Tema 5 FS
Tema 5 FS
1. INTRODUCCIÓN
En textos tan antiguos como los de Hipócrates ya se encuentran recogidas descripciones similares a lo que hoy se
conceptualiza como Trastorno por Ansiedad Social (TAS) o Fobia Social (FS). Debieron transcurrir más de 23 siglos
para que el médico francés Pierre Janet acuñara el término Phobie des situations sociales en el año 1903 para hacer
referencia al mismo trastorno del comportamiento descrito por Hipócrates, y se habrían de esperar otros 66 años hasta
que en 1969 Marks delimitara conceptualmente dicho trastorno psicológico de una forma que resultara versátil y
operativa. Dicha delimitación permitió que la comunidad científica asumiera como factible su estudio y su
incorporación a la tercera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-3, 1980).
El trastorno por ansiedad/fobia social (TAS/FS) se caracteriza por la existencia de un miedo persistente e intenso que
experimenta el N/A en aquellos contextos sociales en los que se puede producir la evaluación negativa de su
comportamiento por parte de las personas frente a las que actúa o con las que se relaciona.
El patrón de respuestas se desencadena ante la posibilidad de reaccionar de forma inadecuada frente a los demás,
experimentando esa potencial inadecuación de forma inflexible e irracional.
Entre las reacciones alteradas desproporcionadamente se encuentran las de tipo psicofisiológico (sudar, temblar,
sonrojarse, etc.), las de tipo motor (cometer errores de dicción, de escritura, de ejecución al tocar un instrumento, de
actuación en la práctica deportiva), las del ámbito cognitivo (no acordarse de algo concreto, quedarse sin saber qué
decir o cómo decirlo) y las que pueden producirse en el sistema motor (como las respuestas de escape parcial, las
huidas abruptas o respuestas de escape total y las respuestas de evitación) o en el cognitivo como evitar pensar en lo
que se terne.
En todos estos casos el N/A teme que sus respuestas puedan ser interpretadas por los demás como muestras
evidentes de un proceso de enfermedad, de una incapacidad, del aburrimiento o del desinterés y que esto lleve a ser
el centro de atención y que se produzca una situación humillante o embarazosa para ellos porque, fruto de la
evaluación negativa de estos, se les perciba como enfermos, torpes, aburridos.
En los niños y en las primeras etapas de la adolescencia, donde el grupo de pares es relevante, este temor juega un
papel preponderante. En los adolescentes puede aparecer el miedo a tener que utilizar lavabos públicos en los que
pueden ser observados. En otros casos la elevada tensión muscular de las manos los puede llevar a no querer escribir
(«calambre del escribiente»), comer, beber, hablar por teléfono, etc., ante otros por miedo a que estos perciban sus
temblores. Asimismo, la elevada sudoración también puede ser un inconveniente importante para los adolescentes.
En otros casos, si el temor es a ruborizarse, la evitación tendrá relación con los estímulos antecedentes a los que se
asocia este tipo de respuesta psicofisiológica como hablar sobre problemas familiares, discutir en público,
exponerse a determinados tipos de actuación, hablar con personas de autoridad o del sexo contrario, etc.
Cuando se padece TAS/FS es altamente probable que tanto los niños como los adolescentes experimenten
respuestas de ansiedad que pueden variar en su frecuencia, duración, intensidad y en la forma de su presentación.
Los niños son más propensos a mostrar rabietas y llanto, suelen utilizar a las figuras de apego como vía de escape
para reducir el malestar que experimentan. Este hecho hace que, por ejemplo, se les pueda percibir como pesados por
parte de otros niños y de los adultos. En otras ocasiones pueden presentar una tensión muscular exacerbada que
llega a derivar en una parálisis total o bloqueo, se pueden producir también errores o fallos en la producción del
habla como el tartamudeo o quedarse sin saber qué decir.
Un punto de inflexión muy relevante para la consolidación y generalización del TAS/FS se produce cuando el
porcentaje de las respuestas de evitación sobrepasa al de las de escape (en situaciones sociales temidas). Ejemplos de
ello cuando utilizan excusas para no acudir a una fiesta, posponen los ensayos musicales, etc.
Para delimitar operativamente el TAS/FS desde el punto de vista clínico, seguiremos el modelo de Lang (1968) que
agrupa las respuestas en motoras, cognitivas y psicofisiológicas/emocionales.
Sistema cognitivo: es habitual la desproporción de la preocupación por la evaluación negativa que puedan
llevar a cabo los demás, el sesgo atencional hacia cualquier estímulo interno o externo que pueda ser
percibido como potencialmente peligroso (sentir el rubor, notar las manos húmedas, percibir una mirada,
una mueca, un gesto, que puedan ser signos de contrariedad, enfado, reprobación, etc.).
Sistema motor: se pueden producir respuestas de evitación o de escape (total o parcial) en aras de la
reducción del malestar experimentado en las situaciones sociales. Si este patrón de respuesta supera
determinada intensidad las reacciones del eje hipotalámico-hipofisario- adrenal puede desencadenar lo que
se conoce como crisis de angustia.
Otras características del comportamiento que delimitan el concepto psicológico del TAS/FS son las que atañen a la
conducta asertiva, la sumisión, el tipo de conversación, el contacto ocular, el estilo pasivo-agresivo de respuesta, las
alteraciones psicofisiológicas específicas y el consumo de sustancias tóxicas.
La disfuncionalidad de las respuestas asertivas se puede producir bien por defecto (inhiben la producción de habla a
la hora de defender sus derechos, evitan la situación) o por exceso (actuando de forma agresiva frente a su
interlocutor) en lo que se denomina estilo pasivo/ agresivo. El cuadro que conforma el TAS/ FS también puede verse
acompañado por un exceso de sumisión y menos frecuentemente de control sobre la conversación que mantienen
con otras personas. Esto último lo pueden conseguir hablando sin cesar de determinados temas, en los que se sienten
seguros, para no ser sorprendidos con preguntas "incómodas" por las personas con las que conversan, conversando
con personas con las que media una gran diferencia en años. Pueden también mostrar un patrón de contacto ocular
reducido en frecuencia y duración, fruto de las respuestas motoras de escape parciales en la interacción o actuación
social.
Algunos autores indican que la mayor facilidad para sonrojarse, el temblor muscular y la reducción aguda de saliva
son reacciones específicas que permiten diferenciarlo de otros miedos.
En N/A otra característica habitual es la reducción de la intensidad de las respuestas motoras verbales. En
adolescentes las preferencias laborales están relacionadas con profesiones que requieren poco o ningún
contacto o interacción social con otras personas, es habitual que les cueste mucho iniciar relaciones de pareja y
cuando lo consiguen estas suelen ser de corta duración, ya que es muy difícil convivir con alguien que prefiere el
aislamiento recurrente a la interacción social.
También en población adolescente, es más probable que acaben consumiendo sustancias tóxicas tanto legales como
ilegales que les permitan reducir o eliminar el patrón de respuestas de ansiedad descrito, el alcohol y el cannabis
son las de uso más frecuente en estos casos, en menor medida se da el abuso de otras drogas.
2.2 El curso
Los diversos estudios epidemiológicos muestran que la edad de inicio media más frecuentemente informada se sitúa
entre los 14 y los 16 años y la edad mediana entre los 12,7 y los 16. La edad media en población infantil se sitúa
entre los 11 y los 12 años y aunque no existe un límite para el inicio del trastorno, los estudios indican que es muy
poco probable que esto suceda después de los 24-25 años.
En el estudio de Olivares, Piqueras y Rosa-Alcázar (2006) con población española: un inicio que se situó entre los 3-6
años para el 21,83%, 7-9 años para el 5%, 10-12 años para el 13,34%, 13-15 para el 31,66% y 16-17 para el 6,67%.
Respecto a la remisión espontánea (sin ayuda profesional) el DSM-5 indica que en muestras comunitarias el 30% de
quienes han presentado el trastorno informan de la remisión de este tras el transcurso de un año y alrededor del
50% pasados unos pocos años. Para el 60% de quienes no han recibido ningún tratamiento específico el curso
puede durar al menos varios años. Por el contrario, los estudios indican que en muestras clínicas el trastorno tiende
a ser particularmente persistente.
2.3 El diagnóstico psicopatológico
La APA en el DSM-5 refiere que, para poder diagnosticar de TAS/FS a un niño o a un adolescente, este ha de
presentar miedo y/o existencia de un patrón de respuestas de ansiedad de elevada intensidad frente a una o más
situaciones sociales en las cuales se vea expuesto a la posible evaluación negativa por parte de otros. Deben
presentarse en situaciones donde se dé la interacción entre pares y no necesariamente con los adultos. Dichas
situaciones pueden tener que ver con la interacción (relacionarse con gente poco conocida, hablar con extraños) o con
la actuación frente a otras personas (exponer un trabajo en clase, comer en un comedor público). También han de
temer actuar o mostrar respuestas de ansiedad que pudieran ser evaluadas de forma negativa, y cuya evaluación
negativa pudiera hacerles sentirse humillados o situarlos en el centro de una situación embarazosa.
En este contexto es necesario tener en cuenta que no se diagnosticará TAS/ FS cuando: (i) el patrón de respuestas
descrito sólo ocurra ocasionalmente y (ii) su intensidad y calificación varíe a través de diferentes situaciones como
ocurre cuando etiquetamos las respuestas de ansiedad como "ataque de pánico" o "ansiedad anticipatoria".
Es necesario que las situaciones sociales se eviten o se afronten con miedo desproporcionado y malestar intenso,
sin guardar proporción con el peligro real del contexto social que lo desencadena. Tanto los valores de las
dimensiones de las respuestas como su naturaleza es variada, lo que permite que existan infinidad de
combinaciones que, como ya hemos adelantado, a groso modo se pueden agrupar en: (i) sutiles (escape parcial o
sutiles como, por ejemplo, evitar el contacto ocular), (ii) abruptas (respuestas de escape total o huidas) y (iii) de
anticipación (respuestas de evitación motora y/o cognitiva).
Por lo tanto, la aparición ocasional del patrón de respuestas de ansiedad social no es suficiente para considerar el
diagnóstico de TAS/FS. Las respuestas alteradas y desadaptativas, disfuncionales, deben persistir al menos durante
seis meses desde su inicio para considerarlas clínicamente relevantes. Este criterio permite diferenciar el TAS/FS de
aquellos miedos evolutivos transitorios que son frecuentes en determinados rangos de edad y cuya remisión, al
contrario de lo que sucede con el trastorno, no se requiere atención especializada.
Además, el miedo a las situaciones sociales temidas y a las reacciones de ansiedad desencadenadas por este
(incluidas las de evitación y escape): (i) han de generar interferencia significativa en el desarrollo de la actividad
cotidiana del niño/ adolescente; (ii) no han de poder ser atribuidas a los efectos psicofisiológicos que suele generar la
ingesta o consumo de determinadas sustancias (abuso de drogas, determinados medicamentos; etc.) o a otras
variables de orden somático; y (iii) no deben poder explicarse mejor por la existencia de otros trastornos del
comportamiento como, por ejemplo, el ataque de pánico, el trastorno dismórfico corporal o los trastornos del
espectro autista.
Para concluir el diagnóstico categorial psiquiátrico hay que especificar si el trastorno se circunscribe únicamente a la
actuación. Es decir, si el miedo está referido únicamente a actuar o hablar ante otros. Esta condición hace que
desaparezca la diferenciación que existía en el DSM-IV entre la fobia social generalizada y la específica. En la
primera el patrón de respuestas de ansiedad se daba en «la mayor parte de las situaciones sociales» y en la segunda
estaba circunscrito a determinadas situaciones sociales. Nuestro punto de vista al respecto es que se ha perdido en
precisión diagnóstica con esta reagrupación.
2.3.1 La comorbilidad
TAS/FS presenta un elevado grado de comorbilidad con otros trastornos psicológicos, entre ellos destacan el
trastorno de personalidad por evitación (TPE), los trastornos afectivos, los trastornos relativos al abuso de
sustancias tóxicas, el trastorno por ataques de pánico (TAP) y en menor medida otros como el trastorno obsesivo-
compulsivo de la personalidad (TOCP). Los trastornos de personalidad suelen presentarse con mayor frecuencia
cuando los pacientes presentan los trastornos en su grado más consolidado y generalizado.
El DSM-5 indica que su inicio suele preceder a la aparición de otros trastornos del comportamiento a excepción de
las fobias específicas y el trastorno de ansiedad por separación. El 70% de quienes lo padecen cumplen criterios
diagnósticos para al menos otro trastorno psicológico. González-Domenech et al. (2021) hallaron que la depresión
mayor, el consumo de alcohol y el trastorno por pánico fueron los que presentaron mayores tasas de comorbilidad
con el TAS/FS.
Los niños y adolescentes que presentan una mayor generalización y consolidación del trastorno muestran una edad
de inicio más temprana, un menor nivel educativo, una mayor tasa de desempleo cuándo están en edad legal de
poder trabajar, un mayor porcentaje se hallan sin pareja en comparación con las personas de su misma edad y
contexto socio-económico-cultural, un número superior de familiares de primer grado que también reciben un
diagnóstico de FS/TAS y mayor aislamiento en el seno de sus familias.
Un menor nivel económico y educativo implica una menor probabilidad de acabar recibiendo ayuda psicológica
profesional.
En comparación con la investigación llevada a cabo con población adulta la realizada con población infanto-juvenil
es considerablemente menor. Una de las posibles razones que dificultan la investigación en este tramo evolutivo es
la falta de conciencia que los niños tienen del trastorno, dado que no suelen considerar sus ideas como
desproporcionadas o irracionales como sí sucede en la adolescencia media tardía y en los adultos.
Otra variable que dificulta la detección e intervención del trastorno tiene relación con la naturaleza de las
respuestas de evitación y escape, porque reducen notablemente la probabilidad de que se solicite ayuda.
Es muy poco probable que los padres puedan considerar la posibilidad de que su hijo tiene problemas psicológicos
relevantes si es obediente y respetuoso, pasa mucho tiempo en casa y estudia muchas horas.
A esto hay que sumar el hecho de que entre un 15% y un 20% de los padres de hijos con TAS/FS afirman que «ellos
también vivieron situaciones similares en su adolescencia», lo que contribuye a normalizar el trastorno y a no buscar
ayuda profesional. Solo la mitad de quienes padecen FS/TAS en las sociedades occidentales buscan ayuda
psicológica; los menos optimistas sitúan este porcentaje en el 20%.
La demora entre el inicio del trastorno y la búsqueda de ayuda psicológica varía entre 15 y 20 años.
El TAS/FS es un problema de salud que debería ser objeto de consideración por parte de las instituciones públicas
habida cuenta de sus repercusiones negativas: (i) las económicas (gastos médicos, farmacéuticos, problemas
laborales, bajas laborales), (ii) las psicopatológicas (comorbilidad, incremento de la probabilidad de suicidio), (iii) de la
salud física (abuso del consumo de sustancias como el alcohol, el tabaco, cannabis), (iv) del desarrollo personal y
académico (interferencia en la realización de actividades cotidianas de actuación o relación social, reducción del
rendimiento académico, abandono prematuro de los estudios), a todo ello habría que sumar (v) el sufrimiento
individual y familiar.
3. MODELOS EXPLICATIVOS
3.1 Modelos cognitivos
Las teorías cognitivas sobre los trastornos de ansiedad se centran en la posibilidad de que determinadas variables
(creencias, expectativas, esquemas, distorsiones cognitivas) juegan un papel básico en el inicio y mantenimiento de la
ansiedad desadaptativa. Estos modelos ponen el acento en el llamado «procesamiento de la información». Este
movimiento se ha inspirado en estudios experimentales sobre procesos atencionales, perceptivos, de memoria y
comprensión y postula que el mecanismo consiste en un procesamiento selectivo de la información que lleva a la
persona a percibirla como amenazante o peligrosa. Este sesgo selectivo parece estar presente en todas las fases del
procesamiento de la información: atención, interpretación y memoria.
3.1.1 Modelo de Clark y Wells
Según el modelo, el proceso crucial en el mantenimiento del TAS/FS es el procesamiento negativo de la
información centrada en uno mismo como objeto social. Es decir, sostiene que cuando la persona con este trastorno
psicológico se enfrenta a una situación social temida se produce un cambio en su centro de atención. Se hipotetiza
que las personas con el trastorno muestran un cambio en la dirección de su atención en las situaciones sociales que
se caracteriza por un aumento de intensidad de la atención sobre sí, lo que las lleva generalmente a informar que se
perciben como el centro de la atención de los demás. Como consecuencia de esta focalización de la atención en sí y
de los elevados umbrales que tienen como referencia para considerar una actuación adecuada y de sus creencias
negativas sobre su potencial de actuación adecuado, se activan los supuestos disfuncionales que mantienen el
trastorno.
Postulan la existencia de un continuum en el que la timidez estaría en un extremo, el TAS/FS en la zona media y el
TPE en el otro extremo. Es decir, consideran que el TPE sería una misma entidad nosológica que la FS en la que las
diferencias cuantitativas son la característica diferencial, lo que coincide por lo mantenido por la línea de
investigación en este trastorno por nuestro grupo de investigación.
En contraposición al modelo de Clark y Wells, establecen que los procesos que generan y mantienen las respuestas de
ansiedad social son esencialmente similares, independientemente de que la persona se encuentre inmersa en la
situación social, la anticipe o la rememore.
Estos autores sostienen que las personas socialmente ansiosas centran y comparten simultáneamente sus recursos
atencionales en dos direcciones: en una representación mental de sí mismos sobre su conducta y apariencia
externa, por un lado y por otro en los indicadores externos de la evaluación negativa. No obstante, esta perspectiva
de sí mismo constituye una visión distorsionada basada, por una parte, en interpretaciones negativas de señales
internas (percepción de los latidos cardíacos como «me voy a desmayar»), por otra parte, de señales externas (el
bostezo de un oyente se percibe como «le aburro») y, finalmente, en la recuperación selectiva de información de la
memoria a largo plazo (experiencias sociales negativas).
Este modelo se centra en la Fobia Social Generalizada (FSG) partiendo de que no existía previamente a su
formulación una propuesta explícita sobre la manera en la que las distintas variables interactúan entre sí para
producir, desarrollar y mantener la FSG. El modelo se sustenta en la teoría de la sensibilidad al refuerzo formulada
por Gray. Aborda en el marco actualizado de esta teoría las variables de orden genético, temperamental, ambiental y
cognitivo que la investigación ha relacionado con la FSG.
Kimbrel (2008) hace su propuesta integrando todos los hallazgos existentes y proponiendo un modelo que se
caracteriza porque:
a) Integra una amplia gama de factores genéticos, biológicos, temperamentales, ambientales y cognitivos.
b) Proporciona una conceptualización de la personalidad fundamentada biológicamente que permite la
comprensión de los sesgos cognitivos que se observan las personas con ansiedad social.
c) Prevé las condiciones en las que este tipo de sesgos tienen más probabilidades de presentarse.
El modelo establece que el inicio del trastorno se puede explicar cómo el resultado de la interacción de una o más
modalidades de aprendizaje que se pueden dar de forma aislada o estableciendo sinergias a lo largo del tiempo y el
espacio. Dichos aprendizajes mediarían entre los factores propios del N/A y los de un contexto social negativo de
tal forma que dicha interacción incrementaría el riesgo/vulnerabilidad hasta producir su inicio.
Entre las variables de vulnerabilidad de tipo biológico, en el contexto de las "variables organísmicas o del sujeto"
cabe destacar el constructo de Inhibición Conductual (IC) ante los estímulos no familiares. La IC se considera una
variable temperamental que se asocia a una elevada timidez, evitación social, retraimiento, malestar social e
inquietud ante lo desconocido o incierto (situaciones, objetos, gente). La IC estaría relacionada con dos tipos de
reacciones biológicas muy específicas: un bajo umbral para la activación psicofisiológica y una elevada resistencia a
la extinción de este tipo de respuestas. Estas dos características incrementarían la probabilidad de: (i) lograr una
habituación a las situaciones novedosas o percibidas como peligrosas, (ii) incrementar la capacidad de tener
conciencia de sí mismo, (iii) desarrollar problemas de autocontrol respecto a las reacciones implicadas en situaciones
de relación y/o actuación social y (iv) la aparición de respuestas de escape inicial y posteriormente de evitación.
En el supuesto de que pudieran existir factores genéticos asociados a la IC y al neuroticismo, dichas variables serían
las responsables de una parte sustancial de la varianza que comparten los denominados trastornos internalizados,
incluido el TAS/FS. Los estudios con gemelos monocigóticos parecen apoyar esta hipótesis ya que los datos obtenidos
por estos estudios son coherentes con la existencia de algún tipo de vulnerabilidad constitucional en relación con el
TAS/FS, siempre en un contexto de herencia multifactorial.
También se investiga la relación entre este trastorno y los distintos sistemas de neurotransmisión como el
dopaminérgico, serotoninérgico, adrenérgico y gabaérgico. Los resultados de los estudios podrían contar con bases
neuroanatómicas ubicadas en la red de alta sensibilidad, situada en el sistema límbico y más en concreto en/entre la
amígdala y el hipocampo.
Respecto a la génesis del TAS/FS cuando un niño o adolescente aprende a actuar o relacionarse en contextos no
familiares, las categorías de «contexto social negativo» (variables ambientales) y «vulnerabilidad elevada»
(variables organísmicas o del individuo) se hipotetizan como un excelente caldo de cultivo para que se pueda
producir una asociación disfuncional, inadecuada, con las personas presentes. Las asociaciones se producen
mediante los mecanismos de aprendizaje, siendo más probable que acontezcan en los escenarios en los que el modo
de reaccionar o responder pueda ser evaluado negativamente por los presentes. Así se establecería la asociación
entre el contexto estimular y el patrón de respuestas cognitivas, motoras y psicofisiológicas que se activan.
En función de cómo se desarrollen estas asociaciones podemos diferenciar dos conjuntos de condicionamientos. En
el primero se producirían de modo abrupto y repentino. En el segundo siguiendo un curso insidioso, a través del
desarrollo de la timidez y otras modalidades de ansiedad social sin significación clínica inicial.
Además, independientemente del curso, una historia de estrés o experiencias humillantes como el ser objeto de burla
o acoso reiterado puede contribuir a incrementar la vulnerabilidad y acelerar la génesis del TAS/FS.
Los tramos evolutivos en los que se da con más frecuencia el inicio del TAS/ FS son la infancia y la adolescencia. El
riesgo de aparición de este trastorno está muy condicionado por el sexo, siendo mucho más frecuente su inicio en el
sexo femenino con relaciones que varían de 2:1 a 3:2. Ambos sexos deben ir adaptándose a un incremento notable
de las demandas contextuales relacionadas con nuevas situaciones sociales, en ocasiones de forma gradual y en
otras de forma abrupta. A ello hay que sumar el hecho de que en la adolescencia se incrementa la conciencia entre
cómo uno cree que lo ven los demás y cómo se ve uno a sí mismo, se intensifica el proceso de evaluación inter e intra-
miembros de los grupos y aparece el desafío de conquistar un lugar y un papel en un sistema social nuevo y distinto
al de la familia. A la par se aprende a gestionar la inquietud, el desasosiego, la vergüenza y el miedo a la evaluación
negativa que pueden hacer, del niño o adolescente, tanto sus pares como figuras de autoridad y otras personas.
En este contexto el peso de los factores culturales es muy elevado y puede predisponer a padecer el TAS/FS. De hecho,
determinadas culturas orientales, se caracterizan por poseer normas sociales propias de las culturas colectivistas, es
decir, extremadamente rígidas tanto en la interacción como actuación social. Ello contribuye a que cualquier estímulo
discordante pueda ser interpretado por los presentes como una ofensa o burla. En estas circunstancias se ha definido
el síndrome de Taijin kyofusho como un temor desproporcionado a ofender o perjudicar a otros en lo que sería una
variante del TAS/ FS asociada a las mencionadas características culturales.
Fase de desarrollo
En el modelo, los niveles elevados de neuroticismo e introversión explicarían la elevada probabilidad de que el N/A dé
respuestas de escape o evitación que le permitan reducir el malestar que le ocasionan los contextos sociales
percibidos como peligrosos. A esta mayor sensibilidad el modelo postula que se unen otras variables como el exceso
de autocrítica respecto de la actuación, la implicación en la relación, etc. La crítica irracional y desproporcionada
que hace el N/A intensificará todavía más el sesgo cognitivo atencional en relación con potenciales amenazas
internas y externas.
Una vez que se ha constituido la asociación del patrón de respuestas disfuncionales con el contexto social en el que
se actúa o se interactúa socialmente empezaría a darse una retroalimentación del bucle que se ha establecido. Es
decir, a partir de este momento pueden darse dos potenciales situaciones. En la primera el N/A puede verse
atrapado sin posibilidad de escapar de la situación temida («situación prisión» por inundación). En la segunda, la
exposición se produce cuando todavía su motivación es más intensa que la amenaza percibida, que se producirá
cuando el TAS/ FS se encuentra en sus fases iniciales de desarrollo. Sobrepasado este lapso temporal inicial la
situación comenzará a percibirse como muy aversiva o incluso peligrosa. Este cambio de significado de la situación
social se debería principalmente a la percepción de reacciones que pueden ser percibidas por los demás (rubor,
temblor, sudoración, tensión muscular desproporcionada).
Tras experimentar una o más situaciones sociales en las que se han dado los condicionamientos aversivos descritos,
la intensidad, frecuencia y duración de las respuestas de ansiedad también dependerían de las variables que tienen
relación con el grado de control que el N/A cree tener sobre la situación. A partir de este momento el sesgo
atencional se fortalece, cada vez se tiene menos capacidad para centrar la atención en la tarea de actuación o
relación, de tal forma que la atención se centra con mayor frecuencia, duración e intensidad en los indicios y señales
de peligro que pueden provenir tanto del contexto externo como del interno, relegándose cada vez más a un segundo
plano la retroalimentación positiva de los demás como la consideración de los logros propios.
Llegados a este punto, se comienzan a exacerbar las expectativas negativas y la atención selectiva junto con las
respuestas defensivas de escape parcial. Dichas respuestas provocan un alivio que actúa como reforzador del patrón
de respuestas de ansiedad. El N/A todavía no emite respuestas de evitación que le permitan abandonar de forma
súbita la situación, ya que el malestar de exponerse a ello es todavía mayor que el de seguir enfrentándose
parcialmente a la situación.
La repetición de este tipo de experiencias, de baja o moderada intensidad, consiguen generar una intensidad
suficiente del malestar como para que los N/A comiencen a huir de forma brusca y repentina de las situaciones
sociales que se lo generan. La respuesta de escape pasa de ser parcial a total y el alivio que se experimenta como
estímulo consecuente se incrementa notablemente en intensidad, fortaleciéndose e incrementándose de esta
forma el condicionamiento aversivo previo. No obstante, a pesar del sufrimiento todavía son capaces de seguir
enfrentándose a las situaciones sociales, pero se tornan cada vez más vulnerables.
En el modelo que desarrollamos, se cruza la frontera entre la fase de desarrollo y la del mantenimiento del
trastorno del comportamiento cuando el N/A da esa primera respuesta de evitación. Este será el salto cualitativo
con el que se constituye el inicio del TAS/FS. Con el paso del tiempo la «trampa del alivio» descrita anteriormente
se irá consolidando y produciéndose un efecto de habituación (el alivio será cada vez de menor intensidad y
duración). En este contexto de alivios cada vez más exiguos y malestar cada vez más exacerbado el N/A tratará de
poner remedio a lo que ya empieza a entender como una falsa solución: escapar complica aún más el problema y
exponerse sólo sirve para comprobar una y otra vez lo mal que se pasa en ese tipo de situaciones sociales, es decir, su
incapacidad para superarlas.
Las variables de tipo cognitivo como la autocrítica desproporcionada e inflexible, así como la intensificación de la
atención selectiva, se encargarán de mantener los condicionamientos previos cuándo no de acelerar el proceso.
Fase de mantenimiento
En esta fase ya no será solo la exposición a la situación social que se teme la que desencadene las respuestas de
ansiedad, el mero hecho de evocarla o imaginarla (ansiedad anticipatoria) también las activará. De esta forma se
generan interpretaciones erróneas y negativas como el hecho de atribuir al escape o a la evitación la ausencia de las
consecuencias temidas, así como todos los sesgos cognitivos relativos a la situación.
El proceso (i) interfiere en la interpretación y en la percepción de los estímulos facilitadores de la acción, afectando a la
elaboración de respuestas cognitivas, motoras y psicofisiológicas; (ii) produce insatisfacción respecto a la propia
actuación, e (iii) incrementa disfuncionalmente los valores de las dimensiones de las respuestas que conforman el
TAS/FS.
Toda esta situación devendrá en un incremento en la frecuencia de respuestas de escape total o parcial y de las
motoras y cognitivas de evitación, con el fin de reducir o eliminar a corto plazo (trampa del alivio) los rubores,
temblores, la sensación de pérdida de control, la inquietud y el malestar generados por el pensamiento relativo a la
posibilidad de no saber qué decir o hacer en una situación social comprometida.
De forma paralela se dará un incremento de las respuestas de escape parcial que al no producir el alivio esperado
(habituación) devendrán en respuestas de escape total que derivarán en respuestas de evitación. Tal cambio se
producirá N/A acumula suficiente evidencia respecto a la inutilidad de su exposición. Cuando se produce este
«descubrimiento» se agrava el aislamiento social y todas las consecuencias negativas que de ello se derivan. Las
respuestas de ansiedad se ven reforzadas de forma negativa por la evitación/ escape y positivamente por el
contexto social. Estas últimas proporcionadas por las personas cercanas que son capaces de empatizar con ellos
contribuyendo, sin saberlo, a reforzar las respuestas disfuncionales a la par que alivian su sufrimiento (producido por
verlos como sufren).
El aislamiento se puede conceptualizar como un estado de evitación pasiva que se constituye en una variable
relevante en el mantenimiento de la FS por varias razones: (i) se reducen progresivamente los estímulos
instigadores hasta su total eliminación, (ii) desaparecen las interacciones sociales que permiten el refuerzo positivo
de las respuestas adaptadoras, (iii) los otros niños y adolescentes que interactúan con aquellos que padecen el
trastorno son sometidos a un proceso de extinción de la respuesta de aproximación, (iv) se torna más intenso el
miedo a la exposición por mediación del incremento de expectativas negativas, las creencias, los supuestos destreza
y con las la atribuciones que se aplican disfuncionales, y (v) la falta de práctica reducen las habilidades sociales
relacionadas con la actuación e interacción (especialmente la asertividad).
En el caso de que se presenten conflictos de contingencias (cuando el miedo a hacer el ridículo por escapar de la
situación social es de similar magnitud a la del miedo a persistir en la situación social), entonces la inclinación de la
balanza se producirá a favor de aquel patrón de respuesta cuya consecuencia produzca un mayor alivio (intensidad
del refuerzo negativo).
Las interpretaciones erróneas y negativas que llevan a cabo los N/A con TAS/ FS pueden alcanzar una gran
importancia en el mantenimiento del trastorno del comportamiento. La impresión que tienen sobre cómo los
perciben los demás está muy sesgada por los procesos de aprendizaje, pero ellos la viven como totalmente cierta.
Estos sesgos se potencian en relación con la información almacenada en la memoria que es evocada de forma falaz
y por el sesgo atencional que se da en dichas situaciones sociales.
Lo descrito anteriormente hará que el N/A con TAS/ FS intensifique y confirme sus interpretaciones negativas y
erróneas, así como sus expectativas negativas y la propia ansiedad anticipatoria, lo que se almacenará en su memoria
emocional y contextual activándose cada vez que sea consciente de tener que actuar ante otros o relacionarse con
otros, incluso al oír a otros hablar sobre este tipo de situaciones sociales o cuando las imagina.
Llegado este momento el proceso responsable del mantenimiento del TAS/ FS habrá completado su ciclo y pasará a
retroalimentarse en bucle, de forma indefinida, generando un proceso de consolidación y generalización que
deviene en mayor interferencia y sufrimiento. Mayor consolidación y generalización implican, mayor aislamiento
social y menor posibilidad en la práctica de la ocurrencia de conductas prosociales.
4. EVALUACIÓN
4.1 La entrevista
Este tipo de estrategias suele ser el método más frecuente para obtener información sobre cualquier trastorno
psicológico.
La interactividad de la entrevista la convierte en un instrumento único de evaluación, proporcionando al
entrevistador una oportunidad para observar al paciente e interactuar; después de todo, es un encuentro
interpersonal. El N/A con ansiedad social estará nervioso en la primera entrevista con el terapeuta, ofreciendo, así, una
oportunidad real para muestrear las emociones y las cogniciones relativas a la interacción social con una figura de
autoridad. La situación de entrevista se convierte en un escenario similar al de un test situacional para muchos
pacientes con TAS/FS. La fluidez y el contenido del habla, su postura, contacto ocular, gestos, etc. son una valiosa
fuente de información que no debiera pasarse por alto.
La parte central de la entrevista tiene que centrarse en la conducta social actual del paciente. La especificación de
los antecedentes y consecuentes de diferentes conductas interpersonales problemáticas, así como su delimitación
operativa, es fundamental para el tratamiento. No tenemos que fijarnos solamente en las respuestas manifiestas,
sino también en las posibles cogniciones que pueden intervenir en el mantenimiento del TAS/FS.
Entre todas ellas destaca por la frecuencia de su uso la «Entrevista para los trastornos de ansiedad según criterios del
DSM- 5: Versión para niños y padres» (ADIS-5-C/P) que se aplica a la evaluación del TAS/FS entre los 6 y los 17 años,
Es un ejemplo de entrevista semiestructurada. Su aplicación completa se puede realizar en unos 90 minutos.
Las medidas de autoinforme, bajo la forma de cuestionarios, inventarios o escalas, suelen ser bastante útiles por el
ahorro de tiempo que proporcionan, al muestrear toda una serie de situaciones y sus correspondientes respuestas en
los tres sistemas, así como las emociones asociadas estas, y por permitir obtener información del ámbito privado y/o
de respuestas de baja frecuencia. Aunque no se pueden utilizar como instrumentos de diagnóstico, sirven para
suministrar información antes, durante y después del tratamiento. En la intervención individual la modalidad de
autoinforme que llamamos autorregistro constituye, junto a los registros realizados por terceros, una fuente
imprescindible de información porque aporta datos básicos para realizar el análisis topográfico y posteriormente el
funcional. En la grupal los autoinformes también son herramientas básicas porque sus resultados permiten comparar
a cada paciente/cliente con su grupo normativo.
En estos momentos existen bastantes escalas, cuestionarios o inventarios diseñados para evaluar específicamente el
TAS/FS. La elección de qué instrumento se ha de utilizar dependerá de los intereses del clínico y/ o investigador. A
continuación, presentamos algunos de los instrumentos más utilizados en población infanto/juvenil:
«Inventario de ansiedad y fobia social para niños» (SPAI- C; Beidel, Turner y Morris). Consta de 26 ítems que
evalúan aspectos conductuales, cognitivos y somáticos de la fobia social en distintas situaciones, se dirige
a niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 8 y los 17 años. Cada ítem puntúa en una escala
tipo Likert de 0 a 3 puntos. La puntuación total oscila entre 0 y 52 puntos y el punto de corte en 18.
«Escala de ansiedad social para adolescentes» (SAS-A; La Greca y López). Adaptado a población española,
este instrumento incluye ítems relativos al componente cognitivo y motor de la ansiedad social, así como
versiones para padres y profesores. El formato de respuesta es una escala Likert de 5 puntos. A mayor
puntuación, mayor nivel de ansiedad social.
«Escala de ansiedad social de Liebowitz para niños y adolescentes» (LSAS-CA-; Masia Warner). Consta de 24
ítems que evalúan temor y evitación de determinadas situaciones sociales. Se compone de dos subescalas
que evalúan problemas con situaciones de interacción social (11 ítems) y de actuación social (13 ítems). Las
preguntas se responden según una escala de 4 puntos (de 0 a 3).
Generalmente suele ser de interés obtener información a través de las personas cercanas al N/A sobre el
comportamiento de este en determinadas situaciones sociales. Cuando esto ocurre se entrena a los para profesionales
(padres, profesores, personal auxiliar) para que puedan realizar correctamente el proceso de observación pertinente al
caso y su correspondiente registro en el instrumento ad hoc o cumplimentar escalas e inventarios adaptados para
este fin.
4.4 El autorregistro
El autorregistro permite al N/A con TAS/FS observarse y registrar la secuencia temporal de los estímulos
(antecedentes y consecuentes; internos y externos), las respuestas públicas y privadas (asignando valores a sus
dimensiones), así como la intensidad y el signo de las emociones experimentadas. Esta información resulta básica
para la realización de un análisis topográfico y es muy relevante para el análisis funcional del caso. Permite tener el
conocimiento acceso a datos que de otra manera sería difícil.
Las amenazas más frecuentes a la validez del autorregistro son la falta de fiabilidad y la reactividad. La primera se
refiere a la inexactitud o inconsistencia de la observación o mantenimiento del registro, mientras que la segunda
depende del grado en que se produzca en el objeto de la observación. Otra amenaza es la fatiga debido a que, con el
tiempo algunos pacientes pueden cansarse y prestar menos atención a la observación y el registro. No obstante, a
pesar de estas potenciales limitaciones, el autorregistro es un método de evaluación muy empleado durante el
tratamiento del TAS/FS, especialmente desde una posición conductual o cognitivo-conductual, porque además de ser
una fuente básica de información clínica también constituye el referente más fiable para nuestros pacientes a la hora
de valorar la evolución de los efectos de la intervención.
La observación directa de la respuesta/reacción del N/A en las situaciones que desencadenan la ansiedad puede ser
útil para el psicólogo por muchos motivos. Así, se puede utilizar para identificar señales específicas de temor y para
determinar su intensidad al exponerse. También, debido a la discordancia entre las tres dimensiones de las reacciones
de ansiedad, es posible que los cambios que tengan lugar en las medidas de autoinforme, no ocurran en las conductas
manifiestas. Un ejemplo de esta modalidad de evaluación se halla implícito en la estrategia que utiliza la «Prueba de
aproximación/ evitación conductual» (BAT). Esta puede realizarse tanto en vivo como en imaginación o utilizando
la realidad virtual.
Los registros psicofisiológicos han sido poco empleados en la evaluación del TAS/FS. La variable más utilizada ha sido
la tasa cardíaca, pero también se han empleado otras como la presión y el flujo sanguíneos, las respuestas
electrodermales, la electromiográfica y la respiración. No obstante, se ha señalado que la tasa cardíaca, por ejemplo,
puede reflejar otros procesos distintos al miedo.
Por todo ello, se ha cuestionado la fiabilidad y validez de los registros psicofisiológicos, señalándose que existen
pocas razones para recomendar la evaluación psicofisiológica como práctica habitual para los sujetos con fobia
social. Estos autores señalan, además, que es cuestionable que estas medidas añadan información significativa a la
que se obtiene mucho más fácilmente por medio de las medidas conductuales y de autoinforme de la ansiedad social.
En una línea de investigación en este contexto se realizaron estudios experimentales se empleando como tratamiento
varias mezclas de dióxido de carbono y oxígeno. El fin era para producir controladamente alteraciones similares a las
que conforman los ataques de pánico en personas con este trastorno más agorafobia y en quienes presentaban fobia
social. Sin embargo, no pudieron producir las respuestas alteradas que conforman el TAS/FS.
En otra la sustancia utilizada fue el lactato. En esta se probó que su infusión provocaba un ataque de pánico en el
44% de quienes presentaban agorafobia, en el 50% de los quienes tenían trastorno de pánico y en el 7% de los que
mostraban TAS/FS. En consecuencia, los datos no son concluyentes a la hora de apoyar el uso de esta sustancia para
diferenciar distintos trastornos de ansiedad (incluido el TAS/FS).
5. TRATAMIENTO DEL TRASTORNO POR ANSIEDAD/FOBIA SOCIAL EN LA INFANCIA Y LA
ADOLESCENCIA
Los tratamientos que han demostrado mayor evidencia empírica respecto a su eficacia para el tratamiento del TAS/FS
en población infanto-juvenil son los que se basan en el modelo conductual-cognitivo.
El Social Effectiveness Therapy for Adolescents. Spanish Versión SET-A- (Olivares, García-López, Beidel y Turner)
es la versión española de su homólogo norteamericano (-SET-C-; 'Beidel; Turner y Morris). Es un programa de
tratamiento multicomponente diseñado para disminuir y/o eliminar las respuestas de ansiedad social,
mejorar las habilidades sociales e incrementar el número de actividades sociales placenteras. El fin del
programa es mejorar la efectividad de la competencia social en la población infanto-juvenil con TAS/FS en las
dimensiones indicadas.
El primer componente del programa es el Educacional, el cual tiene por objetivo informar a los participantes
acerca de la naturaleza de la fobia social. De esta forma los participantes se familiarizan con los aspectos del
tratamiento y se examinan las expectativas que tienen respecto de este. También permite al participante
conocer al terapeuta y a sus compañeros de grupo. De hecho, los autores consideran este componente como el
primer paso de una estrategia para modificar el estilo de vida restringido que frecuentemente presentan los
participantes con fobia social.
El segundo es el Entrenamiento en Habilidades Sociales (EHS). Esta fase está diseñada para enseñar y/o
mejorar las habilidades sociales de los participantes, así como para proporcionar un contexto en el que
ponerlas en práctica.
Simultáneamente con el desarrollo del entrenamiento en habilidades sociales se realizan las tareas para casa
y los ejercicios de flexibilidad cognitiva. Es decir, 'al finalizar la sesión de EHS, se acuerda con los participantes
las tareas orientadas a la realización de exposiciones en vivo en contextos naturales y la ejecución de los
ejercicios de flexibilidad cognitiva diseñados para incrementar el repertorio de interacciones sociales que son
usadas para fomentar el contacto social y para modificar los pensamientos irracionales que se hallan en la base
del estilo rígido de pensamiento que presentan la mayoría de fóbicos sociales. Los ejercicios de flexibilidad,
encaminados a aumentar sus repertorios de conducta, les fuerzan a generar alternativas y, por lo tanto, a
cambiar su estilo de pensamiento. Los autores de este programa de tratamiento consideran que estos
ejercicios son críticos en el proceso de modificación de la manera en la que los participantes se plantean su
actual vida social y las posibilidades que se abren para ellos.
El tercer componente es la Exposición. Aunque todos los elementos del programa incluyen algún grado de
exposición, su intensificación se dirige fundamentalmente a la exposición gradual y a la inundación (en vivo y/o
en imaginación). La exposición se lleva a cabo en las sesiones individuales.
El último componente del SET-A es la Práctica Programada, cuyo objetivo es asegurar que los beneficios del
tratamiento se generalizan al medio natural en el que se desarrolla la actividad cotidiana del participante. Se
espera que esta produzca la consolidación y la generalización del empleo de las habilidades sociales aprendidas
durante las sesiones de tratamiento. Durante este período se lleva a cabo una transferencia gradual de la
responsabilidad del terapeuta al participante, para que este último planifique actividades de autoexposición.
También se le enfatiza la necesidad de continuar exponiéndose a las situaciones sociales que aún puedan
suscitar respuestas de ansiedad tras la finalizar el tratamiento. Este componente incluye también estrategias de
prevención de retrocesos en la aplicación de lo aprendido. Su objetivo es preparar a los participantes para que
sepan cómo afrontar la posibilidad de volver a experimentar respuestas de ansiedad en situaciones sociales
conocidas o novedosas.
El SET-A consta de 28 sesiones de tratamiento que se desarrollan a lo largo de 16 semanas. Las sesiones se
realizan dos veces por semana durante las doce primeras y una vez por semana durante las cuatro últimas. El
componente Educacional se implementa durante la primera reunión en grupo (sesión 0). Los componentes de
EHS y Exposición se desarrollan durante las doce primeras sesiones, aplicándose simultáneamente. Las
sesiones de EHS (en grupo) tienen una duración de 60 minutos y las relativas a la Exposición (individuales)
tienen una duración aproximada de 30 minutos. El último componente, la Práctica Programada, tiene lugar en
cuatro sesiones individuales de 60 minutos, llevándose a cabo una vez que han finalizado las sesiones de EHS y
Exposición.
5.2 Cognitive-Behavioral Group Treatment for Adolescents
Este programa es conocido por su acrónimo CBGT-A. Integra elementos cuyo objeto es enseñar a los adolescentes
habilidades específicas que les ayuden a afrontar las situaciones sociales que les provocan o suscitan respuestas
alteradas y disfuncionales de ansiedad. Incluye el componente de exposición graduada dentro de las sesiones de
tratamiento y además se planifican ejercidos de autoexposición durante la ejecución de las tareas para casa. El
CBGT-A se divide en dos fases de ocho sesiones cada una: (a) la Educativa y de Entrenamiento en habilidades («Skills
building») y (b) la de Exposición.
Durante la primera, el psicólogo describe el programa y presenta el modelo explicativo del TAS/FS, resaltando la
importancia de las respuestas de evitación y/ o escape como factores de mantenimiento. Posteriormente, durante el
módulo de Entrenamiento en habilidades se trabajan las habilidades sociales, el entrenamiento en resolución de
problemas y la reestructuración cognitiva siguiendo el modelo de la terapia cognitiva de Beck.
En la segunda, la de Exposición, se realizan ensayos de conducta y exposiciones en vivo, de cara a aprender a
afrontar adecuadamente las situaciones sociales temidas por el adolescente. Para ello, previamente los participantes
construyen individualmente una jerarquía con las situaciones sociales que les ocasionan malestar y respuestas de
escape/evitación. Durante las exposiciones se simulan las situaciones que se han jerarquizado, pudiendo usar para
este fin a los compañeros del grupo y al propio psicólogo.
Cada participante se expone doblemente. Por un lado, se enfrenta a las situaciones de su jerarquía y, por otro,
también participa en las exposiciones de sus compañeros. Asimismo, durante esta fase se asignan tareas para casa
con el objeto de promover el mantenimiento y la generalización de los efectos. Tanto durante la primera fase como
en esta última, se dispone de un tiempo de descanso («snack time») que tiene lugar aproximadamente durante la
mitad de la sesión. Este componente está diseñado para proporcionar una actividad en el medio natural que
fomente el modelado de las conductas prosociales.
Durante la fase de entrenamiento en habilidades, el «tiempo de descanso» se dedica a la desensibilización, a leer o a
comer en público y/o hacer pequeñas charlas informales (p. ej, debates). Durante la fase de exposición se realizan
«mini-exposiciones» en vivo (ir a la cantina, pedir un refresco). Además, con el fin de prever posibles recaídas
durante la última sesión de esta fase se hace un repaso de los contenidos trabajados durante las sesiones y de los
cambios experimentados por los participantes a lo largo del tratamiento. Junto a esto, se planifican exposiciones, se
analizan y se discuten los factores que han podido contribuir al cambio y a la atribución de la mejoría por parte de los
participantes.
El CBGT-A incluye 16 sesiones de tratamiento, las cuales se desarrollan durante un periodo de 14 semanas. Todas
tienen una duración de 90 minutos y se desarrollan en grupo. La periodicidad de las cuatro primeras es de dos veces
por la semana y de una por semana en el resto.
El programa IAFS (Olivares) es un paquete de tratamiento multicomponente, diseñado a partir de los resultados del
análisis de los componentes del SET-A y CBGT-A que habían demostrado su utilidad subjetiva. Es decir, estimada a
partir del diferencial semántico de participantes que habían realizado estos tratamientos, puntuando los contenidos
de las sesiones tras terminar estas y al final de la aplicación del tratamiento.
El programa IAFS consta de 12 sesiones de tratamiento en grupo, de 90 minutos de duración por sesión y una
periodicidad semanal. Los componentes básicos del programa son el educativo, el de entrenamiento en habilidades
sociales, la exposición y las técnicas de reestructuración cognitiva:
Componente educativo. En este se informa acerca de los contenidos del tratamiento, se presenta un
modelo explicativo del TAS/FS, se planifican los logros que cada participante querría alcanzar (conductas
objetivo) y se examinan las expectativas respecto del tratamiento y cada una de las conductas objetivo.
Entrenamiento en habilidades sociales. Integra contenidos tales como iniciar y mantener conversaciones,
asertividad, dar y recibir cumplidos, establecer y mantener amistades, así como enfrenamiento en hablar
en público.
Exposición. Es el elemento central del programa. Casi todas las actividades se desarrollan en torno al mismo.
Se aplica en vivo (exposiciones simuladas y reales) y en imaginación.
Técnicas de reestructuración cognitiva. El objetivo de este componente es que los participantes aprendan a
identificar los pensamientos automáticos negativos que producen cuando evocan situaciones pasadas,
anticipan situaciones sociales o están inmersos en una situación social que les suscita respuestas de
ansiedad. Se fundamenta en la terapia cognitiva de Beck y se aplica siguiendo un proceso que incluye la fase
psicoeducativa, la de entrenamiento y aplicación de lo entrenado, así como el formato A-B-C de Ellis para
discutir pensamientos automáticos e irracionales.
Al terminar las sesiones en grupo se acuerdan las tareas para casa, consistentes en exposiciones en vivo en el
contexto de la actividad cotidiana de los participantes de acuerdo con el contenido que se haya trabajado en el ámbito
clínico durante el desarrollo de las sesiones.
El Programa incluye la posibilidad de tratar a los participantes en sesiones de tutoría individualizada, variando los
contenidos y la duración de estas sesiones en función de las necesidades específicas que presenten los participantes,
dentro del rango 15 minutos/sesión (mínimo previsible) y 30 minutos/sesión (máximo deseable). En ellas se hace un
seguimiento de las dificultades halladas en realización de las tareas para casa y se tratan cuestiones relativas a los
contenidos y actividades de las sesiones de grupo.
Además, al igual que el CBGT-A y el SET-A, el IAFS incluye instrucciones de cara a la prevención de recaídas, haciendo
hincapié en identificar las situaciones de alto riesgo en las que los participantes pueden experimentar ansiedad y
deseos de emitir respuestas de evitación y/o escape. De igual modo, se analizan qué situaciones sociales aún generan
ansiedad y se discute la importancia de continuar exponiéndose a esas situaciones.
Este programa fue desarrollado por Masia, Klein, Storch y Corda para el tratamiento del TAS/ FS en contextos
académicos a partir del SET-C.
El Skillsfor Academic Social Success (SASS) se compone de 14 sesiones en grupo. De ellas, una sesión se dedica al
componente educativo, una sesión a «pensamientos realistas», cuatro sesiones al entrenamiento en habilidades
sociales, cinco sesiones a la exposición y una sesión a la prevención de recaídas.
Adicionalmente se incluyen dos reuniones informales («pizza parties») para practicar en contextos no
estructurados las habilidades sociales. Los componentes de habilidades sociales y de exposición siguen los del SET-C,
el relativo al «pensamiento realista» y la prevención de recaídas son adaptaciones del libro «Overcoming
Shyness and Social Phobia» y los componentes prácticos sobre cómo desarrollar la intervención en grupo están
basados en el CBGT-A.
En la sesión psicoeducativa se establecen las normas de funcionamiento y se explican los aspectos relevantes del
TAS/ FS y otros detalles del programa. El componente pensamiento realista, consiste en evaluar más objetivamente la
ocurrencia de eventos negativos y las consecuencias que pueden derivarse de este cambio de perspectiva. Por lo
que respecta al entrenamiento en habilidades sociales, las sesiones incluyen iniciar y mantener conversaciones,
atender y recordar habilidades y entrenamiento en asertividad. Las exposiciones se realizan en vivo y en
situaciones simuladas incluyendo para ello en las sesiones situaciones temidas por cada uno de los participantes. La
prevención de recaídas incluye instrucciones para identificar señales que indiquen una situación problemática y
estrategias para prevenir su ocurrencia.
El SASS se mostró superior en el postratamiento y en el seguimiento a los seis meses a un grupo de apoyo al que se
impartió psicoeducación, enfrenamiento en relajación y apoyo relacionado con las respuestas de ansiedad y las
experiencias de ansiedad, así como respecto de cuestiones generales de la vida y las dificultades generadas por la
ansiedad social.
6. CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS FUTURAS
Como hemos podido observar, pese a la constatación de mejoras significativas, presenta serias limitaciones
metodológicas para valorar el alcance de los efectos del tratamiento, de acuerdo con los requisitos de la
intervención conductual-cognitiva individualizada.
En relación con las perspectivas futuras hay que recordar que el TAS/FS se muestra como uno de los trastornos del
comportamiento que más interferencia, sufrimiento y pérdidas económicas genera, debido a su elevada tasa de
prevalencia y a las consecuencias negativas que tiene sobre el comportamiento prosocial. En este contexto las
investigaciones futuras deberían seguir profundizando en la detección e intervención temprana del trastorno, para
evitar los efectos perniciosos derivados de su generalización y consolidación. La elevada comorbilidad con otros
trastornos psicológicos, como la depresión mayor o el abuso de sustancias tóxicas como el alcohol o el cannabis,
correlaciona con mayores niveles de ansiedad social. La prevalencia en el sexo femenino es mayor que en el
masculino en relaciones que varían de 2:1 a 3:1.
Pese a que se ha producido a lo largo de las últimas tres décadas un auge sostenido de la investigación de las
propiedades psicométricas de los instrumentos de evaluación disponibles para población española hay que seguir
profundizando en la sensibilidad de estas en función del marco sociocultural y de las minorías.
Los tratamientos cognitivo-conductuales para población infanto-juvenil están bien establecidos, es decir,
disponemos de evidencia empírica suficiente como para recomendarlos como primera opción de tratamiento
psicológico, pero se echa en falta el estudio de la contribución de sus distintos componentes al resultado final.
Asimismo, en la actualidad ya se están validando otras modalidades de tratamiento mediante el empleo de nuevas
tecnologías como la realidad virtual o el uso de aplicaciones móviles que parecen mostrar resultados prometedores,
cuando se aplican con rigor, pero es necesario profundizar en su estudio para aportar mayor evidencia empírica
respecto de su eficacia y la contribución de sus componentes a los resultados del tratamiento. Por último, hemos de
señalar que el estudio del efecto de los componentes inespecíficos del tratamiento del TAS/ FS es también otra
línea de investigación pendiente de desarrollar ya que la evidencia es escasa y en ocasiones contradictoria.