ISSN 3103-1129
Septiembre, 2025
Vol. 3, No. 6, 33-48
[Link]
Tecnología al servicio de la inclusión: Un estudio crítico sobre el uso de
herramientas tecnológicas en el aula
Technology at the service of inclusion: A critical study on the use of
technological tools in the classroom
Joselyn Maitte Jurado Angulo
Licenciada en Ciencias de la Educación Inicial, Facultad de Ciencias de la Educación, Maestría en Educación
Inclusiva, Universidad Tecnológica Indoamérica. Ecuador.
jjurado2@[Link]
[Link]
Christian Junta Andagana
Magister en Gestión de Tecnologías de la Información, Centro de Investigación en Ciencias Humanas y de la
Educación – CICHE, Facultad de Ciencias de la Educación, Maestría en Educación Inclusiva, Universidad
Tecnológica Indoamérica. Ecuador.
juntachristian@[Link]
[Link]
Fecha de recepción: 10 de junio de 2025
Fecha de aceptación: 16 de agosto de 2025
Fecha de publicación: 15 de septiembre de 2025
Como citar: Jurado-Angulo, J. M. y Junta-Andagana, C. (2025). Tecnología al servicio de la inclusión: Un estudio
crítico sobre el uso de herramientas tecnológicas en el aula. KIRIA: Revista Científica Multidisciplinaria. 3(6), pp. 33-
48. [Link]
RESUMEN
Este estudio crítico analiza el papel de las Tecnologías de la Información y Comunicación
(TIC) en la construcción de entornos educativos inclusivos. Las TIC representan herramientas
trasformadoras capaces de adaptarse a diversas necesidades educativas especiales,
promoviendo una educación más equitativa. No obstante, su implementación en países en
desarrollo como Ecuador enfrenta barreras estructurales como una limitada infraestructura,
escasa formación docente, brechas digitales y desafíos socioeconómicos persistentes. El
artículo identifica herramientas tecnológicas accesibles y expone buenas prácticas
internacionales que evidencian el potencial de las TIC para mejorar la equidad educativa.
Asimismo, se argumenta que la integración de tecnologías emergentes, como la inteligencia
artificial y entornos virtuales, podría fortalecer la inclusión escolar. Llegando a concluir que,
para avanzar hacia un modelo educativo verdaderamente inclusivo, se requiere voluntad
política, inversión sostenida y capacitación docente continua. Este estudio propone una
reflexión crítica sobre la realidad local y la necesidad de adaptar modelos exitosos
internacionales como referentes para reducir estas brechas y garantizar el derecho a la
educación inclusiva.
PALABRAS CLAVE: TIC, educación inclusiva, necesidades educativas especiales,
brecha digital, formación docente,
KIRIA, 3(6), 2025 Revista Científica Multidisciplinaria
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Tecnología al servicio de la inclusión: Un estudio crítico sobre el uso de herramientas tecnológicas en el aula
ABSTRACT
This critical study analyzes the role of Information and Communication Technologies (ICT)
in the construction of inclusive educational environments. ICTs represent transformative tools
capable of adapting to diverse special educational needs, promoting a more equitable
education. However, their implementation in developing countries such as Ecuador faces
structural barriers such as limited infrastructure, poor teacher training, digital divides and
persistent socioeconomic challenges. The article identifies accessible technological tools and
presents the best international practices that demonstrate the potential of ICTs to improve
educational equity. It also argues that the integration of emerging technologies, such as
artificial intelligence and virtual environments, could strengthen school inclusion. It
concludes that, in order to move towards a truly inclusive educational model, political will,
sustained investment and continuous teacher training are required. This study proposes a
critical reflection on the local reality and the need to adapt successful international models as
references to reduce these gaps and guarantee the right to inclusive education.
KEYWORDS: ICT, inclusive education, special educational needs, digital divide,
teacher training.
INTRODUCCIÓN
La sociedad se encuentra estructurada por sectores que definen su desarrollo. Los sectores
como la salud, la economía, la industria, la ciencia, el transporte y la educación, como los
principales actores de esta sociedad han sido innovados por los avances tecnológicos que
rigen nuestro diario vivir. De tal manera que, la tecnología ha asumido el rol de transformar
a la sociedad contemporánea. En este panorama el sector educativo es uno de los tantos
entornos que se ha redefinido gracias a la transformación digital. Razón por la cual todos
quienes conforma el sistema educativo han tenido que pasar por un proceso de adaptación
hacia el proceso de comunicación, trabajo y acceso a la información para resolver los
problemas cotidianos.
De esta manera la tecnología cumple una función transformativa en el sistema
educativo tras introducir los entornos interactivos para el estudiante permitiendo una
adaptación progresiva de los procesos formativos a las dinámicas del siglo actual. Dejando a
un lado el proceso ancestral de enseñanza – aprendizaje. Su implementación no solo ha
redefinido la infraestructura del aula tradicional, sino que también ha articulado un sinfín de
estrategias pedagógicas que demuestren dimensiones actitudinales y metodologías activas
más favorecedoras para los educandos (Gallo et al., 2021). Y en este mismo concepto se
circunscribe las tecnologías de la información y comunicación (TIC) como dinamizadoras de
un aprendizaje más significativo. Tecnología que demanda una constante actualización de
competencias digitales junto con un diagnóstico crítico sobre el impacto de las TIC en la
calidad educativa (Poveda y Cifuentes, 2020).
Sin embargo, la educación no se puede considerar como un sistema perfecto sino todo
lo contrario está lejos de serlo, pues en referencia a la educación inclusiva una gran tasa de
estudiantes con necesidades especiales (NEE) siguen siendo un grupo vulnerable que se
encuentra expuesto a una exclusión que va en contra de todos sus derechos. Tal como lo
menciona Armas (2021), los diversos factores de este colectivo los exponen a un entorno lleno
de desigualdad tanto económica, tecnológica como social, lo que se refleja como una
desventaja a este grupo específico de estudiantes que siguen siendo víctimas de carecer de
oportunidades que le brinden una educación equitativa con calidad. Ante la comprensión de
esta realidad la comunidad educativa recobró la conciencia visual llegando al alegato de que
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debe reestructurarse en su totalidad el proceso de enseñanza – aprendizaje en conjunto con
las TIC para una educación más inclusiva.
Ante esta percepción, diferentes organismos nacionales e internacionales empezaron
a trabajar en un proceso de promoción y enfatización de una educación inclusiva, ahí fue
cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) comenzó a impulsar políticas sobre
los derechos educativos. De esta manera se desarrollaron convenciones donde explicaron los
derechos de las personas con discapacidad para que cada país pudiera redefinir sus políticas
hacia esta conciencia visual, sin embargo, el proceso de implementación no fue del todo
exitoso lo que generó un sinfín de desafíos en varios contextos. De acuerdo con la UNESCO
(2023) existe una formación insuficiente que actúa como limitante en la ejecución de estas
políticas de manera global.
El panorama en Latinoamérica sobre la educación inclusiva se puede considerar
ineficiente, para ejemplificarlo está el estudio de Martínez y Rosas (2022) quienes indicaron
que sistema educativo chileno se basa en el derecho estudiantil, pero este posee fallas, pues al
condicionar el acceso al apoyo mediante un diagnóstico formal y una etiqueta para
estudiantes con NEE se convierte en un sistema segregador; además, sus evaluaciones
estandarizadas, la dependencia de este diagnóstico, el programa de integración carecen de
recursos y conllevan a prácticas realmente excluyentes. Los autores mencionan que
estudiantes con discapacidades auditivas o visuales de manera notable y preocupante
evidencian un desafío en la “inclusión educativa” en el aula regular por lo que optan
adaptarse en institutos educativos especiales para evitar daños socioemocionales.
Tristemente, Ecuador tampoco puede ser un ejemplo positivo en este tema. De acuerdo
con Boza y Torres (2021) el estado ecuatoriano impulsado por políticas externas ha intentado
incorporar las TIC como una solución para una educación más inclusiva, optando por una
reestructuración de infraestructura digital en las instituciones educativas. El Ministerio de
Educación (MINEDUC) hasta el 2017 presentó un informe en el que se resaltaba el
equipamiento tecnológico recibido en varias instituciones educativas, sin embargo, no fue
suficiente porque la cobertura no fue total ni equitativa en todo el país.
Profundizando en el tema, se promocionaron las Unidades Educativas del Milenio
(UEM), instituciones dispersas en el territorio ecuatoriano para optimizar la oferta educativa
mediante la fusión en escuelas y equipamientos con tecnología avanzada. Pese a los avances
invertidos en estas instituciones en el 2018 se registró que tan solo el 3,6% del estudiantado
del sector público estaba cubierto por estas UEM, en contraste con el 52% de centros
educativos que aún funcionaban sin esta dotación tecnológica. Situación que solo ha revelado
la ineficiencia y desproporcionalidad de esta práctica que evidentemente no ha sido motor de
la educación inclusiva (Boza y Torres, 2021). En concordancia Ramírez y Herrera (2024)
establecen que la falta de recursos y estrategias fallidas de parte de los gobiernos son algunos
de los desafíos que promueven la exclusión educativa.
Asimismo, el estudio de Túarez et al. (2024) estableció que pese a la implementación
de políticas que promueven la educación inclusiva en nuestro país, sigue percibiéndose una
brecha digital mayormente en zonas rurales que no poseen estos recursos, además, se percibe
una falta de capacitación en los educadores junto con una falta de coordinación
institucionales, factores que dentro de su estudio fueron calificados cuantitativamente con el
35%, 78% y 40% respectivamente. Cifras que solo resalta los vacíos que existen con relación al
uso de TIC en la educación inclusiva ecuatoriana, demostrando lo lejos que estamos como país
para obtener un sistema educativo sin exclusión.
Tal como lo reconoce De Souza et al. (2021) sigue siendo una utopía la educación
inclusiva efectiva al menos en países donde la incorporación de TIC produce barreras por falta
de accesibilidad, diseño universal o formación de docentes. No se puede afirmar que este
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derecho fundamental sea aplicado de manera ilimitada y equitativa pues como la evidencia
científica lo ha confirmado las TIC puede ser un elemento exclusivo cuando no pueden
contrarrestar estas barreras.
Es por estas razones que el presente estudio adopta un enfoque crítico contextual
orientado al análisis profundo del papel que desempeña las TIC en la construcción de
entornos educativos verdaderamente inclusivos. Mediante un recorrido temático que abarca
desde los fundamentos teóricos hasta los desafíos prácticos, se examinan las barreras
pedagógicas, tecnológicas, sociales y estructurales que limitan la igualdad educativa. En base
a esto este estudio tiene como objetivo analizar críticamente el uso de las herramientas
tecnológicas en el aula como mecanismos para fomentar o disminuir la inclusión educativa
mediante la revisión de buenas prácticas además de la identificación de los desafíos que esto
representa.
DESARROLLO
El rol de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la educación inclusiva
La informática, electrónica y telecomunicaciones son recursos tecnológicos integrados dentro
de las TIC. El objetivo principal de estas herramientas consiste en generar nuevas maneras de
interacción mediante el uso de dispositivos electrónicos como ordenadores, teléfonos móviles,
televisores, entre otros. Estas herramientas facilitan la emisión, el acceso, la gestión y el
procesamiento de la información (Gallo et al., 2021). Las TIC representan una fusión entre
comunicación de datos y tecnología, llegando a ser considerado como indicador de desarrollo
económico. Es por esta razón que su estudio debe considerar la accesibilidad y el nivel de
capacitación en los diversos contextos educativos como parámetros para su implementación.
Actualmente, las TIC están profundamente incorporadas en la vida cotidiana desde
edades tempranas, lo que hace indispensable adquirir competencias para su uso adecuado.
Este fenómeno también impacta significativamente al ámbito educativo, donde las TIC se han
consolidado como herramientas fundamentales en los procesos didácticos. Su incorporación
ha transformado sustancialmente los métodos tradicionales de enseñanza, permitiendo la
implementación de una amplia gama de recursos digitales en todos los niveles educativos
(Peralta et al., 2023).
Debido a esta perspectiva, las TIC como instrumentos pedagógicos resultan
inseparables del desarrollo educativo actual, actuando como medios didácticos que favorecen
modelos pedagógicos enfocados en la mejora del proceso de aprendizaje. Arteaga (2024)
señala que su implementación dentro del sistema educativo incluye la provisión de
conectividad, dispositivos tecnológicos junto con recursos digitales, dirigidos a garantizar la
inclusión de estudiantes con discapacidades físicas o necesidades educativas especiales.
Además, resalta la importancia de las plataformas digitales, las cuales permiten diseñar
variadas actividades de aprendizaje adaptadas a las distintas realidades del estudiantado.
En este mismo sentido, el docente inclusivo desempeña un rol esencial como agente
de cambio pedagógico, combinando competencias relacionadas con la diferenciación
instruccional, la integración estratégica de tecnologías educativas, y la adecuación curricular
para generar entornos de aprendizaje flexibles y accesibles. La manera en la cual el educador
afronta esta situación constituye un eje primordial en este proceso. Se necesita un compromiso
genuino con los principios de equidad y respeto hacia las diferencias existentes (Posso y
Barba, 2024).
Barreras en la implementación de las TIC para la inclusión educativa
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La integración de TIC enfrenta una serie de limitaciones estructurales, pedagógicas y
tecnológicas que limitan su implementación efectiva. Según Fernández y Román (2024), entre
las principales barreras se encuentran la escasa capacitación docente en competencias
digitales, así como una actitud de desinterés por parte de algunos profesionales de la
educación. A ello se suman factores institucionales como la carencia de tiempo, escasez de
personal especializado para la supervisión tecnológica, y el poco apoyo administrativo, que
dificultan la consolidación de un entorno educativo verdaderamente inclusivo.
Valenzuela et al. (2024) advierten que, en ausencia de una adecuada formación en el
uso pedagógico de las TIC bajo un contexto educativo, estas herramientas pueden dejar de ser
aliadas para la inclusión y convertirse, paradójicamente, en formas de exclusión. Las pocas
habilidades digitales en el cuerpo docente y las instituciones pueden representar una barrera
crítica que impida el acceso igualitario a los procesos educativos por parte del alumnado con
necesidades específicas. No obstante, las limitaciones no se adhieren únicamente al plano
pedagógico. Valenzuela et al. (2024) también identifican obstáculos asociados a la
infraestructura tecnológica, en particular, a la brecha desigual que existe en el acceso a los
dispositivos adecuados y la conectividad de calidad.
En muchos casos, el uso de software altamente demandado o plataformas educativas
que requieren altos niveles de ancho de banda se torna inviable en sectores rurales o sectores
urbanos periféricos, donde conexiones inestables y dispositivos de bajo rendimiento son el
pan de cada día. Este escenario crea un nuevo tipo de exclusión digital, inclusive entre
aquellos estudiantes que cuentan con un equipo básico. Es así que, la omisión o escasa
consideración de los principios de la educación inclusiva en la planificación educativa e
implementación de las TIC puede generar efectos adversos a nivel psicosocial. La falta de
inclinación hacia los enfoques inclusivos puede conducir al aislamiento, la estigmatización o
incluso al rechazo social (Valenzuela et al., 2024).
Es de alta relevancia enfatizar que, en el 2016 Ecuador tuvo como principal barrera las
reformas educativas donde entró en vigencia el nuevo acuerdo ministerial emitido por el
Ministerio de Educación que expresaba un cambio en la malla curricular en donde la principal
reforma comunicaba que la asignatura de computación ya no sería una asignatura específica
(Ministerio de Educación, 2016). Este hecho provocó que los estudiantes dejaran de recibir
formación digital básica que conllevó a una brecha digital mayor en comparación a la brecha
que de por sí ya existía dentro del marco de uso de TIC educacional ineficiente. Pese a que la
mayor parte de los profesionales no estaban de acuerdo con esta estipulación no tuvieron más
opción que acatar el nuevo cambio.
Sin embargo, esta reforma no contaba con el hecho de que en pleno 2019 se
desarrollaría una pandemia a causa del COVID-19, situación que prácticamente obligó a todo
el sistema educativo mundial a adaptarse al uso de tecnología digital para impartir clases. En
este punto se puede claramente identificar que los protagonistas de la reforma educativa
llevada a cabo en nuestro país cometieron un error que afectaría al proceso de aprendizaje
estudiantil y sobre todo al inclusivo. Fue así que, el país tuvo que reactivar con urgencia el
uso de las TICs en la educación lo que a su vez dio impulso al desarrollo de una agenda digital
junto con una ley de protección de datos personales que formaban parte de la estrategia
denominada “Ecuador Digital” (Ministerio de Educación, 2021).
Si bien, esta Agenda Educativa Digital nació como una necesidad al mismo tiempo que
una carencia dentro del sistema educativo nacional, que buscaba corregir la idea equivocada
de que insertar tecnología consiste solo en entregar computadoras o tabletas a las instituciones
educativas, también buscaba fortalecer el proceso de enseñanza – aprendizaje mediante
prácticas innovadoras que emporen el aprendizaje, conocimiento y participación. De esta
manera planteaba iniciativas para una mayor equidad y una potencial reducción de brechas
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por medio del reconocimiento de alianzas de cooperación públicos y privadas para combatir
la escasez de recursos estatales llegando a lugares con menos acceso, así como desarrollar
competencias digitales del siglo actual dirigida al estudiantado junto con una formación
continua para los docentes (Loja, 2020).
No obstante, las experiencias vividas durante la pandemia por COVID-19
evidenciaron de forma crítica estas barreras. Las dificultades de conectividad en zonas
marginales, la ausencia de dispositivos electrónicos adecuados, la incompatibilidad entre
plataformas y dispositivos, el analfabetismo digital, la carencia de acompañamiento por parte
de padres y docentes fueron factores que profundizaron las brechas existentes limitando el
acceso a una educación de calidad para un número significativo de estudiantes (Formichella
y Kruger, 2020). No obstante, estas no son las únicas barreras que se interponen en un sistema
educativo inclusivo, existen también problemáticas, al interior de las instituciones educativas
por lo que sigue siendo un objetivo aún pendiente la consolidación de criterios básicos de
inclusión, tales como la adecuación de espacios físicos (rampas, señalética accesible), la
provisión de materiales educativos adaptados (textos en formatos accesibles, recursos
multisensoriales), el desarrollo de políticas que promuevan el acceso universal a las TIC como
herramientas pedagógicas dentro del aula.
Herramientas tecnológicas accesibles y su impacto en la equidad educativa
Actualmente, el ámbito educativo ha sido impactado por un nivel extraordinario de avance
tecnológico. Existen múltiples plataformas digitales y aplicaciones móviles que poseen un
enfoque inclusivo, orientadas a facilitar procesos de enseñanza-aprendizaje adaptados a la
diversidad estudiantil. Morales y García (2025) destacan que entre las herramientas más
relevantes se encuentra Ablah, una aplicación de comunicación asistida destinada a personas
con trastorno del espectro autista, síndrome de Down o afasia. Esta aplicación permite la
creación perfiles asociando imágenes con sonidos lo que favorece a la formación de
estructuras lingüísticas que promueven el uso funcional del lenguaje, razón por la cual le ha
valido reconocimiento a nivel nacional en España.
Asimismo, Palabras Especiales, una aplicación interactiva que promueve el desarrollo
de habilidades lingüísticas a través de la relación entre representaciones gráficas y estímulos
auditivos, es mencionado por sus autores. Su interfaz está diseñada para facilitar la expresión
oral y la coordinación visual-motora en personas con limitaciones motrices, hipoacusia o
condiciones del neurodesarrollo. Es así como, [Link] se orienta a fortalecer los
sistemas aumentativos y alternativos de comunicación mediante recursos visuales e
iconográficos, mientras que Sígueme está dirigida al estímulo de la percepción visual y la
atención, particularmente en estudiantes con autismo, disfasia o discapacidad intelectual
(Morales y García, 2025).
DILO, otra herramienta que sigue la misma línea actual constituye un dispositivo de
vocalización sintética que permite la construcción y emisión de mensajes personalizados en
distintos contextos, debido a que se lo puede obtener en varios idiomas y se lo puede
configurar mediante una interfaz adaptable. Por otro lado, Dilo en Señas, promueve la
participación de todo el grupo escolar, no sólo representa una propuesta didáctica orientada
a la enseñanza de la Lengua de Señas Mexicana para niños sordos, sino que promueve la
participación totalitaria de los estudiantes, lo cual refuerza su potencial como recurso
inclusivo (Morales y García, 2025).
El estudio de Albán y Naranjo (2020) plantea una reflexión crítica sobre el impacto de
las tecnologías accesibles en la equidad educativa. Por un lado, reconocen que los recursos
digitales especializados, como el software educativo adaptado y las aplicaciones lúdicas con
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enfoque pedagógico, tienen un efecto positivo en la motivación del estudiantado y en la
adquisición de aprendizajes significativos, especialmente en aquellos con necesidades
educativas específicas. No obstante, también alertan sobre la posible reproducción de
desigualdades si estas herramientas no son implementadas bajo criterios de accesibilidad
universal.
Los sistemas de conversión de texto a voz, los materiales en formatos alternativos
como el braille digital, las ayudas técnicas como lectores de pantalla, magnificadores visuales,
correctores ortográficos y gramaticales, así como herramientas para la planificación
académica se cuentan entre los recursos tecnológicos con mayor valor en contextos educativos
inclusivos. Estos dispositivos permiten superar barreras inherentes a la virtualidad y el
aprendizaje y resultan fundamentales para estudiantes con dificultades en la lectoescritura,
como dislexia o discapacidad visual (2023).
En adición, se cuenta con aplicaciones destacadas en este ámbito como TDAH Trainer
o Unobrain, que incorporan técnicas de neurofeedback orientadas a mejorar la atención en
estudiantes con TDAH, fomentando su autonomía y la personalización de su proceso
educativo (Romero et al., 2018). Estas herramientas específicas han sido desarrolladas para
cubrir requerimientos motrices y sensoriales. Por ejemplo, sistemas operativos con
configuraciones de accesibilidad en Windows o macOS, y soluciones de comunicación
aumentativa como ARASAAC, especialmente útiles para personas con autismo.
En cuanto al hardware adaptado, se identifican dispositivos como teclados ampliados
o reducidos, ratones alternativos o de control ocular, que permiten el acceso digital a
estudiantes con discapacidad motriz. A esto se suma el uso de materiales didácticos
multisensoriales y plataformas educativas con diseño universal, los cuales garantizan la
operabilidad y comprensión del contenido por parte de toda la comunidad estudiantil.
Aplicaciones como Día a Día resultan útiles en la estructuración del entorno escolar para
estudiantes con autismo, mediante la utilización de agendas visuales que favorecen la
anticipación de rutinas y el desarrollo de la autonomía (Romero et al., 2018).
Por su parte, Rehman et al. (2024) señalan que tanto el hardware como el software
accesible cumplen un rol fundamental en la educación inclusiva. Entre los recursos
mencionados figuran dispositivos de asistencia auditiva, computadoras accesibles,
tecnologías vestibles, sistemas de subtitulado y transcripción en tiempo real, clases virtuales
interactivas, aplicaciones de aprendizaje de idiomas, libros digitales accesibles y contenido
audiovisual con interpretación en lengua de señas. Estas herramientas ofrecen soluciones
efectivas a estudiantes con discapacidad auditiva, y sus resultados muestran un potencial
transformador en entornos educativos que buscan eliminar barreras estructurales.
A pesar de estos avances, se reconoce que, en muchos países, especialmente en
América Latina, existen limitaciones estructurales y financieras que dificultan la
implementación generalizada de estas tecnologías en las instituciones educativas. Sin
embargo, su presencia es una motivación para impulsar prácticas pedagógicas más inclusivas
y fomentar el diseño de propuestas innovadoras que respondan a las particularidades del
contexto. Al final, el objetivo de poder llegar a tener un nivel acorde de accesibilidad
tecnológica en el ámbito de la educación recae mayormente en el diseño e implementación de
políticas públicas integrales.
Desafíos de la integración de las TIC en los entornos educativos inclusivos
Es reconocido por varios autores que la implementación de TIC presenta varios desafíos uno
de ellos es el expuesto por De Zouza et al. (2021) quienes reconocieron que un obstáculo
persistente es la brecha digital definida por la carencia de productos y servicios tecnológicos
dentro de las instituciones educativas. En total concordancia Screpnik (2024) estableció que la
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desigualdad de dotación de dispositivos tecnológicos en conjunto a una ineficiente
conectividad sostiene una brecha digital que obstaculiza el acceso equitativo a estos recursos.
Ambos autores reconocen que este desafío en la infraestructura tecnológica se da
principalmente cuando la sociedad presenta problemas socioeconómicos desfavorecedores.
Análogamente, Hernández (2021) agrega que la infraestructura digital en entornos
educativos vulnerables está subrayada por una conectividad a internet a menudo precaria o
en ocasiones se puede generar casos en los que las instituciones no cuenten con un hardware
suficiente para los actores de la comunidad educativa. Contexto que enfatiza la limitación de
dispositivos tecnológicos como computadoras, móviles, tablets, etc. Exigiendo una
prospectiva estratégica que pueda asegurar la viabilidad y sostenibilidad del financiamiento
y la operatividad a largo plazo para evitar la obsolescencia prematura de estas estrategias.
En cuanto a los desafíos pedagógicos al integrar las TIC inclusivas De Souza et al.
(2021) nos confrontan con una inercia pedagógica alarmante, donde los modelos de enseñanza
tradicionales se resisten con fuerza. Es evidente que la formación docente, fundamental en
literacidad digital y el uso práctico didáctico de las TIC, presentan deficiencias críticas que
limitan una mediación efectiva. Más allá de la tecnología se percibe una falta de visión en la
creación de entornos virtuales accesibles y una incapacidad para adaptar contenidos que
realmente rompan barreras cognitivas y sensoriales. La supuesta necesidad de actualizar
materiales de apoyo para optimizar el proceso de enseñanza – aprendizaje parece quedarse
en el papel, sin una implementación real que supere estas falencias.
Lizcano et al. (2022) desafían la noción superficial de que el problema es la falta de
tecnología; su análisis es más agudo, señalando que la verdadera carencia reside en el
conocimiento, estrategia y aplicación efectiva de las herramientas TIC inclusivas. Esto destapa
una falla crucial en la capacidad de los educadores para seleccionar, adaptar y utilizar las TIC
de manera que satisfagan las necesidades de los estudiantes de colectivo vulnerable.
Evidenciando que el sistema está fallando en instruir adecuadamente a sus profesionales para
esta tarea fundamental.
En concordancia, Screpnik (2024) afirma que la cualificación docente es un factor
radical, una deficiencia estructural que exige una actualización competencial urgente para
usar las TIC y adaptarlas a las necesidades de todos sus alumnos. Es inaudito que aún sea
imperativo asegurar que las herramientas digitales se diseñen con accesibilidad universal y se
usen de forma equitativa, lo que sugiere que esto sigue siendo una aspiración y no una
realidad. La práctica pedagógica lejos de la mera instrumentalización tecnológica debe ser una
búsqueda constante de aprendizajes significativos, algo que a menudo de pierde haciendo
que la dialéctica evaluativa continua brille por su ausencia.
Difiriendo con las premisas anteriores, Hernández (2021) expone una realidad cruda:
en entornos vulnerables la asimilación de las TIC se ve saboteada por propuestas didácticas
que son descaradamente inadecuadas, lo que naturalmente desploma el interés y el progreso
estudiantil. La urgencia por una cualificación docente robusta para las didácticas digitales es
un grito en el desierto ante la escasez de recursos, una clara señal del abandono sistémico. La
desmotivación persistente de los estudiantes no es capricho, es una consecuencia directa que
clama por estrategias innovadoras y una reconfiguración radical del docente como facilitador
y co investigador, algo que, lamentablemente no está ocurriendo con la celeridad que se
requiere.
En cuanto a los desafíos sociales para integrar las TIC inclusivas De Souza et al. (2021)
indicaron que la lucha contra paradigmas sociales anquilosados que insisten en encajar a
estudiantes con discapacidad en moldes preestablecidos es otro desafío, perpetuando
estereotipos y prácticas discriminatorias. Es indignante ver cómo la accesibilidad digital es un
privilegio, directamente atada a las condiciones socioeconómicas, con el riesgo palpable de
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una implementación tecnológica deficiente no solo no ayude, sino que agrave la
marginalización de quienes más lo necesitan.
Screpnik (2024) nos alerta sobre la preocupante realidad de que la privacidad y la
integridad de los datos personales de los estudiantes, aunque ineludiblemente imperativa a
menudo son vulnerables sin protocolos de ciberseguridad realmente efectivos. Además, la
ignorancia sobre el impacto psicoemocional del uso de la tecnología en los estudiantes es un
factor crítico; la promoción de un equilibrio con interacciones directas suena a meta lejana. La
inclusión digital efectiva, lejos de ser un logro individual se ve frustrada por la falta de una
articulación colaborativa y sinérgica entre los docentes, familias y expertos, dejando el peso
solo en algunos.
Aun así, Hernández (2021) subraya una verdad ineludible que dice que los desafíos
sociales de la integración de TIC inclusivas se convierten en un abismo en contextos de
vulnerabilidad extrema, donde los estudiantes sobreviven a asentamientos precarios sin
acceso a servicios básicos. Esta realidad no es aislada, se entrelaza perversamente con un alto
riesgo pedagógico y social como el bajo rendimiento, trayectorias escolares rotas y origen
socioeconómico desfavorecido, reflejos de una desigualdad estructural. Se puede considerar
que la mitigación de la deserción escolar no es un mero imperativo categórico es la prueba de
fuego de la ineficacia de las intervenciones actuales que están fallando en su misión más
básica.
Sobre los desafíos sistémicos y de políticas educativas, De Souza et al. (2021) señalan
que la educación inclusiva con TIC choca de frente con una inercia estructural en los sistemas
educativos, revelando una resistencia patológica a la integración plena de estudiantes con
discapacidad. La urgencia de consolidar marcos teóricos y políticos públicos más efectivos es
una confesión de que lo existente es insuficiente para impulsar esta modalidad. Además,
Screpnik (2024) nos confronta con los dilemas éticos que la inserción de tecnologías digitales
en la educación inclusiva arrastra, cuestiones que, aunque discutidas académicamente a
menudo son ignoradas en la práctica.
Reflexionando al respecto de todo lo revisado podemos indicar que los desafíos son
enormes frente a las brechas existentes en el país, primero debemos entender que la
visualización de la inclusión como una necesidad real en la educación, es un enfoque que
apenas se ha desarrollado en los últimos 10 años; esto nos deja a la saga de los avances
metodológicos y aplicaciones de los países llamados del primer mundo. La tarea que enfrenta
la educación actual es titánica y tiene varios frentes por atacar, hasta derrumbar las barreras
estructurales que parten muchas veces desde el entorno familiar y social.
Buenas prácticas y casos de éxito en el uso de TIC para la inclusión educativa
Algunos estudios señalan modelos o estrategias que dieron resultados favorecedores,
principalmente modelos internacionales, que demuestran buenas prácticas y casos de éxito
obtenidos mediante la implementación de las TIC para la inclusión educativa. En primera
instancia, se tiene el estudio de Cao (2019) quien indicó que el proyecto Nanasala en Sri Lanka
implicó el equipamiento multi TIC en instituciones ubicadas en las zonas rurales, este
programa implementó bibliotecas electrónicas móviles, centros de educación a distancia,
quioscos de TIC como parte de su estrategia; algo interesante es que este proyecto inicialmente
no fue enfocado para una educación inclusiva sino como un marco general educativo, no
obstante, identificaron que poseía un alto valor inclusivo pues mediante libros digitales
hablados para personas con discapacidades visuales este proyecto tuvo un impacto positivo
que empoderaba a los estudiantes con NEE.
Países desarrollados como Japón emplearon el proyecto Fujitsu Education solution K-
12 SNE Kids Touch ocupando como estrategia la implementación de cuatro softwares
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especializado en el aprendizaje para estudiantes con NEE. La idea era que los chicos que
usaban una pantalla táctil para practicar habilidades básicas. Lo bueno de este proyecto
radicaba en la facilidad de su uso pues les permitía subir y bajar materiales educativos y
guardaba un historial de lo que aprendían, acción que ayudaba mucho al aprendizaje de los
alumnos. Los resultados mostraron que los niños se sentían motivados para usar el programa
y los docentes podían seguir su progreso. Si bien este proyecto fue una prueba piloto,
prometía mucho como apoyo (Cao, 2019). Replantearse el uso de esta metodología en nuestro
país podría sonar a ficción. Pues, ¿tendríamos la infraestructura? ‘Hay presupuesto para
computadoras táctiles para cada niño que lo necesite? ¿Se capacitarían a los docentes sobre el
monitoreo del historial de aprendizaje? Parece que estamos lejos de adaptar nuestro sistema
a estas metodologías, pero si se pueden considerar como una alternativa para un futuro más
prometedor.
En un estudio reciente llevado a cabo por Rehman (2024) trabajaron con una población
muestral de 172 educadores obteniendo de ellos como información que en su mayoría
consideran al uso de TIC como una alternativa efectiva para la inclusión. No solo creen que
mejore como los chicos aprenden, sino que también ayuda a la comunicación y al desempeño
de estudiantes, especialmente en aquellos con problemas de audiciones. Pese a que hablaron
de algunos obstáculos también destacaron las oportunidades como el software gratis o las
ayudas económicas para adquirir esta tecnología. Mencionaron que la clave está en que los
educadores reciban una capacitación para usar estas tecnologías y que la tecnología de
asistencia siga avanzando (Rehman et al., 2024). Si bien una visión positiva de los educadores
favorece al proceso de inclusión ¿en nuestro país se da esa capacitación a los educadores? Y si
se da, ¿Es constante y de calidad? Pues de acuerdo con Tuárez et al. (2024) A veces, se
desarrollan talleres de una tarde y quienes acceden a estas capacitaciones sí demuestran un
alto conocimiento en uso de TIC y desarrollo de metodologías pedagógicas inclusivas.
En Tailandia desde 1198, las escuelas se unieron a un programa de tecnología para
personas con discapacidad por nombre Princesa Maha Chakir Sirindhorn. Programa que fue
exitoso debido a que no solo dieron computadoras a los alumnos, sino que también ofrecieron
a los maestros capacitaciones de alta calidad sobre programas para enseñar con computadora
a estudiantes con NEE. Esto fue clave para ayudar a los estudiantes con dificultades de habla,
escritura o lectura. Los docentes aprendieron a usar estos programas y a evaluar a los niños
con necesidades especiales para saber qué tipo de ayuda otorgarles. Lo mejor es que contaban
con un equipo completo: terapeutas físicos, de habla, especialistas en educación especial e
instructores de informática para armar planes de estudio personalizados para cada estudiante
(Cao, 2019).
Si analizamos de cerca el programa de Tailandia, queda claro que la falta de
capacitación de los maestros es el mayor problema que enfrentamos. Este programa demostró
que esa capacitación fue la clave del éxito. Otro estudio el de Oralbekova et al. (2016), lo
confirmó: ellos dieron un curso de 36 horas a más de 60 maestros, usando métodos prácticos
como charlas, seminarios, discusiones de casos, resolución de conflictos, uso de software.
Lograron que los docentes se capacitaran bien en el uso de la tecnología, impulsando una
educación de calidad para todos.
Aunque los ejemplos anteriores muestran cómo se enfrentan los problemas de
infraestructura y enseñanza, un estudio de Chilla et al. (2025) encontró algo preocupante que
se resume en que la disposición y confianza de los docentes para usar la tecnología con fines
inclusivos dependen de su actitud y capacidad. Una actitud negativa o la falta de confianza
pueden ser un gran freno para que las buenas prácticas lleguen a quienes más las necesitan.
Lo alarmante es que, a medida que los profesores adquieren más experiencia enseñando con
tecnología y con estudiantes con diferentes necesidades su optimismo y confianza hacia la
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enseñanza digital inclusiva disminuye (Chilla et al., 2025). Esto sugiere que la dura realidad
del aula, con poca infraestructura y falta de apoyo desgasta el entusiasmo inicial de los
educadores. Y esta realidad se puede notar en las aulas de las instituciones educativas
ecuatorianas un ejemplo puede ser un maestro joven motivado con capacitaciones que tiene
ganas de innovar con tecnología, pero choca con una pared de internet precario,
computadoras viejas o sistemas lentos, falta de apoyo técnico que harán que se rinda y vuelva
un sistema pedagógico tradicional.
El estudio de Chilla et al. (2025) también nos hace notar que el problema social (como
la brecha digital para estudiantes de bajos recursos) está mucho más ligado a los problemas
de infraestructura de lo que pensamos. Si los educadores se sienten frustrados o solos al
intentar usar la tecnología de forma inclusiva porque no tienen recursos o apoyo adecuado,
esto impide que la tecnología se use bien. Y esto, a su vez, agrava los problemas sociales, como
que los estudiantes en condiciones de bajos recursos no puedan acceder a la educación digital
o que no haya caminos de aprendizaje más flexibles. Es decir, la falta de preparación y el
desánimo de los educadores, causados por fallas del sistema, se convierten en un nuevo
obstáculo social dentro de la propia educación para lograr la inclusión a través de la
tecnología.
Si una buena infraestructura digital y una capacitación docente adecuada son clave
para una educación inclusiva ¿qué impacto real tiene la tecnología en la vida de los
estudiantes? Un estudio en Asia nos da la respuesta: la tecnología puede empoderar a mujeres
con discapacidad visual. Contaron dos casos de éxito donde mujeres de 27 y 24 años
aprendieron a usar computadoras, grabadoras y herramientas como lectores de pantalla
JWAS y NVDA para acceder a información, incluso usaron una app denominada Kibo Screen
Reader para leer documentos impresos y digitales, dejando de usar el braille por completo. La
tecnología las ayudó a superar barreras, aprender por su cuenta y mejorar sus habilidades,
dándoles confianza para perseguir sus sueños. Esto demuestra claramente como la tecnología
puede cambiar vidas con un impacto positivo impresionante confirmando que sí las TIC son
inclusivo.
El futuro de las TIC en la educación inclusiva
Como bien se sabe, la tecnología se encuentra en continua evolución por lo que las TIC
actuales que se implementan en muchos sistemas educativos para obtener la educación
inclusiva no serán las mismas en un futuro. Pero entonces, ¿Qué cambios le esperan a la
educación inclusiva?, ¿Cuál es el futuro de las TIC?. Este entorno puede ser algo desconocido,
pero en base a las tecnologías existentes se puede tener una idea de lo que podría o no ser
parte de la innovación tecnológica en la educación inclusiva. En este punto, introduciremos el
término de inteligencia artificial. Adeleye et al. (2024) postulan que las metodologías
impulsadas por IA revolucionarán la educación inclusiva al introducir el aprendizaje
inmersivo por medio de la realidad virtual o realidad aumentada, además de otorgar
herramientas de subtitulados y traducción en tiempo real logrando mejorar la accesibilidad
para estudiantes con diversas necesidades especiales ayudando a los educadores a mitigar
sesgos.
En corroboración Bende (2024) indica que es inevitable la integración de la IA en la
educación, pues se proyecta como una herramienta clave para acortar brechas demográficas
proporcionando igualdad de oportunidades. Actualmente, las herramientas de IA están en
constante mejora, como chatbots y generadores de imágenes o código, lo que pueden
optimizar tareas administrativas y académicas, sin embargo, resalta que el pensamiento crítico
humano seguirá siendo indispensable para validar y aplicar de manera eficaz la información
que haya sido generada. Asimismo, Julien (2024) revela que la inteligencia artificial moldeará
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el futuro de la educación inclusiva al permitir experiencias de aprendizaje altamente
personalizadas que realmente se ajusten a las necesidades individuales de cada estudiante.
Esto hace considerar que se obtendrá una retroalimentación inmediata donde las tecnologías
de asistencia como la conversación de texto a voz y voz a texto pueden mejorar de tal manera
que la IA puede democratizar el acceso a los recursos educativos de alta calidad promoviendo
una participación estudiantil potencial.
Shambare y Jita (2025) sugieren que los laboratorios virtuales serán un desarrollo
futuro crucial para una educación científica inclusiva, principalmente en contextos rurales y
desatendidos. Pues esta modalidad se considera una alternativa rentable y segura a los
laboratorios tradicionales, proporcionando oportunidades de experimentación practica sin las
limitaciones de infraestructura física de manera que se amplie de manera significativa el
acceso a un aprendizaje científico de calidad al mismo tiempo que se aborden las deficiencias
logísticas en áreas con recursos limitados.
También existen unas posturas diferentes como la de Muhimmah et al. (2022) quienes
indican que el futuro de la educación inclusiva en el ámbito superior dependerá crucialmente
de un liderazgo inspirador que fomente la proactividad, el espíritu y la visión. Pues un
liderazgo puede formular políticas innovadoras y metas claras que impulsen a la adaptación
institucional en conjunto con una participación de toda la comunidad académica pudiendo
así superar las barreras existentes. Mientras que para Berikkhanova et al. (2021) el futuro de
las TIC en educación inclusiva se ancla fundamentalmente en la preparación integral de los
futuros docentes, quienes deben desarrollar una profunda motivación, comprensión cognitiva
de las discapacidades en acompañamiento a una creatividad activa que permita la aplicación
de enfoques pedagógicos innovadores (Naneetha y Srihari, 2021).
Con lo revisado anteriormente, y en total concordancia se puede argumentar que en
efecto, un cambio de políticas en todos los países que tengan deficiencias en su educación
inclusiva en acompañamiento a la implementación de nuevas y actualizadas TIC en el sistema
educativo individual de cada país a la par de la capacitación constante de los educadores hacia
los nuevos enfoques tecnológicos que brindan el soporte a los estudiantes con necesidades
especiales es la coordinación que un sistema educativo inclusivo real necesita para alcanzar
un efectividad soñada.
CONCLUSIONES
Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) son herramientas tecnológicas que
han sido un punto clave en el proceso educativo pero que tienen altas posibilidades de ser un
soporte fundamental en la educación inclusiva. Su uso es prometedor pues con ellas se puede
con facilidad acceder al uso de softwares y hardwares que estén enfocados en enriquecer el
proceso de enseñanza – aprendizaje de los estudiantes con necesidades especiales. Su alta
adaptabilidad a diferentes NEE las convierte en un instrumento único que enriquece la
educación inclusiva real. No obstante, principalmente en sistemas educativos de países en
desarrollo como Ecuador las barreras y desafíos siguen limitando el uso de estas valiosas
herramientas ocasionando que se obtenga un sistema de educación inclusivo nada efectivo.
Pues al ser países con bajos recursos dirigidos al bienestar y mejoramiento educativo se da
paso a desafíos de falta de infraestructura tecnológica, falta de capacitaciones a todo el equipo
de educandos que conllevan a una probable exclusión e incumpliendo como sociedad a los
derechos básicos de los infantes.
Es por ello, que modelos y programas que se hayan ejecutado en otros países
desarrollados y en fase de desarrollo son un vivaz ejemplo de lo que se puede conseguir,
familiarizarse con ese entorno educativo ajeno al nuestro es poder tener una perspectiva clara
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sobre lo que nuestro sistema educativo necesita, evidenciar cuales son las fallas y que factor
faltante nos afecta para poder direccionarnos a obtener un sistema similar a los que ya han
sido implementados en el exterior. Tomarlos como una guía de hacia dónde queremos llegar
y el cómo lo podemos hacer. Finalmente, reconocemos el futuro prometedor de las TIC así
como también la constante evolución y participación dentro del sistema educativo por lo que
es responsabilidad de los educadores hacerse una retroalimentación sobre el tema para
desarrollar las capacidades que den soluciones a toda la población estudiantil que requiere de
este apoyo, tratando de eliminar las brechas en lo mayormente posible y marcando una
diferencia que nos encamine a un sistema educativo inclusivo admirable.
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