Queridas hermanas, en esta ocasión quiero compartir algo que el Señor ha puesto en mi corazón.
Vivir en luz no solo significa andar
correctamente, sino también pensar como Cristo y servir con esperanza. Dios quiere que nuestras mentes sean transformadas por su
palabra y que nuestro corazón esté lleno de disposición para servirle con amor.
UNA MENTE ILUMINADA POR DIOS (Área mental o intelectual)
a. Dios quiere renovar nuestra forma de pensar
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…” Rom. 12:2
Dios desea que nuestra manera de pensar sea diferente a la del mundo. Una mente iluminada por Él no se deja dominar por la duda, la
crítica o el temor, sino que busca la verdad en Su Palabra.
Cuando permitimos que el Espíritu Santo guíe nuestros pensamientos, nuestras decisiones reflejan sabiduría, paz y esperanza.
Ejemplo:
Muchas veces pasamos por situaciones difíciles, y la primera reacción puede ser preocuparnos o desesperarnos. Pero cuando nuestra
mente está llena de la luz de Dios, podemos detenernos y decir: “Señor, muéstrame cómo pensar según tu voluntad.” Esa actitud nos
lleva a recibir dirección divina.
b. La mente iluminada discierne la voluntad de Dios
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Sal. 119:105
Dios nos habla y nos guía por medio de su palabra. Por eso, estudiar la Biblia, meditar en ella y aprender cada día no es una tarea más,
sino una manera de alimentar nuestra mente con la verdad de Dios.
Una mujer con una mente iluminada por el Señor se convierte en una fuente de sabiduría y consejo, tanto en su hogar como en su
iglesia.
UN CORAZÓN QUE SIRVE CON ESPERANZA (Área ministerial o de servicio)
a. Servir a Dios es un privilegio, no una carga
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres…” Col. 3:23-24
Cuando servimos a Dios, debemos hacerlo con alegría y gratitud, porque es un privilegio ser parte de Su obra. Una mujer con un corazón
que sirve lo hace por amor, no por obligación.
Jesús mismo nos dio el ejemplo al decir que vino a servir, no a ser servido.
Ejemplo:
Tal vez algunas de nosotras servimos en áreas que no siempre se ven: limpiando el templo, enseñando a los niños, visitando enfermos o
simplemente animando a otra hermana. Pero todo eso tiene un gran valor delante de Dios, porque estamos predicando con nuestras
acciones.
b. El servicio produce esperanza en los demás
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” 1Pe. 4:10
Cada una de nosotras tiene dones y talentos que Dios nos ha dado para servir. Cuando los usamos, llevamos su esperanza a quienes más
lo necesitan.
Un saludo amable, una oración o una palabra de aliento puede ser una chispa de luz en la vida de otra persona. Cuando servimos, somos
canales por donde fluye la vida de Dios.
CONCLUSIÓN. - Una mente iluminada y un corazón que sirve con esperanza son el reflejo de una mujer que vive verdaderamente en la
luz de Cristo. Pensar con sabiduría y servir con amor son dos aspectos inseparables para vivir con esperanza y propósito.
Hermanas, que el Señor nos ayude cada día a tener una mente guiada por su luz y un corazón dispuesto a servir con gozo. Así podremos
decir que realmente vivimos en luz, con esperanza y con vida en Cristo Jesús.
Maria Patricia Mercado Iporre (Iglesia Bautista Estudiantil El Faro)