II.
Introducción
AL FINAL
TEXTUAL
“La violencia familiar es definida como la agresión física y psicológica entre miembros de una
familia, donde ya no existe el respeto y la integridad” (Pineda, 2025)
PARAFRASEADA
(Cabrera, 2020) 1 autor
(Pineda y Calvo, 2023) 2 autore
(Cabrera et al., 2014) mas de 2 autores
AL INICIO
Pineda, en el 2024, definió a la violencia como …….
Calvo, en el 2027, señaló que la violencia es ….
En los últimos años, los índices de violencia han incrementado de forma
exponencial y sin diferenciar edad o género, lo cual es considerado como una
señal de alerta y preocupación para América Latina, debido a que en un futuro
próximo, podría empeorar las diferentes crisis humanitarias ya existentes. (Insight
Crime, 2022). Se conoce que la violencia no tiene una única forma de expresión,
debido a que sus manifestaciones son extensas: a nivel físico, psicológico,
económico, sexual, etc. Así mismo, se presenta en distintos ámbitos, como por
ejemplo: en el colegio, con los amigos, pareja y con la familia, siendo este último,
uno de los más complejos y necesarios de abordar.
La violencia intrafamiliar es considerada como un grave problema que genera
consigo una gran angustia emocional y consecuencias tanto físicas como
psicológicas para sus víctimas. (Calvete et al., 2014). La Organización Mundial de
la Salud (2021) reportó que una de las formas más prevalentes de la violencia es
la de pareja; el 21% de mujeres entre 15 a 25 años en Latinoamérica, han sido
víctimas tanto de violencia sexual como de violencia física en cierto período de
sus vidas por parte de sus parejas, y que el riesgo de ser víctimas en mayor
medida, aumenta en la vejez. Se estima que en un 28% aumenta la prevalencia
en mujeres alguna vez casadas o con pareja de entre 65 y 104 años.
Así mismo, una de las manifestaciones bastante preocupantes de la violencia
dentro de la familia es: la violencia filioparental (VFP), la cual no ha sido
examinada dentro de investigaciones realizadas en el contexto familiar durante los
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últimos años, debido, a la vergüenza por denunciar o miedo a como ser visto por
parte de las víctimas, motivo por el cual prefirieron mantenerlo en secreto. (Ibabe
y Jaureguizar, 2011). En España, se aperturaron más de 4.000 expedientes a
jóvenes por hallarse en calidad de victimarios, cifra que es creciente y no se
detiene; sin embargo, es una realidad que queda oculta o ignorada por la
comunidad. (Memoria de la Fiscalía General del Estado de España, 2019).
Cuando se habla de violencia filio-parental, se entiende que son los hijos los que
manifiestan una constante expresión de violencia hacia sus padres, incluso
cuando los padres no muestren ninguna conducta agresiva ni de violencia hacia
ellos; su expresión de maltrato hacia sus padres, se intensifica e incrementa con
el tiempo, (Aroca 2010; et al., 2012).
Para entender la violencia hacia las figuras parentales es inevitable relacionarla
con el desarrollo de una familia con figuras de violencia o problemáticas agresivas
entre los miembros de la familia, así mismo con padres que ejercieron una crianza
permisiva o caracterizada por baja disciplina ejercida. También se asocia a
situaciones donde los hijos mantienen una relación cercana con adolescentes con
problemas de conducta, indicios de depresión, rasgos de conductas disociales,
consumo de sustancias psicoactivas, problemas de control de impulsos, creencias
irracionales de la violencia y de grandiosidad. (Calvete et al., 2014)
Frente a ello, es necesario estudiar a la violencia filio parental en relación a otras
problemáticas que puedan acontecer en la vida de los adolescentes y su relación
con su entorno social. La adolescencia es un estado de transformación entre la
niñez y la adultez, la cual aborda cambios significativos, tanto a nivel físico como
a nivel mental y en la perspectiva que tienen del mundo y de su entorno. Estos
cambios, no siempre se dan de manera óptima, por lo que pueden causar
problemas, expectativas, intriga y ansiedad tanto a los adolescentes como en sus
familias. (American Academy of Pediatrics, 2019).
Es necesario entender que no todos los adolescentes logran sobrellevar la
adolescencia de manera exitosa, muchos de ellos atraviesan grandes problemas
como depresión y ansiedad; a ello se le suman los múltiples factores de riesgo y/o
consecuencias que pueden llegar a poner en riesgo sus vidas. Un informe de la
Organización Mundial de la Salud reportó que, en el 2022, la depresión y la
ansiedad en las personas incrementaron un 25% durante el primer año de
pandemia; así mismo el total de casos donde existe el diagnóstico de una
enfermedad mental aumentó a casi 1.000 millones (OMS, 2022)
Es de vital importancia abordar la depresión en los adolescente en todas sus
aristas, debido a que las consecuencias que trae consigo, pueden llegar a acabar
con la vida del ser humano, tal como lo reportó el MINSA (2019) “en el Perú, el
80% de los suicidios están asociados a la depresión severa”. El suicidio no se
ejecuta de manera automática o sin pensarlo, es común que las personas suelan
expresar la ideación suicida de manera recurrente pero muchas veces silenciosa,
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este deseo puede observarse en una disminución del estado anímico:
desesperanza, estado extenso de melancolía, sensación de vacío, sentimientos
de frustración, bajo control de impulsos; sin embargo, estos síntomas, no siempre
son detectados por su entorno, pese a que dentro de la persona las ideas suicidas
van en incremento.
Frente a ello, el Instituto Nacional de Salud mental en el 2021, reportó que existió
un considerable y sorprendente incremento en los indicadores suicidas en Lima
durante la pandemia del Covid 19: la ideación suicida aumento 0.6% a 1.6% y las
cifras de depresión subieron de 2.8 a 7.5%. La plataforma digital única del estado
peruano – GOB.PE (2022), reportó que en base a los datos del sistema de
vigilancia centinela del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control
de Enfermedades (CDC) del Ministerio de Salud (Minsa), entre el 2016 y el 2021,
el 71.5 % de los reportes de tentativa de suicidio conciernen a la población
peruana que sus edades oscilan entre 15 y 34 años. Así mismo la edad promedio
donde sucede el primer intento de suicidio es de 22 años, existiendo primeros
intentos desde la edad de 10 años; por tal motivo es necesario centrar la atención
y focalizar políticas de prevención en la población adolescente.
Es necesario no solo centrarse en el suicidio como tal, debió a que muchas veces,
este empieza con ciertos intentos, manifestados a través de la autolesión, la cual
puede explorar el intento de querer hacerse daño a uno mismo o presentarse
como mecanismos de represión de emociones y sentimientos.
Si se relacionan las diferentes conductas de autolesión, con los pensamientos o
ideas de violencia hacia unos mismos u otros, puede resultar un estudio de suma
importancia. Más aun cuando se trabaja directamente con adolescente, quienes
tienen como principales figuras de referencia a sus padres, y son con ellos con
quienes tienen mayor contacto o relación directa. Las familias donde exista un
orden, y por supuesto una vinculación emocional positiva, ayuda a que la
comunicación entre padres e hijos sea clara y coherente; exista un clima de
cariño, respeto y reciprocidad (Rivas y Bernal, 2013). Sin embargo, esto no se da
en todos los casos, existen familias donde la falta de respeto, intolerancia, bajos
vínculos emocionales y violencia predominan. Pese a que se ha estudiado la
violencia intrafamiliar con mayor medida, estos estudios hacen énfasis en la
violencia entre conyugues o entre padres a hijos; sin embargo, es necesario
estudiar la que se da hijos a padres.
Un estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP), la define como “Conductas
reiteradas de violencia física, psicológica (verbal o no verbal) o económica,
dirigida a los y las progenitoras, o a aquellos adultos que ocupan su lugar. Sin
embargo, antes que se ejecute, esta primero es pensada o ideada. Se conoce
que la violencia filio parental no ha sido estudiada con gran frecuencia, por ende,
su ideación tiene menos estudios comunes, pese a que es un hecho innegable y
que en gran medida suele ser reprimido o inhibido por miedo o vergüenza.
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Frente a todo lo expuesto y en especial a las pocas investigaciones previas de
ideación de violencia filio parental; es sumamente estudiar la correlación entre la
ideación de violencia filio parental y autolesión en adolescentes de algunas
regiones del Perú del distrito de San Juan de Lurigancho – 2023.
III. Objetivos
Objetivo principal
Determinar la correlación entre la ideación de violencia filio parental y autolesión
en adolescentes del distrito de San Juan de Lurigancho, Perú - 2023
Objetivos específicos
Determinar los niveles de ideación de violencia filio parental en
adolescentes del distrito de San Juan de Lurigancho según edad y según
sexo.
Hallar los niveles de autolesión en adolescentes del distrito de San Juan de
Lurigancho según edad y según sexo.
Establecer la relación entre las dimensiones de la ideación de violencia filio
parental y las de la autolesión en adolescentes del distrito de San Juan de
Lurigancho.
IV. Marco teórico
Según Aroca, en el 2010, “La violencia filio-parental es aquella donde el hijo/a
actúa intencional y conscientemente con el deseo de causar daño, prejuicio y/o
sufrimiento en sus progenitores, de forma reiterada, a lo largo del tiempo, con el
fin inmediato de obtener poder, control y dominio para conseguir lo que desea, por
medio de la violencia psicológica, económica y/o física” (Aroca, 2010, p.136).
Para comprender la Violencia Filioparental (VFP) existen diversas concepciones
que se aproximan a su definición, en primer lugar según el enfoque conductual:
conducta agresivas o de abuso del hijo hacia uno o ambos padres; por otro,
según la relación de los miembros: existencia de una relación familiar negativa y
violenta generada por los hijos (Del Moral et.al, 2015).Asi mismo, consideran tres
indicadores que explican a la VFP: la violencia no solo es hacia el padre biológico,
si no también, hacia la persona que ejerce el cuidado; el hijo adoptivo también
puede ejercer violencia, no se limita a solo una conexión sanguínea y por último,
la violencia sexual tambien puedes ser una manifestación de la VFP.
Según OMS, citado en Pereira en el 2011, conceptualiza a la Violencia como
cualquier tipo de acción intencional direccionada a la figura paterna que causa
daño físico, psicológico, sexual o económico. Por ende, se debe hacer énfasis en
que estas conductas tienen un propósito y origen interno, de lo contrario no se
podría conceptualizar como violencia
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Cottrell y Monk en el 2004, al revisar la teoría ecológica del maltrato familiar de
Belsky, 1980 y Dutton en el 1985; buscaron explicar los diferentes elementos
implicados dentro de la violencia filio-parental, donde se centra en la interacción
mutua entre cuatro niveles de influencia. El macrosistema abarca tanto los valores
culturales como las creencias establecidas en la sociedad; y que a vez influyen
y/o legitiman la violencia. También, suelen, organizar el «poder», donde el varón
se encuentra por encima de la mujer y ella deba adquiere el rol de «víctima». El
exosistema se centra en las organizaciones sociales que tienen dominio sobre el
comportamiento independiente del individuo. Por otro lado, el microsistema
incluye a las dinámicas familiares que aportan en gran medida al desarrollo de
conductas violentas, o sistemas de comunicación interna. Por último, los factores
ontogénicos se centran en los indicadores internos del joven, como toda la
concepción de violencia según su experiencia: abusos, aprendizajes, modelado,
diagnósticos o historiales de salud mental. De las mencionadas, se considera que
el haber sido víctima de violencia es la que mayor impacto tiene sobre el presente
y posibilidad de ejercer violencia sobre los miembros de su familia.
Para Romero et al., 2005 citado en Pereira en el 2011, es importante explicar las
características de los jóvenes en función de su núcleo convivencial; en primer
lugar, las familias nuclerares, se caracterizan por ausencia de cambio dentro de
su núcleo, el padre suele tener completos sus estudios superiores y ambos
padres relacional las conductas problemas del hijo con un origen conductual. Así
mismo, en estas familias, las víctimas pueden ser tanto los padres como los hijos,
pero es el padre quien tiene la capacidad de denunciar pero ambos colaboran con
el hijo, quien mantiene na actitud participativa. En las familias monoparentales,
donde la figura presente es la madre, se supone que han existido problemas entre
las figuras parentales, y es el padre quien se ha distanciado; la víctima
definitivamente es la madre, el hijo, no suele tener un trabajo estable y no
presenta conductas violentas con sus pares, si embargo su grupo de referencia
engloba conductas disociales.
En relación a las familias mono-parenterales donde la figura presente es el padre,
se presume que han existido cambios de residencia dentro de su comunidad,
relaciones sociales en grupos violentos y disociales, y los motivos de violencia
suelen ser por discusión e incremento de violencia donde no se acepta la
responsabilidad de haber generado violencia. Cuando existe una familia
reconstruida con madre, previo a ello, debe haberse dado una remodelación
familiar y las víctima son la madre y su pareja; donde la primera debe haber
instalado un estilo educativo adecuado, pero no captado por el menor, quien
mantiene un rendimiento escolar regular hasta cierto punto de su educación. Por
último, wn las familias de convivencia con familia extensa, las víctimas suelen ser
los abuelos, madre u otros parientes, el hijo consume sustancias psicoactivas y se
requiere de intervención externa y del estado para su abordaje.
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Las victima más común dentro de la violencia filioparetal suele ser la figura
materna, distintos autores señalan que este tipo de violencia suele ser más
común donde la madre es quien recibe las agresiones suele (Bobic, 2002;
Brezina, 1999; Gallagher, 2004; Patterson et al., 2002; Ulman y Straus, 2003,
como se citó en Pereira, 2011). Se realizaron múltiples hipótesis que buscaron
explicar esta relación, por ejemplo: madres que se involucran con intensidad y
demasía autoridad dentro de la crianza de sus hijos, establecen límites o
restricciones que impiden a los hijos a actuar con total libertad; generando así
sentimientos de impotencia o enojo al sentirse controlados.
Además, históricamente se conoce, que las madres, por ser de sexo femenino,
suelen ser mas vulnerables (Agnew y Huguley, 1989; Ulman y Straus, 2003). Otra
hipótesis por considerar explica que el hecho que los hijos hayan sido testigos de
violencia marital, donde la madre fue víctima en diferentes ocasiones, influye para
que el menor desde pequeño aprenda o copie de la figura paterna y tenga mayor
probabilidad de ejercer violencia sobre la figura materna. El hijo suele ver como
figura de autoridad y superioridad al padre y consigo suelen imitar las conductas
como manera de tratar de ser como ellos; mientras que las hijas que agreden a
las madres suelen hacerlo como expresión de rebeldía o necesidad de ser
diferente a ellas.
Se ha tratado de explicar las figuras violentadas dentro del tipo de familia, así
como quien tiene mayor probabilidad de ser víctimas, pero también es necesario
conocer las características del menor que es quien ejercer la violencia. No existen
numerosas investigaciones sobre la relación entre los trastornos clínicos y la
violencia filioparental; sin embargo, si existe afirmaciones que demuestren que los
hijos presentar diversos cuadros clínicos, los cuales se relacionan al inicio de la
infancia, existiendo presencia de dificultad para controlar los impulsos y ansiedad.
Los trastornos clínicos más frecuentes son la hiperactividad y los trastornos de la
atención, los cuales pueden generar una posible personalidad antisocial (Bailey,
2002); por otro lado, también se presenta depresión asociada a la violencia, que a
su vez puede traer consigo consumo de sustancias psicoactivas. (Goodyer,
Herbert y Secker, 1997).
Según lo mencionado, se evidencia que los adolescentes que atraviesen
episodios depresivos tienen mayores posibilidades de ser agresivos y violentar
tanto a sus pares como a sus padres; por tal motivo es necesario analizar ciertas
conductas propias de un episodio depresivo en un adolescente, como por ejemplo
la autolesión.
Según Nock en el 2010, la forma más común de lastimarse voluntariamente es
con un instrumento afilado, donde el corte se hace de forma directa en brazos,
piernas y estómago. Las autolesiones son cualquier conducta intencional a uno
mismo, donde la persona, sabe y reconoce las consecuencias que este acto
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puede traer consigo, tanto a nivel físico como a nivel psicológico. Así mismo,
también existe otro grupo, que prefieren arañarse, o rasparse, hasta llegar al
sangrado; pueden llegar a necesitar cirugías. Otras veces se pegan, muerden, se
lastiman sus heridas, o se estiran del pelo. Estas autolesiones se manifiestan en
conjunto con pensamientos negativistas o sentimientos de odio frente a
situaciones donde no tienen el control, ello se explica como una forma de tratar de
calmar el dolor o encontrar la ayuda que ellos creen que necesitan. (Nock, 2010
citado en Nieto, 2017).
Existen 4 razones que pueden explicar porque las conductas de autolesión se
mantienen, pero van a depender del tipo de refuerzo y de los eventos
consecuentes a ello. Un refuerzo negativo intrapersonal, se fundamenta cuando
después de la conducta autolesiva existe una disminución de los pensamientos
aversivos; por otro lado, el refuerzo intrapersonal positivo, se da es cuando
después de la conducta violenta, existe un incremento pensamientos positivos
como por ejemplo satisfacción o placer al haberse lastimado. A nivel
interpersonal, se puede reforzar la autolesión, cuando de forma seguida suceden
eventos positivos o deseados, por ejemplo: recibir atención de alguien; por último,
se refuerza de forma interpersonal y negativa, cuando después hay una
disminución o extinción de conductas externas perjudiciales para el menor.
Dentro de los criterios diagnósticos de la conducta de autolesión no suicida, se
debe considerar que mínimo en último año, como mínimo en 5 ocasiones, de
forma intencional el sujeto se ha autolesionado en alguna parte del cuerpo,
generando dolor o sangrado; como, por ejemplo: cortes, quemaduras, hincones;
pero sin intensión suicida. Por otro lado, cuando se habla de una autolesión, el
individuo suele tener una o más de las siguientes expectativas: deseo de aliviar
un minorizar una emoción o pensamiento negativo, solucionar problemas
interpersonales y/o provocar estados placenteros o positivos.
Así mismo, las autolesiones intencionadas suelen relacionarse con ciertos
elementos: Dificultades interpersonales o sentimientos o pensamientos negativos;
preocupación o dudas sobre la conducta a cometer, pensamientos recurrentes de
desear cometer la conducta. También es necesario considerar si la conducta
autolesiva no es aceptada socialmente, por ejemplo, no se consideran los rituales
religiosos o tatuajes, acupuntura como manifestación de autolesión. Si el
comportamiento genera malestar clínico que interfiere con las áreas las áreas
sociales de sus vidas. El comportamiento no se explica con la presencia de otros
trastornos clínicos, como por ejemplo episodios psicóticos, trastornos del
neurodesarrollo o trastornos mentales. (DSM V, 2013)
Para explicar el desarrollo de la conducta autolesiva, es necesario considerar que
lo más común, que su inicio se de en la adolescencia temprana, y puede extender
por una gran cantidad de años; así mismo se conoce que los individuos suelen
aprender el comportamiento de sus pares o personas importantes dentro de su
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círculo social. Las investigaciones donde se respalda el DSM V, refieren que si un
paciente ingresa a un internamiento hospitalario, puede provocar que otros
pacientes que nunca se han autolesionado, puedan empezar a hacerlo. (DSM V,
2013)