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Pornotopia

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Pornotopia

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PRECIADO, Paul B.

Pornotopia: arquitectura y sexualidad en “Playboy” durante la

guerra fría.

1.​ Arquitectura Playboy

El primer capítulo del libro analiza cómo Playboy no fue simplemente una revista erótica, sino un
proyecto cultural que redefinió la arquitectura, la sexualidad y la masculinidad en la segunda mitad del
siglo XX. Hugh Hefner imaginó la Mansión Playboy como una utopía doméstica: un refugio perfecto
donde el trabajo y el placer se fusionaban, aislado del caos del mundo exterior. Esta visión se tradujo
en una propuesta arquitectónica y simbólica que desafió el modelo tradicional de la casa suburbana y
del hombre trabajador y familiar promovido en la posguerra.

Siegfried Giedion, influyente historiador de la arquitectura, identificó este fenómeno como


"arquitectura Playboy", una forma de habitar que representaba una crisis moral frente a los valores de
la arquitectura moderna. Según él, el estilo Playboy reflejaba el escapismo, el hedonismo y la
superficialidad de una nueva cultura que saltaba de estímulo en estímulo sin compromiso.

Playboy articulaba una nueva subjetividad masculina: blanca, urbana, heterosexual, que integraba el
consumo, el erotismo y el diseño en su vida cotidiana. A través de sus páginas, que combinaban textos,
imágenes, publicidad y erotismo, la revista reconfiguró el deseo sexual como una experiencia
omnipresente, desde el jazz hasta los muebles de oficina. Así, Playboy se convirtió en un laboratorio
cultural desde el cual se moldeó una nueva alma masculina en la cultura estadounidense durante la
Guerra Fría. Y esta nueva masculinidad es representada en una nueva “arquitectura Playboy”.

2.​ Manifiesto por un hombre de interior: el despertar de la conciencia doméstica del


playboy

En el segundo capítulo del libro, se analiza cómo Playboy construyó una utopía doméstica masculina
como respuesta al orden sexual y espacial dominante de los años cincuenta. En lugar de mostrar
fachadas o exteriores, las imágenes de la revista se centran en interiores cuidadosamente diseñados que
materializan un nuevo ideal: el "imperio del soltero" frente al hogar familiar suburbano. La revista
propone un estilo de vida en el que la soltería es deseable, sofisticada y urbana, equiparando la libertad
personal con el control sobre el propio entorno doméstico.

Esta redefinición espacial también desafía la tradicional división entre lo público masculino y lo
privado femenino, proponiendo que el hombre puede —y debe— reapropiarse del espacio interior
como un medio de expresión de su identidad. La revista promueve un espacio doméstico masculino
—el ático urbano— como símbolo de libertad y estilo, reapropiándose de prácticas como la decoración
interior. Playboy convierte el ático urbano en el escenario de una nueva masculinidad: escenificada,
decorada, artificial y diseñada como una estrategia estética. Los elementos arquitectónicos como
camas giratorias, pasadizos ocultos y espejos dobles simbolizan la flexibilidad y el juego, y forman
parte de un estilo de vida que rechaza la rigidez moral y sexual del modelo tradicional. La
masculinidad se concibe como algo artificial, escenificado, donde la arquitectura y el diseño (camas
giratorias, espejos dobles, etc.) forman parte de una teatralización.

Imágenes del ático para el soltero Playboy, publicadas en 1962

Además, Playboy combate los discursos que equiparaban la soltería masculina con la homosexualidad,
proponiendo una “heterosexualidad sana” frente a lo que denomina “pornografía pía” —una
sexualidad reprimida y moralista—. La revista se posiciona así como una plataforma cultural que
combina erotismo, intelectualidad y diseño, y que redefine tanto el deseo como el espacio desde una
perspectiva masculina, lúdica y urbana. Playboy no solo ofrece erotismo, sino también contenidos
culturales e intelectuales, articulando tres ejes temáticos: sexo, consumo y estilo de vida.

Es importante considerar que durante esta época también emergen los primeros movimientos
feministas, que reivindican una transformación del rol tradicional de la mujer en el ámbito doméstico.
De forma paradójica, Playboy también propone un cambio en los roles dentro del espacio doméstico,
pero con una intención muy diferente: mientras el feminismo busca liberar a la mujer de los
estereotipos de género y avanzar hacia la igualdad, Playboy formula un manifiesto para la liberación
del hombre, reclamando su derecho a apropiarse del espacio interior, no como un rechazo a lo
doméstico, sino como una forma de reinventarlo desde una perspectiva masculina.
3.​ Intimidad desplegable: la invención de la “girl next door”

En 'Pornotopía', Paul B. Preciado analiza cómo la revista Playboy, bajo la dirección de Hugh Hefner,
transformó el discurso sobre la masculinidad, el matrimonio y la domesticidad. Playboy se posicionó
contra la visión tradicional de la familia y el matrimonio, redefiniendo la figura del soltero como un
ser urbano, libre y enfocado en el consumo y el placer. Esta nueva imagen masculina no solo
cuestionaba el rol de la mujer como esposa y madre, sino que también desafiaba la idea del soltero
heterosexual tradicional.

Para sostener esta nueva visión, Playboy necesitó crear un nuevo arquetipo femenino complementario:
la 'girl next door' o 'chica de al lado'. La revista proponía una redefinición de la feminidad y la
masculinidad, donde la playmate no era solo un símbolo sexual, sino una figura que mediaba entre la
vida privada y pública. Según Hefner, esta figura era tan transformadora como la 'nueva mujer'
propuesta por el feminismo, ya que visibilizaba que las mujeres también podían disfrutar del sexo.

El prototipo de la playmate fue establecido en julio de 1955 con Janet Pilgrim, una secretaria y amante
de Hefner, quien se convirtió en la primera 'girl next door'. Su imagen no solo desdibujaba la frontera
entre trabajo y sexualidad, sino que también llevó la vida privada al espacio público. El desplegable
permetia pasar de lo plegado a lo abierto, de lo oculto a lo expuesto, de la vecina a la playmate.

La estética de las playmates se inspiró inicialmente en las pin-ups, pero Playboy la llevó más allá,
transformándola en pornografía en color y estableciendo un formato icónico: el desplegable. Este
formato mostraba a las mujeres en dos versiones: una más recatada y otra abiertamente sexual. El
efecto del desplegable era convertir a la mujer común, la 'chica de al lado', en un símbolo sexual, pero
sin perder la apariencia de accesibilidad y frescura.

Playboy no solo transformó la imagen de la mujer, sino también el espacio doméstico, al teatralizarlo
como un escenario de placer masculino. Las fotografías de las playmates debían mostrarse en espacios
interiores cuidadosamente diseñados, transmitiendo la idea de que la vida privada del hombre urbano
debía ser un lugar de confort y libertad sexual.

Así, el modelo de la 'girl next door' reveló la visión de Hefner sobre la sexualidad y la vida moderna:
un espacio donde lo privado se convierte en espectáculo, y la intimidad se transforma en un bien de
consumo.

4.​ Striptease: la domesticidad al desnudo


En este capítulo analiza el striptease como una manifestación de la comercialización del desnudo en
espacios públicos. Esta práctica surge al trasladar las técnicas de seducción de los burdeles a
escenarios urbanos de entretenimiento, donde el cuerpo se presenta envuelto en pelucas, plumas y
tejidos. Estos elementos actúan como una "arquitectura masturbatoria" que simultáneamente oculta y
revela el cuerpo.

Las leyes antipornografía de la época no solo regulaban el contenido visual, sino que delimitaban los
espacios donde se permitía o prohibía el deseo. En privado, las libertades sexuales eran posibles; en
público, debían ocultarse.

Playboy desafió esta frontera al revelar, en sus reportajes y fotografías, interiores privados como
apartamentos, áticos de soltero y la Mansión Playboy. La revista transformó estos espacios en
escenarios de exhibición, donde la vida doméstica se convertía en un espectáculo.

Hugh Hefner llevó esta exposición al extremo en 1953, al publicar un artículo donde mostraba su
propio apartamento y su vida privada como ejemplo de "modern living". Esta "autoficción doméstica"
combinaba diseño funcional y exhibición pública, transformando la privacidad en un producto
mediático.

Mientras Mies Van Der Rohe y Philip Johnson eliminaban las divisiones internas y utilizaban las
paredes de cristal para destapar la domesticidad, Hefner insistía en representar la domesticidad a través
de los medios de comunicación. Lo que se desvela es el carácter teatral y político de la arquitectura y
este desvelamiento llevará a la producción de un interior posdomestico que ya no se caracteriza por su
privacidad.

5.​ La celda posdoméstica: el apartamento para el soltero urbano

El capítulo cinco de Pornotopía analiza el papel del apartamento de soltero como escenario clave en la
construcción del nuevo hombre moderno según la visión de Playboy. Para la revista, transformar el
espacio doméstico masculino era fundamental para redefinir la masculinidad y liberarla de las
imposiciones del hogar familiar tradicional. En este sentido, el ático urbano no es solo un lugar para
vivir, sino una “celda posdoméstica” diseñada para el placer, el ocio y el control total del entorno.

Los dispositivos giratorios, muebles articulados y artefactos tecnológicos que llenan este espacio no
solo facilitan la seducción, sino que encarnan una crítica a las rígidas normas sexuales y sociales de la
posguerra. El apartamento se convierte en una especie de laboratorio lúdico, donde las funciones de
los objetos y los límites de género son flexibles y reversibles.
Además, el ático se configura como un territorio exclusivamente masculino, desde el que se elimina
toda huella femenina tradicional. Esto se expresa de forma contundente en la “cocina sin cocina”, un
espacio ultratecnificado que borra la figura del ama de casa y convierte el cocinar en una actividad
automatizada y masculina. Así, el hogar se transforma en un espacio de autonomía total para el soltero,
donde puede trabajar, seducir y descansar sin salir del mismo lugar.

Por último, Playboy consagra al apartamento como una combinación entre oficina capitalista y
prostíbulo moderno: un espacio de consumo productivo y sexual. Dentro de él, hay zonas que
refuerzan esta identidad masculina exclusiva, como el estudio privado y el baño-trono, inaccesibles
para las mujeres, marcando claramente la nueva frontera del poder doméstico masculino.

6.​ Arquitectura “pin-up”

El capítulo 6 de Pornotopía analiza cómo la revista Playboy evolucionó del concepto del ático de
soltero hacia la construcción de una utopía arquitectónica más ambiciosa: la Mansión Playboy. A
partir del éxito del reportaje sobre un ático urbano en 1959, la revista publica un nuevo reportaje
centrado en la casa de un amigo de Hugh Hefner en Miami. Esta vez, el foco no está en el mobiliario
ni en el cuerpo femenino, sino en la arquitectura misma como vehículo del deseo y del estilo de
vida playboy.

Fachada e interior del ático urbano de soltero Playboy según el diseño de Donald Jaye, 1962
En esta nueva narrativa, la casa ideal del soltero gira en torno a una piscina central —con techo
retráctil y muros móviles— que transforma el hogar en una zona de juegos y placer. Hefner, cautivado
por esta idea, proyecta construir una casa similar en Chicago, cuyos diseños se publican en 1962 con
gran repercusión, aunque nunca llega a realizarse. Esta publicación marca un punto de inflexión: el
espacio interior, por primera vez, se erotiza y adquiere protagonismo por sí mismo, sin necesidad de
cuerpos desnudos.

Corte longitudinal del ático urbano de soltero Playboy según el diseño de Donald Jaye, 1962

El icono principal de esta arquitectura es la cama redonda giratoria equipada con controles
tecnológicos, que simboliza la integración entre confort, tecnología y seducción. Además, la casa está
estructurada en torno a una dualidad: la piscina actúa como eje de rotación y frontera simbólica entre
lo público y lo privado, entre el trabajo y el ocio, revelando la doble vida que propone el modelo
Playboy.

Finalmente, el capítulo concluye con una reflexión sobre el carácter utópico de estas casas: más que
proyectos constructivos reales, se presentan como ficciones deseables, representaciones idealizadas de
un mundo masculino y hedonista donde la arquitectura sustituye al cuerpo femenino como objeto
principal del deseo.

7.​ La Mansión Playboy: la invención del burdel multimedia

Mientras el modelo tradicional prometía a las clases medias una vivienda unifamiliar con jardín y
comodidades tecnológicas, Playboy transformó el espacio privado en un escenario mediático.

Hugh Hefner adquirió la Mansión Playboy en 1959, una edificación de estilo gótico diseñada por
James Gamble Rogers en 1899. A pesar de conservar su fachada original, Hefner transformó el interior
en un "castillo urbano de soltero", adaptándolo para convertirse en el epicentro de la cultura Playboy.
La mansión incluía una piscina-acuario inspirada en la casa Chaskin de Miami, un salón de fiestas
revestido en madera de cedro, y una habitación central con una cama giratoria.

A diferencia de los arquitectos modernos como Mies Van Der Rohe, que utilizaban cristal para
exponer el interior, Hefner hacía visible la vida privada a través de medios de comunicación: revistas,
televisión y cine. La mansión se convirtió en un espacio de exhibición pública, donde la privacidad se
teatralizaba y comercializaba. La Mansión Playboy no solo era un espacio físico, sino una
"pornotopía", un burdel multimedia que combinaba arquitectura, tecnología y deseo.

Habla sobre la caverna de la Mansión Playboy. Había una trampilla en el suelo del salón que te
llevaba al sótano de la mansión, tenías que dejarte caer por una barra dorada. En el sótano había una
piscina y una cueva que simulaban una isla tropical; más allá separados por una puerta corredera,
estaban el garaje y la salida trasera. La piscina representada como una cueva llena de mujeres
desnudas, opera como un útero arquitectónico.

Las dos primeras plantas eran espacios amplios sin compartimentar, la tercera y cuarta estaban
cerradas y rara vez abrían las puertas a los hombres. Allí estaban las habitaciones de las chicas. La
mansión se convertía en un sistema más hermético a medida que se ascendía verticalmente. El sótano,
la primera y segunda planta estaban decoradas con un mobiliario muy cuidado, con varios
mecanismos… en cambio las plantas superiores eran simples y funcionales únicamente.

En conjunto, la Mansión Playboy no era solo una residencia, sino un dispositivo pornográfico
multimedia que conectaba arquitectura, medios y deseo, convirtiéndose en el primer burdel
multimedia de la historia moderna.

8.​ El trabajador horizontal

El enfrentamiento entre las personas a favor o en contra de la verticalidad se basa en criterios


arquitectónicos y económicos que dan lugar a un nuevo tipo de trabajador: el trabajador horizontal.
Este es un hombre exitoso, escritor y hombre de negocios, urbano y flexible, en contraste con el
trabajador vertical, rígido y estructurado.

Para el escritor, la escritura horizontal solo puede desarrollarse en una posición horizontal, sobre un
escritorio. Hefner, fundador de Playboy, comparte su preferencia por trabajar en el suelo, en un
entorno sin mobiliario tradicional. Para él, la alfombra actúa como un “escritorio gigante”. Aunque
tiene un despacho, prefiere trabajar en el suelo, entendiendo la posición horizontal como parte del ocio
y el descanso, mientras que la verticalidad es asociada con la producción de capital.
Hefner imagina la creación de un pequeño apartamento dentro de su oficina: una habitación sencilla
con cama, baño y ropero. Así, se levanta, comienza a trabajar en su despacho sin necesidad de
cambiarse el pijama, instalándose en un espacio que no es exclusivamente profesional ni
completamente doméstico. Playboy, de esta forma, inventa el concepto de un espacio
domoprofesional, donde las fronteras entre ocio y trabajo se desdibujan.

Hefner trabajando en la cama giratoria de la Mansión Playboy en Chicago, 1966

La Mansión Playboy, construida en 1959, se convierte en la culminación de este proceso de


hibridación sin límites. En ella, la cama giratoria simboliza la perfecta fusión entre el suelo, la cama y
la mesa de oficina, un nuevo centro donde la producción económica y sexual se encuentran, y donde la
horizontalidad se convierte en el espacio de trabajo y placer simultáneamente.

9.​ La cama farmacopornográfica

El libro describe la cama Playboy como arquitectura mediática y simbólica. No es solo un mueble,
sino una prótesis tecnológica y un centro de operaciones multimedia desde el cual Hefner vive, trabaja
y se comunica. Su respaldo incluye controles para radio, televisión, teléfono y proyector,
convirtiéndola en un centro de producción y consumo audiovisual. La cama giratoria se convierte así
en una ejemplificación de la nueva relación de entre público y privado que representa hefner.​

Inspirada en modelos anteriores como la cama Ritzy, la innovación no está en la electrificación, sino
en la combinación de tecnología, erotismo y espectáculo como elementos inseparables. La cama
Playboy se llegó a convertir en un “hábitat fármaco-pornográfico”, mezcla de placer, vigilancia,
control y conexión.​

La cama gira 360° no por necesidad física, sino para simbolizar que el mundo gira alrededor del sujeto
hiperconectado, que no necesita desplazarse para estar en el centro de la acción. Prefigura la cultura
del consumo de medios en casa y el aislamiento digital moderno.

Cama redonda del ático urbano de soltero Playboy, 1962

Lo distintos escritores y revistas criticaban la cama giratoria señalando que esta representaba una
actitud narcisista e infantil.

El autor compara la cama giratoria de Playboy con la celda del monje medieval. Así como la celda fue
núcleo del control espiritual en la Edad Media, la cama giratoria es el núcleo del sujeto posmoderno:
conectado, vigilado, erotizado y mediado por pantallas. El aparato manifiesta tanto el narcisismo
adulto (síndrome de Peter Pan) como una utopía tecnológica donde se borran las fronteras entre el
cuerpo, la máquina y el deseo.

Lo distintos escritores y revistas criticaban la cama giratoria señalando que esta representaba una
actitud narcisista e infantil. El libro señala que la cama giratoria funcionó como una prótesis del
playboy.

10.​ Productos espaciales derivados: la extensión del archipiélago Playboy


En febrero de 1960, Hugh Hefner inauguró el primer club Playboy, ubicado a solo unas manzanas de
distancia de la famosa Mansion Playboy. Este club, la Mansion y los espacios virtuales formaban lo
que se podría considerar un “archipiélago Playboy”.

Los productos espaciales funcionan como nuevos espacios híbridos, auténticos cócteles inmobiliarios
que existen fuera de las normativas legales tradicionales y que se rigen por sus propias reglas. Art
Miner, el arquitecto encargado de la decoración interior de los clubes, comenta: "Nadie ha diseñado
tantos clubes como nosotros, pero cada uno tiene un toque único y, al mismo tiempo, es parte de la
atmósfera total del club Playboy. La sensación que queremos crear es familiaridad, no similaridad... en
nuestros edificios y diseños, buscamos evocar 'el sentimiento del lugar', el 'sentimiento Playboy'”.

Los espacios de los clubes Playboy, aunque hacían uso del cristal, la fibra de vidrio y colores
llamativos, no eran necesariamente excepcionales en cuanto a los clubs nocturnos de la época. Sin
embargo, estos clubes contaban con una particularidad: además de tener un escenario y una sala de
bailes, ofrecían la posibilidad de pasar la noche en un hotel. La arquitectura “moderna” de estos
clubes, en realidad, funcionaba como un camuflaje que ocultaba cualquier conexión con las formas
tradicionales de consumo sexual en las ciudades. Hefner, al extender el archipiélago Playboy,
pretendía desmantelar los antiguos espacios de prostitución en las metrópolis, oponiendo las viejas
formas de comercio sexual a las nuevas modalidades de libertad sexual femenina.

En 1975, Hefner trasladó su residencia definitiva a la Mansion Playboy, el inmueble más caro de Los
Ángeles. Este lujoso complejo tenía treinta habitaciones y tres hectáreas de jardines y bosques. El
arquitecto Ron Dirsmith se encargó de la reconstrucción de la Mansion, un proceso que duró varios
años. Durante este tiempo, se añadieron piscinas, pistas de tenis, salas de juegos, un salón de cine,
saunas, jacuzzis, e incluso una gruta natural que imitaba una cueva prehistórica.

Hefner deseaba crear un paraíso varonil, acentuado por materiales nobles como el mármol, la madera
oscura, el bronce y la piedra. Este concepto se vinculó con la idea de las follies: construcciones que
reunían diversas referencias culturales y arquitecturas de distintos períodos históricos. La Mansión
West, por ejemplo, se convirtió en una follie-hippie. El trabajo se centró en la modificación casi total
del paisaje exterior, con la construcción de colinas, senderos, cascadas y lagunas, todo conectado por
vegetación y piedra natural. A la vez que mandó a construir una enorme bóveda de cristal color ámbar
que descansara sobre la falsa cueva prehistórica. Este “fondo decorado natural” era el corazón de la
pornotopía.

Se podría decir que, en cierto modo, el proceso de “playboyzación” afectó los modos de organización
de la domesticidad, del espacio interior y de la vida afectiva. El éxito de Hefner fue haber logrado, con
la Mansión, una combinación entre domicilio privado y parque temático, creando un modelo
topográfico que más tarde influiría en la arquitectura del espectáculo en América.

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