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Henry 2

El artículo explora la controversia entre matemáticos que defienden la eliminación del concepto de infinito en las matemáticas, argumentando que es una ilusión y que los números deben ser 'factibles' y conectados a la actividad humana. Los ultrafinitistas, como Doron Zeilberger, proponen que limitarse a números finitos simplificaría la ciencia y la tecnología, aunque esto plantea preguntas sobre la creatividad y la imaginación en el campo. A pesar de la oposición, algunos matemáticos y físicos consideran que el infinito complica innecesariamente las teorías y prácticas actuales.
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El artículo explora la controversia entre matemáticos que defienden la eliminación del concepto de infinito en las matemáticas, argumentando que es una ilusión y que los números deben ser 'factibles' y conectados a la actividad humana. Los ultrafinitistas, como Doron Zeilberger, proponen que limitarse a números finitos simplificaría la ciencia y la tecnología, aunque esto plantea preguntas sobre la creatividad y la imaginación en el campo. A pesar de la oposición, algunos matemáticos y físicos consideran que el infinito complica innecesariamente las teorías y prácticas actuales.
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Por qué hay matemáticos que quieren ponerle fin

al infinito
LOPE HUACCACHI, Henry Yul

12/10/2025

0.1 Por qué hay matemáticos que quieren ponerle fin al


infinito
A partir de un artı́culo publicado en la revista New Scientist, se disparó la dis-
cusión sobre la utilidad del concepto de infinito para la vida diaria y surgió
una polémica por los números enormes No pude resistir las ganas de leerlo pues
confieso que me fascina el infinito. Para mı́, el infinito es libertad creativa, int-
electual y emocional. Además me maravilla que podamos concebir un concepto
tan asombroso desde pequeños: “¡Hasta el infinito y más allá!”, como dice Buzz
Lightyear de Toy Story.
Ası́ que la idea de que alguien lo quisiera destruir me alarmó, particularmente
si se trataba de matemáticos. Y es que las matemáticas también me fascinan...
desde lejos, pues mis conocimientos son limitados, pero suficientes como para
recordar que los matemáticos de la Antigua Grecia observaron el enigmático
infinito con detenimiento.
Desde Zenón de Elia ( 450 a.C.), con sus famosas paradojas sobre el concepto
y su manifestación en el movimiento y la continuidad, hasta Arquimedes (siglo
III a.C.), quien exploró el infinito y demostró cómo sumar un número infinito de
sumas para resolver problemas geométricos, prefigurando el cálculo infinitesimal.
En el siglo XVII, Isaac Newton y Gottfried Wilhelm Leibniz desarrollaron
y formalizaron esa rama fundamental de las matemáticas que se centra en el
estudio del cambio y el movimiento.
Recuerdo también mi asombro al comprender lo que el matemático alemán
de finales del siglo XIX Georg Cantor demostró: que no habı́a un solo infinito
sino varios, y que unos eran más grandes que otros.
Con su teorı́a de conjuntos, Cantor estableció la primera teorı́a matemática
que hizo posible manejar lo inconmensurable.
Desde entonces, el infinito fue piedra angular de las matemáticas y la fı́sica
contemporáneas, y por ende, de nuestro mundo, incluyendo el cotidiano, pues
juega un papel esencial en nuestra tecnologı́a y ciencia.
Entonces, ¿de dónde viene el deseo de eliminarlo?
El infinito juega un papel esencial en la tecnologı́a y ciencia (Foto: BBC) El
infinito juega un papel esencial en la tecnologı́a y ciencia (Foto: BBC) “Porque

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el infinito no es más que una ilusión”, me dijo Doron Zeilberger, profesor dis-
tinguido de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, un matemático ilustre
y multipremiado.
Pero también es un disidente, un prominente ultrafinitista, como se autode-
nomina el grupo de matemáticos, filósofos, informáticos y fı́sicos que durante
décadas fue considerado radical pero que, aunque sigue siendo una reducida
minorı́a, está siendo escuchada.
Cuestionan el concepto del infinito, y argumentan además que hasta números
finitos pero enormes, por ejemplo 10, podrı́an ser insignificantes.
Ası́ contáramos cada átomo del universo observable, nunca alcanzarı́amos
esta cifra, entonces, ¿qué sentido tiene hablar de ella?
Esa ilusión “En mi filosofı́a, las matemáticas tomaron el camino equivocado
al abrazar el infinito”, me dijo Zeilberger.
“La gente no se dio cuenta porque era como una ilusión óptica”, añadió,
“como la antigua creencia de que la Tierra era plana”.
“La gente creyó que el Universo es infinito, y algunas personas todavı́a lo
creen, pero otras piensan que es finito. No está limitado, porque siempre puedes
seguir adelante, pero es finito, como nuestro planeta”, afirma.
¿Ilimitado pero no infinito? Puede ser: en teorı́a uno podrı́a darle la vuelta
al mundo sin cesar por tiempo indefinido, pero eso no significa que la Tierra sea
infinita.
“Ası́ creo que es un universo matemático. Pero con la invención de este con-
cepto artificial de infinito, todo se volvió muy intrincado, elaborado y retorcido.
No puedo decir que las matemáticas clásicas sean lógicamente erróneas, sino que
son innecesariamente complicadas”.
“En retrospectiva, si se hubieran dado cuenta de que el mundo es finito, y
hay un número que es el número más grande posible, todo serı́a más sencillo”.
Pero, si hay un número natural máximo, ¿qué sucede al sumarle 1, una de
las pruebas de que existe el infinito?
Sencillamente, según Zeilberger, en una circularidad muy elegante, se vuelve
a 0... lo que en nuestro ejemplo de darle la vuelta al mundo indefinidamente,
serı́a como, en algún momento, llegar al punto de partida original.
Quizás el infinito no exista, pero los fractales parecen insinuar que sı́ (Foto:
BBC) Quizás el infinito no exista, pero los fractales parecen insinuar que sı́
(Foto: BBC) “Lo que planteo es un poco análogo a la revolución de Albert
Einstein, quien demostró que la velocidad de la luz es la más rápida: no puedes
ir más rápido de unos 300.000 kilómetros por hora”.
“Einstein tuvo suerte: llegó a un número concreto. Yo no tengo idea de cuál
es ese número más grande, pero es irrelevante, puedes llamarlo de cualquier
manera”.
“La cuestión es que con él puedes recrear todas las matemáticas y hacerlas
mucho más simples. Aunque admito que hacerlo realmente serı́a muy tedioso”.
El punto es que los ultrafinitistas proponen una solución radical: eliminar
el infinito y limitarnos a números “factibles”, para descomplicar la ciencia y
hacerla más práctica.
Matemáticos rebeldes ¿Qué hace que un número sea “factible”?

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Para Rohit Parikh, de la City University de Nueva York, quien desarrolló una
de las primeras teorı́as ultrafinitistas formales en la década de 1970 e introdujo
la idea de “números factibles”, la clave está en mantener una conexión con la
actividad humana.
“Hay que fijar un lı́mite en algún punto. Las cosas tienen que estar conec-
tadas con la actividad humana”.
Si un número no puede ser nombrado, calculado, almacenado, transmitido o
incluso individuado coherentemente bajo restricciones fı́sicas, ¿existe realmente
como un objeto matemático?
Piensa por ejemplo en el número de Skewes, un número que aparece en la
teorı́a de números, tan extremadamente grande que al parecer tiene más dı́gitos
de los que caben en el Universo.
Aunque es absurdamente alto, fue valioso por varias razones, entre ellas,
mostrar lo lejos que pueden ir las matemáticas en busca de certeza, y demostrar
que los resultados pueden ser ciertos, incluso si son inútiles en la práctica directa.
Eso le causarı́a rechazo a los ultrafinitistas: el número de Skewes y muchos
otros muchos menores que él estarı́a muy por encima de ese lı́mite que, insisten,
se deberı́a trazar.
¿Pero cuál es ese lı́mite?
El número de Euler es fundamental para modelar fenómenos de crecimiento
y decrecimiento continuo (Foto: BBC) El número de Euler es fundamental para
modelar fenómenos de crecimiento y decrecimiento continuo (Foto: BBC) Hay
una anécdota que se suele citar e involucra al padre del ultrafinitismo moderno
Alexander Yessenin-Volpin, un matemático que fue un destacado activista de
derechos humanos en la Unión Soviética, por lo que fue encarcelado en 1968.
La relató Harvey Friedman en “Problemas filosóficos en lógica”.
En el año 2000, tuvo la ocasión de plantearle a Yessenin-Volpin la objeción
de la mayorı́a de los matemáticos a la idea de fijar lı́mites.
“Me pidió que fuera más especı́fico. Entonces procedı́ a comenzar con 2¹ y
le pregunté si era ‘real’ o algo por el estilo. Casi de inmediato dijo que sı́. Luego
pregunté por 2², y volvió a decir que sı́, pero con un retraso perceptible. Luego
2³ , y sı́, pero con más retraso.
“Esto continuó un par de veces más, hasta que fue evidente cómo manejaba
esta objeción. Claro, estaba dispuesto a responder siempre que sı́, pero iba a
tardar 2¹ veces más en responder que sı́ a 2¹ que en responder 2¹. No habı́a
manera de que pudiera llegar muy lejos con esto”.
La anécdota ilustra la idea fundamental del ultrafinitismo: la existencia de
los números se vuelve cada vez más cuestionada a medida que estos se hacen
mayores.
Cuestión de fe En esta visión, la aritmética se ajusta a lo que se puede hacer,
limitada por el tiempo, el espacio y los recursos.
Hay una frontera después de la cual todo es fútil.
Y esa frontera de alguna manera la imponen las computadoras, las cuales
pueden hacer cálculos que quienes introdujeron el infinito e imaginaron números
enormes sólo podı́an soñar.

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“A veces tienes una ecuación diferencial tan complicada que nadie sabe cómo
resolverla exactamente”, señaló Zeilberger.
“Pero usando computadoras, puedes obtener una muy buena aproximación,
lo suficientemente buena para todos los propósitos prácticos, y ası́ es como se
hace”.
Pi () tiene infinitas cifras decimales que no siguen un patrón lógico (Foto:
BBC) Pi () tiene infinitas cifras decimales que no siguen un patrón lógico (Foto:
BBC) Gran parte del trabajo moderno con matemáticas ya reside en lo finito,
desde la criptografı́a y la verificación formal a las estructuras de datos y los
algoritmos aleatorios.
También en la fı́sica hay quienes están intentando aplicar el finitismo con la
esperanza de encontrar mejores teorı́as para describir nuestro mundo.
Para el fı́sico sueco-estadounidense Max Tegmark, el infinito es un concepto
hermoso, pero está arruinando la fı́sica.
“Nuestras mejores simulaciones informáticas, que describen con precisión
todo - desde la formación de las galaxias hasta el clima del futuro y las masas
de las partı́culas elementales- utilizan únicamente recursos informáticos finitos
al tratar todo como finito”, escribió en su libro “Esta idea debe morir”.
No obstante, si vinculamos estrechamente las matemáticas y la fı́sica a la
finita capacidad de las computadoras, ¿no corremos el riesgo de amarrar nuestra
sabidurı́a y la aventura de la exploración a lo que se puede en vez de a lo que
es posible?
Si se destierra al infinito de las matemáticas, ¿no se limitará la imaginación
y se coartará la creatividad?
“Entiendo que te gusta el infinito y no te voy a disuadir: a algunos de mis
mejores amigos les gusta el infinito”, bromeó Zeilberger.
“El punto es que debes saber que hay una manera de rehacer todas las
matemáticas, al menos lo que se necesita para la ciencia y la tecnologı́a, por
medios completamente finitistas”.
Al final es casi como una cuestión de fe.
“El infinito puede existir o no, Dios puede existir o no, pero no hay necesidad
de ninguno de los dos en matemáticas”, añadió.
Por Dalia Ventura

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