0% encontró este documento útil (0 votos)
31 vistas7 páginas

Sesión Condorcet

Condorcet, figura clave de la Ilustración, se enfrenta a la Revolución Francesa y aboga por la perfectibilidad humana a través de la razón y el progreso. Su obra, 'Bosquejo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano', propone que la historia y la educación son fundamentales para alcanzar la igualdad y eliminar desigualdades sociales. Además, sostiene que la naturaleza humana es esencialmente buena y que el conocimiento y la libertad son necesarios para desarrollar virtudes y alcanzar el progreso moral y social.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
31 vistas7 páginas

Sesión Condorcet

Condorcet, figura clave de la Ilustración, se enfrenta a la Revolución Francesa y aboga por la perfectibilidad humana a través de la razón y el progreso. Su obra, 'Bosquejo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano', propone que la historia y la educación son fundamentales para alcanzar la igualdad y eliminar desigualdades sociales. Además, sostiene que la naturaleza humana es esencialmente buena y que el conocimiento y la libertad son necesarios para desarrollar virtudes y alcanzar el progreso moral y social.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CONDORCET

Condorcet se sitúa en un gozne muy específico, pone en conexión dos universos entre los
que existen muchas complicidades: La Ilustración y la Revolución francesa. El va a quedar
en solitario como representante del legado de las Luces y asistir a la dura confrontación de
ese legado con el torbellino revolucionario de 1789. Es, en efecto, un hecho bien conocido
que las grandes figuras de la Ilustración fueron desapareciendo en los años anteriores a la
Revolución. Así, los dos máximos referentes del movimiento ilustrado, Voltaire y Rousseau,
mueren en 1778, Turgot en 1781, D'Alembert en 1783, Diderot en 1784, D'Holbach el mismo
año del estallido revolucionario, en 1789. Sólo a Condorcet, entre las grandes figuras, le
está reservado el destino de enfrentarse a los acontecimientos revolucionarios, hasta su
muerte en 1794. Escribe Bosquejo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano
bajo el peso de una sentencia de muerte. Condorcet fue una de las figuras luminarias de la
revolución, miembro del club de los Jacobinos desde y elegido miembro de la Asamblea en
septiembre del mismo año. Fue condenado por votar en contra de la ejecución del monarca
Luis XVI en la convención en 1973. Desde ese momento su vida política se tambalea y en
julio de 1793 es denunciado ante a Asamblea. Huye y se esconde en París. Es allí durante
los meses que preceden a su muerte, que ocurre misteriosamente después de ser
capturado al fracasar su intento de escapar de París, donde compone el manuscrito del
Bosquejo.

El objetivo con su obra es el demostrar, por el razonamiento y por los hechos, que nada
debe poner límite al perfeccionamiento de las facultades humanas; que la perfectibilidad
del hombre es realmente indefinida; que el progreso de esta perfectibilidad, a partir de
ahora independiente de cualquier poder que quiera detenerlo, no tiene más limite que la
duración de este planeta donde nos arrojó la naturaleza. En su obra Condorcet va a delinear
los rasgos generales de las diversas épocas por las que ha pasado la especie humana, que
atestiguan tanto su progreso como su decadencia, revelando sus causas y mostrando sus
efectos”. Por eso mismo El Bosquejo se divide en diez épocas. Las nueve primeras verifican
la presencia constante del progreso en la historia y desentrañan sus leyes. La décima
contiene una visión de la utopía del futuro.

Ideas principales del texto: su discurso utópico se presenta como una muestra evidencial
del progreso del espíritu humano, la innovación constante y la perfectabilidad ligadas al
progreso humano están contenidas en la propia naturaleza del mundo. Sin embargo, nos
encontramos con estructuras que han empobrecido esa potencialidad, lo que tenemos es
que ponerla en obra a través de la guía de la razón. Así otra cuestión fundamental es el
poder decisivo de la razón. Visión racionalista del mundo, ese progreso humano es
verificable en el desenvolvimiento del mundo a través de métodos científicos:
precisamente a este respecto, la historia juega tiene un lugar principal como escenario de
verificación y realización de ese progreso. En la historia podemos encontrar los signos que
corroboran ese camino ascensional del espíritu humano, el pasado como campo de
experiencia que orienta el futuro. Incluir aquí reflexión sobre el cambio de paradigma
epocal (ruptura con este cronotopo) en la posmodernidad.

• Utopía no quimérica, certera, edificada sobre discursos científicos.

La noción de utopía de Condorcet está ligada a un discurso científico, que combina la


búsqueda racional con la exactitud de las leyes de la naturaleza como recurso de
legitimación y la historia como campo de comprobación de la experiencia. Su modelo
teórico se articula sobre la búsqueda de la perfectibilidad del ser humano en la que trata
de armonizar la naturaleza con el individuo y la sociedad. Aquí la utopía ya no es un sueño,
una quimera, no es una isla como en Tomás Moro, tampoco se sitúa en un tiempo
desconectado de los procesos de la historia y sus leyes. La utopía de Condorcet es una
previsión del futuro fundada en las leyes que rigen el progreso de la humanidad, se trata de
un proceso verificable sujeto a leyes precisas. Él introduce la aplicación del cálculo de las
combinaciones y de las probabilidades de las mismas ciencias como medición
matemática que permite así valorar el grado de certidumbre y verosimilitud de las
proyecciones futuras.

A diferencia de las visiones imaginarias o utópicas que la precedieron esta visión utópica
es certera porque la constancia de las leyes de la naturaleza así parecen asegurarlo. En
este sentido para Condorcet la utopía está ya al alcance de la mano: “Todo nos dice que
estamos al borde de la época de una de las grandes revoluciones de la especie humana”,
anuncia en su Bosquejo.

Esta es una propuesta que se construye sobre una triada de conceptos, un triunvirato
regido por la autoridad de las leyes que contienen el continuo perfeccionamiento del ser
humano, método analítico de las ciencias guiado por la razón y discurso objetivizador de la
historia. Estos tres ejes consolidan el desplazamiento del espacio tradicional de la utopía
(los espacios alternativos de los mundos imaginarios) hacia un espacio de posibilidad real
en el futuro de la historia. En suma, en utopía de Condorcet encontramos la convergencia
de historia con la aplicación del método científico y las leyes del progreso.

• El papel objetivizador de la historia

El estudio de la historia, del campo de experiencia del pasado se convierte en la base de


una ciencia capaz de predecir los progresos de la especie humana, de dirigirlos y de
acelerarlos.

Visión lineal y ascendente de la historia, típicamente moderna

• Mundo gobernado por leyes y el conocimiento como científico como método


para descubrirlas.

Condorcet parte de la siguiente tesis: “La naturaleza no ha puesto término alguno a nuestras
esperanzas.” Para Condorcet, la historia humana está regida por leyes naturales, del mismo
modo que el mundo físico lo está por leyes de la naturaleza. Estas leyes no son arbitrarias
ni impuestas externamente, sino inherentes al desarrollo del espíritu humano.

Así como hay leyes físicas que rigen los fenómenos naturales, hay leyes morales e
intelectuales que rigen el progreso del conocimiento y la sociedad. De ahí su idea de que
el progreso no es un accidente, sino una necesidad natural.

La humanidad, mediante la razón, puede descubrir y aplicar esas leyes para mejorar sus
condiciones de vida. El potencial de la razón es, para Condorcet, el motor del progreso. Si
las leyes naturales determinan que el espíritu humano puede perfeccionarse, la razón es la
facultad que permite comprender y actuar conforme a esas leyes. Así, el progreso moral
científico y político (esa perfectabilidad del ser humano), depende de la difusión y ejercicio
de la razón. Con ello Condorcet reconoce de algún modo la capacidad limitada las
facultades naturales humanas, sin embargo, estas limitaciones no obturan el progreso
humano, porque estas facultades se expandirán a través de instrumentos que el mismo
humano puede desarrollar. A pesar de poseer una misma capacidad intelectual, el ser
humano desarrollará instrumentos que le permitirán multiplicar y perfeccionar el
conocimiento. De esta manera él va a afirmar que la perfectabilidad del ser humano es
indefinida.

La razón nos guiará a conocer bien nuestros derechos y a ejercerlos. Mediante el desarrollo
de nuestras facultades, se podrán obtener los medios seguros para proveer de igualdad. La
razón ilumina un horizonte igualitario. La crítica de la desigualdad se sistematiza y su
desaparición se plantea como parte del progreso concertado de todos los aspectos de la
sociedad.

• La igualdad como componente vertebrador del progreso

Para Condorcet la igualdad natural de los seres humanos es la primera base de todos sus
derechos, es la piedra angular de toda verdadera moral.
Pero, cuando las necesidades mutuas hayan acercado a todos los hombres, las naciones más
poderosas habrán colocado la igualdad entre las sociedades como entre los individuos, y el respeto
por la independencia de los Estados débiles.

Condorcet identifica tres clases principales de desigualdad: la desigualdad de riquezas; la


desigualdad entre aquellos cuyos medios de subsistencia son heredados y aquellos que
dependen de su propio trabajo para asegurarse la subsistencia; y la desigualdad en la
instrucción.
Estas diferencias tienen tres causas principales: la desigualdad de riqueza, la desigualdad de
estado entre aquel cuyos medios de si1bsistencia se transmiten a su familia y aquel para quien esos
medios dependen de la duración de su vida, o, mejor, de la parte de su vida en que es capaz de rendir
un trabajo, y, por último, la desigualdad de instrucción.

Aquí está habiendo un cuestionamiento de la clasación social y de la acumulación de


riqueza por herencia. La condición necesaria para que la desigualdad no interfiera con el
progreso es que “las tres deben disminuir de forma continua, aunque sin llegar a
desaparecer totalmente”. Sólo así es posible alcanzar sin trabas el objetivo: la
perfectibilidad del ser humano.

Él es crítico con que en la actualidad los marcos institucionales no favorecen la disolución


de esas diferencias y obturan el progreso de los pobres, los precarizados. Sin embargo, en
el fondo mantiene una visión optimista y racionalista: si se deja a las personas que
participen libremente del comercio, la industria y el trabajo y si no hay privilegios legales ni
cargas injustas, las diferencias extremas de riqueza tenderán a reducirse. En su época
había impuestos y aranceles que favorecían a los que ya tenían capital y obstaculizaban a
los pobres: obstáculos burocráticos y costos judiciales.

Ante la desigualdad él propone medidas de redistribución de la riqueza (ilumina un proto


proyecto de pensiones públicas): Existe, pues, una causa necesaria de desigualdad, de
dependencia e incluso de miseria, que amenaza sin cesar a la clase más numerosa y más activa de
nuestras sociedades. Mostraremos que es posible destruirla en gran parte, oponiendo el azar al
propio azar; asegurando al que alcanza la vejez una pensión producida por sus ahorros, pero
aumentada con las de los individuos que, tras hacer el mismo sacrificio, mueren antes del momento
de tener necesidad de recoger sus frutos; procurando, mediante una compensación similar, a las
mujeres, a los niños, para el momento en que pierden a sus maridos o a sus padres, un recurso igual
y adquirido al mismo precio.

Otra medida es la extinción de un monopolio capitalista: la extensión de la riqueza no


puede depender únicamente de los grandes capitalistas.

• Eliminación de desigualdades y educación.

En la persecución de la eliminación de la desigualdad, Condorcet señala la interrelación


de las opresiones: La desigualdad no actúa de manera aislada. No obstante, Condorcet
identifica como el suelo de todas esas desigualdades la del conocimiento. Aquí puede
seguirse ese espíritu típicamente ilustrado de la confianza en la educación como motor
principal de cambio: la instrucción bien dirigida corrige la desigualdad natural de las facultades,
en lugar de fortalecerla, de igual modo que las buenas leyes remedian la desigualdad natural de los
medios de subsistencia. Una vez solventadas las desigualdades facultativas, las leyes
podrían corregir las desigualdades materiales.

De esta manera vemos como Condorcet encumbra la redistribución del saber como un
mecanismo principal. Para Condorcet la educación es la clave de la liberación del individuo
y la condición necesaria de su perfeccionamiento. Pero esta convicción no se traduce en
la propuesta de una élite intelectual, sino en una democratización de la idea del progreso.
El progreso es para todos y, eso implica que el conocimiento tiene que ser accesible para
todos. Por eso señala dos momentos fundamentales en la historia de la comunicación: la
invención del alfabeto y la de la imprenta.

En esta democratización de la educación, Condorcet está apuntando también hacia su rol


en la desigualdad de clases. Instruirse es también un mecanismo de defensa para no
depender ciegamente de aquellos que posen los recursos epistémicos. Condorcet está
afirmando la posibilidad de que por la fuerza del conocimiento (concienciación de clases)
se lleguen a eliminar las desigualdades sociales, la clase social. Introducir reflexión sobre
la noción de vacío hermenéutico.
Desde ese momento, los habitantes de un mismo país, al no distinguirse entre sí por el uso de un
lenguaje más tosco o más refinado, al poder gobernarse igualmente por sus propias luces, al no estar
ya limitados al conocimiento maquinal de los procedimientos de un arte y de la rutina de una
profesión, al no depender ya, ni para los asuntos menores, ni para procurarse la menor instrucción,
de hombres hábiles que los gobiernen por un ascendiente necesario, de todo ello resultará una
igualdad real, puesto que la diferencia de las luces o de los talentos ya no puede levantar una
barrera.

Pueden seguir existiendo diferencias en el grado de conocimiento, pero esas diferencias de


saberes técnicos pueden ser útiles para la gobernanza, sin embargo, al no carecer de los
recursos mínimos epistémicos para la interpretación del mundo, ese conocimiento no
sería una fuerza de opresión, para silenciar con charlatanería los reclamos del pueblo. Es
una superioridad que se podría convertir en una ventaja incluso para aquellos que no
participan de ella, cuando existe para ellos y no contra ellos.
• Eliminación de la desigualdad entre los sexos:

Condorcet condena la desigualdad entre los sexos: es funesta incluso para el sexo al cual
esa misma desigualdad favorece. Esa desigualdad tiene el origen en el abuso de la fuerza.
El progreso del espíritu humano tiene como condición el acceso progresivo a la igualdad
entre hombres y mujeres, y entre todos los seres humanos.

• Naturaleza bondadosa del ser humano.


¿no deben hacer comunes a casi todos los hombres esos principios de una justicia rigurosa y pura,
esos movimientos habituales de una benevolencia activa, ilustrada, de una sensibilidad delicada y
generosa, cuyo germen ha plantado la naturaleza en todos los corazones, y que no esperan, para
desarrollarse en ellos, más que la dulce influencia de las luces y de la libertad?

Condorcet sostiene una idea optimista sobre la naturaleza humana: todos los seres
humanos tienen dentro de sí la semilla del bien, de la justicia y de la compasión. Estas
cualidades no son privilegio de unos pocos, sino parte de nuestra esencia común. Ahora,
estas se perfeccionan a través del ejercicio de la razón. La práctica de la virtud nos
conducirá asimismo a la felicidad. De esta manera aparecen enlazadas verdad-felicidad y
virtud. Este es el corazón del pensamiento ilustrado: esas virtudes naturales solo pueden
desarrollarse plenamente cuando existen educación (“las luces”) y libertad. Es decir, el
progreso moral de la humanidad depende de que las personas tengan acceso al
conocimiento y vivan libres de opresión.

Comparar con Rousseau (1712-1778) y Hobbes (1588-1679). Condorcet es del 1743.


Noción del pacto social.

Condorcet tiene una visión que concibe que todos los seres humanos nacen con una
inclinación natural hacia el bien, la justicia y la benevolencia.
La “semilla” de la virtud está en todos los corazones. El conocimiento y la ilustración
permiten el progreso moral y social. Rousseau por su parte también reconoce que el ser
humano es naturalmente bueno, pero piensa que la sociedad lo corrompe. En el “estado
de naturaleza”, el ser humano es libre, compasivo y vive en armonía con los demás. Sin
embargo, su ingreso en el régimen civilizatorio lo corrompe con instituciones injustas,
aparición de la propiedad privada. Él se conduce hacia una sociedad basada en la voluntad
general, donde los hombres vivan según leyes que ellos mismos se dan. Finalmente,
Hobbes en oposición a los anteriores concibe que el ser humano en su naturaleza es
egoísta, violento y temeroso. Su famosa frase resume su visión: “El hombre es un lobo para
el hombre.” Lo que puede contener ese estado de violencia natural del hombre es un Estado
fuerte (el Leviatán) que imponga el orden mediante leyes y autoridad. En resumen: Sin un
poder superior, los humanos vivirían en una guerra constante.

• Perfectabilidad física del ser humano

Condorcet utiliza la ley general de la naturaleza que determina la degeneración o


perfectibilidad orgánica de animales o plantas para proponer la posible perfectabilidad
física de la humanidad. La vida física del ser humano también es susceptible de mejorarse.
Los progresos de la medicina preventiva, el uso de viviendas y alimentos más sanos. Una
manera de vivir no expuesta a ser destruida por los excesos de la miseria y la riqueza
pueden prolongar la duración de la vida común. El hombre no llegará a ser inmortal, pero
puede aumentar la distancia entre el momento en que empieza a vivir y el momento en el
que muere. La duración media de la vida aumentará sin cesar a medida que nos
adentremos en el futuro. De la misma manera que el progreso del espíritu era capaz de
derrotar en la historia al peso de los obstáculos heredados del pasado, los avances de las
ciencias naturales y de las ciencias de la sociedad podrán romper los límites naturales,
prolongando la vida y neutralizando la amenaza de la muerte.

Introducir debate acerca de cómo la vida se prolonga en muchas ocasiones sin calidad de
vida, está muy asimilado el derecho a vivir pero no a morir.

• Superioridad occidental de los pueblos. Ilustración como proceso civilizatorio


colonial.
¿Se acercarán, todas las naciones, algún día, al estado de civilización al que han llegado los pueblos
más ilustrados, los más libres, los más liberados de prejuicios, los franceses y los angloamericanos?
Esa distancia inmensa que separa a esos pueblos de la servidumbre de las Indias, de la barbarie de
las poblaciones africanas, de la ignorancia de los salvajes, ¿desaparecerán poco a poco?

Condorcet alaba como en Europa los principios de la constitución francesa (Francia como
paradigma de progreso) ya están suficientemente extendidos resistiéndose a posibles
intentos de reterritorialización del poder por parte de los tiranos.
al experimentar la población europea rápidos crecimientos en aquel inmenso territorio, ¿no debe
civilizar o hacer desaparecer, incluso sin conquista, las naciones salvajes que allí ocupan todavía
extensas regiones?

Condorcet sí condena la colonización mediante violencia, también (de algún modo) que la
superioridad de los pueblos ilustres fuera condición legítima para la destrucción de los
pueblos indígenas. Sin embargo, no cuestiona como tal esa superioridad. De hecho, ve
como ciertamente natural/adecuado la colonización (sin violencia, por asimilación) de
ciertos territorios).
“los europeos, limitándose a un comercio libre, demasiado ilustrados sobre sus propios derechos
para despreciar los de los otros pueblos, respetarán esa independencia que hasta ahora han violado
con tanta audacia”.

Condorcet defiende el potencial empancipador que tiene las colonias al expandir el


conocimiento ilustrado, pero es crítico con la intención evangelizadora. La colonización
tiene que estar guiada por la propagación de conocimientos y libertades: colonias de
ciudadanos que difundirán en África y en Asia, los principios y el ejemplo de la libertad, las luces y la
razón de Europa. En ese sentido no defiende el expolio total de las tierras, se les debe
conceder una relativa independencia. La colonización no ha de ser por la fuerza sino por la
asimilación cultural. Precisamente la razón ilustrada permitirá esa asimilación cultural sin
aparente resistencia.
Aquellos vastos países le ofrecerán, de un lado, numerosos pueblos, que sólo parecen esperar
instrucciones para civilizarse, y encontrar hermanos en los europeos para convertirse en amigos y
en discípulos suyos; de otro, naciones sometidas a unos déspotas sagrados o a unos
conquistadores estúpidos, pueblos casi salvajes a quienes la dureza de su clima aleja de las
dulzuras de una civilización perfeccionada, a la vez que esa misma dureza rechaza a los que
quisieran hacerles conocer sus ventajas, o naciones conquistadoras, que no conocen más ley que
la fuerza, ni más oficio que el bandidaje. Los progresos de estas dos últimas clases de pueblos serán
más lentos, acompañados de más turbulencias.

Habrá pueblos que se resistan más y entonces requerirá la colonización, como una vector
de transición con los procesos civilizatorios, procesos más turbulentos.

Los pueblos ilustrados comprenderán que no pueden convertirse en conquistadores sin


perder su libertad. Modelo de confederación: la confederación de estados permite
relaciones y al mismo tiempo mantener la independencia. Frente al interés mercantil que
ha conducido a ensangrentar la tierra bajo el pretexto de enriquecerla

También podría gustarte