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Memorias Del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

Las memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia, coordinadas por José Ramón Cossío Díaz y Alejandra Rabasa Salinas, documentan encuentros entre la Suprema Corte de Justicia de la Nación y El Colegio Nacional para explorar la intersección entre derecho y ciencia. Se abordan temas contemporáneos como genética, salud pública, inteligencia artificial y cambio climático, destacando la necesidad de un diálogo entre ambas disciplinas para abordar los desafíos legales que surgen de los avances científicos. Este seminario busca establecer un marco de referencia para resolver conflictos legales relacionados con innovaciones tecnológicas y científicas.

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Memorias Del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

Las memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia, coordinadas por José Ramón Cossío Díaz y Alejandra Rabasa Salinas, documentan encuentros entre la Suprema Corte de Justicia de la Nación y El Colegio Nacional para explorar la intersección entre derecho y ciencia. Se abordan temas contemporáneos como genética, salud pública, inteligencia artificial y cambio climático, destacando la necesidad de un diálogo entre ambas disciplinas para abordar los desafíos legales que surgen de los avances científicos. Este seminario busca establecer un marco de referencia para resolver conflictos legales relacionados con innovaciones tecnológicas y científicas.

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Memorias del Seminario Permanente de

Derecho y Ciencia
José Ramón Cossío Díaz y Alejandra Rabasa Salinas
coordinadores

EL COLEGIO NACIONAL
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN
Memorias del Seminario Permanente de

Derecho y Ciencia
Memorias del Seminario Permanente de

Derecho y Ciencia
José Ramón Cossío Díaz y Alejandra Rabasa Salinas
coordinadores

EL COLEGIO NACIONAL
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN
Primera edición: 2025

D. R. © 2025. El Colegio Nacional


Luis González Obregón 23
Centro Histórico
06020, Ciudad de México

[Link]

isbn digital: 978-607-724-568-1

Correos electrónicos:
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editorial@[Link]
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Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación debe ser
reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación de datos o transmitida
en cualquier forma o mediante cualquier medio eléctrico o mecánico, incluyendo
fotocopia, grabación u otros medios, sin el permiso escrito previo del editor.

Impreso y hecho en México / Printed and made in Mexico


Índice

Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
José Ramón Cossío Díaz
Reseñas curriculares de ponentes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13

2024

Genética y justicia: ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27


Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales
para la protección de la naturaleza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad:
La investigación científica en sentencias sobre
consumo de drogas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147
Derecho y urbanismo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171

2025

Inteligencia artificial y justicia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205


Biotecnología y genética. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 245
Cambio climático y justicia ambiental. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 283
Protección de datos y ciberseguridad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 315
Aportes de las neurociencias al ámbito legal. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 357
Clausura del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia. . . . . . . . . . . . 387
Conclusiones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 391
Introducción
José Ramón Cossío Díaz

A lo largo de varias sesiones, se celebraron distintos encuentros


entre la Suprema Corte de Justicia de la Nación y El Colegio
Nacional para explorar las relaciones ante distintos tópicos cien­
tíficos y del derecho. Se trató de un esfuerzo bien concebido y
organizado para encontrar las relaciones entre temas que, por
su novedad, están causando extrañamiento y dificultades de
acomodo jurídico dentro del más amplio sistema de regulación
social existente en nuestro tiempo.
El conflicto entre los cambios o derivaciones tecnológicas y
los consabidos desconciertos que causan no son novedad. En dis­
tintos momentos a lo largo de la historia, nos hemos enfrentado a
la necesidad de resolver tales discrepancias. Y algunos de estos
cambios son tan profundos que pareciera, si no imposible, sí al
menos extraordinariamente complicado identificar su raíz y lo­
grar su inserción jurídica. En vía de ejemplo, pensemos lo que los
cambios en la genética humana les representan a las figuras de
paternidad y maternidad o filiación, o lo que las especificaciones
del mismo tipo pueden significar para los riesgos a las personas o
a su entorno.
Para quienes hacen ciencia o desarrollan tecnologías es común
ignorar las regulaciones jurídicas. Los objetivos, métodos, prác­
ticas y códigos de este tipo de trabajo se encuentran tan consoli­
dados y tienen tanta legitimidad, que permiten ignorar o apar­
tarse de aquello que no le sea constitutivo. Es común entonces

9
Memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

que las preguntas sobre los derechos, las obligaciones, los riesgos
y las sanciones, por ejemplo, aparezcan al momento en el que se
suscitan los problemas o se llevan a cabo las labores de comercia­
lización. De la misma manera, quienes hacen derecho —sea en la
forma de reflexión teórica o de creación normativa— suelen en­
cerrarse en sus ejercicios jurídicos y no consideran la materiali­
dad de los fenómenos respecto de los cuales se darán los corres­
pondientes ejercicios jurídicos.
Si revisamos lo que suele suceder en nuestras sociedades
actuales, lo que acabo de señalar es el común denominador. Las
consecuencias de este modo de hacer las cosas redundan no solo,
y desde luego, en los ejercicios mismos de teorización científicos o
jurídicos, sino también en los modos en los que las vidas cotidia­
nas resultan afectadas por estas dos esferas. Tratamientos mé­
dicos que carecen de una adecuada identificación de sus efectos, o
normas jurídicas que ignoran aquello que en principio debieran
considerar de un modo cabal.
A partir de la necesidad de un espacio de diálogo, nació este
seminario, cuyas memorias encontrarán en estas páginas. Ya men­
cioné un ejemplo con los avances en genética humana, pero los
temas tratados son amplios en las disciplinas que los abordan, mas
no en su relevancia para la calidad de la vida humana y la regula­
ción social. Considero relevante señalar la guía divisoria de las
sesiones del seminario. En las primeras cinco sesiones se revisa­
ron sentencias reales en donde se tuvo que conciliar el derecho
con el mejor conocimiento científico disponible. El resto se en­
cargó de explorar temas que, al menos en México, aún no llegan a
los juzgados, pero que, inevitablemente, son de urgencia abordar.
Tópicos como la reproducción sexual, el consumo de drogas, la
inteligencia artificial (ia), la ingeniería genética, por mencionar
algunos ejemplos.
La realización de estas jornadas de diálogo entre El Colegio
Nacional y la Suprema Corte de Justicia pueden servir como guía de

10
Introducción

lo que otras instituciones tanto académicas como jurídicas podrían


establecer a fin de resolver algunos de los conflictos mencionados.
Lo que se hizo por parte de ambas instituciones fue presentar un
problema relevante en sus propios términos y posibilidades, para
después identificar las maneras en las que el dere­cho lo ha regu­
lado, si en su caso lo ha hecho adecuada o inadecuadamente, o si
simplemente lo ha ignorado. La conjunción de expertos científi­
cos, técnicos y juristas posibilitó el análisis dual sin concesiones o
ajustes. Quienes participamos en estas jornadas tratamos de ha­
blarles a nuestros colegas de otros campos del conocimiento, y
no a quienes —como nosotros mismos— podemos sentirnos có­
modos en el marco de nuestras propias disciplinas y quehaceres.
Quiero agradecer a quienes desde la Suprema Corte de Justicia
tomaron la iniciativa y realizaron el esfuerzo para trabajar en este
valioso proyecto. En particular, a su presidenta Norma Lucía Piña
Hernández, así como a su muy comprometido equipo de trabajo:
Natalia Reyes Heroles, Alejandra Rabasa Salinas, Oliver Joaquín
Giménez Héau, Cecelic Reséndiz Arias y Estephania Zluhan Mar­
tínez. Asimismo, quiero agradecer a quienes en El Colegio Nacio­
nal acogieron la idea y le dieron cuerpo y vigen­cia, como fueron
la maestra Teresa Vicencio, Haydé Zavala y Raúl Contreras. Final­
mente, y de manera personal, quiero dejar constancia de mi gra­
titud a Herson García Gallegos, quien resol­v ió con inteligencia
y prestancia muchos de los temas y problemas administrativos y
académicos que este tipo de eventos suelen acarrear.

11
Reseñas curriculares de ponentes

Carabias Lillo, Julia. Es egresada de la Facultad de Ciencias de


la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con estu­
dios de licenciatura y posgrado en biología. Ha impartido cursos
en ecología, manejo de recursos naturales, restauración ambien­
tal y políticas públicas en diversas instituciones. Su producción
académica incluye publicaciones sobre regeneración de selvas, con­
servación de ecosistemas, cambio global y políticas ambientales,
además de participar en congresos nacionales e internacionales.
Coordinó el Programa de Investigación y Desarrollo Rural
PAIR , un esfuerzo interinstitucional entre la UNAM, gobiernos
federales y estatales, organizaciones rurales y la iniciativa privada.
Fue miembro de la Comisión sobre Países en Desarrollo y Cam­
bio Global, contribuyendo al informe For Earth’s Sake, e integró
el Panel de Alto Nivel sobre Sustentabilidad Global de la Organi­
zación de Naciones Unidas (ONU).
Se desempeñó como presidenta del Instituto Nacional de Eco­
logía y secretaria de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca.
También presidió el Panel Técnico Científico del Fondo Mundial
Ambiental (GEF) y ha formado parte de consejos directivos de
organismos nacionales e internacionales.

Castro Escarpulli, Graciela. Es profesora e investigadora en la


Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico
Nacional (IPN), especializada en bacteriología médica y biomedi­
cina molecular.

13
Memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

Es revisora y editora en revistas científicas de prestigio y ha


participado como evaluadora en el Consejo Nacional de Huma­
nidades, Ciencia y Tecnologías (CONAHCYT) y universidades de
España e India. Ha realizado estancias de investigación en países
como España, Inglaterra y Cuba. Pertenece a la Asociación
Mexicana de Microbiología, Asociación Mexicana de Bioseguri­
dad y Biocustodia, Colegio de Químicos Clínicos en Medicina de
Laboratorio y a la Red Iberoamericana de Resistencia Antimicro­
biana. Ha recibido múltiples distinciones, como el Premio a la In­
vestigación del IPN y la presea “Lázaro Cárdenas”.
Su trabajo se centra en la identificación de bacterias cau­
santes de enfermedades infecciosas mediante métodos conven­
cionales y moleculares, y es pionera en trabajar con el Sistema
CRISPR- Cas, una herramienta de tipificación bacteriana, de la
Escuela Nacional de Ciencias Biológicas.

Cossío Díaz, José Ramón. Es doctor en derecho y doctor honoris


causa por diez universidades. Fue jefe del Departamento de De­
recho del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y
ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (2003-2018).
Es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) e inves­
tigador del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), nivel III.
Recibió el Premio Nacional de Investigación en 1998 de la AMC
y el Premio Nacional de Ciencias y Artes de 2009.
Actualmente, es director del Instituto para el Fortalecimiento
del Estado de Derecho, socio de Asesores en Reingeniería Cons­
titucional y profesor en el Instituto Tecnológico y de Estudios Su­
periores de Monterrey. Además, es columnista en los periódicos
El País y El Universal, colaborador regular en Aristegui Noticias
y, con Leonardo Curzio, en Radio Fórmula.

Crabtree Ramírez, Brenda. Es médica cirujana por la Universidad


La Salle. Realizó la especialización en infectología y la subespe­

14
Reseñas curriculares de ponentes

cialización en Diplomado de Alta Especialidad en VIH en la Uni­


versidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Investigadora
Titular en la Clínica de VIH del Departamento de Infectología
del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador
Zubirán. Sus líneas de investigación son: manejo de enfermeda­
des avanzadas por VIH y de infecciones oportunistas, así como
estudios observacionales sobre VIH y sus comorbilidades.

Esponda Darlington, Fernando. Es ingeniero en Computación


por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), doc­
tor en Computación por la Universidad de Nuevo México, Esta­
dos Unidos, y tiene estudios postdoctorales en la Universidad de
Yale, Estados Unidos.
Actualmente es director general de la División Académica de
Ciencias de la Computación del ITAM y jefe del Departamento
Académico de Computación, director de la Licenciatura en Ciencia
de Datos y profesor de tiempo completo en esta misma institución.
Sus campos de interés actuales son las bases de datos nega­
tivas, técnicas seguras para la recolección de información, los sis­
temas complejos, el aprendizaje de máquina y estructuras de datos
avanzados.

Fernández Bremauntz, Adrián. Es director ejecutivo de Inicia­


tiva Climática de México (ICM) y biólogo-ecólogo por la Universi­
dad Autónoma Metropolitana (UAM), con maestría en Tecnolo­
gía Ambiental y doctorado en Ciencias Ambientales por Imperial
College. Cuenta con más de 30 años de experiencia en cambio
climático y política ambiental en México, destacándose en con­
taminación del aire, salud ambiental y sustancias tóxicas.
Bajo su liderazgo, ICM se consolidó como un reconocido think-­
tank en cambio climático, destacando el trabajo “NDC de México
Desde la Sociedad Civil” (2022) y la “Ruta de Emisiones Netas Cero
de México” (2022).

15
Memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

Ocupó cargos clave en la Secretaría de Medio Ambiente y


Re­cursos Naturales (SEMARNAT), fue presidente del Instituto
Nacional de Ecología (2005-2011) y representante de México en
el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Cli­
mático (IPCC) de la Organización de Naciones Unidas (ONU)
(2000-2006). A nivel internacional, ha representado a México en
comités bilaterales con la USEPA , la Comisión Trilateral de Coo­
peración Ambiental y el IPCC de la ONU. También fue vicepresi­
dente para América Latina de la Comisión de Desarrollo Soste­
nible de la ONU y director ejecutivo del Instituto Interamericano
para la Investigación del Cambio Global (IAI).

Galán López, Itzel Graciela. Es doctora en Psicología en Neuro­


ciencias del Comportamiento, es maestra en Neuropsicología
Clínica y es psicóloga por la Facultad de Psicología de la UNAM.
Actualmente se desempeña como docente e investigadora en la
Facultad de Psicología de la UNAM, donde participa en la Coordi­
nación de Psicobiología y Neurociencias y en la maestría en Neu­
rociencias. Es miembro de la Sociedad de Neurociencia, miembro
fundador del Colegio Mexicano de Neuropsicología, AC.
La doctora Galán tiene una trayectoria académica y clínica
en el ámbito de las neurociencias del comportamiento con áreas
de trabajo como la neuropsicología clínica, trastornos de neurode­
sarrollo, lenguaje, deterioro cognitivo.

Guerrero Mc Manus, Siobhan. Es licenciada en biología por la


Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM), maestra y doctora en Filosofía de la Ciencia y
un diplomado en Historia del Arte por esta universidad. En 2018
fue galardonada con el premio “Distinción Universidad Nacional
para Jóvenes Académicos” y en 2020, con el “Premio de Investiga­
ción”, en el área de humanidades que otorga la Academia Mexicana
de Ciencias.

16
Reseñas curriculares de ponentes

Actualmente es investigadora titular B en el Centro de Inves­


tigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la
UNAM y es nivel II del Sistema Nacional de Investigadores. Sus
áreas de especialidad son los estudios de género y ciencia, la filo­
sofía de la biología, el transfeminismo y la filosofía de la subjeti­
vidad.

Lazcano Araujo, Antonio. Es egresado de la Licenciatura en Bio­


logía y doctor en Ciencias por la Facultad de Ciencias de la Uni­
versidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y profesor emé­
rito de la misma universidad. Es miembro de El Colegio Nacional
y fue elegido “Miembro de Honor” de la Academia Nacional de
Medicina.
Ha dado clases en universidades nacionales e internacionales
y es acreedor de numerosos doctorados honoris causa, así como
recibido distinguidos premios y medallas por su labor científica,
principalmente en el origen de la vida, evolución celular y evolu­
ción molecular. Su trabajo sobresale por mantener un equilibrio
entre la enseñanza, la investigación y la divulgación del cono­
cimiento científico, destacando también su habilidad para vincu­
lar la ciencia con otras disciplinas.

Martínez Arroyo, María Amparo. Es bióloga, con estudios de


licenciatura y maestría en la Facultad de Ciencias de la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctorado en Ecolo­
gía por la Universidad de Barcelona. Su campo de investigación
está enfocado a las interacciones entre atmósfera, biósfera e hi­
drósfera, así como a aquellas que existen entre la ciencia, el me­
dio ambiente y la sociedad. Cuenta con proyectos y publicaciones
científicas, tanto académicas como de divulgación, nacionales e
internacionales.
Durante los últimos veinte años su trabajo profesional se ha
dedicado a la aplicación de la ciencia en la construcción de polí­

17
Memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

ticas públicas, para la resolución de problemas relacionados con


la atmósfera y el cambio climático en México. Participa en diversos
organismos internacionales sobre cambio climático global. Fue
directora del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM
(2009-2013) y del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climá­
tico (2013-2021).
Actualmente, es jefa del Departamento de Ciencias ambien­
tales e investigadora titular en el grupo de Aerosoles Atmosféricos
en el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático
de la UNAM.

Medina-Mora, María Elena. Es doctora en Psicología Social por


la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con licen­
ciatura y maestría en Psicología por la Universidad Iberoame­
ricana. Especialista en metodología, aspectos psicosociales y epi­
demiológicos de las adicciones y salud mental.
Ha sido directora general del Instituto Nacional de Psiquiatría
Ramón de la Fuente Muñiz, fundadora y coordinadora del Cen­
tro de Investigación en Salud Mental Global (UNAM/INPRFM),
jefa del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la UNAM
y directora de la Facultad de Psicología de la UNAM. Ha recibido
diversos reconocimientos como el Premio Nacional de Salud Pú­
blica, el WHO Director-General Special Recognition Award de
la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Premio al Mérito
Médico Ramón de la Fuente, entre otros. Es investigadora nacio­
nal emérita (SNI-Conacyt), ha sido profesora en Penn State Uni­
versity y Harvard, y asesora de la OMS/OPS en clasificación de
trastornos mentales (ICD -11).
Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y la Acade­
mia Nacional de Medicina, ha formado parte de juntas directivas
en instituciones como la UNAM, el Instituto Nacional de Psi­
quiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRFM) y la Junta Interna­
cional de Fiscalización de Estupefacientes (ONU).

18
Reseñas curriculares de ponentes

Morales Schechinger, Carlos. Es egresado en Arquitectura por


la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con una
Maes­tría en Filosofía del Urbanismo por la Universidad de Edim­
burgo y un Diplomado en Finanzas Locales por la Universidad de
Birmingham. Jubilado de la UNAM tras 21 años de labor, donde fue
secretario académico del PUEC y profesor en la Facultad de Ar­
quitectura. A nivel internacional, coordinó la especialización en
suelo urbano en la Universidad Erasmus de Rotterdam en Países
Bajos y colaboró con instituciones como el Lincoln Institute of
Land Policy en Albania y el International Centre for Land Policy
Studies and Training en Taiwán.
En el sector público, se desempeñó como director en la Secre­
­taria de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE), asesor en Presi­
dencia y subgerente en BANOBRAS, además de roles directivos
en NAFIN, Banco Mexicano y Banco Santander. Actualmente se
dedica a impartir conferencias y charlas especializadas.

Padilla Espinosa, Miriam Josefina. Es maestra en Administra­


ción de la Tecnología e ingeniera en Computación por la Univer­
sidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Fue directora de Seguridad de Datos Personales del Sector
Privado en el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la in­
for­mación y Protección de Datos personales (INAI) en donde lide­
ró proyectos para la protección de datos personales de responsa­
bles, encargados y titulares.
Se desempeñó como coordinadora del Sistema de Gestión de
Seguridad de la Información en el UNAM- CERT, fue subdirec­
tora de Políticas y Procedimientos en la Coordinación para la
Prevención de Delitos Electrónicos de la Policía Federal, como
subgerente de Certificación de Protección de Datos Personales
fue responsable del proceso de certificación de protección de da­
tos personales en el organismo de certificación Normalización y
Certi­ficación (NYCE).

19
Memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

Actualmente es profesora de la asignatura de Gobierno y Pro­


tección de datos en el posgrado de la Facultad de Ingeniería de la
Universidad Panamericana y es creadora del sitio web Todo PDP,
que tiene como objetivo compartir información y conocimiento
para la protección de datos personales.

Pisanty Baruch, Alejandro. Es profesor de carrera de la Facul­


tad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM), de la que es egresado en licenciatura y posgrado. Ha sido
director general de Servicios de Cómputo y coordinador de Uni­
versidad Abierta y a Distancia de la UNAM; presidente de la So­
ciedad Internet de México (1998-2017); miembro de los Consejos
Directivos de ICANN (Internet Corporation for Assigned Names
and Numbers) y de ISOC (Internet Society). Premio Trayectoria
de LACNIC 2016 por sus contribuciones al desarrollo de Internet
en América Latina y el Caribe. Su actividad académica se centra en
la gobernanza de Internet, ciberseguridad, educación a distancia,
y estrategias digitales nacionales y regionales.
Participa actualmente en LIDIA (Línea de Investigación so­
bre Derecho e Inteligencia Artificial) del Instituto de Investiga­
ciones Jurídicas de la UNAM, en el proyecto Digital Futures de la
Fundación New America y en GIDE, Global Initiative for Digital
Empowerment. En diciembre de 2021 recibió la distinción de in­
gresar al Salón de la Fama de Internet o “Internet Hall of Fame”.
Su libro más reciente es Tecnologías de Información y Derecho a
Saber (INAI, 2022).

Rabasa Salinas, Alejandra. Abogada. Cuenta con una maestría


en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), así como una especialidad en Ra­
zonamiento Probatorio por la Universitat de Girona. Fue asesora
jurídica del subsecretario de Planeación y Política Am­biental de la
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)

20
Reseñas curriculares de ponentes

y directora de Asuntos Jurídicos de la Comisión Nacio­nal de Áreas


Naturales Protegidas. También fue directora del Programa de Es­
tudios Judiciales y Medio Ambiente en el Environmental Law
Institute en Washington D. C. y presidenta del Centro Interdisci­
plinario de Biodiversidad y Ambiente (CeIBA A. C.). Hasta agosto
de 2025 fue titular de la Unidad General de Conocimiento Cien­
tífico y Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación.

Rascón Estebané, Caleb Antonio. Es ingeniero en Sistemas Elec­


trónicos del ITESM. Obtuvo su doctorado directo en The Univer­
sity of Manchester del Reino Unido. Fundador de Makko IT, em­
presa mexicana dedicada al desarrollo tecnológico digital. Cuenta
con dos posdoctorados en el área de audio, su aplicación en la
robótica e Inteligencia Artificial. En 2014 le fue otorgada la dis­
tinción de “Innovador menor de 35 años”, por el MIT Technology
Review. Fue Miembro del Consejo Ejecutivo de la Competencia
Internacional RoboCup@Home. Tiene varios artículos publicados
en revistas científicas y ha sido conferencista en eventos interna­
cionales, así como eventos de difusión científica. Actualmente
es investigador titular en la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM), tutor del Posgrado en Ciencia e Ingenierías
de la Computación, y presidente del Colegio de Procesamiento
Digital de Señales del Posgrado en Ingeniería.

Rodríguez Cano, César Augusto. Es doctor en Ciencias Políti­


cas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM) y ha realizado estancias académicas en la Universidad Ibe­
roamericana y la Universidad de California de los Ángeles (UCLA).
Ha sido secretario de Investigación de la Asociación Mexicana de
Investigadores de la Comunicación A.C. Actualmente es profesor
investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)

21
Memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

Cuajimalpa, miembro del Sistema Nacional de Investigadores


(SNI), nivel 1.
Sus líneas de investigación se centran en métodos digitales,
tecnopolítica, análisis de redes sociales, estudios sobre internet y
opinión pública, y propaganda y desinformación. Imparte clases
en el Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y en
el Doctorado en Comunicación de la Universidad Iberoamerica­
na, donde comparte su experiencia en análisis digital y comuni­
cación política. Su trabajo multidisciplinario contribuye significa­
tivamente al estudio de la comunicación en entornos digitales y
la opinión pública.

Romero Camarena, David René. Es licenciado en Investigación


Biomédica Básica, y obtuvo la maestría y el doctorado en el en­
tonces Centro de Investigación sobre Fijación de Nitrógeno de
la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su trabajo
doctoral recibió el Premio Weizmann 1991, a la mejor tesis de doc­
torado en el área de las ciencias biológicas. Actualmente es Inves­
tigador Titular C en el Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM
y profesor en licenciatura y posgrado. Es investigador nacional
por el Sistema Nacional de Investigadores (SNI).
Fue director del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM.
Ha sido presidente de la Academia de Ciencias de Morelos, así como
vicepresidente y presidente de la Sociedad Mexicana de Bioquímica.
Su área de trabajo es la genética y la genómica bacterianas.
Ha participado en la Catedra Extraordinaria “Problemas Bioéti­
cos Contemporáneos V ”, del Programa Universitario de Bioética
de la UNAM, dando una charla sobre “Bioética y edición genética”.

Sued, Gabriela. Es doctora en Estudios Humanísticos con men­


ción en Estudios Culturales de la Ciencia y la Tecnología por
el Instituto Tecnológico de Monterrey y magister en Ciencia,

22
Reseñas curriculares de ponentes

Tecnología y Sociedad por la Universidad Nacional de Quilmes,


Argentina.
Actualmente es investigadora postdoctoral por el Consejo
Na­cional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT)
en el Instituto de Matemáticas Aplicadas y Sistemas (IIMAS) de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el Depar­
tamento de Modelación Matemática de Sistemas Sociales, con el
proyecto “La investigación en Inteligencia Artificial en México:
casos en laboratorios universitarios desde los estudios sociales de
la ciencia y la tecnología (CTS)”. Realizó otro postdoctorado en el
Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM con un proyec­
to sobre culturas algorítmicas, plataformas sociales y métodos de
investigación centrados en datos.
Es profesora del Posgrado de Ciencias Políticas y Sociales de
la UNAM y anteriormente en la Maestría en Humanidades Di­
gitales del Tecnológico de Monterrey. Fue docente regular de la
Carrera de Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad
de Buenos Aires, hasta 2016. Ha sido profesora adjunta a cargo de
la Cátedra Introducción al Procesamiento de Datos, de la carrera
de Ciencias de la Comunicación. Ha dictado cursos de grado y
posgrado en otras universidades públicas y privadas, y ha dictado
conferencias en eventos académicos mexicanos y en el exterior.

Wegier Briuolo, Ana Laura. Es investigadora titular del Jardín


Botánico en el Instituto de Biología de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM). Sus áreas de estudio son: agrofo­
restería, biotecnología, biología evolutiva, genética de la conser­
vación, manejo de ecosistemas, entre otras. Ha trabajado en pro­
yectos sobre el maíz transgénico, la conservación y manejo de
especies con centros de origen y diversidad mesoamericanos.
Su principal interés es la evolución de las especies con centros
de origen mesoamericanos. En particular, la genética de pobla­
ciones aplicada a la determinación, manejo y conservación de los

23
Memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

centros de diversidad genética. Comenzó hace años a estudiar


la evolución de las poblaciones silvestres de algodón en México,
con interés en el flujo génico y medidas de bioseguridad necesa­
rias para su conservación.
Ha sido invitada a foros sobre bioseguridad y conservación
de centros de origen en México, Colombia e India, por su expe­
riencia en el análisis de las consecuencias del flujo génico y trans­
génico entre cultivos genéticamente modificados y sus parientes
silvestres.

24
2024
Genética y justicia:
¿Hasta dónde el DNA puede hablar? 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
Antonio Lazcano Araujo

Modera
Oliver Joaquín Giménez Héau

José Ramón Cossío Díaz

Soy José Ramón Cossío, miembro de El Colegio Nacional, y me da


mucho gusto presentarles, no solo esta conversación, sino tam­
bién el inicio del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia,
que estaremos realizando en colaboración con El Colegio Nacio­
nal y la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
¿De qué trata este seminario? El Colegio Nacional tiene el man­
dato de explorar los temas más importantes de la actualidad en
ciencia, cultura y humanidades, en fin, de las ramas más im­
portantes del saber de nuestro tiempo. Una de nuestras funciones
esenciales es ofrecer conferencias impartidas por los miembros
de El Colegio Nacional. Hoy nos acompaña un destacado cien­
tífico mexicano, el doctor Antonio Lazcano, a quien muchos de

1
Sesión realizada el 9 de abril del 2024 en El Colegio Nacional.

27
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

ustedes conocen, ha escrito libros muy importantes sobre el ori­


gen de la vida, sobre el DNA y otros temas de nuestro tiempo. Es
muy importante para mí que una persona tan querida, tan cono­
cedora de tantas cosas como los es el doctor Lazcano, esté este
día aquí.
Y, por otro lado, ¿también saben ustedes que la Constitución
le ordena a la Suprema Corte de Justicia resolver los casos y tra­
tar de hacerlo de la mejor manera posible? No solo con un cono­
cimiento jurídico pertinente —que esto es, desde luego, obvio—,
sino también con el mejor conocimiento científico que se pueda
tener para la resolución de los muy complicados casos que llegan
a la Suprema. Lo que vamos a hacer en las próximas sesiones es
explorar cuáles son las relaciones puntuales del conocimiento cien­
tífico y cuál es su incidencia. En algunos casos ya se dio esa inci­
dencia, y queremos revisar si se hizo bien, si no se hizo bien y si
se puede hacer mejor; en otros casos, también se abordarán te­
mas que se nos están presentando en este momento.
Quiero, entonces, comenzar agradeciendo a la ministra Norma
Lucía Piña Hernández, presidenta de la Suprema Corte de Justi­
cia de la Nación, el que haya impulsado esta iniciativa, y también
a la Unidad General de Conocimiento Científico y Derechos Hu­
manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual se
creó durante el periodo presidencial de la ministra Piña, precisa­
mente, para proveer a los juzgadores del conocimiento científico
necesario.
En un momento, el maestro Joaquín Giménez les dirá cuál
es el programa de actividades que tenemos preparado para este
ciclo, y verán ustedes por qué es relevante y por qué queremos
hacerlo el día de hoy. Queremos, en el futuro, seguir con estas
actividades para que los juzgadores sepan de ciencia, y los cientí­
ficos entiendan cuáles son las condiciones del derecho y cuáles
son los espacios en los que tienen que participar.

28
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

Oliver Joaquín Giménez Héau

Muchas gracias, doctor. A nombre de la titular de la Unidad


General de Conocimiento Científico y Derechos Humanos de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación, Alejandra Rabasa Sali­
nas, quiero agradecer al doctor Cossío, a El Colegio Nacional y a
todos los que han hecho posible la realización de este Seminario
Permanente sobre Derecho y Ciencia.
Quiero platicarles muy brevemente —y ya dio una perfecta
introducción el doctor Cossío— sobre: ¿de dónde surge este se­
minario? Estamos en una época donde los avances científicos y
tecnológicos son cada vez más acelerados, y los operadores de jus­
ticia se enfrentan a casos y a preguntas en los cuales se requiere
resolver cuestiones que tienen que ver con conocimiento cientí­
fico y conocimiento experto. Es por eso, que consideramos necesa­
rio crear este espacio, para ir explorando cómo se pueden integrar
estas dos áreas que están interconectadas. Un poco la idea, la me­
todología que estamos proponiendo, es que cada sesión esté ba­
sada en usar como punto de partida una sentencia que se haya
resuelto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde se
haya abordado un caso con una intersección entre la ciencia y la
justicia.
Son siete sesiones a lo largo del año. Parte de la dinámica de
estas pláticas es que el doctor José Ramón Cossío conversará con
una persona experta en cada una de las áreas de la ciencia que
tienen incidencia con la justicia. En este caso, hablaremos sobre
genética y justicia: hasta dónde el DNA puede hablar. Aquí nos
acompaña el doctor Antonio Lazcano, y vamos a destacar cómo
la genética se ha convertido en una herramienta crucial para re­
solver disputas legales. También creo que es muy importante ubi­
car los criterios que deben seguirse para poder integrar el cono­
cimiento científico dentro de los procesos judiciales, algo que

29
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

ya se hablará más adelante y que la sentencia que usamos en esta


sesión plantea ese criterio.
Son áreas que tienen procesos distintos, y ¿cómo lograr que
hablen un lenguaje común? ¿Cómo lograr la traducción entre la
ciencia y el derecho? Es uno de los temas, uno de los objetivos, que
nos gustaría abordar a lo largo de todo el seminario, comprender­
lo a partir de estas participaciones.
La segunda sesión se llama “Ciencia y derecho en la salud
sexual y reproductiva”. Para esta sesión nos acompañarán la doc­
tora Siobhan Guerrero y la doctora Brenda Crabtree, y vamos a
ver la importancia de basar las decisiones judiciales en materia de
salud sexual y reproductiva en evidencia científica sólida y actua­
lizada.
Habrá otra sesión sobre evidencia científica en el proceso judi­
cial y la protección de la naturaleza, con la doctora Julia Cara­
bias; otra sobre salud pública y libre desarrollo de la personali­
dad: la investigación científica en sentencias sobre consumo de
marihuana, con la doctora María Elena Medina Mora; y otra sobre
Derecho y urbanismo, con el doctor Carlos Morales.
Como verán, lo que estamos pensando es que a lo largo de
todas estas sesiones podamos ir profundizando en esta discusión
sobre la interacción, el ámbito en común y la traducción entre el
derecho y la ciencia. Entonces, les damos a todas y todos la bienve­
nida y esperamos que nos sigan acompañando en esta búsqueda
que pensamos emprender, para comprender la complejidad de esta
interacción entre dos áreas fundamentales en nuestra sociedad.

José Ramón Cossío Díaz

Entonces, vamos a proceder después de esta muy interesante in­


troducción que ha hecho Joaquín. El doctor Antonio Lazcano ha
preparado una presentación en la cual nos va a hablar de DNA ,
de pruebas, de certeza, en fin, de una serie de elementos que

30
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

algunos de ustedes conocen y otros no. Después, voy yo a plan­


tear cómo es que, en una sentencia concreta, la Suprema Corte
utilizó esta evidencia científica: voy a decir de dónde la tomamos,
quién nos la proporcionó, cuáles fueron sus usos, etcétera, para
resolver un problema concreto. Y después de que hayamos expues­
to el doc­tor Lazcano y yo, Joaquín nos hará una serie de comen­
tarios y, desde luego, escucharemos las preguntas del público.
Me interesaría mucho que tuvieran ustedes en cuenta que es­
tamos tratando casos conocidos, precisamente que están resuel­
tos. Pero piensen en la enorme cantidad de temas que se están
presentando hoy en día respecto a cuestiones frontera —tal vez
no para la ciencia, pero sí para el derecho—, en donde no queda
claro cómo resolverlos. Yo mencionaré algunos de los casos:
VIH/Sida, temas relacionados con desarrollo urbanístico, cues­
tiones medioambientales, salud, y muchos otros que se han pre­
sentado en la Suprema Corte. Además, hay otros que, en los
próximos años, con toda seguridad, seguirán surgiendo.
Existe una decisión reciente de la Corte Suprema del estado
de Alabama que aborda un tema crucial: determinar si los óvulos
fecundados que se encuentran en laboratorios o bancos tienen
algún tipo de personalidad jurídica y, de ser así, en qué términos.
Esta es solo una de las muchas discusiones complejas que enfren­
tan los sistemas judiciales en el mundo. Es fundamental reflexionar
sobre cómo el conocimiento científico puede y debe integrarse
en las decisiones de la Suprema Corte y de los tribunales en todo
el país, con el objetivo de garantizar que estas decisiones sean las
más informadas y adecuadas posibles.
Es así como iniciamos esta iniciativa, con mucho entusiasmo.
Agradezco sinceramente, querido Toño, que hayas aceptado com­
partirnos tu conocimiento para ayudarnos a entender este fasci­
nante tema del DNA . Comenzaremos con un recorrido general
por el DNA, descubriendo su relevancia y, más adelante, vinculare­
mos estos aspectos a los temas jurídicos mediante las preguntas.

31
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

Antonio Lazcano Araujo

Debo decir que, cuando me invitaron a estar aquí con ustedes


hoy, primero sentí temor; en parte porque me siento muy cómodo
con el código genético, pero muy incómodo con el Código Civil.
Al mismo tiempo, me di cuenta de que era un reto absolutamen­
te fascinante porque, nos guste o no, la genética y el DNA —que
injustificadamente se ha convertido en una especie de entidad má­
gica— ha invadido muchas áreas de la vida social y política. Para
mencionar dos casos concretos: uno muy trágico, el de los exáme­
nes de DNA realizados a una de las víctimas de Ayotzinapa, que
para mí es el caso extremo de este tipo de análisis. Otro caso, de
carácter ecológico, es que ahora podemos secuenciar DNA sin la
dificultad de muestras de animales silvestres o de plantas trafica­
dos ilegalmente. Ahí se percibe la incidencia inmediata que tie­
nen estas técnicas moleculares en problemas de ecología, como
la preservación ambiental.
Lo primero que quiero aclarar es que usamos el término ADN,
pero el término correcto en español, francés o árabe es DNA, por­
que no son iniciales, es un símbolo. Es un problema de nomencla­
tura que considero importante. Lo segundo que quiero aclarar es
que la invitación me motivó a investigar cuándo comenzó a utili­
zarse una metodología científica en casos de criminalística. Des­
cubrí que en mi casa tenía los libros de Sherlock Holmes, regala­
dos por mi madre cuando tenía 11 años. Sherlock Holmes es un
ejemplo paradigmático del uso científico reflejado en la literatura
para resolver problemas criminalísticos. Otro ejemplo es Miss
Marple de Agatha Christie, cuyas obras serán cada vez más difí­
ciles de leer, ya que la descendencia de Christie decidió modificar
la redacción para hacerlas políticamente correctas, lo cual es una
pena. En el caso de Sherlock Holmes, los crímenes se resuelven
analizando venenos, manchas de sangre o el peso de las huellas,
lo que le permite deducir, por ejemplo, que un sospechoso es cojo

32
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

y no pudo cometer el asesinato. Esto refleja el espíritu positivista


del siglo XIX, donde la ciencia comenzó a verse como una espe­
cie de religión secular, capaz de resolver todo.
Recientemente, se publicó en la revista Nature un artículo
sobre la recuperación de cerca de 20,000 fotografías del primer
laboratorio de criminalística científica, fundado en Francia en 1910
por Edmond Locard, quien fue alumno del grafólogo que com­
paró las notas de Dreyfus, el famoso capitán judío injustamente
acusado de traición a Francia. Locard, afectado por el caso Dreyfus,
decidió enfocarse en métodos científicos para establecer la cul­
pabilidad en crímenes. Entre las fotografías recuperadas, se en­
cuentra el reporte de un tatuaje de una asesina que mató a sus dos
hijos, un escándalo en la Francia de la época. Locard comparó las
dimensiones de los dibujos en las fotografías, haciendo un uso extra­
ordinario de una metodología cuantitativa en el análisis de las foto­
grafías mismas.
El gran cambio en la genética criminalística llegó en 1953,
cuando Watson y Crick publicaron el modelo de la doble hélice
del DNA . Este descubrimiento transformó las ciencias de la vida,
explicando la replicación del material genético y la reproducción
celular. Cambió nuestra visión de la medicina, la ecología y, desa­
fortunadamente, también generó una poderosa visión reduccio­
nista en las ciencias de la vida. La doble hélice se convirtió en un
símbolo de una disciplina que ha impactado profundamente la
vida social, cultural, política y científica.
Voy a exponer un poco de la fisicoquímica de la molécula, ya
que es importante para entender las limitaciones que pueda tener
el DNA como evidencia de distintos eventos. El DNA es una mo­
lécula alargada, un polímero lineal donde se alternan fosfatos y
azúcares, específicamente un azúcar que llamamos desoxirribo­
sa, en el caso del DNA . Los fosfatos tienen una carga negativa, lo
que les permite disolverse e interactuar con el agua. Por lo tanto,

33
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

el agua puede degradar el DNA, un aspecto que debemos tener


presente.
La doble hélice está mantenida por la secuencia de las bases
nitrogenadas. Estas bases son adenina y timina (una purina y una
pirimidina), y citocina (una pirimidina) y guanina (una purina),
que son complementarias entre sí. Esta complementariedad signi­
fica que forman puentes de hidrógeno, lo que permite que, si una de
las hebras se daña, los mecanismos moleculares de la célula pue­
dan repararla utilizando la información complementaria. Es como
si, al perder un libro, tuviera una fotocopia; si pierdo ambos, aún
podría recuperar la información si la tengo almacenada en un USB.
Este mecanismo es central tanto en el proceso de evolución, como
en el mantenimiento de la estructura y la estabilidad del DNA .
Otra característica importante es que, no hay agua en el inte­
rior de la doble hélice del DNA, el medio es hidrofóbico. Las bases
nitrogenadas son hidrofóbicas y no se disuelven en agua. Esta
ausencia de agua en el interior del DNA ayuda a mantener la inte­
gridad de la información genética, que es el nombre genérico que
le damos a la secuencia de bases, similar a los escalones que suben
para llegar de un piso a otro.
Las secuencias de DNA son lo que llamamos genes. En una
visión simplificada, porque en realidad estamos en medio de un
debate complejo sobre lo que es un gen. Es importante subrayar
que el DNA, por sí solo, es una molécula relativamente estable e
inerte, pero que es leída por moléculas que llamamos RNA polime­
rasas, formando el RNA mensajero, que luego se traduce en los
ribosomas para producir proteínas. Lo que les estoy describien­
do es una visión simplista, pero esencialmente correcta. Algunos
segmentos de las proteínas pueden ser más estables que el DNA, lo
cual es raro, pero posible. Por lo tanto, si no tengo el DNA, puedo
deducir el gen a partir de la secuencia de aminoácidos, de mane­
ra similar a como podríamos reconstruir un texto de Tolstói en
ruso a partir de su traducción al inglés. Este mismo principio se

34
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

aplica a nivel molecular. En general, las proteínas se consideran


limitadas en cuanto a la información que pueden proporcionar
para casos de criminalística, aunque son útiles para la reconstruc­
ción formal del material genético.
En 1965, Emile Zuckerkandl y Linus Pauling publicaron un
artículo titulado “Las moléculas como documentos de la histo­
ria evolutiva”, donde demostraron cómo la comparación cuanti­
tativa de las secuencias de DNA permite reconstruir la historia
evolutiva de los organismos. Aunque el trabajo fue publicado por
ambos autores, el propio Pauling reconocía, justamente, que la
idea y los conceptos esenciales de esta comparación provenían de
Zuckerkandl, a quien consideramos el pionero en la disciplina que
hoy llamamos evolución molecular.
Mi trabajo diario en el laboratorio consiste en comparar se­
cuencias de DNA, RNA o de proteínas, lo cual es fundamental para
nuestros estudios de evolución. Este trabajo representa, hay que
decirlo, el proceso de molecularización de la biología. Es decir,
las proteínas y los ácidos nucleicos son crónicas moleculares, pero
su uso y comparación implican un reduccionismo significativo,
ya que reconstruimos la biología de un organismo a partir de un
citocromo, una polimerasa o la hemoglobina, lo cual es una limi­
tante que debemos considerar. Supongamos que un gen codifica­
do por DNA es como una palabra formada por una secuencia de
letras. Los genes muy parecidos tendrán secuencias muy similares.
Veamos los mecanismos que a veces determinan la evolución
de estas secuencias, la evolución del gen y las consecuencias que
puede tener para su identificación. Tomemos el ejemplo de la pa­
labra “alcaparra”. En español, la alcaparra se llama así, pero su
nombre proviene del latín caperi. En inglés es capers, en francés
capre, en italiano capero y en alemán caper. En árabe es alquíbar,
donde al quitar el prefijo ‘al’, queda quíbar, que suena similar a
caper. Esto se debe a la interacción entre el árabe y el castellano
durante los 800 años de presencia árabe en la Península ibérica.

35
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

Así, podemos reconocer la adición de un prefijo, similar a lo que


ocurre en los genes con la adición de fragmentos o dominios,
que son secuencias específicas que pueden interactuar con otras.
A veces esto no ocurre, y nos ayudamos de evidencias indi­
rectas, ya sea en términos filosóficos, ideológicos o lingüísticos, de
la relación con algún objeto o evento. Por ejemplo, la hemoglobi­
na C, que es más abundante en el África subsahariana, y que está
presente en nuestro país en las costas de Veracruz, en Guerrero y
entre los tarahumaras, donde uno podría pensar que no hubo pare­
jas con ancestros africanos. La explicación es simple: en las postri­
merías del periodo colonial en los Estados Unidos, muchos esclavos
huyeron a México con ayuda de grupos religiosos como los cuá­
queros y se mezclaron con la población local, llevando consigo
genes africanos que ahora encontramos en algunas comunidades.
Reconstruir estos eventos históricos de una manera muy clara
es posible mediante las secuencias o la molécula o el gen.
Al comparar secuencias de DNA, que pueden ser enormes,
nos topamos con resultados abrumadores. Vemos líneas y líneas
de secuencias de cuatro letras: G (guanina), A (adenina), T (timina)
y C (citocina). Sin embargo, hacer una comparación directa es más
difícil que con las palabras, porque en el DNA solo tenemos un
alfabeto de cuatro letras, así que a veces buscamos detectar pa­
trones. Por ejemplo, una secuencia como ‘TTTTTT ’ indica que
tengo seis timinas repetidas, lo que se antoja poco probable, no
se repite en otros lugares de la molécula de DNA, y puedo comen­
zar a comparar patrones y no solo las combinaciones de las cuatro
letras del material genético
Para manejar esta información, dependemos de bases de datos.
Estas se desarrollaron y popularizaron en la década de 1960 gracias
a Margaret Dayhoff, una mujer extraordinaria de la generación
de Carl Sagan, Stanley Miller y Lynn Margulis. Dayhoff era astró­
noma y modelaba las atmósferas de Venus y Júpiter, pero, cansada
de eso, comenzó a aplicar técnicas matemáticas para analizar se­

36
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

cuencias, influenciada por su amistad con Lynn Margulis. Dayhoff,


quien desafortunadamente murió joven, fue pionera en la creación
de bases de datos, esenciales para la biología contemporánea. Sin
ellas, no podríamos estudiar enfermedades genéticas ni determi­
nar la culpabilidad de alguien al comparar secuencias. Gracias a
su formación matemática, no solo construyó bases de datos, sino
que estableció criterios formales para cuantificar las relaciones
de similitud entre secuencias, reduciendo el riesgo de subjetivi­
dad y garantizando mediciones estadísticas precisas. También,
gracias a ella, podemos acceder a las bases de datos, que son una
herramienta poderosísima, en forma gratuita, porque ella pensa­
ba que el conocimiento científico era un patrimonio colectivo.
Como somos animales, nuestras células poseen un núcleo con
DNA, y unos organelos llamados mitocondrias, que alguna vez
fueron bacterias de vida libre y que también poseen su propio DNA .
Si fuéramos lechugas, tendríamos además cloroplastos, que tam­
bién poseen su propio DNA porque alguna vez también fueron
microorganismos de vida libre. El DNA nuclear humano tiene
alrededor de 300 mil millones de pares de bases. Comparar estas
secuencias sin computadoras y mediciones cuantitativas es im­
posible. Además del DNA nuclear, el DNA mitocondrial que po­
seemos lo hemos heredado de nuestras madres. Esta es la base
biológica de la celebración del Día de las Madres.
El DNA mitocondrial evoluciona rápidamente y se ha usado
para resolver cuestiones legales, a partir de análisis matemáticos
muy estrictos para confirmar similitudes entre las moléculas. La
comparación cuantitativa del DNA humano muestra que nuestra
identidad genética de todos los humanos que hay y que ha habido
en la historia es aproximadamente del 99.9%. Por ejemplo, si
comparan mi DNA con el del doctor Cossío, será 99.9% similar.
Esto demuestra que hablar de razas carece de sentido biológico,
aunque pueda haber genes específicos, como la hemoglobina C,
que indican ascendencia africana. Las diferencias del 0.1% no están

37
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

en los mismos lugares, sino distribuidas aleatoriamente. Si com­


paráramos ese 0.1% entre el doctor Cossío, sus hijas y yo, veríamos
que el DNA de ellas y de él sería mucho más parecido que con el
mío.
Por otro lado, el DNA es sensible a condiciones ambientales
como el calor, la luz ultravioleta y la actividad bacteriana, a las que
puede servir de alimento. Es importante subrayar que la presen­
cia de DNA no indica cuándo o cómo llegó al lugar del evento,
aunque en términos paleontológicos podemos determinar su
antigüedad. Otro punto importante es que la secuencia del DNA
de gemelos idénticos es también idéntica, y el de parientes cerca­
nos es más similar entre sí que el de personas no relacionadas.
Esto subraya la necesidad de pruebas estadísticas sólidas para evi­
tar asignar responsabilidades erróneas.
Para establecer relaciones de parentesco, se usan lo que llama­
mos enzimas de restricción, que cortan el DNA en secuencias espe­
cíficas, generando patrones que pueden compararse. Este método
se ha usado en casos famosos, como en el juicio de O. J. Simpson
en los Estados Unidos. Sin embargo, las muestras de DNA se pue­
den contaminar, lo que alteraría dramáticamente nuestras con­
clusiones, y por ello es crucial homogeneizar los procedimientos
del manejo de las muestras para evitar errores. El riesgo de equi­
vocaciones es enorme. Por ejemplo, si la muestra se contamina
antes de ser amplificada por una reacción que se llama PCR (reac­
ción en cadena de la polimerasa), que es una reacción que abre la
doble hélice del DNA, lo replica, es decir, lo multiplica en el labora­
torio, y el procedimiento se repite una y otra vez, podemos obte­
ner de una muestra pequeña grandes cantidades de DNA —pero
si está contaminado, entonces se está amplificando no solo el DNA
de interés, sino también del contaminante—.
Ahora, el uso de evidencia científica en casos legales es un
tema de gran relevancia en ámbitos como la criminalística y los
juicios que se discuten ante un jurado. Sin embargo, surge una

38
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

cuestión fundamental: ¿cómo reaccionan los científicos ante este


escenario?, ¿cómo enfrentan la complejidad del sistema judicial
cuando deben comparecer como peritos?
Un artículo publicado recientemente analiza lo que significa
para una persona científica actuar como experto ante un tribunal.
No es una tarea fácil, y puede prestarse a enormes confusiones.
Cabe señalar que el estudio se centra en el sistema legal estadou­
nidense, cuyo funcionamiento es distinto al de México. El tema
es tan relevante que en los Estados Unidos el National Research
Council, una institución de gran prestigio, ha publicado tres volú­
menes sobre el uso de la ciencia en el ámbito legal.
El primer volumen, publicado en 1992, abordaba una preocu­
pación central: la validez estadística del uso del DNA como prueba
en juicios de cualquier índole. En ese momento, el mayor obstácu­
lo era el escepticismo del sistema legal respecto a la confiabilidad
del análisis de DNA, ya fuera su aislamiento, la identificación de
fragmentos o la secuenciación completa. Este tipo de resistencia es
común cuando diferentes disciplinas se enfrentan a nuevas técni­
cas o enfoques radicalmente distintos a los tradicionales.
Para el segundo volumen, la discusión se centró nuevamente
en convencer al sistema legal de la utilidad del análisis de DNA .
Ante el escepticismo de los abogados, los biólogos moleculares
perfeccionaron sus métodos, estableciendo criterios rigurosos para
el análisis de secuencias y, sobre todo, para la validación estadís­
tica de los resultados. Ya no se trataba solo de identificar la pre­
sencia de DNA en una muestra, sino de aplicar pruebas estadísti­
cas que lo validara y que se aceptaran las conclusiones.
En el tercer volumen, la discusión gira en torno a la organiza­
ción del análisis de DNA: si es preferible contar con grandes labo­
ratorios capaces de procesar simultáneamente múltiples muestras
de distintos casos o si, por el contrario, es más conveniente que
un grupo reducido de expertos analice cada caso de manera indi­

39
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

vidualizada, considerando las particularidades de cada laborato­


rio y procedimiento.
Es importante volver a subrayar que las conclusiones basadas
en el análisis del DNA se basan en una visión reduccionista. Si bien
su precisión es alta cuando se siguen los procedimientos adecua­
dos, sigue siendo una interpretación basada en una única molé­
cula, y hay que subrayar que no existe una molécula perfecta ni
una prueba absolutamente infalible. El método puede reducir los
márgenes de incertidumbre, pero nunca eliminarlos por completo.
En este sentido, la comparación con Sherlock Holmes resulta
ilustrativa. El personaje resuelve sus casos combinando múltiples
fuentes de información: desde la prensa y los antecedentes fami­
liares hasta indicios físicos y datos financieros. Su enfoque es in­
tegral, complementado por el indispensable Doctor Watson, con
el que terminó viviendo.
Un pasaje curioso de las historias de Sherlock Holmes resalta
esta dualidad entre conocimiento especializado y desconocimien­
to general. En una conversación con Watson, Holmes se sorpren­
de al descubrir que la Tierra gira alrededor del Sol —¡el detective
más brillante de Europa no lo sabía!, y pregunta— “¿De qué ma­
nera afecta este conocimiento a mi trabajo o a mi vida cotidiana?”
Este ejemplo ilustra cómo es posible dominar una técnica cientí­
fica avanzada y, al mismo tiempo, ignorar aspectos fundamenta­
les de otras áreas del conocimiento. Esta falta de perspectiva pue­
de influir en el uso y la interpretación de cualquier método, por
preciso que parezca.

José Ramón Cossío Díaz

Muchísimas gracias al doctor Lazcano por esta interesante expli­


cación. Yo les voy a contar qué es lo que sucedió con este caso de
la Corte. Como les decía el doctor Lazcano, tenía que ver con un

40
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

problema muy serio sobre paternidad en el Código, en el derecho


mexicano.
En México existe un sistema para resolver conflictos, que se
llama contradicción de tesis. Imaginen ustedes que un tribunal
colegiado —que son los órganos encargados de resolver todos los
temas de amparos directos y decisiones en todo el país— toma
una decisión que es contradictoria entre sí. El tribunal colegiado
del primer circuito dice una cosa, el segundo del primer circuito
dice otra, y hay una contradicción de criterios. Para quienes es­
tán litigando o deben someterse a esas disposiciones, se presenta
un asunto muy delicado, porque no saben bien a bien qué es lo
que deben resolver. También puede presentarse un caso en una
legislación de carácter general, por ejemplo, entre la Ciudad de
México y el tribunal colegiado de Chiapas. Entonces, ¿qué crite­
rio es el que me toca aplicar?
Lo que sucede es que, cuando existen criterios en contradic­
ción, estos llegan a la Suprema Corte de Justicia, generalmente a
las salas, y es la sala la que determina cuál será el criterio obliga­
torio para todo el país. El problema que se presentó en este caso
fue definir cuál debía ser el criterio que prevalecería para determi­
nar una condición de paternidad. Un tribunal colegiado consideró
que la prueba de DNA podría tener un valor probatorio, mien­
tras que otro tribunal colegiado no le otorgó ese valor. Así, el caso
llegó a la Suprema Corte de Justicia. Esto ocurrió en octubre de
2006, y a mí me correspondió presentar este asunto. La resolu­
ción fue muy importante, ¿por qué? Porque quienes integran la
Suprema Corte de Justicia —y lo digo con el mayor respeto— no
son expertos en información científica de diversos campos.
Este último ejemplo que mencionaba el doctor Lazcano es muy
interesante. Uno puede saber muchas cosas de su campo, pero no
necesariamente conoce aspectos de otros campos que no son de
su especialidad. Entonces, las preguntas que se presentaron en el
caso fueron: ¿puede llevarse a cabo una prueba de DNA respecto

41
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

de una persona para determinar si es o no el padre de otra? ¿Esa


prueba puede realizarse de manera obligatoria o no? ¿Quién y cómo
debe llevarla a cabo en este sentido? Les estoy hablando del año
2006. En ese entonces, yo todavía no conocía al doctor Lazcano;
sin embargo, sí conocía al doctor Francisco Bolívar Zapata, tam­
bién miembro muy distinguido de esta corporación, y hablé con él
para que me diera los referentes generales sobre el DNA . También
hablé con una persona muy reconocida en este medio, el doctor
Fabio Salamanca, quien realiza operaciones cotidianas en el Ins­
tituto Mexicano del Seguro Social relacionadas con todos estos
elementos.
Ellos rindieron una prueba pericial. Curiosamente, no es una
prueba de parte, porque no estaban tratando de demostrar nada
respecto a una situación personal. Tampoco buscaban que alguien
ganara el litigio, sino que utilizamos una figura que está en el
Código Federal de Procedimientos Civiles —todavía en vigor en
algunas partes, pero que será sustituido por el Código Nacional
de Procedimientos Civiles y Familiares—. Ahí se establece que el
juez (o jueza) puede allegarse de toda la información relevante
para resolver el caso. Para quienes aquí son abogados, ustedes
entienden muy bien que no se trataba de que yo, como ministro,
estuviera ofreciendo pruebas para demostrar algo en el proceso; eso
hubiera sido completamente indebido. Lo que dije fue: “Yo, como
ministro, no alcanzo a comprender cuáles son los alcances del
DNA en esta condición de paternidad y, por ende, requiero que
un experto me lo explique”. Se les hizo esa consulta, y los exper­
tos la resolvieron. Esta es una de las primeras sentencias, si no es
que la primera, que incluye toda la transcripción del lenguaje téc­
nico, no con la precisión que maneja el doctor Lazcano, pero sí
con un enorme desarrollo biológico en el proceso.
La sentencia también tomó en cuenta los muy importantes
criterios de un caso que resolvió la Corte Suprema de Estados
Unidos en 1993: el caso Daubert, que se llevó a cabo contra unas

42
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

farmacéuticas. En ese caso, la Corte Suprema de Justicia estableció


cuándo un conocimiento podía tener un valor científico, lo cual
es un asunto central. Por ejemplo, nos parece que la astronomía es
una ciencia, pero no nos parece que la astrología lo sea. Alguien,
o incluso muchos, pueden creer que la astrología es más impor­
tante, o más predictiva, respecto al carácter de las personas, ba­
sándose en los signos zodiacales. Sin embargo, en la comunidad
científica de nuestro tiempo —más allá de lo que cada quien crea,
lo cual se respeta mucho—, una tiene un estatus científico y la otra
no. ¿Por qué una sí y la otra no? ¿Cuándo un conocimiento ad­
quiere rango científico y cuándo no?
En el caso Daubert, se establecieron estos patrones. La Corte
Suprema les pidió a dos equipos de premios Nobel, independien­
tes entre sí, que intentaran llegar a una consistencia o un acerca­
miento a estos criterios. Así se generó el estándar, y nosotros, en
ese caso, también determinamos cuándo un conocimiento tenía ese
carácter científico.
Establecido el problema jurídico, la primera cuestión es de­
terminar cuándo esta Corte va a considerar que un conocimiento o
procedimiento tiene un carácter científico. Ese es el primer pro­
blema. Segundo, en el caso específico del DNA, ¿qué son estas
pruebas?, ¿cómo se realizan?, ¿para qué sirven?, ¿cuál es su nivel
de fiabilidad, de validez?, etcétera. Creo que esto fue muy impor­
tante en la sentencia. Hubo un compromiso en la Suprema Corte,
no de ocultar la información, sino de incluir todo lo que era nece­
sario, no con los conocimientos propios de nosotros, porque no
los teníamos, pero sí con los aportes de científicos mexicanos muy
acreditados. Después de estas determinaciones, se procedió a
analizar si la prueba de DNA era aplicable y cómo debía aplicarse
para determinar la paternidad.
Estoy hablando de un asunto que pronto cumplirá 20 años.
En ese momento, como ustedes comprenderán, fue un tema muy
disruptivo en la Suprema Corte de Justicia, porque la Corte no

43
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

estaba acostumbrada a resolver este tipo de cuestiones. Se tuvo


que crear un criterio para determinar si la situación que se pre­
sentaba era o no violatoria de derechos humanos, si la prueba de
DNA podía realizarse contra la voluntad de las personas o no, y,
finalmente, si cumplía o no con las condiciones necesarias. Uno
de los problemas principales era que algunas personas se nega­
ban a realizarse la prueba de paternidad.
Voy a poner un ejemplo simple: una señora afirma que un
señor es el padre de un niño o una niña. Ella quiere que lo reco­
nozca, que se haga cargo de él, que pague las pensiones alimen­
ticias atrasadas, presentes, futuras y todo lo que conllevan esas
obligaciones. El señor, por su parte, podría decir: “Yo no lo reco­
nozco y no me voy a hacer esa prueba”. Aquí se presentaba un
problema muy interesante: ¿cómo se obtiene el DNA? Y ¿qué suce­
de si una persona dice: “Yo no quiero hacerme la prueba”? ¿Se
podía forzar o no se podía forzar a las personas a someterse a estas
condiciones?
Se nos ocurrió una idea muy peculiar: si una señora afirmaba
que un señor era el padre de su hijo y este se negaba a hacerse la
prueba, lo que establecíamos era lo que en derecho se conoce
como una presunción. La presunción partía de que la afirmación
de la mujer era cierta, en términos generales. Sin embargo, si el
hombre señalado quería que esa presunción dejara de existir y se
revocara, la forma de lograrlo era someterse a una prueba de DNA
y demostrar que, efectivamente, no lo era.
Este caso fue importantísimo. ¿Por qué? Porque rompió con
una idea muy autorreferente de la profesión jurídica, algo que
también ocurre en los Estados Unidos: la creencia de que, por
saber derecho, uno sabe todo lo relacionado con la materia jurí­
dica. Hay un apotegma en el derecho que dice que el juez es perito
de peritos. Esto tiene sentido porque, en un momento dado, al­
guien tiene que cerrar el proceso: una parte ofrece una prueba,
otra ofrece otra prueba, y la persona juzgadora debe valorar cuál

44
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

es el mejor conocimiento que se le ha aportado como prueba. Sin


embargo, esto es un elemento de clausura del proceso, no signi­
fica que, por ser juez o jueza, se le reconozca una inteligencia
superior o un conocimiento total de todos los fenómenos del uni­
verso. A pesar de esto, muchos juzgadores piensan que la idea de
que “el juez es perito de peritos” los inviste no solo de una calidad
jurídica, sino también de una calidad científica, cognitiva o epis­
témica, lo cual es una falsedad. Este asunto fue extraordinaria­
mente importante por la sencilla razón de que se rompió esa
autorreferencia jurisdiccional. La Corte dijo: “Me atreveré a salir
a preguntar a los expertos en una materia, que me digan cosas de
las que yo carezco, para que el asunto se resuelva”.
Por esos mismos años, se resolvió otro asunto importante re­
lacionado con militares con VIH. Se presentaron varios casos de
militares que, al ser diagnosticados con VIH, fueron dados de baja
de las Fuerzas Armadas bajo el argumento de ‘inutilidad’, un térmi­
no utilizado en la Ley de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas.
Cuando se redactó la ley, decía que una persona en condición de
seropositividad debía ser dada de baja. Algunas personas promo­
vieron amparos de manera muy inteligente, argumentando que
esta condición era demasiado general. Y probablemente lo era,
pero en el momento en que se redactó la ley, reflejaba el mejor
conocimiento disponible en ese entonces.
En este caso, yo solicité pruebas a la Academia de la Investi­
gación Científica. Una querida amiga, Renata Villalba, junto con
varios médicos, entre ellos Samuel Ponce de León, nos ayuda­
ron a definir las diferencias entre seropositividad, VIH, las con­
diciones de incapacidad y las condiciones de afectación. Lo que
demostraron las pruebas, de manera simplificada, es que una per­
sona en condición de seropositividad no está en una condición de
inutilidad; por el contrario, es una persona que puede continuar
desempeñando sus funciones. Con ese peritaje presentado en el
proceso, la Suprema Corte determinó la inconstitucionalidad de

45
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

ese supuesto de la Ley de Seguridad Social de las Fuerzas Arma­


das. La razón fue que, en lugar de diferenciar los distintos mo­
mentos y condiciones de las personas, la ley hacía un juicio gene­
ral, discriminaba y metía a todos en una misma bolsa, por decirlo
de alguna manera, cuando existían posibilidades de diferenciar y
abordar el tema de forma más específica.
Sin embargo, lo interesante de estas decisiones, más allá del
aspecto científico, es que, insisto, la Corte rompió, quebró esa
idea autorreferente de “yo soy el perito de peritos”, de “como yo
soy el juez supremo, puedo resolverlo todo y decidirlo todo”. En su
lugar, se abrió a una nueva condición que, desde entonces, se man­
tuvo y posteriormente se ha ido desarrollando.
Ya contaremos otros muchos casos relacionados con estos
temas en la Suprema Corte. Lo más interesante para mí, en este
caso, a diferencia de otros que se resolvieron posteriormente, es
que la Corte salió a preguntarle a los expertos cuál era el mejor
conocimiento disponible. La Corte no intentó suponer que ella
misma era tan experta que podía abrir Wikipedia, Google o Google
Académico, y diferenciar, discriminar y ordenar los criterios por
sí misma, como desafortunadamente ocurrió en algunos otros
casos. Salir y decir: “Yo voy a buscar en Google las cosas que a mí
me parezcan”, resulta en obtener lo que a uno le parezca, lo cual
introduce un sesgo en todos estos elementos.
Este caso llevó a la firma de convenios de colaboración con
muchas instituciones del país: la Academia Nacional de Medici­
na, la Academia Mexicana de Ciencias, la Universidad Nacional
Autónoma de México, el Colegio de México y una gran cantidad
de instituciones más, para que sus integrantes pudieran coadyu­
var con la Suprema Corte en la resolución de estos casos. Y creo
que, con la ministra Piña, se ha dado un paso central con la crea­
ción de esta Unidad, que no solo implica salir a preguntar para
traer conocimiento, sino que, en casa hay expertos que pueden

46
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

proveer ese conocimiento o contactar a otros expertos para ayu­


dar a los tribunales a tomar esas decisiones.
Voy a terminar con esta reflexión. En alguna ocasión, vino el
doctor Bolívar, y en otra, el doctor Martínez Palomo a la Supre­
ma Corte. Nos explicaron muy bien la imagen de la doble hélice
del DNA . Cuando la presentaron, yo me hice esta pregunta: su­
pongamos que en 1953 alguien hubiera dicho, “¿cuál es la impor­
tancia jurídica de esa doble hélice?”. Creo que nadie lo hubiera
podido definir en ese momento. “¿Cuál es el vínculo del derecho
con la doble hélice?” Tal vez habría que proteger el descubrimien­
to que Watson y Crick hicieron, reconocer que son los descubri­
dores, y abordar temas de propiedad intelectual, pero no mucho
más. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa doble hélice dejó
de ser solo ciencia pura —por simplificar— y comenzó a convertir­
se en tecnología, una tecnología que empezó a invadir la vida de
todos nosotros.
Hoy ustedes saben que se pueden quitar ciertos segmentos de
DNA, se pueden prevenir algunas enfermedades, y existen otras
cuestiones que se pueden identificar con el DNA, como el cáncer de
mama. Se toma una parte del DNA, se quita otra, se hacen cortes,
se realizan operaciones; todo esto forma parte de una tecnología
avanzada. Ahí sí hay un problema para el derecho, ya no es solo
un asunto de patentes o invenciones, sino de cómo esta tecnolo­
gía interviene en la vida de todos nosotros. Y ahí el derecho se
convierte en el regulador máximo, dado que no todos creen en lo
mismo, no todos aceptan la misma moral, y dado que suponemos
que vivimos en una sociedad razonablemente democrática, el gran
regulador para todos es el derecho. El derecho tiene que ocuparse
de estos fenómenos, pero no puede hacerlo de manera superfi­
cial, como decía antes, sino con una enorme precisión técnica,
que sea la base sustancial de las decisiones jurídicas.
Es cierto que mi profesión es resistente a la ciencia; sí, es una
profesión resistente al cambio; sí, es una profesión que, por su

47
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

propio funcionamiento, tiende a mantener un statu quo. Esta es


una de las características del ejercicio profesional en todo el mun­
do y en todos los tiempos históricos. Sin embargo, también es una
profesión a la que tenemos que estar impulsando, diciéndole: “Muy
bien, tú vas a resolver problemas de cambio climático, vas a resolver
problemas de nuevas tecnologías, ese poder que tienes de forma­
lizar nuestras relaciones sociales debe basarse en el mejor cono­
cimiento científico”. A lo mejor alguno de ustedes me dice: “Oiga,
en 20 años veremos qué conocimiento hay”. Pero hoy estamos
comprometidos a tener el mejor conocimiento disponible, den­
tro de 20 años, que los del momento se comprometan a tener el
mejor conocimiento que puedan.
Como ven, para mí lo estratégicamente correcto fue romper
ese monopolio de la sabiduría del derecho, un monopolio que, por
lo demás, se ha construido a lo largo de milenios y no tiene que
ver ni con México ni con este momento presente. Durante mile­
nios, ese monopolio se mantuvo, pero aquí se rompió para atrever­
nos a dialogar con personas que sí conocen esos fenómenos, y así
poder plasmarlos en la ley, en la sentencia y en cualquier otra de
las formas jurídicas.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Muchas gracias, doctor Cossío y doctor Lazcano, por estas inter­


venciones que considero extraordinarias y que nos muestran un
punto de intersección entre estas dos áreas tan importantes.
Yo quisiera hacer un par de preguntas para que nos ayuden a con­
textualizar algunas ideas.
Quisiera empezar con este caso que mencionó el doctor Cossío,
en el que se debía manejar un equilibrio entre la intimidad de la
persona a la que se le iba a realizar la prueba de DNA y el derecho
de la niñez a conocer su filiación. Se mencionaba que se requie­
ren bases de datos para poder leer todas estas series de secuencias

48
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

y compararlas. Entonces, la pregunta es: en esas bases de datos o


en las secuencias que se están revisando, ¿qué otra información
hay? Se puede resolver un caso de filiación, se puede identificar
quizá a una persona, pero ¿hay información personal que no debe­
ría estar almacenada? ¿Cómo se puede proteger esa información?
Sobre todo, pensando en el uso de la tecnología que existe hoy en
día también sobre la información contenida en el DNA, como la
propensión a ciertas enfermedades, lo que podría tener implica­
ciones en temas como los seguros médicos o empleos. Justo este
equilibrio entre lo que nos puede decir o de lo que puede hablar
el DNA, y lo que quizá no debería decir el DNA .

Antonio Lazcano Araujo

Observo una asimetría significativa. El problema no radica única­


mente en que los abogados y las instancias legislativas y judiciales
comprendan la ciencia, sino también en que los científicos ten­
gan un mayor conocimiento del derecho. Esta asimetría es evi­
dente, y lo primero que me viene a la mente es la relación entre
las predisposiciones a ciertas enfermedades y el derecho ecológi­
co. Cualquier biólogo en México señalaría la importancia de pro­
teger la biodiversidad del país, subrayando la responsabilidad his­
tórica, biológica y científica que esto implica. Sin embargo, salvo
excepciones como el doctor Sarukhán o la doctora Julia Carabias,
la mayoría de los biólogos desconocemos el complejo entramado
legislativo que regula estas obligaciones.
Voy a mencionar algunos casos específicos. Uno de ellos in­
volucra a un estudiante de la Facultad de Ciencias interesado en
la física médica. Buscó emprender en el área y trabajaba como téc­
nico en el Seguro Social, contando con la formación necesaria
para desempeñarse en el campo. Como parte de su labor como
técnico radiológico, debía someterse a estudios periódicos sobre
niveles de radiación, algo fundamental debido a que la radiación

49
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

tiene un efecto acumulativo en el DNA . Al solicitar el empleo, le


realizaron pruebas médicas, incluyendo, sin su conocimiento, una
prueba de VIH. Por los resultados, no solo le negaron el puesto,
sino que su nombre fue boletinado en el Seguro Social, el ISSSTE
y hospitales privados. Ante esta injusticia, acudió a mi laborato­
rio en busca de apoyo, ya que trabajamos en temas relacionados
con la evolución del virus de la inmunodeficiencia humana. Con­
sultamos a un infectólogo reconocido, quien se mostró indignado
y dispuesto a ayudar. Intentamos apelar ante la Comisión de De­
rechos Humanos, pero el estudiante temía que su familia cono­
ciera su diagnóstico. Cuando finalmente decidió actuar, el plazo
legal para presentar la queja había expirado, lo que resultó en una
situación profundamente injusta.
Este caso refleja cómo la información médica e inmunológica
puede ser objeto de abusos. Las bases de datos que contienen
información sobre la predisposición de los mexicanos a enferme­
dades como la diabetes pueden ser mal utilizadas por aseguradoras.
Aún no existen pruebas moleculares definitivas para el Alzheimer
o el Parkinson, pero si llegaran a desarrollarse, su uso indebido
podría vulnerar derechos fundamentales.
Un ejemplo adicional sobre el manejo de información gené­
tica proviene de Islandia, cuya población ha sido ampliamente
estudiada de manera voluntaria. Se ha identificado un número
significativo de personas cuyo padre biológico no es quien creían.
Aunque los islandeses suelen tomar esta revelación con humor y
filosofía, es un claro ejemplo del tipo de información que puede
derivarse de estos estudios y de sus posibles repercusiones a nivel
individual y colectivo, afectando derechos, empleos y seguros.

José Ramón Cossío Díaz

Sobre esta misma pregunta, efectivamente, ahí hay un proble­


ma. Hoy, cuando ustedes van a hacerse análisis clínicos cualquier

50
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

mañana en cualquier laboratorio, toman muestras muy represen­


tativas de toda su biología. Y lo que ustedes firman es un aviso de
privacidad. Ese aviso de privacidad, seguramente lo han visto, por
ejemplo, cuando alguien se somete a alguna intervención. Ahí hay
una regulación muy importante sobre todos estos centros, estos
lugares que tienen información personal. De ahí surge, por ejemplo,
la enorme importancia de lo que se llama el Instituto Nacional de
Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, que
cumple una segunda función no tan considerada ni tan señalada
como la primera. No solo le pregunta al gobierno dónde están los
papeles sobre las decisiones que está tomando, sino también de
establecer las formas de regulación, tanto para el gobierno como
para los privados, respecto a la manera en que la información de
todos nosotros debe manejarse.
Ha habido momentos muy importantes en los que la informa­
ción se ha distribuido de manera inadecuada, como en este caso
tan triste que relata el doctor Lazcano. Con esa información gené­
tica, se pueden hacer proyecciones sobre lo que podría ocurrir,
jugar las primas de seguros, negarse a contratar personas o incluso
despedirlas, una serie de cuestiones muy graves. Yo tuve la for­
tuna de estar en el patronato del Instituto Nacional de Medicina
Genómica, y allí hicimos un primer esfuerzo para analizar cuál
era el marco de las posibilidades que se estaban presentando res­
pecto a la información genética. La pregunta era: ¿estaba regulada
o no? Y, de estarlo, ¿estaba bien regulada? Como dicen los estadou­
nidenses: “si no está roto, no lo arregles”. Si está mal regulada, hay
que regularla bien, y si no está regulada, simplemente hay que
regularla de la mejor manera posible. Hicimos todo este análisis,
y quedó, la verdad, bastante bien. Sin embargo, por una serie de
cambios en la institución, eso ya no se pudo llevar a la práctica,
pero se hizo un libro que se publicó aquí en El Colegio Nacional,
uno de los libros naranja de la colección Derecho, que describe
todas estas condiciones genómicas.

51
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

Y lo que dice el doctor Lazcano es completamente cierto:


¿por qué no existe también del lado de la ciencia una cultura jurí­
dica que le permita a los propios científicos saber qué sí, qué no,
cómo y cuándo trabajar, y bajo qué resultados? Nos hemos encon­
trado con casos terriblemente serios porque se realizan algún
tipo de operaciones o pruebas.
Hace tiempo también, cuando el doctor Graue estaba en la Fa­
cultad de Medicina —antes de ser rector—, trabajamos en condi­
ciones de ensayos clínicos relacionados con cuestiones genómicas.
¿Y qué fue lo que nos encontramos? Que distintas legislaciones, ya
fueran penales o administrativas, usaban verbos diferentes para
marcar acciones relacionadas con estos temas. Esto era muy peli­
groso. ¿Por qué? Porque yo podía decir: “Estoy cumpliendo con
todas estas condiciones en el Código Penal, sí, pero no necesaria­
mente en la Ley General de Salud”. O tal vez en la Ley General de
Salud sí, pero no en el reglamento. ¿Por qué? Porque los verbos
tenían una variación enorme en estas condiciones, y esto repre­
senta un riesgo muy grande para quienes se meten a trabajar en
este ámbito.
Entonces, sí, este es un tema central de nuestro futuro, porque
todas esas distopías, todas esas cosas que ustedes ven en películas
de ciencia ficción, podrían empezar a hacerse realidad. En el sen­
tido de que las personas queden clasificadas genéticamente, y al­
guien diga: “Mira, todo ese grupo, segméntamelo; va a salir carí­
simo por las enfermedades que van a tener. Yo no quiero tener a
nadie de esos en mi nómina”. Ahí se puede jugar, trágicamente, con
todos estos elementos que parecen sacados de la ciencia ficción,
si no hay un manejo adecuado, una restricción y una protección
de todos esos datos personales que nos pueden definir de muchí­
simas maneras.

52
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

Antonio Lazcano Araujo

Considero que aquí es importante mencionarlo, es algo muy cono­


cido dentro de la comunidad biológica, pero, por ejemplo, en este
momento soy positivo para SARS-CoV-2 debido a la vacunación.
Si se me realizara una prueba, el resultado sería positivo, al igual
que para cualquier persona vacunada. Sin embargo, esto es distin­to
a haber sido infectado. Al inicio de la pandemia, muchas personas
que contrajeron el virus fueron despedidas, lo que representa un
caso claro de discriminación.
También es fundamental aclarar que no existe un único “gen
del Alzheimer”, “gen del Parkinson” o “gen del cáncer”. En térmi­
nos generales, lo que tenemos son interacciones de grandes con­
juntos de genes, de maneras que, a veces, no tenemos ni la más
remota idea de cómo interaccionan. En muchos casos, lo que lla­
mamos una enfermedad es, en realidad, un nombre genérico para
una serie de subenfermedades. Un ejemplo es el autismo, donde
hay personas que lo padecen porque les falta un segmento de DNA,
mientras que en otros casos se debe a la interacción de distintos
genes o mutaciones. Esto no implica que quienes presentan estas
condiciones deban ser tratados de manera distinta en términos de
derechos o acceso a oportunidades. Es esencial evitar la idea
errónea de que existe un solo gen responsable de enfermedades
como el Parkinson o la diabetes. Aunque contamos con marcado­
res genéticos, la interacción entre los productos de esos genes no
necesariamente sigue una relación lineal.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Hemos visto una exageración en el uso del término “gen”, por ejem­
plo, con expresiones como “el gen de la inteligencia”, lo cual lleva
a ideas que atentan directamente contra los derechos humanos.

53
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

Retomando esta idea sobre la simetría, es decir, que desde la


ciencia no se voltea a ver al derecho, y retomando también este
principio tan importante de cómo debe integrarse la ciencia en
un proceso judicial —criterios como la fiabilidad, la pertinencia,
la aceptación dentro de la comunidad científica, la posibilidad de
refutación o el conocimiento del margen de error—, yo quisiera
preguntar: ¿cómo se puede definir esto desde el lado de la ciencia?
Si el conocimiento científico, incluso el conocimiento frontera,
cumple con estos criterios, es aceptado por la comunidad cientí­
fica, ¿todo el conocimiento podría considerarse válido solo por
haber pasado por un proceso de publicación en revistas científicas?
Es decir, ¿cuáles son los criterios que deberían utilizarse para eva­
luar y poder integrar el conocimiento científico dentro de un pro­
ceso judicial?

Antonio Lazcano Araujo

El lema de la Royal Society, fundada a finales del siglo XVII, es


nullius in verba (nadie tiene la última palabra). Es decir, el cono­
cimiento es algo que inevitablemente está en constante cambio y
desarrollo. No solo cambia la naturaleza de las respuestas, sino
que también cambia la naturaleza de las preguntas que nos hace­
mos. Yo diría que el método más preciso para validar el conocimien­
to es la evaluación por pares.
La evaluación por pares es crucial porque puede ocurrir que
una persona asegure que una conclusión es impecable y que resis­
tirá el paso del tiempo, pero luego surge un colega que demuestra
que existe una excepción. En las ciencias de la vida, algo que es
una realidad es que en la biología siempre encontramos excepcio­
nes. En la biología siempre hay variantes dentro de una población,
y uno puede hablar de tendencias genéticas en una población, pero
el reconocimiento de las variantes es central. Por ejemplo, el doc­
tor Cossío y yo conocemos a una persona cuya pareja falleció de

54
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

VIH. Esta persona intimó con su pareja con una lealtad absoluta
hasta el último momento, sin protección, y no quedó infectada de
VIH . La explicación más probable es que debe tener una muta­
ción en el receptor, lo que impidió que el virus lo infectara. Tam­
bién sabemos de casos de personas que estuvieron expuestas al
SARS-CoV-2 y nunca se infectaron. Estas excepciones siempre
deben evaluarse. ¿Cómo hacerlo? Bueno, existe el análisis crítico,
la evaluación por pares, que permite llegar a conclusiones más
sólidas. Esto es especialmente importante en los descubrimien­
tos de vanguardia. Y recordemos que la ciencia, como la demo­
cracia, con el tiempo corrige sus errores.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Doctor Cossío, ¿cómo debe una persona juzgadora tomar y valo­


rar las pruebas científicas?

José Ramón Cossío Díaz

En la decisión de la Corte se establecieron los siguientes pasos,


los cuales voy a leer textualmente:

Que la evidencia científica sea fidedigna, esto es, que se haya obteni­
do a través del método científico, para lo cual se requiere general­
mente que la teoría o técnica científica de que se trate:

A) Haya sido sometida a pruebas empíricas, es decir, que haya sido


sujeta a pruebas de refutabilidad.

B) Haya sido sometida a la opinión, revisión y aceptación de la co­


munidad científica.

C) Se conozca su margen de error potencial.

55
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

D) Existan estándares que controlen su aplicación.

Entonces, lo que se estableció con el estándar Daubert es de­


cir: qué tiene un sentido científico. Y aquí es muy interesante, por­
que lo voy a relacionar con la pregunta que hace Joaquín, ya que
podemos estar hablando de ciertos elementos que no están estan­
darizados, pero en un cierto punto, ¿cómo sabemos que lo que se
nos está presentando como conocimiento científico puede pasar
la prueba para ser considerado como tal?
Cuando se presenta una prueba en un juicio, especialmente
una que no ha sido utilizada antes o que es poco común, el juez en­
frenta el desafío de determinar qué hacer con esta prueba. La con­
traparte puede argumentar que la prueba es falsa o cuestionar su
autenticidad, lo que puede llevar a la designación de un perito en
discordia para resolver la disputa entre los peritos de ambas partes.
Sin embargo, el problema central radica en cómo el juez interpre­
ta y entiende la información proporcionada por el perito. El juez
puede considerar las credenciales académicas, como doctorados;
o se puede fijar si el perito le parece confiable, pero ahí hay un
sesgo diferente. La pregunta clave es: ¿cómo puede el juez obte­
ner y comprender la información necesaria para evaluar adecua­
damente lo que el perito está afirmando?
El artículo 72 del Código Federal de Procedimientos Civiles
establece que el juez puede allegarse de cualquier información
para la resolución del asunto, lo cual no equivale a ofrecer pruebas.
Se trata de extraer información para conformar un criterio, com­
prender lo que se está planteando y, con base en ello, darle la razón
a una o a otra de las partes. Es una operación completamente dis­
tinta y me parece que es una cuestión central en la forma de resol­
ver algunos juicios.
Alguien podría decir: “Oiga, el señor no distingue ni los cro­
mosomas”. El juez diría: “Yo también quiero jugar el juego de la
ciencia, porque estoy aplicando ciencia en mi sentencia”. Y esto

56
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

sí parece ser un paso importantísimo dentro de la lógica de la


actividad jurisdiccional; algo que no suele darse. Lo que común­
mente ocurre es que los juzgadores, al igual que los ministerios
públicos y las autoridades administrativas, tienden a refugiarse
en su posición. No es un problema exclusivo de los jueces, sino un
problema general de la autoridad, que se escuda en su condición
de tal. Entonces, su mérito, su inteligencia, su sapiencia provie­
nen de ser la autoridad. Y eso, en esencia, es un argumento de
autoridad.
Pero ¿por qué no se atreve a decir qué es lo que tiene en la
cabeza y lo plasma en la sentencia? De ese modo, se podría deter­
minar si resolvió con sabiduría o con ignorancia, si incurrió en una
falacia o en un error de proporciones considerables, el cual en
futuras generaciones podría ser corregido. Quizás se afirmó algo
incorrecto, y dentro de unos meses o años surgirá otra prueba.
Entonces, se podría declarar: “Muy bien, ese fue un caso lamen­
table, se sostuvo algo equivocado en esa ocasión, pero existe la
disposición para reconocer que, en el siguiente caso, se mejorar”.
Este enfoque, sin duda, otorgaría una mayor legitimidad a la Corte
y a los tribunales en general.
En general, en el mundo, los tribunales se resguardan en la
idea de afirmar: “Yo soy la autoridad, yo soy el juez, yo soy quien
resuelve, y todos ustedes tienen que acatar”. Sin embargo, esa no
parece ser una forma adecuada de construir legitimidad, especial­
mente en un momento de transformación social, política, económi­
ca, tecnológica, religiosa y global, como el que estamos viviendo.

Antonio Lazcano Araujo

Una pregunta fascinante es: ¿a quiénes consideran los científicos


como expertos? Se consideran expertos a aquellos que cuentan con
una trayectoria personal, tanto individual como grupal, en un área
específica. Por ejemplo, en mi caso, el campo en el que trabajo me

57
Cossío Díaz, Lazcano Araujo, Giménez Héau

exige tener conocimientos sobre meteoritos, pero no sé nada de


petrología. Sin embargo, puedo consultar a geólogos para comple­
mentar esa información, a pesar de que mi formación es de biólogo.
Y ¿qué hace falta por parte de los científicos para que el cono­
cimiento científico llegue a otros sectores y sea entendible? Creo
que la divulgación de la ciencia es una herramienta fundamental,
no solo para democratizar la cultura científica, sino también para
hacer comprensibles los conceptos y los lenguajes a un número
cada vez mayor de personas.
Recuerdo que la Facultad de Derecho tenía un programa de
televisión en el que se invitaba a personas a hablar sobre diversos
temas, y resultaba fascinante porque los biólogos somos profun­
damente ignorantes en áreas como la filosofía, la historia o la es­
tructura del derecho. Ese programa, en realidad, era una forma
de divulgación que permitía que personas de una disciplina com­
prendieran lo que ocurría en otra. Estoy convencido que ese tipo
de intercambio no solo debería darse entre las ciencias, sino tam­
bién entre todas las disciplinas del conocimiento.

José Ramón Cossío Díaz

El propósito del seminario ha quedado claro, y es motivo de felici­


tación, tanto para los participantes como para la ministra Norma
Piña por la creación de esta Unidad. Creo que es importante visitar
la Facultad de Ciencias y otras facultades, ya que es fundamental
reconocer lo que no se sabe, dialogar con otros y evitar la pedan­
tería de pretender saberlo todo, pues esto solo generaría daños.
Como dice El Colegio Nacional en su lema, la idea de “libertad
por el saber” también implica aprender en esa libertad a admitir:
“yo no sé”, “no alcanzo a entender por qué ocurre este fenómeno”.
¿Por qué no hablar con expertos? Esto pasa por una condición:
aprender a reconocer los límites de uno mismo.

58
Genética y justicia ¿Hasta dónde el DNA puede hablar?

Les agradecemos muchísimo a todos. Seguiremos teniendo


otros diálogos como este, y no olviden la importancia de interac­
tuar, de integrar y compartir conocimientos para lograr una me­
jor comprensión de las cosas.

59
Ciencia y derecho en la
salud sexual y reproductiva 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
Brenda Crabtree Ramírez
Siobhan Guerrero Mc Manus

Modera
Marycarmen Color Vargas

José Ramón Cossío Díaz

Vamos a celebrar la segunda sesión del Seminario Permanente de


Derecho y Ciencia. Este es un esfuerzo que se está organizando
desde la Presidencia de la Suprema Corte, con la señora ministra
Norma Piña Hernández, y también con la Unidad General de Co­
nocimiento Científico y Derechos Humanos, que es una Unidad
que creó la ministra Norma Piña, precisamente, para proporcio­
nar a los juzgadores conocimientos, evidencias científicas, para
tener una mejor posibilidad de resolver sus casos.
Lo que vamos a explorar son algunas decisiones de la Suprema
Corte de Justicia que tienen que ver con ciencia, derecho en la salud
sexual y salud reproductiva. Yo no voy a moderar la mesa, lo va a

1
Sesión realizada el 14 de mayo del 2024 en El Colegio Nacional.

61
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

hacer la maestra Marycarmen Color Vargas, ella es integrante de


la Unidad General de Conocimiento Científico y Derechos Hu­
manos. Vamos a estar con dos muy importantes colegas que van
a comentar estos casos, la doctora Siobhan Guerrero y la doctora
Brenda Crabtree.
Hemos tomado la decisión, como no podía ser de otra forma,
de tratar que la sesión sea ligera en términos de su conducción
—no necesariamente de los hallazgos que vamos a ir teniendo—,
la moderación de la mesa la va a llevar la maestra, y después nos
va a ir dando la palabra.
Cómo vamos a proceder: yo voy a presentar tres casos que se
dieron en la Suprema Corte de Justicia, que tienen que ver con
estos temas de salud sexual y salud reproductiva. Trataré de expli­
carlos brevemente y, después, escucharemos los comentarios,
sin duda muy importantes, de las doctoras. Así es que, por favor,
adelante.

Marycarmen Color Vargas

Muchas gracias a El Colegio Nacional, al doctor Cossío por im­


pulsar esta iniciativa del Seminario Permanente de Derecho y
Ciencia, junto con la maestra Alejandra Rabasa Salinas, titular de
la Unidad General de Conocimiento Científico y Derechos Hu­
manos de la Corte; a nuestras expertas invitadas, a quienes en
un momento voy a presentar; a la doctora Guerrero, a la doctora
Crabtree.
En la segunda sesión del Seminario Permanente de Derecho
y Ciencia, vamos a abordar, en lo particular, el tema de la salud
sexual y reproductiva. Creo que es importante poner los aspectos
sobre los cuales va a tratar la discusión. En un amplio espectro,
como parte del seminario, lo que queremos hacer es analizar y
abonar a la comprensión de cómo es que se relacionan el cono­
cimiento jurídico y el conocimiento científico en las resoluciones

62
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

de algunos casos ya resueltos por la Suprema Corte de Justicia de


la Nación, como es el caso de la mesa que tendremos hoy aquí.
¿Y qué queremos? Pues, queremos revisar cómo es que se ha
dado esa relación entre el derecho y el conocimiento científico.
¿Cómo puede darse esa relación y si esa relación puede ser mejor
—como les decía, particularmente en esta sesión— en el análisis
de las sentencias que estudiaremos?
Como un aspecto más específico en el tema de los derechos
sexuales y reproductivos, queremos saber la importancia de basar
las resoluciones relacionadas con derechos sexuales y reproduc­
tivos en evidencia científica sólida y actualizada. Queremos cono­
cer cómo es esa interacción y esa traducción entre el derecho y la
ciencia; cómo dialogan estas dos ciencias frente a los asuntos, a
las controversias jurídicas. Otra cosa que me parece un elemento
muy importante, sobre el que queremos ir problematizando, es
cómo el conocimiento científico llega a las Cortes y cómo ayuda
a que se tome una mejor decisión este conocimiento científico só­
lido y actualizado.
Entonces, vamos a hablar de tres asuntos: la Controversia cons­
titucional 54/2009, sobre anticoncepción de emergencia en casos
de violencia contra las mujeres; el amparo en revisión 510/2004,
sobre VIH y Fuerzas Armadas; y la acción de inconstitucionalidad
139/2015, sobre infecciones de transmisión sexual y el delito del
peligro de contagio. Pero no solamente voy a enunciar los asun­
tos; voy a dar la palabra al doctor Cossío, que nos va a explicar los
tres asuntos y, a partir de eso, presentaré a cada una de nuestras in­
vitadas, con una reacción sobre la presentación que el doctor haga
de los asuntos.

José Ramón Cossío Díaz

Como decía Marycarmen muy bien —y es el propósito de este


seminario—, no solo es hablar de estos casos, sino también hablar

63
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

de los problemas que están alrededor de los casos. Que los casos
sean detonadores de una discusión que puede ser mucho más in­
teresante.
El primer caso se resolvió el 6 de marzo del 2007. Yo ya estaba
en la Suprema Corte de Justicia, y es un caso muy interesante.
¿Por qué razón? Empezaron a aparecer en los medios de comu­
nicación una serie de noticias acerca de que miembros de las
Fuerzas Armadas estaban siendo dados de baja con una expresión
muy fea —que tiene la Ley de las Fuerzas Armadas—, que es “inu­
tilidad”. Se les daba de baja por inútiles, en el lenguaje de la ley
—no en el mío—, porque estaban en una condición de seropositi­
vidad. En ese momento no estaba muy claro qué quería decir esto,
pero, cuando eran diagnosticados con esta condición, se les daba
de baja por ésta, y ya no se les seguían otorgando las prestaciones
a las que tenían derecho como miembros de las Fuerzas Armadas y
conforme a la Ley de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas.
En este caso, lo que hicimos fue solicitar a la Academia Mexi­
cana de Ciencias, estaba ahí la muy querida amiga Renata Villalba,
y ella nos ayudó para que dos médicos, el doctor Samuel Ponce
León y el doctor Luis Enrique Soto, nos entregaran un dictamen
a partir de unas preguntas, para que este pudiera ser incorporado
al expediente.
Algo que es muy importante decir es que nosotros no estábamos
incorporando pruebas —y esto, para los que no son abogados, es in­
teresante—. ¿Por qué? Porque las pruebas son aquellos elementos
que aportan las partes para tratar de demostrar sus afirmaciones.
Si yo, por ejemplo, dijera en un juicio que una persona me debe
dinero, una prueba es la confesional:
—“Me debe usted dinero”.
—“Sí, sí le debo dinero”.
Bueno, ya quedó asentado el hecho; ya después vendrán las
condiciones de pago. Aquí no estábamos nosotros ofreciendo prue­
bas, porque haber ofrecido pruebas hubiera sido como apoyar a una

64
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

de las partes respecto de la otra. Lo que hicimos fue aprovechar


un artículo, el 79 del Código Federal de Procedimientos Civiles,
donde decía que, para resolver, los tribunales —y también la Su­
prema Corte— podían allegarse de cualquier elemento que fuera
relevante para la resolución de un caso.
Lo que hicimos fue decir: “yo no conozco todas las condiciones
del VIH-SIDA ni tengo por qué conocerlas, porque soy abogado,
no soy médico, y menos soy especialista en estos temas de infec­
tología. Consecuentemente voy a preguntar a quién sí sabe, para
que me diga cuáles son estas condiciones.”
Vino el dictamen de estos médicos, que acabo de señalar, y
tuvo un efecto extraordinariamente importante. ¿Por qué? Por­
que, al haberse insertado en los asuntos, permitió distinguir VIH
del Sida —por decirlo de esta forma—: ¿cuál tenía un efecto inhabi­
litante?, y ¿en qué etapa y bajo qué condiciones? Conforme a estos
elementos, lo que se hizo fue decir: la Ley de Seguridad Social de
las Fuerzas Armadas es inconstitucional porque, con indepen­
dencia de que las personas tengan una u otra condición, las está
dando de baja.
Se declaró inconstitucional este precepto y se obligó al legis­
lador a emitir una disposición y a mantener estos servicios. Y, por
otra parte, decir —e insisto, lo digo en el lenguaje militar, no en el
mío— una persona está contagiada, ¿qué cosas sí puede hacer?, ¿qué
cosas no puede hacer?, ¿cuáles son sus condiciones?, ¿puede ser
reasignada a otras funciones?, ¿puede estar aquí?, pero ¿no puede
estar allá? Y, algo que fue también muy importante, fue: síganle
otorgando las prestaciones.
Lo interesante del caso —insisto—, y este creo que es el propó­
sito de la Unidad, es decir: necesito encontrar un mecanismo para
que los juzgadores no supongan que, desde el derecho o solo con
el derecho, son lo suficientemente sabios —déjenme decirlo así—
como para tratar de resolver la totalidad de los problemas que
tienen enfrente. Creo que esto sí pasaba por una especie de ejer­

65
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

cicio de humildad, de decir: “Esto no lo sé”. Y, segundo, ¿bajo qué


mecanismo, lo que yo no sé, sí lo puedo traer al expediente para que,
en el mismo expediente, se empiecen a cumplir algunas funciones?
Este fue un caso de verdad muy importante porque fue —hasta
donde yo recuerdo— el primer caso donde hubo un ejercicio deli­
berado de incorporación de información científica, para que los
juzgadores no supusieran que pueden hacer lo que quieren.
Y hay una falsedad en esto para los que son abogados: hay
una especie de apotema que dice que ‘el juez es perito de peritos’.
Esto tiene un sentido, y tiene un sentido funcional. ¿Por qué razón?
Porque si yo soy juez —imaginemos—, y, aquí, de las tres doctoras
presentes, una es perito del actor, la otra es del demandado, yo
como juzgador no sé si tiene razón ella o ella en términos del pe­
ritaje, pues yo no soy perito. Traigo un perito tercero en discordia
y, supongamos que las tres opiniones son distintas: ¿qué hago yo?
¿Me quedo sin decir: “pues mire, como son diferentes los peritos,
no voy a darle la razón a nadie”, o “como no tengo claro qué me
están diciendo estas personas, pues no voy a resolver”?
Bueno, la idea es que yo me constituyo en perito de peritos.
Esto es bien interesante, no porque sepa más que los peritos, sino
porque tengo que cerrar el juicio. Es decir: “Mire, no podemos
estar aquí 200 años o no podemos estar sin resolver voy a darle la
razón a alguien”. Entonces, yo me constituyo. Pero sí es un pro­
blema epistemológico distinto decir: “Pues a mí me parece mejor
lo que dijo ella”. A lo mejor es una decisión final, a lo mejor es una
decisión a trámite. A lo mejor, si es una decisión a trámite, me la
revocan, no lo sé. Pero por lo pronto, yo me constituyo un perito.
Este caso de VIH/SIDA es interesante, porque ha generado la
idea de que el juez no es perito de peritos en la condición funcio­
nal, sino en la condición de sabiduría. Como si yo dijera: “Me da
igual si estas tres compañeras doctoras son buenísimas; yo soy
perito de peritos y, por ende, soy más que ellas en términos de cono­
cimiento”. Se hizo una extrapolación horrible, y eso me parece

66
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

que, entre otras muchas razones —que tienen mucho que ver con
sociología, la ciencia, etcétera—, yo acabo por sustituirme a ellas
no solo como juez, sino también como conocedor de un cierto
campo de conocimiento. Esto es algo que a mí me pareció fascinan­
te y, por eso, estaban las resistencias de los juzgadores, no solo en
México, ahora sí que, en el mundo, sobre este asunto.
El segundo caso es también muy interesante. Ese se resolvió
un poco después y tuvo que ver con una controversia constitucio­
nal que promovió el entonces gobernador del estado de Jalisco,
para que se invalidara una modificación hecha (y voy a leer el
nombre) a la “Norma Oficial Mexicana NOM-190-SSA 1-1999, Pres­
tación de servicios de salud. Criterios para la atención médica de
la violencia familiar”, respecto a la prevención de un posible emba­
razo, en los casos en donde se hubiera dado un acto de violencia
sexual.
Aquí la discusión fue interesante porque lo que se trataba de
saber es, si la píldora del día siguiente tenía o no tenía una con­
dición abortiva. Lo estoy súper simplificando, el asunto es más
complejo.
Si era o no era abortiva tiene que ver con: ¿qué autoridad del
orden jurídico mexicano puede determinar estas condiciones abor­
tivas en este caso? Es decir, ¿puede la autoridad federal tomar esa
decisión o esta competencia es propia de las autoridades locales?
Se había dicho en un asunto anterior que tenía que ver con la Ley
Robles aquí, en la Ciudad de México, y esta era una pregunta im­
portante.
Ahora, preguntar si la píldora del día siguiente es o no es abor­
tiva no está en el conocimiento común de un abogado. ¿Qué es lo
que hace la píldora? ¿Impide la unión del espermatozoide al óvu­
lo? ¿Impide la implantación en el endometrio? ¿Separa al óvulo
fecundado del endometrio? ¿Qué hace la píldora del día siguien­
te? Esta era una pregunta bien interesante.

67
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

Hoy, esto también puede parecer que no tiene mucha impor­


tancia, pero, en aquel momento, además del problema jurídico
—además de este problema médico, científico, biológico, como le
queramos llamar—, había también una enorme presión de gru­
pos que pensaban que no era tarea de la Suprema Corte o de la
Secretaría de Salud andar entregando píldoras del día siguiente a
las personas que tenían la pena o la difícil situación de haber sido
violadas.
Entonces, era un asunto bien complicado. Hoy, insisto, no se
ve, pero muchos colectivos que estaban en contra de la interrup­
ción del embarazo, muchos venían a la Corte, hacían manifes­
taciones; hubo que hacer todo un ejercicio, no solo para decidir
el caso, sino también para —déjenme decirlo, no en un sentido pe­
yorativo— administrar el caso.
No en este asunto, pero en uno que se dio en interrupción del
embarazo y después, que se dio otro en matrimonio de personas
del mismo sexo, los colectivos vinieron y ejercieron una enorme
presión; de hecho, se abrieron audiencias públicas. Vinieron colec­
tivos —lo voy a simplificar muchísimo, sé que es muy complejo el
problema— Pro-Life y Pro-Choice, y vinieron 60 personas de una
posición, 60 personas de la otra, las escuchamos a todas. Ahí
debe estar todavía el sitio que creó la Suprema Corte para eso, y
se iba incorporando información, unos decían que sí, otros que
no; en fin, toda clase de argumentos.
Entonces, este asunto de la píldora del día siguiente no era un
tema menor porque requería, además del tema que ya dije de
cómo enfrentar el problema, saber de quién era la competencia,
también de esta manera de actuar de la Suprema Corte, sabiendo
que varios colectivos estaban de antemano en contra de la deci­
sión. Tan es así que el gobernador de Jalisco —ya hace varios años
de eso— promovió esta acción de inconstitucionalidad.
Y el tercero es un caso que tuvo que ver con la infección de
transmisión sexual y el delito de contagio. Esta fue una acción

68
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

de inconstitucionalidad que promovió la Comisión Nacional de


Derechos Humanos. En aquellos años, la Comisión tenía una agen­
da muy activa en todos los casos que tenían que ver con salud
sexual, reproductiva y libertad reproductiva; es decir, tenía una
agenda específica. Se refería al artículo 158 del Código Penal del
Estado de Veracruz, y el argumento de la Comisión Nacional —lo
voy a leer— es que: “la Norma era discriminatoria porque equipa­
raba todas las enfermedades, infecciones de transmisión sexual
como enfermedades graves, lo cual no siempre era correcto, ya
que no todas las infecciones de transmisión sexual son graves”.
¿Cómo un ministro de la Suprema Corte puede saber, en ese
rango de grave o no grave —como si este fuera el problema—, cuá­
les enfermedades de transmisión sexual son graves y cuáles no?
¿Todas son graves? ¿Todo contagio por vía sexual es grave o produ­
ce una enfermedad grave?; en consecuencia, ¿cualquier mínima
infección debe producir o actualiza este tipo penal o no?
Entonces, en el conocimiento ordinario de un juzgador no
está el diferenciar si son graves o no graves; tiene que acudir con
unos médicos que sean expertos para efecto de definir si esa en­
fermedad, tiene o no tiene esta gravedad. ¿A qué se le llama gra­
vedad?, etcétera. En fin, una serie de elementos que fueron muy
importantes.
La Corte, en su conocimiento autorreferente de normas, no
puede suponer que sus integrantes —por el hecho de que sean
ministros y por importante que sea ser ministro— puedan tener
el conocimiento de los fenómenos, sino que tienen que salir con
expertos para que esos expertos le den conocimiento y encuen­
tren la manera. Es muy importante ponerlo en el expediente sin
poner pruebas, porque si el ministro o juez pusiera pruebas a fa­
vor del actor o a favor de la parte demandada en un juicio, pues sí
sería sumamente grave. Es como decir: “Pues, como a mí me pa­
rece buena la causa del actor, de la señora que quiere producirse
un aborto o de la chica que, desafortunadamente, fue violada”, le

69
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

responderían: “Oiga, pues usted está jugando a favor de unas par­


tes, y usted no está autorizado para hacer eso”.
Entonces, qué mecanismo tengo yo que utilizar para decir:
“Compañeros ministros, o compañeros magistrados, o compa­
ñeros jueces, ¿aquí hay un mundo de conocimientos que ustedes
tienen que tomar en cuenta?” Si no lo toman en cuenta, va a salir
una decisión formalmente correcta, pero materialmente hueca,
materialmente pobre, materialmente lastimada, porque no se al­
canzó a vislumbrar la totalidad del fenómeno.
Pienso que, con este muy sintético saque —por decirlo de esta
manera—, podemos empezar entre los cuatro a trabajar estas cosas.
Y, de verdad, muchísimas gracias que se hayan tomado el tiempo
para conversar sobre este tema. Creo que es muy importante, no
solo para quienes, como ustedes, están en la ciencia, sino también
para quienes estamos en el derecho, y que sepamos entender mejor
los fenómenos para lograr mejores soluciones. A lo mejor dentro
de 20 años van a decir: “¡Qué mala solución ésta!”; bueno, pero
era el mejor conocimiento que teníamos hoy; no podíamos echar
mano de otras cosas.

Marycarmen Color Vargas

El doctor Cossío ya nos situó en estos tres casos, como les decía,
muy pedagógicamente desde donde vamos a hablar, desde donde
vamos a discutir sobre la relación entre la ciencia y el derecho.
Ahora voy a presentar a nuestras expertas, las voy a presentar para
saber ellas desde dónde nos hablan, desde dónde es su mirada.
Voy a presentar a la doctora Siobhan Guerrero Mc Manus,
ella es licenciada en Biología por la Facultad de Ciencias de la
UNAM, es maestra y doctora en Filosofía de la ciencia, también
por la UNAM. Actualmente es investigadora titular B en el Cen­
tro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humani­
dades. Sus áreas de especialidad son los estudios de género y

70
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

ciencia, la filosofía de la biología, el transfeminismo y la filosofía


de la subjetividad.
La doctora Brenda Crabtree Ramírez, ella es médica cirujana
por la Universidad La Salle, realizó la especialidad en infectología
y la subespecialidad en el diplomado de alta especialidad en VIH
en la UNAM. Es investigadora titular en la clínica de VIH del De­
partamento de Infectología del Instituto Nacional de Ciencias
Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. Sus líneas de investiga­ción
son el manejo de enfermedad avanzada por VIH y de infecciones
oportunistas, así como estudios observacionales sobre VIH y co­
morbilidades.
Le voy a dar la palabra a cada una de ustedes para que reac­
cionen frente a este planteamiento que nos hacen de los casos, y
luego iremos planteando algunas preguntas.

Brenda Crabtree Ramírez

Estoy muy emocionada de estar aquí porque me parece súper per­


tinente y, encantada de que haya este tipo de seminarios y activi­
dades; y además, de que les interese el tema del VIH, que luego
está un poco rezagado en las agendas de la ciencia incluso, y tam­
bién pues, de la justicia.
Tengo muchas cosas que podría decir, pero podría empezar
por el primer caso: el de las fuerzas armadas. Como ustedes saben,
el conocimiento científico es una continuidad. Entonces, en 2001
nos encontrábamos en una circunstancia muy diferente a la actual.
Y si en ese entonces se falló en favor de que no tendría por qué ser
una causa de inutilidad, ahora con más razón. ¿Por qué? Porque,
en este momento, el tratamiento antirretroviral es el tratamiento
que ha cambiado la historia natural del VIH de ser una enferme­
dad mortal a una enfermedad crónica, y con una excelente calidad
de vida, siempre y cuando se haga un diagnóstico oportuno.

71
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

Hay vasta información científica de que en países desarrollados,


donde se hacen los diagnósticos en forma temprana, la expecta­
tiva de vida suele ser muy similar a la de las personas que no viven
con VIH —siempre y cuando, como digo, se haga el diagnóstico
oportuno y se tenga acceso al tratamiento antirretroviral—. Aquí
en México es gratuito, por lo que ninguna persona debería no
poder acceder a él y, por lo tanto, no beneficiarse de esta condición
que convierte su enfermedad en algo similar a la diabetes, como
una enfermedad crónica; con el cual podría desempeñar todas sus
funciones, sin ponerse en riesgo ni a sí misma ni a las demás per­
sonas. Esto es muy importante.
Ahora bien, en este sentido ha habido varias inquietudes, ya
que la prueba de VIH todavía, en nuestro país, se tiene que hacer
con un consentimiento informado escrito. La razón de esto es que
la comunidad ha pedido que sea así porque muchas veces se han
hecho pruebas sin el consentimiento; lo cual ha favorecido que
las personas no sean contratadas, no se les otorguen créditos hipo­
tecarios y enfrenten otras circunstancias muy similares a las del
caso. Inquietudes que básicamente están basadas en la ignoran­
cia, porque realmente lo que sabemos, y la ciencia nos dice, es
que los tratamientos actuales son tan buenos como para dar una
sobrevida y calidad de vida totalmente adecuadas. Hay muchas
otras enfermedades con las que, por ejemplo, no se hacen prue­
bas rutinarias para acceder a un crédito y que son más comórbi­
das que, incluso, el VIH. Entonces, ahí vamos ante un tema que
está estigmatizado porque se cree que la condición de VIH es una
incapacitante —cuando no lo es— y que, además, puede poner en
riesgo a los demás.
En cuanto al nivel de la evidencia científica —creo que sí es
importante resaltar que hay varios niveles de evidencia científi­
ca—, el mayor, en cuanto a la investigación clínica, son los ensayos
clínicos, en los que se comparan diferentes estrategias de tratamien­

72
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

to y diferentes poblaciones. Esa es la mayor evidencia, y otros son


los estudios retrospectivos.
Uno tiene que tomar decisiones ante un paciente o ante una
condición —en este caso, por ejemplo, que tiene que ver con
lo legal— con la mejor evidencia posible. Pero, en este caso, ante lo
expuesto de las Fuerzas Armadas, la evidencia es vasta, tanto en
ensayos retrospectivos como en muchos niveles, en muchas po­
blaciones y en muchas regiones. La idea de que esto es incapaci­
tante no es así.
Ahora bien, en nuestro país y en nuestra región, el diagnóstico
por VIH es tardío, es decir que muchas de las personas que tienen
VIH tienen enfermedad sintomática, lo que llamamos ahora como
“enfermedad avanzada por VIH”. Queremos o estamos tratando
de eliminar lo más posible la palabra “SIDA”, porque eso nos re­
cuerda la imagen que teníamos en la década de 1980 y que ya no
debe de ser. Actualmente debemos de estar educados y actualiza­
dos en que esto ya no es así. Y en este sentido, sí, efectivamente,
hay todavía muy frecuentemente infección avanzada al momento
del diagnóstico y la razón es porque puede no haber percepción de
riesgo o puede haber miedo al estigma y la discriminación; como,
por ejemplo, que te saquen de las Fuerzas Armadas.
Entonces, esta serie de leyes punitivas que las personas saben
que las puede sacar de un trabajo o de algún grupo, no contratar
o no dar un crédito, hace que no se hagan pruebas en forma ruti­
naria; cuando la recomendación de la Organización Mundial de
la Salud es que todas las personas con vida sexual activa deben
hacerse pruebas de infecciones de transmisión sexual (y esto in­
cluye VIH) en forma rutinaria, de acuerdo con las prácticas.

Siobhan Guerrero Mc Manus

Yo me dedico a un área que se conoce como los estudios sociales


de la ciencia. Hago esa aclaración porque a lo que nos dedicamos

73
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

en los estudios sociales de la ciencia es a estudiar a la ciencia: cómo


la ciencia, por ejemplo, establece relaciones teoría/evidencia —que
es algo que ha hecho históricamente la filosofía de la ciencia—,
pero, por ejemplo, también nos interesa la ciencia en la sociedad.
Eso es muy importante en temas como estos porque a veces nos
sorprende: ¿por qué un conocimiento científico, sin embargo, no
penetra en el grueso de la sociedad y sigue existiendo un prejuicio?
Los estudios sociales de la ciencia, de alguna manera, también
se dedican a eso. ¿Por qué a veces no logramos comunicar un cono­
cimiento?, ¿qué está pasando o por qué un conocimiento se ve
distorsionado? Entonces, los estudios sociales son estudios cien­
tíficos sobre las ciencias mismas, hay quien de hecho les llama
metaciencias.
Para situarnos en por qué son relevantes, quiero mencionar
un libro que ya va a cumplir 30 años, pero que es un libro que hizo
época, del antropólogo norteamericano, Steven Epstein, de Cali­
fornia, que se llama Impure Science (la ciencia impura). Es un libro
donde él está hablando de todo lo que fueron los debates en torno
al VIH y el eventual uso de antirretrovirales. Porque una de las
cosas que le sorprendía mucho a Steven Epstein era: ¿por qué nos
tardamos tanto en aceptar que el VIH era el agente causal del
SIDA?
Probablemente no lo sepa el grueso de la población, pero lo
que nos cuenta Steven Epstein es que, en realidad, hubo un avan­
ce relativamente rápido para establecer que el VIH era el agente
causal; y después, hubo una especie de controversia, donde había
gente que decía que no, que más bien era una cuestión de estilo de
vida. Controversia que venía, curiosamente, de gente que no se
dedicaba a la virología, pero que sí se había dedicado a otras par­
tes de la medicina. Eso generó en la opinión pública la percepción
de que nos estaban engañando, de que los datos no eran suficien­
tes, de que estábamos apostando por una ciencia reduccionista
en un mundo complejo.

74
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

Steven Epstein nos dice: “‘Aguas’ con esa retórica, porque hay
ocasiones donde hay explicaciones muy sencillas que —claro, con
esta idea de que el mecanicismo y la ciencia reductiva siempre es
sospechosa— paradójicamente, pueden ser señaladas”. Entonces,
él nos narra esta primera controversia y dice: “Qué curioso fue
que nos tardamos dos años en mostrar que esto no era una cues­
tión de estilo de vida, que no era una cuestión de sobrecarga al
sistema inmunológico”. Y, en gran medida, se debió a una contro­
versia que no empezó exactamente dentro de la virología, sino
cuando expertos —que no eran virólogos— plantearon algo que
la sociedad amplificó (a modo de una cámara de resonancia), y
que llevó a reabrir una polémica que parecía cerrada.
Entonces, Steven Epstein nos narra esta historia para decir­
nos que, a veces el establecer un hecho científico es algo que lleva
más tiempo del esperado, porque se generan una serie de dinámi­
cas sociales que crean —él no usa este término, es un término que
se usó después— ignorancia, y esta es muy difícil de echar abajo.
Él aborda después una segunda polémica que ya no era sobre la
causalidad del VIH, sino sobre cómo tratarla; y donde, de alguna
manera, también nos narra cómo, cuando empiezan las primeras
terapias antirretrovirales, había una sospecha —incluso de los pro­
pios activistas— acerca de si los médicos estaban actuando de al­
guna manera de buena fe.
La razón por la cual recuerdo este libro es porque nos habla de
por qué importan los estudios sociales de la ciencia y de la medi­
cina. Y, de manera muy central, quisiera poner sobre la mesa el
concepto de “ignorancia”; un concepto que hemos venido traba­
jando en filosofía de la ciencia y en la epistemología en los últimos
20 años, cuando hubo un punto en el que dijimos: “Siempre he­
mos pensado la ignorancia como ausencia de conocimiento”. Y esto
la simplifica demasiado, porque pensar que la ignorancia es solo
ausencia de conocimiento lleva a desestimar la complejidad socio­
lógica de la ignorancia.

75
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

Hay dinámicas de ignorancia que no solo se dan porque no


sepas, o sea, esa existe desde luego, no quiero decir que esa noción
de ignorancia no importe, pero no es la única. A veces la ignoran­
cia está asociada a preconcepciones estructurales, y a veces hay
formas de ignorancia cultivadas. Y ahí señalaría que, por ejem­
plo, en el tema de derechos sexuales y reproductivos, las ignoran­
cias cultivadas, desafortunadamente, son relevantes porque, sí ha
habido sectores conservadores —como las iglesias, aunque no sola­
mente estas— que han fomentado una ignorancia, digamos, mi­
litante.
En ese sentido, sí quisiera decir que los estudios sociales de la
ciencia serían una voz importante en un debate como este porque
nos recuerdan que, a veces, los hechos científicos son muy claros,
y dentro de las academias no hay ningún debate real o serio sobre
eso. Sin embargo, socialmente, parece que no estamos logrando
comunicar algo, como si hubiera una ignorancia resiliente. La pre­
gunta es: ¿por qué? Y simplemente yo diría que los estudios so­
ciales nos pueden ayudar a contestar esa pregunta de por qué la
ignorancia —sociológicamente tan sofisticada— no puede ser redu­
cida a la ausencia de conocimiento.

Marycarmen Color Vargas

A mí me surgen ya dos preguntas con lo que han planteado nues­


tras expertas. Las pongo sobre la mesa, para que también el doctor
Cossío pueda reaccionar a esto. De las cuestiones que mencionas,
Brenda, quiero preguntarte y poner sobre la mesa: ¿Cuáles son
los estándares que deben cumplirse, digamos, para que las perso­
nas juzgadoras sepan que ese conocimiento científico es confiable?
Tú hablabas, al final de tu intervención, de los ensayos clínicos y de
niveles de evidencia científica. Creo que eso para ti es muy claro,
pero para el resto de las personas —o en mi caso, para el mundo
jurídico—, no es tan claro.

76
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

Y también, reaccionando a lo que planteó Siobhan, por su­


puesto, hablo desde mi trinchera, desde el lugar desde el que veo
el mundo y desde el que analizo el fenómeno jurídico y demás.
Cuando escucho a Siobhan hablar de ignorancia, hablar de los
estudios sociales de la ciencia y su importancia, me viene a la men­
te cuando hablamos de problematizar la igualdad de género, siem­
pre pensamos en estereotipos, en prejuicios, en estructuras de
opresión, en grupos históricamente desaventajados. Son concep­
tos que ahora están en el centro del derecho cuando hablamos del
tema de igualdad de género.

Brenda Crabtree Ramírez

Yo nunca voy a poder ser abogada ni los abogados van a poder ser
científicos. Entonces, yo creo que ese principio de humildad nos
hace generar el intercambio de conocimientos que, para cada caso,
creo que aplica un conocimiento y un experto diferentes. Por ejem­
plo, una de las cosas más valiosas que se ha impulsado en la salud
pública y en el área de VIH, es que nos dimos cuenta de que lo
que teníamos que hacer era invitar a la comunidad más afectada
a la mesa de discusión de cuáles eran las decisiones que se tenían
que tomar y las iniciativas de la agenda científica.
Actualmente, ya las colaboraciones internacionales más presti­
giosas e importantes no se conciben sin tener miembros de la co­
munidad, que son los más afectados; en las cuales ellos van a ser los
observadores de que se hagan los estudios pertinentes, se con­
duzcan de manera apropiada y respondan las preguntas que más
importan para la comunidad y su calidad de vida, y esto es muy im­
portante. De la misma manera —perdón, la ignorancia— no sabía
que no se invitaba a los científicos a los casos. Entonces, cele­bro
mucho que esto suceda, y en este sentido pienso: ¿cómo es posi­
ble que esto no haya sido así?

77
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

Solamente alguien con un conocimiento suficiente, vasto y


experto en un tema, podrá decir cuál es el nivel de evidencia útil
para resolver esto y presentarlo de manera apropiada. Incluso en­
tre médicos, si tú le preguntas a un médico que no se dedica al
VIH, probablemente no te va a responder de manera acertada; y
lo mismo, por eso hay abogados penalistas y de otro tipo. El punto
es que creo que la discusión debe de ser enriquecida para poder
decir: ¿cuál es suficiente? No lo sé, no te sé responder, porque
tendría que ser con base en la pregunta que tienen o el caso que se
presenta. De todos modos, vas a llegar a lo mismo: esta es la mejor
evidencia con la que se puede contestar esto, y esa es la que se
tiene que utilizar.
Eso es lo que todo el mundo merece, para que se tome la de­
cisión más correcta y justa. Sí te puedo decir que, en la ciencia, sí
existe una —vamos a llamarla así— jerarquía de qué tiene mayor
evidencia. Pero aquí, Siobhan, me podría decir: “Bueno, sí, pero
todo esto que tú estás diciendo, si no se aplica a la comunidad y al
comportamiento social ¿de qué te sirve? ¿Cuál es el beneficio a
la comunidad y el impacto real? Si tú sabes que hay una vacuna y la
gente no se la quiere poner porque no hay confianza”.
Entonces, ahí hay una brecha muy importante entre la ciencia
y la implementación, y ahora hay mucho esfuerzo por también
hacer ciencia de la implementación, que esa es otra línea.

Siobhan Guerrero Mc Manus

Yo respondo a esta pregunta de los estereotipos. Sí es cierto que,


cuando hablamos de cuestiones de género y sale la palabra ‘igno­
rancia’, de inmediato pensamos en estereotipos. Pero me gusta­
ría decir que el alcance de la ignorancia es más profundo, y me
gustaría tratar de dar tres ejemplos que tienen que ver con los
casos. En el caso de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS)
que mencionaba el ministro Cossío, a mí una de las cosas que me

78
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

hace pensar es: hay una parte de la sociología de la medicina que


estudia lo que se llaman los procesos de medicalización. Y por
procesos de medicalización se entiende, por ejemplo: hoy recono­
cemos como competencia del saber médico una serie de fenóme­
nos que antes no se creían que eran parte del saber médico, sino
que se atribuían, por ejemplo, a la religión.
Antes, alguien hubiera podido interpretar una dolencia como
una especie de castigo o una especie de consecuencia moral, y no
como algo que tenía que ver con un problema de salud. Hay mu­
chos ejemplos de eso en la historia. En la modernidad temprana,
si alguien tenía un hijo o una hija intersex, o un hijo o una hija con
alguna clase de afectación —digamos, en su esquema corporal fun­
damental—, eso era interpretado como un castigo moral. Lo que
hizo la medicalización, de alguna manera, fue mostrarnos que
había una serie de fenómenos que no eran —o que no debían haber
sido— parte de la esfera religiosa o moral; que no tenían una carga
moral, sino que tenían que ver con una cuestión de salud.
Sin embargo, hay ocasiones en las que hablamos de lo que se
llama una medicalización inacabada, donde el proceso no ha con­
cluido. Eso pasa mucho, por ejemplo, cuando la gente te dice:
“Te dio esta enfermedad por castigo”. Ahí vemos una medicaliza­
ción inacabada; y, la ignorancia desempeña un papel porque, de
alguna manera, la gente no termina de entender que este es un
problema de pura fisiología —bueno, no sé si en pura fisiología o
de relaciones, medio ambiente, fisiología—. Pero que claramente
no es una cuestión moral; como cuando llega la gente y le dice a
alguien: “Le dio VIH por promiscuo” o “Tiene gonorrea porque
es una persona degenerada”. Es decir, hay dinámicas de medica­
lización inacabada, donde, a pesar de que el fenómeno está ya
reconocido como parte del dominio médico, todavía tiene una
carga moral. Ahí la ignorancia está desempeñando un papel, por­
que lleva a leer las ETS como una falla moral o, de alguna manera,
algo que merece una condena social.

79
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

Ahí vemos, por ejemplo, cómo eso desencadena una serie de


emociones que —en filosofía les llaman emociones políticas—,
porque vienen con una carga moral, con un juicio, incluso como el
asco y el desprecio, de decirte: “Esto no solo es una enfermedad,
es un castigo”. La ignorancia, por ejemplo, desempeña un papel
ahí. ¿Y eso tiene que ver con estereotipos? Sí, sí tiene que ver, por­
que, en efecto, hay estereotipos, sobre todo, por ejemplo, de perso­
nas como diversidades sexuales, como trabajadoras sexuales, y
otras poblaciones que históricamente han estado asociadas con
estereotipos negativos. Pero diría que la ignorancia no se queda
en el estereotipo; tiene que ver con leer eso como algo con una car­
ga moral.
Con el caso, por ejemplo, de estos militares que estaban sien­
do dados de baja, también en sociología de la medicina hay un
concepto que dice que ahora estamos en una época de biomedi­
calización —ya no solo de medicalización, sino también de bio­
medicalización— por una serie de factores que incluyen el uso de
tecnologías cada vez más sofisticadas. Dentro de todos los cam­
bios, hay uno que es muy importante: la aparición de la noción de
riesgo. Hoy, por ejemplo, puedes ir a un médico, a un genetista, y
te dice: “Usted tiene el haplotipo ‘fulanito de tal’, tenga cuidado
porque eso le da la posibilidad de que quizás podría usted tener
cierta propensión a desarrollar cáncer de mama”. Y una de las co­
sas que a veces pasa es que el riesgo ahora entra en los procesos
de medicalización, donde aún no te has enfermado, pero te me­
dicalizan para que no pase. Y eso no necesariamente es que esté
mal. Pero la ignorancia puede confundir la medicalización del
riesgo con una situación de enfermedad.
¿Y eso pasa cuando llega alguien y dice: “Tiene VIH”? Ah,
bueno, eso quiere decir que hay el riesgo de que desarrolle SIDA,
en caso de que no tome una terapia antirretroviral, pero ese ries­
go no es una condición de enfermedad. La ignorancia desempeña
un papel aquí, porque no distinguimos entre lo que es riesgo

80
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

como propensión y lo que es enfermedad. Entonces, lo que diría


es: la ignorancia sí tiene que ver con estereotipos, pero, no sola­
mente.

José Ramón Cossío Díaz

Yo quisiera hacer dos comentarios. Primero, el de los estereoti­


pos. Y sí, en este caso de VIH/SIDA, por supuesto que había un
problema muy serio —hoy no se comenta, pero en ese momento
sí—, y era un problema: ¿de verdad hay homosexualidad en las
Fuerzas Armadas Mexicanas? Ese era un gran problema. Y si us­
tedes revisan la revista Proceso —igual otras, pero yo me acuerdo
haber leído ahí—, esa forma de decir: “No podemos reconocer en
las Fuerzas Armadas que hay VIH/SIDA , porque rápidamente
entonces tendríamos que reconocer que hay una promiscuidad
homosexual bárbara”. Y ese fue un todo un tema. La forma en que
se estaba tratando de enderezar la discusión era como: “Está pasan­
do otra cosa, pero no eso, porque eso no puede pasar allá adentro”.
Toda esta idea de la “hombría”, en fin, todas estas historias que se
cuentan de los militares. Ahí había un tema que sí se estaba tra­
tando de desviar la atención para decir, inclusive, que no se dis­
cutan esos temas en esos aires. Estoy hablando del 2007, o sea, no
era la prehistoria.
Me pareció bien interesante esta idea de las ignorancias. Por
supuesto, si nos ponemos a preguntar qué sabemos realmente,
pues sabemos muy poquitas cosas y sabemos de otras más, etcé­
tera. Que los jueces no sepan, no sean unos campeones mundia­
les en todo, en todos los conocimientos materiales, pues eso es
bastante obvio. ¿Saben biología, saben química, saben física? No,
no saben. Esa es una ignorancia, digamos, que es obvia. Yo creo
que un trabajo de sociología o del entendimiento de los jueces
valdría mucho la pena, que es esta: ¿Cuáles son los supuestos de
los que parten los jueces para suponer que todo lo saben? ¿O que, al

81
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

menos, no están en posibilidad de mostrar que no saben?, que ese


es un asunto distinto. Si yo no le puedo decir a las personas que
vienen a que les resuelva un caso que yo no sé de lo que están ha­
blando, cuando les voy a decir si se van a la cárcel, si se quedan sin
casa, cualquiera de los males que se suelen asignar con sentencia,
entonces decir: “Yo sé derecho”, pero “eso que usted me está dicien­
do, no, entonces, ¿cómo me quita o cómo me hace o cómo…?”
La idea de reconocer nuestras propias ignorancias resulta muy
interesante. Si nos preguntamos sobre lo que realmente sabemos,
descubrimos que nuestro conocimiento es bastante limitado y que
no es homogéneo. No podemos esperar que los jueces sean exper­
tos universales en todas las disciplinas, como la biología, química
o física; claramente, no lo son. Esta es una forma de ignorancia pre­
­visible y comprensible. Creo que un trabajo de sociología o del
entendimiento de los jueces valdría mucho la pena, cuáles son los
supuestos de los que parten los jueces al asumir que lo saben todo
o al menos, al evitar demostrar que no lo saben. Esto plantea una
cuestión importante: si un juez no puede admitir que desconoce
ciertos aspectos técnicos, ¿cómo toma decisiones que afectan gra­
vemente la vida de las personas, como enviarlas a prisión o dejar­
las sin hogar? Puede afirmar: “Yo sé de derecho, pero esto que
mencionas, no lo conozco.” Entonces, ¿cómo procedemos?
Este fenómeno no es exclusivo del derecho y sucede de ma­
nera similar en la medicina: el médico que no entiende del todo,
pero actúa como si lo hiciera. Esto parece formar parte del presti­
gio profesional. Creo que resulta muy interesante reflexionar sobre
si el propio ejercicio del derecho conduce a una condición en la
que se perpetúa una ignorancia estructural. Es decir, la persona
jurista que afirma: “Yo sé derecho, estudié normas y me dedico
a reproducir lo que dice el artículo tal. Por lo tanto, usted va a la
cárcel”, cuando en realidad el mundo es mucho más complejo.
Si esa es la representación general, entonces la pregunta más
interesante —siguiendo a Bruno Latour— sería: ¿por dónde se nos

82
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

está colando la realidad? Creo que esa es una cuestión muy intere­
sante. ¿De qué manera se introdujo la realidad de un problema
psicológico o psiquiátrico y cómo se manifestó? Es decir, ¿cómo se
intentó separarla o aislarla para evitar su presencia, quizá porque
no se sabía cómo manejarla? Ese, sin duda, me parece un proble­
ma profundamente interesante.
Siguiendo lo que mencionaba Brenda, creo que aquí hay un
punto sumamente interesante. No porque lo haya hecho yo, sino
porque considero que es el enfoque correcto: cuando uno enfrenta
un problema científico, lo adecuado es consultar a quienes tienen
el conocimiento especializado. Si se trata de una cuestión médica,
acudo a la Facultad de Medicina; si es un asunto físico, al Instituto
de Física, y así sucesivamente. Lo que he observado en algunos
casos —algunos de gran relevancia— es que, en lugar de hacer esas
consultas, algunos jueces asumen un papel similar al de Mickey
Mouse en Fantasía, inventando ciencia. Esto suele suceder cuando
recurren a buscar información en fuentes como Wikipedia o Google
Scholar, seleccionando citas sin el contexto adecuado. Hay varias
decisiones importantes que se construyeron de esta forma.
Si quiero saber, por ejemplo, si la marihuana tiene efectos
secundarios, podría recurrir a Google Scholar y hacer una criba.
Sin embargo, surge un problema central: ¿bajo qué criterio un
abogado o juez realiza esa selección cuando carece de la forma­
ción necesaria para distinguir entre ciencia sólida y ciencia cues­
tionable? ¿Cómo determina que un estudio es confiable? Muchas
veces la respuesta parece ser: porque me va dando la razón. Pero
¿qué ocurre si ese estudio proviene de una revista de una univer­
sidad poco conocida, mientras otro artículo contradictorio apa­
rece en una publicación de prestigio como The Lancet? Este es un
ejemplo de los riesgos de que los jueces intenten desempeñar el
papel de científicos. En estos casos, creo que podemos hablar de
una forma de “ignorancia estructural”.

83
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

Brenda Crabtree Ramírez

En el ejemplo de las infecciones de transmisión sexual, me parece


muy curioso que el problema se aterrizó a que si este es grave o
no. O sea, ¿por qué llegamos hasta ahí y por qué se centra ahí la
discusión? Yo pondría sobre la mesa el hecho de que el acto sexual
es un acto que debe de ser consensuado. Y, si todos recibimos una
educación sexual adecuada —que es obligación del Estado— así
como también tener al alcance los métodos y herramientas para
la prevención de infecciones de transmisión sexual y anticoncep­
ción, entonces, deberíamos de saber que las infecciones de trans­
misión sexual se pueden evitar con métodos de barrera.
¿Por qué llegamos a casos como éste? Por ejemplo, el emba­
razo es de transmisión sexual y ¿por qué no está acotado aquí? La
evidencia científica muestra que de todas las personas que tienen
vida sexual activa, el 75% tiene alguna vez una infección de trans­
misión sexual y muchas veces no lo sabe. Entonces, ¿nos vamos a
poner a discutir qué es grave o qué no es grave?, cuando el pro­
blema es sumamente complejo y viene de muchísimo más atrás,
y de conceptos que no estamos discutiendo antes de decir si esto es
grave o no. Y nuevamente, no es lo mismo la hepatitis C, que hace
10 años no tenía tratamiento curativo y ahora sí lo tiene. Y estas
leyes, una vez que se hacen, pueden permanecer por siempre ahí,
y entonces son conceptos que se quedan, a pesar de que la ciencia va
cambiando. Con lo cual, entonces, sí me parece que aquí es de­
masiado simplista este caso y esta discusión de acotarnos a la gra­
vedad de una infección de transmisión sexual, cuando hay otras
condiciones de transmisión sexual, como lo dije, en el embarazo,
y que una muy buena parte —nada despreciable—, las personas
no saben que tienen infección de transmisión sexual. Entonces, no
perciben el riesgo y piensan que pueden tener relaciones sexuales
sin preservativo.

84
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

Y en la cuestión del riesgo de contagio en el caso específico del


VIH, que es a lo que yo me dedico, ya hay muchísima evidencia.
Cada vez se junta más evidencia de parejas donde una de ellas
vivía con VIH y estaba en tratamiento antirretroviral, y acepta­
ban tener relaciones sin métodos de barrera con personas que no
vivían con VIH. En un estudio que se siguió por cinco años, en
el que se documentaron más de 70,000 actos sexuales en hom­
bres que tienen sexo con hombres, y también en parejas hetero­
sexuales, el riesgo de contagio fue cero. Además, hay un estudio
multicéntrico más reciente, por eso la Organización Mundial de
la Salud, y casi todas las academias científicas, han adoptado por
decir que “indetectable es igual a intransmisible”. Esto de decir
que la transmisión es cero es porque hay más de 244 estudios y
un metaanálisis, en donde se vio que las personas que están en
tratamiento antirretroviral no pasan el virus.
Entonces, esta discusión tiene que ver con muchos aspectos:
con educación sexual, con si el Estado la da o no la da, con si las
personas tienen acceso al diagnóstico de infecciones de transmi­
sión sexual adecuadamente, si tienen métodos de barrera, si los
utilizan. Evidentemente, la discusión de si es grave o no grave,
pues, ya pasa a un segundo nivel, y aquí me parece que es mucho
los preceptos que se tienen. Si un juez tiene la preocupación de si
es grave o no grave, pues va a enfocarla en esa discusión, cuando
en realidad la discusión debería de ser otra, para el bienestar de
la comunidad.

Siobhan Guerrero Mc Manus

Yo quisiera decir dos cosas. Primero, una que no tiene nada que
ver, pero justo tiene que ver con el tema del consenso, aunque es
completamente anecdótico.
Hay una abogada, feminista, filósofa, muy importante, que es
Catharine MacKinnon, quien, por ejemplo, ahora está diciendo

85
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

que estamos dándole demasiado peso al consenso en el acto sexual


y que estamos desatendiendo todos los mecanismos estructura­
les de coerción que históricamente han obligado a las mujeres y
a otros grupos a consentir, porque en realidad la posibilidad de
no hacerlo es inexistente. Esto es completamente anecdótico; lo
menciono aquí porque es un tema que en algún momento vamos
a tener que discutir, porque, por ejemplo, España está yendo hacia
allá con la ley del “solo sí es sí”. Entonces, Catharine MacKinnon
dice: “‘Aguas’, porque simplificamos la complejidad de cuándo sí
puedes decir sí o no”. Pero bueno, eso era completamente anec­
dótico.
En estudios sociales, una de las cosas que hemos reconocido
es que, cuando eres experto o experta en algo, normalmente sabes
quién no lo es. Y dicen que la experticia se evalúa de manera des­
cendente muy fácil o relativamente fácil. Pero el problema viene
cuando no eres experto o experta y tienes que evaluar de manera
ascendente, porque entonces la pregunta es: ¿cómo evalúo quién
es experto o experta, si yo no lo soy?
La literatura en estudios sociales dice: bueno, normalmente
lo que hacemos es confiar en los que se llaman marcadores sociales
de experticia. Por ejemplo, que alguien tenga un título de docto­
rado por una universidad relativamente conocida, que pertenezca
a una asociación profesional, que tenga un premio, que tenga tra­
yectoria. Dice que todos esos son marcadores sociales de exper­
ticia. El problema viene en que a veces no tenemos claro cuáles
marcadores son del todo confiables y, sobre todo, en algunos de
los debates que nos convocan hoy, por ejemplo, para el ciudada­
no, la ciudadana de a pie, la pregunta de: ¿quién es un experto en
quien puedo confiar? se vuelve problemática. Y ahí creo que hubo
disputas muy fuertes, donde la iglesia tuvo durante siglos un mo­
nopolio de una experticia que, en muchos lados, no ha perdido.
Y pues, quizás aquí somos, más allá de nuestra adscripción
religiosa o no, por lo menos participantes de una sociedad secu­

86
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

larizada que diríamos: “Bueno, pues la iglesia probablemente no


es la institución con los marcadores de experticia adecuados”.
Pero el problema es que, incluso en esta configuración de la so­
ciedad, a veces no es fácil, por ejemplo, identificar esos marcadores
sociales.
Yo me imagino que muchos jueces están en un predicamento
así, que no es fácil de dirimir y que le pasa también a la ciudada­
nía de a pie. Y el problema es que estamos en un momento, en
temas que tienen que ver, por ejemplo, con todo lo que son dere­
chos sexuales y reproductivos, con una pugna donde hay ciertos
grupos que tratan de presentarse justamente como poseedores
de un saber, como teniendo una serie de marcadores sociales de
experticia que confunden.
Yo creo que eso hace tremendamente difícil que digas como
ciudadana o ciudadano o como juez: ¿a quién le creo? Y no es que
yo tenga una solución, sino simplemente señalar que, en estudios
sociales, una de las cosas que vemos es que vivimos en una sociedad
que le reconoce a los expertos un papel fundamental, pero que al
mismo tiempo está atrapada en el problema de que no siempre
tiene claro cuáles son los marcadores de experticia correctos, y
eso es un problema social en temas como este de derechos sexua­
les y reproductivos.

José Ramón Cossío Díaz

El tema de la Unidad es un asunto interesante, porque no es que la


Unidad vaya a sustituir a un juez, eso es obvio, pero la Unidad
ayuda a traer información hacia el proceso. En la condición, los
jueces ya saben que no pueden inventarse casos; los jueces tienen
que resolver casos que otros les traigan. Esos casos, desde luego,
son controvertidos o son pleitos. No va uno a litigar por deporte;
sería un deporte sumamente arriesgado. Pero las personas que

87
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

tienen que litigar van porque tienen un conflicto, y se hacen pregun­


tas que precisamente vienen de lo que han conversado ustedes.
Si yo encuentro una ley que me prohíbe, o una ley que me per­
mite, o una ley que le permite a alguien que tiene una posición dis­
tinta a la mía, y yo quiero combatir esa posición, no por el caso de
esta persona, sino por la cosmovisión —lo que queramos llamarle—
de esta persona, pues esto va a dar una situación litigiosa. Y, por
supuesto, las partes van a aportar sus propias pruebas para tratar
de demostrar los hechos que después sean constitutivos de una
sentencia. Esa es la mecánica general. Estoy simplificando muchí­
simo, pero es la mecánica general.
Lo que viene después es el problema del propio juez. Imagi­
nen su caso, donde a un juez le dice una persona que es suya la
patente, y esta otra persona dice que es suya y que tiene un grado
muy pequeño de varianza. Realmente, los jueces tienen la capa­
cidad, en un caso así, para decir: “Esta sí y esta no”, o “Esta se la
copió o no se la copió”. Tiene que ir con un experto, un químico, un
físico, alguien que le diga: “Oiga, ahí no hay un cambio molecular,
es lo mismo”.
El juez sí tiene que descansar en alguien para que le dé un cono­
cimiento sobre una porción del mundo que no conoce. Y las partes
que quieren —no lo digo como parte de un proceso de mala fe—,
aunque hay quien sí lo haga, quieren engañar al juez o quieren con­
vencerlo con un conjunto de argumentos que luego tienen una
tendencia y tienen una desviación. Entonces, el juez tiene que
traer algo, o más bien a alguien, para que le diga: “Señor juez, ten­
ga mucho cuidado, porque eso que le están diciendo no es verdad”.
Si ya sabemos que usted no es experto en esto ni en esto, debe tener
cuidado, y tiene ese experto que filtrarle a quien está juzgando.
¿Cuál es el enorme problema que se presenta? Y eso me pare­
ció muy interesante: que los jueces, en general, no hacen este tra­
bajo. Con lo que tienen en el expediente, toman decisiones sobre
cuestiones muy complejas. Aquí radica uno de los grandes peli­

88
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

gros: los jueces pueden creer erróneamente que su conocimiento


jurídico es suficiente para proporcionar respuestas legales a pro­
blemas que han sido formulados o incluso distorsionados para
en­cajar en un marco jurídico. Sin embargo, aunque el contexto
es litigioso y, por ende, jurídico, la esencia del problema a menu­
do trasciende lo jurídico y no puede ser adecuadamente resuelta
dentro de ese marco. Este es el desafío crucial que enfrentamos
en el ámbito judicial.
¿Entonces, a quién debería acudir el juez? Yo creo que debería
de acudir a marcadores institucionalizados. Esto es algo que se
hace en diversas partes del mundo. Es lo que se hace, la National
Academy of Sciences; en todo el mundo van y dicen: “Yo no soy
experto en este tema, pero supongo que estas instituciones tie­
nen legitimidad para orientarme”. Su función sería ya sea para su
conocimiento, comprensión y resolución del problema, o para la
aclaración de las pruebas que ofreció una de las partes, que es una
cuestión distinta.
Creo que esta es la verdadera discusión que estamos teniendo
ahora. Algo que está ocurriendo en el derecho es que nos estamos
enfrentando a fenómenos materiales para los cuales no hay res­
puestas jurídicas claras. Se mencionaba en otra sesión que Watson
y Crick descubrieron la conformación de la doble hélice, y la gen­
te comentó: “Qué interesante, pero ¿qué valor jurídico tiene
eso?” La respuesta es incierta, más allá del valor del propio des­
cubrimiento.
Hoy, cuando puedes hacer cambios tecnológicos y empiezas a
hacer operaciones sobre los seres humanos, sí tiene una inflexión
jurídica que no solo es el valor del descubrimiento o el recono­
cimiento del derecho de autor, sino que tiene un valor enorme.
Le genera unos retos enormes al derecho, porque tú puedes ir y
experimentar con seres humanos, convertir, quitar y poner. Y ¿dón­
de está autorizado o dónde está prohibido?, ¿hasta dónde son mis

89
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

límites? Ya estamos entrando en problemas que sí involucran al


derecho.
Ya no es la tecnología de hace 15 años o de hace más de 70 años
cuando se descubrió, estamos en otra condición. Ahí el derecho
se ve con esos problemas y yo creo que es el tema central hoy en
día en estos casos.
El predicamento de los jueces es altísimo, pero este predica­
mento es, yo creo, del porcentaje más pequeño de los jueces.
La mayoría de los jueces en México y en el mundo se siguen con­
siderando autosuficientes en sus conocimientos para resolver lo
que les pongan enfrente.

Marycarmen Color Vargas

Creo que, desde donde yo lo miro, hay tres temas de los que esta­
mos hablando y me gustaría plantear tres preguntas para que cada
una de ustedes pueda ir ayudándome a resolverlas.
Por un lado, preguntaría: ¿Qué procesos deberían imple­
mentarse para mantener al sistema judicial actualizado con los
avances científicos y tecnológicos, así como para evaluar su rele­
vancia y su aplicabilidad en casos específicos?
¿Cuáles son las particularidades y desafíos de la integración
del conocimiento científico, especialmente en el contexto de
los derechos sexuales y reproductivos? Estoy pensando que, al
final, la medicina y el derecho son mecanismos de control del cuer­
po de las mujeres, entonces ¿cómo podemos problematizar por
ahí? Es decir, estamos apelando a un discurso que normalmente
ha sido visto como controlador para el cuerpo de las mujeres.
Relacionado a lo que expuso el doctor Cossío, las personas
juzgadoras, en el caso de los temas relacionados con igualdad de
género, tienen una obligación reforzada de hacerse de material
probatorio cuando éste no sea suficiente para aclarar la situación
de violencia, vulnerabilidad o discriminación por razones de

90
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

género, y ordenar las pruebas necesarias para visibilizar dichas


situaciones. Hay una tesis de jurisprudencia, un criterio obligato­
rio por reiteración, la 22/2016, que marca este criterio para las
personas juzgadoras, juezas y jueces, en los casos de violencia de
género, de igualdad de género o cuando el género sea una cues­
tión problemática.

Brenda Crabtree Ramírez

Cuando me mandaron la ficha dije ¿por qué seguimos discutien­


do esto? Me pareció tan obvio que había tanta información al res­
pecto de cómo decidir y por qué decidirlo que me sorprendió de
verdad pensar que seguimos en esta discusión, ¿en serio?
¿Y entonces por qué está tan retrasado?, ¿cuáles serían los pro­
cesos? No lo sé, pero es algo que se debería de estudiar en forma
sistemática. ¿Cómo podríamos saber si el juez está preparado? Yo
creo que, en principio, se debería de pensar que no está prepara­
do. Y entonces pedir información relevante, si esto no es suficien­
te, pues…, llamar a un experto. Pero yo sí sería de las personas que
pensarían que siempre sería de utilidad tener a un experto con
quien consultar.
Y esto lo digo porque, incluso, en el tema de VIH, VIHólogos
[infectólogos especialistas en VIH] hay poquititos en México, es
un mundo muy pequeño. Frecuentemente, me encuentro con pa­
cientes a los que otros médicos les han dicho una serie de dis­
parates que han determinado decisiones relevantes para su vida
y su salud, y son profesionales de la salud. Entonces, ya imagínen­
se los no profesionales de la salud. ¿Cuál sería el mejor proceso?
No sé, pero me parece increíble que no se estén acercado a la
ciencia y a los expertos, las discusiones que tienen que ver en este
sentido. Así como yo difícilmente puedo intervenir en un caso
médico-legal sin ayuda de la asesoría legal.

91
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

Siobhan Guerrero Mc Manus

Yo quisiera decir algo sobre el único caso del que creo que no he­
mos hablado, y luego contestar la pregunta, porque si no se nos
va a ir ignorado y me daría pena que eso pase, porque también
creo que es un tema importante: el de la píldora del día siguiente.
A mí me parece importante reconocer que, a veces, las cien­
cias y, sobre todo, las tecnologías nos permiten visualizar cosas
que antes eran completamente opacas. Pongo dos ejemplos muy
claros: el surgimiento del ultrasonido. Hoy, por ejemplo, la capa­
cidad que una persona gestante —mujeres, hombres trans, personas
no binarias con capacidad de gestación— pueda ir a un ultrasonido
y ver una imagen de un feto, es algo que hubiera sido imposible
hace 80 años. Hoy la medicina tiene una serie de tecnologías para
visualizar el interior del cuerpo, para ver algo que antes solo se
podía palpar a través de la piel, ver quizás en una disección, o de al­
guna manera intuir en función de una serie de signos, pero que
hoy se puede llevar a la visualización.
Lo mismo podemos hacer con los genomas. De repente, pues
te secuencian un genoma. Menciono eso porque, por ejemplo, hay
una filósofa que estudió física y antropología, se llama Karen Barad,
que dice que no debemos pasar por alto cómo eso cambia las ma­
neras en las que le otorgamos un estatuto de persona, por ejemplo,
a un feto. Ella dice: “No es lo mismo que tu relación con un feto
esté mediada, como podía ser en una partería tradicional, por
el tacto, donde el cuerpo de la mujer o de la persona gestante lo
palpas, y el cuerpo de la persona está por delante. No se te olvida
nunca que esto está adentro de un cuerpo”. No es lo mismo eso,
a ver, de repente, una representación de un feto en un fondo ne­
gro, donde el cuerpo de la persona está borrado completamente.
Visualmente, la lógica de eso cambia, porque es mucho más fácil
otorgarle, no jurídicamente, sino cotidianamente, el estatuto de per­
sona, porque ves los límites de un cuerpo, que antes sólo podías

92
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

sentir atrás de otro cuerpo palpando. Y de repente, sabes que ‘cigoto’


es igual a ‘nuevo genoma’. Creo que, por ejemplo, los movimien­
tos que se oponen al aborto, e incluso a la píldora del día siguiente,
en gran medida han movilizado esos cambios que la tecnología
trajo, porque ahora vemos personas que te dicen: “Es que se es
persona en el momento que es un genoma por entero novedoso”.
Eso es muy interesante y terrorífico, porque de alguna manera
dicen: “Claro, en una época genocéntrica, puedes tratar de jalar
la noción de persona y aterrizarla en un genoma”, diciendo que,
en el momento en que un genoma es completamente novedoso y
único, hay una persona. En el momento en que puedes tener esta
representación que te da el ultrasonido, ya es algo completamente
novedoso. No me sorprende que llegue alguien y acuse a una píl­
dora que evita que se implante un cigoto en el endometrio de ser,
de alguna manera, abortiva, porque lo que está tratando de hacer
es jalar la noción de persona para decir que ahí donde hay un
genoma nuevo, pues hay una persona. Aclaro que yo no comparto
esa posición y que para mí es importante hacer ver que la noción
de persona se ancla en reflexiones jurídicas y biomédicas, no solo
biomédicas. Nuestro trabajo es explicar esto, pero también en­
tender cómo operan las posturas antiderechos y cómo emplean
retóricamente las nuevas formas de visualización.
Yo creo que ahí sí, los estudios de ciencia y género nos han
dicho: veamos cómo esto no es un cambio jurídico. Pero de algu­
na manera, la forma de visualizar cambia cómo representas a un
ser que todavía no es persona, pero que le quieres otorgar eso.
Entonces, yo quería comentar un poco eso y luego ir ahora sí a las
preguntas.
Yo quiero ser optimista y creer que el discurso de los dere­
chos humanos sí ha transformado al derecho, porque es cierto
que históricamente hablábamos del derecho y la medicina como
mecanismos de control de mujeres, diversidades sexuales, per­
sonas con discapacidad, de una gran cantidad de poblaciones. Pero

93
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

me parecería peligroso creer que solo pueden ser eso y solo serán
eso. Cada vez que se dice que hay que descreer de la ciencia me
da miedo, porque yo creo que creer que todo el discurso científi­
co es peligroso es un error tremendo.
Lo mismo diría del derecho, porque creo que lo que intenta
hacer la figura de los derechos humanos es crear esferas de auto­
nomía. Y pongo un ejemplo que yo vivo todos los días: el derecho
a la identidad de género autopercibida. Ahí, el derecho deja de
funcionar como un elemento de coerción, como había funcionado
antes, cuando la noción de identidad se le asignaba a un cuerpo
para regularlo, controlarlo, identificarlo y decir: “Tú eres esto por­
que te estoy controlando”. Cuando llega el discurso de los dere­
chos humanos, el Estado dice: “Quizás a quien le toca decir quién
eres es a ti”, y se abre una esfera de autonomía, que no es que nos
resuelva todos los problemas, porque claramente no, pero sí creo
que eso transforma y hace que el derecho pueda ser una herra­
mienta de transformación.
Diría que lo mismo pasa con la medicina, y quiero mencionar
un libro que publicó la Facultad de Medicina hace dos años, que
se llama Los efectos sociales del VIH y del SIDA en México: cuatro
décadas de pandemia. La razón por la cual lo recomiendo es por­
que básicamente resume cuatro décadas de relación entre la co­
munidad médica, los activismos alrededor del SIDA y todas las
pugnas, donde también figura el Estado. Creo que una de las co­
sas que nos deja esa historia es la importancia que tiene lo que en
inglés le llaman scientific literacy, que es esta formación general
en la ciudadanía de tener un mínimo de competencias científicas,
que en México desafortunadamente no tenemos. Tampoco es que
en Estados Unidos las tengan, pero creo que es algo a lo que ten­
dremos que aspirar.
No nos va a resolver todos los problemas que quisiéramos, pero
una sociedad científicamente más educada, por lo menos, tiene
mucho más claro, por ejemplo, el tema de ¿cuáles marcadores de

94
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

experticia importan?, ¿a quién creerle? Saber que no todo médico


sabe de todo, que no todo abogado sabe de todo. Desde luego, sa­
ber que en las humanidades no hacemos ni ciencia ni derecho, sino
otra cosa, que también tenemos otro lugar. Yo creo que, si bien
no nos resuelve el problema, apostar por una mayor educación
científica, y en general humanística, sí es importante, y creo que
eso no lo estamos logrando.

José Ramón Cossío Díaz

Yo creo que la primera pregunta, aunque parezca repetitivo, es un


tema de conciencia. Es decir, si tú eres abogado y no te das cuen­ta
de que lo que tienes que resolver no lo sabes, vas a resolverlo como
sea, y se te está colando por alguna parte el conocimiento. ¿Y
cómo lo estás tratando, cómo lo estás construyendo, cómo lo es­
tás poniendo? Pues quién sabe qué estés poniendo, pero de que
lo estás poniendo, lo estás poniendo.
Por ejemplo, este caso de VIH o el endometrio, a lo mejor ni
sabes qué es “endometrio”, qué es “píldora”, pero vas a decir algo
que va a tener incidencia sobre eso y quién sabe qué cosa dijiste.
Yo tuve la oportunidad de darle clases durante varias mañanas
al grupo que dirigía el doctor David Kershenobich. Nos trajo a todo
su cuerpo médico y les explicamos qué era el derecho, porque no
sabían qué era el derecho, y eso fue un ejercicio muy bonito. Otras
cosas que se estuvieron haciendo con la Academia Nacional de
Medicina era poner un caso médico y nosotros los abogados les
decíamos: esto es penal o esto es civil, y se quedaban admiradísi­
mos, por ejemplo, del valor de la NOM, el valor del consentimien­
to informado, etcétera.
Es muy difícil que hagamos un ejercicio donde todos nos en­
teremos de todo, pero al menos sí, quienes tienen que tomar cierto
tipo de decisiones. Un juez tiene que decir: “Yo hasta aquí ya no
sé, tengo que ir a la Unidad o con alguien y que me diga”. Saber

95
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

no es sentarse a ver el Discovery Channel, a ver qué cosas nuevas


aparecen. Eso no es ciencia, es divulgación, no es la ciencia que
usted necesita. Es decir, es un ejercicio.
El segundo caso, que es muy interesante: los jueces histórica­
mente resolvían caso por caso. Entonces, tenías una posibilidad
con un cierto margen de error. Pues decías esto para el caso A y
después decías: creo que no quedó muy bien, y lo ajustabas al B.
Hoy, los jueces en casi todo el mundo —nuestra Corte igual y los
tribunales en México— tienen la posibilidad de resolver con efec­
tos generales. Y tienen posibilidades de decir cosas muy genera­
les con los precedentes, la jurisprudencia, etcétera. Porque ya no
está simplemente resolviendo quién es el dueño de esa maceta;
estás diciendo si la ley es o no cuestionable o puedes interpretar­
la. Entonces, el efecto de tu decisión es monumental. Yo creo
que aquí sí, el nivel de conciencia que tiene que tener un juez, y
sobre todo los ministros de la Suprema Corte, sobre ciencia tiene
que ser altísimo, por los efectos de su decisión, no quiere decir que
se sustituya al legislador en el ámbito de legislación, pero sí se acer­
ca mucho.
La cuestión que mencionaban sobre los casos reforzados me
hace pensar en un ejemplo que suelo compartir con mis estudian­
tes en El Colegio de México. Les dejo leer el libro o ver la película
El veredicto (La ley del menor), basada en la novela de Ian McEwan.
Es un caso extremo de decisión: un joven menor de edad, que
sabe que se va a morir, se niega a recibir una transfusión de san­
gre debido a su religión. La jueza tiene una trabajadora social que
actúa como una extensión de ella, permitiéndole acercarse al chi­
co. Durante una audiencia, la jueza declara: “Con la información
que tengo en el expediente no puedo decidir.” Entonces, decide
ir a ver a la trabajadora social, quien es muy lista, empática, y tiene
una capacidad para interrogar que le permite conectar con el chico
que está enfrentando un cáncer terminal. Gracias a esta media­
ción, la jueza regresa y dice: “He tomado una decisión: lo trans­

96
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

funden. Puedo decidir en lugar de sus padres porque es menor de


edad, y cuando sea mayor, él podrá decidir.” No les cuento el fi­
nal, pero es un ejemplo de que los jueces no siempre tienen, o no
tenemos, los instrumentos como para tomar la realidad de fuera
y poderla traer al expediente.
Si no se argumenta, se resuelve con lo que está. Y recordando
ese otro aforismo judicial: “lo que no esté en el expediente no está
en el mundo”. Si no está en el expediente, no me lo argumenten,
porque si no está en el expediente, no existe.
¿Entonces, cómo el juez puede legítimamente salir del expe­
diente, tomar pedazos del mundo y ponerlos legítimamente en el
expediente? Eso es una pregunta preciosa. Y si lo pones en el expe­
diente, es para que tenga un efecto jurídico. Ahí, en esto que plan­
teas tú, Marycarmen, de la violencia, pues pasan cosas horribles
allá afuera. ¿Cómo puedo trascender, ir a observar una vivienda,
una familia, donde se esté produciendo el tema de la violencia
con los migrantes, con las mujeres? Tomo ese pedazo de realidad,
lo traigo y resuelvo. Yo creo que esta es la pregunta más bonita,
y los jueces en nuestro sistema tienen la posibilidad de ir fuera y
traer cosas. Están atrapados, por su estructura, en la ignorancia
estructural, y por sus herramientas, en un círculo de condiciones.
Ahora, la pregunta interesante es si ustedes pueden salir, tomar
realidad y meterla en el expediente, y permitir una mecánica en
estas cosas. Yo creo que ese es el tema más lindo de todo esto.

Brenda Crabtree Ramírez

Con el tema de la comunidad dentro de las colaboraciones cien­


tíficas, ya no se puede hacer ciencia que realmente impacte y que
tome las decisiones y las guías internacionales si no está la comu­
nidad siendo partícipe. Entonces, yo creo que un mecanismo así
debería de adoptarse, que fuera factible para la justicia.

97
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

Marycarmen Color Vargas

Quería agregar que, en la Unidad General de Conocimiento Cientí­


fico y Derechos Humanos, una de las premisas fundamentales es
hablar con las víctimas y con las personas en situación de desventaja.
Les pediría un mensaje final de cierre, pero me voy a permitir
leer tres preguntas que nos hizo el público. Preguntan: “¿cómo se
puede elegir la mejor evidencia?”, “¿cómo saber qué es el mejor
conocimiento científico para no caer en argumentos en desuso?
¿Cuáles son los mecanismos legales con los que cuentan las per­
sonas juzgadoras para consultar a personas expertas?”; y “¿Los in­
dicadores cienciométricos podrían ser considerados marcadores
sociales de experticia?”

Brenda Crabtree Ramírez

Quiero agradecer nuevamente que se plantee esta discusión; creo


que es súper enriquecedora. Me ha abierto los ojos en muchos
sentidos, creo que, para cada disciplina hay una definición de
expertise. Ya Siobhan había comentado algunas definiciones bá­
sicas, pero, por ejemplo, en VIH son muy simples como: haber vis­
to más de 100 pacientes y tener más de 5 años (de ejercicio profe­
sional). Realmente es muy fácil de lograr eso, pero yo creería que,
además, en México no hay una renovación en las áreas de la salud
ante los colegios, nos tenemos que recertificar, por ejemplo, ante
el Sistema Nacional de Investigadores, las plazas de investigado­
res, si es que eres investigador. Pero en el área médica, pues hay
comités y colegios que te certifican. Y creo que un mecanismo útil
sería acercarse a esos colegios, academias nacionales e internacio­
nales, la Organización Panamericana de la Salud que es regional.
Creo que esa es una buena manera de saber cómo encontrar exper­
tos que puedan definir cuál es el nivel de evidencia adecuado.

98
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

Hay áreas, hay preguntas no resueltas. Siempre hay lugares


en donde se encuentra un nicho de preguntas científicas no res­
pondidas. Pero, es más fácil identificar la información que sí existe
que la que no; y en esas brechas, a veces, es donde se pierden las
decisiones que pueden impactar en la salud y el bienestar de una
persona.
Ya para cerrar diría que, yo creo que sí hay mecanismos, co­
legios e instituciones por los cuales la justicia se puede acercar
para encontrar expertos. Se pueden hacer revisiones por pares,
como se hace con los documentos científicos que son observados
por dos expertos; no uno, porque ¿qué tal que la doctora Crabtree
tiene una opinión particular, pero existe otro experto que tiene
otra visión, porque a lo mejor ha tenido pacientes con otras cir­
cunstancias? Creo que la revisión por pares, por separado, como
se hace en los documentos científicos, podría ser de utilidad para
encontrar la información menos sesgada, más orientada y la ba­
sada en la mejor evidencia posible.

Siobhan Guerrero Mc Manus

Para concluir, primero, celebrar que exista esta área en la Suprema


Corte. Y lo que diría es que siempre hay que recordar que también
dentro de las ciencias están las ciencias sociales, también están
las humanidades. A veces parecemos un poco inútiles, pero creo
que podemos hacer una aportación, y lo digo porque de repente
hay un prejuicio también ante las ciencias sociales y las humani­
dades, suponiendo que somos como ciencias de segunda catego­
ría. Simplemente invitaría a que esto no pase, porque sí estamos
bajo ataque. La filosofía lleva bajo ataque un rato, donde la gente
se pregunta: “¿por qué enseñamos eso en la secundaria, en la pre­
paratoria? ¿Para qué sirve una clase de ética en el bachillerato,
una clase de lógica en el bachillerato?” Y simplemente decir que

99
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

hay un lugar de las humanidades que es un lugar importante, que nos


puede ayudar a entender cosas como las que hemos discutido hoy.
Sobre el tema de los marcadores de experticia que nos encon­
tramos, de repente, por ejemplo: si un journal [revista científica]
pertenece al primer cuartil, cuánto se ha citado a una persona, la
famosa H, todos esos marcadores cienciométricos sí pretenden
ser marcadores secundarios, o externos, de experticia. Lo que diría
es que podemos confiar en ellos, pero también señalaría que tene­
mos una serie de sesgos identificados que, desafortunadamente, no
hemos podido desmontar, y que los marcadores cienciométricos
solitos no los resuelven. Por ejemplo, una persona que tiene un
apellido en español suele ser citada menos que una persona que
tiene un apellido inglés o alemán. Una persona que viene del sur
global y está en una institución del sur global puede ser citada
mucho menos. Desde luego, está la cuestión de las mujeres y per­
sonas racializadas. Por ejemplo, si hay un artículo que escribieron
puras mujeres, mucha gente siente que es un artículo menos im­
portante. Si lo escribió un varón y algunas mujeres, parece que las
mujeres no hicieron nada.
Entonces, los marcadores cienciométricos sí son marcadores
externos de experticia, pero, desafortunadamente, hay una serie de
sesgos que estamos trabajando para quitar, pero que aún no hemos
desmontado, y que van a pasar por cuestiones de género, raza,
clase, relaciones, norte, sur, geopolítica. Desafortunadamente, hay
mucho trabajo bien hecho que no tiene los mismos marcadores
cienciométricos, y eso en México nos pasa un montón; aquí hay
gente haciendo cosas increíbles, muy poco citada. Hay un mal en­
démico en las academias latinoamericanas, que no nos citamos,
eso lo digo en primera persona y en plural, porque es un problema
que tenemos como academias. Si tú lees un trabajo de una colega
y no la citas a ella, citas a sus referencias del norte global, a pesar
de que el trabajo que leíste es el de ella, y eso lo hacemos muchí­

100
Ciencia y derecho en la salud sexual y reproductiva

simo, le da al traste a la producción local. Entonces, sí son marca­


dores, pero tienen todavía estos sesgos.

José Ramón Cossío Díaz

Para terminar, lo que yo creo que es muy importante son estos


esfuerzos de institucionalización. Si ustedes se fijan, el que hoy se
llama Seminario Permanente de Derecho y Ciencia, lo interesante
es eso, lo permanente, y que nos sentemos a conversar entre noso­
tros. Desde luego, los abogados hablamos de temas de abogados,
que si el artículo, que si la norma, etcétera. Pero creo que somos
capaces de decirles a los abogados: “Oye, ¿y tú has pensado en
cualquiera de los temas que hemos visto?”, o les decimos a los
médicos, o les decimos a los filósofos, o con quien estemos ha­
blando. Yo sé que tampoco esto resuelve el mundo. El mundo es
mucho más complejo que un seminario permanente, pero si no
empezamos a tener estas conversaciones, va a ser muy difícil.
Debemos ir, por ejemplo, a la Facultad de Ciencias o a la de Nu­
trición, o a las universidades donde se enseña Medicina. Es decir,
los jóvenes se tienen que enterar de que están pasando cosas que
no van a ver en las clases. Y, de vuelta, también tiene que ir un
científico a una universidad donde se esté estudiando Derecho
para decir: “¿Y ustedes han pensado que la determinación de tal o
cual cosa no es algo que vayan a aprender en estos cinco años?”
Creo que esfuerzos de conversación y divulgación como estos
son fundamentales. No sé cuántas personas se van a interesar, pero
estoy seguro de que se pueden interesar. La idea de la Unidad hace
diez años era impensable; hace siete años, también lo era. Hoy, con­
tar con un cuerpo de personas dedicadas a la ciencia dentro de
una institución judicial es algo que debe celebrarse, al igual que
cuando se abrió el canal judicial, cuando muchos no creían en él.
Ahora tenemos una Unidad que genera y facilita conocimiento cien­
tífico. La cuestión ahora es cómo lograr procesos de divulgación

101
Cossío Díaz, Crabtree Ramírez, Guerrero Mc Manus, Color Vargas

para conectar con más personas. A mí, personalmente, me entu­


siasma mucho y me parece una gran contribución. Esto debe pa­
sar por esfuerzos de institucionalización porque si no, aunque
hoy la sesión haya sido espectacular, seguiremos siendo los mis­
mos, ya convertidos, pero hay que ir más allá de eso.

102
El conocimiento científico en
las sentencias constitucionales para
la protección de la naturaleza 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
Julia Carabias Lillo

Modera
Alejandra Rabasa Salinas

José Ramón Cossío Díaz

Este seminario continúa nuestra exploración de los fundamentos


científicos detrás de decisiones de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación. Asimismo, examinamos cómo el derecho modela y
responde a fenómenos relacionados con la ciencia. Hoy, tenemos
el honor de contar con la presencia de dos distinguidas exper­
tas. La doctora Julia Carabias, miembro de El Colegio Nacional,
es ampliamente reconocida por su experiencia en temas me­
dioambientales y su incansable labor en la conservación del medio
ambiente tanto a nivel nacional como internacional. Junto a ella,
se encuentra la maestra Alejandra Rabasa, egresada de la Uni­ver­
sidad Iberoamericana y con maestría de la Universidad Nacional.

1
Sesión realizada el 4 de junio del 2024 en El Colegio Nacional.

103
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

Recientemente, ha asumido el cargo de Titular de la Unidad Ge­


neral de Conocimiento Científico y Derechos Humanos de la Su­
prema Corte de Justicia de la Nación, una posición destacada que
refleja el compromiso de la institución, liderada por la ministra
Norma Piña, de enriquecer las decisiones judiciales con cono­
cimiento científico sustancial.
El formato de hoy se centra en las exposiciones iniciales de la
maestra Rabasa sobre el uso del conocimiento científico en las
sentencias constitucionales para la protección de la naturaleza. Ella
ha seleccionado tres decisiones de la Suprema Corte para analizar
cómo se resolvieron, los problemas que surgieron, los resultados
alcanzados y los efectos subsiguientes.
A continuación, la doctora Carabias ofrecerá su perspectiva
sobre los aspectos positivos y negativos del conocimiento cientí­
fico incorporado en estas decisiones. Tras su intervención, presen­
taré un comentario general para fomentar el debate y la reflexión
entre los participantes. La maestra Rabasa formulará preguntas
para promover un diálogo espontáneo y enriquecedor.
Al final de la sesión, abriremos el foro para preguntas del pú­
blico y comentarios de aquellos que nos siguen a través de redes
sociales, invitándolos a participar en esta valiosa conversación.
Recordemos que el objetivo del seminario es lograr que exista el
mejor conocimiento científico posible en las decisiones judicia­
les, para que tengan realmente relevancia en la construcción social
que estamos todos interesados en lograr.

Alejandra Rabasa Salinas

Hemos seleccionado tres sentencias de la Suprema Corte de Jus­


ticia de la Nación que ilustran claramente la dirección que ha
tomado la jurisprudencia en cuanto a la protección de la naturaleza.
A continuación, presentaré brevemente el contexto de los casos

104
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

que dieron lugar a estas sentencias, para enmarcar nuestra próxi­


ma discusión.
El primer caso es un amparo identificado con el número
410/2013, cuyo proyecto de sentencia fue propuesto por el —en
su momento— ministro José Ramón Cossío. Considero que este
caso marcó el inicio de la línea jurisprudencial de la Suprema
Corte en materia de protección de la naturaleza. La sentencia del
ministro Cossío representó un avance significativo en la inter­
pretación de la legislación ambiental, consolidando un criterio
de protección para las Áreas Naturales Protegidas (ANP), la bio­
diversidad y otros elementos del entorno natural.
El caso trata de una propietaria de un terreno en Isla Mujeres
cubierto por varias hectáreas de manglar. En ese momento aún no
existía la legislación de vida silvestre que hoy protege estrictamen­
te los manglares. La propietaria solicitó a la Secretaría del medio
ambiente y recursos naturales (SEMARNAT) una autorización
de impacto ambiental para desarrollar un proyecto turístico-­
inmo­biliario en la Riviera Maya, lo que implicaba desmontar los
manglares y rellenar los humedales de su terreno.
Obtuvo el permiso, pero no ejecutó el proyecto dentro del
plazo establecido. Solicitó una prórroga en tres ocasiones. Para la
tercera solicitud, ya había entrado en vigor el artículo 60 TER de
la Ley General de Vida Silvestre, que prohíbe rellenar manglares
y humedales costeros, a menos que se cumplan ciertas salvaguar­
das —evaluadas mediante un estudio de impacto ambiental—, como
no afectar el flujo hidrológico ni comprometer la capacidad de
carga del ecosistema.
Ante esta nueva regulación, la SEMARNAT negó la renova­
ción del permiso, señalando que el proyecto ya no era viable de­
bido a la normativa vigente.
La propietaria no estuvo de acuerdo con la negativa y argumen­
tó que, en la práctica, se le estaba expropiando el terreno. Sostuvo
que, al no poder desarrollarlo debido a la presencia de manglares,

105
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

su derecho de propiedad quedaba sin efecto. Además, alegó que


la normativa generaba un trato discriminatorio entre quienes po­
seían terrenos con manglares y quienes no. Como resultado, soli­
citó la anulación de la legislación de protección de los manglares
en México.
La Suprema Corte conoce el caso en revisión y el ministro
José Ramón Cossío fue el encargado de proponer el proyecto de
sentencia. En su resolución, estableció un criterio fundamental:
la propiedad tiene límites, y uno de ellos es la conservación de la
naturaleza y la biodiversidad. Esta sentencia fue la primera en
la jurisprudencia de la Corte en vincular el derecho humano a
un medio ambiente sano con la protección de la naturaleza y los
límites al derecho de propiedad.
Se determinó que el derecho de propiedad no es absoluto y
que puede ser regulado cuando se trata de proteger bienes funda­
mentales como —en este caso— los manglares. Asimismo, reco­
noció que el interés colectivo en su conservación prevalece sobre
el interés individual de desarrollar su propiedad. También fue la
primera sentencia de la Corte en abordar el concepto de servicios
ambientales de los manglares y en declarar la validez de su pro­
tección.
Desde mi perspectiva, esta decisión sentó un precedente cla­
ve en la jurisprudencia de la Suprema Corte, estableciendo una
base para la protección de Áreas Naturales Protegidas, bosques y
man­glares, al dejar claro que dicha protección tiene fundamento
constitucional.
El segundo caso, resuelto en 2018, también involucra la protec­
ción de manglares. Se trata de la Laguna del Carpintero, ubicada
en Tamaulipas, cerca de Tampico. En este sitio, el Ayuntamiento
de Tampico autorizó un proyecto denominado —irónicamente—
“Proyecto Parque Ecológico Centenario”, promovido por una em­
presa transnacional. Para su construcción, se permitió el relleno
de la laguna costera, lo que implicaba la eliminación de varias

106
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

hectáreas de manglar. Sin embargo, en este caso no existía una


autorización ambiental de la SEMARNAT, ya que el proyecto fue
aprobado únicamente mediante un acta del cabildo y una autori­
zación estatal, a pesar de tratarse de una materia federal.
Las obras iniciaron sin los permisos correspondientes. Ante
ello, dos vecinas de la zona, sin experiencia en temas de protec­
ción ambiental, decidieron actuar al percatarse de la destrucción
de la laguna. Presentaron una denuncia ante la Procuraduría Fede­
ral de Protección al Ambiente (PROFEPA), que confirmó que se
estaba rellenando la laguna sin autorización de impacto ambien­
tal de la SEMARNAT. Se abrió un procedimiento administrativo,
pero las obras continuaron.
Las denunciantes acudieron entonces a la Comisión Nacional
para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), que,
bajo la dirección del doctor José Sarukhán, emitió un dictamen
señalando la relevancia ecológica de la laguna para la conserva­
ción de la biodiversidad, en particular para aves acuáticas y man­
glares. También obtuvieron un dictamen del Instituto de Ecología
de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre
el daño ambiental causado. A pesar de estos documentos, la
PROFEPA no tomó medidas efectivas, por lo que interpusieron
una demanda de amparo, alegando la violación a su derecho a un
medio ambiente sano debido a la destrucción de los manglares y
la pérdida de los servicios ambientales que proporcionaban.
La jueza desestimó el amparo, argumentando que las deman­
dantes no habían demostrado un daño directo a su patrimonio o
salud derivado de la afectación ambiental. Inconformes, llevaron
el caso ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Bajo la ponencia de la actual ministra presidenta Norma Piña,
la Suprema Corte realizó una interpretación amplia del derecho
a un medio ambiente sano y estableció un precedente significativo.
En su resolución, determinó que este derecho protege a la natu­
raleza por su valor intrínseco, no únicamente por su utilidad para

107
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

las personas. Además, estableció que en casos relacionados con la


protección ambiental deben aplicarse los principios del derecho
ambiental, como: el principio de precaución, el principio de pre­
vención y el principio in dubio pro natura, que obligan a optar
por la decisión que más favorezca a la naturaleza cuando existan
varias opciones.
Asimismo, la Corte amplió el concepto de servicios ambien­
tales, señalando que cualquier persona que argumente ser bene­
ficiaria de estos, sin necesidad de residir en la zona afectada, tiene
legitimidad para interponer un juicio de amparo en defensa del
ecosistema en riesgo. De este modo, el fallo consolidó la protec­
ción de la naturaleza con base en su valor intrínseco y en el im­
pacto que su conservación tiene a nivel local, regional y global.
La tercera sentencia —que sigue la línea jurisprudencial ini­
ciada por el ministro Cossío con el caso de Isla Mujeres— también
se refiere a un asunto en Quintana Roo. Se trata de una controver­
sia constitucional relacionada con el Área Natural Protegida de
Yum Balam, una reserva de gran importancia ecológica. Como
corresponde a su función, la Comisión Nacional de Áreas Natu­
rales Protegidas emitió un programa de manejo para regular los
usos permitidos en la zona y controlar la expansión turística. Sin
embargo, el municipio de Lázaro Cárdenas presentó una contro­
versia constitucional ante la Suprema Corte, argumentando que
dicho programa vulneraba sus facultades, pues sostenía que la
regulación del uso de suelo en su territorio le correspondía exclu­
sivamente al gobierno municipal.
La Suprema Corte resolvió el caso en un proyecto a cargo de
la ministra Norma Piña, sustentado en el precedente establecido
por el ministro Cossío. En su fallo, la Corte reafirmó que la
propiedad tiene una función ecológica, lo que implica que todos
los propietarios, sean particulares, gobiernos o ejidos, tienen la
obligación de conservar la biodiversidad dentro de sus terrenos.
Además, estableció que esta obligación es propter rem, es decir,

108
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

inherente al inmueble y transmisible de generación en genera­


ción. Con ello, la Corte determinó que nadie tiene derecho a des­
truir los servicios ambientales ni la biodiversidad, ya que su con­
servación responde a un principio de equidad intergeneracional
y al principio de no regresión, que impide la pérdida de ecosiste­
mas y recursos naturales.
Asimismo, la Corte destacó que el principio de desarrollo sus­
tentable, contenido en el artículo 25 de la Constitución, conlleva
un mandato de transversalidad. Esto significa que la protección
ambiental no es responsabilidad exclusiva de las autoridades am­
bientales, sino de todas aquellas que toman decisiones en secto­
res como economía, energía o desarrollo urbano. Esta visión re­
fuerza la relación entre sustentabilidad y función ecológica de la
propiedad.
En términos generales, la evolución jurisprudencial de la Corte
ha transitado de una visión utilitaria, en la que solo se protegía la
naturaleza cuando se demostraba una afectación directa a una
persona, hacia un reconocimiento de su valor intrínseco. Este
cambio ha permitido aterrizar principios fundamentales del de­
recho ambiental, como la precaución, la prevención, in dubio pro
natura y la no regresión, y ha consolidado el interés público en la
protección del medio ambiente, incluso cuando ello implique
restricciones al uso de la propiedad.
Detrás de estas sentencias hay una construcción basada en la
ciencia, pues la Corte ha establecido que las decisiones en materia
ambiental deben tomarse con base en la mejor información cien­
tífica disponible. En este sentido, esta sesión resulta fundamental
para comprender la base científica de los principios del derecho
ambiental y del marco jurídico para la protección del medio am­
biente, así como la evolución jurisprudencial de la Suprema Corte
en esta materia.
Con esto concluyo mi intervención, para dar paso a la doctora
Carabias, quien abordará la ciencia detrás de los servicios ambien­

109
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

tales y los fundamentos científicos que sustentan los principios y


la jurisprudencia ambiental.

Julia Carabias Lillo

El tiempo geológico y la evolución de la vida pueden representar­


se metafóricamente como un reloj, en el cual la historia completa
de la vida y del planeta se condensa en una sola hora. En este reloj,
es posible identificar distintos periodos significativos, denomi­
nados “eones”, que abarcan miles de millones de años. Estos eo­
nes marcan grandes cambios y eventos cruciales en la evolución
de la Tierra y de la vida. En la primera parte de este “reloj geoló­
gico”, se observa la consolidación del planeta Tierra. De los 4,500
millones de años de la historia de la Tierra, los primeros 800 mi­
llones de años transcurrieron sin presencia de vida, sin ningún
evento notable. Posteriormente, surge la vida con los primeros
organismos unicelulares, que inicialmente carecen de núcleo (pro­
cariontes). Con el tiempo, evolucionan los eucariontes, organismos
unicelulares, pero ya con núcleo. Durante este periodo comien­za
la fotosíntesis; las primeras bacterias fotosintéticas empiezan a libe­
rar oxígeno, lo que provoca un cambio en la composición de la
atmósfera que antes era anóxica, es decir, sin oxígeno. Por tanto,
la atmósfera no es un ente estático y permanente, sino que ha evo­
lucionado en constante interacción con la vida en la Tierra, y a su
vez, esta interacción ha influido en la evolución de la vida. En un
momento posterior de la evolución de la vida en el planeta, espe­
cíficamente en el último cuarto de su historia, observamos la apa­
rición de las plantas. Esta evolución biológica consolidó el oxígeno
en la atmósfera, un cambio crucial que permitió a las plan­tas iniciar
la colonización de la superficie terrestre del planeta Tierra.
Avanzando a lo largo del último cuarto del tiempo geológico,
una vez que las plantas se habían establecido en la superficie te­
rrestre, siguieron por los anfibios y los insectos, y más tarde por

110
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

los reptiles. Durante este periodo, los reptiles experimentaron una


diversificación significativa, que culminó con la aparición de
los dinosaurios. Paralelamente, la superficie terrestre del planeta
comenzó a fragmentarse en los continentes hasta colocarse en
la posición que los conocemos hoy en día, un proceso influencia­
do por la tectónica de placas.
Con la extinción de los dinosaurios, provocada principalmen­
te por el impacto de un asteroide y cambios climáticos asociados,
se crearon las condiciones necesarias para el surgimiento de los
mamíferos. Este cambio radical en la biodiversidad permitió que
los mamíferos se diversificaran y ocuparan muchos de los nichos
ecológicos dejados vacantes por los dinosaurios.
Finalmente, en los últimos instantes de este periodo geológi­
co, surgieron los homínidos. Esta familia de primates evolucionó
y eventualmente llevó a la aparición del Homo sapiens, nuestra pro­
pia especie, hace cerca de 300,000 años. Estos eventos marcan
no solo un cambio significativo en la evolución biológica, sino
también el inicio de un nuevo capítulo en la historia de la vida del
planeta Tierra.
¿A dónde quiero llegar con esto? A destacar que los humanos
somos producto de la evolución y que hemos aparecido en el últi­
mo momento geológico. Este entendimiento surge al considerar
la vasta línea del tiempo geológico y biológico que ha modelado
nuestro planeta desde hace más de 2,400 millones de años, cuan­
do los primeros organismos unicelulares comenzaron a generar
oxígeno, marcando uno de los hitos más significativos en la histo­
ria de la Tierra.
Este oxígeno fue esencial para el desarrollo de la vida multi­
celular y, posteriormente, para la colonización terrestre por las
plantas. A medida que avanzamos en el tiempo, la formación y
diversificación de los continentes, junto con extremas fluctuacio­
nes de temperatura, que oscilaron aproximadamente 30 grados
centígrados, moldearon drásticamente los entornos terrestres y

111
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

acuáticos. Estos cambios climáticos, que incluyeron glaciaciones


y periodos interglaciares, no solo rediseñaron los paisajes geo­
gráficos, sino que también provocaron extinciones masivas y die­
ron lugar a nuevas oportunidades evolutivas.
La extinción de los dinosaurios, uno de los eventos más dra­
máticos de la historia planetaria, facilitó la aparición y el dominio
de los mamíferos. Dentro de este nuevo orden ecológico, surgie­
ron los homínidos y, eventualmente, diversas especies del género
Homo. A lo largo de los últimos 3 millones de años, estas espe­
cies experimentaron un desarrollo notable, aunque todas, excep­
to Homo sapiens, se extinguieron.
Esta existencia de Homo sapiens como única especie sobrevi­
viente de su género muestra un proceso evolutivo complejo, in­
fluenciado tanto por factores internos biológicos como por con­
diciones externas ambientales y climáticas. Nuestra presencia
es, por lo tanto, el resultado de una serie de procesos adaptativos
y evolutivos que muestran cómo la interacción entre biología y
las condiciones geológicas y climáticas ha sido fundamental en la
conformación de la diversidad de vida en nuestro planeta, inclu­
yéndonos a nosotros, los humanos.
Apenas en los últimos 20,000 años, hemos entrado en un pe­
riodo significativamente más estable, marcado por el fin de la
última glaciación. Este periodo, conocido como el Holoceno, se
caracteriza por una variación de temperatura mucho más mode­
rada, con oscilaciones que no superan los 2 grados centígrados
(1 grado por encima y 1 grado por debajo del promedio). Esta esta­
bilidad climática ha sido fundamental para el desarrollo del Homo
sapiens. Durante este periodo de condiciones climáticas estables,
nuestros ancestros pudieron asentarse, desarrollar la agricultura
y la ganadería, y establecer las primeras ciudades, marcando el
inicio de la historia humana tal como la conocemos.
Antes de profundizar en la historia de la humanidad y sus de­
sarrollos, es esencial comprender cómo es el planeta Tierra tal

112
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

como lo conocemos hoy. El planeta está compuesto por varios


sistemas o capas, entre los que se destacan la biosfera, la hidros­
fera, la atmósfera y la geosfera. Vamos a enfocarnos principal­
mente en la biosfera, que abarca toda la parte viva del planeta,
tanto terrestre como acuática, incluyendo los ecosistemas de agua
dulce y marinos.
La biosfera está formada por distintas especies que se organi­
zan y adaptan a variadas condiciones. Estas condiciones no son
solo climáticas, sino también geológicas, edáficas (relacionadas
con el suelo) y orográficas (relacionadas con el relieve). Esta orga­
nización resulta en un conjunto y ensamble de especies que con­
figuran los ecosistemas. Cada ecosistema es único, adaptado a
sus condiciones específicas, lo que permite una diversidad bioló­
gica que es fundamental para la vida en el planeta.
Este entendimiento nos ayuda a apreciar cómo las condicio­
nes estables del Holoceno han permitido no solo el desarrollo
humano, sino también la persistencia y evolución de complejos
ecosistemas que sustentan toda la vida en la Tierra.
Como mencioné antes, los ecosistemas están formados por
un ensamble de especies, y funcionan bajo principios naturales
comunes independientemente de su tipo. En los ecosistemas la
energía lumínica es capturada por los productores primarios,
generalmente las plantas, que la transforman en biomasa. Esta
biomasa luego se transfiere a los herbívoros, conocidos como
consumidores primarios. Aunque no detallaré ejemplos especí­
ficos, es importante entender que esta biomasa es consumida por
los consumidores secundarios y, posteriormente, por los tercia­
rios y cuaternarios.
Este proceso constituye el flujo de materia que se desplaza de
un nivel trófico a otro, acompañado por el flujo de energía. A me­
dida que la energía avanza de un nivel a otro, la cantidad que se
transfiere disminuye, ya que parte se disipa en forma de calor y
regresa a la atmósfera. Además de la energía, los ciclos de materia

113
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

orgánica, que incluyen el carbono, nitrógeno, oxígeno, azufre,


fósforo y agua, circulan a través de estas pirámides de niveles tró­
ficos. Estos ciclos son esenciales porque, aunque la materia no se
crea ni se destruye, sí se transforma constantemente.
Así, esta materia circulante constituye la base de la vida en
los ecosistemas, sustentando procesos vitales como la alimen­
tación, la respiración y la reproducción. Todas estas funciones
vi­tales dependen de la continua transformación y circulación de
materia y energía a través de los diferentes niveles tróficos y ciclos
biogeoquímicos en los ecosistemas.
La comprensión de los ecosistemas se complica debido a que
no se conforman a una estructura piramidal simple, que sería más
fácil de entender. En realidad, los ecosistemas presentan una red
de interacciones mucho más compleja entre los distintos niveles
tróficos. Por ejemplo, ciertos predadores interactúan directamen­
te no solo con los consumidores primarios, sino también con los
secundarios, lo que resulta en un entramado de relaciones que
no es fácil de desentrañar. Las conexiones entre estos niveles se
vuelven aún más complejas con múltiples flujos de energía y ma­
teria que se cruzan en diferentes direcciones.
Aunque nuestro conocimiento sobre este tipo de funciona­
mien­to interconectado es aún limitado, es claro que los seres
humanos no están ajenos a estas dinámicas. Nuestra propia exis­
tencia y supervivencia están intrínsecamente ligadas a la salud y
estabilidad de estos sistemas.
En el complejo entramado de los ecosistemas, los humanos
ocupamos el nivel de los depredadores apex, que en términos tró­
ficos significa que consumimos a otros seres vivos y no somos
presa habitual de ninguna otra especie. Desde nuestros orígenes,
hemos desarrollado diversas formas de domesticación para la ali­
mentación, pero nuestra dependencia va más allá e incluye recur­
sos fundamentales como el agua y el oxígeno, así como todas las
funciones vitales que sustentan nuestra existencia.

114
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

Para comunicar la importancia de estas interacciones y pro­


cesos a la sociedad y, en particular, a planificadores y economis­
tas, se ha desarrollado el concepto de “servicios ecosistémicos o
servicios ambientales”. Este término no designa una categoría
natural distinta, sino que refiere a aquellos aspectos de los eco­
sistemas que aprovechamos para el bienestar humano. Los servi­
cios ecosistémicos incluyen, por ejemplo, la purificación del agua,
la polinización de cultivos, la regulación del clima y la fertilización
del suelo, entre otros.
Así, los servicios ecosistémicos son la expresión práctica de
cómo utilizamos los distintos procesos y funciones de la natura­
leza. Si deterioramos o destruimos estos procesos naturales, di­
rectamente afectamos los servicios que sustentan nuestra calidad
de vida.
En la vasta diversidad del planeta, encontramos dos tipos
prin­cipales de ecosistemas: marinos y terrestres. Cada uno de
estos ecosistemas se compone de individuos de diferentes espe­
cies, que forman poblaciones y, a su vez, comunidades bióti­
cas. Estas comu­nidades están intrínsecamente vinculadas a los
elementos abióticos del medio ambiente, creando así los ecosis­
temas que conocemos. Estos ecosistemas, ya sean desérticos, de
humedales o cualquier otro tipo, operan bajo los mismos prin­
cipios fundamentales de la naturaleza, reflejando una dinámica
común en su funcionamiento.
El ecosistema, definido por la interacción de elementos bióti­
cos y abióticos dentro de un espacio dado, subraya el valor intrín­
seco de la naturaleza. Este valor no se basa únicamente en los
recursos como el agua o el oxígeno que nos proporciona, sino en
la existencia misma de la naturaleza y su derecho a existir. Reco­
nocer este valor intrínseco es fundamental para nuestra compren­
sión del mundo natural y nuestra relación con él.
Con todo esto que hemos visto hasta aquí, creo que queda clara
la importancia de preservar y mantener la salud de los ecosiste­

115
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

mas, no solo por su papel fundamental en el sustento de la vida


humana en el planeta, sino también por su valor intrínseco, resul­
tado de la complejísima historia evolutiva que les he mostrado.
Ahora bien, regresemos a la historia de la humanidad. Desde
el desarrollo de la agricultura y los primeros asentamientos huma­
nos se comenzó a transformar de manera significativa el paisaje.
Durante miles de años, estos cambios, con hitos muy importantes,
han influido en el desarrollo y, en algunos casos, en la desaparición
de civilizaciones. Por ejemplo, la civilización maya posiblemente
colapsó debido a la degradación de sus propios ecosistemas auna­
do a los conflictos sociopolíticos internos. Podríamos mencionar
muchas otras civilizaciones afectadas por problemas similares,
incluyendo a las de Mesopotamia.
Estos procesos de transformación del paisaje no solo alteraron
los entornos naturales, sino que también cambiaron las propias
civilizaciones. Un hito significativo posterior fue la Revolución
Industrial, que marcó una transformación adicional no solo del
paisaje, sino también de la atmósfera, a través de la emisión ma­
siva de gases. Este cambio continuó acelerándose con el descu­
brimiento del petróleo como fuente de energía, lo cual intensificó
la alteración de la atmósfera y cimentó la dependencia de nuestra
moderna civilización en los combustibles fósiles.
A medida que avanzamos en el tiempo, el incremento de la
población fue acompañado de numerosos avances científicos,
especialmente en medicina, que no abordaré en detalle aquí. Me
enfocaré únicamente en el aspecto ambiental: para el año 2022,
la población mundial alcanzó los 8,000 millones de personas y se
estima que ahora somos aproximadamente 8,250 millones. Este
crecimiento poblacional ha incrementado también los niveles
de consumo. No solamente hay más personas consumiendo, sino
que cada individuo consume más. En los últimos 70 años, estos
niveles de consumo se han convertido en la nueva ética del con­
sumismo, lo que representa uno de los grandes problemas de la

116
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

humanidad hoy en día, al basar sus estilos de desarrollo en un pro­


ceso continuo de consumo. Este fenómeno ha tenido un impacto
profundo y de gran alcance, afectando no solo a las condiciones
naturales del planeta, sino también a la estructura y sostenibilidad
de las sociedades humanas contemporáneas.
Consumimos, por lo tanto, más alimento, más energía, más agua
y más materiales, lo que conlleva a que también desechamos más.
Todos los indicadores, desde los procesos socioeconómicos hasta
el crecimiento de la población y el producto interno bruto, han
mostrado un aumento continuo. Este incremento también se re­
fleja en el consumo de recursos naturales, como el agua, para lo
cual construimos presas, así como en la explotación de bosques y
minerales.
Estas tendencias ascendentes tienen profundas repercusiones
en los sistemas vitales de nuestro planeta, incluyendo la biosfera,
la hidrosfera y la geosfera. Estamos presenciando un aumento en
los gases de efecto invernadero, cambios en la composición de la
atmósfera, sobreexplotación de los acuíferos y un incremento en
la deforestación, entre otros impactos ambientales. Estas tenden­
cias señalan un patrón de consumo insostenible que afecta de ma­
nera integral todos los aspectos de nuestro entorno natural.
En los últimos 50 años, hemos generado un cambio radical
en el funcionamiento de la biosfera, lo que ha resultado en que
aproximadamente la mitad del planeta se haya transformado en
sistemas agropecuarios y cerca de un cuarto en áreas destinadas a
aprovechamientos forestales. Si estas tendencias continúan, para
el año 2050, nos quedará menos del 10% de la cobertura natural
original. Es crucial subrayar que tenemos la capacidad de cam­
biar estas tendencias. Las áreas de deforestación y la eliminación
de superficies boscosas son extensas, destacando que las impor­
tantes masas forestales que aún perduran se concentran en regiones
como el Amazonas, el Congo y los ecosistemas boreales. Aunque
estas representan las grandes masas forestales remanentes, es

117
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

evidente que hemos transformado significativamente la mayoría


del resto del planeta.
¿Qué implica una transformación cuando no se toma en cuen­
ta una base científica? Permítanme darles dos ejemplos. Primero,
en el ambiente marino: las orcas se alimentan de ballenas, pero si
los barcos balleneros extraen a estas últimas, las orcas pierden este
alimento y deben buscar otras fuentes, como otros mamíferos
marinos y las nutrias. Las nutrias a su vez controlan la población
de erizos, los cuales se alimentan de algas. Si las orcas empiezan a
consumir nutrias en lugar de ballenas, aumentará la población de
erizos, lo cual podría llevar a un consumo excesivo de algas. Esto
resultaría en un grave desequilibrio en el ecosistema marino.
Segundo, en un ecosistema selvático: consideremos a los ja­
guares y pumas, que son predadores clave. Si eliminamos a estos
grandes felinos, habrá un impacto directo en las poblaciones de
herbívoros. Si además eliminamos a los herbívoros grandes, pro­
liferarán otros animales que eran parte de la cadena alimenticia,
como los roedores, que son vectores principales de virus y otras
enfermedades.
Por tanto, al perturbar la armonía del ecosistema, ya sea por
cambios en el uso del suelo o por extracción inadecuada y exce­
dida de fauna y flora, se genera una dinámica completamente al­
terada y desarmonizada, donde los virus pueden transmitirse
al ganado doméstico o directamente a los humanos.
Todos hemos vivido la pandemia reciente. Si consideramos la
distribución de la biomasa de mamíferos que mencionaba antes y
la medimos a nivel planetario, resulta que entre humanos y gana­
do sumamos el 95% de la biomasa, mientras que la vida silvestre
solo representa un 5%, una inversión completa respecto a las pro­
porciones históricas. Estamos extrayendo de la naturaleza mucho
más de lo que esta puede renovar, y desechando más de lo que
puede asimilar.

118
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

Este fenómeno ha sido estudiado por el Instituto de Resilien­


cia de Estocolmo (IRE), en particular por Johan Rockström y su
equipo, quien recientemente recibió el Premio Tyler, el mismo
galardón que fue otorgado al doctor Sarukhán de El Colegio Na­
cional. Estos estudios han permitido comprender nueve sistemas
planetarios esenciales para la estabilidad de los seres humanos en
la Tierra.
El modelo del IRE, también conocido como el modelo de los
límites planetarios, presenta en un círculo los nueve límites pla­
netarios analizados. El círculo interno, normalmente presentado
en verde, representa el límite que no deben ser sobrepasado para
mantener la estabilidad del sistema terrestre. Cuando los niveles
sobrepasan este límite —se expresa en color amarillo, anaranjado,
rojo o morado, dependiendo de la intensidad de riesgo—, indica
que entramos en una zona de riesgo cada vez mayor.
Destaca, por ejemplo, el caso del cambio climático y la biodi­
versidad, especialmente en lo que respecta a la biodiversidad ge­
nética. Actualmente enfrentamos una erosión extremadamente
peligrosa para el futuro de la vida, colocándonos en una situación
de riesgo muy alto. Además del cambio climático y la pérdida de
biodiversidad, hemos sobrepasado otros cuatro límites planeta­
rios: cambio de uso de suelo, pérdida de agua dulce, alteración de
los ciclos biogeoquímicos y la incorporación de nuevas entidades
producidas por los humanos como múltiples sustancias químicos
y, particularmente, los plásticos.
Aún mantenemos la acidificación de los océanos en un esta­
do relativamente estable, pero estamos avanzando rápidamente
hacia una zona de inestabilidad. En cuanto a los aerosoles, que
son contaminantes atmosféricos, aún nos encontramos en una si­
tuación estable. Sin embargo, el único caso que representa una
historia de éxito es la recuperación de la capa de ozono estratosfé­
rica. Gracias a la labor del doctor Molina, miembro de El Colegio
Nacional, junto con F.S. Rowland en Estados Unidos, se estable­

119
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

cieron las bases científicas que condujeron a cambios significativos


a través de acuerdos internacionales como el Protocolo de Mon­
treal, así como diversos incentivos económicos y políticas públi­
cas en los países, facilitando su recuperación. Se espera que para
2050 o 2060, tengamos una estratosfera restaurada.
Había mencionado que el desarrollo de la humanidad está
estrechamente ligado a una estabilidad en la temperatura, dada en
el Holoceno hace 20,000 años. Sin embargo, como se ha obser­
vado con los límites planetarios, estamos excediendo estos már­
genes. Si continuamos con nuestras acciones actuales, la ciencia
indica que para finales de este siglo podríamos enfrentar un au­
mento de 4°C en la temperatura global. Esto significaría que es­
tamos terminando con la estabilidad climática que ha permitido
nuestro desarrollo hasta ahora. Aunque ya hemos salido del rango
óptimo, actualmente estamos experimentando un aumento que
supera 1.2°C.
Una cuestión que a menudo no se comprende bien es cómo in­
teractúan todos estos procesos de cambio de uso de suelo, que
impactan directamente sobre el cambio climático. A su vez, este
último también influye significativamente en la pérdida de biodi­
versidad. Además, el cambio de uso de suelo afecta la pérdida de
agua dulce y contribuye a la degradación ambiental general. Estos
fenómenos están interconectados, por lo que es crucial abordar­
los de manera integral.
Aún hay esperanza y es posible evitar mayores daños. Todavía
contamos con una ventana de oportunidad para actuar, lo cual es
fundamental, porque si no fuera así, ¿cuál sería el propósito de
nuestras sentencias judiciales, la Suprema Corte y otras institu­
ciones? ¿cómo podemos evitarlo? Una de las herramientas clave
es la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Quiero enfatizar
que en México utilizamos el término “sustentable”, aunque “soste­
nible” y “sustentable” son equivalentes.

120
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

En la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, con sus 17


objetivos, se propone erradicar la pobreza y el hambre, y mejorar
la salud de todas las personas, entre otros desafíos globales. Estos
objetivos deben abordarse considerando sus interrelaciones so­
ciales, económicas y ambientales. Es crucial reconocer que, para
alcanzar un desarrollo sostenible efectivo, debemos priorizar y
fortalecer la base natural que sostiene dicho desarrollo. Esto in­
cluye tomar acciones decisivas contra el cambio climático, así
como conservar nuestros océanos y ecosistemas terrestres.
Esta base natural es esencial para sostener los objetivos de
desarrollo relacionados con la producción y el consumo sosteni­
bles. Si esta base se deteriora, no será posible mantener una pro­
ducción y consumo eficientes, lo que a su vez afectará el bienestar
social. Por lo tanto, es fundamental entender estos elementos de
manera integrada, construyendo un entendimiento sólido y com­
partido de la importancia de la naturaleza en nuestro desarrollo.
Al estudiar las sentencias que se han mencionado, interpreto
que la Suprema Corte de Justicia, al aplicar e interpretar el dere­
cho humano al medio ambiente sano, lo considera como la base
de los demás derechos fundamentales vinculados al bienestar.
Esta interpretación por parte de la Corte implica una perspectiva
distinta que reconoce el valor intrínseco de la naturaleza. Este
valor no solo deriva de su mera existencia y su historia evolutiva,
sino también por los servicios ecosistémicos que proporciona a
los humanos y a la vida en el planeta. Además, la Corte aplica un
conjunto de criterios y principios para fundamentar esta inter­
pretación.
La protección de estos servicios ecosistémicos está también
contemplada en nuestra legislación, específicamente en el artículo
27 constitucional, que establece las modalidades para garantizar
la conservación y el aprovechamiento adecuado de los recursos
naturales, definiendo así la función ecológica de la propiedad. Esta
perspectiva fue destacada en la sentencia 410/2013 del ministro

121
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

Cossío, quien concluyó que la gestión y protección de estos re­


cursos debe alinearse con estos principios fundamentales.
Entonces, esa función ecológica de la propiedad lo que está
diciendo es que no importa quién es el dueño del predio en donde
se ubica un ecosistema estratégico por sus funciones ecológicas, ni
para que se va a utilizar, tiene que ser conservado o restaurado
en caso de que se haya dañado.
Y además se contempla con el principio de equidad interge­
neracional. La equidad intergeneracional lo que implica es que
las personas en el presente tenemos una responsabilidad de con­
servar los recursos, para que este beneficio también lo reciban
las futuras generaciones, y esa es la base de la definición del desa­
rrollo sustentable. Déjenme ilustrarlo con lo que hoy están levan­
tando los jóvenes de todo el mundo, es la gran demanda de Greta
Thunberg, la demanda de la justicia climática, de la justicia am­
biental. Tiene que ver con esa equidad intergeneracional.
Hasta la fecha, hemos emitido aproximadamente 2,475 gigato­
neladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Este exceso
plantea una pregunta crítica: dependiendo de nuestros objetivos
climáticos, ¿cuánto más podemos permitirnos emitir sin causar
daños irreparables?
Si optamos por no tomar medidas significativas y seguir dis­
frutando de un nivel de vida relativamente cómodo para los que
estamos aquí ahora, estaremos comprometiendo gravemente el
futuro de las generaciones jóvenes, sus hijos y nietos. Actualmen­
te, con un aumento de 1.2°C en la temperatura global, ya estamos
experimentando fenómenos climáticos extremos como olas de
calor intensas y huracanes devastadores, como el reciente huracán
Otis. A medida que continuamos experimentando sequías, pér­
dida de alimentos y migraciones forzadas debido al cambio cli­
mático, podemos anticipar que estos problemas se intensificarán
drásticamente si alcanzamos un aumento de 2°C en la temperatura

122
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

global, una situación que es difícil de imaginar y tendría conse­


cuencias desastrosas.
Si nuestro objetivo es limitar el calentamiento global a 1.5°C,
debemos ser extremadamente cautelosos con la capacidad atmos­
férica que podemos utilizar. Esta restricción debe ser distribuida
equitativamente entre todos los países, desarrollados y en desa­
rrollo, ricos y pobres. Este es un claro ejemplo de la necesidad de
equidad intergeneracional, y subraya la importancia de integrar
todos los objetivos de desarrollo sostenible para asegurar un fu­
turo justo y viable para las próximas generaciones. La gestión
equitativa de nuestras emisiones restantes no solo es una cues­
tión de justicia climática, sino que es fundamental para alcanzar
una verdadera sostenibilidad global.
Las metas del siglo XXI deben centrarse en objetivos ambi­
ciosos y esenciales para la sostenibilidad global: alcanzar la cero
deforestación, cero emisiones netas de gases de efecto invernade­
ro, eliminar la contaminación y la sobreexplotación de suelos
y aguas, y detener la sobreexplotación de la biodiversidad. Frente a
estos objetivos, surge la pregunta: ¿Qué debemos hacer, regresar
a vivir como en las cavernas? La respuesta es claramente negativa.
Para alcanzar estas metas, contamos con estrategias ya desa­
rrolladas y otras que podemos mejorar continuamente. Estas in­
cluyen la protección activa de los ecosistemas; la transformación
de nuestros sistemas alimentarios hacia prácticas más sosteni­
bles; la transición del sistema energético hacia fuentes limpias; la
adopción de la economía circular, que busca un aprovechamien­
to más eficiente de los recursos; la creación de ciudades más resi­
lientes que puedan adaptarse y resistir a los cambios climáticos y
otros desafíos; y una gestión sostenible del agua que garantice su
disponibilidad para todos y para siempre.
Estas seis grandes estrategias, si se implementan con eficien­
cia y eficacia por los gobiernos y son apoyadas por la sociedad,
pueden marcar un cambio significativo y viable a nivel mundial.

123
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

Para ello, disponemos de todos los recursos necesarios: institu­


ciones, políticas, instrumentos legales, normativas, financiamien­
to, conocimiento, tecnología y organización. El desafío reside en
aplicar el financiamiento de manera inteligente y dirigida, invir­
tiendo en las áreas que verdaderamente lo necesitan para fomen­
tar un desarrollo sostenible y equitativo, y ello implica, a su vez,
la voluntad política al más alto nivel del gobierno.
Por otra parte, disponemos de un amplio conocimiento sobre
los temas cruciales para enfrentar los desafíos ambientales del
siglo XXI. Instituciones y organismos internacionales como el Pa­
nel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) proveen
información esencial sobre el cambio climático. De manera simi­
lar, la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre
Diversidad Biológica y Servicios Ecosistémicos (IPBES) ofrece
datos cruciales sobre la biodiversidad a nivel global y regional.
Además, los informes del Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (PNUMA), como son los llamados GEO, entre
otros, que contienen una enorme cantidad de información com­
plementaria que enriquece nuestra comprensión de los desafíos
ambientales.
En México, contamos con instituciones como la Comisión Na­
cional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO);
que, bajo la dirección del doctor José Sarukhán, realizó evalua­
ciones exhaustivas del capital natural del país. La CONABIO no
solo ha proporcionado datos fundamentales, sino que también ha
demostrado cómo la ciencia puede integrarse efectivamente en
las políticas públicas y en la toma de decisiones. Esta integración
es crucial para asegurar que las estrategias de conservación y uso
sostenible de los recursos naturales sean basadas en evidencia y
puedan dirigir eficazmente las acciones gubernamentales y priva­
das hacia la sostenibilidad ambiental.
De las sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Na­
ción que se han discutido, se deduce la importancia del principio

124
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

precautorio en el contexto del derecho ambiental. Este principio


se aplica cuando, a pesar de la vasta cantidad de conocimiento
disponible, persisten incertidumbres significativas sobre las con­
secuencias que podría tener una acción. El principio precautorio
establece que si existe el riesgo de daño ambiental y este potencial
daño es irreversible, no se debe permitir avanzar el proyecto o
proceso en cuestión debido a la falta de información completa.
Este enfoque es crucial especialmente cuando se presentan
conflictos entre intereses económicos o de otro tipo y los riesgos
ambientales. En tales casos, se debe dar prioridad a la protección
de la naturaleza, aplicando lo que se denomina el principio in dubio
pro natura e in dubio pro aqua, que sugieren que en caso de duda,
se debe favorecer la conservación de la naturaleza y los recursos
acuáticos.
Cuando el conocimiento existente no es suficiente para ga­
rantizar la seguridad ambiental, esto no debe ser un obstáculo
para la toma de decisiones. En cambio, es esencial optar por la
precaución y la protección del medio ambiente ante los riesgos
identificados. Además, si el daño ya se ha producido, es impera­
tivo no solo detener el daño adicional, sino también emprender
acciones de remediación.
Este principio está reflejado en diversas sentencias de la SCJN.
Algunas son preventivas, como la famosa sentencia 410/2013 tra­
bajada por el ministro Cossío, que enfatiza la prevención del daño
antes de que ocurra. Otras sentencias se centran en la remedia­
ción, como es el caso de la Laguna del Carpintero, donde se abor­
dan las medidas necesarias para reparar los daños ambientales ya
causados.
El artículo 4o. de la Constitución establece que quien causa
un daño ambiental es responsable de repararlo. Sin embargo, es
crucial entender que esta disposición ha sido utilizada de manera
equivocada y se ha abusado de ella en ocasiones, cuando las auto­
ridades ambientales otorgan autorizaciones con condicionantes

125
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

que simplemente mandan reparar el daño. Como hemos discutido


anteriormente, ciertos daños ecológicos son irreversibles: las fun­
ciones ecológicas que se pierden y la biodiversidad que desapare­
ce, en muchos casos, no pueden recuperarse completamente.
Aunque es posible restaurar ciertos servicios ecosistémicos o
la cobertura vegetal, lo cual puede mejorar la calidad del suelo y la
filtración del agua, la restauración completa de un ecosistema na­
tural es prácticamente imposible. Podemos aproximarnos a su
estado original, pero alcanzarlo plenamente está fuera de nuestro
alcance. Por lo tanto, es mucho más efectivo y crucial prevenir los
daños utilizando todos los instrumentos disponibles y no recurrir
a los mecanismos de compensación como una solución fácil.
Es fundamental reconocer que el daño a los ecosistemas y la
pérdida de servicios ecosistémicos son, en muchos casos, irrepa­
rables. Esto se debe, como lo vimos al inicio de esta plática, a que
los ecosistemas son el resultado de una historia evolutiva extrema­
damente compleja y de procesos ecológicos que se han desarro­
llado a lo largo de millones de años. Cada ecosistema es producto
de interacciones específicas y de equilibrios delicados que, una
vez alterados, no pueden ser fácilmente restaurados a su estado
original.
La biodiversidad, por ejemplo, que incluye una variedad de
especies interdependientes, cada una adaptada a su nicho ecoló­
gico particular y evolucionada en respuesta a su entorno físico y
biológico específico, no puede simplemente “recrearse” una vez
que ha sido perturbada o destruida. Del mismo modo, los servicios
ecosistémicos —tales como la regulación del clima, la purifica­
ción del agua y la polinización— que dependen de la estructura
y función integral de estos ecosistemas, se ven comprometidos o
totalmente perdidos cuando los ecosistemas son dañados.
Los principios de transversalidad, de progresividad y no re­
gresión son esenciales para entender cómo deben implementarse
las políticas ambientales de manera efectiva y coherente. Estos

126
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

principios sugieren que las políticas ambientales no pueden ser


gestionadas adecuadamente dentro de un sistema vertical, centra­
lizado y sectorizado, donde las instituciones operan en silos sin
comunicación efectiva entre sí. Esta falta de integración también
se replica en los diferentes niveles de gobierno, desde los gober­
nadores hasta los municipios, perpetuando un enfoque fragmen­
tado que dificulta la gestión ambiental efectiva.
Para superar estos desafíos, necesitamos un sistema de go­
bernanza que permita la transversalidad, es decir, un marco en el
cual las diferentes partes del gobierno puedan dialogar, enten­
derse y coordinarse bajo una lógica de políticas integrales. Esto
implica gestionar las políticas ambientales desde diversos ángulos,
pero con un objetivo común, lo que requiere formas de gober­
nanza innovadoras y colaborativas que son indispensables para
construir y sostener.
El principio de transversalidad, tal como lo define la Corte en
sus sentencias, facilita este enfoque integrador y cooperativo.
Paralelamente, el principio de progresividad y no regresión esta­
blece que los avances realizados en la protección ambiental de­
ben ser mantenidos y fortalecidos con el tiempo. Por ejemplo, si
se ha decretado un área natural protegida, es inaceptable legal y
éticamente retroceder y desregularizar esa área para favorecer
otros intereses. Tal acción constituiría una regresión y contra­
vendría los mandatos constitucionales. Estos principios son fun­
damentales para asegurar que la protección ambiental no solo se
preserve, sino que se fortalezca en respuesta a los desafíos emer­
gentes y las necesidades de las generaciones futuras.
Para concluir, es esencial reconocer que los humanos, al igual
que todos los seres vivos, somos producto de la evolución y depen­
demos de funciones vitales que nos vinculan estrechamente con
la biosfera. Sin embargo, esta biosfera es extremadamente frágil
y actualmente estamos transformando los sistemas que susten­
tan la vida a un ritmo sin precedentes. A pesar de esto, es posible

127
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

revertir estos cambios modificando nuestras prácticas de desarro­


llo, consumo y tecnología, así como adoptando una ética que res­
pete profundamente la naturaleza y reconozca su valor intrínseco.
Las instituciones políticas, las leyes y las organizaciones hacen
posible esta transformación, pero es crucial que las adaptemos para
que sean más efectivas. Aunque disponemos del conocimiento
necesario para enfrentar estos desafíos, este se utiliza mucho me­
nos de lo que debería ser. Afortunadamente, todavía contamos con
una ventana de oportunidad para actuar. Es breve, pero suficiente
para realizar cambios significativos, si tomamos plena conciencia
de la emergencia ambiental en la que nos encontramos y recono­
cemos que no podemos seguir operando como hasta ahora.

José Ramón Cossío Díaz

Se ha expuesto un sólido arco narrativo que nos ha llevado hasta


los temas de emergencia. La doctora Carabias planteó un proble­
ma de escala global, mientras que las sentencias de la Suprema
Corte de Justicia abordan casos específicos. Esto plantea una cues­
tión central: ¿cómo podemos resolver problemas como el aumen­
to de la temperatura global en un sistema donde las decisiones
judiciales se toman caso por caso?
Si asumimos que la acumulación de sentencias individuales
generará una condición estructural que evitará un aumento de
2°C, estaríamos desviándonos del propósito de esta charla. Ni la
doctora Carabias ni Alejandra ni yo hemos planteado ese argu­
mento. La cuestión aquí es cómo el conocimiento científico se
incorpora a las resoluciones judiciales.
Un ejemplo interesante es el caso de Isla Mujeres y los man­
glares, mencionado por Alejandra. La sentencia dice: “cualquier
obra o actividad que afecte la integridad del flujo hidrológico del
manglar”. Pero ¿cómo se determina dicha integralidad? Otro caso
es la controversia constitucional 212/2018, relacionada con el área

128
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

de protección de flora y fauna en Quintana Roo. En este contexto,


¿cómo se aplican principios como el de precaución, pro natura, pro
agua, equidad intergeneracional y progresividad? No de manera
abstracta, sino en una situación concreta. Se trata de incorporar
el conocimiento científico en una situación específica.
Un ejemplo adicional es el amparo 307/2016, referente a la
Laguna del Carpintero en Tamaulipas. ¿Cómo se pueden restaurar
los daños al ecosistema y a sus servicios ambientales? ¿Qué debe
hacer un juez para determinar las acciones necesarias? ¿Cómo
decidir qué elementos deben eliminarse, qué medidas deben to­
marse para evitar daños futuros y cómo reparar lo que ya ha ocu­
rrido? Si el juzgador no comprende estos aspectos técnicos, la
sentencia puede quedar vacía de contenido práctico.
Sin una comprensión técnica adecuada por parte del juzgador,
las sentencias pueden ser insuficientes. Decisiones como la intro­
ducción de especies o la implementación de medidas de reparación
requieren un conocimiento especializado, ya que, en ocasiones,
una intervención mal diseñada puede generar más perjuicios que
beneficios.
Este seminario está dirigido, entre otros, a juzgadores y auto­
ridades administrativas. La pregunta fundamental es: si se preten­
de tomar decisiones con impacto ambiental, ¿no sería conveniente
consultar a quienes poseen el conocimiento técnico y especiali­
zado necesario para garantizar que esas acciones sean efectivas?
Este es un aspecto crucial para la correcta integración del cono­
cimiento científico en la toma de decisiones judiciales.

Alejandra Rabasa Salinas

Muchas gracias, doctor Cossío. Creo que esta precisión es impor­


tante porque hay muchas expectativas puestas en los tribunales en
estos momentos. De hecho, si vemos lo que decía la doctora Cara­
bias sobre cómo cada vez más jóvenes llevan casos a los tribunales

129
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

para reclamar por la emergencia climática —en Alemania, Holan­


da, Colombia, aquí en México, Chile o Nueva Zelanda—, hay inclu­
so una sentencia notable de un tribunal australiano sobre minería
y cambio climático.
Por ejemplo, el Tribunal Constitucional Alemán ha resuelto
que se están cometiendo violaciones al derecho de los jóvenes a
tener opciones de vida y una vida digna, las cuales deben repararse
ahora, aunque el daño ocurrirá en el futuro y sea incierto. Estos
problemas del derecho ambiental —el cambio climático y la des­
trucción de la naturaleza— están rediseñando muchas de las for­
mas de pensar desde los sistemas de justicia. Y sí, hay muchas
expectativas puestas en ellos.
Desde mi punto de vista personal, los sistemas de justicia en
muchos casos están reaccionando. Por ejemplo, el principio in dubio
pro natura es de creación judicial; no aparece en ninguna ley ni
tratado internacional. Surgió cuando un juez en Brasil —el líder
del Instituto Judicial Mundial del Medio Ambiente— lo usó en
una sentencia. Se volvió jurisprudencia en Brasil, luego se aplicó
en un fallo de la Suprema Corte de México, y después se adoptó en
Argentina y Costa Rica. Así que sí hay un papel importante que
están desempeñando las cortes, y hay muchas expectativas socia­
les depositadas en ellas. Pero ¿hasta dónde se justifican? Creo que
eso es muy interesante y que podemos tener esa discusión aquí.
La presentación de la doctora Carabias me parece fundamen­
tal y maravillosa. Por ejemplo, cuando nos habla del origen de la
vida, de la Tierra, etcétera, y señala que los humanos somos parte
de la evolución y de las redes tróficas, queda claro que, al destruir
la naturaleza, estamos destruyendo las bases de nuestra propia
vida.
Cuando la Suprema Corte afirma: “El núcleo esencial de este
derecho es la naturaleza”, la razón es evidente: no habrá derecho
humano que pueda ejercerse —ni sistema de justicia que lo garan­

130
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

tice—, si no existe la naturaleza que sustenta la dignidad de las


personas y todos los demás derechos esenciales.
También es revelador cuando la doctora Carabias menciona
lo que aún desconocemos o no entendemos. Esto refuerza la nece­
sidad del principio precautorio, del in dubio pro natura y de la
prevención. Además, ilustra cómo el conocimiento científico —que
ya existe y está disponible— se ha ido construyendo. Cosas que sí
pueden pasar desde el sistema de justicia.
Cuando la doctora mencionaba el caso del éxito en la capa
de ozono en los umbrales planetarios, también siempre quienes
damos clases de derecho ambiental decimos que el ejemplo del
tratado internacional más exitoso en la historia es el Protocolo de
Montreal, que justamente es el protocolo que aborda los compro­
misos internacionales sobre la capa de ozono, junto con la Con­
vención de Viena. Ahí hay un caso claro de cómo ciencia e instru­
mentos del sistema de justicia se han unido y articulado para crear
resultados muy poderosos y exitosos.
Aprovechando que los tengo aquí juntos, les plantearé una
pre­g unta recurrente que recibimos constantemente, en clases,
conferencias, al hablar con comunidades, víctimas, jóvenes, etc.
La duda es si realmente puede aplicarse empíricamente —y hacer­
se valer en la práctica— el derecho humano a un medio ambiente
sano. ¿Existen mecanismos para que no quede en un ejercicio de
buenas intenciones o poético? Es decir, ¿hay herramientas con­
cretas que permitan aterrizarlo y aplicarlo de manera empírica?
Esto implica saber si el principio precautorio puede medirse, apli­
carse, hacerse valer por los jueces o describirse por los científicos,
entre otros aspectos.
Otro tema crucial —y que noto en varias preguntas formula­
das— es qué hacer ante situaciones sistemáticas de omisión. Por
ejemplo, muchos casos que llegan a la Suprema Corte muestran
denuncias como: “No sé a quién señalar; solo sé que el río Atoyac
está destruido, que los canales de Mixquic están arruinados o que

131
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

se ha perdido la selva”. ¿Hay un culpable directo? ¿Existe una omi­


sión sistémica de aplicar la legislación ambiental? ¿Tenemos bases
científicas para cuantificar lo que se pierde en estos casos?
En concreto, les pregunto: ¿El conocimiento científico dispo­
nible basta para aplicar empíricamente el principio precautorio o
hablar de servicios ambientales con rigor? Por ejemplo, si vivo en
la cuenca del Usumacinta, ¿podría demostrar la conexión entre los
servicios ambientales de la reserva Montes Azules y mi vida coti­
diana para interponer un amparo? Y, de ser así, ¿ese juicio podría
fundamentarse en argumentos que vinculen personas, naturale­
za y daños?

José Ramón Cossío Díaz

La respuesta es afirmativa y debe analizarse desde distintas pers­


pectivas. La historia de la constitucionalización de los derechos
sigue un desarrollo bien conocido. Inicialmente, los derechos pro­te­
gían al individuo frente al Estado: libertad de pensamiento, mo­
vimiento, expresión, entre otros. Se concebían bajo la metáfora
de una burbuja dentro de la cual el Estado no podía interferir.
Posteriormente, surgió una segunda etapa en la que los dere­
chos implicaban una prestación del Estado, es decir, garantizar el
acceso a estos servicios, tales como educación o salud.
La tercera fase que nos ocupa en este análisis abarca los dere­
chos ambientales. Tradicionalmente, los derechos se reclamaban
desde una afectación directa y personal. Si alguien dañaba una
propiedad privada, el daño y su reparación eran claros. Sin em­
bargo, la evolución conceptual del derecho ambiental ha permiti­
do que un individuo pueda reclamar la afectación de un ecosistema
sin ser propietario del mismo. Esto representó un cambio jurídi­
co significativo.
Junto con este cambio surgió la cuestión de su protección: ¿cómo
garantizar la tutela efectiva de estos derechos? Casos como el de

132
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

las dos mujeres que impugnaron la afectación a un manglar ilus­


tran este desafío.
Ahora bien, contar con un derecho reconocido y con meca­
nismos de garantía no es suficiente. Surge un tercer problema: la
prueba del daño ambiental y su relación con la afectación indivi­
dual o colectiva. Al presentar una demanda, no basta con afirmar
que el derecho al medio ambiente ha sido vulnerado; es necesario
establecer un vínculo entre un fenómeno general respecto a la per­
sona o a la colectividad o al grupo particular que presenta la afec­
tación. En este proceso, el conocimiento científico es clave. Una
persona puede alegar que sufre una enfermedad crónica debido
a la contaminación, pero se debe probar la relación entre dicha
condición y el problema medio ambiental.
No sé si existe suficiente literatura para demostrar ante un
juez que las personas expuestas a determinadas condiciones pue­
den desarrollar ciertos problemas. ¿Es posible probar que la acti­
vidad de una industria en un lugar específico puede causar daño
mental o cerebral en personas que presentan conductas antiso­
ciales o delictivas? ¿Existe una correlación entre la exposición a
emisiones de plomo a cierta edad y bajo ciertas condiciones, y el
desarrollo de violencia que llevó a una persona a delinquir, ser
encarcelada o presentar una conducta significativamente más ines­
table que la de cualquier otra persona?
Un problema fundamental es determinar qué debe demostrar­
se en el juicio cuando se trata de un derecho humano, más allá del
daño personal recibido. En el caso de una afectación medioam­
biental general, la sentencia debería ordenar a la empresa corres­
pondiente reducir, eliminar o evitar las emisiones. La reparación
puede ser económica o implicar acciones como limpieza, sa­
neamiento o remoción de contaminantes. Además, las emisiones
ya presentes en el ambiente están causando afectaciones no solo
a la generación actual, sino también a las futuras, lo que plantea
un problema adicional.

133
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

El propietario de la empresa emisora probablemente argumen­


tará que no existe evidencia científica que respalde dichas afir­
maciones, presentará su propia evidencia y contratará abogados
especializados para demostrar que no hay una correlación entre
las emisiones y los daños alegados. Se trata, por lo tanto, de un
litigio sumamente complejo. No basta con considerar que algo debe
ser de cierta manera para que el mundo lo reconozca como tal y lo
aplique; un litigio de esta naturaleza es especialmente riguroso.
Hace unos años, se negaban los daños causados por el taba­
co, al igual que el cambio climático, eran objeto de escepticismo.
El mundo es mucho más complejo de lo que parece, pero esto no
debe ser motivo de desaliento. Para enfrentar esta realidad es nece­
sario desarrollar herramientas adecuadas.
Este aspecto es crucial en un litigio y lo hace considerable­
mente más sofisticado. En el caso de los manglares, por ejemplo,
es indispensable demostrar la necesidad de conservar su flujo, su
restauración y la implementación de un sistema adecuado de man­
tenimiento. No se trata de una cuestión subjetiva o de afinidad con
los manglares, sino de pruebas concretas. Se trata, en definitiva, de
un asunto altamente complejo, en términos jurídicos. En cuanto
a la existencia de conocimiento suficiente para fundamentar estos
casos, corresponde a la doctora Carabias abordar esa cuestión.
Un caso particularmente ilustrativo es el siguiente: Mexica­
nos Contra la Corrupción y la Impunidad solicitó a la Secretaría
de Hacienda información sobre a quiénes se les había condonado
el pago de impuestos. La respuesta de la Secretaría fue que esa
información no le concernía. Ante esto, la organización argumen­
tó que sí le interesaba, dado que su objeto social es la lucha contra
la corrupción.
El caso llegó a la Suprema Corte, donde tuve la oportunidad
de participar en la resolución. Se tomó una decisión fundamen­
tal: si una organización de la sociedad civil tiene como propósito
combatir la corrupción, se le debe reconocer legitimación para

134
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

interponer un amparo y exigir que el Servicio de Administración


Tributaria (SAT) proporcione la información solicitada sobre
condonaciones fiscales.
Tras este fallo, si hoy una asociación dedicada a la protección
del medio ambiente acude a la Suprema Corte a solicitar infor­
mación sobre los permisos otorgados a determinadas empresas
que realizan actividades que afectan el entorno, el Estado tiene la
obligación de entregar dicha información. Esto se debe al recono­
cimiento de su capacidad para plantear un litigio en la materia.
La consolidación de este criterio es relativamente reciente,
alrededor de 10 años; durante los cuales se ha ido ajustando y de­
finiendo su alcance. No obstante, representa un cambio fundamen­
tal en la manera de abordar estos temas.

Alejandra Rabasa Salinas

Existe una tesis jurisprudencial de la Corte que dice que, incluso


los jueces de distrito pueden no pedirles una garantía a las orga­
nizaciones de protección al ambiente, para poder conceder una
suspensión, y parar una obra o una actividad que puede destrozar
el medio ambiente. Como mencionaba el doctor Cossío, la Corte
ha determinado que se protege un derecho colectivo sin fines de
lucro, por lo que no resulta exigible una garantía.
La sentencia de la Laguna del Carpintero dice que las juezas
y los jueces tienen que reconocer que hay una asimetría entre los
ciudadanos que están tratando de defender el medio ambiente o
la comunidad indígena; y, del otro lado, el poder de una empresa
transnacional, del Gobierno, de actores que tienen muchísimo
más poder. A los jueces les toca nivelar esta desigualdad; y, eso lo
pueden hacer en gran medida adoptando una mirada amplia al
acceso a la justicia, como decir: ¿quién puede proteger a la justicia
en los tribunales? Como decía el doctor Cossío, este criterio se ha
expandido tanto que hoy, la Corte reconoce legitimación a cual­

135
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

quier persona que busque proteger a la naturaleza, siempre que


demuestre algún vínculo —local, regional o global— con los ser­
vicios ambientales afectados.
Esto ha generado interrogantes: ¿Quién debe probar dicho
vínculo y los servicios ambientales? ¿Las comunidades, como las
mujeres que defendían la Laguna del Carpintero? La Corte ha di­
cho que se revierte la carga de la prueba y, quien tiene que probar
que ese daño no se va a causar es quien lo puede causar o la auto­
ridad que lo puede permitir. Este avance jurídico es muy impor­
tante, pero ahora no sabemos cómo hacerlo valer y argumentarlo.
Por eso, tener aquí a la doctora Carabias para ayudarnos a hacer
esa conexión hace que este seminario sea casi un avance de acce­
so a la justicia.
Entonces, recapitulando, le preguntaría, por ejemplo: ¿es po­
sible describir este vínculo de causalidad? O sea, ¿cómo podemos
argumentar el vínculo con los servicios ambientales, aunque sea a
nivel global y no por una condición de vecindad? ¿Cómo se vería?
A lo mejor mi ejemplo de Montes Azules puede ser útil, pero
queremos ver cómo podemos —desde el lado científico— argu­
mentar este avance jurídico en la interpretación de quién tiene
derecho a defender la naturaleza, que pasa mucho por los servi­
cios ambientales.

Julia Carabias Lillo

Hoy es 4 de junio, y no estamos aquí por casualidad; es la víspe­


ra del Día Mundial del Medio Ambiente, motivo por el cual este
Seminario de derecho y ciencia ha elegido abordar el tema am­
biental.
Durante 25 años, celebré el Día Mundial del Medio Ambiente
con el Ejecutivo, siempre el 5 de junio, con eventos relevantes
en­cabezados por el presidente de la República. En ese tiempo,
México estaba construyendo una institucionalidad para la gestión

136
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

ambiental y desarrollando su marco jurídico. Sin embargo, en los


últimos 8 o 10 años, la celebración ha cambiado de escenario:
ahora se conmemora con la Suprema Corte de Justicia, reflejando
la evolución significativa del papel del Poder Judicial en la justicia
ambiental.
Un caso emblemático es el de Tulum, que sigue siendo una re­
ferencia clave para la protección de las Áreas Naturales Protegi­
das. Aunque ya no se hable con frecuencia de esa sentencia, tiene
una repercusión importantísima.
Los avances en la materia han sido significativos, lo que per­
mite mantener la esperanza. Sería ingenuo delegar toda la respon­
sabilidad a los jueces y desentendernos del problema. Se requiere
el fortalecimiento del sistema legal, el compromiso de las institu­
ciones del Ejecutivo, la coordinación de los tres niveles de gobier­
no, la implementación de políticas públicas efectivas, el respaldo
de la comunidad científica, la participación del sector empresa­
rial y, sobre todo, la acción de los jóvenes, quienes desempeñan
un papel determinante en este cambio.
No se trata únicamente de sentencias aisladas, sino de un
pro­ceso integral de transformación para consolidar un mundo
sustentable. Esto nos lleva a una cuestión central: ¿es posible dar
seguimiento, construir una narrativa y medir la relación causal
que permitan avanzar hacia la sustentabilidad? La respuesta es sí.
Los diagnósticos son claros. Se sabe dónde están los problemas
y por qué no se ha avanzado en el desarrollo sustentable. La polí­
tica energética no sigue la dirección adecuada, lo que incrementa
las emisiones de gases de efecto invernadero. El sistema alimen­
tario sigue contribuyendo a la deforestación y a la contaminación
por agroquímicos, afectando la biodiversidad y el ciclo hidroló­
gico, entre otros. Estos problemas han sido documentados con
precisión a nivel local, nacional y global, mediante evaluaciones
realizadas por investigadores, por expertos, por pares. La pregun­
ta es: si conocemos el problema, ¿por qué no cambian las cosas?

137
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

La respuesta, aunque simplificada, radica en la falta de voluntad


para enfrentar los intereses que obstaculizan el cambio.
Las soluciones existen. Se dispone del conocimiento, los re­
cursos financieros y la tecnología, etcétera. Un ejemplo concreto
es la zona de Montes Azules, en la cuenca del Usumacinta, que
alberga el 25% de la biodiversidad de México; pero que, además,
por su valor intrínseco por sí misma, no podría alterarse.
Más allá de su valor intrínseco, esta zona proporciona servi­
cios a distintos sectores de la sociedad, tanto a los que viven cerca
como lejos, y la razón es porque esa zona es la primera productora
de agua en el país. De hecho, el 30% del agua dulce del país pro­
viene de esta región. Se genera la mayor cantidad de lluvia en esta
región por dos grandes factores: los vientos alisios y las lluvias de
convección. Sin embargo, si la vegetación desaparece, las lluvias
de convección no van a ocurrir, afectando el caudal de los ríos que
alimentan el Usumacinta y, a su vez, los acuíferos de la península
de Yucatán.
Ante este panorama, un habitante de Mérida o una organiza­
ción ambiental pueden presentar una demanda, si la deforestación
de Montes Azules impacta la disponibilidad de agua en la región.
Lo relevante es que no deberían ser ellos quienes realicen los estu­
dios técnicos para demostrar el daño, ya que la carga de la prueba
se revierte a quienes promueven o permiten la deforestación.
La complejidad del problema aumenta debido a que la defo­
restación en la zona es, en gran medida, ilegal. Sin embargo, al tra­
tarse de un Área Natural Protegida, el marco jurídico es claro: estas
áreas deben ser conservadas en su mejor estado posible. Su fina­
lidad no es restaurar ecosistemas degradados —para eso existen
las Zonas de Restauración Ecológica—, sino proteger los bienes
naturales de la Nación.
En los últimos años, se ha confundido el propósito de las Áreas
Naturales Protegidas con la expedición indiscriminada de decre­
tos, impulsada por intereses políticos. Sin embargo, la verdadera

138
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

función de estas áreas es salvaguardar el patrimonio natural. Si quie­


nes tienen la responsabilidad de hacerlo no cumplen con su deber,
incurren en una omisión. Y la responsabilidad de sancionar esas
omisiones, en última instancia, les corresponde a ustedes.

Alejandra Rabasa Salinas

Hay una sentencia de la Suprema Corte de Justicia que aborda el


caso de los Canales de Mixquic, donde un grupo de pobladores
dice: “Están destrozados los canales, ya no hay vegetación; aquí
había bosques, ya no hay especies; la calidad del agua no es ni
siquiera para consumo, es radioactiva. Pero no sé quién lo hizo,
solo sé que hay una violación grave a nuestro derecho al medio
ambiente sano y al agua”.
El test que aplica la Corte es el siguiente: se hace una inspección
ocular para verificar el daño y se presentan pruebas de la calidad
del agua. El juez de distrito — antes de llegar a la Corte— pide
pruebas de la calidad del agua, que son presentados por el Insti­
tuto de Ecología. También se muestran mapas de cómo eran los
bosques, que se comparan con el daño actual. La Corte concluye:
“Ahí está el daño, ahí está la destrucción”. Pero ¿quién es respon­
sable?
Entonces, hace un estudio de todas las autoridades y leyes que
debieron funcionar para evitar esto. Por ejemplo: la Ley de Aguas
Nacionales obligaba a tener un sistema de monitoreo; existían
permisos de descargas que debían aplicarse en toda la cuenca
(Estado de México y Ciudad de México); había legislación fores­
tal que debía aplicarse antes de cualquier cambio de uso de suelo
ilegal. La Corte determina que era evidente que nada de esto se
cumplió, porque el resultado está a la vista. ¿Qué falló? Falló todo el
sistema: todo el sistema de protección ambiental que debió fun­
cionar, y todas las autoridades —locales y federales— que debieron
hacerlo valer. Como esto no ocurrió, hay una violación al derecho

139
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

humano, al medio ambiente sano y al agua de los habitantes de


Mixquic por omisión.
A mí me emociona mucho la conversación entre juristas y
científicos —que tanto necesitan quienes defienden el medio
ambiente—, cuando nos preguntan diariamente: “¿cómo lo de­
muestro?”, “¿cómo lo argumento?”; o cuando jueces nos inter­
pelan: “¿realmente se puede probar esto?”, “¿se puede hablar de
un vínculo?” La respuesta, como muestran estos casos, es que sí,
desde ambas perspectivas.
Con las preguntas que nos llegan, quiero vincular algo que
mencionaban: muchos comentarios relacionan lo dicho por la
doctora Carabias con la observación del doctor Cossío de que los
tribunales solos no resolverán esto. Debe ser un esfuerzo conjun­
to del sistema legal, la cultura, la voluntad política, las autorida­
des, la ciencia y de dar respuestas concretas.
Varios comentarios del público resuenan en esta discusión.
Por ejemplo, hay una persona que menciona: “Debemos dejar
de señalar y culpar; hay que ser empáticos con el planeta que es de
todos. El daño ambiental acumulado por años nos obliga a pre­
guntar: ¿qué proponemos? Esta es una responsabilidad compar­
tida”. Otro comentario relevante señala: “Somos los obligados a
cuidar el medio ambiente; este problema urgente requiere acción
conjunta inmediata”. Hay muchas intervenciones en este sentido.
Un participante destaca: “Los manglares son recursos renova­
bles, pero esta característica se subestima”. Esto parece apuntar
a que el desarrollo es posible si permitimos la renovación de los
ecosistemas. Esto conecta con otras inquietudes: “Si la Constitu­
ción protege el medio ambiente sano, ¿por qué no se considera el
desarrollo y bienestar de la persona?” y “¿Cómo resolver las ten­
siones entre el sistema económico y la protección ambiental?”
Sintetizando estas ideas, propongo abordar la ronda final en
dos ejes. Primero, la cuestión de si realmente hay esa tensión
entre ‘desarrollo económico’ y ‘protección ambiental’, o si ya está

140
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

superada. Recordemos que años atrás circulaba ese argumento


extremo de que quienes exigían estudios de impacto ambiental
querían “niños hambrientos y jaguares gordos”. La pregunta es si
esa tensión entre conservación y economía todavía existe o está
ya superada por mucho. Segundo, desde la perspectiva jurídica,
cómo podría interpretarse en un caso las salvaguardas de la pro­
tección del medio ambiente, es decir, cómo se ve desde la Cons­
titución el desarrollo sustentable. Y, por supuesto, conocer la
perspectiva científica sobre cómo abordar esta ponderación de
variables.

José Ramón Cossío Díaz

Si se analiza en términos absolutos, existe una oposición evi­


dente. Si se decide arrasar un campo para sembrarlo, por supues­
to que hay un conflicto. Sin embargo, esto depende del enfoque
que se tenga. Por ejemplo, si alguien plantea la siembra de maíz
en un Área Natural Protegida debido a la crisis alimentaria, esta­
ría llevando un principio al extremo.
Si se busca evidencia de este fenómeno en la actualidad, bas­
ta con observar las propuestas de Donald Trump. Ha planteado
revertir importantes avances en conservación e incluso vender
tierras nacionales de Estados Unidos, considerándolas ociosas,
a pesar de los servicios ecológicos que brindan. A diferencia de
nuestro país, el gobierno estadounidense posee vastas extensio­
nes de tierra, mientras que en México se perdieron por decisiones
tomadas a finales del siglo XIX.
En este contexto, es innegable que existe una disputa. Desde
el punto de vista ideológico, este tipo de planteamientos pueden
formularse, pero en la Constitución y en la mayoría de las consti­
tuciones del mundo, hay una tensión entre distintos derechos.
Por ejemplo, una persona tiene derecho a su libertad de expresión,
pero este derecho no le permite ofender o denostar a otros por

141
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

sus creencias. Es decir, los derechos pueden entrar en conflicto


y es necesario encontrar un equilibrio. En muchos casos, esto no
es sencillo y requiere ejercicios de ponderación, técnicas comu­
nes en tribunales de diversas partes del mundo, para lograr armo­
nizar intereses en disputa.
El cambio fundamental se refleja en la primera de las senten­
cias analizadas. Si se contrapone el desarrollo económico con un
derecho ambiental entendido de manera simplista, como si la
natu­raleza fuera una entidad abstracta sin mayor relevancia, pro­
bablemente prevalecerá el derecho al desarrollo económico. Sin
embargo, si se comprende que la naturaleza es un sistema com­
plejo, compuesto por redes interdependientes que generan bene­
ficios tangibles y tienen un valor intrínseco —y no meramente
instrumental—, entonces su protección adquiere una dimensión
jurídica sustantiva. Esto permite que el derecho ambiental se con­
traponga al derecho de propiedad en igualdad de condiciones.
Mientras la naturaleza sea vista solo como un recurso utilita­
rio, los derechos económicos seguirán predominando. No obstan­
te, reconocer su valor propio permite establecer límites jurídicos
a la explotación y degradación del entorno.
En el pasado, la concepción predominante era que la natura­
leza debía ser dominada y explotada por el ser humano. Sin em­
bargo, esta visión ha cambiado. Hoy se comprende que alterar
irreversiblemente los ecosistemas pone en riesgo la estabilidad
del planeta y, en última instancia, la supervivencia humana. Esta
evolución en la percepción del medio ambiente ha tenido un im­
pacto en el ámbito jurídico.
El juez, al tomar decisiones sobre casos ambientales, no solo
considera la instrumentalización de la naturaleza, sino también su
valor intrínseco. Por ejemplo, en el caso reciente de los canales,
el juez evaluó el estado original de estos ecosistemas y el impacto
de su transformación. Esta visión permite proteger el entorno, no
solo como un medio para la provisión de bienes y servicios.

142
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

Históricamente, el derecho de propiedad era casi absoluto.


En el Código Napoleónico de 1804, por ejemplo, la propiedad pri­
vada prevalecía sobre casi cualquier otra consideración. Hoy, sin
embargo, este derecho se enfrenta a nuevos límites impuestos
por la protección ambiental. La acumulación de precedentes en esta
materia ha sido fundamental para consolidar el reconocimiento
jurídico del medio ambiente.
Es evidente que la jurisprudencia ha evolucionado en los úl­
timos 15 años. Este cambio no solo responde a desarrollos legis­
lativos, sino también a una transformación en la interpretación
del derecho, donde la protección del medio ambiente ya no es una
cuestión secundaria frente a la propiedad privada o al desarrollo
económico.

Julia Carabias Lillo

Quisiera vincular estas preguntas de la siguiente manera. Lamen­


to si no se ha comprendido con suficiente claridad uno de los temas
centrales de esta presentación: el bienestar humano depende com­
pletamente de un entorno natural saludable. No se trata de prio­
rizar la naturaleza sobre el bienestar humano, sino de reconocer
que, sin una base natural sana, no es posible una vida saludable.
Existe una relación estrecha entre nuestras funciones vitales y las
de la naturaleza.
Por ello, los objetivos de desarrollo sostenible deben garantizar
la preservación de esa base natural, que es la que sustenta el desa­
rrollo y, en consecuencia, el bienestar. Si esta base se deteriora, todo
lo demás también lo hará. Cuando se argumenta que los recursos
son renovables, es importante tener en cuenta un artículo funda­
mental en ecología, elaborado por tres científicos mexicanos:
A. Gómez Pompa, C. Váquez-Yañes y S. Guevara (1972), “The Tro­
pical Rain Forest: A Nonrenewable Resource”, Science 117 (4051):
762-65. Este artículo, fue escrito cuando se llevó a cabo una defo­

143
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

restación masiva en el trópico mexicano promovida por el go­


bierno con los proyectos como el Plan Balancán-Tenosique y el
Plan Chontalpa, lo cual alcanzó niveles alarmantes. En aquel mo­
mento se pensaba que la regeneración de la vegetación indicaba
que los recursos eran renovables, pero sus investigaciones de­
mostraron que lo que crecía después de la deforestación no tenía
las mismas características de lo que había originalmente. Por ello
argumentan que la selva tropical húmeda, la más biodiversa del
mundo, no es renovable cuando se superan los límites.
Las investigaciones sobre los umbrales planetarios del Insti­
tuto de Resiliencia y Rockström confirman que, si se exceden
ciertos límites, los daños pueden ser irreversibles. En inglés, este
fenómeno se conoce como Tipping Point, el punto de no retorno.
La vida en el planeta continuará, pero las condiciones pueden vol­
verse inviables para los seres humanos. Es cierto que existen recur­
sos renovables, pero pueden dejar de serlo si alteramos los procesos
naturales que permiten su regeneración. Incluso el agua, aunque
seguirá existiendo, puede cambiar su distribución y disponibilidad.
Un ejemplo es el deshielo en Groenlandia: si este proceso conti­
núa, no hay mecanismo natural para devolver el agua a su estado
original.
Sin embargo, esto no significa que debamos dejar intacto todo
el planeta. Es innegable que gran parte del territorio ya ha sido trans­
formado, pero aún tenemos la oportunidad de conservar lo que
queda. La clave no es simplemente prohibir el uso de los recur­
sos, sino ordenarlo de manera racional y sostenible. Para ello,
existen herramientas de planificación y ordenamiento territorial
que permiten establecer un equilibrio entre conservación y desa­
rrollo. La estrategia debe centrarse en proteger las áreas que aún
se encuentran en buen estado y restaurar aquellas que sean estra­
tégicas. Pero esto implica un cambio de enfoque y de valores: es
necesario replantear nuestras prioridades si queremos evitar una
crisis ambiental de gran escala.

144
El conocimiento científico en las sentencias constitucionales...

El conocimiento científico necesario para tomar decisiones


ya existe. Sin embargo, no es responsabilidad de los jueces con­
vertirse en expertos en ecología. Al igual que un especialista en
medio ambiente no puede interpretar sentencias legales con faci­
lidad, no se puede esperar que los jueces comprendan en profun­
didad la dinámica ecológica. Para ello, es fundamental fortalecer
los mecanismos institucionales que permitan incorporar el cono­
cimiento científico en la toma de decisiones, ya sea en el ámbito
judicial, gubernamental o empresarial.
En el pasado, instituciones como la Comisión Nacional para
el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), el Insti­
tuto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), el Ins­
tituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) y el Instituto
Nacional de Pesca desempeñaban un papel clave en la recopila­
ción y aplicación del conocimiento científico en la política públi­
ca. Muchas de estas instituciones han sido debilitadas, por lo que
es necesario recuperarlas y fortalecerlas. También existen acade­
mias científicas y sociedades especializadas, como la Academia
de Ciencias, la Sociedad de Ecología, la Sociedad Botánica y la
Sociedad de Restauración, que agrupan a expertos capaces de
evaluar información con rigor y evitar decisiones basadas en in­
tereses particulares o información sesgada.
En mi experiencia, ha habido casos en los que “expertos” han
respaldado proyectos con argumentos poco sólidos, motivados
por intereses económicos o políticos. En 1997, tuve que aplicar el
principio precautorio en un caso donde se proponía trasvasar ca­
marones del Pacífico a la Laguna de Campeche. A pesar de la
presión política, se decidió frenar el proyecto porque no había
evidencia suficiente que garantizara su viabilidad sin riesgos eco­
lógicos. En este tipo de situaciones, es fundamental contar con
evaluaciones colegiadas y revisadas por pares, para evitar que deci­
siones críticas sean influenciadas por opiniones individuales sin
respaldo científico.

145
Cossío Díaz, Carabias Lillo, Rabasa Salinas

Este es un tema amplio que requiere mayor discusión sobre


cómo institucionalizar la integración del conocimiento científico
en la toma de decisiones. Tema de otras charlas.

José Ramón Cossío Díaz

Continuaremos con el Seminario de derecho y ciencia, que ya ha


abordado varios temas, pero este, en particular, ofrece múltiples
perspectivas. Por ejemplo, una de las preguntas planteadas es cómo
pueden los jueces, que en principio no son científicos, reconocer
un conocimiento científico sólido. La doctora Carabias ha dado
algunas claves al respecto, pero aún hay mucho por discutir. Si hay
interés, con gusto organizaremos una nueva sesión.
Varias preguntas quedaron sin responder, pero las conserva­
remos para una próxima sesión. Agradecemos especialmente a
Julia Carabias y a Alejandra Rabasa por su valiosa participación,
así como a la ministra Norma Piña y a los colegas de la Suprema
Corte, cuyo esfuerzo busca garantizar que las decisiones toma­
das hoy sean las mejores posibles para nuestra generación.
Si dentro de cien años se revisan nuestras decisiones, que
quede claro que hicimos lo mejor con el conocimiento disponible
en nuestro tiempo.

146
Salud pública y libre desarrollo de
la personalidad: La investigación
científica en sentencias sobre
consumo de drogas 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
María Elena Medina-Mora

Modera
Oliver Joaquín Giménez Héau

Oliver Joaquín Giménez Héau

En este caso, lo que se solicitaba era la autorización para el consu­


mo personal de LSD (dietilamida de ácido lisérgico) y, creo que,
también fue muy importante el uso de la literatura científica. En am­
bos casos es muy importante poder acceder al conocimien­to y a la
mejor información científica disponible. Pero quizá aquí, un tema
que es importante hablar es: ¿cuál es esa mejor información, la
más actual o la que ha sido la más utilizada como fundamento
para las teorías científicas?, es decir, que tiene una aceptación den­
tro de la comunidad científica. Con este contexto y buscando justa­
mente encontrar, como lo hemos hecho a lo largo de este seminario,

1
Sesión realizada el 29 de agosto de 2024 en El Colegio Nacional.

147
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

la intersección entre la ciencia y el derecho, contamos con la pre­


sencia de la doctora María Elena Medina-Mora, experta en temas
de adicciones y con el doctor Cossío. Esta conversación nos va a dar
mucha luz sobre cómo podemos integrar el mejor conocimiento
científico disponible para apoyar la toma de las decisiones.

María Elena Medina-Mora

Gracias por la invitación, me parece muy importante esta pregun­


ta que se hace: ¿Cómo podemos juntar lo que sabemos de la ciencia
para las decisiones del derecho? Y al revés también: ¿Qué necesi­
tamos investigar para poder establecer una relación más cercana?
Pienso que en el caso de las adicciones es especialmente impor­
tante porque no conozco ningún otro tema que esté ligado a tantos
enfrentamientos ideológicos y de percepciones como el tema de
las drogas. Hay otros temas donde está la investigación, salen los
datos, y no hay estas controversias como en el caso de las drogas.
Lo primero que deberíamos tener es una estructura que per­
mita una comunicación más exacta, más continua. En la investiga­
ción no se encuentra todo de un día para otro. Hay cosas que salen
de la investigación y luego se modifica el escenario —eso es muy
común en las adicciones— o encontramos otros resultados, los
analizamos y tenemos otros resultados u otras percepciones. En el
tiempo cuando se creó el programa de salud mental y adicciones
fue primero “drogas”, “alcohol” y “tabaco”, por separado; y cuando
el doctor Guillermo Soberón era secretario de Salud, se creó un
consejo y luego se juntaron “tabaco, alcohol y drogas” en el mismo
programa. Al principio habían sido separados porque sí tienen
algunas situaciones diferentes, pero hay mucha comorbilidad, es
decir, muchas personas que consumen drogas también consumen
alcohol y tabaco. Era muy difícil tenerlos por separado y muy rápi­
do se unió.

148
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

Entonces se crea este consejo que toma decisiones en salud


—bueno, hace las propuestas, porque las decisiones las toma el
secretario—, y se incorporó a todas las personas que trabajaban en
este tema. Porque es un tema complejo que no depende nada más
de la salud ni solo del derecho, sino que muchas otras áreas también
están involucradas con un programa de investigación —aunque
había otros programas de prevención y tratamiento—. La idea era
estar reportando todo lo que sabíamos, todo lo que aprendíamos,
y orientar la investigación a las preguntas que se requerían. Se to­
maron muchas decisiones interesantes porque el tema de las drogas
es muy complejo, y si nosotros movemos un elemento, modifica­
mos todo lo demás. No podemos tratarlo de una manera lineal.
Quizá el caso que tenemos más presente, más reciente e inte­
resante, fue la gran cantidad de muertes por sobredosis en los
Estados Unidos por el consumo de los medicamentos para el ma­
nejo del dolor. Esto proviene y nace desde adentro del sistema de
salud, no fue un tema de narcotráfico ni de ilegalidad. Y en este sis­
tema de salud los intereses farmacéuticos y la poca supervisión
se juntaron para hacer una promoción y que la gente usara esos
medicamentos. Se empezaron a usar para muchas situaciones de
dolor que no ameritaban el uso de opioides; y luego, se empezaron
a vender prácticamente a toda la gente que quisiera tomarlos.
Se basaron en una investigación, de una persona, de un mé­
dico que trabajaba en un hospital chiquito, donde no vio que las
personas que usaban estos medicamentos, cuando se trataba de
dolor, desarrollaran dependencia. Probablemente porque como
son medicamentos que son útiles y necesarios para personas con
dolor, hay una serie de reglas sobre cómo prescribirlos, cómo di­
ferenciar los tiempos de las dosis y cómo supervisarlos. Y cuando
hablamos de una persona en cuidados paliativos, es una concep­
ción completamente diferente. Pero este médico publicó un ar­
tículo en una revista no muy importante, diciendo que sí eran
para manejo del dolor, que no había evidencia de dependencia.

149
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

Y ese lo utilizaron las compañías farmacéuticas para promover el


uso y, entonces, vino una situación muy complicada.
Cuando le dijeron a Trump lo que estaba pasando, que la pres­
cripción era muy laxa y que se tenía que arreglar, cerró la llave.
Pero no se hizo nada respecto de qué hacer con la gente que ya era
adicta. Necesitaban tratamiento, necesitábamos incrementar la
disponibilidad de otras sustancias que les ayudarían a disminuir
la dependencia y, al mismo tiempo, prevenir recaídas. Eso gene­
ró las muertes que estamos viendo, que han superado las de las
guerras. Esto quiere decir que algo positivo, como cerrar la llave
a una mala práctica que estaba ocasionando muchos problemas y
que era una medida desde el derecho muy adecuada, ocasionó mu­
chos más problemas.
En el caso de las sustancias, esta relación entre derecho y cien­
cia se vuelve muy importante. Diría que el primer elemento es estar
todos juntos, generar la información, discutir las consecuencias y
ya cada uno trabajará en lo que le corresponde en este tema.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Me parece que tocó un punto importantísimo aquí, justo cuando


habla del sustento científico que tuvo esta ley. Menciona que se
basó en un artículo de una revista poco importante y que el artícu­
lo era sobre una muestra representativa pequeña, esas caracterís­
ticas podrían ser muy evidentes para una persona que se dedica
precisamente a hacer estudios desde la parte científica. Pero ¿cómo
podría saberse o valorarse si ese argumento científico es contun­
dente para las personas operadoras del derecho? Porque eviden­
temente es una revista —me imagino— indexada; es un artículo
revisado por pares, es decir, que otros colegas especialistas revisa­
ron que fuera correcta la publicación. ¿Cómo podríamos definir
o cuál sería el criterio para reconocer un argumento científico

150
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

con la suficiente contundencia dentro de un ámbito donde se


pueden tomar decisiones judiciales, como en estos casos?

María Elena Medina-Mora

Pues yo pensaría que para eso están los consejos: el Consejo Ge­
neral de Salud y la relación que deberíamos ampliar entre los
científicos y quienes toman las decisiones. Ahí se juntan muchos
otros elementos. Digamos, es un caso muy triste porque el artícu­
lo cumplía ciertas condiciones, pero no daba la información com­
pleta. Yo creo que era un artículo que no debió haber sido publi­
cado, pero se publicó, y tampoco se debió haber hecho mal uso
de él. Pero ¿qué otros elementos estaban involucrados? Pues una
mala supervisión de cómo se estaban manejando los medicamen­
tos para el dolor. Porque a cualquier persona —tenemos miles de
historias de personas, de niños y adolescentes que tenían un pro­
blema de espalda— les daban opiáceos.
Por ejemplo, la primera paciente que tuvimos en el Instituto
era una persona que había tenido dolor de espalda y le habían
recetado oxicodona. Lo que sucede cuando se desarrolla la de­
pendencia —era una mujer de cincuenta años— es que las perso­
nas, al ir con el médico, suelen pedir que se les aumente la dosis
porque sienten la necesidad de consumir más cantidad en menos
tiempo. Cuando el médico ya no le receta más, acude a otro médi­
co, y luego empieza a comprar medicamentos por su cuenta, pero
eso resulta muy caro; entonces, un joven le sugirió que comprara
heroína en la calle y eso fue lo que hizo. Esto también ocurrió en
Estados Unidos: el paso del consumo médico al consumo callejero,
al ilegal, lo cual trae muchas otras complicaciones, como la falta
de control de calidad, etcétera. Sin embargo, ese cuidado, esa vigi­
lancia que debió existir, no se dio, a pesar de que muchos políticos,
académicos e instituciones sabían que los opioides eran un proble­
ma. Había décadas de historia que demostraban que sí causaban

151
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

problemas. Entonces, no se actuó con base en medidas que ya


estaban establecidas y que formaban parte de los consejos de ins­
titutos especializados en drogas; debieron haber tenido esa infor­
mación, pero se actuó tarde. También tenía que ver con el mercado
al que iban dirigidos esos medicamentos, es decir, con las estrate­
gias de la farmacéutica —aunque luego fue sancionada penalmen­
te— y que no se tomaron en cuenta.
Yo digo que, si pudiéramos tener un grupo de especialistas de
todas las áreas de vigilancia, de todo lo que está pasando —porque
hay una droga que tiene un riesgo—, y todos orientados dentro de
un grupo que pueda dar recomendaciones, es decir, “estamos en­
contrando esto”, podríamos encontrar una mejor práctica. Era una
práctica que ya existía antes, pero hacia el 2015 cambió. Me pare­
ce que un tema tan complejo, que tiene tantas aristas, requiere de
todas las personas involucradas para tomar decisiones porque si
movemos un palito, vamos a tener problemas en todos lados.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Doctor Cossío, quisiera preguntarle o que nos comentara un poco,


en este mismo sentido, sobre su voto concurrente en el Amparo en
revisión 237/2014, sobre la marihuana, donde precisamente se
propuso una selección más exhaustiva de la literatura científica
que se utilizó. Si pudiera profundizar, ¿a qué se refiere con eso?
En el mismo tenor, ¿cuál es el “buen” conocimiento, el conocimien­
to que debería utilizarse para respaldar o apoyar estas decisiones?

José Ramón Cossío Díaz

Creo que hay varios problemas importantísimos, y voy a tratar de


complementar lo que decía la doctora Medina-Mora. Ella habló
de un problema muy importante: los canales de comunicación
como un problema inicial. ¿Por qué razón? Porque quienes estamos

152
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

en el mundo del derecho o, como ella, quienes están en el mundo


de la ciencia, no encontramos fácilmente estos canales. Estos ca­
na­les hay que construirlos de un modo —déjenme usar esta expre­
sión— ‘artificial’, porque no existen. Hay que empeñarse en que
existan. Para quienes estamos en el mundo del derecho, por ejem­
plo, se trata de ser capaces de, primero, aceptar que no sabemos;
segundo, abrir el canal con quien suponemos que sabe; tercero,
comunicarnos con ellos; y luego, recibir lo que esa persona nos
quiere decir, porque eso también es muy complicado.
Y luego, hay un problema técnico interesante en el derecho
que es: ¿cómo pongo esa información buena en una sentencia o en
una ley? Porque ahí hay muchos problemas. Yo creo que la Supre­
ma Corte, durante la presidencia del ministro Ortiz Mayagoitia
—y después en la presidencia del ministro Silva Meza—, hizo y
firmó muchos convenios de colaboración con varias instituciones:
la Universidad Nacional Autónoma de México, la Academia Nacio­
nal de Medicina, etcétera. Eso, me parece, abrió cauces para que la
Suprema Corte pudiera recibir ese informe. Ahora, una vez que
uno ha abierto la puerta de la ciencia se presenta un problema
que también lo mencionaba la doctora Medina-Mora.
Si uno se pone a buscar en internet o en Google Académico, por
ejemplo, uno encuentra lo que quiere encontrar. Si yo digo que
“el LSD es nocivo”, seguramente alguien escribió un artículo
que dice que es nocivo, o que es una de las mejores cosas que le
ha pasado a la humanidad. Va a haber de todo, ¡absolutamente de
todo!, en un sentido o en otro. Aquí se presenta el problema de cómo
filtrar esos conocimientos, ya con esos canales de comunicación
abiertos. El problema que yo encontraba en esta y en otras sen­
tencias de la Suprema Corte, es que los equipos de los ministros se
ponían a hacer, en Google Académico —en el mejor de los casos—,
la investigación. Y entonces estaban dándole sentido a una pregun­ta,
o mejor dicho, a una respuesta que ellos mismos habían construi­
do. Y esto no me parece un modo adecuado de hacer las cosas.

153
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

La Suprema Corte de Estados Unidos, hace ya varios años,


en un asunto relacionado con la industria farmacéutica, enfrentó
un gran problema, que es el que plantea Joaquín: ¿cómo sé que
ese conocimiento que me están diciendo que es bueno, realmente
lo es? Yo soy abogada, jurista, jueza; estoy en ese mundo. ¿Cómo
sé que lo que me dice un químico, un físico, una bióloga, es bueno?
¿Todo lo que me digan es válido, o tengo algún criterio para eva­
luarlo? En una sentencia, el caso Daubert, lo que hizo la Suprema
Corte fue establecer algunos elementos para determinar qué in­
formación era científicamente pertinente para ser adoptada jurí­
dicamente. En ese sentido —esto puede simplificarse mucho por
cuestión de tiempo—, pero era un poco la idea del falsacionismo
de Popper. Primero, que entre pares se comuniquen, que los
expertos se comuniquen, y que los expertos se refuten. Y los que
no somos expertos, pero tenemos que adquirir un conocimiento
que se está construyendo en otro ámbito, pues tengamos la posi­
bilidad de que, entre ellos, se den refutaciones. Ya saben ustedes
cómo son los métodos: hay que tener pruebas, hay que aplicar los
sistemas falsacionistas, en fin, todos estos elementos. Eso quedó
establecido en una tesis de la Corte.
Si la sentencia sobre el uso lúdico de la marihuana se hubiera
hecho conforme a esos criterios, yo creo que lo más interesante
hubiera sido pedir una opinión experta, como dijo la doctora
Medina-Mora. Eso ya lo habíamos hecho en casos de VIH/SIDA,
en cirugías bariátricas, en comorbilidades de distinto tipo; en fin, en
muchas cosas se había aplicado. Entonces, si yo no sé lo que estoy
haciendo, pregunto a uno o a varios expertos que están certificados.
Un buen ejemplo es la Academia Nacional de Medicina, porque
tiene el rango de órgano consultor del Estado mexicano. Conse­
cuentemente, la Corte podía utilizar, en el buen sentido de la
palabra, a la Academia de Medicina para que esta le informara.
Ahí no pasó nada de esto; simplemente se dijo: “como lo demues­
tran estos 10 artículos, la marihuana no tiene estos efectos nocivos

154
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

secundarios. Consecuentemente, se puede autorizar para un efec­


to lúdico”.
Y eso es exactamente lo que está diciendo la doctora Medina-­
Mora con el tema de la oxicodona. ¿Por qué en la sentencia sobre
lsd se dijo que no? Frente a algunos artículos que afirmaban que
el lsd es poco riesgoso y otros que sostenían lo contrario, la Corte
adoptó distintas respuestas. Pero estas no son solamente jurídi­
cas; lo más fácil de la respuesta era lo jurídico. El verdadero com­
ponente duro es el caso.
Se está presentando un problema a nivel mundial que tendrá
un gran impacto en los países. ¿Qué pasó en los Estados Unidos
con la famosa sentencia de Chevron, la empresa petrolera? Ahí,
la Corte de los Estados Unidos dijo: “Yo no soy suficientemente
buena técnicamente y le voy a dar deferencia a las agencias regu­
ladoras”. Estas, por ejemplo, en materia de medio ambiente, po­
seen un conocimiento experto, del que la Corte carece. En conse­
cuencia, permitió que las agencias reguladoras le indicaran ciertos
aspectos.
Este ha sido un verano difícil en la Suprema Corte de los Es­
tados Unidos: muchas sentencias importantes y muchos criterios
cayeron ante la nueva mayoría conservadora que ahora domina la
Corte. Cayó también la sentencia de Chevron. ¿Y cuál es el efecto
de esta caída? Que los jueces ya no otorgarán deferencia a los órga­
nos reguladores ambientales, de salud, etc., sino que serán ellos
quienes definan qué deben resolver. Esto rompe los canales de
comunicación —a los que se refería la doctora Medina-Mora—
entre el juez y la autoridad científica. Ahora, el juez, por sí y ante
sí, empieza a definir estos elementos.
¿Podremos entonces ver próximamente en los Estados Uni­
dos sentencias extravagantes, donde no haya una modelación ade­
cuada del medio ambiente o la salud? Es altamente probable. Y eso,
por el impacto y la fuerza que tiene la Corte de los Estados Unidos
en el mundo, puede generar un efecto de hibridación respecto a
lo que establezca. Es un momento particularmente difícil, donde
155
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

no solo puede imponerse una ideología ajena —déjenme decirlo


así— al mundo judicial para ser sustituida por una agenda políti­
ca, sino que, además, puede darse la suposición de que el juez es
tan extraordinariamente competente que tiene la capacidad de mo­
delar fenómenos físicos, químicos, médicos, biológicos o cualquier
otro que se le presente y, en consecuencia, dictar resolución. Creo
que este es un asunto muy peligroso, que también forma parte de
un populismo judicial en el mundo.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Justamente, como comentaba el doctor Cossío, en la literatura, y


especialmente en estos temas, podemos encontrar publicaciones
que hablan en ambos sentidos. Nosotros mismos, en la Unidad
hemos observado que estas publicaciones suelen concluir que la
investigación se realizó con un grupo controlado, bajo supervi­
sión clínica, y que, por lo tanto, no se puede generalizar. Por otro
lado, también hemos encontrado estudios que, en lugar de llevar­
se a cabo en ambientes controlados, se basan en encuestas donde
no se controla ninguna variable.
Quisiera preguntarle, doctora: ¿cuál es la metodología cien­
tífica para conocer los efectos de acción, positivos o negativos, de
sustancias como el LSD, la marihuana o ciertos medicamentos?
¿Cómo se pueden evaluar con precisión? Además, ¿qué tan fiables
son estos estudios considerando su escala? Los de gran escala no
pueden controlar muchos elementos, mientras que los de peque­
ña escala, aunque más controlados, se realizan con poblaciones
muy reducidas. ¿Qué podría comentarnos sobre la veracidad de
estos estudios?

María Elena Medina-Mora

Yo creo que tenemos que pensar que necesitamos de todos esos


estudios para poder llegar a entender un problema. En el caso de
156
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

la cannabis, que fue, digamos una salida que tuvo el Gobierno de


México, muchos países hicieron lo mismo, nada más que cada país
lo hizo de diferente manera. Ya sea por los intereses económicos
de la producción, o por los usos médicos de algunos componen­
tes del cannabis. México lo hizo por la vía de la Suprema Corte,
con un argumento que era adecuado por el derecho a vivir nuestra
propia personalidad. Ese fue un fenómeno global y todos llegaron
a la misma conclusión, con diferente mecanismo, porque la prohi­
bición estaba haciendo más daño que bien.
Yo creo que un criterio fundamental es que la solución a un
problema nunca puede generar más daño que el problema en sí
mismo. Con esa prohibición teníamos a muchos jóvenes en la cár­
cel, simplemente por haber tenido dos “churros” de marihuana en
lugar de uno. En fin, la cárcel no es la solución para un problema
de salud, pero se había llegado a esos extremos, y los países comen­
zaron a cuestionarse por qué. ¿Qué había detrás de esa reflexión?
La constatación de que la prohibición no estaba funcionando,
sino que estaba generando más problemas. Entonces, ¿cómo se
puede abordar el tema? ¿Y qué se hace después de reconocerlo?
Creo que ahí es donde quizá faltó dar el siguiente paso.
¿Qué es lo que sí sabemos sobre la marihuana? Lo que cono­
cemos proviene de estudios basados en encuestas, que aportan
información interesante, pero con poco control, y de programas
más reducidos que tienen validez interna, pero no externa. Enton­
ces, ¿para qué población son válidos? ¿Cómo combinamos toda
esta información para llegar a una conclusión? Por ejemplo, sabe­
mos que la marihuana genera menos dependencia que otras sus­
tancias. Y esto lo sabemos porque todas las metodologías han lle­
gado a la misma conclusión. Sin embargo, se clasificó como una
droga peligrosa porque se argumentaba que era una puerta de en­
trada a otras drogas. La realidad es que la mayoría de las personas
que consumían marihuana no usaban otras sustancias. Algunas sí,
pero tenían otras condiciones que las ponían en riesgo, y a esas per­
sonas se les debe atender de manera distinta.
157
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

Yo creo que eso debió haberse considerado al plantear las


leyes sobre el uso personal, pues parece que las cantidades no fue­
ron adecuadamente probadas. Así, una persona que compraba una
dosis de cocaína tenía que consumir la mitad de la cantidad que
se vendía en la calle, porque solo podía portar la otra mitad para
no cometer un delito. Hubo, entonces, una falta de capacitación.
Se podría pensar que esto no le correspondía, desde luego, a
la Suprema Corte, porque, aunque a veces parece que toma decisio­
nes que no se toman en salud, no son médicos. Y qué bueno que
tomen esas decisiones, pero necesitamos un trabajo conjunto entre
distintos sectores.
Ahora sabemos que las personas que desarrollan problemas
son aquellas que consumen grandes cantidades. Desde luego, la
frecuencia influye, pero lo que más importa es la cantidad consu­
mida, es decir, la dosis, la concentración de tetrahidrocannabi­
nol. Existen muchas medidas de reducción de daños en las que se
les recomienda no consumir, pero si alguien va a hacerlo, al me­
nos debe considerar ciertos factores.
Ser adolescente es un factor de riesgo, ya que el consumo an­
tes de que el cerebro haya alcanzado un mayor grado de madurez
implica mucho más peligro. Sin embargo, creo que la decisión to­
mada en su momento por la Corte fue acertada porque abrió una
serie de posibilidades y oportunidades. Aun así, según entiendo,
la ley no ha abordado completamente el tema y, en realidad, ac­
tualmente no tenemos una legislación clara sobre la marihuana.
La ley establece que no se pueden hacer modificaciones mientras
ciertas condiciones no se cumplan, por lo que seguimos con dosis
bajas permitidas, pero estas resultan inoperantes. ¿Por qué ocurre
esto? Porque aún hay muchas personas que consideran que la ma­
rihuana es perjudicial en todos los casos. Para algunas personas
puede ser dañina, pero eso no significa que debamos implementar
una política que termine causando más perjuicio del que intenta
evitar.

158
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

Me parece que, una vez más, nos encontramos en una situación


en donde tenemos que trabajar desde distintos ámbitos, donde
cada sector le toca su parte. Pero sí tienen que estar todas las par­
tes involucradas para que una medida, que es positiva, realmente
nos lleve a lo que queremos, que es tener menos daños.

José Ramón Cossío Díaz

Yo me adhiero completamente a lo que dice la doctora Medina-­


Mora. Creo que la Corte, o mejor dicho, las sentencias que puede
dictar no son un buen instrumento para organizar un fenómeno
de esta complejidad. Por ejemplo, la historia de cómo ocurrió esto
en Uruguay, me parece que es un caso interesante. Primero se
toma tiempo, se establece quiénes van a ser los productores, cómo
se va a controlar la producción, quién va a vender, a quién le va a
vender, cuánto se va a vender, etcétera. Se establecen programas
informativos, porque decir “estoy legalizando o autorizando” no
implica que al mismo tiempo deba hacerse una campaña intensi­
va diciendo “no”. Es un problema muy grande, y eso solo lo puede
hacer el legislador a través de leyes y, luego, de las acciones que se
derivan de ellas.
Más allá de la sentencia, haberle pedido a la Corte emitir una
decisión fue la opción por defecto, porque el legislador no se ha­
bía atrevido a actuar. Y creo que no lo hizo porque no quería que se
dijera que “va a ser un país de marihuanos”. Entonces, no lo abor­
daron, y quienes veían los problemas de violencia, criminalidad,
etcétera, dijeron: “Bueno, ¿qué opciones tenemos en el orden jurí­
dico?, pues, una acción de interés público y a ver si sale” y salió.
Pero una vez que se dicta la sentencia, detrás de ella tienen
que venir enormes cantidades de acciones. Yo, por ejemplo, un
día pensaba, y lo quiero decir con cuidado: si en algún punto se
consideraba que ser adicto es ser enfermo o estar enfermo, pen­
semos en la condición de la marihuana. Bajo esos estereotipos,

159
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

uno tendría que decir: “Ya no los voy a llevar a la cárcel, entonces
tengo que tener camas de hospital” —como si fuera algo lineal—
“tengo que sustituir celdas por camas”.
Si el concepto fuera: “100 personas ya no van a ir a la cárcel, de
esas 100, algunas necesitan un tratamiento para abstinencia, en­
tonces ¿cuántas camas de hospital se tendrían que sustituir para
reemplazar las 100 celdas de prisión?” Ya sé que no es así el mun­
do, pero lo planteo simplemente. Nada de eso se pensó, y tiene
razón la doctora: no se han hecho las acciones requeridas.
Las sentencias, voy a decir una frase un poco curiosa, sirven
para lo que sirven, pero no sirven para dibujar todo el mundo. Usted
quiere que le den una respuesta, pero ¿esto sirve para todos? No,
no sirve para todos. Sirve para quien vino, para quien obtuvo el
paro y algo de los efectos que pueden extenderse. Entonces, creo
que ese es un problema de la herramienta. Voy a usarlo así, prag­
máticamente: la herramienta se quedó muy corta para el tamaño
del problema que se quería resolver con esas herramientas. Yo eso
lo traté de decir en el voto particular. Ahora, insisto, esto no es
culpa de la Corte, es culpa de la legislación. Ya había solicitudes y
ahora todavía hay problemas, hay omisión legislativa, hay muchas
cosas pendientes para lo que no alcanza a resolver el problema.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Hay algunas sustancias que tienen un nivel mayor de complejidad


porque, además, tienen un uso cultural o tradicional, como es el
caso de la mezcalina o la psilocibina. ¿Cómo cree usted, doctora,
que se deben enfrentar precisamente desde la ciencia? Pues ahí se
vuelve más complejo, porque no es solo el efecto químico que pueda
tener en la salud de las personas, sino también el impacto en el
comportamiento, además de todo el contexto cultural que impli­
ca el consumo dentro de las tradiciones.

160
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

María Elena Medina-Mora

Creo que este tema es muy complejo, como bien decía el doctor
Cossío. Porque, por una parte, las comunidades que lo han usado
en un término espiritual dentro de su propia cultura tienen una
serie de restricciones autoimpuestas, de alguna manera. En el caso
de algunos grupos, hay una peregrinación anual, se preparan en
relación con la comida, el agua y lo que deben comer, y traen a
una persona que actúa como guía para llevarlos a través de la expe­
riencia. Entonces, tienen todas esas restricciones que hacen que
no genere muchos problemas, porque es algo eventual.
¿Cuál es el problema, por ejemplo, del LSD? Es muy peque­
ñito. Fue un producto sintético o semisintético que salió de cuando
se encontraron las plantas alucinógenas. Este no se libera comple­
tamente del cuerpo, porque al ser tan pequeño, se queda pegado
en la grasa y se libera el día que quiere. Se popularizó en los se­
tentas, creo que ustedes son muy jóvenes, pero en ese momento
hubo el movimiento hippie con las drogas alucinógenas. De re­
pente, por ejemplo, yo ahorita, podría empezar a alucinar y decir
cosas que no debo y no lo podría controlar porque no sabíamos
cuándo se liberaba. Había muy poca educación sobre qué hacer,
no había una guía que te dijera cómo hacerlo, y hubo muchos
suicidios, como cuando las personas se lanzaban porque creían
que podían volar. No había toda esta cultura y protección que hay
en las culturas originarias. Entonces, empezaron a surgir muchos
problemas, y, claro, personas con problemas emocionales, o que
tenían un gen que les aumentaba el riesgo de psicosis, quedaban
atrapadas en una mala experiencia y ahí se quedaban.
Cuando ponemos el punto en la droga y no en la persona y el
contexto, creo que las cosas van muy mal. Porque, ante todas estas
variaciones, pensamos que todo va a ser igual y no es así. Nosotros
tenemos que pensar en las personas, en los problemas, en las con­
diciones y en cómo se pueden utilizar de otra manera. De hecho,

161
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

durante un tiempo, cuando comenzamos con todo esto, había mé­


dicos que prescribían hongos alucinógenos para ciertas enfer­
medades que no respondían a medicamentos, y eso fue totalmente
prohibido porque, al mismo tiempo, surgió una actitud de “esto
es horrible”, como una tendencia a verlo como todo o nada, que
creo que es uno de los principales errores. Ahora que se ha abier­
to la posibilidad de hacer investigación, se ha encontrado que,
para ciertas cosas, tienen un efecto importante. Todavía no se
superan ciertos estándares “de oro” para atender esas situaciones
que tienen menos riesgo, pero sí se ha encontrado que tienen al­
gunas ventajas. Todavía no sabemos mucho de los riesgos, y en­
tonces lo que pasa es que hay estos abusos y problemas. Esto es
parte de la ciencia, y, en la medida en que se vayan haciendo los
controles, probablemente vamos a pensar que se pueden utilizar
de alguna manera con ciertas precauciones.

Oliver Joaquín Giménez Héau

¿Supongo que ahí también hay un problema importante de me­


dir, que es la dosis? Precisamente si es una sustancia que se puede
extraer y sintetizar, se puede controlar perfectamente la dosis.
Pero, por ejemplo, en el caso de que se consuma directamente del
hongo o de la planta, ¿cómo se podría controlar esa dosis? Me ima­
gino que, como comentaba usted, en el caso de la cannabis, el
problema que se ha detectado tiene más que ver con la dosis.
Todas estas complejidades que hablamos, ¿cómo se pueden
ver desde el ámbito del derecho?

José Ramón Cossío Díaz

Otra vez, eso le correspondería al legislador, quien establecería “es­


tas sustancias son, por buenas o malas razones, prohibidas; estas
se pueden consumir bajo estas condiciones”. Eso tendría que quedar

162
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

claro en las normas. A los jueces les cuesta mucho trabajo hacer
política pública a través de las sentencias. En ese sentido, lo que
un juez puede hacer es validar la prohibición o la permisión, pero,
desafortunadamente, en términos muy absolutos. Imaginemos
una ley que mañana dijera que el LSD está permitido para quien
quiera y se empiece a vender en farmacias. Alguien podría acudir
a la Suprema Corte y decir: “Creo que esto está afectando a la
niñez, al libre desarrollo de la personalidad”. En ese caso, lo que
la Corte podría decidir es si esa prohibición, en este ejemplo, debe
mantenerse o no.
Lo que le costaría mucho trabajo a la Corte es decirle al legis­
lador qué hacer, no veo cómo podría incidir en ese ámbito. Ese es
un problema enorme. Creo que este trabajo le corresponde al legis­
lador, y aquí surge algo que mencionó la doctora al comienzo: el
legislador tampoco tiene los mejores canales de comunicación
con la ciencia. ¿Por qué? Porque cuando llega una iniciativa, algu­
nas provienen de farmacéuticas o grupos interesados en el cultivo,
y pueden tener lobistas para tratar de influir. Pero, si pensamos
que no es eso, y que son personas que realmente piensan sin nin­
gún interés, si el legislador entiende que eso debe ir en la ley, lo
pondrá.
El problema para la Corte es que “yo aplico lo que el legisla­
dor puso, salvo que alguien venga y me reclame y me diga que es
una violación de derechos o de competencia”. Mientras eso no
ocurra, el juez no se pregunta: “la pobre persona sólo traía dos
churros”. Se agarraban los dos churros, se ponían en una báscula,
se medían en gramos, y si subían, entraba a la cárcel; si no, que­
daban afuera. Es una cuestión un poco dura, binaria: para dentro
o para fuera, no hay más.
Este es un problema serio. Imagínense una sentencia que di­
jera lo siguiente: “La Suprema Corte de Justicia considera que las
mediciones en la legislación son absurdas. La Corte autoriza, en
una sentencia, que las personas puedan traer tantos gramos”. Esa

163
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

sentencia no la he visto, y no creo que se llegue a ver. ¿Por qué?


Porque en ese caso el juzgador estaría participando de otra mane­
ra. ¿Entonces, simplemente decir “es razonable tanto”? Pues sí,
pero de ahí a que yo me sustituya, lo veo muy complicado. Es im­
portante entender en qué ámbitos se está construyendo el derecho
en estos casos.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Como comentaba la doctora Medina-Mora, una de las caracterís­


ticas de la ciencia es que no es estática. El conocimiento, confor­
me se va profundizando, va cambiando. Incluso con la marihuana,
hay publicaciones recientes que han despertado ciertos focos rojos
que antes no se conocían. Como mencionaba, los estudios son
complicados y, de pronto, aparecen nuevos efectos que solo se
descubren cuando se realizan metaanálisis, lo que permite ver el
panorama en su conjunto. Creo que ahí hay un punto muy impor­
tante: ¿cómo se pueden transferir estas actualizaciones a través
de la comunicación científica? Porque estas decisiones no pueden
quedarse estáticas si el conocimiento sigue cambiando.

María Elena Medina-Mora

Sí se necesita flexibilidad, eso es cierto. Pero, bueno, ¿qué han hecho


muchos países? Han generado observatorios que se dedican a in­
cluir toda la información disponible. Cuando una persona tiene
que tomar una decisión de cualquier tipo, va y busca esa informa­
ción que ha sido revisada, catalogada y que refleja lo que dice la
evidencia científica en ese momento. Creo que debemos pensar
también en una flexibilidad que nos permita hacer cambios con­
forme vayamos conociendo más. Y eso es algo que deberíamos
trabajar, porque al final hay instituciones que se dedican a esto
y que podrían tener a su cargo ciertas partes o actividades del
Gobierno; que tengan esa información conjunta de todos los que
164
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

están haciendo investigación. Sí es inevitable: la ciencia cambia,


pero no tan rápido.
Pero tienes razón en estos puntos rojos. Ahora sabemos que
las personas que fuman marihuana, por ejemplo, tienen más ausen­
tismo laboral, y eso también tiene un costo social importante.
Sabemos que sí afecta el desarrollo del cerebro. Ya se sabe mucho
más, porque ahora se puede ver el cerebro; antes no se podía ver
el cerebro vivo, no se podía abrir para ver cómo está por dentro
en lugares riesgosos. Ahora eso ya se puede ver con la nueva me­
todología, y eso nos va enseñando cosas nuevas.
Creo que uno de los elementos más difíciles ha sido pensar
que “México tiene una prevalencia muy baja”, aunque ha subido
y aumentado. Y sí, es cierto, siempre fue muy baja cuando nos
comparamos con países como los de Europa y Estados Unidos, que
siempre tienen problemas más grandes. Bueno, los Estados Unidos
se cocina aparte, pero Europa tiene problemas más grandes que
nosotros. Sin embargo, si medimos el costo que le va a generar al
país la dependencia a la droga, y, en este caso, la dependencia de
la marihuana, aunque sea solo del 9% de la población que fuma la
que desarrolle dependencia, el costo va a ser muy alto. Y será muy
alto por el número de personas que la usan. Entonces, si vemos
el costo en términos de los días vividos sin salud que le cuestan al
sector salud, la marihuana tendrá un impacto mayor que la cocaí­
na, porque, aunque la cocaína causa más daño, afecta a menos
personas. Por lo que parte de lo que se tiene que considerar es a
cuántas personas va a afectar.
En el mundo, el 80% de las personas que necesitan atención
de salud mental viven en países pobres. Las prevalencias en los
países ricos son siempre más altas. ¿Pero qué es lo que pasa? Pues
que países como la India, China y el nuestro tienen poblaciones muy
grandes, por lo que debemos atender a muchas más personas. Así,
el costo que representa para un país europeo no se compara con
el que implica para nosotros. Por eso, debemos evaluar esos cos­
tos a la hora de tomar decisiones. Me parece que estas situaciones
165
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

nos obligan a pensar de manera diferente sobre las normas, las


leyes, etcétera. Entonces, esta evaluación de ¿cuánto cuesta? ¿cuál
es la recuperación?: si veo que la prohibición genera más daño
que lo que se quiere atender. ¿Cuánto me cuesta atender a quie­
nes realmente serán más afectados?, que son los que van a consu­
mir estas dosis, que presentan un riesgo alto, como el de desarro­
llar esquizofrenia.
Algunas personas que consumen marihuana desarrollan es­
quizofrenia; aunque en números es un porcentaje muy pequeño,
parece estar asociado con una vulnerabilidad genética que aún
no se ha definido completamente. ¿Cuánto nos cuesta ese riesgo?
Como es bajo, a lo mejor no cuesta tanto. Pero ¿cuánto nos cuesta
el hecho de que las personas que consumen marihuana manejen,
fumen y les vaya mal en la escuela o fumen y no vayan a trabajar?
Esos costos se vuelven realmente importantes. Creo que también
debemos abrirnos a nuevas formas de reunir la información útil y
mantenerla siempre en la discusión con todos los grupos involu­
crados, ya que a cada quien le toca un pedazo de la solución.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Sobre estos canales de comunicación que hemos mencionado, de


cómo las personas de ciencia transmiten el conocimiento, también
es importante considerar que debe ser un canal en contrasentido.
Es decir, desde el derecho también tendría que haber una comu­
nicación con las personas de ciencia. ¿Cómo lo ven ustedes desde
su perspectiva? ¿Qué es lo que la ciencia necesita de la parte ju­
rídica, tal vez para decidir hacia dónde mover la investigación?
¿Qué es lo que se necesita medir?

José Ramón Cossío Díaz

Quisiera comentar dos cosas. Hace algunos años leí un libro


fasci­nante titulado The Half-Life of Facts, que exploraba cuánto
166
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

tiempo perdura el conocimiento. La historia es interesante porque


el autor apila revistas académicas de distintas disciplinas y se da
cuenta de que, en algunos años, el conocimiento es más relevan­
te y en otros menos. Luego establece una correlación, señalando
que, en física, el conocimiento perdura un número determinado de
años, lo mismo en biología y en otras áreas. Es fascinante porque,
como dices, el conocimiento no desaparece, aunque cambia. Por
ejemplo, la teoría de la relatividad sigue siendo válida, pero mu­
chas mediciones se ajustan o desaparecen con el tiempo. Hay una
dinámica comprobada: lo que pensábamos hace 10 o 15 años
sobre la marihuana, no es lo mismo que sabemos ahora. Si no
tienes esos canales de comunicación abiertos me parece que es
un error.
Segundo, lo que planteas es otro tema, y he tenido la oportu­
nidad y el gusto de trabajar con la doctora Medina-Mora sobre
cómo otras disciplinas tienen que abordar el derecho. En El Cole­
gio, hemos realizado reuniones con médicos, entre otros, y tam­
bién con la doctora en el ámbito de la psicología. Ella decía algo
que quiero retomar: “son muchas las variables que se están con­
juntando y si desajustas una, desajustas todo”. Si se realiza una
consideración sobre las adicciones sin tomar en cuenta el aspecto
jurídico, ya sea desde el lado de la prohibición o desde la permi­
sión, es altamente probable que se cause más daño de lo que se
intentaba evitar. Si no se sabe qué constituye un delito o una falta
administrativa, si no se entienden las penas o el proceso judicial,
podemos terminar lastimando a más personas de las que benefi­
ciamos y esto es algo que ocurre con muchas otras condiciones.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Muchas gracias. Doctora, ¿quiere comentar algo para para ce­


rrar, antes de que pasemos algunas preguntas que tenemos del
público?

167
Cossío Díaz, Medina-Mora, Giménez Héau

María Elena Medina-Mora

Una de las preguntas que se planteaba era cómo el aspecto ideo­


lógico y lo que uno cree desempeñan un papel tan importante.
A veces no revisamos el tema ético, es decir, ¿tengo un conflicto
de interés o no para atender este tema? En algunos programas de
evaluación de proyectos que se implementan en países muy po­
bres para promover el desarrollo, nos presentaban un ejercicio
donde nos preguntaban, “¿qué tipo de persona te cae muy mal?”,
“¿por qué te cae mal?” —nunca había una razón concreta—, pero
nos hacían reflexionar sobre si aceptaríamos o no un proyecto
solo por la persona que lo presentaba, sin importar su cualifica­
ción. Es solo una forma de poner una variable.
Pero lo importante aquí es cómo nos cuestionamos si tene­
mos ese riesgo, ¿qué vamos a hacer para evitar que influya en la
toma de decisiones? Creo que este aspecto ético, el cuestionarnos
sobre estas situaciones, es clave, sobre todo en temas vinculados a
lo afectivo, y eso es algo que también deberíamos considerar.
En toda esta experiencia tuvimos investigadores fantásticos que
habían tenido un éxito tremendo, pero de repente se convirtieron
en otra cosa y empezaron a decir cosas que no eran ciertas. Esto
sucedió porque existía un fuerte interés en evitar que los jó­venes
terminaran en la cárcel, lo cual era completamente válido, pero
comenzó a desvirtuarse la investigación. Creo que eso es algo que
debemos tener en cuenta, y, afortunadamente, se puede regular.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Una pregunta del público plantea cuál es la perspectiva desde el


ámbito del derecho y la ciencia respecto a sustancias legales, como
el alcohol o el tabaco, que generan, dentro de lo que conocemos, un
daño a la salud incluso mayor que las sustancias de las que hemos
estado hablando.

168
Salud pública y libre desarrollo de la personalidad...

María Elena Medina-Mora

Tendríamos que hablar de esto en otro momento, ya que no tene­


mos tiempo hoy, pero ciertamente no se puede comparar el daño
que hace el alcohol. Este está involucrado en 220 condiciones de
mala salud debido al abuso, y no estamos considerando la violen­
cia familiar ni todos los aspectos a los que está vinculado. Cierta­
mente tenemos que hablar mucho más sobre esto, ya que cuando
analizamos la carga de enfermedad, cuando observamos cuántas
personas se ven afectadas, las drogas no aparecen en la lista, sino
el alcohol, y no le prestamos la atención que realmente merece, a
menudo por intereses económicos. En ese sentido, respecto al caso
de las drogas, no estoy de acuerdo en que se libere su uso cuando
el dinero está involucrado, ya que puede afectar la salud de las
personas. Es decir, si una persona se interesa en vender drogas por­
que ya se le ha permitido hacerlo, esa “libertad” lo que genera
es la búsqueda de usuarios. Lo que se tiene hacer es regular, no
prohi­bir; establecer todos los elementos necesarios para que una
persona pueda, como dice la sentencia, hacer uso de la droga, cul­
tivarla y consumirla, pero no permitir que se convierta en un ne­
gocio. Porque cuando el negocio entra en juego, como sucede con
el alcohol y el tabaco, las condiciones son mucho más difíciles.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Gracias por acompañarnos y por ser tan generosos al compartir


su conocimiento. Un agradecimiento a El Colegio Nacional y nos
vemos la próxima sesión de este seminario.

169
Derecho y urbanismo 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
Carlos Morales Schechinger

Modera
Alejandra Rabasa Salinas

José Ramón Cossío Díaz

Vamos a celebrar una sesión más del Seminario Permanente de


Derecho y Ciencia, esta vez sobre el tema de “Derecho y urbanismo”.
Este es un esfuerzo por parte de la Suprema Corte de Justicia con
el apoyo de la ministra presidenta Norma Lucía Piña Hernández,
también de la Unidad General de Conocimiento Científico y Dere­
chos Humanos que dirige la maestra Alejandra Rabasa.
En este seminario se analizan distintas sentencias en las cuales
el conocimiento científico y las formas jurídicas —o el conocimien­
to jurídico y las formas científicas— tienen una interrelación muy
importante. Esta sesión de hoy va a tratar un tema central que tiene
que ver con derecho y urbanismo.

Alejandra Rabasa Salinas

Me parece muy fundamental que continuemos explorando esta


intersección entre el derecho y la ciencia, y me gusta mucho la

1
Sesión realizada el 28 de noviembre del 2024 en El Colegio Nacional.

171
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

idea de hacerlo prospectivamente, creo que hay mucho que ana­


lizar respecto de cómo vamos a medir los estándares de fiabilidad
de las decisiones judiciales en temas cada vez más complejos en
cuanto a ciencias naturales, sociales, etcétera. Para entender el
mundo de la complejidad, me parece que este seminario podría
hacer una aportación muy importante, volviéndose prospectivo
para determinar cómo descartar la evidencia científica que no es
válida o sólida, cómo reconocer la que sí lo es y cómo asegurar que
realmente prueba lo que queremos demostrar.
El maestro Morales ha participado en investigaciones, publi­
caciones, conferencias, asesorías en el tema de suelo urbano, de
vivienda, financiamiento metropolitano, economía, derecho del
suelo —un tema que me parece fundamental—, mercados formales
e informales de suelo, política pública, tributación, financiamiento
del suelo. Ha abordado este tema que se relaciona mucho con to­
dos los postulados del derecho a la ciudad, todas las discusiones
que hay alrededor del derecho a la ciudad, por ejemplo. El maes­
tro Morales es egresado de la Universidad de Edimburgo, de la
Universidad de Birmingham en Gran Bretaña, y de la UNAM, como
arquitecto. Ha tenido cargos públicos en el Gobierno Federal, en
la SEDUE y en la SAHOP (Secretaría de Asentamientos Humanos
y Obras Públicas).
El caso que se va a abordar en este seminario es un incidente
de inejecución de sentencia que se registró en la Suprema Corte de
Justicia con el número 40/2003.
Este caso se originó debido a la expropiación, por parte del
gobierno del Distrito Federal, de unos terrenos ubicados en la zona
de Santa Fe que pertenecían a un particular. La justificación de esa
expropiación fue que esos terrenos eran muy importantes para la
realización de diversas obras de infraestructura, como un paso
vehicular y conectar con un proyecto de construcción de un hos­
pital en la zona y universidades. Había cuestiones de obras hidráu­
licas y, parece que la justificación del gobierno de la ciudad era

172
Derecho y urbanismo

que estaban en un lugar donde era imprescindible que pudieran


utilizarse para vías de paso, etcétera.
Él se amparó contra esta expropiación y ganó la sentencia;
tuvo una sentencia favorable de amparo. El gobierno de la Ciudad
de México, en vez de devolverle los terrenos, le ofreció una com­
pensación sustituta económica. El argumento del gobierno de la
ciudad fue que habría un perjuicio grande a la sociedad si se de­
volvían esos terrenos, porque, por su ubicación, se necesitaban
para obras sociales y de infraestructura pública. El dueño de los
terrenos rechazó la compensación económica. Entraron en un
litigio bastante largo, que al final se resolvió en la Suprema Corte
de Justicia de la Nación. Como ministro de la Suprema Corte, el
doctor José Ramón Cossío, trató de darle un fundamento cientí­
fico y metodológico muy sólido a esta discusión.
En los expedientes previos que llegaron a la Suprema Corte,
se habían realizado diversas pruebas periciales en urbanismo, en
temas de comunicación, entre otros. El entonces ministro José
Ramón Cossío solicitó al rector de la UNAM que propusiera a la
Suprema Corte el nombre de tres personas expertas en derecho
y urbanismo, ingeniería y urbanismo, y economía, para llevar a
cabo algún estudio técnico que acercara a la Suprema Corte de
Justicia el conocimiento necesario para tomar una decisión.
El tema por resolver era si el daño social sería más grande si
se devolvían estos terrenos a que si se otorgaba una compensa­
ción económica. Al final, eso fue lo que resolvió la Suprema Corte.
Los estudios que realizaron los expertos de la UNAM, entre quie­
nes es­taba el doctor Antonio Azuela de la Cueva, identificaron
dos tipos de afectaciones: específicas, relacionadas con proble­
mas viales que afectaban a todos los habitantes y usuarios de esa
zona; y, generales, como la interrupción de vialidades esenciales
y la afectación al funcionamiento económico y urbano de toda la
zona de Santa Fe, así como cargas sociales desproporcionadas
para beneficiar a un particular en el uso de estos terrenos, porque

173
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

estos terrenos eran importantes para conectar hospitales, uni­


versidades e infraestructura hidráulica.
Se calculó por los expertos de la UNAM que, si esos terrenos
se devolvían y no se podían usar por la ciudad, se iba a afectar
aproxi­madamente a 30 mil personas. Al mismo tiempo, el ministro
Cossío tuvo que evaluar el impacto económico. Entonces, había
que hacer una compensación por esa expropiación, pero ¿cómo se
calculaba?
Este tema involucra muchas cuestiones de derechos sobre la
ciudad, derechos sobre el uso del suelo, derechos sobre el desa­
rrollo de la ciudad, derechos sobre cómo el interés social puede
imponer o no límites al derecho de propiedad. Cuestiones inma­
teriales, pero que deben calcularse de alguna forma para tomar
decisiones con impacto económico y social.
Los votos y la versión estenográfica son extremadamente in­
teresantes por la discusión que se dio en la Suprema Corte de Jus­
ticia, hubo muchas discusiones sobre: ¿quién es un perito?, ¿quién
es un experto?, ¿qué tipo de conocimiento puede tomar la Suprema
Corte como experto? y ¿cuál es el límite?, y que están en el centro
de este seminario.

Carlos Morales Schechinger

La caja negra del avalúo, que finalmente fijó el monto, es como el


gran secreto del mundo y no se puede conocer. Ahora hago esta
síntesis del litigio. Como la idea es ir construyendo criterios e
instrumentos para que haya más ciencia en las decisiones judicia­
les —por eso este seminario se llama derecho y ciencia—, me fui
un poquito más arriba. Primero, definir los hechos urbanos: es la
ciudad versus los terrenos individuales. Ahí tenemos que empe­
zar. Tenemos que entender a la ciudad en su conjunto; y luego,
que esa ciudad está fragmentada en un montón de terrenitos, cada
uno actuando por su cuenta.

174
Derecho y urbanismo

El segundo nivel de este litigio es la gestión del territorio. Las


ciudades gestionan el territorio, a través de planes y una colección
de instrumentos de gestión que las leyes mexicanas tienen en su
mayoría, algunos bastante recientes, pero otros muy viejos. La tri­
butación en función de los terrenos, el impuesto predial y la
expro­piación son de los más viejos. Históricamente estaban muy
vinculados, pero hoy en día la Ley de Expropiaciones los divor­
ció. La lógica del terreno en economía se estudia mucho, es el
mercado y la competencia.
Para ponerle nombre y apellido al ejemplo, quienes estaban
en el litigio eran Santa Fe, representado por la ciudad, versus el
propietario del terreno conocido como “El Encino”. Entonces, ahí
tenemos un ejemplo de ciudad y un ejemplo de terreno.
Como se da con estos antecedentes esta confrontación, el ins­
trumento que decide usar la ciudad —porque, si hubiera querido
comprar vía el mercado, le habría salido una fortuna muchísimo
mayor, voy a explicar qué y cómo se podría haber estimado, in­
clu­so cualquiera de las cifras que estuvieron en el litigio— es el
instru­mento de la expropiación y ahí, nuevamente, se vuelven a
enfrentar.
¿Cuál es el argumento jurídico del lado de la ciudad? Es la
causa de utilidad pública. El argumento jurídico de lado del terre­
no es la justa indemnización. Le agregué la palabra “justa” por­
que en nuestro barroco artículo 27 constitucional, ponemos en
más de tres párrafos lo que en muchos otros países le llaman la
“justa indemnización”, usan una sola palabra y nosotros usamos
tres párrafos.
Entonces, esa justa indemnización, ¿de qué se trata?, ¿cómo
se calcula? y ¿cómo se calculó? La siguiente pregunta es ¿cómo se
aplica? En este caso concreto se invitó a la UNAM para defender
la ciudad y a un valuador a través del que fue un juzgado de dis­
trito, que la Suprema Corte le ordena: “pues ahora ya resolvimos
que hay que pagarle al señor bajo el nombre de un cumplimiento

175
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

sustituto”, que en realidad es la indemnización con otro nombre,


porque ya el entorno del litigio había llevado a la compensación.
Incluso había una opción, no pagarle con dinero, sino pagarle
con mayor densidad, que es otro instrumento más reciente —ni
tan reciente—, que se usa desde 1980, que existe en las leyes y tene­
mos en la ciudad, que sucede además en otras partes del mundo,
incluso para indemnizaciones como producto de la expropiación
de terrenos para poder hacer circuitos completitos. Como caso
más famoso es el de Porto Alegre, donde les pagaron a los propie­
tarios con opciones de densificar otros terrenos que tuvieran o la
parte del terreno que no les expropiaron. Entonces en el sobrante,
ahora más valioso, se puede construir más. Entonces había otra
opción y no nada más lo que el perito había valuado, que es dinero
que hay que pagarle.
La siguiente pregunta sería ¿qué implicaciones tienen para los
derechos humanos? Porque estamos hablando del lado de la ciu­
dad. Hoy en día se acostumbra a hablar mucho del derecho a la
ciudad. Yo argumento que también la ciudad tiene derechos, un
derecho de la ciudad, y es un derecho colectivo. Y si vemos la
evolución de los derechos humanos desde la Revolución francesa
hasta los días de hoy, como están en Naciones Unidas, como está
en América Latina, hay una larguísima lista de derechos indivi­
duales, los derechos colectivos son uno, si acaso dos. Yo agregaría
el derecho de la ciudad. Implica que la ciudad además se vuelve la
responsable de instrumentar todos los derechos individuales.
Del lado del terreno, el derecho a la propiedad, para mí no es
un derecho a la propiedad de un terreno, no estoy hablando de
los derechos personales, estamos hablando de los derechos que
se tienen sobre un hecho físico que es un terreno. Hay caracterís­
ticas científicas de ese terreno que me llevan a concluir que no es
un derecho, es un privilegio. Porque nadie o la gran mayoría de
la población no disfruta de ese derecho, entonces se vuelve un
privilegio.

176
Derecho y urbanismo

En el caso de “El Encino”, el propietario era el dueño de un


terreno que permitía comunicar no solo un hospital y una univer­
sidad, sino 10 colonias con todo Santa Fe, que también tiene una
universidad, centros comerciales, edificios y oficinas. Tenían que
comunicarse y un solo propietario dijo: no.
Esa es una prueba de un privilegio y lleva a la discusión que tam­
bién se empieza a dar en derecho de que, en realidad, el supuesto
derecho al suelo no es un derecho fundamental, es simplemente
un instrumento para cumplir otros derechos. Obviamente, si quie­
res vivienda, pues necesitas ponerla en algún lado porque las vi­
viendas no flotan. Si quieres una escuela, también necesitas un
terreno. Si quieres una clínica, necesitas un terreno. Si quieres po­
ner un Metrobús, necesitas los terrenos para que circule por ahí.
Entonces, no es un derecho en sí. ¿Es un derecho el tener un terreno
desperdiciado cuando faltan muchísimos, cuando tanta gente nece­
sita esos terrenos? ¿Es un derecho retenerlo per saecula saeculorum
hasta que siga plusvalorando (ganando plusvalía)?
¿Enlistaré todas las plusvalías que la ciudad le ha generado a
ese terreno y que luego, a la hora de indemnizar, tenga que pagár­
selas? Es una pregunta porque, al final, quiero una conciliación
entre ciencia y derecho.
Cuando estaba yo haciendo este resumen, dije: ¿la ciencia
“jurídica”? A mis amigos abogados nunca les he oído hablar de la
“ciencia jurídica”, siempre hablan de la doctrina jurídica. Tiene que
ver más con la filosofía, con la antropología, con la etnografía,
con la sociología, pero ¿ciencia? No cumple con todas las meto­
dologías que se plantea la ciencia, que tiene que buscar plantear­
se una hipótesis. Sé que en derecho también hay hipótesis, pero
sus fuentes no son hechos físicos o sociales, son hechos jurídicos.
Quisiera empezar con ese primer nivel de este litigio: la ciudad
versus dos terrenos. ¿Qué es una ciudad? Hay infinidad de defi­
niciones y todas tienen que ver con la disciplina que los aborde.
Mi conclusión es que la ciudad es donde se dan todos los hechos

177
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

económicos, políticos, sociales, antropológicos, físicos y medio­


ambientales en un solo espacio con cuatro características, las
cuatro “c”: confinado, concentrado, compacto y compartido.
El problema de la ciudad, que es un espacio compartido y com­
pacto, es que está lleno de terrenos fragmentados donde la lógica
científica de los terrenos es que son inamovibles (la primera “i”).
Yo siempre les digo a mis alumnos: “¿Tienen algún terreno allá en
su pueblo de donde vienen?” —“Sí, yo tengo” —“¿Por qué no te lo
traes a Reforma? Se vende bien caro” —“No, porque no lo puedo
mover”. Entonces, ese es un hecho muy diferente de cualquier
otro tipo de propiedad, y por eso, en casi todas las constituciones
del mundo viene un artículo especial que habla de la propiedad del
suelo, no de la propiedad personal, de la propiedad del territorio.
La segunda “i” es que un terreno es irreproducible, nadie fa­
brica terrenos. Yo di clases muchos años en Holanda y me decían
los estudiantes: “Aquí los holandeses sí le ganamos terrenos al
mar”. Para no irnos tan lejos, también en Campeche, le agregaron
a la ciudad de Campeche toda una calle. Pero lo que es irreprodu­
cible es la localización. Los holandeses no pueden hacer extensio­
nes del mar allá en Surinam, que es parte de ellos, y en Campeche
no se pusieron a hacer terrenos a la mitad del Golfo de México, lo
hicieron enfrente de la ciudad. Porque esa localización, producto
social, es única. Entonces, esa unicidad del terreno no lo puedo re­
producir. Tan no se puede reproducir que cuando vienen los tsuna­
mis, y se echan playas enteras, los hoteles no se van, regresan, se
quedan ahí.
Recuerdo una ocasión en que, después del tsunami que llegó
a Nueva Orleans, al día siguiente CNN estaba entrevistando a
desarrolladores expertos de la ciudad. Le dijeron, con la ciudad
así destrozada atrás —“¿Qué va a pasar con esta ciudad? ¿Qué opi­
na usted?” Los desarrolladores respondieron —“Es una ventana
de oportunidad”. Sorprendida, la reportera preguntó —“¿Por
qué?” —“Porque ahora estos terrenos no valen nada, los podemos

178
Derecho y urbanismo

comprar y nos esperamos a que todo el gobierno de los Estados


Unidos venga y lo reconstruya, se va a revalorizar y todo el mun­
do regresa”. Porque la ubicación es única y esa no se va a poder
repetir.
La tercera “i” es indestructible. Y dirán: “No, pero las playas
se destruyeron”. ¡No importa, la localización está ahí! No nos vaya­
mos tan lejos, Cancún también ha sido azotada y han desapareci­
do las playas, los hoteles siguen allí. Entonces, la localización es
bastante indestructible. La cuarta “i” es indispensable. Ahorita
estamos sobre el suelo, aunque estemos en un segundo piso, pero
si no hubiera un terreno abajo, eso se caería. Todavía no vivimos
en el aire, hasta los aviones aterrizan.
Entonces, estas son las características del terreno. Y, en los
terrenos, ¿quiénes son los propietarios? Porque es donde empe­
zamos a ver que el terreno no es nada más lo que es físicamente,
sino de quién es. Esto es importante porque lo que se comercia
no es el terreno físico, sino los derechos que se tienen sobre ese
terreno.
Una crítica que yo haría como científico a la visión del dere­
cho es que iguala a todo el mundo. Yo he caracterizado tres tipos
de propietarios. Ustedes dirán: el público, el privado y el social.
No, son: el propietario usuario, que quiere ese terreno porque lo
va a usar para vivir, para cultivar, para comerciar, para consultar
su laptop, para todo eso. Ese propietario usuario es el que menos
incide en el mercado, es víctima del mercado del terreno; tiene
que pagar lo que le piden y, si algún día decide vender, va a tener que
buscar otro lugar dónde vivir, cultivar o trabajar, y entonces va a
pagar otra vez esa misma cantidad. Aunque piense que se hizo
millonario porque vendió más alto, porque la zona se plusvalo­
rizó (aumentó de valor), si quiere las mismas ventajas de la casa
que vendió, va a tener que pagar lo mismo en otro lugar que
también va a tener esas ventajas y va a tener ese precio. Entonces,

179
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

no es en esencia especulador, no sabe del mercado, está desinfor­


mado y lo manejan cada rato
El segundo tipo de propietario es el inversionista. Ese es el
más conocedor, hace maestrías y hasta doctorados en desarrollo
inmobiliario, sabe cómo funciona el mercado y su objetivo prin­
cipal es comprar barato y vender caro. Es ese desarrollador inmo­
biliario en Nueva Orleans que sabía que los terrenos, cuando la
gente se había ido, estaban regalados, pero sabía que a futuro iban a
regresar y que el Estado iba a invertir para que se revalorizaran.
Ejemplos como esos hay un montón, es una de las grandes des­
gracias de Haití. Es el inversionista quien compra en la periferia
extrema de las áreas metropolitanas a ejidatarios o a campesinos
que no tienen la menor idea de lo que valen sus terrenos como
urbanos, saben cuánto valen como agricultura. El inversionista les
ofrece el doble de ese valor, sabiendo que ese terreno va a subir
hasta 100 veces más cuando sea urbano, todo eso lo sabe.
El tercer tipo de propietario es el patrimonialista. Es aquel
que heredó el terreno sin invertir un solo quinto, ya sea que se lo
heredaron o se lo designaron. Por eso tenemos ejidatarios que
se han convertido en patrimonialistas, o el Estado que tiene sus
terrenos y no sabe ni cuánto valen, porque desde administracio­
nes de atrás los tiene y no saben qué pasa.
Eso sucede ahorita que está una de las políticas públicas sobre
hacer vivienda por todo el territorio en muchas ciudades. Una de
las estrategias es: para que esta vivienda no sea víctima de un mer­
cado especulativo, usemos los terrenos públicos. Esos propieta­
rios patrimonialistas están en todas las secretarías de Estado y no
van a soltar sus terrenos tan fácilmente. No es la primera vez que
se intentan usar todos estos terrenos para producir vivienda,
que luego, cuando finalmente los sueltan, resulta que están ahí a
mitad del desierto, entonces no sirvieron para mucho.
Ese propietario patrimonialista es el más especulador porque,
como no invirtió, no necesita recuperar la inversión. Segundo,

180
Derecho y urbanismo

vive en otro lado, trabaja en otro lado, por eso tiene un terreno
libre y entonces se puede esperar eternamente.
Un caso muy sonado en la época fue el de “El Encino”, el cual
fue el terreno de Paraje San Juan. En dicho caso, las escrituras
que presentaron los supuestos propietarios eran de un siglo atrás.
Esto nos lleva, por el lado etnográfico, a pensar en por qué en el
caso de la realeza su fuerte era ser propietaria. No era porque iba
a usar el terreno, a tal grado no lo iba a usar que lo heredó al duque
segundo, al duque tercero, al duque cuarto y al duque quinto. No se
necesita tener el ducado para hacer lo mismo. Los propietarios que
reclamaban el terreno del Paraje San Juan venían heredándolo
desde hace un siglo.
Esos son los tres tipos de propietarios que tenemos que tener
en mente cuando entendemos, desde la ciencia, cómo funcionan
los terrenos y cómo funcionan las ciudades. Entrando a la gestión
del territorio, las ciudades por eso tienen planes, planes de desa­
rrollo urbano. El artículo 27 constitucional —que establece que
“la propietaria originaria de la tierra, entre otras cosas, es la na­
ción y tendrá en todo momento la posibilidad de imponer límites
a la propiedad o modalidades a la propiedad” y que “para eso usará
planes que van a establecer los usos que se pueden hacer o no”—
es uno de los artículos más claros sobre lo que representa la fun­
ción social de la propiedad.
Tenemos toda una Ley General de Asentamientos Humanos
que vuelve a decirlo, pero también dice —en un fraseo muy barro­
co, a la mexicana— que lo que señalan los planes es vinculante.
Nuestros planes no son indicativos, son obligatorios, y 32 leyes
de desarrollo urbano de los estados lo ratifican, cada una con su
estilo. Hasta el Código Civil trae algunos elementos por ahí, por
ejemplo, que no hay enriquecimiento sin causa justa. Tenemos el
artículo 115 constitucional que indica que una de las fuentes de
ingreso de los gobiernos locales es la propiedad territorial, ade­
más de todos los incrementos de valor que se den, y prohibido,

181
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

ningún estado se los puede boicotear. Entonces, está diciendo


también que el contenido económico con plusvalías que genera la
ciudad es propiedad del municipio y lo puede gravar o no.
Así, tenemos que esos son los instrumentos del lado de la ciu­
dad. ¿Qué instrumentos tiene el terreno? El libre mercado y la
competencia. Aquí y en toda la teoría económica —sin importar
la ideología detrás de todos los cuerpos de ciencia económica—
todos coinciden. Henry George, muy de derecha, y Karl Marx se
peleaban, hay cartas nefastas entre los dos en el siglo XIX, pero
si algo concluyen ambos es que el suelo es algo tan único que no
podemos dejarlo al libre mercado.
Hoy en día, la economía institucional, que es una de las varia­
ciones de la ciencia económica más reciente, establece que este
mercado falla porque hay asimetrías de información. Yo ponía el
ejemplo del inversionista que llega y le dice al ejidatario: “No,
pues, yo te doy… ¿cuánto quieres?, ¿2 pesos? Yo te doy 4.” Y el
ejidatario, feliz. Pero el terreno como urbano va a valer 100. Debí
haber dicho 2 centavos y 4 centavos porque me estoy refiriendo
al caso real que investigamos cuando fue lo del aeropuerto de
Texcoco. El terreno llega a subir más de 100 veces, entonces, hay
una asimetría de información entre la oferta y la demanda.
Segundo punto, la oferta no puede crecer, no hay más que
esto, no hay más que esta tierra. Bueno, ya está la Luna, ya está
Marte, ya llegamos ahí. Si buscan en internet pueden comprar
terrenos en la luna, ya hay quien los está acaparando, ya hay venta
de terrenos en Marte, ilegal, por cierto, pero ya se están vendiendo.
Y dicen: “Bueno, es que entonces los precios en la Tierra van a
bajar porque ya nos podemos ir a la Luna”.
Cuando Europa llegó a América —esto es difícil de investi­
gar— mi hipótesis es que los precios del suelo bajaron en Europa.
Cuando los ingleses llegaron a Australia, igual. Realmente son
los dos momentos históricos donde hubo una ampliación de la
oferta y entonces bajó la demanda. Pero eso no necesariamente

182
Derecho y urbanismo

sucede en las ciudades, y un ejemplo documentado se encuentra


en Santiago de Chile. Hace 40 años, el nuevo gobierno dictatorial
dijo: “Libre mercado. Aquí no hay planes. Que todos los terrenos
se puedan desarrollar para que así bajen los precios y se pueda
hacer más vivienda social”. ¿Y qué pasó en todos esos terrenos
rurales que ya se podían vender? Subieron los precios porque la
expectativa de los propietarios que antes se dedicaban a viñedos,
era que ya no iban a ser viñedos, ahora iban a venir desarrollado­
res para hacer vivienda. Los precios a valor de vivienda subieron.
Por eso ese mercado falla, porque no es un mercado de lo que puedo
yo hacer hoy con él, con ese terreno, sino de lo que pueda hacer a
futuro. Es un mercado de expectativas a futuro, y el ejemplo de
“El Encino” es uno muy bueno.
La ciencia nos ha aportado eso y se ha mezclado con el derecho.
¿Tiene el propietario el derecho a retener el terreno? No necesa­
riamente. ¿Tiene alguna obligación de desarrollarlo? Si el plan le
dice —“Mira, ahorita es reserva, pero en cuanto yo abra la reser­
va, tienes que desarrollarlo”—, y no lo hace, ¿dónde dice que tiene
el derecho de retenerlo?
Se habla mucho en el Código Civil de los derechos de uso, de
usufructo y de disposición. El de uso es el que ejerce el propieta­
rio usuario. El de usufructo es el que ejercen el propietario inver­
sionista y el propietario patrimonialista especulador. El de disposi­
ción nada más es el que regula el intercambio entre ellos tres.
Pero hay otros derechos. Me gusta la definición de los países
anglosajones, donde la propiedad no es uno ni tres derechos, es un
conjunto de derechos que incluye el derecho a excluir, el derecho
a retener, pero también en esos países no solo es un conjunto de
derechos, sino también un conjunto de obligaciones: la obliga­
ción de tributar, la obligación de dejarte expropiar, de aceptar
una causa de utilidad pública superior y el derecho que tienes de
reclamar que, si estuviste pagando un impuesto predial con base
en valores de mercado, se te regrese el valor de mercado.

183
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

En México, históricamente, el pago del impuesto predial no


tiene nada que ver con el mercado, entonces, ¿por qué el Estado
te lo tiene que regresar? Hace rato decía yo del divorcio en el 27
constitucional y cuando se hizo la Ley de Expropiaciones, donde
ya no dice que tiene que estar vinculada la indemnización con
el valor fiscal. Hay toda una explicación que ojalá dé tiempo de
comentar.
Ahora pasemos al caso de “El Encino”, Santa Fe versus “El
Encino”. Primero, Santa Fe, que fue un tiradero de basura y mi­
nas de arena, no valía nada. Es probable que haya sido propiedad
pública concesionada o, no sé si eran bienes mostrencos (bienes
muebles sin dueño conocido) o esos bienes de la nación que nun­
ca se adjudicaron la propiedad originaria, pero nunca se los dio a
nadie, ni a algún ejido, puede ser que hayan sido terrenos comu­
nales. Como se supone que la zona es Totolapan (existe un pueblo
de Totolapan), es probable que algún día los terrenos de Santa Fe
hayan sido de ellos. Pero, tan lejos de la ciudad y fuera de cualquier
conexión, solo servían para minas y como tiradero. Además, con
los escurrimientos de varios ríos, una cañada, un valle y un terreno
accidentado, aún menos valor.
Una cosa es terreno accidentado frente a un basurero, que un
terreno accidentado frente a los bosques como es el caso de las
Lomas, ese sí muy bonito de vista. Me tocó trabajar sobre ese ti­
radero de basura que se cerró porque se veía muy feo desde una
colina muy famosa, la Colina del Perro. Todo el proyecto de sa­
neamiento de ese terreno fue porque se veía muy feo el tiradero,
se enmascaró como un “programa de saneamiento de la atención
de la basura a nivel nacional”. Cerrar ese tiradero fue lo único que
se hizo, un terreno que nadie quería y, de repente, la ciudad decide
descentralizar su centro de negocios de Reforma, como se ha hecho
en varias ciudades del mundo.
Por ejemplo, en París, el centro de negocios estaba atorado
porque todo es histórico y no se puede demoler. ¿Dónde construir

184
Derecho y urbanismo

los grandes edificios? Se creó La Défense, se descentralizó y los


negocios se trasladaron allí, lo que aumentó el valor del suelo.
Algo similar hicimos en México. Vámonos a Santa Fe. El gobier­
no sanea o mal sanea el tiradero de basura, pone avenidas, hace
planes parciales, crea Santa Fe y se vuelve el nuevo centro de nego­
cios del área metropolitana.
La valorización de esa zona por eso fue altísima, porque hay
que construir avenidas. Tan alta que, para “anclar”, le dieron el
terreno a la Universidad Iberoamericana. Hay que anclar eso por­
que, si no, nadie va a ir, y entonces empiezan a anclar. Como está
en el cono de “alta renta de la ciudad” —como dicen los chilenos; es
decir, si vamos desde el centro histórico, recorriendo Refor­
ma, hasta Las Lomas, pues… ¿qué le toca?, más asentamiento de
ricos— ponles una universidad, sanéales todo y allá se van. Por
ende, la población de altos ingresos se está yendo para allá. Segun­
da valorización.
Ahí es donde la ciencia urbana no es tan tonta. Se siguió el
modelo geográfico que describe Hoyt, que dice que esta ciudad
está estructurada en rebanadas de pastel. La rebanada rica se va
para allá, hay una segunda que va por Insurgentes y llega hasta el
Pedregal y esta otra es para allá, tiene por ahí su futuro. Enton­
ces, ahí está la segunda valorización.
Tercera valorización: “pon avenidas, carreteras —hoy en día—,
un tren independiente que te lleva hasta Toluca, así todos esos
altos ingresos van a poder trabajar también allá —no que se vayan
a ir en tren, pero sí todos los que trabajan para allá—”. Esto gene­
rará que la movilidad suba enormemente. Entonces, no solo la
carretera y las avenidas, sino también el tren genera esa tercera
valorización.
Cuarta valorización: “hay que meter agua”. Uno de los temas en
discusión en el caso de “El Encino” fue que, si no se podía pasar
el agua por el derecho de vía, ¿por dónde se iba a pasar? Hay que
añadir que ya había hospitales de primer nivel, como el ABC, una

185
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

universidad privada, se puso después una universidad pública


como la UAM —porque en algún lugar tiene que estudiar la clase
media y los sectores de menores recursos que ya vivían allí—. Ahí
había asimetría de información. Todas esas autorizaciones impli­
caron valorizaciones.
Los planes han cambiado mucho a lo largo de la historia, al
igual que los decretos. Hay un amparo en el que se modifica el uso
del suelo en el proceso. La historia parece comenzar en 1991, cuan­
do el uso del suelo era habitacional de densidad media, con 200
viviendas por hectárea. Luego, un nuevo plan decreta ese terreno
de “El Encino” como área verde. ¿Se imaginan el impacto de ese
simple clic del planificador que cambió todo?: —“No, pues… quí­
tale el amarillo de habitacional y ponle verde—.” El valor del suelo
colapsó en términos de mercado porque un terreno de área verde,
prácticamente, no vale nada. Pero, curiosamente, después surge
otro plan que lo eleva a vivienda con servicios, y luego, aparente­
mente, se lo quitan de nuevo. Se interpone un amparo y un juez
determina: “No, tiene que ser vivienda”. Ahí es donde el caso se
vuelve interesante. ¿Qué se litigó para determinar qué debía
cambiar? La inmobiliaria propietaria del terreno se lo compra a
alguien, ¿a quién? No se sabe con certeza, tal vez a un propietario
patrimonialista que finalmente recibió una buena oferta y ven­
dió. Pero, como en el caso del ejidatario que mencionaba antes,
lo engañan.
Una cosa es que le dijeran que comprarían su terreno a valor
de área verde, sin valor comercial, a cambio de dinero. Acepta
porque se deshace de él y el comprador obtiene un beneficio. Los
desarrolladores suelen cambiar el uso del suelo para aumentar el
valor del terreno.
Después, con la llegada de la avenida, le expropian dos frac­
ciones del terreno. Hay que visualizar el terreno, uno de los temas
urbanos es que hay que visualizarlo. Imagínense, es un terreno
alargado, orientación norte-sur, más o menos. Del lado oriente

186
Derecho y urbanismo

tiene a Santa Fe y el centro de la Ciudad, y del lado poniente tiene


las diez colonias y la expansión de la ciudad. Es un terreno que
está elevado. Es como una hogaza de pan, pero rectangular, como
una chapata, una chapata alargada, por la cual pasa una avenida
en un extremo y otra del otro. Lo que hizo el gobierno es expro­
piar las puntas. Una es Vasco de Quiroga y la otra es Carlos Graef
Fernández, avenidas que ya estaban bastante construidas, que
se saltan ese terreno y continúan hasta llegar al hospital. Faltó ese
tramo de unos cuantos metros.
Yo sospecho que los terrenos anteriores (y posteriores) tam­
bién fueron expropiados, que el gobierno empezó a construir y se
dieron cuenta que faltaba ese tramo, así que decidieron expropiar­
lo, pero el propietario dijo que no, se amparó y comenzó el litigio.
Pasaron varios años y el gobierno siguió construyendo a medias;
los reportes señalan que no estaba terminado, pero que ya estaba
medio construido.
Yo me preguntaba, ¿por qué se opone el propietario? Ahí tenía
otra plusvalía más, ya tenía acceso; sin embargo, decía que se lo
regresaran ¿Para qué? ¿Para que él mismo construyera las ciuda­
des y las calles? Ya se las iban a construir gratis. Era porque quería
construir más viviendas ¿cuánto le quitaron de las viviendas? Ahí
se puede hacer un cálculo.
Le daban como mil viviendas en ese terreno, lo que le quitaron
fue aproximadamente el 15%. Entonces, si no iba a poder hacer
150 viviendas, se le podía compensar lo de las 150 o se le podían
pagar. Ese es el cálculo que el perito valuador debió haber hecho
el primer día. ¿Cuánto vale ese terreno para poder construir las
150 que se le están quitando? Otra posibilidad —como decía yo
hace rato— era que le dieran oportunidad de que las 150 vivien­
das que le iban a quitar, las construyera arriba de las otras 850,
modificar la norma para permitir que hubiera una mayor densi­
dad. Todo legal.

187
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

Además, esa zona la evaluó la Ciudad y sí tiene la capacidad


de agua, de escuelas y todo para que pueda haber en total mil
viviendas. Si están más cercanas o no, no hay problema. Porque
en Santa Fe ya no es como en Las Lomas, donde hay grandes
terre­nos. En Santa Fe la población de altos ingresos vive en las
alturas. Es decir, no había problema y sí había mercado para ello.
Era otro tipo de cumplimiento sustituto, pagar con derechos.
Como decía hace rato, esto se hizo en el Periférico de Porto
Alegre, o como en Hyderabad, en la India (con el reagrupamien­
to parcelario) donde no tuvieron que pagar nada de indemniza­
ción porque todo se compensó con más derechos de construcción.
El doctor Antonio Azuela argumenta que ahí está el futuro de
la administración de las ciudades, que hay un derecho básico: la
propiedad es un derecho básico, el derecho de usar. Los derechos
adicionales, con los que se puede usufructuar, pertenecen a la
ciudad. Porque si las personas le ponen mayor cantidad de recur­
sos, la ciudad tiene que meter más infraestructura y más equipa­
miento que se tiene que pagar. Ese es otro instrumento diferente
al de la expropiación.
¿Cómo es que la ciudad puede hacerse del terreno de interés?
Tiene el instrumento de la expropiación. Por otro lado, el propie­
tario tiene el instrumento de venderlo en el libre mercado. ¿Cómo
habría sido vendido en el libre mercado? ¿A quién se lo vende este
propietario? Supongamos que convoca a los vecinos de las 10 co­
lonias, al ABC, a la UAM, a la Ibero, al centro comercial de Santa
Fe, a todas las oficinas del centro comercial que está en Santa Fe
y les pregunta sobre cuánto están dispuestos a pagar por las dos
fracciones del terreno de interés. Eso desataría toda una negocia­
ción. Hay juegos didácticos para poder llegar a eso. Son complica­
dos porque, imaginemos a 30,000 familias discutiendo, más quién
sabe cuántos oficinistas, más las autoridades. Habrían llegado a
una cantidad de dinero exorbitante.

188
Derecho y urbanismo

Uno de los problemas que hubo en esa discusión en la Suprema


Corte es que al estudio que hizo la UNAM le faltaban números y
cifras, debido a que la ciudad es muy difícil de monetizar. Cuan­
do se tienen que tomar decisiones lo que se usan son análisis mul­
tidimensionales, en los que algunas de las variables son medibles,
pero no monetizables, otras ni siquiera son medibles; por lo que
se hace una evaluación por puntos y se llega a una conclusión
donde se evalúa cuál es la mejor opción.
Es complicado, porque están todas las ciencias interviniendo
en un espacio confinado y pueden llegar a decisiones como que, si
el plan establece que las avenidas pasan por un determinado lugar
y no hay otra opción, se tendrá que expropiar el terreno. Si se deja
al mercado, el propietario va a pedir una fortuna, una suma muchí­
simo mayor a todo lo que se litigó y que evaluaron los valuadores.
Para mí, es el punto de vista de la ciudad y la causa de utilidad
pública, que se establece en el artículo 27 constitucional. Este ar­
tículo menciona en apenas un renglón que la expropiación solo
puede realizarse por esta causa y con una indemnización. Y es a
través de un solo instrumento que se da la confrontación entre la
ciudad y el terreno, entre toda la ciudad y sus habitantes con el pro­
pietario del terreno.
Ante ello, el propietario de ese terreno puede pedir que se le
pague el equivalente a 150 viviendas o pagarle el equivalente de
lo que la ciudad pagaría en el libre mercado. Una de las técnicas
equivocadas del gremio de los valuadores es valuar terrenos con
comparación del mercado, porque lo que debería proceder para
fijar la justa indemnización es la técnica del método residual.
Dicho método es el siguiente: ¿Qué se va a construir? 150 vi­
viendas. ¿Cuál es el costo de esas viviendas en el mercado? Al ser
un mercado de usuarios que necesitan un crédito y utilizan sus
ahorros, esto es medible, y salen al mercado porque no disponen de
más recursos. Entonces, esas viviendas van a tener un valor. ¿Cuán­
to va a costar? Ese es el residual. ¿Cuánto se le tiene que descontar

189
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

por el costo de construcción de las viviendas? Cierta cantidad, los


ingenieros y los arquitectos pueden dar toda la información muy
detallada y precisa de cuánto cuesta. Ese es el primer descuento
por considerar.
Lo que los valuadores hacen es descontar el precio de la cons­
trucción y decir que el sobrante es el valor del mercado. ¡Error!
Lo que sobra es para cubrir las obligaciones de la propiedad. Hay
leyes desde hace 100 años que obligan a los propietarios, cuando
van a hacer conjuntos habitacionales o fraccionamientos, a poner
vías, agua, drenaje, donaciones para parques, escuelas y hasta igle­
sias. Esos son costos que también se tienen que descontar. Si se
tuviera un impuesto predial significativo, el inversionista también
lo tiene que descontar, pues ese dinero se va a tener que pagar en un
futuro. Sin embargo, en México hay impuestos prediales muy bajos
—la Ciudad de México tiene el predial más alto del país, pero no
llega ni remotamente a lo que pagan otros países—. Se paga mu­
chísimo menos de lo que pagan los socios de los Estados Unidos
y Canadá, se paga muchísimo menos que en Brasil, en Argentina,
en Colombia, en Chile. México es de los países con impuestos
prediales más bajos, hasta en África hay países cuyo impuesto es
más alto. Eso se tiene que descontar y no se descuenta. El dinero
restante es el valor residual y es el monto por el que se debe hacer
la indemnización o el cumplimiento sustituto.
Pero al pasar a la aplicación, ¿por qué no se da en el estudio que
hizo la UNAM? Porque si se hubiera hecho todo este análisis, que es
complicado, habrían tardado muchísimo más tiempo y habría
sido más costoso, por eso se hacen los planes. La ciudad hace pla­
nes donde ya viene la justificación.
Me extrañó que la causa de utilidad pública no fuera a cumplir
con el plan, ya que la Ley de Asentamientos Humanos la establece:
“Son causas de utilidad pública la conservación, mejoramiento,
ampliación de las ciudades”. Todas las ciudades son causa de utili­
dad pública y, si ya hicieron todos los estudios, los planes tienen

190
Derecho y urbanismo

que cumplirse. Esa complejidad de reconocer el papel de los planes,


hoy en día, tiene que hacerse con la sociedad, no basta la ciencia, se
necesita la participación. Eso es parte de la democracia participa­
tiva, que en muchos países existe y en nuestras leyes ya está. Así
yo ya justifiqué a la ciudad.
He dado clases de valuación, controlé valuadores desde cuan­
do trabajaba en banca hasta cuando trabajaba en la tesorería y sé
las deficiencias que tienen. Son muy buenos para valuar otras cosas,
pero para terrenos todavía no lo hacen con todo lo que viene en
la ley. Ahí está el punto débil de todo el proceso. Por eso la con­
clusión de la UNAM fue que se tienen que pagar aproximada­
mente 20 millones. Cuando el asunto se resolvió en 2011, algunos
periódicos reportaron de manera escandalosa que se pagaron
entre 70 y 90 millones. ¿De dónde salió el demás dinero?, ¿daños
y perjuicios? No creo. ¿Qué método usaron? Desde el punto de
vista del propietario, le conviene que el valuador, con su caja negra,
lo evalúe.
¿Qué implicaciones tiene para los derechos humanos? La ciu­
dad tiene sus responsabilidades y sus derechos como ciudad. Tiene
obligaciones con toda la ciudadanía, la propiedad no es un privi­
legio si se le incorporan todas las responsabilidades. En la legis­
lación alemana, la propiedad del suelo no es un derecho, es una
responsabilidad. Desde mi perspectiva, las mejores definiciones
de propiedad del suelo son las que tienen en África: “El suelo es lo
que nuestros antepasados nos depositaron para cuidarlo y entre­
gárselo a las futuras generaciones.” Qué mayor responsabilidad que
eso. Eso es sustentabilidad, cuando los propietarios tienen esa
responsabilidad.
Esto me lleva a lo último, ¿cómo conciliar la ciencia urbana
con la doctrina jurídica? El control en un juzgado se da entre las
partes que están en litigio. ¿Qué pasa si a uno le tocó mal abogado
y al otro bueno?, y ¿si el que es bueno es el que manda a hacer un
avalúo escandalosamente alto, mientras que el otro no sabe ni cómo

191
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

pedir un avalúo?, pues resulta que uno le va a ganar el otro. Por


eso un control del avalúo, y de los valores que lo hacen, es funda­
mental para garantizar una resolución justa.
Me quedé pensando —con la nueva reforma judicial—, ¿por
qué no someter a todos los peritos de las cortes a un tribunal dis­
ciplinario? Antes de eso, desde luego, tienen que haber manuales
propios del sistema judicial, porque los que tenemos son, por ejem­
plo, los del Instituto de administración y avalúos de bienes nacio­
nales (Indaabin), que evalúan la propiedad pública. Incluso para
las expropiaciones, la Ley de Expropiaciones dice que tendrá que
hacerse con el Indaabin y menciona también al Distrito Federal.
El Distrito Federal ya tiene su nueva constitución y ya no le
hace caso a Indaabin. ¿En qué se basa? Hay una dirección de ava­
lúos por ahí escondida. ¿Y los estados? Entonces, ahí hay una vigi­
lancia muy cuidadosa. Ese es el talón de Aquiles, ese es el cuello
de botella, esa es la parte delicada.
Los planes se tienen que hacer cada vez más científicos. Toda
esta cantidad enorme de datos que se pone como capas con siste­
mas de información geográfica, por ejemplo, demográfica, eda­
fológica, del subsuelo, económica y hasta de los precios del suelo.
Todo eso se va a ir sofisticando, cada vez hay más plataformas que
pueden hacer cruces de información y con la Inteligencia Artifi­
cial, se incrementa el poder de hacer todos esos cruces. Confío en
que van a ser mejores.
Entonces, la conciliación está por el lado científico. Al derecho
le criticaría —por lo que he estado leyendo y observando de las
discusiones en la Corte—, que predomina la visión de que la pro­
piedad es un derecho prácticamente absoluto. ¿Dónde quedó el
artículo 27 reformado hace 50 años?, ¿dónde quedó una Ley Ge­
neral de Asentamientos Humanos introducida hace 45 años?,
¿dónde quedaron todas las leyes de desarrollo urbano de los esta­
dos que desde hace 45 años están, precisamente, modificando y
reconceptualizando la propiedad del suelo? Del lado de la ciudad

192
Derecho y urbanismo

tenemos mucho trabajo qué hacer. ¿Cómo incorporamos esa de­


mocracia participativa en la elaboración de los planes? No es fácil.
¿Y cómo, en el caso del derecho, se reconfigura el concepto de la
propiedad y los valuadores aplican los métodos científicos ade­
cuados para hacerlo?

José Ramón Cossío Díaz

En el caso concreto del predio que se expropió, “El Encino”, era


una condición muy particular. La ciudad que necesita un proceso
de renovación urbana frente al derecho de propiedad de una per­
sona que legítimamente tenía ese derecho de propiedad. No se
puede negar que tenía un derecho a ese predio, que se lo expro­
piaron, llevó a cabo un conjunto de acciones y ganó el juicio de
amparo.
Hay un tema que no se trató y es que las expropiaciones se
tienen que realizar de forma correcta. Esa es una de las mayores
deficiencias que se presentan: no se tiene el destino y no se hace
con las formalidades que conllevan los procesos jurídicos.
Esta persona, finalmente ganó su sentencia y de ahí derivó el
problema, que fue también una modificación de hace algunos
años a la Ley de Amparo y a la Constitución. La ley originalmen­
te establecía la restitución perfecta y completa del inmueble que
se hubiera quedado afectado.
Por ejemplo, si se expropia un terreno y se construye lo que
anteriormente se llamaba un “multifamiliar” —que tiene 100 de­
partamentos— donde hay personas que lo están habitando; sin
embargo, una persona un buen día gana su juicio de amparo: ¿qué
hacemos entonces, si la sentencia en aquel momento ordenaba
una restitución perfecta? ¿Sacamos a las familias?, ¿demolemos
el edificio?, ¿limpiamos el terreno y le entregamos a la persona el
terreno tal como lo tenía garantizado? La solución jurídica que se
dio en ese momento fue introducir un criterio económico para

193
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

monetizar. Primero, valorar, y después, monetizar la ejecución


de la sentencia.
Fue un asunto muy serio que hoy ya tiene mayor contención,
pero en su momento, tuvo una gran discusión: ¿cómo es posible
que un derecho humano a la propiedad, por ejemplo, se pueda sus­
tituir con el pago económico de algo? En su momento a las perso­
nas les parecía fuerte, difícil, sustituir cierto tipo de daños (como
el moral) por un pago económico.
Finalmente quedó en la Constitución que no se va a otorgar
o no se va a regresar el bien que se expropie porque, si se regresara,
el daño o el costo económico de hacerlo es muchísimo mayor al
beneficio que individualmente se podría obtener. Este fue un cri­
terio que, en su momento, generó muchos problemas, hasta para
su inserción.
Cuando llegó este caso (“El Encino”), con todo lo que signi­
ficó —ya sabemos de los problemas políticos que se generaron
ahí: las presiones, el tráfico, el ABC, la Universidad Metropolita­
na, todo esto que era de gran presión—, la Corte se planteó un
problema: ¿qué quiere decir, en términos racionales o en térmi­
nos técnicos, indemnizar a una persona?
Si se va a hacer un cálculo, este no puede ser al “ojímetro”, ya
que se rompe completamente toda la condición. El valor, bien o
mal, que se puso en la Constitución, es un valor económico de
compensación. Ahí fue donde se presentó el problema; el cual
fue muy delicado para la Suprema Corte. En las versiones esteno­
gráficas se puede leer la discusión, porque muchos de los minis­
tros no querían ceder. El problema era central: ¿cómo esta capaci­
dad o este poder decisorio que tiene un juez iba a recaer en unos
científicos o en unos técnicos?
Este fue el problema central, es decir, los ministros que —como
se dice— son “perito de peritos” y son la máxima autoridad, ¿cuen­
tan con las capacidades para decidir si algo vale o no vale?, ¿si se
indemniza o no se indemniza?, y ¿a qué valor se indemniza? Esta

194
Derecho y urbanismo

fue una disputa de cultura jurídica fuertísima. Esta decisión fue


de seis votos contra cinco, no fue una decisión unánime.
Algunos de los ministros consideraban que la Suprema Corte
podía con sus propios recursos, no la Suprema Corte como insti­
tución. El problema era: ¿la Corte va a ceder esta posición de poder
que tiene en la interpretación no solo del derecho, sino en la cons­
trucción del derecho, y se la va a remitir a personas que no son
abogados o lo va a hacer la Corte?
Esta es la discusión de fondo, como ha sido la discusión en
VIH, como ha sido la discusión en genética, como ha sido la dis­
cusión en muchas cosas. ¿Por qué los ministros, que son la máxima
autoridad, van a compartir su poder decisorio con unas personas
que no son la máxima autoridad?
Finalmente, lo interesante del asunto fue romper, quebrar o
fracturar esa posición cultural. A pesar de que la decisión fue de
seis contra cinco, en esa posición cultural, se dijo que ese tema
estaba fracturado. La decisión de si se va a indemnizar, para efecto
de saber si se le tiene que regresar el predio expropiado íntegro o
si, por el contrario, se le tiene que regresar dinero, una vez rota la
barrera de la que hablábamos, el tema es que los ministros o jueces
no saben hacer es ejercicio porque no son peritos evaluadores.
Esa expresión que le gusta tanto decir a los juzgadores, de
que son “peritos de peritos”, tiene una razón de ser, y es una razón
funcional. Esto es porque en algún momento del proceso deciso­
rio, por obvio que esto parezca, se tiene que decidir. Puedo tener
enfrente tres pruebas, cinco pruebas, una prueba, y tengo que
decir si tiene o no tiene valor. Porque si el juzgador no cierra el
proceso decisorio, aunque sea una obviedad, el proceso decisorio
sigue abierto. Al final del ejercicio, el juzgador tiene que decir
que, teniendo a la vista todas las pruebas, la prueba B prevalece
sobre la prueba A, o que la prueba C lo hace sobre la A, o la deci­
sión a la que llegue.

195
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

Pero ese es un valor de decisión, no es un valor de conocimien­


to, son cosas muy diferentes. Se ha confundido la expresión “pe­
rito de peritos”, pues esto aplica para la decisión, no para el cono­
cimiento. Este fue uno de los elementos implícitos en toda esta
discusión. Una vez fracturada esa posición “judicialista”, se puede
admitir y pedir que otras personas brinden el conocimiento y que,
con base en lo que digan, se pueda tomar la decisión. La cuestión
es que, en caso de no tener el conocimiento necesario, se pueda
acudir a instituciones que puedan prestar el auxilio cuando fuere
necesario. Por ejemplo, ya había convenios firmados, desde varios
años antes, con diversas instituciones como la Academia Nacio­
nal de Medicina, la Academia Mexicana de Ciencias, la Universi­
dad Nacional, el Instituto Politécnico Nacional, etcétera, que
podrían prestar ese auxilio en casos particulares.
En el caso particular del “El Encino”, ¿a qué es entonces a lo
que se acudió? Se acudió a la Universidad Nacional Autónoma de
México. En otros casos ya se había acudido al Instituto Politécni­
co y en otros a la Academia de Ciencias; no hubo una concentra­
ción en la Universidad Nacional. La Universidad designó a estas
tres personas para que se les pidiera que hicieran una valoración
de tres pasos: identificar los bienes jurídicos relevantes, costos-­
beneficios significativos, etcétera; separar los costos-beneficios
que se pudieran monetizar; e integrar los elementos mediante
una motivación, contraste, etcétera. ¿Qué es lo que se le solicitó
a la universidad? Que contestara algunas preguntas, no que valo­
rara. Eso también tuvo implicaciones porque, hay que entender
que cuando la Suprema Corte consultó a agentes no judiciales, se
tuvo que construir la forma de las preguntas.
Esto es un paso epistemológico muy complicado, porque las
respuestas estarán en función de la calidad y precisión de las pre­
guntas. Este fue un tema que se llevó con precaución porque no
se tenía un conocimiento de lo que se estaba preguntando, lo cual es
un gap o un hueco muy importante. La Universidad designó a

196
Derecho y urbanismo

tres personas con distintas especialidades para que formen el pe­


ritaje y regrese el peritaje. El peritaje contesta las preguntas y
contiene la evaluación.
¿Por qué esto fue sumamente importante? Porque había, y hay,
una enorme cantidad de asuntos urbanos y asuntos territoriales
en el país. Casos que desde la reforma agraria no han terminado,
además de una gran cantidad de problemas urbanos en todo el
país. La idea fue que, si se iba a aplicar la fracción 16 del artículo
107 y sustituir la ejecución directa de la sentencia, se considerara
que, por ejemplo, en un caso donde se fuese a desalojar a la gen­
te que está ahí asentada, incluso con el uso de la fuerza, utilizan­
do a la Policía federal, al Ejército —o ahora a la Guardia Nacio­
nal— son decisiones clave a tomar para lograr la ejecución. ¿Qué
pasa si el propietario exige su terreno? Se tendrá que argumentar
que no se puede regresar el terreno porque, para hacer eso, se
tendría que desalojar a un número determinado de personas o
incluso de familias, y la probabilidad de que eso acabe con heri­
dos e inclusive con muertos, es altísima. Entonces, hay que en­
contrar una salida puramente compensatoria.
Haber dejado el estándar de cómo los ministros o los jueces
—porque esta decisión fue de la Suprema Corte— se pueden acer­
car a los procesos de evaluación, fue importantísima. Esto fue,
como todo en la jurisprudencia, una salida inicial que se tiene que
ir graduando, como todo, con ensayos y errores. Perfecta no fue,
pero fue el primer caso donde se estableció la necesidad de un
parámetro para saber qué es lo que se paga, si es que se paga, y
quién paga qué —el Gobierno federal, el local, o quién—.
Este es el valor sobre esta decisión y, evidentemente, este de­
bía haber sido el caso, pues hay que seguir acercando, precisando
y construyendo para poder discernir qué valores se considera­
ron y cuáles no, y así, ir teniendo precisión. Lo más interesante
de todo el ejercicio es: si la Suprema Corte estableció un test, un
método o un modelo, de todas las posibilidades que existen, es

197
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

un modelo que tienen que seguir todos cuando se enfrenten con


este gran problema territorial mexicano.
Con estos seminarios y en futuras sesiones, se tiene que po­
der llegar a decir cómo un juez tiene que acercarse a hacer la pre­
gunta, esperar la respuesta e insertar la respuesta dentro de las
condiciones del caso. Porque lo que hacen estas pruebas es deter­
minar o condiciones fácticas o condiciones indemnizatorias,
para posteriormente montarle toda la estructura jurídica de los
derechos, con sus interpretaciones, sus contradicciones y todo lo
que esté presente para poder buscar una solución.
Yo creo que lo que se va a presentar con la reforma judicial es
esta discusión: ¿pueden los juzgadores por sí solos resolver la
totalidad de los casos que se les presentan?, o ¿los juzgadores tienen
y deben acudir a otras disciplinas para que les proporcionen un
conocimiento del que carecen?, y ¿cómo lo insertan?
Cuando digo acudir, no me refiero a ponerse a ver Discovery
Channel, o bajar en la red, en Google Academy, el primer artículo.
No, porque si uno busca sobre los efectos nocivos de algo, encuen­
tra; si uno busca sobre efectos positivos de algo, encuentra. Hay
de todo. La pregunta que también vamos a tener que poner es:
¿cuál es el valor de o a partir de qué se acerca un juzgador a ese
conocimiento, lo depura, lo identifica, lo establece y después lo
inserta en la sentencia para que diga una cosa? Es un problema
precioso, porque si me dicen que hay drogas que causan daño, va
a haber artículos que digan sí y voy a encontrar artículos que digan
que no. Entonces, si hay una preconcepción, se señalarán los de
A y desecharán los de B, o viceversa. Todos esos son problemas
sobre los que hay que seguir insistiendo. La gran noticia es que
existe esta dirección.
La cuestión es cómo no solo se produce el conocimiento, sino
se genera una cultura para que el propio juzgador entienda que
tiene un límite de conocimiento, que tiene que salir al mundo,
obtener conocimiento, y después, decidir unilateral y violenta­

198
Derecho y urbanismo

mente —porque el derecho es muy violento en tanto asigna bienes


y asigna males—. Por ejemplo: “Se quedó usted sin hijo, se quedó
usted sin pensión, se quedó usted sin casa”. Esas son las partes
duras del derecho, pero hay que tratar de que sea con el mejor cono­
cimiento disponible en este tiempo. Dentro de 20 años si se cues­
tionan las decisiones, poder decir que, con el mejor conocimiento
vigente en ese tiempo, se tomó determinada decisión, con lo mejor
que se pudo construir, es decir, la solución para la sociedad con
la que me estoy enfrentando a partir de lo que estoy sabiendo.

Alejandra Rabasa Salinas

Muchas gracias, doctor Cossío. Pues nada, yo he releído varias ve­


ces la versión estenográfica de esa sentencia de “El Encino” porque
justamente me parece que es increíblemente importante para
ejemplificar toda esta cuestión central de la intersección entre el
derecho y la ciencia.
Ahora, por ejemplo, algunos ministros de la Suprema Corte
de Justicia han recurrido a Joaquín y a su equipo para decirles:
“Hazme las preguntas que yo le debo hacer a los peritos”. Por
ejemplo, en una controversia constitucional sobre la asignación
de límites entre estados, etcétera, para saber cómo y qué pregun­
tar. Entonces, bueno, a mí me parece que esta sentencia y toda la
discusión que se dio alrededor es increíblemente importante.
Doctor Morales, yo la verdad es que solo me quedo tranquila de
que se va a acabar esta sesión porque lo estamos comprometien­
do públicamente para seguir la conversación, porque me quedo
con tantas nuevas ideas. Por ejemplo, toda la parte de la función
social y ecológica de la propiedad, cómo se inserta dentro del
tema del derecho de la ciudad y las obligaciones que siempre vie­
nen aparejadas a los derechos.
Me parece bien interesante en términos de equidad. Por ejem­
plo, si las obligaciones de la ciudad implican tomar decisiones que

199
Cossío Díaz, Morales Schechinger, Rabasa Salinas

prioricen a los más vulnerables, ¿cómo se satisfacen? En fin, yo


creo que el doctor Morales nos va a dejar pensando en muchísi­
mas preguntas que pueden servir, doctor Cossío, de hilo conduc­
tor de las siguientes sesiones para abordar este tema.
Además, yo también le quiero agradecer muchísimo el estudio
minucioso que hizo sobre este caso, las notas que tomó, haberse
quedado hasta las tres de la mañana. Y además, creo, y es lo últi­
mo que voy a decir, que justamente este ejercicio que hizo el doc­
tor Morales es lo que queríamos lograr con este seminario.
O sea, tener una lectura experta de lo que estuvo involucrado
y una relectura de lo que pudo haber pasado con esta sentencia o
con estas pruebas.
Entonces, yo le quiero decir que le agradezco muchísimo y
que me ha dejado muy impresionada, doctor Morales. Espero que
podamos seguir trabajando con usted y, otra vez, agradecerle
mucho al equipo de la Subdirección de Conocimiento Científico
de la Corte por todo el trabajo para este seminario. Y siempre al
doctor José Ramón Cossío, porque él, la verdad, es quien inspiró
que existiera esta Unidad, en gran parte por siempre estar trayen­
do el tema de la ciencia como ministro de la Suprema Corte para
ilustrar los límites del derecho.

Carlos Morales Schechinger

Siendo autocrítico, como profesor que ha formado a urbanistas y


evaluadores, con estas sesiones yo aprendo porque me doy cuen­
ta en dónde fallamos.
Y sí, todos los valuadores que formábamos trabajaban en ban­
cos, en notarías, en inmobiliarias, pero nunca en el ámbito judicial.
Entonces, las discusiones judiciales eran pocas, aunque Antonio
Azuela tiene un diplomado que trata de hacer ese enlace. Como
funcionario —que también fui cuando trabajaba en la tesorería—
uno de los grandes problemas que vi era que los valuadores se

200
Derecho y urbanismo

rehusaban a poner en sus dictámenes su fundamento y usaban el


dicho de al “ojímetro”. Incluso, cuando querían ser muy científi­
cos, decían: “Pues es el método de los dígitos oscilantes”. Y dije:
“Ay, ¿qué es eso?, ¿alguna computadora?” Y era: “Más o menos”
(pues eran dígitos oscilantes); y luego, otro más creativo decía: “Yo
uso el método dígito hidro-eólico”; “¿Cuál es ese? No es posible,
estamos hablando de un tema económico.
Aunque la economía sea muy criticada, hay muchas herra­
mientas y teorías que pueden ayudar. La autocrítica es que, desde
la universidad, por haber tratado de meter evaluadores fiscales en
cintura, abandonamos a la evaluación judicial.

José Ramón Cossío Díaz

Muchas gracias a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a la


Unidad de Conocimiento Científico y Derechos Humanos, a El Co­
legio Nacional y, desde luego, al maestro Morales, por esta muy
interesante charla.

201
2025
Inteligencia artificial y justicia 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
Gabriela Sued
Alejandro Pisanty Baruch
Caleb Antonio Rascón Estebané

Modera
Oliver Joaquín Giménez Héau

Oliver Joaquín Giménez Héau

Muchas gracias por acompañarnos en la segunda etapa de este


Se­minario Permanente de Derecho y Ciencia.
Vamos a realizar una pequeña inauguración formal de este
seminario, cediéndole la palabra al doctor Ramsés Mena, direc­
tor del Instituto de Investigaciones de Matemáticas Aplicadas y
en Sistema (IIMAS).

Ramsés H. Mena Chávez

Antes que nada, muy buenos días a todas y todos los que nos acom­
pañan. Saludo con gusto a El Colegio Nacional, a los titulares, al

1
Sesión realizada el 25 de febrero del 2025 en el Auditorio del Instituto de
Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas de la Universidad Na­
cional Autónoma de México.

205
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

doctor José Ramón Cossío, miembro de El Colegio; a la maestra


Alejandra Rebaza, titular de la Unidad General de Conocimiento
Científico y Derechos Humanos; a todos los colegas y a la comu­
nidad que nos acompañan.
Es, como siempre, un honor darles la bienvenida en esta oca­
sión a la sesión del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia, un
foro que claramente refleja la creciente necesidad de fortalecer el
diálogo interdisciplinario para construir marcos normativos más
sólidos y adaptados a los desafíos de nuestro tiempo.
Agradezco a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a El
Colegio Nacional por hacer posible esta invitación e iniciativa, que
en su segunda edición nos convoca a reflexionar sobre el impacto
de la ciencia y la tecnología en la impartición de justicia.
Vivimos en una era en la que los avances tecnológicos trans­
forman aceleradamente nuestra sociedad. La inteligencia artificial,
en particular, está modificándolo todo, incluida la manera en que
interactuamos con el derecho y la justicia. Su implementación en
los sistemas judiciales de distintos países ha abierto nuevas posi­
bilidades para agilizar los procesos y mejorar el acceso a la justicia,
pero también ha planteado preguntas fundamentales sobre equi­
dad, transparencia y gobernanza.
El tema que hoy nos reúne, la inteligencia artificial y la justicia,
nos invita a cuestionarnos qué mecanismos de supervisión y regu­
lación necesitamos para garantizar que la tecnología fortalezca, y
no debilite, la impartición de justicia. ¿Cómo aseguramos que los
sistemas automatizados respeten los principios fundamentales del
debido proceso y la equidad? ¿De qué manera prevenimos que los
algoritmos produzcan sesgos y desigualdades estructurales? Estas
son algunas de las muchas preguntas que surgen al definir y aplicar
la inteligencia artificial, en particular una inteligencia artificial
ética, responsable y sostenible. Este es un tema clave que, durante
esta gestión del IIMAS, hemos estado impulsando y seguiremos
promoviendo en los próximos años.

206
Inteligencia artificial y justicia

Existen ya experiencias internacionales que nos ofrecen apren­


­dizajes valiosos. En los Países Bajos y Canadá, por ejemplo, se
han desarrollado plataformas digitales que facilitan la resolución
de disputas para personas sin representación legal. En China se
han implementado tribunales en línea con inteligencia artificial,
mientras que en Estonia se ha desarrollado un proyecto de juez
robot para casos menores.
Estas iniciativas, sin duda, muestran el potencial de la tecno­
logía, pero también evidencian la necesidad de establecer marcos
normativos claros que protejan los derechos fundamentales y
eviten la opacidad en la toma de decisiones.
En este seminario contamos con la participación de especia­
listas, a quienes, como siempre, les damos la bienvenida. Exper­
tos cuyo conocimiento y experiencia enriquecerán la discusión de
estos y otros temas que se abordarán en esta serie de seminarios.
Sus reflexiones, sin duda, nos ayudarán a comprender mejor los
desafíos y oportunidades de la inteligencia artificial, así como lo
que esta representa para la impartición de una justicia responsa­
ble y equitativa.
Les invito a participar activamente, a compartir sus perspecti­
vas y a contribuir en el esfuerzo colectivo de este seminario, no solo
a través del diálogo interdisciplinario, sino también mediante la
participación de todos ustedes en esta discusión tan importante.

José Ramón Cossío

En mi carácter de miembro de El Consejo Nacional, me da mucho


gusto tener la oportunidad de estar en el tan prestigiado Instituto
de Investigaciones de Matemáticas Aplicadas y en Sistema. Les
cuento por qué estamos aquí, además de la invitación que muy gen­
tilmente nos hicieron.
El año pasado, comenzamos a revisar cuáles habían sido las
decisiones que la Suprema Corte de Justicia de la Nación había

207
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

tomado con base en evidencia científica. Este no es un esfuerzo


tan antiguo, como ustedes puedan creer. El primero que tenemos
claramente identificado es el que tuvo que ver con VIH/SIDA entre
los integrantes de las Fuerzas Armadas. Posteriormente, la Corte,
a partir de la celebración de un número muy grande de con­venios,
pudo ir introduciendo evidencia científica en temas medio­ambien­
tales, médicos, urbanísticos, entre otros.
Entonces, lo que se quiso hacer —y me pareció una idea muy
importante a instancia de la presidenta Norma Piña— fue recopilar
e identificar esas decisiones, esas sentencias, con el fin de anali­
zar qué habíamos hecho, qué habíamos hecho bien, qué había­
mos hecho mal, y así poder darle un nuevo enfoque.
Desde luego, cuando uno resuelve temas jurídicos, hay una par­
te normativa que a todos nos queda clara: lo que dice el código, lo
que dice la ley, lo que dice la constitución, lo que dice la jurispru­
dencia, etc. Pero, evidentemente, también hay que incorporar ele­
mentos fácticos, es decir, evidencia en los distintos casos.
El caso del VIH, por ejemplo, era un asunto muy delicado.
Se estaba dando de baja a los integrantes de las Fuerzas Armadas
por tener una condición de seropositividad, considerando que esa
seropositividad era incapacitante. A partir de los datos que nos
proporcionaron la Academia Mexicana de Ciencias y la Acade­
mia Nacional de Medicina, diferenciamos entre seropositi­vidad,
VIH, incapacidades, entre otros aspectos, y se logró declarar
la inconstitucionalidad de la Ley de Seguridad Social de las Fuer­
zas Armadas, ya que no contaba con estándares médicos ade­
cuados.
A partir de entonces, la Suprema Corte ha ido incorporando
una gran cantidad de elementos científicos y, como consecuencia
de este trabajo, durante la presidencia de la ministra Norma Piña
se creó esta Unidad. Su objetivo es proporcionar a los juzgadores,
no solo de la Corte, sino también del Poder Judicial en general,
elementos que les permitan resolver casos.

208
Inteligencia artificial y justicia

En esta segunda etapa, lo que queremos hacer es analizar temas


que no necesariamente han llegado a la Suprema Corte. La Corte
no tiene una actividad intensa en materia de inteligencia artifi­
cial; cuenta con bases de datos y una cantidad importante de
recursos tecnológicos, pero no utiliza directamente inteligencia
artificial. Por eso, venir al Instituto de Investigaciones de Mate­
máticas Aplicadas y en Sistema a explorar estos elementos parece
de la mayor importancia.
Este no será el único caso. Tenemos algunas otras propuestas
en colaboración con institutos de la Universidad Nacional Autóno­
ma de México, el Instituto Politécnico Nacional y, por supuesto, con
la vocación que tiene El Colegio Nacional, esto es lo que estamos
tratando de hacer. Ojalá que muchos de ustedes se acerquen; sé
que podemos colaborar, que podemos hacer cosas juntos y que
podemos trabajar, como lo mencionó muy bien el señor director,
para establecer en esta materia algunos marcos y parámetros ade­
cuados para la regulación. Desde luego, no una regulación intrusi­
va, sobreprotectora o excesiva que termine por inhibir las propias
actividades, sino con marcos adecuados que nos permitan avan­
zar en ese sentido.
Así que agradezco al IIMAS, al director, a todos ustedes por
estar aquí, y a los comentaristas. Qué bueno que tenemos esta
oportunidad, y ojalá se puedan abrir algunas líneas de discusión.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Como comentaba el doctor Cossío, a nombre de la Unidad Gene­


ral de Conocimiento Científico y Derechos Humanos, les extien­
do también la más cordial bienvenida a esta segunda etapa del
seminario permanente. En esta ocasión, queremos abordar temas
emergentes que son de gran relevancia y, sobre todo, que están
sucediendo en la actualidad.

209
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

Comenzaremos con el tema de la inteligencia artificial y la


jus­ticia, pero también tendremos sesiones sobre edición genética y
cómo esta afecta tanto la salud como el medio ambiente. Además,
abordaremos temas como los datos personales y la ciberseguridad,
así como la manera de demostrar el daño ambiental. En resumen,
tendremos una serie de sesiones muy interesantes enfocadas en
lo que viene y en lo que ya está llegando.
Voy a hacer una breve presentación de nuestros panelistas.
Iniciaré con la doctora Gabriela Sued, quien es doctora en Estudios
Humanísticos con mención en Estudios Culturales de la Ciencia
y la Tecnología por el Instituto Tecnológico de Monterrey, y tiene
una maestría en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la Universi­
dad Nacional de Quilmes, Argentina.
Actualmente, es investigadora postdoctoral en el Instituto de
Matemáticas Aplicadas y Sistemas, en el Departamento de Mode­
lación Matemática y Sistemas Sociales, con el proyecto “La Inves­
tigación en Inteligencia Artificial en México: Casos de laboratorios
universitarios desde los estudios sociales de la ciencia y la tecnolo-
gía”. También realizó otro postdoctorado en el Instituto de Inves­
tigaciones Sociales de la UNAM, donde desarrolló un proyecto
sobre culturas algorítmicas, plataformas sociales y métodos de
investigación centrados en datos. Estos son temas apasionantes
que combinan la tecnología y la sociedad, un área que muchas
veces olvidamos. Además, es profesora del posgrado de Cien­
cias Políticas y Sociales de la UNAM y fue docente regular en la
carrera de Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad
de Buenos Aires hasta 2016.
También quiero presentar y agradecer la presencia del doctor
Alejandro Pisanty Baruch. Es profesor de la carrera de la Facultad
de Química, de donde es egresado tanto en la licenciatura como
en el posgrado. Fue director general de Servicios de Cómputo
Académico, coordinador de la Universidad Abierta y a Distancia
de la UNAM, y presidente de la Sociedad de Internet en México,

210
Inteligencia artificial y justicia

de 1998 a 2017. Además, ha sido miembro de los consejos directi­


vos de Internet Corporation for Assigned Names and Numbers
(ICANN), la organización responsable de asignar las direcciones
IP a nivel mundial, y de la Sociedad de Internet. En 2016, recibió
el premio Trayectoria Latin America and Caribbean Network
Information Centre (LACNIC), por sus contribuciones al desa­
rrollo de Internet en América Latina y el Caribe. En 2021, recibió
la distinción de ingresar al Salón de la Fama de Internet, y su libro
más reciente es Tecnologías de Información y Derecho a Saber.
Su actividad académica se centra en la gobernanza de Inter­
net, la ciberseguridad, la educación a distancia y las estrategias
digitales nacionales y regionales. Actualmente, participa en Línea
de Investigación sobre Derecho e Inteligencia Artificial (LIDIA) del
Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, donde colabora
en diversos proyectos.
También voy a presentar al doctor Caleb Antonio Rascón,
quien es ingeniero en sistemas electrónicos por el Instituto Tec­
no­lógico y de Estudios Superiores de Monterrey y obtuvo su doc­
torado directo en la Universidad de Manchester, Reino Unido.
Es fundador de Maco IT, una empresa mexicana dedicada al
desarrollo de tecnología digital. Cuenta con dos postdoctorados
en el área de audio y su aplicación en robótica e inteligencia arti­
ficial. En 2014, recibió la distinción de Innovador Menor de 35
años por parte del MIT Technology Review y fue miembro del
Consejo Ejecutivo de la Competencia Internacional RoboCup@
Home. Ha publicado varios artículos en revistas científicas y ha
sido conferencista en eventos internacionales, así como en even­
tos de difusión científica.
Actualmente, es investigador titular en la UNAM, tutor del
Posgrado en Ciencia e Ingeniería de la Computación, y presiden­
te del Colegio de Procesamiento Digital de Señales del Posgrado
en Ingeniería.

211
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

Y bueno, el doctor Cossío, a quien conocemos muy bien, miem­


bro de El Colegio Nacional, el cual nos ha acompañado a lo largo
de muchas de estas sesiones.
Con representación desde la perspectiva del derecho, la parte
tecnológica y el impacto social, abordaremos cómo estas tecno­
logías influyen en la sociedad, cómo se adoptan y cómo se han ido
integrando en distintos ámbitos.
Los temas que vamos a ver hoy se dividen en tres grandes áreas.
Un primer tema es el uso de la inteligencia artificial dentro del
proceso mismo. Recuerdo que alguna vez nos preguntaba la mi­
nistra Norma Piña: “¿Cómo es la justicia para el algoritmo? ¿Qué
entiende el algoritmo por justicia?” Creo que es muy importante
hablar de este tema, que abarca desde su función como herramien­
ta de apoyo, hasta la posible participación en la toma de decisio­
nes. Otro tema es la inteligencia artificial y los posibles cambios
en los medios de prueba, analizando su impacto en la generación,
validación o admisibilidad de las pruebas. Finalmente, un tercer
tema muy importante: la regulación de la inteligencia artificial,
enfocada en los marcos normativos necesarios para garantizar su
uso ético y transparente en el ámbito judicial.
Iniciaremos con una pequeña y muy breve presentación, para
que las y los ponentes nos hagan una introducción a este tema de
inteligencia artificial y justicia.

Gabriela Sued

Comienzo con mis agradecimientos a la Unidad General de Cono­


cimiento Científico y Derechos Humanos, a El Colegio Nacional
y al IIMAS por esta invitación.
Voy a poner un poco de contexto. Según estadísticas del Con­
sejo de la Judicatura Federal, en México existen 266 juzgados de
distrito que tratan una amplia variedad de casos. Estos juzgados
gestionan una gran cantidad de archivos. En el año 2021 se gene­

212
Inteligencia artificial y justicia

raron casi 8,200,000 archivos; en 2022 ya pasamos a 10 millones;


y en 2023 llegamos a 10,230,000. Cada uno de estos archivos co­
rresponde a un caso con un trámite legal y son gestionados por la
Dirección General de Archivo y Documentación.
Indudablemente, este gran número de expedientes requiere
de un apoyo informático. En este sentido, el sistema mexicano
tiene cierto nivel de automatización. Por ejemplo, el sistema de
juicios en línea permite que los usuarios presenten demandas y
realicen trámites a través de varias plataformas. El sistema de
gestión judicial facilita el registro y el seguimiento de los casos
dentro de los juzgados. Algunos juzgados están experimentando
con sistemas de asesoría con inteligencia artificial, y algunos pode­
res judiciales de los estados cuentan con inteligencia artificial
para la transcripción automática de video a texto, así como para
plataformas de gestión documental con algoritmos que permiten
consultas de textos extraídos de imágenes y documentos digita­
les. Creo que la Suprema Corte cuenta con algunas herramientas,
como “JusticIA”, un chatbot buscador de resoluciones, y “Julia”, un
sistema de búsqueda jurídica.
A pesar de todos estos apoyos, en México la resolución de
una sentencia es exclusivamente responsabilidad del juez. En este
seminario, me parece que podemos avanzar en la reflexión sobre el
uso de la inteligencia artificial dentro del proceso de dictamina­
ción de sentencias.
Sobre la inteligencia artificial, también sería bueno aclarar que
nos referimos a un conjunto de sistemas que aprenden a partir de
datos externos, los interpretan y logran objetivos específicos a
través de cierta autonomía y adaptación. Lo que nos gustaría pre­
guntarnos es si se podrían implementar sistemas de inteligencia
artificial que intervinieran en la toma de decisiones al emitirse una
sentencia; si sería conveniente usarlos; y, de ser así, qué elemen­
tos deberían tomarse en cuenta para su implementación equitati­

213
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

va y transparente, así como para garantizar los principios del de­


bido proceso.
Para evaluar un caso hipotético, podrían ayudarnos algunas
líneas de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, así
como del pensamiento en ciencia de datos. Estos son enfoques crí­
ticos y estratégicos que se usan para resolver problemas, tomar
decisiones basadas en datos e identificar las variables sociales pre­
sentes en el diseño y el uso de las tecnologías. Estas líneas de in­
vestigación las desarrollamos en el Departamento de Modelación
Matemática de Sistemas Sociales, aquí en el IIMAS.

Alejandro Pisanty Baruch

Tengo un par de reflexiones sobre algunos de los puntos que ya


se mencionaron. Primero, creo que debemos tratar de avanzar en
cualquier regulación, normatividad, etcétera. Fue una gran aper­
tura la del doctor Cossío, basada en la ciencia y en la realidad. Hay
algunas grandes especulaciones en materia de lo que puede ser o
puede hacer la inteligencia artificial, pero también hay muchísi­
mos beneficios y daños que se pueden administrar, manejar y hacer
progresar con base en lo que ya sabemos, antes de caer en estas
enormes especulaciones.
Tengo el mal hábito de ver las reacciones a la innovación a
través de la lente del pánico moral, y no hay innovación que no haya
generado un pánico moral. La inteligencia artificial, naturalmen­
te, va a generar muchísimas reacciones. Hablo del algolemritmo,
como esta atribución de propiedades golémicas, monstruosas. Creo
que es muy importante que, como lo está haciendo la Corte y El
Colegio Nacional, nos acerquemos a todas y todos quienes están
produciendo inteligencia artificial y quienes pueden implemen­
tarla, no solo en la academia y la UNAM, sino también en distintas
entidades pequeñas que no son particularmente visibles en un
radar amplio, pero que están haciendo trabajos extraordinarios

214
Inteligencia artificial y justicia

usando inteligencia artificial. Estas entidades ya están pasando por


la experiencia de determinar cómo evitar la discriminación, los ses­
gos indebidos y cuál es el origen de los sesgos en la información.
Hay un trabajo de Ricardo Baeza-Yates, Bias on the Web, que
es realmente importante para entender que, a veces, le pedimos
a los sistemas de inteligencia artificial que hagan algo imposible:
que sean mejores que los humanos que los alimentaron.
Cuando los sistemas, por ejemplo, de sentencias semiautoma­
tizadas como COMPAS, hacen cosas mal, muchas veces no pode­
mos evitar irnos hasta los datos digeridos para darnos cuenta
de que, desde ahí, hubo prejuicios y discriminación. Y si volvemos
a ponerlo en manos de humanos, probablemente los prejuicios y
la discriminación serían peores que los del sistema automatizado.
Nos tranquiliza saber a quién reclamarle, pero sabemos suficiente
sobre los sistemas de justicia como para entender que estas recla­
maciones son todo menos prontas y expeditas.
Una política de inteligencia artificial tendría que pasar por
muchísima inversión, por hacer disponibles recursos públicos o
coordinados para la investigación y la innovación, y no solo estar
buscando cuáles son los frenos necesarios a los daños posibles y
reales de estas nuevas tecnologías. Creo que hay una discusión
interna entre la idea de regular todo desde arriba, como una gran
‘Norma para la Inteligencia Artificial’, de la cual deriven todas las
normas particulares, y lo que en Inglaterra han llamado las ‘ver­
ticales’, que es ir especialidad por especialidad, disciplina por
disciplina, viendo con qué herramientas ya se cuenta.
Mi ejemplo en este campo es el de los dispositivos médicos.
Tenemos una historia de regulación de los dispositivos médicos auto­
matizados que empieza desde la válvula del suero, que es un dispo­
sitivo médico automatizado intrusivo, que sirve para introducir
sustancias dentro de los cuerpos humanos. Ni el ISSSTE, ni el
IMSS, ni ninguna Secretaría de Salud, ni los particulares pueden
comprar cualquier objeto y conectarlo con una vena; tenemos

215
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

una normatividad, ahora radicada en la Comisión Federal para la


Protección Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS). Hay un siste­
ma en creación de tecnovigilancia que podría darnos una buena
base para decir qué novedad introduce la inteligencia artificial
sobre algo que ya conocemos. Esta novedad puede ser radical, es
decir, algo completamente nuevo, o puede ser que tengamos sim­
plemente un problema de automatización con mayor o menor
incertidumbre, en lo que tenemos que enfocarnos es cómo atri­
buimos una responsabilidad.
Una discusión cada vez más intensa en el ámbito de la inteli­
gencia artificial, que observo a nivel internacional, gira precisa­
mente en torno a algo que yo proponía desde hace cinco o siete
años, antes de la pandemia, en algunos seminarios del Instituto
Federal de Telecomunicaciones. Se trata de enfocarnos en la ley
de adquisiciones y la ley de responsabilidades, ya sea de funciona­
rios públicos o de responsabilidades civiles, entre otros aspectos.
En este contexto, quien adquiera un sistema de inteligencia arti­
ficial que cause daño, tiene la misma responsabilidad que el jefe
de compras de una dependencia pública que compra autos sin
bolsas de aire para prevenir colisiones. La primera vez que se com­
pran, y si no se sabía que era necesario, no hay responsabilidad.
Pero si ya se conoce el riesgo, entonces sí existe responsabili­
dad. Este enfoque nos brinda herramientas mucho más concretas
para trabajar.
Dos puntos rápidos más. Primero, la experiencia de gobernan­
za de Internet nos muestra la capacidad y la posibilidad —incluso
la facilidad— de construir sistemas de múltiples partes interesa­
das para este tipo de gobernanza. Esto requiere que los gobiernos
estén dispuestos a abrirse a la sociedad, la academia, los especia­
listas y las posibles víctimas de los malos resultados. Sin embargo,
estos sistemas se pueden construir. Lo hemos hecho eficazmente
en diversos temas de gobernanza de Internet, como ya se mencionó
con ICANN, aunque no es el único caso. Cada uno de estos sistemas

216
Inteligencia artificial y justicia

requiere un diseño institucional y organizacional diferente: dis­


tintos tipos de “dientes”, bases legales variadas y distintas ponde­
raciones entre los actores, entre otros aspectos.
Y, por último, el gran desafío es cómo sentar a la mesa a los
regulados. ¿Cuál es la amenaza, o la combinación de amenazas e
incentivos, que haría que una empresa productora de sistemas
de inteligencia artificial aceptara un proceso de coregulación?
Esto, sobre todo, para prevenir que llegue un proceso legislativo
mucho más vinculante y fuera de su control.

Caleb Antonio Rascón Estebané

Me parece interesante que, al comenzar a hablar del tema, lo ha­


gamos sobre qué podemos hacer en términos de regulación. Sin
embargo, antes de eso, me gustaría definir qué es la inteligencia
artificial. Desafortunadamente, definirla sigue siendo tan difícil
como definir lo que es la inteligencia en sí. No entraré en ese tema
filosófico, ya que sería un debate por sí mismo.
Pero me gustaría establecer un hecho: la inteligencia artifi­
cial, tal como se conoce popularmente en la actualidad, es bas­
tante diferente a lo que realmente sucede en los laboratorios de
computólogos como nosotros; específicamente, ese misticismo
que se le ha atribuido, de que la inteligencia artificial va a resolver
todo o va a destruir todo. Es interesante que sea un computólogo
quien tenga que decirles que esa es una forma muy binaria de ver
las cosas.
La inteligencia artificial, como todo lo que ha sido creación
del ser humano, es, al final, una herramienta para la humanidad.
Cómo se utilice o cómo se utilice mal sigue siendo responsabili­
dad del humano.
Estoy completamente de acuerdo con las presentaciones que
se han hecho hasta ahora. Al final, esta herramienta tiene que ser
precisamente eso: una herramienta, que puede automatizar y

217
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

hacer cosas muy buenas, pero también puede ser utilizada para
cosas muy malas. Sin embargo, no podemos multar a una compu­
tadora, porque a la computadora le es indiferente; no hay un sen­
timiento de responsabilidad por parte de la máquina. La respon­
sabilidad debe atribuirse a quien la utilice.
Me gustó mucho la analogía con el personal médico. En este
momento, se están utilizando muchas herramientas que automa­
tizan y ayudan en el diagnóstico de enfermedades. Sí, la compu­
tadora puede ahorrar una buena cantidad de tiempo, pero al
final, quien tiene la última palabra, quien emite el juicio, es el mé­
dico. Si este utiliza o utiliza mal esa herramienta, es el médico quien
es responsable de determinar si la tecnología se usó de manera
correcta o incorrecta. Definitivamente, hay muchas cosas que se
pueden resolver. Podemos demonizar o angelizar por completo
esta herramienta, pero, al final, sigue siendo solo eso: una herra­
mienta. A mí me gusta mucho la analogía del martillo. El martillo
puede construir cosas preciosas, pero también puede destruir.
Al final, no se demoniza al martillo, sino al carpintero que lo usa
o, en su caso, a quien hace cosas negativas con él.
De vuelta a lo que es la inteligencia artificial, desafortunada­
mente, existe este gran debate sobre qué es realmente. Desde un
punto de vista, se trata de un comportamiento inteligente que pa­
rece reaccionar como lo haría un humano. Sin embargo, es muy
importante establecer que es solo un comportamiento inteligente;
que haya algo que parezca pseudohumano, es una antropomorfi­
zación de nuestra parte, pero sigue siendo, al final, solo un compor­
tamiento. Por eso, para aquellas personas que están utilizando
ChatGPT o DeepSeek para buscar información, es importante
aclarar que están utilizando la herramienta incorrectamente.
ChatGPT y DeepSeek son muy buenos para generar lenguaje na­
tural que parece escrito por un humano, pero eso no garantiza
que la información sea correcta.

218
Inteligencia artificial y justicia

Lo cual me lleva al siguiente punto. Mucho de la inteligencia


artificial que estamos creando actualmente está basada en datos.
Todas las circunstancias que discutimos y que se basan en la rea­
lidad, dependen de esos datos. Sin embargo, no podemos asegu­
rar, al menos por ahora, que esos datos representen fielmente la
realidad. Esto es muy similar a lo que nos sucede como humanos
cuando leemos las noticias. Dependiendo de qué noticiero vea­
mos, tendremos una impresión de la realidad completamente dife­
rente a la de nuestros compañeros. Algo muy parecido ocurre
con los modelos de inteligencia artificial: dependiendo de los datos
que se les proporcionen, así será la decisión que tomen. El razo­
namiento que llevan a cabo para pasar del punto A al punto Z, y
por lo tanto justificar una decisión legislativa, debe ser analizado
con cuidado. ¿Cómo fue ese punto inicial? ¿Ese punto inicial par­
te de la realidad? ¿Está sesgado de alguna manera? Es a partir de
eso que debemos tener cuidado. El algoritmo trabajará con la in­
formación que se le entregue, ya sea buena o mala, y esa será la
base sobre la cual operará.
Me gustaría no hablar necesariamente de la inteligencia artifi­
cial per se, es decir, del algoritmo, sino también de lo que se le está
entregando para que tome decisiones. En este momento, desa­
fortunadamente, han surgido muchos problemas, muchos de los
sistemas que se acaban de mencionar tomaron decisiones inco­
rrectas, pero no porque el sistema en sí fuera necesariamente
erró­neo, sino porque la información que se le proporcionó partió
de un punto de vista muy sesgado o incorrecto. Por lo tanto, en
mi opinión, debemos ver la inteligencia artificial como un espejo
de nosotros mismos.
Cuando observamos que una persona hizo algo que nos pa­
rece malo, nosotros, como humanos, somos empáticos, emocio­
nales, pero también razonables. Nos preguntamos: ¿Qué llevó a
esa persona a hacer eso? A partir de eso, comenzamos a trabajar.

219
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

En ese mismo contexto, si la inteligencia artificial hizo algo


incorrecto, ¿significa que automáticamente vamos a desecharla
por completo? No. Lo que debemos ver es qué fue lo que suce­
dió. Ese es, precisamente, el proceso científico: entender qué ocu­
rrió, qué no ocurrió, cómo se puede mejorar y cómo se puede
perfeccionar.
Me fascina enormemente que me hayan invitado a este even­
to. Muchas gracias, porque es justamente el tipo de discusiones
que necesitamos llevar a cabo para encontrar ese compromiso y
punto intermedio de que la inteligencia artificial puede usarse para
cosas buenas y para cosas malas. Al final de cuentas, la inteligen­
cia artificial es una herramienta, y la persona que la utiliza es la
responsable. Si alguien usa una herramienta, se le otorga la res­
ponsabilidad de convertirse en un usuario experto de esa herra­
mienta. Si una persona se limita a usar lo que le entrega ChatGPT, lo
está haciendo de manera bastante irresponsable. Por lo tanto,
la responsabilidad recae en la persona, no en ChatGPT, DeepSeek
o cualquier otra inteligencia artificial.
Si vas a usar ChatGPT, está bien, pero utiliza todas las herra­
mientas disponibles y lleva a cabo una revisión exhaustiva de la
literatura sobre las herramientas para saber cuáles funcionan y
cuáles no, antes de llegar a una conclusión. Si eso no se hace, el pro­
blema no es la computadora, sino que estás trabajando en un área
en la que no eres experto o experta. Ahí es donde creo que debe­
mos depositar la responsabilidad.

José Ramón Cossío

Yo quisiera tocar, en esta primera intervención, cuatro problemas.


Primero, desde luego, las constituciones y los tratados interna­
cionales están construidos históricamente con base en la figura
de jueces humanos. Se pide una edad mínima, cierta experiencia,
entre otros requisitos. Entonces, el primer problema es si las

220
Inteligencia artificial y justicia

constituciones, los tratados internacionales y un juez humano


nos garantizan una decisión verdaderamente humana. Este me
parece que es un problema para nosotros, no tanto para ustedes
en el mundo de los sistemas, pero sí para quienes estamos en el
ámbito jurídico. ¿Podría, en un determinado momento, llevarse
a cabo todo un proceso de inteligencia artificial que produjera
una resolución? ¿O bastaría con que el juez dijera: “Yo asumo como
propio lo que la máquina ha emitido”?
El segundo problema es el de los sesgos, y dentro del Poder
Judicial también existen sesgos. Voy a poner un ejemplo: cuando
estaba en la Suprema Corte como ministro, tenía 45 personas a mi
cargo. Cuando llegaba un asunto delicado —por ejemplo, sobre
aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo, uso lúdico de
la marihuana o ciertos casos de homicidio—, yo podía asignar el
caso al secretario de Estudio y Cuenta que yo decidiera. No hay
ninguna condición de neutralidad en eso. Podía pensar: “En este
asunto quiero una sentencia más progresista, así que se lo doy a X”;
o “En este otro, quiero una sentencia más formal en términos jurí­
dicos, así que se lo doy a Y”. Ahí hay un sesgo, y ese sesgo, desde
luego, nadie lo puede percibir, nadie se da cuenta de que está ahí,
simplemente porque está oculto. Tampoco existe una neutralidad
perfecta en la acción judicial. Y, de repente, aparecieron unos sesgos
horrorosos en la inteligencia artificial. Este me parece un proble­
ma interesante que también debemos considerar.
El tercer asunto es justo el de la responsabilidad, y por eso me
pareció muy interesante. Hay una condición contractual entre
quien produce el sistema con el cual se van a realizar estas opera­
ciones y quien lo compra, adquiere o utiliza. Ahí también surge
un problema de descarga de responsabilidad. Por ejemplo, si me
venden un programa que, según dicen, contiene información ju­
risprudencial perfecta en ciertas condiciones y actualizada hasta
cierta hora —imaginemos que se trata de un sistema de leyes o
jurisprudencia—, yo lo uso confiando en que la información es

221
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

correcta hasta las 12 horas del día. Pero ¿qué pasa si hubo un prece­
dente importante o una reforma jurídica que no está reflejada en
el sistema? ¿Con quién es mi relación contractual? ¿A quién se le
ofreció esta condición? ¿Soy yo el responsable del resultado, o es
responsabilidad de quien generó los algoritmos y diseñó las con­
diciones de la inteligencia artificial? Este es un tema contractual
que, se puede reducir mucho más. No pensar que es una máquina
loca funcionando en condiciones de película de ciencia ficción,
esto es interesante.
El verano pasado hubo un caso muy importante en los Esta­
dos Unidos donde un abogado le pidió a ChatGPT que le redac­
tara una demanda, y ChatGPT inventó un precedente. El juez
preguntó: “¿De dónde salió el caso de John vs. Smith?” Y la res­
puesta fue: “Lo puso ChatGPT”. La culpa no es de ChatGPT, sino
de la persona que, irresponsablemente, asumió que ChatGPT
había generado un precedente válido y que este aplicaba. Enton­
ces, en estos casos, el tema de las responsabilidades también se
puede delimitar de manera más clara.
Y hay un último punto que me parece el más interesante de
todos, que es exactamente el lado contrario. Hoy en día, tenemos
jueces humanos absolutamente peculiares: listos, tontos, corrup­
tos, serios, inteligentes... hay de todo, como en cualquier profesión,
ya sea entre matemáticos, químicos o cualquier otro grupo. La pre­
gunta que yo me hago es: ¿Qué tendría que pasar socialmente para
que un día la gente prefiriera ser juzgada por una máquina, en lugar
de por estas personas? Ese me parece un problema súper intere­
sante. Que se diga: “Juzgar es una función natural humana”, pero
que, ante pésimos comportamientos, la gente llegue a pensar: “Sí,
pero yo preferiría que una máquina, con todos sus problemas, ses­gos
y dificultades, me juzgara, en lugar de este conjunto de personas”.
Dejo estos cuatro problemas planteados así, de manera general,
y luego los podemos desarrollar con más detalle. Pero creo que son
elementos centrales para entender esta condición.

222
Inteligencia artificial y justicia

Oliver Joaquín Giménez Héau

¿Qué impacto tendría la inteligencia artificial en la percepción


ciudadana sobre la imparcialidad y la transparencia? Me encanta
el ejemplo que usa el doctor Cossío sobre ¿en qué momento pre­
ferirían ser juzgados por un sistema? Sabemos que uno de los
problemas de estos sistemas es la opacidad. Es decir, hemos ha­
blado de que podemos entender que los sesgos provienen de los
datos con los que fueron alimentados, pero ¿qué sucede dentro del
algoritmo? En el momento en que se utilice en un sistema o en un
proceso judicial, tendríamos que conocer cuál fue el análisis que
realizó, paso por paso. Ahí surge también una pregunta que, si
quieren, podemos contestar más adelante, pero que básicamente
es: si el algoritmo es matemática, ¿por qué no es transparente? ¿Por
qué no es “dos más dos, igual a cuatro”?

Gabriela Sued

Me parece que podemos contestar estas preguntas en diferentes


niveles. Primero, podemos pensar que cualquier dispositivo tec­
nológico —ya sea un algoritmo para dictaminar justicia o el algo­
ritmo de Spotify— podría ser visto como una especie de objeto
cerrado, una caja negra que no sabemos cómo funciona y que,
además, está completamente separada de nosotros. Podemos pen­
sarlo de esa manera. Sin embargo, creo que una forma responsable
de definir cuándo la sociedad aceptaría que los aparatos dicten
justicia en lugar de los humanos es preguntarle directamente a la
sociedad. Por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos (OCDE) recomienda realizar encuestas
de percepción social sobre la inteligencia artificial para medir
hasta qué punto puede penetrar en una sociedad, ya sea para un
sistema que dicte justicia, para uno que realice diagnósticos mé­
dicos o para otro que sustituya procesos de trabajo humano. Las

223
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

respuestas de las sociedades pueden variar, dependiendo de a


quién se le pregunte.
También podemos verlo desde la perspectiva de la sociología
de la tecnología. Desde este enfoque, no vemos los aparatos como
algo separado de la sociedad, sino que entendemos que la socie­
dad está construida por la tecnología, así como la tecnología está
construida por decisiones sociales, en un proceso que se retroali­
menta constantemente.
Si vamos a usar un algoritmo para cualquier proceso social,
debemos tener claro que ese algoritmo, en algún punto, está fun­
dado en un orden social y, a la vez, debe reflejar el orden social
que deseamos construir. Por lo tanto, si queremos que nuestra so­
ciedad sea justa, siga siendo justa o comience a ser justa, necesi­
tamos un algoritmo que sea justo. Y si pensamos que ya tenemos
una sociedad justa, es probable que diseñemos algoritmos justos.
En este sentido, es muy importante preguntarnos: ¿Quién lleva a
cabo los desarrollos tecnológicos? ¿Es una empresa privada? ¿Es un
desarrollador del ámbito público? ¿Es un consorcio entre ambos?
¿Hay un organismo que audite estos sistemas? ¿Existe documen­
tación que garantice la transparencia?
Yo soy profesora, y supongamos que un día me asignan un algo­
ritmo para ayudarme a calificar a mis alumnos o a seleccionarlos
en un proceso de admisión. En ese caso, yo tengo que saber cómo
funciona ese algoritmo. No puedo tratarlo como un aparato con
dos interruptores que simplemente cambio y listo. Tengo que en­
tender cómo funciona.
Cualquier grupo social que vaya a usar un algoritmo en un
proceso de trabajo tiene que saber cómo funciona. Sin embargo,
no es tan fácil entenderlo, y eso requiere mucha responsabilidad.
Tal vez ni siquiera estemos en un estado de la tecnología donde
podamos saber exactamente qué nivel de transparencia tienen estas
herramientas complejas que utilizamos. Si no podemos saberlo
con precisión, al menos debemos entender a qué estamos renun­

224
Inteligencia artificial y justicia

ciando desde el principio. Quizás renunciamos a cierta transpa­


rencia para obtener otra cosa, y el equilibrio más o menos funciona.
O tal vez no funciona. Si no lo probamos, no lo podemos saber.
La primera opción es ver la tecnología como un aparato y pre­
guntarle a la gente hasta qué punto acepta que un aparato tome
decisiones. Por ejemplo, si estuvieran en una zona geográfica re­
mota sin un hospital de especialidades, pero tuvieran un sistema
experto que pudiera hacerles un diagnóstico rápido sin necesidad
de trasladarse a grandes costos o tiempos, y con una certeza del
95% o 98% de confiabilidad, ¿aceptarían ese diagnóstico? Si están
en zonas remotas, tal vez lo aceptarían, pero si estuvieran a unas
estaciones del metro del hospital general, probablemente preferi­
rían ir a ver a un doctor, entonces también tenemos desigualdad
de condiciones.
La cuestión del objeto —no la tecnología como objeto— es
preguntarle a la sociedad hasta qué punto está dispuesta a que un
objeto sustituya un proceso humano. Por otro lado, está la cues­
tión de la relación entre tecnología y sociedad como un todo,
donde ambos se influyen mutuamente y se construyen el uno al
otro. Sociedades justas necesitan algoritmos justos, y algoritmos
justos necesitan sociedades justas. Esta bidireccionalidad tal vez
nos ahorre la encuesta, que, por cierto, saldría muy cara, pero te­
nemos estas dos salidas.
No quisiera cerrar el tema sin notar que, hasta ahora, todas
las intervenciones sugieren que los humanos toman las decisio­
nes finales, y que las herramientas son solo un apoyo para esas
decisiones. Esto entra en cierta contradicción con la idea de que
la gente permitiría que un aparato tome decisiones automatiza­
das, porque nosotros mismos estamos afirmando que el humano
tiene la última palabra. Es muy probable que la persona en una
zona geográfica remota, buscando un diagnóstico, diga: “Quiero
un sistema experto, pero pónganme en contacto con un médico,
y que entre los dos tomen la decisión”.

225
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

Oliver Joaquín Giménez Héau

Quisiera preguntar justamente sobre este asunto: ¿qué tanto pode­


mos confiar en la tecnología? Y, sobre todo, si se considera que se
genera un pánico ante las nuevas tecnologías, ¿hasta qué punto
podríamos confiar en la inteligencia artificial dentro del ámbito ju­
dicial? Pensemos, por ejemplo, en ciertos asuntos mercantiles,
como multas o acuerdos financieros, donde los riesgos pueden
ser más manejables. No hablo de cuestiones que involucren dere­
chos humanos, donde los sesgos pueden ser muy peligrosos.

Alejandro Pisanty Baruch

No puedo dejar de comentar el privilegio que es participar en una


discusión como esta y escuchar a las y los demás participantes.
Permítanme comenzar por darle la vuelta a uno de los aspectos
de la excelente respuesta de Gabriela Sued.
Imaginemos que, en lugar de recibir una máquina o un algo­
ritmo para tu computadora que te ayude a calificar exámenes, tu
facultad te informa que te van a evaluar como docente a través de
un sistema de inteligencia artificial. Este sistema incluye una cá­
ma­ra en el salón de clases, acceso a los archivos con los que cali­
ficas, a los mensajes que intercambias con tus alumnos y, de manera
automatizada, determinará la renovación de tu contrato. No solo
querríamos saber cómo funciona el sistema, sino que también que­
­­rríamos tener intervenciones en muchos más aspectos del sistema.
La respuesta más general —aunque no por eso sencilla, ya
que implementarla es sumamente difícil— puede centrarse en el
concepto de proporcionalidad. Proporcionalidad entre distintos
factores, principalmente riesgo, costo y beneficio. Este es el enfo­
que de la Unión Europea, aunque creo que la implementación de
la normatividad llevará a caminos muy complicados. Pero lo fun­
damental es preguntarse: ¿de qué tamaño es el riesgo? Si se ponen

226
Inteligencia artificial y justicia

en juego vidas humanas, quieres un sistema sumamente bien cali­


brado, objetivo y mejor que los humanos; es decir, suprahumano.
Sin embargo, ya hay sistemas de sentencia automatizados que se
están aplicando en México en este momento. Un ejemplo es el
lec­tor de placas en los radares de velocidad, que antes se llamaba
“algoritmo de lectura de caracteres”. De repente, cuando dejó de
ser vergonzoso usar la palabra ‘inteligencia artificial’, todo lo que
antes era machine (máquina).
En esto estoy completamente de acuerdo con Caleb: necesita­
mos saber de qué estamos hablando cuando hablamos de inteli­
gencia artificial. Hay millones de sistemas en uso actualmente. Una
gran parte de la productividad en biología molecular, química
cuántica, dinámica de fluidos e ingeniería utiliza distintas formas
de inteligencia artificial. Actualmente, los lectores de placas auto­
matizados que se usan para enviar multas o castigos sociales se
basan en inteligencia artificial. ¿Por qué los aceptamos sin que
haya una rebelión? Porque lo peor que puede pasar es una multa
mal puesta de 600 pesos. Además, el problema principal con esos
sistemas automatizados no es la lectura de placas, sino el dispara­
dor basado en la velocidad, que a veces se activa incluso si no llevas
exceso de velocidad; y que no tiene la tolerancia que un agente de
policía humano podría tener.
Con esto voy a lo que creo que es el nudo más importante, la
contribución más significativa, de la discusión actual sobre inteli­
gencia artificial, como antes lo fue —y sigue siendo— la de Internet.
Este debate pone el reflector en la verdadera esencia del proble­
ma: un problema, como muy bien lo describe Gabriela, mejor que
nadie, de interacción entre la sociedad y la tecnología. La tecno­
logía es un producto social, y la sociedad puede tener mayor o
menor control sobre ella. Resulta que, donde menos se intenta
controlarla, más se innova, y luego nos encontramos con los pro­
blemas. Donde se intentan prevenir los problemas, como en la
regulación europea, la innovación no surge con la misma fuerza.

227
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

Como digo: “Facebook hate is the new ‘Yankee, go home’” (el odio
en Facebook es el nuevo “Yankee, ve a casa”). Siempre hay un
nuevo “imperialismo Yankee” del cual quejarnos, pero no pode­
mos dejar de consumirlo.
Lo que esto nos dice es: ¿qué queremos como sociedad y cómo
podemos tomar control de ella? Necesitamos sistemas multistake-
holder, sistemas de coparticipación y cogobernanza. También es
crucial que la innovación surja de nuestra propia sociedad, invir­
tiendo de manera más agresiva en desarrollar, difundir y adoptar
la innovación de la que somos capaces, en lugar de depender úni­
camente de actores externos. Porque, en última instancia, si les
decimos: “Voy a meter al bote (la cárcel) a tus ejecutivos”, sim­
plemente retirarán sus oficinas de México, como ya lo han hecho
en muchos otros países.

Oliver Joaquín Giménez Héau

También quería preguntar, además de toda esta conversación tan


enriquecedora que se ha generado: ¿ya no se puede confiar en el
audio o en la imagen? ¿Nunca se pudo, o va a ser peor?

Caleb Antonio Rascón Estebané

Antes de llegar a ese tema, debo decir que el problema de estar en


un panel con tantas personas interesantes es que tengo muchas
cosas que me gustaría comentar en mi intervención. Pero antes,
sí me gustaría hablar sobre esta idea de la interacción contractual
con la persona que está utilizando la inteligencia artificial.
Me pareció muy interesante la propuesta de que, en lugar de
tener un contrato con la empresa que desarrolla el sistema —y
que afirma tener el 100% de la información actualizada—, pudié­
ramos tener un contrato con la biblioteca, que también tiene la
intención de mantenerse actualizada. Al final, siempre habrá per­

228
Inteligencia artificial y justicia

sonas que digan: “Esto va a ser 100% confiable”. Si lo dicen en su


material de mercadotecnia, no les crean. Si afirman que es 100%,
automáticamente pueden pensar: “Eso no es cierto, no le pongan
atención”.
Pero cuando hablamos de esta interacción contractual, creo
que podemos utilizar otras formas regulatorias para basarnos en
ello. Si queremos argumentar: “Tú me vendiste esto, y por eso
tomé una decisión incorrecta, pero se me dijo que era confiable”,
entonces la interacción queda entre la persona que tomó la decisión
y el contrato. Al final, como la persona que tomó la decisión, la
responsabilidad recae en mí, yo confié, y el que firmó fui yo. Des­
pués de esa firma, y de que me caiga la responsabilidad, enfren­
taré las consecuencias. Pero parte de esas consecuencias implica
que debo preguntarle a la empresa: “¿Qué pasa con tu sistema?”
Se podría trabajar en términos de proporcionalidad, de una ma­
nera que considero más orgánica.
En términos de lo que estamos hablando, y sí me gustaría ya
abordar el tema, el problema más complicado de la inteligencia arti­
ficial, además de la generación de datos, es la opacidad. El hecho
de que estos sistemas computacionales, a los que les decimos qué
hacer, entregan una decisión sin que entendamos cómo llegaron
a ella, surge la cuestión: ¿Cómo es posible que yo le dije a la compu­
tadora qué hacer y ahora no sé cómo llegó a esa decisión?
El problema principal radica en la enorme cantidad de pará­
metros que involucra una red neuronal, esta técnica, al final, es una
ecuación enorme. Una ecuación con millones, si no es que miles
de millones de parámetros o variables. Cada uno de esos paráme­
tros realiza una operación muy pequeña, pero, al final, todas esas
pequeñas operaciones combinadas resultan en una decisión. A par­
tir de la ecuación, se podría decir qué fue lo que sucedió. Sin em­
bargo, estamos hablando de millones, incluso miles de millones
de parámetros. Explicar cómo interactúa cada variable con las de­
más, millones de veces, es una tarea monumental. Irónicamente,

229
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

tendríamos que utilizar inteligencia artificial para poder explicar


la inteligencia artificial.
Muchos de los sistemas que se han mencionado no están ba­
sados en redes neuronales profundas ni en aprendizaje profundo.
Están construidos con sistemas de expertos o sistemas de razona­
miento, donde el proceso es claro: “De aquí a aquí, es por esto; de
aquí a aquí, es por aquello”, y así van dando una explicación paso
a paso. Recientemente, salió un sistema llamado DeepSeek, que
es un competidor de ChatGPT. Lo que más se destaca de él es
que es más pequeño que ChatGPT, pero algo que me parece muy
interesante —y que desafortunadamente casi no se menciona—
es que DeepSeek, cuando le haces una pregunta, te entrega su ra­
zonamiento.
Actualmente, hay un esfuerzo en el área de la inteligencia arti­
ficial por incorporar lo que conocemos como “explicabilidad” en
nuestros modelos. Por ejemplo, en el caso de una red neuronal
que reconoce a una persona en una foto, hay sistemas que, ade­
más de decirte si hay una persona o no, te explican cómo llegaron
a esa conclusión. Dentro de esa ecuación gigantesca, hay ciertos
parámetros que indican, por ejemplo, que la red identificó algo que
se parece a una cabeza y otra cosa que parece una mano. Estos
esfuerzos por lograr la explicabilidad muestran que, aunque la
opacidad es un reto presente, no es algo que la comunidad esté
ignorando. Al contrario, es un tema que nos interesa mucho abor­
dar y resolver.
Lo que me gustaría abordar, específicamente en relación con la
aceptación de la sociedad, es que muchos de nosotros nos hemos
subido a un elevador o a un carro, y ambas son circunstancias que
pueden ser mortales. Pero ¿sabemos cómo funciona un elevador?
¿Sabemos cómo funciona un carro? Me gustaría introducir aquí
que no siempre lo más importante es la explicabilidad. Sí es im­
portante, especialmente cuando la tecnología es nueva y más aún
cuando involucra circunstancias que pueden poner en riesgo a las

230
Inteligencia artificial y justicia

personas, eso no queda en duda. Sin embargo, creo que también


debemos considerar que, cuando la tecnología ha sido probada
repetidamente y se ha demostrado que funciona, llegará un mo­
mento en que la sociedad dirá: “Está bien, ya ha pasado suficiente
tiempo”.
Por ejemplo, en 1920, me habría asustado subir a un avión.
¿Quién se iba a subir a uno? ¿Quién sabe cómo despega o aterriza?
Actualmente, volar es una de las cosas más normales del mundo
en términos de transporte. También dejamos que adolescentes se
suban a una caja de metal de varias toneladas para conducir un
carro. ¿Pero qué hacemos? Los mandamos a una escuela de ma­
nejo y confiamos en que el carro va a funcionar.
Definitivamente, la inteligencia artificial está en una etapa muy
temprana, y tenemos que probarla y llegar a ese nivel de confian­
za. Sin embargo, creo que nos toca como computólogos entregar
herramientas y circunstancias que sí funcionen.
Muchas de las cosas que se están comercializando hoy en día
que le llaman como inteligencia artificial —incluso me he encon­
trado con tostadores que dicen tener IA—, en realidad no la nece­
sitan. ¿Para qué necesitas un tostador con inteligencia artificial?
Actualmente, se está abusando de este término para vender más, y
eso es desafortunado. Esperemos que llegue un momento en el que
se deje de lado la mercadotecnia y se entreguen soluciones real­
mente confiables. Bueno, no necesariamente confiables desde el
principio, pero sí probadas y validadas. Sin embargo, eso va a tomar
mucho tiempo para que suceda.

José Ramón Cossío

Mi pregunta va en otra dirección. No es tanto de lo que se puede


hacer con los sesgos, sino de qué tendrían que hacer —o seguir ha­
ciendo— los juzgadores para que la sociedad, más allá de las en­
cuestas, se pregunte: ¿Por qué necesito que estas personas estén

231
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

aquí? Es decir, este me parece un problema no tanto del lado de


ustedes, que lo tienen mucho más claro, sino del lado social, como
un elemento de esta naturaleza.
Imaginemos un juicio de divorcio a través de una inteligencia
artificial. Este tiene varios problemas: hay que disolver la socie­
dad conyugal, establecer la separación de bienes, definir las cus­
todias, entre otros. Podría generarse un modelo en el que, lo que
llamamos el actor —la persona que presenta la demanda—, quiera
divorciarse y se establezcan todos los parámetros necesarios: “Esta
propiedad se divide a la mitad, los hijos tendrán este régimen de
visitas, estas custodias”, etcétera. La máquina establecería una sen­
tencia y, desde ahí, generaría notificaciones automáticas al banco,
al registro público de la propiedad, a las escuelas, etc. ¿Está bien?
¿Es factible? Tal vez un día lo sea. Pero la pregunta clave es: ¿qué
tendrían que hacer los jueces para que esto ocurra?
Entiendo perfectamente el caso del elevador, pero la mitolo­
gía es lo más esencial, porque siempre se dice que lo más esencial
del ser humano es juzgar a sus semejantes. Yo estuve 15 años como
juez y 5 años antes con el presidente de la Corte, Ulises Schmill,
así que conozco muy bien esta retórica. Ese es el asunto: lo más
esencial de un ser humano, de la humanidad, es juzgar a sus pares.
Por eso, sobre esa mitología está lo que estoy planteando. Este
es un problema no tanto para ustedes, sino para nosotros.
El segundo tema que me gustaría abordar es el de las respon­
sabilidades, porque alguien tuvo que haber construido este sistema.
No es un elemento autogenerado de la naturaleza que cayó como un
meteorito; alguien lo construyó. Puede haber sido el Estado, una
empresa privada o incluso una colaboración entre ambos. Y ahí sí
hay una condición —si no quieren llamarla contractual para no
entrar en el ámbito del derecho privado—, pero sí hay una relación
jurídica. Es decir, tú me entregaste un sistema en el que, bajo la
noción de “explicabilidad”, me dijiste que el sistema hacía A, B o
C, y luego surgen problemas de responsabilidad. Esto es algo que

232
Inteligencia artificial y justicia

hemos vivido constantemente en el derecho; probablemente es


uno de los temas más recurrentes. Tú me dijiste que el sistema
tenía información actualizada, que realizaba ciertas operaciones
y que no tenía sesgos, eso quedó especificado o establecido. Pero
cuando la máquina empieza a actuar, cuando comienza a proce­
sar, se producen errores.
Pensemos en el caso del abogado en los Estados Unidos. Él po­
dría volverse contra ChatGPT, pero ya se generó una relación entre
el juez y este abogado. El resultado fue que el Estado lo expulsó de
la barra de abogados; ya no puede ejercer. “Es que la máquina dijo”,
pero él debió haber tenido la precaución de revisar si el prece­
dente existía. Entonces, primero hay una relación entre el juez y el
abogado, y luego hay una relación entre el abogado y ChatGPT,
que, por cierto, lo usa a pesar de los disclaimers (las adverten­
cias) que tiene, que nunca dice que está diseñado para generar de­
mandas. Así, entramos en cuestiones de relaciones jurídicas que,
aunque hoy nos parezcan novedosas, no lo son tanto. A lo largo
de la historia del derecho, ha habido muchos casos similares.
Un ejemplo muy simple es el de la segunda mitad del siglo XIX en
Francia, donde se generó el concepto de responsabilidad objeti­
va, que no existía antes. Si a una persona le explotaba una caldera y
mataba a más personas, eso no estaba contemplado en el Código
Napoleónico de 1804. Las cosas, por su propio riesgo o velocidad,
pueden producir daños. ¿Quién es el culpable? Nadie es culpable
directamente. El elemento, por su propia operación, genera una
condición de riesgo, y esa condición de riesgo se le atribuye a X,
Y o Z.
Lo que quiero decir es que las responsabilidades están claras.
En lugar de asustarnos, lo que debemos hacer es preguntar: ¿Quién
hizo esto? ¿Quién lo vendió? ¿Bajo qué parámetros de diseño?
¿Bajo qué parámetros operativos? ¿Se siguieron los protocolos
que el sistema establecía para su uso? Eso es lo que quería decir
en este caso.

233
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

Respecto a otro de los temas, yo partía de la idea de decir:


los seres humanos —insisto, esto me parece un problema fasci­
nante—, más allá de las encuestas, estamos dispuestos a que nos
juzgue una máquina porque los jueces, en algunos casos, no son
buenos. Ese es un problema súper interesante para mí en este
sentido.

Gabriela Sued

El ejemplo del divorcio me pareció muy interesante. ¿Cómo tra­


taría el algoritmo a una doctora postdoctorante que se quiere di­
vorciar? ¿La trataría como una doctora que trabaja o como una
doctora que tiene un subsidio a la investigación? ¿Cómo la trata­
ría el juez? A lo mejor el juez me dice: “Le doy un 20% de cuota
alimentaria. Mire, doctora, usted tiene un currículum impresio­
nante, está doctorada y es una profesional”. Y yo respondo: “Juez,
yo no trabajo, tengo un subsidio a la investigación”. Entonces el
juez argumenta: “Bueno, pero con su formación, doctora, puede
conseguir un buen empleo. Es una profesional capacitada, se le
dará el 20%”. El juez me ha dado una razón.
¿Y el algoritmo? ¿Cómo trataría el algoritmo a las y los post­
doctorantes? Hay que preguntarle a la empresa cómo pondera la
formación postdoctoral en su algoritmo. ¿Trabaja el postdocto­
rante? ¿Es un trabajo? No, no recibe carga social, no es un traba­
jo. Entonces, si lo estamos tratando como si fuera un trabajo, está
mal. El día que el juez me dé una explicación y el algoritmo me
dé la misma explicación que el juez, creo que la sociedad estará
preparada. Pero si el algoritmo y el juez no me dan el mismo nivel
de explicación, será difícil que la sociedad lo acepte.
El caso de la beca postdoctoral es típico, porque siempre esta­
mos en una nebulosa dentro de otra nebulosa. Y dudo que el algo­
ritmo tuviera en cuenta que una esposa que se quiere divorciar es
una postdoctorante.

234
Inteligencia artificial y justicia

Alejandro Pisanty Baruch

Me parece que, como dije antes, estas discusiones nos ayudan a


llegar al meollo del asunto, algo que normalmente evadimos, evi­
tamos o damos por sentado. Como decía el presidente Clinton en
un tema relacionado con la gobernanza de Internet: “Yes, we are
stumbling, but we are stumbling forward” (sí, nos estamos trope­
zando, pero estamos tropezando hacia adelante). Tenemos que
avanzar con soluciones imperfectas para problemas extremada­
mente complicados.
Hace unos años, al salir de la Dirección General de Cómputo
Académico, tomé un sabático y me contrató un fideicomiso que
apoyaba la modernización de tribunales y juzgados. La función
era de vigilancia y acompañamiento en la automatización, espe­
cíficamente en la reproducción del sistema de juicio en línea del
entonces Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativo.
A partir de eso le puedo responder al doctor Cossío diciendo: “Pri­
mero, pónganse de acuerdo los legisladores y los jueces”. Fue un
gran aprendizaje, aunque muchos de ustedes podrían pensar: “Qué
tipo tan ignorante”. Pero, por ejemplo, hubo un momento en el
que había que decidir en el sistema, cómo diseñar una pantalla en
la que un botón que decía “sí” y otro que decía “no”. Literalmente,
un botón podía significar “culpable” o “inocente”, o “gana A” o
“gana B”. Se llevó un año entre dos magistrados del tribunal deci­
dir cuál era la resolución correcta, porque el problema legal tenía
tantas aristas que no se sabía siquiera cuál era la solución consti­
tucional o cuál de las dos opciones era inconstitucional.
Entonces, entramos inocentemente a ese proceso pensando
que los juicios se resolvían de manera binaria: gana A o gana B. Pero
descubrimos que tenían siete posibles finales: gana A, gana B, gana
un poco A, gana un poco B, se archiva, se agrega a otra causa, o se
separa en distintas causas. Entonces la pantalla no es binaria, sino
que tiene siete posibles finales —de los cuales cinco o seis implican

235
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

que el juicio continúa, se une a otro caso o se separa—, entonces


la complejidad aumenta.
Yo entré a ese sistema inocentemente diciendo: “La ley es algo­
rítmica”. La ley, por necesidad de la humanidad, tiene que ser
algorítmica. Debe tener definiciones muy precisas de sus térmi­
nos y de sus procesos. Esto lo hemos aprendido también cuando
hemos tratado de resolver problemas por analogía, por ejemplo, al
decir: “Bueno, el phishing es como el fraude”. Pero no, en el ámbito
penal las cosas deben tipificarse con toda precisión. Y por eso
tenemos jueces, juzgados de circuito, tribunales colegiados y una
Suprema Corte: porque estas cosas no son tan fáciles de decidir.
El caso del divorcio, creo que todos sabemos, es uno de los más
delicados y sutiles, porque depende de factores que solo el juzga­
dor podrá ponderar para determinar cuál es la solución realmente
justa. ¿Quién no está cumpliendo con lo que debería hacer según
la ley?
Tratando de aterrizar esto en otros aspectos de la discusión,
quiero mencionar rápidamente dos temas: el problema de la expli­
cabilidad y el problema de la alfabetización.
El problema de la explicabilidad es más complejo de lo que
parece a primera vista. Como lo mencionó Caleb, muchos de es­
tos sistemas tienen un componente probabilístico o incluso un
elemento de aleatoriedad. En esos casos, es muy difícil rastrear,
dentro del sistema, cómo se llegó a una decisión específica. Algo
que sí podemos hacer es el cómputo numérico, con el que sabe­
mos exactamente de dónde salió cada número, de dónde salió la
decisión. Hasta donde yo sé —y aquí los expertos son ustedes—,
hay dos enfoques principales para abordar la explicabilidad. Uno
es constreñir el sistema para que solo tome decisiones que sean
explicables. El otro es extraer la explicabilidad de un proceso
que es más bien bayesiano o de ingeniería inversa, lo cual puede
integrarse en el propio sistema.

236
Inteligencia artificial y justicia

Si las cortes, por ejemplo, deciden comprar sistemas en los


que se impone un criterio de explicabilidad, van a restringir el
universo de sistemas y proveedores disponibles. Incluso podría
haber alguien que diga: “Tengo el mejor sistema para las cortes,
pero no puedo garantizar el nivel de explicabilidad que exigen.
Es algo sobrehumano, así que ni siquiera presentaré mi producto
al concurso”. Este es, sin duda, un tema espinoso.
El segundo punto, que Gabriela mencionó de manera muy
enfática, es la importancia de conocer el sistema y entender cómo
funciona. Como dijo Caleb, no sabemos cómo funciona una li­
cuadora, no sabemos cómo funciona un coche, no sabemos cómo
funciona un elevador, y aun así exponemos vidas en ellos. El cos­
to más alto que ha tenido nuestra sociedad, y esto es una reflexión
personal, es no haber educado debidamente a generación tras ge­
neración, especialmente en este tipo de temas.
Una de las tendencias más fuertes en este momento, particu­
larmente en los requerimientos que están entrando en vigor en la
Unión Europea, es la literacy, es decir, la alfabetización o el cono­
cimiento de la materia. Todas las empresas o entidades que utili­
zan sistemas de inteligencia artificial tienen la obligación audita­
ble de alfabetizar a su personal, de proporcionarles información
suficiente para el uso adecuado de estos sistemas.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Muchas gracias, doctor. Creo que hay una idea muy fuerte e im­
portante en lo que ha mencionado: que la justicia no es algorítmica.
Esto nos da mucha claridad y, sin duda, el tema de la alfabetiza­
ción es fundamental, especialmente al considerar la brecha digital
que existe en nuestra sociedad. También es una cuestión que nos
han planteado.

237
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

Caleb Antonio Rascón Estebané

Lo que mencionó Alejandro es muy importante, porque cuando


hablamos de una tecnología X o Y, y, cómo es aceptada en la so­
ciedad, normalmente esto ocurre primero porque se puede enten­
der más o menos cómo funciona, pero también por los beneficios
y costos que implica.
Puse, tal vez de manera ingenua, el ejemplo del carro, pero al
fin y al cabo no permitimos que alguien que no sepa manejar se
suba a uno. Hay una licencia de por medio, hay un proceso legal que
dice: “Tú solo puedes operarlo si cumples con estos requisitos”.
Entonces, definitivamente, la parte de la comunicación —cómo
funcionan las cosas— es crucial. Pero no solo se trata de entender
cómo funcionan, sino también de conocer los aspectos positivos
y negativos. Por eso, como computólogos y académicos, también
nos toca participar en la difusión de este conocimiento. Debemos
estar diciendo qué es lo que está sucediendo: “Tengan cuidado
aquí, tengan cuidado allá. Esto nos puede ayudar en este aspecto,
pero también en aquel”. Eso es por lo que debemos participar más
activamente. Y, por eso, qué bueno que se haya realizado este
evento, justamente para fomentar este proceso de difusión.
Ahora, lo que también me interesa destacar es el tema de la
confianza y la alfabetización. Porque creo que no solo impacta en
el ámbito de la ley, sino también en la sociedad en general. Esto
está relacionado con la pregunta que me hiciste anteriormente:
la inteligencia artificial no solo puede utilizarse para ayudar en la
toma de decisiones, sino también para generar datos con los cua­
les trabajar.
Y eso, desafortunadamente, tiene dos problemas muy fuer­
tes, ambos igual de terribles en mi opinión. Primero, la creación
de evidencia que podría enviar a una persona inocente a la cárcel,
creo que es horrible que eso pueda suceder. Pero, desafortunada­
mente, los malhechores podrían aprovechar el misticismo alre­

238
Inteligencia artificial y justicia

dedor de la generación de datos para presentar videos o audios


falsos, diciendo: “Aquí hay un video, aquí hay un audio que demues­
tra que tú dijiste que harías algo malo”. Y entonces, la persona acu­
sada podría argumentar: “No, eso fue generado por inteligencia
artificial”. Esto podría llevar a desestimar evidencia real en el
proceso.
Con esto, me parece que estamos jugando con fuego. Actual­
mente, también se están desarrollando herramientas que pueden
identificar si ciertos datos fueron generados o no, es decir, si son
reales o falsos. Porque, para bien o para mal, los sistemas de gene­
ración de datos —ya sea de lenguaje natural, audio o video— están
encontrando un límite.
Ya se está viendo que, para alcanzar niveles en los que un hu­
ma­no no pueda distinguir si algo es falso, o en los que otros sistemas
no puedan detectar la falsedad, se requiere, al menos por ahora,
el doble de la información que ha creado la humanidad. Por lo
tanto, ya se está llegando a ese límite. Ya se está advirtiendo que
no es tanto la habilidad o los recursos computacionales lo que li­
mita la creación de estos modelos, sino los datos disponibles para
generarlos. Ahora, esto no significa que ya les hayamos ganado.
Definitivamente, hoy en día, si uno escucha una voz clonada
de alguien más, incluso una persona como yo, que me he dedicado
a trabajar con audio, puede llegar a pensar: “Híjole, eso ya está muy
cerca de la realidad, no puedo detectar si es verdad o no”. Afortu­
nadamente, mi trabajo es crear herramientas que ayuden a esa
detección, porque, aunque los sistemas han avanzado, siguen
sien­do imperfectos, siguen introduciendo ciertos artefactos que
los delatan. Para aquellas personas que han visto videos generados
hoy en día con inteligencia artificial, es común escuchar comenta­
rios como: “Mira, están muy cerca, pero ¿qué pasa con su mano?”
o “¿Qué pasa con ese movimiento?” Todavía hay ciertos detalles
que no están del todo bien. Y uno podría decir: “Ah, solo falta

239
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

refinarlo”. Sí, pero ¿qué vas a utilizar para ese refinamiento? Esos
datos son los que ya están encontrando un límite.
Es decir, no se preocupen, estamos trabajando en ello para
ayudarles. Pero creo que esto también conecta con algo muy im­
portante que mencionó Alejandro: una forma de abordar el proble­
ma es echándoles la mano desde nuestra parte y jugando fuego
con fuego en ese sentido. Pero creo que la mejor manera de en­
frentar este problema es a través de la información y la alfabetiza­
ción de la sociedad.
Es crucial que la sociedad esté consciente de que algo puede
ser falso o verdadero. Que digan: “Déjame investigar más, déja­
me ser crítico y escéptico con lo que estoy viendo en las redes so­
ciales”. A partir de eso, podemos ayudar en este proceso, creo
que eso será lo más efectivo. Por eso me gusta mucho participar
en este evento, porque definitivamente este es parte del proble­
ma que tenemos que resolver.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Haremos una ronda final para que puedan dar sus opiniones de
cierre.

Gabriela Sued

Además de recordar esta relación bidireccional entre la tecnolo­


gía y la sociedad, y viceversa, también es crucial recordar que las
tecnologías están integradas en redes con las personas. Entonces,
¿cuál es la red que forma parte de un algoritmo para dictar sen­
tencias? Es una red muy amplia. No solo incluye a la empresa
contratista, al juez y al algoritmo, sino también al acusado, al
abogado del acusado, a la sociedad en su conjunto y al tiempo que
se ha invertido en trabajar con algoritmos predictivos en la toma
de decisiones.

240
Inteligencia artificial y justicia

Todo esto construye una percepción social sobre los algoritmos


de dictaminación. Y, ojo, esa percepción no es positiva. En gene­
ral, existe la idea de que estos algoritmos están sesgados. ¿Qué
intentará hacer el abogado del acusado si hay una percepción so­
cial de que el algoritmo está sesgado? La red es amplia, y es nece­
sario observar a todos los actores involucrados.

José Ramón Cossío

Hace algunos años, en El Colegio Nacional, junto con Erika Pani,


historiadora de El Colegio de México, y Pablo Mijangos, hicimos
un trabajo interesante sobre qué pasa con el derecho en momen­
tos de enorme cambio social, especialmente cuando aparecen
nuevas tecnologías o se viven transformaciones significativas.
El libro, publicado por El Colegio de México, muestra algo
interesante: el derecho comienza a trabajar con analogías para in­
corporar fenómenos nuevos en categorías más o menos conocidas.
Yo puse un ejemplo que trabajé ahí: ¿qué pasó en la Inglaterra
industrial, durante la Revolución Industrial, la primera vez que
una máquina de vapor atropelló a una persona? Seguramente, la
viuda, los hijos o los familiares fueron con el juez y le dijeron: “Fí­
jese que un aparato, artilugio o instrumento atropelló a mi padre”.
Y el juez debió pensar: “Oiga, yo no tengo ningún precedente para
esto. ¿Qué hacemos? ¿Queda impune o se responsabiliza a alguien?”
Entonces, probablemente pensó: “Esta máquina se parece a una
carreta”, y comenzó a construir analogías, a asignar responsabi­
lidades y a establecer marcos legales.
Cincuenta años después, con lo inteligentes y buenos que son
los jueces ingleses, debieron tener este cuarto lleno de preceden­
tes, distinciones y subdistinciones. Yo creo que estamos en una
condición similar. Lo que estamos haciendo aquí es operar ana­
lógicamente —no en el sentido técnico que ustedes manejan, sino
en el sentido de decir: “Esto se parece a esto, esto no, esto tiene

241
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

que ver con aquello, esto es un contrato mercantil, esto es una


relación civil, esto es una regulación”. Entonces, empiezas a en­
tender, y esta es la parte que, como persona del mundo del dere­
cho, me parece más interesante.
Esto es, creo, lo más valioso este seminario, es decir, empe­
cemos a ver con qué analogías podemos trabajar. Seguramente,
dentro de unos años, todo lo que hemos dicho aquí les parecerá
que estábamos en la prehistoria, inventando la rueda. Pero, para mí,
esa evolución es muy interesante.
Y, para cerrar con algo de optimismo, quiero destacar que estas
discusiones son relevantes porque el cambio avanza tan acelerado
y vienen tantos problemas de justicia —no solo en México, sino en
el mundo— debido a lo que estamos viviendo: un cambio de épo­
ca. Por eso, me parece crucial entender qué es lo que le estamos
proporcionando a la justicia para que cumpla su función principal,
que es resolver conflictos mediante sentencias.

Alejandro Pisanty Baruch

Para mí, la inteligencia artificial es un campo tan diverso y variado,


por ejemplo, Caleb me acerco a él con ciertas precauciones. A mí
me resulta muy útil un esquema en el que traslado, a través de seis
factores, prácticamente todo lo que vemos en Internet y que nos
sorprende, ya sea de manera favorable o desfavorable. Estos fac­
tores me ayudan a separar el componente disruptivo de Internet
de los precedentes conocidos, con o sin tecnología. Los factores
son: la masificación o hiperescala, la aceleración, el manejo de la
identidad, los aspectos transnacionales y transjurisdiccionales,
la reducción de barreras y fricciones, y los efectos de memoria y
olvido. Creo que vamos a acabar por encontrar un esquema de
este tipo en inteligencia artificial que nos permita razonar por
analogía —mientras la analogía sea sensata y útil—, pero también

242
Inteligencia artificial y justicia

identificar dónde la analogía se rompe y necesitamos algo com­


pletamente innovador.
Repito mi agradecimiento por la invitación. Realmente es un
privilegio participar en estas discusiones, donde uno puede ver
cómo, literalmente en el aire, se materializan nuevas ideas a par­
tir de lo discutido. Es como si se catalizaran frente a nosotros.

Caleb Antonio Rascón Estebané

Para terminar, lo que me gustaría que quedara de este seminario


es la idea de ver el trabajo de computación e inteligencia artificial
como un aliado. No solo como un aliado en el proceso de tomar
decisiones legislativas y judiciales, sino también como una herra­
mienta que, quién sabe, podría incluso ayudarnos a mejorar las
leyes.
Por ejemplo, mencionaron que llevar a cabo la ley no es algo­
rítmica, y estoy completamente de acuerdo. Aunque no soy exper­
to en leyes, me da la impresión de que una ley o un documento
legal es, en esencia, una lista de reglas, en mi cabeza, eso se tradu­
ce como un protocolo, una lista de instrucciones. Si pudiéramos
verlo desde un punto de vista completamente lógico, quizás po­
dríamos ayudar a identificar posibles inconsistencias o “huecos”
lógicos dentro de las leyes. No estoy diciendo que los haya —o que
haya muchos—, pero estoy seguro de que hay personas en el ám­
bito legal y judicial que son conscientes de ello y piensan: “Oye,
hay que resolver esto, pero es una cantidad enorme de trabajo y
circunstancias”. Bueno, aquí estamos, y esta es una forma de abor­
dar esos desafíos.
Entonces, no solo veamos la inteligencia artificial como una
herramienta para llevar a cabo procesos, sino también como una for­
ma de ayudar a crear un sistema de leyes más lógico y completo.
Tal vez me esté pasando de la línea, pero a lo que quiero llegar —y
con lo que quiero cerrar— es que esta es una herramienta, y como

243
Cossío Díaz, Sued, Pisanty Baruch, Rascón Estebané, Giménez Héau

toda herramienta, puede ser utilizada para cosas muy feas, pero
también para cosas muy bonitas. Al final, creo que esta conversa­
ción es la que va a surtir más cosas bonitas.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Con esto estaríamos cerrando. Creo que es evidente que este es


un tema que da para mucho más. Incluso abordarlo por sus dis­
tintas subtemáticas sería muy importante. Iremos trabajando para
continuar abonando a esta discusión, que, como bien decían, es
un tema que ya está encima de nosotros. Tiene un ámbito social, un
ámbito tecnológico y muchas aristas.

244
Biotecnología y genética 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
David René Romero Camarena
Ana Laura Wegier Briuolo
Graciela Castro Escarpulli

Modera
Estephania Zluhan Martínez

Estephania Zluhan Martínez

En esta sesión de la segunda edición del Seminario Permanente


de Derecho y Ciencia, estaremos hablando de biotecnología y ge­
nética. Para inaugurar, el doctor Isaac Luna Romero, quien es
director de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Insti­
tuto Politécnico Nacional (IPN), sede de esta sesión, dará unas
palabras.

Isaac Luna Romero

Buenos días, comunidad politécnica y asistentes de universidades


hermanas. La Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Insti­

1
Sesión realizada el 25 de marzo del 2025 en la Escuela Nacional de Ciencias
Biológicas del Instituto Politécnico Nacional.

245
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

tuto Politécnico Nacional tiene el honor de recibir y dar la más


cordial bienvenida al doctor José Ramón Cossío Díaz, ministro
en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y a la aboga­
da Alejandra Rabasa Salinas, titular de la Unidad General de Co­
nocimiento Científico y Derechos Humanos de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación (SCJN).
Estamos reunidos para llevar a cabo la segunda edición del
Seminario Permanente Derecho y Ciencia, organizado por la Uni­
dad General de Conocimiento Científico y Derechos Humanos de
la Suprema Corte de Justicia de la Nación y El Colegio Nacional.
En esta ocasión, analizaremos los temas de biotecnología y
genética, que serán abordados por especialistas de amplio recono­
cimiento dentro del ámbito científico. Nos acompañan la doctora
Ana Laura Wegier Briuolo, especialista en genética de conserva­
ción, genómica comparada y manejo de ecosistemas, investigado­
ra del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma
de México (UNAM). El doctor David René Romero Camarena,
con experiencia en genómica bacteriana del Centro de Ciencias
Genómicas de la UNAM. La doctora Graciela Castro-Escarpulli,
microbióloga e integrante del Programa de Biomedicina y Bio­
tecnología Molecular de la sección de posgrado de la Escuela Na­
cional de Ciencias Biológicas (ENCB).
Investigadores, mi reconocimiento y agradecimiento por acep­
tar su participación en este evento, de importancia trascendental
para la comunidad científica y la sociedad en su conjunto. La pri­
mera sesión de este seminario permanente se celebró el 10 de
abril de 2024, teniendo como invitados especiales para la inaugu­
ración al ministro en retiro José Ramón Cossío Díaz y al doctor
Antonio Lazcano Araujo. Durante esa primera edición, se reali­
zaron cinco sesiones en las que se abordaron temas de relevancia
en el área de salud reproductiva, evidencia científica en el pro­
ceso judicial y protección de la naturaleza, por mencionar solo
algunos.

246
Biotecnología y genética

Como titular de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas,


agradezco a los coordinadores, José Ramón Cossío y Alejandra
Rabasa, el que hayan tenido a bien, el haber designado a la Escuela
como sede de esta sesión del Seminario Permanente de Derecho
y Ciencia, y felicitarlos por acercar la ciencia a la justicia. De la
misma manera, extiendo mis felicitaciones a todo su equipo de
trabajo por el esfuerzo y dedicación para que estos encuentros
tengan el nivel que merece nuestra sociedad.
El propósito de esta edición es que las sesiones se enfoquen
en el análisis de temas científicos emergentes y su intersección
con los sistemas de justicia. Sin lugar a duda, el conocimiento y la
experiencia de los investigadores participantes permitirán hacer
un análisis de los temas de actualidad que pueden tener un alto
impacto en la salud, el medio ambiente y que requieren verse no
solo desde el ámbito científico, sino también, desde la perspecti­
va jurídica, en protección de los derechos de la sociedad.
Deseo y espero que, al final de este análisis, se tengan res­
puestas a interrogantes que hoy en día son motivo de discusión
en diversos foros, tanto a nivel nacional como internacional. Mu­
cho éxito a todos. Muchas gracias.

Estephania Zluhan Martínez

Muchísimas gracias, doctor Isaac Luna. Bueno. Me presento, soy


Estephania Zluhan Martínez y es un honor para mí ser la modera­
dora de esta sesión, que es sobre biotecnología y genética. Antes
de iniciar, me gustaría agradecer a la Unidad General de Cono­
cimiento Científico y Derechos Humanos, a El Colegio Nacional
y a la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Poli­
técnico Nacional, por hacer posible este espacio de diálogo inter­
disciplinario. También me gustaría agradecer a los coordinado­
res de este seminario, al doctor José Ramón Cossío y a la maestra

247
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

Alejandra Rabasa, porque sin ellos realmente esto no estaría su­


cediendo en esta segunda edición.
Actualmente la biotecnología moderna se basa en la modifi­
cación del DNA, tema sobre el cual se abordará esta sesión desde
diferentes perspectivas: la perspectiva científica y su intersección
con la perspectiva del derecho, cómo es que pueden conjuntarse
y cómo puede cruzar un ámbito a otro, así como su impacto.
Me gustaría empezar diciendo que la biotecnología lleva ya
muchos años en nuestras vidas; mucha de la biotecnología la con­
sumimos. Por ejemplo, se puede modificar el DNA de organismos,
a los que denominamos organismos genéticamente modificados
(OGM). Algunos se usan para producir insulina, para elaborar en­
zimas en la industria alimenticia o para fabricar vacunas. Como
podemos ver, la biotecnología no es algo completamente nuevo.
Por otro lado, también recibimos noticias a diario sobre edi­
ción genética. Por ejemplo, que se están insertando genes de ma­
mut en ratones o editando los genes de células musculares en
caballos para mejorar su rendimiento. Incluso se están editando
células de la sangre para prevenir enfermedades genéticas.
Sin embargo, los avances en estas tecnologías continúan cons­
tantemente, y ya han comenzado a llegar casos relacionados a los
tribunales y cortes. Un ejemplo muy sonado ocurrió en China,
donde se editaron genes en embriones humanos para hacerlos
resistentes al VIH, lo que resultó en el nacimiento de dos gemelas,
a través de la tecnología de CRISPR . Sin embargo, de este experi­
mento resultó que se modificó diferencialmente el genoma de
cada una de las gemelas.
Otro ejemplo, que llegó a la Corte Suprema de los Estados
Uni­dos, fue el caso en donde una empresa quiso patentar la se­
cuencia de dos genes que están relacionados, específicamente
con la predisposición a padecer cáncer de mama. Sin embargo, lo
que se quería patentar era algo que existe de manera natural en
la secuencia de DNA de los humanos. La Corte Suprema decidió

248
Biotecnología y genética

que no podría patentarse, pues ¿cómo puedes patentar algo que


está de manera natural? Lo que se pudo patentar fue el DNA, de­
bido a que en ese caso y en esa época, se dijo que el cDNA no era
natural y sí se podía patentar.
Finalmente, y quizá los casos más cercanos, son dos casos
que han llegado a la SCJN, sobre la siembra de maíz y soya trans­
génica respectivamente, donde en ambos amparos en revisión
(amparo en revisión 1023/2019 y amparo en revisión 921/2016) se
abordan temas como la incertidumbre del daño, la incorporación
del principio precautorio y el derecho a un ambiente sano.
Cuando se habla de biotecnología no puede dejarse de hablar
de temas íntimamente relacionados con la bioética, la privacidad
genética, la propiedad intelectual, los derechos humanos, el medio
ambiente y hasta la cultura; temas que se tocarán en esta sesión.
Para ayudarnos a explorar estas cuestiones, nos acompañan
cuatro expertos que nos brindarán sus perspectivas desde la cien­
cia y el derecho:
Primero, les presento al doctor José Ramón Cossío, quien nos
ha acompañado sesión tras sesión. Es miembro de El Colegio Nacio­
nal y ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
A lo largo de estas sesiones, ha aportado valiosos conocimientos
sobre cómo integrar el saber científico al derecho. Muchas de sus
sentencias —abordadas en la edición pasada del seminario per­
manente— trataban precisamente sobre esta integración del cono­
cimiento científico en las resoluciones judiciales, así como sobre
el procedimiento para consultar a personas expertas.
Les presento a la doctora Ana Laura Wegier. Ella es licenciada
en Biología por la UNAM, cuenta con una maestría y un doctora­
do en Ciencias por la misma universidad. Actualmente, es inves­
tigadora titular del Laboratorio de Genética de la Conservación
del Jardín Botánico en el Instituto de Biología de la Universidad
Nacional Autónoma de México. Sus áreas de estudio son agrofo­
restería, biotecnología, biología evolutiva, genética de la conser­

249
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

vación, manejo de ecosistemas, entre otras. Su principal interés


es la evolución de las especies con centros de origen mesoameri­
canos, en particular la genética de poblaciones aplicada a la de­
terminación, manejo y conservación de los centros de diversidad
genética.
Comenzó hace años a estudiar la evolución de las poblaciones
silvestres de algodón en México, con interés en el flujo genético
y las medidas de bioseguridad necesarias para su conservación.
Ha sido invitada en foros sobre bioseguridad y conservación de cen­
tros de origen en México, Colombia e India por su experiencia en el
análisis de las consecuencias del flujo génico y transgénico entre
cultivos genéticamente modificados y sus parientes silvestres.
También les presento a la doctora Graciela Castro-Escarpulli.
Ella es profesora e investigadora en la Escuela Nacional de Cien­
cias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional. Especialista en
bacteriología médica y biomedicina molecular. Es revisora y edito­
ra en revistas científicas de prestigio, participó como evaluadora en
el CONACYT y universidades de España e India, ha realizado es­
tancias de investigación en países como España, Inglaterra y
Cuba. Pertenece a la Asociación Mexicana de Microbiología, a la
Asociación Mexicana de Bioseguridad y Biocustodia, al Colegio
de Químicos Clínicos en Medicina del Laboratorio de México y
a la Red Iberoamericana de Resistencia Antimicrobiana.
La doctora Graciela ha recibido múltiples distinciones, in­
cluido el premio a la investigación del Instituto Politécnico Na­
cional y la presea “Lázaro Cárdenas”. Es pionera en trabajar con
el sistema CRISPR-Cas como una herramienta de tipificación bac­
teriana en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas.
Finalmente, les presento al doctor David René Romero Cama­
rena. Es licenciado en investigación biomédica básica. Maestro y
doctor en el entonces Centro de Investigación sobre Fijación de
Nitrógeno de la UNAM. Su trabajo doctoral recibió el premio

250
Biotecnología y genética

Weissman 1991 a la mejor tesis de doctorado en el área de las cien­


cias biológicas.
Actualmente es investigador titular C en el Centro de Cien­
cias Genómicas de la UNAM y profesor en licenciatura y posgra­
do. Es investigador del SNI. Fue director del Centro de Ciencias
Genómicas de la UNAM y de la Academia de Ciencias de More­
los, así como vicepresidente y presidente de la Sociedad Mexica­
na de Bioquímica. Su área de trabajo es la genética y genómica
bacterianas y ha participado en la Cátedra Extraordinaria “Pro­
blemas Bioéticos Contemporáneos” del Programa Universitario
de Bioética de la UNAM, dando charlas sobre bioética y edición
genética.
A continuación, les pido a cada uno de las y los ponentes hacer
una introducción al tema para comenzar esta plática.

David René Romero Camarena

Buenos días, déjenme comenzar agradeciéndoles por asistir. Somos


científicos, pero también somos ciudadanos; somos sujetos de
derecho y participantes del derecho. El que podamos interactuar
es importante y espero se logré el día de hoy.
Estamos en un lugar particularmente importante, para los
temas de biotecnología y genética. En la Escuela Nacional de Cien­
cias Biológicas comenzaron, en la década de los años 1940, los
primeros esfuerzos para hacer biotecnología en nuestro país. Fue
el germen de todo lo que vino después. En cierto sentido, se popu­
larizó y se inventó en esta escuela la parte de biotecnología, he
ahí la relevancia de estar el día de hoy aquí.
Se dice que ojalá vivamos en tiempos interesantes, y eso resu­
ta particularmente cierto con respecto a los temas de biotecnolo­
gía y genética. Lo que pasó en el último siglo y lo que está ocu­
rriendo a principios de este, son avances vertiginosos que han
llevado a la producción biotecnológica con el empleo de técnicas

251
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

de ingeniería genética. Hablaban de insulina, pero también hay


otros ejemplos en sectores como el alimentario, en donde ha par­
ticipado la ingeniería genética.
Si bien ha habido modificaciones de organismos llevadas a
cabo por el humano, por primera vez podemos hacerlas de una
manera más dirigida y, creemos, más específica o segura. Estos
son temas que se tienen que discutir, analizar y evaluar para llegar
a las mejores soluciones. Así como la seguridad de cualquier tec­
nología, los impactos que pueda tener sobre nuestra sociedad y
puntos oscuros como los que mencionaba Estephania.
En ningún área es particularmente más cierto lo anterior como
lo es en el área médica, en donde una de las cosas que se dice es:
pri­mero, no hagas daño. De lo que se trata es de mejorar la vida,
curar condiciones que son particularmente rudas. Para eso, la
tecnología de CRISPR-Cas ha venido a ser de las más interesantes en
los últimos momentos.
Hay que separar esa tecnología y su aplicación por el lado mé­
dico en dos ramales. Uno es la modificación de individuos de ma­
nera hereditaria, tecnologías que se conocen como de línea ger­
minal. Esas son particularmente serias, hay preocupación por el
caso de modificación genética en humanos, que representa una
modificación de este tipo. Mi postura es que tenemos que ir con pies
de plomo, tenemos que ser bastante más cautos en la aplicación de
una metodología que puede impactar generaciones futuras.
La segunda vertiente es con respecto a la modificación en línea
somática, modificación que se hace para corregir un problema que
tiene un individuo, pero que no va a pasar a las siguientes genera­
ciones. Tenemos que ser cautelosos en su aplicación, pues no que­
remos ningún tipo de efecto colateral; pero ciertamente no está
en el mismo nivel de importancia o preocupación que la modifica­
ción en línea germinal. Por este lado estoy bastante más positivo
acerca de que debería empezar a aplicarse, con salvaguardas desde

252
Biotecnología y genética

luego, pero con menor preocupación que la que habría en los


otros casos.
Ambos tienen impactos éticos, hay preocupación sobre cómo
puedan afectar derechos, particularmente el derecho a la salud
digna, que podría ser afectado por metodologías que, al momen­
to presente, siguen siendo costosas y selectivas de aplicación.

Graciela Castro Escarpulli

Muchas gracias por la invitación a participar. Sean bienvenidos


a nuestra escuela, escuela de puertas abiertas, y que, como bien
comentaba el doctor, el lugar donde desde hace muchos años se
han ido desarrollando la biotecnología y la genética. Yo creo que uno
de los temas más importantes es que la educación pública debe
hacer consciencia de estas nuevas técnicas, para que todo el mun­
do tenga la certeza de que no van a afectar su dignidad humana.
Muchas veces, cuando escuchamos hablar de vacunas en la
calle, la gente teme que les puedan causar algún daño. ¿Por qué?
Por falta de información. Considero que uno de los aspectos más
importantes de estos seminarios es llegar a toda la gente, no solo a
científicos o estudiantes, sino también a toda la población, porque
debemos proteger esa dignidad humana y, sobre todo, preservar­
la intacta.
Si bien es cierto que con la edición genética mediante el sistema
CRISPR-Cas9 podrían obtenerse características socialmente de­
seables en las personas, es fundamental resguardar este aspecto
para analizarlo desde una perspectiva bioética y, especialmente,
legal.
A mí me ha sorprendido gratamente saber que existen este
tipo de seminarios y que sean en beneficio de la población, en bene­
ficio de la humanidad y, sobre todo, para que se respete la digni­
dad humana. Que promuevan que todo el mundo tenga acceso a
estas tecnologías, sin importar la economía, sin importar la etnia

253
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

que tengan, sin importar el género. Porque resulta que, con las
patentes que bien explicaba Estephania, muchas veces no llegan.
Por ejemplo, las vacunas no llegaron a todo el mundo por el dine­
ro, por las patentes, porque las farmacéuticas están más preocupa­
das por hacer dinero que por dar un bien común a las poblaciones.
Ese sería el aspecto en el que a mí me gustaría que intervinieran: ¿qué
queremos como humanos?, ¿qué queremos desde el punto de vista
bioético? Si es que realmente estamos preparados para todas es­
tas tecnologías.

Ana Laura Wegier Briuolo

Muchísimas gracias. Coincido, es fundamental tener estos espa­


cios todo el tiempo. Es muy importante que sea una discusión
permanente, porque las cosas van cambiando y necesitamos ir
discutiendo. Aunque nos podemos ir acercando a las personas que
hacemos ciencia, también los términos jurídicos van cambian­do
y necesitamos estar todos actualizados. Es muy importante que
veamos que el tema que estamos tratando es algo que ha llegado
para quedarse dentro de nuestro ámbito.
Lo anterior lo comento porque, por ejemplo, cuando se in­
ventó la luz eléctrica, hubo muchas reacciones. La electricidad es
algo que se puede utilizar para matar a alguien, pero también para
revivirlo; puede tener un uso básicamente seguro. En este mo­
mento, es tanta la diversidad de usos, de especies, de momentos
y de contextos en los que se puede utilizar la biotecnología, que
es muy importante que no hablemos generalizadamente de todos
ellos. Porque, si bien los usamos en investigación todo el tiempo,
no es lo mismo liberar un organismo genéticamente modificado al
ambiente y que quede una modificación genética en esa especie
para todas sus generaciones siguientes. Sea maíz o sean personas,
o sea la especie que sea. Por eso es muy importante tomar en cuen­
ta el contexto.

254
Biotecnología y genética

Vamos a hablar de una diversidad de contextos, lo cual es im­


portante. Me encanta esta interacción entre el derecho y la cien­
cia. Fui perito en el panel que hubo recientemente entre México
y los Estados Unidos por el tema de maíz transgénico, para apor­
tar los datos de biodiversidad y flujo génico. Pero también he
acompañado muchísimos procesos en los que las personas se acer­
can a los que trabajamos ciertos temas para ir a explicarles a los
juzgadores. Cada tema es distinto y es muy oportuna toda esta
interacción. Seguramente esto les hace pensar que, al aprender
un poco más, cada uno podría contribuir, lo cual me parece rele­
vante. Es muy importante que lo hagamos desde las instituciones
públicas.
He estudiado mucho cómo las crisis socioambientales surgen,
en muchos casos, de alteraciones de sistemas naturales complejos
y cómo esto se va saliendo de lo que nosotros preveníamos; desde
el cambio climático, hasta el maíz transgénico, pasando por mu­
chos usos de medicamentos. Hemos visto los efectos de manera
tardía por no haber estudiado suficientemente todos los contex­
tos. Eso no nos puede detener, pero es necesario que entendamos
las limitaciones para identificar los riesgos, lo cual no quieren
decir que una tecnología sea segura.
Así, de los temas de discusión del día de hoy, lo único que
encontré que tienen en común es que no es fácil identificar los
riesgos a tiempo. Por ello se necesitan tomar todas las decisiones con
la mejor evidencia posible. Eso no quiere decir que no seamos ca­
paces de manejar la incertidumbre, la cual es sustancial.
Otros de los temas que serán importantes el día de hoy son el
principio precautorio y el análisis de riesgo, los cuales fomentan la
investigación, la innovación e inspiran preguntas de investigación.
Por ello creo que son los temas donde más podemos aportar.
El principio precautorio surge después de un informe que se
llamó Lecciones Tardías de Alertas Tempranas, que se enfocó en
todos aquellos falsos negativos de inocuidad. Con el tiempo se

255
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

descubrió que eran realmente problemáticos, que no se tomaron


los suficientes datos y que se decidió sin información. Por casos
como el anterior es que es fundamental hablar de quién tiene que
poner la carga de la prueba en cada uno de los desarrollos.
La carga de la prueba se basa en que quien hace las cosas, es
quien tiene que mostrar que son seguras y que serán seguras para
los usuarios. Esto puede cambiar entre los países y entre las pobla­
ciones. Ejemplo de ello fue la pandemia por COVID -19 en la que no
a todos los países les fue igual, ni a todas las personas, ni a todas
las edades. Una innovación, como de las que estamos hablando,
tiene que mostrar que no solamente va a beneficiar económica­
mente a una sola persona, sino que no va a afectar los derechos a
nivel poblaciones, de países enteros o incluso al planeta.

José Ramón Cossío Díaz

Muchísimas gracias a todos por la asistencia, como integrante de


El Colegio Nacional, me gustaría primero que nada agradecerle al
maestro Isaac Luna, la invitación a la Escuela Nacional de Cien­
cias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, espero que siga­
mos haciendo muchos más eventos con ustedes. También agra­
decer a los muy distinguidas doctoras y doctores que han hablado
ahora, que nos dan estas pautas.
A continuación, les explico brevemente el motivo de este se­
minario. Estuve en la Suprema Corte de Justicia durante 15 años,
y en ese tiempo me pareció que necesitábamos incorporar mayor
evidencia científica al tomar decisiones. Antes de eso, fui director
de una escuela de Derecho por nueve años. Allí, lo que intenté fue
traer científicos a interactuar con los estudiantes de derecho, para
que les presentaran problemas reales que estaban trabajando en
ese momento. Por ejemplo, contamos con la participación del
doctor Martínez Palomo, el doctor Bolívar, entre otros, quienes
planteaban casos concretos. Con estos planteamientos, invitaba

256
Biotecnología y genética

a los alumnos a reflexionar sobre cómo el derecho podía interve­


nir en este tipo de problemas.
Otro ejemplo fue cuando invitamos al director del Instituto de
Biología de la UNAM, el doctor Sánchez Cordero, quien nos habló
sobre ciertos pesticidas y raticidas que se utilizaban en los sem­
bradíos de caña de Veracruz. El doctor planteaba: ¿Qué significado
debería darles el derecho? ¿Son irrelevantes? ¿Son importantes?
¿Quién debe asumir los costos? Estas fueron algunas de las cues­
tiones que surgieron. Ahí me generó este interés.
Al estar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, comen­
zaron a llegar casos particularmente complejos de resolver. El pri­
mero —y siempre lo recuerdo— fue el del VIH. El dilema era: ¿qué
ocurría con los miembros de las Fuerzas Armadas que presentaban
seropositividad? Según la ley, se les daba de baja por “inutilidad”
—término absolutamente deplorable—, además se les daba de baja
sin seguridad social.
En este caso, contamos con el apoyo de la Academia Mexica­
na de Ciencias, con la participación de Renata Villalba, quienes nos
facilitaron el acceso a dos expertos. Ellos explicaron detallada­
mente qué significaba la seropositividad, qué era el VIH, el SIDA,
entre otros aspectos fundamentales. Con eso declaramos la in­
constitucionalidad de la ley de seguridad social de las Fuerzas
Armadas.
Posteriormente se presentaron muchos más casos en este sen­
tido, sobre todo de naturaleza médica, intervenciones, etcétera.
Para poder tener un respaldo, la Suprema Corte firmó convenios
con muchas instituciones, entre ellas el CINVESTAV, del Instituto
Politécnico Nacional, así como con la UNAM, con la Academia
Mexicana de Medicina, etcétera. La idea fue empezar a utilizar
información, no como medio de prueba —porque si un juez in­
corpora como prueba su propia información a un litigio, pues
está desbalanceando todo un proceso judicial—, sino con funda­
mento en el artículo 79 del Código Federal de Procedimientos

257
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

Civiles que dice que el juez se puede allegar de toda la información


que sea pertinente para comprender aquello sobre lo cual tiene que
resolver.
En algún caso que tuvimos de Tulum, el doctor Sarukhán
nos aportó algunas imágenes satelitales para saber si había o no
había construcciones en una región de Tulum, eso nos permitió
tomar una decisión y recuperar algunas áreas de esa zona en don­
de se habían establecido.
Aquí es donde creo que está la naturaleza del problema, como
juzgadores teníamos nosotros que allegarnos de una información
y procesarla. Pero ¿cómo podríamos procesar esa información y
comprenderla, cuando nosotros no tenemos el expertise de estas
actividades? Por ejemplo, ustedes como estudiantes en esta muy
destacada Escuela Nacional, conocen un sinfín de temas que yo no
conozco, saben mucho más de muchos temas que yo, pero yo como
juzgador tenía que resolver asuntos que ustedes no tenían que re­
solver. La cuestión interesante es cómo combinar.
Cuando llegó a la presidencia la ministra Norma Piña, nombró
a Alejandra Rabasa, quien invitó a un equipo buenísimo de colabo­
radores y se pusieron a trabajar y a generar esta interacción de
una manera seria y profesional, para que cuando la Corte requiera
de esta información, tengan bases suficientes para tomar decisio­
nes. Esto es importante contextualmente ya que, por ejemplo, uno
puede buscar en Wikipedia o en Google o en Google Académico,
y uno encuentra lo que quiere. Si quieres concentrar información
sobre que la Tierra es plana, hay un montón de artículos que di­
cen que es plana. Si quieres encontrar que la evolución no existe
y que el creacionismo es mejor, hay un montón de artículos que
dicen eso, pero ¿cuál es el criterio para conocer la veracidad de la
información?
Esto plantea un problema: ¿son realmente capaces y confiables
los participantes en los litigios —y especialmente quienes deben
resolverlos— para discernir por sí mismos entre la información

258
Biotecnología y genética

disponible? Porque quien busque determinado tipo de informa­


ción, la encontrará; igualmente, quien persiga otra perspectiva
distinta, también logrará hallarla. La solución que propusimos
no fue que cada uno con sus equipos de trabajo buscara lo que ya
sabe que quiere encontrar, sino que acudiera con expertos para
que les digan qué información hay sobre los diversos temas.
¿Y qué pasa si en diez años el conocimiento disponible es distin­
to? No lo sé. Lo que sí sé es que, en el momento en que tuve que to­
mar una decisión, recurrí al mejor conocimiento científico al que
podía acceder, porque tenía que decidir. Tampoco voy a pedir a
las partes que están en un litigio que regresen en cinco o diez años
para que haya una evidencia contundente. Lo que se tiene que hacer
es resolver los asuntos porque es parte de los procesos sociales.
Esto nos lleva a un tema muy interesante, que es precisamente
lo que buscamos lograr con esta segunda edición del seminario.
Mientras que en la primera edición analizamos sentencias ya
resueltas —por así decirlo—, esta nueva versión se diseñó con­
siderando que existen numerosos temas que ni la Corte ni los tri­
bunales han abordado todavía. Si bien es posible que no surjan a
corto plazo, seguramente llegarán en el mediano plazo.
La Corte mexicana ya tuvo que ver con un caso sobre paten­
tes genéticas de Monsanto, que involucró además problemas de
consulta indígena y cuestiones de riesgo ambiental. Sin embargo,
estos casos continuarán presentándose y aumentarán en frecuen­
cia. Lo que parece muy importante es que, cuando los tribunales
deben decidir sobre los bienes más fundamentales —como la vida,
la libertad, la integridad personal, el patrimonio o la familia—,
deben contar con los mecanismos adecuados para comprender
los aspectos técnicos relacionados para tomar una decisión.
Pero, así como nosotros acudimos a ustedes, cuando ustedes
trabajan en temas biológicos o biotecnológicos, también deben
acudir al derecho. ¿Por qué? Porque el derecho es el gran meca­
nismo de formalización que ordena las sociedades.

259
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

En el transcurso de la sesión les contaré algunos ejemplos y


problemas que van saliendo. Lo han dicho muy bien los expertos que
me antecedieron, tenemos que acudir a ustedes para que nos digan
cosas sobre el mundo, que desconocemos. Por otro lado, cuando
ustedes trabajan sobre temas biológicos o biotecnológicos, tie­
nen que acudir al derecho, ya que es el mecanismo más grande de
formalización que existe en las sociedades. Las personas tienen
distintas morales, creencias y formas de pensar, pero lo que nos
une a todos son las reglas jurídicas. Por eso, este diálogo es indis­
pensable: la ciencia debe venir al derecho, así como el derecho
debe acercarse a la ciencia.

Estephania Zluhan Martínez

Me parece muy interesante. Digamos que la biología —como de­


cía Ana— tiene muchos campos desde donde se puede abordar y,
obviamente, en esta mesa no vamos a poder abordar todos. Pero
algo que queda muy claro, —y que lo voy a relacionar un poco con
el seminario pasado donde se habló de inteligencia artificial— es
que en esa sesión se mencionó que esa tecnología ya está aquí, ya
la estamos usando. Por ello, tenemos que conjuntar su uso con la
regulación de manera paralela, y lo mismo aplica para la biotec­
nología.
También lo relaciono porque en la sesión comentaban que la
inteligencia artificial está formada por algoritmos que tienen mu­
chísimos procesos en medio, que incluso para analizar todos esos
procesos, que se llevan a cabo para responder a una pregunta que
le hacemos, otra inteligencia artificial es la que los analiza. Análo­
gamente, los organismos también somos un conjunto de muchos
procesos que están llevándose a cabo simultáneamente, no se re­
duce a algo como un gen y una función, sino que son muchas
moléculas participando. Al mismo tiempo, cuando llevamos eso
hacia afuera, esos organismos, que tienen un montón de moléculas

260
Biotecnología y genética

participando dentro de ellos, están interactuando con otros orga­


nismos, con el ambiente, con otras personas, tienen descenden­
cia. Va mucho más allá.
También ocurre a la inversa, por ejemplo, el clima, la física, la
química, todo influye en cómo están participando esas moléculas.
Es realmente complejo pensar en todo lo que puede pasar. Luego,
si lo llevamos también al hecho de que todo eso interactúa con el
derecho, se aumenta el número de niveles que tienen que anali­
zarse, por eso hay que tratar de encontrar las diversas perspectivas
que ayuden a no perderse en ese mar de interacciones.
Para seguir con esta conversación, plantearé algunas pre­
guntas detonadoras para que sean contestadas por las personas
expertas: ¿cómo aplica el error y la incertidumbre en la aplica­
ción de la biotecnología?, más allá del error que podemos ver en
los laboratorios. ¿Cuáles consideran que son los principales ries­
gos éticos y científicos que puede tener la edición genética? ¿En
qué debemos de poner atención para evitar que la falta de regula­
ción genere incertidumbre o que la regulación excesiva frene el
desarrollo científico?

David René Romero Camarena

Partamos de que mucha gente tiene una visión muy mecanicista de


lo que es la genética. Si yo tengo una variante de un gen, voy a hacer
cierta acción o voy a tener cierta condición. Parece una condena;
no hay nada que yo pueda hacer. Nada más lejano de la realidad,
pues los genes no son condena, son posibilidades, si acaso.
Por ejemplo, hay variantes genéticas que podrían permitir
degradar compuestos tóxicos en el ambiente para un organismo
en particular, o brindar mayor tolerancia al alcohol, pero de nada
me va a servir tener esas variantes si me daño el hígado bebiendo
alcohol en exceso. Tenemos que considerar la composición gené­
tica, pero también las condiciones en las cuales nos encontremos.

261
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

Segundo punto, ¿se han preguntado por qué existe la miopía?


Sonaría complicado que nos estuviera persiguiendo un depreda­
dor y no pudiéramos verlo. Entonces, ¿por qué existe siquiera en
la naturaleza? Si bien hay una base genética, la miopía depende
mucho del ambiente. Ejemplo de ello es lo que pasó con ciertas
poblaciones en Alaska, donde entre los nativos no había práctica­
mente miopía. En el lapso de solamente una generación, el 15%
de la población desarrolló miopía. ¿Por qué? En la práctica, los
habitantes empezaron a hacer un avance tecnológico que no tenían,
consecuentemente se extendió el tiempo de trabajo con ilumina­
ción artificial, lo que provocó un mayor esfuerzo sobre nuestros
ojos y potenció una condición genética que permitió el desarrollo
de la miopía. Somos genética y somos ambiente, somos las dos
cosas que no están contrapuestas.
Otro punto sobre la visión mecanicista: la genética tampoco
implica que tengamos genes para una cosa en específico. No te­
nemos genes para que nos den enfermedades, no tenemos genes
que participen solamente en un punto de nuestra biología. Tene­
mos genes que, cuando se modifican, podrían causar una enfer­
medad, tenemos genes que cumplen más de una función dentro
de la célula, y eso es lo que nos puede llevar a cuestiones de incer­
tidumbre.
Si lo vemos únicamente como si los genes tuvieran una sola
función, nos sorprenderemos al observar que una modificación que
afecta un sistema pueda tener efectos imprevistos. Necesitamos
considerar al sistema como un todo, incluyendo el ambiente, al
individuo, al organismo completo, y a todo el sistema biológico.

Graciela Castro Escarpulli

México requiere un análisis exhaustivo del marco jurídico exis­


tente y la regulación específica que asegure una práctica ética y
segura del uso de las técnicas biotecnológicas, porque, como decía

262
Biotecnología y genética

la doctora Ana, no podemos determinar los riesgos, no podemos


saber qué va a suceder si hay alguna modificación. Porque no sola­
mente afecta a individuos, sino que también impacta en el medio
ambiente e incluso impacta socialmente.
Creo que debe haber una regulación jurídica. Por eso, en lo
personal me ha encantado que me hayan invitado a esto, porque
nosotros, que somos formadores, que somos docentes, podemos
llegar a nuestros estudiantes y hacerles saber que esto existe. El de­
­recho está preocupado por todas las cosas relacionadas con la inves­
­tigación o los desarrollos tecnológicos que se hacen en el mundo.
Muchas veces nos quedamos solamente con la idea de que ya
modificamos, quitamos, pusimos o silenciamos un gen, pero no
consideramos el impacto que puede tener en la sociedad. Desde
el punto de vista jurídico, hay gente que, con su consentimiento in­
formado, debe de saber qué puede pasar si modificase o no algo.
Tanto el que acepta estas modificaciones como el que las propone.
Yo creo que esto es sumamente importante. Debe haber
modificaciones en diferentes instrumentos, por ejemplo, en la Ley
General de Salud, en la COFEPRIS —que es otro de los organis­
mos que ayuda en estas regulaciones—, en la Ley de Bioseguridad
y en todas las demás leyes relacionadas. Todos los que diseñamos y
promovemos el trabajo biotecnológico debemos tomarlo en cuen­
ta para que no haya un impacto negativo en la sociedad en la que
estamos viviendo. Yo creo que es muy importante que desde el
punto de vista jurídico se planteen todas estas innovaciones que
están llegando a la humanidad.

Ana Laura Wegier Briuolo

Yo no sé si todas las personas reconocen que la línea en la que nos


estamos moviendo no es la biotecnología tradicional —que pue­
de ser como se hace el queso, el vino, o cómo ocurrió la domesti­
cación; todas esas interacciones en las que tenemos contacto con

263
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

un organismo vivo, convivimos con él y lo utilizamos—, sino la


biotecnología moderna. La biotecnología moderna la podemos
distinguir porque empieza donde los organismos o las modificacio­
nes genéticas que estamos obteniendo son aquellas que rebasan
las barreras naturales de la reproducción y la recombinación.
Esta parte está en todos los convenios y en los tratados, desde
el Convenio de Diversidad Biológica hasta el T-MEC. Quiere decir
que, para que se origine esa modificación genética, esta no ocurrió
de una flor masculina cruzándose con una femenina, sino que
hubo que intervenir a través de una maquinaria más compleja,
que puede ser física (como la biobalística), o biológica (a través de
mecanismos de bacterias o de virus) para introducir o hacer mo­
dificaciones genéticas dirigidas como queremos, no al azar, como
en el caso de la edición por CRISPR-Cas. Es así como, por ejem­
plo, podemos meter una parte de la información genética de la
bacteria Bacillus thuringiensis dentro de una planta. Es a esa parte
de la biotecnología a la que nos referimos. Hay una parte impor­
tante de la microbiología que está basada en estos principios,
que también se puede hacer en plantas para investigación, en el
campo de la medicina, etcétera.
Hablar de la incertidumbre es muy complejo, porque, como
yo les decía, muchas veces se van ocultando las incertidumbres.
Hay una estrategia que se llamó “la estrategia del tabaco”. Estoy
casi segura de que todas las personas aquí conocen el tabaco y
que saben que pueden enfermar, sin embargo, se manejó de tal
manera la incertidumbre que, aunque hoy por hoy sabemos qué
hace daño en muchas circunstancias, sigue estando presente allá
afuera. A eso se llama manejar la incertidumbre a favor de ciertos
intereses. Actualmente esperaríamos que a partir de esa experien­
cia —en la que muchas personas resultaron afectadas, en donde
incluso había campañas para niños— la incertidumbre ahora sea
manejada en función de la mayoría y en función de la salud.

264
Biotecnología y genética

En el caso de los cultivos, por ejemplo, el manejo de la incer­


tidumbre estuvo muy mal enfocado porque a pesar de que desde
muchas áreas científicas se dijeron cuáles eran los riesgos, se le
creyó a quien tenía más poder y capacidad de modificar las leyes,
sin importar que no contara con información y sin que se pusiera
a prueba lo que se decía. A esto se le dice lobbying o cabildeo. Así,
nos dijeron que un gen tenía una sola función, aunque sabíamos des­
de el principio que no era así. Nos dijeron que la bacteria Bacillus
thuringiensis, una vez que se inserta, solamente va a tener la función
que se desea que tenga. Hoy hay muchas investigaciones, basadas
en biotecnología sobre Bacillus thuringiensis que están viendo que
tiene un gran potencial, desde la posible cura para el cáncer hasta
controlar virus y muchas más aplicaciones.
Nos dijeron que, cuando se introduce en un maíz, solamente
mata a un organismo, al de interés. Eso también fue mentira. Se les
advirtió que debía tenerse cuidado con todos los organismos que
no son el de interés, pero respondieron que no eran el blanco de
la tecnología. Eso fue totalmente falso. Lo más importante para
países como el nuestro, es que nos dijeron que nunca se iban a
escapar los organismos modificados del área donde se deseara.
Eso falló, y falló, y volvió a fallar, y sigue fallando hoy en día.
Es por eso que ahora hay una modificación en la Constitución,
que me tiene muy feliz. En esta se establece que no se va a poder
cultivar maíz transgénico en México. Esto debido a que no que­
remos que se haga una apuesta, como decía David. Creemos que
hay otros métodos que van a ser seguros, pero apenas estamos
apostando, encontrando, aprendiendo. Por ejemplo: ¿qué pasa­
ría si yo les dijera que voy a aprender con algo como la educación
de sus hijos, su salud y su alimento de mañana? Si yo apuesto eso
y pierdo, tendrían que comer otra cosa, y no tendrían educación.
Seguramente ustedes no estarán de acuerdo. Es una locura.
Ya está reconocido que México no va a sembrar parientes de su
alimento básico, su identidad nacional. ¿Qué pasa con sus otros

265
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

usos? Nosotros importamos maíz que va a tener que demostrar


que está libre de amenazas a nuestra biodiversidad. Es decir, vamos
a consumir ese maíz, pero es responsabilidad del vendedor ase­
gurar que no haga daño, no solo a la salud del consumidor —que
en general son los animales—, sino que no vaya a un lugar donde no
deba de estar, como, por ejemplo, la salud humana.
¿Cómo vamos a prevenir que esto no suceda? ¿Cómo vamos a
evitar que se siga afectando a los maíces nativos que estamos con­
sumiendo de manera masiva? Ese es un ejemplo de manejo de la
incertidumbre que se incorpora de forma adecuada para regresar
la carga de la prueba a quien genera la situación.
Es sumamente difícil predecir todas las modificaciones gené­
ticas que podrían llegar a encontrarse, así como buscarlas para
poder asegurarle a una persona que, en verdad, no se encontró
nada. Lo único que podría decirse con certeza es que no están por­
que ya se buscaron. Cualquiera que afirme que un organismo está
limpio sin haber realizado ningún estudio, no puede garantizar­
lo, sin embargo, al momento de cuestionarles sobre su inocuidad,
suelen responder que no tienen datos, pero que no hay problema
en su consumo.
Solo haciendo las cosas de diferente manera es como vamos
a tener la seguridad de que esto, que llegó para quedarse, es segu­
ro. Nosotros decidimos si se hace con maíz o si se hace en cual­
quier otro cultivo, conociendo que las consecuencias pueden ser
diferentes y analizándolas. Creo que así es como deberíamos de
manejar la incertidumbre.

José Ramón Cossío Díaz

Hace un momento la doctora Ana nos dijo que en esta sesión no


estamos hablando de la biotecnología tradicional, que estamos
hablando de la biotecnología moderna. Lo mismo quiero decirles
con el derecho. Seguramente ustedes suponen, como gente que

266
Biotecnología y genética

no es experta en derecho, que el derecho tiene un alto nivel de


certidumbre, cosa que no es así.
Los sistemas jurídicos modernos, como el que existe práctica­
mente en todo el mundo desde finales del siglo XVIII y principios
del XIX, están estructurados de forma muy particular. Se basan
en una Constitución, que son estos enunciados muy generales
donde se establecen derechos y, más o menos, se delimita lo que
las autoridades pueden hacer. Jerárquicamente por debajo están las
leyes —en nuestro caso mexicano, de tipo federal y estatal—. Y si
seguimos bajando en esta escala, después vienen los reglamen­
tos, los acuerdos, las circulares, las normas oficiales, etcétera.
Cualquiera de estos instrumentos, por un lado, autoriza a las
autoridades a hacer o a no hacer cosas; y por otro, a nosotros los par­
ticulares nos hace tres cosas: nos obliga, nos prohíbe o nos faculta
bajo ciertas condiciones.
Cuando surgen conflictos entre particulares y autoridades, o
entre particulares mismos, se acude a los tribunales, que son los en­
cargados de resolver estos casos. Afortunadamente, en muchos
países —incluido el nuestro— estos sistemas se construyen demo­
cráticamente. Por su parte, las leyes van adaptando su contenido
según lo que los distintos partidos políticos proponen en la mo­
dernidad. Un partido que se declare ‘verde’ puede plantear pro­
puestas en ‘términos ecológicos’, mientras que otro partido que
no se identifique como tal podría defender posturas completa­
mente distintas.
El caso más claro en la actualidad es Trump, quien quiere per­
mitir el fracking en Alaska, que quiere cerrar los parques naturales
de los Estados Unidos. Entonces, ¿cuál es el gran reto del dere­cho?
Primero, asumir que opera bajo la racionalidad —y así es—. Quie­
nes trabajamos en el ámbito jurídico tenemos metodologías pro­
pias, al igual que los expertos en biología. Conocemos los márgenes
interpretativos, sabemos qué norma prevalece sobre otra, y maneja­
mos herramientas específicas para las que hemos sido formados.

267
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

Sin embargo, los niveles de incertidumbre son muy grandes y


pasa lo que decían: es posible que se introduzcan en las leyes con­
tenidos inadecuados para la totalidad de la población, o que cier­
tos grupos de interés capturen los órganos legislativos o ejecuti­
vos. Un claro ejemplo son las órdenes ejecutivas del presidente de
los Estados Unidos. Entonces, en la mayoría de los casos, no existe
una correspondencia inmediata ni directa entre el orden norma­
tivo y la racionalidad científica.
El conocimiento científico muchas veces puede ser disruptivo
respecto del statu quo que está garantizando el derecho. Es decir,
sería deseable que, en los procesos del constituyente, en los pro­
cesos legales, en la firma o en la ratificación de los tratados inter­
nacionales, pudiéramos incorporar evidencia científica. Sería muy
bueno, porque evitaríamos un montón de problemas. De entrada,
sería ideal que lográramos que todos estos elementos de riesgo,
prin­cipio precautorio, incertidumbre y otros quedaran garanti­
zados en la ley.
En el ejemplo que les puse sobre VIH, el caso se estaba tratan­
do con una ley de la década de 1970, no se le hubiese podido exigir
al legislador de esa época que tuviera una configuración comple­
ta de lo que era la seropositividad. Creo que pusieron lo mejor que
pudieron poner. Hoy en día, si un legislador revisara con cierta
periodicidad lo que dice la ley, sería estupendo. Eso no acontece,
a veces por intereses, a veces por ignorancia, a veces por procesos
políticos. Hay una cantidad enorme de variables.
El gran problema del derecho es cómo incorpora en sus distin­
tos reglamentos todo lo relacionado con los fenómenos sociales en
general, y con los conocimientos científicos en particular. Este es
un problema enorme. Reuniones como esta sirven precisamente
para advertirnos de esa realidad: que el desafío existe y que nece­
sitamos trabajar en ello de manera conjunta.
La segunda cuestión tiene que ver con una distinción que se
hace desde la bioética. La bioética no es, en principio, derecho.

268
Biotecnología y genética

El derecho es otra cosa distinta que tiene sus formas de creación


y su coactividad. Yo estoy en el Colegio de Bioética y —desde mi
punto de vista— esta tiene una función importante que es la explo­
ratoria, porque, cuando surge un fenómeno que el derecho tarda
en reconocer, la bioética ya puede avanzar con mayor agilidad.
La veo como una fuerza expedicionaria, que explora el terreno,
para modelar nuevos conceptos. Tomemos ejemplos como los
tras­plantes, la pandemia por COVID o las técnicas de triage: to­
dos presentan complejidades enormes, sin embargo, eso no es en
rigor derecho. Aunque generan efectos normativos, no tienen efec­
tos jurídicos. Ahí radica la importancia de hacer la distinción entre
bioética y derecho.
Muchas veces, la bioética logra que sus contenidos, sus pau­
tas y sus normas se conviertan en derecho. Esto a veces es desea­
ble y otras no, como todo en la vida. Hay una bioética que es muy
inadecuada —desde mi punto de vista—, y otra que me parece ade­
cuada. Por ejemplo, así como hay bioética laica, hay bioética reli­
giosa, hay de todo. Es un asunto que me parece muy interesante.
La última cuestión es esta: el derecho no se ocupa —o no le
resulta relevante— sino de una porción limitada del conocimien­
to científico puro. Yo me he preguntado si, la primera vez que
Watson y Crick modelaron la doble hélice del DNA, el derecho
dijo algo. Quizás tuvo que ver un efecto de reconocimiento de
propiedad intelectual, por el artículo que escribieron, pero proba­
blemente se pudo haber cuestionado de qué iba a servir ese conoci­
miento para el derecho y, quizás en ese momento, para nada. Eso
se convierte en un asunto central cuando ese conocimiento ‘puro’ se
convierte en tecnología. Es cuando empieza a incidir en la vida
humana. Cuando modifico moléculas —al quitar o agregar com­
ponentes— y observo que hay consecuencias en las personas, el
problema deja de ser solo de propiedad intelectual, para conver­
tirse en algo más delicado, por ejemplo, un asunto de patentes y
todas sus implicaciones. ¿Puede alguien apropiarse de modifica­

269
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

ciones sobre la naturaleza? ¿O de creaciones que trascienden lo


natural? Ahí radica el verdadero dilema.
Retomo lo que dijo Estephania acerca de los riesgos, como ya
dijeron las y los doctores, es un problema que tiene el derecho. Este
problema es de trabajo en el derecho porque primero se deben
com­prender los elementos económicos, políticos, sociales, cultu­
rales, religiosos, etcétera. No puede llevarse el conocimiento puro
de manera literal a la ley, es muy complicado. No quiere decir que
no se tenga que trabajar sobre ello.
Posteriormente el derecho tendría que analizar los temas cen­
trales. El primero —y esto es históricamente central— es el de la
propiedad. Ustedes traen una computadora, una bolsa, unos tenis;
tienen sus bienes y saben que son propietarios. Están tranquilos.
Pero si yo me levantara ahora, tomara esas bolsas y saliera cami­
nando con ellas, seguramente sus dueños reclamarían. Lo mismo
ocurriría si tomara las cámaras de nuestros compañeros del Canal
Judicial: habría un grave problema de propiedad. Esto nos lleva a
la cuestión clave: ¿Puedo apropiarme de un conocimiento y obte­
ner beneficios —reconocidos por la Constitución y por los sistemas
jurídicos globales— por explotar algo que yo mismo inventé?
Segundo problema: el tema de los riesgos. Una vez que el
conocimiento se convierte en técnica y esta comienza a desarro­
llarse, debemos considerar sus riesgos. Estos tienen una doble defi­
nición. Por un lado, un riesgo es un daño que es causado subje­
tivamente. Si ahora mismo arrojo este micrófono hacia alguien
para lastimarlo, existe claramente mi intención de causar daño.
Por otro lado, la responsabilidad objetiva. El caso de la responsa­
bilidad objetiva es muy interesante, es un problema que se resol­
vió en Francia hacia finales del siglo XIX. Cuando una caldera
explotó matando a marinos, se investigó si tenía combustible,
mantenimiento adecuado, etcétera. Al comprobar que todo estaba
en orden y que no hubo intención de dañar, surgió la pregunta:

270
Biotecnología y genética

¿entonces nadie es responsable? ¿Qué pasa con las viudas y des­


cendientes?
Así, se llegó a la conclusión que hay cosas que conllevan un
riesgo inherente por su tipo de funcionamiento, velocidad, fuer­
zas, etcétera, que por sí mismas, si causan algún daño, conllevarán
una responsabilidad objetiva. No se tiene por qué demostrar la
condición subjetiva de intencionalidad en el daño. Yo creo que
todos estos temas que estamos viendo son de responsabilidad ob­
jetiva.
Entonces, como bien decía Ana, se establecen las cargas de la
prueba. Si alguien afirma que lo que va a hacer no causa ningún
riesgo, lo establece y lo plantea. En ese caso, no puede entrar en
la discusión la intencionalidad de si alguna de las partes quería
causar daño, porque —supongamos— una buscaba obtener ga­
nancias y otra curarse de alguna condición. Aunque eso pueda
parecer una obviedad, si se causa un daño, y ese daño estaba previs­
to en los elementos de las declaraciones previamente realizadas,
se presenta una situación muy interesante para el derecho. Para
llegar a ese punto, se tuvo que haber pasado por todo el proceso de
cómo incorporar esas cláusulas, esas declaraciones, en el marco
jurídico; lo cual no es sencillo, porque hay que conocer tanto lo
que no va a causar efectos, como lo que sí puede llegar a causarlos.
Ahí hay un último problema, como planteaba Estephania, hay
una inhibición. ¿Por qué? Porque, si se espera que nunca exista un
riesgo, mejor cerrar los laboratorios, detener las pruebas, o cerrar
los institutos, porque no hay manera de tener la certeza de que
nunca pueda ocurrir un problema. Entonces, ¿cuáles son los ries­
gos asumibles?, ¿cuáles son los costos asumibles?, ¿cuáles son los
efectos indemnizatorios y reparatorios que se pueden dar en ese
caso? Aquí lo interesante, y lo decía también muy bien en este
sentido Graciela, son estas conversaciones, las cuales nos permi­
ten a nosotros decir qué tanto puedo empujar, qué tanto puedo
colocar en riesgos, qué tanto puedo colocar en indemnizaciones,

271
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

qué tanto puedo colocar en reparaciones. A ustedes también les


permite poder hacer la gestión de riesgo, pues si me pongo muy
estricto y pido que el riesgo sea cero, prácticamente cierro toda
posibilidad de innovación y de intervención.
Ni ustedes se van a quedar paralizados para no hacer cosas ni
nosotros vamos a exigir unas garantías exorbitantes. Estas con­
diciones del diálogo nos permiten ponernos en una situación de
participación en la toma de decisión. Los primeros diálogos tienen
que ser con el legislador porque, en el sistema jurídico mexicano,
los supuestos generales están en eso.
Tenía razón Graciela, hay que revisar la Ley General de Salud,
pues es la ley más reformada de todas, más parchada de todas;
tiene artículo bis, tris, etcétera. Si quieren verlo, vean toda la parte
de cuidados paliativos, es un desorden de ley que nadie nos expli­
ca. Tiene cinco reglamentos, los reglamentos tienen definiciones
y términos distintos. La ley dice un término, el reglamento dice
otro y otra legislación dice otro y peor aún, no son términos pa­
recidos. Además, súmenle que en derecho las palabras tienen mu­
chísima importancia. Decir aquí es innovación y aquí es inven­
ción, a lo mejor lleva a un problema jurídico enorme; aunque se
parezcan los términos, no son lo mismo. Entonces un abogado,
un juez o un ministerio público, podría argumentar que alguien
hizo A y no B, que aunque se parezca semánticamente, son diferen­
tes. Esto les genera un problema que puede hacer que una persona
acabe en la cárcel, o que acabe pagando una indemnización. Todos
estos temas de las concordancias, las revisiones, las actualizacio­
nes, son temas centrales para el derecho.

David René Romero Camarena

Para bien o para mal, “las guerras transgénicas” reflejan un poco


cómo percibimos todo este asunto de biotecnología genética. ¿Por
qué digo guerras transgénicas? Porque ha sido difícil para muchas

272
Biotecnología y genética

personas mantener objetividad. Tanto hay compañías malvadas


que han mentido, han llevado las cosas a niveles de la creencia,
y con poca responsabilidad al respecto de cuando ocurren cosas.
Como también ha habido oponentes a la tecnología que tampoco
han tenido mucha responsabilidad con respecto a varios de sus
comentarios. Aseveraciones como “la existencia de maíces que
podían impedir el desarrollo del huitlacoche”, donde creo que no
hay nada objetivo al respecto. Creo que cada parte tenemos que ha­
cernos responsables de nuestros argumentos y tratar de ser lo
más objetivos posible. Porque ciertamente no va a haber una re­
solución que sea para uso general.
Comparto la alegría de Ana Wegier al respecto de que no se
permite el maíz transgénico. No estoy tan seguro si en el texto hubo
discusión al respecto de que no se iba a permitir ningún tipo de
organismo genéticamente modificado con tecnología moderna.
Ese último párrafo sí me generaría bastantes conflictos. ¿Cómo po­
dría predecir el futuro? ¿Cómo podría modificar la Constitución?
¿Cómo podría cerrar por completo cualquier posibilidad de futu­
ro? Eso me parecería poco juicioso.
Están de fondo y tal vez nos aleja un poco de discusión al res­
pecto de lo que puede pasar con la salud humana. Yo mencionaba
que puede haber dos alternativas de edición genética, modificación
de línea germinal y modificación de línea somática. Un ejemplo de
la germinal es el de los investigadores chinos que se modificaron
una línea germinal para que nacieran dos niñas, las cuales iban
a tener una modificación que iba a impedir el contagio por VIH.
La modificación existe, ese no es el problema. La tecnología que se
empleó generó la duda de cuán específica puede ser, si va a pro­
ducir la modificación que se desea o si producirá otras, ese es el
elemento de riesgo que hay que evaluar.
Ese elemento de riesgo no se evaluó en ese tipo de análisis.
El problema no fue hacer la modificación. Algunos cuestionan de
que no debería haberse hecho, porque como dice la ONU, “el geno­

273
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

ma humano es el patrimonio material de la humanidad”. Si ese es


el asunto, tendríamos que repensar inclusive nuestra propia re­
producción, porque la reproducción genera nuevas combinacio­
nes, modifica el patrimonio humano, genera mutaciones. No es
que debamos colocar los genomas en un pedestal y que sean in­
modificables. Lo que tenemos que considerar es la manera en la
que se genera esa modificación para que no vaya a tener efectos
colaterales impensables. Tenemos que evaluar el riesgo previo a
hacerlo.
Por esa razón, sí hay un acuerdo en toda la comunidad cientí­
fica, aunque no está en leyes, de no proceder con modificaciones
en línea germinal. Hay también un acuerdo de buscar proceder
con modificaciones en línea somática, pero eso no significa que
sea sin evaluación de riesgo. Como en todo procedimiento médi­
co, tiene que haber una evaluación de riesgo previa a la aplicación
de eso, frecuentemente en modelos animales.
Hoy en día ya hay ejemplos de la aplicación de este tipo de
metodología, CRISPR-Cas en particular. Por ejemplo, su uso para
corregir problemas hepáticos, otro para combatir la retinitis pig­
mentosa que causa ceguera y, un tercer ejemplo en la cual se trató
una enfermedad genética, anemia de células falciformes. En los
tres casos ha habido evaluaciones de riesgo previo a. Uno podría
decir si fueron suficientes o no, pero hasta donde yo lo veo, son
suficientes en cuanto a saber que no va a haber un efecto colateral
importante.
Se está aplicando al paciente y se está aplicando con la evalua­
ción del tipo de problema que tiene. Aunque, no va a ser útil para
todas las variantes de las correspondientes enfermedades. ¿Hay
preocupaciones con respecto a estas aplicaciones? Sí, hay muchas.
Para mí, tal vez la principal es el acceso a ese tipo de metodolo­
gías que son experimentales y tremendamente costosas. En el caso
de la anemia falciforme, para corregir dicha condición, se tuvo un

274
Biotecnología y genética

costo de un millón de libras esterlinas. Eso está fuera del alcance


de muchas personas.
Lo que tendríamos que empezar a pensar es cómo definimos los
aspectos de riesgo para el caso de esos procedimientos. ¿Qué con­
sideraríamos un estándar suficiente para movernos? y ¿cómo po­
demos hacer accesible ese tipo de metodologías para que hagan
posible el derecho a la salud que debe tener todo enfermo?

Estephania Zluhan Martínez

Para juntar un poco las ideas de las preguntas del público, es im­
portante comentar que algunas sentencias de la Suprema Corte
de Justicia ya han abordado el término precautorio, enfatizando
que implica usar la mejor información científica disponible del
momento y que —como decían en esta sesión— eso puede ir cam­
biando a lo largo de los años.
Otra tema relacionado con varias de las preguntas que llega­
ron tiene que ver con cómo se tiene que difundir la ciencia o em­
plearla de manera legal y científica, sin que se vea afectada por los
intereses propios. Supongo que también porque todos como cien­
tíficos a veces, cuando estamos estudiando, no vemos cómo la
información que generamos podría ser usada de otra manera.
Otro tema en común en las preguntas y que está relacionado
con uno de los precedentes de la Corte, es cómo se ha aplicado la
inversión de la carga de la prueba, es decir, quien realiza o autori­
za alguna actividad que conlleve riesgo es quien tiene que probar
que no es significativo. Quien lo debe de hacer no es una comuni­
dad, por ejemplo, que probablemente no va a tener el dinero, los
alcances, o a las personas científicas a su disposición para de­
mostrarlo.
Así que podemos dar una última ronda de cierre para que cada
uno dé comentarios al respecto.

275
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

Ana Laura Wegier Briuolo

Responderé brevemente un par de temas y después voy a terminar


cerrando. Sobre el caso del maíz y el huitlacoche (también cono­
cido en el extranjero como tizón, carbón o “corn smut”), es im­
portante subrayar que no se trata de una interpretación social o
académica aislada. Han sido las propias empresas que venden
estos cultivos a nivel global —y así lo indican incluso sus científi­
cos en algunas publicaciones— las que han destacado como una
ventaja de los maíces transgénicos su efecto en la eliminación del
tizón del maíz y otros hongos.
Justamente por ello, una de las investigaciones que actual­
mente desarrollamos en mi laboratorio busca comprender por
qué, en tantas regiones donde se cultiva maíz transgénico, se re­
porta la desaparición del huitlacoche, a pesar de que estos even­
tos no fueron diseñados específicamente para ese propósito. Este
hongo, lejos de ser solo una plaga, es un alimento valioso y un
componente fundamental de la cultura alimentaria mexicana.
Por lo tanto, podríamos estar perdiendo mucha más diversidad
biológica y cultural de lo que se había previsto únicamente con
base en los cambios esperados, si no profundizamos en lo que
realmente está ocurriendo. Estamos yendo en sentido contrario:
primero observamos las consecuencias y solo después intenta­
mos entender los cambios provocados por la biotecnología mo­
derna en los organismos genéticamente modificados.
La siguiente cuestión es sobre la Constitución. Lo que quedó
es que todas las modificaciones genéticas que rebasan las barre­
ras naturales de la reproducción y la recombinación, o sea, toda
la biotecnología moderna está incluida en la reforma. Si hay du­
das al respecto, existe un documento que se publica después de
que se aprueba en la Cámara de Senadores, la minuta del dictamen
de las comisiones. Dicho texto contiene que “toda la información
genética”, que incluye a la epigenética, la edición genética, el RNA

276
Biotecnología y genética

de interferencia y todas las técnicas que refiere, para que no haya


duda. Esa minuta es la que es aprobada por todos los congresos
locales de los estados. Estamos hablando de maíz, solamente esto
aplica para el maíz de México.
En ese contexto no se va a apostar a nuevas estrategias que
pongan en riesgo el alimento básico, la identidad nacional, ni el
centro de origen. Esta es una de las formas en las que realmente se
utilizó la información científica, la cual reconoce que todo México
es centro de origen y diversidad del maíz.
Lo siguiente que quería mencionar es que se ha tratado como
si en la biotecnología moderna, todo se tiene que inventar, que
todo es nuevo, hasta los conceptos. La realidad es que es muy fácil
identificar cuándo va a haber un conflicto entre distintos dere­
chos desde antes. Por eso es que solamente es mucho mejor irse
por la investigación que no es en líneas germinales, para así poder
extrapolarlo a las líneas germinales del maíz. El problema es que
todo esto es irreversible, una modificación genética que queda
liberada al ambiente, así sea humana o sea de maíz, puede tener
consecuencias irreversibles.
Imagínense a una persona que contiene una modificación ge­
nética, tiene derecho a reproducirse, sin embargo, también la otra
persona tiene derecho a saber si se va a reproducir teniendo infor­
mación genética solamente de nuestra especie. Ahí llegamos a un
conflicto de derechos, pues la persona con la modificación podría
alegar su derecho a la confidencialidad, este es un conflicto que
creo pudo prevenirse. Yo creo que, si pensamos en conflictos de
derechos desde el inicio, vamos a tener mucha mejor guía de qué sí
y qué no hacer.
Para hablar de incertidumbre, es un hecho que actualmente
hay una ventaja en los 30 años de experiencia con los que ya se
cuenta, donde se puede ver qué han estado haciendo, lo que dijeron
y lo que no les salió bien. Basados en esa incertidumbre acumu­
lada, la realidad es que no conviene decir que una cosa va a ser

277
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

más segura si no está aprobada. Si yo la voy a aprobar, ya hay mu­


chísimas formas de probar los riesgos antes de liberar organis­
mos al ambiente y hacer cosas que van a ser irreversibles.

Graciela Castro Escarpulli

Con todo lo que he escuchado el día de hoy, yo me planteo que


también hay modificaciones cuando te hacen un trasplante de
materia fecal y también cuando te hacen trasplante en exudados
cervicovaginales, y entonces ahí ¿dónde se mide el riesgo?, ¿cómo
se mide?, y ¿cómo entra el derecho? Porque, cuando uno tiene
acceso a cualquiera de estas tecnologías modernas, cuando se firma
el consentimiento informado ¿cuánto se le dice a la gente? ¿Cuándo
se les dice que les puede pasar algo por hacer una transferencia de
materia fecal? Pensemos que esto ocurre cuando la gente está
desesperada porque tiene enfermedad de Crohn o tiene una coli­
tis pseudomembranosa causada por el tratamiento desmedido con
antibióticos, obviamente van a aceptar el tratamiento con todas
las condiciones. Pero ¿cuál va a ser la repercusión en el individuo?,
¿cuál va a ser la repercusión con quienes cohabita?, ¿cómo se mide
el riesgo y cómo entra el derecho?
Con las ediciones genéticas, cuando la gente tiene una enferme­
dad crónica como lo que acaba de salir de la enfermedad del sín­
drome de Down, que hubo una modificación en uno de los genes
con el sistema CRISPR-Cas, ¿cómo miden el riesgo?, ¿todas las per­
sonas van a tener acceso? Como lo dice la doctora Ana, ¿todas las
personas van a tener derecho a saber qué va a pasar? Como inves­
tigador o persona que va a aplicar el tratamiento, tienes que infor­
marle al paciente, pero ¿qué tanto se le tiene que informar? Por
otro lado, estará la decisión de la persona de si aceptarlo o no, pero
además está el entorno social, que es muy importante, que en este
tipo de enfermedades o de circunstancias es por lo que la gente bus­
ca soluciones.

278
Biotecnología y genética

Yo creo que, retomando una de las preguntas que decía Este­


phania, la divulgación tiene que ser sensata y con palabras senci­
llas. No debe de ocultar la información o los riesgos asociados.
Por ejemplo, no podemos partir del supuesto de que todo aquel
al que tome antibiótico le vamos a poner un trasplante de materia
fecal, porque generará bacterias resistentes y cuando tenga una
infección severa ¿con qué lo vamos a tratar?
Yo creo que es interesante que el medir los riesgos no es total­
mente funcional ni certero, pues siempre va a haber riesgos porque
esto es dinámico, no estático. Así como el derecho que no es es­
tático, pues se va reformando conforme cambian las sociedades.
Termino haciendo énfasis en que, la tecnología está aquí y va a se­
guir evolucionando, ahorita es el sistema CRISPR-Cas, mañana
quién sabe qué vaya a ser.

David René Romero Camarena

Ciertamente, cualquier tratamiento médico, tendría que demos­


trar los niveles de riesgo y efectividad, las dos cosas. Pero eso es
algo que ya es estándar actualmente en la ley. Por otro lado, afor­
tunadamente, hay cosas que solamente afectan al individuo que
lo recibe, no afectan a posteriores generaciones. Reitero, hay mu­
chas cosas que vamos a ver en el futuro.
CRISPR-Cas ahorita ya ni siquiera es la herramienta de edi­
ción más moderna. Hace dos semanas salieron nuevos métodos
con los cuales se pueden lograr modificaciones genéticas que, de
primera impresión, van a ser más dirigidas. Sin embargo, se tiene
nuevamente que evaluar su aplicación, en especial los posibles
riesgos a futuro.
Yo no estoy para nada en contra de evaluar riesgos. Al contra­
rio, estoy muy a favor. No quiero comerme ningún tipo de publi­
cidad ni a favor ni en contra, quiero ver evidencias. Eso es lo que
tiene que considerar la ley para poder aplicar ese tipo de metodo­

279
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

logías. Aprender lo que es cierto para poder hacer lo correcto, es lo


que tiene que estar como telón de fondo.
Con respecto a plantas, sí, ciertamente, sobre todo en todas
las plantas hay una continuidad en línea somática y germinal. Efec­
tivamente, aunque se haga una modificación en línea somática,
en el caso del maíz, se puede llegar a línea germinal. Ese es un
punto que hay que tener en cuenta, sobre todo en el caso de plan­
tas. Sí veo problemático definir organismos genéticamente mo­
dificados como aquellos generados por técnicas que saltan las
barreras de reproducción sexual, porque si algo sabemos de la
historia de domesticación de plantas, es que ha habido diferentes
maneras naturales de saltarse esa barrera sexual. Por infrecuente
que parezca, se puede saltar.
La biotecnología de principios y mediados del siglo XX emplea­
ba cruzas amplias entre plantas de naturaleza muy diferente, las
cuales normalmente tienen una barrera sexual. Sin embargo, si
persistía o si trataban fusiones de células, lograban hacer esas
cruzas. Algunas de las plantas que utilizamos para alimentación
emplean este tipo de metodologías.
Si se define a los organismos genéticamente modificados como
aquellos que saltan la barrera sexual, creo que estamos cayendo
en un problema. Estamos sacando metodologías que ya se usan y
que normalmente no percibimos como transgénicas. Creo que
tenemos que ser un poco más cautelosos, no estar tan centrados
en la prohibición y poner atención en la evaluación particular y
casuística de riesgos.

José Ramón Cossío Díaz

No quiero que se lleven una impresión equivocada del derecho.


El derecho es el sistema de convivencia más importante que tene­
mos como sociedad. Piensen en esto: habrá personas religiosas
y no religiosas, cada una con sus propias cosmovisiones, y nadie

280
Biotecnología y genética

interferirá en ello. Lo que nos une a todos —más allá de las mora­
les distintas, las éticas diversas, las religiones o puntos de vista
particulares— es precisamente el derecho. Esta es una de las fun­
ciones esenciales de la democracia: crear esas reglas comunes
que nos permiten coexistir.
Eso no quiere decir, desafortunadamente, que exista una co­
rrespondencia entre el derecho y la verdad. Tampoco que el dere­
cho incorpore todos los elementos de la realidad. Hay intereses
políticos, partidos que —para mantenerse o alcanzar el poder—
pueden construir cualquier relato. Hay empresas, abogados, cien­
tíficos que trabajan por remuneración. Es un sistema complejo.
No digo que esto sea correcto, ni lo justifico. Solo señalo que la
realidad es más sofisticada que suponer que quien diga tener la ver­
dad escribirá el contenido de las leyes, pues en ocasiones se con­
traponen otros intereses.
Me acuerdo de un artículo de unos cigarros que decía: “Nueve
de cada diez médicos recomiendan esta marca”. Esto era en los
años cuarenta, salía un doctor atractivo, con bata, en su consul­
torio, con la enfermera, una imagen muy machista. La impresión
que daba era que los doctores recomendaban fumar. Si potencia­
mos este mensaje, es exactamente igual, se interponen los intere­
ses económicos o de otros tipos.
No se queden con la impresión de que si se quiere trabajar con
el derecho no va a implicar un proceso de lucha. Porque hay un
gran trabajo en lograr poner los contenidos en los lugares que uno
quiere, eso implica un enorme esfuerzo para comprender cómo
funciona el derecho, no cómo nos gustaría que funcionara.
Por la forma en que está estructurado el orden jurídico mexi­
cano —similar a la mayoría de los sistemas contemporáneos— la
solución más económica es incidir a través del legislador. Si quere­
mos entrar por la vía jurídica, es muy costoso. ¿Por qué? Porque
se tendría que lograr que una sentencia particular se convierta en
regla general. Eso funciona en los sistemas de common law como

281
Cossío Díaz, Romero Camarena, Wegier Briuolo, Zluhan Martínez

en los Estados Unidos, Inglaterra o Nueva Zelanda, pero en siste­


mas como el nuestro resulta poco eficiente. Jugar el juego de las
sentencias es un proceso muy largo y caro. Entonces, ¿cómo se
puede influir? A través de los congresos.
Hay que tener claro que, de esos congresos —como bien seña­
laba Ana— surgen dictámenes legislativos, minutas y otros ins­
trumentos que luego los tribunales interpretan, esto puede resultar
en un mundo muy difícil y complejo. Es por eso que estas pláticas
me parecen importantes, porque reflejan que, a pesar de que ten­
gamos la mejor evidencia disponible, la más sólida, no necesaria­
mente se va a convertir en norma. Habrá quienes no quieran, por
diversos motivos.
Es decir, esta es la parte triste, pero también es donde está el
desafío de las combinaciones entre el derecho y la ciencia, que bus­
can lograr que esas buenas decisiones se pongan en estas normas
correctas y entonces tengan un impacto social importante.

Estephania Zluhan Martínez

Agradezco profundamente a nuestras invitadas y a nuestros invi­


tados por sus valiosas aportaciones y también a todas las personas
presentes por su interés, tanto presencialmente como a través de
las redes sociales. Realmente esperamos que este diálogo contri­
buya a una mayor comprensión sobre el papel del derecho en la
era de la biotecnología moderna y viceversa.
Agradecemos a todas las instituciones que ayudaron a que esto
fuera posible, a El Colegio Nacional, a la Unidad General de Cono­
cimiento Científico y Derechos Humanos de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación y también a la Escuela Nacional de Cien­
cias Biológicas que nos permitió hacer este evento el día de hoy
aquí.

282
Cambio climático
y justicia ambiental 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
Adrián Fernández Bremauntz
María Amparo Martínez Arroyo

Modera
Alejandra Rabasa Salinas

José Ramón Cossío Díaz

Muy buenos días tengan todos ustedes, me da mucho gusto recibir­


los aquí en el edificio sede de El Colegio Nacional donde vamos a
tener una sesión más de este importante Seminario Permanente
de Derecho y Ciencia.
Este es un seminario que ha organizado El Colegio Nacional,
junto con la Suprema Corte de Justicia de la Nación, gracias al
impulso de la ministra presidenta Norma Piña y de Alejandra Ra­
basa, quien es la titular de la Unidad General de Conocimiento
Científico y Derechos Humanos.
Creo que esta iniciativa de la ministra Piña, que llevaron muy
bien a cabo Alejandra Rabasa, Joaquín Giménez y todo el equipo,
ha sido de gran importancia porque ha retomado algunas intui­

1
Sesión realizada el 1 de abril del 2025 en El Colegio Nacional.

283
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

ciones e ideas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de


algunos tribunales que estaban utilizando conocimiento científi­
co para la resolución de casos. Lo interesante de esto es que no se
quedó en un proceso individual, en un proceso descentralizado,
sino que le ha dado una forma institucional que ojalá que preva­
lezca a pesar de todos los cambios que se están presentando en la
judicatura nacional.
A lo largo de las sesiones hemos analizado distintos temas
desde el punto de vista científico y desde el punto de vista jurídi­
co. Hoy vamos a referirnos a uno de los temas centrales de nues­
tro presente y de nuestro futuro como humanidad: el cambio
climático y la justicia ambiental.
Le voy a dar la bienvenida a Alejandra Rabasa quien va a con­
ducir la mesa y va a hacer la presentación de quienes vamos a
participar para poder desarrollar todos estos elementos.
La idea es que establezcamos, como lo hemos tratado de hacer
desde hace tiempo, relaciones personales e institucionales, a tra­
vés de las curiosidades y los intereses entre la ciencia, el mejor
conocimiento que tenemos asequible en este momento, y el dere­
cho. Todo ello para construir las mejores normas jurídicas, sean
estas leyes, reglamentos, o como en el caso del Poder Judicial de
la Federación, sentencias.

Alejandra Rabasa Salinas

Muchas gracias, doctor José Ramón Cossío, a usted y a El Colegio


Nacional por esta colaboración que nos parece tan importante en
la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que nos permite, en una
segunda edición de este seminario, explorar la intersección entre
temas científicos que desempeñan un papel importante en el siste­
ma de justicia y la respuesta del sistema jurídico a la ciencia.
En la primera edición analizamos lo que ya había ocurrido
en la Suprema Corte de Justicia cuando se había aproximado al

284
Cambio climático y justicia ambiental

conocimiento científico, en gran medida, por las visionarias, pro­


gresistas y sólidamente técnicas sentencias del ministro en retiro
José Ramón Cossío, uno de los pioneros en impulsar el conocimien­
to científico en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Yo creo
que la Unidad, que tengo el honor y el gusto de dirigir, tiene un ori­
gen importante en la búsqueda que tuvo el ministro Cossío por
empatar el conocimiento científico con la justicia constitucional.
Esta segunda edición del seminario se trata de temas emer­
gentes, de tratar de adelantarnos un poco a las respuestas que el
sistema de justicia tendría que ir pensando sobre temas científi­
cos emergentes donde todavía no hay tantos precedentes claros o
legislación o respuestas para enfrentar retos y problemas que ya
están aquí, problemas muy contemporáneos.
Como dijo el doctor Cossío, la sesión de hoy aborda un tema
que difícilmente puede quedar ajeno en cualquier conversación de
cualquier ámbito, ejemplo de ello es que es una preocupación cre­
ciente en las nuevas generaciones, desde el social, pasando por el
económico y por supuesto, el derecho. Para esta sesión nos acom­
pañan dos personas expertas en este tema, que yo tengo el gusto
de conocer desde hace mucho, que admiro y respeto mucho, y les
agradezco haber aceptado la invitación del día de hoy.
La doctora María Amparo Martínez Arroyo, es bióloga con
estudios de licenciatura y maestría en la Facultad de Ciencias
de la UNAM, con un doctorado en ecología por la Universidad de
Barcelona. Tiene muchos campos de investigación donde ha sido
muy destacada, centrados mucho en las interacciones entre la at­
mósfera, la biosfera, la hidrosfera, así como las interacciones que
existen entre la ciencia, el medio ambiente y la sociedad, donde
ha desarrollado muchos proyectos. Cuenta con diversas publica­
ciones científicas, académicas, de divulgación internacionales y
nacionales.
En los últimos 20 años, el trabajo de la doctora María Ampa­
ro Martínez ha estado muy enfocado en la aplicación de la ciencia

285
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

para la construcción de políticas públicas en la resolución de pro­


blemas relacionados con la atmósfera y el cambio climático en
México. Participa en diversos organismos internacionales sobre
cambio climático global, fue directora del Centro de Ciencias de
la Atmósfera de la UNAM de 2009 a 2013, así como del Instituto
Nacional de Ecología y Cambio Climático de 2003 a 2021. Actual­
mente es jefa del Departamento de Ciencias Ambientales e in­
vestigadora titular en el Grupo de Aerosoles Atmosféricos en el
Instituto de Ciencias de la Atmosfera y Cambio Climático de la
UNAM. Bienvenida, doctora.
Les presento también al doctor Adrián Fernández Bremauntz,
con quien también ya tenemos una larga trayectoria de acom­
pañarnos en seminarios de derecho con la aportación de muy
importantes conocimientos sobre prueba, evidencia científica,
causalidad, etcétera. El doctor Adrián Fernández es director eje­
cutivo de la Iniciativa Climática de México, la ICM. Es biólogo y
ecólogo por la Universidad Autónoma Metropolitana, con maes­
tría en tecnología ambiental y doctorado en ciencias ambientales
por el Imperial College. Cuenta con más de 30 años de experiencia
en cambio climático y política ambiental en México, muy desta­
cadamente en el campo de la contaminación del aire, la salud am­
biental y las sustancias tóxicas.
Bajo su liderazgo, la ICM se ha consolidado como un muy reco­
nocido think tank en cambio climático. Hace un trabajo que yo
invito a todas las personas a acercarse y a conocer. Ha realiza­
do entre otras cosas una muy emblemática NDC (Contribución
Determinada a nivel Nacional) de México desde la sociedad civil:
la Ruta de Emisiones Neta Cero para México. El doctor Fernán­
dez cuenta con una trayectoria distinguida: ha ocupado cargos
clave en el gobierno federal, como en la SEMARNAT; fue presi­
dente del Instituto Nacional de Ecología de 2005 a 2011; y represen­
tó a México en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre

286
Cambio climático y justicia ambiental

Cambio Climático de la ONU, entre otros. Cuenta con un sinfín


de distinciones y participaciones a nivel nacional e internacional.
Hubo un momento importante en el derecho internacional y
en el derecho comparado donde se visibilizaron las preocupaciones
relacionadas con el cambio climático en muchos frentes. Ejemplo
de ello es la responsabilidad de las empresas, por ejemplo, en tér­
minos de responsabilidad corporativa, de transparencia hacia los
inversionistas, de todas las reglas de información transparente y
de consumo responsable que estas están obligadas a divulgar a los
consumidores. No hay que dejar de lado que también se empeza­
ron a visibilizar las preocupaciones desde el lado de los derechos
humanos que están involucrados con los riesgos que causa el cam­
bio climático, por ejemplo, el derecho al medio ambiente sano, al
agua, a la vivienda, a la integridad física, a la propiedad —o como
en muchos litigios internacionales se ha invocado, el derecho al
futuro, que está amenazado por los riesgos que plantea el cambio
climático—, entre otros.
También se han abordado estos temas desde el principio de
progresividad y cómo los gobiernos y los estados tienen una res­
ponsabilidad de tener metas cada vez más progresivas para miti­
gar las emisiones de gases de efecto invernadero, para avanzar en
las políticas de adaptación de los ecosistemas y de las sociedades
al cambio climático; así como para mitigar los riesgos a futuro que
están ocurriendo por decisiones que se toman o se dejan de tomar.
Los tribunales se han convertido en espacios clave a nivel global
para dirimir controversias relacionadas con el cambio climático.
En países como México y diversas naciones de América Latina, los
Estados Unidos y miembros de la Unión Europea, estas demandas
han sido impulsadas por grupos de jóvenes, niñas y niños, comuni­
dades afectadas y organizaciones de la sociedad civil, prin­cipal­
mente contra empresas responsables de impactos ambientales.
Un caso muy emblemático fue el ocurrido en La Haya, donde
fue llevada a juicio la petrolera Royal Dutch Shell por su contri­

287
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

bución al cambio climático en un litigio de derechos humanos.


Ahí se cuestionó si las empresas son responsables de violar dere­
chos humanos por su contribución a fenómenos como las emisio­
nes de gases de efecto invernadero —ya sean directa, indirecta o
de cualquier tipo— y, en todo caso, cuál es la responsabilidad.
También esto ha ocurrido con gobiernos, por ejemplo, un caso
emblemático es el del Tribunal Constitucional Alemán. En este
caso, iniciado por varios grupos de jóvenes, declaró que la política
del gobierno alemán no era lo suficientemente ambiciosa para mi­
tigar las emisiones de gases de efecto invernadero y con ello, poder
cumplir con el Acuerdo de París. La Corte Constitucional Alema­
na obligó a revisar la legislación y las metas del gobierno alemán.
En México, la Suprema Corte de Justicia de la Nación también
se ha aproximado a litigios sobre el cambio climático. Entre algunas
cosas importantes que ha dicho es que el Acuerdo de París —el
tratado que fija los compromisos climáticos de los Estados parte
como México— es vinculante y obligatorio para todas las autori­
dades mexicanas. Además, este acuerdo constituye un tratado de
derechos humanos regido por principios fundamentales como
el de precaución, prevención, participación pública, acceso a la
mejor información disponible y no regresión. Eso implica que
todas las decisiones de la política mexicana sobre cambio climá­
tico tendrían que estar basadas en esos principios, en la mejor
información disponible, en siempre avanzar en las metas de re­
ducción de emisiones, de adaptación y no tener regresiones. Sin
embargo, no sabemos todavía cuántos litigios más van a llegar ni
sobre qué temas específicos del cambio climático.
Hay mucha complejidad detrás. Por ejemplo, en los temas de
prueba ¿cómo se prueban los riesgos?, ¿existe la información sufi­
ciente para atribuir un nexo causal con lo que la ciencia dice? El
panel intergubernamental de cambio climático lleva mucho tiem­
po publicando hallazgos inequívocos, pero ¿podemos atribuirlo
a casos particulares, a fenómenos de riesgo de daño ambiental,

288
Cambio climático y justicia ambiental

de daño climático en particular?, ¿existe la ciencia en la causali­


dad, en la atribución, en ese nivel?, ¿cómo puede probarse?
Por eso, este diálogo con la ciencia nos hace preguntarnos en
lo que se puede esperar de los sistemas de justicia, para responder
a los retos científicos en materia de cambio climático que están
documentados inequívocamente. Si algo no se puede decir es
que no existe información. Un cuestionamiento es cómo comuni­
camos el conocimiento que sí hay, para accionarlo desde el sistema
de justicia. Por eso estamos aquí, esta es una discusión importan­
te, emergente y pendiente.

María Amparo Martínez Arroyo

Muchísimas gracias por la invitación. Realmente es un tema fas­


cinante. A mí me entusiasmó mucho cuando me invitaron por­
que me parece importantísimo esto que están haciendo.
Quisiera ubicar el fenómeno del que vamos a estar hablando,
el contexto, o sea, el cambio climático antropogénico, que es el
que estamos viviendo ahora, el causado por las sociedades huma­
nas. Quisiera hablar de algunas de las características del cambio
climático y sus impactos. Esa es la discusión que vamos a tener.
El calentamiento global, en particular, responde a un meca­
nismo físico conocido, explicable, y que físicamente se puede medir
como un desequilibrio energético. Al planeta lo que le está pasan­
do es que está entrando más energía de la que sale. Esto debido a
que hay una acumulación de sustancias en la atmósfera que no
permiten que esa energía, que debería de salir del planeta, salga.
Por lo tanto, se queda atrapada por las sustancias que conocemos
como gases de efecto invernadero, produciendo un calentamien­
to; un forzamiento radiactivo que calienta a todo el planeta.
La acumulación de estas sustancias no es natural en la medida
en que la estamos viendo. Fue natural al principio de la historia de
nuestro planeta, el efecto invernadero tuvo beneficios, pues esta

289
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

protección contribuyó a que surgiera la vida. Sin embargo, ac­


tualmente el fenómeno de acumulación no es el mismo que ha
sido en otros periodos geológicos, se está acumulando por la acti­
vidad humana, por la quema de combustibles fósiles y por el cam­
bio de uso del suelo. Además, este fenómeno se ve incrementado
con la destrucción de ecosistemas que no pueden atrapar una gran
parte de esta contaminación. Ocurre básicamente porque desde
la revolución industrial se da un fenómeno en donde empezamos a
sacar de la tierra combustibles fósiles y a quemarlos masivamente
de manera continua. Esto no había ocurrido antes en la Tierra de
esta manera. Esto nos lleva al cambio climático que tenemos ahora.
¿Cuáles son las características del cambio climático que creo
que debemos de tomar en cuenta al analizarlo, sobre todo desde
el punto de vista del derecho? El cambio climático es global, es
acumulativo y es de largo plazo. Esas cosas no debemos de olvidar­
las cuando estamos analizando casos locales particulares. Global
porque no tiene fronteras, afecta a todo el planeta; las emisiones
de un país pueden estar produciendo impactos en otros, hay una
serie de mecanismos que no son lineales. Es de largo plazo porque
no es un proceso que empiece y termine; no es que empiece un año
y termine el otro, sino que se va gestando, se va desarrollando, va
incrementando a lo largo del tiempo y seguramente, aunque lo­
gremos frenar alguna parte, otra parte va a seguir por décadas o
por siglos.
Otra característica es que el cambio climático no es homogéneo.
Esto es, no se da igual ni al mismo tiempo en todos lados. No se
da de la misma manera ni entre países, ni al interior de los países.
Los impactos al interior de los países no son los mismos para dis­
tintos sectores. Una cuestión es cómo va avanzando el fenómeno
y otra son sus impactos que no son homogéneos.
El cambio climático y sus impactos tampoco son justos. Sus
impactos son desiguales espacial y socialmente, no en proporción
a la responsabilidad de las emisiones. Esto es importante señalarlo

290
Cambio climático y justicia ambiental

porque, por ejemplo, es un tema constante en las negociaciones


internacionales. Los países tropicales y los países insulares, que
históricamente no han tenido emisiones, son los que están su­
friendo más afectaciones, probablemente se van a quedar sin país
muchas de las islas pobladas, pese a que ellos no emitieron ni tu­
vieron esta responsabilidad.
Por el lado social, cuando digo que tampoco es homogéneo
socialmente, hay que decir que el 1% de la población más rica del
planeta, como ya ha documentado muy bien Oxfam, emite más
del doble de los gases de efecto invernadero que el 50% más po­
bre de la población. Creo que esto es importante tomarlo en cuen­
ta cuando se quieren enfrentar problemas locales y encontrar
quiénes son los responsables.
El cambio climático es complejo y es sistémico. Es complejo
porque involucra todos los componentes del sistema Tierra, o sea,
involucra toda la parte física, la atmósfera, la criosfera (que es
toda la parte fría y congelada), la litósfera y la biosfera. También
involucra a múltiples factores sociales y actividades humanas como
la emisión de gases, la deforestación y la contaminación. Invo­
lucra todo esto. Es sistémico porque afecta a todos los sistemas
naturales y sociales, se involucra con los problemas que ya existen,
como los problemas ambientales, económicos y sociales que se
ven agravados por el cambio climático.
Una buena noticia es que, dentro de todo, se ha visto que el
cambio climático sí responde a acciones humanas concertadas de
largo alcance. En este seminario se ha hablado mucho del proto­
colo de Montreal, por ejemplo; se ha hablado de cómo se notan
los vaivenes económicos en las emisiones. Muchas veces hay re­
ducciones de emisiones, no por las buenas razones, sino porque
la actividad económica se cae, pasó en la pandemia. Pero esto lo
que nos muestra es que sí podemos hacer algo para que cambie,
no es un destino fatal, aunque estamos muy cerca de ello, pero
todavía se puede hacer algo al respecto.

291
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

Por otra parte, con esta cuestión sistémica, este cambio climá­
tico es parte de lo que llamamos ahora una triple crisis planetaria
que tiene que ver con la pérdida de biodiversidad, con la contami­
nación de agua, aire, suelo e incluso organismos, y con el cambio
del clima.
Cuando nos aproximamos a tratar de ver cómo es el cambio
climático, nos damos cuenta de que, desde todas las disciplinas,
tenemos que cambiar mucho nuestros métodos, nuestros para­
digmas, la manera en la que lo analizábamos, y hay que aprender
a analizarlo en conjunto, aprender a pensar fuera de la caja para
poder encontrar nuevas formas en las que este planeta pueda ser
viable, pero mediante cómo se organice la sociedad y las medidas
que tome.

Alejandra Rabasa Salinas

Muchas gracias, doctora Amparo. Me parece muy importante


que nos plantea muchos temas esenciales para esta discusión. Por
ejemplo, yo me pregunto cómo puede hacerse cargo el sistema de
justicia con los riesgos que son acumulativos a largo plazo, que
sabemos ahorita que están ocurriendo, pero que no sabemos exac­
tamente ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo se van a manifestar?, ¿con qué
magnitud? Nos plantea cosas también de equidad, cómo los im­
pactos no se sienten y no se notan necesariamente proporciona­
les al nivel de responsabilidad por la acción y por la emisión.
Hace ya varios años, Nicholas Stern afirmó que el cambio cli­
mático es la mayor externalidad negativa que el mundo ha en­
frentado. Esa afirmación sigue siendo exacta: el cambio climático
está directamente vinculado a la falta de responsabilidad propor­
cional frente a los beneficios que obtienen ciertos actores. Se tra­
ta, en esencia, de un problema de equidad.
Muchos tribunales internacionales como la Corte Interna­
cional de Justicia ya han hablado mucho de que es el mayor riesgo

292
Cambio climático y justicia ambiental

de retroceso de todos los derechos alcanzados respecto al desa­


rrollo en los últimos 50 años. La Corte Interamericana de Dere­
chos Humanos está por sacar una opinión consultiva sobre el
cambio climático. Yo creo que estos planteamientos que nos hace
la doctora María Amparo son bastante importantes en términos
de justicia o de injusticia y de posibles respuestas.
La Suprema Corte de Justicia ya se ha referido a la triple crisis
planetaria. Por ejemplo, la sentencia de la Controversia Constitu­
cional 212 de 2018 sobre Holbox y el Amparo en revisión 307 de
2016, son dos sentencias de la ministra Norma Piña Hernández
donde se abordó la triple crisis planetaria.
Quiero aprovechar para también decirle al doctor Cossío —para
su intervención— que me parece interesante cómo podemos co­
nectar si el sistema de justicia puede hacerse cargo de todas estas
características de difusión, de acumulación, de largo plazo, sobre
cómo no se dan igual los impactos del cambio climático y cómo
traer respuestas de equidad. Pero primero pasamos con el doctor
Adrián Fernández a ver sus comentarios iniciales.

Adrián Fernández Bremauntz

En primer lugar, mi agradecimiento, tanto a El Colegio Nacional,


como a la Suprema Corte de Justicia por continuar con la organiza­
ción de este tipo de eventos, de diplomados, de una gran cantidad
de actividades muy pertinentes, muy necesarias, de una gran ri­
queza en cuanto a su contenido y de una gran seriedad en la in­
terdisciplina. Para mí es un privilegio siempre el estar aquí con
ustedes. Gracias por la amable invitación.
Al escuchar con atención a la doctora Amparo hace un momen­
to —como estamos en la parte introductoria de tratar de recoger
los elementos más importantes que nos van a servir para la siguien­
te parte de las deliberaciones o de los comentarios, donde se pue­
de asir la deliberación de las cortes de los jueces con respecto a los

293
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

casos vinculados con cambio climático— apunté aquí dos o tres


elementos que son probablemente complementarios a las cosas a
que ya, muy claramente, nos ha compartido Amparo.
En la ciencia y el conocimiento está muy bien identificado
que, a partir de la Revolución Industrial —hace más de 150 años—,
comenzó, por un lado, la quema muy acelerada de un número
creciente de combustibles fósiles, sobre todo carbón y, posterior­
mente, otros combustibles. Por otro lado, también es importante
considerar la deforestación histórica de grandes extensiones a lo
largo de toda Europa, que, aunque han recuperado cubierta vege­
tal en las últimas décadas, la gran deforestación que sufrieron a lo
largo de muchos años —así como la pérdida de cobertura vegetal
en diferentes tipos de ecosistemas: bosques, selvas, manglares,
etcétera— generó que se liberaran grandes cantidades de carbo­
no del cual eran reservorios.
La contribución acumulada histórica de ese dióxido de car­
bono está ahí, en la atmósfera, pues una vez que se libera, se acumu­
la. En el caso del dióxido de carbono, este permanece durante
varios cientos de años; un ejemplo de ello es el dióxido de carbo­
no liberado por las talas de hace 250 años. Por otro lado, está la
quema de combustibles fósiles, donde se tiene absoluta certeza
de las concentraciones, las cuales se han medido de manera con­
fiable durante muchas décadas. Dichas mediciones de dióxido de
carbono comenzaron en el observatorio de Mauna Loa y conti­
núan hasta hoy; incluso, se puede consultar el reporte. En la era
preindustrial, se reportaban aproximadamente 280 partes por
millón (ppm). Como bien decía Amparo, gracias a esa concentra­
ción de dióxido de carbono, las condiciones de vida en la Tierra
eran adecuadas para nosotros, tal como las conocemos.
Si no tuviéramos esta capa de gases —como una cobijita—,
andaríamos probablemente entre -7°C y -12°C en promedio. Esta
acumulación natural de gases ya existía, pero le hemos agregado
concentraciones adicionales y existe una relación directa (aunque

294
Cambio climático y justicia ambiental

no lineal) entre esta mayor acumulación y el aumento en la tem­


peratura promedio del planeta: a mayor concentración, mayor
incremento térmico. Estas afirmaciones están respaldadas por me­
diciones puntuales confiables.
Una cosa interesantísima, de donde yo creo que abreva mucho
de lo que el derecho puede hacer, es que los trabajos de este grupo
—el Panel Intergubernamental de Cambio Climático—, que ha
producido ya seis reportes periódicos donde revisa el estado del
conocimiento, no son reportes de investigación original, sino que
revisan todo lo último que se sabe, en muchos aspectos, con res­
pecto al cambio climático. Una de las cosas más fascinantes, quizá,
es que si ustedes revisan esos reportes —ya van seis de los estánda­
res, además de otros reportes especiales, de los cuales hablaremos
en un momento—, notarán el lenguaje que utilizan. Los científi­
cos se dieron a la tarea, con mucha seriedad y a lo largo de muchos
años, de construir una interpretación semicuantitativa y probabi­
lística del nivel de certidumbre que se tiene sobre distintos aspec­
tos del conocimiento vinculado con el cambio climático.
No me voy a meter en muchos detalles, pero lo importante es
que, si revisan el primer reporte de evaluación de hace aproxima­
damente veinte años, encontrarán reflejado el vínculo entre la
atribución a las actividades humanas con el cambio climático y
la medida en la cual este fenómeno se podía atribuir. Fue evolu­
cionando claramente el lenguaje, respondiendo a la evolución del
conocimiento científico de hace veinte años. En esos reportes,
el lenguaje era cuidadoso, pues los científicos debían de dar una
interpretación y una traducción del conocimiento científico con
la mayor objetividad y basado en qué tan robusto y confiable es el
conocimiento. Ha evolucionado claramente el lenguaje y, ya en
los últimos reportes se ve categóricamente los pronunciamientos
de los científicos en cuanto a la interpretación del conocimiento,
ya de manera muy clara para muchas cuestiones.

295
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

Una buena parte del cambio climático se ha atribuido a los


seres humanos. No hay un solo rincón del planeta hoy en día donde
no se hayan detectado impactos negativos atribuibles al cambio
climático. Quiero hacer una breve referencia a uno de los reportes
especiales que, en ocasiones, se encargan a los científicos. El Acuer­
do de París, firmado en 2015, establece en su texto que el objetivo
—mediante los esfuerzos de los más de 190 países firmantes— es
limitar el aumento de la temperatura promedio global a menos
de 2°C, y deseablemente a no más de 1.5°C. Esto fue establecido
en aquel ya lejano 2015.
En 2018 surgió un intenso debate respecto a por qué 1.5°C y
no 2°C. Ese mismo año, el IPCC publicó un informe trascenden­
tal, conocido coloquialmente como “el informe del 1.5”. Las fe­
chas son importantes porque, cuando se encomendó este reporte
a los científicos, el objetivo era responder a dos preguntas clave.
La primera pregunta era: ¿Estamos aún a tiempo —según las
leyes de la física, la química y los principios que rigen nuestro
planeta— de contener las emisiones de gases de efecto invernade­
ro, de manera que podamos limitar el aumento de temperatura
global por debajo de 1.5 grados? Cabe destacar que en ciencia no
existen respuestas categóricas absolutas; existen márgenes de
incertidumbre, aunque estos se manejan con rigurosidad estadís­
tica y probabilística. La respuesta a esta primera pregunta, en el
lejano 2018, fue afirmativa: según los fundamentos de la física,
la química y la ciencia en general, aún era posible controlar las
emisiones.
La segunda pregunta obligada: ¿qué hay que hacer? De aquí
se deriva uno de los grandes cimientos fundacionales con los que
después se generaron adecuaciones, modificaciones, discusio­
nes, negociaciones y elementos de base para las determinaciones
de los jueces. Los científicos dijeron en ese momento que habría
que reducir las emisiones en el planeta en por lo menos 45%, antes
del 2030. Si eso creen que suena muy ambicioso, después habría

296
Cambio climático y justicia ambiental

que irse a una pendiente de reducción de emisiones mucho más


acentuada, de tal manera que lleguemos a cero emisiones netas a
mediados de siglo.
Ese es el gran chequeo de realidad que todos debemos tener,
que los tomadores de decisiones del mundo deben que tener. Se
tiene que estar comparando todo el tiempo si los esfuerzos que
hacen las personas, las ciudades, los estados, los países y la comu­
nidad internacional son cercanos o congruentes con trayectorias
que respondan a lo que la ciencia nos está diciendo, si no, ¿para qué
investigamos? La ciencia nos da una muy razonable claridad de
algo fundamental: la escala y la rapidez de la respuesta necesaria.
Después de 2018 se da más vigor a las negociaciones y también
a los esfuerzos de los países. Después de ese reporte pasaron dos o
tres cosas fundamentales. Por ejemplo, Europa Occidental, los
Estados Unidos y algunos otros países desarrollados rápidamen­
te adoptaron y aceptaron como propio ese objetivo de intentar
llegar a cero emisiones para mediados del siglo.
A partir de ello, se desarrolló primero el concepto y luego la
implementación detallada del Green New Deal europeo, que hoy
es legislación obligatoria aprobada por Bruselas. Imaginen las ne­
gociaciones entre todos los países de la Unión Europea —unos con
mayores desafíos que otros, como el caso de Polonia por su alta
dependencia del carbón—. A pesar de esa complejidad, el bloque
en su conjunto se ha comprometido a alcanzar cero emisiones en
2050. Lo que plantean esas piezas de legislación obligatoria que
están avanzando en Europa —y que los países están esforzándose
por cumplir— representa un ejercicio muy serio. Si se aplican con
rigor y eficiencia, hay una probabilidad real de que Europa, en
conjunto, logre alcanzar la meta de cero emisiones para 2050.
En el caso de Estados Unidos, bajo la legislación impulsada
por la administración del presidente Biden, se aprobaron un con­
junto de leyes, especialmente la llamada Inflation Reduction Act,
que en realidad es su ley de cambio climático. Esta fue aprobada

297
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

—casi milagrosamente— con votos de ambos partidos. Esa ley,


conocida como “IRA”, es el instrumento legal que Estados Uni­
dos diseñó y estaba llevando a cabo para llegar a cero emisiones al
2050. No es trivial que todo el mundo, los más de 190 países que
son signatarios de la Convención Marco de Cambio Climático
del Acuerdo de París, hayan aceptado el objetivo común, el para­
digma a seguir para alcanzar cero emisiones.
Hay muchos países que no están actuando en consecuencia,
hay muchos países que incluso en sus actividades están atentan­
do seriamente contra el poder avanzar, por ejemplos los países
petroleros. Resulta significativo que, en contraste, se hayan desa­
rrollado marcos legislativos en Europa, los Estados Unidos y otras
regiones, para responder con la capacidad, recursos financieros y
determinación necesarios, para que fueran instrumentos que lle­
varan a dichos países a alcanzar el objetivo acordado: limitar el
calentamiento global a un aumento máximo de 1.5°C.
También recojo un par de elementos muy interesantes que
comentó Amparo. Uno es respecto a la atribución de los impac­
tos del cambio climático, por supuesto todos tenemos emisiones,
los países, las ciudades, etcétera. Entonces, no se puede señalar
que las emisiones de alguien en particular causaron la inundación
de Tabasco. Sin embargo, con este nuevo entendimiento científi­
co, se ha avanzado en conocer la proporción entre las emisiones
y los esfuerzos de mitigación. Y aunque, desde el punto de vista
de eficacia, no sería lo más adecuado que todos llegaran a cero
emisiones por igual, ese objetivo se ha convertido en un principio
casi universal. Imaginen lo que implicaría introducir otros crite­
rios, como permitir que países más desarrollados pudieran aspi­
rar solo a una reducción del 20%, dejando a los demás con metas
desproporcionadas.
De inicio tiene que ser un principio operacional que se está
aplicando ahora, por ejemplo, se aplica a gobiernos subnaciona­
les, a compañías, a escuelas, se aplica a todo el mundo. Por eso,

298
Cambio climático y justicia ambiental

después del reporte del 2018, el Secretario General de la ONU em­


pezó a aprovechar las sesiones de la llamada Climate Week en
Nueva York, que se llevan a cabo en septiembre de cada año des­
de el 2018, para llamar a todo mundo en un esfuerzo complemen­
tario. Esto no sustituye a las negociaciones del Acuerdo de París,
sin embargo, busca invitar a todo el mundo a ir a Nueva York para
que, de cara al mundo, se comprometan a cero emisiones.
Ahí empezó el desfile de cientos de compañías, de goberna­
dores de estados, de gobiernos subnacionales del mundo y de todo
mundo para llegar a decir que se comprometían con ese objetivo
global de cero emisiones. Esto se relacionará con el caso de Shell,
pues una de las cosas que determinó la Corte de La Haya es que el
esfuerzo planteado por Shell era muy por debajo, por ejemplo, de
una línea consistente de reducción de emisiones. Dicho de otra
manera, se necesitaba que ellos redujeran emisiones, aumentando
su esfuerzo para alinearse con la meta de cero emisiones. Aunque
no era en términos absolutos, era tratar de responder la pregunta:
¿es suficiente el esfuerzo o se están quedando muy lejos? Un tema
muy complejo, pero eso estuvo en el fondo de esa decisión.
El último tema que comento, inspirado también por algo que
mencionó Amparo, tiene que ver con el mundo de las negociacio­
nes internacionales sobre cambio climático, en el cual he tenido
el gusto de participar en más de veinte de las veintinueve confe­
rencias. Un punto interesante es que las posiciones de los bloques
de negociación han ido variando con el tiempo.
Como planeta, tardamos mucho en encontrar una fórmula
que, si bien no es perfecta, logró destrabar más de dos décadas de
antagonismos, polarización y estancamiento en torno a los es­
fuerzos por cooperar en materia de cambio climático. Me refiero
a la fórmula que, en el espíritu del Acuerdo de París, invitó a todos
los países a reconocer un principio fundamental que quienes traba­
jamos en este ámbito repetimos casi como un acto de fe: el prin­
cipio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Es decir,

299
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

los países contribuyen de manera diferente y también deben asu­


mir esfuerzos diferenciados.
Lo que permitió destrabar esas dos décadas de negociaciones
y polarización fue que, en lugar de que los países más desarrolla­
dos intentaran imponer o prescribir a los demás el tamaño de sus
esfuerzos, cada país, por su propia voluntad, presentó sus contri­
buciones nacionalmente determinadas. Dicho coloquialmente:
sus metas de reducción de emisiones. Cada uno, con un esfuerzo
serio, señaló la cantidad de aportaciones que podía hacer de
acuerdo con sus capacidades, recursos y circunstancias. Aunque
este no es un esquema perfecto, destrabó dos décadas de proble­
mas y ahora está en el propio acuerdo. Hay previsiones para que
los países vayan revisando, mejorando y dándole una ambición
para las metas.
Quisiera dejar la siguiente reflexión. Históricamente se ha
hablado siempre de países desarrollados, países en desarrollo y
países emergentes, y esos diferentes estadios de desarrollo lleva­
ban asociados distintos niveles de intensidad energética y volú­
menes de emisiones, incluso en términos per cápita. Desde luego,
los países desarrollados tienen un imperativo moral —basado en
la ciencia—: en primer lugar, deben ser los primeros en alcanzar
cero emisiones cuanto antes; y, en segundo, deben ayudar a otros
a lograrlo. Luego vienen en la fila los países emergentes. A China
la pondría en una categoría aparte, pero están también India,
Sudáfrica, Brasil, Indonesia, México, Turquía y otros países de
renta media con poblaciones numerosas y niveles significativos
de emisiones.
Si hoy en día todos los países tienen que alcanzar emisiones
netas cero, ya no podemos sostener que estos países “no importan”
o que basta con que China, los Estados Unidos y la Unión Euro­
pea hagan la tarea. Mi punto es que, en países emergentes como
México, en donde desafortunadamente existe una distribución
del ingreso profundamente desigual, de vergüenza nacional, en

300
Cambio climático y justicia ambiental

la que un pequeño porcentaje de la población concentra altos


ingresos y la mayoría tiene ingresos muy modestos, esa desigual­
dad también se refleja en las emisiones y en la huella de carbono.
Existe una correspondencia directa entre el nivel de ingreso y la
contribución individual al problema climático.
Cuando estamos en un punto donde la ventana de oportuni­
dad para contener el calentamiento en niveles aún manejables se
está cerrando, cabe preguntarse: ¿por qué deberían esperar las
minorías de alto ingreso y alta huella de carbono en nuestros paí­
ses emergentes? ¿Por qué esperar 10, 15 o 20 años a que la cons­
tante tecnológica, la energía, la movilidad y los sistemas de pro­
ducción lleguen a cero emisiones? El planeta no puede darse el
lujo de permitir que el 3% de la población mexicana con mayores
ingresos, cuya huella de carbono es superior al promedio de un
europeo occidental, continúe emitiendo al ritmo actual. Y si nos
concentramos en el 2% más rico, su huella supera incluso la del
promedio de un estadounidense.
Si sumamos a estos grupos de alto ingreso que sí tienen la
posibilidad real de llevar sus vidas a cero emisiones netas en dos o
tres años, y si se les brinda concientización, información y acom­
pañamiento sobre cómo lograrlo, podríamos avanzar mucho más
rápido. Pero para ello es necesario un cambio cultural profundo.

Alejandra Rabasa Salinas

Muchas gracias, doctor Fernández. Quiero invitar a las personas


a consultar los productos de la ICM que, por ejemplo, trabajó en
una ruta de misiones netas cero de México con información cien­
tífica y técnica. Como pueden ver, el doctor Fernández también
tiene un dominio absoluto de la geopolítica involucrada. Creo
que el tema de la proporcionalidad, como en el caso de Shell,
también será materia de muchas discusiones para el sistema de
justicia.

301
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

Vamos a escuchar al doctor Cossío, quien, cuando era minis­


tro de la Suprema Corte, también dejó una sentencia bastante
importante en este tema. La Contradicción de tesis, Primera Sala,
154/2001 es la única sentencia de la Corte que yo conozco donde
realmente dice cómo hay que acercarse a la incertidumbre y pe­
dir que la información científica reconozca los márgenes de error.
Me quedo con la idea del doctor Fernández que —cuando hablaba
del estudio de 1.5°C—, dijo que en ese momento la pregunta era si
podíamos llegar a detenerlo todavía en 1.5°C. La respuesta de las
leyes de la física, de las leyes de la ciencia, fue que sí. Pero ¿las leyes
humanas van a poder también hacerlo? Me parece que la única vía
para que esto pueda ocurrir es que las leyes humanas empiecen a
reconocer las leyes de la ciencia, ¿será posible doctor Cossío?

José Ramón Cossío Díaz

Muchas gracias. Han sido buenísimas las tres intervenciones en


este sentido. Creo que estamos ante el problema jurídico —dé­
jenme visualizarlo así— más grande que ha enfrentado la huma­
nidad. Nunca ha tenido un problema de esta naturaleza. Hemos
tenido a lo largo de la historia temas de fronteras, tuvimos el pro­
blema terrible de la esclavitud que involucró a muchos países,
pero nunca había habido un asunto de esta envergadura. Creo que
hay una coincidencia en la aparición del fenómeno del cambio
climático, que lo describió muy bien la doctora, con un momento
histórico en cuanto al derecho. Cuando apareció el cambio climá­
tico fue cuando estábamos, no sé si en la cúspide, pero sí en un
momento muy avanzado de desarrollo del constitucionalismo,
de los derechos humanos, de la protección a la dignidad de la
persona y la recuperación del medio ambiente. Esa intersección
entre esos dos momentos históricos no se sigue dando.
Creo que es un asunto que debemos valorar mucho. Los temas
del cambio climático, en los que estuvo involucrado un distinguido

302
Cambio climático y justicia ambiental

miembro de El Colegio Nacional que trabajó con todos los gases,


comenzaron a cobrar relevancia hacia la década de 1970. Al mis­
mo tiempo, muchas otras personas también estaban desarrollando
trabajos pioneros en esta materia.
Ahora bien, piensen ustedes qué estaba ocurriendo jurídica­
mente en esa misma década: es un momento de enorme eferves­
cencia normativa. En la década de los 1960 se habían aprobado
los protocolos adicionales en el marco de Naciones Unidas, y se
vivía una auténtica revolución en materia de derechos. Algunos
países estaban sufriendo cambios políticos muy profundos con el
surgimiento o consolidación de dictaduras de cara a 1980. Así
que, cuando aparece el fenómeno del cambio climático, nos en­
contrábamos en un momento particularmente significativo para
el desarrollo de los derechos humanos.
Esto tenía sentido, de hecho, lo sigue teniendo, porque opo­
ne en un sentido práctico los convenios internacionales, las dis­
cusiones sobre la dignidad, etcétera. Sin embargo, en la medida
en que ha avanzado el fenómeno del cambio climático y, con todas
las implicaciones que hemos escuchado, empezamos a ver un de­
crecimiento desde hace ya varios años en cuanto a las posibilida­
des de los instrumentos jurídicos con los que contamos.
Los derechos humanos están en una severa crisis en México y
en el mundo. En este país (México) se habla de pensiones, se habla
de becas, de países en desarrollo, de apoyos, sin embargo, no se
habla en ningún sentido de derechos. Aquí hay un problema cen­
tral. El desarrollismo que tantos problemas causó está volviendo
sobre el mundo, en términos de una carrera geopolítica entre los
países con mayor grado de desarrollo. Están en una carrera ace­
leradísima para el desarrollismo donde lo que menos les importa
es el medio ambiente. La producción solo persigue evitar la de­
rrota de una loca carrera que, no solo es armamentista, sino que
también es una carrera de hegemonías mundiales entre los paí­
ses. Entonces, hay que contaminar. No es mi pensamiento, no

303
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

quiero que se malinterprete esto, pero a estos procesos no les


importa la contaminación.
Ustedes lo pueden ver con decisiones muy extravagantes desde
el punto de vista que estamos adoptando con distintos gobier­
nos del mundo. ¿Es bueno el fracking? Según el discurso de algunos
claro que es bueno, porque va a producir masas, por ello es bueno
hacer perforaciones en Alaska. También dicen que es bueno ven­
der los parques nacionales. Estas condiciones se presentan debi­
do a la carrera tan acelerada que hay. Este es un problema central
que hay que ver.
Está el otro tema que tiene que ver, no directamente con emi­
siones de gases, sino con esta segunda carrera que es la tecnoló­
gica. Ustedes saben que cada vez que uno hace una consulta con
inteligencia artificial muchos litros de agua entran en unos pro­
cesos de evaporación. En la propia carrera de hegemonías mun­
diales, de industria, de armamento, de alimentos, de tecnologías,
estamos en un momento donde se rompió esa correspondencia
del hábitat, de los derechos humanos, del hábitat de la dignidad de
la persona y del hábitat de la racionalidad jurídica con relación a
estos procesos.
Esto sí me parece que es muy importante porque —como lo
decía la doctora—, no solo es pensar las soluciones jurídicas que
podemos plantear fuera de la caja, sino que, a lo mejor ya ni caja
hay, porque la caja es la que se está desmoronando, la caja es la que
se está destruyendo. Recurrir a los jueces quizás era una buena
solución hasta hace 5 o 10 años. Hoy los jueces en todo el mundo
están en una situación crítica donde están resistiendo como pue­
den. Es el problema de los jueces en México, en los Estados Uni­
dos y prácticamente en todo el mundo. No podemos pedir que
volteemos hoy a ver a los jueces como elementos de solución sin
siquiera ver si los jueces subsisten; este es el caso de México. Si la
política desarrollista se apodera de los poderes judiciales, los jue­
ces no solo no van a ser elementos de freno y de distribución de

304
Cambio climático y justicia ambiental

derechos, como la protección al medio ambiente, sino que serán


lo opuesto, van a ser instrumentos de ese mismo desarrollismo,
tal como está ocurriendo en los Estados Unidos.
En aquel entonces nos parecía interesante la solución de
Chevron, hasta la diferencia que tenían los jueces con las autori­
dades administrativas; hoy la Suprema Corte de los Estados Unidos
se deshizo de esos casos. Creo que es un proceso mucho más com­
plicado. Me gustó mucho la frase de la doctora Amparo cuando
refirió que no podemos simplemente pensar que estamos en el
mundo de hace diez años. Hay una severísima crisis del constitu­
cionalismo con elementos de democracia, división de poderes,
dignidad de la persona, derechos humanos, principios de la lega­
lidad y racionalidad jurídica, que se está acompasando con todo
el problema, que —para usar una sola palabra y tratar de significar
estos muchos factores— es “desarrollista”. Con todo lo que acabo
de decir, creo que las posiciones del derecho se vuelven profun­
damente precarias.
Adicionalmente, hay un problema central también en la ins­
titucionalidad a nivel internacional. Ejemplo de ello es la salida
de los Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud.
Hay un serio problema en la llamada arquitectura internacional,
pues supone que los propios instrumentos internacionales van a
poder disciplinar a unos estados que están en una carrera de he­
gemonías.
Suponer que por haber un tratado se van a poder regular a los
estados es ilusorio, primero hay que ver que los países no se empie­
cen a salir del propio sistema de los tratados o empiecen a aban­
donar las jurisdicciones, porque es una decisión de cada país. Esta
es la parte que me parece muy preocupante. Por un lado, tenemos
el mayor fenómeno humano que hemos concebido en la historia
y, por el otro, me parece que estamos viendo una contracción de
los instrumentos jurídicos.

305
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

El problema con estos temas de desarrollismo es que los esta­


dos nacionales suelen apoyar a sus empresas en el propio proceso.
Es decir, los cambios que se sugieren en torno a las formas de
transparencia, en los compliance internos, no son necesariamente
la solución más simple. Un ejemplo particular es cuando el emba­
jador de los Estados Unidos en Francia les escribió una carta a las
empresas francesas diciéndoles que no quería que sostuvieran
los programas de apoyos en materia de equidad, si es que que­
rían se­g uir haciendo negocio en los Estados Unidos; a la Univer­
sidad de Colombia le acaban de retirar 400 millones de dólares;
a la Universidad de Georgetown le acaban de imponer también
ciertas restricciones.
La preocupación es que, si este proceso desarrollista se apo­
dera de la psicología de los gobiernos, la propia dinámica de los
gobiernos va a contraer enormemente estos instrumentos inter­
nacionales y estas prácticas. Eso no quiere decir que dejemos de
luchar, esa es otra discusión. Sin embargo, me parece que debe­
mos tener claro que no vamos a poder realizar algunas de las solu­
ciones que se presentan.
En el caso de México, tres ejemplos: el tren maya, el corredor
transístmico y el aeropuerto ¿Qué pasó con las especies protegi­
das? El discurso del presidente López Obrador era uno desarro­
llista que no consideró estos aspectos y mucho menos la selva y a
los pueblos originarios. Vean el nivel de deforestación y el nivel
de destrucción que hemos tenido sobre mantos freáticos. Va a
ocurrir lo mismo en el resto de la península con varias especies.
Creo que lo peor que nos podría pasar es seguir con todos esos
elementos. Lo que debemos hacer es pensar en el cambio climá­
tico y suponer que la arquitectura institucional con la cual se le
dio visibilidad, se le dio algún tipo de orden, y se generó alguna
racionalidad en este sentido, va a seguir funcionando. La política
suele tener sus propias racionalidades e irracionalidades, aquí no
vale simplemente mostrar las evidencias científicas a una persona

306
Cambio climático y justicia ambiental

que está en una carrera de desarrollo, porque la va a tira a la basura.


Porque, aunque hay un compromiso moral con la humanidad, las
personas desarrollistas no tienen este tipo de argumentos en su
agenda.
Creo que es sumamente importante hacer la conexión o dar­
nos cuenta de que esa intersección que se dio históricamente
entre el problema del cambio climático y el desarrollo de los de­
rechos humanos está fracturada, y eso no es lo deseable para no­
sotros como humanidad.
Los órganos sociales autónomos están desapareciendo en todo
el mundo. Ejemplo de ello es el programa de la Heritage Foundation
del 2025, donde el presidente Trump está cerrando todas las agen­
cias y programas. Hay un fenómeno enorme con el cual creo que
tendremos que contender.

Alejandra Rabasa Salinas

Muchas gracias, doctor Cossío. Es una intervención bastante dura,


pero también bastante importante y realista. Creo que no podemos
seguir discutiendo este tema sin tomar en cuenta esta realidad
sobre el estado de los derechos humanos, de la institucionalidad y
otros factores globales.
La doctora Amparo mencionó el protocolo de Montreal en su
intervención, que en algún momento se ha dicho que es el trata­
do internacional más exitoso en el contexto de la capa de ozono.
No sé si ahorita un tratado igual podría tener esas posibilida­
des, aten­d iendo toda la realidad internacional de los derechos
humanos, del desarrollismo.
A continuación, haremos una ronda final de intervenciones
comenzando por la doctora. En una era donde tenemos la mejor
información para tomar las decisiones, el acceso a los datos, a las
modelaciones, ¿qué nos pueden decir?

307
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

María Amparo Martínez Arroyo

Quisiera aprovechar esta interacción con la Suprema Corte de


Justicia para ver cuáles son las semejanzas y las diferencias con
respecto a la jurisprudencia. Yo creo que hay desafíos muy fuer­
tes en los casos particulares, por ejemplo, la causalidad difusa, el
hecho de que los fenómenos que están ocurriendo ahora son mul­
tifactoriales y que tienen distintas fuentes. Sin embargo, tenemos
que seguir aplicando solamente una legislación sin contexto.
Creo que una de las cuestiones más importantes es que tenemos
que darle un contexto a esto, por ejemplo, ¿qué pasa si es una com­
pañía contra la que se está litigando?
Busqué esto en la resolución pionera del doctor Cossío, que
lo que hizo fue realmente introducir cuestiones probabilísticas,
porque el derecho tradicional debe tener certeza absoluta, ¿cómo
le hacemos en este sentido para que el derecho sea una pieza que
empuje? Lo que está muy claro es que, desde todos los sectores,
desde las sociedades, desde la ciencia, desde la arquitectura, la
literatura, el derecho, la física, la medicina, desde todos lados,
tenemos que empujar y tenemos que cambiar esta forma de pen­
samiento.
No se trata nada más de hacer que los planteamientos encajen
dentro de lo que ya dice el derecho. En cambio, en la ciencia, si
los planteamientos no encajan, tenemos que buscar otros princi­
pios. No tenemos que hacer que encajen en algún sitio. Creo que
esta diferencia es un reto muy importante que hay que plantearse.
En ese mismo sentido, creo que no podemos tampoco encajonar­
nos en una sola parte, tenemos que analizar nuestros contextos.
Debemos poner todo nuestro énfasis en la mitigación. En paí­
ses como los nuestros —los países no desarrollados—, debemos
tener un énfasis o un enfoque principal que vaya junto con la mi­
tigación, sobre todo la adaptación y la protección frente a daños,

308
Cambio climático y justicia ambiental

no como países de ingresos altos y con muchas cuestiones tecno­


lógicas resueltas, cuyo enfoque es distinto.
Creo que para la recuperación de ecosistemas debe de haber
una legislación que, de alguna manera, obligue a proteger a las
poblaciones vulnerables; y que gracias a la ciencia, a la experiencia
y a la modelación sabemos cuáles son las que van a estar en mayor
riesgo. Es nuestra mayor obligación cambiar estructuralmente
muchas de las actividades que hacemos para proteger cada vez
más a nuestro país. En ese sentido, se tienen que buscar las cero
emisiones netas, pero también encaminémonos hacia los “cero da­
ños netos”.
Esto nos da una oportunidad de grandes alianzas a nivel con­
tinental —a todos, incluso entre nuestras propias disciplinas o
grupos multidisciplinarios—, porque tenemos condiciones simi­
lares. No tenemos que buscar solamente la singularidad de cada
acción, de cada juicio, de cada asunto que vayamos a tratar. Lo de­
bemos ubicar en un contexto en donde, tal vez, ciertos sectores
deban tener una cierta legislación.
Esta cuestión de la causalidad difusa incluye también, por
ejemplo, cuando hablamos en términos de contaminación con
algunas industrias, que puede ser que estén cumpliendo con lo
que dice la legislación la cual es muy laxa, por lo cual habría que
revisarse en algunos puntos. El problema es que ya no sabemos
qué pasa cuando se emiten contaminantes a un medio en donde ya
está lleno de otro tipo de sustancias, y en donde ocurren sinergias
químicas y físicas, con factores como la temperatura y la humedad,
que van a causar que se tenga un efecto distinto de las sustancias.
En esos casos se vuelve muy difícil saber cuáles son las responsa­
bilidades de cada uno.
También tenemos que ver cuáles son las posibilidades que te­
nemos para que, haciendo este cambio estructural de nuestro tipo
de actividad y de nuestro consumo, podamos orientarla hacia un
cambio de tendencias de recuperación y de protección de sistemas

309
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

naturales, y de protección real de las poblaciones, saliendo del


esquema desarrollista.

Alejandra Rabasa Salinas

Me gusta mucho esta intervención porque, frente a este reto gigan­


te que podría hacer que nos rindiéramos, nos dice en lo concreto
cosas que están a nuestro alcance y al alcance del sistema jurídico.
Muchas gracias.

Adrián Fernández Bremauntz

Tengo que mencionar que me gustan mucho las reflexiones del


doctor Cossío, pues son claras y contundentes. Lo que está en
juego en el mundo es la democracia y el Estado de derecho. Y si
eso se nos va, lo demás es lo de menos. Incluso un problema como
el del cambio climático es claramente reconocido como el mayor
problema contemporáneo de la humanidad, incluso ese que pone
en peligro la supervivencia de la raza humana en un futuro ya no
muy lejano.
Hay fuerzas, hay fenómenos, hay intereses, hay una serie de
cuestiones que pasan por encima de eso. Parecería que estos fac­
tores que han sabido cobrar fuerza, apelar a aquellas debilidades
e inequidades de los gobiernos democráticamente electos, entre
otros, han logrado construir fuerzas tales que están atentando
contra la viabilidad de cosas que costaron siglos construir. Eso es
tan fuerte y grave que puede ir incluso en contra de lo que debería
ser un instinto natural de supervivencia comunitaria, humano.
Pasa por encima y hay un montón de imperfecciones que han
causado muchos fallos.
Curiosa y paradójicamente, incluso cuando en otros aspectos
hemos avanzado muchísimo, por ejemplo, en materia de transpa­
rencia, en la información científica disponible, en la rendición de

310
Cambio climático y justicia ambiental

cuentas, etcétera, existen también estos males mayores que pare­


cerían no importar. Ya se ha mencionado cuándo hay un Estado
de derecho en los países, y lo que se pierde cuando no lo hay, donde
abierta y desafiantemente se dice que no importa lo que digan las
cortes ni lo que diga la ley. Esto es lo que pasa cuando se tiene el
poder, la fuerza y, a veces, el apoyo popular en estas cuestiones.
A pesar de todos estos grandes desafíos como sociedad, no
podemos ni debemos renunciar a continuar empujando la eviden­
cia científica, el conocimiento, la factualidad y la transparencia.
Aunque no es la única causa, estas grandes deficiencias de muchos
sistemas de gobierno han generado inequidades muy profundas,
muy graves, y que se han convertido —no es la primera vez en la
historia— en caldos de cultivo en zonas muy fértiles para la pro­
liferación de los regímenes más negativos, autoritarios, antide­
mocráticos, y que han puesto al mundo en situaciones incluso de
guerras muy fuertes.
Todo va relacionado, no podemos ser fatalistas, tenemos que
seguir empujando en los diferentes ámbitos. Nunca renunciar a la
factualidad ni a la evidencia científica. Tratemos de que continúe
siendo un insumo fundamental en las deliberaciones, en la formu­
lación de la política pública, también en las deliberaciones de los
sistemas de procuración de justicia de las Cortes en México y en
el mundo. Muchas gracias por la invitación.

Alejandra Rabasa Salinas

Al contrario, muchísimas gracias, doctor. Por ejemplo, el trabajo


de icm en transición energética justa también es bastante impor­
tante para no olvidar todos estos aspectos del desarrollo.

José Ramón Cossío Díaz

Alejandra dijo algo muy interesante. Probablemente es la época


donde tenemos mejor conocimiento científico, mayor evidencia,
311
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

mayor claridad, y no lo podemos utilizar porque hay un conjunto


de elementos políticos, jurídicos, económicos, entre otros, que
lo están impidiendo. Yo creo que esa sí es una paradoja de nuestro
tiempo, increíblemente complicada. Ejemplo de ello es lo que está
sucediendo con las vacunas donde a pesar de que hay un montón
de evidencia, también hay un montón de gente que, desafortunada­
mente, está contrayendo enfermedades graves por no vacunarse.
Esto es de una escala menor, sin demeritar la gravedad, pero si lo
llevo a una escala superior, ahí hay un problema increíblemente
complicado.
Lo que dice la doctora Amparo sobre causalidad es muy inte­
resante. El derecho estuvo pensado históricamente hasta las déca­
das de años 1960 y 1970, del siglo pasado, como un derecho de
relaciones individuales: “yo frente al que me debe”, “yo frente al
que golpeé”. Era un derecho donde estaban establecidas las rela­
ciones jurídicas en derechos y obligaciones recíprocas. De repen­
te, con todos estos fenómenos y en la percepción que tuvimos,
empieza a aparecer un cambio climático, empiezan a aparecer
contaminaciones o empieza a aparecer patrimonio del cual nadie
es titular.
Todas estas series de posibilidades hicieron que al derecho se
le presentaran unos retos increíblemente complicados: ¿quién es el
dueño del espacio?, ¿quién es el dueño del río?, ¿cómo se puede
reconocer? Esto ha generado algunas de las relaciones más intere­
santes que yo he visto. Desde el viejo problema de la persona mo­
ral, sobre todo en las sociedades mercantiles de finales del siglo
XIX, donde no alcanzaba el dinero para construir un gran ferro­
carril o un presidio eléctrico, hasta los problemas actuales sobre
cómo le damos una personificación a algo que no es tangible en
ocasiones. Esos son retos increíbles y en los que apenas estamos
comenzado.
Este me parece que es uno de los temas más interesantes para
el derecho. Qué significa, para efectos de su protección, poder

312
Cambio climático y justicia ambiental

personificar a la cordillera del Himalaya, poder personificar a un


río o poder personificar un valle. Yo estoy a favor de eso como
ficciones jurídicas, que es con lo que hemos trabajado en derecho.
Ahí hay un campo importantísimo. El derecho establece normas
que a su vez determinan conductas, después establece responsa­
bilidades y sanciones que posteriormente las aplica, en ese mundo,
que es el derecho. No estoy hablando de la ética ni de la bioética.
Ahí es donde tenemos que encontrar cómo meter todos estos
fenómenos.
Creo que es uno de los mayores retos para el derecho: afrontar
con pocas herramientas la causalidad difusa y los daños contin­
gentes, a menudo sin correlaciones visibles. Es decir, ahí hay un
fenómeno sumamente interesante en el que tendremos que tra­
bajar.
Me gusta mucho lo último que dijo el doctor Adrián, creo que,
si la democracia está fallando en el mundo, la esperanza es tomar
conciencia de la posibilidad de destrucción. Si uno va analizando
caso por caso, la cosa está bastante complicada. No por las fuer­
zas políticas, no por efectos de la guerra, no por efectos de las
luchas de muy distinta naturaleza que hemos tenido en la historia
de la humanidad, sino precisamente por la toma de conciencia de
la destrucción de la humanidad. Yo creo que puede ser una peda­
gogía política.
La impresión que yo tengo, que es muy pesimista, es que nos
vamos a pasar varios años como humanidad metidos en estos pro­
cesos “genéricamente autoritarios”. Esa es la sensación que me da
de lo que puedo comprender, que vamos a estar varios años en
una condición de deriva autoritaria. Si esto es así en términos de
tribunales, de división de poderes, de democracia, etcétera, pue­
de ser de un efecto brutal para el problema de los 2°C o el 1.5°C.
Cuando salgamos de esta deriva autoritaria, quién sabe en dónde
nos encontraremos, algo distópico.

313
Cossío Díaz, Fernández Bremauntz, Martínez Arroyo, Rabasa Salinas

Creo que el único punto de toque que tenemos hoy como espe­
cie es este que han descrito estupendamente. Entonces sí, con
la mejor evidencia —como dijo Alejandra—, debemos tomar ese
punto de toque —como señaló Adrián— para integrarlo en las
pocas categorías que sirven al derecho internacional y nacional,
o a los nacionales —como mencionó Amparo. Ahí podría haber
una solución. Soy una persona esperanzada, y seguiremos avan­
zando, pero también conviene tener un punto de realidad para
reconocer nuestras posibilidades en este mismo sentido.
Creo que no solo es un tema biológico, creo que es un tema
que puede tener una gran trascendencia política, porque a lo me­
jor es el único en el que podríamos estar de acuerdo todos.

Alejandra Rabasa Salinas

Agradezco muchísimo otra vez a El Colegio Nacional, al doctor


José Ramón Cossío, a nuestros increíbles invitados e invitadas del
día de hoy, a todas las personas que están aquí en El Colegio Na­
cional y a todas las que desde tantas partes del país nos han segui­
do en la discusión.

314
Protección de datos
y ciberseguridad 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
Fernando Esponda Darlington
Miriam J. Padilla Espinosa
César Augusto Rodríguez Cano

Modera
José Manuel Vilchis Conde

José Manuel Vilchis Conde

Les damos la bienvenida a esta cuarta sesión del Seminario Per­


manente de Derecho y Ciencia, en su segunda edición. El día de
hoy nos encontramos en la Universidad Autónoma Metropolita­
na, campus Cuajimalpa (UAM). Para inaugurar formalmente este
seminario, nos dará unas palabras el maestro Octavio Mercado
González, rector de la Unidad Cuajimalpa.

1
Sesión realizada el 29 de mayo del 2025 en la Universidad Autónoma Metro­
politana, Unidad Cuajimalpa.

315
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

Octavio Mercado González

Bienvenidas y bienvenidos todos a la Unidad Cuajimalpa de la Uni­


versidad Autónoma Metropolitana. Es un verdadero honor para
nuestra Unidad ser sede de este Seminario Permanente de Derecho
y Ciencia, y lo es más en el contexto de la celebración del vigési­
mo aniversario de nuestro campus —de la Unidad Cuajimalpa—,
así como de la conmemoración que acaba de concluir por los 50
años de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Esta temporada de celebraciones nos ha permitido establecer
un espacio para la reflexión acerca de qué nos articula como uni­
versidad, qué nos distingue y caracteriza como Unidad Cuajimal­
pa. Hay un elemento que me parece importante destacar, pues
está asociado con la actividad que estamos por iniciar: tiene que
ver justamente con una vocación hacia el trabajo interdisciplina­
rio, con la cercanía entre distintos campos de conocimiento para
articularse en la atención de problemas del entorno, de la vida co­
tidiana y de aquellos presentes en el día a día.
En ese sentido, la Unidad Cuajimalpa se conformó con esa
visión: articular nuevos conjuntos disciplinares. Tenemos un con­
junto de divisiones académicas —equivalentes a las facultades de
otras instituciones— que son únicas en el contexto de la UAM.
Ciencias Naturales e Ingeniería, por ejemplo, permite la conexión
entre el estudio de sistemas biológicos, las ciencias duras y ele­
mentos como las matemáticas y la computación, buscando siem­
pre estas sinergias.
Por otro lado, contamos con la División de Ciencias de la Co­
municación y Diseño, donde se articulan el Departamento de
Comunicación, el Departamento de Diseño y el Departamento
de Computación. La idea, precisamente, es generar conjuntos que
atiendan problemas relacionados con el desarrollo tecnológico en
el contexto de las nuevas tecnologías surgidas desde el siglo XXI.

316
Protección de datos y ciberseguridad

Este tema se acerca mucho al de la sesión de hoy. De hecho,


nos acompaña un profesor del Departamento de Ciencias Políti­
cas y Sociales en este panel, porque buscamos que tengan lugar
discusiones con voces desde distintos puntos de origen, capaces
de aportar un enfoque multidimensional al análisis, al debate y a
la atención de ciertos problemas.
Quisiera también enmarcar este evento en otra ocasión feliz:
la reciente firma de un convenio de colaboración con El Colegio
Nacional. Este acuerdo nos permitirá formalizar una serie de acti­
vidades que ya veníamos desarrollando. Quizás la más represen­
tativa de esta cercanía entre El Colegio Nacional y la UAM, par­
ticularmente con Cuajimalpa, es que nuestra biblioteca lleva el
nombre de Miguel León Portilla, quien, además, fue el creador
del lema completo de la UAM: Casa Abierta al Tiempo.
Les deseo el mayor de los éxitos en la sesión de hoy. Que­
damos a la orden, esperando que este sea el inicio de una colabo­
ración formal que enriquezca a nuestra comunidad y que, desde
Cuajimalpa, se consolide como un espacio de discusión para todo
el poniente de la ciudad.

José Manuel Vilchis Conde

Le agradecemos mucho sus palabras al maestro Octavio Mercado


y por recibirnos en esta sede. Brevemente me presento: mi nom­
bre es José Manuel Vilchis y es un honor para mí moderar esta
sesión sobre protección de datos y ciberseguridad. Agradezco a
la Unidad General de Conocimiento Científico y Derechos Hu­
manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a El Colegio
Nacional y, por supuesto, a la Unidad Cuajimalpa de la Universi­
dad Autónoma Metropolitana, por hacer posible este espacio de
diálogo interdisciplinario.
En esta sesión abordaremos el tema de protección de datos y
ciberseguridad. Para contextualizar, es importante destacar cómo

317
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

la rápida expansión tecnológica ha incrementado la relevancia


de la protección de datos. La cantidad de información que se ge­
nera actualmente, así como el número de personas y entidades
que la utilizan, crece constantemente. A medida que las socieda­
des se digitalizan, las leyes de protección de datos y las regulacio­
nes de ciberseguridad se vuelven esenciales para salvaguardar
tanto la privacidad como la seguridad de la información perso­
nal, en un mundo cada vez más interconectado.
Hoy en día, la gestión de datos y la seguridad cibernética —o
ciberseguridad— son temas clave en el debate sobre derechos de
privacidad, destacando su relevancia global. Esto resulta particu­
larmente importante frente a los retos derivados de la digitaliza­
ción masiva y el uso de tecnologías emergentes como la inteli­
gencia artificial y el desarrollo de la biometría.
Para abordar estos temas el día de hoy y establecer este espa­
cio de diálogo, contamos con un panel de expertos más que cali­
ficado. A continuación, daré la bienvenida a cada uno de ellos
leyendo una breve semblanza.
El doctor Fernando Esponda Darlington es ingeniero en Compu­
tación por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM),
doctor en Computación por la Universidad de Nuevo México en
Estados Unidos, y realizó estudios postdoctorales en la Universi­
dad de Yale, también en Estados Unidos. Actualmente se desem­
peña como director general de la División Académica de Ciencias
de la Computación del ITAM, jefe del Departamento Académi­
co de Computación, director de la Licenciatura en Ciencia de
Datos y profesor de tiempo completo en la misma institución. Sus
principales áreas de interés académico incluyen las bases de
datos negativas, técnicas seguras para recolección de información,
sistemas complejos, aprendizaje automático y estructuras de datos
avanzadas.
Miriam Padilla Espinosa es maestra en Administración de
la Tecnología e ingeniera en Computación por la Universidad

318
Protección de datos y ciberseguridad

Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue directora de Segu­


ridad de Datos Personales del sector privado en el Instituto Na­
cional de Transparencia Acceso a la Información y Protección de
Datos Personales (INAI), donde lideró proyectos para la protec­
ción de datos personales de responsables, encargados y titulares.
Se desempeñó como coordinadora del Sistema de Gestión de Se­
guridad de la Información en la UNAM-CERT. Fue subdirectora
de Políticas y Procedimientos en la Coordinación para la Preven­
ción de Delitos Electrónicos de la Policía Federal, como subge­
rente de Certificación de Protección de Datos Personales.
También fue responsable del Proceso de Certificación y Pro­
tección de Datos Personales en el Organismo de certificación y
normalización. Actualmente es profesora de la asignatura de Go­
bierno y Protección de Datos en el posgrado de la Facultad de
Ingeniería en la Universidad Panamericana y es creadora del sitio
web Todo PDP, que tiene como objetivo compartir información y
conocimiento para la protección de datos personales.
César Augusto Rodríguez Cano es doctor en Ciencias Políti­
cas y Sociales por la UNAM y ha realizado estancias académicas
en la Universidad Iberoamericana y en la UCLA . Ha sido secreta­
rio de Investigación en la Asociación Mexicana de Investigadores
de la Comunicación, A.C. Actualmente es profesor investigador
en este campus, UAM Cuajimalpa, y es miembro del Sistema Na­
cional de Investigadores, Nivel 1. Sus líneas de investigación se
centran en métodos digitales, tecnopolítica, análisis de redes
sociales, estudios sobre Internet y opinión pública, y propaganda
y desinformación.
Imparte clases en el posgrado de Ciencias Políticas y Sociales
de la UNAM y en el doctorado de Comunicación de la Universi­
dad Iberoamericana, donde comparte su experiencia en el aná­
lisis digital y comunicación política. Su trabajo multidisciplinario
contribuye significativamente al estudio de la comunicación en
entornos digitales y la opinión pública.

319
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

Finalmente, quisiera presentarles al ministro en retiro José


Ramón Cossío, quien nos ha acompañado a lo largo de todas estas
sesiones, quien además fue de las personas impulsoras en traer a
la discusión este tema de ciencia y derecho, y con quien hemos
compartido ya varias sesiones, en las cuales hemos podido descu­
brir y armar cómo es que se pueden intersecar estas dos grandes
áreas del conocimiento y la relevancia que tienen.
Como ya mencionamos, el tema que nos convoca hoy es la
protección de datos y ciberseguridad. Para iniciar esta conversa­
ción, me gustaría compartir algunos ejemplos que ilustran cómo
esta problemática ya está llegando a los tribunales, mostrando su
importancia, impacto actual y futuro.
El primer caso que quisiera comentarles ocurrió en 2014 en
Europa, específicamente en España, donde se presentó ante el
Tribunal de Justicia de la Unión Europea el caso “Google Spain SL
contra la Agencia Española de Protección de Datos”. Este resulta
particularmente interesante porque involucraba a un ciudadano
que alegaba que, al buscar su nombre en Google, aparecían notas
periodísticas antiguas con información que no lo beneficiaban.
Se trataba de artículos sobre un litigio en el que estuvo involucra­
do años atrás y que ya había sido resuelto. El demandante sostenía
que tenía derecho a que esta información fuera eliminada —lo que
posteriormente se configuró como el “derecho al olvido”— por­
que lo estaba afectando en su vida presente y eran datos que ya no
eran relevantes desde su perspectiva.
Fue muy interesante la discusión que hubo en torno porque
se abordaron cuestiones como: si un buscador como Google podía
considerarse responsable del manejo de datos personales. Tam­
bién se cuestionó, en el ámbito del derecho, si la existencia de una
filial local (en este caso, Google Spain) afectaba directamente las
obligaciones de la empresa matriz. El tribunal finalmente recono­
ció la existencia del derecho al olvido, y estableció la necesidad
de un mejor tratamiento de los datos. ¿Por qué? Porque, aunque

320
Protección de datos y ciberseguridad

propiamente podría pensarse que Google no está configurado


como una base de datos, lo que ellos alegaban, o que era simple­
mente un motor de búsqueda, se demostró que el tratamiento
que daba a la información —incluyendo la forma en que las pági­
nas codificaban sus resultados para las búsquedas— tenía un im­
pacto directo sobre los derechos del afectado.
Un caso que, si bien es de hace poco más de 10 años, sigue
siendo muy relevante, porque fue de los primeros antecedentes
con los que empezamos a hablar de los derechos que tenemos las
personas para la protección de nuestros datos.
También quisiera señalar que este tema de protección de datos
y ciberseguridad no es ajeno a México. Tenemos un ejemplo muy
claro en la acción de inconstitucionalidad 32/2012, donde se cues­
tionaba la constitucionalidad de una reforma que permitía a las
procuradurías acceder a datos de geolocalización en tiempo real
—sin necesidad de orden judicial— en casos relacionados con de­
litos específicos de alto impacto.
El debate central era si las compañías telefónicas, al proporcio­
nar estos datos a las procuradurías, violaban los derechos de las
personas. La Suprema Corte de Justicia de la Nación realizó un
análisis muy interesante, ponderando los derechos en conflicto:
por un lado, reconoció que la protección de datos está consagrada
en la Constitución y debe respetarse; pero, por otro lado, consi­
deró que existe un derecho superior, que es la seguridad pública.
En este caso, esta concesión a las procuradurías era en casos muy
específicos de delitos de alto impacto; por lo cual, en estas cir­
cunstancias excepcionales, debía priorizarse la seguridad nacio­
nal sobre la protección de ciertos tipos de datos, cuando se per­
seguía un fin muy específico.
Como podemos observar, existen estos importantes preceden­
tes en materia de protección de datos. Sin embargo, la generación
de datos, su alcance potencial e incluso la naturaleza de la informa­
ción que ahora manejamos han evolucionado significativamente.

321
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

Anteriormente solo se trataba de registros telefónicos, pero hoy


en día —incluso en nuestros teléfonos celulares— almacenamos
huellas digitales. Los bancos custodian datos biométricos, y mu­
chos dispositivos ya incorporan reconocimiento facial. Son datos
más personales que continuamente estamos generando y sobre
los cuales muchas veces nosotros y nosotras estamos dando acceso
a las compañías, sin tener conciencia de cuáles son los impactos
que pueden tener.
En torno a esto me gustaría que en esta primera intervención,
cada una de nuestras personas expertas nos dijera cuál es su pers­
pectiva sobre: ¿qué implica la protección de los datos y la seguridad
en una era donde la generación de datos es masiva y pocas veces
nos detenemos a preguntarnos qué implica?

Fernando Esponda Darlington

Muchas gracias por la invitación y por las preguntas. Los dos casos
que planteas son muy interesantes, especialmente el primero sobre
el derecho al olvido. A ver, yo no sé cosas de leyes, yo vengo del
lado técnico.
Por mi casa hay un grafiti que dice “se me olvidó que te olvidé”.
Eso me hace pensar: ¿qué significa realmente olvidar? Olvidar, en
esta nueva era, creo que nos va a obligar a definir un poco mejor
algunos términos. Cuando alguien dice “se me olvidó”, nos que­
da más o menos claro. Pero en el contexto del derecho al olvido,
no queda tan claro qué es.
¿Qué es olvidar los datos de alguien? ¿Simplemente borrar
sus registros? ¿Eso es olvidarlo? Creo que hay algo más importan­
te, que lo supera: ¿qué inferencias se pueden hacer sobre una per­
sona? ¿Tenemos derecho a decir: “oye, no quiero que se infiera
que soy alcohólico”? Por ejemplo, quisiera que no me muestren
anuncios de ‘Macallan’ (whisky) porque estoy tratando de dejar

322
Protección de datos y ciberseguridad

de tomar —Google lo infirió en algún momento—, pero quizá ya


no quiero ver eso y siguen haciendo inferencias sobre mí.
La relación con el olvido es esta: puedo borrar los registros
de alguien, pero los algoritmos de inteligencia artificial van a vol­
ver a deducir ciertas cosas, sean correctas o no. El olvido, yo creo,
tiene que ver con cierta probabilidad de que se te pueda imputar
un atributo. Debemos ser precisos en esto, porque si no, no logra­
remos lo que buscamos: que una persona tenga ese derecho a que
no se le atribuyan ciertas características que no quiere. Y va a ser
imposible que, de manera absoluta, no se puedan hacer inferen­
cias. Entonces, ¿qué derechos tenemos ahí? No me queda del
todo claro, pero creo que es fundamental primero definir a qué
nos referimos con ‘olvido’ y, más ampliamente, con la capacidad
de hacer inferencias sobre una persona. Insisto, se pueden borrar
los registros, pero de cualquier forma el sistema tendrá que infe­
rir algo.
Sobre el tema de seguridad versus privacidad, este es un dilema
que siempre ha existido —desde que existen ambos conceptos—
y es algo que necesariamente hay que balancear. Considero que lo
que resolvió la Corte es razonable; no puedes tener ambas cosas
al mismo tiempo, es como un continuo donde hay que encontrar el
punto adecuado.
Desde la perspectiva técnica, me gustaría que nos enfocára­
mos más en las legislaciones sobre: ¿cómo se obtienen los datos?,
¿para qué fines? Está bien que te pregunten cierta información
si, por ejemplo, estás en un servicio de recomendaciones de moda
donde necesitan saber tus preferencias. Pero ¿qué datos son real­
mente relevantes en cada caso?, ¿cómo almacenan esa informa­
ción?, ¿qué medidas de protección implementan? Estos son los
cuestionamientos clave que deberíamos estar haciendo.
Porque parte de la preocupación es que se resguarde informa­
ción privada, como mi geolocalización o mis rutas diarias. Al final,
mi trayectoria en un día es única —es como una huella digital—, es

323
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

información personal con la que se podría identificar quién soy y


cómo me muevo. A mí sí me gustaría que al menos estuviera bien
protegida. Luego surge otro problema: ¿para qué van a usar estos
datos? Los recolectaron originalmente para recomendaciones de
moda, pero esa empresa se los vendió a otra, y ahora me suben el
seguro porque, analizando mis movimientos, dedujeron la velo­
cidad a la que manejo, por poner un ejemplo.
Todo esto —cómo se recolecta la información, cómo se alma­
cena y luego cómo se distribuye y usa— debería tener reglas muy
claras sobre las responsabilidades de dueños, gestores y custodios
de los datos. Así tendríamos más tranquilidad con afirmaciones
como: “sí, estos datos se usarán solo para equis propósito”, acom­
pañadas de “y los guardaremos adecuadamente”. Yo quisiera esa
certeza.
Hace poco, cerca de mi casa, había miembros de una organiza­
ción pidiendo donaciones para niños en África, haciendo llenar
formularios con nombre, dirección y hasta número de tarjeta de
crédito. Les comenté: “Pero esta información es extremadamen­
te sensible”. Su respuesta fue: “No se usará para nada más, señor,
¿cómo cree? Me ofende. Somos gente decente”. No dudo de su
decencia, pero veía la pila de papeles en un escritorio, sin ninguna
medida de seguridad. Obviamente no participé, porque me preo­
cupa ese mal manejo de información que no surge de malicia, sino
de ignorancia y falta de regulación.
Desde lo técnico, hay muchas medidas que podríamos imple­
mentar para facilitar la labor legislativa y lograr que todos nos be­
neficiemos de la tecnología, sin comprometer nuestra privacidad.

José Manuel Vilchis Conde

Es muy interesante lo que comenta el doctor Esponda, porque nos


muestra cómo el manejo de datos actual es muy diferente al mane­
jo de datos de hace 10 o 20 años. ¿Por qué? Con estas tecnologías

324
Protección de datos y ciberseguridad

emergentes —como bien mencionó, la inteligencia artificial— ya


no solo damos el dato sobre qué tipo de bebida consumimos, sino
también con qué frecuencia, en qué lugares y en qué zonas nos
movemos. Creo que el verdadero punto crítico está en preguntar­
nos: ¿quién tiene nuestros datos? Y saber que, cruzando muchas
bases de datos, prácticamente ya ni siquiera nosotros decidi­
mos qué consumimos. Son las plataformas las que ahora nos in­
dican qué debemos consumir y cómo hacerlo, lo cual creo que es
un reto aún más complejo e interesante.
A continuación, la maestra Miriam nos hablará desde su punto
de vista.

Miriam J. Padilla Espinosa

Es un honor para mí estar aquí, acompañada de grandes expertos


en estas diferentes disciplinas. Creo que una de las riquezas que
tiene este seminario es justamente esa interdisciplinariedad de
cada participante que, desde su área de especialización, da la ri­
queza y la necesidad de que temas como seguridad y privacidad
los veamos desde diferentes aristas. No solamente es un compo­
nente legal, ni tampoco solo técnico, tenemos todos que trabajar y
hacer sinergia para lograr elementos que nos permitan normar
de manera correcta.
Quiero hablarles en esta primera intervención de qué terreno
estamos pisando; de qué hablamos cuando abordamos temas de
ciberseguridad. Hay un elemento pendiente desde 2017 que inicia­
mos en acompañamiento con la OEA: “iniciativas para tener una
estrategia de ciberseguridad”. Se quedó en el tintero y se ha reto­
mado, pero va muy lento el proceso. Entonces, de entrada, tene­
mos una estrategia que actualmente no nos dice cómo nos vamos
a unir en ese esfuerzo y en esa sinergia.
Estamos trabajando esfuerzos, pero ¿qué creen? La tecnolo­
gía avanza, y eso requiere que ya tengamos orden en ciertas áreas,

325
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

como la ciberseguridad y la protección de datos. En estas mate­


rias ya habíamos recorrido un camino como país, pero las recientes
modificaciones —como la desaparición del Instituto Nacional de
Acceso a la Información Pública (INAI)— implicaron un cambio
y una reorganización: ahora es necesario definir cómo quedará la
autoridad que tutelará estos derechos que son indispensables para
normar temas que ya están sobre la mesa, como una posible ley
de inteligencia artificial.
Hemos visto distintas propuestas e iniciativas para tratar gran­des
volúmenes de datos con diversas finalidades. Está, por ejemplo,
el tema de la Clave Única de Registro de Población (CURP), que
sigue sobre la mesa y en análisis. También está este banco de datos
que se busca utilizar o revivir, similar a lo que fue en su mo­mento
el polémico “padrón”. Todo esto nos muestra que hay un interés
creciente en el tratamiento de grandes volúmenes de datos, pero
seguimos teniendo asuntos pendientes en materia de cibersegu­
ridad. Y ahora debemos enfocarnos en cómo quedará estructura­
da la autoridad responsable y en los mecanismos de protección de
los datos personales.
Si bien ya fueron publicadas las leyes que se actualizaron con
ligeros cambios y modificaciones, queda pendiente todavía —en
este mes de junio— una publicación de leyes secundarias. Estas
definirán aspectos muy específicos: cómo van a quedar las medi­
das de seguridad en datos, cómo van a quedar esquemas de cum­
plimiento que ya existían y promovían la adopción de sistemas de
mejora continua, como los sistemas de gestión de datos persona­
les. Creo que son temas que deben estar en el foco de todos: no
solamente de una persona abogada, no solamente de personas
expertas de ciberseguridad. Porque, al final, la conformación de
todas estas bases de datos nos impacta a cada uno de nosotros, y
también incluso a nuestras siguientes generaciones.
Si no tenemos un marco adecuado que proteja y construya
estas bases de datos, por la parte de ciberseguridad: ¿cómo los

326
Protección de datos y ciberseguridad

vamos a proteger?; y por la parte legal: ¿cómo vamos a garantizar


que no sean utilizados para otras finalidades? Además, ¿cómo va­
mos a establecer elementos que fortalezcan esta estrategia que se
tiene de digitalizar el país, acompañado de elementos que nece­
sitamos en temas de ciberseguridad y protección de datos? Y que
no se quede solamente en ese componente.
La realidad es que cada vez tenemos nuevas tecnologías que
nos vienen presionando, por ejemplo, normar en temas de inte­
ligencia artificial, normar en temas de neuroderechos. Esto nos
pone un desafío importante: consolidar elementos que no he­
mos trabajado a profundidad para tener una estrategia de ciber­
seguridad, una estrategia adecuada de cumplimiento en la parte
de protección de datos y privacidad. Y ya tenemos nuevas tecno­
logías que nos están diciendo que vienen nuevos tratamientos;
que vienen afectaciones a las personas por decisiones automati­
zadas; que vienen marcos regulatorios externos, como puede ser
el reglamento europeo que viene a presionar y decir: “este tema
de privacidad y protección de datos debe ser una prioridad en tu
agenda”.
Creo que esos elementos nos muestran una necesidad de to­
mar acciones y tenemos que organizarnos. Al final, no es un tema
de a quién pertenece y a quién no. Es un país que puede ser impac­
tado a nivel de seguridad, al no tener un marco que fundamente
los tratamientos que estamos haciendo de datos, y a eso le añadi­
mos que, también estas nuevas tecnologías las están utilizando
los atacantes. Por ejemplo, la inteligencia artificial la están utili­
zando los atacantes para generar variaciones de un malware
(programa malicioso) que pueda ser más preciso, más exacto, y
poder obtener la información de las personas.
Eso también pone en jaque a cómo vamos a proteger la infor­
mación de las organizaciones, por ejemplo, si volteamos a ver el
contexto de México: ¿cómo se protegen las pequeñas y medianas
empresas (pymes)? Porque pensamos solamente en controles

327
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

robustos y en todas las estrategias de ciberseguridad y privaci­


dad de organizaciones o empresas medianas y grandes, pero la
realidad de México es que vivimos inmersos en pequeñas empre­
sas. ¿Cómo se espera que ellos sepan, de entrada, si están cum­
pliendo? ¿Cómo van a implementar medidas si los recursos ape­
nas alcanzan para el día a día, para subsistir?
Creo que es un reto y desafío voltear a ver estas condiciones
en las cuales se está realizando nuestro tratamiento de los datos,
estas iniciativas que se tienen sobre la mesa donde debemos par­
ticipar e involucrarnos. Hay gente que dice: “ya lo discutirán los
abogados, ya verán los de seguridad cuando se les den estas bases”,
y somos indiferentes. Hay alumnos que no se enteran, nadie sabe
de estos registros, se ve una falta de involucramiento.
Cuando al final sí vamos a ser afectados, vamos a tener que
registrar nuestros datos ante todas las implicaciones que pueden
venir. Por eso creo que es importante involucrarnos y no dejar de
lado grupos vulnerables de la población; hablar de niños, de adul­
tos mayores, de pueblos originarios, que tienen derecho a conocer
y tenemos que adecuar las condiciones para que ellos conozcan
los temas.
Uno de los retos y desafíos que tiene la nueva autoridad en
datos es que el derecho sea para todos, que todo el mundo conoz­
ca sobre la protección de sus datos, que exista este conocimiento
de saber cuándo se vulneran: ¿a quién puedo acudir? Y no es un
reto sencillo, a veces centralizamos todo el conocimiento en la
ciudad y dejamos de lado todos estos temas de brecha digital,
pensamos que los demás lo conocen por el hecho de que todo lo
que se da en la ciudad se conoce en otras partes, y la realidad es que
no. Cuando íbamos a capacitar adultos mayores, había adultos
que no conocían el derecho a la protección de datos, no cono­
cían qué es un aviso de privacidad, cuando la ley ya tenía un tiem­
po y un camino andado.

328
Protección de datos y ciberseguridad

Hay retos y desafíos muy importantes sobre cómo comunica­


mos, y ahí entra este rol de cómo llegamos con esa comunicación,
cómo adecuamos leyes que sean traducidas a la realidad. Uno de
los retos, a veces, es que la ley se ve muy bien, pero cuando la im­
plementas, las empresas generan una sobrecarga y terminan ha­
ciendo lo menos posible para cumplir. Existe el reto y desafío de
entendernos todos y en ese sentido. Un ejercicio que tuvo la Alian­
za para la Inteligencia Artificial fue unir a todos en estas mesas
para saber qué se necesita, cómo lo adecuamos, cómo facilitamos
las condiciones para promover que esto se dé en cierto alcance y
tengamos una ley de inteligencia artificial.
Pero son escenarios que buscan la necesidad de unirnos a to­
dos para actuar y generar marcos normativos que sean y atiendan
las necesidades de cada uno, y sobre todo que ayuden a que, cuan­
do los llevamos a la implementación, puedan hacerse de manera
adecuada.

José Manuel Vilchis Conde

Muchísimas gracias, maestra Miriam Padilla. Creo que es muy


importante esta intervención porque trae a la mesa al menos un
par de temas muy necesarios. El primero, creo yo, es toda esta
cuestión de la velocidad con la cual se producen las tecnologías,
con la cual se están produciendo los datos y la velocidad con la cual
se está legislando. Y es un problema o un tema no solo en México,
sino en general del mundo, pues la velocidad en la que se legisla
es muy diferente a la velocidad en la que han surgido estas nuevas
tecnologías.
Y todavía le sumamos el contexto de la pandemia, donde real­
mente hubo un boom en la tecnología, en cómo se estaban produ­
ciendo nuevos programas. Fue cuando surgieron todos estos pro­
gramas de inteligencia artificial de manera libre y pues, no se fue
legislando a la par. Ahora nos toca ver cómo se está legislando

329
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

con tecnologías que ya existen y esto no solo es con tecnologías de


la información. Ya lo hemos visto en otras sesiones del seminario
con cuestiones de biotecnología, cuestiones de cambio climático.
Son realidades que ya estamos viviendo, y aunque sí se están
haciendo cosas, no se está avanzando al ritmo que se necesita.
La legislación avanza lentamente, y aún más lento es el camino
para que estos temas lleguen a las cortes. ¿Por qué? Porque deben
seguir todo un proceso legal que, aunque necesario, toma tiem­
po. A muchos nos gustaría que todo funcionara como en las redes
sociales, donde en 30 segundos ya estamos adentro, pero la reali­
dad es que el mundo no opera así.
El segundo tema que creo muy importante es sobre los con­
textos, sobre decir que debemos de ver que, si bien el tema son
datos personales o protección de datos personales, no podemos
individualizar este tipo de decisiones, este tipo de asuntos. ¿Por
qué? Porque vivimos en contextos y en realidades muy diferen­
tes. Mencionaba, por ejemplo, el ejemplo de la CURP, donde po­
demos decir, que aquí en la Ciudad de México lo tenemos muy
claro, pero estamos hablando que es un registro a nivel nacional.
¿Las personas en el norte del país tienen la misma perspectiva que
en la ciudad?, ¿las personas al sur del país tienen la misma pers­
pectiva, la misma accesibilidad para su consulta?
Creo que son temas muy importantes y que no solo tenemos
que ver esta parte técnica y tecnológica, sino también llevarlos ha­
cia lo social. Y para eso, doctor Rodríguez Cano, creo que usted
nos podría aclarar un poco que implica esto.

César Augusto Rodríguez Cano

Agradezco la invitación, y no está de más decir que es un honor


estar aquí acompañándoles y, bueno, bienvenidos a la UAM. Efec­
tivamente, no somos ajenos a la interdisciplina en el trabajo que
hacemos, sobre todo en la actual universidad contemporánea.

330
Protección de datos y ciberseguridad

Y desde el punto de vista de esta visión social y de la investigación


científica, yo creo que podemos enriquecer o enriquecernos en
esta confluencia de miradas para poder aprender no solo los estu­
dios de caso que ya se han comentado, sino también las perspec­
tivas. Una parte de la investigación que se está haciendo en la
actualidad tiene que ver con miradas globales, con enfoques crí­
ticos; y, otra parte, es mucho más empírica, que son casos espe­
cíficos, concretos, situados. No es lo mismo un país con una alta
conectividad, que un país como México en donde existen varia­
bles como la brecha digital.
Desde el punto de vista global, para empezar, diríamos, hay
dos miradas importantes, que es primero, la denuncia de que las
empresas relacionadas con las tecnologías digitales se están con­
virtiendo en la infraestructura de la vida social. Finalmente, es un
hecho social, es un hecho que está atravesando transversalmente
diferentes campos, tanto el laboral como el educativo, como el de
las relaciones de amistad, etcétera.
Los diagnósticos, por ejemplo, en Europa —que son los que
han estado trabajando más esta mirada— han observado una cre­
ciente dependencia hacia las empresas de Internet por el uso cons­
tante, y no solo constante, sino gradualmente creciente, que cada
vez estamos experimentando. Incluso, no solo las redes sociales
o la inteligencia artificial, sino que también detrás de cualquier
sistema computacional o computadora están estas nubes, están
los sistemas de correo electrónico, están las bases de datos que se
están almacenando, y eso plantea un desafío en estos servidores
que están en los centros de datos.
Ahí yo creo que la pregunta —una de las más finas que se han
hecho— es: ¿qué valores políticos, como sociedad, tenemos que
defender en relación con esta constante privatización no solo de lo
privado, sino también de lo público? Una de las vertientes, justo
ante esta transformación estructural de la vida pública, tiene que
ver con recuperar esos valores que ya están insertos en nuestros

331
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

principios fundamentales, y alentar el debate para la renovación


justamente de los desafíos concretos que existen en relación con es­
tas perspectivas.
Por ejemplo, pensemos en el manejo de datos en las redes so­
ciales, en las bases de datos que alimentan la inteligencia artificial,
o en los derechos involucrados en iniciativas como Starlink. Esta
última establece una especie de malla satelital sobre el territorio
—que ya opera incluso en México—, y tiene acceso a tecnologías
sobre las que no sabemos mucho: no sabemos exactamente qué
tipo de información está recuperando, ni únicamente en relación
con los servicios que presta. Ahí está el verdadero desafío: los
servicios que podrían ofrecer a terceros con esa información.
La mirada crítica implica una perspectiva supranacional.
Se trata, efectivamente, de un desafío civilizatorio. Supone recu­
perar distintos esquemas: el de la regulación, que es evidentemen­
te clave, pero también el de las políticas públicas, el de la reflexión
académica, el de la alfabetización digital orientada a la conforma­
ción de una ciudadanía crítica, y el de una política científica que
permita construir autonomía frente al avasallamiento tecnopolí­
tico. Esta debería ser una de nuestras primeras necesidades.
La segunda mirada también es importante porque se refiere
a la relación con las empresas: ¿cómo equilibrar las libertades eco­
nómicas con las garantías individuales y los derechos humanos
de los ciudadanos?
En relación con el Estado surgen preguntas igualmente im­
portantes. El caso de China es representativo porque muestra una
dinámica de control o vigilancia estatal, en donde no digamos que
está establecido en su sistema institucional y político, que ahora
la tecnología viene a reivindicar no solo la posibilidad de hacerlo
a un nivel más profundo, sino de instaurar este régimen a un nivel
que puede afectar todavía más la calidad de vida, la sociabilidad, la
vida social en general, las libertades y, por supuesto, la igualdad.

332
Protección de datos y ciberseguridad

Estas tecnologías representan desafíos desde cualquier ángulo


que se les mire. Para ir cerrando esta primera intervención, es
fundamental mirar hacia a la política comparada: observar cómo
se está legislando en otros países. Existen casos representativos
que nos ayudan a identificar con claridad los ámbitos que debe­
mos atender con mayor atención. Por ejemplo, en el terreno de la
política electoral hay muchísimos casos que podrían mencionarse.
Esta situación se asemeja a una especie de disco ball de dis­coteca,
que lanza reflejos en todas direcciones: todos nos vemos refleja­
dos, pero al mismo tiempo estamos ensimismados en ese festín
de mercadotecnia asociado al cambio tecnológico. Es parte de lo
que algunos han llamado el “giro computacional” de la cultura.

José Manuel Vilchis Conde

Muchísimas gracias, doctor Rodríguez. Creo que, retomando un


poco lo que dice, hay puntos importantes que tocó. Por ejemplo,
uno de ellos es que muchas veces, al hablar de protección de datos
personales, podemos pensar que nada más es en cuestión de cómo
le estoy dando mis datos al gobierno. Pero actualmente ya es un
reto sumamente diferente, porque no solo tengo que cuidarme
de cómo el gobierno está recopilando datos personales, sino cómo
las empresas los utilizarán.
Ahora, no es cómo el gobierno va a manejar los datos que ellos
tienen, sino cómo va a proteger los que otros tienen. Que en este
caso es algo que me parece un desafío. Es un reto. Como ya nos
mencionó, igual, es algo que no es local, es internacional y toda­
vía, pensando más, que las empresas transnacionales cada vez son
más grandes. Nosotros estamos dando datos que, a lo mejor, no
solo se recopilan aquí en la Ciudad de México, donde tienen ofici­
nas, sino que se mandan a Estados Unidos, China, Europa o luga­
res donde tienen las matrices todas estas grandes empresas.

333
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

Creo que una de las preguntas importantes es: nosotros como


sociedad, ¿qué estamos haciendo?, ¿cómo lo estamos viendo?, ¿sim­
plemente estamos tratando de consumir estos productos sin pre­
guntarnos qué están recibiendo a cambio?
Incluso el decir “ah, pues es que me están ofreciendo esta ofer­
ta solo si les pongo mi número y mi correo”, ¿qué implicaciones
tiene? Ahora sí que: “nadie hace nada gratis”. Entonces, ¿qué están
ganando estas empresas simplemente al decir “te voy a mandar
una muestra, si me das tu correo y tu dirección”?
Creo que aquí es donde podemos empezar a preguntarnos
qué es lo que podemos hacer como sociedad, y justo qué vías po­
demos tener cuando creamos que nuestros datos no están siendo
bien protegidos o que tengamos esta inquietud. Para eso creo que
el doctor Cossío nos puede hablar de esta intersección, de cómo se
ha manejado y de qué perspectivas tiene sobre cuál debería de ser
el manejo actualmente y en un futuro.

José Ramón Cossío Díaz

Muchas gracias, José Manuel. Yo creo que han quedado clarísi­


mos los temas.
En primer lugar, hay que recordar que el derecho, histórica­
mente, se construyó en torno a la protección frente al Estado. Los
derechos eran ejercibles contra el Estado: no intervengas en esto,
no intervengas en lo otro, etc. El resto eran relaciones entre par­
ticulares: te compro, te vendo, te arriendo y así, sucesivamente.
Pero, efectivamente, el tema que se ha tratado hoy en esta mesa
implica un cambio central. Porque ahora, por ejemplo, no puedo
—o no debería— demandar al Estado, en principio, por el mal
uso que una institución pudiera hacer de mis datos personales.
Es decir, las dinámicas y los actores del poder han cambiado, y
eso exige repensar la manera en que entendemos la protección de
derechos.

334
Protección de datos y ciberseguridad

Todos nosotros, quienes tenemos la posibilidad de hacerlo,


hemos pasado por estudios médicos. Y en esos estudios queda
registrada una enorme cantidad de información personal. Cuan­
do acudimos a los laboratorios, firmamos un aviso de privacidad,
pero muchas veces no nos queda del todo claro cuáles son sus
implicaciones. En ese sentido, creo que lo que mencionaba Miriam
es central: teníamos una agencia que se encargaba de regular no solo
al Estado en materia de protección de datos personales, sino tam­
bién a los particulares.
La desaparición de esta agencia y la transferencia de sus compe­
tencias a la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno repre­
senta un retroceso enorme. ¿Por qué? Porque antes contábamos
con un instituto nacional, autónomo, que por su carácter nacio­
nal tenía alcance en todo el país. En cambio, la Secretaría de Anti­
corrupción es una institución federal, y su competencia se limita
únicamente a la administración pública federal. Ese es un cambio
central.
En consecuencia, cuando la Secretaría de Anticorrupción les
diga a los particulares cuál es su situación o condición en materia
de protección de datos, se va a generar un problema muy comple­
jo. ¿Por qué? Porque esa Secretaría fue creada para operar frente,
contra, ante —como quieran decirlo; casi cualquier preposición
funciona aquí— la Administración Pública federal. El retroceso
ahí es brutal.
Yo, por ejemplo, entrego mis datos a una institución privada
con fines de lucro, como bien decía José Manuel. ¿Qué hace esa ins­
titución con mis datos? Toma las bases, las vende, las explota y ge­
nera, mediante algoritmos —como explicaba Fernando— una serie
de perfiles o referentes. Y a partir de eso, suceden muchas cosas.
¿Quién vigila a esa empresa? Cuando intento demandarla, me res­
ponde: “Sí, pero como firmaste un contrato en los Estados Unidos, ve
a litigar a Palo Alto, a ver cuándo puedes ganar ese juicio allá.”
Entonces, quedo en una condición de profunda desprotección.

335
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

En rigor, no se está cometiendo un delito. Y al no configurarse


como tal, no puede intervenir el Ministerio Público. Entonces,
¿cuáles son los espacios jurídicos que me quedan para defenderme
por el uso indebido de la información que yo mismo proporcioné?
Si el derecho a la protección de los datos personales está recono­
cido como un derecho humano —como lo establece el artículo 16
de nuestra Constitución—, entonces el Estado mexicano debería
tener la responsabilidad de garantizar la protección de la privaci­
dad y, en particular, de los datos personales. Esa es una tarea del
Estado. El Estado no puede simplemente decir: “Arregla tú el pro­
blema con la empresa, el banco o el laboratorio al que diste tus
datos”.
Es una relación profundamente asimétrica. Yo, tratando de
litigar contra un laboratorio o un banco, me encuentro en una
posición casi imposible. En ese sentido, creo que hemos tenido
un retroceso brutal porque desapareció la entidad nacional —no
federal— que tenía justamente a su cargo esa función de protec­
ción de los datos personales. Y esa diferencia es muy significativa
desde el punto de vista jurídico.
Esa agencia debía haber estado generando regulación, como
lo hacía el INAI. De ahí venían tres funciones clave: regulación,
supervisión y control. Todo eso se perdió. Y eso me vuelve a dejar
en una relación profundamente asimétrica: yo, frente a una enti­
dad que quizá ni siquiera alcanzo a comprender, a la que no tengo
acceso más allá de los datos que entregué, y a cuyos algoritmos
—que determinan decisiones sobre mí— nunca podré acceder.
Eso será, en la práctica, una imposibilidad. Y si llego a ser muy
sabio y tengo los recursos, tal vez me vea obligado a litigar en los
Estados Unidos. Ahí está el problema, y es lo que está señalando
César: todo esto es profundamente asimétrico que, sin embargo,
determina aspectos fundamentales de mi vida.
El segundo tema que trataste, José Manuel, es el de la seguri­
dad pública y la seguridad nacional. Aquí veo un riesgo enorme

336
Protección de datos y ciberseguridad

—y en el INAI lo vivieron de primera mano—: el concepto de


seguridad nacional se está convirtiendo en un concepto ómnibus.
Es decir, muchísimos aspectos de la vida nacional y cotidiana es­
tán siendo absorbidos bajo esta categoría. Las movilizaciones del
Ejército, de la Guardia Nacional, de las policías; el uso de cámaras
de vigilancia; el tratamiento de datos personales, todo eso em­
pieza a justificarse bajo la idea de seguridad nacional.
Este concepto de seguridad nacional ha sido, claramente, un
concepto en expansión. Pongamos un ejemplo: ¿cuáles son los cos­
tos del Aeropuerto Felipe Ángeles? —“No le puedo contestar por­
que es de seguridad nacional.” ¿Pero por qué sería de seguridad
nacional el precio de la varilla o del concreto? —“Ah, es que lo
está construyendo el Ejército.” ¿Y qué tiene que ver que lo haga el
Ejército, si se trata de una obra civil? —“Sí, pero lo está haciendo
el Ejército.”
Entonces, entramos en una condición muy peligrosa: el con­
cepto de seguridad nacional comienza a apropiarse de una gran
cantidad de espacios de la vida pública, y con ello se nos niega el
acceso a la información. Esta situación es profundamente preo­
cupante, primero, porque la desaparición del INAI eliminó al
único agente que teníamos los particulares para enfrentar a cor­
poraciones privadas que no conocemos, que nos rebasan y cuyo
funcionamiento está fuera de nuestro alcance.
¿Quiénes son los dueños de los laboratorios?, ¿qué hacen con
mi información?, ¿la venden? Ese orden que permitía al menos
cuestionarlo desapareció. Lo que te queda es litigar o denunciar,
y eso, en este momento del país, resulta prácticamente imposible.
Por eso creo que esta condición quedó completamente desprote­
gida. Además, el Estado puede acceder a una mayor cantidad de
nuestros datos personales bajo el argumento de la seguridad na­
cional: “Eso sí lo puedo obtener de tu información personal por­
que está comprometida la seguridad nacional.” Y si uno observa
muchos regímenes históricos que han tenido tensiones con los

337
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

derechos humanos, se ve cómo el concepto de seguridad nacio­


nal termina por infiltrarse en una enorme cantidad de ámbitos,
ampliando así los márgenes de actuación del Estado. Ahí hay dos
problemas importantísimos.
Y el tercer punto —que ya se ha mencionado, pero que sinte­
ti­zo— es que hay ciertos aspectos que, por más instituciones que
ten­gamos, responden a dinámicas de globalidad. Es decir, hay te­
mas que son muy difíciles de resolver a nivel exclusivamente nacio­
nal. Por ejemplo, en el tema de las drogas —y aquí está la doctora
Medina-­Mora, la mayor experta en la materia—, sabemos que
hay cuestiones que simplemente no pueden ser resueltas por los
Estados nacionales.
Tuvimos un ejemplo histórico: la esclavitud. Una práctica tan
deleznable que, durante el siglo XIX, mientras un Estado la prohi­
bía, otro no lo hacía, hasta que finalmente se alcanzó un consenso
general: “Oiga, la esclavitud ya se acabó, ¡eh!” Solo esas solucio­
nes de tal magnitud pueden realmente funcionar. Creo que aquí
está uno de los grandes temas. Porque, claro, México puede gene­
rar una regulación potente —vamos a pensarlo—, podría restablecer
el INAI, se podría acotar el concepto de seguridad nacional, pero
¿quién me va a decir quién es el dueño de la nube?, ¿cómo se trans­
fieren los datos?, ¿puedo acceder a un algoritmo?
Es decir, hay muchas cosas que, incluso con el mejor esfuerzo
de los Estados nacionales, no pueden ser reguladas porque están
“brincando” esas fronteras. Pasan muchas cosas que ustedes co­
nocen mucho mejor que yo. Por eso creo que existen problemas
de distinta dimensión. Pero, en el tema específico que plantea­
bas, José Manuel, sí creo que estamos viendo un retroceso brutal,
y que los ciudadanos quedamos desprotegidos.

José Manuel Vilchis Conde

Muchísimas gracias, doctor Cossío. Creo que ha planteado pun­


tos sumamente interesantes, como uno que me resuena mucho: la
338
Protección de datos y ciberseguridad

desproporcionalidad. Muchas veces se habla de la desproporcio­


nalidad en los litigios, pero llegar a esas instancias ya puede ser un
privilegio en sí mismo. ¿Cómo podemos lidiar con esa gran dife­
rencia? No solo entre particulares y empresas, sino también entre
particulares y el Estado. El manejo que se hace desde las institu­
ciones ya sea en el presente o desde hace tiempo, puede tener un
impacto real en nuestra vida cotidiana. Usted mencionó el ejem­
plo de que todo ahora es seguridad nacional.
Parece ser que a mayor —entre comillas— “libertad” en espa­
cios como las redes sociales, también hay una mayor generación
de datos y mayores posibilidades de control. El hecho de que hoy
en día los principales medios de comunicación, por ejemplo, de
los gobiernos, sean redes sociales propiedad de particulares, im­
plica que, en ese “estira y afloja” en el que algunos países permiten
o no el acceso a ciertas redes sociales, estos espacios también funcio­
nan como canales de comunicación para gobiernos y organiza­
ciones. Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros como sociedad al
respecto? ¿Simplemente quedarnos sentados y conformarnos o
tratar de entenderlo?
Para profundizar en esto, me gustaría plantear un par de pre­
guntas que no son limitativas, sino que buscan enriquecer esta
discusión. Me gustaría que fuera el mismo orden de intervencio­
nes, pero si alguien quiere hablar de algún tema en especial, in­
cluso intercambiar algunas otras preguntas, son bienvenidas y
bienvenidos.
Creo que un punto en común que encontramos es que, pre­
cisamente, la protección de datos es un tema muy social, que nos
afecta a todos. En línea con lo que comentaba el doctor Cossío, mi
pregunta sería: ¿cuáles son los mecanismos que nosotros, como
individuos o como sociedad, tenemos para proteger estos dere­
chos? Me refiero, por ejemplo, a los derechos ARCO —aquellos
que nos permiten acceder a la información, saber dónde se alma­

339
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

cena y decidir qué datos sí o no pueden ser procesados. ¿Qué po­


demos hacer al respecto?
Ya sea desde la vía tecnológica —por ejemplo, simplemente
diciendo: “No, no acepto los términos y condiciones”—, o desde
la vía social, impulsando grupos y movilizaciones, como mencio­
naba el doctor Cossío. Hemos visto que grandes movimientos
sociales, como aquellos que lograron la abolición de la esclavitud,
o incluso las vías legales, a través del litigio, aunque con menor
frecuencia, pueden generar cambios significativos. Estos cambios
no solo benefician a quienes los impulsan, sino que pueden deri­
var en legislaciones o protecciones.
Y otro de los temas que me gustaría tocar, algo que se hizo muy
sonado últimamente, es que, al final del día, estas grandes capaci­
dades que tenemos de almacenar datos no solo impactan los de­
rechos que pueden verse como más obvios o aparentes, sino tam­
bién cosas como: ¿cuáles son los datos que nosotros podemos
exigirle, a lo mejor, en materia de cuántos desperdicios están pro­
duciendo?; lo que impacta cosas como el cambio climático y que
muchas veces no nos preguntamos. Y al hacer una búsqueda en
Google, en alguna inteligencia artificial, pues al final del día esta­
mos consumiendo recursos, ¿no?, y ¿quién nos puede dar esos
datos? Pues sí, probablemente las empresas puedan preguntar
cualquier cosa de nosotros, pero nosotros, ¿qué les podemos cues­
tionar a las empresas?
Creo que esos son los dos temas en torno a los cuales me gusta­
ría que girara esta segunda ronda de intervenciones, pero insisto:
si alguien quiere tocar algún otro tema que crea relevante de todas
estas intervenciones, son bienvenidos y bienvenidas.

Fernando Esponda Darlington

Respecto al “¿qué podemos hacer?”, es verdad que todo esto pue­


de sonar deprimente, pero creo que la respuesta es multifactorial.

340
Protección de datos y ciberseguridad

Por un lado, está la parte legislativa: tenemos que trabajar para


que existan instituciones como el INAI. Pero claro, ahora la pre­
gunta es: ¿quién podrá defendernos? No podemos confiar única­
mente en que las leyes resolverán todo, porque, como ocurre en
muchos otros ámbitos, las leyes pueden estar ahí, pero de ahí a que
realmente me proteja, eso ya no queda tan claro.
Hablando de la seguridad y la privacidad, de que cada vez más
cosas son de seguridad nacional, en un país cercano van a estar
revisando tus redes sociales para ver si te dan la visa o no para
poder ir. A lo que voy es que, una cosa que vamos a hacer desde ya,
y que suena fácil, pero no es fácil, es la parte de educación. ¿Qué
vas a exponer en las redes sociales? No tenemos mucha educación
al respecto.
Puedes estar tomando con tus amigos, abrazarte con alguien
que lleva una bandera nazi y luego esa imagen aparece en redes
sociales. ¿Eres nazi? No lo sabemos. Lo que muchas veces no queda
claro, especialmente para las nuevas generaciones, es que ese tipo
de registros digitales se quedan para siempre. Y aunque exista
legislación, siempre habrá quienes encuentren la forma de explo­
tar esa información.
No se trata de ser hipócritas, pero sí de tener un sentido claro
de privacidad. Preguntarnos: ¿qué quiero compartir y qué no? Hay
que tener mucho cuidado. Nada es gratis. Yo no pago por Facebook,
ni por WhatsApp, ni por Google, ni por ninguna de esas platafor­
mas. Entonces, ¿qué cosas voy a poner ahí? Creo que eso depende
enteramente de nosotros.
Por otro lado —y esto lo digo desde mi área—, creo que es
fun­damental fomentar la investigación en técnicas de seguridad.
La criptografía, por ejemplo, ha sido de gran ayuda. Claro, también
puede usarse con fines negativos, pero hoy en día permite mandar
mensajes encriptados que nadie más puede leer, y eso contribuye
a salvaguardar nuestras comunicaciones y nuestros datos. Ya exis­
ten tecnologías que ayudan a proteger nuestra información, y

341
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

debemos usarlas. Pero también hay espacio para desarrollar nue­


vas herramientas que eviten que se infieran cosas sobre nosotros
o que limiten el uso indebido de nuestros datos.
Como consumidores, es muy difícil. Quiero usar Facebook y
la condición es aceptar cinco páginas de términos que ni siquiera
entiendo, y pues, ni modo que no lo use. Pero tal vez como consu­
midores deberíamos ser más exigentes: ¿qué estoy dispuesto a dar?
Ahí se cruza también con la legislación: ¿qué nos pueden exigir?,
¿qué no nos pueden exigir que entreguemos? Es complicado.
Se mencionaba por ahí el caso de Starlink y los satélites que
nos están observando, y ahí ni siquiera te preguntan. Igual ya saben
que estoy aquí, en Cuajimalpa, porque lo vieron. Me vieron mover­
me. Además, al usar también Waze, ya todo el mundo sabe que
estoy aquí.
Pero ¿cómo lo hacemos? Me imagino tecnologías —siendo
un poco futurista— que permitan ocultar mi identidad, que alteren
mi imagen, o que me hagan anónimo de alguna forma. Hay mu­
chas posibilidades por ahí. Así que, en respuesta: sí, necesitamos
legislación, pero también educación y tecnología a favor de la pri­
vacidad. Mucha de esa tecnología ya existe, pero hace falta fo­
mentarla, especialmente desde la investigación en universidades
y espacios académicos. Porque, seamos realistas, por motivos de
seguridad, ninguna empresa va a invertir. Las empresas pagan
por poderte explotar, no por poderte proteger. Y ahí es donde la
academia puede y debe aportar.
Me preocupa que mucha de la investigación actualmente se
esté haciendo en empresas como Google, y que estemos dejando
de lado a las universidades. No debemos perder de vista el valor de
la universidad para desarrollar conocimiento que, aunque no sea
necesariamente generador de dinero, sí produce bienestar social.
Hay que apoyar ese tipo de investigación.
Sobre el uso energético, todos hemos oído que hacer una con­
sulta en OpenAI consume una cantidad considerable de recursos

342
Protección de datos y ciberseguridad

—como varios litros de agua— debido al enfriamiento que requie­


ren los servidores. Es un punto muy importante. Creo que esto
podría llevar a un resurgimiento de la energía nuclear, que quizá
tenga algunas externalidades positivas. Esta creciente demanda de
energía —esta “demanda de electrones” que estamos viviendo—
podría empujarnos a desarrollar tecnologías más sustentables.
Así que, tal vez, por ese camino, incluso podamos encontrar un
resultado positivo.

Miriam J. Padilla Espinosa

Esta parte de la educación me parece fundamental. Como usua­


rios de estas plataformas, necesitamos conocer nuestro marco
normativo. A veces, el desconocimiento nos vuelve permisivos:
simplemente damos clic en “siguiente, siguiente” para continuar
con nuestras vidas, sin detenernos a ver qué tipo de información
están recabando sobre nosotros.
Obviamente, a esas plataformas les conviene que no seamos
usuarios informados. Porque si no sabes, no vas a exigir que cance­
len tus datos, ni vas a saber que puedes solicitar toda la informa­
ción que has compartido. Muchas personas desconocen que, por
ejemplo, a través de plataformas como Amazon o Facebook, se
puede pedir toda la información que han subido, y que —después
de cierto tiempo— la empresa te entrega un archivo comprimido
con todas tus fotos, datos e interacciones.
Es fundamental generar conocimiento para formar usuarios
conscientes y conocedores de sus derechos, pero eso no sucede
de la noche a la mañana. Si hoy a nosotros ya nos cuesta trabajo
entender qué son los derechos ARCO, cómo funcionan y dónde
se pueden ejercer, imaginemos lo que enfrentan las nuevas gene­
raciones, que tienen una lógica casi opuesta: entre más publiques,
más popular eres. Plataformas como TikTok, por ejemplo, están
diseñadas con base en estudios de comportamiento para que el

343
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

usuario no suelte la aplicación, siga generando contenido, y don­


de la popularidad se mide justamente por qué tanto compartes.
Eso choca directamente con la necesidad de formar usuarios
informados. ¿Qué es lo que debemos hacer frente a este escena­
rio? Educar a las nuevas generaciones para que, cuando lleguen
a la adultez, sean conocedoras de sus derechos y los exijan. Esa
exigencia ciudadana es lo que va a generar presión sobre las pla­
taformas para que cumplan con sus obligaciones. Si no ejercemos
presión, no va a haber cambio. Un buen ejemplo de esto es lo que
ocurrió con el Reglamento Europeo de Protección de Datos:
vino a establecer un estándar sobre el cual muchos marcos norma­
tivos han comenzado a girar y a inspirarse.
México había venido trabajando en la adecuación de sus leyes
para actualizarlas, aunque fue un ejercicio que, en parte, quedó
pendiente. Por ejemplo, se buscaba ratificar la versión modifica­
da del Convenio 108, como parte de los esfuerzos por alinearse
con estándares de mayor cumplimiento.
Es importante ver los esfuerzos que se tienen que hacer y vol­
tear a ver qué está pasando en este entorno. En el caso del regla­
mento europeo, a través de sanciones millonarias —en euros—
ha logrado que empresas y plataformas comiencen a cumplir con
sus obligaciones. Si ustedes recuerdan, antes del reglamento
euro­peo, Facebook tenía una política de privacidad única para
América Latina y una para casi todo el mundo. Fue precisamente
a raíz de la implementación rigurosa de esta ley, y de sus mecanis­
mos de extra­territorialidad, que se obligó a replantear esas polí­
ticas. Esa extraterritorialidad —como mencionaba el doctor— es
lo que extiende los brazos del marco jurídico. Porque si nuestras
leyes solo protegen los datos cuando su tratamiento ocurre den­
tro del territorio mexicano, entonces simplemente no alcanzamos
a cubrir los riesgos globales que enfrentamos hoy.
En el caso del reglamento europeo, sí tiene esa condición de
extraterritorialidad, lo cual obligó a que las plataformas ahora

344
Protección de datos y ciberseguridad

buscaran cómo modelar su negocio para decir: “Tengo que cum­


plir con esta ley que ahora sí tiene manos y me va a alcanzar”. Por
eso, si revisan hoy las plataformas de Meta —como Facebook—,
verán que tienen políticas de privacidad distintas según la región.
Existe una específicamente diseñada para cumplir con el reglamen­
to europeo, y otra más general para el resto de los usuarios en el
mundo.
Eso, a su vez, genera una distinción muy clara: “Aquí sí hay
un rigor que debo cumplir, y aquí los marcos normativos se van
adecuando como puedan”. Cuando se lanzó la inteligencia artifi­
cial en WhatsApp, vimos el revuelo que causó. Si uno quería des­
habilitarla desde América Latina, y le preguntabas a la propia
inteligencia: “¿Cómo puedo desactivarte?”, no existía un meca­
nismo. Hice el ejercicio con varios amigos de distintos países
latinoamericanos, y en todos los casos la respuesta era que no se
podía, que había que aceptar las nuevas condiciones. En cambio,
un amigo en España sí recibió instrucciones claras para modificar
esa configuración. Es decir, allá sí existe la opción. Esto muestra
una diferencia clave: él está respaldado por un marco normativo
robusto; yo, en cambio, vivo en un país que aún está desarrollando
o adecuando el suyo. Y eso, al final, se traduce en una protección
desigual para los usuarios.
También es importante buscar mecanismos para que las pla­
taformas adecuen sus prácticas de tratamiento de datos. Pero eso
solo será posible si existen usuarios conscientes, que puedan alzar
la voz y decir: “A mí sí me importa la privacidad”.
Hoy en día están sobre la mesa modelos que proponen algo
preocupante: “paga por la privacidad”. Todo está disponible de
forma gratuita, pero si quieres que no te muestren publicidad,
que no recolecten tus datos o que no te perfilen, entonces tienes que
pagar. Eso implica un giro importante: lo que antes era un derecho
—el derecho a la privacidad— ahora parece convertirse en un
servicio por el que hay que pagar. Cambia por completo la lógica.

345
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

Ya no se trata de “tengo derecho a que mis datos estén protegidos”,


sino de “puedo pagar para decidir qué mostrar y qué ocultar”.
Eso nos lleva, obviamente, al reto de voltear a ver las escuelas.
Necesitamos escuelas que tengan asignaturas que les hablen de la
protección de datos y la ciberseguridad. Al final, ellos están in­
mersos en todos estos dispositivos, los tienen al alcance. Muchos
padres les dan un celular, les abren cuentas en TikTok, pero no
les proporcionan las herramientas para protegerse. Eso contri­
buye al aumento de casos de grooming (acoso y abuso sexual),
reclutamiento a través de plataformas de videojuegos y otras for­
mas de riesgo digital. Es como darles un vehículo sin enseñarles
a conducirlo, sin un seguro que los proteja.
Creo que ahí hay otra asignatura pendiente que debemos aten­
der. Es fundamental que las leyes no solo existan, sino que también
cuenten con mecanismos para garantizar su cumplimiento por
parte de las plataformas. No es solamente que exista una ley, sino
que también exista una revisión de ese cumplimiento. Porque
si yo te reviso, voy a tener la garantía de que sí vas a cumplir con
la ley. No se va a quedar en la buena voluntad, a si “quieres” o no
cumplir.
Entonces, algo que hace el Reglamento Europeo, a través de
las sanciones, es promover que las plataformas tengan que cum­
plir y que vean que el tema de privacidad y protección de datos es
un tema serio. Que vean que hay que implementar mecanismos
de seguridad, y que, si se vulneran, pues te va a generar no solo
un impacto financiero, sino que también conlleva a un impacto
reputacional, una pérdida de confianza.
Sí hay mecanismos que pueden hacer que las leyes busquen
cómo cumplirse, y también llevar esas leyes a los ciudadanos.
A veces, en esa interpretación de cómo le haces conocer los ar­
tículos a la gente, se pierde o no conoce los mecanismos para
denunciar. O los mecanismos de denuncia son muy complejos, y

346
Protección de datos y ciberseguridad

entonces el titular dice: “No, pues ya mejor que se queden con


mis datos”.
Es un mecanismo y una oportunidad muy interesantes para
ver cómo atender esos problemas que, al final, impactan en que la
gente no le dé importancia a la protección de sus datos, se vulneren
y los sigan entregando. O bien, que en las nuevas generaciones se
siga reforzando esta lógica de que “entre más difunda, entre más
información haya, más popular me vuelvo”.

César Augusto Rodríguez Cano

Coincido en que hay diferentes frentes: en el aspecto educativo,


en cuestiones de regulación y, por supuesto, en el ámbito tecno­
lógico, entre otros. Por ejemplo, respecto a las campañas de desin­
formación que ha habido en variados contextos, se han mostrado
justamente estas posibilidades de reconfiguración, porque afor­
tunadamente el sistema social no está configurado como en buenos
y malos, y es complejísimo. Es muy diverso, es interinstitucional,
internacional.
Por ejemplo, estas nuevas oportunidades en las que se han
usado de mala manera las tecnologías, ya sea las redes o ahora la
inteligencia artificial. O también la manera en la que se puede
doblar tanto nuestra imagen como nuestra voz con una verosimi­
litud impresionante, sin que podamos verificar. Eso ya es un hecho
que se está viendo de manera inmediata.
Se ha observado que esta reacción se puede hacer mediante
la denuncia pública, el escándalo político, por decir de alguna
manera. Esto debido a que cualquiera de estos fenómenos, al mo­
mento que hace daño, genera también una conciencia y una aler­
ta para los actores involucrados, tanto en el sentido que puede ser
más básico, mediático o político, como en el sentido de lo que se
pueda legislar.

347
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

Por ejemplo, en países como Alemania o Francia hay legisla­


ción para cuando se identifican imágenes que se considera que
están promoviendo o alentando la desinformación. De la misma
manera que mencionaban con el ejemplo de la geolocalización,
se le puede notificar a la empresa para que esa imagen y todas sus
copias desaparezcan. Otro ejemplo es el escándalo de Cambridge
Analytica, en el marco de las elecciones en Estados Unidos. Otro
ejemplo es cuando se juntaron los legisladores en la Cámara de
los Comunes, para establecer cuáles serían las bases para legislar
la posibilidad de usar los datos en beneficio de la difusión de no­
ticias falsas, buscando sesgos de confirmación, que hacen creer
en cosas que están más cercanas a las ideologías o a los grupos de
pertenencia. A esto se le llama propiamente “burbujas ideológi­
cas”. Esto ha permitido la posibilidad de analizar no solo los da­
tos, sino —como decían—, las inferencias que se pueden rescatar
a través de los datos.
No estamos hablando exclusivamente de nuestra actividad,
sino de los cruces que se pueden hacer entre diferentes sistemas:
de las redes con la inteligencia, con las cámaras, etcétera y como
se deberían exigir transparencia y rendición de cuentas. Sé que
estos son aspectos que se manejan más en la cuestión de las insti­
tuciones públicas, pero de la misma manera que se legislaba, por
ejemplo, la difusión de campañas electorales en las televisoras se
tiene que regular qué tipo de publicidad se está difundiendo en
tu plataforma, el alcance y el componente fiscal, ¿quiénes están
pagando estos anuncios?
Evidentemente hay configuraciones que generan vacíos lega­
les, sobre todo si se quieren legislar a nivel nacional, pero la mirada
en organismos multilaterales y en legislaciones debería de tener
alcances diversos, tal como se estableció en materia laboral debe­
ría hacerse con los acuerdos comerciales para establecer dinámi­
cas que busquen proteger. Deberían de existir estos alcances con
experiencias pasadas para poder evitar en lo posible los mecanismos

348
Protección de datos y ciberseguridad

de desinformación, y alentar también la movilización social. Creo


que muchas causas políticas novedosas han emergido de estos fa­
mosos pioneros como Snowden, Stallman, hasta Assange. También
ha habido diferentes causas como el Open Access, el movimiento
de conocimiento abierto, el Free Software, el Creative Commons
(CC). Hay muchas causas que se han ido generando con base en
la identificación por parte de organizaciones sociales para esta
llamada de alerta.
Por ejemplo, en México, hace poco me invitaron también a la
Cancillería a hablar de la Ley Olimpia, en esta establecían la con­
signa de que lo digital es político y que, al ser político, es público.
Es ese desafío de transformación de muchos ámbitos de lo privado
a lo público o de interés —enmarcado en la difusión de imágenes
sin consentimiento, sobre todo de índole tan sensible como en el
sentido sexual— que se tiene que pensar y repensar.
Añadiría a estas respuestas que es necesaria la regulación, la
educación, la legislación y también la tecnología. Mucho del debate
político, del conocimiento, de la generación de investigación, de
una política científica y de muchas cosas que están ahí, es también
importante para fortalecer en diversos frentes este mecanismo.
Por ejemplo, en el ámbito tecnológico, también los europeos
están pensando en generar su propia plataforma de inteligencia arti­
ficial. Hasta el momento contaban con una que se llama Alphafolk,
porque así no van a conferir datos sensibles de interés nacional a
las empresas. Este es un ejemplo de que hay que generar nuestros
propios mecanismos o plataformas de inteligencia artificial, con
nuestros centros de datos en esta dimensión de la soberanía, en nues­
tro territorio.
Para finalizar, diría que el desafío es global. Todos los minera­
les y los elementos —como el agua— que alimentan estas nuevas
demandas energéticas y tecnológicas, están situados en todos la­
dos. Lo acabamos de ver con esta famosa petición de los Estados
Unidos a Ucrania de los minerales raros. Pero además está el litio,

349
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

el silicio y un montón de minerales que desconocemos y que están


alrededor de la Tierra. Eso está implicado en un modelo extrac­
tivista que hay que vigilar.

José Ramón Cossío Díaz

Coincido en todo lo que han dicho, por ejemplo, en el tema de la


pedagogía, la evidencia y la regulación. Yo solo quisiera destacar
un solo punto. El artículo 16 de la Constitución mexicana, habla
del derecho de toda persona a la protección de sus datos. Esto es
una obligación estatal. Esto es importante señalarlo porque son
obligaciones del Estado y que, ahora con la desaparición del
INAI, vamos a ver que mucho más se ha desentendido del tema,
tratando de evitar la admisión de responsabilidades. Es decir,
creo que el Estado se ha desentendido y, con esto, se ha desenten­
dido de los derechos humanos.
Nos puede parecer correcto o incorrecto, sin embargo, en el
artículo 16 se estableció un derecho humano a la privacidad. Yo me
pregunto: ¿contra quién ejerzo ese derecho?: ese derecho lo ejer­
zo contra el Estado en primer lugar. Otra cuestión es por ejemplo
si, en un determinado momento yo fui a un laboratorio de infor­
mación, ¿puedo demandar al laboratorio?: Sí se puede hacer, al
final del día, y se pueden generar todos los problemas relaciona­
dos con los datos que ya resumió muy bien José Manuel. Pero el
obligado principal a protegerme es el Estado.
Ahí coincido con lo que han dicho todos, y que César acaba
de decir: es una acción política, es decirle al Estado mexicano: “Yo
estoy interactuando con un conjunto muy amplio de sujetos, pri­
vados y públicos, pero tú eres el sujeto obligado a lograr la pro­
tección de mis datos personales. No me remitas a mi inconscien­
cia, no me remitas a mi falta de capacidad, no me privatices la
relación comercial diciendo ‘Tú firmaste; si te salió mal, es pro­
blema tuyo’. Tú, Estado, tienes una carga jurídica que tú mismo

350
Protección de datos y ciberseguridad

asumiste con una reforma constitucional, la llevaste al mayor gra­


do posible de protección de nuestro tiempo: los derechos humanos.
Consecuentemente, hazte cargo de mi protección de datos”.
Eso implica la regulación, la experiencia, los convenios inter­
nacionales, la acción política. Creo que es un tema —tal como dijo
César— de acción política. De otra forma el Estado puede decir:
“Eso es un problema de ustedes, pues están en el mundo de las
relaciones privadas y yo no me meto”. Por su lado, los que están en
el mundo de las relaciones privadas, en donde hay una gran con­
dición de asimetría, podrían simplemente y con toda la confianza,
admitir dicha demanda.
Creo que la acción política —y, perdonen el énfasis— debe de
ser orientada a que el Estado está obligado a lograr la protección
de mis datos. ¿Cómo? Es complejo, pero la ley no puede solo exis­
tir y ser.
Otro aspecto es traer las mejores prácticas, lo que decía Miriam:
si en Europa pasan cierto tipo de cosas es porque ya hubo un
consenso. Entonces también hay que impulsar acciones del Esta­
do, hacerlo responsable de la protección de nuestros datos perso­
nales. Con un marco regulatorio general y con acciones concretas,
porque todos tenemos ese derecho que debe ser exigible. Creo
que ahí hay un detonante de acción política súper importante.
La otra cuestión por reflexionar es una especie de deriva. Qué
pasa si el Estado dice :“Bueno, esas personas están en el ámbito
de sus relaciones. Fueron quienes quisieron ir a hacer análisis con
un laboratorio privado, quienes consensuaron, quienes conce­
dieron, por lo tanto, es su asunto. Yo como Estado no me puedo
meter porque son relaciones de privados.”
Yo creo que, si le metemos esta condición de que el Estado es
quien tiene la obligación de la protección de este derecho, creo que
hay o puede haber algunas líneas o algunas pistas de acción polí­
tica. Después habría que judicializarlas en ciertos casos con sus
respectivas consecuencias. Pero, si no tenemos eso claro al prin­

351
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

cipio, nos van a pulverizar en temas de: “¿quién te manda a com­


prar? ¿Quién te manda a aceptar? ¿Para qué querías ese servicio?
Pues es cosa tuya”. ¡No! Quien tiene que generar un marco de
soporte, como lo genera en otros derechos, es el Estado.

José Manuel Vilchis Conde

Podemos encontrar puntos en común desde diferentes perspecti­


vas sobre cuál es realmente la importancia. No solo es la protec­
ción de datos, sino también el cómo lo estamos entendiendo como
sociedad y cómo pretendemos exigirlo, a quiénes, cómo y qué
específicamente. Me gustaría que, brevemente, hagan un cierre
enfocándonos en las inquietudes del público que giran en torno a
cómo les explicamos a los diferentes grupos de personas este tema.
¿Qué perspectivas hay alrededor del tema? No solo de manera in­
dividual, sino también nacional y global pues, como hemos visto,
este tema ya rebasó la esfera de lo local.

Fernando Esponda Darlington

Creo que vivimos en una época en donde corremos el riesgo de


cada vez tener menos agencia, desde decidir a dónde voy a comer,
o con quién salgo o qué películas veo. Depende de nosotros el que
haya estas acciones políticas de las que hablan, el que eduquemos
a nuestros hijos, el que apoyemos a las investigaciones, el que sea­
mos responsables. Yo me quedo reflexionando que, si bien suena
como un problema que viene, que además tendrá muchos bene­
ficios, las nuevas tecnologías nos hacen preguntarnos: ¿qué voy a
hacer? Yo creo que cada quien lo tiene que pensar desde su lugar,
cómo apoyar las iniciativas políticas y cómo apoyar la educación
de sus hijos, etcétera.
Yo con lo que me quedo es con un sentido de responsabilidad,
de agencia, de tratar de hacer algo para que esto marche a donde

352
Protección de datos y ciberseguridad

queramos que vaya, y que no nos dejemos nada más llevar por
lo que dicen las empresas, o por lo que dice Europa. O sea, ¿hacia
dónde queremos ir?

Miriam J. Padilla Espinosa

Como conclusión, creo que es importante involucrarnos, conocer,


estar informados, compartir la información con nuestro círculo
cercano. A veces pensamos que no podemos tener una trascenden­
cia mayor, cuando a lo mejor no tenemos una esfera para cambiar
las leyes o para cambiar la situación, de que restablezcamos al
INAI, por ejemplo. Pero sí tenemos una competencia en lo que nos
alcanza: en nuestro círculo, nuestra familia, nosotros mismos.
Reflexionar la importancia que tiene proteger nuestros datos
e implementar medidas en el corto alcance que podamos tener de
protección propia, para que podamos conocer la ley, conocer
nuestros derechos, implementar medidas de ciberhigiene digital.
Nosotros, ayudar a nuestra familia cercana a poder garantizar que
ellos también conozcan la importancia de proteger los datos.
Creo que uno de los elementos importantes es conocer desde
lo más básico —como es saber qué es esa información y por qué la
protejo—, hasta temas un poco más complejos —como lo es cono­
cer la ley, saber que la protección de datos es un derecho humano
y que tengo el derecho de protegerme—. Pero si no tenemos esa
conciencia, no podemos compartirla en ese círculo cercano, pues
se enfrenta a retos y desafíos que primero hay que atender, como
los que estuvimos platicando en esta mesa.
Creo que no debemos renunciar a nuestros derechos. Debe­
mos de estar informados y saber cómo podemos ejercer nuestro
derecho, porque se hizo mucho para reconocerlo a nivel consti­
tucional como para no hacer nada con ello; como para que no se
denuncie, y se sigan robando los datos y exponiéndolos. Creo que
esa es la trascendencia de estar informados: saber cómo proteger

353
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

mis derechos e ir involucrándonos más en lo que pasa en nuestro


país en estos ámbitos de tratamiento de datos.

César Augusto Rodríguez Cano

Coincido, creo que es multilateral, es una acción que puede ser


individual y también colectiva, que puede ser en nuestros círcu­
los cercanos o a un nivel altamente especializado. Yo creo que la
sociedad, si bien tiene el reto de evolucionar junto con los desafíos
que enfrenta, ya tiene autodefensas en diversos ámbitos para poder
establecer mecanismos que hagan frente a todo este avasallamiento
que estamos teniendo en materia de invasión de la privacidad, y
de la forma en que se están transformando nuestras relaciones.
A mí me impresiona justamente cómo en tan poco tiempo ha
evolucionado la vida social y cómo ni siquiera estamos en un mo­
mento en el que podamos decir que ya entendimos lo que está
pasando. Como decía Monsiváis: “O ya no entiendo lo que está pa­
sando o ya pasó lo que estaba yo entendiendo”.
Porque todavía viene la IA, viene una infraestructura global
que nos va a identificar en cada cámara, en cada sensor. Entonces,
es complejo, pero yo creo que estas autodefensas a nivel indivi­
dual y colectivo nos pueden ayudar.

José Ramón Cossío Díaz

Primero, me gustó mucho lo que decía Miriam. Cuando yo enseñé


a mis hijos a manejar, me parecía muy importante guiarlos, por­
que era peligroso para ellos y peligroso para otros. Pero tú lo dices:
les entregas un dispositivo y no les enseñas a manejarlo. Entonces,
uno está delegando en el sujeto —que puede ser menor o mayor
de edad— esa conciencia. Y ahí sí me parece que tiene que haber
una pedagogía. Así como les enseñas a manejar para que no hagan
tonterías, o al menos hagan las menos posibles, sí tiene que haber

354
Protección de datos y ciberseguridad

una inducción a estos temas y decir: “Mira, si tú quieres subir esto,


quieres pasar esto, ten cuidado, porque esto queda para toda la
vida”. Las implicaciones son enormes. Es un tema bien importante.
Segundo. Tomando una analogía con el transporte: uno les
exige a las autoridades que las calles estén bien, que los semáforos
funcionen, que haya una red, que exista un sistema. Creo que aquí
es lo mismo: ¿qué estás haciendo en términos de protección de
datos personales? Esa analogía puede ser muy simple. Así como
te puedo exigir que las calles estén adecuadas, que no se inunden,
que los semáforos funcionen, también te puedo exigir: ¿qué estás
haciendo para que mis datos personales estén adecuadamente
protegidos? Porque —y regreso al artículo 16 constitucional— tú
eres responsable de generar, no la protección, pero sí el andamiaje
institucional, operativo, sistémico —pongámosle todos los nom­
bres que queramos— en materia de protección. Y esa sí es una
acción política que yo ejerzo con condiciones jurídicas.
Yo creo que, si tomamos conciencia de eso, así como exigimos
otras cosas —como bosques, ríos o calles— también podemos exi­
gir que se genere un entorno, un cosmos, como queramos verlo, en
cualquiera de estas metáforas, para los espacios de ciberseguri­
dad y protección de datos. Sobre todo porque esa es responsa­
bilidad tuya.

José Manuel Vilchis Conde

Muchísimas gracias, no me queda más que agradecerles. Tanto


estas palabras de cierre como toda la conversación fueron muy
enriquecedoras, esperemos que en nuestro público se haya sem­
brado esta curiosidad y este aprendizaje sobre el tema. Que se vayan
sabiendo que es transversal, que es multidimensional y que, al
final del día, nos atraviesa a todas y todos. Más aún porque vivi­
mos en esta sociedad que se está tecnificando cada vez más.

355
Cossío D., Esponda D., Padilla E., Rodríguez C., Vilchis C.

Agradecemos profundamente a nuestro panel de personas


expertas, que enriquecieron demasiado esta conversación. Tam­
bién queremos agradecer al público que nos acompaña de manera
presencial y virtual, así como a las instituciones que hicieron po­
sible este evento: tanto El Colegio Nacional, la Suprema Corte de
Justicia de la Nación a través de su Unidad General de Conocimien­
to Científico y Derechos Humanos, y por supuesto a la UAM Cuaji­
malpa, que hoy nos recibió. Esperamos que este diálogo haya
enriquecido a quienes nos acompañan.

356
Aportes de las
neurociencias al ámbito legal 1

Participan
José Ramón Cossío Díaz
Itzel Graciela Galán López
Magda Campillo Labrandero
María Elena Medina-Mora

Modera
Oliver Joaquín Giménez Héau

Oliver Joaquín Giménez Héau

Es un honor y me da mucho gusto darles la bienvenida a esta


quinta sesión del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia,
organizado por El Colegio Nacional en conjunto con la Supre­
ma Corte de Justicia de la Nación, a través de la Unidad General
de Conocimiento Científico y Derechos Humanos. Agradecemos su
presencia y el interés en este espacio de diálogo que ya está en
su segundo año. Quisiera iniciar con las palabras de bienve­nida a
este seminario en voz de la doctora Magda Campillo Labrandero,
quien es la directora de la Facultad de Psicología de la Universi­

1
Sesión realizada el 12 de junio del 2025 en la Facultad de Psicología de la
Universidad Nacional Autónoma de México.

357
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

dad Nacional Autónoma de México hoy y nos estará también


acompañando.

Magda Campillo Labrandero

Es un honor para mí estar inaugurando esta emisión del Semina­


rio Permanente Derecho y Ciencia, un espacio académico de gran
relevancia que promueve el análisis profundo de la relación entre
el derecho y la ciencia, especialmente en el contexto de los avances
científicos y tecnológicos. Este seminario, organizado por insti­
tuciones como El Colegio Nacional y la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, tiene como objetivo fomentar un diálogo interdis­
ciplinario que permita integrar el conocimiento científico con la
impartición de justicia, a través del análisis de casos y sentencias
en los que se aplican estos conocimientos. Se busca dotar a las per­
sonas operadoras de justicia de herramientas para enfrentar los
desafíos de un mundo cada vez más tecnificado.
Agradezco profundamente la invitación extendida a la Facul­
tad de Psicología, a través de la Coordinación de Psicobiología y
Neurociencias, para formar parte de esta valiosa iniciativa que
abre puertas a nuevas formas de colaboración entre nuestras dis­
ciplinas.
Quisiera hacer un reconocimiento muy especial al doctor
José Ramón Cossío Díaz, ministro en retiro de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación y distinguido miembro de El Colegio Na­
cional. Su destacada trayectoria, su profundo conocimiento del
derecho y su interés por el diálogo con la ciencia, hacen de su
participación una pieza central para este seminario. Es un verda­
dero privilegio contar con su presencia en esta sesión dedicada a
los aportes de la neurociencia al ámbito legal. También agradecer
a la maestra Alejandra Rabasa Salinas por la coordinación e im­
pulso de este seminario.

358
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

Agradezco la participación de la ponente para que su expe­


riencia enriquezca esta jornada; a la doctora Itzel Graciela Galán
López, de nuestra Facultad de Psicología; y reconozco igualmen­
te la moderación a cargo de Joaquín Giménez Héau, así como el
esfuerzo continuo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
para abrir estos espacios de reflexión y formación.
Estoy convencida de que este encuentro será profundamente
enriquecedor y permitirá avanzar en la comprensión de cómo la
ciencia puede contribuir al fortalecimiento del sistema de justicia.
Con ello, declaro formalmente inaugurada esta sesión del seminario.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Muchas gracias, doctora. Antes de comenzar, también quisiera


dar las gracias al Centro de Enseñanza Para Extranjeros (CEPE)
que nos ha apoyado con toda la logística y el auditorio en sus ins­
talaciones y a todo el apoyo de la Facultad de Psicología para lograr
este evento.
Mi nombre es Joaquín Jiménez, soy Subdirector General de
Conocimiento Científico para los Derechos Humanos en la Supre­
­ma Corte de Justicia de la Nación y es un honor darles la bienvenida
para hablar de esta intersección entre la ciencia y el derecho, espe­­
cíficamente desde las neurociencias, que son de gran relevancia.
En un mundo donde el conocimiento científico ha avanzado a
pasos agigantados, sobre todo en las neurociencias, aparecen el
reto y la oportunidad para el derecho de integrarlas y compren­
der de me­jor forma cuestiones como la conducta humana, la
toma de decisio­nes y los estados mentales involucrados en los
procesos judiciales.
A lo largo de este seminario exploraremos: cómo las neuro­
cien­cias pueden aportar perspectivas novedosas al derecho en
temas como la voluntariedad, la intencionalidad y la responsabi­
lidad; cómo estos conocimientos tienen que ser traducidos a un

359
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

lenguaje jurídico; y cómo se puede traducir todo este conocimien­


to científico al derecho.
En necesario un ejercicio importante de traducción, eso lo que
vamos a estar trabajando en esta mesa a lo largo de esta sesión.
Para este ejercicio nos acompaña un panel de expertas y expertos,
desde la neuropsicología, la jurisprudencia y la ética.
Les presento a la doctora Itzel Graciela Galán López, quien
es doctora en psicología en neurociencias del comportamiento,
maestra en neuropsicología clínica y es psicóloga por la Facultad
de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Actualmente se desempeña como docente investigadora en la
Facultad de Psicología de esta universidad, donde participa en
la Coor­dinación de Psicobiología y Neurociencias, así como en la
Maestría de Neuropsicología Clínica.
La doctora Galán tiene una trayectoria académica y clínica
que la hace particularmente importante para este tipo de conver­
saciones, pues tiene ambas visiones. En el campo de la clínica se
ha desarrollado en el ámbito de las neurociencias del compor­
tamien­to; con áreas de trabajo como la neuropsicología clínica,
trastornos del neurodesarrollo —que también es un tema que
abordaremos—, y lenguaje y deterioro cognitivo. Le agradezco
su presencia y le pido, para iniciar esta mesa, si nos puede expli­
car brevemente cuál es el estado del arte de las neurociencias, su
aplicación y el aporte que podría tener hacia el derecho.

Itzel Graciela Galán López

El reto que comenta Joaquín es muy grande, que es tratar de hacer


estas traducciones respecto a las investigaciones a un ámbito apli­
cado. Tenemos ese reto todavía en términos de nuestra propia
disciplina y mucho más cuando hablamos de la integración discipli­
naria. Entonces, ¿cuál es el estado del arte? Justamente hay falta
de establecimiento de protocolos.

360
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

Tenemos mucho trabajo por hacer en términos de acercar el


conocimiento que se ha desarrollado en las neurociencias para
tratar de limitar la situación de la respuesta directa de los participan­
tes y entender el comportamiento, sin la necesidad de manipular
la información, esto para poder ver la conducta y poder ver cuál
es la intencionalidad. Respecto al concepto de intencionalidad, se
vuelve muy difícil distinguir una conducta intencional de una no
intencional cuando solo hacemos observación; entonces, necesi­
tamos métodos que nos ayuden a darle sentido a esta observación
y las neurociencias nos han dado un avance muy importante.
Existen diferentes técnicas. Por un lado, están las técnicas de
neuroimagen; por el otro, las técnicas de electroencefalografía, que
es una técnica que ha estado durante años acompañándonos. Sin
embargo, los análisis en términos de la situación —sin necesidad
de una respuesta directa del individuo— nos permiten entender
mucho sobre el funcionamiento del pensamiento. Si a esto le suma­
mos toda el área que es la neuropsicología, justamente estaríamos
hablando de una situación en la que las neurociencias se vinculan
con la psicología. Esto nos permite analizar la conducta de mane­
ra objetiva, tratando de establecer cuáles son las características
del individuo, cuál es su historia de desarrollo y por qué se está
comportando de tal manera en el contexto.
Por supuesto que tenemos limitaciones, es importante men­
cionarlo, pues eso a veces nos hace lejanos en términos de otras
disciplinas. Un ejemplo es el tiempo que toma evaluar a una perso­
na. Yo creo que ese es de los retos que necesitamos trabajar cuando
queremos un producto como lo podría ser, por ejemplo, una eva­
luación que diga si una persona es apta o no es apta; si tiene inten­
ción o no tiene intención, es algo complejo como para aterrizarlo
de inmediato.
Creo que necesitamos seguir trabajando en protocolos que
nos permitan ver si realmente podemos establecer pautas para
identificar la intencionalidad. Un ejemplo de ello podrían ser los

361
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

estudios de resonancia magnética, que nos han permitido observar


áreas de hipofuncionalidad en personas que han cometido actos
atroces, como ocurre en la psicopatología de quienes asesinan.
Sabemos que existen áreas cerebrales relacionadas con la ca­
pacidad de ponernos en los zapatos de alguien, de ser humanos.
Todavía enfrentamos retos muy grandes en este ámbito.

Oliver Joaquín Giménez Héau

¿Qué tan generalizable es ese conocimiento si hablamos, por


ejemplo, de la plasticidad que tiene el cerebro? ¿O si considera­
mos el impacto que tienen las historias personales, la historia de
cada persona, en la configuración de este órgano?
¿Qué tanto podemos afirmar que hay un área que sea siempre
la misma, que se deteriore de la misma forma o que, por ejemplo, la
imagen que nos genera la neuroimagen sea equivalente en todos
los casos? ¿Realmente se puede generalizar de esa manera?

Itzel Graciela Galán López

Me parece que hay un reto muy importante en ese sentido. Si bien


existe la plasticidad, también es necesario entender que esta de­
pende de ciertas condiciones que la estimulan. Es decir, el siguien­
te reto sería preguntarnos: ¿qué tanto realmente nuestros sistemas
reforman la conducta?
Esa es una gran pregunta. Es cierto que limitar la libertad de
una persona que se encuentra al inicio de la segunda década de la
vida implica considerar el tema de la maduración —sabemos per­
fectamente que hay mucha investigación al respecto—. Sin em­
bargo, esa maduración no sigue una línea fija que permita afirmar
que al cumplir 21 o 23 años automáticamente se alcanza la madu­
rez. Sabemos que hay personas que, siendo mayores, aún se com­
portan de manera inmadura.

362
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

Reitero que es necesario analizar el contexto y las condiciones


de estimulación que estamos teniendo como sistema realmente
reformatorio. Es fundamental trabajar en cambios conductuales
y no asumir que solo el paso del tiempo produce madurez.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Creo que la doctora realizó una pregunta que me gustaría pasár­


sela al doctor José Ramón Cossío. Esta pregunta de ¿qué tanto nues­
tros sistemas judiciales reforman nuestras conductas? Me parece
que aquí su opinión y su experiencia pueden ser muy valiosas.

José Ramón Cossío Díaz

Antes que nada, quisiera comenzar agradeciendo la invitación,


como siempre, a la Universidad Nacional Autónoma de México, en
particular al Centro de Enseñanza Para Extranjeros y a la Facul­
tad de Psicología. Siempre, es emotiva esta oportunidad en la que
El Colegio Nacional vuelve a la UNAM.
Lo que ha planteado la doctora Graciela me parece muy inte­
resante por una razón. En el derecho, muchos temas están vincu­
lados con la cuestión de la voluntad. Por ejemplo, para la celebra­
ción de un contrato, se supone que la persona tiene la capacidad
de entender lo que está firmando; para contraer matrimonio, se
asume que existe la intención y la claridad de hacerlo. De igual
forma, si una persona comete un delito, el código penal parte de
la idea de que actuó con deseo, intencionalidad o propósito.
Siempre ha existido en el derecho esta idea de una concien­
cia, hablando de manera general, no técnica. Este problema de la
conciencia se ha ido racionalizando. Ya no es una persona que
obedece un designio divino, ya no es una persona que actúa por
fuerzas sobrenaturales, sino que es un estado en el que el derecho
le asigna esa condición de conciencia.

363
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

Algo que hemos platicado en una sesión con la doctora Me­


dina-Mora, es que el derecho no ha sido capaz de incorporar los
descubrimientos y los avances que desde las ciencias se han tenido.
En derecho tenemos hoy en día, con sus excepciones, una condi­
ción semejante a la que existía en el derecho romano, que es: o
la persona está perfectamente bien y es capaz de hacer todo, o está
perfectamente mal y es incapaz de hacer prácticamente nada.
No hay grados intermedios en esta situación.
Así, el que “está bien” puede comprar, casarse o se le pueden
imputar delitos, entre otras cosas. En cambio, a quien “está mal”,
en la expresión tradicional —“una persona incapaz”, expresión que
se utiliza tanto en el Código Civil como en el Código Penal—, esa
persona no puede hacer nada. A esa persona se le debe nombrar un
tutor que tome decisiones por ella, o bien, no se le pueden asignar
grados de responsabilidad porque, precisamente, “está mal”.
Lo que el derecho no ha sido capaz de recoger son distintos
gra­dos. Se dice que una persona “está mal” —y cuando uso la
expresión “mal” no lo hago en sentido peyorativo, sino solo como
una forma de abreviar—. Pero ¿qué ocurre si esa persona toma un
medicamento, si está sujeta a una terapia, etcétera? ¿Sigue “mal”?
¿O esa persona puede hacer ciertas cosas cuando esté sometida a
ciertas condiciones? Esto el derecho muy pocas veces lo distingue.
Ahí hay un problema, un enorme hueco. Insisto, o se “está bien”
o se “está mal”, pero ¿qué pasa si yo tomo algo como un fármaco, o
si yo me atiendo? Este es un tema que hemos trabajado mucho
con la doctora Medina-Mora y el grupo de trabajo en donde están
el ministro González Alcántara, Mariana Muredo, Nicolás Mar­
tínez, entre otras personas con quienes nos hemos planteado esta
cuestión.
Si en este momento le digo a una persona que aparentemente
“está mal” —dicho de forma simplista—: “Oiga, ¿usted puede ir a
cualquier tienda de autoservicio a comprar algo?”, probablemente
me diría que sí. La persona llega, escoge un producto, lo toma, va

364
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

a la caja y lo paga. Aunque “está mal”, ha celebrado un contrato


de compraventa simple. Pero si dijera que esa misma persona va
a comprar un automóvil, alguien podría responder: “Bueno, no es
lo mismo que comprar algo en una tienda de autoservicio”. ¿Esa
misma persona se puede casar? ¿Puede heredarme todos sus bie­
nes? ¿Por qué sí puede ir a una tienda a comprar algo simple, pero
no puede hacer otras cosas, cuando jurídicamente se trata de la
misma operación, de la misma figura? Esos matices, esas formu­
laciones, el derecho no los capta. Ahí hay un problema muy inte­
resante: o se “está bien” y se puede hacer todo, o se “está mal” y
no se puede hacer nada, porque interviene el tutor.
El modelo jurídico reciente ha ido cambiando. Ya no sostiene
que una persona es “incapaz” y, por tanto, debe ser aislada o man­
tenida en una condición triste y lamentable. Hoy se busca potenciar
todas sus capacidades, de modo que, aun con limitaciones físicas
o mentales, pueda desarrollar al máximo sus posibilidades den­
tro de su propia condición. Este es, sin duda, uno de los mayores
avances que hemos tenido. Sin embargo, persiste una zona en la
que el derecho aún no es capaz de responder. Aquí se presenta un
problema muy interesante: ¿cómo puede el derecho captar todas
estas sutilezas y avances, cuando sus estructuras suelen ser muy
pesadas, conservadoras y, en muchos casos, poco permeables?
Entonces, ¿cómo es que estos protocolos que mencionaba la
doctora Galán pueden incorporarse? Me parece que esta es una
de las cuestiones más importantes que seguramente desarrolla­
remos en la mesa.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Creo que aquí la pregunta inmediata relacionada con lo que plan­


tea el doctor es ¿cómo integrar estos avances y este conocimiento?
Quizá otra pregunta es ¿si existen marcadores específicos que
puedan integrarse para definir ciertas patologías?

365
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

Itzel Graciela Galán López

El doctor Cossío decía algo muy importante: generalmente en­


frentamos una visión muy polarizada entre ser “capaz” o “incapaz”,
en lugar de analizar los diferentes grados. Por ejemplo, en el caso
del deterioro cognitivo esto es particularmente importante, pues
le precede esta situación de ser ‘incapaz’. Primero aparece lo que
se conoce como deterioro temprano, cuando comienzan a mani­
festarse los primeros indicadores. En esta etapa, la persona no es
completamente “funcional”. Creo que esa es una palabra adecua­
da, porque resulta difícil hablar directamente de incapacidad,
pero sí podemos referirnos a la funcionalidad: es decir, qué tanto
puede desenvolverse en relación con sus necesidades. Entonces
vamos observando cómo esto tiene un proceso.
El uso de estudios de neuroimagen permite analizar el estado
cerebral, es decir, cómo progresa ese deterioro conforme vamos
envejeciendo. Hay una disminución del volumen cerebral, pero
se trata de una reducción esperada para ciertos rangos de edad.
Cuando observamos que el volumen está acelerado en términos
de esta disminución, vemos que correlaciona clínicamente con el
hecho de que ya no se puede desempeñar de la misma forma, en­
tonces empezamos a identificar los niveles de deterioro cognitivo.
¿En qué momento es necesario el apoyo para la toma de deci­
siones? Esto es importante. Usualmente, en la parte inicial no es
tan determinante, aunque es útil estar acompañado. Sin embargo,
conforme el deterioro avanza es necesario que haya apoyo para la
toma de decisiones.
Hace 15 o 20 años, cuando estaba estudiando, se hablaba sola­
mente del coeficiente intelectual, ahora sabemos que hay muchas
más cosas, que no solamente es la capacidad intelectual, sino que
es la toma de decisiones, la situación de la planificación, los nive­
les atencionales, entre otros. Entonces, sí hay información para

366
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

analizar el curso de algunas enfermedades, como pueden ser, por


ejemplo, los síndromes demenciales.

Oliver Joaquín Giménez Héau

¿Estas enfermedades pueden, entonces, estar relacionadas justo


con comportamientos delincuenciales en algún punto? ¿Qué tan­
to podría considerarse una responsabilidad de la persona si, justa­
mente, tiene uno de estos padecimientos? ¿Y cómo se debería
tratar eso en un proceso judicial?

Itzel Graciela Galán López

Claro, por ejemplo, dentro del deterioro cognitivo, el más cono­


cido es el Alzheimer, pero no es el único. Existe un tipo de dete­
rioro llamado demencia frontotemporal, en el cual la caracterís­
tica realmente esencial es la alteración de la conducta. Se trata de
personas que tienden a tener atributos inapropiados para el con­
texto —y mucho más para el contexto jurídico— en el cual el as­
pecto central es precisamente esa conducta alterada, que puede
dar lugar a atribuciones o consecuencias legales.
Difícilmente pensamos en una persona de la tercera edad co­
metiendo un robo a un banco. No es imposible, pero lo conside­
ramos poco probable. Sin embargo, hablamos de personas cuya
capacidad de juicio social puede estar comprometida. Entonces,
sí: hay condiciones importantes que deberíamos conocer y tomar
en cuenta. Otro ejemplo, si bien no es generalizado, se ha visto
que algunos casos de trastorno por déficit de atención rayan en
condiciones de conducta antisocial.
Por supuesto que también tenemos la contraparte en térmi­
nos del desarrollo, donde muchas veces se habla de que la falta de
aten­ción a este tipo de alteraciones puede generar una conducta

367
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

delictiva. Existen muchas situaciones que no identificamos a tiem­


po, que no atendemos a tiempo y los problemas van creciendo.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Doctora Campillo, quisiera preguntarle a usted, como directora de


la facultad. Estos gradientes de los que hemos estado hablando,
¿cómo pueden integrarse o traducirse? ¿Cómo se puede hacer ese
trabajo de traducción para los procesos judiciales?, o ¿cómo pueden
interactuar estas dos áreas?

Magda Campillo Labrandero

Parte de lo que sería muy importante es, en primer lugar, dar a co­
nocer toda esta investigación y la articulación que existe entre
disciplinas que, muchas veces, no están conectadas ni trabajan
de forma conjunta. Esta falta de integración ha dificultado que
los avances realmente permeen. Creo que uno de los primeros
pasos es justamente ese: que la investigación desarrollada en el ám­
bito de la psicología comience a conocerse y a trabajarse de ma­
nera conjunta con el derecho.
Cada vez es más evidente que nuestros equipos deben estar
conformados por personas de distintas disciplinas, con miradas
diversas, que permitan articular protocolos de acción con un en­
foque verdaderamente multidisciplinario. Y, sobre todo —creo
que este es uno de los puntos más importantes—, que esas accio­
nes estén basadas en la mejor evidencia científica disponible.
Esa es una de las grandes contribuciones que tiene nuestra dis­
ciplina. Hoy en día sabemos que hay un movimiento, en muchos
lugares del mundo, contra el pensamiento científico. Esa es una
de las cosas que tenemos que seguir peleando, así como la reduc­
ción a todos los proyectos de investigación. Por ejemplo, Estados
Unidos está viviendo una crisis impresionante y yo creo que tene­

368
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

mos que seguir peleando que todas estas adecuaciones se hagan,


sostengo, con la mejor evidencia científica y contemplen las dife­
rentes disciplinas.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Quisiera preguntarle al doctor Cossío. Mencionando un tema co­


mún que hemos visto a lo largo de todo el seminario, como lo es
la importancia de poder incluir el mejor conocimiento científico
disponible en el proceso judicial, para usarse como evidencia en un
caso. ¿Qué es lo que debería saber una jueza, un juez o un operador
de justicia sobre las limitaciones que tienen estas pruebas, sobre
todo en neurociencia?, ¿cómo evitar el riesgo de un neurodeter­
minismo judicial, si es que podemos llamarlo de esa manera?, y
¿cómo podemos transmitir a los operadores de justicia la comple­
jidad que se ha estado mencionando? Sobre todas estas escalas y
la importancia de los contextos, para que realmente se pueda apli­
car dentro del proceso.

José Ramón Cossío Díaz

Déjenme regresar a lo que decía la doctora Galán. Habló de dos


cuestiones que son centrales. Una es la funcionalidad que tiene un
ser humano en ciertas condiciones. Y otra, que cuando llevamos
estos casos casi siempre vemos la parte penal —homicidios, por
ejemplo—, pero supongo que nadie de los que estamos presentes
ha cometido un delito. Sin embargo, todos los días, todos noso­
tros realizamos una enorme cantidad de operaciones civiles y
mercantiles. Quienes esta mañana fueron a un restaurante a de­
sayunar, celebraron un contrato; quienes están usando su app en
este momento, lo hacen en el marco de un contrato; quienes más
tarde vayan al cine o compren un libro, también. Yo no sé cuán­
tas cosas hacemos a lo largo del día, sin embargo, todo el tiempo

369
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

se están celebrando contratos de carácter civil, de carácter mer­


cantil, condiciones familiares.
Si dejamos un momento el problema estrictamente penal
—que es siempre muy interesante y complejo— y nos fijamos en
la parte civil y en la parte mercantil, ahí hay un problema enorme
con el cual no solemos preguntarnos: ¿qué cosas sí y qué cosas no
puede hacer una persona en su vida bajo ciertas condiciones fun­
cionales?
Decía la doctora Galán que hay un conjunto de elementos
—por edad y por diversos factores— que pueden llevar a una pér­
dida de la capacidad mental. El derecho no reconoce ni tiene las
herramientas para captar esas situaciones. Entonces, ¿cómo pro­
cedo cuando una persona, en cierta edad y por las razones que
sean, tiene alguna condición que afecta su funcionalidad en cier­
tos aspectos?
Si una persona no ha pasado por el mundo jurídico para que
se le reconozca y se le declare su condición —mediante un proceso
en el que pueda defenderse—, entonces, para el derecho, esa per­
sona es completamente funcional. Aquí puede haber una diso­
nancia entre una condición jurídica que es plena y una condición
funcional o mental que no lo es. El derecho, en este punto, me
autoriza a hacer absolutamente todo, sin tomar en cuenta esa dis­
crepancia. Más allá de controles familiares o sociales —como cuan­
do los hijos les quitan a sus padres la chequera, la tarjeta de crédito
o incluso disponen de sus bienes—, no existe ninguna otra forma
de regulación. El derecho, insisto, sigue en una situación muy
primitiva: no tiene la capacidad para abordar esta complejidad.
¿Qué podría hacerse frente a esto? En primer lugar, debe con­
siderarse un tema legal, no solo de sentencias. Es decir, tiene que
pasar por el legislador. Serían necesarias reformas al Código Civil
o al Código Penal para establecer las condiciones en las que se
podría reconocer un estatus funcional diferenciado. Y en ese pro­
ceso legislativo, las y los diputados y senadores deberían contar

370
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

con un conocimiento profundo de lo que están haciendo. No se


trata de incluir disposiciones que, como bien dijo Joaquín, tien­
dan a caer en el neurodeterminismo.
Una vez que esa ley se elabore, será necesario considerar el
derecho a la dignidad de la persona, las obligaciones con terce­
ros, su condición particular y un conjunto de derechos humanos
que deben ser garantizados. De lo contrario, podrían surgir me­
didas extravagantes o incluso violatorias, como ha ocurrido en la
historia. Por ejemplo, se han practicado castraciones químicas a
personas con algún tipo de déficit mental. No hablamos de hechos
lejanos: hace apenas unos 100 años, en Estados Unidos, se esteri­
lizaba a personas consideradas “no aptas”. En un caso tristemente
célebre, la Corte estadounidense sostuvo que era suficiente con
la frase —terrible—: “tres generaciones de imbéciles es suficien­
te”. Bajo ese argumento, se autorizó la esterilización. Este es, sin
duda, un problema muy grave.
Luego, pasamos al problema que Joaquín dice, al de los jueces.
A un juez puede presentársele el caso de una persona para solici­
tar que se le limiten ciertas facultades jurídicas con base en sus
condiciones funcionales o mentales. Y ahí surge el reto de conci­
liar dos técnicas: la psicológica, psiquiátrica o neurocientífica, y
la técnica jurídica. Este es un tema profundamente sofisticado:
¿cómo puede el juez enterarse con claridad y fundamento de esta
situación?
En este sentido, algo que se ha hecho en la Suprema Corte —en
la dirección que ahora ha retomado la ministra Piña, junto con
Joaquín y Alejandra Rabasa— es precisamente buscar y utilizar
conocimiento científico confiable para enfrentar este tipo de de­
cisiones.
Hay un primer paso que es fundamental: entender cómo actúa
un juez dentro de un proceso. En un proceso judicial hay un actor
—es decir, quien presenta la demanda— y un demandado —la per­
sona contra quien se demanda—. Una vez que ambas partes han

371
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

expuesto lo que tienen que decir —por ejemplo, quién le debe a


quién o qué se está reclamando—, se fija lo que jurídicamente lla­
mamos la litis, es decir, el motivo específico de la disputa que se
está resolviendo en el juzgado. Esta es la base técnica del proceso.
A partir de ahí, se deben ofrecer pruebas. Por ejemplo, alguien
puede ofrecer una pericial elaborada por un profesor o una pro­
fesora de la Facultad de Psicología, alguien más tiene ofrece una
del Instituto Nacional de Psiquiatría del Instituto de Neurología.
También pueden ofrecer informes, dictámenes u otros medios de
prueba.
Hay un modo específico de probar los hechos. No puedo sim­
plemente llegar y decir: “Es que a mí me parece...”. No. Aquí no
estamos para lo que a alguien le parezca. Lo que se requiere es que
se otorgue un valor probatorio bajo las condiciones legales de la
prueba. Y ese es un tema muy interesante. Si se fijan, lo que estoy
planteando es que las partes, en un juicio, están tratando de sus­
tentar sus aseveraciones.
Si yo soy el abogado de alguien que busca que se declare a otra
persona en una determinada condición mental, lo que haré será
aportar pruebas. Diré: “Mire, aquí están estos doctores, expertos
con autoridad en la materia, que sostienen que esta persona no
es funcional.” Y con base en eso, le pido al juez que actúe. Por su­
puesto, la persona que no quiere ser declarada disfuncional res­
ponderá: “Esos doctores no tienen credibilidad, mis pruebas son
mucho mejores y yo puedo demostrar que soy perfectamente
funcional.” Perfecto, esa es la litis.
Sí, claro, yo hablo con la doctora Galán —imaginemos que
soy juez—, y ella me empieza a hablar de neurociencias, de neuro­
cientificidades, de imágenes cerebrales, resonancias, y yo le digo:
“Mire, doctora, suena muy interesante, pero no tengo la menor
idea de lo que me está diciendo.” Necesito una condición previa
para poder comprender lo que los peritos están explicando. Si no
la tengo, voy a terminar diciendo: “Oiga, llevo veinte minutos sin

372
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

entender nada. No sé qué es una resonancia, ni cuál es la diferen­


cia entre rayos X, resonancia magnética o un escáner. No sé.” Ahí
hay un problema bien interesante, donde más allá de lo que los
abogados o las partes me aporten en un juicio, debo tener una posi­
ción personal ilustrada para saber de qué me están hablando. Esto
llévenlo al caso que ustedes quieran. Yo sé derecho, pero yo no sé
las facticidades de todos los casos que me estén hablando. Lo mis­
mo puede ser agua, medio ambiente, otras tantas, yo no tengo por
qué saber de eso.
Me parece muy interesante lo que se ha venido haciendo desde
hace algunos años y que, ahora, bajo la presidencia de la ministra
Piña, se ha formalizado: la creación de una Unidad que permita
a las personas operadoras de justicia acceder a conocimiento
confiable.
Porque también ahí hay un problema. Si yo, como juez, me
pongo a buscar información en Google Académico, voy a encon­
trar artículos que dicen una cosa y otros que dicen lo contrario.
No es una fuente fija ni definitiva de información. Si, por ejemplo,
quiero saber si la marihuana produce daños, habrá artículos que
digan que sí, porque es adictiva, y otros que digan que no. Enton­
ces, ¿cómo decido? ¿Con base en el sesgo que ya traía desde el
principio? ¿Simplemente extraigo aquella información que con­
firma lo que ya quería poner en la sentencia? ¿O, más bien, tengo
desde el inicio un mecanismo claro para discriminar y evaluar la
información científica? Aquí hay un problema muy serio si no
tengo las herramientas para hacerlo. Tal vez lo más adecuado se­
ría pedir ayuda a alguien que sí tenga las competencias científicas
o técnicas que yo no tengo.
Es muy probable que, al final de esta etapa del proceso, haya
una confrontación entre peritajes. Una persona dirá que el sujeto es
funcional; otra dirá que no. Alguien dirá que sí lo es, pero solo bajo
ciertos supuestos, y otro afirmará que no lo es, también bajo cier­
tas condiciones. Y aquí viene una cuestión importante, que ha

373
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

sido malentendida durante mucho tiempo. Según los códigos, la


literatura jurídica y la tradición misma, los jueces son considerados
“peritos de peritos”. Pero, me parece eso un absurdo. Si acabo de
decir que no entiendo mucho de neurociencias, ¿cómo es que, de
repente, me convierto en perito de peritos? Supongamos que tengo
tres peritajes: el de la doctora Galán, el de la doctora Medina-Mora
y el de la doctora Campillo, y entonces yo me constituyo en peri­
to de peritos y me siento con la autoridad de decir cuál de los tres
me parece más conveniente.
La respuesta es: sí. El juez tiene que tomar una decisión y cerrar
el proceso. No porque sepa más que las personas peritas, sino
porque está obligado a resolver el caso y determinar si esa persona
va a estar en una condición A o en una condición B. Consecuen­
temente, tiene que decir: “Habiendo analizado las pruebas —voy
a tomar como ejemplo a las tres muy distinguidas doctoras—, yo
le doy más valor a una de ellas.” Eso, si lo pensamos bien, es una
audacia. ¿Entonces usted sabe más que la doctora Medina-Mora
en materia de drogas? No. Pero tengo que cerrar el proceso. Y esto
es algo que casi nadie se detiene a reflexionar: la enormidad de esa
decisión. ¿Qué pasa en el otro escenario, cuando el juez dice:
“No, no me convence lo que dijo la doctora”? Entonces, ¿qué
hace? ¿Pide más pruebas? ¿Sigue sin resolver? ¿Deja a esa persona
en una situación indefinida? El juez puede seguir pensando, se­
guir leyendo, seguir consultando libros, pero en algún momento
tiene que tomar una decisión. Porque no hacerlo también tiene
consecuencias. Dejar a una persona en una situación indefinida
puede representar un riesgo concreto, y eso también sería una
tragedia.
La única forma que se ha encontrado —y por eso creo que
estos seminarios son tan valiosos— es aportar información que per­
mita tomar decisiones asegurando que se hicieron con base en el
mejor conocimiento científico disponible en el momento en que
se resolvió el caso. No se puede comprometer una decisión pen­

374
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

sando en lo que podría descubrirse dentro de 20 años. La deci­


sión debe tomarse con la mejor información que exista al día en
que se dicta, considerando todos los marcos, estándares y proce­
dimientos aplicables. Y con base en eso, se decide si una persona
es funcional o no; o si lo es para ciertas cosas y para otras no. El si­
guiente paso es cerrar el tema y dictar una sentencia. Y aquí es
donde viene la parte más dura: la sentencia tiene un impacto real,
una reconfiguración en la vida de las personas. Puede significar ir
a la cárcel, ingresar a un hospital psiquiátrico o recibir algún tipo
de tratamiento. Es decir, a partir de esa decisión, le pueden ocurrir
cosas gravísimas a esa persona. Ese es el gran tema.
Como decía la doctora Campillo: se trata de trabajar para que
las y los jueces entendamos realmente lo que estamos haciendo.
Y también, desde el lado de las y los psicólogos, psiquiatras y neuro­
científicos, entender que aquello que se afirma científicamente
tiene que mostrarse y sostenerse dentro del proceso judicial. Eso
también es fundamental. Yo no puedo simplemente llegar con un
artículo de Nature o de The Lancet y decir: “Mire, aquí dice esto”.
Porque la respuesta será: “Qué bueno que lo diga The Lancet, pero
¿cómo se inserta eso en el proceso?, ¿qué valor probatorio tiene?,
¿qué se va a hacer con esa información?”

Ese es otro gran tema que estas reuniones al menos nos advier­
ten: nos recuerdan que debemos estar alertas respecto a cómo se
articula el conocimiento científico con el proceso judicial.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Creo que el doctor toca un punto fundamental cuando menciona


que en el derecho se tiene que tomar una decisión con la informa­
ción que hay. Finalmente, desde la ciencia se puede decir: “esto es
lo que conocemos, esto es lo que sabemos”. Podemos hablar hasta

375
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

de márgenes de error, hasta podemos en algún punto decir: “no


se sabe”. En el derecho, con eso se tiene que tomar una decisión.
Entonces, a partir de esta reflexión tan importante, yo quisie­
ra preguntarle, doctora Galán, ¿cuáles serían los requisitos bási­
cos para poder dar una opinión científica en un proceso? Lo voy
a relacionar, por ejemplo, con una de las preguntas que llegan del
auditorio: ¿cuál es la especialidad para acreditar en una pericial
el deterioro cognitivo de una persona?, y ¿cuáles serían los crite­
rios mínimos para poder comunicarle a un operador, a un juez, a
una jueza, el estado o la definición cognitiva de una persona?

Itzel Graciela Galán López

Lo que se ha trabajado es que el diagnóstico sea realizado por el


neurólogo y que el neurólogo tenga como evidencia el estudio
de neuroimagen y la evaluación neuropsicológica. O sea, son los
criterios mínimos, de alguna manera, para dar un diagnóstico de
déficit cognitivo.
El hecho de entender que usualmente la vía es el diagnóstico
formal que se da desde el área médica y que este diagnóstico for­
mal desde el área médica implica no solamente la opinión directa
del doctor, sino la evidencia en términos de un estudio que deter­
mine que hay una disminución del volumen cerebral más la fun­
cionalidad. Desde la parte funcional, generalmente, la evaluación
neuropsicológica es una buena herramienta.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Muchas gracias, doctora. Para cerrar el último tema, que tiene que
ver con los neuroderechos, con las nuevas tecnologías y justamente
con uno de los casos que pusimos como detonante. Me refiero al
caso donde una persona demandó a una empresa porque se queda­
ron con datos de una imagenología que obtuvieron de su cerebro.

376
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

Esto abre la pregunta ¿qué tanto se puede conocer una persona o


qué tanta información hay que podría identificar a una persona
a partir de estos estudios de imagenología? Otra pregunta del pú­
blico es “¿qué opina usted sobre la viabilidad en la aplicación de los
neuroderechos en las diversas aplicaciones, por ejemplo, de inte­
ligencia artificial?”

Itzel Graciela Galán López

Se vuelve una situación muy complicada porque todavía no tene­


mos claros los límites; es decir, no hay una delimitación clara
acerca del tipo de uso de información. De hecho, muchas de las
dificultades que tenemos es que todavía no contamos, por ejem­
plo, siquiera con bases generales que permitan en algunas ocasio­
nes establecer promedios. Por eso es por lo que todavía muchos de
los estudios que tenemos no son determinísticos; no son marca­
dores biológicos porque no tenemos, digamos, la suficiente robus­
tez de información para generar un marcador. Sin embargo, sí el
hecho de que utilicemos este tipo de aplicaciones en donde se está
generando análisis de la información cerebral, tendría que quedar
muy claro cuál es su uso.
En el ejemplo que ustedes plantean, se vuelve una situación
muy compleja entender el uso que se le puede dar a ese tipo de
datos. Por supuesto que aquí tendríamos que apelar a la noción
de neuroderechos, porque justamente no tenemos certeza sobre
el potencial completo de esta información, y todo dependerá del
uso que se le dé.

Oliver Joaquín Giménez Héau

Doctor, quisiera yo preguntarle desde esta línea, ¿qué tanto estos


sesgos de los que hemos hablado pueden afectar a las personas
operadoras de justicia? ¿Cómo evitar que les afecten? Finalmente,

377
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

quien toma estas decisiones también está expuesta a tener estos


sesgos.

José Ramón Cossío Díaz

Ahora voy a ese punto, pero antes quiero retomar algo que acaba
de señalar la doctora Galán. Aquí hay un problema muy intere­
sante que puede parecer trivial, pero no lo es: ¿qué entendemos
por conocimiento científico?
¿Qué pasa si yo digo que se tomará en cuenta el conocimiento
científico, pero luego me preguntan: “Muy bien, dígame usted cuá­
les son sus características”? Este problema se presentó ante la Corte
Suprema de los Estados Unidos en un caso muy importante rela­
cionado con farmacéuticas: el caso Daubert. Fue interesantísi­
mo, porque el Código General de los Estados Unidos establece
que tendrán valor probatorio las documentales, las periciales y
todos aquellos conocimientos que tengan valor científico.
Entonces, yo podría hacer una pregunta provocadora: ¿por
qué la astronomía tiene carácter científico y la astrología no,
cuando más personas están vinculadas con la astrología que con
la astronomía? Nadie se levanta en la mañana a ver cómo se van a
comportar los cielos, pero si se levantan a ver su horóscopo, para
ver cómo les va a ir a lo largo del día. Es más común una cosa que
otra. Entonces, ¿por qué unos conocimientos sí y otros no? Es un
estándar que tiene que ver con las tesis de Popper sobre la falsa­
bilidad: “conocimiento que se produce en una comunidad, que
puede ser replicado y que puede ser falseado” —estoy abreviando
muchísimo el ejemplo—.
Entonces, si mañana yo estuviera en un juzgado y alguien lle­
gara a pedirme que se declare que cierta persona está en una deter­
minada condición mental, ¿cómo lo voy a probar? Podría decir
que trae un conjunto de imágenes muy sofisticadas, escáneres
con múltiples cortes, donde se observa una sombra en cierta parte

378
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

de la imagen, y que eso, según quien lo presenta, demuestra que


esa persona ha perdido tales o cuales funciones. Y con base en eso,
se me pide que adopte una determinada decisión jurídica. Esto
representaría un problema enorme para el derecho.
Llevémoslo al caso más extremo: una persona ha cometido un
homicidio, pero, con ciertas imágenes cerebrales, se afirma que
en un lóbulo presenta una condición específica, y por ello alguien
sostiene que no es responsable penalmente. Yo, como juez, podría
encontrar ese caso fascinante, sí, pero también debo preguntarme:
¿qué hago? ¿Lo mando a un hospital psiquiátrico? ¿Lo dejo en li­ber­
tad? ¿Qué hago yo como juez, a partir de una imagen como esa?
Esto trae de nuevo un tema, que dicho en términos coloquia­
les sería: ¿cómo meto eso al derecho y al proceso? ¿Cómo le doy
repre­sentación jurídica a ese tipo de evidencia dentro de una sen­
tencia, para diferenciar cuándo una persona va a la cárcel y cuándo
va a tratamiento?
Supongamos que una decisión judicial debe partir de una in­
terpretación que sostiene que, porque hay una mancha determina­
da, o porque una imagen se pinta de cierto color, se puede concluir
algo relevante para el caso. Recoger eso para el derecho es un gran
tema. Yo no encuentro en este momento una manera clara en la
que pueda integrarse.
Se puede decir que eso ya ha pasado en la historia, por ejemplo,
cuando comenzaron las pruebas de las huellas dactilares. Hace
150 años, cuando descubrieron las huellas dactilares, se empeza­
ron a utilizar para decir: “hay una huella en el arma, por lo tanto,
esta persona es culpable y debe ir a la cárcel”. Otro ejemplo fue lo
que se llamaba la “prueba de la parafina”, ya no se utiliza porque
no tiene un valor riguroso. Esta prueba se basaba en detectar re­
siduos de pólvora en la mano de una persona para concluir que
había disparado un arma. Esa simple correlación era suficiente
para enviarla a prisión.

379
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

Un caso más reciente es el del ADN. Hace 50 años, no existía


como prueba judicial. Hoy en día el ADN ha sido incorporado al
derecho, por ejemplo, es una de las mejores y más importantes
pruebas para filiación, no solo para homicidios. Por ejemplo, se
puede probar si una niña o niño es hija o hijo de determinada per­
sona, con lo que se puede decidir, si la persona debe pagar pen­
sión alimenticia, si se debe reconocer legalmente al menor, entre
otros efectos jurídicos.
Entonces, ¿cómo se va a reconocer una prueba? Yo creo —y va
a parecer una expresión un poco absurda— que tiene grados de
cientificidad, tiene grados de reconocimiento, como decía la doc­
tora Campillo: tiene grados de aceptación en la comunidad y en
los diálogos, hasta que llega un punto de consenso. Hace 150 años
ni siquiera sabíamos que existía el ADN; hace 50, Watson y Crick
empezaban; y hoy podemos definir algo tan serio como saber quién
es el papá o la mamá de un niño por medio del ADN. Pues lo mis­
mo tendríamos que hacer —o en algún momento va a suceder—
con la imagenología.
La segunda cuestión, más allá de que yo tenga las imágenes,
y que va a ser un tema central, es la asignación del nivel —déjenme
usar esta expresión, aunque sea peyorativa— de disfuncionalidad
o de responsabilidad, en función de lo que yo observe en una ima­
gen. ¿Si una zona se pinta de azul, y otra de blanco, o de verde, eso
quiere decir que una persona es culpable y otra inocente?, ¿que
una sí tenía conciencia, capacidad de querer y saber —como dice
el derecho— y la otra no?

Oliver Joaquín Giménez Héau

Esto tiene que ver justamente con la aceptación. Pasarlo de una


forma que la persona juzgadora sepa que hay un consenso científico
alrededor de ese tema. Que si hay una mancha mayor o menor, se
sepa qué es lo que eso significa, pues ya hay un consenso.

380
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

Doctora Galán y doctor Cossío, para cerrar, les pediría si nos


pudieran compartir algunas ideas de conclusión, por favor. Tam­
bién le pediría a la doctora María Elena Medina-Mora, quien es
miembro de El Colegio Nacional y nos acompaña en esta sesión,
la última sesión de este ciclo, que nos diga su opinión al respecto
de este diálogo.

Itzel Graciela Galán López

Me parece muy interesante el hecho de que podamos dialogar y


que nos deja claro que, como siempre, tenemos más interrogan­
tes y más trabajo en términos de cómo gestionar la situación del
trabajo interdisciplinario.
Es una necesidad para la población el hecho de que la infor­
mación científica se aterrice y pueda generar vinculaciones que
sean más útiles. Muchas gracias por la invitación.

María Elena Medina-Mora

Me parece muy importante todo lo que se ha visto hoy. El doctor


Cossío ha sido siempre muy cuidadoso de entender qué está pa­
sando con la enfermedad mental, con el cerebro, con la toma de
decisiones y pues hemos avanzado, me parece, en muchas áreas.
Esta área que se aborda en la sesión del día de hoy es especial­
mente importante porque ha tenido muchos cambios. Una parte
tiene que ver con que hoy conocemos más sobre el cerebro, que
fue el último órgano en estudiarse a fondo, en parte porque no
se podía abrir y observar su funcionamiento directamente. Fue
a partir de nuevas tecnologías que comenzamos a analizarlo de
manera distinta. Eso fue hace apenas unos 30 años, es decir, muy
recientemente.
Al principio teníamos los instrumentos, pero no sabíamos
qué significaban los resultados, entonces hubo que hacer toda

381
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

una carrera. Me parece que el trabajo que se ha hecho en este


campo es fundamental.
Un elemento en el cual podemos pensar es que el envejecimien­
to ha sido muy claro: vivimos muchos más años, pero no necesaria­
mente los vivimos con salud. Esto ha traído una nueva atención
sobre la demencia, los grados de demencia, y los niveles de capa­
cidad, que han permitido comenzar a mirar estos procesos de
manera más matizada, como bien se mencionaba. Otro elemento
es la pandemia, que también trajo muchas pérdidas cognitivas,
incluso en personas que no estaban en edad de presentar demen­
cia. Un ejemplo de ello fueron muchos de nuestros estudiantes,
que vivieron situaciones difíciles, tanto por la enfermedad misma
como por el confinamiento, que les hizo perder muchas habilida­
des. Y estas cosas no son pasajeras. Todas estas consecuencias
fueron prolongadas, o se vivieron durante un periodo largo, y to­
maron mucho tiempo en recuperarse. Una de las indicaciones
que tenemos es recuperar esa pérdida cognitiva, que sí es recupe­
rable si empezamos a trabajarla a tiempo y lo hacemos bien.
Lo que se ha venido planteando recientemente es la necesidad
de pensar y hablar del cerebro sano. Esto implica, ciertamente, una
colaboración mucho más estrecha, porque la salud mental forma
parte del concepto de ‘cerebro sano’, pero no es lo único y se re­
laciona también con otros conceptos. La Organización Mundial
de la Salud ya lo aprobó: se trata de una interacción más cercana
entre la neurología, la psicología y la psiquiatría para pensar en la
persona, en lugar de estar pensando en conceptos separados.
Me parece que esta es una posibilidad importantísima, y que
todo lo que se discutió aquí hace mucho sentido. Si ese enfoque avan­
za, y avanza bien, en el futuro podremos incorporar muchos más
elementos. Ahora bien, ¿cuáles son las limitaciones actuales? Si
bien contamos con nuevos aparatos para ver cómo está el cerebro y
cuál ha sido su nivel de deterioro, eso cuesta. Un estudio puede cos­
tar 10 mil pesos, y eso sin contar la evaluación neuropsicológica,

382
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

que, aun en su versión más económica, podría sumar al menos 5


mil pesos más. No es una situación accesible hoy en día. Tenemos
que avanzar también en eso, porque está muy bien contar con es­
tos elementos, pero hay una disparidad enorme de quién puede y
quién no puede acceder a ellos. Ese es otro elemento que tendría­
mos que considerar.
Finalmente, ¿cómo podemos hacer que todo esto forme parte
del derecho? Ese ha sido, justamente, el eje de nuestra discusión
durante tanto tiempo.
Yo soy más optimista que la mesa, porque en el tiempo que
llevamos trabajando este tema —que no han sido pocos años—
hemos podido atender ciertos casos, se han establecido jurispru­
dencias que han sido muy impresionantes y útiles, y hemos logra­
do diferenciar situaciones en las que, aunque una persona tenga
una enfermedad mental crónica, que sí es definitiva, no necesaria­
mente está igual todo el tiempo.
¿Cómo se puede evaluar eso? ¿Y cómo puede eso formar par­
te de los juicios orales? Tenemos que avanzar mucho más y lograr
que todo esto entre en esta nueva perspectiva. A mí me parece que
el concepto de cerebro sano es muy interesante, y que se nos per­
mita seguir trabajando con las personas que están aquí y que pue­
dan aportar más luz, quizá comenzando con casos específicos.
Muchas gracias y felicidades.

José Ramón Cossío Díaz

Creo que estos encuentros de verdad que son importantes, porque


de otra forma quienes estamos haciendo derecho, vivimos en un
mundo normativo y nos cuesta mucho trabajo reconocer que hay
avances que están pasando ahora. Entonces, seguimos reprodu­
ciendo los conocimientos históricos que tenemos y cuando nos
llegan casos nuevos, a veces no los sabemos enfrentar o los resol­
vemos por analogías antiguas —con sesgos de información—.

383
Cossío D., Galán L., Campillo L., Medina-Mora, Giménez H.

La plática de hoy me parece que ha sido central. Nos van a


llegar pronto imágenes y, como decía la propia doctora, va a llegar
alguien a cuestionar qué es lo que representa la imagen y su grado
de fiabilidad, creo que ahí habrá temas sumamente interesantes.
Yo recordaba un caso en Guanajuato, donde una persona
atropelló a otra y la mató. El tema era la responsabilidad, porque
esta persona alegaba que iba en estado de ebriedad. La parte defen­
sora sostenía que la prueba del alcoholímetro únicamente de­
muestra que una persona ha ingerido alcohol, pero no demuestra
clínicamente el estado de ebriedad. Afirmaban que el estado de
ebriedad requiere una evaluación clínica, no solo soplarle a un
aparato. Es decir, argumentaban que el alcoholímetro confirmaba
que la persona había tomado alcohol, pero no que estuviera ebria,
y que, por lo tanto, no podían derivarse automáticamente ciertos
efectos jurídicos de ese resultado. Este ejemplo fue muy básico,
pero la persona lo planteó realmente bien.
Y más allá de la tragedia que ocurrió, ese caso es muy similar
al de las imágenes cerebrales. Pues, si bien una imagen puede mos­
trar que el cerebro está de una u otra manera —como dice la doc­
tora Medina-Mora—, también es necesario que tanto la imagen
como la lectura técnica sean adecuadas. Pero entonces, ¿eso qué
demuestra?, ¿que la persona “está mal”?, ¿que tiene una demencia,
que tiene una incapacidad? Si la respuesta es afirmativa, entonces
hay que demostrar que el hecho de que una zona aparezca pinta­
da o alterada puede tener consecuencias relevantes.
Yo creo que entrar a este punto tan particular ha sido fasci­
nante, estoy encantado. Para mí ha sido una mañana interesan­
tísima, he aprendido mucho, y ojalá pronto podamos tener más
sesiones y más trabajo, porque de verdad este es el tipo de temas que
ya se nos vienen encima, y tenemos que ponernos a pensar en ellos,
porque son inminentes.
Yo no sé cuándo alguien va a plantear un caso así, o cuándo
van a llegar imágenes de esta naturaleza. Porque, si bien —como

384
Aportes de las neurociencias al ámbito legal

ya vimos— no es una tecnología con un costo accesible para todos,


pronto alguien va a llegar con sus imágenes y va a pedir que, con
base en ellas, se produzca una consecuencia jurídica. No va a tar­
dar nada en que esto ocurra: en un asunto penal donde haya mu­
cho dinero en juego, en un juicio familiar con una herencia, o en
cualquier otro tipo de caso. Y el juez va a tener que ver cómo abor­
dar este tipo de situaciones. Ese va a ser un tema fascinante. Y no
debe tardar casi nada.
Muchísimas gracias, ha sido una muy buena sesión.

385
Clausura del Seminario
Permanente de Derecho y Ciencia

Oliver Joaquín Giménez Héau

Durante la primera edición, en el año 2024, trabajamos analizan­


do sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en las
que se había utilizado conocimiento científico. En esa ocasión,
nos acompañó el doctor Antonio Lazcano, quien habló sobre los
límites de certeza que puede aportar el ADN. Con las doctoras
Siobhan Guerrero y Brenda Crabtree discutimos cómo el conoci­
miento médico y social debe acompañar las decisiones judiciales
en materia de salud sexual y reproductiva, y no limitarse a justi­
ficar sentencias ya tomadas.
Con la doctora Julia Carabias reflexionamos sobre el enten­
dimiento y la importancia de proteger la naturaleza, no como una
obsesión personal, sino como una exigencia jurídica basada en el
conocimiento científico. La doctora Medina-Mora nos habló sobre
la relevancia de identificar cómo el uso de estudios científicos in­
completos, mal interpretados o desactualizados puede tener con­
secuencias devastadoras en las políticas públicas y en los derechos
individuales. Finalmente, con el doctor Carlos Morales analiza­
mos el papel del conocimiento técnico en decisiones sobre terri­
torio, infraestructura y expropiaciones.
La segunda parte del seminario, ahora en el año 2025, ya no se
centró en analizar cómo ha sido utilizado el conocimiento cien­tífi­
co en las sentencias, sino que decidimos hablar de lo que próxima­

387
Giménez Héau, Elena Medina-Mora, Cossío Díaz

mente, con todos los avances científicos que existen, serán los
casos del futuro: temas que ya están en la puerta, que comienzan
a aparecer en los tribunales. En esta segunda edición del seminario
abordamos situaciones emergentes en la intersección entre el de­
recho y la ciencia. Hablamos y trabajamos en torno a temas como
inteligencia artificial, ciberseguridad y protección de datos, con­
taminación y cambio climático, biotecnología y edición genética,
y hoy cerramos con esta conversación sobre neurociencias.
Con esto concluimos no solo esta sesión, sino el seminario
completo. Les agradezco muchísimo su participación.
Quiero agradecer de manera especial el apoyo de El Colegio
Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México, en
esta ocasión a través de la Facultad de Psicología, con el respaldo
del Centro de Enseñanza para Extranjeros.
Por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, agra­
dezco profundamente a todo el equipo de la Unidad General de
Conocimiento Científico y Derechos Humanos, así como a nues­
tros compañeros de Justicia TV, quienes nos han acompañado con
las transmisiones.

María Elena Medina-Mora

Pienso que una de las grandes ventajas que ofrece El Colegio Na­
cional es esta posibilidad multidisciplinaria de analizar estos —y
muchos otros— elementos y problemas. Eso facilita imaginar
y construir la interdisciplina que hoy se requiere para atender los
temas actuales, y nos permite hacernos preguntas fundamenta­
les: ¿Cómo debe ser la educación? ¿Hacia dónde debemos dirigirla?
¿Cómo formar personas en la multidisciplina, que cada día es más
visible y necesaria?
Me parece que en la universidad tenemos mucho que hacer,
y por ello también agradezco profundamente a El Colegio Nacio­
nal por brindarnos estas oportunidades.

388
Clausura del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

Todas estas maravillosas sesiones han sido muy interesantes,


están grabadas y pueden ser consultadas por quienes tengan el inte­
rés. Esperamos que este seminario haya sido de su agrado y confia­
mos en que todos estos temas seguirán generando gran interés.
Muchas gracias.

José Ramón Cossío Díaz

Quisiera agradecer en primer lugar a la ministra Norma Piña, por­


que ha sido muy generosa. Agradezco también a Justicia TV, así
como a la dirección de Alejandra Rabasa y de Joaquín, quienes
forman parte de esta iniciativa impulsada por la presidencia para
crear la Unidad General de Conocimiento Científico y Derechos
Humanos. Es precisamente ahí donde se traduce y se acerca el
conocimiento científico que está siendo utilizado por distintas y
distintos juzgadores para enfrentar este tipo de problemas.
Una de las cosas más interesantes de trabajar en la Suprema
Corte es que cada día llega un tema distinto: el lunes son impues­
tos, el martes armas de fuego, el miércoles otro asunto completa­
mente diferente. Es un trabajo fascinante, y uno, al final del día,
nunca deja de estudiar.
Creo que, con un grupo de personas del propio Colegio Na­
cional, de la Universidad Nacional, así como de otras instituciones,
habría que encontrar algún nuevo espacio para seguir conversan­
do sobre estos temas.
Estoy convencido de que estos son algunos de los temas más
interesantes y urgentes en este campo, y que se nos vienen enci­
ma: no tardará en llegar a las cortes un caso en el que se argumen­
te con pruebas novedosas, con literatura tomada directamente
de revistas científicas. Ese momento será equiparable a la prime­
ra vez que una prueba de ADN llegó a la Corte. Traducir la doble
hélice de Watson y Crick en una sentencia judicial es, sin duda,
un asunto sumamente complejo.

389
Giménez Héau, Elena Medina-Mora, Cossío Díaz

Por eso creo que es fundamental seguir trabajando estos temas


desde distintas instituciones. Ojalá podamos continuar con este
esfuerzo, y recordar —como bien dijo la doctora Medina-Mora—
que El Colegio Nacional tiene el carácter de ser un espacio privi­
legiado para consolidar esta línea, con múltiples esfuerzos desde
la investigación.
Me siento sumamente entusiasmado al respecto. Muchas
gracias.

Oliver Joaquín Giménez Héau

A modo de conclusión, me quedo con tres puntos fundamentales


de todo este seminario.
El primero es la formación que debe existir para juezas, jueces
y personas operadoras jurídicas. Es indispensable que cuenten
con herramientas que les permitan identificar cuándo una prueba
científica es útil y cuándo no lo es.
El segundo punto es la necesidad de una verdadera interdis­
ciplinariedad. Como se ha mencionado a lo largo de las sesiones,
necesitamos protocolos de diálogo sostenido entre científicas, cien­
tíficos y juristas. No basta con peritajes aislados; se requiere un
trabajo conjunto y constante.
Y finalmente, el tercer punto es la ética y la responsabilidad que
deben guiar todo este proceso. La incorporación del conocimien­
to científico al derecho debe estar siempre atravesada por los dere­
chos humanos y por la dignidad de las personas.
Les agradezco muchísimo su participación y atención.
Con esto damos por terminado este seminario. Muchas gra­
cias por acompañarnos.

390
Conclusiones

Este libro recoge mucho más que las transcripciones de un ciclo


de seminarios. Contiene, en realidad, el registro vivo de una con­
versación urgente: la del derecho con la ciencia. Una conversa­
ción que, si bien ha tardado en instalarse de forma sistemática en
los espacios judiciales, hoy la comenzamos a ver como algo im­
prescindible.
A lo largo de las sesiones hemos sido testigos de encuentros
entre personas juzgadoras, científicas y especialistas que, con ge­
nerosidad intelectual, han compartido sus saberes para iluminar
casos concretos, así como casos que podrían llegar a suceder en un
futuro cercano. Al mismo tiempo, mostraron las complejidades
que surgen cuando dos lenguajes distintos intentan encontrarse.
Una y otra vez apareció un conjunto de inquietudes: ¿Cómo tra­
ducir la incertidumbre propia del método científico al lenguaje
de certezas que exige el derecho? ¿Cómo decidir con base en sabe­
res que evolucionan, se actualizan y se debaten? ¿Cómo evitar que
el uso de pruebas científicas derive en nuevos sesgos?
Lo que emergió en cada diálogo fue mucho más que la suma
de disciplinas. Surgió un espacio de escucha, de reconocimiento de
límites, y de disposición a preguntar antes que suponer. A lo lar­
go del seminario se insistió en una idea clave: el paso importante
no fue “llevar la ciencia al tribunal”, sino aceptar que desde el de­
recho no se puede —ni se debe— saberlo todo, que consultar a quien
sabe no es rendirse, sino comprometerse con una mejor forma de
hacer justicia.

391
Memorias del Seminario Permanente de Derecho y Ciencia

■ A lo largo de los diálogos creados se fueron mencionando ele­


mentos que podrían servir para integrar el conocimiento cien­
tífico y experto, por ejemplo:
■ El conocimiento experto debe haber pasado por procesos de
evaluación. Estos deben ser hechos por parte de expertos en
la misma área, y ser parte del consenso dentro de la comuni­
dad científica.
■ El uso de conocimiento científico revisado por pares. Impli­
ca que otros especialistas revisen críticamente los hallazgos
antes de que se consideren confiables o aplicables, idealmen­
te sin conflictos de interés.
■ El uso del mejor conocimiento disponible. El conocimiento
científico es cambiante, por lo que el derecho debe tener una
actitud abierta hacia la ciencia como un saber en evolución.
■ Se debe tener presente que toda técnica tiene limitaciones
inherentes. Se deben conocer para ponderar adecuadamente
la prueba.

La elección del conocimiento y del peritaje debe depender del


tipo de pregunta o problema que plantea el caso. No se puede asu­
mir que hay una prueba única que responderá todos los problemas.
Una buena prueba en un caso puede no resultar útil en otro.
Esto abona a aportaciones previas que se han hecho para la
integración de conocimiento científico en las sentencias, un ejem­
plo de esto es la tesis aislada 152/2005-PS y las diversas sentencias
que se han abordado en la SCJN. Se reforzó así un camino que ya
se viene trazando, pero que aún necesita consolidarse.
Las sesiones también mostraron que este diálogo no es sencillo.
Traducir entre lenguajes, métodos y tiempos distintos no es fácil,
pero es necesario. Porque de esa dificultad nace la posibilidad de
construir sentencias más sólidas, claras y conectadas con la realidad.
Un aspecto muy valioso fue ver cómo muchas de las personas
invitadas desde el ámbito científico —al principio con cierta duda,

392
Conclusiones

por “no saber derecho”— terminaron haciendo aportes clave. Eso


mostró que este tipo de intersección no exige ser experta en todo,
sino tener disposición al diálogo. Que no se trata de convertirse en
abogada o científica, sino de estar dispuestas a una construcción
colectiva del conocimiento. Y quizá, con el tiempo, logremos que ya
no sea necesario “traducir” entre derecho y ciencia, porque habre­
mos aprendido a pensar desde ambos mundos al mismo tiempo.
Hay una lección que atravesó todas las sesiones: el conocimien­
to científico no es neutral ni automático ni estático. Hay que
comprenderlo, contextualizarlo y aplicarlo con responsabilidad.
Y eso exige diálogo, cuidado y estructuras institucionales que lo
permitan. El derecho, por tanto, debe aprender a dialogar con un
saber que está en movimiento, sin pretender atraparlo en catego­
rías fijas, pero sin renunciar tampoco a la obligación de tomar
decisiones responsables en el presente.
Este seminario demostró que es posible —y deseable— cons­
truir un espacio de aprendizaje mutuo entre personas juzgadoras,
científicas, expertas técnicas y ciudadanía. Un espacio donde el
derecho deje de estar cerrado al conocimiento externo, y donde
la ciencia sepa que también tiene un papel en la construcción de lo
que entendemos por justicia.
Estas memorias son, entonces, un punto de partida. Aquí que­
dan sentencias, conceptos, experiencias y preguntas que invitan
a seguir conversando, y a sostener ese cruce entre quienes expli­
can el mundo y quienes buscan hacerlo más justo.
Aún queda una misión, completar el círculo: no solo traer la
ciencia al derecho, sino también llevar el derecho a la ciencia. Que
quienes investigan, modelan o intervienen en lo técnico sepan
también cómo sus acciones inciden en lo jurídico, en los derechos
y en la vida de las personas. Solo así podremos avanzar hacia una
sociedad más justa, no solo para los seres humanos, sino para toda
la vida que compartimos en este planeta.

393
Suprema Corte de Justicia de la Nación

Ministra Norma Lucía Piña Hernández


Presidenta

Primera Sala
Ministra Loretta Ortiz Ahlf
Presidenta

Ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá


Ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena
Ministro Jorge Mario Pardo Rebolledo
Ministra Ana Margarita Ríos Farjat

Segunda Sala
Ministro Javier Laynez Potisek
Presidente

Ministra Lenia Batres Guadarrama


Ministra Yasmín Esquivel Mossa
Ministro Alberto Pérez Dayán

Unidad General de Conocimiento Científico


y Derechos Humanos
Alejandra Rabasa Salinas
Titular de la Unidad
El Colegio Nacional

Carlos A. Aguilar Salinas Claudio Lomnitz


Francisco G. Bolívar Zapata Susana López Charretón
Julia Carabias Lillo Leonardo López Luján
Carlos A. Coello Coello Linda R. Manzanilla Naim
Concepción Company Company Adolfo Martínez Palomo
José Ramón Cossío Eduardo Matos Moctezuma
José Antonio de la Peña María Elena Medina-Mora
Christopher Domínguez Michael Gabriela Ortiz
Alejandro Frank Manuel Peimbert Sierra
Julio Frenk Vicente Quirarte
Javier Garciadiego Cristina Rivera Garza
Silvia E. Giorguli Saucedo Luis F. Rodríguez Jorge
Eusebio Juaristi Pablo Rudomin
Enrique Krauze José Sarukhán
Luis Fernando Lara Jaime Urrutia Fucugauchi
Antonio Lazcano Araujo Diego Valadés
Felipe Leal Juan Villoro
Susana Lizano Soberón Gabriel Zaid

Miembros de El Colegio Nacional

Teresa Vicencio Álvarez


Secretaria administrativa
Suprema Corte de Justicia de la Nación

Dirección editorial Corrección


José Omar Hernández Salgado Grizel Robles Cárdenas
(Dirección General de la (Dirección General de la
Coordinación de Compilación y Coordinación de Compilación y
Sistematización de Tesis) Sistematización de Tesis)

Coordinación editorial Estephania Zluhan Martínez


Alejandra Rabasa Salinas (Unidad General de Conocimiento
(Unidad General de Conocimiento Científico y Derechos Humanos)
Científico y Derechos Humanos)
Transcripción de contenido
Oliver Joaquín Giménez Héau Areli León Pérez
(Unidad General de Conocimiento (Unidad General de Conocimiento
Científico y Derechos Humanos) Científico y Derechos Humanos)

Cecelic Reséndiz Arias José Manuel Vilchis Conde


(Unidad General de Conocimiento (Unidad General de Conocimiento
Científico y Derechos Humanos) Científico y Derechos Humanos)

José David Camaño Galván Estephania Zluhan Martínez


(Unidad General de Conocimiento (Unidad General de Conocimiento
Científico y Derechos Humanos) Científico y Derechos Humanos)

Formación Cuidado de la edición


Rafael H. Carmona Larrañaga Alejandra Rabasa Salinas
Leticia Hernández Martínez (Unidad General de Conocimiento
(Dirección General de la Científico y Derechos Humanos)
Coordinación de Compilación y
Sistematización de Tesis)

El Colegio Nacional

Dirección editorial Diseño editorial


Alejandro Cruz Atienza Sandra Gina Castañeda Flores

Coordinación editorial Diseño de portada


María Elena Ávila Urbina Pedro Romero Hernández

Coordinación de producción
Alejandra Guerrero Esperón
Memorias del Seminario
Permanente de Derecho y Ciencia
se terminó de editar en su versión digital
en el mes de agosto de 2025.

La formación de esta obra fue elaborada


por la Dirección General de la Coordinación
de Compilación y Sistematización de Tesis
de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Para su composición se utilizó la familia tipográfica
Adobe Text Pro en 9, 10 y 11 puntos.
Este libro es fruto del Seminario Permanente de Derecho
y Ciencia, una iniciativa conjunta de la Unidad General de
Conocimiento Científico y Derechos Humanos, de la Su-
prema Corte de Justicia de la Nación, y El Colegio Nacional.
La obra invita a reconocer la importancia de tender
puentes entre la ciencia y el derecho, dos mundos que se
complementan para fortalecer la toma de decisiones en
beneficio de la sociedad. A lo largo de estas páginas se pre-
sentan reflexiones sobre asuntos de gran relevancia y ur-
gencia: desde la utilización de pruebas de adn en casos de
filiación y los debates sobre salud pública y urbanismo hasta
dilemas complejos relacionados con el medio ambiente, las
neurociencias, las tecnologías emergentes y otros campos
del conocimiento que desafían cotidianamente a la justicia.
En un contexto global en el que las problemáticas sociales,
ambientales y tecnológicas avanzan con rapidez, el esfuerzo
conjunto resulta indispensable para garantizar la justicia y los
derechos humanos. Por ello, este libro constituye una invita-
ción a imaginar nuevas formas de colaboración entre tribu-
nales, universidades, centros de investigación y ciudadanía.

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