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La Rueda de La Vida Ensayo

El ensayo sobre 'La rueda de la vida' de Elisabeth Kübler Ross explora el ciclo de la vida y la muerte, destacando que la muerte es un paso hacia otra dimensión y que el amor incondicional es fundamental en la existencia. A través de su experiencia personal y profesional, Kübler Ross aboga por una medicina más humana que priorice la compasión y el acompañamiento en el proceso de morir. El texto invita a reflexionar sobre el valor de la vida, el aprendizaje a través del sufrimiento y la importancia de dejar una huella positiva en los demás.

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La Rueda de La Vida Ensayo

El ensayo sobre 'La rueda de la vida' de Elisabeth Kübler Ross explora el ciclo de la vida y la muerte, destacando que la muerte es un paso hacia otra dimensión y que el amor incondicional es fundamental en la existencia. A través de su experiencia personal y profesional, Kübler Ross aboga por una medicina más humana que priorice la compasión y el acompañamiento en el proceso de morir. El texto invita a reflexionar sobre el valor de la vida, el aprendizaje a través del sufrimiento y la importancia de dejar una huella positiva en los demás.

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UNIVERSIDAD OLMECA

LICENCIATURA EN ENFERMERIA

ALUMNA:
Scarlett Ivonne Escalante Rojas

ASIGANTURA:
Acompañamiento de Enfermeria durante
el proceso de muerte del ser humano

TEMA:
Ensayo del libro “La rueda de la vida”

GRUPO: B

SEMESTRE : 7mo

DOCENTE:
Psicol. Carlos Sergio Altuzar Vanconcelos

FECHA DE ENTREGA:
10 de octubre del 2025
“La rueda de la vida” de Elisabeth Kubler Ross

El valor de la vida, cuando se aprende la lección el dolor desaparece.

Discutir sobre el ciclo de la vida y la muerte es profundizar en el más profundo de los enigmas de la

existencia humana. En su autobiografía "La rueda de la vida", Elisabeth Kübler Ross, una pionera

en la investigación sobre el proceso de morir, nos ofrece un recorrido personal, espiritual y

profesional. Además de ser una simple autobiografía, la obra se transforma en un testimonio de

amor, resistencia y anhelo de significado, Elisabeth elabora una reflexión sobre las fases de la vida,

transmitiendo la lección de que la muerte no es un final, sino un paso hacia otra dimensión. y

siempre mencionaba que la muerte puede ser una de las mas grandiosas experiencias de la vida, si

se vive bien cada día, entonces no hay nada que temer. En el ensayo que presento examino los

aspectos más importantes del libro desde tres perspectivas: la vida como un proceso de aprendizaje,

la muerte como una puerta hacia la trascendencia y el amor incondicional como base de la

existencia.

Desde su niñez, influenciada por ser trilliza, Elisabeth comprendió que las dificultades son

grandes maestras. Sus primeros años estuvieron repletos de desafíos que fomentaron su

determinación y empatía. Para ella, cada desafío complicado simbolizaba una lección destinada a

fortalecer el alma. Elisabeth sostiene que el libre albedrío es el mayor regalo divino y que cada

elección que realizamos define nuestro destino. afirma que el propósito de la vida es adquirir

conocimiento a través de pruebas, pérdidas y dificultades. Esta perspectiva transforma la existencia

en un viaje educativo donde no hay fracasos, sino oportunidades para crecer.

Unos de los momentos más inspiradores es su desarrollo como médica y su batalla contra un

sistema académico y hospitalario rígido. Elisabeth enfrentó discriminación de género, estructuras

médicas deshumanizadas y un contexto donde la muerte era un tema controvertido. Su dedicación a

los pacientes en etapa terminal significó un quiebre con la visión mecanicista de la medicina. Con
sus talleres sobre la muerte, cambió la manera de concebir el final de la vida, demostrando que el

mayor aporte de un médico no es extender la vida biológica, sino brindar compañía con compasión

y respeto. Aquí se establece uno de los mensajes clave del libro, “la medicina debe ser más humana

que técnica, y su esencia radica en escuchar, entender y aliviar”. Quizás el legado más significativo

de Elisabeth es su declaración de que "la muerte no es real". Para ella, la muerte representa un

nuevo amanecer, un retorno al hogar espiritual.

La mariposa, frecuente en su narrativa, simboliza que el cuerpo es un capullo que al

concluir su propósito, se abre y libera el alma. Elisabeth decía que el propósito de la vida es

aprender a amar sin condiciones. El amor, que no se limita al sentido romántico, sino que abarca

compasión, servicio y dedicación, es lo único que perdura más allá de la muerte. Para ella cada acto

de bondad hacia los demás refleja lo divino. Su vida fue un ejemplo de esto, trabajó con pacientes

terminales, sobrevivientes de guerras, personas con sida y familias en duelo, siempre convencida de

que la esencia humana radica en dar y recibir amor. A pesar de haberse formado en un entorno

científico, Elisabeth incorporó en su pensamiento una profunda espiritualidad. Sus interacciones

con pacientes que compartían experiencias cercanas a la muerte, junto a sus propias vivencias

trascendentales, la convencieron de que la vida no concluye en el ámbito físico.

Su trabajo enseña que la espiritualidad no está en desacuerdo con la razón, sino que ambas pueden

unirse en la búsqueda de significado. Gracias a sus estudios y a obras como Sobre la muerte y los

moribundos, promovió la creación de cuidados paliativos y de hospicios modernos, revolucionando

la manera en que se atiende a los pacientes en fase terminal. La rueda de la vida refleja su propio

proceso de preparación ante la muerte, con serenidad y aceptación. Sus últimos años, marcados por

problemas de salud y desafíos, fueron vividos con la misma coherencia con la que enseñó,

confiando en que el amor es lo único duradero. El libro es más que una autobiografía; es un

testimonio espiritual y humano. Elisabeth nos invita a pensar sobre el valor de cada vivencia, sobre

la muerte como una parte natural del ciclo y sobre el amor incondicional como base de toda
existencia. A través de sus escritos, Elisabeth decía vivir plenamente implica aceptar el sufrimiento,

aprender de las pérdidas y mantener la esperanza. Su vida demuestra que el verdadero éxito no se

mide en fama ni reconocimiento, sino en la huella positiva que dejamos en los demás. Nos hace

reflexionar que la existencia es un aprendizaje y que nuestro propósito es amar, ayudar y

evolucionar en el ámbito espiritual. Y cuando el instante de partir se aproxima, la muerte deja de ser

un adversario temido y se transforma en una compañera que nos guía hacia el hogar eterno.

Elisabeth y sus vivencias a través de la vida de las personas que partieron de este mundo,

solo me incita a pensar en los propósitos que yo tengo para mi vida, ¿Qué haré para que sea plena y

feliz? A pesar de las adversidades que he pasado, jamás me he conformado con ser solo parte de las

personas que no ven lo valioso y brillante que pueden ser nuestros días si nos rodeamos de amor, el

hecho de saber que existe algo más allá después de dejar nuestro capullo, me conmueve y me hace

apreciar cosas que aparentemente son normales porque vivimos en ellas cada momento al despertar,

respirar, sonreír y recordar. Son estas cosas lo que nos hacen saber que estamos vivos y que el

significado que tenga nuestra existencia, está en ellas y el valor que nosotros le demos. La muerte es

el final de nuestra misión como humanos, como hijos y como compañeros para los que nos rodean

aquí, pero es el inicio de una nueva manera de ser recordados, la muerte está acompañada de

gratitud, de amor, de conexiones que tal vez nunca podríamos experimentar en la tierra pero jamás

dejando el amor que es quien se encarga de curar las heridas más abismales de nuestra alma.

Como estudiante y futura profesional de enfermería, me he comprometido a dignificar la

vida de cada persona que necesite curar sus heridas o simplemente ser escuchados y acompañados

en un proceso tan importante como lo es el término del ciclo de la vida, porque Elisabeth me ha

dejado expectativas tan altas sobre lo que es ser un buen personal de la salud, es la prueba de que en

esta realidad, existieron personas que sobrepasan la humanidad, “curando desde el amor

incondicional” (Elisabeth Kubler Ross 2011).

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