Mod 7 Salvarezza Texto
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puede instrumentar esta relación de la mejor manera posible. Hay personas viejas que
funcionan perfectamente bien en un diván y hay otras que no funcionan para nada.
-Esto mismo sucede en personas más jóvenes.
-No depende de la edad, depende de la estructura del sujeto y cómo se arme la relación con
el terapeuta y que es lo que esté dispuesto a escuchar el terapeuta. Es interesante este
punto, porque en relación a la apreciación de Freud sobre la rigidez del aparato psíquico de
los pacientes, unas colegas que trabajaban conmigo en la cátedra, hicieron un trabajo hace
mucho tiempo muy interesante, donde se oponían a esto y decían que en realidad la
dificultad para la atención de los pacientes viejos estaba en la rigidez del aparato psíquico
de los terapeutas y no de los pacientes.
Pero tampoco hay que llamarlo rigidez, me parece que viene más a cuento de las
dificultades que tienen las personas jóvenes para enfrentarse con las personas viejas y
enfocar el tema de la vejez. Colocarse frente a una persona vieja es como ubicarse frente a
un túnel del tiempo, en el cual uno se ve reflejado: esto es lo que va a ser uno
indefectiblemente, entonces de acuerdo a cómo uno lo tolere o no, va a ser su posibilidad de
relacionarse ampliamente con el sujeto que tiene enfrente.
-En 1988 comenzó a ejercer la titularidad de la cátedra de Tercera Edad y Vejez en
la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.
¿Cuál es la formación particular que un analista debe tener para dedicarse a la
clínica de estos pacientes?
-Cualquier persona que desee trabajar en el campo geriátrico, gerontológico debe tener una
formación que debe consistir en primer lugar en saber quien es el objeto de estudio, quien
es el que va a tener enfrente. Para esto es importante saber que el objeto de estudio de la
gerontología no debe ser el otro, como se piensa siempre que el viejo es el otro, si no que el
objeto de estudio debe ser uno mismo puesto en el pellejo del viejo que va a ser. Los seres
humanos tienen una alternativa de hierro, o se mueren jóvenes o llegan a viejos, entonces
los que pretendan llegar a viejos lo mejor que pueden hacer es situarse y pensarse en el
viejo que van a ser, en cuyo caso es distinto de pensar que viejo es el otro, o que viejo son
los trapos como se dice por ahí. Viejo es el que de nosotros vaya a transitar el camino
suficiente para llegar a ese momento. Esta ha sido una de las premisas básicas de mi
funcionamiento como profesor de la facultad de psicología, hacerle entender a los chicos
desde la primera clase que tenían que pensarse desde ellos viejos, y que esta iba a ser la
forma en que iban a poder enfrentarse adecuadamente con estos personajes. La vejez no es
algo que está escondido por ahí a la vuelta y que algún día nos puede tocar, somos nosotros
que vamos recorriendo un camino. En ese sentido es curioso lo que pasó en la facultad de
psicología. Esta facultad se separó de la facultad de filosofía y letras, donde era un
departamento, en 1985 y ahí se establecieron los programas básicos para la cursada de la
nueva facultad de psicología, y ahí por primera vez en el país un grupo inteligente de
psicólogos, que son los que pergeñaron el programa, pusieron una materia relacionada con
la vejez que fue justamente Psicología de la tercera edad y vejez, eso fue fantástico, una
cosa extraordinaria. Pero lo que es importante señalar es que la pusieron como optativa. Es
decir que traicionaron ellos mismos su enorme logro, porque que explicación hay para que
en la facultad de psicología, los futuros psicólogos sepan necesariamente cómo es la
psicología de un niño, un adolescente o un adulto, pero no la de un viejo, y que esto quede
librado simplemente al deseo de cada uno, es una algo disparatado.
Esto no fue hecho exprofeso, no hay que criticarlo por lo que hicieron, si no tratar de
entender que forma parte de la dificultad que tiene un ser humano para enfrentarse en un
todo con el tema del envejecimiento y la vejez, porque queda como si fuera cosa de otro.
Pensemos que en una facultad que tiene doce mil o trece mil alumnos, siendo optativa esta
materia fue cursada en el mejor de los casos por cuatrocientos alumnos en un cuatrimestre,
y después se estableció habitualmente en ciento cincuenta alumnos, es una cosa absurda.
Que solamente trescientos tipos por año, salgan de la facultad sabiendo lo que es un viejo
atenta contra la posibilidad de trabajar en este campo, porque si uno no se anota en la
materia es porque no le atrae o porque le da miedo el tema, y si le da miedo como se va a
acercar, después como va a poder hacerlo. Estos trescientos que han cursado al año con
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nosotros, son personas que han incorporado que hay que pensar al viejo desde uno mismo,
y desde ahí hemos podido sacar una cantidad de gente que ha venido a trabajar con
nosotros, que se siguió interesado en el tema, que se ha volcado al trabajo con viejos, pero
a partir de este núcleo muy chiquito.
-Esto no sucede sólo en la facultad de psicología o con los psicólogos, en general
ocurre con todos aquellos profesionales o personas que están ligadas al trabajo
con viejos.
-Por su puesto, en la facultad de medicina recién ahora, el próximo lunes se va a crear la
materia de geriatría.
-Ni siquiera es una obligación para aquellos que trabajan en organismos ligados a
la tercera edad ser gerontólogos.
-Para nada, no es una obligación para los médicos que trabajan en el PAMI, no lo ha sido
nunca. Desde su creación el PAMI nunca ha exigido esto.
-Usted ha trabajado profundamente lo que denominó viejismo ¿Cuáles son las
consecuencias más tangibles del prejuicio a la vejez en los profesionales de la
salud?
-Para mí esta modalidad de la creación y funcionamiento de la cátedra de vejez de la
facultad es un ejemplo típico paradigmático de viejismo.
Pero la consecuencia más compleja que he encontrado, es la dificultad para plantarse frente
a los pacientes viejos y entenderlos, es difícil. Esto se ha ido modificando lentamente,
cuando yo empecé a trabajar en el ’70 fui a la asociación médica y en una conferencia
magistral, maravillosa había siete personas, no le interesaba a nadie. A partir de ahí, junto a
Strejilevich nos pusimos todos a trabajar. Por mi parte, me he dedicado particularmente a
hacer una difusión activa de estos temas para tratar de mostrarle a los colegas, a los
profesionales, a los psicólogos, que hay que perderle el miedo a la vejez a partir de pensarla
desde uno mismo. Si uno lo hace propio va a obtener resultados en la posibilidad de
acercarse, de lo contrario va a seguir el camino de la enorme mayoría, porque el viejismo es
algo que anida en todos los seres humanos. El viejo nunca ha sido querido, ha sido tolerado
como máximo, pero nunca querido y deseado. La verdad es que los gerontólogos tenemos
mucho que ver en esto, tenemos una deuda grande porque todavía no hemos podido dar
una definición adecuada, por la cual sea deseable envejecer y llegar a viejo, todas las
definiciones que damos están colocadas en los aspectos negativos.
-A inicios de 1999 esto lo señalaba en un reportaje que le realizaran para el diario
Clarín y en diferentes momentos de su producción teórica vuelve sobre el tema,
¿cuál es la dificultad para dar una definición de esas características?
-No hemos conseguido todavía contrarrestar los aspectos negativos, son tantos más los que
se ponen en contra que no permiten vislumbrar algo deseable. Por ejemplo, una de las
cosas importantes que uno debe remarcar es que los viejos como grupo (si se hiciera una
abstracción tomándolos como grupo) son supervivientes. Lo que se dice de que los viejos
son frágiles son macanas, si están ahí es porque han conseguido vencer todos los
obstáculos que han dejado en el camino a una enorme cantidad de gente que se han muerto
antes. La gente no se muere más cuando es vieja, se muere más cuando está en la mediana
edad, cuando es más joven. Los viejos son los supervivientes de un montón que arrancaron
juntos, pero que se han ido quedando por el camino, por eso quedan tan poquitos. Cuando
vamos a la pirámide demográfica vemos que arriba chiquito están los viejos. Esto no se
toma nunca en cuenta, siempre se habla de la fragilidad, de los aspectos negativos, pero la
verdad es que siguen pesando tanto estos aspectos que hacen que la gente no quiera saber
nada del tema. Esto viene desde el comienzo de la historia, el poema más antiguo que hay,
que es la epopeya del Gilgamesh muestra que éste, que era un rey que había en esa época
en la Mesopotamia muy interesado en el confort y el bienestar de sus súbditos, hacía viajes
periódicos para encontrar recetas para determinadas cosas. Uno de los viajes más
peligrosos que hizo en su vida fue para encontrarse con un superviviente del diluvio, para
que le contara como había hecho para sobrevivir tanto tiempo, porque era un señor muy
viejo, él lo que quería era una receta para sobrevivir, pero no se trataba únicamente de eso.
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Desde entonces todo el mundo ha buscado como vencer a la muerte, pero no como vencer
a la muerte siendo viejo si no siendo joven.
-Más que la vida eterna, la juventud eterna.
-Por eso los siguientes fueron los alquimistas y luego la fuente de juvencia con Ponce de
León, quien iba directamente a buscar la fuente de la juventud. Vivir mucho si pero joven,
viejo no, nadie quiere. Se produce un círculo de retroalimentación permanente, en el cual
uno no quiere a los viejos y como no los quiere no los mira, como no los mira no los estudia,
los niega, los deja afuera, los coloca en el margen de la sociedad. Por lo tanto, cuando
alguien traspasa esa barrera y llega a colocarse en el momento del envejecimiento y la
vejez, lo vive como una profecía autocumplida. Todo aquello que ha dicho y pensado de los
viejos ahora se hace carne propia, sin la cosa prospectiva que podría haber tenido desde el
comienzo, por lo cual ya está instalado en él y tal como lo había pensado antes ahora que es
viejo se va a ver deprimido, asexuado, senil, despreciado, dejado de lado.
A partir de lo que hablamos, recuerdo que en nuestro país periódicamente con los cambios
de gobierno se van armando secretarías de tercera edad o subsecretarías. Siempre hay
buenas intenciones y cada vez que sucede esto y asumen las nuevas autoridades llaman a
los personajes representativos para pedir consejo, ayuda o asesoramiento e
indefectiblemente siempre se llega a lo mismo, lo que pretenden y lo que buscan estas
autoridades es intentar dar un marco de seguridad y participación a las personas viejas a
través de crear espacios cerrados. Por ejemplo un grupo de jubilados, los clubes, este tipo
de cosas que en realidad ahora tienen un nombre que es “la búsqueda del
empoderamiento” de los viejos, es decir que tomen conciencia del poder que pueden llegar
a tener. Pero esto se hace siempre dentro de cosas cerradas, o concentrado en especies de
burbujas de autoalimentación en la cual los viejos se encuentran con viejos, bailan con
viejos, hacen teatro con viejos y esto es en última instancia una forma más de segregación.
Hay muy pocas propuestas de entrecruzamientos intergeneracionales.
Una de las cosas que no he podido nunca hacerle entender a las autoridades es mi postura,
por la cual pienso que lo que hay que lograr es hacerle tomar conciencia a la población en
su conjunto que van a ser viejos y que piensen las cosas desde ahí. Me parece que es lo
único que puede empezar a movilizar las cosas, para que se piense distinto el tema del
envejecimiento y la vejez. Pero esta postura que tengo no da rédito político, en cambio si lo
da juntar una cantidad de viejos y llevarlos de vacaciones a donde sea, cuando en realidad
el tema es mucho más amplio que eso.
No terminamos de tomar el toro por las astas y creo que hasta que no se haga esto va a
quedar reducido a cosas puntuales, va a haber gente que se va a ocupar pero sin modificar
la mirada y la visión que la sociedad tiene de la persona vieja, siempre va a quedar al
margen.
-Uno de los problemas que destaca en la vejez es el de la biomedicalización,
¿cuáles son sus efectos?
-El estudio del tema del envejecimiento y la vejez se inició a comienzos del siglo XX, con un
médico húngaro llamado Nascher que creo el término geriatría. Es interesante porque la
geriatría es el estudio de los problemas médicos de las personas viejas, es decir que se
empezó por las enfermedades, recién años después apareció el otro término que es
gerontología. Esta última es el intento de estudiar el problema de los viejos desde el punto
de vista bio-psico-social, pero se empezó por el lado médico, por la enfermedad que no es
más que la extensión de un prejuicio que hay en relación a la vejez que dice que viejo es
igual a enfermo. Esto ya marca una idea, porque a partir de ahí la medicina se fue haciendo
fuerte y fue considerando o intentó considerar de dominio propio todo el estudio de los
viejos. Esto se extendió a partir de la década de 1960, cuando se trastocan en occidente una
serie de valores importantes y aparece el cuestionamiento por parte de la juventud de los
principios establecidos, la lucha contra el establishment, donde en nuestro campo se
comienza a cuestionar la importancia y la validez que tiene exclusivamente lo médico. A
partir de una introducción importante del pensamiento psicoanalítico en los Estados Unidos,
se empiezan a mirar las cosas de otra manera. Aparece el desarrollo de la medicina
psicosomática y desde el punto de vista específico de la Salud Mental la psiquiatría
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la fantasía que el profesional, a través de revisarlo lo va a tocar. Por eso protestan tanto
cuando los médicos, que no tienen tiempo, no los revisan, no les toman la presión. Esto es lo
que en el fondo, va buscando una gran mayoría de gente vieja cuando van al médico y
como en general toda persona que va al médico sale con una receta en el bolsillo, se va
incrementando el uso de la medicación, lo cual se ve reforzado porque, además, la industria
farmacológica se encarga de hacer remedios para cualquier cosa.
En un ateneo clínico, he visto presentar el caso de un señor al que trasladaban de un
instituto a otro, y en cuya historia clínica figuraba que tomaba 19 remedios distintos durante
el día.
-A esto se suman los efectos secundarios que producen algunos medicamentos, lo
que hace necesario administrar un nuevo fármaco para contrarrestar sus
consecuencias.
-Si, y además los tienen ahí y los tomas. Así se va generando una dependencia de las
personas viejas, que son muy vulnerables por las razones que mencionaba de, por ejemplo,
sentirse solas o que no las toquen, lo cual induce la intromisión excesiva y desmesurada de
la industria farmacológica en la vida de los viejos. Considero que esto es algo muy peligroso,
justamente por lo que usted acaba de mencionar y que son los efectos secundarios, que no
se tienen demasiado en cuenta cuando se medica. Y si bien nosotros sabemos cuales son
los efectos secundarios de los remedios, lo que no conocemos es cuales son los efectos
secundarios de las combinaciones medicamentosas que se realizan dentro del organismo,
en la metabolización de estos productos que se van rejuntando de alguna manera, y que
vaya a saber que producen. No están todos los médicos capacitados para hacer esta
discriminación, salvo los muy especializados.
-Tampoco, de todos lo medicamentos hay estudios de los efectos en la población
vieja, y en la gran mayoría de los prospectos no figura la posología para estos
pacientes. A esto se agrega la intervención de los familiares, que son quienes en
muchos casos piden que se les de algún medicamento que erradique sus síntomas
o modifique sus conductas.
-Eso es fundamental, la intromisión de la familia en la vida de los viejos es muchas veces
mortífera.
-En la presentación del Premio Bienal de Ancianidad 2005-06 hizo alusión a un
nuevo fenómeno que se produce en relación a la vejez, vinculado con el desarrollo
de la ciencia y la tecnología aplicadas a la medicina, lo que se conoce como
biomedicina. En esa oportunidad acuñaba un vocablo “bioejos”. ¿Qué entiende
por bioejos?
-Me refería a que hay un montón de personas que funcionan dependiendo de la medicación.
Es decir que son tan excesivamente consumidores que sin estas medicaciones no pueden
funcionar, entonces están condicionados y determinados por el consumo de estas drogas,
que los hace aparecer teniendo una característica distinta. Una persona que consume
psicofármacos todo el tiempo, tiene una estructura de funcionamiento distinta a la que
tendría sin ese fármaco. Este término lo acuñé para intentar mostrar este sector de la
población, que es tan dependiente de la industria farmacológica, que tiene características
propias y que vive en función de los remedios.
-Así mismo, ¿cuál es su posición frente a los continuos procedimientos e
internaciones que producen que en un gran número de casos las personas mueran
hospitalizadas, solas, alejadas de sus familiares?
-No es un tema que me haya preocupado particularmente estudiar. Me parece que son
situaciones que están dadas, es algo que se ha modificado, a diferencia de lo que sucedía
hace un siglo o dos, cuando la norma era que alguien muriera en su casa. Pero también era
la norma el nacimiento en las familias, no existían las instituciones donde las parturientas
fueran a dar a luz. De manera que son todas cosas que con el desarrollo de la tecnología se
han modificado, por lo menos en el mundo occidental, porque yo no se que ocurre en el
mundo islámico, ni tampoco se como es en la India, tendería a pensar que es distinto y no
se que importancia tienen estas cosas para ellos. No se si hay geriátricos en el mundo
islámico o en la India, se que han habido casas de confinamiento de personas desviadas en
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todas partes, pero no estoy al tanto de que las haya específicamente para viejos. Si esta
nueva modalidad, producto de la tecnología moderna -ya que son cosas que han ido
cambiando- es mejor o peor dependerá de cada familiar, de los recursos que tenga tanto
desde el punto de vista afectivo como económico. Eso va a determinar de alguna manera
cual va a ser el destino de una persona que se enferma y se muere.
-También en La vejez. Una mirada gerontológica actual, refiere que las llamadas
depresiones reactivas, –señaladas como responsables de la mayor parte de las
depresiones en la vejez–, son siempre duelos, podríamos decir duelos no
elaborados. Si estos estados depresivos son consecuencia de duelos, y los duelos
atraviesan toda la vida de un sujeto ¿por qué se manifiestan más de esa forma en
la vejez?
-No solo duelos patológicos, son duelos. No se expresan más así en ese momento, se
expresan en todas las edades. El problema es otro. El duelo es un proceso que comienza con
una pérdida y termina con el reemplazo de esta pérdida por otro objeto equivalente. Es
decir, si alguien pierde una pareja va a tratar de rehacer su vida en pareja buscando otra, si
pierde un trabajo va a buscar otro, lo mismo si se le pierde una casa, etc. La diferencia que
hay entre los jóvenes y los viejos es que estos últimos tienen menos posibilidades de
rehacer sus vidas, porque los objetos contingentes no están tan a mano. Si un viejo se
queda viudo a los 70 o 75 años, no le va a resultar tan fácil rehacer su vida afectiva y de
pareja, más aún si se trata de una mujer donde la disparidad genérica es enorme, hay
muchísimas más mujeres solas que hombres solos, ni qué hablar si lo que se pierde es un
trabajo. No es que haya más duelos en la vejez, lo que hay es mayor dificultad en el proceso
de elaboración. Los seres humanos estamos permanentemente abocados a la necesidad de
resolver duelo, porque vamos perdiendo cosas y vamos adquiriendo otras.
-No digo que haya más duelos, lo que planteo es que si justamente durante toda
la vida se van atravesando distintos duelos, ¿por qué se expresan más bajo la
forma depresiva en la vejez?
-Pero no es así, también se expresan de este modo en los jóvenes.
-A la consulta llegan personas de 70, 80 o 90 años que durante toda su vida han
atravesado duelos, en algunos casos de compleja resolución y sin embargo los
han afrontado y han seguido adelante sin producir una respuesta depresiva, pero
cuando llegan a esta edad reaccionan con una posición melancólica.
-Lo que sucede es que hay una imposibilidad de resolverlos con los recursos que se tienen a
mano, porque el aparato psíquico está programado para la resolución de duelos, pero debe
contar además con los recursos necesarios para completar el ciclo del duelo con el último
estadío que es el reparatorio, el de resolución. Por eso se tiende a pensar que hay más
duelos en los viejos, cuando no es así. A esto se agrega otro elemento y es que hay menos
viejos que personas jóvenes, entonces los fenómenos aparecen más concentrados, porque
la lupa está más cerca para observarlos, se extrapola esto y uno de los prejuicios
importantes con respecto a los viejos es que son todos deprimidos y no es así. Es en lo que
yo insisto siempre, una cosa es estar deprimido y otra estar triste y esto es fundamental. La
tristeza es el sentimiento que acompaña al duelo, pero si uno toma solamente eso lo va a
confundir y va a pensar que está deprimido y no es así.
-La posibilidad de afrontar estas pérdidas, ¿tendrá relación con hasta que punto
alguien programó su vida? Es decir, si alguien tenía como propósito estudiar,
trabajar, casarse y tener hijos, cuando esto se va realizando queda sin objetivos
para cumplir, por cuanto planificó su vida solo hasta los 50 o 60 años.
-Si, sobre todo porque estos proyectos de vida en general no son individuales, si no que son
proyectos que están determinados socialmente por las distintas culturas. Cada momento
histórico, social, va pautando un tiempo social que establece los tiempos necesarios para ir
a la escuela, enamorarse, casarse, tener el primer hijo, tener el nieto, irse de la casa de los
padres, morirse. Son lapsos que están programados social y culturalmente, a lo cual uno
debe adaptarse. Si en el mundo islámico o musulmán las mujeres a los catorce años no
están casadas, esto es vivido como una severa lacra, que no ocurre en nuestra sociedad.
Pero nosotros tenemos otro tipo de pautas que van a determinar que haya que dar
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cumplimiento a estas cosas porque nos lo han marcado desde afuera, hay algo internalizado
que está mirando, que está pautando, que está exigiendo que las cosas sean de tal o cual
manera. Dentro de esto se inscriben también las personas viejas, sobre todo porque además
están arraigadas en familias más de tipo conservador que vienen de mucho antes. Es
probable que con el correr del tiempo estas cosas cambien, que los viejos no tengan tantas
presiones de estas características, tendrán de otra cosa.
Ahora los viejos tienen la presión de estar sanos y activos, lo cual para muchos constituye
algo terrible.
-En Psicogeriatría. Teoría y clínica, considera al incremento de la interioridad
como un fenómeno universal de esta etapa, resultado de la disociación que
produce el conflicto de envejecer o ciertas situaciones vitales dentro del proceso
de “ser viejo”, ¿Por qué la vejez iría siempre acompañada de este recorrido?
-Es una buena pregunta, no se porque debería ir acompañado, lo que si vemos es que va
acompañado. Cuando hablamos de incremento de la interioridad, estamos hablando de un
proceso de recorrido de pensamiento que va de afuera hacia adentro, es como un momento
de reflexión sobre uno mismo y sobre la forma en que ha transitado una parte importante
de su vida. Esto no hay que pensarlo como que es estrictamente un aspecto exclusivo de la
vejez, si no que ocurre en todas las edades, pero en este caso tiene otras características. Es
la forma en que, en determinado momento, alguien va a armar su historia de vida. Llega un
tiempo en el cual uno necesita hacerse las preguntas: ¿quien soy?, ¿donde estoy? y ¿adonde
voy? A través de este mecanismo, del incremento de la interioridad, se va armando lo que
se llama la historia de vida que estará compuesta de elementos reales, de cosas que
efectivamente han sucedido y de cosas fantasmáticas que la persona se inventa y arma de
determinada manera. La historia de vida de cada uno de nosotros, está compuesta de
elementos variables de una y otra cosa. Esto es necesario en relación al funcionamiento de
la autoestima de cada uno, le va a dar un sentido.
A partir del armado de esta historia de vida queda como cristalizada y el confrontamiento
con los otros seres humanos, en cualquier circunstancia que sea, va a estar determinado por
esta historia de vida. Si a uno le preguntan en determinado momento ¿cómo es?, ¿cómo
hizo? va a enchufar el cassete y va a contar toda la historia de vida de una determinada
manera, siempre igual. Nuestro trabajo como psicoterapeutas, en el campo de la salud
mental, es revisar estas historias de vida para ver cuanto de fantasmático y cuanto de real
tienen.
Esto está ligado al proceso de envejecimiento o lo que se llama la mediana edad, que va a
venir a soportar la autoestima de cada uno, es una de las características psicológicas de
esta etapa. En este sentido es algo que ocurre siempre, en algunos será más manifiesta que
en otros, algunos tendrán más posibilidades de hacerla, otros no tanto pero va a estar
presente.
-Su planteo de un incremento de la interioridad se contrapone a la idea de un
aumento del narcisismo en la vejez.
-Si, no creo que haya un incremento del narcisismo, me parece que en todo caso lo que hay
que ver es como se reordena el narcisismo de cada uno, y esto se observa muy bien en la
construcción de las historias de vida. Por ejemplo, hace unos días se publicó en un diario un
artículo de un señor que aparecía como un héroe de la guerra de Vietnam en los Estados
Unidos, y era alguien que había usurpado la figura y la personalidad de su hermano, que era
quien efectivamente había estado allí y había ganado las medallas. Él se había apropiado de
todo esto, había construido su historia de vida siendo un héroe de Vietnam, lo cual no era
cierto. Esto está impulsado por el narcisismo, o una forma del narcisismo, que hacía que
este señor se presentara de esta manera. A mi me parece que es más amplio poder
pensarlo dentro del incremento de la interioridad, y tomar el narcisismo como una de las
variables del movimiento del sujeto en relación con los otros.
-También en Psicogeriatría. Teoría y clínica, al hablar de la relación con el dinero
y de los movimientos financieros de la Argentina, hace referencia al “precario
equilibrio narcisista de nuestros viejos”. En primer término me llamó la atención
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la generalización que allí realiza y por otro lado ¿cuál es ese precario equilibrio y
por qué se produce?
-Me parece que está bien leído, es una generalización. Si dije eso así, que puedo haberlo
dicho perfectamente es una generalización, uno tiene que revisarlo. El narcisismo de la
población vieja está permanentemente acuciado o amenazado con la visión negativa que la
sociedad tiene de ellos. De manera que, para poder sobreponerse a esto hay que tener un
narcisismo que esté muy bien arraigado en situaciones vitales internas, y suficiente
autoestima como para poder seguir adelante. Es muy difícil manejarse en una sociedad
donde uno es señalado como el otro, como el distinto, y como el que tiene que estar en otro
lugar. Lo que hay que pensar es como se regula la autoestima ligada con el narcisismo. Nos
encontramos con muchas personas que lo pueden hacer desde adentro, recurriendo a los
valores internos, que tienen bien arraigados por las razones que fueren, mientras que hay
otras que están permanentemente sometidas a la mirada del otro; cómo está, lo que hace,
por qué lo hace. Es distinta la posibilidad de regulación del narcisismo si queda librado a lo
de adentro o si queda librado permanentemente a la mirada del otro de afuera. Este
segundo caso va a exigir un trabajo muy grande del aparato psíquico, como para estar
continuamente luchando contra la aparición de los elementos que nos van a determinar
como negativos. Una de las formas en que se construye la identidad es a través de una
escala de valores narcisistas, que es una escala de movimiento en cuyo punto máximo está
lo que uno quiere ser, lo que debe ser y en el otro punto máximo está el negativo de ese
ideal.
De un lado está el ideal y del otro el negativo de ese ideal. Aquel que necesita la mirada de
afuera, está indisolublemente sometido a la necesidad de hacer y actuar esta situación para
verse colocado en el lugar del ideal, porque si no se coloca en ese lugar cae en el negativo
del ideal y esto puede producir un desbarranque depresivo, melancólico serio.
Es como aquellas mujeres que construyen su ideal en el hecho de sentirse amadas y
deseadas, si la regulación la tienen que hacer con el afuera, constantemente van a tener
que buscar objetos donde se vean deseadas y amadas, lo cual es un trabajo infernal que
puede tener consecuencia muy serias. Si esto se puede regular desde adentro el
funcionamiento es totalmente distinto.
Como los viejos están sometidos a los prejuicios viejistas, están permanentemente teniendo
que confrontarse con el hecho de ser raleados, negados, desconsiderados y esto los ubica
en un equilibrio narcisista inestable.
Una de las cosas que tiene relación con su pregunta, es que este libro fue escrito en una
situación económica compleja del país, y seguramente lo debo haber pensado en función de
eso, donde los viejos que creen estar en una situación de equilibrio más o menos estable, de
pronto se ven sacudidos por las devaluaciones económicas y se quedan en el aire. De
cualquier manera me parece que lo que preguntaba de la generalización es válido y vale la
explicación que doy de los tipos distintos de regulación de la autoestima que –creo– es más
adecuado a la realidad.
-¿Coincide con que hay una menor demanda de parte de este grupo etáreo para
iniciar un psicoanálisis?
-Si, en general una de las cosas que ocurre, es que la demanda proviene de la familia, en
términos generales amplísimos. No olvidemos que los viejos que vemos actualmente, o en
los últimos años, son viejos que han desarrollado su vida en el siglo XX, han acompañado en
este punto específico, el desarrollo del psicoanálisis, de la psiquiatría, de las psicoterapias y
han ido creciendo y evolucionado no solo con el desarrollo, si no también con las críticas a
todas estas cosas. De manera que cuando alguien les dice de consultar a un psicólogo o
psicoanalistas, los viejos todavía siguen participando de la idea de que es para los locos y lo
primero que dicen es: yo no estoy loco. Esta es una frase de otra época, que denunciaba
muy claramente lo que se pensaba en relación a todo esto, de tal modo que se sigue viendo
a la consulta a un profesional de la Salud Mental como una especie de castigo, y no como
una ayuda. Esto hace que a la mayoría ni se le ocurra consultar, de igual forma que no se le
ocurre, a la gran mayoría de los viejos, contarle a su médico de cabecera sus fantasías, sus
pesadillas, sus olvidos serios, porque de alguna manera tienen el temor a ser calificados
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como enfermos, locos o demandantes. Quienes registran los movimientos disruptivos que
ocurren son los familiares y son quienes rápidamente acuden a la consulta. En la actualidad
como se está modificando tanto la expectativa de vida al nacer (hace quince años los viejos
de noventa años eran la excepción, mientras que hoy quien no tiene un viejo de esa edad en
la familia, un conocido o un vecino y que funciona fenómeno) se ha corrido el espectro -ya
ve que es casi la primera vez en la entrevista que pongo una cifra, digamos los noventa
años-, y hay gente vieja que demanda de por si. Ya sea directamente o le pide a la familia
que le consigan a alguien, que quieren hablar con alguien, lo cual es un cambio bastante
significativo, pero hasta el momento y sigue siendo la gran mayoría, el deseo está colocado
en la familia.
-Creo que más que el deseo es la demanda la que queda del lado de la familia, en
todo caso ese pedio podrá habilitar a que luego aparezca algún deseo de parte
del sujeto.
-Que es a donde hay que apuntar en los comienzos del tratamiento.
-Pienso que la oferta genera demanda y si no está clara la oferta por parte de los
psicoanalistas en cuanto a que si es posible un análisis con viejos, esto disminuye
la demanda.
-Si, es algo interactivo, pero ahora hay más gente que se atreve a pensar por si mismo. Se
corren los parámetros y hay que empezar a pensar otras cosas.
-Por ahí la pregunta ya no sea que hacer con las mujeres después de los cuarenta
y cinco años, si no que hacer con la gente después de los ochenta.
-Así es. Esto es lo que yo pienso de la gerontología, no soy tan omnipotente para considerar
que esto es la gerontología, yo la pienso así. Mi inserción profesional, desde los lugares que
he transitado me ha llevado a pensar las cosas de esta manera, veremos con el tiempo
como sigue esto, cuanto sigue vive y cuanto no, cuanto impacto hace en la gente.
Por ejemplo el término viejismo, es un vocablo que acuñé e introduje yo en el lenguaje
español castellano, antes de esto no existía la palabra. Es un término ingles acuñado por un
psiquiatra que se llama Robert Butler que es ageism, dificilísimo de pronunciar y de traducir,
que en su momento lo traduje por viejismo. Esto ha quedado incorporado y es un término
corriente en toda la gerontología actual, cosas como esta para mi son importantes. Me
gratifica cuando veo que cosas que he estado pensado durante tanto tiempo tienen
trascendencia.
-En nombre de elSigma le agradezco que haya compartido con nosotros algunas
de las experiencias y conceptos a los que ha arribado después de décadas de
estudio y práctica, en un campo que genera importantes resistencias, inclusive en
el ámbito psicoanalítico.