UNIVERSIDAD NACIONAL DE TRUJILLO
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO
ALUMNA:
ARQUEROS CABRERA, DANNA SALOMÉ
FLORES HUAMANCHUMO, MARIAN ELIZABETH
QUIROZ SALDAÑA, MARÍA FERNANDA
SUÁREZ HERMOZA, FÁTIMA GUADALUPE
VARGAS VELARDE, MISSELI ABIGAIL
CURSO:
LÓGICA Y DESARROLLO DEL PENSAMIENTO CIENTÍFICO
ASESOR (A):
UCEDA DUCLOS, SANTIAGO
CICLO:
2025-II
INTRODUCCIÓN
La lógica formal constituye una de las disciplinas fundamentales del pensamiento
filosófico y científico, pues se ocupa de estudiar las estructuras racionales que garantizan la
validez del conocimiento. Desde la antigüedad, ha sido considerada la ciencia que ordena y
regula el pensar humano, permitiendo distinguir el razonamiento correcto del incorrecto
mediante principios universales y leyes invariables. Su origen se remonta a la obra de
Aristóteles, quien formuló los primeros fundamentos del pensamiento lógico, los cuales, con
el paso del tiempo, fueron desarrollados y perfeccionados hasta convertirse en una
herramienta esencial para el análisis racional, la argumentación coherente y la construcción
del saber científico.
El presente informe tiene como propósito examinar la naturaleza científica de la
lógica formal, su objeto de estudio, sus métodos y las leyes que sustentan su funcionamiento.
A través del análisis de sus categorías fundamentales concepto, juicio y razonamiento, así
como de sus principales teorías y operaciones lógicas, se busca comprender cómo esta
disciplina constituye la base racional del pensamiento humano y del desarrollo del
conocimiento. De este modo, se pretende evidenciar que la lógica formal no solo es una rama
de la filosofía, sino también una ciencia normativa que orienta la actividad intelectual hacia la
coherencia, la consistencia y la verdad.
En este marco, surge la problemática central que orienta el presente estudio: ¿De qué
manera la lógica formal, entendida como ciencia, garantiza la validez del razonamiento
humano y contribuye a establecer las bases del conocimiento científico? Frente a este
problema, se plantea como hipótesis que la lógica formal puede considerarse una ciencia
porque, al estudiar las estructuras, leyes y métodos que garantizan la validez del pensamiento,
proporciona un marco racional y normativo que permite evaluar la corrección del
razonamiento humano, asegurar la coherencia interna del conocimiento y establecer las bases
metodológicas del saber científico.
Posteriormente, se establecieron los siguientes objetivos de investigación. Como
objetivo general, se propone analizar si la lógica formal puede ser considerada una ciencia
que sustenta las bases racionales del conocimiento humano, mediante el estudio de sus
estructuras, leyes y métodos que garantizan la validez del pensamiento. Como objetivos
específicos, se plantea: Describir el objeto de estudio de la lógica formal y su función en la
estructuración del pensamiento científico; examinar el método deductivo como
procedimiento esencial para la validación de los razonamientos; identificar las leyes que rigen
su funcionamiento como la ley de identidad, la de no contradicción, el tercero excluido y la
razón suficiente; analizar las principales teorías que explican la evolución de la lógica formal
y su concepción como ciencia y reconocer los errores y falacias más frecuentes que se
presentan en los procesos de razonamiento formal.
DESARROLLO
1. PARTE FILOSÓFICA
1.1. Concepción
La lógica formal tiene su origen en la filosofía griega clásica, especialmente en la
obra de Aristóteles, quien estableció las leyes fundamentales del pensamiento: identidad, no
contradicción y tercero excluido. Desde entonces, la lógica se concibe como el estudio de las
formas válidas del razonamiento, donde la corrección de una inferencia depende de su
estructura y no del contenido de sus proposiciones. Así, la lógica formal surge como una
ciencia que busca garantizar la validez del pensamiento, proporcionando reglas universales
que permiten distinguir el razonamiento correcto del incorrecto. “Un enunciado es una
proposición que afirma o niega algo de otra cosa”
Su desarrollo histórico atraviesa distintas etapas. Nació en Grecia, se difundió en el
mundo helenístico y romano, y fue preservada por los filósofos árabes y escolásticos durante
la Edad Media. En la modernidad, pensadores como Leibniz buscaron transformar la lógica
en una ciencia rigurosa del pensamiento, basada en principios universales y combinatorios.
Más tarde, George Boole introdujo el álgebra lógica, sentando las bases de la lógica
simbólica moderna, mientras que Gottlob Frege formalizó los principios del lenguaje lógico
mediante un sistema axiomático. Estos avances permitieron que la lógica formal se
consolidara como una disciplina científica, esencial tanto para la filosofía como para la
matemática y la informática contemporánea. “El alma humana posee naturalmente el poder
de descubrir las verdades eternas, y la razón es el orden mismo de las verdades, que no
depende de la experiencia” (Leibniz, 1714).
1.2. Paradigma
La lógica formal se ocupa de las estructuras y métodos del razonamiento válido, sin
atender al contenido particular de las proposiciones. Su objetivo es establecer los principios
que permiten evaluar la corrección lógica de los argumentos. En este sentido, se distingue por
su carácter normativo, ya que ofrece criterios de validez aplicables a cualquier ámbito del
conocimiento. “La lógica es el estudio de los métodos y principios usados para distinguir el
razonamiento correcto del incorrecto” (Copi, 2001).
La lógica formal tiene su origen en el paradigma aristotélico del siglo IV a.C., donde
Aristóteles estableció el primer sistema de razonamiento deductivo basado en el silogismo y
en los principios de identidad, no contradicción y tercero excluido. Con el tiempo, entre los
siglos XVII y XIX, surgió el paradigma algebraico o matemático, impulsado por Leibniz,
Boole y De Morgan, que buscó matematizar la lógica mediante símbolos y operaciones,
transformándola en un lenguaje formal y universal. Posteriormente, en los siglos XIX y XX,
el paradigma formalista o axiomático, desarrollado por Frege, Russell y Hilbert, concibió la
lógica como un sistema de reglas y axiomas, fundamento de la matemática moderna.
Finalmente, en el siglo XX hasta la actualidad, el paradigma computacional o
sintáctico-semántico, con aportes de Gödel, Church y Turing, amplió la lógica hacia la
computación y la inteligencia artificial, consolidándola como una ciencia en constante
evolución del pensamiento racional.
1.3. Enfoque
El enfoque de la lógica formal parte de la idea de que el pensamiento humano puede
estudiarse en términos de su estructura, independientemente de los contenidos empíricos. Su
propósito no es determinar si una afirmación es verdadera o falsa en la realidad, sino
establecer si el razonamiento que la sustenta es válido según las reglas formales del
pensamiento. En ese sentido, la lógica formal representa la dimensión estructural y normativa
de la razón.
Desde el punto de vista filosófico, este enfoque se relaciona con la tradición idealista
y racionalista, que considera que las leyes del pensamiento son universales y que la razón
constituye el principio ordenador del conocimiento. La lógica formal, por tanto, abstrae todo
elemento empírico y se concentra únicamente en las relaciones formales entre proposiciones,
buscando la coherencia y consistencia del pensamiento.
De este modo, la lógica formal se configura como una disciplina que garantiza la
corrección del razonamiento humano, asegurando la validez de las inferencias y el rigor en la
construcción del conocimiento científico y filosófico. Su carácter estructural, abstracto y
normativo la convierte en una herramienta esencial para el análisis racional, la argumentación
coherente y el desarrollo de la ciencia moderna.
2. PARTE CIENTÍFICA
2.1. Definición
La lógica formal, según Irving M. Copi (2001), “se ocupa de la estructura o forma de
los razonamientos, independientemente del contenido de las proposiciones que los
componen” (p. 15). Para este autor, su finalidad es establecer los criterios que permiten
distinguir los argumentos válidos de los inválidos, a través del análisis simbólico y del uso de
reglas precisas. De este modo, la lógica formal constituye un instrumento racional que
permite garantizar la validez universal del razonamiento, pues se centra en su estructura
lógica y no en su materia o contenido empírico.
Por su parte, Antonio Deaño (1980) sostiene que “la lógica formal es la ciencia del
pensamiento correcto, en cuanto se ocupa de las relaciones necesarias entre proposiciones
que hacen que unas se sigan de otras” (p. 22). Para el autor, esta lógica se caracteriza por su
abstracción y rigor, al estudiar las formas del pensar y no los procesos psicológicos o
materiales del conocimiento. En ese sentido, Deaño considera que el lenguaje simbólico y las
reglas de inferencia de la lógica formal permiten analizar los razonamientos con precisión,
asegurando coherencia en el pensamiento racional.
En cambio, Henri Lefebvre (1990) explica que “la lógica formal se funda en los
principios de identidad y de no contradicción, garantizando la coherencia interna del
pensamiento, pero deteniéndose ante el movimiento y la contradicción reales” (p. 37). Para
Lefebvre, este tipo de lógica resulta útil para ordenar los juicios y asegurar consistencia, pero
su alcance es limitado frente a los procesos cambiantes del mundo social y natural. Por ello,
plantea que la lógica formal representa una fase necesaria pero insuficiente del conocimiento
racional, que debe complementarse con la lógica dialéctica para comprender la realidad en su
dinamismo y complejidad.
2.2. Objeto
El objeto de la Lógica, en cuanto ciencia, es el pensamiento humano, entendido como
la actividad racional mediante la cual el hombre conoce, razona y obtiene conclusiones. Sin
embargo, la Lógica no estudia todos los aspectos del pensamiento, sino únicamente su
estructura formal, es decir, las leyes que regulan la validez de los razonamientos. A diferencia
de la psicología, que analiza las causas, condiciones y procesos mentales del pensar, la
Lógica se concentra en las formas del pensamiento (concepto, juicio y raciocinio),
examinando las reglas que permiten alcanzar la verdad por medio de deducciones correctas.
Por ello, añade Gorskin y Tavans (1960) que se menciona que se la denomina Lógica formal,
ya que abstrae el contenido concreto de las ideas para centrarse únicamente en su coherencia
interna y en la corrección del proceso lógico.
Asimismo, la Lógica se diferencia del materialismo dialéctico, que se ocupa de las
relaciones entre el pensamiento y la realidad material, explicando las leyes del desarrollo del
conocimiento y los procesos de cambio de las ideas. Mientras la Lógica dialéctica considera
el pensamiento en su evolución y contradicciones, la Lógica formal lo analiza en su forma
fija, ya constituida, con el propósito de establecer principios universales del razonamiento
válido. En conjunto, su objeto consiste en estudiar las estructuras del pensar que hacen
posible la inferencia correcta, constituyéndose así en la base metodológica de todo
conocimiento racional. (Gorski, D., y Tavans, P., 1960)
2.3. Método
Alan Woods y Ted Grant (1995) señalan en su obra razón y evolución que “La lógica
formal se basa en el método deductivo”, enfatizando que su interés reside en la estructura del
razonamiento más que en la veracidad del contenido. Este enfoque busca garantizar que la
conclusión se derive necesariamente de las premisas, razón por la cual los autores añaden que
“La conclusión tiene que emanar de las premisas y las premisas tienen que ser ciertas”. Esta
confianza ciega en la forma otorga una apariencia de certeza absoluta. Sin embargo, dicha
seguridad es sólo aparente, pues al no abordar la verdad material de las premisas, el método
deja abierta una tensión fundamental entre validez formal y realidad objetiva.
Esta separación entre forma y contenido revela una paradoja central, pues un
razonamiento puede ser válido y, aún así, completamente absurdo. Para la lógica formal,
mientras las premisas estén correctamente conectadas, la inferencia es aceptable, incluso si
afirma que “Todos los científicos tienen dos cabezas. Einstein era un científico. Por lo tanto,
Einstein tenía dos cabezas”. Este ejemplo usado por los autores, evidencia que el método
deductivo no garantiza verdad, sino sólo corrección formal. La certeza que ofrece es aparente,
pues no determina si las premisas corresponden a la realidad. Intentar verificar cada una
conduce a un retroceso infinito, donde toda afirmación depende de otra anterior. Así, la lógica
formal estructura el pensamiento, pero no puede, por sí sola, asegurar el conocimiento
verdadero.
2.4. Categorías
2.4.1. Concepto
[Link]. Definición
El concepto es la representación mental que permite agrupar y comprender las
características comunes de un conjunto de objetos o fenómenos. Según Gorski y
Tavants (1962), el concepto “constituye la unidad fundamental del pensamiento
lógico”, pues facilita la identificación, clasificación y comunicación de la realidad al
destacar las propiedades esenciales que definen a los objetos en cuestión.
Por ejemplo, el concepto de “mamífero” agrupa a todos los animales que
poseen características comunes como tener glándulas mamarias y pelo. Gracias a este
concepto, podemos identificar y clasificar distintos animales bajo una misma
categoría general.
[Link]. Propiedades esenciales
Gorski y Tavants (1962) señalan que las propiedades esenciales son “los
caracteres del objeto concebidos en el concepto y seleccionados de modo especial”
(p. 43) Es decir, las propiedades esenciales se refieren al grupo de caracteres del
objeto, cada uno de los cuales tomado de por sí es necesario para distinguir el objeto
dado de los demás, de tal modo que todos juntos son suficientes para dicha distinción.
Por ejemplo, las propiedades esenciales del concepto “cuadrado” serán: 1) el
ser rectos los ángulos del paralelogramo llamado cuadrado y 2) tener los lados
iguales.
[Link]. Clasificación
Los conceptos también pueden clasificarse según su extensión y su grado de
abstracción. En cuanto a la extensión, se distinguen los conceptos universales y los
singulares. Gorski y Tavants (1962) explican que los conceptos universales abarcan
una clase amplia de objetos o individuos que comparten características comunes; por
ejemplo, el concepto “árbol” se aplica a todos los árboles en general. En contraste, los
conceptos singulares se refieren a un solo objeto o individuo concreto, como “el roble
de mi jardín”, identificando un elemento único y específico dentro de la realidad.
Por otro lado, en función de su grado de abstracción, los conceptos se dividen
en concretos y abstractos. Los conceptos concretos hacen referencia a objetos, seres o
fenómenos reales y perceptibles, tales como “silla” o “montaña”. Mientras tanto, los
conceptos abstractos remiten a cualidades, propiedades o ideas que no tienen una
existencia física tangible, como “belleza” o “justicia”. Esta distinción es fundamental
para comprender cómo el pensamiento humano maneja tanto lo tangible como lo
intangible en la construcción del conocimiento (Gorski y Tavants, 1962).
2.4.2. Juicio
[Link]. Definición
De acuerdo con lo que establece Aristóteles en su obra “Primeros Analíticos”
“El juicio es un pensamiento en el que se afirma o se niega algo de algo”. Esto
significa que en el juicio se establece una relación entre dos conceptos, donde se dice
si una característica pertenece o no a un sujeto. Así, el juicio es una forma básica del
pensamiento que permite expresar conocimientos y formar proposiciones con valor de
verdad
Por ejemplo, en el juicio “El gato es un animal doméstico”, se afirma que la
propiedad “animal doméstico” pertenece al sujeto “el gato”. Este tipo de pensamiento
permite expresar conocimientos claros y precisos sobre la realidad.
[Link]. Elementos del juicio
De acuerdo con Gorski y Tavants (1962) “Todo juicio está compuesto por tres
elementos esenciales: el sujeto, el predicado y la cópula”. Así, explican que el sujeto
es el objeto del juicio; el predicado lo que se afirma o niega acerca del objeto; la
cópula establece que lo pensado en el predicado es propio o no es propio del objeto
del juicio señalando la relación entre ellos.
Por ejemplo, en el juicio: “la ciencia no puede desarrollarse con éxito al
margen de la práctica”, el sujeto es el concepto “la ciencia”, el predicado, el concepto
objetos que puedan desarrollarse con éxito al margen de la práctica. La cópula
establece que lo pensado en el predicado no es propio del objeto del juicio; en otras
palabras: la cópula establece que no es propio de la ciencia el carácter “poder
desarrollarse con éxito al margen de la práctica”, y que en esto la ciencia se diferencia
de todos los fenómenos que poseen dicho carácter.
[Link]. Clasificación de los juicios
Para Gorski y Tavants (1962) los juicios pueden clasificarse según
diversos criterios. En primer lugar, según la cantidad, pueden ser universales,
cuando abarcan a todos los miembros de una clase , por ejemplo: “Todos los
hombres son mortales”; particulares, cuando se refieren a una parte de ellos,
por ejemplo: “Algunos hombres son sabios”); o singulares, cuando aluden a
un individuo específico: “Sócrates es sabio”
En segundo lugar, según la cualidad, los juicios pueden ser afirmativos,
cuando se afirma que el sujeto posee una propiedad (“El fuego es caliente”), o
negativos, cuando se niega dicha propiedad (“El hielo no es caliente”).
Asimismo, según la relación, los juicios pueden ser categóricos, cuando
expresan una afirmación directa (“El hombre es racional”); hipotéticos,
cuando dependen de una condición (“Si llueve, la tierra se moja”); o
disyuntivos, cuando presentan alternativas (“El número es par o impar”).
Finalmente, según la modalidad, pueden distinguirse los juicios
asertóricos (afirman algo como un hecho), apodícticos (afirman algo como
necesario) y problemáticos (afirman algo como posible)
2.4.3. Razonamiento
[Link]. Definición
El razonamiento es el proceso mental mediante el cual, a partir de uno o varios
juicios o premisas, se llega a una nueva conclusión que se infiere de manera lógica. Es
una operación intelectual fundamental para la construcción del conocimiento, pues
permite establecer relaciones entre ideas y validar o justificar proposiciones. En este
sentido, el razonamiento es la base para la argumentación, la toma de decisiones y la
resolución de problemas, constituyendo un elemento central en la lógica formal
[Link] Razonamientos inmediatos
Los razonamientos inmediatos son aquellos que se realizan a partir de un solo
juicio, sin necesidad de inferir de varias premisas. En estos razonamientos, la
conclusión se obtiene directamente a partir de la transformación o análisis de un juicio
dado, sin pasar por un proceso inferencial complejo. Un ejemplo típico de
razonamiento inmediato es la simple conversión, donde se intercambian el sujeto y el
predicado del juicio para obtener otro juicio equivalente, o la negación, donde se
niega el contenido del juicio inicial para llegar a una conclusión opuesta. Estos
razonamientos, aunque simples, son esenciales para comprender operaciones básicas
del pensamiento lógico
2.5. Tipos
2.5.1. Lógica proposicional
La lógica proposicional encuentra sus fundamentos en el pensamiento de Aristóteles,
quien en el Órganon estableció las primeras reglas del razonamiento silogístico. Afirmaba
que “la lógica es el instrumento del saber”, subrayando su papel como medio para distinguir
lo verdadero de lo falso mediante la estructura formal del pensamiento.
Siglos después, George Boole (1854) transformó este enfoque en su obra "Una
investigación sobre las leyes del pensamiento" donde sostuvo que “las leyes que rigen el
pensamiento son susceptibles de expresión simbólica, como las leyes de los números”. Su
aporte permitió aplicar la lógica proposicional al ámbito matemático, informático y
tecnológico, convirtiéndola en la base del álgebra booleana y de los sistemas binarios
modernos. Gracias a estos aportes, esta lógica se usa hoy en la verificación de argumentos y
en el diseño de circuitos lógicos, asegurando razonamientos válidos sin depender del
contenido de las proposiciones.
2.5.2. Lógica de predicados
La lógica de predicados amplía el análisis lógico al incluir variables y relaciones entre
objetos, representando de forma más precisa la estructura del lenguaje y del pensamiento.
Gottlob Frege (1879), en “Ideografía” expresó que “la lógica es la ciencia de las leyes más
generales de la verdad”, estableciendo así un marco formal para analizar las proposiciones
universales y particulares.
Esta lógica tiene aplicaciones en la filosofía del lenguaje, la matemática y la
inteligencia artificial, ya que permite expresar afirmaciones del tipo “para todo x” o “existe
un x tal que”. En la tradición clásica, Bertrand Russell, continuando la obra de Frege,
afirmaba que “la lógica es la juventud de las matemáticas”, resaltando su papel fundacional
en el pensamiento científico. Así, la lógica de predicados proporciona una herramienta
rigurosa para el análisis del conocimiento y la representación formal de la realidad.
2.5.3. Lógica modal
La lógica modal, inspirada en las ideas de Aristóteles sobre la posibilidad y la
necesidad, se aplica principalmente en la filosofía y la epistemología. En el De
Interpretatione, Aristóteles señaló que “es necesario que lo que es, sea, y que lo que no es, no
sea”, introduciendo, por primera vez en los tiempos, la distinción clara, necesaria, coherente,
entre proposiciones que resultan ser tanto fundamentales, como necesarias, posibles e
imposibles.
A partir de esta base, la lógica modal se emplea para analizar los distintos modos de
verdad y las condiciones bajo las cuales una proposición puede ser posible o necesaria. En la
tradición clásica, esta lógica permite reflexionar sobre el ser y la contingencia, aportando
profundidad al razonamiento filosófico. De esta manera, se aplica en la metafísica y la teoría
del conocimiento como herramienta para estudiar el alcance y los límites de la necesidad
lógica.
2.5.4. Lógica temporal
La lógica temporal hunde sus raíces en la concepción aristotélica del tiempo como
principio de cambio y movimiento. En su Física, Aristóteles definió el tiempo como “la
medida del movimiento según el antes y el después”, destacando la relación entre el
pensamiento, los hechos y su orden temporal.
Posteriormente, David Hilbert (1930) retomó esta visión en su Fundamentos de la
lógica teórica, al sostener que “la lógica es la base de toda deducción científica, incluso
cuando los procesos cambian con el tiempo”. Este enfoque consolidó la aplicación de la
lógica temporal en las ciencias naturales y formales. En la actualidad, esta lógica sigue siendo
útil para representar procesos dinámicos y secuenciales, tanto en la física como en la
informática, manteniendo viva la herencia racional del pensamiento clásico.
2.6. Leyes
2.6.1. Ley de identidad
La ley de identidad constituye el punto de partida de toda la lógica formal. Enuncia
que todo objeto, concepto o proposición es idéntico a sí mismo, y se representa con la
fórmula A = A o A → A. Esta ley afirma que cada cosa posee una naturaleza determinada que
la distingue de las demás y que no puede ser confundida consigo misma bajo condiciones
distintas. En contraste, Lefebvre (1990) argumenta ¨Y, por otra parte, resulta claro que este
rigor formal está vacío, es incluso absurdo, en cierto sentido. El principio de identidad
implica la repetición pura y simple: la tautología.¨
Su función principal es garantizar la estabilidad semántica de los conceptos
empleados en el discurso lógico, condición necesaria para que las proposiciones y las
inferencias mantengan su validez. De este modo, la ley de identidad fija la base del
pensamiento formal al establecer que todo enunciado verdadero conserva su significado, y
que el razonamiento sólo es posible si los términos permanecen constantes a lo largo de la
argumentación.
2.6.2. Ley de no contradicción
La ley de no contradicción sostiene que ninguna proposición puede ser verdadera y
falsa al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. Su formulación lógica se expresa como ¬(A
∧ ¬A), es decir, como Aristóteles (1994) señala que “es imposible que el mismo atributo
pertenezca y no pertenezca al mismo tiempo y en el mismo sentido al mismo sujeto; y esto es
lo más firme de todos los principios.” Esta ley constituye una regla esencial de la coherencia
formal, ya que impide que en un sistema lógico puedan derivarse afirmaciones opuestas o
mutuamente excluyentes.
Dentro del razonamiento formal, esta ley preserva la consistencia del sistema,
evitando que la aceptación de una contradicción vuelva inútil todo proceso deductivo. Si algo
pudiera ser y no ser a la vez, cualquier conclusión sería válida, lo que anularía el valor
racional del pensamiento. Por ello, la ley de no contradicción funciona como una condición
lógica de validez, asegurando que las proposiciones no entren en conflicto entre sí dentro de
una argumentación rigurosa.
2.6.3. Ley del tercero excluido
La ley del tercero excluido establece que, para toda proposición, solo son posibles dos
valores de verdad: verdadero o falso, sin admitir una tercera posibilidad intermedia. Su
expresión formal es A ∨ ¬A, que significa “A o no A”. Esta ley asegura la determinación del
pensamiento lógico, ya que toda afirmación debe adoptar necesariamente uno de los dos
valores opuestos. Copi, I. & Cohen (2007) señala que “se ha sostenido que su aceptación
conduce a una "orientación ambivalente" que implica, entre otras cosas, la negación de todo
matiz intermedio”.
En la estructura del razonamiento formal, la ley del tercero excluido define el carácter
binario del juicio lógico, garantizando que cada proposición tenga un valor de verdad
definido. Gracias a ella, el discurso lógico se mantiene dentro de los límites de lo
demostrable, evitando la ambigüedad o la indeterminación. Por ello, esta ley se considera uno
de los pilares del pensamiento clásico, al establecer que entre una afirmación y su negación
no existe un término medio posible.
2.6.4. Ley de razón suficiente
La ley de razón suficiente postula que toda proposición verdadera debe tener una
justificación racional que explique su verdad. En el ámbito de la lógica formal, esta ley
impone la exigencia de que ninguna afirmación se acepte sin un fundamento o una causa
suficiente que la sustente. Además, Leibniz, G. (1715) menciona que el principio ¨de razón
suficiente, en virtud del cual consideramos que no podría hallarse ningún hecho verdadero o
existente, ni ninguna enunciación verdadera, sin que haya una razón suficiente para que sea
así y no de otro modo.¨ Su función es asegurar que los razonamientos se desarrollen de
manera coherente, de modo que cada conclusión se derive necesariamente de premisas
válidas.
En la práctica lógica, la ley de razón suficiente garantiza la fundamentación de las
proposiciones y la validez de las inferencias, ya que cada paso del razonamiento debe poder
justificarse racionalmente. De este modo, se evita el pensamiento arbitrario y se consolida el
carácter demostrativo del discurso formal. Esta ley expresa, por tanto, el principio de
racionalidad interna del sistema lógico, según el cual toda verdad debe fundarse en razones
suficientes que la expliquen y legitimen.
2.7. Operaciones con Conceptos
2.7.1. La definición
La definición es una operación lógica que consiste en expresar lo que es un objeto,
delimitando sus características esenciales para diferenciarlo de otros objetos similares. En el
libro “Lógica”, Gorski y Tavants señalan “La definición es una operación lógica por medio
de la cual concretamos los rasgos esenciales del objeto definido y, al mismo tiempo, lo
diferenciamos de todos los objetos que le son parecidos." (p. 79). Es así, que su función
principal es aclarar el significado de un concepto, evitando ambigüedades y proporcionando
una comprensión precisa de lo que se está tratando.
Por ejemplo, la definición: “el oxígeno es un elemento cuyo peso atómico es igual a
16”, se refiere a un objeto material (un determinado gas), el cual, a diferencia de todos los
elementos existentes, tiene un peso atómico igual a 16.
2.7.2 División.
La división es una operación lógica mediante la cual se distribuye la extensión de un
concepto divisible en clases o partes, según un fundamento de división determinado. La
división nos sirve para establecer la extensión de un concepto. Tal como señalan Gorski y
Tavants (1960), “Esta operación nos permite concretar lo que sabemos acerca de los objetos
correspondientes al concepto dividido”.
Por ejemplo, al dividir la extensión del concepto “árbol”, dicho concepto abarca el
conjunto de todos los árboles existentes en la naturaleza. Pero sabemos que todos los árboles
existentes pueden subdividirse, por ejemplo, en coníferas y de follaje.
2.7.3. Clasificación
La clasificación es la operación lógica que consiste en distribuir los objetos en clases
de acuerdo con las semejanzas que entre ellos existen. Cada clase ocupa un lugar fijo y
determinado en relación con las demás, permitiendo organizar y ordenar los conceptos de
manera sistemática. En relación a lo expuesto por Gorski y Tavants en el libro “Lógica” “La
clasificación está relacionada no solo con la división del concepto, sino también con su
definición”. (p. 82)
Un ejemplo clásico de clasificación natural es la de los elementos químicos en el
sistema periódico de los elementos debida al gran sabio ruso Mendeleiev, quien ordenó los
elementos según su peso atómico y descubrió que sus propiedades químicas, de cierto modo,
se repetían.
[Link]ías
2.8.1. Teoría del Concepto
“El concepto es el elemento lógico del pensamiento que representa la esencia universal de las
cosas.” (Copi, 2018). La Teoría del Concepto constituye la base de toda la lógica formal.
Según Copi (2018), el concepto es la unidad mínima del pensamiento lógico, en la que se
abstrae lo común de múltiples individuos o realidades. Es, por tanto, una representación
mental universal. En la lógica formal, el estudio del concepto permite determinar con
precisión la comprensión (conjunto de notas esenciales que lo definen) y la extensión
(conjunto de objetos que caen bajo ese concepto).
La teoría del concepto se centra en las operaciones formales del pensamiento, como la
definición, la división y la clasificación. La definición consiste en determinar el género
próximo y la diferencia específica; la división, en distribuir la extensión del concepto en
especies subordinadas, y la clasificación, en ordenar sistemáticamente los conceptos según su
extensión. Estas operaciones aseguran el rigor terminológico, fundamental donde la precisión
conceptual condiciona la validez de las inferencias.
2.8.2. Teoría del juicio
Definición
“El juicio es la afirmación o negación de una relación entre dos conceptos.” (Irving Copi,
2018, pp. 44). La Teoría del Juicio analiza la estructura formal de las proposiciones. En la
lógica formal, el juicio expresa un pensamiento completo porque afirma o niega algo acerca
de un sujeto. Es el paso en el que los conceptos se enlazan mediante la cópula (“es” o “no
es”) para formar una proposición lógica susceptible de verdad o falsedad. Todo juicio tiene
tres elementos: sujeto, cópula y predicado. La teoría busca establecer las condiciones
formales que permiten determinar si un juicio es bien formado y si puede integrarse
válidamente en una inferencia.
Clasificación
Los juicios se clasifican por su cantidad, cualidad, relación y modalidad:
● Por su cantidad: universales, particulares, singulares.
● Por su cualidad: afirmativos, negativos, indefinidos.
● Por su relación: categóricos, hipotéticos, disyuntivos.
● Por su modalidad: problemáticos, asertóricos, apodícticos.
2.8.3. Teoría del raciocinio
“Raciocinio es aquel acto del entendimiento mediante el cual de dos o más juicios deducimos
otro que tiene conexión con ellos” (Cardenal Gonzàles, 1894). La Teoría del Raciocinio o del
razonamiento estudia el proceso mediante el cual el intelecto pasa de verdades conocidas a
verdades nuevas. En lógica formal, el raciocinio se manifiesta principalmente como
deducción, donde la conclusión se deriva necesariamente de las premisas. Aristóteles
estructuró este proceso en el silogismo, que es el modelo clásico del razonamiento formal:
dos premisas y una conclusión unidas por un término medio. Este modelo se conserva en los
sistemas modernos como base de la inferencia lógica. En la lógica formal moderna, la teoría
del raciocinio abarca los sistemas de deducción natural, el cálculo proposicional y el cálculo
de predicados, donde se aplican reglas como modus ponens, modus tollens, silogismo
hipotético y disyuntivo. Su propósito es establecer reglas de inferencia válidas, es decir,
aquellas en las que la forma del argumento garantiza la verdad de la conclusión si las
premisas son verdaderas.
2.8.4. Teoría de la Demostración
[Link]. Definición
Bernard Bolzano concibe la teoría de la demostración como el estudio de la relación
de deducibilidad entre proposiciones, es decir, la conexión lógica mediante la cual unas
verdades se siguen necesariamente de otras. Según Bochenski (1956): “Cuando afirmamos,
pues, que de A, B, C... se pueden deducir M, N, O..., y precisamente respecto de las nociones
i, j..., en el fondo [...] no decimos más que lo siguiente: ‘Todo conjunto ideal que en lugar de
i, j... en las proposiciones A, B, C... verifique simultáneamente las proposiciones A, B, C...,
tiene la propiedad de verificar también simultáneamente las proposiciones M, N, O...” (p.
295). Así, la demostración implica una relación necesaria entre proposiciones verdaderas,
más allá de su simple compatibilidad.
En cambio, Frege la percibe como el mecanismo lógico esencial para fundamentar la
aritmética como ciencia estrictamente deductiva. Su objetivo no es solo establecer verdades
matemáticas, sino garantizar que estas se deriven exclusivamente de leyes lógicas generales,
sin recurrir a la experiencia empírica. En este sentido, Bochenski (1956) señala que, “Frege
considera que la aritmética debe ser una ciencia demostrativa, cuyas proposiciones no se
basan en la experiencia, sino que deben ser deducidas de leyes lógicas generales” (p. 297).
Esta postura refuerza su proyecto lógico-formal, donde la demostración no es un
complemento metodológico, sino el núcleo epistemológico que asegura la validez del
conocimiento matemático.
[Link]. Estructura
La estructura de la demostración se apoya en elementos esenciales que garantizan su
validez y coherencia interna, los cuales son: la tesis, los fundamentos y el procedimiento.
Cada uno de estos componentes cumple una función específica que permite a la razón
alcanzar conclusiones verdaderas conforme a las reglas del pensamiento. Tal como señala
Gorski y Tavants (1960), “la demostración consta siempre de: 1) tesis, 2) fundamentos de la
demostración y 3) procedimiento de demostración” (p. 262), subrayando así su carácter
ordenado y sistemático.
[Link].1. Tesis de la demostración
La tesis representa el punto de partida de toda demostración, pues constituye el juicio
cuya verdad o falsedad se busca determinar mediante el razonamiento. En palabras de Gorski
y Tavants (1960) , “se llama tesis al juicio cuya veracidad o falsedad se dilucida por medio
de la demostración” (p. 262). No siempre se trata de una afirmación evidente, sino que, en
muchos casos, requiere ser probada a través de una cadena lógica de inferencias. Por tanto, la
tesis concentra el objetivo principal del proceso demostrativo, al ser el elemento que moviliza
la búsqueda de la verdad y da sentido al ejercicio del pensamiento racional.
[Link].2. Fundamentos de la demostración
Los fundamentos constituyen la base racional sobre la que descansa la validez de toda
tesis demostrada. Estos incluyen los enunciados, definiciones y axiomas que han sido
previamente comprobados y aceptados como verdaderos. De acuerdo con Gorski y Tavants
(1960), “los principios en que se apoya la demostración y de los que se sigue con carácter
necesario la veracidad de la tesis que se demuestra, se denominan fundamentos o
argumentos de la demostración” (p. 264). De esta forma, los fundamentos otorgan coherencia
y solidez al razonamiento, asegurando que cada conclusión derive lógicamente de premisas
verificables y no de suposiciones arbitrarias.
Para que una demostración sea rigurosa y confiable, es esencial que los fundamentos
se basen únicamente en proposiciones verdaderas y comprobadas. La solidez de estos
enunciados garantiza que el proceso lógico mantenga correspondencia con la realidad y
preserve la objetividad del conocimiento. Así, los mismos autores enfatizan que “por lo tanto,
solo pueden ser admitidas como fundamentos de la demostración proposiciones verdaderas,
rigurosamente demostradas y comprobadas como tales” (p. 272). Esto asegura que el
razonamiento no se sostenga en hipótesis inciertas, sino en verdades previamente
establecidas, lo que refuerza la consistencia interna y el valor científico de la demostración.
2. [Link]. El procedimiento de demostración
El procedimiento de demostración es el elemento que proporciona estructura y
coherencia al proceso demostrativo, ya que establece el enlace lógico entre los fundamentos y
la tesis cuya verdad se busca comprobar. No se trata solo de una secuencia mecánica de
pasos, sino de una estructura racional donde cada juicio se desprende necesariamente del
anterior. En palabras de los autores, “la secuencia —o vínculo— de los fundamentos y de las
consecuencias que de ellos se siguen, que lleva al reconocimiento necesario de la veracidad
de la tesis que se demuestra, se denomina procedimiento de demostración” (p. 273). Así, el
procedimiento permite que el razonamiento avance con orden y sentido, garantizando que la
conclusión no sea producto de la intuición o la creencia, sino el resultado necesario de una
argumentación lógicamente válida.
De esta manera, el procedimiento de demostración constituye una cadena lógica de
inferencias que conecta, de forma rigurosa, las premisas verdaderas con la tesis final. Su
función es asegurar que cada paso del razonamiento se fundamente en principios
comprobados, evitando contradicciones y errores lógicos. Tal como señala Gorski y Tavants
(1960), “la demostración forma siempre una conexión lógica de juicios que lleva a un
determinado resultado lógico. Se trata siempre de una cadena de raciocinios más o menos
larga, que tienen por premisas los fundamentos de la demostración y por conclusión final la
tesis a demostrar” (p. 273). Por ello, el procedimiento no solo es el método que organiza la
demostración, sino también la garantía de su validez científica y de la verdad del
conocimiento alcanzado.
2. 8.4.3. Clasificación
Según Gorski y Tavants (1960), las demostraciones “pueden clasificarse partiendo: 1)
de sus fines, 2) de sus procedimientos y 3) del papel de los datos de la experiencia tomados
como fundamento de la demostración” (p. 275). Esta tipología permite distinguir tanto el
propósito que guía cada razonamiento como el método que emplea y la relación que mantiene
con la experiencia empírica.
[Link].1. Clasificación según sus fines
Las demostraciones pueden orientarse hacia dos objetivos esenciales: confirmar la
veracidad de una proposición o refutarla, es decir, demostrar su falsedad. Esta distinción
resulta fundamental en lógica, pues define el propósito del razonamiento empleado. Así,
cuando la finalidad es establecer la verdad de una tesis, se habla propiamente de
demostración; mientras que, si se busca probar su falsedad, se trata de una refutación. En
palabras de Gorski y Tavants, “la que tiene por fin determinar la veracidad de la tesis se
llama, sencillamente, demostración. La que trata de determinar la falsedad de la tesis se
denomina refutación” (p. 275).
Desde el punto de vista lógico, la refutación consiste en evidenciar que una
proposición contradice otras previamente aceptadas o demostradas, invalidando así su
veracidad. Este método tiene gran relevancia en la práctica científica, ya que una proposición
universal puede refutarse con un solo caso particular comprobado que la contradiga. Por
ejemplo, la afirmación “ninguna especie animal es capaz de aprender” se refuta al observar
que los perros o chimpancés sí pueden hacerlo, anulando así la validez universal de la tesis
inicial.
[Link].2. Clasificación según el procedimiento de demostración
Desde el punto de vista metodológico, las demostraciones se dividen en directas e
indirectas, según el camino lógico que se siga para establecer la veracidad de una tesis.
La demostración directa determina la verdad de una proposición a partir de premisas que se
consideran verdaderas por sí mismas o ya demostradas. En este sentido, la tesis se convierte
en una consecuencia lógica de tales proposiciones. Como explican Gorski y Tavants, “la
demostración directa determina la veracidad de la tesis a través de la veracidad de las
proposiciones que componen la demostración, de manera que la tesis que se demuestra se
convierte en una consecuencia lógica de las proposiciones k₁, k₂, ..., que se han demostrado”
(p. 276).
Por su parte, la demostración indirecta parte de la negación de la tesis y busca llegar a
una contradicción lógica que la invalide. Este método, conocido también como demostración
apagógica o reductio ad absurdum, se basa en el principio de que, si dos proposiciones son
contradictorias, la falsedad de una implica la verdad de la otra. Según los autores, “este tipo
de demostración se llama también demostración disyuntiva o apagógica (reductio ad
absurdum)” (p. 276). Este razonamiento es muy frecuente en matemáticas, donde numerosos
teoremas se prueban mostrando que su negación conduce a un absurdo lógico.
2. [Link]. Clasificación según el papel de los datos de la experiencia
Antes de abordar la clasificación de las demostraciones según el papel de los datos
empíricos, es importante reconocer que incluso en las ciencias más abstractas, como las
matemáticas, los conceptos utilizados no surgen en el vacío. Su origen está vinculado, aunque
de forma indirecta, a la experiencia práctica y al contacto con la realidad. Tal como lo señala
el texto: "En todas las ciencias y en todas las demostraciones científicas, los conceptos que
entran en la demostración proceden, en última instancia, de la práctica, de la experiencia"
(p. 278). Esta perspectiva permite entender que la experiencia no solo informa el contenido
de las demostraciones, sino que también condiciona su estructura y validez.
Aunque las matemáticas trabajan con ideas muy abstractas, estas nacen de observar el
mundo y luego se simplifican para poder razonar con precisión. Como dice el texto: “Verdad
es que los conceptos que utiliza las matemáticas hacen abstracción de numerosas
propiedades que presentan los objetos a que dichos conceptos se refieren” (p. 278). Esto
significa que, aunque los conceptos pierdan detalles al volverse abstractos, siguen teniendo
una base en la realidad. Por eso, una forma de clasificar las demostraciones es según cuánto
dependen de la experiencia.
[Link]. Errores
La demostración, como toda operación lógica, puede ser correcta o errónea. Para que
sea válida, debe cumplir tres condiciones: que la tesis sea verdadera, que los argumentos
empleados también lo sean y que el procedimiento utilizado no incurra en fallas formales.
Como señalan Gorski y Tavants (1960): “La demostración, como toda operación lógica,
puede ser correcta o errónea. La primera condición necesaria para que una demostración
sea correcta es que la tesis que se demuestra sea verdadera” (p. 285). De este modo, la
validez de la conclusión no depende únicamente de la forma lógica, sino también de la verdad
material de lo que se pretende probar.
[Link].1. Suplantación de la tesis que se demuestra
Un error frecuente es la suplantación de la tesis, que ocurre cuando se sustituye la
proposición que debía demostrarse por otra semejante, pero no idéntica. Según los autores:
“La suplantación de la tesis que se demuestra por otra que se demuestra es un error
frecuente. Este error consiste en sustituir la tesis que se debe demostrar por otra que se
demuestra, parecida pero no idéntica” (Gorski y Tavants, 1960, p. 287). Este vicio lógico
puede originarse en la identificación indebida de la tesis con otra distinta, lo que genera una
demostración incorrecta como tal, aunque el razonamiento conserve coherencia interna. La
apariencia de validez es lo que hace peligroso este error, pues desplaza el objeto de prueba sin
que el razonador lo advierta.
[Link].2. Fundamentos de la demostración
El segundo aspecto esencial es la corrección de los fundamentos. Una demostración
solo es válida si los argumentos empleados son verdaderos. En palabras de Gorski y Tavants
(1960): “La segunda condición necesaria para que una demostración sea correcta es que los
argumentos que se emplean en la demostración sean verdaderos. Si los argumentos que se
emplean en la demostración son falsos, la demostración es incorrecta como demostración”
(p. 286). Este es el llamado error por falso antecedente: aunque la conclusión pueda coincidir
accidentalmente con la verdad, carece de fuerza probatoria si se apoya en premisas falsas. El
razonamiento puede ser formalmente válido, pero no constituye una demostración legítima,
pues la validez de la conclusión depende de la veracidad de los fundamentos.
[Link].3. Errores en el procedimiento de la demostración
Finalmente, incluso cuando la tesis y los argumentos son verdaderos, la demostración
puede fallar si el procedimiento lógico es incorrecto. Entre los errores más comunes se
encuentra el quaternio terminorum, que rompe la estructura silogística al introducir un cuarto
término: “Este error se produce cuando en el razonamiento se introducen cuatro términos en
lugar de tres” (Gorski y Tavants, 1960, p. 294). Otro error es la fallacia de equivocación, que
consiste en usar un mismo término con significados distintos dentro del razonamiento: “El
error por introducción de un término equívoco consiste en emplear una misma palabra en
sentidos diferentes” (p. 295). También se presenta la confusión entre necesidad lógica y
necesidad fáctica, cuando se pretende que hechos contingentes fundamenten una conclusión
necesaria (p. 292-293). Finalmente, se encuentran los errores por interferencia del
pensamiento propio, que surgen cuando el razonador confunde verdad relativa con verdad
absoluta, proyectando convicciones subjetivas como si fueran demostraciones objetivas.
Como resumen, los autores advierten: “La demostración es incorrecta como demostración,
aunque sea correcta como razonamiento” (p. 299).
Estos errores muestran que la corrección de una demostración no depende únicamente
de la verdad de sus elementos, sino también de la rigurosidad del procedimiento. La lógica
exige precisión en el uso de los términos, claridad en la relación entre premisas y conclusión,
y conciencia de los límites del propio pensamiento para evitar confundir lo relativo con lo
absoluto
2.8.5. Teoría de la Refutación
La Teoría de la Refutación en lógica formal establece los métodos para demostrar que un
razonamiento es inválido o que una proposición es falsa. Según Popper, toda teoría racional
debe poder ser refutada, porque la crítica y la falsación son los mecanismos que aseguran el
progreso del conocimiento. En la lógica formal, refutar significa probar la no-validez
mediante procedimientos sistemáticos: encontrar contradicciones, construir contraejemplos o
aplicar el principio de reducción al absurdo. “Refutar es mostrar la falsedad de una
proposición o la invalidez de un argumento.” (Karl Popper, 1963)
Existen dos tipos fundamentales de refutación en lógica formal:
1. Refutación directa, que consiste en demostrar que las premisas son verdaderas pero
la conclusión no se sigue (por ejemplo, usando una tabla de verdad que muestre la
falsedad del argumento).
2. Refutación indirecta, también llamada reductio ad absurdum, que demuestra la
falsedad de una proposición suponiendo su verdad y derivando de ella una
contradicción.
La refutación cumple, por tanto, una función epistemológica y formal: protege la coherencia
interna de los sistemas de pensamiento y asegura la validez del discurso racional. En la
práctica argumentativa, por ejemplo, en el razonamiento jurídico o científico, aplicar
correctamente la teoría de la refutación permite descubrir falacias, contradicciones o errores
formales, fortaleciendo la solidez del argumento contrario.
3. PARTE PRÁCTICA
3.1. Desarrollo político
La lógica formal se presenta como un instrumento indispensable para el razonamiento
político racional, ya que permite distinguir entre argumentos válidos y falacias que pueden
distorsionar la toma de decisiones públicas. Como afirma Copi (2001), “la lógica es el
estudio de los métodos y principios usados para distinguir el razonamiento correcto del
incorrecto” (p. 4). En el contexto político peruano, esta capacidad resulta crucial para evaluar
los discursos y decisiones gubernamentales, evitando que la emotividad o la manipulación
sustituyan la coherencia argumentativa.
Desde la perspectiva de Henri Lefebvre (1990), la lógica formal “garantiza la
coherencia interna del pensamiento, pero deteniéndose ante el movimiento y la contradicción
real” (p. 37). Aplicado a la esfera política, este principio permite comprender que toda
estructura institucional debe basarse en la consistencia normativa y en la ausencia de
contradicciones jurídicas. En el Perú, la construcción de un Estado constitucional de derecho
exige precisamente este equilibrio entre la coherencia formal de las leyes y la dinámica social
cambiante.
Asimismo, el pensamiento lógico se traduce en una práctica política más ética y
deliberativa. Según Francisco Miró Quesada (1978), “la racionalidad es el camino hacia una
política verdaderamente democrática, porque exige argumentar con razones y no con
intereses” (p. 112). Esta concepción, en armonía con la lógica formal, impulsa una cultura
política donde las decisiones se basan en razones suficientes y no en arbitrariedades. En
consecuencia, la aplicación de la lógica formal en el ámbito político peruano promueve la
deliberación crítica, el respeto a la legalidad y la construcción de consensos racionales,
elementos esenciales para consolidar una democracia madura.
3.2. Desarrollo económico
En el ámbito económico, la lógica formal permite establecer estructuras de
razonamiento que sustentan las decisiones racionales en la gestión de recursos, inversiones y
políticas financieras. Como sostiene Leibniz (1714), “la razón es el orden mismo de las
verdades, que no depende de la experiencia” (p. 25). En este sentido, el pensamiento lógico
ofrece al análisis económico un marco de orden y consistencia, evitando conclusiones
contradictorias y promoviendo la planificación racional.
Por su parte, Gorski y Tavants (1962) explican que la lógica “se ocupa de las formas
del pensamiento, examinando las reglas que permiten alcanzar la verdad por medio de
deducciones correctas” (p. 42). En el campo económico, esta idea se refleja en la elaboración
de políticas públicas sustentadas en evidencia y en inferencias racionales, no en suposiciones
arbitrarias. El diseño de presupuestos, la evaluación de proyectos o la formulación de leyes
tributarias requieren procedimientos lógicos que aseguren coherencia entre objetivos y
resultados.
Finalmente, Augusto Salazar Bondy (1965) destaca que “el pensamiento racional es
condición de la liberación económica de los pueblos latinoamericanos” (p. 87). Esta
afirmación refuerza la idea de que la lógica formal no solo estructura el pensamiento
económico, sino que también impulsa una conciencia crítica frente a las decisiones
financieras y productivas. En el caso del Perú, aplicar la lógica formal implica fortalecer la
racionalidad económica en la gestión del Estado y en la conducta empresarial, favoreciendo
un crecimiento basado en el análisis, la coherencia y la previsión racional más que en la
improvisación o el dogmatismo.
3.3. Desarrollo social
La lógica formal también ejerce una influencia decisiva en el desarrollo social, al
fomentar una cultura del pensamiento crítico y racional. Aristóteles (1994) afirmaba que “es
imposible que el mismo atributo pertenezca y no pertenezca al mismo tiempo y en el mismo
sentido al mismo sujeto” (p. 101), principio que sostiene la ley de no contradicción. Este
fundamento lógico se aplica a la convivencia social en la medida en que promueve la
coherencia entre el discurso y la acción, base para la confianza ciudadana y la ética pública.
En la sociedad peruana, donde muchas veces prevalece la contradicción entre las normas y la
práctica, la lógica formal ofrece una vía para reeducar el pensamiento colectivo hacia la
consistencia y la responsabilidad.
Deaño (1980) considera que “la lógica formal es la ciencia del pensamiento correcto,
en cuanto se ocupa de las relaciones necesarias entre proposiciones” (p. 22). En la esfera
social, este principio orienta los procesos educativos hacia el desarrollo de capacidades
analíticas que permitan a los ciudadanos discernir entre información veraz y falaz. La
educación peruana, al incorporar el razonamiento lógico en su currículo, puede formar
individuos más críticos, capaces de participar activamente en la vida democrática y de resistir
la manipulación ideológica.
Por último, Woods y Grant (1995) sostienen que “la lógica formal se basa en el
método deductivo”, el cual busca que la conclusión se derive necesariamente de las premisas
(p. 56). Esta estructura metodológica, aplicada a los procesos sociales, enseña a construir
soluciones coherentes a partir de causas verificables, en lugar de improvisaciones o
supersticiones. En el contexto peruano, promover el pensamiento lógico en la sociedad
significa fomentar la deliberación informada, el respeto por la evidencia y la construcción
colectiva de conocimiento. La lógica formal, por tanto, se convierte en un pilar del desarrollo
social sostenible, al fortalecer la racionalidad, la educación y la cultura cívica.
CONCLUSIONES
Se concluye que la lógica formal puede ser considerada una ciencia, ya que cumple
con los criterios esenciales de sistematicidad, objetividad y validez universal. A través del
estudio de sus estructuras, leyes y métodos, esta disciplina ofrece un marco racional que
permite garantizar la coherencia del pensamiento humano y sustentar las bases del
conocimiento científico, al distinguir el razonamiento válido del inválido mediante principios
universales e inmutables.
Se determinó que el objeto de estudio de la lógica formal es el pensamiento en su
forma estructural, es decir, los procesos mediante los cuales el ser humano razona, infiere y
obtiene conclusiones válidas. Su función principal radica en ordenar y regular el pensamiento
científico, asegurando que las inferencias se desarrollen con claridad, coherencia y rigor
lógico.
Se concluye que el método deductivo constituye el procedimiento esencial de la
lógica formal, pues garantiza que las conclusiones se deriven necesariamente de las premisas.
Este método confiere al razonamiento un carácter sistemático y demostrativo, asegurando la
validez formal de los juicios y la consistencia del pensamiento, aunque no siempre garantice
la verdad material de las proposiciones.
Se estableció que las leyes de la lógica formal la ley de identidad, la de no
contradicción, el tercero excluido y la razón suficiente son los principios fundamentales que
regulan toda forma de pensamiento racional. Estas leyes determinan las condiciones
necesarias para que un razonamiento sea válido, evitando contradicciones y permitiendo la
coherencia del conocimiento científico.
Se evidenció que las principales teorías y concepciones de la lógica formal, desde
Aristóteles hasta la lógica simbólica moderna, confirman su evolución como una ciencia
autónoma y normativa del pensamiento. Estas teorías demuestran que la lógica no solo
ordena el razonamiento, sino que también establece las bases del conocimiento racional y del
desarrollo científico contemporáneo.
Finalmente, se concluye que el reconocimiento de los errores y falacias del
razonamiento es fundamental para la práctica lógica, ya que permite identificar las
desviaciones del pensamiento correcto y fortalecer la capacidad crítica y analítica del sujeto.
Así, la lógica formal no solo corrige las imperfecciones del pensar, sino que promueve una
actitud racional orientada hacia la coherencia, la consistencia y la verdad.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Lefevre, H. (1990). Lógica formal, lógica dialéctica. Siglo Veintiuno.
Bochenski, J. M. (1962). Historia de la lógica formal (Trad. Millán Bravo Lozano). Editorial
Gredos.
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Copi, I. (2001). Lógica simbólica. Compañía Editorial Continental.
Corpi, I. & Cohen, C. (2007) Introducción a la lógica. Noriega Editores. Recuperado de
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Gorski, D. y Tavants, P. (1962). Lógica. Grijalbo.
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Deaño, A. (1980). Introducción a la lógica formal. Alianza Editorial.
Woods, A. y Grant, T. (2002). Razón y revolución. Fundación Federico Engels.
Boole, G., (1854). Una investigación sobre las leyes del pensamiento en las que se fundan las
teorías matemáticas de la lógica y las probabilidades. Londres: Walton and Maberly
Aristóteles (1994). Metafísica. Traducción de Valentín García Yebra. Madrid: Gredos.
Frege, G. (1879). Ideografía: un lenguaje formal del pensamiento puro. Traducción al
español disponible en varias ediciones
académicas.[Link]
Leibniz, G. W. (1714). La monadología. [Link]. Recuperado de
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