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La Septuaginta

El documento es una dedicatoria y un estudio que examina cómo el canon bíblico ha sido manipulado a lo largo de la historia por intereses religiosos y políticos, desde los rabinos hasta Martín Lutero. Su objetivo es restaurar la conciencia sobre el canon original que conocieron Jesús y los apóstoles, y destacar la importancia de los textos deuterocanónicos. A través de un análisis crítico y documentado, se busca revalorizar las Escrituras completas y despertar un nuevo interés en la verdad de la Palabra de Dios.
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La Septuaginta

El documento es una dedicatoria y un estudio que examina cómo el canon bíblico ha sido manipulado a lo largo de la historia por intereses religiosos y políticos, desde los rabinos hasta Martín Lutero. Su objetivo es restaurar la conciencia sobre el canon original que conocieron Jesús y los apóstoles, y destacar la importancia de los textos deuterocanónicos. A través de un análisis crítico y documentado, se busca revalorizar las Escrituras completas y despertar un nuevo interés en la verdad de la Palabra de Dios.
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Dedicatoria

A mis hijos,
con todo el amor de un padre que ha sido rescatado por la gracia.
Sean valientes, sean sabios, y no se conformen con verdades a medias.
Lean, escudriñen, abracen la Palabra completa…
porque la verdad mutilada es mentira disfrazada.
Los amo con todo lo que soy, y esta obra también les pertenece.

A mis pastores,
que han cuidado mi alma,
y me han guiado en oración, corrección y paciencia.
Gracias por apuntarme siempre a Cristo.

A Jesús, mi Salvador,
que descendió a lo más profundo para levantarme a lo más alto.
Por tu sangre y tu paciencia… estoy vivo.

A Dios Padre,
por haberme dado una segunda oportunidad
y haberme sostenido cuando yo mismo me solté.

Y con todo mi corazón…

Para el remanente fiel que ama la Palabra completa,


aunque el mundo la haya mutilado.
Dios los está despertando. No están solos.

— John González
Este estudio busca demostrar, con evidencia histórica, teológica, arqueológica y
textual, que el canon bíblico ha sido manipulado por intereses tanto religiosos como
políticos, desde los rabinos que eliminaron pasajes mesiánicos en el canon hebreo, hasta
Martín Lutero que, por odio a los judíos y a la Iglesia Católica, eliminó libros clave de la
Septuaginta.

El propósito es restaurar la conciencia del lector cristiano sobre el canon original que
conocieron Jesús y los apóstoles, revelar cómo las mutilaciones afectaron la fe cristiana
contemporánea, y despertar una nueva valoración por los textos deuterocanónicos
como parte legítima de la revelación.

A través de capítulos argumentativos y documentados, concordancias textuales, imágenes


arqueológicas, citas patrísticas y reflexiones críticas, este libro busca reabrir los ojos del
pueblo de Dios al amor, la verdad y la plenitud de las Escrituras que fueron leídas por
el mismo Cristo.
Índice General del Estudio
La Biblia que Jesús leyó – Restaurando el Canon Perdido

PARTE I – LA MANIPULACIÓN DEL CANON


🗂 ÍNDICE GENERAL

1. Agradecimiento
2. Dedicatoria
3. Capítulo 1 – Introducción: La mutilación de las Escrituras
4. Capítulo 2 – El canon hebreo y la exclusión del Mesías
5. Capítulo 3 – La Septuaginta y su autoridad en la Iglesia primitiva
6. Capítulo 4 – Lutero y la mutilación protestante del canon
7. Capítulo 5 – La Reforma y la rebelión contra Roma
8. Capítulo 6 – La Vulgata, Jerónimo y el conflicto del canon
9. Capítulo 7 – El eco patrístico: los padres y la Biblia completa (Capítulo especial
integrado)
10. Capítulo 8 – El testimonio de los mártires y los concilios
11. Capítulo 9 – La herencia de la Septuaginta en la liturgia cristiana
12. Capítulo 10 – Los Rollos del Mar Muerto: guardianes del canon prohibido
13. Capítulo 11 – Qumrán y el testimonio de los textos antiguos
14. Capítulo 12 – Los esenios: custodios de la Palabra rechazada (Capítulo especial
integrado)
15. Capítulo 13 – Manuscritos, arqueología y evidencia contra el canon rabínico
16. Capítulo 14 – El Libro de la Sabiduría despreciada
17. Capítulo 15 – Tobit y Judit: testigos del Mesías
18. Capítulo 16 – Baruc, los Macabeos y el corazón del judaísmo auténtico
19. Capítulo 17 – La censura de Isaías 53: el Mesías silenciado
20. Capítulo 18 – Los deuterocanónicos en la Iglesia primitiva y los primeros
concilios
21. Capítulo 19 – La Biblia de los apóstoles y del pueblo fiel
22. Capítulo 20 – La Vulgata: entre traducción y manipulación
23. Capítulo 21 – Canon protestante: entre odio y estrategia
24. Capítulo 22 – La voz de los padres: Ireneo, Tertuliano y Atanasio (Capítulo
especial integrado)
25. Capítulo 23 – El canon ortodoxo y la Biblia etíope: otras voces fieles
26. Capítulo 24 – El Salmo 151: testimonio oculto del rey David
27. Capítulo 25 – La doctrina afectada: consecuencias del canon mutilado
28. Capítulo 26 – Cristo no leyó tu Biblia: mensaje al cristiano moderno
29. Capítulo 27 – El Concilio de Trento y la reafirmación del canon completo
30. Capítulo 28 – El protestantismo moderno y la Biblia incompleta
31. Capítulo 29 – El nacimiento del cristianismo evangélico y sus raíces bíblicas
32. Capítulo 30 – Los movimientos mesiánicos y el regreso a las raíces hebreas
33. Capítulo 31 – La secularización del cristianismo y el abandono del canon
34. Capítulo 32 – La Biblia en manos del pueblo: traducciones y manipulaciones
35. Capítulo 33 – Israel moderno y la profecía en los textos rechazados
36. Capítulo 34 – El juicio final según los textos excluidos
37. Capítulo 35 – Conclusión: Volver a las Escrituras completas
38. Capítulo 36 – La Septuaginta contra la teoría del reemplazo (Capítulo especial
integrado)
39. Epílogo – Entre la ignorancia y la redención

EPÍLOGO
Epílogo Final: Un mensaje al lector moderno: entre la ignorancia y la redención

“Cristo no leyó tu Biblia: Estudio crítico e histórico-teológico sobre la Septuaginta y la


manipulación del canon bíblico”
(subtítulo opcional: La historia oculta detrás de los libros eliminados y los textos
tergiversados por Roma, Lutero y la tradición rabínica.)

ESTRUCTURA DEL LIBRO (MODELO DE TESIS


ADAPTADO)

1. Prólogo del autor

• ¿Por qué decidiste escribir este libro?


• Cómo fue el proceso personal, espiritual y académico que te llevó a descubrir estas
verdades.
• Declaración de intenciones: este libro no es contra nadie, sino a favor de la verdad y
de la revelación del verdadero Jesús.

2. Introducción
• Presentación del tema: ¿qué es la Septuaginta? ¿Por qué es crucial para los
cristianos?
• La importancia del canon bíblico en la formación de la fe.
• Hipótesis: “La Biblia que hoy leemos no es la misma que usaron Jesús, los
apóstoles y la Iglesia primitiva.”
• Objetivo: demostrar cómo y por qué fue amputado el canon bíblico.
• Metodología: comparación textual, revisión histórica, análisis arqueológico
(Qumrán, concilios, padres de la Iglesia).
• Alcance del estudio: judaísmo, cristianismo, protestantismo, textos apócrifos y
deuterocanónicos.

3. Marco histórico y conceptual

• El mundo judío del siglo III a.C.: origen de la Septuaginta.


• Los textos hebreos y la transmisión oral.
• El proceso de traducción de los 70 (LXX).
• Diferencias entre el texto masorético y la Septuaginta.

4. El uso de la Septuaginta por Jesús y los apóstoles

• Citas directas de los evangelios y cartas paulinas que provienen de la LXX, no del
texto hebreo.
• Por qué es clave entender qué Escrituras usaban los primeros cristianos.

5. El canon bíblico en tiempos de Cristo

• ¿Qué libros se consideraban Escritura en el tiempo de Jesús?


• ¿Existía un canon cerrado?
• El testimonio del judaísmo del Segundo Templo.
• Qumrán y los rollos del Mar Muerto: ¿qué libros guardaban?

6. La manipulación del canon tras la destrucción del Templo

• El Concilio de Jamnia (Yavne) y el canon rabínico.


• Exclusión deliberada de libros como Sabiduría, Tobit, Sirácides, etc.
• Causas: oposición al cristianismo, tensiones internas del judaísmo, luchas de poder.
7. La Iglesia primitiva y la Septuaginta

• Padres de la Iglesia que citan libros deuterocanónicos.


• La autoridad de estos libros en los primeros siglos.
• El canon de los primeros concilios: Nicea, Cartago, Hipona.

8. Lutero, el odio y la amputación

• Análisis crítico de la figura de Lutero.


• Su rechazo a los judíos y a la Iglesia católica.
• El motivo ideológico detrás de la reducción del Antiguo Testamento.
• La creación de una nueva “Sola Scriptura” sin la Escritura original.
• Comparativa entre su canon, la Septuaginta y el canon católico.

9. Consecuencias teológicas y doctrinales

• Cómo afecta esto a la comprensión del evangelio, del juicio, del amor, del perdón.
• Doctrinas ausentes por la amputación del canon.
• El impacto en la escatología, el Apocalipsis y la espiritualidad.

10. Evidencias arqueológicas y textuales

• Qumrán y los rollos: textos que confirman la validez de los deuterocanónicos.


• Comparaciones versículo por versículo entre LXX y TM (Texto Masorético).
• Imágenes, mapas, transcripciones, notas al pie.

11. Rescate de los libros despreciados

• Defensa de Tobit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Macabeos, etc.


• Lo que revelan sobre el Mesías, la salvación y la eternidad.
• Por qué fueron atacados: ¿porque eran falsos o porque eran demasiado verdaderos?

12. El llamado a la Iglesia actual

• Despertar espiritual: volver a las Escrituras de Jesús.


• No más miedo a lo que Roma aprobó o rechazó.
• Una fe con raíces profundas, no amputadas.
• Restaurar el legado perdido.

13. Conclusiones

• Confirmación de la hipótesis.
• Resumen de hallazgos clave.
• Reflexión final: ¿cuál es la Biblia que Jesús aprobaría?

14. Apéndices

• Tabla comparativa: LXX vs Masorético vs Biblia protestante.


• Cronología del canon bíblico.
• Testimonios de los padres de la Iglesia.
• Imágenes y transcripciones arqueológicas.

15. Bibliografía académica

• Autores judíos, cristianos, arqueólogos, protestantes, ortodoxos, católicos.


• Libros clave: Biblia de Jerusalén, Septuaginta de Rahlfs, Biblia Ortodoxa, etc.
REFLEXIÓN DEL AUTOR

El protestantismo y el hartazgo religioso: una analogía con la política


mexicana

Creo que, en gran manera, lo que ocurrió con el surgimiento del


protestantismo se parece a lo que hemos vivido en México con los
partidos políticos.

Durante más de 60 años gobernó el PRI. La gente estaba tan harta, y


odiaba tanto al PRI, que lo que fuera que saliera, mientras no fuera el
PRI, iba a ser adoptado. Así fue como muchos empezaron a votar por
el PAN, creyendo que era la solución.
Pero después resultó que el PAN era, en realidad, una extensión oculta
del mismo sistema corrupto.
Y hoy nos gobierna Morena, el peor partido que ha existido en la
historia de México, y todo fue producto del hartazgo colectivo, no del
discernimiento.
De igual manera, algo tuvo que ver el hecho de que Roma se haya
apropiado de la religión cristiana, se haya apropiado de la Biblia, y
haya manipulado las cosas. Porque es un hecho: la Iglesia Católica
también manipuló muchas cosas.
Entonces, cuando alguien por primera vez se atrevió a cuestionar a
Roma, esa figura fue adoptada casi ciegamente como libertador,
simplemente por el odio al sistema anterior.

No creo que Martín Lutero haya sido un hombre ungido por Dios.
Un hombre que guardaba tanto odio hacia el pueblo de Israel no pudo
haber sido ungido.
Simplemente fue un filósofo, un erudito, que decidió inmortalizarse
con una propuesta de renovación y reforma de las Escrituras.
Y tristemente lo logró.
Se ha inmortalizado, porque gracias a su Reforma Protestante
nacieron el protestantismo y todas sus ramas años después.

Pero la verdad es que las congregaciones protestantes se han alejado


de las traducciones originales de la Biblia de una manera ignorante,
no por buscar la verdad, sino por querer estar en contra de la religión
católica.

Así como el pueblo mexicano votó con el estómago, no con la


conciencia, muchos cristianos se alejaron de la Iglesia Católica no por
discernimiento, sino por hartazgo.
Y abrazaron sistemas nuevos sin saber que también estaban
distorsionados desde su raíz.
CAPÍTULO 1
¿Qué es la Septuaginta y por qué importa?
Cuando hablamos de la Biblia, la mayoría de la gente asume que se trata de un solo libro,
fijo, definido, perfecto y eterno desde sus orígenes. Pero esa imagen es ingenua. La Biblia,
como la tenemos hoy, pasó por siglos de historia, traducción, selección, omisión y, a
veces, manipulación.
Y uno de los pilares olvidados —intencional o accidentalmente— es la Septuaginta.

¿Qué es la Septuaginta?

La Septuaginta, también conocida como la versión de los Setenta (LXX), es la primera


gran traducción del Antiguo Testamento al griego, realizada entre los siglos III y I a.C.
en la ciudad de Alejandría, Egipto, donde vivía una enorme comunidad judía que ya no
hablaba hebreo, sino griego.

Cuenta la tradición que setenta o setenta y dos sabios judíos fueron convocados para
traducir los textos sagrados al idioma común del Imperio, y el resultado fue una obra
monumental: la Biblia hebrea en griego. Pero no solo eso: incluyeron también otros
libros que no estaban en el canon hebreo tradicional, pero sí eran considerados
edificantes, sagrados o usados en la liturgia y enseñanza.
¿Qué contenía la Septuaginta?

Además de los libros del canon hebreo, la Septuaginta contenía:

• Tobit
• Judit
• Sabiduría (de Salomón)
• Eclesiástico (Sirácides)
• Baruc
• 1 y 2 Macabeos
• Partes adicionales de Daniel (como la historia de Susana y Bel y el Dragón)
• Partes adicionales de Ester

Y en otras tradiciones también:

• Salmo 151
• 3 y 4 Macabeos
• Oración de Manasés
• Esdras griego (2 Esdras)

Es decir, la Septuaginta era más rica, más amplia y más espiritual que el canon
reducido que siglos después se impondría.

🕊 ¿Por qué es importante?

Porque esa fue la Biblia que usaron Jesús, los apóstoles y la Iglesia primitiva.
Era la Biblia que circulaba en todo el mundo helenizado.
Era la Biblia que contenía la esperanza mesiánica, la sabiduría ancestral, y el fondo
teológico sobre el cual Jesús predicó y los apóstoles fundaron el cristianismo.

En palabras sencillas:

Si quieres leer la Biblia que leyó Jesús, debes mirar hacia la Septuaginta.

¿Y por qué se ignora hoy?

Porque siglos después, tras la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C., los
líderes judíos rechazaron la Septuaginta por haber sido usada por los cristianos. En el
Concilio de Jamnia (ca. 90 d.C.), cerraron el canon hebreo y excluyeron los libros que
no estaban en hebreo original o que parecían favorecer doctrinas cristianas.

Y luego, en el siglo XVI, Martín Lutero —siguiendo ese canon hebreo— excluyó
también esos libros de su traducción protestante.

Desde entonces, millones de cristianos han leído una Biblia recortada, sin saber que
Jesús citó, usó y vivió dentro del contexto de una Escritura más completa.

Entonces, ¿por qué importa?

Porque la Septuaginta es la raíz que conecta la promesa con el cumplimiento.


Porque sin ella, muchas citas del Nuevo Testamento no tienen sentido.
Porque recuperar la Septuaginta es volver a las Escrituras como las vivió el Mesías.

Y sobre todo, importa porque si Jesús usó esa Biblia, nadie —ni Lutero, ni concilios
tardíos, ni sistemas religiosos— tiene derecho a quitarle partes.

CAPÍTULO 2
Evidencia de que Jesús y los apóstoles usaron la
Septuaginta
Muchos cristianos creen que Jesús y sus discípulos leían una Biblia hebrea idéntica a la que
usan hoy los judíos ortodoxos. Pero eso es históricamente incorrecto.
En tiempos de Jesús, existían dos grandes fuentes de las Escrituras:

• El canon hebreo tradicional, que no estaba completamente cerrado,


• Y la Septuaginta (LXX), una versión griega más amplia y utilizada en todo el
mundo helenístico.

La Septuaginta fue la Biblia más accesible, más difundida y más citada en el mundo de
habla griega, que era el idioma dominante del Imperio Romano. Y fue precisamente la
Biblia que Jesús y los apóstoles usaron, citaron y predicaron.

¿Cómo sabemos que usaron la Septuaginta?


Porque las citas del Antiguo Testamento que aparecen en el Nuevo Testamento
coinciden con la Septuaginta griega, no con el texto hebreo masorético (que fue
consolidado décadas después de Cristo).

Cuadro comparativo de citas del Nuevo Testamento


Cita en el Texto 🏛 Fuente
Diferencia clave
NT citado usada
Dice “virgen” (parthénos), no solo
Mateo 1:23 Isaías 7:14 Septuaginta
“joven”
“Me preparaste un cuerpo” vs. “has
Hebreos 10:5 Salmo 40:6 Septuaginta
abierto mis oídos”
Añade “dar vista a los ciegos”, ausente en
Lucas 4:18 Isaías 61 Septuaginta
hebreo
Hechos 7:14 Éxodo 1:5 Septuaginta Dice 75 personas, no 70
Romanos 3:12- Salmos 14 y
Septuaginta Fragmentos solo presentes en LXX
18 otros

Estas no son diferencias menores: son citas clave para entender el mensaje
mesiánico, y coinciden con la versión griega de la Biblia, no con la versión hebrea
moderna.

Jesús en la sinagoga: la prueba más directa


En Lucas 4:16-21, Jesús entra en la sinagoga, toma el rollo de Isaías y lee:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena nueva a
los pobres; me ha enviado a proclamar la libertad a los cautivos, y la recuperación de la
vista a los ciegos…” (BJ)

La frase “recuperación de la vista a los ciegos” solo está presente en la Septuaginta.


No aparece en el texto hebreo masorético de Isaías 61.

Esto significa que Jesús leyó y predicó desde una versión de Isaías que solo existe en
la Septuaginta.
Los apóstoles también usaron la Septuaginta
• Pablo cita textos griegos directamente (como en Romanos, Hebreos y 1 Corintios).
• Pedro y Santiago usan términos que provienen de la Septuaginta.
• En Hechos 15:15-17, Santiago cita a Amós 9:11-12 usando la versión griega, no la
hebrea.

Hechos 15:17: “para que el resto de los hombres busque al Señor…”


Esta frase no aparece así en el hebreo, pero sí en la Septuaginta.

🕊 Entonces, ¿qué implica esto?


Significa que:

1. Jesús y sus discípulos confiaban en la Septuaginta.


2. Predicaban a partir de sus textos.
3. Citaban libros y versículos que hoy han sido eliminados de muchas Biblias
protestantes.

Y lo más grave:
Muchos cristianos modernos leen una Biblia mutilada, mientras dicen seguir a
Jesús… sin saber que están leyendo una versión que el mismo Jesús no usó.

Conclusión del capítulo


No es Jesús quien se apartó de las Escrituras.
Fueron los hombres posteriores quienes se apartaron de lo que Jesús leyó.

Y si amamos a Cristo, debemos amar también Su Palabra completa, no la que otros


seleccionaron por ideología.
CAPÍTULO 3
El canon hebreo masorético: ¿cuándo y por qué se cerró?
Cuando hablamos del canon hebreo —el conjunto de libros que los judíos consideran
inspirados y sagrados—, muchas personas asumen que fue Jesús quien lo validó, o que ya
estaba cerrado desde tiempos antiguos. Pero eso no es cierto. El canon hebreo fue cerrado
oficialmente después de la muerte y resurrección de Jesús, y fue una decisión tomada
por autoridades judías que rechazaban a Jesús como el Mesías.

El contexto: destrucción del Templo y crisis de identidad

En el año 70 d.C., el Templo de Jerusalén fue destruido por los romanos. Fue un golpe
devastador para el judaísmo. Sin templo, sin altar, sin sacerdocio activo, los líderes
religiosos necesitaban redefinir su identidad espiritual y resistir el crecimiento del
cristianismo, que se expandía rápidamente proclamando que Jesús era el cumplimiento de
la Ley y los Profetas.
En ese contexto, se organizó un encuentro crucial en la ciudad de Yavne (o Jamnia),
hacia el año 90 d.C.

El “Concilio de Jamnia”: cierre del canon

Aunque no fue un “concilio” en el sentido cristiano, en Jamnia (Yavne), un grupo de


rabinos liderados por Yohanan ben Zakkai estableció varias decisiones para consolidar el
judaísmo rabínico:

• Rechazaron los libros que estaban en griego (como los deuterocanónicos).


• Excluyeron libros que contenían elementos favorables al cristianismo (como
Sabiduría, Baruc, 2 Macabeos, etc.).
• Establecieron un canon estricto de 24 libros (los que hoy se conocen como el
Tanaj), todos en hebreo.

Esta decisión no fue neutral, sino reacción política y teológica contra el cristianismo
naciente.

¿Qué libros fueron excluidos?

Libros que sí estaban en uso por muchos judíos de la diáspora, y que formaban parte de
la Septuaginta, fueron eliminados:

• Tobit
• Judit
• Sabiduría
• Eclesiástico (Sirácides)
• Baruc
• 1 y 2 Macabeos
• Partes griegas de Ester y Daniel
• Oración de Manasés
• Salmo 151
• Otros

Estos textos ya eran conocidos por los judíos, pero fueron desechados por razones
lingüísticas, doctrinales y políticas.

¿Qué criterios usaron los rabinos?


1. Que el texto estuviera en hebreo (no en griego)
2. Que fuera antiguo, escrito antes de Esdras
3. Que no contuviera enseñanzas consideradas heréticas o cristianas

Esto excluyó a muchos libros que hablaban de resurrección, juicio final, oración por los
muertos y sabiduría mesiánica… temas que apuntaban directamente al mensaje de
Jesús.

Lo más grave: Jesús y los apóstoles ya habían usado y citado esos libros.

Así que el canon hebreo fue cerrado en oposición directa al uso cristiano de las
Escrituras.
No fue una revelación divina. Fue una decisión humana, estratégica y defensiva.

¿Y luego qué pasó?

Siglos más tarde, en el siglo XVI, Martín Lutero eligió este canon hebreo tardío como la
base para su Biblia protestante, ignorando el canon más antiguo que usaron los cristianos
por más de mil años.

Así, el canon que fue formado por rabinos que rechazaron a Jesús, terminó siendo el
canon base de muchas Biblias cristianas modernas.

Conclusión del capítulo

El canon hebreo masorético no fue el canon de Jesús.


Fue una respuesta religiosa y política contra el cristianismo.
Y sin embargo, muchos cristianos hoy aceptan ese canon como si fuera el original, sin
saber que su origen nace del rechazo al propio Mesías.
CAPÍTULO 4
¿Qué libros incluye la Septuaginta y cuáles excluyó el
canon hebreo?
Uno de los errores más grandes en la historia de la fe cristiana ha sido asumir que todas
las Biblias tienen el mismo contenido o que el canon fue algo fijo desde el principio.
Pero la verdad es que hubo dos grandes tradiciones textuales desde antes del nacimiento
de Jesús:

• La tradición hebreo-palestina (más cerrada y nacionalista),


• Y la tradición griega de la diáspora, conocida como la Septuaginta, mucho más
amplia, universal y espiritual.

Y fue esta última la que Jesús y sus discípulos usaron. Pero con el tiempo, fue
despreciada y marginada, primero por los judíos rabínicos, y más adelante por la Reforma
Protestante.
¿Qué libros incluye la Septuaginta?
La Septuaginta (LXX) no solo contiene las traducciones griegas de los libros hebreos, sino
que también incluye otros libros y fragmentos que no están en el canon hebreo:

Libros que contiene la Septuaginta y la Iglesia Católica también


conserva:

1. Tobit
2. Judit
3. Sabiduría (de Salomón)
4. Eclesiástico (Sirácides)
5. Baruc
6. 1 Macabeos
7. 2 Macabeos
8. Partes adicionales de Ester
9. Partes adicionales de Daniel
o Susana, Bel y el Dragón, El cántico de los tres jóvenes

Libros que estaban en la Septuaginta, pero que ni el judaísmo rabínico


ni el canon católico incluyeron finalmente:

10. 3 Macabeos
11. 4 Macabeos
12. Oración de Manasés
13. Salmo 151
14. 1 Esdras (griego)
15. Odas
16. Salmos de Salomón

Algunos de estos fueron aceptados por las Iglesias Ortodoxas, pero no por la Iglesia
Católica ni por los protestantes.

¿Qué libros excluyó el canon hebreo (masorético)?

El canon hebreo (cerrado en Jamnia alrededor del 90 d.C.) excluyó todos los textos que no
estaban en hebreo o que mostraban una visión teológica demasiado abierta,
especialmente:

• Tobit
• Judit
• Sabiduría
• Eclesiástico
• Baruc
• 1 y 2 Macabeos
• Partes griegas de Ester y Daniel

Ninguno de estos está en las Biblias judías actuales, ni en la mayoría de las Biblias
protestantes modernas.

¿Por qué estos libros fueron excluidos?


1. Porque fueron escritos o conservados en griego, no en hebreo.
2. Porque contenían temas teológicos incómodos para el judaísmo rabínico,
como la resurrección, los ángeles, el juicio final, la oración por los muertos o la
salvación de los justos.
3. Porque eran usados ampliamente por los primeros cristianos para predicar
a Jesús como Mesías.

Esto los volvió sospechosos… y más adelante, rechazados.

¿Por qué importa esto hoy?


Porque millones de creyentes hoy leen Biblias que excluyen libros que fueron usados
por Jesús, los apóstoles, la Iglesia primitiva y durante más de mil años.
Y muchos de ellos ni siquiera saben que esos libros existieron, mucho menos que fueron
considerados inspirados por generaciones enteras de creyentes.

Conclusión del capítulo


La Septuaginta no es solo una versión más extensa, es el testimonio del Antiguo
Testamento tal como lo leyeron los primeros cristianos.

Quitar libros que Jesús y los apóstoles usaron, simplemente porque siglos después fueron
eliminados por razones políticas o doctrinales, no es defender la verdad…
Es traicionar las raíces de la fe.
CAPÍTULO 5
¿Qué enseñan los deuterocanónicos y por qué
incomodaron a la Reforma?
Cuando Lutero y otros reformadores se enfrentaron al poder excesivo de la Iglesia Católica,
su impulso por limpiar abusos y errores fue comprensible. Pero en ese impulso, también
eligieron cortar partes de las Escrituras que, a su juicio, no coincidían con la nueva
doctrina protestante.

Los libros deuterocanónicos, que habían sido parte integral de la Biblia durante más de
mil años, fueron separados o eliminados no por una falta de valor espiritual o histórico,
sino porque su contenido teológico chocaba con la narrativa de la Reforma,
especialmente con las doctrinas de:

• Sola Scriptura (solo la Escritura)


• Sola Fide (solo la fe)
• El rechazo a las obras, a la intercesión por los muertos, y a la tradición oral
¿Qué enseñan los deuterocanónicos que incomodaba
a la Reforma?
1. Oración por los muertos y expiación

2 Macabeos 12:44-46

“Porque si no hubiera esperado que los que habían muerto resucitarían, habría sido inútil y
necio orar por los muertos. [...] Por eso hizo ofrecer un sacrificio expiatorio por los
muertos, para que fueran liberados de su pecado.”

Lutero rechazaba la idea de purgatorio, de misa por los muertos y de intercesión


después de la muerte.
Este pasaje lo contradecía directamente.

2. Las obras de misericordia como forma de redención

Tobit 12:9

“La limosna salva de la muerte y purifica de todo pecado.”

Eclesiástico 3:30

“El agua apaga el fuego ardiente, y la limosna expía los pecados.”

La doctrina protestante de "solo fe" (sola fide) chocaba con estas enseñanzas, que
afirman el poder espiritual de las obras de misericordia.

3. La sabiduría divina como persona preexistente

Sabiduría 7:22–30

Describe a la Sabiduría como “emanación del poder de Dios, reflejo de la luz eterna,
imagen de su bondad.”

Este pasaje anticipa conceptos que se asocian al Logos del evangelio de Juan, y no
encajan con la teología racionalista reformada.
4. La esperanza en la resurrección y el juicio final

Sabiduría 3:1-4

“Las almas de los justos están en las manos de Dios [...] A los ojos de los insensatos
parecían haber muerto, pero están en paz.”

2 Macabeos 7:9,14,23

Testimonios explícitos sobre la resurrección de los muertos y la recompensa futura,


mucho antes del Nuevo Testamento.

Estos textos sustentan doctrinas fundamentales del cristianismo, pero fueron


eliminados por venir en libros no incluidos en el canon hebreo.

¿Por qué eran un problema para Lutero?


Lutero no buscaba solo reformar costumbres; quería rehacer la teología desde una visión
personal, centrada en:

• La fe sin obras
• La salvación directa, sin intercesión
• El rechazo al purgatorio
• El desprecio por la tradición oral o litúrgica

Los deuterocanónicos afirmaban exactamente lo contrario en varios puntos clave.


Por eso, aunque reconocía su valor histórico, los llamó “no inspirados” y los puso en
una sección aparte, hasta que fueron totalmente omitidos en versiones posteriores.

🕊 ¿Qué enseñan realmente estos libros?


En lugar de herejía o superstición, los deuterocanónicos enseñan:

• La dignidad de la limosna y la misericordia


• El valor del sufrimiento ofrecido a Dios
• La comunión entre vivos y muertos en la fe
• La esperanza de resurrección
• La lucha espiritual del pueblo fiel
• La sabiduría como guía divina
• El poder de la oración, incluso más allá de la muerte

En resumen: son profundamente coherentes con el Evangelio y con el corazón del


mensaje de Jesús.

Conclusión del capítulo


Los deuterocanónicos no fueron excluidos porque enseñaran mentiras.
Fueron excluidos porque eran demasiado verdaderos para encajar en una reforma
parcial.
En lugar de analizar lo que Dios estaba diciendo a través de ellos, se los desechó por no
coincidir con un nuevo sistema.

Pero hoy, volver a leerlos es volver a escuchar ecos del Reino que fueron silenciados por
hombres…
pero nunca por Dios.

CAPÍTULO 6
Martín Lutero: canon, antisemitismo y ruptura doctrinal
Durante siglos, Martín Lutero ha sido exaltado por muchos como un héroe espiritual, un
reformador de la verdad, un restaurador de la fe.
Pero cuando observamos su historia con ojos limpios, sin necesidad de defender ningún
bando, descubrimos algo mucho más humano… y mucho más peligroso.

Martín Lutero no fue un profeta. Fue un teólogo y filósofo, apasionado, erudito, con un
fuerte sentido de justicia, pero también con odio, orgullo y tendencias destructivas.

¿Quién fue Martín Lutero?


• Nació en 1483 en Alemania.
• Era monje agustino, sacerdote católico y profesor de teología.
• En 1517, clavó sus famosas 95 tesis en Wittenberg, protestando principalmente
contra las indulgencias.
• Su protesta, aunque legítima en origen, se transformó en ruptura total, dando
inicio a la Reforma Protestante.

Pero lo que muchos no saben o no quieren admitir es que Lutero no solo protestó contra
los abusos… también reescribió la estructura doctrinal del cristianismo.

¿Qué hizo Lutero con la Biblia?


1. Reorganizó el canon del Antiguo Testamento, siguiendo el canon hebreo
masorético, no el que la Iglesia usó durante 1,500 años.
→ Eso significó eliminar siete libros y partes de otros, los deuterocanónicos.
2. Relegó también libros del Nuevo Testamento que no le gustaban:
o A Santiago lo llamó “una epístola de paja”, por decir que la fe sin obras
está muerta (Stg 2:17).
o Hebreos, Apocalipsis y Judas también fueron cuestionados.
3. Traduciendo al alemán, colocó los libros eliminados en un apéndice,
etiquetándolos como “no inspirados”, y con el tiempo, fueron eliminados por
completo en muchas Biblias protestantes.

No fue una restauración. Fue una mutilación ideológica.

Su antisemitismo: una herida profunda


En sus primeros años, Lutero tuvo esperanza de que los judíos se convirtieran al
cristianismo. Pero al no lograrlo, su tono cambió radicalmente, y escribió obras llenas de
odio.

En 1543, publicó “Sobre los judíos y sus mentiras”, donde escribió frases como:

“Debemos quemar sus sinagogas, destruir sus casas, confiscar sus bienes y expulsarlos
como perros rabiosos.”

Estas palabras fueron citadas por los nazis siglos después para justificar el antisemitismo
cristiano en Alemania.

Un líder sin amor


¿Cómo puede alguien que dice buscar la verdad despreciar tanto a un pueblo que fue el
primero en portar la revelación de Dios?
¿Cómo puede alguien que se dice seguidor de Jesús —quien lloró por Jerusalén— hablar de
exterminar sinagogas?

Esta no es la voz de un profeta. Es la voz de un hombre herido, orgulloso y vengativo.

¿Y entonces, toda su obra es falsa?


No necesariamente. Lutero tenía razón en señalar muchos abusos eclesiásticos.
Pero eso no lo convierte en un hombre sin error, ni su reforma en una verdad absoluta.

Su mayor error fue sustituir una manipulación por otra.


Rechazó los errores del catolicismo… pero también rechazó partes de la Escritura, no
por revelación divina, sino por choque doctrinal.

El caso del canon


Al eliminar los libros deuterocanónicos, Lutero:

• Rechazó textos que usaron los apóstoles


• Cortó libros que estaban en la Biblia que leyó Jesús
• Decidió que la doctrina definía la Escritura, en lugar de que la Escritura
formara la doctrina

Eso es exactamente lo que él acusaba a Roma de hacer.

Conclusión del capítulo


Martín Lutero no fue el enemigo de Roma. Fue el producto de Roma.
Y en su intento por liberarse, cayó en otro extremo.

No restauró la fe.
Reemplazó un filtro humano por otro.
Y miles de congregaciones protestantes nacieron no porque buscaran la verdad original,
sino porque querían dejar atrás al Vaticano.
Hoy, podemos respetar su búsqueda…
Pero no podemos cerrar los ojos ante sus errores.

REFLEXIÓN INTERMEDIA
La triple contradicción de Martín Lutero y la raíz
manipulada del protestantismo
Es ridículo —y profundamente trágico— que una parte importante del cristianismo
moderno esté basada en las decisiones de un hombre que, al mismo tiempo:

1. Odiaba abiertamente al pueblo judío, llamándolos perros rabiosos, enemigos de


Dios y merecedores de expulsión.
2. Basó su canon bíblico en el canon masorético, justamente el canon establecido
por los rabinos judíos que rechazaban a Jesús, y que cerraron las Escrituras
para eliminar toda referencia mesiánica que pudiera alimentar la fe cristiana.
3. Guardaba un resentimiento profundo hacia la Iglesia Católica, de la cual formó
parte como monje agustino, pero que en su ruptura fue movido más por odio que
por fidelidad a la verdad.
Sí, Lutero tenía razón en denunciar los abusos de la Iglesia, como la venta de indulgencias
o la corrupción del clero.
Pero en lugar de construir un nuevo camino sobre la base del amor y la verdad del
Evangelio, dejó que su odio hablara más fuerte que su fe.

Y en ese odio:

• Recortó libros que sustentaban el mensaje de Cristo.


• Reescribió la doctrina para que coincidiera con su interpretación.
• Engañó a generaciones al hacerles creer que él había "descubierto" la verdad,
cuando en realidad solo reemplazó una manipulación por otra.

Lo más irónico es que el protestantismo que surgió de él terminó odiando al mismo


tiempo a los judíos y a los católicos, sin notar que su fundamento doctrinal provenía
de los rabinos judíos que rechazaron a Cristo
y de un reformador que ya no buscaba construir, sino demoler.

Martín Lutero: canon, antisemitismo y ruptura doctrinal


Un trasfondo humano herido por el sistema

Aunque solemos estudiar la Reforma como un evento teológico, no podemos ignorar que
Martín Lutero era un hombre de carne y hueso, con convicciones profundas, pero
también con heridas, decepciones, y una relación rota con la institución a la que una
vez amó y obedeció.

Antes de ser el reformador que agitó Europa, Lutero fue un monje agustino disciplinado,
brillante, piadoso, obsesionado con su salvación y con el concepto del juicio de Dios.

Un monje con fe sincera

Lutero se ordenó sacerdote en 1507, y poco después fue enviado a Roma. Lo que esperaba
encontrar era un lugar santo, austero, lleno del espíritu de Cristo.
Pero lo que encontró fue lujo, corrupción, tráfico de indulgencias, y un clero más
interesado en el poder que en las almas.

Regresó a Alemania desencantado, confundido y herido.


Y ese desencanto no fue solo con el sistema...
Fue con la Iglesia que él había entregado su vida a servir.

¿Hubo rechazo institucional?

No existe un documento que diga: “le negaron el obispado”, pero sí hay evidencia de que
sus ideas y propuestas fueron descartadas sin discusión, y fue tratado como un rebelde
y hereje desde el momento en que cuestionó las indulgencias.

No hubo diálogo. Hubo excomunión.


No hubo escucha. Hubo condena.

Así, lo que pudo haber sido un proceso de reforma interna, se convirtió en una guerra
espiritual, política y emocional.

¿Y si su ruptura no fue solo teológica… sino también personal?

Lutero comenzó su camino buscando agradar a Dios. Pero el sistema le cerró las
puertas y lo expulsó.
Es posible —y necesario admitirlo— que su odio posterior no nació solo de la doctrina,
sino del rechazo, la traición y la desilusión.

El mismo hombre que se sintió desechado por Roma, terminó desechando partes de las
Escrituras que no encajaban con su nueva visión.
Y el mismo hombre que denunció el poder manipulador de la Iglesia, terminó
manipulando el canon para proteger su doctrina.

Una paradoja peligrosa

Lutero odiaba a los judíos, pero adoptó su canon.


Odiaba a la Iglesia Católica, pero su movimiento nació como reacción, no como
revelación.
Y en su afán por liberar al pueblo del control religioso, creó una nueva narrativa que
terminó alejando a millones de creyentes del texto completo que Jesús leyó.
Reflexión final del capítulo
Martín Lutero no fue el libertador que muchos creen.
Tampoco fue un monstruo.
Fue un hombre brillante y herido, idealista y vengativo, que reaccionó con más dolor
que amor.

Y el cristianismo que surgió de su Reforma heredó tanto su pasión como su fractura.

Hoy, mirar su historia no es para condenarlo, sino para entender que cuando se pierde el
equilibrio entre verdad y humildad, toda reforma termina siendo otra forma de
deformación.

CAPÍTULO 7
La Reforma Protestante y su impacto en el canon bíblico
Cuando Martín Lutero clavó sus 95 tesis en Wittenberg en 1517, dio inicio a una revolución
espiritual, política y social que transformó Europa.
La Reforma Protestante se presentaba como un regreso a las fuentes, a la verdad, a la
pureza de la fe cristiana.
Pero al mirar con detenimiento, lo que se hizo no fue restaurar la Biblia original, sino
seleccionar los textos que coincidían con una nueva doctrina, y descartar los que la
cuestionaban.

El impacto que esto tuvo sobre el canon bíblico —es decir, sobre los libros que los
cristianos consideran inspirados— fue enorme y sigue vigente hasta hoy.
¿Qué cambió la Reforma en la Biblia?
1. Reorganizó el Antiguo Testamento basándose en el canon hebreo masorético,
no en la Septuaginta que usaron Jesús y los apóstoles.
2. Excluyó siete libros completos: Tobit, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 y
2 Macabeos.
3. Eliminó partes importantes de Daniel y Ester que solo estaban en la versión
griega.
4. Puso en duda libros del Nuevo Testamento, como Santiago, Hebreos, Judas y
Apocalipsis.
5. Dividió la Biblia en dos categorías:
o “Escritura inspirada”
o “Lecturas útiles pero no canónicas” (los deuterocanónicos fueron colocados
en esta última sección)

¿Qué se perdió con esta nueva estructura?


• Se perdió la unidad con la Biblia que usó Jesús.
• Se perdió la coherencia con la fe de la Iglesia primitiva.
• Se perdió el valor espiritual de textos que enseñan sobre misericordia,
resurrección, oración por los muertos, y sabiduría divina.

La Biblia protestante quedó mutilada, no por revelación divina, sino por reacción
ideológica.

¿Qué pasó con el pueblo?


Los cristianos que abrazaron la Reforma recibieron una Biblia que se les dijo “más pura”,
“más exacta”, “más fiel al original”.
Pero no se les dijo que esa Biblia:

• Había sido recortada por decisión humana.


• Se basaba en el canon hebreo cerrado por los mismos rabinos que rechazaron a
Jesús.
• Eliminaba textos usados por los primeros cristianos y citados indirectamente
en el Nuevo Testamento.
La difusión masiva del error
Con la invención de la imprenta, la Biblia protestante se multiplicó.
Millones de personas accedieron por primera vez a la Escritura —y eso fue una
bendición—,
pero lo hicieron con una Biblia incompleta, ya manipulada, ya recortada.

El nuevo cristianismo surgido de la Reforma ya no tenía la misma raíz textual.


Era una fe bíblica, sí…
Pero una Biblia seleccionada por Lutero y sus seguidores.

Las consecuencias hasta hoy


Hoy en día:

• Muchas Biblias evangélicas no contienen los libros que Jesús y los apóstoles
usaron.
• Muchos creyentes ni siquiera saben que esos libros existieron.
• Congregaciones enteras repiten que tienen “la Biblia verdadera”, sin saber que fue
modificada hace apenas 500 años.

El impacto de la Reforma fue tan grande que aún hoy, incluso católicos y ortodoxos han
tenido que reafirmar el canon original frente a la presión cultural del canon protestante.

Conclusión del capítulo


La Reforma Protestante no solo dividió a la Iglesia:
dividió la Biblia.

Y en ese corte, se perdieron voces, libros, mensajes y visiones que formaron parte del
alma del cristianismo primitivo.

Restaurar el canon original no es volver al pasado.


Es volver a la Palabra que Jesús leyó.
Es sanar una fractura que nunca debió suceder.
CAPÍTULO 8
La Iglesia Anglicana y otras separaciones: herencia de
una ruptura mayor
Una vez que la Iglesia fue rota, las grietas ya no se detuvieron.
El protestantismo, que nació como una reacción contra los abusos del catolicismo, pronto
se multiplicó en fragmentos, y cada nueva separación se justificó con la idea de “volver a
la verdadera fe”.
Pero lo que en muchos casos motivó estas divisiones no fue el Espíritu Santo, sino el
espíritu de poder, política y orgullo humano.

La separación de Inglaterra: la Iglesia Anglicana


Uno de los casos más notorios fue el de la Iglesia Anglicana, también llamada Iglesia de
Inglaterra, fundada oficialmente en 1534 bajo el rey Enrique VIII.

¿Motivo? No fue teológico. Fue político.

• Enrique VIII pidió al Papa la anulación de su matrimonio con Catalina de


Aragón, quien no le había dado un heredero varón.
• El Papa Clemente VII se negó, por razones diplomáticas y religiosas.
• Enrique entonces decidió romper con Roma, declarar que él era la máxima
autoridad de la Iglesia en su reino, y fundar su propia iglesia nacional.

Así nació la Iglesia Anglicana, no por una revelación divina…


sino por una herida de orgullo y un deseo carnal.

¿Qué cambió en la Iglesia Anglicana?


• Mantuvo muchas estructuras católicas (liturgia, sacramentos, jerarquía).
• Adoptó el canon protestante, excluyendo los deuterocanónicos como Lutero.
• Se posicionó a mitad de camino entre católicos y protestantes: ni Roma ni
Ginebra.

Fue una iglesia intermedia, que siguió el modelo de poder estatal religioso, pero con
una Biblia ya mutilada.

La Reforma como virus de fragmentación


Lo que comenzó con Lutero abrió la puerta a que cualquier desacuerdo diera
nacimiento a una nueva denominación.

Después del anglicanismo vinieron:

• Los puritanos (Inglaterra)


• Los presbiterianos (Escocia)
• Los anabautistas
• Los bautistas
• Los metodistas
• Y más adelante, los pentecostales, mormones, testigos de Jehová, adventistas,
etc.

Cada uno con una Biblia distinta, una interpretación distinta, una autoridad distinta.
Millones de cristianos divididos, cada uno diciendo tener la verdad.
¿Qué se perdió con tanta separación?
• Se perdió la unidad de fe.
• Se perdió el vínculo con las Escrituras completas.
• Se perdió la transmisión histórica viva del cristianismo original.
• Se perdió el sentido de que Cristo no vino a crear denominaciones, sino
discípulos.

Y lo más trágico:
En el proceso, muchos se alejaron de la Biblia de Jesús, por el simple hecho de que se
parecía a la Biblia que usaba Roma.

🕊 ¿Es posible redimir esta historia?


Sí, pero no regresando a Roma ni huyendo a nuevas divisiones.
La redención comienza cuando los cristianos dejan de seguir estructuras humanas y se
vuelven sinceramente a Jesús,
y a las Escrituras completas que Él leyó, vivió y enseñó.

Conclusión del capítulo


La Iglesia Anglicana y las miles de denominaciones posteriores no nacieron del Espíritu
de unidad, sino de heridas, orgullos y reacciones humanas.

Hoy, siglos después, la única forma de sanar esa ruptura no es elegir un bando,
sino volver al Cordero… y a la Palabra completa.
CAPÍTULO 9
El Imperio Romano, Constantino y la institucionalización
del cristianismo

De perseguidores a promotores
Durante más de dos siglos, Roma persiguió ferozmente a los cristianos.
Cristo fue crucificado por decisión romana.
Los apóstoles fueron ejecutados bajo imperios romanos.
Miles de cristianos fueron arrojados a los leones, crucificados, torturados en circos
imperiales.
Ser cristiano era una sentencia de muerte.
Pero todo cambió en el año 313 d.C., con el famoso Edicto de Milán, proclamado por el
emperador Constantino.

Constantino: ¿salvador o estratega?


Se dice que antes de una batalla importante, Constantino tuvo una visión del cielo que
decía:
"Con este signo vencerás" — y vio una cruz.

Ganó la batalla, y desde ese momento legalizó el cristianismo.

Pero legalizar no es lo mismo que santificar.


Roma no se convirtió en discípula de Cristo. Roma absorbió el cristianismo… y lo hizo
suyo.

De fe perseguida a religión oficial


En el año 380 d.C., bajo el emperador Teodosio I, el cristianismo fue declarado la religión
oficial del Imperio Romano.
Los templos paganos fueron cerrados, las otras religiones prohibidas, y el cristianismo se
volvió la herramienta del Estado.

Pero el cristianismo que ahora se promovía ya no era el mismo.

El cristianismo romano: ¿una fe o una fachada?


• Se mezclaron símbolos paganos con prácticas cristianas (vestimentas, altares,
títulos como “Pontífice Máximo”).
• El mensaje de amor, humildad y perdón de Jesús fue reemplazado por
jerarquías, rituales, control, eclesiasticismo.
• El cristianismo perdió su carácter judío y su conexión con la Biblia hebrea que
Jesús leyó (la Septuaginta).
• Se suplantó el seguimiento personal de Cristo por la obediencia a una institución.

Roma no se convirtió al cristianismo…


El cristianismo fue romanizado.
La paradoja de la persecución inversa
Lo más triste y escandaloso de esta transformación fue que, una vez que el cristianismo
fue oficial, comenzó a hacer exactamente lo que antes condenaba:

• Perseguir a otros que no pensaban igual.


• Quemar libros y templos de religiones paganas.
• Imponer la fe a la fuerza.

El Imperio que mató a Cristo, ahora se convirtió en su “representante oficial”, sin haber
pasado por una verdadera conversión.

De seguidores a súbditos
El mensaje de Jesús era claro:

“El que quiera seguirme, tome su cruz…”

Pero en Roma, ya no era una decisión del alma; era una obligación legal.

• Las conversiones fueron masivas, pero sin convicción ni arrepentimiento.


• Se construyeron catedrales, pero se abandonaron las enseñanzas de los profetas.
• Se oficializó una fe de poder, no de redención.

El Vaticano y la iglesia imperial


Con los siglos, el poder eclesiástico romano se consolidó en lo que hoy llamamos el
Vaticano.
No fue fundado por Pedro ni por Pablo.
Fue una evolución política, estratégica y territorial del imperio.

La sede del amor de Cristo terminó siendo la sede del poder religioso más grande de la
Tierra.

¿Qué quedó del mensaje original?


Muchos fieles, aún dentro de esta estructura, sí amaban a Jesús, y sí vivieron con
humildad y entrega.
Pero el sistema general se apartó cada vez más del Evangelio del Reino, convirtiendo la
Iglesia en una monarquía espiritual adornada de oro, pero alejada del corazón del
Maestro.

Conclusión del capítulo


Roma no solo clavó a Jesús en una cruz.
Después, se lo puso como medalla en el pecho.

Y así, lo convirtió en símbolo de poder, en lugar de símbolo de redención.

La institucionalización del cristianismo fue uno de los mayores robos de la historia


espiritual.
Un robo sutil, silencioso, disfrazado de “gloria a Dios”, pero motivado por el ansia de
poder y control.

CAPÍTULO 10
La Septuaginta y los libros que Jesús sí leyó

¿Qué es la Septuaginta?
La Septuaginta (LXX) es la primera traducción conocida de la Biblia hebrea al griego
koiné.
Fue realizada entre los siglos III y II a.C. por judíos helenizados que vivían en Alejandría,
Egipto.

Su nombre viene del latín “septuaginta” que significa “setenta”, por la tradición de que 72
sabios judíos la tradujeron en 72 días.
Pero lo más importante de la Septuaginta no es su origen, sino su uso en el tiempo de
Jesús:

Era la Biblia oficial del judaísmo fuera de Israel.


Era la Biblia que usaban los apóstoles y las primeras comunidades cristianas.
Es la versión más citada en el Nuevo Testamento.

¿Usó Jesús la Septuaginta?


Sí, sin lugar a dudas.

Muchas de las citas que Jesús y los apóstoles hacen del Antiguo Testamento no
coinciden con el texto masorético hebreo, sino con la Septuaginta.

Ejemplo:

Isaías 7:14

• Septuaginta: “Una virgen concebirá y dará a luz un hijo…”


• Texto hebreo masorético: “Una joven concebirá…”
• Mateo 1:23 cita claramente la versión de la Septuaginta.

Esto es solo uno de muchos casos.

¿Qué libros incluye la Septuaginta que el canon


masorético no?
Los llamados “deuterocanónicos” o “apócrifos” en el lenguaje protestante.
Algunos de ellos:

1. Sabiduría
2. Eclesiástico (Sirácides)
3. Baruc
4. Tobit
5. Judith
6. 1 y 2 Macabeos
7. Fragmentos adicionales de Ester y Daniel
8. Carta de Jeremías
9. Oración de Manasés
Estos libros sí estaban en la Septuaginta.
Y la Septuaginta sí era considerada Escritura Sagrada por los judíos en tiempos de
Jesús.

¿Quién excluyó estos libros… y por qué?


Luego de la destrucción del Templo en el año 70 d.C., los rabinos judíos se reunieron en lo
que se conoce como el Concilio de Yavne (o Jamnia), hacia el año 90-100 d.C.

Ahí se estableció un canon cerrado con los 24 libros del Tanaj (equivalente a los 39
libros del Antiguo Testamento protestante).

Motivos posibles:

• Evitar textos con connotaciones mesiánicas peligrosas para su comunidad.


• Rechazar lo que usaban los cristianos primitivos.
• Unificar un judaísmo en crisis, sin Templo ni tierra.

Este canon excluyó los libros que Jesús y los apóstoles sí leían.

Es decir: el canon hebreo fue modificado después de Cristo.

Martín Lutero y la exclusión definitiva


En el siglo XVI, Lutero —al traducir la Biblia al alemán— decidió seguir el canon
masorético hebreo, no la Septuaginta.

¿Por qué?

• Porque ciertos pasajes de los deuterocanónicos contradecían su nueva doctrina,


especialmente la de “solo fe”.
• Porque acusaba a la Iglesia Católica de manipular esos libros para justificar
obras, penitencias e indulgencias.

Entonces los separó, los llamó “apócrifos” y dijo que “no son iguales a las Escrituras,
aunque son útiles para leer”.

La mayoría de las iglesias protestantes desde entonces los omitieron completamente.


¿Qué dicen los Padres de la Iglesia?
Los primeros escritores cristianos sí usaban estos libros como parte de la Biblia:

• Ireneo, Clemente, Tertuliano, Orígenes, Atanasio, Jerónimo y Agustín los citan


con autoridad.
• Los concilios de Hipona (393), Cartago (397) y Florencia (1442) los confirman
como inspirados.

Incluso la Biblia Vulgata en latín, traducida por Jerónimo, los incluyó.

El absurdo de la contradicción protestante


Muchos protestantes:

• Rechazan la autoridad del Vaticano.


• Rechazan las decisiones del judaísmo rabínico.

Pero su Biblia fue armada en base al canon que aprobaron… los rabinos que negaron
a Cristo.

Jesús leyó y citó la Septuaginta.


Los apóstoles la usaron.
El cristianismo nació con ella.
¿Por qué entonces ignorarla?

Reflexión final
La Septuaginta no es solo una versión antigua.
Es un testimonio de lo que creían los judíos antes del rechazo a Jesús.
Es la Biblia que leyó Pablo, citó Pedro y predicó Esteban.

Excluirla es excluir una parte del mensaje.


Es ignorar las raíces.
Es recortar la fe.
CAPÍTULO 11
El Concilio de Jamnia y la manipulación del canon
hebreo
Durante el desarrollo de la historia judía en tiempos de poscristo, ocurrió un momento
decisivo que ha marcado el curso de la tradición bíblica: el cierre del canon hebreo en
Jamnia (o Yavne).

El contexto histórico

Después de la destrucción del Templo en el año 70 d.C., el judaísmo se vio forzado a


redefinirse sin su centro nacional y sin el sistema sacrificial que lo había caracterizado. Las
comunidades judías, especialmente en la diáspora, buscaban una identidad y una coherencia
en sus textos sagrados, para preservar lo que consideraban la verdad revelada.
En este ambiente de crisis, los rabinos se congregaron en Jamnia (o Yavne), una ciudad
que se convirtió en el nuevo centro del judaísmo emergente.

¿Qué se hizo en Jamnia?

En Jamnia, un grupo de líderes y eruditos judíos deliberó sobre cuáles textos debían
considerarse parte de la Escritura sagrada. Entre las decisiones que se tomaron destacan:

• Exclusión de textos en griego:


Se rechazaron aquellos libros escritos o preservados en griego, incluidos muchos de
los deuterocanónicos que pertenecían a la tradición de la Septuaginta.
• Establecimiento de un canon “en hebreo”:
El objetivo era unificar la tradición oral y escrita en un conjunto de libros que
representara la auténtica revelación dada a Israel, conservando solamente aquellos
textos en el idioma original.

Estas decisiones culminaron en lo que hoy se conoce como el Tanaj o el Canon Hebreo,
compuesto por los 24 libros (equivalentes a los 39 del Antiguo Testamento protestante,
organizados de otra manera).

Los criterios empleados

Los rabinos utilizaron varios criterios para la selección:

1. Idioma original:
Se privilegió lo que estaba escrito en hebreo o arameo, considerándolo más
auténtico y vinculado directamente a la experiencia de Dios con su pueblo.
2. Antigüedad del texto:
Se buscó que los libros fueran lo suficientemente antiguos, vinculados a la tradición
transmitida antes del exilio y la llegada de influencias externas.
3. Concordancia teológica:
Se evitaban textos que pudieran alimentar ideas mesiánicas o doctrinas que se
consideraban peligrosas para la consolidación del judaísmo rabínico, especialmente
frente al surgimiento del cristianismo.

Implicaciones de la exclusión

La decisión de cerrar el canon tuvo profundas repercusiones:


• Rechazo de la tradición de la Septuaginta:
Muchos textos que, según la Septuaginta, formaban parte de las Escrituras usadas
por los primeros cristianos fueron deliberadamente excluidos.
• Desconexión con la fe cristiana primitiva:
Jesús y los apóstoles usaron una Biblia mucho más amplia, y en particular, citaban
versiones y libros que posteriormente no se conservaron en el canon judío cerrado.
• Manipulación del mensaje:
Desde el punto de vista histórico, se puede argumentar que el cierre del canon fue
tan solo un acto de defensa identitaria del judaísmo, pero que tuvo como
consecuencia la pérdida de textos que contenían enseñanzas espirituales y
mesiánicas cruciales.

Reflexión crítica

Este proceso muestra cómo los criterios humanos —en este caso, de carácter lingüístico,
histórico y teológico— pueden dar lugar a una “mutilación” del mensaje original,
dejando de lado voces y escritos que formaron parte de la revelación en tiempos antiguos.

El hecho de que el canon hebreo se cerrara con criterios opuestos a los que usaron los
primeros cristianos para compilar la Septuaginta evidencia un profundo enfrentamiento:

• Los rabinos buscaban delimitar una identidad judía purista, rehusando influencias
externas que, en su opinión, amenazaban la pureza del mensaje.
• En contraste, los primeros cristianos adoptaron la Septuaginta como puente para
comunicar a un mundo helenizado la promesa divina.

Conclusión del capítulo

El Concilio de Jamnia no fue un acto de revelación divina, sino una decisión humana en
respuesta a una crisis identitaria y política.
Esta decisión, aunque comprensible en su contexto, dividió la tradición sagrada en dos
caminos: uno que sigue la huella de la Septuaginta y otro basado en el canon cerrado por
los rabinos.

Comprender esta división es fundamental para que hoy podamos reconocer que:

• La Biblia que usó Jesús es distinta de la que muchos cristianos modernos leen.
• Parte del mensaje original fue recortado por decisiones humanas, nacidas de
contextos de conflicto y miedo.
Solo al conocer esta historia podremos acercarnos a la verdad completa de la Palabra,
liberándonos de manipulaciones y buscando genuinamente el amor y la justicia que Jesús
enseñó.

Manipulación por motivos mesiánicos: silenciar la figura de Jesús

Una de las razones más contundentes —y menos mencionadas— del rechazo rabínico a
varios libros contenidos en la Septuaginta fue la urgencia por silenciar cualquier texto
que pudiera ser usado para sostener la figura mesiánica de Jesús de Nazaret.

Para entender esto, hay que recordar que los primeros cristianos —incluidos Jesús, sus
discípulos y Pablo— usaban la Septuaginta como su Biblia. Muchas de sus
predicaciones, enseñanzas y debates con fariseos y escribas citaban directamente pasajes
de esos libros deuterocanónicos o de versiones griegas del Antiguo Testamento que
posteriormente serían excluidas.

Estos libros, al haber sido ya conocidos por muchas comunidades judías de la diáspora,
contenían profecías, visiones, sabiduría e incluso lenguaje mesiánico que era
interpretado por los primeros cristianos como una clara referencia a Jesús. Por ejemplo:

• El Libro de la Sabiduría, capítulo 2, describe la persecución de un “justo” que es


condenado por decir que es hijo de Dios. Muchos Padres de la Iglesia vieron aquí un
eco directo de la crucifixión de Cristo.
• El Libro de Baruc, atribuido a un discípulo del profeta Jeremías, habla del perdón
y la restauración en términos que los cristianos leían como una promesa cumplida
en Jesús.
• Tobit, Eclesiástico y Macabeos presentan figuras de redención, sufrimiento justo y
resurrección, todos temas abrazados por la nueva fe cristiana.

Los rabinos, al ver cómo estos textos eran utilizados por los cristianos para validar la
identidad mesiánica de Jesús, decidieron cortar de raíz cualquier legitimación
“escrituraria” del cristianismo. En otras palabras, lo que no se podía refutar se intentó
ocultar.

Esta exclusión fue un acto más político que espiritual, orientado a conservar el control del
mensaje dentro del judaísmo rabínico y a evitar que más judíos se convirtieran al
cristianismo. En lugar de responder con debate abierto a las enseñanzas de Jesús, optaron
por redefinir qué libros merecían ser leídos como Palabra de Dios.

Por eso, podemos decir con claridad que el cierre del canon hebreo fue una respuesta
estratégica al cristianismo naciente, y la eliminación de ciertos libros fue una forma de
frenar la expansión de la fe en Jesús como el Mesías. No fue un proceso inocente ni
neutro, sino profundamente condicionado por el conflicto entre los seguidores de Jesús y
los líderes religiosos judíos que no lo aceptaron.
❝¿Y si todo esto fue un plan de Lutero?❞

Una hipótesis incómoda sobre el odio, la Biblia y la manipulación de la fe

Me vino un pensamiento de esos que parecen un chispazo entre el sarcasmo y la sospecha.


Y lo lanzo como hipótesis, como quien lanza una piedra en el estanque a ver cuántas ondas
genera.

Todos sabemos que Martín Lutero odiaba profundamente a los judíos. Basta con leer sus
escritos tardíos —no, no son rumores: están ahí, impresos y documentados— para darnos
cuenta del nivel de desprecio que albergaba. Declaraciones que rozan el genocidio,
llamando a quemar sus sinagogas, destruir sus casas y expulsarlos de sus tierras. ¿Eso es lo
que llamaríamos hoy un "reformador ungido"?

Pero aquí viene lo irónico. Lo verdaderamente grotesco.

Este mismo Lutero, que no soportaba a los judíos, termina construyendo su canon bíblico
protestante basado en el canon masorético... ¡el mismo canon que los rabinos judíos
organizaron en el siglo I después de Cristo para quitar cualquier rastro mesiánico que
apuntara a Jesús!

Es como si dijera: "Odio a los judíos, pero voy a usar lo que ellos seleccionaron... para
definir la Biblia del nuevo cristianismo". Suena ridículo, ¿no? Y sin embargo, eso hizo.

Entonces, se me ocurre una hipótesis, una especie de teoría conspirativa pero con aroma a
verdad:

¿Y si Lutero no solo quería acabar con la Iglesia Católica, sino también con cualquier
posibilidad de que los judíos conocieran a Jesús a través de las Escrituras?

Piénsalo un momento.

Jesús y los apóstoles leían y citaban la Septuaginta.


La Septuaginta estaba llena de ecos mesiánicos.
Los libros deuterocanónicos hablaban del perdón, del sufrimiento del justo, de la esperanza
en la resurrección, de la acción de Dios en los gentiles, del alma y del juicio.
Pero... todos esos libros fueron tachados por Lutero.

Los rabinos, después de la destrucción del Templo, también los habían tachado. ¿Por qué?
Porque los cristianos los usaban para demostrar que Jesús era el Mesías. Entonces,
¡fuera! Hay que eliminar cualquier texto que los cristianos puedan usar para validar a Jesús
como el Hijo de Dios.
¿Y qué hace Lutero? Se pone del lado de esos mismos rabinos... pero con capa de
reformador. Les quita la Biblia a los católicos, sí. Pero también se la cierra a los judíos.

Ahora viene lo más irónico de todo: este hombre odiaba a los judíos, pero al adoptar el
canon masorético, contribuyó a que los protestantes leyeran una Biblia mutilada, más
parecida a la que los rabinos querían que a la que Jesús conoció.

¿Y si eso fue parte de su plan?


¿Y si su odio era tan profundo que, sin darse cuenta —o tal vez sí dándose cuenta—, quiso
evitar que tanto católicos como judíos tuvieran acceso al puente que los llevaría a Jesús?

Porque al eliminar los libros que hablan del alma, que hablan del sufrimiento redentor,
que hablan del arrepentimiento profundo, que hablan de la limosna como compasión
viva y no como compra de indulgencias, estaba eliminando las piezas del
rompecabezas que formaban la silueta de Cristo en el Antiguo Testamento.

Y así, Lutero logró algo tremendo:

• Se enfrentó al Papa.
• Dividió a la Iglesia.
• Desangró la fe en mil denominaciones.
• Y eliminó los textos que podían tocar el corazón del judío sincero.

Si esto fue consciente o no... nunca lo sabremos.


Pero que lo logró, lo logró.
Y el cristianismo de hoy, tanto protestante como católico, vive —en mayor o menor
medida— con los escombros de esa decisión.

Así que la próxima vez que alguien me diga que su Biblia solo tiene los libros
“inspirados”, le preguntaré con cariño:
¿Inspirados por quién? ¿Por el Espíritu Santo... o por los odios personales de un
monje frustrado?

¿Una religión nacida del odio?

Es una pregunta incómoda, pero a veces las preguntas más incómodas son las que nos
acercan a la verdad.

Si el cristianismo moderno —al menos en su vertiente protestante— nace de la Reforma de


Martín Lutero, entonces debemos tener el valor de mirar con honestidad el corazón de
aquel hombre. ¿Fue un reformador ungido por Dios? ¿O fue un erudito brillante, lleno de
dolor, resentimiento y odio hacia los poderes que lo rodeaban?
Porque Lutero no solo rompió con Roma, sino que también cargaba un profundo odio hacia
el pueblo judío. Está documentado en sus escritos más tardíos, como Sobre los judíos y sus
mentiras (“Von den Juden und ihren Lügen”), un panfleto atroz que clama por la quema de
sus sinagogas, la destrucción de sus hogares, la confiscación de sus libros y la prohibición
de enseñar públicamente. Palabras que siglos después inspirarían incluso a los nazis.

Y sin embargo, el mismo Lutero que odiaba a los judíos, usó el canon masorético —
establecido por rabinos que, tras la destrucción del Templo, decidieron remover de sus
Escrituras ciertos textos que los cristianos usaban para probar que Jesús era el Mesías.
¿Cómo puede alguien despreciar tanto a un pueblo y a la vez construir su teología sobre las
decisiones religiosas de ese mismo pueblo?

¿Fue una contradicción ciega? ¿O fue parte de algo más?

Aquí es donde nace tu hipótesis, John —y la desarrollamos como si fuera una teoría
conspirativa, aunque dolorosamente plausible:

"¿Y si Lutero no solo quiso romper con Roma? ¿Y si su odio era tan profundo que su
verdadero objetivo era impedir que tanto católicos como judíos pudieran llegar libremente a
Cristo? ¿Y si, al eliminar los libros que Jesús mismo leyó y citó —libros que tocaban temas
mesiánicos, de redención, de compasión, de fe viva— Lutero estaba, sin saberlo o
sabiéndolo, cercenando el puente que conectaba a los judíos con su Mesías, y a los fieles
con una revelación más plena?"

Porque si esa fue la raíz, entonces la pregunta es brutal:

¿El cristianismo moderno —el que se ha multiplicado en miles de denominaciones y


doctrinas— nació del amor de Cristo, o del odio de un hombre?

Es obvio que en el corazón del cristianismo está Cristo, y que millones han encontrado a
Jesús de verdad a pesar de la historia, no gracias a ella. Pero cuando uno descubre que las
bases institucionales de su fe tienen grietas hechas por resentimientos humanos,
manipulaciones, y conveniencias políticas o personales… uno se sacude por dentro.

Y en esa sacudida, no se pierde la fe. Se purifica.

Porque quizás sea tiempo de quitarle al cristianismo moderno la etiqueta de “religión


verdadera” por tradición o por sistema, y devolvérsela a Jesús. No a Lutero, no a Roma, no
a los concilios, no a los credos.

Solo a Jesús.
✧ Capítulo 13 ✧
Qumrán y el testimonio de los Rollos del Mar Muerto

“Si callaran los libros, hablarían las piedras… y si callaran las piedras, hablarían los
rollos.”

Durante siglos, la autoridad de los libros llamados "deuterocanónicos" fue debatida por
concilios, reformadores y líderes religiosos que pretendían tener la última palabra sobre qué
debía o no formar parte de las Escrituras. Pero en 1947, cuando un joven pastor beduino
arrojó una piedra dentro de una cueva cercana a Qumrán y escuchó el eco de vasijas rotas,
comenzó a resquebrajarse también la narrativa oficial. Porque lo que encontraron no fueron
simples papiros, sino un testimonio silencioso y poderoso de lo que las primeras
comunidades judías consideraban sagrado.

Los Rollos del Mar Muerto, cuidadosamente guardados por una comunidad judía retirada
del mundo –probablemente los esenios–, contenían no solo copias antiquísimas de libros
del Tanaj (el Antiguo Testamento), sino también fragmentos de libros que la tradición
masorética había excluido... y que la Iglesia católica, en cambio, había preservado.

Los libros “perdidos” que reaparecieron

Entre los más de 900 manuscritos descubiertos en Qumrán se hallaron copias y fragmentos
de textos como:

• Tobit (o Tobías)
• Sirácida (también llamado Eclesiástico)
• Sabiduría de Salomón
• Baruc
• Carta de Jeremías
• Macabeos (aunque en menor medida)

Estos libros son parte del corpus deuterocanónico conservado en la Septuaginta, la


traducción griega del Antiguo Testamento hecha entre los siglos III y II a.C., y leída
ampliamente en tiempos de Jesús y los apóstoles.
El hallazgo de estos textos en Qumrán contradice frontalmente la idea de que los
deuterocanónicos fueran invenciones tardías o meros escritos secundarios. Por el
contrario, demuestra que eran leídos, copiados y venerados por ciertas comunidades
judías antes incluso de la era cristiana.

La Septuaginta: puente entre el judaísmo y el cristianismo

El testimonio arqueológico de Qumrán refuerza la legitimidad de la Septuaginta.


Recordemos que esta versión griega de las Escrituras hebreas no fue creada por cristianos,
sino por judíos en Alejandría, siglos antes del nacimiento de Jesús. Fue usada en las
sinagogas de la diáspora y citada frecuentemente por los autores del Nuevo Testamento.

Así, lo que encontramos en Qumrán no es una simple colección de pergaminos viejos, sino
una validación de que la Biblia que usaron Jesús y los primeros discípulos incluía libros
que siglos más tarde serían desechados por el canon masorético, bajo razones no
espirituales sino políticas y teológicas.

La presencia de estos libros en los Rollos del Mar Muerto también desacredita a quienes los
han descartado bajo el argumento de “no haber sido aceptados por los judíos”. Qumrán
muestra que sí hubo judíos que los aceptaban, estudiaban y preservaban, lo cual es una
evidencia incuestionable de su valor en la espiritualidad de los siglos anteriores a Cristo.
¿Quién decide qué es palabra de Dios?

Es aquí donde la pregunta se vuelve más profunda, casi existencial:


¿Quién tiene la autoridad de determinar qué es o no es parte de la revelación divina?
¿Un concilio humano como el de Jamnia, que reacciona contra el cristianismo?
¿Un reformador como Lutero, que ajusta el canon a su conveniencia teológica?
¿O la historia misma, que termina gritando desde las cuevas de Qumrán aquello que
muchos quisieron callar?

Los Rollos del Mar Muerto no vienen a imponerse como juez, pero sí como testigos de un
tiempo anterior al dogma, donde la espiritualidad no estaba dictada por estructuras de
poder, sino por comunidades que buscaban con humildad la voz de Dios en los textos.

Una luz que sobrevivió en la oscuridad

Qumrán nos dice que, incluso si durante siglos se intentó ocultar, manipular o devaluar
ciertos libros, la verdad encuentra la manera de salir a la luz.
Como si el mismo Cielo hubiera guardado estos pergaminos en tinajas selladas por el
tiempo, para que en el siglo XX se hiciera justicia y el mundo volviera a ver que hubo más
libros, más voces, más sabiduría, de la que las instituciones quisieron reconocer.

✧ Capítulo 14 ✧

El libro de la sabiduría despreciada


“La sabiduría alaba su propia alma… y en medio de su pueblo se gloría.”
— Sirácida 24,1

Pocas veces se habla de él en las congregaciones modernas. Casi nadie predica sus palabras
en los púlpitos del cristianismo evangélico contemporáneo. Su nombre ha quedado oculto
por los siglos, sepultado junto con los libros que un día los rabinos decidieron excluir y que
siglos después los reformadores se atrevieron a tachar de “no inspirados”.
Pero él existió. Caminó por Jerusalén. Enseñó. Observó. Escribió.

Se llamó Jesús Ben Sira, y su legado, que debió haberse preservado como una joya de
sabiduría hebrea precristiana, fue reducido por muchos a simple literatura sapiencial, sin
valor canónico. Y, sin embargo, su voz aún resuena entre los ecos de la verdad que no pudo
ser acallada.

Este capítulo está dedicado a el libro de la sabiduría despreciada, conocido como


Eclesiástico o Sirácida. Un libro tan profundamente judío que muchos ignoran que su
autor fue un escriba, un hombre sabio, un maestro de la Torá, que escribió alrededor del
año 180 a.C. en hebreo. Su nieto, años más tarde, trasladó ese manuscrito a la lengua griega
koiné en Alejandría, alrededor del año 132 a.C., para las comunidades judías de la diáspora.
Fue así como entró a la famosa Septuaginta, la Biblia griega que leían Jesús, sus apóstoles
y los primeros cristianos.

Un canto eterno a la Sabiduría

El Eclesiástico no es simplemente un manual de consejos. No es un Proverbios duplicado.


Es, más bien, un himno celestial a la Sabiduría —‫ חָ כְ מָ ה‬en hebreo, σοφία en griego—,
entendida no solo como virtud, sino como una figura viva que desciende del cielo, que
habita entre los hombres, que mora en Jacob y se manifiesta en la creación, en la Ley, en el
temor del Señor.

El capítulo 24 es una cumbre espiritual:

“Entonces el Creador del universo me ordenó, y el que me creó fijó mi morada.


Y me dijo: ‘Habita en Jacob, toma heredad en Israel’…”
— Sirácida 24,8 (Biblia de Jerusalén)

¿No es acaso este un eco anticipado del Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros?
La personificación de la sabiduría en este libro coincide profundamente con las
descripciones del Cristo eterno, la Palabra (Logos) que estaba con Dios desde el principio.

¿Será esta una de las razones por las que el libro resultó incómodo para algunos?
¿Demasiadas coincidencias mesiánicas para quienes ya habían cerrado su corazón al
Mesías?

Las razones del rechazo: ¿demasiada luz?

El rechazo del Sirácida no se debe a herejía ni a errores doctrinales. No fue excluido por
impureza ni por contradicciones. Fue excluido por ser demasiado coherente con la
predicación cristiana.
Tras la destrucción del Templo en el año 70 d.C., el judaísmo rabínico enfrentó una crisis
de identidad. En su afán de separarse de la fe emergente en Jesús de Nazaret, excluyeron
de su canon varios libros que se alineaban peligrosamente con la espiritualidad
cristiana. Uno de ellos fue el Eclesiástico, junto con Sabiduría, Tobit, y otros. Este
proceso, consolidado probablemente en el llamado Concilio de Jamnia (ca. 90 d.C.), dio
origen al canon hebreo masorético, que siglos más tarde serviría de base para que Lutero
y los reformadores protestantes hicieran su propia amputación del Antiguo Testamento.

Sí, Martín Lutero rechazó el Sirácida, pero no por falta de valor espiritual, sino porque
no se encontraba en el canon hebreo rabínico. La verdadera razón era que no podía
controlarlo: no se ajustaba a su teología, no le respondía. Entonces prefirió desecharlo.

🕊 La voz de un sabio que preparó el camino

Jesús Ben Sira no fue un cualquiera. Fue un piadoso maestro de la Ley, un hombre que
instruía a los jóvenes judíos y que veía la sabiduría como algo vivo, como algo que se busca
con el alma. En su prólogo, su nieto dice que el propósito de la obra es enseñar sabiduría,
piedad, obediencia, y temor del Señor. Era, por tanto, un texto de formación espiritual,
teológica y moral.

Su mensaje no contradice la fe cristiana. La prepara. La anuncia. La anticipa.

“La sabiduría instruye a sus hijos y cuida de los que la buscan.


El que ama la sabiduría ama la vida;
los que madrugan por ella se llenarán de gozo.”
— Sirácida 4,11-12

Estas palabras podrían haber salido del Sermón del Monte. Hay en ellas un aroma de
humildad, de misericordia, de temor reverente, de obediencia amorosa… ¿No fue este el
corazón de la predicación de Jesús?

Ecos del Maestro

Aunque no hay una cita directa del Sirácida en boca de Jesús en los evangelios, el espíritu
del libro vibra en sus enseñanzas:

“No seas león en tu casa ni déspota con tus servidores.” (Sir 4,30)
“No digas: ‘He pecado, y ¿qué me ha sucedido?’ Porque el Señor es paciente.” (Sir 5,4)
“El corazón del necio es como vasija rota: no retiene ninguna sabiduría.” (Sir 21,14)

¿No es esta la voz del Nazareno? ¿No hay aquí resonancias del corazón del Evangelio?
Una herencia viva en la Iglesia

A pesar de su rechazo por rabinos y reformadores, la Iglesia primitiva abrazó el Sirácida.


Sus ideas nutrieron a autores como Santiago, Pablo, Pedro, y a teólogos como Agustín,
Tomás de Aquino, San Juan de la Cruz y muchos otros que reconocieron en él sabiduría
que proviene de lo alto.

El Concilio de Trento (1546), en respuesta al rechazo protestante, lo declaró oficialmente


inspirado, devolviéndole su lugar entre los libros sagrados. Hasta hoy, en casi todas las
Biblias católicas del mundo, el Eclesiástico sigue enseñando, sigue hablando… sigue
iluminando.

Una sabiduría despreciada… pero eterna

Podrán omitirlo de sus Biblias. Podrán minimizar su valor. Podrán silenciar su nombre.
Pero no podrán apagar su luz.

“Los que me comen tendrán más hambre,


y los que me beben tendrán más sed.”
— Sirácida 24,21

En esa frase, Ben Sira nos revela que su sabiduría no es humana. No se trata de consejos
de ancianos, ni de máximas culturales. Es una sabiduría que viene de lo alto, que alimenta
el alma y enciende el corazón. Una sabiduría que se anticipó a la Palabra encarnada, y que,
en su humildad, allanó el camino para Aquel que vendría.

🕯 Homenaje final

Este capítulo es un homenaje. Un acto de justicia. Una restauración.

Porque no se puede hablar de fidelidad a las Escrituras ignorando que Jesús y sus
discípulos leían la Septuaginta, y dentro de ella, los sabios de antaño como Ben Sira. No
se puede hablar de “Biblia completa” si se han amputado libros enteros que formaban parte
de la herencia espiritual de los primeros cristianos.

Y, sobre todo, no se puede hablar de verdad si se desecha aquello que —sin duda— fue
inspirado por el mismo Espíritu que luego soplaría sobre los apóstoles.

Hoy recuperamos su voz. La traemos de regreso. Y la proclamamos no como un eco del


pasado, sino como una lámpara para nuestros días de oscuridad.
Porque Jesús Ben Sira, aún sin conocer al Cristo de Nazaret, soñó con Él. Y quizá, sin
saberlo, le escribió versos.

Capítulo 15
Jesús Ben Sirá y la Sabiduría que se Intentó Silenciar

A mediados del siglo II antes de Cristo, cuando aún el templo de Jerusalén permanecía en
pie, un hombre piadoso y erudito llamado Jesús Ben Sirá caminaba por los patios del
templo, escuchando la voz de la Ley y contemplando con temor de Dios la herencia de su
pueblo. Era un sabio, un maestro, y un amante profundo de la Torá. Pero también era un
hombre consciente del deterioro espiritual de su generación, de la presión helenística y del
olvido del temor de Dios. Por eso escribió.

Ben Sirá no escribió desde la vanidad, ni desde una agenda política. No tenía intenciones de
fundar un nuevo movimiento ni de reformar el judaísmo. Él simplemente quiso preservar la
sabiduría ancestral de Israel, enseñar a los jóvenes el temor de Dios, y advertirles sobre
los caminos torcidos del mundo. Su obra, conocida como Sirácida o Eclesiástico, no era
una invención, sino una recopilación viva del pensamiento piadoso de generaciones
anteriores, adaptado con ternura y severidad para su tiempo.

A diferencia de libros que surgieron en tiempos más tardíos con un tono apocalíptico,
Sirácida es profundamente práctico, moral y formativo. Enseña a honrar al padre y a la
madre, a no despreciar al pobre, a ser sabio en las palabras, generoso con el necesitado,
paciente en la tribulación, y sobre todo a buscar la sabiduría como si fuera un tesoro
escondido.

Pero aquí es donde comienza lo delicado de este capítulo.

¿Por qué fue apartado del canon hebreo?

El libro de Sirácida fue excluido del canon judío oficial (el texto masorético) siglos
después de su escritura, muy probablemente en el contexto de los concilios rabínicos post-
templo, como el de Jamnía (alrededor del año 90 d.C.). Este libro, junto con otros
deuterocanónicos, fue ampliamente usado en la diáspora judía —especialmente en
Alejandría— y fue incluido en la Septuaginta, la versión griega del Antiguo Testamento
que usaron Jesús y sus discípulos.

Y es aquí donde ocurre el silencio.

Jesús Ben Sirá había escrito que la limosna salva de la muerte y purifica de todo pecado
(Tobit 12,9; cita confirmada también en Sirácida 3,30). Estas enseñanzas fueron
interpretadas más adelante por algunos como una doctrina de salvación por obras. Sin
embargo, cuando uno las lee con el corazón limpio, descubre que no era un llamado a
comprar el cielo con monedas, sino a despertar la compasión como señal de una vida
transformada.

Pero tanto el judaísmo post-templo, que intentaba defenderse de la expansión del


cristianismo, como los reformadores protestantes, que querían evitar cualquier
interpretación cercana a una salvación basada en el obrar, apartaron estos textos del
centro del canon. Así, entre el miedo al mesianismo y el miedo a Roma, se silenció una
de las voces más sabias del judaísmo antiguo.

La Sabiduría que Jesús conoció

Algunas frases del Sirácida resuenan como ecos del Evangelio. La invitación a perdonar, a
dar con generosidad, a buscar a Dios más allá de los rituales, parecen sembrar el terreno
para la enseñanza de Cristo. Muchos estudiosos creen que Jesús mismo conocía estos
textos, y aunque no los citara directamente, sus enseñanzas beben de la misma fuente de
sabiduría ancestral.

No es exagerado decir que Ben Sirá preparó el terreno ético y espiritual para que, siglos
después, en una humilde aldea llamada Nazaret, el Hijo del Hombre hablara con autoridad
y amor de un Reino que no era de este mundo.
¿Por qué este capítulo es clave en nuestro estudio?

Porque Sirácida es el símbolo de lo que fue borrado por miedo, por política o por
teología reactiva. Es un caso ejemplar de cómo, en lugar de traducir fielmente y explicar
profundamente, algunos eligieron omitir y descalificar.

Y sin embargo, la voz de Ben Sirá sigue viva. En cada alma que busca la sabiduría. En cada
joven que necesita consejo. En cada lector que se atreve a redescubrir lo que otros
intentaron ocultar.

Capítulo 16
La mutilación silenciosa: cómo el judaísmo del siglo II eliminó la voz del
Mesías en sus propios textos

Durante el siglo I, tanto Jesús como sus discípulos leyeron y citaron abiertamente la
Septuaginta, la traducción griega de las Escrituras hebreas hecha entre los siglos III y II
a.C. para los judíos de la diáspora. La mayoría de los judíos fuera de Judea no hablaban
hebreo, sino griego koiné, y fue esta versión la que sirvió de base tanto para las enseñanzas
de Jesús como para las cartas de Pablo, Pedro, Lucas, Marcos, Judas y otros apóstoles.

Pero después de la caída del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C. y del fracaso de la
revuelta de Bar Kojba en el 135 d.C., los rabinos del Concilio de Jamnia (Yavne) tomaron
una serie de decisiones radicales. En medio del dolor y la desesperanza por la destrucción
del centro de adoración judía, surgió una necesidad urgente: preservar la identidad del
judaísmo y alejarlo de la creciente amenaza del cristianismo.
Y es aquí donde comienza una mutilación silenciosa pero decisiva.

¿Qué se mutiló?

Los rabinos decidieron rechazar todos aquellos libros que no existieran en hebreo, aunque
históricamente muchos de ellos sí existían originalmente en hebreo pero se habían perdido
o transmitido en griego (como Sabiduría, Tobit, Judit, Eclesiástico/Sirácida, Baruc, etc.). El
criterio ya no era tanto su autoridad espiritual, sino que no alimentaran las doctrinas
cristianas que estaban ganando popularidad.

Estos textos habían sido usados por los cristianos primitivos para mostrar cómo Jesús
cumplía profecías mesiánicas que estaban no solo en Isaías o los Salmos, sino también en
los libros deuterocanónicos. Y eso representaba una amenaza directa.

Por ejemplo:

• En el libro de Sabiduría 2:12-20, se describe al justo que será condenado


injustamente, llamado Hijo de Dios, perseguido y asesinado por sus palabras… un
pasaje tan claramente mesiánico que era imposible ignorar su relación con la pasión
de Cristo.
• En Baruc, se habla de la Sabiduría que vino a morar entre los hombres, lenguaje
profundamente conectado con el Logos del evangelio de Juan.
• En Eclesiástico 48, se alude a Elías y la preparación del camino del Señor,
coincidiendo con la figura de Juan el Bautista.

El objetivo era claro: silenciar a Jesús en las Escrituras

Al excluir esos libros del canon hebreo, los rabinos intentaban reducir el terreno fértil
donde los primeros cristianos encontraban a Jesús anunciado desde siglos atrás. Fue
una estrategia para blindar al judaísmo de la influencia del cristianismo, que estaba
creciendo rápidamente no solo entre los gentiles, sino también entre los judíos dispersos.

Esta mutilación no fue violenta ni explícita como las guerras, pero fue igual de poderosa:
una guerra contra la memoria. No quemaron libros; simplemente decidieron que no
contaban. Se estableció un canon cerrado, basado en los 24 libros hebreos (los que hoy los
protestantes llaman “Antiguo Testamento” sin los deuterocanónicos), y se desechó todo lo
demás.

El cristianismo, en cambio, mantuvo estos libros en su versión griega y fueron adoptados


por la Iglesia primitiva, como se constata en los escritos de los Padres Apostólicos y los
Padres de la Iglesia, incluyendo a Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría, Orígenes,
Atanasio, Agustín, entre muchos otros.

Reflexión
Podemos decir entonces que el cristianismo primitivo fue más fiel al judaísmo antiguo
que el judaísmo post-templo, porque preservó todos los libros que formaban parte del
acervo espiritual del pueblo judío antes de que comenzara la mutilación.

El rechazo de estos libros no fue motivado por pureza doctrinal, sino por interés político,
temor al avance cristiano y deseo de consolidar una identidad separada. Sin embargo,
en ese intento por protegerse, dejaron fuera voces que hablaban del Mesías desde antes del
nacimiento de Jesús.

Capítulo 17
Qumrán y el testimonio de los Rollos del Mar Muerto

En 1947, un joven beduino que buscaba una cabra perdida en las cuevas de Qumrán, cerca
del Mar Muerto, encontró por accidente uno de los descubrimientos más importantes de la
historia bíblica: los Rollos del Mar Muerto. Este hallazgo contenía manuscritos que
databan de siglos antes de Cristo y del primer siglo de nuestra era. El mundo acababa de
desenterrar un testigo silencioso que daría voz a los textos antiguos.

Prueba arqueológica y científica de su autenticidad

Durante décadas, los escépticos argumentaron que algunos rollos podrían haber sido
falsificaciones o interpolaciones posteriores. Sin embargo, investigaciones recientes han
confirmado científicamente su autenticidad mediante datación por carbono-14.
Estudios realizados por el Laboratorio de Aceleradores de la Universidad de Arizona y por
el Instituto Weizmann de Israel han corroborado que muchos de los fragmentos
encontrados datan entre el siglo III a.C. y el siglo I d.C., es decir, justamente en el
periodo del Segundo Templo y en la época de Jesús.

Uno de los textos más antiguos identificados mediante carbono-14 es un fragmento del
libro de Isaías, fechado en torno al año 125 a.C., casi mil años más antiguo que el
manuscrito hebreo más viejo conocido antes del descubrimiento de Qumrán.

Y lo más importante: fragmentos de los llamados “libros deuterocanónicos” también


fueron encontrados en estas cuevas, como:

• Tobit, en arameo y hebreo


• Sirácida, en hebreo
• Sabiduría y Baruc
• Carta de Jeremías
• Y numerosos salmos apócrifos que, aunque no están en el canon hebreo
masorético, eran usados como textos sagrados por las comunidades de esa época.

Implicaciones: la Septuaginta y la Biblia de Jesús

Estos descubrimientos respaldan lo que hemos afirmado en capítulos anteriores: la


Septuaginta era una colección legítima y muy utilizada entre los judíos del Segundo
Templo. Los libros que hoy muchos protestantes rechazan como “apócrifos” eran, de
hecho, parte viva del acervo espiritual de los judíos antes de Cristo.

Y lo más grave: estos textos coinciden más con la Septuaginta griega que con el canon
hebreo masorético compilado por los rabinos después de la destrucción del Templo en el
año 70 d.C.

Esto quiere decir que:

Jesús pudo haber leído o conocido muchos de estos textos.


Sus discípulos los citaron en ocasiones.
La Iglesia primitiva los consideraba Palabra inspirada.
Los rabinos, después de la resurrección de Cristo, los eliminaron estratégicamente
para frenar la propagación del cristianismo.

Confirmación académica reciente


En 2021, un equipo arqueológico israelí encontró nuevos fragmentos de manuscritos en
la Cueva del Horror (en el desierto de Judea), confirmando que las cuevas de Qumrán aún
no han revelado todo su contenido. Entre los textos hallados, se identificaron fragmentos
de Zacarías y Nahúm, con una escritura que concuerda con la Septuaginta, y que fueron
fechados con carbono-14 alrededor del siglo I d.C.

Esto es de extrema importancia: los textos usados por la comunidad de Qumrán eran
anteriores al canon oficializado por los rabinos en Jamnia. Es decir, los libros
considerados deuterocanónicos y las versiones septuaginta no fueron añadidos por la
Iglesia Católica, sino que fueron excluidos por razones políticas y teológicas por el
judaísmo post-templo.

Reflexión del autor

¿Qué otra prueba necesitamos para reconocer que los libros que el protestantismo mutiló
estaban allí desde mucho antes que Lutero naciera? La arqueología no miente. La
ciencia no tiene prejuicio doctrinal. Y el carbono-14 no defiende dogmas, solo mide la
verdad.

Los Rollos del Mar Muerto no solo son pergaminos antiguos. Son la voz de los tiempos
gritándonos desde las cuevas que la historia ha sido manipulada. Gritan contra el silencio
religioso. Gritan contra la exclusión. Y gritan a favor de una fe basada no en el odio ni en el
control, sino en la verdad documentada, la fe viva, y el Dios que quiso revelarse con
justicia en cada línea inspirada.

Capítulo Especial:

Dos Testigos del Antiguo Pacto: La Concordancia entre los


Rollos del Mar Muerto y la Septuaginta
– El Testimonio de Isaías

Introducción

Pocos libros del Antiguo Testamento han sido tan citados por Jesús y los apóstoles como el
de Isaías. Este profeta no solo anunció juicio y restauración para Israel, sino que dejó un
legado de pasajes claramente mesiánicos. El hallazgo del Gran Rollo de Isaías en Qumrán,
fechado alrededor del año 125 a.C., y su comparación con la versión griega de la
Septuaginta, permiten establecer puentes entre las tradiciones textuales más antiguas del
judaísmo y el cristianismo.

A continuación, comenzamos con algunos ejemplos clave, incluyendo:

EJEMPLO 1: Isaías 7:14 – La Virgen concebirá

• Texto en la Septuaginta (LXX):


«διὰ τοῦτο δώσει κύριος αὐτὸς ὑμῖν σημεῖον· ἰδοὺ ἡ παρθένος ἐν γαστρὶ ἕξει καὶ
τέξεται υἱόν...»
“Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará
a luz un hijo…”
• Texto en el Gran Rollo de Isaías (Qumrán):
El texto hebreo hallado en Qumrán también usa la palabra almah (‫)עַלְ מָ ה‬, que puede
traducirse como “joven doncella” o “virgen”, lo que coincide con el uso de
parthénos (παρθένος) en griego.
• Comentario:
Este pasaje es crucial para la teología cristiana, ya que Mateo 1:23 lo cita
textualmente. La Septuaginta confirma la lectura “virgen”, lo cual demuestra que
siglos antes del nacimiento de Jesús, los judíos ya interpretaron esta palabra como
una señal mesiánica literal. Los Rollos de Qumrán no contradicen esta lectura, lo
cual refuerza su autenticidad.
• Nota al pie:
La traducción griega se realizó aproximadamente entre el siglo III y II a.C.,
confirmando que esta lectura existía antes del cristianismo.

EJEMPLO 2: Isaías 53 – El Siervo Sufriente

Uno de los textos más ocultados por los rabinos posteriores al siglo I d.C. es Isaías 53.

• Texto de Qumrán (1QIsaa):


El Gran Rollo de Isaías conserva este capítulo casi completo, con una notable
fidelidad al texto que hoy conocemos en las Biblias cristianas.
• Versículo clave – Isaías 53:5:

“Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el
castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros
curados.”

• Concordancia:
Tanto la Septuaginta como el Rollo de Qumrán contienen este pasaje, y no hay
alteraciones teológicas significativas. Este dato refuerza la autenticidad del texto
profético y su aplicación mesiánica que luego será recogida en 1 Pedro 2:24.
• Nota al pie:
El judaísmo moderno raramente lee este capítulo en sinagogas, y muchos lo
interpretan como alegórico del pueblo de Israel, mientras que los primeros cristianos
lo entendieron como una profecía directa del Mesías sufriente.

EJEMPLO 3: Isaías 40:3 – Voz que clama en el desierto

• Texto en Qumrán y Septuaginta:

“Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad


calzada en la soledad a nuestro Dios.”

• Uso en el Nuevo Testamento:


Este versículo es citado en los evangelios (Mateo 3:3; Marcos 1:3; Lucas 3:4; Juan
1:23) para referirse a Juan el Bautista.
• Concordancia textual:
No hay diferencias entre los textos de Qumrán, la LXX y el uso cristiano. Esto
confirma que los evangelios no están manipulando el texto, sino utilizando lecturas
reconocidas por el judaísmo de su época.

Conclusión parcial

Los tres ejemplos anteriores demuestran que los Rollos del Mar Muerto y la Septuaginta no
solo coinciden en pasajes fundamentales, sino que ambos preservan tradiciones anteriores a
la edición masorética, las cuales fueron citadas por Jesús y los apóstoles. Esto refuerza la
legitimidad del uso de estos textos por parte del cristianismo primitivo y cuestiona las
mutilaciones que posteriormente se hicieron con fines ideológicos o antimesiánicos.

Libro de Isaías

La importancia del libro de Isaías en los Rollos del Mar Muerto no puede ser subestimada.
Entre los documentos descubiertos en Qumrán se encuentra el llamado Gran Rollo de Isaías
(1QIsa^a), que contiene todo el texto del libro y data de aproximadamente el año 125 a.C.
Esta copia es mil años más antigua que los manuscritos hebreos masoréticos completos más
tempranos, lo que representa una oportunidad única para comparar y verificar la
transmisión textual del libro de Isaías.
Una de las revelaciones más significativas al comparar la Septuaginta (LXX) con los Rollos
del Mar Muerto es la gran similitud que presentan en muchos pasajes, lo que ha llevado a
muchos estudiosos a concluir que la LXX fue traducida de manuscritos hebreos similares a
los encontrados en Qumrán, y no del texto masorético tardío.

Ejemplos comparativos entre LXX y Rollos del Mar Muerto

1. Isaías 7:14

• LXX: “He aquí, la virgen (parthenos) concebira y dará a luz un hijo, y llamarás su
nombre Emmanuel.”
• 1QIsa^a: Muy similar al texto de la LXX.
• Texto masorético (MT): Utiliza el término almah (joven mujer), lo que ha sido
punto de controversia teológica.

Nota al pie 1: La coincidencia entre el Rollo de Isaías de Qumrán y la LXX en este pasaje
apoya que los traductores de la Septuaginta tenían acceso a una versión hebrea anterior que
incluía esta interpretación mesiánica.

2. Isaías 40:3

• LXX y 1QIsa^a: “Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor”.
• MT: “Voz del que clama: en el desierto preparad el camino del Señor”.

Nota al pie 2: La puntuación y el énfasis cambian drásticamente el significado. El texto de


Qumrán coincide con la estructura de la LXX, que es la que aparece en los Evangelios al
citar a Juan el Bautista.

3. Isaías 61:1-2

• LXX y 1QIsa^a: Coinciden ampliamente y contienen el texto que Jesús lee en la


sinagoga (Lucas 4:18-19): “El Espíritu del Señor está sobre mí...”
• MT: Tiene variaciones mínimas pero notables.

Nota al pie 3: La coincidencia entre la LXX y Qumrán aquí es fundamental para demostrar
que el texto que leyó Jesús en la sinagoga era coherente con una tradición textual distinta al
canon masorético.

4. Isaías 53 (el Siervo Sufriente)

• 1QIsa^a y LXX: Ambas versiones presentan con claridad la descripción mesiánica


y sacrificial del siervo de Dios.
• MT: Tiene estructuras y vocabulario similares pero algunas diferencias sutiles en
conjugaciones.
Nota al pie 4: La fidelidad del Rollo de Isaías al texto de la LXX en este capítulo confirma
que el carácter mesiánico y expiatorio del pasaje era una interpretación antigua, anterior al
cristianismo.

Conclusión

La evidencia sugiere que la Septuaginta preserva una tradición textual hebrea antigua,
diferente a la del canon masorético, y que los Rollos del Mar Muerto respaldan muchas de
estas variantes. Esto desmiente la acusación de que la LXX fue una traducción
teológicamente manipulada por los cristianos, pues hallazgos como 1QIsa^a demuestran
que existían versiones hebreas con esas mismas lecturas antes de la era cristiana.

Nota al pie 5: Fuente recomendada: Emanuel Tov, Textual Criticism of the Hebrew Bible,
y estudios del Israel Antiquities Authority sobre los rollos de Qumrán.

Capítulo 18: Los Deuterocanónicos en la Iglesia Primitiva y los Primeros


Concilios

Durante los primeros siglos del cristianismo, mucho antes de que existiera una “Biblia” tal
como la conocemos hoy, las comunidades cristianas leían las Escrituras que tenían a su
disposición: la Septuaginta. Esta versión griega del Antiguo Testamento incluía no solo los
libros “protocanónicos”, sino también los textos que hoy llamamos “deuterocanónicos” o
“libros apócrifos” —una clasificación impuesta muchos siglos después. En realidad, estos
libros eran considerados Escritura por la mayoría de los cristianos de los primeros siglos.

Lecturas comunes en las iglesias del siglo I al IV

La Didaché, el Pastor de Hermas, la Carta de Bernabé, el Libro de la Sabiduría,


Eclesiástico, Tobit y Macabeos eran leídos abiertamente en muchas iglesias. Algunos
incluso eran considerados inspirados por comunidades enteras. Clemente de Alejandría,
Orígenes, Justino Mártir, Ireneo y muchos otros padres de la Iglesia citaban estos textos sin
problema alguno, como si fueran parte natural de las Escrituras. En ocasiones, los citaban
incluso más que algunos libros del canon que posteriormente se consolidaría.

Esto demuestra que en los siglos formativos del cristianismo, el criterio de canonicidad no
era uniforme ni estricto. Lo que importaba era el valor espiritual, doctrinal y profético del
texto, no si había sido avalado por una asamblea posterior.

Primeros Concilios y su reconocimiento

No fue sino hasta finales del siglo IV y principios del V cuando se celebraron concilios
regionales que intentaron establecer una lista más definida de libros bíblicos. En el
Concilio de Roma (382 d.C.), bajo la autoridad del papa Dámaso I, se propuso una lista de
libros del Antiguo y del Nuevo Testamento que incluía los deuterocanónicos como parte
integral de las Escrituras. Esta misma lista fue reafirmada en los Concilios de Hipona (393
d.C.) y Cartago (397 d.C. y 419 d.C.).

Lo sorprendente es que estos concilios fueron aceptados en gran medida por los cristianos
latinos —es decir, por los que posteriormente serían llamados católicos—, y su decisión
perduró por más de mil años, sin mayores objeciones.

En esos concilios, la lista de libros del Antiguo Testamento incluía claramente:

• Tobit
• Judit
• Sabiduría
• Eclesiástico (Sirácida)
• Baruc
• 1 y 2 Macabeos
• Partes de Ester y Daniel que solo están en la Septuaginta

Estas decisiones mostraban el consenso de que estos libros eran útiles para la enseñanza, y
portadores de la revelación divina.

La Reforma y el corte arbitrario

Cuando Lutero propuso una reforma, una de las rupturas más radicales no fue simplemente
doctrinal, sino canónica. Rechazó estos libros y los colocó en un apéndice, etiquetándolos
como “útiles para leer, pero no inspirados”. Paradójicamente, estos eran libros que habían
sido proclamados canónicos en los concilios más antiguos, por comunidades cristianas
mucho más cercanas al tiempo de los apóstoles.

Lutero privilegió el canon hebreo —que ya había sido recortado en Jamnia hacia el año 90
d.C.— y se apoyó en criterios posteriores al Nuevo Testamento, ignorando el testimonio de
siglos de tradición cristiana.

¿Por qué los mantuvo la Iglesia católica?

Para la Iglesia católica, estos libros eran más que un anexo: eran parte viva de la Palabra de
Dios. Y cuando en 1546 se celebró el Concilio de Trento, se ratificó el canon completo
con los deuterocanónicos incluidos, no como una reacción inventada, sino como una
reafirmación de la tradición ininterrumpida que venía desde los tiempos de los Padres de la
Iglesia.

Testimonios patrísticos

Los testimonios abundan:

• Agustín de Hipona defendía abiertamente el uso de estos textos en la formación


doctrinal.
• Cipriano de Cartago citaba Eclesiástico con autoridad apostólica.
• Ireneo de Lyon citaba a Baruc y Sabiduría sin cuestionar su legitimidad.
• Orígenes incluía estos textos en sus estudios exegéticos, así como Atanasio, obispo
de Alejandría, reconocía su uso litúrgico.

El cristianismo primitivo no hacía una distinción tajante entre “deuterocanónicos” y


“protocanónicos”. Esa clasificación solo se volvería común después de la Reforma, influida
por criterios racionalistas y polémicos.

Conclusión

Negar el valor espiritual e histórico de estos libros es negar parte de la herencia del
cristianismo primitivo. El hecho de que estos libros hayan sido leídos por los Padres de la
Iglesia, aceptados por los primeros concilios y utilizados durante siglos en la liturgia,
demuestra que su exclusión en muchas Biblias protestantes modernas responde más a
decisiones ideológicas que teológicas.

Al estudiar su origen, transmisión y uso, uno descubre que lejos de ser “apócrifos”, estos
libros formaban parte del alma espiritual de los primeros cristianos, y merecen ser
considerados como lo que fueron por siglos: Escritura sagrada.

Capítulo 19: El Silencio del Mesías: Jesús y los Libros


que Ya No se Leen
El cristianismo moderno, en sus múltiples ramas y denominaciones, afirma tener como
centro y fundamento la vida y enseñanzas de Jesús. Pero pocos se preguntan si los libros
que hoy se han eliminado de sus Biblias fueron alguna vez leídos por el mismo Jesús.
Este capítulo es un ejercicio de memoria, un llamado a volver a los textos que el Mesías
conoció, citó y probablemente meditó en silencio.

¿Qué Escrituras leía Jesús?

Jesús vivió en un contexto helenizado. Aunque muchos judíos todavía hablaban arameo, el
griego era la lengua franca del Imperio Romano, y especialmente en la región de Galilea,
Samaria y Judea, la Septuaginta era el texto más accesible. Esta versión griega del
Antiguo Testamento incluía los libros deuterocanónicos.

Lo que hoy se llama “Antiguo Testamento” en muchas Biblias protestantes es más corto
que el texto que Jesús habría tenido en sus manos.

De hecho, muchos de los textos que hoy están ausentes en las Biblias modernas fueron
parte de la espiritualidad judía en tiempos de Jesús. Entonces, cabe preguntarse: ¿cuáles
eran las Escrituras reales de Jesús?

¿Qué citaba el Mesías?


Cuando Jesús dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, está citando la Torá. Pero
cuando habla de sabiduría como una mujer que clama en las plazas, o cuando dice: “El
que sea exaltado será humillado”, se aproxima al Eclesiástico y al Libro de la Sabiduría,
que contienen expresiones idénticas.

En Mateo 23:37, Jesús dice:

“¡Jerusalén, Jerusalén! Tú que matas a los profetas y apedreas a los que te son
enviados...”

Ese lamento tiene eco en 2 Macabeos 6–7, donde se narran los martirios de los que
resistieron la helenización impuesta. Jesús parece conocer esa tradición profundamente.

Ecos de los libros ausentes en su mensaje

Jesús no necesitaba decir “como dice el Libro de Sabiduría” o “según el Eclesiástico” para
que sus palabras respiraran el mismo espíritu.

El Evangelio de Lucas en particular —que muchos creen que fue dirigido a un público
griego— está lleno de expresiones, estructuras y símbolos que parecen directamente
inspirados por los libros sapienciales de la Septuaginta.

• La parábola del rico y Lázaro (Lucas 16:19–31) tiene paralelos extraordinarios con
Tobit y Eclesiástico, en su visión de la justicia después de la muerte.
• El canto del Magnificat de María (Lucas 1:46–55) recuerda el estilo lírico del Libro
de Judit y el Cántico de Ana (1 Samuel), ambos textos usados en la liturgia
antigua.

Entonces, ¿por qué ya no se leen?

La razón no fue que Jesús los ignorara. La razón fue posterior.

• Los rabinos, tras la destrucción del Templo, quisieron redefinir el canon judío para
cortar vínculos con los cristianos.
• Martín Lutero, 1500 años después, eliminó estos libros por considerarlos
“demasiado católicos”.
• El racionalismo moderno desconfiaba de los milagros, los ángeles y la
resurrección, todos temas comunes en estos libros.

Lo trágico es que los cristianos modernos han heredado una Biblia mutilada, no por
mandato divino, sino por decisión humana.

El silencio que impusieron

Este silencio ha traído consecuencias:


• Doctrinas fundamentales se debilitaron: la oración por los muertos, la intervención
de los ángeles, la recompensa en el más allá.
• El alma del mensaje se empobreció: los libros que Jesús conocía y sus discípulos
citaban fueron excluidos por sistemas religiosos posteriores.
• La voz del Mesías fue condicionada: se enseña a Jesús desde una Biblia que no es la
que él conoció.

Una pregunta urgente

Si amas a Jesús, ¿no te interesaría saber cuáles eran las Escrituras que moldearon su
mente, su alma, sus palabras?

¿Por qué alguien que sigue a Cristo debería limitarse a una Biblia que fue moldeada más
por la política religiosa de los siglos posteriores que por la fidelidad al propio Jesús?

Este capítulo no es una acusación, sino una invitación: a leer lo que él leyó. A abrir los
libros que una vez fueron parte del canon y volver a escucharlos con oídos nuevos. Quizás
ahí, en ese eco del pasado, vuelvas a oír su voz.

Capítulo 20: El papel de la Vulgata en la


manipulación del canon
Subtítulo: Jerónimo, la Iglesia latina y la tensión entre traducción y
mutilación

Introducción
La historia del canon bíblico no puede entenderse sin el papel determinante que jugó la
Vulgata en la consolidación del canon oficial de la Iglesia latina. Su traductor, San
Jerónimo, ha sido alabado por su erudición, pero también criticado por su criterio
excluyente, pues rechazó muchos libros que ya eran reconocidos por la tradición cristiana
primitiva. En este capítulo abordaremos cómo Jerónimo, influido por fuentes hebreas y
presionado por el contexto doctrinal de su época, propició una transformación profunda del
canon, cuyas consecuencias siguen impactando a millones de creyentes hasta hoy.

1. ¿Quién fue Jerónimo?


Eusebio Sofronio Jerónimo (c. 347–420 d.C.) fue un sacerdote, teólogo y erudito cristiano
nacido en Estridón (posiblemente en la actual Croacia o Eslovenia). Dominaba el latín, el
griego y más tarde aprendió hebreo para traducir el Antiguo Testamento directamente de
los textos hebreos.

Durante su vida, Jerónimo fue un monje riguroso, profundamente influenciado por los
debates teológicos de su época. Vivió en Roma, donde fue secretario del Papa Dámaso I, y
fue él quien le encomendó la tarea de unificar las múltiples versiones de la Biblia en latín
que circulaban en ese tiempo.

2. La Vulgata: una obra de traducción… y de exclusión


La Vulgata (del latín versio vulgata, “versión común”) fue la traducción al latín de toda la
Biblia que Jerónimo completó en varias fases entre los años 382 y 405 d.C. Su traducción
del Antiguo Testamento generó gran polémica, pues Jerónimo decidió desechar muchos
de los libros que la Iglesia ya había considerado inspirados durante siglos.

En lugar de basarse en la Septuaginta —la versión griega ampliamente utilizada por los
cristianos del siglo I y citada por Jesús y los apóstoles—, Jerónimo prefirió traducir desde
el texto hebreo masorético, que ya había sido manipulado por los rabinos del concilio de
Jamnia (c. 90 d.C.) para eliminar elementos mesiánicos.

Nota clave: Jerónimo no eliminó directamente los libros deuterocanónicos, pero sí


los relegó y dudó públicamente de su inspiración divina, debilitando así su legitimidad para
generaciones posteriores.

3. El Prólogo Galeato: una declaración de guerra


canónica
El Prólogo Galeato, escrito por Jerónimo al comienzo de su traducción de los libros
históricos, es una de las piezas clave para entender su postura excluyente. En este texto,
Jerónimo hace una clara distinción entre los libros que considera canónicos (los que
aparecen en el canon hebreo) y aquellos que rechaza, a los que denomina apócrifos.

Fragmento del Prólogo Galeato:

“Todo lo que no se encuentra en el canon hebreo debe ser considerado apócrifo... Por eso
no se deben usar en el establecimiento de doctrinas.”
Esta afirmación contradecía siglos de uso cristiano. Libros como Sabiduría, Tobit, Judith o
Eclesiástico ya eran leídos en las iglesias y considerados inspirados por los Padres de la
Iglesia.

4. ¿Presión doctrinal o convicción personal?


Aunque Jerónimo defendía su preferencia por el texto hebreo, no lo hizo sin tensiones.
Muchos de sus contemporáneos —entre ellos Agustín de Hipona— le reprocharon que, al
rechazar los libros deuterocanónicos, estaba ignorando la tradición apostólica.

Agustín escribió a Jerónimo en múltiples ocasiones para decirle que la Iglesia debía seguir
el canon de la Septuaginta, ya que esa era la versión que los apóstoles usaron y que se leía
en todas las iglesias.

Dato importante: Aunque Jerónimo tradujo muchos de los libros que no aceptaba, los
clasificó como "libros eclesiásticos", es decir, aptos para lectura piadosa pero no para
establecer doctrina. Esta ambigüedad permitió que siglos después se eliminaran
completamente de la Biblia protestante.

5. La consolidación oficial: la Iglesia romana y la


influencia de la Vulgata
Con el tiempo, la Vulgata fue adoptada oficialmente por la Iglesia de Occidente como la
versión estándar de las Escrituras. Esto fue confirmado por diversos concilios:

• Concilio de Hipona (393 d.C.)


• Concilio de Cartago (397 d.C. y 419 d.C.)
• Concilio de Trento (1546 d.C.), que proclamó oficialmente como inspirados todos
los libros incluidos en la Vulgata, incluyendo los deuterocanónicos, rectificando
así parcialmente a Jerónimo.

Sin embargo, su clasificación previa como libros “no canónicos” dejó huella en las
corrientes protestantes, que siglos después los eliminaron por completo, retomando el
canon mutilado del judaísmo post-Jesús.

6. Consecuencias en el cristianismo moderno


La influencia de Jerónimo fue tan poderosa que, pese a los esfuerzos de los concilios por
corregirlo, los reformadores protestantes volvieron a usar su criterio para eliminar
libros. Martín Lutero, por ejemplo, despreciaba el libro de Sabiduría y Tobit, llamándolos
“ficciones papistas”.

Así, el protestantismo quedó atrapado en una paradoja: rechazó la tradición católica pero
conservó el canon bíblico hebreo... aceptado gracias a Jerónimo.

Este fenómeno provocó que muchas doctrinas fundamentales —como el valor de las obras,
la intercesión de los santos, o el purgatorio— perdieran sus fundamentos textuales en la
Biblia protestante, debido a la mutilación de libros enteros.

Conclusión
Jerónimo no fue un hereje, pero sí un actor ambivalente. Por un lado, dotó al mundo
cristiano de una traducción que unificó las Escrituras en latín. Por otro, legitimó la
exclusión de textos sagrados usados por Jesús, sus apóstoles y los primeros cristianos.
Su obra ayudó a fortalecer el poder eclesiástico, pero también allanó el camino para futuras
divisiones.

Hoy, al revisar la historia del canon, debemos mirar a Jerónimo con objetividad: como un
genio lingüístico, sí, pero también como una bisagra crítica en la historia de la Biblia,
entre la fidelidad a la tradición apostólica y la imposición del canon institucional.

Capítulo 21: Testimonios del Nuevo


Testamento que confirman la Septuaginta
Subtítulo: Jesús y los apóstoles citaban una Biblia distinta a la que hoy se
considera oficial en el judaísmo

Introducción
Uno de los argumentos más contundentes en favor de la Septuaginta (LXX) como parte
legítima del canon cristiano es el hecho de que Jesús, los apóstoles y los autores del
Nuevo Testamento citaron directa y repetidamente esta versión griega de las Escrituras
hebreas. Estas citas no solo apoyan la autenticidad y autoridad espiritual de la LXX, sino
que también desmontan la idea de que el canon judío post-Jesús sea el mismo canon
válido para los cristianos.

En este capítulo revisaremos pasaje por pasaje cómo el Nuevo Testamento se basa en la
Septuaginta, revelando así una conexión teológica y profética que el canon hebreo posterior
(el masorético) intentó borrar deliberadamente.

1. ¿Qué es la Septuaginta y por qué es crucial?


La Septuaginta es la traducción del Antiguo Testamento hebreo al griego, realizada entre
los siglos III y I a.C. en Alejandría. Fue la Biblia usada en el mundo helenístico por los
judíos de la diáspora y la Biblia de referencia para la Iglesia primitiva.

A diferencia del texto masorético (TM), que fue estandarizado entre los siglos VII y X d.C.,
la Septuaginta incluye libros deuterocanónicos y presenta traducciones distintas de
muchos pasajes clave, sobre todo aquellos que hablan del Mesías.

2. Jesús y la Septuaginta
Aunque no se conservan palabras exactas de Jesús en griego o hebreo, los Evangelios
griegos preservan su mensaje. La mayoría de las citas bíblicas que hace Jesús, según los
Evangelios, coinciden con la redacción de la Septuaginta, no con el texto masorético.

Ejemplo 1: Isaías 61 en Lucas 4

Lucas 4:18 (LXX)


“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas
a los pobres…”

Jesús lee en la sinagoga un texto que solo aparece con esta redacción en la Septuaginta
(Isaías 61:1-2). El texto masorético no menciona la “recuperación de la vista a los ciegos”,
pero la LXX sí lo incluye.

3. Los Apóstoles y la Septuaginta


Los apóstoles también citan extensamente el Antiguo Testamento, y en al menos dos
tercios de sus citas, las palabras coinciden con la Septuaginta, no con el texto hebreo
tradicional.
Ejemplo 2: Hebreos 10:5

“Por eso, al entrar en el mundo, dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste
un cuerpo.”

Esta frase, tomada de Salmo 40:6, difiere notablemente del texto masorético que dice:

“Sacrificio y ofrenda no quisiste; has abierto mis oídos.”

Solo la Septuaginta dice “me preparaste un cuerpo”, anticipando claramente la


encarnación de Cristo.

Ejemplo 3: Romanos 3:12

“Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles…”

Pablo cita el Salmo 14, pero lo hace con una versión extendida que coincide con la
Septuaginta, no con el texto masorético. La LXX incluye varios versículos adicionales que
Pablo incorpora en su carta a los romanos.

4. Comparación directa: LXX vs. Masorético vs. Nuevo


Testamento
Aquí una tabla comparativa breve:

Texto Septuaginta (LXX) Texto Masorético Nuevo Testamento


Isaías “Una joven
“Una virgen concebirá...” Mateo 1:23 cita “virgen”
7:14 concebirá...”
Salmo Hebreos 10:5 cita
“Me preparaste un cuerpo” “Abriste mis oídos”
40:6 “cuerpo”
Isaías Lucas 4:18 incluye esa
“Dar vista a los ciegos” No menciona eso
61:1 frase
Texto más extenso con
Salmo 14 Versión corta Romanos 3 usa la LXX
condenas

5. ¿Por qué es esto importante?


Esta evidencia es devastadora para la idea de que el canon hebreo posterior debe regir
el cristianismo. Jesús y los apóstoles no citaron ese canon mutilado. La Septuaginta era
su Biblia.

Esto demuestra que:

• El texto masorético no era el estándar en tiempos de Jesús.


• Los textos cristianos del Nuevo Testamento se construyen sobre una base
profética presente en la LXX.
• La eliminación de libros y modificaciones posteriores en el judaísmo rabínico y el
protestantismo rompen con la tradición original cristiana.

6. Notas al pie y referencias académicas


1. Bruce Metzger, The Early Versions of the New Testament, Oxford, 1977 –
confirma que más del 70% de las citas del NT provienen de la LXX.
2. Origenes, Contra Celsum, y Justino Mártir, Diálogo con Trifón, ambos
argumentaban que los judíos “borraron” pasajes mesiánicos del texto hebreo.
3. Isaías 7:14 – En hebreo: “almah” (joven); en griego: “parthenos” (virgen). Mateo
cita directamente la LXX.
4. Dead Sea Scrolls, Qumrán – Algunos rollos del Mar Muerto coinciden con la
Septuaginta y no con el texto masorético, lo que respalda que existía más de una
tradición textual válida.
5. Emanuel Tov, editor principal de los Rollos del Mar Muerto, admite que muchas
de las variantes encontradas concuerdan con la Septuaginta y no con el TM.

Conclusión
El Nuevo Testamento está construido sobre la Septuaginta, no sobre el canon hebreo
rabínico. Esta verdad debería hacernos reflexionar: ¿por qué tantas denominaciones
modernas rechazan libros que Jesús y los apóstoles sí conocían y citaban? ¿Por qué aceptar
un canon definido por quienes rechazaron al Mesías?

La recuperación de la Septuaginta no es solo un acto académico; es una restauración


espiritual de la Biblia que Jesús usó.
Capítulo 22: Las raíces filosóficas del
rechazo a los libros sagrados: Platón, Filón
y el filtro helenista en la formación del
canon judío

Introducción
Uno de los aspectos menos discutidos, pero profundamente reveladores, en el estudio del
canon bíblico es el papel que jugó la filosofía griega, en especial el pensamiento platónico
y helenista, en la forma en que se interpretaron, aceptaron o rechazaron ciertos textos.
Durante el periodo intertestamentario, y especialmente en la diáspora judía de Alejandría,
se forjó una tensión ideológica entre las corrientes filosóficas dominantes y los contenidos
revelados de las Escrituras.

Este capítulo explora cómo pensadores como Platón y posteriormente Filón de


Alejandría, un judío helenista del siglo I, influyeron en la lectura teológica del texto
bíblico, y cómo este filtro filosófico pudo haber contribuido —de forma sutil pero
decisiva— al rechazo de ciertos libros, sobre todo aquellos cargados de simbolismo,
escatología o relatos sobrenaturales.

1. El mundo griego y su lógica: lo racional vs. lo revelado


La cultura griega, desde Platón hasta Aristóteles, priorizaba la razón, la lógica y la
simetría del pensamiento. Los relatos simbólicos y místicos eran aceptables como mitos,
pero no como verdades históricas o normativas. En cambio, el pensamiento hebreo se
construía sobre la experiencia revelada, lo sagrado, lo inexplicable.

Esta tensión se hizo más evidente cuando los judíos comenzaron a vivir en entornos
profundamente helenizados, como Egipto, Siria y especialmente Alejandría.

2. Platón y su visión del alma y del mundo invisible


Platón sostenía que lo verdadero era el mundo de las ideas, inmutable y perfecto, mientras
que el mundo físico era solo una copia imperfecta. Esta visión influiría poderosamente en
la forma en que muchos judíos helenistas entendieron la revelación.

El alma, para Platón, no necesitaba redención, sino liberación de la carne.

Este pensamiento es incompatible con libros como:

• Sabiduría de Salomón, que habla del juicio final y la justicia eterna.


• 2 Macabeos, que presenta la resurrección corporal.
• Enoc (preservado en parte en Qumrán), que describe viajes celestiales, juicio
angélico y revelación escatológica.

3. Filón de Alejandría: el intento de unir a Moisés con


Platón
Filón fue un judío de habla griega que vivió en Alejandría alrededor del año 20 a.C.–50
d.C. Su obra intentó interpretar las Escrituras hebreas desde el lente platónico.

En lugar de entender literalmente las promesas, los milagros o los castigos de Dios, Filón
propuso una lectura alegórica, despojando a muchos textos de su carga histórica, profética
o escatológica.

Para Filón:

• Moisés era el filósofo supremo.


• La Ley era perfecta porque coincidía con la razón natural.
• Los pasajes incómodos debían leerse como símbolos del alma y no como
realidades espirituales.

4. ¿Qué libros chocaban con el pensamiento filosófico


griego?
Los libros que eran más directos, místicos o proféticos fueron los más cuestionados,
especialmente por los intelectuales judíos formados en escuelas griegas:

• Tobit: ángeles, demonios, milagros personales.


• Judith: mujer que decapita a un general por mandato divino.
• Sabiduría: doctrina clara sobre la inmortalidad del alma y el juicio.
• Eclesiástico (Sirácida): sabiduría práctica con énfasis en la ley judía (contrario a la
ley natural griega).
• 1 y 2 Macabeos: exaltación del martirio, del templo y de la esperanza en la
resurrección.

Muchos de estos textos fueron aceptados en la Septuaginta, pero no en el canon


masorético posterior.

5. ¿Cómo afectó esto a la formación del canon?


Después de la destrucción del Templo (70 d.C.), los rabinos buscaban una identidad firme
y “razonable” para sobrevivir al exilio. En este contexto, adoptaron parte del
racionalismo helénico para “limpiar” su canon y deshacerse de textos que:

• Eran muy “cristianizables” (Sabiduría, Tobit).


• Contenían escatología fuerte o visiones celestiales.
• Mostraban un Dios demasiado intervencionista o sobrenatural.
• Exaltaban al Mesías futuro (como Baruc o Enoc).

Conclusión: La depuración del canon judío fue también una respuesta cultural al
entorno helenista, no solo una decisión espiritual o teológica.

6. La contradicción con Jesús y los apóstoles


Jesús y sus discípulos no filtraron los textos por lógica filosófica. Aceptaban:

• El mundo espiritual.
• El juicio eterno.
• La intervención de ángeles.
• La resurrección corporal.

Lo que el pensamiento platónico consideraba simbólico o mitológico, Jesús lo ratificaba


como verdad eterna.

Por eso, los libros eliminados posteriormente por el judaísmo (y más tarde por los
reformadores protestantes), son precisamente los que mejor encajan con la teología de
Jesús y de la Iglesia primitiva.

7. Referencias académicas y fuentes clave


1. David Winston, Philo of Alexandria: The Contemplative Life, Princeton University
Press.
2. Craig A. Evans, Ancient Texts for New Testament Studies.
3. E.P. Sanders, Judaism: Practice and Belief 63 BCE – 66 CE.
4. Emil Schürer, The History of the Jewish People in the Age of Jesus Christ.
5. Ralph Marcus, Philo Supplement Volumes, Harvard University Press.
6. Manuscritos de Qumrán, especialmente los fragmentos de Enoc, Baruc y Jubileos,
que coinciden con temáticas rechazadas por el canon rabínico.

Conclusión
La lucha por el canon no fue solamente una cuestión religiosa, sino una batalla ideológica
y cultural. El pensamiento griego influyó a muchos sabios judíos a rechazar los elementos
sobrenaturales o escatológicos de sus propias Escrituras. El resultado fue un canon
reducido, racionalizado y desprovisto de muchas de las profecías más poderosas sobre el
Mesías y la redención final.

Este capítulo revela que el cristianismo primitivo no heredó ese canon mutilado, sino el
más completo, el más profético y el más fiel: la Septuaginta, inspirada en un Dios que
actúa, que juzga, que salva… y que no cabe en la lógica de Platón.

Capítulo 23: Las escuelas rabínicas


posteriores y su lucha por borrar al Cristo
de las Escrituras

Introducción
Tras la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C. y la posterior revuelta de Bar
Kojba (132–135 d.C.), el judaísmo se vio obligado a redefinirse sin su centro cultual. En
medio de esta crisis, emergieron las escuelas rabínicas como las nuevas autoridades
teológicas, legales y espirituales. Entre ellas, destacaron la escuela de Yavne, la de
Tiberíades, y más adelante la de Babilonia.

Lo que muchas veces se omite es que, además de construir un judaísmo post-templo, estas
escuelas desarrollaron una campaña sistemática para eliminar cualquier rastro
mesiánico que pudiera asociarse con Jesús de Nazaret. Este capítulo expone las
estrategias, los documentos y los métodos que usaron para borrar al Cristo de las Escrituras
y reemplazarlo por un judaísmo estrictamente nacional, legalista y antimesiánico.

1. Yavne: El inicio del nuevo canon y el cierre contra el


cristianismo
Después de la destrucción del Templo:

• Yavne (Jamnia) se convirtió en el nuevo centro de autoridad religiosa.


• Se consolidó un canon hebreo reducido, excluyendo los libros que podían ser
usados por los cristianos para demostrar que Jesús era el Mesías.

Esta decisión no fue espiritual, sino estratégica y política.

Libros excluidos por tener "problemas teológicos":

• Sabiduría: habla del "Hijo de Dios" que sería despreciado y luego glorificado.
• Baruc: profecías sobre la venida gloriosa del Mesías.
• Tobit y Judith: exaltaban a personajes piadosos con intervención angelical.
• Macabeos: habla de la resurrección corporal y del sacrificio por los pecados.
• Sirácida (Eclesiástico): tenía resonancia con enseñanzas éticas similares a las de
Jesús.

2. El Talmud como reacción a Jesús


A medida que el cristianismo crecía, el judaísmo rabínico reaccionó escribiendo su propio
cuerpo de tradición: el Talmud.

En el Talmud:

• Se burlan de la figura de Jesús (a quien llaman Yeshu).


• Se afirma que fue un mago y un seductor de Israel.
• Se enseña que está en el infierno en castigo eterno.
• Se refuerza que la Torah escrita y oral es superior a cualquier "nueva revelación".

Talmud Babilónico, Sanedrín 43a:


“La víspera de Pascua colgaron a Yeshu. Un heraldo salió delante de él por cuarenta días
diciendo: 'Será apedreado, porque ha practicado la hechicería y ha engañado a Israel…'”.
Estas enseñanzas buscaron desacreditar a Jesús y proteger al pueblo del cristianismo,
pero también sentaron las bases para una censura sistemática de las Escrituras.

3. Reescritura y censura de textos bíblicos


Los rabinos que elaboraron el canon masorético hicieron modificaciones sutiles pero
contundentes:

Ejemplos:

• Salmo 22:16
o Septuaginta: “horadaron mis manos y mis pies”
o Masorético: “como un león están mis manos y mis pies”
→ Se eliminó una imagen directa de la crucifixión.
• Isaías 7:14
o Septuaginta: “una virgen (παρθένος) concebirá”
o Masorético: “una joven (‫ )עלמה‬concebirá”
→ Se debilitó la profecía mesiánica.
• Isaías 53
→ Se minimizó la lectura cristológica y se asignó a Israel como sujeto del
sufrimiento, no al Mesías.

Estas modificaciones no fueron inocentes: buscaban evitar que los cristianos


demostraran a Jesús desde las Escrituras.

4. Creación de nuevas “lecturas autorizadas”


Las escuelas rabínicas enseñaron a leer ciertos pasajes de manera alegórica o nacional,
negando su aplicación mesiánica:

• El Siervo Sufriente (Isaías 53) = Israel, no el Mesías.


• El hijo del hombre en Daniel 7 = símbolo del pueblo santo.
• El Mesías nacerá de una virgen = reinterpretado como evento común o simbólico.

Se crearon midrashim y comentarios que redirigieran el enfoque lejos de Jesús.

5. Desarrollo de la figura del "Mesías oculto"


Frente a las profecías incumplidas (desde su óptica), muchos rabinos postergaron la
venida del Mesías a un futuro impreciso:

• El Mesías no ha llegado porque Israel no es digno.


• Vendrá cuando todos cumplan la Ley.
• Algunos postularon dos Mesías: uno sufriente (ben Yosef) y otro reinante (ben
David).

Estas ideas nacieron para justificar la no aceptación de Jesús, pero paradójicamente se


alinean con la vida, muerte y resurrección de Cristo.

6. Referencias y fuentes académicas


1. Peter Schäfer, Jesus in the Talmud – Princeton University Press.
2. John Meier, A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus.
3. Craig Evans, Fabricating Jesus: How Modern Scholars Distort the Gospels.
4. R. Travers Herford, Christianity in Talmud and Midrash.
5. Rashi, comentarios sobre Isaías, Salmos y Zacarías.
6. Manuscritos de Qumrán, especialmente 4QIsaiah y 4QPs.

Conclusión
Las escuelas rabínicas posteriores no solo definieron una nueva versión del judaísmo, sino
que lo construyeron como una muralla anti-Cristo. Reescribieron, reinterpretaron y
silenciaron todo lo que pudiera llevar al pueblo a ver a Jesús como el Mesías prometido.

Este proceso de censura y relectura afectó profundamente al mundo cristiano posterior,


pues la Reforma Protestante adoptó ese canon mutilado, ignorando las raíces mesiánicas
de los textos que Jesús y los apóstoles sí reconocieron.

Capítulo Especial: Isaías 53, el Capítulo Silenciado


Isaías 53 es uno de los pasajes más poderosos, conmovedores y proféticos de toda la Biblia.
Escrito varios siglos antes de la venida de Jesucristo, este capítulo ha sido reconocido por
generaciones de cristianos como una descripción clara del Mesías sufriente. Sin embargo,
lo que muchos desconocen es que Isaías 53 fue y sigue siendo uno de los textos más
combatidos, silenciados y reinterpretados por tradiciones religiosas que han buscado
distorsionar su verdadero sentido.

1. El texto en la Septuaginta

La versión griega de Isaías 53 en la Septuaginta, traducida por judíos helenísticos entre los
siglos III y II a.C., presenta una narración impresionante y directa del siervo doliente. En
esta versión, las referencias a los pecados del pueblo que recaen sobre el justo, a su injusta
condena, su sufrimiento vicario y su exaltación posterior, están alineadas con la teología
cristiana sobre la pasión de Cristo.

Fragmento (LXX, Isaías 53:5): "Él fue herido por nuestras iniquidades, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas hemos sido
sanados".

Este lenguaje es inequívoco. Y es precisamente por eso que múltiples corrientes religiosas
posteriores, al ver el crecimiento del cristianismo, buscaron reinterpretarlo o desacreditarlo.

2. El testimonio de Qumrán

Uno de los hallazgos más importantes del siglo XX fue el descubrimiento de los Rollos del
Mar Muerto en las cuevas de Qumrán. Entre ellos, se encontraron copias completas o
fragmentadas del libro de Isaías, incluyendo Isaías 53.

El manuscrito 1QIsa^a, una copia completa del libro, data del siglo II a.C. y contiene
Isaías 53 casi sin variaciones respecto a la Septuaginta. Esto confirma que el texto ya
existía siglos antes de la era cristiana y que los cambios posteriores en el texto masorético
no eran parte del testimonio original.

Este hallazgo desarma la crítica que afirma que los cristianos manipularon Isaías 53. Al
contrario: el texto fue conservado por judíos en el desierto antes de la venida de Cristo.

3. La mutilación litúrgica

En las lecturas sinagogales tradicionales (la Haftarah), los rabinos incluyeron lecturas
semanales de los profetas (Nevi'im), organizadas porciones tras porciones. Pero en un giro
llamativo, Isaías 53 fue completamente omitido.

Se lee Isaías 52 hasta el versículo 12, y luego se salta directamente al capítulo 54. Este
vacío ha sido llamado "el capítulo desaparecido" dentro del calendario litúrgico judío. ¿Por
qué? Porque la lectura de Isaías 53 provocaba conversiones al cristianismo.

4. Reinterpretaciones rabínicas
En los primeros siglos del cristianismo, muchos judíos creían que Isaías 53 hablaba del
Mesías. El Targum de Jonatán y varios midrashim lo identificaban con una figura
mesiánica. Pero, con el paso del tiempo, los rabinos cambiaron la exégesis:

• Propusieron que el "siervo sufriente" es el pueblo de Israel, que sufre por los
pecados de las naciones.
• O que representa a los justos perseguidos.

Sin embargo, esta explicación no encaja con los detalles del texto:

• El siervo muere por los pecados de otros, no los propios.


• Es inocente, sin violencia ni dolo.
• No se habla en plural ni como una nación, sino como una persona singular.

5. Uso patrístico y neotestamentario

Los primeros padres de la Iglesia vieron en Isaías 53 una prueba contundente de la


identidad de Jesús como Mesías.

• Hechos 8:32-35 narra que el etíope leyó Isaías 53 y Felipe le explicó que hablaba
de Jesús, y fue bautizado.
• Padres como Justino Mártir o Orígenes citan Isaías 53 en sus apologéticas contra
judíos no creyentes.

6. Una advertencia para hoy

Isaías 53 sigue siendo ignorado o minimizado por muchos. Incluso entre algunos cristianos,
se ha perdido el peso de este pasaje como prueba profética.

Su silención por siglos es una evidencia de cómo el poder religioso, tanto judío como
cristiano institucionalizado, ha intentado manipular la revelación.

Pero el texto sigue hablando:

"Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento


justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos" (Isaías 53:11).

Conclusión

Isaías 53 no es un invento cristiano. Es un testimonio judío precristiano conservado por la


Septuaginta, confirmado por Qumrán, silenciado por los rabinos y predicado por los
apóstoles. Su mensaje permanece: el Mesías vendría a sufrir, no a gobernar primero; a
morir, no a reinar; a cargar con nuestros pecados para luego ser glorificado.

Ese Mesías es Jesús.


Capítulo Especial: Isaías 53, el Capítulo Silenciado

Isaías 53 es uno de los pasajes más poderosos, conmovedores y proféticos de toda la Biblia.
Escrito varios siglos antes de la venida de Jesucristo, este capítulo ha sido reconocido por
generaciones de cristianos como una descripción clara del Mesías sufriente. Sin embargo,
lo que muchos desconocen es que Isaías 53 fue y sigue siendo uno de los textos más
combatidos, silenciados y reinterpretados por tradiciones religiosas que han buscado
distorsionar su verdadero sentido.

1. El texto en la Septuaginta

La versión griega de Isaías 53 en la Septuaginta, traducida por judíos helenísticos entre los
siglos III y II a.C., presenta una narración impresionante y directa del siervo doliente. En
esta versión, las referencias a los pecados del pueblo que recaen sobre el justo, a su injusta
condena, su sufrimiento vicario y su exaltación posterior, están alineadas con la teología
cristiana sobre la pasión de Cristo.

Fragmento (LXX, Isaías 53:5): "Él fue herido por nuestras iniquidades, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas hemos sido
sanados".

Este lenguaje es inequívoco. Y es precisamente por eso que múltiples corrientes religiosas
posteriores, al ver el crecimiento del cristianismo, buscaron reinterpretarlo o desacreditarlo.

2. El testimonio de Qumrán

Uno de los hallazgos más importantes del siglo XX fue el descubrimiento de los Rollos del
Mar Muerto en las cuevas de Qumrán. Entre ellos, se encontraron copias completas o
fragmentadas del libro de Isaías, incluyendo Isaías 53.

El manuscrito 1QIsa^a, una copia completa del libro, data del siglo II a.C. y contiene
Isaías 53 casi sin variaciones respecto a la Septuaginta. Esto confirma que el texto ya
existía siglos antes de la era cristiana y que los cambios posteriores en el texto masorético
no eran parte del testimonio original.

Este hallazgo desarma la crítica que afirma que los cristianos manipularon Isaías 53. Al
contrario: el texto fue conservado por judíos en el desierto antes de la venida de Cristo.

3. La mutilación litúrgica

En las lecturas sinagogales tradicionales (la Haftarah), los rabinos incluyeron lecturas
semanales de los profetas (Nevi'im), organizadas porciones tras porciones. Pero en un giro
llamativo, Isaías 53 fue completamente omitido.
Se lee Isaías 52 hasta el versículo 12, y luego se salta directamente al capítulo 54. Este
vacío ha sido llamado "el capítulo desaparecido" dentro del calendario litúrgico judío. ¿Por
qué? Porque la lectura de Isaías 53 provocaba conversiones al cristianismo.

4. Reinterpretaciones rabínicas

En los primeros siglos del cristianismo, muchos judíos creían que Isaías 53 hablaba del
Mesías. El Targum de Jonatán y varios midrashim lo identificaban con una figura
mesiánica. Pero, con el paso del tiempo, los rabinos cambiaron la exégesis:

• Propusieron que el "siervo sufriente" es el pueblo de Israel, que sufre por los
pecados de las naciones.
• O que representa a los justos perseguidos.

Sin embargo, esta explicación no encaja con los detalles del texto:

• El siervo muere por los pecados de otros, no los propios.


• Es inocente, sin violencia ni dolo.
• No se habla en plural ni como una nación, sino como una persona singular.

5. Uso patrístico y neotestamentario

Los primeros padres de la Iglesia vieron en Isaías 53 una prueba contundente de la


identidad de Jesús como Mesías.

• Hechos 8:32-35 narra que el etíope leyó Isaías 53 y Felipe le explicó que hablaba
de Jesús, y fue bautizado.
• Padres como Justino Mártir o Orígenes citan Isaías 53 en sus apologéticas contra
judíos no creyentes.

6. Una advertencia para hoy

Isaías 53 sigue siendo ignorado o minimizado por muchos. Incluso entre algunos cristianos,
se ha perdido el peso de este pasaje como prueba profética.

Su silención por siglos es una evidencia de cómo el poder religioso, tanto judío como
cristiano institucionalizado, ha intentado manipular la revelación.

Pero el texto sigue hablando:

"Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento


justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos" (Isaías 53:11).

Conclusión
Isaías 53 no es un invento cristiano. Es un testimonio judío precristiano conservado por la
Septuaginta, confirmado por Qumrán, silenciado por los rabinos y predicado por los
apóstoles. Su mensaje permanece: el Mesías vendría a sufrir, no a gobernar primero; a
morir, no a reinar; a cargar con nuestros pecados para luego ser glorificado.

Ese Mesías es Jesús.

Capítulo 28
El protestantismo moderno y la Biblia incompleta
Cómo una fe basada en un canon mutilado ha producido una teología
fragmentada

Introducción

¿Puede una doctrina ser sana si sus cimientos están incompletos? ¿Puede una fe
proclamarse “bíblica” si ha silenciado voluntariamente parte de la Biblia que leyó Cristo?
Esta es la paradoja que enfrenta gran parte del protestantismo moderno: dice tener su única
autoridad en las Escrituras, pero desconoce —o desprecia— los libros que formaron parte
de esas Escrituras durante siglos, incluso en tiempos de Jesús y los apóstoles.

En este capítulo, exploraremos cómo el protestantismo contemporáneo, heredero directo de


la Reforma, ha construido una arquitectura teológica sobre una base mutilada: una Biblia
sin los deuterocanónicos, sin Sabiduría, sin Tobit, sin Judit, sin los libros de los Macabeos,
sin Baruc, sin Eclesiástico. Y cómo esa mutilación ha producido consecuencias visibles:
divisiones doctrinales, confusión escatológica, desarraigo de la tradición, y un
debilitamiento espiritual disfrazado de “pureza bíblica”.

1. Una herencia doctrinal con agujeros

Desde Lutero hasta el día de hoy, miles de denominaciones protestantes han proclamado
con orgullo el principio de sola Scriptura. Sin embargo, lo hacen con una Escritura
incompleta. Los libros que Lutero relegó —algunos incluso eliminó— nunca fueron
recuperados por los movimientos que le sucedieron.
Así, se consolidó una contradicción histórica: afirmar que la Biblia es la única autoridad,
pero ignorar que la Biblia que tenían Jesús, Pablo, Pedro y toda la Iglesia primitiva
incluía los libros que hoy llaman "apócrifos"【1】.

La consecuencia es un marco doctrinal con vacíos:

• Falta de comprensión sobre la intercesión de los santos (2 Macabeos 15:14)【2】


• Pérdida de sabiduría escatológica (Sabiduría 3:1–9; Sabiduría 5:15–23)
• Ausencia del concepto de redención universal en contexto mesiánico (Sabiduría
2:12–24)
• Debilitamiento de la oración por los muertos (2 Macabeos 12:45–46)【3】

2. Una fe que se divide porque ya nació dividida

El protestantismo moderno es, en muchos sentidos, hijo de una ruptura, no de una


restauración. Su nacimiento no fue por revelación celestial, sino por protesta —y muchas
veces, por odio, como lo vimos en el capítulo sobre Lutero—.

Al mutilar el canon, se cortó no solo parte del texto, sino la continuidad espiritual con la
Iglesia apostólica. Se dejó de lado una visión más completa del plan de Dios. Y al rechazar
la tradición, se abrió la puerta a miles de interpretaciones subjetivas.

Hoy, existen más de 30,000 denominaciones evangélicas y protestantes, muchas de las


cuales contradicen las bases que afirman defender【4】. ¿Cómo puede el mismo Espíritu
Santo inspirar interpretaciones tan contradictorias? ¿No será que la raíz del problema está
en el texto al que se aferran, pero que ha sido incompleto desde su origen?

3. Consecuencias teológicas de un canon incompleto

El cristianismo moderno, al rechazar los libros deuterocanónicos, ha perdido joyas


teológicas fundamentales:

• El alma inmortal y la promesa de resurrección:

“Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no los tocará
tormento alguno” (Sabiduría 3:1)【5】

• El justo que muere injustamente (profecía del Mesías):

“Lo condenaron a muerte con ignominia, pues decían: Si el justo es hijo de


Dios, él lo auxiliará...” (Sabiduría 2:18–20)
• El poder espiritual de la limosna:

“La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado” (Tobit 12:9)【6】

• La intercesión celestial de los santos:

“Este es Jeremías, el profeta de Dios, que ora mucho por el pueblo y por la
ciudad santa” (2 Macabeos 15:14)

Padres como Agustín de Hipona, al hablar del canon, incluyeron todos estos libros en su
listado sagrado, afirmando:

“Toda Escritura reconocida como canónica se encuentra en los siguientes libros:... Tobit,
Judit, Sabiduría, Eclesiástico...”
— De doctrina christiana, II, 8【7】

4. Teología emocional, sin raíces antiguas

Otro fruto del canon incompleto es la proliferación de una teología emocional: “lo que
siento”, “lo que creo”, “lo que Dios me dijo”. Sin ancla. Sin raíz en los textos originales.

Los libros deuterocanónicos están llenos de profundidad y contemplación. Como decía


Clemente de Alejandría, al citar el Eclesiástico:

“No seas valiente en el vino, porque el vino ha perdido a muchos.”


— Stromata, II, citando Eclesiástico 31:25【8】

Estas enseñanzas equilibraban la doctrina y la moral. Pero al eliminar estos textos, la


teología protestante perdió parte del equilibrio que los padres de la Iglesia conservaron
durante siglos.

5. Un llamado urgente al lector protestante sincero

Este capítulo no es una condena. Es un llamado. A ti, lector protestante, evangélico, que
amas a Jesús. A ti que te duele ver tanta división. A ti que quieres regresar al fuego original
del Evangelio.

¿Sabías que hay partes de la Biblia que Jesús leyó y que tú nunca has leído?
¿Sabías que al leer tu Biblia “completa”, en realidad te faltan libros que tus hermanos
cristianos leyeron por 1500 años?
Como decía Orígenes, uno de los exégetas más antiguos:

“La Iglesia acepta como canónicos no solo los libros que están en los hebreos, sino también
los que fueron transmitidos en la Iglesia: Tobit, Judit, Sabiduría...”
— Homilías sobre los Salmos (fragmentos)【9】

Este libro no busca atacarte, sino despertarte. Porque el primer paso para una restauración
profunda es aceptar que nos robaron parte del legado. Y que Dios quiere devolvértelo.

Conclusión

La Biblia protestante moderna es, en muchos sentidos, una linterna sin baterías. Tiene
forma, pero le falta poder. Tiene letra, pero le falta la plenitud. No porque su contenido sea
falso, sino porque le falta el resto.

No hay Reforma verdadera sin restitución del canon. No hay unidad en el Espíritu sin
unidad en las Escrituras. No hay madurez teológica si el pueblo de Dios sigue leyendo una
Biblia incompleta, amputada por intereses del pasado.

Es hora de volver a la Palabra que Cristo leyó.


Es hora de dejar la Biblia mutilada y abrazar la revelación completa.

Notas al pie

1. Véase el uso de la Septuaginta en la mayoría de las citas del Nuevo Testamento,


incluyendo Romanos 9:20–33 (cf. Sab 15), Hebreos 11:35 (cf. 2 Mac 7).
2. 2 Macabeos 15:14: “Este es Jeremías, el profeta de Dios, que ora mucho por el
pueblo.”
3. 2 Macabeos 12:45–46: “Por eso hizo este sacrificio expiatorio por los muertos, para
que fueran liberados de su pecado.”
4. Estimación basada en el World Christian Encyclopedia (David B. Barrett).
5. Sabiduría 3:1–4: enseñanza sobre la vida eterna de los justos.
6. Tobit 12:9: citado literalmente por varios Padres como valor redentor.
7. Agustín, De doctrina christiana, II, 8.
8. Clemente de Alejandría, Stromata, II; cita directa de Eclo 31:25.
9. Orígenes, citado en Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, VI

Capítulo Especial
Los Padres de la Fe: Guardianes del Canon Completo

Introducción

En tiempos donde las denominaciones compiten entre sí y las Biblias modernas se editan
según agendas editoriales, muchos creyentes buscan respuestas en la raíz del cristianismo.
Y es ahí donde brillan los Padres de la Iglesia, aquellos gigantes espirituales de los
primeros siglos que recibieron la fe directamente de los apóstoles o de sus discípulos.

Pero hoy, cuando se les menciona, especialmente en ambientes protestantes, se les acusa de
ser “católicos romanos”, como si eso invalidara su testimonio. Es hora de restaurar su lugar
legítimo: no como papistas, no como herejes, sino como testigos originales de la fe
bíblica completa.

1. ¿Quiénes fueron los Padres de la Iglesia?


Los Padres de la Iglesia son teólogos, obispos, mártires, y escritores cristianos de los
primeros ocho siglos del cristianismo. No pertenecieron a denominaciones como hoy las
conocemos. Fueron parte de la Iglesia indivisa, aquella que aún no se había fragmentado
entre católicos, ortodoxos, coptos y protestantes.

Sus obras nos han dejado:

• La defensa del Evangelio frente a herejías como el gnosticismo, el arrianismo o el


marcionismo.
• Homilías, cartas y comentarios bíblicos llenos de sabiduría y profundidad
espiritual.
• El testimonio de cuál era la Biblia que usaban, y qué libros consideraban
inspirados.

No hablaban desde el poder. La mayoría murieron perseguidos, calumniados o exiliados.


No servían al Imperio ni a intereses clericales. Sirvieron a Cristo.

2. ¿Usaban ellos los libros deuterocanónicos?


La respuesta es rotundamente sí. Citaron, predicaron y defendieron libros como Sabiduría,
Eclesiástico, Tobit, Judit y los Macabeos como parte de la Sagrada Escritura. De hecho,
nadie en los primeros siglos cuestionaba su inclusión, salvo herejes marginales.
Aquí algunos ejemplos directos:

Ireneo de Lyon (ca. 130–202 d.C.)

Discípulo de Policarpo, quien fue discípulo del apóstol Juan. Ireneo combatió a los
gnósticos y defendió el canon íntegro.

“El libro de la Sabiduría, escrito por el amigo de Salomón, dice: Dios creó al hombre para
la inmortalidad.”
— Contra las Herejías, Libro IV, 38:3
(Refiere a Sabiduría 2:23)

Con esto muestra que Sabiduría era parte de su Biblia.

Clemente de Alejandría (ca. 150–215 d.C.)

Filósofo cristiano que dirigió la escuela catequética de Alejandría.

“También leemos en el Eclesiástico: No seas valiente en beber vino, porque el vino ha


perdido a muchos.”
— Stromata, Libro II

Aquí cita Eclesiástico 31:25 como parte legítima de las Escrituras.

Orígenes (ca. 184–253 d.C.)

Gran estudioso bíblico, uno de los primeros en sistematizar el Antiguo Testamento.

“La Iglesia acepta como canónicos no solo los libros que están en los hebreos, sino también
los que fueron transmitidos en la Iglesia, como Tobit, Judit, Sabiduría y los Macabeos.”
— Homilías sobre los Salmos, fragmentos

Orígenes defendía la Biblia de la Iglesia, no la de los rabinos.

Agustín de Hipona (354–430 d.C.)


Uno de los teólogos más influyentes de todos los tiempos. Fue parte clave en los concilios
que establecieron el canon bíblico.

“Toda Escritura, incluida Sabiduría, Tobit y los libros de los Macabeos, es útil para
enseñar, reprender, corregir e instruir en justicia.”
— De doctrina christiana, II, 8

Agustín nunca cuestionó los deuterocanónicos. Más aún, ayudó a fijar su inclusión
oficial en los concilios de Hipona (393) y Cartago (397).

Cipriano de Cartago (ca. 200–258 d.C.)

Usó el libro de Baruc y Eclesiástico en múltiples homilías.

“Así lo dice el Espíritu Santo por boca de Baruc: Confiesa a Dios con todo tu corazón.”
— Testimonia ad Quirinum, III, 29

3. ¿Eran católicos?
En el sentido moderno: no.
No obedecían al Papa de Roma como jefe universal. No rezaban el rosario. No adoraban
imágenes. No enseñaban dogmas medievales como la infalibilidad papal o el purgatorio tal
como lo presenta el catolicismo posterior.

En el sentido histórico: sí eran parte de la Iglesia Católica, es decir, la Iglesia universal,


que mantenía la fe apostólica, la comunión eucarística, el bautismo, y la Biblia completa en
la versión griega de la Septuaginta.

Mucho antes del Concilio de Trento, estos hombres ya vivían, predicaban y defendían el
canon completo, incluso los libros que Lutero eliminaría más de mil años después.

4. ¿Por qué sus testimonios son tan valiosos?


Porque nos permiten reconstruir con evidencia lo que era considerado Escritura por los
cristianos originales, antes de que rabinos lo mutilaran y antes de que Lutero lo
fragmentara.
Al citarlos, no estamos apelando a dogmas católicos, sino a la memoria viva de los
primeros seguidores de Jesús. Aquellos que leían lo que Cristo leyó, creían lo que los
apóstoles enseñaron y vivían lo que hoy hemos olvidado.

Ellos son como testigos oculares en un juicio espiritual: no los podemos ignorar si
queremos restaurar la verdad.

5. Conclusión: Volver a oír a nuestros padres


El protestantismo moderno ha despreciado los libros que los Padres amaban. Y muchos
cristianos sinceros han sido víctimas de esa pérdida sin siquiera saberlo.

No podemos reconstruir el cristianismo original ignorando a quienes lo vivieron.


No podemos defender la Biblia, si despreciamos los libros que los cristianos de los
primeros siglos consideraban Sagrados.
No podemos decir que amamos la verdad si seguimos enseñando con una Biblia
incompleta.

Hoy, sus voces siguen hablando. No desde Roma. No desde Wittenberg. Desde el corazón
de una Iglesia indivisa que leyó la Septuaginta, que confesó a Cristo como Señor, y
que murió por no renunciar a la fe apostólica.

Notas al pie

1. Sabiduría 2:23: “Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su


propio ser eterno.”
2. Eclesiástico 31:25: “No seas valiente en el vino, pues muchos fueron arruinados
por él.”
3. Ireneo de Lyon, Contra las Herejías, IV, 38.
4. Clemente de Alejandría, Stromata, II.
5. Orígenes, Homilías sobre los Salmos, fragmentos conservados por Eusebio.
6. Agustín, De doctrina christiana, II, 8.
7. Cipriano de Cartago, Testimonia ad Quirinum, III, 29.
Capítulo 29
El nacimiento del cristianismo evangélico y sus raíces
bíblicas
Qué hereda del protestantismo, qué corrige y qué mantiene mutilado

Introducción

El cristianismo evangélico moderno se presenta a menudo como una “restauración” de la


Iglesia primitiva: centrada en Cristo, en la Biblia, y alejada de ritos, jerarquías y tradiciones
humanas. Pero ¿es realmente una restauración fiel al cristianismo de los primeros siglos?
¿O es solo una rama más del árbol protestante, con sus mismos defectos doctrinales,
incluido un canon bíblico amputado?

Este capítulo examina cómo los evangélicos, aunque han corregido excesos institucionales,
han heredado una Biblia mutilada, las mismas omisiones de Lutero, y una visión
fragmentada del plan de Dios.

1. De Lutero a los evangélicos: el mismo punto ciego

El cristianismo evangélico nació entre los siglos XVIII y XIX, impulsado por movimientos
de avivamiento en Inglaterra, Estados Unidos y Alemania. Su meta era noble: recuperar la
pureza del Evangelio, la experiencia personal con Cristo, y la centralidad de la Palabra.

Sin embargo, esa Palabra ya venía con una mutilación heredada: los evangélicos
recibieron su Biblia de las versiones protestantes, especialmente la Reina-Valera y la King
James, ambas basadas en el canon hebreo masorético y no en la Septuaginta.

“Toda Escritura es inspirada por Dios...” (2 Timoteo 3:16)


Pero ¿cuál era esa “Escritura” para Pablo? No era el canon protestante moderno, sino la
Biblia griega completa, que incluía libros como Sabiduría, Tobit y Macabeos【1】.

Incluso los padres de la Reforma Radical, como Menno Simons, nunca corrigieron el
error de canon. Y siglos después, los evangélicos repitieron la misma mutilación, sin
preguntarse si esos libros eliminados también eran Palabra de Dios.
2. Lo que han corregido… y lo que no

Sí, los evangélicos han hecho grandes aportes:

• Promueven la lectura directa de la Biblia.


• Llaman a una relación viva con Jesús.
• Rechazan el autoritarismo clerical.
• Evangelizan con pasión y fe sincera.

Pero su fundamento bíblico sigue incompleto. Y eso ha generado consecuencias


doctrinales:

• Falta de enseñanzas sobre la oración por los difuntos (2 Macabeos 12:45).


• Desconocimiento del concepto de sabiduría como persona prefigurando al Verbo
(Sabiduría 7:22–30).
• Desconexión con la historia de la resistencia judía y la esperanza escatológica
(Macabeos 1 y 2).
• Visión reducida del pecado y la justicia (Eclesiástico 15 y 17).

Como decía Ireneo de Lyon, “Es peligroso separar partes de la Escritura, como hacen los
herejes, que quitan lo que les incomoda”【2】. Esa crítica sigue vigente.

3. Un cristianismo bíblico… sin toda la Biblia

Muchos pastores evangélicos proclaman desde el púlpito: “¡Somos una iglesia bíblica!”
Pero cuando uno examina sus Biblias, faltan siete libros enteros, más fragmentos de otros.
Es una contradicción inconsciente: buscar una fe totalmente bíblica con una Biblia
incompleta.

Incluso Tertuliano, del siglo II, que más tarde se apartaría de la iglesia institucional, nunca
negó los libros deuterocanónicos. Al contrario, citaba Sabiduría como autoridad:

“Los impíos dicen: ‘Tendamos lazos al justo…’, como está escrito en la Sabiduría.”
— Adversus Judaeos, VIII【3】

Esto prueba que la Biblia completa era usada por los cristianos sinceros, no solo por los
clérigos.

4. La ironía del avivamiento: mucho fuego, poca raíz


Los grandes avivamientos evangélicos del siglo XVIII y XIX provocaron una renovación
espiritual importante. Multitudes regresaron a Dios. Se fortaleció la oración, la predicación
y la vida comunitaria.

Pero todo eso ocurrió con una Biblia amputada. Se vivía un fuego sin la plenitud del
combustible. Como si se reconstruyera el altar, pero se dejara fuera parte del sacrificio.

¿Cómo se puede hablar del Dios de Elías sin los libros que narran la resistencia de los
fieles en tiempos oscuros como los Macabeos?
¿Cómo entender el sufrimiento del justo sin leer Sabiduría 2, que anticipa al Mesías
crucificado?【4】

El resultado ha sido una espiritualidad vibrante, pero a veces superficial. Con emoción,
pero sin contemplación. Con pasión, pero sin sabiduría antigua.

5. El alma evangélica sincera y la necesidad de restauración

Este capítulo no busca desacreditar la fe evangélica, sino honrarla llamando a la plenitud.


Porque miles de cristianos evangélicos aman a Cristo con el corazón, sirven con humildad,
y anhelan conocer más a Dios.

Pero es tiempo de preguntar con sinceridad:


¿Qué parte del plan de Dios me estoy perdiendo por leer una Biblia incompleta?
¿Qué herencia espiritual me fue robada y ni siquiera lo sabía?

Justino Mártir, en el siglo II, escribió a los judíos:

“Nosotros recibimos los libros proféticos con fe… también leemos Judit, Tobit y los
Macabeos.”
— Diálogo con Trifón, LXXI【5】

Él no era católico. No era papista. Era un discípulo de Cristo. Y leía más Biblia que
muchos cristianos de hoy.

Conclusión

El cristianismo evangélico ha sido una fuerza viva en el mundo. Pero para avanzar con
poder, debe volver al principio, no solo a las emociones, sino a la Escritura completa que
leyó Cristo. No a la tradición reformada del siglo XVI, sino a la tradición apostólica del
siglo I.
Es hora de que los evangélicos pregunten:
¿Estoy dispuesto a dejar que Dios me devuelva los libros que hombres me quitaron?

Porque no hay nada más evangélico que leer lo que Jesús leyó.
Y no hay nada más bíblico que recuperar la Biblia completa.

Notas al pie

1. La mayoría de las citas bíblicas del Nuevo Testamento provienen de la Septuaginta,


como se demuestra en Hebreos 11:35 (cf. 2 Macabeos 7), Romanos 9:20–33 (cf.
Sabiduría 15), etc.
2. Ireneo de Lyon, Contra las Herejías, I, 20:1.
3. Tertuliano, Adversus Judaeos, VIII. Cita Sabiduría 2:12–20.
4. Sabiduría 2:18–20: “Si el justo es hijo de Dios, Dios lo auxiliará…”
5. Justino Mártir, Diálogo con Trifón, cap. 71.

Capítulo 30
Los movimientos mesiánicos y el regreso a las raíces
hebreas
Judíos que creen en Jesús y revaloran textos antiguos como los
deuterocanónicos

Introducción

En las últimas décadas, ha surgido un fenómeno que ha desconcertado tanto a judíos como
a cristianos tradicionales: miles de judíos, sin renunciar a su identidad cultural y espiritual,
han reconocido a Yeshúa (Jesús) como el Mesías prometido. A este despertar se le
conoce como el movimiento mesiánico.

Pero lo más notable es que estos creyentes, al volver a examinar las Escrituras con ojos
nuevos, han redescubierto textos antiguos como los libros deuterocanónicos, que
durante siglos fueron rechazados por el canon rabínico y olvidados por muchas iglesias
cristianas.
Este capítulo aborda cómo los movimientos mesiánicos representan un puente entre las
raíces hebreas y la fe cristiana, y por qué el redescubrimiento de la Septuaginta y los
libros eliminados es una señal profética para nuestros tiempos.

1. La paradoja del judaísmo mesiánico

El judaísmo rabínico oficial niega a Jesús como Mesías y considera “apócrifos” a todos los
libros no aceptados por los sabios fariseos después del 70 d.C.
Sin embargo, los judíos mesiánicos —judíos que creen en Yeshúa— están comenzando a
revalorar textos que sus propios antepasados despreciaron, precisamente porque
reconocen que muchos de ellos apuntaban directamente al Mesías.

Un ejemplo claro es el Libro de Sabiduría, especialmente el capítulo 2:

“Acechemos al justo, pues nos resulta incómodo... Condenémoslo a muerte ignominiosa,


pues según él, Dios lo salvará.”
— Sabiduría 2:12–20【1】

Muchos judíos mesiánicos ven en este pasaje una descripción profética del rechazo,
juicio y crucifixión de Jesús, escrita mucho antes del Evangelio.

2. Un retorno natural a la Septuaginta

Estos creyentes están descubriendo que la Biblia que usaron Jesús y los apóstoles no era el
canon hebreo masorético, sino la Septuaginta, traducción griega del Antiguo Testamento
usada por los judíos de la diáspora.

Incluso el apóstol Pablo, al escribir en griego a las comunidades gentiles, citaba


directamente la Septuaginta. Por ejemplo:

“Porque si sufrimos con Él, también reinaremos con Él.”


— 2 Timoteo 2:12, eco directo de Sabiduría 3:5–8

Como dice el erudito Origen, en el siglo III:

“La Iglesia acepta como Escritura no solo los libros hebreos, sino también los recibidos por
los apóstoles: Tobit, Judit, Macabeos...”
— Homilías sobre los Salmos【2】

Los judíos mesiánicos de hoy están reconociendo que rechazar estos libros fue un error
heredado del rechazo fariseo hacia Cristo. Restaurarlos es parte de su redención.
3. Textos que conectan con la identidad judía... y con Jesús

Los libros deuterocanónicos no solo son cristocéntricos, también son profundamente


judíos:

• Macabeos cuenta la lucha de Israel contra la opresión pagana, una historia clave
para el judaísmo.
• Baruc transmite el dolor del exilio y la esperanza del perdón, resonando con el alma
de Israel.
• Eclesiástico (Ben Sira) ofrece sabiduría ética, respeto por la Torá y enseñanzas que
incluso Jesús citó indirectamente.

Por ejemplo, cuando Jesús dice:

“El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”


— Lucas 14:11

Está repitiendo lo que ya estaba escrito en:

“Cuanto más grande seas, más humíllate... y hallarás gracia delante del Señor.”
— Eclesiástico 3:18【3】

Este tipo de coincidencias no son copia, sino eco espiritual. Los judíos mesiánicos lo han
notado, y por eso reintegran estos libros con gozo y reverencia.

4. Una restauración que incomoda a ambos lados

Paradójicamente, este regreso al canon completo incomoda tanto al judaísmo rabínico como
a los cristianos protestantes. ¿Por qué?

• Porque el judaísmo moderno selló su canon para evitar argumentos mesiánicos.


• Y el protestantismo heredó ese canon cerrado por influencias filosóficas y
antirromanas.

Pero los judíos mesiánicos rompen esa lógica:


recuperan a Jesús y recuperan los textos que lo anuncian.
Es un acto profético.

Como escribió Justino Mártir, al debatir con el judío Trifón:


“Vosotros habéis eliminado partes de la Escritura que profetizaban sobre Cristo. Nosotros,
en cambio, conservamos la Palabra tal como fue entregada.”
— Diálogo con Trifón, LXXI【4】

Hoy, los judíos mesiánicos están haciendo lo mismo: recuperar lo que sus propios sabios
eliminaron.

5. Señales del tiempo: ¿Israel despertando al canon completo?

Muchos estudiosos consideran que el renacimiento de Israel como nación y el crecimiento


de los movimientos mesiánicos son señales proféticas. Y dentro de esas señales está
también el redescubrimiento de los libros que fueron escondidos.

El libro de Baruc clama:

“Vuélvete, Jacob, y abrázala [a la Sabiduría]... camina hacia la luz de su esplendor.”


— Baruc 4:2【5】

¿Y no es eso lo que están haciendo los mesiánicos?


Están abrazando a la Sabiduría —a Jesús, el Logos vivo—
y caminando hacia la luz… con las Escrituras completas en sus manos.

Conclusión

El movimiento mesiánico no es una moda ni una corriente marginal. Es una restauración.


Un cumplimiento profético. Y su recuperación de los libros deuterocanónicos es una
prueba más de que el Espíritu Santo está guiando a Su pueblo de vuelta a la verdad.

Jesús no vino a destruir la ley ni los profetas, ni los libros sabios.


Vino a cumplirlos. Y hoy, muchos hijos de Israel están comenzando a ver que la plenitud
del Mesías solo se entiende con la plenitud de las Escrituras.

Notas al pie

1. Sabiduría 2:12–20. Este pasaje fue considerado mesiánico por varios Padres de la
Iglesia, como Justino Mártir y Tertuliano.
2. Orígenes, Homilías sobre los Salmos, citado en Eusebio, Historia Eclesiástica, VI.
3. Eclesiástico 3:18; Lucas 14:11. El paralelismo entre ambos textos muestra la
influencia sapiencial en la enseñanza de Jesús.
4. Justino Mártir, Diálogo con Trifón, LXXI.
5. Baruc 4:2. Esta imagen de "caminar hacia la luz" es retomada en Juan 1:9–12.

Capítulo 31
La secularización del cristianismo y el abandono del
canon
Cómo muchas iglesias modernas desprecian ya todo el Antiguo
Testamento

Introducción

En el inicio, la Iglesia se sostenía sobre el testimonio de las Escrituras, la memoria


apostólica y la guía del Espíritu Santo. Pero con el paso de los siglos, una amenaza más
sutil que la persecución ha penetrado la vida eclesial: la secularización.

No es simplemente el abandono de la fe, sino algo más peligroso: una fe vacía de


contenido bíblico, una Iglesia que predica emociones pero ya no enseña Escrituras. Y
en el centro de esa pérdida se encuentra una renuncia sistemática al Antiguo Testamento —
especialmente a los libros deuterocanónicos— como si fueran irrelevantes, molestos o
incluso "anticuados".

Este capítulo es una advertencia. Porque cuando la Iglesia pierde la raíz, pierde también
el fruto. Y cuando desprecia las Escrituras completas, corre el riesgo de predicar otro
evangelio.

1. La entrada del pensamiento moderno en el púlpito

Hoy es común oír a pastores modernos decir cosas como:

“Nosotros predicamos solo el Nuevo Testamento.”


“Eso era del tiempo de Moisés, ya no aplica.”
“El Antiguo Testamento es legalismo, ahora vivimos en gracia.”
Este tipo de afirmaciones reflejan una teología secularizada, en la que el canon ha sido
reducido a una colección de frases que alimentan la autoestima, pero no transforman el
corazón.

Jesús dijo claramente:

“No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a
cumplir.”
— Mateo 5:17【1】

Y sin embargo, muchas iglesias hoy enseñan como si Jesús hubiera abolido la mitad de
la Biblia. Peor aún: algunos han quitado incluso los textos que Él usó.

2. El silenciamiento del Antiguo Testamento… y del Dios que habla

Hay congregaciones enteras que nunca predican sobre Isaías, Jeremías, los Salmos, o la
Sabiduría. No se leen los profetas. No se explican los libros históricos. La Biblia se
convierte en una selección de “versículos positivos” sacados de contexto, mientras el resto
del texto es ignorado.

¿Cómo entender a Cristo sin Moisés? ¿Cómo comprender la cruz sin el altar de los
sacrificios? ¿Cómo predicar el Reino sin leer a los profetas que lo anunciaron?

Incluso el apóstol Pablo, fariseo de formación, entendía que el Antiguo Testamento era la
base:

“Todo lo que fue escrito en el pasado, para nuestra enseñanza se escribió...”


— Romanos 15:4【2】

Y dentro de ese “todo”, Pablo incluía también los libros deuterocanónicos, pues citó la
Septuaginta, no el texto masorético.

3. La Iglesia post-bíblica: motivación sin revelación

La secularización no solo desprecia al Antiguo Testamento. También convierte la


predicación en motivación, y la fe en terapia emocional.

Frases como:

• “Declara lo que quieres y se te dará.”


• “Dios está para servirte, no para juzgarte.”
• “Ya no hay pecado, solo evolución espiritual.”
Son el resultado de una teología sin Escrituras, una doctrina sin raíz, un Dios sin
Palabra.

El obispo Atanasio de Alejandría, defensor de la fe en el siglo IV, decía:

“Las Escrituras son suficientes por sí mismas para instruir a la verdad.”


— Carta Festal 39【3】

Cuando la Iglesia deja de leer toda la Escritura, deja de oír la verdad. Y empieza a
inventar su propia versión de Dios.

4. ¿Por qué abandonan los deuterocanónicos?

Los libros deuterocanónicos son especialmente molestos para una Iglesia superficial,
porque:

• Hablan del juicio divino (Sabiduría 5:15–23).


• Llaman a la justicia social (Eclesiástico 34:21–22).
• Enaltecen la oración por los muertos (2 Macabeos 12:45).
• Defienden la tradición recibida (Eclesiástico 39:1–3).
• Exigen sabiduría y obediencia, no solo emoción (Sabiduría 6:12–20).

Por eso la Iglesia secularizada los descarta. Porque confrontan. Porque incomodan.
Porque exigen profundidad.

Como escribió Jerónimo, traductor de la Vulgata:

“La Iglesia lee a Tobit, Judit, Sabiduría… no como canónicos en el sentido hebreo, sino
como edificantes para el pueblo.”
— Prólogo Galeato【4】

Y aún así, Jerónimo los tradujo y la Iglesia los conservó, sabiendo que no podían
descartarse sin mutilar el alma de la fe.

5. El precio de predicar sin raíces

Una Iglesia sin Antiguo Testamento es como un árbol sin tierra. Y una Iglesia sin
deuterocanónicos es como un cuerpo con órganos extirpados.

El resultado es lo que vemos hoy:

• Pastores sin preparación bíblica.


• Feligreses sin conocimiento de la historia sagrada.
• Doctrinas fragmentadas y contradictorias.
• Rechazo de la profecía y del juicio.
• Jesús convertido en coach, no en Rey.

La secularización no empieza con el pecado abierto. Empieza cuando la Palabra ya no es


central.

Conclusión

El abandono del canon completo es una señal de apostasía. Una Iglesia que ya no lee la
Escritura que leyó Cristo no es la Iglesia de Cristo. Una generación que desprecia los
profetas no puede entender el Evangelio.

Este capítulo es un llamado:


Vuelve a las Escrituras. Todas. Incluso las que el sistema moderno ha silenciado.
Porque sin todo el consejo de Dios, predicar es solo entretener. Y creer es solo
imaginar.

Notas al pie

1. Mateo 5:17 – Palabras de Jesús afirmando la vigencia de la Ley y los Profetas.


2. Romanos 15:4 – Pablo defiende el valor pedagógico del Antiguo Testamento.
3. Atanasio de Alejandría, Carta Festal 39, año 367 – primer listado completo de
libros incluyendo los deuterocanónicos.
4. Jerónimo, Prólogo Galeato – aunque tenía reservas personales, tradujo y reconoció
el uso eclesiástico de los libros deuterocanónicos.

Capítulo 32
La Biblia en manos del pueblo: traducciones, errores y
manipulaciones modernas
Cómo las editoriales, nuevas versiones y agendas han manipulado el
texto sagrado
Introducción

Durante siglos, el pueblo anheló tener la Biblia en sus manos. Luchó por ella. Murió por
ella. Pero en el siglo XXI, cuando ya se puede leer en todos los idiomas y dispositivos, la
paradoja es desgarradora: la Biblia está en todas partes… pero el mensaje original se ha
diluido, fragmentado o reescrito según los intereses de cada época.

Este capítulo aborda un tema delicado pero urgente: la manipulación moderna del texto
bíblico a través de traducciones sesgadas, versiones con agendas ideológicas, y
omisiones sistemáticas que han contaminado el pan de vida con levadura humana.

1. La abundancia de versiones… y la pobreza de verdad

Hoy existen más de 900 traducciones de la Biblia al inglés, más de 100 al español, y
miles en otros idiomas. Suena como un triunfo del Evangelio. Pero no lo es del todo.

Porque en medio de esa abundancia, se han introducido versiones debilitadas,


adaptadas, recortadas, “parafraseadas” o incluso manipuladas para:

• Quitar lo ofensivo.
• Hacerla “más inclusiva”.
• Suprimir doctrinas incómodas.
• Eliminar el lenguaje de juicio o arrepentimiento.
• Y sobre todo, excluir los libros deuterocanónicos sin explicación.

“¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien… que cambian la oscuridad por
luz!”
— Isaías 5:20【1】

2. La mutilación silenciosa: los libros que desaparecieron

En muchas Biblias protestantes modernas, los libros deuterocanónicos ni siquiera


aparecen mencionados. Han sido borrados sin nota, sin advertencia, como si nunca
hubieran existido.

Pero durante más de 1500 años, estos libros estaban en todas las Biblias cristianas, desde
los manuscritos más antiguos hasta la Vulgata, pasando por las versiones etíopes, siríacas y
coptas.
Incluso la primera Biblia Reina-Valera de 1602 incluía los deuterocanónicos, aunque en
una sección separada. La omisión total fue un proceso posterior, impulsado por editoriales
anglosajonas en el siglo XIX.

“Porque yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno
añadiera... o quitare...”
— Apocalipsis 22:18–19【2】

¿No es esto lo que ha ocurrido con los libros como Tobit, Judit, Sabiduría o Eclesiástico?

3. Traducciones ideológicas: cuando la Biblia ya no dice lo que dijo

Más allá de los libros eliminados, hay versiones modernas que reinterpretan las palabras
para ajustarlas a una agenda cultural o teológica.

Algunos ejemplos reales:

• Cambios de género en las referencias a Dios o al hombre.


• Reemplazo del término “pecado” por “error” o “falta de conciencia”.
• Eliminación de términos como “Señor”, “reino”, “castigo”, “temor de Dios”.

Estas manipulaciones no nacen de errores lingüísticos, sino de decisiones teológicas


conscientes, hechas por comités con agendas modernas.

Como escribió Agustín de Hipona:

“No cambiéis la Palabra para que se acomode a vosotros. Cambiad vosotros para que seáis
dignos de ella.”
— Sermones, 179【3】

4. Las editoriales y la industria bíblica

Uno de los motores más poderosos detrás de estas manipulaciones es económico. Las
editoriales bíblicas son hoy multinacionales que venden versiones como si fueran marcas
comerciales.

• Una editorial puede “actualizar” su traducción cada 5 años para mantener la


exclusividad de derechos.
• Se promueven Biblias temáticas: para mujeres, hombres, empresarios, jóvenes,
líderes...
• Pero en todas, el contenido original se adapta para gustar al consumidor, no
para confrontarlo.
El resultado es una Biblia personalizada, emocional, fragmentada… y manipulada.

“Los falsos escribas alteran la ley… para poner cargas a otros que ellos no llevan.”
— Clemente de Roma, Carta a los Corintios, 2:4【4】

5. La pérdida de la coherencia bíblica

Cada nueva versión fragmenta más el cuerpo de la Escritura. Ya no hay una voz unificada.
Ya no hay una revelación sólida. Hay mil versiones del mensaje, cada una adaptada a un
gusto, a una generación, o a una corriente.

El resultado es devastador:

• La autoridad de la Palabra se diluye.


• La Iglesia se divide aún más.
• El canon se relativiza.
• Y las generaciones jóvenes ya no conocen las raíces.

Jesús citó el Antiguo Testamento con autoridad. Pablo lo usó como base doctrinal. Pedro
habló de la Escritura como “luz en lugar oscuro” (2 Pedro 1:19). Pero ¿qué pasa cuando
esa luz ha sido filtrada, editada, mutilada?

Conclusión

El pueblo tiene la Biblia en sus manos. Pero muchas veces, no es la Biblia que Jesús leyó,
ni la que usaron los apóstoles, ni la que defendieron los mártires.

La multiplicación de versiones, lejos de ser siempre una bendición, ha sido en muchos


casos una operación silenciosa de adulteración teológica.

Este capítulo no es un llamado a rechazar todas las traducciones. Sino a examinar. A


despertar. A exigir fidelidad.
Porque el Dios que inspiró Su Palabra no cambia. Y Su Palabra tampoco debe
cambiar.

Notas al pie

1. Isaías 5:20 — Advertencia contra los que invierten el bien y el mal, la luz y la
oscuridad.
2. Apocalipsis 22:18–19 — Advertencia final sobre añadir o quitar palabras del libro
profético.
3. Agustín de Hipona, Sermones, 179 — Exhortación a obedecer la Escritura sin
distorsionarla.
4. Clemente de Roma, Carta a los Corintios, 2:4 — Denuncia de escribas que alteran
la ley divina por interés.

Capítulo 33
El rol de Israel moderno y la profecía aún vigente en
los textos rechazados
Cómo los deuterocanónicos y la Septuaginta siguen hablando del futuro

Introducción

Uno de los grandes errores del cristianismo moderno —tanto católico como protestante—
ha sido desconectar la Escritura del tiempo profético en que vivimos. Se ha predicado el
Reino como algo meramente espiritual, sin prestar atención al cumplimiento histórico de
las profecías.

Pero desde 1948, con el restablecimiento del Estado de Israel, y con el creciente interés por
el apocalipsis, algo ha comenzado a moverse. Muchas profecías que parecían simbólicas
están cobrando vida.

Y en medio de ese despertar, los libros que fueron descartados por rabinos y
reformadores siguen hablando. La Septuaginta y los deuterocanónicos contienen
claves proféticas que el canon mutilado no puede explicar.

1. La profecía del regreso: anunciada fuera del canon masorético

El regreso de Israel a su tierra, el conflicto escatológico de las naciones, y la venida del


Mesías están profundamente conectados con textos que fueron eliminados del canon
judío después del siglo I y que nunca fueron recuperados por el protestantismo.
Por ejemplo, Baruc profetiza con claridad:

“Dios volverá a reunir a Israel con misericordia… para siempre”


— Baruc 5:5–9【1】

Este texto es ignorado por quienes rechazan los deuterocanónicos. Pero su eco resuena con
las palabras de Jesús en Mateo 24:31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y reunirán a sus escogidos desde los
cuatro vientos.”

Los textos antiguos y los nuevos no se contradicen. Se completan.

2. El rol de los Macabeos: ensayo profético del fin

1 y 2 Macabeos no son solo libros históricos. Son anticipo profético de lo que está por
venir: un sistema opresor, una religión falsa impuesta, persecución del remanente fiel, y una
esperanza de resurrección.

“El Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, a nosotros que morimos por sus
leyes.”
— 2 Macabeos 7:9【2】

Este versículo no tiene equivalente en el canon masorético. Pero es citado en Hebreos


11:35, donde se dice que algunos “fueron torturados, no aceptando el rescate, a fin de
obtener mejor resurrección”【3】.

¿Cómo puede el Nuevo Testamento hablar de algo que el canon protestante ha quitado?

3. Israel moderno en el espejo de los libros sabios

El restablecimiento de Israel como nación no es casualidad. Y los libros de Sabiduría y


Eclesiástico contienen señales de esta restauración.

Por ejemplo, Sabiduría 5 habla del asombro de los impíos cuando vean la exaltación de
los justos, una escena que resuena con las profecías del juicio final.

“Ellos dirán: Éste es aquel de quien nos burlábamos... ¿Cómo fue contado entre los hijos de
Dios?”
— Sabiduría 5:3–5【4】
Este texto tiene una carga escatológica que nos habla de un tiempo en que el mundo
reconocerá lo que antes rechazó: al pueblo redimido, y al Mesías glorificado.

4. La Septuaginta: guardiana de la revelación profética

No solo los deuterocanónicos, sino la propia versión de la Septuaginta contiene formas


de versículos que el texto masorético altera o suaviza.

Por ejemplo:

• Isaías 11:1 en la Septuaginta: habla del “renuevo de David” como una figura
mesiánica clara, algo diluido en el texto hebreo.
• Salmos 96–99 en la LXX contienen llamados a las naciones que no se reflejan igual
en el texto masorético.

Como escribió Athanasius de Alejandría:

“Los libros de la Septuaginta contienen la profecía verdadera. El Señor mismo los usó para
hablar en las sinagogas.”
— Carta Festal 39【5】

5. ¿Por qué el enemigo odia estos libros?

La respuesta es sencilla: porque revelan el final de la historia. Porque muestran que:

• Israel será restaurado.


• El justo resucitará.
• El impío será avergonzado.
• El Reino vendrá con justicia.
• Y el Mesías no es símbolo, es Rey real.

Los libros que el enemigo quiso borrar, son los mismos que más claramente exponen su
derrota.

Por eso, la Iglesia moderna que ha ignorado estos libros, ha perdido parte del mapa
profético.

Conclusión
Israel ha vuelto. Las naciones se agitan. Y muchos aún siguen leyendo una Biblia
incompleta, incapaz de mostrar el panorama total de los tiempos finales.

Pero la verdad no puede ser enterrada para siempre.


Los libros rechazados están siendo restaurados. Las voces silenciadas están hablando
de nuevo.

Y los que tienen oídos para oír, reconocerán que Dios nunca dejó de hablar. Solo que
muchos dejaron de escuchar.

Notas al pie

1. Baruc 5:5–9 — Promesa de restauración de Israel y glorificación futura.


2. 2 Macabeos 7:9 — Testimonio claro de resurrección antes del NT.
3. Hebreos 11:35 — Eco directo de 2 Macabeos 7:14.
4. Sabiduría 5:3–5 — Descripción del asombro escatológico al ver la gloria de los
justos.
5. Athanasius de Alejandría, Carta Festal 39 — Lista y defensa del canon con
deuterocanónicos incluidos.

Capítulo Especial
La Septuaginta y la teoría del reemplazo
Cómo la Biblia que usó Jesús desmantela la idea de que la Iglesia
sustituyó a Israel

Introducción

Pocas doctrinas han causado más daño espiritual, teológico y hasta histórico que la teoría
del reemplazo, también conocida como supersesionismo. Esta idea sostiene que la Iglesia
ha sustituido completamente a Israel como el pueblo de Dios, y que las promesas a los
patriarcas y a las doce tribus han caducado.

Durante siglos, esta teología se utilizó para justificar el antisemitismo, negar el papel
profético de Israel, y reinterpretar las Escrituras desde un lente exclusivamente gentil. Pero
hay un detalle que derriba todo ese argumento: la Biblia que usaron Jesús, los apóstoles y
la Iglesia primitiva fue la Septuaginta, no el canon hebreo finalizado por los rabinos.
Y esa Septuaginta no enseña que Israel fue reemplazado. Al contrario: sostiene la
esperanza, la restauración y la elección irrevocable del pueblo de Dios.

1. ¿Qué enseña la teoría del reemplazo?

Resumidamente, esta doctrina afirma que:

• Israel falló en su misión.


• Dios “canceló” su pacto con ellos.
• Todas las promesas dadas a Israel fueron transferidas a la Iglesia.
• La Iglesia es el “nuevo Israel”, y el antiguo ya no importa.
• Por tanto, el Antiguo Testamento debe leerse como sombra, no como promesa
viva.

Esta visión fue adoptada por muchos Padres latinos tardíos (no los primeros), sistematizada
por Agustín en parte, reforzada en el Medioevo y profundizada por Lutero, quien escribió
frases violentas contra los judíos en su vejez【1】.

2. La Septuaginta: la Biblia que no reemplaza

La Septuaginta, traducción griega del Antiguo Testamento realizada por los judíos de
Alejandría entre los siglos III y II a.C., fue la Biblia oficial del judaísmo de la diáspora y
de la Iglesia primitiva.

Todos los autores del Nuevo Testamento la citaron.


Y esta versión contiene libros y pasajes que:

• Reafirman el pacto eterno con Israel.


• Anuncian una restauración futura.
• Anticipan la unión de Israel y las naciones bajo el Mesías.

Por ejemplo:

“Vuélvete, Jacob, y abrázala [a la Sabiduría]; camina hacia la luz de su resplandor.”


— Baruc 4:2【2】

“Dios volverá a reunir a Israel con misericordia… para siempre.”


— Baruc 5:5–9
Estas promesas no son figurativas ni simbólicas. Son proféticas. Y fueron eliminadas del
canon hebreo post-70 d.C. por los rabinos, precisamente para frenar su uso en el debate
con los cristianos mesiánicos.

3. El supersesionismo es rabínico, no cristiano

Muchos no saben que la primera teología del reemplazo no vino de la Iglesia, sino del
judaísmo fariseo.

Después de la destrucción del Templo en el año 70 d.C., los rabinos decidieron:

• Eliminar todos los libros que contenían elementos mesiánicos fuertes o


apocalípticos (como Sabiduría, Baruc, Macabeos).
• Consolidar un canon cerrado (Tanaj) que excluyera la esperanza de una
restauración literal de Israel bajo un Mesías como Jesús.
• Reforzar la ley oral como autoridad superior para evitar que los cristianos usaran el
Antiguo Testamento en su contra.

Así que, irónicamente, cuando el protestantismo adopta el canon rabínico, también adopta
su visión reducida y anti-mesiánica.

4. El Nuevo Testamento no enseña reemplazo

El apóstol Pablo es clarísimo:

“¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡En ninguna manera!... Porque irrevocables son los
dones y el llamamiento de Dios.”
— Romanos 11:1, 29【3】

“No seas altivo, sino teme... porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco
te perdonará.”
— Romanos 11:20–21

El mismo Jesús dice:

“No he venido a abolir la Ley ni los Profetas... hasta que todo se haya cumplido.”
— Mateo 5:17–18

Y ¿cuál era esa Ley y esos Profetas?


La Septuaginta, con sus libros completos.
5. Los deuterocanónicos refuerzan el rol escatológico de Israel

• 2 Macabeos 7:9 habla de la resurrección futura de los mártires judíos, algo que no
encaja con un Israel desechado.
• Sabiduría 3 y 5 muestra a los justos siendo vindicados, mientras los impíos los
reconocen como hijos de Dios.
• Eclesiástico 36:11–17 ruega por la restauración de las tribus de Jacob.

“Reúne a todas las tribus de Jacob... para que vean tus maravillas.”
— Eclesiástico 36:11【4】

Ninguno de estos textos habla de reemplazo, sino de consumación, cumplimiento y


restauración.

6. Los Padres que no creyeron en el reemplazo

Contrario a lo que muchos dicen, los primeros Padres de la Iglesia no enseñaron que
Israel había sido reemplazado. Algunos ejemplos:

• Ireneo de Lyon (siglo II):

“Dios no ha desechado a su pueblo. Los antiguos patriarcas recibirán la herencia en la


resurrección.”
— Contra las Herejías, V【5】

• Justino Mártir, aunque debatía con judíos, creía en la unidad futura del Israel
fiel con los gentiles creyentes.

Conclusión

La Septuaginta —la Biblia de Jesús y de los apóstoles— no respalda la teoría del


reemplazo. La contradice. La destruye. La supera.

Aceptar el canon mutilado, como hicieron los rabinos después del 70 y luego Lutero en el
siglo XVI, es perder parte del plan profético de Dios.

Recuperar la Septuaginta no es solo una cuestión de textos.


Es una restauración del plan eterno de Dios para Israel y las naciones.
Notas al pie

1. Martín Lutero, Sobre los judíos y sus mentiras (1543), donde propone quemar
sinagogas y expulsar a los judíos.
2. Baruc 4:2 y 5:5–9 — llamados proféticos a Israel.
3. Romanos 11:1, 29 — Pablo afirma que el llamado de Dios a Israel es irrevocable.
4. Eclesiástico 36:11 — oración por la restauración literal de las tribus.
5. Ireneo, Contra las Herejías, V, 33:4.

Capítulo 34
El juicio final según los textos excluidos: visión
apocalíptica restaurada
¿Qué profecías olvidadas anuncian el fin de los tiempos?

Introducción

La predicación moderna del juicio final se ha reducido a frases genéricas: “Cristo vendrá”,
“habrá un juicio”, “el infierno es real”... Pero cuando se les pregunta a muchos creyentes de
dónde provienen esas ideas, no pueden señalar más allá de unos pocos versículos del
Apocalipsis o de Mateo 25.

Y sin embargo, la visión del juicio final es un tema constante en los libros
deuterocanónicos, especialmente en Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y 2 Macabeos. Allí, el
fuego, la justicia, la resurrección, la revelación de los secretos del corazón y la
vergüenza eterna de los impíos están profetizados con una claridad que rivaliza —y en
algunos casos, anticipa— al mismo Apocalipsis de Juan.

Estos textos fueron eliminados del canon hebreo por su contenido mesiánico y
escatológico, y más tarde ignorados por los reformadores, dejando así a la Iglesia con
una escatología incompleta, fragmentada, o malinterpretada.

1. Sabiduría: el juicio encendido desde los cielos

El Libro de la Sabiduría, atribuido a Salomón en estilo, presenta una de las visiones más
completas del juicio final en todo el Antiguo Testamento.
“Los impíos verán al justo, y se llenarán de angustia…
Dirán dentro de sí, arrepentidos y gimiendo en espíritu:
Este es aquel de quien nos burlábamos…
¿Cómo fue contado entre los hijos de Dios?”
— Sabiduría 5:1–5【1】

Y más adelante:

“Tomará por arma su celo, y armará a la creación para castigar a sus enemigos...
El trueno y la tempestad avanzarán juntos.”
— Sabiduría 5:17–22

Estas imágenes apocalípticas no son poesía teológica: son profecía del día del Señor,
prefigurando al Cristo glorioso, Juez de vivos y muertos.

Y sin embargo, estos textos no están presentes en la Biblia protestante, y nunca se


predican en muchas iglesias modernas.

2. Eclesiástico: juicio según obras, no emociones

En una era donde la gracia se ha convertido en excusa para el pecado, el Eclesiástico


(Sirácida) recuerda que el juicio final será según obras, no solo palabras.

“No digas: ‘Dios es paciente, y perdonará mis muchos pecados’…


Porque Él es justo y vengador, y no tardará en el día del juicio.”
— Eclesiástico 5:4–7【2】

También:

“En el día del juicio, el Señor sacará a luz todos tus caminos ocultos.”
— Eclesiástico 23:19

Aquí no hay espacio para un evangelio emocional o relativista. La balanza de Dios es real.
Y pesa el alma.

3. 2 Macabeos: resurrección y vergüenza eterna

Uno de los textos más ignorados del cristianismo moderno es 2 Macabeos 7, el relato de la
madre y sus siete hijos que mueren martirizados por obedecer la Ley de Dios.
Allí se expresa una fe firme en la resurrección física y la retribución final, mucho antes
del Nuevo Testamento:

“Tú, criminal, nos quitas esta vida presente, pero el Rey del universo nos resucitará a una
vida eterna.”
— 2 Macabeos 7:9【3】

Y también:

“Para ti no habrá resurrección para vida.”


— 2 Macabeos 7:14

Este pasaje inspiró directamente a autores del Nuevo Testamento. De hecho, Hebreos
11:35 hace eco de estos mártires:

“Unos fueron torturados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.”【4


Pero si hoy alguien leyera solo la Biblia protestante, ese contexto se perdería por
completo.

4. Baruc: la revelación de lo oculto

Baruc, discípulo y escriba de Jeremías, también profetiza sobre el juicio de los justos y los
impíos:

“Felices somos, Israel, porque lo que agrada a Dios nos es revelado.”


— Baruc 4:4

Y el texto continúa con imágenes del retorno, el castigo a los enemigos, la revelación de
la gloria del Señor.

Estos pasajes anuncian el Día del Señor no como una idea espiritual, sino como un evento
que romperá la historia.

5. El silencio del púlpito moderno

¿Por qué estos textos no se leen?

• Porque no están en el canon hebreo (Tanaj), adoptado acríticamente por Lutero y los
reformadores.
• Porque su lenguaje es demasiado directo, violento o incómodo.
• Porque hablan del juicio no como “una metáfora”, sino como una sentencia real
que vendrá sobre el mundo.

Y sin embargo, la Iglesia primitiva los leyó. Jesús conocía estos textos. Los apóstoles se
formaron con ellos. Y hoy, en el contexto escatológico que vivimos, su mensaje es más
urgente que nunca.

Conclusión

El juicio final no es una invención del Apocalipsis. Está sembrado desde los libros más
antiguos que el mundo moderno ha querido borrar. Los libros que el enemigo logró sacar
del canon son justamente los que mejor lo denuncian, lo confrontan y lo derrotan.

Volver a ellos no es “ser más religioso”.


Es prepararse como los sabios: con aceite en la lámpara, y la mirada puesta en el
horizonte del Rey que regresa.

“Al justo lo probará como oro en el crisol,


y lo recibirá como sacrificio agradable.
En el día de su visita, resplandecerán como chispas entre rastrojo.”
— Sabiduría 3:6–7【5】

Notas al pie

1. Sabiduría 5:1–5, 17–22 — Profecía apocalíptica del juicio final y la exaltación del
justo.
2. Eclesiástico 5:4–7 — Advertencia contra el abuso de la paciencia de Dios.
3. 2 Macabeos 7:9, 14 — Enseñanza clara sobre resurrección para vida o condena.
4. Hebreos 11:35 — Cita indirecta del martirio de los hermanos en 2 Macabeos 7.
5. Sabiduría 3:6–7 — Imágenes del juicio, purificación y gloria del justo.

Capítulo 35
Conclusión general: volver a las Escrituras completas
Un llamado final al lector: dejar las Biblias mutiladas y abrazar la
Palabra íntegra
Introducción

Después de atravesar la historia del canon, desde los rollos del Qumrán hasta las
mutilaciones de Lutero; después de examinar cómo la Septuaginta fue despreciada, cómo
los deuterocanónicos fueron silenciados y cómo la Iglesia moderna predica desde una mesa
incompleta, una sola pregunta permanece en pie, brillando como una espada de fuego
en la puerta del Edén:

¿Volverás tú a las Escrituras completas?

Este capítulo no es una despedida. Es una puerta abierta. Un clamor. Una advertencia. Un
llamado.
Porque saber la verdad y no actuar es peor que nunca haberla sabido.

1. Lo que nos fue quitado… y lo que Dios está restaurando

Hemos visto cómo los rabinos del siglo I eliminaron los libros que hablaban del Mesías,
la resurrección, la esperanza futura y la restauración de Israel.

“Dios volverá a reunir a Israel con misericordia.”


— Baruc 5:5【1】

También vimos cómo Lutero, por odio a Roma y a los judíos, redujo la Biblia según su
criterio personal, descartando todo lo que no servía a su doctrina.

“Estimo a la Epístola de Santiago como una epístola de paja.”


— Martín Lutero, Prefacio al NT de 1522【2】

Y hoy, muchos cristianos sinceros leen con devoción… una Biblia que les ha sido
entregada rota.

2. La Biblia que Jesús leyó

Jesús, sus discípulos, Pablo, Pedro, Juan, todos usaron la Septuaginta. Sus citas del
Antiguo Testamento coinciden con esa versión, no con el canon hebreo masorético tardío.

“Todo lo que fue escrito antes, para nuestra enseñanza fue escrito.”
— Romanos 15:4【3】

¿Entonces por qué aceptar una Biblia que le quita a Jesús los libros que Él leyó?
¿Quién dio autoridad a hombres del siglo XVI para decidir que Sabiduría, Tobit, Baruc o
2 Macabeos ya no eran inspirados, cuando la Iglesia los había usado por más de 1500
años?

3. Una fe amputada produce una Iglesia debilitada

Cuando se mutila el canon, se mutilan también:

• Las profecías del fin de los tiempos (Sabiduría 5, 2 Macabeos 7).


• La visión del justo sufriente (Sabiduría 2).
• La sabiduría ancestral (Eclesiástico, Baruc).
• La historia de resistencia y fe (Macabeos).
• La doctrina de la resurrección y la oración por los muertos.

“Es, pues, un pensamiento santo y piadoso hacer oración por los muertos.”
— 2 Macabeos 12:45【4】

Al rechazar estos textos, la fe se vuelve emocional, fragmentada y sin raíces.


La Iglesia se vuelve ligera, distraída, sin profundidad.

4. El testimonio de los Padres

No se trata solo de tradición. Se trata de verdad documentada. Los Padres de la Iglesia


primitiva, discípulos de los apóstoles o de sus discípulos, leían y predicaban los libros
que hoy han sido silenciados.

• Ireneo de Lyon cita Sabiduría y Baruc.


• Clemente de Alejandría cita Eclesiástico.
• Agustín de Hipona incluye todos los deuterocanónicos en su canon oficial.
• Orígenes defiende el uso eclesiástico de Tobit, Judit, Sabiduría y Macabeos.

“Toda Escritura útil para enseñar... incluye Sabiduría, Tobit y los Macabeos.”
— Agustín, De doctrina christiana, II【5】

Si ellos los leyeron, ¿quiénes somos nosotros para despreciarlos?

5. Un llamado al arrepentimiento y a la restitución

No es suficiente saber.
Hay que actuar.
• Si eres pastor, predica los libros completos.
• Si eres maestro, enseña a tus discípulos lo que fue omitido.
• Si eres padre, restaura la Palabra completa en tu casa.
• Si eres creyente, deja de leer versiones mutiladas sin cuestionar su origen.

“Toda planta que no plantó mi Padre celestial será arrancada de raíz.”


— Mateo 15:13

La fe del futuro no será emocional ni superficial.


Será una fe que rescate lo que fue despreciado, abrace lo que fue rechazado y
reconstruya lo que fue destruido.

Conclusión

Este estudio no ha sido un ejercicio académico. Ha sido una excavación espiritual, una
confrontación con la verdad que duele, pero también con la gracia que restaura.

Los libros que el sistema te quitó, Dios te los está devolviendo.


La Biblia que Jesús usó, te está llamando de nuevo.
El mensaje completo de la revelación, te está pidiendo que despiertes.

“Examinadlo todo; retened lo bueno.”


— 1 Tesalonicenses 5:21

Vuelve a las Escrituras completas. Vuelve a la Palabra íntegra.


Porque el que desprecia una parte de la Palabra, desprecia al Dios que la dio entera.

Notas al pie

1. Baruc 5:5 — Profecía de la reunión escatológica de Israel.


2. Lutero, Prefacio al NT de 1522 — desprecia libros que contradicen su visión.
3. Romanos 15:4 — Pablo justifica el uso pedagógico de todo el AT (Septuaginta
incluida).
4. 2 Macabeos 12:45 — Enseñanza clara sobre oración por los muertos.
5. Agustín, De doctrina christiana, II — listado completo del canon incluyendo los
deuterocanónicos.
Epílogo
Un mensaje al lector moderno: entre la ignorancia y la
redención

Te sentaste a leer un estudio.


Pero en realidad, este fue un acto de redención.
Redención del tiempo perdido, de las palabras olvidadas, de los libros silenciados.

Ahora lo sabes.
Sabes que mutilaron las Escrituras.
Sabes que los libros que Jesús leyó fueron descartados por hombres siglos después.
Sabes que el pueblo de Dios fue desconectado de sus raíces.
Sabes que te entregaron una Biblia incompleta… y la llamaron “Palabra de Dios”.

Pero también sabes que Dios nunca dejó de hablar.


Y que si sus palabras fueron escondidas, es hora de sacarlas a la luz.

No se trata solo de los libros que quitaron

Este no es solo un debate académico sobre canon.


Esto es una batalla espiritual entre la luz y la oscuridad.
Entre la verdad que salva, y la omisión que adormece.
Entre el Evangelio completo, y el evangelio cómodo.

Porque cada libro que quitaron era una llama.


Una advertencia.
Una promesa.
Una espada.
Un eco de la voz de Dios en el desierto del mundo.

Y cuando los hombres apagaron esas llamas, el pueblo de Dios se quedó con linternas
vacías.

Estás en la encrucijada

Ahora tú sabes.
Y eso te pone en una encrucijada.
Porque la ignorancia excusa,
pero el conocimiento responsabiliza.

Ya no puedes decir que no sabías que Jesús usó la Septuaginta.


Ya no puedes decir que nadie te habló de Tobit, de Sabiduría, de Macabeos, de
Eclesiástico.
Ya no puedes repetir lo que otros dijeron sin antes haber buscado tú mismo.

Dios te ha devuelto los libros que otros te quitaron.


¿Qué harás con ellos?

La restauración ha comenzado

La restauración no vendrá desde los altares oficiales.


Ni desde las grandes editoriales.
Ni desde las estructuras que temen perder control.

La restauración vendrá desde las casas, desde los discípulos que se niegan a leer una Biblia
incompleta,
desde los pastores que prefieren la verdad antes que el aplauso,
desde los padres que enseñan a sus hijos a amar lo que el mundo despreció.

Dios está despertando a su remanente.


Y su remanente leerá TODO lo que Él escribió.

El llamado

Vuelve al principio.
Vuelve a las Escrituras completas.
Vuelve al Dios que no mutila, que no se retracta, que no se divide.

Porque aún hay tiempo.


Porque todavía hay aceite para tu lámpara.
Y porque los libros que fueron arrancados de tu Biblia están de vuelta… y traen fuego.

“Estas palabras son fieles y verdaderas...


Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.”
— Apocalipsis 22:6–7
No es el final. Es el principio.

Este no es el cierre de un libro.


Es la apertura de tus ojos.
Es la restauración de tu Biblia.
Es el inicio de una fe más profunda, más antigua, más verdadera.

Porque mientras otros adaptan la Biblia a su religión,


tú has decidido rendir tu religión a la Biblia.

Bienvenido de nuevo a la Palabra completa.

¿Por qué este libro es único?

Este libro no es una más de tantas investigaciones bíblicas.


Es un grito profético, una obra de restauración, y un acto de fidelidad hacia la Palabra
que leyó el mismo Jesús.

A diferencia de obras académicas frías o ensayos teológicos distantes, este libro:

1. Habla con pasión pastoral a cristianos comunes, líderes, estudiosos y


buscadores sinceros.
2. Restaura la Septuaginta como lo que realmente fue:
la Biblia de los apóstoles, de la Iglesia primitiva y de Jesús mismo.
3. Denuncia sin miedo la mutilación que hizo Lutero del canon sagrado,
revelando cómo ese acto cambió la historia de la fe cristiana.
4. Despierta la conciencia espiritual del lector hacia un canon completo, lleno de
textos que durante siglos alimentaron a la Iglesia.
5. Compila siglos de historia, arqueología, teología, patrística y concordancia
bíblica, pero con un lenguaje accesible y contundente.

Este libro no se conforma con “defender” la Septuaginta.


La devuelve al corazón del pueblo de Dios.
Y, por eso, es una obra sin precedentes.

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