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3° Múltiples Lenguajes-2

Lectura 3 er grado

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Isabel Campos
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EL día que
Nanahuatzin se
convirtió en el Sol
Hace muchos, muchos años, cuando
todo era oscuridad en el mundo, cuando
no había luz ni día que se distinguiera
de la noche, los dioses se reunieron
en Teotihuacan para dialogar sobre
cómo harían para alumbrar la Tierra.

Fue una larga conversación en donde


los dioses proponían y discutían sobre
cómo resolver tan oscura situación que
no atinaban a remediar. Aunque si en
una cosa estaban de acuerdo, era en que
tenían que hacer sagrados sacrificios
y ofrendas para lograr que naciera una
luz capaz de alumbrar a toda la Tierra.

Así pasó mucho tiempo,


hasta que por fin un dios rico,
fuerte y robusto, llamado
Tecciztécatl, con cierta
soberbia dijo: “Yo seré quien dé
Santiago Gutiérrez Vega, tlaxcala luz a la Tierra. Yo me ofrezco”.

De inmediato se hizo el alboroto, algunos dioses estuvieron


de acuerdo, pues veían en él las características apropiadas
para tal misión, pero otros no pensaban así, pues sentían
que había arrogancia en su manera de estar y decir.

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Finalmente, todos estuvieron de acuerdo y


coincidieron en que se requería de otro voluntario
para que lo acompañara, pero nadie se ofrecía.

De pronto, entre el estruendo


se escuchó la voz de otro dios,
quien propuso a Nanahuatzin
como el más indicado. Al
instante, la propuesta logró
adeptos, pues en comparación
con Tecciztécatl, Nanahuatzin
era un dios de corazón humilde,
nada ostentoso y hasta con
aspecto frágil y enfermizo,
pues tenía llagas en la piel.

Nanahuatzin, quien había


permanecido con serenidad,
observando y escuchando, se
puso de pie y dijo: “Está bien. Si el
rostro y el corazón de ustedes me
otorgan su confianza, yo acepto
y me ofrezco para acompañar
a Tecciztécatl y cumplir la
misión, y sepan que, con ello,
están honrando mi corazón”.
Santiago Gutiérrez Vega, tlaxcala

Enseguida, se iniciaron los preparativos para la


ceremonia y, cuando el gran dios Huehuetéotl
encendió el gran fuego sagrado, convocó a
todos para que se congregaran en torno a él.
ga, tlaxcala

Entonces, los dioses le dijeron a Tecciztécatl:


z Ve

“¡Oh, Tecciztécatl, ha llegado el momento,


rre tié
go Gu

debes saltar y entregarte en ofrenda al gran


Santia

fuego divino, para que haya luz en la Tierra”.

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Tecciztécatl se levantó de su lugar,


estaba ya ataviado con sus mejores

Sant
prendas, listo para ofrendarse al

iag
uti

oG
fuego; dio unos pasos atrás para ér r
ez

tomar impulso, después corrió hasta

Ve
ga, t
laxca
el borde de la hoguera y, al momento

la
de llegar, sintió miedo y se arrepintió.

Los dioses lo animaban para


que se entregara, volvió a dar
unos pasos hacia atrás, tomó
impulso y, al momento de
saltar, otra vez sintió miedo.
Dos veces más lo intentó y
se arrepintió. Entonces, los
dioses gritaron a Nanahuatzin:
“¡Es tu turno de entregarte
al gran fuego divino!”.

Nanahuatzin se levantó,
con un atuendo simple, pero
significativo, le dio una
vuelta a la gran hoguera
corriendo por el lado derecho
y, cuando llegó al mismo
punto desde donde había
empezado el círculo, saltó
sin titubear, desapareciendo
su cuerpo entre las grandes
lenguas del fuego sagrado.

ML-3.indb 114 24/03/23 3:03 p.m.


115

Santiago Gutiérrez Vega, tlaxcala

Al ver esto y en medio Después de esto, los dioses se quedaron


de la algarabía de los en torno al fuego; a veces cantando o
dioses ahí reunidos, bailando, por momentos conversando y
Tecciztécatl sintió otras veces, nada más así, escuchando
vergüenza. Entonces, el silencio, en medio de la oscuridad,
aspiró profundamente esperando el nacimiento del gran astro
para llenar de voluntad su que habría de alumbrar la Tierra.
corazón y desde ahí, con
esa fuerza, dio algunos Unos lo esperaban por el norte,
pasos con determinación otros por el occidente, había quienes
y en un solo brinco, se pensaban que saldría por el sur y
arrojó en medio de las otros más, por el oriente. Al cabo de
grandes lenguas del algunas horas, el cielo empezó a tomar
fuego divino, de por sí ya un tono rojizo por el oriente; después,
largas y avivadas por el el rojo fue abarcando casi la totalidad
salto de Nanahuatzin. del firmamento hasta que, de repente,

Santiago Gutiérrez Vega, tlaxcala

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116

Santiago Gutiérrez Vega, tlaxcala

nació poco a poco la gran esfera solar,


alumbrando todo lo que había a su paso
con una luz tan brillante que nadie
lo pudo mirar fijamente sin tener que
cerrar los ojos a los pocos segundos.

El gran sol, Nanahuatzin, nació por el


oriente con todo su esplendor, pero poco
tiempo después, por el mismo lugar y
ante la sorpresa de los dioses, nació una
segunda esfera luminosa: era Tecciztécatl
quien nació convertido en la Luna con
un brillo tan intenso como el del Sol.

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Desde entonces,
cuenta la
leyenda, existen
el Sol y la Luna
en el firmamento
y es, también
desde entonces,
que existen el
día y la noche
en la Tierra.
Santiago Gutiérrez Vega, tlaxcala

Así que los dioses se reunieron,


nuevamente, en círculo de palabra
en torno al gran fuego sagrado,
intercambiaron su pensar y su
sentir para luego decir que esto
no podía ser: no podía haber dos
soles alumbrando al mismo tiempo,
por lo que uno iluminaría la noche.

Quetzalcóatl, uno de los dioses que había


esperado el nacimiento del Sol por el
oriente, tomó un conejo de las orejas y lo lanzó al
rostro de Tecciztécatl, la Luna, provocando
con ello que su luz se opacara y dejándole,
para siempre, la sombra de un conejo
estampada en su cara.

l
ca
a

ax
ga , tl
Santiago Gutiérr ez Ve

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