UNIDAD III
Desarrollo
socioemocional
Emociones
Entender cómo los bebés desarrollan su personalidad, sus emociones y su
temperamento es crucial para padres, educadores y profesionales de la
psicología infantil.
Aunque los bebés comparten patrones de desarrollo comunes, desde el inicio
cada uno muestra una personalidad distinta. Esta es la mezcla relativamente
constante de emociones, temperamento, pensamiento y conducta que hace
única a cada persona. Algunos bebés son inherentemente alegres, mientras
que otros pueden irritarse con facilidad. Estas formas características de sentir,
pensar y actuar, influenciadas por factores congénitos y ambientales, modelan
cómo los niños responden a los demás y se adaptan a su entorno.
Desde la infancia, el desarrollo de la personalidad se entrelaza íntimamente
con las relaciones sociales, formando lo que conocemos como desarrollo
psicosocial.
Hecho con
Las Emociones:
Componentes Básicos de la
Personalidad
Las emociones son reacciones subjetivas a la experiencia, acompañadas de cambios fisiológicos y conductuales. Por ejemplo, el miedo se
asocia con un aumento del ritmo cardíaco y respuestas de autoprotección.
El patrón distintivo de reacciones emocionales de una persona comienza a desarrollarse en la infancia y es un pilar fundamental de la
personalidad.
Las personas difieren en la frecuencia de sus emociones, los desencadenantes, las manifestaciones físicas y las acciones resultantes.
La cultura ejerce una influencia significativa en cómo se sienten y expresan las emociones. Por ejemplo, mientras algunas culturas
asiáticas priorizan la armonía social y desaprueban la ira, enfatizando la vergüenza, la cultura estadounidense, que valora la
autoexpresión, a menudo muestra lo contrario.
Tristeza Alegría
Reacción ante la pérdida o el desapego. Sentimiento de placer o satisfacción.
Miedo Enojo
Hecho con
Respuesta a una amenaza percibida. Emoción ante la frustración o la injusticia.
Primeros Signos Emocionales en Bebés:
Llanto, Sonrisas y Risas
Hecho con
El Llanto: Comunicación Vital
El llanto es la forma más eficaz en que los bebés comunican sus
necesidades. Investigaciones como la de Wolff (1969) identificaron
cuatro patrones:
Sonrisas y Rítmico,
Básico (hambre): Risas: Vínculo
no siempre asociadoy
al Desarrollo
hambre.
Enojo: Variación rítmica con exceso de aire en cuerdas
vocales.
Dolor: Inicio repentino, fuerte y sin preámbulos.
Frustración: Llantos prolongados sin retención de aliento. Las primeras sonrisas espontáneas aparecen poco después del
nacimiento.
A los cinco meses, los bebés aprenden que el llanto tiene una
función comunicativa, buscando atención. La sonrisa social, indicando participación activa en la relación con
los cuidadores, se desarrolla alrededor del segundo mes.
Una respuesta rápida y sensible al llanto se asocia con mayor
competencia social y ajuste positivo en el futuro. La risa se vuelve más común entre los cuatro y doce meses,
reflejando un intercambio emocional y desarrollo cognitivo.
Cuando ríen ante lo inesperado, los bebés demuestran que saben
qué esperar, e incluso que pueden hacer que las cosas sucedan.
Las sonrisas iniciales predicen el desarrollo posterior: bebés más
sonrientes a los cuatro meses tienden a ser más entusiastas y
participativos a los cuatro años.
El primer paso puede ser la sonrisa anticipatoria (en que los
infantes sonríen ante un objeto y luego miran a un adulto mientras
siguen sonriendo).
La sonrisa anticipatoria aumenta de manera repentina entre los
ocho y los 10 meses y parece estar entre los primeros tipos de
comunicación en que el niño se refiere a un objeto o experiencia.
Entre los 12 y 15 meses se comunican intencionalmente con el
compañero acerca de los objetos. Hecho con
La Evolución de las Emociones
De lo Básico a lo Autoconsciente
El desarrollo emocional es un proceso ordenado que despliega una serie de emociones complejas a partir de otras más simples. Según
Lewis (1997), poco después del nacimiento, los bebés muestran satisfacción, interés y aflicción. Durante los primeros seis meses, estas
respuestas difusas se diferencian en emociones básicas como alegría, sorpresa, tristeza, repugnancia, y posteriormente, enojo y
temor, relacionadas con la maduración neurológica.
Nacimiento 1
Satisfacción, interés, aflicción (respuestas reflejas).
2 Primeros 6 Meses
Aparición de alegría, sorpresa, tristeza, repugnancia,
enojo y temor.
15-24 Meses 3
Surgimiento de la autoconciencia y emociones
autoconscientes (bochorno, empatía, envidia).
4 3 Años
Hecho con
Desarrollo de emociones autoevaluativas (orgullo, culpa,
vergüenza).
Las emociones autoconscientes, como el bochorno o la envidia, emergen solo después de que los niños desarrollan la conciencia de
sí mismos (15-24 meses). Hacia los tres años, con la comprensión de estándares sociales, los niños adquieren la habilidad de evaluar su
conducta, dando lugar a emociones autoevaluativas como el orgullo, la culpa y la vergüenza.
Diferenciación de las emociones durante los tres primeros años.
Las emociones primarias o básicas surgen más o menos durante los
primeros seis meses; las que implican autoconciencia se desarrollan al
inicio del segundo año como resultado de la aparición de la conciencia
de sí mismo aunada a la acumulación de conocimiento acerca de las
normas sociales.
Nota: Existen dos tipos de bochorno. El primero no implica evaluación
de la conducta y puede ser sólo una respuesta al hecho de ser elegido
como objeto de atención. El segundo tipo, el bochorno evaluativo, que
aparece durante el tercer año, es una forma leve de vergüenza.
Hecho con
Cerebro y Emociones:
Una Conexión Dinámica
El desarrollo cerebral postnatal está estrechamente ligado a los cambios en la vida emocional. Las experiencias emocionales no solo son
influenciadas por el desarrollo del cerebro, sino que también pueden dejar efectos duraderos en su estructura (Mlot, 1998; Sroufe, 1997).
Cuatro cambios importantes en la organización cerebral coinciden con hitos en el procesamiento emocional (Schore, 1994; Sroufe, 1997):
9-10 Meses
0-3 Meses Interacción entre lóbulos frontales y sistema límbico
Corteza cerebral activa, diferenciación de emociones básicas, (emociones). Conexiones más densas para procesar múltiples
disminución del sueño REM y reflejos. emociones.
3 Años
2º Año Cambios hormonales y del sistema nervioso autónomo
Desarrollo de autoconciencia, emociones autoconscientes y coinciden con el surgimiento de emociones evaluativas
mayor regulación emocional. Coincide con mielinización de (vergüenza, culpa). Maduración del sistema parasimpático.
lóbulos frontales.
Hecho con
Altruismo, Empatía y Cognición Social:
Las Raíces de la Prosocialidad
La conducta altruista, actuar por preocupación por otros sin
expectativa de recompensa, parece innata en niños pequeños. Desde
antes de los dos años, ayudan, comparten y consuelan (Warneken y
Tomasello, 2008). El entorno también influye, como demostró un estudio
con muñecas.
La empatía, la capacidad de imaginar lo que siente otra persona, se
manifiesta tempranamente. Bebés de 2 a 3 meses reaccionan a
expresiones emocionales ajenas, y a los 6 meses practican la evaluación
social.
Las neuronas espejo, que se activan al realizar una acción o al observar
a otros haciéndola, podrían ser la base neuronal de la empatía y el
altruismo, permitiéndonos "reflejar" las experiencias de los demás.
La cognición social, entender que otros tienen estados mentales,
emerge en el primer año de vida, evidenciado por la capacidad de los
niños para inferir intenciones ajenas.
Hecho con
Temperamento:
El "Cómo" de la
Conducta
El temperamento se define como la forma característica y biológicamente
basada en que una persona se aproxima y reacciona a la gente y las
situaciones.
Es el "cómo" de la conducta: no lo que se hace, sino cómo se ejecuta (Thomas y
Chess, 1977). A diferencia de las emociones, que son transitorias, el
temperamento es bastante estable y duradero, y constituye el núcleo de la
personalidad en desarrollo.
El temperamento influye tanto en cómo los niños interactúan con el mundo
exterior como en cómo regulan su funcionamiento mental, emocional y
conductual. Se considera en gran medida innato y hereditario.
Patrones de Temperamento: El Estudio
Longitudinal de Nueva York
Hecho con
El pionero Estudio Longitudinal de Nueva York siguió a 133 infantes hasta la adultez, identificando tres categorías principales de
temperamento:
Niños "Fáciles" (40%) Generalmente felices, ritmos biológicos regulares, aceptan nuevas experiencias.
Niños "Difíciles" (10%) Más irritables, difíciles de complacer, ritmos irregulares, expresión emocional intensa.
Niños "Lentos para Animarse" (15%) Afables pero lentos para adaptarse a nuevas situaciones, respuestas moderadas.
Este estudio demostró que el temperamento a los tres años puede predecir la personalidad a los 18 y 21 años (Caspi, 2000). Sin embargo,
el temperamento no está completamente formado al nacer; se desarrolla y puede cambiar en respuesta al trato parental y otras
experiencias de vida, así como por influencias culturales .
Hecho con
Atributos que componen el
Temperamento:
Nivel de Actividad: Ritmo típico que le imparte el individuo a sus actividades.
Irritabilidad / Emocionalidad Negativa: Facilidad o intensidad con la cual una persona se irrita ante estímulos negativos.
Consolabilidad: Facilidad con que cada persona se calma después de haberse intranquilizado.
Cautela: a estimulación intensa o inusual.
Sociabilidad: Receptividad a la estimulación social
Temperamento y Ajuste: Hecho con
La "Bondad de Ajuste"
La clave para una adaptación saludable es la "bondad de ajuste": la correspondencia entre el temperamento del niño y las exigencias
del entorno. Problemas surgen si un niño activo debe permanecer inmóvil, o si uno lento para animarse es forzado constantemente a
nuevas situaciones.
Los cuidadores que comprenden el temperamento innato del niño, en lugar de atribuir conductas a terquedad, son menos propensos a
sentir frustración. Pueden anticipar reacciones y ayudar al niño a adaptarse, proporcionando el apoyo necesario para prevenir el
malestar y fomentar un desarrollo emocional saludable.
Una respuesta parental rápida y sensible, especialmente ante el llanto, está vinculada a una mayor competencia social y ajuste positivo
en el futuro, independientemente de la frecuencia del llanto del bebé .
Hecho con