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Cultura Robin Piñero

El documento explora cómo los géneros musicales influyen en el comportamiento humano, afectando emociones, identidades culturales y actitudes sociales. A través de las perspectivas de Daniel Levitin, Simon Frith y David Huron, se argumenta que la música puede inducir respuestas emocionales, construir identidades sociales y crear expectativas que afectan la percepción y comportamiento. En conclusión, la música no solo refleja la realidad, sino que también tiene el potencial de transformarla, variando su impacto según el contexto cultural y las características individuales.
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El documento explora cómo los géneros musicales influyen en el comportamiento humano, afectando emociones, identidades culturales y actitudes sociales. A través de las perspectivas de Daniel Levitin, Simon Frith y David Huron, se argumenta que la música puede inducir respuestas emocionales, construir identidades sociales y crear expectativas que afectan la percepción y comportamiento. En conclusión, la música no solo refleja la realidad, sino que también tiene el potencial de transformarla, variando su impacto según el contexto cultural y las características individuales.
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Instituto Universitario Politécnico Santiago Mariño

(Extensión Maracay)

El Impacto de los Géneros Musicales en el Comportamiento Humano

Autor: Robin Piñero

Caracas, 09 de febrero de 2025.


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La influencia de los géneros musicales en el comportamiento


humano es un fenómeno que ha sido ampliamente estudiado desde
diversas disciplinas, como la psicología, la sociología y la neurociencia.
En este sentido, mi opinión es que los géneros musicales no solo afectan
el estado de ánimo y las emociones de los oyentes, sino que también
tienen un impacto significativo en el comportamiento social, las
identidades culturales y la construcción de actitudes colectivas. Sin
embargo, el alcance de esta influencia depende de una multiplicidad de
factores, que incluyen la personalidad del oyente, el contexto en el que se
escucha la música, las características del género musical y las normativas
culturales que le dan sentido a la música en cada sociedad. A
continuación, se expondrán tres perspectivas que sustentan mi
argumento: las ideas de Daniel Levitin, Simon Frith y David Huron.

En primer lugar, Daniel Levitin, psicólogo y autor de This is Your


Brain on Music, es uno de los principales defensores de la idea de que la
música tiene un impacto profundo y significativo en el cerebro humano.
Levitin explica que la música activa áreas cerebrales asociadas con la
emoción, la memoria, la recompensa y la motricidad. Según su
investigación, escuchar música puede desencadenar respuestas
emocionales intensas en los oyentes, que afectan directamente su estado
de ánimo y, en consecuencia, su comportamiento. La música puede hacer
que las personas se sientan eufóricas, relajadas, tristes o ansiosas, lo
cual influye en su forma de actuar en determinado momento. Por ejemplo,
géneros como el rock, el heavy metal o la música electrónica, con sus
tempos acelerados y sus sonidos potentes, pueden generar un aumento
en la excitación física y emocional, lo que puede motivar a la persona a
comportarse de manera más enérgica o impulsiva. En cambio, géneros
más tranquilos, como la música clásica o el jazz suave, tienden a inducir
una sensación de calma y reflexión, lo que puede conducir a un
comportamiento más introspectivo y sereno.
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Además, Levitin destaca que la música también está vinculada a la


liberación de dopamina, el neurotransmisor asociado con el placer y la
recompensa. Así, ciertos géneros musicales, especialmente aquellos que
provocan una gratificación inmediata, como el pop o la música dance,
pueden tener un impacto positivo en el estado emocional de los oyentes,
impulsándolos a actuar de acuerdo con esa sensación de placer. Sin
embargo, Levitin también señala que la música con una estructura más
compleja, como el jazz o la música clásica, puede provocar una mayor
atención y concentración en el oyente, lo que a su vez puede fomentar un
comportamiento más reflexivo y analítico. En este sentido, los géneros
musicales no solo tienen la capacidad de afectar el estado emocional
inmediato, sino también la forma en que las personas procesan y
responden a los estímulos a lo largo del tiempo.

Desde una perspectiva sociológica, Simon Frith, autor de Sound


Effects: Youth, Leisure, and the Politics of Rock'n'Roll, argumenta que los
géneros musicales tienen un papel fundamental en la construcción de
identidades sociales y en la organización de movimientos culturales y
políticos. Según Frith, la música no solo es una forma de expresión
personal, sino también un medio para articular discursos colectivos y
movilizar a grupos sociales. En particular, géneros como el rock, el punk,
el rap o el hip hop han sido utilizados a lo largo de las décadas como
herramientas de resistencia frente a estructuras de poder y para la
creación de contraculturas. Por ejemplo, el punk, con su actitud rebelde y
su música cruda, ha sido un medio de protesta contra las instituciones y
las normas sociales, lo que ha generado un tipo de comportamiento en
sus seguidores caracterizado por la transgresión y el desafío a la
autoridad. De igual manera, el hip hop ha servido como una plataforma
para las comunidades marginadas, especialmente en los Estados Unidos,
permitiendo que los jóvenes de barrios desfavorecidos expresen sus
frustraciones, luchas y deseos de cambio. A través de estos géneros, se
crea una forma de comportamiento social que está fuertemente
influenciada por la música como medio de resistencia.
4

Por otro lado, Frith también subraya que los géneros musicales
pueden reforzar normas y valores dentro de una sociedad. La música
popular, por ejemplo, no solo refleja las dinámicas sociales, sino que
también tiene el poder de moldearlas. Los géneros como el pop, el
reguetón o la música de masas suelen estar vinculados a
representaciones de amor, deseo y éxito material, lo que puede influir en
el comportamiento social de las personas al promover ciertos ideales de
belleza, relaciones interpersonales y éxito personal. Frith destaca que la
música puede ser tanto un reflejo de la cultura como una herramienta
para su transformación, ya que proporciona a los individuos y a los
colectivos un espacio para identificar sus propias experiencias,
reivindicaciones y deseos.

Desde la neurociencia, David Huron, en su libro Sweet Anticipation:


Music and the Psychology of Expectation, ofrece una visión más detallada
de cómo la música afecta la percepción y el comportamiento humano.
Según Huron, la música tiene un papel crucial en la creación de
expectativas en el cerebro. Al escuchar música, los oyentes anticipan lo
que sucederá a continuación, ya sea en términos de ritmo, armonía o
melodía. Los géneros musicales con estructuras predecibles, como el pop
o la música tradicional, tienden a generar una sensación de familiaridad y
comodidad, lo que puede provocar un comportamiento más relajado o
incluso influir en la forma en que las personas interactúan entre sí. Por
otro lado, géneros más complejos, como el jazz o la música clásica, que
desafían las expectativas y ofrecen sorpresas armónicas, pueden generar
una mayor concentración y un comportamiento más reflexivo. Huron
sugiere que los géneros musicales pueden afectar la manera en que las
personas perciben y responden a su entorno, ya que las expectativas
creadas por la música influyen en la forma en que los oyentes procesan
otros estímulos y toman decisiones.

De acuerdo con estas teorías, los géneros musicales afectan no


solo el estado emocional y psicológico de los oyentes, sino también sus
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comportamientos sociales y culturales. La música puede inducir


emociones intensas, modificar actitudes y construir identidades sociales,
lo que demuestra su capacidad para influir en los comportamientos
individuales y colectivos. Además, la música no se limita a ser un reflejo
de la realidad, sino que también tiene la capacidad de moldearla, como se
observa en los movimientos sociales impulsados por la música y los
cambios en las actitudes y comportamientos derivados de las nuevas
formas de expresión musical.

En conclusión, los géneros musicales sí pueden afectar el


comportamiento humano, tanto en un nivel individual como social. A
través de la activación emocional del cerebro, la creación de expectativas
y la construcción de identidades sociales, la música tiene un impacto
profundo en cómo nos comportamos, cómo nos relacionamos con los
demás y cómo nos entendemos a nosotros mismos dentro de la sociedad.
Sin embargo, el grado de influencia varía dependiendo de factores como
el contexto cultural, las características del individuo y las normas sociales
en las que se inscribe cada género musical. En este sentido, la música no
es solo un reflejo de la sociedad, sino también una herramienta activa que
puede transformar las actitudes y comportamientos de quienes la
escuchan.

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