Actividad Individual
Jeffrey Dahmer
Karen Lorena Varga Cala
Estudiante
Psicología Forense I- PSV8A- C2
Ps. Mg. Juan Camilo Carvajal Builes
Docente
Universidad de investigación y desarrollo – UDI
Facultad psicología virtual
Octubre 2025
Bucaramanga, Santander.
Introducción
El estudio de la conducta criminal extrema, especialmente en el caso de los asesinos en
serie, es un área crucial para la psicología forense y la criminología. Analizar a fondo estos
perfiles nos ayuda a desentrañar las complejas interacciones entre factores biológicos,
psicológicos y sociales que se entrelazan en la creación de comportamientos delictivos repetidos
y de gran impacto social. Por eso, este informe se enfoca en Jeffrey Dahmer (1960-1994), uno de
los asesinos en serie más infames de la historia de Estados Unidos, famoso por sus crímenes que
incluían homicidio, desmembramiento y canibalismo.
La intención es examinar su caso desde una perspectiva forense y criminológica. Así, se
explorarán conceptos clave como el hecho típico y antijurídico, que determina si el acto se ajusta
al tipo penal; el tipo de delincuente, que clasifica a la persona según sus patrones; la personalidad
criminal, que se refiere a los rasgos estables que guían la conducta antisocial; el posible trastorno
mental, que podría ayudar a explicar o contribuir al delito; y, por último, la valoración del riesgo,
que es esencial para estimar la probabilidad de reincidencia. Por lo tanto, entender la trayectoria y
la naturaleza de los crímenes de Dahmer requiere un enfoque interdisciplinario que combine el
derecho penal, la psicología clínica forense y la criminología, con el fin de identificar los factores
que llevaron a la manifestación de una conducta homicida y caníbal repetida.
.
Resumen del Caso
Jeffrey Lionel Dahmer nació en Milwaukee (Wisconsin), en 1960, y es conocido por los
brutales asesinatos de 17 jóvenes entre 1978 y 1991. Desde muy joven, mostró signos de
aislamiento social, tuvo problemas con el alcohol y tuvo pensamientos violentos, además de tener
dificultades para conectar emocionalmente con los demás. Su siniestra estrategia consistía en
atraer a jóvenes con la promesa de dinero o compañía, para luego drogarlos, asesinarlos y
someterlos a actos de necrofilia, desmembramiento e incluso canibalismo. Dahmer conservaba
fragmentos de sus víctimas como trofeos mórbidos, lo que ilustraba un impactante nivel de
deshumanización. Fue capturado en 1991 cuando una de sus víctimas logró escapar y llamar a la
policía. Durante el juicio, Dahmer confesó sus atroces actos y mostró una actitud emocional
escalofriantemente fría. Finalmente, fue declarado culpable de 15 cargos de asesinato y
condenado a cadena perpetua. Trágicamente, su vida llegó a su fin en 1994 cuando fue asesinado
por un compañero de prisión en la Institución Correccional de Columbia.
¿Cuál fue el hecho típico y antijurídico según el código de procedimiento penal?
Jeffrey Dahmer fue judicializado conforme al Código Penal y de Procedimiento Penal del
Estado de Wisconsin (Estados Unidos), contenidos en los Wisconsin Statutes, capítulos 940 y
967–979, los cuales regulan los delitos contra la vida y la seguridad corporal, así como las etapas
del proceso penal. El hecho típico corresponde al homicidio intencional en primer grado,
tipificado en el artículo 940.01 del mencionado código, que sanciona a quien causa la muerte de
otra persona de manera deliberada y con conocimiento de la ilicitud del acto. Dahmer cometió de
forma sistemática y premeditada el asesinato de diecisiete hombres jóvenes entre 1978 y 1991,
además de incurrir en delitos complementarios como profanación y mutilación de cadáveres
(940.11), agresión sexual (940.225) y privación ilegal de la libertad (940.30).
Desde la perspectiva del Código de Procedimiento Penal de Wisconsin (Chapters 967–
979), el proceso penal desarrollado en su contra siguió las etapas previstas por la ley:
investigación, formulación de cargos, juicio oral con jurado y sentencia. El tribunal competente la
Cortedel Condado de Milwaukee determinó que Dahmer actuó con plena conciencia y voluntad,
descartando la inimputabilidad alegada por la defensa bajo el argumento de enfermedad mental.
En consecuencia, su conducta fue considerada típica, al adecuarse plenamente a las figuras
delictivas previstas por el ordenamiento penal; y antijurídica, al vulnerar los bienes jurídicos más
protegidos por la ley: la vida, la libertad y la dignidad humana.
El carácter antijurídico se evidenció en la ausencia total de causas de justificación o
eximentes de responsabilidad penal, ya que Dahmer comprendía la naturaleza de sus actos y la
gravedad del daño causado. Por tanto, el tribunal concluyó que sus acciones no solo
constituyeron delitos conforme al tipo penal, sino que también fueron contrarias al derecho y a
las normas éticas fundamentales del orden jurídico estadounidense. Finalmente, en 1992, fue
declarado culpable de quince cargos de homicidio intencional en primer grado y condenado a
quince cadenas perpetuas consecutivas, de acuerdo con las disposiciones del Capítulo 973 de los
Wisconsin Statutes, que regula los procedimientos de sentencia y ejecución penal.
¿Qué tipo de delincuente era?
De acuerdo con la clasificación criminológica propuesta por Eysenck (1996), Pinatel
(1963) y otros autores contemporáneos, Jeffrey Dahmer puede considerarse un delincuente
psicópata y sexualmente sádico, encuadrado dentro de la categoría de asesino serial organizado.
Este tipo de criminal se caracteriza por planificar cuidadosamente sus crímenes, seleccionar a sus
víctimas según criterios personales y mantener un control absoluto sobre la escena del delito.
Dahmer presentaba rasgos distintivos de la psicopatía, tales como la ausencia de empatía,
una marcada frialdad emocional, la falta de remordimiento y una notable capacidad para
manipular a los demás. Llevaba una vida aparentemente normal: tenía un empleo estable, vivía
solo y mantenía un trato cordial con sus vecinos, lo que le permitía pasar inadvertido ante la
sociedad y las autoridades.
Desde la perspectiva de la tipología de Holmes y DeBurger (1988), su perfil corresponde
al de un asesino serial hedonista lujurioso, motivado por la gratificación sexual y el placer que
obtenía a través del control, la dominación y la muerte de sus víctimas.
En cuanto a su comportamiento delictivo, Dahmer no actuaba de manera impulsiva, sino
que planificaba meticulosamente cada encuentro. Engañaba a sus víctimas con promesas falsas,
las sedaba y posteriormente cometía homicidios que combinaban elementos de sádismo,
necrofilia y canibalismo. Este patrón revela una personalidad organizada y metódica, guiada por
la necesidad de satisfacer una fantasía interna más que por intereses económicos o de venganza.
Desde el punto de vista penal, Dahmer se clasifica como un delincuente habitual y
altamente peligroso, según los postulados de la criminología moderna, debido a la reiteración de
sus crímenes, la planificación detallada, la carencia de arrepentimiento y su inclinación a repetir
el acto homicida como fuente de satisfacción psicológica
Características de personalidad y teoría que explique su comportamiento
Jeffrey Dahmer presentó una personalidad profundamente alterada, en la que
predominaban rasgos psicopáticos, narcisistas y antisociales, acompañados de una marcada
distorsión afectiva y sexual. De acuerdo con diversos análisis forenses y psicológicos, se trataba
de un individuo con falta de empatía, frialdad emocional y una búsqueda constante de control
sobre los demás, lo que se evidenciaba en su forma de relacionarse con las víctimas y en la
manera meticulosa en que planeaba sus crímenes.
Dahmer encontraba placer en ejercer dominio absoluto sobre la vida de otros, combinando
su necesidad de poder con impulsos sexuales desviados que se manifestaban a través del sádismo,
la necrofilia y el canibalismo.
A pesar de su comportamiento violento, mantenía una apariencia de normalidad que lo
hacía pasar inadvertido en su entorno. Tenía empleo, era educado y se mostraba tranquilo, lo que
coincide con lo que Hare (1999) denomina un “psicópata integrado”, es decir, una persona que
logra desenvolverse socialmente mientras oculta su verdadera naturaleza. Esta doble faceta le
permitió ganarse la confianza de sus víctimas y actuar sin levantar sospechas, reforzando su
sensación de control y superioridad.
Desde la psicología de la personalidad, su conducta puede explicarse mediante el modelo
de la Triada Oscura propuesto por Paulhus y Williams (2002), donde convergen tres rasgos
principales: el narcisismo, caracterizado por una autoimagen grandiosa y necesidad de
admiración; el maquiavelismo, que implica manipulación y cálculo frío; y la psicopatía, marcada
por impulsividad, ausencia de culpa y desprecio por las normas sociales. En Dahmer, estos rasgos
coexistían y se reforzaban mutuamente, generando una personalidad dominada por la necesidad
de poder, la insensibilidad emocional y la incapacidad para establecer vínculos afectivos
auténticos.
Por otro lado, desde la perspectiva de la teoría psicodinámica de Freud (1923), su
comportamiento podría entenderse como el resultado de conflictos inconscientes no resueltos y
de una fijación en etapas tempranas del desarrollo emocional, especialmente en la fase fálica,
donde se construye la identidad y la relación con la sexualidad. La historia de vida de Dahmer
estuvo marcada por el abandono emocional, la soledad y la inestabilidad familiar, factores que
pudieron contribuir a la formación de una identidad fragmentada y a una sexualidad
distorsionada. El deseo de poseer completamente a sus víctimas, incluso después de la muerte,
puede interpretarse como un intento inconsciente de evitar el abandono y mantener el control
total sobre el objeto amado, lo que refleja un funcionamiento psíquico dominado por impulsos
primarios y carencia de integración emocional.
Finalmente, si se considera la teoría del aprendizaje social de Bandura (1977), es posible
entender que las experiencias de aislamiento y la falta de modelos afectivos adecuados reforzaron
en Dahmer un proceso de desensibilización emocional, donde la violencia se percibía como una
forma aceptable o neutral de expresión de poder. Su entorno familiar poco contenedor, unido a la
ausencia de control parental, favoreció la consolidación de fantasías violentas que, con el tiempo,
se transformaron en conductas criminales reales.
En conjunto, la personalidad de Jeffrey Dahmer estuvo determinada por la interacción
entre factores individuales, familiares y sociales, en la que los rasgos psicopáticos y parafílicos se
combinaron con un desarrollo afectivo disfuncional y un entorno poco protector. Estas
condiciones explican su tendencia a la manipulación, la frialdad emocional y la violencia
extrema, comportamientos que hallaban sentido en su necesidad patológica de control y dominio
sobre los demás
Posible trastorno mental
• Transtorno de la personalidad antisocial
• Necrofilia
• Canibalismo
• Rasgos Esquizofrenicos
Los especialistas que lo evaluaron señalaron que Dahmer presentaba rasgos claros de un
trastorno de personalidad antisocial, lo que significa que no sentía culpa ni remordimiento, no
reconocía los límites sociales y usaba a los demás como medios para satisfacer sus deseos. Era
alguien capaz de parecer amable y tranquilo, pero internamente vivía dominado por impulsos
oscuros que lo llevaban a actuar sin pensar en el daño que causaba. Su forma de relacionarse con
el otro no era desde la conexión humana, sino desde el dominio y la posesión.
También se evidenció que sufría parafilias, es decir, desviaciones del deseo sexual, entre
ellas la necrofilia y el canibalismo. En su caso, estas conductas iban más allá de lo sexual;
parecían reflejar un intento desesperado de mantener a sus víctimas cerca, de no ser abandonado.
Así mismo algunos psiquiatras han mencionado la posibilidad de que también presentara rasgos
esquizotípicos o límite de la personalidad, ya que mostraba pensamientos extraños, aislamiento y
dificultad para establecer relaciones afectivas reales. Sin embargo, no padecía delirios ni
alucinaciones, lo que significa que sabía perfectamente lo que hacía, aunque su manera de sentir
y de vincularse estuviera profundamente dañado.
Instrumentos de valoración del riesgo que se implementarían en caso de evaluación
Analizar un caso tan complejo como el de Jeffrey Dahmer va más allá de enumerar
crímenes; implica intentar comprender qué había detrás de su mente y qué tan peligroso podía
llegar a ser. Hoy en día, la psicología cuenta con diferentes instrumentos que ayudan a valorar el
riesgo que representa una persona, combinando su historia de vida, su estado mental y su forma
de relacionarse con el entorno.
Uno de los más reconocidos es la PCL-R, creada por Robert Hare, que mide el grado de
psicopatía. Esta prueba permite identificar si alguien presenta características como frialdad
emocional, manipulación, falta de remordimiento o placer en el poder sobre los demás. En el caso
deDahmer, este instrumento habría mostrado puntajes muy altos, ya que sus actos reflejaban una
mente calculadora, carente de empatía y con un control casi total sobre sus emociones y acciones.
Otro instrumento que sería útil es la HCR-20, utilizada para evaluar el riesgo de violencia
futura. Esta herramienta analiza tres aspectos: la historia personal del individuo (su infancia,
relaciones familiares, consumo de drogas o antecedentes criminales), su estado clínico actual
(emociones, pensamientos, impulsividad) y la manera en que podría manejar situaciones de estrés
o conflicto. En el caso de Dahmer, probablemente se identificaría un alto riesgo de reincidencia,
ya que mostraba un patrón de aislamiento, dificultad para relacionarse de manera sana y una
tendencia constante a repetir sus conductas destructivas.
Además, sería importante aplicar la SVR-20, una escala enfocada en valorar el riesgo de
violencia sexual. Este instrumento ayuda a determinar si los crímenes están impulsados por
deseos o fantasías sexuales distorsionadas, algo que encaja con el perfil de Dahmer, quien
mezclaba la atracción, la dominación y la muerte en un mismo acto.
Conclusiones
El caso de Jeffrey Dahmer representa uno de los ejemplos más complejos y perturbadores
dentro del estudio de la conducta criminal. A través del análisis realizado, se puede concluir que
sus actos no solo fueron el resultado de una decisión consciente, sino también la manifestación de
una estructura de personalidad profundamente alterada, marcada por la ausencia de empatía, el
deseo de control y la necesidad de posesión sobre el otro.
Los hallazgos sugieren que Dahmer cumplía con las características de un delincuente
psicopático y sexualmente sádico, perfil que coincide con lo planteado por Hare (1999) en su
modelo de psicopatía y por Holmes y DeBurger (1988) en su tipología de asesinos seriales. Su
conducta fue meticulosa, organizada y emocionalmente fría, lo que indica un alto grado de
planificación y control. Asimismo, su personalidad mostraba rasgos compatibles con un trastorno
de personalidad antisocial y parafilias sexuales graves.
Los instrumentos de valoración del riesgo, como la PCL-R, la HCR-20 y la SVR-20,
permitirían identificar con claridad la magnitud del peligro que representaba, evidenciando un
nivel de riesgo extremo y persistente. Su historial de aislamiento, su incapacidad para establecer
vínculos afectivos genuinos y su satisfacción al ejercer poder sobre sus víctimas son elementos
que refuerzan su perfil psicopático.
Desde una mirada más amplia, este caso pone en evidencia la importancia de intervenir
tempranamente en contextos familiares disfuncionales, detectar signos de trastornos de
personalidad o parafilias y fortalecer los sistemas de evaluación y tratamiento psicológico en
etapas iniciales. Dahmer no solo fue un asesino, sino el resultado de una historia personal
marcada por el abandono, la soledad y la falta de contención emocional. Comprender su mente no
justifica sus actos, pero permite reconocer la necesidad de prevenir, más que castigar, cuando los
indicios de alteraciones psicológicas graves se hacen visibles.
En conclusión, Jeffrey Dahmer encarna la unión entre el crimen planificado y la patología
emocional. Su caso continúa siendo un referente en la criminología moderna, pues muestra cómo
la ausencia de empatía, combinada con impulsos sexuales desviados y una estructura psíquica
desorganizada, puede derivar en una conducta homicida sostenida en el tiempo.
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