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Marco Teorico

El sueño es una necesidad biológica esencial que afecta la salud física y mental, regulando funciones vitales y contribuyendo al bienestar general. La calidad del sueño, que varía entre individuos, influye en la capacidad de atención y autorregulación emocional, siendo crucial para conductores profesionales que enfrentan estrés y largas jornadas laborales. La falta de sueño puede aumentar la agresividad vial, ya que afecta la respuesta emocional y la toma de decisiones, incrementando el riesgo de accidentes de tráfico.

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Marco Teorico

El sueño es una necesidad biológica esencial que afecta la salud física y mental, regulando funciones vitales y contribuyendo al bienestar general. La calidad del sueño, que varía entre individuos, influye en la capacidad de atención y autorregulación emocional, siendo crucial para conductores profesionales que enfrentan estrés y largas jornadas laborales. La falta de sueño puede aumentar la agresividad vial, ya que afecta la respuesta emocional y la toma de decisiones, incrementando el riesgo de accidentes de tráfico.

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I.

​ El sueño
El sueño constituye una necesidad biológica fundamental que permite al
organismo recuperarse y conservar su equilibrio interno. Rico-Rosillo (2019) ha
demostrado que este proceso no solo está vinculado al descanso físico, sino que
también cumple un rol esencial en la regulación de funciones vitales como el
sistema inmune, la consolidación de la memoria y el procesamiento emocional.
Dormir adecuadamente es indispensable para mantener la homeostasis del cuerpo,
ya que durante el sueño se desarrollan procesos fisiológicos que favorecen el
bienestar general.
Según Silva et al., (2021) el sueño es una función fisiológica importante
para el adecuado funcionamiento físico, psicológico, cognoscitivo e
intelectual. Al sueño se le reconoce como estado activo porque es una
actividad eléctrica cerebral, es un estado activo porque la actividad
eléctrica cerebral es un estado de conciencia dinámico en el que ocurren
grandes modificaciones del funcionamiento del organismo como: cambios
en la presión arterial, frecuencia cardiaca alta, y la respiración
rápida,temperatura corporal, secreción hormonal entre otros. Una persona
pasa durmiendo alrededor de un tercio del tiempo de su vida, el sueño es
esencial para una noche de descanso y una adecuada salud. (p.2).
A.​ Calidad del sueño
La calidad del sueño se refiere a la percepción individual sobre cuán
reparador y suficiente ha sido el descanso nocturno, evaluando si las horas
dormidas permiten afrontar el día con energía, concentración, bienestar físico y
mental (Mery & Gavilanes, 2023)
Según Armas & Saltos (2024), el sueño suele entenderse como el acto
de dormir o el impulso de hacerlo, y se describe como un estado fisiológico
cíclico que forma parte del ritmo circadiano, en el que se produce una pérdida
progresiva, repetitiva y reversible de la conciencia, acompañada de una menor
percepción del entorno y disminución en la capacidad de reacción. En este
sentido, cuando hablamos de calidad del sueño, nos referimos a una
experiencia subjetiva de descanso satisfactorio, que abarca tanto elementos
cuantitativos como el tiempo total de sueño, la rapidez para conciliar y la
regularidad en los horarios como aspectos cualitativos, tales como la
profundidad del sueño y el nivel de relajación alcanzado. No obstante, no
existen parámetros universales para definir con precisión qué constituye una
buena calidad de sueño, ya que esta percepción varía significativamente entre
individuos.
En este sentido, Ledesma (2022) afirma que, al dormir, nuestro
organismo atraviesa por un ciclo de movimiento y los estudios del sueño
emplean sensores que registran los movimientos oculares y la actividad
cerebral, lo cual se usa para clasificar las fases y etapas del sueño. Esta
clasificación ha permitido comprender que el sueño se divide principalmente
en sueño ligero, sueño profundo y la fase REM, la cual según Rojas (2023) se
distingue por la presencia de movimientos rápidos de los ojos, una elevada
actividad cerebral y la aparición de sueños intensos y detallados.
En los trabajadores de transporte público, la calidad del sueño puede
ser influenciada por múltiples elementos, como las jornadas laborales
cambiantes, extensas horas de trabajo, sonidos del entorno, tensión acumulada
y falta de prácticas saludables para descansar. Dormir en circunstancias poco
adecuadas o con horarios irregulares interfiere con el ritmo circadiano natural,
lo que resulta en una reducción de la recuperación tanto física como mental.
Según De Pasquale et at. (2024) La expresión “higiene del sueño” hace
referencia a un conjunto de hábitos conductuales y condiciones del entorno
que pueden modificarse con el objetivo de favorecer un descanso de mejor
calidad y mayor duración.
La falta de higiene del sueño, el uso de dispositivos antes de dormir o
los horarios irregulares contribuyen significativamente a este deterioro en la
eficacia del sueño (Suaza-Fernández et al., 2021; citado en Lozado & Mena,
2024, p.3). En entornos laborales exigentes como el transporte público, donde
los conductores enfrentan largas horas de trabajo, condiciones desfavorables y
presión constante, una mala calidad del sueño puede resultar en una menor
tolerancia a la frustración, mayor irritación, decisiones impulsivas y un
aumento en el riesgo de comportamientos agresivos al conducir.
El descanso suficiente a menudo se pasa por alto. Las repercusiones de
un sueño inadecuado se presentan no solo como cansancio, somnolencia o falta
de atención, sino que también incluyen problemas de concentración, mayor
vulnerabilidad al estrés y una disminuida capacidad para la autorregulación
emocional (Benavides - Endara, 2019). Estas consecuencias pueden ser
particularmente graves en los conductores profesionales, quienes necesitan
mantener altos niveles de atención y control emocional al manejar en áreas
públicas. Según Arteaga (2021), la falta de sueño provoca algunas alteraciones
en las personas como: disminución en la capacidad de atención visual, en la
velocidad de reacción y en la memoria visual y el pensamiento creativo, estos
efectos son comparables a los producidos por la ingesta de alcohol donde se
produce una concentración sanguínea de alcohol del 0,1%. Bajo esta premisa,
se muestra cómo la falta de sueño puede amenazar no solo la salud del
trabajador, sino también la seguridad de otros, como sucede en situaciones de
transporte público o al manejar vehículos de gran tamaño.
Entre las principales consecuencias observadas en estos
padecimientos en general, se encuentran entre los más frecuentes el
mayor riesgo de accidentes, mala función cognitiva, irritabilidad y
estado de ánimo deprimido, así como deterioro de la función endocrina,
metabólica, inmunológica, inflamatoria y cardiovascular (Guadamuz et
al., 2022, p.4).
Así como la falta de sueño impacta en nuestra salud física, también
perjudica nuestro equilibrio mental. No dormir adecuadamente tiene
consecuencias negativas en distintas áreas de nuestro ser, incluyendo aspectos
corporales, cognitivos, emocionales y de conducta. (Mina et al., 2024)
II.​ Agresividad
Sanchez (2020) afirma que la agresión se describe como cualquier tipo de
comportamiento que busca causar daño físico o emocional a otra persona. Este tipo
de acciones provoca incomodidad, desagrado y desaprobación, por lo que no son
aceptadas socialmente.
En este orden de ideas, la agresividad se refiere a las emociones,
pensamientos y sentimientos que una persona experimenta de forma interna y
subjetiva. Estos pueden, al activarse ciertos procesos y mecanismos psicológicos
ante una situación específica, dar lugar a una conducta observable, ya sea física o
verbal, dentro de un contexto determinado. (Sánchez-Romero, 2024)
A.​ Agresividad vial
La agresividad vial se refiere al proceso que se desarrolla en la
interacción entre los diferentes actores viales, en momentos en los cuales se
hacen presentes elementos de inequidad e injusticia en los territorios urbanos
destinados al tránsito y la movilidad. (Moreno, 2021)
Según la OMS los accidentes de tránsito representan una de las
principales causas de muerte a nivel mundial, con cifras alarmantes que
reflejan tanto la frecuencia de los siniestros como la implicancia de
comportamientos agresivos al volante. Se ha reportado que millones de
conductores, en distintos países, admiten haber participado en conflictos
directos con otros automovilistas, desde discusiones hasta amenazas físicas. En
Perú, los datos no son menos preocupantes: ciudades como Lima, Arequipa y
Puno presentan altos índices de accidentes, y en lugares como Chiclayo y San
Román se ha evidenciado un elevado nivel de agresividad entre conductores,
quienes además enfrentan presiones laborales y demandas del entorno que
potencian estas conductas. (Cuno et al., 2025)
Este panorama permite comprender que la agresividad vial no es un
fenómeno aislado, sino que responde a una serie de factores psicológicos,
sociales y laborales que inciden directamente en la forma de conducir. La
presión por cumplir horarios, el estrés acumulado, la falta de educación
emocional y la exposición constante a ambientes caóticos, como el tráfico
urbano, generan una combinación peligrosa que puede culminar en accidentes
Noroña-Salcedo, 2022)
Esta clase de agresividad no se limita únicamente a lo verbal o
emocional, sino que también se manifiesta en comportamientos, ya que puede
abarcar acciones arriesgadas, conducción a alta velocidad, uso inapropiado del
claxon, acosos o detenerse repentinamente de forma deliberada. Estas
conductas elevan la probabilidad de colisiones en las carreteras y crean un
ambiente de circulación peligroso [...] debe considerarse que los ataques
personales a otros conductores también se incluyen en los comportamientos
agresivos de conducción que se refieren a gestos obscenos, insultos verbales,
arrojar objetos y, en casos extremos, a la agresión física. Tales
comportamientos tienden a ser recíprocos rápidamente, y una infracción
relativamente menor puede convertirse rápidamente en un altercado mayor que
resulte en lesiones, daños a la propiedad o incluso la muerte (Argandar, 2022)
Según un estudio de Wali et al., (2020), existe una correlación
significativa entre la volatilidad en la conducción, caracterizada por
variaciones en las decisiones de conducción longitudinal, lateral y la gravedad
de las lesiones en accidentes de tráfico. Este hallazgo sugiere que los
comportamientos agresivos al volante, ya sean activos o pasivos, pueden
aumentar la probabilidad de accidentes graves.
Para Silva et at., (2021) el comportamiento agresivo se puede analizar
considerando tres aspectos clave: hacia dónde se dirige, cómo se manifiesta y
cuál es su propósito. En relación con la dirección, podemos diferenciar entre la
agresión directa, que es fácilmente perceptible y evidente, y la agresión
indirecta, que se muestra de una forma más discreta y encubierta. En cuanto a
su naturaleza, las maneras más habituales son la agresión física, que involucra
el contacto corporal de manera visible, y la agresión verbal, que utiliza el
lenguaje con la intención de insultar o avergonzar. Atendiendo a su función, la
agresividad se categoriza como reactiva, proactiva o una combinación de
ambas. La reactiva aparece como contestación a una ofensa o peligro,
intentando disminuir el malestar provocado; la proactiva, por su parte, es
premeditada y busca un fin concreto sin que exista un sentimiento negativo
anterior. La forma mixta fusiona los dos tipos en el modo de actuar de un
mismo individuo. Otra división propone tres clases: agresión pura, que se
realiza por simple gusto; agresión reactiva, como réplica a una amenaza; y
agresión instrumental, empleada como un recurso para lograr una meta.
III.​ Relación entre calidad de sueño y agresividad vial
Se ha demostrado que el sueño no solo cumple una función reparadora a
nivel físico, sino que también influye directamente en el bienestar psicológico y
social de las personas. Según Nelson et al., (2022, citado en Sanchez & De la
Bandera Cabezas, 2024), la calidad del sueño se entiende como la percepción
personal de satisfacción con respecto al propio descanso. Cuando esta es adecuada,
la persona suele sentirse renovada, con reflejos normales y con una mejor
disposición para interactuar socialmente. Por el contrario, una mala calidad de
sueño puede generar irritabilidad y dificultades para afrontar diversas situaciones
cotidianas. En el caso de los conductores, este problema no solo puede afectar su
estado emocional, sino también disminuir su capacidad de respuesta al conducir y
complicar el manejo de situaciones estresantes durante su jornada laboral.

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