Capitulo Nº3
Capitulo Nº3
Capítul
o LITERATURA
3 GRIEGA
PERIODO
ÁTICO -
TRAGEDIA
LA TRILOGÍA TRÁGICA
GRIEGA
Características:
1. Se desarrolló en el Período Ático de la literatura griega, también llamado el "Siglo de Pericles" (s.V -
s. IV a.C)
2. La palabra tragedia proviene de dos voces tragos= "piel" de los machos cabríos; y ode="canto",
fusionadas significarían
"el canto de los machos cabríos".
3. El coro es un elemento central dentro del teatro, integrado originalmente por quienes rendían culto
a Dionisios.
4. Tespis es considerado "Precursor de la tragedia". Se sabe que dentro de su teatro, además de la
presencia del coro y del corifeo (director de coro) existió un actor.
5. Tuvo una finalidad didáctica.
6. Tuvo como finalidad, según Aristóteles, provocar Catarsis en los espectadores; es decir, la
purificación del alma a través del temor y la compasión.
7. Los concursos teatrales ven triunfar sucesivamente a Esquilo, Sófocles y Eurípides; máximos
exponentes de la tragedia.
ESQUILO (525
- 456 a -C)
"Padre de la tragedia
Griega"
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Incorpora el segundo actor en la escena.
Introdujo cambios en el escenario (vestuario, máscaras, mantos)
El más antiguo de los grandes trágicos atenienses, impregnó sus obras de una religiosidad quizá
inspirada por los cultos solemnes que se celebran en su ciudad natal, próxima a Atenas. Se sabe que
en su juventud luchó en las guerras contras los persas, y que luego se dedicó a componer poemas
dramáticos para los cultos dionisiacos, agregando a las evoluciones y cánticos del coro la presencia
de personajes protagónicos. Sus tragedias fueron muy celebradas y aplaudidas, llegó a obtener
trece primeros premios protagónicos. En plena fama, se retiro súbitamente a Sicilia, donde hizo
representar algunas obras para el tirano y mecenas Hierón, las causas de este destierro voluntario no
se han esclarecido plenamente; no sabemos si es aquí donde muere ya muy anciano.
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TRILCE
LA ORESTIADA
Tema: La sangre que rescata la sangre
derramada
Valoración:
"Esquilo concibe el destino como una fuerza sobrehumana y
sobredivina, pero en la cual la voluntad del hombre participa. El dolor, la
desdicha y la catástrofe son, en el sentido recto de la palabra, penas que
afligen al hombre por traspasar la mesura, es de- cir, por trasgredir ese
límite máximo de expansión de cada ser e intentar ir más allá de sí mismo:
ser dios o demonio. Más allá de la mesura, espacio sobre el que cada uno
puede desplegarse, brotan la discordancia, el desorden y el caos. Esquilo
acepta con entereza la violencia vengativa del destino; mas su piedad es
viril, y se rebela contra la suerte del hom- bre. Ver en el teatro de Esquilo la
triste y sombría victoria del destino es olvidar lo que llama Jaeger "la tensión
problemática" del soldado de Salamina.
SÓFOCLES
(495-406 a.C)
"La Abeja
Ática"
Equilibrio y racionalidad.
Se debate entre el poder de los dioses y la voluntad de
los hombres. Sus personajes no son dioses, sino
Literatu
ra hombres.
Incorpora el tercer actor. (Triagonista)
Disminuye la intervención y la importancia
del coro. Lenguaje elegante.
Sus contemporáneos consideraron a Sófocles como el más grande de los trágicos griegos. Se acerca al
teatro como director de coros, y siempre continuó entrenando a coreutas y actores antes del estreno
de sus obras. Durante su larga carrera, escribió y llevó a escena más de 130 tragedias, entre ellas
el célebre ciclo de la dinastía tebana formado por: Antígona,
TRILCE
Electra, Edipo Rey y Edipo en Colona. Renovador profundo de las técnicas dramáticas de su tiempo,
consolida la presencia de un tercer intérprete o agonista, que tercia en el diálogo entre el protagonista
y el antagonista, lo que motiva que los actores pasen a ser el centro de la representación, desplazando
al coro a un papel secundario, aunque aún importante. Se le atribuye también la invención del
decorado y el perfeccionamiento de otros recursos escénicos como los coturnos que elevaban la
estatura de los actores, y las máscaras con la boca en forma de bocina. En ese sentido Sófocles, que
también componía la música de sus obras, era más un hombre de teatro que un literato.
Sófocles se diferencia de Esquilo por su tratamiento más humanizado de los personajes, hombres y
mujeres en cuya suerte, siempre marcada por el destino, intervienen también sus propias pasiones y
obsesiones personales. Sin embargo, estos caracteres alcanzarán el rango de arquetipos, como
evidentemente ha sucedido con las figuras de Electra y Edipo.
EDIPO REY
Tema: El hombre no puede escapar de su
destino.
Acción principal: La búsqueda del asesino de Layo por parte
de Edipo.
Edipo es uno de los personajes más famosos de la mitología griega. La esencia de la leyenda de Edipo
es el drama de un hombre al que el destino lleva a matar a su padre y desposarse con su madre.
Varias tragedias están inspiradas en su historia, la más célebre es Edipo Rey de Sófocles.
Edipo, rey de Tebas, se encuentra frente a su pueblo, intenta calmar los ánimos de quienes le
reclaman sobre la peste que causa mortandad en dicha ciudad. Edipo, rey justo y preocupado por el
bienestar de su pueblo, manda a su cuñado Creonte hacia el oráculo de Delfos para averiguar la causa
de tan terrible infortunio. El oráculo revela que la peste no cesará mientras no se castigue al culpable
del asesinato de Layo, rey que precedió a Edipo en el trono de Tebas. Edipo inicia las averigua- ciones,
interrogando en primer lugar a Tiresias, un anciano adivino, a quien finalmente arroja de su presencia
sin creer en sus palabras, que no hacen más que revelar la terrible verdad.
Progresivamente Edipo se irá acercando a la verdad, sobretodo a partir de su diálogo con Yocasta;
esta le revela las circunstancias en que su anterior esposo, Layo, encontró la muerte, cuando un
viajero atacó la carroza en que iba viajando con algunos acompañantes, en medio del cruce de tres
caminos, en unas tierras llamadas Fócide. Luego, con las declaracio- nes de un mensajero que viene
desde Corinto anunciando la muerte de Pólibo, supuesto padre de Edipo; y las de un criado que desde
hace mucho tiempo vive en la región de Tebas, el misterio será develado ante el rey, como se lo
anunciara el oráculo hace algún tiempo: ha matado a su padre (Layo), y se ha casado con su madre
(Yocasta) con quien además ha engendrado ya cuatro hijos.
Yocasta advierte la verdad acerca de la identidad de Edipo, instantes antes que este tome real
conciencia de ello, ha huido de su presencia y se ha refugiado en el interior del palacio. Más tarde,
Edipo hace lo mismo, ya al salir frente al escenario tiene vacía la cuenca de sus ojos, los mismos que
ha herido con los broches que Yocasta tenía en su pecho. Yocasta, nos lo cuenta Edipo enceguecido,
se había provocado la muerte ahorcándose con sus propias trenzas. Al infortunado rey solo le queda
padecer el peor de los castigos: el destierro. La obra culmina cuando Edipo encarga a Creonte el
cuidado de sus hijos. Posteriormente, Edipo ingresa al palacio y el coro alecciona.
Importancia: Concebida en la época de esplendor cultural de Atenas, Edipo Rey es la tragedia griega
más conocida y más representada hasta nuestros días. Su protagonista se ha constituído en símbolo
de la ambigüedad de los actos humanos, en el arquetipo de la sicología masculina y en un mito
dramático universal. La leyenda de Edipo comienza cuando su padre, Layo rey de Tebas, ordena su
muerte porque una profecía le ha advertido que morirá a manos del hijo que acaba de nacer. Pero el
niño se salva, y es adoptado por los reyes de Corinto. En su juventud, Edipo consulta a otro oráculo,
que le vaticina que ha de matar a su padre y casarse con su madre. Huye de Corinto para eludir la
fatalidad, pero mata a Layo en una disputa camino a Tebas. Allí es elegido rey y desposa a su madre
viuda, Yocasta. La tragedia de Sofócles que se inicia con Edipo en el trono y con Tebas diezmada por la
peste, reconstruye la historia del infortunado rey, quien acaba creyendo que el mal que azota a la
ciudad es consecuencia de sus culpas, como hijo incestuoso y parricida. La revelación progresiva de
esta verdad, sienta un modelo para posteriores historias de suspenso.
Literatu
ra
Valoración:
"Para Sófocles, la acción trágica no implica sólo la soberanía del
destino sino la ac- tiva participación del hombre en el cumplimiento de la
justicia cósmica. La resignación es in- noble si no se transforma en
conciencia del dolor. Y por el dolor se llega a la visión trágica.
Octavio Paz
EURIPIDES
(485-406 a.
C)
"El más trágico de los trágicos"
Predominio de la subjetividad.
Las pasiones imperan sobre la
moral. Poca intervención del
coro.
Lenguaje sencillo.
Personajes totalmente humanos: humaniza la tragedia
Valoración:
"Eurípides es el primero que se atreve, abiertamente, a preguntarse
sobre la santi- dad y justicia de la legalidad cósmica.
Octavio Paz
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TRILCE
CORIFEO.- Pero ahí está el que lo dejará al descubierto. Éstos traen ya aquí al sagrado adivino, al único
de los mortales en quien la verdad es innata.
EDIPO.- ¡Oh Tiresias, que todo lo manejas, lo que debe ser enseñado y lo que es secreto, los
asuntos del cielo y los terrenales! Aunque no ves, comprendes, sin embargo, de qué mal es víctima
nuestra ciudad. A ti te reconocemos como único defensor y salvador de ella, señor. Porque Febo, si es
que no lo has oído a los mensajeros, contestó a nuestros embajadores que la única liberación de esta
plaga nos llegaría si, después de averiguarlo correctamente, dábamos muerte a los asesinos de Layo
o les hacíamos salir desterrados del país. Tú, sin rehusar ni el sonido de las aves ni ningún otro
medio de adivinación, sálvate a ti mismo y a la ciudad y sálvame a mí, y líbranos de toda impureza
originada por el muerto. Estamos en tus manos. Que un hombre preste servicio con los medios de que
dispone y es capaz, es la más bella de las tareas.
TIRESIAS.- ¡Ay, ay! ¡Qué terrible es tener clarividencia cuando no aprovecha al que la tiene! Yo lo
sabía bien, pero lo he olvidado, de lo contrario no hubiera venido aquí.
TIRESIAS.- Déjame ir a casa. Más fácilmente soportaremos tú lo tuyo y yo lo mío si me haces caso.
EDIPO.- No hablas con justicia ni con benevolencia para la ciudad que te alimentó, si la privas
de tu augurio. TIRESIAS.- Porque veo que tus palabras no son oportunas para ti. ¡No vaya a ser
EDIPO.- No te des la vuelta, ¡por los dioses!, si sabes algo, ya que te lo pedimos todos los que estamos
aquí como suplicantes.
TIRESIAS.- Todos han perdido el juicio. Yo nunca revelaré mis desgracias, por no
decir las tuyas. EDIPO.- ¿Qué dices? ¿Sabiéndolo no hablarás, sino que piensas
EDIPO.- ¡Oh el más malvado de los malvados, pues tú llegarías a irritar, incluso, a una roca! ¿No
hablarás de una vez, sino que te vas a mostrar así de duro e inflexible?
TIRESIAS.- Me has reprochado mi obstinación, y no ves la que igualmente hay en ti, y me censuras.
EDIPO.- ¿Quién no se irritaría al oír razones de esta clase con las que tú estás perjudicando
a nuestra ciudad? TIRESIAS.- Llegarán por sí mismas, aunque yo las proteja con el silencio.
EDIPO.- Pues bien, debes manifestarme incluso lo que está por llegar.
TIRESIAS.- No puedo hablar más. Ante esto, si quieres irrítate de la manera más violenta.
EDIPO.- Nada de lo que estoy advirtiendo dejaré de decir, según estoy de encolerizado. Has de saber
que parece que tú has ayudado a maquinar el crimen y lo has llevado a cabo en lo que no ha sido darle
muerte con tus manos. Y si tuvieras vista, diría que, incluso, este acto hubiera sido obra de ti solo.
TIRESIAS.- ¿De verdad? Y yo te insto a que permanezcas leal al edicto que has proclamado antes y a
que no nos dirijas la palabra ni a éstos ni a mí desde el día de hoy, en la idea de que tú eres el azote
impuro de esta tierra.
EDIPO.- ¿Con tanta desvergüenza haces esta aseveración? ¿De qué manera crees
poderte escapar a ella? TIRESIAS.- Ya lo he hecho. Pues tengo la verdad como fuerza.
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ra EDIPO.- ¿Por quién has sido enseñado? Pues, desde luego, de tu arte
no procede. TIRESIAS.- Por ti, porque me impulsaste a hablar en
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TIRESIAS.- Afirmo que tú eres el asesino del hombre acerca del cual están
TIRESIAS.- Afirmo que tú has estado conviviendo muy vergonzosamente, sin advertirlo, con los que te
son más queridos y que no te das cuenta en qué punto de desgracia estás.
en la verdad.
EDIPO.- Existe, salvo para ti. Tú no la tienes, ya que estás ciego de los oídos, de la mente y de la
vista. TIRESIAS.- Eres digno de lástima por echarme en cara cosas que a ti no habrá nadie que no
te reproche pronto. EDIPO.- Vives en una noche continua, de manera que ni a mí, ni a ninguno que
TIRESIAS.- No quiere el destino que tú caigas por mi causa, pues para ello se basta Apolo, a quien
EDIPO.- ¡Oh riqueza, poder y saber que aventajas a cualquier otro saber en una vida llena de
encontrados intereses! ¡Cuánta envidia acecha en ustedes, si, a causa de este mando que la ciudad
me confió como un don -sin que yo lo pidiera-, Creonte, el que era leal, el amigo desde el principio,
desea expulsarme deslizándose a escondidas, tras sobornar a semejante hechicero, maquinador y
charlatán engañoso, que sólo ve en las ganancias y es ciego en su arte! Porque, ¡ea!, dime, ¿en qué
fuiste tú un adivino infalible? ¿Cómo es que no dijiste alguna palabra que liberara a estos ciudadanos
cuando estaba aquí la perra cantora Y, ciertamente, el enigma no era propio de que lo discurriera
cualquier persona que se presentara, sino que requería arte adivinatoria que tú no mostraste tener, ni
procedente de las aves ni conocida a partir de alguno de los dioses. Y yo, Edipo, el que nada sabía,
llegué y la hice callar consiguiéndolo por mi habilidad, y no por haberlo aprendido de los pájaros. A mí
es a quien tú intentas echar, creyendo que estarás más cerca del trono de Creonte. Me parece que tú y
el que ha urdido esto tendrán que lograr la purificación entre lamentos. Y si no te hubieses hecho valer
por ser un anciano, hubieras conocido con sufrimientos qué tipo de sabiduría tienes.
CORIFEO.- Nos parece adivinar que las palabras de éste y las tuyas, Edipo, han sido dichas a impulsos
de la cólera. Pero no debemos ocuparnos en tales cosas, sino en cómo resolveremos los oráculos del
dios de la mejor manera.
TIRESIAS.- Aunque seas el rey, se me debe dar la misma oportunidad de replicarte, al menos con
palabras semejantes. También yo tengo derecho a ello, ya que no vivo sometido a ti sino a Loxias, de
modo que no podré ser inscrito como seguidor de Creonte, jefe de un partido. Y puesto que me has
echado en cara que soy ciego, te digo: aunque tú tienes vista, no ves en qué grado de desgracia te
encuentras ni dónde habitas ni con quiénes transcurre tu vida. ¿Acaso conoces de quiénes desciendes?
Eres, sin darte cuenta, odioso para los tuyos, tanto para los de allí abajo como para los que están en la
tierra, y la maldición que por dos lados te golpea, de tu madre y de tu padre, con paso terrible te
arrojará, algún día, de esta tierra, y tú, que ahora ves claramente, entonces estarás en la oscuridad.
¡Qué lugar no será refugio de tus gritos!, ¡qué Citerón no los recogerá cuando te des perfecta cuenta
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del
ra infausto matrimonio en el que tomaste puerto en tu propia casa después de conseguir una feliz
navegación! Y no adviertes la cantidad de otros males que te igualarán a tus hijos. Después de esto,
ultraja a Creonte y a mi palabra. Pues ningún mortal será aniquilado nunca de peor forma que tú.
EDIPO.- ¿Es que es tolerable escuchar esto de ése? ¡Maldito seas! ¿No te irás cuanto antes? ¿No te irás
de esta casa, volviendo por donde has venido?
EDIPO.- No sabía que ibas a decir necedades. En tal caso, difícilmente te hubiera hecho
venir a mi palacio. Tiresias.- Yo soy tal cual te parezco, necio, pero para los padres que te
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destruirá.
hizo perecer.
niño, condúceme.
EDIPO.- Que te lleve, sí, porque aquí, presente, eres un molesto obstáculo; y, una vez fuera, puede ser
que no atormentes más.
TIRESIAS.- Me voy, porque ya he dicho aquello para lo que vine, no porque tema tu rostro. Nunca me
podrás perder. Y te digo: ese hombre que, desde hace rato, buscas con amenazas y con proclamas a
causa del asesinato de Layo, está aquí. Se dice que es extranjero establecido aquí, pero después
saldrá a la luz que es tebano por su linaje y no se complacerá de tal suerte. Ciego, cuando antes tenía
vista, y pobre, en lugar de rico, se trasladará a tierra extraña tanteando el camino con un bastón. Será
manifiesto que él mismo es, a la vez, hermano y padre de sus propios hijos, hijo y esposo de la mujer
de la que nació y de la misma raza, así como asesino de su padre. Entra y reflexiona sobre esto. Y si
me coges en mentira, di que yo ya no tengo razón en el arte adivinatorio.
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ra
PRÁCTICA
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TRILCE
07. ¿Cuál de los siguientes hechos ocurre dentro
de la tragedia Edipo Rey? 13. Dentro de su teatro es notorio el
a) Edipo mata a Layo en el cruce de tres predominio de personajes femeninos:
caminos. a) Esquilo.
b) Edipo se despide de su madre Mérope. b)
c) Yocasta manda a asesinar a Edipo Sófocles. c)
cuando este es aún un bebe. Eurípides.
d) Edipo envía a su cuñado Creonte hasta el
oráculo de Delfos.
e) Tiresias es enceguecido por la diosa
Artemisa.
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