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Un Show Más

El documento es una antología de obras escritas por los estudiantes de 6º 2ª de la Escuela Secundaria Técnica 7, en agradecimiento a sus profesoras. A través del grotesco criollo, los alumnos exploran y representan conflictos contemporáneos en sus creaciones. La recopilación busca dejar una huella de su proceso educativo y abrir un espacio para futuras generaciones que trabajen con este género.

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Un Show Más

El documento es una antología de obras escritas por los estudiantes de 6º 2ª de la Escuela Secundaria Técnica 7, en agradecimiento a sus profesoras. A través del grotesco criollo, los alumnos exploran y representan conflictos contemporáneos en sus creaciones. La recopilación busca dejar una huella de su proceso educativo y abrir un espacio para futuras generaciones que trabajen con este género.

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UN SHOW

MÁS.
Una creación de 6°2° de la Escuela Secundaria Técnica 7
“Presidente Néstor Kirchner”.

1
En agradecimiento a la profesora María Esther Vélez.

2
Índice.
Prólogo …………………………………………………………………………… 4
La foto del casamiento ..…………………………………………………………. 5
Donde nace un argentino ………………………………………………………... 7
Dulce ambición …………………………………………………………………... 10
El guiso del recuerdo …………………………………………………………….. 13
La herencia ……………………………………………………………………….. 15
El puchero de la abuela ………………………………………………………….. 18

3
Prólogo.

Somos dos profesoras practicantes en nuestra última residencia, acompañando a 6º 2ª de


la E.E.S.T N°7, y queríamos que este cierre tuviera algo de permanencia: algo que quedara
después de nosotras. No sabíamos exactamente qué forma iba a tener hasta que apareció el
grotesco criollo. Entonces entendimos que ahí había una oportunidad, era el escenario
perfecto para escribir el final de nuestra etapa como estudiantes y el inicio de la docencia.
Trabajamos con el grupo leyendo, analizando y riéndonos. El proyecto surgió como una
experiencia colectiva de escritura, lectura y puesta en escena. A partir del estudio del grotesco
criollo clásico, los estudiantes de sexto año exploraron cómo este género puede dialogar con
los conflictos del presente. Cada grupo de estudiantes encontró su propia forma de hacerlo.
Decidimos reunir sus creaciones aquí para que no se pierdan. Porque escribir es también
dejar una marca, y esta antología es la huella de un proceso compartido. Nos gusta pensar
que, dentro de algunos años, otros grupos de sexto año trabajarán el grotesco criollo y se
encontrarán con estas obras. Así, este proyecto no se cierra, sino que se abre: a nuevas
lecturas, a nuevas voces, a nuevas generaciones.
Queremos agradecer profundamente a los estudiantes de 6º 2ª por su compromiso, y a la
profesora María Esther que nos abrió las puertas del aula y confió en nosotras para llevar
adelante nuestras prácticas. Gracias por darnos el espacio y la libertad para cerrar esta etapa
de formación de la mejor manera posible: haciendo, enseñando y aprendiendo al mismo
tiempo.
A partir de ahora concluye nuestra etapa como estudiantes del profesorado y comienza
nuestra carrera docente. De todo lo vivido nos queda la certeza de que el aprendizaje más
valioso es aquel que se construye junto a otros.
Los invitamos a adentrarse en las obras que siguen. Cada texto fue pensado, escrito y
representado por los estudiantes de 6.º 2.ª, quienes supieron apropiarse del grotesco criollo
para transformarlo en algo actual.

Profesoras Sofía y Daiana.

4
La foto del casamiento.
Escrita por: Abaca, Axel; Faria, Ximena; Jara, Bruno; Noguerias, Mía.

Personajes:
- Ramón: padre de familia, jubilado. Algo despistado y temperamental. Es el protagonista que
sufre una confusión absurda.
- Norma: su esposa, mandona y práctica. Trata de mantener la calma, pero termina gritando.
- Damián: hijo mayor, vive en casa. Sarcástico, vive con el celular en la mano.
- Tita: hermana de Ramón, nariz descomunal y voz chillona.

Casa familiar en el conurbano bonaerense, actual. Sala-comedor algo desordenada, con una
mesa llena de platos, restos de comida, una tele encendida de fondo con un programa de
chimentos. En una pared, fotos familiares antiguas y modernas.
Se escucha el ruido de platos. Norma limpia mientras Damián revisa su celular. Ramón
busca algo desesperado.

RAMÓN: (gritando) ¡Norma! ¡Norma, se perdió la foto del casamiento! ¡La que estaba en el
marco dorado!
NORMA: (sin mirarlo) Ramón, seguro la guardé cuando limpié la semana pasada. No
dramatices.
RAMÓN: ¡No! ¡Alguien la robó! ¡Seguro Damián la vendió para comprarse ese maldito
celular nuevo!
DAMIÁN: (sin levantar la vista) Tranquilo, viejo. Si valiera algo esa foto, la subiría a
Marketplace.
RAMÓN: ¡Descarado! ¡Esa foto es historia familiar! ¡Tu madre ahí parecía feliz!
NORMA: (seca) “Parecía”, sí…

(Entra TITA con una bolsa de pan y un enorme sombrero floreado).

TITA: ¡Buenas tardes, mis hermosos y desgraciados parientes! (ríe estridentemente) ¡Qué
linda casa, aunque huela a humedad y fracaso!
NORMA: (suspira) Hola, Tita. Justo venís cuando tu hermano está gritando como loco.
TITA: (a RAMÓN) ¡Ay, mi pobre genio confundido! ¡Tan lindo sos, aunque tenés cara de
fiambre viejo! ¿Qué te pasa ahora, alma en pena?
RAMÓN: (molesto) ¡No encuentro la foto de nuestro casamiento! ¡Desapareció del marco!
TITA: (riéndose) ¡Ah, pero vos sos un nabo de novela, querido! Si esa foto la vi yo ayer…
¡en Facebook!
TODOS: (gritan) ¿¡Qué!?
DAMIÁN: (riéndose) ¡No te puedo creer! ¿Quién sube una foto amarillenta del ’85?
NORMA: (furiosa) ¡¿Quién la subió, Tita?!
TITA: (con tono de inocencia exagerada) ¡Yo, mis bellezas podridas! ¡Puse “felices 40 años
de matrimonio a mi hermano Ramón y a la santísima Norma”! Aunque, entre nos, en la foto
parecías más su sobrino que su marido, jaja.

5
RAMÓN: ¡¿Qué hiciste, loca?! ¡Esa foto era mía, y encima pusiste que cumplíamos 40 años!
¡Nos casamos hace 39! ¡Un año menos!
NORMA: (gritando) ¡Y ahora todos los vecinos me mandan mensajes felicitándome! ¡Hasta
la ex del Ramón comentó “qué linda pareja” con corazones!
RAMÓN: ¡¿Qué?! ¡La Marta comentó eso?! ¡Norma, te juro que no la tengo en Facebook!
NORMA: ¡Mentiroso! ¡Seguro la buscaste para ver si seguía viva!
TITA: (riendo y aplaudiendo) ¡Ay, qué divino!
DAMIÁN: (grabando con el celular) Esto lo subo a TikTok, “Mis viejos se pelean por una
foto vieja”, va a explotar.
RAMÓN: ¡Vos no subís nada, miserable! ¡Te rompo el celular!

(RAMÓN intenta quitarle el teléfono, tropieza con una silla y cae al suelo. TITA lo ayuda a
levantarse entre risas.)

TITA: (mientras lo levanta) ¡Ay, qué torpe hermoso! ¡Tenés el equilibrio de un chancho con
vértigo, pero te quiero igual, calamidad preciosa!
RAMÓN: (explotando) ¡Basta, Tita! ¡Basta todos! ¡Una foto vieja y ya estamos como locos!
NORMA: (seca) Bueno, si querés, hacemos otra. Nos vestimos, posamos y la subimos. Así
los vecinos creen que todavía nos aguantamos.
DAMIÁN: (riendo) Les pongo filtro de boda.
TITA: (con una carcajada) ¡Eso, eso! ¡Vamos a fingir la felicidad, que es lo único que
todavía sale gratis!

(Silencio incómodo. Todos se miran. Luego, estallan en risa. La tele sigue con un programa
de chismes donde anuncian una boda de famosos.)

RAMÓN: (suspirando) Capaz que no era tan grave, che…


TITA: ¡Ay, mi Ramoncito! Sos un desastre divino, un inútil encantador.

(mientras TITA abraza a RAMÓN exageradamente. NORMA los mira con resignación y
DAMIÁN saca una selfie de todos juntos.)

TELÓN.

6
Donde nace un argentino.
Escrita por: Agüero, Andrés; Cañete, Facundo; Cuello, Thiago; Limpe, Maximo; Stivala, Benjamin.

Personajes:
- Germán Huiniguir: Chileno
- Alberto Ñamandu: Paraguayo
- Julian Quispe: Boliviano
- Manuel Pérez: Español
- Bernabel Macaroni: Argentino

En un lugar del conurbano bonaerense, en el año 2025, se ubica un comedor sencillo. A la


derecha, cerca de la puerta de entrada, está la mesa principal con su juego de cuatro sillas;
a la izquierda, junto a la puerta que conduce a la cocina, hay un sillón pegado a la pared del
fondo, orientado hacia un televisor que queda fuera del campo visual del espectador. Ya casi
anochece. Nos encontramos en una juntada de amigos.
Julian y Alberto se encuentran jugando una partida de Truco en la mesa, mientras Manuel se
encuentra en el sillón jugando un videojuego.

ACTO 1.
JULIÁN: (Con una sonrisa en su rostro) ¡Truco!
ALBERTO: (Suspira) ¿Sabes que creo que no tienes na’?
JULIÁN: (Cruzándose de brazos) En ese caso acepta.
ALBERTO: Bueno, (Golpeando la mesa de manera desafiante) ¡Quiero Retruco!
JULIÁN: (Acercándose a la mesa) ¡Quiero vale cuatro!
ALBERTO: ¡Quiero!
JULIÁN: (Pone la carta en la mesa) Toma, Ancho de Espada, y con el real envido que
también aceptaste ya gane. (Anotando en un papel)
ALBERTO: En mi defensa, todas las cartas que tenía eran peores que las tuyas. (Mostrando
sus cartas) Uno de Basto, ¿no estás haciendo trampa tú?
JULIÁN: (Encogiéndose de hombros) Es solo suerte.
MANUEL: (Emocionado, interrumpiendo la conversación y con un fuerte acento español)
¡Gol, menudo golazo!
JULIÁN: Che, Manu, ¿No querés jugar? Ya me aburrí de ganarle al Paragua este.
MANUEL: Nah, todavía no entiendo el juego, pero se ve guay.
ALBERTO: Pero si no jugas, jamás vas a entender este juego, vente que te lo explico
(Llamando con la mano).
MANUEL: Vale, pero no esperen que apueste nada… Aún.
(Entra GERMÁN desde la derecha de la sala con dos bolsas de plástico llenas)
GERMÁN: Buenas, Traje para hacer la picada.
JULIÁN: Bien. (Agarra las bolsas) Ahí preparo en un rato vuelvo. (Yendo a la cocina)
GERMÁN: (Sentándose en la mesa) ¿Y qué juegan?
MANUEL: Tru-

7
ALBERTO: (Interrumpiendo a Manuel) No lo digas, decirlo en cualquier situación cuenta
como cantar de igual manera.
MANUEL: (Asintiendo) Vale, lo pillo
GERMÁN: (Chistando los labios y apretando el puño) Casi lo logro weon.
ALBERTO: (A Germán) ¿Qué paso que tardaste tanto? (Mirando a Manuel) Veo tus cartas,
Manu.
MANUEL: (Guardando las cartas) Ahora no.
GERMÁN: Había harta cantidad de charcos, tenía que esquivarlos. (Levantándose de la mesa
y mirando alrededor) ¿No vino Berna aún?
MANUEL: Me dijo que ya llegaba.
GERMÁN: Va, Caleta. (Escucha como tocan la puerta) Hablando del diablo.
ALBERTO: (En voz alta) Está abierto.
(Entra BERNA con las manos vacías)
BERNA: Buenas, ¿Cómo andan?
MANUEL: Tardaste una banda.
JULIÁN: (Llegando con la bandeja) ¿"Una banda"?
BERNA: No llegue tan tarde ¿A qué hora dijeron que venga?
ALBERTO: Te dijimos que vengas a las cinco.
BERNA: Bueh, salí a las cinco.
MANUEL: Son las seis...
BERNA: Un poco tarde nomas.
JULIÁN: ¿Quién sale a la hora que tiene que llegar?
MANUEL: Solo tú entiendes esa lógica.
BERNA: Bueno, da igual, ¿Jugamos? (Apuntando al sillón)
JULIÁN: Va.

ACTO 2.
MANUEL: ¡Truco! (Sonriendo).
ALBERTO: Manu es obvio que tienes un ancho de espada. (Suspira). No quiero.
MANUEL: Mal por ti, no tenía nada. (Mostrando las cartas).
GERMÁN: Te bailo Alberto, aprendió al tiro Manu.
BERNA: (Emocionado) Gol, es gol, ¡No! (Agarrando su cabeza).
JULIÁN: Cerca, cerca (Haciendo una mueca de dolor).
BERNA: Última vez que jugamos con equipos aleatorios, todos los que tocan son equipos
Bolitas.
JULIÁN: Ey (Llamándole la atención) Respeta a mi país, Berna.
BERNA: ¿Cómo? (Sorprendido) ¿Sos de Bolivia?
ALBERTO: (Sin apartar la vista de sus cartas) Descubriste America, gordo.
GERMÁN: Miralo fijamente y decime de dónde es.
BERNA: (Buscando excusas) Pasa que no tiene el acento y no lo vi con ninguna verduleria.
JULIÁN: Pasa que vine de más chico.
MANUEL: ¿Ignoraremos el comentario xenofobo?
GERMÁN: Claro que sí, po.
BERNA: Al menos no soy el único argentino en la sala (Apuntando a Alberto).

8
ALBERTO: (Extrañado) ¿Yo?
MANUEL, GERMÁN y JULIÁN: (Extrañados) ¿Él?
JULIÁN: Berna, su apodo es Paragua.
BERNA: (Dándose cuenta) Ah, era por eso.
GERMÁN: ¿Por qué piensas que le decíamos así si no?
BERNA: No sé, ¿No te acordas la vez con el paraguas en tu-
EL RESTO: (Yendo a taparle la boca) ¡No!

ACTO 3:
BERNA: (Dando vueltas alrededor de la mesa) A ver si entendí bien. Alberto, llegó acá de
chiquito con sus padres paraguayos.
ALBERTO: Así es, yo nací y viví en Paraguay en mi infancia, pero luego en la secundaria
venimos a aquí.
MANUEL: Y te consideras argentino.
ALBERTO: Si… Supongo que sí.
BERNA: O sea que como soy hijo de argentinos, soy el único argentino.
JULIÁN: Mis padres también eran argentinos, Me tuvieron en Bolivia porque nací en
vacaciones.
BERNA: Bien, pero yo nací en Argentina.
GERMÁN: Yo nací en Argentina pero fui a Chile de cabro chico.
BERNA: (Confundido) Pero entonces, ¿qué me hace argentino?
MANUEL: Macaroni es un apellido italiano, asi que tus ancestros vinieron de Italia.
JULIÁN: Tal vez nacer acá no es lo que te hace argentino.
GERMÁN: Si no que, algo más simple, reír aquí, sufrir aquí, ya sabes, vivir.
BERNA: Cierto, tal vez al fin y a cabo, el argentino nace donde quiere.
MANUEL: ¿O sea que yo puedo ser argentino?
(Todos se miran fijamente)
TODOS: (Al unísono) ¡Si!
TELÓN.

9
Dulce ambición.
Escrita por: Bulacio, Gonzalo; Díaz, Angelina; García, Bruno; Guzmán, Jazmín; Tevez, Serena.

Personajes:
- Mica: La líder del grupo, ordenada, mandona y controladora. Cree que sin ella todo se
derrumba.
- Fede: El obsesionado con la comida. Tiene gestos exagerados y cómicos: olfatea las
golosinas, se las guarda en los bolsillos, se lame los dedos y suspira mirando un alfajor.
- Lara: Ambiciosa y manipuladora. Quiere quedarse con parte del dinero de las ventas
“porque ella hace más trabajo”.
- Tomás: Tranquilo, intenta mediar en los conflictos, pero siempre termina envuelto en el
caos.
- Nico: Payaso del grupo, chismoso y burlón. Se mete en todo, exagera las situaciones y echa
más leña al fuego.

Aula de una escuela pública. En el fondo, una pizarra con la frase escrita en tiza: “Venta de
golosinas para Bariloche”. Hay una mesa con cajas de alfajores, caramelos, galletitas, una
caja registradora improvisada y una alcancía hecha con una botella cortada. Pupitres
desordenados, mochilas tiradas, papeles de envoltorios por el piso. Se escuchan ruidos de
pasillo, timbres y conversaciones de fondo.
(El aula está vacía. MICA acomoda los productos sobre la mesa. Entra FEDE con una caja
de alfajores en las manos y el envoltorio medio abierto.)

MICA: (mirando la caja) ¡Fede! ¡Otra vez abriste los alfajores! ¡Eran para vender!
FEDE: (haciéndose el ofendido) ¿Abrí? ¡No! Yo… los inspeccioné. Control de calidad. No
puedo permitir que nuestros compradores sufran un alfajor vencido. (Le da una mordida con
dramatismo, mira al techo y suspira) Ah… sí… se nota que son frescos.
MICA: ¡Sos un desastre! ¡Así nunca vamos a juntar la plata para Bariloche!
FEDE: (con la boca llena) Pero Mica… ¡si no como, me mareo! El azúcar mantiene mi
espíritu juvenil.
NICO: (entrando y riendo) Tu espíritu, tu panza y tu prontuario en el kiosco del cole.

(FEDE le lanza un papel de alfajor. Entra LARA con una bolsa de caramelos y cara de
cansancio.)

LARA: Bueno, traje más caramelos. Pero aviso, yo hoy vendí el doble que ustedes. Así que
propongo que me quede con una parte del dinero.
MICA: ¿Cómo que una parte? ¡La plata es para el viaje, no para vos!
LARA: (cruzándose de brazos) Sí, pero yo caminé tres cuadras bajo el sol, hablé con la
portera, con el director y hasta con el perro de la esquina. ¡Merezco una comisión!

(Entra TOMÁS, tranquilo)


TOMÁS: ¿Otra vez discutiendo? No empezamos el recreo y ya parece una telenovela.

10
MICA: (Tomando la alcancía) Miren, acá está todo lo que juntamos. ¡No quiero que nadie la
toque! (La pone sobre la mesa, mientras Lara la observa con una sonrisa disimulada.)
FEDE: (oliendo el aire) ¿Huelen eso? Es el aroma del éxito… y de las galletitas que escondí.
NICO: ¡Fede, no podés esconder comida! ¡Eso es contrabando de merienda!
FEDE: (se levanta, teatral) ¡No entienden! ¡La comida me llama, me habla, me susurra
dulcemente: “comeme”! (Hace gestos ridículos como si escuchara una voz de un alfajor.)
“Fede… abrime… soy suave y relleno de dulce de leche…”
MICA: (gritando) ¡Basta, Fede! ¡Te juro que te pongo en penitencia aunque no sea tu mamá!

(Todos se ríen. LARA se acerca a la alcancía mientras los demás discuten. Disimuladamente,
mete la mano y saca algunos billetes.)

TOMAS: (viendo de reojo) Lara… ¿qué hacés?


LARA: (rápido) Nada, nada… solo contaba si estaba todo. ¡No me mires así!
NICO: (Exagerando como detective) Ajá… manos rápidas, mirada esquiva, sonrisa
nerviosa… ¡culpable!
LARA: ¡Callate, payaso!

(Suena el timbre del recreo. Entran otros alumnos curiosos. FEDE aprovecha y empieza a
ofrecer golosinas con un tono exageradamente de vendedor callejero.)

FEDE: ¡Lleven alfajorcitos, dos por uno, garantía de sabor y felicidad! ¡Comé hoy, pagá en
Bariloche!
MICA: ¡No grites así! ¡Esto no es una feria!
NICO: (Le sigue el juego) ¡Y si comprás tres, te doy una sonrisa mía de regalo!
TOMAS: ¡Paren, que nos van a retar de nuevo!

(MICA va a ordenar las cajas. Se da cuenta de que falta dinero en la alcancía.)

MICA: (gritando) ¡Falta plata! ¡Falta plataaa!

(Todos se callan. Silencio. FEDE aprovecha para morder otro alfajor sin que lo vean.)

MICA: (furiosa) ¿Quién fue?


NICO: (señalando a LARA) Yo vi algo sospechoso… una mano rubia y rápida…
LARA: ¡Mentira! ¡Yo solo quería acomodar!
MICA: ¡Siempre igual! ¡Por tu culpa nadie confía en nadie!
TOMAS: Chicos, tranquilos, la podemos buscar, capaz cayó…
FEDE: (Suspirando trágicamente) Si me dejan, puedo revisar… con una factura en la mano
se piensa mejor.
MICA: ¡Fede, no!

(MICA encuentra el dinero en el bolsillo de LARA. Todos la miran sorprendidos.)

11
MICA: ¿Esto también se cayó en tu bolsillo?
LARA: (nerviosa) ¡Fue un impulso! ¡Solo iba a tomar prestado un poquito!
NICO: (Con tono de drama exagerado) ¡Traición entre compañeros! ¡Qué dolor tan dulce y
pegajoso como el caramelo derretido!
FEDE: (Se levanta, haciendo gestos como un héroe trágico) Lara… si querías dulce, podrías
haber pedido uno. Pero el dinero… el dinero no se come… aunque a veces se saborea igual.

(Todos se ríen a pesar del enojo.)

MICA: Esto no da risa, Fede. Pero al menos… tenés razón.


TOMAS: Vamos a dejarlo pasar si prometemos cuidar lo que queda.
LARA: (arrepentida) Está bien… perdón. Me ganaron las ganas.
MICA: Y vos, Fede… desde mañana, ayuno obligatorio.
FEDE: (con horror) ¿Ayuno? ¿Eso se come?

(Todos ríen. Suena el timbre de fin del recreo.)

NICO: Bueno, volvamos a clase antes de que la seño nos descubra el mercado negro de
alfajores.
MICA: Sí. Pero recuerden algo: si queremos ir a Bariloche, primero tenemos que aprender a
confiar.
FEDE: (levantando un alfajor) Y a compartir…

(Le da un mordisco enorme mientras los demás lo miran resignados.)

MICA: ¡Fede!

TELÓN.

12
El guiso del recuerdo.
Escrita por: Altamiranda, Morena; Briosso, Marcos; Nuñez, Alejo; Poma, Darián; Ramirez, Mauricio;
Solís, Jonás.

Personajes:
Jonás: padre, zapatero sin trabajo, cree que su hermano está muerto.
Mauri: hijo mayor, sarcástico y frustrado.
Marcos: hijo del medio, ingenuo y glotón.
Alejo: amigo del barrio, charlatán y oportunista.
Morena: hija menor, dulce y soñadora.
Darián: cuñado que vive de prestado, siempre comiendo.

El patio de una casa en Gregorio de Laferrere. Una mesa de plástico con un mantel
manchado, una olla hirviendo, platos desparejos, ropa colgada entre cables y una radio
vieja, muda. Desde la calle se escucha una cumbia que se mezcla con el hervor del guiso.
Jonás mira una foto vieja en su celular.

JONÁS: (suspira) Hace diez años que enterramos a mi hermano… y todavía siento que me
mira desde algún lado.
MARCOS: (con la cuchara en la mano) Si te mira, que traiga pan, porque este guiso pide
compañía.
MAURI: (irónico) Vos solo pensás en la panza, Marcos. Te va a salir redonda la cabeza.
MARCOS: (haciendo un gesto exagerado) ¡Más fácil me sale redonda la cara de hambre!
MORENA: (riendo) No exageres, hermano. No todo se arregla comiendo.
DARIÁN: (metiendo el dedo en la olla) Pero ayuda, nena. Un buen guiso es mejor que una
misa.
JONÁS: (molesto) ¡Dejá de meter los dedos ahí! Tu hermana cocina con el alma, y vos la
ensuciás con tus mañas.

(De pronto se escucha un golpe en la puerta. Todos se miran.)

ALEJO: (entrando, jadeando) Jonás… no vas a creerlo. Vi a tu hermano.


JONÁS: (ríe con tristeza) No bromees, Alejo. A Jacinto lo enterré con estas manos (muestra
sus manos.)
ALEJO: Te digo que lo vi. En el mercado, vendiendo verduras. Más flaco, pero vivo.

(Todos quedan en silencio. MARCOS deja caer la cuchara al suelo.)

MARCOS: ¿Y... habrá traído algo de comer?


MAURI: (golpeando la mesa) ¡Marcos! ¿No entendés? ¡El muerto está vivo!
MARCOS: (riendo nervioso, gesticulando) ¡Entonces que venga al guiso! ¡Más somos,
menos hambre!

13
(JONÁS se levanta, temblando. Se acerca a la puerta, mira hacia afuera. La música suena
más fuerte.)

JONÁS: Si es verdad… que venga. Que se siente a esta mesa. Que vea lo que quedó de
nosotros.

(MORENA se acerca, toma su mano. MARCOS sigue revolviendo la olla, con movimientos
torpes y exagerados. DARIÁN se sirve otro plato, disimulando.)

MORENA: Capaz volvió para perdonarte, papá.


JONÁS: (mirando el cielo) O para recordarme lo que perdí.

(MARCOS se atraganta con una papa. Todos lo miran. Ríen.)

MAURI: En esta casa, hasta los muertos vuelven por un plato de guiso.

(Oscuridad. Solo se escucha el hervor de la olla y la música apagándose.)

TELÓN.

14
La herencia.
Escrita por: Godoy, Leonel; Krenz Elian; Nuñez, Alejo; Paez, Lucas; Quinteros, Fabricio.

Entre cuatro paredes llenas de humedad por la larga llovizna de ayer, el suelo y el mueble de
madera donde reposaba la tele estaban cubiertos de polvo, como desde que se había ido su
padre. Sentado en su silla de madera, con más años que él mismo, bajo el techo de lo que
había sido la casa de don Hernán durante unos largos cuarenta años, Lucas sostenía un mate
en la mano, con la yerba ya quemada, y esperaba a la que sería la segunda visita que recibía
la casa en cinco años. Lo único limpio era esa mesa vieja, pero estable, con un mantel nuevo,
el menos roto que tenían en casa.

RICARDO: (Con un tono alegre pero una cara cansada). Pase, está abierto (Alargando la
última vocal para sonar contento).
URIEL: (Entra, mirando con desconfianza el lugar, se acomoda en una silla) ¿Siempre dejás
la puerta abierta vos? Un día de estos te van a robar.
RICARDO: Hola, ¿no?
URIEL: Tenés razón, Ricky. Hola.
RICARDO: Hace cuánto no te veo, estás más alto.
URIEL: (Un poco burlesco). Supongo que en siete años uno cambia, ¿no le parece?
RICARDO: Bueno… ¿Ya hablaste con los otros? (Sonriendo). Estoy emocionado por verlos
a todos de vuelta. La última vez fue en navidad… hace tres años. (Mirando a Uriel). Y vos ni
apareciste...
URIEL: Tenía cosas que hacer Ricardo, no puedo estar siempre encerrado en ustedes. (Se
oyen aplausos desde afuera) Ya habrán llegado, déjame reviso.

(Golpean la puerta. Entran GABRIEL y GASTÓN.)

GABRIEL: (Apurado, con el celular en la mano) ¿Qué tal, Ricardo?, ¿cómo le va?
RICARDO: (Se levanta, lo abraza. GABRIEL se mantiene tenso). Qué locura, tanto tiempo
sin verlos. (Vuelve a abrazar a Gastón, Gabriel lo evita). Los extrañé, hermanitos.
GASTÓN: Nosotros a vos, Ricky. Ya hace tiempo que quería pasar a verte. Qué lástima que
sea esta la razón.

(URIEL cierra la puerta y baja la voz.)


URIEL: Ricardo, ¿me podés explicar quién es la persona que está afuera? Me dijo que vos lo
invitaste.

15
RICARDO: ¿Fede? (Sonríe). Que pase y te explique él.

(URIEL abre la puerta. Entra FEDERICO, joven, con una carpeta en la mano y mirada
firme.)

URIEL: Hola…
FEDERICO: (Camina hasta la mesa mientras saluda con un apretón de manos a cada uno)
Buen día.
GABRIEL: (Enojado y levantando un poco la voz). ¿Quién sos vos? Esto es una junta de la
familia por mi padre. Vos no tendrías que estar acá ni aunque Ricardo te haya invitado.
FEDERICO: Por eso estoy acá. (Suspira) Su padre también es el mío, él dejó embarazada a
mi madre y desde ahí en adelante solo se ocultó de mí y me ocultó a ustedes. (Levantando el
brazo para apuntar a Ricardo con la mano abierta). Todo esto ya se lo había explicado a
Ricky, y por eso es que hoy puedo estar acá.

(Todos lo miran. GASTÓN suelta una carcajada.)

GASTÓN: ¡Ah, buenísimo! Un hermano nuevo, justo cuando falta la herencia.


FEDERICO: (Con una postura firme) Quiero mi parte.
GABRIEL: (levantando la voz) Ni nos conoces.
FEDERICO: Los conozco
GASTÓN: (Enojado). No te vi en mi vida
FEDERICO: (Nervioso) Si habláramos tranquilos como ya lo hice con Ricar–
GABRIEL: (Interrumpiéndolo) Ricardo está mal de la cabeza, de pedo se acuerda nuestros
nombres.
RICARDO: (Confundido, murmurando). Papá decía que éramos cinco… o cuatro… (Se lleva
las manos a la cabeza).
URIEL: ¿Pueden parar un poco? Ricardo, ¿por qué lo invitaste?
RICARDO: (Piensa unos segundos). No me acuerdo
GABRIEL: ¿Ves, Uriel? (Da un golpe en la mesa y levanta la voz). Este hombre se tiene que
ir de la casa.
RICARDO: ¿Quién se va?
FEDERICO: (Tratando de calmar las cosas). Déjenme explicarles, yo los conozco. Desde los
18 años sé quién es mi padre y que ustedes son mis hermanos. Mi madre me negó siempre
visitarlos y contarles la verdad, decía que ustedes ya tienen demasiado con su padre.

16
GASTÓN: (Desafiante). De mí, vos no sabes nada. Nos estás queriendo convencer para
agarrar guita nomás.
FEDERICO: Tenés 26 años, trabajás en una fiambrería desde los 19, la misma edad de la que
te fuiste de esta casa, ahora vivís con tu familia nueva. (Apunta a Ricardo). Conozco a
Ricardo, tiene 28 y estuvo toda su vida viviendo con nuestro padre, y conozco sobre el leve
alzhéimer que sufre desde los 21.
GABRIEL: (Desafiante). Cómo no lo vas a conocer si te aprovechaste de eso para meterte a
casa, ¿ahora qué sigue? ¿Nos vas a robar lo único que nos queda? ¿Qué querés hacer?
FEDERICO: Gabriel, vos te fuiste a los 18 y ahora tenés 23. Sé que alquilas un
departamento, pero muchas veces tuviste que hospedarte en lo de tu amigo. Trabajás en un
restaurante siendo mozo.
GABRIEL: Yo soy pintor
FEDERICO: Desde los 15 que lo intentás, por eso tu viejo te echó de la casa y jamás volviste.
Tampoco en los momentos que estaba mal.
GABRIEL: (Enojado) ¿Quién te crees que sos?
FEDERICO: No vengo por plata. Sé que no hay mucho.
URIEL: Entonces, ¿para qué viniste?
FEDERICO: (Abre la carpeta y saca un papel arrugado). Este es el testamento. Lo firmó mi
madre y un escribano. Dijo que lo escribió una semana antes de morir.

(Todos se acercan. FEDERICO extiende el papel sobre la mesa. Silencio. Se oye el goteo del
techo.)

GABRIEL: (Leyendo en voz alta). “Dejo todo lo que poseo a mi hijo menor, Federico, quien
supo esperarme sin rencor. Que cuide lo que me dio suerte en la vida y que siempre mantuvo
encendida mi esperanza.”
GASTÓN: (Con tono burlón). ¿Y qué es lo que te dejó? ¿La esperanza?
FEDERICO: (Saca de una bolsa un objeto envuelto en papel de diario. Lo coloca sobre la
mesa y lo destapa lentamente).

(Se revela una lámpara rota, con el vidrio astillado y sin bombilla).

RICARDO: (La mira unos segundos). Es la del living… la que papá no dejaba que toquemos.
URIEL: (Seco). ¿Eso es la herencia?
GABRIEL: (Entre risas). Papá se está burlando de nosotros desde su tumba.
GASTÓN: (Ríe fuerte, pero se le corta la voz). Y lo peor es que le salió bien.
TELÓN.

17
El puchero de la abuela.
Escrita por: Flores, Thiago; Golia, Lautaro; Heredia, Jesús; Rodríguez, Mauro; Romero, Gadiel;
Tálamo, Joel; Toloza, Uriel; Vega, Franco.

Personajes:
Franco: adolescente con adicción a la comida, torpe y dependiente.
Abuela: mujer mayor, dulce pero firme.
Mauro: chico del colegio, hace bullying a Franco.
Gadiel: mejor amigo de Mauro, se ríe de todo.
Joel: almacenero del barrio, cree que su esposa murió, pero luego descubre que no.
Lautaro: nuevo amigo de Franco, exagerado, glotón y de gestos ridículos.

En una vieja casa del conurbano bonaerense. Paredes descascaradas, olor a café con leche y
humedad. En el fondo, una cocina con una hornalla que chispea. Afuera se oyen los perros
ladrando y el tren que pasa.

(Franco está tirado en la mesa, con un paquete de galletitas vacías. La abuela limpia
alrededor suspirando.)

ABUELA: Franco, hijo... ¿cuándo vas a aprender a calentar un guiso sin prender fuego la
olla?
FRANCO: (con la boca llena) Mañana, abuela... Hoy ya me cansé.
ABUELA: ¡Si no hiciste nada! ¡Comer no es un trabajo!
FRANCO: (encogiéndose de hombros) Pero agota, abuela. Uno piensa qué comer, y eso
también es esfuerzo.
ABUELA: (resignada) Ay, Dios mío... si tu abuelo viera esto, se vuelve a morir.

(Colegio. Un recreo largo. El patio tiene bancos rotos, paredes pintadas con grafitis y una
pelota que rueda sola. Se oyen risas y murmullos. FRANCO está sentado en un rincón,
comiendo un sanguche envuelto en servilleta. Entra MAURO con una mochila colgando y
GADIEL atrás, masticando chicle.)

MAURO: Mirá quién está... ¡el campeón del comedor!


GADIEL: (riendo) ¡El hombre que venció al hambre!
FRANCO: (sin mirarlos) Déjenme comer tranquilo.
MAURO: Tranquilo vas a estar cuando aprendas a correr, gordi.
GADIEL: No lo jodas, Mauro, que se nos atraganta y después hay que hacerle RCP con una
factura.

(Los dos se ríen fuerte. FRANCO baja la mirada. Una miguita cae al piso.)

FRANCO: No tienen otra cosa que hacer...


MAURO: (burlón) Sí, mirar cómo desaparece el almuerzo del colegio. ¡Sos una leyenda

18
urbana, Franco!
GADIEL: “El pibe que se comió el guiso y el cucharón.”

(Estallan en carcajadas. FRANCO aprieta el sanguche con bronca. Una profesora grita
fuera de escena.)

VOZ DE PROFESORA: ¡Mauro, Gadiel, al aula ya!


MAURO: (burlándose) Bueno, nos vamos, maestro del pan rallado. ¡Guardá algo pa’
mañana!

(Salen entre risas. FRANCO queda solo. Silencio.)

FRANCO: (para sí, con tristeza) Si mi abuela me viera... me diría que los mire con lástima.
Pero igual duele.

(Se levanta despacio y guarda el sándwich en el bolsillo).

ABUELA: Si no hago algo, este chico no aprende más...

(Días después. FRANCO encuentra una carta sobre la mesa. La lee en voz alta.)

FRANCO: (leyendo) “Querido Franco: me fui por un tiempo. No te dejo nada, ni plata ni
comida. Aprendé a cuidarte solo. Con amor, tu abuela.”

(Silencio. Franco queda helado.)

FRANCO: ¿Nada? ¡Ni un paquete de galletitas! (grita al cielo) ¡ABUELA, VOLVÉ!

(Golpea la mesa, cae una olla vacía. Entra JOEL, el almacenero, con expresión triste.)

JOEL: Franco, me dijeron que tu abuela se fue. Mirá que las cosas cambian, ¿eh? A mí me
pasó lo mismo... pensé que mi mujer se había muerto y la vi ayer comprando pan en el chino.
FRANCO: ¡Qué! ¿Y qué hiciste?
JOEL: Me escondí atrás de las papas. Uno nunca está listo pa’ esas sorpresas.

(Ríen. Entra LAUTARO con una empanada en la mano.)

LAUTARO: (con la boca llena) ¡Holaaa! Olí el olor a guiso y vine.


FRANCO: No hay guiso.
LAUTARO: (triste) ¡¡Qué!! ¿Cómo que no hay guiso? Bueno, entonces me quedo igual. (Se
sienta) (Hace gestos exagerados de hambre, se limpia el sudor imaginario.)
FRANCO: (riendo) Sos un desastre... pero me hacés reír.

(Empiezan a cocinar torpemente. Se cae una olla, se quema la salsa.)

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(Tiempo después. La casa está más ordenada. FRANCO cocina mientras LAUTARO lo ayuda
comiendo pan.)

FRANCO: Mirá, ahora sé hervir fideos sin hacer humo.


LAUTARO: (con gesto épico) ¡Un héroe del conurbano!
(Ríen. Golpean la puerta. Entra JOEL, serio.)

JOEL: Franco... tu abuela está internada. La encontraron desmayada en la estación.

(Silencio. FRANCO queda paralizado)

(Hospital. FRANCO sostiene la mano de ABUELA, que yace débil en la cama.)

ABUELA: Lo hiciste, nene... te hiciste hombre.


FRANCO: (llorando) Pero sin vos, abuela... no puedo.
ABUELA: Claro que podés. El secreto está en no rendirse, aunque el guiso salga salado.

(Cierra los ojos lentamente. FRANCO queda solo, apretando su mano).

(De nuevo en la casa. FRANCO limpia la mesa, prepara café. En la pared hay una foto de la
abuela. Entra LAUTARO comiendo un pancho.)

LAUTARO: ¿Y? ¿Sale guiso o pizza?


FRANCO: (sonríe) Sale lo que haya. Ya no me asusta cocinar.

(LAUTARO le da un abrazo torpe. FRANCO mira al cielo.)

FRANCO: Gracias, abuela.


TELÓN.

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