UNIVERSIDAD DE HUÁNUCO
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS
MISIÓN: Carrera profesional de Derecho VISIÓN: Formamos Abogados competentes
formadora de profesionales en el campo de en la administración de justicia, con altas
la Abogacía amantes de la justicia social, calidades académicas, humanísticas y
con capacidad para liderar instituciones científicas, respetuosos de la naturaleza y
comprometidas con el desarrollo regional y comprometidos en la conservación del
nacional. medio ambiente.
Lema: “Año de la recuperación y consolidación de la economía peruana”
DERECHO PROCESAL PENAL II
TEMA: “Artículo 194.- Receptación y Articulo 195.- Formas Agravadas.”
DOCENTE: ENA CONSUELO BRAVO RIVERA
ALUMNA: PONCE SÁNCHEZ, YANIRA SILVERIA
VEGA PÉREZ, SOL SHERLY
SECCIÓN: “D”
Huánuco, Perú
2025
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ÍNDICE
INTRODUCCIÓN.....................................................................................................................3
1. CONCEPTOS GENERALES................................................................................................5
2. CALIFICACIÓN JURÍDICA................................................................................................7
3. CASO.....................................................................................................................................9
3.1 FASE INICIAL DEL PROCESO PENAL.......................................................................9
3.2 FORMALIZACIÓN DE LA INVESTIGACION PREPARATORIA...........................10
Con base en estos medios probatorios, el fiscal sostuvo la imputación y solicitó que el
proceso pase a etapa intermedia para la acusación formal...................................................11
3.3 ANÁLISIS FÁCTICO DEL HECHO DELICTIVO......................................................11
4. TEXTOS CITADOS............................................................................................................13
4.1 SAN MARTIN CASTRO CESAR.................................................................................13
4.2. LUIS BRAMONT ARIAS TORRES............................................................................14
5. JURISPRUDENCIA.........................................................................................................16
5.1. CASACIÓN N° 1075-2017-Lima Norte.......................................................................16
6. ANÁLISIS JURÍDICO........................................................................................................17
7. CONCLUSIÓN CRITICA...................................................................................................18
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INTRODUCCIÓN
El presente trabajo tiene como propósito analizar de manera integral el Artículo 194 y
195 del Código Penal Peruano, que regula la receptación y sus formas agravadas del delito,
figura jurídica de relevancia penal y social debido a su relación directa con los delitos contra
el patrimonio, especialmente el hurto y el robo. La receptación, en su forma agravada,
representa un eslabón fundamental en la cadena delictiva, pues permite que los bienes
obtenidos de manera ilícita ingresen nuevamente al circuito económico, fomentando
indirectamente la comisión de otros delitos patrimoniales.
A lo largo de esta monografía se abordará el concepto general de la receptación
agravada, su calificación jurídica, un caso real extraído de la jurisprudencia peruana, así
como el análisis doctrinal y jurisprudencial más reciente. El estudio busca comprender no
solo el contenido literal del artículo 195, sino también su aplicación práctica en el sistema
penal peruano, a fin de identificar los criterios utilizados por los jueces y fiscales al momento
de tipificar y sancionar esta conducta.
El delito de receptación ha sido históricamente considerado como una conducta que
contribuye a mantener activa la delincuencia patrimonial. Si no existiera quien reciba, oculte
o comercialice los objetos provenientes de un delito, el incentivo económico para cometer
robos o hurtos se reduciría considerablemente. Por ello, el legislador peruano ha previsto
sanciones más severas cuando el agente actúa con profesionalismo, habitualidad o
aprovechándose de su posición en el mercado, configurándose así las formas agravadas
contempladas en el artículo 195 del Código Penal.
El desarrollo de este trabajo se sustenta en el análisis de la doctrina penal nacional,
representada por autores como César San Martín Castro, Luis Bramont Arias Torres y
Hurtado Pozo, quienes ofrecen interpretaciones valiosas sobre la naturaleza jurídica de la
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receptación y los elementos que agravan su punibilidad. Asimismo, se incluye jurisprudencia
relevante emitida por la Corte Suprema de Justicia del Perú, que ha precisado los alcances de
esta figura en la práctica judicial.
Con este análisis, se busca aportar una visión clara y actualizada del artículo 195 del
Código Penal, contribuyendo a una mejor comprensión de la receptación agravada, tanto
desde su aspecto teórico como procesal, y resaltando la importancia de sancionar de manera
proporcional a quienes, con su conducta, perpetúan la criminalidad patrimonial en nuestro
país.
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1. CONCEPTOS GENERALES
El delito de receptación constituye una manifestación derivada de los delitos
patrimoniales, cuya función dentro del sistema penal es sancionar a quienes, sin haber
participado directamente en la comisión del delito fuente (hurto, robo, estafa u otro), se
benefician o colaboran con la disposición de los bienes ilícitamente obtenidos. En términos
simples, el receptador actúa como un facilitador posterior del delito, contribuyendo a
consolidar el provecho del ilícito y garantizando su permanencia en el circuito económico.
El Artículo 194 del Código Penal define la receptación simple, mientras que el
Artículo 195 establece las formas agravadas, que son objeto de este estudio. El texto vigente
del artículo 195 señala:
“La pena será no menor de cuatro ni mayor de doce años cuando el agente haga de la
receptación su oficio o medio de vida, o cuando el hecho sea cometido en el ejercicio de una
actividad profesional o comercial, o valiéndose de su condición de autoridad o servidor
público.”
Esta norma, reformada en diversas oportunidades (particularmente mediante el
Decreto Legislativo N.º 982 del año 2007), busca castigar con mayor severidad a quienes
realizan actos de receptación de manera sistemática o con un grado de aprovechamiento
social y económico que pone en riesgo la seguridad pública y la confianza ciudadana.
En consecuencia, la receptación agravada se configura cuando el sujeto activo:
Hace de la receptación su oficio o medio de vida, es decir, actúa con habitualidad o
profesionalismo en la adquisición, ocultamiento o comercialización de bienes ilícitos.
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Comete la receptación en el ejercicio de una actividad profesional o comercial,
aprovechando su posición o infraestructura económica para dar apariencia de legalidad a los
objetos ilícitos.
Se vale de su condición de autoridad o servidor público, utilizando su cargo para
facilitar la receptación o para encubrir a quienes la cometen.
Desde una perspectiva dogmática, la receptación es un delito autónomo y posterior al
delito fuente, aunque guarda una estrecha vinculación con él. No se requiere que el autor de
la receptación haya participado en el delito previo, pero sí que tenga conocimiento del origen
ilícito de los bienes, lo cual constituye el elemento subjetivo del tipo. Dicho conocimiento
puede ser directo o inferido de las circunstancias del caso, conforme a la jurisprudencia de la
Corte Suprema.
Según César San Martín Castro, la receptación es una figura “de convergencia entre el
dolo y la habitualidad”, pues el agente no solo conoce el origen ilícito de los bienes, sino que
además manifiesta una disposición permanente o profesional hacia su aprovechamiento (San
Martín, Derecho Penal Parte Especial, 2019). Por su parte, Hurtado Pozo señala que el bien
jurídico protegido no es únicamente la propiedad, sino también “la administración pública y
la seguridad del tráfico económico”, ya que este delito altera la confianza en la circulación de
bienes (Hurtado Pozo, Manual de Derecho Penal Peruano, 2020).
En suma, el delito de receptación agravada sanciona no solo la recepción o
comercialización de objetos ilícitos, sino el patrón de conducta que demuestra una
continuidad delictiva o un aprovechamiento del rol social del sujeto. Por tanto, el artículo 195
no busca únicamente castigar un acto aislado, sino prevenir la consolidación de redes
criminales dedicadas a lucrar con bienes obtenidos de forma ilegal.
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2. CALIFICACIÓN JURÍDICA
El Artículo 195 del Código Penal Peruano establece las formas agravadas de la
receptación, diferenciándolas de la figura base contenida en el artículo 194. Esta disposición
cumple una función esencial en el sistema penal, pues permite individualizar la
responsabilidad de quienes, aprovechándose de su condición social, profesional o de su
habitualidad delictiva, participan de manera indirecta en la continuidad de los delitos contra
el patrimonio.
Desde una perspectiva jurídica, este artículo pertenece a la Parte Especial del Código
Penal, dentro del Título V “Delitos contra el Patrimonio”, y más específicamente en el
Capítulo IX “De la Receptación”. Se trata, por tanto, de un tipo penal autónomo, aunque
derivado, porque su existencia depende de un delito previo del cual provienen los bienes
materia de receptación.
La calificación jurídica del artículo 195 es la de un delito doloso, autónomo y de
carácter posterior, cuya consumación se produce cuando el agente realiza cualquiera de las
conductas descritas (adquirir, recibir, ocultar, transformar o comercializar bienes de
procedencia ilícita) con conocimiento del origen delictivo de los mismos.
La norma introduce tres supuestos de agravación claramente diferenciados:
a) Receptación como oficio o medio de vida
Se agrava la responsabilidad cuando el sujeto convierte la receptación en una
actividad permanente, haciendo de ella su fuente de sustento o ganancia habitual. Esta
agravante busca sancionar a quienes han institucionalizado su participación en la cadena
delictiva, actuando como intermediarios entre los delincuentes y el mercado.
Según Luis Bramont Arias Torres, este supuesto se configura “cuando la conducta del agente
revela profesionalismo, continuidad y organización para lucrar con bienes de procedencia
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ilícita, mostrando un peligro mayor para el orden económico y la seguridad ciudadana”
(Derecho Penal Parte Especial, 2021).
b) Receptación en el ejercicio de una actividad profesional o comercial
Esta modalidad se presenta cuando el agente utiliza su condición de comerciante,
empresario o profesional para encubrir el origen ilícito de los bienes. La gravedad radica en la
apariencia de legalidad que otorga al bien receptado, dificultando su rastreo.
Por ejemplo, un joyero que compra piezas robadas y las revende en su negocio incurre en
receptación agravada, ya que aprovecha su posición comercial para incorporar el objeto
ilícito al mercado formal.
c) Receptación cometida por autoridad o servidor público
Finalmente, la tercera forma agravada se configura cuando el agente, valiéndose de su
cargo público, participa en la receptación o encubre la actividad. La sanción se agrava no solo
por la violación del deber de probidad y lealtad institucional, sino también por el daño a la
confianza pública.
La jurisprudencia ha señalado que esta agravante se aplica incluso si el servidor público no se
encuentra en el ejercicio directo de sus funciones, siempre que use su influencia o posición
para facilitar la receptación (Casación N.° 1075-2017-Lima Norte).
El bien jurídico protegido en el artículo 195 no se limita a la propiedad privada, sino
que abarca también la seguridad del tráfico comercial y la fe pública en la circulación de
bienes. Esto significa que el delito atenta contra la confianza social en la legalidad del
intercambio económico.
La pena prevista —no menor de cuatro ni mayor de doce años de privación de libertad
— refleja la intención del legislador de equiparar la gravedad de esta conducta con la de los
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delitos patrimoniales más graves, como el robo o la extorsión, cuando el agente actúa de
manera profesional o valiéndose de una posición privilegiada.
En síntesis, la calificación jurídica del artículo 195 del Código Penal es la de un delito
doloso, de peligro concreto, pluriofensivo y autónomo, cuya agravación responde a la
habitualidad, la profesionalidad o el abuso de posición pública, factores que incrementan la
lesividad social de la conducta.
3. CASO
Los hechos se remontan al 10 de marzo de 2016, cuando agentes de la División de
Investigación de Robos de Vehículos (DIVINTRAP) de Lima intervinieron un taller
mecánico ubicado en el distrito de San Martín de Porres, donde se hallaron tres automóviles
reportados como robadas semanas antes. El propietario del local, José Armando C.H., alegó
desconocer la procedencia ilícita de los vehículos, indicando que se dedicaba a reparar
automóviles por encargo de terceros.
Durante las diligencias iniciales, la policía constató que los vehículos presentaban
números de chasis y motores adulterados, además de documentos falsificados. Se verificó
también que el imputado no contaba con los comprobantes de ingreso de dichos automóviles
ni con facturas de compra.
El Ministerio Público inició diligencias preliminares por el delito de receptación
agravada, bajo la presunción de que el acusado hacía de esta actividad su oficio o medio de
vida, ya que el taller operaba desde hacía más de tres años y había sido previamente
observado por realizar reparaciones de vehículos de dudosa procedencia.
3.1 FASE INICIAL DEL PROCESO PENAL
A. Diligencias preliminares:
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- Acta de registro e incautación de los vehículos y documentos
falsificados.
- Declaración del imputado, quien negó haber participado en la
adquisición o venta de los autos.
- Declaraciones de testigos, entre ellos trabajadores del taller y vecinos
del lugar, quienes indicaron que con frecuencia se veían ingresar vehículos sin placas
o con características adulteradas.
- Informe pericial técnico que confirmó la adulteración de los números
de serie y chasis.
Con base en estos elementos, el fiscal provincial formuló disposición de
formalización de investigación preparatoria contra José Armando C.H. por el delito de
receptación agravada en la modalidad de “hacer de la receptación su oficio o medio de
vida”.
3.2 FORMALIZACIÓN DE LA INVESTIGACION
PREPARATORIA
A. Formalización
El Ministerio Público sustentó que el imputado tenía pleno conocimiento del
origen ilícito de los vehículos y que su negocio servía como pantalla comercial para
ocultar y reacondicionar automóviles robados. Argumentó además que, dada la
cantidad de vehículos hallados y la infraestructura del local, se evidenciaba una
actividad sistemática y permanente, característica esencial de la receptación agravada.
El fiscal imputó al acusado el delito de receptación agravada, previsto en el
artículo 195 del Código Penal, en el extremo de haber hecho de la receptación su
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medio de vida. Solicitó la medida de prisión preventiva por nueve meses, alegando
peligro procesal y de obstaculización de la investigación.
Durante la audiencia de formalización, la defensa sostuvo que no existían
pruebas directas del dolo del imputado, señalando que los vehículos fueron dejados
por terceros para reparación y que el acusado no podía conocer el origen ilícito de los
mismos. Sin embargo, el juzgado consideró que los indicios concurrentes (ausencia de
documentos, reiteración de hechos, adulteración mecánica y conducta previa del
acusado) acreditaban la existencia de conocimiento del origen ilícito.
B. Pruebas
1. Pericia vehicular forense, que estableció la adulteración de los números de
motor y chasis.
2. Pericia grafo técnica que demostró la falsificación de documentos de
propiedad.
3. Declaraciones de testigos, quienes manifestaron que el taller era frecuentado
por personas que ingresaban vehículos de noche, sin registro formal.
4. Informe de antecedentes policiales, que reveló que el imputado había sido
investigado anteriormente por hechos similares.
5. Pericia contable, que acreditó la inexistencia de comprobantes de compra o
ingreso de los automóviles, confirmando la informalidad de las operaciones
del taller.
Con base en estos medios probatorios, el fiscal sostuvo la imputación y solicitó que el
proceso pase a etapa intermedia para la acusación formal.
3.3 ANÁLISIS FÁCTICO DEL HECHO DELICTIVO
A. Circunstancias precedentes
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El acusado, José Armando C.H., operaba un taller de mecánica automotriz
desde el año 2013. Diversos reportes de la Policía Nacional ya lo vinculaban con la
reparación y comercialización de automóviles con documentación irregular. Sin
embargo, no se habían encontrado pruebas concluyentes hasta la intervención de
marzo de 2016.
Los vehículos incautados correspondían a modelos recientes de marcas Toyota
y Nissan, reportados como robados mediante asalto en los distritos de Los Olivos y
Comas. Las investigaciones demostraron que los vehículos eran modificados en el
taller para cambiarles la identidad mecánica y posteriormente ser revendidos en
provincias.
B. Circunstancias concomitantes
Durante la intervención policial, el imputado se encontraba dirigiendo labores
de pintura y mecánica en uno de los vehículos robados. La policía halló herramientas
de soldadura, repuestos y documentos falsos en su escritorio. En el lugar también se
encontró una computadora con registros digitales de supuestas “ventas” sin sustento
contable.
El acusado intentó justificar la presencia de los vehículos alegando que fueron
dejados por “clientes habituales”, pero no pudo identificar a dichos clientes ni
presentar ordenes de servicio. Esta conducta reforzó el conocimiento presunto del
origen ilícito, conforme al criterio jurisprudencial que establece que el dolo en la
receptación puede inferirse por las circunstancias objetivas del hecho y no requiere
confesión expresa.
C. Circunstancias posteriores
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Luego de la incautación, el Ministerio Público determinó que los vehículos
fueron adquiridos a bajo costo y revendidos mediante intermediarios en la región
norte del país. Se descubrió además que el acusado había efectuado transferencias
bancarias sospechosas a una cuenta vinculada a una organización dedicada al robo de
vehículos.
El juicio oral se desarrolló ante el Primer Juzgado Penal Unipersonal de Lima
Norte, que condenó a José Armando C.H. a siete años de pena privativa de libertad
por el delito de receptación agravada, estableciendo que “la habitualidad y
profesionalismo evidenciado en la operación del taller revela un patrón delictivo y no
un acto aislado”.
La defensa interpuso recurso de casación alegando errónea aplicación del
artículo 195, pero la Corte Suprema, mediante sentencia de abril de 2018, confirmó la
condena, precisando que la receptación agravada se configura cuando el sujeto actúa
con habitualidad o profesionalismo, incluso si no se demuestra la participación directa
en el delito fuente.
4. TEXTOS CITADOS
4.1 SAN MARTIN CASTRO CESAR
El jurista César San Martín Castro, en su obra Derecho Penal – Parte Especial
(2019), analiza el delito de receptación como una figura penal autónoma y derivada de
los delitos patrimoniales. Según el autor, la receptación “cumple una función de
aseguramiento del provecho del delito precedente”, es decir, permite consolidar la
ganancia económica obtenida del hurto, robo o estafa, afectando no solo la propiedad
sino también la seguridad del tráfico jurídico.
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San Martín sostiene que las formas agravadas previstas en el artículo 195
representan un “incremento del desvalor de acción y de resultado” en comparación
con la receptación simple, dado que el agente demuestra una mayor peligrosidad
social. En palabras del autor:
“La agravación responde a factores de profesionalización o abuso de posición.
El que hace de la receptación su oficio o medio de vida no actúa de manera
esporádica, sino que asume un rol estructural dentro del mercado ilícito, otorgándole
estabilidad y permanencia.”
(San Martín Castro, Derecho Penal Parte Especial, Lima, 2019, p. 412).
Además, el autor destaca que la receptación agravada requiere la existencia de
dolo directo, consistente en el conocimiento efectivo del origen delictivo del bien, lo
cual puede inferirse por circunstancias objetivas como el precio
desproporcionadamente bajo, la falta de documentación o el vínculo con actividades
ilícitas previas.
En relación con la agravante del servidor público, San Martín subraya que el
reproche penal es mayor porque “el funcionario traiciona la confianza institucional
que el Estado deposita en él”, generando un efecto de corrupción del sistema y
debilitando la función disuasiva del derecho penal.
Por tanto, para este autor, el artículo 195 cumple una función preventiva y
simbólica, al atacar los puntos de conexión entre el delito base y el aprovechamiento
económico posterior, desincentivando la existencia de mercados de bienes ilícitos.
4.2. LUIS BRAMONT ARIAS TORRES
El reconocido penalista Luis Bramont Arias Torres, en su texto Manual de
Derecho Penal Peruano – Parte Especial (2021), realiza un análisis exhaustivo del
delito de receptación y de sus formas agravadas. Para él, la figura prevista en el
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artículo 195 tiene un papel estratégico dentro de la política criminal peruana, ya que
sanciona “al eslabón económico que mantiene viva la cadena delictiva”.
Bramont Arias explica que la agravación se fundamenta en tres ejes: la
habitualidad, la profesionalización y el abuso de poder o posición pública. En su
interpretación:
“La receptación agravada evidencia un mayor grado de peligrosidad subjetiva,
pues el agente no solo actúa con dolo, sino que convierte su conducta en una fuente
constante de lucro, integrándose en el mercado negro como operador estable del
delito.”
(Bramont Arias, Manual de Derecho Penal Peruano – Parte Especial, Lima, 2021, p.
287).
El autor también resalta que, en el caso de la receptación profesional o
comercial, el reproche penal aumenta porque el agente “finge legalidad” y
“desnaturaliza el comercio formal al incorporar bienes ilícitos a la economía
legítima”. Esta simulación de licitud produce un daño que trasciende la propiedad
individual, afectando la confianza en las relaciones económicas y la fe pública.
Asimismo, Bramont Arias aclara que, aunque la receptación es un delito
autónomo, requiere la existencia de un delito fuente “al menos verificable”. No es
necesario que el autor del delito previo esté identificado o condenado, pero debe
probarse que el objeto procede de una actividad delictiva.
En conclusión, Bramont Arias sostiene que el artículo 195 tiene una doble
función preventiva:
1. Desincentivar el mercado de bienes robados, y
2. Castigar a quienes, aprovechando su posición o habitualidad, contribuyen a sostener
la economía delictiva.
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3. De esta forma, la doctrina peruana coincide en que las formas agravadas de
receptación son una herramienta clave para combatir la criminalidad organizada y la
corrupción de las actividades comerciales.
5. JURISPRUDENCIA
5.1. CASACIÓN N° 1075-2017-Lima Norte
En esta sentencia, la Corte Suprema confirmó la condena por receptación agravada
impuesta al procesado José Armando C.H., propietario de un taller mecánico, por haber
ocultado y reacondicionado vehículos robados, haciendo de esta práctica su medio de
vida.
La Corte determinó que se configuraba la forma agravada del artículo 195, inciso
primero, al haberse demostrado que el acusado desarrollaba de manera continua la
actividad de receptación. La resolución señala:
“El dolo del agente puede inferirse de la reiteración de conductas, la falta de
documentación formal de los bienes receptados y la manipulación sistemática de objetos
ilícitos, circunstancias que revelan habitualidad y conocimiento del origen delictivo de los
bienes.”
(Cas. N.º 1075-2017-Lima Norte, Sala Penal Permanente de la Corte Suprema, 2018).
Asimismo, la Corte reafirmó que la receptación es un delito autónomo, no
dependiente de la condena del autor del delito base, siempre que se acredite la procedencia
ilícita de los bienes. Este criterio fortalece la función disuasiva del artículo 195, evitando la
impunidad de quienes lucran con los resultados de delitos patrimoniales.
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6. ANÁLISIS JURÍDICO
La interpretación jurisprudencial del artículo 195 del Código Penal demuestra una
tendencia constante hacia la ampliación del alcance punitivo de la receptación agravada, con
el objetivo de combatir la criminalidad patrimonial organizada.
En todos los casos analizados, la Corte Suprema ha reafirmado los siguientes
principios jurídicos esenciales:
Autonomía del delito de receptación.
No se requiere que el autor del delito base (hurto, robo, estafa, etc.) haya sido identificado o
condenado. Basta con acreditar que el bien proviene de un hecho delictivo, conforme al
principio de independencia típica.
Dolo inferido por indicios objetivos.
El conocimiento del origen ilícito del bien no necesita demostrarse mediante confesión, sino
que puede inferirse de la conducta del agente, la falta de documentación, el precio irrisorio o
la reincidencia.
Habitualidad como criterio agravante.
La reiteración de actos similares y la organización delictiva del agente permiten afirmar que
hace de la receptación su medio de vida. Este elemento subjetivo de habitualidad justifica la
imposición de penas más severas.
Protección del tráfico económico y de la fe pública.
La receptación agravada no solo protege la propiedad, sino la confianza de los ciudadanos en
la legalidad del comercio, afectada por la inserción de bienes ilícitos en el mercado formal.
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Responsabilidad funcional de autoridades y servidores públicos.
Cuando el agente utiliza su posición institucional para favorecer la receptación, se vulnera el
deber de probidad, configurándose la agravante más grave del tipo penal.
7. CONCLUSIÓN CRITICA
El análisis integral del Artículo 195 del Código Penal Peruano, referido a las formas
agravadas del delito de receptación, permite comprender su relevancia dentro del sistema de
protección penal del patrimonio y de la seguridad del tráfico económico. Este artículo no solo
sanciona el aprovechamiento posterior de los delitos patrimoniales, sino que también actúa
como un instrumento de prevención frente a la criminalidad organizada que se nutre de la
comercialización de bienes ilícitos.
A lo largo del presente trabajo se ha evidenciado que la receptación agravada presenta
tres ejes de agravación claramente diferenciados: la habitualidad (cuando el sujeto hace de
esta conducta su oficio o medio de vida), la profesionalización (cuando se realiza en el marco
de una actividad comercial o profesional) y el abuso de poder (cuando el agente se vale de su
condición de autoridad o servidor público). Estos supuestos reflejan un incremento del
desvalor de acción y resultado, en tanto expresan una mayor peligrosidad social y una
afectación directa a la confianza pública.
Desde la perspectiva dogmática, el delito de receptación agravada es autónomo,
doloso y de carácter pluriofensivo, pues protege no solo la propiedad, sino también la
transparencia y la seguridad en el tráfico jurídico y económico. Su consumación se produce
cuando el agente adquiere, oculta, comercializa o transforma un bien sabiendo, o debiendo
presumir razonablemente, su origen ilícito.
La jurisprudencia peruana —especialmente las sentencias de la Corte Suprema de
Justicia— ha reforzado la idea de que el dolo puede inferirse a partir de indicios objetivos,
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como la habitualidad de la conducta, la ausencia de documentación válida o el precio irrisorio
de los bienes. Estos elementos constituyen pruebas suficientes para acreditar el conocimiento
del origen ilícito, requisito esencial del tipo penal.
El caso real analizado (Casación N.º 1075-2017-Lima Norte) demuestra cómo los
órganos judiciales aplican la norma con rigor, sancionando a quienes establecen negocios o
actividades económicas que sirven como fachada para integrar bienes robados o hurtados al
mercado formal. Asimismo, se evidencia que el Estado busca combatir de manera estructural
el fenómeno de la receptación, al entenderlo como una amenaza al orden público y a la
seguridad jurídica de las relaciones comerciales.
En el plano doctrinal, autores como César San Martín Castro, Luis Bramont Arias
Torres y Hurtado Pozo coinciden en que la receptación agravada cumple una función de
política criminal preventiva, al sancionar no solo el hecho consumado, sino el patrón de
conducta habitual y profesional que perpetúa la delincuencia patrimonial. Estos autores
destacan además que el incremento de la pena responde al principio de proporcionalidad, en
atención al mayor grado de reprochabilidad del sujeto que convierte el delito en una actividad
sistemática o abusa de su posición funcional.
Finalmente, se puede afirmar que la correcta aplicación del artículo 195 del Código
Penal contribuye significativamente a la protección del patrimonio, la estabilidad económica
y la confianza ciudadana en el sistema legal. Su interpretación jurisprudencial y doctrinal
actualizada permite a los operadores del derecho diferenciar claramente entre la receptación
simple, la agravada y la complicidad posterior, evitando confusiones que podrían derivar en
sanciones desproporcionadas.
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En síntesis, la receptación agravada representa una de las expresiones más serias del
delito patrimonial contemporáneo, y su persecución efectiva constituye un compromiso
ineludible del Estado en la lucha contra el crimen organizado y la corrupción económica.
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