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3 Control Motor

El capítulo aborda las bases neurofisiológicas del control motor, destacando la importancia de las neuronas y neurotransmisores en la transmisión de información para el movimiento. Se analizan diversas teorías sobre el control motor, incluyendo la teoría de los reflejos, la jerárquica y la de programación motora, que ofrecen diferentes perspectivas sobre cómo el cerebro controla el movimiento. Además, se describen los sistemas de acción y sensoriales involucrados en el control motor, incluyendo la corteza cerebral, ganglios basales, cerebelo y médula espinal, que trabajan en conjunto para coordinar y ejecutar movimientos complejos.

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3 Control Motor

El capítulo aborda las bases neurofisiológicas del control motor, destacando la importancia de las neuronas y neurotransmisores en la transmisión de información para el movimiento. Se analizan diversas teorías sobre el control motor, incluyendo la teoría de los reflejos, la jerárquica y la de programación motora, que ofrecen diferentes perspectivas sobre cómo el cerebro controla el movimiento. Además, se describen los sistemas de acción y sensoriales involucrados en el control motor, incluyendo la corteza cerebral, ganglios basales, cerebelo y médula espinal, que trabajan en conjunto para coordinar y ejecutar movimientos complejos.

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10 Bases neurofisiológicas del control motor

M. F. Rodríguez-Bonache y M. J. Rodríguez-Bonache
INTRODUCCIÓN
El campo del control motor comprende el estudio de la naturaleza del movimiento y de su
control. En este capítulo se abordarán las bases neurofisiológicas del control motor. Para ello,
deben conocerse las estructuras del sistema nervioso humano y las funciones que realiza para
llevar a cabo el control del movimiento. Distintas teorías intentan dar explicación a este tema,
pero en realidad- cada una de ellas aborda un aspecto distinto. La integración de todas ellas
permite acercarse cada vez más a un conocimiento más completo de este apasionante tema.
Las neuronas tienen ün papel muy importante y que, a través de ellas, los neurotransmisores
transmiten la información, que se va propagando a través de los axones por las vías nerviosas
hasta llegar a los músculos y dan lugar, así, al movimiento. A veces, este movimiento se origina
en niveles más superiores y, en otras ocasiones, se ejecuta a nivel más inferior. El objetivo de
este capítulo es comprender cómo mediante los sistemas de relación, el sistema nervioso es
capaz de procesar la información para llevar a cabo, a través de la corteza motora y de las vías
nerviosas, un movimiento concreto o mantener una postura determinada. CONCEPTOS El
control motor se define como la capacidad para regular o dirigir los mecanismos esenciales
para el movimiento, y surge de la interacción entre el individuo, la actividad y el ambiente. Se
define también como la transmisión sistemática de impulsos nerviosos desde la corteza motora
a las unidades motoras, lo que produce contracciones coordinadas de los músculos.
El estudio del control motor también implica el análisis de la causa y la naturaleza del
movimiento. Desde este punto de vista, puede asociarse tanto con la estabilización del cuerpo
en el espacio, es decir, con el control de la postura y del equilibrio, como con el desplazamiento
del cuerpo en el espacio, o sea, con el control motor aplicado al movimiento.
La motricidad se define como la propiedad de los centros nerviosos de provocar la contracción
muscular. La organización de la motricidad es compleja y se puede definir como la capacidad
de desplazar en el espacio todo el organismo o parte de él, mediante la contracción de los
músculos que actúan sobre las palancas óseas. Guigon et al. sugieren que el control motor
podría explicarse en términos de un limitado conjunto de principios computacionales.
TEORÍAS SOBRE EL MOVIMIENTO HUMANO
Hoy en día existen diversas teorías sobre el control motor, las que reflejan fisiológicamente
distintos puntos de vista sobre cómo el cerebro controla el movimiento. Por ejemplo, la teoría
de los reflejos se basa en el trabajo de Sherrington (un neurofisiólogo), que consideraba el
reflejo como la unidad fundamental del control motor y desarrolló posteriormente el concepto de
reflejos encadenados.
Otra de las teorías que intentan explicar el control motor es la teoría jerárquica. Hughlings
Jackson (un médico) aportó, junto con otros muchos investigadores, sus conocimientos para
que se desarrollara el concepto de que el sistema nervioso estaba organizado de forma
jerárquica: los niveles superiores ejercen control sobre los niveles inferiores.
La teoría de la programación motora se basa en los generadores centrales de patrones (GCP),
los cuales pueden dar lugar a movimientos por sí mismos. Bernstein (un neurofisiólogo)
desarrolló la teoría de los sistemas, que consideran al cuerpo como un sistema influido por
fuerzas internas y externas. La teoría de los sistemas dinámicos se centra en la
autoorganización. La teoría del procesamiento de distribución en paralelo se basa en que el
sistema nervioso es capaz de procesar la información a través de sistemas tanto en serie como
en paralelo. Esta teoría también explica cómo se adquieren nuevas habilidades.
Greene (un biólogo) abogó por la teoría de las actividades, que se refiere a cómo el sistema
nervioso central debe resolver una serie de problemas para realizar el movimiento. Finalmente,
Gibson (un psicólogo) estudió cómo el entorno proporciona la información adecuada para
realizar un movimiento determinado: «la organización de la acción es especial para la actividad
y el medio ambiente en que se realiza. Éste es el concepto en que se basa la teoría del medio
ambiente. Así, las teorías sobre el control motor son más que una aproximación para explicar el
movimiento. Con frecuencia subrayan diferentes aspectos de neurofisiología y de
neuroanatomía, subyacentes a ese movimiento, pero no hay ninguna teoría sobre el control
motor que explique todos sus aspectos. Sería más ajustado a la realidad considerar sistemas
paralelos de control que conllevan la integración de todos los niveles, más que una jerarquía
con diseño secuencial. Todos los niveles de control son necesarios, desde la médula espinal
hasta la corteza cerebral, para conseguir una integración que permita la realización de
movimientos refinados, coordinados o de habilidad. Además tanto el entorno en el que se
realiza el movimiento como sus características influyerı también en la forma en la que el
sisterna nervioso lo organiza.
TIPOS DE MOVIMIENTO HUMANO
Los sistemas motores generan movimientos reflejos, rítmicos y voluntarios. Los movimientos
reflejos y rítmicos son producidos por patrones estereotipados de contracción muscular. Los
movimientos voluntarios obedecen a principios psicofisicos y, así, poseen ciertas características
que no varían y que están dirigidas por programas motores. Los movimientos voluntarios son
aquellos que se realizan con una finalidad y que mejoran con la práctica gracias a los
mecanismos de retroacción y acción anticipadora, es decir, que se diseñan aprovechando las
experiencias previas y las señales anterógradas que se envían a los músculos. Además de la
información anterógrada, también se utiliza la información de retroalimentación relativa al
movimiento y a la situación del cuerpo en relación con el entorno. Los movimientos voluntarios
renuncian a la velocidad en beneficio de la precisión, y se debe tener en cuenta que el tiempo
de reacción varía con la cantidad de información procesada. Todos los movimientos voluntarios,
incluyendo la postura, el equilibrio y la marcha, están fundamentados en estos principios de la
información anterógrada y de las señales de retroalimentación. De hecho, no hay una
separación real entre los movimientos voluntarios y el control postural que mantiene el cuerpo
en posición erecta con ayuda de los reflejos y las respuestas automáticas.
También puede considerarse que hay tres tipos de motricidades, que corresponden a las tres
modalidades sensitivas: consciente, inconsciente y visceral. De la corteza cerebral surge la vía
piramidal corticoespinal, que dirige y asegura la ejecución de los actos motores y que es la gran
vía de la motricidad voluntaria y, por lo tanto, consciente. La segunda clase de motricidad
regulariza la ejecución de los movimientos voluntarios y asegura su automatismo; corresponde
a las vías denominadas extrapiramidales y es la motricidad inconsciente. Las vísceras poseen
sus propias vías y, por lo tanto, su propia motricidad.
IMPLICACIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO EN EL CONTROL MOTOR. SISTEMAS DE
ACCIÓN Y SISTEMAS SENSORIALES
Sistemas de acción
Corteza cerebral
Es un área implicada en la integración de las sensaciones que proceden de las áreas de
asociación con el control de los movirnientos y de la postura.
La corteza cerebral es donde surgen los impulsos para realizar los movimientos voluntarios y
es también el centro principal para su control. La corteza realiza dicho control utilizando la
información que recibe del cerebelo, de los ganglios basales y de otros centros del sistema
nervioso central (SNC), así como las señales de retroalimentación, procedentes de la periferia.
Las fibras de proyección que proceden de las áreas visual y auditiva del cerebro permiten la
integración cortical de la información visual y auditiva para poder modificar la actividad del área
motora primaria. Cuando la vía corticoespinal transmite información a la médula espinal, esta
misma información es recibida por los ganglios basales, el tronco encefálico y el cerebelo.
Cuando el movimiento es adecuado, se induce una potenciación general positiva de
retroalimentación que registra este movimiento para su posible uso en el futuro.
La transición desde la percepción hasta la acción se realiza gracias a que la corteza cerebral
puede percibir, comprender e integrar los diferentes estímulos positivos. Su función principal en
el movimiento es la planificación y la ejecución de muchas actividades motoras complejas.
La corteza motora ocupa la mitad posterior de los lóbulos frontales. Comprende distintas áreas
motoras, como el área motora primaria y el área premotora o área de asociación motora. Las
señales generadas en la corteza premotora dan lugar a acciones musculares más complejas.
La corteza motora interactúa con las áreas de procesamiento sensorial en el lóbulo parietal y
también con los ganglios basales y con las áreas cerebelosas, para identificar a dónde quiere la
persona moverse, para planear el movimiento y, finalmente, ejecutar las acciones. Esto se
consigue gracias a que esas áreas transmiten señales de manera retrógrada a la corteza
motora a través del tálamo. La mayor parte de las neuronas de la corteza motora primaria se
activan sólo durante un periodo de tiempo muy corto, antes del movimiento y durante éste. Las
neuronas relacionadas con el movimiento y localizadas en las áreas premotoras se pueden
activar durante movimientos que están relacionados con tareas específicas. Existe una
jerarquía de representaciones neuronales de las características de cada tarea dentro de las
diferentes áreas corticales.
Ganglios basales
Los ganglios basales están constituidos por un conjunto de núcleos situados en la profundidad
del encéfalo que controlan los movimientos y el tono muscular. Están implicados en todos los
tipos de movimiento, pero su función predominante es la provisión de información interna para
la realización de los movimientos de forma correcta y suave. Desempeñan un papel
fundamental en el inicio selectivo de la mayor parte de las actividades corporales, así como en
la supresión, también de forma selectiva, de los movimientos inadecuados.
Con respecto a los movimientos, los ganglios basales preparan y mantienen el soporte tónico y
postural básico, garantizan el curso normal de los movimientos voluntarios y participan en la
programación y la ejecución de los movimientos automáticos aprendidos y de los asociados
involuntarios. Así, la función de los ganglios basales se relaciona con la planificación y el
control de la conducta motora compleja.
Diencéfalo
Se define como las estructuras que rodean al III ventrículo. Sus estructuras más importantes
son: el tálamo, que mantiene conexiones bidireccionales con la corteza y con los ganglios de la
base y es estación de todas las vías ascendentes; el hipotálamo, fundamental en la regulación
de las funciones corporales internas; el subtálamo y el epitálamo.
El tálamo está relacionado con la transmisión fiel de información sensorial, la selección de
impulsos aferentes, la modulación de eferencias, la sincronización y la desincronización de la
actividad cortical, el procesamiento de la mayoría de la información aferente hacia la corteza
desde las numerosas vías paralelas de entrada (médula espinal, cerebelo y tronco encefálico) y
el almacenamiento y la modificación de señales. Estas vías permanecen separadas durante el
procesamiento talámico y durante la posterior salida a las diferentes partes de la corteza.
Cerebelo
El cerebelo es el órgano regulador de las actividades motoras. Tiene una importancia clave
(junto con el tronco del encéfalo) en el control de la postura y el equilibrio y participa en el
control del movimiento voluntario (junto con los ganglios basales y el tálamo), coordinando la
acción de los músculos y regulando su tono. Además, modula las reacciones vestibulares y
contribuye a la normalidad de la bipedestación y de la marcha, gracias a la constante recepción
de informaciones acerca de la situación inmediata del aparato locomotor. Desempeña un papel
importante en los procesos de planificación, secuenciación, coordinación, corrección y
predicción de las actividades motoras, en especial en lo que se refiere al aprendizaje motor y
no motor y al proceso de adquisición de las habilidades motoras. También participa en el
control de los movimientos provocados visualmente y de los movimientos guiados.
El cerebelo actúa como un dispositivo de corrección de errores para la realización de
movimientos dirigidos hacia objetivos concretos, comparando la intención con la actuación.
Esta comparación es realizada gracias a que recibe información sobre la posición del cuerpo y
los movimientos que se están realizando, y después calcula y genera las señales adecuadas
para que los centros efectores del tronco encefálico corrijan la postura y suavicen los
movimientos. Así, el cerebelo establece comparaciones entre el plan de movimiento (que
realizan los centros superiores de la corteza motora) y la señal que emite (es decir, el
rendimiento de las partes respectivas del cuerpo), y puede modificar dicha señal en los casos
de discrepancia entre plan y rendimiento. De esta forma, las zonas distales de los miembros
pueden realizar los movimientos complejos, precisos y deliberados requeridos, al conseguirse
movimientos suaves y coordinados de los grupos musculares agonistas y antagonistas. Es
esencial para el control de las actividades musculares muy rápidas y su pérdida origina
movimientos no coordinados y ralentizados.
Tronco encefálico
El tronco encefálico pone en contacto la médula espinal con la corteza cerebral y regula la
acción de los circuitos motores medulares. Está constituido por el mesencéfalo, la
protuberancia y el bulbo raquídeo. En la zona central de esta región se encuentran grandes
conglomerados de sustancia reticular. Por esta región pasan las principales vías que conectan
el cerebro con la médula espinal, y la región es el punto de salida de los pares craneales en el
SNC.
Las funciones del tronco encefalico relacionadas con el sistema motor son: el soporte del
cuerpo frente a la fuerza de la gravedad; el inicio de las contracciones básicas de los músculos
posturales del tronco, el cuello y las zonas proximales de la musculatura de los miembros; la
generación de movimientos groseros y estereotípicos del cuerpo, y el mantenimiento del
equilibrio. También controla los músculos más distales, siendo por lo tanto importante para los
movimientos dirigidos a objetivos, en particular, del brazo y de la mano. La asociación entre la
sustancia reticular, el cerebelo, los ganglios basales y las regiones corticales consigue todo
ello. El control postural axial y el de los movimientos groseros tienen lugar mediante la
integración de la información visual, vestibular y somatosensitiva, que alcanza la formación
reticular y que llega a través de muchos orígenes, incluyendo las vías espinorreticulares, las
colaterales de las vías espinotalámicas, los núcleos vestibulares, el cerebelo, los ganglios
basales, la corteza cerebral y el hipotálamo. Son las neuronas más pequeñas las que
establecen múltiples conexiones en cada una de estas áreas, mientras que las grandes suelen
pasar de largo y poseen una función principalmente motora.
Médula espinal
La médula espinal es, desde el punto de vista filogenético, la porción más antigua del neuroeje,
en tanto que es la más sencilla desde el punto de vista funcional. Constituye un todo solidario y,
por lo tanto, aunque los segmentos medulares sean teóricamente autónomos, no funcionan en
realidad si no están enlazados unos con otros. Así, es un órgano plurisegmentario que depende
de las estructuras que tiene encima y de las cuales recibe o a las cuales envía fascículos de
unión. Elabora órdenes para que los efectores lleven a cabo respuestas involuntarias o reflejas,
que son las que permiten al individuo reaccionar de manera rápida y sin necesidad de pensar.
En la médula espinal confluyen todos los impulsos que van a actuar sobre los músculos de las
extremidades y del tronco.
Hay varios millones de neuronas en la sustancia gris de cada segmento de la médula espinal,
que controlan y ejecutan el movimiento. Entre ellas hay neuronas de transmisión sensitivas,
motoneuronas anteriores e interneuronas. Estas últimas tienen una función de integración y
procesamiento en el interior de la médula espinal, que es fundamental para el control de la
función motora, gracias a las abundantes interconexiones que muestran, tanto entre sí como
con las motoneuronas del asta anterior. Un tipo específico de interneurona que se localiza en el
asta anterior de la médula espinal es la célula de Renshaw. Los axones de las células de
Renshaw vuelven a los cuerpos de las motoneuronas alfa así como a los cuerpos de las
motoneuronas gamma y forman sinapsis inhibitorias.
El encéfalo pone en marcha un programa motor de movimiento de la extremidad, enviando
señales a la médula espinal. Algunas de esas señales se transmiten directamente a las
neuronas motoras, pero la mayoría hace relevos a través de diversas interneuronas. La
mayoría de las interneuronas medulares recibe también aferencias convergentes de muchas
modalidades somatosensitivas. A su vez, se proyectan de forma directa e indirecta a muchos
núcleos motores diferentes.
La sustancia gris de la médula espinal es el área de integración de los reflejos espinales y de
otras funciones motoras automáticas y contiene los circuitos necesarios para la realización de
movimientos más sofisticados y de ajustes posturales. A través de las raíces nerviosas
sensitivas, las señales sensitivas llegan a la médula espinal, desde donde se dirigen hacia el
mismo segmento de la médula espinal o hacia otros segmentos adyacentes, finalizando en la
sustancia gris e induciendo la aparición de respuestas segmentarias locales. También se
dirigen hacia centros superiores del SNC y centros del tronco encefalico, proporcionando
información y experiencias sensitivas conscientes e inconscientes.
Los reflejos son respuestas motoras coordinadas, involuntarias, iniciadas por un estímulo
aplicado a los receptores periféricos. Algunos reflejos inician ciertos movimientos para evitar
situaciones potencialmente peligrosas. Muchos grupos de interneuronas en las vías reflejas de
la médula participan también en la producción de movimientos complejos, como caminar y
transmitir órdenes voluntarias, procedentes del encéfalo. Además, algunos componentes de las
respuestas reflejas están mediados por centros supramedulares. Las aferencias sensitivas
sirven como estímulo para el movimiento reflejo que se origina en la médula espinal y modulan
el resultado del movimiento procedente de la actividad del GCP, también en la médula espinal.
Sistemas sensoriales
Las aferencias sensoriales llevan a cabo múltiples funciones en el control del movimiento. Los
sistemas sensitivos del individuo forman representaciones internas de su cuerpo y del mundo
exterior. Una de las principales funciones de estas representaciones es guiar el movimiento.
En el sistema somatosensorial, los husos musculares, los órganos tendinosos de Golgi, los
receptores articulares y los receptores cutáneos contribuyen al control de los reflejos
medulares, modulan el resultado del generador de patrones medulares, modulan las órdenes
descendentes y contribuyen a la percepción y al control del movimiento a través de las vías
ascendentes.
La visión permite identificar objetos en el espacio y determinar su movimiento (sensibilidad
exteroceptiva) y da información al individuo sobre dónde está su cuerpo en el espacio, sobre la
relación de una parte del cuerpo con otra y sobre el movimiento del cuerpo (propiocepción
visual). Jamet et al. refieren cómo las personas más ancianas, al ser más dependientes de la
información visual para asegurar el control del equilibrio, sufren una perturbación de éste ante
la pérdida del anclaje visual externo cuando ejecutan una tarea mental. En la misma dirección,
Anand et al. indican por qué los ancianos, muchos de los cuales tienen una visión pobre y una
degeneración del SNC y del sistema musculoesquelético, tienen mayor riesgo de caídas.
El sistema vestibular es sensible a dos tipos de información: la posición de la cabeza en el
espacio y los cambios repentinos en la dirección del movimiento de la cabeza. Determinados
circuitos del tronco encefalico controlan los movimientos de los ojos y de la cabeza. Para Siu y
Woollacott, su estudio sugiere la existencia de una jerarquía en las tareas de la atención con la
estabilidad postural, siendo una prioridad estabilizar la mirada y la posición de la cabeza.
Según Ward et al., las actividades con dependencia cognitiva interfieren entre el procesamiento
auditivo central y el procesamiento vestibular primariamente en el plano sensorial en vez de en
el plano motor. La corteza utiliza la información que le proporciona el aparato vestibular (mide la
aceleración y la inclinación) para generar una medida subjetiva de automovimiento y una
percepción del mundo externo. Conforme la información sensorial asciende a niveles más altos
de procesamiento, cada nivel de la jerarquía tiene la capacidad de modular la información que
le llega de más abajo, permitiendo a los centros más altos ajustar selectivamente (hacia arriba
o hacia abajo) la información procedente de los centros más bajos. La información que
proviene de los receptores sensoriales se procesa de forma progresiva conforme asciende por
la jerarquía neurológica, permitiendo la interpretación significativa de la información. Esto se
logra aumentando selectivamente el campo receptor de cada neurona, respecto a su neurona
inferior.
Los sistemas somatosensorial y visual procesan la información aferente para aumentar la
sensibilidad discriminativa, de forma que la persona pueda identificar y discriminar más
fácilmente entre objetos diferentes. Esto se realiza a través de la inhibición lateral, en la cual la
célula que está excitada inhibe a las células contiguas, mejorando -por lo tanto- la
discriminación entre regiones esitadas y no excitadas del cuerpo o del campo visual. También
hay células especiales dentro de los sistemas somatosensorial y visual que responden mejor a
los estímulos de movimiento y que son sensibles a la dirección.
En la corteza asociativa comienza la transición entre la percepción y la acción. El lóbulo parietal
participa en los procesos relacionados con la atención a la posición y a la manipulación de
objetos en el espacio. Redfern et al. sugieren que el componente de integración sensorial del
control postural parece requerir atención. Además, sus datos sugieren que los procesos de
atención relacionados con el control inhibitorio se ven afectados cuando los requerimientos de
la integración sensorial son altos. Westlake y Culham refieren que en la reintegración
propioceptiva hay una mejora de las respuestas posturales a corto plazo tras un programa
sensorial específico de ejercicios de equilibrio, según apoyan los resultados de su estudio.
Transmisión de la información
La información se transmite entre las neuronas gracias a la sinapsis. Los elementos más
importantes de ella son la membrana presináptica, la hendidura sináptica y la membrana
postsináptica. Gracias a sustancias químicas (neurotransmisores) y a señales eléctricas, la
información es capaz de viajar a través de las neuronas de forma rápida, lo cual es
fundamental para la realización del movimiento humano.
Para que esto ocurra se precisa un potencial de membrana o de reposo, que dará lugar a un
potencial de acción; éste se pone en funcionamiento gracias a las variaciones de flujo de
corriente de entrada y de salida de las neuronas, que se propaga a lo largo del axón. Cuando el
potencial de acción llega a la membrana presináptica, se liberan neurotransmisores en la
hendidura sinaptica, facilitando que éstos se unan a sus correspondientes receptores en la
membrana postsináptica, unión que origina que se modifique el potencial en dicha membrana.
El movimiento no podrá realizarse si el potencial de acción se interrumpe totalmente, y estará
alterado si la propagación de la señal es anómala.
Los músculos envían información continua al SNC sobre el movimiento: los cambios en la
tensión de los músculos es registrada por los órganos tendinosos de Golgi, y los cambios en la
longitud del músculo son detectados por los husos musculares. El reflejo espinal asociado a los
husos musculares es el reflejo de distensión o miotático, y el asociado a los órganos tendinosos
de Golgi es el reflejo tendinoso. Ambos reflejos tienen una función protectora.
Los músculos y las articulaciones individuales están representados de manera repetida en un
complejo mosaico que hace posible que la corteza organice las combinaciones de movimientos
más adecuadas para las tareas específicas. Cada músculo y cada articulación aparecen
representados por una disposición columnar de neuronas cuyos axones se ramifican y
establecen conexiones con varios núcleos motores relacionados funcionalmente. Otro tipo de
receptores son los sensitivos, que envían la información no sólo a la corteza cerebral sino
también al cerebelo y a la médula espinal, controlando de esa forma la contracción muscular.
Organización y control del movimiento
El movimiento surge de la interacción de tres factores: el individuo, la actividad y el ambiente, y
se organiza según las demandas de estos dos últimos. Sólo el estudio de estos tres factores en
interacción permite tener una plena comprensión del fenómeno del control motor. Dicho de otro
modo, el estudio del control motor, aunque se refiere al individuo, no puede ignorar al entorno
en el que se encuentra ni la actividad que tiene que realizar. Por lo tanto, en el estudio del
movimiento deben considerarse los factores del individuo (su percepción, su cognición y su
acción), los atributos de la actividad (movilidad, estabilidad y manipulación) y las restricciones
que establece el entorno (obligatorias o no).
El sistema motor es un sistema que funciona en paralelo, está jerarquizado y está cruzado (Fig.
10-1). Cada nivel funcional recibe información sensoriai propia. La médula espinal, el tronco
encefálico y el prosencéfalo contienen circuitos motores sucesivamente más complejos. El
cerebelo y los ganglios basales influyen en los sistemas motores cortical y del tronco
encefalico. Las lesiones de las vías motoras producen signos positivos y negativos. Las áreas
corticales de asociación tienen un papel fundamental en el diseño y la planificación de los
movimientos voluntarios. Los potenciales de acción procedentes de estas áreas se dirigen a los
ganglios basales, para refinar y activar selectivamente los movimientos, para inhibir los
movimientos que son inadecuados o para ambas funciones. El rendimiento motor mejora según
la persona aprende a manejar las perturbaciones que se producen en el sistema
musculoesquelético durante los movimientos. Cuando el cerebro decide realizar un programa
motor para efectuar una tarea, tiene en cuenta la experiencia almacenada con estas
perturbaciones.
El tálamo, que forma parte de los circuitos de los ganglios basales, envía impulsos hasta la
corteza motora, vía final común. La corteza motora envía impulsos de forma casi simultánea al
cerebelo (que compara esta información con los datos sensitivos relacionados con el
movimiento que recibe de la periferia), al tronco encefálico (cuya función es el mantenimiento
del control postural básico) y a la médula espinal (que activa los músculos individuales o los
grupos musculares). La sensación de movimiento, así como el resto de la información de
retroalimentación significativa, se envían hacia el SNC, ya que esta información sensitiva es
necesaria para la función de diversos centros. La médula espinal es utilizada para la
integración de los reflejos medulares y para el control de los patrones de la marcha; el tronco
encefálico, para el control de la postura y para el equilibrio, fundamentalmente. El tálamo
también recibe esta información sensitiva de retroalimentación. El cerebelo compara el
movimiento. Todo el sistema motor funciona integrado con los ganglios de la base y del tálamo,
cuya función es distribuir la información sensitiva de retroalimentación hasta su localización en
la corteza sensitiva, lo que permite la adecuación motora de todo el sistema. En caso de que el
movimiento que se quiere realizar y el que se realiza realmente no coincidan del todo, se
pueden enviar señales de corrección directamente a los centros de ejecución.
Las áreas de asociación corticales interpretan las experiencias sensitivas. Los movimientos
memorizados son almacenados para poder ser usados en un futuro en el diseño y la
planificación de otros movimientos. Diversos circuitos neuronales centrales, conocidos como
GCP, pueden generar el patrón motor básico para la locomoción, incluso sin retroalimentación
aferente procedente de receptores periféricos. Los movimientos se ejecutan y las sensaciones
se perciben gracias al sistema nervioso de la vida de relación, que pone en contacto al
organismo con el mundo exterior.
Postura y equilibrio
Uno de los objetivos del sistema nervioso es el mantenimiento del esquema corporal durante
las modificaciones del ambiente o durante el movimiento. El control postural implica controlar la
posición del cuerpo en el espacio, con el propósito de conseguir estabilidad y orientación. La
orientación postural se define como la capacidad de mantener una relación adecuada entre los
segmentos del cuerpo (es decir, un alineamiento biomecánico de éste) y entre el cuerpo y el
entorno, cuando se realiza una tarea. La estabilidad postural o equilibrio es la capacidad de
controlar la proyección vertical del centro de gravedad para mantenerla dentro de la base de
sustentación. Anand et al. destacan la naturaleza multifactorial de la estabilidad postural y Maki
y Mcllroy afirman que hay una evidencia creciente de que la corteza cerebral y el
procesamiento cognitivo están involucrados en el control de aspectos específicos del equilibrio.
Woollacott y Shumway-Cook refieren que las demandas de atención para el control del
equilibrio varían según la complejidad de la actividad y el tipo de actividad secundaria que se
está realizando. El sistema de control debe ser lo suficientemente flexible para adaptarse a las
distintas demandas. Müller et al. afirman que, en tareas sencillas, las demandas de
procesamiento cognitivo y las posturales interfieren poco entre sí. Maki et al. refieren que una
dinámica atencional deficiente puede exacerbar la inestabilidad postural en ancianos.
El sistema nervioso participa en el control postural a través de tres vías: produciendo órdenes
en forma de señales, ofreciendo información de retroalimentación a través de distintos
receptores e interpretando e integrando todas las señales de retroalimentación. Mochizuki et al.
concluyen que sus descubrimientos establecen un vínculo entre el control del equilibrio reactivo
y la actividad cortical que precede a las perturbaciones de la estabilidad o las sigue.
El centro de control de la postura utiliza las experiencias previas que contribuyen a la
elaboración de un esquema corporal. La postura humana en bipedestación requiere, para ser
estable, que la musculatura esquelética se adapte a los cambios. Los mecanismos de
retroalimentación para la postura y el equilibrio necesitan: los receptores para la detección del
movimiento, que están en los músculos; el sistema vestibular, localizado en el oído interno; la
información visual; y las señales procedentes de las modificaciones de la presión, originadas al
apoyarse el cuerpo en superficies de características distintas. Los mecanismos de información
anterógrada deben incluir las señales que se deben al propio movimiento y que puedan
anticipar las modificaciones que tienen lugar en el sistema de control postural.
Varios autores se han centrado en la relación de la postura o el equilibrio con la edad. Así,
Piirainen et al. refieren que el control del equilibrio dinámico y la función neuromuscular
dependen de la edad. Redfern et al. afirman que la inhibición perceptiva puede ser un
componente del proceso de integración sensorial, de importancia para el mantenimiento del
equilibrio en los ancianos. Los resultados del estudio de Mahboobin et al. sugieren una
vulnerabilidad incrementada de los procesos de equilibrio en los ancianos, que interfiere con las
tareas de procesamiento de la información cognitivas concurrentes. Rankin et al. concluyen que
una actividad en la que se realizan dos tareas tiene mayor impacto en el control del equilibrio
en ancianos que en adultos jóvenes. Sullivan et al. refieren que las personas ancianas tienen
disminuido el control postural, asociado con una involución cognitiva y de las estructuras
cerebrales, en condiciones posturales inestables y con aferencias sensoriales disminuidas.
CONCLUSIONES
Una de las características del sistema nervioso es su capacidad para controlar los distintos
tipos de movimientos, que pueden ser sencillos o presentar mayor complejidad. Hoy en día
existen distintas teorias sobre el control motor, pero ninguna de ellas por si misma es capaz de
explicarlo completamente, mientras que en su conjunto contribuyen a que se pueda tener una
visión más completa de su funcionamiento. En el movimiento es fundamental la interacción de
tres factores: el individuo, la actividad y el ambiente. Las acciones integradoras del sistema
nervioso dependen, a su vez, de la interacción entre los sistemas motor y sensitivo. A través
del sistema de relación llega información al sistema nervioso, éste es capaz de procesarla,
teniendo en cuenta la experiencia previa, para así efectuar un movimiento determinado o
adoptar una postura concreta.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1.​ Shumway-Cook A, Woollacott MH. Motor control. Translating research into clinical
practice, 3ª ed. Philadelphia: Lippincott Williams & Wilkins, 2007.
2.​ Mosby's Medical Dictionary, 8ª ed. USA: Elsevier, 2009.
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