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Unidad 3. Intervencion Con Famil..

La Unidad 3 se centra en la intervención con familias, destacando la importancia de la valoración inicial de la situación familiar para determinar riesgos y necesidades. Se describen las fases del proceso de intervención, que incluyen la recogida y análisis de información mediante diversas técnicas e instrumentos, como entrevistas y cuestionarios. El objetivo es formular un diagnóstico que permita diseñar un plan de intervención adecuado a las necesidades de la familia.

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La Unidad 3 se centra en la intervención con familias, destacando la importancia de la valoración inicial de la situación familiar para determinar riesgos y necesidades. Se describen las fases del proceso de intervención, que incluyen la recogida y análisis de información mediante diversas técnicas e instrumentos, como entrevistas y cuestionarios. El objetivo es formular un diagnóstico que permita diseñar un plan de intervención adecuado a las necesidades de la familia.

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Unidad 3. Intervencion con famil...

daanii03_

Atención a las Unidades de Convivencia

1º Integración Social

Estudios España

Reservados todos los derechos.


No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
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UNIDAD 3.
Intervenci—n con familias.

Atenci—n a unidades de convivencia


Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
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Intervenci—n con familias


3.1. Valoraci—n de la situaci—n familiar.
Cualquier proceso de intervenci—n con familias tiene que pasar por una primera fase de estudio de la situaci—n familiar y su
entorno que permita determinar el nivel de riesgo y las necesidades de la familia.
I .

Una vez realizada la valoraci—n inicial de la familia, se suceder‡n otras fases: la del dise–o del plan de mejora, la de aplicaci—n
del plan y la de evaluaci—n de la intervenci—n.

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Proceso de intervenci—n con familias

Fase I. Fase III.


Valoraci—n Aplicaci—n

Fase II. Fase IV.


PlaniÞcaci—n Evaluaci—n

Nos centramos ahora en la primera fase de valoraci—n de la situaci—n, en la que se debe:


I

Recoger la informaci—n inicial mediante las tŽcnicas e instrumentos adecuados.


I

Analizar la informaci—n recogida.


I

Formular un diagn—stico, a partir del cual ser‡ posible planiÞcar una intervenci—n adecuada a las necesidades de la familia.

3.1.1. Recogida de la informaci—n.


Para iniciar una valoraci—n diagn—stica de una unidad familiar se debe recopilar la informaci—n relevante de esta. Para llevarla a
cabo se pueden utilizar diferentes tŽcnicas e instrumentos.
I

TŽcnicas e instrumentos
I

Las tŽcnicas e instrumentos de recogida de informaci—n se pueden clasiÞcar en dos tipos:


I

GenŽricos de la investigaci—n social, como la observaci—n o la entrevista.


I

Espec’Þcos de la intervenci—n con familias, como son el Apgar familiar, el mapa familiar, el ecomapa o las redes sociales,
adem‡s del genograma.
I

La entrevista
I

La entrevista, en intervenci—n familiar, es la tŽcnica clave para realizar la valoraci—n inicial. Requiere una gran experiencia y
destreza, ya que debe adentrarse en los aspectos m‡s ’ntimos de la persona: sentimientos, relaciones, afectos, motivaciones,
preferencias, etc. Por eso la persona que la lleve a cabo debe disponer de ciertas habilidades.
I

Dominio de la tŽcnica de la entrevista, para conducirla por el circuito dise–ado. El objetivo es obtener la informaci—n clave,
evitando reiteraciones, elucubraciones u otro tipo de informaci—n poco trascendente.
I

Sensibilidad especial para que la persona interlocutora conf’e y explique con la mayor libertad y naturalidad posibles los
aspectos que inciden en la din‡mica personal y familiar.
I

Un sexto sentido para percibir y registrar lo que realmente acontece: lo que la persona no dice pero expresa, sus
reacciones ante determinadas preguntas, lo que no quiere decir, las manifestaciones de sus sentimientos, etc.
I

Para afrontar y conducir este tipo de entrevistas, hay algunas indicaciones necesarias :

Usado pero disponible. Como tú los viernes. - Cex


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Cada entrevista tiene unos objetivos que debe ir alcanzando a medida que transcurre. Por lo tanto, es importante no
intentar saltarse etapas. Como suelen realizarse varias entrevistas, en un principio se deben abordar temas generales y, a
medida que se avance, de forma paralela al aumento de la conÞanza, profundizar en aspectos m‡s personales y delicados.
I

En las reuniones con el grupo familiar, hay que potenciar que todos los miembros opinen y dar importancia a las
aportaciones de cada persona, procurando que no se interrumpan y que no se genere ningœn tipo de conßictividad.
TambiŽn hay que considerar que, a menudo, algunos de los miembros de una unidad familiar se sienten poco valorados o
incluso culpabilizados.
I

En esta fase de valoraci—n no hay que proponer consejos o hacer juicios de valor sobre ciertas decisiones o actuaciones

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que no se consideren acertadas. Lo importante en este estadio es recoger informaci—n.
I

Hay que insistir en que la familia entienda que todo lo que digan se tratar‡ de forma conÞdencial. Es muy importante que
asuman que la informaci—n que aportan no se transmitir‡ a otros equipos ni se utilizar‡ para otros Þnes que los acordados.
I

La escucha activa y la empat’a son actitudes b‡sicas para llevar a cabo este tipo de entrevistas, pues permiten obtener mayor
cantidad de informaci—n y cualitativamente m‡s v‡lida.
I

La observaci—n
I

Es una tŽcnica complementaria a la entrevista, en el sentido de que se puede observar a la familia mientras se interactœa con
ella para detectar diferentes aspectos de la organizaci—n familiar, como puede ser la calidad de las relaciones afectivas, los roles
que asume cada miembro, las condiciones de habitabilidad de la vivienda, etc. En general, la observaci—n en la valoraci—n
familiar suele ser informal y se registra en un formato abierto, pero si se quiere sistematizar se podr‡ elaborar una tabla de
observaci—n con los indicadores que detallen la informaci—n que se quiere observar.
I

El Apgar familiar
I

Este instrumento consta de un cuestionario de cinco preguntas con tres opciones de respuesta (nunca, a veces, siempre), a las
que se asigna una puntuaci—n determinada (0, 1 y 2, respectivamente). La suma de las puntuaciones, trasladada a una escala
de valoraci—n, permite clasiÞcar las familias en:
I .

Familias funcionales.
I

Familias con una disfunci—n leve.


I

Familias con una disfunci—n severa.


I

Las dimensiones del funcionamiento familiar que se miden son:


I

Adaptabilidad. Valora la capacidad de utilizar recursos, tanto de la propia familia (intrafamiliares) como del exterior
(extrafamiliares), para resolver problemas cuando el equilibrio familiar se ve alterado.
I

Participaci—n o cooperaci—n. Mide el nivel de participaci—n e implicaci—n en la asunci—n de responsabilidades, en la toma


de decisiones y en la divisi—n del trabajo para el mantenimiento familiar.
I

Grado de maduraci—n o desarrollo. Considera la madurez f’sica y emocional de los miembros del grupo familiar a lo
largo del ciclo vital, as’ como el apoyo y asesoramiento mutuo en todo este proceso.
I

Afectividad. Se centra en las relaciones de amor y cari–o que interaccionan entre los integrantes de un grupo familiar y en
la demostraci—n de las emociones.
I

Capacidad de resoluci—n. Valora el tiempo que se dedica a las necesi- dades, emocionales y f’sicas, de los miembros y el
compromiso para llevarlas a cabo.
I

La gran ventaja del Apgar familiar es la facilidad de administraci—n y evaluaci—n.


I

El mapa familiar
I

Este instrumento tiene como Þnalidad conocer c—mo est‡ estructurado y distribuido el espacio donde convive la familia y c—mo
lo utilizan y transitan por Žl cada uno de los miembros, lo cual nos proporciona informaci—n muy valiosa sobre algunos
aspectos de la interacci—n familiar.

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Concretamente, el mapa familiar nos ofrece informaci—n sobre las caracter’sticas f’sicas de la vivienda (dimensiones, acceso,
confortabilidad, etc.); la distribuci—n de las habitaciones y las personas que las ocupan; los espacios de reuni—n, relaci—n y
comunicaci—n y su utilizaci—n; los conÞnes territoriales y emocionales de los diferentes miembros. As’ como tambiŽn los
problemas relacionados con el espacio en cuanto a disponibilidad de espacio personal, falta de intimidad, interferencia de
otras personas, etc.
I

La construcci—n del mapa familiar la efectœa la propia persona por medio de un plano de su hogar, en el cual deber‡ especiÞcar
cu‡les son los espacios comunes, quiŽn ocupa cada habitaci—n de la casa, los lugares en que se discute y se habla de
cuestiones importantes, d—nde se estudia, d—nde se refugian, etc. Adem‡s, la persona puede informar sobre el grado de
.

satisfacci—n de su hogar y sobre los cambios que considerar’a necesarios para mejorar su bienestar y las relaciones familiares.
I

El ecomapa
I

Es una herramienta que ayuda a sistematizar informaci—n sobre las relaciones del grupo familiar con su entorno social y los
recursos que puede encontrar en Žl.
I

Mediante el ecomapa, se puede representar visualmente la relaci—n de la familia con el entorno educativo, laboral,
institucional, religioso, etc., as’ como las conexiones y los ßujos, tanto positivos como conßictivos, que se establecen entre ellos.
I

El dise–o del ecomapa consta de un c’rculo central en el que se sitœa el nœcleo familiar. A su alrededor se colocan otros c’rculos
m‡s peque–os, uno para cada ‡mbito que forma parte del entorno de la familia: amistades, vecindario, escuela, trabajo, familia
extensa, etc.
I

El c’rculo central se une a cada uno de estos c’rculos mediante unas l’neas que representan la naturaleza y el sentido de la
relaci—n. El tipo de l’neas utilizadas puede ser el mismo que en el genograma, aunque se puede establecer un c—digo propio.
I

Diagrama de redes sociales


I

Otro instrumento que ayuda a representar la conÞguraci—n de la red de apoyo es el diagrama de redes sociales. Este
instrumento aborda la representaci—n de la red de una persona desde una —ptica espaciotemporal a partir de dos variables:
I

El tipo de relaci—n. Se representa en los sectores del c’rculo: familia, familia extensa, amistades, vecindario, etc.
I

La intensidad de la relaci—n. Se representa mediante los c’rculos concŽntricos, con una valoraci—n de 1 a 5: relaci—n
intensa diaria (1), diaria (2), frecuente y aceptada (3), espor‡dica (4) y puntual (se ha tenido algœn contacto) (5).
I

Para realizar la valoraci—n, la persona usuaria debe ir colocando en el gr‡Þco a las personas que forman su red social en el
momento de la valoraci—n. Esto deÞne el tipo y la intensidad de las relaciones.
I

Informaci—n que se debe recoger


I

Todos estos instrumentos se utilizar‡n de manera combinada para obtener la informaci—n necesaria, que b‡sicamente constar‡
de:
I

Datos sociodemogr‡Þcos de la familia: miembros que componen la unidad (edad, sexo, formaci—n, situaci—n laboral,
etc.), tipo de vivienda, ingresos familiares, entorno social, vinculaci—n con la familia extensa, etc. Puede obtenerse mediante
el cuestionario u otras tŽcnicas especiÞcas, como el genograma y el ecomapa.
I

Historia familiar. El relato de historia del nœcleo familiar ayuda a entender el origen de la problem‡tica, las diÞcultades
que se ha ido encontrando y c—mo las ha ido superando, as’ como la percepci—n que los miembros tienen sobre la
situaci—n. Para obtener esta informaci—n suele utilizarse la entrevista y su sistematizaci—n mediante un genograma.
I

Aspectos relativos a la calidad de vida. Esta informaci—n, que puede obtenerse sobre el conjunto de la unidad familiar o
de sus componentes por separado, se recopila mediante la observaci—n de la din‡mica familiar, entrevistas y el uso de
tŽcnicas espec’Þcas como el Apgar familiar, el mapa familiar, las redes sociales y el ecomapa.
I

Apreciaciones subjetivas sobre el problema. Supone profundizar cualitativamente en la din‡mica familiar (calidad de la
convivencia, afectividad entre los miembros, motivaciones, temores, etc.). El instrumento m‡s eÞcaz para este prop—sito es
la entrevista en profundidad, aplicada con empat’a, escucha activa y retroalimentaci—n.

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Para obtener informaci—n de tipo m‡s cualitativo sobre diferentes variables de la relaci—n y convivencia familiar, pueden
identiÞcarse estas variables y redactar unos indicadores que la deÞnan. Con todo esto se podr‡ dise–ar una tabla de
evaluaci—n.
3.1.2. An‡lisis de la informaci—n.
.

Para que sea operativa, toda la informaci—n recogida (ya sea objetiva o subjetiva, cuantitativa o cualitativa) se debe integrar y
analizar.
I

Entre las informaciones que se deben haber obtenido est‡n las siguientes:

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I

Tipolog’a familiar. La conceptualizaci—n de la familia sujeto de intervenci—n:


I

Unidad y estructura familiar.


I

Situaci—n sociofamiliar, econ—mica, formativa y laboral.


I

Din‡mica de las relaciones familiares y roles establecidos.


I

Ciclo vital.
I

Historia familiar. La descripci—n de la evoluci—n y los sucesos remarcables que han contribuido a la situaci—n problem‡tica.
I

IdentiÞcaci—n de la problem‡tica:
I

Aspectos funcionales y disfuncionales en la din‡mica familiar.


I

Descripci—n precisa del problema principal.


I

Vinculaci—n con los problemas derivados.


I

Valoraci—n de la gravedad de la situaci—n y de la urgencia de la intervenci—n.


I

Valoraci—n de la sensaci—n de vulnerabilidad de la familia.


I

Valoraci—n de si el problema es coyuntural (temporal) o estructural (cr—nico).


I

Percepci—n del problema:


I

Hip—tesis acerca de c—mo la familia se ve a s’ misma.


I

Valoraci—n del grado de conciencia de cada miembro de la familia sobre sus dŽÞcits.
I

IdentiÞcaci—n de las Þguras familiares relevantes:


I

Repercusi—n del problema en cada miembro y vivencia individual del problema.


I

Responsabilidad de cada persona en la conÞguraci—n del problema.


I

Valoraci—n de la idoneidad de las competencias parentales para superar el problema.


I

Valoraci—n de la capacidad de cada persona para colaborar en el tratamiento y la superaci—n del problema.
I

Valoraci—n de la voluntad de implicaci—n en la superaci—n del problema.


I

Deseo de cambio.
I

Valoraci—n de las redes sociales:


I

Descripci—n de los diferentes niveles (vecindario, amistades, etc.) y su consistencia.


I

Valoraci—n de su incidencia en la conÞguraci—n de la problem‡tica.


I

Valoraci—n de su potencial para actuar como apoyo en el tratamiento y la resoluci—n del problema.
I

Grado de conocimiento y utilizaci—n de los servicios sociales.

Para los acostumbrados a los "casi algo" pues "casi nuevo".- Cex
.
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3.1.3. El diagn—stico.
Finalmente, con la interpretaci—n de la informaci—n analizada se est‡ en condiciones de formular un diagn—stico en el que se
tendr‡ que:
I

Determinar si el sistema familiar es funcional o deÞcitario. En el caso de que no lo sea, determinar el nivel de
disfuncionalidad e identiÞcar las ‡reas deÞcitarias.
I

Pronunciarse sobre la capacidad de mejora de cada una de las ‡reas identiÞcadas.


I

Exponer los recursos propios con los que cuenta la familia y los que pueden aportar las redes sociales.

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I

Pronunciarse sobre el tipo de intervenci—n recomendado: de ayuda familiar, preventiva, mediaci—n familiar, terapŽutica, en
habilidades parentales, etc.
I

Estas conclusiones ayudan a planear la intervenci—n en objetivos, estrategias, recursos y actividades, tal como veremos a
continuaci—n.
3.2. Dise–o de la intervenci—n: el plan de mejora.
Una vez diagnosticada la problem‡tica de la familia, y las causas que la generan, se est‡ en condiciones de planiÞcar la
intervenci—n. El dise–o de la intervenci—n se concreta en el plan de mejora.
I

El plan de mejora es el documento contractual en el que se explicitan los objetivos de la intervenci—n, las actuaciones
previstas en el sistema familiar para alcanzarlos y el tiempo estimado para ello.
I

Este plan suele organizarse a tres niveles, segœn el objeto de la intervenci—n:


I

A nivel individual: h‡bitos, habilidades personales, competencia social, salud, etc.


I

A nivel familiar: calidad de la comunicaci—n, estilo educativo, relaciones familiares, etc.


I

A nivel social: potenciaci—n de las redes sociales, apoyo de estas redes, colaboraci—n con los servicios, etc.
I

En el plan se suele establecer una periodicidad para ir evaluando los avances en la situaci—n.

3.2.1. Objetivos del plan de mejora.


De la formulaci—n de los objetivos depender‡n tanto las actuaciones que se seleccionar‡n como las metas que se establecer‡n
para valorarlas. Por eso es necesario que se redacten con esmero. Los objetivos del plan se plantean a un nivel m‡s general
(reducir o superar la disfuncionalidad) y se concretan en otros espec’Þcos en el dise–o de cada actuaci—n. As’, en una
intervenci—n con familias, se pueden plantear objetivos muy diversos que se pueden agrupar en los siguientes tipos:
I

De concienciaci—n. Parten del principio de que para conseguir el cambio es necesaria una voluntad real y la implicaci—n
.

de las personas en la resoluci—n de su problema. Por ejemplo: Çlograr la m‡xima implicaci—n de los miembros de la familia
en la planiÞcaci—n y el desarrolloÈ.
I

De prevenci—n. Se centran en cuestiones relacionadas con la reducci—n o la eliminaci—n de los factores de riesgo y en el
incremento de la protecci—n de la familia. Por ejemplo: Çconcienciar de la importancia de llevar una vida sanaÈ, Çproponer
alternativas atractivas de ocio positivoÈ.
I

De apoyo. Est‡n relacionados con la prestaci—n de ayuda y soporte a la unidad familiar. Por ejemplo: Çproveer un entorno
propicio para un desarrollo familiar adecuadoÈ, Çprestar atenci—n asistencial a las tareas que la familia no puede desarrollar
sin ayudaÈ.
I

De capacitaci—n. Tienen por Þnalidad mejorar las habilidades de los miembros del nœcleo familiar para ejercer sus
funciones, aumentar su autonom’a personal y favorecer su integraci—n social. Por ejemplo: Çinstruir a los progenitores en
la adquisici—n de habilidades parentales b‡sicasÈ, Çmejorar las habilidades sociales y la capacidad de interacci—nÈ.
I

TerapŽuticos. Son los que se orientan de manera prioritaria a mejorar la din‡mica relacional de la familia o los problemas
espec’Þcos de algunos de sus miembros. Por ejemplo: Çreforzar la capacidad de la familia para afrontar las situaciones
estresantesÈ, Çmejorar la calidad de las relaciones familiaresÈ.

Hay muchas cosas a las que darles una segunda oportunidad. No se las des a tu ex. - Cex
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3.2.2. çreas de intervenci—n.


Como hemos comentado, el diagn—stico de la funcionalidad o disfuncionalidad del sistema familiar se organiza en ‡reas. Esto
permite seleccionar el ‡rea o las ‡reas m‡s deÞcitarias y abordarlas como objeto prioritario de intervenci—n en el plan de
mejora.
3.2.3. Tipolog’a de actuaciones.
Existe una amplia variedad de actuaciones que pueden integrarse en el plan de mejora. En funci—n de las ‡reas que se tengan
que abordar, la intensidad del dŽÞcit y los objetivos de la intervenci—n, podemos agruparlas en tres categor’as: de prevenci—n,
asistenciales y de atenci—n especializada.
I

Actuaciones de prevenci—n
I

Se dirigen en general a todas las familias, pero especialmente a las que presentan factores de riesgo: contexto social
desfavorable, nivel de vulnerabilidad alto, escasas habilidades parentales, baja capacidad de afrontamiento, etc.
I

Con las actuaciones de prevenci—n se pretende reforzar las propias capacidades de la familia para que, as’, pueda afrontar
.

satisfactoriamente las situaciones que podr’an provocar un desequilibrio familiar.


I

En ellas se proporciona informaci—n, apoyo y los recursos de que se dispone para afrontar el problema o prevenir su aparici—n.
Lo son, por ejemplo, los programas de educaci—n para la salud, de apoyo psicol—gico, de orientaci—n familiar, de preparaci—n
maternal, de prevenci—n de la drogadicci—n, actividades socioculturales para familias, escuela de familias, etc.
I

Actuaciones asistenciales
I

Est‡n dise–adas para familias que, sin encontrarse en situaciones de crisis maniÞesta, presentan necesidades especiales, en
muchos casos coyunturales, que se pueden resolver mediante apoyos concretos, por ejemplo, familias monoparentales,
familias con hijos con discapacidad o problemas de desarrollo, cuidadoras de familiares en situaci—n de dependencia severa,
familias en situaci—n de pobreza, etc.
I

El objetivo de estas actuaciones es el de proporcionar los recursos necesarios para superar el problema planteado. Por ejemplo:
servicios de ayuda a domicilio, programas de vacaciones, comedores sociales, bancos de ali- mentos, ayudas para el alquiler,
etc.
I

Actuaciones de atenci—n especializada


I

Estas intervenciones se dirigen a familias en situaci—n de crisis maniÞesta que requieren una atenci—n espec’Þca. En general,
son crisis de larga duraci—n, pero tambiŽn puede tratarse de crisis coyunturales de gran impacto o con riesgo de croniÞcarse si
no se interviene.
I

Los objetivos de la intervenci—n var’an segœn el caso: capacitaci—n de la familia, dinamizaci—n de la red social, puesta en
marcha de medidas para garantizar la seguridad de los integrantes, refuerzo de los recursos propios de la familia, intervenci—n
terapŽutica, etc.
I

Se suelen aplicar tŽcnicas de mediaci—n familiar, de terapia familiar, de capacitaci—n parental, de intervenci—n terapŽutica, etc.
Si existe riesgo social en los menores, se pueden activar programas de separaci—n del menor del nœcleo familiar.
I

Los casos m‡s complejos son los que se destinan a la atenci—n a familias multiproblem‡ticas, que suelen presentar una
gravedad extrema y que cuentan con un historial de intervenciones anteriores fallidas y con una conßictividad latente que, a
menudo, requiere intervenci—n profesional inmediata.
3.2.4. Programas y recursos de intervenci—n.
Los programas y recursos de intervenci—n se incorporan al plan de mejora, en funci—n de las ‡reas sobre las que se quiera
intervenir. Entre los mas habituales est‡n los programas de capacitaci—n parental, la terapia familiar, la mediaci—n familiar y
los servicios de atenci—n domiciliaria.
I

Programas de capacitaci—n parental

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A menudo, las situaciones de riesgo o de crisis maniÞesta son consecuencia de una falta de habilidades parentales de la
familia.
I

Las habilidades parentales


I

Las habilidades parentales son el conjunto de capacidades del padre, la madre u otra persona con responsabilidades
familiares para atender de manera adecuada las necesidades evolutivas y educativas de sus hijos e hijas.
I

Dada su importancia en la problem‡tica familiar, una de las primeras acciones que desarrollan los servicios sociales
especializados, especialmente cuando atienden a familias en situaci—n de riesgo psicosocial, es el an‡lisis y la valoraci—n de las

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habilidades parentales, que pueden ser:
I

Habilidades propias, necesarias para desempe–ar la funci—n como: la percepci—n ajustada del rol parental, el control de
los impulsos, la implicaci—n en la tarea, la autoestima, la capacidad de llegar a acuerdos, etc.
I

Habilidades de cuidado y atenci—n, relacionadas con la atenci—n f’sica, psicol—gica y emocional: capacidad para criar y
cuidar f’sicamente de los hijos, para asegurar su seguridad y bienestar, para establecer y mantener una relaci—n afectiva,
para atender las necesidades psicoemocionales, etc.
I

Habilidades educativas, derivadas de todo el proceso de socializaci—n y apoyo en la escolarizaci—n: presentaci—n de


modelos positivos, reconocimiento de logros, fomento de la motivaci—n, apoyo al aprendizaje, establecimiento de normas
y l’mites, desarrollo de h‡bitos, desarrollo de valores y actitudes positivas, etc.
I

Habilidades sociales, relacionadas con la capacidad de establecer comunicaci—n y relaciones satisfactorias, tanto en la
.

unidad de convivencia como en el entorno social: habilidades comunicativas, escucha activa y empat’a, resoluci—n de
conßictos, integraci—n en la comunidad, etc.
I

Habilidades de organizaci—n domŽstica, que garantizan el desenvolvimiento independiente, funcional y seguro en la


vivienda: realizaci—n de compras, consumo responsable, preparaci—n de la comida, mantenimiento de la limpieza y el
orden en la casa, higiene personal, etc.
I

Los programas de entrenamiento en habilidades parentales


I

Los programas de entrenamiento en habilidades parentales pretenden aportar las estrategias personales para que estas
personas puedan cumplir con sus responsabilidades educativas y familiares de manera efectiva.
I

Los objetivos marcados depender‡n de las necesidades o carencias detectadas y de las expectativas planteadas.
I

Segœn la intencionalidad de la intervenci—n, los programas adoptar‡n una u otra modalidad.


I

Programas de formaci—n parental. Tienen car‡cter preventivo y se dirigen a todas las familias, especialmente a las m‡s
vulnerables. El programa se organiza en distintas sesiones en las que participa un mismo grupo, formado por diferentes
familias. Es el propio grupo el que suele decidir quŽ temas se tratar‡n, por lo que el car‡cter es eminentemente interactivo.
I

Prioriza una metodolog’a activa y vivencial (role-playing, modelado, pr‡ctica directa, tareas para casa, etc.), lo que facilita la
adquisici—n de los aprendizajes.
I

Programas de formaci—n en habilidades familiares. Est‡n dirigidos tanto a los progenitores como a los hijos,
especialmente si est‡n en edad escolar.
I

El objetivo que se persigue es mejorar la comunicaci—n y las relaciones de convivencia entre los miembros de la familia,
por lo que la intervenci—n es conjunta y se centra, de manera prioritaria, en entrenar las habilidades de comunicaci—n, de
negociaci—n paternoÞlial, de resoluci—n de problemas, las estrategias de afrontamiento de conßictos, etc.
I

Programas de apoyo familiar domiciliario. Se dirigen a familias con ni–os o ni–as en la primera infancia en situaci—n de
riesgo o crisis y se llevan a cabo en el hogar familiar.
I

Su objetivo prioritario es satisfacer las necesidades b‡sicas familiares, pero tambiŽn ayudarlas a afrontar la crisis,
orientarlas sobre los servicios sociales que pueden serles œtiles y facilitarles el acceso a ellos.

Para los acostumbrados a los "casi algo" pues "casi nuevo".- Cex
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Programas de intervenci—n familiar. Los destinatarios son familias con problemas espec’Þcos que obstaculizan el
ejercicio de sus funciones parentales.
I

El objetivo de la intervenci—n es dotar de las habilidades necesarias o rehabilitar las existentes pero deÞcientes. Dado que
las causas que inciden en estas situaciones son mœltiples, la intervenci—n se aborda desde una perspectiva sistŽmica e
implica tanto acciones de capacitaci—n como la activaci—n de los recursos de la persona, del nœcleo familiar y de la red
social.
I

Intervenci—n terapŽutica. Este tipo de intervenci—n va dirigida a familias disfuncionales con problemas (alcoholismo,
delincuencia, etc.) que inhabilitan a los progenitores para ejercer la funci—n parental.
I

Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
La intervenci—n es a medio y largo plazo y se orienta a combatir el problema en s’ o sus manifestaciones en la unidad
familiar: agresividad, impulsividad, etc. Con este objetivo se trabajan habilidades como las competencias sociales, el
control de los impulsos, la responsabilidad, etc
I

Terapia familiar
I

Para atender a familias en situaci—n de crisis maniÞesta o con altos niveles de conßictividad puede recurrirse a la terapia
familiar.
I

La terapia familiar centra la actuaci—n en el asesoramiento, la intervenci—n y el tratamiento en familias para orientarlas y
ayudarlas a solucionar situaciones de conßicto o crisis que estŽn atravesando.
I

Este tipo de intervenci—n va dirigida a la familia en su conjunto y persigue un cambio en el comportamiento y la estructura del
sistema familiar para que se atenœen los s’ntomas y mejore el funcionamiento familiar en distintos ‡mbitos.
.

Para llevarla a cabo, el terapeuta organiza diferentes sesiones de psicoterapia o entrevistas con la familia para que, con la
ayuda profesional, vaya redeÞniendo el problema y se aporten soluciones de forma conjunta.
I

En las sesiones suelen participar todos los componentes, aunque es muy habitual alternar las sesiones conjuntas con otras con
solo algunos miembros o incluso con sesiones individuales. En ocasiones, puede implicarse tambiŽn a la red social de la
familia.
I

Atendiendo a la intensidad y la duraci—n del tratamiento, se diferencian tres grandes tipos de terapia familiar:
I

Terapia de intervenci—n en crisis. Tiene como objetivo recomponer la pŽrdida del equilibrio familiar o prevenir su
descomposici—n inminente a causa de una crisis o suceso imprevisto (enfermedad, muerte de un miembro de la familia,
episodio catastr—Þco, etc.). Su duraci—n suele ser inferior al mes y de una frecuencia diaria, al menos las primeras sesiones.
I

Terapia familiar breve. Responde a una situaci—n de crisis menos urgente que la anterior pero que requiere ayuda hasta
que no se supera el problema o la familia se acomoda a la nueva situaci—n. Por ejemplo, en situaciones de separaci—n, de
hospitalizaci—n de algœn miembro, problemas matrimoniales, duelo patol—gico, problemas de relaci—n con hijos
adolescentes, etc.
I

Las terapias familiares breves tienen un periodo m‡ximo de cinco meses, con una frecuencia aproximada de una sesi—n
por semana.
I

Terapia familiar a largo plazo. Se dirige a familias con problemas croniÞcados en diferentes ‡reas (alcoholismo, salud
mental, negligencia en el cuidado, maltrato, etc.) y que requieren apoyo externo continuado para mantener cierto
equilibrio en sus relaciones familiares. No suelen programarse con un horizonte temporal.
I

Mediaci—n familiar
I

Otra tŽcnica para mejorar la convivencia familiar y resolver conßictos entre sus miembros es la mediaci—n familiar.
I

La mediaci—n familiares una v’a de resoluci—n de conßictos entre integrantes de un grupo familiar que busca alcanzar acuerdos
satisfactorios entre las partes con la ayuda de una tercera parte imparcial que media entre ellas.
I

La Þnalidad de la mediaci—n es que, mediante el di‡logo, las partes lleguen a acuerdos sobre cuestiones conßictivas como, por
ejemplo, reparto de herencias, distribuci—n de responsabilidades familiares, condiciones derivadas de separaciones o divorcios
(guarda y custodia de los hijos, rŽgimen de visitas, pensi—n de alimentos, etc.).

Para los acostumbrados a los "casi algo" pues "casi nuevo".- Cex
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A diferencia de un o una terapeuta, un mediador o una mediadora no actœa directamente en la resoluci—n del conßicto, sino
que se limita a canalizar las aspiraciones de ambas partes, facilitar su aproximaci—n y crear las condiciones para que lleguen a
pactos.
I

Algunos de los principios que rigen en la mediaci—n familiar son:


I

La voluntariedad. La mediaci—n es una elecci—n libre de las partes, que expresan su deseo de resolver un conßicto. Por
este motivo, puede suspenderse cuando alguna de las partes lo considera oportuno.
I

.
La temporalidad del proceso. El proceso tiene un inicio y un Þnal, se hayan alcanzado acuerdos o no.
I

La neutralidad e imparcialidad. La mediadora o el mediador no debe tomar partido por ninguna de las partes. Sin
embargo, no puede ser neutral ante situaciones que impliquen desequilibrio conyugal, malos tratos o cuando no se
tengan en cuenta las necesidades objetivas de las partes. Precisamente, estos casos no son objetos de mediaci—n posibles.
I

Servicios de atenci—n domiciliaria


I

En ocasiones, la unidad familiar es incapaz de realizar algunas de las actividades de organizaci—n domŽstica. En estos casos, se
puede solicitar la participaci—n de los servicios de atenci—n domiciliaria.
I

Los servicios de atenci—n domiciliaria son recursos y apoyos para que una persona con un cierto grado de dependencia
pueda seguir viviendo en su entorno habitual.
I

El eje de los servicios de atenci—n domiciliaria son los servicios de ayuda a domicilio y la teleasistencia domiciliaria.
I

El servicio de ayuda a domicilio


I

El servicio de ayuda a domicilio (SAD) es un programa integrado de atenci—n en el domicilio destinado a proporcionar
cuidados personales y ayuda en las tareas domiciliarias a personas cuya independencia funcional se encuentra limitada.
I

El SAD se concibe como un programa de atenci—n individualizado que se planiÞca segœn las necesidades concretas de la
persona o personas que se atienden. Los servicios que se prestan son variados y se dirigen, sobre todo, al cuidado personal o la
ayuda en el hogar.
I

Este servicio se dirige a todas aquellas personas o familias con limitaciones, temporales o permanentes, para desenvolverse
con independencia en el hogar. Por ejemplo, personas en situaci—n de dependencia (a causa de la edad, discapacidad o
enfermedad), pero tambiŽn otros colectivos que requieren este apoyo para estimular la autonom’a personal o asegurar la
permanencia en el domicilio (por ejemplo, familias en situaci—n de exclusi—n social, menores que requieren cuidado, etc.).
I

La teleasistencia domiciliaria
I

Otro servicio de atenci—n domiciliaria ampliamente utilizado cuando la persona est‡ en riesgo psicosocial o f’sico y suele estar
sola la mayor parte del d’a es la teleasistencia.
I

La teleasistencia domiciliaria es un servicio de atenci—n a distancia en situaciones de emergencia , soledad, inseguridad o


aislamiento, utilizando las tecnolog’as de la informaci—n y la comunicaci—n.
I

De manera genŽrica, la teleasistencia se dirige especialmente a personas mayores, enfermas o con discapacidad, que viven
solas o con personas en una situaci—n de dependencia similar.
I

La persona usuaria del servicio dispone de un colgante personal codiÞcado que conecta, por v’a telef—nica, con una centralita.
Cuando la persona oprime el bot—n del dispositivo, el personal teleoperador recibe la llamada y la atiende. Este recurso
favorece la autonom’a de la persona y constituye un elemento importante de tranquilidad y seguridad, tanto para ella como
para la familia. Por supuesto, tambiŽn asegura una intervenci—n r‡pida y eÞcaz en situaciones problem‡ticas o de emergencia.
I

As’, ante una situaci—n de este tipo, el servicio presta atenci—n telef—nica, contacta con los familiares pr—ximos y/o moviliza los
recursos adecuados (unidad m—vil del servicio, equipos de emergencias mŽdicas, cuerpo de bomberos, polic’a, etc.). Adem‡s,
segœn el servicio contratado, desde el centro de atenci—n tambiŽn se efectœan llamadas a la persona usuaria para hacer un
seguimiento de su situaci—n cotidiana, en lo que se conoce como agenda.

Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
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Programas de acogida
I

Se llevan a cabo cuando se decide separar al menor de su nœcleo familiar con la doble Þnalidad de proteger al menor y
mejorar las condiciones de la familia para cumplir su rol parental. Pueden darse dos modalidades de acogimiento: familiar y
residencial.
I

El acogimiento familiar
I

El acogimiento familiar ofrece la posibilidad de que la ni–a o el ni–o crezca en un entorno familiar estable, en el que
encontrar‡ un ambiente afectivo y positivo para su desarrollo. Segœn la vinculaci—n de la familia con el menor

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se distinguen dos tipos:
I

Acogimiento en familia extensa. La familia de acogida y el menor comparten una relaci—n de parentesco hasta el tercer
grado, por lo que permite a las ni–as y los ni–os permanecer en un ambiente que conocen y en el que conf’an.
I

Acogimiento en familia ajena. El menor pasa a convivir con una familia distinta a la suya en la que deber‡ integrarse
plenamente y donde se le ofrecer‡ un ambiente familiar.
I

Segœn la duraci—n de la acogida pueden darse diferentes modalidades:


I

Permanente. Se prevŽ una duraci—n mayor a dos a–os, en muchos casos con vistas a que se convierta en deÞnitiva.
I

Temporal. La duraci—n depender‡ del tiempo que se requiera para que la readaptaci—n del hogar original. Se estima de
dos a–os como m‡ximo.
I

De urgencia. Se limita el tiempo necesario para estudiar la situaci—n familiar de origen.


I

El acogimiento residencial I
I

Cuando el acogimiento familiar no sea posible, se derivar‡ al o la menor a un Centro de Protecci—n de Menores, es decir, a un
espacio especializado con profesionales y recursos adecuados que procurar‡ su desarrollo integro.
.

3.2.5. La planiÞcaci—n temporal.


Todo programa de intervenci—n con familias tiene una duraci—n determinada y la mayor’a se organiza en sesiones.
I

La duraci—n de los programas


I

La diversidad de situaciones (de urgencia, de intervenci—n breve o a largo plazo), de intensidad del tratamiento (el nœmero de
horas) y de las actuaciones planiÞcadas diÞcultan establecer una temporalidad v‡lida en todos los casos.
I

En general, los programas de intervenci—n familiar no suelen exceder los 18 meses. Este es el tiempo que se considera que es
suÞciente para observar si en la familia se han producido cambios signiÞcativos en el sentido esperado.
I

Esto no signiÞca que, tras este periodo, se abandone a las familias a su suerte. Al contrario: si se consigue una mejor’a clara, se
pueden articular nuevos planes o recursos de apoyo para consolidar las mejoras y avanzar hacia nuevas conquistas.
I

Asimismo, si se determina que no existe ninguna capacidad de mejora o si es muy limitada, el programa se puede interrumpir
antes de agotar el periodo de tiempo previsto.
I

La organizaci—n en sesiones
I

La mayor’a de las intervenciones en unidades familiares se organizan en sesiones, de caracter’sticas variables en funci—n del
tipo de programa:
I

Nœmero de sesiones:
I

Los programas de mediaci—n normalmente requieren pocas sesiones.


I

En las actuaciones de capacitaci—n es m‡s variable, segœn las habilidades que se quieran trabajar y el grado de
consecuci—n de estas.
I

En la terapia familiar, las sesiones oscilan entre seis y veinte, las personas que participan pueden ir altern‡ndose.

Usado pero disponible. Como tú los viernes. - Cex


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Frecuencia:
I

En las intervenciones de urgencia o de alta intensidad, las sesiones pueden ser diarias. A medida que se va superando
el problema, se van espaciando.
I

En las intervenciones a medio y a largo plazo, las sesiones son semanales o quincenales.
I

En cualquier caso, estas decisiones dependen de las necesidades de la persona o las personas usuarias, de la fase del
tratamiento y de otras variables, y se acuerdan entre profesional y usuario.
I

Duraci—n. Las sesiones de terapia, de entrenamiento y de mediaci—n suelen durar, por lo general, entre 60 y 90 minutos.

Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Ocasionalmente, las sesiones pueden llegar a las 2 horas.
I

Las actuaciones de servicios de atenci—n domiciliaria no se organizan en sesiones, sino que se asignan unas horas y se
distribuyen las tareas y los profesionales que las realizan. Estos programas se suelen planiÞcar a largo plazo y se van
reevaluando peri—dicamente, para adaptarlos a la realidad cambiante.

3.2.6. Los equipos de intervenci—n.


Los problemas que afectan a las familias son muy diversos, lo que requiere activar actuaciones muy distintas y, en
consecuencia, exige que participen profesionales de distintas disciplinas (educaci—n, psicolog’a, etc.) integrados en el equipo
de trabajo, que a menudo cuentan con la aportaci—n del voluntariado.
I

Educadora o educador familiar


I

Se trata de educadores o de integradores sociales, segœn el caso, que han recibido una preparaci—n espec’Þca para la
intervenci—n directa con familias. Son, por tanto, la Þgura b‡sica de apoyo personal.
I

Gran parte de la atenci—n que prestan se lleva a cabo en el propio domicilio de las familias, por lo que deben procurar
establecer una relaci—n de conÞanza y de respeto con la familia en la que est‡n interviniendo, lo que les permite interactuar
con cordialidad y espontaneidad. Pero tambiŽn deben establecer l’mites y marcar las normas.
I

Como Þgura de acci—n directa, tienen que velar por que se garantice que la seguridad y los cuidados de todos los miembros de
.

la familia, especialmente los hijos y otros miembros vulnerables, son los m‡s adecuados.
I

Debe destacarse su funci—n educativa, actuando como modelo y como instructor en aquellas ‡reas en las que hay dŽÞcits: en el
cuidado de los hijos, en el establecimiento de h‡bitos, en las habilidades sociales, etc.
I

Psic—loga o psic—logo
I

Suele asumir la responsabilidad del programa de intervenci—n: determina la l’nea de intervenci—n que se seguir‡ en cada caso
y dirige, coordina y supervisa el trabajo de los educadores y educadoras familiares y del resto de profesionales.
I

Asimismo, lleva a cabo acciones de formaci—n, de apoyo tŽcnico y de apoyo emocional al equipo de intervenci—n y es la
referencia en la comunicaci—n con la familia. Adem‡s de estas responsabilidades, dentro de un equipo multidisciplinario, los y
las profesionales de la psicolog’a asumen diversas tareas: intervenci—n psicoterapŽutica (tanto individual como familiar),
atenci—n en situaciones de salud mental, mediaci—n, etc.
I

Mediadora o mediador
I

Se encarga de mediar entre las partes en conßicto. La normativa exige que cumpla unos requisitos en cuanto a formaci—n y
capacitaci—n homologada y que Þgure en los registros oÞciales de mediadores.
I

Educadora o educador de medio abierto


I

Las educadoras y educadores de medio abierto o de calle, por ser el entorno en el que desarrollan la actividad, constituyen un
nivel m‡s pr—ximo a la ciudadan’a. Su acci—n se centra en los menores y, al actuar en la calle (un entorno al que no llegan otros
servicios e instituciones), dan una respuesta r‡pida, directa y no represiva.
I

Son educadores o integradores sociales, segœn el caso, que realizan la intervenci—n a partir de las propuestas de los equipos
tŽcnicos de atenci—n a la infancia y la adolescencia y se encargan de su seguimiento. Algunas de sus funciones son:

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Ayudar a la familia y al menor a conocer y concienciarse de su problem‡tica.


I

Favorecer la bœsqueda de soluciones en las situaciones de conßicto.


I

Fomentar la convivencia y la interacci—n positiva en la din‡mica familiar mediante pautas, orientaciones y normas de
relaci—n y conductuales.
I

Contribuir al correcto desarrollo del o de la menor, incidiendo en los procesos que lo afectan y motivando a realizar
actividades que lo favorezcan.
I

Terapeuta ocupacional
I

La terapia ocupacional es una disciplina que se encarga de evaluar la capacidad de las personas para realizar las actividades
de la vida cotidiana y, si est‡ da–ada o en riesgo por cualquier circunstancia, intervenir.
I

La aportaci—n del profesional de la terapia ocupacional al equipo de intervenci—n se centra en valorar la capacidad funcional
de la persona y dise–ar y aplicar programas de entrenamiento en actividades de la vida diaria.
I

TŽcnicos/as en inserci—n sociolaboral


I

Son profesionales especializados en dise–ar, implementar, hacer el seguimiento y evaluar itinerarios de inserci—n
personalizados. Forman parte del perÞl del integrador social.
I

Suelen integrarse en los equipos de intervenci—n con familias porque en muchos casos la falta de trabajo y de habilidades
sociolaborales est‡n en el origen de la disfuncionalidad de la familia.

3.3. Aplicaci—n del plan de mejora.


Aunque cada intervenci—n tiene su propio proceso de aplicaci—n, todas parten de la relaci—n que se establece entre profesional
y familia, mediante unas etapas a lo largo de las cuales la familia evoluciona hacia una mejora de su problem‡tica.
3.3.1. La relaci—n con la familia.
En la mayor’a de las intervenciones, se establece una relaci—n de ayuda en la que la o el profesional intenta que la familia
desarrolle sus competencias para ayudarla a superar sus diÞcultades y que se implique en el proceso de cambio.
I

Para lo cual orienta en la funci—n socializadora, contribuye a rehabilitar la din‡mica familiar, a adquirir las habilidades
parentales y a resolver los conßictos mediante el di‡logo.
I

Para que las actuaciones, con car‡cter terapŽutico o preventivo, alcancen los objetivos perseguidos, es necesario que la relaci—n
entre ambas partes sea muy ßuida y productiva, aunque tambiŽn estar‡ condicionada por el contexto de cambio que
predomine.
I

Algunas acciones y aptitudes ayudan a establecer las condiciones adecuadas para el cumplimiento del programa:
I

Procurar integrarse en el mundo familiar para interiorizar el sistema de valores, creencias y actuaciones (joining) y
.

respetarlo.
I

Respetar la distancia de seguridad en la aproximaci—n y situarse en aquella en la que la interacci—n sea m‡s efectiva (ni
invasiva, ni distante).
I

Usar un lenguaje adecuado al nivel de comprensi—n de la familia y de sus miembros.


I

PlaniÞcar metas parciales con peque–os objetivos realizables, para as’ mejorar la motivaci—n.
I

Procurar mantener la neutralidad, sin tomar posicionamientos parciales, a favor o en contra de algœn miembro.
I

Proporcionar a la familia las prescripciones de forma mesurada, sin atosigarla con demasiadas, especialmente las que no se
puedan cumplir. Hay que intentar adaptarlas al ritmo de mejora.
I

No pretender sustituir las funciones de la familia en el cumplimiento de sus responsabilidades, sino ense–arla y capacitarla
para que lo haga aut—nomamente.

Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
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Supervisar los cambios producidos para comprobar que se mantienen con la reducci—n de la intensidad de la intervenci—n
y la desvinculaci—n progresiva del programa.
I

PlaniÞcar con la familia y con tiempo suÞciente la Þnalizaci—n de la intervenci—n, valorando cu‡les son las necesidades que
siguen precisando apoyo y c—mo puede prestarse.
I

En cualquier caso, la relaci—n de ayuda exige una retroalimentaci—n constante entre la observaci—n de la din‡mica familiar, la
activaci—n de los recursos personales de cada uno de los miembros de la unidad de convivencia y el refuerzo de los logros, que
sirven como motor motivacional.
3.3.2. Las fases en la aplicaci—n del plan.

Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
En cualquier intervenci—n con familias hay que tener en cuenta la premisa de que tan importante es el contenido de lo que se
hace como la manera de hacerlo. Por lo tanto, es clave que el programa se aplique de forma correcta para que la familia se
implique, adquiera progresivamente competencias que provoquen el cambio y las consolide, integr‡ndolas a su repertorio.
I

Esta evoluci—n puede sistematizarse en una serie de fases:


I

1. Asimilaci—n-concienciaci—n. La familia asume la situaci—n que vive, descubre su responsabilidad en la bœsqueda de


soluciones y se inicia el cambio.
I

2. Reorganizaci—n. La familia aprende nuevas habilidades y experimenta formas alternativas de conducta y de relaci—n. Es
decir, ensaya el cambio.
I

3. Competencia. La familia se enfrenta a los problemas y los resuelve de forma positiva y est‡ preparada para responder a
problemas nuevos. En esta etapa se consolida el cambio.
I

4. Seguimiento. Es el œltimo apoyo a la familia en el proceso de intervenci—n. El seguimiento permite constatar que la
capacidad de competencia familiar se va aÞanzando.
I

5. Autonom’a. Las competencias est‡n consolidadas y la familia est‡ en disposici—n de vivir su propia vida, resolviendo y
superando los obst‡culos que todo ser humano o grupo familiar encuentra en su desarrollo sin necesidad de la presencia de
un profesional.
I

No cabe duda de que la experiencia, la habilidad, el buen hacer y el compromiso del o de la profesional que se encarga de
aplicar el programa tendr‡n mucho que ver en su eÞcacia

3.4. La evaluaci—n de la intervenci—n.


Para valorar cr’ticamente si el programa ha sido eÞcaz y en quŽ medida y reorientar acciones futuras es imprescindible llevar a
cabo un proceso de evaluaci—n planiÞcado y minucioso y recoger sus conclusiones en un informe.

3.4.1. El proceso de evaluaci—n.


Se evalœan todas las fases del proceso: si la fase de valoraci—n y diagn—stico era acertada, si la planiÞcaci—n se ha realizado
correctamente, si las actividades han sido las id—neas, si los profesionales han cumplido con eÞcacia su papel y, en deÞnitiva,
en quŽ grado se han alcanzado los objetivos.
I

Momentos de la evaluaci—n
I

La evaluaci—n es un proceso continuo que se inicia en el momento mismo en el que empieza la intervenci—n y, a su vez, es la
œltima parte del programa. En este proceso se determinan tres grandes momentos:
I

La evaluaci—n inicial. Es la primera etapa de la intervenci—n que corresponde con la valoraci—n inicial que ya hemos
estudiado. Tiene que ser muy exhaustiva, ya que sobre ella se fundamentar‡ el plan de mejora y la informaci—n recogida
permite programar.
I

La evaluaci—n de seguimiento. Se lleva a cabo paralelamente a la aplicaci—n del programa y ayuda a refrendar si las
actuaciones seleccionadas tienen la efectividad que se hab’a previsto en los objetivos. Se realiza de manera continua y, de
hecho, forma parte del mismo proceso de intervenci—n.
.

Hay muchas cosas a las que darles una segunda oportunidad. No se las des a tu ex. - Cex
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Para que sea efectiva, precisa retroalimentaci—n constante y permite reprogramar determinadas actuaciones si se
considera que no superan las insuÞciencias determinadas.
I

La evaluaci—n Þnal, o valoraci—n del resultado, proporciona informaci—n sobre el nivel de consecuci—n de los resultados,
el grado de satisfacci—n de la familia en relaci—n con la intervenci—n, el proceso y el papel del equipo de trabajo.
I

Con toda la informaci—n se elabora un informe que recoge todas las conclusiones del programa y una propuesta de
recomendaciones, tambiŽn para modiÞcar actuaciones si no han dado el resultado previsto.

Evaluaci—n inicial .

Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Evaluaci—n de seguimiento

Evaluaci—n Þnal

Pautas de evaluaci—n
I

La experiencia en estas actuaciones nos lleva a la evidencia de que, en muchos casos, no se consigue una superaci—n completa
de todos los problemas, aunque no hay que menospreciar la consecuci—n de mejoras parciales importantes. La evaluaci—n
tiene que detectar cu‡les son estos avances, una manera de hacerlo consiste en graduar los logros a partir de la consecuci—n
de los objetivos:
I

Objetivos alcanzados en su totalidad.


I

Objetivos alcanzados parcialmente.


I

Objetivos alcanzados parcialmente, pero insuÞcientemente.


I

Objetivos no alcanzados.
I

Para concretar esta informaci—n es necesario seleccionar los instrumentos adecuados y elaborar los indicadores que
proporcionen, con la mayor precisi—n posible, la informaci—n sobre la evoluci—n de la problem‡tica familiar. Algunas variables
que deben considerarse en la redacci—n de los indicadores son:
I

ÀHa mejorado la din‡mica familiar?


I

ÀHa mejorado la relaci—n intrafamiliar?


I

ÀHa mejorado la comunicaci—n (entre la pareja, con los hijos, etc.)?


I

ÀHan mejorado las habilidades parentales?


I

ÀSe han modiÞcaci—n las creencias disfuncionales sobre la educaci—n y la conducta de los hijos?
I

ÀSe han superado determinadas problem‡ticas (alcoholismo, juego, paro, drogodependencia, etc.)?
I

ÀSe han modiÞcado los mecanismos de autoridad parental?


I

ÀSe han establecido unos criterios en cuanto a las normas que hay que seguir?
I

ÀSe han resuelto los conßictos?


I

ÀSe ha reorganizado la distribuci—n y la asunci—n de roles y tareas?


I

Supervisi—n de la intervenci—n
I

La supervisi—n es el proceso de seguimiento y apoyo del desarrollo de la intervenci—n.


I

Este proceso se da durante toda la intervenci—n y se dirige a dos elementos que deben supervisarse especiÞcamente: el plan
de intervenci—n y las actuaciones de los o las profesionales.

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Supervisi—n del plan de intervenci—n


I

La supervisi—n supone una evaluaci—n constante del propio plan de intervenci—n por medio de acciones como:
I

Valorar la eÞcacia y la calidad del proceso de intervenci—n que est‡ en marcha.


I

Comprobar y revisar los objetivos, de manera que sea posible saber hasta quŽ punto se consiguen.
I

Obtener informaci—n sobre los elementos que diÞcultan la consecuci—n de los objetivos.
I

Valorar si la aplicaci—n de las actividades programadas va dando los resultados esperados.


I

En funci—n de los resultados de la supervisi—n, se puede ir reprogramando la intervenci—n familiar en las ‡reas que se
considere necesario para conseguir mejorar los resultados. Por ejemplo:
I

Si se han sobrevalorado las expectativas, se debe reprogramar cambiando los objetivos por unos m‡s acordes con la
realidad.
I

Si se detecta que la implicaci—n de la familia decae debido a la falta de resultados perceptibles, la reprogramaci—n se debe
dirigir a establecer metas parciales alcanzables y a un buen manejo de la pol’tica de refuerzos.
I

Si se determina que hay una selecci—n de las actividades inadecuada, se deben establecer las medidas correctivas
pertinentes.
I

Supervisi—n de la actuaci—n profesional


I

La supervisi—n de la actuaci—n profesional y la coordinaci—n tambiŽn contribuyen a una buena aplicaci—n del plan. Algunas
medidas en este sentido son:
I

Contrastar las actuaciones, modiÞcarlas y mejorarlas, por ejemplo, en las situaciones en que el profesional y la familia no
han encontrado la complicidad necesaria. Para que la situaci—n mejore es necesario valorar cu‡l es la mejor estrategia.
I .

Analizar si la aplicaci—n de las actuaciones es la id—nea y la utilizaci—n de los recursos la correcta. En funci—n de los
resultados, se deben aplicar las medidas correctoras, que pueden pasar, por ejemplo, por el asesoramiento, por el apoyo a
la persona, etc.
I

Evaluar si existe coordinaci—n entre las tareas a cargo de los diferentes profesionales.
I

Valorar la existencia de posibles riesgos psicosociales. En tal caso, se deben activar los recursos de apoyo personal
existentes.

3.4.2. Elaboraci—n de informes.


Todas las conclusiones de la evaluaci—n y toda la informaci—n signiÞcativa sobre la familia, el programa de intervenci—n, los
resultados y las recomendaciones para futuras intervenciones deben recogerse en un informe. Aunque cada entidad establece
el formato del informe, la estructura suele ser similar a la siguiente:
I

Datos sobre la familia: datos sociomŽtricos (componentes del nœcleo, edades, etc.), historial de los servicios sociales y
otros programas de intervenci—n, y otros datos relevantes sobre la situaci—n familiar.
I

Datos sobre el programa: objetivos planteados, actuaciones, profesionales implicados, etc.


I

Evoluci—n del caso: desde la evaluaci—n inicial (del bienestar de la familia, de la din‡mica familiar, de la red social, etc.),
pasando por el progreso o el deterioro de la situaci—n, hasta llegar a la situaci—n Þnal (evaluaci—n
I

Diagn—stico Þnal: conclusiones de la evaluaci—n de los resultados y orientaciones sobre la intervenci—n para seguirlas en
el futuro y facilitar, as’, la toma de decisiones.
I

La informaci—n incluida, muy amplia, debe ser de f‡cil lectura e interpretaci—n. Algunas recomendaciones para elaborar el
informe son:
I

Recoger œnicamente la informaci—n signiÞcativa y desechar la que no es necesaria o relevante. TambiŽn hay que evitar
juicios de valor poco justiÞcados e informaciones inconsistentes.

Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
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Estructurar el informe con apartados bien deÞnidos para facilitar su consulta e interpretaci—n. Si se desea incluir material
adicional (pautas de valoraci—n utilizadas, informes de valoraci—n externos, conclusiones de informes previos, etc.), se
puede disponer al Þnal en forma de anexos.
I

Utilizar un lenguaje tŽcnico, ya que es mucho m‡s preciso y va dirigido a otros profesionales, y redactar bien y de forma
comprensible.
I

Cuidar la presentaci—n f’sica del informe. No solo es m‡s agradable para quien lo lee, sino que facilita la interpretaci—n y
da una imagen de seriedad del servicio o de la entidad que lo emite.

Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
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Para los acostumbrados a los "casi algo" pues "casi nuevo".- Cex

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