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Sobre Dios

En 'Sobre Dios', Byung-Chul Han explora la obra de Simone Weil como una guía ética y espiritual en un mundo saturado por el consumo y la hiperactividad. El autor argumenta que la crisis de la religión es, en esencia, una crisis de atención, donde la contemplación y el silencio son esenciales para redescubrir el sentido de la vida. A través de un diálogo con conceptos fundamentales de Weil, Han invita a abrazar el dolor y el vacío como caminos hacia una existencia más profunda y significativa.

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Sobre Dios

En 'Sobre Dios', Byung-Chul Han explora la obra de Simone Weil como una guía ética y espiritual en un mundo saturado por el consumo y la hiperactividad. El autor argumenta que la crisis de la religión es, en esencia, una crisis de atención, donde la contemplación y el silencio son esenciales para redescubrir el sentido de la vida. A través de un diálogo con conceptos fundamentales de Weil, Han invita a abrazar el dolor y el vacío como caminos hacia una existencia más profunda y significativa.

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PREMIO PRINCESA DE ASTURIAS DE SELLO Paidós

COLECCIÓN Contextos
COMUNICACIÓN Y HUMANIDADES

Byung-Chul Han
2025 FORMATO 13,5 x 21 cm.
Rústica con solapas

SERVICIO
Otros títulos de la colección: UN ENSAYO BREVE, PROFUNDO Y LUMINOSO
SOBRE CÓMO VIVIR HOY CON SENTIDO
La tonalidad del pensamiento PRUEBA DIGITAL
VÁLIDA COMO PRUEBA DE COLOR
Byung-Chul Han Simone Weil es, en palabras de Byung-Chul Han, la EXCEPTO TINTAS DIRECTAS, STAMPINGS, ETC.
figura intelectual más brillante del siglo XX. En este
Contra el progreso ensayo breve y visionario, el filósofo surcoreano
DISEÑO 29-07-2025 Marga
Slavoj Žižek reinterpreta la obra de la filósofa francesa como
Sobre Dios

Sobre Dios
una brújula ética y espiritual para nuestro tiempo.
EDICIÓN
¿Amamos aún la vida? Frente a un mundo dominado por el rendimiento, Byung-Chul Han
Erich Fromm el consumo y la hiperactividad, Weil —y con ella (Seúl, Corea del Sur, 1959)

Byung-Chul Han
Han— nos invita a redescubrir el vacío, el silencio, CARACTERÍSTICAS
En el principio era el sentido la atención y la trascendencia como formas de
Viktor E. Frankl Filósofo y ensayista experto en estudios cul-
vida posibles y necesarias. IMPRESIÓN 4/0
turales, se le considera uno de los filósofos
El capitalismo, ¿es moral? más destacados del pensamiento contempo-
Con un tono íntimo y meditativo, Han establece PAPEL Cartulina gráfica 220 grs.
ráneo por su crítica al capitalismo y la sociedad
André Comte-Sponville un diálogo entre siete conceptos fundamentales PENSAR CON del trabajo.
SIMONE WEIL
del pensamiento de Weil —atención, descreación, PLASTIFICADO Mate
vacío, silencio, belleza, dolor e inactividad— y las
Han estudió Filología Alemana y Teología en la
heridas contemporáneas: la saturación digital, el UVI
Universidad de Múnich y Filosofía en la Univer-
individualismo, la pérdida de sentido y el colapso
sidad de Friburgo, donde se doctoró con una
espiritual. A fin de cuentas, Weil nos conduce TROQUEL
tesis sobre Martin Heidegger. Ha dado clases
—nos seduce, dice Han— hacia otra realidad: una
de Filosofía en la Universidad de Basilea, de
vida más libre, más honda, menos sometida al BAJORRELIEVE
Filosofía y Teoría de los Medios en la Escuela
ruido y a la eficiencia.
Superior de Diseño de Karlsruhe y de Filosofía
STAMPING
y Estudios Culturales en la Universidad de las
En tiempos de crisis, este libro ofrece una forma
Artes de Berlín.
de consuelo que no evita el dolor, sino que lo FORRO TAPA
abraza como vía de elevación. Una lectura que
Es autor de más de una veintena de títulos GUARDAS
calma, sacude y transforma.
entre los que cabe destacar La sociedad del
cansancio, La sociedad de la transparencia, INSTRUCCIONES ESPECIALES
Psicopolítica, No-cosas, Infocracia y Vida
contemplativa. Todos ellos han sido traduci-
dos a varios idiomas.
10376786

PAIDÓS Contextos En Paidós ha publicado La tonalidad del pen-


Diseño de la cubierta: Planeta Arte & Diseño
Imagen de la cubierta: © xilonm / Shutterstock [Link]
Fotografía del autor: © Archivo del autor [Link] PAIDÓS samiento.

C_Sobre [Link] 1 29/7/25 16:46


8 mm.
Byung-Chul Han

SOBRE DIOS

Pensar con Simone Weil

Traducción de Lara Cortés

PAIDÓS

SOBRE [Link] 5 5/8/25 10:56


Título original: Sprechen Über Gott, de Byung-Chul Han

1.ª edición, octubre de 2025

La lectura abre horizontes, iguala oportunidades y construye una sociedad mejor.


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© Matthes & Seitz Berling Verlag, Berlin, 2025


Todos los derechos reservados a Matthes & Seitz Berlin Verlagsgesellschaft mbH.
© de la traducción, Lara Cortés Fernández, 2025
© de todas las ediciones en castellano,
Editorial Planeta, S. A., 2025
Paidós es un sello editorial de Editorial Planeta, S. A.
Avda. Diagonal, 662-664
08034 Barcelona, España
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ISBN: 978-84-493-4454-1
Fotocomposición: Realización Planeta
Depósito legal: B. 14.050-2025
Impresión y encuadernación en Rodesa

Impreso en España – Printed in Spain

SOBRE [Link] 6 5/8/25 11:20


Sumario

Introducción p. 9

Atención p. 11
Descreación p. 37
Vacío p. 51
Silencio p. 67
Belleza p. 79
Dolor p. 93
Inactividad p. 103

Notas p. 117
Sobre el autor p.133
Último título del autor p. 135

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La crisis actual de la religión no puede atribuirse sin más
al hecho de que ciertos contenidos de la fe hayan perdido
su validez, de que ya no creamos en Dios o de que la Iglesia
haya agotado toda su credibilidad. Más bien habría que
explicarla por una serie de razones estructurales de las
que no somos conscientes, pero que son responsables de
la ausencia de Dios. Entre ellas se encuentra el declive de
la atención. La crisis de la religión también es, por tanto,
una crisis de la atención, una crisis de la vista y del oído.
No es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios
se revelaba.
La percepción se ha vuelto extremadamente voraz.
Carece de toda dimensión contemplativa. Se pasa el tiem-
po comiendo. Su actitud es el consumo. Hay una expresión
que refleja muy acertadamente su voracidad: «atracón de
series» (binge watching). Aquí, la palabra binge se refiere al
acto de devorar en exceso. La percepción prácticamente

13 ATENCIÓN

SOBRE [Link] 13 5/8/25 10:56


se ceba con basura: basura de información y comunica-
ción, basura de sonidos y de visiones. Nos estamos con-
virtiendo en ganado consumidor. La percepción se guía
cada vez en mayor medida por los estímulos y la adicción.
Puesto que solo se centra en comer, ya no puede mirar.
En este sentido, Simone Weil escribe: «[...] mirar y comer
son dos cosas diferentes. Hay que optar por la una o por
la otra. A ambas se las considera amor. Solo hay alguna
esperanza de salvación para quienes consigan permane-
cer un tiempo mirando en lugar de comiendo».1 Comer
sirve exclusivamente para saciar una necesidad. Mirar es
lo único que nos redime de la inmanencia del consumo,
desprovista de sentido.
La crisis actual de la atención está ligada al hecho de
que queramos comerlo todo, consumirlo todo, en lugar
de mirarlo. La percepción voraz no requiere atención
alguna. Se traga cuanto se le ofrezca. Solo el alma que
ayuna puede mirar, contemplar. Durante el ayuno se
pone en marcha una autofagia en la que el alma consume
su parte baja, su parte voraz. Esta autofagia del alma es
lo único que nos salva y que nos conduce hasta Dios: «La
parte eterna del alma se alimenta del hambre. Cuando no
comemos, nuestro organismo digiere su propia carne y la
transforma en energía. El alma actúa del mismo modo. El
alma que no come se digiere a sí misma. La parte eterna
digiere la parte mortal y la transforma. El hambre del
alma es difícil de soportar, pero no existe ningún otro
remedio para la enfermedad: matar de hambre la parte
perecedera del alma mientras el cuerpo aún está vivo. Es
así como un cuerpo de carne pasa directamente a estar
al servicio de Dios».2

SOBRE DIOS 14

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El alma que sigue comiendo sin mirar pierde capaci-
dad de contemplación. En lugar de autofagia, desarrolla
adiposis. Su parte natural y mortal, encargada de comer,
crece y engorda. En cambio, su parte divina se atrofia y se
contrae. La atención contemplativa es esencial para mirar.
Esa atención observa las cosas sin pretender apropiarse
de ellas, sin pretender anexionárselas. Quien sabe mirar
se vacía, se convierte en nadie. Crea dentro de sí un vacío:
«La belleza de un paisaje en el momento en que nadie lo
ve, absolutamente nadie...».3
De acuerdo con Simone Weil, es la imaginación la
que, al servicio del yo, siempre sueña con comida. Somete
las cosas a las necesidades, los deseos y los intereses del
yo. De ese modo, las adereza y las devora. Nos impide
verlas tal y como son en realidad. La imaginación como
«fuerza de la gravedad» incapacita al alma para ver la ver­
dadera relación entre las cosas a la que hay que obedecer.
Le impide alzar el vuelo hacia lo trascendente: «Obedien-
cia: hay dos. Se puede obedecer a la gravedad u obedecer
a la relación entre las cosas. En el primer caso, uno hace
aquello a lo que le empuja la imaginación colmadora de
vacíos. [...] Si se suspende el trabajo de la imaginación
colmadora y se pone la atención en la relación entre las
cosas, surge una necesidad a la que no se puede dejar de
obedecer. Hasta entonces, no se tiene ni la noción de la
necesidad ni el sentimiento de la obediencia».4 La grave-
dad desgarra el alma en lo más profundo: «Todo cuanto
denominamos bajeza constituye una manifestación de la
gravedad».5 La gravedad domina la parte natural del alma.
La plenitud de la parte del alma dominada por la gravedad
elimina el vacío, que es lo que le permite al alma mirar.

15 ATENCIÓN

SOBRE [Link] 15 5/8/25 10:56


La religión requiere prestar atención a aquellas co-
sas que escapan a la puesta a disposición, al consumo, al
«acto de comer». Precisamente la indisponibilidad es el
rasgo esencial de ese interlocutor hacia el que se dirige
la atención contemplativa. Profundiza la atención. La
atención contemplativa es lo contrario de la vigilancia
del cazador. No busca ni caza, sino que escucha aten-
tamente y se demora. La atención del cazador —una
atención centrada en objetivos y resultados y guiada por
intereses; una atención que merodea y aspira a atrapar
rápidamente el objeto buscado— es perjudicial para la
experiencia religiosa: «Una mala manera de buscar. Con la
atención fija en un problema. Un fenómeno más de horror
al vacío. No se quiere ver perdido el trabajo. Obstinación
en proseguir la caza. No es preciso querer encontrar».6
La atención religiosa es una «mirada», pero no una «bús-
queda», no un «apego».7 Tal vez por eso cuando rezamos
entrecruzamos las manos. Miramos hacia lo abierto, que
escapa a cualquier acceso; hacia el vacío, que no permite
el apego. En el vacío no hay nada para «comer», nada a
lo que podamos agarrarnos. Solo alcanzamos el vacío
liberador cuando nos desprendemos de todo apego, de
toda voluntad.
La digitalización acelera enormemente la puesta a
disposición total de la realidad. Nos acostumbra a que
todo sea inmediatamente alcanzable, disponible, cal-
culable y consumible. De ese modo, debilita la atención.
Ciertas actitudes del espíritu que, como la espera o la
paciencia, nos darían acceso a lo indisponible se están
desmoronando. La información que se presenta como es-
tímulo fragmenta nuestra atención. La atención profunda

SOBRE DIOS 16

SOBRE [Link] 16 5/8/25 10:56


no se guía por estímulos. De hecho, más bien se resiste a
ellos e incluso los repele. Se asemeja a una oración: «Con
la plenitud de la atención se puede pensar solo en Dios.
Y viceversa: solo se puede pensar en Dios con la plenitud
de la atención. [...] El mayor éxtasis es la plenitud de la
atención».8
Hoy en día nos distraemos constantemente. Sal-
tamos, tambaleándonos incluso, de una información a
otra, de un estímulo a otro. Esta constante distracción
ha bastado para que Dios nos haya abandonado: «Dios
es la atención sin distracción».9 Si no nos distrajéramos,
estaríamos con Dios. Para encontrar a Dios bastaría con
que mirásemos atentamente a todas partes: «La atención
absolutamente pura, la atención que solo es atención, es
la atención que se dirige a Dios, porque Él solo está pre-
sente mientras hay atención».10 Lo que genera adicción
no necesita atención alguna para desplegar sus efectos.
La adicción funciona mejor cuanta menos atención le
prestemos. Los estímulos que nos hacen adictos ador-
mecen la atención. La actual sociedad de la adicción es
una sociedad sin atención. La percepción se guía por la
adicción y la dopamina. La adicción y la atención cons-
tituyen fuerzas antagónicas. También las redes sociales
recurren a los adictivos algoritmos para convertir a las
personas en dependientes y, de esa forma, controlarlas y
dirigirlas. El smartphone es una máquina digital de adic­
ción. En último término, incluso los buscadores, que no
son sino máquinas de búsqueda, constituyen igualmente
máquinas de adicción. Avivan la sed de caza.
El estímulo de la sorpresa alimenta el insaciable
anhelo de información. La información cuenta con un

17 ATENCIÓN

SOBRE [Link] 17 5/8/25 10:56


margen de actualidad muy reducido. Derrama a toda
prisa su estímulo y se desvanece. Así pues, no podemos
demorarnos en ella. Su margen de actualidad, extre-
madamente corto, fragmenta la atención: «La atención
requiere una duración; por eso no podemos mantenernos
atentos frente a lo que cambia».11 La atención profunda,
contemplativa, se dirige hacia lo duradero, hacia lo que
permanece y perdura. Lo verdadero es lo duradero. Y el
dominio de la información lo destruye, ya que nos arrastra
a un permanente torbellino de actualidad. Quien no es
capaz de mantener una atención contemplativa, de mirar,
no puede acceder a la verdad, al verdadero y duradero
orden de las cosas.
Cuanto más indisponible se encuentra el interlo-
cutor, más paciente, más expectante y más suplicante
se vuelve la atención que dirigimos hacia él. La atención
(attention) y la espera (attendre) se condicionan mutua-
mente. La atención profunda, como oración que es, se
nutre del deseo, pero de un deseo que carece de un objeto
disponible. El interlocutor al que se dirige la oración en
tanto que atención profunda no nos convierte en adictos.
En lugar de imponérsenos, se repliega en una ausencia,
en una indisponibilidad. Dios brilla por su ausencia:
«Dios solo puede estar presente en la creación en forma
de ausencia».12 La ausencia es «el modo de la presencia
divina».13 La oración se basa en una atención especial, en
un «anhelo», que es «tenso», «pero no orientado hacia los
objetivos».14 Oramos, pero sin perseguir un fin concreto.
Nos abrimos a Dios. La oración más elevada, la más her-
mosa, es la que carece de deseos, la que constituye una
escucha del silencio divino.

SOBRE DIOS 18

SOBRE [Link] 18 5/8/25 10:56


El pudor es una actitud del espíritu que nos permite
acceder a lo indisponible. Heidegger habla de la «lentitud
del pudor titubeante ante lo irrealizable».15 El pudor se
dirige hacia lo indisponible: «El pudor es el pensamiento
contenido, pacientemente inclinado y autocumplido
que se dirige hacia aquello que se encuentra cerca, en
una cercanía que se dedica exclusivamente a mantener
[...] lejos una lejanía en su plenitud».16 El pudor es una
atención que se demora en la lejanía, en lugar de querer
apropiarse de ella. «Solo se despierta allí donde aparece
una lejanía». Cuando, como ocurre en la actualidad, todo
tiene que ser inmediatamente alcanzable, disponible,
desaparece la lejanía. El pudor se aparta ante el poder
de disposición. La cercanía se diferencia de la ausencia
de distancia en el hecho de que entraña lejanía. Nos
acercamos a lo indisponible al retroceder ante él por
pudor. Simone Weil escribe: «Retroceder ante el objeto
que se persigue. Solamente lo indirecto resulta eficaz.
[...] Al tirar del racimo caen las uvas al suelo».17
Una característica fundamental del bien es que no
interrumpe la atención entendida como oración: «No hay
otro criterio perfecto para el bien y para el mal que no sea
el de la oración interior ininterrumpida. Está permitido
todo aquello que no la interrumpa, y está prohibido todo
aquello que lo haga».18 El bien es indirecto, discreto, in-
cluso pudoroso, mientras que el mal es invasivo. Así pues,
si dejamos de prestar atención al bien, es posible que
acabemos apartándonos de él. En cambio, si le dedicamos
la suficiente atención, nos cautivará. El mal se comporta
al revés: nos seduce, nos vuelve adictos. Solo la atención
puede protegernos de él. Es un estímulo que sabe sortear

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la atención: «El mal [...] nos atrapa cuando no le prestamos
nuestra atención».19
El mal se comporta como un virus que, sin que nos
demos cuenta, se cuela en nuestra alma y se multiplica.
Se expande a través de una infección viral que sabe cómo
sortear nuestra atención. Esa infección también ha con-
quistado la comunicación digital. Los memes son virus
que se expanden por las redes sociales. El alma humana
les sirve prácticamente de huésped para su propagación.
Solo una mayor atención permite organizar una defensa
inmunitaria frente a la infección viral.
El bien une y reconcilia, mientras que el mal divide y
disgrega. El mal es multiforme. El bien, en cambio, se basa
en la única verdad. El bien se encuentra principalmente
en el no hacer contemplativo, en la inactividad. Por el
contrario, el mal se manifiesta como acción ciega: «El bien
es esencialmente diferente del mal. El mal es múltiple y
fragmentario, el bien es uno; el mal es aparente, el bien
es misterioso; el mal se basa en acciones, el bien, en una
no acción, en una acción inoperante».20
Simone Weil considera que el mal o la violencia se
explican por una deficiente atención y que la atención
es, en cierto modo, un filtro que permite separar el bien
del mal. Por tanto, si fuésemos capaces de prestar más
atención —una atención semejante a la oración—, ha-
bría menos violencia en el mundo. De acuerdo con esta
ética de la atención de Simone Weil, quince minutos de
atención tienen más peso que las buenas acciones: «Hay
algo en nuestra alma que rechaza la verdadera atención
mucho más violentamente de lo que la carne rechaza el
cansancio. Ese algo está mucho más próximo del mal

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que la carne. Por eso, cuantas veces se presta verdadera
atención, se destruye algo del mal que hay en uno mismo.
Si la atención se enfoca en ese sentido, un cuarto de hora
de atención es tan valioso como muchas buenas obras».21
Bajo la presión de la actividad y el rendimiento olvi-
damos la mirada contemplativa y la escucha, que serían
una no acción, una inactividad: «Atención: acción inope-
rante de la parte divina del alma».22 La atención contem-
plativa es inoperante —esto es, inactiva— en la medida en
que carece de voluntad. Sin embargo, entregamos esta
parte divina del alma en beneficio de la otra parte inferior
y natural, que se guía por la voluntad. Pero un acto de vo-
luntad no alcanza la presencia de Dios. La atención es «un
esfuerzo negativo».23 A diferencia del esfuerzo de la volun-
tad, que desea apresar activamente los objetos, la atención
es pasiva y paciente. Lo que la caracteriza es la inactividad:
«Hay para cada ejercicio escolar una manera específica de
alcanzar la verdad mediante el deseo de alcanzarla y sin
necesidad de buscarla. Hay una manera de prestar aten-
ción a los datos de un problema de geometría sin buscar
su solución, a las palabras de un texto latino o griego sin
buscar su sentido; hay una manera de esperar, cuando se
escribe, a que la palabra justa venga por sí misma a colo-
carse bajo la pluma, rechazando simplemente las palabras
inadecuadas».24
Hoy en día somos adictos a la búsqueda. El alma mis-
ma se convierte en un buscador. De ese modo pierde toda
serenidad, todo silencio. Se queda sin la atención con-
templativa como esfuerzo negativo que espera, en lugar
de buscar activamente. Simone Weil atribuye la carencia
de presencia de ánimo a «la pretensión de ser activo, de

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SOBRE [Link] 21 5/8/25 10:56


querer buscar».25 Sin duda, en este punto coincidiría con
Kafka: «Quien busca no encuentra, pero quien no busca
es encontrado».26 Quien busca no alcanza la gracia. Es
Dios quien busca al ser humano. La búsqueda por parte
del ser humano solo conduce al agotamiento. Simone Weil
cita un himno medieval sobre el Juicio Final: «Quaerens
me sedisti lassus» («buscándome, tuviste que sentarte,
agotado»).27 La virtud cristiana no es una búsqueda, una
acción, sino una espera y una mirada: «En ningún pasaje
del Evangelio se habla de búsquedas emprendidas por
el hombre. El hombre no da un paso [...]. El papel de la
futura esposa es esperar».28 Lo valioso viene a nosotros sin
que tengamos que hacer ningún esfuerzo intencionado.
La atención no se dirige a la búsqueda: «Los bienes más
preciados no deben ser buscados, sino esperados. Pues
el hombre no puede encontrarlos por sus propias fuerzas
y, si se pone en su búsqueda, solo encontrará en su lugar
falsos bienes, cuya falsedad no sabrá discernir».29
La parte divina y sobrenatural del alma mira y escu-
cha en la pasividad de la obediencia. Obedecer, entendido
como el acto de oír atentamente, es lo contrario a un acto
de la voluntad: «El esfuerzo por el que el alma se salva
se asemeja al esfuerzo por el que se mira, por el que se
escucha. [...] Es un acto de atención y de consentimiento.
Por el contrario, lo que suele llamarse voluntad es algo
análogo al esfuerzo muscular. La voluntad corresponde
al nivel de la parte natural del alma. [...] Y en los actos de
obediencia a Dios se es pasivo; [...] hay solamente espera,
atención, silencio, inmovilidad a través del sufrimiento
y la alegría».30
La voluntad «no opera en el alma ningún bien».31 Solo

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SOBRE [Link] 22 5/8/25 10:56


la atención paciente promete salvación: «La actitud que
lleva a la salvación no se parece a ninguna actividad. Viene
expresada por la palabra griega hypomone, que patientia
traduce bastante mal. Es la espera, la inmovilidad atenta
y fiel que se prolonga indefinidamente y a la que ningún
impacto puede hacer estremecer».32 La búsqueda activa
es «perjudicial». Conduce «al error».33 La búsqueda se
opone a la gracia. Solo quien espera fervorosamente
recibe esa gracia.
El acto más elevado acontece sin que medie un es-
fuerzo de la voluntad. Se asemeja a una inactividad: «En un
cuento de Grimm se celebra un concurso de fuerza entre
un gigante y un sastrecillo. El gigante lanza una piedra a
una altura tal que tarda mucho tiempo en caer. El sastreci-
llo suelta un pájaro que no cae. Lo que no tiene alas acaba
siempre por caer».34 Quien solo sabe esforzarse con su
voluntad o con sus músculos queda expuesto a la fuerza
de la gravedad. Se agota y cae al suelo. Solo la gracia nos
aporta alas. Es la inactividad lo que da alas al alma. El es-
fuerzo de la voluntad por sí solo no nos permite alzarnos
hasta el cielo: «La dirección vertical nos está prohibida.
Pero si miramos largamente al cielo, Dios desciende y nos
toma fácilmente».35 Simone Weil retoma unas palabras de
Esquilo: «Lo divino es ajeno al esfuerzo».36 La inactividad
no es más que la ausencia de esfuerzo. Quien permanece
inactivo se acerca a lo divino.
Solo la lectura atenta nos ofrece, frente a la gravedad,
un acceso a esferas superiores del ser. Sin una profunda
atención no podemos leer a Dios. Así pues, la experiencia
de Dios es una cuestión de lecturas: «Lecturas superpues-
tas: leer por detrás de lo sensacional la necesidad, leer por

23 ATENCIÓN

SOBRE [Link] 23 5/8/25 10:56


detrás de la necesidad el orden, leer por detrás del orden a
Dios».37 Para leer, no necesitamos especialmente las infor-
maciones en tanto que estímulos. De hecho, precisamente
por ser estímulos nos importunan de manera directa. Lo
que sí requiere la lectura, en cambio, es atención.
De hecho, la religión remite a la atención incluso
desde el punto de vista etimológico: el vocablo religio
procede de relegere (‘releer’), que alude a «la actitud de
escrúpulo y de atención que debe imprimirse a las rela-
ciones con los dioses».38 Quien no está atento es incapaz
de tejer una relación con los dioses. En nuestros días, la
atención ha sido arrasada por completo. Por tanto, tam-
poco podemos leer atentamente. Y debido a esta falta de
capacidad lectora nos alejamos de Dios. Sin una atención
profunda, la lectura se somete a la gravedad, que nos
impide ver el verdadero orden de las cosas: «Lecturas.
La lectura —con la excepción de una atención de cierta
calidad— obedece a la gravedad».39
La atención alcanza su máxima pureza en la oración:
«La atención absolutamente pura y sin mezcla es ora-
ción».40 La atención, de hecho, constituye la esencia de la
oración. La calidad del rezo depende de la intensidad de
la atención: «Solo la parte más elevada de la atención en-
tra en contacto con Dios, cuando la oración es lo bastante
intensa y pura como para que el contacto se establezca».41
Sin embargo, hoy en día nuestra atención está tan embo-
tada y es tan plana que carece de la elevación necesaria
para contactar con Dios. Le falta la verticalidad. Nuestra
atención está absorta en el consumo de estímulos. Por
eso se vuelve llana, carente de toda profundidad, de toda
elevación. Hemos perdido la capacidad de la atención

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religiosa, de la oración: «La plenitud de la atención no se
da más que en la atención religiosa».42 Todos los tipos de
atención profana son «formas degradadas de la atención
religiosa».43
Para Simone Weil, en última instancia se trata de
contemplar cualquier actividad humana como un pro-
ceso espiritual. Más allá de la inmanencia del trabajo y
la producción, esa actividad se eleva hasta convertirse
en una parábola, en una imagen de la trascendencia. De
ese modo, hasta un ejercicio de geometría puede adquirir
una dimensión espiritual. La atención es espiritualidad:
«La solución de un problema de geometría no es en sí
misma un fin valioso, pero también se le aplica la misma
ley, pues es la imagen de un bien que sí lo es. Siendo un
pequeño fragmento de verdad particular, es una imagen
pura de la Verdad única, eterna y viva».44
La atención también presenta una dimensión social.
Por eso su declive tiene graves consecuencias para las
relaciones interpersonales. Tanto la empatía como el
respeto se basan en la atención al otro. La sociedad se
embrutece cuando pierde esa atención al otro. La carencia
de este tipo de atención genera también un incremento
de la violencia.
Solo es posible prestar atención plena al otro cuan-
do el alma se encuentra vacía, una vez liberada de esa
imaginación que aspira permanentemente a apropiarse
del prójimo. La imaginación y el vacío son fuerzas anta-
gónicas. El vacío es la posada que recibe al otro tal y como
es, en su otredad y sin injerencia ni mezcla del yo: «Para
ello es suficiente, pero indispensable, saber dirigirle [al
prójimo] una cierta mirada. Esta mirada es, ante todo,

25 ATENCIÓN

SOBRE [Link] 25 5/8/25 10:56


atenta; una mirada en la que el alma se vacía de todo
contenido propio para recibir al ser al que está mirando
tal cual es, en toda su verdad. Solo es capaz de ello quien
es capaz de atención».45
Según Simone Weil, la mirada posee una importancia
enorme: «Una de las verdades capitales del cristianismo,
hoy olvidada, es que lo que salva es la mirada».46 Alude a
la «serpiente de bronce»47 de Moisés, cuya mirada salva
a quien es mirado: «La serpiente de bronce ha sido ele-
vada a fin de que los hombres que yacen mutilados en el
fondo de la degradación la miren y se salven».48 Simone
Weil reduce la religión a la mirada: «Pero también debería
reconocerse pública y oficialmente que la religión consis-
te tan solo en una mirada [un regard]».49 La mirada se amplía
hasta convertirse en una forma de expresión de la aten-
ción. Así, la autora habla también de la mirada del alma:
«El amor es la mirada del alma».50 El amor se basa en la
mirada como atención del alma. Igualmente hermosa es
la formulación «mirada del pensamiento».51 Solo un pensa­
miento atento puede tener una mirada. El pensamiento sin
mirada se asemeja a la inteligencia, al cálculo, que no pro­
duce nada nuevo. En cambio, el pensamiento con mirada
produce algo que hasta ese momento concreto no existía.
La mirada atenta, que salva, se opone a la mirada
sartriana, que me reduce a un objeto y que me evalúa,
me juzga e incluso me condena. La mirada de Sartre es
una mirada natural, en la medida en que está dominada
por la economía del poder. Despierta un sentimiento de
vergüenza en la persona mirada. La vergüenza es «re­
conocimiento de que efectivamente soy ese objeto que
otro mira y juzga».52 La mirada del otro se apodera de la

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SOBRE [Link] 26 5/8/25 10:56


mía y me aleja de mí mismo. Me constituye como objeto.
La vergüenza expresa esa culpa ontológica de no ser el
fondo de mi ser. De no ser dueño de mi ser. Indica que he
sido arrojado al mundo o que he caído en él, que he sido
entregado a la mirada del otro, que me desnuda y me
humilla. «La vergüenza es el sentimiento de la caída ori­
ginal, no de haber cometido una determinada falta, sino,
simplemente, de estar “caído” en el mundo [...]. Por eso el
símbolo bíblico de la caída, después del pecado original,
es que Adán y Eva “saben que están desnudos”».53 Solo la
mirada del otro hace que me percate de mi desnudez. La
vergüenza implica la mirada del otro que desnuda, que
me cosifica hasta convertirme en un objeto.
La mirada atenta no es una mirada natural, sino una
mirada sobrenatural. Trasciende la economía del poder.
Se trata de una mirada amorosa, amigable. Quien presta
atención al otro se contiene. La mirada atenta no me aleja
de mi ser. Más bien vela por que me reencuentre conmigo
mismo. Me ayuda a ser, en lugar de apoderarse de mi
mirada. La mirada atenta del otro, en tanto que mirada
sobrenatural, es una mirada salvadora, que ni me juzga
ni me condena. No señala la caída original, sino la gracia,
que me redime y me eleva, en lugar de dejarme caer.
Simone Weil constata de manera lapidaria que «el
espíritu es atención».54 El espíritu es creador. Cuando es
atención, no se dedica a lo que ya existe. Al contrario: a
través de la atención, produce lo que nunca antes ha exis­
tido, lo completamente distinto. En cambio, la inteligencia
carece de esa atención creadora: «La inteligencia nada
tiene que buscar: tiene que limpiar el terreno. Tan solo
es útil para las tareas serviles».55 Lo máximo que puede

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hacer la inteligencia es despejar los problemas, como se
despejaría un terreno, pero pensar supone algo más que
resolver problemas. La atención de la que se suele hablar
en el ámbito de la investigación sobre la inteligencia artifi-
cial no va más allá de la mera resolución de problemas. Se
limita a realizar un procesamiento algorítmico de datos
que se reducen a lo ya dado y existente. La inteligencia
artificial carece de espíritu. Le falta la atención creadora.
Debido a esa ausencia de espíritu, únicamente puede tra­
bajar o calcular. Solo es útil en tanto en cuanto el espíritu no
se someta a ella. De lo contrario, nos convertiremos, una
vez más, en esclavos de nuestras propias producciones.
Toda capacidad creadora del ser humano tiene su
origen en la atención profunda: «La atención extrema es
lo que constituye la facultad creadora del hombre, y no
existe más atención extrema que la religiosa. La magnitud
del genio de una época es rigurosamente proporcional a
la magnitud de atención extrema, es decir, de religión
auténtica, en dicha época».56 Por consiguiente, esta ca-
rencia de atención explica por sí sola que nuestro presen-
te sea tan pobre en genialidad creadora. La genialidad
creadora y la religiosidad hunden sus raíces comunes en
la atención profunda, contemplativa. Por eso, la crisis
de la religión provoca una falta de genialidad.
Solo la atención es capaz de producir algo comple-
tamente nuevo: «La invención, precisamente. Una idea
es nueva cuando se nos ocurre mientras mantenemos
la atención dirigida hacia la verdad inaccesible».57 Toda
inspiración genial se debe a la atención profunda. Todo
espíritu creador es un genio de la atención. Simone Weil
concibe la atención como un anhelo suplicante: «En

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cada espíritu creador (de un poeta, un compositor, un
matemático, un físico, etc.) la fuente desconocida de la
inspiración es ese bien hacia el que se dirige un anhelo
suplicante. Todos saben, por su experiencia constante,
que reciben la inspiración».58 En este sentido, Simone Weil
es totalmente platónica. Esa verdad inaccesible, ese bien
al que aspira un anhelo suplicante, remite a la idea de la
belleza en Platón, autor que no diferencia lo bello de lo
bueno. La visión de lo bello empuja al alma a producir
por sí misma algo bello. El acto de engendrar en la belleza
depende de una atención productora. El Eros como deseo,
como anhelo suplicante, despierta en el alma una fuerza
capaz de engendrar. Los «hijos inmortales» engendrados
por Eros son «obras». Tanto los poemas como las acciones
políticas bellas son obras de Eros. La política de la belleza
es aquella que, en lugar de guiarse por el poder, se deja
llevar por el Eros. Y mantiene su atención fija en ese bien.
Simone Weil ilustra con un cuento el concepto de la
atención productora: «Un cuento esquimal explica así el
origen de la luz: “El cuervo, que en la noche eterna no po-
día encontrar alimento, deseó la luz y la tierra se iluminó”.
Si hay verdadero deseo, si el objeto del deseo es realmente
la luz, el deseo de luz produce luz. Hay verdadero deseo
cuando hay esfuerzo de atención».59
El deseo es Eros. Hoy en día vivimos en un tiempo sin
Eros. El deseo cede ante la necesidad. A diferencia del
deseo, la necesidad no requiere una atención profunda.
Sin embargo, el espíritu es deseo. Así pues, la época de la
necesidad es una época sin espíritu.
La atención es, en palabras de Simone Weil, la «pa-
lanca en el alma»60 que la eleva a una esfera superior del

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ser. A partir de ahí, la autora se pregunta cuál puede ser
la «palanca en la sociedad»: «¿Qué relación existe entre
lo sobrenatural y la sociedad? Se podría decir tal vez que
la palanca en la sociedad es la religión [...]. Pero ¿en qué
sentido? La “palanca” en la sociedad es lo bello, las cere-
monias, etc.; la religión, por tanto».61 Sin religión que nos
eleve hacia lo trascendente, la vida queda reducida a mera
supervivencia: se desacraliza hasta no ser más que una
vida simple, desnuda. La inmanencia de la producción,
el consumo y la comunicación despoja a la vida de toda
sacralidad. Lo interesante es que Simone Weil subraya
de manera particular la importancia de las ceremonias,
esas prácticas festivas, religiosas, que aportan belleza,
magia y misterio a la vida. Son ejercicios espirituales de
atención. Elevan y espiritualizan la vida. Sin magia y sin
misterio, sin lo sobrenatural, la vida deja de ser vida. La
máxima belleza, la que permite que la vida sea algo más
que mera supervivencia, es una belleza religiosa.
Precisamente por la falta de atención hoy en día hay
tan pocos pensadores y poetas en el mundo. El pensamien-
to exige una atención profunda. Heidegger lo concibe
desde la perspectiva del Eros. El Eros como anhelo, como
deseo, es atención profunda. Gracias al Eros, el pensamien-
to se mantiene tenazmente en la senda de lo aún no pen-
sado, de lo aún no transitado: «Lo llamo el Eros, el más
antiguo de los dioses en palabras de Parménides. El batir
de las alas de ese dios me conmueve cada vez que doy un
paso esencial en el pensamiento y me aventuro en lo in-
transitado».62 El pensamiento es un tránsito, una pasarela
hacia otro lugar. Por tanto, permanece en el umbral. Lo que
lo define es la conciencia del umbral, el estado del umbral

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como espera. Sin atención, sin espera y paciencia, no es po­
sible un pensamiento como punto de partida hacia lo com­
pletamente distinto. Las siguientes palabras de Simone
Weil también podría haberlas pronunciado el propio
Heidegger: «La espera es la pasividad operante del pensa-
miento».63 El pensamiento se caracteriza por una tensión
paradójica. Se trata de una inactividad actuante, de una
pasividad activa. Quien se limita a ser activo y operativo es
incapaz de pensar. La actividad pura es precisamente el
modo de trabajo de la inteligencia calculadora.
Hoy no tenemos paciencia ni tiempo para pensar:
«El tránsito hacia lo trascendente se produce cuando las
facultades humanas —inteligencia, voluntad, amor huma-
no— se topan con un límite y el ser humano permanece
en ese umbral, que no puede traspasar y del que tampoco
se aparta, sin saber lo que desea, tenso en la espera».64
Simone Weil califica de humildad la permanencia paciente
en el umbral: «La humildad es espera».65 La verdadera
atención requiere una actitud humilde. No es casualidad
que Heidegger conciba el pensamiento desde la pers-
pectiva de la gratitud: «Aprended primero a agradecer
y así podréis pensar».66 Pensar es agradecer. Todo genio
debe su inspiración a la humildad, a la espera paciente.
El pensamiento es una recepción que da las gracias con
humildad. En este sentido, Simone Weil observa: «El genio
es el poder sobrenatural de la humildad en el ámbito del
pensamiento».67
En Sócrates, el pensamiento posee la intensidad de la
oración. En el Banquete, se recoge una célebre anécdota
sobre este filósofo que demuestra hasta dónde podía
llegar su atención sobrenatural, divina, incluso. En este

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sentido, Sócrates constituye el prototipo del genio de la
atención. Para pensar, se colocaba en posición de rezo:
«En efecto, habiéndose concentrado en algo, permaneció
de pie en el mismo lugar desde la aurora meditándolo, y
puesto que no le encontraba la solución no desistía, sino
que continuaba de pie investigando. Era ya mediodía y los
hombres se habían percatado y, asombrados, se decían
unos a otros: “Sócrates está de pie desde el amanecer
meditando algo”. Finalmente, cuando llegó la tarde, unos
jonios, después de cenar —y como era entonces verano—,
sacaron fuera sus petates, y a la vez que dormían al fresco
le observaban por ver si también durante la noche seguía
estando de pie. Y estuvo de pie hasta que llegó la aurora
y salió el sol. Luego, tras hacer su plegaria al sol, dejó el
lugar y se fue».68
Paul Celan concibe la poesía desde la perspectiva
de la atención al otro. Así, el poema es una oración que se
dirige hacia ese otro: «“La atención —permítanme seguir
el ejemplo de Walter Benjamin en su ensayo sobre Kafka
y citar aquí unas palabras de Malebranche—, la atención
es la oración natural del alma”. El poema se convierte [...]
en el poema de alguien que —todavía— está percibiendo,
que se vuelve hacia lo que está apareciendo e interroga
a esa aparición, le dirige la palabra; se convierte en un
diálogo [...]. Se requiere, ante todo, el espacio de este diá-
logo para que se constituya aquello a lo que la palabra
se dirige y que se va reuniendo en torno al yo a medida
que este habla y nombra. No obstante, en el presente que
se abre con este acto, aquello que la palabra nombra y
que, en ese momento, por decirlo así, se transforma en
un tú aporta también su ser diferente. Todavía ahí, en el

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aquí y el ahora del poema [...], todavía en esa inmediatez
y cercanía con respecto a sí mismo, el poema permite
también que hable lo más irreductible que el otro posee:
su tiempo».69 El poema saca a colación el tiempo del otro,
el tú, interrumpiendo el tiempo del yo. Celan desarrolla
aquí una poética de la atención. El poema es un diálogo.
Se basa en la atención al otro.
También para Emmanuel Lévinas la atención supone
un «excedente de conciencia que supone la llamada del
Otro».70 El otro exige atención. El pensamiento de Lévinas
es una ética del otro como ética de la atención. Sin aten-
ción nos volvemos sordos a la llamada del otro. Solo en la
atención hacia el otro «el yo se trasciende».71
La caridad también requiere de la atención creadora,
porque hace visible lo invisible, proporciona existencia a
la inexistencia: «La caridad para con el prójimo, al estar
constituida por la atención creadora, es análoga al genio.
La atención creadora consiste en prestar atención a algo
que no existe. La humanidad no existe en la carne anóni­
ma e inerte al borde del camino. El samaritano que se
detiene y mira presta sin embargo atención a esa huma-
nidad ausente y los actos que se suceden a continuación
dan testimonio de que se trata de una atención real».72
También la fe está constituida por la atención creadora,
en tanto en cuanto nos capacita para ver lo invisible. En
ese sentido se asemeja al amor: «La fe, dice san Pablo, es
la visión de cosas invisibles. En ese momento de atención,
la fe está tan presente como el amor. [...] El amor ve lo
invisible».73
La atención al otro es sobrenatural en la medida en
que se opone a la gravedad, a la economía del poder, que

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busca maximizar el yo. Requiere la retirada de uno mismo.
También es sobrenatural la amabilidad (gentillesse) sin
un propósito, la sonrisa sin un propósito. El poder como
expansión de uno mismo destruye la atención entendi-
da como atención al otro. Quien presta atención al otro
consiente el vacío, la renuncia a sí mismo. La energía para
el otro es sobrenatural: «Cristo nos enseñó que el amor
sobrenatural al prójimo es el intercambio de compasión
y gratitud que se produce como un relámpago entre dos
seres, uno de los cuales posee la condición de persona
humana mientras que el otro está privado de ella. [...] Solo
uno se detiene y le presta atención. [...] Esta atención es
creadora, pero, en el momento en que se activa, es renun-
cia. Al menos, si la atención es pura. El hombre acepta
una merma concentrándose para un gasto de energía que
no aumentará su poder».74
En una carta a Joë Bousquet escribe Simone Weil: «La
atención es la forma más rara y más pura de la generosi-
dad [générosité])».75 La atención se concede como un rega­
lo, un don puro, que no exige retribución ni contrapartida.
Posee rasgos asimétricos. En cambio, la economía, como
simetría que es, nos roba la generosidad. La atención al
otro es el ethos por antonomasia. La ética de Weil es una
ética de la atención. Y contrapone a la política —cuyo
medio es el poder— una política de la atención. Por eso la
autora aboga por una abolición general de los partidos,
dado que el único objetivo que persiguen es «su propio
crecimiento».76 Los partidos son «organizaciones [...] cons-
tituidas de tal manera que matan en las almas el sentido
de la verdad y de la justicia».77 El poder bloquea la atención
hacia la verdad y la justicia. La política de la atención depo-

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sita su confianza en su energía productora: «Pero ¿cómo
desear la verdad sin saber nada de ella? He ahí el mayor
misterio de todos los misterios. Las palabras que expresan
una perfección inconcebible para el ser humano —DIOS,
verdad, justicia—, cuando las pronunciamos con deseo
en nuestro interior, sin asociarlas a ninguna concepción,
poseen el poder de elevar el alma y de inundarla de luz.
Para recibir esa luz hay que desear la verdad en su vacío,
sin intentar adivinar de antemano su contenido. En eso
consiste todo el mecanismo de la atención».78
Simone Weil amplía el concepto de atención hasta
convertirlo en una capacidad, en una energía espiritual
que puede trasladarse de un área a otras. La atención
produce la luz que permite ver. Mejora la capacidad de
lectura y agudiza el espíritu: «Aunque los esfuerzos de
atención fuesen durante años aparentemente estériles,
un día, una luz exactamente proporcional a esos esfuerzos
inundará el alma. Cada esfuerzo añade un poco más de
oro a un tesoro que nada en el mundo puede sustraer. Los
esfuerzos inútiles realizados por el cura de Ars durante
largos y dolorosos años para aprender latín aportaron sus
frutos en el discernimiento maravilloso que le permitía
percibir el alma misma de los penitentes detrás de sus
palabras e incluso detrás de su silencio».79
La atención alcanza su cenit en el momento en el
que abandona cualquier voluntad, cualquier propósito,
y se queda sin yo. El yo se vacía hasta convertirse en un
nadie, en un mero medio. Quien mira no es yo, sino nadie:
«La atención se halla ligada al deseo. No a la voluntad,
sino al deseo. [...] En una empresa así, todo lo que yo
denomino “yo” debe ser pasivo. De mí solo se requiere

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la atención, esa atención que es tan plena que hace
que el “yo” desaparezca. Privar de la luz de la atención
a todo aquello que yo denomino “yo”, y dirigirla a lo
inconcebible».80
Para multiplicarse, el capital intenta que todo se
incorpore a su circuito. Incluso la espiritualidad, que
en realidad podría ser una fuerza opuesta a él, se
convierte en su víctima. La floreciente industria del
mindfulness reduce la espiritualidad hasta convertirla
en una técnica para aumentar el rendimiento y la
eficiencia, una técnica para la autooptimización o para
la reducción del estrés. Estamos aquí ante un consumo
espiritual. La atención se somete al autocuidado y a la
autogestión neoliberal. Una vez más, todo gira funda­
mentalmente en torno al ego. Se silencia la atención
social en cuanto atención al otro.
El capitalismo lo somete todo al consumo y a la
producción. Acapara incluso la espiritualidad. La religión
y el capitalismo vuelven a entablar una estrecha rela­
ción entre sí, como ocurrió antaño con el protestantismo,
que se puso al servicio del capital, haciendo que la sal­
vación dependiera de aspectos económicos. El éxito en
la adquisición de capital es lo único que proporciona la
certitudo salutis, es decir, la certeza de que se escapará a
la condenación, esto es, de que se forma parte del grupo
de los elegidos. El mindfulness es la espiritualidad del
régimen neoliberal. Pone la espiritualidad a entera
disposición de la producción y del rendimiento. De ese
modo, excluye por completo la posibilidad de espi­
ritualizar la tarea futura, el trabajo en sí.

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