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Entusiasmo Insensato

Catálogo de la exposición China Zorrilla entusiasmo insensato. 14 de marzo al 30 de abril de 2022. Museo Zorrilla

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Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz Del Campo.

14 de marzo de 1922, Montevideo – 17 de septiembre de 2014, Montevideo.


Curaduría: Magdalena Cerantes
Asesor teórico: Horacio Bernardo

2022
Índice
Introducción

China, talento y humor. Mariana Wainstein ..............................................................................11


Acróbata sin red. Álvaro Ahunchain ..........................................................................................13
China y las cajas invisibles. Álvaro Secondo Escandell................................................................15

China: Entusiasmo insensato. Magdalena Cerantes....................................................................19


Aproximación a una biografía de Concepción China Zorrilla..........................................................21
1922 – 1942 Infancia y juventud...................................................................................21
1943 – 1959 El teatro....................................................................................................27
1960 - 1970 Nuevos horizontes: TCM y Nueva York......................................................29
1971 – 1983 Buenos Aires.............................................................................................33
1984 – 2014 El regreso a los escenarios uruguayos .......................................................35

China Zorrilla como representación: creación, juego, viaje, vuelo. Horacio Bernardo...................41

Artistas participantes
Santiago Grandal........................................................................................................46
Jacqueline Lacasa........................................................................................................48
Francisco Lapetina......................................................................................................50
Olga Bettas..................................................................................................................52
Federico Arnaud.........................................................................................................54
Florencia de Palleja.....................................................................................................56

Datos biográficos .........................................................................................................................60

Evocaciones, recuerdos, testimonios


China, la irrepetible. Julio María Sanguinetti.............................................................................65
Que viva quede en la muerte. Sebastián Spreng.........................................................................69
El grito de China. Hugo Estrázulas..............................................................................................75
Genio y figura de una uruguaya universal. Álvaro Secondo Escandell .......................................79
“La risa era el lugar común de una relación maravillosa, hasta el último día”.
Magdalena Cerantes entrevista a Carlos Perciavalle ..................................................................85

El rincón de China......................................................................................................................91

Créditos .......................................................................................................................................94
Agradecimientos ..........................................................................................................................94
En ocasión del centenario del
nacimiento de China Zorrilla,
seis artistas visuales
interpretan su figura
en una cronología delimitada,
para construir colectivamente
su biografía.
10
China, talento y humor

Mariana Wainstein (*)

Cualquiera que recuerde a China Zorrilla –haya tenido o no la fortuna de conocerla en persona–, no
puede dejar de sentir esa genuina admiración que siempre despertó a fuerza de talento y, a la vez, esbozar una
sonrisa al evocar ese entrañable y contagioso sentido del humor que caracterizaba su personalidad, a través
de la cual supo interpretarse a ella misma, inconfundible, desbordante y, a la vez, ser un poquito cada uno de
nosotros.

Empezó su carrera siendo todavía muy joven. Fue una verdadera adelantada para su generación y para
su tiempo. Se aventuró por el mundo tejiendo sus sueños, en una época en la que las mujeres aún no gozaban
de la igualdad de oportunidades que hoy poseen, y mucho menos en solitario.
Archivo Lalia Amorim.
Nacida en el seno de una familia que dio grandes nombres a nuestra cultura, China supo ganarse su
lugar, sin embargo, por su propio esfuerzo, entrega y notable inteligencia, hasta erigirse, con justo derecho,
en una de los mayores referentes de las artes escénicas de nuestro país.

Celebrar su centenario es una fiesta. Tal vez porque la imaginamos presente y perennemente juvenil,
compartiendo sus anécdotas, reuniendo a sus amigos, siendo el alma de la fiesta, como solía.

Son tantas y tan prolíficas las facetas de China Zorrilla que, para homenajearla, el Museo Zorrilla
reúne en una muestra a seis grandes artistas visuales: Federico Arnaud, Olga Bettas, Jaqueline Lacasa, Santia-
go Grandal, Francisco Lapetina y Florencia de Palleja, quienes desde sus universos creativos intentan interpre-
tar alguna etapa de la vida y obra de China, con fundamentación conceptual del filósofo Horacio Bernardo y
la curaduría de Magdalena Cerantes.

En coordinación con el Instituto Nacional de Artes Visuales, la exposición incluye a cuatro dramaturgas
(dos de Montevideo y dos del interior) y a cuatro actrices uruguayas que representarán monólogos conmemo-
rando a China en los jardines del Museo.

Simultáneamente, el Museo Zorrilla inaugura “el rincón de China” con objetos, mobiliarios, trofeos,
indumentaria y otros elementos que han sido donados por su familia para que habiten este, su lugar, por
herencia y mérito.

Mientras dure la exposición se presentará “Canciones para mirar”, una serie de talleres para niños alu-
diendo al ciclo que China y Perciavalle llevaron adelante con música de María Elena Walsh.

(*) Directora Nacional de Cultura.

11
Como parte de este importante acontecimiento, y en conjunto con el área de Economía Creativa, se rea-
lizará el lanzamiento de la Ruta Cultural de los Zorrilla, un circuito que integra el Museo, el taller de su padre,
el consagrado escultor José Luis Zorrilla, la casa Montero Bustamante y la estatua de su abuelo, el Poeta de la
Patria, Juan Zorrilla de San Martín, en la rambla, entre otros puntos de interés.

China vuelve a la casa de estilo andaluz de su abuelo, en la que alguna vez jugó de niña, y hoy es uno de
los museos más queridos por los uruguayos.

Aunque físicamente ya no esté con nosotros, no tenemos duda que desde algún lugar y de la forma que
sea, no faltará a este encuentro: nada más y nada menos que su cumpleaños número cien.

Desde la Dirección Nacional de Cultura, y gracias al trabajo colaborativo de distintas unidades de ges-
tión, nos alegra y nos enorgullece poder rendir este merecido homenaje, que al fin y al cabo es una forma de
celebrar la vida, puesto que China supo ser de muchos modos la vida misma.

12
Acróbata sin red

Álvaro Ahunchain (*)

La vi por primera vez en 1967: ella hacía un personaje desopilante de El honor no es cosa de mujeres, una
divertida comedia francesa del 900 que tradujo, dirigió y protagonizó en el Solís, con la Comedia Nacional.
Yo tenía apenas cinco años y me dejaron verla desde el costado del escenario, encerrado en una cabinita que
tenía una reja como de confesionario. (¿Sería por eso que desde entonces el teatro se convirtió en mi única
religión?).

Una vez me deslumbró en un unipersonal que hizo en Buenos Aires, en los años 70, donde navegaba
por el lirismo de Jean Cocteau en La voz humana y saltaba luego al suspenso de thriller de Lo siento, número
equivocado.

Después me emocionó en Emily, claro.

Y me hizo reír a carcajadas en la versión cinematográfica de Esperando la carroza, tal vez la película ar- China Zorrilla en Cantos Rodados,
gentina más extraordinaria de todos los tiempos. “Yo hago puchero, ella hace puchero; yo hago ravioles, ella 1950.
(Detalle)
hace ravioles”. En su madurez, China sazonaba sus charlas con la anécdota de que ese parlamento se había CIDDAE/Teatro Solis
hecho tan popular que, en lugar de saludarla por su nombre, la gente que la cruzaba por la calle se lo zampaba
espontáneamente. “¿Te das cuenta qué desgracia?”, decía entre risas. “Si me hubiera hecho famosa por hacer
Hamlet, al menos me dirían por la calle ‘Ser o no ser’”…

Me resulta imposible escribir sobre ella sin comprometer mi emoción y mis propias vivencias, porque
China Zorrilla siempre ejerció en mí esa fascinación hipnótica que solo logran generar los grandes artistas.
¿Cómo no tenerle simpatía, aún sin tratarla personalmente? ¿Cómo no enamorarse de su sentido del humor,
su magnetismo, esa capacidad única de actuar desde su propia verdad, en lugar de hacerlo desde una mera
mímesis? Hay una escuela de actuación que postula la naturalidad como condición imprescindible para hacer
creíble un personaje. Es lo que llamo “el falso naturalismo porteño”: hablan sin énfasis, reduciendo la gestua-
lidad al mínimo, porque creen que con eso son más verdaderos. Mentira. La clave no está en sacar al personaje
para afuera con mayor o menor intensidad. Lo importante es que salga desde muy adentro. Y en tal sentido,
China transitó todos los caminos que le vinieron en gana: desde la austera expresividad de una mirada que lo
dice todo, hasta la sobreactuación más exorbitante y disparatada. Pienso en ella como una de las representan-
tes dilectas de una generación de actores y actrices que nutrieron mi amor por el teatro: Enrique Guarnero,
Alberto Candeau, Elena Zuasti, Juan Jones, Beatriz Massons, Graciela Gelós, Nino Tenuta, el inmenso Taco
Larreta, que este año cumple junto a ella su centenario.
(*) Coordinador del Instituto Nacional de Artes Escénicas. Dramaturgo y director teatral.

13
El teatro, ese ritual de encantamiento, tiene una contracara terrible en su cualidad efímera. Ese es su
demérito y a la vez su poesía, porque se extingue de modo tan rápido e inevitable como la misma vida. El
artificio plano que es el cine difícilmente alcanza una magia semejante, pero a cambio permite que las nuevas
generaciones se salpiquen del genio de Chaplin, Mastroianni o nuestra China. Qué bueno sería que quienes
hoy se distraen con la última serie de Netflix redirijan su mirada a los grandes maestros del pasado. Artistas
integrales que, en lugar de acomodarse en sus éxitos probados, hacían de cada proyecto artístico un salto acro-
bático sin red. Que en lugar de regodearse en la autocomplacencia del aplauso, leían, estudiaban, aprendían,
se adentraban en honduras filosóficas, en búsqueda incesante de la verdad y la emoción.

Por eso, homenajear a China es enaltecer a esa raza de demiurgos rigurosos y comprometernos a un
amor por la creación que, ojalá algún día, nos convierta en sus dignos herederos.

14
China y las cajas invisibles

Álvaro Secondo Escandell (*)

Por alguna razón cada vez que pienso en China Zorrilla me figuro aquel número de Marcel Marceau en
que el protagonista, encerrado en una pequeña celda invisible, apenas puede moverse. Al tantear con sus ma-
nos las paredes transparentes descubre, de pronto, una pequeña abertura. Con enorme esfuerzo y dolorosas
contorsiones, logra atravesar la pared y escapar de la estrecha caja de cristal. Su alegría es indescriptible y ce-
lebra intentando correr hacia cualquier lado, pero choca enseguida contra otra pared de cristal. La recorre con
sus manos y advierte, angustiosamente, que está encerrado en otra caja invisible, apenas un poco más amplia
que la primera. Hurgando las cuatro paredes, descubre que también esta segunda celda tiene una pequeña
ventana. Una vez más, reptando, consigue liberarse de esa segunda caja de cristal, pero, previsiblemente, hay
una tercera y una cuarta y acaso sean infinitas.
Bimba Muñoz del Campo
Concepción China Zorrilla se liberó, de niña, de su primera caja de cristal, jugando a actuar para su y China Zorrilla, 1930.
(Detalle)
familia, quizás alrededor de la fuente del patio andaluz en la casa solariega de su abuelo, hoy este museo. Archivo Lalia Amorim.

Muy pronto descubrió que la segunda caja transparente también le quedaba chica. Sola ella con su alma
se embarcó entonces, jovencita como era, en un buque mercante, única mujer abordo y se fue a Londres, de-
vastada por la guerra, a estudiar teatro en la Royal Academy of Dramatic Art.

Volvió a Uruguay y se integró a la Comedia Nacional. El éxito y la consagración no impidieron que se


sintiera oprimida, en otra caja transparente y rígida de la que pronto se liberaría fundando su propia compa-
ñía teatral.

Tras largos años de éxitos volvió a atravesar las paredes transparentes y se fue lejos, a otro hemisferio
de un mundo que empezaba a quedarle chico.

La arbitrariedad del autoritarismo le impidió volver a trabajar a su país hasta la restauración democrá-
tica. Retornó, entonces, cargada de gloria y recuerdos, de vida y memorias, con todo su inefable encanto a
cuestas, sin rencores ni agravios, como corresponde a un espíritu de esa magnitud. Nos regaló, finalmente, la
gracia de sus monólogos, de su increíble presencia escénica, de sus cuentos sutilísimos, de su voz y su talento
inmarcesibles.

Cuando descubrió la ventanita de la última caja transparente, le dio un par de vueltas al foulard en su
cuello e hizo mutis del escenario final, con la austera elegancia de su prosapia patricia.

(*) Coordinador Museo Zorrilla.

15
En aquella lejana Londres de la inmediata posguerra había ratificado, recitando a un clásico en francés
ante un adusto jurado británico, su vocación de actriz, la que “en un escenario, juega a ser otra, ante un con-
curso de personas que juegan a tomarla por aquella otra”.

Imagina Jorge Luis Borges que, al presentarse Shakespeare en el cielo, la voz de Dios le dice desde un
torbellino: “Yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño esta-
bas tú, que fuiste tantos…”. Creo que Dios no le habrá dicho a China, a su llegada al cielo, cosas muy distintas
que las que dedicó a Shakespeare.

Con todo su brillo histriónico y su dicha para narrar, China solía contar que ella y sus hermanas alrede-
dor del lecho postrero, le preguntaron a su mamá:

–¿Qué sientes, madre?

–Una gran curiosidad –dicen que respondió la madre con el último suspiro.

Concepción China Zorrilla cumpliría cien años este 2022. También ella, seguramente, habrá sentido una
enorme curiosidad al iniciar su Pascua definitiva; la misma curiosidad con que vibró durante toda su vida.

En el escenario de la eternidad, donde ella actúa ahora, bajo los reflectores cenitales de la trascendencia,
un siglo es menos que un instante.

En esta muestra, seis grandes artistas visuales interpretan y resignifican alguna etapa de la vida y obra
de China, a través de las aproximaciones que les habilitan sus disciplinas artísticas, con la fundamentación
conceptual del filósofo Horacio Bernardo y la curaduría de Magdalena Cerantes.

Para el Museo Zorrilla es un orgullo y una alegría albergar esta muestra que honra a una nieta genial de
don Juan Zorrilla de San Martín.

Desde donde esté, estoy seguro que China, bellísima, intemporal, mayestática, agradece con una levísi-
ma reverencia, apenas perceptible.

¡Aplausos! Si es posible ensordecedores, prolongados, acaso perpetuos…

16
China en Paris, a orillas del Sena.
Archivo familia Herrera Zorrilla.
China:Entusiasmo insensato

Magdalena Cerantes

Con motivo del centenario del nacimiento de China Zorrilla (1922-2014), “China: Entusiasmo
insensato” propone un recorrido biográfico a través de las obras de seis artistas visuales, Federico
Arnaud, Olga Bettas, Florencia de Palleja, Santiago Grandal, Jacqueline Lacasa, y Francisco Lapeti-
na, quienes interpretan su figura en una cronología delimitada.
De esta forma, cada artista trabajó específicamente en uno de los cinco ejes temáticos presen-
tes en la muestra, que se corresponden a distintos periodos en la vida de China, para así articular
un relato construido colectivamente. Diferentes interpretaciones y miradas desde una perspectiva
contemporánea permiten redescubrir una trayectoria de vida sumamente rica e intensa, en la que
China en el papel de
sus diferentes facetas salen a la luz. Actriz, directora, pianista, productora y compositora, son algu- Sra. Ignacia en la obra
nas de las múltiples caras de una mujer que logró convertirse en un ícono y referente cultural del Esta noche se recita
improvisando, 1953.
Río de la Plata. Fotografía: Ronsart
CIDDAE/ Teatro Solís
El título de la muestra alude a cómo la actriz se definía a sí misma, y es gracias a ese entu-
siasmo insensato que la guio como motor a través de su vida, que fue capaz de alcanzar el éxito en
cualquier proyecto que emprendió.
Las exposiciones anteriores que se han realizado en torno a China Zorrilla han estado enfoca-
das en el archivo, por este motivo, este proyecto propone articular una biografía a través de seis artis-
tas contemporáneos procedentes de distintas generaciones y prácticas artísticas, para que interpreten
desde sus propias subjetividades la figura de la actriz en un período específico de su vida.
Aparte de las obras creadas especialmente para esta exposición, se exhiben fotografías que
complementan el discurso narrativo e ilustran los diferentes períodos, aportando un contexto es-
pecífico en la línea biográfica.
Asimismo, se contó con la participación de Horacio Bernardo como asesor teórico de esta
exposición, quien realizó valiosos aportes desde el campo de la filosofía.
La trayectoria artística de China, que abarca sesenta años, tal vez sea lo más conocido por el
público, sin embargo, su historia de vida no tanto, y sin dudas, es una biografía que merece ser
contada.

19
La investigación llevada a cabo contó con la colaboración de diferentes instituciones como el
CIDDAE (Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas) y el Museo
y Centro de Documentación AGADU, las cuales aportaron material de archivo, así como con los
valiosos aportes de la familia Zorrilla, amigos y colegas de China. A través de los testimonios brin-
dados, distintas facetas de China se fueron desplegando para revelar su figura desde un punto de
vista más íntimo, pero sobre todo se fue revelando el lado más humano de una mujer que, más allá
de ser una gran artista, fue un ser humano excepcional.

20
Aproximación a una biografía
de Concepción China Zorrilla

1922 - 1942: Infancia y juventud

Los cuentos de su infancia eran todos de felicidad, diversión,


y risas. Creo que fueron muy felices, tuvieron una infancia
brutal, y esas cinco niñas siempre tuvieron el apoyo de sus
padres en todo. Ana Amorim1

Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz


nace el 14 de marzo de 1922 en Montevideo, siendo la se-
gunda hija de cinco hermanas –Guma, Inés, Teresa y María
Elvira “Marica”– del escultor y pintor José Luis Zorrilla de
San Martín y Guma – “Bimba”–Muñoz del Campo. La fami-
lia convivía junto a tres generaciones en la casa de los pa-
dres de Bimba, la quinta Muñoz ubicada en Arroyo Seco.
Los primeros cuatro años de su infancia transcu-
rrieron en París debido a motivos laborales de su padre,
quien había ganado un concurso de la Federación Rural
del Uruguay para crear el Monumento al Gaucho. El primer
premio implicaba la realización de la escultura en París,
por lo que, en octubre de 1922, José Luis, Bimba, Guma y
China arribaron a la capital francesa.
Fig. 1.
José Luis Zorrilla y Bimba Muñoz junto a sus hijas
1 Entrevista realizada a Ana Amorim, hija de Inés Zorrilla, el 11 de Guma, Inés, Teresa, y China, 1930.
noviembre de 2021. Archivo Lalia Amorim.

21
Fig. 2.
China y Guma en París, s/f.
Archivo Lalia Amorim.

En 1924, tras el nacimiento de Inés, Guma y China comienzan a asistir al jardín de infantes.
“Cochona” es el apodo de Concepción, pero al tener una formación inicial en francés, sus compa-
ñeros la llamaban cochon, palabra francesa para cerdo. Al ver la aflicción de la pequeña, sus padres
la empezaron a llamar China.

22
Luego de cuatro años en Europa, la familia retorna a Uruguay para instalarse nuevamente en
la quinta Muñoz. Desde muy temprana edad China descubrió su vocación por el teatro, sus pri-
meros pasos actorales se dieron cita en la quinta familiar y en la casa de su abuelo paterno, Juan
Zorrilla de San Martín, donde en reuniones familiares realizaba pequeños espectáculos teatrales
junto a sus primas y hermanas, llamados El festival de China. En estos shows, China creaba obras y
asignaba papeles, desplegando toda su creatividad.

Fig. 3.
Guma, China e Inés, 1928.
Archivo Lalia Amorim.

23
Fig. 4.
“Festivel Intime. En
honneur de José
Luis Zorrilla de San
Martín”. Programa
de un “Festival de
China” en ocasión
del cumpleaños
de su padre, s/f.
Archivo Cecilia Herrera.

24
En 1936, tras la venta de la quinta, la familia Zorrilla Muñoz se muda al barrio de Punta
Carretas, a una casa ubicada en la calle José Luis Zorrilla de San Martín, que por ese entonces se
llamaba Ellauri, y unos años después se trasladaría a una casa en la calle 21 de Setiembre. Las her-
Fig. 5.
manas Zorrilla asistieron al colegio católico Sacre Cœur, y en su juventud China formó parte del Inés, Guma y China en el
grupo de teatro amateur Ars Pulcra de la Asociación de Estudiantes Católicos. taller de José Luis Zorrilla,
1939.
Archivo Lalia Amorim.

25
Fig. 6.
China y Horacio Preve
en Romeo y Julieta, 1950.
CIDDAE / Teatro Solís.

26
1943 - 1959: El teatro

En noviembre de 1943, con 21 años llegaría su debut profesional con la obra La anunciación
a María de Paul Claudel, en el Estudio Auditorio del SODRE, en el papel de Violaine. Tras ganar
una beca del British Council, en 1946 viaja a Londres para estudiar teatro en la Royal Academy of
Dramatic Art. Con 24 años, se embarcó en un carguero sin saber hablar inglés, para llegar a una
ciudad destruida por la Segunda Guerra Mundial, que había culminado apenas un año antes. En
su aprueba de admisión interpretó un fragmento en francés de La escuela de mujeres de Molière, y
fue aceptada con la promesa de aprender el idioma.
En 1948 retorna a Uruguay debutando como actriz invitada en la Comedia Nacional, con la
obra Una familia feliz de Taco Larreta, y unas semanas más tarde como protagonista, autora y di-
rectora de Cuarteto. Perteneció al elenco oficial durante once años en los cuales protagonizó y diri-
gió más de 40 obras, y tradujo y adaptó textos del francés e inglés, siendo este período el más feliz
de su vida, según sus propias palabras. A pesar de la estricta disciplina de la Comedia Nacional,
China logró destacar como actriz, no solo por su innegable talento, sino por poseer un estilo único
que la diferenciaba del resto de las actrices y actores.

Fig. 7. Fig. 8.
China en la obra teatral China en la obra
Cantos rodados, 1950. Fin de semana, 1959.
CIDDAE / Teatro Solís. CIDDAE / Teatro Solís.

27
28
Luego de once años ininterrumpidos, a fines de 1959 abandona la Comedia Nacional con la
obra La casamentera de Thornton Wilder. China estaba lista para emprender nuevos desafíos, tanto
en lo profesional como en lo personal. A fines del mismo año, realiza un viaje por tres meses a
Europa, donde asiste al teatro y escribe crónicas de sus experiencias como corresponsal para el
diario El País.

Logotipo del Teatro de la Ciudad


de Montevideo (TCM)

1960 – 1970: Nuevos horizontes: TCM y Nueva York

En 1961 junto a Enrique Guarnero y Taco Larreta, funda la compañía teatral TCM (Teatro
de la Ciudad de Montevideo). En el elenco también se encontraban Juan Jones y Graciela Gelós, y
frecuentemente invitaban a actrices y actores a participar en sus obras.
El TCM fue uno de los momentos cumbre del teatro nacional, por el repertorio y por quienes lo integra-
ban, y ahí fue creciendo. Yo le debo a eso haber crecido como actor, porque del actor que tenía condiciones y me
elogiaban como joven que estaba en la Comedia, ahí me fui consolidando, pero fue gracias al apoyo de Guar-
nero, China y la conducción de Taco. Lo que vivimos en el TCM fue algo muy especial, más allá de todo lo que
pudo dar la Comedia, lo que podía dar el teatro amateur, porque éramos tres o cuatro seres que iniciábamos
algo inédito, insólito, era distinto a todo el resto.
Juan Jones2
El TCM simbolizó un nuevo comienzo para China, era una compañía de actores profesionales
que contaban con cierta libertad que no otorgaba la Comedia. La compañía emprendió una gira
por Buenos Aires, París y Madrid, donde el elenco obtuvo un premio de la crítica española por la
obra Porfiar hasta morir de Lope de Vega.
Durante los años sesenta, Zorrilla realizó trabajos puntuales como regisseur –directora de Fig. 9.
China Zorrilla, Alberto Candeau,
escena– en el SODRE, en las óperas La bohème de Giacomo Puccini y Un ballo in maschera de Giuse- Horacio Preve, Eduardo Prous,
ppe Verdi. Asimismo, incursionó en programas televisivos uruguayos como Hogar club, El teatro y el Jorge Triador y Q. Giordano.
Fotografía de Florencio Nápoli,
amor, y De padre a hija, un ciclo donde China entrevistaba a su padre. para la obra
Los gigantes de la montaña,
mayo de 1957.
2 Entrevista realizada a Juan Jones el 15 de diciembre de 2021.
CIDDAE / Teatro Solís.

29
Fig. 10. Tras disolverse el TCM, en 1965 China se instala en Nueva York durante cuatro años, tra-
Compañía Teatro de la bajando como secretaria, traductora, y profesora de francés. Este cambio en su vida se debió, en
Ciudad de Montevideo en
el teatro Sarah Bernhardt, parte, a la necesidad de China de expandir sus horizontes y buscar nuevos desafíos. De acuerdo a
París, 1962. Carlos Perciavalle, China estaba cansada del teatro y quería tomarse un descanso.3 Su primo, Gon-
Archivo del Centro de
Documentación y Museo zalo Fonseca, quien vivía en Nueva York junto a su esposa y sus tres hijos, la invitó a quedarse en
AGADU.
su casa. Es así como China comenzó dando clases de francés en el colegio al que asistían los hijos
de Fonseca, para luego trabajar como secretaria en una agencia teatral.

3 “China estaba muy cansada porque había hecho mucho teatro, con la Comedia Nacional era una obra distinta
todos los días durante muchos años, después con el TCM, la primera compañía profesional. Trabajaba mucho, ha-
cía programas de radio y televisión. Quería tomarse un año de descanso del teatro, dedicarse a enseñar francés”.
Entrevista realizada a Carlos Perciavalle el 15 de diciembre de 2021.

30
Fig. 11.
China en su despedida del
programa televisivo Hogar club,
mayo de 1964.
Archivo Lalia Amorim.

Junto a Carlos Perciavalle –quien también


se encontraba en Nueva York– crearon el es-
pectáculo Canciones para mirar de María Elena
Walsh, en el que también participaba Ilza Presti-
nari, y Guma Zorrilla como vestuarista, para pre-
sentarlo en la Asamblea General de las Naciones
Unidas, a pedido de los embajadores de Argentina
y Uruguay. Tras un gran éxito, llevaron la obra
al off-Broadway, para luego realizar una gira por
Uruguay y Argentina.

Fig. 12.
Carlos Perciavalle y China
en Nueva York, abril de 1965.
Archivo Cecilia Herrera.

31
Fig. 13.
Ilza Prestinari y China en
Canciones para mirar,
Nueva York, junio de 1965.
Archivo de Lalia Amorim.

32
1971-1983: Buenos Aires

En 1971 se radica en Buenos Aires tras recibir una propuesta para participar en su primera
película, Un guapo del 900 dirigida por Lautaro Murúa. A este film le siguieron varios más, llegando
a participar en más de treinta películas entre 1971 y 2008.
Poco después de su debut cinematográfico es convocada para remplazar a Ana María Cam-
poy en la comedia teatral Las mariposas son libres, para la temporada en Mar del Plata, donde par-
ticipó Susana Giménez, y nació la amistad entre las dos actrices. En 1973 llegaría su debut en el
teleteatro con Pobre diabla, lo que le dio una llegada a un público más masivo, y le abrió las puertas
del medio televisivo argentino, en el que trabajó en diferentes programas hasta el año 2008.
En 1975 el gobierno de facto uruguayo le notificó la prohibición de actuar, participar en pro-
gramas de televisión y radio, así como aparecer en la prensa, y en 1976 el gobierno argentino le
prohíbe participar en televisión. No había ninguna razón para prohibir a una figura como China,
que no estaba involucrada en política ni en actos subversivos. Al tratarse de una actriz de gran
popularidad, es posible que fuera considerada peligrosa por su gran llegada al público.
Durante estos años oscuros de dictadura en ambas márgenes del Río de la Plata, China fue
espiada por el gobierno de facto, que seguía sus pasos.4 Si bien fue un periodo de mucho éxito
a nivel profesional, la prohibición de no poder trabajar en Uruguay fue muy angustiante para la Fig. 14.
actriz. China y las trillizas de oro,
Buenos Aires, s/f.
Desde su llegada a Buenos Aires, protagonizó y dirigió obras de teatro, compuso letras para Archivo Lalia Amorim.

canciones de programas de televisión y comedias


musicales, tradujo y adaptó obras, y participó en
varias películas, así como en programas de tele-
visión, consagrándose como una de las más gran-
des artistas del Río de la Plata.
Uno de sus grandes éxitos teatrales fue el
monólogo Emily, basado en la obra La bella de
Amherst de William Luce, sobre la poetisa estadou-
nidense Emily Dickinson, estrenado en 1981, que
la llevó de gira por Argentina, varios países lati-
noamericanos, Washington y Nueva York.

4 Fischer, Diego. A mí me aplauden. Las historias que China no contó (Montevideo, Random House Mondadori,
2012). “China fue espiada y perseguida por los militares uruguayos hasta junio de 1984, cinco meses antes de la
celebración de las elecciones generales que marcarían el retorno de la democracia en el Uruguay, luego de doce
años de dictadura [...]”, p. 201.

33
Fig. 15. Fig. 17.
China y su íntima amiga China en su apartamento
Tita Tamames, productora de la calle Uruguay,
de espectáculos teatrales, Buenos Aires. s/f.
Buenos Aires. s/f. Archivo Cecilia Herrera.
Archivo Lalia Amorim.

Fig. 16.
Fiesta en un catamarán en
el lago San Roque, entre
los asistentes se encuentran
Miguel Ángel Solá, China,
Roberto Jones, Alejandro
Doria, Teresa Herrera, Cecilia
Herrera y Soledad Silveyra,
Córdoba, febrero de 1980.
Archivo Cecilia Herrera.

34
1984 - 2014: El regreso a los escenarios uruguayos

Tras nueve años sin poder actuar en Uruguay, en 1984 finalmente regresa a los escenarios
con la obra Emily en el Teatro del Notariado, coincidiendo con la vuelta de la democracia al país.
Si bien continuó viviendo en Buenos Aires, trabajando en cine, teatro y televisión, volvió al país en
numerosas ocasiones para dirigir y participar en espectáculos.

Fig. 18.
China en la obra Emily, 1984,
Montevideo.
Archivo Lalia Amorim.

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Fig. 19. Dos de sus más grandes éxitos cinematográficos fueron Esperando la carroza (1985), de Jacobo
China y Betiana
Blum en la película
Langsner, con la dirección de Alejandro Doria, interpretando el papel de Elvira, y Elsa y Fred (2005)
Esperando la carroza, de Marcos Carnevale, en el papel protagónico.
Buenos Aires, 1985.
Archivo Lalia Amorim. Asimismo, China participó como recitante en la ópera-ballet Perséphone de Igor Stravinski, en
el Teatro Colón de Buenos Aires en 1995.
El Camino a la Meca fue una de las obras que contó con una gran acogida por parte del públi-
co, a partir de su estreno en el año 2003 estuvo cinco años en cartel en Buenos Aires, para luego
realizar una gira por el interior de Argentina.

China era dueña de un histrionismo pocas veces visto, tenía un timing que no lo tenía nadie. Ella se in-
ventó una manera de hablar. Tenía una personalidad enorme, que es imborrable en la gente. Por la comedia
y la emoción te entraba siempre. Llamaba la atención por lo bueno, era una mujer impresionante. Me dirigió
en Perdidos en Yonkers, hizo una dirección extraordinaria en todo el espectáculo, sobre todo conmigo. Esa
fue nuestra obra mayor. Después de recorrer el país juntas en la obra Eva y Victoria, no hay mayor regalo
en la vida. China se quedaba horas esperando a la gente en el hall, se sacaba fotos, tenía ese respeto por el
otro que la iba a ver. Soledad Silveyra5

5 Entrevista a Soledad Silveyra, realizada el 22 de diciembre de 2021.

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Entre los numerosos honores que recibió, fue nombrada Ciudadana Ilustre de las ciu- Fig. 20.
China y Carlos Perciavalle en
dades de Buenos Aires, Mar del Plata y Montevideo, en 2008 el Gobierno de Francia le El diario privado de Adán y Eva,
otorgó la condecoración de la Legión de Honor en el grado de chevalier (‘caballero’), y en 1997.
Foto: Jean Pierre
2011 el gobierno uruguayo la homenajeó con un sello del correo. Archivo Lalia Amorim.

Realizó giras con sus monólogos por Latinoamérica, Tel Aviv, Barcelona, Miami y Nueva
York. Tras seis décadas de trayectoria artística, cuando cumplió 90 años en el año 2012, se despidió
de los escenarios con la obra Las d´enfrente de Federico Mertens en el Teatro Cervantes de Buenos
Aires, para luego establecerse definitivamente en Montevideo, hasta su fallecimiento el 17 de se-
tiembre de 2014.

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Fig. 21.
China en su casa de Montevideo,
hacia 1990.
Archivo Lalia Amorim.

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China Zorrilla como representación:
creación, juego, viaje, vuelo

Horacio Bernardo

Todo se trata de una vida particularísima, excepcional, concreta: China Zorrilla. Una porción
de tiempo que, acaso, sea lo único que posea cada ser humano en su calidad de tal. En ese sentido,
la muestra parte de una división en cinco etapas vitales delimitadas temporalmente. La primera,
correspondiente a la infancia de China y su juventud (1922 - 1942). La segunda, que abarca el de-
sarrollo de sus actividades teatrales profesionales, su viaje a Londres y su trabajo en la Comedia
Nacional (1943 - 1959). La tercera, que incluye su actividad como fundadora del Teatro de la Ciudad
de Montevideo y su ida a Nueva York (1960 - 1970). La cuarta, en la que se encuentra su período de
exilio de Uruguay y el éxito en Buenos Aires (1971 - 1983). Y, por último, una quinta etapa hasta el
final de sus días, en la que continuó activa (1984 - 2014).
En esta división temporal hay una primera capa de significación a partir de imágenes fotográfi-
cas que dan cuenta de retazos de tiempo, de la vivencia en términos lineales, de la existencia de una
mujer y una artista de carne y hueso.
Pero esto es una pequeña parte de la propuesta, o tan solo su preámbulo. La sala donde reci-
ben al espectador las fotos, las piezas de arte, las luces, los sonidos, no se trata de una presentación
de la vida de China Zorrilla sino de algo diferente: de la vida de China Zorrilla convertida en represen-
tación, en arte puesto en escena. Por eso, el propio espacio de la muestra reproduce, en sí mismo,
un universo teatral. El ingreso a la sala a través de un telón. El espacio interior está iluminado de
forma artificial, como si se estuviese en un espacio teatral. Atravesar el umbral es una vía hacia otra
dimensión de significado que convive con la dimensión mundana de la China Zorrilla biográfica. Es
en ese cruce que aparecen espacios de apertura para la creación artística.
El planteo de la curadora Magdalena Cerantes apunta a una apertura conceptual y metafó-
rica sin desligarse del aspecto biográfico. El título escogido para la muestra no es causal: “China:
Entusiasmo insensato”. China Zorrilla decía de sí misma ser una “entusiasta insensata”. En conse-
cuencia, desde el título, la muestra parte de un punto no arbitrario, de una autorrepresentación
que China hacía de sí. Este punto de partida permite lecturas más profundas y es rico manantial
de exploración creativa.
¿Qué significa ser un entusiasmo insensato? Cada uno de estos vocablos permite explorar con
más profundidad las facetas del personaje. La palabra entusiasmo deriva del griego ενθουσιασμóς,

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que significa arrobamiento o éxtasis, y tiene como raíz ενθους (en-theous), que significa inspirado por
los dioses1 o tener un dios dentro. Ser una entusiasta es llevar una divinidad dentro de sí.
Por otra parte, la insensatez refiere a aquello que se opone o está más allá de lo prudente, cuer-
do o de buen juicio.2 Habla de una libertad respecto de lo establecido o de la racionalidad imperante.
Así planteada la muestra, se abre en la propuesta la posibilidad conceptual de explorar a China
Zorrilla como energía y magnetismo, como mujer y, al mismo tiempo, como expresión de una divi-
nidad interior más allá de los límites del sentido común.
En la muestra, estos niveles de significado pueden ser observados en las obras a partir, al me-
nos, de cuatro conceptos que son también cuatro manifestaciones de ese entusiasmo insensato, de
esa divinidad interna.
El primer concepto es el de creación. La creación es un acto propiamente divino. “En el princi-
pio, creó Dios el cielo y la tierra”, indica el primer versículo del Génesis bíblico, por poner un ejem-
plo. Pero China Zorrilla no es un Dios en el sentido sobrenatural; ella es un ser humano, una mujer
y es desde allí que genera y traduce su acto creador. Su cielo y su tierra se despliegan en lo artístico,
en su vida cotidiana libre y en su propia biografía transformada en creación, pues convertía incluso
sus anécdotas en piezas de arte. Su capacidad creadora partía de sus acciones y de sí misma.
El segundo concepto es el de juego. Los juegos como actividad, desde sus orígenes estuvieron
relacionados con lo sagrado. Asimismo, el acto mismo de jugar es una apertura interior hacia la ex-
presión. Si bien el juego se define por una serie de reglas y objetivos, también abre la imaginación
a situaciones hipotéticas, imposibles, pero representables. Jugar es suspender la realidad por un
momento, poner entre paréntesis las leyes de la sensatez e introducirse en un universo nuevo para
ir desarrollándolo.
El tercer y el cuarto concepto, ambos relacionados entre sí, son el de viaje y el de vuelo. El
viaje entendido como traslado más allá de lo convencional, lo cual abre a la interpretación desde
muchos puntos de vista. El vuelo entendido como elevación, como inspiración. En hebreo, la pala-
bra ruah tiene dos significados: “aire” y “espíritu”. El soplo da vida al hombre, y ese movimiento
relacionado con el aire es la correlación divina de ese movimiento. El vuelo de China Zorrilla es
movimiento espiritual, dios interior que es también manifestación de su entusiasmo insensato en
acción. Viajes y vuelos metafóricos, imaginarios o increíbles que recorren las etapas de su vida que
son puestas en escena a través del arte.
Creación, juego, viaje y vuelo son expresiones de esa China que fue más allá de lo imperante en
su época y que expresó una libertad que ahora se plasma en la escena desde la libertad creativa del
arte que es también una forma de crear, de jugar, de viajar y alzar vuelo.

1 Corominas, J. y Pascual, J. A., Diccionario Critico Etimológico Castellano e Hispánico, Madrid, Gredos, 2007.
Entrada: “entusiasmo”.
2 Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Madrid, 1992. Entrada: “sensato”.

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Artistas participantes
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Santiago Grandal
Jacqueline Lacasa
Francisco Lapetina
Olga Bettas
Federico Arnaud
Florencia de Palleja
Textos de Horacio Bernardo

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Santiago Grandal
Santiago Grandal trabaja sobre el período de infancia y primera juventud
de China Zorrilla (1922 - 1942) y propone una obra compuesta de dos ele-
mentos inseparables: la materialidad y el nombre. Como materialidad, la obra
consiste en un conjunto de bloques de madera desplegados en un espacio
cerrado, invitando a los espectadores a ser partícipes del acto de crear.
Como nombre, la obra se titula “Concepción”.
Grandal parte de China Zorrilla niña, a partir de su nombre “Con-
cepción” y a partir de la materialidad de una acción propiamente infantil
a la que remiten las piezas: el juego. Sobre la relación entre lo material y
lo nominal mucho puede decirse filosóficamente. Baste citar un conocido
poema de Jorge Luis Borges “El golem” en que se plantea la posibilidad de
esa relación inseparable en los siguientes versos:

“Si (como afirma el griego en el Cratilo)


el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
Fotografía © Mariana Wainstein

y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’”.1

En esta obra el objeto y el nombre son inseparables y en esa conjun-


ción adquieren pleno sentido. El vocablo “concepción” significa nacimien-
to, inicio de la vida. Pero también concepción es capacidad de concebir no
solo de modo material sino conceptual. Etimológicamente, concebir perte-
nece a la misma familia que el vocablo concepto. La concepción es creación
nominal y material.
El juego como representación de la primera etapa de la vida evoca la
etapa en la que la identidad aparece y va dando forma a la persona. Porque
Concepción es también el nombre de la niña antes de tener otros apodos o
de tener que ser China, a causa de las burlas que le harían en Francia.2 Con-
cepción fue también una niña pequeña que creó arte desde muy pequeña
como juego en las reuniones familiares. Para el niño, la acción de jugar es
también una forma de concebir. Michel de Montaigne ya señalaba en uno
de sus ensayos que “en realidad, debe señalarse que los juegos de los niños
no son juegos, sino sus actividades más serias”.3
En ese conjunto de referencias nominales y reales, el artista invita a
adentrarse en una reflexión sobre la existencia de una Concepción antes de
darse forma como China, y de entrar en la acción para que el espectador
conciba la obra a partir de los bloques que, como la vida en la primera eta-
pa, están allí para armar. Un caos de materia que involucra creación y juego.

Concepción. 1 Borges, J. L., Obra poética, Sudamericana, Cúspide, 2011, Poema “El golem”.
Instalación interactiva
Bloques de madera 2 Entrevista a Hugo Estrázulas realizada por Magdalena Cerantes en noviem-
bre de 2021: “En el colegio en Francia surge el sobrenombre de China. A ella
180 × 180 cm. le decían como a su tía, la hermana de mi abuelo, Cochona. Pero en francés
2022 cochon quiere decir chancho, entonces en el colegio le decían Cochona y las
compañeras le tomaban el pelo, y la pasaba mal. Entonces la madre optó por
Se incentiva al público a interactuar con los elementos cambiarle el sobrenombre y decirle Chinita, y así nació el sobrenombre de
dispuestos sobre la tarima y concebir sus propias China, porque sonaba mal en francés”.
creaciones con los mismos. 3 Montaigne, M., Ensayos, Barcelona, Acantilado, 2007, Libro I, 22, p. 130.

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Jacqueline Lacasa
Jacqueline Lacasa explora la etapa de la vida de China Zorrilla entre
1943 y 1959, con una obra que se compone de dos piezas y en la que
la propia Lacasa forma parte. En esta exploración estará presente el
concepto de viaje, entendido no solo en su acepción espacial sino tam-
bién metafórica y filosófica. Biográficamente, China viaja en 1946 a
Londres para estudiar teatro. Tal vez fruto de un entusiasmo insensa-
to, aborda un barco, llega a Londres y se encuentra con la Europa de
posguerra. Es una etapa en la que extiende los espacios de sus posibi-
lidades, ya no solo geográficos, sino los de su propia libertad creadora
a partir de múltiples experiencias con profesores y otros artistas.
Una de las piezas que conforma la obra es una fotoperformance,
tomada en la propia casa de China Zorrilla donde se conservan sus
objetos personales, sus cuadros, fotos, archivos de sus cartas y otros
documentos que dan cuenta de su vida. En esa foto, la artista se ins-
tala como astronauta, sentada en ese espacio. El Espacio China invita
a pensar una oposición entre dos elementos y extremos del viaje: lo
cercano y lo lejano. Una astronauta es, acaso, símbolo del viaje más
lejano y radical que puede efectivamente hacer un ser humano sin
necesidad de ninguna fuerza sobrenatural más que el propio impulso
humano. Desde la mirada de Lacasa, China Zorrilla aparece como una
mujer que llevó al límite su posibilidad de expandir su espacio, de
viajar más allá de lo conocido y explorar otros mundos. Pero esa ex-
Fotografía © Mariana Wainstein

pansión, representada por la astronauta, está también en un más acá,


en la casa como espacio personalísimo, íntimo, en el escritorio donde
se encuentran los rincones que configuran el espacio interior. De ese
modo, el Espacio China queda configurado conceptualmente a partir
de los límites del más allá y del más acá de sí misma.
Asimismo, la obra se complementa con una performance desa-
rrollada durante la apertura de la muestra. El Espacio China se am-
plía de ese modo al propio lugar físico, agregando otra dimensión al
viaje de la artista-astronauta y aportando su propia corporalidad a
través de la producción de un objeto que se incorpora como segun-
da pieza de la obra.

Espacio China I
Fotoperformance, collage.
125 × 95 cm.

Espacio China II
Rebozo para un astronauta
Performance
Invitada: Guillermina Sarmiento
2022

Agradecimientos: Alejandro Albertti, Gastón Roca, y a mi familia.

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Francisco Lapetina
Francisco Lapetina indaga y representa a China Zorrilla desde su
relación con la música, a partir de materiales principalmente de la
época que va desde 1960 a 1970. Para ello, el artista se inspira en el
musicólogo Guillermo Rosabal Coto, quien desarrolla el concepto
de “musicar”, acuñado por el neozelandés Christopher Small.1 El
musicar abarca los modos en los que nos relacionamos con la expe-
riencia de lo musical (escuchar, ejecutar, componer, etc.) y propone
pensar la música como proceso (acciones) y no como un objeto.
En ese sentido, Lapetina se pregunta, ¿cómo es el musicar de Chi-
na Zorrilla? En su indagación, advierte que la música aparece para
China como creación, pero también desde los inicios como un juego,
en su propio hogar. China tocaba el piano, cantaba con la libertad
de quien no siente que ese sea su arte principal o que deba llegar
a determinado estándar, aunque hubiera logrado producciones en
dicho arte, siendo intérprete o componiendo textos para canciones
sobre melodías ya dadas.2
A partir de esta información y base conceptual, la obra de Lape-
tina se compone de un audiovisual en el que aparecen piezas de mú-
sica interpretadas por China Zorrilla (“Esperando el Final” de Hugo
W. Di Yorio, y “No puedo darte más que amor” de Mc. Hugh-Fileds).
Dicho audiovisual es proyectado sobre una pared negra que ayuda a
difuminar aún más lo visual para dar protagonismo a lo sonoro.
A esto se le agrega una imagen de China, leyendo un poema
de Borges llamado “Milonga para los orientales” en el que la ima-
gen de China no sustituye a la música, puesto que va acompañada
con una versión musical que el propio artista compone con la voz
de China. Aparece aquí entonces China Zorrilla relacionada con la
música, pero también el artista que se relaciona musicalmente con
China Zorrilla. El texto del poema, asimismo, es significativo de la
relación que tuvo ella misma con Buenos Aires. A través de la músi-
ca, del poema del argentino y la voz de la uruguaya, aparecen esos
lazos que ubican a China en las dos orillas. Tal vez su vida sea una
personificación de los versos finales de Borges, musicalizados en la
El Monstruo, Musicar en Concepción pieza en una “Milonga para que el tiempo / vaya borrando fronteras / por
Audiovisual
algo tienen los mismos / colores las dos banderas”.3
Duración: 8 min.
Canciones: Esperando el Final (Hugo W. Di Yorio),
1 Cfr. con el audiovisual “La música que llevamos dentro”, disponible
y No puedo darte más que amor (Mc. Hugh-Fileds) en: [Link]
interpretadas por China Zorrilla.
De oreja a oreja, compuesta por Francisco Lapetina 2 Paz López Estrázulas, hablando de su período en Buenos Aires dijo:
“Ella tenía un piano en su casa, y había una obra musical que se lla-
con fragmento de Milonga para los Orientales de maba Blood Brothers que en Londres fue un boom, y creo que hasta el
Jorge Luis Borges, interpretado por China Zorrilla. día de hoy la siguen dando. Y yo justo fui una temporada en julio que
Fragmentos de entrevista a Cecilia Herrera Zorrilla. China estaba con el director de Blood Brothers, doblándola al español
2022 y haciendo todas las canciones en español”. Entrevista a Paz López
Estrázulas realizada por Magdalena Cerantes en noviembre de 2021.
Agradecimientos: Cecilia Herrera, Eduardo Herrera, 3 Borges, J. L., Obra poética, Sudamericana, Cúspide, 2011, Poema
Regan Pimienta y Nicolás Parrillo. “Milonga para los orientales”.

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Olga Bettas
Olga Bettas toma como punto de partida el período de China Zorri-
lla entre 1960 y 1970, utilizando como referencia la idea de libertad y
vida en Nueva York. Aparece el entusiasmo insensato a partir de la
creación y el vuelo desde el punto de vista alegórico. La lana, en este
caso, es un material que cobra un gran protagonismo.
Como materia prima, permite diversas formas de creación tex-
til. Remite al hilo de la vida, ese que se desplegará a lo largo de los
años. En tal sentido, esa mezcla de hilos que emanan como vuelo,
son un símbolo de esa libertad que fue parte de la vida de China
Zorrilla. Dejar caer las vestiduras al suelo y siempre surgir, vestirse
de nuevas pieles.
China Zorrilla tenía una relación especial con lo textil. Quienes
la conocieron contaban “que no se vestía, se tiraba trapos encima. Se
compraba un pedazo de tela y lo cosía”.1 Asimismo, “ella se hacía su
propia ropa”.2 La ropa es una segunda piel, construirla es también
otro rasgo de libertad.
En la obra de la Bettas, ese mismo material se transforma
en un ser mitológico suspendido en el aire. El ser mitológico que
vuela está a medio camino entre el dios y el humano, entre lo
natural y lo sobrenatural, que extiende sus ramas al igual que el
entusiasmo insensato que definió la vida de China conduciéndola
por distintos caminos.

China, una pasión.


Instalación
Técnica mixta, lana, hilos, wata,
cuerdas, ramas.
200 × 250 cm.
2022

1 Entrevista a Lalia y Ana Amorim realizada por Magdalena Cerantes


en noviembre de 2021. (Fragmento).
2 Entrevista a Paz López Estrázulas realizada por Magdalena Cerantes
en noviembre de 2021.(Fragmento).

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Federico Arnaud
Federico Arnaud se inspira en el período entre 1971 y 1983, dentro del cual
sucede el exilio de China Zorrilla al tener prohibido actuar en Uruguay durante
el proceso cívico-militar. Buenos Aires fue la ciudad que la acogió con gran
aceptación y que acrecentó su éxito.1
Arnaud propone una obra que juego, viaje, vuelo y creación aparecen en
diálogo con diferentes escalas y dimensiones. Desde la perspectiva del artista,
la idea de este exilio no está centrada en lo político sino en lo existencial, en la
lejanía que corresponde no tanto a lo geográfico sino a lo vital. Conforme va
avanzando la vida, el ser humano se va exiliando de la infancia, de aquello que
fue. En la propuesta de Arnaud es la de explorar el exilio de sí.
Sobre una mesa hay una valija que remite a un viaje hacia una profundad
en la que es posible ver la imagen en movimiento del ayer como si fuera un
abismo vertiginoso o una invitación a volar hacia allí con el recuerdo. La niñez
y el juego aparecen como esa creación de uno mismo que consiste en irse pro-
bando distintas ropas. En otros idiomas, interpretar y jugar son sinónimos. Por
ejemplo, en francés jouer o en inglés play. En ese sentido, los niños que juegan
también interpretan una pieza artística. Metáfora teatral de quien, en las prime-
ras etapas de la vida, va probando distintas identidades.
Entre los objetos que se observan dentro de la proyección en la valija
y lo que hay fuera de ella, hay ciertas coincidencias con diferencia de escala.
Fuera hay otros objetos que completan la instalación: la valija sobre la mesa, el
perchero y la ropa colgada en él, o incluso la silla. Esos otros objetos están a la
escala del espectador. ¿Qué pasaría si el espectador tomase asiento en esa silla
y observase dentro de la valija?
Hay en esta propuesta, acaso, un juego parecido a un fractal. Un fractal es
un objeto geométrico, cuya característica es poseer una estructura que se repite
a diferentes escalas. Al acercar la mirada al objeto, volvemos a encontrarnos en
escala menor, al mismo objeto. Uno mismo, tal vez ampliando la imagen del
pasado, vuelva a encontrarse con uno mismo.
Estas reflexiones aparecen junto al juego de ropas que, sobre el perchero,
han emanado de una valija dentro de la cual, a su vez, hay otra valija en la que
emanan otras ropas a partir del juego de los niños, referencia también al teatro,
a la creación artística que acompañó a China Zorrilla durante toda su vida. Una
vida de personajes dentro de otra vida.

1 Entrevista a José Luis Medina realizada por Magdalena Cerantes en noviem-


bre de 2021. “En Buenos Aires se reforzó su carrera por la dictadura. Si nunca
hubiera estado prohibida acá, probablemente no se hubiera ido, ni hubiera
hecho televisión, y no hubiera tenido la popularidad que tuvo. A los tres meses
de hacer televisión no podía caminar por la calle, porque la gente la paraba a
saludar. Justo en el 74 también fue el boom de las telenovelas. […] La prohibi-
ción fue porque en una obra de teatro en El Galpón, cuando termina la obra,
China dice unas palabras, algo como ‘Están pasando cosas tristes, esperemos
que no suceda más’. Hacía poco del golpe de Estado, y seguramente había
El viaje a China
alguien del público esa noche ahí que estaba vinculado al golpe. En la próxima
Videoinstalación función de la obra, se presentó un hombre a su camarín avisándole que estaba
Medidas variables prohibida. En ese momento muchos actores eran de izquierda, y asumieron
2022 que ella también”.

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Florencia de Palleja
Florencia de Palleja realiza una lectura de la etapa final de China Zorrilla en el periodo 1984 -
2014, a partir de una obra pictórica cargada de simbolismo.
Hay en el cuadro la presencia de una ausencia a partir de elementos icónicos. Una taza
Willow, que remite a un objeto de uso cotidiano de China, descansa sobre un escenario junto
a unos zapatos y una silla. Hubo una mujer que se descalzó, que se levantó de su asiento. En
ese orden, o a la inversa. Un nuevo telón se abre para la caminante que, es posible, emprenda
un viaje que, como un vuelo espiritual, la lleve a adentrarse en otra representación posible, en
otro plano.
La obra de de Palleja invita el análisis minucioso de cada uno de sus componentes a través
de sus significados simbólicos. Al menos, tres de ellos son particularmente significativos para
visualizar la narrativa de esa ausencia y su profundidad metafísica: los zapatos, el río y el bosque.
Los zapatos poseen significación funeraria en las tradiciones occidentales. El zapato en
soledad indica lo que no está ya en estado de andar; revela la muerte. Pero esta no es la única
significación, pues, aunque simboliza el viaje, no es solo en dirección al otro mundo, sino en
todas las direcciones. Es el símbolo de la viajera.1
El río serpentea y apenas puede divisarse en su primer tramo. “El simbolismo del río, ha-
bla del fluir, de la posibilidad universal, la muerte y la renovación. La corriente es la de la vida
y la de la muerte”.2 Una viajera que se adentra hacia la unión con el todo o hacia un nuevo fluir.
Finalmente, el viaje conduce el bosque. Se trata de un sitio particularmente profundo. “Entre
los Antiguos, griegos y latinos, como para otros pueblos, los bosques estaban consagrados a las
divinidades: simbolizaban la morada misteriosa de Dios. Séneca les dedica una bella evocación:

Esos bosques sagrados poblados de árboles antiguos de altura inusitada, donde las ramas espe-
sas superpuestas hasta el infinito roban la vista del cielo, el poder de la floresta y su misterio, la
confusión que infunde en nosotros esta sombra profunda que se prolonga en lontananzas, ¿todo
eso no da el sentimiento de que un dios reside en este lugar? (Cartas a Lucilio, 41, 2).3

Los bosques, en la Edad Media, incluso funcionaron como lugares de realización de cultos
y morada de anacoretas. Así como el desierto tenía un papel preponderante en la Biblia, en el
Occidente europeo se sustituyó el valor sagrado del desierto por el del bosque.4 Por otra, parte,
desde el significado más actual, “para el analista moderno, por su oscuridad y su arraigamiento
profundo, el bosque simboliza lo inconsciente”.5 Hay un espacio de contemplación en la profun-
didad del bosque, ya sea porque representa otro plano o las profundidades de la interpretación.
La obra de de Palleja, asimismo, juega con el espacio de la muestra misma. A un lado del
telón que aparece representado en el cuadro hay otro telón, que es por el cual el espectador
ha entrado al espacio de la muestra. El diálogo de la obra con el espacio mismo en el que se
encuentra deja abiertas así dos posibilidades para el espectador: dos telones por los que salir: el
del espacio físico y el del espacio alegórico del entusiasmo insensato de China que se pierde en
la profundidad del bosque.

1 Chevalier, J. y Gheerbrant, A., Diccionario de símbolos, Barcelona, Herder, 2018, p. 1084.


2 Op. cit., p. 885.

Invisible permanencia 3 Op. cit., p. 194.


Acrílico sobre lienzo 4 Cfr. Le Goff, J., Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval, Barcelona, Gedisa,
200 × 150 cm. 2008.
2022 5 Chevalier, J. y Gheerbrant, A., op. cit., 2018, p. 194.

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Datos biográficos

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Federico Arnaud Santiago Grandal
Artista visual y docente de arte en la Universidad Católica del Artista y diseñador, nació en 1992, en Montevideo, donde vive
Uruguay, nació en 1970, en Salto, Uruguay. y trabaja.
En 1991 comienza su formación en Montevideo en el taller Se graduó como Diseñador Gráfico en la Universidad ORT del
de Clever Lara y José María Pelayo. A partir de ese momento Uruguay, se formó en arte contemporáneo en el Taller Marte,
pasa a investigar esencialmente en el volumen y en el espa- y cursó el taller teórico de Formación en arte contemporáneo
cio, exponiendo individual y colectivamente en Uruguay y el en el FAC.
extranjero. Realiza esculturas, objetos, instalaciones, videos y Desde 2014 ha expuesto en diversos museos y salas, como el
performances. Museo Nacional de Artes Visuales, el Centro de Exposiciones
En 1998 recibe el Gran Premio en la Séptima Bienal de Salto. Subte, el Espacio de Arte Contemporáneo, el Museo Mexica-
En 1999 representa a nuestro país en la Segunda Bienal del no de Diseño, entre otros.
Mercosur en Porto Alegre, Brasil. En el año 2000 obtiene el Su obra suele presentar la temática infantil como factor iden-
Premio Paul Cézanne por el que viaja a Francia para realizar el titario. De aspecto colorido y alegre, contrastado con un ca-
proyecto “El cuerpo del pan”. rácter adverso y caótico, exhibe el reflejo del crecimiento bajo
En 2005 es invitado a la muestra “Rundlederwelten”, en el Mu- una tutela materna marcada por la esclerosis múltiple y la de-
seo Martin Gropius de Berlín, Alemania con la obra El Juego de mencia. Es así como las enfermedades mentales y la tragedia
los Milagros. En 2012 participa con la misma obra en la muestra son temas recurrentes en su trabajo, como también lo son el
“Arte y Pasión” en el Museo Marco, Monterrey, México. poder, la libertad, y lo inherente a la personalidad humana.

En 2005 y durante dos años asumió el cargo de Coordinador


de Artes Visuales de la Dirección de Cultura del Ministerio de
Educación y Cultura de Uruguay.
En 2015 participa nuevamente en la Décima Bienal del Merco-
Florencia de Palleja
sur en Porto Alegre. Es artista visual, docente en el Taller de la Buena Memoria, y
estudiante avanzada de la Licenciatura en Diseño de Comu-
En 2019 participa con la obra Living blanco en la IV Bienal de nicación Visual, UdelaR. Nació en 1996, en Rivera, Uruguay.
Montevideo.
Su obra forma un grupo multidisciplinar compuesto por pin-
En 2020 produce “ECCE HOMO” exhibición antológica que turas, dibujos y aguafuertes, ha construido un mundo de con-
recorre sus veinticinco años de producción artística. trastes de objetos atemporales y espacios naturales, creando
Por concurso erigió dos obras en el espacio urbano de Monte- un ambiente íntimo donde problematiza nociones como la
video: el Monumento a los Mártires Estudiantiles y Docentes memoria, el tiempo y el espacio.
en el Liceo IAVA y la obra titulada ROTO en la plaza del World Comienza su formación artística en el Taller de Clever Lara,
Trade Center. asistió al Seminario de Teoría del Arte (2014-2015), realizó un
Obras suyas se encuentran en colecciones públicas y privadas taller de Introducción a la Serigrafía en FADU (2016), continúa
en Uruguay y en el exterior. profundizando la pintura y el dibujo en el Taller de la Buena
Memoria, y asistió a una clase magistral de grabado por Pedro
Actualmente vive en Montevideo y trabaja en Montevideo y Peralta (2019).
Salto.
Recibió una mención de honor en la II Bienal de Colonia
(2020), participó en la carpeta de grabados “Homenaje a Ela-
dio Dieste”, del Ministerio de Educación y Cultura, obsequio

Olga Bettas institucional para UNESCO, París (2019). Ha realizado exposi-


ciones colectivas e individuales a nivel nacional e internacio-
Licenciada en Artes Visuales por la Universidad de la Repúbli- nal, entre las que se destaca su participación en la muestra
ca. Su obra se destaca en el campo del arte textil y las escul- “Gráfica uruguaya” en el Museo Nacional Dr. Calderón Guar-
turas blandas. Asistió al Taller Nelson Ramos y fue parte acti- dia, San José, Costa Rica (2020), “Origen y Senda” en Museo
va del Centro de Arte Textil del Uruguay. Actualmente forma MIO Gallino, Salto, Uruguay (2020), “1+1”, junto a Pedro Pe-
parte del colectivo Fundación de Arte Contemporáneo (FAC). ralta en el Museo Departamental, Trinidad, Uruguay (2021), y
su más reciente muestra individual “Antesala del tiempo” en
Desde 1990 hasta el momento ha realizado exposiciones co- La Galerilla, Pueblo Garzón, Uruguay (2022).
lectivas e individuales en Uruguay, Argentina, México, Estados
Unidos, Grecia y Chile. Ha tenido una participación activa y
premiaciones en salones nacionales e internacionales.

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Jacqueline Lacasa Magdalena Cerantes
Artista visual, curadora e investigadora de arte contemporá-
neo. Es Psicóloga por la Universidad de la República y Máster Licenciada en Artes Plásticas y Visuales por la Universidad de la
en Estudios Culturales, ARCIS, Chile. Fue miembro de la Fun- República (IENBA), nació en 1983, en Montevideo.
dación de Arte Contemporáneo (FAC), 2000-2010. Fue direc- Es Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte por la
tora del Museo Nacional de Artes Visuales 2007-2009. Universitat de Barcelona. Ha realizado sus prácticas de máster
Algunos de sus proyectos artísticos son La hija natural de Joa- en el departamento de Registro y Gestión de Colecciones
quín Torres García (2000-2010), La Uruguaya (2010- 2020), del Museu Nacional d´Art de Catalunya. Desde 2021 se
Atacama 1670 (2015-2020). desempeña como redactora colaboradora en revista La Pupila.

Participó en la Bienal de La Habana 2007, en la Bienal del MER-


COSUR 2008 y 2010, y en la Bienal de Curitiba 2012.
Recibió premios y distinciones como el Grant de la Cisneros
Fontanals Foundation de Miami. Horacio Bernardo
Como investigadora en arte contemporáneo, publicó La hija Licenciado en Filosofía y Contador Público (Universidad de la
natural de JTG. Palimpsestos: Escritos sobre arte contemporá- República), Máster en Filosofía Contemporánea y Tradición
neo uruguayo (Compiladora), Ed. CAC; Actos Públicos - Actos Clásica (Universidad de Barcelona), escritor y conferencista,
Privados, Ed. CAC; Influencia. Arte contemporáneo en el Uru- nació en 1976, en Montevideo.
guay del Siglo XXI, Ed. CAC.
Es docente de Filosofía y de Argumentación en la Facultad de
Actualmente trabaja como coach de artistas y curadores para Información y Comunicación (FIC - UdelaR) y en el CLAEH.
proyectos de arte contemporáneo en la Pensión Cultural Milán
Se desempeña como asesor en Asuntos Culturales de la Pre-
en Montevideo.
sidencia del Consejo Directivo Central de la Administración
de la Educación Pública (ANEP). Asimismo, es coordinador del
Francisco Lapetina Plan Educativo Cultural de la ANEP.

Artista, docente, comunicador y productor, nació en 1970, En 2008 participó en el “Programa de Residencias Artísticas
en Uruguay. para Creadores de Iberoamérica” (FONCA - CONACULTA
- México). En 2013 obtuvo el Premio Pensamiento de Amé-
Su trabajo se sitúa en un territorio de exploración híbrida donde rica “Leopoldo Zea”, máximo galardón de la Historia de las
experimenta con el sonido, la voz, el cuerpo, los instrumentos Ideas en América, otorgado por la Organización de Estados
y la tecnología en proyectos de transdisciplina, audiovisuales, Americanos (IPGH - OEA). Ese mismo año, obtuvo el Premio
performances multimedia y obras escénicas. Su enfoque sobre Anual de Literatura (MEC - “Ensayos de filosofía, lingüística
la producción artística es personal e integrador donde la creati- y educación”).
vidad, las relaciones humanas y las redes, las identidades locales,
Es coautor, junto con Lía Berisso, del libro Introducción
la colaboración y la tecnología tienen un rol estructural.
al pensamiento uruguayo, Ed. Comisión del Bicentenario,
Es director artístico de Hornero Usina (de ideas y proyectos en 2011, Ed. Fin de Siglo, 2.ª ed., 2014, que brinda un pa-
arte, cultura y educación). norama de las ideas filosóficas en el territorio desde en el
Cuenta con cinco álbumes discográficos publicados con composi- período 1811-2011.
ciones y producciones propias y otros tres como productor artístico. En medios de comunicación fue guionista y realiza regular-
Entre sus colaboraciones se destacan los trabajos realizados jun- mente columnas e intervenciones filosóficas.
to a Tamara Cubas (Uruguay), Arthur Rossenfeld ([Link].-Holan- En 2015 y 2016 ofreció en el Auditorio Carlos Vaz Ferreira de
da), Marcelo Evelin (Brasil), Fernando Velázquez (Uruguay-Brasil), la Biblioteca Nacional, las series de conferencias “Filosofía y
Miguel Grompone (Uruguay) y Gastón Ackermann (Uruguay). vida cotidiana” y “Búsquedas filosóficas en la vida cotidiana”.
Ha sido premiado con otorgación de fondos para proyectos en Asimismo, regularmente brinda conferencias y cursos en el
varias ocasiones por parte de la ANII (Agencia Nacional de In- Uruguay y en el extranjero.
vestigación e Innovación), Fondos Concursables MEC, FONAM
En 2020, su trabajo “Ensayo sobre la cotidianidad” fue dis-
(Fondo Nacional de Música), INAE (Instituto Nacional de Artes
tinguido en el Premio Anual de Literatura del MEC (Categoría
Escénicas), el Premio Grafiti y el Festival Montevideo de la Can-
Ensayos Filosóficos).
ción. En 2020 fue capacitador en Formación para Emprendedo-
res de Industrias Culturales y Creativas (DICREA) y brindó junto, Su último libro se titula La inquietud y el sentido. Una filosofía
a Ernesto Donas, el Curso de Educación Permanente EUM/Ude- de la vida cotidiana, Ed. Paidós, 2021.
laR “Paralaje: El Texto como Arte Sonoro y Performance”.

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Evocaciones,
recuerdos,
testimonios

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China, la irrepetible

Julio María Sanguinetti (*)

En China Zorrilla se conjugaba todo: la tradición, el arte, la simpatía, la vitalidad, la generosidad símbolo
de una época en que la distinción no sofocaba la sencillez ni esta —para serlo— necesitaba de la vulgaridad. El Dr. Julio María Sanguinetti
no nos dejó ni hablar.
Hija de una familia legendaria de artistas, nació en medio de ese mundo de la creación. De niña vivió en
Apenas supo que le estábamos
París con su padre, cuando trabajaba con Antoine Bourdelle y preparaba los bocetos para el monumento al pidiendo un testimonio acerca
Gaucho. de China Zorrilla, el expresiden-
te nos dijo: “Ya está escrito. No
De jovencita, ganó una beca del British Council para estudiar teatro en la Royal Academy. La había ga- hace falta que lo reescriba. Ya
nado de pura audaz, porque su inglés era entonces más que precario. Allá llegó a aquel Londres devastado por lo publiqué en mi libro Retratos
la guerra, luego de un viaje en buque mercante con solo marineros, que hubiese aterrorizado a cualquier chica desde la memoria” —nos dijo
de aquel tiempo. Enfrentada, en la academy, a una prueba, se lanzó con arrojo, como siempre en su vida, sobre con su perenne simpatía.
el obligatorio Shakespeare, pero recitado en francés… Lo había aprendido en París. El jurado británico quedó Si tienen cómo, vengan a
buscarlo —dijo—, si no, yo se
estupefacto y así se hizo actriz inglesa. los envío. Pero ya está hecho
Cuando retornó a Uruguay, en 1948, se incorporó a la naciente Comedia Nacional, que comenzaba a mar- —insistió.
car un hito en la vida teatral del Río de la Plata. A partir de allí fueron sesenta años de “tablas”. Fuimos a recogerlo y nos
atendió personalmente. Nos
En el teatro tocó todas las teclas, desde la comedia, fuera inglesa o rioplatense, hasta los grandes dramas entregó el libro con esta indica-
shakespearianos o los modernos de Brecht. Tanto en Montevideo como en Buenos Aires, brilló con luz propia ción amplia y generosa: “Usen
lo que necesiten de allí”.
e irrepetible. Salía a escena y era China a todos los efectos, con sus inflexiones de voz y su modo de andar y
El artículo es breve y tan bueno
pararse. Naturalmente, nada le era tan natural como la comedia inglesa, Bernard Shaw, Noel Coward, con esas
que nos resistimos a extraer
damas finas y ocurrentes que eran ella misma. Alguna vez dijo y es verdad: “La comedia me sale sola. La tragedia solo algunas frases: va casi
es más fácil, porque te ayuda un texto que narra el drama. La comedia depende de vos sola”. íntegro.

Perteneció a la generación de oro del teatro uruguayo, con Enrique Guarnero, Maruja Santullo, Alberto
Candeau, Margot Cottens, Juan Jones, Estela Castro, Estela Medina, Jaime Yavitz, Horacio Preve, Jorge Triador
y tantos otros como Walter Vidarte y Sancho Gracia, que marcharon luego a España. El magisterio de Margarita
Xirgu, la gran catalana, intérprete insuperable de García Lorca, inspiró a ese grupo, que llenaba el Teatro Solís
de un público fiel, joven y entusiasta. Era el Uruguay que miraba hacia arriba y se sentía capaz de alcanzar la
altura de los mejores.

China y su perra Mía.


Foto: Robert Yabeck
(*) Expresidente de la República. Archivo Lalia Amorim.

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Luego de su período en la Comedia Nacional, donde fue primera actriz en ochenta obras, fundó el Teatro de
Montevideo con sus amigos Antonio Taco Larreta y Enrique Guarnero, con los que viajó a España, Francia y Argentina.
Aquella actriz elegante no parecía compatible con el fútbol pero, como hincha de Nacional, desde niña
había ido al Estadio Centenario con su padre. Contaba que, estando en Inglaterra, la invitaron a ver un partido
del Tottenham y cada tanto le daban una explicación, imaginando que la estudiante de teatro clásico no tenía
la menor idea. Ella se divertía con el equívoco, hasta que en cierto momento, ante una jugada de gol, espontá-
neamente salta y grita “orsay”, en dialecto uruguayo, ante la sorpresa de los británicos de verla sentenciar la
pena más difícil de apreciar. Marta la recuerda también en partidos de Peñarol, a los que iba a acompañar a
sus amigos del teatro y los veía a medio ojo, mientras que con el otro… tejía. Hoy cuesta imaginar a una joven
tejiendo en la tribuna del Estadio.
En Buenos Aires, a donde marchó en 1971, encontró la acogida que siempre se brindó a nuestros artistas
y la posibilidad del cine, en más de treinta películas, con memorables actuaciones, como la última de Elsa y Fred,
esa historia de amor en la ancianidad, que rodó a los ochenta y dos años y cosechó clamorosos reconocimientos.
Injusta e inexplicablemente, la dictadura uruguaya, en 1971, le prohibió actuar en Uruguay. En 1985 re-
tornó junto a la democracia haciendo Emily, la notable obra inspirada en la misteriosa poeta Emily Dickinson.
En Argentina llegó a las mil funciones con ese monólogo notable. Pero su debut montevideano fue clamoroso.
Estuvimos todos, el país entero, en una noche de emociones.
En lo personal, el recuerdo aparece con frecuencia, impensadamente, como ocurría en casa, cuando irrum-
pía como una tromba sin previo aviso. Tocaba timbre y después contaba, en la radio o la televisión, que había
encontrado a Marta regando las plantas y pequeñas historias de vida doméstica, que en Buenos Aires parecían
asombrosas en casa de alguien que había sido presidente de la República.
Cuando tenía algún problema, llegaba a pedir consejo, pero siempre desde ese talante optimista y confiado.
Pese a su apariencia de lady, que auténticamente lo era, vivía de un modo bohemio, sin atarse demasiado a un dine-
ro que tampoco sabía administrar. Era una característica familiar, porque su padre no era distinto. Cuenta Carlos
Perciavalle, su gran amigo, con el que protagonizó desopilantes dúos, que una amiga lo llama un día para advertirle
que China había cobrado cuarenta mil dólares de un juicio, por un accidente automovilístico, y que la esperara
porque podía hacer cualquier cosa con el dinero. Cuando llega, Carlitos le inventa una historia y le pide veinte mil
dólares. Ella le dice que no tiene. Abre la cartera y le muestra que quedaban solo tres mil. “¿Qué hiciste con la plata,
China?” — le pregunta el actor. “Se la presté al taxista” —al que no conocía y que le apiadó con un relato de su vida.
Ocho años después el taxista apareció con el dinero, cuando ya nadie lo esperaba.
Cada vez que me mencionaba me ponía por los cuernos de la luna, razón por la que más de una vez le dije:
“¿Por qué en lugar de tanto elogio, alguna vez no me votás?”. Por cierto, nunca ocurrió, pero la amistad transi-
taba intacta por el mundo del arte y la confianza personal.

Extraído de Retratos Cualquier conversación con ella era en sí misma una obra de teatro, porque su actitud torrencial, su ima-
desde la memoria, ginación, su jovialidad, su arte para narrar, singularizaban el episodio más trivial, que en su boca pasaba a ser
Julio María Sanguinetti,
algo histórico. Sus entrevistas periodísticas, para diarios, radios o televisión, son felizmente una multitud, de
Penguin Random
House/Sudamericana la que brota siempre esa alegría, ese chisporroteo. Fueron noventa y dos años de andar, actuar y charlar. A la
Uruguaya S.A., 2015. distancia, todo ello fue para disfrutar.

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China en el papel de Titania
en la obra Sueño de una noche
de verano, 1956.
CIDDAE/Teatro Solís.

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Que viva quede en la muerte...

Sebastián Spreng (*)

Es el obituario más temido, el que siempre supe que algún día iba a escribir. Por mí, por ella, por no-
sotros. Más que una confidencia, un deber. Mi deber. Porque China fue “en el buen sentido de la palabra, *Sebastián Spreng (Santa Fe,
Argentina, 1956) es un artista
buena”. Porque cuando la hicieron, tiraron el molde. plástico, periodista, crítico
de arte y música clásica en
Charrúa hasta la médula y algo francesa. Tan francófila que de porfiada nunca había visitado Alemania
especial.
ni había visto una ópera de Wagner y no por miedo a quedarse dormida, era del bando Verdi-Puccini y temía
Inició muy joven su exitosa
a ese Liebestod de Isolda que enamoraba a su padre. Aquella voz inconfundible delataba la cadencia del pri- trayectoria artística, con
mer idioma que aprendió en París, cuando don Miguel de Unamuno jugaba con la niña del eximio escultor a exposiciones colectivas
recortar palomitas de papel, la misma que cuando no la llevaban al circo se retorcía en el suelo pataleando, e individuales de gran
repercusión que le valieron
rasgándose las vestiduras al grito de “Je vais mourir a l’instant!”. Tan francesa que la Legión de Honor llegó ser considerado “uno de los
quizás no solo a premiar su talento, sino también su lealtad. nombres más importantes” de
su generación.
“Descubrí” a China en El Tobogán, pieza emblemática de su amigo Jacobo Langsner. Le hacía sombra a
Radicado en Miami, Florida
Ibáñez Menta y a la mismísima Inda Ledesma. ¿Quién era esa actriz prodigiosa que se robaba el show? La mis- desde los años ’80, ha
ma que luego en el teatro deslumbró a mi madre y a mi hermana. Muerto de curiosidad fui la noche siguiente, participado de numerosísimas
exposiciones internacionales y
28 de octubre de 1972, Teatro del Globo. Después de la función, me vio sentado solo en la platea y bajó del ha merecido todos los premios
escenario a conversar. Nos hicimos amigos instantáneamente pero no nos volvimos a ver hasta cinco meses y reconocimientos a que un
después. Estaba en la puerta del teatro Blanca Podestá donde protagonizaba Una corona para Benito, también artista pueda aspirar.

de Jacobo. Parecía estar esperándome, al verme exclamó “Pero ¡cuánto tardaste!”. Fue un turning point que China Zorrilla lo amó como al
hijo “que nació grande y justo
marcó mi AC y DC personal.
como yo quería que fuera”,
Gracias a China, mi vida pasó de blanco y negro a technicolor. según lo expresaba con su
gracia incomparable.
Y se convirtió en mi segunda madre. Muy campante presentaba a la que me parió como “la madre de mi
hijo”. Y cuando la verdadera murió, llamó para decirme “No será gran consuelo, pero te queda la otra al pie
del cañón”. La misma que cuando vio mis pinturas preguntó “¿Qué harías si pintando ganaras plata?”. Y como
respondí “Compraría más telas y colores” empezaron a llegar telas y colores puntualmente a mi casa hasta
que tuve que decirle “¡basta!”. La misma que compró un cuadro y, por supuesto, se olvidó de pagar. La misma
a quien nunca le alcanzaba el dinero porque vivía repartiéndolo a diestra y siniestra, pero encontraba miles
de dólares dentro de un libro y llamaba preguntándome si no sería la devolución de los que le había prestado
a un taxista en apuros. Generadora de tragedias y comedias que duraban minutos; estar cerca de la torrencial
China y Sebastián Spreng.
China era subirse a una montaña rusa. Archivo Sebastián Spreng.

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Yo tenía 16, ella 50 y una distinción clásica, imponente, distinta para la gris Argentina de los setenta.
Una cara escultórica, la de todas las estatuas de su padre, y una mirada de águila que podía, si quería, decirlo
todo. Hoy recuerdo nuestras largas charlas en su mínimo apartamento de la calle Uruguay que se me hacía
inmenso y donde nunca sabía con quién me iba a encontrar, era un desfile de celebridades y don-nadies, todos
atendidos democráticamente con el mismo esmero. Podía ser su genial primo, el escultor Zalo Fonseca, David
Stivel con Bárbara Mujica rogándole que aceptara hacer Virginia Woolf, Manucho Mujica Láinez divirtiéndo-
nos con su sorna impagable, sus sobrinos y el fútbol vivido como tragedia uruguaya, Tita (Tamames) y Rosita
(Zemborain) tramando algún espectáculo, o una monja versus un comunista discutiendo teología y China,
eterno árbitro pacifista, repartiendo gazpacho a diestra y siniestra para apaciguar los ánimos. Y de postre,
crepes al limón.

Aquel microcosmos mágico estaba flanqueado por dos postulados que la definían: War is not healthy for
children and other living things y Velar se debe la vida de tal suerte que viva quede en la muerte. Regaba sus
plantas, tejía y cosía (“¡Por qué no cumplí el sueño de tener una mercería!”), cantaba “a dúo” con Edith Piaf e
Ivonne Printemps, aporreaba Bach al piano o me espeluznaba con el grito trágico que en la Royal Academy
le había enseñado la legendaria Katina Paxinou mientras yo rezaba para que los vecinos no llamaran a bom-
beros y ambulancias.

Podría escribir un libro de anécdotas, códigos, de mis viajes con China. Desde aquel primero a Monte-
video y la presentación a sus cuatro hermanas cuasi valquirias en el torreón bergmaniano de Punta Carretas;
todas con la misma voz estentórea, capitaneadas por Brunilda, su madre: “No me llame Bimba; soy Yaya,
usted es nieto, ¿entendió?”. Igual que la Bimba, perdón, Yaya, China me ordenó, “Cada vez que pises Estados
Unidos pensá en mí, ese lugar donde fui tan feliz”. Y aún hoy, Nueva York “es” China y aún hoy, tomo el mis-
mo café que ella tomaba en su apartamento del Village.

Amaba la comida china, que me hizo descubrir y que había descubierto gracias a su amado Danny Kaye,
y la japonesa, que descubrimos juntos; recitarme el aria de Magda Sorel de El Cónsul (What is your name? My
name is woman, Age?, Still young, Colour of eyes?, The color of tears…) salpicada con Pirandello o Dante Alighieri y
Mon cœur s’ouvre a ta voix mientras, en su nulidad culinaria preparaba exquisitos tallarines a la carbonara para
acabar feliz lavando platos y luego volar al teatro con un pañuelo en la cabeza cual refugiada soviética esca-
bulléndose entre el público que esperaba la función. Esta combinación única de Noel Coward y García Lorca
se divertía tanto en la vida como en escena, y me divertía. Tanto. Frívola efervescente o de una profundidad
conmovedora, China era todo contraste. Con virtudes y defectos, un ser humano inmenso, con todas las letras.
Así como esa confianza que depositaba en los demás, era una adicta compulsiva a hacer el bien, era más fuerte
que ella.

China es Cantando bajo la lluvia, que vi incontables veces junto a su adorada (y adorable) hermana Gu-
mita refugiándonos del verano porteño mientras las dos cantaban y repetían los diálogos de memoria. China
es la premisa de ser buen público (aunque se quedara dormida, tenía un sexto sentido), es tantas matinées en
cines y teatros, buscándome, subiéndome a los taxis, cargándome y plegando mi silla de ruedas. No se cómo lo
hacía, habrá recurrido a lo que había aprendido como enfermera samaritana en los hospitales de Montevideo.
China es una carta que escribió a Páez Vilaró que la pinta de cuerpo entero. China es la chaperona de la en-
tonces desconocida Helen Mirren paseándola por Buenos Aires. China es jugar a la telepatía en el Edelweiss
para que medio restaurant termine jugando con nosotros tratando de averiguar “nuestro secreto”. China es
la primera vez que nos peleamos y una inolvidable lección de grandeza: “Prefiero la Coca-Cola al champagne,
pero tenemos que brindar con champagne para festejar como se debe… una primera vez”. O aquella carta que
conservo donde me escribió pidiéndome perdón no recuerdo por qué tontera, solo había escrito cien o dos-
cientas veces “Perdón”.

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Vi cómo la envidiaban. Sus colegas, y sus amigas colegas y las colegas que se decían amigas y claro, las
que no la podían ver. Era comprensible. Pura intuición, esta rara avis tenía una facilidad innata –“la Sheñorita
Shorillia tiene shus recursos” mandoneaba Margarita Xirgú– siempre con un as en la manga, como una diva
rematando con un Do inesperado o un mago sacando el conejo de la galera. Sin embargo, aquel torbellino de
talento pudo llegar más lejos, pero era pudorosa, tímida enfermiza, y no le creían. Yo sí. Estoy seguro que de
haber encontrado el director que la hubiese puesto en vereda habría ganado un merecidísimo Oscar.

No comulgaba con actores demasiado intelectuales (“Si soy actriz no tengo que ser puta para saber
cómo hacer de puta”) y cuando quería, era la mejor; aquella que en París a la pregunta de John Huston “¿Qué
clase de actriz es usted?” respondió “De las buenas”. Esta mezcla vernácula de Angela Lansbury, Maureen
Stapleton, Bette Davis y un dejo de Vivian Vance, sumaba talento, intuición teatral y una cultura que había
mamado de un entorno privilegiado. Como aquellas, en más de una ocasión el personaje superaba a la actriz,
pero cuando esta ganaba, como con Margo Channing, “había que ajustarse los cinturones”.

Y tampoco inventaba las anécdotas en su haber. Las atraía, como el ojo del huracán. Es verdad que fue
protagonista de un milagro en España. Es verdad que Serrat le cantó a solas en Nueva York. Es verdad que
un espectador se murió de risa viéndola actuar. Es verdad que fue chofer de gente que no conocía en una
Navidad porteña donde no tenía adonde ir. Le pasaba todo y más. China es verla horrorizado meterse entre
dos pandillas miamenses queriendo hacer las paces. China es desmayarme de risa recitando Lorca como la
Xirgú –“No me importa naaaada, naaada de na-da… bendita sea la iuvia porque mojaaaaa la cara de losh
muertosh…!”– mientras manejaba errándole a todas las autopistas floridanas o espetarle al empleado de la
aerolínea que había perdido su valija “Señor, soy generalmente buena, pero tengo un día del año en que soy
malísima y creo que hoy me toca”. El empleado preguntó “¿Qué había dentro la valija?”. “Solamente un oso de
peluche fucsia”. Pausa chinesca. “No estoy loca, soy actriz”. Es la misma despistada que se arreglaba el pelo
en el monitor durante los Almuerzos de Mirtha Legrand sin darse cuenta que estaba en el aire, o peor, que se
esguinzaba el pie derecho vendándose el izquierdo durante días. Soy testigo.

Comiéndonos aquel único pejerrey que pescamos un invierno en la Laguna del Sauce o “aquella” lan-
gosta en Key West, le imponía cruentos regímenes para adelgazar; los matizaba con desmesurados puzles que
tardábamos días en completar (sus sobrinos y yo éramos los puzleros; canasta y backgamon era propiedad de
otros) en mi apartamentito de esa somnolienta Miami que ya no existe. Allí, mientras tapizaba mi sofá o saca-
ba a pasear a mi labrador “nacieron” –otra vez, gracias Jacobo– la Elvira de Esperando la carroza y la anciana
Mercedes de Besos en la frente enamorada de otro Sebastián. Aquella tórrida noche de ventanas abiertas, China
me leía la obra y a sus gritos “¡Te amo Sebastián, sé que soy una vieja loca, pero te amo!” hubo veloz cierre de
ventanas para que los vecinos no imaginaran lo que no era... Porque China era un lujo secreto, como aquella
tarde en que entró un amigo y al verla, atónito me dijo: “Esta sí que te la tenías guardada” y China tejiendo
(pulóveres de lana… ¡en Miami!) a velocidad supersónica y sin levantar la vista agregó “Y lo que no sabés es
que en el placar tiene guardada a Carolina de Mónaco”.

China fue tan querida como incomprendida, malinterpretada, castigada. Me consta. En Argentina y en
su entrañable Uruguay. Juntos lloramos su prohibición y aquellas amenazas demenciales. Inolvidable aquella
función teatral en Montevideo a la que asistió estando prohibida, inolvidable por aquel murmullo de la au-
diencia que al verla empezó a corear “China, China”, murmullo transformándose en clamor y luego ovación a
la injustamente proscrita. Pero Los dientes del perro era su credo y En paz de Amado Nervo su epitafio elegido.
Navegaba por la vida con una confianza en el prójimo e inocencia a toda prueba; políticamente crédula hasta
el engaño, feroz demócrata, eterna optimista, justiciera y leal como el perro del horóscopo chino que era. Y
cuando tenía que ladrar, ladraba.

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Nunca criticaba, pero podía pintar a alguien con un pincelazo mordaz y matar una mosca con un mar-
tillo. Quienes la resistían en vez de aprender, de disfrutarla, se perdían un personaje único. Yo no. Y le
reprochaba no haberse metido con ciertos clásicos teatrales que nunca llegaron, que quedaron en el tintero.
Después se pasó la hora, se cansó, la popularidad y mediocridad reinante hicieron el resto y terminó bajando
los brazos.

Y cuando su memoria empezó a fallar y mi mágica China a desaparecer, a irse de a poco, yo la testeaba
con un versito de Campoamor que recitaba de niña. Turnándonos cada línea comprobaba su lucidez: “¡Alto
al tren! / Parar no puede. / ¿Este tren adónde va? / Caminando por el mundo, en busca del ideal. / ¿Cómo se
llama? / Progreso. / ¿Quién va en él? / La humanidad. / ¿Quién lo conduce? / Dios mismo. / ¿Cuándo parará?
/Jamás”.

Imposible agradecerle su incondicionalidad o el no estar de acuerdo, pero apoyarme igual, otra vez su
ponderado Voltaire. Tenía la virtud (o defecto) de hacer sentir a todos y cada uno, su mejor amigo. Otros se
atribuyeron ser sus “hijos”, creo que fui el único. Y es mi única herencia. La última vez que hablamos en su bri-
llantemente disimulada confusión dijo “No te vayas a olvidar de mi”. ¿Cómo? Hoy, a la hora del adiós, repito
nuestra clásica despedida, aunque ahora sea por última vez: “Y con esto y un biscuit, hasta mañana a las huit”.

* Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz Del Campo.


14 de marzo de 1922, Montevideo - 17 de septiembre de 2014, Montevideo.

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,


porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.

72
Carta de China a Sebastián Spreng,
6 de abril de 1978.
Archivo Sebastián Spreng

73
74
El grito de China

Hugo Estrázulas

El escultor José Luis Zorrilla y su señora, Guma Muñoz del Campo, a quien todo el mundo llamaba
“Bimba”, tuvieron cinco hijas: Guma la destacadísima dibujante, diseñadora y vestuarista; China, sin comen- Los sobrinos de China Zorrilla,
tarios; Inés escultora como su padre, de muy reseñables aptitudes; Teresa, experta en textiles y amante de la los Estrázulas, los Amorím,
los Herrera y los Medina,
literatura y María Elvira “Marica”, pianista, quien las sobrevivió a todas.
heredaron de su destacadísima
Por supuesto, el anhelo del matrimonio, característico además de su época, hubiese sido procrear tam- tía, entre muchas otras cosas
invaluables, una colección
bién algún varón, deseo que, obviamente, no fue satisfecho. interminable de anécdotas
Más aún, la primogénita Guma, que se casó con Hugo Estrázulas, inauguró su progenie con una niña. riquísimas y toda la “gracia
Zorrilla” para narrarlas.
La segunda también fue una niña. Pareciera que las chicas Zorrilla Muñoz, tal como sus padres, estaban
llamadas a concebir solo niñas. Es decir que podíamos haber
escogido mil otras historias
La segunda de las Zorrilla Muñoz, China, había emigrado —estando su hermana mayor embarazada narradas por cualesquiera de
por tercera vez— a estudiar teatro en Londres, devastada por la Segunda Gran Guerra, usufructuando una los primos.
beca en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art.
Escogimos esta, de Hugo
Corría el año ‘46, la guerra había concluido, pero la ciudad estaba en ruinas. Estrázulas, porque nos pareció
que es un luminoso ejemplo
El poderoso ejército del III Reich se había ensañado con la capital británica. La implacable Luftwaffe, del temperamento explosivo y
con sus aeronaves de vanguardia, los Junkers Stuka y los Messersschmitt, había desatado la célebre teatral que distinguió a China
durante toda su vida.
blitzkrieg, “guerra relámpago”, que, en efecto caía del cielo sin piedad, en cualquier momento, con su explo-
sivo poder de fuego y destrucción.

Los alemanes habían descargado en Londres toda la potencia expansiva de las flamantes bombas B1 y B2.

China vivía, entonces, en una modesta pensión, acaso una casa de familia que para mejorar los ingre-
sos muy menguados que podían obtenerse en esas circunstancias, ofrecía algún dormitorio en alquiler, un
anticipo del sistema que después se popularizaría bajo la sigla de B&B, bed and breakfast, una suerte de eufe-
mismo anglosajón para el hecho de tener, por necesidad, un huésped en casa.

La dueña de casa era una inglesa típica que había soportado estoicamente los terribles rigores de
la guerra, el racionamiento, la tragedia, la destrucción y la muerte por doquier. Pero mantenía intactos China en Nueva York,
sus hábitos y costumbres y, por supuesto, el religioso five o’clock tea que ceremoniosamente le servía a 1965.
(Detalle)
diario a China. Archivo Lalia Amorim.

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Una tarde, junto con el té sobre una antigua bandeja de plata, la flemática dama inglesa le extendió a
China una hoja de papel doblada en cuatro longitudinalmente. Era un telegrama. China lo abrió, lo leyó, se
produjo un instante de silencio y después profirió un alarido, entre teatral y salvaje, que resonó en la casa y
le heló la sangre a la pobre inglesa.

El telegrama constaba de tres palabras: “Llegué bien, Huguito”.

La remitente era su hermana Guma quien, ingeniosamente, como si lo enviase el recién nacido, anun-
ciaba que, al fin, la familia recibía el ansiado varoncito.

Huguito era el primer varón después de siete mujeres de dos generaciones: las cinco hermanas de la
primera generación y las dos primeras niñas de Guma, de la segunda generación.

China contaba esto con su gracia incomparable.

“La vieja dama inglesa había soportado bombas y cañonazos, incendios y derrumbes, pero no pudo
tolerar mi grito: me echó de la casa. Pensó que había enloquecido, o algo así”.

Así que, con toda la alegría por el primer varoncito de la familia, debí salir a buscar dónde vivir —con-
taba China muerta de risa.

Edvard Munch (1863-1844) pintó el primero de los cuatro cuadros de El grito en 1893. Esos cuatro cua-
dros integrarían, junto a otros, la serie que el pintor denominó “El amor”. La crítica lo acogió con entusias-
mo. El régimen nazi, en cambio, lo clasificó entre las obras de los “degenerados”. Decían que era una obra
tan perturbadora que recomendaban a las mujeres embarazadas no arriesgarse a mirar el cuadro. Pienso
en el grito de China, de absoluta felicidad y amor por un alumbramiento lejano y lo asocio con El grito de
Munch. Y, de algún modo, justifico la reacción de la vieja dama inglesa…

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China y Taco Larreta.
Archivo Lalia Amorim.

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Genio y figura de una
uruguaya universal

Álvaro Secondo Escandell

Charlar con China Zorrilla es, vaya novedad, una experiencia fascinante.

En realidad, el coloquial verbo charlar, por lo que implica de intercambio binario, no es el más Esta nota fue escrita tras
una entrevista con China
adecuado para describir la intransferible experiencia de estar sentado frente a China y escucharla. mantenida en su casa de
Más que charlar es como asomarse a un universo infinito de gracia, de anécdotas inefables, de la calle 21 de Setiembre,
por intermediación de su
viajes, de fábulas, de personajes legendarios, de queridas memorias, en fin, de retazos de vida de
querida e inolvidable sobrina
una de las personas (iba a decir “una de las actrices”, pero me pareció avaro para China; después Guma Luli Estrázulas.
pensé “una de las mujeres”, pero también me pareció avaro; así que va “uno de los seres o de las Después de esta nota China
ya no aceptaría, salvo
personas”) más talentosas que haya nacido jamás en estas costas del sur americano. muy ocasionalmente, más
entrevistas. De ahí el mero
valor de este reportaje: fue de
los últimos, si no el último.
Lo único que uno tiene que hacer es estimular apenas los recuerdos de China con alguna media
pregunta, con parte de un verso o con la mención de algún nombre propio, para que, como de un
manantial inagotable, surja no solo el prodigio de la memoria, sino también el agua cantarina de la
elocuencia diáfana de China, que hace de cada anécdota una pequeña obra maestra.

Así que mencioné como al pasar el hecho de que acaba de recibir la Orden de la Legión de Honor
de la República Francesa, una de las distinciones más honrosas y ambicionadas en el mundo entero.

–¡Oh, sí! –dice China con sencillez– me impresionó mucho.


Fijate que yo viví en París mis primeros cuatro años de vida. Mi familia se radicó allí cuando
era yo muy pequeña. En París nació mi hermana Inés. Y le debo a mi infancia parisina el
apodo que me acompañó el resto de la vida.
Yo me llamo Concepción –aclara China como si hiciese falta– y en París, cariñosamente, me
decían “Cochona”, que significa “lechona”. Esto a mí me indignaba con toda la furia de la que
uno es capaz a los tres o cuatro años; y reclamaba: “prefiero, para eso, que me llamen Cochina”.
Me lo concedieron, pero con un piadoso apócope: fui “China” para el resto de la vida. China en su casa
de Montevideo,
Desde esa lejana época conservo el francés, que, de hecho, fue mi primera lengua. Cuando diciembre de 2008.
volvimos a Uruguay, mis hermanas y yo solo hablábamos francés; y descubrimos –no sin Archivo Álvaro Secondo.

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desazón– que, a la numerosa tribu de primos de nuestra edad, esto le causaba mucha gracia y
se reían de nosotras, lo que, por supuesto, nos daba una rabia feroz.
Siempre amé los viajes, los idiomas y la vida, por temporadas más o menos largas, en el
extranjero.
Adoré Londres, por ejemplo, donde viví cuatro años, en la inmediata posguerra, estudiando
teatro.
Londres estaba devastada por los bombardeos y los ingleses pasaban hambre literalmente,
pero conservaban esos rasgos que los hacen tan queribles y por los que, a la vez, los matarías.
La comida estaba rigurosamente racionada y recibían, per cápita, una miserable cuota de
carne. Pues bien; una gran mayoría de los ingleses se la daban a sus perros.
El argumento era que, a las personas, incluyendo a los propios hijos, uno les puede explicar
qué es la guerra, quiénes fueron los responsables de la misma y las miserias que la guerra
provoca y que es necesario sobrellevar con dignidad y ascetismo. Pero los perros no entienden
esas explicaciones, no fueron responsables y no deben sufrir las consecuencias. Así que en
muchas familias alimentaban a los perros antes que a los hijos. Sobre la pertinencia o no de
esa conducta, se llevaban a cabo grandes debates y polémicas públicas. Todo muy inglés.
Nunca oí a un británico hablar mal de los alemanes ni lamentarse por la desgracia y la
destrucción de la guerra. En absoluto. No miraban hacia atrás. Tampoco celebraban haber
ganado la guerra. Celebraban sí, con alborozo, el fin de la guerra.
No sé si aprendí teatro en Londres –dice con humildad quien fue y es la mejor actriz de teatro
del continente y, sin duda, integra la pléyade de las más destacadas del mundo–. Pero sí aprendí
–admite– sobre el espíritu humano ante una situación límite, acaso la peor, como la guerra.
La flema inglesa no es un mito; es una ostensible realidad.
Una vez fuimos al cine en Londres con un grupo de amigos argentinos a quienes les decíamos
“los ches”, desde luego por el uso permanente de la interjección “¡che!” muchos años antes
que Guevara entrara en la escena histórica.
En el cine proyectaron, antes de la película, un noticiero en el que apareció Hitler.
Los “ches” y yo le dedicamos una estruendosa silbatina y abucheos. Pues bien, se interrumpió la
proyección, encendieron las luces de la sala y los “ches” y yo fuimos “invitados” a abandonarla.
Fueron inútiles nuestros reclamos.
–¿Pero no vio usted que era Hitler? –le gritábamos al portero que nos escoltaba hacia la salida.
–¿Qué le ha hecho Hitler a usted, señorita? –me increpó el hombre.
–A mí nada –le espeté– pero a ustedes les ha arrasado el país.
No hubo caso. Nos pusieron de patitas en la calle. ¡Ingleses!
Cuando tenía algunos días libres de mis estudios en Londres me escapaba a París. Ahí era
mi casa, mi idioma, la patria de mi primera infancia. Eso, creo, traté de decirle al embajador
cuando me entregó la Legión de Honor. ¡Tantas cosas me unen a Francia!
Viví también en New York durante cuatro años.
Tenía un apartamentito en el Village.
¿Sabes de qué vivía en New York?
Dando clases de francés en un colegio de varones, muy paquete, al que asistía el nieto de
Roosevelt. Allí yo era Madame de Saint Martin.
Eran los años 60, el inicio de los Beatles. Confieso que los Beatles no me atraparon de
inmediato. Había un rechazo hacia ellos de buena parte de la sociedad norteamericana. Eran
una novedad y eran transgresores; no es raro que, al principio, fueran rechazados por una
sociedad o parte de una sociedad conservadora.

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Pero ocurre que también andaba por allá, en ese entonces, Carlitos Perciavalle y, con él nos
fuimos a ver la primera película de los Beatles. Verla y volvernos fanáticos de esos auténticos
genios fue una misma cosa. Tan “fan” me volví que, muchos años después, en mi cumpleaños,
mis sobrinos no encontraron mejor cosa que regalarme (por cierto, no la había) que la
discoteca completa de los Beatles.
Como te dije, tenía en el Village un apartamentito que se volvió un pied à terre para cuanto
sobrino o amigo recalara por New York.
Una vez llegaron dos de mis sobrinas, un rato antes de que yo volviera de mis tareas. Me las
encontré a oscuras, fumando. A regañadientes me dijeron: –¿Qué pasa, China?, ¿no pagaste la luz?
–Ni yo ni nadie de aquí a Alaska, por lo visto –les respondí.
Se trataba del misterioso Gran Apagón, nunca aclarado, que dejó a oscuras a buena parte de
América del Norte por más de un día y medio.
Salvo por las visitas de mis sobrinos, yo vivía sola en New York, como ahora en Buenos Aires.
Eso no me impedía salir, al contrario, iba al teatro y volvía... ¡en el subte! No tenía miedo en
absoluto.
Volví a New York muchísimas veces.
En una de las últimas oportunidades, un viejo amigo me invitó a conocer una de esas enormes
boîtes donde se come, se bebe y se baila con grandes orquestas, entre un gentío impresionante.
En eso estábamos cuando veo a un señor ya mayor que planta a su señora en pleno baile, se
me para enfrente y exclama; “¡Madame Saint Martin!”.
Después me dio un abrazo de esos con riesgo de hundimiento de tórax.
Era un discípulo del viejo colegio en donde me desempeñaba como profesora de francés.
Por lo visto –dice China– no les he dejado un mal recuerdo.

China: ¿recuerda aquella milonga de Borges del “sabor de lo oriental”? –le digo para acercar
sus comentarios a estas latitudes.

–Claro. “El sabor de lo oriental / con estas palabras pinto / es el sabor de lo que es / igual y un
poco distinto –evoca China con meridiana claridad.
Y es verdad –reflexiona China– uruguayos y argentinos somos iguales y un poco distintos.
Creo que tiene que ver con el carácter gratuito de toda nuestra enseñanza, incluyendo la
universitaria. Pero no lo sé. Mamá era argentina. Yo vivo en Buenos Aires hace treinta y cinco
años. Fui a hacer una película, invitada por Lautaro Murúa y me quedé en ese país increíble,
que tiene todo, todos los paisajes y todos los climas simultáneamente.
Hace poco fui a la Quebrada de Humahuaca, porque alguien me dijo: “Hace años que vive aquí
y no puede ser que no conozca ese monumento natural que es la Quebrada”.
Fui y no podía creer lo que estaba viendo. Es de una belleza y una imponencia arrebatadora.
Había una excursión de sesenta noruegos visitándola. ¡Sesenta noruegos! –repite China.

¿Y de política, China?
–No me gusta demasiado hablar de política –confiesa China–. Será porque ya hablé demasiado
en algún tiempo y en mi numerosa familia uruguaya todos pensamos distinto. Entonces, para
evitar entredichos, más vale hablar poco del tema.

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¿Qué me dice de Obama?

–Soy fanática de Obama. Le está dando al mundo lo que el mundo nunca imaginó: ¡un negro
en la Casa Blanca!
Pero no un negro racista, combativo o belicoso. No. Uno tranquilo, sereno, dueño de sí y de
la situación.

–¿Qué opina de la inseguridad, China?

–Es un gran problema. Pero además es un ciclo perverso que se retroalimenta a sí mismo a
través de la información.
El efecto psicológico de la inseguridad es devastador. En algunos lados la gente ya no sale a
la calle.
Yo le decía –cuenta China– a uno de los directores de uno de los grandes diarios de Buenos
Aires que quisiera tener una columna llamada “Los dientes del perro”.
–¿Conocés el caso de “los dientes del perro”?
–No –confieso. [Se refería a “Un perro muerto”, un texto breve de Tolstoi, una suerte de glosa
evangélica].
Jesús entra a una ciudad –rememora China a Tolstoi– y hace adelantarse a sus discípulos para
que preparen la cena. Llega hasta la plaza del mercado y ve que una pequeña multitud rodea
a un perro muerto. La gente mira con repugnancia a los restos del pobre animal. “Emponzoña
el aire con su putrefacción y estorba la vía con su vil espectáculo, el enjambre de moscas que
lo rodea y los gusanos que se asoman por la boca entreabierta y los cuencos de los ojos” decía
con asco la gente.
Jesús los escuchó y dirigiendo una mirada de compasión al animal muerto dijo: –“Pero miren
sus dientes. Son más blancos y hermosos que las perlas”.
–Creo que –dice China– sin censurar ni ocultar información, por supuesto, debemos dejar de
solazarnos en la tragedia, la muerte y la corrupción y apreciar los bellos dientes que la vida
nos depara a nuestro alrededor.

Por último, China. Usted que es totalmente binacional, que ha vivido casi tanto en Argentina
como en Uruguay, envíeles un mensaje a ambos pueblos.

–Es verdad –dice China–, mi segundo hogar es el barco sobre el Río de la Plata.
Claro que soy binacional. ¡Fijate que en Buenos Aires vivo en la calle Uruguay!
Un enorme símbolo de esa misma doble devoción por ambas patrias, que siempre la proclamó,
fue Jorge Luis Borges, ya que lo mencionamos antes.
Una vez un grupo de intelectuales uruguayos lo invitó a almorzar al Club de Golf. Yo también
fui invitada y me acerqué a saludarlo y testimoniarle mi respeto y admiración.
Alguien a mi lado sintió que debía abundar en mi identidad y le aclaró a Borges:
–Es la nieta de Juan Zorrilla de San Martín.
Como Borges no hizo comentario alguno, este comedido amigo siguió aportando datos.
–Se trata del autor de Tabaré, la Leyenda Patria y La Epopeya de Artigas, entre muchas otras
obras. Se le ha llamado “el poeta de la patria”.

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Borges, quizás un poco harto de tantas referencias innecesarias y como para que el hombre
por fin se callara, con su voz trémula, acaso emocionado, declamó el célebre estribillo del
Tabaré, de mi abuelo:
“Cayó la flor al río
los temblorosos círculos concéntricos
balancearon los verdes camalotes
y en el silencio del juncal, murieron”.

Creo –culmina China –que no podría agregar nada mejor como testimonio del afecto recíproco
entre uruguayos y argentinos.

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“La risa era el lugar común de
una relación maravillosa,
hasta el último día”
Magdalena Cerantes
entrevista a Carlos Perciavalle

¿Cómo conociste a China?


Desde su casa en Laguna
La conocí cuando yo era alumno del Liceo Suárez, en tercer año nos llevaron a ver Don Gil de las calzas del Sauce, Carlos Perciavalle
verdes al Teatro Solís, en aquella época nos llevaban al teatro en las clases de Literatura. Estaba sen- brindó su testimonio acerca
tado solo en un palco bajo, y entraba China vestida de hombre con Walter Vidarte caminando por la de su amistad con China,
platea, me pareció una luz tan brillante como la de las estrellas que conocí en los festivales de cine y los años compartidos en
de Punta del Este. Me encantó, después de la función la fui a ver al camarín, me metí por la puerta Nueva York.
del costado de los palcos bajos sin permiso de nadie, nos pusimos a hablar, nos hicimos amigos y me
invitó a almorzar al día siguiente a su casa. Desde entonces no nos separamos nunca más.

¿Cómo era la relación de ustedes?, ¿Tenían una relación de hermanos?

No, para mí China era como una hija a pesar de que era mayor. Era una mujer muy ingenua, genero-
sa, desprendida. Un día dijo en un programa de televisión — “Yo no voy a los bancos porque no me
gustan, guardo la plata adentro de los libros. Tengo una biblioteca llena de libros, un día saqué un
libro de Baudelaire y cayeron cinco mil dólares, no me acordaba que los había puesto ahí. Así que si
usted necesita dinero venga a mi casa que yo le puedo prestar, vivo en Uruguay 1229, primero B, hay
que entrar por atrás porque la puerta principal del ascensor está llena de cosas”.

El ofrecimiento era tan sincero y tan abierto que no le creyó nadie, pensaron que era una broma. Esa
es una de las cosas típicas que pasaba con China. Un día estábamos pescando en mi casa de la laguna
cuando liberaron a Seregni. China estaba en camisón y bata, largó la caña y salió corriendo, así se fue a
Montevideo y apareció en el balcón de Seregni. Yo no podía creer, era una mujer muy especial, espontá-
nea, pasaba de la comodidad a la elegancia con una rapidez. Tenía un pelo rubio divino, se lo cepillaba
un rato, se ponía un collar de perlas de tres vueltas y estaba lista para irse a la casa de cualquiera.

Cuando llegaba Navidad y China no podía viajar a Montevideo por alguna razón, la invitaban Amalita
Fortabat, Mariano Grondona, Bernardo Neustadt, toda la gente más importante y paqueta de Buenos
Aires, yo la acompañaba. Al final de estas fiestas en las que alternaba con todo el mundo, se iba con su
auto al Hospital de Niños, abría la valija del auto, sacaba un árbol de navidad lleno de adornos y miles China y Carlos Perciavalle
de paquetitos. Lo llevaba a una sala donde ella conocía a casi todos los chicos. Pasaba la Navidad a par- en Canciones para mirar.
(Detalle)
tir de las tres de la mañana con todos esos chicos que estaban solos. Era un ser irreal, mágico, único. Archivo Lalia Amorim.

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En los años sesenta coincidieron en Nueva York, ¿cómo fue esa etapa en la vida de los dos?

Ella se fue primero en un barco de carga que tardó como tres meses en llegar, daba vueltas por Cana-
dá, por todos lados. Yo me fui en avión, llegué un poco antes que ella.

¿Cuál fue la razón por la cual China decide irse a Nueva York?

China estaba muy cansada porque había hecho mucho teatro, con la Comedia Nacional era una obra
distinta todos los días durante muchos años, después con el TCM, la primera compañía profesional.
Trabajaba mucho, hacía programas de radio y televisión. Estaba cansada, quería tomarse un año de
descanso del teatro, dedicarse a enseñar francés. Cuando llegó no necesitó ninguna recomendación,
se presentaba como era ella, y esa era la mejor recomendación del mundo, fue en una escuela muy
paqueta.

¿Tenían planeado irse juntos?

Nunca teníamos planeado nada, las cosas pasaban. El mejor programa para mí era estar con China y
para ella también, porque teníamos una cosa en común, nos reíamos muchísimo. Además, yo siempre
le creí todos los cuentos que ella hacía de sus experiencias. Sus amigos e incluso algunos miembros de
su familia, no me refiero a sus hermanas sino algunos primos, siempre creían que eran cuentos, in-
ventos. El hecho de vivir casi tres años juntos me llevó a comprobar que no solamente todo era cierto,
sino que China los achicaba un poco, eran mucho más maravillosos de lo que ella podía relatar. Una
compañera única, inseparable, divertidísima, teníamos en común un ansia de divertirnos, de pasarla
bien, íbamos mucho al teatro, teníamos muchos amigos, conocíamos mucha gente. En general, en New
York la gente no te da bola, nosotros éramos amigos de todo el barrio, todo el mundo nos amaba, había
muchos argentinos viviendo en la ciudad en esa época y éramos amigos de todos. Íbamos a bailar a
boliches nocturnos, China se ponía siempre un collar con una vuelta de perlas, un equipo de algodón
muy lindo que se hacía ella misma, porque le encantaba hacerse su ropa, llegábamos a los lugares don-
de estaban las modelos más famosas del mundo, las más divinas. Todas las modelos estaban aburridas
como unas ostras, y China en un rincón rodeada de todos los hombres buen mozos contándole cuen-
tos, riéndose a carcajadas. A mí no me quedaba más remedio que sacar a bailar a las modelos, he baila-
do con todas, con Twiggy, Verushka, que eran enormes. Tengo muchísimas historias divertidas.

Una vez estábamos en Washington para Navidad porque nos habían contratado de la embajada para
hacer una función de Canciones para mirar, y el que nos había contratado no nos pagó. Cuando llega-
mos a Nueva York le pregunté a China si le habían pagado, y me dijo que no, a mí tampoco me habían
pagado. Era Navidad, contamos las monedas que teníamos, y eran centavos. En un momento pasa un
señor y nos pide monedas, y China saca las dos monedas que teníamos y se las da. Le dije:

–China, pero esas monedas las íbamos a usar nosotros.

–No te preocupes, ya nos vamos a arreglar.

Ese era un poco el leit motiv, pasamos por las situaciones más adversas y siempre terminaba maravi-
llosamente bien.

Un día China llegó a la casa y recibió un llamado de una amiga muy rica que vivía en un triplex en
Park Avenue para invitarla a pasar Nochebuena con sus amigos. China me invitó a la casa de su ami-
ga, pasamos divino, hablamos con todo el mundo, y nos fuimos tarde. A la mañana siguiente yo bajé a

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desayunar con China, porque vivía al lado de su casa, y suena el teléfono, era su amiga para preguntar
por qué no fuimos a la fiesta. Fuimos al edificio, pero nos habíamos equivocado de piso, nadie nos
preguntó quiénes éramos, nos reímos mucho. La risa era el lugar común de una relación maravillosa
hasta el último día.

Me compré la casa en la Laguna del Sauce por China, yo tenía una amiga en Nueva York que me lle-
vó a conocer la East Coast, toda la parte de The Hamptons, East Hampton, las playas más paquetas.
Cuando volví estaba ligeramente deslumbrado, China me dijo que cuando fuera a Punta del Este fuera
a la casa de un primo hermano de ella que vivía en la Laguna del Sauce. Me quería comprar una casa
en Punta del Este, y cuando llegué a la casa me morí, el lugar era mágico, estaba el primo de China,
Alfredo Behrens.

Con China hemos hecho muchas cosas juntos, ella me traducía canciones del inglés, yo lo podía hacer
también, pero ella tenía una habilidad especial para traducir. Tradujo La jaula de las locas, Cabaret, La
mujer del año, muchos de los grandes éxitos que yo tuve en teatro los tradujo ella, unipersonales y pro-
gramas de televisión también. Hemos combinado muy bien amistad, arte, trabajo, y nunca un disgus-
to. Ambos teníamos la clave para dar vuelta todo y llorar de risa hasta que se nos caían las lágrimas.

¿Cómo surge la idea de hacer el espectáculo “Canciones para mirar” de María Elena Walsh?

Yo estaba en Nueva York, una amiga de Rosario se había puesto de novia con el agregado cultural de
la embajada argentina en Washington. Querían hacer un show para una fecha patria, y me pregun-
taron si lo quería hacer. En esa época nos conocíamos todos, yo vivía a dos cuadras de la embajada,
ensayaba con las chicas una versión media rara de Canciones. China vino a ver la versión que hicimos
a Washington y me dijo: —“Esto tenemos que hacerlo vos y yo en Nueva York”, y a partir de ese mo-
mento empezamos a ensayar las canciones en todas las fiestas que nos invitaban de argentinos, uru-
guayos, cubanos. En aquella época Uruguay y Argentina, como todos los países sudamericanos, eran
considerados países bananeros. China quiso demostrar que éramos mucho más que un país bananero,
y trajo una mima de París, Ilza Prestinari, que era la favorita de Marcel Marceau, un guitarrista que
estaba en Los Ángeles, y a su hermana Gumita, que vino de Montevideo para hacer el vestuario. Fue
una locura, hicimos una función en la Asamblea General1 después de todos los discursos de los pre-
sidentes y los diplomáticos. Después de la función apareció un señor con pinta de gánster, nos dijo
que adoró el espectáculo y que tendríamos que conseguirnos un teatro off-Broadway para hacerlo. El
show era en español y en esa época no había tanta gente que hablara español en Nueva York, el señor
nos dio veinte mil dólares para hacer el show. Salimos corriendo con China para buscar un teatro en
Broadway, arreglamos con el Sullivan Street Play House, estaba en pleno corazón del Village. Durante
dos años hicimos Canciones para mirar de María Elena Walsh en español, ante un público en su ma-
yoría estadounidense, que adoraban y ovacionaban las canciones. Al principio China hacia una expli-
cación en inglés para explicar de qué se trataba más o menos el espectáculo, la gente entendía todo
igual. Fue una de las cosas que más me gusto hacer.

Tuvieron muchísimo éxito, llegaron a salir en la revista Life.

Eran tan inesperado el éxito que tuvimos. Un día nos llamaron para hacernos una nota en el estudio
del fotógrafo Jim Moore. Fuimos con China e Ilza, ese mismo día tenían cita The Beatles, habían ido

1 Canciones para mirar fue presentado en la gala de cierre de la Asamblea de las Naciones Unidas, a pedido del
embajador uruguayo, Carlos María Velázquez, y el embajador argentino, José María del Solar.

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a la misma hora a presentar A Hard day´s night. No los conocían en Estados Unidos todavía, sí por la
radio, iban a promocionarse. Yo quería tener el pelo como ellos y me planchaba con plancha. Nos
hicimos amigos, empezamos a hablar, nos invitaron al estreno de la película y nosotros a ellos al es-
pectáculo, vinieron todos menos George Harrison, y lo adoraron. Me hice amigo de John Lennon des-
pués, cada vez que viajaba a Nueva York iba a visitarlo. Eran muy normales.

Después de “Canciones para mirar” en Nueva York, hicieron una gira por Uruguay y Argentina.

Hicimos de todo, estuvimos en el Teatro El Galpón con un éxito enorme, fuimos a Buenos Aires, re-
corrimos Argentina varias veces. Si había algún mes libre en un teatro y no estábamos haciendo nada
ninguno de los dos, que era muy difícil porque siempre estábamos trabajando mucho, hacíamos Can-
ciones para mirar.

Otro espectáculo que hicimos que fue una locura fue El diario privado de Adán y Eva, empezamos en 1972
y lo hicimos hasta un año antes de la muerte de China. A veces había cinco años entre temporada y tem-
porada, viajamos por toda América, estuvimos en Estados Unidos, Puerto Rico, México y Venezuela.

China en el programa televisivo


El show de Carlos Perciavalle,
1984.
Archivo Cecilia Herrera.

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El rincón Un espacio que atesora sus objetos más entrañables, los que la
acompañaron en las distintas etapas de su luminosa trayectoria, los

de China
más impregnados de su espíritu, tal como ella los tenía en la habitación
en que leía, tejía, repasaba sus libretos, jugaba canasta o backgammon
y, sobre todo, recibía a su legión de amigos con su proverbial
hospitalidad; en síntesis, la habitación en que China vivía.
Alguien contó que, cierta vez, al entrar a esa sala, vio un hombre en
overol, muy instalado en una bergere, comiendo un sándwich y absorto
en la TV.
¿Y este quién es? —preguntó quien había entrado,
Ah —dijo China— es el plomero. Vino a cambiarme una canilla y me
comentó que no había visto mi última película, así que le puse el video,
y aquí está…
Así era China y así era el Rincón de China que hoy intentamos replicar
en nuestro museo: una plétora de joie de vivre, generosidad y simpatía.

Todo el mobiliario, indumentaria, cuadros y fotos, libros, diplomas


y documentos y todos los objetos que integran el Rincón de China
fueron, generosamente, donados por sus sobrinos.
Vaya nuestro agradecimiento a todos ellos: los Amorím, los
Estrázulas, los Herrera y los Medina.

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Presidencia de la República

Presidente
Luis Lacalle Pou

Ministerio de Educación y Cultura

Ministro de Educación y Cultura


Pablo da Silveira

Subsecretaria de Educación y Cultura


Ana Ribeiro

Director General de Secretaría


Pablo Landoni Couture

Dirección Nacional de Cultura

Directora Nacional de Cultura


Mariana Wainstein

Museo Zorrilla

Coordinador
Álvaro Secondo Escandell

Gestión y Conservación de colecciones


Fabiana Operti

Gestión y Producción
Marcos Medina

Área Letras
Sofía Gervaz

Comunicación
Maite Bigi

Relaciones públicas
Juan Methol Raffo

Apoya:

94
14 de marzo al 30 de abril de 2022

Curaduría AGRADECIMIENTOS
Magdalena Cerantes
A los artistas participantes, a Margaret Whyte,
a Horacio Bernardo, a Patricia Fry, a Malena
Asesor teórico
Rodríguez, a Álvaro Secondo –director del Museo
Horacio Bernardo
Zorrilla–, a Maite Bigi, Sofía Gervaz, Marcos
Textos
Medina, Juan Methol y Fabiana Operti, a Nicolás
Mariana Wainstein, Álvaro Ahunchain, Álvaro Secondo, Infanzón y su equipo de montaje, a Rodolfo
Magdalena Cerantes, Horacio Bernardo, Julio Ma. Fuentes, a Álvaro Santana, a Osvaldo Reyno,a
Sanguinetti, Sebastián Spreng, Hugo Estrázulas Álvaro Ahunchain –director del INAE–, a Marcelo
Sienra –director del CIDDAE–, María Girard y
Artistas Sofía Camacho, a Estela Magnone –directora del
Santiago Grandal, Jacqueline Lacasa, Francisco Lapetina, Museo y Centro de Documentación AGADU–, a la
Olga Bettas, Federico Arnaud, Florencia de Palleja familia Zorrilla; Lalia Amorim, Ana Amorim, Hugo
Estrázulas, Paz López Estrázulas, Cecilia Herrera,
Eduardo Herrera, y José Luis Medina, a Juan Jones,
Montaje Soledad Silveyra, Carlos Perciavalle, Graciela Gelós,
Nicolás Infanzón Agustín Maggi, Marcos Carnevale, Luis Brandoni,
Dr. Julio María Sanguinetti, y Sebastián Spreng.
Fotografía de sala, obra y Rincón de China
Pablo Bielli

Realización de telón
Álvaro Santana

Diseño Gráfico, digitalización y retoque de imágenes


Rodolfo Fuentes / NAO

Corrección
Laura Zavala

Fotografías de archivo
Archivo Laila Amorim, Archivo Cecilia Herrera,
Archivo Sebastián Spreng, Archivo Álvaro Secondo,
Archivo familia Herrera-Zorrilla, Archivo del Centro de
Documentación y Museo AGADU, CIDDAE / Teatro Solís.

ISBN 978-9974-36-446-2

Impreso en
Gráfica Mosca
Dep. Legal: 380.933

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