LA IGLESIA DE LOS POBRES,
SACRAMENTO HISTORICO DE LIBERACION
Ignacio Ellacuría
La teología de la liberación 1 se entiende a sí misma como reflexión
desde la fe sobre la realidad y la acción histórica del pueblo de
Dios, que sigue la obra de Jesús en el anuncio y en la realización
del reino. Se entiende a sí misma como una acción del pueblo de
Dios en este seguimiento de la obra de Jesús y, como sucedió con
Jesús, trata de poner en conexión vivida el mundo de Dios con el
mundo de los hombres. Su carácter de reflexión no le priva de ser
una acción, y una acción del pueblo de Dios, por más que a veces
se vea forzada a ayudarse de un instrumental teórico que parece
alejarse tanto de la acción inmediata como del discurso teórico
externamente popular. Es, así, una teología que parte de hechos
históricos y que pretende llevar a hechos históricos, de modo que
no se contenta con ser una reflexión puramente interpretativa; se
alimenta de la persuasión creyente en la presencia de Dios dentro
de la historia, presencia operativa que, si bien debe ser recogida
desde la fe agradecida, no por ello deja de ser acción histórica.
Tampoco aquí tiene sentido una fe sin obras; antes bien, esa fe
implica el ser asumidos por la fuerza misma de Dios operante en la
historia, de suerte que nos convierta en nuevas formas históricas
de esa presencia operativa y salvadora de Dios entre los hombres.
Desde esta perspectiva la Iglesia se presenta, en primer lugar,
como ese pueblo de Dios que prosigue en la historia lo que selló
definitivamente Jesús como presencia de Dios entre los hombres.
En este trabajo se va a examinar lo que debería ser históricamente
hoy la Iglesia en la situación del Tercer Mundo y, especialmente,
l. Aunque bajo este término se entenderían corrientes diversas (como no puede ser menos,
dada su propia definición como quehacer histórico), preferiría mantener el término por lo que
tiene de diferenciación.
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de Latino-América. Qué grado de universalidad histórica tenga vez que, desde ese mismo don, las necesidade aparezcan como
esta presencia en la situación latinoamericana, es algo que se «negación» del don de Dios, de la donaci 'n misma de Dio a lo
desprenderá de lo que se irá diciendo a continuación. hombres. Pero es que, además, pueden verse las necesidades como
El resultado de este examen puede formularse así: la Iglesia es el clamor mismo de Dios hecho carne en el dolor de los h mbres;
sacramento de liberación y deb a tuar como sacramento de como la voz inconfundible del propio Dios que gime en sus
liberación. Esto, que es formulación del sentir y el vivir de las r aturas o, más propiamente, en su hijos.
mayorías creyentes, y que es además elemento esencial de la fe del Se dirá que, bíbücamente, la salvación es salvación del pecado.
pueblo peregrinante en la historia, es lo que sirve de base a estas Per e to en vez de negar lo que acabamos de decir, es su
líneas. Su intento no es otro que reflexionar sobre lo que es ya confirmación. Al menos si se historizn debidamente el concepto de
acción vivida del pueblo de Dios, reflexión que parte de esa acción pecado, cosa 90 , p r ciert , cuenta con una vigor a y permanen
y que quisiera volver a ella para potenciarla. te tradi ión b1blica. El oncepto de pecado, en efect , lo que ha e
es subrayar el carácter de maJdad que puede darse en las necesida
des y u relaci' n con lo que es Dios; es así una teologización
l. LA IGLESIA, SACRAMENTO HISTORICO DE SALVACION hist6rica de la necesidad, entendida, como aquí e ha hecho, en
roda su ampütud. E· quizá esta perce_p ión del mal como pecado
No es ninguna novedad entender la Iglesia como sacramento y, lo que ba hech · de la hi toria de Dios entre lo hombre una
menos aún, como sacramento de salvación. Jesús es el primario y hi t ria <le salvac1 n; pero por lo mismo, la salvación como
fundamental sacramento el salvación, y la Iglesia como continua presencia de Dios entre los hombres, t:s algo que no cobra toda ·u
dora y realizad ra d Je Ús, participa, bien que d rivadamente, d fuerza más qu en la vigen ia del mal y del pecado y en la
ese mismo carácter. La relativa n vedad aparece cuando s habla experiencia de la superación de ést s.
de la lgle ·ia com ·acramento «hi tórico» de salvación. ¿Qué Por todo ell podem s dejar, de moruento, lo qu' ha de- er la
aport esta hi toricidad a la a ramentalidad y a la salvación a la salvación. E htro, y e ha repetid muchas veces, que una
sa ramentalidad alvifica de la lgl sia? elantear el problema en concepci n d la salvación en términos espiritualista , p rsonaJjs
to término puede sonar a excesiva sacralidad: tant la idea de tas o meramente transhistóricos no s' lo n · una osa evidente de
sacramento como la idea de alva ión están dcpr ciadas y paree n por sí in que implica una falsa • intere ada ideologización de la
referidas a w, ámbito acr I que tiene poco que ver con la realidad ·alvación. Má aún, una preocuraci 'n l!Xclusiva por lo que fuera
palpable de e-do I s días. Y, in embarg no e puede echar por una salvación traterrena y cxtrabistórica merecería el mi mo
la bord, lo qu s· es onde tra eso términos de «sacramento» y de repr he d Juan: el que dice preocuparse por la alva ión que n
« alvaci 'n»; es menester despojarlos de su sacralización interesada se ve mientras desprecia la salvación que se ve, es un mentiros ,
para recuperar la plenirud de su senti o. Para ello, nada orno porque i no hay preo upación por 1 que e ·tá ante n sotros,
•<[Link]», lo cual no significa ontar su hi toria, sino poner ¿e' m va a ha er preocupación por lo que no v mos? Vayamos,
los en relación con la historia. pues, a con iclerar lo que la Iglesia ha de ser respecto de la
Una concepción histórica de la salvación no puede teorizar alvación para tratar después a una, l que es b salvación
abstractamente sobre lo que es la salvación. Aparte de que esas históricamente consid rada y lo qlle debe ser la acción <le la fglesia
teorizaciones abstractas son todas ellas históricas a pesar de sus re p cr de esa alvación. Es el tema de la [Link]
[Link] y, en ·uanto a traccas, pueden contrade ir el sentido histórica.
real de la alva ión, no es posible hablar de alvación sino desde La sacramentalidad de l:i Iglesia st: basa en una realidad
situaciones concreta . La salvación es siempre salva ión de alguien an eri r: la corporci<lad de ln Iglesia. Ha sido tma genialidad de la
y, en ese alguien de algo. Hasta tal punto que la característica 1glesia primitiva especialmente d, Pablo, el oncebir la lgle ia en
del salvador e deberán buscar desde las característica de lo que térmjno de ucrpo. No vam · a entrar aquí en la rica bibüografía
hay ue alvar. Parecerá e to una reducción de lo gue es la bíblica y dogm cica sobre esta concepción de la lglesia como
salvación vi ta desde el don de Di s, que e adelanta incluso a las cuerpo y com cuerpo de Cristo. an sólo vamo a poner de
necesidad del hombre; pero no e así. Y no lo es, p rque las relieve lo que significa para una [Link]ón de la salvación esca
necesidades, entendidas en toda su amplitud, s n el camino verdad de la corp reidad de b Iglesia y de su carácter e cuerp
histórico por el que pued avanzar hacia el reconocimiento de respect Je Cri to. Digámoslo ucintarnente: la corporeidad hi
e e don, que '· presentará c >mo ,,negación, de las n esidade una rica ele la iglesia implica qu ' en eUa ,,e me cuerpo» la reaüdad y la
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acción de Jesucristo para que ella realice una «incorporación» de cuerpo» y la «incorporación» exigen y llevan consigo una forzosa
Jesucristo en la realidad de la historia. Un par de palabras sobre concreción individualizadora; tomar cuerpo e incorporarse es
cada uno de esos dos aspectos unitarios 2• comprometerse concretamente en la complejidad de la estructura
El «tomar cuerpo» quiere significar una serie de aspectos social.
estructurados entre sí. Significa, por lo pronto, que algo se hace. Hecha esa salvedad, que se analizará más adelante, conviene
pu:sente corporalmente y así se hace realmente presente para quien volver sobre la Iglesia como cuerpo histórico de Cristo:
sólo una presencia corporal es realmente una presencia; significa
asimismo que algo se hace más_r.eal por el hecho mismo de tomar La fundación de la Iglesia no hay que entenderla de una manera legal y
cuerpo, se realiza deviniendo en otro sin dejar de ser quien era; jurídica, como si Cristo hubiera entregado a unos hombres una doctrina y
significa también que algQ_ co_l:,i:a_ a�tuali_dad en el sentido que una Carta Magna fundacional, permaneciendo él separado de esa organiza
atribuimos al cuerpo como ·actualidad de la persona; significa, ción. No es así. El origen de la Iglesia es algo más profundo. Cristo fundó su
finalmente, que algo, que-antes no1º_estaba,está en Gondición de Iglesia para seguir estando presente él mismo en la historia de los hombres,
precisamente a través de ese grupo de cristianos que forman su Iglesia. La
actuar. Visto el problema teológicamente, el «tomar cuerpo» Iglesia es, entonces, la carne en la que Cristo concreta, a lo largo de los
responde al «hacerse carne» del Verbo para que pueda ser visto y siglos, su propia vida y su misió 1 personal 3•
tocado, para que pueda intervenir de una manera plenamente '.
histórica en la acción de los hombres; como decía san lreneo, si Je {i fue el cuerpo histórico de Dios, la a tualidad plena de
Cristo es salvador por su condición divina, es salvación por su Dios entre los hombres, y la Iglesia debe.:. er I cuerp0 históri o de
carne, por su encarnación histórica, por este «tomar cuerpo» entre rísto, al mod mo Jesús lo fue de Dios P, dre. La ontinuací 'n
los hombres. cn la historia de la vida y Je la misión de Jesú , que le ompete a la
La «incorporación» es como la activación del «tomar cuerpo», fgle ia, animada y unificada por el Espíritu de Cristo hace de ella
es el formar cuerpo con ese cuerpo global y unitario que es la que sea su cuerpo su presencia visi �le y op rant .
historia material de los hombres. La incorporación es condición _ . , .
No debe vers en esto expres1on, « u rpo h1 ·ronco», una
indispensable para la efectividad en la historia y, con ello, para la [Link] sición a la más lá ·i a de «cuerpo mlstíco11. La lglc ia es
realización plena de aquello que se incorpora. La incorporación cuerpo mí ·ti o de ri to en cuanto trata d hacer presente algo
presupone así el tomar cuerpo, pero añade el adherirse al cuerpo que no es palp,1ble de m do inmediato y total, más aún, algo que
único de la historia. Sólo si lo que no es histórico ha tomado de arda toda posible captación y presentación; es uerp hi ·róri
cuerpo histórico, es posible hablar de incorporación; pero, por co de risto en cuanto esa presencia debe darse a l larg · de la
otro lado, sólo una efectiva incorporación es lo que mostrará hasta hisr ria y debe ha ere ,fectiva en ·11 . orno el mismo Je ús
qué punto algo ha tomado cuerpo. .
histórico, la lgl sia es má qu · lo que en ella e v y se pued llegar
Es claro que Jesús tomó cuerpo en b historia, lo cual supone a v r· pero e e «m�1s» 'da y se debe dar en lo que se ve· he ahí la
que tomó carne mortal, pero supera el hecho de tomar carne; y es unidad de su carácter místico y <l su cará..: er histórico. Per su
también claro que se incorporó a la historia del hombre. Desapare misticismo no esrrib, en nlgC> misterioso y oculto, sino n algo que
cida su visibilidad histórica, compete a la Iglesia, esto es, a todo lo super::i ·n b hlstoria a la bist ri misma en algo que en el hombr�
que sea su continuación histórica, el seguir tomando cuerpo y el ·upera al hombre mismo en algo qu obligue a decir: «verdadera
seguir incorporándose. Se dirá que el verdadero cuerpo histórico menre aquf se e conde el dedo de Dios». Lo sobrenatural n d b
de Cristo y, por tanto, el lugar preeminente de su tomar cuerpo y oncebirsc ·omo algo intangible sin orno lgo que supera la,
de su incorporación no es la Iglesia sin más, sino los pobres y los naturaleza r, 1 mismo scnti<lo en que la vida hi tórica de Jesú
oprimidos del mundo, de modo que no sería la Iglesia sin más el ·uperó lo que s · puede esperar ,[Link]» de w, hombre; i la
cuerpo histórico de Cristo, y que fuera de la Iglesia podría v,id, de Jesú. -y lo qu' en esa vida e transparentaba porque en
hablarse de un verdadero cuerpo de Cristo. Esto, como se verá ella tomaba cuerpo-- no es «sobrenatural», carece de sentido
más tarde, es así, y nos llevaría a considerar que la Iglesia es por cristiano hablar de sobrenaturalismo.
antonomasia Iglesia de lo's pobres y que, como Iglesia de los Un ejemplo aclarará la trascendencia de esta distinción. Apa
pobres, es cuerpo histórico de Cristo. Precisamente el «tomar rentemente puede verse una gran divergencia entre la salvación
.1. Mons. Osear Romero, J,¡¡ iglesia, werpo de Cristo en la historia (segunda Carta
2. Cf. X. Zubiri, «El hombre y su cuerpo,,: Salesian11111 n. 3 (1974), pp. 479-486, Pastoral).
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histórica que propone el Antiguo Testamento y la salvación fundamentalmente la sacramentalidad histórica de la Iglesia. Por
mística que propondrá el Nuevo. Parecería muy distinto arrancar lo pronto, ha de repetirse que la sacrametalidad primaria de la
del «fueron liberados o sacados de Egipto» que del «fueron Iglesia no proviene de la efectividad de los llamados sacramentos,
bautizados en Cristo»; los que partían de una experiencia histórica sino que, al contrario, éstos son efectivos en cuanto participan de
y de una concreción histórico-política como es la de un pueblo que la sacramentalidad de la Iglesia. Claro está que tal sacramentali
se ve liberado de la opresión de otro pueblo y que recibe la dad pende del sacramento radical y fundamental que es Cristo, y
promesa de una nueva tierra en la que poder vivir Ubremente, esto, como se acaba de apuntar, no tan sólo en razón de que Cristo
parece que están abismalmente alejados de quienes part n de una es la cabeza de la Iglesia -la contraposición cabeza-cuerpo no es
experiencia sacramental orno e la del bauti mo en cuanto la que se asume al hablar de la corporeidad de Cristo y de la
realización «ml cica» de la muerte, la epultura y la resurrecci 'n subsiguiente corporeidad de la Iglesia- ni tan sólo en razón de
del Señor. n I primer a o, la praxis creyente toma una dirección que el Espíritu de Cristo da vida al cuerpo de la Iglesia, sino
qu no parece poder coincidir con la praxis de quien recibe también en razón de que la Iglesia prosigue, en el mismo Espíritu y
misteriosa y gratuitamente por la fe el don salvífica de Dios. Una por el mismo Espíritu, la vida de Jesús. La sacramentalidad se ha
de las dire i nes llevaría aJ uerpo místico y la otra llevaría al presentado con la doble nota de visibilidad mediacional y efectivi
cuerpo histórico. Y como la del Nuevo Testamento sería la dad. Cuando, por tanto, se plantea la sacramentalidad de la
primera, tendríamos que lo cristiano estaría en el orden de la Iglesia, lo que se reclama es que la Iglesia dé visibilidad y
salvación mística. efectividad a la salvación que anuncia 5•
El peligro de esta interpretaci6n es bien real, y como real lo Esta sacramentalidad fundamental de la Iglesia, al ser históri
entendió la I lesia primitiva o algunas comunidades de la Iglesia ca, exige su presencia a través de acciones particulares, que deben
primitiva. Por e e vier n forzadas a completar la interpretación ser pr sencia visible y realiza i 'n efec iva de lo que e ella hi tóric,
má mística de Pabl con el recurso al Jesús histórico, tal como lo y místicamente. Entre esas acciones · tán sin duda, lo llamados
transmiten los sinópticos y Juan. Este recurso muestra que no es iete sacramento qu debieran ser historizados y no reducido a
separable el carácter salvífica o soteriológico de la muerte de Jesús muecas cultuales· esas accione , que tocai, punto Fundamentales
de su carácter histórico; no es separable el «por qué muere Jesús» de la vida humana como el nacimiento y la incorporación a una
del «por qué lo matan» 4; más aún, que hay una cierta prioridad nueva comunidad, la lucha con el pecado, el amor y la muer
del «por qué le matan» sobre el «por qué muere». Pero, vistas las te etc., muestran hasta qué punto la alvación cristiana [Link]
cosas desde el Jesús histórico, tenemos que el conmorir y el incorporai· e a la hi toria. Pero e as a i n s, a pe ar de u
conresucitar del bautismo, según Pablo, no son primariamente ará ter fundamental y en muchos casos in ustituible no son los
mí·ti os, sino que son primariamente históricos, pues han de único lugares de la sacramentaJidad de la Iglesia.
reproducir l más fielmente posible, en la continuidad de un Ya la teología lasi a, que onsideraba lo sacramentos con,
s guimienco lo que fue la vida de Jesús y han de llevar a «canales» privilegiados d la gracia, [Link]Ía que no eran los único
consecuencias similares a las sufridas por Jesús, mientras el canale ; admitÍa que la gracia de Cristo e hace pr sene , vi ible y
contexto del mundo sea semejante al de la historia de Jesús. Su efi az taml ién p r otro caminos. Dicho de utrn forma la
«misticismo» estriba tan sólo en que es la gracia de Jesús y su acrame11r:1lidad de la Iglesia puede y debe hacers presente
llamada personal lo que hace posible, a quienes viven como históricamente de otro - ro do . Y eso· otros modos, aunque n •
cristianos, avanzar por el camino de la muerte que lleva a la vida, tengan r da la car. cterísticas excluyentes de lo siete sa ramen
en lugar de hacerlo por el camino de la vida que lleva a la muerte. toi;, no por ello dejarían [Link] ser tal vez más fundamentales respecto
De ahí que no sea justo el contraponer el «fueron bautizados» al de la a rarn ntalidad de b lgl sia. No podrían considerarse como
«fueron sacados de Egipto», pues ni aquel es un acontecimiento a ·ciones profanas de la Iglesia, si es que se rrarara de accione· que
puramente místico ni éste es un acontecimiento puramente político. pusieran en ejercici u. mjsión ·alvad ra. E un tema en el que no
Pues bien, desde esta corporeidad histórica, que no excluye la p demo entrar, porque lo qu aquí n s preocupa e la sacramen
corporeidad mística sino que la reclama, es como debe entenderse talidad fundamental de la Igl sia y no la peculiru·idad de sus
acciones sacramentales.
4, Cf. l. Ellacuría, «¿Por qué mucre Jesús y por qué le matan?«: Misión Abierta (marzo
1977), pp. 17-26; sobre la bibliografía ollí citada, d. H. Schürmann, Co111ment Jés11s ,1-t-il vécu 5. Este punto fue Jesarrollado en l. Ellarnría, ,.[ !slcsia y realidad histórica»: ECA 331
so mor/?, París, 1977. (1976), pp. 213-220.
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La Iglesia realiza su sacramentalidad histórica salvífica anun Pocas expresiones teológicas tan corpóreas e históricas como ésta
ciando y realizando el reino de Dios en la historia. Su praxis del reino de Dios, que si, por un lado, hace referencia a Dios,
fundamental consiste en la realización del reino de Dios en la también hace alusión, e inseparablemente, a la presencia salvadora
historia, en un hacer que lleve a que el reino de Dios se realice en de Dios entre los hombres. Tocará a la Iglesia ir historizando lo
la historia. que este reino de Dios exige en cada situación y en cada momento,
No hay por qué insistir, aunque deba tenerse muy en cuenta, porque ella misma debe configurarse como saci:am 'nto histórico
en que la Iglesia no es un fin en sí misma, sino que toda ella, en de la salvación, salvación que consiste en la implantación del rein
seguimiento del Jesús histórico, está al servicio del reino de Dios. de Dios en la historia.
La Iglesia no sólo debe entenderse a sí misma desde dos puntos Dicho en g neral, la realización del reino de Dios en la historia
ajenos a ella como son Jesucristo y el mundo, tal como se unifican implica el «quitar el pecado» del mund y el hacer pr eme en los
en el reino de Dios, sino que toda su acción debe tener ese mismo hombres y sus relaciones la vida encamada de Di se trata
carácter de excentricidad. Pocas tentaciones más graves para la tan sólo de a ar el pecado de ahí donde esrá (en el mundo), sino
Iglesia que la de considerarse como un fin en sí misma y la de de quitar cl pecado-del-mundo. Cuál sea este pecado mundanal, el
valorar cada una de sus acciones en función de lo que le es pecado que empecata al mundo, es algo que habrá de determinarse
conveniente o inconveniente para su subsistencia o su esplendor. en cada ca o. Desde este pecado d I mundo, deben interpretarse
Es una tentación en la que ha caído con frecuencia y que con los demás pecados. Sin olvidar que todo pecado pasa por la
frecuencia ha sido señalada por los no creyentes. Una Iglesia destrucción del hombre y se objetiva de un modo u otro en
centrada sobre sí misma -y no hay más que recorrer documentos estructuras de destrucción del hombre. Claro está que el anuncio
eclesiásticos para percatarse de cómo está centrada sobre sí del reino entraña una atención muy peculiar a lo que es el hombre
misma- no es un sacramento de salvación; es, más bien, un poder en su propia libertad e intimidad, tanto para defenderla como para
más de la historia que sigue los dinamismos de los poderes promoverla; claro está que d pecad del mundo pasa por las
históricos. Ni vale decir que el centro de la Iglesia es Jesús onciencia y la voluntades individuales, pero eUo no debe hacer
resucitado, si es que a ese Jesús resucitado se le priva de toda olvidar la presencia de un pecado mundanal e histórico. Contra
historicidad; el centro director de la vida de Jesús estaba, sí, en la e te pe ado del mundo incorporado por los individuos y los
experiencia de Dios, pero de un Dios que cobraba cuerpo histórico •rupos sociale el anuncio del. reino propone w,a contradicción
en el reino de Dios. Si la Iglesia no encarna su preocupación bien recisa: la representada p r la vida del J sús histórico.
central por el Jesús resucitado en una realización del reino de Dios P rquc , te pecado-del-mund tiene singular imp rtancia en la
en la historia, está perdiendo su piedra de toque y, con ello, la on.6guraci 'n de la hjstoria y, desde ella, en la conformación de
garanda de estar sirviendo efectivamente al Señor y no a sí misma. las vidas personales por ello la presencia de Dios entre los
Sólo en el vaciamiento de sí misma, en el don de sí a los hombres hombre toma forma n eso que llamamos salvación. P ro enton
más necesitados, y esto hasta la muerte y muerte de cruz, puede la ces queda claro que a salva ión, que erá g néricamente alva
Iglesia pretender ser sacramento histórico de la salvación de ción del pecado, ca rará dj tinca forma histórica, egún sea el
Cristo. pecado del que e trate y según sea la situación histórica en que se
Que Jesús centra su acc10n y su anuncio no en sí mismo ni dé. De ahí que haya una historia d la alva ión, porque la
siquiera en Dios, sino en el reino de Dios, es cosa fuera de alva ión no se puede pre encar de la misma forma en momentos
discusión. No será tan indiscutible determinar en qué consistÍa la históricos di tinto , y de ahí que esa historia de la salvación deba
complejidad del reino de Dios con toda su riqueza de matices, pero tomar ruerpo e in orporarse a la historia asumiendo el carácter de
la idea general de que el reino de Dios implica un determinado una alva ión también hi tórica. Ahora se pued entender mejor
mundo histórico, esto es, que el reino de Dios no es conciliable con por qué miente quien dice pre cu1,arse por la alv. ci n trans
cualquier tipo de relación entre los hombres, es cosa clara. El reino hisróri a y no e preocupa primeramente por la alvaci' n históri
de Dios, como presencia de Dios entre los hombres, va contra todo ca. Esta e camino para aquélla; ésta su v rdad y su vida. Es otra
aquello que, en vez de ser presencia, es ocultamiento y aun forma de � dci qu el amor de Dios pasa por el amor del hombre y
negación de lo que es el Dios de Jesucristo, que no es sin más el es imposi e sin él.
Dios de las religiones ni el Dios de los poderosos de este mundo. El
reino de Dios va, por el contrario, en favor de todo aquello que
hace a los hombres hijos de un mismo Padre que está en los cielos.
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