2025
Educación
Sexual
Integral
Abordaje de las violencias por razones de género y
promoción de la igualdad en las escuelas
bonaerenses
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GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Axel Kicillof
Gobernador de la provincia de Buenos Aires
Verónica Magario
Vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires
AUTORIDADES MINISTERIO AUTORIDADES DIRECCIÓN GENERAL
MUJERES Y DIVERSIDAD DE CULTURA Y EDUCACIÓN
Estela Díaz Alberto Sileoni
Ministra de Mujeres y Diversidad Director General de Cultura y Educación
Iris Pezzarini Pablo Urquiza
Jefa de Gabinete (a cargo) Subsecretario de Educación
Laurana Malacalza Gustavo Alcaraz
Subsecretaria de Políticas contra las Violencias por Jefatura de Gabinete
Razones de Género
Mirta Marina
Lidia Fernández Directora de Educación Sexual Integral (ESI)
Subsecretaria de Políticas Transversales de Género
Gabriela C. Ojeda
ESCUELA DE GÉNERO, Subdirectora de Educación Sexual Integral (ESI)
GOBIERNO Y COMUNIDAD
Marisa Gori
Adriana Vicente Directora Provincial de Educación Superior
Directora Provincial (a cargo)
Carlos A. Grande
Paula Costanzo Director de Formación Docente Permanente
Directora de Formación
Gustavo Galli
Cora Santandrea Director Provincial de Educación Secundaria
Directora de Investigaciones
Gabriela Carnevale
Lucía García Itzigsohn Directora de Gestión Curricular de Educación Secundaria
Directora de Políticas Culturales para la Igualdad
Ricardo Luis De Gisi
CONSEJO ASESOR ACADÉMICO Director Provincial de Educación Técnico Profesional
Dora Barrancos Elsa María Guillermo
Presidenta Honoraria del Consejo Asesor Académico Directora de Educación Técnica
Integrantes: Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales (CLACSO) y Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (CEPAL)
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Educación Sexual Integral: Abordaje de las violencias
por razones de género y promoción de la igualdad en
las escuelas bonaerenses
Módulo 3. Las violencias por razones de género en las adolescencias
Introducción ................................................................................................................................4
Las construcciones sociales y culturales detrás del género y del sexo .......................................4
Los estereotipos de género .........................................................................................................8
La diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género ..............................................9
Intersexualidad..........................................................................................................................11
Discriminaciones y violencias a LGTBIQ+ .................................................................................12
El amor romántico .....................................................................................................................15
Los mitos del amor romántico ...................................................................................................17
Violencias en vínculos sexo afectivos adolescentes..................................................................19
Recursos para el abordaje en las aulas ....................................................................................21
Bibliografía ................................................................................................................................26
Licencia Creative Commons .....................................................................................................28
Este documento fue construido teniendo en cuenta recomendaciones para la
accesibilidad. Es un camino que comenzamos a transitar y que esperamos se vaya
nutriendo cada día para democratizar el acceso a los materiales.
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Introducción
Les damos la bienvenida al tercer Módulo en el que profundizaremos sobre algunos
conceptos para continuar pensando las violencias por razones de género desde el marco
de la ESI. Buscaremos revisar la forma en que las ideas, prácticas, conocimientos y
representaciones en torno a la sexualidad y al género nos constituyen subjetivamente,
evidenciando su carácter social e histórico y analizaremos los procesos de socialización
de género y el rol de las escuelas. Les proponemos profundizar sobre algunos conceptos
que nos servirán de herramientas para comprender cómo se organiza la sociedad en la
que vivimos y la base invisibilizada de violencias y desigualdades, ese entramado que
permite que mujeres y LGBTIQ+ no puedan acceder y ejercer los mismos derechos.
Asimismo, las y los invitaremos a reflexionar acerca del modelo de amor romántico,
repasar los mitos asociados a este tipo de vinculación y su expresión en las
adolescencias, para poder pensar sobre el rol de escuelas y docentes en la construcción
de un abordaje crítico de estos procesos.
Para finalizar, vamos a compartir algunos recursos para abordar los temas de este Módulo
en las aulas.
Las construcciones sociales y culturales detrás del género y del
sexo
A lo largo del primer Módulo, vimos que el concepto de integralidad implica, entre otras
cosas, una superación del paradigma biologicista, que reduce la sexualidad solo a sus
aspectos anatómicos y fisiológicos, desanclándola de las relaciones sociales y de la
dimensión histórica y cultural que la configuran y le dan sentido. Esto nos conduce a una
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pregunta: a lo largo de la historia, ¿Quiénes se han constituido en “voz autorizada” para
hablar sobre la sexualidad? ¿Desde qué perspectivas o enfoques lo hicieron? Responder
estos interrogantes es un primer paso para comenzar a desmadejar la red de relaciones y
significados que configura el campo de la sexualidad.
A partir de los desarrollos de la antropóloga Gayle Rubin (1975), podemos afirmar que los
discursos científicos que clasifican al sexo como una propiedad natural de los individuos,
algo que reside en sus hormonas o en sus psiques, reproducen una mirada esencialista.
Rubin acuña el concepto de esencialismo sexual para dar cuenta de este supuesto que,
emanado del campo científico, atraviesa y retorna una y otra vez en el pensamiento
occidental sobre la sexualidad: la idea de que el sexo es una fuerza natural que existe con
anterioridad a la vida social y que da forma a instituciones. Este concepto, es clave no solo
para pensar la sexualidad, sino también para mirar críticamente nuestras intervenciones
como docentes en el campo de la ESI.
Para reflexionar
¿Está presente esta mirada esencialista en la escuela? ¿En qué espacios? ¿Qué
lenguaje utilizamos para referirnos a la sexualidad? ¿Desde qué enfoque nos
posicionamos para abordar la sexualidad y los géneros?
Les proponemos repasar brevemente algunos conceptos e ideas claves para continuar la
reflexión sobre la dimensión social, política y cultural presente en las violencias por
razones de género.
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Cuando nacemos, se nos asigna un sexo a partir de una característica de nuestros
cuerpos: la genitalidad. Esto significa que si un bebé nace con una vulva se establece que
es mujer, y si nace con un pene que es varón. Este modo de clasificar a cada persona
basado en su genitalidad se denomina sexo y se centra en la idea que sólo existen dos
tipos, y que a su vez son mutuamente excluyentes.
Sobre este sistema de asignación de un sexo se monta el género, que comprende aquello
que la sociedad, a través de sus instituciones, ha establecido como roles y modos de ser
esperados para cada persona según el sexo asignado al nacer. El género alude a las
formas de ser mujer más allá de tener vulva, y lo mismo sucede con ser varones, en tanto
se espera que se muevan, se vistan, se relacionen y hablen de determinada forma.
Este modo binario de clasificar los géneros se construye a partir de pensarlos como:
● Opuestos: Supone que ser varón es diametralmente diferente a ser mujer, y
viceversa.
● Excluyentes: Supone que ser varón deja afuera todo lo que implica ser
mujer, y viceversa, y cualquier otra expresión de género que no se adecua al
binarismo varón – mujer no se reconoce.
● Complementarios: Supone que esos opuestos se atraen y completan
dadas las características excluyentes de unas y otros.
Se trata de un concepto relacional que nos permite explicar cómo, a través de la historia,
las diferencias anatómicas han sido cargadas de sentidos y valoradas de manera
diferenciada para varones y mujeres, jerarquizando a los primeros por sobre las segundas,
y generando las bases de un sistema que sostiene y reproduce asimetrías de poder y
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relaciones de opresión. Es decir que, a partir de nuestra anatomía, se definieron
categorías sexuadas y, sobre estas, se han desarrollado relaciones de poder.
De esta manera, la categoría de género posibilitó:
● Poner en debate las desigualdades históricas que sostienen los roles
tradicionales diferenciados por género.
● Cuestionar roles y modos de ser naturalizados, evidenciando que los lugares o
roles a ocupar por cada persona en la sociedad son el resultado de discursos y
mandatos socioculturales.
● Visibilizar que esos roles legitiman jerarquías y relaciones de poder, es decir,
existen roles más valorados que otros y, a su vez, “somos” dentro de un sistema
social de relaciones.
● Aportar nuevas referencias para interpretar la realidad social, sumándose a
categorías como la clase social, la etnia, la discapacidad, la nacionalidad, entre
otras, que se interrelacionan en cada persona construyendo identidades, que se
entrecruzan en un entramado de desigualdades tanto históricas como
estructurales, tal como lo propone la perspectiva interseccional.
Esta asignación de género se produce desde que nacemos a través de los procesos de
socialización de género, que son la forma en que se enseña todo lo que se espera de lo
femenino y lo masculino desde las familias, las escuelas, los medios de comunicación,
las publicidades, las religiones, entre otras instituciones. Desde los primeros años, se nos
acercan juguetes de niño o de niña, por ejemplo, así como también colores (rosa/celeste),
modos de jugar (más suaves para las niñas y más brutos para los niños), formas de
expresar nuestras emociones, etc., mediante las cuales vamos aprendiendo las
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conductas esperadas. Estos atributos y “modos de ser” que se transmiten, no sólo
condicionan las infancias, sino que también marcan trayectorias de vida. Este proceso se
refuerza a lo largo de toda nuestra vida a través de mensajes, reglas y normas que
continúan distribuyendo los roles y comportamientos esperables según el género.
Los estereotipos de género
Esta idea de que sólo hay dos posibles formas de identidad y de género, se refuerza en los
procesos de socialización a través de la constitución de estereotipos de género, es decir,
de ideas simplificadas, incompletas y generalizadas sobre lo que se considera
“masculino” y “femenino”. Son modelos que se imponen como únicos, lo cual restringe y
limita la posibilidad de expresión de la diversidad y deja por fuera la complejidad y
heterogeneidad de las personas.
Los estereotipos, además, refuerzan los llamados prejuicios y también las expectativas
sociales. Una mujer que muestra hacer uso de la fuerza física, por ejemplo, es pensada
como una “machona” y es alentada a disimularlo, mientras que, en un varón, esto mismo
es celebrado. Por el contrario, si a determinado varón no le interesa demostrar su fuerza,
es un “debilucho” o un “mariquita”.
Para reflexionar
¿Cómo se expresan estos estereotipos de género en las adolescencias? ¿Qué roles se
espera para cada género? ¿Qué expectativas tenemos sobre sus vestimentas,
actitudes, comportamientos y sentires? ¿De qué manera esas expectativas se traducen
en desigualdades de género en la convivencia dentro de las escuelas?
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La diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género
Para seguir profundizando nuestro análisis, les proponemos abordar las
conceptualizaciones centrales relacionadas a las identidades de género y las
orientaciones sexuales.
La orientación sexual es definida como “la capacidad de cada persona de sentir una
profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un sexo diferente o de un
mismo sexo o de más de un sexo, así como a la capacidad de tener relaciones íntimas y
sexuales con estas personas” (Principios de Yogyakarta, 2007, pág. 6).
Las formas de sentir, experimentar y expresar el deseo sexual y amoroso son muy diversas
en los seres humanos. Si bien históricamente, lo visible fue la heterosexualidad (personas
que se sienten atraídas sexual y afectivamente por otras de género distinto al propio),
existen diversas orientaciones sexuales:
● Lesbianas, gays: personas que sienten atracción por otras del mismo género.
● Bisexuales, pansexuales: personas que sienten atracción por otras
independientemente del género.
● Asexuales: personas que expresan no sentir atracción sexual por otras/os.
personas que no experimentan atracción sexual hacia otras personas. Esto no
implica que no ejerzan su sexualidad o que no posean intereses afectivos,
románticos, sensoriales. (UNAM, 2022).
La identidad de género es “la vivencia interna e individual del género tal como cada
persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del
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nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo (...)” (Ley Nacional 26.743, art. 2).
Entonces, separar el sexo de la identidad de género permite visibilizar que estas dos
categorías pueden coincidir o no: por ejemplo, una persona puede sentirse mujer (el modo
correcto de decirlo es “se autopercibe”) y ello coincidir con el sexo que se le asignó al
nacer, pero también puede suceder que otra persona se sienta mujer, pero al nacer le fue
asignado el sexo masculino.
A continuación, enumeramos algunas de las múltiples identidades de género:
● Personas cis: Personas cis: personas cuya identidad de género autopercibida
coincide con el sexo que les asignaron al nacer. “cis” es un prefijo latino que quiere
decir “de este lado” mientras que “trans”, que significa “del otro lado”.
● Personas trans: personas cuya identidad de género autopercibida no coincide con
el sexo asignado al nacer. Es una expresión abarcativa que se refiere a travestis,
transexuales y transgéneros.
● Transgénero: conjunto de quienes desarrollan, sienten y expresan una identidad de
género diferente del sexo que se les asignó al nacer. En algunos casos, sus
identidades no se corresponden con los géneros masculino y femenino expresados
o percibidos en los términos convencionales. Transexuales: aquellas personas a
las que, al nacer, les fue asignado un sexo que no coincide con el género
autopercibido y expresado, con el cual se identifican. Además, se utiliza para
remitir a la construcción corporal de la identidad y la expresión de género (sea
femenina o masculina) a través de tratamientos hormonales y/o quirúrgicos.
✔ Travesti: identidad de género por fuera de los parámetros binarios varón/mujer.
Si bien esta palabra ha sido usada de manera despectiva, las personas travestis
la han resignificado y reivindicando. Es una identidad de género política, en
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tanto nace al calor de la resistencia histórica y de la lucha por la visibilización
✔ Persona No binarie: personas que no necesariamente se identifican con los
géneros masculino o femenino: pueden ser ambos o ninguno. Se les suele
asociar con pronombre neutro (elle), pero el uso de éstos es una decisión
personal. No hay una sola forma de ser no binarie (Agencia Presentes, 2020).
✔ Género fluido: persona que no se identifica con una sola identidad de género,
sino que circula entre varias o se identifica con más de una a la vez
Además de distinguir entre orientación sexual e identidad de género, es importante
resaltar el concepto de expresión de género que refiere al modo a través del cual se
manifiesta la identidad de género al entorno; por ejemplo, el lenguaje, la vestimenta, las
características corporales, el nombre, los gestos, etcétera. Este concepto permite
visibilizar la existencia de múltiples comportamientos variantes de género, es decir,
expresiones de género que no coinciden con la expectativa social y los estereotipos. Al
mismo tiempo, rompe con lógicas binarias que sostienen la idea de que las barreras entre
las expresiones de género son muy estrictas y no deben cruzarse.
Muchas veces, al confundir identidad de género, expresión de género y orientación sexual,
se asume que alguien, por cómo se viste o habla, va a sentir atracción por determinadas
personas. Sin embargo, las posibilidades del deseo y sus expresiones son múltiples y
variables, sobre todo porque la diversidad incluye la posibilidad de cambio. Muchas/os
van experimentando, a lo largo de su vida, variaciones en relación a la autopercepción y a
la orientación sexual.
Intersexualidad
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El término intersex refiere a las personas que nacen con caracteres sexuales (como los
genitales, las gónadas y los patrones cromosómicos) que no se corresponden con las
típicas nociones “normales”, que clasifican a los cuerpos como masculinos o femeninos.
Estas variaciones –que pueden ser muy amplias- pueden ser visibles al nacer o
manifestarse en la pubertad. En algunos casos la intersexualidad puede comprometer la
asignación del sexo en el momento del nacimiento; sin embargo, generalmente se trata de
variaciones respecto a promedios corporales establecidos por la medicina.
Para reflexionar
Dado que la diversidad no entiende de etiquetas ni de categorías cerradas ni definitivas,
es importante resaltar que las clasificaciones propuestas en este módulo, lejos de
encasillar, buscan visibilizar y nombrar. Es importante no perder de vista que son
dinámicas y se hallan en construcción permanente: como tales, están abiertas a
constantes revisiones y son objeto de debates políticos ya que -fundamentalmente-
cuestionan las relaciones de poder y los regímenes de producción de las desigualdades.
Discriminaciones y violencias a LGTBIQ+
Atendiendo a los conceptos esenciales de la diversidad sexual, recordemos que desde los
sistemas cisexista y heteronormativo se naturaliza una correspondencia entre genitalidad,
identidad de género y deseo de una manera lineal.
Esto implica que, si naciste con vulva, te asignan el sexo femenino, se espera que te
sientas mujer y que te gusten los varones, y si naciste con pene, te asignan el sexo
masculino, se espera que te sientas varón y que te gusten las mujeres. Todo esto se va
construyendo desde la primera infancia, a través de la socialización.
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Para comprender este proceso, hay dos dimensiones a tener en cuenta:
1. La cisnormatividad asume que todas las personas deben ser cisgénero porque se
lo considera “normal”, mientras patologiza y sanciona (social, laboral y
económicamente) a quienes no lo son. Desde esta perspectiva, se espera que la
identidad de género asumida por alguien se corresponda con lo que se asigna a una
genitalidad determinada, lo cual se traduce en una división binaria entre dos
géneros construidos socialmente: femenino y masculino. Entonces, podemos decir
que el cisexismo determina lo que es “esperable” para las personas en relación a
su identidad de género, y así se explica la serie de exclusiones y violencias que
sufren las personas que no son cis.
2. La heteronormatividad hace referencia a una estructura social que se basa en la
presunción de que todas las personas son heterosexuales, hasta que se determine
lo contrario. Como consecuencia, cualquier otra posibilidad es invisibilizada,
negada o considerada patológica. Si bien nos estamos refiriendo a un sistema a
nivel estructural, que se imponga una orientación sexual hegemónica tiene
consecuencias en el modo en que construimos nuestra subjetividad y en cómo se
establecen las relaciones en la sociedad bajo esa premisa.
La heteronormatividad, como norma implícita, opera con la instalación de la duda
ante la amistad entre un varón y una mujer, que siempre puede “ser algo más”. Sin
embargo, cuando los vínculos se dan entre hombres, por un lado, y entre mujeres,
por el otro, aquí la heteronorma actúa disciplinando en formas distintas. La filósofa
y escritora Monique Wittig (2006) refiere a la invisibilización de la experiencia
lesbiana como un efecto del poder; cuando dos mujeres se expresan afecto y
deseo, son “normalizadas” en su negación; “son amigas cercanas”. Por otro lado,
como veremos en Módulo 5, la normalización en el proceso de construcción de
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masculinidades ocurre por la censura de todo tipo de afecto entre varones desde
temprana edad, afecto que aún en la actualidad, puede ser visto en muchos grupos
sociales de “mala manera” e incluso leído como presunta homosexualidad.
En el marco de una sociedad patriarcal donde un género aparece como dominante
(masculino, heterosexual y cisgénero) sobre otras identidades, expresiones de género y
orientaciones sexuales, la violencia por razones de género se manifiesta como formas de
disciplinamiento, sanción, discriminación o intento de eliminar cualquier variación de lo
considerado "normal" o “natural”. Es decir, busca disciplinar a aquellas identidades,
expresiones de género u orientaciones sexuales que no se ajustan a la heteronorma y el
cisexismo.
Teniendo en cuenta el proceso histórico y dinámico que el patriarcado representa en
nuestra sociedad, es importante estar atentos como educadores a los apodos, bromas y
chistes que se dicen en relación con la orientación sexual y/o identidad de género tales
como “ maricon”, “puto”, “tortillera”, “macho” funcionan como adjetivos que, en mayor o
menor grado, valoran o desvalorizan a la persona a la que se refieren. La construcción de
un sentido jerárquico, que sostiene la idea de que reírse o burlarse de alguien por ser
diferente refuerza un sistema disciplinador que jerarquiza el género dominante y excluye o
margina a quienes no se ajustan a esa norma.
El derecho a vincularnos sexo-afectivamente con quienes deseemos implica poder habitar
nuestra orientación sexual sin condicionamientos. Este derecho también es producto de
luchas históricas por la despatologización de la homosexualidad, lesbianismo,
bisexualidad y la visibilización de diversas formas de vivir la sexualidad. Poner en valor la
diversidad, uno de los ejes de la ESI, implica romper con la cultura binaria que es
excluyente, y reconocer que las personas no nacemos con una manera de ser, pensar y
desear inmutables, sino que a lo largo de la vida puede cambiar.
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Para ver
Les compartimos este video desarrollado por el Programa Nacional de ESI donde se aborda el
tema de identidad y diversidad en escuelas secundarias:
https://www.youtube.com/watch?v=EStWxl-Tg1s&ab_channel=ProgramaNacionaldeEducaci%C3%B3nSexualIntegral
El amor romántico
En consonancia con lo que venimos trabajando, así como se determinan roles y mandatos
de género para diferentes aspectos de nuestras vidas, también se han naturalizado
maneras diferenciadas de vivir la experiencia afectiva- amorosa según el sexo asignado al
nacer. En este sentido, Oliva López y Flores Pérez (2017) señalan que no se suele visualizar
en una relación amorosa el carácter histórico y socialmente construido de las emociones
y de los sentimientos experimentados, sino que más bien aquellos tienden a ser
concebidos sólo como una vivencia íntima, propia de “la naturaleza humana” cuyo éxito o
fracaso se adjudica exclusivamente a la historia y capacidad individual de los sujetos.
Han sido las ciencias sociales las que han desplazado las emociones del cuerpo y de la
naturaleza para llevarlas a la cultura toda vez que los postulados sociológicos,
antropológicos e históricos sobre las emociones las conciben no sólo como elementos
psicofisiológicos (por sentirse en el cuerpo), sino también como parte constitutiva del
mundo simbólico de las personas, siempre en contextos determinados.
El análisis de las emociones pensadas como construcciones culturales y no únicamente
como respuestas biológicas y cognitivas universales, nos ayuda a comprender mejor la
vida social y cultural y cómo las regulaciones que orientan sus modos de expresividad
pueden ser revisados y puestos en cuestión. En este sentido también podemos decir que
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las emociones forman parte de la estructura social porque su contenido y significado dota
de sentido a las relaciones sociales según la clase, el género, la etnia y otras variables,
toda vez que sus significados son empleados para valorar o excluir a las personas.
Las concepciones sobre el amor, en cada momento y geografía, condicionan las
relaciones íntimas y suponen los modos personales de entender el deseo, nuestras
representaciones y prácticas en los vínculos amorosos. A su vez el mercado de consumo,
el arte, la literatura y los medios de comunicación también participan de la construcción
del ideal del amor romántico sustentado en el imaginario con expresiones tales como “la
media naranja” o “el alma gemela” que ha de asegurar la unión esperada y duradera; en el
orden de las prácticas concretas que llevan adelante las personas, estas visiones
esquemáticas, convocan figuras estereotipadas, es decir, varones fuertes y viriles y
mujeres dulces y discretas (Illouz, 2016).
El amor romántico, nacido en la modernidad, pero aggiornado y vigente en los tiempos
contemporáneos, se ha convertido en un modelo cuyos componentes han promovido un
orden emocional en términos complementarios para varones y mujeres. Y en ese orden no
solo se han habilitado cualidades emocionales diferenciadas por género, sino que, el
mundo de lo sensible se convirtió en un elemento fundante de la identidad femenina
mientras que ha ocupado un lugar tangencial en la masculina. Por ejemplo, emociones
tales como el miedo y la empatía aparecen más propias del mundo femenino mientras
que el enojo, el coraje y los celos se ubican como parte del masculino. De esta manera,
las emociones han servido al orden genérico para etiquetar las diferencias y sustentar las
desigualdades entre varones y mujeres, y otras identidades.
Nos interesa ubicar aquí, entonces, a la experiencia amorosa como las formas de sentir
socialmente establecidas y diferenciadas para las masculinidades y las femineidades e
identificar las emociones interiorizadas como parte de una supuesta naturaleza femenina
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o masculina para explicar el vínculo amoroso. Pretendemos contribuir, entonces, a la
desnaturalización y desencialización de las emociones, mostrando su variabilidad cultural
e histórica. Es necesario, entonces, hacer hincapié en los aspectos vinculados con su
construcción y reproducción que favorecen la desigualdad y la inequidad en las relaciones
de género.
Es así que, si podemos considerar el significado cultural de las emociones, estaremos en
mejores condiciones de cuestionar su acepción universal y aislada de contextos
institucionales y sociales. Es decir que las formas de sentir son variables en sus
significados y también en sus lenguajes, entendidos como las formas en la que las
emociones son “habladas”, qué decimos de ellas si es que decimos, ¿son las mismas las
habilitaciones sociales de su expresión para varones y mujeres?, ¿lo hacemos de iguales
modos, con los mismos “lenguajes”?
Ana María Fernández (1993) plantea la existencia de tres mitos asociados al imaginario
social de lo femenino: el de la mujer madre, el de la pasividad erótica y el del amor
romántico. Aquí nos detendremos en este último como una matriz cultural que continúa
condicionando la mirada social sobre los sentimientos en la pareja y sus regulaciones.
Los mitos del amor romántico
Podemos considerar que los mitos del amor romántico son el conjunto de creencias
socialmente compartidas sobre la “supuesta verdadera naturaleza del amor”. Los mismos
forman parte de los sistemas de creencias que sostenemos socialmente y nutren
extensamente muchas de las producciones culturales y los modos convencionales y
diferenciales por género en los que solemos posicionarnos en la pareja y en sus
acontecimientos y experiencias.
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Los principales mitos románticos son:
● Mito de la “media naranja”, o creencia de que elegimos a la pareja que teníamos
predestinada de algún modo y que ha sido la única elección posible.
● Mito de la pareja, creencia de que la pareja–heterosexual- es algo natural,
universal y que la monogamia amorosa está presente en todas las épocas y todas
las culturas.
● Mito de los celos, o creencia de que los celos son un signo de amor, e incluso el
requisito indispensable de un verdadero amor.
● Mito de la omnipotencia o creencia de que “el amor lo puede todo” y por lo tanto
si hay verdadero amor no deben influir los obstáculos externos o internos sobre la
pareja, y es suficiente con el amor para solucionar todos los problemas.
● Mito del libre albedrío, o creencia de que nuestros sentimientos amorosos son
absolutamente íntimos y no están influidos por factores socio-biológico-culturales
ajenos a nuestra voluntad y conciencia.
● Mito de la pasión eterna o de la perdurabilidad, esto es, la creencia de que el
amor romántico y pasional de los primeros meses de una relación puede y debe
perdurar.
Asumir este modelo de amor romántico y los mitos que de él se derivan puede dificultar la
reacción de las personas que viven en una situación de violencia por razones de género, ya
sea para ponerle fin, para denunciar o poner en acto alguna otra estrategia de
afrontamiento. Es así cómo, estas prácticas y mitos del amor romántico reproducen las
dependencias materiales, afectivas, sociales y subjetivas entre los sexos, por medio de
los mandatos en torno a las vivencias genéricas de las emociones, el deseo, la sexualidad
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y el cuerpo. Por lo cual, el amor tiene un papel fundamental en el proceso histórico de
subjetivación de las masculinidades y las femineidades, en la producción de las
identidades de género y en las regulaciones que pautan sus condiciones de relación.
Violencias en vínculos sexo afectivos adolescentes
Tal como venimos compartiendo, las formas en las que se expresan las violencias por
motivos de género en los vínculos sexo afectivos son diversas. Y pueden presentar sus
particularidades cuando se trata de adolescentes. Tal como comentamos en el módulo
anterior, cuando “nos referimos a vínculos “sexo-afectivos” entendemos que abarcan
todas las maneras de relacionarnos -sean más o menos estables- en las cuales se
desarrollan emociones, se comparten experiencias y también se construye la intimidad
sexual. Pueden ser nombrados de diversas maneras: novios, novias, compañeras,
compañeros, amigovias, amigovios, parejas, etc.” (Referentes Escolares de ESI Educación
Secundaria: parte I, Pág. 37). También vale recordar aquí algo que hemos visto: las
violencias de género se sostienen por una relación asimétrica de poder, esto quiere decir
que siempre se trata de violencias ejercidas por varones hacia mujeres y LGBTBIQ+. En
este marco, el abanico de manifestaciones puede ir desde expresiones de celos,
controles de celular y redes sociales, vigilancia sobre los vínculos, sanción sobre la
vestimenta, hasta coerciones sobre las acciones a realizar, las formas de mantener
intimidad llegando así a formas que se definen como las violencias físicas.
Es importante mencionar que no todos los vínculos atraviesan situaciones de violencias y
que no todas las formas de violencias se expresan en un mismo vínculo. Gracias al trabajo
“contracultural” que viene desarrollando la ESI en las escuelas, las nuevas generaciones
van pudiendo incorporar una mirada crítica sobre sus relaciones que tiempo atrás no
existía. Pero también es preciso afirmar, que este trabajo debe continuar dado que aún
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muchas de estas manifestaciones de violencia permanecen naturalizadas. En este
sentido, el desarrollo conceptual que venimos compartiendo es de utilidad para
enriquecer esa mirada crítica que permite visibilizarlas.
Ahora bien, cuando en un vínculo adolescente existe el maltrato, suele ser difícil, al
menos en una primera instancia, que las protagonistas puedan dar cuenta de la situación
que están viviendo. Hay factores de diverso origen a su alrededor que les impide ver el
rumbo que está tomando la relación: el amor romántico con sus componentes de auto-
renuncia y sacrificio de la autonomía, la idealización de la pareja, la tolerancia por amor,
la naturalización y minimización de los celos o las actitudes posesivas, el temor a los
efectos que puede causar una denuncia de los hechos, entre otros (Tilli G. y Del Luca C.,
2014).
Por otro lado, en las y los adolescentes, como ocurre en las personas adultas, los
episodios de violencia suelen tener un carácter cíclico que alterna períodos de calma y de
manifestaciones afectivas con otros de tensión, conflictos y maltrato. En muchos casos
suele ocurrir que, luego de un acto abusivo, el joven pide perdón, promete no volver a
comportarse así o tiene gestos de consideración hacia su pareja como estrategias para
mantener la relación. Ello también contribuye a la confusión y al surgimiento recurrente
en ellas de esperanzas en torno a la posibilidad de que las cosas puedan mejorar.
En este tipo de relaciones subyace el concepto de amor romántico, con su carga de
sacrificio, abnegación y entrega, que se les enseña a las mujeres desde que nacen y en
cuyos mandatos se filtra permanentemente la cultura.
La construcción de los mitos del amor romántico puede promover la naturalización de
ciertos episodios de violencias bajo la idea que el amor todo lo puede que tiende a
promover la idea de tolerancia ante el control excesivo, los celos o la quita de las
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autonomías, sobre todo en mujeres e identidades feminizadas. Es fundamental promover
la idea que cuando comienzan a vincularse sexo-afectivamente con otras personas desde
un lugar de responsabilidad, respeto mutuo, diálogo, es propicio para la autonomía las
relaciones en las adolescencias y juventudes. Es necesario brindar herramientas para
reconocer situaciones de violencia que puedan estar atravesando y pedir ayuda a las
redes afectivas y alejarse si fuera necesario.
Por todas estas características es imperioso continuar construyendo con las y los jóvenes
nuevas significaciones de los vínculos sexo-afectivos y de los géneros, que comprendan el
respeto hacia las demás personas, un refuerzo de la estima personal y la posibilidad de
una adecuada expresión de los sentimientos. Responder a un estereotipo de género es
perjudicial no solo para las mujeres, a los varones también les genera un costo muy alto
en su salud mental y física, que no siempre es visibilizado. En el Módulo 5
profundizaremos en este tema.
Recomendamos ver este video que reúne muchos de los conceptos que venimos
trabajando:
https://www.youtube.com/watch?v=0MSTU7mpfrs&list=PLdErRfhsb4srODnKnaqIAhYAr51nJXjgu&index=14
Recursos para el abordaje en las aulas
Con relación al desarrollo curricular específicamente, les proponemos reconocer cinco
dimensiones conceptuales que pueden ayudar a organizar los contenidos en torno a la
prevención y el abordaje de las violencias por razones de género:
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a) El conocimiento del contexto social, histórico y cultural: La comprensión de los
procesos sociales, económicos y políticos, que implicaron cambios en las
configuraciones familiares, en la participación de varones, mujeres y LGBTIQ+ en distintos
ámbitos de la vida social y en el reconocimiento de los derechos humanos, genera una
reflexión crítica sobre las tradiciones, los estereotipos y modelos hegemónicos de
vivenciar nuestras identidades de género.
De este modo, desarrollando una mirada reflexiva vinculada al desarrollo progresivo de los
derechos humanos en general y de las mujeres y LGBTIQ+ en particular, podemos trabajar
con las y los estudiantes la legislación vigente vinculada a la temática de este curso, como
producto de las luchas y demandas de los movimientos feministas y de otros colectivos
sociales, el reconocimiento de las distintas formas de violencias por razones de género,
de la desigualdad de hecho y de las formas de trato entre pares como producto de esta
matriz histórica, social y cultural que llamamos “patriarcado”.
b) El conocimiento y respeto por el propio cuerpo y el cuerpo de las/os otras/os:
Partiendo del reconocimiento de la sexualidad como elemento constitutivo de la
identidad, y a su vez como un campo complejo que articula dimensiones biológicas,
políticas, sociales, psicológicas, éticas, se pueden promover oportunidades para la
reflexión y valoración del cuerpo como expresión de la subjetividad, y como soporte de la
confianza, el crecimiento y la autonomía progresiva en igualdad de condiciones. También,
en tanto se promueve el conocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, y el
reconocimiento de situaciones que implican la violación de la intimidad propia y ajena, se
fortalecen los procesos de construcción de identidad y autoestima y se pueden prevenir
las distintas formas de violencia por razones de género.
c) El reconocimiento de los derechos y desarrollo de competencias y habilidades de
autoprotección: Identificando actitudes discriminatorias, de imposición sobre los
ESI: Abordaje de las violencias por razones de género y promoción de la igualdad en las escuelas bonaerenses | 22
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derechos de otros/as, y de vulneración de derechos en general, constituye junto con el
reconocimiento y puesta en práctica de herramientas de autoprotección, un eje
fundamental para trabajar los contenidos de género y violencias por razones de género. En
este sentido, es muy importante no reducir las violencias por razones de género a sus
formas extremas, como pueden ser la violencia física, el feminicidio, el transfemicidio o el
travesticio. Es preciso dar cuenta de todos los tipos y modalidades de violencia, sobre
todo aquellos que pasan más desapercibidos por estar más naturalizados, como puede
ser la presión del grupo de pares para socializar algo sobre la propia intimidad o la
coerción sutil para el inicio de una relación sexual.
d) La importancia del respeto por la diversidad: es fundamental albergar la diversidad
en las aulas, cuestionar los enfoques que conllevan una línea de continuidad y presunción
sobre las identidades de género y las orientaciones sexuales.
e) La apropiación de la afectividad como dimensión inescindible de los vínculos: Para
las/os adolescentes los vínculos, las pertenencias/referencias grupales, los sentimientos
de inclusión/exclusión, la habilidad para comunicarse y expresar sus propias emociones y
sentimientos, son cuestiones decisivas que marcan sus vidas, su autonomía y
autoestima. Este mundo afectivo tiene que poder ser hablado, expresado, hasta
podríamos decir, ejercitado, para lograr construir relaciones sociales y vínculos sexo
afectivos saludables.
Con relación a estos contenidos, hacia fines de 2015 se sancionó la Ley Nacional 27.234
“Educar en Igualdad: prevención y erradicación de la violencia de género”, que establece
la obligatoriedad de realizar al menos una jornada anual en las escuelas primarias,
secundarias y terciarias de todos los niveles y modalidades, ya sean de gestión estatal o
privada. El objetivo que esta ley enuncia es el de contribuir a que alumnos/as y docentes
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desarrollen y afiancen actitudes, saberes, valores y prácticas que promuevan la
prevención y la erradicación de la violencia de género.
Para el trabajo en las aulas sobre estos temas, les proponemos los siguientes materiales:
Jornada Nacional Educar en Igualdad. Prevención y erradicación de la violencia de género.
Orientaciones para las instituciones educativas.
A partir de la página 32 de la publicación, encontrarán actividades para realizar los días
previos en cada espacio curricular, y una propuesta de actividades para llevar adelante el
día de la jornada.
Ministerio de Educación y Deportes de la Nación Educación sexual integral para la
educación secundaria II: contenidos y propuestas para el aula, donde encontrarán los
contenidos curriculares y las secuencias pedagógicas para trabajar en las aulas los
siguientes temas:
✔ La inequidad de género como componente cultural/social que favorece relaciones
abusivas en la pareja
✔ Los modelos de vinculación en las parejas
✔ Las violencias por razones de género en los vínculos de pareja entre adolescentes
✔ Promover vinculaciones saludables entre pares
✔ Fortalecer el buen trato y la autoestima individual y grupal
✔ Abordar las ideas previas de las y los estudiantes relacionadas con la
discriminación como fenómeno social
✔ Situaciones posibles de discriminación por orientación sexual y sus consecuencias
para quienes las padecen
✔ Avances históricos relacionados con proteger los derechos de LGBTIQ+
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En los títulos disponibles para nivel secundario de la Colección ESI encontrarán textos y
guías para el abordaje en las aulas de los siguientes contenidos:
Nick y Charlie:
- La pareja, el amor y el cuidado mutuo en las relaciones afectivas. Mirada hacia la
violencia de género en el noviazgo.
- El derecho de las personas a vivir su sexualidad de acuerdo a sus convicciones y
preferencias en el marco del respeto por las otras personas.
Color de rosa:
- La pareja, el amor y el cuidado mutuo en las relaciones afectivas. Mirada hacia la
violencia de género en el noviazgo.
- El reconocimiento y respeto de las distintas maneras de ser mujer y de ser varón.
- El análisis crítico de la feminidad y la masculinidad en distintos contextos.
- El derecho de las personas a vivir su sexualidad de acuerdo a sus convicciones y
preferencias en el marco del respeto por los demás.
- La violencia de género en la adolescencia.
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Para ver
Les compartimos un video desarrollado por el Programa nacional de ESI que aborda la
temática de amor romántico y violencias en escuelas secundarias
https://www.youtube.com/watch?v=DfktiqQQtE8&ab_channel=ProgramaNacionaldeEd
ucaci%C3%B3nSexualIntegral
La guía con actividades para el aula que acompaña este recurso pueden encontrarla
aquí.
Bibliografía
● Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Barcelona: Anagrama.
● Bosch Fiol, E. y Ferrer Pérez, V. “Del amor romántico a la violencia de género. Para
una coeducación emocional en la agenda educativa.” En Profesorado. Revista de
curriculum y formación del profesorado. Vol. 17, número 1, enero-abril de 2013.
Universidad de Granada. España, pp 105-122.
● Butler, J. (2001). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad.
México: PUEG-Paidós.
● Cabral, M. & Mafía, D. (2003). Los sexos ¿son o se hacen? En Mafía, D. (comp.)
Sexualidades migrantes. Género y transgénero. Buenos Aires: Feminaria Editora.
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2025 • Año del Centenario de la Refinería YPF La Plata: Emblema de la Soberanía Energética Argentina
● Dirección General de Cultura y Educación. Provincia de Buenos Aires (2012)
Comunicación Conjunta 1/12. “Guía de Orientación para la Intervención en
Situaciones Conflictivas y de Vulneración de Derechos en el Escenario Escolar”.
● Fernández, A. M. (1993). La mujer de la ilusión. Buenos Aires: Paidós
● Fernández, Ana María (2022) Las violencias por razones de género: políticas,
debates, actualizaciones, Fascículos I, II, III parte 1 y III parte 2. Provincia de
Buenos Aires, Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de
la Provincia de Buenos Aires
● Illouz, E (2016). Por qué duele el amor. Una explicación sociológica. Buenos Aires:
Katz Ediciones y Capital Intelectual.
● López Sánchez O. y Flores Pérez, E. (2017). Capitulo “Reflexiones iniciales para una
genealogía del amor romántico en clave de emociones”. En Abramowski A. y
Canevaro S. Compiladores (2017) Pensar los afectos. Aproximaciones desde las
ciencias sociales y las humanidades. Buenos Aires: Universidad Nacional de
General Sarmiento.
● Mattio, E. (2012): ¿De qué hablamos cuando hablamos de género? Una
introducción conceptual (pp. 85-103). En Morán Faúndes, J. M.; y Vaggione, J. M.
(eds.) Sexualidades, desigualdades y derechos. Reflexiones en torno a los derechos
sexuales y reproductivos. Córdoba: Ciencia, Derecho y Sociedad.
● Ministerio de Educación de la Nación. (2012) Educación sexual integral para la
educación secundaria II: contenidos y propuestas para el aula. Buenos Aires (Serie
Cuadernos de ESI).
● Morgade G. (2001): Aprender a ser mujer, aprender a ser varón. Buenos Aires:
Ediciones Novedades Educativas.
● Rubin, G (1975). El tráfico de mujeres. Notas sobre la “Economía Política” del sexo.
Procedencia del texto: Revista Nueva Antropología, noviembre, año/vol.VIII
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● Tarducci, M. y Zelarayán, M. (2011): Nuevas historias: géneros, convenciones e
instituciones. En Demarco, de Isla e Isnardi (comps) Equis. La igualdad y la
diversidad de género desde los primeros años. Buenos Aires: Las Juanas Editoras.
● Tilli, G. y Del Luca, C. (2010). Relaciones Abusivas en los Noviazgos Adolescentes.
Un Proyecto de Prevención. Buenos Aires, Fundación Dignos de Ser y Ministerio de
Desarrollo Social de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
● Wittig, M. (2006) El pensamiento Heterosexual. Barcelona: Egales.
Licencia Creative Commons
Autoras: Paula Costas y Andrea Mariño (Dirección de Educación Sexual Integral, Dirección
General de Cultura y Educación, Provincia de Buenos Aires).
Revisión: Escuela de Género, Gobierno y Comunidad, Ministerio de Mujeres y Diversidad,
Provincia de Buenos Aires. (2025).
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