0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas38 páginas

Ejemplo de Tesis

La tesis de Noelia Soledad Koza explora la eficacia y limitaciones del Mindfulness en el tratamiento de trastornos de ansiedad, destacando su relevancia en la psicoterapia contemporánea. A través de una revisión bibliográfica, se analizan diversas técnicas basadas en Mindfulness, como MBCT, MBSR y TMC, y se discuten sus aplicaciones clínicas y resultados. El trabajo concluye que, aunque el Mindfulness puede ser efectivo, también presenta ciertas limitaciones que deben ser consideradas en su implementación.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
39 vistas38 páginas

Ejemplo de Tesis

La tesis de Noelia Soledad Koza explora la eficacia y limitaciones del Mindfulness en el tratamiento de trastornos de ansiedad, destacando su relevancia en la psicoterapia contemporánea. A través de una revisión bibliográfica, se analizan diversas técnicas basadas en Mindfulness, como MBCT, MBSR y TMC, y se discuten sus aplicaciones clínicas y resultados. El trabajo concluye que, aunque el Mindfulness puede ser efectivo, también presenta ciertas limitaciones que deben ser consideradas en su implementación.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Tesis de Licenciatura en Psicología

Mindfulness: Alcances y limitaciones para el tratamiento


de los trastornos de ansiedad

Tesista: Noelia Soledad Koza

LU: 412620250

Tutor de Tesis: José Dahab

DNI: 41262025

Buenos Aires, 2023

1
Índice

Delimitación de tema ………………………………………………………………………. 3


Estado del Arte ……………………………………………………………………………... 4
➢ Objetivo general ……...………………………………………………….…………. 4
➢ Objetivos específicos ……………………………………………………..……….. 4
Metodología ……………………………………………...……………………………….… 4
Distinción de conceptos ……..……………………………………………………….……. 5
➢ Teorías Cognitivo-Conductual del miedo y la ansiedad …….…………….….… 5
➢ Ansiedad normal y ansiedad patológica .......................................................... 6
➢ Estrés y el papel de la vulnerabilidad en la Teoría Cognitiva-Conductual de la
ansiedad …………………………………………………………………………….. 9
➢ Vulnerabilidad psicológica en la ansiedad ………………………...................... 10
➢ Neurobiología de la ansiedad ……………………………………...…………….. 11
➢ Mindfulness …….………………..……….………………………………………… 14
➢ Mindfulness: bosquejo histórico …………………….…………...………………. 15
➢ Programa de Reducción del Estrés Basado en Mindfulness (MBSR) ............ 17
➢ Terapia cognitiva basada en atención plena (MBCT) ..................................... 18
➢ Terapia Metacognitiva (TMC) .......................................................................... 20
Revisión de estudios de eficacia clínica ………………………………………………… 22
Resultados …………………………………………………………………………………. 23
Discusión …………………………………………………………………………………… 27
Conclusiones ………………………………………………………………………………. 29
Referencias ……………………………………………...…………………………………. 31
Anexo ……………………………………………………………………………………….. 37

2
Delimitación de tema

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2017), se estima que 264


millones de adultos en todo el mundo padecen ansiedad patológica. En Argentina, las
estadísticas reflejan que 1 de cada 3 personas presenta un problema de salud mental a
partir de los 20 años, siendo los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y los
problemas por consumo de sustancias las problemáticas más frecuentes (Ministerio de
Salud de Argentina, 2015).
Según la Asociación Americana de Psiquiatría (2010), si los trastornos de
ansiedad no son tratados, podrían resultar en consecuencias graves. Muchos de los
sujetos que presentan este tipo de patologías y no son tratados adecuadamente, son
muy propensos a desarrollar otros tipos de trastornos psicológicos como depresión, y
una mayor tendencia al abuso de alcohol y otras drogas. En consecuencia, las
relaciones familiares, laborales, académicas y amistosas del sujeto podrían llegar a
verse muy afectadas por este tipo de trastornos si no reciben un tratamiento apropiado.
Aunque hay muchos tipos de trastornos de ansiedad, varios estudios sugieren que la
mayoría de ellos son provocados por procesos subyacentes similares. Las personas
que padecen este tipo de patología, suelen sentirse abrumados fácilmente por sus
emociones, y presentar reacciones particularmente negativas a esos sentimientos y
situaciones. Sin embargo, según indica la Asociación Americana de Psiquiatría (APA,
2017), al aprender a transformar esos patrones de pensamiento, estos sujetos podrían
reducir la posibilidad e intensidad de sus síntomas ansiosos. Los trastornos de
ansiedad son altamente tratables, y la mayoría de los pacientes que padecen este
trastorno pueden lograr reducir e incluso eliminar los síntomas luego de varios meses
de psicoterapia, o incluso notar mejoras al cabo de pocas sesiones, dependiendo el
caso. Las prácticas basadas en Mindfulness (también denominado “atención plena” o
“conciencia plena”) han pasado a formar parte de varios tratamientos psicoterapéuticos,
y la aplicación de este tipo de prácticas ha llamado la atención por parte de la
comunidad científica, abriendo paso a diversos debates acerca de su eficacia para los
distintos trastornos psicológicos. El presente trabajo invita a insertarnos en lo que
conlleva esta poderosa práctica, y vislumbrar cuál es su utilidad en los trastornos de
ansiedad. Para ello, se realizó una revisión bibliográfica respecto a la Teoría Cognitiva

3
de la ansiedad, así como también, sus bases neurobiológicas. Es a partir de esta
información, que se incursionará en la práctica del Mindfulness o “atención plena” como
intervención dentro del tratamiento de los trastornos de ansiedad, describiendo tres de
sus técnicas de aplicación dentro del campo psicoterapéutico (MBCT, MBSR Y TMC).
La presente revisión tuvo como objetivo sintetizar la información científica disponible
sobre el abordaje clínico del trastorno de ansiedad en población adulta a través de
procedimientos basados en Mindfulness, analizando su eficacia y debatiendo sus
posibles limitaciones.

Estado del Arte

Objetivo general: Explorar la evidencia disponible acerca de la eficacia de las


intervenciones basadas en la atención plena (mindfulness) en los tratamientos para los
trastornos de ansiedad en adultos.

Objetivos Específicos
- Explorar la evidencia disponible respecto de las distintas técnicas que utilizan la
atención plena como intervención (MBCT, MBSR Y TMC) en los trastornos de ansiedad
en adultos.
- Analizar los resultados acerca de la eficacia de las intervenciones basadas en la
atención plena (mindfulness) en los tratamientos para los trastornos de ansiedad en
adultos.
- Identificar y evaluar, si existiesen, las distintas limitaciones a la hora de aplicar esta
intervención en el tratamiento de los trastornos de ansiedad.

Metodología

Fuentes de Información y Estrategias de Búsqueda: Para llevar a cabo la presente


revisión, se consideraron estudios publicados en los últimos 31 años (período
1992-2023), y se llevó a cabo una búsqueda exhaustiva de artículos empíricos a través
de las bases de datos PubMed, Scielo, Dialnet, Latindex y ScienceDirect, orientada a
rastrear y explorar la eficacia del Mindfulness en los distintos Trastornos de Ansiedad.

4
Se trata de una investigación cuyos hallazgos no se producen mediante medios de
cuantificación o procedimientos estadísticos, es decir, que adoptó un enfoque
cualitativo, según Strauss y Corbin (2002).
Para seleccionar los documentos se utilizaron las siguientes palabras clave,
tanto en idioma inglés como en español: atención plena – trastorno de ansiedad –
programa de reducción del estrés basado en mindfulness - terapia metacognitiva –
terapia cognitiva basada en atención plena – trastorno por estrés postraumático –
trastorno obsesivo compulsivo - mindfulness – anxiety disorder – mindfulness based
stress reduction – metacognitive therapy – mindfulness based cognitive therapy - post
traumatic stress disorder -obsessive compulsive disorder.

Distinción de conceptos

Teorías Cognitivo-Conductual del miedo y la ansiedad

Según Clark y Beck (2012), el miedo se trata de un estado neurofisiológico


automático primitivo de alarma frente a una amenaza percibida o peligro para la propia
seguridad física o psíquica. Corresponde a una emoción básica del ser humano, la cual
advierte al individuo de una amenaza inminente y la necesidad de una acción definida
de lucha o huida. Es una respuesta adaptativa sana, necesaria para nuestra
supervivencia frente a un peligro real e inmediato, y desaparece una vez que la
amenaza cesa. (Beck & Greenberg, 1988; Craske, 2003).
Conforme Barlow (2002), la respuesta del miedo no requiere un gran
procesamiento cognitivo, y éste aparece como una alarma primaria en respuesta a un
peligro presente.

Por el contrario del miedo, el mismo Barlow (2002) define a la ansiedad como:
“Una emoción orientada hacia el futuro, caracterizada por las percepciones de
incontrolabilidad e impredictibilidad con respecto a sucesos potencialmente
aversivos y con un cambio rápido en la atención hacia el foco de

5
acontecimientos potencialmente peligrosos o hacia la propia respuesta afectiva
ante tales sucesos.” (como se citó en Clark y Beck, 2012)
Es decir, que cuando hablamos de ansiedad, no nos referimos a una amenaza
en el presente, sino de una anticipación de peligros futuros, indefinibles e imprevisibles,
por ende, no se trata de algo certero, como sí sucede con el miedo. Esta percepción de
escenarios futuros, valorados por el sujeto como peligrosos y amenazantes, activan en
el mismo una señal de alarma, con el objetivo de atender dicha amenaza.

Clark y Beck (2012) destacan al miedo como el proceso nuclear de todos los
trastornos de ansiedad. No obstante, cuando hablamos de miedo, hablamos de una
respuesta momentánea. Sin embargo, la ansiedad puede durar horas o incluso días, ya
que se trata de un estado más duradero de la amenaza, e incluye otros factores
cognitivos además del miedo, como la aversividad percibida, la vulnerabilidad
(indefensión), lo incontrolable de la situación, la incertidumbre, y la incapacidad para
obtener los resultados esperados (Barlow, 2002).

Ansiedad normal y ansiedad patológica

La función de la ansiedad en el curso de la evolución humana, ha sido la de


preparar al cuerpo y la mente para peligros concretos que podrían llegar a ocurrir en el
futuro. Los seres humanos contamos con esta ventaja evolutiva de poder anticiparnos
ante situaciones y adoptar comportamientos favorables a la supervivencia de nuestra
especie. Es decir entonces, que la ansiedad se trata de una respuesta normal o
adaptativa, que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situación de emergencia,
por ende, juega un rol fundamental en la supervivencia de nuestra especie, y no
representa un problema en sí misma. Sin embargo, cuando esta activación es producto
de una evaluación errónea del futuro, ya que el objeto que la desencadena no es
peligroso, sino que las ideas que están asociadas al mismo no se correlacionan con la
realidad, y los síntomas físicos resultan en un alto grado de activación fisiológica que
conduce al agotamiento, nos encontramos frente a una ansiedad patológica, que a

6
diferencia de la ansiedad normal o adaptativa, resulta en un alto grado de malestar y es
desadaptativa para el ser humano. (Botella-Ballester, 1997)
Cinco son los criterios que proponen Clark y Beck (2012) para distinguir los
estados anormales de miedo y ansiedad, a saber: cognición disfuncional, deterioro del
funcionamiento, persistencia, falsas alarmas e hipersensibilidad a los estímulos, los
cuales resultan una gran herramienta a la hora de realizar un diagnóstico diferencial.

Cognición disfuncional Asunción falsa que implica una valoración


errónea del peligro en una situación que no se
confirma mediante la observación directa (Beck
et al., 1985). La activación de las creencias
disfuncionales (esquemas) sobre la amenaza y
de los errores en el procesamiento cognitivo
asociados provoca un miedo notable y excesivo
que es incoherente con la realidad objetiva de la
situación.

Deterioro del funcionamiento La ansiedad clínica interfiere con el manejo


efectivo y adaptativo ante la amenaza percibida,
y de forma más general, en la vida social
cotidiana y en el funcionamiento laboral de la
persona, no pudiendo disfrutar de una vida plena
y satisfactoria.

Persistencia En los estados clínicos, la ansiedad persiste


mucho después de lo que podría esperarse en
condiciones normales, pudiendo experimentar
ansiedad a diario y durante muchos años.
(Barlow, 2002)

7
Falsas alarmas Se trata del miedo o pánico visible que ocurre en
ausencia de un estímulo amenazante (por
ejemplo, una crisis de angustia). (Barlow, 2002)

Hipersensibilidad a los estímulos En los estados clínicos, el miedo es provocado


por una amplia gama de estímulos o situaciones
en las que la intensidad de la amenaza es
relativamente leve y que podrían percibirse como
inocuas por otros individuos. (Beck & Greenberg,
1988)

Fuente Tabla 1: Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010/2012). Terapia Cognitiva para
Trastornos de Ansiedad. Ciencia y Práctica (Cap.1, pp 25-26). Desclée de Brouwer.

Continuando con lo anterior, en el mundo de hoy las amenazas son un poco


menos concretas. Ya no vivimos con miedo a que nos ataque un cocodrilo o un león
cuando caminamos por las calles. La utilidad de la ansiedad, por lo tanto, se ha
trasladado hacia otros aspectos de nuestra vida cotidiana, y un cierto grado de
ansiedad podría ser útil ya que nos permite anticiparnos y estar preparados para
realizar actividades que requieran un alto grado de concentración y esfuerzo, como por
ejemplo, rendir un exámen, realizar una operación quirúrgica, o competir en un evento
deportivo. Sin embargo, hay casos donde la ansiedad ya no es útil para nuestra
supervivencia, y puede llegar a empeorar significativamente nuestra calidad de vida. Es
en estos casos, donde el estrés y la preocupación pueden manifestarse por razones
inútiles, en ausencia de un estímulo amenazante y tratarse de situaciones irreales,
imaginadas, imprevisibles e incontrolables. De esta forma, pueden alcanzar niveles de
ansiedad insostenibles para el ser humano, ya que en la naturaleza no existe ningún
organismo “diseñado” para soportar los efectos del estrés a largo plazo. Cuando esto
ocurre, podríamos estar frente a un “Trastorno de ansiedad”. Esta denominación es
proporcionada por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales
(DSM-V, 2014) de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA), el cual describe en su

8
quinta y última edición disponible 11 clasificaciones para este trastorno, todos con
algunas características clínicas similares como la angustia y el miedo. Las situaciones o
estímulos activadores (externos o internos), así como también sus síntomas, pueden
variar según el tipo de Trastorno de Ansiedad del que se trate, por lo tanto, los criterios
diagnósticos varían según cada categoría. Sin embargo, Clark y Beck (2012) describen
ciertos rasgos comunes de la ansiedad a nivel fisiológico, cognitivo, conductual y
afectivo (consultar Tabla 2).

Estrés y el papel de la vulnerabilidad en la Teoría Cognitiva-Conductual de la


ansiedad

Un concepto clave para la Teoría Cognitiva de la ansiedad es el de


vulnerabilidad. Beck, Emery y Greenberg (1985) definen la vulnerabilidad como “la
percepción que tiene una persona de sí misma como objeto de peligros internos y
externos sobre los que carece de control o éste es insuficiente para proporcionarle una
sensación de seguridad” (p. 405).
El estrés, se relaciona directamente con la percepción de una gran demanda,
junto a la impresión de que poseemos escasos recursos para afrontarla, es decir,
cuando percibimos que no podemos lidiar con la situación. Se trata de una percepción
de una balanza en desequilibrio, en la que pesa más el lado de las demandas en
comparación con los recursos, percibidos por el sujeto como insuficientes. Este
desequilibrio trae aparejado como consecuencia sentimientos de angustia, ansiedad,
tensión, sobrecarga, preocupación, así como también desencadena un sufrimiento
anticipatorio. (Arpa, 2018).
La respuesta de estrés no es perjudicial en sí misma (analizaremos este punto
más detalladamente en el apartado “Neurobiología de la ansiedad”), sino que nos
dispone de más recursos para hacer frente ante determinadas situaciones. Sin
embargo, Carrillo Rodriguez (1998) afirma que “para saber si el organismo dará o no
una respuesta de estrés hay que considerar un aspecto muy importante: la persona
tiene que percibir el ambiente como amenazante y evaluar negativamente sus
habilidades o conductas para hacerle frente” (p.28).

9
Vulnerabilidad psicológica en la ansiedad

Beck y Greenberg (1988) postulan que la percepción de peligro acciona un


denominado “sistema de alarma” que conlleva a procesos fisiológicos y cognitivo
conductuales primales, a fin de proteger a nuestra especie de los daños y peligros del
ambiente. Este sistema de alarma, conlleva a la respuesta de lucha o huida
(alejamiento, evitación). Se trata de una activación autónoma que se produce durante
la vulnerabilidad a la amenaza, debido a este sistema de defensa reflejo primario,
legado de nuestra evolución como especie humana. Sin embargo, estos autores
destacan, que más allá de la importancia de la activación fisiológica, la responsable de
impulsar la ansiedad es aquella valoración primaria inicial que se hace respecto a la
amenaza, combinada con la valoración secundaria de inadecuación personal y de baja
seguridad.

Esta Teoría, concibe la ansiedad como un sistema de procesamiento de la


información1, según el cual la perturbación emocional se produce a consecuencia de un
funcionamiento excesivo o deficitario del aparato cognitivo, donde el sujeto sobreestima
enormemente la probabilidad y gravedad de las amenazas, y subestima al mismo
tiempo, su capacidad de afrontamiento al daño o peligro, ya que ésta valoración no
necesariamente refleja la capacidad de afrontamiento real de la persona para lidiar con
dichas situaciones. Esto conlleva a que el sujeto tampoco pueda reconocer las señales
de seguridad a su alrededor, tanto internas como externas. En resumen, aparece en
estos sujetos una percepción de mayor vulnerabilidad, la cual es resultado de
valoraciones sesgadas o exageradas que hacen los individuos en respuesta a señales
neutrales o inocuas, percibiéndolas como amenazantes para los intereses vitales y el
bienestar del propio individuo, sintiéndose además incapaces de lidiar con la situación
percibida como peligrosa.

1
Sistema de procesamiento de la información definido como “las estructuras, procesos y productos
implicados en la representación y transformación del significado basado en datos sensoriales derivados
del contexto externo e interno” (D.A. Clark et al., 1999, p. 77).

10
Es por esta razón, que un enfoque clave para la Terapia Cognitiva, consiste en la
reestructuración de esas falsas valoraciones de amenaza, y por tanto, la valoración de
la propia vulnerabilidad frente a determinadas situaciones, reduciendo así los estados
de ansiedad.

El doctor Jon Kabat-Zinn (2005), fundador del “Programa de Reducción del Estrés
basado en Mindfulness” (MBSR), técnica que describiré más adelante, afirma que:
“Si cambiamos la forma en que nos vemos a nosotros mismos en relación con
los estresores, podemos cambiar nuestra experiencia de la relación y, por lo
tanto, modificar hasta qué punto supera o grava nuestros recursos o pone en
peligro nuestro bienestar.” (como se citó en Arpa, 2018)

Neurobiología de la ansiedad

Cuando hablamos de ansiedad, estamos frente a un sistema complejo y


multifacético de respuesta, que abarca tanto elementos fisiológicos como cognitivos,
conductuales y afectivos del funcionamiento humano.
Como ya se ha mencionado anteriormente, nuestro actual mecanismo de
defensa es heredero de la evolución que ha sufrido la especie humana a lo largo de
miles de años. Nuestra supervivencia como especie, se dio gracias a que contamos
con este sistema de respuesta automático de lucha-huida. Estas acciones, requieren
un alto grado de activación motora, y el encargado de coordinar dicha activación, y
todos los cambios físicos que suceden con ésta, es el Sistema Nervioso Autónomo
(SNA). Se trata de un sistema involuntario, el cual se encarga de regular funciones
vitales para el ser humano como la circulación sanguínea, la digestión, la respiración y
el metabolismo. El SNA se divide en dos subsistemas que presentan funciones muy
diferentes: el Sistema Nervioso Simpático (SNS) y el Sistema Nervioso Parasimpático
(SNP), los cuales cumplen funciones opuestas y complementarias y se equilibran
mutuamente, por lo cual podrían considerarse, respectivamente, como una especie de
“acelerador y freno”. (Stahl y Goldstein, 2010).

11
Por su parte, el SNS participa en la preparación del organismo para la acción y
la producción de energía que necesita, y es psicológicamente activador. De esta
manera, se experimentan todos los síntomas que componen la respuesta de ansiedad
de lucha y huida. Por otro lado, se encuentra el SNP, y su acción produce efectos
opuestos al SNS, ya que propicia la desactivación, la recuperación y la restauración del
organismo. Este último, actúa únicamente durante el reposo, y es psicológicamente
reparador. (Ferreres, 2020)

Cuando nuestro cerebro interpreta que estamos frente a una situación peligrosa,
se comunica directamente con nuestro Sistema Nervioso Autónomo, el cual activa su
división Simpática (SNS), propiciando de ésta manera una serie de cambios físicos que
preparan al organismo para luchar o huir. Esta respuesta, impacta en nuestro
organismo de varias formas, detalladas a continuación:
-Sistema muscular: los músculos se tensan para entrar en acción y de esta manera
poder luchar o huir rápidamente.
-Sistema cardiovascular: incrementa el ritmo y la fuerza de los latidos cardíacos para
que las extremidades de nuestro cuerpo reciban el suficiente oxígeno y sustancias
nutritivas.
-Sistema visual: las pupilas se dilatan para tener una visión más nítida y agudizada
para advertir dónde se encuentra el peligro y saber hacia dónde y cómo actuar.
-Sistema exocrino: la sobre-activación produce un aumento de la temperatura corporal
del organismo, lo cual se compensa incrementando la sudoración para refrigerarse.
-Sistema respiratorio: el organismo se prepara para una reacción rápida e intensa, lo
cual requerirá de un aporte energético extra, produciendo en el organismo una
respiración más agitada y acelerada para compensar el desgaste energético.
Todos estos cambios constituyen a la respuesta fisiológica de la ansiedad, la
cual, a su vez, termina impactando sobre las respuestas cognitivas (miedo a perder el
control, miedo a volverse loco, confusión, hipervigilancia, etc), conductuales (evitación,
quedarse paralizado, huir, etc) y afectivas (nerviosismo, temor, impaciencia, frustración,
etc) del individuo (Rosenweig, 2003).

12
Este mecanismo de respuesta visceral y autónomo ante situaciones
amenazantes, nos ha ayudado a adaptarnos y sobrevivir en la antigüedad. Sin
embargo, esta reacción de activación resulta excesiva ante las situaciones que podrían
resultar amenazantes o peligrosas para el ser humano actual. De hecho, el individuo
vive esta respuesta como estorbadora y alarmante, más que como facilitadora para la
situación. Sin embargo, si bien las fuentes consideradas como peligrosas o
amenazantes para nuestra especie han ido cambiando por razones culturales y
sociales, propias de nuestra evolución, la respuesta de la ansiedad es la misma.
Los trastornos de ansiedad, y una activación generalmente elevada y sostenida
tendrán repercusiones negativas para la salud del sujeto, resultando en
preocupaciones, rumiaciones, dolores musculares, cefaleas, dificultades para conciliar
el sueño, pérdida de apetito, fatiga continuada, hipertensión, malestar estomacal,
disfunciones sexuales, así como también afectar negativamente áreas de
funcionamiento del sujeto: estudios, trabajo, relaciones familiares, convivencia marital,
entre otras afecciones. (Carrillo Rodriguez, 1998). Incluso el Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV, 2000), establece que el miedo y la
ansiedad clínica suelen interferir con la capacidad del paciente para disfrutar de una
vida plena y satisfactoria, y afectando su funcionamiento social y ocupacional (o
académico).

¿Cómo acabar entonces con esta reacción de defensa? La hiperactivación del


Sistema Nervioso Simpático suele detenerse cuando nos sentimos a salvo, es decir,
que cuando las amenazas de la situación se han solucionado, cesa la respuesta de
estrés y el organismo vuelve a su estado de equilibrio (Labrador, 1992). Es por esta
razón, que para frenar la respuesta de ansiedad, resulta fundamental poner en acción
el Sistema Nervioso Parasimpático, el cual se encarga de proteger y reparar al
organismo. Este sistema, se activa como un mecanismo de retorno para volver a
regular las funciones que se activaron en el organismo ante la respuesta ansiosa, y
crea en el cuerpo un estado de calma cuando ha culminado el peligro (Carrillo
Rodriguez, 1998). Las técnicas de relajación tienden a aumentar la actividad del SNP y
a disminuir la actividad del SNS. De esta manera, la relajación puede considerarse

13
como un estado de hipoactivación que puede ser facilitado por distintas técnicas o
procedimientos, lo que conlleva a una disminución de la activación simpática que se da
en la respuesta de ansiedad (Labrador, de la Puente y Crespo, 1995).

Desde este marco conceptual, “la relajación se considera una respuesta


biológicamente antagónica a la respuesta del estrés, que puede ser aprendida y
convertirse en un importante recurso personal para contrarrestar los efectos negativos
del estrés” (Carrillo Rodriguez, 1998, p.38) Es decir, que no se puede estar relajado y
ansioso a la vez (o viceversa).
Uno de los principales beneficios del Mindfulness es que nos permite reconocer
estados internos como la agitación y el miedo, y el aportar claridad y conciencia a
nuestras experiencias internas, puede desempeñar asimismo un papel fundamental en
el restablecimiento del equilibrio entre el “acelerador y freno”, es decir, entre los
sistemas nerviosos simpático y parasimpático. (Stahl y Goldstein., 2010).
En este sentido, la práctica del Mindfulness constituye una herramienta muy
poderosa para ayudar a los sujetos a asumir un papel activo y contribuir positivamente
en su bienestar físico y mental. Asimismo, al tomar una mayor conciencia de los
efectos del estrés, puede ayudar a elegir una respuesta más adecuada y que la
persona pueda enfrentarse a cualquier situación, independientemente de lo difícil o
intensa que sea, de una forma más equilibrada, reflexiva y tranquila.

Mindfulness:

El mindfulness tiene sus raíces en antiguas prácticas budistas. Registros indican


que esta técnica nació en Kapilavastu, frontera entre India y Nepal, hace
aproximadamente dos mil quinientos años. “Mindfulness” es una traducción de la
palabra “sati” en pali, idioma que se hablaba en aquella época. “Sati” significa recordar,
entendiendo la palabra recordar como “traer al presente”, y era uno de los principales
factores en la senda de la iluminación y la liberación, según las ideas de Buda
Gautama.
Es importante aclarar, que la práctica del Mindfulness se aplica en la clínica en

14
un contexto de salud despojado de cualquier ideología religiosa (Arpa, 2018). Esta
misma tiene como objetivo estar presente, y poder relacionarnos de otra manera con la
experiencia, pasando de la evitación a la aceptación. La idea de realizar esta práctica
es reducir (y no eliminar) el estrés y la ansiedad. Se trata de vivenciarlo, más que de
entenderlo, dejando así de luchar contra el malestar y el intento de suprimirlo. El
entrenamiento en atención plena pretende generar cambios beneficiosos para la
detección y la gestión de los pensamientos, mediante una disciplina de práctica
rutinaria y sistemática, y se presenta como una forma práctica y concreta para alcanzar
dichos objetivos.
El ejercicio de atención plena puede realizarse en formas muy variadas,
focalizando nuestra atención en distintos elementos. El más comúnmente usado es la
observación y la atención hacia la propia respiración, aunque puede utilizarse también
para enfocarse en un objeto, una representación de una imagen mental, visualización,
escaneo corporal, entre otras.
Se debe tener en cuenta, que la constancia y la práctica diaria son elementos
fundamentales para que se manifiesten sus efectos y estos mismos perduren en el
tiempo (Goleman, 1987).

Mindfulness: bosquejo histórico

Antes de adentrarnos en las distintas técnicas del Mindfulness, resulta


importante contextualizarlas y pesquisar su aparición a lo largo de la evolución. Hayes
S. (2004) propone que la historia de la TCC se puede dividir en tres grandes olas, que
están superpuestas, pero presentan sus diferencias:
La “primera ola” (1950-1970) comienza con los aportes de Skinner (1953),
Wolpe (1958) y Eysenck (1952), y se desarrolló en gran parte como reacción a las
inconsistencias de la terapia psicoanalítica. Esta generación de investigadores se
centró principalmente en la modificación del comportamiento, utilizando técnicas
derivadas de los principios del condicionamiento clásico y operante. Muchos de estos
estudios surgieron a través del estudio experimental con animales, y descubrimientos
científicos derivados del laboratorio. Esta primera ola logró la formación de muchos
profesionales bajo técnicas validadas científicamente, logrando la evaluación empírica

15
y comparable del comportamiento, siendo así aceptados por la comunidad científica.
Según Hayes, la denominada “segunda generación” comienza a fines de la
década del 60, y se extiende hasta los años 90. Esta segunda generación se destaca
por la importancia del lenguaje y la cognición en el tratamiento de las patologías, ya
que el modelo estímulo-respuesta presentaba sus limitaciones en el campo de la clínica
terapéutica. Debido a la falta de datos empíricos, la existencia de un elemento
intermedio entre estos dos era obviada o considerada una caja negra inexplorable. De
esta forma, el énfasis en esta nueva generación se desplazó hacia la investigación de
las formas propias en las que interpretamos el mundo y las experiencias, ya que se
consideraba que los patrones anómalos de conducta, eran debidos a la existencia de
esquemas, estructuras y procesos de pensamiento disfuncionales, los cuales causaban
un enorme sufrimiento y malestar para quien los experimentaba. Esta segunda
generación no descarta la importancia del condicionamiento, pero considera que las
terapias han de dirigirse hacia la modificación de las creencias y pensamientos
disfuncionales. Los desarrollos de esta segunda ola fueron impulsados por la Terapia
Racional Emotiva de Ellis (1962) y la Terapia Cognitiva de Beck (1979) para la
depresión, entre otras.
Por último, de acuerdo al análisis realizado por Hayes, la tercera generación de
la TCC comienza en la década de 1990 y refleja el énfasis en la aceptación, la
compasión, y la atención plena. Si bien el enfoque de la denominada “tercera ola”
reconoce la importancia de los procesos cognitivos disfuncionales, ésta plantea que en
lugar de esforzarse por modificar los pensamientos angustiosos y disruptivos, habría
que centrarse en cambio en cultivar una actitud más compasiva, sin emitir juicios de
valor y centrada en el momento presente, donde cada pensamiento, sentimiento o
sensación que aparece en el campo atencional es tenido en cuenta y aceptado tal
como es. Si bien esta última diferenciación entre segunda y tercera ola ha causado
controversias entre distintos autores, psicólogos como Hofmann S. (2010) prefieren la
metáfora de un árbol que se ramifica, con nuevos desarrollos derivados de los
anteriores. Es así, como desde esta tercera ola se desprende el Mindfulness como una
valiosa herramienta para múltiples tratamientos.
Finalmente, Herbert y Forman (2011) señalan que, como todas las disciplinas de

16
base científica, la Terapia Cognitivo Conductual no es estática, sino que continuamente
evoluciona gracias a las nuevas teorías y tecnologías disponibles, lo que conduce
inevitablemente a nuevos desarrollos y nuevas posturas. Asimismo, reconocen las
teorías actuales como imperfectas e incluso incompletas, esperando un refinamiento o
la inclusión de nuevos desarrollos radicales. Sin embargo, es evidente la evolución
dado el aumento dramático de las teorías y la evaluación asociada, los tratamientos y
las tecnologías de prevención que destacan la importancia de la atención plena y la
aceptación. Los autores afirman que esta última década ha sido testigo de una
verdadera explosión en el interés por estos conceptos, tanto por académicos e
investigadores, como por los propios profesionales de la TCC. Si bien estos desarrollos
se construyen sobre las bases tradicionales de la TCC, es evidente que han tomado el
campo en direcciones nuevas y sorprendentes que continúan aún en constante
desarrollo.
Dada esta introducción, a continuación se presentan tres modalidades teóricas
que practican el Mindfulness, sus orígenes y sus aplicaciones dentro del campo
terapéutico:

Programa de Reducción del Estrés Basado en Mindfulness (MBSR)

El origen del Mindfulness en Occidente va de la mano con Jon Kabat-Zinn, un


doctor en biología molecular estadounidense que en la década de los 70’ propuso el
uso de la atención plena en el ámbito clínico, como una herramienta para alcanzar
objetivos terapéuticos, tras haber comprobado en un entorno clínico que la práctica
continuada de 8 semanas produce mejoría en la ansiedad, estrés y dolor crónico. De
esta manera, Jon Kabat-Zinn fue el encargado de dar origen al “Programa de
Reducción del Estrés basado en Mindfulness” (MBSR), o “Mindfulness-Based Stress
Reduction”, en la Universidad de Massachusetts (University of Massachusetts Chan
Medical School), con el objetivo de tomar los elementos que resultaran útiles en la
terapia, investigarlos y potenciarlos en el ámbito de la ciencia aplicada, separándolos
de su papel en el budismo y la religión.

17
Jon Kabat-Zin (2004) define la conciencia plena como prestar atención de un
modo particular: con intención, en el momento presente y no llevando a cabo juicios de
esa experiencia. Esta toma de conciencia es no elaborativa, no prejuiciosa, y está
centrada en el presente, donde cada pensamiento, sentimiento o sensación que
aparece en el campo atencional es tenido en cuenta y aceptado tal como es. No
consiste en “dejar la mente en blanco”, como muchas veces se ha malinterpretado a
esta práctica, sino más bien todo lo contrario. Se trata de dejar fluir libremente todo tipo
de pensamientos, sensaciones y emociones, pero sin juzgarlas. Es anoticiarse de su
existencia, pero sin reaccionar a ellos, evitando de este modo la respuesta automática,
y permitiendo de esta manera una respuesta más reflexiva.
Esta técnica tiene su origen en la meditación budista, sin embargo, el doctor Jon
Kabat-Zinn logró romper con el dogma religioso y se dedicó a investigar y aplicar esta
técnica desde un punto de vista científico, y aplicar los beneficios de la atención plena a
la sociedad actual, como ser la depresión, el estrés y la ansiedad, ante otras
problemáticas de salud mental. Gracias a los beneficiosos resultados que ha brindado
la aplicación de esta técnica, muchos otros científicos y especialistas se han interesado
en estudiar la técnica del Mindfulness, la cual hace más de cuarenta años, se ha
extendido por todo el mundo.

Terapia cognitiva basada en atención plena (MBCT)

El programa “Terapia cognitiva basada en atención plena” (Mindfulness-Based


Cognitive Therapy) o MBCT se desarrolló a partir del programa MBSR de Jon
Kabat-Zinn, integrando las prácticas del Mindfulness con los principios científicos de la
Terapia Cognitiva, y fue desarrollada por los psicólogos Zindel Segal, Mark Williams y
John Teasdale (2002). Este programa fue desarrollado originalmente para prevenir
recaídas en pacientes que sufrían de depresión, por lo tanto, a diferencia del MBSR,
era un programa orientado a una población clínica específica. Consiste en un curso
intensivo de entre ocho y diez semanas de entrenamiento en conciencia plena, y
combina prácticas tradicionales de meditación, tales como el escaneo corporal,
entrenamiento de la respiración y psicoeducación. Este entrenamiento tiene por

18
objetivo que los participantes puedan tomar a los pensamientos y a los sentimientos
como eventos de la conciencia. La respuesta de los pacientes a este tratamiento se
basa en aportes previos propuestos por la Terapia Cognitiva de Beck (1979), la cual
sugiere a los pacientes aprender a descentrarse, es decir, a tomar sus pensamientos
como hipótesis y no como la realidad misma, con la premisa de que “un pensamiento
es solo un pensamiento”. Sin embargo, el enfoque del mindfulness no consiste en
cambiar el contenido de los pensamientos negativos, sino que promueve una nueva
forma de relacionarse con estos pensamientos, emociones y sensaciones físicas, ya no
desde la evitación y el piloto automático, sino respondiendo a ellos conscientemente,
aceptandolos como tales y sin juzgarlos. El propósito de la MBCT, es mantener
distancia de estos pensamientos negativos sin reaccionar, deteniendo así el
funcionamiento automático de la mente, aquello que Segal, Williams y Teasdale (2002)
denominan como detener “el hacer” (doing) y sustituirlo por “el ser” (being). No se trata
de permanecer en un estado del “ser” todo el tiempo, sino que mediante esta actitud,
las personas con tendencias a sufrir depresión tengan conciencia plena de su
experiencia y aprendan a reaccionar de modo diferente frente a los pensamientos
negativos y los bajos estados de ánimo a los que éstos conllevan. Al utilizar esta
técnica, los individuos aprenden cómo romper los patrones de ansiedad y depresión a
través de habilidades prácticas y adaptables al propio sujeto, y son entrenados para
identificar los factores desencadenantes y los síntomas de ansiedad y el bajo estado de
ánimo.
A pesar de haber surgido como una técnica orientada a pacientes con
depresión, el ámbito de aplicación de esta técnica ha evolucionado a lo largo del tiempo
para aplicarse en un rango mucho más amplio de individuos y entornos. Al estar
basado en la comprensión profunda de los factores que causan el malestar psicológico,
la aplicación de este programa ha llegado a incluirse en distintos tipos de condiciones
como el dolor crónico, TDAH, TOC, trastornos de ansiedad y adicciones, entre otros,
convirtiéndose en una intervención clínicamente comprobada en la actualidad para
tratar este tipo de patologías. La terapia cognitiva basada en atención plena ha
demostrado ser especialmente útil para personas con tendencias a pensamientos
negativos y repetitivos, que generan o mantienen estados de ansiedad o depresión.

19
Asimismo, estudios científicos han probado sus efectos positivos en los sustratos
cerebrales que subyacen a la ansiedad, el estrés, la depresión y la irritabilidad.
Además, el MBCT es una intervención recomendada por la guía NICE (Instituto
Nacional para la Salud y Excelencia clínica) del Reino Unido como un tratamiento
efectivo para la prevención de recaídas en caso de episodios depresivos anteriores,
aunque no lo es aún para los trastornos de ansiedad.

Terapia Metacognitiva (TMC)

La terapia Metacognitiva fue desarrollada por Adrian Wells (2009), profesor de


psicopatología clínica y experimental en la Universidad de Manchester, para el
tratamiento de diversos trastornos mentales, enfocándose principalmente en los
mecanismos metacognitivos de origen y mantenimiento que los perpetúan y hacen
resistencia al tratamiento. Tradicionalmente, las terapias cognitivas han sostenido sus
teorías en base a que las alteraciones o sesgos en el pensamiento serían los
causantes del malestar psicológico del paciente. Es decir, que el malestar vendría dado
por la forma en que se interpreta la realidad, y no por la realidad en sí misma. La
Terapia Metacognitiva (TMC) está de acuerdo con esta premisa fundamental, y se trata
de una ampliación al foco de las terapias cognitivas, que va más allá del trabajo sobre
lo que las personas piensan y la validez de estos pensamientos, y trabaja sobre la
forma en cómo los individuos piensan y el cómo se relacionan con sus contenidos y
procesos mentales. Un punto clave de la TMC es el foco de atención, ya que este tipo
de terapia, intenta comprender el por qué hay personas que ante una determinada
situación, son capaces de despreocuparse y no percibirla como amenazante o
peligrosa, mientras que otras, ante la misma situación, manifiestan sintomatología
depresiva y/o ansiosa. De acuerdo con esta teoría, lo que estaría detrás de que se
mantenga dicho malestar son las metacogniciones de la persona, es decir, la forma que
tiene de ver su propio pensamiento. No se trata solamente de lo que pensamos, sino
cómo pensamos, lo que determina nuestras emociones y el control que tenemos de
ellas. Las metacogniciones por lo tanto, según Wells, serían las responsables de que el
individuo pueda lograr un control saludable o patológico de su mente (Garay y Keegan,

20
2016). Conforme a la TMC, nuestras propias creencias son el combustible que alimenta
la ansiedad, la depresión y el estrés. Algunas de ellas son explícitas y se pueden
verbalizar, siendo la persona consciente de ellas, y otras son implícitas, por lo cual
forman parte de procesos inconscientes que dominan nuestra atención, nuestras
reacciones ante las situaciones y nuestras formas de interpretar la realidad. En base a
ello, el objetivo de la TMC es modificar modos de pensamiento que incurran a
creencias disfuncionales, cambiando la forma inflexible que tiene la persona de ver los
estímulos, que según su interpretación, son considerados como algo peligroso y
amenazante. Al cambiar esta forma de ver e interpretar los distintos eventos, la
persona deja de verse atrapada por la situación y adquiere un mayor grado de
bienestar al saber cómo enfrentar los problemas. Sin embargo, para que esto sea
posible, es necesario que la persona se vuelva consciente de sus propios
pensamientos. Es decir, que piense en lo que está pensando y cómo lo está pensando.
La TMC asume que la mente puede “curarse” a sí misma, así como el cuerpo es
capaz de repararse y curarse cuando estamos heridos. Para ello, esta terapia fomenta
la toma de conciencia por parte del paciente, de los procesos mentales que refuerzan
la sintomatología del cuadro. Para este fin, se ayuda a la persona a identificar sus
creencias metacognitivas patológicas para así poder modificarlas y reconocer sus
propias estrategias de afrontamiento ante el problema. Cabe destacar también, que la
TMC trabaja sobre la inutilidad de la preocupación excesiva y la rumiación (aspecto
primordial en los trastornos de ansiedad y depresión), promoviendo la atención flexible,
y dejando de dar relevancia a pensamientos negativos, sustituyéndolos por
pensamientos más agradables y saludables. Es para el logro de estos objetivos, que la
TMC utiliza principalmente la técnica del Mindfulness, entre otras.
Por su parte, la Terapia Metacognitiva ha demostrado según evidencia científica, ser
eficaz para trastorno obsesivo compulsivo, adicciones, TEPT, y especialmente útil para
trastornos de ansiedad y depresión, entre otros, aunque originalmente el modelo fue
diseñado para ser utilizado transdiagnósticamente, es decir, para múltiples trastornos
de cualquier tipo, ya que se centra en factores psicológicos comunes que se cree son
la fuente de mantenimiento de todos ellos. Además, la TMC resultó ser efectiva y

21
rápida como técnica de tratamiento, y se evitaron recaídas en la mayoría de los casos
estudiados.

Revisión de estudios de eficacia clínica

Figura 1. Diagrama de flujo: información del proceso de búsqueda.

Proceso de Selección de Estudios: La búsqueda bibliográfica permitió identificar un


total de 112 artículos en PubMed (n=63), Scielo (n=17) , ScienceDirect (n=23) Dialnet

22
(n=7) y Latindex (n=2). Los 112 artículos fueron examinados de manera exhaustiva,
siendo excluidos (n=94) por no cumplir criterios de elegibilidad o no tener acceso al
estudio completo (n=11).Finalmente se seleccionaron 7 estudios (consultar Figura 1).

Resultados

En 1992, el doctor Jon Kabbat Zinn et al., llevó a cabo un estudio piloto de 8
semanas para determinar la efectividad de un programa grupal de reducción del estrés
basado en mindfulness (MBSR) para pacientes con trastornos de ansiedad. Para
realizar este estudio, fueron seleccionados 22 sujetos, de los cuales 8 de ellos tenían
trastorno de ansiedad generalizada, 10 de ellos trastorno de pánico con agorafobia y 4
trastorno de pánico sin agorafobia, según los criterios del DSM III-R. Las evaluaciones,
incluidas las calificaciones de los terapeutas y las autoevaluaciones se obtuvieron en
forma semanal, antes y durante la realización del programa de reducción del estrés
basado en mindfulness, y mensualmente durante el período de seguimiento de 3
meses concluido el ciclo del programa. Los resultados arrojaron reducciones
significativas en las puntuaciones tanto de ansiedad como de depresión una vez
concluido el tratamiento para 20 de los sujetos. Estos resultados fueron mantenidos
durante la fase de seguimiento. También se redujeron significativamente los síntomas
de pánico en aquellos sujetos que experimentaban esta sintomatología. Asimismo, se
compararon los resultados entre aquellos sujetos que formaron parte del programa
pero no se incluyeron en el estudio, con aquellos que cumplieron los criterios de
selección iniciales. Los resultados muestran reducciones similares para ambos grupos
en las puntuaciones de ansiedad, lo que sugiere la generalización de los hallazgos del
estudio. Se concluye de esta forma, que un programa grupal de entrenamiento de
reducción del estrés basado en mindfulness puede reducir los síntomas de ansiedad y
pánico de manera efectiva, así como también, ayudar a mantener estas reducciones en
pacientes con trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico o trastorno de
pánico con agorafobia.

23
Nordahl et al. (2018), realizaron un estudio en la clínica ambulatoria universitaria
de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología de 2008 a 2016, con el objetivo de
comparar la Terapia Metacognitiva (TMC) con el tratamiento estándar de la TCC en
pacientes con trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Este estudio fue el primero
en comparar tanto a corto como a largo plazo la TCC con la TMC, controlando además
factores de terapia no específicos. Para ello, se incluyeron 81 pacientes que contaban
con los criterios de y se los dividió aleatoriamente en tres grupos: 28 de ellos recibieron
tratamiento según la TCC, 32 según la TCM y 21 de ellos fueron derivados a lista de
espera. Los pacientes fueron evaluados antes de recibir el tratamiento, después del
tratamiento y a los dos años de seguimiento una vez finalizado el mismo. Los
resultados demuestran que tanto la TCC como la TMC fueron tratamientos efectivos
para el TAG, sin embargo, la TMC fue más efectiva y los resultados arrojaron tasas de
recuperación significativamente más altas, de un 65% respecto a la TMC en
comparación con la TCC con un 38% de efectividad. Estas diferencias se mantuvieron
a los 2 años de seguimiento. Se concluye entonces, que según los estudios realizados
la TMC produciría tasas de recuperación para los trastornos de ansiedad
significativamente más altas que la TCC, siendo la TMC un tratamiento particularmente
efectivo para este tipo de trastornos.

En un estudio realizado por Evans et al. (2008), se evaluó a once sujetos


mayores de 18 años con trastorno de ansiedad generalizada (TAG) según los criterios
del DSM-IV, que recibieron entrenamiento en MBCT. El propósito de este estudio fue
investigar si un programa de terapia cognitiva basada en atención plena (MBCT) con
una duración de 8 semanas sería un tratamiento aceptable y eficaz para los pacientes
que sufren trastorno de ansiedad generalizada (TAG).
Los resultados demostraron que hubo reducciones significativas en los síntomas
de ansiedad, tensión, preocupación y síntomas depresivos después de un curso grupal
de 8 semanas basado en la atención plena. Este estudio concluye según sus
resultados, que la MBCT puede ser un tratamiento aceptable y potencialmente efectivo
para reducir los síntomas del TAG, beneficiando el estado de ánimo de estos pacientes
y aumentando la conciencia de sus experiencias cotidianas.

24
Lewis, Gilroy, Buckner y Heimberg, se dispusieron a estudiar en el año 2021 el
impacto del entrenamiento en forma breve de atención plena, en el procesamiento
posterior al evento (PPE) entre personas con ansiedad social clínicamente elevada. La
hipótesis, se basó en que la revisión autocentrada, detallada y repetitiva del
desempeño de uno mismo en situaciones sociales, resulta como un factor de
mantenimiento en la ansiedad social patológica. Contaron con 77 participantes con
ansiedad social clínicamente elevada, los cuales asistieron a una cita en el laboratorio,
y fueron distribuidos aleatoriamente. 37 de ellos recibieron una capacitación breve en
mindfulness, y 40 de ellos no la recibieron (grupo control). Luego del período de
entrenamiento, los sujetos fueron sometidos a una tarea de inducción de ansiedad
social, y se les solicitó que apliquen su estrategia de pensamiento a aquellos que
habían recibido el entrenamiento en atención plena. Posteriormente, se completaron
encuestas diarias durante dos semanas por parte de todos los participantes, y aquellos
sujetos que habían recibido el entrenamiento informaron una reducción significativa en
el estado de ansiedad, en comparación con el grupo control. Se vislumbran además,
disminuciones significativamente mayores en los participantes entrenados, en el PPE
durante el período de seguimiento de 14 días. De esta forma, se concluye que una
breve estrategia basada en la atención plena podría ser útil para personas con
ansiedad social clínicamente elevada, reduciendo los factores que hacen al
mantenimiento de dicha patología.

Una novedosa investigación realizada por Ninomiya et al. (2019), se propuso


estudiar la eficacia de la terapia cognitiva basada en la atención plena (MBCT) en
pacientes con trastornos de ansiedad en entornos de atención secundaria. Se trató de
un ensayo controlado y aleatorizado, donde la gran mayoría de los participantes ya se
habían sometido previamente a farmacoterapia pero no habían remitido. Los sujetos
cumplían los criterios de trastorno de pánico, agorafobia o trastorno de ansiedad social,
especificados en el DSM-IV, y fueron asignados aleatoriamente en dos grupos: uno
recibiría MBCT (n=20) y otro quedaría en lista de espera (n=20). Posterior al
entrenamiento MBCT, se midieron y compararon los niveles de ansiedad en ambos
grupos, antes y después de la intervención.
Se observaron en los resultados diferencias significativas en las puntuaciones de

25
ansiedad en aquellos pacientes que recibieron MBCT en comparación con el grupo
control. Los hallazgos de esta investigación están en línea con estudios previos que
indican que la MBCT puede reducir los síntomas de ansiedad en pacientes con
trastornos de ansiedad. Sin embargo, este se trataría del primer ensayo controlado
aleatorizado que demuestra la eficacia de MBCT en pacientes con ansiedad patológica
en entornos de atención secundaria, donde la gran mayoría de ellos ya habían recibido
farmacoterapia y eran resistentes al tratamiento. Se concluye entonces, que la MBCT
puede ser una opción de tratamiento práctica cuando un paciente no responde bien a la
primera línea de farmacoterapia.

Por último, cabe aclarar que si bien en la actualidad el trastorno de estrés


postraumático (TEPT) y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se encuentran
clasificados en el DSM-V como trastornos diferenciados de los trastornos de ansiedad,
mantienen ciertos mecanismos compatibles con el modelo cognitivo de la ansiedad, por
lo cual los siguientes estudios resultan de interés para este trabajo:

En un estudio piloto, Cole et al. (2015) examinaron la utilidad de las


intervenciones basadas en la reducción del estrés basada en la atención plena (MBSR)
de 8 semanas como alternativa a las técnicas de rehabilitación para abordar síntomas
cognitivos y psiquiátricos en 9 veteranos de guerra con trastorno de estrés
postraumático (TEPT) y antecedentes de lesión cerebral traumática leve con quejas
cognitivas crónicas. El tratamiento consistió en el entrenamiento de estos pacientes
hacia el aprendizaje de flexibilidad del foco atencional, reconocimiento de emociones y
pensamientos asociados al trauma sin juzgarlos, poner en práctica la amabilidad y una
actitud curiosa hacia el momento presente, así como también práctica de yoga suave.
El 100% de los participantes reportaron estar “satisfechos” con el entrenamiento
MBSR, y una mejor capacidad para hacer frente al estrés además de una mejor actitud
hacia su salud. Según los resultados, este tipo de intervención redujo la sintomatología
asociada al TEPT en los 9 [Link] 3 meses del estudio, en la evaluación
de seguimiento se encontró una reducción significativa de los síntomas asociados al
TEPT, mostrando los participantes altos niveles de seguridad y aceptabilidad del
suceso traumático. No se informaron efectos adversos luego de la participación en

26
MBSR y no hubo aumentos en los síntomas de TEPT. Por lo tanto, este estudio
proporciona evidencia inicial de que una intervención basada en MBSR puede ser
aceptable, segura y factible en una población con sintomatología psiquiátrica y
neurocognitiva concurrente.

Para finalizar, muy recientemente Didonna et al. (2019) realizaron un estudio el


cual planteaba el tratamiento basado en mindfulness como una sugerencia terapéutica
alternativa o complementaria para el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), dada la
notable población de sujetos con esta patología que no han respondido favorablemente
al tratamiento de primera elección en la actualidad, la terapia cognitivo conductual
(TCC). El programa contó con 35 pacientes con diagnóstico de TOC, y constó de una
intervención grupal de 11 sesiones en atención plena. Los participantes demostraron
una buena adherencia al tratamiento, así como una reducción significativa en los
síntomas de TOC. También se registró un aumento en las habilidades de atención
plena, en particular las facetas de actuar con conciencia, no juzgar y no reaccionar por
parte de los participantes. Estos hallazgos en general resultan prometedores y sugieren
que se realicen más estudios para probar la efectividad de este tratamiento en los
pacientes con TOC.

Discusión

Respecto a la revisión de las investigaciones disponibles sobre la aplicación de


la atención plena (mindfulness) a los trastornos de ansiedad; los resultados no
arrojaron estudios que cumplieran los criterios de selección para el trastorno de
ansiedad por separación o mutismo selectivo, aunque teniendo en cuenta que este tipo
de patologías son de inicio habitualmente en la infancia o la adolescencia, por lo tanto,
no han sido tenidos en cuenta para el análisis de los resultados. Asimismo, no se han
hallado investigaciones específicamente dirigidas al tratamiento de fobias específicas o
trastornos de ansiedad inducidos por sustancias. En consecuencia, no es posible
aseverar hasta el día de la fecha, a partir de la literatura científica recopilada en esta
revisión, que los tratamientos basados en atención plena (mindfulness) son un medio

27
eficaz para el tratamiento de los trastornos de ansiedad en general.
Sin embargo, en lo que respecta al trastorno de ansiedad generalizada, trastorno
de pánico con y sin agorafobia, trastorno de ansiedad social (según criterios del
DSM-V) y trastorno de estrés postraumático y trastorno obsesivo compulsivo (según
criterios del DSM-IV), los estudios realizados por la comunidad científica aseveran que
el mindfulness resulta eficaz como intervención en el tratamiento de los mencionados
trastornos de ansiedad. Empero, no se han hallado investigaciones que cumplan con
los criterios de inclusión en lo que respecta a Latinoamérica, lo cual llama la atención,
pero a su vez, abre un abanico de posibilidades e invita a futuros investigadores a
profundizar y evolucionar hacia la aplicación de la atención plena (mindfulness) en
estas comunidades y evaluar su posible eficacia, de acuerdo con las características
demográficas y culturales de cada país. Asimismo, para las futuras líneas de
investigación, puede ser de interés profundizar en la recopilación de evidencias sobre
la eficacia del mindfulness para los distintos trastornos de ansiedad, en ensayos
controlados aleatorizados que incluyan un número más elevado de participantes, en
comparación con los estudios recopilados en el presente trabajo, así como también,
realizar estudios comparativos respecto a la aplicación de esta práctica en forma grupal
e individual, evaluando sus diferencias, si las hubiera.
Por último, cabe destacar que esta presentación, no propone ni pretende de
ninguna manera reemplazar los tratamientos ya existentes y aprobados para los
trastornos de ansiedad, incluidos los tratamientos con psicofármacos, dejando a criterio
de cada profesional la aplicación del tratamiento que considere de mayor utilidad para
cada paciente en cada situación particular. Se aclara de antemano, que el mindfulness
no tiene como meta específica la reducción de la ansiedad y los síntomas asociados a
ella, sino que se trata de una práctica que pretende establecer una relación diferente
con la ansiedad, vivenciándola y no eliminándola, pudiendo así despegarse de ella y
dejando de lado los juicios de valor. De esta manera, la reducción de la ansiedad sería
una consecuencia secundaria tras la aplicación de esta práctica en el tratamiento.

28
Conclusiones

El Mindfulness no es una práctica novedosa, sino que sus orígenes datan hace
más de dos mil quinientos años. Sin embargo, tomó notoriedad en los últimos 50 años
en el área clínica, y llama cada vez más la atención de distintos investigadores por sus
beneficiosos resultados.
Hemos vislumbrado que existen varias técnicas de mindfulness y las
definiciones de cada una de ellas. Sin embargo, se podría concluir en términos
generales, que el mindfulness centra sus bases en la atención plena y consciente de la
realidad, del momento presente, dejando de lado los juicios y dando lugar a la
aceptación. “Prestar atención” es una facultad que posee el hombre por su condición
de humano, por lo tanto, el mindfulness resulta como una herramienta accesible de
forma natural para cualquier sujeto. Sin embargo, cabe destacar la necesidad de una
actitud intencional para realizar esta práctica, lo cual implica que, a pesar de ser una
facultad disponible en todo momento, solo mediante la puesta en acción de la propia
voluntad se podrá desarrollar y potenciar esta capacidad del ser humano de prestar
atención y permanecer en el momento presente. Únicamente mediante el
entrenamiento continuo, reiterado y disciplinado se logrará desarrollar la atención plena
y poder gozar de sus beneficios. Es por esta misma razón, que resulta fundamental el
papel que tome el profesional a la hora de psicoeducar a sus pacientes, brindándole las
herramientas necesarias para un entrenamiento exitoso de esta práctica. Resulta
fundamental brindar apoyo a los sujetos, sobre todo en etapa de entrenamiento, ya que
la atención plena no se logra de un día para el otro, sino que es precisamente un
entrenamiento, el cual lleva su tiempo y va perfeccionándose con el correr del tiempo.
Como todo entrenamiento, requiere voluntad, tiempo, disciplina, tolerancia a la
frustración, y contención por parte del profesional que guía esta práctica. Esta
herramienta puede acompañar al paciente de por vida, si se logra incorporar en la fase
de tratamiento, y de esta forma, prevenir futuras recaídas. Por eso es tan importante
resaltar que no se trata de una práctica fugaz, sino que se vuelve beneficiosa en la vida
del sujeto al convertirla en hábito y sostenerla en el tiempo. Más allá del papel que
cumplan los profesionales de la salud ante este tipo de patologías, cabe destacar el rol
fundamental que cumple la propia voluntad y disciplina del paciente en cuanto al

29
tratamiento y la mejoría terapéutica. Sin esta cualidad presente en la persona a tratar,
podría resultar dificultosa la adhesión del mismo a la práctica del mindfulness, y por lo
tanto, conllevar al fracaso de esta técnica en el tratamiento.
Una idea contemporánea es sobre "transdiagnóstico". En el sentido que el
Mindfulness es utilizado no sólo para el tratamiento de categorías diagnósticas, sino
para la regulación emocional en general. Es decir, en procesos emocionales que están
implicados en varios cuadros diagnósticos comórbidos: ej. TLP, TAG, TB, etc.

En conclusión, la evidencia clínica ha demostrado una amplia gama de


aplicaciones clínicas para el mindfulness, tanto para problemáticas de salud física
como mental, además de ser una poderosa herramienta de prevención para estas
últimas. Sin embargo, y a pesar de la existencia de numerosos estudios científicos
sobre las implicancias del mindfulness, los hallazgos aún no son concluyentes, y
resulta necesario ampliar el espectro de investigación acerca del mindfulness en el
área de salud mental, que permitan comprender de forma más sustanciosa de qué
manera actúan y cuál es el impacto sobre los sujetos que la practican.

30
Referencias:

American Psychiatric Association (APA). (2000). Diagnostic and statistical manual of

mental disorders (4th ed., text rev). Washington, DC: Author.

American Psychiatric Association (APA). (2014). Trastornos de ansiedad. En Manual

diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta edición (DSM-V)

(pp. 189-234). Editorial Médica Panamericana.

American Psychological Association. (2010). Trastornos de la ansiedad: El papel de la

psicoterapia en el tratamiento eficaz.(Fecha consulta: 20 de marzo 2023)

[Link]

American Psychological Association. (2017). Más allá de la preocupación. (Fecha

consulta: 20 de marzo 2023) [Link]

Arpa C.D. (2018). Soltar con Mindfulness. Una vida plena y consciente, de mi corazón

al tuyo. Buenos Aires: Dunken.

Barlow, D. H. (2002). Anxiety and its disorders: The nature and treatment of anxiety and

panic (2nd ed.). New York: Guilford Press.

Beck, A. T. (1985). Theoretical perspectives on clinical anxiety. In A. H. Tuma & J.

Maser (Eds.), Anxiety and the anxiety disorders (pp. 183-196). Hillsdale, NJ:

Erlbaum.

31
Beck, A. T., & Greenberg, R. L. (1988). Cognitive therapy of panic disorder. In R. R.

Hales & A. J. Frances (Eds.), Review of psychiatry (Vol. 7, pp. 571-583).

Washington, DC: American Psychiatric Press.

Botella C., Ballester R. (1997). Trastorno de pánico: evolución y tratamiento. España:

Martínez Roca.

Caballo, V., Salazar I. Carrobles J. (2017). Manual de psicopatología y trastornos

psicológicos. 2da edición. Buenos Aires: Pirámide.

Carrillo Rodriguez S. (1998). Técnicas de relajación y respiración. En Manual de

Técnicas de Modificación de Conducta. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid.

Clark, D. A., & Beck, A. T. (with Alford, B.). (1999). Scientific foundations of cognitive

theory and therapy of depression. New York: Wiley.

Clark, D. A. & Beck, A. t. (2010/2012). Terapia cognitiva para trastornos de ansiedad:

Ciencia y práctica. Desclée de Brouwer.

Cole MA, Muir JJ, Gans JJ, Shin LM, D'Esposito M, Harel BT, Schembri A.

Simultaneous Treatment of Neurocognitive and Psychiatric Symptoms in

Veterans with Post-Traumatic Stress Disorder and History of Mild Traumatic Brain

Injury: A Pilot Study of Mindfulness-Based Stress Reduction. Mil Med. 2015

Sep;180(9):956-63. doi: 10.7205/MILMED-D-14-00581. PMID: 26327547.

Craske, M. G. (2003). Origins of phobias and anxiety disorders: Why more women than

men? Amsterdam, The Netherlands: Elsevier.

32
Didonna F, Lanfredi M, Xodo E, Ferrari C, Rossi R, Pedrini L. Mindfulness-based

Cognitive Therapy for Obsessive-Compulsive Disorder: A Pilot Study. J Psychiatr

Pract. 2019 Mar;25(2):156-170. doi: 10.1097/PRA.0000000000000377. PMID:

30849066.

Evans S, Ferrando S, Findler M, Stowell C, Smart C, Haglin D. Mindfulness-based

cognitive therapy for generalized anxiety disorder. J Anxiety Disord. 2008

May;22(4):716-21. doi: 10.1016/[Link].2007.07.005. Epub 2007 Jul 22. PMID:

17765453.

Ferreres A., (2020). Anatomía del Sistema Nervioso Humano. Facultad de psicología,

Universidad de Buenos Aires.

Garay C.J. y Keegan E. (2016). Terapia Metacognitiva. Revista Argentina de Clínica

Psicológica 2016, Vol. XXV, N°2, 125-134

Goleman D. (1997). La meditación y los estados superiores de consciencia. 2nd ed.

Buenos Aires: Sirio.

Hayes, S. C. (2004). Acceptance and Commitment Therapy, Relational Frame Theory,

and the third wave of behavioral and cognitive therapies. Behavior Therapy, 35,

639-665. doi: 10.1016/S0005-7894(04)80013-3

Herbert JD, Forman EM. (2011). Acceptance and Mindfulness in Cognitive

Behavior Therapy: Understanding and Applying New Theories. 1st ed. Hoboken:

John Wiley & Sons.

33
Hofmann, S. G., Sawyer, A. T., Witt, A., & Oh, D. (2010). The effect of

mindfulness-based therapy on anxiety and depression: A meta-analytic review.

Journal of Consulting and Clinical Psychology, 78, 169-183. doi:

10.1037/a0018555

Kabat-Zinn J, Massion AO, Kristeller J, Peterson LG, Fletcher KE, Pbert L, Lenderking

WR, Santorelli SF. Effectiveness of a meditation-based stress reduction program

in the treatment of anxiety disorders. Am J Psychiatry. 1992 Jul;149(7):936-43.

doi: 10.1176/ajp.149.7.936. PMID: 1609875.

Kabat-Zinn, J. (2004). Vivir con plenitud las crisis. Cómo utilizar la sabiduría del cuerpo

y de la mente para afrontar el estrés, el dolor y la enfermedad. Editorial Kairós.

Keegan, E. (2012). La salud mental en la perspectiva cognitivo-conductual. Vertex, 23

(101), 52-56

Korman, G.P. & Garay, C. J. (2012). El modelo de la Terapia Cognitiva Basada en la

Conciencia Plena (Mindfulness). Revista Argentina de Clínica Psicología.

Labrador F. J. (1992). El estrés: Nuevas técnicas para su control. Madrid;

España:Ediciones temas de hoy.

Labrador, F.; de la Puente, M. y Crespo, M. (1995). Evaluación de las disfunciones

sexuales. En: A. Roa. Evaluación en psicología clínica y de la salud. Madrid.

34
Lewis EM, Gilroy SP, Buckner JD, Heimberg RG. The Impact of Brief Mindfulness

Training on Postevent Processing Among Individuals With Clinically Elevated

Social Anxiety. Behav Ther. 2021 Jul;52(4):785-796. doi:

10.1016/[Link].2020.10.002. Epub 2020 Oct 24. PMID: 34134820.

Ministerio de Salud de Argentina. Dirección Nacional de Abordaje Integral de Salud

Mental y Consumos Problemáticos. (Fecha consulta: 20 de marzo 2023).

[Link]

Ninomiya A, Sado M, Park S, Fujisawa D, Kosugi T, Nakagawa A, Shirahase J, Mimura

M. Effectiveness of mindfulness-based cognitive therapy in patients with anxiety

disorders in secondary-care settings: A randomized controlled trial. Psychiatry

Clin Neurosci. 2020 Feb;74(2):132-139. doi: 10.1111/pcn.12960. Epub 2019 Dec

20. PMID: 31774604.

Nordahl HM, Borkovec TD, Hagen R, Kennair LEO, Hjemdal O, Solem S, Hansen B,

Haseth S, Wells A. Metacognitive therapy versus cognitive-behavioural therapy in

adults with generalised anxiety disorder. BJPsych Open. 2018 Sep

11;4(5):393-400. doi: 10.1192/bjo.2018.54. PMID: 30294448; PMCID:

PMC6171331.

Stahl B. y Goldstein E. (2010). Mindfulness para reducir el estrés. Una Guía práctica.

Editorial Kairós.

35
Strauss, A. L., Corbin, J., & Zimmerman, E. (2002). Bases de la investigación

cualitativa: técnicas y procedimientos para desarrollar la teoría fundamentada.

Editorial Universidad de Antioquia.

Wells A. (2009).Metacognitive Therapy for Anxiety and Depression. New York, Guilford

Press.

36
ANEXO

Tabla 2: Rasgos comunes de la ansiedad

Síntomas Físicos Aumento del ritmo cardíaco,


palpitaciones, respiración entrecortada,
respiración acelerada, dolor o presión en
el pecho, sensación de asfixia,
aturdimiento, mareo, sudores,
sofocos, escalofríos, náusea, dolor de
estómago, diarrea, temblores,
estremecimientos, adormecimiento,
temblor de brazos o piernas, debilidad,
mareos, inestabilidad, músculos tensos,
rigidez, sequedad de boca.

Síntomas Cognitivos Miedo a perder el control, a ser incapaz


de afrontarlo, miedo al daño físico o a la
muerte, miedo a “enloquecer”, miedo a la
evaluación negativa de los demás,
pensamientos, imágenes o recuerdos
atemorizantes, percepciones de irrealidad
o separación, escasa
concentración, confusión, distracción,
estrechamiento de la atención,
hipervigilancia hacia la amenaza, poca
memoria, dificultad de razonamiento,

37
pérdida de objetividad.

Síntomas Conductuales Evitación de las señales o situaciones de


amenaza, huida, alejamiento, obtención
de seguridad, reafirmación, inquietud,
agitación, marcha, hiperventilación,
quedarse helado,
paralizado, dificultad para hablar.

Síntomas Afectivos Nervioso, tenso, embarullado, asustado,


temeroso, aterrorizado, inquieto,
asustadizo, impaciente, frustrado.

Fuente Tabla 2: Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010/2012). Terapia Cognitiva para
Trastornos de Ansiedad. Ciencia y Práctica (Cap.1, pp 42). Desclée de Brouwer.

38

También podría gustarte