autocrítica de la del SAME psiquiátrico, luego de socorrerlo
consciencia moral. con alguna inyección o con alguna frase de
aliento, corrían a atender a la madre, que

* Extraído del libro: Boiero L. 2015. Adicciones. Edito-


rial Paidos-Argentina. P. 70

133
estaba por caerse de bruces porque le ba- llama por teléfono”. Hace alusión a los lla-
jaba la presión. Intentos que no triunfaron. mados que recibe “desde hace veinte años,
siempre me llaman a las diez de la mañana
Inició un tratamiento “acá” porque “no y cortan, ahora hace meses que nadie lla-
quiero ir más” a clínicas psiquiátricas, don- ma”, Cada uno de esos llamados es la úni-
de le decían que el problema principal era ca esperanza de G. respecto del encuentro
su diagnóstico, aunque primero debería con el amor y es lo que le desata una crisis
desintoxicarse en algún otro lado. de excitación que lo enfrenta con su ma-
dre. Le pide explicaciones acerca de quién
G. se aferra a que es adicto a la cocaína y lo llama, la sacude de los brazos hasta que
consume cuando la cabeza le empieza a dar ella se desvanece (una escena repetida sin
vueltas, en un intento de responder aque- fin) y sale corriendo con lo que pueda ven-
llas preguntas que su madre le negó duran- der para “consumir cocaína”. La sustancia,
te toda su vida y que tienen que ver con la hasta acá, frena su desestabilización, llega
reconstrucción de su historia. En este sen- luego de los estallidos de ira al día siguien-
tido, lo único que pudo rescatar de ese si- te, como si nada. La madre silencia los epi-
lencio materno tan retentivo es aquello que sodios, él se acomoda en un aplastamiento
ella le machaca todos los días: que” es un emocional que lo deja aún más anulado y
enfermo que alucina o inventa, que lo úni- desolado, pero “de la cabeza mejor”. Y
co que hace es drogarse y mentir, y que no mantiene la certeza del engaño. De tan-
barre los bollos de tierra que hay debajo de to sacudir a la madre de los brazos, pudo
la cama”. extraer como dato que quien creía que era
su padre no lo era. Ella se lo dijo, luego se
G tiene la particularidad de no poder adhe- desdijo y por último lo volvió a decir… Justo
rirse a ningún dispositivo terapéutico. De el tema del padre.
las dos sesiones semanales, solo concurre
a una terapia, no participa de los grupos y Ambos fueron a ver al doctor porque las
al psiquiatra lo tiene “por afuera, es el de crisis se agudizaron. La madre responsa-
la obra social”. A su doctor no le cuenta bilizaba al consumo por el caos, y se fue-
de sus recaídas con cocaína, de los pensa- ron enseguida con más recetas de rispe-
mientos que no puede detener y que son su ridona, fluoxetina, valproata, etc., y sin
derrotero habitual, ni de sus percepciones ninguna pregunta para ninguno, porque
asertivas. para el que está del lado del saber, el diag-
nóstico sigue siendo el mismo trastorno
De su internación a los 16 refiere que suce- de hace veinte años, y la única interven-
dió justo cuando se casó con Penny, tal vez ción médica que G. recibe es la de “luchar
en Uruguay, y que capaz tiene un hijo con con toda su voluntad para no consumir
rulos, “parecido a mí”. No recuerda nada porro”, como si él dependiera de su fuerza
más de ninguno de esos dos momentos tan vital. Siguiendo este sentido unívoco, la
cruciales para él. La certeza que tiene es vía que encuentra el goce que desarma a
que su madre, seguro sabe algo más. Ese G. puede ser regulada por la fuerza de los
Otro que lo determina. “Ella sabe quién me psicofármacos.

134
Asiste al “tratamiento por adicciones” hace analítico, él no es el objeto gozado, y esto
tres años y siempre repite la escena del lla- lo alivia generándole cierta estabilización
mado y pide una significación, el problema debilitada, pero suficiente como para soste-
de la certidumbre: “Me casé hace veinte nerse en pie ante las ruinas del goce.
años en Uruguay, tengo un hijo y mi mujer
tiene la cara llena de granos, no me acuer- En transferencia puede acomodar algo de
do mucho más, pero es así”. No puede aña- su historia, y en su ocasional “me tengo
dir ninguna pieza nueva a su historia, repite que ir” deja alojada su parte delirante, lo
todos los lunes esta escena y cree que la que le permite hacer de su vacío forjado
madre sabe. Ese elemento repetitivo pro- por forclusión una posibilidad de significar
cede por reiteraciones. Es posible que lo su carencia y rearmar un imaginario que
elabore, dice Lacan, pero ese signo interro- no lo devore.
gativo puede quedar en repetición sin que
nunca se le dé una respuesta, así se haga el Respecto del consumo de cocaína, ha lo-
intento de integrarlo al diálogo porque se grado enlazarlo con la impotencia. La des-
trata de un fenómeno que está cerrado de esperación por no saber “lo que ocultan”, y
toda comprensión dialéctica. de esta manera encuentra el pie de apoyo
para, a partir de la integración, poner una
G. tiene dos amigos con los cuales toma barrera. Ya no se trata solo de consumirse
cerveza. No tiene pareja desde hace más en el campo del Otro, sino que G. constru-
de veinte años. No trabaja. El certifica- ye desde cero su propio límite. ¿De la im-
do de discapacidad le dio el nombre que potencia a la imposibilidad? El consumo,
lo invalida y activa la pobreza de su fun- ya lo sabemos, será siempre una respues-
cionamiento global. Se apoya en el lazo ta falaz.
transferencial que logró asistiendo solo a
su terapia individual. “Si no viniera acá no .-Un paréntesis en torno a la terapéutica
tendría con quién hablar de esto y me ex-
plotaría la cabeza”. Es el único lazo que Es prudente tener en cuenta qué tipo de abor-
no le interpreta su certeza y del que recibe daje será el que pueda contener estas estruc-
alguna respuesta; aquí su desamparo en- turas que combinan la adicción a sustancias
cuentra una escucha real, porque lo único psicoactivas con aspectos mórbidos de la
que pudo amar hasta ahora es su delirio. personalidad, Tenemos en cuenta datos de
nuestra realidad clínica: el abuso de drogas
Cuando se intenta organizar lo que trae dis- puede tener función de suplencia y, en cier-
perso se detiene su circuito de repetición, se tos casos, desencadenar un estado psicótico.
queda callado y se levanta enérgico: “Bue-
no, me tengo que ir ya, ¿no?, y se va con ali- En la búsqueda de alivio de la tensión psí-
vio. A partir de la mirada del otro puede unir quica, el psicótico puede intentar liberarse
lo que está perdido para no quedar adheri- del goce Otro a través del efecto de esta-
do a la pérdida, lo que genera un efecto de bilización (compensación) que el uso de la
anudamiento que le permite hacer algo con droga puede darle. Un nombre. Los tóxicos
ese goce descolocado. Dentro del encuadre podrán circular por distintas estructuras y

135
cumplir diversas funciones, pero se trata lizar las patologías, separar qué se enfrenta
de los sujetos, no de las estructuras. Hacer primero?
posible la articulación, aunque será con al-
fileres, de los tres registros. Esta realidad clínica aumenta tanto como la
carencia social institucional y plantea múl-
El funcionamiento de cada droga y su po- tiples interrogantes, teniendo en cuenta
tencia (más allá del debate sobre si, en es- la diferenciación como clave para su abor-
tos casos, la droga tiene función de suplen- daje. Sin embargo, disociar las patologías
cia o no) dependerá del tenor subjetivo. suele ser también un problema más para el
Los efectos varían según las circunstancias paciente, porque no le resulta fácil encon-
de los psiquismos, la pasta base tiene más trar un tratamiento adecuado, un lugar en
ventaja vandálica que la THC. Los pacien- el Otro. Suelen deambular por los distintos
tes también nos enseñan de qué manera dispositivos: granjas, loqueros, hospitales
estos consumos no son equivalentes. La diurnos. De tanta medicación cabecean
adicción puede asociarse al ser causa; o no, todo el día. Los aspectos más cruentos de
y constituir un atributo o una consecuen- la enfermedad (el aislamiento, la depre-
cia. En este sentido, conviene acordar que sión, el aplastamiento emocional, la falta
no es suficiente con el plano simbólico; las de interés), juntos con el pequeño criterio
intervenciones pueden transcurrir en lo diagnóstico y de contención social, además
real, mediante la prescripción de estabili- del drama de ciertas constelaciones fami-
zadores químicos que intenten echarle un liares, les juegan en contra a la hora de bus-
ancla a la angustia. car alojamiento.

Desde una perspectiva psicodinámica, la Es cierto, el consumo puede facilitar la apa-


clínica de atención de estos pacientes está rición de algún trastorno psiquiátrico. Yen-
pensada en tratamientos que puedan ofre- do a lo más sencillo, el consumo de canna-
cerles espacios interdisciplinarios y de con- bis puede generar alucinaciones, el uso de
tención parcial, donde incluirlos en rutinas cocaína puede aumentar la paranoia, los
que propongan algún ordenamiento y que delirios de persecución, las reacciones auto
incorporen a la familia en el rearmado del agresivas. No hay quien contenga el pro-
lazo, que podrá ser tanto protector como blema: un paciente con alucinaciones o de-
de riesgo. Esto hace pensar que también lirios por lo general, no es aceptado en un
la familia debe ser diagnosticada, para que tratamiento comunitario de puertas abier-
pueda funcionar como un elemento cola- tas. Esto es así porque se considera que la
borador en espacios de reintegración social modalidad estructurada y con intenso tra-
y se convierta en un complemento que lo- bajo bajo presión que supone un sistema
gre estabilizar al paciente. de convivencia pautado y normativo puede
generar mayor desequilibrio para aquel que
Nos encontramos en un campo complejo no está en condiciones de soportar lo coti-
por su abordaje y por su fenomenología: diano por resultarle intolerable y por el gran
una adicción a sustancias más algún otro desbarajuste adaptativo que trae a cuestas.
trastorno psiquiátrico. ¿Hay que individua- Entonces se convierte en un adicto a los tra-

136
tamientos que empieza y nunca termina, o discapacidad o deficiencia en las funciones
en un desertor fracasado que se quedó sin físicas que las limitan para su cotidianidad y
trinchera, un consumidor de tratamientos que restringen su participación en ámbitos
sin consumar. de interacción social. La discapacidad no
deja de ser otra construcción social, mez-
El pacto con el otro, sostener una rutina quina, de la subjetividad de quien o la tran-
farmacológica, adherirse o no al encuadre sita, y llega a formar un estado de doble
están en relación con las posibilidades de exclusión. Sufren la persona y su circuns-
conciencia de enfermedad de las que se tancia; así, la dificultad para integrarse a
disponga. A veces, abandonar la medica- ámbitos de salud se triplica. Además, se le
ción puede ser la antesala de un proceso de suman los factores ambientales y contex-
recaída o de su inminente cronificación, la tuales que son otros impedimentos reales.
pulsión de muerte lucha por imponerse y Resulta feroz la respuesta que se da bajo la
serpentea entre los escombros yoicos. forma de “mal pronóstico” que se usa para
finalizar y para no avanzar en torno al pa-
Cuando mencionamos la creación de un decimiento.
espacio facilitador, pensamos, siguiendo
a Wnnicott, en los analistas dentro de un Uno de los problemas principales de esta
campo donde, juntos con el programa de realidad de exclusión deriva de la poca
tratamiento institucional multimodal, lo- reacción frente a la situación de no con-
gren motivar y adaptarse al esfuerzo que tención para estos pacientes. Otra vez el
implican tales fenómenos clínicos, y, si es efecto de la tolerancia social. [Por lo gene-
necesario, pedir colaboración para que el ral, los espacios de salud no cuentan con el
paciente renuncie a las partes de su diag- dispositivo estructural para su contención,
nóstico que le son funcionales: apatía, sino que dejan en evidencia las dificulta-
abulia, anhedonia, desapropiamiento del des para la accesibilidad física, o la falta de
cuerpo. Hay que tener en cuenta que el servicios para ellos. Es notable la ausencia
cumplimiento o el abandono del trata- de personas con discapacidad en los trata-
miento puede ser un estancamiento de mal mientos; las limitaciones no son las del in-
pronóstico. Sabemos que el psicótico ya dividuo sino las del entorno.
tiene su gran OTRO que lo goza, su A indes-
tructible cuando surgen los fenómenos ele-
mentales. El analista, en tanto, semblan-
te toma su función de resto. Tal es el caso
que ilustra G., que da una pauta en torno
a la confianza que hay que lograr desde el
vínculo transferencial, un pequeño amarre
para sus acrobacias cuando el dictamen de
su Amo lo invite a sobrevolar el vacío.

La misma dificultad estructural, aparece en


las personas que presentan algún tipo de

137
El hombre de los pulgares que crujen* ra, quien mostró una viva decepción. Como
en un rapto, él le asestó un violento puñe-
Por Bernard Porcheret tazo en la espalda, y al día siguiente se le
declaró el síntoma.
Desde hace dieciocho años, M. viene a con-
sultarme cada vez que se encuentra “entre Cinco años después, luego de la ruptura
dos mujeres”. Se queja de la primera cuan- con esta mujer, el cuadro presenta un as-
do hay probabilidades de separación, y me pecto otra vez diferente: las sesiones se
abandona no bien encuentra a la segunda. saturan de una queja sin límites. M. da a
Se va a vivir a lo de esta última algunos días conocer diferentes tipos de crujidos de su
después. pulgar y enumera su combinación con ac-
ciones: cortar carne, encender un cigarri-
Muy depresivo, transpirado de ansiedad, se llo, lavarse, sonarse la nariz, peinarse, to-
dice una y otra vez “echado a la calle” por la carse la bragueta…, escribir y, sobre todo,
mujer a la que acaba de golpear. firmar.

Se complace inventariando con un voca- Desarrolla entonces una práctica hasta el


bulario injurioso sus caprichos, sus modos agotamiento. Puede tratarse, por ejem-
de goce, sexuales, financieros, su modo plo, de hacer funcionar un encendedor
de apropiación del bebé que tuvo con ella. hasta vaciarlo de todo el gas o llenar pá-
Busca provocar división y angustia en ellas. ginas enteras con firmas. Se impone una
secuencia: crujido inaugural, profundo y
Entre dos mujeres, vive en la casa de sus explosivo, luego una sensación intolerable
padres; se relaciona con su madre de la d que el pulgar caiga en el vacío; finalmen-
misma manera. te, práctica de “verificación”, hasta que
los crujidos secundarios creados por las
Durante la primera entrevista, expone su flexiones bajo la superficie de la piel se de-
temor de que, al terminar el acto sexual, su tienen. “lo van a cortar”, exclama. “Pero,
pene quede en la vagina de su pareja. entonces, ¿el otro?” Notemos aquí el efec-
to de bilateralización.
Al cabo de cinco años, el cuadro inicial se
modificó: muy angustiado, se queja de cru- Como telón de fondo, quejas referidas a
jidos en el pulgar de su mano derecha. Dirá: su aspecto fálico: arrugas alrededor de los
“Es como una mutilación, me las arreglaría ojos, caída del cabello, gordura, etc. Teme
si me dijeran que es de nacimiento”. Y expli- no poder seducir más.
ca así todas sus dificultades: “Me angustia
el dedo”, para concluir con: “No puedo vivir Pudo construirse una serie de fenómenos
con una mujer, es demasiado complejo”. del cuerpo: estrabismo divergente durante
su primera relación, dolores tenaces en la
El síntoma se desencadenó así: invocando rodilla derecha que se harán bilaterales en
un dolor en la rodilla, M. se negó un día a la víspera de un examen exploratorio, lo que
tener relaciones sexuales con su compañe- le hace decir “es psíquico”; rigidez de nuca y

* Extraído del libro: La Psicosis Ordinaria-Jacques Alain-


Miller y Otros.2009.Paidos-Buenos Aires. P.p 115

138
de espalda. Cada síntoma se apoya en una ni lapsus, ni siquiera olvidos. Sin trastornos
“sugestión”: palabra brutal, cachetada del lenguaje. Sin teoría delirante. La con-
ofensiva, un golpecito. Clínicamente, una servación de un eje imaginario le permitió
perfusión de antidepresivos que pasa por trabajar, y sostener una relación terapéu-
fuera: “El brazo se me va a pudrir, me lo tica más bien amistosa. Viene entre dos
tendrán que amputar”. mujeres a tomarme testigo de sus goces
desordenados, de su poder para tomarlo o
La explicación a su tendencia a golpear a las rechazarlo, y de los fenómenos corporales
mujeres la encuentra en sus padres: “¡Sal intolerables. Se mantiene allí. Se sostiene
del paso!”, le decía mi madre a mi padre; yo de ese doble imaginario que yo encarno,
reproduzco eso. “Golpeo porque mi padre que abandona cuando lo encuentra en una
tendría que haberle dado una cachetada mujer, algo con lo insoportable; a partir de
para pararla. Ella lo rebajaba y lo amenaza- allí, domina la violencia. La duración sin
ba con irse”. La madre de M. es presentada precedentes de su último concubinato (seis
como un personaje autoritario e infiel que años) estuvo acompañada por fenómenos
rechaza y después toma, como todas esas del cuerpo invasores y durables. La ruptu-
mujeres de las que él se separó; el padre, ra de esta relación radicalizó el cuadro con,
como impotente y depresivo: “Yo lo vengo, correlativamente, un empobrecimiento de
no quiero ser un trapo de piso”. su lazo social. La búsqueda de una mujer le
parece ahora mucho más condenada al fra-
Su adolescencia estuvo marcada por un he- caso porque su “aspecto fálico” se degrada.
cho: su madre lo sorprende con un rosario
enroscado alrededor del pene. Ella le dice: No hay subversión de la función de órgano
“Si vuelves a hacerlo, te enfermarás”. La por la función fálica, como en el síntoma de
noche siguiente tiene poluciones nocturnas la conversión histérica. Dado que es esqui-
acompañadas por ritos obsesivos y fuertes zofrénico, tiene que vérselas con Ω0, sus
angustias. Estas desaparecerán a los vein- fenómenos del cuerpo de apariencia hipo-
tiún años con la primera relación sexual y la condríaca son acompañados por una gran
vuelta a la masturbación. angustia. Él intenta localizar el goce en un
órgano; sus prácticas de verificación para
“¿Es psíquico, doctor?... ¡Huy, huy, huy!” cifrarlo no constituyen realmente un límite.
Este enunciado en forma de pregunta es
repetido sin fin por el paciente, en la sesión Intenta construir un síntoma. Actualmente
o por teléfono. Conviene acusar recibo: hay que temer la automutilación o el suicidio.
“Completamente”, para evitar su reitera-
ción inmediata. Ninguna vacilación, ningu-
na apelación al sentido.

La temática fálica presenta un carácter no


dialéctico, sin correlato con la función pa-
terna. En dieciocho años de entrevistas, las
asociaciones fueron rarísimas, sin sueños,

139
Un amor posible* ca o a hechos políticos siempre formaron
parte de la trama delirante en la cual ella
Por Néstor Yellati estaba implicada.

El Desencadenamiento Así, su desencadenamiento se produjo


cuando tenía 20 años, durante una época
Atiendo a Marcela desde hace dieciséis de gran agitación política, llena de perse-
años. Cuando la conocí era una mujer joven cuciones, disturbios y muchos muertos.
vestida con un guardapolvo de maestra pri-
maria, profesión que, en efecto, ella ejer- De improviso, ella supo que la “comunidad
cía. Sin embargo, durante años vino a las Europea” quería matarla, hecho sin vincu-
sesiones con esa misma ropa. lación alguna con las circunstancias de su
vida.
Su identidad de docente tuvo, sin duda,
un gran papel en sus estabilizaciones, gra- Cuando caminaba por la calle en un gran
cias al lazo que ella siempre mantuvo con estado de confusión, las luces de giro de los
sus alumnos y los superiores jerárquicos. automóviles le indicaban que debía, a su
Más de una vez, la directora de la escue- vez, dar vuelta en cada esquina, orden que
la me telefoneó para saber cómo actuar ella obedecía sin poder evitar momentos
frente a sus crisis. Al comienzo del trata- de angustia y enorme desconcierto cuan-
miento, la madre de Marcela propuso ha- do otros autos que marchaban en sentido
cer los trámites necesarios con el fin de contrario le señalaban que debía volver a
obtener una pensión por invalidez para su girar. Si había semáforos, era para indicarle
hija, lo cual habría significado para ésta cuestiones de su incumbencia; los colores
pasar horas y horas acompañada por una tenían una significación cierta, personal e
madre persecutoria que la observaba sin indudable.
descanso, siempre dispuesta a encontrar
en ella signos de psicosis. Me opuse a esa Es interesante destacar que los numero-
sugerencia que la habría dejado a merced sos episodios posteriores que ella padeció
de ese Otro gozador encarnado por su durante su cura, y a los que calificaba de
madre. “persecuciones”, tuvieron características
similares. Marcela llegaba siempre a la
Inteligente, vivaz, Marcela siempre se conclusión de que querían matarla; los ase-
mostraba interesada en la actualidad en sinos eran hombres, por lo común amigos
general, pero ese interés se centraba so- de su juventud con los cuales, observaba,
bre todo en las vicisitudes políticas de su había tenido relaciones sexuales.
país, con una actitud que estaba muy por
encima de lo corriente en una ciudadana Su posición paranoica terminó por mani-
comprometida. En efecto, la información festarse en la transferencia. Un período
obtenida le proporcionaba la materia de atormentado de la cura, lleno de descon-
su ideación: personajes ligados a la políti- fianza y pedidos de ayuda con llamado te-
lefónicos reiterados a cualquier hora, difíci-

* Extraído del libro: El Amor en la Psicosis –Jacques


Alain-Miller y Otros-2006. Editorial Seouil. Buenos
Aires. P.p 283

140
les de soportar para el analista, sólo pudo El gran amor
aclararse un año después una vez restable-
cida la calma: su analista quería matarla. A los 18 años, antes del desencadenamien-
Esto abre la compleja cuestión de la trans- to, Marcela conoció a otro funcionario, al-
ferencia en la psicosis; en un sujeto para- guien que ya tenía una posición en un parti-
noico la transferencia puede sostenerse en do político tradicional de la Argentina, que
el tiempo sin que los lazos de amor se en- la trataba bien y de quien ella se enamoró.
caucen hacia la erotomanía. Al principio, la muchacha no tuvo la certe-
za de ser amada por él. Sin embargo, com-
Poco tiempo después de la eclosión de su probó que el hombre la consideraba de una
psicosis, Marcela inició una relación con manera particular: la recibía en su oficina
un hombre mayor que ella, a quien cono- antes que a las demás, a quienes hacía es-
ció por intermedio de su madre. Se trata- perar. Tales fueron los primeros signos de
ba de un militar a quien ella recurrió, por- un lazo que, más adelante, llegaría a ser
que en la escuela donde trabajaba habían claramente delirante.
violado a una alumna.
Durante mucho tiempo lo vio de tanto en
En consecuencia, él le pidió informaciones tanto, pero siguió enamorada y pudo cer-
sobre otros estudiantes a fin de realizar ciorarse de que tenía una significación es-
averiguaciones; Marcela nunca se las dio. pecial para él, lo cual no impidió que a lo
Esto no impidió que comenzara una rela- largo de los años ese hombre conociera a
ción con ese personaje de ideología fascis- muchas otras mujeres, según cuenta la pa-
ta, orgulloso de una cicatriz en la cara que, ciente, y que ella misma tuviera también
según decía, correspondía a una herida su- una cantidad más o menos importante de
frida durante el bombardeo de la Plaza de amantes, incluida la relación con el oficial
Mayo de Buenos Aires, en 1955. Aunque de ideología fascista.
Marcela dudaba de todo eso, viajó con él a
Alemania, donde solían pasar horas ence- La vida sexual del sujeto, en ese momento,
rrados en un cuarto de hotel en el que ella contrasta notablemente con la que tendrá
debía seguir con mucha atención las expli- en el futuro con su principal partenaire.
caciones de tácticas militares desplegadas
sobre un pizarrón. Las relaciones sexuales mantenidas con
esos amantes parecen haber sido la causa
La mujer evoca con dolor esa época en que, primordial de la transformación ulterior de
a su entender, la relación con el hombre éstos en perseguidores que querían matar-
estaba marcada por la dominación, la im- la. Durante bastante tiempo, ella temió,
posición de ideas que le parecían extrañas, asimismo, que su rostro, por obra de un
tanto más cuanto que Marcela siempre fue subterfugio, apareciese en fotografías por-
progresista, pero al mismo tiempo el mili- nográficas publicadas en países extranjeros.
tar ejercía sobre ella una rara fascinación
ligada a los rasgos heroicos que ponía en La angustia asociada a la actividad sexual
primer plano. era tan grande que, a raíz de dos encuentros

141
ocasionales con hombres más jóvenes que lo tanto, a la homosexualidad, a tal punto
ella, yo le señalé ese lazo evidente con el pro- que ella creyó encontrar en un hombre que
pósito de calmarla. Mis palabras tuvieron un trabajaba en la misma oficina al partenaire
efecto imprevisto e incalculable: Marcela inte- homosexual de su amante. Los significan-
rrumpió de manera definitiva y hasta nuestros tes del Otro siempre están incluidos del
días toda actividad sexual, salvo los encuen- mismo modo en la construcción del delirio.
tros puntuales que tendría con su amado, a los
que nos referiremos a continuación. No obstante, ni la revelación de la condi-
ción homosexual de su amor ni la interrup-
La vida sexual con su gran amor no sería ción de la relación directa con él luego de
perturbadora como en los otros casos. Las las escapadas a la ciudad de la costa (salvo
visitas periódicas a su oficina se interrum- encuentros fortuitos en la calle) rompieron
pieron para dar lugar a encuentros sexua- el lazo que los unía, pero éste se mantuvo
les en una ciudad balnearia durante cinco de un modo particular. Las ventanas de la
años, en oportunidad de las vacaciones. oficina del hombre, que Marcela veía desde
Marcela conocía a su amante desde hacía su casa, eran el vehículo a través del cual
catorce años y ya había iniciado el trata- él le enviaba diversos mensajes, según es-
miento conmigo. Esos encuentros le per- tuvieran cerradas, abiertas o entreabiertas.
mitieron comprobar que se trataba de un La mujer, siempre atenta a las noticias po-
hombre puro, bueno, diferente. líticas y a veces también a las novedades
del ámbito artístico, dejaba mensajes per-
Dice que era un hombre sin ningún “olor”, tinentes grabados en su contestador tele-
sumamente limpio, que nunca se quitaba fónico y esperaba la respuesta de acuerdo
toda la ropa y con quien el contacto era con el movimiento de las ventanas. Podía
puro, “oral” y no “vaginal”. El hecho de fre- interpretar los mensajes en términos “fe-
cuentarlo significaba limpiarse de toda la lices”, “muy felices” o “poco felices”. Una
suciedad de las relaciones mantenidas con ventana estaba dedicada a los comentarios
los otros, la escuela, la villa miseria, el abu- políticos; otra, a cuestiones más persona-
so infantil, la pobreza. les: por ejemplo, saber si ella sería madre.
Aunque Marcela no fue capaz de aclarar del
De allí en más hubo para ella un punto de todo la situación, ya que nunca se mostró
inflexión en el lazo que la unía a él: ya no dispuesta a abandonar cierta reticencia a
era sólo un trato preferencial por parte del comunicar su delirio, llegó a decir que las
hombre, vínculo imaginario que perduraba; ventanas jamás se contradijeron.
la cuestión era ahora el amor que se revela-
ba en su manera de tratarla sexualmente. Ese circuito de demandas y respuestas se in-
terrumpió al cabo de algunos años; las ven-
Un terapeuta que me reemplazaba durante tanas ya no se movían o, cuando lo hacía,
las vacaciones le dijo que ese hombre era ese movimiento no quería decir nada. Pero
homosexual, afirmación que para Marce- los mensajes continuaron: Marcela iba a un
la cobró valor de certeza. Esa manera de café (sigue haciéndolo), se sentaba en la
ser, su delicadeza, quedaron ligadas, por misma silla que él había ocupado una vez y

142
se convencía de que todo el mundo, el due- Éste trabajó siempre en una empresa de
ño y los camareros, conocían su relación, pinturas, es decir rodeado de los mismos
sabían que ella estaba casada con el hom- colores que, para sorpresa de ella, cuando
bre –aunque la noticia nunca se había he- comenzó su relación amorosa, volvieron
cho pública – y le transmitían sus mensajes. periódicamente en lo real para cobrar una
Ciertas maneras de decir las cosas, algunas significación absoluta y sirvieron de vehí-
frases ambiguas y los colores de su ropa, la culo privilegiado a través del cual su amado
decoración del lugar, se interpretaban como le daba a conocer sus respuestas. Ese padre
mensajes de respuesta a las preguntas o co- tuvo una manera particular de responder a
mentarios que ella, perseverante, grababa la demanda de amor de su hija. Una vez que
para su amado. ella le escribió una carta desde un balneario
–una carta que era, como todas, de amor-, él
Pero no sólo había mensajes. Él también la le respondió devolviéndosela con los errores
protegía con actos. de ortografía marcados y la consigna de que
cumpliese con la copia ritual de dos renglo-
Así, cuando ciertos personajes del barrio nes de escritura por error.
comenzaron a burlarse de ella, Marcela se
lo contó y el hombre se valió de su poder Maestra de escuela, Marcela sufrió durante
político para expulsarlos definitivamente años el temor de cometer faltas de ortografía
del lugar. De ese modo, ella pudo quedarse delante de sus alumnos, que esos errores que-
tranquila. daran escritos en el pizarrón ante la mirada
de otras maestras y, por consiguiente, de ser
Marcela distingue con claridad entre lo que descalificada en una profesión que, a lo largo
llama las “persecuciones” que la acosan, de mucho tiempo, tuvo para ella un papel es-
la angustian y hacen necesario aumentar tabilizador.
la dosis de medicamentos, y los mensajes
amorosos. Hoy tiene la certeza de que él la Siempre estuvo segura de que su padre tenía
ama. Está segura de que la protege y sabe deseos incestuosos. En una de sus descom-
todo lo que le sucede, pues ella se lo trans- pensaciones psicóticas, ella le pidió que la
mite. El hombre sabe que está casada con tomara en sus brazos y la protegiera; él le dio
él y alimenta en ella la posibilidad de te- una bofetada y Marcela interpretó así el gesto:
ner un hijo. Ella jamás se sintió rechazada “me ha manoseado”. Cuando el padre decía:
y nunca hubo odio entre ambos. Tampoco “ahora, las tres a la cucha”, quería decir que
conductas contradictorias que exigieran trataba a las tres hermanas como perras. Ese
un esfuerzo de interpretación en el sentido padre que, según su hermana, quiso abusar
positivo. El amor entre ellos parece puro y sexualmente de una empleada doméstica, te-
eterno. nía un olor que ella no soportaba, en contraste
con su amado, que no tiene olor.
Un padre que no ama
Lo fundamental, empero, era la completa des-
La pureza del amor erotómano contrasta titución de ese padre en el discurso de la ma-
con los relatos de Marcela sobre su padre. dre, que lo calificaba de personaje siniestro y

143
lo acusaba de haber dejado a la familia en la Un caso de “masoquismo” con prácti-
calle, a quien nadie visitó cuando sufrió un cas de automutilación*
infarto y con el cual ella había tenido su úl-
tima relación sexual veinticinco años antes, Por Roberto P. Neuburger
pues le daba asco: “Vivía en casa, pero para
mí era como un mueble”. I. Introducción.

En efecto, cuando el padre murió, diez años Muchas veces se ha discutido la posibilidad
atrás, su ausencia no se diferenció, al pare- de una articulación de diferentes “estructu-
cer, de la de un mueble que se deja de lado ras clínicas”. La cuestión siempre aparecerá
porque ya carece de utilidad. Marcela anun- en la tensión entre la singularidad del caso,
ció esa muerte sin manifestación alguna de que se resistirá a entrar en cualquier esque-
dolor, y ulteriormente sin ninguna referen- ma preexistente, y la aspiración a un univer-
cia a su ausencia ni al padre de su infancia, sal de la Ciencia con el que el psicoanálisis
ese a quien se llora en el duelo. – aún sin someterse a ella por completo –
debe confrontarse inevitablemente.
La paciente hoy
Esta tensión alcanza un punto culminan-
Marcela sigue trabajando en la misma es- te en casos en que lo extremo del pasaje al
cuela, pero desde hace unos años ya no lo acto interroga duramente nuestras referen-
hace como maestra; se desempeña en la cias. A la búsqueda de reparos estructurales
biblioteca, donde recomienda lecturas a los que sostengan una armazón siempre preca-
niños que la visitan con frecuencia. Ya no tie- ria nos referimos una y otra vez a los “dis-
ne relaciones con los hombres, y menos aún positivos específicos” que propone Freud:
relaciones sexuales. El volumen de su cuer- represión, renegación (Verleugnung), repu-
po se ha modificado: en los últimos años du- dio (Verwerfung). Pero lo real desborda toda
plicó su peso hasta llegar a los ciento veinte teoría (o – intentemos un quiasma – desbor-
kilos. Vive sola, se marchó de la casa mater- da especialmente a la que quiere ser Toda),
na cuyas ventanas le permitían acechar los aún si los que la proponen advierten el abis-
mensajes de su amado. A veces sufre “per- mo que a veces se abre entre la estructura
secuciones” rápidamente combatidas con y la sintomatología. En efecto, ¿cómo situar
pequeñas dosis de medicamentos, sin com- una subjetividad que se sustrae en tanto las
paración alguna con las dosis que tomaba al figuras de la “pareja perversa” confluyen, así
comienzo de su psicosis. Su delirio erotóma- como coinciden ambas experiencias últimas
no continúa, intacto y silencioso. Sólo habla del Proyecto freudiano: dolor y satisfacción,
de él si se le pide que lo haga. Sigue siendo mutilación y descarga orgásmica, en un
amada y nada permite suponer que dejará goce de casi imposible desciframiento? Sin
de serlo. Pese a la restricción de sus posibili- pretender llevar éste a cabo por entero – por
dades vitales y el padecimiento que mantie- lo que la ambigüedad quedará sin resolver
ne con ella le transmite su inalterable gusto – esperamos al menos relevar, de la misma,
por la vida. algunas claves en el caso que presentamos.

* Publicado originalmente en “Psicoanálisis y el Hospi-


tal” No. 6 (versión revisada) https://robertoneuburger.
wordpress.com/un-caso-de-masoquismo-con-practi-
cas-de-automutilacion/

144
Sus características, aunque tal vez parezcan contagios, el SIDA…; por cierto, su premu-
“espectaculares” desde cierto punto de vis- ra es mayor al explicar las ventosas para
ta, lo son menos que en la notable exposi- ver crecer los pechos, y aún cuando puede
ción de Michel de M’ Uzan (véase las Refe- añadir que ha intentado lograr idéntico ob-
rencias bibliográficas). jetivo por medio de una cinta, es claro que
no desea ser interrogado sobre ese punto;
II. Presentación del caso con igual rapidez descarta cualquier posi-
ble fantasía transexual (que ya antes había
El paciente, que llamaremos S. M., concu- sospechado la residente).
rre a la guardia del Hospital en forma es-
pontánea y solo, a raíz de una hemorragia Pese a la magnitud de la lesión, es obvio que
profusa en la zona genital. El cirujano de no le ha traído consecuencias: no ha perdido
guardia que lo recibe comprueba, al exa- el conocimiento, por ejemplo, y la herida,
men, la sección del escroto, del epidídimo según comprueba el cirujano que interrum-
y del testículo izquierdo por su mitad; se pe una de nuestras entrevistas, ha curado
decide la orquiectomía izquierda y curación rápidamente. Sólo le resta, pues, aguardar
correspondiente, y S. M. es internado en la los análisis que se han solicitado, para rein-
Sala de Clínica Médica para su evaluación, tegrarse a su actividad y vida cotidiana (con-
control y seguimiento. La médica residen- vive con su madre, de setenta y seis años,
te a cargo nos requiere la Interconsulta, desde su separación en 1982); desempeña
detallando datos de la anamnesis: S. M. se diferentes funciones en un lugar de aten-
ha causado, él mismo, la lesión, que no es ción al público, con un horario sumamente
única: a la inspección la médica descubre extendido.
petequias alrededor de las tetillas, resul-
tado de la aplicación de ventosas. En tales III. Trayectoria de la sexualidad
circunstancias es entrevistado por nosotros autodescripta.
en la Sala.
En su relato, a través de los recuerdos en-
S. M., de cincuenta y dos años, se mues- cubridores distantes o recientes, sus ex-
tra en todo momento colaborador, calmo periencias sexuales se ordenan en cuatro
y moderado en todas sus expresiones. No fases:
presenta el más mínimo atisbo de angus-
tia, y relata no sólo los hechos que lo han 1. Una primera de homosexualidad infantil:
conducido a la internación, sino cualquier a los siete años habría intentado ser sedu-
otra circunstancia de su vida, con toda ob- cido por un sacerdote (un Padre), a quien
jetividad y precisión, como si relatara algo frustra refugiándose en el aula junto a sus
acerca de un tercero. Quizás se apresura o compañeros, y con los que habría luego
anticipa al declarar su “arrepentimiento” mantenido relaciones homosexuales;
y firme intención de no reanudar las prác-
ticas automutilatorias. Con una fórmula 2. Una segunda, de heterosexualidad, en la
adverbial – “tal vez” -, connota su escueta que se suceden diferentes “novias”, deci-
explicación: querer castrarse para evitar diendo con prisa el matrimonio con una de

145
ellas, con quien – pese a desear separarse que éste consistiera en una “hernia” (infor-
casi inmediatamente luego del mismo – tie- mación que el mismo complementa solici-
ne una hija (de veintidós años en el momen- tando a los médicos, enfermeros, etc. no
to de la entrevista). A ninguna de ambas contradecir con la indeseable revelación
continúa viendo en lo sucesivo; de lo efectivamente sucedido). Asimismo
la notamos presurosa por destacar lo ma-
3. Una tercera, en que frecuenta prostitutas ravilloso de su familia y de sus hijos, gestos
a las que solicita lo penetren con diversos y muecas que suspende tan sólo instantes
objetos, desempeñando así, según aclara, el en tanto algún episodio de los que relata
rol femenino; podría, a juicio de un Otro, desmentir tal
concepción.
4. Una cuarta, que sitúa a partir de 1991, en
la que ocurre por fin la conjunción de dolor Juntos proceden así a la tarea de recons-
y placer que constituye el enigma del maso- trucción de la historia pretérita de S. M.,
quismo, pero localizada esta vez en el geni- actuando aquélla de narradora (de hecho
tal: progresa desde introducirse agujas en acude a veces con pequeños escritos a gui-
el pene, – que cambia después por clavos sa de “ayuda memoria”), y éste corrigien-
– a efectuar tajos en la piel del escroto con do, o agregando en escasas ocasiones en
cuchillos, con el objetivo de llegar a ver, y que parece querer decir su desacuerdo. El
extraer, un testículo, y supervisando la ma- padre de S.M ha fallecido a los cincuenta
niobra, siempre, con ayuda de un pequeño años y hace treinta; la única hermana, ma-
espejo. A la par que refiere alcanzar el or- yor que S. M., vive con sus siete hijos en el
gasmo con tales oficios, el peso del papel interior.
que juega la mirada es duplicado en el re-
lato: el sujeto lamenta que su puerta haya V. Recuerdos infantiles
estado cerrada – o tan sólo entreabierta -,
y haberlos sustraído, así, a la vigilancia ma- Al tiempo que se despliega así una apreta-
terna; acaso la misma hubiera podido im- da serie de episodios, es preciso recortarlos
pedir su conclusión. sobre la tortuosa trayectoria que los despla-
zamientos geográficos de S. M. dibujan: na-
IV. Grupo de familia cido en una localidad balnearia, se traslada
a otra, cercana, para poder ingresar en el
La madre no sólo es mencionada de tal ma- internado en que tiene lugar el incidente de
nera en su narrativa, sino que, dado que seducción (el religioso, quien repitiera amo-
visita con frecuencia a S. M. durante la in- rosos intentos con otros internos, habría
ternación, participa de algunas entrevistas, evitado el descrédito público obteniendo su
mostrándose siempre deseosa de colabo- traslado a un país distante).
rar, aportando recuerdos que a veces es-
cribe, y sugiriendo a S. M. que no deje de A una nueva mudanza a una localidad rural, le
tratarse. Supuestamente, empero, ignora sigue el reinicio escolar. Pero tras alcanzar su
los pormenores del motivo de la interna- sexto grado los padres deciden que la experi-
ción, habiendo sido informada por su hijo encia de pupilaje ha de reeditarse, y lo envían

146
a una institución porteña en la que reto- del padre de S. M. (nacido en 1911, y cuyo
ma desde cuarto, por la preparación de los primer nombre es el mismo del de su hijo).
alumnos. Nueva interrupción, por fuga esta Es éste el punto del relato en el que se
vez: no podía estar encerrado. De modo que tornan más incómodos los esfuerzos de la
regresa al campo con sus padres, preparán- madre por aligerarlo; y, sin embargo, no
dose allí para finalizar su escolaridad prima- acierta a ocultar haber traído a su mari-
ria y emprender la secundaria (para la que do a la Capital- tres años antes que falle-
viaja diariamente hasta que la interrumpe ciera (como ya anticipamos) por un acci-
medio año antes de su término: se me cruzó dente cardiovascular – para internarlo en
una idea y no quise seguir). una institución psiquiátrica donde le fuera
diagnosticada enfermedad mental gra-
He aquí, pues, algunas de las viñetas “a dos ve. S. M., quien a la sazón contaba veinte
voces”: años, dice no recordar el episodio, porque
era chico;
1. Al os cuatro años sufre una quemadura en
las piernas que, supuestamente, lo inmovili- 7. A solas, expresa la ira que le inspiraba ob-
za por un año entero (por una imprudencia servar a su madre, quien no se preocupaba,
al pasar cerca de las brasas de una parrilla); según masculla, en ocultar ante sus hijos
su vida sexual con aquéllos que elegía para
2. A los seis desafía a un automóvil: a éste compensar su miseria conyugal;
me lo choco, no resultando, empero, herido
de gravedad; 8. Interrogado acerca de un curioso y poco
hábil doble tatuaje que ostenta en un bra-
3. Diversos episodios sucesivos y simila- zo, lo designa, entre muecas discretamen-
res de caídas o accidentes callejeros (el te jocosas, como voluntaria y común op-
último, durante la adultez, de un depósito ción de sus compañeros de servicio militar
de baño que cae sobre él), y que tampo- durante un arresto. La duplicidad – en trazo
co le acarrean consecuencias mayores (un y color de tinta, por ejemplo – es explica-
ligero dolor remanente en la espalda, por da en tanto “arrepentimiento” que habría
ejemplo); de cubrir, con poco éxito, y con su propio
apodo, la marca original del nombre de una
4. Las ocasiones en que escapa de la vigilan- novia abandonada.
cia paterna, refugiándose en un árbol cerca-
no a la vivienda familiar; VI. Discusión

5. La persecución que sufre una vez por un Decía José Bléger que el diagnóstico es un
agente policial montado – de la que madre e hobby de psiquiatras. Pues bien, ya sea
hijo coinciden en ignorar la causa – a la que como hobby, ya sea porque – como men-
se sustrae ocultándose en algún edificio del cionábamos en la Introducción – buscamos
pueblo; criterios de estructura como fundamento
de la superficie sintomática, los analistas
6. Manifestaciones del carácter violento no nos prestamos menos al juego.

147
Toda vez que la historia que se acaba de Y es que, para quien condujo las entrevistas,
leer fue expuesta ante otros, la psicosis fue un relato tan cartesianamente sereno, tan
evocada con firmeza, dejando de lado por diferente en su superficie de los del capítu-
completo que en lo fenomenológico jamás lo precedente, continúa siendo un perfecto
se manifestó la experiencia psicótica como enigma.
tal – más allá de lo extremo del acto – ni
en alucinaciones o neologismos, ni en una VII.- Referencias bibliográficas
certeza de ser exigido por el Otro a llevar
a cabo un sacrificio ineludible. Igual suerte Barthes, R. (1977) “Sade, Loyola, Fourier”.
corrió en tales discusiones la confluencia Caracas, Monte Avila Editores.
del dolor con el goce que define al maso-
quismo: de ningún modo fue obstáculo que Clavreul, J. (1967) “Le couplepervers” in: “Le
impidiera plantear la hipótesis de una falla désir et la perversion” Paris, Seuil.
forclusiva.
Freud, S. (1919) “EinKindwirdgeschlagen”
Determinados rasgos conducen por dicho G.W., 12:197
sendero. Las oscilaciones de la sexualidad
del sujeto parecen manifestar por momen- (1924) “Das ökonomischeProblem des Ma-
tos un efecto de “pousse à la femme” (la sochismus” G.W., 13:371
fantasía de crecimiento de pechos, o la po-
sición que refiere como femenina frente a (1938) “Die IchspaltungimAbwehrvorgang”
las prostitutas). G.W., 17:59

El estatuto simbólico de su padre es, Greilsheimer, H. 1979) “Male genital self-


cuando menos, dudoso. Y él mismo no mutilation”, Arch. Gen. Psychiatry, 36: 441-6
es capaz de sostenerse en dicho lugar. El
goce producido mediante sevicias auto- Khan, Masud M. (1976) “Frommasochis-
infligidas podría indicar acaso un extra- mtopsychicpain” in: “Alienation in perver-
ñamiento con respecto al propio cuerpo, sions“, New York, International Universities-
al estilo de la insensibilidad de los psicó- Press.
ticos que no advierten un daño en éste;
el masoquista generalmente resguarda Masotta, O. (1974) “Edipo, castración, per-
su cuerpo de estragos mayores. El impul- versión” Cuadernos Sigmund Freud, No. 4,
so de extraer el objeto-en-más fracasa Buenos Aires, Nueva Visión.
al obtener tan sólo una mutilación real.
No obstante, en el ya mencionado caso Menninger, K. (1935) “A psychoanalyticstu-
de Michel de M’Uzan – que alcanza ex- dy of thesignificance of self-mutilation” Psy-
tremos mucho más despiadados -, éste choanal. Q. 4:408
preserva la denominación “masoquismo”.
Igual proceder se ha seguido en el título M` Uzan, M (1975) “Un caso de masoquismo
de este capítulo. perverso” in: “La sexualidad perversa:

148
estudios psicoanalíticos” Buenos Aires, Un caso de paranoia desencadenado
Granica. por una excitación en la zona anal
(1911)*
Rosolato, G. (1967) “Etude des perversions
à partir du fétichisme” in: “Le désir et la Por SandorFerenczi
perversion” Paris, Seuil.
Como complemento a mis anteriores comu-
Walker, J. (1975) “Art sincePop“London, nicaciones, aportaré un caso más reciente. Se
Thames&HudsonLtd. me presentó un campesino suavio de unos
cuarenta y cinco años, con antecedentes de
sobriedad, afectado, según se me dijo, de
manía persecutoria. Según su mujer, el en-
fermo tenía la idea obsesiva de que cualquier
hombre que se le acercara era un enemigo,
quería envenenarlo, le señalaba con el dedo,
se reía de él, etc. Si cantaba el gallo en el co-
rral, si se le cruzaba un extraño en la calle, era
todo por su culpa y se refería a él. Pregunté
al enfermo sobre sus relaciones conyugales
(pues sé que los celos no son únicamente atri-
buto de las demencias alcohólicas).

El enfermo y su mujer me respondieron con-


juntamente que todo iba bien; se querían
y tenían muchos niños, aunque a partir de
su enfermedad el hombre carecía de acti-
vidad sexual, pero sólo porque tenía otras
preocupaciones. Le pregunté después si se
interesaban por la vida de la comunidad y de
ser así si se había modificado este interés a
partir de su enfermedad. (Sé por experiencia
que los individuos que evolucionarán hacia
la paranoia demuestran un vivo interés y
desarrollan una intensa actividad en la vida
pública –como los homosexuales muy ca-
racterizados-, pero que cesa más o menos
por completo cuando aparece la demencia.)

La mujer afirmó con fuerza. Su marido era


el notario de la ciudad y en calidad de tal
desarrollaba una actividad extraordinaria;

* Extraído del libro: SándorFerenczi. Obras Completas,


Psicoanálisis Tomo I, cap. X “Un caso
de paranoia desencadenado por una excitación de la
zona anal”. Ed. Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1981).

149
sin embargo, a partir de su enfermedad se de la parestesia y de la angustia provocada
había desinteresado por completo de los por la intervención.
asuntos públicos. El enfermo, que hasta
entonces había escuchado todo con calma, Más tarde, había acusado incluso al ciru-
confirmándolo y aprobándolo en ocasio- jano de haber cometido un error intencio-
nes, se agitó de repente; pidió explicarse, nadamente. Lo que sabía sobre la relación
y acabó diciendo que su mujer me había di- entre paranoia y homosexualidad me con-
cho todo esto a escondidas porque de otra dujo al razonamiento siguiente: la nece-
manera no hubiera podido adivinarlo todo sidad de una intervención activa de hom-
tan exactamente. Proseguí la entrevista a bres (médico) en torno al orificio anal del
solas con el enfermo, quien, volviendo a la enfermo pudo despertar las tendencias
cuestión precedente confirmó sus celos, homosexuales hasta entonces latentes o
que no quería admitir delante de su mu- sublimadas, haciendo revivir recuerdos
jer. Sospechaba de su mujer y de todos los infantiles. Conociendo el significado sim-
hombres que iban a su casa bólico del cuchillo, fue la segunda inter-
vención, practicada sin anestesia, la que
(Observaciones anteriores me habían per- me pareció que había podido reavivar de
mitido interpretar sus celos, junto a la abs- modo regresivo, a causa de la herida reci-
tinencia sexual de varios meses que de- bida, la representación infantil del coito a
mostraba la tibieza de sus sentimientos, tergo (habiendo sido introducido profun-
como la proyección de su preferencia por damente en el recto el instrumento cor-
su propio sexo; por supuesto que no co- tante). Sin ambages pregunté al enfermo
munique esta interpretación al paciente.) si había hecho cosas prohibidas duran-
Le pregunté después en qué circunstancias te su infancia. Mi pregunta le sorprendió
había aparecido el cambio en él y en tor- bastante. Dudó mucho tiempo antes de
no a él. El enfermo respondió con un relato responderme y después, muy turbado, me
muy coherente; hacía algunos meses que contó que a los cinco o seis años se dedicó
había sufrido una tras otra dos intervencio- a un juego extraño con un camarada, pre-
nes quirúrgicas debidas a una fístula anal. cisamente el mismo que ahora era su ene-
Creía que la segunda operación se la habían migo encarnizado. Su camarada le había
hecho mal. A continuación tuvo durante propuesto jugar al gallo y a la gallina. Él
mucho tiempo la impresión de que algo se había aceptado y desempeñaba siempre
agitaba en su pecho y muchas veces al día el papel pasivo: era la “gallina”. Su cama-
le acometía una “angustia mortal”. En esos rada le introducía por el ano el pene erecto
momentos sentía que la “fístula le subía o un dedo; otras veces introducía cerezas,
bruscamente hasta el estómago, lo cual le y, después, las retiraba con su dedo. Prac-
haría morir”. Pero ahora se había curado de ticaron este juego hasta los diez u once
aquella angustia y la gente pretendía que años. Pero terminó desde que compren-
estaba loco. Su mujer y otro acompañan- dió que era algo inmoral y repugnante; en
te confirmaron sus afirmaciones, en parti- adelante no había vuelto a pensar en ello.
cular el hecho de que sus ideas delirantes Me aseguró con insistencia que sentía
no habían aparecido hasta la desaparición gran desprecio hacia todos esos horrores.

150
Este recuerdo muestra una fijación homo- muchos casos análogos, la idea de emba-
sexual muy intensa y prolongada en nues- razo, pues sólo tuve una entrevista con el
tro enfermo, rechazada enérgicamente y enfermo. En este caso, el pronóstico me ha
sublimada particularmente a continuación. parecido incierto, sin excluir la posibilidad
La brutal intervención quirúrgica sobre la de una desaparición más o menos total de
zona erógena anal debía haber creado las las ideas delirantes en el caso de que la fís-
condiciones favorables para que despertara tula anal se cure por completo, acarreando
el deseo de repetir el juego homosexual in- una mejoría en la condición física del enfer-
fantil siempre vivo en el inconsciente. Pero mo; entonces podría superar su capacidad
lo que anteriormente no fue sino un juego de sublimación, es decir, vivir sus intereses
de niños, se había reforzado desde enton- homosexuales por el camino de la actividad
ces hasta convertirse en el instinto impe- social y de la amistad, en lugar de una per-
tuoso y amenazador de un hombre adulto y versión grosera aunque inconsciente.
vigoroso. ¿Es sorprendente que el enfermo
intentara defenderse contra la localización NOTAS:
anormal (perversa) de tan grandes cantida-
des de libido, tratando primero de transfor- [1] Freud: “El caso Schreber: notas psicoa-
marla en parestesia y angustia y, después, nalíticas sobre autobiografía de un caso de
de proyectarla al mundo exterior en forma paranoia”. JahrbuchfürPsychoanalyse.
de construcción delirante? La parestesia
que precedió al estallido de la manía perse- [2] Ferenczi: “El papel de la homosexuali-
cutoria (la “ascensión” de la fístula anal al dad en la patología de la paranoia”, en Pro-
estómago) se apoyaba sobre la misma fan- blemas Psíquicos, M. Dick, editor.
tasía inconsciente homosexual pasiva que
había propiciado la organización delirante. [3] La expresión de parafrenia la propuso
Freud en lugar de la demencia precoz. La
No es de extrañar que el enfermo intentara patología de la parafrenia es por lo demás
resolver así su sexualidad de modo parafré- mucho peor conocida para que podamos
nico(3) es decir, desviándose por completo distinguir con certeza (como en este caso,
del hombre para volver al autoerotismo por ejemplo) los síntomas sensoriales de
anal; su delirio de persecución corresponde excitación y la angustia de una conversión
al “retorno del afecto rechazado”; un des- histérica. (SándorFerenczi. Obras Comple-
pertar de su amor a los hombres, sublimado tas, Psicoanálisis Tomo I, cap. X “Un caso
durante mucho tiempo y luego completa- de paranoia desencadenado por una exci-
mente rechazado. El “gallo que cantaba” en tación de la zona anal”. Ed. Espasa Calpe,
su patio, con su lugar privilegiado en el sis- S.A. Madrid, 1981).
tema delirante del enfermo, representaba
también sin duda su enemigo más encarni-
zado, el camarada de sus juegos infantiles
en los que él hacía de gallina. No he podido
confirmar mi hipótesis de que el temor al
envenenamiento simbolice aquí, como en

151
Encrucijadas de la práctica hombre y queda embarazada de su segun-
institucional* do hijo. Allí es donde el juzgado civil in-
terviniente solicita que se establezca si X
Por Diana Campolongo está o no en condiciones de hacerse cargo
de este niño. Mientras tanto, el padre del
Voy a plantear con apoyo en una viñeta clí- bebé reclama algún contacto con su hijo.
nica la imposibilidad lógica de tratamiento Esto inquieta a X que quiere asegurarse la
de un caso que al mismo tiempo se automa- tenencia del niño, y también que el padre
tiza en su permanencia burocrática dentro no la obtenga.
del sistema de salud. La idea que sostiene
este trabajo esa plantear cómo el “lado trá- En la adolescencia de esta mujer aparecen
gico” que comentaré brevemente en este fenómenos ilusorios o alucinatorios visua-
material, no cae del lado del paciente, que les que no fueron tenidos en cuenta por la
no se hace sujeto de su decir, sino del lado familia, de allí que se presume entre otros
de quienes desde el sistema intervienen en el diagnóstico de epilepsia.
él, de una u otra forma: juez, asistente so-
cial, profesionales “psi”, etc. Dice luego de acontecido el asesinato, que
desde hace un tiempo escuchaba voces,
Atiendo a la señorita X desde su deri- achaca el asesinato a las voces, pero tam-
vación por un juzgado civil, en mayo de bién a la “pérdida de consciencia”. En fin,
2004. Mató a su hija de tres años en un no sabe qué pasó. Ante la pregunta de por
episodio confuso, luego de una pelea con qué viene al hospital, responde: “Me man-
el padre de la niña quien pretendía revin- dan del juzgado para hacer tratamiento
cularse con ésta en contra de la decisión acá. Estuve internada en el hospital, y aho-
de esta mujer, decidida a negarle al padre ra estoy con permisos de salida, hasta que
de la niña cualquier tipo de contacto con empiece tratamiento acá y con una psicó-
su hija, con el argumento de que las había loga del centro de salud, así ellos me dan
abandonado poco tiempo después del na- el alta”.
cimiento, cuestión que repite su historia
infantil. Con relación al motivo de su internación en
la Unidad penitenciaria relata lo siguiente:
Luego de ocurrido el asesinato se encuen- “Maté a mi hija de casi tres años, yo estaba
tra “como saliendo de un sueño, o algo como inconsciente, cuando me desperté la
así”. Es inmediatamente internada en una nena estaba muerta en mis brazos. (…) Ten-
unidad penal dentro del sistema del hospi- go epilepsia y escuchaba voces”. Ese día
tal psiquiátrico, el juzgado penal la consi- había tenido una pelea con el padre de su
dera inimputable, con diagnóstico de psi- hija, al que no vio desde poco tiempo des-
cosis –internación que dura poco más de pués que quedó embarazada, y que volvió
un año. cuando la niña tenía poco más de dos años.
De las voces que describe: “se burlaban de
Hacia el final de la internación comienza mí, me decían que iba a poder criar sola a
con permiso de salida donde conoce a un mi hija, se reían de mí”.

* Extraído del libro: Nieves Soria Dafunchio .2009. In-


hibición, síntoma y angustia.-Ediciones del Bucle-Ar-
gentina- P.p 210

152
Las voces cesaron en el momento en que ve relación, hasta que queda embarazada,
ingresa a la comisaría donde quedó deteni- luego de algunas semanas, “él se borró”. Le
da. Intervino un Juzgado Penal y otro Civil, pregunto por la relación con el niño: “Es-
que actualmente se ocupa de su caso, y es toy siempre con él, casi todo el día en mis
el que la deriva a tratamiento al hospital. brazos, pero como yo no tengo la tenencia,
no puedo salir sola con él, quisiera que me
A lo largo de las entrevistas cobró valor, por den la tenencia”. Vuelvo sobre el episodio
un lado el diagnóstico de X y la cuestión de si de la noche en que mató a la niña: “Tengo
era posible precisar la responsabilidad de sus epilepsia temporal, pero no lo sabía, nunca
dichos y la subjetivación de lo sucedido. Lo había perdido la conciencia”.
que resaltaría en principio de las entrevistas
es la falta de sentimiento de culpa. El fuero X no se siente culpable, no expresa respon-
penal a partir de los informes periciales psi- sabilidad frente al hecho de la muerte de
quiátricos, consideró a la mujer inimputable su hija, aunque no deja de reconocer que
de acuerdo al artículo 34 del Código Penal. ella la mató. Quizás “la epilepsia y las vo-
ces” le permiten sortear alguna elabora-
X no se presenta angustiada en el curos de las ción de lo sucedido que la responsabilice.
entrevistas, estaba lúcida, y no se evidencian Lo que queda enlazado en su relato es que
fenómenos elementales actualmente. No el día de aquella pelea con el padre de su
habla espontáneamente, ni presenta en prin- hija trae aparejada una crisis de las voces
cipio la situación como un problema, salvo (aumentaron su intensidad y no paraban de
que preguntada por mí sobre alguna preocu- injuriarla), pero a pesar de ello, dice que se
pación o temor refiere miedo a que esas vo- ocupó de su hija, le dio de comer, la bañó y
ces vuelvan, sin mencionar las consecuencias la acostó, luego...el despertar ya relatado.
que podrían desprenderse de las mismas,
que no sea el sufrimiento que le ocasionaba I.- Una historia familiar:
el hecho mismo de escucharlas por el costa-
do injurioso con el que se le dirigían. A la edad de 3 o 4 años su madre decide
venirse con ella a Buenos Aires, porque su
El miedo queda con relación a la aparición padre la engañaba con otra mujer, con la
de las “visiones” que aparecen alrededor de que después tuvo varios hijos, y además
los 11 años, sus padres no consultaron por la golpea. “Yo no lo perdoné nunca, hasta
esto. X se desempeñó trabajando en un ho- el año pasado que hablé con él. Yo no soy
gar de ancianos. No hizo consultas por es- quien para juzgarlo. Aunque él debió venir-
tos fenómenos, la interrogo con respecto se con nosotras, pero prefirió quedarse con
a qué idea tiene ella de estos fenómenos: esa chica que venir con su hija y su mujer”.
“me dan miedo, no los soportaba, no sé
qué son ni por qué me pasaba eso”. Lo volvió a ver a los 13 años, y le dijo: “Cuán-
tas cosas me perdí de vos”. Refiere haber
Luego de comenzar los permisos de salida sentido celos porque ellas tenían a su papá.
en el hospital donde estaba internada, co- A los 18 años viaja a Bolivia a conocer a sus
noce a un hombre con quien tiene una bre- abuelos, allí volvieron las visiones, pero las

153
voces cesaron en el momento en que ingre- ve relación, hasta que queda embarazada,
sa a la comisaría donde quedó detenida. In- luego de algunas semanas, “él se borró”. Le
tervino un Juzgado Penal y otro Civil, que pregunto por la relación con el niño: “Es-
actualmente se ocupa de su caso, y es el toy siempre con él, casi todo el día en mis
que la deriva a tratamiento al hospital. brazos, pero como yo no tengo la tenencia,
no puedo salir sola con él, quisiera que me
A lo largo de las entrevistas cobró valor, por den la tenencia”. Vuelvo sobre el episodio
un lado el diagnóstico de X y la cuestión de si de la noche en que mató a la niña: “Tengo
era posible precisar la responsabilidad de sus epilepsia temporal, pero no lo sabía, nunca
dichos y la subjetivación de lo sucedido. Lo había perdido la conciencia”.
que resaltaría en principio de las entrevistas
es la falta de sentimiento de culpa. El fuero X no se siente culpable, no expresa respon-
penal a partir de los informes periciales psi- sabilidad frente al hecho de la muerte de
quiátricos, consideró a la mujer inimputable su hija, aunque no deja de reconocer que
de acuerdo al artículo 34 del Código Penal. ella la mató. Quizás “la epilepsia y las vo-
ces” le permiten sortear alguna elabora-
X no se presenta angustiada en el curos de las ción de lo sucedido que la responsabilice.
entrevistas, estaba lúcida, y no se evidencian Lo que queda enlazado en su relato es que
fenómenos elementales actualmente. No el día de aquella pelea con el padre de su
habla espontáneamente, ni presenta en prin- hija trae aparejada una crisis de las voces
cipio la situación como un problema, salvo (aumentaron su intensidad y no paraban de
que preguntada por mí sobre alguna preocu- injuriarla), pero a pesar de ello, dice que se
pación o temor refiere miedo a que esas vo- ocupó de su hija, le dio de comer, la bañó y
ces vuelvan, sin mencionar las consecuencias la acostó, luego...el despertar ya relatado.
que podrían desprenderse de las mismas,
que no sea el sufrimiento que le ocasionaba I.- Una historia familiar:
el hecho mismo de escucharlas por el costa-
do injurioso con el que se le dirigían. A la edad de 3 o 4 años su madre decide
venirse con ella a Buenos Aires, porque su
El miedo queda con relación a la aparición padre la engañaba con otra mujer, con la
de las “visiones” que aparecen alrededor de que después tuvo varios hijos, y además
los 11 años, sus padres no consultaron por la golpea. “Yo no lo perdoné nunca, hasta
esto. X se desempeñó trabajando en un ho- el año pasado que hablé con él. Yo no soy
gar de ancianos. No hizo consultas por es- quien para juzgarlo. Aunque él debió venir-
tos fenómenos, la interrogo con respecto se con nosotras, pero prefirió quedarse con
a qué idea tiene ella de estos fenómenos: esa chica que venir con su hija y su mujer”.
“me dan miedo, no los soportaba, no sé
qué son ni por qué me pasaba eso”. Lo volvió a ver a los 13 años, y le dijo: “Cuán-
tas cosas me perdí de vos”. Refiere haber
Luego de comenzar los permisos de salida sentido celos porque ellas tenían a su papá.
en el hospital donde estaba internada, co- A los 18 años viaja a Bolivia a conocer a sus
noce a un hombre con quien tiene una bre- abuelos, allí volvieron las visiones, pero dice

154
que ya no tenía miedo, que sólo le moles- vo en alteración esquizotípica de la persona-
taba. Luego decide estudiar enfermería y lidad, estado defectualpostpsicótico, trastor-
durante las prácticas se encontró con pa- no comicial sin productividad psicótica.
cientes que veían cosas y escuchaban voces.
Poco tiempo después, luego de una pelea III.- Algunas cuestiones a considerar
con sus padres (madre y padrastro) ingirió El problema del diagnóstico y la responsa-
varios comprimidos de Lexotanil, tres días bilidad.
después comenzó a escuchar voces.
La demanda de tratamiento.
II.- Los fenómenos:
X llama alucinaciones o voces, indistin- El problema de la mentira/verdad (positi-
tamente, a lo que refiere se presentaban vista) que deja traslucir el informe de los
como hablándole y a las que en un principio médicos tratantes del hospital psiquiátrico:
contestaba. “impresiona que manipula la información,
mide lo que dice…las alucinaciones fueron
Estas aparecían de vez en cuando, hasta que esporádicas y atípicas”. Impresión diagnós-
al quedar embarazada de la niña se instalan tica: “Trastorno de los impulsos”, “trastor-
con cierta frecuencia una serie de voces que no de la personalidad”, “debilidad mental”.
X discrimina en malas y buenas: las malas le
decían: “ponete nerviosa, rompé todo, tenés Si bien, la paciente se historiza, habla de sus
que romper todo”. Las buenas: “tranquilíza- temores, en fin, de la relación al padre y las
te, no te pongas así, todo va a estar bien”. pasiones “edípicas”, vuelve a situarse en una
posición, que sería la de: “SER INTERROGA-
La psicóloga del centro de salud a quien ve dos DA”, por el psiquiatra, por el juez, por el pe-
veces por semana orienta sus intervenciones ha- rito, por el psicólogo. No importa quién esté
cia el fortalecimiento del vínculo madre-hijo. El frente a ella, la escena parece repetirse, posi-
juzgado se preocupa por: 1) Su diagnóstico (dada blemente desde su entrada a la comisaría…
la disparidad entre las pericias y lo expresado por una escena que quizás le impida interrogarse,
los médicos tratantes del Hospital M.). 2) Por implicarse, responsabilizarse. La posición del
la tenencia del niño. 3) Porque la paciente sea juez con relación a la tenencia: “no, por aho-
orientada al equipo de planificación familiar para ra” es lo único que le hace de límite, en tanto
que no vuelva a quedar embarazada. 4) Que se le parece ser lo único que quiere.
entregue la medicación (actualmente medicada
con Carbamacepina 600 mg/d y Clonazepan de Para Judith Miller y Marie Helen Brousse, la di-
acuerdo “a necesidad). 5) Que se contesten los ferencia entre el campo del derecho y el abor-
oficios judiciales donde conste el diagnóstico. daje por el psicoanálisis es que en el primero,
cada uno encuentra la garantía de su identidad
Informe periciales con los otros, de su igualdad ante la ley. Así
también al considerar al criminal en su historia,
Se presentan distintos diagnósticos psiquiá- tanto trabajadores sociales, jueces y psicólogos
tricos: Trastorno esquizofrénico asociado a encuentran circunstancias explicativas o ate-
comicialidad, trastorno esquizofrénicoafecti- nuantes, pronunciando la identificación.

155
La colectivización de la identidad impide el gía del riesgo. Así, la repartición de las res-
acceso a la singularidad (que en psicoanáli- ponsabilidades trae como consecuencia la
sis llamamos goce como lo más singular de ineficacia de la culpa y su imposibilidad de
un sujeto) del crimen que se tiñe de ideas responsabilizar al sujeto.
humanistas.
Así entonces, vuelvo sobre el caso para dis-
El psicoanálisis no deshumaniza al criminal en cernir algunos puntos clave que hacen del
tanto lo toma por un sujeto que, en tanto tal, mismo un callejón que parece sin salida y que
no sabe. En el caso que planteo, el mismo ana- posiblemente tienda a perpetuarse, si no se
lista en la institución hospitalaria queda atra- opera en relación a lo jurídico; entiendo que
pado en la encrucijación legal que le demanda es allí donde conviene la intervención, trans-
pronunciarse y “hacer su juicio”. En este punto mitiendo la diferencia entre el campo del de-
entendemos que la responsabilidad para el recho y el campo de lo singular del caso.
psicoanálisis resulta paradojal, en tanto apa-
rece como una encrucijada su propio ejercicio La mujer carece de sentimiento de culpa, no
del principio de responsabilidad y la que le es se presenta angustiada, lo que expresa es el
asignada, en tanto se le pide responder sobre anhelo de que le retomen a su pequeño hijo.
la responsabilidad en el campo jurídico.
Está dispuesta a hacer todo lo que sea nece-
Imposibilidad lógica: tomo como una condi- sario para obtenerlo. Par esta mujer no exis-
ción absoluta de la aplicación del psicoaná- te ningún cuestionamiento por lo sucedido.
lisis, esto es: como tratamiento, el principio Sabe que mató a su hija pero imputa el hecho
de responsabilidad. Lacan en su escrito “La a las voces, o a la “pérdida de conciencia” es
ciencia y la verdad”, nos dice: de nuestra decir, se considera a sí inimputable, coinci-
posición de sujeto somos siempre respon- diendo con la consideración del fuero penal.
sables. En el curso “El Otro que no existe y Es el fuero civil, en cambio, quien se muestra
sus comités de ética”, Eric Laurent propone como sujeto dividido ante la situación dado
darle a la responsabilidad, en nuestra épo- que cae allí el cuidado de las personas invo-
ca, el estatuto de síntoma. De acuerdo a lo lucradas, fundamentalmente el niño, pero
que desarrollan, por ejemplo: los comités de también su madre, e incluso los abuelos ma-
ética intentando fijar un derecho en general ternos del bebé (quienes tienen la guarda
disciplinario, pero que alcanza el problema provisoria del niño). De igual modo, la trage-
del derecho como tal. dia queda sancionada del lado de los profe-
sionales psi que de alguna manera trabajaron
La culpa y la responsabilidad están en nues- en el caso. Mientras tanto, la Sra. X mantiene
tra época, disjuntas. La seguridad y el dere- una posición firme y decidida. Sostiene las
cho serían para Laurent sólo técnicas que “entrevistas” puntualmente, no cuestiona el
permiten distribuir la responsabilidad. Dice porqué del tratamiento. El sistema penal la
Laurent que para Ewald existe hoy lo que absuelve de su crimen, pero el sistema buro-
se llama el estado de providencia donde se crático y de regulación del goce de las perso-
administra sin interrupción cierta práctica nas le permite sustraerse de cualquier impli-
de la responsabilidad mediante la tecnolo- cación que le permita responder por su acto.

156
Histeria
Perversión

¿Qué es un sujeto canalla? El que siempre se inventa discul-


pas para todo.
Jacques Alain-Miller –Salud Mental y Orden Público.
157
Arte: Artista Ascor.
Caso Esteban* una visión [...] se presenta cuando el mu-
chacho que hasta entonces no había creí-
Por Enrique López do en la amenaza, ve un genital femenino.
Probablemente el de una mujer adulta, ro-
Se trata de un varón de 35 años, homo- deado por vello; en el fondo, el de la ma-
sexual, inteligente, casi siempre ansioso y dre. Añade Freud: [...] Si en el arte figuran
manifestando un sufrimiento psíquico muy tan a menudo los cabellos de la cabeza
agudo. En cierto momento del análisis, re- de Medusa como serpientes, también és-
lata que cuando tenía 3 ó 4 años, vivía con tas provienen del complejo de castración
su familia en una vecindad de un barrio muy y, cosa notable, por terrorífico que sea su
pobre, del centro de la ciudad de México, efecto en sí mismas, en verdad contribu-
en donde las viviendas no tenían baños in- yen a mitigar el horror, pues sustituyen al
dividuales sino que eran unos pocos que pene cuya falta es la causa del horror...”
tenían que compartirse entre varias vivien- “La visión de la cabeza de Medusa petrifi-
das. Uno de estos excusados estaba hasta ca de horror, transforma en piedra a quien
el fondo del patio donde en una ocasión *
la mira...
o en varias, había entrado con su madre.
Recuerda que su madre lo llama en el mo- Esteban observa a la madre defecando
mento que ella se encarama (no se sienta) frente a él y, la imagen que se le graba es
en la taza ya que el excusado está lo bas- la de un trozo de mierda que pende del ano
tante sucio como para poder sentarse. La de la madre, que él evoca como un pene
señora se descubre y comienza a defecar que la completa, se concentra en ese tro-
delante del niño. Esteban no habla de que zo cilíndrico y lo suficientemente grande
ve la vulva de la madre, pero la manera en (desde la perspectiva del niño) que desde
que lo describe indica que la ve, pues queda entonces, se constituye como un fetiche
muy cerca de ella, en una posición en que lo que hace tolerable (hasta cierto punto), la
describe indica que la ve, pues queda muy escena para el varoncito. Cuando la madre
cerca de ella, en una posición en la que es termina de evacuar, el niño se asoma a la
inevitable verla. taza que ve llena de mierda, e identifica el
trozo que acababa de observar que salía del
Es el momento donde Esteban se encuentra cuerpo de la madre, y se asombra diciendo
con lo real de la diferencia sexual. Como en “¡qué grande es!” Desde entonces, le queda
La Cabeza de Medusa, la reacción ante el la convicción de que la madre no sólo tiene
horror de la castración es una petrificación o pene, sino que además es capaz de produ-
estupor, de la acción y una defensa para ver cir penes al por mayor. Esta descripción, se
en las serpientes que forman sus cabellos, la relata en diferentes momentos y en sesio-
representación de varios penes. nes distintas durante los 10 meses que duró
el tratamiento.
Al respecto escribe Freud:
Esteban mantenía una conducta promiscua
[...]El terror a la Medusa es entonces un con los varones que encontraba en los retretes
terror a la castración, terror asociado a públicos de escuelas y centros comerciales.

* Extraído del libro: Enrique López Flores. Psicoanálisis * Freud, S., La Cabeza de Medusa, en Escritos Breves,
y perversión. 2013.Plaza y Valdés editores México P.p op. cit, p. 270
192

158
Esto lo hacía al entrar a los excusados re- calzoncitos unos momentos, en el sillón de la
pitiéndolo una y otra vez, durante su ado- sala, mientras le cambiaba el pañal, pues lim-
lescencia y primera juventud. Pasaba horas piaba sus heces. Dice Esteban que estando su
esperando que alguien entrara, como en hermanita de espaldas, paradita en el sillón,
un intento de montar la escena del acto él se acerca a petición de la madre (otra vez
perverso. Cuando esto ocurría, se mas- lo demanda la madre) quien le pide que cui-
turbaba evocando el olor y la situación de de a la niña, para evitar que se fuera a caer.
suciedad que rememoraba la experiencia Esteban entonces, le acaricia las nalgas y le
con la madre, narrada al principio. En otras pone la cara en ellas oliendo los residuos que
ocasiones tenía contactos sexuales con los han quedado en las nalgas y el ano. Esteban
hombres que llegaban al cuarto de baño reporta esto como fascinado por el recuerdo.
donde él esperaba. La situación de entrar
a un excusado con otro hombre, le resulta Finalmente, dice que su otra hermana, la
desde siempre, excitante de por sí. Muy mayor de 11 años, le recrimina y le reclama
probablemente, esta vivencia de excitación al verlo haciendo eso y le dice: ¡qué cochi-
en los excusados evocaba la excitación de no, ¿qué no ves que todavía tiene caca?! Él
encontrarse de nuevo con ese falo mater- se asusta por haber sido descubierto y se
no que expresaba la perversión en un estilo retira. Desde entonces queda con la ten-
escatológico o coprófilo, como lo comenta- tación de repetir el hecho, que sólo habría
do en la carta 57: “la mierda es igual al falo podido realizar una o dos veces más con la
materno”. hermanita, quien por cierto, según decía,
era la “consentida” (¿falo?) de la madre.
También la cópula anal en sus relaciones
homosexuales, le produce un gran placer Después de relatar este episodio parece que
y la consideraba indispensable, pues como descubre que la atracción por las nalgas mas-
agente activo ensuciaba su pene, lo que le culinas surge desde entonces, aunque confie-
servía para asociarlo con la mierda, la que sa que al principio, no siempre las distinguía
vio que salía del ano de la madre. Como pa- de las femeninas, lo que nos hace pensar en
sivo ensucia el pene de la pareja, pero ade- una necesidad de centrase en esta parte del
más se identifica con la madre con un pene cuerpo, quizá porque es la parte donde no hay
en el ano. Retomando lo que dice Freud en diferencia entre los sexos pues de espaldas,
la Cabeza de Medusa: los cuerpos del hombre y la mujer no tienen di-
ferencias notables (las diferencias se borran).
En otro momento, Esteban refuerza lo dicho
por Freud en el artículo antes citado, al ex- Sin embargo, él dice que puede fácilmente
presar su gran atracción por las nalgas mas- distinguir las nalgas masculinas de las fe-
culinas, zona fuertemente erotizada por esta meninas, que según esto, no le excitan, y
característica coprófila que por cierto se re- que por el contrario, las de los hombres son
laciona a una irresistible atracción que dice mucho más excitantes “….porque al darle
haber sentido con su hermanita de un año la vuelta se encuentra uno con una agra-
(él ya tenía 6, poco después de la escena del dable sorpresa...” según expresó en cierto
retrete). Su madre había dejado a la nena sin momento.

* Aunque a un cuestionamiento mío: ¿siempre era pla-


centero?, contestaba que no siempre, que a veces era
muy doloroso, tanto cuando penetraba, como cuando
era penetrado.

159
Su estilo escatológico lo induce a besar, la- Exhibicionismo y masturbación*
mer y morder las nalgas y el ano de sus pa- (Dos viñetas clínicas)
rejas. Además afirmaba que no le gustaba
hacer el amor de frente, pues esta posición Por Joel Dor
evoca “enfrentarse” a la diferencia insopor-
table, la preferencia era por el trasero. Aun- El perverso a quien voy a referirme era un
que entre hombres se asegura no encon- exhibicionista masturbador, especialista en
trar diferencia, la sola idea de encontrarla cabinas telefónicas que elegíasiempre con
le perturba. Quizá la excitación de hacerlo mucho cuidado en virtud de su aislamiento.
por la espalda “a tergo”, como lo describe
Freud en el Hombre de los Lobos, era preci- Elritual exhibicionista se desarrollaba en-
samente para instaurar o mantener la duda tonces siempre idénticoa sí mismo. El su-
de si hay diferencia o no y eso constituir jeto esperaba que su víctima hablara porte-
una estimulación especial, por “encontrar- léfono para presentarse frente a la puerta
se con la agradable sorpresa” de la mujer de entrada de lacabina con el miembro en
completa. De cualquier manera, la condi- erección. Se masturbaba entoncesfijando
ción de excitación sexual de este hombre la mirada en la mujer. La mayor parte del
como en todo perverso, es que nunca falte tiempo —explicaba---sus víctimas espera-
el pene, por lo tanto, se niega que falte el ban aterrorizadas, y sin tratar desalir, que
falo, que haya castración, tanto en la ma- él hubiera llegado al término del acto. Se-
dre como en la mujer, y al mismo tiempo, gún él, lasmujeres no podían evitar mirar
se asegura que no faltará al sujeto. Dada su sexo. Por otro lado, estafascinación es
la abrupta interrupción del tratamiento de lo que producía en él el elemento esencial
este paciente, se podría pensar que se tra- de suexcitación. Cuando su víctima le pare-
taba efectivamente, de un perverso aunque cía estar a punto, es deciren el apogeo del
esta misma característica de abandonar el terror, entonces eyaculaba contra el vidrio
tratamiento evita tener la certeza. dela cabina telefónica.

Un día, sin embargo, este libreto se malo-


gró. Una joven, sin duda menos desampa-
rada que las otras, se alzó la falda y se mas-
turbó al mismo tiempo que él. Entonces,
todo el proceso de goce quedó invertido.
De ser triunfador, el goce masturbatorio
pasó a ser inmediatamente vergonzoso. De
pronto, la víctima devenía “fálica”, tratan-
do de gozar sin pene, lo cual era la prueba
misma del horror a la castración. Prosiguió,
empero, su exhibición masturbatoria, no
sin precisar sin embargo que la “masturba-
ción salvaje” (sic) de esta mujer había arrui-
nado toda su excitación.

* Extraído del libro: Clínica Psicoanalítica. Joel Dor. Edi-


torial Gedisa Buenos Aires-Argentina P.p 116 -11

160
No obstante, terminó por eyacular como los aeropuertos, lo cual lo conducía por
siempre, pero, para exorcizar ese goce “fa- regla general ante la justicia. Sin duda lo
llido” (sic), se puso a lamer el esperma que importante era ver, pero también correr
chorreaba en la puerta de vidrio de la cabi- el riesgo de ser visto mirando. Ser visto
na telefónica. mirando es uno de los objetivos persegui-
dos de continuo en las conductas voyeris-
Este último gesto estaba destinado, indu- tas.6 Este componente esencial del goce
dablemente, a neutralizar la humillación del voyeur consiste en tratar de recibir la
que había padecido por la inversión de la vergüenza y humillación imaginadas en el
situación en detrimento suyo. Al haber pa- otro que es visto.
sado, muy a su pesar, de la posición de ex-
hibicionista a la de voyeur, necesitaba, me- Durante sus observaciones, este joven vo-
diante un último acto perverso, reafirmar yeur se masturbaba gracias a la disposi-
en el desafío la situación de dominio de la ción particular de uno de los bolsillos de
que había sido destituido. Ello no escapó su pantalón. Con todo, sus observaciones
sin duda a la mujer, quien inmediatamente no lo conducían al orgasmo, lo cual expli-
puso término a sus impulsos, ante la con- ca la repetición incansable del ritual, que
clusión inesperada de su compañero. lo mantenía ocupado varias horas por día.
Para gozar, hacía falta que se reuniera un
El hombre del espejo conjunto de condiciones. La observación
de una mujer con portaligas lo excitaba
Se trata de un joven voyeur de veintidós muchísimo, pero jamás lo suficiente como
años particularmente torturado por la au- para conducirlo a la eyaculación. En cam-
sencia de pene en las mujeres. Su com- bio, la observación de una mujer sin ropa
pulsión voyerista incesante lo conducía a interior lo ponía fuera de sí. La seguía en-
poner en juego estas aptitudes en las esca- tonces con obstinación hasta eyacular. Se-
leras mecánicas de las grandes tiendas y de gún él, este caso se daba al parecer mucho
los aeropuertos. Su ritual perverso se había más frecuentemente de lo que se puede
iniciado de una manera bastante artesa- imaginar. Así, también había comproba-
nal. Había fijado un espejito en el extremo do que las rubias teñidas eran estadísti-
de un hilo de alambre que disimulaba en camente mucho más numerosas que las
la manga de su saco. Armado de este ins- morenas teñidas.
trumento óptico, perseguía entonces a las
mujeres en las escaleras. Ubicado detrás Sin embargo, al haber sido objeto de de-
de su víctima, dejaba deslizar el alambre masiados arrestos policiales, este voyeur
a lo largo del brazo y observaba así, a sus había mejorado su instrumento de obser-
anchas, durante el ascenso en la escalera vación. Gracias a los servicios de un amable
mecánica. zapatero, se había hecho confeccionar un
“zapato óptico” (sic). Imaginen ustedes un
El dispositivo no era muy discreto. Ello le espejito articulado y recubierto de cuero,
valió una buena cantidad de dificultades que calzaba exactamente en la parte supe-
con la policía de las grandes tiendas y de rior del extremo del zapato.

161
Con un golpeteo del talón, el espejo se daba ser visto: el famoso pene faltante en la mu-
vuelta y las imágenes maravillosas apare- jer, otra manera de evocar el falo y, de un
cían entonces con la mayor discreción. Es- modo más general, la cuestión de la atribu-
taba exultante de alegría con los servicios ción fúlica al Otro.
inestimables que le brindaba tal invención.
Durante muchas sesiones, me relataba en-
tonces, con lujo de detalles, el producto de
sus múltiples observaciones.

Un día, me pareció sin embargo que estaba


viendo demasiado; más exactamente, que
describía mucho más de lo que veía. Por fin,
decidí salir de mi propio enceguecimiento
y me entregué a la siguiente experiencia
crucial: dispuse un espejito a mis pies y ad-
vertí que, situado a la altura de un hombre,
la estrechez del campo óptico no permitía
ver casi nada, y sobre todo nada parecido
a la riqueza de fantasmagorías visuales que
este paciente me contaba. Huelga decir
que yo no me encontraba en una escalera
para llevar a cabo mi pequeña experien-
cia crucial. A la sesión siguiente, le confié,
para su gran sorpresa, el resultado de mi
observación. Se sintió tan perturbado que
sus peregrinaciones visuales cesaron du-
rante varios meses. Desgraciadamente, el
resurgimiento de la pasión le resultó fatal,
ya que lo condujo a la cárcel durante algún
tiempo. Nunca más lo volví a ver luego de
su encarcelamiento.

Este breve fragmento clínico nos indica


muy claramente que el goce de este per-
verso no residía, hablando con propiedad,
en la visión de la ropa interior o del sexo de
las mujeres. Se sostenía esencialmente en
representaciones imaginarias para las que
el espejo era un mero pretexto. Se trataba,
ante todo, de exorcizar la angustia de cas-
tración, movilizada por la diferencia sexual;
vale decir, de tratar de ver lo que no puede

162
Trazos de trama perversa: propuestos los abusos se repetían por lo menos dos
para no decir* veces por día desde la primera vez y que
éste, además, la amenazó de muerte si de-
(Sobre un caso de incesto/abuso se- nunciaba lo que sucedía. Mariana comenta
xual infantil) también, que después de una semana toma
coraje y le dice a su madre lo que estaba pa-
sando, pero que ella prefería no denunciar-
Por Marissa Fátima Gasep lo por temor a que su pareja la abandonara.
Ante lo delicado del caso, la docente trata
I.- Introducción: Caso Mariana
de precisar fechas (pasó un mes desde la
primera violación). Luego comunica a la di-
Año 2001. Mariana tiene doce años y asis-
rectora el abuso.
te al último grado de la escuela primaria.
Se destaca por ser prolija, respetuosa, de
La madre de la niña es citada a la escuela
buena conducta, solidaria con sus pares, de
e interrogada. En sus primeros argumentos
asistencia perfecta a clases y buen rendi-
niega rotundamente que algo hubiera pa-
miento en sus estudios. Reside en una casa
sado. Luego reconoce lo que su hija le con-
que comparte con su madre (Rosandra),
tó pero prefería no denunciar la violación a
Martín (su padrastro) y dos hijos de este úl-
perder a su pareja. “El me quiere a mí, no
timo. Se sabe por la niña que su padre bio-
a mis hijos”, comenta. Acto seguido, por
lógico tiene otra mujer y con ella dos hijos.
presión de las docentes, se compromete a
Con él vive también Nicolás (su hermano
acudir a la justicia y radicar la denuncia. La
menor).
escuela no la hace por temor a represalias
que el abusador pudiera tomar en su con-
Mariana concurre a la escuela de manera
tra. Mientras tanto, Mariana sigue pernoc-
normal hasta que se ausenta abruptamen-
tando en la misma casa junto a su madre y
te. A los cuatro días de ausencia consecu-
a Martín.
tivas, su maestra intrigada, interroga a los
compañeros. Los chicos comentan que Ma-
II.- Desarrollo
riana llega hasta la puerta de la escuela y se
niega a ingresar. Allí espera hasta el timbre
El caso desnuda una escena cuyos actores
de entrada y luego huye sin decir palabra,
son: Mariana, Rosandra, Martín y el cuarto
con apariencia perturbada.
personaje que llamo “la escuela”. Plantea-
da así la trama grupal, ¿cómo se tejen los
Al día siguiente su maestra la espera y le
lazos entre los personajes?
pide que no se retire, necesita hablar con
ella de forma íntima. La niña se evade,
Con la niña conviviendo con su madre y
esquiva la mirada y las preguntas que su
su padrastro, en el escenario montado el
maestra le hace, miente. Después de casi
triángulo edípico sufre una catástrofe.
una hora rompe a llorar presa del pánico
y cuenta que días atrás, Martín, el tercer
esposo de su madre la había violado, que

* Extraído de: Segundo Congreso de Investigación


de Psicoanálisis y la niñez https://sites.google.com/a/
fundpsicsigmundfreud.org/trabajos-2do-congreso-de-
investigacion/home/gasep-marisa-fatima

163
Martín ha transgredido el orden legal, so de su lazo. Impone un contrato de domi-
subjetivo y jurídico. Su acto incestuoso ha nación entre dos en desigualdad, regulado
atentado contra el orden genealógico, ha por el terror, la violencia del acto incestuoso
violado una legalidad tanto familiar como y el secreto. Somete y deja a Mariana inhibi-
social, ha roto el contrato significante don- da, paralizada, amordazada e incapaz de de-
de el sujeto es ubicado dentro de las cate- cir lo que le pasa, humillada, cosificada, des-
gorías Padre- Madre- Hijo (categorías tam- ubjetivada. Y es que ”ser víctima de incesto
bién jurídicas). genera graves consecuencias en la subjetivi-
dad de los niños afectados, dado el desam-
Las figuras del incesto y del abuso sexual paro que supone la anulación del sujeto” (2).
aquí se equiparan en tanto determinantes
por sus efectos de la ruptura de la legalidad Lazo perverso / Ley transgredida / pacto
subjetiva. quebrantado por abuso/incesto, nos lle-
va más allá de la dupla abusador abusado
Desde los discursos psicoanalíticos y jurí- como partenaires (perverso el primero –
dicos, incesto y abuso sexual son formas neurótico su víctima), pues hay otros acto-
opuestas a la ley que ordena tanto en lo ju- res que sostienen la trama.
rídico como en lo subjetivo. Oposición que
rompe con el pacto legal que hace lazo. Marta Gerez Ambertín en su clase de
Legalidad del Derecho porque la modali- posgrado “Lazos perversos: violencia
dad del Sistema Jurídico que ordena lo so- del verdugo, sometimiento de la vícti-
cial surgió de la Legalidad Simbólica en un ma” (7/04/08) marca la diferencia entre
tiempo primordial como metáfora otorga- la perversión como estructura y el lazo
da por el Padre, facilitadora de la filiación perverso entre neuróticos. Comenta que
que nos hace parte de una historia. este último hace alusión a un más allá de
las estructuras clínicas y que un lazo per-
Levi-Strauss, en 1949 en su obra Las Estruc- verso se establece allí donde algún sujeto
turas elementales de parentesco, plantea que que comparte un grupo con otros, hace
éstas están determinadas por la Ley de Pro- lazo social pero queda en posición de res-
hibición de Incesto, única regla que tiene ca- to, de residuo, desubjetivado, destituido
rácter universal, que toma diferentes formas por las palabras o por los actos, quedan-
según los grupos. Regla fundamental social y do a cielo abierto en la dimensión subjeti-
pre-social al saberse universal por regulado- va sin poder reponerse”, apariencia de lo
ra de la vida sexual de los grupos. Regulación deyectado, echado a los perros, a los des-
que es sinónimo de vida social. Prohibición pojos, a la basura, al desecho del objeto
que va más allá de los límites de consangui- común a falta de poder ponerlo en otra
nidad extendiéndose hasta las relaciones de parte” (3).
colateralidad, aquellos que forman parte de
una misma familia, clan o tribu y son consi- Lazos perversos, dos términos que a estas
derados como parientes biológicos sin serlo. alturas se ofrecen como solidarios el uno con
el otro. Puesto que la posibilidad de hacer
Martín ejecuta su acto, despliega lo perver- lazo es inherente a la cultura que posibilita

164
la… “regulación de los vínculos entre los a sabiendas que tal cosa, nunca se va a con-
hombres” (4), la perversión aporta volun- cretar. Presa del terror por las amenazas?
tad al goce. La institución escolar mira para otro lado.
Niega en actos agravando las consecuen-
Mariana entrampada entre lazos perversos. cias subjetivas, re-editando el desamparo
Su madre aporta más desmesura al hecho paterno en su posición de impotencia que
traumático del abuso por ser contribuyente, no viabiliza la operación de la Ley como Ter-
entregadora, por hacer como que “no ve”, cero Social. El cambio que se manifiesta en
por no querer denunciar el abuso para man- la conducta de Mariana al llegar a la escue-
tener a su pareja, porque la denuncia de sus la, no querer entrar y huir perturbada, no es
conductas decidirá el encarcelamiento. otra cosa que un llamado que hace al Otro
en un intento de ubicarse en un lugar distin-
Operación re-negatoria que re-conoce y to del que la colocaron su madre y la pareja.
niega a la vez la existencia del hecho. Llamado al Otro para ser protegida, del que
Lazo perverso que incluye al tercero/actor espera la respuesta posibilitadora de subje-
que está excluido pero presente, posición tivación. Por el contrario, la que le llega es
desde la que mira en ciega y muda compli- iatrogénica. Del Otro nada la pacífica.
cidad la escena guarda el secreto.
El Otro/institución muestra su inconsisten-
Rosandra expulsa nuevamente a su hija de cia expulsando a la niña a la soledad de un
la cadena filiatoria, le da otra vuelta a la universo no legislado, de-vuelta a la des-
mordaza “para no decir”, no da curso a su titución subjetiva. Quienes debería prote-
palabra, no escucha su llamado, cercena la ger no lo hacen y se tornan cómplices en el
posibilidad de subjetivación y des-dice la lazo perverso, acción que evoca lo siniestro
veracidad de su relato. Resitúa a su hija en y a la vez tan familiar. Otro inconsistente,
el lugar del goce atormentador, del desam- institución (escuela) por el orden de la Ley
paro inicial, lugar de la afánisis, dispersión como metáfora, por la función del Nombre
subjetiva en su máxima potencia. Cuando del Padre que hace que un sujeto sea reco-
el Otro no acusa recibo, el sujeto segura- nocido como “fulano de Tal”, que ordena e
mente, tratará de hacerse escuchar. El lla- impide al mismo quedar en la errancia sólo
mado tomará la forma de una amplia gama a condición de sus fallas, de su inconsis-
de actings (fugas, intentos de suicidios, tencia, de sus fisuras, de sus paradojas. In-
conductas de riesgos, adicciones, etc.). En consistencia del Otro Social, del Otro/Ley,
otras ocasiones, de síntomas (formaciones como diferencia/resto de un orden simbó-
del inconciente), y en el peor de los casos lico que no termina de asumirse como tal.
de pasajes al acto (suicidios).
En Los cuatro conceptos fundamentales
La escuela, cuarto personaje en la tragedia, del psicoanálisis, Lacan habla de un sujeto-
institución que se dice “segundo Hogar”, se efecto del campo del Otro, del significante.
implica pero no se responsabiliza. Puesto “El Otro es el lugar donde se sitúa la cadena
que obliga a la madre de la niña a realizar del significante que rige todo lo que el sujeto
la denuncia, se hace cómplice encubriendo podrá hacerse presente, ése es el campo de

165
ese ser viviente donde el sujeto tiene que que hace sangrar su subjetividad. Arrojada
aparecer” (5) y es en ese llamado a la subje- al lugar de los desechos, amordazada por las
tividad donde también se manifiesta la pul- amenazas y la complicidad de su madre y la
sión que se filtra en las fallas. Con la marca escuela. Mariana en la escena. Personaje en
del Otro nos alienamos a él. Esta yerra nos la desubjetivación, deja de ser sujeto para
deja un lastre, algo que no marca, lo real, el ser entregada a las variedades del goce en
objeto a. Al sujeto no le queda otra salida el solitario circuito pulsional de lo maldito,
que recibirlo para ser. mal-dicho “para no decir”. Lazos perversos
propuestos para no decir. Lugar que otorga
La operación edípica para Lacan quiere decir el Otro, Nombre del Padre en su peor versión
orden simbólico, intervención del Padre como que por su estructural inconsistencia no pue-
metáfora, mediación del orden de la palabra de poner orden a los nombres que el incesto,
donde se anudan los tres registros. Consis- en su nominación, confunde y desordena.
tencia/inconsistencia que deja ver el hilo de la
trama. “En esto reside el resorte del error de “Ya abuse de él, lo descuide, le pegue, lo
pensar que este nudo sea una norma para la odie, lo abandone o lo seduzca un adulto
relación de tres funciones que no existen una que le es allegado, el niño siempre sufre un
para la otra en su ejercicio más que en el ser “asesinato del alma” (8).
que por anudarse, cree ser hombre. No es el
hecho de que estén rotos lo simbólico, lo ima- Notas
ginario y lo real lo que define a la perversión,
sino que éstos ya son distintos” (6). (1) Roudinesco, E. “Nuestro Lado Oscuro.
Una historia de los perversos”, Barcelona,
Lacan en 1975/76 alude a la perversión Anagrama, 2009.
como homofonía de père-versión (padre-
versión), término en el cual el prefijo ver (2) Capacete, L. “La Intervención Jurídica
significa “hacia”. Por lo tanto,”perversión en los Casos de Incesto”, en Culpa, Respon-
sólo quiere decir versión hacia el Padre” (7). sabilidad y Castigo en el Discurso Jurídico
y Psicoanalítico, Vol II, Bs. As., Letra Viva,
Los lazos perversos proyectan la peor ver- 2004.
sión. La Ley en lugar de poner límites a lo
real, a lo pulsional, lo potencia. Ante esta (3) Lacan, Jacques (1962/639) El Semina-
versión el sujeto queda colocado en lugar de rio, Libro X, “La Angustia”, Bs. As., Paidós,
resto, entregado al movimiento errático, a 2007.
la dispersión subjetiva. A este efecto resto
es al que Lacan llama afánisis, desaparición (4) Freud, Sigmund. “El Malestar en la
del sujeto, efecto de desubjetivación. Cultura”, en Obras Completas, Tomo XXI,
Amorrortu, Bs. As., 1994.
III.- Conclusión
(5) Lacan, Jacques. El Seminario, Libro XI,
En la tragedia del caso, Mariana recibe como “Los Cuatro Conceptos Fundamentales del
legado de sus Otros, la estocada mortífera Psicoanálisis”, Bs. As., Paidós, 2007.

166
(6) Lacan, Jacques (1975/76), El Seminario, El hombre del bolígrafo*
Libro XXIII, “El Sinthome”, Bs.As., Paidós,
2006. Por Paul Lemoine
(7) Lacan, Jacques (1975/76), El Seminario, Hace aproximadamente dos décadas, un
Libro XXIII, “El Sinthome”, Bs.As., Paidós, hombre de 28 años vino a verme porque
2006. quería desembarazarse de un molesto sín-
toma: no lograba hacer el amor si no traza-
(8) Roudinesco, E. “Nuestro lado oscuro. ba sobre el pecho de su mujer unas marcas
Una historia de los perversos”, Barcelona, con un bolígrafo. A estas marcas las llama
Anagrama, 2009. tatuajes. No se trataba de dibujos de ver-
dad sino de trazo cualquiera. Solo así podía
Referencias Bibliográficas mantener la erección, que de otro modo
fallaba cuando penetraba a su mujer. Los
Freud, Sigmund: “Lo ominoso”, O.C. T. trazos tenían el valor de fetiches.
XVII, Amorrortu, Bs. As., 2003.
Deseaba deshacerse de este síntoma, en
Freud, S.: “Tótem y Tabú”, O.C. T. XIII, Amo- gran medida, a las reacciones de su mujer,
rrortu, Bs. As., 2003. la cual accedía, pero con gran malestar, a
sus extravagantes practicas y temían que le
Freud, S. “El Malestar en la Cultura”, O.C. afectasen profundamente.
T. XXI, Amorrortu, 1994.
“Hace media hora decidimos separarnos”,
Lacan, Jacques: -(1956/57) El Seminario, Li- comenzó el paciente en la primera consul-
bro IV, “La relación de objeto”, Bs. As., Pai- ta. Ella lo acompañaba. La separación no se
dós, 2007. produjo sino unos años mas tarde.

Se hace evidente muy pronto la necesidad


del tatuaje tiene como origen unas palabras
de la madre: “Si perdiese a unos de mis hi-
jos en medio de la multitud, lo reconocería
porque tiene un lunar en el brazo”. Habla
del hijo mayor y del más pequeño ya que,
en lo que toca al paciente, este no tenía
ningún lunar. Estaban momento los cuatro
en una feria, y el se había perdido entre los
carros chocadores.

La primera vez que se aplicó “tatuajes” en


el cuerpo estaba sentado en el escritorio en
el que tenía frente a él, que era entonces
un joven liceísta, un sello de la fábrica de su

* Extraído del libro: Clínica bajo transferencia (8


estudios de clínica lacaniana) Autores Varios. Editorial
Manantial. Buenos Aires. P.p 37

167
padre. Se lo aplicó en los muslos y en el lígrafo. Pero no es posible dejar de notar
pecho (Zonas más erógenas de su cuerpo su carácter francamente anal. Cuando el
que los brazos) y bajó al patio para trepar- paciente imprime él mismo los textos lite-
se a un árbol, como Tarzán. Deseaba y te- rarios que escribe, llama “incunables” a los
mía a la vez que le vieran los obreros de caracteres tipográficos. O cuando habla de
su padre. Luego regresó a la habitación y tatuar, se trata de “inculcar” un dibujo bajo
se masturbó. Ya no abandonará este pro- la piel. Los labios de la piel se abren bajo el
cedimiento: en otra ocasión, ya adulto, se estilete, como su sexo femenino, para dejar
aplica un sello de su patrón que le infundía pasar el pigmento.
miedo, y llevaba la inscripción “Archívese”
y luego se va a la sala de baño a mastur- Al tratarse, el paciente se identifica con la
barse. Sería válido preguntarse si no se mujer, con la sumisión en el acto sexual, y
trata, en el, dada su sensibilidad a los des- en última instancia, como su madre, cuyo
lizamientos significantes, de un intento de amor obtiene así, ya que queda marcado
preservarse a los carritos chocadores de como sus hermanos. Para él, tatuarse es
su infancia*. rebajarse para que lo amen. “Rebajarme en
el amor es someterme e intentar revivir.”
Le gustan no solo los sellos bien embe- “Estoy castrato y tengo tatuajes y esto me
bidos sino la pintura al óleo, con la que homologa a las mujeres.”
se colorea el cuerpo; y también se hacía
dibujos. Uno de los obreros de su padre, El tatuaje tiene para él la misma necesidad
que había hecho un tatuaje cuando hacia que cualquier otro objeto para el fetichista.
el servicio militar, tenía con él una rela- Lo que le hace temer curarse es esa necesi-
ción particular: iban juntos a orinar a la dad. “Si me deshago de los tatuajes, temo
pared de la fábrica. El paciente pensaba ya no tener sexo. Por eso busco sexo donde
que era una manera de virilizarse, y des- sea, en la cámara fotográfica, por ejemplo.
de entonces conservó siempre un marca- ¿Es comprensible que el primer sexo que
do erotismo uretral. Vuelve a las andadas rechazo sea el que tengo de verdad? Si es
cuando, ya adulto, al toparse con unos que estoy pegado al tatuaje es porque bus-
obreros tatuados, va a orinar a un urina- co el goce. El goce no pude ser asunto del
rio y luego regresa pata míralos fascina- hombre en mi pues mi madre me hizo sa-
dos. Pero el recuerdo infantil que evoca ber que no podía gozar con mi sexo mascu-
con más frecuencia es una escena en la lino, que esto estaba prohibido”. La marca
que, habiéndose quedado en la cama de de la madre es más importante que lo que
su hermano pequeño, le dice; “Si te ca- es, más importante que lo real. “El tatuaje
gas en la cama, te lo unto en la cara”. Y su es un símbolo lógico de algo que yo nece-
hermano pequeño añade: “Y yo te pinto sitaba (símbolo de la inexistencia del sexo
con mi pintura”. de la mujer, dirá en otra oportunidad), un
símbolo histórico de algo que sucedió. Mi
La consistencia de los “tatuajes” varía se- desviación me sitúa en la aurora de mi vida
gún los acontecimientos y se aligera, como sexual. El obrero de mi padre no interviene
se vio, cuando marca a su mujer con el bo- sino después.”

168
La marca que usa en este enredo sólo tie- que él la desposara. Entonces el paciente
ne un efecto temporal. Le coge asco en rompe ración y vuelve a encontrase solo,
cuanto se produce la eyaculación; se ve en la lejana barrida donde ha ido a encarar-
compelido, entonces, a borrarlo todo rá- se después del fracaso de su matrimonio.
pidamente. Asimismo, los trazos en el pe- Sigue negándose a un resultado favorable
cho de su mujer tampoco son permanen- de su tratamiento, y en tal sentido esta
tes. Su función erótica corresponde a las aventura es un actinout de su cura.
oscilaciones de su apetito sexual.
En cuanto a su mujer, terminó por irse con
Este carácter temporal tiene también como su antiguo amante, un hombre que había
resultado preservarlo de una castración de- conocido en Paris mientras el paciente cum-
finitiva. “Si estuviera amputado, sería una plía su servicio militar. El apego del paciente
transformación irrevocable, nunca podría por su familia era tal que prefería pasar sus
ser otra vez lo que era. Es la misma impre- días de permiso en la ciudad donde ésta vi-
sión que me hace el tatuaje.” O, en otras pa- vía en lugar de reunirse con su esposa.
labras: “Invento una forma para poder rea-
lizar, sin realizarla, esta sexualidad”. En el Todavía no ha hablado el padre. El paciente
análisis también busca esta protección. “En- describe de forma grotesca las relaciones de
tre el verdadero tatuaje, que sería el fracaso éste con la madre, pero, no obstante, es un
de mi vida –no podría analizarme si estuvie- personaje muy importante, aun si se toma
se tatuado, ello seria y una sumisión de to- en cuenta sólo la identificación del paciente
tal de mi madre-, y la imitación del tatuaje, con él: “Mi madre está debajo, con expre-
que me hacia alcanzar el orgasmo, y era una sión poco contenta, y mi padre la trabaja en-
especie de liberación, hay una diferencia cima. Lo suponía poco fuerte sexualmente,
fundamental: el tatuaje es por un lado sumi- sin duda porque ése es mi caso. Y también
sión a mi madre, por el otro, una renuncia quizá, debido a las detestables eluciones de
temporal.” Se preserva así de cualquier salto mi madre. Era mezquino en el goce”.
definitivo. No se sumerge en la demencia. Y
no cae tampoco en la homosexualidad, pese Sin duda, el paciente me coloca en el mis-
a una amistad de cuatro años con anticuario mo plano que su padre cuando me denigra:
homosexual cuando era estudiante. “No cabe duda que usted no es el analista
que necesito…, su voz, su físico”. Me desa-
Pero el paciente se protege igualmente fía a que haga algo por él y soy impotente
contra el análisis. Se rebela contra cual- ante la violencia de su reacción terapéuti-
quier intervención mía, aunque se que- ca negativa, reacción que sustenta, si no
da en Paris por mí. Teme también que yo su confort, al menos su seguridad.
le marque, y sin embargo, alcanza un pe-
ríodo bastante largo de calma durante el Su caso no deja de perturbarme desde que
cual, con otra mujer que no es su esposa, me abandonó, hace ya más de diez años. El
su sexualidad vuelve a ser normal. No tiene destino me deparó que también su hermano
necesidad de tatuarla para hacer el amor. menor viniese a mi consulta, por impotencia
Esta mujer siente apego por él, le guastaría sexual. No me atreví a insistir para saber de

169
su hermano. Lo único que sé es que aún la intervención del fetichismo impidió y
vive. La impotencia parce ser la caracte- conjuro esta evolución.
rística de los hombres de esa familia. Al
hermano no le bastó el lunar en el brazo No obstante, este caso plantea interro-
para ser indemne a los problemas sexuales gantes sobre las relaciones de la palabra y
del otro. la escritura. La escritura da a la palabra su
transcripción simbólica, pero esta trans-
¿Qué exigía la cura? Sin la menor duda, cripción toma en el paciente otro giro, se
restaurar el lugar del padre, o sea, que yo convierte en símbolo erótico. En ello resi-
me convirtiese durante el análisis en la de la originalidad de esta historia. No hay
madre que rubrica el nombre del Padre. que confundir, sin embargo, los trazos de
Pero esto no es más que una suposición tatuaje-fetiche, que tienen un valor per-
teórica, ya que el paciente prefería gozar sonal, con los signos de la escritura, que
de castración de la mujer gracias al tatuaje tienen un valor universal. El paciente usa
fetiche, antes que afrontar la angustia de la escritura únicamente para doblegarla
la castración masculina. por decreto a sus fines particulares. Preci-
samente por esto su escritura sigue siendo
La práctica del tatuaje es un verdadero rito fetichista.
con la cual evitaba enfrentarse a la angus-
tia. Rito conjuratorio que recuerda mucho a
los ritos de la neurosis obsesiva, muy cerca-
na, como es sabido, al fetichismo.

En su texto de 1956 sobre el fetichismo,


Lacan y Granoff insisten en el carácter ar-
tificial del fetiche y el Edipo errado, la ima-
gen que, en esta observación, simboliza la
castración femenina no se parece nada a
una etapa natural (pie, pierna, ropa) del
camino hacia el sexo de la madre. Sin duda
alguna, es artificial: una palabra que funda
la escritura que la transcribe, y que trans-
forma a esa escritura en símbolo erótico.
En cuanto al Edipo que se yerra, es del
mismo tipo que puede encontrarse en el
yerro homosexual. Los padres conservan
toda su importancia y se realiza la trian-
gulación edípica, pero con la salvedad de
que la seguridad del sujeto se funda en la
palabra prevaleciente de la madre y no del
padre. Existían todas las condiciones para
que este paciente fuese homosexual, pero

170
Masoquismo y sadismo (caso 89)* en ese acto nada que no fuera la satisfac-
ción de un placer natural (como el olfato,
Por Richard KraftEbing por ejemplo), el onanismo pronto se con-
virtió en costumbre.
Señor X.: “La primera manifestación de mi
impulso sexual se remonta a la edad de 13 En la línea de lo ocurrido en la primera
años. Debido a mi pereza, me amenazaron ocasión, las fantasías que lo acompaña-
—aunque no fuera en serio— con ponerme ban eran siempre de índole perversa. Tras
de aprendiz. Un día empecé a pintarme en la lectura de su libro, he de considerar esta
mi fantasía el oficio de aprendiz de alba- anomalía como una mezcla de sadismo y
ñil: cómo sudaba por el esfuerzo mientras masoquismo acompañada de fetichismo y
trajinaba vestido con una ropa de trabajo complicada de homosexualidad, y la única
ligera; cómo los chicos mayores, que eran causa que se me ocurre es la excitación del
mis superiores, me cargaban de trabajo, impulso sexual antes de recibir una pre-
se burlaban de mí y me imponían castigos paración al respecto. Cuando finalmente,
físicos. Estas fantasías producían en mí con más de 17 años de edad, fui a dar en
una sensación que hoy reconozco como una enciclopedia con la historia natural de
libidinosa. Me imaginaba que me castiga- la humanidad debidamente explicada, era
ban presionándome en las zonas erógenas ya demasiado tarde, puesto que mi impul-
que rodean al ano y así tuve mi primera so sexual se había corrompido por efecto
eyaculación. de los numerosos actos de onanismo.

Este fenómeno me resultó totalmente in- Voy a intentar dar una idea de las fantasías
comprensible; hasta entonces yo solo ha- que solían dar pie a mi onanismo.
bía visto en el pene una vía para expulsar
la orina, y tenía una idea más bien oscura El objeto de mis fantasías eran siempre
o más bien ninguna idea sobre la repro- chicos de entre 10 y 16 años, la edad en
ducción humana, por lo que no sabía qué que empiezan a desarrollarse la inteligen-
pensar de aquel líquido que había surgido cia y la belleza corporal, pero solo mien-
repentinamente. Lo llamé “leche de chi- tras llevaban pantalones cortos. Estos
co” y no veía en su expulsión maldad algu- eran imprescindibles. Todo chico conoci-
na sino tan solo un curioso incidente que do cuya contemplación en los años de los
me propuse investigar. Describo esto tan pantalones cortos me hubiera excitado
detalladamente para poner de relieve que pasaba a dejarme totalmente frío en cuan-
mi onanismo se desarrolló por puro instin- to empezaba a ponerse pantalones largos.
to, sin ser incitado a ello y sin que hubiera Aunque yo no demostrara excitación algu-
mala voluntad por mi parte. No tardé en na, literalmente me iba detrás del primer
descubrir en los días siguientes que la eya- pantalón corto que se me cruzara por la
culación se lograba más fácilmente mani- calle, igual que otros se van detrás de unas
pulando el pene con las manos. Como el faldas. Este impulso era universal. Yo me
sentimiento libidinoso que experimentaba gustaba a mí mismo igual que mis colegas,
con ello resultaba placentero y yo no veía que lo mismo podían ser mendigos descal-

* Extraído de: La PsicopathíaSexualis del profesor Rich-


ard KraftEbing. 1886.

171
zos y andrajosos que príncipes. Si se me y proporcionada. Las piernas, que era a lo
pasaba un día sin ver a nadie que pudie- que daba más importancia, tenían que ser
se convertirse en objeto adecuado para mi gráciles: unas rodillas delgadas, unas pan-
fantasía, imaginaba todo tipo de figuras torrillas firmes y unos tobillos elegantes
ideales y, cuando me hice mayor, me veía eran imprescindibles. A menudo me sor-
a mí mismo otra vez en la edad crítica, prendía a mí mismo dibujando estos cuer-
vestido con los atavíos a los que respondía pos y prendas “ideales”. Nunca pensaba
mi impulso, y envuelto en todo tipo de si- en los genitales; la definición de pederas-
tuaciones posibles e imposibles. tia la encontré por primera vez en su libro.
Nunca se me ocurrió ni siquiera la idea de
Aparte de los pantalones cortos, que te- cometer un acto semejante. Las figuras
nían que ser lo suficientemente cortos completamente desnudas carecían prác-
para dejar a la vista las hermosas formas ticamente de efecto, es decir, producían
de la pierna de rodilla para abajo, era im- una impresión estética pero nunca sexual
prescindible una ropa infantil ligera. En en mi fantasía.
mi fantasía desempeñaban un importante
papel las camisetas, las blusas de marine- Ya he descrito, por tanto, los objetos de
rito, las medias negras largas o también mi fantasía y me queda explicar lo que ha-
los calcetines blancos, que dejaban al aire cía mi espíritu excitado con estos desdi-
rodilla y pantorrilla. En cuanto a los teji- chados objetos.
dos de los trajes, me gustaban sobre todo
las telas de algodón ligero y tenían que Llego así al verdadero núcleo de mi ano-
estar, o bien nuevas a estreno e impolu- malía, esa mezcla de sadismo y masoquis-
tas, o bien sucias, arrugadas y con rotos mo a la que ya me he referido. No puedo
por los que asomaran los muslos. Pero creer que sadismo y masoquismo sean
también me gustaban los pantalones de opuestos. El masoquismo es tan solo una
loden o de paño azul y los pantalones de forma especial de sadismo, de la misma
cuero ajustados. Los anuncios de ropa de manera que el altruismo es una forma es-
niño me excitaban sobremanera (cuanto pecial de egoísmo, paradoja cuya explica-
más barata, mejor). Si decía, por ejem- ción dejo para el final. Los crueles actos
plo: “Trajes completos de niño para 10-14 que imaginaba mi fantasía se referían tan-
años a partir de 3 francos”, ya era para mí to a mi persona como a cualquier otra que
motivo de alborozo. resultara sexualmente excitante; me po-
día ocurrir incluso el sentirme torturado
Me imaginaba que con 14 años, y habien- en otra persona, de modo que gozaba de
do dado un estirón, recibía a cambio de mis propios dolores imaginarios mientras
esa cantidad ridícula una ropa raquítica veía retorcerse bajo los golpes a otro chi-
calculada para 8 años. Por lo que respecta co. A menudo me veía a mí mismo junto
al cuerpo de mis objetos, estos tenían que a otro compañero entre las piernas de un
tener el pelo corto y, a ser posible, rubio, implacable superior que dejaba las cua-
un rostro fresco y descarado, con ojos bri- tro pantorrillas llenas de marcas anchas y
llantes e inteligentes y una figura esbelta sangrientas a base de latigazos. En esos

172
momentos sentía tanto el placer de la pro- obedecer la orden de alargar la palma o el
pia humillación como la gozosa conciencia dorso de la mano para maltratárselas do-
de que otro ser humano era humillado, o lorosamente con un bastón.
sea, masoquismo y sadismo en un mismo
instante. Dos opuestos no se dejarían reunir He de añadir que, quitando alguna que
sin más en tan breve lapso de tiempo. Por otra bofetada en peleas con compañeros,
otra parte, tiendo a atribuirle esta estrecha no he sido golpeado en mi vida y tampoco
mezcla a mi propio carácter, que es fuerte- he visto azotar a nadie de manera que se
mente objetivo, más allá de la vita sexua- acerque ni de lejos a la crueldad pintada
lis. Siempre ando tratando de meterme por por mi fantasía.
completo en la situación y sentimientos del
otro, así como de juzgarme a mí mismo de Las personas que administraban el castigo
forma exacta e implacable desde el punto eran de lo más diverso. Por lo general se
de vista de un observador imparcial. trataba de hombres, raramente mujeres
(el único caso en que se ha dado un mo-
Por lo que respecta a la naturaleza de mis mento heterosexual). Siempre imagina-
pensamientos sádico-masoquistas, estos ba algún fundamento legal para la paliza.
consistían esencialmente, como ya he in- Los atormentadores contaban con una
dicado, en la administración de crueles base de apariencia legal para su proceder.
castigos físicos a un muchacho como yo o Esta se hallaba en un poder otorgado por
incluso a mí mismo en la edad crítica. Se el responsable legal del castigado o en un
alternaban aquí bofetadas, coscorrones, acuerdo alcanzado con este.
tirones de pelo y de orejas, azotes con pa-
los, látigos, correas, etc., patadas y otros Especialmente sofisticado resultaba el
actos de violencia. Lo que más me impre- asunto cuando no solo el castigado sino
sionaba eran los latigazos cuando se ases- también el castigador era un muchacho
taban en las delicadas corvas o en panto- como yo. Hacía plausible este caso, o
rrillas descubiertas. También me gustaban bien poniendo a un chico pobre al servi-
los golpes en la zona de alrededor de las cio de una familia rica a la que pertenecía
orejas. También se arreaban palos a ciegas un chico de la misma edad o más joven, o
por todo el cuerpo. Las patadas asestadas bien mediante “normas de reforma esco-
con los pies descalzos me parecían más lar”. Cada clase tenía entonces su propio
humillantes que las que se daban con cal- uniforme, que se describía exactamente
zado y por eso mismo resultaban más de en muchos párrafos, y los alumnos de las
mi gusto. Especialmente placentero me clases superiores poseían, de manera se-
resultaba el arrastrar a alguien por las ore- mejante a lo que ocurre en Inglaterra, el
jas dándole de bofetadas o de latigazos. derecho a mandar y castigar a los de las
Me gustaba que la víctima suplicara recibir clases inferiores; los alumnos destacados
el castigo para purgar alguna mala acción estaban por encima de los normales, es-
y diera las gracias humildemente tras re- tos, a su vez, por encima de los que sus-
cibir la paliza. También me regodeaba en pendían y así sucesivamente. Los mejores
la idea de obligar a las víctimas ideales a en clase de gimnasia ocupaban una posi-

173
ción muy destacada, pues podían azotar y pitos, cínicos, degenerados, desprovistos
abofetear incluso a los primeros de la clase de fuerza e idealismo. Me gustaría interve-
si hacían mal los ejercicios o si se les veía nir, dedicarme a la juventud, no para apro-
desganados. Cuando un chico más peque- vecharme mezquinamente de ella —nada
ño (por ejemplo, uno de doce años) casti- más lejos de mi intención en ese momen-
gaba a uno mayor (por ejemplo, de quince to— sino para advertirlos con total rectitud
años), aquello representaba el máximo pla- y con la mejor de las intenciones. Volveré
cer, lo mismo si me imaginaba en un papel sobre esto.
activo, que pasivo o incluso neutral.
Independientemente de estos deseos, que
La idea del calor animal de mis favoritos te- siempre son decentes, pero que están rela-
nía algo embriagador. La sensación de “es- cionados con mi perversión, me acometía
tar atrapado entre las piernas” me excitaba frecuentemente la idea, íntimamente rela-
extraordinariamente. Toda idea de sudor cionada y de una naturaleza sucia y sexual,
me resultaba agradable y encontraba enor- de convertirme en preceptor y criado de un
memente atrayente el olor a pies sudados. muchacho como yo. Una familia rica me
acoge por compasión en su casa a mí que
Cuando el castigo concluía en mi espíritu soy un pobre estudiante. Mi misión con-
sin que consumara el onanismo, siempre siste en estudiar con el hijo de la familia,
volvía a la sensatez súbitamente. Sentía en- un bribón vago y descarado, y mantenerle
tonces a menudo una profunda compasión ocupado todo el día. Tengo que ayudarle a
por el castigado. En ese momento hubiera vestirse y a desnudarse, tengo que prestar-
estrechado en mis brazos a cualquier pre- le todos los servicios que desee, tengo que
cio a aquel pobre muchacho azotado, en- “acatar sus órdenes”, como se dice, incluso
rojecido y sollozante, y le hubiera rogado cuando por pura maldad exige que ejecute
que me perdonara por haberle hecho tanto mandatos absurdos o humillantes. “Contra
daño. De manera análoga al “pajismo” que la insolencia, la desobediencia o la negli-
usted describe en su libro, albergaba a ve- gencia: palo”.
ces el deseo completamente puro de adop-
tar a un pobre huérfano, dotarle de medios En esto, como en el resto de fantasías seme-
para que tuviera una educación y hacer de jantes, una gran parte del atractivo residía
él una nueva persona que se convertiría con siempre en la elección de las palabras. El sub-
los años en un fiel amigo. alterno tenía que dirigirse al superior como
“señorito” (y si había una criada encargada
A menudo me acomete el deseo de edu- de la paliza, como “señorita”). El superior,
car a mis compañeros. Conozco por pro- aunque fuera más joven que el esclavo, tu-
pia experiencia los defectos de la actual teaba a este, le llamaba “piojoso”, “mierda”,
pedagogía y veo a muchachos de espíritu “pillo”, “niñato”, a menudo le “amaestraba”
despejado y físicamente sanos que se enca- con un silbato y le hacía ponerse en posición
minan a marchas forzadas hacia su propia de “firmes” o “de rodillas” cada vez que se
perdición; veo cómo en cuestión de años dirigía a él o le soltaba una bofetada (el cas-
se arrastrarán por la vida como yo, decré- tigo de levantarse y arrodillarse, este último

174
endurecido a menudo usando hierros oxi- unos pantalones raídos, incluso rotos, y
dados, debería haberlo mencionado más una camiseta por el estilo que tuviera que
arriba, al hablar de los azotes). Las ex- arrastrar a golpes una pesada carreta por
presiones destacadas con comillas y otras un cenagal cayéndose al suelo cada dos por
como “paliza”, “bofetada”, etc. e incluso tres… ese era a menudo mi ídolo y se con-
denominaciones completamente inocuas taba entre los productos más poderosos de
como “chico”, “chaval”, “muchacho”, “ro- mi sucia fantasía. Superaba aquí a veces la
dilla”, etc. bastaban para excitarme cuan- medida habitual de mi perversión. Una vez
do las leía en cualquier contexto. Inmedia- me imaginé que a la bestia de carga huma-
tamente, surgían con la correspondiente na, al vestirse, le saltaban los botones de
palabra fantasías libidinosas. los pantalones y se le quedaban colgando
las partes pudendas, el único caso en que
Tampoco me libraba de la coprolagnia. estas desempeñaban un papel. Otras dos
Frecuentemente, me veía a mí mismo en veces llegué incluso a maltratar mi propia
poder de un joven campesino descalzo al persona.
que le tenía que lamer sus sucias piernas
mientras se echaba la siesta. Cuando deja- Estas fueron las dos únicas ocasiones en
ba de apetecerle tal servicio, me plantaba que abandoné el marco de lo ideal. En
una patada en la cara para que le dejara en una de ellas me quité toda la ropa me-
paz. También encontraba agradable el que nos la camisa y los calzoncillos. Estos los
me escupieran. Daba en las ideas más tre- enrollé de forma que parecían unos pan-
mendas en este campo: veía mi boca con- talones cortos y anduve un rato descal-
vertida en escupidera e incluso en retrete. zo dando vueltas por la habitación hasta
Se me llegó a ordenar lamer escupitajos del que me arrodillé delante de un espejo y
suelo, honor por el que debía dar las gracias me lancé un chorro de mi propia orina a
al amo que había soltado el salivazo, algo la cara (!) imaginándome que esto lo ha-
a lo que yo solía añadir el suplicar que me cía a un chico que, habiéndome vencido
siguieran humillando. Todas estas mani- en una pelea, se había puesto de rodillas
festaciones de coprolagnia se presentaban encima de mí y me demostraba ante tes-
también en forma sádica, aunque he de ha- tigos de una forma tan drástica su poder
cer notar que el escupir me inspira tal aver- y mi sometimiento.
sión que no soy capaz de hacerlo ni estando
acatarrado. El segundo y último caso en que abandoné
el ámbito de la fantasía se dio el año pasado.
Los esclavos de mi fantasía suelen recibir Me desnudé de la forma ya mencionada y
comidas repugnantes (desperdicios, como empecé a golpearme febril e incesantemente
cáscaras de patata, huesos roídos, etc.) y las pantorrillas desnudas con un bastón. Esto
tenían que dormir sobre el suelo desnudo. lo hice con tal fuerza que, pasados ocho días,
todavía me quedaban marcas y cardenales.
Tengo que hacer especial hincapié en mi Mientras hacía esto volví a imaginarme que
afición a los chicos descalzos; por ejemplo, un chico que vigilaba mi trabajo como bestia
un chico trabajador, vestido tan solo con de carga me azotaba “por desganado”.

175
A diferencia de la mayoría de observa- ahí como si, en medio de sus travesuras en
ciones en el ámbito del masoquismo, al el jardín, una orden del padre los hubiera
ejecutar mi fantasía sentí escaso dolor obligado a detenerse. Todavía tienen rojas
y no me vi defraudado en modo alguno; las mejillas; el mayor, sobre todo, tiene
antes bien, se apoderó de mí una inten- cara de rebelde. Con estos chicos me in-
sa voluptuosidad. No paré de azotarme venté largas historias en las que el palo
hasta quedar agotado. Por otra parte, desempeñaba un papel central. Ninguna
ese día me encontraba especialmente ex- persona normal podía imaginarse que tu-
citado: hacía un calor enorme (25° R a la vieran esta influencia sobre mí.
sombra [31° C, nota del traductor]) y es-
taba terriblemente nervioso porque al día En el teatro me gustaba ver sobre todo
siguiente tenía un examen difícil para el obras en las que hubiera papeles de chi-
que no me veía preparado. Es interesante cos, y me enfadaba si, como solía ocu-
mencionar que a pesar de la atonía pro- rrir, los interpretaban muchachas, lo que
vocada por el exceso, que me incapacitó imposibilitaba mi placer sexual. Una vez
para todo trabajo intelectual durante la que vi una versión de “Flachsmann como
noche, aprobé el examen con nota. Esto educador” en la que el papel de escolar lo
es toda una imagen de nuestra cultura: interpretaba un chico de verdad, mi entu-
energía sobrehumana junto a debilidad siasmo no conocía límites. El joven artista
infrahumana, una lucha encarnizada en- actuaba además magníficamente. El actor
tre el espíritu y la materia. interpretó a pedir de boca la mezcla de
ruda obstinación y temor pueril, esos sen-
Lamentablemente no recuerdo con exac- timientos encontrados que experimenta
titud mi estado psíquico anterior y poste- todo mal estudiante cuando se encuentra
rior al otro acto real (el de la orina). delante del director y que se manifiesta en
la aspereza de las contestaciones. Con ello
He mencionado anteriormente que la pa- me hizo caer una vez más en el onanismo.
labra impresa solía despertar mi deseo y
he de añadir ahora que los cuadros y las Pero lo que más efecto me producía siempre
estatuas también podían provocar el mis- eran las obras impresas, donde mi fantasía
mo efecto. disfrutaba de la máxima libertad de movi-
mientos. No hay ningún clásico, ningún es-
Diré, por mencionar un solo ejemplo, que critor de prestigio, en cuya obra no haya en-
los retratos de muchachos de una expo- contrado yo algún pasaje excitante. Esto nos
sición me mantuvieron excitado durante llevaría, por tanto, demasiado lejos si quisie-
varios días. Estaban allí retratados dos ra presentarlo con todos sus pormenores.
chicos, el uno tendría unos 11 años y el Me excitaban sobre todo desde hacía años
otro alrededor de 14. Son chicos guapos, “La cabaña del tío Tom” y uno de los viajes
con ropa de andar por casa, con unos pan- de “Simbad el marino” en las “Mil y una no-
taloncitos azules que dejan al aire unas ches”. Me refiero a la aventura en que un ser
pantorrillas fuertes y bronceadas, cubier- monstruoso se sirve de Simbad como mon-
tas de un fino vello. Los dos chicos están tura. Este relato demuestra que el masoquis-

176
mo era ya conocido entre los antiguos sido el coito pederasta. Me gusta mante-
árabes. ner trato espiritual ante todo con hombres
inteligentes y serios, o sea, sobre todo con
El “ser cabalgado” era un elemento que hombres mayores o también con mujeres
aparecía repetidamente en mis fantasías, de aspecto masculino y enérgico carácter.
igual que el “ser uncido”. Alguna vez he Apenas me trato con mis colegas; en com-
llegado a sentirme como un perro de tiro pañía de señoras mediocres o de hombres
al que le dan patadas o como un caballo superficiales y vanidosos me siento más
que recibe latigazos, algo que durante los cohibido —porque no sé qué es lo que le
momentos de excitación trataba de ex- interesa a la gente— que si estoy tratando
plicarme como recuerdos de reencarna- a personas que me imponen por su altura
ciones anteriores, por más que en estado de espíritu.
normal no crea en la inmortalidad de eso
que llaman alma. La mujer no me resulta en absoluto repug-
nante. Admiro incluso su belleza física,
Un fenómeno muy extraño es que en mi pero sólo como lo haría con un hermoso
estado normal siempre pienso y siento paisaje, una rosa o una casa nueva. Puedo
de una forma completamente diferente a hablar con toda tranquilidad de cuestiones
como lo hago en estado de excitación sen- sexuales sin ruborizarme y sin que nadie
sual. En mi estado normal, por ejemplo, se percate de lo que oculto en mi interior.
soy enemigo incondicional de castigar con
azotes y partidario de la teoría de que los
errores humanos sólo se pueden corregir
convenciendo con razones y nunca me-
diante la violencia o mediante prohibicio-
nes que no hacen sino incitar a saltárselas.
Soy, asimismo, un partidario convencido
de la búsqueda de la libertad, un “defen-
sor de los derechos humanos”… y, sin em-
bargo, a pesar de todo esto, encuentro en
otros momentos placer en la idea de la es-
clavitud, en un trato inhumano.

Por lo que hace a mis inclinaciones sexua-


les contrarias, tengo que proporcionar aún
algunos datos sobre mi carácter y mi com-
portamiento social.

Espiritualmente me siento siempre como


hombre; sexualmente, como neutro. Insis-
to en que el coito normal nunca ha sido ob-
jeto de mis fantasías, como tampoco lo ha

177
“La ambigüedad parental inductora recíprocos eran la cuota cotidiana de este
del proceso perverso y el horror de la niño cuya madre, en tales ocasiones, no
castración”* dejaba de decirle que el se mostraba muy
sensible a ellas.
Por Joel Dor
A la edad de seis años, dos acontecimientos
Este hombre, tan anhelado porque su na- vinieron a perturbar esta perfecta unión:
cimiento había sido largamente esperado, por una parte, el nacimiento de otro niño;
hijo único durante los cinco primeros años por otra, una experiencia sexual que a pos-
de su vida, fue objeto de una adoración teriori resultará traumática. El nacimiento
materna tan precoz como inextinguible. próximo del segundo niño que será un her-
El no soportaba ser separado de su madre, manito le fue anunciado bastante tempra-
tanto como ella que desplegaba tesoros no por su madre, un poco a modo de una
de energía para que tan funesta eventua- traición culpable. Para reparar la turbación
lidad no sucediera jamás. Presente en to- en adelante introducida en el vínculo, ella
dos los momentos de su existencia, logró no dejó de tranquilizarlo prometiéndole
la hazaña de atraerse los favores de un amarlo más, aún cuando no estuviera más
médico para postergar por dos años la en- solo con ella. A partir de ese momento
trada de su hijo en la escuela, en nombre empezó a llamarlo “su hombrecito’’. Y en
de algunos alegatos patológicos tan oscu- adelante, no pasaba día sin que exhibiera
ros como complacientes. su vientre para que su “hombrecito” la aca-
riciarla largamente. El cree por otra parte
El padre, muy ocupado en actividades pro- recordar que ella aprovechaba la ocasión
fesionales absorbentes no tenía casi oca- para acariciarse sí misma. La significación
sión de turbar este idilio maternal idólatra. de estas caricias, por lo menos enigmáti-
Por lo demás, aparte de la amnesia infan- cas, no se aclara sino a partir de un segundo
til, este hombre no habla conservado nin- acontecimiento.
gún otro recuerdo de su padre que el de su
ausencia constante. Al contrario, se acor- El segundo episodio se desarrolló en torno
daba con mucha nitidez de los numerosos a la llegada de una sirvienta a la casa. Con-
intercambios corporales que mantenía tratada por la madre para ayudarla duran-
con su madre en esa época. No solamente te el período de su embarazo, fue presen-
ella no tomaba nunca baños sin invitarlo tada al niño como un sustituto materno
a compartir sus abluciones, sino que toda consagrado a satisfacer todas sus exigen-
ocasión parecía propicia para que se des- cias, para hacerse perdonar el imponerle
vistiera en su presencia. Los cuidados cor- la introducción próxima de un hermano.
porales que le prodigaba, largamente, con La sirvienta, asignada a esta función, se prendió
una generosidad sin reservas, lindaban muy pronto en el juego más allá de todo límite.
frecuentemente en la indecencia. Durante una ausencia de su madre, lo llevó a su
pieza, lo desvistió, se desvistió a su vez comple-
En nombre del amor, caricias y toqueteos tamente y se acarició delante del niño a quien
este espectáculo dejó desconcertado.

* Extraído del Libro: Joel Dor. 1986. Estructura y Perver-


siones. Editorial Gedisa P.p 107

178
Después de invitarlo, en el curso de explo- lo había introducido, en efecto, en el des-
raciones minuciosas a informarse sobre el cubrimiento del goce, pero iniciándolo en
contenido de su goce, la escena terminó la modalidad de un goce prohibido.
con una masturbación del niño acompa-
ñada de algunos contactos orales. Le im- En adelante, esta prohibición lo volvió
puso, entonces, el secreto absoluto, bajo no solamente extraordinariamente pru-
reserva, si la traicionaba, de no hacerlo dente en sus solicitaciones libidinales a
nunca más. la madre, sino también muy curiosamen-
te, cada vez más atento a la presencia de
Los intercambios se multiplicaron así to- su padre que no tardó en descubrir como
dos los días durante algunas semanas. un estorbo. Muy sintomáticamente, todo
Muy rápidamente, el niño fue iniciado en sus recuerdos ligados a la presencia de su
un muestreo de técnicas eróticas tan suti- padre no parecen aparecer sino a contar
les como variadas, que lo dejaban siempre de ese momento. Por otro lado - lo que
en un estado confuso de júbilo y de inquie- no es menos sintomático - , la presencia
tud entremezclados. Una de esas sesiones paterna comenzó a aparecérsele bajo el
de seducción lo angustió sin embargo más aspecto ‘de una forma cada día más fu-
que lo ordinario, el día en que ella se aco- riosa y amenazante. De hecho, este padre
pló verdaderamente con él, subiéndosele era terriblemente violento y brutal con su
encima. mujer. Pero siempre lo habla sido. El niño
simplemente lo había reprimido enérgica-
El secreto fue aparentemente bien guar- mente mientras se unía al perfecto amor
dado. Le pareció sin embargo impos1ble con su madre. En realidad, en cada una
que su madre no supiese nada, por haberlo de sus episódicas apariciones en la casa,
sorprendido por lo menos una vez entera- el padre recurría regularmente a cualquier
mente desnudo en la pieza de la sirvienta pretexto para pegar e injuriar de lo lindo
mientras ella misma se encontraba en pa- a su mujer”: Entre este diluvio de injurias,
ños menores. Fuese como fuese, la madre una de ellas, vociferada con cualquier mo-
no dijo nunca nada. Todo llevaba, pues, a tivo por este padre desatado: Ve a que
creer que los retozos amorosos hubieran te enculen”, intrigó bruscamente al niño
podido durar mucho tiempo, si no hubie- por la evocación compulsivamente reite-
ran echado a la sirvienta como consecuen- rada que obsesionaba el curso de su pen-
cia de un robo insignificante. Después de samiento. Aunque esta expresión le fuese
su partida, el niño no dejó de solicitar a su literalmente ininteligible en lo inmediato,
madre, asiduamente pero con prudencia, es probable que acusara una cierta reso-
para intentar reencontrar junto a ella al- nancia inconsciente gracias a las atencio-
gunas de las emociones que le dispensaba nes expertas de la sirvienta. Algún tiempo
tan generosamente la sirvienta. No obs- más tarde, esta cuestión volverla a hacér-
tante, supo mostrarse muy prudente en sele presente de un modo insoslayable.
sus ardores, pues algo le había sido pérfi-
damente significado por la instigadora de A partir de esta época, recuerda haber toma-
sus placeres. Imponiéndole el secreto, ella do el partido de aprovechar todas las ausen-

179
cias de su padre para consolar a la madre des de su madre. Por lo demás, desde el na-
de las sevicias que le eran infligidas. Nun- cimiento del hermano, la madre empezaba
ca, en parecida circunstancia, fue desalen- a significarle ciertas reservas corporales,
tado por su madre. Esas interminables que no eran menos ambiguas. Después de
sesiones de consolación constituían otras haberse dejado acariciar con una volup-
tantas ocasiones favorables a los inter- tuosidad manifiesta lo intimaba frecuente-
cambios de contactos y a las confidencias mente a no continuar: “Su padre se oponía
respectivas de placer. Aunque estas sesio- a ello. Era ya demasiado grande”. La ley del
nes “cuerpo a cuerpo” no llegaron nunca padre, enojosamente ausente de ordinario
al estupro de sus retozos con la sirvienta, por la grosería paterna, era así tímidamen-
guardaba no obstante el recuerdo de ins- te convocada por el discurso materno, pero
tantes fugaces dedicados a investigacio- con una ambivalencia de lo más sospecho-
nes sexuales recíprocas. sa. Si la referencia a la, prohibición inter-
venía siempre después de los intercambios
El nacimiento del hermano trastornará corporales furtivos, no intervenía sino muy
pronto esta quietud libidinal. Vivió la par- excepcionalmente antes.
tida de su madre a la maternidad como
un abandono casi conyugal. Seguro de su A despecho de esta captura bajo la féru-
derecho, le hizo, al regreso, indescripti- la ambivalente de una madre ávidamente
bles escenas de celos que se prolongaron seductora e irrisoriamente interdictora,
durante muchos meses. En este infierno el niño fue insensiblemente obligado,
pasional, ocurría que el padre intervinie- con el transcurso de los meses y los años,
se a veces, separando a los protagonis- a sublimar la actividad erótica que desa-
tas, que no dejaban de exasperarlo con rrollaba con ella, en comportamientos
sus violentas reivindicaciones por infide- de ternura de atención y de solicitud res-
lidades adulterinas imaginarias. Como de pecto de los cuales su madre se mostró
costumbre, algunas brutalidades físicas siempre reconocida. Al contrario, en el
y verbales vencían la resistencia de esos imaginario del niño, el padre adoptó un
mini-malentendidos “conyugales” entre la carácter de bruto grosero y malevolente.
madre y “su hombrecito”. El niño se persuadió poco a poco de que
su madre lo soportaba sin defensa pero
Aterrorizado por la violencia ambiental, el que no lo deseaba. Quedó así íntimamen-
hijo rendía sus armas bajo el peso de los te convencido de que era siempre su ob-
sarcasmos paternales humillantes que lo jeto de amor privilegiado.
abrumaban en lo más vivo de su ser marti-
llándole: “Que tenía miedo de todo... que Sin embargo, ciertos cambios comenzaron a
lloraba y se quejaba como una niña... que modificar la relación que mantenía con ella.
no sería nunca un hombre!”. Por su parte, esta madre no se desmovilizó
nunca verdaderamente en las múltiples em-
“Al mal tiempo buena cara”, se hizo a la presas de seducción con las que gratificaba
idea de que en adelante ya no estaba solo a su hijo. En panicular, todas las ocasiones
para compartir la presencia y las intimida- le servían para presentarse desnuda ante él,

180
o, mejor aún, vestida de manera suficien- ber vuelto a su casa, con ‘el sentimiento
temente sugestiva para disimular apenas degradante de e haber sido ensuciado y
el objeto de sus codicias. Reaccionó sin manchado por haberse prestado así pasi-
embargo al ardor de las solicitaciones ma- vamente, pero no si algún placer, a bruta-
ternas evitándola cada vez más. El cuerpo lidades dolorosas para satisfacer el goce
de su madre se le volvió poco a poco ob- de otro. Se prometió entonces, solem-
jeto de repulsión. Su sexo le inspiraba un nemente guardar para siempre para el
asco creciente. Lo fantaseó en represen- recuerdo vergonzoso de esta experiencia
taciones orgánicas folklóricas pero más sexual.
bien repugnantes.
Poco tiempo después, comenzó una ver-
Alrededor de los doce años, después de un dadera existencia de calvario. Muy rápida-
acto fallido de su madre, fue involuntaria- mente, se sorprendió al experimentar un
mente testigo visual de una escena sexual odio inexplicable a las mujeres. Primero
violentamente sádica entre sus padres. Re- de un modo ambivalente: las mujeres se
cuerda haber quedado sobre todo descon- le aparecían como criaturas oscuramente
certado por e1 placer ávido expresado en el extrañas de las cuales no comprendía ver-
aliento de su madre hacia su padre, mucho daderamente lo que los hombres busca-
más que por lo inadecuado de las iniciati- ban en ellas. A continuación, e una manera
vas que su padre le estaba haciendo sufrir. resueltamente declarada, en la medida en
El espectáculo accidental de esta escena que todas las mujeres se revelaban como
primaria le valió, a su vez, un correctivo tan seres detestables y amenazantes que con-
memorable como incomprendido, admi- venía evitar. Conjuntamente se afirmaba
nistrado a cinturonazos por un padre des- su gusto por la frecuentación de hombres.
atado y ferozmente indecente. Totalmente Las primeras experiencias homosexuales
postrado por el recuerdo de esta exhibición comenzaron a los 18 años. Por más que
sexual parental que resultaba para él inco- se repitiesen con cierta frecuencia, eran
herente, profundamente mortificado por siempre vividas de manera difícil, sin gran
la injusticia de las represalias que le habla atracción ni placer, fracasando general-
atraído, su estado de letargo tuvo; algu- mente en los resultados bastante sórdidos
nos días más tarde, su caída previsible en de las estereotipias sadomasoquistas más
un traumatismo sexual envilecedor, para indigentes.
siempre determinante del curso de sus fu-
turas catexias libidinales. Vino luego un rebrote de interés paradójico
por las mujeres que no dejaban sin embargo
Cuando volvía de la escuela fue interpe- de inspirarle jamás, profunda repugnancia
lado por un desconocido de unos veinte sexual. Este asco por el sexo de las mujeres
años. Se dejó seducir, indiferente, por este estaba asociado al fantasma persistente de
hombre que lo arrastró a su casa y lo violó una duda en cuanto a la existencia de la va-
sin otra forma de proceso. Completamen- gina. Esta incertidumbre casi obsesionante
te aturdido por el carácter intempestivo lo condujo regularmente a laboriosas in-
de esta experiencia sexual, recuerda ha- vestigaciones destinadas a

181
invalidar su convicción imaginaria. Ni la terapéutico le permitió mantener varios vi
frecuentación asidua de prostitutas a las ncu1os seguidos con mujeres; relaciones
que pagaba exclusivamente para asegurar- a menudo difíciles en las que SUS expe-
se de visualizar la existencia de la vagina, riencias sexuales quedaron mucho tiem-
ni la repetición’ incesante de proyecciones po marcadas por episodios de ansiedad y
pornográficas, no lograron verdadera- éxtasis decepcionantes. Una de las cau-
mente neutralizar esta duda que se mos- sas oscuras de esos procesos ansiógenos
traba recalcitrante a los productos mejor que terminará por descubrir su sentido:
asegurados de sus percepciones. el temor fantasmático de perder el pene.
Fantasma banal de la Vagina dentada tan
Es claro que la persistencia de esta actitud frecuente en la clínica masculina, pero que
dubitativa hacia las mujeres era uno de adquiere siempre “una resonancia particu-
los vestigios surgidos de la problemática lar en el perverso puesto que es el resurgi-
fantasmática surgida en torno a la madre miento del fantasma de la madre respon-
fálica, al testimoniar la ausencia de la va- sable del horror de la castración.
gina de la mujer, en efecto, íntimamente
en este hombre, un desplazamiento de la Al mismo tiempo o casi, se desarrolló
cuestión de la ausencia del pene. Si, fan- igualmente todo un discurso muyestereo-
tasmáticamente, lo que está enojosamen- tipado alrededor de la cuestión del padre.
te ausente de la madre / mujer, es el pene Encarnado al principio bajo los rasgos de
y no la vagina, importa ante todo, en la un bruto grosero y violento, apareció poco
realidad, que la ausencia sea cristalizada a poco de modo diferente, a medida que
alrededor de la vagina. Pues sólo la duda las mujeres adquirían mayor realidad para
constante movilizada por esta ausencia es este hombre. El padre pasó entonces a
susceptible de obligar permanentemente ser, en razón de una identificación incons-
al sujeto a ir regularmente a desengañar- ciente, un hombre impotente para sopor-
se con el apoyo de la realidad. Para él, la tar la dimensión de horror movilizada por
función de las prostitutas y de las pelícu- e1 deseo de las mujeres. La violencia y la
las pornográficas no tenía otra razón de brutalidad del padre se transformaron así,
ser que reiterar la prueba. Pero, recípro- insensiblemente, en reacciones de legíti-
camente, esta verificación repetitiva otor- ma defensa. En ese sentido, el padre se
gaba al sujeto la posibilidad de aprove- volvió víctima en lugar de la madre. No era
char imaginariamente todas esas pruebas más el estorboque imponía su ley inicua
como otros tantos testimonios que refor- a la mujer (a la madre) sino, al contrario,
zaban la atribución fálica. La vagina no es aquel que sufría en adelante la ley de las
nunca sino un pene invaginado. La mujer mujeres.
lo tiene. A aquél que duda, le basta ir a ver
e ir a volver a ver. Nuevamente podemos identificar en esta
inversión de perspectiva uno de los com-
La prueba más irrecusable de este fantas- ponentes imaginarios favoritos del fantas-
ma fálico le fue aportada en el transcurso ma perverso: a saber, la idea de un padre
del análisis cuando el adelanto del trabajo potencialmente incastrable por poco que

182
la madre’, responsable del horror de la En un segundo tiempo, el mismo argu-
castración, no lo hubiese arrastrado al mento se reprodujo en cuanto al horario
pecado originario del deseo... Así mismo, de las sesiones, que descontaba modificar
todo el argumento se invertía progresi- según su voluntad.
vamente puesto que era ahora al padre a
quien convenía proteger de la ignominia En el transcurso de una última sesión, ape-
de la madre. nas lo introduje en mi consultorio, se pre-
cipitó para sentarse en mi propio sillón,
Esta solidaridad identificatoria padre hijo clamando a viva voz que tenía una decla-
resultó, evidentemente, tan problemá- ración capital que hacerme. Alegando que
tica como su componente antagonista. yo había permanecido sintomáticamente
A lo sumo permitía prolongar en la otra sordo a sus recientes súplicas, me confió
vertiente del fantasma perverso, la im- en unprincipio que, al menos por un tiem-
posibilidad fáctica en que se encontraba po saludablemente había que invertir los
este hombre de asumir su propia castra- roles. Hundido en el fondo de mi sillón me
ción. Como es lógico, este acomodamien- intimó a continuación a escuchar atenta-
to imaginario no duró. La alegoría victi- mente lo que tenía que decirme, avisán-
mista del padre no podía sino conducirlo dome por segunda vez que aun si yo no
más subrepticiamente a lo más vivo de la quería saber nada de eso, mi inconsciente
expectativa inicial convocada por la cues- entendería de todos modos alguna cosa:
tión del deseo de la madre. Esta sería la
problemática crucial en torno de la cual se Primero: Habiendo tomado el partido de
estructura precisamente, toda la dinámica no responder a sus últimos pedidos, era
originaria del proceso perverso. Sucedió necesario que supiera que yo no estaba
entonces lo que ocurre a menudo cuando verdaderamente allí para ayudarlo en sus
la dirección analítica termina por llevar, dificultades, como me había, parece, com-
sin rodeos, al paciente perverso al um- prometido:
bral de esta interrogación: interrumpió su
cura. Generalmente, este modo de ruptu- Segundo: Yo tenía igualmente que asegu-
ra adopta un giro conforme a las •estrate- rarme de que el psicoanálisis no era sino
gias intrapsíquicas que animan la lógica de una empresa falsa, si el psicoanalista re-
su estructura: el desafío y la transgresión. husaba, sin justificación valedera, prestar
servicio a los pacientes que sufrían por
En el caso presente, la problemática movi- esas dificultades.
lizada por esta interrogación, al principio
disfrazada con ayuda de un desplazamien- Tercero: Por fin, tenía que tomar cono-
to oportuno, se reencontró inmediata- cimiento de que, a consecuencia de esa
mente sobre las condiciones del trata- traición, él me licenciaba inmediatamen-
miento de la cura. Este hombre empezó a te en beneficio de un colega que le habla
cuestionar las frecuencias de sus sesiones dado ya las seguridades de que sabría
semanales, poniéndome así en el desafío mostrarse más comprensivo frente a sus
de tener que ponerle en el rito habitual. requerimientos.

183
Al término de esos “motivos”, le sugerí Dahmer El Caníbal*
pagarle la sesión como reconocimiento a
la manera magistral con la cual había con- Por Silvia Tendlarz y Carlos Dante
ducido “mi” sesión de análisis. Una sono- García
ra carcajada fue suficiente a continuación
para poner fin al último acto de esta mas- En su libro Dentro del monstruo, Robert
carada, al final de la cual le confirmé la Ressler incluye las entrevistas llevadas
cita para “su” próxima sesión. a cabo con Jeffrey Dahmer, el “caníbal”,
quien se volvió célebre por las películas
Muy evidentemente no volvió nunca. que se hicieron a partir de sus crímenes;
ellas son: El silencio de los inocentes, Aní-
bal y El dragón rojo, protagonizadas todas
ellas por Anthony Hopkins.

Jeffrey nace en 1960 en Milwaukee, aun-


que en realidad se cría en un suburbio de
Ohio. Su padre, Lionel, era químico y su
madre, Joyce, ama de casa. Seis años des-
pués nace David, su hermano menor.

Tempranamente desarrolla un gran inte-


rés por los experimentos con sustancias
químicas y se fascina por los animales
muertos. Al principio coleccionaba insec-
tos y los conservaba en frascos. Luego,
forma un depósito de animales muertos
atropellados. Cuelga las cabezas de estos
en palos que ubicaba en la parte trasera de
su casa y expone las pieles al sol, llegando
a hacer un pequeño cementerio de anima-
les en el jardín. Años más tarde entierra en
ese mismo lugar –separando entre sí- los
huesos de su primera víctima. Durante su
escolarización primaria su padre le regaló
un equipo de química para niños, que utili-
zó para sus experimentaciones. Su interés
por la disecación proviene así del lado del
padre.

Al ser entrevistado por Ressler dice: “Fue


una broma. Encontré el perro y lo rajé para

* Extraído del libro: Silvia Elena Tendlarz y Carlos Dante


García 2008¿A quién mata el asesino?. Grama Edi-
ciones. Buenos Aires. P.p 178

184
ver cómo era por dentro. No sé por qué, se en una neutralidad apática. Además, trata
me ocurrió que sería divertido clavar la ca- de dejarse enseñar en la medida en que se
beza en una estaca y dejarla en el bosque”. interesa verdaderamente por lo que Dah-
Y luego agrega: “Llegó uno de mis amigos mer le dice. En determinado momento
y le dije que me lo había encontrado entre afirma que quiere aprender, por lo que las
los árboles. Sólo para darle un susto”; en entrevistas tienen el objetivo de asesorar,
realidad, su gesto se asemeja a la mueca por ejemplo, a un fiscal, así como otras ve-
de una broma, refiere Ressler. ces intenta obtener información de otros
posibles asesinatos.
Lacan dice: “El perverso es eso; la perver-
sión está a la búsqueda de esta perspecti- El paradigma de la posición del entrevista-
va en tanto puede hacer surgir el acento dor utilizada por Ressler, se encuentra en
de goce pero la busca de una manera ex- la frase que dice: “Dahmer estaba un poco
perimental. La perversión siempre tiene la sorprendido de mis preguntas y también
dimensión de la demostración”. No es solo de demostrarme comprensivo por sus ne-
una mostración, demuestra algo que por cesidades de deshacerse de los cadáveres
el momento queda en suspenso. de una manera extraña. Incluso más, in-
sinúa que yo hubiese sido un buen asesi-
Hasta aquí lo que se pone en primer pla- no en serie. Le respondí que llevo mucho
no es una broma que apunta a producir la tiempo entre criminales”.
inquietud, la división subjetiva del espec-
tador. Por un lado, Ressler consiente la exposi-
ción del saber brindada por Dahmer, pero
Pero Ressler no se detiene aquí sino que por otro, se queda en una posición a-a,
avanza en su indagatoria y explica sus ra- imaginaria, como si se tratara de dos ca-
zones: “Algunos entrevistadores tratan maradas tratando de dilucidar esas cues-
de mantener una actitud objetiva cuando tiones.
dialogan con una persona en una situación
como esta. Creen que si hacen lo contrario, Esta posición inaugurada por Ressler se
es decir, si muestran conformidad o recu- ha vuelto un clásico del cine policial: el in-
san ante sus actos, interrumpirán el flujo vestigador experto en asesinos en serie,
de su discurso. Mi técnica es otra. Cuando capaz de pensar cómo piensa el asesino
algo me parece extraño y considero que para poder anticiparse a su accionar y así
es el momento de decirlo, lo digo abierta- construir su perfil psicológico (De hecho,
mente. En este caso creo que Dahmer me Ressler también es convocado por la po-
ayudó a pensar que yo también recordaba licía para asesorar acerca de los perfiles
con sorpresa los extraños asuntos en los de asesinos que, efectivamente, describe
que se había visto envuelto y de los que casi a modo de adivinación, puesto que
ahora quería distanciarse”. cuando son hallados, esto ocurre en los
términos de su planteo. Desde esta posi-
Ressler adopta una posición casi analítica: ción de a-a, se identifica con el asesino y
lo escucha, lo toma en serio y no se sitúa busca su testimonio).

185
Los vecinos recuerdan a Dahmer como un concluían en crímenes.
niño que deseaba fervorosamente com-
placer a los otros. En 1974, con 14 años, Según Jeffrey: “Algunas veces, muy pocas,
ingresa a la escuela secundaria. Los com- estaba muy borracho, y me llevaba a alguien
pañeros lo describen como un muchacho que no era tan atractivo como había creí-
solitario que sentía fascinación por los do, y por la mañana tenia resaca y se iba [el
animales muertos. En realidad, no encaja- “invitado”]. Otras veces no quise matarlos,
ba con su entorno. Comienza a beber en pero es que no quería estar con ellos”.
los baños, luego en los recreos, posterior-
mente toma whisky en la clase. A los 18 Sobre el primer asesinato explica que es-
años cursa el último año del secundario. taba con la idea y la fantasía que no ex-
trajo de ningún lado- de “levantarse” un
Podemos establecer entonces la siguiente autoestopista guapo y gozar sexualmente
secuencia: a los 14 años prepara el episo- de él. Jeffrey tenía 18 años, acaba de gra-
dio del susto dentro de su casa. A los 16 duarse como bachiller y su vida familiar
años, construye un cementerio en medio era un caos. La que sería su primera víc-
del bosque. Y luego, dos años después, co- tima, de Ohio, hacía autostop al regresar
mete su primer asesinato, que se sitúa en de un concierto de rock. Jeffrey se ofrece
medio del divorcio de los padres. a llevarlo y lo invita a la casa de sus pa-
dres para tomar una cerveza. No recuer-
Antes de que Jeffrey cometiera el primer da de qué hablaron, sol recuerda que se
asesinato, su padre, Lionel, había ido a emborracharon y que mantuvieron rela-
buscar a su hijo menor, David, para rea- ciones sexuales. Cuando el muchacho in-
lizar una salida programada. Lo recibe tenta marcharse se pelean a golpes. Final-
Jeffrey quien le comunica que su madre mente, Jeffrey lo golpea en la cabeza y lo
había huido con David unos días antes, mata. Según declara a la policía tres años
abandonándolo a él y ordenándole que no después, el joven quería marcharse y él no
informara a Lionel acerca de su paradero. quería dejarlo ir. Luego arrastra el cadáver
Cuando Lionel llega a la casa, la encuentra hasta un sótano de la casa. Lo descuar-
un desastre; no había comida en la helade- tiza con un cuchillo de cocina y deposita
ra- ni tampoco Jeffrey tenía dinero. Lionel los trozos en bolsas de plástico. Primero,
demanda a Joyce, su ex-mujer, por aban- guarda las bolsas en un auto y, después,
donar el hogar y huir con su hijo menor. decide enterrarlas en la parte posterior de
Ella pierde la custodia de David y este se la casa. Deja los restos descomponiéndo-
va a vivir con su padre y su nueva esposa. se en ese lugar durante los dos años que
estuvo en el ejército, pero cuando vuelve
El divorcio de los padres de Jeffrey fue uti- desentierra las bolsas y golpea el cuerpo
lizado por distintos medios de comunica- para romper sus huesos.
ción para intentar explicar la conducta de
este, como un sentido que le viene presta- Cuando en 1991 es atrapado, Jeffrey fue ca-
do del Otro. También, para explicar el por- paz de trazar un mapa para mostrar a los
qué de algunos de los encuentros que no investigadores de Ohio los lugares precisos

186
donde habían sido depositados los restos, equivocan porque no tienen en cuenta un
en la antigua casa de la familia Dahmer. importante dato psicológico: cuando un
asesino no tiene presente el horror del cri-
Ahora bien, en la entrevista que se realiza men cometido y la humanidad de sus vícti-
cuando es capturado no dice claramente mas, es capaz de descuartizar sin la carga
que entonces hubiera mantenido relacio- emocional que usualmente afectaría a una
nes sexuales. Dice: “Fuimos a mi habita- persona normal. Según Ressler, los asesi-
ción, bebimos una cerveza y en el rato que nos que han llegado al punto de deshuma-
pasamos juntos vi que él no era gay. No nizar a sus víctimas, pueden descuartizar
sabía cómo retenerlo si no era tomando la sus cuerpos con la misma indiferencia.
barra de las pesas y golpearlo en la cabe-
za, eso fue lo que hice, luego lo estrangulé I.- El tratamiento de los cuerpos
con la misma barra”. A continuación relata
haberse masturbado con el cadáver. Lentamente los homicidios se van volvien-
do para Dahmer el foco de su vida, lo único
Este caso no es solo el de un asesinato, que le proporciona satisfacción. Este im-
sino que se trata de un crimen de carácter pulso irrefrenable se combina además con
sexual, vale decir, que está acompañado un tratamiento peculiar de los cuerpos.
de una satisfacción sexual no alcanzada
totalmente en el crimen, y es por ello que Ressler relata sobre Dahmer: “Quería
debe recomenzar: es la búsqueda de un construir lo que él una veces llamaba cen-
goce imposible. Esto lo dice expresamen- tro de poder y otras, templo. Formaba
te Ressler en la parte introductoria del li- como una larga mesa en la que colocaría
bro cuando indica que se trata de asesina- seis calaveras. Dos esqueletos completos,
tos acompañados conjuntamente con una uno a cada extremo, suspendidos del te-
satisfacción sexual. cho. Una gran lámpara en el centro de la
mesa y extendería así las calaveras”.
Dahmer no goza de aquello que podría ha-
berse producido por casualidad –la fanta- El propósito de Dahmer era crear un entor-
sía de gozar sexualmente con un hombre-, no –aunque el resultado fuera francamente
goza del cadáver y de sus órganos, que delirante-, donde pudiera conectarse con
descuartiza luego del crimen. Cae así el otro nivel de percepción o del ser, a fin de
semblante social de homosexualidad con conseguir el éxito en el amor y las finanzas.
el que se presenta, puesto que el goce se
manifiesta en otra parte. Ressler le pregunta a Dahmer qué había detrás
del hecho de conservar los esqueletos, los crá-
Si bien los médicos forenses se maravi- neos, el pelo y otras partes del cuerpo. “Con-
llan ante la precisión del asesino en cómo servar los cráneos –contesta- era una manera
disecciona los cuerpos, y aconsejan a los de sentir que, por lo menos, había salvado algo
investigadores que busquen al agresor en- de su esencia, que no había sido un desperdicio
tre los médicos o carniceros, Ressler con- total matarlos. Los esqueletos iba a utilizarlos
sidera que los forenses en esta cuestión se para el templo, pero esta no fue una motivación

187
para matarlos, se me ocurrió después”. El pudiera ser verdaderamente despojado y
impulso de matarlos está antes, y después de ese modo dejar, de una lado la imagen
–sobre esto- construye un delirio. y del otro, lo real del cuerpo.

Buscaba convertir a los muchachos en zom- También llevaba a cabo otras prácticas con
bis, practicándoles orificios en la cabeza los cuerpos sin vida. Intentó conservar las
con un taladro, e inyectándole ácido suave máscaras faciales (la piel de los rostros) si-
en la cavidad del cerebro con una jeringa guiendo la instrucción de una revista pero
de cocina. Experimenta con ellos utilizando estas se enmohecieron y las tiró. La prime-
distintas dosis de ese ácido, e incluso agua ra fantasía que tuvo –que también refiere a
hirviendo. Su propósito era matar el inte- Ressler- era la de montar un esqueleto com-
lecto de la víctima y conservar el cuerpo pleto, barnizando sus huesos y poniéndoles
vivo y obediente. Tales actos tenían como corchetes para que quedaran divididos en-
fin hacer desaparecer la expresión definiti- tre sí. A partir de esto, Ressler le dice que
va de la voluntad en todos ellos. Ese “tra- podría haber comprado un esqueleto en una
tamiento” particular los llevaba inevitable- tienda de artículos para estudiantes de me-
mente a su muerte. dicina. Dahmer le responde que de haberlo
hecho el resultado no hubiera involucrado el
Así el diagnóstico parece desplazarse de la recuerdo de alguien sino que se habría trata-
perversión a la psicosis. Aquello que en un do de un desconocido. (Esto se explica por el
primer tiempo parecía orientarse hacia la hecho de que Dahmer intenta acceder a una
búsqueda de una satisfacción, de un goce imagen para después atravesarla e intentar
exclusivamente sexual, se desliza a lo que así la extracción del objeto a en lo real).
domina “dominio total o absoluto”, vol-
viéndose esto el foco principal. La cues- Interesado por los esqueletos, cráneos y
tión sexual es algo que tiene un carácter otras partes del cuerpo que constituían
secundario y se agrega después. para él elementos del centro del poder,
intentaba crear una especie de conjuro ri-
En relación a la utilización de los cuerpos, tual y utilizar ese poder espiritual.
Dahmer solía poner a los cadáveres en de-
terminadas poses para luego fotografiar- La reducción de los sujetos al estatuto de pu-
los; argumentaba que era una manera de ras cosas u objetos de uso con sentido exclu-
ejercer control sobre ellos y que tuvieran sivamente privado, le posibilita llegar a co-
el aspecto que él deseaba. Además, con- merlos. Eso explica que ni el canibalismo ni
servaba las fotos para masturbarse. tampoco las otras modalidades de tratamien-
to del cuerpo lo hagan retroceder con horror.
Entonces, en ese ejercicio de control del
otro están, por un lado, los restos del ca- II.- Aceleración
dáver, y por el otro lado, las imágenes
fotográficas que conservan las poses de- En 1978, de un modo imprevisto, Dahmer
seadas. Dahmer separaba la imagen de los consuma su primer asesinato. En 1987,
restos, como si el i(a) que viste al objeto a vuelve a matar. Después, no puede dejar de

188
hacerlo, hasta el punto de decidir entre- y lo lleva a masturbarse. Intenta luego lle-
garse, auto-denunciándose, y así poder varse el cadáver a su casa sin lograrlo.
parar. En el asesinato se revela propia-
mente el acto psicótico; alrededor de es- Entre el segundo y tercer asesinato pasan
tos actos criminales Dahmer construye un año y dos meses. Del tercer al cuarto
posteriormente diferentes explicaciones y asesinato pasan dos meses, siempre pre-
delirios. Pueden entenderse estos críme- sentándose la misma secuencia: estrangula
nes como delirios en acto. a la víctima elegida, tiene relaciones sexua-
les con el cadáver y luego se masturba.
El segundo crimen concierne a un hombre
blanco, de aproximadamente 25 años. En En el verano del 88 un niño acusa a Jeffrey
marzo de 1988 (un año y dos meses des- de haberlo acosado sexualmente. Es juz-
pués del segundo), comete el tercer cri- gado y se declara no culpable. Obtiene li-
men. Durante un tiempo intenta apartar- bertad condicional bajo fianza. Durante el
se de este impulso buscando un sustituto juicio, o sea intervención legal mediante,
–entre ellos, un maniquí- y refugio en la no vuelve a cometer otros crímenes (aun-
religión de su abuela. Pero una noche que que desplazado, porque no se trata de sus
estaba en la biblioteca local leyendo un li- asesinatos).
bro, un joven se le acerca, le tira una nota
en el regazo con una propuesta sexual y Pasa otro año y por primera vez mata a
luego se aleja apresuradamente. Dahmer un hombre negro, su quinto asesinato.
pensó que la propuesta era ridícula puesto Comienza entonces con la rutina de con-
que su realización requeriría más tiempo servar los cráneos (en realidad, la mayoría
que el de un encuentro furtivo en el baño. de los cráneos que conserva pertenecen a
hombres negros). Se masturbaba delante
Este episodio produce el desencadena- de las calaveras por el placer que le gene-
miento de sus asesinatos en serie; a partir raban; quería conservarlas junto a sí.
de ese momento comienzan los asesina-
tos ininterrumpidos. Continúan el proceso, la audiencia, y la
sentencia; finalmente pasa un año y tres
Dice: “Lo tomé a broma y no le di más im- meses en la cárcel; luego logra la libertad
portancia. Pero efectivamente dos meses en forma anticipada. Es recibido nueva-
después empecé otra vez. Aumentó el de- mente por su abuela, con una custodia po-
seo sexual, volví a beber, y a frecuentar los licial. Pero cuando queda en libertad lleva
sex shops. En aquel tiempo tenía contro- a cabo el sexto asesinato, el de un hombre
lado el deseo pero quería encontrar la ma- negro. Algo nuevo se añade en esta opor-
nera de saciarme sin hacer daño a nadie. tunidad: el llamado telefónico a los fami-
Así que me hice socio de un sauna, iba a liares de la víctima para decirles que no lo
bares gay e intentaba obtener satisfacción busquen, que ya está muerto, que lo sabía
con el maniquí”. Casualmente, ve en un sa- porque él mismo había matado.
natorio el cadáver de un joven de 18 años,
que le resulta muy atractivo. Eso lo excita Tras una visita realizada por el oficial de custodia

189
en esa época (por su libertad condicional), escalada. Dice: “Lo corté en pedazos pe-
se lo nota muy deprimido; Dahmer ex- queños, lo lavé y lo metí en una bolsa de
presa que padece de su identidad sexual, plástico hermética y lo guardé en el con-
porque prefería a los hombres pero; a la gelador. Buscaba algo más, alguna cosa
vez, se sentía culpable por ello. Acerca de nueva para satisfacerme; después lo coci-
su relación con otras personas argumenta né y me masturbé mirando la foto… Tenía
lo que se puede esperar de alguien como la sensación de que formaban más parte
él: problemas de alcoholismo, de identi- de mí y era sexualmente estimulante”.
dad sexual; depresión; desestabilización
debido a su historia familiar. Entre tanto, En un mismo año, el primer mes mata a
en otra escena distinta a la pública, lleva a uno. El mismo mes mata al número nueve.
cabo sus crímenes. Pasan luego cinco meses, en el transcurso
de los cuales sigue un tratamiento psico-
En junio de 1990, mata a otra persona. En lógico de desintoxicación porque era “al-
julio, al mes siguiente, a otra más y em- cohólico”. Cuando termina el tratamiento,
pieza a desarrollar la rutina de tener sexo en febrero del 91, mata a la última víctima.
oral con el cadáver y conservar las calave-
ras. En ese mismo mes trata de matar a A los dos meses asesina al undécimo; al
un joven. Este lo convence de que lo deje mes, a la víctima número doce; a los tres
vivir prometiéndole que no irá a la policía; días, a la víctima número trece. Al mes,
el muchacho no realiza ninguna denuncia. mata al número catorce. Al mes siguiente,
al número quince. A la semana, al núme-
En septiembre de 1990, dos meses des- ro dieciséis. A la semana siguiente, al nú-
pués, mata a otro hombre negro. Cuando mero diecisiete. A los tres días, al número
se duerme le corta la garganta con un cu- dieciocho. Y a partir de ese momento, en
chillo de caza; conserva de él la calavera esta aceleración, hace las cosas de modo
pintada y guardada, al igual que las de- tal de entregarse a las autoridades lo más
más. También limpia y blanquea su esque- pronto posible.
leto. La conservación de los esqueletos es
simultánea con la aceleración en la tem- En su último intento de asesinato lleva
poralidad de los crímenes; termina matan- a un hombre a su departamento. Mien-
do alrededor de diez personas en un año. tras están mirando El exorcista, Jeffrey le
toma la muñeca con una esposa, saca un
Al primer esqueleto lo blanqueó, después cuchillo de debajo de la cama y se lo pone
lo fotografió colgado de la ducha y pos- contra el pecho. Esta es la única vez que le
teriormente lo guardó. Metió los bíceps habla a la víctima. Luego, toma una cala-
en la heladera y luego se los comió. Y ahí vera y la acaricia mientras le dice al hom-
empieza el canibalismo. Los comió, expli- bre, de nombre Edgard, que él también se
ca, porque eran grandes y quería probar quedaría a su lado. Edgard reacciona y le
qué era el canibalismo. Fueron los únicos da un puñetazo, lo patea en el pecho, lo-
trozos humanos que confesó haber consu- grando escapar. En la huida encuentra una
mido. Se trataba de dar un paso más, una patrulla y relata a un policía la historia de

190
un hombre rubio que lo había esposado Dani o la elección del masoquismo*
y drogado. Posteriormente, los oficiales
acompañan a Edgard al departamento de Por Serge André
Jeffrey, quien les permite ingresar al mis-
mo. En el dormitorio encuentran las foto- La cura de Dani, que contaré a grandes
grafías de los cadáveres y en la heladera, rasgos, sólo duró un año y medio. La ha-
las cabezas de las víctimas. bía iniciado acuciado por unos violentos
y devastadores accesos de angustia, ade-
Salvo en esta oportunidad, Dahmer so- más de una pregunta que le obsesionaba
lía drogarse y estrangular a sus víctimas. desde hacía años: ¿era un «transexual», o
Pero no lo hizo en esta ocasión. Cuando su no? Dando crédito al discurso común, cu-
impulso de matar y de buscar algo nuevo yos ecos en la prensa había tenido ocasión
se vuelve absolutamente incontrolable, un de recoger, tenía tendencia a responder
desenfreno total –mes tras mes, semana afirmativamente a esta pregunta, porque,
tras semana, y luego, a los tres días-, Jef- decía él, se sentía más chica que chico.
frey obra de modo tal de buscar ser descu- Pero, por otra parte, retrocedía ante la
bierto fuera de sí, busca finalmente algo sanción que reclamaba tal respuesta, pues
que lo frene. la castración quirúrgica le inspiraba pura
y simplemente horror. Así, había dejado
para más adelante el momento de «cor-
tar», limitándose a seguir un tratamiento
hormonal gracias al cual ya estaba consi-
guiendo tener algunas redondeces.

Dani, de unos veinte años de edad, prove-


nía de un medio muy modesto y sin am-
bición intelectual. No tenía la menor idea
del psicoanálisis, y si a él recurría era por
recomendación de un cirujano a quien ha-
bía consultado. Empleado en la adminis-
tración, se había casado un año antes con
una colega de despacho a quien describía,
sin excesivo afecto, como una persona muy
simple pero buena. La gran desgracia de su
existencia, en apariencia muy apacible por
otra parte, había sido la muerte de su ma-
dre, sobrevenida cuando él tenía dieciséis
años. Después había vivido con su padre en
condiciones algo extrañas —al menos yo
así se lo hice notar, porque él, habituado a
las rarezas de su familia, no parecía adver-
tir lo anómalo de la situación.

* Extraído del libro: Serge André. La Impostura Perver-


sa.1995. Campo Freudiano Ed. Paidos- P.p 139

191
En efecto, inmediatamente después de de este anhelo, como si no tuviera ningu-
la desaparición de su madre, su padre le na duda acerca de su realización. Al anun-
había propuesto compartir el lecho conyu- ciarle el médico que acababa de dar a luz
gal, pretextando su intención de conver- un niño, rehusó verlo y tocarlo durante dos
tir la habitación ocupada hasta entonces días. Luego pareció resignarse a su suerte,
por Dani en una especie de mausoleo en pero se dio el gusto de vestir a Dani, desde
memoria de la difunta, con todos los ob- su más tierna infancia, como a una niña,
jetos que le habían pertenecido. Así es así como de enseñarle lo que por lo gene-
como este joven llegó a ocupar realmente ral se les transmite a las niñas: juegos con
el lugar de su madre, mientras que su lu- muñecas, costura, etc. Pura coincidencia,
gar simbólico (su habitación) era transfor- o perfecto entendimiento con el deseo
mado en un santuario con el espectáculo del Otro, Dani tuvo que ser operado a la
montado con los restos de la desaparecida edad de doce años, para hacer que le ba-
(en especial, con todos sus vestidos). Sin jaran los testículos, que «se habían queda-
duda no hubo contacto sexual, en senti- do dentro»... Por otra parte se sometió a
do restringido, entre su padre y él, pero la esta operación contra su voluntad, porque
situación de pareja estaba del todo esta- en aquella época ya estaba perfectamen-
blecida. Por otra parte se trataba de una te adaptado a su condición imaginaria de
pareja bastante extraña, en la que nadie chica.
ocupaba el lugar que le correspondía. El
padre había adoptado el papel de ama de Sus prácticas de travestismo habían co-
casa, y con respecto a su hijo se comporta- menzado hacia los seis años de edad,
ba como una perfecta clueca: insistía, por cuando por primera vez le robó a su ma-
ejemplo, en vestirle cada mañana, aunque dre un par de medias. Luego adquirió el
tuviera ya más de dieciséis años. Por su hábito de jugar a esconderse en el ropero
parte, Dani ocultaba cuidadosamente a su de su madre. Le gustaba respirar su olor,
padre sus prácticas de travestismo ya pre- que encontraba delicioso, y aprovechaba
sentes desde la infancia y cultivadas con para llevarse alguna ropa interior. Un día
la complicidad de su madre, prácticas para su madre le sorprendió mientras se con-
las que podía usar a placer el guardarropa templaba en el espejo, vestido con unas
de la difunta. medias, unas braguitas y un sujetador. Él
sintió mucha vergüenza, pero su madre
Dani pretendía haberse sentido siempre le dio la espalda sin decir palabra. Dani se
como un ser de sexo femenino. De hecho, precipitó a devolver los vestidos al arma-
su deseo de cambiar de sexo —con las re- rio de donde los había obtenido, pero esa
servas inspiradas por la correspondiente misma noche tuvo la sorpresa de encon-
operación— coincidía con la expresión de trar las medias que había cogido debajo
un deseo materno que le concernía, fun- de su almohada —atención tacita de una
damento de su identificación imaginaria. madre encantada con las manías femeni-
La madre de Dani quería una hija y sólo nas de su hijo. Desde entonces se estable-
una hija. Durante el embarazo, lo había ció entre Dani y su madre, a espaldas del
proyectado y preparado todo en función padre, una complicidad nunca formulada

192
explícitamente: tenía permiso para po- cuando su propio padre, según se ha visto,
nerse medias cuando volvía del colegio, adoptó el mismo papel. Sin embargo Dani
y podía conservarlas hasta que el padre no tenía ningún deseo de exhibirse, ni de
volviera a casa. Cuando oían girar la lla- frecuentar los medios de travestidos —és-
ve en la cerradura, su madre se limitaba a tos le daban horror. Aunque estaba cons-
decirle: «Ve a cambiar- te». Por otra parte, tantemente al acecho y vivía en el temor
esta entente idílica entre Dani y su madre de ser descubierto (con lo equívoco de
encontraba su significante en la manifies- esta expresión), Dani se arriesgaba a pesar
ta ambigüedad del nombre que le habían de todo a ir al despacho con unas medias
dado al nacer —coincidía con el diminuti- puestas o con unas braguitas disimuladas
vo del nombre elegido por su madre para debajo del pantalón. Mediante este simu-
la hija que esperaba. lacro escenificaba su repudio de la castra-
ción: para él la feminidad era, literalmen-
En esta configuración, el padre era, no te, lo que no se puede ver.
inexistente o anulado simbólicamente
(como ocurre en familias de sujetos psi- Cuando le dije, sabiendo todo lo anterior,
cóticos), sino sistemáticamente engañado que lo que él llamaba «transexualismo»
por la pareja formada por madre e hijo: le era su intento de solución al enigma de su
ponían los cuernos. Por otra parte se trata- sexo, tal como le había sido formulado en
ba, al parecer, de un hombre poco propen- las manifestaciones del deseo de la madre,
so a intervenir en la vida doméstica o en la leído literalmente como «vea cambiarte»,
educación de su hijo, y además, tanto por me dijo que eso no era todo, que todavía
su aspecto como por sus ademanes, era quedaban algunas cosas que nunca se ha-
un hombre bastante femenino. En suma, bía atrevido a contarme hasta entonces. A
y nunca mejor dicho, dejaba que su mujer continuación me confió, a lo largo de una
«llevara los pantalones», sin saber que en serie de sesiones muy penosas para él, lo
cuanto le daba la espalda, ella los compar- principal y más secreto de sus prácticas
tía con su hijo. perversas. No sólo tenía que vestirse de
mujer, sino que además necesitaba hacer-
Algunos años más tarde, ya en la edad se atar y pegar por una mujer, al menos
adulta, Dani había mantenido, y aun acen- una vez al mes. Por otra parte, una con-
tuado, la división de su vida. De día se sen- dición esencial, aunque rara vez obtenida,
tía obligado, según su propia expresión, para que esta escena fuera enteramen-
a «hacer de hombre», con tal de cumplir te satisfactoria, era que su pareja gozara
correctamente su papel de funcionario y realmente fustigándole y humillándole.
de macho oficial; pero al llegar la noche, En cuanto me hubo hecho esta confesión,
en cuanto volvía del trabajo, podía aban- Dani empezó a describirme, en sus meno-
donar por fin esa máscara viril, y entonces res detalles, las escenas masoquistas que
se maquillaba, se vestía de mujer y se de- fantaseaba y que tenía muchas dificulta-
dicaba a sus cosas (vajilla, cocina, costura, des para realizar.
ganchillo, etc.). Esta identificación con el
ama de casa se había reforzado aún más En primer lugar tenía que vestirse de mujer

193
y maquillarse, preferiblemente con ves- había respondido a un anuncio o le habían
tidos muy ajustados, de plástico. Luego, contestado a uno de los suyos, se había
mientras se paseaba por la habitación confirmado su decepción: o bien nadie acu-
fingiendo ocuparse de tareas domésticas día a la cita o bien su pareja renunciaba a
(hacía como si pasara el aspirador, o como medio camino. Así, Dani se quedaba con su
si lavara la vajilla, por ejemplo), su pare- anuncio, o con su propuesta de contrato,
ja tenía que insultarle, acosándole con redactada una y otra vez, casi cotidiana-
observaciones sobre el mal aspecto de su mente, con toda clase de variantes.
casa, y ordenándole la ejecución de algún
trabajo particularmente humillante. Lue- Con todo, la buena suerte le proporcionó
go debía atarle a un poste (se había com- algunas compensaciones: su mujer había
prado a propósito una cama de columnas), aceptado enseguida sus hábitos travestis-
muy fuerte, de forma que las cuerdas o tas, incluso parecía encontrar en ello algu-
las cadenas dejaran marcas impresas en na diversión. Lo que es más, no se negaba
su piel y apenas pudiera respirar (algunas a humillarle ni a tratarle con dureza cuan-
veces se había hecho atar el cuello hasta do, de vuelta del trabajo, se vestía con sus
llegar al límite de la estrangulación, y así atavíos femeninos y se paseaba por casa.
experimentaba un goce particular). Por Poco a poco, Dani había conseguido con-
fin, tenía que recibir fuertes latigazos y ser vencer a su esposa para que suscribiera,
insultado hasta alcanzar el orgasmo. al menos parcialmente, algunas cláusulas
del contrato masoquista. Algunos días ac-
Evidentemente, Dani tenía considerables cedía a hacerle algunas gracias en la cama,
dificultades para encontrar parejas dis- para que pudiera culminar el acto sexual:
puestas a suscribir esta clase de contrato, por ejemplo, aceptaba pellizcarle los pe-
y sobre todo para cumplirlo hasta el final. zones hasta hacerle sangre, o hundirle
Sin duda conocía a prostitutas especiali- cierto tipo de piedras en el ano.
zadas dispuestas a satisfacer encantadas
tales exigencias, pero aparte de que eso le Algunas veces no se negaba a atarle las
costaba una fortuna, estaba prácticamente manos a la espalda, u oprimirle el pecho
seguro de que a ellas tal escenificación no con una cadena. Pero rechazaba de pla-
les hacía gozar de ver- dad. Con la esperan- no la idea de pegarle o de hacerle daño
za de encontrar una mujer que se sometie- de verdad. Y como Dani le exigía cada vez
ra a sus deseos por puro placer, pasaba un más que diera este paso, su mujer se veía
tiempo considerable escrutando los anun- conducida poco a poco —en una de las no-
cios breves de revistas sado y redactando tables paradojas que encierra este caso—
a su vez ofertas que hacía publicar. Obsér- a ocupar la posición propia de la víctima
vese que procediendo de esta forma Dani del verdugo sadiano. Así, sufría crisis de
demostraba el verdadero objetivo del an- angustia y llanto mientras le suplicaba a
helo que sostenía su fantasma masoquista: su marido que no le siguiera pidiendo co-
buscando la pareja ideal, lo que quería era sas tan horribles. De este modo, tanto con
comprobar que su fantasma era, en reali- una prostituta como con su mujer, Dani es-
dad, un fantasma de mujer. Siempre que taba condenado a tropezar con un límite

194
que obstaculizaba su goce. Por otra par- rara al indio (el papel de la niña) y le hi-
te, la misma problemática parecía tener ciera prisionero; entonces Dani ataba a su
lugar, aunque de forma más discreta, en compañera al «poste del suplicio», un ár-
la relación que establecía conmigo en el bol que crecía en el jardín. Pero un día que,
análisis. En efecto, después de que empe- por una vez, habían intercambiado los pa-
zara a contarme sus fantasmas masoquis- peles, el propio Dani se encontró atado al
tas, había introducido en su discurso una poste a manos de su vecina, quien, segu-
pregunta, una especie de preámbulo, que ramente para vengarse por haber ocupado
reaparecía con regularidad bajo la apa- demasiado a menudo esa posición, le había
riencia más anodina. « ¿Puedo seguir?», dejado allí y había vuelto a su casa dejan-
o bien, «No sé si puedo ir más lejos...». Al do al prisionero amarrado. Dani recordaba
plantear esta pregunta o al formular tal aún el terror que había experimentado en
duda, ¿qué trataba de saber, sino la me- aquel momento, su llanto y sus peticiones
dida de mis ganas de seguir escuchando? desesperadas de ayuda, así como la súbita
La única respuesta que yo podía darle era transformación que se había producido en
devolverle la pregunta subrayando el as- él: tras algunos minutos de pánico y deses-
pecto imperativo de su discurso: « ¿Puede peración, se sintió bruscamente invadido
evitar hacerlo?». Era preciso eludir el ca- por una extraordinaria felicidad mientras
llejón sin salida a donde el perverso suele una sorprendente sensación de bienestar
conducir a su partenaire. Si éste retroce- recorría todo su cuerpo. Desde aquel día,
día o dimitía, Dani no podía seguir gozan- afirmaba, supo que su goce se encontraba
do, y el fantasma ejercía sobre él su coer- ahí, condicionado por las ataduras y por la
ción de forma todavía más acuciante. Pero mujer despiadada.
si el otro pretendía seguir adelante sin
flaquear —así había sucedido en algunos A medida que se comprometía en la des-
encuentros memorables—, él casi no se lo cripción y la exploración de sus escenarios
podía creer. Al fin y al cabo, la lógica de su masoquistas, Dani olvidaba su preocu-
contrato implicaba la sospecha de que el pación inicial por su pretendido «tran-
otro no estuviera a la altura de sus com- sexualismo». Éste, al igual que las crisis
promisos. de pánico que le habían llevado a iniciar
un psicoanálisis, parecía estar relacionado
Uno de los rasgos notables de este esce- con la extraña relación que se había esta-
nario masoquista era la precocidad de su blecido con su padre tras la muerte de su
fijación en el sujeto —prueba de que se madre. Al principio, su complicidad secre-
trataba de una elaboración infantil de la ta con la madre le había empujado a adop-
relación sexual y el enigma del goce. De tar con su padre una actitud de falsa sumi-
acuerdo con sus recuerdos, Dani había sión, destinada a engatusarlo y a cerrarle
descubierto la escena primordial a la edad los ojos. Una vez desaparecida la madre,
de siete años, con ocasión de sus juegos al ocupar de algún modo su lugar para el
con una vecinita. Solían jugar a «indios y padre, Dani se sintió cada vez más femini-
vaqueros», y la costumbre exigía que en zado, pero, a diferencia de lo que ocurría
determinado momento el vaquero captu- en la escena de su fantasma, en este caso

195
de feminizarse frente a un hombre. de que no era tan sólo el actor de la esce-
na, la marioneta de una obra cuyo texto
La amenaza de castración imaginaria resul- hubiera descubierto a medida que actua-
tante adquiría para Dani un aspecto insopor- ba, sino que era igualmente el director y
table, cuando la función de su fantasma ma- el espectador —en otros términos, que no
soquista era precisamente la de asegurarle sólo era cuerpo atado al poste: también era
que era incastrable. En efecto, en su fantas- mujer con látigo y, además, mirada dirigi-
ma era una chica, sin duda, pero una chica da a la escena. Comprender que todo este
fálica, de acuerdo con la elección hecha por montaje no era más que un fantasma, cuya
el deseo de su madre. Mientras que con su función era localizar el objeto enigmático
padre corría el riesgo de convertirse sólo a través del cual se encontraba imperati-
en un chico castrado. Su aserción de tran- vamente atado al deseo del Otro (en este
sexualismo debía interpretarse pues como caso, de su madre), supuso para Dani un
una medida defensiva frente a la homose- gran alivio y le permitió desplazar algo su
xualización que le amenazaba en la relación posición con respecto a ese escenario, es
con su padre (si era una mujer, ya no corría decir encontrarse en él como sujeto.
el riesgo de ser homosexual). Así se resolvía
otra paradoja del caso: mientras que Ya he dicho cuánto tiempo dedicaba y qué
cuidado ponía en pulir la redacción de los
Dani temía la castración frente al padre, anuncios para insertar en las revistas sado.
por otra parte parecía reivindicarla frente Él mismo reconoció un día que trataba de
a la madre o frente a su pareja fantasmá- conseguir un «estilo ceñido». Esto me hizo
tica. A lo largo del análisis se fue hacien- reparar en la importancia que tenían las ata-
do cada vez más manifiesto el carácter duras —cuerdas o cadenas— en su fantas-
de desafío triunfal propio de esta reivin- ma. En este caso también, lo que Dani bus-
dicación. Ofreciéndose a la degradación, caba era ser ceñido, comprimido, de forma
a los golpes, incluso a la estrangulación, que no pudiera moverse en absoluto, hasta
Dani desafiaba el deseo materno al cum- sentir dificultad para respirar. A menudo
plimiento de su anhelo fundamental de había insistido en este punto, que seguía
tener una niña. Este deseo lo tomaba al resultando misterioso, porque suponía una
pie de la letra para poner de manifiesto su fuente de insatisfacción permanente: como
contradicción interna: ¡no osarás dejarme él decía, nunca estaba lo bastante «ceñido».
caer por completo, no osarás castrarme,
por- que en mí adoras al falo! Por mi parte hubiera podido interpretar
esta queja en el eje imaginario como el de-
Hecho notable —pero suele ser así en el su- seo de confundirse con el poste al que esta-
jeto perverso— es que la naturaleza fantas- ba atado, de hacerse uno con el falo. Pero
mática de su escena masoquista le pasaba hubiera sido indicarle un camino sin salida.
a Dani del todo desapercibida, al menos Mi elección consistió en subrayar la impor-
cuando empezó a hablar- me de ella, y esto tancia central de lo imposible de decir que
a pesar de su marcado aspecto teatral. Un un estilo ceñido se perece por apresar en la
efecto de la cura fue hacerle darse cuenta lengua. Me entendió bastante bien, en mi

196
opinión, porque algunos meses más tarde identificación materna seguía siendo en él
me anunció que había concluido un rela- predominante.
to en el que había conseguido escribir una
secuencia de escenas masoquistas parti- Sin embargo, su elección del masoquismo
cularmente satisfactoria. podía adquirir ahora un acento distinto:
más que ser simplemente un masoquista
Dani, que hasta entonces no me había dicho (algo que había vivido como un destino
nada al respecto, me habló de este trabajo ciego), ahora se consideraba consagrado a
de escritura como de un verdadero alum- una tarea mucho más compleja, la de afir-
bramiento. Me parece, en efecto, que de marse como masoquista. Con el enuncia-
esta forma realizaba algo más que disfra- do de este proyecto, tomó la decisión de
zarse en secreto (como en sus travestismos poner fin a su análisis.
a espaldas del padre). Para Dani, esa gene-
ración del escrito del fantasma no podía ser
sino la instauración de una nueva relación
con el Nombre del Padre. Su apellido, que
la discreción me impide mencionar, casi se
confundía con un nombre común cuyo sig-
nificado es «libro». Diciendo «he escrito
un libro», Dani reinscribía la generación en
el linaje del nombre del padre, no ya sólo
en el de la madre, y su opción, de ahora en
adelante, sería consagrarse a la escritura
de su fantasma.

Prisionero voluntario de las ataduras del


estilo, desde entonces Dani podía soñar
con un lector —o una lectora— que se en-
cadenara con sus palabras. Satisfecho con
este nuevo destino, decidió introducir con
un corte en la relación con su padre (aun-
que estaba casado, iba a pasar la noche a
casa de su padre una o dos veces por se-
mana). Sin duda, en ese momento estaba
lejos de haberlo resuelto todo en su análi-
sis, y la redistribución subjetiva de los ele-
mentos del fantasma a la que había proce-
dido dejaba intacta su sumisión al deseo
materno: que hubiera vivido como un par-
to la escritura de su libro demostraba que,
si algo pretendía reproducir, era su pro-
pio alumbramiento por su madre, y que la

197
BIBLIOGRAFÍA
Libros:

André S.1995. –La Impostura Perversa-Campo Freudiano Ed. Paidos. Buenos Aires-Ar-
gentina

Baugmar A. 2000. Lecciones introductorias de Psicopatología .Editorial Eudeba-Argen-


tina. P.p 98

Boxaca . L y Lueterau.L. 2013. Introducción a la Clínica Psicoanalítica. Editorial Letra


Viva. Argentina. P.p 71

Boiero L. 2015. Adicciones. Editorial Paidos-Argentina. P. 70

Clínica bajo transferencia (8 estudios de clínica lacaniana) Autores Varios.1984. Editorial


Manantial-Buenos Aires.

Dor J. 1986. Estructura y Perversiones. Joel Dor. 1986. Editorial Gedisa. Buenos Aires-
Argentina

El Psicoanálisis y las Identificaciones en la Época Actual. . III Coloquio de la Nueva Escue-


la Lacaniana…2007.. Bolivia..

Ferenczi S. 1981. Obras Completas, Psicoanálisis Tomo I, cap. X “Un caso de paranoia
desencadenado por una excitación de la zona anal”. Ed. Espasa Calpe, S.A. Madrid.

Freud.S 1913. Sobre la Iniciación del Tratamiento. Nuevos Concejos sobre la Técnica del
Psicoanálisis. Obras Completas Tomo XII. Amorrortu Editores. Buenos Aires-Argentina.

Freud. S .1917. Lecciones Introductorias al psicoanálisis. Tomo xv. Editorial Amorrortu.


Buenos Aires-Argentina

Indart J. C y Col. 1997. Vigencia de las Formaciones del Inconsciente. Ed. Vigencia-Bue-
nos Aires.

Lacan J. 1957-58. “De una Cuestión Preliminar Para Todo Tratamiento Posible de la Psi-
cosis”. Escritos. Libros-web. Buenos Aires- Argentina.

198
Lacan, J. Seminario 3. 1955 – 1966, “Las Psicosis”. Editorial Paidos. Argentina

La lógica del Diagnostico” Autores Varios. 2007. Departamento de Psiquiatría y Psicoa-


nálisis. Editorial Grama Argentina. P 206

La envoltura formal del síntoma-1989.Autores Varios. Que hacer del analista. Ed Manan-
tial. Buenos Aires

López E. 2013. Psicoanálisis y perversión. Plaza y Valdés editores México

Maleval J.C. 2001. “La Forclusión del Nombre del Padre” Editorial Paidos. Buenos Aires-
Argentina.

Mazzuca. R. 1987. Curso de Psicopatología V: La Neurosis Obsesiva. Editorial Tekne.


Buenos Aires.

Mazzuca.R. 2011. La Psicosis. Ed Berggasse. Buenos Aires- Argentina.

Mazzuca R. 2003. De la Psicopathía Sexualis a la Subjetividad Perversa. Ed Berggasse.


Buenos Aires-Argentina.

Miller J.A. 1986. Recorrido de Lacan. Ed. Manantial. Buenos Aires- Argentina

Miller J.A. y otros.2009. La Psicosis Ordinaria. Paidos-Buenos Aires-Argentina

Miller J.A. y otros.2006. El Amor en la Psicosis. Editorial Seouil. Buenos Aires-Argentina

Miller J.A. y otros. 2005 .Efectos Terapéuticos Rápidos-Conversaciones clínicas con J.A.
Miller en Barcelona. Paidos Argentina.

Miller J.A. 1997. Introducción al Método Psicoanalítico. Editorial Paidos-Argentina

Nueva Clasificación de los Trastornos Mentales (DSM –V).2014. Revista Chilena de Neu-
ropsiquiatría. Vol.52. Chile.

Palomera V.2004. Función del Analista. Editorial Tres Haches-Buenos Aires-Argentina.

Psiquiatría y Psicoanálisis. Diagnóstico, institución y psicofármaco. Autores varios.2007.

199
Editorial Grama. Buenos Aires-Argentina.

Rubistein A. 2012. La terapéutica psicoanalítica – 2012. Adriana Rubistein. JCE Edicio-


nes. Buenos Aires-Argentina.

Sade M. Filosofía en el tocador. Colección Malva. Ed Gradifco. Buenos Aires-Argentina.

Soria N. 2011. Nudos del Análisis. Ed. Del Bucle-Buenos Aires.

Soria N. 2010. Inhibición, síntoma y angustia. Nieves Soria. Ed del Bucle. Buenos Aires.

Sotelo I. 2009. Psicopatología y Psicoanálisis. Inés Sotelo. Ed. JCV. Buenos Aires.

Schejman F. 2006.“La Trama del Inconsciente”. Serie del Bucle. Buenos Aires

Tendlarz S. 2000. Estudios sobre el síntoma. Ediciones del Signo. Buenos Aires-Argentina

Tendlarz S y García C.D. 2008 ¿A quién mata el asesino? Grama Ediciones. Buenos Aires.

Un estrago: La relación madre-hija-Autores Varios. 1997. Editorial Vigencia-Argentina.


P.p 74

Yellati N. y otros.2007. Psiquiatría y Psicoanálisis “Diagnóstico Institución y Psicofárma-


co.” Grama Ediciones. Buenos Aires-Argentina.

Revistas:

Palomera Vicente. ¿Puede un duelo desencadenar un delirio? Revista freudiana N. 30-


2000 Paidos ELP

Torres Javier. El goce de la histérica. Revista Actualidad “Psi”. 2013 Temática: “Adoles-
centes en Riesgo” Buenos Aires Argentina.

Revista Actualidad PSI. 2011. Temática: Anorexias y Bulimias. Buenos Aires –Argentina

Lora María Elena y Urriolagoitia Gabriela. El diagnóstico diferencial en psicoanálisis Re-


vista Ajayu, 2006 Vol. IV No. 2.Universidad Católica Boliviana.

Revista electrónica de Psicología de Iztacala-Vol 2 –Febrero de 1999. México

200
Páginas Web:

Básico Jorge. ¿Una neurosis demoníaca? Revista N° 9 .Julio 1999.Acheronta Revista de


Psicoanálisis y Cultura. http://www.acheronta.org/pdf/acheronta9.pdf .

Bernia M y Rodríguez M.2007- Problemas contemporáneos en la clínica de las neurosis


http://www.psicomundo.com/foros/investigacion/bernia2.htm
Neuburger Roberto. Un caso de masoquismo con prácticas de automutilación. Publicado
originalmente en “Psicoanálisis y el Hospital” No. 6 (versión revisada) https://roberto-
neuburger.wordpress.com/un-caso-de-masoquismo-con-practicas-de-automutilacion
Rivera Laura. Un caso de histeria masculina. 2007. El Sigma-Sector Hospitales. http://
www.elsigma.com/hospitales/nueve-lunas-un-caso-de-histeria-masculina/11557

Trabajo presentado en el VIII Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profe-


sional en Psicología.. Revista electrónica de la facultad de psicología de la UBA. 2016
http://intersecciones.psi.uba.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=525:
antes-que-nada-que-haya-cuerpo-presentacion-de-un-caso-de-anorexia&catid=9:pers
pectivas&Itemid=1

Revista Acheronta-Psicoanálisis y Cultura. 1998. Numero 7. Trabajo Presentado en el


Congreso Argentino de Psiquiatría (APSA) de Abril de 1998http://www.acheronta.org/
pdf/acheronta7.pdf

201
202
La teoría psicoanalítica se fue forjando al del dispositivo en el que dicho relato se realice.
calor de las experiencias clínicas que Freud Un caso clínico generalmente hace un recorri-
sostuvo con sus pacientes histéricas, es decir do que va de lo universal a lo singular o vicever-
que sin aquellas bellas almas victorianas y su sa, siendo especialmente valioso en esta épo-
contingente encuentro con Freud, no hubie- ca, caracterizada por la crisis de los relatos y la
se existido el psicoanálisis. Aunque por otra pérdida del valor de la palabra.
parte, el mismo maestro señala que las ense-
ñanzas de la neurosis obsesiva, permitieron Hay casos clínicos que se construyen para
que la teoría psicoanalítica evolucione y se un espacio de supervisión, otros para la
consolide como tal. presentación de un congreso, otros para
fines investigativos o para tratar de escla-
Se denota entonces que desde sus inicios, el recer postulados teóricos o en todo caso,
psicoanálisis está profundamente arraigado ponerlos en tensión. La lógica que estruc-
en la práctica clínica, tanto así que no existi- tura el presente libro es esta última, ya
ría por fuera de la misma, puesto que de nada que la consideramos fundamental para la
sirven las más bellas elaboraciones teóricas, transmisión de conceptos psicoa-
sino se corresponden con la experien- nalíticos dentro de un espacio
cia clínica y la subjetividad de cada académico-universitario.
época. Eso sí, advertidos con
la indicación del Dr.
Una forma de dar cuenta Jacques Lacan,
de la siempre dificulto- quien nos dice
sa articulación entre la que el buen caso
teoría y la práctica son no surge de la
los casos clínicos. La ac um u l a c i ó n
construcción del caso obsesiva de
supone un recorte, datos, sino
una selección, un orde- de un hecho
namiento que solo bien relata-
toma su valor a do con to-
la luz de un relato das sus co-
y las condiciones rrelaciones.

204

También podría gustarte