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Cafe Del Eclipse

En una calle silenciosa, un café enigmático llamado 'Café del Eclipse' atrae a un visitante que llega justo a tiempo para un trato misterioso. Dentro, el ambiente está cargado de nostalgia y un aire de magia, donde el tiempo parece distorsionarse y los sabores son desconocidos. A medida que un eclipse cubre la luna, el barman advierte que el trato se romperá cuando el fenómeno termine, dejando a todos en un suspenso palpable.

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Cafe Del Eclipse

En una calle silenciosa, un café enigmático llamado 'Café del Eclipse' atrae a un visitante que llega justo a tiempo para un trato misterioso. Dentro, el ambiente está cargado de nostalgia y un aire de magia, donde el tiempo parece distorsionarse y los sabores son desconocidos. A medida que un eclipse cubre la luna, el barman advierte que el trato se romperá cuando el fenómeno termine, dejando a todos en un suspenso palpable.

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El sonido del neón chispeando era lo único que rompía el silencio de la calle.

Las gotas de
lluvia caían lentas, pesadas, como si dudaran antes de tocar el suelo agrietado. En una
esquina, un cartel medio roto parpadeaba: **“Café del Eclipse – Abierto hasta que salga el
sol.”** Nadie sabía exactamente qué significaba aquello, pero los que alguna vez cruzaron la
puerta decían que el tiempo se torcía dentro, que los relojes no coincidían y las sombras se
movían más rápido que la luz.

A esa hora, una figura con chaqueta de cuero y auriculares colgando del cuello empujó la
puerta. El sonido de una campanita vieja anunció su llegada, y el aire cambió. Dentro, el
local estaba iluminado por velas derretidas y un par de lámparas que parecían reliquias de
otra época. En la barra, un hombre de cabello blanco limpiaba una taza con un paño que no
conseguía dejarla limpia del todo.

—Llegas tarde —dijo sin mirarlo.

—Nunca llego tarde. Solo aparezco cuando debo —respondió la figura, dejando caer unas
monedas oxidadas sobre la barra.

El hombre sonrió con una mueca cansada.

—Entonces hoy es el día, ¿eh?

Un silencio denso llenó el lugar. El gato del local —uno enorme, de pelaje gris moteado—
saltó a una silla y los observó como si comprendiera el peso de esas palabras. En el fondo,
un viejo tocadiscos empezó a girar solo, reproduciendo una melodía distorsionada de jazz
que se repetía una y otra vez, como un bucle atrapado en el aire.

El visitante tomó su bebida. No era café. Ni té. Nadie sabía qué servían realmente allí. Dicen
que tenía sabor a recuerdos olvidados y un toque de electricidad.

—Cuando el eclipse termine —dijo el barman, mientras la luz del neón se apagaba por
completo—, el trato se romperá. Y no habrá segunda oportunidad.

1
El visitante asintió. Afuera, la lluvia se detuvo. El gato bajó de la silla y se dirigió hacia la
puerta, moviendo la cola en círculos. En el cielo, una sombra comenzó a cubrir la luna.

Dentro del café, el reloj se detuvo. Y por un instante, todo —absolutamente todo— pareció
contener la respiración.

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