Posiciones existenciales
Todas las personas poseen una percepción respecto de sí mismas, de las otras personas y
de la vida. A estas percepciones o conceptos se les conoce como posturas o posiciones
existenciales. Estas se originan a partir de la historia de vida y de los mensajes que la
persona recibió desde su infancia provenientes de figuras significativas; de esta manera,
las creencias sobre sí, las y los otros y la vida quedan grabadas formando mitos, por
cuanto pueden no corresponder a realidades, que llevan a la persona a actuar de
determinadas formas para confirmarlos. La posición elegida inconscientemente durante la
niñez es la básica; es decir, la persona se encuentra en ella la mayor parte del tiempo.
Existen cuatro patrones básicos de posiciones existenciales: Yo estoy bien, tú estás bien;
Yo estoy bien, tú estás mal; Yo estoy mal, tú estás bien y Yo estoy mal, tú estás mal.
Senlle (1991) y Naranjo (2004) las explican de la siguiente manera:
Yo estoy bien, tú estás bien. En esta posición se encuentran aquellas personas que
recibieron durante su niñez afecto, caricias, mensajes positivos, atención y cuidados por
parte de sus progenitores y otras figuras significativas. Las personas que adoptan esta
posición pueden resolver sus problemas de forma creativa y constructiva, son realistas y
consideran valiosas a las otras personas. Es la posición de una personalidad saludable.
Yo estoy bien, tu estas mal. Proyectiva. Las personas que han sido agredidas o denigradas
pueden llegar a pensar que ellas están mal. Es la posición de quienes se sienten víctimas o
perseguidas. Tienden a seguir culpando a las otras personas de sus desdichas y fracasos. A
medida que pasa el tiempo pueden empezar a devolver el odio acumulado, a agredir antes
de ser agredidas. Es una posición adoptada con frecuencia por criminales y delincuentes,
que se transforma en una conducta paranoide y que en casos extremos puede llevar al
homicidio.
Yo estoy mal, tú estás bien. Introyectiva. Es la posición adoptada por las personas que
recibieron constantemente mensajes negativos, lo que pudo llevarlas a la conclusión de
que son personas malas y que las otras son buenas y con base en esto construyen su
autoestima. Es la posición de quienes se sienten menos o impotentes al compararse con
otras personas. Generalmente se aíslan, sufren de depresión y en casos extremos pueden
llegar al suicidio.
Yo estoy mal, tú estás mal. Inutilidad. Cuando durante la infancia las personas han sido
abandonadas o reciben siempre mensajes que las conducen a la inseguridad y a la
desconfianza, aunado a una ausencia de reconocimientos o afecto, pueden llegar a la
conclusión de que no están bien, pero tampoco las otras personas lo están. Es la posición
de quienes pierden interés en seguir viviendo y en casos graves y extremos pueden
cometer homicidio o suicidio o ambas.
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En cuanto a la posición ante la vida, la persona que adopta la primera posición piensa
que vale la pena vivir la vida. Si adopta la segunda, considera que la vida de las otras
personas apenas tiene valor. En la tercera posición, cree que su vida no vale la pena y en
la cuarta, piensa que la vida no vale nada, ni la suya ni la de las demás.
Pese a lo mencionado anteriormente, es importante decir que las posiciones existenciales
pueden fluctuar dentro de ciertos límites, dependiendo de las situaciones y experiencias
vitales que la persona vaya teniendo y del tipo y calidad de las relaciones que establezca
con otras personas. Por otra parte, posiciones existenciales negativas muy arraigas se
pueden modificar a partir de un buen autoanálisis realizado con ayuda de un especialista.
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