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Conserjería Bíblica Cristiana

El documento aborda la importancia de las relaciones interpersonales y la necesidad de estar sanos emocional y espiritualmente para poder ayudar a otros a través de la consejería cristiana. Se enfatiza que una buena relación con Dios, consigo mismo y con los demás son fundamentales para un consejero eficaz. Además, se sugiere un autoexamen honesto como primer paso hacia la sanidad interior y el desarrollo personal.

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Conserjería Bíblica Cristiana

El documento aborda la importancia de las relaciones interpersonales y la necesidad de estar sanos emocional y espiritualmente para poder ayudar a otros a través de la consejería cristiana. Se enfatiza que una buena relación con Dios, consigo mismo y con los demás son fundamentales para un consejero eficaz. Además, se sugiere un autoexamen honesto como primer paso hacia la sanidad interior y el desarrollo personal.

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Conserjería bíblica Cristiana

Capítulo 01

Sanados para sanar...

Si hay algo complejo en la existencia de todo ser humano, es aprender a llevarse bien
con quienes le rodean.

El padre que discute con sus hijos, la esposa que considera imposible mantener un
buen entendimiento con su cónyuge, el compañero de trabajo que explota a la más
mínima provocación o el vecino que nos mira mal sin que le hayamos hecho nada, en
su conjunto, constituyen algunos ejemplos de los factores que inciden negativamente
en la meta de mantener unas buenas relaciones interpersonales.

Las fricciones o diferencias de criterio conducen en buena parte de los casos a


malentendidos, desacuerdos, gestos de desaprobación o un ceño fruncido que hiere a
las personas, aun sin que nadie se lo proponga.

Cada quien es un mundo diferente y por esa razón es tan complicado entender a los
demás y que nos entiendan. Aunque nos esforcemos, no podemos mantener a gusto a
nuestro semejante.

Sobre esta base, ¿considera que es fácil asumir la tarea de Consejero en la iglesia en
la que se congrega? Es probable que a primera vista piense que sí, sin embargo
cuando medita en el asunto, comprobará que se necesita mucho más que buenas
intenciones para desarrollar una buena consejería.

Para sanar a otros mediante la orientación con fundamento en lo que plantean las
Escrituras, es necesario que nosotros mismos estemos sanos. De lo contrario nuestro
trabajo será ineficaz. El principio esencial es: “Sanados para sanar”. No se trata de un
simple juego de palabras sino de una pauta que nos llevará a cumplir una labor
oportuna, exitosa y con resultados sólidos.

Relaciones apropiadas

Quien anhela servir al Señor Jesucristo en el campo de la Consejería Cristiana debe


cumplir un proceso que sienta las bases en tres direcciones ineludibles:

1.- Una buena relación con Dios.

2.- Una buena relación consigo mismo.

3.- Una buena relación con los demás.


Imagine por un instante que el proceso es como un edificio de tres pisos. No se
puede llegar a un nivel superior hasta tanto esté construida la estructura del primer
piso, con bases sólidos. Y el tercero no será edificado hasta tanto esté terminado el
segundo nivel.

Igual usted y yo, si no tenemos una buena relación, no estaremos en paz con
nosotros mismos y, por supuesto, experimentaremos choques y confrontaciones con el
prójimo.

Un buen comienzo

El mejor comienzo para adelantar exitosamente el proceso de preparación hacia la


Consejería Cristiana, es practicarnos un auto examen.

La mejor ilustración la arroja quien se mira frente al espejo. A menos que lo haga, no
sabrá cómo se encuentra. Los demás pueden saberlo, pero el interesado ignora.

Esta idea es la que fundamenta la necesidad de evaluarnos de forma honesta y sin


apasionamientos, reconociendo los errores.

Como si estuviéramos llenando un formulario, es preciso que respondamos a


conciencia algunos aspectos que nos ayudarán a elaborar la radiografía sobre cómo
nos encontramos, espiritual y emocionalmente:

1.- ¿Cuáles son nuestras reacciones ante cualquier estímulo?¿Nos embarga el


temor, la ira, la incertidumbre?.

2.- ¿Qué aspectos de una conversación nos afectan más?¿Sentimos que aquél que
nos lleva a reconocer nuestros errores lo hace con el propósito de herirnos?

3.- ¿Qué factores externos o internos producen en nosotros variaciones en los


estados de ánimo?

4.- Frente a circunstancias adversas o inesperadas ¿Nos embargan estados de


seguridad o de inseguridad?¿Podríamos explicar las razones?

Conforme vaya avanzando en el auto análisis, emergerán nuevos interrogantes.


Revisten particular importancia porque le permitirán tener una mayor aproximación a
cuál es su estado como persona. De paso, le permitirá identificar fallas que es
necesario corregir –con ayuda del Señor Jesucristo—para desarrollar una tarea eficaz
en materia de Consejería Cristiana. El propósito final es determinar qué nos hace sentir
mal y trazar pautas que nos permitan superar esa sensación, frustrante para quienes
no saben manejarla.
Este avance paso a paso es lo que podríamos definir como Sanidad Interior que
debe experimentar todo cristiano, tanto el que asiste a la congregación cada semana
como aquél que trabajará en labores de Consejero.

Ahora, si vamos al terreno de la psicoterapia o la psiquiatría para encontrar


fundamento a la importancia de la Sanidad Interior, no lo hallaremos porque –aunque
reconocemos y valoramos estas ramas del conocimiento—se limitan a trabajar con
fundamento en principios de ciencia y no espirituales. Los cristianos por nuestra parte
nos orientamos primero a la parte espiritual, sin desconocer los aportes hechos por la
ciencia.

I.- Una buena relación con Dios

Todo ser humano tiene un área espiritual, lo reconozca o no, que le abre las puertas
para relacionarse con Dios o como le llaman algunos, con un Ser Superior. Esta área
es de suma importancia. Sin embargo no estará en pleno desarrollo hasta tanto
restablezcamos la relación con Aquél que creó todas las cosas, incluso a usted o a mi.
¿Qué nos separó del Señor? El pecado de Adán y Eva que sembraron en todas las
generaciones desde entonces hasta la nuestra, una naturaleza pecaminosa siempre
latente.

Construir un puente que nos acercara al Padre fue posible por la obra del Señor
Jesucristo. Aún así, hay quienes no conocen ese proceso maravilloso de liberación del
pecado que se produjo en el Monte Calvario y siguen distanciados del Creador. Para
eliminar esa brecha, Jesucristo nos llama a todos. Él dijo: “Yo estoy a la puerta, y
llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa, y cenaré
contigo”(Apocalipsis 3:20. Biblia de Traducción en Lenguaje Actual TLA – SBU).

La obra ya se hizo en la cruz. Somos libres. Sin embargo tal libertad no será posible
hasta tanto la comprendamos, asumamos y pongamos en práctica para dar paso a una
naturaleza renovada. ¿Cómo lograrlo? Derribando los muros que nos mantienen
alejados de Dios. Y, ¿cómo nos acercamos a Él? Por medio del Señor Jesucristo.
“Jesús le respondió (a Tomás) Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin mi, nadie
puede llegar a Dios el Padre”(Juan 14:6 TLA – SBU).

¿Desea ser un Consejero Cristiano? Primero, restablezca su contacto con Dios. ¿La
razón? Hay decenas de personas que hablan de Dios, aconsejan asegurando que lo
hacen sobre la base de pautas bíblicas y posan de ser cristianos, pero todavía no
conocen a Dios. No han tenido un encuentro personal con Él, que es posible a través
del Señor Jesucristo.

II.- Una buena relación consigo mismo

Volvamos al ejemplo de quien se mira al espejo. Es probable que nos haya ocurrido
cientos de veces recién nos levantamos. Ahora, ¿usted acepta a la persona que
encuentra reflejada en el cristal?¿Hay algo que le molesta de ese ser que incluso le
lleva a considerarlo distante?.

El problema estriba en quienes no logran aceptarse a si mismos, porque tienen una


baja autoestima. Al respecto el apóstol Pablo escribió: “Dios en su bondad me
nombró apóstol, y por eso les ido que no me crean mejores de lo que realmente
son. Más bien, véanse ustedes mismos según la capacidad que Dios les ha dado
como seguidores de Cristo”(Romanos 12:3 TLA – SBU).

¿Qué significan estas palabras? Que es necesario aceptarnos tal como somos y
reconocer que tenemos fortalezas y debilidades, éstas últimas en proceso de ser
superadas gracias a la fortaleza que provienen del Señor Jesucristo.

¿Comprende ahora la importancia del auto examen? Nos proporcionó bases sólidas
para identificar fallas y correctivos.

Somos criaturas de Dios y Él nos ama, a pesar de nuestras fallas. Obviamente su


propósito desde la eternidad para nosotros es que crezcamos en los niveles espiritual y
personal. ¿En nuestras fuerzas? No, en las que provienen de Dios.

Un hombre de la antigüedad quien comprendió que los planes del Señor para él eran
fabulosos, escribió: “Soy una creación maravillosa y por eso te doy gracias. Todo
lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien seguro! Tu viste cuando mi
cuerpo fue cobrando forma en las profundidades de la tierra; ¡aún no había vivido
un solo día, cuando tú ya habías decidido cuanto tiempo viviría!¡Lo habías
anotado en tu libro!”(Salmo 139:14-16 TLA – SBU).

Nuestro amado Padre definió las características genéticas, el aspecto físico, las
emociones y los rasgos básicos del carácter y la personalidad. ¿Quién podría obrar
mejor un cambio en nosotros que Dios quien nos creó? Cuando se produce tal
transformación, es como si cayera el velo que nos impedía reconocer cuál es el
propósito que tiene para nosotros.

En el proceso de trato del Señor con cada uno, llegamos a aceptarnos tal como
somos y emprendemos la tarea de crecer en todos los órdenes; por supuesto, tal
crecimiento implica aplicar ajustes donde hay fallas.

¿Cuánto demoran los cambios que tanto anhelamos? No hay un parámetro para
determinar que será cuestión de días, meses o de años. En esencia es un proceso y
debemos entenderlo como tal, de acuerdo como lo describe el apóstol Pablo al referirse
a los cambios que podían apreciarse en sus pensamientos y acciones: “Con eso no
quiero decir que yo haya logrado hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que
ya sea yo perfecto. Pero si puedo decir que sigo adelante luchando por alcanzar
esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. Hermanos, yo sé muy bien que
todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he
recorrido, sino que ahora me concentro en lo que falta por recorrer”(Filipenses
3:12, 13. TLA - SBU).

¿Podríamos resumir en tres puntos lo que anotaba Pablo? Por supuesto que sí. De
su escrito aprendemos:

1.- Que la transformación y crecimiento personal y espiritual constituyen un proceso


en la vida de todo cristiano.

2.- Que es necesario olvidar el pasado y no vivir atormentados por lo que hicimos o
nos hicieron ayer. Por mucho que nos esforcemos, no volveremos atrás en el tiempo.

3.- Que es esencial seguir adelante bajo un convencimiento: siempre hay una nueva
oportunidad para aprovecharla.

Hay aspectos que se forjaron en nosotros al interior de la familia que difícilmente


podrán ser modificados (a menos que lo haga Dios, por supuesto). Vienen a ser como
una impronta. De ahí que muchos descubran en usted y en mi rasgos que identificaban
a nuestros padres, quizá a los tíos e incluso, a los abuelos.

¿Quién sana esos recuerdos? El Señor Jesucristo durante el proceso de


transformación que desarrolla en nuestras vidas.

Insisto en algo: es necesario recordar que no podemos cambiar a los demás como
tampoco ellos nos pueden cambiar a nosotros. Quien lo hace es Dios.

Cuando tenemos claro este principio, es fácil comprender las etapas por las que
atravesamos cuando estamos dando pasos de significación en el proceso de
transformación personal y espiritual: La primera es el idealismo. Es aquella en la que
soñamos un mundo perfecto con personas perfectas. La segunda es la confrontación.
Es la fase en la que descubrimos que hay una enorme brecha entre el mundo que nos
imaginamos y el real. Quienes nos rodean actúan muy distinto de cómo quisiéramos.
Una tercera etapa es la de ajustes, cuando entendemos que el cambio comienza
primero con nosotros antes de que se produzca un cambio en nuestro prójimo.

III.- Mi relación con quienes me rodean

Una vez tenemos una buena relación con Dios y con nosotros mismos, pasamos a la
fase de cimentar una buena relación con los demás.

Dios instruyó a su pueblo desde la antigüedad al trazar pautas de vida en comunidad.


Él dijo: “Recuerden que cada uno debe amar a su prójimo como se ama a si
mismo”(Levítico 19:18, 19. TLA – SBU).
Es evidente que si me acepto tal como soy --consciente de mi necesidad de aplicar
ajustes-- puedo aceptar a los demás. Si no tengo amor propio, tampoco podré amar a
quienes me rodean.

¿Comprende ahora la importancia de haber edificado los dos primeros pisos? Una
buena relación con Dios y consigo mismo, sienta las bases para que las relaciones
interpersonales resulten exitosas.

El apóstol escribió: “Amen a los demás con sinceridad. Rechacen todo lo que sea
malo, y no se aparten de lo que sea bueno. Ámense unos a otros como
hermanos, y respétense siempre. No maldigan a sus perseguidores; más bien,
pídanle a Dios que los bendiga. Vivan siempre en armonía. No se crean más
inteligentes que los demás. Si alguien los trata mal, no le paguen con la misma
moneda. Al contrario, busquen hacerles el bien a todos. Hagan todo lo posible
por vivir en paz con todo el mundo” (Romanos 12:9, 10, 14, 16-18. TLA – SBU).

Sobre la base de las pautas bíblicas, aprendemos varios aspectos primordiales en el


trato con los demás:

Primero, amor sincero exento de fingimientos e hipocresía; segundo, desechar


rencor, resentimiento y todo aquello que pueda levantarse como un muro que interfiera
la relación con el prójimo; tercero, el respeto a la dignidad del otro; cuarto, no pagar con
la misma moneda sino, con amor y gracias a la ayuda divina, orar por quienes nos
hacen daño y en lo posible, ayudarles; quinto, poner de nuestra parte para que el trato
interpersonal resulte edificante. Por supuesto, hay situaciones en las que resulta
literalmente imposible cualquier tipo de acercamiento. Existen personas intolerantes. Es
algo que no vamos a cambiar de la noche a la mañana. En tal caso, es Dios y en
oración, quien nos concede la salida.

Capítulo 2
Adentrándonos en el maravilloso mundo de la vida interior

"Los cimientos son esenciales para que una estructura pueda soportar varios pisos.
En caso de que la cimentación sea débil, inevitablemente se producirá un colapso y el
edificio se vendrá a tierra". Con estas palabras un amigo ingeniero con quien dialogaba
en la oficina, sustentó la importancia de tener una base sólida en toda construcción.
Igual ocurre con nuestra vida. A menos que haya un buen basamento,
experimentaremos trastornos que serán evidentes a todos. Enfrentaremos dolor y lo
provocaremos en los demás.
Hace pocos días leí el libro "Relaciones Humanas Aplicadas" del sicoterapeuta Juan
Francisco Gallo quien asegura que la situación no solo es preocupante sino que podría
evitarse con una edificación personal y espiritual apropiada.
En su criterio: "Los complejos, la timidez, el nerviosismo, la preocupación, el temor, la
agresividad y la inestabilidad de ánimo, son trastornos de la conducta originados en la
mala formación de nuestra personalidad, o sea, que los materiales con los que está
fundamentada son falsos y maleables"( "Relaciones Humanas Aplicadas", Pag. 21.
Ediciones Paulinas. 1987. Santafé de Bogotá. Colombia).
Considero que se trata de una ilustración que grafica dos elementos sobre los que
debemos trabajar como preámbulo a una Consejería Cristiana eficaz, oportuna y
bíblica: la Personalidad y la Conducta.
Para quien estudio psicología o quizá recibió asignaturas afines durante su formación
académica en el Seminario o en el Instituto Bíblico, es fácil comprender de qué se trata;
sin embargo, como aspiramos tornar muy sencilla la enseñanza de tal manera que
además de asequible a todo Pastor, Obrero o Líder que trabaja en la obra de
Jesucristo, sea muy práctica, debemos comenzar por definir estos dos grandes
conceptos de manera que los podamos comprender y asimilar con facilidad.
La Personalidad
Latinoamérica se vio sacudida hace algún tiempo con la noticia sobre un hombre que,
comenzando la mañana y frente a su negocio de ferretería en una plaza de mercado,
procedió a agredir con un destornillador a los transeúntes. No había razón aparente
para su comportamiento.
Las autoridades reaccionaron con rapidez. Pese a ello no fue fácil detenerlo, es más,
era literalmente imposible. Seguía lanzando ataques con aquella herramienta.
Los intentos de un agente del orden por detenerlo degeneraron en una gresca hasta
que un disparo zanjó las diferencias. El hombre murió.
Su tragedia había comenzado dos horas atrás. Apenas se sentó a beberse un café en
el desayuno, la esposa le recordó que debían tres meses de renta, a los hijos les
habían devuelto dos veces de la escuela por estar atrasados en el pago de la
colegiatura y, además, aquél día no tenían nada para el almuerzo. "¿Qué hago, mujer,
si el negocio cada día va peor?", gritó ofuscado al tiempo que echaba por el suelo el
pocillo con café. Salió dando tremendo portazo. Estaba angustiado. La más mínima
provocación desencadenó su ira irracional.
Alguien que presenció la escena resumió el asunto al decir: "A este pobre hombre lo
mató la desesperación". Tenía razón. Estaba atravesando por un mal momento que se
dimensionó como producto de problemas en su personalidad.
Un hombre de la antigüedad a quien se consideraba ejemplo, delante de Dios y de los
hombres, la esencia misma de la rectitud, se encontró en un abrir y cerrar de ojos en
una penosa situación: perdió sus posesiones, en un absurdo accidente murieron sus
hijos y para coronar la sucesión de incidentes trágicos, evidenció una enfermedad que
no podían controlar los médicos de la época.
Fue una presión externa enorme que golpeó su vida y, por ende, su personalidad.
Presa de la desesperanza escribió: "Perezca el día en que yo nací, y la noche que
dijo: "Un varón ha sido concebido". ¿Por qué no morí yo al nacer, o expiré al salir
del vientre? Porque ahora yo yacería tranquilo; dormiría, y entonces tendría
descanso...¿Por qué se da luz al que sufre, y vida al amargado de alma; a los que
ansían la muerte, pero no llega, y cavan por ella más que por tesoros; que se
alegran sobremanera, y se regocijan cuando encuentran el sepulcro? Porque al
ver mi alimento salen mis gemidos, y mis clamores se derraman como agua.
Pues lo que temo viene sobre mi, y lo que me aterroriza me sucede. No tengo
reposo ni estoy tranquilo, no descanso, sino que me viene tribulación"(Job 3:1,
11,20, 21, 24-26. La Biblia de las Américas).
¿Le resultan familiares estas reacciones?¿Acaso ha tenido la oportunidad de apreciar
actitudes así en amigos, familiares o tal vez en su propio ser? Si es así –como no dudo
que haya ocurrido—hay problemas de personalidad tras los comportamientos errados
descritos. Ese es el punto clave al que debe dirigirse el Consejero Cristiano. Ahora,
para alcanzar mayor eficacia en la tarea, tanto de análisis como de acompañamiento
con una orientación fundamentada en las Escritura, es necesario que definamos qué es
la Personalidad.
La forma más sencilla de describir la personalidad es precisando que se trata del
conjunto total de nuestras facultades físicas, mentales y emocionales, que a lo largo de
la vida de cada ser han sido construidas a partir de vivencias, experiencias y
aprendizajes tanto favorables como desfavorables, positivos y negativos.
Estos rasgos nos tornan distintos de las demás personas. Son algo único en cada
hombre y mujer, porque igual, cada uno de nosotros es un mundo diferente. Sobre esa
base, es natural que las reacciones difieran en las personas cuando reciben un
estímulo igual. Por ejemplo: a Job, el personaje bíblico, le avisaron que había perdido
sus propiedades y más aún: sus hijos. Se pronunció con calma ante quienes trajeron
las malas noticias: "Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá.
El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor"(Job 1:22. La
Biblia de las Américas).
Moisés, el profeta que guiado por Dios sacó a Israel de la esclavitud egipcia, también
experimentó una situación delicada. Caminando en el desierto habían llegado a un
lugar entre Elim y Sinaí. Tenían hambre y fatiga. "Y toda la congregación de los hijos
de Israel, murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto." Los dos siervos
de Dios se llenaron de angustia. ¡Era toda una nación en su contra! Fueron al
Señor en procura de ayuda. La calma retornó cuando Él se pronunció: "Entonces
el Señor le dijo a Moisés: he aquí, haré llover pan del cielo para vosotros, y el
pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día, para ponerlos a
prueba si andan o no en mi ley"(Éxodo 16:2, 4. La Biblia de las Américas).
Como podrá apreciar, mientras que Job guardó la calma y recurrió a Dios cuando las
circunstancias se hicieron cada vez más difíciles y minaron su confianza en el poder
divino, en Moisés la reacción fue opuesta: inmediatamente buscó al Supremo Hacedor
porque en ocasiones, fácilmente sucumbía a las presiones.
El ego, las circunstancias y la personalidad
Al primer concepto es esencial que le añadamos otro que está íntimamente ligado. Se
trata del yo o del ego que hay en todo ser humano. Es lo que la Biblia llama espíritu.
Vendría a ser el eje central de nuestra personalidad.
¿Ha observado con detenimiento las aspas de un ventilador al girar? Pues bien, si
tomamos esta gráfica mental para ilustrar el asunto, diríamos que el yo es el punto
central sobre el que la hélice da vueltas y vueltas.
Ahora, se preguntará usted, ¿qué relación hay entre el ego y la personalidad? Para
ilustrar la respuesta, tomaremos como ejemplo un cerillo. Sobre esta base, el ego es el
trozo de madera o de papel encerado sobre el que se fija el fósforo. La acción de pasar
el fósforo sobre una superficie corrugada para generar el fuego, vendría a ser como las
circunstancias que ejercen influencia en el ego; y la llama sería, en este caso
específico, la personalidad, es decir, lo que se produce al término de todo el proceso.
Son tres elementos que están estrechamente unidos entre si.
Un ser que tenga la cimentación necesaria para guardar equilibrio frente al cúmulo de
factores positivos y negativos que afectan su vida desde fuera, sin duda reaccionara
con equilibrio. Por el contrario, quien tiene problemas en su personalidad,
desencadenará reacciones impredecibles. ¿Comprende ahora el valor de la sana
personalidad y por qué razón el Consejero Cristiana debe tomar nota del asunto antes
de brindar una orientación a quien le consulta su problema?
Ahora, ¿de qué manera influye el yo o el ego? Es como la página en blanco que
tengo abierta en el computador. Está vacía. Pero conforme voy escribiendo, tendrá un
mensaje que usted podrá leer. Todo depende de la concatenación de términos, frases y
párrafos que consigne allí. Bien podría escribir una novela costumbrista
latinoamericana o, como lo estamos haciendo, un MANUAL DE CONSEJERIA
PASTORAL. El papel (en este caso el yo o el ego) es el mismo en todos los casos, el
resultado es el fruto de todo aquello que escriba (lo que llamaríamos personalidad,
para el ejemplo que nos ocupa).
Hay algo más que debo agregar: nuestra personalidad no es estática; por el
contrario, es dinámica. Jamás podemos decir que ya está formada porque siempre está
en proceso de formación. Se desenvuelve en actividad y evolución pero también puede
manifestar deterioro cuando dejamos de lado cultivarla, orientarla y desarrollarla
mediante el proceso constante de crecimiento personal y espiritual, y por supuesto, de
sanidad interior.
En particular estas últimas palabras le invito para que las lea de nuevo y tome
conciencia de que todo ser humano, cuando mediante una adecuada orientación, es
encaminado a asumir y a avanzar en el proceso de transformación de Dios, puede
cambiar. ¡No todo está perdido!.
Satanás, nuestro adversario espiritual y quien mantiene al mundo cegado a la nueva
oportunidad de vida que ofrece Dios gracias a la obra redentora del Señor Jesucristo,
nos vende la idea de que no podemos cambiar y, cuando lo estamos logrando y por
alguna razón fallamos, nos trae desánimo. Sin embargo en Jesucristo hay esperanza.
Él dijo: "Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y
hallará pasto. El ladrón solo viene para robar y matar y destruir; yo he venido
para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia"(Juan 10: 9, 10).
El Consejero Cristiano debe conocer elementos esenciales que componen a todo ser
humano. La gran diferencia es que no pretende ser psicólogo y menos competir con el
sicoanalista, sino brindar aconsejamiento con fundamento en los principios de vida que
se hallan en las Escrituras.
Cuando tenemos una comprensión básica del yo o del ego, su relación con las
circunstancias exteriores y de qué manera se forma una personalidad, podemos afirmar
que la personalidad se puede mejorar, transformar y perfeccionar.
La Conducta
Ahora, ¿cómo definimos la conducta? Es sencillo. Conducta es la manifestación de
la personalidad. Podríamos decir que la conducta es el lenguaje o medio a través del
cual se expresa la personalidad.
Si tenemos una personalidad que tiene conflictos y problemas, reflejaremos estas
anomalías en nuestros hechos, es decir, en la conducta. Nadie que enfrente
desórdenes tendrá una conducta equilibrada.
Hay un hecho que no podemos desconocer. Es el de personas que en apariencia son
absolutamente calmadas y equilibradas, pero sorpresivamente tienen comportamientos
que riñen con la imagen que nos habíamos formado. ¿Qué ha ocurrido en tal situación?
Que el individuo ha estado tratando de disimular y ocultar sus condiciones personales,
antes que disponerse a superarlas. Cuando toma la determinación apropiada, es decir,
volcarlse al cambio de la mano del Señor Jesucristo, es posible mejorar y transformar
el carácter, la personalidad y la conducta.
Capítulo 3
Los fundamentos de la Personalidad
En Latinoamérica hay un refrán popular que encierra una profunda sabiduría. Dice:
"Caras vemos, corazones no sabemos". La grandeza de su significación radica en que
dentro de cada uno hay un mundo que solo Dios y cada quien conoce. Ese cosmos al
que estudiaremos hoy como un nuevo paso en la Consejería Pastoral es la
Personalidad y se afianza en nueve fundamentos.
Cuando aprendemos a conocerlos se facilita el proceso de identificación de la
problemática que enfrenta una persona y, con ayuda de Dios, se logran establecer los
pasos a seguir en el proceso de resolución de su conflicto interior.
¿Recuerda una definición sencilla de la Personalidad? Sin duda que sí. No obstante
recordémosla: Es la manifestación del individuo frente a los hechos de la vida.
Allí radica la importancia de que las personas tengan una aproximación clara respecto
a su realidad. No olvide que aquel no sabe quién es en realidad, difícilmente podrá
experimentar con éxito los estímulos --tanto positivos como negativos-- provenientes de
su medio ambiente.
Mirándonos al espejo del alma
Parece curioso pero es real: todas las personas nos encontramos frente a tres facetas
—diferentes una de la otra—en cuanto a lo que realmente somos. Son concepciones
distintas de acuerdo a quien nos mira. ¿Cuáles son?
1.- La perspectiva que tenemos de nosotros mismos. Generalmente es una visión
equivocada porque consideramos tener más virtudes de las que efectivamente hemos
cultivado.
2.- La perspectiva que los demás tienen de nosotros. Generalmente un concepto
equivocado porque hay a quienes les caemos muy bien en el plano personal y también
aquellos a quienes les parecemos "pesados" sin que hayamos hecho méritos para que
tengan tal concepción nuestra. Puede darse también el caso inverso, en el que nos han
idealizado de tal manera que tienen una extraordinaria imagen de nuestro
comportamiento y, apenas fallamos, descubren la faceta real.
3.- La perspectiva de lo que realmente somos. Distinta de lo que nosotros creemos
ser y de aquello que los demás creen que somos.
Ahora la tarea es llegar, con estos tres elementos, a un punto de equilibrio que nos
permita identificar los errores, áreas y puntos débiles, aspectos en los que somos
fuertes y de qué manera podemos mejorar.
Es necesario conocernos
Lo que llamamos "Yo" o expresión de la Personalidad se conjuga en tres elementos.
El apóstol Pablo los describió así al desear parabienes a los creyentes de Tesalónica:
"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu,
alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida del Señor Jesucristo"(1
Tesalonicenses 5:23).
Si observa el texto detenidamente, encontrará que siglos antes de que los expertos en
sicología se pronunciaran, el apóstol tenía claros tres componentes de toda persona:
espíritu –el que nos otorga Dios al darnos vida física y a través del cual nos podemos
comunicar con Él--; el alma –la capacidad pensante de todo ser, es decir, el elemento
esencial que nos lleva a tener conciencia de que existimos, a razonar y tomar
decisiones--, y por último el cuerpo, que es el revestimiento material en el que se
anidan el espíritu y el alma.
¿Cómo se construye la Personalidad?
La edificación de la Personalidad constituye todo un proceso en el que, como si
estuviéramos levantando un muro, cada experiencia positiva o negativa, representa un
ladrillo –único e irrepetible—pero a la vez de suma importancia para que la estructura
quede bien construida o tenga algunos puntos vulnerables. Levantada la muralla, se
conjugan el "Yo" y la Personalidad. No olvide que el hombre es una unidad
inseparable.
Es probable que diga: "Vamos despacio, Fernando, Explíqueme un poco más acerca
del <Yo> y su significación en el ser". De acuerdo. El "Yo" concentra las facultades de
expresión que se manifiestan como la razón, la imaginación, las emociones, los
sentimientos y la voluntad, entre otros.
Un excelente complemento hacia el hombre que, como lo anota Pablo en la primera
carta a los Tesalonicenses es "guardado irreprensible hasta la venida del Señor
Jesucristo", lo constituye un adecuado cultivo de su personalidad. ¿De qué manera?
Mediante el afianzamiento de dos principios esenciales: el primero, equilibrio y, el
segundo, organización.
Es probable que usted analice su comportamiento y razone que obra
inequitativamente, sus reacciones no miden consecuencias y tiene una idea
desacertada del medio que le rodea. A ésta perspectiva suma el hecho de que no sabe
a ciencia cierta quiénes es, para dónde va y qué es lo que realmente espera de la vida.
Si responde afirmativamente a estos segmentos que hemos identificado, sin duda
usted necesita cultivar su personalidad para responder adecuadamente a las
exigencias del medio ambiente.
La construcción de la Personalidad se cimienta en tres bases: la primera, los
estímulos. Así sean experiencias agradables o desagradables, si estamos preparados
con una Personalidad estructurada, en la que Dios está obrando, no nos causarán
daño.
La segunda, el aprendizaje. Cada nuevo incidente que nos ocurre a diario debe
llevarnos a aprender una lección. Y la tercera es la aceptación de las influencias
positivas. Por naturaleza determinamos qué consideramos favorable y cuáles
ocurrencias de la cotidianidad son desventuradas. Una Personalidad con fundamento
no permitirá que lo negativo tome fuerza ante que lo positivo que hayamos aprendido.
El apóstol Pablo lo describe de la siguiente manera:"No seas vencido de lo malo,
sino vence con el bien el mal"(Romanos 12:21).
La renovación mental: el secreto
El apóstol Pablo escribió: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por
medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea
la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta"(Romanos 12:2).
Los seres humanos tenemos una serie de paradigmas que han encasillado nuestro
comportamiento sujetándolo a determinadas reacciones. Incluso nuestros deseos
obedecen a los clichés que el mundo nos enseñó, son los que traen realización
personal, placer y satisfacción, así estén errados.
Alguien podrá pensar—por ejemplo—que escuchar música y beber toda la noche
hasta caer exhausto es una manifestación de "haberlo pasado bien" mientras que otro,
a quien no dudo que puedan considerarlo equivocado en sus apreciaciones, puede
pensar que "una noche a todo dar" podría ser leer las Escrituras, meditar en ellas y
orar.
Cuando iniciamos el cultivo de nuestra Personalidad es necesario someternos a una
Reprogramación mental. Los cristianos la miramos desde la perspectiva de
someternos al obrar de Dios cuando comprendemos que le pertenecemos a Aquél que
murió en la cruz por nuestros pecados y nos dio una nueva vida. "De modo que si
alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas
son hechas nuevas"(2 Corintios 5:17).
Hay quienes esbozan el método de impulsar la Reprogramación de nuestro ser a
fuerza de la sugestión y la repetición de principios para que tomen forma en nosotros.
La idea no es mala, pero tiene el fundamento necesario cuando esa transformación
parte de nuestra entrega a Dios para que Él obre en nosotros conforme a Su voluntad.
Recuerdos: no en el pasado ni en el futuro, en el presente
Hay algo bien interesante cuando estamos hablando de la Reprogramación. Son los
recuerdos.
Cuando usted y yo evocamos un buen o mal momento, nuestro ser no identifica que
acaeció en el pasado ni determina la fecha, hora y lugar en que tuvo ocurrencia la
escena. Trae al presente la imagen y revive la sensación grata, de dolor o de molestia
que pudo producir aquel incidente.
Podemos anotar entonces que el "Yo" no vive ni en el pasado ni en el futuro sino en el
presente. Y algo que pudo haber acontecido hace cinco años, al rememorarlo, puede
avivar viejas heridas. Las experiencias negativas que evocamos pueden tornarse
traumáticas. Sus estados emocionales y orgánicos se manifiestan como si estuviera
atravesando nuevamente por la misma situación. De ahí la necesidad de que alguien
que acude a Consejería Pastoral tome conciencia sobre la importancia de someterse a
la Sanidad Interior que proviene de nuestro amado Dios y Padre.
Concluyamos para adentrarnos en los fundamentos: El "Yo" se expresa a través de la
Personalidad. No son diferentes. La Personalidad a su vez se forma con los
conocimientos del "Yo".
¿Qué son los fundamentos?
La pregunta que nos asalta ahora es, ¿qué son los fundamentos de la Personalidad?
Son los medios por los cuales recibimos estímulos internos y externos que contribuyen
a la formación de la Personalidad. Representan los "materiales": componentes,
planos, estructuras y pilares de la Personalidad.
1.- La Herencia
Todos los seres humanos traemos una carta de información producto de las
características físicas, orgánicas y glandulares que nos transmitieron nuestros padres.
Las características dan forma a la parte física y biológica de la Personalidad.
Los padres o quienes tuvieron a su cargo nuestra formación primaria influyen en
nuestra vida con aspectos positivos y negativos. Los primeros nos estimulan a la
imitación a futuro, los segundos se convierten en la mayoría de los casos en
experiencias traumáticas que deben ser sanadas.
Ahora, es necesario aclarar aquí que la Personalidad no se transmite por herencia de
una manera marcada sino ciertos rasgos básicos que pueden ser modificados por el
ambiente que nos rodea. Lo que hacen los progenitores es servir de modelo básico en
la formación incipiente de la Personalidad del niño.
2.- El Temperamento
Lo podemos definir como el conjunto de particularidades fisiológicas, morfológicas y
glandulares que diferencian a los individuos entre sí, determinando características
particulares de reacción frente a los estímulos. Todo se relaciona con sus estados
internos. Podemos decir que en el Temperamento es hereditario en alto grado. A él se
asocian las tendencias impulsivas, afectivas y emotivas.
¿Es inmodificable? En absoluto. El Temperamento es susceptible de ser encausado.
No podemos permitir—en nuestra condición de cristianos—que obre con los
parámetros de siempre.
3.- Las Emociones
Las Emociones son hijas legítimas del Temperamento. Constituyen su forma de
expresión. Aquél que educa sus Emociones incide directamente en su Temperamento
y a la inversa. Las emociones se expresan en ciclos. Se les denomina "ciclos
emocionales" que es menester aprender a conocer y a manejar.
Las Emociones se pueden conducir. Son susceptibles de "forjar estados de ánimo
positivos" cando llega la depresión o el desánimo, tal como lo leemos en el texto del
apóstol Pablo: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la
paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y
vuestros pensamientos en Cristo Jesús"(Filipenses 4:6, 7).
Cuando nos sometemos al Señor se producen los cambios que por años anhelamos y
que eran imposibles dependiendo de nuestras propias fuerzas.
4.- Los Instintos
Una definición sencilla de los Instintos podríamos orientarla al decir que se trata de la
impulsión natural que domina el comportamiento de un ser humano. Constituyen una
fuerza poderosa que amerita su satisfacción de una manera imperiosa, por ejemplo el
hambre, reaccionar frente al peligro de muerte y descansar, entre oteros. Son
eminentemente algo biológico que influyen en el Temperamento y a su turno, el
Temperamento en los Instintos.
5.- Los Factores Externos
¿Cuáles son los Factores Externos que influyen en la Personalidad? Hay por lo
menos tres. El primero es el medio ambiente vital, que es la concatenación de
experiencias que ocurren en el individuo desde la niñez y que le afectan positiva o
negativamente en su desarrollo físico, mental y emocional. Estos incidentes repercuten
en su personalidad. Entre ellos podemos mencionar las manifestaciones de afecto,
amor, comprensión y tolerancia de padres y allegados.
El segundo es el medio ambiente social en el que toman parte la sociedad en la que
nos desenvolvemos y la cultura prevaleciente. Es la realidad con la cual se enfrenta el
ser humano apenas tiene uso de razón; por tal motivo es necesario que se adapte a las
circunstancias que le rodean. Es imperativo, entonces, que preparemos al niño para
asumir las vivencias que pueden ser positivas o negativas afrontándolas con equilibrio.
El tercer y último factor sobresaliente es el medio ambiente ético en donde priman
aspectos morales, la influencia que ejerce la religión y la formación educativa. Es una
fase de suma importancia porque se afianzan los valores del ser humano.
6.- El Intelecto
Al Intelecto lo definimos como la capacidad de pensar, entender, comprender y
aprender, Unos seres pueden desarrollar más habilidades que otros, pero eso no
significan que tengan mayor desarrollo de inteligencia que sus congéneres.
El Intelecto o Inteligencia influye y modifica la Personalidad. Aprender a pensar
equivale a aprender a vivir bien.
7.- La Salud Integral
Ante todo en este estudio es necesario tener en cuenta que la Salud Integral debe
ser física, mental y emocional. Cuando se produce un trastorno de la Personalidad,
hay serias fallas en la salud. Es una enfermedad del alma o de la mente que debe ser
atendida ya que pueden manifestarse como afecciones orgánicas.
8.- Las Experiencias
Se constituyen en la colección de vivencias que el individuo experimenta durante su
existencia, bien sean positivas o negativas y quedan grabadas en nuestra mente.
Aunque no seamos concientes, afectan nuestros actos. Al revisar el pasado
recordamos las imágenes y qué tipo de experiencias evocan, y a partir de allí es
probable corregir la influencia que ejercieron en nosotros.
9.- El Carácter
El Carácter integra todos los fundamentos de la Personalidad y vendría a ser como
el tronco de un árbol cuyas raíces son las bases que mencionamos anteriormente. El
Carácter al igual que la Personalidad es susceptible de ser modificado con la ayuda
de Dios.
Conocer nuestro mundo interior y lo que representa la Personalidad para nuestro ser,
es esencial para quien ejerce la Consejería Pastoral. Primero, porque puede abrirse al
mover de Dios con el propósito de que aplique los cambios que requiere, y segundo,
porque podrá comprender fácilmente qué ocurre con aquellos que van en su búsqueda
en procura de orientación.
Capítulo 4

Los sentimientos: su influencia en nuestro ser

Conocer la vida interior es trascendental en el proceso de identificar nuestros errores,


aplicar correctivos y emprender la renovación personal. Solo cuando logramos
conocernos y se ha producido una sanidad en nuestro mundo individual podemos dar
pasos sólidos hacia la CONSEJERIA PASTORAL. No se puede concebir un pastor,
obrero o líder que pretende aconsejar cuando su existencia es un caos. Una vez haya
orden en su ser podrá orientar a otras personas.

En cierta ocasión el Señor Jesús se encontraba reunido con sus discípulos y multitud
de personas que lo escuchaban. "Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego
guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es superior a
su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro" (Lucas
6:39, 40). La Palabra es clara: debemos ser sanos para sanar.

Hasta el momento hemos despejado interrogantes en torno a la Personalidad y sus


fundamentos. Hoy nos adentraremos en los sentimientos y la poderosa influencia que
ejercen en nosotros.

En la presentación del libro "The power of pleasant feelings" (El poder de las
sensaciones agradables), escribió Aloysius G. Rego: "Los sentimientos no nos deben
gobernar, nosotros somos quienes debemos gobernar nuestros sentimientos; los
sentimientos negativos deben ser vigilados, frenados y controlados; los sentimientos
positivos deben ser alimentados, fomentados y desarrollados—para la construcción de
una personalidad bien formada".

Esta faceta del género humano reviste particular importancia porque los sentimientos
vienen a ser controladores en nuestras relaciones interpersonales, como quiera que en
la mayoría de los casos debemos interactuar con otras personas.

Definamos conceptos

Para entender qué son los sentimientos, es esencial que primero hagamos diferencia
entre Sentimientos y Emociones. Con frecuencia muchas personas confunden los
términos e incurren en un error.

Los Sentimientos toman forma en el mundo interior de cada individuo y son


subjetivos. De manera aislada, los sentimientos no afectan decididamente lo que
hacemos; en cambio, la sumatoria de sentimientos sí está asociada con las
emociones. Éstas son las que determinan si nuestras acciones serán agradables o
desagradables.

Sobre esta base, los sentimientos agradables producen entusiasmo, ánimo, placer,
felicidad, alegría y deleite, entre otras manifestaciones. Los sentimientos
desagradables –a su turno—desencadenan descontento, pesar, tristeza, aflicción,
desaliento y sentido de inferioridad.

Probablemente usted diga: "El asunto es complicado, ¿podrías explicarte un poco


más?". De acuerdo. El propósito del MANUAL DE CONSEJERIA PASTORAL es que
haya claridad en los conceptos. De esta manera su proceso de acompañamiento a
alguien que va en búsqueda de un consejo, será más eficaz.
Aquí es esencial que comprendamos algo: tanto los Sentimientos como las
Emociones son de carácter afectivo por naturaleza.

Cuando se concatenan varios sentimientos positivos tendríamos un sentimiento


general de bienestar o, por el contrario, de depresión en caso de que se trate de
sentimientos negativos.

DIFERENCIAS ENTRE SENTIMIENTOS Y EMOCIONES

Sentimientos Emociones

Enriquecen nuestra vida y le dan significado. Son necesarias como elemento que nos
estimula a hacer las cosas.

Transforman nuestra cotidianidad en algo Revisten mayor intensidad.


vibrante y con razón de ser. Pueden fluctuar.

Son transitorios Son de naturaleza más prolongada y de esta


manera aseguran firmeza en lo que hacemos.

Pueden ser positivos o negativos; agradables Las emociones varían en su especie.


o desagradables.

A través de los sentimientos determinamos si Las emociones nos conducen hacia acciones
algo es placentero o desagradable para que, previamente, consideramos serán
nosotros. apropiadas.

Toman forma en el mundo interior. Determinan nuestras acciones.

Diferencias entre sentimientos y sensaciones

Ahora que dimos unos esbozos encaminados a que hagamos una adecuada
diferencia entre Sentimientos y Emociones, vamos a identificar qué marca
la contraste entre Sentimientos y Sensaciones.
DIFERENCIAS ENTRE SENTIMIENTOS Y SENSACIONES

Sentimientos Sensaciones

No tiene ningún órgano Terminal. Puede referirse a órganos terminales


específicos.

Es subjetivo. Se producen en estado consciente. El


individuo queda afectado de una u otra manera.

El placer o el disgusto pueden ser producidos Son específicas.


por estímulos en cualquier órgano.

No es posible localizarla. Puede ser localizada en un ser humano.

Puede ser una reacción a imágenes, Es objetiva.


recuerdos o procesos más elevados de
pensamiento.

Dependiendo de si son agradables o Se manifiestan en nuestras expresiones.


desagradables, pueden acelerar o disminuir el
ritmo del corazón e influyen incluso en nuestro
sistema digestivo.

¿De dónde provienen los sentimientos?


Los seres humanos nos movemos por sentimientos. En muchos casos no tomamos
conciencia de su existencia a menos que sean fuertes, profundos o airados, entre otras
características. Cuando estamos conscientes de que están allí, los sentimientos son
registrados en billones de células que forman parte de nuestro sistema nervioso.
Lo curioso del asunto es que en muchas ocasiones, apenas nos consideramos
estimulados por un sentimiento, lo expresamos de un modo o de otro. El asunto
complicado es que muchas veces los manifestamos con alguien que no es el
responsable de que se produzcan en nosotros.
Manifestamos contrariedad contra la persona equivocada, en el momento equivocado
y en el lugar equivocado.
Una pregunta apenas natural: ¿Qué hacer con los sentimientos desagradables? La
recomendación es dejar que haga su tránsito natural por nuestra vida. ¿Un ejemplo?
Alguien pierde a uno de sus progenitores. ¿Acaso no es previsible que experimentará
dolor? Por supuesto que sí. Reprimirlo no conduce a nada. El luto o tristeza y hasta
depresión durará un tiempo, pero pasará. Cuando supera esa situación recobra
energías para seguir adelante.
No podemos desconocer que el sistema de comunicación más desarrollado en un ser
humano son los sentimientos. Revelan quiénes somos en realidad.
Controlando los pensamientos
Una forma práctica de controlar nuestros sentimientos es poniendo freno a los
pensamientos perjudiciales. Sobre esta base, avanzamos hacia un equilibrio personal
cuando ejercemos control sobre los pensamientos.
Imagine por un instante alguien que debe presentarse a una entrevista previa a la
concesión de un empleo. Sobre su mente vienen múltiples pensamientos: "En aquella
reunión se presentarán hombres y mujeres más capacitados que tú", "Tu serás
derrotado", "No estás en capacidad de asumir un reto de ese género", "Quien hace la
entrevista con solo verte, sabrá que debe descalificarte". Este conjunto de ideas
preconcebidas inevitablemente conducirán a un sentimiento de temor y sobra decir que
las consecuencias serán impredecibles.
En este caso, ¿qué hizo el sentimiento de temor? Revelar su estado ánimo, además,
si lo permitimos, puede tomar control de lo que haga al reflejarse en una emoción.
El apóstol Pablo lo expresó de la siguiente manera en su carta a los cristianos de
Filipos: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo
lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; su hay
virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad" (Filipenses 4:8).
En el libro de Proverbios leemos que "Los pensamientos de los justos son
rectitud...", y también: "Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas
el consejo de Jehová permanecerá" (19:21).

Capítulo 5
Los sentimientos y su relación con los sentidos,
los estímulos y las actitudes
Con frecuencia llegan a consultar al Consejero Pastoral quienes experimentan una
lucha constante con sus sentimientos. "No puedo controlarlos" me dijo en cierta
ocasión una mujer que no encontraba coherencia entre aquello que quería hacer y la
forma como finalmente obraba.
Guardando las proporciones, el apóstol Pablo refiere al asunto cuando escribe: "No
entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco.
Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena;
pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita
en mi. Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno
habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no
hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero" (Romanos 7:16-19. Nueva
Versión Internacional).
¿Acaso es imposible vencer? ¿Quien viene a nosotros debe irse desalentado porque
no hay nada qué hacer? ¿Acaso sus sentimientos lo llevan a enfrentar cada vez más
dificultades para interactuar con los demás? En absoluto. Lo que se requiere es
emplear los sentimientos de manera constructiva.
En el libro "Cultive sus sentimientos" de J. Maurus, a quien cité en el capítulo anterior,
menciona algunas actitudes que le llevarán a ser mucho más eficaz en la meta de
transformar los sentimientos:
1.- Acepte sus sentimientos, que son una parte suya natural. Experimente con ellos
(hacia el cambio).
2.- Trate de sacar alegría constante de su trabajo.
3.- Tome conciencia de la función de sus sentimientos. Ellos –como un fusible—le
señalan cuando se está rompiendo una relación, que algo debe ser ajustado o quizá
llegar a una concertación en algún aspecto.
4.- Libere sus fuerzas creativas.
5.- Alégrese de que sus sentimientos ponen en acción lo mejor que hay en su ser y
puede determinar cómo actuar en cada circunstancia: con delicadeza o valentía.
6.- Los sentimientos dinamizan sus acciones pero guarde prudencia antes de dejarse
mover por ellos, como si se tratara de jueces que señalan sus acciones para
cuestionarlas o aprobarlas.
7.- Permanezca sereno. No reaccione inmediatamente movido por sus sentimientos.
8.- Sea cuidadoso para no confundir sus sentimientos con el amor.
9.- sea paciente en aquellos momentos en los que se siente desanimado. Siga
sonriendo aunque prefiera estar serio.
"Cultive sus sentimientos", J. Maurus. Pág. 25. Editorial San Pablo, 1993. Santafé de
Bogotá, Colombia.
Educar los sentidos y la percepción
Usted como Consejero Pastoral y, aquellos a quienes atienda, son personas en
proceso de cambio con ayuda del Señor Jesús. En ese orden de ideas, debe educar
positivamente sus sentidos y someterlos a la razón. No podemos obrar movidos
únicamente por el instinto o quizá por las emociones.
Hay que tener en cuenta que los incidentes que impresionan nuestros sentidos inician
un impulso en los terminales sensoriales de los nervios, llegan al cerebro e
inmediatamente nos lleva a tomar conciencia de lo que está ocurriendo y de su
alcances en nosotros. Se producen entonces tres elementos: percibir, interpretar y dar
sentido a las sensaciones.
Es fundamental, entonces, que seamos muy cuidadosos con nuestra forma de percibir
todo lo que ocurre alrededor. Un ejemplo práctico es cuando alguien nos saluda. De
acuerdo a nuestro estado de ánimo (emocional) podemos percibir que lo hicieron
afectuosamente, con desdén o quizá, fríamente.
¿Cuántas veces hemos reaccionado negativamente porque, aunque nuestro
interlocutor no se lo proponía, percibimos sus pensamientos y palabras como algo
ofensivo? Sin duda, muchas veces. Deducimos entonces que tal vez la percepción del
asunto fue errada...
Ahora bien, conforme transcurre el tiempo, la percepción se perfecciona y nos lleva a
ser más reflexivos y mesurados al reaccionar.
Al comenzar el libro de los Proverbios, el rey Salomón escribió que tenían un propósito
específico: "... para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de
inteligencia; para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia
y la equidad; para infundir sagacidad en los inexpertos, conocimientos y
discreción en los jóvenes. Escuche esto el sabio, y aumente su saber; reciba
dirección el entendido..." (Proverbios 1:1-6. NVI).
Reacción frente a los estímulos
Los sentimientos agradables y desagradables están íntimamente relacionados con
nuestras sensaciones y éstas a su vez a lo que producen los sentidos del ser humano
así como la forma como operan en cada uno el intelecto y la voluntad. Nuestro sentido
central procesa las sensaciones que recibimos y de acuerdo con la percepción que
tengamos, determinaremos si es agradable o desagradable.
Cuando logramos el equilibrio para reaccionar frente a los estímulos, así alguien se
proponga hacernos la vida imposible, es posible que conservemos la calma tras
comprender que las provocaciones externas no deben movernos a nada.
Un dicho común en Latinoamérica señala que "todo entra por los ojos" y, sin duda,
tiene fundamento. El sentido más importante es el de la visión. Es el que nos permite
tener contacto directo con el mundo que nos rodea.
El Señor Jesús dijo: "El ojo es la lámpara del cuerpo. Por tanto, si tu visión es
clara, Todo tu ser disfrutará la luz. Pero si tu visión está nublada, todo tu ser
estará en oscuridad. Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué densa será esa
oscuridad!" (Mateo 6:22, 23. NVI).
Es imperativo pedirle a Dios que nos ayude a reaccionar positivamente frente a lo que
es sano. En muchas ocasiones sólo obramos por lo que vemos de inmediato y dejamos
de lado lo que pudo ocurrir antes o lo que ocurrirá después.
Viene a mi mente un incidente grave que ocurrió en una familia cristiana:
En casa habían alojado a un líder jóvenes de la iglesia. Él asumió la tarea de
acompañar con consejería a uno de los hijos de la pareja que generosamente le
recibió.
En cierta ocasión mientras oraban, el líder y el joven estaban tomados de la mano y
justo en ese instante entró el padre. ¡Imagínese la tormenta que se desencadenó!
El hombre juzgó únicamente por aquello que vio en ese instante... Difícilmente aceptó
que no tenía suficientes elementos de juicio para indicar que el líder juvenil era
homosexual.
El sentido del tacto es otro elemento de suma importancia que despierta sentimientos
agradables o desagradables. Nos permite expresar afecto o también desagrado.
A este sentido sumamos otro: el oído. Gracias a él podemos desarrollar el arte de
escuchar, el cual enfocado con la sabiduría que nos otorga Dios, traerá sensaciones
agradables o desagradables.
La actitud del ser humano
En todo proceso de Consejería Pastoral juega un papel determinante el hecho de que
identifiquemos las actitudes de la persona a quien estamos brindando orientación.
Actitud es la inclinación de un individuo hacia algo y la consecuente reacción. Las
actitudes son estimuladas internamente y también, externamente. Es la tendencia o
resolución de una persona a obrar de determinada manera bajo un conjunto de
circunstancias.
Algo sorprendente es que las actitudes ejercen influencia en nuestro cuerpo y nuestra
mente, y hasta tanto lo comprendamos, incurriremos en fluctuaciones emocionales.
¿En dónde se aprende a asumir una actitud frente a algo? Las actitudes se asimilan de
acuerdo a lo que veamos en casa, entre los miembros de la familia, lo que observamos
en la sociedad e incluso, a través de la información que recibimos cada día.
La forma o actitud con la que asumamos todo cuanto nos ocurre, determinará las
reacciones.
Un electrodoméstico en casa se descompuso. Llamamos a un técnico para que lo
reparara. Era cristiano evangélico, como nosotros. Aunque el daño en apariencia era
fácil de resolver, resultó complicado.
El hombre recibió el asunto con tranquilidad. "No voy a dejar que me venza ni el
desánimo ni la molestia", explicó. A mi esposa y a mi nos sorprendió porque un año
antes, cuando contratamos a alguien que no era creyente en Jesús para que hiciera
una reparación similar, comenzó a lanzar palabras soeces cuando las cosas no salían
como él quería.
¡Qué gran diferencia entre uno y otro! Todo se debía, sin duda, a la actitud.
Si las actitudes positivas gobiernan nuestro ser, actitudes positivas que proceden de
una fe indeclinable de que Dios nos ayudará en cualquier situación difícil, seguramente
no perderemos la tranquilidad con rapidez. Por el contrario, si nuestra actitud es
negativa, interpretaremos todo cuanto nos ocurre como una provocación y las
reacciones, como es natural, serán negativas...

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