REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
INSTITUTO UNIVERSITARIO DE TECNOLOGÍA
“ANTONIO JOSÉ DE SUCRE”
EXTENSIÓN CHARALLAVE
La Educación Progresista: Respuesta Idónea a los Desafíos
Educativos del Siglo XXI
Participante
Arq. Jinead A. Pérez O.
C.I 20.127.491
Charallave, 19 de septiembre de 2025
En un mundo caracterizado por la acelerada transformación tecnológica, la
globalización y la creciente diversidad cultural, los sistemas educativos enfrentan
el reto de formar ciudadanos críticos, creativos y socialmente responsables. Frente
a este panorama, la corriente educativa progresista se erige como la propuesta
más idónea y relevante, pues prioriza el aprendizaje significativo, la participación
activa del estudiante y la conexión entre escuela y realidad social. A diferencia de
modelos tradicionales, el progresismo coloca al estudiante como protagonista de
su propio aprendizaje. John Dewey, uno de sus principales exponentes, defendía
que la educación debía partir de la experiencia y los intereses del alumno,
fomentando la autonomía y la capacidad de tomar decisiones.
La corriente progresista promueve metodologías como el aprendizaje
basado en proyectos, el trabajo colaborativo y la investigación guiada. Estas
estrategias permiten que el conocimiento se construya de manera contextualizada,
vinculando teoría y práctica. En sociedades cada vez más heterogéneas, el
progresismo reconoce y valora la diversidad cultural, social y cognitiva. Se adapta
a distintos ritmos y estilos de aprendizaje, favoreciendo la equidad educativa.
Garantiza que todos los estudiantes, independientemente de sus condiciones,
tengan oportunidades reales de éxito académico y personal.
Uno de los pilares del progresismo es su capacidad para despertar el
interés genuino y la motivación intrínseca en el alumnado. Al situar el aprendizaje
en contextos reales y relevantes, permite que los conocimientos sean
internalizados de manera más significativa, pasando de la simple memorización a
la comprensión y aplicación auténtica.
En investigaciones como el Estudio de Ocho Años realizado por la
Asociación de Educación Progresista en [Link]., se demostró que los estudiantes
educados en modelos progresistas igualaban o superaban a sus pares formados
en modelos tradicionales en todas las variables: calificaciones, participación
extracurricular, tasas de abandono escolar, curiosidad intelectual y capacidad de
innovación social. Cuanto más se distanciaba una escuela del currículo tradicional,
mejores eran los resultados de sus estudiantes.
El enfoque progresista tiene un impacto positivo en el desarrollo
socioemocional, promoviendo la confianza en uno mismo, la autonomía, la
responsabilidad, la empatía y la habilidad para convivir en sociedades plurales.
Diversos estudios empíricos recientes vinculan directamente el aprendizaje
experiencial y activo con el fortalecimiento de la autorregulación, la resiliencia, la
autoestima y el bienestar emocional del alumnado
La formación integral de ciudadanos críticos, creativos y responsables no
puede lograrse mediante la simple transmisión de contenidos, sino que requiere
un modelo que articule experiencias, reflexión, participación y adaptación continua
al entorno. El aprendizaje progresista incorpora la alfabetización digital, la
educación para la sostenibilidad, la ciudadanía global y la diversidad cultural como
ejes transversales, preparando al estudiante para actuar en la sociedad
hiperconectada y multicultural del siglo XXI.
A nivel individual, el progresismo promueve el “aprender a ser”, “aprender a
convivir” y “aprender a aprender”, componentes vitales para la autonomía, la
resiliencia y el bienestar personal en sociedades cada vez más exigentes y
cambiantes. La atención a la pluralidad cultural, la equidad, la justicia social y la
ciudadanía democrática, propios del progresismo, resultan fundamentales para
enfrentar desafíos persistentes como la desigualdad educativa, la discriminación y
la fragmentación social, contribuyendo, así, al tejido democrático y a la cohesión
social.
La pedagogía tradicional se fundamenta en la transmisión directa de
conocimientos por parte del profesor, la disciplina impuesta, el currículo rígido, la
evaluación memorística y el aprendizaje pasivo del estudiante como receptor de
información. Si bien este modelo ofrece claridad en los objetivos y estructura
organizacional, sus limitaciones son notorias: dificultad para atender la diversidad,
escasa motivación, baja transferencia a la vida cotidiana y poca capacidad para
desenvolverse en entornos cambiantes. En contraste, el progresismo desplaza el
centro de gravedad de la enseñanza del docente al alumno, promoviendo una
función activa, la elaboración de significados, la resolución de problemas, la
autodisciplina y la creatividad, en sintonía con las demandas contemporáneas.
Además, favorece una disciplina internalizada, motivada por el compromiso real y
la colaboración, no por la imposición externa.
Frente a modelos tradicionales, conductistas o constructivistas restringidos,
el progresismo ofrece una síntesis superadora, reconciliando el saber académico
con la creatividad, la acción y la experiencia real; la autoridad del docente con la
voz y la autonomía del estudiante; la diversidad y personalización con la cohesión
y el sentido colectivo.
Si bien su implementación conlleva retos de formación, innovación y
sostenibilidad, los logros verificados en contextos históricos y actuales, las
evidencias de impacto positivo en competencias clave y el alineamiento con las
demandas de la ciudadanía global, justifican la reivindicación del progresismo
como la corriente pedagógica más adecuada para enfrentar los retos educativos
actuales y transformar nuestras sociedades hacia horizontes más justos, solidarios
y democráticos.