Examen Parcial
Curso: Filosofía Social y Política
Alumno: Juan Martín Dueñas Cieza
1. Presente y desarrolle de manera articulada, dos argumentos con los que Arendt
defienda la idea de que la política implica asumir que vivimos entre seres
humanos.
El sentido natural del concepto de diversidad apunta a la coexistencia entre quienes se
llegan a mirar como distintos. Reconocer la diversidad que pueda haber, es un
imperativo moral basado en la capacidad humana capaz de acoger lo diferente. En
realidad, Hannah Arendt, considera el derecho de asociación como un derecho
público por excelencia, ligado a los intereses que tenemos en común con nuestros
conciudadanos, que confiere a toda y cualquier persona el derecho de asociarse
libremente con otras.
La asociación voluntaria debe suponer la condición humana de pluralidad y
diversidad. Por ejemplo, el totalitarismo tiene como una de sus características
el aislamiento que destruye la vida pública, la cual requiere la acción conjunta con
otros hombres, es decir, el ejercicio del derecho de asociación, que genera poder,
vuelto hacia un mundo común y compartido.
Se puede decir que un mundo común, que necesariamente debe ir más allá del
horizonte temporal de las urgencias de cada vida individual para ser compartido,
exige una definición de las reglas del juego político, que permita perpetuar y
caracterizar el espacio público como la sustantivación de la política.
Para el pensamiento griego, la capacidad del hombre para la organización política no
es sólo diferente, sino que la podemos encontrar en directa oposición a la asociación
natural cuyo centro es el hogar y la familia. De allí que Arendt, pueda decir que el
nacimiento de la ciudad-estado significó que el hombre recibía además de su vida
privada, una especie de segunda vida.
Ahora bien, lo que conocía la antigüedad griega es lo privado, la familia, como cuadro
de la necesidad, de los imperativos biológicos, de la violencia, de la jerarquía, del
mando, por oposición a lo común, a lo público, a lo político, marco de la libertad en
que los iguales (es decir los varones, jefes de familia y propietarios) pueden
interactuar por medio de la persuasión discursiva que opera a través de un proceso de
argumentación.
La familia arbitra lo que corresponde al orden de la necesidad, de la asociación
instintiva, indeliberada, particularizada, que se encuentra incluso entre los animales,
precisamente porque se halla ligada a lo vital, a hacerle frente a la indefensión. Las
familias se fundan como albergue y fortificación en un mundo inhóspito y extraño en
el que uno desea establecer parentescos
En resumen, la existencia de la polis señala una realidad donde cabe la vida política
con toda su carga de libertad y de accionar conjunto en un mundo compartido.
La polis implica el estar en una empresa común; lo doméstico, en cambio está
dominado por la violencia, la fuerza y la desigualdad, que se van a justificar como
medios para posibilitar el imponerse sobre la necesidad (carácter prepolítico del
mundo privado).
Hay que distinguir entre tres esferas de la vida de los seres humanos:
- Esfera privada (la familia).
- Esfera pública (lo político).
La distinción entre la esfera privada y pública de la vida corresponde al campo
familiar y político, que han existido como entidades diferenciadas y separadas al
menos desde el surgimiento de la antigua ciudad-estado.
A la hora de reflexionar sobre el poder, Arendt asegura que el fenómeno fundamental
del mismo no es la instrumentalización de una voluntad ajena para los propios fines,
sino la formación de una voluntad común en una comunicación orientada al
entendimiento. El poder se deriva básicamente de la capacidad de actuar en común.
En definitiva, la polis se diferenciaba de la familia en que aquélla sólo conocía
iguales, mientras que la segunda era el centro de la más estricta desigualdad. Ser libre
significaba no estar sometido a la necesidad de la vida ni bajo el mando de alguien y
no mandar sobre nadie, es decir, ni gobernar ni ser gobernado.
Así, pues, dentro de la esfera doméstica, la libertad no existía, y al cabeza de familia
sólo se le consideraba libre en cuanto que tenía la facultad de abandonar el hogar y
entrar en la esfera política, donde todos eran iguales.
Arendt afirma que el hombre es a-político, que la política no pertenece a su esencia,
por cuanto ella, la política, por lo tanto, completamente fuera del hombre. De ahí que
no haya ninguna substancia propiamente política en el ser humano conforme a la
naturaleza. Comenta que la política surge en el entre y se establece como relación.
Eso significa que esa relación depende por entero de la constante presencia de los
demás. En este sentido podemos señalar, otro aspecto de la esfera pública, además de
su cualidad espacial: el carácter artificial de la política.
A la par señala Arendt que la traducción latina de la expresión zoon
politikon por animal rationale se basa en una mala interpretación no menos
fundamental que la de animal social. Por tanto, nada sería más errado que esas
traducciones medievales del zoon politikon como el hombre es un animal político y el
hombre es un animal social y es animal rationale.
En esta perspectiva, la definición del ser humano como zoon politikon,
únicamente se la puede entender por completo si añadimos su segunda definición
del hombre como ser vivo capaz de discurso.
Para Hannah Arendt, el ámbito público es el escenario al que acuden las personas para
mostrarse a placer. En el intercambio de ambos se puede ver que se manifiesta
entonces algo que es más que la suma de individuos, es un entre que a los varios
engloba y desde el cual cada uno puede entenderse mejor a sí mismo y a los demás.
Por esa razón: Dondequiera que los hombres coincidan se abre paso entre ellos un
mundo y es en este espacio entre donde tienen lugar todos los asuntos humanos. El
espacio entre los hombres, que es el mundo, no puede existir sin ninguno de los
hombres que son lo importante dentro y fuera del mundo.
Al examinar la esfera de lo público en La Condición Humana, Hannah Arendt
empieza por reconocer que el término público designa dos fenómenos íntimamente
relacionados, pero no idénticos del todo. El de todo aquello que llega al público y
puede ser visto y oído por todos, y tiene la más amplia publicidad posible.
El mundo común a todos y diferenciado de nuestro lugar poseído privadamente en él,
que para ella no se reduce a la Tierra, la Naturaleza o Dios, sino que en realidad es un
artefacto humano, constituido por cosas producidas (trabajo), que se insertan entre la
naturaleza y los hombres, uniéndolos y separándolos en un hábitat humano.
Según Hannah Arendt, el hábitat humano, en el que entramos cuando nacemos y que
dejamos al morir, está formado por objetos que son colectivos, y por lo tanto públicos,
porque existen independientemente de los individuos, pero son vistos y percibidos por
ellos conjuntamente, ya sean materiales como ciudades o monumentos o inmateriales
como leyes o instituciones sociales.
En efecto, sólo a través de la publicidad de la esfera pública, la política es entendida
por así decirlo como el campo de comunicación y de interacción que asegura el del
actuar conjunto puede tener continuidad en el tiempo.