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23 Lover Forbidden - J.R. Ward

El documento presenta 'Amante Prohibido', el libro número 23 de la serie 'La Hermandad de la Daga Negra' de J.R. Ward. Incluye una dedicación, un glosario de términos y nombres, y un prólogo que establece el contexto de la historia. La narrativa se centra en las relaciones y dinámicas entre los personajes vampíricos, destacando temas de amor y lealtad a lo largo del tiempo.

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LOVER FORBIDDEN

"Amante Prohibido"

THE BLACK DAGGER BROTHERHOOD

LA HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA

#23

J.R. WARD
CONTENIDO
_______________
DEDICATORIA
GLOSARIO DE TERMINOS Y NOMBRES
PROLOGO
CAPITULO 1
CAPITULO 2
CAPITULO 3
CAPITULO 4
CAPITULO 5
CAPITULO 6
CAPITULO 7
CAPITULO 8
CAPITULO 9
CAPITULO 10
CAPITULO 11
CAPITULO 12
CAPITULO 13
CAPITULO 14
CAPITULO 15
CAPITULO 16
CAPITULO 17
CAPITULO 18
CAPITULO 19
CAPITULO 20
CAPITULO 21
CAPITULO 22
CAPITULO 23
CAPITULO 24
CAPITULO 25
CAPITULO 26
CAPITULO 27
CAPITULO 28
CAPITULO 29
CAPITULO 30
CAPITULO 31
CAPITULO 32
CAPITULO 33
CAPITULO 34
CAPITULO 35
CAPITULO 36
CAPITULO 37
CAPITULO 38
CAPITULO 39
CAPITULO 40
CAPITULO 41
CAPITULO 42
CAPITULO 43
CAPITULO 44
CAPITULO 45
CAPITULO 46
CAPITULO 47
CAPITULO 48
CAPITULO 49
CAPITULO 50
CAPITULO 51
CAPITULO 52
CAPITULO 53
CAPITULO 54
CAPITULO 55
EPILOGO
AGRADECIMIENTOS
OTROS LIBROS DE J.R. WARD
SOBRE J.R. WARS
DEDICATORIA
________________

Dedicado a: Ustedes dos, qué mágica historia de amor.


GLOSARIO DE TERMINOS Y NOMBRES
________________

Ahstrux Nohtrum (s.) Guardia privado con licencia para matar a quien el Rey
le concede su puesto.

Ahvenge (v.) Acto de retribución mortal, Venganza realizada generalmente por


un ser querido.

Black Dagger Brotherhood / Hermandad de la Daga Negra (pr. s.) Como


resultado de la cría selectiva dentro de la raza, los hermanos poseen una
inmensa fuerza física y mental, así como una rápida capacidad de curación. En
su mayor parte, no son hermanos y son incorporados a la Hermandad tras la
nominación de los Hermanos. Agresivos, autosuficientes y reservados por
naturaleza, son sujetos de leyenda y objetos de reverencia dentro del mundo de
los vampiros. Pueden morir solo por las heridas más graves, por ejemplo, por
un disparo o una puñalada en el corazón, etc.

Blood slave / Esclavo de Sangre (s.) Vampiro masculino o femenino que ha sido
subyugado para servir las necesidades de sangre de otro. La práctica de tener
esclavos de sangre está prohibida.

Chrih (s.) Símbolo de muerte honorable en el idioma antiguo.

Cohntehst (s.) Conflicto entre dos machos que compiten por el derecho a ser
pareja de una hembra.

Dhunhd (pr. s.) Infierno.

Doggen (s.) Miembro de la clase de sirvientes del mundo de los vampiros.


Doggen tiene tradiciones antiguas y conservadoras sobre el servicio a sus
superiores, siguiendo un código formal de vestimenta y comportamiento.
Pueden salir durante el día, pero envejecen relativamente rápido. La esperanza
de vida es de aproximadamente quinientos años.

Ehros (s.) Elegida entrenada en el tema de las artes sexuales.

Exhile dhoble (s.) El gemelo malvado o maldito, el segundo nacido


The Fade / Fade (pr. s.) Reino intemporal donde los muertos se reúnen con sus
seres queridos y pasan la eternidad.

First Family / La Primera Familia (pr. s.) El rey y la reina de los vampiros y los
hijos que puedan tener.

Ghardian / Guadian (s.) Custodio de una persona física. Hay diversos grados
de guardianes, siendo el más poderoso el de una mujer recluida.

Glymera (s.) El núcleo social de la aristocracia, aproximadamente equivalente


a la tonelada de la Regencia de Inglaterra.

Hellren (s.) Vampiro macho que se ha apareado con una hembra. Los machos
pueden tomar más de una hembra como pareja.

Hyslop (s. o v.) Término que se refiere a un lapsus de juicio, que típicamente
resulta en el compromiso de las operaciones mecánicas de un vehículo o de
algún tipo de transporte motorizado. Por ejemplo, dejar las llaves en el auto
mientras está estacionado fuera de la casa familiar durante la noche, con lo
cual se roba dicho vehículo.

Leahdyre (s.) Una persona de poder e influencia.

Leelan (adj. or s.) Un término cariñoso traducido libremente como "amado".

Lessening Society (pr. s.) Orden de asesinos convocada por Omega con el
propósito de erradicar la especie de vampiros.

Lesser (s.) Humano desanimado que tiene como objetivo a los vampiros para
exterminarlos como miembro de la Sociedad Lessening. Los lessers deben ser
apuñalados en el pecho para ser asesinados; de lo contrario, no tienen edad.
No comen ni beben y son impotentes. Con el tiempo, su cabello, piel e iris
pierden pigmentación hasta que se vuelven rubios, sin rubor y de ojos pálidos.
Huelen a talco de bebé. Introducidos en la sociedad por los Omega, conservan
una jarra de cerámica a partir de entonces en la que se colocó su corazón
después de que se quitó.

Lewlhen (s.) Presente, Regalo.


Lheage (s.) Un término de respeto usado por un sumiso sexual para referirse a
su dominante.

Lhenihan (pr. s.) Una bestia mítica famosa por su destreza sexual. En la jerga
moderna, se refiere a un hombre de tamaño sobrenatural y resistencia sexual.
Lys (s.) Herramienta de tortura utilizada para quitar los ojos.

Mahmen (s.) Madre. Se usa tanto como identificador como como término de
afecto.

Mhis (s.) El enmascaramiento de un entorno físico determinado; la creación de


un campo de ilusión.

Nalla (s., f.) o nallum (n., m.) Amado (a).

Needing Period / Periodo de Necesidad (s.) Época de fertilidad de la mujer


vampiro, que generalmente dura dos días y se acompaña de intensos deseos
sexuales. Ocurre aproximadamente cinco años después de la transición de una
mujer y luego una vez cada década a partir de entonces. Todos los machos
responden hasta cierto punto si están cerca de una hembra en su necesidad.
Puede ser un momento peligroso, con conflictos y peleas entre machos
competidores, especialmente si la hembra no está apareada.

Newling (s.) Un Virgen.

Phearsom (adj.) Términos que se refieren a la potencia de los órganos sexuales


masculinos. La traducción literal es algo cercano a "digno de entrar en una
mujer".

Princeps (pr. s.) El nivel más alto de la aristocracia vampírica, solo superado
por los miembros de la Primera Familia o los Elegidos de la Virgen Escriba.
Debe haber nacido con el título; no puede conferirse.

Pyrocant (s.) Se refiere a una debilidad crítica en un individuo. La debilidad


puede ser interna, como una adicción, o externa, como un amante.

Rahlman (s.) Salvador.


Rythe (s.) Manera ritual de afirmar el honor otorgado por quien ha ofendido a
otro. Si es aceptado, el ofendido elige un arma y golpea al ofensor, quien se
presenta sin defensa.

Sehclusion (s.) Estatus conferido por el rey a una mujer de la aristocracia


como resultado de una petición de la familia de la mujer. Coloca a la hembra
bajo la dirección exclusiva de su ghardian, normalmente el macho mayor de su
hogar. Su ghardian tiene entonces el derecho legal de determinar todo tipo de su
vida, restringiendo a voluntad todas y cada una de las interacciones que tenga
con el mundo.

Shellan (s.) Vampiro femenino que se ha apareado con un macho. Las hembras
generalmente no toman más de una pareja debido a la naturaleza altamente
territorial de los machos vinculados.

Symphath (s.) Especie dentro de la raza vampírica caracterizada por la


capacidad y el deseo de manipular las emociones en los demás (con el propósito
de un intercambio de energía), entre otros rasgos. Históricamente, han sido
discriminados y, durante ciertas épocas, cazados por vampiros. Están al borde
de la extinción.

Talhman (s.) El lado malo de un individuo. Una mancha oscura en el alma que
requiere expresión si no se borra adecuadamente.

The Chosen / La Elegida (pr. s.) Mujeres vampiro que habían sido criadas para
servir a la Virgen Escriba. En el pasado, estaban enfocados espiritualmente en
lugar de temporalmente, pero eso cambió con el ascenso del primario final, que
los liberó del santuario. Con la Virgen Escriba apartándose de su papel, son
completamente autónomos y están aprendiendo a vivir en la tierra. Continúan
satisfaciendo las necesidades de sangre de los miembros solteros de la
Hermandad, así como de los hermanos que no pueden alimentarse de sus
Shellans y combatientes heridos.

The Omega (pr. s.) Figura mística y malévola que ha apuntado a la extinción de
los vampiros por resentimiento hacia la Virgen Escriba. No temporal existe en
un reino y tiene amplios poderes, aunque no el poder de creación.

The Scribe Virgin / La Virgen Escriba (pr. s.) Fuerza mística que anteriormente
fue consejera del Rey, así como guardiana de los archivos de vampiros y
dispensadora de privilegios. A temporal existía en un reino y tenía amplios
poderes, pero recientemente renunció y le dio su posición a otro. Capaz de un
solo acto de creación, que gastó para dar existencia a los vampiros.

The Tomb (pr. s.) Bóveda Sagrada de la Hermandad de la Daga Negra. Se


utiliza como lugar ceremonial y como lugar de almacenamiento de los frascos
de Lessers. Las ceremonias que se realizan allí incluyen inducciones, funerales
y acciones disciplinarias contra los Hermanos. Nadie puede ingresar excepto
los miembros de la Hermandad, la Virgen Escriba o candidatos a la inducción.

Trahyner (s.) Palabra utilizada entre varones de respeto y afecto mutuos.


Traducido libremente como "querido amigo".

Transition (s.) Momento crítico en la vida de un vampiro cuando se transforma


en adulto. A partir de entonces, debe beber la sangre del sexo opuesto para
sobrevivir y no puede soportar la luz solar. Generalmente ocurre a mediados de
los años veinte. Algunos vampiros no sobreviven a sus transiciones, en
particular los machos. Antes de sus transiciones, los vampiros son físicamente
débiles, sexualmente inconscientes y no responden, e incapaces de
desmaterializarse.

Vampire (s.) Miembro de una especie distinta a la del Homo sapiens. Los
vampiros deben beber la sangre del sexo opuesto para sobrevivir. La sangre
humana los mantendrá vivos, aunque la fuerza no dura mucho. Después de sus
transiciones, que ocurren a mediados de los veinte, no pueden salir a la luz del
sol y deben alimentarse de la vena con regularidad. Los vampiros no pueden
"convertir" a los humanos mediante un mordisco o una transferencia de sangre,
aunque en casos raros pueden reproducirse con otras especies. Los vampiros
pueden desmaterializarse a voluntad, aunque deben poder calmarse y
concentrarse para hacerlo y no pueden llevar nada pesado con ellos. Son
capaces de despojar a los humanos de la memoria, siempre que sean a corto
plazo. Algunos vampiros pueden leer la mente. La esperanza de vida supera los
mil años o, en algunos casos, incluso más.

Wahlker (s.) Un individuo que ha muerto y regresado a la vida desde el Velo. Se


les concede un gran respeto y se les venera por sus tribulaciones.

Whard (s.) Equivalente de padrino o madrina a un particular.


PROLOGO
________________

Hace treinta y un años, once meses y veintinueve días…

¿Explícame cómo es que en tu cumpleaños cocinas tú?.


Mientras el Hermano de la Daga Negra, Qhuinn, casado con Blaylock, hijo de
Rocke, lanzaba esa retórica por encima de la mesa de la cocina de sus suegros,
extendió la mano hacia su costado para coger a su hija. Cuando un bulto pesado y
retorcido aterrizó en sus manos, supo que había tomado a su hijo. Cualquiera de los
dos le venía bien, pero, hombre, se notaba la diferencia sin mirar.

Como esperar una lata de refresco y recibir una bola de boliche.

"Intenté ayudar a mi shellan". A su lado, su suegro, Rocke, lo miró con su


característica sonrisa afable. "Pero ella tiene sus estándares".

El hombre mayor se movió hacia la isla central, con la atención fija en la mujer
que sacaba una bandeja de lasaña casera del horno empotrado. La seriedad del
contador jubilado había desaparecido; en su lugar, ese rostro sereno se fundió en
algo digno de un cuento de hadas. Claro, Rocke, con su protector de bolsillo, sus
modales afables y su afecto sincero, no era el tipo Don Juan —ciertamente no a estas
alturas de su vida, tal vez nunca—, pero cuando su compañera notó su mirada, el
rubor en sus mejillas reveló que aún le gustaban sus ojos.

"Tengo estándares, es cierto", dijo la Lyric mayor mientras dejaba la bandeja


sobre la encimera y se alisaba el delantal. "Por eso me apareé contigo".

La camisa abotonada de Rocke se estiró sobre su pecho mientras inhalaba


profundamente con orgullo masculino. "Me hiciste un gran favor al aceptar ser mía".

"Para nada". Empezó a cortar en la fuente con un cuchillo en ángulo recto. "Yo
fui la afortunada".

Rocke negó con la cabeza y volvió a sonreír. "No, yo fui el afortunado y lo sigo
siendo".

El intercambio fue un recordatorio de que el final feliz en la vida real no


requería un sol poniente eterno ni a la pareja de aquel antiguo anuncio de Cialis
cogida de la mano en sus bañeras al aire libre sin sentido. Lo que realmente
necesitabas eran dos personas a las que les siguieran importando las palabras del
otro después del paso del tiempo, no solo días y noches, ni meses, ni siquiera años.

Décadas.

O en el caso de los vampiros, siglos.


Qhuinn miró en dirección contraria. Al final de la mesa, su Blay estaba
flanqueado por dos sillas altas, como si fuera el rey de los bebés. En el hueco de su
brazo, la joven Lyric —la que no estaba cocinando su propia cena de cumpleaños—
estaba acurrucada en una manta rosa, feliz como una almeja después de su biberón.

Los brillantes ojos azules del macho se alzaron con la certeza de haber
susurrado su nombre y el cuerpo de Qhuinn simplemente detuvo lo que estuviera
haciendo, incluyendo la respiración.

Al menos logró sujetar a su hijo.

Incluso después de todos estos años, su hellren tenía la capacidad de frenar el


mundo. Pelirrojo, de hombros anchos y con una voz suave como un buen vino, Blay
era el tipo de persona que anclaba una habitación. Nunca ostentoso, siempre atento,
siempre dispuesto a sonreír y a hacer cumplidos, el chico no era solo un hombre
valioso, era el sol alrededor del cual gravitaban todas las cosas y por el cual se
sentían reconfortadas y sostenidas.

Al menos en el universo de Qhuinn. Y para todos los demás en esta mesa; sus
padres siempre habían adorado a su hijo, algo que Qhuinn no había conseguido y
estaba tan contento de que su pareja lo tuviera.

Diablos, lo querían tanto que cuando el chico apareció en su puerta con un


pretrans escuálido con un pedigrí impecable, pero un defecto genético insostenible,
le dieron la bienvenida a Qhuinn y sus ojos desparejados, a su hogar y sus
corazones, sin hacer preguntas.

"Aquí estamos", intervino Lyric. "Tu favorito, cariño".

El festín para los sentidos y el estómago, que tenía ante sí era realmente
hermoso: cinco capas de fideos de lasaña, con salsa de carne, mozzarella y
requesón, este último en lugar de ricotta, porque no toleraba la ricotta.

Era un macho duro, un luchador por la especie, un asesino que nunca se


rendía. Pero tenía las papilas gustativas de un niño de cuatro años.

"Esto es... increíble". Solo que entonces frunció el ceño al ver los demás platos
y guisos en la mesa. "Aunque ya tenemos el asado, el puré de papas y..."

"Lo hice solo para ti". Le puso la mano en el hombro. "Te perdiste la cena
familiar el fin de semana pasado porque estabas en el campo y me dijeron que
estabas decepcionado".

Qhuinn se llevó una mano al corazón. "¿Sabes? Si no estuviera felizmente


emparejado con tu hijo...".

"Espera un momento", intervino Rocke. “Es mía…”.

“…Me casaría con esta lasaña”.


Todos rieron. Seguro que era una broma de papás, pero claro, él era papá y
Blay también, Rocke también. Qué curioso cómo habían cambiado las cosas.

Pero seguía con todos sus piercings.

Y no había cambiado su Hummer por una minivan…

“Creo que alguien te quiere”, dijo Blay con una sonrisa.

Efectivamente, Lyric lo buscaba, así que intercambiaron a sus abrigadas crías.


¡Qué buen momento! Era más fácil hacer comer con ella y a Rhamp no le importó
que lo sentaran en su trona y le dieran un mordedor para morder. Una vez resuelto
eso, los adultos se pasaron las porciones y llenaron los platos, entre los bocados y
sorbos que siguieron, la conversación fue desgarradoramente normal; no se
reflexionó sobre la trágica muerte de nadie, no se reportaron nuevas malas noticias
relacionadas con Lash por la Sociedad Lessening, no se analizaron los cambios
sísmicos del otro Lado.

En cambio, charlaron sobre la Navidad humana y la reciente tormenta de


nieve. La presa de hielo en el piso de arriba, en la habitación de invitados, por la que
todos le dijeron a Rocke que ni se le ocurriera sacar la escalera. También hablaron de
lo bonita que había estado la luna llena la noche anterior. Luego llegó la pregunta
más importante tras la presentación de la lasaña:

"¿Qué tipo de pastel hay de postre?", preguntó Blay.

"Zanahoria", dijo la mayor de las Lyric.

En medio de una ovación, Qhuinn brindó con su cerveza. "Tu glaseado de


queso crema es un grupo de alimentos, en mi opinión".

Más risas, más charla...

Todo fue muy agradable, demasiado agradable, en cierto modo.

Hizo una pausa con el tenedor. Había estado en esa casa en el campo,
alrededor del complejo residencial de Caldwell, innumerables veces... se había
sentado en esa silla, siempre en esa silla, desde la primera comida que tuvo justo
después de que ayudaran a los padres de Blay a mudarse.

Existía la expectativa —nunca expresada por él ni por nadie— de que la Cena


Familiar, también conocida como la Última Cena del Domingo, duraría para siempre.

Pero no era así para los mortales, ¿verdad?.

La muerte de Wrath hacía dos años le había enseñado eso, se lo había


enseñado a todos.
Mientras sentía un dolor familiar acercándose, bajó la mirada hacia el rostro de
su hija. Se parecía tanto a su mahmen; Layla, con rasgos diminutos y perfectos,
grandes ojos claros y una fina capa de pelo rubio. Había oído que los niños humanos
superaban esa etapa de bebé/niño pequeño después de solo doce meses, pero se
alegraba de que los vampiros tardaran mucho más. Amaba a esa pequeña joya, de
verdad y dado que era imposible imaginar cómo sería su Lyric cuando fuera mayor.
Cuando no lo necesitara a él ni a ninguno de los otros padres en su vida, el hecho de
que aún pudiera acunarla contra la masa de sus bíceps de esa manera le hacía sentir
como si el tiempo se hubiera congelado.

Claro, eso no era más que una ilusión. Pero era mejor que preocuparse de que
cualquiera de ellos pudiera desaparecer en un instante.

Quizás por una bomba, colocada por el enemigo... en la puerta de una casa,
con visitas regulares.

Intentó no pensar en cómo habían asesinado a Wrath...

Mientras se obligaba a concentrarse de nuevo en Lyric, tuvo que decirse a sí


mismo que debía dejar de mirarle el iris. Había tantas razones para no preocuparse
por si serían tan distintos como los suyos, pero al igual que con el seguimiento de los
ocasionales estados de ánimo sombríos de su hijo, no podía evitarlo. Había tenido
esa visión, cuando estaba en la puerta del Velo... una hija con un ojo azul y otro
verde.

En ese momento, no mostraba signos de su heterocromatismo y mentiría si


dijera que no quería que siguiera así.

Pero era solo su propio TEPT hablando, ¿no?.

"¿Cómo está mi niña?", murmuró.

Ella le ofreció un pequeño estiramiento y una gran sonrisa gingival a cambio y


mientras esa felicidad lo inundaba como una brisa cálida, se le hizo difícil respirar. No
podía imaginarse avergonzarla por el color de sus ojos, ni ocultarla de los demás, ni
excluirla de la familia. Él había sido igual que ella una vez, viniendo al mundo
necesitando dulzura, amor y protección.

No era lo que había recibido, pero así eran los aristócratas.

Por suerte, ninguno de sus hijos tenía que preocuparse por ser expulsado.
Demonios, si alguien intentaba hacerles daño, les daría una paliza, un baño de
sangre...

"¿Estás bien, hijo?", preguntó Rocke en voz baja.

Qhuinn levantó la cabeza bruscamente. Los demás se habían detenido en


varias posiciones de su comida; la mayor de las Lyric estaba levantando su vaso de
agua, Rocke estaba a punto de desgarrar el pan, Blay metía el tenedor en el puré de
patatas, lo miraban con las cejas alzadas...

¡Oh!. Gruñía, con los colmillos hormigueando al descender.

"Lo siento", murmuró, forzando una sonrisa. Entonces sintió que debía añadir
alguna explicación. "¿A veces te preguntas qué harías para proteger a tus hijos?".

Hubo un instante de silencio.

Tras lo cual, los tres adultos respondieron con gravedad: "No".

Los miró a cada uno de ellos; al hellren con el que había creado un vínculo, al
padre que nunca tuvo, a la mahmen que siempre había deseado... y también a estos
niños sin los que ahora no podía vivir. Pensó también en los otros dos padres que
formaban parte del trato: Layla, la mahmen de los gemelos y su macho, Xcor.

Su vida era tan completa, tan perfecta, que parecía tan hermosa y única como
un copo de nieve cayendo del cielo.

E igual de frágil.

Qhuinn volvió a mirar a su hija. La acercó más a su corazón y le acarició la


suave mejilla.

Negando con la cabeza, dijo en voz baja y desagradable: «Yo tampoco».


CAPITULO 1
________________

Actualidad

Club nocturno Bathe.


Calle Market, entre las calles Dieciséis y Diecisiete.
Caldwell, Nueva York.

La probabilidad estadística de morir por la caída de una valla publicitaria en


una calle de la ciudad es casi incalculable. Algo menos del 0,00000071 por ciento,
considerando que las matemáticas contemplaban todos los objetos que se convertían
en Sputnik, no solo las vallas publicitarias.

Pero esto era algo en lo que Lyric, hija de sangre de Qhuinn, el Hermano de la
Daga Negra y Layla, la Elegida. Hija adoptiva de Blaylock, hijo de Rocke. Y Xcor, líder
de la Banda de Bastardos, no pensaría hasta bien entrada la noche. E incluso
entonces, su única posibilidad sería solo una piedra en la orilla de cosas mucho más
importantes.

Por suerte, como con la mayoría de las cosas relacionadas con el destino, no
sabía qué le esperaba.

En ese momento, estaba de pie en la nieve mugrienta de la ciudad con un par


de tacones de aguja Louboutin, tampoco le preocupaba ensuciar sus zapatos. Era la
mierda que llegaba a su celular lo que la había dejado harta.

“Marcia.” Pronunció el nombre “MAR-sii-ah”, en lugar de “La Tribu Brady”, como


siempre, en tono de protesta. “¿Puedes parar para que pueda decir algo...?”.

“Esta es una gran oportunidad para ti, quiere que vengas el primer día de la
conferencia, gratis. Hay una sesión de fotos entre bastidores y una entrevista con
ella; esto va a impulsar tu marca, te lo aseguro.”

Las palabras enfatizadas eran como un hombre fuerte haciendo press de


banca, uno se preguntaba si había un número mínimo de series y repeticiones. Si la
mujer no lo hacía, ¿se paraba frente al espejo del baño y consultaba la lista de la
compra solo para terminar el entrenamiento?.

Lyric se giró de espaldas al fuerte viento cambiante y ¿quién lo diría?. Al final


del callejón, al otro lado de Market Street, había un enorme anuncio morado de la
conferencia Resolve2Evolve.

Como si Valentina Disserte fuera una acosadora.

“¿Hola?”, llegó por el teléfono.


Bueno, de acuerdo, fue —era— una invitación muy atractiva. R2E tenía un gran
impulso como movimiento de autorrealización para mujeres, nadie podía negar que
su líder no estaba aprovechando al máximo sus quince minutos de fama. Si la gran
Valentina seguía rondando esos escenarios y predicando la prioridad de la
personalidad, se convertiría en la mesías del amor propio de esta generación.

¿El problema?. Todo parecía demasiado recargado para ser real. La vida a
través de un filtro de frases cortas, en lugar de la realidad.

Cerrando los ojos, Lyric pensó en lo que estaba pasando en casa de sus
abuelos. Quizás incluso un mes atrás, ella misma se habría creído el mensaje de
R2E, ¿ahora?.

Aunque, claro, tal vez necesitaba distraerse.

"Bien". Mientras el viento soplaba con fuerza por el callejón, se estremeció y se


giró hacia la puerta de incendios del club. "¿Pero podemos terminar esta noche antes
de que me preguntes nada más?".

"¿Dónde estás?".

"En el callejón..."

El panel metálico abollado se abrió de par en par y MAR-see-ah Rotterdam, la


administradora de redes sociales de las estrellas, hizo su aparición con un gesto de
estrés. Con poco más de 1,50 m de altura y veinticinco kilos si se hubiera tomado
otra Coca-Cola Light, el hecho de que la mujer llevara dos móviles pegados a las
orejas la hacía parecer como si estuviera esquivando una explosión.

"No, Ron". Hizo un gesto con el teléfono de la izquierda al colgar. "Vas a Los
Ángeles mañana para la colaboración. Mira, estoy en un evento exclusivo y tengo
que irme. Te llamo por la mañana, más te vale estar en ese maldito avión".

Marcia colgó el teléfono número 2. "Guapo, pero tonto como una piedra. Por
suerte, solo tiene que estar ahí para hacerse selfis. Bueno, mírate".

Lyric se miró y recordó que sí le gustaba su vestido; escotado, sin tirantes y


negro, estaba adornado con tiras de cuentas iridiscentes de diez centímetros, así que
si balanceabas las caderas, te rodeaba un halo, un espectáculo a la vez luminoso y
oscuro. Además, el sonido era fantástico, un silencio de aplausos.

Por supuesto, Rhamp lo llamó su atuendo de lavado de coches...

"¿Sabes qué?", anunció Marcia.

¡Ay!, Dios mío, no. Otra idea brillante...


"Llamare a Vogue. No tienes fama de ser del canal estadounidense, pero creo
que puedo conseguir que salgamos en uno europeo. ¿Recuerdas cuando era una
revista?. Qué lástima que no podamos sacar fotos para mostrar esos ojos tuyos.
Azules y verdes, sin lentillas. Con el pelo rubio, vamos. ¿Te vas a quedar ahí parada?,
has arruinado esos zapatos".

Al entrar Lyric en la parte trasera de Bathe, sintió que se desvanecía hasta


convertirse en nada más que un pequeño punto, un diminuto reflejo de quién era en
realidad, asomándose a través del aterciopelado manto de su apariencia. Al principio
de todo esto de las influencers, había sido radiante.

Ahora ni siquiera era una chispa.

La definición de agotamiento no era complicada. Lo complicado era qué hacías


al respecto cuando te encontrabas con ese Sherlock Holmes y Merriam-Webster sin
sentido. Las carreras exitosas, como todas las ideas brillantes que por algún milagro
funcionaban, adquirían una velocidad propia, pero a diferencia de cosas como los
coches, los aviones o los transbordadores espaciales, no había equipo de seguridad
que amortiguara un frenazo repentino.

Así que allí estaba, rodeada de gente que creía conocerla, un ídolo de papel
que era la única que parecía saber que no era realmente guapísima, era inflamable.

Había una diferencia abismal entre ambos...

Marcia se acercó, entró, lo pisoteó todo. "Quédense ahí, nosotros pasamos la


fila por aquí. ¡Vamos a movernos ya para que sepan dónde estás antes de que traiga
a su gente!".

¿Su gente?, como si les hubiera escrito su nombre en la ropa y los estuviera
llevando a una especie de campamento de verano existencial.

Mientras Lyric se dejaba acomodar como un jarrón en un estante, echó un


vistazo al paso y repitió. Sobre un fondo rosa y verde pálido, su logo de Lyrically
Dressed, con sus pequeñas barras musicales formando un vestido, se alternaba con
el de la marca de maquillaje Trash Panda, que mostraba un panda y un cubo de
basura, ¡imagínense!.

Mirando más allá del arco de la sala VIP, evaluó a la multitud y se sorprendió
de la cantidad de gente que había venido. Era una sorpresa que ya había sentido
antes y al menos esa era una parte del trabajo que aún le resultaba fresca. Primero
fueron diez mil suscriptores a su cuenta de Zideo, luego cien mil. Cuando superó el
millón, se organizó una fiesta y sintió que tenía un propósito.

Ahora rondaba los cinco millones y tenía contratos con marcas, un calendario
de apariciones y un gerente...
"Hay que reorientar esa luz". Marcia gritó una orden y luego se lanzó como un
misil teledirigido hacia un pobre hombre con overol. "Sí, a ti, te estoy hablando. ¡Eso
está mal!, necesita que se le dé más suavidad en la cara".

Más bien, gerente.

Mientras Lyric se quedaba atrás, miró a su alrededor. La zona VIP de Bathe


estaba reservada para el evento y se habían instalado una serie de cuerdas
serpenteantes para mantener la fila organizada. Ver la sala de acceso especial vacía
de su habitual multitud de borrachos de primera categoría hacía que el montaje
pareciera un cartón de huevos para gente elegante y borracha; doce zonas de
asientos hundidas estaban divididas por la mitad y separadas por un pasillo por el
que se podía pasear si se quería. Iluminados por diferentes tonos de azul, desde el
característico tono pálido de Tiffany hasta el zafiro y el azul espuma de mar, los sofás
circulares eran cómodos, resistentes a los líquidos y escenario de muchas malas
decisiones.

Y aún más carteras vacías.

Conocía bien el lugar. Ella y su grupo de amigas eran clientes habituales,


durante el último año y medio se habían apropiado del sofá trasero junto a la salida
de emergencia. La luz azul negruzca era ideal para mantener la discreción y si uno
solía desmaterializarse en lugar de salir en Uber al final de la noche, el acceso al
callejón por la puerta cortafuegos de emergencia era conveniente.

¿Qué pensaría Marcia si descubriera que estaba lidiando con un vampiro...?.

A un lado, la mujer le señaló con el dedo índice la cara al tipo como si hubiera
insultado a todas sus madres.

¡Dios mío!. Si Marcia supiera la verdad, probablemente vendería los derechos


de un podcast revelador en cuanto empezara a grabar.

Nosfer-chat-u.

Dicho esto, Marcia dejó de lado la iluminación, trajo a una mujer muy alta y
esbelta con largas extensiones de cabello negro. Era como si Chas Addams hubiera
lanzado uno de sus dibujos al siglo siguiente y Lyric esbozó una sonrisa.

"¿Por supuesto que recuerdas a Svetlana?", Marcia hizo un gesto de ademán.


"Es Trash Panda, Svet, estás increíble; juntemos a las dos chicas del momento".

Marcia aplaudió, como si el mundo funcionara con su propio interruptor de


encendido y apagado, entonces dio comienzo a la charla informal mientras el
fotógrafo se acercaba corriendo en un claro intento de evitar lo que el iluminador le
había lanzado por aire; Svet elogió el vestido de Lyric y Lyric envió la bola de las
bendiciones por encima de la red con un sincero agradecimiento por los zapatos de la
otra mujer; porque, oye, aunque eran del tamaño de tostadoras y debían de pesar
cuatro kilos cada uno, al menos estaban secos. Luego vino la comparación de cabello
y el consiguiente esponjamiento —al menos del lado de Svet—, seguido del
obligatorio: "¿qué rímel es ese?".

"¡Trash Panda hasta el final!", murmuró Lyric. Aunque llevaba Maybelline.

"¡Sonríe!".

Lyric se quedó mirando al objetivo, pero sus ojos volvieron a la entrada de la


sala VIP cuando el flash se disparó. Los dos centinelas trajeados en el arco miraban
por encima de todo, los rostros del otro lado eran una marea que contenían con una
satisfacción que le dio ganas de derramar vino sobre ellos.

Mientras traían a alguien más, Lyric miraba fijamente desde su abismo privado,
sin hablar de nada y sonreía cuando debía.

Esta vez, cuando el flash se disparó, parpadeó con fuerza.

Pensó en lo que su hermano, Rhamp, estaría haciendo ahora mismo. Él, Shuli y
todos los demás luchadores no estaban posando para fotos. Cuando una luz brillante
se encendia a su alrededor, era porque habían apuñalado a uno de los lessers que
cazaban y mataban vampiros, habían enviado al cabrón(es) de vuelta a su creador.

Sus destellos brillantes eran señal de que habían ganado una batalla, salvado a
un civil, marcado la diferencia.

Habían hecho algo valiente y valioso...

"Y aquí, Lyric, antes de empezar, tienen que conocerse...".

Marcia empujó a otra persona para que le sacaran fotos por adelantado, un
entrevistador con una especie de podcast, seguido por otro influencer con "una
cantidad descomunal de seguidores".

Fue entonces cuando Lyric vio una cara familiar, junto a la salida de
emergencia.

Un rostro tímido, reservado y familiar, pegado a un cuerpo desgarbado vestido


solo con Levi's y una camiseta, a pesar del frío.

"¡Oh, Allhan!". Lyric se separó de una fila de cuatro personas. "¡Hola!".

"Espera, ¿qué?", exigió Marcia. "¿Adónde vas...?".

"¡Oye!". Mientras corría hacia el hombre, su sonrisa era sincera. Esperaba que
no fuera tan desesperada como temía. "¿Qué haces aquí?".

Allhan miró al suelo e incluso con la luz azul oscura, pudo ver el rubor subir por
su delgado cuello y florecer en su rostro hundido.
"Me alegro mucho de que hayas venido", le tocó el brazo. "Solo estoy
sorprendida, eso es todo, este no es un lugar común".

Como pretrans, Allhan tenía unos veinticinco años según el calendario humano
(nadie sabía exactamente cuándo era su cumpleaños, ni siquiera él), pero era tan
escuálido como un niño humano de doce años. Luego estaba su pelo oscuro y
encrespado. Daba igual la estación del año, era como si se hubiera frotado un globo
en la coronilla en pleno invierno y no hubiera hecho nada con la electricidad estática.

Por otra parte, el tipo era muy listo. Tal vez en realidad tenía el pelo liso y el
calor generado por todo ese coeficiente intelectual era lo que le había dado
permanente en todo su...

"¿Qué haces?". Marcia se interpuso entre ellos. "Tienes que volver ahí...".

"Oh, está bien, solo digo hola, este es mi amigo".

Marcia entrecerró los ojos y miró al hombre de arriba abajo, de alguna manera
su expresión rígida fue más un insulto que si hubiera dicho las palabras que
claramente estaba pensando:

Menos que nada, No vale la pena el esfuerzo.

Olvidable.

"Genial". La mujer tomó del brazo de Lyric y empezó a alejarse. "Es


maravilloso, nos encantan los amigos, pero no ahora mismo".

Mientras Lyric soltaba su ancla, se preguntó si, de haber sido su hermano o por
Dios, Shuli, las cosas serían diferentes, pero claro que sí.

"Necesitas darme un minuto...".

"No, ahora, esto es trabajo".

"Déjame al menos despedirme". Se dio la vuelta. “Escucha, Allhan…”.

Se había ido, la puerta de emergencia se cerró.

Lyric se llevó las manos a la cara y sintió ganas de gritar. “Espera, Marcia,
tengo que ir a decir…”.

“No tienes que preocuparte por cosas así”.

Más tarde, mucho después, Lyric sabría que todo empezó en ese momento,
con esa sílaba, dicha en ese tono, algo simplemente se quebró.

“Todo esto va a esperar”, replicó Lyric. “Mientras voy a asegurarme de que no


ofendiste a mi amigo”.
Marcia se adelantó de un salto y abrió los brazos como si intentara detener un
tren. Hablando en un susurro apresurado, dijo: “Tienes a doscientos seguidores
tuyos ahí fuera, que pagaron cuarenta y nueve dólares, para estar a tu lado y que les
tomaran fotos. El evento empieza a las siete. Así que no, no vas a…”.

“Hay cosas más importantes que el trabajo”.

“Esta noche no, no las hay”. Mientras la mujercita la miraba fijamente, con ese
rostro congelado por el bótox esforzándose por reflejar todo tipo de horror interior,
Lyric se dio cuenta de que este asunto con Lyrically Dressed, que había comenzado
con la naturalidad de un estornudo hacía dos años, había cobrado vida propia.

Ahora era como alimentar a un monstruo.

"Estás muy equivocada en eso", murmuró Lyric mientras apartaba a la mujer


de un empujón. "La vida no dura para siempre, ¿sabes?".

Golpeó la puerta cortafuegos como si fuera un obstáculo sólido.

Al salir, el frío le golpeó la espalda con la misma fuerza.

"¡Allhan!", gritó. "¡Espera!".


CAPITULO 2
________________

15 Windsor Lane
Caldwell, Nueva York.

Si ibas a traicionar a Wrath, hijo de Wrath, padre de Wrath, dos cosas estaban
garantizadas. Una, todas tus posesiones, ya fueran acciones, bonos, dinero contante
y sonante, la casa en la que vivías o la ropa que llevabas puesta, serían confiscadas
por el Rey.

Y dos...

Qhuinn se recompuso en un banco de nieve y alzó la vista hacia una versión


moderna de la majestuosa mansión en la que creció.

"Te perseguiremos hasta encontrarte", terminó.

Malditos aristócratas, siempre planeando tonterías.

Sacó una llave de cobre, subió los escalones de la entrada y abrió la pesada
puerta. Al abrir, la alarma que habían instalado hacía una semana empezó a sonar y
mientras cambiaba ese trozo de metal rosado por una enorme Beretta, en el cuartel
general se apagaron las alarmas.

No se encerró en sí mismo al cruzar el umbral.

Mientras quitaba el seguro de su pistola y miraba a su alrededor, lo único que


quería era rodear con las manos el cuello del lápiz de Whestmorel y arrancarlo del
lomo a la altura del pañuelo. Sin embargo, el aristócrata había demostrado ser más
astuto de lo esperado. Había lanzado su amenaza, luego hizo lo que la mayoría de
los miembros de la glymera no podían soportar.

Se había ocultado y permanecido allí, silencioso como un ratón.

No era la jugada de un aficionado, sin duda el esnob no se quedaba de brazos


cruzados.

"Tendrás que salir a tomar aire algún día", murmuró Qhuinn.

Tarde o temprano, habría un chivatazo. Un informe financiero publicado a


través de la red que Vishous podría rastrear. Un socio que le contó a alguien, un
avistamiento en un evento, un error que desvelara la conspiración.

O… un atentado real contra la vida del Rey.


Eso último era la contingencia que todos menos deseaban.

Y la razón por la que sintió ganas de saltar de su propia piel.

Entrando sigilosamente en el salón, miró el espacio vacío sobre la chimenea y


se preguntó qué clase de pintura al óleo habrían robado Whestmorel camino a la
salida. El tipo se había llevado todos los componentes informáticos, teléfonos móviles
y equipos de vigilancia. La caja fuerte también estaba vacía; la Hermandad lo
descubrió cuando Zsadist voló la puerta. Había un montón de huecos en las paredes
y los estantes que sugerían que algunas de las obras de arte más selectas también
se las habían llevado en la evacuación.

¿Qué demonios iban a hacer con el resto de las cosas de Whestmorel?. La hija
del hombre había renunciado a su propia sangre, hasta el punto de dejar sus cosas
en la casa, a pesar de ser totalmente inocente y de que le habían ofrecido la
oportunidad de llevarse lo que quisiera. Así que el resto no era más que chatarra de
lujo, en realidad, que necesitaba ser vendida o donada para poder poner la mansión
en el mercado humano y sacarle tajada.

"O podemos prenderle fuego a esta zorra." Se detuvo junto a un espejo con
marco dorado y lo movió deliberadamente. "Y saca los malvaviscos...".

"¿Alguien dijo 'Stay Puft'?".

Se giró con el arma apuntando a la altura del pecho, pero ya la estaba bajando
cuando Rhage se metió un caramelo de uva en la boca y levantó las palmas.

"Puedes quedarte con tus malvaviscos", insistió Hollywood. "Pero no me


dispares antes de que le dé una paliza".

Qhuinn maldijo. "Podrías haber hecho un poco de ruido...".

"Lo hice, te pregunté sobre el Stay and the Puft, cosas muy importantes".

El chico dorado de la Hermandad bajó las manos y mordió el centro de


chocolate. Que estuviera comiendo no era ninguna sorpresa. Y vaya si lo pensaba,
seguía siendo resplandecientemente guapo, grande como una casa, rubio como un
día soleado.

Por otra parte, ya lo era desde mucho antes de que Qhuinn siquiera estuviera
en el planeta.

"Entrando", anunció una profunda voz masculina.

"¿Ves?". Qhuinn señaló a Zsadist cuando el hermano entró. "Así se hace".

Rhage se sacó el palito de piruleta de la boca y lo señaló: "¿Sabes qué me


gusta de ti, chico?".
Le parecía estúpido recordarle al macho que estaba emparejado y tenía dos
crías adultas: "Dime".

"Siempre sigues las reglas". Rhage le dio una palmada en el hombro a Qhuinn:
"Lo que significa que eres un buen refuerzo".

Qhuinn parpadeó. Lo habían llamado de muchas maneras en su vida. ¿Un


seguidor de las reglas…?.

Mientras entraban algunos de los otros hermanos, se aseguró de que todos sus
piercings estuvieran en su lugar.

Incluso, discretamente, su Prince Albert.

"Voy a limpiar el primer piso", anunció, sacando su segunda pistola.

Caminando rápido, guardó ambas armas mientras continuaba a través de las


típicas habitaciones formales, todas con las cortinas corridas. Aunque todo el lugar
había estado vigilado con cámaras y micrófonos desde que asumieron la propiedad la
semana pasada, nadie podía arriesgarse esa noche.

Ya sabían que todo estaba limpio. Pero, de nuevo, eso no importaba.

No iba a confiarle a un montón de cámaras lo que se avecinaba, ninguno de


ellos lo haría.

Abrió los ojos y envió una buena dosis de paranoia al salón, el estudio, la
biblioteca y la sala de música. Mientras caminaba, refrescando su memoria con los
muebles tapizados de seda y las antigüedades de museo, las alfombras persas en el
suelo y los retratos en las paredes, oyó a los demás subir por las habitaciones, los
armarios y el lavadero. Otro equipo subió al ático, otro se adentró en el sótano y el
garaje.

Al llegar a la cocina, siguió cada sombra proyectada por las brillantes luces del
techo. A diferencia del resto de la casa, que era un escaparate para los visitantes de
la glymera, allí todo era trabajo: los electrodomésticos de acero inoxidable, las
sartenes colgadas en rejillas en orden descendente, los cucharones, cuchillos,
utensilios organizados y al alcance de las tablas de cortar, los fogones, los hornos y
la línea de servicio.

Una instalación de lujo para una casa que atendía a un dueño de lujo.

Después de revisar la cámara frigorífica y luego el congelador —porque, bueno,


los aristócratas, como todas las serpientes, eran de sangre fría—, recorrió la
despensa y salió al comedor.

Fue entonces cuando se detuvo.


La mesa fue lo que lo atrajo hacia allí, ese largo y reluciente pasillo que
recorría el centro del salón formal con todas esas sillas apretadas como soldados
llamados a revisión; veintidós sillas, las dos de los extremos con brazos.

"Ahora no es el momento", dijo en voz baja.

Sin embargo, sus recuerdos le devolvieron una bola de pelos del pasado; la
habitación que tenía ante sí fue reemplazada por lo que una vez fue. En lugar de este
grandioso montaje, vio uno absolutamente imperial y en lugar de sillas vacías, había
rostros familiares a la luz de las velas... la Hermandad, sus camaradas y los
combatientes, junto con la Primera Familia. Todos los jóvenes estaban allí también,
todos comiendo, bebiendo... divirtiéndose.

Era tan claro, tan dolorosamente claro. Aunque habían pasado treinta años y
pico desde que se habían reunido en esa casa real con gárgolas en la Montaña del
Gran Oso, podía imaginar vívidamente la amalgama de innumerables Últimas Cenas,
como si fuera un sueño, en lugar de un recuerdo que lo acechaba. Una nostalgia
persistente se le revolvió en el pecho. Todos habían tenido problemas en aquel
entonces, problemas que iban desde las pequeñas molestias hasta las grandes
preocupaciones y los auténticos terrores. La guerra, siempre la maldita guerra.

Pero las cosas parecían más sencillas...

Se frotó la cabeza, que le dolía y entonces recordó que tenía una pistola
cargada en cada mano, sin el seguro puesto, que ese no era el momento de pegarse
un tiro en la cúpula por ninguna tontería.

No solo porque arruinaría todo ese pretencioso papel pintado dorado.

En ese sentido, pensó en otra mesa, una totalmente diferente y esta vez,
realmente era un recuerdo, no un espasmo mental postraumático que no parecía
poder superar; una acogedora mesa familiar ahora, en una cocina abierta e informal,
rodeada de ventanas con vistas a un prado y un estanque. Sin mayordomo ni
camareros, sin plata ni cristal, sin cortinas ondulantes ni lámparas de araña pesadas.

Tampoco hermanos, solo su familia inmediata: Blay y los padres del macho,
Lyric y Rocke, con los gemelos, Lyric y Rhamp, en sillas altas. La comida de la Última
Cena se sirvió en platos desiguales y humeantes, pero los platos aún estaban vacíos
porque traían otro plato. Mientras tanto, afuera nevaba, la decoración era roja y
verde por Navidad, aunque no había humanos en la casa…

Rocke dijo algo sobre su shellan y la miró, Qhuinn también echó un vistazo a la
estufa.

La Lyric mayor estaba allí, con el delantal puesto y el cabello recogido con
sensatez. Estaba cortando la lasaña que había preparado solo para Qhuinn; las
lámparas sobre la isla iluminaban los planos de su hermoso rostro.

Saludable, entera, con la vida aún por delante…


"Un minuto fuera".

Qhuinn se giró bruscamente hacia el arco. Rhage estaba allí de pie, ocupando
los marcos de la puerta doble y ya no había piruletas a la vista. Era la hora del juego,
así que tenía una pistola en cada mano.

Aun así, el tipo preguntó: "¿Estás bien?".

No, no lo estaba. Pero Hollywood, como todos los demás, ya lo sabía y conocía
la razón. Aunque hay cosas que simplemente no quieres decir en voz alta.

"Mi querido suegro se está muriendo". Era una declaración que aún no estaba
preparado para hacer. Lo mismo podía decirse del inevitable añadido: "Está matando
a todos".

Así que cambió de tema. Aunque tampoco era el momento de enfadarse


porque alguien que vivía a base de sándwiches Fluffernutter, patatas fritas y helado
sugiriera que tal vez estaba siguiendo las reglas a medias.

"Para que quede claro". Se tocó el aro plateado del labio inferior, aunque su
Beretta casi le da en el ojo. "Sigo siendo el de siempre". Rhage rió entre dientes.
"¿Te refieres a un cabrón?".

"Sí, exacto". Se aclaró la garganta. "Pero ya basta de mí, ¿cómo está pasando
esto?".

"No fue idea mía", murmuró Hollywood. Luego gritó: "Sótano y garaje,
despejados".

Qhuinn también subió el volumen de su voz: "Primera planta, despejada".

Desde el vestíbulo, Z respondió: "Segunda planta, despejada".

Y Phury intervino: "Ático, despejado".

Una vibración se escuchó dentro de la chaqueta de cuero de Qhuinn y cuando


el mensaje fue respondido, comenzó la cuenta regresiva. Exactamente treinta
Mississippis después, los faros iluminaron la fachada de la mansión, sus fuertes rayos
penetrando una grieta en las pesadas cortinas cerradas como un adversario que
hubiera encontrado un punto débil.

"Terminemos con esto de una vez", dijo entre dientes mientras se dirigía al
vestíbulo.

Uniéndose a los otros hermanos que se arremolinaban bajo una lámpara de


araña de cristal, giró los hombros y luego se crujió el cuello girando la cabeza de un
lado a otro. Todos estaban hundiendo sus fundas dos veces, pero ninguna daga. Esas
feroces hojas negras se habían quedado quietas.
Una pistola era mejor en esta situación.

Dos pistolas de cuarenta eran aún mejor.

Tohr fue quien abrió la puerta y el aire frío entró ante él, la noche oscura al
otro lado como un vacío del que de alguna manera habían logrado salir. Vishous era
el siguiente, el hermano de la perilla con aspecto de estar listo para luchar, con las
manos a la altura del pecho y sus Glocks, el complemento perfecto para su traje de
cuero negro y ¡a la mierda!.

Y detrás de él, el hombre del momento.

Wrath, el gran Rey Ciego, era más alto que todos o al menos así lo parecía.
Con esas gafas envolventes que le ocultaban los ojos, su rostro cruel y aristocrático,
toda su larga melena negra cayéndole desde su pico de viuda, él solo validaba la
mitología humana de mierda sobre los vampiros. Era el auténtico, el último ejemplar
de raza pura que quedaba en el planeta, una fuerza de la naturaleza, un asesino a
sangre fría y un líder astuto.

Su actividad secundaria era la impaciencia absoluta.

En cuanto cruzó el umbral, John Matthew y Xcor entraron tras él y cerraron la


puerta principal con un golpe sordo. Los dos también tenían dos pistolas
desenfundadas y se apoyaron en la madera. Hubo un breve silencio, como si todos
en el vestíbulo se tomaran un momento.

"Alivio", no era la palabra correcta.

No, el alivio no llegaría hasta que regresaran a la Casa de Audiencias. A salvo,


con todos los dedos del Rey a salvo.

En cambio, esta pausa era lo que ocurría cuando un grupo de hombres,


decididos a callarse, se ahogaban en el maldito esfuerzo.

Mientras Wrath dilataba la nariz al oler el aire, Qhuinn se inclinó hacia un lado
y recorrió con la mirada los rincones ciegos del salón que acababa de atravesar.
Luego volvió a mirar la entrada principal, aunque no había motivo para preocuparse
por el exterior. La Banda de Bastardos cubría los límites de la propiedad y no
necesitaban cebadores sobre cómo disparar a matar.

Aun así, sentía como si sus pelotas se le hubieran subido al bajo vientre y se
hubieran convertido en granadas.

Por otra parte, la última vez que Wrath había salido de la casa para ir a
cualquier parte que no fuera a audiencias con civiles, habían sobrevenido tres
décadas de infierno. Francamente, le sorprendió que Beth se hubiera unido al plan,
pero eso no era asunto de Qhuinn, aunque podía imaginar cómo habría ido la
conversación.
Buenos tiempos, buenos tiempos, broma.

Cuando Wrath finalmente dio un paso al frente y Tohr se colocó a su lado, este
enfundó una de sus armas y puso la mano detrás del codo del Rey para guiarlo
sutilmente. Los hermanos se desplegaron y Qhuinn se dejó llevar, todos como un
organismo vivo con una sola mente, un solo cuerpo.

Sin componentes, solo el todo.

Era una antigua tradición: la Hermandad de la Daga Negra no solo protegía a


la raza, sino que era la guardia privada del Rey... dispuesta a dar su vida al servicio
del hombre que más importaba.

Maldita sea, pensó Qhuinn mientras seguía adelante, que nada saliera mal esta
noche.
CAPITULO 3
________________

Edificio Otto
Esquina de la calle Market y la avenida Dieciséis.

El tipo ha perdido un cuarto, míralo. No digas nada, no hables con nadie. Es


un maldito...

"Para". Bob Knolls, orgulloso miembro de LiUNA y capataz de esta obra de la


Compañía Constructora Wabash, me lanzó una mirada fulminante por encima de su
termo de chocolate caliente. "Ya basta de ese lenguaje, ¿entendido?, es ofensivo".

"Oh, disculpe, policía de las palabras". Petey McCord, el capullo del turno, se
erizó al otro lado de la mesa de picnic y habló aún más alto por encima del estruendo
de un martillo neumático. "No sabía que eras tan susceptible...".

El viento invernal que subía del río giraba a la izquierda justo sobre la zona de
descanso, la cerca de alambre traqueteaba, los paneles de malla ondeaban contra
sus tirantes. La única buena noticia era que la mierda había cortado el paso a Petey,
aunque algo que todos habían aprendido durante el último mes era que el capullo de
este trabajo no iba a estar caído mucho tiempo.

Cuando los comentarios volvieron a empezar, Bob levantó la palma y se


preguntó por qué no podía ser el tipo de capataz que manda con un martillo de
hierro...puño, lo que fuera.

"¿Por qué demonios te importa tanto, Petey?. ¡Ficha tu tiempo, cobra tu


cheque, vive tu vida!”.

“Ahí, trabajando durante el descanso y haciéndonos quedar mal”.

Bob cerró el puño y lo golpeó. “Deja a Big D en paz”.

Los demás se pusieron firmes de golpe, incluso los de las mesas contiguas, con
caras de '¿te imaginas?'. levantadas de sus loncheras y termos. Era difícil saber si les
sorprendió el tono particularmente desagradable de las quejas de Petey o si era que
su capataz, siempre dispuesto a seguir la corriente, estaba haciendo algo al respecto.

Mientras tanto, el martillo neumático seguía zumbando.

Bob volvió a su chocolate caliente porque era lo único que lo mantenía caliente
en ese momento. Maldita sea, odiaba comer fuera con frío y era ridículo que las
normas de la OSHA les exigieran estar al aire libre para protegerse los pulmones. Sí,
porque la neumonía era mejor que una pequeña exposición química aquí y allá. Al
menos el frío ártico era una mejora respecto a los meses calurosos, cuando no se
podía beber lo suficiente para contener el sudor...

"Gran D", imitó Petey mientras se abalanzaba sobre su sándwich como si


estuviera arrancando la pata de un animal. "Maldito Frankenstein. Oh, perdón,
¿puedo usar esa palabra con p?, no quiero ofender a nadie, ni al mismísimo Dick,
que está allí".

"Se llama Dev", murmuró Bob.

En lugar de hacer otra cosa con el puño, como darle una paliza al listillo,
perder su trabajo y sus prestaciones, Bob se abalanzó sobre el sándwich de pastel de
carne de su mujer y pensó: "Dios bendiga a esa mujer". Mientras masticaba, no
podía decidir si abrir su lonchera era el momento más destacado de su noche de
trabajo, lo cual era un buen o mal comentario sobre su vida.

Mejor que en casa marcharas bien, decidió. Siempre podías encontrar otro
trabajo.

A medida que el tono y el volumen de aquel asalto al asfalto se hacían más


fuertes, Bob recorrió con la mirada el campo de contenedores, maquinaria de
construcción y escombros. Bajo la luz del mediodía de las luces de la jaula, Devlin,
ese era su nombre real, se abalanzaba sobre el martillo neumático como si la
maquinaria lo llevara al centro de la tierra o iba a tirar el montón de porquería al
Hudson. Salía vapor de sus brazos desnudos, dignos de un levantador de pesas; solo
llevaba puesto su peto y camiseta reflectantes, a diferencia de los demás, que iban
tan abrigados que parecían unos Gobstoppers humanos.

Y sí, vale, vale. La intensidad de Big D era un poco rara y eso de no tomarse
un respiro en el turno era bastante estúpido. El convenio colectivo del sindicato te
garantizaba dos descansos de quince minutos y treinta minutos para comer, pero si
no los tomabas, no era como si te dieran horas extras. Aun así, el tipo rara vez se
sentaba, no porque fuera un drogadicto. Simplemente parecía tener ganas de
trabajar, entre ese empuje y toda su fuerza, podía hacer en una hora lo que tres
tipos normales tardaban medio turno.

Por eso el charlatán de los insultos tenía un problema con él.

No es que a Big D le importara. Simplemente agachaba la cabeza y...

El motor del martillo neumático se apagó y Big D lo apartó fácilmente. Luego


se agachó y recogió un trozo de acera del tamaño del capó de un coche. Mientras se
alejaba con la carga, parecía estar paseando por un parque, cuando tiró la sección
por el borde de un contenedor, no se oyeron gruñidos ni gemidos.

"¡Oye, Dick!. ¡Sabes que tenemos un elevador para esa mierda!". gritó Petey.

Bob volvió a su sándwich con una fijación sombría. El rascacielos que estaban
renovando tenía cien años y la última vez que se actualizó fue hace unas cuatro
décadas, así que estaban en plena fase de demolición, arrancando cada centímetro
cuadrado de alfombra, todas las paredes de los cubículos y cualquier artefacto, desde
los grifos y los inodoros de los baños hasta todas las malditas barras fluorescentes
del techo que se habían fabricado. Claro que iban con retraso, pero no podía dejar
que Dev se quedara dentro y siguiera trabajando. La regla era que, a la hora del
recreo, todos tenían que desalojar el nivel en el que estuvieran y salir al aire libre en
grupo.

Big D había empezado a trabajar con el martillo neumático en la acera justo


esta semana y ya había recorrido casi un cuarto de la manzana. ¿Después de
terminar?. Bueno, podría empezar con las escaleras de piedra de la entrada principal
si quisiera...

"¡Eh, Big D!", gritó Petey de nuevo. "¿Qué tal si te agachas un poco más?.
¡Parece que quieres una cita, carajo!".

Mientras la crítica continuaba, un par de chicos refunfuñaron y miraron


fijamente a Bob.

"Sí, sí", dijo en voz baja. "Lo tengo".

Pero antes de que pudiera decidir qué hacer, Petey se puso de pie de un salto y
se alejó de la zona de descanso, como un frijol grasiento en una misión desastrosa.

Hacia Big D.

Bob se acabó lo que le quedaba de sándwich y se levantó del banco. Mientras


se subía los pantalones de trabajo, recordó por qué en realidad no había querido ser
capataz. Qué lástima que el sueldo fuera mucho mejor, parecía que esta noche se
vería obligado a ganar los diez dólares extra por hora.

"¿Podemos dejar de hacer esto...?".

El viento volvió a azotar, atrapó un cubo de yeso y le dio justo en la espinilla.


Mientras maldecía y cojeaba, Petey se puso delante de Big D mientras el otro hombre
volvía a por el martillo neumático.

"¡Di algo!", ladró Petey. "¡Joder, habla!". Big D se quedó mirando al tipo, como
si todo el ruido a sus pies fuera un walkie-talkie que se le había caído.

"¿Eso es todo?, ¿solo me vas a mirar?. eso es todo lo que tienes, cabrón...".

Cuando soltó el insulto por segunda vez, lo que sucedió a continuación fue algo
que Bob recordaría el resto de su vida:

Big D seguía sin responder, así que Petey levantó la palma de la mano y le dio
un puñetazo en los pectorales. El doble golpe fue como un niño pequeño haciendo un
berrinche contra un muro de ladrillos.
Fue entonces cuando Big D, el tipo fuerte y silencioso, finalmente reaccionó.

Ese pesado brazo derecho se estiró bruscamente y agarró el cuello de Petey


como si fuera una cuerda. El levantamiento que siguió no fue precisamente una
sorpresa, pero, ¿cuándo fue la última vez que alguien vio a un hombre adulto
colgando de un puño, con sus botas de trabajo chocando como si aprobaran el
descubrimiento después de tanto joder?.

Bob subió rápidamente sus Timberlands, pero tuvo que esquivar otro cubo de
hierba rodante, una bandera de red que había arrancado una de las barreras
peatonales y algo que podría haber sido un panel de aglomerado o tal vez una bestia
voladora fantástica, porque esta mierda seguramente era una especie de pesadilla
febril.

Para cuando llegó al problema, Petey se arañaba desesperadamente la mano


que le rodeaba el cuello, con la papada abultada, su cara, ya de por sí rubicunda,
roja como el establo y cada vez peor.

Bob intentó imponer su voz: "Oye, Gran D, ¿qué tal si lo bajas...?".

Se le quebró la voz cuando el tipo giró la cabeza hacia él. Esos ojos... antes
tan anodinos... tenían un brillo desalmado que los hacía inolvidables; no había nada
tras esa mirada gélida. Ni una pizca de humanidad, ni siquiera de reconocimiento.

Y mientras la otra docena de chicos del turno se acercaban de las mesas de


picnic, Bob los detuvo con una mirada fulminante. Un ataque en cadena podría ser
una buena solución en otra situación. ¿En esta?, le preocupaba que Gran D le
rompiera el cuello a Petey y luego se pusiera a trabajar con los demás.

"Oye, D", dijo en lo que esperaba que fuera un tono razonable, "bajémoslo,
¿de acuerdo?. No querrás ir a la cárcel por él, no lo vale. Además, lo siente, ¿verdad,
Petey?". Petey hizo lo que pudo para asentir mientras las lágrimas se agolpaban y
empezaban a caer de sus ojos saltones. Era imposible saber si era la emoción o el
preludio de su pérdida de memoria.

"¿Me oyes, Gran D?". Bob sacó su móvil y lo agitó en dirección al tipo. "Si le
haces daño, tendré que llamar a la policía. Así que no empeores esto...".

Petey puso los ojos en blanco, solo se le veía el blanco y sus botas dejaron de
dar patadas de repente.

"¡Devlin, tienes que bajarlo!". El viento era tan fuerte que Bob tuvo que gritar
por encima. Luego estaba la alarma que había empezado a sonar en su cabeza.
"¡Vamos, tío!. ¡Quieres ir a la cárcel el resto de tu vida...".

El crujido de metal contra metal era el tipo de sonido que, después de veinte
años trabajando en la construcción, sabías al instante que significaba dos cosas; una,
era algo grande y dos, la gravedad tenía una fuerza infernal sobre lo que fuera.
Así que un peligro diferente acababa de aparecer en la charla.

Era de tal magnitud que todos, incluso Big D, miraron hacia el tejado del
edificio de al lado.

Era esa maldita valla publicitaria morada, la que tenía la cara de esa morena y
un logo ridículo. El viento feroz había atrapado los paneles, los había convertido en
una vela y estaba a punto de despegarlo de su andamio.

Bob comprobó rápidamente la trayectoria. Las ráfagas lo alejarían de la obra,


de los hombres con petos y cascos que estaban allí viendo el espectáculo.

Esa era la buena noticia. ¿La mala?; esa gente agrupada alrededor del
resplandor de la entrada del club Bathe estaba jodida.

Pero no era su problema.

Bob volvió a lo que le preocupaba: "Bájalo, Dev o llamo a la policía".


CAPITULO 4
________________

¡Allhan, para!.
Lyric tropezó y dio volteretas a través del aguanieve salado y la nieve
congelada del callejón, sabiendo perfectamente que sería un milagro si no se rompía
todos los tobillos, porque seguramente tenía más de dos si seguía en pie.

"Allhan, espera...".

Con un chillido, se puso tambalearse, con el ritmo como un quiropráctico, su


sentido del equilibrio superando con creces su coordinación. Sin embargo, los
malditos Louboutins, de alguna manera, la respaldaban; los tacones de aguja, como
estacas en una tienda de campaña, la sujetaban incluso mientras se movía por todas
partes. Mientras tanto, Allhan se detuvo en seco al principio del callejón; el viento
loco le hacía ondear la camisa holgada sobre su cuerpo de pajita y su pelo
encrespado permaneció completamente intacto ante la vorágine.

"¿Estás bien?", gritó mientras corría hacia ella.

En cuanto estuvo a su alcance, ella lo agarró del brazo y soltó el tacón en la


nieve. "Sí, lo siento...".

"Toma, apóyate en mí".

Agarrándose a su otro hombro, se miró el stiletto y se sentó en el pavimento


salado.

"Mira, siento lo de mi representante. Es que...".

"No pasa nada".

"No, no pasa nada".

Allhan se encogió de hombros. "Estoy acostumbrado a que la gente sea así


conmigo, de verdad que no es un problema".

Lyric abrió la boca. La cerró, luego se aclaró la garganta. "¿Quedabas con


alguien aquí?".

Su mirada se desvió. "No".

"¿Entonces por qué viniste?". Cuando no respondió de inmediato... esa era


claramente la respuesta. Sobre todo porque su rostro se tensó con una frágil
compostura. "Ah... ¿era por mí?".
"Tengo que irme". Allhan empezó a retroceder. "Tengo que estar en el trabajo,
estoy muy ocupado".

El viento frío los envolvía y de repente pensó que se lo había perdido. De


alguna manera, se había perdido el enamoramiento que él sentía por ella. Por otro
lado, aunque nunca había sido cruel, ciertamente nunca había visto al hombre con
claridad.

Y últimamente, había aprendido lo que se sentía ser invisible.

Extendiendo la mano, tomó la suya, temblorosa y delgada. "Allhan, gracias por


venir, me he sentido sola".

"Pero tienes a toda esa gente". Miró sorprendido al final de la fila. "Vinieron a
verte".

"No son... reales".

Ya no lo soy, pensó.

De repente, retiró la mano y se dio la vuelta. "Me tengo que ir, nos vemos
luego...".

"Espera". ¿Qué podía decir?. "Espera un segundo...".

"Te estás avergonzando a ti misma ahora mismo y a mí también".

Cuando la voz de Marcia se quebró como un látigo, Lyric supo exactamente por
qué el hombre se había retirado.

Negó con la cabeza y ni siquiera se molestó en mirar a su representante.


"Dame un minuto".

"No".

Lyric se giró y se cernió sobre la mujer. Entrecerrando los ojos, dijo entre
dientes: "Sí".

Entonces, volvió a salir tras Allhan a través de la nieve y el hielo. No había


forma de desmaterializarse para un pretrans, lo que significaba que había venido en
Uber o que alguien lo había dejado. Considerando que no andaba con nadie,
claramente se dirigía a las tierras salvajes de Caldwell, donde podría o no conseguir
un coche en una noche tan fría como esta.

¿Y si le pasaba algo?.

"¡Allhan!".

"¡Vuelve aquí!", gritó Marcia.


Allhan, que iba a la cabeza, miró a la mujer por encima del hombro y echó a
correr a toda velocidad, lo que significaba que Lyric también echaba a correr, lo que
significaba que Marcia también echaba a correr.

Parecía una comedia romántica de locos; dos mujeres con tacones, un hombre
desesperado por escapar, todos resbalando y deslizándose por el oscuro callejón en
la nieve sucia de la ciudad. Y como las "travesuras disparatadas" —que, en realidad,
se sentían realmente desesperadas— necesitaban ser presenciadas por una multitud
de desconocidos atónitos, la fila que se congregaba bajo el resplandor azul y verde
de la entrada de Bathe cumplía con su cometido, mientras esa galería de cacahuetes
daba un giro colectivo.

Al instante, la congregación, mayoritariamente femenina, reconoció a Lyric.


"¡Dios mío!, ¡es ELLA!", el orden se rompió cuando agarraron sus teléfonos y se
apresuraron a tomar fotos.

Al llegar al final del callejón, Allhan se coló por la puerta, pero al acercarse
Lyric, supo que no se saldría con la suya con ese truco de magia, así que empezó a
decir disculpas desde muy adelante.

"¡Enseguida vuelvo!", les dijo, agitando las manos. "Gracias, perdón, gracias,
perdón...".

Dale un balón y era candidata al Heisman mientras se abría paso entre las
jóvenes humanas, lanzando disculpas tan rápido como sus pies perforaban la nieve
crujiente con esos tacones. Al abrirse paso y salir a Market Street, el viento la
azotaba y su larga melena rubia se enredaba en su rostro. Para cuando logró
despegar los mechones de sus pestañas, tres cosas eran ciertas: Allhan se había ido,
estaba en medio de la calle de cuatro carriles con los coches tocando la bocina y
esquivando.

¿Qué demonios era ese chirrido?. El ruido era tan fuerte que atravesaba el
rugido de las ráfagas de viento helado y el agudo "jódete" de las bocinas.

Dándose la vuelta, levantó la vista.

La valla publicitaria morada estaba montada en el tejado del antiguo edificio,


en diagonal a la intersección, aunque estaba asegurada con soportes metálicos, los
paneles habían sido atrapados por el fuerte viento y se estaban desprendiendo.

Se habían desprendido.

Solo tardó una fracción de segundo en calcular dónde se produciría el impacto


cuando la gravedad se impuso a lo que las ráfagas habían provocado, ese logo y la
cara que lo acompañaba eran la clave del hecho de que Lyric estaba en la zona cero.

O tal vez eran un mensaje del universo: sus prioridades la iban a matar.
Lyric arrancó a toda velocidad.

Atrincherándose en el montículo costroso entre carriles, volvió a mirar al cielo


mientras intentaba evitar ser aplastada.

El logo de Resolve2Evolve crecía a cada segundo, el rostro de la mujer que


encabezaba el movimiento en un acercamiento mortal. Esquivando el contacto visual,
Lyric cambió de dirección con la esperanza de escapar de la línea de fuego,
dirigiéndose hacia una obra en construcción brillantemente iluminada y un grupo de
hombres boquiabiertos con chalecos naranjas y cascos de seguridad dentro de una
valla.

Pero era como si la maldita cosa viniera tras ella.

En los cristales espejados del edificio en remodelación, vio la valla publicitaria


enfocándose en ella bajo la luz aguamarina de la fachada de Bathe y también le
tomarón una buena foto corriendo por su vida con el vestido brillante que tanto le
encantaba. Luego estaban todos los gritos de la gente de la fila de espera mientras
los coches frenaban y se estrellaban contra bancos de nieve, farolas y escaparates.

Lo único que no vio fue a su salvador.

De repente, un hombre gigantesco apareció justo encima de ella. La agarró por


la cintura, la hizo girar y la envolvió con su enorme cuerpo, protegiéndola.

El choque fue tan fuerte que le zumbaron los oídos y se oyó un ¡zumbido!, de
aire frío con todo tipo de escombros cayendo como nieve extraña.

¿Después de eso?, solo respirar.

De ella, de él.

Respiró hondo.

"¿Estás bien?", preguntó el hombre en voz baja y profunda, era extrañamente


silencioso.

Antes de que pudiera responder, un resplandor los rodeó, como si algo en el


universo hubiera predestinado tanto el casi accidente como su encuentro.

No, solo era un camión de reparto que patinaba mientras intentaba no


atropellarlos.

Fue entonces cuando el hombre empezó a enderezarse y a enderezarse. Y...


también hubo algunas maldiciones. Por otra parte, sostenía la valla publicitaria
entera sobre ellos, así como la mitad de sus feos andamios.

Con un solo brazo.


Cuando la soltó para poder poner ambas manos en el esfuerzo, ella quedó
paralizada. El rostro que la miraba desde lo que seguramente era el espacio sideral
fue algo que grabó al instante en su memoria, desde las cejas bajas hasta la
mandíbula firme y los labios apretados por el esfuerzo. Era… un rostro severo y duro,
uno que reflejaba la edad, sin mostrar el paso de los años en arrugas o cabello ralo.

Ojos viejos, antiguos… distantes… ojos. En el rostro de un hombre en la flor de


la vida y se clavaron en ella, como si fueran faros diferentes.

"¿Quién eres?", susurró.

Lo que recibió a cambio fue un gruñido, cuando él, de alguna manera, recogió
la carga y balanceó la valla publicitaria entera sobre su cabeza, tirándose el casco.

Resolver para Evolucionar. Con la cara de la famosa morena, tan grande como
una camioneta y una sonrisa tan amplia como el marco de una puerta.

Lyric se maldijo a sí misma. Intento de asesinato por parte de la misma cosa


que perseguía o que la perseguía, según se mirara.

Antes de que pudiera empezar a agradecer, el hombre se marchó con la


maldita cosa en una demostración de fuerza imposible para un humano y qué se le
va a hacer. La multitud que había salido de la fila de espera se apartó con admiración
mientras se dirigía a un lado de la calle. Después de dejar el cartel en la acera,
pareció detenerse a observar las imágenes, con la cabeza inclinada hacia un lado
como preguntándose: "¿Qué demonios?".

Por supuesto, él no era el público principal de Valentina, sin duda y bueno, su


momento de confusión se convirtió en una ventaja para Lyric, porque ella podía
asimilarlo bien.

Su cabello era oscuro y bastante corto, sin un peinado particular, su peto


reflectante y sus botas de trabajo también estaban desgastados por el uso intensivo,
como si dedicara muchas horas a su trabajo físico y no se preocupara por nada más
que la funcionalidad de su vestuario. No llevaba parka, lo que significaba que sus
increíbles brazos se veían como si fuera agosto, no enero, con los músculos
envolviéndose gruesos y tensos alrededor de huesos pesados.

¿Era vapor el que subía de su piel?.

Sin embargo, olía a limpio y cuando el viento azotó de nuevo, el sutil aroma le
hizo cosquillas en la nariz y ahogó la mezcla de perfumes, desodorante corporal y
producto capilar que emanaba de todas las mujeres con los celulares...

Marcia saltó entre la multitud de curiosos. "¡Dios mío!, ¡estás viva!".

Por una fracción de segundo, Lyric se preguntó con quién estaría hablando la
mujer. Pero entonces la derribaron en un abrazo y las lágrimas fueron ridículas.
Como si fueran hermanas separadas por una guerra mundial y hubiera una
nominación al Oscar en juego.

Claro que sí tenían público y mientras la multitud exclamaba. "¡Ay!", los


teléfonos volvieron a sonar.

Ah, sí, contentos.

"¡Casi mueres!", anunció Marcia. "¡Necesitamos una ambulancia!, ¡que alguien


llame al 911!".

Lyric miró al hombre que la había salvado. Regresaba a la obra, con pasos
largos como una milla, sus hombros desnudos moviéndose con un movimiento de
músculos coordinados, sus manos relajadas a los costados, como si no acabara de
cargar con todo ese peso. En la espalda de su peto, las palabras "Wabash
Construction Co. Ltd.", formaban un arco con espacio de sobra para su tamaño.

Mírame, pensó. Detente y mírame de nuevo.

Al ver que no hacía tal cosa, se sintió engañada. Pero vamos, no era como si
se conocieran...

"Es un milagro, Lyric de Lyrically Dressed", gritó Marcia, "que sigas viva...".

"Oh, cállate, Marcia", murmuró mientras se quitaba a la mujer como si fuera


un abrigo malo.

Entonces dio dos pasos, se agachó... y recogió el casco del hombre, de la


nieve.
CAPITULO 5
________________

Después de que Devlin apartara la valla publicitaria del tráfico, se tomó un


momento para mirarla. Luego negó con la cabeza y emprendió el regreso a la obra.
No iba a mirar por encima del hombro, no iba a comprobar si la rubia estaba bien, no
iba a hablar más con ella...

Su mirada fingió un motín y la miró de nuevo. Como si fuera lo único en


Caldwell en lo que pudiera concentrarse.

Seguía de pie en medio de la calle, donde la había dejado. A la luz de los


coches y camiones que se habían detenido, sus rubias ondas de pelo danzaban con
las corrientes de aire y brillaban como mechones de oro puro, su vestido iridiscente
también relucía, como la luz de la luna sobre el agua en movimiento. La fila del club
se había cerrado sobre ella, como si fuera el núcleo alrededor del cual giraban los
componentes de un átomo entero, una mujer menuda y morena saltaba agitando los
brazos como si fuera una guardia de cruce ignorada. A pesar del caos… la rubia
estaba tranquila.

Y lo observaba con atención mientras sostenía su casco.

Aunque debería volver a buscar sus cosas, se obligó a seguir caminando. Se


sintió mejor al recordar que hacía mucho que no estaba con nadie, que sintió un
seno rozarle el pecho, que olió un perfume sensual. Estaba acostumbrado a vivir
como un monje, solo soledad, sustento y trabajo.

Así que tal vez necesitaba pintar alguna noche fuera de las rígidas líneas que
se había impuesto durante los últimos dos años. Dios sabía que había innumerables
opciones para satisfacer cualquier necesidad en esta ciudad...

En cuanto cruzó la barrera peatonal de la obra, se detuvo. Bob, el capataz, que


no era mal tipo, estaba de pie en la cima de un triángulo isósceles de incomodidad,
con los demás trabajadores escondiéndose tras su barriga de mediana edad.

¡Dios mío!, ¿la gente pensaba que las ancianas eran curiosas?. Las tías en bata
y Depends no eran nada comparado con un grupo de hombres con martillos y
cascos, esa noche sí que había dado de comer a esa bestia chiclera, ¿no?.

"¿Qué tal si decimos que todo sale bien?", sugirió Dev al capataz.

Las pobladas cejas de Bob se alzaron. Luego se quitó el casco. "¿Cómo crees
que eso funciona, Gran D?".

"Salvé a una mujer de una muerte segura allí".

"No creo que eso importe para nuestros propósitos".


"Entonces me disculparé con Petey".

Dicho esto, miró en dirección al tipo y el Sr. Bocazas retrocedió un par de


pasos, llevándose las manos a la garganta como si recordara exactamente cómo
funcionaba la hipoxia.

Me pregunto cuánto durará ese reflejo, pensó Dev.

"Se lo merecía y lo sabe".

Bob se interpuso entre ellos y extendió su celular como si fuera una bandera
de penalti en un partido de fútbol. "Lo siento, D. Tengo que llamar a la policía. Fue
una agresión, no importa lo que te haya dicho, debo seguir los procedimientos del
sindicato y de la empresa...".

"No lo volveré a hacer". Miró al hombre a los ojos cansados. "¿Qué tal si
volvemos al trabajo?".

"Esto no es personal, Dev. Me caes bien, de verdad. Eres un buen trabajador y


no has dado problemas hasta ahora, pero si esa valla publicitaria no se hubiera
caído, estaríamos teniendo otra conversación, ¿no? Porque habría un cadáver en esta
propiedad".

Dev negó lentamente con la cabeza. "Ya vamos retrasados. ¿Crees que la
llegada del Departamento de Policía de Chicago va a ayudar?. Solo empeorará el
retraso y reducirá tu bonificación por rendimiento". Mientras Bob se llevaba una
mano a la cabeza como si algo hubiera empezado a golpearla, Dev añadió: "Además,
prometo no volver a hacerlo y no creo que Petey vaya a decirle nada a nadie pronto,
¿verdad?".

Petey asintió como si le apuntaran con una pistola.

"¿Ves?, ya está todo hecho, no tendrás que rellenar ningún papeleo".

El capataz miró fijamente su teléfono como si esperara un consejo.

"Dile a los chicos que se pongan a trabajar ya", dijo Dev en voz baja. "Para que
podamos volver al horario".

Bob se aclaró la garganta. Luego guardó el teléfono en su chaqueta Carhartt.


"Terminen de comer, chicos, se acabó el descanso".

En voz baja, añadió: "Más te vale que no me hagas arrepentirme de esto".

"No hay problema, jefe". Mientras los demás murmuraban sobre su regreso a
la zona de mesas de picnic —con Petey dirigiéndose a su sándwich de pavo como si
fuera una Biblia que realmente necesitara estudiar—, Dev volvió a centrarse en el
martillo neumático.
"¡Hola!, ¡hola!".

Al oír la voz femenina, Dev cerró los ojos e imaginó a la rubia con ese vestido
brillante flotando en la áspera obra con un par de zapatos más apropiados para el
suelo de mármol de un salón de baile que para la tierra pelada y helada sobre la que
se encontraba.

La idea de que los otros hombres seguramente la estuvieran mirando le hizo


pensar con nostalgia en la estrangulación y la oleada de agresión fue una sorpresa. A
pesar de todos sus detonantes, que le pasara con alguna mujer nunca había sido
uno, no porque le gustaran los hombres, no le gustaba nadie...

Dios mío, olía de maravilla, pensó mientras el viento cambiaba de dirección


otra vez.

"Dejaste esto", dijo justo detrás de él. "En la calle".

Dev abrió los párpados y cuando otra ráfaga le golpeó el pecho, dejó que la
fuerza le diera la vuelta.

Estaba tan cerca, demasiado cerca...

Vaya, sus ojos eran algo especial, uno azul, uno verde... ambos clavándose en
su alma.

"Lo siento", murmuró ella al ver que él guardaba silencio. "Pensé que lo
necesitarías".

Mientras ella le sacaba el casco, él lo miraba como nunca antes, repasando los
arañazos en la franja fluorescente, la abolladura en la ala corta, el logo de Wabash
en el lateral.

"Es tu casco, ¿verdad?".

Dev la miró de arriba abajo, deteniéndose en sus brazos desnudos y sus largas
piernas. "Hace demasiado frío para ti aquí fuera".

Sin poder contenerse, se acercó a donde había dejado el martillo neumático y


cogió su chaqueta impermeable de la escalera de entrada del edificio. Volviendo con
ella, le echó los pliegues sobre los delgados hombros y luego cogió su ridículo casco;
tras lo cual, enseguida se preguntó en qué demonios estaba pensando; acababa de
envolver a una reina de belleza en una porquería gastada de Carhartt con el logo de
"Wabash Construction Co." Probablemente era alérgica a cualquier cosa que no
tuviera una etiqueta elegante...

La mujer enroscó sus uñas de puntas rojas alrededor de las ásperas solapas de
lona y acercó las dos mitades a su garganta.
"Pero ahora tienes frío", dijo con voz ronca.

Sí, qué frío tenía cuando la miraba.

"No, estoy bien". Asintió con la cabeza al otro lado de la calle, hacia la entrada
de neón del club. "Será mejor que vuelvas a...".

"¿Cómo dijiste que te llamabas?".

Echó un vistazo a la zona de descanso y a todos los hombres que NO


APARECÍAN PARA NADA. "No lo hice".

"Ah. Bueno... soy Lyric". Una mano delgada se extendió desde los pliegues de
su chaqueta sucia. "Encantado de conocerte y gracias por salvarme la vida".

Levantó las palmas de las manos, como si fuera un atraco. "Estoy sucio".

"Me da igual".

“La piel está áspera.”

“Eso no me molesta.” Su media sonrisa fue como una bomba que le estalló en
el pecho. “Si me dices que nunca te has hecho la manicura…”.

“Dev. Diminutivo de Devlin.” Pero no se atrevió a tocarla. “Me quitaría el casco,


pero ya lo hice o no habrías tenido que devolvérmelo”.

“¿Siempre eres tan formal?”, murmuró.

“Eres una dama y mi madre me enseñó ciertos modales”.

Su sonrisa se ensanchó un poco. “Sin duda es alguien con principios y qué


suerte tener un hijo como tú que…”.

“Está muerta y no me gustaba”.

El rostro del rubio se congeló, sí, recordó por qué ser monje era la mejor
opción para él, por tantas razones.

“¡Esto es fantástico!, ¡déjenme sacarles una foto!”.

Esa mujercita de pelo oscuro con voz de megáfono atravesó la barrera


peatonal como un tanque y ¿sabes qué? La multitud que se había reunido en la calle
la siguió, toda inundada tras la rotura de una presa.

Abrió los brazos, sabiendo que a Bob le iba a encantar. "Tienen que largarse de
aquí...".
La morena lo miró como si nunca hubiera visto una señal de stop, un semáforo
en rojo ni un gesto de calma en su vida.

"Solo una foto", dijo con voz repentinamente serena. "Con la chaqueta encima,
de pie junto a ti...".

"Marcia", empezó la rubia, "este no es el momento ni el lugar...".

Mientras los flashes de todas esas cámaras lo cegaban, supo que tenía que
salir corriendo; demonios, no debería haberse involucrado en este circo para
empezar.

Sí, solo que entonces estaría muerta en la calle y qué desperdicio.

"Quédate con la chaqueta", le dijo bruscamente. "Y regresa por donde viniste".

"Espera, deberías llevártela...".

"Tengo otra", mintió mientras se alejaba.

No fue a la martilladora porque sabía que ella simplemente intentaría de nuevo


con la devolución y traería a su séquito con ella. En cambio, subió las escaleras en
dos pasos, entró en el viejo y frío edificio, asegurándose de que la puerta no se
abriera tras él.

"¡Joder... demonios!", murmuró mientras el viento aullaba afuera.

El vestíbulo no era más que una caverna de polvo y escombros, con los
caminos a través de la acumulación en el suelo creados por contenedores
arrastrados, equipos tirados o trabajadores que pasaban penosamente como
afluentes que descendían de la cabecera de la entrada.

El sexto piso lo esperaba y aun así se quedó donde estaba, con las manos en
las caderas y la cabeza gacha...

...mientras el espectro de su pasado lo acechaba en las corrientes de aire, sin


piedad, mientras gritaba en su cabeza.

Se le había dado tan bien dejarlo atrás y perderse en el presente.

Un encuentro casual con esa rubia no iba a cambiar ese historial. Seguía
siendo un fantasma a todos los efectos y más le valía seguir así...

La puerta principal se abrió tras él y mientras el rugido del tiempo irrumpía en


el vestíbulo, todo tipo de partículas impactaron el aire y se convirtieron en pequeños
remolinos grises.

Dev se giró con tristeza.


Era Bob, no la rubia y eso no era mucho mejor, ¿verdad?.
CAPITULO 6
________________

Unas quince manzanas al este y un poco al sur, Shuli se encontraba en el


fondo de una avenida abandonada y estaba pasando una noche estupenda. El frío le
había carcomido la ropa, su cadera le estaba dando problemas, estaba harto de
hacer de niñera de un niño gruñón y fuertemente armado. Ah, también tenía sangre
negra de lesser por toda la cara, lo que significaba que tenía la mierda aceitosa en la
boca.

Nada como un poco de sushi podrido preparado con un poco de talco para
bebés de la vieja escuela de Johnson & Johnson.

Sin embargo, no apartaba la mirada, ni siquiera para escupir. Desde luego no


movía las manos para limpiarse nada.

El cazador que había inmovilizado contra una pared de ladrillos mugrienta se


desangraba. La parte inferior de su pierna parecía como si hubiera estado en una
trituradora, por supuesto, el hecho de que L.W., alias... Wrath, hijo de Wrath, el gran
Rey Ciego, tenía los dedos metidos en esa herida abierta como si buscara las llaves
del coche, lo que tenía el efecto contrario a tapar la fuga. Pero esa ni siquiera era la
peor de las heridas del no-muerto.

Aun así, el lesser seguía siendo peligroso, con sus ojos astutos y maliciosos
alerta, buscando la mejor oportunidad para vengarse.

"¿Dónde?"

Mientras L.W. escupía la palabra, se arrodillaba a los pies del enemigo como si
estuviera a punto de proponerle matrimonio. La posición no era la habitual para el
corpulento macho, que era tan propenso a inclinarse como a calmarse, pero la
necesidad lo obligaba y todo eso.

Dicho esto, el heredero al trono se acercó más, con el bíceps engrosándose


bajo la chaqueta de cuero y el labio superior desprendiéndose de sus colmillos. En
respuesta, el lesser gimió de dolor, la cabeza muerta colgando sobre sus hombros, el
torso sacudiéndose y sin llegar muy lejos.

Gracias a Shuli.

Reafirmó la mano que tenía aferrada a la base de la garganta del asesino, pero
la otra estaba perfectamente bien; estaba aferrada a la empuñadura de la hoja de
acero con la que había atravesado la cavidad abdominal, que fue como le había dado
el facial. Se necesitaba mucho esfuerzo para interrumpir el tracto gastrointestinal de
esa manera.

"¿Dónde, cabrón?", gruñó L.W., cediendo un poco.


Y luego volvió a la carne de esa pierna.

Mientras la segunda estrofa de sufrimiento salía a borbotones de la boca del


lesser, Shuli miró a su alrededor. El callejón en el que se encontraban estaba en las
afueras del centro. Con edificios de apartamentos abandonados a ambos lados, sin
sistemas de vigilancia civil del Departamento de Policía de Chicago en
funcionamiento y calles vacías por todas partes, allí era donde se había librado la
guerra entre la Sociedad Lessening y los vampiros durante el último siglo.

La privacidad importaba. Era lo único en lo que ambos bandos estaban de


acuerdo.

Así que era improbable que los interrumpiera nada más que refuerzos para el
pedazo de mierda y eso era lo que preocupaba a Shuli.

"No... diré...". El lesser respiró entrecortadamente. "... mierda".

El ex humano aún conservaba el pelo oscuro y los ojos color avellana con los
que nació, lo que significaba que su incorporación era bastante reciente, es decir, de
los últimos dos años. Cuanto más tiempo llevaban los reclutados en la Sociedad
Lessening más perdían su pigmentación natural hasta quedar de un blanco pálido y
con mechones de OxiClean creciendo en sus cabezas. La decoloración era un buen
indicador de lo avanzados que serían su entrenamiento y técnica, así que sí, la perra
había sido bastante fácil de superar. Pero también significaba que al lesser no lo
habrían dejado salir solo.

Tarde o temprano, lo que fuera que lo hubiera acompañado iba a aparecer.

"Sigamos adelante". Shuli miró a la izquierda, con un arrebato de instinto.


"Esto no va a ninguna parte...".

"¿Dónde está tu amo?". L.W. sacó una daga de acero. "¿Vas a decirme...?".

"Espera", siseó Shuli mientras entrecerraba los ojos al otro extremo del
deteriorado edificio de apartamentos. "Tenemos compañía, maldita sea".

En lo alto, las nubes tapaban la luz de la luna y no era como si hubiera luces
exteriores, ni interiores, por las que guiarse. Pero al menos había suficiente luz
ambiental del resto de la ciudad como para ver lo suficientemente bien... como para
saber que había una sombra acechando al final de la manzana.

Cuando el cazador empezó a reír a carcajadas, Shuli levantó la mano y le cortó


la tráquea por completo.

"Apuñala a ese cabrón o lo haré yo", le susurró a L.W. "Tenemos que salir de
aquí".
A diferencia de este no-muerto, esa noche sería más difícil encontrar refuerzos
para él y su chico. No iba a hacer como Fredo y hablar con franqueza contra la
familia frente al enemigo, pero por alguna razón desconocida, solo había un puñado
de sus combatientes en el campo esa noche, ya que tanto la Hermandad como la
Banda de Bastardos estaban enfrascados al mismo tiempo. Las razones, fueran las
que fuesen, estaban completamente fuera del alcance de Shuli, aunque sabía sin
preguntar que tenía que ver con el Rey.

Excepto a quién le importaban los porqués, si les tendía una emboscada un


escuadrón de matadores.

La cabeza de L.W. giró a la izquierda mientras el hombre evaluaba qué clase de


mala noticia había aparecido en esa esquina. Entonces el movimiento fue tan rápido
que no había forma de seguirlo. El hombre sacudió el brazo...

¡Pum!.

El flash era lo suficientemente brillante como para congelar la escena en el


dorso de los párpados de Shuli —quizás para siempre— y el calor era como abrir la
tapa de una parrilla mientras le das la vuelta a una docena de hamburguesas a la
vez. Eso fue todo para el lesser. Gonzo y no al estilo de Hunter S. Thompson.

Así que Shuli cayó de bruces contra los ladrillos.

Logró contenerse justo antes de transformarse en un pug y dio una vuelta de


campana, demasiado tarde, L.W. ya corría hacia lo que fuera que los esperaba allí.

Porque claro que sí. ¿Por qué quedarse atrás esperando al tipo que no solo era
tu compañero de campo, sino tu maldito ahstrux nohtrum?.

Shuli empezó a correr a toda velocidad. "Como un... maldito niño de dos
años... buscando... un enchufe".

Sin perder de vista esa sombra, sacó una pistola para su mano derecha,
cambiando la daga de acero que goteaba sangre negra a su palma izquierda. Estaba
decidido a alcanzarlo, pero L.W. se movía como un Ferrari a pesar de su complexión
de tanque, así que perdió terreno un par de metros...

Justo antes de que el único heredero del rey se enfrentara al enemigo —


jodidamente solo—, la figura desapareció tan rápido como había llegado. Un segundo
allí, otro no y L.W. patinó hasta detenerse en la nieve al llegar a la acera.

A Shuli se le paró el corazón a pesar de correr como si le fuera la vida en ello;


la clásica estrategia de emboscada. Colocar el cebo, atraer al depredador, cerrar la
trampa.

L.W. estaba a punto de ser acribillado a balazos o al menos, metido en una


bolsa marrón y metido en una furgoneta de asesinos.
Corrió aún más rápido por el hielo congelado y...

Cuando llegó junto al hombre, tenía ambas armas en alto y la cabeza en un


estado de aturdimiento, aunque sus vértebras cervicales no estaban diseñadas para
funcionar con ese tipo de pivote.

Nada.

Solo más edificios en ruinas al otro lado de la calle. Vapor saliendo de una
alcantarilla. Una bocina lejana y una sirena aún más lejos. "¿Qué demonios fue eso?
", murmuró L.W.

"La peor idea". Shuli exhaló en una nube, "que has tenido últimamente".

Se llevó las manos armadas a la cabeza y caminó, jadeando en el aire frío. "Lo
cual, considerando que también intentaste dejarme anoche, es decir mucho, maldito
maníaco. Se supone que debemos permanecer unidos, soy tu ahstrux nohtrum…".

"Esa fue idea de mi padre, no mía", dijo L.W. mientras observaba el paisaje
desolado. "Sigue el ritmo… o no. Sea como sea, no es mi problema".

Dicho esto, el hombre simplemente se dio la vuelta y echó a andar.

"Disculpa, cabrón", gritó Shuli.

Al no obtener respuesta, saltó hacia adelante y lo agarró del brazo. "Para tu


información, el despido que conlleva este trabajo que no quería es mi propio ataúd.
¿Trabajarás conmigo?".

"Nadie tiene por qué enterarse", respondió el heredero al trono.

Sin motivo alguno, el grandullón apareció con nitidez. L.W. era un clon del
viejo, sin duda: alto, corpulento y de pelo negro, con una trenza central que ocultaba
su largo y liso rostro severo, unos ojos verde pálido que, según los chismes, eran
iguales a los de su padre. También era muy impaciente, muy autoritario y tan
divertido como estar con una bolsa de Tannerite dos segundos antes de que la bala
impactara.

Shuli le dio un codazo en el pecho. “Tienes que quedarte conmigo”.

“No, tú”. L.W. le devolvió el favor con el doble de fuerza, “tienes que ser mejor
en tu trabajo si no me sigues el ritmo”.

No hagas esto, se dijo Shuli. No aquí, al menos. Más tarde, cuando llegaran a
casa…

Su cuerpo avanzó solo, acortando la distancia hasta que quedaron pecho


contra pecho. Lástima que tuviera que levantar la vista para encontrarse con esa
mirada desagradable.
“¿Cuál es tu problema?”, dijo L.W. entre dientes.

“Te lo explicaré. La mayoría de las veces me gustaría matarte, pero si lo hago,


me suicidaré. Así que estoy lidiando con un conflicto de intereses muy jodido…”.

La vibración en el bolsillo de Shuli fue una distracción bienvenida. Al menos


hasta que L.W. metió la mano en su chaqueta y sacó también su teléfono.

Los mensajes grupales nunca eran buenas noticias.

"¡Mierda!", exclamó Shuli mientras le daba al play al video que les habían
enviado.

Con el rabillo del ojo, vio a L.W. mirando la pantalla con la misma sorpresa. Lo
cual era decir algo. Normalmente, al tipo le importaba un comino todo lo que no
fuera cazar y matar. Por otro lado, ¿cuándo fue la última vez que alguno de los dos
había visto una valla publicitaria volar de un edificio y casi aplastar a alguien
conocido?.

Y... tal vez, por parte de Shuli... amado.

Un poco.

"Oh, joder, Lyric", dijo. ¿Quién demonios era ese buen samaritano?. "Tenemos
que ir a Bathe...".

L.W. apartó su Samsung. "No hay un 'nosotros' en eso. Vete si quieres, yo me


quedo en el campo".

"¿Estás bromeando, verdad?".

"Ella sobrevivió, ¿verdad?".

Shuli ladeó la cabeza. "¿Perdón, qué?".

"Ve a enrollar vendas si quieres, trabajo el resto del turno...".

"¡Qué demonios!, te vienes conmigo".

La mirada arrogante que le devolvió fue de lo más normal y aunque eso lo


llevaría a ser asesinado por tantas razones —solo era una fantasía en su mente—,
Shuli se imaginó apuñalándolo un par de veces en el estómago solo por principios; lo
único en lo que estaban de acuerdo era en que este acuerdo obligatorio era una
porquería y que significara que tenían que vivir juntos era una auténtica patada en
los huevos.
Antes de que el hombre pudiera ofrecer otra ronda de autonomía, Shuli
intervino: "No vas a hacerme elegir entre los amigos que son todo lo que tengo y el
compañero de piso que odio más que a nada en esta ciudad maldita".

"Tienes razón", dijo L.W. encogiéndose de hombros. "No estás eligiendo tú, lo
hago yo por ti". Dicho esto, el heredero al trono desapareció como un fantasma,
desmaterializándose en el aire.

Mientras Lyric regresaba al club, se acurrucó en el abrigo del hombre, oliendo


su aroma, sintiendo el roce del cuello bajo la barbilla, agobiada por los pliegues
voluminosos y sueltos. Rodeada de mujeres animadas y liderada por Marcia al frente,
se sentía como si formara parte de una banda de música desquiciada, tratando de
superar una depresión. Pero vamos, ¡milagrosamente la habían salvado!. Podría estar
muerta, en medio de la calle, con su cuerpo recogido por humanos de emergencia
que descubrirían quién era en realidad, crearían todo tipo de problemas para sus
padres y la Hermandad. Debería estar agradeciendo a su afortunado Lassiter que ese
extraño hubiera salido de la nada...

¿De qué color eran sus ojos?, no parecía recordarlo.

De hecho, no podía recordarlo con exactitud. Por otra parte, había tenido
muchas cosas en las que distraerse.

Quizás se había golpeado en la cabeza después de todo.

Cuando Marcia llegó al principio del callejón, llamó a uno de los guardias de
seguridad de la fila de espera, quien impidió que la multitud la siguiera. El respiro era
bueno, ahora solo necesitaba aún más espacio.

Deteniéndose, se giró hacia Marcia...

La mujer levantó la mano antes de que Lyric pudiera decir nada. "No tienes ni
idea de lo que esto ha hecho por tu carrera. Vas a ser tendencia en Zideo en media
hora con todas esas publicaciones, si es que no lo eres ya".

Mientras las palabras se grababan en sus oídos, el cerebro caótico de Lyric no


podía traducirlas. "Lo siento... ¿qué?".

"No puedes pagar por la visibilidad que vas a tener después de esta noche. El
mundo vive para una buena historia de amor y tú les diste una increíble en medio de
esa calle".

"No hay romance, no hay historia". Lyric ignoró cuidadosamente un arrebato


de calor. "Eso fue un completo desconocido y pura suerte".

"No importa". Marcia recorrió el abrigo con la mirada. "La moneda con la que
negocias es la emoción, pocas cosas son mejores que una damisela en apuros y un
obrero de la construcción buenísimo...".
"No puedo más". Miró a todos los que tenían sus teléfonos con cámara, sujetos
por los brazos del portero. "Me voy a casa y cierro mis redes sociales, he terminado".

Marcia entrecerró los ojos. Entonces, por una vez, no hubo hipérbole, ni
grandes gestos.

En voz baja, la mujer dijo: "Me contrataste para que hiciera crecer tu negocio.
No tienes por qué caerte bien ni aprobar mi trabajo. Pero firmaste un contrato
conmigo, organicé este evento para ti y no vas a dejar a esa gente tirada en la
estacada después de que casi te vieron morir. No lo hagas por las vistas, de acuerdo.
Que me jodan también, ¿crees que no se ha hecho antes?. Simplemente no te
pongas tan sentimental con lo feo que es todo tras la cortina cuando estás
consiguiendo justo lo que pediste".

Lyric abrió la boca, la cerró.

Se giró hacia la destartalada puerta de acero que daba al club.

"No es así como pensé que iba a resultar todo".

"Así es la vida", murmuró Marcia. "Si no es así, eres demasiado tonta para
entender lo que está pasando".

La mujer se acercó y abrió la puerta. Entonces ella simplemente se quedó allí


parada mientras el resplandor azul se filtraba hacia el callejón junto con algo del
calor del interior y un ritmo de bajo atronador que llegó directo al cráneo de Lyric.

“Puedes empezar de cero después de cumplir con tus obligaciones”. Marcia


extendió la mano, guiando el camino hacia adentro. “Y sí, puedes fingir que esta es
una forma deshonrosa y explotadora de ganarse la vida, pero solo después de hacer
el trabajo que les vendiste a esta gente que pagó un buen dinero para presentarse,
con frío y esperar a que te pusieras un par de zapatos de tres mil dólares que vas a
tirar en cuanto llegues a casa porque los has arruinado en la maldita nieve”.

Lyric miró hacia la fila de espera, de nuevo sintió un cansancio sordo y


punzante. Sobre todo porque no sabía qué le había pasado a Allhan. Solo podía
esperar que hubiera regresado sano y salvo.

“Después de esto, estoy acabada”.

“Si puedo sacarte de R2E.” Esa mano se abalanzó una vez más hacia el interior.
“Y sí, ya lo tenía todo planeado antes de que casi te aniquilara la valla publicitaria de
Valentina.”

Genial, pensó Lyric.

Con pavor, volvió a entrar en la zona VIP. Ya habían dejado entrar a la gente,
con la fila serpenteando por el camino acordonado hasta el escalón y la repetición.
En cuanto la vieron, la aclamación sonó y los flashes de los celulares empezaron a
sonar.

Los rostros estaban emocionados y esperanzados, los cuerpos saltaban, la


multitud solo le enviaba cariño y apoyo. Esto era todo lo que había deseado… una
vez.

Mirando a Marcia, dijo: “Tienes razón, no puedo irme ahora”.

Marcia asintió con aburrimiento. “Siempre tengo razón, al menos en esto.


Ahora, otra verdad, cuanto antes empieces, antes terminarás. Sube al escalón y la
repetición: ¡Ay, Svet, cariño, ¿verdad?!. ¿Puedes creerlo?. ¡Casi la matan!”.

Mientras la otra mujer se acercaba volando, sacaba el móvil. "¡No puedo


creerlo!. ¡Mira lo que te ha pasado!".

Los celos en su rostro estaban casi ocultos, mientras se acercaba para hacerse
una selfi, Lyric solo podía pensar: "¡Dios mío!, ¿de verdad querías ser la que saliera
en esa calle?".

Respiró hondo, forzó una sonrisa para el iPhone y empezó a caminar, con esos
zapatos caros y arruinados que Marcia, sí, tenía razón: los iba a tirar al llegar a casa
y de repente pensó en el resto de su armario. Tenía dos armarios llenos de ropa
preciosa y cara, toda comprada con el mismo dinero que ella había traído esa noche.

El problema no era la gente que había venido. Era la máquina de contenido:


las redes sociales, los managers, los influencers, que trabajaban juntos para crear
fantasía a partir de lo que se suponía real, convertían a gente como ella en falsos
ídolos.

Pensó en ese hombre que había salido corriendo a ayudarla, sin pensar en su
propia seguridad.

Eso sí que era real.

Cuando llegó al escalón y repitió, fue a quitarle la chaqueta de construcción.

Marcia apareció de repente. "Deberías dejartela puesta".

Claro, mejor para las fotos.

"Hagamos pasar a la primera persona", dijo Lyric con seriedad mientras se


arremangaba las mangas anchas y sueltas.
CAPITULO 7
________________

Lo más inquietante de Wrath era la forma en que uno juraría que el Rey veía
cosas. Mientras Qhuinn se apretujaba en un estudio revestido de madera junto con
los demás, observó al ciego mover la cabeza como si estuviera observando la
decoración de la habitación. Mientras tanto, Tohr seguía a su lado, guiando las cosas
cuando era necesario para evitar el riesgo de tropezar y caer.

Después de treinta años pensando que Wrath había sido destrozado, era
agradable verlo con su segundo al mando, trabajando juntos de nuevo.

Lo que no era tan atractivo era que todo ese reencuentro, tan agradable,
ocurriera en la casa de este traidor.

El estudio de Whestmorel estaba dispuesto alrededor de un ornamentado


escritorio francés con patas que albergaban antiguas esculturas de latón de mujeres
que se asomaban con los pechos en todas direcciones. Las paredes estaban rodeadas
de estanterías llenas de primeras ediciones de lujo, antigüedades náuticas y
mariposas victorianas enmarcadas. También había asientos junto a la ventana para
reflexionar, una chimenea de mármol para calentarse y tanta personalidad como el
vestíbulo de un hotel.

La Hermandad ya había revisado los cajones, los libros, los rincones y


recovecos. Pero, como todas las demás habitaciones de la casa, había sido vaciada
de documentos incriminatorios, componentes informáticos, teléfonos móviles e
identificaciones. Un par de obras de arte vacías también estaban allí: una detrás de
la silla giratoria de cuero con respaldo alto, otra sobre la chimenea.

Mientras el tictac del reloj de pie en la esquina sonaba tan fuerte como la
marcha de un soldado, Qhuinn volvió a mirar a su alrededor. Los demás hermanos
estaban tan inmóviles como él y tuvo la estúpida idea de que, con todos ellos allí, era
como si la habitación se hubiera reducido al tamaño de una panera.

Los metros cuadrados, como el tiempo y la belleza, eran relativos…

Mientras tanto, Wrath se quedó allí parado, sin hacer nada más que inhalar y
exhalar por la nariz...

Alguien tosió. Probablemente porque se ahogaba con las ganas de gritar.

"Hemos revisado toda la casa", dijo Tohr. "De proa a popa".

No hubo respuesta del hombre a cargo. Solo más de ese tictac de fondo…

Me pregunto cuántos de los demás estarían doblando al ritmo de Jeopardy!


mientras el Rey se quedaba donde estaba.
Cuando Qhuinn sintió que le venía un dolor de cabeza, hizo un rápido repaso
del juego. Estaban a treinta minutos y pico, habían revisado todo menos la cocina,
los aseos y el solárium. Si Wrath insistía en una inspección del segundo piso, eso le
llevaría otros treinta; ¿ático?, por favor, no.

Luego estaban el sótano y el garaje.

¿Y qué?. ¿Una hora y media más?. ¡Dios mío, iba a perder el control!.

Wrath giró la cabeza hacia la chimenea. Luego giró todo el cuerpo en esa
dirección y dio cinco pasos completos sobre una alfombra que sin duda nunca había
tenido ni un solo par de shitkicker de mierda y mucho menos casi dos docenas.

Soltándose del agarre de Tohr, el Rey se puso en cuclillas. El crujido de las


rodillas del hombre le recordó que había trabajado duro durante siglos en el campo
de batalla contra el enemigo, al inclinarse hacia adelante y golpear con los nudillos el
mármol de la chimenea, sus tremendos músculos de la espalda se desplegaron a lo
largo de su columna.

Rhage lo miró encogiéndose de hombros. También Zsadist y Phury, John


Matthew también se unió al; '¡¿qué demonios?!', colectivo. Vishous se quedó parado
en la puerta, mirando hacia el pasillo como si esperara que Lash apareciera en
cualquier momento.

Incluso Tohr se unió al hockey ocular.

Pero tenía razón, los hermanos habían revisado esta casa con lupa...

Abajo, a ras de suelo, Wrath se inclinó hacia la chimenea y extendió su pesado


brazo sobre los troncos de abedul apilados con precisión de relojero. La corpulencia
de los hombros del Rey impedía ver lo que hacía, pero el golpeteo metálico al seguir
golpeando el panel trasero de la chimenea era suficiente para describirlo.

"¿Mi señor?", preguntó Tohr mientras Wrath se sentaba sobre sus talones.

El Rey negó bruscamente con la cabeza y se puso de pie con un movimiento


ágil. Más con los golpes, esta vez en los paneles donde había un cuadro centrado,
justo debajo de los ganchos de montaje.

Entonces miró a la izquierda y con un movimiento del brazo, despejó todo el


estante a la altura de los ojos de un solo empujón, todos esos volúmenes
encuadernados en cuero se desprendieron como libros de bolsillo.

Al oírse un montón de aplausos provenientes de los tomos, el Rey puso toda su


cara en el vacío que había creado. Las largas y profundas inhalaciones hicieron que
Qhuinn cambiara el peso de un lado a otro y apretara las armas; esto era una locura
absoluta...
Wrath fue al otro lado, subiéndose sobre las puntas de acero de sus shitkicker
y bajando lentamente hasta el suelo...

Realizó otra desreservación. Luego empezó a palpar la unión entre el estante y


el lateral de la chimenea.

Todo se quedó en silencio otra vez y Qhuinn se sintió estúpido quince segundos
antes de oír un sutil clic.

Después, toda la chimenea, incluyendo los leños y la repisa, avanzó un metro y


medio, luego se abrió, revelando...

Se oyó un coro metálico colectivo mientras todos apuntaban hacia la oscuridad


y Tohr prácticamente derribó a Wrath contra la pared del fondo para cubrir al Rey con
su cuerpo.

Mientras el hedor a sangre vieja y carne infectada se extendía como una


cripta, Rhage asintió a Qhuinn y ambos avanzaron en formación de uno/dos. Con la
luz entrando a raudales tras ellos, entraron en un pasillo poco profundo, pintado de
negro y giraron tras la chimenea...

El cuerpo de un hombre moreno vestido con ropas elegantes estaba


encadenado a una silla, con sangre, fluidos corporales y excrementos acumulándose
debajo, con la barbilla apoyada en el esternón y los hombros hundidos. Era como un
maniquí de Halloween en una casa embrujada, solo que esta mierda era real...

Un débil gemido se elevó, las puntas de los dedos se movieron ligeramente.

"Está vivo", ladró Qhuinn mientras se lanzaba hacia adelante mientras Rhage
daba vueltas por la habitación vacía: "¡Necesitamos un médico, urgente!".

"Llamaré a Jane", gritó V desde el estudio.

"Hay una grieta por aquí", dijo Rhage. "Otra entrada... o salida".

Qhuinn mantuvo sus armas en alto mientras se inclinaba e intentaba ver el


rostro del hombre. La piel estaba gris, la boca flácida, pero se oía un silbido de
respiración que entraba y salía. Con el cañón de su pistola izquierda, levantó el pelo
que había caído hacia adelante.

Los ojos estaban abiertos y miraban al frente. Sin pestañear, como si la muerte
ya se hubiera llevado la chispa que calentaba y animaba la carne. Pero eso no era
cierto. Había un poco de vida... aún allí dentro.

Por el momento.

"Date prisa con la ayuda médica", dijo Qhuinn por encima del hombro.
Entonces se desconectó mentalmente por lo que probablemente fueron solo un
par de segundos, pero sintió como si hubiera estado ausente una hora; en un
horrible flashback, su mente reemplazó al hombre desconocido y la silla frente a él
por un bidón de aceite lleno de la sangre negra y aceitosa del Omega. Al instante,
pudo oler el dulce y empalagoso aroma del enemigo, percibir la cabaña de caza a su
alrededor, sentir el aire frío y el extraño y hormigueante miedo de que algo grande
viniera por él.

Algo que lo cambiaría.

Fue entonces cuando vio el sutil resplandor del oro en las profundidades. Un
anillo de sello. El que siempre había esperado recibir de su propio padre, el
reconocimiento de que un hijo era una valiosa contribución a la línea de sangre, algo
importante... algo amado. Pero no, la insignia de aceptación le había sido entregada
a su hermano, en una celebración privada a la que había asistido sin previo aviso.

¿Qué demonios hacía en ese tambor?.

Eso fue lo primero que pasó por su mente y la pregunta recibió una respuesta
rápida: Luchas, su hermano, había estado allí, el cuerpo del macho —ese preciado
cuerpo, el que no tenía defectos— había sido arrugado, destrozado y preservado en
estasis.

Él también había estado apenas con vida después de la tortura...

"¿Qhuinn?".

Se puso firme de golpe, girando hacia Tohr. "Sí... lo siento. ¿Qué?".

El rostro del hermano estaba cubierto por una máscara que te hacía despertar
con fuerza y entonces recibió la temida orden de: "ven conmigo".

Oh... mierda, pensó. Esto solo podía significar una cosa.

Fue vagamente consciente de que salía de la habitación secreta, atravesaba el


estudio y entraba en el pasillo.

En cuanto se quedaron solos, Qhuinn exhaló. "Joder, debería haber estado allí".

Tohr frunció el ceño y negó con la cabeza. Porque era un hombre valioso que
sabía demasiado sobre perderse los últimos momentos. "No lo sabías, ¿cómo
podrías?".

¿Estás bromeando?, quiso decir, llevamos meses esperando.

Volvió a mirar al estudio, a Wrath. Servir al Rey era un deber sagrado, pero
tenía que estar allí para sus hellren.
"¿Puedo ir?". Se encontró con los ojos azul marino de Tohr. "Aunque no sé
cómo irme, es solo que Blay me va a necesitar...".

Tohr le puso una mano firme en el hombro. "Tu hija está bien".

Qhuinn parpadeó, parpadeó de nuevo. "Lo siento... ¿qué?".

"Lyric". Tohr puso su teléfono al frente y al centro. "Se salvó de milagro".

Intentando seguir la conversación, Qhuinn se inclinó y se concentró en el video


que se reproducía repetidamente en la pequeña pantalla. Le tomó un par de repasos
antes de que lo entendiera y cuando lo hizo...

Estaba horrorizado. Su hermosa hija parada en medio de la calle, frente al club


al que siempre iban ella y sus amigas. Miraba hacia arriba y a su derecha, con los
brazos en alto...

Una figura enorme apareció en la imagen justo cuando una especie de lona o
parte de un edificio... espera, ¿era una maldita valla publicitaria?, cayó del cielo,
justo encima de ella.

Pero, de alguna manera, quienquiera que hubiera salido de la nada logró


apartar la cosa de ella.

Enfundó una de sus armas, agarró su teléfono y comprobó la ubicación de


Lyric.

"Tengo que irme", se oyó decir mientras corría hacia la puerta principal.
CAPITULO 8
________________

Fue un completo desenfoque.


De pie frente al escenario, Lyric sonrió a la orden mientras una de las
asistentes del evento empuñaba otro par de celulares como si fueran cámaras Nikon.
Las dos mujeres, en el escenario poco profundo, eran hermosas por sí mismas; su
ropa era una versión de las pasarelas parisinas, su cabello con extensiones, su
maquillaje impecable.

En cuanto se tomaron las fotos, la conversación volvió a surgir:

"¡Lo más loco que he visto en mi vida! Y no puedo creer...”.

“Y entonces apareció de la nada...”.

“De la nada, este tipo...”.

“Te salva”.

Marcia las acompañó hacia la izquierda con un tono firme y una sonrisa
encantadora, un trío tomó su lugar. Lo que significaba que había todo tipo de 'tú vas
aquí', 'no, yo voy allá', 'quiero estar aquí', 'espera, ¿qué tal si me arrodillo?'. Mientras
resolvían las cosas, Lyric se dejó posicionar y reposicionar como un gnomo de jardín,
con una indiferencia tan profunda y completa que sentía que se miraba a sí misma
desde el otro lado de la zona VIP.

¿La buena noticia?, la conversación siempre era la misma, así que, tras un par
de interacciones a trompicones, había dado con algunas frases repetitivas
apropiadas:

"Sí, de la nada...".

"Yo tampoco puedo creerlo...".

"¡Qué suerte tengo de estar viva!".

Al igual que con la sonrisa que puso en su rostro a la hora de las fotos, se
aseguró de transmitir el entusiasmo esperado y le asombró lo bien que fingía esa
versión de sí misma. Sin embargo, la verdad tras la mascará era que solo tenía una
cosa en mente.

¿Qué aspecto tenía?.


¿Cómo no podía recordar la cara de ese hombre?. Le había sucedido algo
monumental, una experiencia impactante, casi mortal y si él no hubiera aparecido
cuando lo hizo, ella no estaría...

"¡Sonríe!".

A la orden, Lyric se concentró en el iPhone y siguió las instrucciones mientras


sentía a una mujer inclinarse y hacer el signo de la paz.

"¡Entonces salió de la nada!". La morena hizo dos kapows junto a sus sienes.
"¡Yo estaba allí!, lo vi y también lo publiqué. ¡Es la cosa más loca que he visto en mi
vida!".

"¿Lo sé, verdad?". Lyric hizo un gesto de alegría. "Increíble".

La joven se marchó bailando y Lyric volvió a sumergirse en la superficie,


repitiendo los eventos, un video en repetición, solo que era algo que ella había
vivido.

¿De qué color era el pelo?. ¿Y sus ojos...?. No llevaba abrigo, a pesar del frío,
de eso estaba segura.

"¿Firma esta paleta de sombras?".

Lyric recobró la consciencia. "¡Sí, claro!".

Con una sonrisa que no dejaba ver sus colmillos, se giró hacia la mesa que le
llegaba a la cintura. Mientras destapaba un rotulador permanente y garabateaba su
nombre junto al logo de Trash Panda, supo con certeza que el tipo no llevaba abrigo,
porque lo recordaba vívidamente acercándose y recogiéndolo de donde estaba tirado
en unos escalones.

Una camiseta lisa, debajo de un peto con paneles reflectantes de seguridad,


era lo único que llevaba puesto.

Bueno, eso y un montón de músculos.

"O sea, ¿te lo puedes creer?. ¡Podrías haber muerto!".

"Lo sé". Lyric volvió a tapar el bolígrafo y le ofreció la paleta con otra sonrisa.
"Es una de las cosas más milagrosas que me han pasado en la vida".

La pelirroja se quedó allí, tomando el maquillaje y acercándolo a su corazón.


"¡A cualquiera!".

Al frente de la fila, donde terminaban las serpenteantes cuerdas, el siguiente


grupo de mujeres asintió.
Marcia se acercó de nuevo y sonrió con toda su profesional alegría. "Bien,
sigamos con la fila...".

Fue entonces cuando Lyric vio la disrupción, en la parte principal del club, al
otro lado de la cuerda de terciopelo de la zona VIP. La gente se agitaba, apartándose
de algo que se movía rápido y entonces, fuera lo que fuese, golpeó a los porteros de
esmoquin.

Y le importó un comino enfadarlos.

Lo supo antes de saberlo, lo sintió antes de verlo.

Allí estaba Qhuinn, más alto que todos los humanos a su alrededor, pero
destacando por mucho más que esa altura. ¿Como si hubiera alguien más en el club
con el pelo negro de punta, piercings en la cara y las orejas, una expresión que
dejaba claro que la decisión de interponerse en su camino iba a ser mortal?.

Saliéndose de su propia formación, Lyric se abalanzó, saltando con paso alto la


cuerda dorada que acordonaba la grada y luego saltando. Casi pierde un stiletto al
abrirse paso entre la gente que serpenteaba por el pasillo entre las zonas de asientos
hundidas. Los jadeos colectivos y los flashes de los teléfonos la desorientaron
mientras manos con uñas pintadas la alcanzaban por los brazos, las mujeres
intentaban hacerse selfis que solo mostrarían una imagen borrosa de ella.

Marcia gritó algo, pero eso sonó de fondo.

A Lyric solo le importaba llegar hasta él..

"¡Padre!", susurró cuando de repente Qhuinn estuvo frente a ella.

De un salto, lo abrazó con tanta fuerza que casi le quita el aliento a un macho
inferior, pero no importó. Su padre de sangre era como siempre, un pilar absoluto,
inquebrantable, implacable; un superhéroe.

"¿Estás bien?", dijo en voz baja.

Se aferró aún más fuerte. "Ya lo estoy".

Mientras tomaban más fotos, Lyric simplemente apoyó la cara en su ancho


hombro. El olor a cuero, bronce y la loción para después del afeitado que siempre
usaba eran la manta de seguridad que necesitaba. Era como si todos los años que él
había estado ahí para ella se fusionaran en una fuente de energía tangible que le
infundiera de nuevo fuerza.

A veces, una chica simplemente necesitaba a su padre.

Shuli se recompuso en el callejón junto a Bathe justo cuando Rhampage, el


gemelo fraterno de Lyric, hacía lo mismo. El otro hombre también iba vestido para la
guerra: su pelo negro despeinado por su corte caro, su rostro guapo como un
demonio tenso por el estrés, todo tipo de cuero negro escondiendo todo tipo de
armas. Dado que la brisa fría no olía a talco para bebés, aún no había encontrado a
ningún enemigo en el territorio que había recorrido...

¡Mierda!.

Shuli enfundó inmediatamente su cuchillo y pistola, empezó a frotarse el ceño


con las palmas de las manos.

Tenía la cara cubierta de esa mierda de cazador.

"Toma".

Aceptó lo que le ofrecieron sin mirar, sin preguntar, se detuvo cuando la cosa
estaba húmeda y olía a perfume de abuela. "¿Toallita húmeda?".

"A veces necesitas una toallita húmeda". El hombre hizo un gesto de obviedad
en dirección a Shuli. "¿Estás aquí por Lyric?".

Shuli empezó a frotar y habló por obra de un regalo del cielo. “Vi el video, no
me esperes…”.

“¿Cómo es que estamos en el campo y es ella la que casi muere esta noche?”.

A Shuli solo le quedó la cabeza. Por otra parte, sentía ganas de cagarse en los
pantalones cada vez que pensaba en el accidente.

“No me esperes”, repitió mientras se arreglaba la chaqueta.

Se oyó el siseo de un vaporizador y luego una nube blanca del tamaño de un


coche salió del ojete del tipo. Cuando Rhamp levantó el cigarrillo para una segunda
calada, su mano temblaba visiblemente.

“No quiero que me vea…”. Dio otra calada y exhaló de nuevo. “Ya sabes”.

Shuli hizo una bola con la toallita y se la metió en el bolsillo trasero de su


pantalón de cuero. “Creo que se ofendería si no estuvieras mal de la cabeza”.

Rhamp gruñó mientras ambos se dirigían a la puerta de emergencia de acero.


“Es ese encuentro, ¿recuerdas…?”.

“Sí, lo sé”.

“Espera”. Rhamp se quedó paralizado. “¿Dónde está L.W.?”.

Mientras el tipo miraba a su alrededor —porque, claro, era totalmente posible


pasar por alto a alguien tan grande y cabreado como “Pequeño” Wrath—, Shuli puso
los ojos en blanco y abrió la salida de golpe.
“No quiero hablar de eso”.

Al entrar en el resplandor azul oscuro de la sección VIP, sus ojos se dirigieron


de inmediato a la brillante galaxia de estrellas en el centro del abarrotado espacio.
Los destellos de todo tipo de celulares se dirigían a la mujer que había venido a ver y
maldita sea, estaba tan hermosa como siempre con esa larga melena rubia y un
vestido brillante que nunca antes le había visto. Estaba con su padre, abrazados
desesperadamente…

Mientras padre e hija se retiraban, miró hacia el rincón más alejado como si los
sintiera a ambos. Su expresión conmocionada se animó de inmediato y mientras se
secaba las lágrimas, empezó a acercarse. La multitud se apartó para ella expectante,
como si se murieran por ver cuál sería la próxima reconexión reconfortante tras la
tragedia, Shuli se atusó la chaqueta de cuero, intentando disimular que se pasaba las
manos por el pelo.

Al percibir un fresco olor a salsa agridulce en mal estado, se miró las palmas.
Joder, también tenía sangre lesser en el pelo.

Con un rápido sorbo, cogió una bebida de la bandeja de un camarero que


pasaba y se sirvió un poco de... oh, qué bien, vodka con tónica, perfecto.

Tranquilo, se dijo mientras se enjuagaba con el frío y lima el peinado. Dile que
te alegra que esté bien.

Dios, si la gente supiera que se estaba dando una charla motivadora ahora
mismo. En su grupo, era conocido por tener un juego estelar con las chicas.
Demonios, sobre todo cuando se trataba de vampiras, ni siquiera necesitaba una
lengua fina ni las palabras adecuadas. Su dinero y su linaje hablaban por él.

Lyric, sin embargo, era diferente y siempre lo había sido...

Su corazón dio un vuelco cuando ella llegó frente a ellos y ¡oh!, joder, lo estaba
mirando directamente. En cámara lenta, con los brazos en alto y por instinto, él dio
un paso adelante mientras la psicodélica música tecno se disolvía, junto con toda la
gente, la mayor parte de su orgullo y al menos tres cuartas partes de su cerebro...

El hombro de Rhamp lo apartó de un golpe mientras el tipo agarraba a su


hermana y la levantaba del suelo.

"Dios, de verdad necesitaba verte", le dijo a su gemelo.

"¿Como si no fuera a venir?". La voz de Rhamp era áspera como papel de lija.
Casi te aplasta una conferencia, con tu vestido de lavadero de coches.

Lyric miró por encima del hombro de su hermano. "Oh, hola, Shuli", dijo con
un gesto despreocupado.
Mientras la multitud los rodeaba, Shuli se dejó empujar hacia atrás y de
repente estaba en la salida de emergencia. Fue fácil abrirla con el picaporte. Lo difícil
fue la última mirada que echó hacia la sección VIP.

Lyric estaba con su padre y su gemelo, los tres eran un centro efervescente
alrededor del cual giraba todo un universo. Mientras tanto, él se dirigía al frío...

Vamos, ¿por qué estaba tan desanimado?. Después de una experiencia


cercana a la muerte como esa, claro que necesitaba estar con sus allegados. Shuli,
en cambio, era solo un amigo y tenía muchísimos. Claro, más tarde probablemente
tendrían un buen abrazo, grande y amistoso, entre amigos, pero él nunca iba a estar
en su lista de favoritos como su hermano, sus tres padres y su mahmen.

Ni debería estarlo.

Solo era un playboy útil en la guerra porque era un buen tirador y porque tenía
una vena de ira que podía aprovechar cuando la necesitaba. No era, ni nunca lo
había sido, madera de hellren.

Tampoco lo sería nunca.

Qué lástima que Lyric se lo recordara cada vez que la veía...

Tras él, se abrió la salida de emergencia. La cálida exhalación perfumada tenía


un matiz de luz azul, mientras medía la sombra que su cuerpo proyectaba sobre la
nieve sucia de la ciudad, pensó en ese secreto que se había guardado para sí mismo.

Mierda, ¿si Rhamp lo supiera?. Después de todos estos años de libertinaje que
habían compartido.

Sí, estaba bastante seguro de que era prácticamente una ley de la física que
uno nunca, jamás, se enamora de la maldita hermana de su compañero...

"¿Dónde demonios está L.W.?".

Shuli se giró. Bueno, no era Rhamp.

Qhuinn, el Hermano de la Daga Negra, llenaba las jambas de la salida, con


aspecto de estar dispuesto a lanzar las manos.

A diferencia de antes con el hijo, el padre no iba a dejar de lado el tema del
heredero al trono, desaparecido.
CAPITULO 9
________________

Al final de la noche, tras el encuentro y la bienvenida, la multitud dispersa, la


dueña y los representantes de Trash Panda se fueron en limusina, Lyric recorrió el
club y observó el lugar con nuevos ojos.

Bueno, "nuevos" era exagerado. Sus ojos habían pasado la fecha de caducidad,
cada parpadeo parecía estar en una tormenta de arena, sus párpados pesados como
puertas de garaje, su rímel descascarándose y agravando el problema.

También era exagerado para el pobre Bathe. Todas las luces interiores estaban
encendidas, la música apagada, el resto de los clientes se habían ido adondequiera
que sus decisiones de última hora los hubieran llevado.

Cuando estaba en penumbra y lleno de gente, el ritmo a todo volumen y las


bebidas fluyendo, siempre había una carga eléctrica en el aire, una emoción
vibrante. ¿Así?, era francamente deprimente; las marcas en el suelo negro y los
arañazos en las paredes negras, el olor a lejía al limpiar las superficies, el personal
agotado contando botellas tras la barra kilométrica, ese tipo de trasfondo que te
recordaba que la imagen no lo era todo.

En serio, pensó agotada.

"Lo has hecho muy bien esta noche".

Lyric miró por encima del hombro. Incluso Marcia estaba apagada, pero tan
seguro como que el sol se pondría sobre Caldwell en quince horas, la encargada de
prensa de Energizer pronto volvería a estar en su mejor momento.

Quizás se enchufara como un móvil en su tiempo libre.

"Gracias", murmuró Lyric mientras volvía a centrarse en la salida principal del


club.

"¿En serio quieres acabar con todo esto?". La mujer hizo una pausa al llegar
por fin a la puerta principal. "Tienes un don natural y apenas estás empezando a
tener éxito".

Intentó recordar algún momento del evento, una conversación, una persona,
una mirada. ¡Diablos!, ni siquiera se había dado cuenta de que su padre y su
hermano habían pasado por allí. Pero, habían ido... ¿no?.

Lyric se arremangó el abrigo del obrero. "Lo digo en serio, sí. Pero agradezco
todo lo que hiciste por mí, especialmente esta noche".
"De nada". Marcia se encogió de hombros mientras abría la puerta; el frío la
invadía. "Haré lo que pueda para que no tengas que lidiar con Resolve2Evolve, sin
promesas".

"Algo me dice que lo conseguirás". Lyric sonrió al salir. "Puedes hacer las
cosas, seguro".

"Es mi única virtud, al menos según mi madre, que quería que me casara hace
tres años y que ya estuviera embarazada". Marcia miró a su alrededor, a la calle
vacía y nevada. "¿Dónde está tu coche?".

"Ah, no pasa nada". Levantó la vista hacia donde habían colgado la valla
publicitaria. Los zarcillos del andamio seguían en su sitio, con pinzas metálicas en la
parte superior cuadrada del edificio. "Estoy bien".

La mujer miró fijamente el grueso abrigo. "Mejor que tu novio no te vea con
eso".

La mirada de Lyric se desvió hacia la obra mientras se acercaba las ásperas


solapas al cuello. "No tengo novio".

Hubo una pausa, entonces Marcia entrecerró los ojos. "Vas a devolverle esa
cosa esta noche, ¿verdad?".

Antes de que Lyric pudiera sacar una respuesta de su trasero, un dedo índice
estaba justo delante de su cara. "Oye, tienes que tener cuidado en esta gran ciudad.
Un salvavidas de una fracción de segundo no lo convierte en un santo. ¿Tienes gas
pimienta? Claro que no". Marcia rebuscó en su bolso y sacó un tubo. Toma, toma
esto, no tengas miedo de usarlo, no es legal, pero ¿a quién le importa?, no vuelvas a
esa obra".

"Es su chaqueta".

Guárdalo en el fondo de tu armario y que sea un recuerdo de esta noche. O de


lo que podría haber sido tu carrera.

"Voy a hacer lo correcto...".

“No, buscas una excusa para que te maten”. Marcia sacó las llaves y se alejó a
grandes zancadas mientras hablaba por encima del hombro. “Pide un Uber y vete a
casa. ¿Una mujer como tú, en la calle a estas horas?, no saldrá nada bueno. ¿No te
llegan las noticias al móvil?. ¡Dios mío!”.

Una manzana más allá, las luces de un Audi parpadearon.

Lyric esperó donde estaba, bajo el viento frío, mientras Marcia se subía a la
vehículo, arrancaba el coche y salía disparada por Market, donde un solitario par de
luces traseras rojas desaparecía tras un rascacielos.
“Y... eso es todo lo que escribió.” Bajó la vista hacia el pequeño bote. “Ah,
repelente de osos”.

Por si no lo habías elegido, evidentemente.

Me pregunto qué habría pensado MAR-see-ah si supiera que le había dado


aquello a un vampiro...

El viento impetuoso la azotaba, como si quisiera lanzarle un proyectil de


nuevo, tuvo un presentimiento repentino que la hizo querer estar ya en casa.

Recorriendo con las manos la tela áspera, respiró hondo. El olor del hombre
aún estaba en la tela y al percibirlo en su nariz, bajó de la acera como si alguien la
hubiera llamado. Con pasos entrecortados, cruzó los carriles llenos de aguanieve y
pensó en Rhamp. Solo podía imaginar lo que diría su hermano de su nueva manta de
seguridad; nunca dejaría de oírlo, una razón más para devolverle aquello a su
legítimo dueño...

Lyric resbaló y se esforzó mucho para mantenerse en pie. Al recuperar el


equilibrio, se detuvo, aunque no estaba ni cerca del banco de nieve de un kilómetro
de altura que buscaba.

"Bueno... mierda". La obra parecía estar clausurada. Aún había luces brillantes
alrededor del exterior, el equipo y los escombros estaban en el mismo desorden
caótico. Sin embargo, no había hombres. ¿Quizás estaban dentro?, lo dudaba. A
diferencia de antes, el interior del edificio estaba oscuro y no se oían sonidos de
trabajo, ni máquinas rechinando, ni martillazos ni golpes, ni voces.

Y su agudo oído lo habría captado todo a pesar del viento.

Continuando hacia adelante, llegó a la pequeña montaña creada por los


quitanieves de la ciudad y ascendió hasta la cima, usando los puntos de apoyo
predeterminados que innumerables peatones habían convertido en escalones.

Al otro lado, miró hacia el flanco del edificio...

La sensación de ser observada la obligó a girar la cabeza. La entrada del


espectáculo de luces de Bathe estaba apagada, a pesar del paisaje urbano familiar y
todas las farolas, de repente se sintió como si estuviera en medio de la nada, sola.

La realidad de su aislamiento la atravesó, como una ráfaga ártica desde un


punto de vista diferente, fue mientras temblaba que vio la sombra que acechaba en
el callejón junto a la salida de emergencia del club. Si hubiera tenido ojos humanos,
no habría visto quién era, pero sus retinas vampíricas eran especialmente vívidas de
noche.

Una figura grande y corpulenta. ¿Un hombre?, ¿un hombre?.


Estaba contra el viento, así que no había olor y seguramente si se tratara de
alguien conocido, la habría llamado. Con el corazón latiéndole con fuerza, dio un
paso atrás...

Binnng... binnng... binnnng...

Al registrar el ruido, parecido a un radar, bajó la mirada. Que ese extraño


sonido viniera de su ovario izquierdo la sorprendió por muchas razones, al menos
hasta que metió la mano en el bolsillo de la chaqueta de construcción y sacó un
celular.

Mientras el sonido continuaba, volvió a mirar hacia el callejón. La figura había


desaparecido y olió el aire. El viento seguía soplando a su espalda, así que no había
información, pero ante el cosquilleo de advertencia en su nuca, supo que tenía que
salir de...

"Ahí está mi teléfono".

Lyric se giró bruscamente. "¡Oh!, eres tú".

Su salvador había salido de la nada por segunda vez, se había duchado y


cambiado desde la última vez que lo vio. Ahora, con una sudadera con capucha de
SUNY Caldwell, una parka negra y el pelo mojado, se concentró en su rostro, el
hecho de no reconocerlo la hizo preocuparse mucho por cómo funcionaba su cerebro.

"¿Estás bien?", preguntó.

"Ah, ten, disculpa." Le ofreció el móvil. "Quiero devolverte tu chaqueta...".

Él tomó el teléfono. "Te dije que te la quedaras. ¿Viniste aquí solo para
devolver esa cosa vieja?".

"Y tu teléfono". Aunque ella no sabía que estaba en el bolsillo. "Todos necesitan
su teléfono, estaba devolviéndolo".

"Cállate", le dijo a su boca mientras volvía a revisar el callejón.

Él frunció el ceño y miró a su alrededor. "Te vas a casa ahora, ¿verdad?".

"Sí".

"Bien, esta ciudad es peligrosa de noche".

"Seguro". Su mirada volvió al club. "Nunca se sabe qué le puede caer a uno.
Vallas publicitarias, quizás un piano o dos, coches...".

¿Qué demonios estaba diciendo?.

Él miró a Bathe. "¿Qué estás mirando?".


"Nada, yo... no importa".

Ella volvió a mirarlo y cuando él la miró fijamente, hubo un largo momento de


silencio.

"Vete a casa", le dijo. "Tienes que irte a casa".

Buen consejo. ¿El problema?, no quería dejar a ese extraño desprotegido


contra lo que fuera que hubiera estado allí.

Suponiendo que no se hubiera ido, solo se hubiera reubicado.

De pie junto a la rubia, Dev debía estar asombrado. De alguna manera, logró
atraerlo de nuevo: ¿Qué demonios le importaba adónde iba?, quédate aquí, vete a
casa... vete al maldito Polo Norte a unirte a una colonia de elfos, ¿a quién le
importaba?.

Y ahí estaba él, preocupado por lo que le sucedería si se largaba y la dejaba


allí.

"¿Tienes un coche cerca?", se oyó preguntar mientras guardaba el teléfono en


la parka.

"Sí, claro. O sea, sí".

Interesante dicotomía, la belleza con esa timidez indecisa, que no parecía una
actuación. Normalmente, ambas cosas no iban de la mano, porque las rubias con
vestidos brillantes y acompañantes con celulares no se desenvolvían en un mundo
donde la inseguridad fuera una característica distintiva.

"¿Dónde está tu coche?". Cuando ella hizo una pausa, él negó con la cabeza.
"¿Por qué es tan difícil?, te acompaño a tu coche".

"Oh, no es necesario, iba a pedir un Uber".

"De acuerdo, esperaré a que aparezca". Arqueó una ceja. "¿Qué clase de
hombre sería si dejara a una mujer aquí sola?".

Su mirada azul y verde volvió a ese callejón junto al club, él la imitó de nuevo,
preguntándose en qué estaría concentrada, no había nada que él pudiera ver.

"Debes vivir cerca", dijo ella.

"A un par de manzanas". Cuando solo hubo una brisa fría entre ellos, se sintió
impulsado a charlar un poco, lo cual era como ofrecerse voluntario para una
manicura. "No pude encontrar mi teléfono y encendí mi iPad, encontrar mi teléfono
me llevó de vuelta... a ti".
"El destino con un toque tecnológico", murmuró ella.

"¿De eso se trata esto?".

"No lo sé, ¿lo es?".

Dev dio un paso atrás. Pero sabía que no se iba y ese era el problema.
"¿Dónde dijiste que estabas estacionada?".

"Voy a pedir un Uber, ¿recuerdas?".

"Entonces, ¿dónde está tu teléfono?. mejor empieza a pedirlo".

Mierda, después de tantos años viviendo su propia vida, ocupándose de sus


propios asuntos y alejándose del drama, esta rubia con su vestido brillante y esos
ojos disparejos lo convierte en un héroe involuntario, le roba la mitad del cerebro en
el proceso.

"Tú también deberías irte a casa", dijo en voz baja. "No es seguro para nadie
aquí afuera, con la oscuridad y el frío".

"No te preocupes por mí". Resistió el impulso de contraer sus bíceps. "La gente
tiende a apartarse de mi camino en lugar de meterse en él".

"Lo creo".

Mientras lo miraba de arriba abajo con esa encantadora timidez, sintió que
algo se despertaba entre sus piernas y maldijo en voz baja.

¡Caramba, nada de esto estaba en su cartón de bingo!.

Se pasó la mano por la cara, apartándose un mechón de pelo de los labios.


"Pero nunca se es demasiado precavido...".

"¿Qué hay del Uber?, ¿ya llamaste?".

"Todavía no".

"Yo me encargo...".

"No tienes que...".

Dev la interrumpió con un brusco movimiento de cabeza y luego no pudo


acceder a la aplicación más rápido. Mientras introducía las coordenadas de dónde se
encontraban, era muy consciente de cómo ella miraba a su alrededor e intentaba
disimularlo, al terminar, se recordó a sí mismo que ella no era su responsabilidad...

"¿Cuánto tiempo te acosan?", preguntó mientras guardaba el teléfono.


Su sobresalto fue indisimulado. Pero lo intentó: "Acosada..., ¿qué quieres
decir?, no soy...".

"Soy un desconocido, puedes ser sincera conmigo, ¿exnovio?, ¿amor actual?".


Frunció el ceño y pensó en las mujeres que antes le habían pedido fotos. "O espera,
¿eres famosa?".

"No, no lo soy... bueno, más o menos, pero no realmente...". Extendió la mano


y la puso sobre su brazo. "Oye, deberías irte".

Imitándola, se inclinó y le puso la palma de la mano en el hombro. "Oye, no


voy a ninguna parte". Cuando ella exhaló frustrada, se encogió de hombros. "¿De
verdad crees que dejaría a una mujer aquí sola, sobre todo cuando mira a su
alrededor como si esperara que la asaltaran?, no me criaron así".

"No necesito tu protección".

"De acuerdo". Metió las manos en los bolsillos delanteros de sus vaqueros y se
balanceó con las botas puestas. "Me quedaré un rato y disfrutaré de este viento
refrescante, que casualmente me ha quitado cinco horas de paga. Dos años en la
construcción y esta es la primera noche que el capataz nos ha tenido que dar de baja
por el mal tiempo. ¿Y qué tal esos Mets?".

El viento rugía como si hubiera ofendido a la mierda, con las orejas ardiendo
de frío, murmuró: "Vale, no es la temporada correcta para el béisbol. ¿A quién le
tocó jugar al Super Bowl?".

Al no responder, se tomó un momento para apreciarla con su Carhartt. Tenerla


con su abrigo enorme y cutre era como envolver a una reina de belleza en Tyvek,
pero a ella no parecía importarle y el virus RCG que claramente había contraído le
hacía sentir que eso le daba buena imagen.

Gafas color de rosa, claro.

"No me moveré hasta que estés a salvo en un coche". Rayos, qué suerte tenía
de que no insistiera en ir con ella. "Háblame de lo famosa que eres, si quieres o
podemos quedarnos aquí, incómodos".

"Supongo que me llamarías influencer". Miró hacia la entrada de Bathe por


centésima vez. "Pero voy a dejar ese trabajo".

"¿Por qué hacer eso?".

"No lo sé". Se volvió hacia él. "Por favor...".

"¿Preguntarte más?, me encantaría". Lamentó no haber traído sus cigarrillos.


“¿Qué vas a hacer si dejas lo de ser ‘influencer’?”.
Mientras hacía un gesto para animarla a responder, sintió como si estuviera
intentando arrancar un motor viejo y se preguntó si así era como se sentía la gente
cuando estaba cerca de él.

“Ah… quiero hacer algo que importe”. Se acurrucó en su chaqueta y golpeó el


suelo con sus tacones como si intentara recuperar la sensibilidad de sus pies
descalzos. “Sé que eso es lo que uno dice cuando intenta parecer buena persona”.

“Depende de si lo dices en serio. ¿De verdad?, en serio”.

“No estamos aquí para siempre”, dijo con voz ronca. “En mi lecho de muerte,
no quiero que mi mayor logro sea haberme tomado un montón de fotos y haber
inundado internet con ellas”.

“Bueno, eso es noble”. Dev se señaló el centro del pecho. "Claro que estás
viendo a un tipo que se gana la vida martillando hormigón y levantando alfombras.
Así que no soy precisamente un ganador del Premio Nobel, hay de todo".

"Pero eso es un trabajo honesto, un buen día de trabajo duro. Cuando


terminas, has mejorado el aspecto de un edificio, lo has hecho funcionar mejor. ¿Por
qué me miras así?".

"No lo hago". Joder, ¿qué estaba diciendo?. "Mirándote de que manera".

Lo último que quería admitir, a ninguno de los dos, era que ella daba serias
señales de ser algo más que una simple reina de belleza. Mientras tanto, el viento
volvió a alborotar su cabello, arrancando una onda rubia del cuello de su chaqueta
como si se burlara de él.

Sí, da igual, ya sabía que era sedoso y brillaba como el oro.

"Aquí tienes tu coche", dijo con brusquedad.

Cuando un Tesla se detuvo frente a ellos, sacó su teléfono y le ofreció una


mano para cruzar el montículo de nieve. Al otro lado, mostró el código de barras que
habían enviado junto a la puerta y el panel del pasajero se levantó.

"Tu coche te espera", dijo mientras iba a ayudarla a subir.

"No tenías por qué hacer esto". Pero al menos se deslizó en el asiento mientras
hablaba.

"Te llevará a donde quieras ir". Sus ojos, esos increíbles y desiguales, se
alzaron para encontrarse con los suyos, él habría jurado que brillaban con lágrimas
contenidas. "¿Y si lo programara para ir a Washington, D.C. o a Seattle?".

"No creo que lo hagas". Cállate, Dev. Para ahí... "Pero no es por eso que no lo
harías. Quieres irte de Caldwell ahora mismo, pero algo te retiene aquí... algo que te
rompe el corazón y no es tu trabajo inútil".
"¿Cómo... puedes ver todo eso?". susurró ella.

"Adiós, Lyric de Lyrically Dressed".

Cuando empezó a cerrar el coche, ella se inclinó hacia delante y detuvo la


puerta. "Espera, ¿cómo supiste...?".

"Te busqué". Se encogió de hombros. "Tus fotos son buenas, tienes un don
para posar para la cámara...".

"Te mentí". Miró a su alrededor. Luego volvió a centrarse en él. "No vine a
devolverte la chaqueta...".

"Así que fue el teléfono", insistió.

"No me acordaba...". Sus ojos parecían atravesarlo. "No me acordaba de tu


cara".

Dev tuvo que reírse. "Soy olvidable, a propósito...".

"Lo de esta noche fue un borrón, precedido por semanas y meses de lo mismo.
Esa es mi amnesia normal, cuando trabajo. Pero me salvaste la vida, en medio de la
calle, de una maldita valla publicitaria, ¿y no me acuerdo de ti?, eso está mal".

"Estabas en shock".

"No, estaba en piloto automático porque no estoy haciendo nada con mi vida y
cuando casi me quitan algo sin valor, no es para tanto". Se secó una lágrima de la
mejilla con impaciencia. "No quiero vivir así, simplemente no lo sabía hasta hace
poco".

Ahora Dev apartaba la mirada y no porque le preocupara que algo o alguien


acechara en las sombras.

"Que tengas un buen viaje a casa", dijo con brusquedad. "Mucho gusto".

No esperó ninguna despedida de su parte.

No podía.

Realmente no deberían tener nada en común.

Sobre todo, no lo que lo atormentaba más que todos los fantasmas de su


pasado juntos.

Él también estaba ocupado olvidándose de sí mismo, a cada instante de cada


día.
Y de cada noche.
CAPITULO 10
________________

El centro de entrenamiento de la Hermandad de la Daga Negra se encontraba


en las profundidades del subsuelo, a unos ochocientos metros detrás de la mansión
de la Primera Familia. Aunque la enorme casa estaba abandonada, las instalaciones
de entrenamiento estaban muy ocupadas, mientras Qhuinn abría de golpe la puerta
de acero desde el aparcamiento, no podía decidir si necesitaba la clínica médica, la
sala de pesas o el campo de tiro.

¡Menuda noche!.

Caminando a grandes zancadas por el pasillo de hormigón, se bajó la


cremallera de la chaqueta de cuero para que el aire caliente le llegara a su cuerpo
helado. Las aulas estaban todas vacías, menos mal. Considerando a quién habían
traído a la clínica, era mejor que el lugar fuera de emergencia.

Solo personal necesario.

Por supuesto, estaba su estado de ánimo. No debería estar cerca de nadie que
no estuviera en medio de este maldito lío.

Todo: Lo que casi le pasó a Lyric, lo que podría haberle pasado a L.W., lo que
definitivamente le pasó a ese hombre que encontraron en la habitación oculta de
Whestmorel.

Después de pasar las últimas tres horas recorriendo las avenidas del centro,
buscando el cuerpo del heredero al trono, había decidido ir a evaluar cómo iba esta
otra situación inestable. ¿Cuándo terminaría?, iría a casa de los padres de Blay a ver
cómo estaban todos, incluyendo a su hija.

Lyric iba allí al final de cada noche.

Al menos estaba bien físicamente.

Al llegar a la clínica, oyó voces al otro lado de la única puerta cerrada de todas
las habitaciones. La doctora Jane y Tohr estaban allí, conversando a toda velocidad,
al inhalar por la nariz, olió al hombre moribundo. Se decía que el paciente seguía
vivo, pero esa información había sido hacía horas.

Mientras se apoyaba contra la pared de hormigón y esperaba a que saliera uno


de los dos, cruzó los brazos sobre el pecho y miró al suelo. Sus shitkicker habían
dejado una línea de huellas húmedas que llegaba hasta la puerta blindada del
aparcamiento. Gracias al calor que entraba por las rejillas de ventilación del techo,
pronto no habría rastro de su paso.
Un recordatorio, aunque no lo necesitaba, de cómo funcionaba todo esto de los
mortales...

Dios, odiaba venir a este lugar. El hecho de que su hermano, Luchas, hubiera
sido paciente aquí..., luego decidiera salir por la salida de emergencia a una
tormenta de nieve...

La puerta de la habitación de pacientes se abrió y Tohr entró, con una taza de


café en la mano y una expresión sombría en el rostro. Al alzarse los ojos azul marino
del hermano, se notó la sorpresa.

"Oh, hola, Q. ¿Qué pasa?".

Qhuinn levantó la mano afilada como una daga en un saludo. “Solo quería
venir a ver cómo iba todo con ese hombre”.

“No muy bien. Pero, la Dra. Jane está haciendo todo lo posible”.

“He oído que tuvo dos episodios de infarto en la unidad móvil antes de llegar”.

“Tres veces, en realidad”. Tohr se pasó los dedos por la ropa. Al reacomodarse
mal la parte delantera, la línea blanca formó un signo de interrogación. “¿Quién
cuenta ahora?”.

Hubo una pausa. “Qué bien huele ese café”.

“Dunkin’s”. Tohr dio un sorbo. “Con el original no te equivocas, sobre todo en


una noche como esta”.

“Ha sido un rollo. ¿Asumo que nadie ha encontrado a L.W.?”.

Qué pregunta tan estúpida. Habría habido comunicación inmediata…

“Todavía no”. Tohr ladeó la cabeza. “¿Necesitabas algo?”.

“Debería haberme quedado ahí fuera, solo…”.

“Ya tienes bastante con lo que tienes, te dije hace dos semanas que no
deberías llegar a tiempo”.

Para evitar la mirada directa del hermano, Qhuinn bajó la vista hacia la puerta
de cristal de la oficina del centro de entrenamiento. Miraba en esa dirección, sin
rumbo fijo, cuando percibió un patrón de grietas en la pared de hormigón. Tardó un
instante en comprender su origen y al darse cuenta de lo que eran, maldijo en voz
baja.

¡Dios mío! ¿Tenía que acecharlo la muerte así esta noche?.


Justo cuando lo pensó, los anchos hombros de Tohr pasaron por su campo
visual, mientras el hermano se acercaba a las grietas, Qhuinn se enderezó de golpe.

“No estaba mirando…”. Dejó que la mentira fluyera.

"¿Cómo está Rocke?", dijo el hermano con tristeza mientras recorría con las
yemas temblorosas de sus dedos el patrón de venas.

Tú lo sabrías, pensó Qhuinn con tristeza.

"Está, eh, concentrado en su shellan, en lo que necesita, noche tras noche...


hora tras hora. De alguna manera extraña, no creo que sepa realmente qué está
pasando en este momento, no puedo decidir si eso es bueno o cruel".

Tohr miró hacia atrás. "¿Está cómoda la Lyric mayor?".

"La Dra. Jane ha estado genial. Su dolor está bajo control y está bastante
lúcida. Al menos por ahora, no sé cuánto tiempo nos queda".

"¿Cómo está Blay?".

"Más valiente que nadie en esta situación". Qhuinn tuvo que aclararse la
garganta para terminar: "Lo cual no me sorprende".

"Tienes que dejar de intentar estar en dos sitios a la vez. Deberías estar en
casa con todos ellos, sé que ahí está tu corazón".

"Sin el hijo del Rey, ¿cómo no iba a estar en el centro?".

Un tenso silencio se apoderó de ellos. Tohr volvió a mirar la pared del pasillo y
Qhuinn estudió el perfil del hermano. Tras el asesinato de la shellan de su hermano a
manos de la Sociedad Lessening, Tohr desapareció un tiempo. Al regresar, ese
mechón de pelo se había vuelto blanco y sus ojos azul oscuro eran fríos como
tumbas. Se decía que si te suicidabas, no podías entrar en el Fade y reunirte con tus
seres queridos, estaba claro que esa leyenda aleccionadora era la única razón por la
que seguía vivo.

Su compañera embarazada, el amor de su vida, recibió un disparo en la cara.

Era demasiado horrible para comprenderlo. Como un hermano que salió a la


fría noche para morir solo, como una hija casi aplastada en la calle..., como un hijo
que se ausenta sin permiso en el campo de batalla.

"Así que sabes de esto, ¿eh?". Al hablar Tohr bruscamente, su mirada volvió a
posarse en él. "Las grietas en el hormigón, cómo se formaron".

"Yo...".
"No pasa nada". El hermano extendió la mano una vez más, esta vez, no le
temblaba. "Lo que has oído es cierto. Aquí es donde vinieron a buscarme, después
de que mi Wellsie y nuestra cría dentro de ella... murieran. Lo supe, cuando vi a mis
hermanos a la vez... lo supe".

"No puedo imaginarme cómo fue eso".

"Sí, puedes", replicó Tohr. "Has estado allí, a tu manera".

El fantasma de Luchas pareció flotar entre ellos y por un segundo, Qhuinn


pudo ver a su hermano muerto con dolorosa claridad, su cuerpo marchito, sus manos
destrozadas. Lo habían curado hasta que recuperó algo de su salud tras encontrarlo
en ese bidón. Pero no había sido del todo, ni mucho menos.

Por otra parte, aunque su cuerpo hubiera estado completo, la mente y el alma
habían sido destrozadas.

Pensó en L.W., rezó, rezó, para que el hijo de puta impulsivo estuviera a salvo.

Tohr dio otro trago a la taza. "Me alegra que tu Lyric estuviera bien esta noche,
en medio de esa calle".

"Yo también". Cerró los ojos. "Parece que la muerte está por todas partes
ahora mismo".

Cuando volvió a abrir los párpados, Tohr estaba frente a él. "Pero esa es
siempre la verdad. No podemos pensar en la realidad todo el tiempo o nos paralizaría
la delgada línea que nos separa de la tragedia. En una fracción de segundo, todo
puede cambiar..., al final, todos morimos en algún momento". Qhuinn tragó saliva
con dificultad, sabiendo que su hija se había salvado por pura casualidad, sin
embargo, la primera shellan de Tohr también había muerto por una; lugares
equivocados, momento equivocado. Wellsie no había sido un objetivo; simplemente
se había cruzado con un lesser que tenía un arma. Mientras tanto, Lyric acababa de
cruzar la calle, en un momento preciso, con un fuerte viento, cuando casualmente
había una valla publicitaria colocada en el ángulo justo.

Excepto que esta noche, su hija se había salvado gracias a un extraño con la
mente rápida, mientras que Tohr...

"No te hagas eso".

Qhuinn se puso firme. "¿Lo... lo siento?".

El hermano puso la mano en el hombro de Qhuinn. "Qué bueno que tu hija se


salvó. No tienes por qué castigarte solo porque la suerte te acompañó esta noche.
No lo cambiaría por nada. No importa lo que haya pasado en mi pasado y estoy
seguro de que Wrath siente lo mismo por el presente".

Joder, Qhuinn no quería ni imaginarse a L.W. muerto.


"Lo siento", graznó. "Por la pérdida de tu shellan y de tu hijo, hace tantos
años, creo que nunca te había dicho eso antes".

Tohr volvió la cabeza hacia las grietas del cemento. "No tienes que hacerlo,
somos hermanos, recuérdalo. Y ya has tenido más que tu cuota de tragedia. Hay
cosas que no tienen por qué hablarse entre supervivientes como nosotros".

Qhuinn solo pudo asentir, no confiaba en su voz.

"En ese sentido, tu hellren te necesita ahora mismo". Tohr respiró hondo. "Y
cuando veas a tu suegro, dile a Rocke que estoy aquí para él, ahora y... después...".

"Me preguntaste si necesitaba algo".

"¿Sí?".

Qhuinn se frotó la cara. "Creo que vine aquí a buscarte y pedirte perdón. ¿Qué
tan jodido e injusto es eso?, solo estoy agradecido de que mi hija esté bien y eso me
parece mal".

El hermano asintió lentamente. "La culpa del superviviente es un dolor


pernicioso. Yo mismo sigo recorriendo ese camino. El tiempo lo alivia, pero nunca
desaparece del todo".

Qhuinn pensó en las huellas que había seguido por el pasillo, que desaparecían
lentamente.

La voz de Tohr se volvió insistente. "No es tu culpa que tu hija esté viva y mi
compañera e hijo no. Y pase lo que pase con L.W., ambos resultados no están
relacionados solo porque ocurrieron la misma noche".

"Lo sé".

"Pero no lo crees, no es ojo por ojo, Lyric por L.W. No necesitas devanarte los
sesos pensando si debiste haber cambiado su vida por la del heredero al trono.
Demonios, ni siquiera sabemos si está muerto".

Parpadeando para aclararse la vista, Qhuinn asintió de nuevo.

Y entonces Tohr lo abrazó con fuerza. “Deja ir esta carga, ya llevas suficiente”.

El hermano lo soltó y retrocedió con una inclinación de cabeza, como si


hubieran llegado a un acuerdo. “Estás perdonado, Q. Voy a por más café, ahora vete
a casa con tu familia”.

En ese momento, Tohr se dirigió a la sala de descanso. Sus pasos, largos y


firmes, parecían un recordatorio visceral de que había logrado salir adelante de su
tragedia y si alguien merecía otra oportunidad de amar, ese era el luchador.
Su Autumn, lo había curado de maneras que ni todo el tiempo del mundo
podría haberlo hecho.

Qhuinn esperó a que la puerta a lo lejos se cerrara.

Entonces echó un último vistazo a esas grietas.

Dios, esperaba que encontraran a L.W. antes del amanecer.


CAPITULO 11
________________

Dado que L.W. se había jodido su ahstrux nohtrum, sabía lo que


probablemente le esperaba cuando volviera a 'casa'.

Así que al final de la noche, no se fue a 'casa'.

Nota al margen: Trabajar solo tenía todas las ventajas en su opinión. Con el
teléfono apagado, sin nadie que lo molestara y sin motivos para parar hasta la
inminente salida del sol, consiguió tres bajas más y habría seguido así un par de
horas más. Sin embargo, las cosas se complicaron un poco en esa última
escaramuza, tuvo que retirarse del combate y largarse mientras aún pudiera.

¿Los imbéciles pensaban que era irrazonable?. Vamos, él sabía cómo cuidarse.

Mientras viajaba en un disperso grupo de moléculas hacia el norte desde el


centro de Caldwell, les hizo un gesto metafórico con el dedo medio a todos los que lo
odiaban y decían que era demasiado reactivo para estar sin una maldita niñera.

Reconstruyéndose en la nieve hasta las rodillas, se enfrentó a la vista de la


montaña como si fuera algo contra lo que pudiera luchar.

"Malditos idiotas".

El hecho de tener que ignorar cuidadosamente la sangre que goteaba de las


yemas de los dedos de su mano de la daga fue otro factor que impulsó aún más su
carrera en solitario. Gracias a Dios, a Lassiter y a los demás papás del cielo que
estaban arriba, Shuli no le estaba señalando la obvia lesión. De lo contrario, habría
tenido que abofetear al tipo y no estaba seguro de poder levantar el brazo por
encima de su propia caja torácica.

Ese maldito aristócrata era el Toby Flenderson de su universo.

"Y eso no me convierte en Michael Scott", murmuró L.W.

El recordatorio de que se sabía de memoria las nueve temporadas de The


Office fue un viaje al pasado del que podría haber prescindido, porque no se había
ofrecido voluntario para el maratón de series. Cuando su mahmen no podía dormir
en la habitación contigua a la suya, los episodios se reproducían en su pequeño
televisor como el equivalente audiovisual del puré de patatas... así que su juventud
había sido musicalizada por la serie hasta el punto en que las referencias
simplemente irrumpían en su cerebro, corchos que emergían del turbio caldo de su
subconsciente con insistencia reflexiva.

Si bien era cierto que cada vez que Shuli entraba en una habitación o abría la
boca, L.W. oía un coro de "¡No Dios!. ¡No, Dios, por favor, no!".
Sacando un pañuelo, cerró el puño y se lo envolvió, no porque su mano
estuviera donde estaba la herida, sino para contener la sangre. El dolor empezaba a
aumentar y no solo por el roce de bala en la parte exterior de su brazo. Todo tipo de
lugares empezaban a hablarle, prueba de que la hinchazón y los moretones se
sumaban a la conversación y hacían que todo girara en torno a ellos.

"¿Qué más hay de nuevo?".

Al apartarse de la nevada vista de los árboles perennes, la imponente mansión


de piedra que tenía ante sí se alzaba hacia el cielo nocturno como algo salido del
Universo Marvel. Con gárgolas a lo largo de su tejado de pizarra y suficientes
ventanas para que todos los fantasmas del pasado lo observaran, la escultural
entrada siempre le había parecido algo así como un lugar donde se podía perder toda
esperanza.

Por otra parte, su esperanza se había perdido mucho antes de la primera vez
que había llegado allí como adulto, como un intruso, para abrir de par en par sus
puertas de catedral y vagar por sus solitarias habitaciones.

Prueba de que incluso los vivos podían estar muertos.

Abriéndose paso a través de la nieve, miró hacia abajo en lugar de hacia


arriba, buscando un par de huellas que habían quedado varias noches atrás. Sin
embargo, la capa de nieve se había alisado, tanto por los centímetros adicionales que
habían caído como por las ráfagas de viento que finalmente habían amainado.

Vamos, ¿como si necesitara una confirmación adicional de que su padre había


regresado, de que lo había visto allí hacía apenas unas noches?.

Consciente de que estaba perdido, desvió la ruta alrededor de la fuente, que


estaba cerrada no solo por la temporada, sino porque ya no vivía nadie en la
propiedad. Al dar la vuelta, echó un vistazo a la cochera, con las ventanas cerradas,
la puerta principal cubierta de nieve y acumulada por montones.

Era como si hubieran pasado siglos desde que el último residente se hubiera
marchado con sus cosas, toda la propiedad como el artefacto de una civilización
anterior, con sus restos esperando una decodificación que nunca sería del todo
correcta.

Al llegar a la base de las escaleras de la mansión, había tanta acumulación que


los niveles que conducían a la fachada digna de una catedral eran solo una
ascensión, con sus contornos pulidos y difuminados bajo el manto de una infinidad
de copos.

Igual que las estrellas en el cielo, demasiadas para contar.

Tras un mal paso, se acercó a la puerta imperial. La llave de cobre que usó
para abrir la cerradura antigua era algo que había robado hacía casi una década. Se
había colado en la habitación de su mahmen y había ido al fondo de su armario. Allí,
en una bolsa de lona, había objetos sagrados, cosas con las que sabía que no debía
haber estado jugando.

Porque eran de su padre.

Sin embargo, había violado la privacidad y los secretos, no se había sentido


culpable. Estaba a punto de pasar por su transición y dado su linaje, era muy
probable que no sobreviviera.

Así que sí, necesitaba ver lo que su difunto padre había dejado atrás y como si
la pesada llave pudiera haber ido a cualquier otra puerta, le había llevado un par de
días llegar hasta allí, tuvo que robar uno de los coches de los doggen para hacer el
viaje. También necesitaba un mapa porque no estaba completamente seguro de
dónde estaba la mansión.

¿Pero la Montaña del Gran Oso?. Bueno, era fácil de encontrar y había
recorrido todos los caminos rurales en su base, probando cada carril entre los densos
árboles hasta que se topó con la barrera mhis. Superar el enmascaramiento
inestable, luchar contra la desorientación y las náuseas, perseverar incluso cuando
su corazón latía con algo cercano al miedo... había sido su primer oponente en
muchos sentidos.

Y desde entonces se había acostumbrado a no rendirse.

Al llegar al portal de la mansión...

Una tremenda ráfaga de viento lo golpeó entre los omóplatos, su torso


actuando como el spinnaker de la parte inferior del cuerpo, todo su cuerpo se estrelló
de cara contra el panel tallado. Logró contenerse antes de terminar con un par de
ojos morados y una nariz que necesitaba una férula, pero el casi asalto no mejoró su
estado de ánimo.

Pero lo que fuera que sí lo hizo.

Bueno, solo se le ocurrió una cosa.

Una… persona.

Forzando la llave en su ranura, giró el mango y sintió resistencia al moverse


los fríos pestillos. Cuando empezó a manipular la manija, se oyó un chirrido metálico,
que se hizo más fuerte al abrir, mientras las bisagras, tan grandes como el antebrazo
de un hombre, protestaban.

Fritz, sin duda, venía aquí y cuidaba el lugar. Pero con esas noches gélidas.
Ningún WD-40 bastaba para que todo funcionara. Para eso, se necesitaba gente
entrando y saliendo, entrando y saliendo a lo largo de las horas, un flujo constante
de hombres y mujeres.
Como las bisagras, las personas eran propensas a oxidarse, reflexionó.

A veces pensaba que su ira se debía a que no dejaba entrar ni salir a nadie de
su vida...

"Para ya".

Entró, se encerró en el vestíbulo y golpeó el suelo de mármol con sus


shitkicker. No había alfombra que atrapara las pesadas pisadas de un hombre. Debió
de haber una antes, cuando la Hermandad y la Primera Familia vivían allí junto con
los demás combatientes y el personal.

Era un niño pequeño por aquel entonces. Así que no recordaba mucho. Casi
nada, en realidad.

Por qué seguía volviendo a esta ruinosa casa era un patético reflejo que
mantenía oculto, incluso cuando sus visitas eran, sin duda, grabadas por todas las
cámaras de seguridad.

Aunque tal vez la vigilancia se había abandonado después de todas estas


décadas.

En fin, esto era mucho mejor que volver a casa, sobre todo en una noche como
esta. ¿Si alguien quería un pedazo de él?, lpodrían ir y besarle el trasero.

Al abrir la puerta del vestíbulo, miró a través del vestíbulo de una hectárea
hacia la escalera que descendía desde el segundo piso. La alfombra era roja como la
sangre y ancha como un río, como si la escena del ascensor de El Resplandor hubiera
sido trasladada de un hotel al maldito Castillo de Windsor y ubicada en el rellano del
segundo piso. Hablando de lujo, incluso con la tenue luz, las balaustradas doradas
brillaban, al igual que el cristal que colgaba de los apliques y las lámparas de las
paredes. Luego estaban las columnas de mármol y malaquita. Las enormes cavernas
a ambos lados, hogar de todo tipo de muebles y antigüedades que hibernaban.

Digno de un rey, construido por un hombre con una visión que lo había
sobrevivido.

L.W. lo cerró todo y cruzó la representación en mosaico de un manzano en


plena floración. Su cabeza giraba, esa tontería de mirar fijamente no se debía a que
esperara que hubiera alguien más allí. No pudo evitar recordar a los miembros de la
Hermandad de la Daga Negra, imaginándolos antes de que él llegara al planeta,
caminando por allí, viviendo como luchadores solitarios antes de establecerse. Era
casi imposible de imaginar. Como todos los jóvenes, estaba predispuesto a pensar
que su llegada al planeta había sido el Big Bang, el origen del universo. Eso fue antes
de añadir toda la mierda del heredero al trono...

La punta de acero de su shitkicker golpeó el primero de los escalones y se


desplomó hacia adelante, como si la casa lo estuviera disciplinando por ser un
pequeño idiota. Al igual que con su golpe en la entrada, se agarró con las palmas de
las manos, haciendo flexiones.

Estiró el cuello y miró hacia arriba, arriba, arriba.

¿Por qué demonios seguía volviendo aquí?.

Al ponerse en vertical de nuevo y comenzar a subir, caminó directamente por


el centro de la escalera, lo que le hizo sentir como si el lugar fuera suyo. La mentira
alimentó una parte de él, voraz y hambrienta, al llegar al rellano del segundo piso,
miró a su alrededor.

Tantas sombras acechando. Pero, sabía exactamente qué las proyectaba.

Cuando empezó a venir allí, lo había memorizado todo; su incansable


vagabundeo lo llevaba de habitación en habitación tantas veces que podía
diagramarlo todo, hasta los arcos, los armarios y los pasillos traseros. Supuso que
había comenzado como una búsqueda de su padre por todos los rincones, recovecos
y rincones, su estúpido intento de completar la imagen del gran macho que nunca
había conocido en todos los espacios de una casa en la que solo había vivido un par
de años.

Excepto que ahora su padre había regresado.

Lástima que hubiera dejado de buscarlo hacía años.

En lo alto de las escaleras, el estudio que había más adelante era la habitación
que mejor conocía; las paredes azul pálido, las delicadas sillas y sofás franceses no
eran nada que él hubiera elegido como decoración, apostaba a que lo mismo podía
decirse de su padre. No es que lo supiera con seguridad, no es que fuera a
molestarse en preguntar.

Pero al menos el trono y el escritorio estaban a la altura.

Vamos, su padre tenía mejores cosas que hacer que intentar colorear los años
perdidos. Había regresado a una conspiración traicionera en su contra.

Menudo regalo de bienvenida, pero así era Caldwell, Nueva York.

Al entrar en la habitación, L.W. se acercó a la chimenea. Había una nueva pila


de leña y tuvo que negar con la cabeza. A pesar del chirrido de las bisagras, Fritz
seguía cuidando del lugar, sin duda nunca había preguntado quién entraba a
encender el fuego. Lo único que sabía el doggen era que alguien lo visitaba con
regularidad, lo que significaba que había cenizas que guardar y la necesidad de leña
nueva.

Cuando L.W. se puso en cuclillas, se desenvolvió el pañuelo de la mano y cogió


el bote de largas cerillas que también había sido repuesto. Sacó una del cilindro y la
roció con la cabeza roja sobre el fondo áspero; la pequeña llamarada amarilla
resaltaba las sutiles vetas del mármol bicentenario de la repisa. El periódico en el
fondo de lo que había sido colocado en la cesta de hierro ansiaba lo que finalmente lo
destruiría y la leña era igual. Los troncos de roble y arce eran un poco más distantes,
pero también sucumbían con el tiempo.

Siempre lo hacían.

En lugar de ponerse de pie e ir al sofá donde solía sentarse, se dejó caer de


culo. El aroma del fuego le resultaba delicioso, fresco y bonito, el otoño apareciendo
en pleno invierno, el calor también era agradable.

Extendiendo las palmas de las manos, se abanicó con los dedos. La mayor
parte de la sangre se había secado, adquiriendo un color granate oscuro, pero aún
debía de sangrar dentro de la manga de su chaqueta de cuero. Estaba demasiado
húmedo y cálido allí dentro.

Eso se solucionaría solo.

Su plan era dormir allí, levantarse al anochecer y volver a salir, suponiendo que
nadie lo molestara, incluso entonces, no le interesaban los comentarios de nadie
sobre nada.

Frotándose los ojos cansados, volvió a concentrarse en las llamas que lamían y
palpitaban sobre los troncos. Todo era borroso y no sabía cómo obligarse a luchar de
nuevo. Pero tenía que hacerlo, así que lo haría.

Para él, el tiempo se agotaba y no quería desperdiciarlo.

Quería encontrar a Lash y matar a ese cabrón.

Era el maldito hijo del Rey y la muerte de su padre, que bien podría haber
ocurrido treinta años atrás, era suya para vengarla y de nadie más.

Aunque ese acto de venganza no fuera por las razones que todos suponían.

¡Ah!, Por él qué se joda su ahstrux nohtrum. Su impuesto compañero de piso,


era un incordio, pero ese cabrón con labia podía escabullirse de cualquier cosa. Así
que no, de ninguna manera la carta de despido de Shuli iba a incluir un ataúd con su
nombre, por mucho que se hubieran hecho las cosas así, en el Viejo País.

Ese aristócrata probablemente iba a negociar un aumento para compensarse


por el peligroso trabajo en el proceso.

Con un gruñido, L.W. se recostó. Su columna vertebral y los músculos que la


sostenían estaban tan rígidos que no había forma de relajarse sobre la alfombra
persa. Era como los troncos que el mayordomo había apilado, rígido, inflexible,
aunque su dolor físico había empeorado con esta mierda horizontal en lugar de
mejorar.
Cerrando los ojos, escuchó el crujir de los troncos, inhaló la suave fragancia del
fuego e intentó ignorar todos los dolores.

Justo cuando se quedó dormido, su cerebro le soltó una corrección.

No era cierto que no quisiera hablar con nadie.

Había una persona con la que no le habría importado hablar en ese momento.
Pero ella realmente debería mantenerse alejada. ¿Si pensaba que su vida iba por mal
camino ahora mismo?, no era nada comparado con lo que sucedería si seguía viendo
a Bitty.

La hija de Rhage le resultaba irresistible y sabía que, en cierto modo, el


sentimiento era recíproco.

Lo que significaba que, a menos que recapacitara, se encaminaba al desastre.

Menos mal que su madre era terapeuta.


CAPITULO 12
________________

Mientras Lyric se recomponía en el porche trasero cubierto de sus abuelos,


parecía la primera vez en toda la noche que no pisaba, se paraba ni resbalaba sobre
la nieve con sus Lou-stupidns. Claro, los stiletto seguían destrozados, sus pies eran
bloques de hielo, sus tobillos y pantorrillas estaban tan rígidos que podrían haber
sido estacas.

Pero quién contaba en ese momento, sobre todo con tantas otras cosas en la
cabeza.

Con un ataque de paranoia, intentó evocar el rostro de su salvador humano y


se sintió aliviada al recordar que tenía el pelo oscuro y que llevaba una sudadera con
capucha y una parka.

"¿De qué color eran sus ojos?", exclamó.

¿Era olvidable a propósito?, ¿eso había dicho? Sí, bueno, el problema era ella,
no él y necesitaba recomponerse.

Respiró hondo, exhaló y vio cómo la nube se alejaba.

Esta casa, a la que siempre le había encantado ir, estaba ubicada en una
bonita finca rural, el estanque del patio trasero era uno de sus lugares favoritos. A lo
largo de su vida, los árboles habían crecido y se habían expandido, creando un
santuario dentro de la cerca y hacía unos cinco años, su abuelo había añadido un
cenador con mosquitero junto al agua. De ocho lados y con un techo de hojalata
roja, era una alegre tetera sin pico, sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar
cómo la construía tabla a tabla, clavo a clavo.

Había sido un regalo de aniversario para la shellan a la que tanto adoraba. En


verano, los domingos por la noche antes del amanecer, a Lyric y a sus abuelos les
gustaba salir allí después de la Última Cena familiar y escuchar a los chotacabras, los
grillos y las ranas arbóreas.

También era agradable cuando había tormenta y se sentían aventureros.

Cuando esos momentos ocurrían, Lyric sin duda los disfrutaba, pero nunca
había considerado que fueran algo excepcional y preciado... porque llegaría una
noche en que estaría sola allí.

Acercando la chaqueta de Dev, miró a través de los ventisqueros hacia el


cenador, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, tuvo que mirar hacia otro lado.
Qué hermoso era el paisaje invernal, tan brillante y reluciente, la luz de la luna
filtrándose entre las nubes para cubrir los pinos y cicutas nevados de tonos azules, el
estanque helado como un plato de platino.
Hubo una noche a principios de octubre, hacía unos tres meses, en la que la
temperatura era inusualmente cálida. La familia había salido con cestas llenas de
comida, todos los platos, cubiertos y bebidas. Los abuelos habían cocinado, por
supuesto y todo lo que habían servido había estado delicioso...

¿Por qué no recordaba lo que habían comido?.

Pensándolo bien, tampoco recordaba de qué habían hablado. Tampoco


recordaba qué llevaba puesto, ni qué llevaban los demás. Sin suéteres ni polares,
eso seguro, debido a la temperatura inquietantemente suave.

Dios, otro ejemplo más de cuánto no retenía.

Sin embargo, estaba segura de que su mahmen, la Elegida Layla, había estado
allí y también su padre Xcor, ahora agradecía que hubieran estado todos.

Sus abuelos nunca volverían a cenar allí.

No lo sabían entonces. Simplemente habían estado allí todos juntos,


disfrutando de la hermosa y cálida noche, atesorándola mientras se acercaba el
invierno. Pero nunca se sabe cuándo se va a hacer algo por última vez.

Se dio la vuelta y se secó los ojos mientras se dirigía a la puerta francesa de la


izquierda. Las otras dos daban a la suite principal del primer piso, que se había
añadido el año anterior. Gracias a Dios, sus abuelos habían planeado con antelación.

Qué lástima que lo que se habían preparado hubiera llegado tantas décadas
antes de lo debido.

Había un teclado junto al mecanismo de cierre, marcó su número de registro.


Toda la casa estaba equipada con sistema de sonido, como decía su tío Vishous: las
cámaras y los detectores de movimiento, el sistema de alarma, la ruta de escape
subterránea, todo diseñado por él y monitoreado por su personal en la sede de la
F.T., las veinticuatro horas del día.

Siempre había estado agradecida de que los recursos de la Hermandad de la


Daga Negra también protegieran a sus abuelos.

Mientras se abrían las puertas, saludó a la cámara más cercana, bajó la manija
y entró en la oficina de su abuelo. A lo lejos, se oyó un tintineo, al cerrar la puerta,
tuvo cuidado de asegurarse de que el sello estuviera bien apretado y el mecanismo
pudiera reconectarse, tal como su tío le había enseñado de pequeña.

La seguridad empieza al abrir y cerrar, siempre decía...

Con una mueca de dolor, levantó un pie como un flamenco y se aflojó las
correas de su stiletto . Quitárselo fue un alivio, sobre todo con el calor. Pero el
problema surgió cuando intentó apoyar el pie y aunque su arco protestaba por
aplanarse, apoyó la palma de la mano en la pared para mantener el equilibrio
mientras trabajaba en el otro lado.

Y fue entonces cuando se dio cuenta...

Había demasiado silencio.

"¿Hola?", dijo mientras dejaba caer el segundo. "¿Hay alguien en casa?".

Soltó una maldición mientras corría hacia el pasillo y se deslizaba alrededor del
marco de la puerta. El camino a la habitación de sus abuelos estaba abierto y no
tuvo tiempo de prepararse emocionalmente como solía hacer. simplemente se
precipitó hacia...

La lámpara junto a la cama estaba encendida y el tenue haz de luz se


derramaba sobre la mujer marchita que yacía inmóvil. Lyric, la mayor, estaba
recostada contra un montón de almohadas; su rostro arrugado y su ralo cabello
blanco aún resultaban impactantes. Con los ojos cerrados, la boca ligeramente
abierta y sin ningún movimiento, era evidente que lo que todos habían estado
esperando había...

El Kindle, cerrado sobre ese pecho hundido, subió... y bajó. Hubo una pausa,
luego subió... Y bajó de nuevo.

Soltando el aire que había inhalado, Lyric se desplomó aliviada y luego miró el
monitor bidireccional que mostraba la sala de estar junto a la cocina. Su padre Blay y
su abuelo estaban allí afuera, en los sofás, ambos profundamente dormidos, ¿quién
podía culparlos?. Esta vigilia por la muerte era agotadora y aun así no estaba lista
para el final. Ninguno de ellos lo estaba, aunque era en lo único en lo que todos
habían estado pensando durante el último mes.

Sobre todo la última semana.

Con triste resignación, se apoyó en el marco de la puerta y se presionó las


sienes con las yemas de los dedos. A diferencia de los humanos, que envejecen
gradualmente, cuando llegaba el final de la vida de un vampiro, era un rápido
descenso hacia la enfermedad. El hecho de que, justo en octubre, sus abuelos
hubieran estado cocinando, limpiando, rastrillando hojas y subiendo por una escalera
para colgar una corona otoñal en la puerta principal era incomprensible. ¿Que
hubiera hecho todo eso con el mismo aspecto de las últimas dos décadas?, solo un
poco canoso alrededor de la cara, su postura aún perfecta, sus ojos vivaces y su risa
tan rápida como siempre.

¿Cómo estaban allí... ahora?.

Sus abuelos volvieron a brillar y fue entonces cuando notó que Ehlena, la
enfermera, ya se había encargado de cambiarle el camisón. Esa noche era azul
pálido, ayer había sido un rosa pálido. Ambos complementaban la paleta de colores
pastel de la colcha de retazos y el papel pintado floreado de la habitación.
Rocke siempre decía que dormía en una cómoda victoriana, sin las bolsitas de
lavanda ni la ropa interior. Pero también sabía que a su shellan le gustaba la
decoración femenina, así que estaba más que feliz de dejarle tener lo que más la
hacía feliz al despertar.

Esa pequeña frase se había repetido incontables veces. La Lyric mayor siempre
había añadido al final que, en realidad, Rocke era lo primero que veía al despertar y
que las flores en las paredes y la colcha que había hecho quedaban en un lejano
segundo plano.

Cuando el estómago de Lyric emitió un rugido de hambre, retrocedió... aunque


en cierto modo quería interrumpir todo ese sueño solo para comprobarlo. Solo que
respirar era suficiente para demostrar que estaba viva, ¿no?.

A menos que la mujer hubiera entrado en coma...

"Bueno, ahí estás", dijo una voz débil.

Lyric se puso firme de golpe. "Abuela, ¿estás despierta?".

Al acercarse a la cama, esa sonrisa familiar apareció por un instante y esos


ojos, esos hermosos ojos grises, reflejaban el brillo con el que siempre habían
mirado al mundo.

"Mírate", dijo la Lyric mayor. "Qué chaqueta tan calentita".

Sosteniendo la prenda abierta, Lyric giró lentamente. "¿Crees que combina con
mi vestido?".

"Como guisantes y zanahorias. ¿Dónde lo conseguiste?".

Lyric se inclinó y besó a su abuela en la mejilla. "No me creerías si te lo dijera".

"Bueno, entonces debes decírmelo ahora mismo".

Esa mano esqueléticamente delgada palmeó la colcha, era difícil no recordar la


semana anterior, cuando la Lyric mayor pudo incorporarse con un poco de ayuda,
ahora no podía hacer eso.

"¿Dónde están tus zapatos, querida?".

Acomodándose en el borde del colchón, no pudo evitar sonreír. "Están junto al


escritorio del abuelo en su estudio. Entré por la puerta del porche lateral y los dejé
ahí porque no quería dejar rastros de sal".

"Sabes...". Una tos seca interrumpió las palabras y hubo un momento de


recuperación después. "Sabes... tengo que levantarme y pasar la fregona, tu abuelo
odia fregar".
"Oh, con gusto lo hago...".

"No te preocupes". Hubo otra pausa mientras esos ojos cansados se dirigían a
la puerta abierta. "Me encargaré... quizás después de descansar un poco más. Tu
abuelo está muy cansado, ¿sabes?".

Esa mano se dirigió a la mesita de noche y reorientó la pantalla del monitor. Su


abuela volvió a sonreír mientras observaba a los dos hombres en sofás opuestos,
durmiendo en idénticas posturas reclinadas, con las manos entrelazadas sobre el
centro del pecho y la barbilla en alto mientras roncaban.

"Están muy cansados", dijo su abuela.

Y entonces la tos volvió a empezar.

Mientras Lyric se lanzaba a por la máscara de oxígeno que colgaba del


cabecero, la mayor de las Lyric apartó de un manotazo el silbante vaso de plástico.
"Ya basta... de... eso...".

Ante la negativa, solo pudo sentarse y esperar a que todo se calmara, mientras
se preguntaba si debía despertar a su otro padre. Pero el hombre estaba
completamente dormido y odiaba haberlo preocupado aún más esa noche. En su
primer descanso del evento para suscriptores, se había asegurado de hablar por
FaceTime con él, junto con su abuela y Xcor, desde el baño para asegurarles que
estaba bien.

Hablando de pruebas de vida...

"Ahora, háblame del abrigo", dijo la anciana Lyric con voz débil.

Mantuvo la mascarilla en la palma de la mano, sintiendo el aire en la muñeca.


"Bueno, estaba en un evento en este club y...".

Cuando Lyric llegó al final de la historia —cortó la conversación antes de la


parte sobre llevar el casco a la obra—, su abuela parecía respirar mucho mejor.

"Sobre este hombre...", susurró la mujer. "Debía de ser bastante fuerte para
sostener una valla publicitaria entera".

Mientras las mejillas de Lyric se sonrojaban, se aclaró la garganta. "Ah, sí, era
muy fuerte, para ser humano".

"En realidad, no son tan diferentes de nosotros y ese rubor en tus mejillas me
dice que tú también lo notaste".

"Es un completo desconocido".

"Y aun así tienes su chaqueta".


Lyric pasó la mano por la manga, palpando el áspero tejido de la capa exterior.
"Solo un desconocido".

"Todos empiezan así".

"No lo volveré a ver".

Bueno, supuso que no era del todo cierto. Lo vería de lejos, tal vez. Cuando
volviera a Bathe, si es que volvía allí.

De repente, salir de fiesta no le parecía más interesante que publicar y


promocionarse en Zideo.

"¿Puedo darte un consejo... como anciana que ha visto mucho?".

Disimulando un bostezo, asintió. "Por supuesto, Granmahmen". Cuando esa


frágil mano palmeó la cama en el lado vacío, Lyric no pudo evitar sonreír. Se levantó,
rodeó el pie de cama y se estiró sobre la colcha, acurrucándose de lado y tomando
esa delgada palma entre las suyas.

"Dime", le instó. "Siento que mi vida no va a ninguna parte, así que estoy muy
abierta a cualquier consejo que me des".

"Nuestro tiempo aquí es muy corto". La anciana Lyric solo pudo girar la cabeza
y lo hizo, sus miradas se encontraron. "Tienes que encontrar a ese hombre y seguir
ese rubor hasta sus brazos...".

"¡Abuelita!", exclamó con una risita.

"No siempre he sido vieja, ¿te das cuenta?". La anciana Lyric sonrió con
complicidad. "Y tu abuelo no siempre fue contable".

"Yo... no sé qué decir a eso". Le devolvió la sonrisa. Al menos hasta que


recordó su encuentro —¿con Devlin, era?— en el lugar. “Y en fin, fue solo un
encuentro casual”.

“Un hombre no le da su chaqueta a cualquiera en una fría noche de invierno”.

Recordó haber estado frente a él y se sintió aliviada al recordar lo alto que era.
Lo ancho de pecho y hombros.

“Oh, no sé”, murmuró. “Quizás solo tiene buenos modales”.

¿No había dicho algo sobre cómo su madre lo crio, verdad?. Dios mío, incluso
su conversación era irregular en su memoria.

“¿En invierno?”. Su abuela emitió un sonido despectivo. “Además, eres la


mujer más hermosa que ha visto en su vida”.
“Eres parcial”.

“Tengo razón”, fue la réplica. “Ay, Lyric, mi tocaya, mi nieta, tienes el mundo
por delante porque tienes tiempo a tu disposición, aprovecha esa bendición.
Encuéntralo y sigue tu corazón. Al final todo saldrá bien entre ustedes dos y si no
funciona, es que aún no has llegado al final”.

Bueno, eso era una locura.

Aun así, levantó la mano de su abuela y le dio un beso en el dorso. No sabía


que fueras tan romántica. Odio volver a sacar esto a colación, pero es humano, así
que no hay... bueno, no hay nada a lo que podamos llegar con... nada.

Entonces que termine como sea, en sus propios términos. ¿Acaso eso es mejor
que nada?. Y cuando termine, podrás alegrarte de haberlo conocido y podrás
guardarlo en tu corazón para cuando seas una anciana como yo y estés en tu lecho
de muerte. Estarás muy agradecida por ese calor reflejado. Es el único hogar para
los huesos viejos, esos recuerdos de cuando éramos jóvenes.

Lyric abrió la boca para refutar la declaración de su abuela sobre su condición.


Solo que ambas sabrían quién había dicho la mentira y quién había tenido el valor de
decir la verdad.

Cuando las lágrimas comenzaron a brotar, no pudo contenerlas. La colisión de


la casi muerte que se le había ahorrado con la certeza de lo que se avecinaba tan
pronto era demasiado para contenerla.

Su abuela extendió la mano y le rozó las mejillas con una caricia suave,
vacilante.

"No quiero que te vayas", dijo Lyric con voz ronca.

"Yo tampoco quiero ir, pero no es mi decisión". La sonrisa regresó. "¿Alguna


vez te he dicho lo orgullosa que estoy de ti?".

Lyric tuvo que soltar una carcajada. "Siempre".

"Bien, quiero que lo recuerdes cuando ya no esté". Esos hermosos ojos


hundidos se tornaron serios. "No puedo pensar en nadie mejor que tú para llevar mi
nombre".

Con un nudo en la garganta, Lyric negó con la cabeza. "¿Cómo puedes decir
eso?. No voy a hacer nada con mi vida..., no voy a ninguna parte".

"Es solo esta etapa en particular". De repente, la voz de su abuela se hizo más
fuerte, más firme, su fuerza resurgió. "Encontrarás tu ritmo y tu camino, algún día
recordarás este momento y lo que te digo. Lyric, hija de sangre de Qhuinn, hija de
corazón de mi propio Blaylock, el futuro que deseas te espera, sal y consíguelo.
Debemos vivir mientras podamos para que, cuando nos vayamos de esta tierra, lo
único que lamentemos sea la gente que dejamos atrás, no todo lo que no hicimos
por falta de valentía".

Lyric cerró los ojos. "Te quiero mucho, abuela".

"Y yo a ti, querida. Siempre". El desánimo llegó tan rápido como la repentina
oleada de fuerza había llegado de forma tan inesperada. "Te esperaré en el Fade,
nieta mía, pero tómate tu tiempo aquí abajo. La vida es... maravillosa, incluso
cuando estás confundida. Prométeme... que irás a buscar al hombre que te dio este
abrigo".

"No lo sé, ya veremos".

"El amor es magia y todos necesitan magia en su corazón...".

Dicho esto, su abuela se quedó dormida, cerrando los ojos y relajando los
labios. Pero respiraba, lenta pero firme y la mano seguía caliente.

Respirando hondo, Lyric siguió el ejemplo de su mayor y se rindió a su propio


agotamiento, dejándose llevar hasta que solo supo a qué palma se aferraba, el
vínculo que pronto se rompería...

Su sueño era tan profundo que no noto, al hombre pelirrojo que se acercó a la
puerta, mirando a la mahmen que lo había traído al mundo y a la hija, por la que él y
su hellren vivían.

Blay se preguntó cómo podía su corazón estar tan lleno.

Y al mismo tiempo, destrozado por la tristeza.


CAPITULO 13
________________

Déjà vu.
Eso pensaba Wrath, hijo de Wrath, padre de Wrath, al materializarse en la
nieve. Con su ceguera, no debería haber podido ver nada y técnicamente no lo veía.
Pero de memoria, situó el Pozo a su izquierda y la mansión delante, esta última al
otro lado de la fuente preparada para el invierno, justo enfrente.

Al avanzar, con sus shitkicker abriéndose paso a través de la nieve, los silbidos
del viento lo orientaron; los sutiles cambios de cadencia y tono confirmaron todo lo
que ya sabía sobre la distribución de la propiedad. Tan completa era la composición
creada a partir de lo que recordaba su mente y lo que le proporcionaban sus
sentidos, que pudo anticipar con precisión el primer escalón de la escalera de piedra
sin palar de la gran entrada.

¿Y qué sorpresa?.

Alguien con pies grandes ya había allanado el camino a través de los nuevos
montones de nieve.

Al llegar a la entrada, recordó cuando había estado allí hacía apenas una
semana, regresando a tiempo de donde Rahvyn lo había escondido… con un viejo
amigo listo para recibirlo y abrirle la puerta.

Esta vez, gracias a Fritz, tenía la llave de cobre.

Al entrar, Wrath cruzó el gélido vestíbulo y luego hizo lo mismo con el peso de
la puerta interior.

El vestíbulo no era mucho más cálido que la fría noche.

Sus botas lo llevaron por el diseño de mosaico del suelo, su cerebro le


proporcionó los delicados detalles del manzano en plena floración. Gracias al eco de
sus pasos, supo una vez más dónde estaba el primer paso. Arriba, arriba, arriba…
siguió y con cada paso, el alivio corría por sus venas.

Podía oler el crepitar del fuego y la sangre fresca de su único hijo.

De nuevo.

En la cima, se detuvo y ensanchó las fosas nasales. Dada la calidez que lo


invadía, supo que las puertas dobles estaban abiertas, al no haber recibido ningún
saludo, ni siquiera uno brusco, se convenció de que al menos se oían los suaves y
rítmicos ronquidos de alguien en un sueño profundo y reparador.
Wrath sacó su teléfono y habló en voz baja: "Mensaje, grupo de alerta roja.
Inicio, L.W. ha sido encontrado. Repito, lo he encontrado y está a salvo en la
mansión, solo heridas leves, Fin".

Aún no llamó a su shellan. Recibiría el mensaje, pero querría mucha más


información.

Que no estaba seguro de poder darle.

Avanzando en línea recta, entró en el estudio y al igual que al acercarse por el


exterior, encontró en su memoria los contornos de la habitación azul pálido con sus
muebles franceses absurdamente delicados, la alfombra antigua y el resplandor de la
chimenea..., había algo más que podía visualizar.

El luchador tendido en el suelo, su hijo.

Cuando Wrath había sido reabastecido en el proverbial estante de la vida y


había aparecido aquí, la Virgen Escriba le había concedido un breve retorno de la
vista para que pudiera ver a L.W. El regalo había sido una sorpresa porque la
mahmen de la raza no era conocida por su cariño. Pero tal vez, como madre, había
sido consciente de lo mucho que significaría para él ver en la madurez aquello que
solo había conocido de pequeño.

Resultó que no eran buenas noticias y no porque su descendencia fuera débil o


escurridiza.

Wrath no sabía qué esperar, pero la dura y torturada realidad del macho lo
había entristecido, no se sentía mejor sobre dónde estaban las cosas después de
tantas noches. Tampoco estaba más cerca de descubrir cómo llegar a su hijo.

Al menos sabía dónde estaba, sin embargo.

Aunque solo fuera físicamente.

Despiértalo, se dijo, habla con él.

Sí, ¿y qué?, L.W. había demostrado ser demasiado hábil con toda esa tontería
de la manzana que cae del árbol. Demonios, el chico había aterrizado justo al pie del
maldito tronco de Wrath, un luchador melancólico y agresivo que acechaba por los
espacios, apenas hablaba y se había mudado a casa de Shuli como una tormenta en
busca de nuevos paisajes que saquear...

Un crujido allá abajo hizo que Wrath se diera la vuelta y sacara un arma al
mismo tiempo. Los mhis aún rodeaban la cima de la montaña y el amortiguamiento
hacía prácticamente imposible que alguien llegara allí si no sabía dónde estaba la
mansión, pero el destino era un cabrón y no necesitaba aprender esa lección dos
veces.

Solo que entonces... captó el olor.


Al bajar el arma, soltó el aliento. "Leelan".

En el silencio resonante, oyó un movimiento tenue en el vestíbulo; su Reina


cruzando el duro suelo de piedra y luego subiendo por la lujosa alfombra.

"¿Está aquí?". susurró ella mientras se acercaba a él.

"Sí". Él le tendió la mano. "Profundamente dormido".

"Supuse que aquí era donde estaban".

Beth se detuvo a su lado y dejó su palma colgando al viento, sin duda porque
estaba completamente concentrada en su hijo, asegurándose de que seguía entero.
Era imposible no enfurecerse por las muchas noches que debió haber pasado sola,
preocupándose por el niño sin ningún hellren a su lado. Quizás también estaba
pensando en eso, el olor de su tristeza era un escozor acre en la nariz.

Maldiciendo todo lo que habían perdido, fue a rodearla con el brazo...

Ella se apartó. "Tengo muchas ganas de llamar a la Doc Jane o a Manny, pero
solo lo enfurezco cuando lo hago."

Frunciendo el ceño, Wrath se giró hacia su voz tensa. "¿Estás bien?".

"Supongo que tenemos que dejarlo aquí". Intuyó que ella miraba a su
alrededor, luego empezó a caminar de un lado a otro. "O sea, sé que Vishous está
vigilando la propiedad y el mhis sigue activo, pero...".

Wrath extendió la mano, intentando encontrar su hombro, pero se equivocó de


posición y la golpeó en su bíceps. "¿Qué pasa?".

Al no contestar, puso su teléfono en primer plano. "Podemos llamar a Jane y a


Manny ahora mismo, ¿si te hace sentir mejor?, me da igual si los molesta". Silencio.
"De acuerdo, llamo ahora mismo...".

"¿Quieres saber qué me haría sentir mejor?, ¿de verdad quieres saberlo?".

"Joder, sí. Lo que sea, ¿qué necesitas que haga?".

"No me mientas", dijo en voz baja y nítida. "Eso sería genial".

Apretando las muelas, Wrath se acercó a las puertas dobles del estudio y las
cerró en silencio. "Escucha, leelan…".

"No salgas de casa y me digas que vas a la Audiencia, como si nada. No me


vengas con esas chorradas, cuando en realidad vas a salir al campo".

Tras sus gafas protectoras, Wrath cerró los ojos. "Bajemos".


"¿Por qué?, ¿para que nuestro hijo no oiga?. Está desmayado en el suelo frente
al fuego porque el cansancio y las lesiones le han hecho daño. Ya lo he visto antes,
solo una bomba que explote lo despertará".

“Buena elección de palabras”, replicó. “Y no salí a pelear…”.

“Sí, lo hiciste”.

“Fui a una casa particular…”.

“Ah, ¿te refieres a la que explotó cuando abriste una puerta hace treinta años?.
¿Así?. Por favor, cuéntame un poco más sobre adónde fuiste esta noche, no te va a
meter en un hoyo aún más profundo”.

Con la ira en sus entrañas, se dijo a sí mismo que debía calmarse. “No es lo
que piensas, para nada…”.

“Bueno, supongo que los detalles son algo que hay que saber, así que sí, por
favor, guárdatelos. Y no, ninguno de tus chicos me lo dijo; no tenían por qué. Fui a la
Casa de Audiencias a llevarles algo, ninguno de ustedes estaba allí. Ni en casa, ni
allí, así que registré en el centro de entrenamiento. Tampoco allí y no pude encontrar
a Tohr, que nunca se separa de ti. ¿Dónde estaban todos?”. Wrath se pasó una mano
por el pelo y sintió ganas de arrancarse la cabeza. "Tenía que ir a...".

"No me importa. Pero te diré que deberías hacerte un favor: no vuelvas a


hacer eso conmigo". Murmuró un par de palabras en voz baja. "Me voy a casa ahora
y puedes hacer lo que quieras. Dios sabe que así es como te comportas...".

La agarró del brazo. "No salí a pelear, ese fue nuestro acuerdo".

"¿Crees que vas a escaquearte por un tecnicismo?, ¿en serio?, el campo está
por todas partes en Caldwell".

"Estaba protegido...".

"Aun así me mentiste, me prometiste que no ibas a poner en peligro tu...".

"Hay un complot contra mi vida, Beth". Se incorporó. "Tuve que ir a casa del
imbécil porque no lo encontramos y mi guardia estaba conmigo. ¿Te acuerdas de
ellos, los de las malditas dagas negras?".

"¿Crees que me va a ayudar que hayas ido a la casa de un traidor?". Beth


apartó el brazo y rió con fuerza. "¿Se supone que eso me va a hacer sentir mejor?.
eh, no, no puedes echarme la culpa. Tú tomaste la decisión al irte de casa esta
noche y tengo derecho a sentirme enojada".
Bajando el volumen, soltó: "Porque fue, por mi culpa, ahora tenemos una pista
sobre lo que era una pista muy fría".

"Espero que haya valido la pena".

Maldita sea, casi podía verla echando una última mirada a las puertas del
estudio... antes de bajar las escaleras a toda velocidad, con los brazos alrededor del
torso y el pelo oscuro ondeando tras ella.

"Joder".

Sus pies empezaron a moverse antes de darles la orden, se agarró a la


balaustrada para ir más rápido. Al llegar abajo, tropezó al llegar al suelo de mármol
antes de lo previsto; claro, su concentración estaba en su shellan, no en la
información que le proporcionaban sus sentidos restantes. Avanzando a toda prisa,
llegó al vestíbulo justo cuando la puerta se cerraba tras ella.

Cuando Wrath irrumpió en la noche, el viento le azotó el pelo hasta la cintura y


le tiró la cabeza hacia un lado. "¡Beth!".

Pero ella ya se había desmaterializado.

"¡Joder!", gritó al viento.

Agachando la cabeza, sintió que la rabia crecía. Pero no era contra su


compañera. Era contra la maldita guerra, contra la maldita glymera y contra el
maldito trono.

Había regresado después de treinta malditos años al mismo desastre que había
dejado.

La única diferencia era que todos a los que había amado habían sufrido
durante tres décadas. Su hijo había crecido tan descontento y furioso como él mismo
en sus peores momentos.

La misma mierda, nueva noche.

Joder.
CAPITULO 14
________________

Había muchas razones para trabajar en el turno de noche; mejor sueldo,


menos conversación, pasar desapercibido, pero ¿si dormías fatal como Dev?. Bueno,
entonces era un triunfo para todos. Si no dormía, al menos podría estar ganando
dinero, ¿no?.

Y además, su trabajo físico lo dejaba tan cansado que su cuerpo al menos


tenía una oportunidad de desconectar de su mente.

Hoy no, cabrón, hoy no.

Un fantasma rondaba por su estudio y por mucho que intentara ignorarla, era
lo único que podía ver.

Por otra parte, había llevado la decoración minimalista al nivel de un


universitario, así que no había muchas distracciones.

Gracias a sus cortinas opacas, podía dejar la caja de zapatos bien a


medianoche sin importar la hora y ese solía ser el último ladrillo en su pared REM.
Los demás seguían su rutina de higiene del sueño y maldita sea, lo había hecho todo
bien después de que lo llamaran al trabajo por esos fuertes vientos; se había
duchado, metido una pizza congelada en el horno y había evitado la cafeína en todas
sus formas: Coca-Colas en la nevera, helado de café en el congelador, cápsulas
Green Mountain junto a la cafetera Keurig.

A las siete de la mañana lo habían arropado como un niño bueno y después de


eso, había probado con los ojos cerrados.

Y no había llegado a nada, ni de coña.

Quizás el problema fue que lo mandaron a casa temprano, lo que le había


quitado otras tres o cuatro horas de ejercicio...

"Mentira".

Esa rubia era el problema. Se había pasado el día bailando a los pies de su
cama con ese vestido brillante. Como ella, de alguna manera, tenía el control remoto
en su maldita manita, él simplemente se quedó allí tumbado contra sus dos
almohadas patéticamente planas, con los brazos cruzados sobre el pecho desnudo y
el resto de su cuerpo desnudo bajo las sábanas desparejadas, viendo la alucinación
como si fuera su maldito programa de televisión favorito.

Dime que tu salud mental se había estropeado sin…


Con un gruñido, se incorporó y se frotó el pelo. Tenía los ojos llorosos y la
mandíbula crujió al bostezar a propósito, no porque tuviera que hacerlo. Además,
tenía una erección monstruosa.

Un vistazo rápido a su teléfono: "Gracias a Dios".

Las cinco de la tarde. Por fin. Algunos esperaban a esa hora para tomar una
copa. ¿Para él?, significaba que podía levantarse de la cama y moverse por la
proverbial cabaña.

Se levantó, fue al baño e intentó ocuparse de sus asuntos para el bien de su


vejiga. Como llevaba un palo de dos por cuatro como asa, tuvo que cepillarse los
dientes y caminar, pensando en el béisbol —todavía no era la temporada, pero le
sirvió— hasta que todo se desinfló lo suficiente como para funcionar. De vuelta al aire
libre, fue a su cómoda y cogió sus mallas térmicas para correr y sus calcetines de
nailon. No se molestó en ponerse una camisa, solo se puso la cazadora y una gorra.
Las Brooks Glycerin 55 le quedaron como guantes, luego se puso los guantes de
verdad.

Lo último que hizo fue coger su teléfono y sus auriculares.

El mensaje que le avisaba de que no había trabajo volvía a estar en primer


plano donde lo había dejado cuando llegó a las tres de la tarde. El capataz del turno
de día, seguía sin conseguir que funcionara toda la electricidad interior después de
que la grúa de la plataforma de recepción hubiera destrozado el transformador y el
generador.

Bueno, intentaría dejar atrás a esa rubia en el pavimento helado. En el mejor


de los casos, su ruta lo llevaría a Vermont y de regreso. ¿En el peor de los casos?,
resbalaría, se caería y se provocaría una conmoción cerebral que lo dejaría en coma.

Al menos así dormiría un poco.

Cuando Dev salió al pasillo y cerró la puerta con llave, una voz dijo: "Te
preparé la cena".

Cerrando los ojos, apretó los labios. Luego, forzó un tono sereno. "Señora
Aoun, le dije que no necesito...".

Se calló al darse la vuelta y encontrar a su vecina de metro y medio, de pelo


blanco y delantal, plantada justo en su camino con una bandeja llena de comida. Sin
duda, su puerta estaba entreabierta —porque claro que sí— y estaba dispuesto a
apostar a que lo había estado esperando.

Una araña bondadosa decidida a engordarlo.

"Tengo shawarma, kibbeh, arroz y fattoush, comerás. Estás demasiado


delgado".
¡Bingo!.

Mientras ella empujaba hacia adelante ese montón de tazones que claramente
contenían más de una porción, él levantó las palmas de las manos como si le
apuntaran al pecho con una pistola. “Señora Aoun, tiene que parar esto. No tiene
que preocuparse por mí…”.

“Ya se lo dije, mis hijos han muerto y no tengo nietos. Dios me puso aquí para
alimentarlo y lo puso a usted allí para tener a alguien a quien cocinar. Así son las
cosas, ahora tome”.

Aceptó la transferencia de calorías porque era eso o estaba seguro de que iría
al infierno como algo peor que un sociópata asesino.

¡Ah!. Y había otra razón, olía de maravilla.

“Traiga los platos cuando estén vacíos. Le prepararé más”.

La señora Aoun asintió una vez, como si hubieran cerrado un trato, luego se
contoneó como un pingüino de vuelta a su estudio y cerró la puerta de golpe.

Dev miró la comida, mientras su estómago rugía, volvió sobre sus pasos y se
preguntó cuándo se había vuelto tan cobarde. Balanceando todo mientras introducía
su huella dactilar en el lector de la cerradura, abrió la puerta con un movimiento
rápido y se dirigió a su pequeño mostrador. Su refrigerador estaba vacío, salvo por
su reserva de Coca-Cola, algunos sobres de salsa y las tres cervezas que pensaba
acabar después de correr en lugar de desayunar, comer y cenar.

¡Ah!, había un tarro de cerezas que aún no sabía por qué había comprado
hacía un mes.

Y el helado de café.

La segunda ronda con la salida lo llevó inmediatamente a la escalera abierta y


bajó corriendo. Los olores de todo tipo de cocina se acumulaban en el aire demasiado
cálido, su nariz no lograba distinguir ninguno de los grupos de alimentos. En el
primer piso, empujó la puerta de cristal y pasó junto a la pared de buzones,
respirando profundamente el frío preámbulo del gélido exterior.

Bueno, Vermont estaba demasiado lejos. Su plan era cruzar corriendo el


puente más cercano y volver.

Dos veces.

Apretando el hombro contra la última puerta, pensó que tal vez podría hacerlo
tres veces, dada la cantidad de comida que tenía ahora...

Cuando las cosas empezaron a abrirse, supo incluso antes de ver lo que le
esperaba en la entrada... simplemente lo supo.
Dev se detuvo en la puerta y se negó a reconocer la llamarada que se encendió
en el centro de su pecho.

Su fantasma rubio se había vuelto corpóreo y estaba de pie al abrigo de la


entrada del edificio, justo al abrigo del viento. Nada de vestido brillante esa noche.
Llevaba vaqueros azules y unas cómodas botas de montaña, una bufanda roja de
lana anudada alrededor del cuello. Distraídamente, notó que su parka era bastante
abultada, con sus contornos azul marino y gris empequeñeciendo su cuerpo.

Bien, pensó, estaba abrigada.

"No soy una acosadora, lo juro". Extendió una mano como si fuera un guardia
de paso de peatones intentando detener un camión. "¿Tu dirección estaba en el panel
del taxi?, tenía muchas ganas de devolverte esto".

Mientras le ofrecía la chaqueta de construcción, sus cejas estaban alzadas,


como si fuera ella la sorprendida de que estuvieran cara a cara, aunque, dadas sus
mejillas y nariz sonrojadas, llevaba un rato esperándolo en el frío.

Toma el abrigo, se dijo, toma el maldito abrigo, dile que se vaya al carajo y
que no te vuelva a molestar.

"Toma", dijo con voz ronca, con la mirada perdida. "Como puedes ver, tengo
uno propio".

Dev observó cómo se le ondulaba la garganta al obligarse a tragar saliva.

Mientras tanto, el viento los rodeaba, como un par de brazos que los
apremiaban a acercarse. Aunque se recogió el pelo tras la oreja, algunos mechones
se soltaron creando un aura dorada alrededor de su cabeza.

¿Mira tú?, puede que la noche anterior lo hubiera encontrado olvidable, pero su
memoria era nítida y lo había captado todo con precisión; los detalles de su hermoso
rostro y sus ojos desiguales, sus labios carnosos y su cuerpo alto, todo perfecto.

"¿Por eso viniste?", se oyó decir. "Por la chaqueta".

Ella no lo miró a los ojos. "Sí".

"¿De verdad?".

Cuando ella asintió, Dev tomó lo que le ofrecía. Luego lo arrojó a cualquier
parte.

Se acercó a ella, la rodeó con un brazo por la cintura y la atrajo hacia sí.
Mientras ella jadeaba, él se concentró en su boca.

"¡Mentira!", gruñó.
Levantó la mano libre y le pasó los dedos por el pelo, el viento lo arremolinó
salvajemente. Luego la agarró por la nuca y la hizo perder el equilibrio.

Mientras ella se aferraba a su cazadora, seguía sin mirarlo a los ojos.

Pero ahora era porque estaba demasiado ocupada mirándole los labios como si
tuviera hambre.

Dev bajó la cabeza, colocando su boca justo encima de la de ella. "Dime algo",
le ordenó.

"Sí", susurró ella. "Lo que sea".

La pausa fue como una descarga eléctrica, maldita sea, sabía que estaba
siendo estúpido con esta mierda. Tenía que vivir una vida sin complicaciones y no
necesitaba follar con esa rubia para saber que era extremadamente complicada.

Y aun así, tenía que preguntar, igual que había tenido que tocarla... igual que
había tenido que besarla:

"¿Te gusta la comida libanesa?".


CAPITULO 15
________________

En los suburbios ricos, donde las casas eran monolíticas, las propiedades
estaban tan cuidadas y podadas que sus jardines lucían perfectos incluso en invierno,
las persianas diurnas empezaron a subir de las ventanas que rodeaban el dormitorio
de Shuli. El sutil zumbido no fue lo suficientemente fuerte como para despertarlo. Su
teléfono, que sonó a toda máquina con una llamada entrante, hizo el trabajo
perfecto.

Incorporándose entre las sábanas de satén, golpeó la mesita de noche con la


mano y se llevó el maldito móvil a la oreja.

"¿Lo encontraste?, dime que encontraste...".

La voz del Hermano Vishous era profunda como la nota grave de un Steinway y
seca como un desierto. "Sí, han localizado a L.W.".

"Está vivo". Lo mantuvo en secreto, como si cualquier atisbo de indagación por


su parte hiciera que la respuesta fuera negativa. "Está vivo...".

"Sí, lo está".

Shuli respiró hondo. “Gracias a Lassiter”.

“Wrath lo encontró”.

“¿Dónde?, ¿qué pasó?, ¿cuándo…?”.

“No te llamo por eso, por tercera vez”. Hubo una mueca y luego una exhalación
y Shuli pudo imaginarse al Hermano encendiendo uno de sus cigarrillos liados.
“Tienes que contestar el teléfono, maldita sea”.

A su lado, las sábanas empezaron a moverse y casi metió la mano bajo la


almohada buscando el cuchillo que guardaba allí, hasta que reconoció el pelo oscuro,
el pecho, la cadera desnuda.

Mierda, por suerte para ella había luz en el baño o se habría despertado
muerta. Maldita sea, el final de la noche estaba volviendo a él. Se había
emborrachado, se había metido un par de rayas de coca en Marhalle's y había
acabado trayendo a casa…

La mujer lo miró con ojos oscuros y desenfocados. “Bueno, holaaaaa”.

Cerrando los ojos, le dijo al teléfono: "Lo siento, creo que me quedé un rato
desmayado".
Lo que explicaba por qué no había recibido ninguno de los mensajes que sin
duda le habían enviado sobre L.W.

"Te queremos en la Audiencia en una hora".

"De acuerdo, nos vemos...".

La llamada terminó y se quedó mirando la pantalla. Ah, cierto. De hecho, había


habido siete intentos fallidos de llamadas, además de esos mensajes grupales. Era
un milagro que la Hermandad no hubiera aparecido allí con sus dagas negras
desenvainadas y un ataúd como ataúd en cuanto se puso el sol.

"¿Adónde vas?", preguntó la mujer mientras buscaba entre las sábanas.

Cuando su mano encontró su pene con la misma precisión con la que él había
agarrado el teléfono, extendió las piernas y puso los pies en la alfombra.

"Tengo que irme". Se aclaró la garganta. “Mi mayordomo te llevará a casa”.

“¿Siempre te despiertas de mal humor?”.

Bueno, considerando que estaba a punto de ser asesinado por no hacer un


trabajo que no quería porque un egoísta miembro de la realeza lo había jodido en
medio de la guerra, sí, estaba un poco gruñón.

“Sabes, tengo maneras de animar a un hombre”.

La forma sinuosa en que se dio la vuelta y se echó el pelo brillante hacia atrás
sobre el hombro sin duda había sido un acierto muchas veces.

“Mi mayordomo te pagará”. Luego, como no era un completo imbécil, se


recostó y la besó en los labios. “Gracias por toda la diversión”.

“Tenlo en cuenta”.

“Sí, lo haré”.

Al levantarse, se tragó una maldición mientras pulsaba el botón de invocación


bajo el borde de la mesita de noche. Luego, cojeando, fue al baño con la plena
confianza de que su habitación estaría vacía al salir: Willhis, su doggen jefe, se
aseguraría de que usara una de las habitaciones de invitados para arreglarse antes
de acompañarla al coche y llevarla adonde quisiera.

Y no, nunca sabría que había estado con un vampiro.

Encerrado en su baño de ágata negra, no llegó a la ducha para abrir el agua.


Sus pies maltrechos requerían una entrevista inmediata, así que se sentó en el
taburete acolchado frente a los lavabos dobles y levantó una pierna.
Las ampollas sangrantes se concentraban en la parte posterior del talón y el
lateral del dedo gordo. Podía sentir lo mismo en el otro pie y cuando un par de
latidos, empezarón a latir con fuerza, cerró los ojos.

Tantos callejones, tantas calles. Después de que Qhuinn lo confrontara


abiertamente en ese callejón a las afueras de Bathe, Shuli fue retirado de la rotación
y se le dijo que se fuera a casa. Pero como si eso fuera a pasar. Había recorrido el
campo durante horas buscando a su compañero de piso, hasta el punto de ser un
maldito zombi cuando su mejor amigo, Nate, lo encontró y lo obligó a subir a un
coche.

Incluso ahora, no estaba seguro de si había estado buscando a L.W. para


salvar su vida o solo para poder darle un puñetazo en los huevos al heredero al
trono.

Por otra parte, ambas cosas no eran mutuamente excluyentes.

Y así fue como terminó en casa de Marhalle. ¿Si se hubiera quedado en casa
esperando?. ¿L.W. hubiera entrado por su puerta, tan despreocupado, con la polla en
la mano?.

¡Hablando de despertar un muerto!.

Marhalle, por otro lado, le había dado justo lo que necesitaba, incluyendo la
acompañante: una morena que se veía tan diferente a Lyric como era posible.

No se atrevía a follar con una rubia en ese momento. Para qué darle vueltas a
la rueda de la vergüenza y arriesgarse a caer en algo tan probable como la
impotencia, la eyaculación precoz o lo peor de todo, el llanto.

Puso el pie en el suelo radiante, revisó el otro —que resultó estar en peor
estado— luego se obligó a ponerse en vertical. A medida que avanzaba, la distancia
hasta la ducha parecía hacerse cada vez más larga, pero bueno, al menos tenía
tiempo de sobra para disfrutar de la vista de todos sus grifos dorados y la alfombra
con monograma dorado y negro.

¡Ah!, también la bañera de ágata negra iluminada, con vetas blancas y doradas
que se entrecruzaban como una especie de mapa mágico por descifrar.

La usó como lamparita de noche.

En la espaciosa ducha, del tamaño de un garaje e iluminada gracias a un


detector de movimiento, se metió en el agua, cuando el agua se calentó lo suficiente,
se metió en el chorro de ocho chorros...

"¡Joder!".

Toda la piel en carne viva de sus pies gritó al correr el agua sobre sus pies y
apretó los dientes mientras echaba la cabeza hacia atrás. Al igual que la bañera, las
paredes y el techo de ágata negra de la ducha brillaban a través de esas sutiles
vetas, sintió como si estuviera en el cielo, rodeado de cintas de nubes.

¿Seguía fumado también?. No recordaba si había fumado un porro antes de


quedarse con la acompañante de 'Absolutamente no, Lyric'.

Pasándose las manos por el pelo mojado, el agua de la ducha le dio en el culo
con una bofetada que parecía una nalgada cósmica. ¿Se trataba de la trabajadora
sexual?. ¿O de todos sus amoríos?.

El universo tendría que ser un poco más específico si quería enseñarle algo.

Dios, llevaba tanto tiempo observando a Lyric desde lejos que no recordaba un
momento en el que no la hubiera mirado de reojo o fingido ser algo cuando lo
abrazaba a modo de saludo o despedida o escondido tras su capa de imbécil, rico y
genial. Cuando vio ese vídeo la noche anterior, recordó que la vida no dura para
siempre, ¿a qué demonios estaba esperando?, quizás debería decir algo por fin.

Sí, bueno, la conclusión de esa estúpida idea era que su estilo de vida —la
bebida, las drogas, las prostitutas— bien podría ser la razón por la que ella lo había
descartado. Y su bumerán de Sísifo era que se automedicaba todo lo que sentía en
cuanto ella entraba en cualquier habitación.

Además, Dios, Rhamp lo mataría.

Por otra parte, ese hombre iba a tener que ponerse en fila, La Hermandad de
la Daga Negra ya estaba en primer lugar en esa lista...

Mierda, podrían enterrarlo esta noche...

Mientras la realidad se hundía en su cerebro precocido, Shuli se dio cuenta de


que se había estrellado contra un muro y sintió una especie de paz con el impacto;
tal vez debido a una lesión existencial en la cabeza, pero en este punto, no iba a
molestarse en pensar si esta claridad era cortesía del destino que le había dado ETC.

En resumen, tenía una hora para encontrar a esa mujer y hablar con ella.

Antes de que Lassiter supiera lo que le harían.

Cuando el cielo finalmente oscureció lo suficiente, L.W. salió de la mansión,


asegurándose de cerrar con llave. Estaba tieso como la mierda después de dormir en
el suelo frente a la chimenea y era un bloque de hielo cuando finalmente despertó.
Las brasas del fuego se habían convertido hacía tiempo en cenizas moribundas, el
calor se había ido, se había ido, se había ido.

Afuera, miró por encima del hombro. En lo alto de los picos de pizarra del
tejado de gárgolas, la luna lo observaba, como si temiera su humor y se escondiera
en el bosque de viejos pararrayos de hierro.
Le dijo a su cerebro que recordara esa imagen, la iluminación plateada
interrumpida por esos desviadores puntiagudos de los rayos del mal tiempo, las
siluetas de las criaturas deliberadamente horribles que custodiaban la mansión de
piedra como algo salido de una novela de fantasía.

Cada vez que salía de ese lugar, sentía que era una despedida.

Y alguna noche, eso iba a ser cierto.

Cerrando los párpados, se desmaterializó y viajó en un disperso conjunto de


moléculas hacia el sur, un destino que había visitado muchas veces mentalmente, a
veces con el cuerpo. Cuando se recompuso, fue entre más nieve hasta las rodillas y a
la sombra de una hilera de árboles con las ramas desnudas. Al mirar a través del
césped cubierto de nieve hacia la casa colonial bien iluminada y cuidada, negó con la
cabeza.

Había huellas marcando la capa de nieve, muchas, todas suyas.

Maldita enredadera, pensó mientras seguía su propio rastro.

Sobre todo teniendo en cuenta que el Lugar Seguro era donde se suponía que
las hembras y sus crías debían refugiarse de los machos peligrosos.

No es que fuera a lastimar a Bitty, ni a nadie más allí.

Acercándose por un lado, ignoró el primer nivel y a toda la gente que pululaba
por allí, en su lugar se concentró en la ventana que estaba justo en la fila del
segundo piso. Los cuatro pequeños paneles estaban oscuros, pero lo solucionó
cerrando los ojos nuevamente e imaginando el perfil que había venido a ver.

Nunca había sido un artista, pero su memoria dibujaba la imagen de Bitty con
la cabeza inclinada, concentrada en su ordenador, tan concentrada que parecía
responsable del bienestar del mundo entero a través de ese monitor. Su cabello
castaño, recién mechado con mechones rojos, caía hacia adelante, ocultando
parcialmente su hermoso rostro, su esbelto cuello era una tentación incluso desde la
distancia.

Nunca había estado dentro de la casa y no podía entrar ahora para encontrarla
en otra habitación, ni siquiera para confirmar que estuviera trabajando. los machos
no podían entrar.

Pero ella ya se había presentado ante él antes.

Al levantar los párpados, se sintió estúpidamente decepcionado de que la


hembra no hubiera aparecido por arte de magia, forzó la vista como si pudiera forzar
la imagen en su mente para que se hiciera realidad. Pero las cosas no funcionaban
así, el pánico de no poder verla alguna noche lo ahogaba.
Un movimiento atrajo su atención hacia el primer piso, hacia una de las
ventanas del salón… una mujer entrando a la vista.

"Ahí estás", susurró.

Un suspiro de alivio dejó sus labios en una nube que flotaba hacia la casa,
como si ella también lo llamara.

Esta noche, Bitty llevaba un suéter azul pálido, su cabello recién teñido
contrastaba de maravilla con el color. Llevaba una bandeja de galletas, al agacharse
para ofrecerle algunas a una mujer que sostenía a un bebé envuelto en pañales, sus
labios se movían al hablar, luego estaba esa sonrisa, dulce y amable.

Tu ira es tu perdición… A menos que puedas perdonar al destino, nos


destruirás a todos.

La advertencia que le había dirigido, como si fuera un mensaje de alguna


fuente divina, había sido algo que él había rechazado rotundamente. Pero ya no, no
después de la noche anterior. Una dura verdad lo asaltó al despertar, era imposible
ignorarla; cuando se liberó de Shuli en el campo, supuestamente fue en el noble afán
de ganar la guerra contra la especie y eliminar a Lash a cualquier precio.

Excepto que esa solo había sido su motivación superficial.

La rabia había sido su verdadero motor. La innegable y furiosa energía que


ardía en sus venas y en sus entrañas, que lo hacía arriesgarse, que lo hacía
completamente indiferente al hecho de que un hombre digno pudiera ser asesinado
porque L.W. estaba perdiendo su ahstrux nohtrum, era en realidad la razón por la
que había huido.

¿La verdad con la que se había despertado esta noche?. Se habría ido de todos
modos. Incluso si hubiera pensado que Shuli sería enterrado... aun así lo habría
abandonado.

Así que sí, Bitty tenía razón. Ese tipo de mierda era peligrosa para la gente.

Ese tipo de mierda era peligrosa para ella.

¿Atracción de polos opuestos?. ¡Al diablo con eso!, era una maldición a punto
de ocurrir...

De repente, Bitty miró hacia la ventana y frunció el ceño como si hubiera


presentido su presencia.

L.W. maldijo en voz baja y retrocedió.

Incluso al meter la reversa, sus ojos se clavaron en ella, fijándose en todo lo


que la mostraba allí congelada, bajo la luz de la habitación, mientras todos los que
entraban y salían a su alrededor desaparecían, como si fuera una luz brillante que lo
cegaba.

Ciertamente, le hacía daño en los ojos.

L.W. la observó todo el tiempo que pudo, obligándose a concentrarse a pesar


del dolor que no tenía nada que ver con su vista... todo que ver con su alma.

Bitty era su hembra.

Y después de la noche anterior, cuando demostró que sus palabras no eran una
advertencia, sino una constatación de hechos, nunca podría reclamarla.
CAPITULO 16
________________

No es mucho. Pero es cálido y seco, tiene agua corriente.


Al entrar Lyric en un estudio, tan vacío como una residencia universitaria antes
de que se mudaran, el corazón le latía con fuerza como si hubiera subido corriendo
las escaleras en lugar de tomar el ascensor hasta el cuarto piso.

"Eres muy ordenado", comentó. Luego quiso darse un golpe en la cabeza. "O
sea...".

"Cuando no tienes mucho, es fácil que este limpio".

"Sí, lo es". ¡Dios mío!, ¿qué estaba diciendo?. "Ah, ¿cuánto tiempo llevas
aquí?".

"Un año".

Miró por encima del hombro. Dev estaba de vuelta junto a la puerta, junto a
un perchero que había colgado en la pared blanca y mientras colgaba la chaqueta
que ella le había devuelto en el único colgador vacío, dejó que sus ojos se posaran en
él, ¿quién sabe?, directamente en su absolutamente perfecto...

"¿Culo?". Dijo él mientras se daba la vuelta, con expresión confundida.

"¿Perdón?". Solo que entonces ella se enfadó. ¿De verdad lo había dicho en voz
alta?. "Qué barbaridad, quiero decir".

"¿Que lleve aquí un año?". Arqueó una ceja. "Entonces eres una mujer que
aprecia mucho el calendario".

No, era una barbaridad que la dejaran salir de casa sin nadie que la
acompañara. Porque, claramente, estaba loca. Además, esto no era ella, esto no era
algo que ella hiciera, ir sola a casa de un hombre, de un hombre, porque...

Bueno, quería acostarse con el tipo.

"¿Podemos empezar de nuevo?". Se desenvolvió la bufanda y se quitó la


chaqueta acolchada. Luego miró a su alrededor buscando dónde guardar sus cosas.
"Estaba comentando lo ordenado que estaba todo y tú te disculpabas por lo poco que
había".

Sus ojos se entrecerraron. "Luego colgué la chaqueta... y me miraste el culo.


¿Pasó la inspección?".
"Dios mío". Se tapó la cara, acalorada, con las manos. "¿Te he dicho que soy
fatal para esto?".

La risita que le respondió fue un murmullo sordo. "Solo te estoy haciendo


pasar un mal rato y no te sientas mal. Yo también soy fatal en... lo que sea que sea
esto".

"Y sí, tu trasero es espectacular", murmuró ella.

Ahora él se rió, con ganas y ella absorbió su mirada mientras el hombre se


arqueaba sobre sus sólidas caderas, sus piernas musculosas flexionándose en sus
mallas de correr que eran como una segunda piel, el marcado corte de su barbilla
alzado.

Así que su garganta quedó expuesta.

El hormigueo en sus colmillos fue repentino y fuerte, mientras una ráfaga de


calor la recorrió por el cuerpo, el deseo de morderlo, chuparlo y tenerlo dentro era
casi abrumador...

Él enderezó la cabeza, luego se quedó quieto cuando sus miradas se


encontraron.

Durante el día, había podido recordar su rostro, pero ¿ahora que lo miraba de
nuevo en persona?, sus rasgos toscos, su cabello oscuro y sus cejas arqueadas la
impactaban de nuevo.

"Lo siento", dijo mientras caminaba... a cualquier parte.

Oh, mira. Una ventana con una cortina opaca. Y... había otra. El apartamento
era un estudio estándar, con una cocina americana que se extendía por una de las
paredes y una puerta al otro lado de la cama que debía ser el baño. Los muebles
probablemente venían incluidos, pensó, ya que él no parecía un hombre que se
molestara en pensar en la decoración, aun así todo combinaba, no era ni demasiado
grande ni demasiado pequeño, combinaba con un aire de madera de pino pálido y
acetos blancos.

"Lyric". Cuando se detuvo y se volvió hacia él, Dev negó con la cabeza. "No te
disculpes por cómo me miraste, nunca".

"No sabes lo que estoy pensando", dijo en voz baja.

"Me da igual, quiero eso, sea lo que sea".

Sus colmillos palpitaban al descender en el equivalente dental de una ronda de


aplausos, mientras medía la envergadura de su pecho, la fuerza de sus piernas y los
gruesos bultos de sus bíceps, se imaginó estirada sobre él, alimentándose de su
vena.
Estaba bastante segura de que podría defenderse si perdía el control y lo
mordía.

Pero no del todo segura.

Y, ah, sí, la noticia de que los vampiros estaban sanos y salvos en Caldwell
sería una excelente manera de romper el hielo.

"¿Sabes?, quizás no debería haber venido después de todo", susurró.

Él volvió a negar con la cabeza mientras se acercaba a ella. Cuando estaban


casi pecho contra pecho, tuvo que inclinar la cabeza para no perder la mirada y se
sintió aliviada al ver que era mucho más grande que ella, que trabajaba en la
construcción, así que nada de eso era grasa.

Tenía que haber una buena posibilidad de que pudiera evitar que lo matara...

La culpa por todo lo que no le contaba la hizo retroceder un paso. "Lo siento".

"Sea lo que sea, estás perdonada".

"¿Siempre eres tan imprudente?", añadió. "Salir corriendo a la calle a echar un


pulso a una valla publicitaria... estar aquí sola conmigo".

Esperaba algún tipo de desprecio, pero solo recibió una ceja arqueada. Luego
su encogimiento de hombros fue casual, aunque la declaración que siguió no lo fue:
"No le tengo miedo a nada ni a nadie".

Tanta confianza y a juzgar por su tamaño, podía imaginar que aún no había
conocido a nadie a quien no pudiera vencer.

Todavía.

En el silencio que siguió, él tomó su parka y bufanda, las colocó encima de la


cómoda.

"Ahora, sobre la comida". Se acercó a su encimera poco profunda, donde había


una bandeja con muchos tazones. "Mi vecina está decidida a ponerme a dieta para
ganar masa muscular".

Lyric miró la puerta que daba al pasillo y se dijo a sí misma que debía
convertirla en una salida. Pero en realidad no quería irse, había dicho que quería
hacer algo importante.

Y esto se sentía... importante.

Sacó unos platos del armario. "Me sorprendió verte ahí fuera y no solo porque
no te di mi dirección".
"¿Crees que soy una acosadora?".

Sus ojos brillaron por encima del hombro y ella no pudo leer su expresión.
"¿De verdad?".

"No, mi abuela... mi abuela... me dijo que viniera esta noche".

"¿De verdad?". Volvió a la comida. "¿Por qué?".

Lyric abrió la boca. La cerró. "Pensó que era injusto quedarme con tu
chaqueta".

"¿Entonces te gusta la comida libanesa?".

Ah, cierto, estaba tan nerviosa que no había respondido antes. "Ah, de hecho,
nunca la he probado".

"Ven a ver cómo se esfuerza la Sra. Aoun. Se ha nombrado mi abuela


honoraria". Cuando dudó, él dijo arrastrando las palabras: "No muerdo, ¿sabes?".

Bueno, eso nos convierte en uno que no, pensó.

Pero ella se acercó a él y... "¡Guau! ¡Qué rico huele!".

Dev empezó a despegar el film transparente de los platos. "Me contó de qué se
trataba, pero creo que solo lo llamaré delicioso".

"Seguro".

De repente, estaban sentados uno frente al otro ante su pequeño comedor


para dos, con los platos llenos delante, los cubiertos listos para servir, un par de
cervezas desiguales destapadas.

"Salud", dijo él mientras levantaba su botella.

Hizo lo mismo con la que él le había dado. "Salud".

No probó la Michelob, pero la comida —que habían mandado a dar un par de


vueltas en el microondas— estaba caliente, sabrosa y fragante, el silencio era...

Incómodo, para nada.

Cada movimiento que hacía era como un señuelo para alimentar su instinto y
se dijo a sí misma que se iría en cuanto terminara de comer. Dios sabía que seguiría
teniendo hambre...

"¿Así que tu abuela te dijo que vinieras a buscarme y me devolvieras la


chaqueta?". Se limpió la boca con una toalla de papel. "Es una orden atrevida para
una mujer mayor, pero quizá subestimo a la generación mayor".
"Se está muriendo", soltó Lyric.

Cuando su tenedor se detuvo camino a su boca, ella se recostó derrotada.


"Mira, no puedo ni acercarme a la ligereza y el coqueteo esta noche...".

"¿Quién dijo que busco eso?". Continuó con su mordisco y terminó de masticar
antes de añadir: "Aunque, para ser sincera, no busco nada".

"No pasa nada." Se dijo a sí mismo que esto era bueno. Solo una aventura
corta. Una noche, algo sexual para relajarse. "Yo tampoco, no creo que sea cierto",
negó con la cabeza lentamente. "Definitivamente viniste aquí buscando algo".

Mientras ella se sonrojaba, él probó con el tenedor un poco más de aquella


carne absolutamente exquisita. "¿Qué le pasa a tu abuela?".

“Vejez”. Lyric pensó en quedarse dormida en esa habitación floreada y se


preguntó si habría sido la última vez. “No está enferma en el sentido de enfermedad,
eso lo hace más difícil en cierto modo. Mentalmente sigue con nosotros, pero su
cuerpo acaba de decidir…”.

“Que es su hora”.

“Sí”. Intentó que su voz no temblara. “Ninguno de nosotros quiere que se vaya,
y tampoco creo que esté lista. Vaya. Perdón, esto se está poniendo demasiado
pesado…”

“Déjame adivinar. Te dijo que vinieras aquí y vivieras un poco mientras


pudieras.”

Lyric escudriñó su rostro duro y convincente. “Exactamente.”

“Bueno.” Se limpió la boca de nuevo. “A riesgo de prometer demasiado, has


venido al lugar correcto. Para cierto… tipo de vida.”

“¿De verdad?”, dijo Lyric con voz ronca.

Sus ojos se posaron en su boca y luego más abajo, en la V de su camisa de


franela. Al bajar los párpados, ella supo que la imaginaba desnuda. Tal vez de
espaldas en la cama. Tal vez flotando sobre ella, entre sus piernas.

"Ah, sí", respondió con voz grave. "Sin duda".

Dev estaba muy seguro de que la comida estaba tan buena como las tres
últimas veces que la Sra. Aoun lo había obligado a cenar, pero no podía decir que
estuviera saboreando gran cosa. La mujer sentada frente a él era su único objetivo y
si había alguna forma de ignorarla, no le interesaba saberlo.
Después de que se fuera esa noche, entonces empezaría a buscar maneras de
olvidarla; bueno, en cierto modo, estaba pagando por ello. ¿Si follaban?, entonces la
sacaría de su mente más fácilmente, sin problema.

¿Por su parte?, sin duda, solo quería vivir un poco al aire libre, la clásica
princesa guapa y rica que se acomodaba a la vida de un obrero con una historia,
perfecta compatibilidad.

Ambos se rascaban la piel y nada era personal.

"Esto está buenísimo", evadió el tema mientras dejaba el tenedor y apartaba


un poco el plato.

"Me alegra que no sea solo yo". Se llevó el último bocado a la boca. "Sobre la
comida, claro, me alegra saberlo".

"Mmm". Ella frunció el ceño. "¿No tienes una abuela viva que te cocine?".

"No y la Sra. Aoun tampoco tiene a nadie a quien alimentar".

"Otro caso del destino".

"Supongo que sí". Se puso de pie y llevó los platos de ambos al fregadero.
"Aunque tengo más suerte que ella, me quedo con toda esta comida".

"No lo sé". Echó un vistazo a las cortinas corridas y pareció observarlas como
si hubiera una vista tras esos pliegues negros. "Mi abuela no es feliz a menos que
esté en la cocina y venga gente. En la vida moderna se cree que eso es algo para
avergonzar o evitar a toda costa; ya sabes, el tema de los roles de género
tradicionales. Pero ella se enorgullece de lo que cocina y su mesa es un punto de
encuentro para todo tipo de personas".

Apoyándose en la encimera, cruzó los brazos. "No tengo postre que ofrecerte.
Lo siento".

Esos ojos azules y verdes se posaron en él, no se molestó en ocultar lo que se


le notaba en el rostro. La transición de comer a follar iba a ser tan incómoda como
ellos la hicieran, por su parte, no se sentía incómodo en absoluto, estaba listo para
empezar.

"¿No tienes calor?", dijo en voz baja. "¿Con esa cazadora?".

"No hay nada debajo, me da calor cuando corro".

"Entonces...". La rubia se aclaró la garganta. "Quizás deberías quitártela".

Dev ladeo su cuerpo para ponerse de pie, tomó el dobladillo y se puso a subir
la prenda por encima de la cabeza. Cuando su pecho quedó al descubierto, aprobó
totalmente la forma en que su mirada se posaba en sus pectorales y abdominales,
pero ella se quedó donde estaba. Bien; para darle tiempo a pensar adónde querían
llegar con todo esto, se acercó al perchero y metió a la fuerza el ligero Gore-Tex en
una percha abultada de ropa de abrigo. Al darse la vuelta, era consciente de todo lo
que se veía en la parte delantera de sus mallas, pero no había razón para ocultar el
engrosamiento.

Estaba dispuesto a dárselo si ella lo quería.

¿A juzgar por la forma en que esa mirada recorrió la unión de sus muslos?.

"Voy a ser sincero contigo", dijo. "Puedes irte ahora, pero si no te vas, iré allí a
recogerte. ¿Y adivina adónde vas después de eso?".

"Adónde", susurró ella.

"Debajo de mí". Señaló su cama. "Allí".

Cuando sus manos se enredaron y se retorcieron en su regazo, se preguntó si


no la estaría presionando demasiado. Quizás solo era un juego de provocación y
retirada, si era así, genial. A la larga, podría ser mejor para él.

Pero ella sí que necesitaba irse porque él tenía asuntos que atender, al menos
si alguna vez quería volver a sentarse.

Mientras se aclaraba la garganta, él estaba listo para una excusa absurda


sobre que tenía que llegar a casa para sacar a un perro. Alimentar a un gato, ir a ver
cómo estaba su abuela...

"Entonces, mejor que vengas a buscarme".

Apenas pudo pronunciar las palabras cuando Dev se acercó furioso y cumplió
su promesa. Ni siquiera le dio tiempo a levantarse. Apartó la mesa de un empujón; el
chirrido de pies raspando el suelo de parqué fue tan fuerte como un grito. Se
abalanzó sobre ella, la rodeó con un brazo por los hombros y enganchó el otro bajo
sus rodillas, apenas notó su peso al levantarla.

Sus miradas se cruzaron.

"Sí", dijo ella, concentrándose en sus labios. "Estoy segura".

Una punta de algo demasiado complejo le atravesó el centro del pecho. Por
suerte, ella lo cortó con un beso de verdad, como si estuviera sellando el trato.

De acuerdo, Houston, tenemos contacto.

Cuando llegó a la cama, la tendió y no se lo tomó con calma. Estiró su cuerpo


sobre el de ella, pero mantuvo el torso separado de sus pechos, las caderas
separadas de su pelvis y sus piernas sin tocar las de ella.
Ella sabía lo que buscaba y respondió a su plancha separando los muslos y
dejándole espacio de sobra.

Poco a poco, él descendió empezando por el pecho, debajo de él, ella se


arqueó para recibirlo, sus manos encontrando la parte baja de su espalda y subiendo
por los músculos que se extendían desde su columna. Siseó cuando su erección
finalmente presionó justo donde él quería penetrar y podría haber jurado que podía
sentir su calor.

Ah, sí, sus pechos eran bonitos y altos contra sus pectorales, su barbilla se
alzó, ofreciendo su boca.

Inclinando la cabeza, se quedó justo encima de sus labios. "Todavía puedes


irte", gruñó. "Ahora".

A modo de respuesta, ella levantó la cabeza hasta que solo quedó un pelo
entre sus bocas. "Si sigues diciendo eso, voy a pensar que no quieres que me
quede...".

Él cortó esa mierda girando la pelvis, su dura, dura longitud presionando


contra su centro, acariciando su sexo a través de sus vaqueros. Mientras ella
jadeaba, él acortó la distancia, sellando su boca con la de ella y cuando ella gimió, se
tragó el sonido desesperado. Cuanto más la besaba, penetrándola con la lengua,
podía sentirla soltarse y seguir adelante, sus dedos enredándose en su cabello,
instándolo a seguir, a ir aún más fuerte.

Tómala toda.

Todo en ella era tan vívido que tuvo que cerrar los ojos, como para cortar el
resplandor. Mala idea, no ver la esquina de la almohada donde estaba, ni la pared
vacía tras el cabecero barato, ni nada de su entorno familiar... significaba que su
único punto de apoyo en el vacío era ella.

La cosa se puso demasiado intensa, demasiado rápido. Desde esos labios


suaves hasta la forma en que su cuerpo se apretaba contra él, hasta cómo su sangre
empezó a latir con fuerza...

Dev se apartó bruscamente y abrió los párpados de par en par.

Se suponía que esto era solo un polvo, se dijo. Esto era biología, no romance,
por el amor de Dios...

Sus ojos desiguales, luminosos, como un puñetazo en el estómago, se


abrieron. La preocupación que se apoderó de su rostro fue acompañada por el
aflojamiento del agarre que le había dado al pelo de la nuca.

"¿Pasa algo?", susurró.


Negando con la cabeza, intentó mentirle. Decirle que era un buen tipo que solo
se aseguraba de que no le importara que se acostaran. Quizás murmurar alguna
tontería sobre que era guapísima, que besaba de maravilla y bla, bla, bla, lo cual era
cierto, pero no era lo que él pensaba.

"Hay muchas cosas que no sabes de mí", dijo con gravedad.

Su mirada lo escrutó. "Lo mismo me pasa a mí".

"Lo sé". Luego añadió: "Somos desconocidos".

¿Ves?, le dijo a su conciencia. Ojo por ojo con la ocultación, todo bien. El sube
y baja de secretos estaba a la par, así que necesitaba dejar de comportarse como un
cabrón.

"Simplemente estemos aquí", dijo con brusquedad. "Luego cada uno toma su
camino".

Ella le acarició la cara, las yemas de los dedos deteniéndose en su mandíbula.


"Sí, eso es todo lo que tenemos que hacer".

Se dijo a sí mismo que se sentiría aliviado mientras volvía a callar, pero, por
alguna razón, esa mierda no le caló del todo.

Un teléfono sonando fue como una bomba. Ambos señalaron con la cabeza el
tocador donde él había dejado la parka y la bufanda de ella.

¿Quién la llama?, se preguntó.

Probablemente debería darles las gracias.


CAPITULO 17
________________

L.W. llegó a la Casa de Audiencias de su padre, materializándose en la parte


trasera, junto a la entrada de la cocina. Todo estaba arado y paleado en la propiedad,
no solo en el edificio principal, sino también en la sede deFour Toys, el granero
satélite de Vishous, lleno de cerebritos informáticos. Hacía mucho tiempo que no
había estado allí —¿sería otoño?, ¿quizás a finales de verano?— y midió toda la
nieve.

Maldita sea, odiaba venir a este lugar.

Era un recordatorio de la mentira que se esperaba que cargara solo


dondequiera que fuera durante treinta malditos años. Había sido el único de su
generación en saber la verdad: que su padre había muerto y había sido reemplazado
por una quimera. Mientras había estado al margen, viendo a todos los demás
jóvenes riéndose de sus padres, se esperaba que se guardara su luto para sí mismo.

Al diablo con la artimaña. ¿La verdadera razón?; todo había sido para salvarle
el trono: Rahvyn había proyectado la imagen del gran Rey Ciego ante los civiles, la
mahmen de L.W. tomaba todas las decisiones como Reina, todos habían llevado las
riendas con la expectativa de que se dejara caer en la vieja silla de papá cuando
madurara lo suficiente.

Nadie le había preguntado qué quería y había crecido en el caldo de cultivo del
dolor que se había proyectado sobre él; los Hermanos, los guerreros y sus
camaradas siempre lo miraban como si fuera una especie de antídoto contra la
muerte de su padre.

No como él, sino como su propia persona.

Había superado la idea de ser un santo grial para atrapar sus lágrimas
metafóricas tan pronto como se dio cuenta de su propósito en sus vidas. Pero
dondequiera que iba, allí estaba, tan implacable como el color de su pelo, sus ojos y
la estructura ósea de su rostro; lo cual, dado lo que había aparecido la semana
pasada, de vuelta de entre los muertos, también se debía a que era la viva imagen
del que todos habían perdido.

Dicho así, ir tras Lash era una forma de vengarse.

Y se le acababa el tiempo.

Se subió la ropa de cuero y revisó rápidamente bajo la chaqueta. Tenía ambas


pistolas enfundadas a la altura de las costillas, sus dagas de acero cruzadas en el
pecho y su cinturón, ceñido con otra pistola de nueve milímetros, además de una
hilera de munición en la parte baja de la espalda. Con el inventario terminado, se
acercó a la puerta trasera, la que siempre estaba decorada con una corona de flores
de temporada para ocultar el objetivo de la cámara.

En ese momento, la cosa estaba hecha de ramitas de hoja perenne y cintas


rojas y verdes.

Cuando la cerradura saltó en cuanto sus shitkicker tocaron el felpudo, no le


sorprendió que supieran que estaba allí, lo mismo ocurrió en cada uno de los dos
portales interiores: los cerrojos se abrieron sin que tuviera que hacer ninguna
llamada ni decir una palabra para que los micrófonos la captaran.

Sin duda, también sabían dónde había pasado el día...

La cocina estaba a rebosar, con doggens vestidas de cocineras preparando


pasteles para el público que comenzaría en la siguiente hora, más o menos...

"Su Alteza...".

"¡Oh! Su...".

"...Alteza.".

Las tres mujeres dejaron lo que estaban haciendo (una incluso dejó caer el
huevo que estaba a punto de cascar sobre un cuenco), nerviosas, se quitaron las
gorras y le hicieron una reverencia.

La deferencia era otra cosa que odiaba.

Era un espejo que le mostraba demasiado para el impostor que era.

"Disculpen", murmuró.

Saliendo de allí como un rayo, empujó una puerta abatible y recorrió uno de
los pasillos comunes. Probablemente le habrían dado acceso al núcleo central y
seguro del edificio, donde los Hermanos se reunían antes de empezar la noche o
hacían descansos entre audiencias, pero no tenía prisa por encontrarse con ninguno
de esos hombres. Después de joder a todos anoche y de volverse loco, podía
imaginarse que lo apuñalarían, de no ser por su...

"¡Alteza!".

Saxton, el abogado del Rey, se agachó. "¿Lo esperan?". Su padre aún no ha


llegado...

"No me esperan, no, solo necesito verlo".

El elegante hombre iba vestido de tweed, con el pañuelo puesto, su chaqueta


de traje a cuadros marrón, azul marino y crema, tan perfecta que parecía que la
hubiera llevado puesta de nacimiento y hubiera crecido con él. Como de costumbre,
su espesa cabellera rubia estaba recogida hacia un lado, con su piel y uñas perfectas,
el tipo parecía listo para salir a cazar zorros.

O al menos para una sesión de fotos de revista.

"Entonces, permítame acompañarlo a la Sala de Audiencias".

"Esperaré, en la sala de espera".

Hubo una pausa. "Creo que sería mejor que usted...".

"Espere en la sala de espera como todos los que están aquí para verlo".

Otro largo momento; entonces el abogado hizo una nueva reverencia. Mientras
Saxton se enderezaba, se empujaba el pañuelo rojo, con el anillo dorado del
meñique brillando. Pero no iba a decir lo que pensaba.

"Como desee, señor".

Cuando L.W. asintió enérgicamente hacia la entrada, Saxton se sonrojó. Aun


así, el tipo empezó a caminar y lo guio. El protocolo dictaba que los miembros de la
Primera Familia siempre iban primero, L.W. También odiaba esa deferencia.

Había oficinas de todo tipo a la izquierda del pasillo, al pasar por las puertas
abiertas, la gente levantaba la vista y se quedaba mirando dos veces. Lo cual era
ridículo, su padre era el Rey, no él.

Al doblar la última esquina, pasó la entrada principal y entró en una acogedora


sala con cómodos sofás y sillas que ya acomodaban a las primeras rondas de civiles.
Además, la recepcionista estaba en su escritorio, inclinada sobre una impresora
detrás de su silla que parecía no funcionar.

El jadeo colectivo la hizo levantar la cabeza, entonces ella también jadeó.

¡Cabrón!.

Aunque quería gritar, L.W. Levantó una mano, un poco patético, porque no
quería revelar lo imbécil que era.

De golpe, todos los civiles y la recepcionista con el láser HP roto o lo que fuera,
se pusieron de pie de golpe y se agacharon como si se estuvieran revisando las
piernas en busca de señales de amputación. Luego, sus rostros se alzaron hacia él,
aún en sus posturas musculosas, con una adoración que brillaba como media docena
de lámparas de calor apuntándolo.

Ahora sabía cómo se sentía la zona de papas fritas del McDonald's.

"Quizás la Sala de Audiencias sea lo mejor", dijo Saxton en voz baja.


"Sí".

L.W. retrocedió y se dio la vuelta tan rápido como pudo. Aun así, oía los
susurros ahogados tras él, las voces excitadas y la cadencia vibrante de la
conversación que le ponían los pelos de punta. No fue hasta que lo llevaron al
santuario de adulación de su padre que comprendió por qué estaba tan molesto.

A pesar de que no tenía ningún sentido, había asumido que con el regreso de
Wrath, todo aquello dejaría de pasar. Pero eso era una completa estupidez. Que ellos
supieran, su Rey nunca se había ido y habían tratado a L.W. con deferencia todo el
tiempo.

"¿Quiere comer algo?", preguntó Saxton desde la puerta. "El doggen estará
encantado de servirle".

No recordaba lo último que había comido, ni la última comida en condiciones.


"Estoy bien, gracias".

"¿No debería tener hambre?", pensó mientras el hombre hacía una reverencia
y se retiraba. Mientras todo se cerraba silenciosamente, L.W. cerró los ojos. No
quería desperdiciar la vista en la habitación, deliberadamente acogedora, con la
chimenea ya crepitando y los dos sillones listos para lamer traseros. Tenía suficientes
recuerdos del lugar, de cuando Rahvyn la había estado usando en la posición de
poder...

La puerta se abrió tras él, supo quién era antes de darse la vuelta o percibir
algún olor.

Abrió los ojos de golpe.

Wrath, hijo de Wrath, padre de Wrath, entró con su perro de servicio como si
fuera el dueño del lugar, pero bueno, lo era. Con la fuerza de su presencia, el gran
macho sin duda podría haber entrado en la Casa Blanca en Washington D. C. y echar
al presidente de los humanos con solo una mirada fulminante. Imponente, con la
complexión del luchador que se había criado para ser, vestía su uniforme: una
camiseta negra sin mangas y pantalones de cuero negros. No llevaba armas y las
únicas marcas visibles en su piel eran los tatuajes de su linaje que le subían por los
gruesos antebrazos. El largo cabello negro que le caía desde un pico de viuda era
igual al de L.W., tras esas gafas negras envolventes... había unos ojos iguales.

"Danos un minuto".

El Rey habló y Tohrment, que le pisaba los talones, retrocedió de inmediato,


llevándose consigo a los otros Hermanos que también lo habían acompañado. Y... así
era la cosa. Una mirada, una palabra y la gente saltaba.

L.W. esperó a que cerraran todo y se preparó para la explosión.

"¿Cómo estás, hijo?".


Eso fue todo; sin gritos, sin alaridos. El tipo simplemente pasó de largo, con su
golden retriever a su lado, el asa del arnés uniéndolos como un lazo molecular.
Cuando el Rey llegó al grupo de sillones, se sentó en el de la izquierda.

Interesante, Rahvyn siempre se había sentado al otro lado.

No es que importara.

"¿Bien?", fue la indicación.

Al mirar a su señor, las gafas envolventes del Rey Ciego estaban orientadas
hacia adelante, esos brazos tallados que desbordaban la silla, las piernas extendidas,
las shitkicker le daban la impresión de estar dispuesto a pisotear cualquier
desacuerdo sobre cualquier cosa.

"Anoche jodí a Shuli". L.W. cruzó los brazos sobre el pecho. "Estábamos en el
campo y quería desviarse a un club".

"Eso tengo entendido, para ver cómo estaba Lyric".

"Estaba bien, era una pérdida de tiempo. Pero no quiero que se meta en
problemas, no le di otra opción".

Esas cejas negras y afiladas se hundieron bajo las gafas de sol. "¿Cómo?".

"Lo dejé en el vacío y luego apagué el teléfono".

Hubo una larga pausa, tuvo la clara impresión de que su padre se estaba
exigiendo un gran esfuerzo de autocontrol. O eso o la mandíbula del hombre le hacía
flexiones de brazos solo por diversión.

"Eso fue una estupidez", fue la respuesta apretada. "En muchos sentidos.
Puede que hayas sobrevivido a la noche, solo, en el maldito campo, pero ahora
tenemos que lidiar con la mierda de Shuli. El castigo para un ahstrux nohtrum si no
cumple con su deber es claro. Puedo hacer que maten al macho, ahora mismo".

"Pero no lo harás".

Una ola de frío lo invadió por la habitación y las palabras que siguieron le
tensaron los huevos. "¿No lo haré?".

"No", dijo en el mismo tono. "Sería injusto. Si Shuli me jodiera, es una cosa,
pero no fue así. En cuanto a matarme, tendrías que decirle a tu compañera que
mataste a su único hijo. Seguro que eso te dejará durmiendo en el sofá un par de
siglos".

El sillón crujió cuando su padre se inclinó hacia delante, apoyando los codos en
las rodillas. Por una fracción de segundo, L.W. consideró dar un paso atrás. Aunque
se suponía que el hombre era ciego, jurarías que esos ojos no solo estaban fijos en
él... le estaban quemando la carne y los huesos.

"Entonces tienes todas las respuestas".

"No, solo sé que no vas a matar a un hombre inocente". L.W. se concentró en


el diamante negro que reposaba en el dedo corazón de esa mano derecha. "Si
alguien te critica por no haber ordenado el ataque, eres el Rey, ¿verdad?.
Simplemente cambiarás las reglas a tu antojo o tal vez enterrarás a los detractores.
Así es como funciona, ¿no?".

Hubo un largo silencio y notó que el perro estaba incómodo con el ambiente de
la habitación. George acercó su cuerpo a los pies de su amo y mantuvo el hocico
bajo como si no quisiera arriesgarse a estar en la línea de fuego.

Esa cabeza imperial se sacudió lentamente, el rostro duro sin mostrar emoción
alguna. "No tienes ni idea de cómo funciona nada".

La rabia, que siempre estaba a flor de piel en L.W., estalló. "¿Cómo vas a saber
lo que pienso o lo que sé?, somos desconocidos, tú y yo. Unidos por la biología, nada
más".

Más con la mandíbula destrozada, como si Wrath se estuviera mordiendo las


muelas hasta convertirlas en muñones. “Mira, sé que las últimas tres décadas fueron
duras…”.

“No tienes ni idea de cómo ha sido la vida aquí…”.

“¿Crees que estaba de vacaciones?”. Esa voz autoritaria chasqueó como un


látigo, entonces el Rey se puso de pie. “¿Crees que elegí lo que pasó?”.

Oh, entonces vamos a hacer esto, ¿eh?, de maravilla.

L.W. se echó hacia adelante sobre sus caderas. “Sé que no debías salir esa
noche. Pero lo hiciste y te jodiste a todos al tomar la decisión que te convenía”.

La risa fue baja y desagradable. “Igual que lo que le hiciste a Shuli anoche.
Supongo que la biología es muy profunda, ¿no?”.

Mientras L.W. apretaba los dientes, desencajaba la barbilla deliberadamente.

“Me largo de aquí”. Se dio la vuelta. "Ya dije lo que tenía que decir...".

"Si esto vuelve a pasar, te saco de la rotación, te quedas en el campo con Shuli
o te quedas en casa, carajo".

L.W. lo miró fijamente por encima del hombro. "No soy un adolescente al que
puedas castigar y ya no estoy en tu rotación; renuncio".
Esa expresión se volvió tan sombría que tenía su propia fuerza gravitacional.
"¿Por qué estás tan decidido a luchar contra todo?".

"Hay una guerra ahí fuera, es lo que todos debemos hacer".

"No si luchas contra la gente equivocada".

L.W. se acercó a la puerta y al tocar el pomo, este se negó a girar. "Déjame


salir".

"Le estás rompiendo el corazón a tu mahmen, lo sabes".

Miró hacia atrás, al otro lado de la Sala de Audiencias. "No, ese era tu trabajo.
Solo tuve que verla sufrir y odiarte por ello durante todos estos años".

Probó el pomo de nuevo.

Antes de que pudiera gritar algo sobre bisagras rotas y madera que salía
volando, su padre gruñó: "Puede que la haya lastimado sin querer, pero ahora lo
haces a propósito. Enójate conmigo todo lo que quieras. Pero, ella no se lo merece,
nunca lo mereció".

L.W. tiró del pomo. Entonces bajó la cabeza y se dijo a sí mismo que cerrara la
maldita boca...

"Crecí a la fría sombra de tu trono, no había tiempo para nada ni para nadie
más que para adorar tu fantasma".

"No la culpes por lo que tuvo que hacer y ella mantenía la estructura de poder
para ti. Nunca supo que iba a volver. Hizo todo lo posible para darte la oportunidad
de liderar...".

"No te pedí ese maldito favor". Tiró de la puerta de nuevo y luego volvió a
mirar fijamente la chimenea y los sillones. "Qué demonios, lo hizo por mí. Toda esa
mierda de gobernar era la única forma de estar cerca de ti. Sacrificó todo ese tiempo
y energía por sí misma, por el recuerdo de su maldito hellren muerto, su único y
verdadero amor. No tuvo nada que ver conmigo, nada de eso".

"Sí, sí...".

"¡No estabas aquí!, así que deja de repasar todos los años que estuviste
ausente", Se señaló el pecho con un dedo. Estuve aquí, lo viví, todos los Hermanos
arrastrándose, mi mahmen llorando hasta quedarse dormida todos los días; durante
treinta malditos años fue un velorio de mierda por aquí. Ahora has vuelto y todos
están super felices. Bueno, yo no, porque no te necesito en mi vida y recuerdo con
demasiada claridad lo que todos parecen haber olvidado. Tomaste una decisión y nos
jodiste a todos, que hayas vuelto no cambia esa matemática".
Pensó en el momento en que vio a su padre en el estudio de la mansión. El
gran hombre, de vuelta de entre los muertos.

Hubo un abrazo espontáneo entre ellos. Pero fue el niño perdido y asustado
quien abrazó al héroe que necesitaba creer que había sido su padre.

No el adulto creído que sabía más.

"Ahora te lo digo", espetó. "Si no les ordenas que abran esta maldita puerta, la
voy a tirar abajo".

"Tanto odio en ti", dijo Wrath con brusquedad. "No lo entiendes".

"¿En serio?, dime en qué me equivoqué, papá".

"Yo no puse esa bomba, hijo. Fue Lash".

L.W. finalmente sintió que la puerta cedía. Al salir, dijo por encima del hombro:
"No te preocupes, yo también lo odio".
CAPITULO 18
________________

Claro que era su maldito teléfono.


Tumbada debajo de Dev, al borde de ese placer que te hacía creer en la magia,
Lyric cerró los ojos con fuerza, frustrada. Pero entonces recordó todas las razones
por las que alguien podría estar intentando llamarla.

Y una en particular.

"Creo que soy yo", murmuró mientras se escabullía de debajo del hombre
humano que la cernía sobre ella con todas las promesas de orgasmos múltiples que
jamás había oído.

Tenía las piernas como goma y su equilibrio era inestable de camino a su


parka, no podía decidir si la interrupción era algo bueno o no. ¿Pros?; ralentizaba las
cosas, pasando de la velocidad de la luz a lo que podría ser más razonable.
¿Contras?; bueno, obvio, ralentizaba las cosas.

En la cómoda, rebuscó en sus bolsillos (¿cómo había tantos?) y entonces dejó


caer el teléfono, pero atrapó el peso resbaladizo justo antes de que cayera al suelo.
Al darle la vuelta al móvil, frunció el ceño.

¿Shuli?.

¿Por qué la llamaba?, sus invitaciones a fiestas siempre llegaban por mensaje.

Con alivio, lo puso en el buzón de voz, volvió a colgar y...

¡Madre mía!.

El hombre tumbado en la cama parecía un dios griego que había bajado a la


tierra. Los músculos del gimnasio estaban muy bien, pero había algo primordial en
un cuerpo esculpido con esfuerzo. Dev era un espécimen perfecto, desde sus
hombros anchos y brazos fuertes, hasta su abdomen marcado... Y sus muslos
abultados que tensaban esas pobres mallas de correr.

Se preguntó hasta qué punto Nike habría probado la resistencia a la tensión de


todo ese nailon.

Luego estaba la erección que no ocultaba en absoluto. Al igual que el contorno


de sus piernas, cada detalle de su excitación era visible, desde el largo miembro
hasta la punta roma y curva.

"¿Tienes que ir?", murmuró. ¿O te pusiste el abrigo porque crees que hace frío
aquí?.
Lyric se miró. Ajá, dupongo que una parte de ella había tomado una decisión.

Al volver a levantar la vista, descubrió que sus ojos estaban entornados por el
calor acumulado y que las oscuras ondas de su cabello estaban despeinadas, porque
había tenido las manos entre ellss. Con los labios entreabiertos, era la imagen de un
hombre interrumpido en el momento menos oportuno.

Pero no parecía frustrado ni enfadado.

No, ese era su trabajo. La frustración, claro.

"Yo...". Se echó el pelo hacia atrás y lo ató con un moño flojo. "No lo sé".

Dev asintió y empezó a incorporarse. ¡Dios mío, qué espectáculo!, si estaba


acostado, el movimiento ondulante bajo su piel era digno de ver...

"No". Extendió la mano. "Vamos ya, yo iré sola a la puerta...". Miró por encima
del hombro. "O sea, a la salida, abajo".

Dev se recostó contra las almohadas, estirando un brazo tras la cabeza. "Como
quieras".

Dios mío, ¿por qué demonios había venido?, tenía el talento de una monja para
las citas y mientras tanto, el Sr. Sexual, con su enorme erección en la cama, seguía
como siempre, como si las mujeres fueran y vinieran por él.

¿Podría ponerle una manta encima a ese bate de béisbol?, tenerlo a la vista le
recordaba aquella vez que intentó dejar el chocolate y vio M&M's por todas partes.

Por otra parte, haría una tienda de campaña incluso con toda esa lycra, ¡joder!.

Concentrándose en su parka, fue a subirse la cremallera...

Cuando levantó la vista, él estaba justo a su lado. Un truco ingenioso, dado


que se suponía que los hombres humanos no se desmaterializaban.

Bajó las manos. "Lo siento".

"¿De qué te disculpas?".

"Yo...". Lyric se encogió de hombros y decidió que le jodieran y ser sincera.


"Tengo muchas ganas de acostarme contigo. Solo que no soy lo suficientemente
sofisticada como para irme en un par de horas y decir: 'Oye, qué bien, nos vemos'.
Si me quedo, me voy a arrepentir. No porque no me sintiera bien, sino porque estoy
haciendo una versión diferente de lo que decidí dejar después de anoche".

¿Y qué mierda sería esa?.


Hubo un instante de silencio.

"Fingir ser alguien que no soy".

"Vale, te acompaño a la salida", dijo con voz serena.

Con una opresión en el pecho, pensó: ¡Madre mía, qué ridículo!, era el colmo
de la locura sentirse decepcionada porque él respetaba con tanta naturalidad el límite
que ella había establecido. ¿Qué quería?, ¿algún tipo de tira y afloja solo para
demostrarle que la deseaba?.

Hizo un gesto casual con la mano. "No tienes por qué".

"Lo sé". Mientras él agarraba su cazadora y se la subía por la cabeza, ella echó
un último vistazo a esos abdominales. Entonces él abrió la puerta y la mantuvo
abierta.

"Las damas primero".

Subiéndose la cremallera del abrigo, pasó junto a él arrastrando los pies y miró
por el pasillo. Había una docena de puertas más, el ascensor en el centro y una
escalera abierta a la derecha. Dirigiéndose a las escaleras, esperó a que cerrara, no
lo hizo.

"¿Entonces este es un edificio seguro?", murmuró mientras apoyaba la mano


en la barandilla y comenzaba el descenso.

"Lo seguro es relativo. Pero no, no me preocupa que alguien revise mis cosas".

Lyric dio la vuelta en el andén entre plantas. Dios mío, se le estaba acabando
el tiempo para hablar con él, todo este silencio era un desperdicio; pero en cuanto a
cosas que le quitaban el ánimo, acababa de soltar la bomba atómica de la intimidad
de todos los tiempos. Mientras tanto, lo sentía detrás de ella, su cuerpo corpulento
moviéndose al unísono con el ritmo que ella marcaba en las escaleras, sus pisadas
más pesadas resonando a su alrededor. Cuando llegaron al vestíbulo, empezó a
buscar las palabras y casi deseó que hubiera una razón para seguir adelante, hasta el
sótano.

Pero "adiós" era lo único que necesitaba, ¿no?.

Dev cubrió su puesto con una puerta interior y luego con la exterior, que no
tenía cerradura, para que el cartero pudiera acceder a las cajas en el vestíbulo.
Finalmente, salieron; el frío se sentía mucho más frío, de alguna manera.

"¿Vas a usar Uber otra vez?", preguntó mientras miraba la calle a ambos lados.

"Yo... ah, sí, lo estoy haciendo".


Para demostrar que era independiente, puso el teléfono al frente y en el
centro.

"Entonces, volvamos al vestíbulo, mientras pides uno".

Lyric abrió la boca. Pero no sabía cómo mentir para ocultar que estaba cansada
y que solo había planeado desmaterializarse. La división entre especies no era tan
grande cuando estaban comiendo, hablando o besándose. Pero, al igual que la noche
anterior, los humanos no se esfumaban a otros destinos.

Regresando al vestíbulo, se puso a trabajar en su teléfono. La señal no era


muy buena, solo dos barras, tuvo que instalar la maldita aplicación.

Que era lo que pasaba cuando nunca habías tenido que pedir un Uber.

"¿Pasa algo?", preguntó mientras ella jugueteaba con su teléfono.

Y fue entonces cuando lo olió.

Levantando la vista de la pequeña pantalla de su Samsung, respiró lenta y


profundamente por la nariz; no es que necesitara confirmación. El olor empalagoso,
a talco de bebé y carne muerta, era absolutamente inconfundible.

Había un lesser en el edificio, cerca.

Y la cosa iba a saber exactamente qué era.

"Tengo que irme". Retrocedió hacia la puerta sólida. "Quiero que subas,
ahora...".

"¿Qué pasa?".

"No... no puedo...". Regresó disparada a la salida. "Adiós, Dev y cierra la


puerta con llave, por una vez, por favor".

Dev frunció el ceño. Luego se encogió de hombros. "Bien, cuídate".

Se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras, moviéndose más despacio de


lo que ella quería. Pero al menos era mucho más rápido que quedarse quieta.

Saliendo disparada junto a los buzones, volvió a respirar el aire nocturno y


siguió bajando los escalones hacia la acera nevada. Se dijo a sí misma que, como
humano, Dev no le interesaría a una lesser, a menos que quisieran reclutarlo. Pero
no parecía el tipo de alma perdida y descontenta que buscaba la Sociedad Lessening.

¡Dios mío!. ¿Y si la olían en él?.

"Este no es el maldito campo", murmuró. "¿Qué hace aquí...?".


La calle donde se encontraba el edificio de Dev no era un callejón desierto y
ruinoso con un código postal horrible. Era un negocio en marcha, con todos los
edificios ocupados, luces encendidas en tantas ventanas, coches pasando, incluso un
par de peatones abrigados al otro lado de la manzana apresurándose a coger su
todoterreno.

Pero, maldita sea, la guerra estaba en todas partes.

Todo el tiempo.
CAPITULO 19
________________

Menos de treinta minutos después de que Shuli llegara a la Audiencia, salió de


la acogedora puerta principal, atónito. La reunión con el Rey no había durado mucho,
aunque agradecía que no lo hubieran atravesado con una daga negra en el acto,
estaba completamente atónito de que L.W. hubiera aparecido primero y hubiera
confesado la situación.

¿Qué demonios?.

En cualquier caso, el Rey se había negado a recurrir al despido/ataúd.


Simplemente le había dicho a Shuli con severidad que hiciera todo lo posible por
quedarse con su hijo, quien, al parecer, ya no estaría en la agenda.

Y eso fue todo, reunión terminada.

Así que sí, allí estaba ahora, de pie en el frío con traje y abrigo de cachemira,
más que un poco conmocionado...

Cuando un par de vampiros se recompusieron frente a él, el hombre y la


mujer, bien vestidos, retrocedieron de un salto, sorprendidos.

“Lo siento”, dijo. “Me voy…”.

“¿Shuli?”.

Frunció el ceño y se concentró en el hombre. Le tomó un par de parpadeos


ubicar su rostro; claro, siempre había estado borracho de Dom Pérignon con él.

“¿Mitchus?”.

“¡Sí!, ¿cómo has estado, viejo?”.

Los dos se abrazaron y Shuli miró por encima del hombro del hombre. La
mujer en la periferia era hermosa, con la sobriedad de la glymera, cada pelo en su
lugar, el conjunto de perlas y suéter asomando a través de un elegante abrigo de
visón color caramelo. Era joven, a juzgar por su expresión abierta y su sonrisa
gélida, pero podría haber tenido quinientos años por sus zapatos de tacón y bolso a
juego.

Mientras Shuli se apartaba, le dio una palmadita a Mitchus en el hombro de su


fino abrigo. “¿Estás aquí por alguna razón en particular, amigo?”.

“Apuesto a que no lo adivinas.” El macho hizo un gesto de director. "Te


presento a la encantadora señora Perighrine, mi prometida. Estamos aquí para recibir
nuestra bendición".
La hembra se acercó flotando y extendió una mano enguantada. "¿Cómo
está?".

Y fue entonces cuando Shuli la olió. Embarazada… La señora Perighrine estaba


con crías.

¡Ah!, así que por eso el macho había desaparecido de escena. Era curioso que
Mitchus estuviera llevando a cabo el apareamiento. Solo había dos tipos de hembras
en la aristocracia: las virtuosas, a las que se reclamaba ante la familia, las glymera,
que eran vírgenes y las arruinadas con las que se acostaba y disfrutaba.

Nunca te presentabas ante tu rey con estas últimas, buscando un asentimiento


en el altar.

"El placer es mío", murmuró Shuli.

Tocó las yemas de sus dedos con los suyos, luego se llevó la palma de la mano
al corazón e hizo una reverencia. Al romperse el contacto visual, una serie de
imágenes pasaron por su mente, todas de Mitchus follándose a varias mujeres
humanas y vampiras, normalmente en parejas.

Y normalmente en la habitación de invitados de Shuli en el primer piso. La que


supuestamente ocupaba L.W. ahora.

Ahora que lo pienso… esa mierda había terminado hacía meses, tal vez el tipo
había conocido a la Elegida.

"¿Cuándo es la cita?", preguntó Shuli mientras se enderezaba.

"El año que viene". Mitchus sonrió, mostrando unos dientes blancos y
uniformes, con los colmillos ligeramente alargados. "Estás en la lista de invitados,
por supuesto".

Entonces el hombre entró y rodeó la cintura de su mujer con el brazo.

"¡Guau!. ¡Menudas transformaciones!".

Solo que entonces Shuli pensó en la llamada que le había hecho a Lyric, la que
no había recibido respuesta, la que había hecho justo antes de venir aquí.

A veces una buena mujer podía cambiarte o joderte la vida.

"Gracias". Se aclaró la garganta. "Allí estaré con todo el equipo".

"Genial". Mitchus inclinó la cabeza. "Nos vemos entonces".

"Lo espero con ansias".


La feliz pareja se dirigió a la puerta principal, como siempre caballero, Mitchus
le abrió las puertas a su mujer. Cuando ella pasó junto a él, miró a Shuli y le dedicó
un último y galante saludo.

Entonces se fueron, la pesada puerta reforzada, que parecía algo alegre, se


cerró lentamente tras ellos. Francamente, le sorprendió que la pareja hubiera venido
aquí. Muchos miembros de la aristocracia pensaban que un público común estaba por
debajo de ellos. Sin embargo, la familia de Mitchus siempre había sido muy estricta
con el decoro. Supongo que el golpe al ego valió la pena, aunque cómo habían
aceptado ese embarazo y aun así habían dado su propia bendición era un tema.

Pero da igual, no era asunto suyo, en muchos sentidos.

Nunca se aparearía.

Cerrando los ojos, pasó un instante antes de que pudiera desmaterializarse,


entonces se escabulló, volando en un cúmulo de moléculas. No tardó mucho en
llegar a casa, mientras se recomponía frente a su moderna mansión, observó el
exterior blanco y bajo con ojos cansados. Aquello era como un búnker en el paisaje
nevado, un banco más en el montón, sabía que no podía quedarse mucho tiempo.

Tenía que encontrar a L.W. de alguna manera.

Y no solo porque fuera su trabajo, había tomado una decisión sobre...

Su puerta principal se abrió y la figura que apareció entre las jambas era
demasiado enorme para ser Willhis.

Además, su mayordomo nunca había favorecido el cuero negro con un montón


de armas.

Shuli soltó una maldición mientras subía por su camino despejado. "Pensé que
querías evitarme como a la peste".

L.W. se encogió de hombros y removió sus fideos instantáneos. "Mi ropa está
aquí".

Cuando Shuli subió los escalones de un salto y percibió un olor a caldo de


pollo, el hombre no se movió, así que apartó a L.W. de un empujón. Lo cual, sí, solo
ocurrió porque el muy cabrón se dejó mover, pero bueno, uno tiene que buscar sus
victorias donde las encuentra. Entonces Shuli se quedó parado en su vestíbulo
porque no había razón para que esta pelea se produjera más adentro de la casa.

Willhis odiaba los conflictos y no quería molestar a su doggen.

"Llévate tus cosas y vete". Shuli indicó la dirección general del ala donde se
encontraba L.W. Había estado acampando. "Tu padre me dejó pasar esta mierda de
trabajo, me dijo que hiciera lo mejor que pudiera. He decidido que mi mejor esfuerzo
es decirte que te largues y hagas lo que tengas que hacer. Si quieres ir solo, lo
tienes".

Mientras L.W. se apoyaba contra el arco de la biblioteca, era como una mancha
contra las paredes blancas y vaya si el muy cabrón no parecía una especie de
escultura brutalista hecha realidad. Pero, ¿quién lo diría?, ya había suficiente arte
abstracto en el lugar.

"Así que...". Shuli se acercó al arco del ala de invitados. "Aquí tienes".

Agitó ambas manos hacia adelante. Como si Su Alteza Real Chupapollas no


supiera dónde se había estado quedando desde que los dos se habían casado por
amor.

Cuando L.W. se quedó allí de pie, comiendo esos malditos fideos de plástico,
Shuli frunció el ceño. "¿Es broma?".

"¿Qué?".

"¿Has venido a disculparte?", dijo con incredulidad. "¿Es eso lo que es esto?,
¿te estás... disculpando?".

Aquellas cejas negras bajaron con tanta fuerza que parecía que intentaban
trasladarse a sus fosas nasales.

“Guau”. Shuli se pasó una mano por el pelo. “Esta noche estás llena de
sorpresas, ¿verdad?”.

Esos ojos verde pálido se desviaron hacia el Jackson Pollock amarillo y negro
que colgaba sobre una consola Biedermeier. Entonces el silencio se prolongó,
inmenso como el horizonte. Con los suelos de mármol blanco, la escalera blanca y
todo el blanco sin adornos por todas partes, era como si todavía estuvieran fuera.

“Para tu información, eres un desastre con eso de los ‘lo siento’”, comentó
Shuli.

“No lo hago a menudo”. El luchador inclinó la taza y bebió un poco de caldo.

Cuando no había ninguna pega, ninguna mierda de ‘pero cuando lo digo, lo


digo en serio’, no era realmente una sorpresa. “Eso creo”.

Aún más silencio. En ese momento, Shuli cerró los ojos y dejó caer la cabeza
sobre la columna. “Al menos podrías decir la palabra, ¿qué tal un sinónimo?. Oye,
incluso aceptaría algo que rime, preocupación, cantera".

“Peludo”.

“Eso no rima”.
“Sí, rima…”.

“No, no rima, solo comparte tres letras…”.

“Rima totalmente…”.

“Entonces estás pronunciando ‘sorry’ como ‘Surrey’ o ‘furry’ como ‘fawrry’,


como si tuvieras cuatro años y te faltaran un par de dientes”.

La puerta principal se abrió y sin dudarlo, ambos se giraron hacia ella y


sacaron pistolas. O mejor dicho, L.W. sacó una Smith & Wesson y Shuli se metió la
mano bajo el brazo inútilmente porque, claro, no había ido a ver al Rey con ningún
arma encima.

¿Y las buenas noticias?, no era un lesser al que tenían que eliminar ni un


ladrón humano al que podían decidir si matar o jugar con su mente.

El gemelo de Lyric, Rhamp, entró directamente en la casa. Iba vestido para


salir al campo, con el pelo oscuro recogido en un moño, un par de botas nuevas, el
olor a armas de fuego y acero afilado lo precedía. Todo era normal, ¿qué era
anormal?, su actitud lacónica no se veía por ningún lado.

De hecho, parecía que tenía los huevos en una prensa.

"Menos mal que están juntos", dijo el tipo con brusquedad. "Necesito que
vengan conmigo. No hagan preguntas y no, tampoco quiero hablar de eso después".

L.W. y Shuli se miraron.

"Denme un minuto para cambiarme y buscar mis armas", dijo Shuli mientras
bajaba las escaleras a toda velocidad.
CAPITULO 20
________________

Mientras el viento azotaba y el frío era un carterista con manos hábiles, Lyric
esperaba en el callejón junto a Bathe, justo al lado de la salida de emergencia.
Ningún lesser se acercaría a un lugar tan concurrido. Después de todo, solo había
una regla en la guerra entre los vampiros y la Sociedad Lessening: dejar a los
humanos fuera. Cuanto más discreto, mejor, sobre todo en estos tiempos modernos
con tanta vigilancia en el centro.

Mirando a su izquierda, dirigió la mirada hacia el oscuro callejón. El carril se


extendía hasta el otro lado, en la parte trasera del club, el resplandor del tráfico de
Jefferson Street y los puntos calientes que iluminaban esa calle bastaban para
convertir en sombras a todos los peatones que buscaban diversión.

Mientras tanto, en la otra dirección, echó un vistazo a lo que había llegado a


considerar la intersección de Dev y ella. Todo había empezado allí...

"¡Allhan!". Al pronunciar el nombre, empezó a buscar a tientas su móvil.


"¡Rayos!, me olvidé de ti...".

Uno a uno, tres hombres se reagruparon a su alrededor en un semicírculo: su


hermano gemelo fue el primero en llegar. Luego L.W. y finalmente Shuli. Ninguno
llevaba ropa de fiesta, aunque L.W. nunca había bajado de tono su atuendo de
guerra.

"Gracias, Lassiter", dijo en voz baja mientras guardaba el teléfono en su


bolsillo con cremallera.

Saltando hacia adelante, abrazó a su hermano. "Muchas gracias por venir y a


ustedes también".

"Como si no lo hiciéramos". Rhamp la hizo retroceder con una maldición


sombría. "Ahora, ¿qué demonios está pasando?, ¿vieron a un lesser?, ¿por aquí?".

Cuando los hombres empezaron a mirar fijamente a las sombras, ella negó con
la cabeza. "No, está a un par de manzanas. Más bien a cuatrocientos metros, en
realidad. Estaba... bueno, olí a uno...".

"¿Qué haces aquí sola?", preguntó Rhamp. "¿Alguien sabe que estás aquí?".

"Bueno, ahora sí". Ella ignoró sus preguntas con un gesto. "No importa, quiero
que ustedes… ¿pueden irse…?. Escuchen, solo les pido que…"

"Matarlo", dijo L.W. Como si estuvieran hablando de una cucaracha que había
encontrado debajo del fregadero.
"Sí". Se le hizo un nudo en la garganta al recordar el hedor o quizás era su
miedo a que Dev tomara el control. "Es decir, no puedo hacer eso…".

"No…".

"…tú…".

"¡No puedo!".

Todos los chicos dijeron lo mismo a la vez. Lo cual era bastante irritante. Había
mujeres que luchaban en la guerra. Payne y Xhex, Paradise y Novo, eran tan letales
como los Hermanos, luego estaban las mujeres humanas que el hijo del Omega
había convertido en cazadoras. Pero ahora no era el momento de discutir sobre
igualdad de género en el proverbial entorno laboral.

"Puedo llevarlos directamente al edificio, vamos...".

Rhamp la tomó del brazo mientras se giraba hacia Market. "Nos vas a decir la
dirección y nos encargamos de todo, vete a casa".

Miró a los otros dos. L.W. ya tenía un arma desenfundada y sacaba una daga
de la funda de su pecho. Junto a él, Shuli tenía las manos en las caderas, apoyadas
en las culatas de las dos pistolas automáticas que llevaba colgadas de la cintura.

"¿Qué demonios pasa?", preguntó Rhamp. "No vienes con nosotros, así que
podemos perder el tiempo discutiendo sobre sentido común o podemos ponernos a
trabajar, que es por eso que nos llamaste".

Maldiciendo en voz baja, murmuró: "Está en la calle Veintitrés con Lincoln. El


edificio de apartamentos de ladrillo rojo de siete pisos. Lo olí al salir, como si el lesser
estuviera en el sótano. Verás la escalera abierta en cuanto entres al vestíbulo".

"¿Qué demonios hacías ahí?", preguntó su hermano.

Lyric hizo todo lo posible por mantener la voz, bueno, tranquila. "Visitaba a una
amigo".

"¿Qué amigo?". Su ceño se acentuó aún más. "¿Estás saliendo con alguien?".

Entrelazando los brazos sobre el pecho, miró a su gemelo con los ojos
entrecerrados. "No es asunto tuyo".

"Seguro que sí cuando me llamas para pedir ayuda con un maldito lesser".

Junto a su hermano, L.W. arqueó una ceja. Shuli, en cambio, apartó la mirada
bruscamente, como si no quisiera saber nada del calor.
"Vete a casa", gruñó Rhamp. "No hables de esto con los padres, quizá te
equivocaste de olor, hay tantos humanos en esta parte de la ciudad que no los
encontramos aquí".

"Sé lo que olí".

"Ya veremos".

Rhamp murmuraba para sí mismo mientras cerraba los ojos y se


desmaterializaba. Mientras L.W. también salía corriendo, extendió la mano y agarró
el brazo de Shuli.

"Oye, ¿querías hablarme hace unos cuarenta y cinco minutos?". Ni siquiera


hubo una pausa. El tipo negó con la cabeza y retrocedió. "Llama por teléfono, lo
siento."

Qhuinn regresó al centro de entrenamiento de la Hermandad una hora después


de haber tenido la Primera Cena en casa de sus suegros con Blay. Su compañero de
turno esa noche era Rhage, los dos se reagruparon en el camino despejado que
descendía hasta las puertas de acero del estacionamiento de las instalaciones. Al
descender, saludaron con la mano a las cámaras de seguridad instaladas en la pared
lateral de hormigón.

A la derecha, había una entrada de acero mucho más pequeña para peatones,
en cuanto estuvieron dentro del alcance, se activaron los cerrojos. Gracias, V.
Después, se encontraron en un estrecho pasillo de cemento que era una versión en
miniatura de la arteria principal interior del centro. Como siempre, había cámaras en
el techo, así como pequeños agujeros que podían activarse para liberar una descarga
de neurotoxinas.

Qhuinn no era un cobarde, pero siempre se alegraba de salir del tubo asesino.

"¿Estás bien, hermano?", preguntó Rhage desde atrás.

"Oh, sí, perfectamente". Considerando que aún iba a perder la cabeza entre lo
que casi le pasó a la joven Lyric y lo que definitivamente le estaba pasando a la
mayor.

Se acercaron a la segunda puerta y esperaron el ¡zas! del cerrojo al correrse. Y


esperaron, ... esperaron.

Qhuinn miró hacia la cámara sobre la entrada y agitó la mano.

Cuando una ráfaga de uva flotó sobre su hombro, miró hacia atrás. Rhage se
había metido un caramelo Tootsie en la boca y estaba metiendo el envoltorio morado
arrugado en su ropa de cuero.

"No estás bien", dijo el hermano con la piruleta en la mano. "Sabes, mi Mary
siempre dice que hablar ayuda...".
"¿Por qué no nos abren esto?". Qhuinn miró el patrón de agujeros
perfectamente espaciados justo encima de sus cabezas. "No debería tardar tanto".

¿Se habían cortado las comunicaciones?, ¿un apagón en centro tecnológico y


luego los generadores de emergencia no se activaron?, ¿pasaba algo malo...?.

¿Si alguien tropezaba y caía sobre el botón que descargaba la neurotoxina?,


¿si...?.

Se inclinó hacia adelante y accionó la palanca. No consiguió nada, cambió el


peso de un lado a otro, levantó el brazo y se quitó la manga de cuero de la chaqueta
de combate... excepto que, vamos, no tenía un reloj que mirar.

De vuelta con los malditos agujeros...

"Dios mío", dijo Rhage, señalándolo con su piruleta. "Tienes esa cosa,
¿verdad?".

¿Un sistema suprarrenal hiperactivo?. Sí, claro. ¿Quién no lo tenía después de


todas estas décadas en la guerra...?.

“Tripofobia”.

Qhuinn volvió a centrarse en el hermano. “¿Qué?”.

“Miedo a los agujeros”. Rhage asintió hacia el techo. “O sea, sabes que es
imposible que V o ninguno de los suyos activen los sistemas defensivos contra
nosotros. Pero sigues mirando hacia arriba como si esperaras que algo malo pasara,
lo haces cada vez que he estado aquí contigo, desde que se hizo la instalación...”.

“No sé de qué hablas”.

Fijó su mirada resueltamente en la puerta de acero.

Esto duró un nano segundo y sus ojos volvieron a los agujeros.

“No te sientas mal”, comentó Rhage. “Tengo araquibutirofobia”.

Qhuinn tuvo que volver a mirar al tipo. “¿Es algo por lo que la Doc Jane
necesita ponerte una inyección de penicilina?”.

Rhage rió de forma calmada y relajada, algo que Qhuinn envidiaba muchísimo.
"No, es miedo a que se te pegue la mantequilla de cacahuete al paladar. Mary y yo lo
hemos estado intentando. Me atraganté con una mantequilla de cacahuete y
mermelada hace un par de meses y ahí fue cuando empezó...".

Clunk.
Al abrirse el seguro, Qhuinn golpeó la barra como si le estuviera dando
compresiones en el pecho en un hospital. El alivio que sintió al entrar al
aparcamiento, con todo su espacio en todas direcciones, fue como respirar aire
limpio después de haber aguantado la respiración por un mal olor. ¿Y qué hay de los
miedos irracionales?. No sabía por qué Peterpanofobia estaba hablando Rhage, pero
si tuviera que diagnosticarse uno, diría que era un claustro común y corriente, que le
dieran a todos los agujeros...

"¿En serio?", murmuró ante su elección de palabras.

"¿Eh?". Rhage ladeó la cabeza como un perro grande y hermoso. ¿O estás


hablando solo?.

Llegaron a la entrada principal del centro de entrenamiento y claro, la


cerradura volvió a girar al instante.

“Tienes que confiar en mí cuando te digo que no quieres saberlo”. Abrió las
puertas y miró por el amplio pasillo hacia donde estaban Xcor y Tohr. “No, no tiene
nada que ver con comida, mantequilla de cacahuete ni nada”.

“Entendido”, dijo Hollywood amigablemente.

Pasando por la fila de aulas, se detuvieron al llegar a las habitaciones de los


pacientes. Tohr estaba hablando por teléfono, enviando un mensaje, pero Xcor se
acercó para saludarlo.

“Papá…”.

“Papá…”.

Él y Xcor se dieron una palmada y luego se dieron un golpe en los hombros y


luego Rhage se unió al saludo. Mientras los dos retrocedían, Qhuinn asintió con la
cabeza hacia la lata roja de Coca-Cola de alta graduación que Xcor tenía en la mano.

“¿Ese tipo de noche ya?”.

“Ya lo sabes”.

El líder de la Banda de Bastardos estaba vestido para la guerra, pero tuvo que
reprimir un bostezo, lo cual fue una sorpresa. El macho corpulento era fuerte como
un toro y en una noche normal, era el primero en salir al campo a cazar. Esa noche
no. Parecía agotado y distraído, eso demostraba que también estaba preocupado por
la situación de las Lyric.

Siempre había sido así, los cuatro preocupados por los jóvenes y todo lo que
les afectaba.
Xcor dio un trago a la lata. "Así que, para distraernos, Layla y yo nos pasamos
el día viendo un maratón de una serie sobre veterinarios ambientada en las Tierras
Altas de Escocia a principios del siglo XX".

Sí, ellos tampoco habían podido dormir. "No es lo que sueles hacer".

"Claro, empecé a verla solo para ser amable".

"¿Y no te desmayaste de aburrimiento?".

Rhage asintió mientras daba un mordisco a su Tootsie Pop. "De verdad".

"Peor". Xcor dio otro trago largo. “Me enganché, terminé con pañuelos
arrugados por toda la cama y yo no lloro”.

Qhuinn tuvo que reír. “Qué tierno con los animales, ¿eh?”.

“Me uní a PETA a las tres de la tarde y a las seis, ya estaba listo para adoptar a
todos los perros de Caldwell que no tenían hogar. No volveré a ver la televisión nunca
más”.

Cuando sonó el teléfono de Rhage, se giró para contestar. “Oye, Mary, ¿estás
bien?”.

En voz baja, Qhuinn preguntó: “¿Cómo está Layla?”.

“Mal”. Xcor negó con la cabeza, aplanando su labio superior deformado. No


para de poner el video de la valla publicitaria una y otra vez. De verdad, Lyric ha sido
muy amable con nosotros; anoche nos vimos por FaceTime, volviendo de casa de sus
abuelos justo después del atardecer; ella y Layla pasaron un rato juntas, pero no sé.
A veces, el recordatorio de lo importante que es alguien se vuelve tan traumático
como el casi accidente.

¿Quizás pueda hablar con ella?

Sí, por favor. Xcor, con sus modales campestres, hizo una reverencia. Lo que
sea para tranquilizar a mi shellan.

Tohr guardó el teléfono y se acercó.

Oye, gracias por venir y por estar dispuesto a hacer guardia. Syphon y Syn
acaban de irse.

No hay problema. Qhuinn señaló la puerta de la habitación del paciente con la


cabeza.

¿Algún cambio en el hombre?


Respira por sí solo, pero no está realmente consciente. La Dra. Jane está en el
laboratorio con Ehlena, por si ocurre algo grave.

¿Te importa si entro a verlo?.

“La doctora Jane dice que lo mantengamos en cinco minutos, no más”. Tohr
levantó el teléfono. "Si consigues algo de él, volveré del campo inmediatamente, esto
es lo más importante de nuestra agenda esta noche”.

“Entendido”.

Con todo resuelto, Tohrment y Xcor se despidieron y regresaron al temido


salón de diminutos agujeros. Si Qhuinn recordaba bien el horario, Tohr estaba en la
Casa de Audiencias y Xcor en el centro, en el campo. Los dos, como medio
hermanos, nunca fueron emparejados, al igual que Blay y Qhuinn, John Matthew y
Xhex, como parejas emparejadas, también fueron separados. Lo mismo ocurrió con
V y Payne, como hermano y hermana, con Z y Phury.

Sin duda, Xcor había venido aquí para liberar a sus dos soldados de sus tareas
diurnas de custodiar al cautivo. Aunque la Banda de Bastardos había jurado lealtad a
Wrath hacía mucho tiempo, aún contaban con su propia cadena de mando, Tohr
nunca la cuestionó, a pesar de ser la mano derecha del Rey y técnicamente, quien
mandaba sobre todos los combatientes.

"Me quedaré aquí fuera". Rhage se apoyó en la pared de hormigón mientras


tiraba su bastón a la papelera. "Avísame si necesitas algo".

Qhuinn asintió y abrió la puerta de la habitación del hospital. Al entrar, el


monitor de ritmo cardíaco parecía demasiado alto, al igual que el zumbido de toda la
maquinaria alrededor de la cabecera de la cama. El hombre que habían encontrado
en esa habitación oculta de Whestmorel estaba lleno de tubos y tenía el color de un
cadáver, su piel gris y estirada sobre los huesos de lo que probablemente alguna vez
fue un rostro atractivo. Los moretones alrededor de sus muñecas, cuello y torso se
habían asentado en una serie de manchas moradas oscuras, tenía un par de puntos
de sutura impecables en el hombro y bajo un brazo. Con las sábanas justo debajo del
diafragma, no era posible evaluar el daño en la parte inferior del cuerpo.

Pero, de todas formas, no era médico.

Qhuinn rodeó la cama y se sentó en la silla que habían subido al otro lado.
Claro que pensó en su hermano, ¿cómo no?. Al igual que con Luchas, solo tenían las
secuelas de lo que le hubieran hecho a este hombre y nadie sabía si el aristócrata
sobreviviría.

Oh, ¿a quién demonios engañaba?, si tuviera que decirlo, la respuesta sería...

El ojo más cercano a Qhuinn se abrió un poco, apareciendo una grieta entre las
pestañas enmarañadas. Entonces se oyó un pequeño jadeo y ambas manos se
cerraron como garras.
Qhuinn se sobresaltó, pero se aseguró de mantener la voz suave y serena.
"Estás bajo la custodia de Wrath, hijo de Wrath, señor de Wrath. ¿Cómo te llamas?".

Al no obtener respuesta, no se sorprendió. "¿Quieres decirme tu nombre?,


¿cómo te llamas?".

Si pudieran conseguir uno, ayudaría en el proceso de identificación. V ya había


realizado una búsqueda en las bases de datos de la especie, por si alguien había
reportado la desaparición de un hermano, hijo, tío o padre. Hasta el momento, nada.
Por otro lado, toda la línea de sangre del macho podría estar involucrada en la
traición de Whestmorel, siendo él el único que se resistía, maldita aristocracia...

Un susurró interrumpió el zumbido de todos los monitores.

"¿Qué dijiste?". Qhuinn se levantó y se inclinó sobre la cama. "¿Cómo te


llamas?".

Al no obtener respuesta, decidió que se lo había imaginado y echó un vistazo a


las máquinas detrás de la cama. No sonaba ninguna alarma, así que supuso que las
constantes vitales estaban bien...

"¡Caramba!", jadeó el hombre.

Y entonces todo se descontroló: los monitores parpadearon y un pitido fuerte


resonó a un nivel de grito.

Qhuinn observó el ritmo cardíaco; los picos y valles se volvían irregulares antes
de espaciarse cada vez más...

...hasta que se detuvieron por completo.


CAPITULO 21
________________

¡Qué demonios!. Se iba a casa como una niña buena.


Lyric les dio a los hombres un buen minuto para que se escabulleran hasta el
edificio de Dev. Luego cerró los ojos y también se desmaterializó. Cuando se
recompuso, fue en el tejado cubierto de nieve de un pequeño edificio sin ascensor,
detrás de su dirección, se mantuvo oculta tras una chimenea de escape del sistema
de calefacción.

Desde su posición privilegiada, podía ver un aparcamiento trasero y un montón


de ventanas con las cortinas o persianas bajadas. Contando desde abajo, se centró
en el cuarto piso e intentó orientarse. Dev tenía un piso en esquina, pero, ¿en qué
extremo?, ¿O su estudio daba al frente?. Nunca lo había mirado, porque sus
apagones le impedían la vista.

Rayos, estaba completamente desorientada. Mientras tanto, el corazón le latía


con fuerza en los oídos, mientras el viento silbaba en su cabeza, se preparó para...

No pasó nada.

Se apartó un mechón de pelo de los ojos con impaciencia y contempló la zona


poco profunda donde los coches se apretujaban entre montones de nieve sucia y
compacta. Las luces de seguridad que brillaban desde el tejado eran tan brillantes
que no había muchas sombras ni lugares que no pudiera visualizar.

"¡Dios mío, Dev...".

¿Y si todo se hubiera descontrolado después de que ella se fuera y él hubiera


sido atacado de vuelta a su apartamento?.

Esperó un poco más y luego salió de detrás del conducto de tamaño industrial.
Se acercó al borde del tejado y contó los coches manchados de nieve para distraerse.
Luego volvió a todas las ventanas del cuarto piso.

Casi esperaba ver destellos de disparos y oír los gritos de humanos escapando
de una refriega.

Nada.

Pero, vamos, ¿qué esperaba?, ¿que esos tres luchadores persiguieran a un par
de no muertos hasta el aparcamiento, los apuñalaran hasta su creador y luego le
mostraran el visto bueno para que se olvidaran de todo?.

Bueno, dicho así, la respuesta era… sí, sí, lo hizo.


En cambio, este era el mundo real.

Dicho esto, cerró los ojos e hizo todo lo posible por calmarse para poder
cambiar de posición. Cuando por fin pudo desmaterializarse, estaba justo al otro lado
del aparcamiento, en la azotea del edificio de Dev. El viento era aún más fuerte, ya
que las cosas eran considerablemente más altas que la escalera y mientras su cuerpo
se movía de un lado a otro con las ráfagas, pensó en todas las cosas que podrían ser
arrastradas y volar por los aires.

Había muchos más conductos y sistemas de ventilación allí, además de una


estructura tipo quiosco en el centro de todo, que supuso que era la parte superior de
la escalera de acceso. Sin luces de seguridad ni cámaras, al menos no que ella
pudiera ver. Había bastante luz ambiental, probablemente incluso para los humanos,
claramente subieron allí con mejor tiempo, a juzgar por el grupo de sillas de jardín
cargadas de nieve.

Oh, un momento. Había rastros de huellas. ¿Quizás porque habían tenido que
subir obreros recientemente?.

Y ...

La caída abrupta a la acera le revolvió el estómago, pero al menos se orientó.


Ahora miraba la fachada del edificio, los escalones despejados de la entrada y las
farolas gemelas justo debajo de ella.

Recorriendo toda la extensión, comprobó la salida trasera. ¿Cómo habían


entrado su hermano y los combatientes?. Claro que, como era un edificio humano,
podrían haber forzado las cerraduras. O, si hubieran querido ser sigilosos, podrían
haber entrado a través del cristal de cualquier ventana o de las juntas de una puerta
suelta; probablemente no de los conductos. Aunque no habría malla de acero para
mantener alejados a los vampiros, era demasiado peligroso...

Alguien salió por la puerta trasera.

A Lyric se le paró el corazón en el pecho e inhaló profundamente por la nariz.


Lo cual era una estupidez y quizá demostraba el argumento de su hermano de que
no tenía por qué estar allí: no había forma de olerlo a esa altura.

Oh... mierda, quienquiera que fuese tenía el pelo muy blanco. ¿Era una
persona mayor?, ¿un lesser?.

Se inclinó aún más...

Su bota resbaló, perdió el equilibrio y se precipitó hacia el vacío.

Justo cuando empezó a caer en picado, un destello de luz se derramó desde la


puerta de acceso al tejado. El hecho de que se girara para mirar la iluminación fue lo
que la enderezó; las suelas de sus zapatillas impermeables se clavaron en la nieve
justo antes de caer por la cornisa.
Aunque quizás hubiera sido mejor caer en picada.

Una figura enorme se abría paso entre el resplandor que salía de la escalera y
se arrepintió al instante. No tenía armas ni entrenamiento y si este era el lesser al
que había enviado a su hermano a matar...

Fuera lo que fuese, giró la cabeza hacia ella. Fue entonces cuando oyó una voz
demasiado familiar y no la de su hermano, ni la de L.W., ni la de Shuli.

"¿Lyric?, ¿qué haces aquí fuera?".

¡Ay, mierda!.

Dev.

Entrar en el edificio había sido pan comido y Shuli se alegró de que al menos la
entrada no hubiera sido tan complicada. Los otros dos lo habían esperado por la
parte de atrás y antes incluso de que pudieran organizar un plan, alguien había
salido por la puerta trasera. No es que no pudieran haberla abierto, pero bueno, pan
comido gracias a la involuntaria bienvenida. El sótano estaba limpio, tanto por la
limpieza como por estar libre de lessers, así que encontraron la escalera abierta y
subieron al vestíbulo del primer piso.

Nada.

Nada de talco para bebés, ni ruidos de forcejeo, ni disparos de armas por


ninguna parte.

"Arriba", dijo Rhamp en voz baja.

L.W. y Shuli asintieron, subieron en silencio en formación, con el hermano de


Lyric delante.

A todo nivel…nada.

Bueno, nada de lessers. Había un montón de humanos tras las puertas


numeradas, lo cual era un gran cambio respecto a las casas sin ascensor y los
edificios que Shuli solía recorrer: el terreno en el campo siempre estaba vacío y en
ruinas. Aquí, había voces, televisores, olores a comida. En general, nunca tuvo
problemas con esas ratas sin cola, al menos no hasta que las incorporaron a la
Sociedad Lessening; demonios, se acercaba mucho a innumerables mujeres con
mucha frecuencia.

¿Y en ese momento?, se encontró odiando a todos en el edificio.

Bueno, no a todos, corrigió mientras seguían subiendo. Solo al hombre que


Lyric veía claramente.
¡Madre mía!, había sido tan evidente como la expresión de su rostro que
estaba liada con alguien, también era muy obvio que, quienquiera que fuera, no
decía nada sobre él.

Tenía que ser un humano.

Al bajar Shuli al cuarto piso, sus ojos recorrieron el pasillo. ¿Cuál de las
puertas era la suya?. Probablemente era mejor no saberlo; dado lo protector que era
Rhamp con su hermana, si encontraban al muy cabrón, las cosas se iban a complicar
mucho, muy rápido y no por nada que tuviera que ver con un lesser.

Demonios, Shuli también se sentía un poco colmilludo.

Más bien colmilludo, aunque no tenía derecho.

Siguieron subiendo, sin decir nada, comunicándose a través del contacto


visual, aunque tampoco había mucho de qué hablar.

Cuando llegaron al último piso —el número siete de la suerte— se detuvieron a


escuchar. Probaron el aire en busca de olores, miraron a su alrededor...

Un repentino crujido y golpe lo lanzaron hacia la izquierda.

Junto a la escalera, una puerta con el letrero "Acceso al tejado" se cerraba


junto a él y ensanchó las fosas nasales, no había olor a lesser.

Mientras tanto, Rhamp se inclinó sobre la barandilla de la escalera y miró hacia


abajo, hacia donde habían comenzado su marcha. L.W. Era quien deambulaba,
acechando a mitad del pasillo.

Tras echar un vistazo a su alrededor, Shuli extendió la mano y giró


silenciosamente el pomo de la puerta. Había un cerrojo en la jamba, pero al abrirla
un poco, vio que la bala había sido extraída de su interior y que el agujero donde
debía estar estaba tapado con lo que parecía papel.

Asomándose por la nariz, se inclinó hacia la fría escalera y vio la puerta de


arriba cerrarse de golpe. Gracias a la termodinámica, el calor del pasillo subía, ávido
de liberarse en el frío, así que no consiguió nada.

¿Si hubiera sido un lesser quien hubiera pasado por el pasillo para abrir la
puerta?. Habrían dejado un montón de moléculas de olor desagradable en el aire. La
vida media de esa porquería era de unas buenas dos semanas.

"Supongo que se equivocó", murmuró Shuli mientras se retiraba y cerraba las


puertas. "O se fue". Rhamp se encogió de hombros mientras se enderezaba y se
alejaba del lugar. "Podríamos vigilar, pero se supone que debo estar en el campo con
John Matthew. Una posición aquí sería difícil de justificar".
L.W. seguía alejándose de ellos, mirando las puertas cerradas de todos los
apartamentos como si jugara a piedra, papel o tijera con cada uno, la piedra era su
arma de doble filo.

"Estoy de acuerdo en que tenemos que seguir adelante". Shuli negó con la
cabeza. "Su Cagada Real va a querer estar al oeste de aquí, en un código postal con
una media de ingresos mucho más baja y con mucha más probabilidad de cruzarse
con algo que huela a abuela humana".

Además, tenía muchas ganas de largarse de allí. La idea de que Lyric estuviera
con otro le daba ganas de emborracharse de absenta y que alguien de pelo oscuro se
lo volviera a follar...

Él y Rhamp se dieron la vuelta hacia la escalera al mismo tiempo.

El aroma que buscaban, por fin.

Lyric no se había equivocado.

"L.W.", siseó a Shuli mientras sacaba uno de sus nueves y lo mantenía a la


altura del muslo. "Tenemos una fiesta a la que ir." El heredero al trono podía ser
corpulento como un autobús, pero se movía como un velocista cuando quería. El
imbécil se colocó al frente al instante, incluso bajó las escaleras primero cuando
empezaron a rastrear el hedor. Los tres se mantuvieron pegados a la pared,
moviéndose en silencio y en el piso de abajo se detuvieron, aunque el olor seguía
flotando en el centro del edificio.

L.W. miró hacia atrás y se encontró con la mirada de Shuli, luego con la de
Rhamp.

Cuando el heredero asintió, se movieron como una sola unidad; abajo, giro,
abajo, giro...

Se encontraron con dos humanos en el tercer rellano, una pareja que salía, con
las bufandas apretadas alrededor del cuello y los guantes poniéndose en las manos.
Rhamp, que iba en la retaguardia, cumplió con su deber, borrando sus recuerdos e
inculcándoles la férrea convicción de que hacía demasiado frío para ir a ningún sitio,
la casa era mejor.

O algo así, cualquiera que fuera el pensamiento que les había metido en la
cabeza, retrocedieron al instante y desaparecieron. No era momento para
charlatanería.

Al llegar Shuli al vestíbulo, se adentró en el vestíbulo. No olía, así que negó


bruscamente con la cabeza.

El lesser debía de estar en el sótano.


Cuando L.W. señaló la escalera de incendios secundaria al fondo, Rhamp
asintió y salió corriendo. Sus shitkicker permanecieron en silencio sobre la alfombra,
sus armas emitiendo un dulce tintineo bajo su chaqueta que solo otros vampiros
oirían.

Antes de que L.W. pudiera continuar el descenso, Shuli se aferró a la manga


del hombre. Esos ojos verde pálido se giraron y los dos se quedaron allí parados.

El tiempo se ralentizó mientras el aroma del enemigo los envolvía, uniéndolos


y Shuli se llevó la mano a la cara y le puso el dedo índice bajo el ojo. Con un
movimiento, retiró la base de maquillaje que había usado para cubrir la lágrima que
se había tatuado en la piel.

A diferencia del hijo del Rey, el diminuto contorno era el único tatuaje que
tenía, mientras estaban suspendidos al borde de otro enfrentamiento con el
enemigo, pensó que, por mucho que odiara el trabajo que le habían impuesto...

Iba a tomarse la mierda en serio.

Especialmente después de esta noche. No fue la audiencia con el Rey ni la


forma en que lo perdonaron lo que reveló sus intenciones. Fue la estupidez con Lyric,
la fantasía que tenía que dejar ir. Ella estaba viviendo su vida y él necesitaba ser
realista, encontrar un propósito mejor que suspirar por esa mujer.

Como no tenía otras motivaciones potenciales, bien podría ser mantener a L.W.
con vida, esa era una noble vocación: había mucha gente participando en la guerra,
muchos guerreros y Hermanos matando lessers e intentando llegar a Lash.

Pero solo había uno que se suponía que debía cuidar del heredero.

Y le gustara o no a L.W., estaban atrapados el uno con el otro.

'Hacer lo mejor que pueda', iba a ser mucho más que una excusa desechable
de ahora en adelante, maldita sea.

"Déjame ir primero", dijo Shuli en voz baja.

La expresión de L.W. se transformó en una ira frustrada, tan presente en él


como su propio latido.

Shuli simplemente negó con la cabeza. "Por favor, no soy importante. Tú sí y


no sabemos qué hay ahí abajo. Déjame morir como el objetivo y tú puedes limpiar".

La maldición que le devolvieron no fue una sorpresa. "Vamos, ¿por qué


demonios haces esto...?".

"Porque no tengo nada más en la vida, idiota". Shuli rodeó al otro luchador.
"Que me recuerden por intentar salvarte no es una mala forma de irse, puedes
ponerlo en mi lápida".
Dicho esto, comenzó a descender, con las puntas de las botas ligeras,
avanzando con paso ligero hacia el pasillo bien iluminado. Con cada paso, el hedor de
los no muertos se hacía más fuerte, al igual que su convicción.

Nadie sabía cuánto tiempo les quedaba. Así que bien podría hacer algo digno
mientras contaba las horas.

Y quién lo diría.

Al aterrizar a medias, miró por encima del hombro. L.W. estaba donde había
dejado al heredero al trono, a medio camino entre el último escalón y la ráfaga que
su cuerpo iba a desplomarse momentáneamente.

Por una vez, ese rostro severo no denotaba agresividad.

Se revelaba una tristeza que seguramente el hombre habría negado, si se lo


hubieran reprendido, pero todos tenían sus propios demonios.

Incluso los luchadores que luchaban con todos.

Quizás ellos especialmente.


CAPITULO 22
________________

En la azotea, Lyric miró a Dev con la mirada fija, con una sensación de vacío
insalvable: sin pensamientos en la cabeza, el cuerpo paralizado, respirando a toda
prisa. No podría haber parecido más culpable si hubiera forzado la cerradura de su
apartamento y hubiera entrado sin más.

El hecho de que hubiera vuelto allí, nada menos que en la azotea, después de
su discurso de que no había rollos de una noche la hacía parecer una acosadora
ilusa.

Y no era como si pudiera defenderse con la típica historia de que tienes una
plaga de no muertos en tu edificio.

"¿Qué pasa?", preguntó Dev, acercándose a ella en la cornisa. "¿Qué haces?".

Se había quitado las mallas de correr y se había puesto unos pantalones de


chándal holgados que le daban volumen a la parte inferior del cuerpo, pero se había
dejado la cazadora puesta, con los pliegues ondeando al viento. ¿Se había molestado
en ponerse una camisa?.

Como si fuera asunto suyo…

"¿Estás bien?", preguntó frunciendo el ceño. Como si pensara que estaban


entrando en el territorio del 11-S.

"Mi bufanda", soltó ella.

Él miró a su alrededor. Entonces, ambas cejas se alzaron. "¿Perdón?, ¿tu


bufanda está aquí arriba?".

"Eh, no. Perdón". Empezó a hacer movimientos de manos de jazz por alguna
razón, así que metió los puños en los bolsillos de su parka. "Creo que dejé mi
bufanda en tu apartamento. No tengo tu número, no pude entrar por la puerta
principal y pensé…"

"¿Cómo subiste aquí?".

Miró por encima del hombro…

Justo debajo, su hermano, L.W., y Shuli salieron por la puerta del sótano por
donde había salido la figura de pelo blanco y sus armas estaban desenfundadas,
brillando sutilmente.
Al instante, sus ojos, presa del pánico, recorrieron el aparcamiento y se
posaron en un coche cuyas luces de freno se encendieron. A continuación, empezó a
salir vapor del tubo de escape.

Mierda.

Volviendo la cabeza de golpe, intentó recordar qué le había preguntado Dev.

Con el rabillo del ojo, vio un par de brazos metálicos curvados que se cernían
sobre la cornisa. "Escalera de incendios".

Sintiéndose como una completa imbécil, las señaló y se dirigió hacia allí.
"Pensé que tal vez podría bajar al edificio y... encontrar tu apartamento. Mi abuela
hizo esa bufanda". Y no mentía. "Es... invaluable para mí y estaba nerviosa. Lo
entiendo, parezco una completa loca, pero no sabía qué más hacer y no pensaba con
claridad, pero necesito que me devuelvas esa bufanda, lo siento mucho".

Hubo una pausa. Entonces dijo: "La encontré en mi cómoda, me preguntaba


cómo devolvértela".

"Oh, gracias...".

Cuando ella casi se abalanzaba hacia la puerta por la que él había salido, él la
agarró del brazo. "¿Te importa si fumo un cigarrillo primero...?".

¡Pop! ¡Pop! ¡Pop-pop!

Los disparos eran sordos, pero inconfundibles si sabías de qué se trataba y


Lyric se preparó como si fuera el objetivo. Cuando Dev giró la cabeza al oír el sonido,
quiso maldecir. Debido a la adrenalina, no podía concentrarse lo suficiente como para
penetrar en su mente y manipular sus pensamientos.

Solo que entonces él simplemente comentó: "Eso está cerca".

Y regresó a donde ella había estado, como si quisiera una vista aérea de la
acción.

Lyric se movió frente a él. "Entremos, aquí no es seguro...".

"Sea quien sea, no nos están disparando". Sacó un paquete de Camel. "Ni
siquiera pueden vernos si nosotros no podemos verlos...".

Cuando él intentó rodearla, ella bailó con él, intercambiando posiciones de


nuevo. "Las balas perdidas matan, no tienes que estar en el tiroteo para salir
herido". Dev le puso las manos en los brazos, la levantó para que le colgaran los pies
y la apartó de su camino. "Voy a ver qué pasa, por si necesito llamar a la policía...".

"Oh, por favor, no hagas eso", susurró.


Mientras él se asomaba al borde, ella se devanaba los sesos pensando qué
decir para que entrara. ¿Y si había más lessers en el edificio?, ¿si...?".

El crujido de metal contra metal de un vehículo al chocar contra algo


inamovible resonó hasta ellos. Abajo, en el aparcamiento, el coche que había
arrancado había salido marcha atrás y se había disparado hacia atrás a toda
velocidad, entonces los frenos no habían frenado o no se habían accionado: el Toyota
destartalado estaba embestido contra el muelle de recepción del edificio de oficinas
que daba al otro lado de la manzana.

Tres figuras se acercaban al vehículo, con los brazos extendidos y las armas
apuntando a quienquiera que estuviera al volante.

Lo que fuera que hubiera detrás.

Fue entonces cuando vislumbró lo que se acercaba por el callejón desde el lado
este; otro grupo de figuras, al menos dos de las cuales tenían el pelo tan blanco que
brillaba incluso en la oscuridad. El grupo de lessers avanzaba rápido, como si los
hubieran llamado a la escena, como su hermano y sus amigos no miraban en esa
dirección, supo que estaban contra el viento, flanqueados por los lessers de refuerzo.

Sin pensarlo, Lyric se metió dos dedos de cada mano en la boca, presionó la
lengua contra ellos y sopló con todas sus fuerzas.

El silbato sonó alto y claro por encima de todos los ruidos nocturnos de la
ciudad.

Era la señal de advertencia que ella y su hermano siempre usaban de jóvenes,


cuando se metían en problemas y uno de ellos jugaba a los exploradores...

Al instante, su hermano miró hacia el tejado, ella no tuvo que preocuparse por
si tendría que señalar la amenaza y rezar para que la viera.

La ruta que recorrió con la mirada para llegar a ella se cruzó con la
aproximación de los lessers.

Rhamp empezó a disparar, con las descargas silenciadas y los destellos del
cañón amortiguados. Al instante, L.W. apuntó con su arma en esa dirección mientras
retrocedía hacia su amigo, pero Shuli seguía apuntando al Toyota. Avanzó hacia la
puerta del conductor y vació lo que debía ser un cargador entero en el coche. El
cristal de seguridad se rompió y los destellos iluminaron los airbags delanteros
desplegados que habían estallado en el salpicadero...

La bala perdida salió de la nada con un rebote, rebotando en la cornisa justo a


su lado.

"¡Al suelo!".
Dev la derribó a un lado, pero de alguna manera logró voltearlos en el aire
para que aterrizaran con él en el suelo. Cuando ella lo golpeó en el pecho, se quedó
sin aliento con una maldición.

Lo cual prácticamente lo decía todo, ¿no?.

Abajo, a la altura del estacionamiento, Shuli cambió su cargador por uno nuevo
y desvió su atención del Toyota para unirse a la diversión con los nuevos miembros
de la fiesta; de alguna manera, Rhamp había presentido que venían refuerzos por la
calle transversal y menos mal que tenía instintos.

De lo contrario, habrían sido emboscados.

Apretando su propio gatillo, maldijo mientras el flanco de lessers rompía filas y


se dispersaba entre sombras, esquinas y portales. Esto era malo, esto era
jodidamente malo. Estaban enfrentándose al enemigo y disparando a plena vista de
todos los malditos inquilinos con apartamentos que daban a la parte trasera. Y ya
solo había una docena de cortinas descorridas, con las siluetas de todo tipo de
humanos con todo tipo de teléfonos móviles asomando la cabeza por las ventanillas
para ver qué era todo el alboroto.

Mientras él se agachaba para cubrirse detrás del coche al que había disparado,
Rhamp y L.W. se le unieron en el lado del conductor.

El gemido era lo suficientemente fuerte como para que lo oyeran, lo


suficientemente bajo como para que nadie más pudiera oírlo. Asomando la cabeza
por la puerta, Shuli rompió el cristal de seguridad de un puñetazo y echó un vistazo
al lesser al volante. El cabrón sudaba como un colador, con sangre negra goteando
por todas partes, pero como la noche anterior, estaba lejos de estar "muerto"...

Y... fue entonces cuando empezó a sonar un coro entero de sirenas de policía,
todas cerca, demasiado cerca.

"Apuñala al lesser", espetó Rhamp. "Tenemos que desaparecerlo antes de


que…".

"Al carajo con eso", interrumpió L.W., "lo llevo con nosotros…".

"¡Que te jodan!, ¿estás loco…?".

"Podría tener información…".

Los coches de robot policía se acercaban por todas partes; la velocidad de su


respuesta era frustrantemente eficiente a juzgar por el aumento de ruido. Pero
bueno, al menos interrumpieron la conversación sobre tomar un rehén para
interrogarlo, algo que Shuli no iba a permitir con todas las miradas a su alrededor.

Sacó una de sus dagas de acero, se inclinó hacia el coche y tomó un primer
plano rápido del desastre que goteaba, que ya intentaba escapar arrastrándose hacia
la puerta del copiloto. Intercambiando agarres en la empuñadura debido al ángulo,
hizo uso de toda la fuerza de su brazo izquierdo para clavar esa maldita hoja en el
esternón…

Feliz Cuatro de Julio en Enero.

El estallido de luz fue tan brillante que lo cegó, pero lo complicado fue la
explosión de energía. Recibió el ¡zumbido! de la incineración justo en el pecho, fue
tan potente que lo lanzó fuera del coche. Aterrizó de espaldas, sin aliento...

Justo cuando los s llegaron al lugar.

Qué curioso, pensó. Ya no oía las sirenas, el zumbido en sus oídos era tan...

"Estás herido", dijo alguien desde el otro lado de la ciudad o tal vez desde todo
el maldito estado de Nueva York.

¿Le estaban hablando a él?.

“Tenemos que moverlo”. L.W. se inclinó sobre él y palmeó el torso de Shuli.


“Ahora.”

¿Acaso no tenía el pecho todavía unido?.

“Estoy bien”, murmuró mientras se ponía de pie. “Vámonos…”.

Rhamp negó con la cabeza. “Lyric está aquí, no puedo irme sin ella…”.

“Aquí el Departamento de Policía de Caldwell”, intervino una voz tranquila y


robótica. “Por favor, suelten las armas y cúbranse la cabeza. Cualquier otro disparo
los pondrá en riesgo de contraataques letales. Por favor, suelten las armas y…”.

Mientras toda clase de s salían de sus vehículos, Shuli se esforzaba por


articular palabra. “Lyric está en casa, se fue…”.

“Silbó”. Rhamp señaló hacia el tejado. “Allá arriba, la señal de alerta fue suya”.

Intentando despejar su vista borrosa, Shuli notó que un cuarto coche patrulla
avanzaba a toda velocidad por el callejón de donde habían salido esos lessers, con
las luces delanteras encendidas. Tras una rápida inspección de los alrededores, no se
veían figuras con el pelo largo que se alejaban, así que los lessers ya habían
desaparecido en la noche.

"Pongan las manos sobre la cabeza", continuaron los s mientras avanzaban.

"Vayan por ella, entonces", dijo L.W. "Tengo a Shuli".

Y ... fue entonces cuando el muy cabrón sacó un cañón de mano.


El arma era cuatro veces más grande que una 45 y parecía tener la acción de
un revólver clásico. "¡Vamos, Rhamp!".

En ese momento, el tipo empezó a mover el dedo índice.

¡Bum! ¡Bum! ¡Bum!

L.W. Solo disparaba y hacía ruido para que los se cubrieran, algo para lo que
estaban programados, ¡Dios bendiga a Rhamp!. Aunque tenías que calmarte para
desmaterializarte, el luchador de alguna manera logró el truco a pesar del caos, fue
justo al desaparecer que Shuli bajó la vista y olió su propia sangre. No había tiempo
para un examen y no lo necesitaba para saber que no iba a poder desmaterializarse.

Por una fracción de segundo, jugó al carrusel mental en busca de opciones. La


mayoría eran sombrías, solo una tenía alguna posibilidad de sacarlo con vida de
aquella tormenta. Pero bueno, así es como te deja la vida a veces.

Muchas veces, últimamente.

Mientras L.W. mantenía a raya a la policía, Shuli se arrastró hasta el Toyota y


se apretujó al volante. El motor seguía funcionando, a pesar de que había un montón
de plomo en el maldito trasto. Al menos apuntaba en la dirección correcta,
suponiendo que quisiera jugar a los bolos con los recursos de vigilancia y rescate de
la ciudad del Departamento de Policía de Chicago.

"¡Vete!", le gritó a L.W.

El tipo lo miró mientras Shuli pisaba el freno a fondo y ponía la marcha en


marcha con un golpe en el dedo.

Y fue entonces cuando el heredero al trono perdió la cabeza.

L.W. echó el brazo hacia atrás, destrozó el resto de la ventanilla trasera de un


golpe y se estrelló contra el coche.

"¡Ahora, vete!", le espetó.

Shuli pisó el acelerador y giró el coche en un círculo cerrado, con el airbag


desinflado agitándose, su mano libre forcejeando por agarrarse porque el volante
estaba manchado de sangre negra. Mientras los faros dibujaban una parábola,
vislumbraron un problema inmediato. Dos patrullas estaban aparcadas una junto a la
otra en medio de su ruta de escape. Los s que los acompañaban se estaban
escondiendo temporalmente tras los vehículos, pero eso iba a cambiar pronto.

Había una buena noticia.

Las luces también iluminaron a Rhamp, quien, en lugar de seguir subiendo y


subiendo hacia donde creía que estaba su hermana, se había posicionado a la vuelta
de la esquina del restaurante al final de la cuadra, detrás de esos policías.
El hombre mostró tres dedos.

Luego, sacó la anilla de una granada con los dientes y la lanzó como si los
maleteros de esos coches patrulla tuvieran dianas.

Mientras L.W. empezaba a disparar balas del tamaño de bolas de boliche por la
ventanilla trasera del Toyota, Shuli empezó la cuenta atrás: "Uno mil, dos mil, tres
mil...".

Pisó a fondo el acelerador y bendito sea el Camry o lo que fuera, pero de


alguna manera, esas ruedas delanteras encontraron el único trozo de asfalto limpio
de la maldita ciudad. Salieron disparados hacia adelante justo cuando la explosión de
la granada los separó. La onda expansiva elevó ambos vehículos de patrulla sobre
sus neumáticos exteriores y la bola de fuego, una cortina de calor que lamió el
Toyota mientras la caja de basura partía las llamas por la mitad.

En cuanto salieron, las sirenas de más policías que se acercaban resonaron


incluso por encima del viento que azotaba el interior del coche. El hecho de que el
humo con olor a químicos no se disipara de la cabina significaba que la basura no
provenía de la granada, sino de una fuga crítica en el motor.

Miró por el retrovisor. Al otro lado de la corpulencia de L.W., vislumbró


fugazmente los dos coches patrulla en llamas que se desplomaban sobre sus cuatro
patas. ¿Quién lo iba a creer?, los otros que los perseguían se enredaron en ese
cuello de botella de sus compañeros.

Pero había otros que se acercaban a la curva, a punto de derrapar como Tokio,
por desgracia, iban a cubrir los huecos.

"¡Agárrate a algo!", gritó.

Esta vez no había cuenta atrás para tres. Pisó el freno a fondo, giró el maldito
volante a la derecha y pulsó la R en el salpicadero. Acelerando a fondo y girando el
volante para mirar atrás, los metió marcha atrás en un callejón tan estrecho que
saltaban chispas de los retrovisores laterales que se proyectaban sobre los ladrillos
de los estrechos edificios...

"¡Contenedor!", gritó L.W. por encima del viento. "Ocho metros y


acercándose".

Shuli volvió a pisar el freno y miró por encima del capó. Las luces azules
parpadeaban por toda la calle de la que había salido y llegarían al callejón en
cuestión de segundos.

"¡Desmaterialízate!", gritó mientras el coche se deslizaba entre las paredes de


ladrillo hasta detenerse en el hielo. "Encontraré un sitio donde esconderme...".

Agarró la manija de la puerta y...


¡Zas!.

Genial, no había manera de abrir las puertas.

"L.W., tienes que...". Al no obtener respuesta, se dio la vuelta.

Naturalmente, L.W. lo ignoraba mientras el hombre recargaba sus armas,


echándoles cargadores en los nueve.

"¡Desmaterialízate, cabrón!, ya se me ocurrirá algo...".

Ignorando las protestas, como siempre, L.W. empezó a colarse por el marco de
la ventana trasera. "Sígueme".

Shuli volvió a mirar hacia el final del callejón y vio pasar patrullas a toda
velocidad, en dirección al lugar de los hechos. Donde, seguro, llegarían al cuello de
botella, retrocederían y pronto encontrarían la salida por el callejón.

"Tienes que ir...".

¿Cuándo había escuchado L.W. a alguien?. En cuanto el luchador logró salir del
trasero del Toyota, se dio la vuelta y se recostó. Con impaciencia, le hizo un gesto a
Shuli.

"Dame la mano".

Shuli obedeció la orden en parte porque le sorprendió que el tipo no lo


estuviera tomando el pelo y entonces fue un caso de...

"¡Ay!, ¡joder!, ¡más despacio!".

Ahora sabía lo que era dar a luz.

Eso era todo en lo que pensaba mientras lo sacaban en un coche, rozando los
asientos delanteros, rebotando en el trasero, apretándose contra el marco de la
ventana y aterrizando en el maletero.

De repente, estaba subido a los hombros de L.W., se pusieron en marcha. Lo


cual era tan cómodo como un masaje a martillazos.

"¿No hicimos esto la semana pasada?", murmuró exhausto mientras el


grandullón salía corriendo.

Y saltó encima del enorme cubo de basura.


CAPITULO 23
________________

A medida que el tiroteo se intensificaba abajo, Lyric intentó contar las


descargas, pero ¿para qué molestarse?. No sabía quién apretaba qué gatillo y de
todos modos, no era como si supiera cuántas balas había en un cargador. De lo que
sí estaba segura era de que debajo de ella, la respiración de Dev era lenta y
constante, el calor de su cuerpo se extendía al suyo a pesar del frío y de todo su
miedo.

¿Si su hermano o los otros dos morían?, ¿lesionados de gravedad?,


¿capturados?. Sería culpa suya, había enviado a su hermano y...

"Vamos", dijo Dev con urgencia.

Solo que entonces su oído registró un cambio en el caos sonoro. Gritos


distantes y todo tipo de sirenas, pero una pausa en los disparos.

"Adentro", ordenó mientras los ponía de pie. "Mientras podamos...".

Corrió de vuelta a donde habían estado. Justo cuando llegó a la cornisa, él la


agarró por la cintura y la hizo girar.

"¿Estás loca?". Empezó a llevársela. "Hay una guerra territorial a toda máquina
ahí fuera...".

Como para demostrarlo, hubo un repentino destello de luz abajo, tan intenso
que iluminó todo detrás del edificio, luego una serie de fuertes explosiones, como si
alguien hubiera mejorado su arma a lo grande. Girándose para liberarse de su
agarre, vislumbró un enfrentamiento al otro lado del aparcamiento.

El coche accidentado, policías acercándose, un par de figuras, que no pudo


distinguir...

Se le cortó la vista, lo siguiente que supo fue que estaba en una escalera, con
Dev cerrando la puerta y apoyado en ella.

Respiraba con dificultad, ella también.

Afuera, los sonidos de la lucha se atenuaron, no solo porque habían encontrado


un pequeño refugio. Podía notar que la batalla se alejaba, yendo hacia el oeste, hacia
el río.

"Diversión, diversión", murmuró mientras sacaba un paquete de cigarrillos.

Sacó uno, se lo metió en la boca y encendió un Bic. Justo cuando estaba


tocando la llama con la punta, se quedó atónito.
"Perdón". Frunció el ceño. "¿Te importa si fumo esto?".

Tenía muchos problemas más graves. "No".

Se apartó el pelo de la cara y buscó a tientas su teléfono. ¿Pero cómo podría


llamar a su hermano?, ¿cómo podría él contestar?.

"La policía ya está aquí", dijo al exhalar. "¿A quién llamas?".

Bajó la vista hacia el móvil. "No... no lo sé".

¿Y si contactaba con la Hermandad?, ¿cómo iba a explicar cómo sabía lo que


estaba pasando?. Además, era el protocolo, pedir refuerzos; había oído a su
hermano hablar de ello un montón de veces. Uno de ellos, allá abajo, seguro que ya
lo había hecho.

"Tengo que irme", soltó.

Esto era un desastre.

"¿Y tu bufanda?".

"¿Eh?". Lo miró con la mirada perdida. "Ah, sí. Claro...".

Su teléfono sonó y se lo llevó a la oreja. "Oh, gracias a Dios, Rhamp, ¿dónde


estás?, ¿estás bien?".

Se oyó un ruido fuerte y acelerado por la conexión, como si el viento lo


azotara, pero la voz de su hermano se oyó alta y clara: "¿Dónde demonios estás?".

"Estoy...". Miró a Dev. Estaba dando una calada al cigarrillo y la observaba con
una mirada perdida. "¿Estás bien?".

"¿Dónde demonios...".

"¿Pero estás bien?".

Estoy en la azotea de un maldito edificio, ese del que estoy casi segura de que
silbaste.

Miró hacia la puerta, concentrándose en ella por encima del hombro de Dev.
"¿Y los demás?", preguntó con voz tensa.

"¿Dónde estás?".

Los ojos de Dev se encontraron con los suyos,y él seguía completamente


tranquilo. Hasta el punto de que ella se preguntó qué clase de vida llevaría. No hacía
falta ser un genio para captar el hilo de la conversación que estaba escuchando y sin
embargo, no había sorpresa en su rostro.

"Estoy a salvo", dijo en voz baja. "Pronto estaré en casa".

"Se suponía que ya estarías en casa...".

Colgó el teléfono. Se lo guardó en el bolsillo. "Vamos a buscar mi bufanda".

Tomándolo de la mano, Lyric bajó rápidamente y lo arrastró tras ella. Al pie de


los escalones, empujó una puerta y continuó guiándolos por la escalera abierta.
Cuando llegó al rellano con el pequeño letrero de "4.º piso", al lado, salió al pasillo y
se dirigió directamente al apartamento de Dev.

Aunque no tenía derecho a entrar, entró sin pensar, sin forzar la cerradura,
porque, claro, él no había echado el cerrojo. Después de encerrarlos juntos, un
vistazo rápido confirmó que las cortinas opacas seguían cerradas y...

Su mirada se dirigió a su cama desordenada. Entonces respiró hondo por la


nariz. El aroma del estudio era embriagador; las puntas de sus colmillos
hormiguearon en respuesta.

Así que él... se había cuidado después de que ella se fuera.

Con una maldición, se frotó los ojos y se llevó las palmas de las manos a las
mejillas sonrosadas por el viento. Ahora no era momento de pensar en esas cosas.

"Menos mal que no me importa romper las reglas".

Lyric dio un respingo y se giró hacia él. Estaba apoyado contra la puerta,
dándole una calada a su cigarrillo.

"¿Perdón?", murmuró ella.

"Prohibido fumar en el edificio." Exhaló un chorro constante. "Pero no creo que


a nadie le preocupe una nubecita de nicotina en el aire esta noche. ¿Y tú?".

"No", respondió ella con gravedad. "No me preocupa".

Incapaz de quedarse quieta, dio vueltas, yendo del refrigerador a la cama y


viceversa. Cuando empezó a sentir demasiado calor, se desabrochó la parka.

"Mira", dijo él, "no necesito saber en qué estás metida".

Se detuvo y lo miró. Tenía el paquete de Camel en la palma de la mano junto


con el encendedor, como si estuviera pensando en fumar un segundo en cuanto
terminara lo que estaba fumando. Pero no porque estuviera estresado, allí seguía
tranquilo como un pepino.
“De hecho”, continuó, “soy un firme creyente en no meterme en asuntos
ajenos. Si te hace sentir mejor fingir con esa bufanda, mi chaqueta, mi teléfono o lo
que sea, por mí también está bien. No me debes nada y eso incluye tu verdad”.

Ella lo examinó a la cara. No había reserva ni artificio en sus fuertes rasgos y


sus ojos no evitaban los de ella; fue entonces cuando descubrió que no podía hacer
lo que se esperaba de ella en esa situación. No podía borrar sus recuerdos a corto
plazo, que era justo lo que se debía hacer cuando un humano sabía demasiado o se
acercaba demasiado.

¿Pero meterse en su mente y robarle sus pensamientos?. Bueno, eso era un


robo.

"Lo siento", repitió con voz ronca. "Dios, sigo diciéndolo, ¿no?".

"No tienes que disculparte". Se encogió de hombros. "Diablos, hace menos de


veinticuatro horas, ni siquiera sabíamos de nuestra existencia. ¿Por qué te sentirías
culpable por algo que se refiere a mí?".

Lyric sintió que se quedaba completamente paralizada. Aunque una voz de


advertencia rebotaba en su cabeza como una bala perdida, se oyó decir:

"Eres el primer hombre en el que me fijo en muchísimo tiempo".

Bueno, eso era una verdad a medias. Era el primer hombre en el que
realmente se fijaba. A pesar de todos los luchadores atractivos con los que se
relacionaba habitualmente, todos los aristócratas que salían con Shuli, incluso los dos
con los que había salido un tiempo, nunca le había llamado mucho la atención
ninguno de ellos.

"No sé por qué eres diferente", dijo en voz baja. "Y ni siquiera me importa".

Dev miró los cigarrillos que tenía en la mano. Luego los guardó en el bolsillo y
se dirigió a la cama. En la mesita donde estaban la lámpara y el cargador, abrió el
cajón y rebuscó. Se enderezó, no cerró nada, sino que entró en el baño. Se oían
otros sonidos de él moviendo cosas.

Cuando volvió a salir, tenía un bolígrafo en la mano y pasó directamente junto


a ella. Desenrolló una toalla de papel del rollo y se inclinó sobre la encimera donde
aún estaban los platos de la comida.

Después de terminar de escribir algo, dejó el bolígrafo y se acercó a ella. "Esto


no tiene por qué ser una aventura de una noche, si no quieres que lo sea".

Cuando ella abrió la boca, él negó con la cabeza bruscamente. "No, no


contestes ahora, vete a casa y piénsalo. Si decides que quieres algo más que esta
noche…".
Él le tomó la mano y le puso un papel doblado. "Aquí tienes mi número,
llámame y cenamos mañana por la noche. Como una cita como Dios manda, sin
desnudos ni disparos de fondo".

Bajó la mirada hacia el trozo de papel absorbente. "¿Cómo estás así?".

"¿Así?".

"Después de todo lo de esta noche…". Sus ojos se alzaron hacia él. "La
mayoría de los hombres habrían corrido en dirección contraria cuando dejé de tener
sexo y nunca habrían llegado a…".

"¿Lo de los disparos?".

"Sí, ¿cómo es que no haces preguntas?",

Su mirada se volvió distante. "No quieres saberlo".

"Sí", dijo ella con urgencia. "Sí".

Pasó un rato antes de que él respondiera y cuando lo hizo, su voz era tan
grave que era casi inaudible.

"No, no quieres". Se dirigió a su cómoda. "Y no olvides tu bufanda".


CAPITULO 24
________________

Destino, necesitaban un maldito destino con cobertura adecuada, camuflaje


suficiente y suministros médicos.

Al otro lado del contenedor, L.W. corría por la nieve congelada con el
aristócrata a hombros, intentando triangular su posición respecto al garaje secreto
de la Hermandad. ¿Si pudiera llegar hasta allí?, tenía el código para acceder al
interior a prueba de balas y podría tirar de la cuerda de escape para Shuli.

El hombre se aferraba, guiándose por la respiración en los bíceps de L.W., pero


perdía sangre como un cerdo...

Al final del callejón, un lesser se interpuso en su camino desde una escalera de


incendios, como en Spider-Man.

Cuando la cosa levantó el brazo y un arma destelló, L.W. intentó alcanzar una
de sus armas..

El disparo de una bala resonó como un rayo en su oído y por una fracción de
segundo, pensó que alguien estaba detrás de ellos, pero entonces volvió a ocurrir...

Shuli disparaba y su puntería era buena; el lesser se agachó y devolvió el


fuego antes de saltar a una puerta empotrada...

L.W. se pegó a la pared del edificio de la izquierda y decidió que Shuli tenía
razón. Lo habían hecho la semana pasada. Aunque también lo habían hecho el mes
pasado y el anterior.

Solo que no necesariamente juntos.

"Buen tiro, Tex", le murmuró al aristócrata mientras se preguntaba cuándo


llegarían más lessers de refuerzo.

"No vas a... dejarme, ¿verdad?".

No una pregunta, resignación y como a L.W. le gustaba hacer sufrir a la gente,


dijo alto y claro: "No".

El tipo tosió débilmente. "¿Me odias, recuerdas?".

"Sí, lo hago, siempre".

Mierda, no había cobertura, no había una puerta como la del lesser. Levantó la
vista, bajo el brazo. Todo alrededor estaba oscuro como una columna en el maldito
callejón porque los edificios que lo formaban no tenían ventanas, ni luces de
seguridad, ni...

"Escalera de incendios". Mientras Shuli cambiaba los cargadores, señaló con su


nueve. "Allí. ¡Vamos...!".

"Eso no nos llevará a ninguna parte...".

¡Ping! ¡Ping! ¡Ping!...

Luciérnagas revoloteaban a su alrededor mientras el lesser disparaba varios


proyectiles que rebotaban en los ladrillos...

"¡Joder!". L.W. se desplomó como si alguien le hubiera dado un pelotazo en la


parte inferior de la pierna. "Maldita sea...".

Hizo lo que pudo para que Shuli aterrizara suavemente, pero no había manera
de ayudar al pobre hijo de puta. Como un montón de estiércol arrojado por una
carretilla, el tipo se desparramó por el suelo.

A pesar de estar gravemente herido, Shuli se giró boca abajo, clavó los codos
en el hielo y adoptó la clásica postura de francotirador, apretando el gatillo con el
autocargador. La ráfaga de fuego de respuesta fue suficiente para ese lesser, así que
sin duda le habían dado, pero el respiro solo iba a ser temporal.

¡Joder!, la policía estaba a solo dos manzanas. Seguramente habían oído los
disparos y había suficiente para rastrearlos. Este lugar iba a estar infestado de
policías armados en un abrir y cerrar de ojos.

L.W. estiró el cuello, no había vuelta atrás por donde venían. No, a menos que
quisieran bailar con los coches patrulla del CPD que pasaron justo cuando apareció el
contenedor de basura, tan pronto como esos s se dieran cuenta de que no
perseguían absolutamente nada, iban a dar un giro de 180 grados.

Bueno, estaban totalmente atrapados.

Al intentar apoyarse en la pierna izquierda, el cerebro le dio un vuelco de dolor.


"Joder".

"¿Qué tan mal estás?", preguntó Shuli mientras recargaba de nuevo, con
manos temblorosas.

"Estoy genial...".

"¿Puedes caminar, carajo?".

Lo intentó de nuevo, poniendo su shitkicker en la nieve y empujándolo un


poco, tuvo que apretar los dientes para no gritar.
"No...".

El lesser empezó a disparar de nuevo y mientras las balas silbaban, L.W. miró
hacia atrás, al contenedor. No podía llegar allí para ponerse a cubierto y mucho
menos Shuli...

El chirrido agudo de una motocicleta que iba rápido a baja velocidad resonó en
la distancia, tan fuerte que se oía por encima de los disparos continuos. L.W. Agarró
la chaqueta de cuero de Shuli y usó su pierna sana para empujar contra un estribo y
arrastrarlos más atrás, sin soltar la pared. Cuando los ladrillos le impactaron en la
cara y le salpicaron el pecho, supo que la cosa iba a empeorar mucho, suponiendo
que la moto viniera con un lesser.

Agarrando su celular, forcejeó con el maldito aparato. Tenía tanta sangre en


ambas manos que no pudo introducir el código. Empujándose el teléfono en la cara,
parpadeó porque de repente una luz brillante los iluminó...

Aún más balas ahora, hasta el punto de tener que agacharse para protegerse
la cabeza y los órganos internos. Al menos la moto había aminorado su marcha...

"¡No me dispares!".

¿Eh...?.

L.W. no veía nada, pero reconocería esa voz en cualquier parte. “Rhamp...”.

“Oh, mierda, tú también estás herido, pido refuerzos...”.

“Puedo desmaterializarme. Llévate a Shuli...”.

La voz de Shuli no era más que un débil murmullo: “Llévate a L.W.”.

“Cállate”.

“Cállate”.

Mientras él y Rhamp le gritaban las mismas dos sílabas al aristócrata, recordó


por qué amaba al gemelo de Lyric. Solo un hombre con cojones como campanas de
iglesia robaría una moto y se infiltraría en una situación de tirador activo en un
callejón sin salida cuando había más robots del Departamento de Policía de Chicago
que mirones humanos.

Además, el muy cabrón se movió rápido. Con un impulso ágil, Rhamp


desmontó, agarró a Shuli y de alguna manera, logró que ambos volvieran a la
Harley. La cual claramente había sido “prestada”.

“¿Estás bien?”, le preguntó el tipo a L.W.

“Sí, estoy bien”.


“Así que desmaterialízate”.

“¡Vete!”.

Cuando Rhamp negó con la cabeza, L.W. empezó a maldecir, entonces se dio
cuenta de que eso no lo calmaría. Cerrando los ojos, respiró hondo y ordenó a su
corazón que bajara el ritmo…

Alguien hablaba por un megáfono, un , sin duda.

Ahora aún más sirenas. Algunos gritos…

Intentó concentrarse. Pero en cambio, el dulce olor del motor de gasolina de la


moto se hizo más fuerte en su nariz. Y también el olor a sangre menor y también a
vampiro.

Respiró hondo de nuevo. Tenía el trasero frío, la pierna le latía con fuerza y
había una sensación de humedad bajo su muslo, que parecía una mala noticia.
Vamos, se ordenó. Después de todos los tatuajes que se había hecho,
soportaba bien el dolor. De hecho, le gustaba, así que ese no era el problema. Había
algo más...

Abrió los ojos de golpe. "Maldita seas, Shuli".

El tipo, que estaba a media asta sobre el tanque de gasolina de la moto,


levantó la cabeza lo suficiente para que pudieran mirarse a los ojos. "¿Qué...?".

L.W. fulminó con la mirada a Rhamp. "Hasta que ese cabrón aristocrático salga
de aquí, no podré desaparecer".

"Dios mío, ustedes dos", murmuró Rhamp. "¿Podrían decidir si se odian o


no...?".

"¿Quieres salvarnos a los dos?, pues sácalo de este callejón".

Hubo un momento de indecisión por parte del otro luchador. Pero entonces, al
otro lado del contenedor y del Toyota, un coche patrulla se detuvo. Dio marcha atrás
un poco y giró hacia el callejón, con las luces de sus faros iluminando todo el
conducto.

Hasta el punto que, de no ser por el tamaño del contenedor, habrían sido
iluminados como si fueran un grupo de criminales.

"¡Váyanse!", espetó.

Rhamp maldijo y pisó el acelerador, levantando una lluvia de hielo que relucía
bajo las luces del coche patrulla. Tras la marcha, L.W. se desplomó contra la nieve
sucia y ensangrentada que tenía debajo. Volviendo la cabeza, miró hacia abajo,
donde el avanzaba por el callejón hacia el Toyota averiado.

Miró hacia otro lado y vio que el lesser en la puerta seguía moviéndose.
Mierda, a esos cabrones los podían llenar de plomo, pero a menos que les clavaras
un puñal en el corazón, se quedaban por ahí en la forma que los dejaras. Podrían
estar literalmente al borde de una "muerte" filtrada durante un siglo.

L.W. Sabía qué hacer, pero no tenía energía.

Él mismo había perdido mucha sangre...

Reuniendo sus últimas fuerzas, arrastró su cuerpo del suelo helado, mientras
se tambaleaba hacia el lesser, se aseguró de mantenerse pegado a la sombra central
cortada por el enorme contenedor de basura. Justo cuando los se abalanzaban sobre
el Toyota, llegó a la puerta.

Qué desperdicio, pensó mientras la cabeza del no-muerto se movía para poder
mirarlo.

Podría haberlo interrogado.

En otras circunstancias.

Cayendo de rodillas, respiró hondo y otra vez. Mientras desenvainaba su daga


de acero.

"Vas... a... morir...", dijo.

Las palabras eran una maldición silenciosa que flotaba hacia él junto con el
hedor de ese aceite rancio en las venas del asesino, la risa que siguió fue
desagradable y satisfecha, como si hubiera pedido ayuda.

"No me digas, Sherlock", murmuró L.W. mientras se colgaba el arma del


hombro. "Soy mortal...".

Tres lessers más aparecieron al final del callejón, a unos veinte metros de él, a
cuarenta del contenedor y a casi cincuenta de la policía y el Toyota.

"Que se jodan", les gruñó a todos en la ciudad.

Cuando una furia feroz lo invadió, algo extraño sucedió: una repentina visión
de túnel redujo el mundo a solo él, lo que supuso que mucha gente diría que era su
procedimiento operativo estándar. Entonces se imaginó a su señor en la Sala de
Audiencias, los dos gritándose.

Respiró hondo por última vez.

Y apuñaló al asesino.
El estallido de luz y el ¡pop! atrajeron la atención que sabía que atraerían. Los
policías al instante empezaron a trepar por el contenedor, ordenando con sus voces
automáticas que bajaran las armas, que levantaran las manos. ¿La buena noticia?,
los lessers al final del callejón echaron un vistazo a esos uniformes y se fundieron
con las sombras.

Lo que solo lo dejó a él, su charco de sangre y algunas de las muchas armas
que se habían usado para disparar a los elegantes y electrizantes miembros del
Departamento de Policía de Caldwell.

Pero antes de que pudieran llegar a él, cerró los ojos, exhaló... e imaginó lo
único que podía darle paz.

Justo cuando la policía se abalanzaba sobre él, desapareció en el aire.

Gracias a la imagen del hermoso perfil de Bitty.


CAPITULO 25
________________

A unos treinta kilómetros al norte y al este de donde se estaba poniendo el


orden con el Departamento de Policía de Chicago, Vishous estaba sentado en su
escritorio de cristal, en su oficina de cristal en la sede de Four Toys. Tamborileando
con los dedos enguantados de su maldita mano, miraba al vacío mientras su último
cigarrillo liado se consumía. De fondo, el antiguo D12 vibraba, pero no oía nada más
que el bajo.

Clavando el cigarrillo liado en un bulto, encendió otro y se puso de pie. En


cuanto salió de su oficina y miró hacia el amplio espacio central del moderno
granero, aparecieron cabezas sobre los monitores a lo largo de las filas de estaciones
de trabajo de su equipo.

Se detuvo la escritura.

Cuando levantó la palma de la mano en señal de "no, no, no", el trabajo se


reanudó de inmediato.

Los hombres y las mujeres habían sido seleccionados cuidadosamente entre


cientos de solicitudes y tenía que decir que nunca lo decepcionarían. Las
aproximadamente dos docenas de expertos en informática supervisaban un centenar
de propiedades, así como innumerables bases de datos de civiles. También
colaboraban en la investigación de delitos, se mantenían al día con el mundo humano
y estaban disponibles para proyectos especiales en cualquier momento.

Estaba operando 24/7, con gente que llegaba al atardecer y se quedaba en


turnos de cuarenta y ocho horas. En la planta baja, había amplios dormitorios, una
cocina que los doggens mantenían provista de comidas preparadas y un gimnasio.
Como un gesto que recordaba a los buenos tiempos del auge tecnológico humano, se
permitía llevar al perro al trabajo si se portaba bien y el personal de servicio estaba
más que dispuesto a sacarlo durante el día si era necesario.

Había requerido mucha reflexión, construcción de instalaciones y contratación


para formar este organismo vivo de departamento de informática, él estaba muy
satisfecho con el servicio que prestaban a la Hermandad, al Rey y a la especie en
general.

No es que se sintiera bien por esta noche.

Pero esa mierda no tenía nada que ver con su gente.

Al doblar la esquina de su oficina, se quedó mirando el escritorio que habían


colocado justo contra la pared del fondo del granero. Había incluso más monitores en
su superficie que en las otras estaciones de trabajo, el hombre moreno y
subdesarrollado que estaba inclinado sobre uno de los tres teclados, comparando
cuatro tablas de datos diferentes al mismo tiempo, probablemente era más
inteligente que el propio Vishous.

Quita el "probablemente".

Al no obtener respuesta a su presencia, se aclaró la garganta, algo que debería


haber sido innecesario dada su exhalación de humo turco.

Allhan miró por encima del hombro sorprendido y se quitó uno de los
auriculares. "Todavía no hay nada de valor".

V bajó la voz. "¿Cenaste esta noche, hijo?".

Al ver que una mirada vacía suavizaba sus cejas oscuras, V estaba bastante
seguro de que era un "no". Además, ese rostro largo y delgado era más largo,
delgado y pálido también.

"¿Eso creo?". V negó con la cabeza, haciendo un gesto con el dedo. "Ven
conmigo".

Allhan miró con pánico sus pantallas. "Pero no he encontrado a George. Ni a


Gheorge. Ni a Georghe. Ni a Georghes...".

"Ahora".

Como si lo hubieran llamado la atención en una academia militar, Allhan dejó el


teclado y se puso de pie a toda prisa. Su camiseta gris de la SUNY Caldwell ondeaba
como una bandera sobre sus huesudos hombros, sus vaqueros holgados ondeando
alrededor de sus piernas de aguja. Llevaba unos Crocs negros con más rozaduras
que una pista de baile y sus calcetines no combinaban. Verde oscuro y azul claro.

"Sí, señor". El chico se quitó el otro auricular y avanzó con una seriedad
desgarradora. "¿Qué he hecho?".

Vishous dio una calada a su cigarrillo y deseó no haber conocido nunca al


joven. "Nada, todo bien, solo quiero que vengas conmigo".

Una de las dos escaleras que bajaban al nivel inferior estaba junto a la parte
trasera de la oficina de V, mientras abría las puertas y se hacía a un lado, Allhan pasó
junto a él con un tintineo y golpeó los escalones como si sus brazos y piernas
estuvieran apenas unidos a su torso. Mientras V lo seguía, no tenía ni idea de cómo
había pasado de ser un Dom implacable a... un... padre.

¿Pero era eso lo que era?, maldita sea, ¿cómo se le podría llamar?. Estaba
constantemente preocupado por si el pretrans se había metido un tenedor en la
boca. Si Allhan había dormido. Si se sentía bien, si estaba enfermo, si necesitaba
más ropa o menos tiempo frente a esos monitores...
¡Ah!, eso era solo el pequeño detalle. El grave era el terror absoluto ante un
proceso biológico tan imparable e intratable como el tiempo mismo.

O la muerte, ya puestos.

Por Dios, que Allhan sobreviviera a la transición estaba totalmente fuera del
control de V, sabía que esta terrible realidad también mantenía despierta a Jane
durante el día.

Cuando Allhan se desmayó en la zona de descanso, el chico parecía perdido,


como si nunca hubiera visto las mesas y la fila del buffet.

"Te acompaño", dijo V.

Rodeando al chico, se acercó a la comida que ofrecían. Esta noche había pizza,
sándwiches, ensalada...

"Buenas noches, señores", dijo el cocinero doggen al salir de la cocina. "¿En


qué puedo servirles?, ¿alguna petición especial?".

"Creo que veremos qué le apetece", respondió V. "Gracias".

Mientras el cocinero esperaba pacientemente, Allhan paseó junto a las


bandejas que estaban debajo de los calentadores. La hora oficial del almuerzo para
el equipo B era en unos ocho minutos, así que todo estaba fresco y bien abastecido,
pero era como si el chico estuviera viendo un animal atropellado.

"¿Por casualidad tienes arroz blanco con jengibre?", le dijo V en voz baja al
cocinero.

El doggen hizo una reverencia. "Sí, señor, enseguida".

"Oye, Al, sentémonos aquí". V señaló una de las mesas que estaba apartada
de las demás. "Te van a traer algo".

"Sí, señor".

El chico se sentó enseguida, mirando hacia la pared. Juntó las manos, las puso
sobre su regazo y bajó la cabeza como si estuviera en una iglesia.

Mientras V se sentaba al otro lado, se devanaba los sesos pensando qué


demonios decir. Dieciséis malditos idiomas y no tenía ni idea de cómo charlar.

Ningún interés, excepto cuando estaba cerca de Allhan.

Mientras el silencio entre ellos se prolongaba, se pellizcó la mano con el rodillo


y reflexionó sobre sus tendencias masoquistas latentes. Tal vez eso explicaba por
qué se estaba poniendo en esa situación con el chico.
“No te preocupes si no encuentras ese nombre”, dijo.

Allhan levantó la vista. “Lo encontraré”.

“Claro que sí. Pero si no, no es…”.

“Lo encontraré”.

Cuando todo volvió a la calma, V se acarició la perilla y decidió que bien podría
abordar el obstáculo de la habitación. “Escucha, Al. Creo que es hora de elegir”.

“¿Elegir qué?”.

El chef doggen entró de golpe con un plato de arroz blanco con salsa, un
tenedor y una servilleta. "Para usted, amo".

Allhan levantó la vista, pero mantuvo la vista fija en los botones de tela de la
pechera del uniforme blanco del cocinero. "Gracias", dijo una vocecita.

El rostro del sirviente se apaciguó. "Lo que desee, le prepararé".

El doggen hizo una reverencia y regresó a su puesto. Mientras el chico


empezaba a comer, V imaginó dónde estaría Allhan sin él y Jane acogiéndolo.
¡Joder!, V había visto mucha depravación en su vida, pero, ¿la idea de que los padres
de Allhan lo hubieran abandonado?, ¿que simplemente lo hubieran dejado sin dinero
ni ropa, sin un lugar donde vivir, un pretrans a punto de pasar por la transformación
sin nadie que lo ayudara?. Literalmente, había aparecido en Safe Place hacía seis
meses porque había oído hablar de ello en internet, en uno de los grupos privados de
la especie. Había estado deshidratado y muerto de hambre, sus zapatos estaban
desgastados por haber caminado todo el pueblo.

Después de haber esperado como un perro durante una semana a que sus
padres volvieran a buscarlo, estaba afuera, en la puerta de la casa que habían estado
alquilando.

Lo habían dejado afuera al irse, él había sido demasiado educado para entrar a
la fuerza porque no quería que se metieran en problemas si dañaba las puertas y
ventanas del casero. Por suerte, como pretrans, aún soportaba la luz del día y
literalmente se quedó sentado allí solo.

Menos mal que tenía un teléfono que todavía funcionaba...

"Esto está bien".

V volvió a centrarse en ese rostro demasiado delgado y demasiado pálido. "Te


calmará el estómago".

"¿Te lo dio tu padre cuando estabas cerca de la conversión?".


V recordó su juventud en el campamento de guerra. Su sire, el Sangrador, le
había organizado peleas. Cuando ganó, tuvo que follar con la perdedora delante de
todos.

Oh, espera, eso fue después de su transición.

"Sí", dijo con brusquedad. "Sí. Práctico, ¿eh?".

"Debiste de tener muy buenos padres".

Le vino a la mente la imagen de su mahmen con su túnica negra, una entidad


diminuta y desagradable que no permitía que nadie la cuestionara; la gran Virgen
Escriba, jamás.

"La mejor", murmuró.

Negándose a caer en la madriguera de su pasado, dejó que Allhan se comiera


la mitad del plato antes de repetir: "Así que sí, es hora de elegir".

"¿Para qué?".

V entrecerró los ojos al observar el plato, que afortunadamente estaba cada


vez más limpio. "Eres demasiado inteligente para hacerte el tonto".

Allhan respiró hondo y se recostó. "No me gusta pensar en el cambio".

"Lo sé". V se frotó el pecho. "Pero tenemos que ser prácticos. ¿Hay alguien que
quieras que esté contigo...?".

"Tú".

La respuesta fue tímida, pero la velocidad con la que salió de esa boca fue
impactante y que le jodan, V no iba a parpadear más rápido de repente.

"Allí estaré, donde sea, cuando sea que pase".

No te voy a dejar tirado como basura en la acera y marcharme como si hubiera


robado algo. No como esos cabrones de los que no nos cuentas nada.

El chico se había negado rotundamente a dar los nombres de sus padres o a


decir dónde se habían alojado. La poca información que tenían sobre él había salido a
la luz mientras los trabajadores sociales asesoraban a Allhan durante los primeros
meses que llevaba en la Luchas House. Los pequeños atisbos de su pasado con el
abandono solo habían roto su silencio ocasionalmente. La mayor parte del tiempo, se
había mantenido callado.

Seguía así.
V se aclaró la garganta y fue a por otro cigarrillo liado. Pero no iba a fumar allí
abajo, era solo algo con lo que juguetear. "Hay Elegidas que pueden ir a ti, su sangre
es muy pura. Te ayudará a asegurarte de que... te vaya bien".

"Así que eso es lo que querías decir". El chico apartó el plato, con solo un poco
de arroz en él. "Por elección, una Elegida".

Como siempre, tan objetivo, tan literal. ¿Como si Allhan conociera a alguien o
tuviera amigos a los que recurrir para alimentarse?. Además, V solo intentaba darle
al chico la posibilidad de decidir sobre cualquier aspecto de su vida. Desde luego, no
había elegido quedarse atrás y estar a merced de los demás.

"Una ya está arreglada, se llama Sahsa".

"¿Me aceptará?". Allhan se limpió la boca con cuidado con una servilleta de
papel. Sé que harías que el Rey les ordenara que me dieran su vena, pero no lo
hago; no está bien.

V abrió la boca. La cerró. ¿Como si debiera sorprenderle que el chico lo


conociera tan bien?.

"Se sentirían honradas de prestarte ese servicio".

Allhan negó con la cabeza. "Solo lo dices".

"No, no lo estoy solo diciendo. Para eso están; atienden las necesidades de
sangre de los hermanos que no pueden alimentarse de sus compañeras y también de
los luchadores heridos. También ayudan durante las transiciones".

Allhan sostuvo la mirada de V por una vez y fue tal la sorpresa que Vishous se
reclinó en su silla.

"¿Es la verdad?", fue la respuesta sospechosa.

V asintió una vez. "Lo juro por la vida de mi shellan".

Allhan exhaló profundamente. "De acuerdo".

Desde el hueco de la escalera, el sonido de voces y pasos que se acercaban


inundó la cafetería antes de que el equipo entrara y se podía ver cómo Allhan se
bloqueaba, la inmovilidad de sus rasgos y cuerpo era tan completa que parecía
petrificado.

"¿Ya terminaste?". Pero V ya se estaba poniendo de pie. "Te voy a traer leche
para llevar".

Allhan casi tiró su silla al ponerse en vertical y aunque le temblaban las manos
(y eso incomodaba a los doggen porque preferían limpiar las mesas), el chico cogió
su plato y lo llevó para dejarlo en la ventanilla del bufé. El chef salió por la puerta
abatible enseguida, pero el chico ya se marchaba, cabizbajo y con las mejillas rojas
como si hubiera pasado frío.

V cogió un cartón de leche del refrigerador de bebidas, se dirigió hacia los


chicos y chicas que habían bajado. Nadie lo detuvo para hacerle preguntas de
trabajo. Todos sabían que si estaba con Allhan, los iba a acosar mientras el chico lo
necesitara, así eran las cosas.

De vuelta en la escalera, le dolió ver lo lento que Allhan subía. Era evidente
que le dolían los huesos y las articulaciones, pero nunca se quejó. Ni siquiera pidió
un Tylenol. Simplemente subió con dificultad, como si ya estuviera acostumbrado a
soportarlo.

Cuando salieron al primer piso, el chico se dirigió obedientemente a su


escritorio, se sentó de nuevo y volvió a repasar las tablas de nombres.

Mientras V observaba toda esa antigua concentración, pensó en cómo nunca


habrían descubierto que Allhan era un genio de la informática si el Dell de la sala
común de Luchas House no hubiera acabado infectado. Antes de que nadie pudiera
llamar a la sede de Four Toys, Allhan lo había arreglado y había creado una
superposición de seguridad adicional fuera de la comercial que había instalado el
personal.

V se había enfadado porque se había roto el protocolo y no habían esperado a


que llegara alguien de su equipo, pero cuando vio lo que había hecho el chico, quedó
impresionado. Una semana después, le dio a Allhan una estación de trabajo. Una
semana después, trasladó al chico aquí, a esta esquina. Un mes después, le envió
una invitación para la Última Cena en sus aposentos con Doc Jane, luego otra y otra.
La escasez de camas en la Luchas House lo había llevado a dormir en el sofá de
ellos.

Y ese arreglo se había vuelto permanente rápidamente. Hasta el punto de que


ni él ni Jane podían imaginar su hogar sin...

"¿Puedo preguntarte algo?", dijo Allhan en voz baja, con la mirada fija en las
pantallas.

"Lo que sea".

Hubo un momento de silencio. "¿Está... eh, Lyric bien?".

"¿Qué?, ¿Lyric?. Sí, claro. ¿Por qué? Ah, de anoche".

Allhan asintió y fue entonces cuando un rubor le subió por la garganta y le


prendió fuego a la cara.

Mierda...

"¿Qué?". Allhan se giró hacia V. "Dijiste que estaba bien...".


V maldijo y desestimó la preocupación. "No, no. Está bien, solo estoy
sorprendido, ¿en realidad?".

"¿Sobre?".

El chico lo miró con tanta ingenuidad que V no supo cómo responder. "Está
bien, ilesa y bien después de lo de la valla publicitaria".

Entonces, de repente, todo cobró sentido... anoche, el video que habían


enviado a todos. Era del teléfono de Allhan. V no le había dado mucha importancia
en ese momento. Simplemente asumió que algunos de los fiesteros se habían
apiadado de la chica y le habían hecho una invitación que sin duda se habían sentido
obligados a hacer por conciencia.

Excepto que ella había tenido un asunto de trabajo en Bathe, ¿no?. Layla y
Xcor habían estado hablando de ello la noche anterior.

"Fuiste a verla al club, ¿verdad?", murmuró V. "¿Estabas grabando la línea de


quién había ido a verla?".

"No fui a verla exactamente". Allhan se miró las delgadas manos. "Solo me
preocupaba que estuviera sola con todos esos humanos, lo cual era una estupidez,
¿no?, o sea, mírame. ¿Qué podría hacer yo para salvar a alguien?.

V negó con la cabeza. "Nunca te disculpes por querer proteger a alguien".

"Yo no la salvé". Allhan volvió a los monitores y tocó una de las pantallas. "Por
eso voy a buscar ese nombre. Soy bueno en esto, puedo ayudar al Rey y a ti. Puedo
hacerlo porque la fuerza física no importa aquí".

El único pensamiento de V era que necesitaba algo de Goose. Ahora mismo,


simplemente no estaba hecho para estas tonterías de padre...

Se acercó y se arrodilló, girando la silla del niño. "Allhan, quiero que sepas
algo...".

"Lo siento por lo que sea que haya hecho mal...".

"Deja de disculparte por todo". Joder, nunca antes había deseado ser Tohr. Pero
ese tipo sabría cómo... "No necesitas ganarte tu lugar conmigo, ¿de acuerdo?,
tampoco vas a hacer nada que te lo quite".

“Este es mi trabajo…”.

“Estás a salvo. Eres bienvenido a quedarte conmigo y con Jane todo el tiempo
que quieras, esperamos que sea mucho tiempo”. V tocó los monitores. “Este trabajo
no eres tú, es lo que haces y no tiene nada que ver con estar con nosotros, no tienes
que ganarte la cama ni el techo”.
Allhan pareció derrumbarse. “Pero, ¿por qué si no los tendría?”.

V dudó. “Porque a Jane y a mí nos gusta tenerte cerca; cuidarte es una


sensación agradable para nosotros”.

Hubo una larga pausa. Entonces Allhan se frotó los ojos y habló en voz baja:
“Hay una conspiración contra el Rey, ¿verdad?, te he oído hablar de ella”.

“Sí, la hay. Pero la Hermandad se encargará de ello…”.

“Y George o como se llame, podría ayudarte a encontrar a Whestmorel”.

“Tal vez, no lo sabemos. Pero no es tu culpa”.

Mierda, no debería haberle dado esta tarea al chico. El problema era que
Allhan era el mejor sabueso que tenían…

“Quiero a ese macho muerto”. Los ojos de Allhan se alzaron, duros como una
piedra. “Si está amenazando al Rey, entonces te está amenazando a ti, porque
saldrás a luchar para proteger a Wrath, hijo de Wrath, señor de Wrath. Estoy
haciendo este trabajo… porque es la única manera que se me ocurre de ayudarte”.

V cerró los párpados por una fracción de segundo. Luego extendió la mano
enguantada y la puso sobre el hombro del chico.

“Gracias”, dijo bruscamente.

“No”, respondió Allhan en voz baja. “Gracias. Por todo”.


CAPITULO 26
________________

L.W. había querido alejarse del callejón, de la pelea, de los .


Y lo había conseguido. ¿El problema?, ni idea de dónde había acabado.

Cuando volvió a su forma corpórea, también había querido ponerse de pie,


pero no lo consiguió. Estaba boca arriba y no como en una cama de hospital, ni
siquiera como la que usaba en casa de Shuli. El colchón estaba helado, como si
estuviera al aire libre...

Giró la cabeza. La borrosa estructura junto a él era sin duda una casa enorme,
había todo tipo de luces brillando por todas partes en el interior. Pero no era la
mansión blanca de Shuli, hecha de bloques de construcción.

Levantando la mano, él...

¿Por qué tenía todo el brazo cubierto de nieve?.

Estirando el cuello, miró hacia abajo. Tenía nieve encima y con las ráfagas de
viento, más nieve le caía sobre las piernas y el torso, empolvándole aún más la
chaqueta de cuero y metiéndose en ella. Las alarmas empezaron a sonar en su
cabeza. ¿Cuánto tiempo llevaba allí?, tenía pensado ir al complejo de la Hermandad
en el centro para que le evaluaran, que era lo que se suponía que se hacía con las
lesiones en el campo, ahí era donde Rhamp habría llevado a Shuli.

¿Dónde demonios estaba?.

¿Cuántas horas llevaba allí?.

Forzando la vista para enfocar, no consiguió nada.

¿No debería tener frío?.

Mientras su mente aturdida intentaba calcular su temperatura corporal, dejó


caer la cabeza hacia atrás en la nieve y al quedar recostado en una posición
incómoda, se dio cuenta de que tenía un problema mucho más acuciante.

La primera pista fue el sutil zumbido.

La segunda fue el movimiento por toda la casa; persianas. Bajaban porque la


luz del día era como un tren de carga a toda velocidad hacia Caldwell.

Teléfono. Necesitaba su teléfono...

Buen plan, pero no llevaba guantes y tenía los dedos rígidos como garras.
"Ayuda...", graznó. "Ayudaaaa...".

Su voz era tan débil que no se oía con el viento y solo pudo observar cómo el
brillo que atravesaba todas esas ventanas se reducía gradualmente.

Hasta que desapareció.

La oscuridad absoluta fue un shock, aunque no debería haberlo sido y miró al


cielo nocturno. Había nubes y se sintió engañado por no poder ver las estrellas ni la
luna, lo que probablemente demostraba que no estaba pensando bien. Necesitaba
llegar a esa casa, de alguna manera, sin preocuparse por lo que vería por última vez.

Obligándose a darse la vuelta, extendió la mano que sostenía la daga y hundió


los dedos congelados en la nieve acumulada como si fueran un gancho. Usando lo
que parecían sus últimas fuerzas, intentó impulsar su cuerpo hacia adelante, pero
solo atrajo nieve hacia sí y lo mismo ocurrió cuando lo intentó con la izquierda.

Pero no era de los que se daban por vencidos.

Así que remó inútilmente un rato, amontonando la mierda sobre su cabeza y


hombros.

Hora de un respiro.

Volviendo a girar la cabeza hacia un lado, apoyó la mejilla en la nieve, su


aliento silbando los copos...

La luz del amanecer llegó más rápido de lo esperado y cerró los párpados.
Estaba tan mal que no importaba si los tenía abiertos y mirar hacia el este sin duda
no iba a impedir que el sol saliera y le hiciera lo que iba a hacer: Convertirlo en
humo, iba a convertirse en humo.

No muy distinto a esos malditos lessers...

Wrath.

El sonido de su nombre fue una sorpresa tan grande que volvió a abrir los ojos.
Por alguna razón, la brillante y cegadora luz del sol parecía estar justo a su lado, y
esto era confuso en muchos sentidos. Pero también, ¿por qué la gran bola de muerte
brillante estaría diciendo su...?.

No te preocupes, hijo del Rey, la enviaré. Pero a cambio, debes decirles la


verdad.

Bueno, resultó que no era el sol. ¿Qué demonios era esto?, "Decirle... a quién",
jadeó.

"A todos".
Levantó la cabeza y miró fijamente a la aparición. "No sé... de qué hablas".

Una oleada de frío tan intenso lo invadió que sintió que se le paraba el corazón,
como si lo estuvieran congelando en el acto.

Eres el hijo de tu padre y eso es una maldición para mi especie.

Así como así, la luz se apagó, solo pudo negar con la cabeza. Supuso que era
muy propio de él luchar con un salvador que aparecía en el momento justo; aunque,
sin duda, era solo una alucinación.

Otra luz ahora, mucho más tenue. ¿El sol de verdad apareciendo en el
horizonte esta vez?.

"¡Dios mío!, ¡dios mío!, ¡ayudaaaa!".

Bien, así era como se gritaba pidiendo ayuda.

Mientras L.W. respiraba hondo, el aroma con el que se despertaba tantos días
gracias a sus sueños le recorrió la nariz y se le metió directamente en la sangre.

“Bitty…”.

“¡Ayuda!. ¡Sí, ayuda!, ¡tenemos que moverlo!, pero dame tu cinturón, ¡tu
cinturón!”.

Hubo un momento de pausa y luego un dolor punzante en su muslo derecho.

“Levanta más la pierna. Necesito… ponerle… esto alrededor de su…”.

“Joder”.

“Lo siento”. La voz de Bitty llegó cerca de su oído. “Necesito ponerte el


torniquete, te estás desangrando”.

L.W. intentó concentrarse en su rostro, de verdad que lo intentó. Cuando no


podía, tenía que conformarse con que la memoria le hiciera un remiendo a todo lo
que no podía sacar de la oscuridad. Ella vestía de rojo, él lo sabía… oh. No, era su
sangre lo que estaba en su suéter.

“Espera”, dijo. “Te vamos a llevar adentro…”.

“No puedo, no se permiten hombres…”.

“En cuestión de vida o muerte, está permitido, ahora, espera”.

Esa pierna resultó ser una maldita pesadilla, sobre todo cuando lo voltearon
boca arriba y alguien le levantó la pierna lesionada en lo que parecía un ángulo de
siete mil ochenta grados. Luego sintió tirones, tirones, tirones, seguidos de un
pinchazo que le recorrió todo el cuerpo. Cuando se calmó, la opresión se le alojó muy
arriba del muslo, justo debajo de la ingle.

¡Menuda manera de aprender su anatomía!.

¿Después de eso?, el peor transporte de su vida.

Había gente de todo tipo a su alrededor, manos mordiéndole los brazos, las
piernas, los hombros, las costillas. Era como si una pirañas se lo comiera y eso fue
antes de que empezaran a pasearlo por el césped.

Y subiendo las escaleras del porche.

Supo exactamente cuándo lo metieron dentro; luz, calor, el olor a galletas con
pepitas de chocolate.

La voz de Bitty ladró: "Llama a la doctora Jane...".

Estaba de nuevo junto a su cabeza y para ser una mujer que solía ser tan
callada, esta noche daba órdenes.

Sobre todo cuando anunció: "Necesita alimentarse...".

Los ojos de L.W., se abrieron de golpe. "No, estoy bien...".

El aroma de su sangre, delicioso y tentador, se le metió en la nariz, a pesar de


su estado —frío como un bloque de hielo, probablemente hipóxico, definitivamente
en shock clínico—, sintió cómo se excitaba al ver cómo sus colmillos descendían de
su mandíbula superior.

Bitty sintió un alivio repentino; el pánico le dio a sus ojos la energía extra que
necesitaban para seguir con el programa; se estaba quitando la muñeca de los
labios, la sangre roja y brillante manando de las dos heridas punzantes que se había
hecho en su propia carne.

Un gruñido comenzó a retumbar en su interior.

Al instante, proyectó hacia el futuro. Cómo sería para ella, cómo arruinaría su
vida, no solo con lo que haría, sino con quién era y lo que traería consigo.

Con una convicción profunda, L.W., sabía que si tomaba su vena allí mismo,
ahora mismo, no habría vuelta atrás para ninguno de los dos. Sí, casi se besaron en
aquella cita, pero esta mierda de la alimentación era...

Malas noticias, para ella.

En un abrir y cerrar de ojos, vio a su mahmen, acurrucada de lado en una


cama individual en una habitación vacía, llorando con la mano sobre la boca para no
despertarlo y no era solo un recuerdo. Eran tantos que se confundían, como un
cuadro rociado con agua.

Iba a ser esa mujer, en una cama, acurrucada sobre sí misma.

O porque lo mataran en el campo. O… porque él hizo algo tan atroz, tan


extremo, que no podía reconciliar su odio y sus acciones con el hombre que creía
amar. ¿Si le tomaba la vena ahora?, ¿si aprendía a saborearla?. No iba a poder
detener el vínculo que ya se estaba formando entre él y salvarla del accidente de
coche que se avecinaba.

Mejor dejar esto ya...

"No", dijo mientras ella adelantaba su muñeca lastimada.

Con una mano torpe y congelada, apartó su brazo. "Cualquiera... menos ella".

A pesar de todos los esfuerzos descuidados de sus ojos, ahora no lo


perdonaban. Pudo ver con una claridad desgarradora la conmoción y luego el dolor,
transformar la urgencia en su rostro en una vergüenza horrorizada. La imagen de
cómo la había lastimado se le quedó grabada a fuego, como una marca en el alma.

"No", repitió con voz ronca. "Tú no".

Bitty se echó hacia atrás. Luego se miró la muñeca.

Mientras se llevaba a la boca la herida que le había hecho para sellarla, un


silencio repentino se apoderó de todos. Sin embargo, no duró, otra muñeca presionó
sus labios, la biología tomó el control cuando su libertad de elección le habría negado
el tragar.

Bebió, aunque en lo más profundo de su ser sentía repugnancia.

Aunque, más leña al fuego de la ira.

Solo que no lo necesitaba.


CAPITULO 27
________________

¡Ah, ya estás en casa! Pensé que te quedarías en casa de tus abuelos.


Cuando Lyric entró en la casa de su mahmen, la felicidad con la que la
recibieron la hizo sentir fatal. La Elegida Layla estaba sentada a la mesa de la cocina,
con el pelo rubio recogido en un moño y la túnica blanca, el vestido tradicional de su
posición social, que aún usaba porque, como decía, 'es más cómodo que el pijama'.
Frente a ella, todas sus bandejas de cuentas estaban alineadas, una colorida
exhibición de cajas de metacrilato que brillaban como un arcoíris y tenía una pulsera
a medio hacer en las manos, una taza de chocolate caliente junto a su codo y su
música de jazz favorita se filtraba en el aire cálido.

Era una escena tan común, algo que Lyric había visto desde que tenía
memoria. Su mahmen hacía las joyas para apoyar a Safe Place y Luchas House y
Layla's Baubles era una tienda muy exitosa en Etsy. Solo Dios sabía cuánto dinero
había podido donar a lo largo de los años, todo desde esta cocina luminosa y alegre,
sentada bajo una lámpara floreada.

Con el escozor en los ojos, Lyric sintió que no había visto nada de eso en años.

Eso incluía a su mahmen, lo cual era una locura. Habían pasado tiempo juntas
allí hacía apenas unas horas.

"Yo...". Lyric se aclaró la garganta. "Solo quería volver aquí".

Layla frunció el ceño. "¿Qué pasa?".

La mujer no esperó respuesta. Dejó caer el collar de cuentas y rodeó la mesa a


toda prisa, con la falda ondeando tras ella. "¿Necesitas a la Dra. Jane por el
accidente de anoche...?".

"No, no, nada de eso".

Intentando controlarse, Lyric tomó las manos de su mahmen y la atrajo de


vuelta a la mesa. "Ah... ¿en qué estás trabajando esta noche?".

Acercó una silla, se sentó e hizo como si estuviera mirando todos los
cuadraditos de esas cuentas de vidrio. En realidad, intentaba que en sus ojos se
secaran las lágrimas que se habían acumulado en ellos.

Se oyó un crujido cuando su mahmen volvió a acomodarse en la silla.


"Háblame, hija mía".

Lyric extendió la mano y removió unas cuentas iridiscentes en su pequeño


recipiente. De pequeña, las pequeñas cuentas la habían encantado, sobre todo
porque la colección siempre había incluido todos los colores imaginables, desde los
lavandas más suaves y los rojos más brillantes, hasta los azules más profundos y los
amarillos más vibrantes y todo lo demás.

Se aclaró la garganta y cogió una sola cuenta de cristal. "¿Sabes?... cuando


era pequeña, solía pensar que tenías el poder de astillar arcoíris. Estaba convencida
de que, de alguna manera, podías salir en días de tormenta y encontrarlos, esto era
lo que quedaba, fragmentos de tu magia".

Layla extendió la mano sobre la mesa, como si la llamara. "Algo está pasando,
una mahmen sabe de estas cosas". Dejando caer la cuenta, Lyric repasó todo tipo de
fragmentos de lo que había considerado una noche infernal. Considerando que las
tonterías de la cartelera de la noche anterior eran su norma... eso era decir mucho.

Su mahmen podría tener intuición, pero con todo lo que estaba pasando, no
había razón para confirmar esa corazonada tan gráficamente.

"Está bien. Solo estoy... un poco desorientada".

¡Qué demonios!, Estaba bien, había metido a su hermano en algo que se había
convertido en un auténtico desastre —literalmente, porque L.W. había estado
involucrado— luego, en contra de su buen juicio, se estaba obsesionando por
completo con un humano con el que no podía estar.

No de verdad. No profundamente... de verdad.

Dios, de verdad quería salir de aquel carrusel de dramas.

"¿Cómo era?", se oyó preguntar de repente. "Cuando estabas en el Santuario


con la Virgen Escriba".

El rostro perfectamente hermoso de Layla reflejó sorpresa. "Yo... bueno, ah...,


¿por qué lo preguntas?".

"No lo sé". Lyric jugueteó con unas cuentas rojas. "Últimamente he estado
pensando mucho en la vida, he decidido que no voy a usar más las redes sociales".

"¿Por qué?, lo has disfrutado muchísimo".

"Es falso, solo fingía, no puedo..., no puedo seguir entre el lecho de muerte de
mi abuela y la silla de maquillaje para salir bien en fotos que no me interesan". Se
encogió de hombros. "sabes... a veces pienso que sería más fácil si tuviera una
vocación más alta. Transcribir la historia de la especie, estar tan cerca del creador de
todos nosotros... debió ser un deber sagrado".

Su mahmen frunció el ceño y pareció encerrarse en sí misma. "Fue bastante


desgarrador, la verdad".

"¿Porque no pudiste vivir tu propia vida?".


"No." Sus ojos claros se alzaron. "Porque no podíamos ayudar, solo podíamos
quedarnos al margen y observar".

Lyric regresó de inmediato a ese tejado, oyendo los disparos y las sirenas.
"Sí... eso sería terrible".

"Lo fue". Layla pareció volver al presente, cogiendo el brazalete en el que


había estado trabajando. "Por eso hago esto, puedo marcar la diferencia para las
personas que necesitan ayuda y apoyo".

"Eso es lo que quiero hacer".

"Tienes tantos años por delante". Layla sonrió tranquilizadoramente. "Hay


muchas maneras de trabajar por la especie...".

"¿Y si quisiera luchar?".

"No".

Ambas se dieron la vuelta. Xcor había entrado en la cocina y la expresión de su


rostro era como si alguien le hubiera sugerido invitar a un escuadrón de lessers a
sentarse a su mesa.

Lyric frunció el ceño al hombre. "Payne y Xhex luchan...".

"Son diferentes". Avanzó, quitándose la chaqueta de cuero como si quisiera


mostrar todas sus armas. "Y no quiero hablar más de esto...".

"¿Por qué son diferentes?". Lyric sabía en el fondo de su corazón las razones,
pero el orgullo la impulsaba a defenderse de alguna manera. "Tuvieron que entrenar,
tuvieron que aprender, nadie sale del útero sabiendo cómo...".

"No voy a hablar de esto, no esta noche...".

Layla intervino. "Bueno, vamos a tomarnos un...".

"Bueno, yo sí". Lyric se puso de pie. "Y no hay nada que tú ni nadie pueda
hacer para impedirme...".

"¿Sabes lo que hice esta noche?". Se inclinó hacia adelante sobre sus caderas,
su labio superior deformado se alzó entre sus colmillos. "¿Sabes por qué llegué
temprano a casa?, tuve que llevar el cadáver magullado de una víctima de tortura al
incinerador del centro de entrenamiento y quemar los restos. Lo encontraron en una
habitación oculta en la mansión de un traidor y no tenemos ni idea de quién es ni si
tenía familia. Lo dieron por muerto, atado a una silla en la casa abandonada. Murió a
pesar de todo lo que hizo Doc Jane para intentar salvarlo, pero quizá hubiéramos
tenido que matarlo de todos modos, dependiendo de su participación en la
conspiración contra nuestro Rey".

Lyric bajó la mirada hacia las bonitas cuentas sobre la mesa y el brazalete que
estaba en proceso.

"¿Quieres encargarte de eso?, ¿quieres mirarlo, olerlo?, eso sin contar que te
disparen, te maten o peor aún, que te lleven a interrogar a la Sociedad Lessening.
¡Ah!. Y Lash está reclutando mujeres ahora. ¿Quieres ser la primera vampira en...?".

"¡Basta!".

Cuando Layla golpeó la mesa con las palmas, todas las cajas de cuentas
rebotaron, los colores se mezclaron mientras destellos de luz se posaban en ellas.

Hubo un momento de tenso silencio mientras shellan y hellren se miraban


fijamente. Entonces Xcor maldijo y se dirigió al fregadero. Del tendedero, cogió un
vaso y lo llenó de agua. Echando la cabeza hacia atrás, se lo bebió todo lentamente,
antes de enjuagarlo y volver a colocarlo donde estaba.

Girándose, dijo en un tono más sereno: "Lo siento, ha sido una noche larga y
francamente, probablemente por eso necesito tomarme un tiempo libre. Pero no
quiero que te involucres en la guerra. Un hijo es más que suficiente, no puedo
también con una hija...".

La puerta que conducía desde el anillo exterior de la Rueda se abrió y entró


Rhamp. Estaba cubierto de sangre roja y negra, apestaba a lesser, pólvora y
gasolina, arrastraba los pies, lo que sugería que estaba herido.

"¿Qué te ha pasado?", preguntó Xcor.

Cuando Layla se levantó de un salto, Rhamp fulminó a Lyric con la mirada.


"Pregúntale a ella o al humano con el que se acuesta, si te dice quién demonios es. Y
no, no me interesa hablar de esta noche".

Dicho esto, recorrió el pasillo hasta su habitación y cerró la puerta con un


sonoro golpe.

En el campo, Qhuinn se recompuso en la entrada de la casa de sus suegros. Al


llegar a la puerta, dudó y pensó en todas las veces que no lo había hecho. Durante
tantos años, había entrado sin más, feliz de estar allí, con ganas de ver a la gente
dentro... más que listo para la comida, fuera lo que fuese.

Respiró hondo, luego otra vez...

Abrió las puertas y esbozó una sonrisa, la mierda no duró nada cuando entró.
Se podía oler el limpiador de grado médico, el astringente apenas disimulado por el
falso aroma a limón que flotaba junto con él.
Ehlena o la otra enfermera a domicilio debían de haberse ido.

Cerró las puertas en silencio. El estudio de Rocke estaba justo a la izquierda y


al mirar dentro, su nuca le dio una señal de alerta. La silla de la oficina estaba girada
lejos del escritorio y un bolígrafo sin tapa había caído en medio de una página.

"Oh, mierda...".

Al avanzar, la sala de estar formal a la derecha también estaba vacía, pero


siempre era así: los muebles más elegantes estaban decorados con cojines con
borlas, las cortinas verde oscuro y doradas no eran de lino ni algodón, sino de un
terciopelo grueso y bonito. Aunque era un detalle atípico en medio de tanta
comodidad, la paleta de colores combinaba con el resto de la casa y había visto a la
Lyric mayor de pie sobre la gruesa alfombra, dando vueltas lentamente. Como si no
pudiera creer que tuviera una habitación tan bonita en su casa.

La renovación y el mobiliario habían sido un regalo de aniversario de Blay y


Qhuinn hacía unos diez años, un añadido cuando Lyric y Rocke estaban renovando la
cocina y la sala de estar. Él y su pareja gastaron demasiado dinero, algo que sus
suegros siempre le habían recordado, pero habrían gastado cuatro veces más en la
decoración solo para darle a Lyric esa tímida felicidad.

Mientras Qhuinn seguía una creciente sensación de alarma hacia la parte


trasera de la casa, se preparó para lo que le aguardaba. Aunque seguramente habría
recibido una llamada si...

El pasillo daba paso a la zona abierta que daba al estanque y al cenador, Blay
estaba junto al fregadero, con un chorro de agua anémica cayendo en una taza de
café, con la mirada fija en el centro, como si no viera nada. Había otra taza boca
abajo en el estante, goteando y una bolsa abierta de caramelos de menta Milanos de
Pepperidge Farm junto a su codo.

Blay parecía completamente exhausto, su pelo rojo estaba limpio, pero


inusualmente desordenado; también estaba más largo de lo habitual porque no había
podido ir a la peluquería doggen. ¿Cuánto tiempo llevaba durmiendo allí... la última
semana?, ¿diez días?. Últimamente, el calendario se le había borrado.

"¿Cómo estás?", preguntó Qhuinn al acercarse.

Blay dio un respingo de sorpresa. Luego se aclaró la garganta, dos veces,


pareció tener mucho más cuidado con la esponja del borde de la taza. El silencio que
siguió le recordó que, por muy dura que hubiera sido la noche que Qhuinn creía
haber tenido… no era nada comparado con lo que estaba pasando bajo ese techo.

Se acercó y se besaron brevemente. Luego se apartó para darle espacio al


chico.
"Ah, entonces Simone acaba de irse". Blay cerró el agua poniendo la palma de
la mano en el grifo. "Es muy buena con Mahmen; tan paciente, tan pausada, aunque
debía de estar terminando un turno largo".

Qhuinn acercó uno de los taburetes del mostrador y se movió lentamente. Blay
parecía a punto de sobresaltarse ante cualquier imprevisto.

"Es muy buena, sí".

"Le di a mi padre la lista de la compra". Blay señaló con la cabeza la puerta


que daba al garaje. "Dijo que necesitaba algo con qué entretenerse. Ninguno de los
dos tenía ganas de comer esta noche, pero era lo único que se me ocurría que me
pareciera remotamente apropiado. ¿Quieres café?".

Esos ojos familiares eran implorantes al levantar la vista, como si él también


pidiera algo, lo que fuera, que hacer.

"Eso sería genial".

"Si tienes hambre, puedo prepararte…". Se acercó y abrió la nevera. "Bueno,


no hay mucho, pero ¿puedo preparar huevos y tostadas?"

"Yo tampoco tengo mucho apetito, pero me vendría bien un café".

Blay se puso manos a la obra. Se dirigió a la cafetera Keurig del otro mostrador
y cogió una taza limpia del armario de arriba, aunque acababa de lavar las otras dos.
En una pequeña cesta de mimbre, había una variedad de cápsulas K-Cup para elegir,
pero a Qhuinn no le hizo falta decir que le gustaba más el tueste oscuro de Dunkin'.
Su hellren conocía todas sus preferencias.

Con la máquina encendida, se oyó un burbujeo y el aroma del café se


expandió. Luego llegó el toque de azúcar y el tintineo de la cuchara para remover,
que dio un par de vueltas antes de golpear el borde y volver a colocarla sobre una
toalla de papel manchada.

Blay regresó, rodeó la isla y ofreció la taza humeante.

Al cambiar de manos, Qhuinn murmuró: "Está delicioso, gracias".

"Todavía no lo has probado".

"No hace falta. Tú haces que el mío sea perfecto…".

Con un rápido impulso, Blay se inclinó y presionó sus labios contra los de
Qhuinn. "Te he echado de menos", dijo con la voz entrecortada.

Qhuinn extendió la mano y ahuecó la nuca del hombre, manteniéndolos cerca


mientras besaba a su hellren de forma prolongada. Cuando se separaron un poco,
asintió.
"Yo también te he echado de menos".

Hablando de eufemismo. Un par de besos de verdad y sus pelotas ansiaban


una liberación, sus colmillos descendiendo, su excitación instantánea tras la
cremallera de su ropa de cuero. Pero no era solo sexo para él, también quería
dormirse con el hombre contra su pecho, como solían hacer y despertar con la
misma cercanía. Su apartamento en el Wheel era frío y solitario, por mucho que
subiera la calefacción y cuántas películas o series pusiera de fondo mientras
intentaba descansar un poco.

Joder, era como si se estuviera convirtiendo en Lassiter, como había estado


viendo maratones de series antiguas como The Office y Schitt's Creek.

Pero ahí estaba la cuestión. No iba a sacar a relucir nada de eso, sabía que
Blay sentía las mismas ausencias que él. El tipo simplemente extrañaba todo eso al
mismo tiempo que veía a su mahmen morir poco a poco. Además, había cosas de las
que hablar, como si su hija salía con un humano y qué significaba eso para ella.

Las noticias corrían rápido en la familia.

Dios mío, no tenía energías para preocuparse por eso ahora mismo.

Blay volvió a la cafetera Keurig y sacó la cápsula usada de la tapa. "Simone


dice que no tenemos mucho tiempo".

Qhuinn dio un sorbo al café. Y sí, estaba absolutamente perfecto. "¿Qué


significa eso?".

"Días, quizá, duerme cada vez más".

"¿Quieres que me salga del horario y me quede aquí con…?".

"No, no hagas eso. Lo sé… siempre vendrás si te llamo. Cuando… te llame.


Pero con lo que está pasando con Wrath, la Hermandad te necesita".

"Tú también me necesitas".

"Y yo te tengo a ti".

Una mezcla de alivio y culpa lo invadió, Qhuinn cerró los ojos brevemente. El
trabajo, incluso con todo su caos y peligro —quizás sobre todo por todo eso—, había
sido una especie de salvación. Claro, era un arma de doble filo, pues una parte de su
mente siempre estaba allí. Pero la mierda lo recalibraba y le permitió lidiar mejor con
lo que le estaba sucediendo al Lyric mayor.

"¿Crees que deberíamos llamar a los gemelos?", le preguntó a su compañero.


"¿Que vengan hoy?".
Blay tiró la cápsula K-Cup a la papelera y se dirigió a la hilera de ventanas que
daban al patio trasero.

"No". El hombre respiró hondo. "La verdad es que no quiero que estén aquí
cuando muera. Lo sé... bueno, no tiene sentido tratarlos como si fueran demasiado
pequeños para entenderlo y ahora que nos acercamos al final, si piden quedarse,
claro que son bienvenidos. Pero no quiero que la recuerden en sus últimos
momentos. ¿Y si no...?. ¿Y si no podemos controlar su dolor?. ¿O si su respiración
empeora y le cuesta?".

"Bueno, creo que deberíamos hablarlo con ellos. Pero al menos nos han
visitado mucho, así que hemos dedicado un tiempo importante. Sobre todo a Lyric".

"Ella y sus abuelos siempre han sido muy unidos". Blay frunció el ceño. "Me
preocupa".

Qhuinn dio otro trago a la taza y pensó en la frenética forma en que su hija
había corrido a sus brazos la noche anterior en ese club. Aunque la muestra de
emoción era más que razonable dado lo que casi había sucedido, percibió un
subsuelo de estrés que era completamente nuevo.

Su radiante y feliz hija no estaba radiante ni feliz estos días y noches, no


estaba seguro de cuánto se debía a lo que estaba pasando allí... Y cuánto a cosas
que los padres no siempre saben.

"Yo también", dijo con gravedad. "Yo también me preocupo".


CAPITULO 28
________________

Dev se despertó a la noche siguiente con un gemido. Estaba boca arriba, con
un brazo sobre la cabeza y el otro retorciendo una manta en un puño. Abajo, a la
altura de las caderas, la mierda era densa y exigente, los zarcillos del sueño del que
salía lo tentaban.

Tenía algo que ver con la escalera a la azotea y con Lyric a horcajadas sobre él,
mientras se mantenía en su sitio en los escalones.

Cerrando los ojos, volvió a la fantasía, viendo su cabello rubio cayendo sobre
sus hombros, su parka abierta, su jersey de cuello alto subido sobre sus pechos, su
sujetador bajo ellos, sus pezones erectos...

Otro gemido retumbó en su pecho...

Su alarma sonó, el ladrido de un perro atravesando todo lo sexy y


destrozándolo por completo. Al abrir los ojos de golpe, golpeó la mesita con la mano
y mandó el móvil por los aires.

“Maldita sea…”.

Liberándo las piernas de las sábanas, plantó los pies en el suelo y apartó la
manta de un tirón. Claro, mientras las cosas se arrastraban por su regazo, siseó
entre dientes por la fricción. Entonces, al levantarse, la mierda era realmente
obscena, su erección sobresalía frente a él como una varita mágica…

Agachándose para coger el teléfono, el norte verdadero siguió su curso.

Al silenciar la alarma, oyó gente moviéndose arriba, voces en el pasillo, una


sirena afuera. Vida, sucediendo a su alrededor.

Al revisar sus mensajes, su corazón empezó a latir con fuerza, pero ignoró…

No, el mensaje inicial de Lyric seguía ahí. De verdad quería quedar con él para
cenar.

Tras comprobar que no había cambiado de opinión y que su respuesta


afirmativa había sido vista, cerró el teléfono y lo dejó boca abajo sobre la mesita de
noche.

Aún no es tarde para cambiar esto, se recordó. Todavía puedes salir.

Con resignación severa, se dirigió al baño y como la puerta estaba


entreabierta, balanceó las caderas y la abrió con la polla.
La venganza fue una mierda.

El contacto fue como un rayo en sus pelotas y se desplomó contra el marco de


la puerta; la madera crujió con su peso. Cuando volvió a avanzar, fue directo a la
ducha. No había posibilidad de ir por la vía de la vejiga, no esperó a que el agua se
calentara. Se metió bajo el chorro de agua y se clavó con su torpe mango.

Otro plan falló. Quería castigarse, pero los impactos punzantes que le hacían
cosquillas en su proverbial marfil solo lo hacían palpitar más.

Dándole la espalda al chorro, se agarró el pene con la mano izquierda, apoyó


la otra palma contra la pared de azulejos y apoyó la cabeza en el bíceps. La caricia
era deliciosa, sobre todo al cerrar los ojos e imaginar que otra palma la apretaba
contra su polla —la de Lyric— y que ella marcaba un ritmo rápido y contundente.

Desnuda, la imaginó desnuda y con él, con los pezones chorreando agua...

Y ... Había estado reprimido desde que Lyric se fue la noche anterior y
presentía que volver a verla, aunque fuera solo al otro lado de la mesa en un
restaurante, le iba a agudizar el libido.

Así que era una buena idea, bajar un poco el ritmo, tranquilizarse.

Cuando por fin la soltó, también soltó sus bíceps.

"Genial", murmuró mientras se lavaba las manchas de sangre donde se había


cortado la piel.

Champú, acondicionador, jabón.

Luego salió antes de que se le ocurrieran otras grandes ideas desde abajo.

Vestirse le llevó un poco más de tiempo de lo habitual. Tenía dos uniformes: ir


a trabajar y estar sentado sin hacer nada. Ninguno de los dos le quedaba bien, pero
no era como si pudiera complementarlos. Al final, se decantó por "ir a trabajar" y
escogió las mejores versiones que tenía de vaqueros, camiseta Hanes y jersey.
Patético, la verdad.

No estaba acostumbrado a tener que vestirse para nadie.

Dicho esto, cogió el móvil, lo metió en la cazadora y al abrir la puerta, se


detuvo y miró hacia atrás.

Dev cerró la puerta, regresó a su cama, metió la mano entre el colchón y el


somier.

La Beretta que sacó estaba cargada, en su funda con el seguro puesto. Pasó la
nueve milímetros por una revisión y luego la guardó en la cinturilla de sus vaqueros,
con el soporte bajo el cinturón. Volviendo al baño, se paró frente al lavabo, pero tuvo
que apartarse un poco para poder verse el torso en el espejo.

Sí, no se veía nada...

Mierda, su pelo.

Empezó a rebuscar en los cajones, pero fue una pérdida de tiempo. No tenía
peine ni cepillo y bueno, eso estaba comprobado. Llevaba el pelo corto solo para no
necesitar nada que lo pasara.

Atrasado para su corte bimensual, genial.

Metió la palma bajo el grifo del lavabo, cogió un poco de agua, la puso en la
parte de arriba y se pasó la mano por el vello oscuro.

"Lo que sea".

De vuelta en la puerta, fue a salir. Tuvo que detenerse en seco cuando apareció
su vecina con su delantal.

"A cenar". La anciana se secó las manos con un paño de cocina rojo. "En diez
minutos".

"Gracias, Sra. Aoun. Pero, no puedo esta noche".

Apretó los puños sobre sus anchas caderas, con una expresión como si él
hubiera maldecido en la iglesia. "¿Adónde vas?".

"Tengo... ah, tengo una cita".

Al instante, su actitud cambió, frunciendo el ceño mientras sus cejas grises se


alzaban. "¿Tienes novia?".

"Una mujer y estamos cenando juntos".

"¿Cómo se llama?".

"Lyric".

"¿Es simpática?, ¿conoces a su familia?".

"Es... sí, es muy simpática. No conozco a su familia, no. Esta es nuestra


primera cita... bueno, de hecho, compartimos tu cena anoche".

Además del desastre del tejado. Pero por si su vecina se lo había perdido, no
iba a sacar a relucir el drama.

Abajo las cejas. "Le gusta mi comida".


“Ah, sí, le encantó. Sobre todo el fattoush”.

“Ah. Bien”. La Sra. Aoun volvió a su puerta. “Me contarás qué tal te va cuando
vuelvas”.

Dev abrió la boca, la cerró. “¿Sra. Aoun?”.

“Sí”.

“Se lo cuento mañana”.

Hubo un gruñido de desaprobación, pero la anciana asintió mientras volvía a


encerrarse. Dev esperó un segundo, luego se acercó a la puerta.

Golpeando con los nudillos, dijo: “¿Señora?, el cerrojo, por favor”.

Hubo una pausa, luego, arrastrando los pies.

La puerta se abrió y la pequeña anciana le puso el dedo índice en la cara.


Bueno… el esternón, porque no alcanzaba más.

“Eres un buen chico”.

Entonces ella volvió a cerrar las puertas con un golpe y el cerrojo se cerró de
golpe. Mientras se dirigía a la escalera, sacudía la cabeza. ¿Cómo demonios había
acabado saliendo a cenar con una rubia y preocupándose por las cerraduras de una
anciana?, llevaba viviendo allí...

Dev se detuvo con la bota suspendida sobre el primer escalón. Era una pésima
idea, pensó.

Aún podía dar la vuelta.

Por otra parte, aún podía dar la vuelta de camino al restaurante.

El trayecto de ida y vuelta desde su edificio fue solitario. Al pisar la acera


nevada, giró a la derecha y se metió las manos en el cortavientos. Las ráfagas que
venían del río eran frías y cortantes, como si el tiempo se hubiera tomado la molestia
de obligar a los ciudadanos de Caldwell a encerrarse en sus casas, decidió que era
otra señal de que no era tan estúpido como creía.

Aunque quizás era una señal de que debería haberse quedado en casa.

En fin.

Mientras recorría el camino que solía tomar para ir al trabajo, miró hacia las
azoteas de los edificios que pasaba. No había vallas publicitarias y tampoco se topó
con ninguna otra dama en apuros.
Menos mal, ya que estaba jubilándose de ese trabajo, para siempre.

Un par de manzanas más adelante, pasó por la obra en construcción. El lugar


estaba iluminado como un estadio, el sonido apagado de las máquinas en marcha le
hizo mirar el móvil. El segundo turno acababa de empezar. A esos cabrones les
quedaban cuatro horas antes de comer y no los envidiaba.

Sin duda, Bob se sorprendió de que Dev no hubiera aparecido, pero


probablemente también se sintió aliviado. Petey, el de la boca, sin duda estaba aún
más contento, cabía preguntarse si había vuelto a mover los labios. O tal vez había
aprendido la lección de no meterse con los demás. En cualquier caso, nada de eso
era problema de Dev. Había presentado su renuncia a través de la oficina de
negocios de Wabash y su antiguo capataz sin duda se enteraría el lunes, si no antes.

El restaurante estaba dos manzanas más al sur y al acercarse al resplandor del


cartel azul y verde de la discoteca, comprobó que su arma estuviera en su sitio y
entró en el callejón. No había absolutamente nadie más caminando, solo un par de
coches circulando por las carreteras cubiertas de sal, nunca se sabía con quién te
ibas a encontrar.

Esta noche no quería complicaciones, ya había tenido suficiente.

Al llegar a la entrada principal del restaurante italiano, la condensación nublaba


la vista del interior, pero era inconfundible quién estaba sentada a la mesa junto a la
ventana.

Como si no fuera a reconocer esa mata de pelo rubio por ningún lado.

Por desgracia.

Lyric estaba de espaldas a él, con su perfil como dibujado al pastel, con esas
largas ondas rubias cayendo sobre sus hombros. Llevaba una especie de jersey azul
oscuro y esa bufanda, la que según ella le había tejido su abuela moribunda, le
rodeaba el cuello.

"Aún puedes irte", dijo a la noche gélida.

Al quedarse sin aliento, un camarero se acercó y ella levantó la vista hacia el


hombre. Hubo una especie de comunicación entre ambos mientras le dejaban los
vasos de agua y entonces ocurrió. El hombre de la camisa blanca y el delantal negro
asintió como si fuera a irse, pero se detuvo cuando ella volvió a mirar al frente.

El cabrón la miraba, algo atónito.

Dev se movió antes de entrar y puede que haya empujado la puerta con más
fuerza de la necesaria.
Y quién sabe, la forma en que se iluminó el rostro de Lyric al verlo le
garantizaba que el camarero viviría para ver su próximo cumpleaños, al igual que la
forma en que el tipo le echó un vistazo a Dev y se apartó rápidamente.

Joder, no necesitaba ponerse posesivo...

"Hola", dijo ella.

Se sentó frente a ella en la mesa y sonrió, incluso con toda la mierda que tenía
en la cabeza. "Hola".

Vale, Lyric era la primera en admitir que el cerebro era capaz de inventar todo
tipo de tonterías románticas.

Sobre todo cuando estabas despierta durante el día, acurrucada en la


almohada, con tu familia hecha un desastre, tu carrera naufragando, tu propósito en
la vida evaporado..., aun así tenías un hombre que acababa de responderte diciendo
que sí, que quedaría contigo para cenar en casa de Roberto's a las siete de la tarde.

Podría decirse que todo eso era caldo de cultivo para delirios de atracción
sexual, pero, ¡caramba, señorita Molly!, mientras Lyric miraba el rostro que había
estado ocupada remodelando durante el último millón de horas, podía decir con
seguridad que la realidad era mucho mejor.

Dev en persona era de otro nivel y se rió un poco. Casi tira su vaso de agua al
ir a recogerlo.

"Perdón". Retiró las manos y las puso en su regazo. "Yo, ah... ¿cómo estás?".

¡Por Dios!. ¿Tenía que sonar como alguien que atendía una línea de atención al
cliente?. Con ese tono de voz, bien podría pedirle su número de la seguridad social.
"Bueno". Su sonrisa se desvaneció, luego miró a su alrededor. "Qué bonito lugar".

"Lo es, ¿verdad?".

Aunque había llegado quince minutos antes, aportó una nueva perspectiva al
estrecho interior del restaurante y al limitado número de mesas. Los camareros
uniformados aportaron un toque de formalidad a un lugar por lo demás informal y los
innumerables mapas de Italia que colgaban de las paredes de ladrillo visto, de todas
las épocas y con distintos marcos, la hicieron sentir como si estuvieran en un museo
vulgar. Arriba, la música de ópera subía y bajaba, los olores que salían de la puerta
abatible del fondo eran una delicia.

Solo había otra pareja en el local, debían de tener sesenta y tantos años;
ambos llevaban gafas de leer mientras revisaban los menús.

Dev se aclaró la garganta. Luego fue a por su vaso de agua como un auténtico
profesional, incluso llevándoselo a la boca y tragándolo sin derramar ni una gota.
Estuvo a punto de comentarlo —como si él dominara alguna habilidad compleja
—, pero por suerte captó las palabras antes de que salieran de su boca. Mientras se
devanaba los sesos buscando algo, cualquier cosa, que decir, se concentró en sus
manos. Eran unas manos tan fuertes, con dedos romos y todos esos callos.

Se habían sentido bien en su cintura y se preguntaba cómo serían en su piel...

"Escucha", dijo en voz baja. "Tengo que ser sincero".

Su mirada se elevó hacia él, pero no pudo ir más allá de su nuez. La tensión
que emanaba de él era palpable, cuando una sensación fría y vacía la golpeó en el
pecho, se preparó, notando que no se había quitado la cazadora.

Cerrando los ojos, asintió. "No pasa nada...".

"No he podido dejar de pensar en ti".

Parpadeo, parpadeo, parpadeo. "¿Tú... no?".

"¿Por qué suenas tan sorprendida?". Él rió con sarcasmo mientras se quitaba la
chaqueta. "No puedo creer que sea el primer hombre que te dice eso".

Volvió a concentrarse en su vaso de agua porque la sensación de aleteo en el


pecho probablemente se había traducido en algo bastante raro en su coño.

"Es cierto", susurró. "Pero eres el primer hombre del que me importa oírlo".

Todo pareció oscurecerse a su alrededor, especialmente cuando él extendió el


brazo y puso la mano sobre la mesa. Excepto que justo cuando estaba a punto de
extender la mano, el camarero, un joven alto y flacucho con cola de caballo, se
acercó de nuevo.

"Hola, ¿les traigo algo de beber?".

Dev retiró la palma. "Tomaré una cerveza".

"Claro, te traeré el menú...".

"Solo una cerveza, no tiene por qué ser especial".

Eso pareció confundir al chico. ¿Quieres una lager de temporada o de barril...?.

"Lúpulo fermentado, frío, en vaso", pero solo porque este sitio parece de esos
donde no se puede tomar embotellado.

"Ah. de acuerdo". El camarero la miró. "¿Y tú?".

Lyric sonrió. "Una ginger ale".


"Enseguida".

Cuando volvieron a estar solos, fue ella quien extendió la palma de la mano.
"Hola".

Dev rió entre dientes y tomó su mano. "Hola".

"Yo también pensé en ti".

"¿En serio?", dijo arrastrando las palabras, con una sonrisa lenta y sensual.
"Bien".

La puerta se abrió y el frío entró a raudales junto con un cuarteto de personas


abrigadas. Mientras sus risas se extendían por todo el lugar, apenas se registraba el
sonido.

Era increíble cómo se podía estar solo en un lugar público.

"¿No te gusta beber?", comentó.

Fue difícil traducir sus palabras, con su mente divagando por todas partes.
Pero entonces las sílabas se ordenaron correctamente.

"No, no bebo".

Miró hacia el restaurante como si buscara a alguien. "¿Quieres que cambie mi


pedido?, puedo cambiar...".

"Oh, no, no pasa nada. Es solo que no me gusta el sabor, por muy patético que
suene".

“Ahora que lo dices, no te bebiste la cerveza que te di anoche. Te habría dado


agua”.

El camarero se acercó con dos vasos dorados de tallo largo, uno de los cuales
tenía hielo. “Les traeré los menús”.

“Gracias”, murmuró Lyric. Entonces, mientras se miraban fijamente a los ojos,


ella se sonrojó. “Así que…”.

“Es difícil conversar sin el sonido de las balas, ¿eh?”. Mientras ella retrocedía,
él levantó la palma de la mano que tenía libre. “¿Demasiado pronto?”.

“Ah... no. No, yo...”.

“Era un mal chiste, lo siento”.


Bueno, pensó, habría sido más gracioso si su hermano hubiera estado
dispuesto a hablar con ella. O si todos sus padres hubieran dejado de mirarla como si
fuera alguien a quien no reconocían.

Pero vamos, salir casualmente con un humano no debería ser para tanto y
todos ellos habían lidiado con sus propias peculiaridades en sus relaciones. La
llegada de los menús les cortó la mente y eso no era malo. La conversación también
se volvió más fluida cuando empezaron a hablar de comida: lo que les gustaba, lo
que no, lo que odiaban, lo que comerían hasta desmayarse.

Después de pedir, Dev se recostó en su asiento y la miró como siempre...


como si no hubiera nadie más en el planeta. Tenía razón, los hombres le decían que
era hermosa, pero eso solía ocurrir mientras la observaban.

Dev tenía razón por sí sola...

En el fondo de su mente, algo se registró, una especie de... no una señal de


alarma, no. Era algo más que...

"¿Cuéntame más sobre tu trabajo?", la instó.

Reaccionando, forzó una risa. "Bueno, estoy a punto de quedarme sin trabajo".

"¿Una transición de carrera?".

"Podrías decirlo". Dio un sorbo de ginger ale. "Tengo un compromiso más que
cumplir y luego terminaré con el negocio de las influencers".

"¿Ah, sí?".

Lyric se metió un mechón de pelo detrás de la oreja. "Sí, mi mánager me


convenció para que participara en esa convención de Resolve2Evolve; sí, la valla
publicitaria que casi me mata. Lo recuerdas bien, rs un poco irónico, considerando
todo".

Entrecerró los ojos. "¿Qué vas a hacer ahí?".

"Para empezar, no ponerme debajo de ningún cartel grande y no es mi rollo,


créeme. Todo eso de la autoayuda, creo, son solo clichés que se dan por sentados".
Aunque, considerando su propia vida, ¿de verdad debería ser tan crítica?. "Mi
mánager, mi ex mánager, Marcia, lo organizó antes de que pudiera decirle que iba a
deshacerme de mi perfil en línea y luego no pudo sacarme de allí".

Dio un largo trago a su cerveza. "¿De eso se trata la convención?, ¿de


superarse?".

"Por lo que tengo entendido, con algunos consejos de belleza y mucha


inspiración, estoy segura. ¿Nunca has oído hablar de R2E?, la mujer que lo
representa está en todas partes, por todo el país, en prensa y redes sociales. Es un
evento enorme, están tomando el control de todo el Centro de Convenciones de
Caldwell, mil personas, quizás más".

En ese momento, ella estaba balbuceando, de verdad. Pero notó que él se


retiraba y eso la hizo querer seguir adelante. Lo cual era una pena, sí, lo sabía.

"Suena... interesante". Dio otro trago a su cerveza. "¿Cuándo es?".

"Mañana por la noche".

"Nunca había estado en algo así". Ahora ella se rió. "Bueno, pon esa cara de
sorpresa, pero no eres precisamente su público objetivo".

"Ni hablar".

Lyric frunció el ceño. Luego se inclinó hacia la mesa. "Oye, ¿quieres venir
conmigo?". Al alzar las cejas, ella soltó: "O sea, podría ser una segunda cita y
podríamos decirle a todo el mundo que eres mi guardaespaldas, podrías verlo como
un experimento social".

¿Qué demonios estaba diciendo...?.

"Creo que sería nuestra tercera cita", murmuró. "O la cuarta si contamos lo
que pasó en la azotea".

Dios, esperaba que el rubor que sentía en la cara no fuera evidente. Pero,
¿como si aparecer allí y conocerla hubiera borrado por arte de magia todo lo del
tiroteo?.

"¿Así que todo lo del cartel fue más que una presentación?", dijo con
brusquedad.
CAPITULO 29
________________

Bueno, eso fue divertido.


Mientras Shuli sacaba las piernas con cuidado de la parte trasera del Mercedes
negro, plantó sus pantuflas con monograma en la pasarela despejada como si tuviera
una bomba de presión bajo cada talón. Estaba deseando dormir un poco en su propia
cama, pero maldita sea, la puerta estaba muy lejos.

Mirando hacia la parte delantera del vehículo, dijo: "Gracias, Fritz. Puedo salir
solo".

Desde el volante, el mayordomo de la Hermandad miró preocupado por encima


del hombro e hizo una reverencia. "Oh, amo. ¿Está seguro?".

"Tiene otras cosas de las que preocuparse".

Asintió significativamente a L.W., que estaba sentado a su lado con la mirada


perdida. Como si el tipo ni siquiera se diera cuenta de que habían llegado a la casa.

"Sí". El anciano mayordomo volvió a inclinar la cabeza. "Que esté bien, amo".

Era difícil ignorar la expresión vagamente asustada del doggen. Sobre todo
porque no estaba respaldada por ninguna palabra. Pero el mayordomo jamás sería
tan atrevido como para comentar sobre la decisión de alguien de darse de alta del
AMA del centro de entrenamiento.

Por muy estúpido que fuera.

"Sí, quédate ahí, Fritz", llegó la orden ronca desde el otro lado del asiento. "Yo
me cuidaré solo".

Bueno, ¿y tú qué sabes? Estaba viviiiiiito. L.W. había estado callado todo el
trayecto, un tipo rudo y pensativo, casi sin supurar, con la bata de hospital, que
claramente se había sentido humillado por su problema de la arteria femoral de la
noche anterior. Bastante patético, la verdad, pero bueno, Shuli también estaba mal,
solo que mejor vestido. Willhis le había llevado su bata y pijama de satén rojo, junto
con las pantuflas.

"Oh, amo, ¿ya se va?". Fritz se desabrochó el cinturón de seguridad presa del
pánico al abrirse la otra puerta trasera. "Pensé que quizás volvías a casa, al
Wheel ...".

"Vivo aquí. Además, si él sale, yo también".


Su rostro envejecido se arrugó aún más cuando el mayordomo miró al
heredero al trono con ojos de profunda alarma. "Señor, por supuesto. ¿Pero puedo al
menos ayudarle a llegar a la puerta?".

"No, no puede".

Dejándolos a ambos para que se las arreglaran, Shuli se liberó del asiento
trasero del sedán y esbozó una sonrisa a pesar del dolor, pues esperaba, mientras
todo su cuerpo protestaba por la verticalidad, no revelar demasiado y provocar una
revisión médica. Mientras tanto, al otro lado del Mercedes, L.W. llevaba la bolsa de
lona Nike negra con sus armas al hombro y las muletas que le habían impuesto bajo
las axilas.

Mientras tanto, Fritz hiperventilaba en el asiento delantero. Solo que no podía


hacer mucho con esa clase de orden directa.

Después de que L.W. rodeara la parte trasera del coche con dificultad, se alineó
con Shuli al pie de la pasarela. Incluso saludaron con la misma mano, coordinados.
Sin embargo, ese Mercedes se quedó donde estaba, con una espiral de vapor
elevándose del tubo de escape, la seña de identidad del motor de gasolina flotando,
fuera.

Sin duda, el mayordomo estaba sumido en un terrible debate interno, atrapado


por su necesidad de servir, especialmente tratándose de L.W. y la falta de invitación
para ayudar, esto le estaba causando una parálisis total.

Con el paso del tiempo, Shuli se quedó donde estaba, como uno de esos
inflables. L.W. seguía igual, parado allí como un idiota en el frío, agitando la mano
con una expresión como si alguien le estuviera clavando clavos en las plantas de los
pies.

Finalmente, las luces se encendieron con más intensidad, el motor se encendió


y se produjo la marcha.

Esperaron a que Fritz hubiera recorrido todo el camino privado y doblado una
esquina en la verja de hierro antes de bajar los brazos con un par de maldiciones.
Fue al darse la vuelta que la razón por la que el doggen se había marchado se hizo
evidente.

Willhis corría por el sendero nevado como si temiera que ambos sufrieran un
paro cardíaco si no aparecía con canapés de inmediato.

"¡Amo!. ¡Señor!. El mayordomo se detuvo en seco, sus zapatos de charol


lustrados con la misma fuerza que dos cubitos de hielo. "¡Permítame!".

Mientras al heredero le quitaba la bolsa de lona con su carga de cuero y armas,


Shuli agradeció enormemente que su doggen tuviera la sensatez de ofrecerle un
brazo. Normalmente, habría hecho lo que fuera y marchado solo, pero no después de
las últimas veinticuatro horas. Se deslizó como un rizo alrededor del firme Freddy y
juntos, como un trío, comenzaron a arrastrar los pies por lo que era, sin duda, la
pasarela más larga que jamás había existido.

L.W. tomó la delantera, avanzando a paso ligero con sus muletas y por alguna
razón, quizá por los analgésicos que Shuli llevaba en el organismo, la oscura silueta
que el luchador recortaba contra la austera casa blanca parecía sacada de un cómic
negro crudo: cortes visuales austeros, la majestuosa "Mansión Wayne" actualizada
para un nuevo público, ya no con techo gótico ni pisos, sino como si el Guggenheim
hubiera decidido convertirse en una residencia privada.

Con todo el dinero que sus padres le habían dejado tras su prematura muerte,
podía permitirse vivir en cualquier lugar y había elegido este lugar deliberadamente
porque no se parecía a la mansión tradicional en la que había crecido. Todo era
diferente, cada mueble, todas las obras de arte y las alfombras, el personal también.

Un nuevo comienzo.

Y ahora tenía un compañero de piso.

"¡Sí!", murmuró al frío.

Willhis había dejado la puerta abierta de par en par y L.W. entró cojeando,
cruzando el mármol blanco pulido hacia el pasillo que se bifurcaba hacia su ala de la
casa. Mientras desaparecía hacia sus habitaciones, Shuli recordó cuando todo el
asunto del ahstrux nohtrum se había desatado. Había sido un alivio darle al tipo una
sección entera del plano, con la esperanza de que no se encontraran mucho.

También había una traicionera sensación de seguridad, tener al cabrón bajo su


techo durante el día y cuando estaban en casa por la noche. No es que se lo hubiera
admitido a nadie, especialmente a Su Majestad. La realidad era que Caldwell se
estaba volviendo más peligroso a cada minuto y L.W. era un cabrón cascarrabias,
pero nadie podía discutir sus habilidades de combate.

Después de lo que les habían hecho a los padres de Shuli, no dormía del todo
bien...

No, no iba a ir allí.

Willhis se detuvo. "Amo, ¿adónde no vas?".

Mierda, lo había dicho en voz alta. "Lo siento, ignórame".

Una vez que cruzó el umbral, soltó el brazo del doggen y midió la escalera
flotante que subía al segundo piso. Al echar la cabeza hacia atrás y contar los
escalones, el dolor en la cadera se agudizó hasta convertirse en un dolor absoluto.

"¿Quizás el amo quiera usar el ascensor?".

"Tienes toda la razón, Willhis".


"¿Puedo traerle algo?".

“Ya comí en la clínica, pero gracias”. Tomó la bolsa de lona del mayordomo y
empezó a caminar hacia el Otis. “Quizás quieras llevar algo de comer y beber a la
habitación de L.W. ¿Como si fuera un desayuno con una jarra de café recién hecho?,
Llama para anunciar tu presencia, pero no pidas permiso para entrar; deja la
bandeja en el escritorio y sal, no le preguntes nada, te mandará a la mierda”.

“Ah, sí, amo. Lo haré ahora mismo…”.

Shuli se detuvo frente a la puerta del ascensor y pulsó el botón de llamada.


“Otra cosa. Se supone que debería estar tomando analgésicos, pero no los va a
tomar”.

“¿Debería preparar un horario de pastillas por si se le olvida?”.

"No, dejó las cosas en la clínica. Quiero que le traigas una botella de Jim
Beam. Se la beberá hasta que se desmaye".

"Claro que sí". Willhis hizo una reverencia. "¿Y para usted, amo?".

"Oh, me traje todo lo que querían darme y tengo repuestos en esta bolsa de
lona". Al oír un ¡bing!, extendió la mano. "Gracias, de todas formas".

"Un placer, amo. Atenderé a nuestro invitado de inmediato".

Metió la bolsa de lona en el ascensor, donde aterrizó con un golpe seco. "No es
un invitado, es nuestro compañero de habitación".

Al entrar, Shuli pulsó el botón y vio cómo la puerta se cerraba ante el rostro
preocupado de su mayordomo. Durante el ascenso, se apoyó en la pared de espejos
y se agarró a la barandilla cromada. Un golpe anunció la llegada y las puertas se
abrieron. Ya no había razón para hacerse el duro. Dejó que la bolsa se arrastrara por
la gruesa alfombra blanca.

El segundo piso tenía todo tipo de dormitorios que daban a ambos lados del
pasillo blanco sobre blanco sobre blanco. El dormitorio principal estaba al fondo,
mientras seguía arrastrando su lamentable trasero y la bolsa, se preguntaba: (1) por
qué no vivía en una casa más pequeña; (2) por qué no aprovechaba las otras
habitaciones.

Era como cuando golpeas una pelota de tenis contra el aro de la raqueta.
Pagabas por esa parte, aunque no fuera el punto justo en el medio.

O algo así.

"¿Cuál era la pregunta?", murmuró.


En una impresionante ilusión óptica —que imitaba la mierda con el pasillo
nevado—, el pasillo parecía alargarse a medida que avanzaba. También sentía que se
estaba acortando, por alguna razón.

Cuando por fin llegó a su puerta, fue a abrirla mentalmente. Falló, tenía que
hacer las cosas a la antigua usanza y girar la perilla.

Su santuario interior de blanco sobre blanco sobre blanco le recordaba a una


nube y cuando había dado con el blanco tan fuerte con el decorador, se había dicho
que era para realzar los Rothkos que coleccionaba. Para darles un fondo donde
realmente lucirse.

Al cerrar de una patada el pesado panel... pensó que demostraba falta de


compromiso. Como si hubiera guardado sus cosas, pero él no.

"Bien. De acuerdo, genial".

Dejó el bolso de lona justo al entrar y se felicitó por la brillante reflexión que lo
había llevado a ducharse antes de salir de la clínica: había usado la silla que le
habían proporcionado, los asideros de la pared y esa boquilla.

Así que solo tuvo que arrastrarse hasta la cama king y caer de bruces sobre el
edredón mullido como un pan de molde. Mientras la cosa resoplaba a su alrededor,
presionando suavemente su cuerpo herido, giró la cabeza, exhaló y cerró los ojos.

Todo estaba tan silencioso. No se oían pitidos de máquinas, no se oían pasos


de gente moviéndose por la clínica, no se oían voces apagadas...

Toc.

"Estoy bien, Willhis".

Toc, toc.

"¡Estoy bien, Willhis!".

Oyó el clic de la puerta al abrirse y empezó a retorcerse con esfuerzo. Aunque


quiso maldecir, se contuvo. El doggen no merecía ser el blanco de su frustración con
todo el mundo.

Bueno, la mierda era sobre todo por Lyric y ese humano…

No el mayordomo ni ningún otro miembro del personal.

L.W. estaba allí de pie en la puerta, balanceándose sobre una muleta, todavía
con la bata de hospital. En su gran cuerpo, parecía que llevara una miniatura, con los
tobillos al descubierto y el bajo vientre tatuado. La mierda también le apretaba
muchísimo el pecho.
"¿Qué pasa?", preguntó Shuli.

"¿Te importa si entro?".

No era exactamente una pregunta. Pero desde luego se acercaba más a una de
lo que solía ser. "Sí, claro".

El heredero al trono cerró la puerta y dudó.

"De acuerdo, tienes que decirme qué demonios está pasando." Shuli se tocó la
sien. “Porque mi mente está yendo a un montón de cosas malas, cuanto más tiempo
te quedas ahí parado, con cara de tener malas noticias que soltar y sin idea de cómo
empezar la maldita conversación”.

Aunque, considerando toda la diversión que habían tenido últimamente juntos,


¿qué podría empeorar las cosas?. Sí, la Hermandad había aceptado la historia de que
se habían topado con lessers y los habían perseguido detrás de ese edificio de
apartamentos, pero la mentira que habían inventado para proteger a Lyric no le
sentaba bien.

Aunque, en realidad, Shuli habría hecho cualquier cosa por esa mujer.

L.W. avanzó cojeando, deteniéndose a mirar el Rothko sobre un escritorio. “He


estado pensando”.

“Así que por eso olí a leña quemada todo el día”, murmuró Shuli.

El luchador miró por encima del hombro. “Nunca he entendido esa expresión”.

“Yo tampoco”. Shuli se echó hacia atrás, hasta que pudo apoyarse en las
almohadas. “La jerga humana es un patio de recreo para las tonterías. Podemos
hablar de almejas felices, de estar en las nubes y de todo eso de estar extasiado
después”.

Cuando L.W. empezó a cojear de un cuadro a otro, Shuli exhaló el dolor que le
había provocado el cambio de postura y esperó. Nunca lo había visto tan tenso.

“Sea lo que sea”, se encontró diciendo, “nos encargaremos”.

No podía creer la temeridad de la afirmación. El hijo del gran Rey Ciego no


necesitaba ayuda de nadie cuando tenía a Wrath de su lado. Pero claramente, esta
mierda era privada.

De la clase de privacidad que la gente elige con quién compartir.

“Últimamente he sido un completo imbécil”.

Shuli arqueó las cejas. “¿Últimamente?, inténtalo toda tu vida”.


L.W. miró al otro lado de la habitación. "No de joven, era bueno entonces,
era... un buen chico".

Shuli inclinó la cabeza en señal de reconocimiento. "No lo sé. Pero supongo


que tú sí".

Esa cabeza orgullosa y majestuosa volvió a un lienzo amarillo y naranja. "No


fue hasta que llegué a mi transición que... cambié".

"Que es lo que se supone que debe pasar".

Hubo un largo silencio. Entonces L.W. pareció hablar consigo mismo. "En
realidad, no fue tan malo. Justo después. Durante unos años, estuve bien. Creo que
las compensaciones empezaron sin que me diera cuenta".

El hombre pasó al siguiente cuadro, el que estaba a la izquierda de la


chimenea de mármol blanco que nunca había tenido fuego, nunca lo tendría.

Odiaba el olor a leña quemándose y además estaba el desorden.

"Últimamente, sin embargo...".

L.W. negó con la cabeza mientras caminaba hacia el lienzo de gemelos al otro
lado.

“No he podido arreglar las cosas”, concluyó mientras se giraba para mirar a
Shuli. “¿Recuerdas cuando me dijiste que no me metiera con Bitty?, que era
demasiado buena para mí”.

“No recuerdo haberlo expresado así”.

“Eso era lo que querías decir”.

“En realidad no. Eres el hijo del Rey; desde el punto de vista de la línea de
sangre, no hay nada mejor que tu posición”.

“No me refiero a árboles genealógicos. Dijiste que se merecía algo mejor y lo


decías en serio”.

Un extraño presentimiento se apoderó de Shuli, tensándole la nuca. “¿De qué


demonios estamos hablando?, ¿tenemos… tenemos un problema psicológico?, de
verdad”.

De esos que hacían que personas que creías conocer se convirtieran en la clase
de monstruos de los que los aficionados al crimen real hablaban durante
generaciones.
Shuli midió el torso de L.W. Aunque esa herida en la pierna lo ralentizara un
poco, era obvio quién ganaría si el muy cabrón sufría un ataque psicótico justo
ahora.

Miró la bolsa de lona donde estaban las armas. Tenía un nueve en la mesita de
al lado, pero no podía alcanzarlo sin hacer un gran gesto y eso sin contar la herida
en su propio costado.

L.W. respiró hondo y despacio. "Puedo oler tu miedo".

Bueno, no había forma de responder a eso...

"Es que... no lo veo bien".

Shuli se quedó paralizado. "¿De qué estás hablando?".

El heredero al trono guardó silencio durante lo que pareció una eternidad,


luego dijo en voz baja:

"Me estoy quedando ciego".


CAPITULO 30
________________

Cuando Dev y Lyric salieron de Roberto's, ella estaba absorta en sus


pensamientos, preguntándose si él sacaría el tema del "qué sigue", si ella lo haría, si
volverían a su casa y terminarían lo que habían empezado. O... quizás ir un poco
más allá...

"Estuvo genial". Se giró y la miró. "Y no la comida".

"¿No te gustó la boloñesa?".

Mientras él reía, ella observó su rostro, viendo las arrugas en las comisuras de
sus ojos, algo que había llegado a buscar cuando sonreía. Lo hacía parecer más
joven, de alguna manera, aunque para ser humano solo tenía veintitantos. ¿Le
habría preguntado la edad?, no lo recordaba. Y P. D., míralos, gente normal,
problemas normales; comentarios sobre citas, contemplando el resplandor del cartel
de un restaurante italiano, dudando si seguir adelante, sin querer irse.

Una gran diferencia con respecto a la noche anterior, de hecho, a la anterior.

"Me gustabas". Levantó la mano y le acarició un mechón de pelo que había


cogido el viento. "Pero la comida también estaba buena".

"Sí", susurró ella.

¿Era esa la respuesta a la pregunta que él no había hecho?. Claro que sí. Solo
que cuando la pausa se convirtió en un silencio absoluto, se preguntó una vez más si
se avecinaba una despedida...

"Ojalá pudiera llevarte de vuelta a mi casa".

"Oh". Sacudió la cabeza para despejarse. "Claro, está... bien, lo entiendo...".

"No es porque no quiera estar contigo. De hecho, me voy".

"¿Te vas?". Intentó disimular una impresión que le resonó demasiado. "¿De
Caldwell?".

No, Dakota del Norte, idiota, pensó.

"No sé dónde acabaré".

Esperó a que dijera más. "Ah, de acuerdo".

Pero, vamos, ¿adónde creía que iba todo esto?. Él no sabía quién era ella en
realidad, ella no sabía quién era él en realidad y ahora que lo recordaba, la
conversación en su mesa había sido muy superficial. Él nunca le había preguntado
por su familia ni por su vida, se sintió aliviada porque, ¿qué podía compartir aparte
de madre, padre, padre, padre y hermano?, incluso eso enterró la pista, como decía
el dicho.

Ahora que lo pensaba... ¿de qué demonios habían hablado?. Ya no lo


recordaba; no, espera. Eso no era del todo cierto. Le había invitado a una tercera cita
y él no había dicho que sí. Simplemente había cambiado de tema a lo que fuera a
pedir o a algo igual de banal. Cuando la decepción llegó a su punto máximo, decidió
que necesitaba ser sincera. No los habían presentado como amigos de forma
premeditada, ni se habían conocido por un interés común, habían... chocado.

“Entonces, esto era una cena de despedida”. Entonces forzó una sonrisa. “O tal
vez un hasta luego sin que realmente lo pensaras”.

Su mirada recorrió su rostro. “No debería estar haciendo esto contigo, no es…
justo”.

“¿Estás casado?”. Levantó las manos. “Debería haberte preguntado esto


anoche…”.

“No, no lo estoy. El matrimonio es para un tipo de hombre diferente a mí”.

“¿Ah?”.

En la calle, un par de coches pasaron crujiendo junto a ellos; el semáforo del


cruce se había puesto en verde. Al arreciar el viento, ella se estremeció.

"¿Dónde vives?", dijo después de un momento. Como si de verdad no quisiera


saberlo.

"¿Por qué perdiste el tiempo encontrándome aquí?".

"Tienes frío. ¿Dónde está tu coche...?".

"Contéstame", replicó ella.

Dev se metió las manos en los bolsillos de los vaqueros y estiró el pecho hacia
adelante como si estuviera reajustando la espalda. Luego, sus ojos recorrieron el
lugar, fijándose en la parte superior de su cabeza.

"¿Por qué nos hiciste perder el tiempo?", repitió ella.

"Porque por mucho que intenté convencerme de lo contrario, no pude dejar de


verte". Bajó la mirada hacia su rostro. "No puedo sacarte de mi mente".

Lyric abrió la boca. La cerró y fue entonces cuando bajó la mirada..., se quedó
en sus labios.
"¿Ahora qué hacemos?", murmuró ella.

Dev se acercó más a ella, rodeándola con el brazo por la cintura. Mientras la
inclinaba hacia atrás, ella le puso las manos sobre los hombros.

“Dime tú”, dijo él.

“¿A quién más se lo has dicho?”, susurró Shuli.

Al otro lado de su habitación, L.W. siguió caminando, moviéndose hacia la


pared plana junto a la puerta del baño. Se detuvo frente a otro cuadro.

“Rothko”, murmuró.

Shuli frunció el ceño. “¿Conoces al artista?”.

“Por supuesto y no te sorprendas tanto”.

“Solo pensé que entre pulir tu ego y juzgar a la gente, no tenías mucho tiempo
para la historia del arte”.

“Eres un imbécil”. Solo que el tono era suave. “Tienes un montón de dinero en
estas paredes, abajo también. Ese Pollock del vestíbulo es mi favorito”.

“Mis padres coleccionaban viejos maestros europeos, yo no”.

L.W. lo miró. “Problemas con los padres, también, ¿eh?”.

Shuli no iba a tocar ese tema. "¿A quién más le has contado lo de tus ojos?".

A nadie.

Frotándose la nuca, Shuli evaluó al hombre de una forma nueva. El heredero al


trono seguía siendo monstruosamente fuerte, incluso herido y con esa muleta,
definitivamente no era el tipo de persona con la que alguien querría encontrarse en
un callejón oscuro, pero mierda.

Negó con la cabeza. "Dios mío. ¿Estás seguro?".

"Sí, ha estado viniendo durante el último año y solo te digo...".

"Porque quieres que me asegure de que no te maten en el campo".

“No, para explicar por qué he estado actuando así”. L.W. se acercó a los pies
de la cama. “No sé cuánto tiempo me queda para luchar de verdad. Quiero llegar a
Lash mientras aún conserve todas mis facultades y matarlo”.
“¿No querrás decir ‘destruir’?”. Shuli jugueteó con las mangas de su túnica de
satén rojo y pensó: 'Bueno, al menos no estaba pensando en cuánto le dolía el
cuerpo ahora'. “Por si sirve de algo, no sé si se pueda matar al monstruo malvado”.

“Si ese padre suyo, el Omega, pudo ser erradicado, él también. Están hechos
de la misma mierda. Por eso busco una ubicación, por eso estoy ahí fuera cada hora
que puedo. Tengo que encontrarlo antes de que sea demasiado tarde”.

Shuli movió el dedo índice como un bibliotecario. “Vas a hacer que te maten si
sigues así. Sobre todo si no puedes…”.

“Veo bastante bien, por ahora”.

Y entonces los dos se quedaron mirándose fijamente.

“Mientes”, dijo Shuli al cabo de un momento.

“Sobre qué”.

“No intentas explicar tu comportamiento, quieres que sea tu cómplice”.

Cuando el contacto visual y el silencio fueron todo lo que obtuvo a cambio, se


rió a carcajadas. “¡Guau!”.

“Eres mi ahstrux nohtrum, me acompañas en el viaje”.

“Se supone que debo mantenerte con vida, no ser tu Robin en una misión
suicida”.

“Esto no es una misión suicida”. L.W. movió la muleta frente a él y golpeó la


punta gris sobre la alfombra blanca como si estuviera señalando algo escrito en una
pizarra. Estamos entrenados para luchar, matar lessers es nuestra directiva y
eliminar al líder de la Sociedad Lessening es posible para lograr ese objetivo. Solo
necesitamos averiguar dónde está Lash, encontrar la manera de llegar a él y volarlo
por los aires".

"Venganza por lo que le hizo a tu padre". Shuli consideró la motivación.


"Sabes, la última vez que te vi con el Rey, me dio la impresión de que no te gustaba
mucho. Una extraña vocación, venganza por un sire que no soportas".

"No quiero que me detenga".

"¿Por eso lo odias?, ¿porque tienes miedo de que te quite tu juguete?". Shuli
negó con la cabeza. "No me lo creo, pero eso es asunto tuyo y te diré que te
equivocas en todo esto".

"¿A quién le importa?. Mis convicciones personales y tu opinión son


irrelevantes para lo que voy a hacer".
"¿A quién le importa?. Mis convicciones personales y tu opinión son
irrelevantes para lo que voy a hacer". "No, no se trata de esas tonterías de los
honorarios".

"¿Eh?", L.W. frunció el ceño. "Honorarios...".

"Sentimientos, emociones". Shuli golpeó el aire con la mano. "Pero me estoy


desviando, imbécil. Te equivocas en mi parte de tu gran plan. Esto es una misión
suicida para mí, no para ti. ¿Oíste lo que comentaban los Hermanos en la clínica?,
hay un complot contra tu padre".

"Sí, lo oí".

"Van a matar a ese Whestmorel, en cuanto lo encuentren".

L.W. se encogió de hombros del lado que no tenía la muleta. "Como deben".

“¿Qué crees que me va a pasar si ayudo e inspiro al heredero al trono en una


misión secreta y clandestina para llegar a Lash?. Eso es traición al trono porque tú
eres el siguiente en ocupar ese puesto, idiota oscuro y melancólico. El Rey y la
Hermandad de la Daga Negra me matarán sin dudarlo, eso es cierto, tanto si tienes
éxito como si fracasas”.

“Te perdonaron anoche”.

“No me van a dar tregua en este caso”. Shuli volvió a negar con la cabeza. “Me
dejaste en el campo entonces, no tenía control sobre eso, lo que dices requiere mi
plena participación”.

“Nadie tiene por qué saberlo”.

"¿Cómo coño crees que va a funcionar eso?".

2Porque no digo ni una mierda y tú tampoco".

Shuli miró alrededor de su habitación, todos los cuadros que había comprado
con el dinero de sus padres muertos solo para fastidiarlos. Ni siquiera estaba seguro
de que le gustaran los lienzos manchados desde un punto de vista artístico. Los
había comprado porque eran un insulto para esos dos aristócratas. La verdad era
que, si su hermano no hubiera sufrido una sobredosis un año antes de que murieran,
Shuli se habría quedado en la calle sin un centavo. Así las cosas, el "sobrino" se
llevaba la peor parte por defecto. Probablemente porque estaban tan afligidos que se
olvidaron de revisar sus testamentos.

Así que sí, entendía las complicaciones con los padres.

"Dime que necesitas mi ayuda", dijo en voz baja.


Al no obtener respuesta, arqueó una ceja. “Si le pides a un macho que
arriesgue su vida por ti, puedes pedirlo como es debido y no soy tan orgulloso como
para admitir que estoy un poco dolido”.

L.W. puso los ojos en blanco. “¿Sobre qué?”.

“Que la única razón por la que vienes a mí es porque te falla la vista y te has
dado cuenta de que quizá no puedas hacerlo solo. ¡Ah!, posdata: me froté los pies
hasta dejarlos en carne viva intentando encontrarte hace dos noches. Ampollas por
todas partes, si fuera humano, estaría lisiado”.

“Te compraré aparatos ortopédicos”.

“Y tiritas”.

“Trato hecho”.

Pero entonces L.W. bajó la barbilla y miró fijamente por debajo de sus cejas.
“¿Cuál es tu respuesta, aristócrata?”.

“¿Cuál es la pregunta, príncipe?”.

La voz de L.W. se volvió baja y tan serena que parecía casi muerta. “No
juegues conmigo”.

“Entonces no es una opción”. Shuli se levantó de las almohadas. “¿Vas a


matarme si no colaboro, eh?. ¿Que parezca un accidente en el campo mañana por la
noche?. Ups, el bueno de Shuli quedó atrapado en fuego cruzado amistoso. Qué
triste o tal vez sea más bien que nos masacras a mí y a mi doggen, aquí y ahora,
finges que fue un lesser. Probablemente sea mejor lo segundo, si me das demasiado
tiempo, tendré que ir al Rey con tu brillante idea”.

“Supongo que lo averiguaremos, aristócrata. ¿Cuál es tu respuesta?”.

“Dime que me necesitas”, replicó Shuli.

El labio superior de L.W. se levantó mostrando sus colmillos. "Es al revés, no


tienes ningún propósito, ninguna vocación, ninguna razón para levantarte por las
noches. Eres un adicto a los fondos fiduciarios que no puede ocultar tu aburrimiento
en las mismas fiestas que organizas para distraerse de tu nula existencia. El dinero
que tienes es heredado, no ganado, con él compras a tus amigos porque te da
control sobre ellos, así no tienes que preocuparte de que vean tu verdadero yo y te
juzguen por ser tan inútil. Incluso tienes que pagar por sexo porque estás
enamorado de una mujer que no te aceptaría ni aunque le pusieras una pistola en la
cabeza porque, a diferencia de los aduladores que se beben tu licor y esnifan tu
coca, ella sabe que bajo tu piel fina no hay nada por lo que valga la pena luchar ni de
lo que enamorarse".
Shuli tragó saliva con dificultad. Entonces dijo con brusquedad: "Y eres tú
quien me pide que cometa traición contigo. Así que, disculpa, tu épico soliloquio de
mierda estuvo bien, pero no pareces precisamente un genio si me eliges a mí y esa
es tu opinión de tu compañero, Little Wrath".

"Que te jodan", gruñó.

Agarrándose la oreja, Shuli giró la cabeza y se señaló con la mano libre y


entonces se quedó allí sentado.

Hubo una eternidad de silencio. Hasta que, finalmente…

"Te necesito", gruñó el heredero al trono.


CAPITULO 31
________________

Lyric nunca había usado ninguno de los apartamentos del centro. A ella y a su
hermano les habían dado uno hacía un tiempo —un par de años ya—, reconociendo
que ambos habían salido del cambio y probablemente deberían vivir separados de la
proximidad paterna. Solo que ni ella ni Rhamp se habían mudado de sus habitaciones
en el Wheel. ¿Para qué molestarse, en realidad?. Rhamp usaba el de Shuli para sus
asuntos privados y por lo demás, dormía donde siempre. A ella le gustaba estar en el
barrio subterráneo de la comunidad. Siempre había alguien con quien hablar, algo
que hacer, algo que aprender.

Y desde luego no había necesitado un sitio adonde ir para...

"¿El Commodore?", dijo Dev al doblar la esquina.

El comentario fue casual, sin venir a cuento, pero sabía que el rascacielos era
el más lujoso de la ciudad, el equivalente en Caldwell del Dakota de Nueva York.

Bueno, si este último fuera moderno y hubiera sido renovado por 100 millones
de dólares hacía unos cinco años.

Ella levantó la vista hacia su perfil. "Es solo un apartamento de una habitación,
nada del otro mundo".

"¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí?".

"No... quiero decir, vivo con mis padres". Hizo una pausa, esperando que él
preguntara... algo, cualquier cosa. "Y mi hermano".

Cuando él emitió un sonido de "hmm", ella quiso que dijera algo más, pero, de
nuevo, era ridículo. Había demasiados límites a lo que podía contarle, de todas
formas, si se trataba de una cita de verdad, los detalles sobre las familias acababan
llevando a preguntas sobre presentaciones.

Dado que Rhamp ni siquiera le hablaba en ese momento, el hecho de que


todos sus parientes más cercanos fueran vampiros era, en realidad, el problema
secundario.

Ah, Dev se mudaba, de todas formas. Así que... sí.

Juntos, subieron los escalones que ascendían hasta la entrada de mármol


restaurada. El Commodore parecía más bien un edificio de oficinas gubernamentales,
con su estrecha escalera de hormigón que se elevaba hasta el collar de cristal de sus
entradas, pero no se podía hacer mucho para animar las veinticinco hileras de
ventanas que se alzaban sobre el suelo urbano.
Subieron la media docena de niveles despejados por la nieve y cuando él le
puso la mano en el codo, ella recordó sus modales. Y a la madre que había fallecido
y a quien no le gustaba. ¿Qué tenía la atracción física que te hacía querer entrar en
la mente de la otra persona?, se preguntó. Por otra parte, con la intensidad de sus
sentimientos, sí quería comprenderlo, como si al hacerlo pudiera comprender su
propia respuesta poderosa.

Aunque dicho esto, dada la cantidad de preguntas que él no le había hecho,


era evidente que estaba en una búsqueda unilateral en esta relación.

Situación, más bien.

Al entrar en el vestíbulo, pisaron con fuerza el felpudo y sus pasos resonaron


por todas partes. El guardia de seguridad los saludó con la mano, mientras ambos le
devolvían el saludo, ella se preguntó si le pedirían identificación, dado el tiempo que
había pasado desde la última vez.

Excepto que el sistema de seguridad, sin duda, tenía software de


reconocimiento facial.

En la fila de ascensores, Dev pulsó el botón y esperaron juntos. En el reflejo de


las puertas de acero pulido, los observó a ambos. Él observaba con calma el
vestíbulo que acababan de atravesar, con el cuerpo relajado mientras paseaba la
mirada. ¡Dios mío, cómo lo envidiaba, sobre todo al verse saltar al oír el ¡bing!, de
llegada.

"¿Qué piso?", preguntó al entrar junto a las filas de botones brillantes.

"Catorce".

"Listo".

Hubo un leve golpe y luego arriba, arriba, arriba y allá fueron. Cuando sonó el
siguiente ¡bing!, sintió que había tardado un segundo y medio, pero eso era una
distracción.

"Aquí estamos", murmuró al salir.

Mientras caminaba por el pasillo, no perdía de vista los números junto a cada
puerta. Bajaban... hasta que llegó al final, entonces frunció el ceño.

"Oh, espera. Perdón, es ahí atrás. Perdón, estoy al revés".

"No hay problema".

Lyric dio media vuelta, pasando de nuevo los ascensores y bajando hasta la
mitad del pasillo. "Aquí estamos".
La llave de cobre entró sin problemas, pero contuvo la respiración,
preguntándose si había acertado...

El mecanismo del cerrojo giró a la perfección y abrió. Un aroma a limón fresco


le llegó al olfato y se sorprendió. No recordaba la última vez que había estado allí,
sin embargo, era evidente que lo habían limpiado hacía poco; Fritz y su personal
eran increíbles.

El interior estaba oscuro e intentó ser discreta, dando vueltas buscando un


interruptor de pared. Terminó pasando por delante del aseo y la entrada a la cocina,
se preguntó si no debería encenderlo y llamarlo detector de movimiento. Mierda, no
recordaba si había lámparas o si era riel de luz...

Gracias a Dios. Un interruptor. "Voy a encender esto".

Clic.

Al iluminarse, miró por encima del hombro. Dev se había quedado atrás,
apoyado contra la pared, sus ojos entrecerrados la miraban fijamente.

"No tienes que hacer esto", dijo mientras señalaba con la cabeza por encima
del hombro la puerta por la que habían entrado. "Puedo irme ahora que estás a salvo
en casa".

Ella miró a su alrededor. El lugar parecía una habitación de hotel, en el sentido


anónimo de la palabra; limpio, ordenado, con muebles funcionales en los lugares
adecuados. La paleta de colores gris, crema y blanco claramente buscaba calmar la
mente cansada, la vista del horizonte occidental, mostrando los puentes gemelos y el
otro lado centelleante de la ciudad, era hermosa, pero fría.

Lo miró a los ojos en el reflejo de aquellas ventanas y solo podía pensar que se
iba de Caldwell.

"No". Se dio la vuelta y se acercó a él. "Te vas a quedar".

Acercó las manos a su cazadora y las deslizó por las almohadillas de su pecho.
Incluso a través de las capas, podía sentir el calor que emanaba de él y cuando llegó
al dobladillo inferior, no dudó. Levantó los pliegues de su torso.

Ya se estaba endureciendo.

Se notaba en la parte delantera de esos vaqueros.

Y viendo eso… no, no iba a detenerse esta vez. La cuestión era que no era una
aventura de una noche. Había estado buscando magia y a pesar de todas las
sombras entre ellos, la había encontrado con él. Claro, solo la tendrían ahora, pero lo
recordaría durante muchísimo tiempo.
Además, ¿no habían demostrado las últimas dos noches —diablos, el último
mes con sus abuelos—, que no había garantías de nada?. Incluso si intentaban salir,
quién sabía qué pasaría.

"Vas a quedarte", repitió ella.

En respuesta, Dev asintió y se puso los brazos sobre la cabeza, dejándola


hacer el trabajo mientras le quitaba la chaqueta. Tirándola en el sillón más cercano,
ella inmediatamente volvió a poner las manos donde habían estado, en sus
pectorales. Estaban calientes y sus músculos se flexionaban bajo sus palmas como si
su tacto resonara por todo su cuerpo.

Lyric no miró la fuerte columna de su garganta. Se concentró en su boca,


especialmente al inclinarse hacia él.

"Veo cuánto quieres besarme", susurró.

Sus manos se deslizaron dentro de su abrigo y se lo quitó de los hombros. "Sí,


¿es malo?".

"Bueno".

No tenía ni idea de dónde había tirado lo que le había quitado y no le importó


cuando bajó la cabeza. Con su boca a solo unos centímetros de la suya, le recorrió la
espalda con las manos. Los músculos de su columna se tensaron al rodearla con los
brazos y Dios, amaba su poder, su dureza; an diferente de ella.

Con un movimiento suave, la levantó y la llevó al sofá.

La tendió sobre los suaves cojines y se arrodilló a su lado. "¿Hasta dónde


quieres llegar?".

"No lo sé, no estoy pensando mucho en el futuro ahora mismo".

"Bien".

Dev se inclinó sobre ella y luego fusionó sus bocas. Con un gemido, se arqueó
contra él mientras la besaba, sus labios acariciando, seduciendo, nada de esa pasión
intensa y ardiente de antes, como si le estuviera dando un poco de tiempo para
considerar lo que estaban haciendo. Presentía que él también le estaba dando
espacio físico porque podía oler su excitación: ya estaba listo para montarla y
alcanzar el orgasmo dentro de ella; el instinto de apareamiento claramente no era
tan diferente en los humanos.

Pero él se contenía, controlando las cosas...

Incluso mientras empezaba a explorar. Con tentadora deliberación, su tacto se


deslizó por su vientre y ella sintió un tirón cuando él le levantó la parte inferior del
suéter azul de los pantalones que llevaba puestos. Luego vino un pequeño contacto
piel con piel, su cálida y callosa palma recorriendo su vientre, rodeando sus
costillas... subiendo justo debajo de la copa de su sujetador. Mientras tanto, su
lengua la lamía y cuando sintió un gemido subir por su garganta, no se contuvo.

Su risa era muy satisfecha, la vibración en su boca la hizo preguntarse cómo


se sentiría cuando él estuviera en sus pechos...

En un cambio rápido, Lyric se incorporó y se arrancó el suéter. Debajo, llevaba


una camisa abotonada, mientras se recostaba, la mirada de Dev recorrió la siguiente
capa que claramente iba a quitarle.

"Sí", susurró ella, respondiendo a la pregunta con su mirada ardiente.

Retrocediendo lentamente, se puso a trabajar en los cierres de su camisa,


empezando por el de abajo. Luego el siguiente y el siguiente... el siguiente. Sus ojos,
entrecerrados y volcánicos, observaba lo que revelaba, centímetro a centímetro, las
dos mitades de la camisa cayendo como si la maldita cosa fuera cómplice.

Al llegar al último botón, el que estaba justo delante de su sujetador, gruñó:


"Va a ser difícil frenar si esto va mucho más allá".

"Déjame ayudarte con eso".

Lyric extendió la mano y desabrochó el último.

Siseó mientras ella se quitaba la camisa. Luego, sin dudarlo, soltó el broche de
su sujetador. Cuando las copas volvieron a su sitio y sus pechos desnudos entraron
en contacto con el aire más fresco, sintió que sus pezones se tensaban.

La mandíbula de Dev se tensó mientras la miraba fijamente, flexionando los


músculos de su grueso cuello. "Joder...".

"No vamos a parar", dijo con una audacia que la habría impactado la noche
anterior.

Cuando él se irguió completamente de rodillas, se elevó sobre ella y ella


hundió los dedos en el pelo de su nuca, tirando de él hacia abajo hasta que su boca
quedó sobre su esternón. Él continuó desde allí, besando hasta uno de sus pezones,
rozando la punta con los labios antes de succionarla. El sutil tirón la hizo gritar de
nuevo, apoyando una rodilla en los cojines del sofá, con la pelvis moviéndose de
hambre.

Levantando la cabeza, lo miró, la imagen de sus labios sobre su piel y el hueco


de su mejilla moviéndose mientras la usaba, desbordando placer directamente en su
centro. Como si supiera exactamente qué era lo que ansiaba, una de sus manos bajó
para deslizarse por su cadera y acariciar la parte exterior de su muslo.

Y luego la parte interior.


Con una urgencia temblorosa, buscó el cinturón que le rodeaba la cintura y fue
brusca con la hebilla dorada en forma de H, desgarrándola para poder alcanzar el
botón y la cremallera de sus pantalones. Cuando se deshizo torpemente de todo eso,
él tomó las riendas con admirable aplomo. En cuanto se abrió los pantalones, sus
dedos se deslizaron dentro, hasta el fondo, apretándolo contra ella...

Ella gritó su nombre mientras él le acariciaba las bragas, los sedosos pliegues
se fundían con los suyos, el calor se redoblaba, la lujuria salvaje amenazaba su
autocontrol mientras la fricción lo convertía todo en un calor nuclear. Mientras tanto,
arriba, él trabajaba su otro pecho y su mano libre estaba en su cabello.

"Córrete para mí", le ordenó.

Dev comenzó a acariciarla rítmicamente y fue eléctrico, las sensaciones la


abrumaron de la mejor manera, su cuerpo se levantó del sofá mientras ella movía
sus caderas contra él. La húmeda succión de su pecho, el agarre apretado en su
cabello, el calor resbaladizo entre sus piernas...

El placer la atravesó por completo y cuando la liberación la invadió, fue lo


mejor que había sentido jamás.

Hablando de magia y ella solo quería más.

Agarrándolo por la muñeca, lo mantuvo en su lugar mientras cerraba las


piernas sobre él. "Otra vez...".

Santo cielo...

Mierda.

Dev se había dado un sermón durante todo el camino hasta allí para tomarlo
con calma y dejarla ir; tomarlo con calma, dejarla ir, tomarlo...

Sí, así no era como iba la cosa.

Cuando su ronca demanda de más llegó a las ondas de radio, una oleada de
puro deseo erótico lo recorrió por completo y supo que estaba en problemas. Su plan
había sido tenerla en el sofá, porque mantenía su cuerpo alejado de ella y darle algo
de placer porque era hermosa y podía sentir su nerviosismo. Mientras se concentrara
en ella y en lo que sentía, limitara el contacto con su tonta mano, pensó que tenía
buenas posibilidades de controlarse. Y las cosas habían ido bien, al menos al
principio, con la camisa puesta.

Pero, ¡qué le jodan!, volviendo a la Edad de Piedra, en el instante en que ella


se quitó el sujetador y él vio de verdad lo que solo había imaginado. ¿Luego la probó,
rodó su pezón bajo su lengua, sintiendo cómo se arqueaba contra él?.

Y además… ¿lo que le estaba haciendo ahora?.


Bueno, las cosas habían cobrado impulso.

Mirando más allá de sus pechos, la imagen de su muñeca desapareciendo en


sus pantalones abiertos, junto con la sensación de su calor resbaladizo en sus dedos
a través de lo que debía ser seda. ¿Cómo podía frenar las cosas?.

Estaba a punto de correrse y eso fue incluso antes de que ella tuviera un
orgasmo contra su mano y quisiera…

"Más", gimió ella mientras se abría paso entre su pelo y lo apretaba contra su
pecho. "Lo quieres", dijo contra su piel. "Te lo daré".

Dev se enderezó y ella protestó cuando sus labios dejaron su pezón y él retiró
la mano, pero cuando le acarició las piernas y las estiró en el sofá, sus ojos nublados
y sensuales se clavaron en él. Agarrándola por la cintura, le bajó lentamente los
pantalones.

Botas.

Llevaba botas cortas.

Se puso de pie, le desató rápidamente los cordones, luego le quitó las botas,
los vaqueros y los calcetines...

"Dios mío, hasta tus pies son perfectos".

Empezó por sus tobillos, recorriendo con las palmas la parte interior de sus
piernas. Al llegar a sus rodillas, las separó y tuvo que tomarse un respiro. Ver sus
bragas de seda rosa hundidas en su centro lo deshizo tanto que tuvo que detenerse,
agachar la cabeza y pensar en...

Bueno, en cualquier otra cosa que no fuera lo que estaba a punto de hacer.

Qué lástima que no supiera nada de golf.

"¿Qué pasa?", susurró ella.

"Estás... No puedo ni pensar".

"Entonces sigue mi ejemplo y no lo hagas, solo siente".

Dev sintió un sonido que le subía del pecho y le vibraba por la garganta.
Cuando, fuera lo que fuese, salió de sus labios, estaba seguro de que nunca había
oído algo así salir de él.

"Oh, estoy sintiendo algo", murmuró.

Le estiró una pierna y la empujó hacia un lado, de modo que su pie resbaló del
sofá y aterrizó en la bonita alfombra. Mientras se agachaba, se recordó que las cosas
buenas se hacen esperar, así que hizo lo que pudo para morderle los labios en la
parte interior del muslo, subiendo poco a poco mientras todo su ser ansiaba
sumergirse en ella. Llevó las manos al ribete de encaje del borde superior de las
bragas y empezó a tirar de ellas...

Con un movimiento suave, Lyric se incorporó y las bajó al mismo tiempo,


tirando de las bragas bajo su trasero.

Él gimió cuando ella se recostó, con la camiseta aún sobre los hombros, pero
completamente suelta, con las copas del sujetador a los lados y las bragas a media
rodilla.

Y bueno, él podía ayudar con eso último, las deslizo hasta el final.

Luego se quedó mirando su reluciente centro. No había vuelta atrás. La abrió


por completo y la lamió con la lengua, lamiendo hacia arriba...

Mientras ella gritaba, su columna se irguió y sus pechos se abrieron, sus


pezones tensos y hermosos mientras la carne rebotaba. Con su cabello rubio
cayendo al suelo y su cuerpo ágil ondulando de deseo sexual, era lo más irresistible
que jamás había visto, luego estaba la certeza de que él le había hecho esto, ella lo
deseaba... a él.

La sensación era más que mutua, pensó mientras penetraba de nuevo su sexo.

Estaba caliente y húmeda, él la humedecía aún más mientras la adoraba justo


donde merecía ser tratada tan bien. Supo que se acercaba a otro orgasmo por la
forma en que jadeaba y se tensaba, sus manos agarrando los cojines bajo su cuerpo,
uno de los cojines cayendo del brazo del sofá.

Lo observó todo, mirando por encima de su vientre y entre sus pechos que se
movían al ritmo de su respiración acelerada. No podía verle la cara. Tenía la cabeza
echada hacia atrás, solo se veía la elegante barbilla, pero su garganta era tan
hermosa como el resto de ella.

Dev siguió, incluso después de que ella se corriera sobre él, justo contra su
maldita cara.

Le encantaba su sabor.

Y los sonidos que hacía.

En realidad, podría hacer todo esto por una eternidad...


CAPITULO 32
________________

El aristócrata Whestmorel se encontraba frente a una vista invernal del lago,


de espaldas al crepitante fuego de la chimenea frente al estudio de su refugio, con
los pies en pantuflas con monograma y una copa de bourbon en la mano. Gracias a
la oscuridad de la habitación, podía ver fácilmente el paisaje que había llegado a
adorar. Aunque en el fondo era un hombre de ciudad y le encantaban las cosas que
la vida urbana podía ofrecer, como buena comida, buena compañía, oportunidades
de adquisición y revalorización económica, la reclusión y la privacidad de la
naturaleza tenían su encanto.

Sobre todo cuando te perseguía la Hermandad de la Daga Negra.

Las ventanas, que iban del suelo al techo, estaban revestidas por fuera para
que nadie pudiera ver el interior de su refugio en las Adirondacks, los cristales eran
lo suficientemente gruesos como para resistir una bala. Bueno, casi lo
suficientemente gruesos. Durante la instalación de esta extensión de vidrio, el
contratista se había referido a las cosas como "resistentes a balas", no "a prueba de
balas", había que admitir que esto último era, de hecho, mucho más deseable. Sin
embargo, en aquel momento, le preocupaba más el control climático para su
colección de bourbon que protegerse de los proyectiles de plomo.

Sus ambiciones no estaban tan claras hacía dos años.

Llevándose su vaso bajo a los labios, dio un sorbo. El Pappy 25 años siempre le
había dado un toque a roble, pero era poco común y un capricho.

Le gustaban los caprichos.

Esta casa aislada a orillas de un lago, donde los precios de las propiedades
eran muy altos y el número de vecinos muy bajo, era otro capricho, aunque en su
concepción, el proyecto especulativo había sido un lujo reservado para otros. En la
fase de planificación, la chimenea adosada de varias capas, montada en la ladera de
una montaña, había sido solo otra forma de ganar dinero. Sin embargo, a medida
que el terreno se había despejado cuidadosamente para conservar la copa de los
árboles y la forma de la casa comenzaba a tomar forma, empezó a verse reflejado en
la construcción.

Mucho de sí mismo en su diseño, su fluidez y sobre todo; en esa vista del agua
congelada que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, tanto al sur como al
norte.

De hecho, un hombre ambicioso podía ver todo el futuro desde ese lugar...

Llamaron a la puerta.
"Sí", dijo sin darse la vuelta. "¿Qué ocurre?".

Entró Conrahd Mainscowl el Viejo. Era como una espada en muchos sentidos;
alto, delgado y anguloso, con un cabello prematuramente plateado que siempre
llevaba en su sitio y una lengua perversa, afilada por el ingenio y la inteligencia.
Había demostrado ser un gran activo para la causa, aunque no se confiaba
plenamente en él. En este caso de traición, no se debe confiar plenamente en nadie,
esa verdad era especialmente apropiada con alguien tan astuto como Conrahd.

"Creo que podemos tener un problema", anunció el hombre.

Conrahd se acercó a la vitrina de botellas raras en la barra de teca y se sirvió


una ración de Woodford Family Reserve. Lo cual demostró sus modales impecables;
habiendo sido invitado a participar a su discreción, sabía que servirse el Pappy habría
sido una exageración.

Whestmorel giró sobre su zapatilla de terciopelo y se dirigió a los sofás


gemelos junto a la chimenea. Se sentó sobre los cojines de espiga, cruzó las piernas
a la altura de las rodillas y se echó encima la bata de satén.

"¿Te refieres con todo, aparte de esta interminable demora?". Apoyó el codo en
la manta de Hermès que había doblado sobre el brazo.

"Eso es inevitable".

"Sí que puede, aunque esa es otra conversación". Whestmorel terminó el


Pappy de su vaso. "Cuéntame".

Conrahd se acercó y se sentó frente a la mesa de cristal con su exhibición de


piñas y hojas de cristal. "Thermon está resultando ser un problema".

Whestmorel se imaginó al aristócrata moreno. De todos los aliados de los que


podría haber esperado problemas, el caballero no estaba en su lista, no como
Conrahd.

"¿Él?".

"Está considerando romper el aislamiento".

Dejando su vaso en el baúl Vuitton convertido en mesita auxiliar, Whestmorel


arqueó una ceja. "¿Lo está haciendo ahora?, ¿por qué?".

"No lo dirá. Pero, lo pillé con un teléfono desechable y cuando le pregunté qué
estaba haciendo, dijo que había asuntos familiares".

"¿Revisaste su correo electrónico?".

“Sí, su shellan lo contactó”.


“¿Ha contactado con alguien más?”.

“No, solo con ella y me dio el teléfono. Su número fue el único al que llamó”.
Conrahd levantó su vaso hacia las ventanas. “Y no, habló con ella afuera, así que no
tenemos grabación de audio de la llamada de aproximadamente dieciocho minutos.
Confirmé por video vigilancia dónde salió para hablar con ella. Fue al claro con la
vista y usó el teléfono allí. Las cámaras de vigilancia captaron sus movimientos”.

“¿Cuándo ocurrió esto?”.

“Anoche”.

Whestmorel miró las llamas, observando el baile de los naranjas y amarillos.


Irónico, cómo algo tan hermoso podía ser tan mortal.

“¿Por qué me entero de esto ahora?”.

No teníamos por qué revisar las señales de seguridad, ya que no había sonado
ninguna alarma porque se nos permite salir a fumar. Sin embargo, su estado era
descontrolado y por precaución, decidí investigar.

Cerrando los párpados brevemente, Whestmorel mantuvo un tono sereno.


"Tráemelo, por favor, es un buen chico".

Conrahd asintió con la cabeza hacia su bourbon. "¿Puedo dejar esto aquí un
momento?".

"Por favor".

"Gracias".

Whestmorel observó al hombre levantarse y regresar a la puerta, con pasos


elegantes y regulares, su traje oscuro hecho a medida le sentaba a la perfección,
incluso mientras caminaba.

"Conrahd". Esperó mientras el hombre lo miraba. "Tienes muy buenos


modales".

"Y yo no rompo las reglas".

"Ya veremos", pensó Whestmorel mientras su nueva mano derecha se


marchaba.

Al fin y al cabo, el pobre Jenshen no había funcionado y hubo que lidiar con él.

Poniéndose de pie, Whestmorel se acercó a la brillante losa de granito negro


que había sido apoyada sobre dos troncos de madera noble cuidadosamente
seleccionados. En su rústico escritorio había una computadora portátil, tres teléfonos
celulares, un cargador y un bolígrafo Montblanc. Cogió este último y le dio vueltas al
torpedo una y otra vez, admirando la factura, desde las precisas líneas de la estrella
blanca en la corona del capuchón, hasta la barra dorada del clip de bolsillo y la
circunferencia absolutamente lisa de su cuerpo. Tenía muchos más en Caldwell, pero
había tenido que dejarlos atrás.

Echaba mucho de menos esa casa suya, aunque se recordó a sí mismo que su
separación de la propiedad era solo temporal.

La Hermandad, por supuesto, ya habría tomado posesión de ella. Sin embargo,


cuando regresara triunfante a esa mansión, lo reclamaría todo.

¿Si se deshacían de sus colecciones?, las compraría de nuevo.

No se podía permitir el sentimentalismo en asuntos materiales cuando se


buscaba gobernar derrocando a un líder como Wrath, hijo de Wrath, padre de Wrath.

Desatornillando la tapa de la pluma estilográfica, Whestmorel contempló el


plumín de oro. El grabado en el metal era tan fino, un recordatorio de que la
disciplina creaba cosas hermosas.

Levantó la vista.

Conrahd entró en la habitación con la chaqueta abierta y la mano acariciando


su corbata de seda roja como si su inquietud le irritara. Detrás de él, Thermon, con
un blazer azul marino y pantalones de franela gris, caminaba cabizbajo. Pero el
hombre nunca había sido estúpido. Por eso lo habían elegido entre los muchos que,
por lo demás, estaban cualificados en virtud de su linaje, finanzas y habilidades.

"Ah, amigo mío", murmuró Whestmorel al entrar la pareja. "¿Te apetece algo
de beber?".

"No, no quiero". Thermon inclinó el torso en una reverencia, revelando el otro


valor de carácter que lo había recomendado: Siempre había existido una deferencia
hacia el carácter que rozaba la sumisión. "Pero les agradezco su amabilidad".

Y entonces todos se quedaron allí de pie.

No había forma de que los invitaran a sentarse y el hecho de que Thermon no


mencionara el tema de la silla era apropiado. Sin embargo, quizás había sido una
mala elección desde el principio, a pesar de todas sus aparentes virtudes.

Whestmorel sonrió fríamente. "Se depositaron ciertas expectativas sobre los


miembros de este consorcio más íntimo. Cuando todos vinieron aquí, a mi casa
segura, aceptaron las condiciones antes de mudarse".

"Disculpe". El hombre levantó la vista, con sus ojos claros preocupados. "Ha
habido una... complicación en mi linaje, simplemente intento...".
"Todos estuvimos de acuerdo en que dejábamos atrás a nuestras familias".
Whestmorel señaló a Conrahd. "Ha dejado a su shellan y a su hijo pequeño. ¿Por qué
eres diferente?".

"No estoy rompiendo nuestro pacto...".

"Ya lo has hecho".. Whestmorel se acercó al paisaje. "Potencialmente nos has


comprometido a todos al...".

"Usé un teléfono desechable...".

"No debías tener teléfono", espetó al reflejo del hombre. Luego se calmó.
"Todos podríamos poner excusas o concesiones a quienes dejamos atrás. Pero ese
fue el sacrificio temporal que acordamos hacer, sabiendo que, con nuestro éxito,
nuestras familias volverían a ser dueñas de la herencia".

Le vino a la mente la imagen de su "hija", la hembra que había sido criada


como suya, pero que en realidad pertenecía a otro hombre. Poseía belleza e
inteligencia y él le había permitido reclamar su linaje durante un tiempo. Pero no era
suya, no realmente, por eso la había descartado al comenzar esta nueva fase y no
sentía nada por su partida de su vida.

Había que tener estas cosas claras.

Y claro con quién se relacionaba.

"No vi a nadie", protestó Thermon. "Me comuniqué...".

"Con tu shellan."

"Con quien he estado emparejado durante tantos, tantos años". Thermon


parecía agotado por el interrogatorio. "No he violado nada y si deseas
interrogarla...".

"No quieres que lo haga".

Los ojos del hombre se abrieron de par en par. "Seguro que no le harías daño a
una hembra".

"Seguramente no serías tan estúpido como para conseguir un celular y llamar


desde mi propiedad a una mujer a la que la Hermandad de la Daga Negra podría
estar vigilando".

"No saben nada de mi participación".

"¿Con qué información has decidido esto?". Whestmorel levantó una mano. "No
me hagas perder el tiempo respondiendo eso, debemos asumir que estamos
comprometidos".
"¿No puedo decir nada en mi defensa?". Thermon miró a Conrahd con súplica,
sin conseguir nada en su búsqueda de refuerzos. "¿Me echarás de aquí después de
haber sido un fiel partidario tuyo durante tanto tiempo?. La mía fue nuestra primera
donación, yo traje a los demás".

"Solo para violar las mismas reglas que garantizan nuestra seguridad aquí. De
nuevo, te lo repito, ¿cómo sabes que los Hermanos no llegaron a tu compañera?, no
lo sabes". Whestmorel entrecerró la mirada. "¿Cuál fue, por favor, el tema de
discusión?".

“Mi hijo, busca aparearse con una hembra que ha demostrado ser indigna de
él”.

“Indigna cómo”.

“Se ha quedado embarazada”. Thermon se aclaró la garganta. “Entendemos


que acudió a su necesidad y le exigió que la atendiera. Peor aún, parece que está
cumpliendo con el compromiso que previamente habíamos aprobado. Mi shellan
buscó mi ayuda urgentemente mientras iban a buscar la bendición del Rey anoche”.

Una oleada de furia recorrió a Whestmorel, pero contuvo la emoción. “¿Fueron


a ver a Wrath?”.

“Ahora entiendes por qué la llamé...”.

“¿Vieron a Wrath?”.

Thermon pareció sorprendido por el tono. Lo que sugería que era estúpido, en
lugar de simplemente maleable. "Ese era su plan, pero le estaba aconsejando cómo
detenerlos. ¿De verdad te preocupa que hayan ido a la Audiencia?, ambos creen que
estoy en el Viejo Mundo, ya que viajo a menudo a nuestra finca ancestral. No hay
motivo de preocupación para que dijeran algo".

Al no responder Whestmorel, el hombre alzó las manos. "De verdad, estás


paranoico...".

Whestmorel se lanzó hacia el hombre, moviéndose tan rápido que existía la


posibilidad de que se desmaterializara por un segundo. Pegando su rostro al de
Thermon, dijo: "Intento matar al gran Rey Ciego. La paranoia es una virtud cuando
uno está en mi lugar".

Al retroceder, Thermon exhaló con resignación. "¿Qué nos depara esto?, ¿voy a
hacer las maletas...?".

El hombre jadeó y se agarró el cuello.

Al oír un chasquido, sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa, el


cuello de la camisa blanca del caballero se tiñó de un rojo brillante.
"No te preocupes", dijo Whestmorel con serenidad mientras retiraba la plumilla
de la Montblanc de la yugular del hombre. "Nos encargaremos de empaquetarlas y
de deshacernos de ellas".

Thermon se tapó la herida del cuello con ambas manos; la sangre le corría por
los dedos, duró solo un instante más en la vertical antes de caer de rodillas.

"¿Puedes ayudarme?", le preguntó Whestmorel a Conrahd, quien se acercó al


instante. "No, él no. Enrollemos el borde de esta alfombra para que no se manche.
Me encanta este tejido y fue hecho especialmente para esta habitación".

Whestmorel pateó el torso de Thermon, lo que provocó que el hombre cayera


de bruces. "Ven, la alfombra, por favor".

Levantó los tobillos de Thermon y lo arrastró un par de metros hasta donde


estaba expuesto el suelo de roble barnizado y Conrahd estaba justo encima de la
alfombra. El aristócrata rápidamente tomó una esquina y caminó hacia atrás, tirando
de la mitad de la alfombra hasta que se dobló sobre sí misma y se alejó del creciente
charco rojo.

Después de eso, él y su segundo al mando se quedaron de pie junto al hombre


que se retorcía lentamente, con esa chaqueta de cachemir azul marino manchándolo
todo y esparciéndose por el suelo barnizado.

"Qué inconveniente", murmuró Whestmorel.

Por otra parte, ninguno de los dos había limpiado siquiera el anillo de
condensación de una copa de cóctel. "¿Tanta sangre?".

Por suerte, había traído consigo a su mayordomo de mayor confianza.

"¿Qué desea hacer con el cuerpo?", preguntó Conrahd.

"Para eso está el sol". Whestmorel se arrodilló y agarró la mano derecha del
moribundo. "Mientras tanto, tiene otras cosas de las que preocuparse".

"No se preocupe, le daré lo que necesita".

Agarrando el anillo de sello de oro del dedo corazón de Thermon, arrancó la


representación del linaje con bastante facilidad; gracias a la sangre.

Mientras se guardaba el pesado bulto en el bolsillo, miró fijamente al otro


hombre. "Mejor hazlo, por tu propio bien".

Hubo una pausa. Entonces Conrahd, con su habitual inescrutable estilo, hizo
una reverencia.

Y se despidió.
CAPITULO 33
________________

En la sala de estar de su apartamento de una habitación, Lyric se desplomó en


el sofá. Todo le daba vueltas, todo su cuerpo estaba sonrojado y no podía distinguir
si estaba de vuelta en el planeta Tierra o aún en un viaje al centro del universo.
Levantó la cabeza y abrió los párpados...

El hombre absolutamente magnífico entre sus piernas se pasó una mano por la
boca y se sentó sobre sus talones. El cabello oscuro de Dev estaba revuelto, sus
labios entreabiertos mientras respiraba con dificultad, sus ojos brillaban de calor. Sin
embargo, cuando sus miradas se cruzaron, él no se acercó ni siguió adelante.

"¿Y tú?", preguntó con voz ronca.

Para dejar totalmente clara su intención, habría intentado acercarse a él, pero
su cuerpo pesaba tanto que tenía su propia fuerza gravitacional, que evidentemente
se había apoderado del sofá. Del apartamento que estuviera debajo, tal vez de todo
el edificio y de toda la manzana en la que vivía el Commodore.

"No, estoy bien...". La voz de Dev era tan profunda y baja que era casi
inaudible. "Verte así... es todo lo que necesito".

"No estoy tan segura de eso". Su mirada se desvió hacia el enorme bulto en
sus vaqueros. "De hecho... creo que es mentira".

Bajando la cabeza, pareció luchar por controlarse, con las manos apretadas en
puños, los músculos de los brazos flexionándose contra las largas mangas de su
jersey.

"Te deseo", ronroneó. "Todo tu...".

"No sabes lo que dices...".

"Nunca he estado más segura de nada en mi vida." Lyric negó con la cabeza y
pudo hablar con la seguridad que no había tenido la noche anterior. "No voy a mirar
más allá de este momento y tú tampoco deberías".

"No es tan sencillo".

"Entonces háblame, Dev". Se ajustó la camisa y se incorporó. “Ayúdame a


entender por qué no lo es”.

“Tengo que irme”. Miró las ventanas detrás del sofá como si estuviera
pensando en saltar por ellas. “Solo… tengo que irme”.
Una punzada de dolor le atravesó el esternón, pero no iba a suplicarle. “De
acuerdo, entonces vete”.

Al ver que él no se movía, se inclinó hacia delante para que estuvieran cara a
cara. “No sé qué te tiene encerrado, pero sea lo que sea, es de tu lado, no del mío”.

“No busco… esto”. Dev se frotó el pelo, moviendo la palma de la mano de un


lado a otro como si intentara ordenar sus pensamientos. “Esto… no puede pasar,
entre tú y yo”.

En el silencio que siguió, ella se volvió aún más decidida. “Bueno, no pido más
que aquí y ahora”.

“Ese es mi problema”, dijo con dureza.

“¿Qué es?”.

“Me temo que si te tengo, nunca me libraré de ti”.

Al asimilar sus palabras, pensó… Vaya, demonios. Por todas las razones por las
que tenía razón sobre que no tenían futuro, de repente se sonrojó al pensar que
pudiera desearla tanto.

“Siempre puedes irte después”. Quiso tocarle la cara, pero se resistió. “Ahora
también eres libre de irte”.

“Que dejes a alguien no significa que puedas olvidarlo”, replicó con amargura.

“¿Quién te hizo daño, Dev?, dime”.

En lugar de responderle, se puso de pie y desde su gran altura, la miró


fijamente durante un largo rato. Ella percibió su retirada y se preguntó adónde se
había ido. Era un lugar oscuro, dondequiera que estuviera, dadas las líneas de su
expresión.

“Quiero ir a esa convención contigo”, dijo con gravedad. “A menos que quieras
terminar esto aquí mismo”. Lyric retrocedió un poco. Claro que tenía la costumbre de
sorprenderla, ¿no?.

"De acuerdo". Se aclaró la garganta. "Nos vemos en el muelle de carga del


centro de convenciones mañana por la noche a las seis. Está por la parte de atrás y
me han dicho que solo hay uno".

"Allí estaré".

Dev asintió enérgicamente, como si eso fuera todo y al darse la vuelta, ella
recordó haber estado en plena calle Market la noche anterior, recogiendo su casco.

Esta noche, no iba a perseguir al hombre.


Sin moverse, lo escuchó ir a la puerta. Se oyó un clic y luego un sutil crujido al
abrir y cerrar la puerta tras él.

El desánimo posterior fue real, al igual que el escalofrío que le recorrió la piel y
le llegó a los huesos. Excepto por lo que Mary siempre decía: "No te tomes a los
demás como algo personal".

"Un consejo fácil", murmuró. "Hasta que estés sexualmente frustrada, incluso
después de haber tenido tres orgasmos".

¿O fueron cuatro?.

Se levantó, fue a la salida que él había usado y cerró todo con llave. Luego fue
al dormitorio, donde se detuvo un momento para mirar las sábanas perfectamente
planchadas y el edredón impecable. En el baño, se sorprendió un poco al encontrar
los productos de aseo que solía usar en casa guardados en los cajones y la ducha,
incluyendo su propia marca de pasta de dientes.

Incluso había mudas de ropa de su talla, además de ropa interior y zapatos, en


el vestidor.

A Fritz Perlmutter no le pagaban lo suficiente, por mucho que ganara.

El impulso de ducharse resultó ser bueno. De pie bajo el chorro, cerró los ojos
y se recompuso; cuando no lo consiguió, al menos tenía el pelo limpio y un brillo
sonrosado.

No fue hasta que se secó con la toalla que decidió adónde ir y después de
vestirse y secarse el pelo, regresó al sofá. El cojín que había quitado del brazo le
costó volver a su sitio. Al hacerlo, fue como si borrara lo sucedido de su cronología.

Aun así, nunca más volvería a mirar ese sofá sin recordar lo que había
sucedido en él.

Dios, esperaba que eso no fuera cierto en todos los sofás, en todas partes.

Sentada, pero con la espalda recta, apoyó las manos en el regazo y cerró los
ojos. No estaba muy segura de cómo se suponía que funcionaría esto, ni siquiera de
si Lassiter, el ángel caído, le concedería una audiencia en el Santuario. Comparado
con todo lo que sucedía en el mundo de los vampiros, su pequeño rincón de caos no
era nada. Pero se suponía que podías pedir guía espiritual si la necesitabas, ¿no?.

Inspira, exhala, inspira... exhala...

¿Era como desmaterializarse?, se preguntó. ¿O algo más?.


Al sentir el vaho de la calefacción en su rostro, oyó voces en el pasillo y el
timbre del ascensor. En algún lugar arriba, alguien ponía música en un equipo de
sonido excelente; los golpes eran sutiles pero no confusos.

Al principio, pensó que el giro se debía al aire del sistema de climatización,


pero luego se dio cuenta de que era ella, aunque no se movió.

Lo siguiente que supo Lyric fue que la brisa en su frente y mejillas desapareció,
al igual que la sensación de los cojines bajo ella y sus pies descalzos sobre el suelo
alfombrado. De repente, sintió que flotaba, pero nunca antes había sentido una
levitación, su cuerpo ingrávido suspendido en lo que seguramente era un nivel
molecular en...

Abrió los ojos y jadeó.

Extendiéndose ante ella, un césped verde y ondulado se alzaba, hasta varios


templos y estructuras grecorromanas, a lo lejos, un estanque resplandecía como una
joya color aguamarina. Racimos de tulipanes de colores brotaban aquí y allá, como
ramos listos para ser recogidos, en el horizonte, un denso bosque de árboles era un
límite acogedor, sin sombras acechantes. Miró por encima del hombro con asombro y
admiración. Una columnata de mármol estaba a su lado, desde su aireado espacio,
oyó el canto de los pájaros y el tintineo de una fuente. También había otro templo,
esta vez con unas puertas cerradas, como las de una catedral, tuvo la sensación de
que ese edificio era bastante grande, aunque no podía ver cuánto se extendía.

Al levantar la cabeza, el cielo era como nada que hubiera visto antes, una
densa capa azul que le impedía ver nada más allá... solo que presentía que no había
nada que ver allí.

"Querido... Lassiter", susurró.

El Santuario se encontraba, en efecto, en su propio plano de existencia, uno


que reconoció instintivamente como ajeno al tiempo y la entropía. Al pisar el suelo
sagrado, supo sin lugar a dudas que la tradición de la especie era completamente
cierta. Los vampiros surgieron cuando la mahmen de la raza ejercía su único acto de
creación y su hermano, el Omega, estaba tan consumido por los celos de la gracia
que le había sido concedida que decidió matar a su preciosa cría. Así nació la
Sociedad Lessening y comenzó la guerra.

Aunque la Virgen Escriba ya no estaba y el Omega también había sido


erradicado, otros habían ocupado su lugar... así todo era una línea directa hasta lo
ocurrido la noche anterior, cuando su hermano, el heredero al trono y su mejor
amigo estaban detrás de un edificio de apartamentos, luchando contra lessers en
medio de humanos.

Prueba de que el tiempo era infinito para la historia. Los mortales eran los que
pasaban por allí por breves periodos, con las brasas encendidas solo un instante
antes de apagarse.
Mientras se masajeaba el triste centro del pecho, miró a su alrededor, a todos
los templos. No veía gente, no percibía movimiento alguno.

Era como un escenario para una animación con plastilina.

Y ... Obligándose a seguir adelante, finalmente se acostumbró y toda esa


comida italiana dejó de darle vueltas en el estómago. La belleza del paisaje la ayudó;
era tan bucólico, tan apacible. Suponiendo que uno pudiera acostumbrarse a sentirse
como si estuviera a punto de flotar sobre el terreno ondulante.

Fue al ascender una cuesta que la música se volvió lo suficientemente clara


como para descifrarla, mientras colocaba el ritmo y la letra, solo podía pensar en...
sí, guau, era una canción antigua. La única razón por la que sabía cuál era la canción
era porque...

En la meseta, dos tumbonas plegables de plástico con rayas arcoíris estaban


colocadas una junto a la otra. Entre ellas había una mesita con una radio portátil
antigua con la antena inclinada hacia un lado, un par de piñas que, gracias a las
sombrillas rosas, contenían bebidas tropicales y un tazón de guacamole.

La canción "Like a Virgin" de Madonna flotaba en la brisa.

Lassiter, el ángel caído que había sucedido a la Virgen Escriba como líder
espiritual de la especie, estaba recostado en la silla de la izquierda. Llevaba el pelo
rubio y negro recogido en lo alto de la cabeza con una goma rosa, vestía un bañador
Tommy Bahama a juego, rosa, amarillo y verde brillante.

Naturalmente, sus gafas de sol eran dos flamencos rosas cuyas patas ladeadas
se clavaban en las mejillas del ángel mientras sonreía.

"¡Hola!", señaló la silla vacía con la bolsa de Tostitos que estaba a punto de
abrir. "¿Me acompañas a picar algo?".

Lyric parpadeó, un par de veces. Pero ahí estaba la cuestión, la tensión en ella
se desvaneció al acercarse, todo el caos mental se asentó, la rigidez en los hombros
y el cuello desapareció como si nunca hubiera existido. Había estado esperando una
audiencia formal, con Lassiter con túnica ceremonial y quizás, un tomo antiguo bajo
el brazo, esto era…

Bueno, exactamente como era el macho.

Lyric se sentó mientras el ángel abría la bolsa y al inclinarle el Scoops!, ella


tomó un poco y luego tomó la salsa solo para entretenerse.

"Así que están bajando de nivel". Sacó una papa frita. "¿Te parece que esto es
un Scoop?".

Giró el disco, examinándolo desde todos los ángulos. "Esto es plano, quizás un
poco cóncavo. Si dice 'scoop' en la etiqueta, esperas Scoops, todos Scoops. No esos
frisbee que vienen cada cuatro o cinco. ¿Cómo voy dar guacamole esto?. Vamos,
Frito-Lay, hazlo mejor".

Sin saber qué responder, Lyric se metió en la boca, lo que había tomado y
mordió: "Mmmmm".

"Bueno, ¿verdad?, ¿le ponemos queso?, creo que necesitamos queso".

Con un estallido y una espiral de humo, la mesa se agrandó y apareció un


cuenco sobre una pequeña vela de té.

"Perfecto". El ángel cogió su piña y dio un sorbo con la pajita. "Solo zumo de
fruta, claro. No bebo mientras conduzco, por así decirlo y de hecho, es mentira. No
bebo nada, estoy en la cima de la vida. ¡Salud!".

Calculando un penique, una libra —o las patatas fritas con salsa, un sorbo—,
Lyric cogió la pajita áspera de la que le quedaba y se la llevó a los labios.

"¡Dios mío!".

"¿Verdad?". Lassiter se quitó los flamencos y le guiñó un ojo. "Solo lo mejor


aquí arriba".

Mientras la canción de Madonna cambiaba a otra melodía pop sobre caminar


como un egipcio, miró hacia el césped y se preguntó quién lo cuidaba. No parecía
haber ninguna línea asociada con cortar el césped...

"Es como es".

Volvió a prestar atención. "¿Disculpa?".

"El césped, las flores, los árboles y los edificios, todo es como es. En este
sentido, el Santuario es como el destino. No hay nada que atender porque lo
inmutable no requiere jardinería".

Lyric bajó la mirada hacia su piña. "Entonces, ¿por qué tenemos libre
albedrío?".

"Para mantener las cosas interesantes", dijo Lassiter con una sonrisa. "Y para
dar la ilusión de que la gente tiene cierto control sobre sus noches y días. De lo
contrario, simplemente se rendirían y se pudrirían en la cama; no es que eso no sea
atractivo y apropiado de vez en cuando".

"Entonces, ¿todo es...?".

"¿Destinado a ser?". El ángel se encogió de hombros. "¿De verdad importa la


respuesta a eso?, no va a cambiar tus experiencias".

"Entonces... ¿ya sabes por qué estoy aquí?".


“Te estaba esperando. Pero, ¿por qué no me cuentas qué pasa?”.

Mientras se miraba a sí misma, Lyric negó con la cabeza. “No sé por qué vine”.

Bueno, eso no era cierto. Simplemente no encontraba las palabras para nada.

“Habla”. Lassiter extendió la mano hacia el otro lado de su silla y levantó un


semicírculo reflectante. “A veces puede ser útil escuchar nuestras propias voces”.

Acomodando la brillante extensión sobre su pecho desnudo, se recostó en la


silla y cerró los ojos, como si hubiera un sol bajo el que bañarse.

“Vamos, entonces, dime qué piensas”.

Lyric contempló el césped, de un color y unas hojas tan uniformes que parecía
una alfombra. Luego se concentró en el templo, que estaba completamente cerrado,
el que estaba justo al lado de la columnata blanca donde había oído a los pájaros y el
agua caer.

"¿Es ese el Templo de las Escribas Secuestradas?".

"Sí, ese es".

"He oído que también hay una biblioteca aquí y los libros de las estanterías
contienen toda la historia de la especie... cada alma de vampiro y todo lo que han
vivido está enumerado en esas páginas".

"Tienes razón y los cuencos videntes con sus niveles de agua siguen en las
estaciones de transcripción que alimentan todas esas páginas".

"¿Por qué no lo has mantenido?, ¿es porque el Primale liberó a los Elegidas?.

Lassiter se encogió de hombros. "Simplemente no es mi estilo. Además, hay


otra manera".

"¿Qué otra manera?".

"Es un secreto". Con los ojos cerrados, hizo un ¡shhhh! tapándose la boca con
el dedo índice. "Pero eso es asunto mío, ya que ahora estoy al mando y cada uno
hace las cosas a su manera".

"Cada uno... espera, ¿cuánto tiempo crees que te quedarás aquí?".

"Hasta que llegue mi momento de cederle esto a alguien más".

Una extraña alarma la golpeó en el centro del pecho. "Se supone que eres
permanente".
"Vamos, chica". Él abrió los párpados y la miró. "No hay nada permanente en
el universo, incluso los inmortales tienen vidas que pasan. Se llaman eras, pero
viniste aquí a hablar de ti, no de mi trabajo existencial".

"Me temo que estoy desperdiciando mi vida", espetó. "Estaba pensando que tal
vez si tuviera una vocación superior, algo sagrado que hacer, podría hacerme
sentir...".

"¿Como si importaras?". El ángel esbozó una media sonrisa de "eso es lindo".


"Vamos; tienes cuatro padres que te quieren, un hermano que daría la vida por
mantenerte a salvo y tíos más protectores que tulipanes tiene este lugar".

Bueno, lo de Rhamp me dolió, de verdad.

"Pero necesito hacer algo que importe o todo esto será un desperdicio". Se
señaló a sí misma. "Sé que necesito un cambio, pero no veo cómo salir de esta
situación neutral. He estado dando vueltas, haciéndome fotos, hablando con
desconocidos. Mientras tanto, todos los demás a mi alrededor están haciendo algo...
que importa".

"¿Así que has subido aquí pensando que podría ponerte a trabajar en la
biblioteca revolviendo libros?, ¿o quizás tomando notas sobre otras personas?, ¿crees
que eso te hará sentir mejor?".

"¿Hay algo más en lo que pueda ayudar?. Mi mahmen contribuyó aquí, podría
seguir sus pasos".

Lassiter dejó a un lado su bronceador y se incorporó. Ahora, cuando la miraba,


era pura formalidad, había desaparecido el humor, su mirada era seria.

"Dedicar tu vida al servicio de este lugar es una gran fantasía, pero la realidad
es que estás aquí para evitar enfrentarte a las cosas con las que tienes que lidiar allá
abajo. Un deber sagrado es una vocación, no algo fabricado para esconderte detrás
de él cuando las cosas no salen como quieres".

Imágenes de Dev se cruzaron en su mente, especialmente con su aspecto al


salir del apartamento. Entonces se imaginó a Marcia, dando órdenes a gritos con el
teléfono pegado a las orejas. ¿los seguidores?, Rhamp en la calle, luchando contra
lessers mientras observaba desde la azotea.

Lyric bajó la cabeza. "Tienes razón, tienes razón, lo sé... tienes razón".

"¡Dios mío, me encanta esa película!".

"¿Perdón?".

"Cuando Harry conoció a Sally." Lassiter se dio una palmada en las rodillas
desnudas mientras sonreía. "Carrie Fisher como Marie, es un clásico".
"Oh. Tendré que verla algún día".

"Es una historia de amor".

"Justo lo que busco evitar ahora mismo", murmuró mientras volvía a


concentrarse en el templo de las escribas con sus puertas cerradas y ornamentadas.

El ángel extendió la mano y tomó una de las suyas. "Si quieres vivir una vida
diferente, hazlo realidad. El propósito es como la arcilla, Lyric, moldéalo con tus
decisiones y tu esfuerzo. Esculpe las horas, las noches, los meses y los años que
tengas... para crear lo que quieres. Tienes la fuerza y la determinación. Escucha,
tengo que decirte; no eres alguien que necesite registrar las vidas de los demás, eso
no es lo que eres y lo sabes."

“Estoy tan cansada”. Su voz se quebró. “Estoy tan… perdida. ¿Cómo puedo ser
tan joven, pero sentirme tan vieja?”.

“Bueno, ¿sabes que dicen que todo amigo fue un extraño?”. Cuando ella
asintió, él continuó: “Lo mismo aplica al nuevo “tú” en el que te estás convirtiendo.
Desarrollar cualquier relación requiere trabajo y eso es agotador. Sin embargo, una
vez que conozcas quién eres realmente, sentirás que toda esta confusión solo
formaba parte del proceso de aprendizaje de tu entorno, te alegrarás de haber
perseverado”.

“Suenas tan seguro”. Exhaló derrotada. Entonces se dio cuenta de que, de


todas las personas a las que podría haberle dicho eso, él era el único que podía darle
consejos de vida con claridad.

“Eso es porque lo estoy”. Lassiter se inclinó y bajó la voz, como si compartiera


un secreto. “Soy como Farmers”.

Parpadeó confundida. “Perdona, ¿qué?”.

“Sé un par de cosas… porque he visto un par de cosas”. Le apretó la mano.


“Confía en mí, Lyric, vas a hacer cosas extraordinarias”.

“¿Cómo puedes estar seguro?”, murmuró para sí misma.

“¿Tengo que demostrártelo?”, dijo el ángel en un tono extraño. “Bueno,


entonces supongo que debo hacerlo. Porque tu verdadero propósito vendrá a por ti,
antes de lo que crees y tendrás que estar preparada”.

Frunciendo el ceño, se inclinó hacia adelante en su tumbona. “¿Qué quieres


decir…?”.

Lassiter se irguió en toda su estatura y su mera presencia fue como el repique


de un gong, algo que la recorrió con una vibración; sin túnicas ceremoniales, sin
gran salón, sin un grupo de asistentes aduladores. Sin embargo, la profunda
naturaleza resonó de repente en ella y dejó oleadas de asombro en su lugar.

Su voz se deformó abruptamente en su oído, vas a decidir evolucionar, es tu


destino.

Con eso, el paisaje empezó a girar a su alrededor.

O mejor dicho... ella fue la que se vio envuelta en un violento giro. Mientras
era absorbida, su última visión del ángel fue una en la que sus alas de gasa se
extendían sobre sus hombros, su cabello suelto y ondeante, su cuerpo estaba
adornado con oro.

La expresión sombría de su rostro la aterrorizó.

De verdad.
CAPITULO 34
________________

De vuelta en Caldwell, en las afueras rurales, lejos del bullicioso centro de la


ciudad, Qhuinn cruzó las diversas puertas de seguridad en la parte trasera de la Casa
de Audiencias. Cuando llegó a la que tenía los pequeños pinchazos en el techo —que
eran iguales a los del centro de entrenamiento—, se negó a levantar la vista. Maldito
Rhage. La tensión nauseabunda que sentía bajo ellos era peor ahora que antes...
como fuera que se llamara.

Fobia a los agujeros o como fuera que la llamara su hermano.

Cuando se abrió la última puerta y entró en la cocina, solo olió a pan recién
horneado,y su estómago se puso rígido. No sabía qué era, pero ya no podía comer
cuando estaba en casa de los padres de Blay.

Ah, a la mierda con eso. Sabía por qué, la comida allí le recordaba a su
suegra...

En cuanto su presencia se registró entre el personal de cocina, todo tipo de


chefs doggen se volvieron hacia él.

“Señor, ¿podemos traerle algo…?”.

“…podemos hacer por usted…”.

“…¿Algo, en absoluto?”.

Ante tan ferviente súplica, echó un vistazo a unos pasteles recién salidos del
horno y glaseados a la perfección.

“Sí, la verdad, por favor”. Asintió en dirección a ellos. “Me gustaría el paquete
completo, si no es mucha molestia, pero mientras tanto, ¿le importa si me llevo
uno?”.

“¡Oh, señor, claro!”. Le acercaron la bandeja de plata con pasteles daneses


como si fuera un soporte vital. “Llévelos todos…”.

“Solo uno, gracias”. Cogió una cereza, aunque tuvo que admitir que los limones
parecían muy tentadores. “Tengo que cuidar mi figura de chico”.

En la estufa, un doggen ya tenía una sartén. “¿Le gustarían huevos revueltos y


tostadas con tocino?”.

“Y café, por supuesto”, dijo otro junto a la cafetera.


“Todo eso suena perfecto”. Dio un mordisco al pastel danés y ¡madre mía!,
estaba buenísimo. “Tengo que asistir a una reunión en el…”.

“¡Te lo llevaremos directamente!”. Le pusieron una taza térmica en la mano.


“Con un poquito de azúcar”.

Qhuinn miró a su alrededor, observando las caras esperanzadas y felices.


“Gracias”, dijo con brusquedad. “Esto va a venirme de maravilla”.

Prácticamente le dedicaron una salva de aplausos por honrarlos con su


presencia, mientras que él solo había contribuido a sus obligaciones, increíble.

Negando con la cabeza y masticando, entró en el vacío núcleo central del


edificio. El hecho de que no hubiera nadie en la zona de confinamiento le dio la
oportunidad de recomponerse. Su trabajo era su salvación, después de un día
mirando a Blay mientras el hombre miraba la foto en blanco y negro del monitor de
bebé en la sala de estar, estaba listo para pensar en cualquier cosa menos en cuándo
iba a morir alguien.

Bueno, dejando de lado las conspiraciones traicioneras, eso fue...

El panel que daba acceso a la Sala de Audiencias se abrió y V asomó la cabeza.


"¿Listo?", preguntó el hermano de la perilla en voz baja.

Qhuinn se puso firme. "No llego tarde". Levantó la muñeca y miró su reloj.
"Tengo dos minutos...".

"No dije que llegaras tarde". El hermano exhaló una bocanada de humo e
inmediatamente dio otra calada a su cigarrillo liado. "Te pregunté si estabas bien".

"Perfecto como la seda". Brindó por V con su termo lleno de wakie-wakie. "Me
alegra estar aquí".

"¿Seguro?, solo estás en el programa porque lo pediste y...".

"Estoy aquí", se señaló con el termo, "para que Blay no se sienta tan mal por
no estar en el programa y cualquier cosa que lo haga sentir menos mal es lo que
tengo que estar haciendo ahora mismo".

V se hizo a un lado y sostuvo la puerta abierta, con sus ojos de diamante


serios. "Avísame si necesitas salir, ¿de acuerdo?".

Solo pudo asentir y la sensación de ahogo empeoró al entrar en la Sala de


Audiencias. Toda la Hermandad estaba allí y la Banda de Bastardos también se había
apretado.

Todos los ojos se fijaron en él al entrar y qué se le iba a hacer, pero todos lo
conocían demasiado bien; aunque le dio un trago exagerado al termo y se tragó el
último bocado de cereza danesa a pesar del ardor en la lengua, no podía ocultar lo
mal que se sentía.

Sin embargo, nadie más le preguntó cómo estaba. Que era justo lo que
necesitaba.

Esta noche no hay puntos débiles en su armadura. No...

"Qhuinn", dijo el Rey desde su sillón. "¿Qué pasa con la mahmen de tu


hellren?".

Oh, genial. Pero, no iba a eludir una pregunta directa de su Rey.

Tuvo que aclararse la garganta. "Sigue con nosotros".

Esa cabeza autocrática asintió, el largo cabello negro se movió sobre el hombro
de Wrath mientras el hombre se inclinaba para acariciar la cabeza cuadrada y rubia
de su perro. "Nos mantendrás informados, ¿alguno necesita algo?".

Si esa no era una pregunta capciosa, no sabía qué lo era; porque la respuesta
honesta era que necesitaban que la anciana Lyric falleciera, por su bien y por el suyo
propio. Cuando lo hiciera, habría un nuevo infierno al que acostumbrarse, pero al
menos tendrían la paz que les brindaba el no estar atrapada en esa cama, deseando
poder hacer las cosas de antes.

"No, gracias". Se aclaró la garganta y no llegó a ninguna parte con el nudo.


"Lyric está cómoda y solo estamos esperando lo inevitable. No hay mucho que
hacer".

"¿Seguro que quieres estar aquí esta noche?".

"Blay sabe dónde encontrarme y me quiere aquí. Es muy consciente de lo que


está en juego porque le he informado de todo". El tipo había insistido en hablar de
Whestmorel al amanecer, de hecho. Un cambio radical de tema respecto a lo que
estaba pasando con su mahmen, pero bueno. Mendigos, electores y todas esas
chorradas.

"Es un hombre valioso", dijo Wrath. "Y tú también".

Se oyó un gruñido de aprobación que recorrió la sala y Qhuinn se quedó


mirando fijamente el termo hasta que se le pasó.

Al calmarse, Wrath volvió a asentir, con evidente respeto. Luego miró a V.


"Ahora, decías...".

El hermano apagó el cigarrillo en la suela de su shitkicker y se guardó la colilla


en el bolsillo trasero. "Nada, la pista de 'George' no ha llegado a ninguna parte y si
Allhan no encuentra nada, nadie podrá".
"Y nadie ha dado con un hellren, sire o hijo desaparecido".

"No".

"Hijo de puta". La sonrisa que se dibujó en la boca dura del Rey era fría como
el viento que soplaba afuera. "Supongo que Whestmorel y su grupo están aislados,
les han dicho a sus familias que esperen, por eso no hay reportes de ningún hombre
desaparecido. Ese pobre desgraciado que encontramos estaba hecho polvo, así que
no pudieron llevárselo a la casa segura donde se encuentran porque ya no confiaban
en él y desde luego no podían dejarlo ir. Lo dejaron vivo ahí dentro para que enviara
un mensaje a quienes pudieran tener dudas...".

Los golpes que interrumpieron la escena fueron fuertes e insistentes y todos


reaccionaron de la misma manera. Desenfundaron las armas, sin seguro y las
subieron para apuntarlas a la puerta que daba al pasillo civil, mientras que, al mismo
tiempo, Qhuinn, Rhage y Phury cerraron filas alrededor de Wrath para formar un
escudo con sus cuerpos. Mientras tanto, mientras el Rey se agachaba y recogía su
arma dorada, el resto de la Hermandad y la Banda de Bastardos formaron un
segundo círculo, un perímetro de agresión, entre el gobernante y la puerta.

Con las posiciones defensivas establecidas, Vishous revisó las señales de


seguridad en su teléfono, frunciendo el ceño y distorsionando los tatuajes en el
rabillo del ojo. "¿Qué demonios…?".

Golpeando la puerta. "¡Hola!, ¡ayuda!".

Como protocolo, la trampilla bajo la silla de Wrath se abrió. Al comenzar el


descenso, Qhuinn y los otros dos se aferraron a la plataforma.

"¡Ayuda!, ¡necesitamos ayuda!", se escuchó un grito ahogado al otro lado.

Lo siguiente que supo Lyric fue que había recuperado su forma física y la
primera sensación que registró correctamente, más allá del peso sobre los huesos y
la presión en los pies, fue el frío; un frío intenso y penetrante.

Se frotó los ojos y miró a su alrededor confundida. Estaba afuera, en la nieve,


de pie frente a una enorme puerta de granero de doble cara y por un momento, no
pudo recordar dónde...

La mitad izquierda de los paneles se abrió y alguien casi la atropelló al salir


disparado.

"¡Oye!", ladró mientras la hacían girar.

El hombre, que solo vestía una camiseta y vaqueros azules, siguió adelante,
disparando hacia la parte trasera de...

La Sala de Audiencias, estaba en la Sala de Audiencias, frente a la sede de


Four Toys, sede de todo el equipo de seguridad y TI...
Gritaban desde el interior, instándola a subir a la puerta abierta y frunció el
ceño al mirar dentro. Las estaciones de trabajo, repletas de monitores y equipos,
estaban vacías; la gente había saltado de sus sillas o las había tirado al suelo al
buscar algo en las profundidades del edificio.

Lyric dudó en el umbral, intimidada por todo el importante trabajo que se


realizaba allí. Vishous estaba a cargo de la seguridad y la vigilancia del Rey, la
Hermandad y todas sus propiedades, pero también de mucho más. Definitivamente,
este no era su lugar para holgazanear.

Un pie se estiró hacia adelante sin que ella lo deseara y el otro lo siguió de
cerca. De repente, estaba caminando por el pasillo central entre todos los escritorios,
preguntándose qué demonios hacía allí.

De repente, su cuerpo atravesó la fila y se concentró en la esquina más


alejada. Fue entonces cuando presenció el drama. Había un grupo de hombres y
mujeres apiñados alrededor de algo en el suelo, pegados a la pared trasera del
granero...

Un aroma en el aire le llegó a la nariz y entonces su cerebro hizo las


conexiones que la asustaron y la hicieron saltar de un salto.

Allhan; La transición finalmente lo había golpeado.

"¡Déjenme hacerlo!", gritó. "¡Llevo la sangre de una Elegida en mis venas! ¡Yo
lo alimentaré!".

Al detenerse de golpe, los rostros se alzaron, la miraron con desconcierto y


asombro. Al otro lado, Allhan estaba tendido en el suelo debajo de su escritorio,
pálido, con su frágil cuerpo contorsionado por el dolor. Sus ojos estaban inyectados
en sangre y desorbitados mientras giraban de un lado a otro, sus manos estaban tan
curvadas que, al arrastrarlas sobre las tablas del suelo, el sonido de los arañazos
competía con su respiración agitada. "¡Muévete!", ladró ella.

Sin dudarlo, agarró el hombro de la persona más cercana y casi lo apartó de


un empujón. Los demás se apartaron en respuesta y ella cayó junto al hombre cuya
transición lo había golpeado como un tren de carga.

Se raspó la muñeca y presionó su rostro contra el de él. "Bebe, ahora...".

Mientras la sangre le manaba y empezaba a gotear sobre su camiseta vintage


de concierto de Prince, él la miró fijamente y un miedo repentino se dibujó en sus
ojos. "No...".

"Sí". Las lágrimas le nublaron la vista. "Beberás ahora...".

"No", dijo con voz ronca. "No puedo hacerte eso...".


"Si quieres vivir, tomarás mi vena...".

Retorcido por un nuevo espasmo de dolor, se retorció en el suelo, con la pierna


pateando y un brazo golpeando la base del escritorio con un horrible crujido.

"No", gimió él mientras apartaba la cara de su muñeca. "No puedo hacerte


eso...".

Con la otra mano, lo acercó de nuevo a ella. "Por mí, entonces". Lo miró
fijamente a los ojos. "Hazlo por mí, Allhan".

Por el rabillo del ojo, fue vagamente consciente de que otras personas se les
habían acercado, pero, una vez más, lo ignoró.

"Allhan", dijo con urgencia. "Quiero que bebas por mí. Haz esto, toma mi vena;
te lo ruego, hazlo por mí".

Su mirada miope se clavó en la de ella.

"Sí, Allhan, por favor".

Esta vez, cuando acercó su muñeca a su boca, una gota de sangre cayó sobre
su labio inferior, brillante y de un rojo vital, ella vio cómo se deslizaba en su boca...

El gemido de hambre que salió de él se elevó hasta las vigas. Entonces levantó
la cabeza...

El sello era descuidado, al principio.

Pero a medida que empezó a aspirar, la succión mejoró y la succión se ajustó


correctamente. Le colocó el otro brazo bajo la cabeza y lo colocó en su regazo.
Mientras su cabello caía hacia adelante, intentó con impaciencia quitárselo de la cara.

Una mano enguantada en negro retiró el peso y apartó las ondas rubias.

Al mirar hacia atrás, retrocedió hacia quien estaba a su lado.

El Hermano Vishous estaba arrodillado a su lado; sus ojos de diamante con


bordes azul marino la miraban con una expresión que nunca antes había visto.
Detrás de él, alto y fuerte, estaba su padre Qhuinn, cuyos labios se movían.

Aunque no oía bien, sabía que su padre le hablaba, la animaba.

La elogiaba.

Volvió a mirar a Allhan. Respiraba con dificultad, con las fosas nasales
dilatadas y el rubor se le encendió en la cara. Su cuerpo seguía moviéndose con
inquieto abandono, pero ella vio cómo la fuerza le invadía...
Con una exhalación ronca, gritó de dolor y se retorció en el suelo, estirando las
extremidades al unísono, abriendo los dedos. Mientras se sacudía y sufría espasmos,
ella le sujetó la cabeza y le apretó la muñeca contra los labios para que no se le
moviera.

"No pares", dijo. Luego, más fuerte, "Allhan, tienes que beber, pase lo que
pase. Es demasiado pronto para que pares...".

Hizo lo que le dijeron y ella rezó para tener razón. Solo estaba recordando
cómo había sido para ella hacía varios años: la agonía desgarradora, el hambre
terrible y persistente, la sensación de que iba a morir. Oh, Dios, sabía lo que vendría
después y era terrible.

“Bebe, bebe, bebe…”. Repetía la súplica una y otra vez a medida que pasaban
los minutos.

El primer hueso roto se produjo en su pierna derecha; el chasquido de su


fémur resonó en el tenso silencio. Mientras las maldiciones de los reunidos se
filtraban entre las respiraciones torturadas del hombre, su zapatilla cambió de
posición en el suelo y no porque hubiera estirado más la rodilla.

El crecimiento estaba empezando.

“Tenemos que quitarle los vaqueros o se le desgarrará la piel”, dijo alguien.

Vishous, era Vishous.

“Todos a la sala de descanso”, continuó. “Seguid el protocolo en portátiles y


teléfonos. ¡Ahora!”.

Los hombres y mujeres que trabajaban en las instalaciones se dispersaron de


inmediato, ella se dio cuenta de que Fritz entraba con mantas y almohadas, zumo y
pan.

Esto último era para ella, por si necesitaba comer algo.

Con la ayuda de su padre, sacaron a Allhan de debajo del escritorio, le quitaron


la ropa y le pusieron una manta encima por pudor. Mientras tanto, le colocaron
almohadas bajo el brazo para sujetarla.

El siguiente hueso roto fue el otro fémur y luego el hombro se le desalineó.

Allhan gritó en ese momento, ella tuvo que cerrar los ojos con fuerza.

¿Y si mi sangre no es lo suficientemente fuerte?, era lo único que podía pensar.


CAPITULO 35
________________

¿Qué demonios era exactamente?, se preguntó Qhuinn, horas después.


Al salir de la escalera de la sala de descanso y salir a la planta principal de las
instalaciones de V, llevaba un café en la mano y... oh, mira, era otro pastel danés. No
tenía ni idea de qué lo había sacado del expositor de comida de abajo, pero
evidentemente, su subconsciente había estado lo suficientemente presente como
para recordar que la cereza de la noche anterior había estado increíble.

Se metió el pastel en la boca y dio un sorbo a la taza mientras observaba las


estaciones de trabajo vacías. El lugar había quedado completamente vacío hacía una
hora; todos, excepto la Hermandad —que permanecía abajo—, habían sido enviados
a casa por el túnel de escape para mantener el silencio. ¿Ahora?, el silencio solo se
interrumpía por pitidos y zumbidos aleatorios de todos los ordenadores sin usuarios.

Volviendo a centrarse en lo que importaba, miró fijamente el cuadro junto al


escritorio de Allhan. El hombre estaba bajo unas mantas desparejadas, su cuerpo
cuatro veces más grande que antes, su rostro con nuevas líneas que, al parecer, eran
bastante atractivas. La mejor noticia, sin embargo, era que el chico respiraba y gran
parte de su dolor se perdía en el espejo retrovisor.

Justo a su lado, como había estado toda la noche, Lyric estaba prácticamente
dormida de pie. Pero sus ojos, aunque entrecerrados, no se apartaban del hombre al
que había ayudado tan heroicamente.

Él estaba vivo solo gracias a ella.

Qhuinn aún no podía creer cómo había sucedido todo; los golpes que
interrumpieron la reunión con el Rey, todos apuntando con armas al informático que
había llegado corriendo a pie, un desastre tartamudo y desquiciado mientras repetía
el mismo nombre una y otra vez.

"Allhan".

Nadie había visto a Vishous correr tan rápido y por una vez, el hermano no
había estado enviando varios comandos en su teléfono para lo que necesitara.
Demasiado frenético, mientras la Hermandad se apiñaba en el granero, V arrasó con
las estaciones de trabajo, derribando monitores en su camino.

Y entonces Qhuinn también se quedó boquiabierto.

Lo último que esperaba era encontrar a su hija de rodillas, con la muñeca


lastimada y con una voz tan autoritaria al ordenarle a Allhan que le tomara la vena.
Había tomado el control de la terrible situación por sí sola, mientras Vishous la
miraba con una expresión de asombro total, Qhuinn sintió algo similar. Había muchas
cosas que asociaba con Lyric; amabilidad, elegancia, belleza, calidez y lealtad.

Pero la asertividad no era algo intrínseco a su naturaleza.

Volviendo al presente, miró a V, quien tampoco se había movido del joven. A


pesar del estrés, el hermano no había fumado ni un solo cigarrillo desde que
comenzó el cambio. Aunque los vampiros no contraían cáncer, los nuevos pulmones
de Allhan necesitaban un poco de tiempo para madurar por completo.

Así que era la abstinencia de nicotina o la adrenalina que se le escapaba lo que


hacía temblar tanto esas manos, normalmente firmes.

La doctora Jane había llegado en cuanto todo empezó a ir bien, para revisarle
las constantes vitales y preocuparse por Allhan. Volvía un momento a la clínica para
recoger unos analgésicos. Sin embargo, era complicado. Demasiado y podría
ralentizar la respiración, había dicho. A veces, el sufrimiento simplemente había que
soportarlo...

"¿Cuándo estará fuera de peligro?", preguntó Lyric con voz áspera.

Qhuinn abrió la boca para responder, pero V se adelantó, como debía. El


hermano no solo era médico, sino que, a todos los efectos, era el padre del macho
abandonado.

"Ya casi lo logramos". V se pasó la mano enguantada por la cara y luego se


alisó la perilla. "Le salvaste la vida".

"Oh, no hice nada de eso...".

"Sí". V le ofreció su mano afilada. "Te debo una, ¿de acuerdo?".

Lyric miró la palma que tenía delante como si nunca la hubiera visto. "Oh, no
tienes que...".

"Te debo una por salvarle la vida, punto".

Tímidamente, le estrechó la mano. "De verdad que no es necesario".

Como era su costumbre, su tío V no discutió con ella, pero no porque no le


gustara la confrontación. Al muy cabrón le encantaban los conflictos. No, ya había
dejado claro su punto de vista y punto. La opinión de Lyric al respecto era
irrelevante.

Cuando levantó la vista hacia Qhuinn, como si no pudiera creer lo que estaba
pasando, él sonrió con un palpitar de alegría. Había pocas cosas más grandes en la
vida que cuando tu hija impresionaba a alguien importante. Te hacía sentir como si
no lo hubieras jodido, después de todo. También que habías hecho algo muy, muy
bueno al traerlos al mundo.

Qhuinn se acercó y se arrodilló junto a ella. Al ver la herida abierta en su


muñeca, sintió una punzada de preocupación. "¿Necesitas algo?".

Reprimiendo un bostezo, negó con la cabeza. "No, gracias. Solo estoy un poco
cansada".

"Deberías ir a dormir", dijo V. "Necesitas descansar...".

"No me voy", replicó ella, "hasta que se recupere por sí solo y salga de aquí".

Mientras V reía con respeto, Qhuinn tuvo que preguntar: "¿Cómo lo supiste?,
¿para venir aquí cuando lo hiciste?".

Sus iris azules y verdes, idénticos a los de él, se desviaron y ella dudó.

"Yo, eh... vine a disculparme, la verdad". Lyric se aclaró la garganta. "La noche
que cayó la valla publicitaria, vino a visitarme a Bathe. Fue muy amable al hacerlo,
pero la mujer que contraté fue grosera con él y se fue a toda prisa. Lo seguí, justo
en medio de Market Street, donde... bueno, ya saben lo que pasó. Así que, sí, vine
aquí porque quería agradecerle y me disculpara...".

"No... es necesario...".

Todos se concentraron en Allhan. El hombre se había dado la vuelta y miraba


fijamente a Lyric. "Está... bien".

Qhuinn observó cómo su hija se inclinaba y le quitaba un poco de pelo oscuro


de la frente sudorosa.

"No, no lo esta". Su sonrisa era amable. "Pero algo me dice que nadie te
volverá a descartar. Estoy deseando ver qué te parece tu nuevo cuerpo".

"¿De verdad?".

Lyric asintió y le tomó la mano. "Creo que te va a gustar lo que ves, amigo, de
verdad".

"Gracias...".

"Tú habrías hecho lo mismo por mí, sin dudarlo".

Mientras ambos seguían hablando en voz baja, Qhuinn miró a V. El hermano


levantó la vista al mismo tiempo y cuando sus ojos se encontraron, fue extraño.
Habían estrechado muchos vínculos a lo largo de los años, con las peleas, el estrés y
la camaradería que acababa de surgir entre los miembros de la Hermandad.
Sin embargo, la repentina conexión que los unía ahora era algo diferente.

Su hija se había portado bien con V, eso era aún más profundo, ¿no?.

Desde el reclinado de Shuli en su cama, extendió la mano hacia la mesita de


noche y cogió su AP Royal Oak vintage de oro rosa. Al mirar la esfera, gimió.

"¿Qué pasa?", dijo L.W. a su lado. "¿No estás lo suficientemente borracho para
dormir?".

Echó un vistazo a su montaña de almohadas. El heredero al trono estaba


tumbado a su lado en el enorme colchón tamaño king. Los dos habían estado
apoyados en su cabecero, viendo películas desde que decidieron ser compañeros y
cometer su propia traición.

Nada como una insurrección de alto nivel para acercar a dos tipos.

La selección actual —la clásica y eternamente favorita, Aliens— sonaba a un


volumen bajo, con Sigourney Weaver enganchada a un gigantesco camión de carga
que parecía un traje transformador.

"¿Tú también sigues despierto, cariño?". Se incorporó un poco más. "Habría


jurado que estabas roncando, ¿o era solo tu característica amenaza oscura y
melancólica que se te escapaba por la nariz en lugar de por cada poro?".

"Oh, vete a la mierda", dijo el hombre exhausto.

¿La buena noticia?, Durmieran o no, ambos se estaban recuperando. Una de


las muchas ventajas de los vampiros sobre los humanos era la curación. Si hubieran
estado entre esas ratas sin cola, habrían estado colgados recuperándose de sus
heridas durante semanas.

En cambio, probablemente podrían salir al campo tal como estaban. No sería


inteligente, pero...

"Vamos a tener que involucrar a alguien más en esto". Shuli volvió a mirar el
televisor, que se había caído del techo. "Y cállate. No podemos con esto solos y lo
sabes, necesitamos a alguien más". Al no obtener respuesta, puso los ojos en blanco,
pensando que su "Rey de la Alta Montaña" se había convertido en su característico
"grrrrr". Pero Shuli sabía que tenía razón. Iban a necesitar ayuda en el campo, sobre
todo si los problemas de visión de L.W. eran peores de lo que decía el tipo.

O peores de lo que pensaba...

"De acuerdo".

Volviendo a girar la cabeza lentamente, Shuli arqueó una ceja. "Lo siento, no
te oí".
El tipo se encogió de hombros y miró fijamente la tele.

Shuli se tapó la oreja con la mano. "¿Hola?".

"Bien, tienes razón. Ahora vete a la mierda".

Se rio entre dientes; se estiró larga, profunda y satisfactoriamente. "Sabes una


cosa, no quiero ponerme picante, pero joder, eso me pone mucho. Puedes
susurrarme eso al oído cuando quieras".

"Eres un bicho raro".

"A mí también me parece bien". Se puso serio. "Pero no puede ser Nate, está
emparejado, confío en él con mi vida, pero ahora tiene demasiado que perder".

Solo hubo un instante de silencio:

"Rhamp".

"Rhamp".

¿Como si hubiera alguna duda?.

Shuli fue a buscar su teléfono para contactar al tipo y descubrió que le habían
llegado un montón de mensajes en un montón de grupos de chat. Se le cayó el alma
a los pies. Muchas notificaciones nunca eran buenas. Al abrir las notificaciones, él...

El desplazamiento fue rápido. El impacto fue un puñetazo en el estómago.

Lyric... había alimentado a Allhan y lo había ayudado a superar su


transformación.

"¿Qué pasa?", preguntó L.W.

"Ah, nada". Intentó concentrarse en la pequeña pantalla. "Nada... oye, Allhan


ha superado su transición sano y salvo. Buenas noticias, ¿verdad?".

"Obviamente", dijo L.W. con tono seco. Luego, con recelo, "¿Estás bien por
ahí?".

“Ah, sí. Me cae bien, me alegra mucho que Lyric pudiera ayudarlo. O sea, su
sangre es tan pura y todo eso. Habría sido mi elección... para él, para Allhan, para
tener la mejor oportunidad. Así que, sí, Rhamp”.

Cierto. ¿Cuál era la pregunta...?.

Le envió un mensaje al tipo con los pulgares y luego puso el teléfono boca
abajo entre él y su cómplice.
Inmediatamente, volvió a cogerlo. "¿Tienes hambre?".

No esperó una respuesta afirmativa, simplemente empezó a escribirle a Willhis.


Algo que le gustaba de Su Desaprobación Real era que el tipo comía de todo. Papas
fritas, comida francesa, sushi, comida italiana, lo que estuviera bueno.

"Sí, lo que quieras".

Bingo, pensó Shuli mientras seguía con el pedido. Simplemente porque le daba
algo, cualquier cosa, en qué concentrarse.

Cuando recibió la respuesta, informó: "Rhamp viene ahora".

Cuando recibió un gruñido a cambio, lo dejó estar y trató de no pensar en


Lyric, Allhan, la comida y... todo. No llevó a nada —¡qué sorpresa!— así que metió la
mano en el cajón de la mesita de noche y sacó un cigarrillo rojo liado a mano. Tuvo
que buscar un poco más su encendedor dorado y cuando por fin lo encontró,
encendió una pequeña llama y...

"¿Tienes dos?", preguntó L.W.

Le pasó el cigarrillo encendido y cogió otro. "También hay un cenicero en el


cajón de tu lado".

Llamarón a la puerta, mientras L.W. rebuscaba en la mesita de noche junto a


él, maldiciendo algo a lo que podrías haberle puesto ritmo y puesto en Spotify.

"¡Pasa!", gritó Shuli entre las palabrotas. "Por Dios, usa el mío. Dios mío,
¿estás ciego...?".

Mientras L.W. lo fulminaba con la mirada, exhaló una bocanada de humo rojo.
"Mierda, lo siento, no quería decir…".

“Eso no tiene gracia…”.

“¿Crees que no lo sé, imbécil…?”.

En la puerta, Rhamp entró con unas Adidas en los pies, evidentemente,


también sentía algunos golpes y moratones de la noche anterior. Con un Dos Equis
en una mano y una especie de rollo de primavera en la otra, parecía estar en la
versión de fraternidad de un cóctel.

Se detuvo en cuanto cruzó el umbral. “Vaya, qué acogedor es esto”.

“Cierra la puerta”, indicó Shuli. “Y estamos a punto de comer. ¿Quieres algo?”.

El tipo levantó su cerveza. “Willhis me ha pillado entrando, pero sí, me apetece


más comida”. Su mirada astuta se entrecerró. “Un momento, ¿qué pasa?, la última
vez que los vi hombro con hombro fue nunca”.
“Cierra la puerta”, dijo L.W. ordenó. "Tenemos que hablar contigo".

Rhamp miró al heredero al trono, volvió a mirar a Shuli.

Entonces retrocedió tres pasos y cerró las puertas con el codo. En voz baja y
tranquila, dijo: "Así que es así".

"Vas a querer sentarte para esto", murmuró Shuli mientras señalaba el borde
de la cama con su mano enrollada. "No hace falta decir que esto no es para que
nadie más lo escuche".

"Genial", murmuró Rhamp mientras daba un trago a su cerveza. "Más


diversión entre ustedes dos es justo lo que busco".
CAPITULO 36
________________

La noche siguiente, cuando Dev llegó al Centro de Convenciones de Caldwell,


no había dormido nada, pero estaba tan hiperconsciente como alguien al volante de
un Audi con arranque automático. De pie frente al edificio de cristal y acero que
abarcaba dos manzanas enteras, observaba la pancarta digital que se arqueaba en
las entradas.

Resolve2Evolve: Un nuevo tú bajo tus propios términos.

El título y el eslogan iban seguidos de las fechas y horas de cada uno de los
tres días de sesiones.

Luego, a la derecha, ocupando un cuarto del espacio, estaba la foto de una


mujer de cabello oscuro, hermosa como modelo, pero con una mirada seria que
sugería la presencia de un alma madura con un profundo conocimiento que
compartir.

Mirando la imagen, sintió una reacción elemental, en lo más profundo de su


ser, maldita sea, quería saber por qué, por qué, todo esto estaba sucediendo ahora.

Una imagen de Lyric le vino a la mente y pensó en las tonterías de las redes
sociales que había dejado porque no quería ser solo una fachada. Quería… la
realidad, no una ilusión inventada que se vendía a otros como algo que no era.

Dev se tocó la cara, sintiendo la suave mejilla y mandíbula que se había


afeitado hacía apenas media hora.

Las máscaras, ya fueran usadas casualmente, con intención o como defensa,


eran una mentira que se vivía. ¿Si lo hacías demasiado tiempo?, olvidabas quién
carajo eras.

Incluso si ese había sido tu punto desde el principio…

Dev fue golpeado por alguien que le dio un golpe en el brazo izquierdo.

"¡Oh!. ¡Lo siento!", Una joven alegre vestida completamente de morado le


sonrió. "¡Mi culpa!".

Mientras seguía caminando, era una de las cientos de mujeres iguales a ella; a
su alrededor, las mujeres entraban en tropel por las puertas de cristal, en grupos,
solas, en parejas. Muchas vestían diversos tonos de morado y algunas incluso se
habían teñido el pelo con el tono uva.

Dejándose llevar por la corriente —como un loco que se imaginaba que esto no
era como los demás—, finalmente se encontró en un vestíbulo al aire libre tan
grande que tenía horizontes, con los puestos de comida iluminados a ambos lados
como soles nacientes. Escaleras mecánicas subían y bajaban a un segundo piso y
parecía haber baños cada diez metros. El espacio se llenaba con largas filas delante
de todo tipo de mesas, con bolsas moradas de marca que se entregaban a las
mujeres que presentaban sus identificaciones y billetes en sus billeteras electrónicas.

El estruendo de las voces femeninas era como estar en una cámara de eco de
pájaros.

Con la cabeza empezando a dolerle, subió a la escalera mecánica más cercana


y subió al segundo piso junto con una fila de mujeres animadas, parlanchinas y
efervescentes.

Bajó con ellas y se quedó atrás mientras la multitud se concentraba en unas


puertas dobles que daban a un espacio para eventos del tamaño de un salón de
baile, repleto de cientos de mesas circulares para diez comensales. De pie, como
centinelas de un templo, el personal, con camisetas moradas con el logo, revisaba
los teléfonos en busca de billetes electrónicos y luego hacía pasar a la gente.

El rostro de la mujer morena y el logo de R2E estaban por todas partes, en


pancartas que colgaban de las vigas de acero, en repeticiones de fotos, en letreros
en cada superficie plana y en todos los pilones de hormigón que soportaban la carga.

Dirigiéndose a las entradas del evento, Dev contempló el escenario, al otro


lado del mar de mesas. Paredes moradas, cortinas moradas y pantallas que
reflejaban todo ese púrpura, que pronto magnificaría el rostro del orador. Como si
alguien hubiera olvidado la maldita cosa.

"No quiero estar aquí", murmuró.

Una mujer apareció frente a él y lo agarró del antebrazo con el fervor de una
acólita. "Oh, los principios se aplican a todos, hombres incluidos. ¡De nada!".

Luego le envolvió una boa morada alrededor del cuello y siguió adelante.

¿De verdad creía que podría evitar esto para siempre?, pensó Dev mientras se
quitaba las plumas.

No, solo esperaba poder hacerlo. Pero desde que esa valla publicitaria se había
topado con ese viento extraño, la trayectoria de colisión que estaba decidido a
esquivar estaba lista y preparada. ¿Y si no fuera por Lyric?.

No estaría aquí, joder.

Solo recordándola en el centro de su mente pudo continuar. Pero no entró en el


salón. Rodeó el espacio para eventos y dobló la esquina.

Había un par de policías —de carne y hueso, no los robots— bloqueando el


acceso a un pasillo paralelo a la pared lateral del salón hasta una puerta de incendios
con una señal roja brillante de SALIDA. A mitad de camino, un grupo de personas, no
vestidas de morado, sino con trajes y pantalones profesionales, se apiñaba alrededor
de una puerta atendida por otro par de policías.

El panel de acero bajo la señal roja se abrió.

Y allí estaba ella.

El rostro de Resolve2Evolve, el centro de atención… la razón por la que todos


habían venido a este centro de convenciones, estaba allí.

Solo que todo era mentira, esa no era una mujer.

Eso ni siquiera era un humano.

Era un demonio que había convencido a todas esas mujeres de que no solo era
una de ellas, sino la mensajera de su salud emocional y mental. Al salir bajo la
galaxia de luces del techo, muy por encima de ella, tuvo que admitir que brillaba.

Era aún más hermosa que en las fotos, absolutamente resplandeciente en


persona, con esa larga melena oscura que se rizaba naturalmente y rebosaba brillo,
ese rostro radiante de salud y con rasgos perfectos, un cuerpo envuelto en un
vestido morado que acentuaba caderas, cintura y un busto que no necesitaba ayuda
alguna.

Casi podía oler el Poison de Dior desde allí.

Valentina Disserte —el nombre que ya conocía, ya no la Devina que había sido
— hablaba con la gente que entraba detrás de ella, mientras avanzaba con tacones
altos, la banda de asesores que la acompañaba claramente iba a fundirse con los que
ya estaban en su sitio, esperando. Mientras tanto, sus labios rojos sonreían con
facilidad al hablar y sus ojos se movían de un lado a otro, logrando ser a la vez
autoritarios y coquetos. Movía las manos, con los dedos enrojecidos, separados y
cerrados, para enfatizar cualquier punto que quisiera plantear.

Sin joyas, sin reloj, sin teléfono, sin bolso y sin llaves del coche.

Supuso que quienes la rodeaban eran su monedero viviente...

De repente, se detuvo y al detenerse, levantó la palma de la mano para


silenciar a su séquito. En los instantes siguientes, todo a su alrededor se volvió
completamente inmóvil, como si ella fuera el aliento y el latido de un organismo.

Aquel rostro perfectamente hermoso se giró, aquellos ojos oscuros y brillantes


miraron hacia el pasillo.

Hacia él.
Ah, pero se mantenía oculto del demonio, como lo había estado haciendo
durante cuánto tiempo y mientras ella lo buscaba, pensó en Lyric.

No quería estar allí, pero no iba a irse.

“Hola, mamá”, dijo suavemente.

Cuando Lyric se materializó en las sombras junto al muelle de carga del Centro
de Convenciones de Caldwell, se sintió dispersa. Todos le habían asegurado que
Allhan estaba fuera de peligro, pero ella no podía superar las etapas de su transición,
la violencia, el dolor. Sin embargo, parecía estable y cuando finalmente se despidió
de él después de que lo trasladaran a una suite, se dijo a sí misma que su destino
ahora estaba en manos de alguien más.

Aparte de las suyas.

Pero había hecho algo importante. Algo que cambió la vida de todos a su
alrededor. Si Allhan hubiera muerto, Vishous y Jane nunca habrían sido los mismos,
si esa tragedia los hubiera alcanzado, toda la Hermandad, todos los luchadores y
todos los compañeros, también habrían sufrido.

Una vida, pero tantas ondas, las conexiones transferidas de persona a persona,
hilos invisibles más fuertes que cualquier cuerda.

Ella los había salvado a todos.

Mientras una renovada oleada de sentimientos la recorría, la calidez no era


arrogancia. No estaba orgullosa de sí misma, ni se equivocaba creyendo ser, de
alguna manera, la miniatura existencial de Lassiter. Pero estaba agradecida,
especialmente a ese ángel.

Él, sin duda, le había dado la oportunidad de demostrar lo que había dicho de
ella.

"Ahora estoy aquí", dijo a la fría noche.

Exhalando, su aliento se escapó por encima de su hombro mientras se alisaba


el pelo. Se había dado una ducha súper caliente en casa y se había puesto unos
pantalones negros de tubo de satén y una blusa de cuero negra, con un profundo
escote en V y mangas rectas sin hombros. Al dirigirse a la puerta por la que debía
entrar, pudo caminar bajo un techo poco profundo, evitando que sus botas altas
sufrieran el ataque gélido que había matado a sus Louboutins.

Entonces esperó.

Mientras el aire gélido la penetraba, jugueteó con el escote de la blusa. Luego


se bajó aún más la manga derecha. La herida de la mordedura en su muñeca había
sanado bastante, pero aún había una zona roja alrededor de los dos pinchazos
descoloridos. Para asegurarse de que nadie lo notara, lo había cubierto todo con la
base que usaba en la cara...

Un coche entró en el aparcamiento trasero, con las luces delanteras girando.


La forma en que aparcó, a un metro de la entrada —a pesar de que no había espacio
designado allí—, le indicó al instante que era Marcia, aunque no hubiera reconocido
el Audi.

La mujer salió con sus dos móviles encendidos; otra variación de su uniforme
de traje negro hacía acto de presencia.

Pero la futura ex gerente no era la prioridad.

Lyric sacó su móvil para mirar la pantalla. Luego miró a su alrededor, volvió a
mirar la pantalla...

"Bueno, mírate".

Lyric levantó la cabeza bruscamente. Marcia había terminado las llamadas y


estaba justo delante de ella.

"¿Seguro que quieres salir de este negocio?". La mujer hizo señas con los
teléfonos, arriba y abajo. "Porque esto es otro nivel".

Lyric miró por encima de la cabeza de Marcia hacia el estacionamiento. Lo cual


era una tontería. ¿Como si un humano pudiera materializarse de la nada?. Dev
vendría en coche o a pie y ella había confirmado que, de hecho, solo había un muelle
de carga.

Se aclaró la garganta. "¿Has... eh, has visto a alguien por aquí?".

Marcia giró la cabeza. "¿A quién buscamos?".

"Ah, nadie". Volvió a mirar su teléfono. "De verdad, no pasa nada".

"Hagámoslo entonces". Marcia se acercó y golpeó la puerta metálica abollada


con impaciencia. "Acabo de llamar a la asistente personal de Valentina, debería estar
aquí en un segundo".

No había manija que bombear ni perilla que girar y eso probablemente era
bueno. Mientras Marcia corría en el mismo sitio por la frustración, era propensa a
romper cualquier cosa que...

El panel se abrió de par en par y una mujer apurada con una camiseta morada
brillante de R2E les indicó que entraran. Con un walkie-talkie en una mano y un
cordón con una identificación laminada alrededor del cuello, estaba claramente
inmersa en los detalles de la conferencia.
Mientras Marcia se acercaba con las exigencias, Lyric miró por encima del
hombro. Entonces no tuvo más remedio que entrar en un pasillo industrial con suelo
de hormigón y todo tipo de conductos y tuberías a la vista.

"¡Guau!", le dijo la mujer a Lyric mientras la puerta de acero se cerraba de


golpe. "Te ves increíble y hola, soy Jenny".

"Hola, Jenny, ¿verdad que está radiante?". Marcia, con un clásico Vanna White,
volvió con más fuerza su afán de enfatizar las palabras. "Es una auténtica estrella".

"¡Lo es!. Me alegro mucho de conocerte y gracias por venir. Valentina está muy
emocionada de que estés aquí".

Lyric estrechó la mano que le tendían, pero su atención estaba fija en la puerta
cerrada. Pensaba que iba a oír un golpe o que su teléfono vibraría, pero... nada.

"Estoy emocionada de estar aquí", dijo con una sonrisa forzada.

"Bueno, ha habido un pequeño cambio de planes. Valentina tenía muchas


ganas de conocerte antes para grabar contigo, pero, ¿necesitamos grabar todo eso
después del discurso de presentación?. No tardará mucho y estoy segura de que no
te importa. La oportunidad de escucharla hablar es algo especial. ¡Genial!".

Lyric abrió la boca y la cerró.

“Me parece una idea fabulosa”, intervino Marcia. “Nos encantaría estar
incluidas, en primera fila, por supuesto”.

“¡Claro!, iremos por aquí”, dijo la empleada mientras se dirigía hacia la


izquierda. Luego miró a Marcia. “Tiene muchos seguidores”.

“Es muy difícil conseguir entrar últimamente”. Marcia negó con la cabeza con
gravedad, como si estuviera comentando sobre un asteroide que se dirige hacia la
Tierra. “Pero la interacción con Lyric es increíble. Puedes tener gente con más
seguidores, pero su público engancha”.

“Sí, vimos las estadísticas que nos enviaste…”.

Lyric las siguió por el pasillo, dejándolas charlar. Se dijo a sí misma que su
silencio se debía a que debía tener cuidado con la posición de los pies; con los
tacones de aguja de sus botas, si pisaba mal, iba a caer de culo, pero no era así.

No era así.

Jenny las acompañó por un laberinto de pasillos de techos altos y


destartalados, cada vez que llegaban a una puerta, Lyric rezaba para que la
atravesaran y pisaran alguna alfombra. Durante todo el camino, giró la mano y miró
su teléfono tantas veces que el movimiento se convirtió en un tic nervioso.
“Aquí estamos, justo afuera del vestíbulo”. Jenny finalmente se detuvo junto a
unas puertas dobles. “El registro está terminando, aunque algunos asistentes siguen
en la fila. Aun así, me gustaría que pasáramos por aquí para llegar a la sala verde
porque si no, es una caminata larguísima. ¿Y con esas botas?”.

Cuando el torrente de palabras cesó, Lyric se quedó allí parada, hasta que
Marcia le dio un codazo y volvió a su sitio. "Oh, claro, está bien".

“¡Guau!”, Jenny se llevó la mano al pecho, enredándose los dedos en el cordón.


“Es tan fácil tratar contigo”.

Mientras Marcia asentía con aprobación, el empleado abrió la puerta y…

La cacofonía era increíble. Tantas voces, tanto movimiento, tantos perfumes,


lociones de baño, champús y lacas. El vestíbulo del centro de convenciones era del
tamaño de un campo de fútbol, con escaleras mecánicas que subían al segundo piso,
¡caramba!, ¿si esta multitud masiva eran solo “algunos” de los asistentes?, ¿cuántos
eran…?.

“Cinco mil”, respondió Jenny alegremente. “Los vamos a recibir durante los
tres días”.

Bueno, también había mucho morado, con todos los tonos y no solo por las
bolsas de la convención que colgaban de los hombros; la ropa era morada, el pelo
morado, había gente luciendo tatuajes morados del logo de R2E.

Jenny indicó que siguieran adelante. “Por aquí…”.

“¡Dios mío!, ¿eres Lyric?”.

“Espera, ¡Lyric… de Vestida Líricamente!”.

“¡…Lyric!”.

“¡Mierda, es…”.

Al instante, un apretado grupo de gente se formó a su alrededor, separándola


de Jenny y Marcia, eso fue solo el comienzo de todo. Más gente la inundó; los
celulares salieron, alguien se abalanzó para hacerse un selfi, los teléfonos con
cámara parpadeando.

Quizás fue la pérdida de sangre de la noche anterior, quizás fue el hecho de


que no había comido mucho, quizás fueron las luces estroboscópicas y que la
llamaran, pero todo empezó a dar vueltas.

¿Lassiter?, ¿la estaba llamando para charlar de nuevo?.

Si escuchaba más de Madonna, sabía la respuesta…


Mientras el pánico se apoderaba de ella y buscaba frenéticamente a Marcia, no
vio nada más que una oleada de mujeres vestidas de morado. Entonces la
empujaron, alguien la rodeó con el brazo y le levantó un celular, otro la agarró del
brazo e intentó apartarla. Mientras tanto, se acercaba más y más gente, los cuerpos
la presionaban, empujándola contra la pared, atrapándola.

Con un miedo espantoso, sintió que no podía respirar y a medida que la


ansiedad crecía, se convenció de que no había escapatoria, jamás; su mente se
desmoronó en pensamientos discordantes y comenzó a hiperventilar.

Pero de repente, de la nada, una presencia amenazante atravesó la multitud,


abriéndose paso...

Y allí estaba.

Dev se acercaba inexplicablemente hacia ella, sus enormes hombros y


músculos musculosos cortando la avalancha púrpura, sus fuertes brazos apartando a
la gente hasta que estuvo justo frente a ella, su rostro era todo lo que podía ver.

"Siento llegar tarde", dijo con serenidad. "No te preocupes por nada, te tengo".
CAPITULO 37
________________

Tenemos uno, ya conseguí lo que pediste.


Mientras Conrahd pronunciaba las palabras, Whestmorel pulsó el botón de
parada de su cinta. Con la respiración agitada, preguntó: "¿Dónde?".

Cuando la palabra salió ronca, se dijo a sí mismo que la falta de aire era por
correr.

"En el edificio del conserje, está a mano para cuando la necesites".

Whestmorel agarró una toalla con su monograma y se bajó de la máquina. En


los espejos que rodeaban la sala de ejercicios, se secó el sudor de la cara y se revisó
el pelo oscuro, asegurándose de que seguía liso. También se miraba en el reflejo para
asegurarse de que no era un sueño.

"Nos vamos", ordenó.

Su gimnasio estaba encima de los garajes de la casa de seguridad y después


de llegar al fondo de la sala, abrió la cerradura de la escalera exterior con un código.
La temperatura exterior era gélida, el sudor de su piel, bajo la ropa deportiva Nike,
se le heló en los hombros, el pecho y los brazos, no le importó.

Al descender al suelo nevado, una repentina y aguda preocupación lo acosó.


Aunque no quería hablar de esto con nadie, siempre había estado inquieto ante la
siguiente etapa de su plan. Si la situación se ponía peligrosa con el Rey y la
Hermandad de la Daga Negra ya involucrados, todo se iba a poner mucho más
intenso.

Cuando involucrará a Lash, el jefe de la Sociedad Lessening.

Su ritmo cardíaco no disminuyó mientras avanzaban por un sendero boscoso


hacia la dependencia. A propósito, no había luces exteriores que los guiaran y los
sensores infrarrojos se activaron durante todo el camino, con guardias observándolos
desde la sala de seguridad de la casa segura. Guardias humanos ex militares bien
pagados, en cuya lealtad se podía confiar, hasta cierto punto; solo sabían que debían
disparar a cualquiera que no fuera uno de los hombres que estaban en el corazón del
consorcio.

Y el mayordomo, por supuesto.

Los hombres no sabían qué estaba pasando ni para quién trabajaban y aunque
Whestmorel siempre había desdeñado a esas ratas sin cola, la división de especies
era crítica en este momento.
Al acercarse, la dependencia, ubicada en la elevación rocosa, siempre había
formado parte del desarrollo principal del sitio, un espacio para albergar barcos
coleccionables y descapotables durante los meses de invierno.

No era para lo que se estaba utilizando, esta noche.

En la puerta lateral, marcó otro código, él y Conrahd entraron.

Una camioneta con las luces apagadas estaba estacionada en el centro del
espacio abierto. Las hileras de luces fluorescentes del techo proyectaban una luz
color melocotón en el interior, por lo demás vacío y sin ventanas.

"¿Dónde lo encontraron?", preguntó mientras seguían adelante.

"En el centro, nuestros exploradores lo localizaron y lo aseguraron. Luego se lo


entregaron a nuestros guardias en el punto neutral y lo trajeron al lugar".

"¿No hicieron preguntas?".

"Con el dinero que estamos pagando, la cadena de custodia es muy, muy


segura. Hasta este momento, sus efectos personales están en bolsas y en el asiento
del pasajero".

Whestmorel se llevó la mano al esternón. El botón de alerta que colgaba de


una cadena dorada se deslizó en su mano, aunque no lo activó.

"Abran las puertas", ordenó.

Conrahd intervino y accionó los mecanismos de liberación, abriendo los paneles


de par en par. Una luz radiante inundó el interior, pero lo que se reveló no fue lo
primero que percibieron sus sentidos.

El olor.

Un hedor, más bien.

Tanto él como Conrahd retrocedieron tambaleándose, mientras el otro hombre


sacaba su pañuelo y se apretaba los pliegues contra la nariz. El hedor atroz era como
si hubieran rociado carne vieja y podrida con talco para bebés; la empalagosa
combinación se le clavaba en la nariz y contaminaba los senos paranasales.

Whestmorel incluso lo saboreó en la boca y luego bajó por la garganta al


tragar. Pero, ¿qué enemigo sería para el gran Rey Ciego si no podía soportar la
proximidad del enemigo?.

Recuperándose, obligó a sus brazos a bajar y a su mente a regularse. Fue


entonces cuando los detalles físicos se hicieron evidentes. El lesser estaba sujeto y
suspendido de una parrilla atornillada al techo del compartimento trasero. Con una
capucha negra sobre la cabeza y esas cadenas en los tobillos, las muñecas y el
pecho, no hubo quejas sobre la presentación, aun así, seguía dudando.

"Quítale la capucha", le ordenó a Conrahd.

Hubo una larga pausa. No fue hasta que lo miró con furia que el hombre volvió
a guardarse el pañuelo en el bolsillo del pecho y procedió a agacharse torpemente en
la parte trasera del vehículo. A petición de Whestmorel, estaban solos, pero ahora lo
estaba reconsiderando y no solo porque este momento histórico quizás debería ser
presenciado por los demás.

Aclarándose la garganta, frotó el botón de alerta con el pulgar...

Unos ojos que brillaban amenazantes lo miraban fijamente. El hecho de que no


hubiera forcejeo, ni maldiciones, ni amenazas, ni siquiera movimiento, era de alguna
manera más amenazante que cualquiera de las alternativas.

Esta era una entidad mortal, concluyó Whestmorel.

Entonces los detalles físicos fueron una sorpresa; Cabello oscuro, largo y
despeinado, iris oscuros también. El tono de piel era caucásico, pero ciertamente no
del blanco pálido que esperaba. Por otra parte, un lesser que hubiera estado en la
Sociedad Lessening el tiempo suficiente para que se produjera la palidez
probablemente estaría lo suficientemente entrenado y experimentado como para no
ser emboscado y secuestrado. Por cierto, la ropa estaba manchada y desgarrada.
Dedujo que no debido al secuestro.

"¿Sabes lo que soy?", le dijo a la cosa.

El lesser se burló. "Sí".

Whestmorel asintió. "Tengo un mensaje que darle a tu amo y serás liberado


tan pronto como esté seguro de que lo haya recibido".

El lesser frunció el ceño, como si fuera lo último que esperaba.

"Me has oído bien". Whestmorel miró a Conrahd, quien había salido
rápidamente de la camioneta. Serás solo un mensajero a mi favor, nada más y una
vez entregada la comunicación, quedarás libre ileso. Si no recibe el mensaje y confía
en que lo sabremos, no dudaremos en mutilarte de tal manera que sufrirás
perpetuamente, sin ser liberado jamás con una puñalada en el corazón.

Cuando las cejas se alzaron sorprendidas, Whestmorel mostró sus colmillos,


una punzada de agresión que avivó su absoluta superioridad.

"¿O creías que no sabemos cómo funciona todo?", preguntó arrastrando las
palabras.
CAPITULO 38
________________

Aceptamos quienes realmente somos y no aceptamos a nadie por encima de


nosotras mismas.

Mientras miles de voces repetían las palabras en el salón de baile con un


manto morado, Lyric miró a su alrededor. Ella y Dev estaban sentados al frente y
tuvo que admitir que, por mucho que hubiera descartado toda esta convención,
cuando estabas en la sala con Valentina Disserte dirigiéndose a esta multitud que la
adoraba…

Había una sensación de que la mujer estaba marcando la diferencia.

En la tarima, Valentina caminaba con gracia y seguridad, sus piernas largas y


bien formadas, terminadas en tacones negros, cubrían la distancia con facilidad.
"Entendemos que cualquier parte de nosotras mismas que recibamos de los elogios
de alguien más, puede sernos arrebatada".

El público repitió las palabras y algunas se pusieron de pie, lo que provocó una
avalancha de mujeres que se pusieron de pie y levantaron las manos.

"Además, entendemos que cualquier parte de nosotras mismas que pueda


sernos arrebatada por la crítica de alguien más, es rechazada por ser innecesaria
para nuestra esencia".

La imitación de Marco Polo continuó, las palabras pronunciadas se extendían


por las pantallas que rodeaban la sala, así como por la parte superior del telón
morado del escenario principal, mientras el coro repetía lo que el director había
dispuesto.

“Ocupamos el espacio que reclamamos y nos mantenemos firmes, porque


somos nuestros propios cimientos, por lo tanto, todo lo que construimos nos
pertenece a nosotras mismas y a nadie más”.

Aún más gente se puso de pie y más.

Hasta que todos en el lugar del evento se pusieron de pie e inclinados hacia
adelante, con la mirada absorta en el escenario, en la mujer de púrpura.

Lyric miró a Dev. Estaba recostado en su silla, tras haberlo observado todo con
una paciencia absoluta que la impresionó muchísimo. Solo podía imaginar cómo
estarían su hermano o Shuli en esa situación, poniendo los ojos en blanco o riendo
entre dientes por momentos.

Dev no. Él solo miraba a la mujer y parecía escuchar lo que decía.


Quizás el mensaje los ayudaría a ambos, de alguna manera...

Oh, ¿en qué demonios estaba pensando?. La verdad es que no se había


sorprendido cuando llegó y él no la estaba esperando en la parte de atrás. No, la
sorpresa fue cuando apareció justo en el momento oportuno.

Salvándola de nuevo.

"¡Los próximos tres días, un viaje de auto descubrimiento y afirmación!. ¡Un


aplauso para ustedes!".

Mientras los aplausos estallaban, Lyric sintió la necesidad de ponerse de pie y


aplaudir también. Mientras tanto, un fotógrafo de la convención se acercó por un
costado y tomó varias fotos, la mayoría mirando hacia arriba desde un ángulo amplio
para poder capturar a Valentina Disserte y al público que la adoraba en una sola
toma.

¿Ahora qué?, se preguntó Lyric.

A un lado, en los laterales del gran salón, Marcia esperaba con el resto del
personal del evento, sin duda aprovechando la convención y la extensa agenda de la
gira nacional para encontrar oportunidades con sus otros clientes. Esto era realmente
bueno; le permitía perder menos tiempo.

Cuando el fotógrafo se retiró, Lyric se inclinó hacia Dev, quien seguía en su


silla. "Lo siento por todo esto. De verdad pensé que iba a ser un ir y venir".

Se encogió de hombros, con la mirada fija en el escenario. "No pasa nada,


estoy aquí para acompañarte".

Justo antes de que ella se enderezara, él se giró hacia ella y sus bocas se
juntaron. Conteniendo la respiración, balbuceó: "Ah... gracias, por la comprensión".

"Todo bien...".

Jenny, la asistente, apareció junto a la mesa. "Vengan conmigo, tenemos que


llevarlas al backstage antes de la aglomeración después de la despedida".

"Ah, claro". Lyric se echó el pelo por encima del hombro. "Por supuesto...".

Dev se levantó, dejando caer la servilleta junto al plato de postre que no había
tocado. Ella tampoco había comido nada de lo que le habían presentado. ¿Pero cómo
si hubieran venido por la comida?.

"Vamos", dijo Jenny. "Rápido, rápido, rápido".

Mientras Valentina se perdía de vista con un último saludo a la multitud, Jenny


apresuró el paso entre las mesas abarrotadas y luego dobló la esquina, hasta una
bifurcación en la cascada de banderines morados custodiada por policías
uniformados. Los dos hombres asintieron y dejaron que Jenny los guiara hacia una
zona de backstage llena de mesas de sonido, aún más personal, todo tipo de cables,
equipos de iluminación y sillas extra. Había muchísima actividad, gente bulliciosa y...

Marcia se puso delante de Lyric. "¡Estuvo maravillosa!". Luego miró a Dev.


"¿No te alegra haber decidido hacer de salvador en medio de la calle?, no todo el
mundo tiene este acceso".

Con su voz aguda y sus manos de jazz, la mujer ayudó a Jenny a conducirlos
hasta un espacio construido con una puerta morada en el centro de un montón de
paneles de fieltro negro. El letrero que colgaba al frente decía "Valentina" y otro
grupo de policías estaba de pie afuera.

Jenny saludó a los uniformados y entonces se abrió la puerta.

Lo que emanaba era una especie de perfume con un matiz a uva, entonces
Lyric vio a la mujer al otro lado del salón dorado y negro.

Bueno... ¡guau!.

Algo que había quedado claro después de un par de años con el mundo de las
redes sociales era que lo que se veía en línea no era necesariamente lo que se veía
en persona. Los filtros, la cirugía plástica, los ángulos de cámara y la iluminación
marcaban una gran diferencia. Excepto que Valentina brillaba aún más en persona.
Había un aura alrededor de ella que la hacía parecer bajo un foco que la seguía y qué
se le va a hacer, Lyric no estaba sola en la fascinación. Un círculo de personas que la
adoraban rodeaba a Valentina, lo interesante era que ella parecía verlos a todos. A
diferencia de la mayoría de los influencers, que tendían a ignorar a los demás con la
mirada y el afecto, la líder de R2E parecía conectar de verdad...

El público se apartó bruscamente y la mujer del momento la miró. Fue de lo


más extraño, una repentina quietud se apoderó de la animación de Valentina
mientras miraba a Lyric y luego a Dev, inclinando lentamente la cabeza mientras los
observaba, tras lo cual pareció reaccionar de lo que fuera que estuviera pasando y
acercarse.

"Lyric, de Lyrically Dressed". La sonrisa era amplia y acogedora. Ahora miraba


a Dev. "Y... sabes, podría jurar que te he visto antes en alguna parte".

"Ah, sí", intervino Marcia. "Por las noticias, le salvó la vida en medio de Market
Street la otra noche. Hola, soy Marcia, la representante de Lyric".

Cuando la gerente le extendió la mano, hubo un apretón superficial. Por otro


lado, la auto promoción fue un poco excesiva.

Valentina le sonrió a Dev. "Le salvaste la vida, qué noble de tu parte".


Lyric lo miró de reojo. Miraba a Valentina como si fuera un ave exótica en un
zoológico. Probablemente pensó que era increíblemente hermosa —porque, hola, lo
era— y eso no le trajo una punzada de celos injustificada.

"¡Y tú!". Valentina se giró hacia Lyric. "Siento mucho no haber podido
conocerte antes. Mi agenda no me pertenece, gracias por venir ahora al backstage".

"Eres muy inspiradora". Lyric soltó una breve carcajada. "Bueno, supongo que
es un comentario estúpido".

“No lo es”. La mujer se puso seria. “Es mi objetivo, la razón por la que hago
todo, así que te agradezco mucho que lo digas. Solo quiero llegar a las mujeres y
darles el apoyo que desearía haber tenido antes. Necesitamos más nuestro poder
cuando nos sentimos perdidas o en una encrucijada y es entonces cuando se nos
escapa. Lo que hago es intentar ayudar a la persona a ver que todo lo que necesita
está aquí”.

Se señaló el esternón con un dedo enrojecido y fue tan extraño. Todo pareció
desvanecerse; el ruido, las otras personas, su ubicación. En ese sentido, el momento
no era muy diferente a estar en el Santuario, una ingravidez que creaba una
sensación de flotabilidad en los huesos de Lyric…

Era tan cierto. Era… exactamente con lo que Lyric había estado luchando.

“Tienes razón”, dijo con voz ronca. Luego volvió a reír para disimular sus
emociones. “Sabes, siento que esto estaba destinado a ser”.

“¿Nos vemos?”.

“Sí”.

“¿Estás en una transición en tu vida?”. Valentina extendió la mano y la puso


sobre el hombro de Lyric. “Dime, ¿qué pasa?”.

Una oleada de energía los atravesó, una compasión sincera con una intensidad
que la hacía sentir de vital importancia.

La esencia del destino.

“Quiero…”.

Pensó en Allhan y con el respeto que el tío Vishous la había mirado, con ese
respeto adulto, compartido entre iguales. Quería que la vieran así de nuevo, por
quienes importaban. No quería estar en el tejado mientras otros…

“Luchar”.

Al oír la palabra, Lyric recuperó la compostura. “Lo… ¿siento?”.


“Debes aprender a luchar”, dijo la mujer con una voz que no se oía. “Has sido
hermosa toda tu vida, pero no estás destinada a ser así, lucha”.

El momento se prolongó entre ellos.

Hasta que alcanzó un punto de elasticidad terminal y volvió a su lugar.

Valentina rió con facilidad mientras retiraba la mano. "Tengo ese instinto sobre
ti y nunca me equivoco en estas cosas. Podría decirse que... tengo una segunda
vista. ¿Es hora de unas fotos para publicar?".

La pregunta se formuló con un tono casual, pero era una orden al fin y al cabo,
la gente respondió como tal, apresurándose a acercarse aunque al final no hicieran
nada. Solo se necesitaba al fotógrafo que había estado trabajando en el evento
principal y en cuanto apareció, Valentina se acercó.

La mujer la miró. "¿Tienes un hermano?".

Lyric arqueó las cejas. "Sí, sí, lo tengo".

"Sabes, a veces los que comparten la misma sangre pueden ser recursos
invaluables". Valentina le dio un pequeño apretón. “Claro que no siempre es así.
Pero, no sé, algo me dice que podría ayudarte... sonríe”.

El flash se encendió varias veces seguidas, dejando zonas sin visibilidad.

“Ahora”, dijo la hermosa mujer, “si no te importa, me encantaría que fueras


con Jenny. Hay muchos VIP con muchos seguidores que se morirían por sacarte una
foto con ellos. Te vendrá bien porque promocionarán tu marca y tus redes sociales”.

Aturdida, Lyric asintió y entonces recordó. “Ah, pero ¿qué tal...?”.

“Tu amigo puede quedarse aquí, no hay problema”.


CAPITULO 39
________________

Mientras se llevaban a Lyric, Dev se quedó donde estaba. Curiosamente, no


tenía ningún plan concreto para venir, solo ideas vagas, nobles en teoría,
completamente ridículas en la práctica. Sin embargo, escuchar ese discurso había
sido tiempo bien empleado. A medida que las palabras circulaban y alimentaban a los
acólitos reunidos, él había aclarado las cosas.

Así que sí, ahora sabía lo que quería.

"¿Te gustaría esperar en mi camerino?", le preguntó el demonio con una


amplia y encantadora sonrisa. "Hay mucho ruido aquí. Ven, te mostraré el camino".

Aunque la puerta con la estrella dorada estaba a solo tres metros.

"Danos un minuto". Mientras Devina —oops, perdón, Valentina— hablaba con


su personal y representantes, lo tomó del brazo con un ligero apretón. "Tengo que
atender a nuestro invitado y acomodarlo".

Consciente de que unas miradas celosas lo estaban clavando, Dev se dejó


guiar a través de esa puerta especial y entonces, por primera vez en una década…

Estaba solo con su madre.

Mientras ella los encerraba, se recostó contra el panel.

Cuando solo hubo silencio, se acercó al tocador. Un espejo, con hileras de luces
a ambos lados, estaba sobre una mesa llena de polveras, varitas, lápices y pociones.
Cogió un frasco de perfume.

Poison, De Dior.

"Sé que eres tú", dijo ella en voz baja. "No puedo verte... pero una madre lo
sabe".

Girándose de nuevo, levantó la fragancia. "No sabía que aún se podía


conseguir".

"No hay nada que yo no pueda conseguir".

Rió con dureza mientras dejaba el frasco. "Eso no es cierto".

"Cualquier cosa material, quiero decir...". Se le quebró la voz. "¿No me dejarás


verte bien?, ha pasado… tanto tiempo".

"¿Qué hay de tus secuaces?, ¿no necesitas volver con ellos?"


"Pueden esperar, para siempre".

Al darse la vuelta, liberó el candado de su esencia y tuvo que admitir que era
una buena actriz. El demonio dejó escapar un jadeo ahogado y se tapó la boca con
una mano. Mientras las lágrimas inundaban sus hermosos ojos negros, se abalanzó
hacia adelante…

Dev extendió la palma. "Déjalo ya, sé quién eres, así que, al igual que las
tonterías que les estás vendiendo a todos esos humanos no son necesarias ni
interesantes en absoluto, tampoco lo es ninguna reunión chapucera aquí".

"¿Tienes que ser tan cruel?".

Ahora se rió con sinceridad. "¿Viniendo de ti?, eso sí que es gracioso y


ahórrame la actuación, seamos realistas, mamá".

Su rostro se tensó hasta convertirse en una máscara. Pero su voz se mantuvo


serena. “¿Por qué trajiste a una vampiresa?”.

“Fuiste tú quien la invitó, no yo”.

“Qué compañía tan curiosa. ¿Es cierto que le salvaste la vida en medio de la
calle?”.

“De ti, nada menos. Fue tu valla publicitaria la que salió volando de lo alto de
ese edificio…”.

“¿Qué pensaría tu padre si te asocias así con el enemigo?”.

Dev arqueó una ceja. “Ah, ¿crees que estoy con él?”.

“No respondiste a mi pregunta”.

“Yo tampoco lo he visto”. Frunció el ceño al ver que la tensión en ella se


aliviaba. “Sí, no te preocupes, no me gusta más que tú. La acritud es igual de
intensa, tu ego puede seguir intacto”.

“No pregunté por eso”.

“¿De verdad?”.

"No". Negó con la cabeza bruscamente; su exuberante cabello reflejaba la


tenue luz artificial y brillaba como si el sol estuviera detrás de ella. "No quiero que te
acerques a tu padre. nunca".

"Cuidado, mamá, se te nota tu territorialidad".


"No tiene nada que ver con eso. Es malvado y te quiero, no quiero que te haga
daño".

"¿Es malvado?".

Valentina, Devina, como se llame, caminaba de un lado a otro; sus altísimos


tacones de aguja hacían un suave ruido sobre la alfombra morada de pelo corto.

"Ya no soy la que solía ser, ya no soy la que conocías". Se detuvo y miró la
puerta cerrada como si viera a través de ella, viendo a todos los humanos que se
habían reunido a su alrededor. "Puede que pienses que lo que hago en el escenario
es una actuación, no lo es".

Al no responder, el demonio miró por encima del hombro. “Lo digo en serio…”.

Dev aplaudió lentamente un par de veces. Luego bajó los brazos. “¿Quieres tu
Oscar ahora?, ¿o deberíamos esperar hasta más tarde?”.

Esos brillantes ojos negros lo miraron fijamente un buen rato. “Hay tanta
oscuridad en ti”.

“¿Has revisado nuestro árbol genealógico?, ¿crees que voy a aparecer


disfrazado de Conejo de Pascua?”.

“¿Por qué has venido?”. Se dio la vuelta y se alisó el vestido morado. “Dime,
sea lo que sea, lo haré. Te lo daré, dilo”.

Las cejas de Dev bajaron lentamente. Luego se rió. “Maldita sea, eres buena,
te lo concedo…”.

“¿Qué puedo hacer por ti?”.

Cuando ella se quedó mirándolo, sin ir a ninguna parte, esperando


pacientemente como si no tuviera nada más que hacer, sintió una extraña punzada
en el centro del pecho. Ah, pero no era estúpido. Su madre tenía el encanto
superficial de un sociópata y la contundencia de una bomba atómica...

Una vibración recorrió el aire quieto, causando una distorsión similar a las
ondas de calor que se elevan del asfalto y entonces...

Dev jadeó. Había desaparecido; toda la belleza, todo el artificio, todo el


enmascaramiento. En lugar de una mujer hermosa y sexy con un vestido morado y
tacones negros...

Su madre era una criatura retorcida y fea, con la piel como la corteza de un
árbol viejo, un rostro deformado donde las fosas nasales y los ojos estaban al mismo
nivel y manos como garras que hacían juego con los dedos de los pies. Ya no tenía
los hermosos mechones de caoba y cobre; solo quedaban ramitas de puntiagudos
mechones grises en la parte superior de la cabeza y no tenía orejas.
Era... indescriptiblemente fea. Hasta un punto que él nunca habría imaginado.

“Les miento”, dijo con una distorsión gutural impregnada de tristeza, “porque
satisface mi necesidad de ayudar. De hablar, de conmoverlos. Si vieran quién soy
realmente, huirían de mí por todas las buenas razones de su mundo. Devlin, he
dejado de fingir que soy alguien que no soy, no soy quien una vez conociste”.

Lo único que pudo hacer fue quedarse allí de pie y revivir, una y otra vez, la
horrible visión que tenía ante sí… el monstruo que se había apareado con el mal puro
y lo había creado.

Nunca, jamás, habría mostrado esta verdadera naturaleza suya antes.

Soy lo que soy, Devlin. Ahora lo sé y tras aceptar mi verdad, ya no me interesa


herir a nadie. Es imposible odiar a los demás cuando ya no me odio a mí misma.

"¿Qué pasó?", preguntó con brusquedad. "¿Por qué...?".

"Te perdí, eso fue lo que pasó".

Una lágrima brillante apareció en el rabillo de su ojo carnoso y se deslizó por la


piel irregular y moteada de su mejilla hundida.

"Así que te lo vuelvo a preguntar; ¿qué puedo hacer por ti?. Sé que no viniste
aquí por ti mismo; me has evitado durante una década y no me imagino que quieras
estar aquí. Es esa vampira, ¿verdad?. Te ha tocado profundamente y es la razón por
la que viniste. Así que di tu propósito en voz alta por los dos, algo me dice que tú
también necesitas escucharlo".

Al hablar, liberó los sentimientos que había estado reprimiendo desde el


momento en que miró a una vampira a los ojos en medio de una calle fría y nevada.

“Quiero que le digas que pare”.

El demonio ladeó la cabeza, con los huesos del cuello crujiendo. “La guerra”.

“Sí, la guerra. Quiero que le digas a ese imbécil con el que te apareaste que
deje de perseguir vampiros. Que deje de hacerles daño, que deje de matarlos. Que
mate humanos si necesita presas. Quién sabe si hay más por ahí y si gana, podrá
gobernar el mundo. Eso le dará algo que hacer durante un par de años”.

La mirada repugnante de su madre lo escrutó.

Entonces, en voz baja, susurró: “Amas a esa hembra, ¿verdad?”.

Pasó un buen rato antes de que pudiera responder.

“No”, mintió. “Claro que no”.


Detrás del escenario, Lyric funcionaba como un rayo, sonriendo cuando debía,
posando junto a la gente, manteniendo la misma conversación que casi le da la
vuelta a la valla publicitaria una y otra vez. Estaba impaciente por volver con Dev e
irse por muchas razones. Lo que la ayudó a superarlo fue la profunda convicción de
que este era su último evento.

Finalmente llegó el final cuando se giró en su sitio, lista para el siguiente y no


había nadie más en la cola que se había formado.

Marcia se acercó y negó con la cabeza. "Eres una auténtica experta en esto,
¿segura que quieres dejarlo...?".

"¿Sabes dónde está Dev?". Echó un vistazo por encima de todas las cabezas,
hacia la puerta del camerino privado. "Voy a buscarlo".

"Escucha, hablo en serio". La gerente se puso delante de Lyric. "Cuando lo


reconsideres, llámame. El siguiente nivel te espera, pero no esperes demasiado.
Tienes que dar en el clavo y eso no es para siempre".

“Gracias, Marcia.” Mientras intentaba ver a través de la mujer, supo que era
grosero, pero una repentina sensación extraña la estaba inquietando. “Cuídate”.

Abriéndose paso entre la maraña de personal, llegó a la puerta estrellada del…

Se abrió justo antes de que pudiera llamar o tocar el pomo.

Por tercera vez, allí estaba Dev, saliendo y cerrando todo tras de sí.

“Oh, gracias a Dios”. Dejándose caer, podría haber abrazado al hombre.


“¿Siempre has sido tan puntual?”.

La miró fijamente un momento. Luego, con voz áspera, dijo: "¿Estás lista para
irnos?".

"Estaba lista para irme en cuanto llegué", murmuró ella en voz baja.

"Entonces no perdamos más tiempo".

Con él a la cabeza, se dirigieron hacia una señal de salida, luego fueron a las
escaleras de cemento que bajaban, bajaban, bajaban. Mientras sus pasos resonaban
hacia arriba en el hueco de la escalera, ella apreció cómo la esperaba en el rellano,
avanzando con paso firme, con la suficiente rapidez para no resbalar y caer. Al llegar
abajo, se dirigió a una puerta cortafuegos.

Pero fue allí donde dudó.


Girándose hacia ella, Dev pareció retroceder aunque permaneció justo delante
de ella, con la mirada perdida y la mandíbula apretada. Solo que entonces extendió
la mano y le acarició el rostro, deteniéndola con la mano en su hombro.

"Lyric...".

"¿Qué pasa?". Ella frunció el ceño. "¿Pasa algo?".

Cuando él asintió, se le encogió el estómago y como no continuó, dijo: "Dilo


ya, sea lo que sea...".

"¿Podemos volver a tu casa?". Bajó la cabeza. "Pero tengo que ser sincero
contigo, hablar no es lo que pienso".

Exhalando aliviada, se adentró en su cuerpo. "No pude dejar de pensar en ti,


todo el día".

Su sonrisa era lenta y sensual, pero no cambió la luz oscura en su mirada.

"¿No es esa mi frase?". Bajó la boca, casi hasta la de ella. Sin embargo, no
acortó la distancia. "Lyric, hay cosas que necesito decirte...".

"Bueno, hablar tampoco es lo que pienso...".

"Lo siento".

Tuvo que reírse a carcajadas y esa sería mi frase. Dev, hay tiempo para... lo
que sea, más tarde. La noche es joven y tengo mucha hambre ahora mismo.

Dijo algo, pero ella no lo entendió, porque lo que fuera que había dicho sonaba
contra sus labios. Dios, la sensación de su boca sobre la de ella mientras sus brazos
la rodeaban y la atraían hacia sí, sus pechos rozando sus pectorales. Entonces su
lengua lamió dentro de ella y Lyric deslizó las manos por su espalda para sujetarlo
con más fuerza. Cuando no pudo alcanzar sus hombros, bajó hasta su cintura y lo
instó aún más, hasta que no hubo espacio entre sus ángulos firmes y sus suaves
contornos.

Era tan bueno, era exactamente lo que había pensado mientras no podía
dormir, durante los momentos de tranquilidad cuando había estado sola.

Pero también había una charla motivadora en el fondo de su mente, un


recordatorio de ir despacio, tomárselo con calma, esperar a que volvieran a su
apartamento porque este no era un lugar privado; todo lo cual era un excelente
consejo. Lástima que estuviera sensible de una manera a la que no estaba
acostumbrada, de una manera a la que nunca lo había estado.

Deslizando la palma entre ellos, se rindió a su lujuria, encontrando la unión de


sus muslos.
"Joder", gruñó él.

Acariciándolo, sintió cómo su erección crecía, más tarde, se preguntaría ¿qué


demonios le había pasado, en ese momento?, se sentía imprudente, al borde de
tomar decisiones que lo cambiarían todo y quería ser audaz.

Así que bajó la otra mano y agarró su cinturón.

"¿Qué haces?", gimió él.

"¿Qué crees que estoy haciendo?". Se arrodilló y arqueó la espalda, consciente


de lo que le estaba mostrando mientras el ajustado top de cuero le subía aún más
los pechos. "Te dije que he estado pensando en ti todo el día".

Mientras la mirada ávida de Dev se posaba en todo lo que su sujetador push-


up y el escote en V dejaban a la vista, ella desató el tirante de la hebilla. Luego,
desabrochó el botón superior de sus vaqueros. Antes de llegar a la cremallera,
extendió la lengua y la pasó por el borde que tiraba de la tela vaquera...

"Oh, Dios...". Cayó hacia atrás contra la puerta cortafuegos con un estruendo,
apoyando las manos en las jambas.

Cuando Dev se mordió el labio inferior y ella miró sus caninos de puntas
planas, volvió a la realidad y recordó todo lo que los separaba, pero no podía
preocuparse por eso. No ahora, no cuando esta podía ser una de sus últimas
oportunidades.

Se iba; lo había mirado a los ojos justo ahora, mientras él le acariciaba la cara
y conocía todas sus dudas, también su inquietante necesidad de huir. Iba a
desaparecer después de esta noche y aunque eso haría el dolor más difícil de
soportar, quería saber cómo era.

Dentro de ella.

Pero también de cualquier manera posible.

"Quiero saborearte, Dev", dijo en voz baja. “Quiero que te corras en mi…”.

En algún lugar arriba, se abrió una puerta que daba a la escalera y se oyeron
voces.

Dev la incorporó de un tirón y la abrazó. Mientras él se llevaba el dedo índice a


los labios en un shhh, ella se echó hacia atrás y miró hacia arriba, entre las
balaustradas metálicas. No pudo ver mucho, pero era claramente una voz masculina
y otra femenina. Hablaban con urgencia, yendo y viniendo…

Lyric apretó la palma de su mano entre sus cuerpos una vez más, sintiendo su
excitación…
Mientras él jadeaba, ella le tapó la boca con una mano. Luego susurró: “Shhh”.

Sus ojos brillaron cuando ella empezó a acariciarlo. Luego, lentamente, volvió
a hundirse al mismo tiempo que le bajaba la cremallera.

“¿Qué estás haciendo?”, siseó.

Después de que lo siseara de nuevo, terminó de desabrocharlo y le separó las


dos mitades de la bragueta y su erección explotó ante ella.

Dios bendiga a Commando, pensó mientras contemplaba su increíble grosor.

Arriba, aún podía oír las voces, pero las palabras, aunque descifrables en otras
circunstancias, se fundieron en sílabas sin sentido cuando extendió la lengua y sin
tocarlo con las manos, comenzó a lamerle la parte inferior.

A Dev se le veían todos los dientes mientras su labio superior se separaba y


sus manos presionaban las jambas de la puerta. Al echar la cabeza hacia atrás,
golpeó la puerta...

Al instante, las voces cesaron.

"Shhh", Lyric volvió a hacer una pantomima, antes de volver para lamerlo de
nuevo. En respuesta, su erección se estremeció desde su orgullosa y recta
protuberancia, golpeó contra su lengua, entonces fue suficiente de provocación.

Justo cuando el hombre y la mujer volvían a hablar, ella lo agarró por la cintura
y Dev gimió, pero contuvo el sonido. Al menos hasta que abrió la boca y lo succionó.

Entonces, salió como un chillido que la hizo sonreír ante su excitación.

Mientras tanto, todo su cuerpo se sacudía, sus caderas empujando hacia


adelante, su peso hundiéndose en sus muslos mientras doblaba las rodillas. Fue en
ese momento que la discusión en el piso de arriba terminó con un portazo metálico
que llegó incluso a los oídos distraídos de Lyric.

Hizo una pausa y levantó la vista; la erección de Dev le ensanchaba los labios.

En el piso superior, se oyó una maldición. Entonces la puerta se cerró de golpe


por segunda vez.

Lo cual fue su señal para ponerse a trabajar de verdad.

Mirando fijamente su cuerpo encorvado, se encontró con los ojos de Dev


mientras él la miraba. La succión y las caricias se pusieron al día de inmediato, el
rubor que iluminó su rostro se tornó rojo mientras él se esforzaba y bombeaba con
ella.
Ella supo cuándo se acercaba porque se inclinó, como si intentara ponerla de
pie.

Lyric negó con la cabeza con él en la boca.

"Voy a joder...". La noticia terminó con un sonido ahogado.

Y entonces su pelvis se impulsó hacia adelante, dos veces.

Ella tragó todo lo que él tenía para darle, pero no lo soltó.

Fue un buen movimiento. Dev estaba listo para más en cuanto terminó.

Y ella también.
CAPITULO 40
________________

Piernas de fideo.
¡Madre mía!. Mientras Dev caminaba por la acera urbana nevada, tenía las
piernas tan flojas que le asombraba no solo mantenerse erguido, sino también dar
pasos bastante regulares. A su lado, en cambio, Lyric caminaba sin ningún problema.

La miró de reojo.

Resplandecía con el viento, su pelo rubio suelto en las frías ráfagas, su


cazadora protegiéndola de la temperatura de la tundra, sus mejillas sonrojadas por el
frío o por todo el esfuerzo en la escalera.

¡Dios mío, por su maldito esfuerzo!.

Mientras tomaban la recta de vuelta a su casa en el Commodore, él no dejaba


de darle vueltas a lo que le había hecho y qué se le va a hacer. Su estúpido nombre
de usuario estaba más que listo para recibir más atención de ella. El solo recuerdo de
ella arrodillándose frente a él le bastaba para que le volviera la sangre. ¿El hecho de
que se lo hubiera hecho en aquella escalera?, ¿con toda esa gente en el centro de
convenciones?, lo había dejado atónito.

Entre sus labios y aquel top de cuero con los pechos casi desbordándose...

¡Ups!.

Cuando ella lo agarró del brazo, él la agarró del suelo en caída libre, bajándola
de sus botas hasta el muslo, totalmente imprácticas.

No es que no apreciara las botas. ¡Qué se le fuera la mano!, deseaba que se


sentara a horcajadas sobre él, sin llevar nada más que las malditas botas.

La risa de Lyric era libre y ligera en la noche de invierno, mientras la


acomodaba contra su pecho con un brazo tras sus rodillas y otro alrededor de la
espalda, supo dos cosas; no quería soltarla nunca y eso era precisamente lo que iba
a hacer.

“Deberíamos haber tomado un Uber”, dijo bruscamente mientras volvía a


caminar.

“No está tan lejos. Solo, unas ocho manzanas”.

“Sobre hielo; esas botas tuyas son mortales”.


Lyric extendió una pierna. “No te gustan, ¿eh?”.

“Oh... me gustan”. Le gustaba bastante la idea de que ella lo obligara a


besarse, mientras estaba a gatas. “Solo que no afuera en enero en Caldwell”.

“Puedes bajarme, ¿sabes?”.

“Estoy bien, si tú lo estás”.

Lyric se alisó un poco el pelo hacia atrás. Luego apoyó la cabeza en su hombro.
Mientras seguía caminando, apreció la sensación de tenerla contra él, el uso de sus
músculos para mantenerla en pie, la forma en que su cuerpo se inflaba con un
propósito.

Su padre realmente había sido mitad vampiro, ¿no?.

Toda la vida de Dev, había seguido el estilo de su madre; nada de colmillos,


nada de beber sangre, nada de transiciones, nada de solo dormir. Pero algo primitivo
ocurría justo debajo de su piel mientras llevaba a Lyric a ese apartamento donde ella
no vivía realmente... algo que se sentía antiguo e importante.

No es que ella pudiera tomar su sangre jamás.

"¿De qué más ibas a hablarme?", preguntó. "En la escalera".

"Antes o después de la increíble mamada".

La risa de Lyric vibró en su interior, habría cerrado los ojos solo para captar
cada matiz si hubiera podido. Pero no necesitaba que ambos se le echaran encima.

Más adelante, las letras verticales en el lateral del rascacielos brillaban como
una luna falsa: COMMODORE. Claro que tendría un apartamento en un lugar así, un
lugar donde podría llevar humanos si iba a estar con ellos...

Un repentino deseo de gruñir interrumpió esa línea de pensamiento.

Pero vamos, ¿como si no hubiera tenido amantes antes?, tal vez había otras
razones para que tuviera un lugar de descanso entre las otras especies; como un
carnet de conducir falso o un número de la seguridad social, era otro nivel de "no
hay nada que ver aquí".

Parte de la artimaña necesaria.

"¿Dev, qué necesitas decirme?".

Negó con la cabeza. "Lo siento, es que...".

"No pasa nada". Se aclaró la garganta. “Mira, sé que no me volverás a ver


después de esta noche…”.
“No es eso lo que iba a decirte”.

“¿No lo es?”.

No, su revelación iba a llevar a eso. Cuando ella lo echará por ser su enemigo
mortal.

Solo pudo negar con la cabeza otra vez y cruzar la calle —cruzando la calle
imprudentemente, por supuesto, porque no había tráfico—, para poder bajar la
última manzana. Al subir los escalones hacia el círculo de puertas de cristal, sintió
como si algo lo apuñalara en el pecho y la sensación empeoró aún más al bajarla
sobre sus propios pies mientras se inclinaba para abrirle la puerta.

El calor y la luz del vestíbulo deberían haber sido un alivio, pero mientras
ambos saludaban al guardia de seguridad detrás de la recepción y se dirigían a los
ascensores, la sensación de que la estaba enviando a un mundo del que nunca
podría formar parte le hizo añorar la oscuridad y el frío.

Cuando llegaron a los botones para llamar al ascensor, quiso redirigirlos a


algún lugar, a cualquier parte, solo para prolongar las cosas. ¿Qué tal otra
escalera...?.

"¿Ah, sí?", preguntó arrastrando las palabras. "¿Te gustaría subir catorce pisos
andando?".

¿Si estaba dispuesta a bajarle la cremallera de los vaqueros otra vez? Iría a lo
alto del maldito edificio, con un coche a cuestas.

"Perdona, creo que estaba pensando en voz alta". Apretó el botón de subir.
"Aunque me has puesto a prueba con las puertas cortafuegos, ¿quién diría que esa
era mi manía?".

"La seguridad es lo primero".

"Siempre...".

¡Bing!.

Cuando se abrieron las puertas, extendió el brazo para asegurarse de que ella
entrara sana y salva, luego la siguió. Tenía la sensación de que la dejaría en las
puertas de cristal. Luego en el ascensor, ahora parecía que iba a subir hasta ese
apartamento...

Lyric dio un paso y juntó sus cuerpos.

Ella no dijo nada, sus ojos hablaban por sí solos.


"No puedo quedarme", dijo con voz ronca. "No... debería. Sé que sigo yendo y
viniendo, pero cada vez que estoy contigo, me olvido por completo".

Su decepción estaba casi oculta, casi.

"De acuerdo", susurró.

Acariciándole el pelo hacia atrás, se detuvo en sus hombros e imaginó cómo se


vería debajo de su cazadora.

"Lyric, quiero...".

"¿Qué?", preguntó ella.

“Quiero estar contigo esta noche, pero primero tengo algo que hacer”. Cuando
ella solo asintió, él sintió la distancia de todo lo que no le contaba. “La cosa es así,
quiero cuidarte, quiero hacer lo correcto”.

La tensión en ella se alivió un poco. “¿De verdad?”.

“Sí”.

Hubo un golpe y las puertas se abrieron. Extendiendo el brazo de nuevo para


contenerlas, se aseguró de que ella cruzara el umbral antes de salir él mismo, le
pareció lo más natural del mundo rodearla con el brazo y acompañarla por el pasillo.

Cuando llegaron a su apartamento, ella sacó una llave de cobre y la metió en


el cerrojo. Mientras abría, le gustó que no le rogara que entrara ni intentara seducirlo
para que se quedara. No su Lyric, ella estaba por encima de todo eso.

Cuando ella entró y se dio la vuelta, él reconoció las sombras en sus hermosos
ojos, aunque había tantas razones para callarse antes de despedirse, quiso
consolarla, aunque no podía.

"No pienses tanto", dijo en voz baja. "Malo para el alma".

"No estoy seguro de que los grandes filósofos estén de acuerdo contigo".

"Están todos muertos. ¿Qué saben ellos?". Le dio un beso en la boca. "Gracias
por esta noche. Y no, no quiero que terminemos aquí, sigo intentándolo, pero... la
idea de no volver a verte me parece fatal".

Sus manos subieron hasta las yemas de su pecho. "A mí me pasa lo mismo".

Su mirada recorrió su rostro y luego le rozó el labio inferior con el pulgar. "No
deberías preocuparte... por lo que te preocupa".

"Sería un buen consejo".


Mientras Lyric lo miraba con tristeza, la besó una vez más y luego se apartó.
"¿Nos vemos mañana por la noche?".

"Sí", dijo ella.

"Entonces es una cita".

Se obligó a darse la vuelta y al empezar a alejarse, ella gritó: "¿Qué crees que
me preocupa?".

Dev se detuvo en los ascensores. Al mirarla pasillo abajo, supo en el fondo que
iba a recordar la imagen de ella en el umbral, con sus botas altas de símbolo sexual,
su cazadora más bien de "este es mi novio".

"Nos vemos mañana por la noche".

¡Bing!. Cuando las puertas se abrieron para él, ella dijo: "¡Espera!, ¡tu
cazadora!".

"Quédatela", le espetó mientras entraba y pulsaba el botón L.

Lyric corrió pasillo abajo tras Dev, pero no llegó a tiempo. El ascensor se cerró
y se selló justo cuando ella se detuvo de golpe, ni siquiera logró verlo por última vez.

Cruzando los brazos sobre el pecho, miró el dobladillo de su chaqueta. Luego


regresó al apartamento y se encerró. Apoyada en la puerta, tuvo la extraña
sensación de que él sabía quién era y que había estado intentando tranquilizarla
indirectamente.

Pero había tenido mucho cuidado de no enseñar los colmillos y nunca le había
sugerido que se vieran durante el día, algo que ella nunca iba a poder hacer. Incluso
esa pelea menor había sido demasiado lejana para que él viera algo que pudiera ser
una pista de que algo paranormal estaba sucediendo.

Y la mayoría de los humanos no tenían ni idea de que los vampiros vivían entre
ellos.

"No lo sé", murmuró.

Al bajar al dormitorio, sintió una marcada decepción al ver que él no estaba


con ella, al ver que no había nada desnudo en el mullido colchón; no es que hubieran
llegado hasta allí.

Dios, lo deseaba con todas sus fuerzas.

En el baño, sacó el móvil del bolsillo trasero de sus ajustados pantalones y


abrió una pantalla de mensajes. Cuando terminó de enviarle el mensaje a su
hermano, se quitó las botas altas con cuidado e hizo lo mismo con la blusa de cuero.
Fue como pelar una maldita uva.

Se aseguró de que la ducha fuera larga y muy caliente.

Cuando por fin salió, miró su móvil y vio lo que Rhamp le había contestado.

"Ya me lo imaginaba", murmuró. Al menos no la había golpeado.

Dirigiéndose al vestidor, se puso otra prenda de la que ya tenía; el jersey de


cuello alto y los vaqueros, calentitos; las botas de nieve, muchísimo más prácticas.
Mientras colgaba su conjunto de influencer y apoyaba las medias en un rincón, se
quedó un momento. Luego dobló la cazadora de Dev y la escondió en el fondo de
uno de los cajones empotrados. Después, apagó las luces y se dirigió a la salida.

Por el camino, miró su móvil un par de veces, esperando encontrar algo de


Dev.

Sin embargo, él no se acercó.

Un montón de preguntas sobre cuándo y dónde mañana por la noche le


pasaron por la cabeza, pero tenía que dejarlas en paz. No solo no quería perseguirlo,
sino que tenía algo que hacer que parecía de vital importancia, aunque no podía
creer que tuviera que pasar veinticuatro horas antes de poder volver a verlo.

En lugar de salir por la puerta, entreabrió una de las ventanas, cerró los ojos...
e intentó calmarse.

Pasó un rato antes de que pudiera desmaterializarse, pero no le sorprendió.


Cuando volvió a la normalidad, fue frente a una mansión moderna iluminada por
dentro como una vitrina. Coches de diversas ascendencias europeas estaban
aparcados en el camino de entrada y la puerta principal estaba abierta de par en par,
a pesar del frío. La música era tecno-swing, un género nuevo que aún no le gustaba,
no necesitaba estar cerca de la entrada para oler el humo rojo, el licor, los perfumes
y las colonias.

Era típico de Shuli.

Al acercarse a la cacofonía, se maravilló de cómo había asistido a las fiestas de


los hombres durante años y siempre las había esperado con ilusión. Le había gustado
la excusa para arreglarse y publicar sus fotos del día, luego estaban los chismes, sus
amigos, las travesuras que Rhamp y sus colegas siempre hacían a medida que
pasaban las horas, el pensamiento crítico se volvía cada vez menos crítico. Además,
¿qué más tenía que hacer consigo misma?.

Ahora, sin embargo, al entrar en el vestíbulo blanco sobre blanco con todo su
arte contemporáneo, se preguntaba por qué había perdido tanto tiempo, pasando el
rato con la misma gente, compartiendo las mismas conversaciones y chistes.

"¡Lyric!".
El sonido de su nombre la hizo girar la cabeza. Mharta se dirigía hacia ella, la
mujer luciendo tan elegante y sexy como siempre con un traje pantalón ajustado.
Otra rubia, pero no se parecía en nada a Lyric en su estilo, priorizando el sexo antes
que la moda.

"Hola, chica." Mientras se besaban en las mejillas, esos ojos críticos recorrieron
el suéter y los vaqueros de Lyric como si la mujer estuviera mirando una ardilla
muerta. "¿Qué tal te quedó la capota de cuero?".

"Oh, lo siento, genial. Gracias por prestármela, la llevaré a la tintorería antes


de devolverla".

"No es lo que sueles llevar, pero seguro que estabas estupenda". La sonrisa era
condescendiente, pero no con malicia. Era como Mharta siempre había sido. "Veo que
te has puesto cómoda, qué mona".

Por supuesto, las dos palabras con c eran palabrotas.

"¿Sabes dónde está mi hermano?". Lyric se puso de puntillas e intentó ver a


través de las cabezas.

"No y tampoco encuentro a L.W. Probablemente estén juntos, ¿o se les


escapó?".

"¿Rhamp, perderse una fiesta?, por favor. Además, me mandó un mensaje


diciendo que está aquí".

Y además, no quería molestarlo. Pero ella no lo oía.

"Bueno, no lo he visto". La mujer frunció el ceño. "Más les vale que no se


hayan ido sin nosotras".

"Me contactó hace solo veinte minutos".

Mharta se echó el pelo rubio, lacio como un palo, por encima del hombro y le
cayó por la espalda como un río. "Se lo pierden. Me voy, ¿quieres ir a Bañarte con
nosotros?".

Preferiría perder una extremidad, pensó Lyric.

"No, gracias. Voy a intentar encontrar a mi hermano".

"Si lo ves, dile que él y L.W. están en mi lista negra". Esos labios rojos
sonrieron con facilidad. "Pero ya me conoces, soy de las que perdonan, sobre todo si
se trata de L.W.".

Mharta desapareció entre la multitud de sofisticados y Lyric siguió su camino,


abriéndose paso entre hombres con trajes de seda y mujeres con alta costura.
Mientras avanzaba, recordó que la casa de Shuli siempre le había parecido austera y
demasiado moderna, sobre todo en lo que respecta a su gusto artístico. Por otra
parte, si ibas a meter a un par de cientos de personas en estas habitaciones con
regularidad, más valía dejar suficiente espacio libre para acomodarlas.

Después de dar una vuelta por la planta baja, estaba a punto de darse por
vencida cuando miró hacia las escaleras. La cuerda de terciopelo estaba colocada, lo
que significaba que la gente debía quedarse en el primer piso.

Interesante.

Agachándose, subió corriendo los escalones alfombrados de blanco y luego


bajó por el pasillo hasta el dormitorio principal. Olió el humo rojo mucho antes de
llegar a la puerta y dudó antes de llamar. Conociendo a Shuli, podría estar
interrumpiendo una orgía...

Los paneles se abrieron y su hermano estaba al otro lado, como si hubiera


hecho eso por ella.

Y no le gustó la expresión sombría de su rostro.

No podían ser sus abuelos. Ella también habría recibido una llamada.

"Ahora no es un buen momento", dijo Rhamp con brusquedad. "Te lo dije".

Mirando más allá de él, vio a Shuli y L.W. acostados uno al lado del otro en la
enorme cama king size, el primero en pijama de satén, el segundo con bata de
hospital. Un televisor desplegable del tamaño de una alfombra de sala les impedía
ver casi todo, mientras que un tiroteo resonaba a través del sonido envolvente y
ahogaba la música del primer piso.

Obviamente, ninguno de los dos iba a ninguna parte, incluso con todo lo que
estaba sucediendo abajo...

En cuanto Shuli se inclinó hacia un lado y miró a su alrededor, lo que fuera que
estuvieran viendo, el hombre se puso firme, levantándose de las almohadas sobre las
que había estado despatarrado. "Lyric...".

L.W. se agachó para poder ver debajo del televisor solo por una fracción de
segundo. Luego negó con la cabeza y volvió a lo que fuera que llevaban puesto.

"Hablamos luego", dijo Rhamp bruscamente.

Lo apartó de un empujón e irrumpió. "¿Qué está pasando aquí?".

Los conocía a los tres desde hacía demasiado tiempo como para no reconocer
las señales reveladoras de que estaban tramando algo. Además, la tensión era tan
alta que el aire en la suite era casi sólido.
"¿Quieres algo de beber?", murmuró Shuli mientras se recostaba. "Te invitaría
a uno, pero estoy demasiado borracho para mantenerme en pie. Rhamp, ¿le darías a
tu hermana lo que quiera?".

"No se queda", murmuró su gemelo mientras la tomaba del brazo. "Vamos, te


acompaño a la salida...".

Lyric le soltó el brazo de un tirón. "¡Qué demonios vas a...".

Miró a los demás. "Lo siento, no pensé que aparecería...".

"Un momento, un momento", espetó. "¿Como si fuera tu hermana pequeña y


te molestara mientras haces cosas de mayor?, ¡que te den, Rhamp!".

"No voy a discutir contigo".

Cruzando los brazos sobre el pecho, levantó la barbilla. "Qué refrescante, ¿Esto
es una nueva página?, porque a juzgar por tu expresión, creo que es una resolución
que no podrás cumplir".

La cabeza de su hermano se echó hacia atrás dramáticamente. "Tu timing es


como tu gusto en amantes, malo, como siempre...".

"Que te jodan...".

Rhamp cerró la puerta de una patada. "No, mira, me llamaste para pedir ayuda
anteanoche y mis amigos podrían haber muerto, todo porque querías asegurarte de
que tu juguete humano no fuera reclutado y terminara en el bando equivocado...".

"Tu trabajo es cazar lessers...".

"Proteger la especie, Lyric", replicó. "No a tu pequeño cabrón...".

El volumen del televisor subió muchísimo, mucho; el brazo extendido de L.W.


apuntaba con el control remoto a la pantalla plana. Pero el tipo no interfirió por lo
demás. Del mismo modo, tenía la sensación de que Shuli se conformaba con
simplemente sentarse y observar el drama. O tal vez "conforme" no era la palabra
correcta, parecía estar revuelto.

Maldita sea, la idea de que ambos estuvieran tan heridos por el tiroteo que no
pudieran salir al campo ni a una fiesta absurda la hacía sentir mucho más culpable.

"Me sorprende que no estés con él ahora", decía Rhamp. ¿"O decidió que
necesitaba dormir?, como hacen los humanos".

Volvió a centrarse en su hermano. Sus ojos destilaban ira y su pelo negro


estaba revuelto, como si se lo hubiera tirado con frustración. Su corpulento cuerpo
de luchador vestía a medio camino entre lo informal y lo listo para el campo; todavía
había mucho negro y no dudaba de que hubiera muchas armas bajo su chándal
Adidas holgado, pero no había dagas a la vista, ni shitkicker.

Había venido a una fiesta, pero no estaba ebrio y desde luego no estaba
relajado. Volvió a mirar a Shuli y a L.W. y se preguntó qué estaría pasando entre los
tres. Como gemela, siempre había tenido un don para saber lo que su hermano
pensaba. Quizás no detalles específicos... pero podía intuir su estado de ánimo.

Y no se trataba de sus abuelos ni siquiera de la pelea en casa de Dev. Ni


siquiera se trataba de Dev; era solo una distracción para enfadarla y evitar que
hiciera demasiadas preguntas que se acercaban demasiado al verdadero problema.

"¿Qué está pasando?", repitió en voz baja.

Rhamp se enmascaró por completo y la tomó del brazo. "Nada que te


involucre, ahora vete...".

El hecho de que intentara procesarla como un problema le devolvió la ira. "De


acuerdo, de acuerdo, conseguiré que alguien más me enseñe a disparar...".

Al instante, el televisor se silenció y mientras su hermano la giraba, tanto L.W.


como Shuli se incorporaron en la cama y volvieron a inclinarse alrededor del
televisor.

"¿Qué dijiste?", preguntó Rhamp.

"Me oíste". Lyric se aseguró de sostener esas miradas sin pestañear ni


disculparse. "Quiero aprender a manejar un arma".

"¿Por qué necesitas saber disparar?".

Lyric entrecerró los ojos y pensó en la mujer del vestido morado. "Quiero
aprender a luchar, en la guerra".

Hubo una pausa y luego su hermano echó la cabeza hacia atrás y rió.

Bueno, quizá Valentina no tenía razón al hablar con su hermano.

"¡En serio!", no iba a rebajarse dando patadas. Pero, ¡madre mía!, de repente
quiso dar un puñetazo a la pared. "¿Crees que disfruté quedándome al margen
mientras les disparaban a todos detrás de ese edificio?, podría haber ayudado...".

Rhamp volvió a levantar la cabeza de golpe. "No, rotundamente no. Vas a


dejar de hacer esto ahora mismo, no eres la clase de persona que puede con el
campo..."

"¿Cómo lo sabes?; cuando empezaron el programa de entrenamiento, apuesto


a que tuvieron que aprender mucho y practicar. ¿Por qué no puede ser lo mismo para
mí?".
"¿En serio?". Mientras los demás guardaban silencio, su hermano la miró con
los ojos entrecerrados. "¿Después de cómo has pasado los últimos diez años?, tienes
que preguntar eso".

"Hay mujeres que pueden luchar".

"Y no son Barbie, ¿de acuerdo?, no son tú".

Al ver que Lyric palidecía ante la desestimación, abrió la boca para responder.
La cerró, lo intentó de nuevo.

"No sabía que me tenías tan poco respeto", dijo con la voz entrecortada.
"Demonios, me sorprende que no te dé vergüenza decir que soy tu hermana".

Rhamp levantó las manos. "No lo decía en serio...".

"Creo que sí". Con los ojos inundados de lágrimas, se los secó con furia. "Me
alegra saberlo, no volveré a molestarte...".

Su teléfono sonó al mismo tiempo que el de su hermano.

Cuando ambos sacaron sus móviles y Rhamp la miró alarmado, supo que esto
solo podía significar una cosa.

Contestó la llamada de Qhuinn al mismo tiempo que su hermano contestaba la


de Blay.

"Ya vamos", dijo con voz ahogada antes de que su padre dijera una palabra.
"Rhamp está aquí conmigo y vamos ahora mismo".

Cuando colgó, Rhamp se acercó a ella. "¿Estás bien para desmaterializarte o te


llevo?".

Su voz era la misma, al igual que los rasgos de su rostro, también su altura y
musculatura. La oferta de asegurarse de que ella estuviera bien también le venía de
perlas y antes, su caballerosidad siempre le había parecido un reflejo de su buen
carácter; ¿ahora?.

Por primera vez en su vida, miró a su hermano gemelo como si fuera un


extraño.

"Cuídate", dijo. "Yo me tengo a mí misma".

Dicho esto, se dio la vuelta y se dirigió a la puerta.

"Oh, vamos, Lyric. Ahora no es el momento...".

"Estoy totalmente de acuerdo", murmuró mientras salía.


En el pasillo, se detuvo para recomponerse. Luego se dirigió a la suite de
invitados de al lado para desaparecer.

A casa de sus abuelos.


CAPITULO 41
________________

Lash, hijo del Omega, salió al parque de la ciudad en una carroza metafísica.
Sus pisadas eran tan ligeras sobre el manto de nieve intacto que no solo no atravesó
la superficie, sino que no dejó huellas. En respuesta a su presencia, el viento cambió
de dirección, dando vueltas y soplando incesantemente desde el norte para rizarse
entre su larga túnica negra, mientras que sobre su cabeza, traía consigo una oscura
capa de nubes que ocultaba la luna y las estrellas.

Deteniéndose, miró primero hacia el río. La corriente del Hudson era lenta y
estaba constreñida por el hielo que germinaba en las orillas. Al otro lado, la otra
mitad de Caldwell brillaba, con las casas suspendidas sobre el agua como galaxias
caídas. Mirando hacia el sur, contempló las lanzas iluminadas del Distrito Financiero
de Caldwell, que se alzaban sobre la maraña de raíces de asfalto, así como los
puentes gemelos arqueados que mantenían unidas las dos partes de la metrópolis.

La Northway, que fluía entre la intersección de salidas que conducían al centro,


estaba salpicada de faros y luces traseras.

Hacía muchísimo tiempo que no se detenía a mirar a su alrededor.

Maldiciendo, se frotó las sienes, sensibles por el dolor. Le dolía la cabeza y se


sentía alarmantemente débil. Asimismo, la inquietud se extendía por su interior
maligno, la sensación de que las cosas se movían entre bastidores y se organizaban
a su favor, lo acosaba.

Algo estaba cambiando para él, simplemente no sabía qué.

La inminente crisis existencial llevaba tiempo gestándose y por mucho que lo


intentara, no podía identificar ningún detalle. Por mucho que reflexionara,
descansara e intentara recargar energías, no podía evitar el agotamiento.

Así que cuando recibió una llamada de uno de sus reclutas y oyó una voz
desconocida con acento altivo, la inesperada aparición sin duda parecía formar parte
del hastío.

O al menos, una señal del sendero...

Una figura apareció en el límite del parque, Lash olió el aire, percibiendo la
sutil y sofisticada colonia del vampiro. Con mirada penetrante, distinguió el elegante
abrigo ajustado del tono camello adecuado y la bufanda granate anudada al cuello. El
cabello era oscuro y con raya a un lado, el rostro era atractivo, propio de la buena
crianza y la postura del torso era perfecta.

Ah, sí, la aristocracia. Habiendo crecido con ellos, apreciaba los aspectos
superficiales de la glymera.
Sobre todo teniendo en cuenta con quién se relacionaba ahora.

Lash se quedó donde estaba y dejó que el hombre se acercara a él. Mientras
tanto, observó la periferia. Nada acechaba, mientras él, con su voluntad, establecía
un límite, pretendía mantenerlo así. La Hermandad tenía sus mhis; él tenía una
versión de la misma.

"Whestmorel", dijo arrastrando las palabras.

"Lash, hijo del Omega".

El arco que recibió fue un buen detalle, una indicación de una lealtad dividida
con Wrath, hijo de Wrath, padre de Wrath, en teoría. Sin embargo, no confiaba en
nadie ni en nada, ni en este mundo ni en el siguiente.

Hablando del gran Rey Ciego, aún no entendía cómo había fallado esa bomba
hacía treinta años. Pero esa era una reflexión para otro momento.

"Me sorprendió recibir una llamada como la tuya". Mientras el viento seguía
azotando su larga túnica negra, Lash se alegró de haberse quitado su atuendo de
combate. No había razón para asustar al hombre. "La mayoría de los aristócratas
prefieren dejar el trabajo pesado a otros".

Habló para tranquilizar a Whestmorel. Cuanto más relajado estaba un objetivo,


más fácil era penetrar en su mente y alma. Curiosamente, sin embargo, su
indagación estaba bloqueada.

Alguien había estado practicando su propio control mental.

"Tengo algo que darte", dijo el aristócrata. Sin ningún tono de superioridad.

La serena firmeza fue una sorpresa. Lash estaba acostumbrado a que la gente
temblara ante él; aunque, si alguien iba a traicionar a Wrath, más le valía mantener
la calma frente a un enemigo.

"¿Qué podría ser?", murmuró Lash.

“Puedo decirte dónde está la Casa de Audiencias de Wrath. Puedo darte la


ubicación nocturna del Rey y la Hermandad de la Daga Negra”.

En respuesta a la declaración, una chispa surgió en lo más profundo de él y al


sentir una oleada de poder, pensó que tal vez llevaba un tiempo dejándose llevar, tal
vez ese era su problema.

“Déjame adivinar”, dijo Lash con serenidad. “Deseas intercambiar esta


información por garantías de que alcanzarás el poder después de que yo le
derroque”.
Inclinó la cabeza solo una vez. “Necesitarás a alguien que gobierne a los
vampiros en tu nombre”.

Arqueando una ceja, estuvo a punto de señalar que su objetivo era la


erradicación de la especie. Pero cuando tu enemigo buscaba traicionar a los suyos,
no había razón para señalar que se traicionaba a sí mismo.

“Continúa”, lo animó Lash.

"No puedo creer que tus ambiciones solo se centren en nosotros. ¿No deseas
dominar el mundo?, ¿por qué gobernar solo a vampiros en Caldwell, cuando podrías
dominar la Tierra?. De hecho, para lograrlo, necesitarás muchos ejércitos, no solo el
tuyo. Con una parte de ti en cada cazador, ¿hasta dónde puedes llegar sin
debilitarte?. Si tienes luchadores vampiros leales, entonces eres mucho más
poderoso.

Al descender sus colmillos, el labio superior de Lash se crispó. "Sabes poco de


lo que hablas, aristócrata".

"Sé que todas las cuentas bancarias tienen un punto cero y una fortuna
repartida entre demasiados herederos se reduce a nada".

Por supuesto, tenía que expresarse en términos de dinero.

Whestmorel arqueó sus ya altas cejas. Si ya hubieras podido matar a Wrath, lo


habrías hecho. Si la Sociedad Lessening hubiera podido erradicar a los vampiros, lo
habría hecho. Generaciones de esta guerra han perdurado porque el enfoque siempre
ha sido el mismo. Tú contra todos nosotros. Pero, ¿si hubiera otra manera?, ¿si en
lugar de un sube y baja perpetuo que no lleva a ninguna parte, hubiera un esfuerzo
colectivo contra los humanos...?.

El aristócrata se llevó la mano al pecho y jadeó en busca de aire. Al doblársele


las rodillas y esforzarse por respirar, aterrizó de bruces en la nieve, con las piernas
pateando el suelo con sus mocasines, sin duda hechos a mano.

Lash extendió la palma de la mano y con un impulso de voluntad, volteó al


hombre boca arriba. Agachándose, fijó la mirada en su presa. "Podría matarte ahora
mismo".

"No... lo harás...". Whestmorel respiró hondo. "Me necesitas...".

"Sobreestimas tu necesidad". Enderezándose completamente, Lash apoyó el


pie en el pecho del macho y echó todo su peso hacia adelante. El sufrimiento
aumentó, lo cual era satisfactorio, hasta cierto punto.

Pero entonces esa extraña inquietud volvió a invadirlo y lo siguiente que supo
fue que estaba liberando no solo sus pulmones, sino también el control de su
voluntad sobre el músculo cardíaco del macho.
Whestmorel inhaló litros de aire, tragando el oxígeno y escupiéndolo en nubes
que recordaban a un antiguo tren de Navidad.

Por un momento, Lash se remontó a su pasado y recordó haber crecido en lo


que creía que era la mansión de sus padres. Siempre había un árbol decorado en el
salón, que se alzaba con brillante elegancia al llegar diciembre de cada año. El
despliegue no se debía a la celebración de la festividad humana, sino a que era
simplemente otra hermosa decoración para disfrutar.

Y siempre había habido regalos, por supuesto.

Esos habían sido tiempos mucho más sencillos, antes de descubrir a su


verdadero progenitor, antes de tomar el control de la Sociedad Lessening de su
padre, el Omega, antes de… las últimas dos décadas, cuando las cosas no habían
progresado ni retrocedido en cuanto a la guerra y en otros aspectos de su vida.

Si uno no avanzaba… ¿no era eso perder terreno, por así decirlo?.

Sobrevivir no era una victoria. No la que venía con el dominio y el control que
siempre había anhelado.

“Debes preguntarte…”. El aristócrata tosió. “Si erradicas a todos los vampiros,


¿cómo puedes gobernar… sobre los muertos…”.

Lash miró hacia esos rascacielos, uego dejó que su mirada vagara por la
expansión suburbana que bordeaba el centro. Había tanto más que no podía ver,
tantas casas, tantos pueblos, tantas ciudades.

Por todo el mundo.

"Si matas a todos los vampiros", dijo Whestmorel con voz áspera, "¿a quién
gobernarás?, ¿qué… harás… si ganas?".

"No conoces mis planes, aristócrata".

Inyectó desdén en sus palabras, pero solo para ocultar la verdad que de
repente se vio confrontado. Tan involucrado había estado en la base de la guerra —el
reclutamiento, las inducciones, el equipamiento y el armamento, el ir y venir de las
bajas que eran traídos a la Sociedad y luego devueltos a él, mientras los Hermanos y
sus guerreros los enviaban a casa— que no había considerado una estrategia más
amplia.

Sí, pensó. Este era el ajuste de cuentas que necesitaba y se trataba de mucho
más que la guerra.

De pie junto al aristócrata que le había inculcado las mismas aspiraciones que
debería haber germinado en su interior, reflexionó sobre la naturaleza de los padres
y los hijos. Había asumido con entusiasmo el papel de su progenitor y hubo un
tiempo en que esperaba que su propio hijo hiciera lo mismo.
El hecho de que el gran Rey Ciego siempre tuviera a su progenie a su lado, en
sintonía, era una razón más para odiarlo. El hijo de Lash, en cambio, lo había
destrozado hacía años.

Qué decepción había sido Devlin, pero ese hijo de puta se parecía demasiado a
su madre.

Diablos, por lo que Lash sabía, los dos podrían estar tramando derrocarlo en
ese preciso instante.

Era algo que siempre le preocupaba...

¿Y si este emisario es en realidad obra suya?, pensó de repente. ¿O de alguien


más?.

"¿A quién gobernarás?", repitió el aristócrata. "¿No te gustaría llegar a Wrath?,


esta noche".

Mientras la provocativa sugerencia subía hasta él a través del aire frío y


ventoso, intentó de nuevo entrar en la mente del hombre. Al ver que no lo lograba,
entrecerró los ojos.

¿Qué se escondía tras esa oferta?, ¿era una quimera creada por su ex, algo
para hacerle caer, una maniobra para estimular su ansia de poder?, ¿era una trampa
de Lassiter o del gran Rey Ciego?.

Lash observó al hombre que yacía despatarrado a sus pies. La rabia que lo
embargaba no era ninguna novedad. El odio siempre lo había definido, solo que
ahora era mayor y mucho, mucho más sabio.

Incluso mientras sus emociones se arremolinaban, mantuvo el autocontrol.

Si perdía la compostura, el velo de protección que había tendido allí se


desataría y quién sabe qué le esperaba en las afueras de aquel parque.

Lo más seguro que podía hacer era largarse de allí.

Mirando con recelo por encima del hombro, Lash no recordaba un momento en
el que se hubiera sentido tan desestabilizado. Era casi como si se estuviera
estableciendo una especie de punto de apoyo y su energía se agotara por ello. Él ya
había sido consciente de esto durante un tiempo, pero como sucede con todos los
cambios graduales, él había sido la rana que se estaba cocinando poco a poco.

Hasta ahora estaba allí, en este parque nevado de la ciudad, con sus propias
resoluciones derrumbándose, junto con la sensación de que había... algo más. Algún
otro tipo de alineamiento ocurriendo en su detrimento... oh, joder. Estaba dando
vueltas otra vez, su mente en un bucle del que no podía salir.
Esto estaba sucediendo mucho últimamente.

"No te creo", se oyó decir.

Al partir, no mató al mensajero. Quería que el hombre regresara a su lugar de


origen y se llevara consigo el hecho de que la artimaña no había funcionado y no
había caído en la trampa.

Y había una segunda razón para mantener con vida a Whestmorel.

Sabía cómo atrapar al aristócrata.

Si Lash se equivocaba y esta era una oferta honesta de traición, habría tiempo
para frenarla. Lo más importante ahora mismo era averiguar exactamente por qué
estaba drenando su propia energía y lidiar con eso primero, entonces podría
continuar.

Con otras cosas.


CAPITULO 42
________________

Lyric llegó primero a casa de sus abuelos y en cuanto cruzó la puerta


principal, percibió el olor a muerte. Al inhalar, los olores superficiales eran los
mismos; el limpiador de pisos, el Windex, el café, los champús y ese horrible toque
medicinal; todo a lo que estaba acostumbrada, pero ahora había un subsuelo más
profundo en lo familiar, una tarjeta de visita mohosa que, aunque nunca antes la
había sentido en la nariz, una parte ancestral de ella era capaz de identificar.

Al bajar a toda velocidad a la cocina, se detuvo en seco. Había tanta gente en


la casa, apiñada en la sala de estar, reunida en la encimera junto al fregadero,
sentada a la mesa. Rostros se volvieron hacia ella, mirándola con amor y tristeza; sin
embargo, no podía identificarlos, a pesar de conocerlos de toda la vida.

Ahogando un grito, se dirigió a la habitación del primer piso; el ruido de sus


botas resonaba en su mente. Sabía que esto iba a suceder, todos sabían que esto se
avecinaba. Entonces, ¿por qué les causó tanta sorpresa...?.

La puerta estaba cerrada, pero ella no llamó. Entró de golpe, irrumpió, se


desplomó...

Lyric se detuvo en seco. Su abuela estaba recostada contra las almohadas, con
los ojos cerrados, el rostro demacrado y casi gris, la pechera de su camisón de
franela dejaba entrever apenas un leve aliento.

Apenas estaba viva.

Arrodillado a su lado en la cama, Rocke sostenía una de sus manos entre las
suyas; su rostro afligido estaba pálido y sin lágrimas, pues sin duda ya no le
quedaban lágrimas que derramar. A los pies de la moribunda, los padres de Lyric
estaban agachados, Qhuinn sosteniendo a Blay, quien la observaba fijamente...

Unos pasos fuertes que entraban apresuradamente hicieron que Lyric mirara
por encima del hombro.

Rhamp casi la atropelló al llegar, pero ella no tenía energías para quejarse de
que la hubieran apartado del camino. Sobre todo cuando su gemelo se detuvo en
seco como si hubiera olvidado cómo moverse.

Blay levantó la vista. "Hola, chicos, pasen".

Como si volvieran a ser niños, obedecieron y cerraron la puerta sin hacer


ruido. Pero al ver que no se acercaban a la cama, Rocke sonrió y les hizo un gesto.

"Acérquense, para que sepa que están aquí. Tengo el presentimiento..., creo
que nos ve, a todos".
Lyric dio un paso al frente y al ver que Rhamp no la seguía, enganchó su brazo
con el suyo y lo atrajo. Junto a la cama, había espacio para apoyar la cadera y lo
aprovechó, frente a su abuelo.

"Hola, Granmahmen", dijo con voz entrecortada. Luego miró a sus padres.
"¿Qué ha pasado?, ¿qué ha cambiado?".

Blay respiró hondo, hace unos quince minutos, su corazón se paró mientras le
revisaba la oxigenación, volvió a latir solo. Luego se paró un par de minutos
después... ya era hora. Ehlena y la Dra. Jane dijeron que podrían intentar darle
estimulantes, pero...

Con un nudo en la garganta, Lyric se dirigió a su tocaya: "Nosotros también


estamos aquí, Granmahmen. Rhamp y yo estamos aquí".

Esperaba que su hermano interviniera. Al no hacerlo, lo miró de reojo, no se


había sentado, sino que estaba flotando en la periferia, con la mirada fija en la pared
de enfrente y el cuerpo tenso como una estatua.

"Rhamp", susurró. Mientras él la miraba, ella asintió a su abuela. "Rhamp


también está aquí", dijo en voz más alta.

Él negó con la cabeza y dio un paso atrás, frotándose la cara con la mano.

Lyric volvió a centrarse en su abuela y vio con más claridad lo que sus
primeros vistazos frenéticos habían pasado por alto. La boca de la Lyric mayor estaba
flácida y teñida de azul, sus ojos hundidos apenas abiertos, pero sin ver nada, su
pecho vacío apenas inhalaba... apenas exhalaba...

"Te amo", dijo Lyric con brusquedad mientras acariciaba el fino cabello blanco.

Recordó noches atrás, cuando se había tumbado junto a la hembra. Esos


momentos le habían parecido importantes entonces. ¿Ahora?, eran preciados más
allá de cualquier riqueza terrenal, pues eran los últimos que tendría.

Escucho sollozar y se dio cuenta de que provenían de ella.

Entonces miró la mano libre de su abuela, que yacía sobre la colcha floreada,
tan quieta, con las venas moradas y los huesos blancos asomando a través de la piel
fina como el papel.

Miró a Rhamp. "Tienes que despedirte...".

Él negó con la cabeza una vez más.

"No", entonó ella. "Ven aquí, siéntate conmigo y habla con ella".
Rhamp retrocedió un paso más y ella pensó en su juventud. Él era quien
siempre la había protegido, incluso antes de su transformación, cuando era pequeño.
Luego, después de su transición, cuando superó las dificultades, había crecido tanto,
lo suficientemente grande no solo para luchar, sino para vencer al enemigo.

Mientras que ella había sido... una Barbie.

Seguía enfadada con él por esa broma. Solo que eso no era lo que tenía en
mente ahora. Lo único que recordaba… era lo que él hacía cuando eran jóvenes y las
tormentas llegaban durante el día, el estruendo era tan fuerte y profundo que
vibraba incluso bajo tierra.

Siempre recurría a ella entonces y era él quien buscaba su consuelo cuando


tenía miedo.

A pesar de todo su coraje en el campo, ahora tenía miedo.

"Rhamp", dijo con fuerza. "Te vas a arrepentir de esto el resto de tu vida. Ven
a sentarte conmigo y dile que la amas".

Extendiendo el brazo, mantuvo sus miradas fijas. "Todo va a estar bien. Ven
aquí, hermano mío".

Se hizo el silencio en toda la habitación; sus padres y su abuelo los observaban


en silencio, podía sentir la emoción tejiendo el aire, contaminado con el presagio de
la muerte...

Eso es lo que le asusta, pensó; el olor.

"Sigue siendo ella", ordenó. "Respira por la boca, no por la nariz. Olvídate del
olor y acompáñame, no queda mucho tiempo".

Su nuez, tan prominente en su gruesa garganta, onduló. Entonces, por fin, dio
un paso adelante.

Acomodándose para que le quedara espacio, lo atrajo hacia sí.

"Estamos todos aquí", dijo Lyric mientras acariciaba la muñeca de su abuela.

La piel estaba seca y fría, demasiado fría.

"Díselo", le animó a su hermano.

Pasó un rato antes de que Rhamp respondiera y a medida que pasaban los
minutos, ella se ponía cada vez más nerviosa.

Pero entonces se aclaró la garganta y con la voz de un joven que no había sido
en tantos años, Rhamp dijo: "Te quiero, Nana".
Lyric se secó una lágrima al recordar el antiguo nombre, el que usaba para
llamar a su abuela; porque, de joven, tenía un pequeño problema de habla y no
podía manejar la palabra.

"Están todos aquí, abuelas", susurró mientras respiraba hondo. "Estamos todos
contigo, no pasa nada... puedes irte".

Se preparó para el último aliento, como todos los demás. Cuando no llegó,
miró a los hombres que rodeaban la cama. Todos miraban fijamente a la persona que
los había mantenido unidos durante tantos años.

"No pasa nada, abuela", repitió. "Puedes… irte, no pasa nada”.

El pecho seguía subiendo y bajando con dificultad.

Lyric frunció el ceño, pensó en cómo ella y su abuela siempre habían sido las
únicas hembras de la casa, cómo la Lyric mayor, siempre había estado al mando.
Cuatro machos fuertes, tan queridos por tantos, tres de los cuales luchaban por la
especie, eran sostenidos —siempre habían sido sostenidos— por la hembra que lo
había dirigido todo.

Fue entonces cuando Lyric se dio cuenta…

“Yo me encargaré de ellos”, dijo con voz ronca. “Abuela, no te preocupes, yo


cuidaré de la familia, de todos ellos, en tu ausencia…”.

Respiró hondo, luego exhaló, largo y lento… terminando en un suspiro


silencioso.

Y con esa típica falta de alboroto, una vez recibido su mensaje, su matriarca se
fue.
CAPITULO 43
________________

En cuanto Shuli se desmayó, L.W. salió de la mansión del aristócrata. Para


evitar la fiesta, se escabulló por la parte trasera, para salir de la propiedad, pidió
prestado uno de los Range Rover del garaje para cuatro coches. El muy cabrón tenía
dos, porque claro que los tenía. Tenía que asegurarse de que su mayordomo pudiera
salir con estilo, además, había que pensar en el resto del personal.

O quizá uno solo fuera de refuerzo, quién sabe.

Hacía tiempo que L.W. no se ponía al volante y seguro que no había sido
durante el invierno. Supuso que esa era otra razón para tener Range Rovers. La
tracción era excepcional, incluso con tanto hielo.

Su Samsung le indicaba la ruta. Solo tenía que sentarse y conducir, lo cual no


era tan fácil como parecía. En parte se debía a que había tenido que pedir prestada
ropa de Shuli, así que todo le apretaba demasiado; los pantalones deportivos, la
camisa de nailon, la parka Vuitton.

Como si LV fabricara parkas.

¿Lo que realmente lo irritaba?; que las zapatillas de correr del tipo le habían
quedado bien. Era casi una cabeza más alto que Shuli. Debería haber estado
reventando las Saucony.

Quizás Shuli llevaba algo más que armas pesadas en su ropa de cuero.

Mientras L.W. conducía, saltándose señales de stop y semáforos, le dolía


muchísimo la pierna y por supuesto, tenía que ser del lado del conductor. Claro que
no esperaba hacer este viaje, ni que durara tanto.

Por otro lado, la casa de Shuli estaba en la zona elegante de la ciudad, adonde
se dirigía estaba en la parte antigua de las afueras.

Aun así, al llegar a su destino, casi deseó tener que recorrer más distancia.
Deteniéndose frente a la dirección, no se detuvo en la entrada despejada.
Simplemente miró por la ventanilla del copiloto hacia el Casa, observando todas las
luces que brillaban en el interior. Safe Place era como una de esas casas con forma
de bola de nieve, de esas que reciben una lluvia de copos después de sacudirlas.

Perfecta.

Pasando por la acera principal, aparcó la camioneta de Shuli, apagó el motor y


respiró hondo. Luego abrió la puerta de golpe, salió y metió los puños en los
bolsillos.
Los bolsillos de Shuli.

Le costaba mucho trabajo superar la lenta cicatrización de la herida y pisar


fuerte entre la nieve le hacía doler el muslo. Aun así, siguió adelante, rodeando la
fachada de la casa hacia un lado... hacia la ventana bajo la que se había parado
antes.

Bitty estaba en su escritorio.

Estaba allí mismo, sentada en su silla, mirando fijamente el monitor.

Por un momento, se sintió mal por interrumpir su trabajo. Pero entonces se dio
cuenta... no estaba escribiendo, ni moviendo el ratón, ni hablando por teléfono.
Parecía estar haciendo nada más que concentrarse en lo que tenía delante.

Simplemente estaba sentada allí, sin pestañear, con el cuerpo inmóvil...

Con la cabeza gacha, como si estuviera mirando algo en su regazo o tal vez
solo había cerrado los párpados para respirar.

Porque no había estado durmiendo.

Sí, ¿de quién era la culpa?, pensó.

"Déjala", murmuró. "Déjala, joder...".

"¿Puedo ayudarte...?".

Cuando L.W. se giró hacia la voz femenina, agarró la pistola que llevaba
enfundada en la cintura de los pantalones deportivos. Pero entonces detuvo su
mano. "Hola".

La trabajadora social que se asomaba a la balaustrada del porche se enderezó


bruscamente e hizo una reverencia. "Dios mío, quiero decir... Su Alteza".

Levantó la mano. "No es necesario...".

"Vi que alguien había caminado por la nieve". Señaló el jardín delantero y las
huellas que había dejado. "Supongo que vienes a ver a Bitty. Ven al porche y ella
podrá verte aquí...".

"Oye, no tienes que molestarla". Levantó la vista hacia la ventana. "Parece


ocupada".

Y él parecía un acosador.

"Para nada". La mujer se llevó la mano a la base del cuello. “Permítame decir…
que nos alegra mucho que se haya recuperado”.
Antes de que pudiera intentar disuadirla de nuevo, la mujer desapareció de la
vista.

Retrocedió un paso y volvió a levantar la vista.

Momentos después, Bitty se puso firme y apartó la mirada de su ordenador,


luego hubo una larga pausa.

Bajó la cabeza de nuevo, luego se puso de pie de un salto, le dio la espalda a


la ventana y se arregló el pelo.

Definitivamente soy un acosador, pensó mientras se acercaba cojeando y se


detenía junto al porche.

Cuando la gran puerta se abrió y la luz se derramó por ella, cruzó los brazos
sobre el pecho, luego los dejó caer…

Bitty estaba increíblemente hermosa cuando salió y cerró las puertas tras ella.
Vestida con pantalones de pana color crema y un suéter rojo, los nuevos reflejos en
su pelo brillaban con la luz exterior. Pero su rostro estaba tenso al girarse hacia él y
no lo miró a los ojos, nada de eso le sorprendió.

"Bueno, te ves mejor". Se aclaró la garganta. "Me alegra que estés bien".

"Sí, como nuevo".

"Genial".

"Sí".

L.W. miró el Range Rover. "Yo, ah, solo quería agradecerte por ayudarme la
otra noche...".

"No es necesario". Ahora lo miró. "Es para Sabrina para quien debes guardar la
gratitud. ¿Quieres que vaya a buscarla?, no es ninguna molestia...".

"Estoy aquí para verte".

"Bueno, estaría encantada de recibir la visita del heredero al trono". Levantó la


mano para que no hablara. "Creo que es mejor que le des tu agradecimiento a otra
persona".

“Lo siento, Bitty, por lo que hice”.

Arqueó una ceja. “¿Por qué te disculpas exactamente?”.

“Te lastimé y lo siento…”.


“Me salvaste de tener una muñeca dolorida, debería estar agradeciéndote”.
Cuando él negó con la cabeza y maldijo, ella dijo: “Oh, escucha, no sé si te has
enterado, pero la abuela de Lyric y Rhamp murio hace unos diez minutos. ¿Recibiste
el mensaje?”.

No, porque solo pensaba en llegar.

Maldijo en voz baja. “Lo siento”.

“Parado en esa nieve, lamentas todo tipo de cosas, ¿verdad?. Qué lástima,
bueno, espero que tu noche mejore”.

Cuando ella se dio la vuelta, él dijo: “Tienes razón en que estoy enfadado y en
lo peligroso que es. Simplemente no quiero que te metas en… todas mis mierdas”.

Se quedó callado sobre lo que él y sus chicos estaban haciendo, el hecho de


que tuviera que hacerlo le recordaba que estaba haciendo lo correcto con ella,
aunque fuera un desastre.

Bitty se giró de nuevo y fue gracioso. No se había dado cuenta del cariño con
el que lo había mirado hasta ahora… cuando todo eso había desaparecido.

“No me debes ninguna explicación”. Se abrazó. "Casi nos besamos... una vez.
Estoy segura de que has hecho mucho más que eso con muchas mujeres, así que no
confunde mi opinión sobre ti... o mejor dicho, si alguna vez la estuve, me lo
aclaraste. Por esto, te estoy agradecida. De verdad creo que la claridad es buena en
la vida, ¿no crees?".

La dureza en ella era algo que él nunca había visto antes y se culpaba por
haberla cambiado.

Otra razón más para que esto fuera lo correcto.

"Adiós, Bitty".

Ella lo miró fijamente un momento, luego le hizo una reverencia. "Adiós, Su


Alteza".

En el parque de la ciudad junto al Hudson, Whestmorel se arrastraba por la


nieve con paso tambaleante. El esfuerzo le hacía latir el corazón con fuerza al
levantar los pies y cambiar de peso, el dolor en su pecho aumentaba y disminuía con
cada paso lento.

De vez en cuando, miraba a su alrededor con inquietud.

No había pensado en traer un arma, de todas formas, no estaba entrenado en


ellas.

Blandía plumas, no espadas.


Sin embargo, ningún lesser lo atacó. Era bastante curioso, la verdad, habiendo
sido repudiado por el mal, uno pensaría que Lash habría eliminado lo que había sido
rechazado, ya sea allí mismo mientras se conocieron o en ese momento, enviando
lessers.

Sin embargo, permaneció solo en el campo.

El grado de su aislamiento parecía bastante relativo, dado que había coches en


la Northway y gente viviendo por todo el centro, pero al considerar sus
circunstancias, se sintió como si estuviera en la Antártida. Ojalá pudiera
desmaterializarse, pero su corazón no funcionaba bien...

Más adelante, un coche se detuvo en el arcén de la carretera de cuatro carriles


que bordeaba el parque. Cuando una figura se levantó del volante y saludó,
Whestmorel exhaló aliviado al pensar que tendría que mantener la distancia.

Levantando la mano a cambio, intentó acelerar, pero su cuerpo no se lo


permitió, así que continuó su camino.

Convencido ahora de su liberación, su mente quedó libre para repasar el


encuentro. En persona, Lash no lo había decepcionado. Era rubio y bastante
atractivo, el tipo de hombre que habría llamado la atención y su acento era digno de
aprobación. Los miembros de la glymera le habían enseñado a hablar correctamente
y con buena dicción.

¿Eso hacía que las historias fueran ciertas?, se preguntó Whestmorel. ¿Habría
sido el mal uno de ellos, criado entre aristócratas?.

A quienes luego había masacrado, el inicio de las incursiones aquella horrible


noche de hacía tanto tiempo.

Cuando el gran Rey Ciego había vuelto a fallar a la especie.

Excepto que Whestmorel estaba confundido. Seguramente alguien tan


poderoso como el hijo del Omega habría visto no solo la lógica, sino también la
oportunidad que se le había presentado. En cambio, Lash se había marchado.

No era el resultado que uno hubiera deseado o anticipado.

Concentrándose en su coche, Whestmorel continuó luchando entre los


montones de nieve y el hecho de que Conrahd se quedara con el sedán era molesto.
Pero el hombre no era un mayordomo y en cualquier caso, ¿qué se podía hacer para
acortar la distancia?.

Aun así, cuando Whestmorel finalmente estuvo a su alcance, se rindió a su


insatisfacción con todo y espetó: "¡Ven a ayudarme!".
Conrahd rodeó la rejilla delantera, pero dudó ante el montículo de nieve que
casi le llegaba a la cintura y que cerraba la calle. "Ya casi llegas, ya casi estás aquí,
permíteme abrir la puerta".

Vaya, qué complaciente era, pensó Whestmorel con amargura.

Los últimos tres metros se sintieron como dieciséis kilómetros, luego subir por
lo que había sido arado y congelado fue el tipo de carrera de obstáculos que puso a
prueba su paciencia. Cuando finalmente se dejó caer en el asiento del copiloto, cerró
los ojos y sintió un mareo espantoso.

Conrahd cumplió con su deber, encerrándolo, al menos —menudo hombre—,


luego dio la vuelta y se puso al volante.

"Qué buen momento", murmuró el hombre mientras ponía la marcha y


arrancaba. "Se acerca un robot policía".

Justo lo que necesitaban.

Con el cinturón de seguridad en la mano, Whestmorel se lo abrochó y miró


hacia atrás. Efectivamente, una unidad de la policía de Chicago los seguía de cerca,
se mantuvo así mientras tomaban la rampa más cercana hacia el norte que daba a la
autopista. Cuando el vehículo policial finalmente arrancó, sintió un poco de alivio,
pero luego comenzaron las náuseas.

Querido Lassiter, de repente sintió náuseas.

"¿Qué pasó?", preguntó Conrahd.

"Estamos en proceso". Whestmorel entreabrió la ventanilla; el aire frío entró


silbando. "Salgan en la siguiente salida".

"¿Disculpe?, estamos muy lejos de nuestra…".

"La siguiente".

Conrahd hizo lo que le dijeron, solo que entonces el dilema médico se hizo
evidente; no podía ir a la clínica de Havers a que le revisaran el corazón. ¿En qué
estaba pensando?. La primera llamada del sanador sería a la Hermandad de la Daga
Negra, ya que él y Havers se conocían desde pequeños, era imposible que no hubiera
una alerta para él.

Tampoco había forma de recurrir a un proveedor humano. Solo necesitaban la


imagen de un músculo cardíaco de seis cámaras para liberarlo sobre la humanidad.

"Detente", dijo Whestmorel con voz ahogada.

Conrahd miró por encima del tablero. "Lo que sea que te haya pasado, no dices
nada con sentido...".
"¡Detén el coche!".

Incluso antes de detenerse por completo en el arcén de la autopista,


Whestmorel abrió la puerta y vació el contenido de su estómago en el aguanieve
salada. Tras vomitar por segunda vez, sufrió una serie de arcadas. Cuando sintió que
todo se había calmado, se desató el pañuelo de Hermès y se limpió la boca con la
seda.

"De verdad, ¿estás bien...?".

"Cállate". Se desplomó contra el asiento, dejando el panel entreabierto para


que le entrara aire fresco. "Vuelve a la casa segura, rápido".

"No puedo hasta que cierres el…".

Le tomó dos intentos conseguir que el pestillo se enganchara y las náuseas que
lo habían invadido amenazaron con regresar en cuanto recuperara el impulso. Al
hundirse en el fino cuero, una tristeza invadió su sistema como no había sentido
desde…

Bueno, desde nunca, a lo largo de su vida, había disfrutado de triunfo en


triunfo, arrastrando a otros consigo. Se suponía que el complot contra Wrath iba en
la misma línea.

Pero cómo se sentía ahora no era… nada agradable.

Tenía hombres esperando noticias de otro éxito, de modo que sus sacrificios se
vieran reforzados y la promesa del futuro —del que había hablado, al que había
jurado guiarlos— estuviera más cerca de hacerse realidad.

Solo que, en ese momento, se sentía muy mortal, muy, muy mortal. Como si
no solo les hubiera fallado a todos, sino que los hubiera sentenciado a muerte a
manos de la Hermandad de la Daga Negra.

"¿Qué hay del lesser, entonces?". Conrahd echó un vistazo al interior. "Íbamos
a dar la orden de liberarlo en el lugar de detención neutral. Ese era el plan, ibas a
reunirte con Lash, luego nosotros íbamos a decirles personalmente a los guardias
que liberaran al lesser."

Sí, había tenido la intención de ir allí y liberar a la criatura él mismo porque su


amo lo habría protegido. Había imaginado la escena muchas veces, incluso antes de
que secuestraran a ese no-muerto en particular.

Se suponía que la representación era para que Conrahd pudiera verlo y


contarle los detalles a los demás, evidencia del creciente poder de Whestmorel.

Qué ingenuo había sido, qué ignorante. Cabalgando sobre una ola de certeza
que no había sido el destino, sino... mero ego.
Mientras otra oleada de náuseas lo asaltaba, Whestmorel regresó a ese
momento, cuando se encontraba ante el amo de todo mal y sentía ese peso
aplastante en el pecho. Había estado bien hasta que dejó de estarlo y lo siguiente
que supo fue estar tendido en la nieve.

No podía respirar, solo sentía la agonía de un desgarro que conocía...

"No", dijo con brusquedad. "No nos acercaremos a esa cosa, ni ahora, ni
nunca".

Conrahd lo miró con incredulidad. "¿Entonces nos vamos?, ese lugar es seguro,
pero tiene límites. ¿Si un humano lo encuentra?".

"Entonces el humano se encargará de ello". Miró a Conrahd con enojo. "No


vuelvas allí, no te acerques a ese lesser".

El hombre frunció el ceño. "¿Qué pasó en el parque, Whestmorel?".

"Todo va según lo planeado", dijo con agotamiento. "No te preocupes por eso.
Sigamos hacia la casa segura, descansaré y nos reuniremos al anochecer".

"¿Cuándo llevarás a Lash a la Casa de Audiencias?".

Mientras gemía y cerraba los ojos, volvió a ser plenamente consciente de las
ambiciones de Conrahd, se encontró lamentando su decisión de ir con alguien tan
competente; si él mismo mostraba alguna otra debilidad, estaba seguro de que la
explotarían para favorecer una insurrección.

"Simplemente conduce", ordenó. "Solo yo sé cuándo y así se quedará hasta


que yo diga lo contrario".

Con las náuseas de nuevo, fue a limpiarse la boca...

Había una mancha en la seda granate de su bufanda... una mancha negra. Con
mano temblorosa, se tocó la boca y luego se llevó las yemas de los dedos a la
lengua.

Al sacarlos de nuevo, jadeó al ver la sustancia aceitosa y negra que los cubría.

"¿Qué es?", preguntó Conrahd.

"Nada", murmuró mientras se limpiaba la mano. "Nada en absoluto".


CAPITULO 44
________________

La noche siguiente, Lyric estaba de vuelta en el Wheel, sentada en su cama en


bata y con el pelo mojado. Con la mirada perdida, decidió que habían sido las doce
horas más largas de su vida..., quince, lo que fuera.

Ahora estaba allí, en un entorno familiar de tonos pastel que parecía extraño,
con una sensación de vacío donde el corazón necesitaba estar, un dolor de cabeza
que se le clavaba en la ceja izquierda. ¿El hecho de que cada vez que parpadeaba,
solo veía el último aliento de su abuela?, eso solo empeoraba todo.

Se tapó la cabeza con las manos y repasó mentalmente lo que había ocurrido
inmediatamente después. Tras salir de la habitación, las primeras personas a las que
había recurrido habían sido su mahmen y Xcor. Sus otros padres la habían estado
esperando justo afuera de la puerta, la forma en que la habían abrazado, abrazado a
Rhamp, abrazado a Blay y Qhuinn, a su abuelo, la había hecho sentir orgullosa de su
familia. Siempre apoyándose mutuamente, en las buenas y en las malas, ambos
padres firmes y leales. Luego estaban todos sus tíos y sus compañeros, los
luchadores que habían ido, además de otros miembros de la comunidad, incluyendo
a Fritz.

Las únicas personas que habían entrado en la habitación habían sido la Dra.
Jane y el Dr. Manello. La decisión de la cremación en el centro de entrenamiento se
había tomado hacía años, aunque había sido duro ver cómo se retiraba el cuerpo,
también había significado un cierre.

Y entonces amaneció.

Ya sin invitados y las persianas cerradas, los ocho se sentaron a hablar del
pasado, a compartir comida y a llorar...

Siete.

Dios mío, ahora solo quedaban siete personas en su familia.

Aunque solo había estado de duelo medio día —bueno, si no contabas la


anticipación de todo esto que llevaba semanas ocurriendo—, había aprendido una
cosa sobre este tipo de dolor tan específico: el cerebro lucha por adaptarse a la
nueva normalidad. Aunque intelectualmente era muy consciente de que gran parte
de su vida acababa de morir, tenía que acostumbrarse una y otra vez. Como el siete,
no el ocho. Como el hecho de que ya no habría cenas los domingos.

Y esta noche era domingo.

O al menos… no cenas familiares como las recordaba.


"¿Quién le va a hacer lasaña a papá?", murmuró.

Quizás podría aprender, aunque, ¿por qué no le había pedido a su abuela que
le enseñara antes...?.

Cuando su teléfono sonó con un mensaje, miró por encima del hombro hacia
su mesita de noche.

¿Dev?.

Había desactivado la vista previa en cuanto su hermano se fijó en que salia con
alguien humano, así que tuvo que levantarse e ir a su teléfono. Mientras lo hacía,
rezó con todas sus fuerzas para que ese hombre no cancelara su encuentro de esta
noche. No había nada más que hacer por su abuela por el momento y no tenía
ningún interés en quedarse allí sentada con una sonrisa congelada mientras la gente
seguía expresando sus sinceras condolencias o mirándola con esa expresión grave de
tristeza contenida. No era que no los quisiera a todos, simplemente se sentía
asfixiada por las emociones...

"Gracias a Dios", murmuró mientras miraba la hora y le respondía.

Dev era complicado, sin duda. Pero no tanto como el resto de su vida...

Toc, toc.

Al enviar el mensaje, escondió el teléfono en el bolsillo de su bata. "¿Pasa?".

Cuando Rhamp fue quien entró, se sorprendió y no tuvo fuerzas para intentar
ocultar su reacción. No recordaba la última vez que había estado en su habitación.
Por otra parte, estos no eran tiempos normales.

Ah, sabes, tenía razón en una cosa. Había mucho rosa aquí...

Y ... los estaba encerrando juntos. Así que claramente no era solo una llamada
rápida, un '¿cómo está papá?', una especie de 'actualización'.

Cuando Rhamp se recostó contra la puerta y cruzó los brazos, ella se preparó.
"¿Qué piensas?".

Hubo un instante de silencio. Luego se aclaró la garganta. "Solo quería darte


las gracias. Por lo que hiciste anoche junto a la cama. No pude... Me quedé
paralizado. ¿Si no me hubieras presionado cuando lo hiciste?, tuviste razón, lo habría
lamentado toda mi vida".

¡Guau!, pensó. Esto era inesperado...

"Y me di cuenta", continuó, "de que fuiste mucho más amable conmigo en ese
momento de lo que yo he sido contigo en mucho tiempo, especialmente
últimamente".
Sus ojos recorrieron la habitación con sus muebles tapizados de seda y su
cama con dosel. Vestido con su cuero negro, parecía un gótico que se hubiera
perdido camino de un cementerio y hubiera entrado en una casa de muñecas.

¿De verdad lo estaba escuchando bien?, ¿era una disculpa?.

"Has estado mucho tiempo en el campo, no debe ser fácil". Se recogió el pelo y
se lo echó por encima del hombro. "Y sé que has estado preocupada por
Granmahmen".

"Tú también".

"Bueno, es cierto. Pero, siempre hemos manejado las cosas de forma


diferente".

Hubo un largo silencio. "¿Puedo ser sincero contigo?".

"Eso depende", respondió ella con voz ronca. "Estoy un poco sensible ahora
mismo, así que si va a ser difícil de escuchar, prefiero esperar".

"De verdad no quiero que salgas con un humano". Levantó la mano. "No
porque sean intrínsecamente malos ni porque seamos intrínsecamente mejores. Es
solo que vivo aterrorizado de que caigas en manos de un lesser y para mí, cada uno
de ellos es un lesser a punto de ocurrir. Sé que no es justo y claramente no pude
expresarlo con palabras la otra noche, pero así es como estoy y sí, haré todo lo
posible por superarlo. No tengo derecho a ponerles un sello que diga 'prohibido'".

Lyric arqueó las cejas. "Yo...".

"Y escucha, si quieres aprender a disparar, te lo enseñaré sin duda. Pero


también quiero que aprendas a disparar cuerpo a cuerpo. Sacó su teléfono y asintió.
Para ello, me tomé la libertad de hablar con Xhex y Payne. Están dispuestas a
empezar a entrenarte cuando estés lista. Pensé que era importante que aprendieras
algunos fundamentos de las hembras, luego puedo organizar algunas sesiones de
sparring con los chicos. Necesitas ambas cosas; buenas prácticas para hembras y
algo de experiencia con un macho adulto que se te guie".

Cuando su hermano volvió a guardar silencio, guardó el teléfono y volvió a


cruzar los brazos sobre su gran pecho. Luego murmuró: "Lo siento, Lyric, mucho".

"Yo... no sé qué decir, aparte de gracias". Cuando él se sonrojó y asintió, ella


añadió: "Esto también es más de lo que me has dicho en mucho, mucho tiempo".

Frunció el ceño al oír eso. "Últimamente he estado un poco ciego a todo".

"Lo entiendo y ahora entiendo un poco mejor tu respuesta a lo humano. Me


alegra que te hayas explicado".
Rhamp asintió de nuevo. Cuando todo se calmó, lo evaluó como un macho, no
como su hermano gemelo, el hermano al que siempre había conocido, con el que
nunca había estado.

"Me recuerdas a L.W.", murmuró.

"¿Cómo?".

"Estás tan enfadado... no me estoy peleando contigo, de verdad". Levantó las


palmas de las manos. "Solo estoy haciendo una observación, él también es así".

Mientras Rhamp se frotaba la cara, parecía mayor que ella, mucho, mucho
mayor. "Desde que salí al campo, solo he visto... cosas que no puedo sacarme de la
cabeza. Civiles torturados, las secuelas de las reclutas... humanos heridos por
humanos. La noche no es un lugar amable y me lo llevo todo a casa". Se dio un
golpecito en la sien. Todo está atrapado aquí arriba. No duermo bien, me preocupa
que nuestros padres se peleen por ahí, me preocupa qué pasará si los lessers te
encuentran a ti o a los abuelos. Es que... la única manera que sé de manejarlo es
seguir peleando o emborracharme".

Él rió con un breve arranque de tristeza, apartando la mirada de la de ella con


cuidado. "Dicho así, probablemente tenga que hablar con Mary, ¿eh?".

"Creo que sí", Ella frunció el ceño. "¿Quizás me guardes rencor por no luchar?".

"Eso sería ridículo, no te quiero cerca del campo", Extendió la palma de la


mano. "No digo que te detenga, pero... no quiero eso para ti".

"Las emociones no son lógicas. ¿Te frustras porque yo solo estoy de paso,
mientras tú estás en las trincheras?".

"No lo sé", dijo con aire distante.

Un "sí" que no quería admitir.

Lyric rió un poco. "Yo también me he sentido frustrado por estar al margen.
Pero ahora estoy cambiando todo eso".

Finalmente, esos brillantes ojos verdes se desviaron. "Pero no quiero que seas
como yo, no pierdas esa maravillosa calidez que te caracteriza. El mundo es mucho
mejor contigo. Iluminas cada habitación que entras, hermanita y quizá sea un poco
sexista, pero no querría que estuvieras en el campo... convirtiéndote en mí. Así que
ten cuidado si decides ir allí, te cambia para siempre".

Había tanto agotamiento y tristeza detrás de sus palabras; las ojeras lo hacían
parecer un anciano.

Lyric se levantó antes de tomar la decisión consciente de hacerlo y al acercarse


a su gemelo, él suspiró como si se quitara un peso enorme.
Mientras se abrazaban, ella tampoco recordaba la última vez que lo habían
hecho.

"Me alegra que hayas venido a hablar conmigo", susurró mientras las lágrimas
se le enredaban en las pestañas.

"Yo también", dijo él.

Se quedaron así un buen rato y cuando se separaron, vio cómo la emoción en


el rostro de su hermano se apagaba de nuevo.

"Pensé que estabas fuera de turno esta noche", murmuró.

"Solo estoy entrenando esta noche, tengo que ocuparme de mí mismo,


¿sabes?".

"Sí, lo tengo".

Él asintió y se dirigió a la puerta. Solo que se detuvo antes de girar el pomo.

"Escucha, Lyric", dijo, "si me pasa algo, quiero que sepas algo...".

"Espera, ¿qué pase algo?". Ella retrocedió. "¿Como qué pase algo?".

Su mirada buscó la de ella. "Quiero que sepas que no hay nadie más a quien
preferiría como hermana. Que vas a llenar el lugar de Granmahmen en esta familia a
la perfección, pero también lo harás a tu manera".

Dicho esto, se escabulló. Antes de que ella tuviera oportunidad de decir...

Que ella también lo amaba.


CAPITULO 45
________________

Dev esperaba fuera del Commodore, bajo el resplandor del letrero, cuando
recibió el mensaje de Lyric y lo leyó dos veces, confundido. Se suponía que se
encontrarían allí, así que, ¿por qué había ido a su casa?. Maldita sea, ese edificio era
la última dirección cerca de la que la quería.

Doblando la esquina a toda velocidad, se ocultó entre las sombras, cerró los
ojos y se desmaterializó.

Algo que no solía hacer.

Para evitar a sus padres, había bloqueado la magia negra que se filtraba por su
estructura celular, pero había un momento y un lugar para esas cosas. ¿Con su
mujer esperando a la intemperie, en una zona sin seguridad?, ¿donde habían abatido
a tiros a lessers hacía unas noches?, ¿dónde sabía que había al menos uno dentro
del edificio, tal vez un esbirro enviado por su padre para explorar su ubicación?.

De hecho, a Dev también le preocupaba haberlo alertado al revelarse ante su


querida mamá.

Cuando se recompuso, fue en el callejón junto a su edificio, al salir corriendo


del callejón, él...

Allí estaba Lyric, de pie en la entrada, acurrucada bajo la cazadora que le había
regalado la noche anterior, con esa bufanda de punto alrededor del cuello. Llevaba el
pelo recogido, vaqueros y esas botas suyas que se abrochaban hasta los tobillos. Sin
maquillaje, sin adornos, sin disfraces ni zapatos elegantes.

Era... más perfecta que cualquier cosa que él hubiera visto antes.

"Perdón por llegar tarde", dijo mientras corría hacia adelante. "Oye, ¿quieres ir
a tu casa...?".

Olfateó sus lágrimas antes de verlas brillar en sus ojos y lo siguiente que supo
fue que la estaba abrazando y acompañándola adentro, para protegerla del frío.

"Lo siento". Sollozó y se secó la cara. "Olvidé que no debíamos encontrarnos


aquí. Ha sido un día muy largo... mi abuela... mi abuela murió".

"¡Ay, mierda!. Qué horrible...".

"Sabíamos que era el momento, pero fue un shock total". Se llevó la mano al
corazón. "Pero sí, ha sido un día duro".

"¿Quieres ir a casa?, ¿tu familia te necesita?".


"Oh, pasamos todo el día juntos". Negó con la cabeza. "¿Podemos quedarnos
aquí?. No quiero... quiero alejarme de mi vida un minuto, solo necesito un respiro".

Bueno, joder, supuso que se quedarían. "Ah... claro, sí, tomemos el ascensor".

La buena noticia fue que las puertas se abrieron en cuanto pulsó la flecha hacia
arriba y entonces estuvieron dentro del ascensor. Se acercó y la abrazó de nuevo.

Había planeado hablar con ella, contárselo todo, contarle toda la maldita
verdad, aunque seguro que al principio no se la creería. ¿Pero con una muerte tan
reciente?, ¿cómo demonios iba a soltarle más bombas a la mujer...?.

Cuando las puertas se abrieron y salieron, intentó parecer despreocupado


mientras la rodeaba con el brazo por la cintura y la conducía a su apartamento. En
realidad, estaba en alerta máxima, al borde de la paranoia. Se sintió un poco mejor
después de encerrarlos en su casa y se recordó a sí mismo que tenía formas de
protegerlos a ambos...

"Dev".

Había tanta urgencia en su voz que el corazón le dio un vuelco. "¿Qué


necesitas?".

Aunque lo sabía y quizá eso lo volvía perverso, simplemente quería oírla decir
esas palabras. No porque necesitara subirle el ego, sino porque quería guardarlas en
su memoria para cuando ella lo odiara.

"Tú", dijo con voz ronca. "Te necesito… esta noche. Necesito sentirme viva y tú
me haces sentir así porque es mágico cuando me tocas. Por favor, no he estado
haciendo nada más que llorar y recordar, no puedo estar en el pasado ahora mismo.
No puedo… estar con mis recuerdos ahora mismo".

Entró en su departamento. "Hazme el amor, Dev, por favor, necesito tu magia


y la necesito ahora".

¡Maldita sea!, ¿como si fuera a decir que no?.

Acunando su rostro entre sus manos, sus ojos recorrieron su rostro perfecto,
desde las mejillas sonrojadas hasta los ojos rojos e hinchados, luego sus labios
entreabiertos. Entonces bajó su boca hacia la de ella. El beso comenzó lento y suave,
pero Dios... no se quedó así. La desesperación se desató en ambos lados, todo en lo
que ella no quería pensar encendiendo todo aquello de lo que él no hablaba, los dos
ardían juntos.

Ardiendo el uno por el otro.


Terminó llevándola a su cama y cuando ella se recostó, él se fue con ella,
cubriéndola con el su cuerpo. La ropa se desvaneció, las reservas se desvanecieron,
la realidad... se desvaneció. Así era como él también lo deseaba.

Solo por esta vez, antes de decirle quién era realmente. Si ella le diera la
oportunidad de explicarse, podría verlo como algo más que los padres a los que se
negaba a parecerse.

"Lyric", gimió.

Debajo de él, ella estaba gloriosamente desnuda y despeinada, su cabello rubio


sobre su almohada de mierda, su cuerpo, todo curvas y longitud, entrelazado con el
suyo. Con una lujuria salvaje, la besó hasta sus pechos y la oyó gritar su nombre
mientras él acariciaba sus pezones, sus manos buscando el calor entre sus muslos...

Ella estaba más que lista para él.

Había razones para prolongarlo, hasta que la anticipación la atravesará como


un cuchillo y la liberación fuera aún más dulce por el dolor de la espera, pero eso no
era esta noche, eso no era ahora.

Empujando su mano hacia sus caderas, se inclinó y...

Con una embestida, él...

Se le salió el cerebro de la cabeza.

La sensación de deslizarse suavemente dentro de ella era demasiado buena,


pero era más que solo su abrazo fuerte y ardiente. Fueron sus pechos contra su
pecho desnudo, su boca bajo la suya, la forma en que gemía su nombre...

Dev empezó a bombear y pretendía ir más despacio, pero no iba a ser así.
Sujetándola por debajo de la rodilla, la estiró y penetró aún más profundo, más
rápido, más fuerte. Hasta que sintió sus uñas en la espalda y ya no pudo seguir
besándola, el cabecero golpeó contra la pared.

Ella lo tomó todo.

Él hizo lo que pudo para aguantar para que ella llegara al orgasmo primero,
pero en realidad no le importaba el béisbol ni el golf ni nada en ese momento. Al
final, sus embestidas se acortaron y se volvieron aún más rápidas, mientras sus
testículos se tensaban y sus pulmones ardían, mientras ella se estiraba debajo de él
a pesar de todo su peso...

Empezó a eyacular dentro de ella, justo cuando ella se arqueaba por última
vez.

Aferrándose a los labios de Lyric, sintió las contracciones rítmicas de su centro


mientras ella exprimía su erección, sacándolo todo...
Hasta su alma.

Hubo una purificación en la liberación.

Lyric no quería pensar en usar a Dev, ese no era, ni había sido el objetivo del
sexo. No, esta colisión brutal y explosiva había sido inevitable desde aquella calle
nevada y aquella estúpida valla publicitaria, ella estaba tan contenta de que por fin
estuviera sucediendo; su cuerpo penetrándola, sus brazos rodeándolo y aferrándose
a él con todas sus fuerzas, con la parte interior de los muslos húmeda por todo lo
que él le estaba haciendo.

Pero la realidad era que la fuerza de lo que él le hacía sentir era tan
abrumadora que le quitó todas las cargas que había estado llevando; la
preocupación, La tristeza, el dolor y el miedo.

Toda esa angustia la seguiría esperando, solo un poco más tarde, al otro lado
del placer.

Este respiro era lo que necesitaba para seguir adelante.

Cuando Dev finalmente se detuvo, él mantuvo sus cuerpos unidos y apartó la


cabeza de su cuello, apartándole un mechón de pelo de la cara.

"Hola", dijo con brusquedad.

"Hola". Recorriendo su espalda con las manos, sintió unas ronchas frescas.
"Oh, no, creo que...".

"Sí, no habrá quejas por nada de eso". Le acarició los labios con los suyos.
"Puedes usarme como poste para rascarte cuando quieras. Pero ven, déjame
quitarme para que no...".

"No", susurró. "Me gusta tu peso sobre mí y me gusta tenerte dentro de mí".

Ambas cosas la hacían sentir como si no estuviera flotando fuera del planeta.

Se besaron perezosamente un rato, luego no supo quién empezó a moverse


primero. Tal vez fue él, tal vez fue solo la fricción de ella al cambiar de posición
mientras recolocaba las caderas. Pero a medida que su excitación la penetraba, él se
retiró y se hundió de nuevo, luego se apartó y regresó.

El impulso comenzó, no había forma de detenerlo y eso era exactamente lo


que ella quería.

Mientras su cabeza se balanceaba sobre la almohada, miró al techo. Las


lágrimas le inundaron los ojos y le ardían en las sienes; era tan bueno sentirse...
bien.
El cuerpo de Dev era increíblemente poderoso cuando empezó a embestirla de
nuevo y ella solo quería que lo hiciera aún más fuerte...

Como si lo supiera, apartó el torso de ella, flexionando los músculos del pecho,
contrayendo y relajando los abdominales mientras la penetraba en oleadas.
Inclinando la pelvis, entrelazó las piernas sobre la parte inferior de su cuerpo y
deslizó las manos por sus costillas. Era un macho, en pleno apareamiento y ella
quería recibir todo lo que tenía para darle. En un nivel primordial, esto era
simplemente perfecto...

Otra liberación se produjo en su interior y se arqueó, sus pechos se elevaron,


su respiración se detuvo y sus ojos vieron estrellas.

Estrellas de verdad.

Siempre había asumido que era algo para novelas y películas…

Dev continuó bombeando, con un gruñido saliendo de él, luego se inclinó hacia
adelante, con la cara otra vez en su cabello, su exhalación un rugido en su oído, el
aroma y la sensación de él lo dominaron todo...

Clic.

Clic.

Él seguía eyaculando dentro de ella cuando ambos miraron hacia la puerta. El


pomo giraba lentamente, como si alguien estuviera probando la cerradura
silenciosamente.

Nunca había visto a un humano moverse tan rápido.

Un momento, estaba encima de ella y corriéndose; al siguiente, cogía una


pistola de su mesita de noche y la empujaba hacia el otro lado del colchón. Ella
aterrizó con un golpe seco justo al lado de donde había tirado la ropa.

Mientras se vestía apresuradamente, se asomó por encima de la cama.

Dev estaba desnudo y avanzaba hacia la puerta con naturalidad, con la pistola
en alto y firme, la mirada fija en el panel, su magnífico cuerpo esculpido por el
ejercicio y la fuerza.

Y fue entonces cuando lo olió.

El dulce y nauseabundo hedor de un lesser.

Cerrando los ojos, solo pudo adivinar que el lesser había captado su propio olor
de alguna manera, así que había traído al enemigo directamente a su puerta,
literalmente.
“Dev”.

Negó con la cabeza bruscamente, luego miró por encima del hombro.
“Desmaterialízate.”

Lyric parpadeó. “¿Qué?”.

“Ahora no es el momento, sé lo que eres”. Asintió hacia la ventana. “Ábrela y


vete”.

Un repentino hormigueo la invadió, una advertencia de que la realidad que


creía conocer no era la que estaba sucediendo…

De repente, una especie de amortiguación golpeó el aire a su alrededor, una


especie de aura emanando de su cuerpo antes de retirarse.

De repente, estaba completamente vestido y entonces fue cuando sucedió.


Cuando él la miró, ella lo miró a los ojos… y se dio cuenta de que eran azul marino
con un borde negro, una combinación de colores que nunca había visto. De todas las
veces que lo había mirado a la cara, de todas las veces que se habían mirado
fijamente, el color de sus iris nunca se había registrado.

Era el único detalle que nunca había visto en él, se dio cuenta de repente.

Mientras ella lidiaba con eso y mucho más, él dijo con una voz quebrada por el
arrepentimiento: "Lo siento, Lyric".

Su voz sonaba igual, quizás más grave y al entrecerrar los ojos, sus instintos le
gritaron que él... no era humano. No era humano, en absoluto. De hecho, no era
nada que ella hubiera conocido antes, ni un vampiro ni una Sombra, ni siquiera un
symphath.

Solo se había ocultado tras una máscara de humano.

"Vete".

Justo detrás de ella, las cortinas opacas se abrieron sin que nadie las tocara y
el marco de la ventana se levantó solo. "Joder, ¿te vas a ir...?".

La puerta se abrió de golpe y el lesser del otro lado la miró fijamente, con una
sonrisa en su rostro pálido, dos pistolas al frente y en el centro, en sus palmas.

"Te pillé", dijo.

Solo que entonces sus ojos pálidos se posaron en Dev. Al instante, todo
cambió, las armas bajaron, una expresión de confusión sustituyó toda esa
satisfacción.

Y entonces las palabras que nunca olvidaría:


"Mierda, tu padre te ha estado buscando".
CAPITULO 46
________________

A unas diez manzanas de distancia, Shuli perseguía al enemigo y sus dos


compañeros lo acompañaban. Sin embargo, tenían mucho cuidado con el rastro, ya
que ninguno de ellos debía estar en el campo esa noche.

Pena, recuperación de heridas; bla, bla, bla...

Solo que tenían trabajo que hacer. El par de lessers que habían rastreado al
empezar en la Avenida Veinte había caminado lentamente, pero solo por una
manzana más o menos. Antes de que pudieran interceptarlos, el más bajo de los
lessers revisó su teléfono, dijo algo que no se escuchó y la situación se aceleró
repentinamente cuando el enemigo echó a correr rápidamente hacia el norte y el
oeste.

Si el objetivo era atrapar a uno y obtener información, cualquier cosa que no


fuera un lesser solitario era complicado e innecesariamente peligroso. Así que el plan
había sido intentar separarlos, con L.W. secuestrandolo.

Por otro lado, ¿si los lessers hubieran sido llamados a casa con el amo?.
Bueno, entonces no era ese el premio de lotería que no esperaban.

Por supuesto, L.W., quien tenía el control de impulsos de una pistola sin
seguro, solo quería alcanzar y tocar los objetivos. Pero este era el acuerdo que los
tres habían hecho: Nada de tonterías. La lógica sobre la emoción, siempre y siempre
permaneciendo juntos.

Y así corrieron, silenciosamente.

Mientras las hileras de casas destartaladas se transformaban en mejores


viviendas, luego en tiendas, negocios y restaurantes, no tenía ni idea de adónde se
dirigían. Hasta que tuvo una corazonada. Era difícil precisar exactamente cuándo se
dio cuenta de adónde podrían ir, excepto que su cerebro se negaba a calcular las
coordenadas porque, en realidad, ¿cuáles eran las probabilidades?.

Entonces, cuando los lessers tomaron la salida de Market, bajaron un par de


manzanas más y se unieron a Lincoln…

Sus objetivos pasaron justo delante del edificio de apartamentos donde todos
habían luchado la noche anterior.

Fue entonces cuando empezó a preocuparse.

Una rápida mirada al rostro de Rhamp le hizo saber que no era el único. A L.W.
no parecía importarle, al menos hasta que el lesser dobló la esquina, detrás de la
dirección y entró en el aparcamiento, que aún estaba marcado con etiquetas de
pruebas del Departamento de Policía de Chicago y cinta amarilla. Entonces, incluso él
pareció darse cuenta.

Se detuvieron en seco detrás de una camioneta.

En ese preciso instante, en el cuarto piso, se abrieron unas cortinas y se


levantó el marco de una ventana, sin que se vieran manos moviendo objetos. Pero la
mierda del mago no era lo que le preocupaba.

"¡Oh, maldita sea!", murmuró al ver una figura.

Solo había una persona en el mundo con un cabello rubio y largo como ese y
entonces Lyric dio un salto hacia atrás, alarmada. Con los brazos alzados por encima
de la cabeza y la sorpresa distorsionando su rostro, tuvo un mal presentimiento
sobre todo esto.

En ese momento, Rhamp se lanzó hacia adelante...

L.W. lo agarró con fuerza. "Déjame entrar...".

"Es mi maldita hermana...".

"Por eso voy a entrar...".

Los dos se lanzaron de lleno, con agresiones mal dirigidas. Mientras tanto,
Shuli miró hacia arriba y se quedó paralizado. Todo su ser gritaba que necesitaba
llegar a Lyric, que necesitaba salvarla y mientras tanto, ese par de lessers que
habían estado rastreando se dirigían a la puerta trasera del edificio...

Lyric gritó.

Al instante, la presa se rompió. L.W. se desvaneció y se desmaterializó,


Rhamp, demasiado distraído por la emoción como para desaparecer, echó a correr y
empezó a disparar a los lessers que tenía delante. Su silenciador acalló casi todo el
ruido, pero su puntería era pésima. Mientras las balas rebotaban en todo tipo de
objetos, Shuli se puso en marcha y añadió algo de plomo.

Consiguió derribar a un lesser, pero el otro golpeó la puerta trasera con una
llave y una carrera de pánico.

Se fue al nivel más bajo del edificio.

Cuando Rhamp se abalanzó sobre el lesser caído, el macho tuvo la presencia


de ánimo de empuñar una de sus dagas y despacharlo en movimiento. Entonces,
incluso antes de que el destello de luz y el estallido de sonido se desvanecieran, el
tipo ya estaba en la puerta trasera...

Shuli lo apartó de un tirón saltando sobre él. ¡No sabes lo que hay ahí dentro!,
necesitamos refuerzos…
“Lyric está ahí dentro”, espetó el luchador. “¿Recuerdas a la mujer de la que
estás enamorado?. ¡Sigue el programa, maldito seas…?”.

Rhamp zanjó la discusión disparando el seguro trasero y destrozando el panel


de acero. Sin más opción que proteger a su compañero, Shuli saltó por las jambas y
cubrió la izquierda, mientras que Rhamp cubría la derecha.

El lesser que había penetrado la entrada estaba herido, pero aún se mantenía
en pie; pequeñas gotas de aceite negro y maloliente salpicaban el suelo de
hormigón, desapareciendo en el ascensor.

Rhamp ni siquiera parpadeó. Se dio la vuelta y tomó la escalera abierta.

Shuli lo siguió de nuevo.

En perfecta coordinación, subieron los escalones de dos en dos, dando vueltas


a cada rellano al llegar. Shuli se dijo a sí mismo que esto iba a salir bien, ya habían
lidiado con cosas así antes.

En serio…

Mierda, sl llegar al cuarto piso, no había duda de qué camino tomar. Olfateaba
a un lesser, pero no había ni una gota de sangre en la alfombra, daba igual. La clave
estaba en Lyric; podrían llegar al lesser herido más tarde. Claramente con la misma
mentalidad, Rhamp echó a correr de nuevo y al silbar…

De repente, algo se interpuso en su camino.

Una ancianita con delantal y una bandeja llena de comida.

Rhamp casi la atropella, luego, como si lo persiguiera, le apuntó con una


pistola a la cabeza.

"¡Uy, uy, uy...!", ladró Shuli.

Justo cuando L.W., por razones desconocidas, bajó las escaleras desde arriba,
aunque sin duda había intentado desmaterializarse en el apartamento.

Sí, esto iba de maravilla para ser su primera noche de fiesta.

Mientras Lyric intentaba procesar las palabras que acababa de oír, se quedó
mirando al lesser pálido y de ojos nevados que los había encerrado a todos. Por un
acto reflejo, extendió las palmas hacia adelante, pero en su mente destrozada, no
supo si intentaba detener al lesser, a Dev o lo que acababa de decir.

Padre.

¿Padre?.
Y si necesitaba alguna confirmación de que esto no era un sueño, sino una
terrible pesadilla viviente, era la mirada que Dev le dirigió; sus ojos entornados y de
un color extraño, serios, su expresión tensa...

Todo sucedió tan rápido. Dev saltó sobre el lesser, lo agarró por la cabeza y
sacudió el cráneo con tanta violencia que el crujido de la médula espinal fue como un
hacha atravesando madera dura. Luego dejó caer el cuerpo a un lado y se giró hacia
ella.

Retrocediendo hasta estar contra la puerta, gesticulaba con las manos como si
estuviera ocultando el mundo entero. Mientras tanto, al otro lado, un aire frío entró
en el apartamento, alborotando las cortinas, robando todo el calor del espacio.

O tal vez esto último fue la onda expansiva que recorrió su cuerpo.

"Te lo iba a decir".

"Decirme qué exactamente". No podía respirar, no podía respirar, no podía...


Dios mío, por eso no te sorprendió la pelea detrás de este edificio o por qué nunca
tuve coche o por qué tuve un apartamento oculto. Por eso nunca te molestaste en
invitarme a salir durante el día... ni en hacerme preguntas sobre mi vida, sabías lo
que era.

"Lo siento...".

Una repentina oleada de ira le ayudó a calmar los escalofríos. "Oh, puedes
largarte con eso...".

"Tú también mentiste". Negó con la cabeza bruscamente al oír un golpe lejano.
"No te vi diciendo voluntariamente lo que eras ni evitándome porque pensaras que
era humano. Aceptaré que lo que hice estuvo mal, pero no finjas que no guardabas
tus propios secretos por tus propias razones".

Lyric exhaló de golpe. "No, no me vas a devolver esto...".

"Me dijiste que no buscabas nada. Entonces, ¿cuáles eran mis obligaciones
exactamente?".

Se acercó a él. "Eres el hijo del Omega, eres mi enemigo".

"Nieto", dijo con serenidad. "Para ser precisos y no me confundas con mis
padres ni con mi linaje. He vivido mi propia vida, lejos de sus mierdas, durante la
mayor parte de mi vida adulta...".

"Tu mahmen, el demonio, Devina, es tu...".


El mundo empezó a darle vueltas, así que extendió un brazo para estabilizarse,
cuando él intentó ayudarla, ella retrocedió. Esta no era la magia que tenía en mente,
esto no era lo que ella...

"Eres pura maldad", siseó. "Te escondes en el mundo. Eres peor que todo
aquello de lo que he estado intentando escapar, eres una ilusión violenta y
asesina...".

"¿Cuándo te he hecho daño?".

"¡Ahora!, ¡ahora me estás haciendo daño!". De repente, se tapó la boca con


ambas manos mientras el estómago se le revolvía. "Oh, Dios... Tuve sexo contigo, te
corriste dentro de mí...".

Mientras ese golpeteo apagado continuaba, Dev cerró los párpados con fuerza
como si lo hubiera apuñalado en el pecho.

"No puedo hacer esto", murmuró. "No puedo... tengo que salir de aquí, tengo
que...".

Justo cuando iba a dar un paso atrás, algo se le aferró al tobillo y sintió un
dolor punzante. Al gritar y mirar hacia abajo, la sangre manó a borbotones por el
dobladillo de sus vaqueros...

La risa brotó del lesser que, por alguna razón, estaba justo a sus pies. Incluso
con el cuello roto, había logrado arrastrar su cuerpo y blandir un cuchillo con la
fuerza suficiente para cortarla hasta el hueso.

Con un rugido, Dev enseñó los dientes. No tenía colmillos, pero la furia era
real. "¡Maldito bastardo...!".

Al atacar, se desmaterializó sobre el lesser, le arrancó el cuchillo de la mano y


lo blandió sobre su cabeza...

Con una nueva oleada de náuseas, Lyric cayó al suelo, llevándose las manos a
la herida y a la sangre.

Y ... fue entonces cuando L.W. irrumpió en el apartamento destrozando la


puerta. En una fracción de segundo, vislumbró la distorsión ondulada que había visto
justo antes de que el color de los ojos de Dev se registrara por primera vez y supo
que L.W. había traspasado de alguna manera el hechizo o la barrera que fuera.
Entonces, justo detrás de él, en el pasillo, vio que Shuli y Rhamp estaban lidiando
con una anciana que sostenía una bandeja de comida.

Solo que entonces la puerta se recompuso místicamente, como si nunca


hubiera sido golpeada por ese poderoso hombro.

Antes de que pudiera decir nada, el heredero al trono la miró y luego a Dev. El
rugido que salió del hombre a continuación seguramente fue algo que todos en el
edificio oyeron, tal vez todo Caldwell. Pero no había forma de detener a L.W., de
detener nada de esto.

Con dos saltos, se estrelló contra Dev, lo hizo girar y lo empujó contra la
pared. Obligando a Dev a retraer el brazo, le hizo soltar el cuchillo.

Desde su confusión, gimió. "No es humano, es...".

Justo a su lado, a la altura del suelo, el lesser la miró fijamente y esa sonrisa
demente regresó, tenía algo más en la mano.

Lyric se dijo a sí misma que debía recomponerse y concentrarse...

Cuando otro golpe rítmico empezó a sonar en la puerta, el arma en la mano


del lesser se enfocó con claridad.

El lesser no la apuntó.

Sonrió aún más y blandió el arma; hacia L.W.

"¡No!", gritó Lyric.

Antes de que pudiera pensarlo mejor, saltó y se arrojó frente al lesser, justo
cuando oyó el disparo. Después hubo algunos gritos, pero de repente sintió frío y
estaba entumecida, así que fue imposible identificar quién gritaba.

Excepto que oyó la risa del enemigo.

Eso fue lo último de lo que fue consciente al caer al suelo por segunda vez...

No, eso no fue lo último.

L.W. salió volando repentinamente por la habitación, el heredero al trono en el


aire. Al estrellarse contra la mesita donde ella y Dev habían comido en otra vida, las
sillas se dispersaron y Dev estaba de repente junto a ella, con su rostro frente al
suyo. Su boca se movía, esos ojos extraños y deformes que tanto se había esforzado
en ocultar se llenaron de lágrimas.

En ese instante, se partió en dos; un lado recordando todo lo que habían dicho
y hecho juntos... el otro pensando en cuántos vampiros inocentes habían sido
aniquilados por lessers, cuántas noches ella y las hembras se habían preocupado por
los machos de sus vidas cazando en las calles, cuántos horrores habían ocurrido a lo
largo de incontables siglos.

Una antigua y sangrienta disputa que definía su vida.

Recordó el principio de todo con Dev, los dos afuera en la obra, con la
chaqueta de él sobre los hombros, el casco en las manos, cuando él le dijo que
odiaba a su mahmen y que estaba muerta. Entonces recordó lo que acababa de
decir; que no era sus padres, que había vivido lejos de ellos y de sus maldades...

Pero aunque todo eso fuera cierto, nada importaba.

La historia y su lealtad a su Rey lo habían prohibido.

De repente, una luz brillante, un olor a quemado...

El lesser. Apuñalado por un cuchillo de cocina si reconoció el mango


correctamente, devuelto a su creador por Dev.

A su... padre.

"Lyric", dijo al volver con ella. "Quédate conmigo... quédate...".

Subiéndole el suéter suelto con mano temblorosa, bajó la mirada hacia la


mancha roja que florecía en el jersey blanco de cuello alto que llevaba debajo. La
herida mortal estaba justo en el centro de su pecho; la bala, destinada al heredero al
trono, se dirigió a su corazón.

"¡Que te jodan!, ¡esto es por ella!", gruñó Dev por encima del hombro.

Su mirada se desvió hacia quienquiera que estuviera hablando. L.W. gruñía


como un perro guardián, con sus enormes colmillos a la vista y aun así parecía estar
congelado donde estaba, sujeto por ataduras invisibles.

Abrió la boca para hablar y ambos machos callaron al instante.

Le tomó dos intentos lograr que el mensaje saliera.

Y habló primero con L.W.

"Llévame a casa", le dijo con brusquedad. Luego miró a Dev. "Si sobrevivo... a
esto... no quiero volver a verte jamás".
CAPITULO 47
________________

Vaya desfile de mierdas. Después de que Shuli hiciera desaparecer a la


anciana con la comida de vuelta a su apartamento con un rápido despiste mental,
saltó para ayudar a Rhamp, que se estaba estrellando con todo el cuerpo contra una
puerta que L.W. acababa de forzar, pero que, milagrosamente, se había reconstruido
como si fuera nueva. Al tercer intento, Rhamp consiguió romperla de nuevo y...

Una pesadilla.

Eso era.

L.W. estaba contra la pared, tendido como un boceto de Vitruvio de Da Vinci,


mientras un hombre —¿hombre?, ¿qué demonios era?— estaba arrodillado junto a
Lyric como si estuviera perdiendo la vida mientras intentaba mantenerla consciente.
Con el suéter hasta el cuello, la alarmante herida en el pecho sangraba a raudales.
Por supuesto, como en todas las tragedias que Shuli había presenciado, también se
percibía el hedor a quemado de un lesser enviado a casa, además de un casquillo de
bala descargado en el suelo de madera.

Visión de túnel. Todo se derrumbó ante él en un diminuto punto de vista y


aunque quería perderlo todo, levantó el teléfono para que la pantalla quedara justo
en el tubo de visión que tenía.

Envió la llamada de emergencia junto con su ubicación...

Mientras tanto, Rhamp se lanzó hacia adelante, apartando todo para llegar a
su hermana y de alguna manera, eso rompió una especie de hechizo mágico que
flotaba en el aire. Cuando L.W. se desplomó de la pared y aterrizó de pie, el heredero
al trono no perdió el tiempo. Fue directo a por el novio, lo levantó, lo giró y lo tiró al
suelo junto a la cama como si quisiera estrellarlo contra el suelo. Entonces L.W.
montó a su presa, la agarró por el cuello y empezó a exprimirlo hasta el cansancio.

No podía decir que le importara, pensó Shuli, mientras se arrodillaba junto a


Lyric.

Tomándole la mano libre, dijo: "La ayuda viene en camino, te tenemos".

La forma en que ella puso los ojos en blanco le hizo sentir que él también iba a
desmayarse.

Y entonces oyó algo rarísimo.

"Llévame... con... él...".


Mientras Rhamp seguía concentrado en su hermana, Shuli miró al hombre que
estaba debajo de L.W. Incluso en medio del terror y el drama, se dio cuenta de que,
fuera lo que fuera en que ese vampiro estuviera sentado... no era humano.

No sabía qué era esa cosa, no era un lesser, no. Pero…

Incluso L.W. aminoró el estrangulamiento mientras el tipo seguía hablando.

El hombre, fuera lo que fuese, contuvo el aliento. "Eso es lo que quieres,


¿verdad?, a mi padre".

La afirmación, pronunciada en un tono notablemente sereno, hizo que incluso


Rhamp volviera la cabeza.

"Quítate de encima", dijo Shuli con un silbido gutural. "Quítate de encima".

L.W. no se movió, hasta que… lo hizo.

Reclinado sobre las caderas del tipo, el luchador aún parecía estar listo para
matar a su presa. Pero algo se disparaba en el lóbulo frontal y entonces sus fosas
nasales se dilataron, como su padre había hecho en muchas ocasiones.

"Dice la verdad", dijo L.W., casi distraídamente. "Pretende… llevarnos a Lash".

Shuli hizo unos cálculos rápidos y luego miró a Rhamp. "Quédate aquí con ella,
el tiempo estimado de llegada de la ayuda es de unos dos minutos".

El hombre asintió mientras Shuli se ponía de pie. Aunque lo último que quería
era dejar a Lyric, su hermano la dominaba, tanto en términos de las Antiguas Leyes
como de la lógica. Las emociones estúpidas del tipo amor fuera de lugar no tenían
cabida en esta clase de crisis.

Porque sabía lo que venía después.

"L.W.", ladró, "dejalo, tú y yo tenemos que irnos con él ahora mismo si quieres
lo que me has dicho que quieres. Si no, los Hermanos se van a apoderar de esto...".

No tuvo tiempo de terminar. El heredero al trono arrastró al hombre —o lo que


fuera— hasta sus —¿sus?— pies.

Inclinándose de nuevo, Shuli juntó su rostro con el de Rhamp y apenas pudo


contener las lágrimas. "Cuida de nuestra chica".

No tenía ni idea de si el hombre oía algo. Así que repitió: "Llega la ayuda,
tiempo estimado de llegada; noventa segundos, quédate con ella".

Aturdido, Rhamp asintió. Con eso resuelto, Shuli se acercó a L.W. y ambos se
agarraron de una axila y prácticamente sacaron a su objetivo del apartamento.
"Hay una mejor manera que esta", murmuró el tipo con aburrimiento, con los
pies colgando.

En cualquier momento, los Hermanos estaban a punto de entrar por el sótano


o por la puerta principal del edificio, así que Shuli asintió con la cabeza hacia las
escaleras y subieron a toda velocidad. Al llegar al último piso, miró a su alrededor...

Armario de herramientas.

Abrió la puerta de golpe y estaba a punto de decirle a L.W. que...

L.W. Lo manipuló como si fuera una bolsa de basura pesada, arrojándolo


adentro. Luego, ambos lo siguieron y cerraron la puerta.

Antes de que el heredero al trono pudiera empezar a insultarlo —¿o a


puñetazos o quizás a balazos?—, Shuli le puso la palma de la mano en la cara. Luego
se dirigió a su nuevo y no tan pequeño amigo.

"Primero, hablemos de esto, ahora, ¿qué demonios estabas diciendo ahí


atrás?".

Apretujado en un pequeño armario con todo tipo de escobas, cubos y filtros de


horno, Dev no pensaba en los dos vampiros que tenía delante. Solo podía ver a Lyric
tendida en el suelo, con sangre en su jersey de cuello alto a la altura del esternón y
su rostro palideciendo.

Y entonces él dijo esas palabras:

"No voy a poder retenerlo para siempre, imbécil. Así que mejor empieza a
hablar".

Mientras las sílabas que le decían se abrían paso a través del delirio difuso que
mermaba sus poderes y su concentración, obligó a sus ojos a concentrarse. El más
bajo de los dos hombres tenía un buen corte de pelo, rasgos atractivos y un par de
pendientes de diamantes del tamaño de monedas de veinticinco centavos en los
lóbulos. El otro, el de la trenza en medio de la cabeza, el pelo largo y negro, era el
tipo del que había que preocuparse y no solo por su enorme tamaño. Con un rostro
marcado por la agresividad y ojos que brillaban de odio, era evidente que intentaría
matar a alguien solo por cruzar la calle imprudentemente delante de su coche y eso
ni se acercaba a lo que estaba pasando aquí. A lo que había sucedido... allá atrás.

Sin embargo, esta reunión tenía algo de útil, ¿no?. Algo se estaba gestando en
Dev, algo radical, imposible y extremadamente peligroso.

"No hay nada que no haría por esa mujer", dijo con brusquedad.

"Bueno, no te volverá a ver", espetó el vampiro más grande. "Nunca".

Sí, lo había oído.


"Quieres llegar a Lash". Miró directamente a los ojos verde pálido del más alto
y dejó que sus pensamientos fluyeran a través de él. "Es tu primer y único objetivo,
¿verdad?. Excepto... no, también hay una sombra, de una mujer...".

El puñetazo voló desde la derecha y la continuación fue magistral. Al echar la


cabeza hacia atrás, Dev escupió sangre y se incorporó lentamente.

"De acuerdo", murmuró. "Dejemos ya lo de las mujeres. ¿Pero como si no


pudiera leerte los pensamientos con la claridad del día?. Si quieres a Lash, puedo
llevarte con él".

Aunque Lyric se lo hubiera echado con razón, incluso si prácticamente lo


hubiera desterrado de lo que temía que fuera su muerte, eso no significaba que no
pudiera ayudarla, ayudar a su especie. Conocerla, conectar con ella —como un
vampiro— había transformado su mundo, sacándolo de su soledad, despertándolo a
un propósito que nunca antes habría contemplado.

Porque había estado demasiado ocupado soportando las quejas del destino o
de sus padres, mejor dicho.

No hay nada como el amor verdadero para cambiar el rumbo. Qué lástima que
este fuera un viaje en solitario, no es que culpara a Lyric; Dios mío y ¿si se estaba
muriendo?.

"Puedo llevarte con mi padre", dijo porque no soportaba adónde iban sus
pensamientos. "En su honor, te llevaré… con mi sire. ¡Diablos!, también quiero
erradicarlo".

Se hizo un silencio tenso mientras los dos vampiros hacían todo tipo de
cálculos, completamente atónitos. Solo podía pensar en Lyric, tirada en ese piso,
desangrándose mientras la ayuda médica convencional estaba 'en camino'.

No iba a ser suficiente para salvarla...

"¿Por qué querría el heredero de la Sociedad Lessening renunciar a su propio


sire?", exigió el más bajo.

"Ustedes dos son las últimas personas a las que debería tener que decírselo".

"No confío en ustedes, en absoluto".

Dev se encogió de hombros. "Yo tampoco".

"¿Qué pruebas tienes de que no vas a joderrnos...?".

"Está intentando matar a la mujer que amo y a todos los que son como ella.
¿Qué más pruebas necesito?".
En ese sentido, se hartó de las largas, un terror repentino y premonitorio lo
invadió, así que se desmaterializó.

En un mero lío de moléculas, Dev recorrió los pisos que lo separaban de Lyric,
regresando a su estudio. Había un montón de gente a su alrededor y por un instante,
se mantuvo invisible en un rincón, abrazándose el pecho para asegurarse de que
nadie percibiera su presencia... ni los miembros de la Hermandad de la Daga Negra
que habían llegado (los reconoció por las dagas enfundadas en sus pechos). Ni el
personal médico que había llegado (uno de los cuales parecía ser un fantasma). Ni
ese hombre que no se separaba de Lyric.

Así que Dev estaba allí.

Cuando Lyric murió.


CAPITULO 48
________________

Conrahd Mainscowl el Viejo rondaba en la puerta del dormitorio de


Whestmorel. El hombre seguía tendido sobre el edredón con monograma, pero en
algún momento del día, le habían quitado la ropa y la habían reemplazado por
sábanas de satén que parecían una mancha oscura sobre las sábanas más claras. La
habitación también se había oscurecido y algo más había cambiado; un extraño
aroma flotaba en el aire.

Una resaca empalagosa y dulzona que le recorría los senos nasales.

Mientras las alarmas seguían sonando en la mente de Conrahd, se esforzó por


calmarse con consideraciones racionales. Había tenido muchas oportunidades de
tomar el control del movimiento a lo largo del camino. Deslices del liderazgo de
Whestmorel. Sospechas entre las filas, luego, dejar a Jenshen en esa habitación
oculta en la casa de su "líder", aún con vida, solo para castigarlo por hacer
preguntas.

Con vida.

Esa había sido la falta más atroz hasta el momento. No había razón para dejar
ese cabo suelto. Si Whestmorel quería que el macho desapareciera porque era un
punto débil, que lo matara. Pero no, el ego siempre había sido más importante para
su supuesto señor. Sabía perfectamente que la Hermandad pronto tomaría posesión
de esa mansión, ya que el complot traicionero había dado frutos y estaba decidido a
proporcionarles pruebas de su crueldad, pruebas de su agresividad... de que podía
torturar a alguien hasta casi matarlo y salir airoso. Por supuesto, había dado por
sentado que Jenshen moriría antes de que lo descubrieran, pero quién podía saber si
eso realmente había ocurrido.

Y qué cabo suelto.

Después de eso, esta mudanza a esta casa de cristal a orillas del lago George.
Necesitaban estar bajo tierra en un búnker, sin beber bourbon y contemplando el
paisaje como si hubiera un horizonte imperial que contemplar. No había nada que
considerar, todavía. No había nada más que planes, trabajo y la posibilidad de
contactar con el hijo del Omega.

Lo cual claramente no había salido bien.

No es que hubiera detalles.

Así que ahora estaban allí, con Whestmorel abrumado por una especie de
agotamiento, sin comunicación, sin ningún plan.

"¿Cómo está?".
Conrahd sintió a los miembros restantes del consorcio interno detrás de él y en
silencio, sopesó sus opciones. Podría asumir el poder ahora, si mataba a Whestmorel
asfixiándolo con una almohada. Pero presentía que la coalición estaba fallando; los
caballeros alineados detrás de él estaban legítimamente preocupados de que dos de
los suyos hubieran sido asesinados recientemente, especialmente la noche anterior.

Esto se estaba volviendo demasiado sangriento para sus constituciones.

Sin embargo, su participación era necesaria. Su dinero era necesario, su apoyo


era primordial, su compromiso era la única manera de que este complot funcionara.

Aunque había muchos otros en la periferia, estos eran el núcleo del complot.

"Solo está descansando", mintió Conrahd. “La reunión salió muy bien y el hijo
del Omega y él se pondrán en contacto pronto para coordinar el asalto a la Casa de
Audiencias”.

Se oyó un gruñido que podría haber significado cualquier cosa.

“Tenemos que aguantar, muchachos”, dijo con serenidad. “Le daremos el día
para que descanse y al anochecer del día siguiente, todo irá bien”.

Con un poco de suerte, Whestmorel moriría de lo que fuera que le aquejara y


entonces el camino estaría despejado para hacerlo correctamente.

¿Y si no?. Entonces la necesidad lo obligaría.

Conrahd se giró y sonrió a sus compañeros. "Vengan, disfrutemos de un


bourbon junto al fuego".

Mientras los conducía al estudio, estaba seguro de que lo seguirían, pues


querían que los sacara de aquella situación. Separados de sus familias, enemigos del
Rey y de la Hermandad de la Daga Negra, estaban en un lío que los superaba y solo
querían alivio. Así que él se lo proporcionaría, como a él mismo le consolaba saber
que si Whestmorel no moría… Conrahd, a diferencia de los demás, no tenía reparos
en ensuciarse las manos.

Muy, muy sucio.

"No se preocupen, caballeros", dijo mientras se acercaba al expositor de


botellas raras y coleccionables de Whestmorel. "Todo está bajo control".
CAPITULO 49
________________

Dev siempre había odiado su origen; quiénes eran sus padres, lo que
hacíeron, lo que hacían y lo que harían en el futuro. Los había conocido a la
perfección a medida que crecía; su comprensión comenzó con los juegos crueles que
jugaban entre ellos y luego se propagó a la magia oscura que los rodeaba a los tres,
la maldad que rezumaba por sus poros, el odio que mostraban al mundo y a los
demás.

En secreto, había desarrollado sus propios poderes.

Luego, cuando sintió que estaba listo, cuando confió en su capacidad para
enmascararse en su presencia, para ocultarse en el aire, para desaparecer de sus
sentidos... se fue de una vez.

No hubo una gran pelea, ni acudió herido a ellos en busca de explicaciones que
sabía que solo serían mentiras para calmarle y tampoco miró atrás. Después, solo la
vida aburrida y solitaria que había vivido durante tanto tiempo, que había estado
dispuesto a seguir soportando, usando solo la magia suficiente para asegurarse de
que nunca, jamás, pudieran encontrarlo.

Sin embargo, sabrían que aún existía. Debía dejar la huella justa para que
estuvieran seguros de que había elegido el distanciamiento y que lo mantenía a
propósito, no porque se hubiera erradicado de alguna manera.

Cada día que amanecía era una forma de fastidiarlos a ambos. Su existencia,
en la tierra pero no con ellos, era la venganza que merecían y él sabía que estaban
sufriendo. A su manera, ambos lo amaban y siendo la inmortalidad lo que era,
estaba más que dispuesto a hacerles sufrir eternamente.

Excepto entonces, una noche nevada en Caldwell, Nueva York, todo había
cambiado.

Y estaba cambiando de nuevo ahora, cuando la rubia a la que había llegado a


amar en tan poco tiempo dejó de respirar.

Los vampiros se agruparon a su alrededor, todos machos menos uno, todos


armados menos uno y soltaron una explosión colectiva de dolor al comprender lo que
había sucedido...

"Vamos", instó la médico a la cabeza de Lyric. "No nos hagas esto, no, no nos
hagas esto...".

Miró a la morena que no se había separado de Lyric. "Compresiones torácicas a


tu hermana, ahora".
Así que ese es el hermano, pensó Dev.

Justo cuando el macho empezó a bombearle el pecho, los vampiros con los que
Dev había estado en el armario volvieron a entrar en la habitación.

"¡Necesito la vena de alguien!, ¡intentemos inyectarle sangre!".

La fantasma sacó una jeringa llena de algo e inyectó lo que fuera directamente
en la vena del costado de la garganta de Lyric. Luego presionó con las yemas de los
dedos para comprobar el pulso...

La doctora hizo lo que pudo por ocultar su expresión.

Y entonces fue cuando Dev flotó hacia adelante.

Manteniéndose invisible para todos, se sentó a los pies de Lyric. Entonces


levantó el brazo, nvocando su naturaleza maldita, hizo lo que siempre se había
negado a hacer.

Intervino en asuntos de vida o muerte y usó precisamente lo que más odiaba


de sí mismo.

Extendiendo la palma de la mano, invocó su esencia misma, concentrándola en


un aura de luz blanca y negra, una combinación de maldad y bondad.

Entonces se preparó para infundir algo de su propia fuerza vital en Lyric, para
darle una muestra de sí mismo. Sentía que era lo correcto, pero no estaba seguro,
sobre todo al recordar el horror que sentía al saber que había tenido sexo con él.
¿Quizás la traición que sentía era tan profunda que habría rechazado la ayuda?.
Demasiado tarde y no había forma de pedírsela.

En fin, ya tenía su corazón, bien podría tener parte de su alma...

Al enviarle la chispa, se produjo un estallido de energía, el olor a ozono y una


serie de anillos concéntricos que vibraron en el aire, rozando la ropa y el cabello de
la gente, empujando sus cuerpos.

Entonces Lyric respiró profundo, respirando profundamente, tomando oxígeno


mientras su corazón se reiniciaba.

Te amo, pensó Dev, con todo mi ser.

Mientras tanto, mientras todos retrocedían en shock... su hermano levantó la


vista y miró por encima del hombro; a Dev.

Cuando sus miradas se cruzaron, pensó que era una buena treta del macho.
Excepto que quizás presentía que algo andaba mal o quizás, debido a la cantidad de
magia necesaria para hacer lo que hizo, Dev había revelado brevemente su
presencia.
En cualquier caso, era hora de irse.

Dev retrocedió, luego se dio la vuelta.

Cruzó la puerta del apartamento como si no existiera y luego levantó una


pantalla en el pasillo. Tendrían que sacar a Lyric de alguna manera, lo mínimo que
podía hacer era asegurarse de cubrirlos.

Luego se ocuparía del resto.

Tenía la intención de cumplir su oferta a esos dos vampiros en ese armario,


estaba más que listo para llevar al enemigo de su padre directamente a Lash.

Después de todos estos años, estaba decidido a unirse a la lucha ahora.

En el lado correcto de la historia.


CAPITULO 50
________________

Flotando.
Lyric flotaba por un paisaje blanco, con la niebla elevándose a su alrededor, su
cuerpo ingrávido le recordaba al Santuario. Al llegar a una puerta blanca, sufrió una
repentina conmoción.

¿El Fade?, ¿de verdad estaba… aquí?.

Vagos recuerdos de lo ocurrido allá abajo resonaban en su mente, pero eran


como ecos de algo que le había sucedido a otra persona, incluso mientras recordaba
haber saltado frente a esa pistola para proteger a L.W., incluso mientras recordaba…

Dev.

Un dolor la atravesó y sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. En una


serie de imágenes increíblemente rápidas, observó toda su relación, desde el
principio hasta el final, todo se desarrollaba con una claridad dolorosa. Al llegar a esa
última discusión, supo que él tenía razón. Ella también había guardado su secreto,
pero la magnitud de lo que él no había compartido era…

Oh, qué importaba. Ahora estaba aquí y sabía lo que significaba.

Había muerto.

Aunque estaba muy triste por todos los que dejaba atrás, se sentía harta de la
vida, como si fuera un problema que había intentado resolver y los cálculos la
hubieran superado por completo.

De frente a la puerta, extendió la mano hacia el pomo, sabiendo que en cuanto


la girara y abriera...

Alguien apareció en el panel cerrado, alguien que hizo que las lágrimas de sus
ojos se multiplicaran hasta derramarse por sus mejillas.

"Abuela".

La sonrisa que regresó a ella era justo la de antes, alegre y fuerte, sana y feliz.
Atrás habían quedado el desgaste y el dolor, la tristeza y la resignación de que la
factura de la vida de un mortal hubiera llegado.

Toda la vitalidad había regresado y también ese hermoso rostro.

"Lyric".
Ah, sí y esa voz, esa hermosa voz también.

"¿De verdad crees que es tu hora?". Su tocaya señaló hacia lo que fuera que
había detrás de ella. “Es hermoso allí, solo hay paz y tranquilidad, pero mi querida
niña, hay tanto que te retiene abajo”.

“Te extraño”, graznó.

“Te extraño”. Su abuela volvió a sonreír. “Quiero que sepan que los espero a
todos aquí. Estoy a salvo y contenta de esperar el tiempo que les corresponde en la
tierra, a cada uno de ustedes. No se apresuren en esta decisión solo por su dolor”.

“No puedo… estar con Dev, abuela. Nunca debí haber empezado esto con él. Él
no es… quien yo creía que era”.

“¿Estás segura de eso? .Hija mía, ¿no recuerdas lo que te conté de él?”.

Lyric se secó las lágrimas y recordó la última conversación que habían tenido
con su abuela. “Tú, ah, dijiste que todo saldría bien al final…”.

“¿Y si no sale bien?”.

Cuando su abuela le indicó que respondiera, ella terminó diciendo: "Entonces


no es el final. Pero creo que te equivocas, creo que este es el final, así es como
termina. Quizás lo correcto simplemente debería ser doloroso en mi caso".

“Creo que deberías escuchar a tus mayores”. Su abuela sonrió un poco más y
luego bajó la mirada bruscamente. “Oh, parece que está a punto de darme la razón.
Qué bueno que tenga exactamente la magia que no solo buscabas, sino que
necesitas en este momento. Pero, por desgracia, todo eso te toca a ti descubrirlo y
hacer lo que quieras. Siempre tienes libertad de elección, querida”.

La visión comenzó a desvanecerse. "Te quiero mucho, saluda a todos de mi


parte”.

En ese momento, el espíritu de su abuela desapareció.

Lyric miró el pomo…

Un rayo repentino la atravesó y miró hacia abajo. A través de la capa de nubes


a sus pies, pudo ver de repente una vista a través de la cerradura de todo lo que
estaba sucediendo en el apartamento de Dev; ella yacía donde se había desplomado
en el suelo después del disparo, Rhamp y la Doc Jane a su lado, la Hermandad a su
alrededor.

Acababan de administrarle una especie de inyección. Claramente, esa era la


razón del repentino resurgimiento que sentía; la conexión con su cuerpo se había
perdido, pero ahora se había restablecido... de modo que podía, si quería, seguir la
señal para reencontrarse con su forma física.
Así se reunió con su familia y amigos, quienes lucían absolutamente
desconsolados y horrorizados.

Al instante, recordó la promesa que le había hecho a su abuela en su lecho de


muerte.

Fue por esa promesa y por las personas que amaba, que regresó.

No por Dev.

Fuera lo que fuese.

Su fin había llegado y ahora dependía de ella arreglar las cosas.


CAPITULO 51
________________

La noche siguiente llegó con chubascos, pero con temperaturas extrañamente


más cálidas, nadie en el centro de entrenamiento lo sabía.

"Fue un milagro".

Mientras Blay hablaba, Qhuinn miró a su hellren. Su pelirrojo favorito del


planeta estaba sentado a su lado en la sala de descanso, los dos tomados de la mano
mientras miraban la pantalla apagada del televisor y no entendían absolutamente
nada del maratón de episodios clásicos de Resident.

"Lo fue". Levantó la muñeca de Blay hasta su boca y le dio un beso en las
venas. "La Dra. Jane dijo que nunca había visto nada igual. Supongo que esa
inyección de epinefrina funcionó de verdad".

"Sabes algo, no estoy seguro... de si aguantaré mucho más". Blay rió con una
breve exhalación. "Aunque sean buenas noticias, mi corazón necesita un descanso de
los imprevistos".

Asintiendo, Qhuinn se guardó el resto de sus pensamientos para sí mismo.


Había muchas preguntas por responder, la principal era qué habían estado haciendo
su hija y su hijo en el apartamento, aunque claramente era propiedad de ese
humano con el que Lyric aparentemente había estado saliendo. Cuando presionó a
Rhamp para que le diera más detalles, se encontró con una evasiva y estaba seguro
de que su hijo sabía un montón de cosas de las que no hablaba. Pero bueno, en ese
momento, sin embargo, seguía siendo una noche a la vez. Lyric había sobrevivido de
alguna manera a su herida de bala, todos estaban allí sanos y salvos, solo quedaba
una urna de cenizas por recoger y traer del crematorio.

En definitiva, Blay tenía razón. Se había concedido un milagro y al menos por


ahora, solo podían estar agradecidos.

Miró el reloj. "¿Vamos a ver cómo está?".

Cuando Blay asintió, se levantaron. Había un montón de hermanos sentados


alrededor y todos miraban como si buscaran trabajo; Rhage estaba comiendo helado,
por supuesto, mientras Z tocaba la guitarra. Vishous tenía dos portátiles abiertos
frente a él, mientras que Tohr y Xcor estaban a su lado como si intercambiaran notas
con él. Mientras tanto, Phury, Xhex, John Matthew y Butch jugaban al gin rummy,
mientras que Payne y Wrath estaban al final del pasillo, entrenando en el gimnasio. Y
al otro lado de la habitación, Lassiter estaba tumbado en dos sillones mullidos, con el
mando a distancia del televisor en la mano. El ángel había sido quien había elegido el
programa para el maratón, así que, en realidad, la distracción podría haber sido
mucho peor.
En el pasillo, Quinn miró hacia la habitación donde Lyric descansaba. L.W.,
Shuli y Rhamp habían estado fuera de su puerta toda la noche y parte del día, no
tenía ninguna queja sobre su lealtad. Sin embargo, en ese momento, faltaba uno de
los Tres Mosqueteros.

"Hola, chicos", dijo al acercarse. "¿Dónde está Rhamp?".

"Ahí dentro con ella". Shuli se frotó los ojos como si le ardieran por la falta de
sueño y un agotamiento existencial. "Nos estamos preparando para irnos. Quería
despedirse o mejor dicho, decir hasta luego".

"¿Adónde van?".

"Ah, ya sabes. Acaba de salir, está estable, así que subiremos a buscar comida
y nos ducharemos en mi casa".

"Nada de trabajo de campo", advirtió Qhuinn. "Todos están fuera del turno.
Órdenes del Rey".

Incluso L.W. asintió, lo cual fue un alivio, hablando de imprevistos. El heredero


al trono llevaba años poniendo nerviosos a todos y ahora no era el momento para
recordar esa dinámica.

Qhuinn entreabrió la puerta, Lyric estaba sentada en la cama del hospital y


Rhamp estaba en la silla junto a ella. Los dos parecían increíblemente viejos, sin
rastro alguno de la juventud que una vez mostraron. Estaba orgulloso de que fueran
adultos, pero también triste de ver su madurez.

Su inocencia había desaparecido por completo y los últimos vestigios de ella


parecían haberse consumido en las últimas veinticuatro horas.

"Démosles un momento", murmuró mientras dejaba que la puerta se cerrara


sin entrar.

Tumbada en una cama de hospital a la que apenas recordaba haber sido


llevada, Lyric escrutó el rostro de su hermano e intentó comprender lo que Rhamp le
decía.

"¿Qué quieres decir?... ¿Estuvo allí?".

Sentado a su lado en la silla de la clínica, su gemelo negó con la cabeza. "No


sé qué más decirte, en el momento en que todo tu cuerpo volvió a la vida... Vi a ese
tipo de pie junto a ti, a tus pies, con la palma de la mano extendida, no tengo ni
idea".

Con un sentimiento de angustia, pensó en estar en la puerta del Fade. Y en lo


que ella y su abuela habían hablado. "Bueno, da igual si estuvo allí o no".

"¿Verdad?".
"No".

"Creo que fue él quien te trajo de vuelta, Lyric". Su hermano extendió ambas
manos hacia adelante. “No sé qué pasó entre ustedes dos y no es asunto mío, pero
quería que supieras lo que vi”.

“Sabes quién es, ¿verdad?. te lo dijo, lo oí”.

Al menos… ¿estaba bastante segura de que sí?. Las cosas seguían borrosas.

Rhamp se encogió de hombros. “Se dijeron muchas cosas anoche y sabes, con
todo lo que está pasando, creo que es mejor que lo dejemos pasar. O sea, si en serio
no quieres volver a verlo…”.

“Lo hago”.

“Entonces hablar de ello solo va a armar un drama innecesario. Además,


¿cómo si tuviera prisa por contarles a todos que acabo de salir con el nieto del
Omega?”.

“Ojalá no lo dijeras así”, murmuró. “Aunque es la verdad”.

“Así que no diremos nada. Solo era un humano, por lo que saben. Para cuando
llegaron, no estaba a la vista, mejor no hablar de eso”.

Lyric se encontró asintiendo. A estas alturas, solo quería olvidarlo todo. Su


dolor y tristeza eran tan profundos, casi tan profundos como su sensación de traición
y también le resultaba difícil no haberlo adivinado nunca. Fue solo ahora, al revivir
ciertos intercambios sobre ciertas cosas, que vio las pistas que habían estado ahí
desde el principio.

Olvidable a propósito, ¿no era eso lo que había dicho al principio?, olvidable a
propósito, mejor dicho.

Se restregó los ojos y escuchó el latido constante del monitor detrás de ella,
prueba fehaciente —aparte de su consciencia— de que, de hecho, estaba viva y
coleando.

“Así que fui al Fade”, soltó. Mientras la cabeza de su hermano se movía,


asintió. “Vi la puerta… el pomo… todo y a Granmahmen”.

“¿Estaba allí?”.

Lyric asintió de nuevo. “Sonrió mucho, quiere que sepamos que nos espera,
pero que nos tomemos nuestro tiempo aquí abajo”.

Aún podía recordarlo todo, oír esa voz, ver las nubes amortiguadas a su
alrededor. “Es hermoso allá arriba, mejor que la vida mortal, sin duda”.
Rhamp se aclaró la garganta. "Yo, ah, no sé qué habría hecho... si no hubieras
vuelto".

Extendiendo la mano, le apretó la suya. "Bueno, lo bueno es que no tenemos


que pensar en eso, ¿verdad?".

"No, no tenemos que pensar en eso", repitió él.

Con un rápido asentimiento, exhaló, como si ella le hubiera dado permiso para
dejar atrás toda la pesadilla, reprimirla y no volver a pensar en esos momentos. La
compartimentación radical no era exactamente lo que ella buscaba, pero si así era
como él lo manejaba, ¿qué más podía hacer?.

Además de asegurarse de seguir con vida.

"¿Cómo supieron ustedes tres que estaba allí?", preguntó.

"Rastreamos a dos lessers hasta la dirección".

"Ah. Sí, supongo que el que llamó a la puerta de Dev los había llamado para
pedir refuerzos".

Con un escalofrío repentino, se preguntó sobre los lessers que habían visto por
toda la propiedad. ¿Los habría estado reclutando Dev, trabajando con...?.

"Lo siento", dijo con brusquedad.

"¿Por qué?".

"Por todo".

Pensó en él llamándola Barbie y eso había sido un insulto. Pero también


reconoció que estaba muy, muy lejos de tomar la decisión de salir al campo. Sí,
entrenaría, sí, trabajaría duro, pero las transformaciones en la vida eran mucho más
que recibir consejos instantáneos de una mujer pavoneándose en un escenario
morado y diciéndote lo que querías oír o al menos, lo que creías que querías oír.

El verdadero cambio requería trabajo, no solo inspiración y el verdadero


crecimiento era más que la fantasía de ser un héroe. Sin embargo, mientras pensaba
en lo que había hecho por Allhan, recordaba haber ayudado a Rhamp junto a la cama
de su abuela y recordaba especialmente el momento en que se había interpuesto
ante una bala para salvar a L.W., decidió que el ángel caído y su querido tocaya
fallecida tenían razón.

Ella era capaz de cosas importantes y otros también lo sabían.

L.W. sin duda le había agradecido por salvarle la vida, al igual que el
mismísimo Rey Ciego.
"Así que seguiremos adelante", dijo, principalmente para sí misma. "Porque
eso es lo que hacen los vivos y los muertos no. Nosotros… seguiremos adelante".

Por mucho que a veces doliera.

"En fin", sollozó, recuperando la compostura, "¿adónde vas?, me hacen quedar


aquí para monitorizarme, pero la verdad es que me siento bien".

"Solo voy a entrenar, pero tú deberías quedarte aquí". Rhamp se puso de pie.
“Llámame si me necesitas”.

“Siempre y tú haz lo mismo, ¿de acuerdo?”.

Se inclinó y la besó en la mejilla. “Tú lo tienes, hermana mía”.

Mientras su hermano se dirigía a la puerta, ella cerró los ojos, pensando que
podría dormir un poco, no había nada más que hacer.

“¿Lyric?”. Cuando abrió los párpados y miró, Rhamp dudaba junto a la salida.
“Por si sirve de algo, creo que te equivocas. Creo que sí importa que ese tipo
estuviera allí”.

Frunciendo el ceño, intentó no enfadarse con su gemelo. “¿Por qué lo


defiendes?”.

“Porque creo que le salvó la vida a mi hermana”. Rhamp abrió la puerta y salió.
“Se lo debo”.
CAPITULO 52
________________

De vuelta en el corazón del centro, en el cuarto piso del edificio de


apartamentos que había sido el epicentro de tanto, Dev esperaba en su cama, con
las manos en el regazo y la mirada fija en el suelo, donde estaba la mancha de
sangre.

La roja, donde Lyric había yacido.

Pasándose una mano por la cara, supo que esta sería la última vez que estaría
en ese lugar y no sentía nada por ello. El estudio no le había significado nada cuando
lo tomó por primera vez y a pesar de todo, no significaba mucho ahora. Si había
algún atisbo de nostalgia, era simplemente porque los metros cuadrados habían sido
un marcador del paso del tiempo, una era terminada.

Marcados con sangre, por así decirlo...

Uno a uno, aparecieron, los tres vampiros de la noche anterior entrando por la
rendija de la ventana de enfrente: El hermano de Lyric, feroz y moreno a la
izquierda; el alto en el centro, con la expresión desagradable y la trenza; el de
diamantes en el otro extremo.

"¿Está bien, verdad?", preguntó Dev.

Twinkle Lobes murmuró: "No es asunto tuyo, maldita sea...".

El hermano le dio un codazo al tipo para que se callara y luego respondió con
suavidad: "Está perfectamente bien, está descansando y bien".

Mientras los dos vampiros miraban fijamente al macho, a este no pareció


importarle, simplemente siguió mirando fijamente a Dev.

Ah, así que el tipo había visto el pequeño truco de magia y sabía lo que había
pasado.

"Tengo muchas ganas de matarte", murmuró el de la trenza.

"Ojalá lo hicieras". Dev le sonrió fríamente. "Con cómo me siento ahora, la


muerte sería mucho más preferible. Pero por desgracia, dado quiénes son mis
padres, no es una opción". Se incorporó y se crujió los nudillos. "Podríamos jugar un
par de rondas con esa daga en la mano. Buen ejercicio para ti y creo que me
gustaría tener un poco de dolor físico para acompañar todo lo demás que me da
vueltas en la cabeza. Solo que sería una pérdida de tiempo con tantas otras cosas
que quieres hacer, ¿verdad?".
"¿Adónde nos llevas?", exigió el de la trenza.

"A su presencia". Dev se encogió de hombros. "No soy Google Maps, idiota. No
puedo darte indicaciones, solo puedo transportarnos a las inmediaciones de mi sire".

"Espera", interrumpió Twinkles. "¿Cómo sabemos que esto no es una trampa?".

"Llama a la Hermandad de la Daga Negra, llama a todos los vampiros del


planeta". No es que quisiera eso, mejor limitar el alcance para que hubiera menos
posibilidades de que muriera gente. "Me importa un bledo, pero pensé que querían
intentar matarlo ustedes mismos. ¿O me equivoqué?". Al no obtener respuesta
inmediata, los miró uno por uno. "¿Qué les parece, chicos?".

Siguió sin obtener respuesta, así que Dev se encogió de hombros y se acercó a
la ventana abierta. Por un instante, solo pudo ver el recuerdo de Lyric de pie frente a
las cortinas, mirando a su alrededor la primera vez que estuvo allí, con su cabello
rubio tan hermoso brillando al moverse.

El dolor punzante que lo recorrió le hizo preguntarse qué habría sentido ella
después del disparo. Lástima que no hubiera podido soportar la agonía que había
sentido. Sin embargo, la mierda que sentía en el centro del pecho llegó tarde a esa
fiesta.

Se aclaró la garganta y dijo: "Miren, me voy de Caldwell después de esto y no


vuelvo jamás, es ahora o nunca".

A orillas del lago George, en la casa de cristal de Whestmorel, Conrahd se paró


junto a la cama y observó la respiración del hombre. La respiración se había vuelto
más lenta, más lenta, más lenta…

Más lenta.

Sin embargo, el aristócrata simplemente no expiraba. Frustrado, Conrahd miró


el reloj de la pared. Llevaba horas así, latente, a punto de expirar.

Bajando la mirada, apretó la almohada con más fuerza.

Hazlo, se dijo. Simplemente inclínate sobre la cama y asfixia a ese bastardo.


Los demás habían visto con sus propios ojos que su supuesto líder intrépido había
enfermado gravemente, así que no habría duda de su fallecimiento.

Entonces podría asumir el poder...

Afuera, algo se movió en las puertas corredizas de cristal y se giró hacia la


inmensidad transparente que ofrecía una vista panorámica del agua y las montañas
nevadas. Mirando fijamente el cuerpo de Whestmorel, frunció el ceño. Había una
figura al otro lado de una de las puertas, amenazante como un fantasma que se
había vuelto corpóreo.

Cada hueso del cuerpo de Conrahd, cada centímetro de su piel, cada pelo de
su cabeza y cada costilla de su pecho, le gritaban que se fuera.

Ahora.

Era la clase de llamada que no podía ignorar.

Con un movimiento rápido, salió disparado de la habitación y se deslizó hacia


el pasillo. Al darse cuenta de que corría con la almohada, la dejó caer y fue directo al
estudio.

En cuanto llegó, los otros cuatro hombres lo miraron. Estaban en distintos


grados de reclinación en los sofás, la silla, junto a la chimenea, en un estado de
estancamiento que se debía a la actualización que Conrahd planeaba dar.

"¿Confían en mí?", dijo bruscamente.

Se enderezaron, todos ellos; los tres que estaban sentados se pusieron


lentamente de pie.

"¿Lo hacen?", repitió mientras una urgencia latía con fuerza en su corazón.
"Solo responde la pregunta, no la volveré a hacer".

Cuando llegaron los síes vacilantes, señaló la puerta oculta que se encontraba
en la esquina sur de la habitación. "Nos vamos ahora, salimos por el túnel y no
miramos atrás".

Ahora, las preguntas brotaban, explotando en oleadas de ansiedad:

"Ahora, pase lo que pase...".

"...es bastante evidente que algo está bastante fuera de lugar...".

"...está pasando con Whestmorel. ¿Está enfermo...?".

Conrahd los interrumpió con la horrible verdad: "Nos vamos ahora, porque el
hijo del Omega acaba de llegar a esta casa".

Fue entonces cuando un grito se escuchó desde el fondo del pasillo, desde
donde estaba el dormitorio.

"¡Ahora!", siseó Conrahd mientras corría hacia la entrada secreta del túnel de
escape. "Quédense bajo su propio riesgo".

Ni siquiera le importaba si lo seguían, solo sabía que primero iba a salvarse.


Y luego lidiar con las consecuencias.

Cualquiera que fuera la ruta que Whestmorel hubiera intentado tomar con el
líder de la Sociedad Lessening, cualquiera que fuera el plan que habían concebido
entre ambos, estaba claro que no saldría nada bueno de ello.

Si pretendían derrotar a Wrath, tendría que haber otra manera.

Suponiendo que alguno de ellos sobreviviera para esconderse del amanecer al


final de esta noche.

Cuando Dev salió de su antiguo apartamento, llevo consigo a los demás, los
tres vampiros que viajaban con él en una bolsa de energía que él mismo creó. Podía
percibir su determinación y agresividad con mayor facilidad ahora que sus cuerpos
físicos habían desaparecido y estaban en su forma esencial. Antes de irse, le había
sorprendido que no pidieran refuerzos, pero ahora, al leerlos con claridad, entendía
por qué.

Se sacrificarían para proteger el bien común.

Y creían que podían pedir ayuda en cualquier momento.

No estaba seguro de que esto último fuera cierto, suponía que todos lo
descubrirían.

Lo que no sabían y sobre lo que había llegado a una firme resolución, era que
él era quien iba a matar a su padre esta noche. Para salvar a los vampiros y sobre
todo a su amor, iba a enfrentarse al hijo engendrado del Omega y a luchar.

Estos vampiros iban a ayudarlo lidiando con los lessers que acudieran en
defensa de su sire.

Él se encargaría de Lash...

Al llegar a su destino, los materializo a todos de nuevo y le intrigó el rústico


lugar. No era un callejón oscuro en la parte más desastrosa del pueblo, no era un
lugar de iniciación oculto, ni siquiera un lugar de culto donde los malditos conversos
se adulaban ante su amo. No, era un camino arado que conducía a una casa de
cristal encaramada en la ladera de una montaña y su padre no era el dueño de la
propiedad.

Su marca tenebrosa habría manchado hasta las últimas moléculas de todo lo


que había en el lugar.

No, por alguna razón, Lash había venido aquí.

Mientras los vampiros se libraban del hechizo del viaje, Dev avanzó por la
nieve. La gran concentración del mal estaba al otro lado de la estructura, así que
rodeó los límites, encontrando su camino entre las ramas y la acumulación de nieve.
Pronto, se reveló un vasto lago congelado y luego se unió a un porche que recorría
todo ese cristal a lo ancho y largo.

Se aseguró de que Lyric no estuviera cerca de sus pensamientos.

Su padre la olfatearía de inmediato...

La puerta corredera abierta, al fondo. Sí, ahí era donde tenía que ir.

Pero entonces se detuvo. Mirando hacia atrás, a los machos que tenía detrás,
reconoció que estaban listos para luchar, pero tuvo una repentina consciencia que no
pudo evitar.

Fue entonces cuando vio la sombra, a un lado: Un ángel con alas de gasa y
larga cabellera rubia y negra.

Como si se le hubiera desprendido la memoria, Dev recordó de repente que la


entidad había estado en el apartamento la noche anterior. En el rincón más alejado,
tan invisible como él.

Y ahora le enviaban un mensaje, una advertencia urgente.

Volviéndose hacia los vampiros, los examinó y entonces abrió la boca; sin
embargo, lo que sucedió después no tenía nada que ver con él.

"No deberías estar aquí", se oyó decir Dev con una voz que no era la suya,
como si fuera un canal de comunicación. "Tienen que irse".

Los argumentos fueron rápidos y seguros, agresivos y furiosos. Pero entonces


cruzó la mirada con el hermano de Lyric.

"No debería haberte traído", dijo Dev con su propia voz. "Este es un asunto de
familia entre mi padre y yo".

Porque cayó en la cuenta, con la misma seguridad que si esa otra entidad le
hubiera inculcado la convicción en la cabeza; podría no sobrevivir a esto. Así que no
podría proteger a estos mortales si las cosas salían mal.

En cuyo caso, sería responsable de la muerte de la propia sangre de Lyric.

"No", dijo bruscamente. "Me equivoqué al traerte conmigo".

Antes de que pudieran hacer más ruido, extendió la mano, los abrigó con
seguridad y los despidió. ¿En qué estaba pensando, aparte de respetar su sed de
venganza, porque era lo que lo motivaba?.

Dev volvió a mirar al ángel. La brillante aparición se llevó la mano al pecho e


inclinó el torso en señal de gratitud.
Entonces, esa otra voz se abrió paso en la mente de Dev. Si das todo lo que
tienes, todo lo que llevas dentro, tu destino y todo lo que deseas se hará realidad.

Y entonces el ángel desapareció.

Después, respiró hondo un par de veces y después de eso, se acercó a la


abertura; el corazón le latía con fuerza… sobre todo al llegar a la puerta corrediza de
cristal abierta y mirar hacia un dormitorio.

Su padre era como siempre, alto y fuerte, con el pelo rubio recogido. No
llevaba ropa informal esa noche. Lash vestía una túnica ceremonial negra mientras
permanecía de pie junto a un hombre que se esforzaba en una cama como si sufriera
una convulsión, con la boca abierta, el rostro retorcido en una máscara de horror y
dolor, las extremidades del cuerpo sobresaliendo del torso mientras levitaba sobre las
sábanas de satén.

Su padre lo miró con un brusco movimiento de cabeza.

Entonces, de hecho, tuvo una reacción dubitativa. Lo cual fue una reacción
bastante... ¿humana?...

Mortal, mejor dicho.

El vampiro fue olvidado al instante, arrojado a un lado para desmoronarse en


un revoltijo de sangre negra y vísceras en un rincón.

En ese momento, Dev se enfrentó al mal.

Lash.

El hijo del Omega.

Su progenitor.

En un esfuerzo por bloquear cualquier intrusión en su mente, Dev mantuvo los


títulos circulando una y otra vez en sus pensamientos. Si lograba redirigir toda su
atención hacia su padre, no habría puntos débiles por los que entrar, ninguna
posibilidad de infiltración ni manipulación.

"El hijo pródigo regresa", dijo Lash en voz baja.

"Hola, padre".

Hubo un momento de evaluación, por ambas partes. Entonces Dev entró en la


casa, asegurándose de estar hiperconsciente de su entorno, preparado para
cualquier cosa.
"Sabes", dijo su padre con acento autoritario. "De todos los lugares donde
esperaba que aparecieras, después de todos estos años, la casa de algún aristócrata
en las montañas no lo era".

Unas pupilas azules con bordes negros, el reverso de su propia coloración, lo


miraban fijamente. No había traído armas convencionales y por supuesto, su padre
no las necesitaba. Pero eso no significaba que las cosas no se pusieran muy letales,
muy pronto.

"No puedo leer tu mente". El malvado sonrió. "Eres muy fuerte. Dime, ¿cómo
está tu mahmen?".

Al recordar haber estado frente al demonio y verla de verdad por primera vez,
Dev sintió una extraña necesidad de protegerla.

"No lo sé", mintió.

"No me digas que has venido por alguna razón shakespeariana". Lash bajó la
barbilla y miró por debajo de sus cejas fruncidas. "Eso sería muy poco original de tu
parte...".

El mal se detuvo y miró por la corredera de cristal abierta.

"Creo que tenemos visita, hijo".


CAPITULO 53
________________

Lyric se preguntaría más tarde por qué viajó así, cómo lo logró, aunque sabría
el porqué de su viaje mágico en tiempo real.

Sin embargo, mientras todo sucedía, solo fue consciente de ese instante;
estaba en la cama del hospital en el centro de entrenamiento de la Hermandad.
Luego, en otro, empezó a pensar en Dev y a recordar lo que ambos habían dicho,
discutiendo mientras él parecía tan desconsolado, su ira creciendo junto con sus
propios sueños destrozados de lo que podrían haber sido...

Y entonces, simplemente desapareció.

No era diferente del viaje vertiginoso al Fade, la aparición en el Santuario o el


tortuoso giro de la muerte misma. De lo único que estaba segura era de que había
una chispa de Dev en su interior y de repente anhelaba reunirse con él por completo,
hasta tal punto que se dejó llevar por el aire nocturno. Instintivamente, luchó contra
la corriente, reconociendo que estaba fuera de su control y aun así…

Quería verlo, necesitaba cerrar el ciclo.

Las palabras de despedida de Rhamp la atormentaban.

Al terminar el viaje, fue como bajar del andén de un tren; el movimiento había
terminado, la desorientación se había ido como si nunca hubiera existido. Sin
embargo, estaba en un lugar totalmente diferente, en un porche con vistas a un lago
helado y a la montaña.

Al mirarse, seguía con el mismo camisón de franela que su mahmen había


traído de casa a la clínica. Entonces miró a su alrededor y no reconoció nada de la
casa moderna, que era casi toda de cristal. Sin embargo, sintió la presencia de Dev y
la siguió como una luz en la oscuridad, una señal de que no podía ignorarla.

Aunque hacía frío, no sentía el viento ni el frío y no sabía si se debía a que


estaba entumecida o si era parte de toda aquella extraña experiencia.

Se llevó la mano al corazón y se dijo a sí misma que podía sentir el latido. ¿Y si


hubiera muerto de nuevo y hubiera estado en una versión diferente del Fade todo el
día?, ¿pero por qué había visto a tantos seres queridos vivos?.

"Para", dijo.

Quizás era un sueño...

Al fondo del porche, Dev saltó por una puerta abierta, la miró con puro terror y
extendió las palmas de las manos. "¡Vete!. ¡Dios mío, vete!".
Algo salió de sus palmas, una especie de energía...

De repente, una sombra oscura lo cubrió, como si lo hubiera agarrado un puño


místico y desapareció dentro de la casa como si lo hubieran tirado.

"¿Dev?. ¡Devlin!".

Presa del pánico repentino, Lyric corrió hacia adelante, sus pies descalzos
resbalando sobre el hielo y la nieve mientras ráfagas de nieve repentinas le
golpeaban la cara como si también intentaran advertirle que regresara, que se
alejara. Entonces, al llegar a la puerta corredera, esta se cerró en su cara. Los
cristales estaban recubiertos con una especie de revestimiento que le impedía ver el
interior, pero, asustada, golpeó...

El destello de luz fue tan intenso que el interior se iluminó tanto que el tinte no
pudo atenuar el resplandor. Tuvo una breve visión de Dev rodeado por una bola de
energía...

Entonces algo salió de la casa a su derecha; el cristal se hizo añicos al ser


catapultado por los aires.

Acercándose al agujero irregular y dentado, miró dentro.

Dev estaba de pie, con los pies bien plantados y las palmas hacia adelante, con
el rostro lleno de furia; era, sin duda, el hijo del mal, engendrado por un demonio, el
nieto del Omega.

Sin embargo, la energía que emanaba no era oscura.

Era… algo más.

Entonces la miró con ojos atormentados. "Lyric… tienes que irte. nada importa
excepto tú, nada".

Justo antes de que el mal lo atrapara existencialmente, Dev rezó para que
Lyric lo escuchara y saliera pitando de allí. Solo que no había tenido tiempo de
hacerla entrar en razón; demonios, ni siquiera sabía qué hacía en la casa. Pero
entonces su padre extendió la mano y lo atrapó, fue arrastrado por una energía tan
poderosa que no hubo forma de luchar contra ella.

Decidido a mantenerla a salvo, a cualquier precio, se agachó, rodó, se


incorporó de un salto y respondió al ataque de su padre, enviando una ráfaga de
energía que los hizo cambiar de lugar; él podría haber sido absorbido por la casa,
pero Lash había sido expulsado.

Sin embargo, eso no mantendría a su padre ocupado por mucho tiempo y


necesitaba...
Lyric irrumpió en el dormitorio, pisando descalza los cristales rotos. Al percibir
el olor a sangre, corrió, luego se dirigió hacia una puerta interior. La abrió con la
mente y estaba a punto de salir corriendo de la suite cuando las luces parpadearon y
se apagaron.

Miró por encima del hombro.

Lash se estaba uniendo en el cielo nocturno, como una bandada de cuervos


que se unen y el estruendo bajo sus pies era un presagio de lo que estaba por venir.

Si das todo lo que tienes, todo lo que llevas dentro, tu destino se hará
realidad.

Dev se detuvo y miró a Lyric directamente a los ojos. "Te amo y lo siento".

Antes de que ella pudiera responder, la puso detrás de él, cubriéndola con su
cuerpo y cerró los párpados. A su alrededor, los truenos retumbaban en el cielo y él
notó que también había relámpagos; los reflejos de la luz estroboscópica registraban
y contraían sus pupilas.

Pero tenía que ignorar todo eso, tenía que conectar con la fuente de lo que
sentía por esta mujer.

Con una determinación férrea, recordó cómo había pasado el día, tejiendo una
patética fantasía donde él era en realidad el mortal normal que fingía ser, los dos
vivían felices para siempre como todos los mortales del planeta. Sin maldiciones ni
magia y no porque estuviera apagándolo todo como lo había hecho durante la última
década.

Sin maldiciones ni magia porque no había ninguna dentro de él...

Los pulsos comenzaron con el latido de su corazón y emanaron de allí, grandes


olas de energía que lo rodeaban desde los orígenes mismos del universo, el poder
que había dado origen a la primera chispa de vida, la esencia del Creador,
duplicándose y redoblándose en su interior.

Su alma purgó todo lo que había nacido con él y no había deseado,


convirtiéndolo en una barrera que protegió a Lyric, rodeándola, fortificándola...
protegiéndola.

Y justo a tiempo.

Los ojos de Dev se abrieron de golpe justo cuando su padre retrocedió a través
del cristal roto.

“¿En serio?”, dijo una voz distorsionada. “¿Por una vampira?”.


Entonces no hubo más conversación. Lash desató una descarga de magia
oscura, un poder tan grande que toda la casa retumbó sobre los cimientos,
excavados en la roca misma de la montaña.

Al impactar la fuerza, el escudo metafísico que Dev le había dado a Lyric


resistió, el mal se desvió para que no resultara herida. Pero a medida que la
descarga continuaba, Dev sentía que perdía fuerza.

Sabía lo que tenía que hacer, una oportunidad, necesitaba aprovechar su única
oportunidad.

Darse por completo, como había dicho el ángel.

Reuniendo todas sus fuerzas, Dev lanzó un grito de guerra y abrazó lo opuesto
a lo que sentía por su mujer. En lugar de amor, accedió al profundo odio que sentía
por su progenitor y al hacerlo, comenzó a absorber la energía oscura que le
enviaban, convirtiendo su ser corpóreo en un depósito de maldad, hasta que sintió
que su alma enfermaba y se retorcía. Pero tomó aún más, cuanto más continuaba su
padre, más se hundía mientras recogía la raíz de todo lo cruel, conspirador y furioso
del mundo.

Cuando ya no pudo contenerlo más, cuando estaba a punto de reventar,


accionó el interruptor y devolvió el odio a su fuente.

La explosión de energía fue tan grande que reventó todas las ventanas de la
fachada de la casa; los fragmentos de vidrio se mezclaron con las ráfagas de viento
que caían, la onda expansiva también derribó árboles y arrancó rocas de la cima de
la montaña.

Lash fue arrastrado del porche y llevado lejos, muy lejos sobre el lago, su
cuerpo girando en medio de la energía negra, atrapado en todo lo que trajo al
destino, capturado por la densa oscuridad que contaminaba corazones, almas y
condenaba a quienes actuaban con maldad a una eternidad en Dhunhd.

Hubo un momento de pausa suspendida, el cielo tormentoso alrededor de la


concentración de malevolencia, con relámpagos destellando.

Entonces, la enorme masa de maldad se precipitó en medio del lago helado; el


impacto rompió el hielo y creó un maremoto que emanó del agujero central,
inundando los cobertizos para botes a su alrededor.

Después de eso…

Nada.

No quedó nada de su padre.

Dev se desplomó de rodillas y cayó hacia adelante. Cuando lo voltearon boca


arriba, Lyric se inclinó sobre él.
Tenía los ojos muy abiertos y respiraba entrecortadamente. "Dev...".

Por un instante, sintió una profunda sensación de plenitud, un trabajo bien


hecho, pues ella seguía viva y su padre se había ido. Pero entonces sintió que sus
fuerzas empezaban a flaquear y se dio cuenta de que, al salvarla a ella y a los de su
especie, se había sacrificado, tal como su hermano y esos hombres habían planeado
hacer.

Tal como el ángel había predicho; lo había dado todo y había cumplido su
deseo para ella.

Con mano temblorosa, intentó alcanzarla y tocarle la cara. "Lo... siento".

Sí, el ángel tenía razón, pero el destino también le había dado una patada en
los huevos. Estaba "muriendo" de la única manera que un inmortal podía.

Ya no quedaba alma en su cuerpo corpóreo.

Bien, si este era su destino, entonces por fin había hecho algo importante, algo
digno del amor que por fin había conocido, al final de su destino.

"Dev, no me dejes…".

"Está bien… mejor… sin mí…".

"¡No!. Tienes que quedarte", balbuceó. "Por favor, tenemos que resolver esto.
Tenemos que arreglarlo nosotros mismos… me salvaste la vida, no puedes dejarme
ahora…".

"Salvaste mi alma".

Maldición, deseaba poder tocarla; tenía que conformarse con mirarla.

"Vive tu vida libre y en voz alta…", susurró. "Recuerda que eres amada…".

Eso fue todo lo que pudo, su fuerza vital era como una cuerda a la que se
había estado agarrando.

De repente, se le resbaló.

Y eso fue todo.


CAPITULO 54
________________

¡Dev!". Lyric movió la cabeza hacia su regazo. "¡Dev... no, no, no...!. ¡Dev!".
Estaba respirando profundamente y preparándose para gritar cuando oyó algo fuera
de la casa. Ignorando lo que fuera, siguió repitiendo su nombre, hasta que, de
repente, el sonido exterior se volvió tan fuerte que ya no pudo ignorarlo.

Levantando la cabeza hacia las puertas corredizas de cristal roto, frunció el


ceño mientras se concentraba en el lago que se extendía más allá.

En medio de la superficie helada, había un gran agujero, como si una roca del
tamaño de un campo de fútbol hubiera sido arrojada por la mano del Creador.

Con más relámpagos, burbujas surgieron del agua negra y aceitosa, su fuerza
se convirtió abruptamente en un géiser. Algo emergía de las profundidades,
elevándose cada vez más alto, mientras un coro resonante de terror inundaba no
solo su mente, sino también su cuerpo, supo que lo que fuera que venía por ella, por
Dev, era diferente a todo lo que había visto antes.

O a algo a lo que pudiera sobrevivir.

Había estado buscando magia, pero no de este tipo... mi querido Lassiter, no


así. La enormidad del mal era incomprensible al manifestarse, tan vasta que ocultaba
las montañas y el cielo.

El heredero del Omega, la entidad que solo existía para cazar y matar a su
especie...

La esencia de Lash se precipitó hacia la casa y cuando las grandes olas de


oscuridad se centraron en ella y Devlin, se arrojó sobre él, por si acaso.

Además, apenas respiraba.

Preparándose, supo que la energía oscura los aniquilaría a ambos y gritó...

De repente, una figura apareció ante ellos, una mujer.

¿Valentina Disserte?.

¿De... Resolve2Evolve?. Sí, lo era, en todo su esplendor vestida de púrpura, su


cabello oscuro recogido en un moño, el perfume de uva que Lyric había olido cuando
se conocieron saturando el aire. Excepto... que el rostro era diferente ahora. Muy
hermoso, sí, pero los rasgos no eran exactamente lo que habían sido.

Después de un momento de contacto visual,... La mujer se dio la vuelta.


Entonces, una fuerte voz femenina resonó por todo el noreste: "¡No!. Es mi
hijo y no le harán daño".

La mujer plantó sus tacones y los rodeó con un campo de fuerza brillante.
Entonces, al comenzar un gran rugido, se separó, dio dos pasos corriendo y saltó del
porche hacia la energía oscura.

Y algo... sucedió.

Justo antes de que el mal se estrellara contra la casa, se produjo una especie
de fusión en el cielo y las ondas luminiscentes resultantes explotaron en el horizonte;
auroras boreales, solo que en rojo, dorado y morado, muchísimo morado.

Después de eso, solo quedó oscuridad, dentro de la casa, afuera, en el lago


con el agujero en el centro, sobre todo el mundo, al parecer.

Pero a Lyric le importó un comino.

Al mirar el rostro de Dev, sintió el frío en su piel y entró en pánico. No llevaba


teléfono, no tenía ni idea de dónde estaban, de todas formas, no estaba segura de si
alguien podría ayudarlos. Esto no era asunto de mortales, estaba en el reino de la
inmortalidad y las implicaciones la aterrorizaban.

"Yo también te amo", le dijo desesperada. "Dev, te amo...".

Sintió un gran alivio al pronunciar esas palabras, pero fue demasiado tarde, él
estaba demasiado perdido...

¡Rayos!.

La entidad femenina reapareció frente a ellos, todavía con su traje de negocios


con falda morada, pero su larga y exuberante melena morena estaba hecha un
desastre, la blusa de seda estaba desabrochada.

"¡Maldito sea!", murmuró mientras extendía la mano y un cigarrillo encendido


aparecía entre sus dedos. "Siempre fue un buen polvo".

Bajó la mirada mientras exhalaba y al instante, su expresión de enfado


desapareció de su rostro enrojecido.

La mujer se agachó junto a Dev. "Mi niño, mi hermoso niño...".

Devina, el demonio. La mahmen de Dev.

"Tráelo de vuelta", suplicó Lyric. "Con todo lo que he oído sobre ti, sé que eres
lo suficientemente poderosa. Puedes resucitar a los muertos, puedes traerlo... de
vuelta".

Lloraba ahora; las lágrimas corrían libremente por su camisón de franela.


"Es lo que más amo en el mundo", dijo Devina. "Por eso no le haré eso, no
puedo".

"¿Qué?". Lyric le agarró el brazo con fuerza. "Por favor, tienes que hacerlo, no
puede morir así...".

"Si lo traigo de vuelta, me tendrá dentro de él otra vez. No querría eso, incluso
si estuvieras con él y lo amaras como dices; volvería a donde empezó". Una lágrima
sangrienta se formó en la comisura de uno de sus ojos negros. “Nos odia a su padre
y a mí, no lo culpo”.

“No puedes dejar que muera…”-

“Pero puedes hacer algo al respecto”.

“¿Qué?”. Lyric frunció el ceño. “No tengo magia, tengo…”.

“Tienes un pedazo de él en ti, puedo sentirlo. No sé cómo sucedió y en realidad


no importa. Pero tú… devuélvele eso. Deja que su esencia fluya de ti hacia él, una
mezcla de los dos, tu mortalidad limpiándonos a mí y a su padre de él, limpiando el
camino, por así decirlo”.

Había tanta tristeza en la mujer, pero también determinación.

"Toma su mano, Lyric y no cuestiones nada. Solo siéntela y deja que fluya de
vuelta a él". El demonio miró hacia el cristal roto. "No te preocupes, estás a salvo,
porque Lash no va a volver. Es un imbécil, pero le prometí una mamada más tarde y
se me da muy bien. Resulta que me ha echado de menos, el muy cabrón y estoy
haciendo todo lo posible por no dejarme seducir por eso".

La entidad ladeó la cabeza mientras se ponía de pie. "Mi hijo ha elegido


sabiamente a ti, les irá bien juntos. Ahora, despiértalo con el beso de la vida y
recuerda que aquí es donde terminan... también donde empiezan. Salva al que más
amo en el mundo, por ti y por mí".

Llevada por el miedo y la incredulidad, Lyric volvió a centrarse en Dev,


mirándolo fijamente a los ojos ciegos. Entonces respiró hondo, cerró los párpados y
presionó su boca contra la de él, preparada para intentar lo más importante del
mundo.
CAPITULO 55
________________

Dev oyó que lo llamaban desde muy lejos. En la oscura marisma que lo
rodeaba, el sonido fue un ancla tranquilizadora, pero tuvo que esforzarse por
concentrarse e intentar avanzar. Su esfuerzo se convirtió en nadar en aguas frías y
estancadas, con grandes brazadas que casi no lo llevaban a ninguna parte. Sin
embargo, la voz se hizo más fuerte y al poco tiempo la reconoció.

"¿Lyric...?", dijo al vacío. "Lyric...".

Una corriente lo inundó y liberó la negra presión, pero al no sentir la opresión


en todo el cuerpo, el dolor se apoderó de él mientras luchaba por contenerse.
Moviéndose por fin con más libertad, comenzó a ascender con una repentina
liviandad, cada vez más rápido, hasta que, como un globo que saliera a la superficie,
abrió los ojos.

Lyric lo besaba, infundiéndole vitalidad, mientras que a un lado, con lágrimas


rojas corriendo por su rostro, estaba su madre.

Dev respiró hondo y tosió con una terrible asfixia. Pero sus pulmones se
adaptaron pronto y empezaron a funcionar correctamente, tomando aire y
expulsándolo. Entonces se olvidó por completo de eso.

"Te amo", gritó Lyric mientras lo levantaba y lo estrechaba contra su corazón.

Ahora tenía la fuerza para extender los brazos y sujetarla; ahora tenía la
fuerza para incorporarse y acunarla. Solo que no sabía cómo había sucedido esto...
no sabía cómo había sucedido nada de esto.

Solo que, en realidad, ¿a quién demonios le importaba?.

Le devolvió el beso a Lyric con todo su ser. Luego dijo con voz ronca: "Lo
siento, te amo, estoy tan...".

Balbuceando. Pero, de nuevo, ¿a quién demonios le importaba, en realidad?. Él


estaba vivo, ella estaba allí y...

Dev se separó lentamente de su hembra y miró a su madre. "¿Qué haces


aquí?".

“Ella me ayudó”, dijo Lyric. “Nos protegió y me dijo qué hacer para salvarte”.

Dev movió a Lyric para que su cuerpo la protegiera del demonio. “¿Por qué
harías eso?”.
“Es muy simple, en realidad”. Devina se secó los ojos y tuvo que aclararse la
garganta. “No hay nada que una madre no haga por su hijo. Me necesitabas y vine.
Me aseguré de que, al final, te liberaras de tu padre y de mí, de todo lo que te
dimos. Ahora eres mortal y llevas su naturaleza vampírica dentro. Ya no queda nada
de tu padre ni de mí”.

Al mirarse, se dio cuenta de que sentía un vacío. Se sentía muy, muy diferente
de como siempre se había sentido.

“Se acabó la magia, se acabó la inmortalidad”, confirmó. “Estás liberado de tu


legado y puedes vivir como elijas, con quien desees”.

Lo único que pudo hacer fue mirar hacia arriba, asombrado y sin palabras.
Claro, el demonio podría haberle mostrado un atisbo de quién era realmente en esa
conferencia, pero de todos los actos que la había creído capaz, ¿algo tan
desinteresado?, ni siquiera estaba al final de la lista.

"Gracias, Madre", dijo con voz ahogada.

"Ella es quien te salvó". Devina le sonrió tiernamente a Lyric. Luego la


expresión se perdió. "Pero ahora tienes que tener cuidado, no hay vuelta atrás".

Dev exhaló aliviado. Lo que viniera después, al menos sería en sus propios
términos.

El demonio respiró hondo; su hermoso rostro reflejaba una profunda tristeza.


"Y sí, los dejaré solos de ahora en adelante. Pero ustedes dos deben irse de aquí
ahora; mantendré a su padre ocupado el tiempo suficiente para que puedan salir de
la propiedad. Luego, si no se cruzan en su camino, ya no podrá encontrarlos. Por
supuesto, lo mismo me ocurre a mí, yo tampoco podré localizarlos".

Levantó su mano cuidada en señal de despedida, luego giró su stiletto.

"Madre".

Al oír su voz, miró por encima del hombro.

"Gracias", dijo con voz ronca.

"Adiós, hijo", susurró.

Y entonces se fue.

Dev miró a Lyric, llevándose una mano temblorosa a la cara. "Ya no soy
especial".

"Oh, eres más que eso". Le sonrió entre lágrimas. "Lo eres todo y ... creo lo
que dijiste, que no eres tus padres".
"De verdad que no soy tu enemigo".

"Ahora lo sé y siento haber sacado conclusiones precipitadas cuando estaba


tan asustada".

Dicho esto, se dieron un beso que pareció eterno. Claro que, cuando las cosas
se sentían profundamente, el tiempo tenía poco significado, ¿acaso no era eso una
especie de eternidad para el mortal?.

Cuando finalmente se separaron, miró todos los cristales rotos. "Tenemos que
irnos".

Lyric lo ayudó a ponerse de pie, luego frunció el ceño mientras miraba los
suyos confundida. "Eh... No los llevaba puestos cuando llegué".

Los Louboutin eran preciosos, altos, negros y elegantes.

Dev tuvo que reírse entre dientes. "A mi madre siempre le gustaron sus
zapatos, supongo que fueron un regalo".

Mientras empezaban a abrirse paso entre los fragmentos, ella dijo: "También
me curó todos los cortes".

Una razón más para... ¿amar?... a quien lo había engendrado. Sí, esa era la
palabra, amar y al sentir la convicción, una gran parte de él sanó; la ira que siempre
lo había atormentado desapareció.

Por otra parte, no solo había hecho las paces con uno de sus padres, sino que
estaba con la mujer que amaba, eso lo arregló todo.

Ahora solo tenía problemas con su padre. Pero bueno, nadie lo tiene todo en la
vida.

"¿Sabes qué?", concedió. "Quizás mi madre no era tan mala después de todo".

Lyric rió entre dientes al llegar al pasillo. "De hecho, me cae bien... quién sabe,
quizá podamos volver a verla algún día. Sale en un montón de vallas publicitarias,
¿verdad?".

Pensó en cómo había empezado todo, en medio de una calle nevada de la


ciudad, un accidente único que le regaló un amor irrepetible.

Prueba de que nunca se sabe cuándo te va a encontrar el destino, ni cómo te


va a caer encima.

"Creo que volver a verla es muy posible". Besó a su mujer con total gratitud
hacia la madre que le había hecho el bien cuando realmente importaba. "Muy
posible, sin duda...".
EPILOGO
________________

Dos semanas después…

Bueno, esto no era ciencia espacial, decidió Lyric mientras contemplaba el


abismo de una bandeja de horno vacía de 23 x 38 cm.

A su alrededor en la encimera, como un desafío que tendría que superar, había


un tanque de salsa de carne, un colador lleno de fideos de lasaña, un recipiente de
requesón, un plato de mozzarella rallada y un bote de parmesano en polvo. Detrás
de ella, el horno que su abuela siempre había usado con gran entusiasmo estaba
calentado a 175 grados, listo para lo que fuera que ella preparara.

Por favor, que esto no sea una cena Franken, pensó.

"Puedo con esto, puedo... con esto, sin duda".

Justo cuando hundía el cucharón en la salsa, se oyeron voces masculinas en la


puerta principal.

"¿Arriba, sí?".

"Sí", respondió Dev a su gemelo. "Luego todo lo demás en el sótano. Quiere


limpiar sus armas en el porche del segundo piso para que no apesten la casa".

Se oyeron fuertes pasos al subir las escaleras y miró hacia arriba para seguir el
crujido del suelo mientras los hombres se dirigían a la habitación de la esquina que
daba a la vista trasera. Se los imaginó charlando sobre algo, nada, cualquier cosa,
mientras desempacaban el bronce que acababa de llegar a su vida.

Volviendo a concentrarse en su sartén, puso un cucharón de salsa en el fondo


para que no se pegara, luego empezó a colocar los fideos lado con lado, como
siempre hacía su abuela.

"Sus armas". era sin duda una frase nueva, al menos en lo que se refería a
Lyric. Pero había estado aprendiendo de todo en el centro de entrenamiento de la
Hermandad, como a disparar una pistola, un rifle y una escopeta, a lanzar una
granada, a luchar con un cuchillo o solo con las manos. No sabía adónde la llevaba
todo aquello y siendo sincera, no se veía en los callejones, buscando lessers.

No sin que Lash supiera quién era, sin la posibilidad de que se lo cruzara. ¿Si el
jefe de la Sociedad Lessening conseguía a la compañera de su hijo, del que estaba
tan distanciado?. Sí, nadie tenía por qué pensar en ese resultado.

Aun así, se estaba volviendo físicamente más fuerte, mentalmente más


resistente y más segura de sí misma. No tenía claro qué haría a largo plazo, pero ya
estaba ayudando a su mahmen a impulsar su negocio de Etsy con una buena
participación en redes sociales. Al fin y al cabo, conocía bien el funcionamiento de los
algoritmos y ¿quién sabe?, usar lo aprendido para un propósito superior, para ayudar
a la Safe Place y Luchas House.

La hacía sentir bien.

"Bueno, ahora...". Al apagarse la voz, fue a por el plato de queso rallado. "Es la
mozzarella y luego el requesón".

Nada de ricotta. A su padre, Qhuinn, no le gustaba la ricotta y ella lo estaba


preparando especialmente para él...

"¿Seguro que quieren hacer esto?".

Miró a su abuelo. Rocke acababa de salir del dormitorio, con el pelo mojado
por la ducha, la camisa de franela planchada y los pantalones caqui iguales. Al
sentarse en el taburete frente a ella, Lyric sintió un fuerte dolor por él. Lo estaba
pasando mal, lo cual no era de extrañar. ¿Todos esos años de feliz unión?. ¡Por Dios!,
ella y Dev no llevaban ni un mes juntos y estaría completamente perdida sin él,
¿Después de cien años o más?.

“Estamos muy seguros”, dijo con una sonrisa mientras miraba hacia la
chimenea.

La hermosa urna de cloisonné que contenía las cenizas de su abuela ocupaba


un lugar de honor en el centro de la repisa, justo debajo de una fotografía ampliada
y enmarcada, del cenador y el estanque. La semana pasada habían tenido una
hermosa celebración de la vida y todos los miembros de su pequeña comunidad
habían asistido. Ver a toda la gente alrededor, escuchando historias y compartiendo
risas y lágrimas, le había recordado el apoyo que sentían todos. Y vio a Dev de pie a
un lado, observando a los machos y hembras con una expresión de humilde
sorpresa.

Era como si hubiera estado solo tanto tiempo que había olvidado lo que era
estar en familia o … quizás nunca había conocido esa cercanía, ¿acaso eso no la
alegraba de que estuviera con todos ellos?.

“Bueno, me alegro de que estén aquí”, dijo Rocke. “Ustedes dos llenan la casa.
Pero no quiero que piensen que tienen que cuidarme”.

Lyric empezó con la siguiente capa, trabajando de nuevo con los fideos. “Oh, te
prometo que no es eso. Él y yo queremos vivir juntos y tu sótano es perfecto para
nosotros, te agradecemos que nos acojas”.

Bueno, claro, de acuerdo, era un poco cuidar de su abuelo. Había perdido algo
de peso y aunque se mantenía sereno, como siempre, las ojeras delataban que no
dormía durante el día. También tenía la sensación de que deambulaba mucho, yendo
de habitación en habitación, sin duda reviviendo tiempos mejores. No paraban de
encontrar latas de Coca-Cola, sándwiches a medio comer o libros abiertos por todos
esos rincones de la casa.

Como si intentara encontrar un lugar donde asentarse y nunca lo consiguiera.

La verdad era que todos habían estado un poco preocupados por él, con ella y
Dev allí para vigilarlo, era algo bueno, en todos los sentidos...

Más voces se filtraban desde la entrada principal y Rocke se giró hacia el


sonido con un rubor feliz, con los ojos brillantes.

Sí, pensó mientras buscaba más salsa, esto es algo muy bueno.

Xcor y su mahmen entraron primero en la sala, seguidos de Qhuinn y Blay. El


cuarteto hablaba a toda velocidad, completando las frases del otro, saltando de un
tema a otro y ella no pudo evitar sonreír. Había crecido con ellos así y reconocía que
tenía suerte. Su familia no era solo una mezcla, era un maldito batido.

"¡Lyric!. ¡Lo estás haciendo genial!". Layla se acercó e inspeccionó lo que había
preparado. "Está perfecto...".

Xcor se abalanzó sobreella para abrazarla. "Por supuesto y estoy listo para
comer...".

"Como habría hecho mi mahmen", añadió Blay, poniéndose lloroso.

Mientras asimilaba el comentario, hubo un momento de silencio y así fue


ahora. De vez en cuando, alguien decía algo, señalaba una imagen o mencionaba
cómo la luna cubría el cenador con una suave luz invernal y el silencio llegaba al
recordar a la Lyric mayor.

"Tengo muchas ganas de probarlo", añadió Qhuinn en voz baja.

Mientras los ojos de Lyric se llenaban de lágrimas, lo abrazó y se secó las


lágrimas con el interior del antebrazo. "Ella siempre la hacía por ti y ahora, yo la
haré".

Al fin y al cabo, era lo que había prometido y era una mujer que cumplía su
palabra.

"...despedirme de mi hermana".

Rhamp entró hablando por encima del hombro y al oír el anuncio, todos
fruncieron el ceño.

"¿No te quedas?", preguntó Lyric.

"No, tengo planes que no puedo cambiar".


Al encontrarse sus miradas, una punzada de inquietud la recorrió. "Pensé que
no tenías previsto ir a cenar esta noche".

“Entrenamiento”. Se acercó y la abrazó. Suavemente, en su oído, le susurró:


“Te preocupas demasiado”.

Mientras él se despedía de todos, ella se mordió los labios y volvió a la lasaña.


Tenía un mal presentimiento sobre lo que fuera que estuviera haciendo su hermano y
eso la hizo pensar en las consecuencias de todo lo sucedido en el Lago George. Ella y
Dev habían sido honestos con todos, especialmente con el Rey y la Hermandad,
sobre quién era él realmente, quiénes eran sus padres. No estaba segura de si sería
desterrada, pero Wrath, el gran Rey Ciego, se quedó mirando a Dev un buen rato.
Luego asintió una vez y eso fue todo, su compañero fue aceptado.

Bueno y tal vez el testimonio de Rhamp sobre lo que sucedió cuando le


dispararon tuvo algo que ver. Su gemelo había sido claro; sin Dev, ella no estaría
aquí.

Imagínate, eso había abierto muchas mentes y corazones, también el hecho de


haber arriesgado su vida por L.W.

Alzando la vista de nuevo, bajó la vista hacia la puerta principal. Dev entraba
con otra caja justo cuando Rhamp cruzaba el umbral. Hubo una pausa mientras
hablaban, luego los dos hombres se abrazaron, dándose palmadas en la espalda, le
alegró ver su cercanía.

Cuando llegara el momento, tal vez Dev podría ayudarla a hacer entrar en
razón al luchador.

Después de que Rhamp saliera, Dev cerró la puerta y bajó a la cocina. Mientras
caminaba, se quitó la chaqueta de la construcción de sus pesados hombros y ella no
pudo evitar sonreír al verla colgarla en una percha junto a la parka de su abuelo.
Todos lo saludaron y mientras él les devolvía el saludo, sus ojos solo estaban puestos
en ella.

Sus hermosos ojos azules… que habían perdido el borde negro alrededor del
iris.

Cuando se acercó a ella y bajó la cabeza para besarla, ella se inclinó hacia él,
manteniendo sus manos sucias fuera de su alcance como si fuera una cirujana.

"Está todo dentro", dijo mientras se enderezaba. "Podemos arreglarlo después


de la Última Cena. Ah, y Fritz quiere venir a recoger la furgoneta, pero no es
necesario, puedo devolverla…".

Silencio instantáneo, por todos lados, hasta el punto de que levantó la vista
alarmado. "¿… Lo siento?", dijo con evasivas.
Mientras Lyric intentaba encontrar las palabras adecuadas, Qhuinn intervino en
el silencio de asombro: "Escucha, hijo, lo has estado haciendo genial, de verdad.
Cuidando de nuestra niña, moviendo sus cosas…".

Xcor lo interrumpió: "Eres un buen compañero de entrenamiento".

"Siempre dispuesto a echar una mano". murmuró Rocke desde su asiento en el


taburete. “Y eres fan de los Jets, por mucho que te cueste”.

“Muy respetuoso”, añadió Layla. “Cpm buenos modales".

Blay asintió. “Y además, buen oyente”.

“Y confiamos en ti”, concluyó Lyric. Lo cual, dadas las circunstancias, era todo.

“Peeeeroooo…”, entonó Dev.

En la nevera, Qhuinn metió la mano y sacó una cerveza. Mientras le acercaba


la Sam Adams a Dev, la destapó con un abridor.

“Este es el trato”. Su padre le entregó la botella. “Hay una cosa que no puedes
hacer en nuestro pequeño mundo, una cosa que está dentro del rango de traición al
Rey en cuanto a joder y averiguarlo, ¿entiendes?”.

“Sí”, dijo Dev. “Sí, totalmente, solo dime qué es”.

La respuesta llegó de todos los rincones de la cocina: "No…".

"…, no ayudes al…".

"… , al mayordomo…".

"…, nunca".

Todos lo dijeron a la vez y por un instante, Dev arqueó una ceja como si, sin
duda fuera una broma y la pausa que siguió fuera para el remate.

"Nunca jamás", dijo Lyric. "Lo hará llorar y no lo superará. Créenos, es una
pesadilla para la que no querrás ser voluntario".

Hubo todo tipo de murmullos de acuerdo y todos negaron con la cabeza con
tristeza, mientras los recuerdos personales del único error cometido atormentaban a
los reunidos.

"¡Guau!", murmuró Dev mientras levantaba su cerveza a modo de salud.


"Bueno, aunque parezca de mala educación, no ayudaré al mayordomo".

Los aplausos y las aprobaciones estallaron, Dev se encogió de hombros, como


si estuviera en Roma. Mientras la conversación volvía a la normalidad y Lyric se
disponía a terminar sus capas, su compañero se puso a hablar con Qhuinn y Xcor;
los tres machos se animaron al instante mientras discutían quién entraría al Super
Bowl. Luego estaba Blay, que charlaba con Layla, la Elegida asintiendo y gesticulando
con sus elegantes manos y finalmente, el abuelo de Lyric, sentado en su taburete
con una media sonrisa forzada, como si estuviera descansando de su luto.

Todo era tan hermosamente… normal. Tan perfectamente ordinario. Tan


sublimemente sin nada dramático. Lo que no significaba que no hubiera factores
estresantes. Sin duda, la guerra y la conspiración contra el Rey acechaban como
siempre, luego estaba el lío en el que se estaba metiendo su gemelo. Pero aquí
mismo, todos juntos en la casa, una lasaña a punto de entrar al horno, ¿gente
hablando y riendo?. Esto era lo que siempre había recordado y amado de este hogar,
de esta familia... aquella Última Cena de domingo por la noche...

Y fue entonces cuando Lyric vio a su abuela.

Junto a la chimenea, bajo el cálido resplandor del fuego, la mujer estaba de pie
a un lado, luciendo uno de sus vestidos floreados hechos a mano, con el pelo corto
recogido tras las orejas, su porte erguido y correcto, como siempre.

Al instante, las lágrimas brotaron de los ojos de Lyric, pero se puso manos a la
obra, inclinando la bandeja, ahora pesada y llena de lasaña, hacia allí para que su
tocaya pudiera inspeccionarla. En respuesta, la anciana Lyric sonrió radiante y
aplaudió en silencio. Entonces su abuela asintió a Dev y sonrió con complicidad.

"Tenías razón sobre él", susurró Lyric.

"¿Razón sobre qué?", preguntó Dev.

Recuperándose de golpe, dejó la bandeja sobre la encimera y miró a Dev.


Cuando volvió a mirar hacia la chimenea, la aparición había desaparecido. Ah... pero
la presencia permanecía. Su abuela estaba por toda la casa y siempre lo estaría,
mientras los demás permanecieran allí.

Conociendo a la mujer, bien podría atormentar a quien se mudara después,


aunque eso sucediera dentro de muchos, muchos, muchos años.

Dev frunció el ceño. "¿Lyric, estás bien?".

"Te amo", logró decir con voz entrecortada.

La emoción floreció en su rostro y sobre todo, en sus ojos... un reflejo de lo


que sentía en su corazón, hasta el fondo de su alma. "Te amo, siempre".

Mientras Lyric respiraba profunda y tranquilamente, le sonrió a su pareja y


hundió los dedos en el parmesano.

Hizo que lloviera sobre la lasaña que había preparado por primera vez, dijo:
"Todo salió bien, al final... todo salió como debía".
AGRADECIMIENTOS
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¡Muchísimas gracias a los lectores de los libros de la Hermandad de la Daga


Negra!. Este ha sido un viaje largo, maravilloso y emocionante, estoy deseando ver
qué sucederá en este mundo que todos amamos. También quiero agradecer a Meg
Ruley, Rebecca Scherer y a todo el equipo de JRA, así como a Hannah Braaten,
Carrie f'n Feron, Jamie Selzer, Sarah Schlick, Jennifer Bergstrom, Jennifer Long, a
toda la familia de Gallery Books y Simon & Schuster.

Al equipo Waud; Los quiero a todos, de verdad. Como siempre, todo lo que
hago lo hago con mucho cariño y admiración, tanto por mi familia de origen como
por la de adopción.

Ah y gracias a Naamah, mi perra escritora II, a Obie, mi perro escritor en


entrenamiento y a Jerry, ¡el nuevo en el barrio!. ¡Todos ellos trabajan tan duro como
yo en mis libros!.
OTROS LIBROS DE J.R. WARD
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THE BLACK DAGGER BROTHERHOOD SERIES


Dark Lover

Lover Eternal

Lover Awakened

Lover Revealed

Lover Unbound

Lover Enshrined

The Black Dagger Brotherhood: An Insider’s Guide

Lover Avenged

Lover Mine

Lover Unleashed

Lover Reborn

Lover at Last

The King

The Shadows

The Beast

The Chosen

The Thief

The Savior

The Sinner

Lover Unveiled

Lover Arisen

Lassiter
Darius

The Beloved

Lover Forbidden

THE BLACK DAGGER LEGACY SERIES

Blood Kiss

Blood Vow

Blood Fury

Blood Truth

THE BLACK DAGGER BROTHERHOOD: PRISON CAMP

The Jackal

The Wolf

The Viper

THE BLACK DAGGER BROTHERHOOD WORLD

Dearest Ivie

Prisoner of Night

Where Winter Finds You

A Warm Heart in Winter

A Bloom in Winter

THE LAIR OF THE WOLVEN

Claimed

Forever

Mine

FIREFIGHTERS SERIES

Consumed
NOVELS OF THE FALLEN ANGELS

Covet

Crave

Envy

Rapture

Possession

Immortal

THE BOURBON KINGS

The Bourbon Kings

The Angels’ Share

Devil’s Cut

AS JESSICA WARD

The St. Ambrose School for Girls


SOBRE J.R. WARD
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J. R. WARD es autora de más de sesenta novelas, incluidas las de su serie "La


Hermandad de la Daga Negra", número uno en ventas del New York Times. Se han
impreso más de veinte millones de ejemplares de sus novelas en todo el mundo y se
han publicado en veintisiete países. Vive en el sur con su familia.
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GRACIAS A JS y HS
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