El Romancero
Romancero viejo es el conjunto de romances anónimos medievales, cuyo máximo
esplendor acontece en el siglo XV, para diferenciarlo del Romancero nuevo,
que componen los poetas de los siglos XVI y XVII, como Lope de Vega,
Cervantes o Góngora.
,
Está compuesto por centenares de romances, que eran cantados por los juglares
y el pueblo a mediados del siglo XIV y a lo largo del siglo XV, sustituyendo
a los extensos cantares de gesta que se desarrollaron
las dos centurias anteriores.
Orígenes
Según la hipótesis de Ramón Menéndez Pidal, los romances surgen
de la fragmentación de los grandes poemas épicos, tales como "El poema de mío
Cid," "Los siete Infantes de Lara," y "El cerco de Zamora.' En este proceso,
los cantares de gesta, cantados por los juglares, circulaban no sólo en las
cortes aristocráticas sino también en las plazas plebeyas. Les gustaban a las
masas, que a su vez repetían entre
sí los sucesos más memorables, que se transmitían según su interés episódico.
De esta manera los épicos se sometieron a cierta descomposición. Al mismo
tiempo, había juglares cuyo propósito y alcance eran más humildes, y quienes
se dedicaban a cantar en público y por separado sólo los pasajes épicos que
encerraban una acción o suceso completo. El proceso creativo que produjo esta
separación lo describe Menéndez Pidal así: "unos cuantos versos felices más o
menos fielmente recordados y repetidos por los oyentes de las gestas, al
rodar en la memoria, en la fantasía y en la recitación de muchos individuos y
generaciones, aflojaban su trabazón interna, propia de um
relato circunstanciado y ligado a un conjunto ?" A medida que estos pasajes
se popularizaban los versos extráneos fueron abandonados, hasta que las
gestas se redujeron a fragmentos independientes, con su propio tema y unidad
de estructura, luego pasando por varias refundiciones. Llamaron los
románticos del siglo XIX a su autor "el pueblo poeta," nombre modificado por
Menéndez Pidal, quien lo designó "autor-legión," o sea la línea de cantores y
oyentes anónimos a través
de los siglos XI, XII, y XIII.
Otros investigadores han rechazado esta hipótesis, tales como R.
Foulché-Delbosc H. R. Lang, y Pío Rajna. Lang avanzó la teoría de la
cantilena, cuya narrativa menos extensiva se fragmentó. Rajna sostuvo la
prioridad de los romances, rechazando la idea de que la gesta se descompuso
en canciones breves. S. G. Morley demostró que la hipótesis es válida para
sólo 5 de los 35 romances del Cid, y para 8 de los 45 romances históricos, y
que sólo 8 de los 80 romances examinados tienen una relación íntima con los
cantares restaurados encontrados en las crónicas. Un ejemplo que apoya la
tesis de Menéndez Pidal es el romance "Pártese el moro Alicante," que
consiste de versos muy similares a los que se encuentran en la "Crónica" de
1344. Para demonstrar su tesis, el gran investigador reconstruyó una parte
del épico a base de esta crónica y de la refundición de la "Tercera crónica
general."
En cuanto al estilo del romance, se destaca el análisis de R. H.
Webber sobre la dicción formulística. Ya que los romances se transmitían por
una tradición oral, dependían de recursos mnemônicos que son las fórmulas de
expresión características del género. Así, las
repeticiones ("Rey don Sancho, rey don Sancho"; "Fonte-frida, fonte-frida"),
el epiteto ("flor de la caballería"), y la exclamación "Ay Dios, qué buen
caballero") son muletas en que se apoya la memória del juglar. Entre otros
recursos formularios, hay la introducción al diálogo ("bien oreis lo que
dirá"), la introducción a la acción ("Ya se parte. Ya se sale"), y el
paralelismo ("Todos visten un vestido. Todos visten un calzar").
Clases de romances viejos
Romances históricos: Tratan temas históricos o legendarios pertenecientes a
la historia nacional, como el rey don Rodrigo, el Cid, Bernardo del Carpio,
etc.
Romances carolingios: Están basados en los cantares de gesta
franceses: batalla de Roncesvalles, Carlomagno, etc.
Romances fronterizos: Narran los acontecimientos ocurridos en el frente o
frontera con los moros durante la Reconquista.
Romances novelescos: Con gran variedad de temas, aunque frecuentemente
están inspirados en el folclore español y europeo.
Romances líricos: Son una función de la libre imaginación y el gusto
personal. Menéndez Pidal señala los rasgos subjetivos y sentimentales que
reemplazan los detalles menos dramáticos del cantar de gesta original. Se
eliminan los elementos narrativos considerados secundarios, y el romance
abandona el contexto, enfatizando la acción inmediata. El poeta anónimo puede
expresar sus sentimientos amorosos o
favorecer temas folclóricos, personajes mitológicos, y sucesos fantásticos.
Romances épicos: cuentan las hazañas de héroes históricos.
Bibliografia
Ramón Menéndez Pidal. Romancero Hispánico? Teoría e historia. vol. I.
Madrid: Epasa-Calpe, 1953, pág. 60.
Mario Garvin, Scripta Manent. Hacia una edición crítica del romancero
impreso (Siglo XVI), Madrid, Iberoamericana, 2007.
Juan Alborg. "La épica popular, el Romancero, " Cap. IX, Historia de
la literature española, tomo I. "Edad Media y Renacimiento." Madrid:
Gredos, 1972, pp. 399-437.
S. G. Morley, "A Chronological List of Early Spanish Ballads. Hispanic
Review, vol. 13, 194), pp. 273-87.
R. H. Webber. "Formulistic Diction in the Spanish Ballad." University
of California Publications in Modern Philology, vol. 34, núm. 2
(1951), pp. 175-278.